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Violencia de Género en Educación

Este documento analiza la violencia de género en las instituciones educativas. Explica que este tipo de violencia tiene su origen en factores socioculturales arraigados en la cultura patriarcal. Explora cómo se manifiesta la violencia de género en las escuelas y las acciones que se han tomado para mitigar las agresiones contra las mujeres.

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Violencia de Género en Educación

Este documento analiza la violencia de género en las instituciones educativas. Explica que este tipo de violencia tiene su origen en factores socioculturales arraigados en la cultura patriarcal. Explora cómo se manifiesta la violencia de género en las escuelas y las acciones que se han tomado para mitigar las agresiones contra las mujeres.

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RA XIMHAI

COMITÉ EDITORIAL INTERNACIONAL CONSEJO EDITORIAL

PROFESORES INVESTIGADORES: PROFESORES INVESTIGADORES:

Dr. FRANCISCO A. MUÑOZ Dra. EMMA ZAPATA MARTELO


Universidad de Granada-España Instituto de la Colegio de Postgraduados Campus Montecillo
Paz y los Conflictos
Dr. JAIME ANTONIO PRECIADO
Dr. PAULO HENRIQUE NOVAES MARTINS CORONADO
DE ALBUQUERQUE Universidad de Guadalajara CUCSH
Universidad Federal de Pernambuco-Brasil
Presidente de la Asociación Latinoamericana de Dr. LEIF KORSBAEK
Sociología (ALAS) Escuela Nacional de Antropología e Historia
División de Postgrado
Dr. RAFAEL GÓMEZ RODRÍGUEZ
California State University, Monterey Bay Dr. BENITO RAMÍREZ VALVERDE
Colegio de Postgraduados Campus Puebla
Dr. DANIEL CAMACHO MONGE
Universidad de Costa Rica Dr. MIGUEL ÁNGEL SÁMANO RENTERÍA
Profesor Emérito y Director de la Revista de Universidad Autónoma Chapingo
Ciencias Sociales
Dr. MINDAHI CRESENCIO BASTIDA
Dr. NORMAN MARCELO ARNOLD MUÑOZ
CATHALIFAUD Universidad Autónoma Metropolitana Unidad
Universidad de Chile Lerma
Decano de la Facultad de Ciencias Sociales Vice-
Presidente de la Asociación Latinoamericana de Dr. RICARDO MELGAR BAO
Sociología (ALAS) Instituto Nacional de Antropología e Historia
División de Postgrado (INAH). Delegación
Dr. TIZIANO TELLESCHI Morelos
Università di Pisa, Italia
Centro Interdisciplinare Scienze per la Pace Dra. ROCÍO ROSAS VARGAS
Universidad de Guanajuato Campus Celaya-
Dr. ALEXIS ROMERO SALAZAR Salvatierra
Universidad del Zulia-Venezuela
Director Revista Espacio Abierto

Dr. JULIO MEJÍA NAVARRETE


Universidad Ricardo Palma-Perú Dr. Gustavo Enrique Rojo Martínez
Editor General
Dra. ESPERANZA GÓMEZ HERNÁNDEZ Universidad Autónoma Indígena de México
Editora de la Revista de Trabajo Social
Universidad de Antioquia-Colombia Dra. Rosa Martínez Ruiz
Directora
Dra. ALICIA ITATÍ PALERMO Universidad Autónoma Indígena de México
Editora de la Revista de la Asociación Argentina
de Sociología Dra. Elvia N. Rodríguez Sauceda
Subdirectora
Universidad Autónoma Indígena de México
CONTENIDO
VOLUMEN 12 NÚMERO 1 ENERO-JUNIO 2016
PAZ, INTERCULTURALIDAD Y DEMOCRACIA
ISSN-1665-0441

15 Presentación

ARTÍCULO CIENTÍFICO

21 Violencia de género en instituciones de educación


Rosalva Ruiz Ramírez y María del Rosario Ayala Carillo

Prácticas generadoras de violencia en un espacio académico de


33 posgrado
María Esther Méndez Cadena; Beatriz Martínez Corona y Elia
Pérez Nasser

Discriminación de género en el aula universitaria y en sus


49 contornos
Aurelia Flores Hernández; Adelina Espejel Rodríguez y Luz María
Martell Ruíz

Vulnerabilidades en la salud sexual y reproductiva frente a la


69 violencia estructural entre estudiantes universitarios de
Chiapas
Virginia Ivonne Sánchez Vázquez y Verónica Gutiérrez
Villalpando

Universidad pública y crianza de infantes. Reflexiones sobre su


83 conciliación en la Universidad de Guadalajara
Alma Leticia Flores Ávila; Ana Belén Alejandre Magaña y
Esmeralda Martínez Becerra

