Bogotá, 30 de mayo de 2024
Oficio 492
Doctora
MARIA SUSANA MUHAMAD GONZÁLEZ
Ministra de Ambiente y Desarrollo Sostenible
info@[Link]
despachoministra@[Link]
Asunto: Solicitud de revocatoria directa contra la Resolución No. 421 del 15 de abril
de 2024 por medio de la cual, se adoptan medidas de protección de ecosistemas
de importancia internacional que conforma el sitio “Ramsar complejo de humedales
urbanos del Distrito Capital de Bogotá y se toman otras determinaciones”.
Cordial saludo,
Esta Delegada para Asuntos Ambientales, Minero Energéticos y Agrarios, en
ejercicio de las facultades constitucionales y legales consignadas en el artículo 277
de la Constitución Política y artículos 24 y 26 del Decreto 262 de 2000 en materia
de intervención ante autoridades administrativas como Ministerio Público para
garantizar la defensa del ordenamiento jurídico, del patrimonio público y de los
derechos fundamentales de los ciudadanos colombianos, a través del presente
escrito presenta ante usted solicitud de revocatoria directa en contra de la
Resolución No. 421 de 15 de abril de 2024, por medio de la cual se adoptan
medidas de protección de ecosistemas de importancia internacional que conforma
el sitio Ramsar complejo de humedales urbanos del Distrito Capital de Bogotá, con
fundamento en la causal primera del artículo 93 de la Ley 1437 de 2011.
ACTO ADMINISTRATIVO OBJETO DE LA SOLICITUD Y CAUSAL INVOCADA
A través de oficio No. 21002024E2014884 del 2 de mayo de 2024 la Directora de
Bosques, Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos del Ministerio de Ambiente y
Desarrollo Sostenible comunicó por correo electrónico a esta Delegada la
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Resolución No. 421 del 15 de abril de 2024, expedida por este Ministerio, por medio
de la cual se adoptan medidas de protección de ecosistemas de importancia
internacional que conforma el sitio Ramsar complejo de humedales urbanos del
Distrito Capital de Bogotá y se toman otras determinaciones.
Una vez analizado el acto administrativo se observa que en este:
1. Amparándose en el principio de precaución, se ordena implementar medidas
de protección ambiental en los humedales Juan Amarillo, Jaboque y Córdoba
que integran el complejo de humedales urbanos del Distrito Capital de
Bogotá.
2. Las medidas que se ordena implementar se especifican en el artículo tercero
del acto administrativo así:
2.1. Evitar el avance de obras de endurecimiento, de infraestructura
urbana y cualquier actividad actual o futura que puedan generar
afectación, desmedro de los valores ambientales o que estén
asociadas a la intensificación de los valores de riesgo sobre los
humedales Juan Amarillo, Jaboque y Córdoba, y como consecuencia
suspender el desarrollo de infraestructura en los mismos.
2.2. Se ordena que se efectúe una evaluación de impacto ambiental para
cada uno de estos 3 humedales
2.3. Establecer medidas para mitigar los posibles impactos sobre las
funciones ecosistémicas de los humedales
2.4. Convocar la conformación del comité regional de humedales para el
complejo de humedales urbanos del Distrito Capital
3. En el parágrafo 2 del artículo tercero, se dispone que la suspensión de las
obras adelantadas sobre los humedales Juan Amarillo, Jaboque y Córdoba,
en desarrollo del proyecto denominado conexiones corredores ambientales
se mantendrá hasta tanto se presente la evaluación de impacto ambiental
para análisis del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, y se
establezcan por esta cartera las medidas necesarias para mitigar los posibles
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impactos sobre las funciones ecosistémicas de estos humedales y de ser
necesario adoptar las medidas para recuperar, rehabilitar y/o restaurar dicho
ecosistema.
4. Ordena a la Secretaría Distrital de Ambiente efectuar una evaluación de
impacto ambiental para cada uno de los humedales, en un plazo de 12 meses
prorrogables por única vez, con el objeto de establecer la posible afectación
directa o indirecta sobre estos ecosistemas, a las poblaciones y/o a las
especies de fauna y flora de los humedales, por las actividades realizadas en
el marco del proyecto denominado “conexiones corredores ambientales”.
Dicha evaluación se realizará con base en los términos de referencia, que
para el efecto, expida el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible.
5. El documento de evaluación de impacto ambiental deberá remitirse al
Ministerio para valoración y definición de las medidas necesarias para mitigar
los posibles impactos sobre las funciones ecosistémicas de los humedales,
y de ser necesario, adoptar las medidas para recuperar, rehabilitar y restaurar
este ecosistema.
6. También se dispuso que, “con el ánimo de tener mejores niveles de
información sobre los ecosistemas de humedales urbanos de que trata la
presente resolución” se solicita a la Empresa de Acueducto y Alcantarillado
de Bogotá que en 1 mes remitan la integralidad de información presentada a
la autoridad ambiental para los permisos de ocupación de cauce, análisis
técnicos efectuados para el proyecto “conexiones corredores ambientales”, y
la información técnica adicional que tengan sobre el componente hídrico y
biótico que tengan sobre el complejo de humedales mencionados.
7. Se solicita al Instituto Von Humboldt y al Jardín Botánico José Celestino Mutis
allegar la información técnica y científica relativa a las condiciones originales,
impactos, afectaciones, protección, conservación, recuperación de los
ecosistemas de humedales urbanos de categoría Ramsar, en especial los
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humedales Juan Amarillo, Jaboque y Córdoba, ubicados en la ciudad de
Bogotá.
Se invoca la causal primera del artículo 93 de la Ley 1437 de 2011 que señala:
ARTÍCULO 93. Causales de revocación. Los actos administrativos deberán ser
revocados por las mismas autoridades que los hayan expedido o por sus inmediatos
superiores jerárquicos o funcionales, de oficio o a solicitud de parte, en cualquiera
de los siguientes casos:
1. Cuando sea manifiesta su oposición a la Constitución Política o a la ley.
FUNDAMENTOS DE LA SOLICITUD DE REVOCATORIA DIRECTA
1. LA EXIGIBILIDAD DE REQUISITOS Y ESTUDIOS NO ESTÁ SUJETA AL
ARBITRIO O DISCRECIÓN DE LA AUTORIDAD AMBIENTAL.
Resulta pertinente recordar, que el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible
formuló la Política Nacional para Humedales Interiores de Colombia en el año 2002,
la cual se basa en principios instaurados en la Constitución Política, las funciones
asignadas en la Ley 99 de 1993 y en la Convención Relativa a los Humedales de
Importancia Internacional Ramsar, con la finalidad de promover a través de sus
objetivos y acciones planteadas, el uso sostenible, la conservación y la recuperación
de los humedales del país en los ámbitos nacional, regional y local.
