I. Kant 2 BAC.
Tema 7. I. KANT.
Nació en Königsberg (Alemania) en el año 1724 – murió en Königsberg en el año
1804.
1. SUPERACIÓN DEL RACIONALISMO Y DEL EMPIRISMO.
La vida de Kant coincide en gran parte con el movimiento ilustrado: “la ilustración
es la salida del hombre de su autoculpable minoría de edad. La minoria de edad
significa la incapacidad para servirse de su propio entendimiento sin la guía de otro.
¡Sapere aude! “¡Ten valor de servirte de tu propio entendimiento!”, he aquí el
lema de la Ilustración. Al mismo tiempo confluyen en su pensamiento las dos
corrientes dominantes desde el siglo XVII: Empirismo y Racionalismo, a las que
hay que sumar la teoría científica de Newton.
A caballo entre el Racionalismo y el Empirismo, Kant es un filósofo de la razón
pero no es un racionalista.
Se formó en la tradición racionalista de Leibniz, que conoció a través de Wolf, y
se sintió atraído por un sistema que aspiraba a estructurar los conocimientos
humanos como si se tratara de elementos matemáticos. Pero el conocimiento de la
obra de Hume le hizo cambiar de perspectiva: le despertó del “sueño
dogmático” en el que estaba sumido.
Kant con su Criticismo supera el antagonismo de las posiciones racionalista y
empirista asimilando lo más positivo de cada una de ellas. Así del racionalismo
mantiene la convicción de que en la mente hay algún tipo de contenidos que tienen
un carácter universal y son anteriores a toda experiencia (A priori). Del empirismo
conserva el principio fundamental de que todo conocimiento parte de la experiencia
(Sintético)
2. EL CRITICISMO KANTIANO. LA REVOLUCIÓN COPERNICANA DEL
CONOCIMIENTO. SU PROYECTO FILOSÓFICO.
Piensa Kant que lo primero que debe hacerse es someter la razón a juicio o
valoración para saber si ésta tiene capacidad para resolver los problemas que
acomete. El resultado de este propósito es un sistema filosófico articulado en torno
al análisis de la razón misma.
Este sistema recibe el nombre de Criticismo y de Idealismo trascendental:
doctrina que afirma que el objeto de conocimiento es una síntesis entre los
datos de la experiencia y la estructura de nuestra mente que constituyen la
forma de cualquier conocimiento. Esto quiere decir que lo que nosotros
conocemos son las cosas tal como se nos presentan a través de las formas a priori, lo
que implica cierto grado de construcción del objeto conocido por parte del sujeto
cognoscente.
La radicalidad de esta afirmación lleva a Kant a hablar de revolución copernicana
del conocimiento, dado que anteriormente se sostenía lo contrario; a partir de esta
revolución no es el sujeto el que se adecua al objeto al percibirlo y lo conoce tal
cual es, sino que es el objeto el que se pliega a la forma de conocer del sujeto,
permaneciendo desconocido lo que sea la cosa en sí misma (noúmeno).
El programa o proyecto filosófico de Kant es muy ambicioso y aborda
prácticamente todos los ámbitos del saber y la preocupación humana.
El mismo lo resumió en tres preguntas ya clásicas que se sintetizan en una cuarta:
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1ª.- ¿Qué puedo conocer?
2ª.- ¿Qué debo hacer?
3ª.- ¿Qué puedo esperar?
4ª.- ¿Qué es el hombre?
En la primera pregunta plantea el problema de la naturaleza,
alcance y límites del conocimiento humano en matemáticas, física y
metafísica. A ella contestará en las obras Crítica de la razón pura y en
los Prolegómenos.
En la segunda plantea el problema de la conducta humana, el
problema ético. La contestará en las obras Crítica de la razón práctica y
en la Fundamentación de la metafísica de las costumbres.
En la tercera plantea el problema religioso. La contestará en la obra
La religión en los límites de la razón pura y, en parte, en la Crítica del
juicio.
