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Aspectos Bíblicos de Reconciliación y Conversión

Este documento analiza aspectos bíblicos de los sacramentos de la reconciliación y la eucaristía. Respecto a la reconciliación, explora conceptos como el pecado, la conversión y el perdón en el Antiguo y Nuevo Testamento, así como formas de reconciliación en la iglesia primitiva.

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Aspectos Bíblicos de Reconciliación y Conversión

Este documento analiza aspectos bíblicos de los sacramentos de la reconciliación y la eucaristía. Respecto a la reconciliación, explora conceptos como el pecado, la conversión y el perdón en el Antiguo y Nuevo Testamento, así como formas de reconciliación en la iglesia primitiva.

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Temas para la exposición: aspectos bíblicos de ambos sacramentos.

Reconciliación:

En la Biblia, el tema de la conversión se plantea desde dos referencias


fundamentales: 1. el pecado del hombre; 2. el perdón que Dios ofrece. El
trasfondo es un contexto de Alianza. La llamada de Dios a la conversión es
expresión y consecuencia del amor de Dios al hombre. Ese amor se describe con
distintas imágenes:

• Dios esposo: Cfr Os 1, 2


• Dios padre: Dt 8, 5; Is 55, 7; Ez 34, 25.
• Amor entrañable (lenguaje maternal), Os 11, 1-9; Jer 31, 15-20; Is 49, 15.

El pecado es una categoría ética y religiosa, ya que se refiere a la relación con


Dios. El pecado de Adán y Eva es un paradigma de desobediencia en cuanto
rechazo de Dios. La referencia a Dios no excluye la referencia al prójimo (Yavé
sale en defensa de los desvalidos: Dt 15, 7-18). Los profetas denuncian el pecado
especialmente como falta de fidelidad, en relación con la Alianza y sus
exigencias (Is 1, 17; Os 4, 2). Se tiende a relacionar el pecado con la desgracia
humana, considerando que toda la familia o comunidad es una unidad. Si al
principio está la llamada de Dios, el movimiento de conversión es la vuelta hacia
Dios, para volver a vivir en alianza con Él mediante una relación de confianza y
amistad. La conversión implica elegir el buen camino que lleva a la vida (Dt
30,15-16; Jer 21, 8) en un cambio de corazón (Ez 36,26).

Las características esenciales de la conversión bíblica son: • Radicalidad: No es


cambio exterior o parcial. Transforma todo el ser del hombre y llega hasta el
centro más íntimo de la persona. • Religiosidad: Dios es el que cambia al
hombre. El primer movimiento no es del hombre hacia Dios, sino de Dios hacia el
hombre, y este movimiento es de gracia y comunión: hace posible el cambio del
hombre. • Humanismo: El hombre, al convertirse no se pierde, se recupera. La
conversión es un retorno a la propia identidad y la propia originalidad.

Dos textos fundamentales del A.T.: Gn 3,1-24 y Sal 51 (50)

Gen 3, 1-24: Es una reflexión sobre el problema del bien y del mal. Expresa que el
mal tiene un origen histórico que está relacionado con la libertad del hombre.
Por lo tanto, ni se origina en Dios, ni preexiste un principio del mal opuesto a un
principio del bien (dualismo). Por lo tanto, el relato tiene una doble función:
apologética (defiende a Dios negando que sea el autor del mal); antropológica
(explica la actual situación del hombre en un mundo donde el mal y la muerte
están presentes). Existe, desde el principio, una solidaridad en el pecado. Los
primeros capítulos del Génesis muestran cómo los pecados dependen unos de
otros. En este sentido, la conexión entre el pecado de Adán (contra Dios) y el de
Caín (contra el hermano) es teológica antes que cronológica. Esta concepción
tiene consecuencias prácticas: actitud de vigilancia; actitud de compromiso en
lucha contra el mal, que al no ser algo necesario, puede ser vencido.

