PSICOLOGÍA
AMBIENTAL
Volumen I.
Experiencias, diálogos y
perspectivas académicas
Willian Sierra-Barón
Katy Luz Millán-Otero
Óscar Navarro Carrascal
–editores académicos–
Psicología Ambiental
Volumen I
Experiencias, diálogos
y perspectivas académicas
Willian Sierra-Barón
Katy Luz Millán-Otero
Óscar Navarro Carrascal
–editores académicos–
Asociación Colombiana de Facultades de Psicología, Ascofapsi
Junta Directiva Ascofapsi
Presidente: Nelson Molina Valencia, Universidad del Valle
Vicepresidente: Oscar Utria Rodríguez, Universidad de San Buenaventura Bogotá
Secretaria: Yadira Martínez de Biava, Universidad Simón Bolívar
Tesorera: Idaly Barreto Galeano, Universidad Católica de Colombia
Vocal: Rodrigo Mazo Zea, Universidad Pontificia Bolivariana Medellín
Presidente: Diego Restrepo Ochoa, Universidad CES
Presidencia Saliente. Universidad Pontificia Bolivariana. Rodrigo Mazo.
Prohibida la reproducción total o parcial, por cualquier medio o método sin
autorización escrita de ASCOFAPSI.
Psicología ambiental (Obra Completa)
ISBN: 978-958-53940-2-5
Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas
ISBN: 9978-958-53940-3-2
Bogotá D. C., 2022
Coordinación editorial: ASCOFAPSI. Astrid Triana Cifuentes
Corrección de estilo: José Gabriel Ortiz Abella
Diseño gráfico: Precolombi EU, David Reyes
CONTENIDO
Prólogo.............................................................................. 12
Capítulo 1. Psicología Ambiental:
¿qué es y para qué?.. .......................................................... 18
Óscar Navarro Carrascal
Willian Sierra-Barón
Katy Luz Millán-Otero
Introducción..................................................................... 20
Origen y definición de su objeto......................................... 23
Preocupaciones ambientales
y comportamientos ecológicos.......................................... 26
Adaptación a los riesgos ambientales................................ 34
Aproximación al rol del psicólogo ambiental....................... 40
Conclusiones................................................................... 46
Referencias..................................................................... 48
CAPÍTULO 1
P sicología A mbiental :
¿qué es y para qué ?
Óscar Navarro Carrascal1
Willian Sierra-Barón2
Katy Luz Millán-Otero3
1
Psicólogo, Doctor en Psicología Social y Ambiental de la Universite de Paris
V (Rene Descartes). Profesor de Psicología Social y Ambiental, Université
de Nîmes, Francia. [email protected]
2
Psicólogo, Magíster en Educación. Docente–investigador, líder del “Grupo
de investigación Sintropía”. Universidad Surcolombiana, Neiva, Colombia.
[email protected], Orcid https://orcid.org/0000-0002-7642-477X
3
Psicóloga, Magíster en Estudios Socioespaciales, estudiante de Doctorado en
Ciencias Sociales, Universidad Católica Luis Amigó, Medellín, Colombia.
[email protected]. Orcid 0000-0002-8895-7098.
R esumen
Pensar las experiencias, diálogos y perspectivas de investigación en la Psico-
logía Ambiental obliga partir de lo básico e intentar responder qué es y para
qué. Los orígenes de la Psicología Ambiental se entretejen en disciplinas como
la Psicología Social, la Psicología Cognitiva y la Psicología del Desarrollo,
alcanzando en la actualidad una identidad epistemológica distintiva a estas
disciplinas. ¿Qué es, entonces, la Psicología Ambiental? Es una disciplina
que estudia las interrelaciones entre el comportamiento del individuo con
el ambiente natural y construido. Algunos de los temas centrales de estudio
son las preocupaciones ambientales, los comportamientos ecológicos y la
adaptación a los riesgos ambientales. El para qué de la Psicología Ambiental
se focaliza en los contextos que puede emprender un psicólogo en ámbitos
como el educativo, organizacional, el diseño arquitectónico entre otros. Las
acciones a desarrollar van desde el diseño social en estructuras arquitectónicas
a la exploración de las relaciones persona ambiente en los diferentes espacios.
En este sentido, el perfil ocupacional del profesional se configura de manera
amplia en escenarios de investigación e intervención mediante la gestión,
coordinación y consultorías enmarcados en el enfoque psico-socio-ambiental.
Palabras clave: Psicología Ambiental, objeto de estudio, comportamiento
proambiental, riesgos ambientales, rol del psicólogo.
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Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas
Introducción
Los problemas relacionados con el medio ambiente han estado desde
siempre en el centro de las preocupaciones sociales, dado sus efectos
sobre la salud y el bienestar. En ese sentido, se han convertido en
objeto de trabajos científicos, pero también de debate político. De
esta manera, las relaciones de las personas con su entorno constituyen
un objeto de interés para las ciencias sociales, las ciencias de la salud
y, en particular, para las ciencias psicológicas. ¿Cuál es la definición
del medio ambiente? ¿Qué estatus epistemológico se le atribuye?
¿Cuáles son las perspectivas para comprender las relaciones entre el
comportamiento humano y el medio ambiente? Estas son algunas de
las preguntas a las cuales busca responder la Psicología Ambiental.
El punto de partida de este enfoque es el hecho que la experiencia
humana es simplemente tributaria del entorno en el cual tiene lugar,
es decir, de las condiciones materiales y de las normas sociales de
ocupación. Este texto introductorio busca sintetizar algunas reflexiones
teóricas y metodológicas alrededor de las preguntas sobre la relación
de las personas y sus entornos.
El término “medio ambiente” se ha utilizado a menudo como
sinónimo del medio con el que está asociado, refiriéndose al signi-
ficado de “entorno” de un organismo. Los diccionarios definen este
término como “el conjunto de condiciones naturales y culturales
que pueden influir en las actividades humanas” (Flückiger y Klaue,
1991, p. 11). Sin embargo, ya no se trata de un entorno “externo”
al individuo (como lo entiende la corriente conductista basada en
el esquema clásico de estímulo-respuesta), sino de un entorno que
es aprehendido, conocido y vivido por él con la ayuda de puntos de
referencia socioculturales históricamente construidos. De hecho, el
individuo ya no depende de la influencia de los elementos físicos de
su entorno (como propone la ecología, por ejemplo), sino que es el
actor principal en el desarrollo de su conocimiento sobre el medio
ambiente (Flückiger y Klaue, 1991). Al hablar del medio ambiente,
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Psicología Ambiental: ¿qué es y para qué?
no se hace referencia únicamente a los aspectos físicos del mismo. La
dimensión social constituye no solo el marco de la interacción entre los
individuos y su entorno, sino también el objeto de la interacción, esto
equivale a equiparar la experiencia ambiental y la experiencia social.
Como resultado, desde su nacimiento la Psicología Ambiental ha
sido influenciada por una perspectiva social o molar de la relación
de los individuos con su entorno, inspirada en particular por Kurt
Lewin y su teoría de campo. Sin embargo, un enfoque individualista
o molecular ha proporcionado una gran cantidad de teorías y trabajos
de investigación, estableciendo otra tradición de investigación en esta
disciplina. Así, un llamado paradigma sociocultural de la Psicología
Ambiental (Pol, 1993) aborda al sujeto como un agente social más
que como un individuo aislado y en este sentido, busca y crea sig-
nificados en el entorno estando en constante relación con él. Estos
significados no se construyen circunstancialmente, están modulados
por la cultura. Por lo tanto, los objetos ambientales se convierten en
objetos sociales reales a través de los problemas sociales y políticos
cada vez más importantes en los que se centran.
