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Evidencias de la Palabra de Dios

Este documento habla sobre la doctrina de las Sagradas Escrituras y la doctrina de Dios. Explica que la Biblia es la Palabra de Dios según evidencias internas como su unidad y profecías, y externas como su historicidad y la integridad de sus autores. También describe algunos atributos de Dios como ser infinito, eterno y creador del universo.

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Evidencias de la Palabra de Dios

Este documento habla sobre la doctrina de las Sagradas Escrituras y la doctrina de Dios. Explica que la Biblia es la Palabra de Dios según evidencias internas como su unidad y profecías, y externas como su historicidad y la integridad de sus autores. También describe algunos atributos de Dios como ser infinito, eterno y creador del universo.

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DOCTRINA DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS

El que Dios nos haya dado la Biblia es una prueba de Su amor por nosotros. Dios le
comunicó a la humanidad cómo es Él y cómo podemos tener una relación correcta con
Él. Estas son cosas que no podríamos haber sabido si Dios no nos las hubiera revelado
divinamente en la Biblia. La Biblia contiene todo lo que la humanidad necesita saber
sobre Dios para tener una relación correcta con Él.

¿Cómo podemos saber que la Biblia es la Palabra de Dios y no sólo un buen libro? ¿Qué
tiene la Biblia que la distingue de todos los demás libros que se han escrito? ¿Existe
alguna prueba de que la Biblia es realmente la Palabra de Dios? Este tipo de preguntas
hay que examinarlas detenidamente. No cabe duda de que la Biblia afirma ser la
Palabra de Dios. Esto se ve en el elogio de Pablo a Timoteo: "y que desde la niñez has
sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por
la fe que es en Cristo Jesús. Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para
enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el
hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra" (2
Timoteo 3:15-17).

Existen evidencias tanto internas como externas de que la Biblia es verdaderamente


la Palabra de Dios.

Evidencias internas de que la Biblia es la Palabra de Dios


Las evidencias internas son aquellas cosas dentro de la Biblia que dan testimonio de su
origen divino. Una evidencia interna de que la Biblia es verdaderamente la Palabra de
Dios es su unidad. Aunque en realidad son sesenta y seis libros individuales, escritos
en tres continentes, en tres idiomas diferentes, a lo largo de un periodo de
aproximadamente 1.500 años, por más de 40 autores que procedían de diferentes
contextos sociales, la Biblia sigue siendo un libro unificado de principio a fin, sin
contradicciones. Esta unidad es única respecto a todos los demás libros y es una
prueba del origen divino de las palabras que Dios hizo que los hombres registraran.

Otra evidencia interna que indica que la Biblia es verdaderamente la Palabra de Dios
es la profecía. La Biblia contiene cientos de profecías detalladas relacionadas con el
futuro de varias naciones, ciertas ciudades y toda la humanidad. Otras profecías se
refieren a la venida del Mesías, el Salvador de todos los que creerían en Él. A
diferencia de las profecías de otros libros religiosos o de hombres como
Nostradamus, las profecías bíblicas son extraordinariamente detalladas. Hay más de
trescientas profecías relativas a Jesucristo en el Antiguo Testamento. No sólo se
profetizó Su descendencia y dónde nacería, sino también cómo moriría y que
resucitaría. Sencillamente, no hay otra forma lógica de explicar el cumplimiento de las
profecías de la Biblia que no sea citando su origen divino. No hay ningún otro libro
religioso que contenga la cantidad de profecías detalladas y predictivas que contiene
la Biblia.

Una tercera prueba interna del origen divino de la Biblia es su autoridad y poder sin
igual. Aunque esta prueba es más subjetiva que las dos primeras, no deja de ser un
poderoso testimonio de que la Biblia es la Palabra de Dios. La autoridad de la Biblia no
se parece a la de ningún otro libro que se haya escrito jamás. Este poder se ve en la
forma en la que innumerables vidas han sido transformadas de forma sobrenatural.
Drogadictos han sido completamente curados por ella, homosexuales han sido
liberados por ella, vagabundos y vividores han sido transformados por ella, criminales
endurecidos han sido reformados por ella, pecadores han sido reprendidos por ella, y
el odio se ha convertido en amor por la Biblia. Efectivamente, la Biblia tiene un poder
dinámico y transformador que sólo es posible gracias a que es realmente la Palabra de
Dios.

Evidencias externas de que la Biblia es la Palabra de Dios


También hay evidencias externas que indican que la Biblia es verdaderamente la
Palabra de Dios. Una es la historicidad de la Biblia. Ya que la Biblia detalla hechos
históricos, su exactitud está sujeta a verificación como cualquier otro documento
histórico. Mediante pruebas arqueológicas y escritos extra bíblicos, los relatos
históricos de la Biblia han demostrado una y otra vez su exactitud y veracidad. De
hecho, todas las pruebas arqueológicas y manuscritas que respaldan la Biblia la
convierten en el libro mejor documentado del mundo antiguo. El hecho de que la Biblia
registre con exactitud hechos históricamente verificables ayuda a corroborar su
afirmación de ser la mismísima Palabra de Dios y respalda la confianza respecto a
otros asuntos que trata la Biblia.

Otra prueba externa de que la Biblia es verdaderamente la Palabra de Dios es la


integridad de sus autores humanos. Al estudiar la vida de los autores de las
Escrituras, comprobamos que eran honrados y sinceros. El hecho de que estuvieran
dispuestos a morir muchas veces de forma atroz por lo que creían, demuestra que
estos hombres creían de verdad que Dios les había hablado. Los hombres que
escribieron el Nuevo Testamento y muchos cientos de otros creyentes (1 Corintios
15:6) conocían la verdad de su mensaje porque habían pasado tiempo con Jesucristo
después de que resucitara de entre los muertos. El ver a Cristo resucitado tuvo un
tremendo impacto en ellos. Pasaron de esconderse con miedo a estar dispuestos a
morir por el mensaje que Dios les había revelado. Sus vidas y sus muertes dan
testimonio de que la Biblia realmente es la Palabra de Dios.

Otra evidencia externa de que la Biblia es en realidad la Palabra de Dios es su


indestructibilidad. La Biblia ha sufrido más ataques despiadados e intentos de
destruirla que cualquier otro libro en la historia. Desde los primeros emperadores
romanos como Diocleciano, pasando por los dictadores comunistas, hasta los ateos de
hoy en día, la Biblia ha resistido el ataque constante de sus detractores. Sin embargo,
sigue siendo el libro más publicado del mundo.

A lo largo de la historia, los escépticos han considerado que la Biblia era mitológica,
pero la arqueología ha confirmado que es histórica. Los detractores han considerado
sus enseñanzas primitivas y anticuadas, pero sus conceptos morales y jurídicos han
influido positivamente en las sociedades de todo el mundo. Sigue siendo atacada por la
pseudociencia, la psicología y los movimientos políticos, pero sigue siendo tan
verdadera y relevante hoy como lo fue cuando se escribió por primera vez. Esto no
debería sorprendernos. Después de todo, Jesús dijo: "El cielo y la tierra pasarán, pero
mis palabras no pasarán" (Marcos 13:31).

La Biblia, única entre los libros, ha transformado innumerables vidas e influido en


culturas enteras. Después de examinar las pruebas, se puede afirmar sin lugar a dudas
que Dios ha hablado y que, sí, la Biblia es en verdad la Palabra de Dios.

DOCTRINA DE DIOS

El ser infinito, Dios, se describe solamente con palabras que hablan acerca de lo
infinito: Sus dominios son inmensurables, su sabiduría es insondable, sus riquezas
son inescrutables, sus caminos son inescudriñables su grandeza sobrepasa toda
comparación. No podemos comprender a Dios; sólo podemos exclamar como el
salmista: “Desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios”.

Este Dios único y eterno se ha revelado al hombre. Y es sólo por medio de la revelación
de este Dios infinito que el hombre finito puede entender el propósito del universo y
de su propia existencia. El incrédulo, que no conoce a Dios, y que, por tanto, se
enorgullece de sus teorías, está enredado en su propia ignorancia, misticismo y
superstición. El Hijo de Dios es el único que puede entender al Dios viviente y sus
obras maravillosas.

Hay muchas evidencias que demuestran que existe un ser supremo. La creación
muestra claramente que hay un ser infinito que todo lo sabe y todo lo puede. Él es
sobrenatural, sobrehumano, sin principio y sin fin; es un Creador muy amoroso que no
tiene las limitaciones que tienen las criaturas que él mismo creó. La existencia de la
naturaleza es un milagro que demuestra que en realidad existe un Hacedor de
milagros. El hombre puede entender el origen de todo esto sólo por medio de lo que ha
dicho el que creó todas las cosas y tiene todo poder. A este ser le llamamos “Dios”.

Dios, su ser y sus atributos


“Engrandeced a Jehová conmigo, y exaltemos a una su nombre” (Salmo 34.3).

El alma del adorador se llena de reverencia al encontrarse en la presencia del ser


infinito llamado Dios. Él es altísimo y santo, poderoso y glorioso, incomparable y
admirable en todas sus obras grandiosas. Él es perfecto en sabiduría y amor, e infinito
en poder. El ser humano nunca comprenderá su grandeza. Sin embargo, Dios es tan
amigable y está tan cercano a nosotros que la persona más humilde puede tenerlo como
un compañero diario y su amigo más íntimo. Al conocerlo íntimamente le adoramos, le
alabamos y reconocemos su derecho a decirnos: “Estad quietos, y conoced que yo soy
Dios” (Salmo 46.10).

El conocimiento de Dios

Nuestro primer conocimiento de Dios viene de la declaración que aparece en Génesis


1.1: “En el principio creó Dios...” Esto se refiere al tiempo cuando Dios creó todas las
cosas. Pero este no fue el principio de él, pues Dios es sin principio y sin fin.

Dios es un ser real tal y como lo es el hombre. Nosotros podemos afirmar esto porque
sabemos que el hombre fue creado a la imagen de Dios. Dios tiene una personalidad,
así como la tiene el hombre.

Dios se manifiesta a sus hijos en varias maneras: en la Biblia, en la naturaleza y en la


obra de Dios en los corazones de sus hijos. Y Jesucristo, el Verbo hecho carne,
es Dios con nosotros. Además, existen pruebas de la existencia de un Dios supremo en
la naturaleza, en la conciencia del hombre y en las leyendas trasmitidas de generación
en generación desde las civilizaciones antiguas. Siendo así, nadie puede poner excusa
de no conocer a Dios. (Lea Romanos 1.20–32.)