Bullying en una Universidad Agrícola del Estado de México


105 Rosalva Ruíz Ramírez; Emma Zapata Martelo; José Luis García
Cué; Antonia Pérez Olvera; Beatriz Martínez Corona y Gustavo
Rojo Martínez

Tú y yo somos diferentes, pero eso no te hace mejor. Un estudio


127 sobre los estereotipos de género entre estudiantes de Nivel
Medio Superior
Sara Raquel Baltazar Rangel

La violencia de género en las Escuelas Secundarias y


145 Preparatorias del Sur del Estado de Guanajuato
Rocío Rosas Vargas; Marilú León Andrade y Alejandro Ortega
Hernández
RA XIMHAI ISSN 1665-0441
Volumen 12 Número 1
Enero – Junio 2016
21-32

VIOLENCIA DE GÉNERO EN INSTITUCIONES DE EDUCACIÓN

GENDER VIOLENCE IN EDUCATIONAL INSTITUTIONS

Rosalva Ruiz-Ramírez1 y María del Rosario Ayala-Carillo2


1
Profesora en Universidad Autónoma de Sinaloa, Unidad Académica San Blas y Estudiante de Doctorado en Desarrollo rural, Colegio de
Postgraduados, email: [Link]@[Link]; 2Investigadora Auxiliar Adjunta, Colegio de Postgraduados, Campus Montecillo, email:
madel@[Link]

RESUMEN

La violencia escolar es multifactorial, las instituciones educativas, de todos los niveles académicos, se ven influenciadas
por aspectos socio-culturales, familiares, personales, institucionales, entre otros. Debido a que este tipo de violencia es
cada vez más común y de graves consecuencias, frente a lo cual surge la necesidad de prevenir y atender los diferentes
tipos de violencias que se ejercen en los centros educativos como el bullying, mobbing, violencia de género, entre otras.
La violencia de género en las instituciones, no es propiamente producida en este ámbito, tiene su origen en aspectos
socio-culturales, arraigados en la cultura patriarcal y androcéntrica. Mucho se ha escrito sobre las distintas formas en
que la violencia afecta en mayor medida a las mujeres en el sistema educativo. En este ensayo sin ser exhaustivas, se
pretende responder a tres preguntas básicas sobre violencia de género en las instituciones educativas: ¿Por qué existe
violencia de género en las instituciones de educación? ¿Cómo se manifiesta la violencia de género en las escuelas? y
¿Qué acciones se han tomado para mitigar las agresiones en contra de las mujeres?
Palabras clave: género, violencia, instituciones de educación.

SUMMARY

School violence is multifactorial. Social and cultural, family, personal, and institutional aspects, among others, influence
educational institutions, in all academic levels. Because this type of violence is increasingly common and has serious
consequences, there is a need to prevent and deal with the different types of violence practiced in schools, such as
bullying, mobbing, gender violence, and others. Gender violence in institutions is not produced in this scope, in the strict
sense, but rather has its origin in social and cultural aspects, rooted in the patriarchal and androcentric culture. Much
has been written on the different forms in which violence affects mostly women in the educational system. This essay,
without being thorough, attempts to answer three basic questions on gender violence in educational institutions: Why is
there gender violence in educational institutions? How is gender violence manifested in schools? And finally, what
actions have been taken to mitigate aggressions against women?
Key words: gender, violence, educational institutions.

INTRODUCCIÓN

En la actualidad, México atraviesa por problemas de pobreza, desigualdad social, exclusión,


vulnerabilidad, falta de acceso a la educación de calidad, carencia de empleos, corrupción,
agresiones por parte del crimen organizado, entre otros. Toda esa problemática es un caldo
nutritivo y fértil para el desarrollo de la violencia (Hernández, 2008) de diferentes tipos como la
social, de género, escolar, etcétera. Para el caso de las escuelas, Devine (1996, citado por Furlan y
Spitzer 2013) las considera como “instituciones porosas”, ya que existe un impacto de la calle en la
escuela, de la violencia importada de la comunidad a la escuela y que se exporta de nuevo de la
Recibido: 25 de abril de 2016. Aceptado: 05 de junio de 2016.
Publicado como ARTÍCULO CIENTÍFICO en Ra Ximhai
12(1): 21-32. 21
22 | Rosalva Ruiz-Ramírez y María del Rosario Ayala-Carillo · Violencia de género en instituciones de educación

escuela a la calle, de tal forma que existe una complicidad entre la violencia escolar y otros tipos
de violencia presentes en el entorno social. Las interrelaciones que se dan entre el alumnado,
profesorado y personal administrativo, se producen y reproducen a partir de las experiencias
previas de cada uno(a) en relación con el mundo externo, pero también con lo subjetivo del grupo
(Ayala, 2015).

