0% encontró este documento útil (0 votos)
51 vistas38 páginas

Beata Maria Jesus Mistica

Este documento describe la vida de la beata María de Jesús, incluyendo sus primeros años, su deseo de convertirse en religiosa, su entrada al convento y algunos de los dones sobrenaturales que recibió.

Cargado por

rtagon
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
51 vistas38 páginas

Beata Maria Jesus Mistica

Este documento describe la vida de la beata María de Jesús, incluyendo sus primeros años, su deseo de convertirse en religiosa, su entrada al convento y algunos de los dones sobrenaturales que recibió.

Cargado por

rtagon
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

P. ÁNGEL PEÑA O.A.R.

BEATA MARÍA DE JESÚS


GRAN MÍSTICA

S. MILLÁN – 2022

1
ÍNDICE GENERAL

INTRODUCCIÓN
Primeros años.
Deseos de ser religiosa.
En el tribunal.
Al convento.
Novicia.
La Profesión.
Visita de Santa Teresa.
El Niño Jesús.
La Virgen María.
Jesús Eucaristía.
Oficios en la comunidad.
Devociones y oraciones.
Carismas.
Profecías.
Olor sobrenatural.
Sanación de enfermos.
Don de hacer milagros.
El demonio.
Destitución.
Su vida en el convento.
Priora.
Almas del purgatorio.
Su muerte.
Exhumaciones.
Milagros después de sus muerte.
Milagros para la beatificación.

CONCLUSIÓN
BIBLIOGRAFÍA

2
INTRODUCCIÓN

En la vida de la beata María de Jesús Dios manifestó abundantemente su


poder. Fue una religiosa en la que Dios derramó muchos carismas y dones
sobrenaturales. Por eso su vida es un estímulo para todos los que desean avanzar
en el camino de Dios y ser cada día más santos.

Sor María no llevó una vida de rosas. El camino de la santidad está


sembrado de espinas. Todos los santos han debido pasar por noches oscuras de
incomprensiones, enfermedades y sufrimientos de distintas clases, pero Dios no
se deja ganar en generosidad y a estas almas víctimas, que se han ofrecido
totalmente por la salvación de los demás, Dios les regala ya en esta vida
abundantes dones: apariciones, llagas, don de conocer los corazones, bilocación,
sanación de enfermos, don de hacer milagros, etc.

¿Vale la pena aspirar a la santidad? Por supuesto. Los santos son las
personas más felices del mundo. A pesar de sus sufrimientos, en los momentos
de éxtasis y de unión con Dios se sienten tan felices que por ellos solos valdría la
pena sufrir lo indecible por amor a Dios y a los demás. Además hay que pensar
siempre que esta vida es una etapa de crecimiento, si queremos progresar en el
amor. El amor es lo que da sentido a la vida. El amor es lo que nos hace crecer.
En cambio el desamor, el alejarse de Dios y de los demás, el caer en vicios, que
esclavizan la persona, es lo que hace a uno infeliz y a la vez esclavo de sus
propios vicios y pecados.

Dios nos ama como a hijos queridos y ha pensado en hacernos felices


eternamente con él en el cielo, pero nos quiere libres, no nos quiere obligar a ser
felices con él y, por eso, respeta nuestra libertad de escoger vivir con él, o contra
él, como les pasó a los demonios que eran ángeles. Por eso, el leer la vida de los
santos, y concretamente esta vida de la beata María de Jesús, nos puede ayudar a
pensar en la eternidad que nos espera y desear ser eternamente felices con Dios
en el cielo.

Nota.- Anónimo se refiere al libro La sierva de Dios sor María de Jesús,


carmelita descalza, publicado en Toledo en 1909.

3
PRIMEROS AÑOS

Los padres de la que seria sor María de Jesús fueron Antonio López de
Rivas y Elvira Martínez. Contrajeron matrimonio en noviembre de 1559 en
Molina de Aragón (Guadalajara) en la iglesia parroquial de santa María del
Conde. La novia tenía 14 años y llevó al matrimonio una dote en dinero y ganado
valorada en 2.5000 ducados. Los dos nuevos esposos fijaron su residencia en
Tartanedo (Guadalajara), donde eran los vecinos más pudientes por sus
heredades y rebaños. En este mismo pueblo nació el 18 de agosto de 1560
nuestra biografiada.

Hay que hacer notar que sus padres formaban una pareja de esposos
creyentes. En casa rezaban todos los días a la Virgen, encomendaban a las almas
del purgatorio, socorrían a los pobres y ayudaban en las obras de la Iglesia. Cada
día iban a misa a la parroquia de san Bartolomé.

María fue bautizada el 25 de agosto en la iglesia parroquial de Tartanedo


Cuando tenía cuatro años en 1564 murió su padre, que fue enterrado en la capilla
familiar del cementerio. Su esposa acababa de cumplir 19 años.

Para la repartición de bienes entre la madre y la hija se nombró a los


respectivos curadores, dado que ambas eran menores de edad. El juez dispuso la
repartición de bienes y todos quedaron tranquilos. Cuando María tenía cinco años
sucedió un hecho que la misma María contaba a sus hermanas carmelitas y que
fue recogido por algunas de ellas en sus deposiciones para el Proceso de
canonización y también por el padre Francisco de Acosta, que fue su primer
biógrafo y que la conoció personalmente y a quien ella quería como a un hijo y él
a ella como a una madre.

