0% encontró este documento útil (0 votos)
147 vistas165 páginas

Maleja Arenas Un Deseo de Navidad

La carta conmueve al director de una cadena de almacenes y le recuerda su propio deseo de niño de tener un padre. Quiere ayudar a la niña a cumplir su sueño de encontrarle un novio a su madre, a pesar de no ser bueno en las relaciones personales.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
147 vistas165 páginas

Maleja Arenas Un Deseo de Navidad

La carta conmueve al director de una cadena de almacenes y le recuerda su propio deseo de niño de tener un padre. Quiere ayudar a la niña a cumplir su sueño de encontrarle un novio a su madre, a pesar de no ser bueno en las relaciones personales.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Este documento es distribuido sin fines de lucro, con la

debida autorización de la autora. Toda copia total o


parcial está prohibida. Si lo compartes, por favor dar
crédito publicando los links de redes sociales que se
encuentran al final. Apoya a la autora comprando sus
libros en Amazon. ¡Gracias!

Safe Creative 2016. Maleja Arenas.


Todos los derechos reservados.
ISBN: 1541289277
Créditos

Corrección:
Maleja Arenas

Diseño Portada y
Pdf:
Yanin LC
Dedicatoria

Para todos aquellos que aún creemos en la magia de la


navidad…

Con amor,

Maleja Arenas.
Contenido

Sinopsis
Capítulo 13
Prologo Capítulo 14
Capítulo 1 Capítulo 15
Capítulo 2 Capítulo 7
Capítulo 3 Capítulo 8
Capítulo 4 Capítulo 9
Capítulo 5 Capítulo 16
Capítulo 6 Capítulo 17
Capítulo 10 Capítulo 18
Capítulo 11 Capítulo 19
Capítulo 12 Epílogo
Agradecimientos
Sobre la Autora
Sinopsis:

En navidad se presenta la oportunidad de poder cumplir


todos tus sueños.

Los espíritus de esa época del año, se alían para poder


materializar todo lo que deseas.

Espero que esta navidad mi sueño de ver a mamá feliz y de


poder tener una familia completa se haga una realidad.

Al final de cuentas ¿Qué tan difícil puede ser para Santa


conseguir un novio para mí mamá?
Prólogo

Querida Compañía Center-House:

Me permito escribirles esta carta, ya que en días pasados vi


un comercial de su compañía y ustedes afirmaban poder cumplir
con los sueños de sus clientes para esta navidad.

Mi mamá y yo somos fieles clientes de ustedes. Cada


quincena vamos a uno de sus almacenes para hacer las
compras; por eso creo que merecemos que nuestros sueños se
cumplan, en esta navidad.

Realmente deseo que cumplan nuestros sueños.

Me llamo María José Bermúdez Zapata, pero todos mis


amigos y familia me dicen Majo. Lo sé, no es muy original, pero
me gusta. Tengo diez años y vivo con mi madre. Ella es una mujer
hermosa, por dentro y por fuera; si se dan la oportunidad de
conocerla, podrán comprobar que no miento. Mi madre es la
persona más hermosa de este mundo, aunque ella dice que en
realidad lo soy yo.

Podría decirse que somos felices, y creo que lo somos; pero


falta algo, o mejor dicho, nos hace falta alguien. Mi padre.
Falleció hace cuatro años en un accidente en la vía que
comunica a Villa María con La Rivera. Fue trágico, o eso es lo que
dicen las personas, yo no recuerdo mucho.

Desde ese entonces, mamá se ha dedicado sólo a mí, lo que


demuestra una vez más la clase de ser humano que es, pero yo
no puedo hacerla totalmente feliz. La he visto salir con algunos
hombres, sin embargo, cuando ella se ilusiona con ellos y decide
presentarles a su tesoro —yo— terminan huyendo y la dejan con
el corazón roto.

Y no sólo a ella, a mí también me hieren. Sé que mamá quiere


alguien a su lado que la ame tanto como ella amó a mi padre.
Desea despertar cada mañana con un beso en sus labios, una
rosa en su almohada o todas esas cosas que hacen los hombres
de las novelas románticas que lee. Ella no sabe que yo, a veces,
leo esos mismos libros para poder ayudarla a elegir mejor a su
siguiente novio.

Pero después de muchos fracasos ella se ha rendido. Y no


quiero que lo haga.

Mamá merece ser feliz, merece un hombre que de verdad


vea la belleza que esconde. Un hombre que respire para hacerla
sonreír y se levante cada día con la misión de hacerla
inmensamente feliz. Porque se lo merece. Ella es única.

Ella no es una mujer complicada, al contrario, he escuchado


a la gente decir que mami es fácil de complacer; lo cual me
hace preguntarme qué es lo que le impide encontrar el amor.

Estoy empezando a creer seriamente que se debe a mí.


¿Qué hombre joven desea comprometerse con una mujer
que tiene una hija de diez años, habiendo tantas mujeres sin ese
tipo de compromiso en el mundo?

O en nuestra pequeña ciudad.

En todo caso, recurro a ustedes porque son mi última


esperanza. He ido a la iglesia, he orado, he hecho infinidades de
cosas para que el milagro se haga; pero todo falla.

Espero que este último intento no falle, o de verdad estaré


desecha.

Sólo les pido eso, una ayuda, una manito, cualquier tipo de
magia que haga posible lo que tanto deseo:

Un Novio Para Mamá.

Les estaré muy agradecida.

PDT: Ayúdenme por favor… Mamá y yo lo valemos. Prometo


ser muy buena hija con el hombre que ame a mamá.

Cordialmente,

María José Bermúdez Zapata

Avenida 56 #34-87 Edificio Olaya. Apto 205

Villa María.
Capítulo 1

Esteban

Leo por tercera vez la carta que hace una hora me entregó
Katerine, mi asistente.

Admito que es la primera vez que una carta me conmueve


de esta manera. Y no soy fácil de conmover. Especialmente
cuando ni siquiera el espíritu de la navidad logra mover mi
corazón.

Pero siendo el director comercial del único almacén de


cadena del pequeño pueblo donde me mudé hace dos años,
bueno, debo fingir que la navidad es importante para mí. Por lo
general, no recibimos este tipo de documentos, en realidad yo
no los recibo; pero, supongo que Katerine lo leyó y decidió
enviarlo a mí para “ablandar mi corazón de piedra”.

Sé a qué comercial se refiere la pequeña que escribió esta


carta. Es el que realizamos la semana pasada, donde un padre
de familia está indeciso sobre la larga lista de deseos de su
familia, Santa Claus aparece y le dice que para que todos sus
deseos se cumplan, entregue esa lista a nuestra compañía ya
que tenemos todo para hacer sus sueños realidad.

Tonto lo sé, pero ¿qué puedo hacer yo? no soy del


departamento de Publicidad.

Pero realmente deseo poder ayudar a esta pequeña con su


sueño, y todo, porque es el mismo deseo que yo tenía a su edad.
Y sé lo que se siente cuando tus sueños no se cumplen.

Mi madre no obtuvo un novio y yo no obtuve un padre.


Nunca, jamás.

A mi edad podría considerar que es una tontería, pero


cuando eres un niño de diez años que sueña con poder arrojar la
pelota hacia ese hombre que tanto amas y admiras, esperarlo en
las reuniones de padres y presumir sobre lo grandioso que es;
hacer tarjetas de felicitaciones, construir un fuerte, contarle tus
dudas sobre tu cuerpo, que te enseñe a conducir, hablarle sobre
la primera chica que te gusta… Y todas esas grandiosas cosas
que harías con tu padre, yo no pude hacerlas.

Porque no cumplieron mi deseo para navidad.

Suspirando y recostándome en mi asiento, contemplo las


luces de este pueblo fuera de la enorme ventana de mi oficina.
Es increíble que a pesar de lo pequeño que es, comparado a mi
ciudad natal, no tengo idea de quien es esta pequeña, o su
madre. Conozco a casi todos los lugareños, y eso no se debe a
mis habilidades sociales —que no uso frecuentemente— se debe
a lo que soy aquí para ellos, uno de los de afuera con dinero.
Tener dinero en Villa María es motivo para que tu nombre sea
recordado, pero no ser un lugareño y estar “forrado” te da el
apelativo de famoso.

El teléfono de mi oficina suena y lo ignoro. Son más de las


ocho y ya debería estar fuera, en casa, descansando. Pero la
temporada decembrina es un caos para el gremio en el que me
desenvuelvo y trabajo es lo que hay. Las luces navideñas iluminan
cada casa y calle del pueblo, el famoso alumbrado ya está
instalado y deleita a lugareños y los pocos turistas del lugar.
Desde mi oficina puedo ver la tienda de antigüedades del frente,
el parque, la pastelería, floristería, licorera, la oficina de correos,
más allá está la alcaldía y la única iglesia.

No hay mucho que hacer en comparación a cuando vivía


en la ciudad, pero la tranquilidad y serenidad de este lugar ha
logrado conquistarme. Además, las personas que lo habitan son
realmente amables y agradables, lo contrario a mi forma de ser.

No soy un bruto o una bestia, pero tengo un problema serio


para profundizar en mis relaciones interpersonales. Soy muy
comercial, puedo atender las necesidades de las personas y
entender lo que quiere, buscan y necesitan con facilidad.
¿Necesitas que venda arena en el desierto?, la vendo. ¿Deseas
una nueva estrategia de ventas?, la tienes… puedo hacer dinero
y atraer clientes sin sudar en el proceso; pero hacer un nuevo
mejor amigo o mantener una relación amorosa por más de una
semana… complicado.

—¿No piensas responder? —Katerine me fulmina desde la


puerta.
—¿Se ve como que tengo ganas de hacerlo? —Levanto mi
ceja sólo para enojarla aún más. Me divierte sacar de quicio a mi
asistente, contra todo pronóstico, es la única amiga que tengo
aquí y la única en quien realmente confío en todo el mundo.

—No, no te ves con ganas de hacerlo, sin embargo, es el jefe


y no está muy contento. Espero que eso te de la motivación
suficiente.

Maldigo entre dientes y tomo el móvil.

—Damián.

—¿Dónde carajos estás Esteban? —gruñe. Realmente está


molesto.

—En el trabajo.

—Bueno, gracias al cielo por eso —dice con sarcasmo—, he


estado llamándote desde hace milenios —Ruedo los ojos por su
exageración, apenas y llamó dos veces—, tenemos un problema
con el último reporte.

—¿Problema? El informe estaba perfecto.

—Precisamente. El tuyo sí, pero el que presentó Blanca no.


Hay demasiadas inconsistencias en el inventario y los ajustes.

—¿Qué tiene eso que ver conmigo? Blanca y el


departamento de almacenamiento no es mi responsabilidad.

—Ahora sí lo es.

—¿Qué? ¿Estás jodiendo conmigo?


Gruñe a alguien que debe estar a su lado y vuelve a hablar—
: No, no lo estoy. No eres mi tipo.

—¿Sabes que justamente para estas fechas estoy realmente


hasta el cuello de mierda?

—Lo sé, pero un poco más de mierda qué más da. —Aprieto
mis puños tratando de canalizar toda mi frustración allí, me
enfurece la poca consideración del idiota de mi jefe, pero
recuerdo que él está hasta la coronilla de más mierda que yo y
me abstengo de enviarlo a más mierda.

—No puedo. Estoy demasiado ocupado y tengo mucho en


mis manos ahora mismo.

—No puedes decirme que no. Ya está decidido, las


inconsistencias en el informe fueron encontradas por el
departamento de control interno no sólo en este último reporte
sino en el de meses anteriores, seis en total.

—Mierda.

—Esa es nuestra palabra para esta noche —suspira y me


siento mal por el pobre hombre. Si yo tengo el culo magullado
por tanto trabajo y compromiso, Damián debe tenerlo
lacerado—. Hay un faltante de más de cuarenta millones en
mercancía.

—¿Cuarenta millones? Joder Damián, ¿cómo es posible que


ese faltante haya pasado, más de seis meses, desapercibidos?

Resopla y gruñe—: Parece que Blanca resultó ser una experta


en maquillaje, y embelleció muy bien sus informes. Este último no
fue fácil de descubrir.
—¿Quién?

—Hernando, comparó los registros con los inventarios y el


stock. Además de llamar al cliente y confirmar los reportes en los
registros y el sistema contable. Cartera encontró las
inconsistencias y se rectificó con los proveedores y el jefe de
recibo. Imagínate la sorpresa.

—Mira, comprendo la gravedad de la situación, pero


realmente no puedo asumir esa responsabilidad ahora…

—No lo harás sólo. Conozco a una persona en el pueblo que


tiene amplio conocimiento en administración logística, es la
prima de mi esposa y créeme, la he visto en acción, es buena.
Estará allí mañana a primera hora, su nombre es Lorena Zapata.

—Espera…

—Ella ya está informada y tiene pleno conocimiento del


caso, te envío en un momento el informe. Necesito que la apoyes
y ayudes con la gestión de un plan de respaldo y desarrollo. Eres
en la única persona que confío además de katerine y de Lorena,
para hacer algo al respecto y no jodernos más. Necesitamos
recuperar ese proceso, estamos perdiendo credibilidad, calidad
y dinero.

—Damián…

—Gracias Esteban, nos vemos después. —Y termina la


llamada.

Miro mi teléfono tratando de entender en qué momento


acepté hacer lo que sea que se supone que haga con Lorena
Zapata.
—Joder —gruño y tiro el móvil sobre el escritorio. Katerine me
da una mirada compasiva cuando regresa y me entrega unos
documentos—. Ya lo sabias.

—Se me informó hace unos momentos —dice, encogiéndose


de hombros—. Damián me pidió que imprimiera el documento.
Revísalos y vete a casa Esteban, mañana tendrás mucho en tus
manos.

—Ya tengo mucho en mis manos.

—Lo sé, pero eso sucede por ser el mejor.

Ruedo los ojos a su espalda y reviso los documentos me


entregó. Maldigo cuando comprendo la magnitud de todo.

Esto está jodido.


Capítulo 2
Lorena

Center House.

Entro en las oficinas administrativas del centro comercial


veinte minutos antes de la hora prevista. Le sonrío a una de las
recepcionistas con chalecos alusivos al centro comercial, y
camino hasta una de ellas para anunciarme.

—Buenos días, soy Lorena, el señor… —Reviso nuevamente el


papel donde anoté el nombre de la persona por la que debía
preguntar. Tengo la capacidad de olvidar fácilmente los
nombres de las personas o las razones, así que debo tener miles
de papelitos a la mano para poder recordarlo—, Esteban
Velasco está esperando por mí.

—Un momento —responde con una sonrisa tensa. Toma el


teléfono y me anuncia a Dios sabe quién. Sus ojos me escudriñan
de pies a cabeza, gracias a la trasparencia del vidrio de su
escritorio.

Le echo una ojeada a mi pantalón negro de lino y blusa de


seda azul celeste, combinados con mis zapatos de tacón medio
negros. No veo nada mal, ¿Será el escaso maquillaje?, en
comparación al suyo, palidezco.

—Tome el ascensor al tercer piso, cruza a la derecha y luego


hacia la izquierda. Ahí la recibirá Katerine.

—Gracias. —Me da una última mirada antes de regresar a la


pantalla de su computador.

Para ser un lugar con todo el espíritu navideño, les falta más
carisma, más espíritu.

Sigo sus indicaciones y en unos minutos nuevamente estoy


frente a otra mujer con el mismo chaleco pero una sonrisa más
sincera y cálida.

—Hola, buen día. Soy Katerine Vega, Esteban aún no llega


pero puedes seguir a su oficina y esperarlo.

—Oh, gracias. Igual, creo que madrugué demasiado —


murmuro y se ríe entre dientes.

—Eso es bueno, Esteban por lo regular está aquí desde las


siete, pero anoche salió muy tarde de aquí, y muy cansado. No
debe tardar.

—Vale.

Me guía hasta un cómodo sofá dentro de una pequeña


oficina. El escritorio es pequeño y aunque hay varios papeles
sobre él, está organizado. El resto de la oficina se compone de un
cuadro, perchero, tres sillas, el sofá donde estoy sentada y otra
puerta que imagino, conduce a un cuarto de baño.
No hay fotos ni nada que me dé algún indicio que quién y
cómo es el señor Esteban Velasco.

Según lo que me dijo Damián, el esposo de mi prima Carolay,


el hombre es un genio para las ventas, es correcto y tiene un ojo
clínico para las cosas. Además de que es supremamente
orientado al detalle y muy honesto. Justo lo que necesitaos ahora
que se descubrió el robo de quien hasta hace dos días fue la
coordinadora del Cedi.

¿Cómo es posible que haya un faltante de cuarenta millones


en mercancía y nadie se haya dado cuenta?

Eso evidencia la falta de control y supervisión. Pero bueno,


entiendo a Damián, él confía mucho en sus empleados y no
sueña con que uno de ellos termine robándolo. Aceptar este reto
no fue fácil, se supone que me mudé hace tres años a este lugar
para estar tranquila y poderme dedicar a mi hija, mi trabajo en la
capital era importante y me sentía orgullosa de lo que hacía,
pero cuando la tragedia golpeó a mi puerta, y me enfrentó a la
perdida de lo que amas; entendí que ninguna suma de dinero
puede compararse con el tiempo que puedes compartir con
aquellos que amas. El dinero se esfuma, pero esos bellos
recuerdos se quedan por siempre, y ahí es en donde debemos
poner nuestro mayor esfuerzo, en hacer más momentos
memorables.

Desde entonces he estado haciendo algunos trabajos para


antiguos amigos, revisando sus procesos de distribución y
ayudando a potencializarlos. He ayudado a mejorar los
programas y la forma en la cual se registra sus servicios. No es un
trabajo de tiempo completo, son proyectos que me toman una
o dos semanas y luego quedo libre para ver crecer a mi hija y
poder crear con ella, más recuerdos increíbles.

Mudarme aquí sólo fue la guinda del pastel. Necesitaba


alejarme de todos los recuerdos dolorosos, del bullicio de una
cuidad acelerada y preocupada por banalidades; la
tranquilidad y paz que encuentro aquí, en Villa María, no se
encuentra en cualquier lugar.

Los lugareños son realmente amables y muy colaboradores,


aunque no soy muy sociable y no me encuentro cada viernes
con ellos en el bar de Jonas, o en el cine del pueblo; tampoco
visito la peluquería los miércoles o llevo bollos rellenos los lunes al
parque para los obreros de la mina; la gente de nuestra pequeña
cuidad nos cuida y nos acoge, especialmente a Majo, que es la
adoración de mis vecinos.

Pensar en mi niña siempre me saca una sonrisa, esta mañana


fue difícil sacarla de su cama. Llovió toda la noche, lo que para
Majo equivale a una gran dosis de somníferos, la chica puede
dormir por días si no deja de llover.

—Buenos días.

Me sobresalto al escuchar la voz profunda en la oficina, retiro


mis ojos de la ventada y miro hacia la puerta.

El dueño de esa exquisita voz es realmente una maravilla


para la vista. Mis ojos viajan desde el negro cabello corto, sus ojos
ámbar, la dura y cubierta de pequeña barba mandíbula; los
labios delgados pero suficientemente llenos, el cuerpo delgado
pero firme y cubierto por un traje hecho a la medida, de color
azul oscuro.
Me levanto rápidamente y me doy cuenta que no es tan alto.
Bueno, es lo suficiente como para sacarme unos buenos veinte
centímetros, pero estoy acostumbrada a hombres mucho más
altos que yo.

Javier medía 1,96. Eso, comparado con mi 1,68 es


demasiado.

—¿Señor Velasco?

—Esteban, mi nombre es Esteban —responde mirándome de


la misma manera en la que yo estaba mirándole hace un rato—.
Lorena ¿no?

—Sí.

—Mucho gusto. —Extiende su mano derecha y la estrecho.


Me sonríe forzadamente y me tenso.

Realmente no está muy contento de verme.

—Damián…

—Sí, hable con él anoche. Sé a qué viene y por qué razón.

—Oh, bueno, eso evita una presentación extensa.

—Sí, no tengo, tenemos mucho tiempo para una. —Camina


hasta su escritorio y toma una de las carpetas—. Siéntese, por
favor. —Levanta una de sus cejas y señala la silla frente a él. Me
esfuerzo por no mirarlo hoscamente y hago lo que pide—. ¿Qué
es lo que va a hacer?

—¿Perdón? —Ladeo mi cabeza ante su pregunta.

Él no creerá que hoy yo vendría con una soluci…


—Acaba de decirme que ya Damián la empapó del tema y
que sabe lo que sucede. Imagino que trae alguna propuesta o
medida de intervención. La situación, como creo que debe
saber, es grave.

Cruzándome de brazos y adoptando la misma actitud de


mierda que él, respondo—: Sería muy irresponsable de mi parte
presentar el primer día una propuesta de intervención para una
situación que tiene en jaque uno de los servicios que más ha
caracterizado a esta compañía, cuando ni siquiera tengo
conocimiento de primera mano, he visto y conocido el proceso
de desarrollo del mismo. Sólo se me dio la información de la
situación crítica.

—Ya veo…

—Y antes de que diga otra cosa —interrumpo—, vine hoy


aquí, precisamente para hacer un estudio de lo que se presenta
deficiente y así poder tener los recursos y argumentos correctos e
idóneos para poder desarrollar y luego implementar un plan de
intervención y una reestructuración. ¿Imagino que usted hace lo
mismo cuando realiza sus estudios de mercadeo?

Sus ojos se estrechan en mi dirección. Batallamos con


miradas por unos minutos, antes de que Katerine irrumpa en la
oficina con dos cafés caliente.

—Lamento la demora, pero recibí una llamada de Damián y


olvidé traer su café. —Me entrega uno a mí y pone el otro sobre
el escritorio. Katerine le da una mirada acusadora a Esteban,
como si supiera lo que está ocurriendo, se vuelve hacia mí, sonríe
y habla—: Espero que puedas acoplarte pronto. Bienvenida
Lorena, cualquier cosa que necesites, con gusto.

