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Estrés de combate en fuerzas militares

Este artículo explora los agentes estresores que afectan a las fuerzas militares durante las operaciones. Examina el sistema límbico y cómo procesa las emociones bajo estrés. También analiza conceptos como estresores de combate y resiliencia, con el fin de comprender mejor cómo afectan el desempeño de los soldados. El desconocimiento de los estresores puede comprometer el cumplimiento de las misiones militares.
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Estrés de combate en fuerzas militares

Este artículo explora los agentes estresores que afectan a las fuerzas militares durante las operaciones. Examina el sistema límbico y cómo procesa las emociones bajo estrés. También analiza conceptos como estresores de combate y resiliencia, con el fin de comprender mejor cómo afectan el desempeño de los soldados. El desconocimiento de los estresores puede comprometer el cumplimiento de las misiones militares.
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AGENTES ESTRESORES: EL ENEMIGO OCULTO DE LAS FUERZAS

MILITARES

Stressors: the hidden enemy to military forces

Guillermo Aguilar Vergara*

Resumen: Producto de las múltiples lecciones aprendidas que han obtenido algunos países
que poseen experiencia en combate, las instituciones armadas han desarrollado grandes
esfuerzos por acrecentar sus conocimientos en relación con el estrés de combate,
incorporando así, la ciencia y la tecnología a su campo de estudio. Lo anterior, con el solo
propósito de comprender las causas y efectos que estos originan en las fuerzas militares y,
a partir de ello, diseñar un método eficaz que permita administrar en buena forma los
efectos que estos generan en el desempeño de los soldados. Derivado de lo anterior, el
presente artículo, tiene por objeto sensibilizar a los componentes de fuerzas militares y en
especial a sus comandantes, respecto de la importancia que reviste para el empleo efectivo
de las fuerzas militares el hecho de identificar y conocer los agentes estresores o estresores
de combate que pueden afectar a los soldados durante sus empleos en operaciones
militares. Así mismo, explorar algunos programas existentes, referidos al fortalecimiento
de la resiliencia en las fuerzas militares de los Estados Unidos. Lo anterior, con miras a
estrechar la brecha del conocimiento en pos de mejorar los procesos de enseñanza -
aprendizaje y, por consiguiente, optimizar los procesos de toma de decisiones de los
comandantes en todos los niveles.

Palabras claves: Cerebro Emocional – Estresores de Combate – Resiliencia

Abstract: As a result of the many lessons learned in some countries with real combat
experience, the armed forces have made great efforts to increase their knowledge of
combat stress, incorporating science and technology into their field of study, with the sole
purpose of understanding the causes and effects that these stresses have on the military
forces, and from there, to design an effective method to manage the effects they have on the
performance of soldiers. The purpose of this article is to raise awareness among the
components of military forces, and especially their commanders, of the importance for the
effective employment of military forces of identifying and knowing the stressors or combat
stressors that can affect soldiers during their employment in military operations, as well as
to demonstrate that some programs exist today to strengthen resilience. The above, with a
view to narrowing the knowledge gap in order to improve the teaching-learning processes
and, consequently, to optimize the decision-making processes of commanders at all levels.

Key words: Emotional Brain – Combat Stressors – Resilience

*
Mayor del Arma de Infantería, Oficial de Estado Mayor, magister en Ciencias Militares de
la Academia de Guerra, con mención en Gestión Estratégica de Defensa, Diplomado en
Gestión y Administración de recursos de Defensa, PUC. Actualmente se desempeña como
Comandante del Batallón de Infantería de Montaña Nº 13 “Andalién” del Destacamento de
Montaña Nº 09 “Arauco”. Correo electrónico: [email protected]
PPA Panorama estratégico