En la cuarta plantea el problema del hombre. La contestará a lo largo
de diversas obras y, en especial, en la Antropología y en la Idea de una
historia universal en sentido cosmopolita.
A esta razón le va a someter a crítica, en el sentido de establecer los límites de su
capacidad. En segundo lugar va a examinar una razón pura, es decir, libre de
cualquier dato extraño a ella. Y en tercer lugar esta tarea es llevada a cabo por la
propia razón, que hace la crítica de ella misma.
3. LA JUSTIFICACIÓN DE LA CIENCIA: LOS JUICIOS.
Cuando Kant habla de conocimiento, no se plantea su existencia. Admite como un
hecho el conocimiento físicomatemático tal como había sido formulado por I.
Newton. No se trata pues de la posibilidad de la ciencia, sino de estudiar las
condiciones que la hacen posible.
Ahora bien, estudiar las condiciones que hacen posible la ciencia es estudiar las
condiciones de los juicios que en ella se expresa, pues todos los conocimientos
científicos se expresan en juicios (en donde algo que es el predicado se afirma de
algo que es el sujeto). De ahí que concrete el análisis de las condiciones de
posibilidad de la ciencia partiendo de la clasificación de los juicios.
3.1. Clasificación de los juicios. Los juicios sintéticos a priori.
Según Kant los juicios pueden clasificarse, de acuerdo con su independencia o
dependencia de la experiencia, en juicios a priori: aquellos que no se derivan de
la experiencia y poseen un carácter de necesidad y universalidad. Y en juicios a
posteriori: que se derivan de la experiencia y proceden por generalización.
Otra forma de clasificar los juicios es a partir de la estructura misma del juicio,
de la relación sujeto-predicado. En este caso, tenemos los juicios analíticos,
aquellos en los que el predicado está contenido en el sujeto, y los juicios
sintéticos, aquellos en los que, por el contrario, el predicado no está contenido
en el sujeto. Los primeros son explicativos, ya que su enunciado expresa más
claramente el significado del sujeto, y los segundos son extensivos, ya que el
predicado añade algo que no estaba contenido en el sujeto.
Para Kant, los juicios de experiencia (a posteriori) son todos sintéticos. Sirven
para ampliar nuestros conocimientos, pero son particulares y contingentes, su
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validez queda limitada al aquí y al ahora. Los juicios analíticos (a priori), por el
contrario, son universales y necesarios, pero no aumentan nuestro conocimiento,
sólo explicitan contenidos del sujeto. Ni unos ni otros sirven para fundamentar la
ciencia. Esta última distinción entre juicios analíticos y sintéticos estaba ya en Hume
(relaciones entre ideas y cuestiones de hecho).
Clasificación de los juicios según HUME
Relaciones de ideas a priori
“Los tres ángulos de un triángulo miden 180º”
Cuestiones de hecho a posteriori
“El agua hierve a 100ºC”
Clasificación de los juicios según KANT
Juicios analíticos a priori
Ciencia
Juicios sintéticos a posteriori
“Un triángulo tiene tres ángulos.” (analítico a priori)
“El agua hierve a 100ºC”. (sintético a posteriori)
“Los tres ángulos de un triángulo miden 180º”. (sintético a priori)
3.2. Los juicios sintéticos a priori.
La gran aportación de Kant a la división de los juicios fue la introducción de los
juicios sintéticos a priori, únicos capaces de proporcionar conocimiento nuevo,
universal y necesario; los que hacen avanzar la ciencia.
En consecuencia, la tarea de Kant se concreta en investigar como son posibles estos
juicios en las distintas ciencias y en analizar si también son posibles en la metafísica, lo
que aclararía el problema de si ésta puede constituirse como una ciencia. Ésta es la tarea
que se propone abordar en su Crítica de la razón pura.
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4. ESTRUCTURA (PARTES) DE LA CRÍTICA DE RAZÓN PURA.
