El Sitio Nº19
El Sitio Nº19
Boletín Electrónico N° 19
Leyenda que describe una ima-
gen o un gráfico.
Presidente EDITORIAL
Daniel Padula Palabras del presidente ........................................................................ Página 3
Vicepresidente
Carlos Deambrosis
INFORMACION
Jornadas Uruguayas de Numismática 2016 ..................................... Página 4
Secretarios
Sergio Picca
Diego Artigalás
ARTÍCULOS NUMISMÁTICOS
Tesorero “Las monedas paraguayas de 1870: ¿quién era Shaw?”
Nicolás Santerini Horacio Morero ........................................................................ Página 5
El 11 de junio el Instituto Uruguayo de Numismática (IUN) cumple sus 61 años y considero muy impor-
tante agradecer a todos quienes han colaborado para que nuestra Institución pudiera llegar a este
nuevo aniversario. En el transcurso de estos años el IUN ha pasado por momentos difíciles y los ha
sabido sortear con el esfuerzo de infinidad de compañeros; lamentablemente, muchos de ellos hoy
ya no están entre nosotros. Nuestra obligación es mantener y mejorar todo lo que ellos lograron y en
ese camino transitamos. Quizás nuestro trabajo sea un poco más lento de lo que algunos esperan,
pero cuando recuerdo la actividad de hace 10 años me sorprendo de todo lo que hemos logrado.
Editamos una revista impresa anual y un boletín digital que se publica ininterrumpidamente cada
tres meses desde el 14 de diciembre de 2011 hasta el día de hoy. También hemos realizado infinidad
de charlas, conferencias y exposiciones dentro de nuestra sede social y también fuera de la misma.
En octubre realizaremos las Jornadas Uruguayas de Numismática 2016 por cuarto año consecutivo,
nuevamente en dos días que serán un gran esfuerzo para todos quienes estamos en este proyecto y
un sueño realizado para muchos de nosotros.
Mantenemos la colaboración con el Banco Central del Uruguay brindándole el asesoramiento con
respecto a la tasación de material numismático, la cual es aprobada por toda la Comisión Directiva
constando en actas todo lo actuado.
Tenemos un sitio web con toda la información del IUN, la cual estamos modificando para brindarles
cada vez más noticias y material de estudio. Hemos adquirido un equipo de audio para que las
conferencias que se dan dentro y fuera de la institución tengan un mejor sonido. Hemos logrado
gracias al esfuerzo de un ex directivo que comenzó los trámites ante la Dirección Nacional de
Aduanas y ante la Dirección General de Correos, que estos organismos reconocieran a los socios
del IUN su calidad de coleccionistas con la sola presentación del carné vigente, lo que facilita el re-
tiro de piezas que vienen del exterior. Esto no significa que otras personas no socias del IUN, colec-
cionistas en general, no puedan retirar sus envíos; pero gracias a la gestión del IUN se ha logrado
que los trámites para nuestros socios sean menos engorrosos.
Horacio Morero
El monetario paraguayo presenta cinco monedas con la fecha 1870: tres hechas en Inglaterra en
valores de 1, 2 y 4 centésimos, con la inscripción SHAW, y de impecable manufactura; y dos mone-
das de 4 centésimos acuñadas en un lugar todavía no develado, una con la inscripción SAEZ en el
reverso y otra sin esa palabra. Estas dos últimas monedas se conocen como los “crudos paragua-
yos”, por su imperfecto cospel y acuñación defectuosa.
Algunos de los interrogantes que existían en torno de estas monedas ya encontraron, por suerte,
respuestas muy contundentes. Otras incógnitas se mantienen vivas.
Yendo a las dudas que fueron resueltas, debemos citar el trabajo que nuestro amigo y Miembro de
Honor del Instituto Uruguayo de Numismática, Gustavo Pigurina, presentó el 11 de octubre del año
pasado en el marco de las Jornadas Uruguayas de Numismática. Ese trabajo, titulado “Identifica-
ción de la letra monetaria ‘H’ de las monedas de cobre de 1869” (1), fue reproducido recientemen-
te en “El Sitio” N° 18, de marzo de 2016. Aunque el
objetivo de Pigurina, como el título lo dice, fue apun-
tar a las monedas uruguayas acuñadas en 1869, ese
trabajo aportó también información clave sobre las
tres monedas de Paraguay de acuñación inglesa
que llevan la fecha 1870, tal como veremos a conti-
nuación.
1 La traducción al español sería “La Ceca, Birmingham Limitada, anteriormente Ralph Heaton e hijos”.
El propio Pigurina, en un párrafo adicional, aclaró: “Cabe recordar que en ambas acuñaciones in-
tervino como intermediaria la firma Shaw Hnos. y Co., a tal punto que ese apellido luce en el reverso
de las monedas paraguayas de 4, 2 y 1 centésimos de 1870, llevando a error sobre el carácter de su
única intervención como empresa contratista”. Y es sobre este punto que nos queremos detener en
este artículo, para ampliar y enfatizar un dato clave que nos pareció que había quedado en un se-
gundo plano en el trabajo de ese autor: quién fue Shaw. Para explayarnos sobre este tema le pedi-
mos autorización a Pigurina, quien fue el descubridor de este hallazgo al presentar la documenta-
ción correspondiente. Con la humildad y gentileza que lo caracteriza a nuestro amigo Gustavo, ob-
tuvimos su complacencia para hacer algunos aportes más sobre este punto, aprovechando una in-
vestigación que habíamos realizado sobre la familia Shaw en 2015 en relación con otra temática,
que en aquel momento no imaginábamos que iba a tener luego esta conexión.
Como el contratista y la casa acuñadora fueron los mismos, no debe sorprender entonces que el di-
seño de las monedas paraguayas tenga semejanzas con el de las piezas uruguayas, al menos en
una de sus caras (el reverso).
Sin embargo y como es sabido, la primera tanda de monedas uruguayas de 1869 fueron hechas en
París y llevan la letra A. En el borde y a las 5 horas aproximadamente del reverso, tienen la inscrip-
ción TASSET. ¿Quién fue Tasset? Ernest Paulin Tasset fue un renombrado escultor y grabador parisino
(1839-1921), discípulo del famoso grabador francés Eugène André Oudiné (1810-1887). Tasset trabajó
para la Casa de Moneda de París (Monnaie de Paris) y dejó su nombre, como ya dijimos, grabado
en los reversos de las monedas de nuestro país de 1869.