No tenía la futura carmelita más que cinco años cuando fue protagonista
de un hecho extraordinario. Lo transcribimos en parte literalmente de los
artículos que prepararon el Proceso informativo diocesano: El río Gallo lame las
murallas de Molina de Aragón; a sus orillas jugaba un día nuestra María de
Rivas con un membrillo que, deslizándose de sus manos, vino a dar en las aguas;
la niña, llevada de su inocencia, se arrojó al río para cogerlo con gran
sentimiento de todos los circunstantes, que juzgaron se ahogaría
irremisiblemente. A pesar de ello, salió incólume del trance, sin que nadie le
hubiera podido prestar auxilio, y se encontró sana y salva en el otro lado del río.
¿Hecho meramente natural pero dentro de una especial providencia de Dios?
¿Efecto de una intervención de la Reina del cielo? Lo indudable es que la Madre
María de Jesús contó siendo monja muchas veces este suceso como algo fuera de
lo ordinario y que alguna carmelita contemporánea de la nuestra lo atribuía a
una intervención de la Virgen, línea que han seguido todos los biógrafos, desde

4
el P. Acosta hasta el P. Silverio de Santa Teresa en el capítulo que dedica a
nuestro «Letradillo» en el tomo IX de su Historia del Carmen Descalzo.

El Decreto de la Sagrada Congregación para las causas de los Santos, del


22 de junio de 1972, sobre la heroicidad de virtudes de la Sierva de Dios María
de Jesús, admite que la Virgen María la libró de perecer ahogada en las aguas
del río Gallo.

Por su parte su madre doña Elvira, cuando María tenía 7 años y ella 23, se
casó en segundas nupcias con Cristóbal Caba y fue con su esposo a vivir a
Tragacete, provincia de Cuenca. Tuvo una hija llama Petronila. Al principio
volvió alguna vez a visitar a su hija María, que había quedado al cuidado de su
tío Jerónimo Rivas. Pero a partir de 1572,cuando ya María tenía 12 años, ni la
vio ni pareció acordarse de ella.

Precisamente cuando María tenía 12 años se empezaron sus parientes a


preocupar en darle un esposo y asegurarle así su futuro. Durante los tres años
siguientes, María, siguiendo con sus prácticas piadosas, estuvo resuelta a casarse
como si fuera el único camino, aunque no veía muy clara su vocación
matrimonial. En ese tiempo aparece en su vida el padre Antonio de Castro,
fervoroso sacerdote jesuita, que le plantea la alternativa de la vocación religiosa y
ella por fin se decide por ser religiosa. Pero antes de poder hacerlo, debe arreglar
los asuntos de su mucha herencia con sus familiares próximos, porque ella con
15 años era menor de edad. Entre su herencia se nombra: varias casas y huertos:
un pajar, dos huertos cercanos, dos herranales, tres prados, 93 fincas y algunas
casas.

DESEOS DE SER RELIGIOSA

Al año siguiente 1576, asesorada por su confesor, escribió a santa Teresa


de Jesús para que la admitiera en uno de sus conventos. La santa le contestó
favorablemente y ella ya se siente monja carmelita. Acentúa su vida espiritual y
avisa a Tragacete para que su madre y padrastro autoricen su ingreso.
Inesperadamente se presentó el padrastro Cristóbal Caba en Molina, dándole una
respuesta rotunda y negativa. En último término aceptarían que fuese monja en el
cercano monasterio de clarisas y no en uno lejano. Por su parte pensó que con
todos los bienes heredados tenía de sobra para pagar la dote al convento.

Tiene que esperar, porque no consigue el consentimiento ni siquiera de su


tío Jerónimo. Como nadie se mueve, ella se decide un día y va a la casa del
corregidor de Molina de Aragón, don Diego Martínez, hombre bueno. Reclama
de su autoridad una decisión en la contienda con los suyos. El corregidor la

5
escucha atentamente y le concede cuanto puede: Oírla en el tribunal y resolver de
acuerdo a ley.

EN EL TRIBUNAL

El 20 de julio de 1577 se presentó en la iglesia de san Miguel, en cuya


capilla el corregidor presidía el tribunal. Y suscribieron el acta siguiente: En la
noble y muy leal villa de Molina a 20 de julio de 1577,ante el ilustre señor Diego
Martínez, corregidor por su Majestad y ante mí, el escribano y testigos de yuso
(abajo) escritos, estando en la iglesia de Señor San Miguel de la dicha villa, en
la capilla de los Burgos, se presentó la señora doña María de Rivas, hija de
Antón López de Rivas y Elvira Martínez, su mujer, y dijo el Señor Corregidor
que va para tres años que ella tiene voluntad y deseo de entrar en religión y que
Jerónimo de Rivas su tío, en cuyo poder está como hermano de su padre, lo
dilata y trae en largas, que suplica a su merced del señor Corregidor hable el
dicho Jerónimo de Rivas para que ponga en efecto la voluntad que ella tiene de
ser religiosa y no lo dilate más, porque es mucho el detenimiento que de ello
tiene el dicho Jerónimo de Rivas, y que en ello el dicho señor Corregidor le hará
merced, y que yo el escribano lo asiente así. Testigos, Pedro de Molina,
alguacil; y Diego de Carrera, vecinos de la dicha villa; Doña María de Rivas.
Ante mí, Luis Manuel, escribano.

Y luego el dicho señor Corregidor dijo, habiendo visto lo pedido por la


dicha doña María de Rivas, que diga y declare ante su merced qué le ha movido
a tener voluntad de ser monja religiosa y en qué monasterio. —Dijo que ninguna
otra cosa más que sólo servir a Dios nuestro Señor, porque todo lo demás le
parece que es cosa que poco dura y perece, sino sólo el servicio de Dios nuestro
Señor; y que tiene voluntad de entrar en el monasterio que llaman de las
Descalzas, en Toledo.