El enfoque ambiental en Psicología ha demostrado una poderosa
capacidad explicativa, incluso predictiva, del comportamiento huma-
no. La Psicología Ambiental se basa en la idea de que gran parte de la
experiencia humana depende de dónde tenga lugar. Las sensaciones,
recuerdos y sentimientos del pasado y el presente están vinculados a
experiencias vividas y estas, a su vez, están vinculadas a los lugares en
los que se desarrolla la existencia. Somos los lugares que fuimos, los
lugares que ocupamos, somos los lugares que vivimos, esta experiencia
intuitiva es la base de la Psicología Ambiental.
El entorno como tal transmite significados que son parte integral
del funcionamiento cognitivo, conductual y social. Asimismo, la re-
lación con un espacio dado es, más allá del presente y dependiente
de su pasado y del futuro, objeto de percepciones, actitudes y com-
portamientos desplegados en él, adquiriendo todo su significado en
referencia a la dimensión temporal (Moser, 2003). En este sentido,
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Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas
el objetivo de la Psicología Ambiental es estudiar las interrelaciones
entre el individuo y su entorno físico (a través de la territorialidad) y
social (mediante las identificaciones sociales), con referencia a las di-
mensiones espaciales y temporales de dichas relaciones (Moser, 2009).
El medio ambiente, los problemas relacionados con este y los
conflictos que se generan, constituyen un tema importante para la
psicología (Rouquette, 2003). La polisemia propia de este objeto y la
diversidad de nociones relacionadas generan confusión en su defini-
ción. El interés común que la Psicología Ambiental y la Psicología
Social tienen por este tema genera interesantes colaboraciones y de-
bates sobre qué es y cómo abordarlo. En efecto, las relaciones de la
Psicología con el medio ambiente siempre han sido contradictorias:
por un lado, el medio ambiente constituye una fuente de interés y
de variables potencialmente explicativas del comportamiento hu-
mano, como por ejemplo al interroarse por el papel de lo aprendido
y de lo innato en desarrollo humano. Por otro lado, la tradición de
la investigación en psicología ha ido borrando gradualmente todo
rastro de elementos del contexto, basándose en teorías explicativas
nacidas mayoritariamente en laboratorio, negando las características
socioespaciales del entorno en el que realmente las conductas ocurren
(Bonnes y Secchiaroli, 1995).
No fue sino hasta la década de 1960 que surgió una corriente de
investigación en psicología que consideraba heurísticas las variables
ambientales. Desde sus orígenes, la Psicología Ambiental ha tenido
que posicionarse claramente en relación con la Psicología Social para
estudiar las cuestiones ambientales, teniendo en cuenta las carac-
terísticas socioespaciales de los lugares. Así, por ejemplo, un cierto
número de trabajos de investigación se han interesado en la cuestión
del desarrollo de hospitales psiquiátricos para mejorar la atención a los
pacientes (Ittelson, 1960; Izumi, 1957), esta orientación se dirigió en
gran medida hacia los usos de los lugares sociales, con los conceptos
de privacidad, densidad social, entre otros (Ittelson et al., 1970).
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Psicología Ambiental: ¿qué es y para qué?
Origen y definición de su objeto
En el origen de la Psicología Ambiental se encuentra una reflexión
que combina la Psicología Social, la Psicología Cognitiva y la Psico-
logía del Desarrollo. Las principales corrientes teóricas interesadas
en los aspectos ambientales fueron entonces lideradas por Lewin
(1936) y Barker (1968) por parte de la Psicología Social, por Brunswick
(1947, 1957) y Gibson (1979) por el enfoque más cognitivista, y por
Bronfenbrenner (1979) por el interés en el desarrollo humano. Si la
Psicología Social busca comprender y explicar los comportamientos
y conocimientos de los individuos en el marco de las interacciones
sociales, la Psicología Ambiental se interesa en estos mismos compor-
tamientos y conocimientos teniendo en cuenta el contexto, incluyendo
las dimensiones social y física de este. Algunos autores considerarán
la Psicología Ambiental como una aplicación de la psicología social y
hablarán de una “psicología social del medio ambiente” considerándola
como “débilmente paradigmática (es decir, poco reproducible) y de
gran relevancia” (Rouquette, 2006, p. 16), relevancia que se debe a
que responde a problemas sociales actuales. Sin embargo, algunos
autores consideran que no es por estar en contacto con la realidad y
por intentar dar respuesta a problemas sociales que la Psicología Am-
biental es solo un campo de aplicación de la Psicología Social (Moser,
2009). De hecho, la Psicología Ambiental parte del postulado que
“el individuo percibe e interactúa con un entorno caracterizado por
aspectos tanto físicos como sociales que están íntimamente ligados.
El entorno no es independiente de los aspectos sociales que ayudan
a caracterizarlo” (Moser, 2009, p. 21). Por tanto, la dimensión social
es parte integrante del medio ambiente, lo compone. El medio am-
biente constituye así no solo un objeto de conocimientos y acciones,
sino también la condición para la construcción de estos mismos
conocimientos y acciones.
Como se expresa al inicio de esta reflexión, se parte de la idea de
una experiencia sensible del entorno aceptando que, en cierto modo,
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Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas
somos los lugares que habitamos, porque todo comportamiento, toda
experiencia humana, tiene lugar en un espacio determinado. El me-
dio ambiente constituye el marco en el que los individuos viven y se
desarrollan, dotándolos de identidad y ubicándolos social, económica
y culturalmente. El entorno “habla” de las personas, de sus valores y
sus intereses. La Psicología Ambiental:
Estudia al individuo en su contexto físico y social con el fin de
identificar la lógica de las interrelaciones entre el individuo y su
entorno, destacando las percepciones, actitudes, evaluaciones
y representaciones ambientales, por un lado, y las conductas
y comportamientos ambientales que las acompañan, por otro
lado (Moser, 1991).
Fischer et al. (1984) definen la Psicología Ambiental como el
estudio de las interrelaciones entre el comportamiento individual y
el medio ambiente construido y/o natural. Stokols y Altman (1987)
la definen como el estudio del comportamiento y el bienestar huma-
no en relación con el entorno físico, entorno en el que siempre está
presente una dimensión social. Por lo tanto, la Psicología Ambiental
se ocupa de los efectos de las condiciones ambientales sobre el com-
portamiento individual, así como de la forma en que el individuo
percibe y actúa sobre el medio ambiente. En definitiva, la Psicología
Ambiental estudia las interrelaciones del individuo con el entorno
en sus dimensiones física y social, teniendo en cuenta su carácter
temporal y cultural (Moser, 2003, 2009).
Una mirada rápida al desarrollo histórico de la disciplina permite
identificar cuatro períodos (Fleury-Bahi, 2010; Moser, 2009; Pol,
1993). Un primer período entre 1900 y 1950 en el que precursores
como Brunswick, Tolman y Lewin allanaron el camino para la toma
en cuenta del contexto en la explicación de la conducta. Brunswick
fue el primero en utilizar el término “psicología ecológica” con énfasis
en los procesos y representaciones perceptuales individuales. Tolman,
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Psicología Ambiental: ¿qué es y para qué?
por su parte, aboga por un enfoque global que tenga en cuenta los
procesos mediadores y la construcción de mapas mentales, estructuras
cognitivas relacionadas con el espacio. Lewin, por su parte, propuso el
enfoque de la ecología psicológica y, en particular, la noción de espa-
cio vital. Una segunda etapa entre las décadas de 1950 y 1960 cuando
Barker y Wright, estudiantes de Lewin, continuaran con un enfoque
ecológico en psicología. Se conocerá en esta época la noción de sitios
conductuales (Behavior setting), siguiendo los experimentos llevados
a cabo en la Midwest Psychological Field Station en Kansas, que los
define como verdaderas unidades ecológicas que incluyen tanto los
comportamientos como las características físicas de los lugares. Este
es el nacimiento del enfoque transaccional en psicología. Una tercera
etapa durante las décadas de 1960 y 1970, en la que se conocen los
primeros desarrollos aplicados de la disciplina, con Proshansky, Ittelson
y Rivlin, entre otros. En este periodo, el interés particular se centra
en los efectos del entorno físico en la salud y, particularmente, en el
tratamiento de las enfermedades mentales. En este mismo período
aparece el trabajo de Lynch sobre la imagen de la ciudad. Desde 1970
se viene hablando del nacimiento oficial de la Psicología Ambiental,
a través de trabajos que conjugan, entre otros, la Psicología Cogniti-
va y los métodos experimentales; por ejemplo, el trabajo de Gibson,
quien propone que el entorno ofrece oportunidades y limitaciones
(affordances), determinando así el comportamiento.