Nombres de Dios

Dios se manifiesta por medio de varios nombres. Los dos nombres más comunes en las
escrituras hebreas son Elohim (generalmente traducido “Dios”) y Jehová. El
nombre Elohim denota su posición como Creador y expresa la idea de poder, dominio y
autoridad suprema. El nombre Jehová significa “él que es”. Dios dio este nombre a su
pueblo escogido y en su relación con ellos siguió revelando el significado del mismo. Él
se manifestó como el sanador (Éxodo 15.26) y Jehová-salom, o sea, el que es paz
(Jueces 6.24). En verdad él se manifestó como el que es todo lo que a mi pueblo me
hace falta (lea Salmo 62.5–8).

Según los historiadores cuando el nombre Jehová fue dado entre los judíos, ellos se
sintieron tan impresionados por su santidad que lo usaban con muy poca frecuencia por
lo que su pronunciación fue olvidada. En la actualidad los que temen a Dios siempre
pronuncian cualquiera de sus nombres con reverencia y adoración. Tomar el nombre de
Dios en vano es completamente desconocido en los labios del verdadero hijo de Dios.

En la Biblia encontramos otros nombres de Dios que expresan una acción o


característica de Dios. Veamos algunos de ellos: “Dios omnipotente” (Éxodo 6.3);
“Altísimo” (Números 24.16); “Dios viviente” (Deuteronomio 5.26); “Dios del cielo”
(Esdras 5.11); “Santo” (Job 6.10); “Dios de los ejércitos” (Salmo 80.7); “Santo de
Israel” (Isaías 1.4.); “Jehová de los ejércitos” (Jeremías 9.15); “Rey de reyes” (Mateo
6.15); “Señor de los ejércitos” (Romanos 9.29); “Padre de las luces” (Santiago 1.17);
“Señor de Señores” (Apocalipsis 17.14). Al estudiar los nombres de la Deidad vemos
una descripción de su grandeza y santidad.

Evidencias de la existencia de Dios

Para la persona que quiere recibir la verdad, y medita en ella, las evidencias de la
existencia de Dios son muchas. Aquí les presentamos algunas:

1. La naturaleza habla de un principio

La hoja de un árbol brota de la rama, la rama del tronco, el tronco de la raíz y la raíz
de la semilla. Entonces, ¿de dónde procede la semilla? La misma procede de otra
planta. Cuando buscamos el origen de la semilla al final llegamos a la primera semilla y
nos preguntamos: ¿De dónde vino la primera semilla? De la misma manera, cuando nos
fijamos en los cielos estrellados, la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay, surge la
pregunta inevitable: ¿Quién lo hizo? ¿Qué originó la materia, la vida, las especies y el
hombre? Indudablemente tuvo que haber un Creador. Este Creador es Dios. Él es sin
principio y sin fin, y por el aliento de su boca y su poder infinito creó todas las cosas
visibles e invisibles. Es más razonable creer esto que creer que todas estas cosas
existen por mera casualidad. “Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y
deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas
por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa” (Romanos 1.20).

2. La naturaleza habla de un Creador todopoderoso y sabio

Existen muchas preguntas acerca de la naturaleza que ningún ateo jamás ha podido
contestar. Por ejemplo, hay una ley natural que hace que los cuerpos se dilaten por el
calor y se contraigan por el frío. Una excepción a esta ley se puede observar en el
agua. Cuando el agua se congela, se dilata. De modo que el hielo se forma en la
superficie de las aguas en lugar de sumergirse al fondo. De esta forma los ríos y lagos
no llegan a ser una masa sólida de hielo que no podría derretirse en un solo verano.
¿Quién diseñó esta excepción? ¿Será capricho de la naturaleza? ¿Cómo uno puede
explicarse por qué la tierra abunda de provisiones para los hombres y los animales?
¿Quién nos ha podido explicar alguna vez el origen de órganos tan delicados como el
cerebro, la circulación, el sentido de la vista, del oído, del olfato y del gusto? Y ¿qué
de sus propias localizaciones en el cuerpo y la manera en que se relacionan unos con
otros? Esto no se pudiera explicar a menos que reconozcamos la existencia de un
Diseñador omnisciente, quien los formó según su entendimiento infinito. Hay muchas
otras preguntas que incluso el hombre más educado y sabio no ha podido contestar
razonablemente sin suponer la existencia de un ser supremo.

3. La creencia en un ser supremo es universal

A cualquier parte de este mundo donde vaya un misionero, aun a las tierras más
lejanas y paganas, se encontrará con personas que reconocen la existencia de un ser
supremo. ¿Qué son los ídolos sino falsificaciones del Dios vivo? Los mahometanos, los
indostanos, los budistas y muchos otros que adoran en varias formas son todos
adoradores de algún ser que consideran sobrehumano. Para todos es conocido que aun
los ateos en tiempos de conflictos y peligros invocan el nombre de Dios. Aquel hombre
que introdujo su argumento diciendo: “Doy gracias a Dios que soy ateo” es sólo un
ejemplo.

Volviendo nuevamente a Romanos 1.20, vemos que la causa de esto radica en que Dios
ha fijado la verdad de su existencia en las mentes y las conciencias de todo ser
humano. Existe algo en lo más profundo de nuestros corazones a lo cual Dios apela y
muchas veces logra alcanzar en nosotros. Es por ello que Dios toca al corazón del impío
para convencerlo de su condición y salvarlo.

4. El hecho irrefutable de que el autor de la Biblia es sobrehumano

En nuestro capítulo sobre la Biblia hemos tratado este tema de una forma más
extensa.

5. La experiencia personal del pueblo de Dios

La experiencia incluye cosas tales como el disfrute pleno de vidas limpias de pecado,
las transformaciones en la personalidad, el gozo del Señor en el alma y las oraciones
contestadas. El hijo de Dios que ha experimentado estas cosas puede citar
acontecimientos de su propia vida y decir positivamente: “Yo estoy convencido de que
Dios existe”. Usted no tiene que desanimarse si no conoce todos los elementos y
evidencias que demuestran la existencia de Dios. Simplemente por medio de las
evidencias de la salvación, efectuada en su alma por el Dios verdadero, usted puede
demostrarles a los incrédulos que Dios sí existe.
Este ser maravilloso, cuya influencia se ve en todas partes y en todos los aspectos de
sus obras, llega a ser más precioso para nosotros cuando estudiamos sus atributos en
su palabra.

Los atributos de Dios

1. Dios es eterno

Este atributo lo vemos en expresiones tales como: “el eterno Dios” (Deuteronomio
33.27); “Jehová Dios eterno” (Génesis 21.33); “desde la eternidad y hasta la
eternidad” (Salmo 103.17); y, “por los siglos de los siglos” (Apocalipsis 11.15). Además,
vemos esto en Génesis 1.1 donde Dios se muestra como un ser activo y creativo “en el
principio”. Dios no es gobernado por el tiempo como sus criaturas.

2. Dios es inmutable

“Yo Jehová no cambio” (Malaquías 3.6) es la declaración hecha de su propia boca.


Aunque Dios cambia sus métodos conforme a las diferentes situaciones que se
presentan, y en varias ocasiones ha entrado en pactos nuevos con los hombres, él
mismo nunca ha cambiado. Su verdad existe “por todas las generaciones” (Salmo
100.5). (Lea Santiago 1.17.) “Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos”
(Hechos 13.8). “Para siempre, oh Jehová, permanece tu palabra en los cielos” (Salmo
119.89).

3. Dios es omnipotente

Es decir, Dios es todopoderoso. El mismo Dios que en el principio dijo las palabras y
fueron creados los cielos y la tierra ahora extiende su brazo fuerte y hace temblar la
tierra por medio de huracanes, terremotos y volcanes. Este mismo Dios enviará desde
los cielos a su Hijo, y un nuevo orden aparecerá (2 Pedro 3.10–13). La majestad y la
grandeza de su poder son anunciadas elocuentemente por boca del profeta (Isaías
40.12–17). (Lea Génesis 17.1; Apocalipsis 19.6.) El mismo Dios que creó los cielos y la
tierra es quien sostiene todas las cosas en la palma de su mano y hasta las naciones
más poderosas son nada en comparación con su poder.

4. Dios es omnisciente

Para Dios no hay límite en sabiduría y conocimiento porque él sabe todas las cosas.
“Los ojos de Jehová están en todo lugar, mirando a los malos y a los buenos”
(Proverbios 15.3). Dios sabía, incluso desde antes de la creación del mundo, que el
hombre iba a pecar. Por eso él concibió el plan divino de la salvación y preparó un reino
para la gloria eterna de su pueblo. La Biblia está llena de evidencias que demuestran
que su Autor sabe todas las cosas: el pasado, el presente y el futuro (1 Reyes 8.39;
Ezequiel 11.5; Mateo 10.30).

5. Dios es omnipresente

“¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia? Si subiere a los


cielos, allí estás tú; y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás. Si tomare
las alas del alba y habitare en el extremo del mar, aun allí me guiará tu mano, y me
asirá tu diestra. Si dijere: Ciertamente las tinieblas me encubrirán; aun la noche
resplandecerá alrededor de mí” (Salmo 139.7–11). Teniendo en cuenta que los ojos de
Dios están en todas partes, que nada se puede esconder de su vista y que él sabe aún
los pensamientos más íntimos y las intenciones del corazón (hebreos 4.12), debemos
adorar a Dios en todo tiempo con santa devoción y nunca guardar el mal en nuestros
corazones. (Lea 2 Crónicas 6.18.)

6. Dios es justo

“Los juicios de Jehová son verdad, todos justos” (Salmo 19.9). “Justo eres tú, oh
Jehová, y rectos tus juicios” (Salmo 119.137). Nadie debe temer que no va a recibir
justicia de parte de Dios porque él es perfecto en justicia, así como lo es en sus
misericordias. Su palabra enseña su justicia y la misma está presente en todas sus
obras.