La violencia ha sido reconocida como un problema social grave, debido a: los cambios culturales,
donde la sociedad exige el cumplimiento de los derechos humanos; al uso creciente de las
tecnologías de la información y comunicación (TIC´s), las cuales facilitan la diseminación de hechos
violentos dentro de la escuela y sociedad, lo que ha generado conciencia sobre esta problemática,
y la evidencia de las consecuencias graves, tanto a nivel personal como social de las distintas
agresiones (Del Tronco, 2013).

Para la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2002), la violencia se refiere al uso deliberado de
la fuerza o poder, en grado de amenaza o efectivo, contra otras personas o grupos, la cual causa
lesiones, muerte, daños psicológicos, trastornos del desarrollo o privaciones. Corsi (2003) señala
que la violencia se apoya en construcciones culturales que estructuran el modo de percibir y vivir
la realidad, las cuales, han incidido en la perpetuación de las agresiones. Las construcciones
culturales, a las que se refiere, se basan en la jerarquía, el poder y en discriminación.

Se pueden identificar muchos tipos de violencia: intra-familiar, de género, sistémica, social, escolar
o bullying y con hechos recientes, como el de Atenco o Ayotzinapa, se agrega la categoría de
violencia de Estado, entre otras. De acuerdo con el daño que produce la violencia puede ser: 1)
pasiva, cuando la agresión no se observa físicamente, ya que es psicoemocional, por lo que resulta
difícil identificarla, medirla y controlarla, y 2) activa cuando las agresiones son observables y
medibles (Sanmartín, 2010). Con relación al tipo de la víctima, existe la violencia en contra de las
mujeres, niños, niñas u homosexuales. Según el tipo de agresor o agresora puede ser familiar,
juvenil, terrorista, psicópata, del crimen organizado. Dependiendo el contexto puede ocurrir en el
hogar (violencia familiar); en la escuela (bullying); en el trabajo (mobbing), en la calle (violencia
social) o en los medios de comunicación, resaltando redes sociales como: Facebook y WhatsApp;
televisión, radio, revistas y prensa.

En este ensayo, se pretende responder a tres preguntas básicas sobre violencia de género en
instituciones de educación: ¿Por qué existe violencia de género en las instituciones de educación?
¿Cómo se manifiesta la violencia de género en las escuelas?, ¿Qué acciones se han tomado para
mitigar las agresiones en contra de las mujeres?

¿Por qué existe violencia de género en las instituciones de educación?

Para abordar la violencia de género en las instituciones educativas se debe indagar sobre las
formas como se han construido las identidades de género y las formas de relacionarse entre
mujeres y hombres. Puesto que vivimos en una sociedad en donde el género marca inequidades,
principalmente para las mujeres, son ellas quienes generalmente sufren este tipo de violencia.

La violencia se encuentra en todas partes, en todo lugar donde se mantienen relaciones


interpersonales de poder, aunque en muchas ocasiones es invisibilizada y poco reconocida por ser
considerada como parte de la cultura y de la forma de ser de las personas y no como un problema
social.
Ra Ximhai Vol. 12, Número 1, Enero - Junio 2016 | 23

La violencia es un comportamiento que está ligado a la forma como se conforman hombres y


mujeres, como también a la vulnerabilidad en que se encuentran socialmente muchas mujeres.
Por lo tanto el cuestionamiento de las relaciones de género será fundamental para profundizar en
la comprensión del fenómeno (Gil y Lloret, 2007). Tanto hombres como mujeres pueden
convertirse en víctimas o perpetradores de actos violentos, pero las características de la violencia
que habitualmente se comete contra una mujer difiere en aspectos cruciales. Las mujeres son las
principales víctimas de la violencia de género, se presenta por el hecho de ser mujeres y por ser
consideradas como objetos (Mingo, 2010). Hay más probabilidades de que un hombre muera o
resulte herido en una guerra o en actos violentos relacionados con la juventud o pandillas que las
mujeres, y también que sufran agresiones físicas o sean asesinados en la calle por un extraño. Por
otra parte, es más habitual que el hombre sea el perpetrador de la violencia, sin importar el sexo
de la víctima (OMS, 2002). La mujer, en cambio, tiene más riesgos de sufrir agresiones físicas o ser
asesinada por alguien que conoce, con frecuencia un miembro de la familia o su pareja íntima
(Heise y Megan, 1999).