A raíz de estos trabajos, la disciplina cuenta con un conjunto de
teorías y modelos metodológicos importantes y relevantes, que permi-
tirán dar respuesta a cuestiones específicas. Después de la década de
1970, los problemas relacionados con la calidad del medio ambiente
y sus efectos sobre la salud y el bienestar humano se convirtieron en
temas importantes. En este momento aparece una creciente preo-
cupación también por los efectos sobre el medio ambiente global,
generada por la información científica que llama la atención sobre
los efectos del modelo de desarrollo económico y tecnológico sobre el
medio ambiente, sobre la reducción de recursos, la destrucción de la
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VOLVER A INICIO
Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas
biodiversidad y los efectos sobre el clima, entre otros. Desde la década
de 1980, el desarrollo sostenible se ha convertido en un referente para
países y organizaciones. Actualmente se da la alerta sobre los efectos
del calentamiento global, sobre la proliferación de desastres, la escasez
de recursos y su causa antropogénica. En este sentido, la Psicología
Ambiental se interesará por los factores que promueven un cierto
número de comportamientos denominados proambientales o que
cumplen con los objetivos de un desarrollo respetuoso con el medio
ambiente y la naturaleza. Se abre una nueva etapa en la historia de
la disciplina, que Pol (1993) denomina Psicología Ambiental “verde”.
Preocupaciones ambientales y
comportamientos ecológicos
Se han identificado varias dimensiones psicológicas en la literatura
de la Psicología Ambiental para explicar la realización de conductas
proambientales (Bonnefoy et al., 2010). Primero, hay comportamientos
deseables u observados, como los llamados comportamientos ecológi-
cos (Kaiser, 1998; Tapia et al., 2013), comportamientos de frugalidad
y austeridad (De Young, 1990), de altruismo y solidaridad (Schultz,
2001; Pol, 2002) o de equidad. Luego están las variables predictivas
de estos comportamientos como la orientación hacia el futuro (Co-
rral-Verdugo et al., 2017; Demarque et al., 2011; Joreiman et al., 2004),
las normas ambientales (Schultz et al., 2000), las emociones ambien-
tales (Kals et al., 1999), el sentimiento de competencia/eficiencia
(Geller, 2002), las creencias ambientales (Sierra-Barón et al., 2021) y
el conocimiento ambiental (Saza-Quintero et al., 2021). Finalmente,
existen trabajos que se interesan por las repercusiones psicológicas
de estos comportamientos proecológicos en términos de felicidad,
restauración psicológica (Vand den Berg et al., 2003), espiritualidad
(Navarro y Fleury-Bahi, 2017) o calidad de vida (Tapia et al., 2017).
Según Stern (2000), el comportamiento proambiental se puede
definir según dos criterios: por el impacto de la conducta, que puede
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Psicología Ambiental: ¿qué es y para qué?
ser directo (reciclar desechos) o indirecto (apoyar asociaciones eco-
lógicas) y según la intención expresada por el individuo, es decir, si
la conducta se desarrolla con la intención de proteger el medio am-
biente o no. Kollmuss y Agyeman (2002), definen el comportamiento
proambiental como “un comportamiento adoptado por un individuo
que decide conscientemente minimizar sus impactos negativos en los
entornos naturales y construidos” (p. 240). De esta manera, se pueden
identificar cuatro categorías de comportamiento proambiental (Stern,
2000): participación activa en una organización o en un evento de
defensa del medio ambiente, apoyo a organizaciones ambientales,
comportamientos desarrollados en el ámbito privado (reciclaje,
elección de medios de transporte, ahorro de energía, consumo) y
comportamientos que influyen en los procesos productivos de una
empresa u organización.
El contexto organizacional ha resultado de especial interés en
el estudio del comportamiento proambiental en el lugar de trabajo
(CPT). Al respecto Sierra-Barón y Meneses (2018) realizan una
revisión identificando tendencias conceptuales y teóricas recientes
planteando que en términos globales el CPT es un conjunto de “ac-
tividades y conductas del empleado en el contexto laboral que buscan
disminuir el impacto negativo sobre el medioambiente, el cual puede
ser causado tanto por las actividades propias de las organizaciones,
como por los empleados en sus actividades personales” (p. 224). Sin
embargo, la literatura muestra que estos diferentes tipos de compor-
tamientos proambientales están débilmente correlacionados entre sí.
Es decir, un individuo estará dispuesto a adoptar un comportamiento
en relación con un aspecto de la protección ambiental, pero puede
ser indiferente a otros aspectos (Bonnefoy et al., 2010; Sierra-Barón
y Meneses, 2018).
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Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas
Valores y actitudes proambientales
Clásicamente en Psicología, el estudio de la conducta se asocia con
el de las actitudes que, hipotéticamente, la subyacen. En Psicología
Ambiental la investigación sobre actitudes y valores que explican los
comportamientos ambientales ha sido importante. Algunos autores
apoyan la idea de la existencia de una variación común entre las ac-
titudes relativas a diferentes aspectos del entorno (Stern y Oskamp,
1987; Van Liere y Dunlap, 1981), mientras que otros señalan una
fuerte heterogeneidad que cuestiona la existencia de una actitud
ambiental general (Heberlein, 1981). Las diferentes herramientas de
investigación utilizadas hacen referencia a distintos conceptos que
pretenden reflejar una actitud a favor del medio ambiente. Así, la
“conciencia ecológica” como valor, medida por la escala del “Nuevo
paradigma ambiental” desarrollada por Dunlap y Van Liere en 1978,
ha sido objeto de numerosas reelaboraciones y desarrollos (Bertoldo
et al., 2013; Corral-Verdugo et al., 2008; Fleury-Bahi et al., 2014).
Otros conceptos como el de “altruismo antropocéntrico” o incluso
“altruismo-egoísmo ambiental” buscan entender la preocupación por
la preservación del medio ambiente (Bonnefoy et al., 2010; Hughey
et al., 1985; Van der Pligt et al., 1986). Otro enfoque se refiere a los
llamados valores fundamentales y trata de explicar cómo los valores
religiosos (Eckberg y Blocker, 1989), el materialismo vs idealismo
(Inglehart, 1990) o los valores de la clasificación de Rokeach (1967),
pueden explicar las actitudes a favor del medio ambiente.
Varios estudios subrayan el papel mediador de las actitudes entre
valores y comportamientos proambientales. Pero algunos estudios han
demostrado que la relación entre actitudes y comportamientos está
modulada por la naturaleza de los comportamientos considerados
(Hines et al., 1987; Stern y Oskamp, 1987) y en particular por factores
mediadores externos al individuo como el costo del equipo necesario
para la realización de las conductas o la dificultad para adoptar una
conducta (De Young, 1990). La información y el conocimiento sobre
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VOLVER A INICIO
Psicología Ambiental: ¿qué es y para qué?
la relevancia y efectividad de diferentes comportamientos juegan un
papel significativo, como por ejemplo en el caso de la adopción de
comportamientos de ahorro energético (Kempton et al., 1985). Así,
se deben tener en cuenta factores contextuales porque un indivi-
duo también actúa según el lugar y la situación, y es probable que
se comporte de diferente manera dependiendo de si se encuentra
dentro de una asociación, en el trabajo, en un lugar público o priva-
do, por ejemplo. Asimismo, los determinantes del comportamiento
proambiental pueden variar según la categoría de comportamiento
o incluso dentro de la misma categoría. Por lo tanto, existen muchos
predictores potenciales de comportamiento proambiental. Y aunque
las actitudes preceden a la acción, no están vinculadas sistemática-
mente a la conducta.
