Unidad 2.
Responsabilidad Social Corporativa y Compliance
Introducción y objetivos
1. Contexto, antecedentes y definiciones
1.1. Contexto y antecedentes
1.2. Definiciones
2. Estado actual de la RSC: normativa y regulación
2.1. Introducción
2.2. Iniciativas privadas RSC en España
3. Sistemas de gestión de la RSC: empresa y grupos de interés (stakeholders)
4. Herramientas de implementación
Resumen
Introducción y objetivos
Desde principios de siglo, las empresas han querido poner de manifiesto su compromiso con el
entorno y con la sociedad, el cual afecta a la protección del medioambiente, al desarrollo
sostenible, la conciliación de la vida profesional y familiar, la prevención de riesgos laborales y
la salud laboral, la ética de los negocios, la transparencia, la reputación, etc. Todos estos
compromisos asumidos por las empresas integran la RSC de una empresa.
La implicación del empresario, demostrada en la aplicación de la RSC, va a provocar un
impacto positivo en la competitividad de la empresa, en sus resultados financieros, en la
imagen de marca, en la satisfacción del cliente y en la posibilidad de encontrar nuevos nichos
de mercado.
La RSC, el Compliance y buen gobierno corporativo son conceptos fundamentales en las empresas
que, si bien, tienen distintos ámbitos de influencia, deben ser desarrollados conjuntamente y de
forma transversal en toda organización.
Los objetivos de esta unidad son:
Conocer el concepto y el fundamento de la RSC.
Distinguir similitudes y diferencias entre la RSC y el cumplimiento normativo.
Conocer los distintos sistemas de gestión de la RSC.
Identificar herramientas de implementación.
1. Contexto, antecedentes y definiciones
1.1. Contexto y antecedentes
Con la introducción en nuestro Ordenamiento Jurídico de la responsabilidad penal de las
personas jurídicas, el legislador, si bien no impone ni obliga directamente, sí que recomienda a
las empresas la conveniencia de implantar Programas de cumplimiento penal que deben
incluir medidas de vigilancia y control idóneas para prevenir delitos o reducir de forma
significativa su comisión, que implican adoptar unas pautas de actuación o de conducta que,
en caso de incumplimiento, van a conllevar su responsabilidad independientemente de la que
deban asumir sus administrativos o directivos.
Las empresas tienen que hacer compatible el cumplimiento obligado de la normativa que les
afecte con la ética empresarial, y los estándares éticos que la sociedad y, en particular, los
consumidores, demandan.
Así, los empresarios, deben insertar en el seno de sus empresas no solo programas que
garanticen el cumplimiento de las normas, el cumplimiento normativo (Compliance) sino
también los estándares éticos que demanda la sociedad. Hoy en día, entre nuestros
empresarios existe una motivación clara hacia la idea de que no solo hay que ofrecer
productos de calidad al consumidor sino que han de ser productos que, respondiendo a las
necesidades del cliente, sean sostenibles.
Esta nueva concepción social del empresario, unida a la nueva normativa de responsabilidad
penal, hace que ambas estén íntimamente ligadas porque, con el Compliance, la empresa
acredita el cumplimiento de las normas dotándose de métodos de control y prevención de
riesgos, pero siempre en armonía y basándose en la ética, la transparencia y los principios
recogidos en su Código ético.
Por tanto, podemos apreciar la relación entre cumplimiento normativo y RSC y sus elementos
comunes como, por ejemplo, que ambas nacen de la autorregulación.
Uno de los instrumentos característicos de la incorporación de las políticas de RSC fue la
elaboración de Códigos de conducta donde la empresa se obligaba a actuar bajo determinados
principios éticos. Un ejemplo claro de esta autorregulación de las empresas podemos
apreciarlo en el sector del publicidad donde, de forma pionera, han desarrollado códigos de
autocontrol previo de los contenidos publicitarios creando un órgano al efecto que hace labor
de arbitraje para resolver los posibles conflictos.
Pero debemos tener claro cuáles son las diferencias: en la RSC tratamos de la aplicación
voluntaria de estándares éticos y de prácticas socialmente responsables que no pueden ser
aplicadas de forma coercitiva. En cambio, el cumplimiento normativo tiene como finalidad
garantizar que las sociedades mercantiles y sus administradores cumplan con la legislación
vigente, legislación de obligado cumplimiento, no siendo una materia dispositiva o de libre
aplicación para las mismas. A priori, la RSC se encarga de lo voluntario mientras que el
cumplimiento normativo se encarga de lo obligatorio.