Y luego el dicho señor Corregidor le preguntó, si todo el tiempo que ha


dicho tiene voluntad de ser monja, la ha tenido de serlo en el dicho monasterio
de las Descalzas. —Dijo que siempre ha sido su voluntad de ser monja en el
monasterio de las Descalzas.

Y luego el dicho señor Corregidor le preguntó que por qué causa le ha


persuadido o movido a que sea monja de las dichas Descalzas en el dicho
monasterio. —Dijo que ninguna persona le ha persuadido a ello, sino que ha
sido de su voluntad y algunas veces tratando su voluntad y deseo con algunas
personas siervas de Dios.

6
Y luego el dicho señor Corregidor le preguntó diga y declare por qué
Jerónimo de Rivas le dilata el cumplir su voluntad. —Dijo que porque la dicha
Elvira Martínez, su madre, no parece que gusta de ello y el dicho Jerónimo de
Rivas no querría que fuese sin su voluntad, y sobre ello le han escrito cartas y ha
venido a esta villa su marido de la dicha Elvira Martínez y nunca más han vuelto
a ello, y así se dilata, y ella querría que luego se pusiese en efecto su voluntad y
esto, aunque la dicha su madre y el dicho su marido no vengan en ello.

Y luego el señor Corregidor le preguntó diga si de la dilación que el dicho


Jerónimo de Rivas pone en cumplirle su voluntad recibe algún descontento o
desconsuelo y qué tiempo ha. —Dijo que en ver que se le dilata su voluntad tanto
tiempo ha recibe mucho desconsuelo y descontento y cada hora le parece muy
largo tiempo hasta poner por obra su voluntad.

Y luego el señor Corregidor dijo a la dicha doña María que diga y


declare si haber llamado a su merced y haberle dicho lo susodicho si para ello le
ha persuadido y atraído alguna persona. —Dijo que no, sino que ella de su
voluntad ha llamado a su merced para el dicho efecto y pedido que así se
escriba, porque algunas personas tienen sospecha de que le han inducido y
atraído a que así sea religiosa, y porque ella no quiere que nadie tenga
entendido tal ni sospechen lo que no pasa.

Preguntóle el dicho Corregidor qué edad tiene. —Dijo que va a diez y


siete años.
Preguntada qué tiempo ha que no ha visto a la dicha su madre, dijo que
cree que hará cinco años por nuestra Señora de septiembre que viene.
Preguntada si se escriben y tratan ella y la dicha su madre, dijo que ella
escribe algunas veces a la dicha su madre y ella le responde pocas veces.
Preguntada si tiene alguna otra cosa que decir la diga ante su merced,
dijo que suplica al dicho Corregidor que mande que luego se dé fin a este
negocio que tanto se ha dilatado, que en ello le hará merced. Testigos los dichos.
Diego Martínez de Soria Lerma. Doña María de Rivas. Pasó ante mí, Luis
Manuel, escribano.
Y luego el dicho señor Corregidor, vista la dicha declaración y
pedimento, dijo que mandaba y mandó al dicho Pedro de Molina, alguacil, llame
al dicho Jerónimo de Rivas para que se le haga notorio la dicha declaración y
pedimento hecho por la dicha doña María y, visto, haga y provea aquello que
más convenga al servicio de Dios nuestro Señor y a descargo de su conciencia.

María reservó 5.000 ducados para su dote para el convento y por escritura
pública otorga a su tío Jerónimo de Rivas ser su representante legal, diciendo:
para que por mí y en mi nombre y como yo misma, representando mi propia
persona, podáis haber, recibir y cobrar, pedir y demandar y tener en vos todos y

7
cualesquiera maravedís y otras cosas que en cualquiera y por cualquiera yo he
tenido y tengo y me pertenecen y pueden pertenecer.

Además repartió sus ropas, vestidos, objetos de plata a familiares


próximos, personas necesitadas, hospitales e iglesias. Antes de profesar en el
convento dejó también una buena ayuda a su hermana de madre, Petronila. Su
madre murió en 1579 a los 33 años.

AL CONVENTO

María, antes de viajar para entrar en el convento, se fue a despedir del


santuario de la Virgen de la Hoz adonde había viajado muchas veces. Después,
acompañada de su tío Jerónimo y del padre Antonio de Castro, se fue al convento
de Toledo donde la esperaban. Llega a Toledo el 11 de agosto de 1577 con 17
años. Tenía tantos deseos de entrar en clausura que quería entrar de inmediato.
Con esfuerzo lograron que fuera primero a visitar algunos monumentos,
especialmente a la Virgen del Sagrario, patrona de Toledo.

Santa Teresa les mandó un mensaje a las monjas carmelitas de Toledo con
el obispo de Tarazona Monseñor Diego de Yepes, diciéndoles que les enviaba
una novicia con 5.000 ducados de dote y que ella diera 500.000 por recibirla, que
la mirasen no como las demás, porque había de ser un prodigio 1 .

Una vez dentro del convento, deciden el momento de la toma del hábito
carmelita para ella, convertida en novicia. El padre Acosta refiere: Fueron muy
grandes las misericordias que le hizo Cristo Señor nuestro, abrazándola y su
santísima madre, recibiéndola por hija suya y san José cómo titular de toda esta
sagrada familia del Carmen descalzo. Todas estas (visiones) manifestó nuestro
Señor a dos religiosas, una de ellas a la venerable Madre Ana de los ángeles, a
la sazón Priora 2 .

