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Charla

El documento habla sobre la importancia del servicio a Dios y a la iglesia desde el corazón con amor y fe. También menciona que el servicio debe ir acompañado de la oración para fortalecer la fe y recibir la fuerza del Espíritu Santo.

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El documento habla sobre la importancia del servicio a Dios y a la iglesia desde el corazón con amor y fe. También menciona que el servicio debe ir acompañado de la oración para fortalecer la fe y recibir la fuerza del Espíritu Santo.

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Para servir, no necesita tener un título universitario, ni un

doctorado en Sagradas Escrituras, solo tener una actitud


y un corazón dispuesto a servirle a Dios y a la Iglesia.

El servicio se hace desde el corazón, con amor no por


obligación o solo para que nos vean, si es así no lo hagamos,
no es fácil porque hay cosas que nos agobian día a día y que
nos cansan y a veces nuestros mismos hermanos con sus
aptitudes hacen que poco a poco nos desanimemos, pero si
tienes fe el Señor te sostiene, la oración es muy importante
porque es la que te fortalece en momentos de turbulencias.

Y créanme que he tenido muchas y a veces me falta fe y


muchas veces no soy la luz que debería ser en mi casa, en mi
comunidad o en la iglesia.

Los miedos y los temores se irán cuando seamos verdaderos


y fieles soldados de Cristo y nos cubramos con la fuerza del
Espíritu Santo.

El servicio debe ir acompañado siempre de la fe y de la


perseverancia en la oración, pues la fe es una llama encendida
que todas las personas deben tener en sus corazones para ser
testimonio y así anunciar el Evangelio vivo de nuestro Señor
Jesucristo.

Ustedes se preguntarán no se cómo empezar o no soy buena


para esto o me da pena servir y que me vean.

Jesús nos llama primero para que recibamos muchos dones,


carismas y talentos para equiparnos y poder servir con fuerza
y entusiasmo en la Iglesia.

Es Cristo quien llama e invita a seguirlo, es El quien toma la


iniciativa, es un llamado el servicio que esta más allá de la
lógica humana, son los caminos de Dios que elige sin que uno
se dé cuenta.

Dios nos llama y el enemigo nos desanima y espanta ese


llamado o esa vocación. Que privilegio tan grande poder decirle
si inmediatamente a Dios, sin miedo, sin mirar atrás.

Si queremos servir debemos despojarnos del pecado, de todo


lo negativo, rechazar los vicios, el miedo al qué dirán los otros,
a ser ridiculizados, a no ser atendidos, aplaudidos o
comprendidos.
Jesús se acercó y les hablo así: “Me ha sido dada toda
autoridad en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, y hagan que
todos los pueblos sean mis discípulos” (Mateo 28-18).

Después de conocer a Dios, y experimentar cuanto El nos ama,


el mismo Dios derrama en nuestros corazones la gracia de ir
amándole también. Dice la Palabra en Oseas 11:4: “yo los
atraía con gestos de amor” y como lo dijo el profeta Jeremías
20,7: “me has seducido Señor y me deje seducir por Ti”.

¿Ahora que hacer con ese amor que hoy arde en nuestros
corazones? Una forma de corresponder a ese amor tan grande
que Dios nos tiene, consiste, primeramente, en pedir las
gracias necesarias para nuestra conversión, la de vivir según
las Sagradas Escrituras, y frecuentar los sacramentos que nos
ayudan a fortalecernos y crecer espiritualmente para no
ofenderle más, para agradarle.

De la misma manera ese proceso de conversión y ese amor


nos debe llevar al hermano, al servicio, no hay forma de amar
y servirle a dios sino es a través del hermano, dice la palabra
en 1 Juan 4:20 “Si uno dice yo amo a Dios y aborrece a su
hermano es un mentiroso”, es por eso que debemos actuar y
sumergirnos en la realidad del hermano, de la familia, de la
comunidad. Somos llamados a ser participes en crear el reino
de Dios en el mundo, el reino del amor. ¿Debemos orar por los
demás?, si, y mucho, son obras de misericordia espirituales,
pero esta oración debe ser activa. Es decir, ser María y luego
ser Marta, oración y servicio deben ir de la mano. La oración
nos debe llevar a una acción, a una obra de misericordia
corporal y debemos estar conscientes de eso.