La RSC tiene sus orígenes a finales de la década de los sesenta y primeros setenta, cuando
grupos de activistas sociales en Estados Unidos observaron que la inversión era una buena
fórmula para plantear temas de relevancia social a las empresas y de instarles a cambiar
comportamientos en la esfera de lo social y medioambiental. Era la época de la guerra de
Vietnam y de una carrera armamentística acelerada, de toma de conciencia de la existencia de
grandes daños en el medioambiente o de problemas sociales y raciales. En los años 80, la
inversión social en Estados Unidos y Reino Unido experimentó importantes avances, ayudada
en gran medida por las protestas contra el Apartheid en Sudáfrica. En los años 90, la RSC como
medida de respuesta a inquietudes sociales, comenzó a extenderse rápidamente, y
actualmente existen, tanto en Estados Unidos como en muchos países europeos, iniciativas
empresariales socialmente responsables que ofrecen una alternativa de inversión a un
creciente segmento de la sociedad sensible a estas cuestiones.
1.2. Definiciones
En la actualidad nos encontramos con diversas definiciones de la RSC emanadas de distintas
organizaciones:
Definición del Libro Verde de la Unión Europea: “Integración voluntaria, por parte de
las empresas, de la preocupaciones sociales y medioambientales en sus operaciones
comerciales y sus relaciones con sus interlocutores”.
Definición del World Business Council for Sustainable Development (EBCSD): “La RSC
es el compromiso que asume una empresa para contribuir al desarrollo económico por
medio de la colaboración con sus empleados, familias, la comunidad local y la
sociedad, con el objeto de mejorar la calidad de vida”.
Documento de AECA, Marco Conceptual de la RSC: "La Responsabilidad Social
Corporativa es el compromiso voluntario de las empresas con el desarrollo de la
sociedad y la preservación del medioambiente, desde su composición social y un
comportamiento responsable hacia las personas y grupos sociales con quienes
interactúa".
Definición dada por Business for Social Responsability (BSR): “La Responsabilidad
Social Empresarial se define como la administración de un negocio de forma que
cumpla o sobrepase las expectativas éticas, legales, comerciales y públicas que tiene la
sociedad frente a una empresa”.
El respeto de la legislación aplicable y de los convenios colectivos entre los interlocutores
sociales es un requisito previo al cumplimiento de dicha responsabilidad. Para asumir
plenamente su responsabilidad social, las empresas deben aplicar, en estrecha colaboración
con las partes interesadas, un proceso destinado a integrar las preocupaciones sociales,
medioambientales y éticas, el respeto de los derechos humanos y las preocupaciones de los
consumidores en sus operaciones empresariales y su estrategia básica, a fin de:
– maximizar la creación de valor compartido para sus propietarios/accionistas y para las
demás partes interesadas y la sociedad en sentido amplio.
– identificar, prevenir y atenuar sus posibles consecuencias adversas.
La complejidad de este proceso dependerá de factores como el tamaño de la empresa y la
naturaleza de sus operaciones. Para la mayoría de las pequeñas y medianas empresas,
especialmente las microempresas, es probable que el proceso de RSE siga siendo informal e
intuitivo.
De las distintas definiciones que hemos mencionado se puede concluir que:
• La RSC es algo variable en el tiempo y su aplicación dependerá de circunstancias como
el contexto socioeconómico, el sector de actividad en el que se encuentre incursa la
empresa y otros muchos factores.
• Se trata de una nueva concepción de la empresa, entroncada dentro de la sociedad: la
capacidad para operar le viene dada por la sociedad y por lo tanto debe responder a
las demandas de esta en un entorno global en el que el papel de la empresa cada vez
es más preponderante y tiene una mayor influencia en el desarrollo socioeconómico.
• Existe un acuerdo sobre las áreas temáticas que abarca la RSC: social, económica y
medioambiental. No obstante la RSC es un concepto amplio en el que se relacionan
aspectos concretos como la protección medioambiental, los derechos humanos, la
protección a la salud y a los consumidores, la ayuda a la comunidad, el respeto a las
reglas del mercado y el desarrollo social.