1
Breve memoria de sor Beatriz de san José, fol 5.
2
Acosta, cap. 4, pp. 26-27.

8
NOVICIA

Los primeros días se siente extraña por el cambio radical de vida. Le


habían cortado su hermosa cabellera rubia, para dormir tenía un jergón de paja,
una estera de esparto en lugar de alfombra, en el vestido y cama ninguna cosa de
color. No se comía carne sin necesidad. La comida reducida a pescados, huevos,
legumbres, frutas y verduras. La comida servida en vajilla de barro y tomada con
cuchara de palo. La habitación compartida con otra monja, por falta de celdas en
ese tiempo. Además, todo está medido por la campana: rezos, comidas,
recreaciones, trabajo. Nada queda a la iniciativa particular ni a la improvisación.

Todo ese ambiente ascético al principio le chocó y comenzó a turbarse,


apretándole la falta de regalo, lo que había dejado, la ausencia de sus deudos,
con que comenzó nuestro Señor a probarla y atribularla mucho 3 . Estaba ya
pensando que no servía para esa vida y que tenía que retirarse a su casa, cuando
en la octava de la Asunción, estando en la capilla, de repente vio en el altar
mayor a nuestra Señora en un trono de grandísima gloria con muchos ángeles y
santos y música celestial, de manera que toda la absorbía y parecía que le
prometía su favor 4 . Y de pronto vino la paz a su corazón con un sereno
resplandor celestial.

Sin embargo, el cambio de vida le produce efectos negativos en su cuerpo,


acostumbrado a la vida de comodidad de una persona rica. Fue como una
enfermedad de adaptación. Las hermanas piensan que no vale para la vida
carmelitana y ella se preocupa de que la puedan echar. Un día entra en la celda de
una religiosa enferma. En la cabecera sobre el lecho había una pequeña imagen
del Señor crucificado. María se arrodilla y, de pronto, le viene una paz intensa y
oye que Jesús le dice: Cuánto mayores fueron mis trabajos que los tuyos. Aquí
quiero que sigas 5 . Cristo le da la paz y se le nota exteriormente. Otro día Jesús le
dice: Haz los votos y luego se te quitarán las dificultades 6 . Por su parte, santa
Teresa, o bien le informan o bien lo conoce sobrenaturalmente, conoce que hay
posibilidad de que no le admitan a María a la profesión por sus achaques de salud
y escribe a la Priora para que le diesen la profesión, porque esa es la voluntad de
Dios; de lo contrario iría ella misma a Toledo y la llevaría a Ávila para que no
fuera gravosa a su comunidad, aunque sabía que el monasterio en el cual
estuviera María había de ser feliz con ella 7 .

3
Isabel del Santísimo Sacramento, Relación biográfica, fol 3.
4
Ibídem.
5
Beatriz de san José, Breve memoria, fol 6
6
Isabel de SS., Relación biográfica, fol 3.
7
Ib. fol 4.

9
La misma María de Jesús en la declaración jurídica para el proceso de
canonización de santa Teresa de Jesús manifestó el 18 de julio de 1595 que la
santa se le apareció y la consoló y la dejó consolada, diciéndole cosas de nuestro
Señor y asegurándole de lo que ella temía. Le dijo: Hija, quédate con Dios, que
yo me voy que es hora de oración en Ávila 8 .

LA PROFESIÓN

La aceptaron para profesar y Nuestro Señor le mandó un día que dejase los
bienes que tenía (todavía) al convento y que dotase con él dos fiestas: Una del S.
Sacramento y la otra de la Natividad de nuestra Señora 9 . El 8 de septiembre de
1578 hizo su profesión con las palabras siguientes:

Yo, la hermana María de Jesús, hago mi profesión y prometo obediencia


y castidad y pobreza a Dios nuestro Señor y a la Virgen María del Monte
Carmelo y a nuestro reverendísimo padre fray Juan Bautista Rubeo de Ravena,
prior general de la Orden de los carmelitas, y a sus sucesores según la Regla
primitiva de la dicha Orden sin mitigación hasta la muerte 10 .

Ese día de la profesión recibió gracias especiales del Señor y estuvo


muchas días como fuera de sí. Recibió la visita de Jesús, María y otros santos; y
hubo tres religiosas que pudieron ver estas apariciones 11 . Por otra parte en la
primera quincena de noviembre de 1578 vinieron algunos familiares y tuvo lugar
la imposición de velo, cambiando el velo blanco de novicia por el velo negro de
las profesas.

VISITA DE SANTA TERESA

El 18 de noviembre vino santa Teresa a visitar a las religiosas de Toledo.


María la conoce al instante sin haberla visto antes, porque ya se le había
aparecido y otras dos veces nuestro Señor se la había mostrado 12 . Santa Teresa
estuvo solo cuatro días en Toledo, pero selló para siempre la unión espiritual con
María de Jesús. Beatriz de san José declaró que vio, no solo una vez sino más,
llegarse nuestra santa madre Teresa de Jesús a la frente de nuestra venerable
María de Jesús con su boca, diciéndole: Ven acá, mi hija, que aquí tienes al

8
Valentín de la Cruz, Vida y mensaje de María de Jesús, Ed. Monte Carmelo, Burgos, 1976, p. 82.
9
Beatriz de san José, Breve memoria, fol 6.
10
Valentín, o.c., p. 90.
11
Isabel del SS, Relación biográfica, fol 4.
12
Declaración jurídica de la misma María de Jesús en el proceso de santa Teresa; Valentín o.c., p. 103.

