Hume:
Antropología:
Según Descartes, el yo sería una sustancia pensante de la cual tenemos constancia por la
actividad o modos en que se nos muestra en la mente. Pero la idea de Descartes
conllevaría la existencia de un yo permanente e invariable, sujeto de todos nuestros actos
psíquicos, y dentro de nuestras impresiones no hallamos ninguna idea sobre un yo único
que permanezca a lo largo del tiempo. Ni siquiera podemos afirmar que este yo sea una
proyección de la imaginación sobre la base de cambios continuos, graduales y constantes,
ya que como no tenemos una impresión clara del yo, no podemos tener una idea sobre los
cambios que experimenta.
Cada idea real tiene su origen en una impresión, pero como ya hemos dicho, no tenemos
una impresión exacta sobre el yo, el cual se supone que es a lo que nuestras distintas
impresiones e ideas hacen referencia. El yo existe de forma invariable, por lo que su
impresión deberá ser igual, pero no existe ninguna impresión en la que se aprecie esta
característica, por lo que la idea del yo no puede tener su origen en ninguna, y en
consecuencia podríamos decir que no existe.
Hume concluye con que el yo no es más que un haz de impresiones que nos hemos
habituado a encontrar unidas. La identidad puede identificarse gracias a la memoria,
porque a través de ella podemos conectar las impresiones que recogemos a lo largo de
nuestras vivencias. Pero no debemos confundir sucesión con identidad.
Ética: emotivismo moral
Hume discute sobre aquello que concebimos como algo bueno o algo malo. Aunque los
temas morales proceden de la razón, la moral individual procede de las pasiones, las
cuales mueven la voluntad. Es por esto que la ética humeana se define como emotivismo
moral.
Las teorías sobre la ética anteriores eran normativas, porque consideraban que se podía
razonar y exponer filosóficamente cuales son las normas morales. Pero Hume afirma que
la razón es y debe ser esclava de las pasiones, ya que los humanos tenemos la capacidad de
empatizar, poniendonos en el lugar de otros individuos para identificar si una situación
nos produce sentimientos agradables o desagradables, por lo que el fundamento de lo
bueno y lo malo se encuentra en los sentimientos. De ahí que Hume defina la virtud como
cualquier acción o cualidad mental que ofrezca al espectador el sentimiento placentero de
aprobación o el vicio como lo contrario.
A pesar de que es más que evidente que cada ser humano siente de una forma distinta,
Hume pensaba que todos poseían un sentimiento de simpatía que tiene su origen en la
utilidad de una acción con vistas al bien común. Es por esto que el ser humano es capaz de
superar sus sentimientos egoístas y dejar de lado sus intereses personales para juzgar lo
único importante desde el punto de vista moral, la intención de hacer feliz a la humanidad.
Política: utilitarismo social
La política es una ciencia del hombre que trata de hechos generales y se incluye en el
mismo grupo que la física o la química, porque todas estudian las causas y efectos de
objetos generales.
Hume niega las teorías del estado de naturaleza y del Contrato social, ya que si fuera cierto
que en un estado originario los humanos vivirían en una convivencia pacífica, no haría
falta ningún tipo de autoridad, porque existiría la justicia natural entre las personas, las
cuales se guían por las pasiones, llevando a cabo acciones que solo buscan el bien común y
hacer feliz a la humanidad.
Defiende que el hombre se ve empujado desde sus inicios a mantener una convivencia
social, y después toma conciencia sobre la utilidad y necesidad del poder político, porque
administra la justicia estableciendo unas leyes que garantizan la paz.
Los Estados de los cuales tenemos constancia histórica fueron fundados por la violencia, la
usurpación y la conquista. Es por esto que Hume establece unas bases sobre la legitimidad
del Estado: la posesión prolongada del poder soberano; la posesión actual del poder,
aunque no se haya adquirido hace mucho tiempo; y el derecho de conquista.