• Carácter global de la RSC: afecta a todas las áreas de negocio de la empresa y sus
empresas participadas (empresas del grupo), y en todas las áreas geográficas en donde
desarrollen su actividad. Afecta, por tanto, a toda la cadena de valor necesaria para el
desarrollo de la actividad, prestación del servicio o producción del bien, lo cual ha de
incluir especialmente a los proveedores y subcontratistas que mantienen una relación
importante de dependencia respecto de la empresa matriz.
2. Estado actual de la RSC: normativa y regulación
2.1. Introducción
Muchas empresas, para corregir los impactos negativos que generan en el desarrollo de su
actividad, han optado por la fórmula de la autorregulación a través de los denominados
Códigos éticos o de Códigos de conducta. La clave está en si este mecanismo es eficiente por sí
solo, es decir, suficiente para corregir los defectos de mercado y los problemas derivados de
una economía que se asienta sobre una base global. Estas iniciativas son de carácter positivo,
pero del todo insuficientes por varios motivos:
1. Cuando bienes públicos como los derechos humanos y ambientales, están en juego
entramos en la esfera de la legalidad y por tanto son aspectos que no deben entrar o
posicionarse en la esfera de voluntariedad en base a un sistema de autorregulación.
Son los Estados los responsables máximos de preservar estos bienes públicos. Para
evitar estos atentados deben habilitar toda su maquinaria jurídica y ejecutiva,
independientemente de que el sujeto pasivo del hecho punible sea una persona física
o jurídica, o del lugar donde el delito se produzca. La Comisión Europea en su Libro
Verde dice textualmente: “[…] la responsabilidad social de las empresas no se debe
considerar sustitutiva de la reglamentación o legislación sobre derechos sociales o
normas medioambientales, ni permite tampoco soslayar la elaboración de nuevas
normas apropiadas. En los países que carecen de tales reglamentaciones, los esfuerzos
se deberían centrar en la instauración del marco legislativo o reglamentario adecuado
a fin de definir un entorno uniforme a partir del cual desarrollar prácticas socialmente
responsables”.
2. Si el mercado fuese eficiente y tuviese capacidad para trasladar una información
transparente y suficiente al inversor y consumidor, los Códigos de conducta se
conformarían como instrumentos válidos para el desarrollo de la RSE dado que se basa
en el valor de los intangibles en la empresa. Pero, la realidad es que los mercados son
imperfectos y no son capaces de trasladar esa información. Por lo tanto, no son
capaces de dotar de suficientes elementos de juicio al ciudadano que influyan en sus
hábitos de compra e inversión. Los únicos sistemas actuales de certificación de la RSE
son los proporcionados por las agencias de calificación social especializadas –Eiris, SIRI,
KLD, Sam Group, Innovest…- y los denominados índices éticos. No obstante, ambos
carecen de una fiabilidad plena, ya que una parte importante de su calificación se basa
en informaciones proporcionadas, de forma unidireccional, por la empresa.
3. Entendemos que la RSE, a largo plazo, genera valor pero en un corto plazo no está
probada. Sin embargo, el mercado exige resultados inmediatos: las empresas
cotizadas están en manos de instituciones de inversión colectiva (fondos de inversión y
de pensiones) o de empresas financieras que buscan un beneficio a corto plazo. Esto
provoca una fuerte presión sobre los administradores y ejecutivos de las empresas,
que se ven condicionados a tomar decisiones que primen los resultados económicos
sobre cualquier otro aspecto. Lo que condiciona el desarrollo efectivo de mecanismos
y procedimientos que garanticen el cumplimiento de los Códigos de conducta.
2.2. Iniciativas privadas RSC en España
Las iniciativas que se llevan a cabo en España para impulsar la RSC son recientes y muy
diversas. En ellas trabajan tanto las propias empresas como la Administración y otras
organizaciones representativas de la sociedad civil. Para realizar un diagnóstico de la situación
de la RSC en España es necesario clasificar las iniciativas entre públicas y privadas.
Iniciativas privadas de RSC en España:
Son muchas las iniciativas nacidas desde el sector privado que buscan el desarrollo y la
implantación de políticas de RSC. Conviene distinguir las que parten de la sociedad civil y las
que son promovidas por la empresa.
En el ámbito de la empresa se han creado recientemente departamentos de reputación
corporativa y de RSC. También son muchas las empresas que se han agrupado en foros. Los
más destacables son:
• Club de Excelencia en Sostenibilidad: Es una asociación empresarial compuesta por un
grupo de grandes empresas que apuestan por el crecimiento sostenido desde el punto
de vista económico, social y ambiental, que surge con el objetivo de ser foro de
diálogo, plataforma de contraste y transmisora de buenas prácticas para el desarrollo
sostenible.