7. Dios es fiel

“Fiel es Dios” (1 Corintios 10.13). Éste es sólo uno de los pasajes bíblicos que afirma la
fidelidad de Dios. Él ha hecho miles de promesas y nunca ha dejado de cumplirlas. Sus
pactos con el hombre pecaminoso son una evidencia incuestionable de la fidelidad de
Dios. Damos gracias a Dios que en cualquier tiempo podemos acercarnos a él con
confianza y sentirnos seguros de que “[su] palabra es verdad” (Juan 17.17).

8. Dios es incompresible

Los hombres más sabios, más cultos, más eruditos y los más hábiles se enfrentan a
muchas situaciones en la vida en las que tienen que confesar: “Yo no sé”. Zofar, por
ejemplo, hizo una pregunta muy apropiada cuando preguntó: “¿Descubrirás tú los
secretos de Dios?” (Job 11.7). Nos rodean muchos misterios que la mente humana no
puede comprender. Muchos hombres que han pasado toda su vida escudriñando la
palabra de Dios han confesado que apenas han empezado. No es difícil llegar a conocer
a Dios. Sin embargo, es imposible que el hombre alcance el límite del conocimiento
acerca de todo lo que Dios es, dice o hace. El apóstol Pablo, quien quizá escudriñó las
cosas de Dios más que cualquier otro hombre, aun después que fue “arrebatado hasta
el tercer cielo” y oyó cosas “que no le es dado al hombre expresar”, dio este
testimonio: “¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios!
¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!” (Romanos 11.33).

9. Dios es sencillo

A pesar de todo lo que se puede decir acerca de la incomprensibilidad de Dios, la


sencillez es una de sus características más sobresalientes. Esto se ve en todas las
obras de sus manos. Aunque ningún ser humano puede saber todo acerca de él, cada
ser racional puede llegar a conocer algo; lo suficiente para animarlo a continuar
estudiando la Biblia, trabajando y regocijándose al aprender más de la verdad divina.
La Biblia es un modelo de pensamientos sencillos y profundos, y las personas que son
una viva imagen de Dios son reconocidas por su sencillez y humildad.

10. Dios es benigno

Las evidencias de la benignidad de Dios están en todas partes. Es “su benignidad”


(Romanos 2.4) la que nos guía al arrepentimiento. Es su benignidad lo que hizo posible
que el hombre caído pudiera ser restaurado al favor divino. En muchas maneras, la
paciencia y la bondad de Dios confirman las palabras del salmista: “Bueno es Jehová
para con todos” (Salmo 145.9).

11.Dios es misericordioso

La benignidad y la misericordia de Dios son inseparables. “La misericordia de Jehová


es desde la eternidad y hasta la eternidad” (Salmo 103.17). Este versículo muestra que
no hay límite para la bondad de Dios. Y lo que los hombres consideran como “tardanza”
por parte de él, no es otra cosa que la manifestación de su paciencia “para con
nosotros, no queriendo que ninguno perezca” (2 Pedro 3.9). Su misericordia, como sus
demás atributos, es perfecta; sin límites ni defecto.

12. Dios es imparcial

La imparcialidad y la misericordia de Dios concuerdan en una bella armonía. Cuando el


joven rico le preguntó a Jesús acerca del camino de la vida, Jesús le mostró
claramente lo que lo condenaba. Y así mismo él lo hace con todos nosotros. Además,
podemos apreciar la imparcialidad y la misericordia de Dios cuando él sacó del huerto
al hombre pecaminoso. El hombre no podía comer del árbol de la vida y vivir
eternamente en su estado pecaminoso. Los pecadores que desprecian la misericordia
de Dios con el tiempo tendrán que hacerle frente a la justicia de Dios en la eternidad.
Dios es Autor de leyes justas, las cuales se aplican igualmente a todo ser humano,
porque “Dios no hace acepción de personas” (Hechos 10.34).

13. Dios es amor


“El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor” (1 Juan 4.8). El amor de
Dios para con la humanidad caída es tan grande que dio a su Hijo unigénito para
rescatarnos de la perdición (Juan 3.16). El apóstol Pablo dice: “Mas Dios muestra su
amor para con nosotros, en que, siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros”
(Romanos 5.8). ¡Qué amor tan sin igual y precioso! La historia completa de la relación
de Dios con los hombres caídos se resume en tres palabras: “Dios es amor”.

Pensamos tanto en el amor de Dios que algunas veces se nos olvida que una
manifestación de su amor es el odio con que él aborrece lo malo. Él aborrécelo malo
con la misma intensidad que ama lo bueno. Él se manifiesta como un Dios celoso, que
visita “la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de
los que [lo] aborrecen” (Éxodo 20.5). En Proverbios 6.16–19 notamos siete cosas
específicas que el Señor aborrece. Él aborrece todos los malos caminos y todas las
formas de iniquidad. Para poder amar apasionadamente todo lo que es bueno, justo y
santo se tiene que aborrecer ardientemente la iniquidad.

14.Dios es santo

El serafín que se le apareció a Isaías dio voces, diciendo: “Santo, santo, santo, Jehová
de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria” (Isaías 6.3). Diecinueve veces
este mismo profeta se refiere al Dios de los cielos y de la tierra como “el Santo”.
Cuando tenemos en cuenta su justicia, amor, pureza, fidelidad, bondad, gracia y gloria
maravillosa, esto nos prepara para recibir su amonestación: “Sed santos, porque yo soy
santo” (1 Pedro 1.16). La santidad de Dios debe ser buscada y procurada por todos sus
hijos.

Aquí concluimos, no por haber nombrado todos los atributos de Dios, sino porque
hemos nombrado lo suficiente para recordarnos de su grandeza infinita, su bondad, su
poder y su gloria majestuosa. Bendito, para siempre bendito, sea su santo nombre.

Ninguna de las criaturas de Dios puede poseer los atributos de Dios que pertenecen a
su infinidad, como su omnipotencia, omnipresencia y omnisciencia. Dios es el único que
las posee. Sin embargo, los atributos morales, como la santidad, la benignidad, la
justicia y la pureza él los ha encargado a todo su pueblo para que por medio de los
mismos nosotros podamos resplandecer a la imagen de Dios. De modo que para sus
hijos uno de los pensamientos más consoladores es que en el futuro seremos “como él
es”.

DOCTRINA DE LOS ANGELES

La angelología es el estudio de los ángeles. Hoy en día hay muchos conceptos


antibíblicos de los ángeles. Algunos creen que los ángeles son seres humanos que han
muerto. Otros creen que los ángeles son fuentes impersonales de poder. Aun otros
niegan la existencia de ángeles completamente. Una comprensión bíblica de la
angelología corregirá estas falsas creencias. La angelología nos dice lo que enseña la
Biblia acerca de los ángeles. Se trata de un estudio de cómo los ángeles se relacionan
a la humanidad y cómo sirven los propósitos de Dios. Aquí están algunas cuestiones
importantes de la angelología.

¿Qué dice la Biblia sobre los ángeles? Los ángeles son un orden de seres totalmente
diferente de los seres humanos. Los seres humanos no se hacen ángeles después de
morir. Los ángeles nunca llegarán a ser, y nunca fueron, seres humanos. Dios creó a los
ángeles, tal como creó a la humanidad.

¿Son los ángeles de género masculino o femenino? La Biblia no apoya necesariamente


que el género de los ángeles sea masculino o femenino. Siempre que el género es
"asignado" a un ángel en las Escrituras, es masculino (Génesis 19:10, 12; Apocalipsis
7:2; 8:3; 10:7), y los únicos nombres asignados a los ángeles son Miguel y Gabriel,
generalmente considerados nombres masculinos.

¿Tenemos ángeles de la guarda? No cabe duda de que los ángeles buenos ayudan a
proteger a los creyentes, revelan información, guían a la gente y, en general, ministran
a los hijos de Dios. La pregunta difícil es si cada persona, o cada creyente, tiene un
ángel asignado.

¿Quién / Qué es el Ángel del Señor? La identidad exacta del "Ángel del Señor" no se
da en la Biblia. Sin embargo, hay muchas "pistas" importantes sobre su identidad.

¿Qué son los querubines? ¿Son ángeles los querubines? Los querubines son seres
angélicos involucrados en la adoración y alabanza a Dios. Además de cantar las
alabanzas de Dios, también sirven como un recordatorio visible de la majestad y la
gloria de Dios, y Su presencia permanente con Su pueblo.

¿Qué son los serafines? ¿Son ángeles los serafines? Isaías capítulo 6 es el único lugar
en la Biblia que menciona específicamente a los serafines. La palabra serafines
significa “seres de fuego, quemando”, son seres angelicales asociados con la visión del
profeta Isaías de Dios en el templo.

La angelología nos da la perspectiva de Dios sobre los ángeles. Los ángeles son seres
personales que adoran y obedecen a Dios. A veces, Dios envía a ángeles a "interferir"
en el curso de la humanidad. La angelología nos ayuda a reconocer la guerra que existe
entre los ángeles de Dios, y Satanás y sus demonios. Una comprensión adecuada de la
angelología es muy importante. Cuando entendemos que los ángeles son seres creados,
tal como nosotros, nos damos cuenta que adorar u orar a los ángeles, roba a Dios de la
gloria que le pertenece solo a Él. Fue Dios, no los ángeles, quién envió a su Hijo a morir
por nosotros, quien nos ama y cuida, y quien es el único digno de nuestra adoración.

Un versículo clave sobre la angelología es Hebreos 1:14, “¿No son todos espíritus
ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la
salvación?".

DOCTRINA DEL HOMBRE

Dios creó al hombre a su imagen y le dio la capacidad de razonar y de escoger a quien


servir. Si escoge servir a Dios entonces las virtudes de Dios se perfeccionan en él. Si
escoge servir al diablo entonces llega a ser más perverso y diabólico.

El hombre tiene una doble naturaleza, pues él es carne y espíritu. Por una parte, él es
semejante a Dios; y por otra, es como los animales. El hombre tiene una voluntad al
igual que Dios. Él también tiene un espíritu que goza de compañerismo espiritual y
posee un alma que tiene una existencia eterna. Sin embargo, así como el cuerpo de los
animales se enferma y muere también el cuerpo del hombre.

