República Bolivariana de Venezuela
Ministerio del Poder Popular para la Educación
U. E Colegio “Padre Machado”
Barquisimeto – Edo. Lara
Dones y Frutos del Espíritu
Santo
Albany Flores #14
Según el Catecismo de la Iglesia Católica, el Espíritu Santo es
la "Tercera Persona de la Santísima Trinidad". Es decir,
habiendo un sólo Dios, existen en Él tres personas distintas:
Padre, Hijo y Espíritu Santo. Esta verdad ha sido revelada por
Jesús en su Evangelio. El Espíritu Santo coopera con el Padre y
el Hijo desde el comienzo de la historia hasta su consumación,
pero es en los últimos tiempos, inaugurados con la Encarnación,
cuando el Espíritu se revela y nos es dado, cuando es
reconocido y acogido como persona. El Señor Jesús nos lo
presenta y se refiere a Él no como una potencia impersonal,
sino como una Persona diferente, con un obrar propio y un
carácter personal.
Las Escrituras nos presentan una amplia variedad de designaciones en referencia al Espíritu Santo,
muchas de las cuales son vitalmente importantes para la comprensión de su naturaleza y el
desarrollo de Su obra.
El Espíritu Santo (Lc. 11:13) “Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a
vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo
pidan?” Este nombre enfatiza el carácter moral del Espíritu. Él es el autor de Santidad. A
Él ha sido encomendada la obra de ejecutar santidad divina en todo la creación y en el ser
humano. Este título, Espíritu Santo pone el énfasis, no sobre la persona, sino sobre el
poder, la manifestación y la operación del Espíritu.
El Espíritu de Dios (Ef. 4:30) “Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual
fuisteis sellados para el día de la redención”. Este título enfatiza el origen divino, el
carácter divino y el poder divino del Espíritu. El Espíritu está específicamente relacionado
con el Padre, pues procede del Él.
El Espíritu de Cristo (Rom. 8:9.) El Espíritu Santo está muy especialmente relacionado
con el Señor Jesucristo. El imparte la vida de Cristo (Romanos 8.2), Él produce el fruto de
Cristo (Filipenses 1.11), Él revela las cosas de Cristo (Juan 16.16), Él imparte el poder de
Cristo (Hechos 1.8 y Juan 14.12) y Él toma el lugar de Cristo ascendido (Juan 14.16-18).
El Espíritu ministra para hacer a Cristo presente en la Iglesia, y para formar a Cristo en el
creyente tan real como Él formó el cuerpo del Jesús humano antes de Su nacimiento aquí
en la tierra.
El Consolador (Jn. 14:26.) “Consolador” viene de la palabra “paracletos” en el idioma
original griego y significa: “Uno llamado al lado de otro para el propósito de ayudarle”.
El Espíritu de Gracia (Heb. 10:29.) Aun cuando Cristo es el origen y la fuente de Gracia, el
Espíritu Santo hace real en la vida de los creyentes las provisiones vitales del don de la
gracia.
El Espíritu de Verdad (Jn. 16:13.) Fue Jesús quien dio este título al Espíritu Santo. Lo usó
tres veces. Puede decirse que el Espíritu Santo manifestó completamente Su palabra como
espíritu de verdad al inspirar a los escritores del Sagrado Libro.
El Espíritu de Vida (Rom. 8:2.) El Espíritu vivifica al hombre muerto en delitos y pecados,
y le imparte nueva vida.
El Espíritu Santo de la Promesa (Ef. 1:13.) Porque el recibimiento de su poder y de su
gracia constituye una de las bendiciones sobresalientes prometidas en el Antiguo
Testamento. Ezequiel 36.27; Joel 2.28
El Espíritu de Adopción (Rom. 8:15.) Cuando una persona es salvada, no solamente se le
da el nombre de hijo de Dios, y es adoptado en la familia divina, sino que también recibe
dentro de su alma la conciencia de que es participante de la naturaleza divina.
Dones del Espíritu Santo
Consejo: En el momento en el que lo acogemos y lo albergamos en nuestro corazón, el
Espíritu Santo comienza a hacernos sensibles a su voz y a orientar nuestros pensamientos,
nuestros sentimientos y nuestras intenciones según el corazón de Dios. Al mismo tiempo,
nos conduce cada vez más a dirigir nuestra mirada interior hacia Jesús, como modelo de
nuestro modo de actuar y de relacionarnos con Dios Padre y con los hermanos.