De igual forma, el Ministerio expidió la Resolución 157 del 12 de febrero de 2004
por medio del cual adoptó las “medidas para garantizar el uso sostenible,
conservación y manejo de los humedales en Colombia y se desarrollan aspectos
referidos a los mismos en aplicación de la Convención Ramsar”.
Así las cosas, valga recordar, que el artículo 3 de la mencionada resolución
establece que, las autoridades ambientales competentes deberán elaborar y
ejecutar los planes de manejo ambiental para los humedales prioritarios de su
jurisdicción, los cuales deberán partir de una delimitación, caracterización y
zonificación para la definición de medidas de manejo, y a su vez el art. 4 establece
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que son autoridades competentes: la Unidad Administrativa Especial del Sistema
Nacional de Parques Naturales, las Corporaciones Autónomas Regionales, las
Corporaciones de Desarrollo Sostenible, los Grandes Centros Urbanos y las
Autoridades Ambientales Distritales a que se refiere la Ley 768 de 2002.
De igual forma, valga resaltar lo señalado en el art. 6 que las autoridades
ambientales competentes deberán elaborar la caracterización de los humedales,
definida ésta como la determinación de las características biofísicas, ecológicas,
socio económicas y culturales de los humedales y de su dinámica espacial y
funcional, con el fin de definir e implementar medidas de manejo que garanticen su
uso sostenible y conservación, teniendo en cuenta criterios de superficie,
localización, escala geográfica, importancia ecológica y socio económica, presiones
de uso y otras, así como los criterios y metodología establecidas en la Guía Técnica
para la formulación, complementación o actualización de los planes de manejo.
Adicionalmente, acorde con lo establecido en el artículo 5 de la misma norma, el
Ministerio a través de la Resolución No. 196 de 2006, expidió la guía técnica para
la formulación de planes de manejo para humedales en Colombia, la cual fue
adoptada como “la Guía Técnica para la formulación, complementación o
actualización, por parte de las autoridades ambientales competentes en su área de
jurisdicción, de los planes de manejo para los humedales prioritarios y para la
delimitación de los mismos (…)”.
Como podemos dar cuenta en precedencia, la Resolución No. 157 de 2004 define
sin duda alguna los instrumentos de manejo y control que deben establecerse a los
humedales en nuestro país, como también delimita claramente cuáles son las
autoridades ambientales competentes para realizar la determinación de las
características biofísicas, ecológicas, socio económicas y culturales de los
humedales y de su dinámica espacial y funcional con el fin de definir e implementar
medidas de manejo que garanticen su recuperación, uso sostenible y conservación.
Por lo expuesto, este ente de control considera que el Ministerio de Ambiente y
Desarrollo Sostenible con la expedición de la Resolución No. 421 del 15 de abril de
2024, estaría extralimitándose en sus funciones al exigir una serie de estudios y
requisitos que no se encuentran contemplados en las normas que regulan la
materia, quedando claro, que de conformidad con la Resolución No. 157 de 2004,
la Resolución No. 196 de 2006 y demás normas concordantes, el plan de manejo
ambiental es el instrumento que se debe implementar para la protección y manejo
de los humedales en Colombia.
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Recuérdese lo previsto en el Decreto 2106 de 2019, por el cual se dictan normas
para simplificar, suprimir y reformar trámites, procesos y procedimientos
innecesarios existentes en la administración pública, y en particular al artículo 125,
que dispone:
“Las personas naturales y jurídicas deberán presentar la solicitud de concesión,
autorización, permiso o licencia ambiental, según el caso, cumpliendo los requisitos
establecidos en la legislación nacional. En consecuencia, las autoridades
ambientales no podrán exigir requisitos adicionales a los previstos en el Decreto Ley
2811 de 1974, Ley 99 de 1993 y demás disposiciones reglamentarias en materia
ambiental.
Parágrafo 1°. En ningún caso por vía reglamentaria podrá facultarse a las
autoridades ambientales para establecer requisitos, datos o información adicional
para efectos de dar trámite a la solicitud”.
La Corte Constitucional a través de sentencia C-145 de 2021 (M.P. Paola Meneses
Mosquera), declaró que esta norma se ajusta a la Constitución Política colombiana
y no desconoce la autonomía administrativa que tienen las autoridades ambientales
en su jurisdicción territorial, la cual debe armonizarse con los principios de
coordinación y complementariedad, en garantía a la seguridad jurídica, eficiencia
administrativa y materialización de la presunción de buena fe que opera a favor de
los particulares en sus actuaciones frente a la Administración Pública.
Por último, vaga resaltar, el deber que tiene la administración pública de velar por la
garantía y materialización del postulado constitucional de la presunción de buena fe
de los administrados en sus actuaciones ante el estado, como lo dispone el artículo
83 de la Carta Política y como una de sus manifestaciones la prohibición
constitucional que tienen las autoridades públicas de exigir permisos, licencias o
requisitos no previstos en la normatividad para el ejercicio de un derecho o el
desarrollo de una actividad (Art. 84)
ARTÍCULO 83. Las actuaciones de los particulares y de las autoridades públicas
deberán ceñirse a los postulados de la buena fe, la cual se presumirá en todas las
gestiones que aquellos adelanten ante éstas.
ARTICULO 84. Cuando un derecho o una actividad hayan sido reglamentados de
manera general, las autoridades públicas no podrán establecer ni exigir permisos,
licencias o requisitos adicionales para su ejercicio.
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2. AUTORIDAD COMPETENTE PARA LA IMPLEMENTACION DE LAS
MEDIDAS DE MANEJO Y PROTECCIÓN DE LOS HUMEDALES
Si bien, de conformidad con lo dispuesto en el artículo 5º de la Ley 99 de 1993 y el
artículo 2º del Decreto-Ley 3570 de 2011, le corresponde al Ministerio de Ambiente
como ente rector de la gestión del ambiente y de los recursos naturales renovables,
orientar y regular el ordenamiento ambiental del territorio y definir las políticas y
regulaciones a las que sujetarán la recuperación, conservación, protección,
ordenamiento, manejo, uso y aprovechamiento sostenible de los recursos naturales
renovables y del ambiente de la nación, le corresponde a las autoridades
ambientales, a los entes territoriales y otras instituciones con responsabilidad en el
manejo y protección del medio ambiente, desarrollar los instrumentos y acciones
necesarias para promover el uso y aprovechamiento sostenible de los recursos
naturales renovables en sus respectivas jurisdicciones.
