Documento
Título: Pacto de herencia futura en las empresas familiares. ¿Un pacto con poco futuro?
Autor: Van Thienen, Pablo A.
Publicado en: RCCyC 2017 (julio), 10/07/2017, 105 - LA LEY 11/05/2018, 11/05/2018, 1 - LA LEY2018-B,
1214
Cita Online: AR/DOC/811/2017
Sumario: I. Introducción.— II. El pacto de herencia futura en el régimen anterior.— III. El pacto de herencia
futura en el Código Civil y Comercial.— IV. El riesgo tiempo es la partida de defunción del pacto de herencia
futura.— V. El pacto de herencia futura, tal como está diseñado, no resuelve el conflicto y coloca los incentivos
en el lugar equivocado.— VI. Pacto de herencia futura (sujeto a ratificación).— VII. Pacto de herencia futura
(con poco futuro).
El pacto de herencia futura está sujeto a que no se afecte la legítima ni los derechos del cónyuge, ni los
derechos de terceros; y aquí es donde anida el verdadero problema, pues se somete la propia "validez" a
eventos futuros e inciertos que son difíciles de predecir al momento de celebrar el pacto y planificar cómo
se van a distribuir los bienes a la fecha de fallecimiento del fundador de la empresa familiar.
I. Introducción
Coherente con el principio de conservación de la empresa familiar evitando su desguace en etapa de
partición hereditaria (tal como lo expresa el nuevo sistema legal en su artículo 2377), hoy se instituye, entre
nosotros, el "pacto de herencia futura". Este pacto está exclusivamente diseñado y dirigido a los dueños de
empresas familiares (1).
Que quede bien claro, el ejecutivo, bombero, contador o carpintero que trabaje en relación de dependencia, o
autónomo, está fuera de este esquema de planificación anticipada de partición de la herencia. Sólo están
facultados a celebrar estos "pactos de herencia" aquellos que sean titulares de una "explotación productiva" o de
"participaciones societarias" (sic).
Quizás debamos definir mejor qué es una explotación productiva, puesto que sin duda es un concepto vago
que encierra demasiadas incógnitas a la hora de sugerir el camino de la planificación de la sucesión y, por lo
tanto, la transferencia de los activos productivos a los sucesores y herederos.
En esta instancia lo más coherente y seguro para el titular de la explotación productiva será aportar el fondo
de comercio o explotación a una sociedad. Con este simple paso logramos disipar todas las incertidumbres sobre
la vaga noción de "explotación productiva". Esto quiere decir que para darle certeza al negocio jurídico
debemos incurrir en mayores costos de transacción, producto de la incertidumbre que genera la semántica de
nuestro legislador (2).
II. El pacto de herencia futura en el régimen anterior
El anterior sistema era refractario a este tipo de acuerdos y los tachaba de nulos desde el vamos (vid.,
artículo 1175 Código de Vélez). Cualquier intento de acordar sobre derechos hereditarios "futuros" era mal visto
y rechazado, puesto que resultaba violatorio a los derechos patrimoniales de los sucesores universales; en
particular el derecho a la legítima hereditaria, que no es otra cosa que el derecho de los herederos forzosos a
apropiarse del patrimonio heredado en porciones iguales y sin derecho del causante a violar esa participación
legal.
Recordemos que la legítima opera como un "piso" garantizado para el heredero y, al mismo tiempo, como
un "techo" para el fundador de la empresa, quien no puede disponer más allá de ese piso garantizado, hoy
equivalente a 1/3 del valor de su fortuna.
El pacto de herencia futura está íntimamente relacionado con el instituto de la legítima y, por lo tanto, no
podemos analizar las bondades de aquel sin tener presente el instituto de la legítima hereditaria, columna
vertebral de nuestro complejo sistema sucesorio que, en mi opinión, lejos está de brindar una solución eficaz al
hombre de negocios y sus herederos.
El artículo 2449, CCyC, nos está indicando sin rodeo y sin titubear el verdadero peso específico que tiene el
instituto de la legítima en nuestro sistema: "Es irrenunciable la porción legítima de una sucesión aún no abierta".
O sea, no caigamos en la tentación de creer que el pacto de herencia futura, hoy admitido por nuestro
régimen jurídico, signifique derogar este principio, pues, aun celebrando el pacto, no nos evitamos transitar el
expediente sucesorio, la "partición judicial" de la herencia, y los riesgos propios de juicios y reclamos de
herederos insatisfechos o, peor aún, de herederos codiciosos (3).
