Instituto Superior de Formación Juan García de Cossío
Tecnicatura Superior en Enfermería
Cátedra: Enfermería de la Salud Mental y Psiquiátrica
Docente: Lic. en Psicología Romina Piazza
Clase 8
HOLA CHICOS QUIERO TRAERLES UNA BUENA NOTICIA, NOS QUEDAN DOS CLASES PARA FINALIZAR EL
CUATRIMESTRE .
PARA ESTA CLASE HABILITARE UN FORO EN QUE EL QUE VAN USAR CUADRO COMPARATIVO, LLAVES, O
ESQUEMA EXPONIENDO LAS PRINCIPALES DIFERENCIAS ENTRE NEUROSIS Y PSICOSIS
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PSICOSIS
Psicosis Paranoia: Hitos en la construcción del concepto de paranoia
en la historia de la psiquiatría clásica: desde su extensión inicial a su reducción.
Definición de Kraepelin (1899): criterios diagnósticos, síntomas fundamentales
y formas clínicas.
Diccionario-de-psicoanalisis-laplanche-y-pontalis
En clínica psiquiátrica, el concepto «psicosis» se toma casi siempre en una
extensión extremadamente amplia, comprendiendo toda una serie de enfermedades
mentales, tanto si son manifiestamente organogenéticas
El psicoanálisis no se ocupó desde un principio de construir una clasificación
que abarcara la totalidad de las enfermedades mentales de las que trata la psiquiatría;
su interés se dirigió primero sobre las afecciones más directamente accesibles a la
investigación analítica y, dentro de este campo, más restringido que el de la
psiquiatría, las principales distinciones se establecieron entre las perversiones*, las
neurosis* y las psicosis.
Dentro de este último grupo, el psicoanálisis ha intentado definir diversas
estructuras: paranoia (en la que incluye, de un modo bastante general, las
enfermedades delirantes) y esquizofrenia, por una parte; por otra, melancolía y manía.
Fundamentalmente, es una perturbación primaria de la relación libidinal con la
realidad lo que, según la teoría psicoanalítica, constituye el denominador común de las
psicosis, siendo la mayoría de los síntomas manifiestos (especialmente la construcción
delirante) tentativas secundarias de restauración del lazo objetal. La aparición del
término «psicosis» en el siglo xix marca una evolución que condujo a erigir las
enfermedades mentales en un dominio autónomo, diferenciándolas no sólo de las
enfermedades del cerebro o de los nervios, como enfermedades del cuerpo, sino
también de lo que la tradición filosófica consideraba como «enfermedades del alma»:
el error y el pecado (a).
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Durante el siglo xix, la noción de psicosis se difunde, sobre todo en la literatura
psiquiátrica de lengua alemana, para designar las enfermedades mentales en general,
la locura, la alienación, aunque ello no presuponga una teoría psicogenética de las
mismas.
Sólo a finales del siglo xix se establece el par de términos opuestos neurosis-
psicosis, que se excluyen entre sí, por lo menos desde el punto de vista conceptual. En
efecto, la evolución de estos dos términos se realizó en planos diferentes: el grupo de
las neurosis se fue limitando poco a poco a partir de cierto número de afecciones
consideradas como enfermedades de los nervios; ora se tratase de afecciones que se
manifestaran en un determinado órgano, pero en las cuales, por faltar lesiones, se
incriminara a un mal funcionamiento del sistema nervioso (neurosis cardíaca, neurosis
digestiva, etc.), ora porque existieran signos neurológicos sin lesión detectable y sin
fiebre (corea, epilepsia, manifestaciones neurológicas de la histeria).
Esquemáticamente puede decirse que este grupo de enfermos consultaba al
médico y no era enviado al asilo y, por otra parte, el término «neurosis» implicaba una
clasificación de tipo etiológico (enfermedades funcionales de los nervios).
PSICOSIS: la noción de psicosis designa entonces las afecciones que pertenecen
al alienista y se traducen por una sintomatología esencialmente psíquica, lo que en
modo alguno implica que, para los autores que utilizan este término, las psicosis no
tengan su causa en el sistema nervioso. En Freud, desde sus primeros trabajos y en su
correspondencia con W. Fliess, se encuentra una distinción bien establecida entre
psicosis y neurosis.
