Cómo no filosofar….
Marina Garcés
Fuente: Garcés, M (2015) Filosofìa inacabada. Selección del Prólogo (pp. 9-16) Barcelona: Galaxia Gutenberg.
Me preguntan a menudo si me siento filósofa y cómo llegué a serlo. No me imagino que a un dentista se le preguntara si
se siente dentista o que a una ingeniera se le cuestionara si se siente ingeniera. Pero la filosofía proyecta un porqué
siempre abierto sobre una decisión vital. Más allá de estar vinculada a una profesión o a un campo de estudio, la actividad
filosófica es una posibilidad por la que se apuesta como una forma de vida. Tiene consecuencias personales, pero también
colectivas, sobre el entorno y sobre el propio tiempo. ¿Es posible hacer esta apuesta hoy? Preguntarme si me siento
filósofa y cómo llegué a serlo es, también, preguntarnos a nosotros mismos por la posibilidad y el lugar de la filosofía en
nuestra sociedad. La filosofía es la manía de algunos, que sin embargo necesariamente incumbe a todos.
…La filosofía nació al aire libre y a las calles vuelve. Nació en la discusión y vuelve a ser discutida. Apostar por la
filosofía hoy es rebelarse contra su imposibilidad y su muerte. Tiene que practicarse y exponerse. La filosofía no es nada
si se la aísla. No está encerrada en sus obras ni en la oferta académica ni en el conjunto de profesiones que supuestamente
se ocupan de la filosofía. Es una práctica de vida que desplaza los límites de lo que es visible y pensable en cada tiempo y
para cada contexto histórico y social, a partir de la pregunta por una verdad que debe ser buscada con el pensamiento.
Tiene que ver con un vacío y con un deseo: el de la imposibilidad de colmar de sentido y de orientación a la existencia
humana. De esa imposibilidad emerge el deseo de una verdad que oriente a la vida, de un saber que a la vez sea capaz de
proponer un modo de vida.
… Eso es lo que hace el pensamiento: ir más allá de lo que inmediatamente somos, pero no para encontrar cualquier cosa,
sino algo que sea, de algún modo, verdad….Desde ese cuerpo a cuerpo del pensamiento con nuestros propios límites, la
pregunta no puede ser ¿cómo aún filosofar?, sino: ¿cómo no filosofar? Simplemente, es inevitable, siempre que estemos
dispuestos a percibir y a querer nombrar la distancia entre nosotros y el mundo. Es una pregunta, además, que abre la
interpelación de la filosofía potencialmente a todos. ¿Cómo no filosofar? Es una pregunta que se dirige a filósofos y a no
filósofos, reunidos en esa potencia común, que es la potencia del pensamiento.
…¿Qué es lo específico de la filosofía respecto a estas otras elaboraciones del sentido inacabado de la existencia humana?
A diferencia del arte y de la religión, la filosofía es el discurrir de una voz singular en busca de una razón común. En la
experiencia religiosa, la voz singular queda subsumida en una razón más alta, la experiencia de lo sagrado o la instancia
de lo divino, que funcionaría como referencia y garante de la razón común. En el arte, la expresión singular, aunque sea
universalmente comunicable, no depende de la búsqueda de una argumentación compartida. La filosofía tensa esta
polaridad entre la singularidad de la voz filosófica y la potencial universalidad de su discurso. Cada filósofo es uno, o una.
Con su nombre propio y sus opciones vitales. Finito en la singularidad de ser una vida. Y a la vez, el pensamiento es desde
ahí ofrecido e invocado como un lugar de encuentro con cualquiera y, por tanto, con todos….Cualquiera pueda hacer
suyos esos pensamientos singulares. Mi pensamiento no es sólo mío, pero cualquiera puede pensarlo porque lo he pensado
yo y así lo ofrezco.
Por eso la filosofía es un pensamiento que transforma la vida. Es un sistema de nociones y una actitud. La filosofía es
pensamiento vivido. No ofrece fórmulas o recetas, sino que pone a cada vida concreta en la situación de tenerse que ubicar
en los asuntos propios como problemas comunes…. Desde el siglo XIX el concepto de utilidad ha restringido el sentido
de lo práctico. Pero no todo lo que es práctica y aprendizaje de vida tiene que ser entendido como útil o abandonado por
inútil. La filosofía, como otras expresiones del arte o las humanidades, ha tenido que refugiarse demasiado a menudo en el
limbo pretendidamente sublime de la inutilidad. Pero ¿qué más necesario que mantener abierta la posibilidad de
interrogarnos sobre nuestras formas de vida y nuestras verdades? ¿Cómo vivir, cómo pensar, cómo actuar? La filosofía no
es útil ni inútil, es necesaria. Necesaria para la vida concreta de cada uno de nosotros y necesaria para la vida colectiva de
las sociedades.
Convierte el límite del pensamiento en palanca para poder pensar. Hay quien piensa que la filosofía se entretiene con
preguntas sin respuesta. Más que preguntas sin respuesta, de lo que se ocupa el discurso filosófico es de problemas para
los que siempre necesitamos forjar conceptos nuevos. No porque no tengan solución, sino porque cambian de situación
existencial y de contexto histórico, social, cultural y político.
Redescubrir la necesidad de la filosofía es ponerla en situación, exponer el legado filosófico y sus desafíos a la situación
existencial y material de nuestro tiempo. La filosofía es una forma de compromiso con el mundo. Por eso, su cometido
final es transformarlo, no con recetas o modelos, sino entrando en conflicto con las formas de vida existentes desde la
realización concreta de otras formas de pensar y de vivir. Toda filosofía es crítica de unas formas de vida y
recomendación de otras, a partir de una toma de posición en la que están en juego unos valores. Toda filosofía supone,
entonces, una guerra entre mundos que aspira a hacer del mundo el hogar de la humanidad. ¿Cómo no filosofar, cómo no
seguir filosofando hoy, entonces? Esta pregunta adquiere actualmente un tono de urgencia. La filosofía inacabada nos
interpela hoy en un mundo que muestra síntomas de agotamiento, como planeta y como modelo de sociedad.