—Mil gracias, Katerine. Eres muy amable.

—Con gusto.

Se retira y me deja nuevamente sola con el ogro. Así lo


empezaré a llamar de ahora en adelante. Le regalo una de mis
clásicas miradas y eso logra que sonría.

Él sonríe.

Guau.

—¿Empezamos de cero nuevamente?


Capítulo 3
Esteban

Esta es la primera vez que alguien realmente me hace


mucha gracia.

Lorena, la mujer que envío Damián para resolver el problema


de deficiencia en el Cedi, es realmente diferente a lo que esperé.

Cuando la vi en mi oficina la primera vez, se veía pérdida en


sus pensamientos y tenía una sonrisa tan tranquila en su boca que
la envidié por unos momentos. Yo no he podido sonreír así desde
hace mucho, y todo por el trabajo hasta el culo que tengo;
además, no encuentro una razón para sonreír así.

Sé que fui algo brusco durante nuestro primer intercambio,


pero no tuve una buena noche, ni buena mañana. El dolor en mi
cuello es un recuerdo de que no debo volver a quedarme
dormido en mi sofá. Nunca jamás. Esta mañana fui a buscar mi
periódico, para encontrar pedazos del mismo esparcidos por
todo mi antejardín cortesía del chihuahua del vecino.

Odio a ese condenado perro.


Y para rematar, el agua se fue por daños en la represa
debido al torrencial aguacero de anoche, la tostadora quemó
mis rodajas de pan y me pinché camino al trabajo.

No es mi mañana más brillante.

Pero Lorena me plantó cara, y de la manera más sutil y


profesional, me envío a comer mierda. Eso me gustó. No ella, su
actitud. Aunque ella no está tan mal, pero tampoco es una
belleza despampanante ni detendrá todo el tráfico sólo por
caminar en la calle.

Observo su cabello oscuro, es corto, hasta los hombros; me


pregunto si es así de liso o usa algún producto. Tiene poco o casi
nada de maquillaje, lo que me deja ver varios lunares pequeños
sobre sus mejillas y su nariz. Hay dos diminutos puntos a un lado
de su ojo derecho. Su nariz es pequeña pero delicada, tiene unos
increíbles ojos verdes y una rellena y delicada boca. Sus labios
son semejantes a los de Scarlett, lo sé, porque esa mujer es mi
amor platónico. Su cuerpo es curvilíneo, no tanto como para ser
una mujer de talla grande, pero sí lo suficiente como para hacer
que un hombre mire una segunda vez, y lo disfrute.

Justo ahora, sus labios están fruncidos y su ceño contrariado.

No le gusta lo que ve, y a mí tampoco.

—Tenemos mucho trabajo en nuestras manos.

—¿Mucho? —chilla—. Demasiado diría yo. No puedo creer


que hayan permitido que estas bodegas llegaran a tal estado. El
sistema está fallando, el inventario no concuerda con el stock en
las góndolas ni en los cuartos de almacén, el personal no está
completo, las máquinas no están operando al cien por ciento;
hay mugre y suciedad, las oficinas se caen… ¿Quién carajos
estaba a cargo? Si sigo con la lista de todo lo que he encontrado
en estas cuatro horas, y sé que encontraré más en las siguientes,
creo que me desmayaré.

—¿Te retiras entonces? —pregunto. Muerdo una sonrisa


cuando se vuelve hacia mí con una mirada de muerte.

—Jamás. Le prometí a Damián que ayudaría, no prometo en


vano. Además, un desastre como este no me detendrá.

—Bien. Repito mi pregunta de esta mañana ¿Qué tienes en


mente?

Mira de regreso al desastre y suspira—. Déjame término de


revisar todo, esta noche iré a casa y diseñaré el plan de
intervención y todos los cambios que debemos implementar.
¿Tengo libertad en esto o debo responder a usted?

—Damián sólo me recomendó apoyarte y acompañarte


cuando tuvieras alguna duda. Cuentas con la confianza de
Damián, por ende, debo confiar en tu criterio, hazlo y muéstrame
que necesitamos cambiar.

—Perfecto. —Anota algo en el cuaderno que lleva


diligenciando desde que llegó y sonríe—. Mañana a las nueve
tendré todo preparado. Pero, algo que sí necesito desde ya es…
un equipo de limpieza y varios muchachos para mover algunas
cosas.

—Lo tienes —respondo.

—Gracias.
Me excuso y la dejo que siga señalando y descubriendo lo
que está mal, para continuar con el trabajo por el que me
contrataron y para el que estudié. Cerca de las seis de la tarde,
la veo nuevamente supervisando y preguntando todo. Katerine
le entregó su almuerzo hace unas horas, la mujer estaba tan
concentrada en su trabajo, que olvidó comer.

En eso se parece a mí.

Para las ocho, ella ya se había ido a casa mientras yo aún


continuaba terminando lo que se atrasó, por acompañarla esta
mañana.

Arrojo el lapicero de mi mano cuando mis ojos tratan de


cerrarse, froto mi dolorido cuello y apago todo cuando por fin me
doy por vencido y decido ir a casa. Recojo los documentos
esparcidos sobre el escritorio, y uno me llama la atención.

Es la carta de la niña.

Aquella que tiene un valioso deseo de navidad.

Leo los últimos párrafos y cierro mis ojos…

Me gustaría cumplir su sueño, ¿pero cómo?, ni siquiera he


podido cumplir los míos.

—¿Tienes un poco de tiempo?


Levanto mis ojos de las muestras publicitarias que me entregó
Katerine esta mañana, y me concentro en Lorena. Mis cejas se
elevan un poco cuando veo su atuendo de hoy.

Es un jean y una camisa que es obvio, no es nueva ni debe


preocuparle si se ensucia. Mis ojos regresan a su rostro cuando la
escucho reír.

—Lo sé, este no se supone que sea el atuendo para trabajar,


pero hoy haré otra clase de trabajo y no quería dañar un traje.

—Hmm.

Me sonríe y camina hasta mi escritorio, se sienta y me entrega


las carpetas que tenía en su mano.

—Esta son las medidas que se deben aplicar


inmediatamente. Necesitamos cambiar el sistema, realizar un
nuevo inventario para cargar la base de datos y hacer rotación
de todos los productos que están pasados de fecha.

—Claro… —reviso los documentos y leo a detalle todo lo que


propone y el diagnostico que empleó.

—Necesitamos cambiar los formatos de registro para los


despachos de mercancía hacia los diferentes puntos de venta.
Tenemos muchas quejas sobre entregas incompletas y productos
en muy mal estado, especialmente los de consumo masivo.

—Ahora entiendo la demora en la entrega y distribución del


producto. Yo aquí, vendiendo como loco y generando mejores
estrategias comerciales para cumplir con el presupuesto del
almacén y mira…
—Pero nos hemos dado cuenta y todavía tenemos tiempo
de corregir antes de que la bola de nieve sea demasiado grande
y arrase con todo.

—Eso espero —suspiro y froto mi frente. El dolor de cabeza


que surgió anoche no se ha ido.

—¿Estás bien? —pregunta. Se acerca y me mira


preocupada—. Te ves pálido y estás sudando mucho. Ayer no te
veías así.

—Es migraña, demasiada presión.

—Oh. Lo entiendo. Revisa mis propuestas y proyectos


mientras hago el primer cambio y luego, déjame todo a mí.
Prometo que pondré esas bodegas al pelo.

—¿Sabes?, si Damián no me hubiera llamado hace una hora


y me hubiera asegurado que puedo confiar plenamente en ti,
me reiría de lo que acabas de pedirme. —Sus ojos se estrechan
un poco y se tensa. Me río de su respuesta y niego con la cabeza,
eso hace que el dolor aumento—. Auch. No lo tomes a mal, no
soy una persona que confía fácil, pero si de algo estoy seguro, es
de la lucidez y el criterio de mi jefe y amigo. —Le entrego los
documentos, los toma con un poco de cautela—, hazlo, todo.
Estoy demasiado ocupado en este momento, tengo dos
reuniones y varios clientes a los cuales darles la cara por las fallas
de Blanca. Confiaré en tu trabajo y tu capacidad de volver a
flote ese barco hundido.

—¿No vas a revisarlo?

—No.
Boquea, sorprendida por mi decisión. —Bueno, esto es
realmente nuevo para mí. Te agradezco el voto de confianza. Iré
a trabajar entonces.

—El personal de limpieza está en la bodega desde hace una


hora. Los chicos ya saben que deben seguir tus ordenes, ayer
fuiste presentada como su jefe así que… ve por ello.

—Vale.

Se levanta y, dudando todavía de mi arrebato, camina hasta


la puerta. Me da una mirada antes de cerrar y alejarse hacia su
área de trabajo. Unos minutos después, Katerine entra, hecha
una furia, con dos pastillas para el dolor de cabeza y un vaso de
agua.

—Será mejor que si vuelve a dolerte algo, actúes, no quiero


tener que encontrar un día a mi jefe muerto sobre el escritorio.

—No seas exagerada, Katerine.

—Créeme, cuando exagere lo sabrás.


Capítulo 4

Lorena

—¡Mami! —grita Majo y se arroja a mis brazos, apenas y abro


la puerta de casa.

—Cariño —murmuro sobre su cabeza, besos sus rizos rubios y


la abrazo con fuerza.

—¿Cómo te fue?

—Bien cariño. Estoy cansada, pero bien.

—Clara hizo la cena —susurra para evitar que mi prima la


escuche—, e intenta que la coma. No quiero morir todavía mami.

—¡Te escuché! —grita mi prima desde la cocina. Me vuelvo


hacia ella y tengo que morder mi mejilla para no carcajearme.

Clara no puede hervir ni un agua, créanme, si el agua


pudiera quemarse, ella lograría hacerlo.

—¿Qué te explotó en la cara? —pregunto. Majo se ríe y


esconde su rostro en mí estómago.
—Fueron esos malditos frijoles. Quise hacer los frijoles que tú
haces pero… —Se señala a sí misma y resopla—, me estallaron en
la cara.

—Y ahora quiere que coma esa masa de frijoles duros y papa


—protesta Majo, ganándose una mirada de muerte de Clara.

—Al menos intenté alimentarte. Deberías agradecer mi


esfuerzo.

—No cuando intentas que muera por ingerir algo no apto


para el consumo.

El rostro de mi prima se comprime por las palabras de mi hija,


abro mi boca para regañarla por hacer sentir mal a nuestra
prima, pero una carcajada de Clara me detiene.

—Es verdad, probablemente mueran si comen mis frijoles. —


Suspira y limpia su rostro con el delantal—. Voy a limpiar. ¿Puedes
pedir una pizza? —Asiento y acompaño a Majo hasta la sala.

—¿Ayudaste a tu prima hoy? —pregunto marcando a la


pizzería.

—Sí mami. Le ayudé con todo de la casa y también ayudé a


la señora Méndez.

—Bien. —La línea es contestada y ordeno nuestro pedido—.


Listo, la pizza está en camino.

—Gracias a Dios —responden Majo y Clara a la vez.


—Pero, ¡quiero ir!

—Lo siento Majo, pero no puedes.

—¿Por qué no?

—Porque es mi trabajo, hay mucho por hacer y las bodegas


no son seguras para una niña.

—Juro que me portaré bien, mami. Por favor, no quiero


quedarme aburrida en casa.

—Mi trabajo es aburrido cariño —Suspiro e intento acomodar


mi ropa de nuevo. Este estúpido traje no quiere colaborar—. Hoy
estaré haciendo unas entrevistas de trabajo y otras miles de
cosas, súper aburridas.

—No me importa, quiero ir. —Se cruza de brazos. Le envío una


mirada por el espejo y la veo hacer un puchero.

—¿Por qué quieres ir?

—No lo sé, sólo no quiero quedarme aquí.

Respiro profundo y ruedo los ojos cuando se deja caer en sus


rodillas y ruega.

—Está bien. Alístate en dos minutos o te dejaré en casa.

—¡Sí! —Corre a su habitación para cambiar su pijama de


renos y arbolitos navideños.

Froto mi rostro e imagino que tendré que inventarme para


entretener a Majo mientras trabajo, será difícil poder tenerla
concentrada en un sola cosa por más de una hora… o un par de
minutos.

Cinco minutos después, estamos en mi auto de camino a


Center House, Majo no deja de rebotar en su asiento,
entusiasmada por llegar. Veinte minutos y ya estamos
atravesando las puertas y dirigiéndonos a mi improvisada oficina.

—Esto es un cuchitril —murmura Majo, arrugando su nariz.

—Te lo dije.

—No importa, lo resolveremos.

Ruedo los ojos y me dejo caer en el escritorio para empezar


con las tareas de hoy. Organizo algunos informes y reviso el
inventario, le pido a Majo que me ayude con algunos archivos.
Se entretiene un tiempo con ellos, organizándolos y clasificando
los que he marcado como innecesarios y desechables.

Para media mañana, me sorprende admitir que, gracias a


Majo he adelantado mucho de mi trabajo y papeleo. Le sonrío
cuando la veo saltar por los bocadillos que pedí, se decide por
dos rollitos de canela y una leche de chocolate.

—¿He hecho un buen trabajo? —pregunta.

—Por supuesto que sí. Eres la mejor asistente que una madre
puede tener —digo, abrazándola y besando su frente—. Eres
sorprendente.

—Entonces, ¿no fue tan mala idea traerme, verdad?

—No, cariño, no lo fue.


Para cuando la hora de las entrevistas, Majo decide
ayudarme a “tomar notas” de las personas más adecuadas,
según ella.

Damián confía en que pueda escoger a una persona idónea


para el cargo de jefe. Realmente espero poder hacerlo, los
perfiles profesionales de las personas que he citado me dejaron
un poco sorprendida, pero necesito ver su actitud y la visión que
obtiene y se forman ellos al ver el verdadero trabajo frente a sus
ojos.

La primera persona en pasar me desilusiona totalmente. Su


rostro nunca deja de hacer esa mueca fastidiosa hacia Majo y
hacia el resto del lugar. Los siguientes tres candidatos son algo
semejante, incluso, uno de ellos tiene la decencia de declinar
antes de siquiera empezar con la entrevista. Para la hora del
almuerzo —retrasada— me quedo con nada. Ninguno pasó mi
entrevista. Y esta tarde debo entrevistar al resto del personal que
necesito.

—¿Qué quieres para almorzar? —pregunto a Majo que se


encuentra detrás de mí. No responde, repito la pregunta y frunzo
el ceño cuando el silencio es quien me contesta—. ¿Majo?

Se supone que ella debía estar detrás de mí.

Me levanto rápidamente y busco en los alrededores por ella.


Sólo espero que haya ido al baño, no la quiero andando por ahí,
importunando a los demás.
Majo es una niña dulce, pero puede ser demasiado para los
demás, algunas veces.

Llego hasta las oficinas administrativas sin verla. Camino


hasta la sección de juguetería del almacén con la esperanza de
que esté ahí, o tal vez en la zona navideña —un espacio donde
está la feria de navidad y miles de adornos y muñecos alusivos a
las fechas— pero no está en ninguno de ellos.

La preocupación empieza a asentarse en mí, mi estómago


se contrae y camino frenética hacia las oficinas administrativas y
los baños.

—¿Dónde estás Majo? ¿En dónde te has metido, cariño?

—Señorita Lorena —saluda Katerine, pasándome con dos


almuerzos en bolsas, uno de ellos luce como una cajita infantil del
Kokoriko que hay dentro del lugar.

Frunzo el ceño y saludo—: Hola Katerine, ¿es eso una cajita


infantil?

—Sí —responde con una sonrisa—. Su hija fue muy específica


en cuanto a lo que quería para almorzar. Agrandar el combo de
papitas y gaseosa, un helado con masmelos de postre.

—¿Mi hija? —chillo no gustándome para nada, hacia donde


se dirige esto—. ¿Dónde está Majo?

—Con Esteban, por supuesto.

Oh santo señor de los cielos.

—Carajo. ¿Hace mucho que está ahí?


—Casi una hora, quizás un poco más.

—Majo —gimoteo y me dirijo hacia la oficina de Esteban.

—Voy tras de usted —canta Katerine y puedo notar la


diversión en su voz.

Sólo Dios sabe que ha hecho Majo.

La escucho antes de siquiera atravesar la puerta.

—… No deberían hacerlo entonces, eso es… ¿publicidad


engañadosa?

—Engañosa —corrige Esteban.

—Eso mismo, eso no se hace.

—María José Bermúdez Zapata —gruño, sorprendiendo a mi


hija y a Esteban, que alterna su mirada, más que estupefacta,
entre mi pequeña y yo—. ¿Qué estás haciendo aquí?
Capítulo 5
Esteban

—¿Majo? ¿María José Bermúdez Zapata? —pregunto en


shock. No puedo creer que sea la misma niña de la carta.

No puede ser.

Eso quiere decir que… Lorena es la madre de la chica que


escribió la carta. La mujer a la que su hija ha pedido como deseo
de navidad, un novio.

Oh, esto no puede ponerse mejor.

Mis ojos se dirigen hacia la mujer, furiosamente hermosa,


mirando a su hija. Majo se colorea un poco y le da una sonrisa
que compraría a cualquier hombre o mujer en el mundo. Me
sorprende que sean tan diferentes, tal vez Majo es la viva imagen
de su padre…

Su padre, que está muerto.

Mi corazón se encoje un poco por la pequeña, ella


realmente desea a un padre en su vida. Su carta me lo dejó muy
claro. Lo que me sorprende es como una mujer como Lorena no
tiene un hombre a su lado que la cuida. No es que ella sea una
mujer despampanante, pero estos últimos siete días que hemos
trabajado, me he dado cuenta de lo lista e increíble que es.
Incluso, cocina como los dioses, hace un par de días me trajo un
poco de los frijoles que hizo para el almuerzo.

La carta, guardada en mi maletín y que he releído mil veces,


parece enviar una señal desde su lugar, me desvío un poco hacia
mi maletín en el perchero y suspiro.

No puedo creerlo.

—Lo siento mucho, Esteban. Majo puede ser un poco curiosa


y traviesa a veces.

La voz de Lorena me devuelve la vista al frente. Ella se ha


acercado lo suficiente para comprobar que el poco, pero
acorde maquillaje que usa hoy, resalta sus ojos. El traje que usa
se ve matador en ella.

Jesús, y yo que pensaba invitarla a cenar hoy.

—No te preocupes. Sólo estábamos hablando sobre cosas,


Majo tiene una opinión muy interesante sobre algunas cosas que
hacemos en Center House.

Majo asiente y murmura—: La publicidad engañadora, por


ejemplo.

—Engañosa —corregimos Lorena y yo al tiempo. Katerine se


ríe entre dientes y camina hasta el escritorio para dejar nuestros
almuerzos.
—Eso mismo. —Inspecciona la bolsa que contiene la caja
infantil y el helado que pidió—. ¿Qué vas a almorzar, mami?

—Uhm, no lo sé. Cuando iba a hacer nuestro pedido,


descubrí que no estabas donde se suponía que debías estar.

Majo se encoje un poco y le envía una sonrisa de disculpa a


su madre.

—Lo siento mami, me aburría. Pero, podemos compartir mi


cajita infantil, la señorita Katerine agrandó el combo.

—¿Vas a compartir tu súper combo conmigo? —pregunta


Lorena con escepticismo—. Eso sí que es una sorpresa.

—Sólo porque te amo, mami. Haría cualquier cosa por ti.

Como escribir una carta, pidiendo un novio para ella.

—Lo sé, cariño y yo haría lo que sea por ti.

Lorena sonríe y se acerca a su hija. Me mira un momento y


me regala una de sus sonrisas agradecidas. Le correspondo y
pido a Katerine que envíe por otro almuerzo para ella.

—¿Almorzaremos los tres? —pregunta Majo.

—Sí —respondo.

—¿Y Katerine? —Lorena se vuelve hacia mí, expectante.

Antes de que pueda responder, mi asistente lo hace. —No se


preocupen, almuerzo con el resto de las chicas en el comedor.
Ya regreso con el tuyo, Lorena. Buen provecho.
Se retira y unos minutos después, entrega el almuerzo de
Lorena. Los tres almorzamos juntos en mi oficina. Como lo
prometió, Majo comparte parte de su combo infantil con su
mamá, y Lorena hace lo mismo. Al final, me doy cuenta que
incluso yo, compartí mi almuerzo.

Esto es extraño.

No pensé que al recibir a la persona que tocaba en mi


oficina hace unas horas, me divertiría y relajaría con una niña de
diez años, que resulta ser la hija de la mujer que trabaja conmigo.

Una locura total.

—¿Vas a irte pronto?

Alejo mis ojos del computador y miro hacia la pequeña niña


en mi puerta.

—Probablemente.

—¿Probablemente? No deberías irte tan tarde. Mamá


siempre me ha dicho que el cuerpo no debe ser sobre exigido. —
Pone sus manos en su pequeña cintura y me mira con reproche—
. Te vas a enfermar si no descansas. Katerine me dice que siempre
te quedas hasta tarde.

—Katerine es muy comunicativa —murmuro con sarcasmo


cuando veo a la susodicha entrar a mi oficina.
—Ella preguntó, yo sólo respondí.

—Qué amable y servicial de tu parte.

—Vivo para servir —responde y me entrega los papales del


día. Se despide de Majo con un beso en su frente y se va.

—¿Qué haces ahí todavía? —pregunto cuando veo a la


pequeña todavía en mi puerta.

—Esperándote.

—¿Esperándome?

—Sí. Es hora de irnos a casa.

—Yo aún tengo trabajo por hacer.

—Mañana será un nuevo día.

—No puedo dejar esto para mañana, debo hacerlo hoy.