La violencia de género ha sido definida como la que sufren las mujeres, porque son ellas quienes
por su condición de género se encuentran en desventaja respecto a los hombres. Este tipo de
violencia se basa en un sistema social (patriarcado) que distribuyen de manera desigual el poder
entre mujeres y hombres. Además las estadísticas muestran que las mujeres sufren en mayor
medida este tipo de violencia, situación que no sucede con los hombres, aunque no por ello se
quiere decir que ellos no sufren violencia, sí la sufren, pero no se basa en una estructura de
reparto desigual de poder y derechos.

La violencia surge en una relación de desigualdad, se origina a partir de una posición y condición
de superioridad de quien la ejerce y del estado de subordinación de quien la sufre. Esta asimetría
en términos de poder no sólo reestructura las posiciones de los sujetos implicados en cada
episodio, sino además hace que la violencia sea socialmente tolerada (Torres, 2001).

Coincidiendo con Lamas (1995), la violencia de género tiene un origen social, denominado
estereotipos de género; los cuales han impedido el desarrollo de las potencialidades humanas. A
las mujeres se les ha enseñado a ser sumisas y pasivas; el estereotipo para los hombres implica
agresividad, fuerza y dominio hacia las mujeres. En ese sentido, la cultura patriarcal, cosifica a las
mujeres como objeto sexual y los hombres pueden apropiarse de su cuerpo.

La Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia (2007), define a la violencia
de género como: cualquier acción u omisión, basada en su sexo, que les cause daño o sufrimiento
psicológico, físico, patrimonial, económico, sexual o la muerte en el ámbito privado o público.
Incluyen amenazas, coerción o privación de la libertad. Esta ley tipifica la violencia física,
económica, psicológica, patrimonial y sexual.

En las escuelas, de todos los niveles educativos y contextos, se viven día a día actos de violencia de
género, la cual forma parte de la cultura patriarcal, se manifiesta abiertamente desde tiempos
remotos. Una investigación realizada en la Universidad Autónoma de México (UNAM), por Buquet
et al. (2013) determinó que las alumnas, profesoras y administrativas son violentadas dentro del
entorno escolar. Los resultados indicaron que 49.3% de las alumnas; 45.8% de las profesoras de
asignatura y 39.5% de las investigadoras han sido acosadas, en la institución, por algún compañero
24 | Rosalva Ruiz-Ramírez y María del Rosario Ayala-Carillo · Violencia de género en instituciones de educación

de trabajo o de estudio. La violencia es selectiva y está dirigida hacia quien tiene menos poder, por
lo que las mujeres, niñas y ancianas, son los más susceptibles a ser víctimas.

La escuela es un espacio central en la reconstrucción y difusión de contenidos culturales que


condicionan los comportamientos sociales según los modelos dominantes vigentes en un tiempo y
espacio determinado, por lo que se reconoce que el orden simbólico de género es producido y
reproducido en gran medida a partir de la escuela (Andrés, 2000). Esta cumple un papel básico en
la reproducción de las relaciones patriarcales, asignando roles sexuales específicos para hombres y
mujeres (Ramos, 2002; Bonal y Tomé 2002). Por una parte, en ella se aprenden normas, valores y
pautas de conducta que favorecen la interiorización de los patrones sexistas y patriarcales en la
sociedad (Bonal y Tomé 2002). Por otra, la educación puede ser el proceso que dé inicio a un
proyecto emancipatorio de transformación genérica, pues un cambio en algún punto del sistema
social puede repercutir de manera general en todo el sistema (Araya, 2004) dado que la educación
no sólo reproduce, sino también produce.

Así, la violencia de género en las instituciones de educación es un reflejo de las estructuras


patriarcales de poder que siguen ejerciendo violencia en contra de las mujeres, e influye tanto en
la vida académica, como familiar, social y laboral de las mujeres. Gómez y Zurita (2013) señalan
que la violencia escolar se encuentra presente en las tradiciones, costumbres, rituales,
interacciones y decisiones que adoptan en ocasiones maestros, alumnos y autoridades educativas,
es una parte central de la cultura que se promueve y se reproduce en las escuelas.

¿Cómo se manifiesta la violencia de género en las escuelas?

La exclusión social que sufren las mujeres es la forma más cotidiana de violencia de género en las
instituciones educativas; el trato entre docentes, discentes, planta directiva y administrativa es
desigual hacia ellas. La presencia de mujeres en las escuelas no es sinónimo de equidad de género;
existen grandes desigualdades en las oportunidades que tienen unas y otros en sus trayectorias
académicas, de estudio y laborales (Buquet, 2011).