En la actualidad existe gran unanimidad en clínica psiquiátrica,
independientemente de la diversidad de escuelas, acerca de los dominios respectivos
de la psicosis y de la neurosis: a este respecto puede consultarse, por ejemplo, la
Encyclopédie médico-chirurgicale (Psychiatrie), dirigida por Henri Ey. Resulta
evidentemente muy difícil determinar el posible papel desempeñado por el
psicoanálisis en esta fijación de las categorías nosográficas, ya que, desde E. Bleuler 1 y
1
Paul Eugen Bleuler (30 de abril de 1857 – 15 de julio de 1939) fue
un psiquiatra y eugenista suizo más notable por sus contribuciones a la comprensión
de la enfermedad mental y por acuñar los términos "esquizofrenia",3 "esquizoide",
3
la escuela de Zurich, su historia ha estado íntimamente inmiscuida con la evolución de
las ideas psiquiátricas. > Considerado en su comprensión, el concepto de psicosis sigue
estando definido en psiquiatría, de un modo más intuitivo que sistemático, por medio
de datos tomados de los más diversos registros. En las definiciones más usuales
coexisten a menudo criterios como la incapacidad de adaptación social (problema de la
hospitalización), la mayor o menor «gravedad» de los síntomas, la perturbación de la
facultad de comunicación, la falta de conciencia de enfermedad, la pérdida de
contacto con la realidad, el carácter «incomprensible» (según término de Jaspers) de
los trastornos, el determinismo orgánico o psicogenético, las alteraciones más o menos
profundas e irreversibles del yo.
En la medida en que puede sostenerse que el psicoanálisis se halla en gran
parte en el origen de la oposición neurosis-psicosis, no puede pedir a otras escuelas
psiquiátricas la tarea de aportar una definición coherente y estructural de la psicosis.
En la obra de Freud, esta preocupación, sin que sea central, se halla, no obstante,
presente y se traduce en diversos momentos por tentativas de las que aquí solamente
podemos indicar sus direcciones.
PARANOIA = Psicosis crónica caracterizada por un delirio más o menos
sistematizado, el predominio de La interpretación, la ausencia de debilitación
intelectual, y que generalmente no evoluciona hacia la deterioración.
Kraepelin define a la paranoia como un estado en el curso del cual se desarrolla, precoz y
progresivamente, un sistema delirante, de entrada característico permanente e inconmovible, pero
con una total conservación de las facultades mentales y del orden de los pensamientos. Son ellas
las que conducen al sujeto a un trastorno total de toda la concepción de su existencia y a una
mutación de sus opiniones respecto de las personas y los acontecimientos que lo rodean.
La progresión de esta enfermedad es de manera muy lenta. Durante la fase
inicial, que a menudo se extiende por muchos años, aparecen una cierta depresión y
una cierta desconfianza, así como quejas corporales vagas y temores hipocondríacos,
El enfermo está insatisfecho de su suerte: se siente dejado de lado. Es así que el
enfermo, en secreto y de manera progresiva, va abriéndose un abismo cada vez mayor
entre él y su entorno. Se mantiene apartado de su entono y se muestra distante, busca
"autismo" y lo que Sigmund Freud denominó el "término ambivalencia felizmente
elegido por Bleuler".
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la soledad a fin de no ser molestado. El enfermo conserva en él la terrible nostalgia de
algo grande y elevado, la necesidad secreta de un proyecto grandioso. Poco a poco se
refuerza en el paciente la idea de haber nacido para una gran causa. Poco a poco sus
concepciones y sus pensamientos patológicos comienzan a influenciar sus
percepciones. Luego su hipersensibilidad y su desconfianza crecen. Comienza a atribuir
significaciones ocultas o una intención deliberada de ofenderlo. Sienten que en todas
partes la atención está dirigida a ellos. El enfermo ve demasiado bien que todo está
fabricado con refinada malicia y que se trata simplemente de un arreglo artificial de
coincidencia detrás del cual se disimula una oscura maquinación y golpes bajos. Toda
esta organizado para engañarlo e impedirle defenderse ante los ataques.