• Foro de Reputación Corporativa: Fundado en septiembre de 2002, es lugar de
encuentro, análisis y divulgación de tendencias, herramientas y modelos de gestión de
la reputación corporativa. El FRC está constituido por un grupo relativamente reducido
de compañías cuya vocación es trabajar estrecha y eficazmente, aprendiendo unas de
otras y desarrollando proyectos conjuntos que les permitan crear valor a través de la
gestión de los intangibles. Cada empresa decide, en función de su situación y
prioridades, hasta qué punto se involucra en cada proyecto. El interés del FRC por la
reputación surge del convencimiento del impacto que ésta tiene como elemento
generador de valor para las empresas y sus grupos de interés.
• La Asociación Española del Pacto Mundial (ASEPAM): Se creó el 15 de noviembre de
2004, durante la Asamblea Constituyente, momento en el que los firmantes acordaron
por mayoría constituirse como asociación. La red Española se convierte a partir de ese
momento en una de las primeras plataformas mundiales de esta naturaleza y
características. Se trata de una de las redes más activas y destaca por su modelo
multistakeholder que agrupa a distintos grupos de interés: empresas, ONG, sindicatos,
instituciones académicas y organismos sociales.
• Forética: Asociación de empresas y profesionales de la RSE en España con la misión de
fomentar la cultura de la gestión ética y la responsabilidad social dotando a las
organizaciones de conocimiento y herramientas útiles para desarrollar con éxito un
modelo de negocio competitivo y sostenible.
En el ámbito académico y formativo, las escuelas de negocio lideres en España (IESE, ESADE, y
el Instituto de Empresa) han habilitado líneas de formación para directivos en RSC. En el
mundo universitario se asiste a la aparición de cursos de experto y Máster en RSC. Son varias
las universidades que en sus planes de estudio de posgrado ofertan cursos de este tipo. Entre
las iniciativas más destacables: el Máster de RSC impartido conjuntamente por la UNED y la
Universidad Jaume I y el dirigido por el CIFF (Centro Internacional de Formación Financiera
vinculado con la Universidad de Alcalá de Henares). También se han creado cátedras en
sostenibilidad y RSC, entre ellas cabe mencionar las cátedras de análisis de la RSC de la
Universidad Nebrija, de la UNED y de la Universidad de Alcalá de Henares. Por último
mencionar el trabajo de diferentes grupos de investigación de la universidad española: UNED,
Jaume I, Sevilla, Universidad de Barcelona, etc.
También es destacable el trabajo de información, sensibilización, investigación e incidencia
realizado desde la sociedad civil a través de fundaciones como Economistas sin Fronteras,
Amnistía Internacional, Intermón Oxfam, SETEM...; o la creación de redes como el
Observatorio de Responsabilidad Social Corporativa, que representa a diversas instituciones de
la sociedad civil y da voz a una amplia representación de los grupos de interés de la empresa
española.
La organización de consumidores CECU junto con el Observatorio de RSC, realiza bianualmente
un estudio sobre la opinión y valoración que los consumidores tienen sobre la RSC de la
empresa en España.
3. Sistemas de Gestión de la RSC: empresa y grupos de interés (stakeholders)
La RSC tiene que aplicarse en el marco de la gestión empresarial. Actualmente existen normas
de gestión y certificación que ayudan al proceso de aplicación de la RSC dentro de la estrategia
empresarial.
En primer lugar hay que identificar y valorar los grupos de Interés con los que la empresa tiene
relación o también llamados stakeholders.
Este concepto se refiere a todos aquellos sectores que se ven afectados por los impactos
derivados de la actividad de la empresa en el ámbito social, económico, medioambiental y de
los derechos humanos.
Básicamente los grupos de interés se consideran que son:
• Accionistas.
• Consumidores.
• Clientes.
• Proveedores.
• Empleados.
• Generaciones futuras.
• Comunidades locales.
• Administraciones Públicas y Gobiernos.
• Sociedad en general.
Para determinar los stakeholders de cada empresa en particular debemos atender al:
• Contexto geopolítico en donde desarrolla su actividad.
• Sector en el que está desarrollando su actividad.