Salmo 51 (50): En la invocación inicial de este salmo (v. 3-4) encontramos 3


términos y 3 imágenes para describir el pecado. Términos: Son los clásicos del
AT • “borra mi delito” = peshá • “lávame... mi culpa” = awôn • “de mi pecado
purifícame” = hattá peshá. Delito, iniquidad: Acto de rebelión. Ruptura e
infidelidad a la Alianza. Es el término más explícito y más grave para designar el
pecado awôn: Culpa. Es la situación del hombre frente a Dios que lo juzga y le
revela su pecado (referencia al sujeto). Es una situación desordenada que merece
una pena (Sal 38, 5). hattá: Errar el blanco. El pecado como falta. No llegar al fin,
no acertar el objetivo, perder el camino. Sugiere una desilusión: de parte del
pecador (cfr. el hijo pródigo); de parte de Dios (que esperaba otra cosa del
hombre). Mediante estos tres términos, se indica la falta objetiva y la
responsabilidad subjetiva, en un proceso progresivo de toma de conciencia.
Imágenes: • maha (borrar): como de una página = El pecado deja en la persona
algo que permanece visible a los ojos de Dios. • kabas (lavar): como mancha =
indica la necesidad de un lavado muy intenso: la intervención de Dios. • tahar
(purificar): como de la lepra = el pecado como suciedad, impureza. Por lo tanto,
estas imágenes expresan que el pecado no es sólo un acto que pasa, sino que
deja en el hombre algo que permanece y que exige una transformación que sólo
Dios puede realizar. Por eso está también presente el vocabulario de la
misericordia.

Síntesis de la visión del pecado en el AT:

1) El sentido de pecado se ilumina sólo dentro de una auténtica experiencia de


fe (Natán que revela a David su pecado, Dios que se acerca a Adán, etc.). Es en la
experiencia de la Alianza y del amor misericordioso de Dios donde el hombre
percibe con más claridad la ingratitud que significa su rechazo.
2) El pecado es contra Dios: En la medida en que Dios se une a los hombres en
lazo de amor, se puede decir que de alguna manera “se hace vulnerable”. El punto
de partida es siempre la Alianza, como pacto de amor de Dios con los hombres.

3) El pecado es contra el hombre: Este aspecto es complementario del anterior.


Se expresa sobre todo mostrando que el pecado conduce a la muerte. De la
muerte física se pasa a la muerte “moral” como ruptura de comunión con Dios.
Aquí entraría la reflexión sobre los sufrimientos y el castigo.

4) La naturaleza profunda del pecado: El pecado de fondo es la autosuficiencia,


la pretensión de ser como Dios. Es un buscarse a sí mismo, que se funda en una
concepción de Dios equivocada, como límite de la libertad humana. En la raíz del
pecado siempre hay una falta de fe.

5) La dimensión comunitaria del pecado: En la Biblia hay conciencia que existe


un pecado de grupos, de todo el pueblo. Es la “historia de pecado”, como
solidaridad con Adán. Por la Alianza, Dios constituye a Israel como su pueblo,
pueblo santo, y la ley es el modo de vivir esta santidad. El pecado no se limita al
individuo, pues atenta contra la santidad de la comunidad.

Medios para alcanzar el perdón: aun existiendo en el Antiguo Testamento


diversos medios para la conversión y la reconciliación (ayunos, penitencias,
liturgias, sacrificios, oración...), cuando se trataba de un pecado muy grave, los
jefes o sacerdotes intervenían pronunciando la sentencia de excomunión e
imponiendo los castigos o condiciones para la posterior reintegración. Según
esto, parece que la excomunión vino a configurarse como la forma oficial más
significativa para la penitencia de los pecados graves.

NT: "bautismo de conversión" (baptisma metánoias), al que se refieren los


sinópticos, se orienta sobre todo al perdón de los pecados y a un cambio de
conducta. En la predicación del Bautista, la conversión tiene un sentido muy
personal e interior: apela a la dignidad y responsabilidad de cada uno en orden a
una conducta que corresponda a la condición de hijo de Abrahán. En el mensaje
evangélico, la llamada a la conversión va ligada a la llamada a creer en el
Evangelio, a creer en Jesús. La conversión adquiere así un contenido nuevo,
concreto y positivo, que se centra en la adhesión a la persona de Jesús, el
Enviado de Dios. El reino anunciado por los profetas comienza a hacerse
realidad con la presencia de Jesús, a través de su palabra y de los signos que le
acompañan. La postura de Jesús en favor de los pecadores va estrechamente
ligada a la gracia del perdón de los pecados, que los evangelios anuncian y
proclaman como el principal signo de la llegada del reino y de la presencia de
Jesucristo. El dominio de Jesús sobre el pecado y las fuerzas del mal es el más
claro signo de su condición divina. Tanto en la común referencia al "escándalo"
de escribas y fariseos como en la constatación de la extraordinaria admiración
de las gentes ante la curación del paralítico y las palabras de Jesús otorgando el
perdón de los pecados (ambas cosas, curación y perdón, aparecen equiparadas),
queda claro en el relato de los sinópticos que Jesús quiere relacionar su poder de
perdonar los pecados con su condición mesiánica. Dicho poder es el mejor signo
de la misión divina de Jesús y aparece estrechamente ligado a su persona. El
añadido de Mateo, acerca del poder que Dios ha dado a los hombres, deja
también entrever que tal poder puede ser ejercido en la Iglesia.