4.1. La Estética trascendental: el conocimiento sensible.
Las impresiones sensoriales (materia) y espacio y tiempo (forma)
En esta primera parte, estudia las condiciones necesarias y el funcionamiento del
conocimiento sensitivo o empírico.
El conocimiento sensible es posible gracias a los dos elementos que establecen un
conocimiento científico:
Lo dado o materia: son las impresiones recibidas de fuera a través de los
sentidos,
Lo puesto o forma: es lo puesto por el sujeto: el espacio y el tiempo.
Un conocimiento sin materia sería vacío de contenido, pero un conocimiento sin forma
sería algo caótico y desordenado. Por tanto, no conocemos las cosas tal como son en sí
mismas (noúmeno), sino tal y como son para mí después de ser modificadas por mis
estructuras mentales. Luego el objeto conocido no existe en la realidad tal y como lo
conocemos.
El espacio y el tiempo (forma) son los ámbitos o coordenadas en las que se colocan
las sensaciones. Espacio y tiempo son formas a priori de la sensibilidad, intuiciones
puras, que hacen posible y fundamentan a las matemáticas como ciencia.
Las impresiones sensoriales organizadas en el espacio y en el tiempo reciben el nombre
de fenómeno. Por ejemplo: cuando un objeto extenso se presenta a nuestro
conocimiento lo primero que recibimos a través de nuestros sentidos es un caos de
sensaciones (no están ordenadas); si nos llevamos una manzana a la boca, vemos un
color verde, tocamos una superficie lisa, sentimos un sabor agridulce, y un olor
determinado.
Nuestra sensibilidad a continuación aplica las formas a priori del espacio y del tiempo a
este caos de sensaciones para ordenarlas o situarlas en un momento del tiempo y en un
lugar del espacio.
Estas sensaciones así estructuradas constituyen lo que Kant llama fenómeno.
La posibilidad de la matemática como ciencia.
Además de exponer las condiciones sensibles del conocimiento, Kant se ocupa en la
estética trascendental del conocimiento matemático: la geometría y la aritmética se
ocupan respectivamente del espacio y del tiempo. Que la geometría trata de las
propiedades del espacio no parece difícil de admitir, pues antes de identificar en la
experiencia una figura geométrica, somos capaces de establecer qué leyes debe
cumplir. Respecto a la aritmética Kant lo explica así: la aritmética se ocupa de la
serie numérica (1, 2, 3,….., n) y esta, a su vez, se basa en la sucesión temporal (el 2
antes que el 3 y después del 1, etc.). Así pues, la matemática es ciencia porque se
formula con juicios sintéticos a priori.
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4.2. La Analítica trascendental: el conocimiento intelectual.
El fenómeno (materia) y los conceptos puros o categorías (forma)
Pero el conocimiento sensitivo no es suficiente. La ciencia necesita conocer a través del
entendimiento. Este punto lo trata en esta segunda parte de la “Crítica…” en la que
establece las condiciones y el funcionamiento del conocimiento intelectual y, al
mismo tiempo, se plantea la posibilidad de la física como ciencia. La simple
percepción de los fenómenos no nos ofrece por sí misma su comprensión, esta es
precisamente la función del entendimiento: comprender lo percibido que es lo que nos
diferencia de los animales.
Para comprender lo percibido, el entendimiento lo refiere a conceptos y juicios. Por eso
el entendimiento también es la facultad de los conceptos y de los juicios.
Así como la sensibilidad tenía sus formas a priori (espacio y tiempo), el entendimiento
posee las suyas: los llamados conceptos puros o categorías, que pertenecen a la
estructura del sujeto, y son comunes a todos los hombres e independientes de la
experiencia.
