DÍA 23*
Amante de la Pobreza
Ruega por nosotros
Realmente no dudo que los Ángeles, absortos y en adoración, llegaran en incontables multitudes a ese
pobre taller a admirar la humildad de aquel que custodiaba a ese querido y divino Niño, aquel que
trabajaba en su oficio de carpintero para mantener al Hijo y a la madre encomendados a sus cuidados.
— San Francisco de Sales
A los ojos del mundo, San José no era una persona pretenciosa. No tenía
ambiciones mundanas o deseos de reconocimiento.
A lo largo de los siglos la gente frecuentemente se ha preguntado cuál sería
el estado económico de la Sagrada Familia, o cuáles serían sus condiciones de vida.
Para responder a esta pregunta no es necesario buscar más allá del Nuevo
Testamento: la Sagrada Familia era pobre, muy pobre.
San José era tan pequeño y pobre a los ojos del mundo, que los Magos que
entraron en el establo de Belén ni siquiera se percataron de su presencia (ver Mt
2, 11). Cuando la Sagrada Familia viajó al Templo de Jerusalén a participar en el
ritual judío de la purificación para una nueva madre, José ni siquiera pudo comprar
un cordero para la ofrenda (ver Lev 12, 6-7); los corderos eran caros. San José
sólo pudo ofrecer la ofrenda de un hombre pobre: dos tórtolas o dos pichones
(ver Lev 12, 8).
La Sagrada Familia vivía de la Divina Providencia. Si los Magos no le
hubiesen ofrecido al bebé Jesús oro, incienso y mirra en Belén (ver Mt 2, 11), es
muy probable que San José no hubiese tenido dinero para comprar comida y otras
cosas necesarias para su familia cuando viajaron a Egipto. Cuando partieron de
Nazaret para Belén para cumplir con el censo, no llevaron muchas cosas con ellos
porque esperaban regresar a Nazaret. Los regalos de los Magos fueron la forma
providencial en que Dios cuidó a la Sagrada Familia. Años después, cuando
regresaron de Egipto a Nazaret, la Sagrada Familia vivió allí casi 30 años en una
casa sencilla y pequeña.
“Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los
cielos.” (Mt 5, 3). ¿Alguna vez te has preguntado qué significa eso? ¿Jesús está
diciendo que la pobreza es maravillosa? No, eso no es lo que está diciendo, sino
que aquellos que están desapegados de las cosas de este mundo no están lejos del
Reino de los Cielos. Cuando la persona está desapegada de las cosas de este
mundo, la pobreza se entiende como una virtud. La persona que está desapegada
de las cosas materiales es verdaderamente bendecida en espíritu y es rica ante los
ojos de Dios. Esto explica por qué San José es llamado “Amante de la pobreza.”
Él confió en la Divina Providencia para todas sus necesidades.
SAN JOSÉ TE AYUDARÁ A SER POBRE DE ESPÍRITU. San José te
enseñará a desapegarte de las cosas materiales y abandonarte a la Divina
Providencia. Jamás encontrarás la verdadera felicidad en las cosas materiales.
Aquellos que permiten que su relación con Dios dependa de los bienes materiales
están destinados a la infelicidad. Por otro lado, la persona pobre de espíritu puede
proclamar: “El Señor me lo dio y el Señor me lo quitó: ¡bendito sea el nombre
del Señor!” (Job 1, 21).
El silencio de San José da testimonio de su grandeza y pobreza de espíritu.
A todo el mundo le gusta presumir de sus logros y que otros le reconozcan su
trabajo; sin embargo, San José nunca vio los resultados de su arduo trabajo y
sacrificio. Confiaba en que Dios produciría buen fruto de su labor y años de
servicio a Jesús y a María. Dios lo hizo con creces, mucho más de lo que San José
habría podido imaginar. Era pobre en el mundo, pero rico en el Reino de los
Cielos.
Él [San José] vivió contento en su pobreza.
— San Buenaventura
¡Jesús, María, José, mis más dulces amores, puedo vivir, sufrir y morir por ustedes!
— Santo Papa Juan XXIII
*Del libro CONSAGRACIÓN A SAN JOSÉ – LAS MARAVILLAS DE NUESTRO PADRE ESPIRITUAL- Donald H. Calloway,
Mic.