Cuando comparamos al hombre con Dios nos damos cuenta que el hombre es inferior a
Dios en todo. Podemos expresar la diferencia de la siguiente manera: El hombre es
finito; Dios es infinito. Aunque una persona se convierta al Señor siendo muy joven y
le siga fielmente durante toda su vida esto no quiere decir que alcanzará la perfección
de Dios en esta vida. No importa cuanto haya crecido espiritualmente, todavía puede
seguir creciendo.

Cuando comparamos al hombre con los animales entonces vemos que él es superior a
ellos en inteligencia, dominio y poder. Su capacidad, sea para el bien o para el mal,
sobrepasa la de ellos. Mientras que los animales son gobernados por el instinto, el
hombre puede razonar, lo cual le proporciona una esfera muy superior. Cuando un
animal muere sólo queda un montón de estructuras óseas que vuelve al polvo. Cuando
muere una persona su cuerpo vuelve al polvo mientras que el alma continúa existiendo
para siempre. No obstante, cuando el hombre se somete al dominio de la carne
entonces él cae en una profundidad de depravación desconocida aun entre los
animales.
De modo que, la pregunta práctica con la cual nos enfrentamos a menudo es: ¿Nos
arrastraremos como los animales en el polvo o moraremos, como Dios, en lugares
celestiales?

El hombre

“Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los
creó” (Génesis 1.27).

El salmista, meditando sobre la bondad y la misericordia de Dios, consideró la gran


diferencia existente entre el Dios infinito y el hombre finito. Entonces exclamó
diciendo: “¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria?” (Salmo 8.4).

¿Qué es el hombre?

1. El hombre es una imagen finita del Dios infinito

Después que Dios creó todas las plantas y todos los animales todavía no existía una
criatura que llevara su propia imagen. Por tanto, Dios dijo: “Hagamos al hombre a
nuestra imagen” (Génesis1.26). El hombre, al igual que su Creador cuya imagen él lleva,
es un ser compuesto. Cuando Dios dijo, “hagamos”, él se refirió a la trinidad: Padre,
Hijo y Espíritu Santo. El hombre también es trino, pues tiene “espíritu, alma y cuerpo”
(1 Tesalonicenses 5.23). Dios le dio al hombre una mente que lo capacita para dominar
la tierra. Todos los atributos morales de Dios (véase el capítulo 1), los cuales Dios
posee a la perfección, los dio al hombre hasta cierto punto. El hombre, aunque lleva la
imagen de Dios, nunca puede ser igual a él porque Dios es perfecto e infinito en todo,
mientras que el hombre es imperfecto y finito.

2. El hombre es distinto a las demás criaturas de la creación

Dios creó el mundo a fin de proveer un hogar para el hombre (Isaías 45.18). Dios le dio
poder al hombre para enseñorearse de todos los animales y las plantas, y con el
objetivo de que los utilice para sus necesidades físicas. Solamente el hombre posee un
espíritu y puede comunicarse con su Creador. Dios va a rescatar solamente al hombre
de esta tierra para vivir con él en la eternidad.

3. El hombre caído es la criatura más vil de la tierra

Las bestias del campo, las aves del cielo y los peces del mar están cumpliendo el
propósito de Dios. Sólo el hombre ha traicionado a su Creador. En lugar de llevar la
imagen de Dios, el hombre, por medio del pecado, llega a pensar y a comportarse peor
que los animales. El hombre, en su estado caído, rechaza a Dios, blasfema de él, lo
aborrece y se deleita en lo que Dios prohíbe. Debido a su desobediencia, el hombre se
convierte en un hijo del diablo. (Lea Jeremías 17.9; Romanos 1.18–2.2.)

4. El hombre es el objeto del amor divino

Cuando pensamos en el estado depravado del hombre caído, y luego en lo que Dios ha
hecho y está haciendo para su bien, nos maravillamos con el salmista, diciendo: “¿Qué
es el hombre, para que tengas de él memoria?” En esto se manifiestan la gracia, la
bondad maravillosa y la infalible sabiduría de Dios. El hombre, aunque es depravado,
posee un alma que Dios quiere salvar. Dios proveyó esta salvación al enviar a su Hijo al
mundo. El amor del padre al hijo pródigo (Lucas 15) al velar y anhelar el regreso de su
hijo rebelde es una pequeña ilustración del amor del Padre celestial hacia sus
criaturas caídas. Él entregó a su Hijo unigénito como un sacrificio para lograr la
redención y la restauración del hombre. Aquellos que son sensibles a esa gracia
maravillosa verdaderamente pueden decir: “Le amamos a él, porque él nos amó
primero” (1 Juan 4.19). (Lea también Juan 3.16–17; Romanos 5.1–8; 1 Juan 3.)

5. El hombre es el siervo de Dios

En el principio Dios puso al hombre “en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo
guardase” (Génesis 2.15). Aunque hay muchos hombres infieles que son siervos
voluntarios del pecado, y no de Dios, hasta cierto punto todos los hombres son siervos
de Dios. Los justos son siervos de Dios de forma voluntaria. En cambio, los injustos se
convierten en siervos involuntarios de Dios cuando a él le agrada usarlos para cumplir
sus planes. Existen varios ejemplos en la Biblia que demuestran lo anteriormente
expuesto: Faraón, a quien Dios levantó para cumplir su promesa a los hijos de Israel;
Nabucodonosor, a quien Dios usó para castigar al pueblo rebelde de Israel; Ciro, a
quien Dios usó como su siervo para restaurar a Judá a la tierra prometida; y los
hombres que tuvieron parte en la crucifixión de Cristo “por el determinado consejo y
anticipado conocimiento de Dios” (Hechos 2.23). Todos estos hombres fueron siervos
involuntarios de Dios. Ya sea voluntaria e involuntariamente, constante e
inconstantemente, todo hombre es siervo de Dios. Sin embargo, el hombre impío que
sirve involuntariamente no tiene recompensa. Lea Hechos 1.18–25 en cuanto al fin de
Judas. Con relación a los obedientes, lea Romanos 6.16.

El dominio del hombre

Dios le dio al hombre el dominio sobre toda la tierra cuando dijo: “Fructificad y
multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves
de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra” (Génesis 1.28). Este
mandamiento obliga al hombre a:
“Fructificad y multiplicaos”: Desde el principio ha sido el plan perfecto de Dios que
los humanos se casen y críen hijos. El hombre no tenía que pecar para cumplir este
mandamiento. Dios instituyó el matrimonio con el objetivo que los hijos pudieran ser
criados bajo la protección y la bendición de un hogar piadoso.

“Llenad la tierra, y sojuzgadla”: Es evidente que en la tierra había algún trabajo que
hacer y algún territorio que ocupar. Recuerde que solamente existía una familia y un
solo huerto donde habitar. ¡Cuán hermoso habría sido si todo el género humano
hubiera permanecido fiel a Dios! Entonces toda la tierra con el tiempo hubiera sido un
maravilloso paraíso de Dios; un lugar donde el hombre hubiera vivido en perfecta
felicidad y todo hubiera estado sujeto a él. Pero como Satanás engañó al hombre esta
sujeción nunca se ha llevado a cabo completamente.

“Señoread en los peces (…), en las aves (…), y en todas las bestias”: Dios entregó
a los animales al dominio del hombre. Adán les puso nombre a todos. El dominio trae
consigo la responsabilidad de la mayordomía. Dios quiere que el hombre haga uso de la
creación para suplir sus necesidades físicas, pero no quiere que él abuse de la misma.
La idea que el hombre debe tratar a los animales de igual a igual contradice este
mandamiento.

Por tanto, Dios hizo provisiones para la felicidad y el bienestar del hombre en la
creación. “Vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera”
(Génesis 1.31). Así fue hasta el día en que el tentador engañó al hombre, y éste pecó.
La vida del hombre cambió completamente al no permanecer fiel al plan de Dios para
su vida.

DOCTRINA DEL PECADO

“Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la
muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron” (Romanos
5.12).

¿Cómo sería el mundo si no hubiese guerra, ni homicidios, ni robos, ni pleitos


familiares? ¿Cómo sería si todos los hombres fueran perfectos como lo fue Adán
antes de pecar? Sería un lugar bello, ¿verdad? Al comparar nuestro mundo pecaminoso
con un mundo sin pecado se nos da una idea de cómo es el pecado.

El pecado ha sido definido de la siguiente manera: “cualquier pensamiento, palabra,


acción, omisión o deseo contrario al carácter de Dios”. La palabra pecado se refiere a
toda iniquidad y a la corrupción espiritual del alma. Es el opuesto del carácter de Dios.
La Biblia define el pecado

· “El pensamiento del necio es pecado” (Proverbios 24.9).

· “Todo lo que no proviene de fe, es pecado” (Romanos 14.23).

· “Y al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado” (Santiago 4.17).

· “El pecado es infracción de la ley” (1 Juan 3.4).

· “Toda injusticia es pecado” (1 Juan 5.17).

El origen del pecado

El relato del origen del pecado en el mundo se encuentra en Génesis 3.1–8. Antes de
que el pecado entrara en el mundo el hombre era puro y santo, vivía una vida muy feliz
y estaba contento con todo. Él llevaba la imagen de su Creador; no sabía nada de la
culpa ni de la muerte. El hombre estaba libre de toda condenación y gozaba de
comunión con Dios. Pero después que Satanás engañó a Eva apareció entonces la
primera transgresión del hombre, como dice en Romanos 5.12: “Por tanto, como el
pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó
a todos los hombres, por cuanto todos pecaron”. La naturaleza del hombre fue
cambiada. En vez de ser “bueno en gran manera” (Génesis 1.31) como lo hizo Dios,
ahora Dios tuvo que decir del hombre: “Todos pecaron, y están destituidos de la gloria
de Dios” (Romanos 3.23).

El pecado de Adán y los pecados nuestros

Ser un pecador no depende de la clase o el tamaño de los pecados cometidos. Un


hombre roba una manzana y otro hombre roba mil dólares. Delante de Dios los dos son
culpables. No por robar una cosa grande o pequeña, sino por robar. Cuando Dios nos
dice una cosa y hacemos otra, lo que nos aparta de Dios es el hecho que fuimos
desobedientes. No nos engañemos, pues, pensando que los pecados nuestros no son tan
malos como los de otras personas. Por tanto, aunque nuestro pecado parezca muy
pequeño será suficiente para apartarnos de nuestro Dios. El pecado de Adán y Eva
cuando comieron del fruto prohibido no parece importante en comparación con los
pecados y crímenes graves que se cometen en la actualidad. Sin embargo, su pecado
bastó para separarlos de Dios y traer sobre ellos y sobre su descendencia la
condenación de muerte.

