Hora Santa | Esquema 2
Monición del Evangelio:
Hermanos, escuchemos cómo Jesús llama a sus discípulos a ser pescadores de hombres en
el Evangelio de San Lucas; a través de una pesca milagrosa, el apóstol Pedro abre los ojos
ante el Señor, experimentando la grandeza de su presencia y reconociéndose pecador ante
él. Escuchemos atentamente.
Lc 5, 1-11
Estaba Jesús junto al lago de Genesaret y la multitud se agolpaba a su alrededor para oír
la palabra de Dios. Y vio dos barcas que estaban a la orilla del lago; los pescadores habían
bajado de ellas y estaban lavando las redes. Entonces, subiendo a una de las barcas, que
era de Simón, le rogó que la apartase un poco de tierra. Y, sentado, enseñaba a la multitud
desde la barca. Cuando terminó de hablar, le dijo a Simón: —Guía mar adentro, y echen
sus redes para la pesca. Simón le contestó: —Maestro, hemos estado bregando durante
toda la noche y no hemos pescado nada; pero sobre tu palabra echaré las redes. Lo hicieron
y recogieron gran cantidad de peces. Tantos, que las redes se rompían. Entonces hicieron
señas a los compañeros que estaban en la otra barca, para que vinieran y les ayudasen.
Vinieron, y llenaron las dos barcas, de modo que casi se hundían. Cuando lo vio Simón
Pedro, se arrojó a los pies de Jesús, diciendo: —Apártate de mí, Señor, que soy un hombre
pecador. Pues el asombro se había apoderado de él y de cuantos estaban con él, por la gran
cantidad de peces que habían pescado. Lo mismo sucedía a Santiago y a Juan, hijos de
Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Entonces Jesús le dijo a Simón: —No temas;
desde ahora serán hombres los que pescarás. Y ellos, sacando las barcas a tierra, dejadas
todas las cosas, le siguieron.
Palabra de Señor.
Breve momento de silencio
Ahora, abramos espacio al silencio, para que la palabra de Dios penetre en nuestra mente
y en nuestro corazón, meditando y contemplando el llamado que le hizo a Mateo, y cómo
este respondió al Señor.
Reflexión 1
San Lucas relata la vocación de Pedro y de los primeros discípulos de manera ligeramente
distinta a los otros evangelios (cfr Mt 4,18-25; Mc 1,16-20; Jn 1,35-51). Los cuatro
evangelios anotan que la llamada tuvo lugar en los inicios de la vida pública, y los cuatro
recuerdan la voz apremiante de Cristo y la respuesta inmediata de los discípulos. Sin
embargo, Mateo y Marcos colocan ese llamamiento como primer acto del ministerio de
Jesús, subrayando así la identificación de los discípulos con su maestro; Lucas, en cambio, lo
hace preceder de un breve ministerio de Jesús en Cafarnaún y de un cierto trato entre el
Señor y estos Apóstoles.
La narración, deja transparentar la relación especial de Jesús con Pedro ya que éste es su
interlocutor a lo largo de todo el relato (cfr vv. 3.4.5.8.10), y será él quien gobierne después
la barca de la Iglesia. Por otra parte, en el curso completo de los acontecimientos se
vislumbra lo que va a ser la misión de la Iglesia: en nombre propio los discípulos se fatigarán
y no conseguirán fruto (v. 5); en cambio, en nombre del mandato de Cristo el fruto será
incluso desproporcionado (vv. 6.10).
Ante las obras del Señor surge en Pedro el asombro (v. 9) y la conciencia de la indignidad
personal (v. 8). Pero, entonces, como Zacarías (1,13), como la Virgen (1,30), como todas las
personas elegidas por Dios para una misión, Pedro oye la palabra de Dios que le infunde
confianza: «No temas».
Canto
(Toma Señor y recibe, coro y estrofa)
Reflexión 2
“Y, sentado, enseñaba a la multitud desde la barca”
¿Qué hemos aprendido de Jesús? ¿Nos dejamos formar por él? Nuestro Señor pasó su vida
pública enseñando continuamente, cómo perdonar, cómo escuchar, cómo administrar,
cómo ser fiel, ser justo y prudente, ser obediente y generoso, a ser misericordiosos, como el
Padre, y humildes en el servicio. Entre estas y otras tantas enseñanzas, Cristo nos llama a
seguirlo y a ser discípulos suyos, no para tener un bello título o un importante puesto, sino
para poner todo al servicio de los demás en su nombre.