—Si no terminaste todo eso en todo un día, mucho menos lo


harás en toda una noche —dice y camina hasta sentarse frente
a mí—. Prometo que si te vas a casa ahora mismo, mañana
vendré y te ayudaré.

—¿Vas a ayudarme en mi trabajo?

—Sí, soy muy buena. Pregúntale a mamá, hoy yo la ayudé a


ella.

—Vale, y a todas estás ¿tu mamá sabe que estás aquí?

—Hm, no.

—Ya veo. —Suspiro y cierro el móvil—. Vamos. Iremos a casa.


—¿ En serio?

—Sí.

Empaco mis cosas y tomo el abrigo que dejé esta mañana


en el perchero. La lluvia ha empezado a caer ya. Salimos de la
oficina y en los corredores desiertos, escuchamos el sonido de los
tacones de alguien que se apresura hacia nosotros. Al cruzar la
esquina, Lorena se detiene abruptamente cuando nos ve a Majo
y a mí, caminar hacia ella.

—Tienes que dejar de hacer eso María José —regaña. Se


frota el pecho y deja escapar un suspiro—. No puedes irte así,
debes siempre, siempre esperarme.

—Lo siento, sólo quería venir y despedirme de Esteban. —


Suelta mi mano y camina hasta su mamá—. Además, quería
garantizar que fuera a casa, Katerine me dijo que él trabaja
mucho y ha estado con dolores de cabeza. Esteban me agrada
mami, no quiero que se enferme.

Las palabras de Majo sacan todo el aire de mis pulmones.


Lorena mira a su hija y sonríe, de esa manera en la que las madres
sonríen a sus hijos cuando dicen o hacen algo que las hace sentir
orgullosas.

Trato de recobrar el sentido y de volver a respirar.

Alguien está realmente preocupada por mí.

Esa pequeña no quiere que me enferme.

¿Qué tan patético es que, tu corazón lata más rápido al


saber que realmente le importas a una criatura de diez años?
¿Sólo le importo a esa criatura?

Sí.

Y entonces mi decisión está tomada.

Yo también me preocuparé por ella.


Capítulo 6

Esteban

Tengo exactamente doce días.

Doce días, para conquistar a Lorena y ser su nuevo novio.


Aunque sea por navidad.

Voy a darle ese regalo a Majo, lo merece. Haré


malditamente feliz a su madre y a ella, y después de que la
navidad pase, ya veremos qué es lo que sucede.

Además, Lorena no es una mujer que requiera de un sacrificio


humano para estar con ella. Es hermosa, pero para no complicar
las cosas, mantendré esto sin contacto físico íntimo.

Cero relaciones sexuales entre nosotros.

Las puertas de la oficina se abren y Majo junto a su


despampanante madre, entra a la oficina.

Lorena está usando un vestido gris de manga larga, que se


aferra a su cuerpo como una segunda piel y mierda, ahí van mis
ganas de mantener esto, lejos del sexo.
Realmente la tomaría, esa mujer tiene todo lo que un hombre
quiere en un cuerpo femenino.

Sacudo mi cabeza y alejo esos pensamientos obscenos,


cuando la pequeña niña que ha estado en mi cabeza antes,
corre hacia mí.

—¡Esteban! —grita. Se detiene frente a mí y extiende una


bolsa de papel—. Te hice el desayuno, mamá me ayudó.

—Oh, gracias. —Tomo la bolsa y la inspecciono, mientras


Lorena se acerca a nosotros.

—Hola.

—Hola Lorena, te ves hermosa hoy.

Sus ojos parpadean un segundo, está confundida por mi


cumplido, pero se sonroja por el mismo. Eso es bueno,
empezamos bien.

—Gracias. Tú te ves… uh bien.

Bueno, eso no se escucha bien.

Suspira y murmura algo entre dientes antes de volver a


hablar—. Lo siento, eso no se escuchó bien, quiero decir, que le
dices a un hombre ¿te ves bien? ¿Lindo? ¿Increíblemente sexy?

Rápidamente cubre su boca y vuelve a sonrojarse por sus


palabras, sus muy abiertos ojos me miran con terror. Me rio entre
dientes al igual que Majo y procuro salvarla un poco.

—Gracias Lorena, me alegra saber que me veo bien.

—Oh Dios mío, no puedo creerlo —gime mortificada.


Vuelvo a reírme y abro la puerta de mi oficina para ambas.

—Vamos, pasen. Tomaremos el desayuno en mi oficina. —


Majo entra sin segunda invitación, Lorena lo hace un poco más
dudosa y avergonzada. Le sonrío tranquilizadoramente, y justo
cuando pasa por mi lado debo susurrarle—: Tú también te ves
increíblemente sexy.

Tropieza un poco con sus pies y la atrapó entre mis brazos


antes de que caiga al suelo. Su rostro se torna más rojo de lo que
es humanamente posible, murmura una disculpa y trata de
alejarse, logro ver su piel de gallina antes de que camine hacia
su hija; y puedo concluir que ella también lo sintió.

Esa corriente eléctrica que pasó por mi cuerpo cuando la


toqué, ella fue otra víctima de ello.

—Así que… ¿Cuál es la comida favorita de tu mamá?, ¿le


gustan las flores?, ¿chocolates tal vez?

—Hmm —Majo deja de hacer lo que le pedí que hiciera hace


unos momentos y me mira—, a mamá le gusta toda clase de
comida, excepto las arepas. Las odia y no entiendo por qué. —
Asiento, tomando nota de todo. Si quiero conquistar a esta mujer
para navidad y cumplir el deseo de Majo, tengo que empezar
desde hoy mismo a planearlo todo. Quedan sólo doce días a
partir de mañana—. Sus flores favoritas son las peonías, le
encantan las series de policías y ama el chocolate blanco.

—Chocolate blanco —murmuro.

—Sí. El año pasado, cuando tuvieron que cerrar la carretera


por la caída del puente y el derrumbe; mamá vino y compró casi
todo el chocolate blanco del almacén. También otros víveres,
pero mucho, mucho chocolate.

Eso llama mi atención totalmente. Recuerdo eso. Hace un


año, para estas fechas, hubo una fuerte tormenta que derribó el
puente que comunica el pueblo con la carretera principal y
también hubo un derrumbe entre Villa María y La Rivera,
incomunicándonos totalmente por al menos unos buenos diez
días. La lluvia continuó y fue muy difícil despejar ambas vías.

El almacén sufrió un desabastecimiento ya que los lugareños


compraron provisiones por si las cosas empeoraban, me pareció
bastante extraño que el chocolate blanco fuera una de las cosas
a punto de agotarse.

—¿Piensas conquistar a mi mamá? —pregunta Majo, con


una sonrisa, sacándome de mis pensamientos.

—Puede ser, ¿tienes algún problema con ello?

—No —responde y sonríe—. No puedo creerlo.

—¿Qué cosa?

—Nada —murmura rápidamente—, es sólo que… olvídalo.

Estrecho mis ojos hacia ella, ¿acaso estaba a punto de


decirme sobre la carta?
Bueno, yo no tocaré el tema si ella tampoco lo hace. Quiero
que siga creyendo que se debe a la magia de la navidad y esas
cosas. Aunque desde un principio, Majo me cuestionó sobre la
publicidad engañosa de muchos de nuestros avisos y
comerciales. Por primera vez, ayudaré a que uno de los mismos
sea real para esta pequeña. Se lo merece.

Me trajo el desayuno, ¿cómo puedo simplemente desechar


sus ilusiones?

—Mamá es un buen partido.

—¿Ah sí?

—Sí, papá la amaba mucho. Yo no lo recuerdo, pero he leído


las cartas que ella guarda de él. Y mi prima Clara siempre está
diciendo que mi papi besaba el suelo que pisaba mi mami.

—No creo que leer esas cartas sea correcto, es algo entre tu
papá y tu mamá.

Sus ojos se ponen un poco tristes y me conmueve. Esta niña


ha logrado tocar mi corazón desde que leí su carta.

—Lo sé, pero es la única manera de hacerme a una idea


¿sabes?, no recuerdo a mi padre; no sé si fue con nosotras como
en los libros o en las películas, y leer eso me da una idea de lo
mucho que él nos amaba. —Sorbe unas cuantas lágrimas y me
apresuro a darle un pañuelo y pensar en algo que la haga sentir
mejor—. ¿Tú serías capaz de amarnos igual?

Mierda.
—Bueno, yo… eh… es demasiado pronto para decirlo.
Apenas y conozco a tu madre y a ti —respondo y su rostro vuelve
a decaer—. Pero por lo poco que conozco de ambas puedo
decir que son adorables y que con el tiempo sería imposible no
amarlas —agrego con la intención de hacerlo mejor.

—¿Tiempo? No tenemos mucho tiempo.

—¿Por qué lo dices? —pregunto realmente curioso.

—Porque navidad es en pocos días y… —Se detiene y suspira,


elevo una de mis cejas invitándola a continuar—, le he pedido a
Santa e incluso he escrito una carta a cada santo y posible
milagroso que nos ayude. El veinticuatro de diciembre papá
cumple cinco años de fallecer y mamá se va a deprimir mucho si
no tiene alguien con quien compartir ese día.

Hombre, esto es todo una perla de conocimiento.

—¿Tu padre murió en víspera de navidad?

—Sí —Una lagrima rebelde, se resbala por la mejilla—. Iba a


comprar chocolate para mi mamá, porque se había agotado.
Un auto no llevaba luces y venia en contravía, papá no lo vio
hasta que ya estaba muy cerca. Todos murieron.

Extiendo mi mano y la coloco sobre una de las pequeñas


suyas. —Lo siento Majo, de verdad.

—Gracias. —Limpia sus mejillas con mi pañuelo y me da una


sonrisa tímida—. Entonces, ¿vas a conquistar a mi mami?

—¿Quieres que lo haga?

—Sí.
—Muy bien, porque realmente empieza a gustarme tu
mamá. El chocolate blanco también es mi favorito y amo las
series de policías.

Que empiece el conteo. Tengo una mujer a la que


conquistar.
Capítulo 7
Día uno
Lorena

—¿Para mí? —pregunto confundida.

El repartidor asiente, con aire cansado y aburrido. Frunzo el


ceño y recibo el paquete que me ha extendido apenas y abrí mi
puerta. Esto es extraño, nadie me envía cosas. Nadie, no desde…
Javier.

—Firme aquí, por favor.

Hago lo que me pide y cierro la puerta apenas y se aleja.


Sacudo el paquete, por el sonido, son varias cosas pequeñas
dentro del mismo. Majo viene corriendo y se detiene cuando me
ve dudosa, con el regalo en mis manos.

—¿Qué es?, ábrelo ya mami.

—Vale, si lo pides tan amablemente, por qué no.

Rueda los ojos y muerdo mi labio para no reír por lo graciosa


que luce. Camino hasta la sala y me dejo caer en el sofá, seguida
por Majo, para abrir el presente. Al hacerlo, jadeo cuando veo
una caja de varios chocolates blancos. Mis favoritos.

Dios, había olvidado comprar chocolate blanco.

Hace días que no comía una de estas bolitas de exquisito


chocolate.

—Mier… coles —murmuro, intentando corregir mi casi error


frente a mi hija—. Estos tienen krispis.

—Los que más te gustan. ¿Quién los envía?, ¿tienes un


admirador?

—No. No lo creo.

Busco en la bolsa de papel por alguna tarjeta y encuentro


una muy pequeña. La tomo y leo el corto mensaje.

Para terminar un exhaustivo día de trabajo.

Esteban.

—Son de Esteban.

—Oh, Esteban me agrada, es lindo. —Me vuelvo hacia Majo


que sonríe hacia los chocolates.

—¿En serio? Un día con él y ya te declaras su fan. La gente


dice que es un poco cascarrabias. —Eso fue lo que me dijo Clara,
que lo escuchó de su grupo de lectura, que lo escucharon de sus
esposos y de cada lugareño en este pueblo.

Esteban no es uno de afuera problemático, pero es un poco


gruñón y distante.
—Es porque está solito mami, no tiene a nadie a su lado.
Además, trabaja como una mula. Obvio que va a estar
amargado.

—No voy a refutar eso de trabajar mucho, el hombre es


como una máquina.

—Eso habla muy bien de él, es muy responsable. Además de


guapo, y forrado de dinero.

Levanto una ceja y miro dudosa a mi hija. —Te estás tomando


muy en serio eso de ser su fan.

—Ya te dije que me agrada, te ha enviado chocolates.

—Lo cual es raro.

—Es romántico y lindo.

—¿Romántico? ¿Otra vez estás leyendo mis novelas a


escondidas? —pregunto, me llevo un chocolate a la boca y le
entrego uno a mi hija.

—Sólo ese que tiene una fresa untada de chocolate en la


portada —responde y escupo mi chocolate.

—María José Bermúdez Zapata —grito y me levando


bruscamente, corro hacia su cuarto y busco el libro de Megan
Maxwell.

Jesús bendito, este libro tiene demasiadas escenas no aptas


para una niña de diez años.

—¿Hasta qué capítulo leíste?

—Hmm ¿casi la mitad?


Oh Dios Mío, me va a dar un derrame. Me va a dar.

—¿La mitad? —chillo y mi cara se drena de sangre—. Oh por


Dios, ¡María José! ¡Este libro no es para niñas!

—Lo sé, algunas cosas no las entendí, es bastante confuso.

Llevo mis manos hasta mi rostro y me cubro. ¿Qué carajos voy


a hacer con esta niña? No puedo creer que esté leyendo esos
libros. Debo esconderlos o dejarlos bajo llave.

¿Quién en el mundo tiene que dejar bajo llave sus libros?

En serio, mi hija realmente me sorprende cada día.

Hablando de sorprender, donde habrá dejado el libro de


Megan. Debo encontrarlo y si no apreciara tanto un libro, lo
quemaría, sólo para asegurarme que mi hija no vuelva a leerlo.

Jesús, voy a condenarme.

Hoy Majo me acompaña nuevamente al trabajo. Estas


vacaciones de invierno apenas empiezan y ella ya desea volver
a clases. Odia estar en casa sin hacer nada.

No vi a Esteban esta mañana al llegar, pero le dejé uno de


mis buñuelos y hojaldras con katerine, junto con una nota de
agradecimiento por los chocolates de ayer.

Me concentro en mi trabajo, en lo mucho que hemos


avanzado y en lo que todavía queda para solucionar. Los
despachos a La Riviera ya están coordinados y tenemos dos
nuevos conductores con vehículos adecuados para el transporte
de la mercancía. Majo se concentra en los productos lácteos que
tienen fecha vencida y yo en las bebidas.

Para la hora de almuerzo, tenemos casi todo listo de esta


área y el inventario está quedando al pelo. Majo bebe una leche
chocolatada mientras yo camino hacia el teléfono para pedirle
a Felipe, mi nuevo asistente, que nos ayude con el almuerzo.

—Hola.

Me sobresalto al escuchar la voz de Esteban a mi espalda.


Me volteo y le sonrío.

—Hola.

—¿Están listas?

—¿Listas? ¿Para qué?

—Vamos a almorzar, tenemos —Mira su reloj y vuelve sus


impresionantes ojos hacia mí—, cuarenta minutos para ir y comer
algo fuera.

—¿Fuera?

¿Qué carajos me pasa? ¿Acaso voy a repetirlo todo?

—Sí, Majo me dijo que le gustaría comer en la cafetería de la


señora Vélez. Hoy tiene puré de papa.

—Al parecer mi hija te ha dicho mucho.

Su sonrisa crece un poco más y lo miro sospechosamente.


—No todo lo que quería oír, pero, creo que puedo
preguntárselo directamente a la persona que quiero.

—¿Estás hablando de mí, verdad?

—¿A quién más querría? —pregunta en voz baja. Jesús,


¿acaso eso fue un escalofrío?

—Oh por Dios, ¿estás coqueteando conmigo?

Camina un poco más cerca de mí, y puedo sentir el calor de


su cuerpo dirigirse al mío.

—Puede ser —susurra cerca de mi oído—. ¿Quién no querría


hacerlo? Eres demasiado hermosa.

—Siempre respondes sin ser concreto.

—Tal vez —dice y lo fulmino un poco.

—¡Esteban! —grita Majo y se abalanza hacia él—. ¿Qué


haces aquí?

—Vine por las dos, iremos a comer donde la señora Vélez.

—¿De verdad?

—Sí.

—¡Hoy es día de Puré!

—Lo sé, deberíamos irnos ya, antes de que se acabe. —Me


mira con una sonrisa y el aleteo que surgió en mi corazón apenas
y escuché su voz, se intensifica.

¿Qué está pasando?


Capítulo 8
Día dos
Esteban

Lorena aún me mira desconcertada.

—¿Un museo?

—Sí. Es un buen lugar. Hace mucho que no salgo fuera del


pueblo, sería emocionante ir. Además, creo que a Majo le
gustaría mucho.

Sus ojos siguen observándome, mientras evalúa cada una de


mis palabras. Debe estarse preguntando el porqué de mi interés
en salir con ella y la niña. Ayer el almuerzo en el trabajo fue una
buena excusa y no un sospechoso movimiento sobre ella, pero
hoy, bueno. Esto simplemente es raro. Yo no hago este tipo de
cosas, pero necesito conquistarla y hacer feliz a Majo, a ambas.

—Tienen este parque temático de cuidad para niños, ella


podrá jugar a ser lo que sea que quiera ser. Una cantante,
modelo, policía, bombero.

Suspira y muerde una sonrisa. La he convencido.


—Está bien, voy a preguntarle.

—Me parece bien, podemos hacerlo esta noche en la cena.

—¿Cena? ¿Cuál cena?

—¿Majo no te dijo? —pregunto intentando no reírme.

—¿Decirme qué?

—Me invitó a cenar esta noche en su casa. Contigo. Dijo que


preparas una crema de pollo deliciosa y unas verduras guisadas
de infarto.

Se queda mirándome sin parpadear por algunos segundos,


bufa y cierra sus ojos para frotar el puente de su nariz.

—Esa niña.

—¿Ya no estoy invitado? —pregunto desilusionado, o eso


intento, sé que no me dirá que no—. Oh, bueno, realmente quería
probar una comida casera.

—Oh no, lo siento. Claro que puedes ir, es sólo que Majo no
me había dicho nada, y no dejé lavadas las verduras —Se encoje
de hombros y planta una sonrisa—, la cena tardará más de lo
normal, pero cenaremos juntos… los tres.

—Bien, ¿qué vino te gusta?

—Hm —Ladea su cabeza pensando y luce adorable. Me


concentro en los dos lunares que tiene al lado de su ojo y me
aguanto las ganas de besarlos—. Vino tinto dulce, La mona. Es
uno de mis favoritos.
Bien, otra perla de conocimiento que será almacenado y
usado frecuentemente.

—Perfecto. Estaré ahí a las siete, ¿está bien?

—Sí.

La veo alejarse y camino de regreso a mi oficina con una


sonrisa en mi cara. Katerine se detiene cuando me ve y me frunce
el ceño.

—¿Se encuentra bien?

—Sí, ¿por qué?

—Está sonriendo —responde escéptica de sus propias


palabras.

—¿Qué con eso?

—Bueno, pensé que ya no sabía cómo hacerlo, con eso de


que es un ogro gruñón asocial, con el corazón de piedra.

—Katerine.

—Es cierto, hace mucho que no le veía así.

—Bueno, las cosas cambian, los milagros existen.

—Creo saber el nombre de ese milagro —responde y regresa


a su escritorio con una sonrisa en su rostro.
Toco la puerta del apartamento de la dirección que Majo me
dio.

No fue difícil encontrar estos bloques, son el único


condominio de edificios que hay en el pueblo. Eso quiere decir
que Lorena no está tan mal económicamente. El alquiler en estos
lugares no es barato.

—¡Esteban! —chilla Majo al abrir la puerta. Se lanza sobre mí


y me abraza.

—Pequeña, también me alegro de verte. —Rio junto a ella.


No se baja de mis brazos, así que camino con ella, dentro.

—Mamá está muy nerviosa, se ha cambiado tres veces y


quemó el arroz. ¿Eso es bueno, cierto?

Me vuelvo a reír y beso su mejilla. —Sí, lo es.

Porque eso me da a entender que realmente está


esforzándose para esta cena, y ¿quién no se esfuerza por algo
que quiere?

—Bien. ¿Trajiste las flores?

—En la bolsa, con el vino y el jugo de uva para ti.

—Eres bueno —susurra y baja de mis brazos—. Mamá, ya está


aquí.

—¡Un momento! —grita Lorena desde el pasillo.

—Está colocándose la cuarta blusa. —Trata de contener la


risita pero se le escapa—. Le dije que se veía perfecta con
cualquier cosa, pero insistió en verse bien.
—Y yo ¿cómo me veo?

—Te ves muy guapo. Así como los protagonistas de los libros
que lee mami.

—¿Le gusta leer? —pregunto sorprendido. No es fácil


encontrar por estos días a una mujer amante de los libros.

—Sí, y mucho. Cuando te invite a su cuarto podrás ver toda


la biblioteca que tiene.

—¿Me invite a su cuarto?

—Sí, ¿se supone que cuando un hombre y una mujer salen,


después hacen cosas en su cuarto?

Me congelo con sus palabras y mis ojos se abren.

—¿Quién te enseña esas cosas?

—Los libros —responde como si fuera demasiado obvio y yo


un tonto.

—Deberías dejar de leer los libros de tu mamá a escondidas.

—¿Cómo sabes eso? —pregunta, sorprendida. Hombre—.


¿Mamá te lo dijo?

—Sí —miento.

—No lo volveré a hacer. Pero, si no lo hubiera hecho antes,


no podría saber que tú tienes toda la pinta de un protagonista de
esos.

—Bueno, eso realmente me alivia.

Y alimenta mi ego.
—Hola Esteban.