Guillermo Aguilar Vergara

Introducción
Las diferentes misiones que son llevadas a cabo por las fuerzas militares en la
actualidad demandan que sus integrantes posean una sólida formación y una
preparación física, técnica y moral acorde a las exigencias que se requieran para
cumplir y hacer cumplir las tareas impuestas a pesar de lo duras y exigentes que
estas puedan ser y de lo complejo, violento, inseguro e impredecible que sean los
escenarios en los que se despliegan. Es por ello que, en el presente, cobra una
mayor relevancia la teoría que plantea que personal militar debe poseer las
habilidades y competencias de orden mental y/o psicológico que le permitan
adecuarse, resistir y sobrellevar cualquier situación que se genere producto de un
evento crítico.
A pesar de la extensa literatura que existe en la actualidad respecto del estrés
de combate o agentes estresores, por diferentes motivos este tema no ha sido
estudiado en profundidad, configurando así, el panorama ideal para que se genere
una brecha cognitiva de algo que en la realidad debiese ser de conocimiento de los
especialistas de las armas.
Desde hace muchos años, producto de las experiencias obtenidas en combate,
las Fuerzas Armadas de países como: EE.UU., Inglaterra, Italia, Francia, Alemania
y España entre otros, se han esmerado en estudiar las causas y los efectos que
generan el estrés de combate en las fuerzas militares, lo anterior, con el solo
propósito de asegurar el mejoramiento de la calidad de vida de sus soldados y de
sus familias antes, durante y después del cumplimiento de las operaciones
militares (Aguilar, 2020).
Derivado de ello, y considerando que producto de los últimos acontecimientos,
en particular de los originados por la pandemia del COVID-19, en Chile una gran
cantidad de medios militares han debido ser desplegados a diferentes zonas del
territorio nacional a cumplir misiones que se enmarcan bajo el concepto de
operaciones militares distintas a la guerra; en las cuales el cansancio, la
incertidumbre, el trabajo prolongado, el esfuerzo físico y el distanciamiento
familiar entre muchas otras cosas, han provocado efectos negativos en parte de
los integrantes de la fuerza desplegada, generando instancias propicias para que
se puedan desencadenar algunas situaciones de estrés que afectan administrativa
y operativamente al cumplimiento de la misión.
El presente artículo, pretende sensibilizar a los componentes de fuerzas
militares y en especial a sus comandantes, respecto de la importancia que reviste
para el empleo efectivo de las fuerzas militares el conocer sobre el estrés de
combate, la resiliencia y muy particularmente sobre aquellos agentes estresores o
estresores de combate que pueden comprometer el cumplimiento de la misión. Lo
anterior, con miras a estrechar la brecha del conocimiento y por consiguiente,
Agentes estresores: el enemigo oculto de las fuerzas militares

entregarle más y mejores herramientas de juicio a los comandantes para que


puedan tomar mejores decisiones al momento de planificar o conducir las
operaciones militares.
Vamos a plantear una hipótesis, para ello, se realizará un análisis de tres conceptos
que son fundamentales para la comprensión del tema, a saber: el sistema límbico o
cerebro emocional, los agentes estresores o estresores de combate y la resiliencia.
Sumado a lo anterior, se dará a conocer una lista categorizada de estresores de
combate que se obtuvo producto de una investigación realizada por el autor, para la
publicación “Cuaderno de difusión del pensamiento de Estado Mayor”, de la Academia
de Guerra del Ejército de Chile el año 2020.
A modo de hipótesis, se plantea que el desconocimiento de los agentes estresores
de combate que afectan al personal militar genera las condiciones para que exista una
pérdida significativa de las capacidades de las fuerzas.

El sistema límbico o cerebro emocional en combate


El cerebro del ser humano de hoy es el resultado de cambios muy lentos que han
ocurrido a través de muchos años de evolución y que han hecho posible el desarrollo
de aquellas estructuras y conexiones que hoy en día nos permiten, entre otras muchas
cosas, razonar, hablar, reflexionar, controlar impulsos y proyectarnos hacia el futuro
(Toro y Yepes, 2018).
La misión del sistema límbico es controlar aquellos aspectos relacionados con la
preservación de uno mismo y la supervivencia de la especie. Por ejemplo, las
respuestas emocionales, la motivación, el nivel de activación, e incluso algunos tipos
de memoria como la anterógrada y la episódica. Es el responsable principal de la vida
afectiva, y es partícipe en la formación de memoria, en las que participan el
hipotálamo, el hipocampo, la amígdala, entre otras (Alfaro, 2017).
La primera evidencia que relacionó al sistema lí́mbico con las emociones fue
registrada en 1955, cuando Heinrich Klü ver y Paul Bucy decidieron realizarle una
incisión bilateral a los lóbulos temporales y a la amígdala a unos monos (objetos de
estudio). El resultado de esto permitió́ comprobar y registrar los efectos del sí́ndrome
conductual inducido y muy particularmente los cambios emocionales que originó en
ellos: agresividad y pérdida del miedo (López, 2009).
El resultado de los estudios realizados por Klü ver y Bucy posteriormente fueron
ratificados por Toro y Yepes, (2018), cuando ambos investigadores fueron capaces de
comprobar que al removerle quirúrgicamente a un mono (objeto de estudio) la
denominada amígdala que se ubica en el lóbulo temporal, se producen cambios
dramáticos en el comportamiento de este, incluyendo la pérdida de capacidad para
reaccionar emocionalmente ante estímulos (Toro y Yepes, 2018).
PPA Panorama estratégico