10
Espíritu Santo 13 . Santa Teresa autorizó a María a comulgar diariamente de
acuerdo con su confesor. Al mismo tiempo, pensó que algunas dolencias físicas
de María se debían al mucho tiempo de oración y le pidió que tuviera momentos
de distracción y, en concreto le mandó un día que fuera al jardín a contar las
hojas del naranjo.

Santa Teresa confiaba en el buen juicio de María y le pidió su opinión


sobre su libro las Moradas. Por eso le llamaba Mi letradillo y decía: María de
Jesús es mi letradillo. Así con diminutivo, le gustaba llamar santa Teresa a
algunas personas. A san Juan de la Cruz le llamaba medio fraile y su senequita. A
María de Jesús la llama así, porque era jovencita de 20 años y era evidente su
ciencia espiritual.

En 1585 María fue a fundar a Cuerva (Toledo), ya que la que iba de


Priora, la Madre Ana de los ángeles, pidió que fuera también como condición
María de Jesús. El 25 de julio de 1585 salen de Toledo las fundadoras de Cuerva.
María tuvo que regresarse a Toledo a fines de diciembre, porque la reclamaron
sus hermanas de comunidad.

El 4 de octubre de 1582, aunque al día siguiente 5 de octubre en realidad


fue 15 de octubre según lo dispuso el Papa Gregorio XIII, corrigiendo el
calendario, murió santa Teresa de Jesús y se le apareció a María de Jesús para
comunicarle su tránsito. Se le volvió a aparecer en repetidas ocasiones para
comunicarle mensajes para otras religiosas o conventos.

María seguía su ritmo de oración e iba ascendiendo en su camino


espiritual para conformarse cada día más a su esposo Jesús. Según nos dice el
padre Acosta, se quedaba en las noches hasta muy tarde en oración, lo que
observó hasta los últimos años sin que jamás accidentes de ocupaciones o
enfermedades se lo estorbasen. Descansaba después dos horas, porque a las dos
de la mañana su ángel custodio la despertaba, de modo que aseguraba que oía el
reloj dar las dos. En verano se quedaba muchas noches en un terrado, mirando al
cielo. En invierno era su ejercicio en el coro o en la celda y, si las enfermedades
no le daban otro lugar, en la cama. Muchas veces confesó que los ratos más
regalados que tuvo su alma con Dios fue en este silencio de la noche 14 .

13
Ibídem
14
Acosta, cap. 16, pp. 124-125.

11
EL NIÑO JESÚS

En 1587 llevaron al convento una talla de san José con el Niño en brazos.
La trajeron del obrador de un artista que acababa de pintarla. María de Jesús
estaba aquel día algo febril y delicada. Se acercó a conocer la imagen. Ante ella
sintió un deseo de abrazar al Niño Jesús, pero la Madre Priora le recomendó
dominio inmediato, ya que la pintura estaba reciente. Pasado un rato, María se
quedó adormilada por la fiebre y sintió cómo el Niño se descolgaba del bendito
patriarca y se acercaba a ella. Le dijo: Yo vengo, porque tú no puedes. Le tomó el
pulso y exclamó: Poca calentura tienes. Y en ese momento se curó.

Era especialmente devota del Niño Jesús. Ya hemos anotado que en una
ocasión el mismo Niño se le presentó estando enferma. En otra ocasión enviaron
de Madrid a María un cuadro de la Virgen con el Niño. Ella estaba en cama y por
eso se lo llevaron a la celda. Cuando se lo quitaron, lo sintió mucho. Por la tarde
se le vino el Niño a la celda y llegándose a su cama le dijo: Vengo a verte y que
te parezca bien que soy la hermosura de mi Padre y también sé hablar que soy
Palabra eterna 15 .

Amaba tanto al Niño Jesús que en Navidad rebosaba de alegría adornando


su cuna, elaborando la fajita, calentando los pañales... Una vez le dieron unos
pañales menos calientes y ella, volviéndose al tierno Jesús, le dijo con
sentimiento: Niño de mis ojos, si viviendo yo te tratan de esta manera, ¿qué será
cuando yo me muera? El Niño Jesús se le manifestó así muchas veces a lo largo
de su vida. También lo veía muchas veces en la hostia consagrada. Una de estas
veces exclamó sin darse cuenta: ¿No lo ven vivo? 16 .

Un día una de las hermanas le dijo: Muchos son los vestidos que tiene
para su Niño. Ella miró al Niño y le dijo: Romped Niño de mis ojos, romped, que
mientras yo viviere, no os ha de faltar nada. A una imagen del Niño Jesús le
llamaba el parlerito, porque hablaba con él amistosamente y hasta se reían juntos.
También lo llamaba doctor de la enfermedad del amor.

Ella tenía una imagen del Niño Jesús a quien vestía y a quien tenía mucho
amor. El Niño le habló muchas veces y le pedía que lo adornase y se reía con
ella17 .

15
Beatriz de san José, deposición jurídica fol 12v.
16
Anónimo, p. 45.
17
Sor María evangelista, deposición jurídica 1640-1641, fol 7v.