Comportamiento proambiental y el dilema ecológico
El dilema social representa una elección entre la acción llevada a
cabo en un interés puramente individual y la acción llevada a cabo
por el bien común (Dawes, 1980; Moser, 2009). Numerosas investiga-
ciones han demostrado que el individuo es bastante capaz de actuar
en el interés común, restringiendo el consumo, ahorrando energía,
por ejemplo. Sin embargo, sea cual sea la situación, por lo general es
más fácil y beneficioso para el individuo a corto plazo involucrarse
en un comportamiento individual y egoísta. En el caso de recursos
limitados, el comportamiento altruista suele ser más costoso, más
difícil y menos gratificante. Así, el dilema social puede analizarse
refiriéndose a los siguientes tres aspectos conductuales: cooperación
o comportamiento orientado a ganancias compartidas; individualis-
mo o comportamiento orientado al beneficio personal; competencia
o comportamiento orientado al beneficio personal sobre el beneficio
de los demás.
Según el modelo de la “trampa” social (Platt, 1973), la mayoría
de las situaciones ambientales ofrecen elecciones de comportamiento
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Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas
caracterizadas por recompensas a corto plazo con pérdidas a largo
plazo, refiriéndose a la dimensión temporal del problema. El individuo
cede a recompensas inmediatas que, sin embargo, conllevan costos
progresivos (uso de pesticidas, agotamiento de los recursos naturales,
por ejemplo). Este modelo es particularmente relevante en la medida
en que toma en cuenta expresamente la dimensión temporal larga e
imprecisa que caracteriza la evolución de los recursos. Ayuda a explicar
la falta de entusiasmo mostrado por el individuo para comportarse
de forma altruista ante una amenaza que afectará a las generaciones
futuras. En otras palabras, es difícil lograr la aceptación de las medidas
de protección que penalizan al individuo cuando los efectos negativos
que pueden evitarse solo se sentirán a largo plazo.
Para Vlek y Keren (1992), el dilema ecológico tiene cuatro dimen-
siones: el dilema diario riesgo-beneficio se trata de determinar el nivel
más alto de beneficio que permita un nivel aceptable de riesgo; el
dilema del tiempo es elegir entre preservar los recursos naturales a largo
plazo o aprovecharlos hoy; el dilema espacial, referido a la cuestión
de saber en qué medida deben reducirse las condiciones locales de
confort en favor de condiciones más globales; y finalmente el dilema
ecológico común que se opone a los beneficios locales a corto plazo y
los beneficios globales a largo plazo. De acuerdo con Montada y Kals
(2000), tratar de motivar a los individuos a comportarse de manera
ecorresponsable enfatizando el interés personal a largo plazo no es
una estrategia efectiva, porque una fuerte distancia temporal referida
a los valores individuales podría estar asociada con comportamientos
que no están necesariamente adaptadas a los problemas ambientales
actuales (Brügger et al., 2011). En conclusión, como plantea Moser
(1993), los problemas ambientales no solo están relacionados con las
relaciones entre el hombre y el medio ambiente, también son proble-
mas afines con las relaciones entre miembros de un mismo sistema
social. Así, los problemas ambientales que no son causados por el
individuo tomado en su singularidad, serán difíciles de resolver al
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VOLVER A INICIO
Psicología Ambiental: ¿qué es y para qué?
mantenerse el enfoque en el individuo y si no se toma en cuenta el
sistema social en su conjunto.
¿Comportamiento proambiental o sustentable?
Hacia fines de la década de 1990, dada la importancia del concepto
de sostenibilidad, el concepto de comportamiento proambiental
fue reemplazado por el de “comportamiento sustentable”, porque el
primero solo se refería a aspectos fisicoquímicos del medio ambien-
te, mientras que el segundo también abarca términos económicos,
políticos y sociales. De esta manera, el comportamiento sustentable
se define como “el conjunto de acciones efectivas, deliberadas y an-
ticipadas que resultan en la preservación de los recursos naturales,
incluyendo la integridad de las especies animales y vegetales, así como
el bienestar individual y social del presente y futuras generaciones
humanas” (Corral-Verdugo y Pinheiro, 2004, p. 10).
Los componentes del comportamiento sostenible son acciones
de equidad, altruistas, austeras y comportamientos proecológicos. La
equidad implica distribuir equitativamente los recursos y tratar a los
demás sin favoritismos, como una forma de justicia que corresponde a
los derechos y leyes naturales (Corral-Verdugo et al., 2010). El altruis-
mo consiste en actuar a favor de los demás de forma desinteresada,
es decir sin esperar nada a cambio (García et al., 2007). Cuando se
habla de austeridad, se trata de evitar intencionadamente el consumo
innecesario de recursos, utilizándolos con prudencia. Finalmente, los
comportamientos proecológicos constituyen un conjunto de accio-
nes deliberadas y efectivas que cumplen con los requisitos sociales e
individuales y resultan en la protección del medio ambiente natural
(Corral-Verdugo et al., 2010). Cabe señalar que el comportamiento
ecológico es valorado en casi todas las culturas (Corral-Verdugo, 2012)
y se considera que está más presente en unos individuos que en otros
(Tapia et al., 2013).
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Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas
Para Tapia et al. (2017), el comportamiento sustentable tiene un
impacto tanto en el entorno físico como social, por lo que la investi-
gación debe combinar otras variables no estudiadas previamente. Es
el caso de la espiritualidad, campo que abre nuevas oportunidades
de investigación y que puede llevar no solo a dar explicaciones sobre
los procesos vinculados al comportamiento ecológico, sino también
a la promoción de comportamientos generadores de bienestar. La
espiritualidad y sus beneficios personales para la salud, el bienestar y
la felicidad, es una manifestación de un entorno que puede ser tras-
cendente. Además, la espiritualidad trae beneficios ambientales al estar
vinculada al altruismo, la frugalidad y el interés por la conservación
de la naturaleza (Corral-Verdugo et al., 2015). Sin embargo, el estudio
de la espiritualidad religiosa ha arrojado resultados opuestos, ya que
las creencias religiosas (judeocristianas, por ejemplo) no favorecen las
preocupaciones ambientales. Schultz et al., (2000) encontraron que
las personas con fuertes creencias bíblicas obtuvieron puntuaciones
muy bajas en la escala de preocupación ambiental, lo que parece
ser una constante transcultural, ya que no hay variación entre varios
países estudiados, sobre la religión cristiana. Tarakeshwar et al., (2001)
también encontraron que las posiciones teológicas más conservadoras
están asociadas con preocupaciones ambientales bajas. Sin embargo,
la santificación de la naturaleza está asociada con una mayor preo-
cupación ambiental y el deseo de involucrarse personalmente en la
causa ambiental y la protección de la naturaleza. Si la espiritualidad
y la relación con la naturaleza parecen vinculadas de manera bastante
positiva, este no es el caso entre la religiosidad y la relación con la
naturaleza. Kanagy y Willits (1993) muestran, por ejemplo, que las
actitudes proambientales están ligadas a la frecuencia de participación
en los servicios religiosos, en el sentido de que cuanto más asiste la
persona a los lugares de culto, menos actitudes proambientales se
desarrollan (Fleury-Bahi, 2009).
Un estudio realizado en colaboración entre los equipos de inves-
tigación de la Universidad de Nantes (Francia) y de la Universidad
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Psicología Ambiental: ¿qué es y para qué?
de Sonora (México), permitió abordar la cuestión y, utilizando un
modelo de ecuaciones estructurales, se mostró el papel mediador de
los comportamientos sustentables entre espiritualidad no religiosa
y bienestar (Navarro et al., 2020) (figura 1). En efecto, este tipo de
comportamiento tendría un importante poder explicativo sobre el
bienestar, es decir que, ser justo, altruista, proecológico y frugal,
genera satisfacción y bienestar subjetivo (Corral et al., 2011).