La segunda tanda de las monedas uruguayas que llevan el año 1869 fueron fabricadas en Bir-
mingham, llevan la letra H de la Heaton Mint pero mantuvieron el diseño (tanto anverso como rever-
so) de las hechas en París, incluyendo el nombre del grabador francés TASSET (la Heaton Mint natu-
ralmente usó los cuños abiertos en París).
Las paraguayas fechadas en 1870 mantuvieron en su reverso un diseño parecido al de las urugua-
yas. Particularmente esto se cumple en el número 4, grabado dentro de una circunferencia con
azur y con una cinta con la leyenda CENTESIMOS arriba de la circunferencia. Pero los dos ramos de
laureles atados abajo y con un moño que secundan al número 4 en el caso de las monedas uru-
guayas, fueron reemplazados en las piezas paraguayas por dos ramos de olivo unidos arriba por un
lazo y separados abajo. Adicionalmente, las monedas paraguayas llevan el año 1870 en la parte in-
ferior del reverso, mientras que en las uruguayas la fecha 1869 se encuentra en el anverso.
Pero lo relevante para nuestro análisis es la posición de la inscripción SHAW, que al ser la misma que
la de TASSET, llevó a pensar que el apellido SHAW correspondía también a un grabador. Sin embar-
go y como ya fue documentado, SHAW es el apellido del contratista que firma la carta, Chas. J.
Shaw & Co. “Chas.” es la abreviación en inglés de Charles y “J.” es la inicial del nombre James2. Pi-
gurina menciona en su reciente trabajo que este descubrimiento le fue comunicado en 1969 al por
entonces presidente del Instituto Uruguayo de Numismática, Ramón Ricardo Pampín, quien a su vez
se lo habría transmitido al destacado numismático paraguayo Carlos Pusineri Scala, autor a princi-
pios de los años 60 de “La Moneda de 1870” (2), el primer trabajo exhaustivo sobre estas monedas
paraguayas. En ese estudio Pusineri menciona que SHAW es el grabador de las piezas3; y si bien ese
trabajo fue escrito antes de que Pigurina sacara a luz su hallazgo, Pusineri en años siguientes (poste-
riores a 1969) escribió varios trabajos sobre la materia (por ejemplo “Historia de la moneda paragua-
ya Siglos XVI al XIX” (3) en 1992) y siguió afirmando que SHAW era el grabador a pesar del dato que
le habría transmitido nuestro ex presidente Pampín.
En suma, han pasado ahora casi 50 años desde ese hecho que cuenta Pigurina, y parecería que la
información no se divulgó lo suficiente en la nación hermana del Paraguay. En efecto, en la tercera
edición (2013) del catálogo bilingüe de “Monedas y Ensayos del Paraguay” (4), de Miguel Angel
Pratt Mayans, en la página 65 aparecen las tres monedas acuñadas en 1870, de 1, 2 y 4 centésimos,
2 Este dato lo extrajimos del sitio web South American Brits Database, [Link]
3 En una parte del trabajo Pusineri afirma inclusive que Shaw era un “grabador muy conocido en aquella época”.
Sólo en el catálogo de monedas mundiales de Krause y Mishler (5), en sus múltiples ediciones, apa-
rece esta información correcta, pero presentada de una forma que quizás pase desapercibida pa-
ra el lector. En efecto, luego de la breve presentación geográfica e histórica de Paraguay, y antes
de entrar en la catalogación de las monedas propiamente dicha, en ese catálogo se presentan al-
gunos datos de las casas acuñadoras y de los sistemas monetarios que rigieron en las distintas eta-
pas históricas (se hace esto con cada país); dentro de esos datos preliminares, el capítulo de Para-
guay contiene información sobre Contratistas (Contractors en inglés) y allí se cita a Chas. J. SHAW
como representante de la ceca de Birmingham o Ralph Heaton (textualmente, en inglés, Krause y
Mishler dicen: (Chas. J.) SHAW – for Ralph Heaton, Birmingham Mint).
Para cerrar esta sección, trataremos de abordar las mismas dudas que le pueden haber surgido al
lector, imaginándonos la posibilidad de una coincidencia celestial: ¿y si el apellido Shaw está de-
trás, al mismo tiempo, del contratista y del grabador? ¿no habrá sido Shaw un grabador inglés que
por pura coincidencia llevó el mismo apellido que el contratista residente en Montevideo? Tenemos
dos argumentos sólidos para descartar esta posibilidad un tanto extravagante. En primer lugar, nin-
guna de las monedas acuñadas por la ceca de Birmingham para otros países lleva la inscripción
SHAW; las de Paraguay son las únicas. Y en segundo término, hemos consultado bibliografía espe-
cializada sobre grabadores ingleses y ninguno de los cuatro apellidos Shaw que aparecen en el
Diccionario Biográfico de Grabadores de Medallas y Monedas (6), de Leonard Forrer, puede aso-
ciarse con las monedas de Paraguay de 1870. Edmund Shaw o Shaa y John Shaw o Shaa (tío y so-
brino), fueron grabadores del siglo XV. El tercero de la lista, J. G. Shaw, falleció en 1860, antes de la
acuñación de las monedas paraguayas. Y el cuarto Shaw de la lista, una mujer de nombre Kath-
leen, nació en 1870 justamente, por lo que también queda descartado.
Pasaremos ahora a reproducir algunos datos que publicamos en “El Sitio” N° 13 de diciembre de
2014. En las páginas 18 a 26 de ese boletín aparece una investigación que realizamos sobre “Las fi-
chas de las estancias ‘Las Margaritas’ y ‘La Hortensia’, de Adolfo Shaw”, ubicadas en el Departa-
mento de Soriano. No imaginamos, en aquel momento, que la información que publicamos pudiera
tener conexión con la numismática paraguaya.
Uno de los 12 hijos de John Shaw y Mary MacLean fue Charles James Shaw MacLean, quien nació
en Buenos Aires el 20 de febrero de 1847. Charles Shaw se casó el 15 de junio de 1870 con la monte-
videana Flora Parker Wells, tuvo siete hijos4 y falleció el 14 de marzo de 1895 en Montevideo. Todos
4Uno de los hijos de Charles y Flora fue Adolphus (Adolfo) Edward Warren Shaw Wells, el propietario de las estancias “Las
Margaritas” y “La Hortensia”, cuyas fichas estudiamos en el mencionado artículo que se publicó en “El Sitio” N° 13.
