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Segundo Gobierno de Augusto Leguía

El documento describe el segundo gobierno de Augusto B. Leguía en Perú entre 1919 y 1930, conocido como el Oncenio. Leguía gobernó de forma dictatorial aunque se presentó como un gobierno constitucional. Realizó obras públicas y modernización del país con préstamos externos pero también restringió libertades y persiguió opositores.

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Segundo Gobierno de Augusto Leguía

El documento describe el segundo gobierno de Augusto B. Leguía en Perú entre 1919 y 1930, conocido como el Oncenio. Leguía gobernó de forma dictatorial aunque se presentó como un gobierno constitucional. Realizó obras públicas y modernización del país con préstamos externos pero también restringió libertades y persiguió opositores.

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SEGUNDO GOBIERNO DE AUGUSTO LEGUÍA (1919 - 1930.

Oncenio de Leguía

El Oncenio de Leguía fue la época del gobierno de Augusto B. Leguía en el Perú,


entre 1919 y 1930. Se caracterizó por el desplazamiento del civilismo como fuerza
política predominante, el culto a la personalidad y un estilo de gobierno dictatorial y
populista. En lo económico se dio una gran apertura al capital extranjero, especialmente
el estadounidense. Fortaleció al Estado, inició la modernización del país y emprendió un
vasto plan de obras públicas, financiadas mediante empréstitos y cuyo fin inmediato fue
festejar apoteósicamente el Centenario de la Independencia del Perú en 1921. En el
aspecto ideológico, se produjo el derrumbe de los partidos tradicionales y el surgimiento
de nuevas corrientes, como el aprismo y el socialismo.

Leguía había ya sido presidente constitucional entre 1908 y 1912. Su segundo gobierno
iniciado en 1919 se prolongaría por once años, ya que, tras sendas reformas
constitucionales, se reeligió en 1924 y en 1929. Por eso se le conoce como el oncenio,
nombrado por el como "Patria Nueva"

El Oncenio se divide en los siguientes períodos:

 Gobierno Provisional (4 de julio de 1919 – 12 de octubre de 1919).


 Primera elección (12 de octubre de 1919 – 12 de octubre de 1924).
 Segunda elección (12 de octubre de 1924 – 12 de octubre de 1929).
 Tercera elección (12 de octubre de 1929 – 25 de agosto de 1930).

Su último periodo se vio interrumpido por un golpe de estado perpetrado por los
militares, encabezados por el comandante Luis Miguel Sánchez Cerro.

Ascenso al poder de Augusto B. Leguía (1919)


En las elecciones de 1919, convocadas por el entonces presidente José Pardo, se
presentaron como candidatos Antero Aspíllaga (presidente del Partido Civil y candidato
oficialista) y Augusto B. Leguía (candidato de oposición). Los comicios se realizaron
en un ambiente tranquilo y la tendencia apuntaba a que Leguía sería el triunfador. Pero
hubo denuncias de vicios y defectos de parte de ambas candidaturas y el asunto pasó a
la Corte Suprema, que anuló miles de votos que favorecían a Leguía. Hubo el riesgo de
que las elecciones fueran anuladas por el Congreso, el cual debía ser entonces el
encargado de elegir al nuevo presidente. El panorama no era muy alentador para Leguía,
pues sus adversarios políticos dominaban el Congreso. Otra preocupación de Leguía era
enfrentar una mayoría opositora en el parlamento, como había ocurrido en su primer
gobierno.

Todo ello empujó a Leguía a dar un golpe de estado, lo que se consumó en la


madrugada del 4 de julio de 1919. Contando con el apoyo de la gendarmería y la
pasividad del Ejército, los leguiístas asaltaron Palacio de Gobierno, apresaron al
presidente Pardo, lo llevaron a la Penitenciaría y finalmente lo deportaron a Estados
Unidos. Acto seguido, Leguía se proclamó presidente provisorio. El Congreso fue
disuelto.

Leguía convocó inmediatamente a un plebiscito para someter al voto de la ciudadanía


una serie de reformas constitucionales que consideraba necesarias; entre ellas se
contemplaba elegir al mismo tiempo al presidente de la República y al Congreso, ambos
con períodos de cinco años (hasta entonces, el mandato presidencial era de cuatro años
y el parlamento se renovaba por tercios cada dos años). Simultáneamente convocó a
elecciones para elegir a los representantes de una Asamblea Nacional, que durante sus
primeros 30 días se encargaría de ratificar las reformas constitucionales, es decir, haría
de Congreso Constituyente, para luego asumir la función de Congreso ordinario.