Figura 1. Modelo de ecuaciones estructurales: conexión con
la naturaleza, espiritualidad no religiosa, comportamiento
sustentable y bienestar (muestra mexicana)
Spirituality
.31 .28
Connectedness .30 Sustainable
to nature behaviour
.09 .27
Personal
wellbeing
Nota: Goodness of fit indices: X² = 132.232 (73 df), p =.000, BNNFI =,93, BBNNFI = ,96,
CFI =,97, RMSEA =,06.
Fuente: Navarro et al. (2020)
De hecho, algunos autores han demostrado que adoptar una
actitud proambiental y tener un comportamiento responsable con
el medio ambiente, favorece al individuo que a su vez experimenta
bienestar emocional (Amerigo et al., 2013). Navarro et al., (2020) han
destacado el poder explicativo de una dimensión psicológica llamada
“conexión con la naturaleza”, no solo sobre el comportamiento eco-
lógico, sino también sobre el bienestar o la satisfacción con la vida.
33
VOLVER A INICIO
Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas
Por tanto, existe un vínculo entre la conexión con la naturaleza, el
comportamiento ecológico y el bienestar.
Adaptación a los riesgos ambientales
Durante décadas, los riesgos ambientales han generado un interés
científico, político y social, debido a su impacto en el bienestar de las
personas. Actualmente, la evidencia de cambios ambientales signifi-
cativos y la aparición de eventos naturales extremos, de alto impacto
en la vida de las sociedades humanas, ocupan la escena político-me-
diática y científica internacional. El análisis de riesgos y la prevención
de desastres se han convertido en un campo disciplinario que nutre
las ciencias sociales y humanas como la economía, la geografía, las
ciencias políticas, la antropología y, por supuesto, la psicología. Ante
el importante costo en vidas humanas que generan estos eventos,
surge la pregunta inevitable de la desigual capacidad de respuesta
de instituciones y sociedades para hacerles frente. Asimismo, algunos
grupos humanos viven en áreas caracterizadas por una degradación
ambiental particularmente marcada. Las actividades industriales, en
particular, pueden causar cambios ambientales significativos y que
pueden ser la causa de varios tipos de contaminación a escala local
y global, causando problemas de salud pública. También pueden ser
fuente de accidentes tecnológicos. Estos eventos, condiciones nega-
tivas y disruptivas del medio ambiente con un fuerte impacto en la
salud y el bienestar, se denominan riesgos ambientales. Que se trate
de cambios globales y desastres a gran escala o de contaminaciones
locales, o incluso una combinación de ambos, estos riesgos se definen
según su impacto en la calidad de vida de las poblaciones expuestas
de manera diferenciada a los riesgos, y con diferentes capacidades de
acción para protegerse, para adaptarse (Navarro, 2017).
Puesto que la calidad de vida da cuenta del bienestar subjetivo y
la satisfacción con las condiciones de vida (Moser, 2009), los riesgos
ambientales tienen un impacto directo en ella ya que perturban el
34
VOLVER A INICIO
Psicología Ambiental: ¿qué es y para qué?
desarrollo tranquilo de la vida cotidiana, así como la posibilidad de
satisfacer las expectativas de las personas para realizar sus proyectos.
Moser (2009) distingue dos tipos de enfoques sobre la definición de
las condiciones de bienestar: un primer enfoque centrado en los equi-
pamientos a los que tienen acceso los individuos (salud, educación,
ocio, transporte), y un segundo enfoque centrado en la valoración por
parte del individuo, su satisfacción con los aspectos objetivos de la
calidad de vida. Así, la probabilidad de que un evento se convierta en
amenazante y perturbador depende de las características del evento
en sí, pero también de la forma en que es percibido, valorado por los
individuos: las características del evento, en primer lugar, porque la
evaluación de la peligrosidad de un riesgo solo es posible cuando el
individuo o el grupo humano están realmente expuestos a ellos. La
variabilidad de juicio ante el riesgo depende de la variabilidad de
la exposición, que es desigual según las condiciones de vida social
y ecológica. La percepción por parte de los individuos, en segundo
lugar, porque un evento puede ser considerado susceptible de generar
malestar, según la evaluación que los individuos hagan del mismo,
siendo esta evaluación dependiente de variables disposicionales, pero
también sociales, incluso culturales. Esta evaluación es el resultado
de un conjunto de condiciones e información y conduce a juicios
sobre la peligrosidad de las situaciones.
Según Moser (2009), tres tipos de evaluaciones pueden interve-
nir en la definición de la amenaza: evaluación por comparación con
daños ya incurridos previamente, evaluación anticipada de peligros
potenciales y evaluación realizada según las posibilidades percibidas de
enfrentar la amenaza. De esta manera, la exposición y la experiencia
son variables que influyen en la valoración del riesgo, así como la va-
loración de los recursos personales y sociales, materiales y simbólicos
para afrontarlo. La evaluación de riesgos constituye una experiencia
psicológica y un proceso social complejo.
Existe cierto consenso en la literatura en torno a una fórmula
que se ha convertido en clásica para definir y evaluar el riesgo, como
35
VOLVER A INICIO
Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas
resultado de la combinación de la amenaza y la vulnerabilidad. Es
decir, el riesgo corresponde a la probabilidad de que un peligro se ma-
terialice y a la gravedad de las consecuencias que este puede ocasionar
(Leplat, 2006; Fleury-Bahi, 2008, 2010). Por lo tanto, se entiende aquí
por amenaza la probabilidad o incluso la posibilidad de que ocurra
un evento peligroso. La vulnerabilidad se refiere al hecho de que es
probable que una persona o un grupo de personas se vean afectados
por un evento peligroso. La vulnerabilidad “se refiere a una cierta
fragilidad, una cierta propensión a sufrir daños, y se aplica a todos
los objetos del mundo social y natural” (Metzger et al., 2010, p. 240).
El riesgo sería producto de la magnitud y características de la
amenaza y del grado de vulnerabilidad. La vulnerabilidad se refiere a
las condiciones previas al evento que hacen que la propensión a sufrir
daños sea más o menos importante. El concepto de vulnerabilidad
denota una condición o característica de los individuos que enfrentan
situaciones particulares, individuales o colectivas. Una definición
general de vulnerabilidad en el campo de los riesgos ambientales la
presenta como la propensión de una determinada sociedad a sufrir
daños ante la manifestación de un fenómeno natural o antrópico.
Esta propensión varía según el peso de determinados factores que es
necesario identificar y analizar ya que inducen un determinado tipo
de respuesta por parte de la sociedad (D’Ercole et al., 1994). Esta
definición alude a la vulnerabilidad material o funcional, porque
subraya condiciones de vida estructurales que debilitan la calidad
de vida de las poblaciones y que son prerrequisitos para el riesgo. En
este sentido, se habla de vulnerabilidad social, porque es producto de
las desigualdades sociales, dado que son los factores sociales, incluso
económicos y políticos, los que configuran la susceptibilidad de los
grupos a los riesgos más que su capacidad de afrontamiento (Brooks,
2003). Por tanto, la vulnerabilidad incluye las desigualdades espacia-
les específicas de determinadas comunidades, las características del
entorno construido, la calidad y el nivel de urbanización, las tasas
de crecimiento y la vitalidad económica (Cutter et al., 2003). Como
36
VOLVER A INICIO
Psicología Ambiental: ¿qué es y para qué?
resultado, lo social y lo biofísico interactúan para producir la vulne-
rabilidad de un territorio y sus habitantes. Asimismo, también se ha
reconocido el papel central de las condiciones socioeconómicas en
los juicios y creencias sobre los riesgos para la salud (Vaughan, 1995).