12
LA VIRGEN MARÍA

María era muy devota de María, en especial de su limpia (inmaculada)


Concepción y de la Asunción, dogmas aún sin definir. Ella contaba su
experiencia del río Gallo y que cada año había peregrinado al santuario de la
Virgen de la Hoz. Celebraba cada año solemnemente las fiestas de María, muy en
especial la de la Asunción. Rezaba todos los días el rosario y era entusiasta del
escapulario del Carmen. Cantaba con mucho cariño todos los sábados la Salve.
En la fiesta de la Natividad del 8 de septiembre de 1640, en sus últimos días, la
Virgen María se le aparece y le muestra la vestidura resplandeciente que vestirá
en la gloria; y le dice: Hija, yo estoy contigo y mi Hijo no te desamparará 18 .
También tuvo mucha devoción a san José como le enseñó santa Teresa.

En una ocasión para prepararse mejor para la fiesta de la Asunción pidió a


la Priora permiso para quedarse toda la noche en el coro y prepararse a la
comunión. La Priora le ordenó que fuera a descansar a su celda. Después de las
doce de la noche fue con un vaso de agua y bizcochos para que los tomara. Ella
los tomó haciendo un esfuerzo, ya que no podría comulgar al día siguiente, pero
quedó consolada por su obediencia por el mismo Jesús que se le apareció.

Para la fiesta de la Asunción preparaba una cama pequeña para la Virgen


como si hubiera de morir otra vez rodeándola de frutas, yerbas y flores, quedando
como enajenada en estas consideraciones y para el día 15 adornaba la imagen con
joyas y vestidos que le prestaban algunas amigas y así salía la imagen en
procesión. Las noches del Viernes Santo se quedaba todos los años,
acompañando a la Virgen en su soledad.

JESÚS EUCARISTÍA

Recordemos que amaba mucho a Jesús Eucaristía y se pasaba muchas


horas de la noche ante el Santísimo Sacramento en la capilla. Santa Teresa, de
acuerdo con su confesor, le dio permiso para comulgar todos los días, pero en
1616 los Superiores mandaron que todas sin excepción comulgasen solo dos
veces por semana. Cuando comulgaba, le pedía a su enfermera que no le hiciese
comer a la fuerza porque decía que no podía menos de estar empleada en lo que
Dios le comunicaba 19 . En una carta que escribió a don Luis de Herrera el 30 de
noviembre de 1627 le decía: Me falta la vista de un ojo y el otro lo tengo harto

18
Acosta, cap. 43 y 44 pp. 379-380 y 386.
19
Inés de san José, deposición del 24 de noviembre de 1640.

13
acabado, pero del izquierdo no veo nada. Pídale, vuestra merced, a nuestro
Señor que no me quite la vista de este otro, sino que me la deje para ver al S.
Sacramento.

Su amor a Jesús eucaristía era indecible. Les decía a sus hermanas: Hijas,
¿saben que vivimos de puertas adentro con el S. Sacramento? ¿Que vivimos con
su Majestad debajo del mismo techo? Si supieran los del estado religioso qué
beneficio es este, no les pareciera a ninguno cara la compra, aunque fuese a
precio de lágrimas de sangre.

Al comulgar el 20 de marzo de 1630 sintióse con grandes alientos para


sufrir la terrible enfermedad que en aquel día le sobrevino y duró un año entero.
Al comulgar el Jueves Santo la fortaleció en su natural con fuerzas suficientes
para asistir aquellos días a los oficios de la Iglesia. En su vida recibió el Viático
(comunión antes de su posible muerte) en 26 ocasiones y apenas recibía a Jesús
por Viático se iniciaba la mejoría, mostrando tal transformación en el semblante
y tanto resplandor en la cara que las religiosas asistentes se atrevían a afirmar que
no era aquella María de Jesús. Por experiencia decían en la comunidad: Que, o
María había de morir sin la Eucaristía, o había de ser eterna porque en
recibiendo el Viático, al momento sanaba. Por eso, los mismos médicos varias
veces, no hallando remedio humano, le ordenaban el Santo Viático como único
remedio 20 .

Muchas veces el Señor le concedió el favor después de la comunión de la


conservación prolongada durante todo el día de las especies sacramentales,
acompañado en repetidas ocasiones la recuperación portentosa de la salud con
solo recibir el Santísimo Sacramento. Cosa que ya había experimentado en sí
misma su Madre santa Teresa de Jesús.

Cristo le mostró una vez su Corazón como recipiente y depósito de la


divinidad. Le mostró su pecho abierto y en él los tesoros de la divinidad. Cristo la
invitó muchas veces a vivir dentro de su divino Corazón. Y ella trataba de
inculcar la devoción al Corazón de Jesús, de palabra y por escrito. Escribió en
carta del 29 de noviembre de 1539 que el divino Corazón está echando flechas de
su divino amor desde su Corazón sacrosanto a las almas.

20
Anónimo, La sierva de Dios sor María de Jesús, Toledo, 1909, p. 43.

14
OFICIOS EN LA COMUNIDAD

El primer oficio que María desempeñó en la comunidad fue el de


sacristana. Se esmeraba mucho en la limpieza de lo tocante al culto divino, se
embebía tanto en la consideración de los objetos sagrados que varias veces la
compañera la encontraba arrobada en un rincón con el cáliz en la mano 21 .

En 1584 estaba encargada de la sacristía y tuvo que guardar cama. El mal


se centraba en un brazo y los médicos temían que llegara a perder el uso del
mismo, lo que es grave en una religiosa de 24 años. En este caso la Priora,
Brianda de san José, le mandó por obediencia: Levántese y vaya a su oficio de la
sacristía. Y sucedió que, al momento, se levantó sonriente y agradecida y acudió
a su labor, habiendo quedado sana 22 .

