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Escena Ii

En esta escena, Hamlet interactúa con su madre, la Reina, y otros personajes mientras se prepara para una representación teatral que refleja la traición y el asesinato. A través de diálogos ingeniosos, Hamlet expresa su desdén por la situación de su familia y su luto, mientras que la obra que se presenta se convierte en un medio para exponer la culpa del Rey. La escena culmina con la inquietud de Hamlet sobre la veracidad del fantasma de su padre y su deseo de confirmar la traición del Rey.

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Escena Ii

En esta escena, Hamlet interactúa con su madre, la Reina, y otros personajes mientras se prepara para una representación teatral que refleja la traición y el asesinato. A través de diálogos ingeniosos, Hamlet expresa su desdén por la situación de su familia y su luto, mientras que la obra que se presenta se convierte en un medio para exponer la culpa del Rey. La escena culmina con la inquietud de Hamlet sobre la veracidad del fantasma de su padre y su deseo de confirmar la traición del Rey.

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ESCENA II

(Marcha danesa. Toque de clarines. Entran el Rey, la Reina, Polonio, Ofelia,


Rosencrantz, Guildenstern y Nobles del séquito, con la Guardia Real llevando
antorchas)

REY: ¿Cómo lo pasa mi sobrino Hamlet?

HAMLET: Muy bien a fe del alimento del camaleón, vivo del aire, relleno de
promesas. Ni el capón se ceba así.

REY: ¡No entiendo tus palabras, Hamlet: esas palabras no son mías!

HAMLET: No, ni mías. (a Polonio) Señor, actuasteis una vez en la universidad,


¿no es así?

POLONIO: Sí, Alteza, y me tenían por buen actor.

HAMLET: ¿Y qué papel representasteis?

POLONIO: El de Julio César. Me mataron en el Capitolio. Me mató Bruto.

HAMLET: Fue una brutalidad por su parte, matar a un becerro tan capital. ¿Están
listos los actores?

ROSENCRANTZ: Sí, Alteza. Esperan vuestra orden.

REINA: Mi buen Hamlet, ven; siéntate a mi lado.

HAMLET: No, buena madre; aquí hay un imán más atrayente.

POLONIO: (Al Rey) ¡Vaya! ¿Habéis oído?

HAMLET: Señora, ¿puedo echarme en vuestra falda?

OFELIA: No, mi señor.

HAMLET: Quiero decir apoyando la cabeza.

OFELIA: Sí, mi señor.

HAMLET: ¿Creéis que pensaba en el asunto?

OFELIA: No creo nada, señor.

HAMLET: No está mal lo de echarse entre las piernas de una dama.

OFELIA: ¿Cómo, señor?

HAMLET: Nada.

OFELIA: Estáis alegre, señor.


HAMLET: ¿Quién, yo?

OFELIA: Sí, Alteza.

HAMLET: ¡Vaya por Dios! ¡Vuestro autor de farsas! Pero, ¿qué puede hacer uno
sino estar alegre? Mirad lo contenta que está mi madre, y mi padre murió hace
menos de dos horas.

OFELIA: No, señor, hace el doble de dos meses.

HAMLET: ¿Tanto? Entonces al diablo estas ropas, que mi luto será fastuoso. ¡Por
Dios! ¡Muerto hace dos meses y aún no olvidado! Entonces hay esperanza de que
el recuerdo de un gran hombre le sobreviva seis meses. ¡Por la Virgen! Tendrá
que construir iglesias o soportar el olvido, igual que el caballito, cuyo epitafio reza:
“¡Qué pecado! Al caballito olvidaron”.