Enséñanos, Señor, a aprender de ti. Que podamos, día a día, crecer en el amor y en la
escucha de tu Palabra, de tal forma que nuestra vida sea una oblación a ti. Cómo a tus
discípulos a quienes enseñaste en medio de la pesca, haz que podamos descubrirte en cada
momento de nuestras vidas, en el trabajo, en la familia, en la rutina; hoy, que estamos ante
ti en la Eucaristía, acrecienta nuestra fe y que este encuentro sea impulso para dar
testimonio de ti allá afuera.
Meditemos en silencio
Breve momento de silencio
Canto
(Oración de san Francisco de Asís, coro y estrofa)
Reflexión 3
“Guía mar adentro, y echen sus redes para la pesca”
Jesús invita a sus discípulos a remar mar adentro y echar sus redes. Los discípulos dudaban,
pues el panorama no era muy prometedor para una buena pesca, ya que habían intentado
anteriormente. Sin embargo, ellos confían y actúan. Sucede el milagro. ¿Vislumbramos al
igual que los discípulos un panorama poco prometedor, difícil? Él nos invita a encontrarnos
con él y a vivir el Evangelio y anunciarlo a los demás en medio de tempestades, o de sequías;
nos llama a confiar en su amor y en su presencia, en los designios del Padre. Echemos
nuestras redes, para poder ser pescadores de hombres necesitados de ti, no buscando
obtener resultados según nuestra voluntad, sino confiando en su Palabra y en sus tiempos,
que son perfectos.
Ensénanos, Señor, a vivir y anunciar tu Evangelio en todo momento y lugar. Que podamos
antes responder al llamado que nos haces a seguirte y a caminar hacia la santidad,
confiando en tu sabiduría y amor.
Meditemos en silencio
Breve momento de silencio
Canto
(Alma de Cristo, coro y estrofa)
Reflexión 4
“Apártate de mí, Señor, que soy un hombre pecador”
Pedro se reconoce pecador, y a partir de ese acto de humildad, se abre al plan de Jesús. ¿Nos
reconocemos pecadores ante Jesús? Es importante recordar que nuestro camino es un
camino de conversión, que requiere esfuerzo y, sobre todo, sacrificio. Cargar nuestra cruz es
parte esencial del seguimiento a Cristo, y para ello hay que confiar y ser humildes.
Enséñanos, Cristo, a cargar nuestra cruz. Que nuestra carga y nuestros pecados no sean
motivo de desesperanza, sino que nos impulsen a voltear a verte en tu sacrificio, y así
podamos ser fuertes, por tu gracia, y responderte con amor y generosidad.
Canto
(Toma Señor y recibe, coro y estrofa)
Hoy celebramos, hermanos, la fiesta de los Arcángeles Gabriel, Miguel y Rafael, y de todos
los ángeles. Elevemos ahora nuestra oración al Padre confiando en la intersección de estos
seres espirituales que nos traen su mensaje, nos protegen del mal y nos guían hacia Cristo.
A cada petición responderemos: escúchanos, Señor.
-Te pedimos, Padre, por la Iglesia Universal, para que caminemos unidos, en fraternidad,
hacia tu voluntad, remando mar adentro hacia la misión de anunciar y vivir tu palabra
Roguemos al Señor.
-Te pedimos, Padre, por nuestra Iglesia Diocesana, para que todos sus miembros
busquemos ser fieles a la enseñanza de tu Hijo Jesús. Roguemos al Señor.
-Te pedimos, Padre, por esta comunidad parroquial, para que nos esforcemos en el caminar
diario hacia ti, que nuestra entrega sea firme y permanezca. Roguemos al Señor.
- Te pedimos, Padre, por los jóvenes que llamas al sacerdocio y a la vida religiosa. Ayúdalos
a ser generosos en su respuesta, y a entregarse con amor a esa invitación tuya. Oremos por
los seminaristas, sacerdotes, religiosos, que buscan cumplir tu voluntad. Roguemos al
Señor.
Escucha, padre misericordioso, nuestra oración. Ayúdanos a responderte como lo hicieron
tus discípulos y a dejarlo todo y seguirte. Por Cristo, nuestro Señor.