Mediante ellos ordenamos, sintetizamos y conocemos la multiplicidad de los fenómenos
procedentes de la sensibilidad. Siguiendo con el ejemplo anterior (la manzana): el
entendimiento recibe el fenómeno ya informado por las formas a priori de la
sensibilidad y le aplica a su vez las formas a priori, categorías o conceptos puros, para
comprenderlo, porque comprender los fenómenos es poderlos referir a un concepto; de
tal forma que podemos decir: “esto es una manzana”.
Kant distingue dos clases de conceptos:
A posteriori: proceden de la observación y generalización de la experiencia
mediante un proceso de abstracción: Ej. Hombre, pájaro.
A priori: conceptos puros o categorías, son producidos espontáneamente por el
entendimiento, pero, aunque no proceden de la experiencia, sólo pueden
aplicarse a realidades de las que tenemos impresión, y no a entidades
metafísicas
Los conceptos puros o categorías del entendimiento nos dan la posibilidad de pensar el
objeto y se caracterizan porque son condiciones a priori que imponen sus leyes a la
naturaleza entendida como conjunto de todos los fenómenos.
Dado que la lógica aristotélica establece doce formas distintas de juicios, debe haber
también otras tantas categorías que hagan posible la tarea de juzgar o unificar los
fenómenos provenientes de la experiencia. Este descubrimiento de los conceptos
puros -cuántos y cuáles- son se llama “deducción metafísica de las categorías”.
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Tabla de los juicios Tabla de las categorías
Universales Unidad Todos los hombres son racionales
Cantidad Particulares Pluralidad Algunos hombre son filósofos
Singulares Totalidad Sócrates es mortal
Afirmativos Realidad Los franceses son europeos
Cualidad Negativos Negación Los hombres no son irracionales
Infinitos Limitación El espacio es no-finito
Categóricos Sustancia-accidente La Tierra es redonda
Relación Hipotéticos Causalidad Los cuerpos se dilatan con el calor
Disyuntivos Comunidad El mundo es eterno o temporal
Problemáticos Posibilidad El alma es inmortal
Modalidad Asertóricos Existencia Sócrates es un hombre
Apodícticos Necesidad Todos los cuerpos son pesados
Las categorías sólo las puede aplicar el sujeto a lo que procede de la sensibilidad, es
decir, al campo de la experiencia. Las categorías no son aplicables a los noúmenos (lo
que sobrepasa la experiencia o “cosas en sí”) ya que están fuera del ámbito de la
sensibilidad. Así, el conocimiento queda restringido al ámbito de la experiencia; la
exposición y la justificación de la función que desempeñan las categorías en el
entendimiento es denominada por Kant “deducción trascendental de las
categorías”.
La posibilidad de la física como ciencia.
Que la física sea una ciencia se justifica en razón de que los juicios en que se expresa
son sintéticos a priori; sintéticos por que se verifican en la experiencia. A priori por que
no dependen de la experiencia, sino que se derivan de las categorías, que son condición
de toda experiencia. Tomemos un ejemplo: “Si llueve, se moja el suelo”. Este juicio no
afirma que llueva ni afirma que el suelo está mojado. No afirma ni A ni B, sino la
conexión necesaria (ley) entre A y B; es decir, que el suceso A siempre se presenta
como condición o causa del efecto B, y eso de una manera constante, entonces el
entendimiento aplica la categoría de causa y efecto y aplicamos el juicio A es causa
de B. La física, pues, formula leyes de carácter universal mediante las categorías que se
verifican en la experiencia.
4.3. La Dialéctica trascendental: el ámbito de la razón.
Sin experiencia (materia) y las Ideas de Alma, Mundo y Dios (forma)
El conocimiento intelectual no termina con el entendimiento. En otro nivel se encuentra
la razón; así como el entendimiento unifica la pluralidad de los fenómenos, la razón
unifica los conocimientos del entendimiento.
En este caso, al igual que en la sensibilidad y el entendimiento, la tarea unificadora ha
de llevarse a cabo sobre una determinada materia (los objetos del entendimiento) por la
aplicación de unas determinadas formas (las categorías).
