Karl Marx, La Guerra Civil en Francia
Historiografía General III
Isaac Patricio Álvarez Moncada
Karl Marx fue un economista, sociólogo y periodista alemán del siglo XIX, además se
desempeñó en distintas áreas, como la historia y la política. A lo largo de su vida, Marx se
interesó en las ideas del filósofo Friedrich Hegel, idealista alemán contemporáneo a Marx,
alrededor de quien se formó el pensamiento hegeliano, el cual era de carácter liberal. Este
pensamiento influyó en el pensamiento de Marx, quien, a través de los diferentes periódicos
para los que trabajó en Europa, rescataba y exponía ideas formuladas a partir de esta corriente
de pensamiento. No obstante, Marx difería del pensamiento idealista y optó por un
pensamiento materialista, en la que postula lo siguiente: “son los individuos reales, su acción
y sus condiciones materiales de vida, tanto aquellas con que se han encontrado como las
engendradas por su propia acción”.1 Es así como Marx propone una doctrina denominada
como “materialismo histórico”.
Para entender la concepción de la historia según Marx, es importante tomar en cuenta que las
‘condiciones materiales’ a las él se refiere son los medios de producción, señala Marx: “El
modo como los hombres producen sus medios de vida depende, ante todo, de la naturaleza
misma de los medios de vida con que se encuentran y que se trata de reproducir”. 2 Esto,
además de brindarnos una parte de su concepción histórica, también nos brinda una idea
1 Karl Marx y Friedrich Engels, “La ideología en general y la ideología alemana en particular”, La
Ideología Alemana, Traducido del alemán por Wenceslao Roces, Montevideo, Ediciones Grijalbo,
1974, p. 19
2 Ibidem
acerca de su concepción de lo que es la economía, la cual sugiere que determina las relaciones
humanas y sus condiciones.
Otra idea importante de Marx en su concepción de la historia es la repetición; Marx retoma
la idea de Hegel de que los grandes acontecimientos y personajes ocurren dos veces, y agrega
que ocurren “una vez como tragedia y la otra como farsa”.3 Dicha idea de Marx se encuentra
implícita en su percepción de las relaciones humanas, principalmente en las ‘relaciones de
poder’, un concepto de Michel Foucault, retomado implícitamente por Marx. Las relaciones
de poder son producto de los modelos económicos que predominan en las diferentes épocas,
que resultan en la formación de diferentes jerarquías que participan en la producción, las
cuales consisten en la existencia de una clase dominante y una trabajadora dominada, a la
que posteriormente denomina como el ´proletariado’; siendo así como Marx introduce y
explora el concepto de las ‘clases sociales’ en su obra La Ideología Alemana.
La repetición también se encuentra implícita en la siguiente frase: “la historia de todas las
sociedades hasta nuestros días es la historia de las luchas de clase”.4 Una frase que resume la
concepción de la historia de Marx. Es por ello que Marx se apoya en la historia para
fundamentar sus propuestas sociales y económicas, explicado en el siguiente fragmento:
La sociedad, al igual que la naturaleza, conoce largos períodos de cambio lento y gradual,
pero también aquí la línea está interrumpida por momentos explosivos, guerras y
revoluciones, en que el proceso sufre una enorme aceleración […] Y la causa de fondo de
4Karl Marx y Friedrich Engels, Manifiesto Comunista, Prólogo de Alan Woods, Madrid, Fundación
Federico Engels, 2009, p.25
estas convulsiones es el hecho de que un sistema socioeconómico determinado ha llegado a
sus límites, y ya no puede desarrollar las fuerzas productivas como antes.5
La obra titulada La Guerra Civil en Francia es un panfleto escrito por Marx en el que, de
manera implícita, es posible identificar, no sólo los postulados refrentes a la historia, sino
también al sistema socioeconómico. Este texto narra los hechos acontecidos durante la
Comuna de París, un levantamiento del proletariado contra la burguesía ocurrido durante el
año 1871. En dicho levantamiento, la clase obrera buscaba establecer un nuevo orden,
tomando posesión de los medios de producción.
Marx retoma los acontecimientos para implementarlos dentro de un discurso político, en el
cual busca alentar a las clases populares a continuar con el levantamiento, ya que sugiere que
el declive del sistema capitalista es algo tan inminente como necesario. Dichos
acontecimientos son posteriores a la Guerra franco-prusiana, en la que se revocó la
monarquía de Luis Bonaparte. Una vez revocado el régimen, se estableció un gobierno
provisional en Francia, al mando de Adolphe Thiers.