(Suenan oboes. Se inicia la pantomima)

Entran un rey y una reina, abrazándose con gran ternura. La reina se arrodilla y
con gestos le asegura su amor. El rey la levanta, le pone la cabeza sobre el
hombro y se tiende sobre un lecho de flores. Ella, al verle dormido, se aleja.
Pronto entra un hombre, que le quita la corona, la besa, vierte veneno en los oídos
del rey y sale. Vuelve la reina, le ve muerto y hace gestos de dolor. El
envenenador, con dos o tres comparsas, vuelve a entrar y da muestras de
condolencia. Se llevan el cadáver. El envenenador corteja a la reina con regalos.
Al principio, ella parece reacia y opuesta, pero al final acepta su amor
(Salen)

OFELIA: ¿Qué significa eso, señor?

HAMLET: Es un malhecho al acecho, que quiere decir desastre.

OFELIA: Tal vez la pantomima exprese el argumento de la obra.

(Entra el Prólogo)

HAMLET: Este nos lo dirá. Los cómicos no saben guardar secretos; lo cuentan
todo.

OFELIA: ¿Explicará lo que hemos visto?

HAMLET: Eso o lo que queráis enseñarle. Si no os da reparo que mire, a él


tampoco le dará deciros qué significa.

OFELIA: ¡Qué malo, qué malo sois! Voy a seguir la obra.

PRÓLOGO: Al presentar la tragedia rogamos vuestra clemencia y vuestra atenta


paciencia.
(Sale)

HAMLET: ¿Qué es esto, un prólogo o un lema de sortija?


OFELIA: Ha sido breve, señor.

HAMLET: Como amor de mujer.

(Entran dos Actores Rey y Reina)

ACTOR REY: El carro de Febo ya dio treinta vueltas al mar de Neptuno y al orbe
de Gea, y al mundo han bañado, treinta veces doce lunas rutilantes, otras tantas
noches desde que Himeneo y Amor nos juntaron las manos y almas en vínculo
santo.
ACTOR REINA: Haya tantos giros de luna y de sol antes que se pierda nuestro
inmenso amor. Mas, ¡pobre de mí! Te veo tan doliente y sin la alegría que has
gozado siempre, que estoy alarmada. Mas, aunque esté inquieta, señor, tú no
debes sentir impaciencia, pues ansia y amor de mujer cambian juntos: ambos en
exceso o nada ninguno. Ya te he demostrado cuán grande es mi amor, y de esa
medida ahora es mi temor.
ACTOR REY: Muy pronto, mi amor, habré de dejarte, pues ya no soy dueño de
mis facultades. Honrada y amada, sola quedarás en el bello mundo; y esposo,
quizá, con igual cariño…
ACTOR REINA: Traición a mi alma tal amor sería. Si tomo otro esposo, él sea mi
infierno, pues quiere un segundo quien mató al primero.
HAMLET: ¡Ajenjo, ajenjo!

ACTOR REINA: A otro matrimonio nunca dan lugar razones de amor, más de
utilidad. A mi esposo muerto mataría otra vez si en el lecho a otro yo fuese a
ceder.
ACTOR REY: No dudo que sientas lo que ahora me dices, mas muchos designios
no suelen cumplirse; pues son los esclavos de nuestra memoria: fuertes
cuando nacen, mas su fuerza es corta. Como el fruto verde, se aferran al árbol;
cuando están maduros, caen sin tocarlos. Todos olvidamos, y por conveniencia,
pagarnos nosotros nuestras propias deudas. Si nos proponemos algo con pasión,
veremos que muere pasado el ardor; pues, cuando es violenta, la pena o la dicha
en sus propios actos se mata a sí misma. Donde hay grande dicha, la pena más
daña: la dicha y la pena oscilan por nada. El mundo es fugaz, y extrañar no
debe que nuestro amor mismo cambie con la suerte, pues al juicio nuestro queda
la cuestión: si amor guía a fortuna o fortuna a amor. Cuando el grande cae, sus
íntimos huyen; no tendrá enemigos el pobre que sube. El amor, por tanto, sirve a
la fortuna, y para el pudiente amigos abundan; pruebe a un falso amigo quien
sufra escasez y un gran enemigo pronto ha de tener. Mas, para acabar donde he
comenzado, deseo y destino corren tan contrarios que nuestros designios siempre
se deshacen: la intención es nuestra, mas no el desenlace. Dices que no piensas
casarte con otro; morirá tu idea tras morir tu esposo.
ACTOR REINA: Ni frutos la tierra, ni luz me dé el cielo, ni regocijo el día, ni la
noche el sueño. ¡Que todo contrario que enturbie la dicha destruya los grandes
deseos de mi vida! ¡Que aquí y más allá me acose la angustia si vuelvo a casarme
cuando yo sea viuda!
HAMLET: ¡Como no lo cumpla...!
ACTOR REY: Solemne promesa. Y ahora déjame: el sueño me vence y
deseo distraer el tiempo durmiendo. (Se duerme)
ACTOR REINA: Tu mente descanse, y que la desgracia jamás nos separe.
(Sale)