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Por medio de ellos ha de encontrarse lo incondicionado. Es decir, lo no sometido a las
condiciones del conocimiento. Lo incondicionado constituye la unidad suprema que
pretende alcanzar la razón.
Los conceptos puros de la razón reciben el nombre de ideas trascendentales, pero,
a diferencia de los conceptos puros del entendimiento, carecen de toda relación con
la experiencia.
Mientras que el entendimiento conoce objetos, la razón se refiere a la totalidad mediante
las tres únicas ideas trascendentales: alma, Mundo y Dios. En cuanto que son ideas,
no podemos tener de ellas ningún conocimiento por no referirse a objetos de experiencia
(por ser nouméticas).
La posibilidad de la metafísica como ciencia.
La razón nos impulsa, pues, a buscar leyes cada vez más generales y capaces de explicar
un numero mayor de fenómenos. Mientras esa búsqueda se mantiene dentro de los
límites de la experiencia, tal tendencia es eficaz y amplia nuestro conocimiento, pero
esta tendencia de la razón lleva inevitablemente a traspasar las barreras de los
datos sensibles, en busca de lo incondicionado. La dialéctica trascendental muestra
las contradicciones de la metafísica en ese uso ilegítimo de la razón:
1º. Los fenómenos psíquicos se pretenden unificar y explicar por medio de
teorías metafísicas del alma (“res cogitans” de Descartes), lo que da lugar a
paralogismos; en ellos se parte de los actos de conciencia para afirmar la
realidad del alma como la sustancia que es el sujeto de dichos actos.
2º. Los fenómenos físicos se pretenden unificar y explicar por medio de teorías
metafísicas acerca del mundo (“res extensa” de Descartes), lo que da lugar a
antinomias o contradicciones porque afirman una tesis y su contraria.
3º. Los fenómenos psíquicos y los físicos se intentan explicar y unificar por
medio de teorías metafísicas acerca de una causa suprema de ambos (“res
divina” de Descartes), lo que constituye el ideal de la razón; en el ideal de la
razón se pone de manifiesto la incapacidad de la razón para demostrar la
existencia o la inexistencia de Dios.
Aquí, Kant, realizará una crítica tanto del argumento ontológico de San
Anselmo como de las vías de Tomás de Aquino.
En conclusión, las ideas trascendentales: el alma, el mundo y Dios, resultan así
una consecuencia del propio dinamismo del conocimiento humano que se
configura como una síntesis de lo múltiple.
Si la Metafísica no es posible como ciencia, cabe entonces preguntarse ¿qué
función tienen entonces las ideas de la razón pura?: desde luego no nos
sirven para conocer nada. Sin embargo, las ideas poseen un uso regulativo
de la investigación de la Naturaleza (mundo fenoménico) en un doble
sentido:
a. Negativamente, señalan los límites que no se pueden traspasar (como
aplicar las categorías a los noúmenos)
b. Positivamente, impulsan a ampliar el campo de la investigación
hacia nuevas experiencias y hacia una mayor conexión de las mismas.
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En este sentido, las ideas se convierten en ideales que estimulan a que la
investigación no se detenga nunca. Sin embargo, aunque la metafísica no
es posible como ciencia, existe en el hombre una tendencia natural (un
deseo, una aspiración, un setimiento) hacia los conocimientos absolutos.
En este sentido diremos que Kant, en metafísica no es escéptico, sino
agnóstico pues no se pudo demostrar racionalmente la existencia del
alma, del mundo, ni de Dios. Pero a través de la razón práctica o moral
intentará demostrar como postulados (supuestos necesarios como
condición de la moral misma) lo que la razón práctica no pudo hacer
como conocimiento científico.
Así pues las ideas de Dios, alma y mundo son principios reguladores del
entendimiento, postulados de la razón práctica, algo así como el
horizonte que no se puede alcanzar, pero al que hay que tender y
esforzarse por llegar.