En resumen, la vulnerabilidad se considera como la combinación de
tres componentes: la exposición diferencial a las amenazas ambienta-
les, la sensibilidad (susceptibilidad, predisposición) diferencial a las
mismas y la capacidad diferencial para responder a dichas amenazas,
para adaptarse o recuperarse de los impactos.
Esta relación desigual o diferencial con los riesgos ambientales
depende de las condiciones objetivas, pero también subjetivas, propias
de la pertenencia social y cultural, lo que hace que determinadas
categorías de personas sean más vulnerables que otras. Las desigual-
dades socioambientales que subyacen a la vida social y las condicio-
nes históricas básicas se vuelven más complejas por los juicios de los
individuos sobre su propia vulnerabilidad, juicios que en ocasiones no
corresponden a la evaluación formal realizada por las instituciones
(expertos, autoridades). El hecho de ser o de considerarse vulnerable o
no ante una amenaza, constituye un objeto complejo de conocimien-
to científico y denota una relación desigual de los individuos con el
conocimiento, con la realidad, marcada por relaciones intergrupales
a veces complejas. Así, una aproximación a la vulnerabilidad desde la
Psicología Ambiental se refiere a la vulnerabilidad percibida, es decir,
a la valoración que los individuos hacen de su propia vulnerabilidad.
Esta valoración es producto de las condiciones objetivas de vida, de la
vulnerabilidad estructural que se acaba de mencionar, pero también
es función de otros factores que es necesario identificar. En otras pa-
labras, el estudio de la vulnerabilidad percibida requiere comprender
los mecanismos socio-cognitivos y afectivos involucrados en la cons-
trucción del juicio y la acción, así como los aspectos contextuales, las
condiciones de vida material y social que también determinan estos
mecanismos. En síntesis, el nivel de vulnerabilidad percibida depen-
de de cinco factores clave (Moser, 1998; Navarro y Michel-Guillou,
37
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Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas
2014): 1) el grado de exposición a un riesgo; 2) la sensación de pérdida
de control o de medidas de protección; 3) el sentimiento de pérdida
de posibilidades de evitar o anticipar las consecuencias negativas; 4)
las atribuciones causales, creencias ingenuas y teorías ingenuas que
explican las amenazas ambientales; 5) la familiaridad con el entorno
y la amenaza por su proximidad física, social y temporal.
Por tanto, se considera necesario introducir un enfoque psico-am-
biental del análisis de la vulnerabilidad para dar mayor pertinencia
a la gestión de riesgos ambientales. Se observa que en ocasiones los
riesgos, tal como los definen los expertos, fruto del conocimiento
formal, están lejos de los riesgos tal como los perciben o aprehenden
los habitantes no expertos, producidos por el conocimiento social o
el conocimiento del sentido común (Fischhoff et al., 1978; Slovic,
Fischhoff y Lichtenstein, 1980). El conocimiento social de los riesgos
ambientales determinará las decisiones y acciones de adaptación. Este
marco de referencia sociocultural define las tendencias sociales, los
juicios que los individuos hacen sobre la situación, el nivel de peligro,
la importancia de la amenaza, su capacidad de respuesta individual
o colectiva, así como las medidas propuestas por las autoridades, de
su eficacia. De ahí la importancia de conocer y tomar en cuenta
este conocimiento social para construir acciones institucionales de
prevención y reconstrucción más relevantes y adaptadas, porque
lamentablemente es un hecho que existe una distancia demasiado
grande entre los sistemas de apreciación (científica), de gestión
(política) y de percepción (social) de múltiples situaciones de riesgo
para las sociedades, que provocan dificultades en la gestión de crisis
y hacen que estas sociedades sean aún más vulnerables (Navarro y
Michel-Guillou, 2014; Navarro, 2017).
La Psicología Ambiental ha estado interesada desde hace mucho
tiempo en el conocimiento del sentido común en la evaluación de
riesgos. Así, las teorías psicológicas se han utilizado para estudiar
cómo las personas evalúan (aspectos cognitivos) o sienten (aspectos
afectivos) situaciones de riesgo y cómo se comportan frente a estos. El
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VOLVER A INICIO
Psicología Ambiental: ¿qué es y para qué?
llamado enfoque psicométrico se considera el paradigma dominante
en la investigación sobre la percepción social del riesgo, paradigma
desarrollado en particular por Slovic, Lichtenstein y Fischoff (Fischoff
et al., 1978) sobre la base del trabajo de Tversky y Kahneman (1974).
Este enfoque intenta explicar la aversión que ciertos individuos tienen
hacia ciertos riesgos y su indiferencia hacia otros, es decir, intenta
identificar y formalizar los factores que explican la variabilidad inte-
rindividual de los juicios frente a los riesgos.
El enfoque psicométrico también está interesado en las diferencias
entre las opiniones de expertos y no expertos sobre una misma situación
o producto peligroso, es decir, la influencia de la naturaleza y formas
de conocimiento. La evaluación se realizaría según tres criterios: el
número de personas expuestas, el carácter catastrófico del riesgo y su
carácter familiar o desconocido. Siguiendo el trabajo en este enfoque,
Slovic (1992), propone cuatro categorías de riesgos según su conoci-
miento y su controlabilidad: riesgos desconocidos pero controlables
(drogas, por ejemplo), riesgos conocidos y controlables (tabaquismo,
comida chatarra, alcoholismo, por ejemplo), riesgos conocidos pero
incontrolables (accidentes, por ejemplo) y riesgos desconocidos e
incontrolables (tecnologías médicas, nucleares y / o genéticas, por
ejemplo). El enfoque psicométrico ofrece un modelo de la relación
entre percepción de riesgo y comportamiento de riesgo basado en un
nivel de análisis intraindividual e interpersonal, según la clasificación
de Doise (1986). La idea general es que la percepción de riesgos re-
sulta de una combinación de factores generando un patrón común a
los individuos e identificable mediante el uso de una metodología: la
psicometría, que permite identificar y aislar invariaciones.
Otros enfoques conviven con el paradigma psicométrico para
intentar estudiar el conocimiento social de los riesgos ambientales.
Las teorías socioculturales, por ejemplo, buscan explicar cómo las
sociedades construyen (historia), analizan (sociología) y adminis-
tran (economía) los peligros que enfrenta la humanidad (Douglas y
Wildavsky, 1982). Las teorías psicosociales, a su vez, explican cómo
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Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas
los factores sociales, culturales y relacionales influyen en la forma en
que los individuos se representan y dan sentido al riesgo (Joffe, 2003).
La premisa básica es que los riesgos se construyen socialmente y, por
tanto, la vida social ofrece un marco de lectura de la realidad que
orienta la acción. Este marco organizado fundamentalmente por el
pensamiento social ha sido ampliamente abordado a través de la teoría
de las representaciones sociales (Moscovici, 1976). Esta dimensión
psicosocial es particularmente relevante en el análisis de la evaluación
y gestión de riesgos, en particular al integrar el conocimiento del
sentido común expresado en las representaciones sociales, además
de los enfoques psicológicos clásicos. Pero este enfoque debe fortale-
cerse para abordar la complejidad de los temas relacionados con los
riesgos ambientales, porque también parece necesario integrar una
dimensión ambiental para dar un lugar importante al contexto, al
entorno de vida, muchas veces olvidado. De esta manera, el enfoque
psico-ambiental (Navarro y Michel-Guillou, 2014) tiene como objetivo
identificar cómo los factores psicológicos, sociales y culturales, pero
también las condiciones materiales de vida, la dimensión espacial y
la identificación o apego a los lugares, determinarán la evaluación
del riesgo, la vulnerabilidad percibida y las estrategias de adaptación.