La Asamblea Nacional se instaló el 24 de septiembre de 1919 y fue presidida por el


sociólogo y jurisconsulto Mariano H. Cornejo. Una de las primeras labores de dicha
Asamblea fue hacer el recuento de votos de las elecciones presidenciales, tras lo cual
ratificó como ganador a Leguía, quien fue proclamado presidente constitucional el 12 de
octubre de 1919.

La Constitución de 1920

En la Asamblea Nacional se aprobó la Constitución de 1920, que reemplazó a


la Constitución de 1860.

La nueva Constitución estableció un periodo presidencial de cinco años (aunque por el


momento no contemplaba la reelección inmediata); la renovación integral del
parlamento paralela a la renovación presidencial; los congresos regionales en el norte,
centro y sur; el régimen semiparlamentario; la responsabilidad del gabinete ante cada
una de las cámaras; el reconocimiento de las comunidades indígenas; la imposibilidad
de suspender las garantías individuales, etc.
Una de las características más importantes de esta Constitución fue su protección de los
pueblos y comunidades indígenas. Así en el artículo 58 de dicha Constitución se
establece que:

“El estado protege al estado indígena y distara leyes especiales para su desarrollo,
cultura en armonía con sus necesidades. La nación reconoce la existencia legal de las
comunidades indígenas y la ley declaro los derechos que les corresponden”.

A su vez el artículo 41 consignaba que los bienes de las comunidades indígenas son
imprescriptibles, protegiendo de esa manera las tierras de propiedad comunal.

Pero muchas de las innovaciones constitucionales de corte progresista no fueron


implementadas y quedaron solo en el papel.

Instauración de la dictadura

Pese a que en teoría Leguía quiso sujetarse a la Constitución y realizar un gobierno con
respeto a los principios democráticos, en la práctica su gobierno restringió las libertades
públicas. En septiembre de 1919, las imprentas de los diarios El Comercio y La
Prensa fueron asaltadas por turbas con evidente dirección gobiernista. La Prensa,
donde se había parapetado la oposición, fue confiscada. De ese modo, la libertad de
expresión quedó prácticamente sometida. También se barrió con la oposición en el
Congreso, que quedó sometida al Ejecutivo. Los diputados Jorge y Manuel Prado y
Ugarteche, el primero por la provincia de Dos de Mayo, y el segundo por la de
Huamachuco, fueron apresados y exiliados.

De otro lado, acabó con las Municipalidades elegidas por voto popular para
reemplazarlas por personal designado por el gobierno (las llamadas Juntas de Notables).

Los opositores al gobierno fueron perseguidos, presos, deportados y hasta fusilados.


Destacan entre los desterrados el entonces joven líder estudiantil Víctor Raúl Haya de la
Torre, que encabezó la célebre protesta en Lima contra la consagración al gobierno del
Sagrado Corazón de Jesús del 23 de mayo de 1923, en la que fallecieron un obrero y un
estudiante. En el exilio, Haya fundó el APRA, partido de proyección continental
inicialmente de ideario antiimperialista y anti oligárquico. Otros opositores al gobierno,
como los jóvenes periodistas José Carlos Mariátegui y César Falcón, fueron enviados a
Europa en calidad de becados. Mariátegui, de regreso al Perú, ya imbuido de marxismo-
leninismo, fundó el Partido Socialista Peruano.
Otros exiliados fueron el coronel Óscar R. Benavides (expresidente del Perú), Arturo
Osores, Luis Fernán Cisneros y Víctor Andrés Belaúnde. La isla de San Lorenzo, frente
al Callao, fue habilitada como prisión pública donde se confinó a los opositores, sean
estos profesionales civiles, militares o estudiantes. La isla de Taquile, en el Lago
Titicaca, cumplió el mismo fin.

La modernización del país

La modernización del país ya había sido tanteada por gobiernos anteriores, pero bajo el
Oncenio de Leguía se dio su impulso definitivo. Las principales bases de este salto
modernizador fueron las siguientes:

 El Estado, que se convirtió en el motor del desarrollo. Leguía consideró que el


Estado debía fortalecerse e intervenir de una manera más dinámica y dominante,
para promover la prosperidad del país. Se distanció así del modelo de Estado del
civilismo, el mismo que se había apoyado en las teorías liberales. De esa manera el
Presupuesto de la República creció enormemente, es decir, el Estado amplió
radicalmente sus gastos, con el fin de implementar un vasto programa de obras
públicas.
 El retorno de la política de los grandes empréstitos, algo que no ocurría en el Perú
desde las décadas de 1860 y 1870. El mal recuerdo de estos últimos empréstitos,
que habían provocado la bancarrota previa a la guerra con Chile, quedó superado y
el gobierno concertó enormes empréstitos con la banca estadounidense, con los que
financió su vasto plan de obras públicas. Se inició así la dependencia del Perú al
capitalismo estadounidense que inevitablemente le obligaría a subordinarse a todo
interés de dicha potencia, (ejemplo de esto último fue el Laudo de París y la
solución del conflicto con Colombia, como veremos más adelante).
HECHOS RELEVANTES

El problema de la Brea y Pariñas. El Laudo de París

Leguía encaró el espinoso asunto de la La Brea y Pariñas. Este era un pleito que
consistía en que la compañía estadounidense International Petroleum Company (IPC,
filial de la Standard Oil de New Jersey) explotaba los yacimientos petrolíferos de La
Brea y Pariñas (norte del Perú) sin aportar al fisco el monto real de los impuestos a los
que estaba obligada según la ley peruana, aprovechando un antiguo error en la mensura
de las pertenencias. El Congreso en 1918 había acordado que el asunto se sometiera a
un arbitraje internacional. Pero Leguía, presionado por el gobierno estadounidense,
prefirió llegar a un acuerdo transaccional. Este fue firmado el 2 de marzo de 1922, entre
el canciller peruano Alberto Salomón y el representante inglés Mr. A. C. Grant Duff.
Este Convenio Transaccional Salomón-Grant Duff fue presentado al Tribunal Arbitral,
que se reunió en París y estuvo conformado por el Presidente de la Corte Federal Suiza
y los representantes del gobierno peruano e inglés. El 24 de abril de dicho año de 1922,
sin mayor discusión, aprobaron el Convenio Transaccional al que otorgaron el carácter
de Laudo cuyas condiciones obligaban a las altas partes contratantes como solución a la
controversia surgida. Los acuerdos del llamado Laudo de París eran los siguientes:

1. La propiedad de "La Brea y Pariñas" comprendía una extensión de 41.614


pertenencias y abarcaba el suelo y subsuelo o zona mineralizada.
2. Los propietarios y arrendatarios abonarían durante 50 años la cantidad de treinta
soles anuales por pertenencia en trabajo y un sol por pertenencia no trabajada.
Las pertenencias que dejaran de ser explotadas pagarían un sol y las que fueran
abandonadas pasarían a poder del gobierno.
3. Los propietarios y/o arrendatarios pagarían el impuesto de exportación
correspondiente, el que no podría ser aumentado durante veinte años.
4. Los propietarios solo pagarían un millón de pesos, oro americano, por
contribuciones devengadas al 31 de diciembre de 1921. A su vez el gobierno del
Perú dejaba sin efecto resoluciones anteriores que se opusieran al espíritu y
ejecución de lo estipulado en el Laudo.

Este laudo arbitral era, a todas luces, adverso a los intereses del Perú, pues establecía un
régimen de excepción tributaria para los dueños y explotadores de La Brea y Pariñas. El
Fisco dejó así de recibir sustanciosas cantidades de dinero como impuestos. El gobierno
de Leguía sentó así un precedente de sumisión a los intereses estadounidenses que daría
motivo a protestas nacionalistas a lo largo de varias décadas.

Cesión A Perpetuidad De Los Ferrocarriles A La Peruvian Corporation

Otro convenio controversial fue el firmado con la Peruvian Corporation. Esta compañía
inglesa tenía a su cargo desde 1890 la explotación de los ferrocarriles nacionales, que
debía ser por un plazo determinado, según lo estipulado en el Contrato Grace. En 1907,
dicho plazo fue extendido hasta 1973. Sin embargo, en 1928, el gobierno de Leguía
firmó con la Peruvian un nuevo contrato de permuta, por el cual le cedía a perpetuidad
los ferrocarriles nacionales a cambio de algunas compensaciones. En la década de 1970,
bajo el gobierno de la Fuerza Armada, se puso término a esta situación con la
estatización de los ferrocarriles y su explotación a través de la empresa estatal Enafer
Perú.

Las Reelecciones

Cuando se acercaba el fin de su mandato en 1924, Leguía hizo reformar el artículo de la


Constitución que prohibía la reelección presidencial inmediata, contando con el apoyo
de un sumiso Congreso. Hasta Germán Leguía y Martínez, primo suyo y ministro de
Gobierno, se opuso a dicho plan reeleccionista, por lo que sufrió prisión y destierro.
Barrida toda oposición, Leguía fue reelegido en elecciones que no contaron con garantía
alguna y juró un nuevo periodo presidencial de cinco años (1924-1929).