Una vez identificados debemos clasificarlos en función del impacto que están soportando y del
riesgo que supone para la empresa una gestión inadecuada de sus demandas. De esta manera
la empresa podrá priorizar aquellas actuaciones más importantes para la empresa en materia
de RSC.
Posteriormente, para conocer esas demandas, se deben generar mecanismos de diálogo y
comunicación por parte de la empresa. Estos procesos serán diferentes en función del grupo
de interés con el que se esté tratando.
Del estudio de la influencia e importancia de los propios grupos de interés, saldrán definidas
las prioridades estratégicas en RSC para la entidad.
A la hora de establecer estas estrategias debemos preguntarnos:
• ¿Qué grado de organización e independencia tiene el grupo de interés?
• ¿Qué importancia tiene el grupo de interés en relación a la propia actividad productiva
de la empresa?
• ¿Qué capacidad de influencia informal tiene el grupo de interés?
• ¿Qué grado de influencia tiene el grupo de interés en la optimización del triple
resultado (económico, social y medioambiental) por parte de la empresa?
Una vez obtengamos nuestras respuestas podremos elaborar una matriz de actuaciones
posibles a desarrollar.
En todo caso debemos ponernos como finalidad establecer un proceso planificado y
desarrollado para coordinar las actividades dentro de una organización y conseguir alcanzar la
máxima eficiencia interna y externa.
De todo ello, podemos concluir, que un sistema de gestión, puede ser aplicado a cualquier tipo
de organización, ajustando siempre los parámetros a su propia idiosincrasia.
En primer lugar, y con carácter fundamental elaboraremos un diagnóstico de gestión para
posteriormente poder desarrollar los mecanismos adecuados que nos permitan conseguir los
objetivos que nos habíamos propuesto. Debemos basar nuestro sistema de gestión en:
1. Adecuada planificación de objetivos a cumplir.
2. Sistemas de organización adecuados a la empresa en concreto para conseguir esos
resultados. Tener en cuenta: el sector en el que actúa, tamaño, forma jurídica…
3. Establecer un control que certifique la obtención de los objetivos propuestos.
4. Herramientas de implementación
La empresa ha de planificar las medidas de actuación, aplicarlas y evaluar los resultados
obtenidos para, en su caso, corregir efectos negativos o bien proponerse metas futuras.
Por ello, debemos realizar un modelo de gestión que se adapte a las nuevas demandas sociales
que supone, no una actividad puntual sino una labor continua y constante.
Si seguimos unas pautas correctas y eficaces conseguiremos una transformación en la cultura y
gestión empresarial que reportará grandes beneficios y la satisfacción de realizar nuestra
actividad conforme a nuestros principios y valores.
Para ello, conviene desarrollar nuestra gestión de RSC de forma ordenada por lo que podemos
distinguir las siguientes fases:
PRIMERA FASE
Lo primero es informarnos sobre el estado actual de la empresa: hemos de revisar los valores y
políticas de la empresa en concreto con la que vamos a trabajar identificando y sistematizando
también sus grupos de interés para así poder definir en particular qué capacidades puede
cumplir en este ámbito.
En ocasiones, la empresa ya tiene implementados valores y actividades relativas a la RSC,
incluso a veces, desconociéndolo, que habría que mantener, incluso reforzar y por otro lado,
tendremos que detectar las carencias que habría que paliar.
Por tanto, y como paso previo, debemos evaluar a través de entrevistas con los miembros que
la integran la situación global y los aspectos relacionados con la RSC. Por ejemplo, sería
conveniente hacer un diagnóstico real sobre cuestiones como la gestión de recursos humanos,
seguridad en el trabajo, gestión del impacto medioambiental, políticas en relación con las
personas con discapacidad, etc. O incluso pueden realizarlo las propias empresas aportando un
autodiagnóstico de su situación.
SEGUNDA FASE
Una vez conocido el estado actual de la empresa, tenemos que analizar los grupos de interés,
sus necesidades y expectativas para poder orientar la gestión de la RSC en una determinada
dirección y así poder satisfacer tales necesidades y compaginarlas con la estrategia de la
empresa.
De forma genérica, las necesidades de los distintos grupos de interés se suelen centrar en:
• Accionista e inversores: fundamentalmente obtener beneficios que provengan de una
gestión socialmente responsable
• Empleados: suelen manifestar en las entrevistas que, entre sus intereses y
necesidades prima un buen clima laboral, seguridad en el trabajo y ambiente saludable
así como beneficios y medidas que mejoren su calidad de vida como, por ejemplo, la
conciliación con la vida familiar.