1. El pecado de Adán
Un solo pecado destruyó la pureza, perfección, santidad y la vida del hombre. Este
pecado no consistió solamente en extender la mano y tomar el fruto del árbol
prohibido; tomar el fruto fue sólo el resultado del hecho de dejar a Dios y seguir a
Satanás. El pecado, por lo tanto, fue la condición del alma y no sólo la acción de la
mano que cogió el fruto. El hombre perdió su relación con Dios y por eso llegó a ser
pecaminoso. Del pecado de Adán recibimos la corrupción de la naturaleza humana, la
mortalidad y la separación de Dios. Esta condición se ha trasmitido de generación en
generación y conduce a cada persona al pecado propio. Solamente la sangre de
Jesucristo puede quitar esta mancha. (Lea Salmo 51.5; Hechos 17.26; Romanos 3.9–23;
5.12–19; 2 Corintios 5.14 y Efesios 2.3.)

2. Los pecados cometidos

Cuando el pecado existe en el corazón, éste se manifiesta de algún modo en la vida de


la persona. “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso” (Jeremías
17.9). Por tanto, “del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los
adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias. Estas
cosas son las que contaminan al hombre” (Mateo 15.19–20).

A veces escuchamos la pregunta: ¿Soy yo responsable por el pecado de Adán? No.


Pero el pecado de Adán, o mejor dicho la naturaleza pecaminosa que heredé de Adán,
me hará pecar. Y eso sí me condenará delante de Dios.

3. Los pecados de omisión

Esto es cuando no hacemos las cosas que sabemos que debemos hacer. Dios, por medio
de Santiago, nos dice: “Al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado”
(Santiago 4.17). Si sabemos que Dios quiere que hagamos algo, y no lo hacemos,
pecamos.

Resultados del pecado

1. La muerte

El resultado del pecado se resume en esta advertencia a Adán: “Porque el día que de él
comieres, ciertamente morirás” (Génesis 2.17). Y todas las citas que mostramos a
continuación testifican que la muerte corporal y espiritual son la paga del pecado: “El
alma que pecare, esa morirá” (Ezequiel 18.4); “La paga del pecado es muerte” (Romanos
6.23); “La muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron” (Romanos
5.12); “El pecado (...) da a luz la muerte” (Santiago 1.15); “Muertos en (...) delitos y
pecados” (Efesios 2.l); “La que se entrega a los placeres, viviendo está muerta” (1
Timoteo 5.6).
2. La corrupción

El pecado es un proceso que corrompe la persona haciéndola vil ante los ojos de Dios y
vergonzosa a la luz de la justicia y santidad verdadera. Es algo que no se puede
eliminar ni por medio de la civilización, ni de las buenas costumbres, ni de la cultura.
Pues al fijarnos en los países que pretenden ser más civilizados también encontramos
que los mismos son parte de los medios más vergonzosos de inmundicia. ¿Adónde se
puede ir en este mundo sin que la corrupción sea tan evidente? En todas partes se
nota que los hombres son “amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios,
blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural,
implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno,
traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios” (2
Timoteo 3.2–4). El pecado es una enfermedad mortal que primero corrompe, y por
último destruye alma y cuerpo (Romanos 1.20–32).

3. La miseria

Hay muchos que se engañan con la idea de que la religión sólo vale a la hora de la
muerte; pero mientras viven prefieren la vida de pecado, suponiendo que sacan mayor
satisfacción y placer del pecado. Pero, “no os engañéis” (Gálatas 6.7). ¿Por qué hay
tanta miseria, pobreza, aflicción, dolor, enfermedades y plagas en el mundo? Es por
causa del pecado. ¿Por qué hay cárceles, penitenciarías y escuelas de reformación de
la conducta? ¿Por qué las peleas, las disputas, el asesinato, las persecuciones, las
guerras y los otros pesares de la vida? ¿Por qué existen esas chozas miserables de
prostitución en nuestras ciudades, el remordimiento de la conciencia, la angustia del
alma y las esperanzas arruinadas? A causa del pecado. “¿Para quién será el ay? ¿Para
quién el dolor? ¿Para quién las rencillas? ¿Para quién las quejas? ¿Para quién las
heridas en balde? ¿Para quién lo amoratado de los ojos? Para los que se detienen
mucho en el vino” (Proverbios 23.29–30). Esta lista de miserias y aflicciones es típica
de lo que produce cualquier pecado. ¡Las palabras no bastan para describir los
lamentos, los pesares y las desolaciones causadas por el pecado!

Es cierto que muchas veces el pecado trae lo que los hombres llaman placer. Como las
drogas, el pecado da una sensación de placer momentáneo. Los que están bajo la
influencia de este engañoso “jarabe que calma” miran con lástima o desprecio a los que
andan en pasos de justicia y santidad verdadera. Pero tales placeres sólo son
pasajeros. El que se toma un trago de vez en cuando corre el riesgo de llegar a ser el
borracho que tambalea por las calles. El joven que fuma cigarrillos finalmente llega a
convertirse en un esclavo enfermo. El jugador de suerte corre el riesgo de caer
bancarrota y un libertino entregado a los vicios llega a ser un destructor de hogares.
Como un “jarabe que calma” el pecado puede tranquilizar por un tiempo, pero sólo
adormece a la víctima y le asegura el terrible día de la ira y de la retribución.
4. La condenación eterna

Los peores resultados del pecado no se experimentan en esta vida, sino en la


eternidad. Cualquier cosa que se experimente en este mundo será muy ligera en
comparación con lo que ha de venir. El edicto está escrito: “Todo lo que el hombre
sembrare, eso también segará” (Gálatas 6.7). Aquí sembramos, allá segamos. Si en esta
vida sembramos para la carne, en el mundo venidero segaremos corrupción (Gálatas
6.8). Si aquí sembramos para el Espíritu, más allá segaremos vida eterna. Si los
resultados del pecado aquí, manifestados claramente al hombre, son indescriptibles
por la lengua y la pluma humana, ¡qué angustia y miseria habrá cuando se junten los
lamentos y gemidos de las almas condenadas con los del diablo y sus ángeles, en medio
de las llamas del infierno donde “el humo de su tormento sube por los siglos de los
siglos”! (Apocalipsis 14.1 l).

La liberación del pecado

¿Acaso no hay manera de escapar? ¿No hay alguna manera en que los perdidos y
encadenados por el pecado puedan librarse de su esclavitud y escapar del castigo del
fuego eterno (Judas 7)? Gracias a Dios, sí la hay. Hay perdón por los pecados
cometidos si cumplimos con los requisitos de Dios para tal perdón (Lucas 24.47).
“Porque no nos ha puesto Dios para ira, sino para alcanzar salvación por medio de
nuestro Señor Jesucristo” (1 Tesalonicenses 5.9). La gracia de Dios se extiende a
toda alma. A cada persona encadenada por los grilletes del pecado le llega la invitación
bondadosa y celestial: “Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra,
porque yo soy Dios” (Isaías 45.22). No obstante, esta promesa se basa en la siguiente:
“Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el
cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar”
(Isaías 55.7). “Si no os arrepentís”, el único resultado será que “todos pereceréis
igualmente” (Lucas 13.3).

La victoria sobre el pecado

La libertad del pecado sólo es posible cuando la persona se somete al poder de Dios y
a la dirección de su Espíritu. No hay poder, ni en la tierra ni en el infierno, que pueda
negar a cualquiera la victoria perfecta en nuestro Señor Jesucristo, con tal que la
persona cumpla con los requisitos de la palabra de Dios. Aunque se trate de los
hombres más fuertes y más inteligentes lo cierto es que: “separados de [Cristo] nada
podéis hacer” (Juan 15.5). Sin embargo, el más débil puede decir: “Todo lo puedo en
Cristo que me fortalece” (Filipenses 4.13). ¿Cómo, pues, venceremos?

· Por medio de la sangre del Señor Jesucristo: “Y ellos le han vencido por medio de
la sangre del Cordero” (Apocalipsis 12.11).
· Por medio de la fe: “Y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe” (1
Juan 5.4).

· Al vestirnos de toda la armadura de Dios: “Fortaleceos en el Señor, y en el poder


de su fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios (...) para que podáis resistir en el
día malo, y (...) sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los
dardos de fuego del maligno” (Efesios 6.10–16).

· Por medio de la palabra: “En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar
contra ti” (Salmo 119.11).

Nuestra lucha contra el pecado significa una batalla continua contra los poderes del
maligno. Pero tenemos que recordar que “las armas de nuestra milicia no son carnales,
sino poderosas en Dios” (2 Corintios 10.4). Confiemos en Dios; su poder es infinito, su
amor es infalible y él promete que nunca dejará ni abandonará a los suyos. Es nuestro
privilegio experimentar continua y diariamente lo descrito por Pablo: “Antes, en todas
estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó” (Romanos
8.37).

DOCTRINA DE CRISTO

La ocupación y la obra de nuestro Señor llena nuestros corazones con gozo, y nos
mueve a la gratitud y adoración. Pero si los aspectos de su persona y obra, como está
revelado en las Escrituras, se duda, esto es un deshonor a ÉL. Relacionado con esto es
el privilegio de cada creyente el reconocer que el Señor es eternamente Dios y aún
más que Él se hizo hombre. Él no pecó y el pecado no estaba en Él. Aunque Él no
conoció el pecado, Él fue juzgado por los pecados de otros durante tres horas de
oscuridad en la cruz del Calvario y como el pago del pecado, soportó la muerte por
nosotros. Pero Él no permaneció en la muerte. Él ascendió y entró en el cielo a
sentarse a la diestra de Dios, hasta que Dios ponga a sus enemigos por estrado de sus
pies. Si un creyente niega estos hechos importantes que conciernen a la persona del
Señor y obra (por ejemplo, su Hijo eterno), entonces él ha deshonrado a Dios y al
Señor Jesús, y se alejará de los fundamentos de su fe (por ejemplo 1 Cor.15). Es
triste que nosotros no siempre estemos con el suficiente discernimiento para
descubrir las raíces de un crecimiento así y como una consecuencia estas además se
desarrollan y se vuelven estables. Permítanos siempre recordar que el Espíritu Santo
mora en el creyente y puede preservarnos por la Palabra de Dios.