III. El pacto de herencia futura en el Código Civil y Comercial
© Thomson Reuters Información Legal 1
Documento
¿Qué nos dice el nuevo sistema sucesorio?
"Los pactos relativos a una explotación productiva o a participaciones societarias de cualquier tipo, con
miras a: (i) la conservación de la unidad de la gestión empresaria, o (ii) a la prevención o solución de conflictos,
pueden incluir disposiciones referidas a futuros derechos hereditarios y establecer compensaciones en favor de
otros legitimarios. Estos pactos son válidos (sea el causante y su cónyuge parte o no del pacto) si: (x) no afectan
la legítima hereditaria, (y) los derechos del cónyuge, (z) ni los derechos de terceros".
Tal como está concebido el pacto de herencia éste sólo puede ser útil para dos fines: (i) la conservación de la
unidad de la gestión y (ii) la prevención de conflictos (familiares). O sea, para el nuevo régimen un pacto de
herencia que tenga su razón de ser en otras causas, no será útil ni válido; ergo, las dos causas previstas en el
nuevo sistema son taxativas y por lo tanto causa de validez o nulidad del pacto.
Más allá de que existan otras razones o causas que pueden dar motivo a una eficiente planificación de la
herencia que provoque un pacto anticipado de cómo vamos a repartir las vestiduras del fundador, lo real y
concreto es que nuestro codificador vuelve a mirar con sospecha este tipo de acuerdos fijando en forma
categórica las únicas causales que pueden legitimar este tipo de acuerdos familiares. No se me escapa que "...la
prevención de conflictos ..." es una causal lo suficientemente amplia, difusa y vaga para habilitar y justificar
razonablemente cualquier tipo de acuerdo. Bastará decir que esa es la razón de fondo, para que el pacto prospere
sin mayor inconveniente.
Ahora bien, yendo al fondo del asunto observo que el pacto de herencia futura está sujeto a que no se afecte
la legítima, ni los derechos del cónyuge, ni los derechos de terceros; y aquí es donde anida el verdadero
problema pues se somete la propia "validez" a eventos futuros e inciertos que son difíciles de predecir al
momento de celebrar el pacto y planificar cómo se van a distribuir los bienes a la fecha de fallecimiento del
fundador de la empresa familiar.
(i) La validez del pacto está sujeto a que no se afecte la legítima hereditaria.
Este es el nudo gordiano del sistema y sobre él debemos girar para entender cuál es el real alcance de estos
pactos, pues una cosa será celebrar el pacto con mis herederos estando internado en terapia intensiva sin
posibilidad de revertir un diagnóstico terminal y otra muy diferente celebrar el pacto a los 50 años con mis hijos
haciendo sus primeras armas en el negocio familiar.
O sea, el factor tiempo juega aquí un rol estratégico, pues el pacto tiene en sus entrañas un riesgo implícito:
el valor de la legítima en el tiempo.
Observemos que el mismo sistema expresamente dispone que el pacto debe contener un régimen de
"compensaciones". O sea, dicho en criollo, el pacto debe compensar a los herederos que puedan recibir menos
del valor de su legítima.
(ii) Cómo se mide el valor de la legítima hereditaria en nuestro sistema sucesorio.
Para el caso de un pacto de herencia futura, no está expresamente previsto ni regulado; en cambio sí está
regulado para los supuestos de donación o testamento y, en particular, para los supuestos de "reducción" o
"colación"; o sea, cuando por partición testamentaria o por donación se ha violado la legítima, nace el derecho a
reclamar por vía de la colación o reducción. Consecuentemente no nos queda otro camino que transitar la
analogía como único sistema posible, para entender cómo resolvemos esta incógnita.
Todos sabemos que el valor de la legítima es algo simple: si somos cinco herederos y la herencia tiene un
valor total de $1.000, a cada uno de los herederos nos corresponde una quinta parte de aquel valor. Ahora bien,
este ejercicio es simple cuando los bienes que integran la masa hereditaria ingresan al sucesorio sin una previa
partición privada; o sea, sin un testamento, donación o pacto de herencia futura. Es aquí donde el asunto se pone
más complicado pues debemos evaluar si, al momento de la partición testamentaria de la donación o del pacto
de herencia, y la fecha de fallecimiento del fundador, el valor de los bienes y, por lo tanto, el valor de la
legítima, sufrió (o no) variaciones.