Así las cosas, frente a los humedales, el Ministerio como parte de las medidas para
propender por la conservación y el uso sostenible de los humedales, formuló la
Política Nacional para Humedales Interiores de Colombia en el 2002, la cual se basa
en principios instaurados en la Constitución Política, las funciones asignadas en la
Ley 99 de 1993 y en la Convención Relativa a los Humedales de Importancia
Internacional Ramsar, con la finalidad de promover a través de sus objetivos y
acciones planteadas, el uso sostenible, la conservación y la recuperación de los
humedales del país en los ámbitos nacional, regional y local.
Para el desarrollo de dichas políticas, tal como se señaló en líneas anteriores, se
expidió la Resolución 157 del 12 de febrero de 2004 a través de la cual adoptó las
“medidas para garantizar el uso sostenible, conservación y manejo de los
humedales en Colombia y se desarrollan aspectos referidos a los mismos en
aplicación de la Convención Ramsar”, estableciendo de manera clara y concreta,
en su art. 3 que, las autoridades ambientales competentes deberán elaborar y
ejecutar los planes de manejo ambiental para los humedales prioritarios de su
jurisdicción, los cuales deberán partir de una delimitación, caracterización y
zonificación para la definición de medidas de manejo, y a su vez el art. 4 establece
que son autoridades competentes: la Unidad Administrativa Especial del Sistema
Nacional de Parques Naturales, las Corporaciones Autónomas Regionales, las
Corporaciones de Desarrollo Sostenible, los Grandes Centros Urbanos y las
Autoridades Ambientales Distritales a que se refiere la Ley 768 de 2002.
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De igual modo, importante resaltar lo señalado en los artículos 14 y 15 de la
mencionada resolución:
ART 14. MANEJO Y RÉGIMEN DE USOS. El manejo y régimen de usos de los
humedales declarados por el Ministerio de Ambiente, Vivienda y Desarrollo
Territorial como de importancia internacional, se regirá de acuerdo con los
lineamientos de la Convención Ramsar y los previstos por la normatividad
nacional vigente para la categoría o figura de manejo o protección ambiental
que le asigne o bajo la cual la declare la autoridad ambiental competente.
ARTÍCULO 15. ADMINISTRACIÓN. La administración de los humedales de
importancia internacional, estará a cargo de la autoridad ambiental a la cual, de
acuerdo con las competencias asignadas por la Ley 99 de 1993, le corresponda la
declaratoria de la categoría o figura de manejo ambiental o protección bajo la cual
se reserve.
En cumplimiento de lo anterior, la SDA en el marco de sus funciones expidió las
siguientes resoluciones:
a) Resolución No. 1504 de 20 de junio de 2008, por medio de la cual aprobó el
Plan de Manejo Ambiental del Humedal Córdoba y se toman otras
determinaciones
b) Resolución conjunta entre CAR y SDA No. 01 de 13 de febrero de 2015, por
la cual se aprobó el Plan de Manejo Ambiental del Parque Ecológico Distrital
de Humedal Jaboque
c) Resolución No. 3887 de 6 de mayo de 2010, por medio de la cual se aprueba
el Plan de Manejo Ambiental del Humedal Juan Amarillo y se adoptan otras
determinaciones.
Estos planes de manejo ambiental, que son los instrumentos de planificación de
estos ecosistemas, se formularon con fundamento en la Resolución No. 157 de 12
de febrero de 2004, que adoptó medidas para garantizar el uso sostenible,
conservación y manejo de los humedales en Colombia y se desarrollan aspectos
referidos a los mismos en aplicación de la Convención Ramsar y la Resolución No.
196 de 2006 mediante la cual se expidió la guía técnica para la formulación,
complementación o actualización por parte de las autoridades ambientales en su
área de jurisdicción de los planes de manejo para los humedales priorizados y para
la delimitación de los mismos.
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Llama la atención que en las consideraciones de la Resolución No. 421 de 15 de
abril de 2024 no se hubiere hecho mención a estos planes de manejo y a las guías
metodológicas expedidas por el Ministerio de Ambiente con base en las cuales se
formularon estos instrumentos de ordenación.
Así mismo, tal y como lo determinó el mismo Ministerio de Ambiente y Desarrollo
Sostenible en el artículo sexto de la Resolución 157 de 2004, corresponde a las
autoridades ambientales elaborar la caracterización de los humedales, así como
definir e implementar las medidas de manejo que garanticen su uso sostenible y
conservación, teniendo en cuenta criterios de superficie, localización, escala
geográfica, importancia ecológica y socio económica, presiones de uso y otras, así
como los criterios y metodología establecidas en la Guía Técnica para la
formulación, complementación o actualización de los planes de manejo.
En efecto, precisamente el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible a través
de oficio radicado con el No. 21012023E2005010 del 2 de marzo de 2023 suministró
respuesta al Colectivo Defensores y Defensoras del Humedal Tibabuyes y
reconoció que no tenía competencia para imponer medidas de manejo de protección
sobre los humedales urbanos, ya que es una función que le corresponde a la
autoridad ambiental:
En este sentido, la Resolución No. 157 de 2004, es clara en definir que las
autoridades ambientales competentes son las que deben realizar la
determinación de las características biofísicas, ecológicas, socio
económicas y culturales de los humedales y de su dinámica espacial y
funcional con el fin de definir e implementar medidas de manejo que
garanticen su recuperación, uso sostenible y conservación.
Conforme a lo señalado anteriormente, y de acuerdo a lo establecido en los
artículos 30 y 66 de la ley 99 de 1993, corresponde a las Corporaciones
Autónomas Regionales -CAR, y a los municipios, distritos o áreas
metropolitanas con más de un millón de habitantes dentro del perímetro
urbano, la ejecución de las políticas, planes, programas y proyectos sobre
medio ambiente y recursos naturales renovables, así como dar cumplida y
oportuna aplicación a las disposiciones legales vigentes sobre su
disposición, administración, manejo y aprovechamiento, conforme a las
regulaciones, pautas y directrices expedidas por el Ministerio.
Lo anterior es reiterado y precisado en el artículo 31, en el cual se establecen
las funciones de dichas entidades, en calidad de administradoras de los
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recursos naturales renovables. Así mismo, es necesario informar que, en
virtud de la instrumentación técnica y normativa expuesta, los llamados a
implementarlas son las autoridades ambientales competentes, en
especial por tener la función de ser la máxima autoridad ambiental en el
área de su jurisdicción, de acuerdo con las normas de carácter superior y
conforme a los criterios y directrices trazadas por este Ministerio, que para el
caso del humedal Tibabuyes y otros humedales de Bogotá, por
jurisdicción, es competencia de la Secretaría Distrital de Ambiente - SDA.