Entendimiento: Está estrechamente relacionado con la fe. Cuando el Espíritu Santo habita
en nuestro corazón e ilumina nuestra mente, nos hace crecer día a día en la comprensión de
lo que el Señor ha dicho y ha realizado. Comprender las enseñanzas de Jesús, comprender
el Evangelio, comprender la Palabra de Dios.
Sabiduría La sabiduría es uno de los dones del Espíritu Santo, pero no se trata
sencillamente de la sabiduría humana, que es fruto del conocimiento y de la experiencia. La
sabiduría es la gracia de poder ver cada cosa con los ojos de Dios. Es sencillamente eso: ver
el mundo, ver las situaciones, las ocasiones, los problemas, todo, con los ojos de Dios.
Fortaleza: Cuántos hombres y mujeres —nosotros no conocemos sus nombres— honran a
nuestro pueblo, honran a nuestra Iglesia, porque son fuertes al llevar adelante su vida, su
familia, su trabajo y su fe.
Ciencia: En el Génesis se pone de relieve que Dios se complace de su Creación,
subrayando repetidamente la belleza y la bondad de cada cosa. Al término de cada jornada,
está escrito: Y vio Dios que era bueno.
Piedad: Este don no significa tener compasión de alguien, es decir, tener piedad por el
prójimo, sino que indica nuestra pertenencia a Dios y nuestro vínculo profundo con Él, un
vínculo que da sentido a toda nuestra vida y que nos mantiene firmes, en comunión con Él,
incluso en los momentos más difíciles y tormentosos. Se trata de una relación vivida con el
corazón: es nuestra amistad con Dios, que nos dona Jesús, una amistad que cambia nuestra
vida y nos llena de entusiasmo, de alegría.
Temor de Dios: El temor de Dios, uno de los 7 dones del Espíritu Santo, no consiste en
tener miedo de Dios: sabemos bien que Dios es Padre, y que nos ama y quiere nuestra
salvación, y siempre perdona; por lo cual no hay motivo para tener miedo de Él. El temor
de Dios, en cambio, es el don del Espíritu que nos recuerda cuán pequeños somos ante Dios
y su amor, y que nuestro bien está en abandonarnos con humildad, con respeto y confianza
en sus manos. Esto es el temor de Dios: el abandono en la bondad de nuestro Padre que nos
quiere mucho.
Frutos del Espíritu Santo
Caridad: Es el primer y más importante fruto del Espíritu Santo. El amor y la caridad
son la primera manifestación de nuestra unión con Cristo. La caridad tierna y eficaz con
quienes viven o trabajan en nuestros destinos es la primera manifestación de la obra del
Espíritu Santo en el alma.
Alegría: El gozo es el resultado del amor, por lo que los cristianos son conocidos por el
gozo que está por encima del dolor y el fracaso.
Paz: La paz, fruto del Espíritu, es ausencia de inquietud, posesión constante del bien
por el reposo de la voluntad. Esta paz significa una lucha constante contra las
tendencias desordenadas de las propias pasiones.
Paciencia: Las almas que se dejan conducir por el Paráclito dan frutos de paciencia,
que les permite soportar, con espíritu de ecuanimidad, sin quejas ni pesares vacíos, los
sufrimientos físicos y espirituales de todo lo que trae la vida.
Fidelidad: Un hombre fiel es aquel que cumple con sus deberes, incluso los más
pequeños, y en quien los demás pueden confiar. No hay nada como un amigo fiel -dice
la Biblia-, su precio es inconmensurable. La lealtad es una forma de alcanzar la justicia
y la caridad.
Mansedumbre: Un alma que posee este fruto del Espíritu Santo no se impacienta ni
alberga sentimientos de rencor ante la ofensa o el daño de los demás, aunque lo sienta -
a veces con mucha fuerza, por la mayor habilidad que tiene en el trato con Dios
Adquirido de vez en cuando - dureza, desprecio, humillación de los demás
Longanimidad: Este fruto del Espíritu Santo da certeza al alma: si pone los medios, si
hay una lucha ascética, si siempre comienza de nuevo, esos fines se cumplirán, a pesar
de los posibles obstáculos objetivos, a pesar de las debilidades, los errores y los
pecados, en tal caso.