Y este es el real problema de fondo.
De acuerdo con el sistema sucesorio argentino, si el heredero sufre algún perjuicio en su legítima, nace a su
favor el derecho a recuperar el valor perdido ejerciendo las acciones judiciales de "colación" o "reducción". O
sea, aun en la partición por donación con el consentimiento del 100% de los herederos, si al momento de la
apertura del sucesorio y de la partición judicial el valor de los bienes se altera generando por lo tanto una
alteración en el valor de la legítima hereditaria, nace a favor del heredero damnificado (legitimario) el derecho a
cuestionar la donación recuperando el valor perdido de su legítima y, en consecuencia, agrediendo al resto de
los coherederos que se beneficiaron por el mayor valor adquirido. En definitiva, estas acciones están siempre
© Thomson Reuters Información Legal 2
Documento
disponibles a favor del heredero que, aun consintiendo la donación y aceptando la voluntad del fundador, igual
podría patear el tablero.
Tanto la donación como el pacto de herencia futura califican ambos como contrato; o sea, son negocios
donde las partes involucradas suelen ser el fundador de la empresa familiar y sus sucesores universales.
Nota al margen: un dato que no podemos perder de vista es que el pacto de herencia futura (a diferencia de
la donación) lo pueden firmar: (i) los hijos con el fundador (sin su cónyuge), (ii) los hijos con el cónyuge (sin el
fundador) o (iii) los hijos entre sí. O sea, la fortuna se podría llegar a repartir según cómo lo acuerden los
herederos y sin que sea necesario el consentimiento del fundador en una suerte de planificación de la sucesión
gestada por las bases.
Ahora bien, el pacto de herencia futura no opera como sistema de partición privada de la herencia (tal como
lo prevé el régimen legal para la donación y el testamento) pero su efecto jurídico y práctico es bastante
parecido. Si bien tiene cuatro patas, ladra y mueve la cola, para el nuevo Código, ese animal no es un perro.
Para poder conocer si el pacto de herencia futura viola la legítima, no nos queda otro camino que recorrer las
normas que regulan la acción de colación y de reducción. No vemos otra opción.
El nuevo sistema sucesorio argentino fija los siguientes criterios interpretativos:
a. "La porción legítima... se calcula sobre la suma del valor líquido de la herencia al tiempo de la muerte del
causante más el de los bienes donados... a la época de la partición según el estado del bien a la época de la
donación" (art. 2445, CCyC).
b. "En todos los casos, para la colación y el cálculo de la legítima, se debe tener en cuenta el valor de los
bienes al tiempo en que se hacen las donaciones, apreciado a valores constantes" (art. 2418, CCyC).
c. "Los herederos que concurren a la sucesión (...) deben colacionar a la masa hereditaria el valor de los
bienes que le fueron donados (excepto dispensa o cláusula de mejora expresa)... Dicho valor se determina a la
época de la partición según el estado del bien a la época de la donación" (art. 2385, CCyC).
Observemos que tanto el apartado (a) como el apartado (c) fijan la misma fórmula de determinación de
valor: "se determina a la época de la partición según el estado del bien a la época de la donación".
Observemos además que tanto el apartado (a) como (b) y (c) aluden indefectiblemente a un factor esencial:
el transcurso del "tiempo".
Y el factor tiempo es clave cuando se trata de valuar activos, sean éstos financieros, inmobiliarios o
intangibles. No dará lo mismo un peso hoy, que ese mismo peso 15 años atrás. Es esa diferencia de valor en el
tiempo lo que hace incierto el pacto de herencia futura y por lo tanto su validez. Aquello que nació para evitar
potenciales conflictos entre los herederos (recordemos que esa una de las causales admitidas por la ley) se
convierte (15 años más tarde) en la madre de todas las batallas.
O sea, el remedio es peor que la enfermedad.
(iii) ¿Cómo se determina el valor de una empresa según este sistema?
La fórmula de determinación de valor de los bienes que ingresan al expediente sucesorio (en nuestro caso
acciones de SA o cuotas de SRL junto con otros bienes que deja el fundador) sería el siguiente:
El valor de los bienes se determina según el estado del bien a la época del pacto, apreciado a valores
constantes.
¿Qué significa esto en términos prácticos cuando hablamos de empresas, fondos de comercio,
establecimientos o sociedades?
Una verdadera incógnita.
¿Cómo determinamos el "estado del bien" al momento del pacto de herencia futura, cuando se trata de una
empresa?