Me vuelvo hacia el pasillo, desde donde Lorena camina


hacia nosotros. Carajo, esa mujer es realmente hermosa.

—Luces, hermosa. —Majo me codea y señala con sus labios


la bolsa. Asiento y caso el pequeño ramo de peonías que compré
para Lorena—. Para ti.

—¡Peonias! Oh Dios mío, son hermosa. Muchas gracias.

Toma el ramo y sonríe. Una enorme y bella sonrisa. Camina


hacia lo que creo es la cocina y regresa unos minutos después
con un jarrón para las peonías.

—Son mis flores favoritas, ¿cómo lo supiste? —pregunta y


luego mira a su hija.

—Lo adiviné —respondo antes de que Majo sea


incriminada—. Son flores hermosas, para una bella mujer.

Sus mejillas se sonrojan y aclara su garganta, me agradece


nuevamente y me invita a pasar al comedor. Le entrego el vino y
vuelve a sonreír cuando descubre que es exactamente el que
dijo quería y disfruta. La cena es servida y nos embarcamos en
una cómoda y divertida conversación, los tres.

Majo me envía pulgares arriba todo el tiempo, ella cree que


estoy esforzándome demasiado para impresionar a su mamá con
palabras y frases bonitas, pero realmente no tengo que
esforzarme. Lorena es una mujer increíble y mi boca simplemente
tiene que dejar fluir lo que mi cerebro aprecia y piensa de ella. La
he hecho sonrojar más veces de las que puedo contar durante
la cena, y eso me hace sentir orgulloso de mi mismo.
No soy tan bestia desalmada, después de todo.

Cuando llega la hora de preguntarle a Majo por la salida del


domingo al museo, ella chilla y acepta encantada. Su sorpresa y
emoción son genuinas, ella no tenía ni idea que había pensado
en eso para ella y su mamá.

Cerca de las nueve de la noche, Majo es enviada a dormir y


Lorena me invita a tomar un café en el jardín delantero.
Conversamos sobre el trabajo y sobre cosas del pueblo, aún no
existe la suficiente confianza para hablar sobre nuestras vidas,
pero espero arreglarlo pronto. Sobre las once, me despido de
Lorena con un beso en la mejilla que la hace sonrojearse
nuevamente, y regreso a casa con la más tonta y enorme sonrisa.

Estas serán unas navidades muy especiales y diferentes.

Empiezo a amar de nuevo, la navidad.


Capítulo 9
Día tres
Lorena

Hoy te ves mucho más hermosa.

Esteban.

Observo la nota que fue dejada junto a la peonía en mi


escritorio. No entiendo por qué razón Esteban tiene esta clase de
detalles conmigo.

¿Acaso le gusto?

¿Intenta cortejarme?

Sonrío ante la tonta idea. ¿Quién querría cortejar a una


madre soltera? Por lo general, los hombres sólo esperan poder…

Oh no, no, no, no.

Arrugo la nota y me dirijo hasta la oficina de Esteban


echando fuego. Está muy equivocado si cree que yo voy a ser
una de esas. Saludo a Katerine, que me sonríe apenas y cruzo la
esquina, e irrumpo en la oficina de Esteban.

—¡Estás muy equivocado si crees que voy a acostarme


contigo sólo porque me has enviado una caja de mis chocolates
favoritos y unas cuantas de mis flores predilectas!

—Lorena —grazna apenas y levanta la vista de su portátil. Su


rostro se vuelve ceniciento y sé que lo he descubierto.

—¿Eso es lo que pensabas no? al igual que la mayoría de los


hombres. —Me cruzo de brazos y lo fulmino con la mirada.
Katerine, que ha escuchado todo, se adentra en la oficina con
una mueca de disculpa hacia Esteban—. El hecho de que tenga
una niña y no haya esposo a mi lado, no quiere decir que soy un
trozo de carne de acceso fácil.

—Yo… —empieza a decir, pero lo corto.

—Mira, puedes tomar tus chocolates y tus flores y meterlas


por donde no te da el sol. No me acostaré contigo, tengo muchos
juguetes en mi mesa de noche como para abrirme de piernas al
primero que se digne a gastar unos cuentos pesos en vino y
detalles.

—¿Esa es Lorena?

Escucho la voz del esposo de mi prima, saliendo del portátil


abierto.

—Sí, la misma —responde Esteban, fulminando mi existencia


ahora.

—Hola primita —grita Damián.


—Damián —digo y veo su rostro sonriente, cuando Esteban
voltea la pantalla—. ¿Cómo estás?

—Yo muy bien. Ahora, ¿Qué es eso de que Esteban te está


pidiendo sexo?

Oh Dios mío.

—No… es sólo que…

—Es sólo —dice Esteban mirándome con furia—, que tu prima


me gusta y me parece una hermosa e inteligente mujer y decidí
demostrárselo con algunas flores y detalles; pero al parecer, ella
cree que sólo intento meterme en sus pantalones, por el hecho
de ella ser una madre soltera.

Bueno, viéndolo de ese modo…

—Tú no eres de esos, Esteban. Apenas y tienes tiempo para


dormir, no te veo llevando mujeres a tu casa.

—Exactamente, me conoces, pero Lorena no. Así que sólo


por eso, trataré de no enojarme mucho, por sus suposiciones
sobre mí.

—Lo siento —digo con las mejillas rojas por la vergüenza. Yo y


mis películas mentales.

—No importa, te comprendo primita, deja que Clara se


enteré; ella sí te dará mucha mierda. —Se ríe y me guiña el ojo—
. De todas formas, es todo tuya, Esteban, la reunión acaba.

Damián termina la vídeo llamada, katerine murmura una


excusa y se aleja, cerrando la puerta, dejándome sola frente a la
mirada molesta e indignada de Esteban.
—No —dice cuando abro mi boca para volverme a
disculpar—, no digas nada más. Lo entiendo, no estás
acostumbrada a este tipo de atención. Está bien, sólo me
molesta que me tomes por uno de esos hombres que sólo busca
una follada y ya.

Suspiro y me dejo caer en su sofá. —Soy una tonta, nos he


hecho pasar la vergüenza del año.

—Así es —comenta y sonríe—. Damián estará sobre mí cada


día por confesar que me encuentro interesado en ti. Y ni que
decir de katerine, ha intentado conectarme con muchas de sus
amigas.

Eso llama mi atención.

—¿Ah sí?, ¿Has salido con todas ellas?

Resopla y se levanta de su silla para sentarse a mi lado. —Por


supuesto que no. Mírame, apenas y tengo tiempo para bañarme
y vestirme. No puedo agregar una de esas locas mujeres.
Deberías conocerlas, son escalofriantes.

—Entonces, ¿Te interesas en mí porque soy una mujer de tu


trabajo, disponible y no estoy loca?

—No. Me interesas porque eres hermosa, inteligente, una


persona muy integra, una excelente madre, eficiente,
responsable, honesta, dedicada y… ¿ya dije que eres hermosa?

Sonrío. —Sí.

—Bueno, entonces eres simplemente única.


—¿Sabes que tengo una hija, no? esa pequeña que estos
días ha venido y vuelto todo una locura.

—No, ¿En serio? ¿La increíble Majo es tu hija? —Me rio y lo


codeo—. Lo sé, y esa niña es increíble. ¿Quién podría
simplemente no amarla?

—No es fácil, no puedo simplemente salir contigo.

—Sí, si puedes hacerlo.

—Tengo que pensar en mi hija.

—Tenemos —interrumpe—. Ambos, si quiero intentar


conocerte, debo intentarlo también con Majo. Ustedes son un
paquete completo, no puedo simplemente ignorar a una de las
dos.

Vale, eso sí que no me lo esperaba.

La mayoría de los hombres con los que he salido, o sólo


buscan entrar en mis bragas, o se asustan apenas y saben de
Majo. Pero Esteban, él conoció a Majo antes de intentar
coquetearme.

Suspiro de nuevo y lo miro a los ojos.

—Somos un combo doble.

—Total.

—Con una tienes a la otra.

—Lo tengo.

—No voy a acostarme contigo.


—Lo sé.

—Iremos despacio.

—Bien. Tengo tiempo.

—Vale, nos vemos entonces.

Me levanto y camino hacia la puerta de la oficina, dejando


a un confundido y extrañado esteban.

—Espera —dice antes de que abra la puerta—. ¿Cuándo


puedo besarte?

—¿Quieres besarme?

—Desde hace dos días.

Sonrío y me encojo de hombros. —No lo sé, ¿Cuántas citas


debemos tener para un primer beso?

—¿Una?

—Entonces, asegúrate de gestionar esa primera cita —


murmuro y salgo rápidamente, dejándolo en su oficina para que
piense cuándo y a dónde, saldremos.

Para las cinco de la tarde, doy por terminada mi jornada de


hoy. Salgo de mi oficina y voy hasta mi auto, mientras envío un
mensaje a Majo, avisándole que pronto llegaré a casa.
Me detengo bruscamente, cuando veo una peonia y otra
nota en el parabrisas de mi auto. Sonrío al saber que fue Esteban
quien dejó esto.

Te recojo mañana a las ocho, usa zapatos cómodos.

Esteban.

Alguien ya pensó cuándo y dónde será nuestra primera cita.


Capítulo 10
Día cuatro
Esteban

Al llegar al apartamento de Lorena casi sufro un ataque al


corazón.

Lorena me recibe con un matador vestido negro que abraza


y resalta cada una de sus curvas. Su cabello está totalmente liso
y su maquillaje hace que sus ojos se vean salvajes y sexis.

Es increíblemente tentadora.

—Te ves… simplemente has detenido mi corazón. —Ríe entre


dientes y se sonroja—. Espera, debo asegurarme que aún
funciona. —Intento tomar mi propio latido en mi muñeca—.
Bueno, no es estable, pero aun viviré.

—Eres tonto.

—Tal vez, ¿lista?

—Por supuesto.
Pregunto por Majo, pero me dice que está en casa de su
prima Clara. Ella está encantada de compartir su cama con Majo
mientras Damián sigue en la ciudad.

—Vamos, déjame llevarte a una cita.

Llegamos al restaurante unos minutos después y podemos


notar a todos, observando al hombre más cerrado y antisocial
del pueblo, cenar con una hermosa mujer. No demoran los
susurros y los indiscretos ojos en nuestra dirección.

Lorena parece no notarlo, o ignora la atención dirigida hacia


nosotros. La camarera toma nuestros pedidos y nos adentramos
en una agradable conversación antes de que nuestros platos
lleguen.

—¿Te mudaste así no más? —pregunta y asiento.

—Madre pegó el grito en el cielo, pero realmente necesitaba


otros aires. Me cansé de la ciudad y de las mismas personas. —
No menciono que mi prometida me dejó en el altar, para ir
corriendo tras el nuevo novio de su madre.

Sí, su padrastro.

—Bueno, yo hice algo parecido, así que entiendo.

—Majo me contó —digo y extiendo mi mano para cobijar la


suya. Doy un apretón y continúo—: lo lamento mucho.

—Gracias. Fue… trágico.

—¿Y el resto de tu familia?


—Mis padres viven en la costa norte, tienen una tienda de
pesca deportiva. Mi hermana vive con su esposo en Finlandia. El
resto está dispersos en todo el país. Mis tíos y primos son algo…
aventureros.

—¿Y la familia de tu…

—¿De Javier? Oh, los abuelos de Majo viven en Alicante, él


era hijo único. Así que no hay muchos parientes de ese lado
cerca. —Hace una pausa cuando la cena llega y toma un poco
de vino—. ¿Tú tienes hermanos?

—Sí —Sonrío al recordar a Catalina—, mi hermana menor


está en la universidad.

—Viviendo al máximo.

—Qué más quisiera yo, pero es igual a mí, pegada de un libro


y demasiado madura para las fiestas y los chicos.

—Oh. Es inteligente entonces.

—Así es, pero mamá desea un nieto y no escatima en


pedirnos uno a cualquiera de los dos. No ayuda que Cata no está
muy interesada en citas o en chicos.

—Tal vez está esperando al correcto.

—Puede ser, aunque ha dejado muy claro que los hijos y la


familia no están es sus planes.

Continuamos hablando de nuestras vidas, omito algunas


situaciones dolorosas de mi vida y creo que Lorena hace lo
mismo. Es la primera cita y no queremos abrirnos como un libro y
revelar todos nuestros secretos. Sin embargo, la cena es más de
lo que pensaba y me encuentro riendo y disfrutando de todo.
Incluso de los curiosos y chismosos que no disimulan su curiosidad.

Para el final de la cena, le pregunto si desea caminar un


poco, acepta y paseamos por el muelle. La brisa alborota el
cabello de Lorena y nos reímos cuando se pegan al brillo de sus
labios. Pasamos un puesto de cremas y helados y pedimos dos
para el postre.

—Oh —chilla Lorena cuando una gota de agua lluvia cae


sobre su mejilla, la retiro y me rio cuando otras dos caen en mi
rostro.

—Creo que va a llover —digo antes de que se abra el cielo.

—Oh por Dios —grita Lorena, la tomo del brazo y corro con
ella hacia el auto, riéndonos todo el tiempo.

—Llovió.

—¿Tú crees?

—La cena fue agradable —murmura jugando con las llaves


de su casa. Sonrío al notarla nerviosa y ansiosa.

—No mucho más agradable que la compañía —digo y sujeto


sus manos, deteniendo el ruido de las llaves y logrando que me
mire a los ojos. Le sonrío nuevamente y me acerco a sus labios—.
¿Puedo comprobar que tu beso será mucho más delicioso que la
cena?
Me sonríe y muerde su labio. Sus mejillas se colorean cuando
asiente. Sin postergarlo más, le doy a sus labios un pequeño
toque, tentando y probando. Sus labios son suaves y su aliento
cálido contra el mío. Dejo a mi lengua empujar entre sus labios y
profundizo el beso cuando se abre para mí y bebo un gemido de
su boca.

Ella sabe delicioso, a sol, frutas, calidez, a todo lo bello que


puedo imaginar.

Gruño cuando sus manos se enredan en mi cabello, y como


un depredador, la arrincono en la pared y la beso con más
ahínco, con más pasión. El vestido negro que usa se levanta y
cuando siento la piel de su muslo, decido terminar el beso, ante
la necesidad tan urgente que nace en mí, de llevarla a su cama
y enterrarme profundamente en ella.

—Ese ha sido un increíble primer beso, después de una


extraordinaria cita.

—Esta noche soñaré contigo, cuando ponga mi cabeza en


la almohada —susurro sobre sus labios. Sonríe y se separa. Sus
labios se encuentran hinchados y sonrojados. Su cabello está
hecho un lío y debo imaginar que el mío igual.

—Debo entrar.

—Y yo debo ir a casa.

—Buenas noches.

—Buenas noches, Lorena. Dale un beso por mí a Majo —digo


y esto hace que se sorprenda un poco y sonría aún más.
—Lo haré.

Espero hasta que entra a su apartamento y camino de


regreso a mi auto. Al llegar a casa, ni siquiera el papel roto en mi
puerta —cortesía del perro del vecino— hacen que mi buen
humor mengue. Me quito la ropa, tomo una rápida ducha fría y
voy de regreso a mí cama, para dormir como un bebé, soñando
con un ángel.

Y ese ángel no es Majo.


Capítulo 11
Día cinco
Lorena

—¿Vas a comerte eso?

Me vuelvo hacia la voz de Esteban en la puerta de mi oficina.

—No lo sé, se ve algo raro.

—Se ve espeluznante —dice y hace una mueca hacia el


pastel de carne que Clara que entregó esta mañana.

—Si Damián te escuchara hablar así del pastel de carne de


su esposa, creo que ya no serías el consentido.

—No soy un consentido —bufa y me da una mirada


indignada—. Pero no me importa, él sabrá que tengo razón. Esa
cosa parece que tomará vida pronto y nos absorberá a todos.

—Clara, pobre Clara —suspiro y alejo el mutante—. La pobre


no puede cocinar ni un huevo.
—No entiendo cómo hace Damián; Dios sabe que el hombre
vive para comer, pero su esposa, según tú lo dices, es un peligro
en la cocina.

—Bueno, por algo tomó un curso de cocina hace un año —


digo y Esteban me mira divertido

—Entonces, ¿Damián es el amo de casa?

—Oh por Dios. Sí, él totalmente lo es.

—Ni se te ocurra decirle que te lo he dicho. No me


perdonará. —Tomo el teléfono para pedir algo a domicilio pero
Esteban me lo arrebata—. ¿Qué?

—Saldremos a almorzar.

—¿Ah sí?

—Sí, anoche descubrí que cenar contigo es divertido y


delicioso.

Oh… bueno.

—Si sigues enviándome cosas como estas, creo que a)


engordaré o b) me volveré una malcriada y consentida mujer.

—No veo el problema con alguna de las dos opciones —


responde Esteban, sonriendo por encima de la pantalla de su
computador.
Extiendo la caja de chocolates y la dejo sobre la mesa. —
Pues yo sí, por lo que he decidido que debo compartirla contigo
y tal vez el que engorde seas tú.

—De acuerdo, me haría bien algo de peso aquí —Palmea su


estómago y me guiña un ojo—, necesito un poco de musculo y
grasa para tonificar.

—Yo creo que te ves bien.

—No mejor que tú.

Ruedo los ojos y le arrojo un chocolate. —Has dejado en claro


que te gusta lo que ves de mí.

—¿En serio? ¿Cuándo? —pregunta fingiendo inocencia.

—Al medio día, cuando estábamos en el restaurante. —


Muerde su labio para no reírse al recordar que lo pillé varias
veces, recorriendo mi cuerpo con sus ojos.

—Es muy difícil no apreciar una vista maravillosa, y más


cuando usas ese conjunto. Jesús, debes saber que el rojo es mi
color favorito.

—El mío el verde. —Le sonrío y lo hace también. Tomamos


cada uno un chocolate y lo comemos.

—¿Qué vas a hacer esta noche?

—Leer y beber algo de vino, ¿y tú?

—Pensar en ti, leyendo y bebiendo vino.

—Eso es mucho por hacer —bromeo, sintiendo una calidez


desplazarse por todo mi cuerpo.
—Es lo que me gusta hacer. Tanto como me gusta verte,
hablarte y besarte. —Su voz desciende unas octavas y sus ojos se
dirigen a mis labios, que muerden una de las bombas de
chocolate y arequipe. Cuando una gota cae y saco mi lengua
para atraparla, lo escucho gemir y veo como cierra sus ojos—.
Agradece al cielo que aún estamos en la oficina, y hay cerca de
siete personas todavía trabajando —gruñe.

—¿Por qué debería agradecerlo? —pregunto, sintiendo


como la calidez se vuelve una fuerte corriente que trata de
arrojarme sobre Esteban.

¿Qué demonios me pasa?

—Porque de no ser así, probablemente ya te tendría sobre mi


escritorio, o sobre mi regazo… ¿Y a que no adivinas donde estaría
mi boca? —Sus ojos, brillantes y feroces, recorren mi rostro y el
resto de mi cuerpo.

—¿Sobre la mía?

—En algún momento tendría que llegar ahí. —Se levanta y


apoya sus manos en el escritorio, inclinándose hacia mí. Su boca
está tan cerca, que puedo percibir el olor a menta de su aliento.

Oh señor Jesús.

—Yo…

—Esteban, he terminado por hoy… ¿Interrumpo? —pregunta


Katerine con una sonrisa. Me sonrojo inmediatamente, al darme
cuenta que en algún momento, yo también me encontraba
inclinada hacia Esteban.
—No, por supuesto que no —Me apresuro a decir—, sólo
estábamos hablando de los… chocolates. —Tomo la caja y le
ofrezco uno a Katerine, ella me observa con una sonrisa.

—Gracias. De todas formas, he terminado por hoy —dice


mirando a Esteban—. Ya marcho a casa.

—Bien, ten una buena noche, Katerine.

—Igualmente jefe —dice y sus ojos brillan con picardía—,


espero que ambos tengan una muy buena y productiva noche.

Se ríe entre dientes cuando un pequeño jadeo escapa de


mis labios. Cierra la puerta cuando sale y me vuelvo, mortificada,
hacia Esteban.

—Eso fue tan poco profesional —murmuro, cubriendo mi


rostro.

—No, no lo fue. —Sonríe y camina hacia mí. Se agacha y


toma mis manos en las suyas, despejando mi rostro—. ¿Puedo
cambiar tus planes de leer y beber vino esta noche, por una
caminata y mi compañía?

—Hmm…

—Habrán algunos besos incluidos, después de probar tu


boca, simplemente no podré mantenerme alejado.

Imaginándome y sintiendo sus labios de nuevo en los míos,


asiento y le sonrío. —Eso me encantaría.

—Vamos.
Me toma de la mano y caminamos hacia la puerta. Extiendo
mi mano para tomar el pomo, pero antes de que pueda abrir la
puerta, soy empujada de espaldas contra la misma y luego mis
labios son asaltados por una boca posesiva y demandante…

Me es imposible no responder a ella.

Un tiempo después, cuando mi boca ha sido asaltada y


adorada a la vez, dejándome sin aliento y a mi cuerpo pulsando
por placer, Esteban se retira y me sonríe de lado.

—Lo siento —dice sin ninguna pizca de arrepentimiento—,


pero eres sencillamente irresistible.

Le sonrío y vuelvo a besarlo, porque él también es irresistible.

—¿Asumo que la “caminata” fue bien?

—Ujum —respondo en una nube soñadora a mi prima y mejor


amiga.

—Tengo que conocer a este tal Esteban, realmente ha


logrado tenerte todas ojos saltones y corazones llenos, en pocos
días.

—Bueno, él simplemente lo hace —murmuro, recordando la


caminata y todas las veces en las que sus besos me hicieron
derretirme.