Habitualmente, en forma paralela al delirio de persecución se desarrollan ideas de
grandeza, que pueden ser ubicadas como una estima de sí muy alta. Las ideas de
grandeza incluyen que el enfermo se vea a sí mismo como particularmente dotado,
después de algunos años de evolución de la enfermedad, puede comenzar a sospechar
que no es hijo de sus padres, sino que su origen es mucho más ilustre y glorioso. Todas
estas experiencias y concepciones realizan una extensa red de relaciones misteriosas
de las cuales el enfermo es el centro. Hay un subtipo, la paranoia erótica, donde el
enfermo observa que una persona excepcional por su situación muy elevada, pero del
otro sexo, real o imaginaria, le quiere bien y le concede una atención muy particular
que no pasa desapercibida. Pero el enfermo solo se entera por una mirada apenas
esbozada, de las alusiones disimuladas, del diario o a través de rodeos de su amor. Los
signos de persecución se incrementan con el progreso de la enfermedad. Toda la
tonalidad de este amor es la de un apasionamiento romántico, platónico, mientras que
el enfermo no tiene relaciones sexuales, sino solamente practican el onanismo.
Después de todo este período de exaltación aparece una profunda contrición, un
sentimiento de imposibilidad frente al ideal aureolado de tantas ventajas, una
decepción frente a los rechazos que no comprende, así como un delirio impreciso de
decepción y de culpa. La aparición de todas las ideas delirantes se hace sobre la base
de interpretaciones patológicas de acontecimientos reales. Un poco más tarde se
establecen relaciones de causa a efecto entre dos acontecimientos fortuitos pero
sucesivos. Las ilusiones sensoriales son mucho más raras que las interpretaciones
delirantes de acontecimientos reales. Solo se encuentran aisladamente ilusiones
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auditivas. Un trastorno que juega un rol importante en la aparición del delirio son
las ilusiones de la memoria. A través de ellas el enfermo desfigura las experiencias del
pasado: las ilusiones de la memoria nublan su vista. El carácter común de todos estos
enfermos es su inquebrantabilidad: aunque a veces el enfermo reconoce que es
incapaz de aportar una prueba formal de la validez de sus concepciones, toda tentativa
de mostrarle el aspecto delirante de estas choca contra un muro. No tienen en
absoluto conciencia de su enfermedad, y todo reproche lo toman como obra de sus
perseguidores. El humor del enfermo está estrechamente ligado a su delirio. Vive sus
persecuciones imaginarias como una suerte de tortura psíquica y se siente
continuamente inquietado y supliciado; deviene suspicaz, huraño, irritable. Por el
contrario, permanece satisfecho de sí mismo, pretencioso de tener siempre la razón. A
menudo el humor varía por razones delirantes. Las actividades y el comportamiento
del enfermo pueden permanecer durante mucho tiempo casi inalterados. Aunque se
considera muy dotado, el enfermo nunca realiza algo positivo y solo tiene sinsabores
en todas partes.
Freud incluye en la paranoia no sólo el delirio de persecución, sino también la
erotomanía, el delirio celotipico y el delirio de grandezas.
El término «paranoia» es una palabra griega que significa locura, desorden del
espíritu. Su empleo en psiquiatría es muy antiguo. La complicada historia de esta
palabra se ha descrito a menudo en los tratados de psiquiatría, a los que nos
permitimos remitir al lector (1). Es sabido que la paranoia, que en la psiquiatría
alemana del siglo xix tendía a englobar el conjunto de los delirios, experimentó una
mayor precisión y limitación de su extensión durante el siglo xx, principalmente por la
influencia de Kraepelin. Sin embargo, todavía hoy persisten divergencias entre las
distintas escuelas en cuanto a la extensión de este cuadro nosográfico. No parece que
el psicoanálisis haya ejercido una influencia directa en esta evolución; pero ejerció una
influencia indirecta, en la medida en que contribuyó, por intermedio de Bleuler, a
definir el campo limítrofe de la esquizofrenia. Para el lector de Freud puede resultar
útil ver cómo se inserta en esta evolución el empleo freudiano de la palabra paranoia.