Jesús mismo nos lo dice en Mateo 25, 34-40: “Vengan,


benditos de mi Padre, tomen posesión del reino preparado
para ustedes desde la creación del mundo. Porque tuve
hambre, y me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber;
era un extraño, y me hospedaron; estaba desnudo, y me
vistieron; enfermo, y me visitaron; en la cárcel, y fueron a
verme…… Les aseguro que cuando lo hicieron con uno de
estos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicieron.”

Al mismo tiempo nos encontramos con que el mismo Señor nos


manda en: ¡¡¡Mateo 20,28 “hagan como el Hijo del Hombre,
que no vino a ser servido, sino a servir y a dar su vida como
rescate por una muchedumbre” Jesús no vino a ser servido!!!,
siguiendo su ejemplo, ese amor que hoy arde en Tu corazón,
tendrás que darlo, inclusive dar tu vida para ayudar a muchos
siguiendo las palabras: Hagan como el hijo del hombre y lo que
dice también en Lc. 9,24 Quien pierde su vida por mi causa
ese la salvara.

Dice la palabra en Juan 20,21 “Como el Padre me ha enviado


a mi así también los envío Yo”. Jesús nos envía a seguir las
obras que El hizo en su vida terrenal y que la perpetúa a través
de nosotros, de generación en generación con nuestro
servicio. En tus huellas yo mis pasos pondré, decimos en el
canto, es decir, hacer lo que Jesús hizo, ¡pasar por el mundo
haciendo el bien. ¿Quiénes deben ser los primeros
depositarios o receptores de ese amor servicial? los
integrantes de nuestra propia familia y a veces es a quien se
nos hace más difícil servir con amor, basándonos en las
palabras de Jesús de que nadie es profeta en su propia tierra,
pero, aunque nos cueste, debemos empezar por esa Iglesia
domestica, proclamemos día a día como dice Josue 20,15 Mi
familia y yo serviremos al Señor.

Jesús nos llama en cualquier momento de nuestra vida, lo dice


(Mt. 20) la paga es la misma, la vida eterna. ¿Tienes miedo al
compromiso? Así como tu, yo y los discípulos también
teníamos miedo, estábamos tristes, con heridas y un poco
inseguros, pero, las diferentes manifestaciones de amor de
Jesús, así como en este camino de Emaus, y en nuestra vida
cristiana, tienen como fin sanarnos y liberarnos, como a sus
discípulos quitarnos el miedo y fortalecernos en la fe. En otras
palabras, hacernos libres para servir, Jesús, nos repite muchas
veces y hoy mas aun: no tengas miedo, no temas y promete yo
estare contigo todos los dias hasta el fin del mundo. ¡Que
hermosa promesa!, yo te invito a creerle a Dios, a creer en sus
promesas. Lo primero es orar y tener fe, para luego accionar.

En sus diferentes apariciones, lo primero que Jesús les dice a


sus discípulos es “la paz este con ustedes”, Dios nos da la
gracia que nos va ayudar a sanar, a tener paz, para salir
adelante, sin resentimientos, sin odio, sin rencor para que
podamos amar y desde ese amor ser mejor madre, hija,
hermana, esposa es decir mejor cristiana y por ende mejor
servidora del Señor. Es precisamente el servicio, en si mismo
una herramienta para que Dios vaya actuando en nuestra vida,
vaya sanando y transformando nuestro corazón.

¿Crees quizás, que no estas preparada? Pues Jesús no


escoge a los capacitados, dice 2 Corintios 1,21 “y Dios es quien
nos capacita, nos da fuerzas para Cristo, El nos ha ungido y
nos ha marcado con su propio sello al depositar en nosotros
los primeros dones del Espíritu” Dios nos va preparando para
la misión, para servir y fortalecer a su iglesia, para construir su
reino. Nos da dones para que seamos administradores de
ellos, y ponerlos al servicio de su iglesia, todos teneos dones,
pero te pregunto ¿que has hecho con tus dones? ¿Lo
enterraste o lo haz puesto a producir?, tu misión tiene que ver
con tus dones,