En 1929, acercándose el fin de su segundo gobierno consecutivo, Leguía propuso


reformar nuevamente la Constitución, para permitir su reelección indefinida. El
Congreso realizó la enmienda y Leguía fue reelegido en otras elecciones fraudulentas,
para un tercer periodo consecutivo de cinco años, pero que solo duraría hasta 1930.

Las rebeliones en provincias

La oposición contra el régimen leguiísta fue en aumento. Estallaron rebeliones en


provincias: en Cuzco, Puno, Loreto, Apurímac, Huacho, Chicama, y sobre todo en
Cajamarca.

 El 5 de agosto de 1921 estalló en Iquitos un pronunciamiento encabezado por el


capitán Guillermo Cervantes, quien asumió la prefectura y enfrentó a las fuerzas
gobiernistas enviadas para someterlo. Pero la falta de apoyo del resto del país, el
temor de la población civil y la deficiencia moral de sus soldados, obligaron a
Cervantes a retirarse al Ecuador (enero de 1922).
Rebeliones de indígenas

Pese a que Leguía fundó el Patronato de la Raza Indígena y mostró su interés en


legalizar a las comunidades, durante su gobierno se produjeron muchas rebeliones de
indígenas, que fueron suprimidas severamente. Una de las razones del descontento fue
la Ley de Conscripción Vial, que obligaba a la población a trabajar como peones en las
obras viales. Otra razón fue el abuso del gamonalismo, un sistema de explotación de los
campesinos de las haciendas, caracterizado por su productividad y rentabilidad, el
derroche de fuerza de trabajo y la exclusión cultural de sus peones agrícolas. Los
gamonales ostentaban un apreciable poder local y eran los más firmes propagadores de
la tesis de la inferioridad racial del indígena, tachándola de vicios que ellos mismos
procuraban mantener, como la ignorancia, el consumo de alcohol y coca. Las
comunidades indígenas seguían, sin embargo, subsistiendo pese a que los gamonales
hacían todo el esfuerzo por arrebatarles sus tierras y reducir al indio a la condición de
siervo. En 1921 hubo matanzas de indígenas en Layo y Tocroyoc (Cuzco). Entre 1922 y
1927 hubo una serie de sublevaciones en Ayacucho, La Mar, Tayacaja, Huancané,
Azángaro y Quispicanchis.

ECONOMÍA
Los rasgos económicos más importantes del Oncenio de Leguía fueron:

1. El gradual, pero contundente desplazamiento del capital británico por el


norteamericano, que, si bien se inició con la fuerte inversión en la Cerro de Pasco
Corporation durante el gobierno de López de Romaña, alcanzo su apogeo con el
oncenio de Leguía.
2. La consolidación de los enclaves o concesiones de nuestro territorio y soberanía a
empresas extranjeras para que exploten nuestros recursos naturales. La entrega a
perpetuidad de los ferrocarriles según la ley 6281 de noviembre de 1924. La
dictadura descarto el acuerdo de concesión por 66 años de nuestros ferrocarriles a la
Peruvian Corporation y le concedió para siempre la administración.
3. El abuso del endeudamiento externo promocionado por EE.UU. que necesitaba
expandir sus áreas de inversión, incluso indirecta (empréstitos a gobierno) sin
preocuparse de la productividad de los proyectos financiados por el gobierno sino de
la colocación- interés y garantías.
4. La injerencia creciente del gobierno norteamericano y sus técnicos en diferentes
aspectos de la vida nacional durante el Oncenio de Leguía.
5. Presiones de la banca privada principalmente extranjera cuyos intereses
prevalecieron para la creación del Banco de Reserva del Perú el 9 de marzo de 1922
sobre el molde del Federal Reserve Bank de EE.UU. En el directorio del Banco de
Reserva se acreditaron 10 directores: 7 de la banca privada en especial extranjera y 3
del estado.