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Kraepelin reconocía, junto a las formas hebefrénica y catatónica de la demencia
precoz, una forma paranoide en la que existe un delirio, aunque poco sistematizado,
que se acompaña de inafectividad y que evoluciona hacia la demencia terminal. Freud,
al adoptar esta terminología, se verá inducido a modificar, en uno de sus primeros
escritos, un diagnóstico de «paranoia crónica» en dementia paranoides (3). Freud, en
concordancia con Kraepelin, mantuvo siempre como independiente del grupo de las
demencias precoces, el conjunto de los delirios sistematizados, reuniéndolos bajo la
denominación de paranoia: engloba en ella no sólo el delirio de persecución, sino
también la erotomanía, el delirio celotípico y el delirio de grandezas. Su posición difiere
claramente de la de su discípulo Bleuler, que incluye la paranoia en el grupo de las
esquizofrenias, por encontrar en ella el mismo trastorno fundamental y primario: la
«disociación» (4) (véase: Esquizofrenia). 271 PENSAMIENTOS (LATENTES) DEL SUENO
Esta última tendencia prevalece sobre todo en la escuela psiquiátrica americana de
inspiración psicoanalítica. La posición de Freud presenta algunos matices. Si bien en
varias ocasiones intentó diferenciar la paranoia de la esquizofrenia, en lo referente a
los puntos de fijación y a los mecanismos que intervienen, también admite que «[...]
los síntomas paranoicos y esquizofrénicos se pueden asociar en todas las
proporciones» (2 b), y ofrece una explicación genética de tales estructuras complejas.
Si tomamos como referencia la distinción introducida por Kraepelin, la posición de
Freud aparece como opuesta a la de Bleuler. Kraepelin distingue claramente la
paranoia, por una parte, y la forma paranoide de la demencia precoz, por otra; Bleuler
incluye la paranoia en la demencia precoz o grupo de las esquizofrenias; Freud, por su
parte, incluiría en la paranoia algunas formas llamadas paranoides de la demencia
precoz, especialmente por considerar que la «sistematización» del delirio no
constituye un buen criterio para definir la paranoia.
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El término psicosis fue introducido por el psiquiatra austriaco Ernst von Feuchtersleben en
1845
• para sustituir el de locura y referirse a las manifestaciones psíquicas de las
enfermedades del alma desde una perspectiva psiquiátrica y meramente descriptiva
• Sigmund Freud (1856-1939) recoge el término como concepto técnico en un primer
momento, para designar la reconstrucción inconsciente por el sujeto de una realidad
delirante o alucinatoria. En un momento posterior lo incluirá en una estructura
tripartita en la que se diferencian claramente neurosis, psicosis y perversión
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• encuentra una distinción bien clara entre neurosis y psicosis y llega a proponer como
psicosis la confusión alucinatoria, la paranoia y la psicosis histérica (que diferencia de
la neurosis histérica).
• LA PARANOIA: En el manual de psiquiatria CIE 10 Y DSM ha perdido vigor- estan
clasificados como Trastornos de ideas delirantes y en DSM Trastorno delirante con
varios tipos clínicos:
• Erotomanía
• Grandioso
• Persecutorio
• Celotipico
• Somático y otros sin especificar
• EROTOMANIA: es una forma de delirio paranoico en el cual el paciente tiene la
convicción que posee una relación de Amor Imposible con una persona generalmente
de una posición social superior (puede ser una figura pública muy conocida en la
televisión, la política, un médico).
• DELIRIO DE GRANDEZA pensamientos, ideas y creencias incongruentes e
irreales, en donde una persona se considera especial, superior, más grande y mas
importante, que las demás, sin importar su clase social, genero, religión, raza,
nacionalidad, edad, profesión, etc.
• también conocido como megalomanía
• un comportamiento de grandiosidad.
•
• también conocido como megalomanía
• un comportamiento de grandiosidad.
• DELIRIO PERSECUTORIO: es un conjunto de condiciones delirantes en el que la persona
afectada cree que está siendo perseguido.
• A diferencia de la ESQUIZOFRENIA- EN LA PARANOIA NO SUELEN HABER
ALUCINACIONES VISUALES O AUDITIVAS
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