Aproximación al rol del psicólogo ambiental
Uno de los grandes desafíos de la Psicología Ambiental, como campo
aplicado, tiene que ver con la definición de su quehacer en distintos
contextos, es decir precisar claramente cuál es el rol de los psicólo-
gos ambientales. Sin duda alguna, los procesos de investigación y
formación en Psicología Ambiental en el mundo están ampliamente
difundidos, con más desarrollos claro está, en algunos lugares más
que en otros. Un número cada vez más importante de revistas cien-
tíficas divulga resultados de investigación que se adelantan en el
abordaje de problemas derivados de las relaciones entre el ser huma-
no y el ambiente natural y construido. Entre las revistas con mayor
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VOLVER A INICIO
Psicología Ambiental: ¿qué es y para qué?
reconocimiento en publicaciones en el campo están el Journal of
Environmental Psychology, Environment and Behavior, Environmental
Education Research, Journal of Architectural and Planning Research,
Management of Environmental Quality: An International Journal, The
Environmentalist, Frontiers in psychology (environmental psychology)
y PsyEcology.
Los procesos de investigación también han permitido que se
consoliden agremiaciones y redes de investigadores como la división
34 de la Asociación Americana de Psicología (APA) (Society for
Environmental Population and Conservation Psychology), Interna-
tional Association People-Environment Studies (IAPS), Association
pour la Recherche en Psychologie Environnementale (Arpenv), la
British Environmental Psychology Society (BrEPS), Environmental
Design Research Association (EDRA), Asociación de Psicología Am-
biental (Psicamb), Associação Brasileira de Psicologia Ambiental e
Relações Pessoa-Ambiente (Abrapa), el Grupo de trabajo Ambiental
de la Sociedad Interamericana de Psicología, el Nodo de Psicología
Ambiental de la Asociación Colombiana de Facultades de Psicolo-
gía (Ascofapsi). Entre los grupos de investigación más reconocidos
en Psicología Ambiental se encuentran el “Grupo de investigación
Delincuencia, Marginalidad y Relaciones Sociales” de la Universidad
del País Vasco, el “Grupo de investigación Persona-Ambiente” de la
Universidad de la Coruña, el “Grupo de investigación en Psicología
Social, Ambiental y Organizacional” de la Universitat de Barcelona
(PsicoSAO), el “Grupo de investigación en Psicología Ambiental
(Gipsamb)” de la Universidad de Castilla-La Mancha, el “Laboratorio
de Psicología Ambiental” de la Universidad de Brasilia, el “Grupo
de investigación Pedagogía Urbana y Ambiental” de la Universidad
Pedagógica Nacional y el “Grupo de investigación Sintropía” de la
Universidad Surcolombiana.
En cuanto a la formación en Psicología Ambiental el portal web
de la división 34 de la APA presenta un listado de programas de for-
mación en el mundo que incluyen cursos en el campo (https://www.
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Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas
apadivisions.org/division-34/about/resources/graduate-programs).
Sin embargo, es importante destacar que son escasos los programas
de posgrado con denominación específica en Psicología Ambiental.
Algunos casos de posgrados orientados en español son el máster en
Intervención y Gestión Ambiental: Persona y Sociedad, ofrecido por
la Universidad de Barcelona (España), el doctorado y la maestría en
Psicología con Residencia en Psicología Ambiental de la Universidad
Nacional Autónoma de México, el doctorado y la maestría en Psicolo-
gía–Línea Psicología Ambiental y de la Sustentabilidad de la Univer-
sidad de Sonora (México), la maestría y el doctorado en Educación
de la Universidad Pedagógica Nacional (Colombia) y la maestría en
Psicología Ambiental de la Universidad Surcolombiana (Colombia).
En lo relacionado con el ejercicio profesional de la Psicología
Ambiental, está en proceso de crecimiento (Sierra-Barón, 2021a,
2021b). Al respecto Swim et al. (2009) describieron varios aspectos
relacionados con la manera a través de la cual, los psicólogos pueden
ayudar con distintos problemas que se derivan de cambio climático.
Entre los elementos más representativos que se proponen, el psicólogo
puede aportar al desarrollo del entendimiento del comportamiento
de las personas ante el cambio climático, así como diseñar y probar
intervenciones que ayuden a limitar los efectos de este fenómeno. Por
su parte, Gifford et al. (2011), plantean, que si bien muchos psicólogos
ambientales laboran como investigadores (reconociendo el valor de la
teoría y la investigación), otros se enfocan en la aplicación del cono-
cimiento, es decir, se desempeñan como consultores o ejercen cargos
en los que se desarrollan políticas o resuelven problemas locales, así
el ejercicio del psicólogo ambiental se orienta hacia el mejoramiento
del entorno construido y la superación de los problemas de la sosteni-
bilidad en los ambientales naturales (locales y globales). Estos autores
destacan como rasgos distintivos de la Psicología Ambiental tanto en
la investigación, como en la práctica (ejercicio laboral): i) mejorar el
ambiente (entorno) construido y la adecuada gestión de los recursos
naturales; ii) estudiar entornos (ambientes) cotidianos; iii) considerar
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Psicología Ambiental: ¿qué es y para qué?
como una entidad holística a las personas y el ambiente (entorno); iv)
reconocer el rol activo de las personas frente al ambiente (entorno), el
cual es moldeado por ellos y v) el trabajo conjunto con otras discipli-
nas. La tabla 1 muestra una descripción de los contextos/problemas y
algunos de los tópicos y elementos de abordaje de Psicología Ambiental
propuesta por Gifford et al. (2011).
Así, es evidente la pertinencia y relevancia del rol del psicólogo
ambiental en contextos del ambiente construido (residencial, barrios
y ciudades), natural (gestión de recursos, construcción social de la
naturaleza, problemas ambientales) educativos, organizacionales, di-
seño arquitectónico y uso de las nuevas tecnologías de la información
y comunicaciones.
Tabla 1. Contextos/problemas y tópicos / elementos
de abordaje de la Psicología Ambiental
Contexto / Problema Tópicos / Elementos de abordaje
Psicología de la gestión de recursos. Conservación de energía y agua dulce, gestión de
reciclaje y contaminación.
Psicología ambiental residencial. El hogar como entorno que tiene estructura física
(casa, apartamento, etc) y significado (hogar).
Psicología ambiental de barrios y Exploración de relaciones persona-ambiente en las
ciudades. ciudades, lugares públicos, el vecindario, la comu-
nidad y las calles.
Psicología ambiental educativa. Incidencia de características físicas de las escuelas
y los entornos de aprendizaje sobre los procesos de
interacción de estudiantes y maestros.
Psicología ambiental del lugar de Relaciones entre el entorno físico y el trabajo, el
trabajo. rendimiento, el comportamiento social, la salud y el
estrés, así como la vida después de la etapa laboral.
Psicología ambiental natural. El entorno natural como estímulo, fuente de aprecia-
ción estética, creativa y espiritual que da soporte vital
a la especie, como restaurador y guía en el diseño y
la planificación de principios de vida.
La construcción social de la na- Procesos perceptivos, cognitivos, afectivos, sociales,
turaleza, el medio ambiente y los culturales y simbólicos acerca del medio ambiente
problemas ambientales. y la naturaleza.
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Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas
Contexto / Problema Tópicos / Elementos de abordaje
Psicología ambiental y diseño ar- El diseño social como forma de crear estructuras
quitectónico. (edificios, casas, etc.) que se adapten mejor a sus
ocupantes.
Medio ambiente y tecnologías de la Efectos de los cambios producidos por la revolución
información y las comunicaciones. en la tecnología de la información sobre la sosteni-
bilidad ambiental.
Nota: Elementos basados en Gifford et al. (2011).
Estos elementos presentados permiten ubicar el rol protagónico
del Psicólogo Ambiental ante las urgencias medioambientales de hoy,
que se fundamenta en sus rasgos distintivos y que ayuda a constituir un
perfil ocupacional. La tabla 2 muestra una aproximación descriptiva
a algunas competencias4 del psicólogo ambiental:
Tabla 2. Competencias del Psicólogo Ambiental
Tipo Competencia
Conocer los fundamentos epistemológicos y metodológicos de la
Psicología Ambiental y su relación con otras ciencias y disciplinas
científicas (Sociales y Humanas, Ambientales, Educación, de la Salud,
Ingeniería, Ecología, Arquitectura y Urbanismo).