Estos interrogantes resultan ser una verdadera incógnita.
¿Qué significa "apreciar"?
Sin duda el término "apreciar" alude a "valuación" de los bienes a valores constantes. O sea, tomando el
"estado" de la compañía al momento del pacto, aquel valor deberá revaluarse hoy. Pero lo que no sabemos es
cuál será el método de revaluación que se aplicará para traer a hoy aquel valor, tomando "el estado de la
compañía al momento del pacto". Suponiendo una empresa valuada en 10 millones de dólares hace 15 años (al
momento del pacto), y con un valor actual (sucesorio) de $50 millones. ¿Cómo valuamos aquella empresa hoy?
© Thomson Reuters Información Legal 3
Documento
Consideremos que el pacto lo firman 4 herederos, uno de ellos se queda con el 100% de las acciones y los 3
restantes son compensados con otros bienes.
No se trata de compensar a los 3 herederos con el 75% del valor actual de 50 millones sino de algo mucho
más complejo, traer a hoy un valor de hace 15 años tomando la realidad de la empresa hace 15 años; o sea,
tomando el EBITDA de hace 15 años, si éste fuera el método de valuación correcto. Esto quiere decir que la
foto de la empresa seguirá siendo color sepia, pero revaluada a valores de hoy.
Para un empresario puede resultar complejo acordar un pacto de herencia planificando a largo plazo la
distribución post mortem de la empresa, buscando pacificar los ánimos familiares frente a un contexto de
potenciales conflictos entre los herederos.
El factor "tiempo" puede jugar una mala pasada, pues lo que resulta justo y equitativo hoy, puede no serlo
años más tarde, poniendo en riesgo toda la planificación patrimonial.
(iv) Determinar el valor tiene por objetivo conocer si el pacto será anulable.
Saber cómo determinar el valor de la empresa entre la época del pacto y la fecha de fallecimiento del
fundador nos permitirá conocer si el pacto lesiona la legítima y por lo tanto saber si aquel será un pacto nulo.
¿Nulidad absoluta o relativa?
Recordemos que la lesión a la legítima en este caso no devenga un ajuste de valor por colación o reducción
sino, la nulidad del pacto y por lo tanto la caída de todo el sistema de planificación patrimonial (4).
(v) Pactar el método de valuación.
Considerando que la valuación de la empresa o, la "apreciación del bien" la ordenará el juez del sucesorio,
es altamente recomendable que el pacto de herencia futura contenga entre sus cláusulas el método de valuación
que deba aplicarse. De esta forma nos aseguramos que la empresa será "apreciada" conforme un método
aceptado por todos los herederos.
IV. El riesgo tiempo es la partida de defunción del pacto de herencia futura
Observo que el pacto de herencia está sometido a un riesgo no menor: el factor "tiempo". Cualquier
alteración de los valores de los activos hereditarios repartidos a la fecha del pacto podrá implicar una violación a
la legítima hereditaria (5).
Ahora bien, digo que está sometido al riesgo del factor tiempo, pues la alteración de valores no devenga
colación o reducción sino algo mucho más severo: la "nulidad". O sea la caída de toda la planificación
patrimonial. Y esto sí es GRAVE!
Tal como está diseñado el pacto de herencia futura en el nuevo sistema sucesorio, observamos que la
sanción por alteración de los valores y potencial lesión a la legítima somete al pacto a su total ineficacia y por lo
tanto a su absoluta inutilidad práctica.
Basta que un heredero, acreedor o el propio cónyuge advierta que sus derechos se han visto perjudicados por
el pacto, para que intenten dejarlo sin efecto, a cualquier precio y costo. Y este riesgo es el que más preocupa,
pues somete el acuerdo a una incertidumbre difícil de estimar al momento de celebrarlo. ¿Cuál será el valor de
una renuncia de derechos patrimoniales de esta magnitud?
Cuanto más extenso sea el plazo entre el pacto y el fallecimiento del fundador, más incertidumbre tendrá el
pacto.
Mientras la donación realizada en exceso del disponible, o sea la llamada donación (inoficiosa) conduce a la
acción judicial de colación o reducción, el pacto de herencia futura (inoficioso) da lugar a algo mucho más
grave: la nulidad del pacto.
Este riesgo es, a mi modo de ver las cosas e interpretar el derecho, el fin del pacto de herencia futura.