Y más adelante en este mismo oficio, el Ministerio de Ambiente y Desarrollo
Sostenible expone:
Al respecto de su solicitud, es necesario señalar que de conformidad con la
Resolución 157 de 2004, las autoridades ambientales competentes son las
que deben elaborar y ejecutar los planes de manejo ambiental para los
humedales prioritarios de su jurisdicción, los cuales deben partir de una
delimitación, caracterización y zonificación para la definición de medidas de
manejo con la participación de los distintos interesados, el cual debe
garantizar el uso sostenible y el mantenimiento de su diversidad y
productividad biológica.
En este orden de ideas, la Secretaría Distrital de Ambiente, como autoridad
ambiental competente debe generar el proceso de caracterización del
humedal Tibabuyes y en especial de la fauna, en la cual se encuentran las
aves y en este marco, establecer si tiene registros o censos que puedan
reportar la existencia de la especie Cistothorus apolinari, para definir los
lineamientos para su protección y/o conservación, de conformidad como lo
establecido por la Resolución 157 de 2004 y la Resolución 196 de 2006.
Por todo lo expuesto, advierte este Ministerio Público, que con la expedición de la
resolución No. 421 del 15 de abril de 2024, el Ministerio de Ambiente y Desarrollo
Sostenible estaría desconociendo de manera tajante las competencias que por ley
le corresponden a la Secretaría Distrital de Ambiente para el manejo y
administración de los humedales ubicados en el área urbana del Distrito de Bogotá,
violando de esta manera el art. 121 de la Constitución Nacional que señala lo
siguiente:
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“ARTICULO 121º—Ninguna autoridad del Estado podrá ejercer funciones
distintas de las que le atribuyen la Constitución y la ley.”
Frente al particular resulta pertinente señalar lo establecido por el Consejo de
estado en sentencia del 28 de febrero de 2013:
“Efectivamente el artículo 121 de la Constitución es una norma general de
competencia negativa, esto es, prohíbe que las autoridades ejerzan funciones que
expresamente no les hayan sido impuestas por la Constitución y la ley. A más de
ello, se ha sostenido con razón que el principio de legalidad aplicado a la función
administrativa comporta que las Autoridades la ejerzan conforme las reglas de
competencia enmarcadas en el ordenamiento jurídico, así se desprende de lo
dispuesto en los artículos 6º, 121, 122 y 123 inciso 2º de la Carta”.
“Artículo 6o. Los particulares sólo son responsables ante las autoridades por infringir
la Constitución y las leyes. Los servidores públicos lo son por la misma causa y por
omisión o extralimitación en el ejercicio de sus funciones. Artículo 122. No habrá
empleo público que no tenga funciones detalladas en ley o reglamento y para
proveer los de carácter remunerado se requiere que estén contemplados en la
respectiva planta y previstos sus emolumentos en el presupuesto correspondiente”.
Con esta actuación del Ministerio por fuera de su marco funcional se podría estar
afectando la seguridad jurídica y el principio de legalidad que debe imperar en la
función pública.
3. FRENTE A LA APLICACIÓN DEL PRINCIPIO DE PRECAUCIÓN PARA
DISPONER LA SUSPENSIÓN DE OBRAS, PROYECTOS O ACTIVIDADES
EN MATERIA AMBIENTAL
Frente al particular, resulta pertinente recordar, que esta Procuraduría Delegada ha
sido reiterativa en advertir en diferentes escenarios la indebida aplicación de
principio de precaución por parte del Ministerio de ambiente y Desarrollo Sostenible,
donde se ha desconocido en los precedentes jurisprudenciales frente a los
requisitos para aplicarla, situación que conllevó a este ente de control en ejercicio
de sus funciones en materia preventiva, expedir la Circular 15 del 26 de septiembre
de 2023 en la cual se insta a todas las autoridades ambientales del país y al
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Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible a realizar una aplicación razonada,
ponderada y acertada de los principios ambientales de precaución y prevención en
sede administrativa sin abusar de estos instrumentos para justificar una
extralimitación de funciones como autoridad ambiental.
En relación con el principio de precaución, la Corte Constitucional en la sentencia
T-733 de 2017 hizo una reiteración de su jurisprudencia, y resaltó el origen de este
principio en el derecho internacional, y su reconocimiento y aplicabilidad en el
derecho interno.
Para la Corte, el principio de precaución permite que una autoridad ambiental
pueda proceder a la suspensión de la obra o actividad que desarrolla un particular,
mediante acto administrativo motivado, si de tal actividad se puede derivar daño o
peligro para los recursos naturales o la salud humana, así no exista la certeza
científica absoluta.
Con respecto al principio de precaución y su diferencia con el principio de
prevención, la Corte en la sentencia C-703 de 2010 precisó que el previo
conocimiento que caracteriza al principio de prevención no está presente en el caso
del principio de precaución, pues en éste el riesgo o la magnitud del daño producido
o que puede sobrevenir no son conocidos con anticipación, porque no hay manera
de establecer, a mediano o largo plazo, los efectos de una acción, lo cual puede
encontrar su causa en los límites del conocimiento científico que no permiten
adquirir la certeza acerca de las precisas consecuencias de alguna determinada
situación o actividad, aunque se sepa que sus efectos son nocivos.
3.1. Sobre los requisitos para la aplicación del principio de precaución
en la jurisprudencia constitucional
La Corte Constitucional ha definido en varias oportunidades en su jurisprudencia los
requisitos que debe cumplir todo operador jurídico para dar aplicación al principio
de precaución, lo que nos permite establecer que no basta con la invocación de tal
principio en cualquier decisión o actuación administrativa para que esta se considere
válida, es decir, el principio de precaución comporta unos requisitos y criterios de
aplicación reglados que demandan del operador jurídico la justificación de la
aplicabilidad de tal principio a una situación particular y concreta.
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En efecto, en sentencia C-293 de 2002, la Corte Constitucional precisó en relación
con los requisitos de aplicación del principio de precaución:
“(…) cuando la autoridad ambiental debe tomar decisiones específicas, encaminadas a
evitar un peligro de daño grave, sin contar con la certeza científica absoluta, lo debe hacer
de acuerdo con las políticas ambientales trazadas por la ley, en desarrollo de la
Constitución, en forma motivada y alejada de toda posibilidad de arbitrariedad o capricho.
Para tal efecto, debe constatar que se cumplan los siguientes elementos:
1. Que exista peligro de daño;
2. Que éste sea grave e irreversible;
3. Que exista un principio de certeza científica, así no sea ésta absoluta;
4. Que la decisión que la autoridad adopte esté encaminada a impedir la degradación del
medio ambiente.