El eslabón perdido
Pusineri Scala en “Las Monedas de 1870” (2) expone los aspectos legales que precedieron la acu-
ñación de las monedas paraguayas de ese año. Primero nos cuenta que el gobierno provisorio, for-
mado por Rivarola, Díaz de Bedoy y Loizaga, y que asume el poder el 15 de agosto de 1869, “dispo-
ne mandar acuñar moneda, solicitando a comerciantes de plaza, ‘presenten presupuestos para la
acuñación de moneda de cobre’. Las firmas Carlos Ressing y Conlazo, y el señor Vicente H. Montero
presentaron sus proyectos de contrato, de acuerdo con lo solicitado por el gobierno provisorio. Es-
tudiados esos proyectos, por la Comisión designada para tal efecto, se aceptó la propuesta del se-
ñor Montero para la emisión de moneda. Sin embargo, no se concretó esta acuñación, debido a di-
ficultades surgidas en el seno del mismo gobierno”.
La historia continúa casi dos años después y Pusineri Scala la documenta tomando el Libro de Actas
del Congreso Legislativo de la República del Paraguay, desde el 25 de febrero hasta el 30 de di-
ciembre de 1871. A mediados de 1871 y durante la presidencia constitucional de Cirilo Antonio Riva-
rola, las Cámaras de Diputados y Senadores vuelven a estudiar los dos proyectos mencionados. Tras
varias idas y venidas, recién el 24 de agosto de 1871 el Senado y la Cámara de Diputados reunidos
en Congreso sancionan con fuerza de ley la acuñación de monedas de uno, dos y cuatro centési-
mos; según el Artículo 1° de esa ley, ya citada en el año 1900 en el trabajo de catalogación de mo-
nedas y medallas paraguayas que hizo Enrique Peña (11), “Apruébase el contrato celebrado por el
Gobierno del Triunvirato con el señor Vicente H. Montero, sobre la acuñación de moneda de co-
bre…”. Es muy probable entonces que la llegada de estas monedas y su puesta en circulación date
entonces de la primera parte de 1872. Según documentación que aportó Pusineri, basada en el pe-
riódico “Nación Paraguaya” del 9 de octubre de 1872, las monedas de cobre ya estaban en plena
circulación en esa fecha pero eran de tan poco valor que una parte del comercio las rechazaba.
En toda esta historia Shaw es el eslabón perdido. Es natural suponer que Vicente H. Montero, “co-
merciante de plaza”, o sea comerciante paraguayo y adjudicatario del contrato gubernamental,
subcontrató a la firma Shaw radicada en Montevideo. Es lógico pensar también que la firma Shaw,
integrada por una familia de origen escocés como ya vimos, tenía contactos comerciales muy es-
trechos con la ceca de Birmingham y por eso le otorgó a esta firma inglesa el contrato de acuña-
ción de monedas para la República del Paraguay.
Para terminar, y aunque no es el centro de este artículo, no podemos dejar de hacer una mención
a la relación existente entre Shaw y las monedas uruguayas que llevan la fecha 1869 acuñadas en
la ceca de Birmingham. Es conocido que esas monedas fueron fabricadas a propuesta de los seño-
res Carve, Farini y Gotuzzo, quienes lograron que el gobierno del general Batlle aceptara la iniciativa
presentada para acuñar cobre por un valor total de 300.000 pesos.
Como conclusión podemos decir entonces que ya en 1923 Oliveres tuvo muy claro el papel que ju-
gó la firma Shaw. Sin embargo, Oliveres en la página 87 afirma por error que “Farini, Carve y Gotuz-
zo, mandaron acuñar la moneda de cobre en París” como habían hecho los contratistas (Zorrilla) de
la primera partida de monedas, que llevan la letra A.
En otro libro clásico, “El régimen monetario del Uruguay 1829-1955” (13), de Odicini Lezama, no en-
contramos ninguna referencia a Shaw. Y también se afirma por error (en la página 81) que la se-
gunda acuñación de monedas con fecha 1869 fue realizada por los contratistas Farini, Gotuzzo y
Carve en Francia.
Pigurina, en su libro “Numismática Uruguaya Estudio Sistemático” (14), de 2006, hace referencia en la
página 107 a la acuñación, en 1869, de nuevas monedas de bronce. Y dice: “Una, acuñada en el
Atelier del Hotel des Monnaies, en París (Francia), por lo que luce la letra monetaria ‘A’ en el rever-
so…”. Y más adelante: “La otra, con la letra monetaria ‘H’ del establecimiento ‘The Mint, Bir-
mingham, Limited’ de ‘Ralph Heaton and Sons’ de Birmingham (Inglaterra)… Actuaron como con-
tratistas las firmas de los Sres. Carve, Farini y Gotuzzo, en acuerdo con la de los Seres. Nebel, Estevez
y Bustamante, interviniendo como importador la firma Shaw Hnos. y Cía.”
5 Seis reales y cuarto el kilo eran 625 milésimas de peso o 62 y medio centésimos. Por entonces ya regía el sistema métrico
decimal y 10 reales conformaban un peso (en la época colonial, 8 reales conformaban un peso).
6 En realidad, como comenta Oliveres, hubo dos firmas de contratistas involucradas: Farini, Carve y Gotuzzo y Nebel, Este-
ves y Bustamante. Ambas firmas hicieron una colusión en perjuicio del gobierno para no competir. Farini, Carve y Gotuzzo
ganaron oficialmente el contrato de concesión, pero luego en forma conjunta contrataron a Shaw Hnos, y C.a. Pero en
1871 Nebel, Esteves y Bustamente le iniciaron un juicio a sus socios, lo que marca que no se respetó el pacto de distribución
de utilidades.
Bibliografía:
(1) Pigurina, Gustavo. “Identificación de la letra monetaria ‘H’ de las monedas de cobre de 1869”, “El Sitio” N° 18, marzo
de 2016, páginas 5 a 7.