Mi prima me sonríe y corre a abrazarme. —Es tan bueno verte


así. Me alegra que este chico logré llegar a tu corazón.
—¿Mi corazón? —pregunto—. Apenas y han pasado unas
semanas Clara, son muy pocos días para permitir que un
hombre… nadie nunca logrará ocupar su lugar.

Dejo caer mi cuerpo en el sofá de mi casa y suspiro.

—Lo sé cariño, pero, hace mucho que no sonreías así a causa


de un hombre, tampoco hablabas tanto de uno o pensabas en
él de la forma en la que lo haces con Esteban.

—Es sólo que… es divertido y me hace sentir bien.

—Es algo más, y lo sabes. Cada vez que hablas de él o cada


vez que dices lo pendiente que está él de ti y de Majo… tú, sólo
brillas y te ves feliz.

—Es el primer hombre, desde —Mi voz se quiebra un poco al


decir su nombre—, Javier, que alguien pregunta o pone primero
a mi hija.

—Eso debe decirte algo sobre este hombre.

—Eso me dice mucho.

—¿Que te detiene, entonces?

—Apenas y nos conocemos, ni siquiera ha pasado el tiempo


suficiente para…

—¿Tiempo? —resopla y me mira bruscamente—. ¿Cuánto


tiempo me tomó a mí enamorarme de mi esposo?

—Eso es diferente, ustedes se escribían desde hace meses.

—Porque trabajábamos en la misma área, sólo que en


diferentes ciudades. No fue hasta que lo vi en la fiesta de fin de
año que quedé completa y perdidamente enamorada de él. Y
sólo bastó una hora, una hora Lorena, y decidí que era el hombre
de mi vida.

—Lo sé, ya he escuchado esa historia —murmuro un poco


irritada, Clara cree que el cuento de hadas en el que ella vive,
puede sucederle a los demás. No es así, yo casi tuve mi cuento
de hadas, hasta que la vida lo arrebató de mí.

—Y Damián lo supo en el momento en que le dije “hola”. El


amor es amor y surge cuando y menos te lo esperas.

—No estoy enamorada de Esteban —protesto.

—Pero tampoco lo permites.

—¡Te he dicho que no lo conozco!

—Pues haz algo entonces. Conócelo y comprueba si ese


hombre vale la pena, para dejarle un espacio en tu corazón.

Dejo caer mis ojos a mi regazo y ahogo un sollozo. Yo de


verdad, de verdad, quiero enamorarme, pero… simplemente no
ha sido fácil. Demasiadas veces he sido dejada a un lado y en
otras lo ha sido Majo. No pueden querer sólo a la mamá soltera,
deben querer a mi hija también.

—Mereces ser feliz —susurra Clara tomando una de mis


manos.

—Soy feliz. Tengo a Majo, te tengo a ti, a mi familia y estamos


bien.
Me da una mirada cuando me atrevo a verla a los ojos. —
Sabes exactamente al tipo de felicidad que me refiero. Mereces
que un hombre haga explotar tu corazón.

Lo merezco pero, ¿podré encontrarlo?


Capítulo 12
Día seis
Esteban

Ella está muy distraída. Algo debe preocuparle.

Desde que las recogí esta mañana para ir al museo con


Majo, Lorena ha estado distante y pensativa.

La saludé con un beso en la mejilla y percibí el nerviosismo en


ella. Luego, toda mi atención fue para Majo, y aunque eso le
agradó, sigue viéndose algo tensa.

—¡Mami! Mira soy una ruda policía —grita Majo, está usando
un disfraz de policía que le queda enorme, pero luce feliz. Lorena
se ilumina al ver la alegría en su hija y le sonríe de vuelta.

—Te ves hermosa.

Majo se ríe y continúa jugando con el resto de los niños. Pasa


cerca de diez minutos y Lorena no dice nada ni mira en mi
dirección. Preocupado, abro mi boca y pregunto si todo está
bien.
—Sí, todo bien. —La observo atentamente ganándome una
mirada de su parte, por fin—. ¿Qué?

—Algo sucede, si tengo que ver al respecto, me gustaría


saber qué he hecho mal; pero si no es conmigo, igual, quiero
saber que te incomoda y qué puedo hacer para solucionarlo.

Suspira y menea su cabeza. —No tiene que ver contigo, es


sólo que —Sus mejillas se sonrojan y muerde su labio— Es
vergonzoso.

—Bueno, ahora sólo aumentó mi curiosidad.

—Es cosa de mujeres, no tiene importancia.

—Si estás así, de ese ánimo e incómoda, claro que tiene


importancia. —Una niña corre hacia su mami y le entrega una
multa. Me río cuando la señora se hace la indignada.

—No puedo decirte —dice entre dientes y se torna aún más


roja.

—¿Por qué no?

—Porque es cosa de chicas —gruñe y se cruza de brazos


vigilando a Majo.

La miro y trato de descifrar lo que quiere decir “cosas de


chicas”. Lorena siente mi mirada sobre ella, suspira y se vuelve
hacia mí.

—Tengo dolor de cabeza y dolor abdominal —murmura con


una mirada que me dice, debo pillar algo más allá de sus
palabras.
—¿Estás enferma? ¿Te ha subido fiebre?, ¿por qué no lo
dijiste? —bramo, me levanto y trato de tomarla suavemente—.
Debemos ir al médico, estás exigiéndote mucho con el Cedi.

—No —chilla y se aparta un poco de mí, su rostro totalmente


rojo—. No ese tipo de enferma. El dolor de cabeza y de abdomen
se debe a otra cosa. —En serio, necesito que sea clara porque
no comprendo una mierda. Lorena suspira frustrada y me envía
una mirada de muerte—. Tengo “la visita”.

—¿Eh? ¿Alguien está en tu casa?

—¡NO! —exclama, llamando la atención de todos alrededor.


Su, ahora perceptible, vergüenza aumenta—. Dios, hombres.

Se levanta y camina hasta uno de los baños, no sin antes


pedirle a la animadora que vigile a Majo.

La mujer a mi lado me mira con una sonrisa. Se acerca un


poco y me tiende una caja de pastillas. La miro extrañado.

—La visita quiere decir que tu novia está en sus días —


Parpadeo hacia ella no comprendiéndolo aún—. Ese día del mes,
donde somos más irritables, molestas, lloronas e insoportables…

—Oh, mierda —gimo cuando lo comprendo. Tengo una


hermana, y sé exactamente por qué razón se colocaba de un
ánimo de muertos cada mes.

—Así es, tu chica está incomoda y dolorida. Esas pastillas son


buenas para los dolores. Pero mejor llévala a casa y consiéntela.
El chocolate y una buena y cómoda cama ayudan.
Asiento y la veo regresar a su lugar. Miro hacia ella y luego
hacia el baño, la mujer me da un suave movimiento de cabeza
y suspiro, caminando hasta donde Lorena se escondió.

La veo salir cuando estoy llegando a ella. Sin saber que hacer
exactamente, le tiendo la caja de pastillas. Su rostro luce
confundido al ver la caja, pero cuando capta el nombre, su rostro
se vuelve más rojo que antes.

—¿Qué…

—Esto te ayudará, también un poco de chocolate y una


cama. ¿Podemos ir a casa y hacerte sentir mejor?

—Oh Dios Mío. Podría morir de vergüenza ahora —gime y se


voltea para regresar al baño, la agarro antes de que lo haga y la
atraigo hacia mí.

—¿Por qué estarías avergonzada?

—No preguntes, no puedo creer que adivinaras que me


pasa. Esto es tan incómodo.

—No lo es, es normal. Todas las mujeres pasan por eso.

—No, no es normal que estés en una cita con un hombre que


te gusta y al cual estás conociendo; y él ya sepa que estás en tu
periodo y quieres tirarte al suelo y llorar por el maldito dolor que
sientes, ya que tu útero está teniendo una guerra interna y sientes
que están desgarrándote por dentro.

Abre sus ojos tanto como puede y lleva su mano a su boca,


avergonzada.
Me rio de su vergüenza, pero luego me pongo serio ante sus
palabras.

—Si te duele tanto, ¿por qué decidiste salir?

—Se lo prometimos a Majo —dice derrotada.

—¿Has tomado algo para el dolor?

—Sí, pero no ha sido suficiente.

—Vale —Tomo el celular y tecleo un mensaje—. Vamos a


buscar una mesa y comprar algo para que tomes de estas. Voy
por Majo.

Llamo a la pequeña saltamontes y la hago caminar conmigo


de regreso haca su mamá. Mi teléfono suena alertándome de un
mensaje, lo leo y respondo rápidamente. Llego cerca de Lorena
y la veo tomando una de las píldoras y bebiendo un poco de
agua. Su rostro luce tenso y cansado. Majo decide que quiere un
helado y algo de gomitas de dulce. La complazco y regreso mi
rostro a Lorena.

—Hola chicas —chilla una rubia viniendo hacia nosotras.


Lorena se vuelve hacia ella, confundida.

—¿Clara?, ¿Qué haces aquí? —pregunta. Damián, que se


encuentra de visita este fin de semana, viene tras de ella—.
¿Damián?

—Hola prima —Saludan los dos. Majo se abalanza sobre


Damián, que la besa en la mejilla y la hace girar.

—Primo, ¡más rápido!


Lorena los mira confundida, aclaro mi garganta y le explico.
—Le pedí a Damián que viniera con su esposa.

—¿Por qué? —pregunta y su prima me sonríe.

—Porque no te sientes bien y no quieres que Majo se


desilusione al regresarla a casa. —Le sonrío a Clara y me
presento—. Esteban.

—Clara, la prima. Un placer conocerte.

—Igualmente.

—Esperen, ¿Qué tiene que ver lo uno con lo otro?

—Bueno —responde Clara por mí—, Esteban te llevará a


casa para que puedas descansar y nosotros nos quedaremos
con Majo, para que pueda seguir disfrutando del museo.

—Pero, son cuarenta y cinco minutos de la ciudad aquí,


¿cómo es que llegaron tan rápido?

—Oh —Clara se sonroja y muerde su labio—, Damián y yo


estamos aquí desde anoche. Reservamos una habitación y todo
eso.

Los ojos de Lorena se abren y luego sonríe con picardía.

—Bien, no quiero más información. Creo que me hago una


idea de por qué tienen una reserva.

—De todas formas —dice Damián acercándose—,


queríamos verlas y justo cuando regresábamos, Esteban nos
escribió que estaban aquí. Es perfecto, pasaremos el tiempo con
nuestra primita —Mira a Majo y le sonríe—, y tú regresas y te
mejoras.

—Yo… uh…

—Vamos Lorena —musito—, no quiero que estés sufriendo así.


Recuerdo como era con mi hermana —Me estremezco y le doy
una sonrisa—. Déjame cuidarte.

Suspira y, aunque duda por unos minutos, debe estar


realmente incomoda y dolorida. Acepta, nos despedimos de
todos y la llevo hasta el auto. Trato de conducir lo más rápido que
puedo, sin hacer que el movimiento sea brusco. Lorena se
recuesta y cierra sus ojos, se queda dormida pronto. Durante esos
cuarenta y cinco minutos, me permito contemplarla y admirar su
belleza. Es increíble que haya preferido soportar su estado y
poder hacer feliz a su hija, no sé si todas las mujeres preferirían salir
de su casa en ese estado, sólo por complacer a su pequeña.

Sonrío al recordar lo incomoda que estaba. No puedo


entender por qué razón se avergüenzan de ello. Es normal, es un
proceso natural y no tiene nada del otro mundo. Crecí con dos
mujeres, creo que eso me hace menos insensible y remilgoso.

Hago una corta parada en una de las tiendas de camino al


pueblo y compro lo que necesito para hoy. Llegamos a mi casa
y aparco el coche.

—Cariño —susurro y acaricia la mejilla de Lorena—. Hemos


llegado.

Sus ojos parpadean, abriéndose totalmente y mirando


alrededor.
—¿Dónde estamos?

—En mi casa.

Me mira confundida. —¿Por qué razón estamos en tu casa?

—Porque necesitas descansar. Tu hija y tu familia allegarán


en un par de horas a casa, probablemente excitados y llenos de
energía; lo que necesitas ahora es paz y tranquilidad. No
queremos que el dolor de cabeza aumente. —Me encojo de
hombros y le doy una sonrisa—. Mi casa es la mejor opción ya que
no habrá nadie más que pueda molestarte.

—Oh.

—Vamos.

La ayudo a bajar del auto y tomo las dos bolsas, me mira y


luego a las bolsas, sonrío y me encojo de hombros. Cuando la
dejo pasar, noto como absorbe todo a su alrededor. Mi casa es
totalmente amoblada, pero sigue pareciendo la casa de un
soltero y aún hay cajas que no he decidido abrir. Como si
acabara de mudarme.

—Es…

—Lo sé, no es exactamente cálido y hogareño.

—No, no es eso —se apresura a decir con sus mejillas


encendidas.

—No te preocupes, sólo he sido yo aquí. Sé que aunque tiene


casi todo lo que se supone que una casa debe tener, se siente
vacío.
—Lo siento.

—No lo sientas, algún día cambiará.

—Podrías comprar una mascota —dice y la miro como si


estuviera loca—. ¿Qué? las mascotas son lindas.

—No, no lo son. El perro de mi vecino es un demonio y no creo


que pueda con otro de ellos en mi vida.

Nos reímos un rato. Le muestro la habitación de invitados y la


dejo para que se recueste. Regreso un momento después con
algo de chocolate y un DVD de una comedia romántica que
encontré en una de mis cajas. Debe ser de mamá. Lorena me
sonríe y disfruto verla recostada y arropada sobre la cama. Dejo
la caja de suministros a su lado y me rio cuando se vuelve a
sonrojar.

—Te dije que tengo una hermana, sé que comprar y que


hacer en estos casos.

—Gracias por lo de hoy, por hacer esto por Majo.

—No te preocupes, todos tenemos lo que queremos en estos


momentos.

—¿En serio? ¿Tú querías a una quejumbrosa en tu casa?

—Sí, te quería a ti, en mi casa…

Y en mi cama.

—No puedo creer que estés haciendo esto.


—Ni yo —respondo con sinceridad—, pero tampoco me veo
no haciendo nada al respecto, y dejándote sola para lidiar con
todo.

Me acuesto a su lado y dejo que se reproduzca la película,


reímos un poco y resoplo cuando se torna demasiado cursi para
mi gusto. A mitad de la misma, Lorena se desliza hacia mí y,
cuando sus ojos no pueden permanecer abiertos; recuesta su
cabeza en mi hombro y se queda dormida, sobre mí.

Permanezco inmóvil por unos minutos, antes de besar su


cabeza y arroparnos más, la lluvia empieza a caer afuera y el frío
de la tarde, casi noche, nos rodea. Dejo el televisor encendido y
acaricio el cabello de Lorena, que se ha acomodado en el
huevo de mi cuello.

Hace mucho tiempo que una mujer no dormía sobre mí.

Y se siente increíble, especialmente cuando dicha mujer, me


está empezando a gustar… demasiado.
Capítulo 13
Día siete
Lorena

—Está bien, lo reconozco, fue algo dulce y encantador.

—¿Algo?, ¿realmente estás considerando que el hecho de


que te haya cuidado, cuando estás en tus días malos, es sólo algo
dulce?

—Ay Clara, no exageres. Se portó bien.

Mi prima me da una fría mirada y niega con la cabeza. —Tú


no eres capaz de reconocer una buena cosa, ni porque te
golpee en la cabeza —gruñe y bebé el café que le preparé—.
Ese hombre no huyó, como la mayoría de los de su especie hace,
cuando estamos con visita. Al contrario, cuidó de ti, te consoló y
se encargó de hacerte sentir cómoda. ¡Te consiguió chocolate y
te acompañó a ver una tonta y cursi comedia romántica! —grita,
exasperada—, de esos hombres ya no hay.

—Lo sé.
—Entonces ¿qué mierda pasa contigo? No entiendo cómo
es que no ves lo especial que es ese hombre. Yo estaría
acosándolo y besándolo hasta dejarlo sin aliento y pensando sólo
en mí.

—Bueno, yo no soy tú —respondo con una sonrisa,


recordando las veces en las que Clara se lanza sobre Damián y…
debemos irnos si no quereos presenciar escenas candentes entre
ambos.

—Obviamente no lo eres, pero por lo menos deberías tomar


lo que quieres, cuando se te pone en frente… o cuando no.

—Está bien, lo invitaré a salir.

—Y vas a besarlo.

—Y lo besaré. Pero no sucederá algo más, apenas y estoy


saliendo de mis “días”.

—Eres tan afortunada por sólo sufrir de esas molestias un día.

—Las ventajas de tener la Pila.

—Ese médico estúpido no quiso ponerla en mi brazo.

—Es por el bien de tu salud, Clara. Sería una sobrecarga


hormonal.

—¿Y quedarse embarazada no implica lo mismo?

Ruedo los ojos y le arrojo un pedazo de pan. —Eres imposible.

Terminamos de desayunar juntas, voy al cuarto de Majo y le


doy un beso antes de irme a trabajar, hoy está lloviendo, así que
mi perezosa hija se quedará en cama hasta tarde.
—Pórtate bien cariño.

—Sí ma —responde adormilada.

Llego al almacén en menos de veinte minutos, me detengo


en una de las cafeterías que hay fuera y compro el desayuno
para Esteban. Camino hasta su oficina, entregando un café extra
a Katerine, me sonríe y permite irrumpir en la oficina de Esteban.

—Buenos días —saludo al hombre que tan temprano en la


mañana, ya se encuentra inmerso en el trabajo. Su rostro se
levanta de la pantalla del computador y me sonríe.

—Buenos días, hermosa.

Dejo la bolsa sobre su escritorio y le extiendo el café caliente.

—Toma, debes comer algo antes de ponerte a trabajar.

Su boca vuelve a crisparse y sus ojos se suavizan cuando se


conectan con los míos.

—Gracias, pero en este momento necesito algo más que un


nutritivo y delicioso desayuno.

Frunzo el ceño, confundida. —¿Qué es?

—Un beso tuyo —responde y se levanta para estrellarme


contra su pecho y tomar mis labios.

—Vaya… —murmuro una vez rompe el contacto y me deja


respirar de nuevo—, espero que necesites un beso cada
mañana. Como que me gustó.
—No más que a mí —Su sonrisa se vuelve sexy y suave. Me
guiña un ojo y toma la bolsa para apoderarse de un panqueso y
devorarlo.

—¿Qué vas a hacer esta tarde?

—Lo que sea que tú quieras hacer —responde y me sonrojo.

—¿Te gustaría ver las luces navideñas conmigo?

Acaricia mi mano y asiente. —Me encantaría.

—¿A las siete?

—Perfecto.

Le sonrío y me vuelvo para irme, se apodera de mi brazo y


me hala para otro beso, como en una nube, salgo de su oficina
y camino hasta la mía. Me paso las siguientes horas concentrada
en mi trabajo y pensando en qué podría pasar esta noche.

Espero que haya muchos besos y una que otra caricia.

Me siento como una adolescente, ansiosa y nerviosa.

Hace mucho que no me sentía de esa forma, Esteban está


llegando a mí en muy poco tiempo; pero como dice Clara, él
realmente se ha portado muy distinto a cualquier otro hombre
que ha estado a mi alrededor o siquiera ha demostrado interés
en mí.

Suspiro y decido dejar de pensar en sí es o no es, simplemente


dejaré que todo pase como se supone que debe pasar, no
importa el tiempo que tome.
—Esto es muy bonito —murmuro antes de llevar la mazorca a
mi boca.

—Sí, lo es. —Me vuelvo hacia Esteban que contempla las


luces y los adornos navideños. Su voz tiene esa nota de
melancolía y nostalgia

—¿No te gusta la navidad?

—¿Por qué lo preguntas? —Se vuelve hacía mí con el ceño


fruncido.

—Bueno, eres el único en la empresa que no tiene o usa algo


alusivo a las fiestas en su oficina; no participaste en el juego del
amigo secreto para compartir en navidad y tampoco decoraste
tu casa. Además, no has abierto ninguna de las tarjetas de
navidad que te han entregado y Katerine me dice que nunca
cenas con nadie esa noche.

Su frente se arruga y una mueca se profundiza en su rostro.


Frota la parte trasera de su cuello y vuelve su mirada hacia el
frente, mirando a la nada.

—No, no me gusta mucho esta fecha.

—¿Por qué? la navidad es una época muy bonita.

—Es sólo una época comercial, no veo más que el mes


perfecto para atraer consumidores y hacerlos llevar todo lo que
ofrezco sin tener que gastar mucho de mí para convencerlos. La
navidad es la época donde las personas creen que pueden
gastar su dinero en cualquier cosa y nunca nada de eso estará
de más.

>>Y qué me dices de lo hipócrita que pueden ser las personas


en esas fechas. Familias que aparentan ser perfectas sólo para
tomar una foto y presumir su magnífico árbol navideño; aquellos
que no se hablan pero sólo para saber si el otro tiene o no como
celebrar la navidad, visitan a su enemigo. Esos abrazos falsos y
llenos de envidia. —Su boca se frunce en disgusto—. Sólo para
seguir en la misma mierda cuando llegue el mes de Enero.

—Guau, eres todo un entusiasta ahí. No puedo creer que


veas sólo ese lado de la navidad. No te voy a reprochar lo que
has dicho, tienes algo de razón, lo que dices sucede en muchas
familias, pero en el resto no. —Sonrío recordando las navidades
entre Majo y yo y las de mi familia y amigos—. La navidad es un
tiempo divino, es cuando dejas de pensar en las cosas materiales
y piensas más en esos momentos que puedes compartir con tu
familia, olvidas o dejas de darle importancia a los compromisos
del trabajo, las cosas banales, fiestas, etc. Y piensas más en
reunirte en familia. Decides preparar la mejor cena, para ver a tu
familia comer y disfrutar del esfuerzo que tomaste para darles
algo bueno; es la época para decidir que vale más sonreír y
agradecer por un nuevo año que simplemente seguir enojado
con tu vecino porque su perro tiene una guerra contigo.