La violencia de género se puede expresar en distintas formas de segregación, discriminación,


acoso o falta de estímulo por parte de docentes, compañeros(as) y familiares hacia las
estudiantes; ellas encuentran más obstáculos para ser reconocidas y viven más prácticas de
exclusión en comparación con los hombres, especialmente en carreras con predominio masculino
(Guevara y García, 2010). Por lo que es necesario que las instituciones educativas reconozcan que
no sólo existen diferencias cuantitativas, sino también –y quizá son las más graves– cualitativas
como el estatus, prestigio (Barffusón et al., 2010). No basta con conocer datos separados por sexo,
como la matrícula, número de personas tituladas, número de becarios, los niveles salariales o los
puestos de dirección ocupados por mujeres y hombres, también es importante conocer la manera
en que, a partir del sexo y género, las personas pueden lograr prestigios y la notoriedad en los
mismos términos y oportunidades; e indagar sobre qué sofisticadas formas toman la
discriminación de género, el sexismo y la homofobia en el mundo académico (Palomar, 2005).
Como lo señala Zapata y Ayala (2014), en las instituciones universitarias y académicas prevalecen
situaciones que tienen que ver con una desigualdad de género, como la segregación en las áreas
de estudio, las dificultades que enfrentan las mujeres en la docencia e investigación, las brechas
salariales y la violencia, las cuales no han sido superadas porque no existen acciones positivas que
permitan disminuir la brecha de desigualdad que se establece entre hombres y mujeres.
Ra Ximhai Vol. 12, Número 1, Enero - Junio 2016 | 25

Otro tipo de violencia está relacionado con la exclusión de las mujeres dentro de los salones de
clase y las actividades académicas, al respecto Buquet et al. (2013) señala que las principales
agresiones detectadas en la UNAM son: a) No les ceden el uso de la palabra en clase, si levantan la
mano para participar son ignoradas(os), con el argumento de que les falta capacidad, puesto que
el patriarcado dice que las mujeres "son emocionales y no racionales"; b) No las invitan a las
salidas al campo, con la justificación de ser débiles y cansarse fácilmente, es decir, no soportan el
mismo ritmo de trabajo que los hombres; o si están menstruando estarán de mal humor y
arruinarán la convivencia entre docentes y discentes; c) No les explican o dan asesorías, si las
alumnas requieren apoyo académico extra clase, los docentes se niegan a asesorarlas, puesto que
invertir el tiempo en su educación es una pérdida de tiempo, ya que con profesión o sin profesión,
al final, se dedicarán a las labores domésticas; d) Les dan mayor carga académica (más tareas), con
la finalidad de que se cansen y abandonen la escuela, además inventan excusas para que la tarea
esté mal o incompleta; y e) Las interrumpen, sin disculparse, mientras ellas participan.

Otro tipo de violencia de género, a las que son expuestas las mujeres, son las agresiones
psicológicas por parte de docentes y compañeros. Una forma de esta agresión es por medio de
comentarios sexistas como: ¿Para qué estudian, si se van a casar? Este tipo de comentarios siguen
estando presentes en la actualidad, lo que continúa reproduciendo la idea de que las mujeres no
deben estudiar porque su rol principal es el de ser madre y esposa (Guerra, 2000; Beyer, 1998).
Estudios como el de Ayala et al. (2010) señalan que los roles de género y la sexualidad han sido
formas de dominación y represión femenina, utilizadas para discriminar a las mujeres, se
considera a las mujeres como las únicas encargadas de la reproducción, socialmente se espera que
ellas se casen y tengan hijos(as).

La violencia de género en las instituciones de educación también se expresa mediante chismes,


burlas e insultos, cuando las alumnas participan y pasan al pizarrón, buscan cualquier detalle en
ellas para burlarse, por ejemplo: la ropa, no estar bien peinadas, estar gordas o flacas (Mingo,
2010), o por pertenecer a un grupo indígena (Ruíz et al., 2014). Sin embargo, esas burlas que
reciben son vistas hasta cierto punto como normales (Del Tronco, 2013; Contreras, 2008 y
Abramovay, 2005); no se consideran como agresiones, sino como “una broma”; puesto que las
burlas son tan frecuentes y “naturalizadas” que se han habituados a vivir en un ambiente de
agresiones.

Una de las formas de agresión más graves que sufren las mujeres es el acoso sexual, el cual se
define como toda acción dirigida a exigir, manipular, obligar o chantajear sexualmente a una
persona, quienes por lo general son mujeres (Cooper, 2001). Algunos ejemplos son comentarios
sexistas, rumores sexuales, chistes, bromas sexuales, gestos, miradas morbosas, propuestas
sexuales, tocar la mano, hombros, cabeza, espalda con intenciones eróticas, carteles sexistas,
calendarios, uso de la fuerza física para obligar a tener relaciones sexuales, piropos, entre otras
(Buquet et al., 2013).