(2) Pusineri Scala, Carlos Alberto. "La Moneda de 1870", publicado en el Anuario de la Academia Paraguaya de la Historia,
1965.
(3) Pusineri Scala, Carlos Alberto. “Historia de la moneda paraguaya Siglos XVI al XIX”, Editorial Don Bosco, Asunción, Para-
guay, 1992.
(4) Pratt Mayans, Miguel Angel. “Monedas y Ensayos del Paraguay”, Tercera Edición, 2013, Impreso en AGR Servicios Grá-
ficos S.A.
(5) Krause, Chester L. y Mishler, Clifford. “1996 standard catalog of World Coins”, Colin R. Bruce II, Editor, 23 rd. Edition,
Krause Publications, página 1690.
(6) Forrer, Leonard. “Biographical Dictionary of Medallists, Coin, Gem, and Seal-Engravers, Mint-Masters, Ancient and Mod-
ern, with Reference to their Works”, vol. 5 [R-S], 1912.
(7) Liefrink, Jean Jacques. “Guía Comercial Industrial y Particular de Montevideo”, Primera Edición, 1869 a 1970, Montevi-
deo, Imprenta de La Tribuna, calle 25 de Mayo núm. 89, 1869.
(8) “Handbook of the River Plate, comprising the Argentine Republic, Uruguay and Paraguay”, M. G. and E. T. Mulhall, Bue-
nos Aires, E. T. Mulhall, 1885.
(9) “Revista de la Asociación Rural del Uruguay”, Número 4 y 5, abril y mayo de 1916.
(10) Morucci, Miguel Angel. “La estancia ‘Las Marías’ y sus fichas de esquila”, Cuadernos del Centro Numismático Buenos
Aires (CNBA), N° 114, Enero-Junio 2003, página 27.
(11) Peña, Enrique. “Monedas y Medallas Paraguayas”, Revista del Instituto Paraguayo, Año III, Número 24, 1900.
(12) Oliveres, Francisco N. “Apuntes sobre Numismática Nacional”, Montevideo, Imprenta ‘El Siglo IIustrado’, de G. V. Mari-
ño, 1923.
(13) Odicini Lezama, Antonio. “El régimen monetario del Uruguay 1829-1955”, Talleres Gráficos del Banco de la República,
1958.
(14) Pigurina de Medina, Gustavo O. “Numismática Uruguaya Estudio Sistemático”. Ediciones El Galeón, Montevideo, 2006.
Nicolás Santerini
La ley que transcribimos a continuación autorizaba al Banco Central del Uruguay (BCU) a emitir mo-
neda bimetálica de $ 5 y $ 10 para la primera serie de monedas emitida desde el cambio de signo
monetario, acordado por la ley 16.226 del 29 de octubre de 1991 en la cual la denominación pasó
de nuevos pesos a pesos uruguayos sustituyéndose la sigla N$ por $ entre otros cambios.
El Senado y la Cámara de Representantes de la República Oriental del Uruguay, reunidos en Asamblea General,
DECRETAN:
Artículo 1º.- Autorízase al Banco Central del Uruguay a proceder a la acuñación de monedas de acuerdo con lo dispuesto
en el artículo 498 de la ley 16.226, de 29 de octubre de 1991, con las características y especificaciones que se determinan
en los artículos siguientes, facultándosele para sustituir el requisito de la licitación pública por el llamado a precios entre ca-
sas acuñadoras oficiales.
Artículo 2º.- El Banco Central del Uruguay podrá acuñar hasta un monto máximo de $ 802:000.000 (ochocientos dos millo-
nes de pesos uruguayos), en piezas con los valores, número de unidades, diámetros, pesos y pasta metálica que en cada
caso seguidamente se indican:
A) Monedas de $ 10. Hasta 40:000.000 de piezas de 28,5 mm. de diámetro y hasta 10 gramos de peso. La pasta será
bimetálica y estará compuesta por una aleación de 92% de cobre, 6% de aluminio y 2% de níquel para el anillo de la
moneda y 65% de cobre, 25% de zinc y 10% de níquel para el corazón de la moneda;
B) Monedas de $ 5. Hasta 40:000.000 de piezas de 25 mm. de diámetro y hasta 7,5 gramos de peso. La pasta será
bimetálica y estará compuesta por una aleación de 65% de cobre, 25% de zinc y 10% de níquel para el anillo de la
moneda y 92% de cobre, 6% de aluminio y 2% de níquel para el corazón de la moneda;
C) Monedas de $ 2. Hasta 60:000.000 de piezas de 23 mm. de diámetro y hasta 4,5 gramos de peso. La pasta metálica
estará compuesta por una aleación de 92% de cobre, 6% de aluminio y 2% de níquel;
D) Monedas de $ 1. Hasta 50:000.000 de piezas de 20 mm. de diámetro y hasta 3,5 gramos de peso. La pasta metálica
estará compuesta por una aleación de 92% de cobre, 6% de aluminio y 2% de níquel;
E) Monedas de $ 0,50. Hasta 40:000.000 de piezas de 21 mm. de diámetro y hasta 3 gramos de peso. La pasta metálica
estará compuesta por acero cromado.
F) Monedas de $ 0,20. Hasta 40:000.000 de piezas de 18 mm. de diámetro y hasta 2,25 gramos de peso. La pasta
metálica estará compuesta por acero cromado.
G) Monedas de $ 0,10. Hasta 40:000.000 de piezas de 15 mm. de diámetro y hasta 1,65 gramos de peso. La pasta
metálica estará compuesta por acero cromado.
Para las monedas de $10, $5, $2 y $1 se admitirá una tolerancia en la aleación de 3% en cada uno de los metales.
La determinación definitiva del peso será establecida por el Banco Central del Uruguay en forma fundada, siendo la tole-
rancia para todas las monedas del 2%, en más o en menos por cada millar, de acuerdo con el peso que se determine.
Artículo 3º. (Anverso y reverso).- Las monedas reproducirán los siguientes motivos:
Anverso: Todas las monedas llevarán el mismo anverso, con un busto del General José G. Artigas de un carbón de Juan M.
Blanes, sin exergo y rodeando al busto, por su parte superior, la leyenda "República Oriental del Uruguay".
Artículo 4º. (Forma).- Todas las monedas serán circulares con canto liso.
MARIO CANTON,
Presidente.