Después hizo el oficio de enfermera. Curaba a las enfermas con suma


puntualidad y de rodillas, las alentaba en sus dolores con palabras llenas de
resignación y las acostumbraba a sufrir sin quejarse, porque todas decían que lo
que las sanaba no eran los medicamentos, sino las manos y palabras de la
enfermera. Dios la favoreció en este oficio más que en ningún otro. Al subir las
escaleras, la ayudaba Jesucristo contando sus pasos y dándole a entender cuánto
valen los que se ordenan a la caridad. Si llevaba un jarabe a una enferma, hallaba
que Jesús era quien le esperaba. Si hacía las camas, le ayudaba a extender las
sábanas y demás ropas. Si servía la comida, el mismo Señor la recibía como
servida a su divina Majestad 23 . Realmente Jesús era como su amigo y confidente
indispensable.

En verano se quedaba muchas noches enteras en un terrado, mirando al


cielo donde las religiosas muchas veces la encontraban como muerta. En invierno
era su ejercicio en el coro o en la celda y este ejercicio de larga oración nocturna
lo tuvo hasta el fin de su vida. Durante 10 años gozó de la presencia sensible de
Jesús, la cual no perdió ni siquiera en los terribles desamparos de su alma y llegó
en esto a ser tan viva la presencia de Jesús que con solo mirar las imágenes se
encendía en fervorosas ansia de amor 24 .

21
Acosta, cap. 7.
22
Acosta, cap. 22, p. 177.
23
Acosta, cap. 8.
24
Acosta, cap. 7, 8 y 9.

15
Después fue tornera o portera. En este oficio le ofrecían muchas limosnas
para la casa, que a la sazón vivía en suma pobreza y hambre, y le pareció a las
Prioras que Dios había puesto allí a su sierva para sustentar la casa con
abundancia 25 . Ella remedió las necesidades corporales dando limosna a todos los
pobres que llegaban al torno y, cuando no podía, con benignidad, compasión y
dulzura de palabras los despachaba consolados 26 .

Consoló con ayudas frecuentes y grandes a la santa Madre santa Teresa


que en aquella época lloraba la persecución que contra sus hijos se había
levantado. Mucho dinero, muchísimas veces, pudo entonces entregar a su querida
Madre amparando así a los frailes de la Reforma que estaban perseguidos y
escondidos por España o que tenían que huir a Italia. Por esto dijo la santa que
María era su hija de bendición 27 .

Dejó su oficio de tornera en 1581, pero nunca estaba ociosa. El coro y la


oración eran su descanso, la rueca su continuo ejercicio, la escoba y el estropajo
sus más agradables instrumentos, ayudar en la cocina en los oficios más bajos su
mayor gusto 28 .

En 1583, teniendo 23 años la pusieron maestra de novicias. En 1585 salió


para fundar en Cuerva y allí estuvo desde el 25 de julio hasta fines de diciembre.
Volvió a Toledo y fue elegida otra vez maestra de novicias. Para ella eran tan
claros los corazones de sus novicias como el suyo propio.

Desde su celda veía cuanto pasaba por ellas y a las dos o tres u otra hora
de la noche se levantaba con un crucifijo en la mano e iba a consolarlas en sus
aflicciones y tentaciones 29 .

El 24 de julio de 1587 fue elegida Priora la Madre Elena de Jesús y solo


quiso aceptar si ponían a María de subpriora. Ella era un ejemplo para todas de
modo que hasta santa Teresa tuvo que limitarle el tiempo de oración para que no
se enfermera 30 .

El 25 de septiembre de 1591 fue María elegida Priora, viviendo en este


oficio más como súbdita que como Priora. Desde 1595 hasta su muerte siempre
tuvo algún oficio o cargo importante en la comunidad. Al terminar su oficio de
Priora, volvió a ser maestra de novicias. En 1598 fue Priora otra vez y en 1601 de

25
Acosta, cap. 9.
26
Ibídem.
27
Ibídem.
28
Acosta, cap. 10 y 11.
29
Acosta, cap. 12.
30
Acosta, cap. 13.

16
nuevo maestra de novicias,permaneciendo en este oficio siete años continuos. El
20 de junio de 1607 fue elegida subpriora. En 1624 fue elegida por tercera vez de
Priora. En este priorato enriqueció extraordinariamente la casa y la iglesia con su
prudente gobierno y administración. El 14 de noviembre de 1627 fue elegida por
última vez en el cargo de maestra de novicias.

En su último trienio abrió los cimientos de la nueva iglesia con la limosna


de 25.000 ducados que alcanzó de don Fernán Franco, presbítero, y continuó
luego la construcción hasta verla casi terminada aun en lo interior con las
limosnas que adquirió por medio de sus conocimientos e influencias.

Durante la Cuaresma y sobre todo durante la Semana Santa, participaba en


los sufrimientos de Jesús. Un día se le apareció Jesús y le puso una corona de
espinas sobre la cabeza, de donde le resultó un tan extraordinario dolor de ella
que nunca se le quitaba 31 .

DEVOCIONES Y ORACIONES

Amaba mucho a los santos y meditaba en su vida, virtudes y martirios


para enfervorizarse más y más con sus ejemplos. Y con frecuencia algunos santos
se le aparecían como san Lorenzo, san Juan evangelista, san Juan Bautista, santa
María Magdalena, san Francisco de Asís, san Francisco Javier y otros 32 .

Era muy devota de las almas del purgatorio y tuvo muchas revelaciones y
visiones sobre ellas y a todas las que podía las ayudaba con sufragios.