Muchas de las mujeres que han sido víctimas de situaciones de violencia de género, no las
identifican, aun habiendo sido forzadas a tener relaciones sexuales (Kalof et al., 2001), esta falta
de reconocimiento de la violencia va acompañada de una falta de denuncias. Muchas no se
atreven a romper el silencio por miedo a no ser tomadas en serio o a no recibir apoyo por parte de
la institución universitaria (Hensley, 2003). En otros casos, la explicación se atribuye a la influencia
que tienen ciertos estereotipos sexistas, que pueden llegar a hacer que las víctimas se atribuyan la
responsabilidad en la provocación de la situación sufrida (Gross et al., 2006), o que se sientan
26 | Rosalva Ruiz-Ramírez y María del Rosario Ayala-Carillo · Violencia de género en instituciones de educación

aisladas y marginadas del grupo de iguales (Stombler, 1994). Estas circunstancias contribuyen a la
perpetuación de esta problemática en los contextos universitarios (Valls, et al., 2007).

Una de las agresiones más graves, que prosigue después del acoso sexual, es la violación sexual.
Sin embargo, coincidiendo con Buquet et al. (2013) las autoridades académicas y legales,
consideran que la violación sexual “no es tan grave”, con el argumento de que el porcentaje de
mujeres violadas no es significativo. Cuantificar y no cualificar la violación, con el argumento de
que “un caso no es ninguno” es un grave error, sobre todo porque un solo caso es suficiente para
investigar y castigar, por las graves consecuencias tanto físicas, psicológicas, sociales o de salud
que tienen este tipo de agresiones, las cuales dejan secuelas y daños irreversibles en las víctimas, a
sus familias y a la sociedad en general.

¿Qué acciones se han tomado para mitigar las agresiones contra las mujeres?

A pesar de que existen distintas leyes en México, en pro de las mujeres, como la Ley General de
Acceso a una Vida Libre de Violencia, la Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de
Discriminación contra la Mujer (CEDAW), y la Plataforma y Plan de Acción de la Cuarta Conferencia
Mundial sobre la Condición Jurídica y Social de la Mujer, entre otras, las mujeres siguen sufriendo
violencia de género en las instituciones de educación.

La Plataforma sobre la Condición Jurídica y Social de la Mujer incluye propuestas para mejorar la
condición de las mujeres en aspectos como la educación y capacitación, entre sus objetivos
estratégicos se encuentran: asegurar la igualdad de acceso a la educación; eliminar el
analfabetismo entre las mujeres; aumentar el acceso de las mujeres a la formación profesional, la
ciencia, tecnología y educación permanente; establecer sistemas de educación y capacitación no
discriminatorios; asignar recursos suficientes para las reformas de la educación y vigilar la
aplicación de esas reformas; y promover la educación y la capacitación permanentes de las niñas y
las mujeres (CEAMEG, 2008).

Otro acuerdo es el celebrado por INMUJERES y la ANUIES en 2002, el cuál formalizó el compromiso
interinstitucional de promover la incorporación de la perspectiva de género en las políticas,
planes, programas y proyectos de las instituciones de educación superior en el país. Mediante
encuentros regionales con las Instituciones de Educación Superior (IES) afiliadas a la ANUIES, se
pretendió un acercamiento con la comunidad educativa, a fin de intercambiar experiencias y
construir canales de comunicación; formalizar mecanismos de intercambio y cooperación; difundir
información e impulsar estudios e investigaciones en la materia (Palomar, 2005).

Una medida muy importante para atender o prevenir la violencia de género es la denuncia, sin
embargo, a pesar de las agresiones que sufren las mujeres, lamentablemente no hay una cultura
de denuncia. Algunas de las principales causas por las que las mujeres no denuncian son: 1) la
violencia de género está tan naturalizada en la sociedad que muchas veces no se percibe como tal,
por el contrario, se justifican comportamientos agresivos, lo cual es un ejemplo de violencia
simbólica, ya que esto forma parte de la vida cotidiana de las mujeres en diversos ámbitos, las
víctimas y agresores lo minimizan, lo legitiman y no lo denuncian (Buquet et al., 2013). 2) Las
víctimas no tienen el valor para denunciar, porque no conocen los procedimientos y por miedo a
que se les violente nuevamente o no se considere su denuncia. 3) Dentro de las instituciones
educativas no siempre existe un protocolo de acción para denunciar, que tenga seguimiento y
sanción pertinente para el agresor o agresora. 4) Tampoco hay personal capacitado, con
Ra Ximhai Vol. 12, Número 1, Enero - Junio 2016 | 27

perspectiva de género, que brinde un verdadero acompañamiento a las víctimas, sin juzgarlas o
estereotiparlas. 5) En otras ocasiones, las víctimas tienen miedo de ser vistas como
“problemáticas1”, y a recibir represalias como acto de venganza por parte de su agresor o
agresora, e incluso de las mismas autoridades escolares.