Horacio D. Catalurda,
Secretario.
Cúmplase, acúsese recibo, comuníquese, publíquese e insértese en el Registro Nacional de Leyes y Decretos.
SANTORO.
IGNACIO de POSADAS MONTERO.
De esta serie conocemos todos los valores circulantes, a decir, 0,10; 0,20; 0,50; 1 y 2 pesos y sus res-
pectivos “ensayos” en diferentes metales los cuales se encuentran en su totalidad exhibidos en el
museo del BCU; es decir, que del decreto aprobado, no se acuñaron las monedas de $ 5 y $ 10 que
estaban previstas.
Pero en las pasadas Jornadas Uruguayas de Numismática que organizó el Instituto Uruguayo de
Numismática (IUN) aparecieron las siguientes piezas hasta ahora desconocidas para la mayoría de
los numismáticos locales. Digo la mayoría, ya que no existe información al respecto en ningún catá-
logo o publicación actual pero paradójicamente las piezas en cuestión pertenecían a un coleccio-
nista local que vendió su colección a un comerciante extranjero. Asumimos entonces que no solo el
dueño original de las mismas tenía conocimiento sino posiblemente también colegas suyos dentro
de nuestra rama.
A continuación presentamos las fotos de los dos ensayos bimetálicos. El de $ 5 tiene un diámetro de
25 milímetros, pesa 7,5 gramos y su canto es liso. El de $ 10 presenta un diámetro de 28 milímetros, su
peso es de 10 gramos y su canto también es liso.
Es de suponer que dichas monedas fueron acuñadas por la Casa de Moneda de Argentina, hoy
llamada S. E. (Sociedad del Estado) Casa de Moneda, ya que de la serie de 1994 puesta a circula-
ción fueron acuñadas en dicha casa las de aleación bronce, la misma aleación que compone par-
te de esta moneda bimetálica. Las de acero cromado de valores 0,10; 0,20 y 0,50 fueron realizadas
en la Casa de Moneda de Brasil.
Esto nos lleva a pensar que las cotizaciones fueron presentadas de forma individual, cotizando la
casa de moneda de Argentina posiblemente los valores 1, 2, de bronce y 5 y 10 bimetálicas de
bronce y cupro-níiquel, a un precio más económico que Brasil pero no así en las monedas de acero
o tal vez la casa de moneda de Argentina ni siquiera las cotizó por no ser una producción común a
Argentina.
En Brasil sí era común la acuñación de acero inoxidable y tal vez la casa de Moneda de Brasil cotizó
por toda la serie, siendo más económico o incluso único cotizante de la serie de monedas de acero
cromado pero cotizando un precio mayor que Argentina por las monedas de composición bronce.
El diseño que presenta el reverso es similar al diseño que presentan las monedas de $1 y $2. Llama
especialmente la atención los números de la fecha, que de por sí son bastante particulares, ya que
los nueves son “cerrados”, como así también la leyenda del valor facial y el número 1 en la moneda
de diez pesos, que es muy similar al número en la de un peso. Se podría decir que la única diferen-
cia significativa en el reverso es el símbolo $ (pesos), el cual es más angosto y estilizado que en las
monedas de $1 y $2.
La otra opción posible es que estas pruebas o muestras encontradas no sean de ninguna de las ca-
sas de monedas que realizaron la acuñación para ese año; o sea, ni Brasil ni Argentina. En este pun-
to hay que analizar lo que significa para la época la acuñación bimetálica, hoy tan común, pero
que en esos tiempos representaba una novedad. Inclusive fue una sorpresa en nuestro país cuando
circularon por primera vez, diez años después. Es que a fin de cuentas, la acuñación de monedas
bimetálicas es muy reciente, siendo el primer registro de una moneda circulante bimetálica la de
Lo particular de esta situación, es que ni Brasil ni Argentina ni Chile, países que tienen las principales
casas de moneda de nuestro continente, habían acuñado moneda bimetálica hasta esa fecha. In-
clusive Argentina, que acuñó moneda bimetálica en 1994 con valor $1 no lo hizo en su casa de mo-
neda sino en el extranjero (Corea). Esta situación se explicó por una razón de costos, pero posible-
mente haya influido también la falta de experiencia o capacidad tecnológica para confeccionar
cospeles bimetálicos en el vecino país. Esta segunda hipótesis cobra fuerza debido a que las prime-
ras monedas bimetálicas que Argentina acuñó en su casa, lo hizo usando cospeles bimetálicos co-
reanos que obtuvo del cobro de una multa que el Banco Central de la República Argentina le im-
puso por incumplimiento de contrato a Corea. Es decir, Argentina fabricó las primeras monedas bi-
metálicas de un peso probablemente por el hecho de haber obtenido en forma casual dichos cos-
peles.
Luego debemos brevemente analizar la necesidad monetaria de nuestro país. El decreto preveía la
acuñación de moneda de $5 y $10, pero… ¿Era realmente necesario realizar dichas monedas?
¿Existía una necesidad en el mercado de cubrir la demanda en esos valores?
Sabemos que la ley de 1991 que sustituye la denominación de N$ por $ restando tres ceros a las
monedas y billetes circulantes a la fecha, dejaba al mercado con monedas que cubrían los valores
desde $ 0,005 hasta $ 0,50 (N$ 5 a N$ 500 serie de 1989) y billetes desde las fracciones de $ 0,05 en
adelante. Es decir que el cambio menor estaba cubierto no solo por las monedas ya emitidas sino
en un principio por lo billetes circulantes que mantuvieron su vigencia.
Las desmonetización de las monedas se efectivizó por decreto el 31 de agosto de 1995, pero la
realidad las había desmonetizado mucho antes, ya que la inflación redujo su valor y por consiguien-
te su uso. Ya no existían transacciones en las cuales fueran necesarias utilizarlas. El cambio menor
recaía casi en exclusividad en los billetes y las monedas de N$ 100, N$ 200 y N$ 500 con el costo que
eso implica para el Estado por el rápido deterioro del papel moneda y la necesidad de reposición
del mismo. Era necesario acuñar nueva moneda menor, pero los valores de $5 y $10 aún tenían cier-
ta significancia en la sociedad, por lo que es razonable pensar que la emisión de una nueva mone-
da que superara el valor de $ 2 podía no ser un beneficio para los intereses de la economía del país
ya que es considerado un símbolo de devaluación e inflación cuando la emisión de moneda circu-
lante se eleva en su valor. En esta coyuntura es entendible que el Banco Central, a posterior de emi-
tido el decreto, solicitara únicamente la acuñación de moneda hasta el valor de $ 2, no necesitan-
do acuñar moneda de mayor valor hasta el año 2003, la de $5, y recién en el 2004 la de valor $ 10.