La obra de Marx se divide en dos manifiestos llamados Manifiestos del Consejo General de
la Asociación Internacional de los Trabajadores sobre la Guerra Franco-Prusiana. En el
primer manifiesto, Marx brinda un panorama acerca lo que está aconteciendo entre Francia
y Prusia, a lo que expresa su rechazo hacia la guerra y, en cambio, propone una unión entre
la clase obrera de los diferentes países, buscando alentar a la clase trabajadora a emanciparse
del estado y la clase dominante, expresado en el siguiente fragmento: “Si la clase obrera
5 Alan Woods, prólogo, op. cit., 18
alemana permite que la guerra actual pierda su carácter estrictamente defensivo y degenere
en una guerra contra el pueblo francés, el triunfo o la derrota serán igualmente desastrosos”.6
En dicho manifiesto, Marx expone también su descontento con los intereses imperialistas
del Gobierno francés, siendo así como Marx, a diferencia de historiadores más tradicionales,
no hace énfasis en los procesos políticos burocráticos, sino en la perspectiva de las clases
populares con respecto a estos conflictos, quienes, por medio de protestas y a partir de la
prensa, se declaraban en contra de la Guerra, principalmente por el desfalco económico que
ésta representaba. Es por ello que Marx considera que la clase obrera del mundo es la que
debe unirse, ya que, según él: “La clase obrera inglesa tiende su mano fraternal a los obreros
de Francia y de Alemania. Está firmemente convencida de que, cualquiera que sea el giro que
tome la horrenda guerra inminente, la alianza de los obreros de todos los países acabará
finalmente con las guerras”.7
En este primer Manifiesto, Marx implementa mucho de sus postulados socioeconómicos y
sus propuestas, ya que considera que a única manera de terminar con los problemas que
azotan al pueblo francés es una insurrección que invierta las relaciones de poder que
predominan en Francia. La única manera en que fue posible llevar a cabo las propuestas
marxistas en la vida real fue a partir del levantamiento en armas del pueblo. Tras retirada del
ejército prusiano en Francia, la aprensión de Luis Bonaparte y el establecimiento del gobierno
provisional de Thiers, el pueblo francés hizo posesión de la armería prusiana, con la que
buscaban hacerle resistencia a la nueva Tercera República Francesa.
6 Karl Marx, La Guerra Civil en Francia, notas y traducción de I. M. L., Madrid, Editorial Ricardo
Aguilera, 1976, p. 51
7 Ibidem, 54
Es en el segundo manifiesto donde podemos ver un mayor acercamiento a las clases
populares, ya que, ahora, más que enfocarse en la perspectiva de los obreros, se enfoca en
sus acciones políticas y sociales. Marx reconoce la importancia que tuvo la Guardia Nacional
Francesa en la revolución, ya que era un organismo de defensa que se oponía al Ejército
bonapartista y estaba conformado por miembros de la clase obrera, quienes elegían a sus
propios dirigentes.
Por su parte, el hecho de que el pueblo tuviera posesión de cuatrocientos cañones generaba
tensión en el gobierno francés, por lo que buscaban desarmar a la Guardia. Fue por esto que
Thiers ordenó una marcha para desarmar a la Guardia, sin embargo, el pueblo interfirió para
evitarlo, ocasionando el descontento del general a cargo, Lecomte, quien, al ordenar que
abrieran fuego contra los civiles desarmados, fue desobedecido y ejecutado por la propia
Guardia, junto al comandante Clément Thomas. Marcando este hecho como el comienzo de
la Comuna de París.
En este suceso es posible identificar un cambio dentro de las relaciones de poder, los papeles
se invierten y, a partir de los medios que usaba la clase dominante para intimidar, el pueblo
pudo levantarse y cambiar la balanza. En este caso es evidente que el dominio de una clase
se ve determinada por una ventaja material, con la cual adquiere poder con respecto a otra.
No obstante, la clase obrera, al apropiarse también de los medios de producción, también
adquiere una ventaja mayor con respecto a la clase burguesa.
Dentro de la Comuna de París, Marx retrata una realidad más optimista con respecto a las
circunstancias con las que vivía el pueblo previamente. La Comuna fue un periodo de sólo
dos meses en el que se estableció lo que Marx refiere como un estado socialista, donde la
clase dominante era la obrera, las decisiones eran tomadas de manera democrática y se perdía
la propiedad privada. Sin embargo, este modelo sólo se estableció en París, ya que, en
Versalles se encontraba la oposición a la revolución: los rurales y, además, el gobierno se
deslindaba de la responsabilidad de doblegar a la propiedad al pueblo. Señala Marx: “Frente
a este mundo nuevo de París, se alzaba el mundo viejo de Versalles”8 y refiere a Versalles
como una “representación de todo lo muerto de Francia”.9 Además acusa la actitud
cuestionable de Thiers, añadiendo: “París, todo verdad, y Versalles, todo mentira, una mentira
que salía de los labios de Thiers”10, ya que él niega los bombardeos que alguna vez ordenó
en París y recrimina las acciones de los civiles y obreros.