En el caso de las docentes pueden perder su empleo, aislarlas, ponerles obstáculos (techos de
cristal) que les impidan subir de categoría, nivel de trabajo o grado académico. En lo que se refiere
a las alumnas pueden reprobar sus cursos, no por falta de capacidad, sino porque los docentes se
desquitan y les ponen calificación no aprobatoria, por no aceptar sus propuestas sexuales, lo cual
las puede orillar a desertar de la institución. En otros casos las mujeres acosadas acceden a las
propuestas por miedo y por sentir que la otra persona tiene cierto poder sobre ellas. De igual
forma, si las mujeres denuncian a su victimario, son acusadas de haber sido ellas quienes incitaron
la agresión “por vestirse provocativamente” o "por habérseles insinuado" y por temor a sentir
culpa2, a ser señaladas y a ser víctimas de nuevas agresiones, verbales, psicológicas o sociales, se
abstienen de emitir la denuncia.

Zapata y Ayala (2014) han destacado que en nuestro país no existen políticas y mecanismos que
aseguren equidad de género en todos los niveles institucionales, y que cuenten con instancias y
normatividades específicas que vigilen y sancionen actos de discriminación y/o de violencia de
género en las instituciones de educación, además de que en la cultura siguen fuertemente
arraigados estereotipos que producen y reproducen la discriminación por sexo, tanto en espacios
académicos como estudiantiles y administrativos. Además como lo han destacado Gómez y Zurita
(2013), buena parte del discurso institucional, partiendo de la misma Secretaría de Educación
Pública (SEP) y de los planteles educativos, rechazan a priori la existencia de la violencia. En todo
caso se hablaba de problemas de conducta, de rebeldía, pero muy pocas veces o nunca se
mencionaba la violencia escolar como tal, ya que es un tema incómodo que podría derivar en una
imagen negativa para la escuela.

Lo anterior, demuestra que es necesario fomentar una cultura de la denuncia, que revele que las
agresiones a las que son víctimas las mujeres, no son normales y que son inadmisibles las
conductas que fomentan y perpetúan la violencia de género. Se debe dar seguimiento a los casos
de violencia a través de protocolos institucionales apegados a las normas y leyes nacionales e
internacionales. No sólo se trata de incluir en el discurso la palabra género, equidad, no violencia,
paz, entre otras palabras, en un proceso superficial, sino que se lleven a cabo reformas
estructurales para prevenir, atender y sancionar la violencia de género en las instituciones de
educación.

CONCLUSIONES

Las escuelas son uno de los espacios, tanto públicos como privados, donde la violencia se
encuentra arraigada. Continuamente se ven noticias e imágenes de hechos violentos dentro de las
instituciones, a tal grado que progresivamente se ha perdido la capacidad de asombro. Las
mujeres son quienes siguen sufriendo mayor violencia de género en las instituciones académicas,

1
Una persona problemática, es aquella que siempre se mete en conflictos “problemas” e involucra a otras personas, que nada tienen que
ver con el asunto; por lo tanto, no conviene tenerla cerca.
2
La sociedad se ha encargado de que las mujeres se sientan culpables por ser agredidas sexualmente, ya que ellas provocan a los
agresores por “vestirse sexis y salir a la calle guapas”.
28 | Rosalva Ruiz-Ramírez y María del Rosario Ayala-Carillo · Violencia de género en instituciones de educación

pese a que las escuelas son un lugar de convivencia, aprendizaje y enseñanza, también se
violentan los derechos de las mujeres y de algunos hombres.

La violencia de género es consecuencia de las estructuras patriarcales que segregan, discriminan y


subordinan principalmente a las mujeres, pero que en el contexto social actual, se conjuga con
otras situaciones de pobreza, desigualdad social, vulnerabilidad, corrupción, entre otras, que
potencializan la problemática.

Las agresiones por violencia de género no se presentan de forma única y separada, se pueden
presentar diferentes agresiones a la vez, lo cual perjudica gravemente la salud, autoestima y auto-
percepción de la víctima e inclusive de sus familias. Las consecuencias no solo se manifiestan en el
ámbito personal, sino que repercuten en toda la organización social y cultural. En el caso de la
violencia que se vive en las instituciones de educación, tiene graves secuelas tanto en las personas
que la sufren como en la comunidad educativa, y en la sociedad en general. Por eso se dice que la
violencia es multifactorial, multicausal y compleja.