Esto se vuelve realmente peligroso si alguien enseña en un espíritu que no es de Dios;


si alguien llamándose siervo predica algo que esta fundamentalmente equivocado.
Nosotros vivimos un tiempo cuando muchos enseñan lo que les conviene. Debido a esto
nosotros estamos en peligro de ser arrastrados lejos para inquirir en la enseñanza de
la Palabra de Dios. Las enseñanzas de Juan nos dan en particular pautas divinas a este
respecto. En el cuarto capítulo de su epístola él muestra que Satanás ha enviado a
muchos profetas en orden a atacar a la Persona y obra de Cristo, y guiar a los
creyentes al extravío. En relación con esto el apóstol menciona tres puntos, por los
cuales probar la enseñanza errónea y exponer a los siervos falsos que traen esto.
1) La personificación de la doctrina de Cristo es Jesucristo.

Solo el espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios (v.3).
2) El origen de la doctrina de Cristo es el cielo.

El espíritu que es del mundo y o que habla según los principios del mundo no es de Dios
(v. 4-5).

3) La norma de la doctrina de Cristo es la verdad de la Palabra de Dios.

El espíritu que enseña según la doctrina de los apóstoles, es de Dios (v.6).

Estos tres puntos son tan simples que cada creyente puede usarlos e identificar a los
falsos maestros. Ellos corresponden exactamente con las tres labores fundamentales
del Consolador, el Espíritu de Dios, en referencia en el Evangelio de Juan, capítulos 14
hasta 16.
1) Él testificará del Señor Jesús (Juan 15:26) y le glorifica a Él (Juan 16:14).

Esta glorificación consiste en su humanidad, la Persona y obra de Cristo, en creciente


grandeza ante nuestros ojos. Nosotros podemos comprender que el Hijo eterno vino
como Hombre, para que, como Hombre Él pudiera glorificar a Dios perfectamente.
Solo un hombre puede morir por los hombres y solo Dios mismo puede revelar el amor
que está en el corazón de Dios. Pues en el Señor Jesús están ambos Dios y Hombre, Él
puede hacer visible cada faceta del carácter de Dios y comprensible para los hombres.
Como Hombre, Él experimentó las dos partes de – lo típicamente humano –
particularmente vida, nacimiento y muerte. Pero porque Él es infinitamente más, no sin
que Dios le bendijera para siempre, Él está en ambas partes de modo muy diferente a
otros hombres. Dios mismo hizo sombra sobre la virgen para engendrarle a Él (Lucas
1:35). Y ningún hombre es capaz de dar su vida, pero esto es lo que el Señor Jesús
hizo (Juan 10:17). Él se hizo Hombre y seguirá siendo Hombre para siempre.

Cuando alguno testifica de aquellos maravillosos hechos, los corazones de los


creyentes se alegran y se humillan en adoración delante del Señor de gloria. Donde
aquellas cosas no han sido reconocidas ni enseñadas, nosotros tenemos que terminar
con el espíritu del anticristo que está preparado en el mundo y desea la deshonra del
Señor Jesucristo. Es importante rechazar enseguida a aquel que trae una falsa
doctrina concerniente a Cristo; juzgar la enseñanza y no tener comunión con él (2 Juan
10 – 11). Si nosotros no conocemos a la persona que enseña, oportunamente podría ser
tomada para presentar el verdadero mensaje entonces es posible que esto pueda ser
aceptado. Pero las discusiones son inútiles y nos llevaran a descarriarnos. Ellos no
llevaran a las personas interesadas para volver a lo que es bueno. Permítanos recordar
las serias exhortaciones de Juan en su segunda epístola. ¡Él podría esperar para
comunicar estas materias, pero no este punto! La comunión con un falso enseñador es
peor que la falsa doctrina misma. Pero contra el fondo del conocimiento de la verdad,
es posible imaginar que en esto se puede estar en comunión con cada persona y por
consiguiente con su doctrina. Pero esto es provocar a Dios. ¿Somos nosotros más
fuertes que Él (¿1Cor? 10:22)? Solo el amor de Dios puede librar aquella alma de la
falsa doctrina.
2) El Espíritu reprueba el pecado del mundo, justicia y juicio (Juan 16:8).

Si este es el caso, ¿Cómo puede una doctrina que está basada sobre los principios y
espíritu de este mundo ser de Dios? ¡Imposible! Los razonamientos del espíritu de
este mundo son únicamente lógicos y filosóficos, y por esto es imposible reconocer que
el Señor Jesús es Dios y Hombre en una persona. Similar pensamiento guía las almas a
buscar salvación a través de sus propias obras en lugar de ser por la fe. ¡Cuán errado
se puede estar! Cuando Dios ya nos ha mostrado que la salvación solo puede ser
obtenida en Cristo.

Las doctrinas que son en carácter terrenal y en satisfacción de este mundo, como un
objetivo tal no puede venir de Dios. Todos los creyentes tienen el Espíritu Santo. A
través del nuevo nacimiento nosotros somos una nueva creación y no somos del mundo
(Juan 17:14). Por estas razones nosotros tenemos la capacidad de saber si una
doctrina es celestial o terrenal en origen. A veces nosotros no consideramos que este
peligro es muy grande, y pasamos por alto el hecho que los fundamentos de nuestras
vidas espirituales están siendo atacadas. En principio, los tres exámenes de 1 Juan 4
realmente nos muestran tres diferentes aspectos del mismo error. Quizás nosotros
conocemos la falsa doctrina concerniente a la Persona de Cristo, pero se piensa que la
doctrina que viene del mundo no es tan peligrosa. Sin embargo, por este último medio
mencionado, Satanás ataca exactamente el mismo fundamento, quizás en una manera
más sutil, pero precisamente más efectivo.
3) El Espíritu de verdad, él os guiará a toda verdad (Juan 16:13).

Esta declaración se hizo primero a los discípulos y apóstoles. Que el Espíritu les
enseñó para ser comunicado a nosotros a través de la enseñanza de los apóstoles, de lo
cual nosotros leemos en Hechos 2:42 y en términos de personificación de él, en los
primeros versos de 1 de Juan. Esta es precisamente esa doctrina que los falsos
maestros no traen. ¿En qué consiste esto? Esto íntegramente está contenido en el
volumen completo del Nuevo Testamento, pero uno puede encontrarlos especialmente
en las epístolas del apóstol Pablo. Esto está personificado en nuestro Señor
Jesucristo.

Él es el centro y la substancia de esta doctrina. Esto hace evidente que allí esta una
directa unión con las primeras dos pruebas. Después Juan escribió generalmente en
sus cartas en un absoluta y abstracta manera, este tercer aspecto no se refiere a una
parte especifica de la doctrina. Más bien el apóstol se refiere al fundamento de la fe
cristiana. Es absolutamente necesario para nosotros valorar cada particular aspecto
de la enseñanza de los apóstoles, pero en relación con las consecuencias que son
mencionadas aquí, el punto fundamental parece estar a la vista. Esto otra vez
concierne a la persona de nuestro Señor, en la enseñanza que Él es Dios y Hombre, y
esto era necesario si Él iba ser el Salvador.

Juan da un resumen al final de 1 Juan 4 verso 6. Allí están dos doctrinas


diametralmente opuestas. Una ha sido dada por el Espíritu de Verdad y se refiere a 2
de Juan como la enseñanza de Cristo. La otra ha sido propagada por el espíritu del
error. Cuando el Espíritu Santo, el Espíritu de verdad está trabajando, será
magnificado en nuestros corazones, la Persona del Señor Jesús y por el hecho glorioso
de que Él ha venido en carne (v.3). Nosotros entendemos que esta doctrina tiene un
origen celestial (v.5) y que está de acuerdo con la verdad revelada, y enseñada en el
Nuevo Testamento (v.6). Cuando por el propósito contrario se envía a los profetas a
trabajar a través de Satanás, una o más de esas tres pruebas será contravenida, aun
cuando a primera vista esto no parezca ser el caso. Un gran cuidado y vigilancia son
necesarios, más si nosotros no los consideramos necesario debemos confesar que el
espíritu del anticristo ha tenido éxito entre nosotros.

DOCTRINA DE LA EXPIACION

“Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo,
mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida. Y no sólo esto, sino que
también nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo, por quien hemos
recibido ahora la reconciliación” (Romanos 5.10–11).

La expiación resumida

Una vez estuvimos muy lejos de Dios (Efesios 2.12–13). Cuando el hombre pecó, no
solamente llegó a ser un ser pecaminoso, sino que estaba también sin recurso o auxilio
para volver a Dios. Del hombre caído está escrito: “Todos nosotros nos descarriamos
como ovejas” (Isaías 53.6). “Todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios”
(Romanos 3.23). “La muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron”
(Romanos 5.12). Ningún hombre pudo redimirse de su pecado al hacer las obras de la
ley ni por su bondad humana (pues por naturaleza, no existe), ni por sus riquezas, ni
aun por la obediencia estricta de la ley. El hombre estaba perdido; esa palabra resume
toda la historia.

Pero Dios, quien creó al hombre a su propia semejanza, quiso que el hombre tuviera la
oportunidad de resplandecer a la imagen suya en la eternidad. Por eso Dios proveyó
para la expiación del pecado al enviar al mundo a su propio Hijo amado, Jesucristo.
Jesús era el unigénito del Padre y como el Cordero de Dios que quita el pecado del
mundo murió en la cruz para quitar el pecado del mundo (Juan 1.29). “Por su llaga
fuimos nosotros curados” (Isaías 53.5). También dice: “porque con una sola ofrenda
hizo perfectos para siempre a los santificados” (hebreos 10.14). Sólo por el poder de
la sangre que derramó Jesucristo podemos tener vida espiritual.

La expiación es lo que Dios provee para reparar el efecto (que es la muerte espiritual)
de nuestro pecado. Por medio de la misma él quita nuestra muerte y restaura su vida
en nosotros.

El día de la expiación

Dios introdujo la expiación en el Antiguo Testamento. Un estudio de la expiación en


ambos pactos es necesario para darnos un entendimiento amplio de esta doctrina.