Guillermo Aguilar Vergara

Hoy en día, se ha podido constatar que la amígdala cerebral no solamente regula


el miedo, sino que también amplía sus funciones específicas, en el proceso de
recompensa, encargándose del procesamiento de emociones positivas. Eso quiere
decir, de acuerdo con lo señalado por Toro y Yepes, que en este proceso el núcleo
accumbens o centro de la recompensa y la corteza prefrontal respectivamente, inciden
como actores del comportamiento social y del manejo de emociones, enviando
información a otras partes del cerebro para la toma de decisiones, por intermedio de
diferentes circuitos que son mediados por neurotransmisores y hormonas (2018).
Para Waxman (2011), el sistema lí́mbico integra funciones cerebrales y
diencefá licas, que participan en las emociones y en las respuestas viscerales y
conductuales asociadas, a través de un mecanismo de auto conservación, como, por
ejemplo: la alimentación, la lucha, el miedo, el apareamiento, la procreación, la
percepción, el pensamiento y la autoconciencia. Las funciones principales del sistema
límbico son: la motivación por la preservación del organismo y la especie, la
integración de la información genética y ambiental a través del aprendizaje y la tarea
de integrar nuestro medio interno con el externo antes de realizar una conducta.
Apoyado en las definiciones antes descritas, podemos concluir entonces que el
sistema límbico constituye el conjunto de regiones cerebrales implicadas en las
emociones, el aprendizaje y la memoria (centro del pensamiento superior) que influye
directamente en las funciones y rendimientos de los seres humanos, permitiendo que
estos reaccionen a los diferentes escenarios con un balance emocional, juicio y razón.
Por tal razón, desde la perspectiva militar, será de vital importancia conocer y generar
las instancias necesarias para que el sistema límbico en los soldados funcione
eficientemente durante su empleo en las operaciones militares.
Para Steadman (2011), el sistema límbico se encarga de ayudar al hombre a
sobrevivir en la batalla, posee la “autoridad química” de iniciar eficazmente una
respuesta rápida ante las amenazas. La amígdala se dispara; la adrenalina fluye a la
sangre; el pulso se acelera; los ojos se enfocan y rápidamente buscan un movimiento
de amenaza, se detiene la digestión y se tensan los principales músculos del cuerpo en
preparación de un impacto, en estos momentos, el cerebro redirige el abastecimiento
disponible de oxígeno y sangre rica en glucosa a las áreas límbicas y motoras, con el
propósito de poder reaccionar rápidamente ante el inminente combate.
Consecuentemente, los líderes en combate requieren poseer conocimientos
fundamentales de biología cerebral que les permitan comprender la importancia que
tiene el funcionamiento de la mente durante el combate.
Con la mente concentrada en el modo de supervivencia más básico, no existe la
energía disponible para dedicarla a solucionar problemas geométricos o reflexionar
dilemas filosóficos, centrándose los recursos hacia áreas límbicas durante situaciones
de peligro. Sin embargo, es importante recalcar que los líderes militares de hoy no se
enfrentan a las mismas amenazas que antaño, estimándose que cuando aún existen
Agentes estresores: el enemigo oculto de las fuerzas militares

muchas amenazas que requieren de una acción rápida, estas también requieren que
sean reflexiva, ya que deben manejar un sin número de flujos de información;
comunicarse por sistemas tecnológicos múltiples; equilibrar las consideraciones
políticas, militares y civiles; y dirigir a cientos de hombres y mujeres en el proceso,
requiriéndose de mentes coherentes y racionales (2011, pp. 24-37).
Algunas veces, de acuerdo con lo señalado por Steadman, puede responder a
estímulos externos, como la reacción ante situaciones de peligro que ocurren a nivel
del subconsciente, momentos en que la amígdala compara los datos externos con el
hipocampo, si la información recibida corresponde a una amenaza que ha sido
marcada como negativa o peligrosa, la amígdala inmediatamente ordena que el
cuerpo se ponga en acción (2011).
Otro atributo, indica el mismo autor, que tiene el sistema lí́mbico está muy
comprometido, literalmente robará el combustible de la corteza prefrontal,
incapacitando, de esta manera, la capacidad de líder de enfrentar la situación
mediante cognición. Además, se ha demostrado que hay muchas más conexiones
neuronales que directamente se derivan de la amígdala a la corteza prefrontal que a
la inversa. Por lo tanto, es fácil para nuestras emociones guiar o reprimir nuestros
pensamientos racionales, siendo un factor crucial porque los militares deben
preservar la función cognitiva al liderar durante el combate (2011).
A medida que el sistema límbico intenta mantener su ritmo con el entorno, refiere
Steadman, enajena la capacidad del soldado para mantener un claro marco mental,
que se suma al agotador esfuerzo físico propio del combate, generando riesgo de
efectuar un procesamiento cognitivo degradado (2011).
Conforme a lo anterior, podríamos concluir entonces que el sistema límbico es sin
duda alguna un sistema de protección autónomo que permite a los soldados
responder ante eventuales amenazas que se puedan generar en un entorno complejo,
de ahí la importancia que reviste el hecho de que los comandantes posean
conocimientos básicos respecto de su función y de la forma en que este opera. Lo
anterior, con el objeto de poder contar con mayores elementos de juicio, toda vez que,
se pretenda buscar alguna solución ante situaciones adversas que generen estrés en
el personal.