5. Que el acto en que se adopte la decisión sea motivado.
Es decir, el acto administrativo por el cual la autoridad ambiental adopta decisiones, sin la
certeza científica absoluta, en uso del principio de precaución, debe ser excepcional y
motivado.
Y, como cualquier acto administrativo, puede ser demandado ante la jurisdicción de lo
contencioso administrativo.
Esto hace que la decisión de la autoridad se enmarque dentro del Estado de Derecho,
en el que no puede haber decisiones arbitrarias o caprichosas, y que, en el evento de que
esto ocurra, el ciudadano tiene a su disposición todas las herramientas que el propio Estado
le otorga” (negrilla y subrayado fuera de texto).
Por otra parte, en la sentencia C-703 de 2010, se precisaron los requisitos de
aplicabilidad del principio en concordancia con diversos instrumentos
internacionales, al indicar que:
“(…) la Corte ha advertido que la adopción de medidas fundadas en el principio de
precaución debe contar con los siguientes elementos: (i) que exista peligro de daño, (ii) que
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éste sea grave e irreversible, (iii) que exista un principio de certeza científica, así no sea
ésta absoluta, (iv) que la decisión que la autoridad adopte esté encaminada a impedir la
degradación del medio ambiente y (v) que el acto en que se adopte la decisión sea
motivado” (subrayado y negrilla fuera de texto).
Conforme a este fallo, se advierte que la valoración científica del riesgo supone que
las medidas adoptadas en aplicación del principio de precaución no pueden partir
exclusivamente de la incertidumbre, pues de ser así se podría incurrir en
conjeturas y supuestos sin ningún tipo de sustento, por lo cual es necesario que se
tengan soportes científicos suficientes que contribuyan a la toma de decisiones; en
efecto, los soportes científicos deben hacer notables los posibles riesgos
potenciales, para ser evaluados los indicios que los evidencien y a partir de ello
tomar medidas, teniendo claro que el estado de la técnica no va a permitir cuantificar
con exactitud la magnitud del daño potencial.
A este respecto, el criterio expuesto por la Corte permite establecer que el operador
jurídico se debe aproximar a tanta certidumbre como le sea posible a través de
recopilación de datos científicos, hasta llegar al límite que sería el punto donde no
pueda seguir constatándose con certeza la potencialidad del daño y se haga
necesario la aplicación del principio a través de decisiones como el cese o cierre
total de la actividad.
3.2. El principio de precaución en la jurisprudencia del Consejo de
Estado
La jurisprudencia del Consejo de Estado también ha desarrollado el concepto,
requisitos y criterios de aplicación del principio de precaución; así, en sentencia de
la Sala de lo Contencioso Administrativo, Sección Primera, con fecha 11 de
diciembre de 2013, la alta corporación precisó que “a pesar de no estar consignado
expresamente en el texto de la Carta Política, el principio de precaución forma parte
esencial de la denominada “constitución ecológica” y como tal debe fundamentar
cuando resulte procedente, las decisiones que adopten las autoridades públicas”.
A juicio de la Sala, en tanto el artículo 79 de la Constitución Política de Colombia
consagra el derecho de todos los habitantes del territorio nacional a gozar de un
medio ambiente sano, y proclamar el artículo 80 tanto el principio de desarrollo
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sostenible como la responsabilidad estatal de “prevenir y controlar los factores de
deterioro ambiental”, el constituyente estableció mandatos de protección, control y
prevención de la degradación del ambiente que, además de imponer una
responsabilidad al Estado, fundamentan su rango de principio constitucional.1
El Consejo de Estado en la misma sentencia, también desarrolló el alcance del
principio de precaución con relación a la prueba del daño de una actividad y precisó
que, si bien no es exigible de las autoridades la prueba absoluta sobre el carácter
dañino de una actividad, si se debe contar con un principio de prueba sobre el riesgo
detectado, a saber:
“Como cualquier otra decisión del poder público en un Estado de Derecho, la
aplicación del Principio de Precaución no puede dar lugar a determinaciones
arbitrarias, apresuradas o ligeras; las medidas que se adopten en el marco de
aplicación de este principio deben ser razonables y proporcionadas, y contar con un
sustento mínimo que impida la adopción de resoluciones caprichosas e
injustificadas.
Por esta razón, pese a que su aplicación tiene lugar allí donde no existe certeza
científica en relación con los riesgos que comporta el desarrollo de una actividad,
motivo por el cual no resulta viable exigir seguridad absoluta o pruebas científicas
categóricas o concluyentes sobre el daño que se busca evitar, el Principio de
Precaución no exime de la carga de la prueba ni habilita a que se adopten
decisiones con base en simples hipótesis, supersticiones, prejuicios o
conjeturas.
La razonabilidad y proporcionalidad de la medida depende, básicamente, de que
exista un principio de prueba que haga verosímil el riesgo detectado y ofrezca una
base mínima suficiente para fundamentar racionalmente una medida restrictiva de
las libertades individuales.”2 (negrillas y subrayado fuera de texto).
1
Cfr. Consejo de Estado. Sala de lo Contencioso Administrativo. Sentencia del 11 de diciembre de
2013, Rad. n.º 11001 0324 000 2004 00227 01, C. P. Guillermo Vargas Ayala; en el mismo sentido, y
también de la Sala Plena del Consejo de Estado, la Sentencia del 5 de noviembre de 2013. Rad. n.º
25000 23 25 000 2005 00662 03 (AP), C. P.: María Claudia Rojas Lasso.
2
Cfr. Consejo de Estado. Sala de lo Contencioso Administrativo. Sentencia del 11 de diciembre de
2013, Rad. n.º 11001 0324 000 2004 00227 01, C. P. Guillermo Vargas Ayala; en el mismo sentido, y
también de la Sala Plena del Consejo de Estado, la Sentencia del 5 de noviembre de 2013. Rad. n.º
25000 23 25 000 2005 00662 03 (AP), C. P.: María Claudia Rojas Lasso
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Resulta especialmente relevante que el mismo Consejo de Estado advierte sobre el
posible uso e invocación arbitrarias del principio de precaución como simple razón
que pretenda la absoluta proscripción de actividades susceptibles de generar
riesgos al ambiente, al señalar:
“(…) para la Sala no es adecuada una concepción única y totalizadora del principio
de precaución como postulado para sentar las bases de oposición frente a cualquier
acción que conlleve un riesgo de daño significativo o que implique que cualquier
actividad por el hecho de generar un daño debe ser prohibida, pues tal posición,
entre otras cosas, puede llegar a erigirse paradójicamente como un obstáculo para
el desarrollo y progreso sostenibles”3(subrayado fuera de texto).