5. LA FILOSOFÍA PRÁCTICA: LA ÉTICA FORMAL KANTIANA.
5.1. El uso teórico y el uso práctico de la razón.
Razón teórica Razón práctica
Responde a la pregunta ¿qué puedo conocer? Responde a la pregunta ¿qué debo hacer?
Trata del ser: se ocupa de conocer cómo son las Trata del deber ser: se ocupa de conocer cómo
cosas. debe ser la conducta humana.
Se formula en juicios: “el calor dilata los Se formula en imperativos o mandamientos: “no
metales”. matarás”.
Dios, alma y mundo son ideas de la razón, que Dios, alma y mundo son postulados de la razón,
aunque incognoscibles, expresan el ideal de que aunque no demostrables, son supuesto
encontrar leyes cada vez más generales: como el necesario de la moral misma.
horizonte que nunca se alcanza pero que hay que
seguir buscando.
5.2. La ética formal:
a) El hecho moral.
La existencia de la moral, según Kant, no necesita justificación. La moral, como la
ciencia, es un hecho; es innegable que los seres humanos nos preguntamos qué está bien
o qué no está bien, qué debemos y qué no debemos hacer: tenemos conciencia moral.
b) La crítica a las éticas materiales:
La ética kantiana La ética anterior
Formal. Material.
No determina ningún bien. Sólo la forma de Determina el bien a conseguir con la acción moral
actuar moralmente. (felicidad, placer).
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Autónoma. Heterónoma.
La ley moral tiene su origen en la propia El origen de la norma moral es exterior a la
conciencia. conciencia.
A priori. A posteriori.
La moral no deriva de la experiencia, se descubre Las virtudes morales se adquieren mediante la
en la razón. experiencia y el hábito.
Categórica. Hipotética o condicional.
Se formula en imperativos categóricos que mandan Se formula en imperativos hipotéticos que ordenan
la acción en sí misma sin referencia a ningún fin. lo que se ha de hacer para alcanzar una
determinada meta.
Deontológico. (Deber). Teleológica. (Fin).
La acción moral no busca ningún fin, sólo se La acción moral persigue un fin último (la
orienta por el respeto al deber. felicidad, la salvación, etc.).
En este cuadro se establece una comparación entre la ética de Kant y las demás éticas
anteriores. Kant rechaza las éticas materiales o heterónomas, cuyos mandatos
hipotéticos no valen en sí mismos, dado que su valor está condicionado por la obtención
del fin que pretenden conseguir: “Si quieres conseguir la vida eterna, cumple los
mandamientos”. Sólo una ética formal (sin contenido empírico) puede ser
universal, se muestra así el carácter novedoso y revolucionario de la ética
kantiana.
c) La buena voluntad y el deber.
La buena voluntad.
Sólo una ética formal puede ser universal. Pero ¿existe algo que tenga un valor
incondicionado (universal) que pueda ser el fin de la moralidad? Sí, la buena
voluntad que se convierte en el valor absoluto de la moralidad. En este sentido, una
voluntad es buena cuando intenta cumplir el deber por respeto al deber sin
restricciones (limitaciones): el valor, la inteligencia, el poder, la salud, nada es
intrínsecamente bueno, lo serán dependiendo del uso que hagamos de ellos.
El ideal moral para Kant es una exigencia racional que tiene por objeto el deber ser y
que es independiente de la experiencia.
El deber.
¿Cómo podríamos saber cuándo actuamos moralmente, guiados por la buena
voluntad? Del mismo modo que hay buena voluntad sabemos que no toda voluntad es
buena, por eso tiene sentido la noción de deber. Un hombre actúa moralmente, según
Kant, cuando actúa por deber.
El deber es “la necesidad de una acción por respeto a la ley”, es decir, el
sometimiento a la ley, no por la utilidad o satisfacción que su cumplimiento pueda
proporcionarnos, sino por respeto a la misma.