>>Es la excusa para darle un regalo a esa persona que te


gusta o amas en secreto, para creer en la magia, en lo sueños y
en los deseos; para hacerle una broma a tu hermano, bailar con
el tío solterón, escuchar las asombrosas historias de tus abuelos,
hornear con tu madre y tus tías; hacer travesuras con tus primos;
recorrer el barrio con una maleta haciendo el ridículo y sin
importar si está bien o mal, comer las mejores cenas y comidas
que entre tu familia, amigos y vecinos comparten; en navidad es
difícil decir que no a cualquier integración o reunión familiar,
sencillamente, porque todos tenemos muy arraigado en la mente
y el corazón que la Navidad es tiempo en Familia y amigos.

Miro a esteban y lo encuentro sonriéndome suavemente. —


Es hermoso la forma en la que se ilumina tu rostro cuando hablas
sobre la navidad.

—Porque para mí, la navidad es hermosa.

—Al menos lo es para alguien.

—Tal vez, si te dieras la oportunidad de ver la navidad desde


la perspectiva en que la veo… también la creas hermosa.

—Puede ser —dice y pierde su sonrisa, suspira y niega con su


cabeza—. Iba a casarme en la víspera de navidad de hace dos
años.

—¿Iba? —pregunto, mi mente imaginando los peores


escenarios, gracias a las novelas que he leído y a mis torturados
protagonistas.

—Sí, mi prometida me dejó el día de nuestra boda. —Jadeo


y llevo mis manos a mi boca ante la sorpresa—. Se fugó con su
padrastro, creo que los millones del mismo fueron más atractivos
que una vida con un hombre de ingresos por encima del
promedio y una casa con un perro y dos niños.
—Qué zorra —gruño, ganándome una sonrisa de Esteban—.
No puedo creer que te hiciera eso. Pendeja, ojalá no le funcioné
el viagra al tipejo ese y a tu ex se le caigan las chichis.

—Bien y podría operarse después —comenta haciéndome


soltar una carcajada.

—Tienes razón, entonces, espero que cada hombre con el


que decida engañar a su anciano esposo, sólo dure un minuto
antes de terminar y que los únicos orgasmos que pueda tener,
son aquellos que deba fingir. —Agito mis manos en el aire, como
si estuviera invocando alguna clase de magia interior—. ¿Cómo
es el nombre de la zorra?

—Clarisa Collazos —responde mordiendo su sonrisa.

—Gracias. Por todos los espíritus de la justicia, la divinidad y la


navidad; que mis deseos para Clarisa Collazos alias al “Zorra más
Zorra” se cumplan hasta el día en que… —Miro a Esteban que
continua sonriendo—, muera. He dicho, cúmplase y que dicha
maldición no sea rota por cualquier chaman, bruja o espiritista en
el mundo.

—Amén —agrega Esteban, me río y vuelvo a ponerme seria.

—Palabra de Lorena Zapata… que lo que se haya


maldecido en la época de navidad no sea desmaldecido en la
siguiente víspera.

—¿Desmaldecido es una palabra? —pregunta después de


soltar una risa ronca.
—No lo sé —Me encojo nuevamente de hombros—.
Probablemente no, pero, no dañemos el momento pensando en
sí la RAE lo aceptará o no.

—Vale, Lorena chaman de Villa María, espero que la


maldición se cumpla. Ahora —Enreda sus manos en mi cintura y
me atrae a su pecho—, déjame agradecerte por el trabajo de
maldecir a mi ex y por hacerme ver lo divertido que puede ser
tenerte en mi vida.

Reclama mi boca en un beso y le permito poseerme y


devorarme. Sus manos se aferran a mi cuerpo y me encuentro
empujando el mío más cerca del suyo, si eso es posible. Alguien
nos grita algo y reímos, cuando vemos a varias personas
sonreírnos y chiflarnos.

—Creo que les damos un buen espectáculo.

—Así es —murmuro avergonzada—, el ogro del pueblo y la


solitaria.

—Hacemos una linda pareja.

—También lo creo —respondo con las mejillas sonrojadas,


pero segura de que lo que he dicho es verdad.

Hacemos una buena pareja.


Capítulo 14
Día ocho
Esteban

—Debo decirles que estoy realmente impresionado y


satisfecho —dice Damián mirando a Lorena y a mí, con una
sonrisa—. Los progresos que he encontrado tanto en el Cedi
como en los reportes comerciales son estupendos. Lorena, te
agradezco tu ayuda, de verdad, aunque hemos descubierto
muchos otros inconvenientes que no fueron reportados;
realmente ha mejorado. Buen trabajo, y tú, amigo…
definitivamente eres en el mejor en lo que haces. Los socios
estarán felices cuando vean estos indicadores.

—Gracias —decimos ambos a la vez. Nos sonreímos y


Damián se aclara la garganta.

—De todas formas, ya que tenemos tan buenos resultados…


¿Cena para celebrar esta noche? Iremos a Ikus.

—Oh —jadea Lorena—. Majo ha querido ir ahí desde…

—Sí, lo sé —responde Damián—. Ella también está invitada.


—¿Qué dices? —pregunta Lorena dirigiéndome una mirada
esperanzadora.

—Me apunto.

—Bien —Aplaude Damián—. Esteban, ¿podrías recoger a


Lorena y Majo? Clara y yo estaremos antes de lo previsto,
tenemos asuntos en la ciudad.

Lorena se ríe de la forma en la que Damián dice “asuntos”.


Le sonrío a mi amigo y acepto. Terminamos la reunión y nos
disponemos a salir de la oficina. Esta semana de víspera, el
horario de los administrativos es más corto, por lo que hoy
estamos fuera de la oficina antes de las cuatro de la tarde. Me
despido de Lorena y Damián, prometiendo a la primera, estar en
su casa a las seis. La reserva es para las siete.

Llego a mi casa y encuentro al perro de mi vecino


acurrucado en mi puerta, ha estado lloviendo y el pobre animal
no deja de temblar. Mi vecino se ha ido de viaje, lo que no
comprendo, es cómo logro salir de su casa y por qué razón está
acurrucado en la mía.

—Chus, chus —Agito mi mano para espantarlo, pero el


animal se levanta meneando la cola, corre hasta donde estoy y
empieza a hacer una fiesta entre mis piernas—. Shhh, no ladres
tanto.

No hace caso, sigue ladrando y saltando. Intento espantarlo


nuevamente, pero regresa y se deja caer a mi lado como si
estuviera esperando. Dejo escapar un suspiro y abro mi puerta,
apenas y lo hago, la cosa con pelo entra disparada.
—Joder, ven aquí bestia. ¡Sal de mi casa!

Busco a la cosa con ojos y pelo pero no aparece, voy hasta


la cocina, el estudio y el baño. Nada, gruño y voy hasta el cuarto
para encontrar al estúpido perro sobre mi cama.

—¿Cómo demonios subiste ahí? —bramo y le arrojo una


almohada para bajarlo—. Eres demasiado pequeño para
alcanzar la cama.

El perro chilla pero no se baja, sigo enviándole mi dardo-


almohadas, pero él se mantiene sobre mi cama. Extiendo mi
mano para agarrarlo y me muerde.

—Mierda, bestia asquerosa… ¡Fuera de aquí, joder!

—Grrr

—Te atreves a morderme de nuevo y voy a hacer unos


zapatos de ti. Odio los jodidos perros.

Me ducho rápidamente, ignorando el hecho de que hay un


perro en mi cama. Salgo del baño y voy a la cocina para
prepararme algo para comer. Iremos a cenar, pero faltan varias
horas para ello, además, muero de hambre. Le envío un mensaje
a Lorena con una foto que mi hermana me envío y recibo su
respuesta en un audio donde se ríe hasta casi llorar.

Algo raspa mi pierna y bajo la mirada para ver al perro del


infierno mirarme con sus enormes ojos y llorar.

—No te daré nada. Vete.

Me siento en la sala y enciendo la TV, como mi sándwich y


disfruto de los mejores momentos deportivos de todo el año, un
especial que pasan por el canal de deportes. El perro de sube a
la mesa de centro y continua viéndome y llorando.

—No —gruño y trato de ignorarlo. Continúa llorando y eso


rompe mi paciencia, le arrojo un trozo del segundo sándwich y se
sienta feliz a comerlo—. ¿Dónde carajos estará tu dueño?
Probablemente te dejó fuera por lo feo y llorón que eres —digo y
las enormes orejas del perro apuntan hacia mí—. Además de
orejón. —La cosa ladea su cabeza y saca su lengua dos veces,
lo miro y frunzo el ceño—. No te atrevas a sacarme la lengua, no
es mi culpa que seas así de horrendo.

Ladra y suspiro, lo ignoro de nuevo y llevo los platos sucios a


la cocina. Regreso a mi cuarto y me dejo caer en mi cama, una
siesta no estaría de más. Lorena me envía otra foto graciosa antes
de dormirme, me río, le envío una rápida respuesta y dejo el
teléfono en mi mesa. La cosa peluda y fea salta hasta que logra
asustarme y subirse a la cama.

—Ah no amigo, abajo. No dormirás aquí.

El perro gimotea y da vueltas en un lugar específico en la


cama, a mis pies. Lo empujo y cae al suelo, llora y me levanto
sintiéndome mal por haberlo arrojado así, lo tomo del suelo y
lame mi rostro. Rindiéndome ante su muestra de cariño, lo dejo
acostarse en mi cama y me quedo dormido en un instante.

Estaba exhausto.
—¡Ya llegó! —grita Majo detrás de la puerta. Supongo que
estuvo mirando por la mirilla hasta verme llegar. Sonrío por eso.

Toco la puerta y un segundo después es abierta por la


criatura más dulce.

—Hola Majo —saludo y le entrego una margarita. Se sonroja


y me sonríe.

—Esteban, ¿cómo estás?

—No tan impresionante como tú, pero bien.

—Ah —Descarta mi cumplido con la mano y salta en sus


pies—, te ves muy bien. Podría decirte que sexy, pero mamá me
dijo que no puedo decirles sexy a los hombres, pero te ves sexy.

Parpadeo hacia ella sin saber que responder a eso. Nunca,


en mi vida, una niña me ha dicho que soy sexy.

—Majo, acabas de hacer lo que te dije que no hicieras —ríe


Lorena viniendo hacia nosotros—. Hola —saluda y acomoda un
mechón de su cabello.

—Tú sí que luces sexy —digo, repasando su cuerpo con ese


hermoso vestido rojo.

—¿Verdad que sí? El vestido fue idea mía —exclama Majo


orgullosa—, te dije que haría que babeara por ti mami.

—Majo.
—¿Qué? es verdad, mira sigue con la boca abierta —Se
encoje de hombros y cierro mi boca, porque es cierto, la dejé
abierta. Me río cuando Lorena suspira y le da una mirada a Majo.

—¿Están listas?

—Sí —responden ambas. Asiento y les doy una mano a cada


una para llevarlas fuera.

—¿No vas a besarla? —pregunta Majo de forma acusadora.

—¿Qué?

—No has besado a mamá, se supone que debes hacerlo. Es


una cita, siempre debes decirle a la chica que luce hermosa y
luego besarla hasta dejarla sin aliento.

—No creo que besar a tu madre hasta el desmayo delante


de ti sea apropiado.

—También lo creo yo —concuerda Lorena.

—Pero quiere hacerlo.

—Majo.

—Majo nada, mamá. Tú quieres que te bese, él quiere


besarte y yo quiero que se besen. ¿Por qué no hacerlo?

Me rio por el rojo tono del rostro de Lorena, le guiño un ojo a


Majo y tomo el rostro de Lorena en mis manos.

—Ella tiene razón, quiero besarte y no veo el problema en


hacerlo.
Muerde su labio y esconde su sonrisa. —También quiero que
me beses.

Sonrío y le la beso, tierna y suavemente. Majo hace un ruido


exasperado y dejamos escapar una carcajada.

—Eso es un beso mediocre —protesta—, en la telenovela se


ve mucho más emocionante.

—Majo —chilla Lorena—, no más telenovelas para ti.

La niña se sube al auto con el ceño fruncido, me rio para mí


y ayudo a Lorena a subir. Conduzco hasta la ciudad y al
restaurante donde Damián y Clara nos esperan. Antes de que
entremos, halo a Majo hacia un lado y le susurro para que sólo
ella escuche:

—Cuando regresemos a casa, asegúrate de entrar rápido,


entonces, besaré a tu madre hasta dejarla sin aliento. ¿Te
parece?

Me sonríe satisfecha y asiente. —Es un trato. No me


decepciones.

—No lo haré.

Esa noche, después de regresar a casa, Majo entra corriendo


dejándome a solas con Lorena. La cena fue muy bien y nos
divertimos mucho con Majo y Damián, los dos hacen corto
circuito juntos.
—Cada vez me gustas más —murmuro acariciando el rostro
de Lorena.

—Y tú a mí.

—No dejo de pensar en ti, cuando no estás a mi lado, e


incluso cuando estás cerca, sólo deseo tenerte a ti.

—¿Intentas ganar puntos, señor Velasco?

—Tal vez sí, tal vez sólo quiero que sepas lo que haces de mí.
—Acerco mi rostro hacia su sonriente boca—. Necesito besarte,
justo ahora.

—Y yo quiero que me beses, justo aquí.

—Concedido —respondo y tomo sus labios.

Esta vez no es sólo por la promesa que le hice a Majo, lo es


también porque la deseo, la quiero y realmente me gusta. Toda
la noche estuve tentado a acariciarla y tocarla. La mirada de los
hombres hacia ella me puso loco y me di cuenta que realmente
siento por ella. Su aliento e vuelve loco, la atraigo hacia mí y nos
arrincono en la puerta, besando la mierda fuera de ella y fuera
de mí. Mi cuerpo empieza a zumbar por las miles de sensaciones
y siento como la sangre ruge en mis venas. Lorena jadea y
muerdo su labios, sus manos se aferran a mi cabello y siento mi
necesidad por ella crecer, al igual que la suya por mí.

Empujo mis caderas hacia las suyas y sé que nota lo duro que
estoy por ella. Deseo desnudarla y hacerla mía como a nada
más, pero recuerdo a la pequeña que está esperando adentro y
me detengo de seguir con esto.
Ralentizo el beso y dejo de provocar y poseer su boca.
Lorena jadea por aire, muerdo nuevamente su labio y sonrío
cuando me alejo y ella continua con sus ojos cerrados.

—Esteban… —gimotea.

—Más tarde cariño, prometo que pasará, pero ahora hay


una niña espiándonos tras las cortinas.

—Majo —susurra y abre sus ojos en pánico.

—No te preocupes —digo acariciando sus labios


hinchados—, sólo vio mi espalda y tus manos clavadas en mi
cuero cabelludo.

—Oh Dios —cubre su rostro avergonzada.

—No voy a mentir y decir que no me gustó. Y, considerando


los deseos de Majo porque te besará hasta la inconsciencia, creo
que los tres hemos quedado satisfechos.

—Eres un tonto —murmura divertida.

—Puede ser, pero este tonto está demasiado embrujado por


ti. —La beso castamente y le guiño un ojo—. Buenas noches,
hermosa.

—Buenas noches, Esteban.

Espero hasta que entre y sonrío cuando escucho a Majo


decir:

—¡Eso sí que fue un beso de Novela!


Capítulo 15
Día nueve
Lorena

—¿Qué es eso? —pregunto y señalo la bolsa que se mueve.

—Un perro —responde de muy mal humor Esteban.

—¿Por qué tienes un perro en una bolsa para bebé? Y ¿qué


haces con él aquí en el trabajo?

Gruñe y fulmina la bolsa de bebé que vuelve a moverse.


Corro hacia ella y abro un poco más el cierre. Una bola de pelos
pequeña y muy animada salta sobre mí.

—Es el perro del vecino, el jodido animal logró salir de su casa


y entró a la mía. Lo dejé solo ayer mientras estaba contigo y Majo,
cuando regresé, había hecho un desastre en mi casa —gruñe y
le da una mirada despectiva al perro—. Mordió mis medias,
destrozó la basura y la regó por todo el lugar, se comió el papel
higiénico de los tres baños; mordió una de las puertas del closet,
quebró mi trofeo de fútbol e hizo una de sus necesidades sobre
mi cama.
—Jesús —susurro horrorizada y divertida—. Tuvo bastante
diversión.

—Sólo fueron tres horas —brama muy molesto—. Tres horas y


esa cosa fea hizo de mi casa un chiste.

—Bueno, se sintió solito y tuvo que hacer algo por ello.

Esteban me da una mirada de muerte y vuelve a gruñir—: Es


un demonio. Voy a llevarlo a la perrera cuando salga.

—¿Y según tú vas a dejarlo en esa bolsa todo el día?

—Esa es la idea.

—Pobre.

—Lo sé, estuve despierto hasta muy tarde.

—No tú, el perrito —digo y acaricio su cabeza. Esteban me


mira en shock—. Ay por favor, aquí el que se siente mal es él, todo
el daño es porque quiere llamar tu atención.

—Pues que mala forma, destruyó mi casa.

—Puaj, todo eso se recupera. Pobre bebé —Llevo a la cosita


a mi pecho y lo dejo lamer mi mejilla—. Ese hombre te encerró y
ahora pretende llevarte a ese horrible lugar.

—Es un perro del demonio.

—No, pues, cuidado señor Velasco. Se deja intimidar por una


cosa tan pequeña e inocente.

—No estoy intimidado, estoy molesto.


—Lo que sea, no puedes tener al perro ahí —Señalo la bolsa
de bebé que noto ahora, tiene la etiqueta por lo que asumo que
la compró en el almacén—, podría morir.

—Mejor, un demonio menos.

Jadeo horrorizada y camino hacia él. Su rostro se levanta sólo


un poco ya que está sentado.

—Tú insensible, es una criaturita, y sólo quiere que lo mimen y


cuiden. Mamá decía que cuando un perro hace muchos daños
es porque o está estresado, se siente sólo o tiene mucha energía
que necesita quemar.

—Pues que su dueño se encargue de ello. Yo no lo soy.

—Ah vamos, si el perro se escapó y fue hasta ti es por algo,


¿no?

—Sí, el sólo quiere hacer de mi vida un infierno.

—No seas dramático.

—No lo soy.

Deja de verme y se concentra en los papeles, de pronto, una


idea llega a mi cabeza. Halo su mano y lo incito a levantarse.

—¿Qué haces?

—Vamos, tengo una idea.

—¿Por qué tengo este sentimiento de que no me gustará?

—¿Por qué eres un ogro refunfuñador?


Sus ojos se estrechan en mí, el perrito gimotea en mi pecho y
se acurruca más contra mí.

—Encantadora.

—Lo sé. —Le guiño un ojo haciéndole reír—. Sígueme.

Y lo hace. Voy hasta la salida y camino hacia el parque,


Esteban permanece a mi lado, callado y tranquilo. Llego hasta la
tienda de mascotas al lado de la tienda de postres.

—Lorena, ¿cómo estás?

—Muy bien Nidia, ¿y tú?

—Súper —responde y luego mira al perrito—. ¿Qué tenemos


por aquí?

—Bueno, este es el vecino de Esteban —digo y el hombre a


mi lado gruñe—. El animal es este —señalo al perro y nidia ríe—, a
él aun lo estoy educando —Esteban vuelve a gruñir cuando lo
señalo—. Actúa como humano algunos días.

—Ya veo —ríe Nidia.

—Como decía, el vecino peludito de Esteban se escapó de


su casa, su dueño está de viaje y no hay quien lo cuide; además,
no tiene su placa, no podemos localizar al dueño.

—Entiendo, ¿vas a dejarlo en la guardería?

—Así es.

—¿Hacen eso? —pregunta Esteban.


—Sí, aquí cuidamos de las mascotas cuando sus dueños no
pueden hacerlo. Tenemos por horas o por días.

—Interesante.

—Queremos dejarlo por unas cuantas horas al día.

—¿Horas? —pregunta Esteban confundido.

—Sí, mientras estés en la oficina necesitarás que lo cuiden.

—Oh no, ese perro no es mío. ¿Cuánto cuesta dejarlo hasta


que sus dueños vengan por él?

—Hmm, tenemos la promoción de ciento veinte por un mes.

—Lo tomo.

—Esteban —protesto—, no puedes dejarlo aquí. El pobre se


sentirá mal.

—¿Ustedes garantizan un buen cuidado?

—Por supuesto —asegura Nidia.

—Ya está, no le pasará nada.

—Herirás sus sentimientos —gruño y le entrego el perrito a


Nidia—. Insensible.

Rueda los ojos y me mira exasperado. —No me gustan los


perros, además, no sé cómo cuidarlos.

—Sí él te buscó, es porque se siente seguro contigo.

—No me convencerás. Pagaré por la guardería hasta que sus


dueños regresen y se responsabilicen por él.
—Está bien.

Espero hasta que ha llenado el formulario, preguntan por el


nombre del perro y ninguno de los dos tenemos respuesta para
ello. Lo nombramos Speedy por el momento. Me despido de la
cosita peluda y regreso con Esteban a la oficina.

—¿Qué vas a hacer esta noche?

—Chocolate.

—¿Eh?

—Voy a hacer chocolate, hoy es la chocolatada.

—¿La qué? —pregunta y lo miro con irritación.

—¿Cuánto llevas viviendo aquí? ¿Un par de días? —resopla


y me da una mirada igual a la mía—. Cada año, cuatro días antes
de navidad hacemos la chocolatada. Esa reunión donde se lleva
chocolate caliente y almojábanas para compartir con los
vecinos.

—No tengo ni idea.

—Por Dios —exclamo—, ¿en qué planeta vives? Debes estar


listo a las ocho. Pasa por nosotras.