Pero parece que no fue así y sí solicitó la presupuestación de las monedas de cinco y diez pesos.
Hasta aquí presentamos estas monedas, con un sin fin de dudas y sin ninguna certeza más que su
existencia, pero creíamos necesario hacerlo para que en el futuro se pueda echar luz a esta reali-
dad física que vemos, lo tangible, esas dos monedas que desconocemos aún su razón de ser y su
creador.
¿Quién realizó las pruebas? ¿Por qué razón el Banco Central del Uruguay no las tiene en su museo?
¿Este es el único juego conocido? ¿La serie de pruebas está compuesta solamente por estos dos va-
lores?
La segunda charla fue presentada dos semanas después, el miércoles 30, y llevó como título "El arte
en los billetes del Siglo XIX". La misma se concentró en el análisis de diversas imágenes artísticas o
alegorías utilizadas en los billetes y su significado.
Los socios que decidieron acercarse a la sede de nuestra institución, acudiendo a la invitación reali-
zada a través del correo electrónico y las redes sociales, disfrutaron de un exhaustivo trabajo de in-
vestigación que nos aportó mucha información para seguir ahondando en estos temas. Según pro-
metió Cicala, el ciclo de charlas sobre temáticas relacionadas con los billetes continuará en los pró-
ximos meses.
Como es habitual y luego de finalizadas las conferencias, tanto el miércoles 16 como el 30, se pro-
cedió a compartir un brindis entre todos los concurrentes, en un ambiente de amistad y camarade-
ría.
Sebastián Aguilera
Si bien hubo muchas ciudades que utilizaron este tipo de dinero, las monedas de emergencia emiti-
das por el banco regional de Westfalia, entre los años 1921-1923, nunca han sido consideradas co-
mo verdaderas divisas, pero la serie de esta ciudad es, a título personal, una de las más bonitas. Es-
ta serie consta de 22 monedas y además una medalla con un curioso nombre, que muestra en sus
caras a la escritora y poetisa alemana Annette von Droste-Hülshoff (10 de enero de 1797 - 25 de
mayo de 1848), y en la otra al político y reformador de Prusia, Karl Freiherr vom Stein (Nassau, Ale-
mania, 25 de octubre de 1757 – Cappenberg, 29 de junio de 1831).
El Notgeld
Notgeld (en alemán "dinero de emergencia" o "dinero de necesidad") fue el nombre dado a unas
emisiones monetarias en Alemania y Austria con el fin de enfrentar situaciones de crisis económica,
causada por la hiperinflación ocurrida después de la Primera Guerra Mundial. En tanto los Imperios
Centrales habían emitido gran cantidad de papel moneda sin respaldo en oro, con el fin de solven-
tar los gastos de guerra, surgió una importante hiperinflación en esos países debido a la abundancia
de circulante sin respaldo, emitido por las autoridades gubernamentales del Reichsbank.
Debido a la perturbación económica causada por la hiperinflación, las autoridades municipales es-
timularon mecanismos de trueque en localidades pequeñas, pero debido a que la expansión
económica impedía prescindir totalmente del dinero, dichos municipios emitieron documentos que,
a semejanza de un vale, podían ser usados como medio de intercambio con un valor facial fijo,
reemplazando a la moneda emitida por el gobierno central.
Estas emisiones fueron llamadas Notgeld, y circulaban en pequeño volumen, de acuerdo con las
necesidades. Inicialmente algunos municipios emitieron el Notgeld por un valor facial reducido, de-
bido a que la primera "víctima" de la inflación fueron las monedas de metal, por lo cual la escasez
de éstas fue paliada con Notgeld. Otros ayuntamientos aprovecharon la emisión del Notgeld para
agregarle viñetas coloridas y pintorescas, de corto tiraje y de validez limitada por el tiempo y lugar
(algunas con fecha de vencimiento o sólo útiles para servicios públicos), que fueron apodadas Se-
rienscheine.
El Notgeld estaba respaldado por los mismos ayuntamientos o por cajas de ahorro locales, y su uso
estaba limitado a su ciudad de origen; en otros casos se limitaba su empleo mediante fechas de
vencimiento, o reduciendo las situaciones donde eran aceptables como medio de pago. La urgen-
cia económica motivó que algunas casas comerciales o empresas industriales emitieran sus pro-
pios Notgeld para ser usados como medio de pago interno, respaldados por sus propios fondos, de-
bido a la rápida devaluación del dinero.
El Notgeld no era considerado propiamente como dinero de curso legal, sino como un medio de
pago aceptado comúnmente dentro de un pequeño territorio o ante una entidad específica, como
un sucedáneo del casi inservible dinero emitido por el gobierno central. Usualmente el Notgeld era
emitido en forma de papel moneda, pero algunas entidades emitieron monedas de metal en cuan-
Conforme la hiperinflación avanzaba en Alemania, las piezas del Notgeld empezaron a emitirse en
valores faciales cada vez más altos, por centenares, miles o hasta millones de marcos, y en papel
cada vez más barato a fin de ahorrar costos. Cuando a inicios de 1923 la hiperinflación parecía ya
fuera de control, muchas piezas de Notgeld fueron emitidas sin valor dinerario, sino expresando can-
tidades de productos como trigo, centeno, madera, azúcar, carbón, electricidad o inclusive dólares
de EEUU. Estas emisiones fueron denominadas en alemán Wertbeständige o "billetes de valor fijo".
Acorde la hiperinflación fue extinguida en noviembre de 1923, con la entrada en vigencia del Ren-
tenmark, las piezas de Notgeld dejaron de usarse paulatinamente, y cesó su aceptación por el pú-
blico, por lo cual hacia el año 1924 dejaron de circular, a medida que el marco alemán recuperaba
su poder adquisitivo, lo que acabó haciendo innecesario el Notgeld.