Reconocer los problemas ambientales que caracterizan la relación
individuo-entorno, sus implicaciones culturales, económicas, polí-
ticas, así como sus posibilidades de intervención.
Cognitivas Conocer las distintas influencias ambientales que influyen en el
comportamiento humano.
Identificar los factores intrínsecos y extrínsecos que influyen en el
comportamiento sustentable.
Reconocer los procesos que movilizan la promoción de comporta-
mientos sustentables.
Explicar las problemáticas psico-socio-ambientales en ambientes
naturales y construidos.
4
Se fundamentan en el documento Perfil por competencias del profesional en
Psicología (2013), del Colegio Colombiano de Psicólogos.
44
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Psicología Ambiental: ¿qué es y para qué?
Tipo Competencia
Proponer y dirigir investigaciones e intervenciones que propendan
por el fomento del bienestar y la calidad de vida en distintos contextos
en ambientes naturales y construidos.
Implementar aportes científicos de la Psicología Ambiental para la
resolución de problemas psico-socio- ambientales en los distintos
contextos.
Analizar información científica y de política pública pertinente y
actualizada, que le permita desarrollar procesos de intervención
ajustada a las necesidades de los contextos.
Procedimentales Proponer, dirigir y desarrollar proyectos, estrategias, programas y
acciones de intervención que procuren resolver problemas psico-so-
cio-ambientales en ambientes naturales y construidos.
Implementar métodos de medición y evaluación en Psicología Am-
biental, que permitan conocer e intervenir las realidades psico-so-
cio-ambientales (entrevistas, técnicas de observación, cuestionarios
de autorreporte, medidas objetivas, entre otros).
Aplicar los principios éticos, deontológicos y normativos que orientan
y regulan los procesos de investigación e intervención en Psicología
Ambiental.
Nota: Basado en Colpsic (2013).
En adición a lo anterior, el perfil ocupacional del Psicólogo Am-
biental podría configurarse en términos de:
• Investigador en instituciones de educación superior, grupos
y centros de investigación y demás organizaciones públicas
y privadas.
• Experto en gestionar y direccionar equipos interdisciplinarios
de investigación o intervención que propendan por el abor-
daje científico y aplicado de problemas como la protección
del ambiente (natural y construido), el diseño urbano, la
prevención del delito, la promoción de la convivencia ciu-
dadana, y el diseño espacial (escuelas, hospitales, hogares
de paso, cárceles, etc.).
45
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Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas
• Asesor y consultor en organizaciones públicas o privadas
de procesos de investigación o intervención en temas como
movilidad urbana, diseño y educación de los ciudadanos
en el espacio público y la formación para la conservación y
mitigación de los efectos del cambio climático.
• Coordinador de proyectos de investigación, evaluación e inter-
vención que tengan como objetivo el fomento del desarrollo
humano, la calidad de vida y el bienestar desde el análisis
de la seguridad ciudadana, la planeación y gestión urbana.
• Gestor y promotor de políticas ambientales desde el enfoque
psico-socio- ambiental.
Conclusiones
La concepción de los autores de la Psicología Ambiental como disci-
plina que estudia científicamente la relación entre los individuos y el
medio ambiente, la pone en el centro del estudio de los problemas y
las preocupaciones ambientales. De hecho, cuando el medio ambiente
se convierte en un problema para los individuos, las sociedades, las
autoridades y los grupos buscan responder, adaptarse a él. Ya sea un
riesgo particular o el entorno global y sus efectos en la calidad de vida
de las sociedades, muchas disciplinas están interesadas en comprender
estos fenómenos para apoyarlos, dar respuestas, incluso soluciones.
Y aunque en general los análisis movilizan las ciencias naturales o
las ingenierías, entre otras ciencias, porque muchas veces se trata de
comprender, o incluso modelar el entorno y estas manifestaciones
físicas, siempre es necesario cuestionar también las elecciones de
los individuos, sus percepciones y comportamientos con respecto
a los temas estudiados, lo que configura el objeto de estudio de la
Psicología Ambiental.
Se tiene la impresión de que, en el estudio de las cuestiones
ambientales, los seres humanos, el comportamiento individual o
colectivo, generalmente están ausentes de estos análisis o en el mejor
46
VOLVER A INICIO
Psicología Ambiental: ¿qué es y para qué?
de los casos integrados de manera anecdótica o incluso intuitiva
por los “expertos”. Un enfoque interdisciplinario es, por definición,
necesario para estudiar los problemas ambientales o, de manera más
amplia, la relación de los seres humanos con su entorno. Esta es una
característica fundamental de nuestra comprensión de la Psicología
Ambiental, a saber, su carácter necesariamente interdisciplinario
debido a la naturaleza de su objeto (Moser, 2003).
Hablar de comportamiento es evidentemente reductor. Es nece-
sario, según el caso, definir y operacionalizar exactamente a qué se
refiere. La mayoría de las veces es la toma de decisiones de las personas
lo que está en juego. En el campo de la toma de decisiones frente a los
riesgos, los primeros estudios en psicología de la toma de decisiones
en situación de incertidumbre tomaron como referencia la teoría de
la utilidad esperada, basada en una lógica formal que rápidamente
resultó incompatible con el comportamiento de las personas (Bargh
et al., 2012). Las motivaciones obedecen a una racionalidad bastante
intuitiva y determinada por un conjunto de factores cognitivos, afec-
tivos, socioculturales y ambientales. Las investigaciones en psicología
muestran que los seres humanos se orientan en una doble tendencia:
por un lado, la aversión al riesgo que los lleva a evitar situaciones pe-
ligrosas, y por otro lado la búsqueda de la realización de su potencial,
lo que induce conductas de riesgo. Por lo tanto, es poco probable que
el razonamiento formal se utilice en la vida cotidiana o en situaciones
de emergencia. Estos comportamientos están más bien determinados
por automatismos. La pregunta es si las respuestas a las emergencias
son apropiadas para la situación o no; así, las situaciones de riesgo se
caracterizan por una exacerbación de los afectos. Este aspecto emocio-
nal es particularmente importante para procesar información y tomar
decisiones en una emergencia. El trabajo en Psicología Ambiental ha
demostrado que el afecto es un factor esencial en la evaluación del
riesgo, determinando su valoración y ponderación. El afecto refleja la
interacción del sistema emocional y la representación del problema.
47
VOLVER A INICIO
Psicología Ambiental. Volumen I. Experiencias, diálogos y perspectivas académicas
Esto último depende de factores socioculturales que subyacen a la
evaluación de riesgos.
En síntesis, la Psicología Ambiental y su conocimiento científico
de los procesos cognitivos, emocionales y socioculturales, aporta un
conocimiento fundamental (con trascendencia interdisciplinaria)
para la comprensión e intervención de los problemas ambientales,
contribuye a la experiencia en la toma de decisiones en una situación
de riesgo y/o incertidumbre, en la adaptación frente a los problemas
ambientales; así como en la toma de decisiones específica para todas
las categorías de personas involucradas, expertos, grupos sociales y
autoridades.
Como primera aproximación en el tipo del rol y perfil del psi-
cólogo ambiental, es necesario desarrollar estrategias y acciones que
permitan contrastarlo con las realidades del ejercicio profesional de
este campo aplicado. Sin embargo, queda a consideración de quienes
desarrollan enseñanza o investigación en el campo, continuar visibili-
zando sus bondades. No cabe duda de que hoy, más que nunca, el rol
de psicólogo ambiental y su pertinencia en los desafíos que imponen
las urgencias medioambientales y sus efectos sobre los individuos,
grupos y organizaciones, reclaman el desarrollo de este campo y por
supuesto su ejercicio profesional.
Referencias
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