El estrés de combate y los estresores de combate


El concepto de estré s se remonta a la dé cada de 1930, cuando Hans Selye, hijo del
cirujano austriaco Hugo Selye, observó que todos los enfermos a quienes estudiaba,
indistintamente de la enfermedad propia, presentaban sí́ntomas comunes y
generales: cansancio, pé rdida del apetito, baja de peso, astenia, etc. Como este
fenó meno le llamó mucho la atenció n, lo denominó "Sí́ndrome de estar Enfermo"
(Selye, 1977).
PPA Panorama estratégico

Guillermo Aguilar Vergara

Selye consideró entonces que varias enfermedades desconocidas como las


cardiacas, la hipertensión arterial y los trastornos emocionales o mentales no eran
sino, el resultado de cambios fisiológicos que se generaban como consecuencia de un
prolongado estrés en los órganos de choque. Continuando con sus investigaciones, fue
capaz de integrar a sus ideas, que no solamente los agentes físicos nocivos actuando
directamente sobre el organismo animal son productores de estrés, sino que, además,
en el caso del hombre, las demandas de carácter social y las amenazas del entorno del
individuo que requieren de capacidad de adaptación provocan el trastorno del estrés
(1977).
Finalmente, para Selye, el estrés fue definido como “el síndrome o conjunto de
reacciones fisiológicas no específicas del organismo, a diferentes agentes nocivos del
ambiente de naturaleza física o química” (Selye, 1977).
Para el Ejército de EE.UU. el estrés es considerado como el proceso interno de
preparación para lidiar con un estresor o reflejos fisiológicos que preparan al cuerpo
para luchar o huir, ejemplos de esos reflejos son el aumento de la activación del
sistema nervioso, la liberación de adrenalina en el torrente sanguíneo, los cambios en
el flujo sanguíneo a diferentes partes del cuerpo, etc. Sin embargo, el estrés no es
sinónimo de excitación o ansiedad, el estrés implica procesos físicos y mentales que, a
veces, suprimen la excitación y la ansiedad, también implica las respuestas
emocionales que lo acompañan y los procesos perceptivos y cognitivos automáticos
para evaluar la incertidumbre o la amenaza, estos procesos automáticos pueden ser
instintivos o aprendidos (Department of the Army, 1994).
Derivado de lo anterior, es posible concluir entonces que el concepto de estrés no
es un concepto nuevo, sino que más bien, es un concepto que ha sido estudiado por
hace ya más de 90 años y, que con el pasar de los años, se ha visto en la obligación de
incorporar diversas disciplinas (médicas, biológicas y psicológicas) y tecnologías a su
campo de estudio, asumiendo con ello, que es un problema de naturaleza compleja
que debe y merece ser abordado.
Según el Ejército de EE. UU., el estrés de combate es el cambio que resulta de todos
los estresores y estrés que se procesan en el soldado mientras ejecuta alguna misión
relacionada con el combate. En otras palabras, “es el resultado de una interacción
compleja de variados estresores mentales y físicos” (1994).
Son “cambios en el funcionamiento o comportamiento físico o mental que resultan
de la experiencia o la fuerza letal o sus consecuencias. Estos cambios pueden ser
positivos, adaptativos o negativos, y pueden incluir la angustia o la pérdida del
funcionamiento normal” (Department of the Navy, 2010, pp.1-3).
Para el Ejército de Tierra de España el estrés de combate es “la percepción del
individuo de que sus recursos personales exceden a las demandas cognitivas,
fisiológicas, emocionales y conductuales directamente relacionadas con la exposición
Agentes estresores: el enemigo oculto de las fuerzas militares