En lo que respecta a la serie de monedas emitidas en esta ciudad durante este periodo, la más fa-
mosa y espectacular es la enorme pieza de 1 Billón de Marcos, con un diámetro de 60 milímetros y
un peso cercano a los 100 gramos. Si bien esta moneda está fechada en 1923, fue lanzada al año
siguiente, 1924, y era vendida por 2,50 Reichsmarks. Esta pieza, junto a otras dos, integran el podio
de las “figuritas difíciles”, habituales en toda colección... La primera fechada en 1921 y la segunda
en 1923.
De la pieza de 1 Billón de Marcos hay 2 acuñaciones, iguales en tamaño y diseño, pero diferentes
en el material y en el peso. La pieza que Kurt Jaeger identifica en su catálogo como N28, y que W.
Funck como 645.14, tiene una variante que Jaeger le atribuye ser ensayo, pero que Funck cataloga
con el numero 645.15, y que aparece en el libro “Catalogue of German War Tokens: The Municipal
Issues, 1914-1921”, de Robert A. Lamb, con el número 579.14.
De esta pieza se acuñaron un total de 11.113 monedas en alpaca, y aproximadamente 500 ejem-
plares en bronce (W. Funck 645.15).
De toda la serie, la moneda con la menor cantidad de acuñaciones es la de 5 Marcos de 1921 con
una tirada de 4.035 piezas.
Las piezas N9, N10, N11, N12, N13, N14, N15, N20a, N20b, N21, N22, N23a, N23b, N24, N25, N26,
N27, N28, N29 (Anverso), fueron diseñadas por el Prof. Dr. Rudolf Bosselt, de Braunschweig,
(* 29.06.1871, Perleberg; † 02.01.1938, Berlín), quien fuera un escultor, medallista y reformador educa-
cionista alemán.
Las piezas N16, N17, N18, N19, N29 (Reverso), fueron obra de Anton Rüller, de Münster,
(*26.05.1864, Ascheberg; † 31.03.1936, Münster) quien fuera un escultor alemán. Es principalmente
conocido, por el diseño del busto de Annette von Droste-Hülshoff y diferentes figuras ubicadas en
iglesias, en el área de Münster.
Las piezas N9, N10, N11, N12 y N13 suelen presentar una acuñación "débil", o de poco relieve; ade-
más, todas las piezas que componen esta serie tienen el canto liso.
Las diferencias entre las piezas N20a y N20b, están en el relieve, y en el grosor del listel, además de
en el total de piezas acuñadas. La primera de éstas presenta un mayor relieve en el busto de Karl
Freiherr vom Stein, y en la figura del caballo, como así también un listel más grueso.
La pieza N29, con una acuñación total de 9.985, es llamada en alemán “Zwittermedaille”, o lo que
sería su traducción, medalla hermafrodita... Curioso nombre...
“Zwittermedaille
Las piezas N9, N10, N11, N12, N13, N14, N15, N21, N23a, N24, N28 y N29 fueron acuñadas en las insta-
laciones de la compañía Kissing, de la ciudad de Menden, una empresa que fue fundada en 1850
por Heinrich Kissing.
Las piezas N16, N17, N18 y N19 fueron obra de la firma Schulte, una empresa metalúrgica fundada
en 1912, también ubicada en Menden, ciudad de Renania del Norte de Westfalia.
Las piezas N20b, N22, N23b, N26 y N27 fueron acuñadas en la Casa de Moneda de Berlín.
Fuentes consultadas:
Pigurina, Miembro de Honor del Instituto Uruguayo de Numismática, comenzó la charla presentan-
do la documentación exhibida en las Jornadas Uruguayas de Numismática 2015 y que fuera publi-
cada en “El Sitio” N° 18. En particular, su disertación giró en torno de una carta que confirma que las
monedas uruguayas de 1869 que llevan la letra “H” fueron acuñadas en la ceca de Birmingham, y
que la firma “Shaw & Co.” actuó como contratista.
Posteriormente, Morero se explayó sobre la genealogía de la familia Shaw, explicando quién fue
Charles James Shaw, el firmante de la mencionada carta. Morero utilizó información que había sido
presentada en “El Sitio” N° 13, en un trabajo sobre las fichas de esquila utilizadas en las estancias de
Adolfo Shaw (hijo de Charles Shaw) en el Departamento de Soriano. El cierre de la presentación se
centró en la última parte de la investigación, que se relaciona con el rol que jugó Shaw en la acu-
ñación de la monedas paraguayas y que se presenta en el trabajo que encabeza este número de
“El Sitio”.
Ya en la hora del brindis, los socios presentes levantaron sus copas para desearle un nuevo y Feliz
Cumpleaños a nuestra Institución.
Hacemos una nueva entrega de nuestra investigación sobre fichas de esquila. En este artículo se
presentan datos sobre tres estancias, ubicadas en los departamentos de Paysandú, Flores y Minas; y
se identifican cuatro fichas genéricas que tienen punzadas en una de sus caras la marca de gana-
do mayor y tres latas que presentan también la marca registrada por los propietarios.
Al agregar estos nuevos hallazgos el número de fichas que hemos identificado llega ahora a 75 (13
latas, 41 fichas genéricas y 21 fichas acuñadas).
La primera referencia a esta estancia la encontramos en las páginas 265 y 266 del libro “Tierra de
Promisión” de Carlos M. Maeso, editado en 1904 en Montevideo por la Tipografía de la Escuela Na-
cional de Artes y Oficios. En esta publicación figura como “Estancia Barreto”, de Francisco L. Barreto,
sin mención todavía al nombre “Buen Retiro”.
En un libro posterior, “PUR SANG. Cabañas y Estancias del Uruguay. La Ganadería Nacional en 1916
y 1917” (editado en Uruguay bajo la dirección de Américo H. Fernández), en la página 64 empieza
una extensa y detallada descripción de esta estancia:
Maeso menciona que el área del campo es de 13 suertes. Como una “suerte” de campo, que es
una medida antigua de superficie, equivale a 1.992 hectáreas, las 13 suertes representan cerca de
26.000 hectáreas, cifra muy similar por lo tanto a la que da PUR SANG (téngase en cuenta, además,
que la superficie en arrendamiento puede variar con el tiempo).