Sobre el carácter y naturaleza misma del principio de precaución, el mismo fallo
concluye que:
“(…) se observa que el principio de precaución no tiene por regla general un carácter
prohibitivo, sino que está establecido como norma jurídica positiva y, como tal,
vinculante, que impone a las autoridades mandatos de protección al ambiente sano
y a la salud humana, animal y vegetal cuando existen indicadores de que una
determinada actividad podría comportar riegos o daños graves e irreversibles, aun
en ausencia de certeza científica, principio que ha sido acogido uniformemente por
la jurisprudencia, a pesar de lo cual debe aceptarse que no en todos los casos
parece haber una formulación única acerca de su activación y aplicación.”
En el mismo fallo referido en el acápite anterior, el Consejo de Estado precisó las
condiciones y requisitos para la aplicación del principio de precaución, con
fundamento en la jurisprudencia de la Corte Constitucional, así:
“En todo caso, la legítima aplicación del Principio de Precaución presupone i.
Incertidumbre científica acerca del riesgo; ii. Evaluación científica del riesgo; iii.
Identificación del riesgo grave e irreversible, y iv. Proporcionalidad de las medidas.
Y en sede de revisión de su constitucionalidad, la Corte Constitucional colombiana
ha validado este principio, sujetándolo a los siguientes límites4:
- Que exista peligro de daño;
3
Consejo de Estado. Sala de lo Contencioso- Administrativo. Sección Tercera. Sala Plena Proceso
11001032600020160014000 (57819) C. P. José Roberto Sáchica Méndez. (Sentencia del 7 de julio de
2022).
4
Corte Constitucional. Sentencia C-293 del 23 de abril de 2002, M. P. Alfredo Beltrán Sierra
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- Que este sea grave e irreversible;
- Que exista un principio de certeza científica, así esta no sea absoluta;
- Que la decisión adoptada por la autoridad esté encaminada a impedir la
degradación del medio ambiente, y
-Que el acto en el que se adopte la decisión sea motivado”
Frente a la eventual aplicación de medidas cautelares en virtud del principio de
precaución, el Consejo de Estado precisó en auto de 5 de febrero de 2015 que
existen unos requisitos mínimos:
“a. Contar con un mínimo de evidencias que permitan acreditar de manera objetiva
y razonable que se está en presencia de un peligro de daño grave e irreversible de
un determinado ecosistema o recurso;
b. Resultar adecuadas para impedir que dicha afectación se concrete, y
c. Tener una motivación completa, en la que se expongan con claridad y suficiencia
las razones por las que dicha medida es adoptada No se trata, naturalmente, de
pedir certeza absoluta sobre lo primero; simplemente de evitar la arbitrariedad de la
autoridad y de respetar la garantía del debido proceso de la parte demandada
mediante la imposición de la exigencia de adecuación de la medida y de motivación
de la decisión como límites a la discrecionalidad judicial que reconoce el
ordenamiento jurídico en estos eventos”5
En la sentencia de la acción popular para la descontaminación del río Bogotá, el
Consejo de Estado precisó que solo se podría acudir a la aplicación del principio de
precaución si se cumplían tres condiciones particulares:
(i) la identificación de los efectos potencialmente negativos;
(ii) la evaluación de los datos científicos disponibles y
(iii) la ampliación de la incertidumbre científica.6
5
Auto 5 de febrero de 2015, cit
6
Consejo de Estado. Sala de lo Contencioso Administrativo. Sección Primera. Proceso 2500-23-27-000-
2001-90479-01. C. P. Marco Antonio Velilla Moreno (Sentencia del 28 de marzo de 2014)
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Posteriormente, la Sección Primera de la Sala de lo Contencioso Administrativo del
Consejo de Estado adicionó un presupuesto para la aplicación del principio de
precaución, al determinar que el mismo:
“(…) No opera ante cualquier categoría de daño, sino de aquel detrimento de
gran impacto y relevancia, cuyos efectos nocivos impidan que el bien jurídico
protegido retorne a su condición anterior, es por ello que es calificado como grave
e irreversible”7 (negrilla fuera de texto).
3.3. Sobre el carácter excepcional del principio de precaución
El carácter excepcional del principio de precaución ha sido reiterado en la
jurisprudencia de la Corte Constitucional, la cual ha precisado que cuando la
autoridad ambiental debe tomar decisiones específicas encaminadas a evitar un
peligro de daño grave, sin contar con la certeza científica absoluta, lo debe hacer
de acuerdo con las políticas ambientales en el marco de la ley y la Constitución, en
forma motivada y alejada de toda posibilidad de arbitrariedad o capricho.8
Sobre lo anterior, la corte precisó que el acto administrativo por el cual la autoridad
ambiental adopta decisiones, sin la certeza científica absoluta, en uso del principio
de precaución, debe ser excepcional y motivado y puede ser demandado ante la
jurisdicción de lo contencioso administrativo.
Esto permite que “(…) que la decisión de la autoridad se enmarque dentro del
Estado de Derecho, en el que no puede haber decisiones arbitrarias o caprichosas,
y que, en el evento de que esto ocurra, el ciudadano tiene a su disposición todas
las herramientas que el propio Estado le otorga.”9
En este mismo sentido, la Corte Constitucional reiteró en el auto A-073 de 2014 lo
dicho por la misma corporación en la sentencia C-339 de 2002 en relación con la
protección de las zonas excluibles de minería establecidas en el artículo 34 de la
Ley 695 de 2001, oportunidad en la que precisó que:
7
Consejo de Estado. Sala de lo Contencioso Administrativo. Sección Primera. Proceso 50001-23- 33-
000- 2015-00234-01. C. P. Hernando Sánchez Sánchez. (Sentencia del 31 de mayo de 2018).
8
Corte Constitucional. Sentencia C-293 de 2002
9
Reiterado en la sentencia C-703 de 2010.
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“(…) el principio de precaución tiene un carácter excepcional frente a la regla
general según la cual las políticas ambientales deben estar fundadas en los
resultados del proceso de investigación científica”10
El carácter excepcional del principio de precaución también ha sido reiterado en la
sentencia T-299 de 2008 de la misma Corte, según el cual “(…) el principio de
precaución es actualmente una herramienta hermenéutica de gran valor para
determinar la necesidad de intervención por parte de las autoridades públicas ante
daños potenciales al medio ambiente y la salud pública(…) Sin embargo, debe
tenerse presente que se trata de un enfoque excepcional y alternativo frente al
principio de certeza científica”11
Finalmente, y en el mismo sentido, en la Sentencia T-1002 de 2010, la Corte reiteró
nuevamente que el principio de precaución tiene un carácter excepcional, “(…) por
la sencilla razón de que su amplia aplicación generaría una paranoia
generalizada”.12
3.4. Sobre la carga de la prueba en los casos en que se aplique el
principio de precaución.