CONCLUSIÓN
El Oncenio de Leguía fue la época del gobierno de Augusto B. Leguía en el Perú, entre
1919-1930. Se caracterizó por el desplazamiento del civilismo como fuerza política
predominante, el culto a la personalidad y un estilo de gobierno dictatorial y populista.
Leguía había ya sido presidente constitucional entre 1908-1912. Su segundo gobierno
iniciado en 1919 se prolongaría por once años, ya que, tras sendas reformas
constitucionales, se reeligió en 1924 y en 1929. Por eso ser conoce el oncenio y también
como la “patria nueva”.
En si el oncenio se divide en cuatro periodos:
 Gobierno provisional (4 de julio de 1919- 12 de octubre de 1924).
 Primera elección (12 de octubre de 1919- 12 de octubre de 1924).
 Segunda elección (12 de octubre de 1924- 12 de octubre de 1929).
 Tercera elección (12 de octubre de 1929- 25 de agosto de 1930).
Su último periodo se vio interrumpido por un golpe de estado perpetrado por los
militares, encabezados por el comandante Luis Miguel Sánchez Cerro.

Common questions

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Leguía disolvió el Congreso y reformó la Constitución para reestructurar el ejecutivo y el legislativo. A su vez, restringió libertades públicas al someter la prensa y apresar a opositores, consolidando así su control político total. Esta centralización del poder dio lugar a un régimen represivo y alimentó movimientos opositores que, finalmente, contribuyeron a su caída .

Durante el Oncenio, la decadencia de los partidos tradicionales permitió el surgimiento de nuevas corrientes como el aprismo y el socialismo, aunque estos movimientos enfrentaron represión. Víctor Raúl Haya de la Torre fundó el APRA en el exilio, proponiendo un ideario antiimperialista. Mientras tanto, José Carlos Mariátegui fundó el Partido Socialista Peruano, influenciado por el marxismo, marcando una transición hacia ideologías más radicales en la política peruana .

La Ley de Conscripción Vial obligaba a la población a trabajar en obras públicas, lo que generó un amplio descontento entre los campesinos e indígenas. Este descontento llevó a varias rebeliones que fueron severamente reprimidas, aumentando las tensiones sociales y contribuyendo a la inestabilidad política durante el Oncenio de Leguía .

Aunque la Constitución de 1920 reconoció las comunidades indígenas y sus tierras, en la práctica, el gobierno de Leguía suprimió severamente las rebeliones indígenas, desencadenadas por políticas como la Ley de Conscripción Vial y abusos gamonales. Esto generó una contradicción entre la protección legal teórica de los derechos indígenas y su aplicación, conduciendo a una política indígena caracterizada por represión y conflictos .

Durante el Oncenio, hubo un desplazamiento del capital británico por el estadounidense, marcando una dependencia económica de EE.UU. Leguía facilitó la apertura a capital extranjero mediante empréstitos y concesiones de recursos, como en La Brea y Pariñas, que beneficiaron a empresas como la International Petroleum Company, estableciendo un precedente de sumisión a intereses extranjeros .

La política de empréstitos liderada por Leguía aumentó la dependencia económica hacia los Estados Unidos al financiar obras públicas y modernización con grandes deudas externas. A largo plazo, esta estrategia comprometió la economía peruana a pagos continuos, generando un legado de endeudamiento y presión financiera que condicionó el desarrollo subsecuente del país .

El gobierno de Augusto B. Leguía desplazó al civilismo como fuerza política predominante, instituyendo un estilo dictatorial y populista, con un culto a su personalidad. Se realizaron reformas constitucionales que permitieron su reelección y se suprimieron libertades públicas, como la libertad de prensa, mediante acciones represivas y manipulaciones políticas, lo que consolidó su poder y redujo significativamente la oposición .

La Peruvian Corporation controlaba los ferrocarriles nacionales desde 1890, y en 1928, el gobierno de Leguía les cedió la explotación a perpetuidad, consolidando su control. En las décadas siguientes, particularmente en la década de 1970, el gobierno militar peruano revirtió esta situación al nacionalizar los ferrocarriles, reflejando un cambio en la política económica y recuperación de la soberanía sobre sus recursos .

Las principales reformas incluyeron la extensión del período presidencial a cinco años, el reconocimiento legal de comunidades indígenas, y la responsabilidad del gabinete ante las cámaras. Sin embargo, estas reformas, muchas de las cuales eran progresistas, quedaron mayormente sin implementar. La reelección de Leguía fue facilitada por una modificación que permitía presidencias consecutivas, fortaleciendo su control político y centralizando el poder .

El Laudo de París evidenció la sumisión del gobierno de Leguía a los intereses de las empresas extranjeras, al permitir condiciones tributarias favorables para la International Petroleum Company. El acuerdo fue controversial porque otorgaba excepciones significativas a las obligaciones fiscales de la compañía, limitando severamente los ingresos fiscales del gobierno peruano y provocando resentimiento nacionalista .

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