V. El pacto de herencia futura, tal como está diseñado, no resuelve el conflicto y coloca los incentivos en el
lugar equivocado
Hemos aprendido que este pacto fue pensado para dirimir dos situaciones bien concretas que preocupan a las
empresas familiares: (i) lograr la unificación de la gestión de la empresa y (ii) resolver conflictos. A mi modo
ver las cosas, el pacto, tal como está diseñado, no resuelve ni uno, ni otro.
Si el pacto está sometido al riesgo de "nulidad" por la simple razón de que cualquier heredero o un tercero
puedan verse perjudicados por el pacto, como consecuencia de la lesión al valor de la legítima (riesgo implícito
e inevitable en un contrato de larga duración), esa sola amenaza torna inviable el pacto, pues no resuelve con
eficiencia los problemas para los cuales fue creado.
© Thomson Reuters Información Legal 4
Documento
Si con el pacto cedemos el 100% de las acciones de la empresa al heredero-gestor asignándole a los otros
una fracción de campo (ver ejemplo anexo 1) y dicha asignación tuvo por objetivo cederle el 100% de la
empresa al heredero comprometido con la misión y visión empresaria; y al resto de los herederos se entrega un
activo productivo que puedan dividir y repartir entre ellos, esa distribución de bienes puede ser objeto de ataque
por cualquiera de herederos, y peor aún, por cualquier tercero.
Si esto funciona así, los incentivos están mal colocados, pues asignándole el 100% de la empresa al heredero
gestor, éste siempre corre con el riesgo de que le expropien la empresa si un juez declara nulo el acuerdo.
En este contexto de incertidumbre el heredero gestor no contará con los incentivos económicos adecuados
para gestionar creando valor, pues corre el riesgo de que esa creación de valor le sea expropiada o distribuida
injustamente entre los herederos.
Demasiada incertidumbre para que los fundadores y herederos estén motivados a celebrar un pacto de
herencia futura.
VI. Pacto de herencia futura (sujeto a ratificación)
El pacto operaría en la práctica como una subespecie de partición privada de la herencia mediante el cual los
herederos, junto con el fundador (o los herederos entre sí), se ponen de acuerdo en la forma de repartir las
vestiduras asignándolo a cada uno según las preferencias.
Si bien el efecto jurídico del pacto de herencia es asignar hoy bienes futuros, este pacto está, sin duda,
sometido a confirmación o ratificación por todos los herederos, quienes, al fallecimiento del fundador y con la
apertura del expediente sucesorio, pueden ratificar el pacto con plenos efectos jurídicos y sin posibilidad de
ataques futuros. Esto es lo que prevé el sistema sucesorio como partición privada.
O sea, en etapa de partición judicial los herederos pueden ratificar el acuerdo y, por lo tanto, sellar el pacto;
pero sólo en esta etapa y siempre dentro del expediente sucesorio.
Recordemos que el trámite judicial-administrativo de la sucesión tiene por objeto, entre otros, identificar a
los herederos, determinar el contenido de la herencia, cobrar los créditos, pagar las deudas y repartir la herencia.
El pacto de herencia futura no altera este proceso.
El pacto de herencia futura no rompe con el sistema de indivisión de la herencia hasta la partición (6).
VII. Pacto de herencia futura (con poco futuro)
En el diseño de este tipo de pactos, estimar el tiempo proyectado de vida parece estratégico y vital para la
salud del propio sistema de planificación patrimonial. La relación (plazo de duración-riesgo de nulidad) es
directamente proporcional. A mayor plazo de duración del pacto, mayor será el riesgo de que el pacto sea
atacado y declarado nulo en sede judicial. El riesgo de que el pacto lesione derechos de terceros, o de los
propios herederos, se verá incrementado en la medida que el pacto se extienda en el tiempo.
Cuánto más cerca esté el pacto de la fecha de fallecimiento, menores serán los riesgos de nulidad; al menos
respecto de los herederos, cónyuge y acreedores. No así respecto de los herederos que puedan surgir en el
expediente sucesorio y que no conocíamos al momento de firmar el pacto.
O sea, el pacto de herencia futura no está llamado a ser una herramienta eficaz de planificación de la
sucesión sino, más bien, está llamado a resolver una situación de potencial conflicto que, en el ocaso de la vida
y en vísperas del fallecimiento del fundador, puede servir como partición privada extrajudicial de la herencia
donde el fundador (al mejor estilo Don Corleone) decide repartir sus vestiduras junto con sus herederos.