Ahora bien, aplicado el principio de precaución de forma excepcional y motivada,
con el lleno de los requisitos previstos por la Corte Constitucional y el Consejo de
Estado de manera reiterada en su jurisprudencia, resulta fundamental que las
autoridades públicas y ambientales tengan en cuenta lo referente a la carga de la
prueba frente a las medidas adoptadas en virtud de la aplicación de este principio,
asunto respecto del cual el Consejo de Estado ha señalado que:
“La carga de la prueba se invierte de tal manera que el sujeto que no quiera que se
apliquen las medidas a adoptar con ocasión de ese postulado debe demostrar que
las actividades a realizar no conllevan peligro de daño grave e irreversible para el
ambiente, aunque exista amenaza, se tiene certeza científica de los efectos o se
desplegaron las acciones para mitigar, en este último evento estamos en presencia
del principio de prevención”13
10
Corte Constitucional, Auto A073 de 2014
11
Corte Constitucional, Sentencia T-299 de 2008
12
Corte Constitucional, Sentencia T-1002 de 2010
13
Consejo de Estado. Sala de lo Contencioso-Administrativo. Sección Primera. Proceso 50001- 23- 33-
000-2015-00234-01. C. P. Hernando Sánchez Sánchez. (Sentencia del 31 de mayo de 2018).
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3.5. Frente a las sentencias del Consejo de Estado sobre el respeto a las
situaciones jurídicas consolidadas
El artículo 83 de la Carta Política dispone que las actuaciones de los particulares al
igual que las de las autoridades públicas, deben ceñirse a los postulados de la
buena fe, la cual se presumirá en todas las gestiones que aquellos adelanten ante
estas. En síntesis, “el principio de buena fue supone la ausencia de todo vicio o
maniobra, y en particular, la posibilidad de crear un ambiente de credibilidad al
interior del proceso.”14
El vicio de falsa motivación se configura cuando las razones invocadas en la
fundamentación de un acto administrativo son contrarias a la realidad. Sobre el
particular el Consejo de Estado ha definido en su jurisprudencia los elementos
indispensables para que se configure la falsa motivación:
Los elementos indispensables para que se configure la falsa motivación son los
siguientes:
(a) la existencia de un acto administrativo motivado total o parcialmente, pues de
otra manera estaríamos frente a una causal de anulación distinta;
(b) la existencia de una evidente divergencia entre la realidad fáctica y jurídica que
induce a la producción del acto y los motivos argüidos o tomados cómo fuente por
la administración pública o la calificación de los hechos, y
(c) la efectiva demostración por parte del demandante del hecho de que el acto
administrativo se encuentra falsamente motivado [...] 15
Así las cosas, el vicio de nulidad aparece demostrado cuando se expresan los
motivos de la decisión total o parcialmente, pero los argumentos expuestos no están
acordes con la realidad fáctica y probatoria, lo que puede suceder en uno de tres
eventos a saber:
14
Consejo de Estado, Sección Segunda, Subsección A, Consejero Gustavo Eduardo Gómez Aranguren.
Sentencia del 7 de marzo de 2013. Radicación 2007-00052-01
15
Consejo de Estado, Sección Segunda. Subsección A. Sentencia 11001-03-25-000-2012-00317-00
(1218-12), 17 de marzo de 2016
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- Cuando los motivos determinantes de la decisión adoptada por la administración
se basaron en hechos que no se encontraban debidamente acreditados;
- Cuando habiéndose probado unos hechos, estos no son tenidos en consideración,
los que habrían podido llevar a que se tomara una decisión sustancialmente distinta.
- Por apreciación errónea de los hechos, «de suerte que los hechos aducidos
efectivamente ocurrieron, pero no tienen los efectos o el alcance que les da el acto
administrativo [...]».16
La Resolución No. 421 de 2024 señala que aplica el principio de precaución, pero
no se observa que exista un principio de certeza que permita su aplicabilidad, de
conformidad con lo previsto en el artículo primero, numeral sexto, de la Ley 99 de
1993:
La formulación de las políticas ambientales tendrá en cuenta el resultado del
proceso de investigación científica. No obstante, las autoridades ambientales y los
particulares darán aplicación al principio de precaución conforme al cual, cuando
exista peligro de daño grave e irreversible, la falta de certeza científica absoluta no
deberá utilizarse como razón para postergar la adopción de medidas eficaces para
impedir la degradación del medio ambiente.
En efecto, es tan notoria la ausencia de un principio de certeza sobre una amenaza
real o daño grave e irreversible, que se ordena por el Ministerio las siguientes
medidas para recaudar información técnica:
1. La práctica de una visita técnica por parte del Ministerio de Ambiente y
Desarrollo Sostenible para verificar el estado actual de las intervenciones
registradas en el ecosistema.
2. La solicitud de información técnica al Instituto Humboldt, al Jardín Botánico
de Bogotá y a la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá.
3. La necesidad de realizar una evaluación ambiental para cada uno de los
humedales.
16
Consejo de Estado, Sección Segunda, Subsección A. Sentencia 52001-23-33-000-2015-00155-01
(3093-16), 19 de marzo de 2020
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En consecuencia, se observa que el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible
ordena la suspensión de las obras fundamentándose en el principio de precaución
y luego pide la información técnica que evaluará el estado actual de las
intervenciones y las condiciones ecosistémicas de los humedales.
4. FRENTE A LAS FUNCIONES DE LAS AUTORIDADES EN EL MARCO DE
LA CONVENCIÓN RAMSAR.
En la 10ª reunión de la Conferencia de las Partes en la Convención sobre los
Humedales celebrada en Changwon (República de Corea) a través de la Resolución
X29 se aclararon las funciones de los organismos y órganos conexos que aplican la
convención a nivel nacional, catalogando a las autoridades administrativas
designadas por los estados parte como puntos focales, sin que se atribuyan a éstas
facultades para imponer medidas de protección que son propias de la autoridad
ambiental, ya que no reemplaza ni sustituye a la autoridad encargada de la
administración del ecosistema de humedal de importancia internacional.