1. El antiguo pacto

Los judíos celebraban un día de humillación nacional, guardando el décimo día del mes
séptimo (Levítico 16; 23.26–27). En ese día confesaban sus pecados y ofrecían una
ofrenda para la expiación de los mismos. Preparaban dos machos cabríos; mataban uno
y sobre la cabeza del otro el sacerdote ponía los pecados del pueblo y lo enviaba al
desierto. De esa manera los pecados de la gente les eran quitados. El cabrío llevó el
pecado para lejos y los pecadores podían regresar a sus casas libertados del pecado.

La obra de estos animales expiaba el pecado porque era una sombra de la obra de
Cristo como el Cordero de Dios. Su sufrimiento y muerte por el pecado del pueblo
cumplieron todos los sacrificios judíos que jamás habían sido ofrecidos. “La ley,
teniendo la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas, nunca
puede, por los mismos sacrificios que se ofrecen continuamente cada año, hacer
perfectos a los que se acercan” (hebreos 10.l). (Lea también hebreos 9; 10.14).

2. El nuevo pacto

Como ya notamos, los sacrificios judíos sólo eran un símbolo del sacrificio perfecto,
Jesucristo. El sacrificio perfecto de Cristo cumplió el propósito de los sacrificios que
se ofrecieron bajo la ley, pues todos estos se cumplieron en él. Así la expiación del
antiguo pacto introduce la del nuevo pacto, y la expiación del nuevo pacto cumple el
símbolo (o sea, la sombra) del antiguo.

Nosotros hoy podemos pensar en nuestro día de expiación en dos sentidos: (1)
Podemos meditar en el día en que Jesucristo estuvo colgado, ensangrentado en la cruz,
donde “con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados” (hebreos
10.14). (2) Esta nueva época es un “día de expiación”, porque tenemos acceso continuo
al altar de Cristo, nuestro gran sumo sacerdote. En cualquier momento podemos tomar
la sangre de ese sacrificio para librarnos de nuestros pecados y volver a Dios
regocijándonos, perdonados y sin pecado. La muerte de Cristo es nuestra esperanza
eterna.

La muerte de Cristo

1. Nuestra propiciación

Al Cristo morir llegó a ser “la propiciación por nuestros pecados” (1 Juan 2.2). Es
decir, la sangre de Jesucristo es la vida que conquista nuestra muerte. Jesús es el que
“Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre” (Romanos 3.25). Hemos
sido reconciliados con Dios por la vida que hay en la sangre de Jesucristo. Por él la ira
de Dios ha sido calmada, y ahora podemos acercarnos a Dios confiando que la nueva
vida que él nos dio es suficiente para unirnos a Dios.

2. Nuestro Cordero

En el Antiguo Testamento Dios introdujo el principio que un inocente puede regalar su


sangre a los culpables para proveer vida para los mismos. La vida quitaría la muerte del
pecador. Dios dio la expiación a los sacerdotes para “llevar la iniquidad de la
congregación, para que sean reconciliados delante de Jehová” (Levítico 10.17). En el
día de la expiación el sacerdote ponía los pecados de la gente sobre la cabeza de un
macho cabrío que más tarde era llevado al desierto (Levítico 16). Esto es una figura de
las víctimas de los sacrificios que llevaban los pecados ajenos.

De la misma manera, Cristo, el Cordero de Dios inocente, murió a fin de proveer nueva
vida para los culpables. Jesús puso “su vida en expiación por el pecado” (Isaías 53.10).
“Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos
hechos justicia de Dios en él” (2 Corintios 5.21).

3. Nuestro abogado

La vida de Jesucristo en la tierra hizo posible que él se convirtiera en nuestro


abogado en el cielo (hebreos 2.16–18; 4.15). Luego de haber sido crucificado, él
ascendió a la gloria y ahora está a la diestra del Padre como nuestro representante,
intercesor y abogado. Esteban vio a Jesús que estaba a la diestra de Dios (Hechos
7.55–56). Cristo vive “siempre para interceder” (hebreos 7.25) por todos los que por
medio de él se acercan a Dios. “Si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el
Padre, a Jesucristo el justo” (1 Juan 2.1).
DOCTRINA DE LA SALVACION

La salvación es la liberación de un peligro o un sufrimiento. Salvar es liberar o


proteger. La palabra contiene la idea de victoria, salud, o preservación. Algunas veces,
la Biblia usa las palabras “salvo” o “salvación” para referirse a algo temporal, liberación
física, como la liberación de Pablo de la prisión (Filipenses 1:19).

Casi siempre, la palabra “salvación” se refiere a una eterna liberación espiritual.


Cuando Pablo le dijo al carcelero de Filipos lo que debía hacer para ser salvo, él se
estaba refiriendo al destino eterno del carcelero (Hechos 16:30-31). Jesús iguala el
ser salvo con la entrada al reino de Dios (Mateo 19:24-25).

¿De qué somos salvos? En la doctrina cristiana de la salvación, somos salvos de la “ira”;
esto es, del juicio de Dios al pecado (Romanos 5:9; 1 Tesalonicenses 5:9). Nuestro
pecado nos ha separado de Dios, y la consecuencia del pecado es la muerte (Romanos
6:23). La salvación bíblica se refiere a nuestra liberación de las consecuencias del
pecado y, por lo tanto, implica la remisión del pecado.

¿Quién realiza la salvación? Sólo Dios puede quitar el pecado y liberarnos del castigo
del pecado (2 Timoteo 1:9; Tito 3:5).

¿Cómo salva Dios? En la doctrina cristiana de la salvación, Dios nos ha rescatado a


través de Cristo (Juan 3:17). Específicamente, fue la muerte de Jesús en la cruz y Su
subsiguiente resurrección lo que logró nuestra salvación (Romanos 5:10; Efesios 1:7).
La Escritura es clara en que la salvación es el bondadoso e inmerecido regalo de Dios
(Efesios 2:5, 8) que sólo está disponible a través de la fe en Jesucristo (Hechos 4:12).

¿Cómo recibimos la salvación? Somos salvos por la fe. Primero, debemos oír el
evangelio—las buenas nuevas sobre la muerte y resurrección de Jesucristo (Efesios
1:13). Después, debemos creer—confiando totalmente en el Señor Jesucristo
(Romanos 1:16). Esto incluye el arrepentimiento, un cambio de mentalidad acerca del
pecado y de Cristo (Hechos 3:19) y el confesar el Nombre del Señor (Romanos 10:9-
10).

Una definición de la doctrina cristiana de la salvación sería: “La liberación, por la


gracia de Dios, del castigo eterno del pecado que Dios concede a aquellos que aceptan
por fe Sus condiciones de arrepentimiento y fe en el Señor Jesús”. La salvación
únicamente se obtiene a través de Jesucristo (Juan 14:6; Hechos 4:12), y depende
sólo de Dios para su provisión, garantía y seguridad.

DOCTRINA DE LA SANIDAD DIVINA


La sanidad divina es un acontecimiento sobrenatural que soluciona un problema físico,
emocional o espiritual. En el contexto cristiano, lo sobrenatural es Dios, muchas veces
por medio del Espíritu Santo.

El punto de vista no cristiano sobre la sanidad divina

La mayoría de las principales religiones del mundo creen en algún tipo de sanidad
sobrenatural. El islam usa la Ruqya (conjuros) para sanar enfermedades luchando
contra la magia negra y expulsando a Jinn. Los budistas del Tíbet utilizan el Gso-wa
Rig-pa, el cual incluye elementos de medicina, mantra y meditación. Los seguidores del
panteísmo moderno, como la filosofía de la Nueva Era o el humanismo cósmico, utilizan
una gran variedad de técnicas de las religiones antiguas y del ocultismo.

Lo que siempre se repite en todas estas ideas sobre la sanidad divina es la necesidad
de un ritual. La sanidad, desde el punto de vista de la religión no cristiana, exige un
ritual físico para obligar a una deidad a actuar o manipular una fuerza de sanidad
impersonal.

Sanidad divina según el Nuevo Testamento

Casi una quinta parte del Evangelio habla del ministerio de sanidad de Jesús. Al
comenzar Su ministerio, Jesús recorrió "toda Galilea, enseñando en las sinagogas de
ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia
en el pueblo" (Mateo 4:23).

Más adelante, cuando Jesús envió a Sus doce discípulos a predicar el evangelio, les dio
autoridad para sanar a los enfermos (Lucas 9:1-2). Después de la resurrección y
ascensión de Jesús, los apóstoles siguieron sanando a muchos (Hechos 5:12-16). En los
Hechos se registran varias sanidades realizadas por Pedro, Juan y Pablo (19:12;28:8-
9).

Sanidad divina cristiana actualmente

Hoy en día, hay dos escuelas de pensamiento diferentes sobre la sanidad divina.
Algunos cristianos creen que el don de sanidad (1 Corintios 12:9) terminó al igual que el
don de lenguas. Esta postura se llama cesacionismo. Otros cristianos creen que todos
los dones de señales siguen estando presentes hoy en día.

A pesar de que adoptamos el punto de vista cesacionista, creemos que Dios es "quien
les da salud" (Éxodo 15:26). Él no ha perdido su capacidad de sanar, y no ha disminuido
Su amor por Su pueblo. La sanidad divina puede llegar a través de la medicina
tradicional o por intervención directa de Dios como respuesta de una oración. Y si Dios
quiere, puede que la sanidad no llegue sino hasta la sanidad final en el cielo. Dios es el
Gran Médico, y todas las sanidades, físicas, emocionales y espirituales, son de Él.

DOCTRINA DEL ESPIRITU SANTO

Muchas personas encuentran la doctrina del Espíritu Santo algo confusa. ¿Es el
Espíritu Santo una fuerza, una persona, o algo más? ¿Qué enseña la Biblia?

La Biblia nos brinda muchas formas de ayudarnos a comprender que el Espíritu Santo
es realmente una persona, es decir, Él es un ser personal, y no algo impersonal. En
primer lugar, cada pronombre que se usa en referencia al Espíritu es "él, como cuando
uno habla de una persona" y no "eso, como cuando se habla de una cosa". El idioma
original griego del Nuevo Testamento es explícito en confirmar la persona del Espíritu
Santo. La palabra que se usa para "Espíritu" (pneuma), es neutra y sería lógico usar
pronombres neutros para que haya un acuerdo a nivel gramatical. Sin embargo, en
muchos casos, se encuentran pronombres masculinos (por ejemplo, Juan 15:26; 16:13-
14). Gramaticalmente, no hay otra manera de entender los pronombres del Nuevo
Testamento relacionados con el Espíritu Santo, se hace referencia a "Él", como una
persona.