a los peligros y exigencias de una misión de combate y proceso de adaptación a las


mismas” (Ejército de Tierra de España, 2017, p.41).
En definitiva, podríamos concluir entonces que el estrés de combate puede ser
visto como una serie de cambios que se producen en el funcionamiento físico o mental
de los soldados y/o organizaciones militares, a partir de una demanda significativa
(cognitiva, fisiológica, emocional y conductual) provocada por la aparición de uno o
varios eventos críticos (agentes estresores o estresores de combate) que amenazan la
seguridad e integridad física y psicológica del personal.
Para el Ejército de EE.UU., los factores estresantes o estresores de combate son:

Cualquier evento crítico sucedido durante el curso de una misión, ya sea


producto de una acción enemiga o cualquier otra fuente, las misiones de
combate no necesariamente implican estar bajo fuego y hasta pueden
producirse en á reas seguras lejanas al enemigo, muchos estresores de
combate provienen de la propia unidad, del soldado, de sus lí́deres y de las
demandas de la misió n, como así́́ tambié n, pueden provenir del conflicto entre
las demandas de la misión y la vida personal del soldado” (1994, p.23).

Tomando en cuenta esta definición, y considerando que los agentes estresores se


presentan durante el transcurso de una misión, la tarea de identificar los agentes
estresores de combate que inciden en las fuerzas militares se complica, toda vez que
no existe en el Ejército de Chile ninguna reglamentación ni cuerpo doctrinario que
sirva de referencia para ello.
En consecuencia, se optó por dar a conocer aquellos estresores de combate que
fueron identificados durante una investigación realizada por el autor de este artículo
durante el año 2020, para la publicación “Cuaderno de difusión del pensamiento de
Estado Mayor”, de la Academia de Guerra del Ejército de Chile y que, entre otras cosas,
clasificó los estresores según su naturaleza de origen, como sigue: agentes estresores
de naturaleza física, agentes estresores de naturaleza mental, agentes estresores de
naturaleza psicosocial y agentes estresores de naturaleza militar.
Se entenderá por agentes estresores de naturaleza física a aquellos agentes
estresores que desencadenan la activación de todos los sistemas que se asocian al
funcionamiento del cuerpo humano, encontrando entre ellos los siguientes: nervioso,
endocrino, inmunológico, cardiovascular y digestivo, por lo tanto, tienen efectos
directos y potencialmente perjudiciales para el cuerpo humano (Aguilar, 2020, p.67).
PPA Panorama estratégico

Guillermo Aguilar Vergara

Tabla 1. Resumen general de agentes de naturaleza física que se asocian al


estrés de combate

Agentes de naturaleza física


 Exposición excesiva al calor, frío o humedad
 Condiciones meteorológicas adversas
 Vibración, ruido o explosiones
 Hipoxia, falta de oxígeno, humos, venenos, productos
químicos
 Exposición a sustancias o nubes tóxicas
 Dispositivos de armas dirigidas
 Radiación ionizante o química
Ambiental  Agentes infecciosos
 Enfermedades por agentes infecciosos
 Exposición a enfermedades contagiosas
 Irritantes corrosivos de piel
 Esfuerzo físico intenso
 Luz brillante, oscuridad, neblina y oscurecimiento
 Terrenos difíciles o arduos
 La altitud
 Ruidos intensos (explosiones)
 Falta de sueño
 Deshidratación
 Mala o deficiente alimentación
 Higiene deficiente
 Fatiga o cansancio muscular
 Sistema inmunitario deteriorado
Psicológica
 Uso excesivo de la musculatura
 Enfermedad o lesión
 Frustración sexual
 Uso de sustancias (cigarros, cafeína, alcohol)
 Obesidad
 Mal estado físico

Fuente: Administración del estrés de combate para mantener la capacidad


combativa de las fuerzas. (Aguilar, 2020, p.68).

Los agentes estresores de naturaleza mental son aquellos estresores que, como
respuesta a una demanda de amenaza que recibe el cerebro, desencadenan un
impacto fisiológico indirecto en el cuerpo humano. Para una mejor comprensión,
la siguiente tabla presenta aquellos agentes de naturaleza mental (cognitivo y
Agentes estresores: el enemigo oculto de las fuerzas militares

emocional) que fueron identificados durante el desarrollo de la investigación


(Aguilar, 2020, p.69).