Iglesia primitiva. La solidaridad de la iglesia con los pecadores se expresa


fundamentalmente de dos modos:

➢ Oración por los pecadores: porque el pecado afecta también a la comunidad y


para ser destruido no basta el esfuerzo individual; es necesaria la fuerza
espiritual de la Iglesia (Sant 5, 16; 1 Jn 5, 16).

➢ Corrección fraterna: para mostrar al pecador la caridad y ayudarlo a salir del


pecado. Encontramos normas prácticas para su ejercicio en Mt 18, 15-17.

San Pablo insiste en la santidad de la Iglesia en contraposición con el mundo y el


pecado. La causa de esta santidad es la presencia del Espíritu de Jesucristo como
salvador. La redención consiste en ser sacados del dominio del pecado, e
introducidos al reino de la gracia.

Situaciones especiales de pecado:

Situaciones graves: Las discordias y desuniones (1Cor 1,10-17). Las agitaciones


de los falsos profetas o maestros (1Jn 2,18-20). El pecado más grave es el rechazo
o abandono de la fe. Se tiene en cuenta especialmente la repercusión en la
comunidad: 1) Ananías y Safira (Hch 5,1-11): La gravedad está en “mentir a Dios”, al
querer engañar a la comunidad. 2) 1Cor 5, 1-13 (uno que convive con su
madrastra): La gravedad está en dañar la ejemplaridad de la comunidad cristiana.
El apóstol interviene con autoridad: sentencia de tipo litúrgica, que no tiene solo
una finalidad correctiva respecto al pecador, sino que persigue también la
ejemplaridad de la comunidad. 3) 2Cor 2,1-11; 7,8-12 (uno que habría injuriado a
un enviado de Pablo; otros interpretan que sería el mismo del caso anterior):
Aboga por el perdón al ya castigado. El perdón es expresión de la caridad de
Cristo y ayuda de la comunidad.

Separación de la comunidad: en varios escritos del NT se mencionan casos de


separación de la comunidad siguiendo una práctica similar a la de los judíos en la
sinagoga: a) Admonición: es una corrección hecha por el jefe de la comunidad
(1Tim 5, 20). Exclusión de la comunidad, si la admonición no es atendida. Puede
ser: - exclusión menos grave: se aleja a la persona por un tiempo para que se
arrepienta (2Tes 3,14-15). - exclusión mayor: a la persona, “se la entrega a
Satanás” (1Cor 5,1-15; 1Tim 1,19s), separándola de la comunidad en un acto
solemne. El carácter de la pena no es vindicativo, sino medicinal, para que su
espíritu se salve el Día del Señor, y para que no se alejen más de la fe. c)
Readmisión: es más difícil establecer cómo se daba esta práctica. La cita de 2Cor
2, 5-11 va en esta línea. Es discutido el texto de 1Tim 5, 223 : para algunos, se
refiere a la imposición de manos para perdonar al pecador; para otros se trata de
la transmisión del ministerio.

El poder de “atar y desatar” en Mateo Mt 18, 15-18. 5 El contexto es la caridad


fraterna y el tema es el de corrección fraterna, que debe realizarse de acuerdo a
normas que sigan las exigencias evangélicas:

- gradualidad y paciencia, según los pasos que se especifican. Pero si no escucha


a la comunidad, la persona finalmente es excluida.