En ese libro se narra también los orígenes de la propiedad de estos campos, que involucra a figuras
de nuestra historia que lucharon por la independencia. Partiendo de la época colonial, los títulos de
propiedad primero aparecen a nombre de quienes serían los herederos de Francisco Aguilar. Poste-
riormente, las tierras volvieron a manos del Gobierno de entonces, pero éste se las vendió al Briga-
dier General Fructuoso Rivera, según consta en escritura de fecha 5 de Enero de 1835. Luego hay
que saltar a 1850, cuando los señores Francisco José de Mello y Souza y Gerónimo J. Pereyra com-
praron por mitades las tierras referidas. A partir de ese año se registraron otras ventas y divisiones,
hasta que en 1889 el señor Barreto compró la fracción mencionada en los párrafos anteriores. Según
la mencionada publicación, “los campos que pertenecen a ‘Buen Retiro’ son ligeramente ondula-
dos y en las distintas elevaciones de cuchillas, lomas y serranías se hallan sepultadas muchas clases
de rocas calisas, sulfurosas, fosfatadas y varias otras que representan una verdadera fuente de ex-
plotación”.
Continuando con la descripción del establecimiento, debido a su enorme extensión y para hacer
más práctica la vigilancia, se levantaron cinco puestos construidos de material. Estos, como las otras
dependencias internas de “Buen Retiro”, estaban comunicados entre sí por una red telefónica de
propiedad particular, que al mismo tiempo le facilitaba las comunicaciones con el resto del depar-
tamento de Paysandú.
La provisión de energía tampoco fue descuidada: “un departamento para electricidad, con sus dí-
namos modernos, sus motores, sus baterías de acumuladores, proporcionan toda la energía requeri-
Maeso, en su obra citada de 1904, afirma que “se termina allí un edificio para el propietario y su fa-
milia, que será, por sus dimensiones y su magnificencia, tal vez el mejor de todo el interior del país”.
Unos años después, el casco ya está terminado, y PUR SANG (1916-17) en la parte final del recorrido
por esta estancia hace “la descripción del regio y majestuoso edificio principal del establecimiento.
Más que una casa habitación rural, es el castillo para la familia de los propietarios de ‘Buen Retiro’,
un suntuoso palacio, digno por todos conceptos de figurar entre los más regios de la capital del
país. De severo estilo, está ubicado en un lugar dominante del campo, desde donde se divisan las
más bellas perspectivas y los más risueños paisajes. Es la portada de un verdadero castillo medioevo.
El patio interior del edificio, con gran galería cubierta y artísticamente decorada, pavimentación de
lujosos mosaicos y grandes candelabros eléctricos, es el patio de una mansión señorial. En él, gran-
des macetones con plantas valiosas, balaustradas magníficas, una gruta alimentada continuamen-
te por el agua de las cañerías que circulan por todo el edificio; una piscina para la más hermosa va-
riedad de peces, atributos decorativos diversos, haciendo un juego armónico, revelan el buen gusto
de los que han dispuesto su colocación y vigilaron su trazado. Permanecer en esta parte del edificio
es olvidar la vida del campo, para trasladarse con la imaginación a una de las casas más suntuosas
de la capital. Si admirable es esta gran obra interna de la casa, no menos lo es el interior de las de-
más habitaciones, tanto las ocupadas por la familia, como las destinadas para los huéspedes. A las
magnificencias del decorado, de la luz y de la ventilación, le sigue el confort del mobiliario, severo y
elegante, de acuerdo con la grandiosidad del conjunto de todo el palacio”.
El majestuoso casco de la estancia “Buen Retiro” como fondo de un plantel de borregas Merino Rambouillet.
Francisco León Barreto falleció en 1911, y sus herederos continuaron administrando “Buen Retiro”: su
esposa Francisca R. G. de Barreto; su hija Ascensión L. Barreto de Morató y su yerno Ovidio Morató,
quien desde esa fecha asumió la dirección y administración general del establecimiento.
Como muestran las fotos, las dos fichas son de valor 1 vellón, y difieren básicamente en el diseño del
número 1 que está en el reverso. En la ficha de la izquierda el número 1 tiene una base rectangular,
mientras que en la de la derecha la base es en forma de trapecio. Probablemente, las mismas fue-
ron usadas a partir de la década de los años 30 o 40 de la centuria pasada.
Esperamos encontrar en el futuro piezas en otros valores, así como también obtener más informa-
ción de este establecimiento ganadero para dilucidar si había alguna relación de parentesco entre
los señores Garland (propietario en 1904) y Mac Coll (dueño en 1971), o si la estancia fue cambian-
do de dueños por sucesivas ventas que no se relacionaron con procesos sucesorios.
Finalmente, presentamos dos fichas que tienen punzadas una marca de ganado mayor que hemos
identificado como la Nº 2208 de la Serie Adicional, en la “Guía General de Marcas La Ganadera”,
Editores Ignacio Errea y Cía, Montevideo, 1906. Esa marca fue registrada por Bernardina Fernández,
en el Departamento de Minas, Sección Judicial N° 7 según puede verse en la documentación que
Las dos fichas, como puede verse en las fotos, son de valor 1 y 10 vellones y fueron fabricadas en la-
tón por la casa montevideana Tammaro. El nombre de esta casa acuñadora figura en la parte infe-
rior del reverso, debajo de los tres puntos que cierran la leyenda perimetral REPUBLICA ORIENTAL DEL
URUGUAY. Las dos fichas son del tipo genéricas, fabricadas con la parte central del campo en
blanco para que ahí fueran punzadas las iniciales del propietario de la estancia o la marca de ga-
nado mayor como en este caso (nótese que la marca fue punzada en las fichas con un giro de 180°
en relación con la posición que tiene en el registro que aparece en la “Guía General de Marcas La
Ganadera”).
Al ser las fichas de latón, nos inclinamos a pensar que las mismas fueron usadas en las primeras dos o
tres décadas del siglo pasado, ya que posteriormente, y por razones de costo del metal, estas fichas
genéricas fueron hechas en general en aluminio.
De este establecimiento no hemos obtenido más información que la volcada hasta aquí. Por lo tan-
to, agradecemos al lector que si conoce algún dato adicional de éste o de los otros mencionados,
nos escriba para enriquecer futuras versiones de este trabajo. Nuestro correo electrónico es:
hmorero@[Link].