Bondad: Tendencia constante de la voluntad que nos inclina a obtener diversos
beneficios para los demás, sin distinción: amigo o enemigo, pariente o extraño, vecino
o lejano.
Amabilidad: Es esta tendencia interna la que nos inclina a hacer el bien a los demás.
Este fruto se manifiesta en la multitud de obras de misericordia, tanto físicas como
espirituales, que los cristianos realizan sin respeto por nadie en el mundo.
¿Qué es Pentecostés?
El Pentecostés es una festividad de carácter
religioso que se celebra cincuenta días después de
la Pascua, poniendo término al periodo pascual. Se
celebra tanto en la religión judía como en la
religión cristiana. Para los judíos, el Pentecostés
supone la celebración de la entrega de la Ley a
Moisés en el monte Sinaí, cincuenta días después
del éxodo. Para los cristianos, es la conmemoración
del descenso del Espíritu Santo sobre los Apóstoles
de Jesucristo, que marca el nacimiento de la Iglesia.
La palabra proviene del latín Pentecoste (pentecosté) que significa ‘quincuagésimo’. El término
hace precisamente alusión a los cincuenta días que transcurren desde la Pascua hasta el Pentecostés.
Los cristianos celebran en el Pentecostés la Venida del Espíritu Santo, que tuvo lugar, según la
Biblia, el quincuagésimo día después de la Resurrección de Jesucristo. En el Nuevo Testamento, en
Hechos de los Apóstoles, capítulo 2, se relata el descenso del Espíritu Santo durante una reunión de
los Apóstoles en Jerusalén. Este acontecimiento marcaría el nacimiento de la Iglesia cristiana y la
propagación de la fe de Cristo. Por ello, la Iglesia dedica la semana del Pentecostés en honor al
Espíritu Santo, pero también celebra la Consagración de la Iglesia, cuyo principio lo marca esta
epifanía. Para la liturgia católica, el Pentecostés es la cuarta fiesta principal del año y, según el
calendario, puede celebrarse entre el 10 de mayo y el 13 de junio.
La celebración del Pentecostés es referida en la Biblia por primera vez en Hechos de los Apóstoles.
El episodio narra el momento en que los apóstoles de Jesucristo recibían los dones del Espíritu
Santo, después de la subida de Jesús al cielo:
Al cumplirse el día de Pentecostés, estaban todos juntos en el mismo lugar. 2 De repente, se
produjo desde el cielo un estruendo, como de viento que soplaba fuertemente, y llenó toda la casa
donde se encontraban sentados. 3 Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se
dividían, posándose encima de cada uno de ellos. 4 Se llenaron todos de Espíritu Santo y
empezaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía manifestarse. Hechos de los
Apóstoles, 2: 1-4.
El origen de esta sagrada festividad tiene lugar
cincuenta días después de la Pascua, danto término,
de esta forma, al Tiempo Pascual. En la mañana de
Pentecostés, estando en oración los apóstoles junto a
María, la Madre de Jesús, el Espíritu Santo desciende
sobre ellos. Este acontecimiento marca el nacimiento
de la Iglesia y con ella, la propagación de la fe en
Jesucristo.
En sus inicios, los judíos celebraban esta fiesta de
Pentecostés para dar gracias por las cosechas,
precisamente cincuenta días después de la
Pascua, asociado a la fiesta de las Semanas. (Dt 16,
9-10). El sentido de esta fiesta cambió, y a partir de
entonces, se celebra la entrega de la Ley a Moisés en
el Monte Sinaí, cincuenta días después del éxodo, es
decir, después de la salida del pueblo de Israel del cautiverio de Egipto. Como se sabe, el libro del
Éxodo, narra la esclavitud del pueblo hebreo en el Antiguo Egipto, y su liberación a través de
Moisés que los llevó hacia la tierra prometida, como Dios le señaló.
Oración
Oh Espíritu Santo, amor del Padre, y del Hijo, inspírame siempre lo que debo pensar, lo
que debo decir, cómo debo decirlo, lo que debo callar, cómo debo actuar, lo que debo
hacer, para gloria de Dios, bien de las almas y mi propia Santificación. Espíritu Santo,
dame agudeza para entender, capacidad para retener, método y facultad para aprender,
sutileza para interpretar, gracia y eficacia para hablar. Dame acierto al empezar,
dirección al progresar y perfección al acabar.
Amén.