- El punto de partida es el amor misericordioso del Padre: envió al Hijo para


buscar a los que estaban perdidos (inmediatamente antes encontramos el relato
de la oveja perdida: vv. 12-14)

El logion de Jesús (Mt 18, 18): atar (excluir) - desatar (readmitir) está en la línea de
la praxis de la comunidad judía.
- Finalidad: mantener la paz entre los hermanos, reconciliar.
- Esta acción tiene eficacia salvífica: “en la tierra... en el cielo”. - Garantizado por
la presencia de Jesús en la comunidad: cfr. 18, 19-206 , logion de otro contexto,
puesto acá para enfatizar la presencia del Señor. ¿Quiénes reciben el poder?
Todo el capítulo 18 se dirige a “los discípulos” (oi mazetai), que en Mt son
siempre “los 12”. Mientras que “sus discípulos” (oi mazetai autou) son todos.
Mt 16, 13-197 : el primado de Pedro.
- El nombre Pedro (piedra) indica la misión
- Las llaves refieren a la función de “mayordomo” (cf. Is 22, 20-22), indicando un
poder espiritual.
- Este poder se ejerce en el “atar y desatar”. Según el uso rabínico, esta
expresión tiene dos sentidos: a) doctrinal: prohibir (atar) o permitir (desatar)
algo. b) disciplinar: separar de la comunidad (atar), readmitir (desatar)
Comparando Mt 18,15-18 y Mt 16,13-19
- Ambos señalan el alcance espiritual: “el cielo” significa la acción salvífica. -
Ambos se complementan al señalar las personas que reciben dicha facultad:
quienes tienen la misión de pastorear al Pueblo de Dios. Pero:
- El logion de Pedro se fija sobre todo en su misión y autoridad, como el primero
de los apóstoles y el representante de los “Doce”.
- El logion a los Apóstoles en su conjunto atiende más en particular a su misión
al servicio de la fraternidad y de la santidad de la Iglesia Atar y desatar:
- El orden de estos términos refleja un proceso: separar de la comunidad, para
luego readmitir. No una alternativa, sino dos fases sucesivas del mismo proceso,
que es penitencial - salvífico.

- El poder de “perdonar y retener” los pecados en Juan Jn 20, 19-238 : Contexto:


Aparición de Jesús resucitado a sus discípulos. Para la tradición católica, estos
discípulos son solo los apóstoles.
a) Jesús comunica a los discípulos su misión, el Espíritu, y el poder de perdonar.
b) La expresión de ese poder se indica como “perdonar y retener”. - Perdonar
(afíemi): es el término técnico del NT para indicar el perdón de los pecados.
Indica el perdón de Jesús (Lc 7,48-49; Mt 9,3.5-6); el perdón de Dios (Mt 6,12, Lc
11,4). La imagen que está detrás es la de la deuda saldada. - Retener (kráteo):
Siempre en un sentido positivo, activo. No significa un “no hacer” en sentido
negativo o pasivo (no es “no perdonar”). - Mt ayuda a interpretar a Jn: - Atar
como retener: separar de la comunidad, imponer ciertas obligaciones.

Conclusión ➢ Flórez (pp. 77.78)


a) En ambos textos se trata de un poder confiado por Jesús a sus discípulos.
b) En ambos se trata de un poder real para el perdón de los pecados. Mateo lo ve
desde una perspectiva más comunitaria y práctica, mientras que Juan lo
presenta desde una visión más teológica, en la que resalta la obra de Jesús, del
Espíritu y de la Iglesia.
c) En ambos, plenitud de poder sobre el pecado y las fuerzas del mal.
d) Los que reciben el poder: No bastan los datos exegéticos. Es necesaria una
teología de los ministerios, dentro de la eclesiología reflejada en el NT y los
primeros siglos.

➢ Borobio (pp. 102-104) Es cierto que de estos testimonios de la Escritura no se


puede deducir un tipo de penitencia verdaderamente institucionalizado en la
primera comunidad. Con todo, hay algunos aspectos que están claros y que
proporcionan una base para extraer las siguientes conclusiones: - La
excomunión sólo sucede en casos gravísimos y después de haber seguido una
pedagogía de corrección y misericordia. - Para entender esta praxis de
excomunión, hay que relacionarla con la praxis preventiva exhortativa, con la
praxis correctiva, con la praxis de reconciliación fraterna.

Unción de los enfermos

Antiguo Testamento. Se reflexiona sobre la enfermedad en el contexto más


amplio del sufrimiento. Se constata la existencia del sufrimiento y se busca su
causa. La enfermedad nunca es vista como un bien en sí mismo, aun cuando Dios
se pueda valer de ella en beneficio del hombre. En perspectiva religiosa y en el
contexto de la Alianza, la enfermedad y el sufrimiento aparecen como un
“escándalo”, especialmente cuando afectan al justo.