La violencia refleja la descomposición de la sociedad actual, no es posible hablar de violencia de


género y escolar de forma aislada, sin establecer nexos entre lo público y privado, entre
comportamientos colectivos e individuales, aspectos familiares y comunitarios; sin aludir a las
diferencias de género e historias de vida de quienes agreden o son víctimas, y sin considerar la
cultura patriarcal y las relaciones interpersonales (Ayala, 2015). Entender la violencia de género en
las instituciones de educación es sólo la punta del iceberg de lo que en realidad es la violencia, ya
que sucede frecuentemente que la atención se centra en el evento y no así en cómo las cosas se
fueron gestando al interior de las instituciones y de los sujetos para que la violencia en sí se
concrete. Por esta razón, la búsqueda de soluciones y propuestas debe considerar la trayectoria de
los sujetos, la dinámica institucional y la historia del contexto en donde este problema emerge,
con la finalidad de poder aproximar una interpretación más equilibrada que no privilegie
solamente un aspecto (Gómez y Zurita, 2013).

Las formas de atenderla, prevenirla y sancionarla, también deben ser complejas y


multidisciplinarias, no solo es necesario que las instituciones educativas la hagan visible, sino que
se deben crear normatividades, lineamientos y/o protocolos que den atención y seguimiento a
casos de violencia dentro de las instituciones educativas, con personal capacitado y sensible que
sea capaz de dar solución a los casos que en cada institución se presenten. Sobre todo porque en
los reglamentos escolares o laborales no se considera de manera específica atender y sancionar
casos de violencia de género y cuando las hay, no existen grupos multidisciplinarios que puedan
aplicar la normatividad o en su defecto depende de la buena voluntad y el juicio de quien esté al
frente de la institución. Sobre todo si se considera que no es conveniente generalizar, sino que
cada caso debe atenderse según el momento y espacio en que sucede, con la finalidad de
contextualizarlo apropiadamente, además de interpretarlo a partir de una serie de factores y
hechos que confluyen de manera conjunta (Gómez y Zurita, 2013) .

Otras estrategias pueden ser a través de talleres, conferencias, cursos de capacitación, entre otros,
no sólo dirigidos al alumnado, sino también al profesorado, personal administrativo, directivos e
incluso padres y madres de familia, que permita sensibilizarlos(as) y prevenir la violencia.
Ra Ximhai Vol. 12, Número 1, Enero - Junio 2016 | 29

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Síntesis curricular

Rosalva Ruíz Ramírez


Maestra en Ciencias en Desarrollo Rural por el Colegio de Postgraduados, México. Maestra en
Ciencias en Educación Humanista por el Instituto Humanista de Sinaloa. Licenciada en Biología por
el Instituto Tecnológico de Los Mochis. Docente en el nivel medio superior de la Universidad
Autónoma de Sinaloa, en la Unidad Académica San Blas.

María del Rosario Ayala Carrillo


Es maestra en Ciencia en Estudios del Desarrollo Rural, Área de Género: Mujer Rural en el Colegio
de Postgraduados. Es investigadora auxiliar adjunta en el Colegio de Postgraduados, Campus
Montecillos. Pertenece al Área de Género: Mujer Rural. Sus temáticas de investigación están
32 | Rosalva Ruiz-Ramírez y María del Rosario Ayala-Carillo · Violencia de género en instituciones de educación

enfocadas a género, mujeres rurales, trabajo infantil, violencia de género y violencia escolar,
educación y migración. Entre sus publicaciones se encuentran: El trabajo infantil guatemalteco en
los cafetales del Soconusco: “insumo” que genera riqueza económica, pero nula valoración social,
en Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales, Niñez y Juventud, vol. 11, núm. 2, Julio-
diciembre, 2013, Manizales Colombia, p. 659-673. Palabras que suenan, imágenes que hablan… la
niñez en los cafetales. Colegio de Postgraduados, 2014. México. 103 pp. ¿Empoderan las
microfinanzas? Un estudio de caso en México, en Temis Gomes Parente y Cynthia Mara Miranda
(Organizadoras) Arquiteturas de Gênero questões e debates. 2015, Universidade Federal do
Tocantins, Brasil, p.21-57. Violencia escolar: un problema complejo. Ra Ximhai, Volumen 11
Número 4 Edición Especial, Julio - Diciembre 2015, pp. 493-509. ISSN 1665-0441. Entre la
globalización del café y lo local del mercado de trabajo jornalero, en: Ávila Virginia y Paola Suárez
(Coords.). Los estudios de género hoy. Debates y perspectivas. 2015. UNAM. México. pp. 233-261.
ISBN: 978-607-02-7113-7. Contribuciones de los estudios de género al desarrollo rural. Colegio de
Postgraduados, 2015. pp.430. ISBN: 978-607-715-307-8. Contacto: madel@[Link]

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