—Uh, bien —responde no muy convencido.

Le sonrío y regreso a mi trabajo.


—Huele… —empieza a decir pero su estómago gruñe.

—Lo sé, estás hambriento —murmuro divertida ante la


vergüenza de Esteban.

—Disculpa por eso, pero huele delicioso.

—Las almojábanas acaban de salir del horno. —Esteban se


acerca y me besa en la mejilla. Majo hace uno de sus pucheros
y se cruza de brazos, entendiendo su protesta, Esteban me
enfrenta y me besa como debe ser.

—¿Mejor? —pregunta divertido. Ambas asentimos


haciéndolo reír. Me entrega una bolsa y levanto una ceja—. No
sabía que se lleva a una chocolatada, así que sólo pensé en traer
queso.

—¿Del que se derrite en el chocolate?

—Sí Majo, ese mismo.

—Delicioso —chilla mi niña.

Le sonrío a ambos y les pido que me ayuden a empacar


todo. Vamos hasta el auto de Esteban y conducimos hasta el
parque. Al llegar, camino hasta la mesa principal y dejo mis
almojábanas en ella. Las mujeres mayores ya están revolviendo
el delicioso chocolate en las ollas grandes. Le sonrío a Oliva,
Marie y Dora.

Esteban y Majo encuentran un lugar entre la multitud y nos


sentamos a observar los fuegos pirotécnicos y las el espectáculo
de luces. La mano de Esteban se entrelaza con la mía, su otro
brazo abraza a mi pequeña y nos acurrucamos juntos. El aire de
la noche es frío, pero no tanto como para hacernos ir.

El show de luces es impresionante, la alcaldía se luce con ello,


pasamos a los fuegos artificiales mientras el chocolate y las
almojábanas son repartidas. Casi todo el pueblo prepara las
masitas blancas y las mujeres mayores de la iglesia y la esposa del
alcalde se encargan del chocolate. Esteban sonríe y parte el
queso que trajo, le entrega un poco a majo y a mí, los niños de la
familia frente a nosotros nos miran, así que les ofrece un poco.

Durante el show, me roba algunos besos y nos acariciamos,


procurando no ser demasiado y no llamar la atención o irrespetar
a los demás; pero para cualquiera que mire de lejos o de cerca,
la tensión sexual entre ambos es palpable. La noche pasada casi
que le pido me tome en la puerta de mi casa.

El deseo por Esteban crece, y no sé si pueda resistirme


mucho. Hace demasiado tiempo que no soy adorada o tocada
por un hombre y lo necesito, lo quiero. Especialmente si ese
hombre es Esteban.

—¿Lo sientes? —pregunta Esteban en un susurro, después de


que jadeara cuando su piel toca la mía, debajo del dobladillo de
mi blusa. Asiento, porque lo siento, el cambio en el aire, la carga
sobre nosotros, la corriente eléctrica que zumba en mi cuerpo, la
necesidad, la ansiedad y el deseo… todo—. Dios Lorena, estás
matándome.

—Y tú a mí, pero…

—Lo sé, no importa. Esperaré.


—No es eso. Iba a decirte que no tengo quien cuide de Majo
hoy, muero porque me lleves a tu casa y…

—No termines esa oración —gruñe y muerdo mi labio—,


porque no podré contenerme sabiendo que me deseas igual que
yo a ti.

—¿Podemos al menos, besarnos en el rincón de la entrada


de mi apartamento? —pregunto cuando el show termina y las
familias marchan hacia sus casas.

—Tenlo por seguro, cariño.

Le sonrío y ayudo a llevar a una dormida Majo hacia el auto.


Nos despedimos de las personas que pasan y conducimos hasta
mi casa. Dejamos a Majo en su cama y cuando pasamos por mi
cuarto, lo miro con añoranza.

—Cariño, no lo hagas. Estás poniendo a prueba mi resistencia


y mi decisión de respetar tu casa y a tu hija.

—Lo siento.

—No lo sientas —dice y me abraza—. También te deseo,


mucho.

—¿Crees que es muy pronto para sentirnos así?

—No lo sé, pero no me importa.

—¿Me vas a besar hasta dejarme desecha?

—Eso es lo que planeo hacer.

Y lo hace. Me besa logrando que deba ir a mi cuarto para


cambiar mis bragas.
Capítulo 16
Día Diez
Esteban

—¿Quién se comió tu pastel? —pregunta Lorena apenas y


entra a mi oficina.

—Nadie —froto mi rostro y roto mis hombros—. Me acaban


de llamar de la guardería, el demonio no quiere comer. Según
Nidia, está deprimido.

—Te lo dije —musita y se sienta frente a mí—. Debes ir por él.

—Lo haré, pero sólo porque no quiero cargar en mi


conciencia la muerte de un perro.

—Sí, claro —murmura divertida.

—No quiero un perro.

—Por supuesto que no.

—Deja de sonreír.

—¿Por qué? es un lindo día.


Ruedo los ojos, pero sonrío. Ella es hermosa y hoy se ve mucho
más hermosa que otros días.

—Así que… —empieza a decir pero se sonroja y muerde su


labio.

—¿Sí?

—Damián y Clara van a quedarse con Majo esta noche, una


fiesta de camping en su casa —dice casualmente.

Sonrío porque comprendo perfectamente el trasfondo de


esa afirmación

—Me parece bien, ¿quieres ir a cenar? —pregunto con


seriedad, ocultando que estoy totalmente jugando con ella.

—¿A cenar? Uh, bueno, por qué no.

—No te ves emocionada por ello, ¿no quieres salir conmigo?

—Sí —Se apresura a decir—, es sólo que tenía pensado…

—¿Qué? —me concentro en mi pantalla para evitar reírme.


Esta frustrada y avergonzada.

—La cena está bien, ¿me recoges a las ocho? —pregunta


rindiéndose.

—Vale.

Se levanta con una mueca de sonrisa y camina hasta la


puerta. Llamo su nombre, cuando se vuelve hacia mí le murmuro:

—La noche es larga, preciosa, y planeo disfrutarla contigo de


mil maneras.
Sus ojos brillan con deseo cuando comprende lo que quiero
decirle. Su sonrisa crece y se vuelve sensual y descara.

—No puedo esperar a que oscurezca, entonces.

—Yo tampoco.

Termino mi trabajo y salgo corriendo hacia la tienda de


mascotas. Ruedo los ojos cuando Nidia trae al perro del demonio
y este se sacude ansioso por llegar a mí.

—Ha estado muy triste y solo.

—Es una mierdecilla —gruño pero igual lo tomo de sus


brazos—. Uh, ¿qué debo comprar para cuidarlo?

Nidia sonríe y me entrega alimento y algunos juguetes para


Speedy. Pago por todo y regreso a mi apartamento con el perro
del demonio.

—Bien, haremos un trato tú y yo —digo apenas y lo ubico


sobre el mueble—. Vamos a portarnos bien en casa, no harás otro
daño y sólo te dejaré en la guardería unas horas al día.

El perro ladea la cabeza como si estuviera considerando mis


palabras.

—Te daré salchichas si te portas bien. —Ante la mención de


la palabra: Si te portas bien y no haces daños a mi propiedad o
mis cosas, incluida mi basura, te daré dos salchichas al día y sólo
irás a la guardería mientras trabaje.
El perro ladra y sonrío. —Es un trato.

Lo dejo en el suelo y le dejo un poco de comida y agua en


los recipientes que me vendió Nidia. Lo observo comer unos
segundos y luego me dispongo a prepararlo todo para la cena.

Tres horas después, le envío un mensaje a Lorena pidiéndole


que use un abrigo.

¿A dónde vamos?

No te diré, sólo usa uno, por favor.

Ahora sí que me pica la curiosidad.

Será una sorpresa.

Está bien, usaré el abrigo.

En camino 

Esperándote.

Le envío una mirada de advertencia a Speedy antes de salir.


Rezo a todos los cielos, porque el pequeño demonio no destruya
nada de lo que he hecho.

Llego a casa de Lorena en poco tiempo, no he bajado del


auto aún y ella ya está saliendo de su casa, abrigo medio
abrochado sobre su cuerpo. Me rio por su evidente ansiedad.
Bajo del auto y la alcanzo a medio camino.
—Se supone que debo tocar a tu puerta, no que la chica
deba correr al auto del chico. Si Majo lo supiera, no estaría
contenta.

Sus mejillas enrojecen pero sonríe. —Entonces, es bueno que


no esté, Dios sabe que no quiero molestarla.

—Te preguntaría que si estás lista para irte, pero es obvio que
sí.

—Muero de hambre —dice, tratando de no parecer obvia,


pero sus deseos e intenciones lo son.

—Claro, también muero de hambre.

Abro la puerta del auto para ella y conduzco. Me detengo al


llegar a nuestro destino, y me rio de la cara complacida de
Lorena.

—Que no se note.

—Lo siento, simplemente es así.

Niego y nuevamente la ayudo a salir del auto, pongo mi


mano en su espalda baja y la guio hasta la puerta de mi casa.
Apenas y entramos, Speedy sale corriendo a recibirnos. Suspiro
aliviado cuando noto que todo está en perfecto estado.

Debo recordar darle dos salchichas al demonio.

—Awww, ven aquí cariño —dice Lorena y acaricia al perro.


Después de unos besos, lo deja en el suelo y se levanta.

—¿Hambrienta todavía?

—Sí —responde con sus ojos llenos de lujuria.


—Bien —digo y camino a la cocina. Tomo la botella de vino
y le pido que me acompañe fuera—. Abróchate el abrigo, la
noche es fría.

Obedece y salimos al patio, jadea cuando ve las luces


navideñas adornando el lugar. La mesa de mi jardín ha sido
cubierta con un mantel blanco y la cena está esperando en ella.

—¿Cocinaste?

—Sí, bueno, preparé el único plato que aprendí a hacer. —


Corro su silla para ayudarle a sentarse y me ubico frente a ella.

—Se ve hermoso —susurra admirándolo todo.

—Quería una cena íntima y romántica. Tuve que buscar en


google —digo y nos reímos. Enciendo el estéreo que puse en el
porche trasero, música suave armoniza con el resto de la
decoración.

—Es perfecto, gracias.

Guiño un ojo y sonrío. —Siempre a tu servicio

Se sonroja, entiendo el doble sentido de mis palabras.

—¿Pastel de carne? —pregunta cuando destapa su plato—.


Se ve delicioso.

—No es la cena más elaborada, pero es lo único que preparo


y no se quema o queda imposible de comer.

—Ya lo dije Esteban, es perfecto.

—Gracias.
Sirvo las copas de vino y comemos en medio de
conversaciones vagas. Hablamos de Majo, el trabajo, la familia y
luego… la cena se torna intensa cuando el pie de Lorena
acaricia mi pantorrilla y sube hasta mi muslo.

—Hace calor ¿no? —dice y saca el abrigo de su cuerpo.


Trago fuerte al ver el profundo escote de su vestido.

—S-sí, un poco —murmuro y me remuevo en mi lugar. Mi


creciente erección se presiona contra mi pantalón y no es nada
agradable.

Ahogo un gemido cuando su pie sube por mi muslo y puedo


notar sus pezones erectos bajo la tela de su vestido verde.

—Lorena —gruño. Si no deja de provocarme, cargaré contra


ella en menos de un segundo.

—¿Qué? —pregunta fingiendo inocencia.

—¿Terminaste?

Muerde su labio y sonríe, pasa su mano por la piel descubierta


de su escote y sencillamente no puedo más.

—Sí.

—Gracias a Dios —murmuro y me arrojo hacia ella. La beso


por encima de nuestra ya terminada cena.

Lorena se inclina hacia mí y al bajar mi mirada puedo ver que


realmente no está usando sostén. Gruño y muerdo sus labios.

—Vas a pagar muy caro el haberme provocado.


—Traigo efectivo —dice y toma mi mano para subirla por su
muslo. Noto que tampoco está usando bragas.

—Joder, Lorena, vas a acabar conmigo.

—Eso espero.

La tomo de nuevo y no sé exactamente como lo hacemos,


pero llegamos —en un enredo de manos y ropa— hasta mi
habitación. Arranco su vestido y ella me ayuda a desgarrar mi
camisa y pantalón. Arquea una ceja cuando descubre que
tampoco uso ropa interior, me rio y la arrojo sobre la cama. Beso
todo su cuerpo, adorando cada espacio de su piel, me aplaudo
a mí mismo, cuando la siento estremecerse.

Mis labios trazan su sexo y me concentro en hacerla llegar


con sólo mi boca y mis dedos. Cuando lo logro, la dejo explorar
mi cuerpo y hacerme perder la cabeza. Cuando es demasiado
juego para ambos, me posiciono sobre Lorena y poco a poco, la
reclamo como mía. Me maravillo con la expresión de su rostro
cuando golpeo en su interior, y durante el resto de la noche,
procuramos enloquecernos de placer el uno al otro.

Sencillamente, no pudo ser una mejor noche.

Fue increíble.
Capítulo 17
Día once
Lorena

Trabajo todo el día en una nube de felicidad.

Anoche fue simplemente increíble, alucinante, descomunal.

El dolor en mis músculos y mi parte baja me hace sonreír. El


sexo con Esteban fue espectacular. Al principio fue salvaje, luego
un poco más tierno para rematar con sucio y crudo.

Quien diría que había ese tipo de chica en mí. Me gustó todo,
lo sucio, lo tierno y lo salvaje.

—Hombre, alguien por fin tuvo un poco de jaleo ahí abajo.

—Clara —chillo ante el tono de voz tan alto de mi prima.

Algunos de mis subalternos se vuelven hacia nosotras y


sonríen.

Genial, simplemente genial.


—¿Qué? ni que ellos fueran asexuales y no supieran que esa
estúpida sonrisa que traes es una sonrisa de recién y bien follada.

—Oh por Dios —gimo y dejo caer mi cabeza en el escritorio-


¿Por qué señor, por qué me enviaste a esta bestia como prima?

—Ay no seas dramática. —Besa mi cabeza y se sienta a mi


lado.

—¿Dónde está Majo?

—Con el responsable de esa sonrisa en tu cara.

—¿Esteban?

—Sí, llegó y de una fue a su oficina. Parece que tú no eres la


única mujer encantada con ese hombre.

—Tonta. De todas formas, ¿a qué debemos tu visita?

—Bueno, quiero invitarlos a almorzar.

—Súper, me apunto.

—Vale, ¿qué es eso?

—Gomas —respondo y le entrego la caja que señaló—.


Esteban me envía gomas y chocolates todos los días.

—Ah, el señor “pongo una sonrisa soñadora en las mujeres


después de follarlas” es todo un romántico.

Ruedo los ojos y resoplo. —Tonta.

—Como sea. Damián nos espera en el restaurante de Toño.

—Vale, envío un correo y nos vamos.


—Perfecto. Iré por Esteban y Majo.

Termino lo pendiente y tomo mi bolso para salir con mi familia.


Muerdo mi labio y trato de calmar a mi corazón, cuando veo a
Esteban y a Majo caminando juntos, y de la mano.

Dios, como que empiezo a sentir más por ese hombre.

Majo se ríe de algo que le dice Esteban a Clara, mi prima lo


golpea en el hombro y se sueltan a reír los tres. Clara me ve y le
hace una seña a Esteban, me mira y juro que su expresión
cambia, continua sonriendo, pero esa sonrisa está cargada de
una suavidad y otra cosa que me confunde y emociona.

—Hola —Se acerca y me da un beso sin importar quién nos


pueda ver—. Ya estamos listos para ir con Damián.

—Vamos. —Le sonrío y me vuelvo para abrazar y besar a mi


hija—. ¿Cómo está mi princesa?

—Bien mami. Te extrañé anoche, aunque fue muy divertido.


¿Se divirtieron ustedes dos? —Su pregunta es realmente inocente,
pero al evocar la diversión que Esteban y yo tuvimos anoche, me
sonrojo.

—Sí —grazno ganándome un resoplido/risa de Clara y una


sutil caricia de Esteban en mi mano.

—Qué bueno mami, estaba preocupada por ti. ¿Qué


hicieron?

—Cenamos —Se apresura a decir Esteban cuando boqueo


como un pez—, y luego vimos una película.
—¿Qué película? —pregunta Majo, realmente interesada.
Clara rompe a reír y Esteban me mira en pánico.

—Esa de los autos rápidos —respondo. Majo me mira y frunce


el ceño.

—Aburrido —dice y sigue caminando.

Esteban y yo suspiramos aliviados. Clara nos pasa sonriendo


abiertamente y los dos nos miramos conteniendo una risa.

Nos salvamos por un pelo.

—Entonces, ¿Ya son novios?

—¿Qué? —pregunto confundida.

—Ustedes dos. —Majo señala a Esteban y luego a mí—. Se


supone que si besas a alguien es porque están juntos.

—Así es —concuerda Damián, enviando una sonrisa


cómplice hacia nosotros—. Uno besa a su querida, su novia, su
amada.

—¿La amas? —pregunta de nuevo mi hija y casi escupo mi


jugo. Esteban luce pálido y tenso.

—Oye, no nos apresuremos —grazno. Aclaro mi garganta y


tomo la mano de mi hija, sobre la mesa del restaurante—. Para
amar a una persona se requiere conocerla, compartir con ella,
aceptar y muchas otras cosas más que requieren de tiempo.
—Pero, ustedes llevan mucho tiempo.

—Apenas un par de semanas —murmuro empezando a


incomodarme. Esteban debe estarlo también, permanece
callado.

—Pero igual y se quieren, leí que cuando uno ama no deja


de pensar en esa persona, la extrañas y la necesitas —dice y nos
mira confundida—.Vi tu teléfono mami, ustedes dos se dicen esas
cosas. Que la extrañas, que tú a él igual, se piensan y no pueden
esperar por estar juntos, de nuevo.

Oh madre santa, purísima.

—¿Leíste mi WhatsApp? Oh por Dios. ¡María José! —gruño.


Esteban se vuelve hacía mí con el terror escrito en su cara. Sólo
Dios sabe que alcanzó a leer mi hija. Él mismo todopoderoso es
testigo de los mensajes que nos hemos enviado.

Mierda.

—Lo siento mami —se disculpa y me mira como un


cachorrito—, es sólo que de verdad, me agrada Esteban y quería
saber si ustedes ya…

—¿Ya qué? —pregunto entrando en pánico de nuevo.

—Ya se aman.

Noto que tanto Esteban como yo, dejamos escapar el aire


de nuestros pulmones y relajamos nuestra postura tensa.

—Majo, cariño —empieza esteban—, tú mamá me gusta


mucho, la respeto y sí, la extraño y esas cosas. Me preocupo por
ella y deseo verla siempre, la pienso, la añoro, la busco, la
necesito… —Muerdo mi labio pensando en esas cosas. Es verdad,
yo también me preocupo y extraño a Esteban. Siento por él
incluso más fuerte y más que por Javier o cualquier otro hombre
en mi vida. Este corto tiempo con él ha sido especial, único y
diferente… yo simplemente no puedo no pensar en él en mi vida
y en la de mi hija ¿Eso es amor?—. Y sí eso es amor, entonces sí,
amo a tu madre.

Oh mi… señor Jesús.

Clara jadea al igual que yo. Majo sonríe emocionada y


Damián brinda en el aire. Me vuelvo, estupefacta, hacia Esteban.
Me sonríe y se encoje de hombros.

—Es o no es —dice y acaricia mi rostro—. Así que es… te amo.

—Jesús yo…

—No tienes que decirlo, lo entiendo —dice, sus ojos me miran


con tanto amor y devoción que mi corazón se encoje. Hace
mucho que no me miraban de esa manera, e incluso, la mirada
de Esteban en más fuerte, más pura, más real y sincera.

Muerdo mi mejilla y me doy cuenta de que yo también lo veo


así. Desde que lo conocí él ha hecho de mi vida algo mejor. Me
hace feliz, me hace rabiar, me ha aprendido a conocer, me
consciente; siempre estoy primero para él, al igual que Majo, nos
apoya, cuida, se preocupa por ambas… además, no puedo
sacarlo de mi cabeza, extrañarlo, anhelarlo y anoche, cuando
estábamos juntos y miraba a mis ojos mientras reclamaba mi
cuerpo…
Fue algo más que sexo. Algo más que sólo un hombre
disfrutando de una mujer.

Y también fue de esa manera para mí… él fue más que un


hombre, más que un rostro, más que un cuerpo.

—Tengo que decirlo —susurro con el corazón acelerado—,


porque es verdad Esteban… también te amo.

Su rostro se rompe en una sonrisa y se lanza por mi boca. Me


besa como si no hubiera mañana alguno; escucho el vitoreo y
aplausos de Clara, Damián y Majo, nos apartamos y me sonrojo
al ver a mi hija y mi prima emocionadas, suspirando sobre sus
asientos.

—Esto es mucho mejor que las novelas que lee mi mami.

—Majo, deja de leer mis libros a escondidas.


Capítulo 18
Día doce/víspera de navidad.
Esteban

Ella me ama.

Desde ayer, es lo único que se repite una y otra vez en mi


cabeza.

Lorena me ama, a mí.

Sonrío como idiota camino a mi oficina. Estoy feliz,


jodidamente feliz. No puedo creer que haya encontrado a esta
fantástica mujer y ella me haya dado la oportunidad de entrar
en su vida y en su familia.

—Buenos días Esteban, te ves bien, feliz —dice Katerine con


su propia sonrisa.

—Lo estoy y lo soy.

—Me alegra oírlo.


—Podrías ayudarme con un arreglo de flores… —Me callo
rápidamente, apenas y veo a Lorena cruzar la esquina del pasillo.
Me ve y sonríe.

—Hola, buenos días Esteban, Katerine. —Se sonroja cuando


Katerine le da un saludo muy entusiasta y sonríe—. Lo siento, pero
necesito que me ayudes con algunas referencias que no
recuerdo. ¿Tienes el informe de los nuevos registros?