En este sentido, se advierte que el Ministerio de Ambiente carece de competencia
para solicitar y evaluar un estudio de impacto ambiental sobre los humedales del
distrito urbano de Bogotá, por cuanto la autoridad ambiental encargada de su
administración y manejo es la Secretaría Distrital de Ambiente, como se ha señalado
en líneas anteriores así como lo señala la Ley 99 de 1993, en los siguientes
artículos:
Art. 66- ARTÍCULO 66. COMPETENCIAS DE GRANDES CENTROS
URBANOS. Los municipios, distritos o áreas metropolitanas cuya población urbana
fuere igual o superior a un millón de habitantes (1.000.000) ejercerán dentro del
perímetro urbano las mismas funciones atribuidas a las Corporaciones Autónomas
Regionales, en lo que fuere aplicable al medio ambiente urbano. Además de las
licencias ambientales, concesiones, permisos y autorizaciones que les corresponda
otorgar para el ejercicio de actividades o la ejecución de obras dentro del territorio
de su jurisdicción, las autoridades municipales, distritales o metropolitanas tendrán
la responsabilidad de efectuar el control de vertimientos y emisiones contaminantes,
disposición de desechos sólidos y de residuos tóxicos y peligrosos, dictar las
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medidas de corrección o mitigación de daños ambientales y adelantar proyectos de
saneamiento y descontaminación.
ARTÍCULO 23. NATURALEZA JURÍDICA. Las Corporaciones Autónomas
Regionales son entes corporativos de carácter público, creados por la ley, integrado
por las entidades territoriales que por sus características constituyen
geográficamente un mismo ecosistema o conforman una unidad geopolítica,
biogeográfica o hidrogeográfica, dotados de autonomía administrativa y financiera,
patrimonio propio y personería jurídica, encargados por la ley de administrar, dentro
del área de su jurisdicción, el medio ambiente y los recursos naturales renovables y
propender por su desarrollo sostenible, de conformidad con las disposiciones
legales y las políticas del Ministerio del Medio Ambiente.
ARTÍCULO 31. FUNCIONES. Las Corporaciones Autónomas Regionales ejercerán
las siguientes funciones:
2) Ejercer la función de máxima autoridad ambiental en el área de su jurisdicción,
de acuerdo con las normas de carácter superior y conforme a los criterios y
directrices trazadas por el Ministerio del Medio Ambiente;
9) Otorgar concesiones, permisos, autorizaciones y licencias ambientales
requeridas por la Ley para el uso, aprovechamiento o movilización de los recursos
naturales renovables o para el desarrollo de actividades que afecten o puedan
afectar el medio ambiente.
17) Imponer y ejecutar a prevención y sin perjuicio de las competencias atribuidas
por la ley a otras autoridades, las medidas de policía y las sanciones previstas en la
ley, en caso de violación a las normas de protección ambiental y de manejo de
recursos naturales renovables y exigir, con sujeción a las regulaciones pertinentes,
la reparación de daños causados;
CONCLUSIONES
Por todo lo expuesto, se señala que la Ministra de Ambiente y Desarrollo Sostenible
no tiene competencia para imponer medidas de protección ni suspensión de
actividades al interior del complejo de humedales urbanos del Distrito de Bogotá,
por ser ecosistemas administrados por la Secretaría Distrital de Ambiente, que es la
autoridad ambiental competente para imponer las medidas que se requieran para
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su protección, conservación y garantizar su conservación, y su adecuado uso y
manejo.
Por tal motivo, la competencia de este Ministerio como articulador del SINA, debe ir
orientada a reclamar ante dicha autoridad ambiental la imposición de las medidas
de protección y conservación que sean necesarias y el adelantamiento de los
procesos sancionatorios a que hubiere lugar; al igual que solicitarle que exija la
presentación de un estudio de evaluación de impactos ambientales al ejecutor del
proyecto, es decir, a la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá. Pero
quien debe evaluar como autoridad ambiental dichos impactos es la Secretaría
Distrital de Ambiente y no el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible.
En este sentido, esta Procuraduría llama la atención sobre la necesidad de
garantizar el principio de legalidad, de respeto por la autonomía y competencia de
las autoridades ambientales urbanas dentro del ámbito de su jurisdicción, y en la
garantía de la materialización eficaz de los principios de concurrencia, coordinación,
subsidiariedad por parte las entidades del Sistema Nacional Ambiental, que no
puede interpretarse como un desconocimiento de las competencias legales de cada
autoridad.
En efecto, esta Procuraduría en ejercicio de sus funciones constitucionales y legales
en materia preventiva y de intervención ante autoridades administrativas, en
defensa del orden jurídico, el patrimonio público y de los derechos colectivos y del
ambiente, ha venido realizando una vigilancia y seguimiento a las actuaciones tanto
permisivas como sancionatorias desplegadas por la Secretaría Distrital de Ambiente
en el marco de las obras adelantadas sobre los humedales Juan Amarillo, Jaboque
y Córdoba, en desarrollo del proyecto denominado conexiones corredores
ambientales.
Así las cosas, podemos vislumbrar que la Autoridad Ambiental Urbana ha venido
ejerciendo, en su calidad de máxima autoridad ambiental en su jurisdicción, todas
las acciones encaminadas a la protección y manejo de los humedales, tal como se
lo impone la ley, adelantando los procesos sancionatorios pertinentes en contra la
Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá por el adelantamiento de las
obras de endurecimiento dentro de los humedales sin cumplir las obligaciones
impuestas en los respectivos permisos ambientales, en especial, lo atinente a las
medidas de compensación, y ocupación de cauce, entre otros aspectos.
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SOLICITUD
En virtud de todo lo señalado, se solicita a la señora Ministra de Ambiente y
Desarrollo Sostenible, revocar directamente la Resolución No. 421 del 15 de abril
de 2024, y en su lugar, ordenar a la Secretaría Distrital de Ambiente, que, en
ejercicio de sus funciones como autoridad ambiental de los ecosistemas
estratégicos de importancia internacional complejo de humedales urbanos de
Bogotá, Jaboque, Juan Amarillo y Córdoba, exija a la Empresa de Acueducto y
Alcantarillado de Bogotá la presentación de una evaluación de impactos
ambientales para su evaluación, y adelante los procesos sancionatorios que
correspondan imponiendo las medidas preventivas de suspensión a que hubiere
lugar, si se evidencia incumplimiento de la normatividad ambiental, afectaciones e
impactos no mitigados o gestionados adecuadamente, o un daño ambiental en los
ecosistemas de humedales urbanos del Distrito de Bogotá.
Se solicita que la respuesta a esta solicitud de revocatoria directa sea remitida al
correo electrónico asuntosambientales@[Link]
Atentamente,
GUSTAVO ADOLFO GUERRERO RUIZ
PROCURADOR DELEGADO PARA ASUNTOS AMBIENTALES,
MINERO ENERGÉTICOS Y AGRARIOS
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