Marx elogia el desempeño que tuvo la sociedad en París, y a que, según sus palabras:
“Maravilloso en verdad fue el cambio operado por la Comuna en París. De aquel París
prostituido del Segundo Imperio no quedaba ni rastro”.11Además se encuentra maravillado
con la seguridad que hay en las calles de París. Sin embargo, como he mencionado
previamente, este periodo sólo duró dos meses, ya que el gobierno de Francia buscó apoyo
externo para frenar la revolución, ya que consideraban a la Comuna como una amenaza
contra el orden social de Europa, hasta que, finalmente, Thiers comenzó a tomar represalias
contra los revolucionarios, comenzando por infiltraciones dentro de la Comuna, hasta
amenazar, agredir y ejecutar a la gente involucrada. Señala Marx que las acciones eran
excusadas con el pretexto que “París que sólo ansía ‘liberarlo de los horribles tiranos que lo
oprimen ’y que el París de la Comuna no es, en realidad, ‘más que un puñado de
criminales”.12
8 Ibidem, 80
9 Ibidem
10 Ibidem
11 Ibidem, 79
12
Ibidem, 81
Al término de la Comuna y la reinstauración de la República, Marx no retrata un panorama
pacífico, ya que las represalias contra la clase obrera y el restablecimiento del orden que se
creía revocado sólo trajo consigo un escenario más pesimista y tenso. Dice Marx: “Después
del domingo de Pentecostés de 1871, ya no puede haber paz ni tregua posible entre los
obreros de Francia y los que se apropian el producto de su trabajo […] No puede caber duda
sobre quién será a la postre el vencedor: si los pocos que viven del trabajo ajeno o la inmensa
mayoría que trabaja”.13
Marx se atribuye este movimiento revolucionario a su pensamiento, ya que considera que se
trató de una materialización del estado socialista y el levantamiento de la clase proletaria que
él había planteado. La Comuna no tuvo una expansión ni influencia más allá del territorio
parisino, no hubo en enfoque real hacia la revocación total de la República en Francia. En
contraste, en el Manifiesto Comunista, Marx que la única manera de condenar la historia y
la dominación a una constante repetición era desaparecer todos los vestigios del antiguo
régimen. Marx explica lo siguiente: “La moderna sociedad burguesa, que ha salido de entre
las ruinas de la sociedad feudal, no ha abolido las contradicciones de clase. Únicamente ha
sustituido las viejas clases, las viejas condiciones de opresión, las viejas formas de lucha por
otras nuevas”.14
No obstante, también retoma a la Comuna como un estandarte, una prueba de que la clase
obrera tiene la posibilidad de levantarse y apoderarse de los medios de producción.
13
Ibidem, 95
14
Karl Marx y Friedrich Engels, Manifiesto Comunista, Prólogo de Alan Woods, Madrid, Fundación
Federico Engels, 2009, p. 28
Después de los acontecimientos narrados, Marx concluye su obra rescatando lo siguiente:
“El París de los obreros, con su Comuna, será eternamente ensalzado como heraldo glorioso
de una nueva sociedad. Sus mártires tienen su santuario en el gran corazón de la clase obrera.
Y a sus exterminadores la historia los ha clavado ya en una picota eterna, de la que no lograrán
redimirlos todas las preces de su clerigalla”. 15
La manera en que Marx narra la historia es poco tradicional, ya que busca un acercamiento
directo a la clase a la que va dirigida, la clase obrera. Es importante considerar que los hechos
que narra son contemporáneos a él, por lo que, tomando en cuenta su doctrina materialista,
es de esperarse que Marx busca un impacto directo en el lector, y busca alentarlo a no
abandonar la lucha constante. En términos de funcionalidad, es innegable negar el desempeño
del autor y de la obra, ya que este discurso adquiere una intertextualidad adaptable a cualquier
circunstancia en la que se encuentre el lector, haciendo posible su adaptación a cualquier
causa social, a través de un discurso de liberación, revolución o empoderamiento de un sector
oprimido.
El pensamiento de Marx es trascendental, al menos mientras la historia siga repitiendo el
ciclo que él refiere. No es de extrañar la polémica que ha generado el pensamiento marxiano
dentro de los diferentes estratos sociales. Lo cierto es que la única manera de evitar la
repetición es conociendo la historia. Retomando el pensamiento de Marx, no es suficiente
mantener las teorías dentro del mundo de las ideas, pues tal vez, sólo poniéndolas en práctica
finalmente se puede cerrar ese ciclo de repetición y farsa.
15
Karl Marx, La Guerra Civil en Francia, notas y traducción de I. M. L., Madrid, Editorial Ricardo
Aguilera, 1976, p. 97
Bibliografía
Karl Marx, La Guerra Civil en Francia, notas y traducción de I. M. L., Madrid, Editorial
Ricardo Aguilera, 1976, 97 p.
Marx Karl y Friedrich Engels, “La ideología en general y la ideología alemana en particular”,
La Ideología Alemana, Traducido del alemán por Wenceslao Roces, Montevideo,
Ediciones Grijalbo, 1974, p. 16-27
, Manifiesto Comunista, Prólogo de Alan Woods, Madrid, Fundación Federico
Engels, 2009, p.25