Tabla 2. Resumen general de agentes de naturaleza mental que se asocian al


estrés de combate

Agentes de naturaleza mental


 Falta de información
 Percepción de amenazas
 Sobrecarga sensorial versus privación
 Ambigüedad e incertidumbre
 Aislamiento y confinamiento
 Presión de tiempo versus espera
 Imprevisibilidad
 Reglas de compromiso, juicio difícil
Naturaleza Mental
(Cognitiva)  Dinámica organizacional
 Elecciones difíciles versus no elecciones
 Reconocimiento de funcionamiento deteriorado
 Dificultad para decidir producto de las reglas de
enfrentamiento o reglas de uso de la fuerza
 Trabajo que exigen tareas más allá del nivel de
habilidad
 Fallas previstas

 Miedos y ansiedades producidas por las amenazas


 Lesión, enfermedad, dolor, falla personal o de la
misión
 Penas producidas por muertes o duelos
 Resentimiento, ira y rabia que desencadena
frustración, amenaza y culpa
 Aburrimiento producido por la inactividad
 Conflictos generados por preocupaciones sobre el
Naturaleza Mental hogar
(Emocional)  Confrontación espiritual o tentación que causa
perdida de fe
 Sentimientos interpersonales
 Aislamiento o soledad por ser nuevo en la unidad
 Preocupaciones del frente interno o del hogar
(enfermedades)
 Pérdida de privacidad
 Acoso o victimización
 Exposición al combate o muertos
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 Tener que matar


 Bloqueo de los intereses
 Frustración

Fuente: Administración del estrés de combate para mantener la capacidad


combativa de las fuerzas. (Aguilar, 2020, p.69).

Los agentes estresores de naturaleza psicosocial son aquellos agentes


generadores de estrés de combate que, al interactuar de forma individual o
colectiva, afectan las demandas personales, laborales y sociales de los individuos
que integran las fuerzas militares, desencadenando con ello, presiones
inesperadas en el entorno, que limitan las capacidades y potencialidades humanas
(Aguilar, 2020, p.69).

Tabla 3. Resumen general de agentes de naturaleza psicosocial que se asocian al


estrés de combate

Agentes de naturaleza psicosocial


 Aspectos intrínsecos del trabajo
 Estresores de rol
 Relaciones en el trabajo
 Desarrollo profesional
Naturaleza psicosocial
 Estresores derivados del clima organizacional
 Estresores del trabajo (entorno complejo)
 Presión grupal
 Seguridad de la familia

Fuente: Administración del estrés de combate para mantener la capacidad


combativa de las fuerzas. (Aguilar, 2020, p.70).

Dicho lo anterior, es de gran importancia que los integrantes de estas fuerzas


militares reconozcan aquellos agentes estresores de naturaleza militar, que de
una u otra forma pueden llegar a desencadenar cuadros de estrés de combate
severos en el personal, es por ello, que a continuación se presenta una tabla que
sintetiza los diferentes agentes de naturaleza militar.
Agentes estresores: el enemigo oculto de las fuerzas militares

Tabla 4. Resumen general de agentes de naturaleza militar que se asocian al


estrés de combate

Agentes de naturaleza militar


 Situaciones que fuerzan a procesar información
rápidamente
 Acelerar el proceso de planificación
 Preocupación por la imagen institucional
 Falta de experiencia
 Incertidumbre (falta de información)
 Responsabilidad de mando
 Combate constante y prolongado
Otros agentes
 Temor a las amenazas
asociados a la función
 No estar a la altura de lo que la gente espera de mí
militar
 Preparación deficiente
 Apoyo logístico y administrativo deficiente
 Falta de liderazgo
 Falta de comunicación en la unidad
 Poca o nula presencia de los mandos
 Falta de respaldo jurídico (ROEs o RUF)
 Equipamiento deficiente
 Deficiente asignación de tareas y objetivos

Fuente: Administración del estrés de combate para mantener la capacidad


combativa de las fuerzas. (Aguilar, 2020, p.71).

Considerando lo anterior, y que por lo general las fuerzas militares participan


y operan en escenarios complejos que suponen elevadas demandas psicológicas,
técnicas, prácticas e intelectuales, se ponen a prueba las capacidades de
resistencia y de afrontamiento de su personal, que intentan reducir las
probabilidades de resultar herido o muerto, sobreponiéndose a condiciones
completamente adversas, de lo que se deduce que el hecho de conocer e identificar
los agentes estresores que inciden directamente en el personal, cobra un valor
significativo.