Kant distingue tres tipos de acciones: contrarias al deber, conformes al deber y
por “mor” o respeto al deber:
1º) Acciones contrarias al deber. Suelen ser ilegales, pero siempre son
inmorales. (Inmoralidad). Por ejemplo: un comerciante cobra precios abusivos
a sus clientes. (Ilegal e inmoral)
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2º) Acciones conformes al deber. Suelen ser legales, pero no tienen valor
moral. Se obra por interés o por inclinación; estas inclinaciones pueden ser, el
temor al castigo, la esperanza de recompensa, etc. (Legalidad): el comerciante
no cobra precios abusivos para obtener más clientela. (Legal pero inmoral).
3º) Acciones por respeto (mor) al deber. Sólo estas tienen valor moral.
(Moralidad): el comerciante no cobre precios abusivos por que ese es su
deber. (Legal y moral).
La moral de Kant es rigorista: cuando alguien actúa con el fin de obtener un premio, su
acto no es moral porque es interesado. La moral se define cuando se actúa por deber, y
nada más.
d) El imperativo categórico.
Los seres humanos como seres racionales actúan según principios prácticos que orientan
su conducta de un modo general. Estos principios pueden ser de dos tipos:
o Subjetivos o máximas, cuando valen sólo para la voluntad del sujeto.
o Objetivos o leyes, cuando son válidos para todo ser racional.
La exigencia de obrar moralmente se expresa en un imperativo que no es – ni puede ser
hipotético (como los mandamientos de las éticas materiales) sino categórico. Kant ha
ofrecido diversas formulaciones del imperativo categórico:
Principio de autonomía: Haz lo que te dicta tu conciencia y no lo que te
dicen los demás o lo que te dicen las leyes exteriores (heteronomía).
Principio de respeto a la persona humana: Obra de tal modo que la máxima
de tu voluntad pueda servir siempre y al mismo tiempo como principio de
legislación universal. La dignidad del hombre es la de un ser que es un fin en si
mismo, frente a los otros seres que no tienen dignidad, sino precio.
Principio de universalidad: Obra de tal modo que la máxima de tu voluntad
pueda servir siempre y al mismo tiempo como principio de legislación
universal. La voluntad debe ser autónoma para poder ser incondicionada (no
sometida a deseos e inclinaciones) y legislar universalmente.
e) Los postulados de la razón práctica.
Kant había negado la posibilidad del conocimiento del alma (paralogismos), de la
libertad (antinomias) y de Dios (ideales) por el uso teórico de la razón (“Crítica de la
razón pura”).
Sin embargo, el uso práctico de la razón considera la inmortalidad del alma, la
libertad y la existencia de Dios como postulados de la razón, es decir, como algo
que no es demostrable, pero que es supuesto necesariamente como condición de la
moral misma. La pregunta ¿qué debo hacer? conduce a la pregunta que completa el
fin último de la razón, ¿qué me cabe esperar? :
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El primer postulado es el de la libertad. La exigencia moral de obrar por respeto
al deber supone la libertad, pues si el hombre no es libre, el orden moral carece de
sentido.
El segundo postulado es el de la inmortalidad del alma. Alcanzar el bien
supremo es el objetivo necesario de una voluntad determinada por la ley moral.
Pero llegar a él supone la santidad: esto sólo es posible suponiendo la
inmortalidad del alma.
El tercer postulado es el de la existencia de Dios. Es una necesidad de la
conciencia moral que la buena voluntad sea recompensada con la felicidad, y la
mala voluntad sea castigada; pero en la sociedad humana no sucede esto, pues a
veces la gente mala progresa.
Es preciso, para que no se hunda el orden moral, que exista otra vida en la que
se restituya la igualdad virtud = felicidad y vicio = infelicidad, es decir, tenemos
que postular la existencia de Dios como la realidad en la que el bien supremo se
cumple.
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