—Sí, están en mi escritorio, en el último cajón.

—Gracias —dice y le señalo que entre a mi oficina así puedo


hablar con Katerine. Espero hasta que está dentro, para hablar
de nuevo.

—¿Decías?

—Necesito que me ayudes con un ramo de flores para


Lorena. Sus flores favoritas son las peonías. Consigue el más
grande y bonito y que me envíen la tarjeta para firmarla.

—Entendido.

—Gracias.

—Ah y Esteban —llama Katerine—, de verdad que encanta


verte feliz, te lo mereces, y ella también.

Le sonrío y asiento. —Nuevamente gracias, y no te olvides de


ayudarme con el ramo.

—Por supuesto.
Complacido, entro a la oficina y me congelo, pierdo mi
sonrisa cuando veo a Lorena mirar un papel en sus manos y luego
a mí, con furia.

—¿Qué hace esto aquí? —pregunta, su voz está cargada de


ira—. Tienes una carta de mi hija, una carta donde pide un novio
para mí. ¿Por qué tienes esto?

—Yo… —Tomo una respiración profunda y me acerco—,


puedo explicarlo.

—Explica —gruñe.

Asiento y le digo. Le cuento como recibimos esa carta y


fuimos conmovidos por una pequeña que sólo quería ver feliz a
su madre.

—Soy feliz, tengo a la niña más maravillosa del mundo.

—Lo sé, pero a todos nos hace falta esa persona a la cual
amar y no de manera filial o platónica.

—¿Eres psicólogo? —gruñe—. Majo es suficiente para mí.

—Lo es, pero mereces que alguien te ame Lorena; eres una
mujer increíble y maravillosa.

—¿Qué tiene que ver esta carta con lo que pasa entre los
dos? —pregunta y mi rostro debe caer al suelo—. ¿Es por eso que
saliste conmigo? ¿Le prometiste a Majo que serías mi novio por
navidad?

—No, ella no lo sabe. Yo tomé la decisión, ella no tiene idea


de que leí su carta —explico y me arrepiento apenas y veo el
rostro desencajado de Lorena—. Espera, no es así, yo de verdad
quiero estar contigo.

Sus ojos se humedecen y arruga la carta en sus manos. —


Jugaste conmigo. Jugaste con Majo. ¿Cómo ocultaste esto de
mí? Majo… ella piensa que estorba en mi vida. ¿Cómo puede
pensar eso? Yo la amo.

—Porque así es como se siente un niño cuando ve a su madre


sufrir al no encontrar el amor. La entiendo Lorena, es por eso que
su carta llegó a mí corazón —Me acerco hasta ella y la enfrento—
, yo fui ese niño una vez. Yo deseé una familia completa, un padre
a mi lado y un esposo que hiciera inmensamente feliz a mi madre,
de la forma en la que ningún hijo, familiar o amigo puede. Ella
sólo quiere que seas feliz.

—¡Pero ya soy feliz! —grita, Katerine pregunta tras la puerta si


estamos bien, Lorena responde—. Estoy bien. —Sus ojos regresan
a los míos y se ve herida—. Nunca debiste ocultar esto de mí, soy
su madre y merezco saber cómo se siente mi hija y lo que piensa.
Y no te preocupes, no es necesario que te sacrifiques para salir
conmigo y cumplir el deseo de mi hija. Puedo encontrar un
hombre por mí misma.

—Espera, ¿qué estás diciendo?

Se ríe y no es una risa sincera, es cínica. —Puedes dejar el


puto acto ya, Esteban. Como lo dijiste hace un rato, tú decidiste
actuar sobre mí porque la carta te conmovió; no es necesario, no
necesito un hombre para ser feliz.

—Las cosas no son así, Lorena —intento acercarme a ella,


pero se aleja—. Yo… sí, al principio quería darle a Majo una razón
para creer que los sueños y los deseos se cumplen, pero al pasar
de los días —Suspiro y froto mi pecho—, que digo días, sólo
necesité unas pocas horas para darme cuenta de lo valiosa que
eres y para querer conquistarte, no por una carta, sino porque yo,
un hombre común quería tener a su lado a una mujer increíble
como tú.

—No debiste hacerlo, no debiste ilusionarme sólo por una


carta. ¿Acaso pensaste que sucedería después de navidad? ¿Si
nos dejabas cuán devastada iba a estar Majo, yo? ¡Hiciste que
me enamorara de ti! —exclama, las lágrimas empiezan a rondar
por sus mejillas y me mata saber que estoy haciéndola sufrir.

—Y yo también me enamoré de ti. —Mi voz es un ruego,


necesito que entienda que de verdad la amo, que no importa si
empecé esto por una jodida carta, ella es mía y yo de ella.

—Mentiras, ¿cómo puedo creerte?, ¿quién me asegura que


es verdad lo que dices? —Un sollozo escapa de sus labios, limpia
sus lágrimas y me mira con desprecio—. Me ocultaste la verdad
sobre Majo. ¡No soy un maldito proyecto de caridad navideña!

—Lorena, cariño, por favor.

—No puedo creer que haya llegado a esto —Resopla y niega


con su cabeza_, que un hombre salga conmigo por lastima.

—¡No es lástima! Te amo.

—¡Deja de mentir! —grita y sale de mi oficina con la carta en


su mano. La sigo, llamo su nombre pero no se detiene, la alcanzo
y la enfrento de nuevo.

—Nena.
—¡Suéltame! —gruñe entre dientes. Varios de nuestros
compañeros y empleados se detienen para observar el
intercambio.

—Sólo escúchame, las cosas no son como estás pensando.

—No me interesa saberlo, suéltame ahora Esteban, necesito


salir de aquí —Su voz se quiebra y me siento como un imbécil—.
Por favor, suéltame.

Lo hago, dejo caer mi mano de la suya y la veo irse corriendo.


Suspiro, sintiendo un peso ser puesto en mi corazón. Me vuelvo
hacia Katerine y al ver su rostro confundido y preocupado, lo
pierdo. Las lágrimas amenazan con caer y decido huir también
de este lugar.

Llego a mi casa devastado y ni siquiera la insistencia de


Speedy logra una reacción en mí. Sólo me quedo acostado en
casa, pensando en lo imbécil que fue y la mala suerte que tengo.

—¿Qué estás haciendo aquí?

—Vete —gruño y me tapo con la almohada.

—No, amigo, no voy a irme. —Damián arrebata la almohada


de mi cabeza y me empuja, caigo en el suelo al lado de mi
cama—. Katerine me llamó y me dijo que algo pasó entre Lorena
y tú. Habla.
—No voy a decirte nada. No tiene que importarte lo que
pase en mi vida.

—Mira idiota, antes que tu jodido jefe, soy tu amigo; y Lorena


es mi familia. Si sucede algo entre ustedes, va a importarme.
Habla.

Suspiro y abro mi boca. Le cuento todo, desde la carta hasta


lo que sucedió hoy en la oficina. Damián escucha y sonríe, el
pendejo sonríe.

—Oh vamos, eso es sólo un pequeño problema. Ella te ama


y tú a ella, se solucionará.

—Está enojada y dolida conmigo —gruño, molesto por su


postura fácil y descomplicada ante mi situación.

—Ya se le pasará, hasta yo me hubiera enojado si estuviera


en sus zapatos, pero ella sabe, sabe que la amas. Sólo déjala que
se enfríe.

—¿Cuánto tiempo sería eso? —pregunto con ganas de


levantarme e ir corriendo tras ella.

—El tiempo que te tome revolcarte en tu miseria y decidir que


debes ir y convencer a la mujer de tu vida, que la amas y no te
darás por vencido tan fácilmente, con ella y con Majo.

Le sonrío y él responde con la suya. Me levanto rápidamente


y dándole a Speedy una palmada en su cabeza, corro por mis
llaves para ir a buscar a Lorena y a Majo, las mujeres que quiero
en mí vida.
—De nada —grita cuando voy subiendo a mi auto. Le saco
el dedo medio y se ríe.

No puedes huir de mí, Lorena. Voy a convencerte de que te


amo, cueste lo que cueste.
Capítulo 19
Víspera de Navidad
Lorena

Hace mucho tiempo que no venía aquí, pero hoy lo hice.

Duele mirar hacia el suelo y pensar que allí reposa la persona


que amaste y a la que le entregaste parte de tu vida.

Me siento… no sé cómo sentirme. Leer esa carta de Majo me


llegó al corazón. No puedo concebir la idea de que mi bebé
piense que estorba en mi vida. Que por su culpa no puedo ser
feliz con un hombre, que ella no es suficiente y que jamás podrá
tener un padre de nuevo.

¿Cómo pudo Esteban ocultarme eso?

Si lo hubiera sabido, me aseguraría de demostrarle a mi hija


que esas ideas son erradas, que la amo y soy más que feliz a su
lado. Además, ¿cómo si quiera salió conmigo sólo por sentirse en
deuda con mi hija?
No soy un caso de caridad, no soy un proyecto, no necesito
que alguien salga conmigo porque siente lástima por mi hija y por
mí.

Jamás me había sentido tan humillada. Citas por lástima,


amor fingido por compasión. ¿Cuándo pasó esto? Ni siquiera
quiero pensar en si otros hombres me invitaron a salir sólo por no
ver sola a la soltera del pueblo.

¿Es así como me ven los hombres?

—Hola cariño —saludo y toco tres veces la lápida frente a


mí—. Lo sé, hace mucho que no venía por aquí. Perdóname. —
Paso mis manos por su nombre en la lápida y las lágrimas se
hacen presentes con furia—. Te extraño tanto, no estaba
preparada para tu partida Javier, me dejaste y ha sido duro,
difícil y doloroso. Majo, ella es tan hermosa, me encantaría que la
vieras crecer y te enamoraras de su espíritu cada día —Sollozo y
me recuesto en el suelo—. Me enteré de algo que me dolió,
nuestra bebé… ella cree que es un estorbo en mi vida, que no
soy feliz a causa de ella. ¡Qué equivocada está! Tú más que nadie
sabes cuánto la deseé al momento de enterarme que estaba
dentro de mí, la amé incluso cuando ni siquiera sabía que era una
niña. Me duele pensar que ella cree eso de sí.

Una señora pasa y me ve con comprensión, se arrodilla a


unos cuantos metros y llora sobre el nombre de otro ser querido
muerto.

—Majo quiere a su padre, pero también quiere a uno que


esté aquí, para ella. ¡No he podido darle eso! No sabía que ella
deseara eso con todo su corazón, ha estado triste y ni siquiera me
había dado cuenta. ¿Qué madre soy entonces? No puedo
complacer y hacer feliz a mi hija. Nos haces demasiada falta Javi,
te necesitamos, no debiste irte así. Me perdí en el momento en
que te fuiste, y quiero que regreses —lloro y suplico, mi corazón
cargado de toda la pena y el dolor que he llevado por años, años
en los que decidí ser fuerte por mi pequeña, para sacarla
adelante y para hacerla feliz—, regresa a mí, por favor. Vuelve a
amarme, a amarnos. Sólo te necesitamos a ti.

La brisa empieza a sacudir las ramas de los árboles y a


alborotar mi cabello, el aire seca mis lágrimas, incluso cuando
apenas están saliendo de mis ojos.

—Te amo, y siempre te amaré. . Conocí a alguien ¿sabes? Es


una persona buena, como tú, como Majo, como yo… pero, él
sabía sobre Majo y cómo se siente. —Saco la hoja de papel con
la letra y los deseos de mi hija, y la dejo sobre el pasto—. Me
ocultó esto, y aceptó que salió conmigo porque se sintió
identificado con Majo, sintió compasión por nosotras… me dijo
que me ama. Tuvo el descaro de decir que me ama y de hacer
que me enamorara de él —resoplo y las lágrimas vuelven a
caer—, él dijo que me ama. Se lo dijo a Majo, a todos, pero me
ocultó esto. Eso no está bien, ¿cómo puedo estar segura que en
verdad me ama? Hoy es navidad, acaso sólo lo hace por cumplir
el deseo de Majo, ¿seguirá amándome mañana?, no lo sé, estoy
tan confundida, tan perdida, no sé qué creer o pensar.

Suspiro, el aire levanta la hoja del suelo, alcanzo a tomarla


antes de que alce vuelo y entonces veo las palabras grabadas
en la lápida, bajo el nombre de Javier, y mi corazón se detiene
por un momento; esas palabras son las siempre decía Javier, era
su frase favorita, su sermón para todos los demás.

Nunca cuestiones, temas o dudes del amor, no le des


vueltas, no lo alejes, no le huyas; sólo siéntelo, vívelo, tómalo,
peca con él, aférrate a él y disfrútalo.

Porque el sentido de la vida, está en el amor.

—Oh Javi, tú siempre haciéndome ver lo tonta que soy.


Gracias por haberme amado, por aferrarte a mí, a lo nuestro.
Siempre estarás en mi corazón. Siempre.

Beso su nombre y me levanto, le doy un saludo a la señora a


mi lado que llora sobre la tumba. Le doy una última mirada a la
lápida de javier y me vuelvo para regresar a casa.

—¡Hola mami! —chilla Majo apenas y abro la puerta de mi


apartamento, justo cuando la noche empieza a caer.

—Majo. —Mi hija salta sobre mí y me abraza. Me rio en su


cabello y me aferro a ella, respirando su dulce aroma—. Te amo
cariño, siempre te he amado, me haces inmensamente feliz. No
hay nada más en el mundo que pueda llenar mi corazón como
lo haces tú, jamás, nunca pienses que desearía no estuvieras a mi
lado —Mi hija me mira extrañada y con los ojos húmedos—, si tú
no existieras, si no estuvieras en mi vida yo estaría perdida. Eres lo
mejor que me ha pasado, cariño. Mi princesa, mi todo. Te amo,
nunca lo olvides, te amo.
—También te amo mami, mucho. No quiero otra mami en mi
vida, tú eres perfecta para mí.

—Y tú para mí.

La abrazo y cubro de besos. La silueta de alguien en mi vista


periférica, me alerta que no estamos solas. Levanto mi vista y me
vuelvo hacia la derecha para encontrarme frente a frente con
Esteban.

—Hola —dice con cautela. Me sonríe y es una sonrisa tímida


y pequeña.

—Hola.

—Yo… te amo. —Abro mi boca para responder pero no me


lo permite—. Espera, no digas nada, sólo escucha. —Se acerca a
mí, toma con una mano a mi hija y con la otra enlaza mi mano a
la suya—. Te amo Lorena. Sí, tienes razón, esto empezó porque
sentí compasión por Majo, por ti, pero eso fue sólo el primer día.
Cuando empecé a pasar tiempo contigo, cuando comencé a
conocerte y la pequeña aquí, simplemente fue inevitable no
caer rendida ante las dos. Son perfectas, únicas, increíbles. Sería
un tonto si no las amara. —Lleva mi mano a su pecho y puedo
sentir su corazón acelerado—. Yo estaba perdido antes de que
ustedes llegarán, mi corazón, este que sientes acelerado, hace
mucho que no latía de esta manera por alguien. Y ahora lo hace,
por ti, por Majo. —Suelta a Majo y acuna mi rostro—. Sólo pediré
perdón por ocultar la carta, pero no por invitarte a salir, ni por
llevarte a comer, besarte, tomar tu mano o por amarte. Porque
no me arrepiento de nada, puede que haya empezado mal,
pero lo importante es como continua, y yo sigo amándote,
deseándote y añorándote.

Miro hacia sus sinceros y amorosos ojos y me doy cuenta que


tiene razón.

Majo se acerca y lo abraza.

—También te amo Esteban —dice mi pequeña—, ya te lo


dije, no me molesta que leyeras mi carta o la escondieras. Hiciste
feliz a mami y eso es todo lo que me importa.

Le sonrío a mi pequeña, tan inteligente, hermosa y buena. Mis


ojos regresan a los esperanzados y ansiosos de esteban, mi sonrisa
crece y sin huir más de lo que siento, me acerco a él y lo beso.

—También te amo, y no importa cómo empezó todo, me


amas, nos amamos y eso es todo lo que necesito saber.

—¡Sí! Por fin se hizo realidad mi deseo para Navidad —grita


Majo. Ambos sonreímos y nos lanzamos a abrazarla—.
¿Pasaremos nochebuena juntos?

—Como una familia, cariño.

—Como la familia que somos.

—Felices fiestas —digo y beso a cada uno de mis amores.

—Felices fiestas.
Epílogo
Un año después…

Querido santa, niño Dios o quien quiera que sea:

Te estoy escribiendo esta carta, porque de verdad necesito


que me ayudes con otro milagro.

Desde el año pasado somos una familia feliz y dichosa.


Esteban se ha convertido en el padre que siempre quise, y
aunque mi verdadero padre está con Dios en el cielo, se ha
encargado de que encontremos al mejor padre vivo. Amo a mi
papá Esteban y él ama a mi mamá y mamá a todos. No puedo
estar más que feliz por todo lo bueno que ha pasado en nuestras
vidas.

Papá y mamá siguen trabajando juntos en el almacén, el


primo Damián y la prima Clara singuen igual de enamorados, y la
prima, sigue sin aprender a cocina, tal vez si te escriba una carta
pidiendo ayuda para ella, pueda que deje de quemar todo.
Pero, sea como sea, estamos muy bien ahora.

He ido a ver la tumba de mi padre varias veces, le he dicho


que no se preocupe, que aunque Esteban está en mi vida ahora,
él también será siempre mi papá. Esteban incluso mandó a
enmarcar una foto de mi papá Javier y la colgó en mi habitación,
sobre mi cama. Para que cada día al despertar pueda saludarlo
y recordarle cuanto lo amo. ¿Es el mejor no?

Además, él hace muy feliz a mi mamá. La hace reír, le regala


flores, chocolates, la lleva a cenas románticas y hace con ella
todas esas cosas que dice en los libros que aún sigo leyendo a
escondidas de mamá, incluso esas escenas donde están en el
dormitorio y no entiendo muy bien que pasa. Mamá y papá no
saben que sigo leyendo esos libros a escondidas, pero como le
dijo mamá a la prima clara… son adictivos.

Somos felices, ¿sabes? Papá Esteban, mamá, Speedy y yo —


Sí, papá se quedó con el perro, o debo decir que el perro se
quedó con papá, cuando sus dueños regresaron, no hubo poder
humano que lograra, se quedará en la casa del vecino— Pero
hace falta algo, o mejor dicho alguien.

Un hermanito.

Quiero un hermanito para navidad, sí es un niño mucho


mejor. Te pido que nazca sano y fuerte… ah y bien gordito, así
como nací yo. Me gustaría llamarlo Javier, como mi papi que está
en el cielo, pero eso se lo dejo a mamá y papá Esteban. De
verdad que sería muy feliz si me regalas un hermanito para cuidar
y mimar. No le he dicho nada a mamá y a papá ya que mami ha
estado un poco indispuesta estos días, pero si puedes hacer algo
al respecto… te lo agradecería.

Prometo que seré la mejor hermana mayor del mundo, le


daré de mi lonchera y ahorraré de mi merienda para comprarle
regalos a mi hermano cada cumpleaños y navidad. Ayudaré a
limpiarlo y lo acompañaré cada día a la escuela. Además, las
noches en las que tenga miedo, lo dejaré dormir en mi cama y le
contaré muchos cuentos.

Te lo agradezco con todo el corazón, y tengo fe en que


cumplirás mi DESEO PARA NAVIDAD.

Con amor,

María José Velasco Zapata.

Calle 34ª # 8-66

Villa María.
Felices Fiestas
Les desea

Maleja Arenas
Agradecimientos
A todas mis lectoras en Wattpad y a quienes me permiten
llegar hasta sus corazones con mis historias.

Esta idea no hubiera sido posible sin Yanin López. Amiga, Dios
te bendiga.

A las chicas del grupo Yo Antes de Ti y K.K Sisterhood, mil


gracias por su apoyo, especialmente a Matilde Vargas y a Fatima
Nevado Adarve.

Dios bendiga sus vidas, ahora y siempre.


Sobre la Autora
Maleja Arenas

Psicóloga de la Universidad Antonio Nariño en Cali, Colombia.


Tiene 26 años, es madre de un pequeño de 4 años al cual
ama y adora con todo su corazón. Desde pequeña amó la
lectura. Su primer libro fue “Relato de un Náufrago” de
Gabriel García Márquez. Vive con su esposo, su pequeño y
su mascota Kira (rescatada de las calles) en la ciudad de Cali.
Ama el chocolate, el café y cualquier chuchería que pueda
comer, amante profunda de los libros y las historias de amor.
Es una soñadora y romántica.
Sus novelas terminadas son:
 ¿En tu casa o en la Mía?
 Tu Plato de Segunda Mesa (Menú de Corazones # 1).
 Mi Postre Prohibido (Menú de Corazones # 1,5).
 Entre Letras y un Café
 Almas (Entre el Cielo y el Infierno # 1)
 Cuidado Con las Curvas
 Amor, Sexo y Música (Entre Letras y un Café #2).
 Confesiones de un Alma Rota.
 Enséñame Tu Juego 1
 Cuidado Con Las Curvas 2
Próximos Proyectos:
 Vino Tinto (Menú de Corazones # 2).
 Enséñame tu Juego (Amor en Juego # 2).
 Sombras (Entre el Cielo y el Infierno # 2)
 Desde Mi Ventana.
 Reino Oscuro (Doce Reinos # 1)
 Recuérdame Quien Soy.
 Se Armó Cupido.
 Lo Mejor que Hiciste
 Linaje Blanco (serie Linajes #1)
 Mi Segundo Intento
 Desde Mi Ventana
Maleja Arenas (Autora)

Maleja Arenas

Grupo:
Maleja Arenas (mis novelas)

Maleja Arenas

También podría gustarte