¿Cómo explicar entonces el sentido de la enfermedad? a) El sufrimiento sería


fruto y consecuencia del pecado (Gn 1-3). Dios ha creado todo bueno, pero con el
pecado entró en el mundo el sufrimiento y la muerte. El dolor es signo del poder
de Satanás y manifestación de la ira de Dios contra este mundo pecador. Pero
Dios puede vencer las fuerzas del mal, con lo cual se abre un camino de
esperanza, que muchas veces se manifiesta en la oración de súplica: Apenas la
nube se retiró de encima de la Carpa, Miriam se cubrió de lepra, quedando
blanca como la nieve. Cuando Aarón se volvió hacia ella y vio que estaba leprosa,
dijo a Moisés: Por favor, Señor, no hagas pesar sobre nosotros el pecado que
hemos cometido por necedad. (Núm 12,10.11) b) Pero entonces, ¿por qué sufre el
justo y tiene éxito el malvado? Diversas respuestas: - La impunidad del pecador
es aparente y provisoria; él pagará con creces lo que ahora parece disfrutar (Sal
73) - La solidaridad en el pecado: la responsabilidad de uno es de todos. Así el
refrán popular dice: «Los padres comieron uva verde, y los hijos sufren la
dentera» (Jer 31,29; Ez 18,1) - El sufrimiento del justo es una prueba, para medir
su religiosidad y confianza en Dios aun en las situaciones más adversas. Como
fruto y recompensa, superada la prueba se obtiene un conocimiento más pleno
de Dios: “Yo te conocía sólo de oídas, pero ahora te han visto mis ojos”. (Job 42,5).
- Por el sufrimiento de los justos se llega a la expiación del pecado de los
malvados. Es el caso de Moisés que se ofrece por su pueblo (Ex 7,11; Num 11,1);
Jeremías (Jer 8,18.21); y especialmente los poemas del Siervo de Yave (Is
52,13-53,12). c) Finalmente, aparece una nueva perspectiva: la retribución
escatológica. Esta interpretación no mira ya tanto al pasado para buscar la causa,
sino al futuro, cuando Dios cumplirá sus promesas y manifestará su justicia. Se
espera una era mesiánica, donde será vencida toda enfermedad (Is 19,22; 57,18) e
incluso la muerte (Dan 12,1s; Sab 2-5).

Curación de la enfermedad. Debido a su concepción de impureza, de prohibición


de derramar sangre, de atribución a Dios de la salud o la enfermedad, en el AT se
descuida un poco la técnica médica en comparación con otros pueblos. Es
corriente el uso medicamentos sencillos (Is 1,6; Jer 8,22; Sab 7,20), pero ante todo
hay que recurrir a Dios, de quien depende la vida y la muerte (Dt 32,39), y que es
el verdadero médico del hombre (Ex 15,26). Por eso los enfermos se dirigen sobre
todo a sus representantes sacerdotes (Lev 13,49 ss; 14,2ss; cf. Mt 8,4) o profetas
(1Re 14,1-13), esperando a veces un milagro o intervención extraordinaria (1Re
17,17-24; 2Re 4,18-37). En algunos textos vemos un esfuerzo por conciliar la fe con
la ciencia médica. Así, por ejemplo, Eclo 38, 9-15. Este texto presenta la actitud
que debe tomar un creyente israelita cuando cae enfermo: - vigilancia y
confianza en el Señor, que cura (v. 9) - oración, ofrenda y conversión (vv. 9b-10) -
acudir al médico y seguir sus indicaciones (vv. 12-14).

Nuevo Testamento. En continuidad y distancia con el AT, corrige algunas ideas y


otras las lleva a cumplimiento. Las concepciones y el contexto cultural se
continúan, pero el significado y contenido se transforman por obra de Cristo, el
Siervo de Yahvé, el Ungido que carga con nuestras enfermedades y dolores.
Siempre en relación con el sufrimiento, la enfermedad se ve como escándalo y
algo que hay que combatir. No se rechaza que haya cierta conexión general entre
el pecado y la enfermedad (Mc 2, 5; Mt 9, 2: curación del paralítico), pero se niega
explícitamente una relación inmediata de causalidad entre el pecado personal y
la enfermedad (Jn 9, 3). El texto de Sgo 5,15, que estudiaremos más en detalle, no
afirma que el enfermo hubiera pecado necesariamente, sino que contempla esta
situación como una posibilidad. Las curaciones milagrosas de Jesús y los
discípulos son signos, anuncio y anticipo de una victoria definitiva sobre la
enfermedad, y en ese sentido de una liberación y salvación integral (esperanza
escatológica). Los “sumarios” de la actividad de Jesús subrayan el hecho de las
curaciones y lo ponen en relación con la predicación del Reino (son signos
mesiánicos). Las curaciones siguen a los discursos y confirman sus enseñanzas.