Desde esta perspectiva, observo que el pacto de herencia futura no es más eficiente que la donación o el
testamento, y diré más, éstos encierran menos riesgo que el primero, puesto que, aun violando la legítima, no
están sometidos al riesgo de nulidad sino simplemente al riesgo de ajuste por colación o reducción.
Basta leer y repasar las enseñanzas de la parábola del Padre Misericordioso (conocida también como la del
Hijo Pródigo del "Nuevo Testamento") para darnos cuenta de que la "sucesión" ha sido fuente de celos,
caprichos, envidias y conflicto familiar desde los primeros tiempos de la humanidad, y que
lamentablemente veinte siglos más tarde el sistema legal no ha logrado resolver.
En definitiva, el pacto de herencia futura no sirve como herramienta eficaz de planificación patrimonial de la
sucesión, conocida en otros países como "Estate & Wealth Planning".
(1) CESARETTI, María - CESARETTI, Oscar Daniel, El pacto sucesorio y la empresa familiar en la
unificación, Rev. del Notario Nº 918 (oct. - dic. 2014).
(2) MAFFÍA, Osvaldo J., "Manual de derecho sucesorio", tomo I.
© Thomson Reuters Información Legal 5
Documento
(3) HERNÁNDEZ, Carlos A. - IGLESIAS, Mariana B., "Los pactos sobre herencia futura como
herramienta de planificación sucesoria (con especial referencia al pacto de familia del art. 1010)" publicado en
DCYO - edición especial Abeledo Perrot Nº 272, mayo/junio 2015, p. 709 y sigtes.
(4) El siguiente ejemplo nos demuestra lo complejo que puede resultar la cuestión: Al momento del pacto el
fundador repartió sus bienes otorgando a uno de sus hijos el 100% de la empresa ($10.000.000) y a los 3
restantes les deja un campo valuado en $30.000.000. Considerando que el 100% del valor de la herencia es de
40.00.000, a cada uno le corresponde 10.000.000. Sin embargo, en el tiempo que transcurre entre el pacto y la
sucesión, mientras el valor de la empresa se multiplicó por cinco veces gracias a la exitosa gestión de uno de los
herederos, el valor del campo se mantuvo estable y sin mayores variaciones. Sin embargo, a la hora de abrirse el
sucesorio uno de los herederos plantea en el expediente judicial que el pacto de herencia futura firmado hace 16
años, viola su legítima. O peor aún, un acreedor del heredero plantea que el pacto viola sus derechos; o un hijo
no reconocido aparece reclamando su parte. Lo que se acordó y percibió como justo y equitativo al momento de
celebrarse el pacto puede resultar no tan justo años más tarde; y este cambio de "percepciones" puede poner en
serio riesgo la planificación lograda con el pacto de herencia futura. El mecanismo de valuación propuesto por
el nuevo sistema sucesorio es muy inequitativo, pues mientras las empresas están sometidas a valuaciones
fluctuantes y variables, y a métodos de valuación específicos (v. gr., múltiplos de EBITDA), otros activos
(especialmente los inmobiliarios) suelen, en el tiempo, ser mucho más estables; salvo situaciones de
capitalización extraordinarias. Mientras los inmuebles tienen un valor de metro cuadrado o hectárea, las
empresas están sometidas a métodos de valuación mucho más complejos, pues se trata de valuar en el tiempo
los flujos de caja que el negocio genera para sus accionistas. Una empresa que hace 16 años facturaba 10
millones anuales, cómo hacemos para traer ese valor a hoy es toda una incógnita. "Apreciar", tal como lo dice el
nuevo sistema, no es "ajustar" sino "valuar"; y son ambas muy diferentes. Un fundador justo y equitativo al
momento de repartir, pero que años más tarde esa misma distribución puede lucir injusta e inequitativa para
otros.
(5) MASRI, Victoria S. - RAGGI, María E., "Pacto sobre herencia futura". El presente trabajo ha sido
presentado en la XXXIX Convención Notarial del Colegio de Escribanos de la Ciudad de Buenos Aires (Buenos
Aires, 31 octubre - 1-2 noviembre 2012).
(6) REQUEIXO SOUTO, Xaime Manuel, "Pactos de atribución particular post mortem. Ámbito del artículo
1271, ap. 2º, del Código Civil". Profesor de Derecho civil Universidad de Santiago de Compostela. Anuario de
Derecho Civil.
© Thomson Reuters Información Legal 6