• Clientes y consumidores: pretenden la obtención de productos seguros y de calidad
en cuya elaboración se hayan respetado el medioambiente y los derechos humanos así
como, obviamente, un buen precio.
• Proveedores: aprecian particularmente establecer relaciones duraderas con empresas
que sean socialmente responsables porque ello redunda también en su propia imagen.
• Entorno local: valoran que las actividades de la empresa contribuyan al bienestar
social creando puestos de trabajo en la zona y el apoyo a las actividades de la sociedad
local así como el respeto al entorno.
• Alta dirección: establecer una estrategia de éxito que combine la obtención de
beneficios con una conducta irreprochable que contribuya a la buena imagen de la
marca.
TERCERA FASE
Las pautas obtenidas en los puntos anteriores guiarán la estrategia que debemos tener en
cuenta al elaborar el plan determinando las áreas en las que va a actuar la RSC y las políticas
de actuación a implantar. Es importante dejar claro en esta fase tanto las medidas como los
plazos de actuación. Para ello, debemos preguntarnos:
• ¿Qué queremos conseguir?
• ¿Cómo lo vamos a conseguir?
• ¿En qué plazos los vamos a implantar?
Una vez elaborado el catálogo con los objetivos propuestos es necesario jerarquizarlos en
función de las medidas que reporten mayores beneficios a la empresa y sus grupos de interés.
Así, una vez establecidos los objetivos por jerarquía especificar la temporalización y el coste de
la implementación de las medidas.
Ya disponemos de los puntos esenciales para elaborar la ruta que nos permita la implantación
de forma ordenada y adecuada en cada área de la empresa.
CUARTA FASE
En este punto, debemos elaborar un informe con los resultados obtenidos de las tres primeras
fases para poder ponerlo en conocimiento de los responsables de la empresa y sus empleados
afectados por tales medidas. Por ejemplo:
• En el área económica: el Gobierno Corporativos, la relación con socios, proveedores y
cliente.
• En el área social estableciendo políticas de igualdad de oportunidades, de prevención
de riesgos laborales así como pautas para conseguir la conciliación familiar (flexibilidad
de horarios, fomentar el teletrabajo, servicios de apoyo al empleado…)
• En relación con el medioambiente: contribuir a la protección del medioambiente y
evitar riesgos a nuestro entorno. Por ejemplo: la eficiencia energética, ahorro de agua,
reducción de emisiones…
QUINTA FASE
Por último, es de vital importancia el adecuado mantenimiento, control y supervisión del
proyecto: detectar las medidas que han obtenido el éxito esperado, las que no han funcionado
y las posibles medias a aplicar en el futuro. La empresa debe realizar una Memoria de
Sostenibilidad o Informe de Evaluación que se dará a conocer a los grupos de interés. Este nos
servirá como herramienta de seguimiento y mejora para ver y determinar qué objetivos va
logrando la empresa en materia de RSC. Nos permitirá eliminar todas las debilidades y
fortalecer los éxitos.
Resumen
RSC y Compliance son materias diferenciadas en cuanto a su ámbito de influencia, mientras
que la RSC se refiere a estándares de asunción voluntaria por parte de la empresa, el
Compliance conlleva un obligado cumplimiento normativo, esto es, todo el conjunto de
normas de derecho positivo que imponen conductas y comportamientos a las empresas pero
ambas tienen un elemento común: su carácter transversal.
Con todo ello, RSC, Compliance y buen gobierno corporativo son conceptos que las empresas,
en la actualidad, no pueden ignorar. Forman parte de las responsabilidades de los altos cargos
de gobierno de las empresas y cada vez con más frecuencia, ocupan un lugar importante e
ineludible en la agenda de los Consejos de Administración.
La identificación de potenciales riesgos de incumplimiento y la identificación de intereses de
carácter social ha de hacerse en la empresa en su conjunto, abarcando toda su esfera de
influencia, pudiendo incluso realizarse tales identificaciones de forma coordinada por lo que
consideramos conveniente evolucionar hacia un sistema de gestión de riesgos, no solo penal,
sino transversal, basado en una política de Responsabilidad Social Corporativa seria, realista y
consecuente no solo con los intereses y política de cumplimiento de la compañía sino también
en todas sus áreas de influencia.