La resiliencia como método para enfrentar situaciones de estrés en combate


La resiliencia es “la capacidad que tiene el cerebro de enfrentar el estrés y las
situaciones adversas. Es la capacidad de reinterpretar y ajustar situaciones
difíciles, desarrollando emociones positivas, aceptando nuevos retos y
manteniendo una red social cercana” (Toro y Yepes, 2018, p.72). Por lo tanto, una
PPA Panorama estratégico

Guillermo Aguilar Vergara

persona resiliente no es una persona que evite el estrés, sino aquella que sabe
manejarlo y sacarle provecho de cualquier situación que así la afecte.
Según los mismos autores señalados, (2018), algunos estudios científicos han
permitido identificar técnicas básicas para incrementar los niveles de resiliencia
en los individuos. Entre estas técnicas se destacan las siguientes: pensar en la
adversidad, potenciar el desarrollo de amistades cercanas y enfrentar
permanentemente nuevos restos en la vida. Derivado de lo planteado por Toro y
Yepes, se puede inferir que las personas resilientes son capaces de enfrentar los
miedos, a través de la experimentación de emociones positivas y de la modulación
de diversas situaciones de estrés en las que participan activamente los amigos
(2018).
Las personas resilientes se caracterizan por; poseer un punto de vista positivo
de la vida; ser curiosas; estar abiertas a nuevas experiencias; tener una actitud
firme ante la resolución de problemas, desarrollar sus capacidades y apoyarse en
el conocimiento de sus propias fortalezas de carácter para hacer frente a los
cambios y transformar la adversidad en una oportunidad, como lo señala el texto
de la doctrina española ya referido (2017).
Ya que en los últimos años el mundo científico ha demostrado un especial
interés por realizar diversos estudios enfocados en la “resiliencia”, el ambiente
militar de una u otra forma también se ha visto interesado en realizar este tipo de
estudios, siendo hoy en día, un campo de estudio en diversas instituciones de las
fuerzas armadas a lo largo de todo el mundo.
Los primeros estudios en el ámbito militar fueron desarrollados por el Ejército
de EE.UU. quienes en su manual de campaña FM 6-22, Army Leadership and the
profession, del año 2005, definieron la resiliencia como, “la capacidad del soldado
para recuperarse rápidamente de los contratiempos, la conmoción, las lesiones, la
adversidad y el estrés, mientras mantiene el enfoque en la misión y en la
organización” (FM 6-22, 2005).
Posteriormente, otros ejércitos fueron incorporando en su cultura
organizacional este concepto, desarrollando así sus propias definiciones, las que
de una u otra forma coinciden al reconocer que la resiliencia debe ser vista como
recursos, capacidades, habilidades o fortalezas propias del militar, que lo habilitan
para adaptarse con flexibilidad ante las diversas exigencias que les impone el
campo de batalla.
Para Robles, psicólogo militar español, la resiliencia es la capacidad de un
sujeto, de un grupo, de una organización e incluso de una población entera, de
recuperarse rápida y efectivamente de las alteraciones psicológicas y/o
conductuales asociadas a incidentes críticos, terrorismo u otras emergencias
masivas, mediante una respuesta de carácter ordinario, no extraordinario,
asociada con la capacidad de hacer planes realistas y su seguimiento, la visión
Agentes estresores: el enemigo oculto de las fuerzas militares