HAMLET: Señora, ¿qué os parece la obra?

REINA: Creo que la dama promete demasiado.

HAMLET: Más cumplirá su palabra.

REY: ¿Conoces el argumento? ¿No hay nada que ofenda?

HAMLET: No, no. Todo es simulado, incluso el veneno. No hay nada que ofenda.

REY: ¿Cómo se llama la obra?

HAMLET: “La Ratonera”. ¿Que por qué? Es metafórico. La pieza representa un


crimen cometido en Viena. El duque se llama Gonzago; su esposa, Baptista. Ya
veréis. Una canallada, pero, ¿qué más da? A Vuestra Majestad y a los libres de
culpa no nos afecta: al que le pique, que se rasque, que nosotros estamos limpios.
(Entra Luciano)

Este es un tal Luciano, sobrino del Rey.

OFELIA: Hacéis muy bien de coro, Alteza.

HAMLET: Podría decir el diálogo entre vos y vuestro amado si viera a los títeres
en danza.

OFELIA: Estáis muy mordaz, señor.

HAMLET: Quitarme el hambre os costará un buen suspiro.

OFELIA: Cuanto mejor, peor.

HAMLET: Así confundís a los maridos. Empieza, criminal. ¡Venga! Déjate de


muecas y empieza. Vamos, que el cuervo ha graznado en son de venganza.

LUCIANO: Negros pensamientos, poción, manos prestas, sazón favorable, nadie


que lo vea; ponzoña de hierbas en sombras cogidas, tres veces por Hécate infecta
y maldita, tu natural magia e influjo maléfico, la salud y vida róbenle al
momento. (Le vierte el veneno en el oído)
HAMLET: Le envenena en el jardín para quitarle el reino. Se llama Gonzago. La
historia se conserva y está escrita en espléndido italiano. Ahora veréis cómo el
asesino se gana el amor de la esposa de Gonzago.

OFELIA: El rey se levanta.

HAMLET: ¡Cómo! ¿Le asusta el fogueo?

REINA: Mi señor, ¿qué os pasa?


POLONIO: ¡Cese la función!

REY: Traedme luz. Vámonos.

NOBLES: ¡Luces, luces, luces!

(Salen todos menos Hamlet y Horacio)

HAMLET: Dejad que herido, llore el corzo y brinque el gamo ileso, pues, si unos
duermen, velan otros y el mundo sigue entero. Amigo, si la suerte fuese a
abandonarme, con esto, un penacho de plumas y dos rosetas de Provenza en mis
zapatos calados, ¿verdad que entraría de socio en una tropa de actores?

HORACIO: Con media participación.

HAMLET: No, una entera.

Mi buen Damón, ya te he contado que el reino fue muy pronto. De nuestro


Júpiter despojado; un perfecto… granuja.
HORACIO: Así no hay rima.

HAMLET: ¡Ah, Horacio! Mil libras a que el espectro no mintió. ¿Te has fijado?

HORACIO: Perfectamente, Alteza.

HAMLET: ¿Al mencionarse el veneno?

HORACIO: Le observé muy bien.

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