Mateo 28:19 nos enseña a bautizar en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu
Santo. Esta es una referencia colectiva a un Dios trino. Además, estamos llamados a
no contristar al Espíritu Santo (Efesios 4:30). Se puede pecar en contra del Espíritu
Santo (Isaías 63:10) y mentirle (Hechos 5:3). Estamos llamados a obedecerle (Hechos
10:19-21) y a honrarle (Salmo 51:11).

La personalidad del Espíritu Santo también se confirma por Sus numerosas obras.
Participó personalmente en la creación (Génesis 1:2), empoderó al pueblo de Dios
(Zacarías 4:6), guía (Romanos 8:14), consuela (Juan 14:26), convence de pecado (Juan
16:8), enseña (Juan 16:13), frena el pecado (Isaías 59:19), y da órdenes (Hechos 8:29).
Cada una de estas obras requiere la participación de una persona en lugar de una
simple fuerza, cosa o idea.

Los atributos del Espíritu Santo también apuntan a Su personalidad. El Espíritu Santo
tiene vida (Romanos 8:2), tiene una voluntad (1 Corintios 12:11), es omnisciente (1
Corintios 2:10-11), es eterno (hebreos 9:14), y es omnipresente (Salmo 139:7). Si
fuera apenas una fuerza, no podría poseer todos estos atributos, pero el Espíritu
Santo los tiene.

Y la persona del Espíritu Santo es confirmada por Su función como la Tercera Persona
de la Divinidad. Sólo un ser que es igual a Dios (Mateo 28:19) y posee los atributos de
omnisciencia, omnipresencia y eternidad, podría ser definido como Dios.

En Hechos 5:3-4, Pedro se refirió al Espíritu Santo como a Dios, declarando: "Y dijo
Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu
Santo, y sustrajeses del precio de la heredad? Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? y
vendida, ¿no estaba en tu poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido
a los hombres, sino a Dios". De igual manera Pablo se refiere al Espíritu Santo como a
Dios en 2 Corintios 3:17-18, afirmando: "Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el
Espíritu del Señor, allí hay libertad. Por tanto, nosotros todos, mirando a cara
descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en
gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor".

El Espíritu Santo es una persona, como la Escritura lo especifica. Como tal, debemos
reverenciarlo como a Dios y sirve en perfecta unidad con el Padre y el Hijo para
guiarnos en nuestra vida espiritual.

DOCTRINA DE LA IGLESIA

La doctrina de la iglesia, igual que todas las demás doctrinas de la Biblia, se manifiesta
en las escrituras con la claridad y plenitud que merece.

Este estudio de la iglesia se va a dividir en dos partes:

1. La iglesia como un cuerpo de personas apartadas del mundo; su misión, su


organización, su trabajo, sus deberes y cómo se relacionan sus miembros.

2. Las ordenanzas de la iglesia por las cuales los principios del evangelio se manifiestan
a los miembros.

Se ha dicho que la iglesia es un organismo y también una organización. Como un


organismo, la iglesia consiste en un cuerpo de creyentes con Jesucristo como la
cabeza y los miembros del cuerpo funcionando según los dirija la cabeza. Al
contemplar la relación entre el cerebro y el resto del cuerpo, tenemos un concepto
claro de la relación entre Cristo y los miembros de su cuerpo, la iglesia. Como una
organización, la iglesia es un grupo de creyentes organizados para trabajar según el
bienestar de cada miembro y para prestar un servicio eficaz a los demás. Cada cual
tiene su oficio para fortalecer a los miembros contra las maldades de este mundo y
para unir las fuerzas en la obra de salvar a los perdidos.
Las ordenanzas fueron concebidas por la sabiduría divina e instituidas por el Señor
para el bienestar espiritual de los cristianos. Alabamos al Señor por el privilegio que él
nos ha dado de guardar sus ordenanzas por medio de la iglesia.

Capítulo 33

La iglesia cristiana

“Sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra
ella” (Mateo 16.18).

La palabra iglesia (del griego ekklesia) se deriva de dos palabras griegas que juntas
quieren decir “llamar fuera de”. La iglesia cristiana es un cuerpo de creyentes quienes
han sido llamados fuera del mundo y están bajo el dominio y la autoridad de
Jesucristo.

Conocer esto es muy importante. Dios no toma por hijo a aquél que no ha renunciado al
mundo y al pecado. Además, tampoco es hijo aquél que no obedece a Jesucristo, quien
es cabeza de la iglesia.

La iglesia es el cuerpo de Cristo en la tierra. Él la organizó, la comisionó y en el día de


Pentecostés la vivificó capacitándola para la obra a la cual había sido llamada. Desde
entonces la iglesia de Cristo, bajo la dirección del Espíritu Santo, ha estado
predicando el evangelio para que todo el mundo conozca el camino de la salvación. Esta
obra continuará hasta que Cristo vuelva para llevarse a los suyos.

Cómo se describe la iglesia

Hay tres términos muy simbólicos que la Biblia emplea para describir a la iglesia:

1. El cuerpo de Cristo

Cristo es la cabeza de su cuerpo, la iglesia (Colosenses 1.18), y nosotros somos los


miembros de su cuerpo (Efesios 4.11–16; 1 Corintios 12). Cristo utiliza a los miembros
de su cuerpo para cumplir su obra en el mundo. Los miembros del cuerpo de Cristo son
sus manos y sus pies en la tierra.

2. Un templo o edificio

Para ver cómo Dios edifica su templo, lea Efesios 2.20–22. Como un templo, la iglesia
es santa y hermosa, pues brilla con la santidad y la hermosura de Cristo.

3. La esposa de Cristo
Las escrituras representan a la iglesia como la esposa pura y amorosa de Cristo, la cual
espera su venida. El Espíritu Santo en este tiempo está llamando a la esposa del
Cordero de Dios. Mateo 25.1–11 es una descripción de la iglesia que está en espera de
su Señor. Cuando todas las cosas se hayan cumplido, el Señor vendrá por su esposa. Se
efectuará una unión inseparable entre Cristo y la iglesia (como entre una esposa y su
marido) “y así estaremos siempre con el Señor”. (Lea también Efesios 5.22–33;
Apocalipsis 21.9.)

El orden en la iglesia

1. Dios el Autor

Es evidente que Dios es el Autor del orden en la iglesia. Él provee los ancianos de la
iglesia (Efesios 4.11–16; Hechos 20.28) y dirige su administración (Mateo 18.15–18).
Con frecuencia Dios se refiere a Cristo como la cabeza, la puerta y el fundamento de
la iglesia. “Dios no es Dios de desorden” (1 Corintios 14.33).

2. El propósito del orden

Pablo, hablando de Cristo, dijo: “Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros,


profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a
los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta
que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón
perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (Efesios 4.11–13). (Lea el
capítulo completo.)

Notemos los cuatro propósitos del orden en la iglesia que se mencionan en este pasaje:
1. “Perfeccionar a los santos para la obra del ministerio”
2. “La edificación del cuerpo”
3. “La unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios”
4. Llegar a “la medida de la estatura de la plenitud de Cristo”

DOCTRINA DE LOS ACONTECIMIENTOS POSTREROS


La escatología es el estudio de lo que la Biblia dice que va a suceder al final de los
tiempos. Muchos tratan la Escatología como un área de la teología que se debe evitar.
Por supuesto, la Escatología no es tan esencial como la Cristología o la Soteriología.
Sin embargo, eso no significa que no sea importante para una cosmovisión bíblica. La
forma en que entendemos la Escatología tiene un impacto en la forma en que debemos
vivir nuestras vidas y lo que debemos esperar que ocurra en el plan de Dios. Algunos
aspectos importantes en Escatología son:

¿Qué es el Rapto? La palabra "rapto" no aparece en la Biblia. Sin embargo, el concepto


del Rapto se enseña claramente en las Escrituras. El Rapto de la iglesia es el evento en
el cual Dios remueve a todos los creyentes de la tierra para dar paso a Su justo juicio
que será derramado en la tierra durante el período de la Tribulación.

¿Cuándo va a ocurrir el Rapto con respecto a la Tribulación? ¿Ocurrirá el Rapto antes


de la Tribulación, a la mitad de la Tribulación, o al final de la Tribulación?

¿Qué es la Segunda Venida y por qué es importante? ¿Por qué es tan importante que
Jesucristo regrese? ¿Cuándo regresará Cristo? ¿Cuáles serán las señales del regreso
de Cristo?

¿Es el milenio literal o figurativo? El cumplimiento de muchos de los pactos y promesas


de Dios descansan en un reino futuro, literal y físico. No hay una base sólida para
negar la comprensión literal del Reino del Milenio y su duración de 1.000 años.

¿La generación que vio a Israel reformado como nación seguirá viva para la Segunda
Venida? No es bíblico enseñar que la generación que vea a Israel convertirse en una
nación también verá la Segunda Venida de Jesucristo. Este puede ser el caso, pero las
Escrituras no lo dicen específicamente.

La Biblia describe un terrible período de tribulación en Apocalipsis capítulos 6-18. Si


esta tribulación vendrá antes del rapto, concluirá con el rapto o, de hecho, ya ha
ocurrido, estas diferentes perspectivas tienen un gran impacto en aquello para lo que
debemos estar preparados. La escatología nos ayuda a entender los pasajes proféticos
de la Biblia y cómo vivir nuestras vidas como respuesta a lo que Dios va a hacer en los
tiempos finales. Hay una gran controversia en Escatología, pero eso no nos libera de
nuestra responsabilidad de estudiar y entender lo que la Biblia enseña sobre el final
de los tiempos. La comprensión de Escatología eliminará muchos de los temores que
tenemos sobre el futuro. Nuestro Dios es soberano, tiene un plan, y todo se
desarrollará de acuerdo a Su perfecta voluntad y tiempo. ¡Esto es un gran aliciente
para aquellos que están en Cristo! Un versículo clave de Escatología es Tito 2:13,
"aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran
Dios y Salvador Jesucristo".

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