positiva de uno mismo, de sus fortalezas y sus habilidades, las habilidades de


comunicación y solución de problemas y la capacidad de manejar sentimientos y
emociones intensas (2012).
Según la doctrina del US Marine Corps de EE.UU. la resiliencia es: “el proceso
de preparación, recuperación y adaptación a la vida frente al estrés, la adversidad,
el trauma o la tragedia” (Department of the Navy, 2010, p.11).
Con la publicación del informe Mental Health Advisory Team (MHAT) el año
2008, el Ejército de EE.UU. pudo abordar la resiliencia en el ámbito militar de un
modo más sistemático. En ese documento quedó claramente definido que las
causas de los problemas psicológicos del personal que participa en misiones no
solo se debían a los despliegues, sino que también, se debían a algunos factores
psicosociales que se asocian a la misión, como son los problemas conyugales, la
dureza del servicio, los cambios frecuentes de destino, la promoción profesional,
los despliegues repetitivos y la separación de la familia entre otros.
Lo anterior, sumado a las experiencias obtenidas por algunos ejércitos que
debieron enfrentar situaciones complejas en combate, dio origen a que diversos
países se hayan involucrado en el tema, desarrollando diversos programas de
fortalecimiento psicológicos, enfocados en movilizar los recursos personales
internos y externos en su personal, fundamentales para hacer frente a situaciones
de estrés de combate, como así también en las demandas propias de la vida militar.
Es así como en el año 2006, el Ejército de EE.UU. fue el primero en admitir el
valor de la dimensión psicológica en la preparación de las fuerzas militares, y
como una forma de hacer frente a ese desafío, comenzó a desarrollar un programa
de entrenamiento integral del soldado, que incluyó el desarrollo de fortalezas del
combatiente frente a los eventos desestabilizadores y de riesgo de estrés.
Posteriormente, Francia, Italia y Reino Unido, iniciaron su proceso de
implementación y desarrollo de programas de preparación psicológica y de
entrenamiento de resiliencia, el eje central de estos programas se enfocaba en
reducir el riesgo de padecer estrés de combate u operacional, como así también
en la prevención del estrés postraumático. De forma independiente, Francia y
Reino Unido decidieron incrementar las capacidades del programa antes
mencionado, mediante el desarrollo de estrategias de trabajo que tenían como
propósito mejorar los recursos personales que potencian la resiliencia, el
autocontrol, autoeficacia, autoestima, optimismo y sentido del humor (2017).
Derivado de lo anterior, podemos concluir lo siguiente: en primer lugar, el
concepto de resiliencia no es un concepto moderno, sino que más bien, es un
concepto que se comenzó a estudiar hace varios años por parte del Ejército de
EE.UU. y quizás antes por muchos otros; en segundo lugar, queda en evidencia que
aparte del Ejército de EE.UU. y otros ejércitos con experiencia en combate se han
dado cuenta de que la dimensión psicológica tiene un valor relevante en el
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Guillermo Aguilar Vergara

desempeño de los soldados durante su despliegue en operaciones militares y que


por consiguiente, se hizo imprescindible comenzar a estudiar respecto de la forma
en que se podía incrementar los niveles de resiliencia; en tercer lugar, queda en
evidencia que la denominada amígdala cerebral, aparte de hacerse cargo de
regular el miedo, asume otras funciones hasta la fecha desconocidas, como
aquellas que se encargan del procesamiento de emociones positivas; finalmente,
se confirma que existe una tendencia en países con experiencia en combate
(Fuerzas Armadas) para que generen programas de fortalecimiento de la
resiliencia con miras a enfrentar de mejor forma situaciones de estrés generadas
durante las operaciones militares.

Reflexiones finales
Tomando en cuenta la información obtenida, queda de manifiesto que el poder
constar con nociones básicas del funcionamiento del cerebro en particular del
sistema límbico, puede favorecer significativamente el entendimiento y la
comprensión del comportamiento de los seres humanos ante situaciones que
generen miedo o estrés.
Debido a que en la actualidad existe la tendencia de que las organizaciones e
instituciones muestren un marcado interés por mantener y promover la salud y el
bienestar físico, moral y psicológico de su personal, se estima, necesario continuar
fomentando la investigación y desarrollo en temas atingentes al estrés de
combate, resiliencia y la psicología de las FAs, entre otros.
Queda de manifiesto que tanto los programas de fortalecimiento integral como
así también los programas de fortalecimiento de la resiliencia han sido efectivos
para lograr que el personal militar adquiera las habilidades necesarias no solo
para hacer frente a situaciones de estrés de combate, sino que también para hacer
frente a las demandas propias de la vida militar.
Considerando que los comandantes son fundamentales durante prácticamente
todas las actividades y más aún en combate, se estima sumamente necesario que
se les capacite, instruya y entrene con herramientas básicas e individuales que les
permitan asegurar su condición de salud psicológica como así también la del
personal bajo su mando.
Consecuentemente, se hace imprescindible centralizar los esfuerzos para
sensibilizar a la institución respecto de la importancia y beneficios que tendría
para el desempeño de las unidades el capacitar, instruir y entrenar
simultáneamente, a su personal en las áreas de desarrollo físico, técnico, moral y
psicológico que se enfoquen en hacer frente a los agentes estresores de combate.
Finalmente, considerando que en la actualidad existen claras evidencia que de
ejércitos con experiencia en combate han dedicado tiempo y esfuerzo en
Agentes estresores: el enemigo oculto de las fuerzas militares

reconocer los agentes estresores de combate, con el propósito de desarrollar


alguna metodología o programa que capacite a los soldados para hacer frente a
sus efectos, se confirma lo planteado respecto de que el desconocimiento de los
agentes estresores de combate que afectan al personal militar genera condiciones
para que exista una pérdida significativa de las capacidades de las fuerzas.

Referencias
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