La unción de enfermos en el Nuevo Testamento. El NT remarca la atenta solicitud


de Jesús por los enfermos. Los Hechos de los Apóstoles lo resume diciendo:
“pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el demonio” (10,38). El
poder de Jesús sobre la enfermedad y la muerte manifiesta su condición
mesiánica, su victoria sobre el mal en todas sus dimensiones. Marcos subraya la
resonancia popular de las curaciones realizadas por Jesús: “Adonde entraba,
aldeas, ciudades o caseríos, ponían a los enfermos en las plazas y le pedían que
les dejase tocar al menos la orla de su manto, y todos los que lo tocaban
quedaban curados” (6,56). La curación de los enfermos es parte de la obra de
evangelización confiada por Jesús a los apóstoles: “Pondrán sus manos sobre los
enfermos y los curarán” (16,18). En Mc 6,12-13 aparece una alusión a la unción con
aceite: “Entonces fueron a predicar (los Doce), exhortando a la conversión;
expulsaron a muchos demonios y curaron a numerosos enfermos, ungiéndolos
con óleo.” - El óleo que habitualmente se usaba era el aceite de oliva, que en la
Biblia tiene varios usos y significados: cotidiano (alimento, combustible,
cosmético), consacratorio (de altares, reyes, sacerdotes), medicinal (cura las
heridas, alivia y calma el dolor: Is 1,6. parte del ritual funerario. - Por el contexto
de la frase, se da a entender que no se trata de una mera unción medicinal o
curativa en sentido habitual, sino que tiene carácter de rito y está relacionado
con el llamado a la conversión. - Suponiendo que los apóstoles practicaban este
rito por indicación de Jesús, se vio en este texto una “insinuación” del rito que
sería promulgado más adelante por Santiago: “Esta santa Unción de los
Enfermos fue instituida como verdadero y propio sacramento del NT por Cristo
nuestro Señor, insinuado en Marcos (Mc 6,13), pero recomendado a los fieles y
promulgado por Santiago Apóstol y hermano del Señor” (cf. Concilio de Trento,
Decreto sobre el sacramento de la extremaunción, DzH 1695).

El texto que constituye el lugar clásico de la UE en el Nuevo Testamento expresa


una doble presencia de solidaridad con el enfermo: la del Señor, que con su
gracia lo “salva” y “alivia”, y la de la Iglesia, que ora “por él” después de ungirle los
ancianos con el óleo en el nombre del Señor:

13Si alguien entre ustedes está afligido, que ore. Si está alegre, que cante salmos.
14Si está enfermo, que llame a los presbíteros de la Iglesia, para que oren por
(sobre) él y lo unjan con óleo en el nombre del Señor. 15La oración que nace de la
fe salvará (sósei) al enfermo, el Señor lo aliviará (egereî), y si tuviera pecados, le
serán perdonados. 16Confiesen mutuamente sus pecados y oren los unos por los
otros, para ser curados. La oración perseverante del justo es poderosa. 17Elías
era un hombre como nosotros, y sin embargo, cuando oró con insistencia para
que no lloviera, no llovió sobre la tierra durante tres años y seis meses.
18Después volvió a orar; entonces el cielo dio la lluvia, y la tierra produjo frutos. -

La exhortación que se refiere a los casos de enfermedad queda englobada dentro


del tema más amplio de la oración, que debe impregnar todos los momentos de
la vida del cristiano. - El contexto inmediato es escatológico; se invita a los
cristianos a vivir de acuerdo con la fe que tienen en la venida inmediata del
Señor (v. 8).

Elementos importantes que aparecen en el texto:

La oración. Ocupa un lugar central en el texto, como expresión de la referencia


que en toda circunstancia tiene el creyente hacia Dios. El sujeto de la oración no
es el enfermo, sino los presbíteros. Esta oración aparece como la acción
principal, en relación con la cual está subordinada la unción. Es a la oración a la
que se atribuye eficacia salvífica (v.15). Se subraya el poder de la oración, se invita
a perseverar en ella y se pone a Elías como ejemplo de hombre orante.