Para llevar a cabo la misión, necesitamos, como dice Lucas en


Hc. al Espíritu Santo que movió a los discípulos en
Pentecostés, a la tercera persona de la Santísima Trinidad.
Dice la palabra que los discípulos estaban encerrados,
reunidos con la Virgen María, por miedo a los judíos, pero que,
al recibir el Espíritu Santo, se llenaron de alegría y de una
fuerza que los movió a salir a predicar, a sanar, a liberar, es
decir, a hacer lo que Jesús hacia porque El servicio fue una de
las mayores manifestaciones del amor de Cristo hacia nosotros
y debemos continuar con esta obra. Pero necesitamos orar
para obtener esa unción del Espíritu Santo que movió a los
discípulos. Servir al Señor implica también morir a nosotros
mismos, salir de la zona de confort y llevar nuestra cruz con
amor dice Mateo 16,20 dice “si alguien quiere venir en pos de
mi que se niegue a si mismo que tome su cruz de cada día y
me siga”. Otro aspecto importante lo vemos en Mateo 20:26-
28: “En una de las ocasiones que los discípulos vinieron a
Jesús, le preguntaron quién podría ser el primero de entre
todos ellos, y Él les respondió: el de ustedes que quiera ser
grande, que se haga el servidor de ustedes, y si alguno quiere
ser el primero, que se haga el esclavo de todos” El Señor nos
llama a ser humildes como El, que se bajo de su condición
divina para lavar los pies a sus discípulos, algo que era trabajo
de los sirvientes. Y como María al proclamar en la anunciación
“He aquí la esclava del Señor” buscando, como debemos
hacerlo nosotros, solo la voluntad de Dios, luego no vacilo en
ponerse en camino a servirle a Santa Isabel, y a abogar por el
vino en las bodas de cana de galilea.

Créanme que la mayor satisfacción que podemos sentir como


humanos es servirle a Dios, sin buscar reconocimientos, ni
recompensas, sin robarle la gloria a Dios, sabiendo que es Su
Espíritu Santo quien hace todo a través de nosotros, que
somos simples instrumentos, hay mas satisfacción en dar que
en recibir. Servir, es también optar por el camino angosto, ¿es
fácil? No lo es, dice el libro del Eclesiástico 2,1 si has decidido
servir al Señor, prepárate para la prueba, conserva recta tu
corazón, y se decidido, no te asustes cuando vengan las
dificultades, apégate al Señor y no te apartes de El, acepta
todo lo que te pase y se paciente. ¿Tener tolerancia por eso
esa decisión de servirle debe ser firme, porque es importante
tener claro A quien le servimos? Dice el apóstol Pablo a los
Colosenses 3:23: “Cualquier trabajo que hagan, háganlo de
buena gana, pensando que trabajan para el Señor y no para
los hombres”. Por eso el que es servidor de Dios, es servidor
con todos, en todas partes y en todo momento, casa, calle,
trabajo, playa, fiesta, etc. y en toda circunstancia, no solo en la
iglesia ni cuando todo esta bien.

Confía en Dios cuando vayas a servir, pues dice Jesús en San


Juan 14,12 en verdad les digo el que cree en mi, las obras que
yo hago el las hará también, y aun mayores porque yo voy al
Padre. Solo si leemos su Palabra sabremos cuales son, esas
obras, si tenemos fe El obrara a través de nosotros, el secreto
esta en amar, amar a Dios y al hermano, el secreto esta en ese
primer mandamiento, en creerle a Dios.

Nuestra vida cristiana debe estar revestida de Cristo, ser una


imitación de la del Maestro y de las virtudes de la Virgen, servir
con un amor oblativo, que se da sin esperar nada. Nuestra vida
centrada en Cristo nos lleva a las obras de misericordia para
gozar del premio de vivir las eternas bienaventuranzas.

Pero, una vida cristiana, no puede vivirse aislados, debe vivirse


en comunidad, como los primeros cristianos, a fin de recibir
acompañamiento y estimulo, de los otros miembros y de los
pastores, para crecer y madurar en el espíritu; dice la palabra
en Hc. 2,41 los que acogieron las palabras de Pedro se
bautizaron, .42: eran asiduos a las enseñanzas de los
apóstoles, vivían unidos, en fraternidad y participaban de la
fracción del pan y las oraciones. 44 ponían todo en común.47:
Alababan a Dios y se ganaban la simpatía de todo el pueblo y
el Señor agregaba cada día a la comunidad a los que se iban
salvando”, De allí que te invitamos a unirte, a servir y vivir en
comunidad en nuestra parroquia. Y que Dios nos de la gracia
de que pronto podamos decir como dice san Pablo en Gálatas
2:20 “. ya no soy yo quien vive, sino que es Cristo quien vive
en mí. Recordando cuando hayamos prestado algún servicio
decir como dice Lucas 17,10: Sierva inútil soy que solo hice lo
que era mi deber.

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