La enfermedad. El enfermo de que se trata es miembro de la comunidad (v. 13).


Del hecho de que haya que llamar a los presbíteros, se deduce que sea una
enfermedad suficientemente grave como para que no pueda moverse, pero no
hay indicio de que haya necesariamente peligro de muerte. La referencia al
posible perdón de los pecados no supone una relación inmediata entre los
pecados personales y la enfermedad.

Los presbíteros. Son representantes “oficiales” de la comunidad. No son


simplemente personas “ancianas”, sino que estamos frente a un término técnico
que indica a colaboradores de los Apóstoles, que tienen un cargo de
responsabilidad y una misión en la Iglesia, y que actuaban como “colegio
presbiteral”. Este carácter colegial permanece en la práctica de la Iglesia oriental,
donde la Unción debe ser administrada por varios ministros (idealmente 7, o al
menos 3). La presencia de los presbíteros produce un encuentro sensible del
enfermo con la comunidad personificada en este caso por sus dirigentes.

La oración por el enfermo. La expresión “oren sobre él” (proseuxásthôsan


ep'auton) indica generalmente una oración de tipo litúrgica, y por lo tanto con la
autoridad de la Iglesia. Al indicar que la oración se hace “sobre” el enfermo, se
está haciendo una posible referencia a una imposición de manos (epí: “epíclesis”).
Se aclara que la oración está basada en la fe y brota de ella. No es sólo la fe del
enfermo, ni es sólo la fe subjetiva de los presbíteros. Se trata más bien de la fe de
toda la Iglesia, que incluye la del enfermo y de los presbíteros. Se excluye todo
sentido mágico: el efecto hay que atribuirlo al Señor.

La unción con aceite. El hecho de que esta unción no tiene sólo un fin
terapéutico natural, sino más bien se trata de una acción simbólico-religiosa, se
deduce por: la estrecha conexión con la plegaria, en la que está enmarcada; la
presencia de los representantes oficiales de la comunidad; no es probable que la
unción con aceite se considere un recurso médico eficaz para cualquier tipo de
enfermedad. La unción se realiza “en el nombre del Señor”: indica la acción del
Resucitado. Invocar el nombre equivale a hacer presente a la persona nombrada
y su fuerza. Aquí hay una doble finalidad: especificar que la eficacia salvífica
viene del Señor; alejar todo posible sentido mágico o mecánico.

Salvación y fortalecimiento del enfermo. Se indican los efectos de la oración y la


acción del Señor con dos verbos (v. 15): sósei (salvará) y egereî (levantará). sósei:
La visión del autor corresponde a la tradición judía, que concibe la salvación
como un acontecimiento integral, que abarca a todo el hombre, como cuerpo y
espíritu. Parece difícil reducir el efecto a la curación corporal, que difícilmente
pueda ser prometida en todos los casos; quizás por eso el autor de la carta eligió
un verbo abierto a varios significados y que despierta diversas resonancias en
sus lectores. En cualquier caso, la salvación incluye siempre la comunión con
Dios incluso en la prueba de la enfermedad; puede llevar consigo la recuperación
de la salud, pero también el paso al reino eterno a través de la muerte. egereî: Se
excluye la resurrección de los muertos, porque se habla de enfermos, no de
muertos. No se lo puede limitar al uso en las curaciones milagrosas. Puede ser
un fortalecimiento espiritual y anímico, pero no excluye el fortalecimiento físico.
Es una ayuda que brinda el Señor al enfermo en su unidad y totalidad humanas.

El perdón de los pecados. Se trata de un efecto eventual “si tuviera pecados” (v.
15). No se presupone que el enfermo tenga necesariamente pecados que todavía
no le hubieran sido perdonados, por lo tanto, la oración con unción no está
reservada sólo a los pecadores. Además, no se plantea una unión causal entre la
enfermedad y el pecado. Confesión de los pecados y curación. La referencia a la
“confesión de los pecados” (v. 16) es más bien genérica, no parece incluir una
confesión de pecados al ministro, sino un signo de humildad y purificación. En
cuanto a la curación de la que se habla a continuación, puede significar el
perdón de los pecados, o la curación total (corpóreo-espiritual) del enfermo.

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