Cuando había problemas sociales, rezaba por esas intenciones, como


cuando enfermó gravemente una hija del rey Felipe IV o cuando los ingleses se
presentaron en Cádiz para combatir contra España. Lo mismo hacía cuando se
trataba de sequías, rebeliones, hambre ..., y especialmente, cuando conocía casos
de pecadores o herejes para rezar por su conversión.

Era muy penitente, usaba cilicios; en la comida echaba algo para hacerla
más insípida o amarga.

Con relación a su ángel custodio y a los santos, los honraba en sus fiestas.
Por lo cual mereció que la visitaran y recrearan con su presencia y que el ángel
custodio la despertara todas las noches a las dos para meditar.

31
Jerónimo Gracián, Peregrinación de Anastasio, Diálogo 16.
32
Acosta cap. 7 y 8.

17
El padre Jerónimo Gracián de la Madre de Dios, primer provincial del
Carmen descalzo, que la confesó en los primeros años de su vida religiosa, dejó
consignados en sus dos obras autobiográficas, Diálogos sobre la muerte de la
Madre Teresa de Jesús y Peregrinación de Anastasio, unos juicios muy positivos
sobre nuestra santa y nos dio la noticia histórica, personalmente confirmada por
él como Superior, de la estigmatización mística de sus manos, pies, cabeza y
costado.

CARISMAS

Tenía muchos éxtasis. De 1594 a 1598 la encontraron con frecuencia


arrobada y despidiendo resplandores en los días de fiesta, cuando el Señor le
regalaba visiones e ilustraciones sobre los misterios que se celebraban.

Tuvo el don de profecía. Anunció la muerte de Ana de San Francisco y


vio, mucho antes, la muerte de la novicia Isabel de la Trinidad.

PROFECÍAS

Estando María de Jesús recogida orando en su rinconcito del Coro por su


amiga y bienhechora la Sra. condesa de Arcos, D.a Mariana de Mendoza, quien
a la sazón estaba muy enferma en Madrid, según se ve en cartas de la sierva de
Dios a D. Luis Herrera, vio pasar delante de su rostro una paloma con vuelo
muy rápido y entendió que era el alma de la señora condesa; entonces dijo a la
Madre Ana de la Trinidad y otras religiosas: “Muerta es nuestra buena amiga la
condesa de Arcos”. Así sucedió, porque a los pocos días recibieron noticia de
haber muerto, según había anunciado María de Jesús. En la postdata de una
carta que la Sierva de Dios escribe a D. Luis Herrera el 29 de diciembre de
1626, le dice el sentimiento profundo que le ha causado saber que se han
agravado los dolores y enfermedad de dicha Sra. condesa; y en otra del 6 de
enero de 1627, o sea ocho días después, le escribe otra manifestándole las
lágrimas y pena de su Comunidad por la muerte de la Sra. condesa de Arcos,
que debió suceder del 29 de diciembre de 1626 al 3 ó 4 de enero de 1627,
atendiendo al tiempo que pudieran tardar los correos.

Había en Toledo un sacerdote muy docto y santo, y por tal lo veneraban


en la ciudad, llamado el Dr. D. Martín Ramírez, grande admirador de las
virtudes de María de Jesús; este santo varón enfermó y murió a deshora de la
noche, cuando ya hacía mucho tiempo estaban cerradas las puertas del
convento, de manera que no podía saberlo ninguna religiosa de la Comunidad,
porque una vez cerrado el convento no se abre por la noche para sólo recibir

18
noticias, porque está prohibido a no ser en caso de grave y repentina
enfermedad de alguna monja, para llamar al médico o confesor; en la misma
hora que murió este sacerdote, dijo la Sierva de Dios a la Madre Ana de la
Trinidad: “Hija, muerto es nuestro santo Dr. Martín Ramírez”, lo cual se
comprobó al día siguiente por la mañana. Juana de la Encarnación, religiosa de
mucho talento y virtudes, cayó enferma, y la Priora, Madre Isabel del Santísimo
Sacramento, mandó a nuestra María de Jesús pidiese a Dios la vida de esta
enferma, a lo cual respondió: “Madre, no hay remedio, que ya está dada la
sentencia; morirá, sin duda”. Los médicos la visitaron y aseguraban
convalecería, teniendo por leve la enfermedad; pero la enferma, que sabía quién
era María de Jesús, la llamó y le dijo: “Madre, ¿me moriré de ésta?”, y la sierva
de Dios respondió con seriedad: “Sí, Juana, que así lo quiere Dios”. Desde este
momento perdió la enferma la esperanza de la medicina y aun el miedo a la
sepultura, y tratando de disponerse, murió al tercer día con suma felicidad, o sea
el 18 de noviembre de 1633.

Estando enferma María de Jesús de unas recias tercianas, y temiendo


fuesen de peligro, llamó a su confesor, R. P. Martín de Jesús María, definidor
General; mientras se confesaba, llamaron al confesonario para entregar al
definidor un correo de Madrid que llegó entonces, dándole cuenta del grave
peligro de muerte en que estaba ya el Reverendísimo P. Esteban de San José,
general de la Orden, para que se marchara en seguida a Madrid; todo lo
escuchaba María de Jesús, y volviéndose al definidor y dos monjas que trajeron
el aviso, les dijo: “Ya no es necesaria la jornada de los Definidores, porque en
este instante acaba de expirar nuestro Padre general”. Con tanta certeza lo
aseguró, que hizo se le cantara una misa, pues vio su alma detenida en el
purgatorio y su cuerpo amortajado en la celda de ella misma por espacio de
veinticuatro horas, y al día siguiente, al elevar la hostia en la misa cantada, lo
vio subir al cielo, acompañado de San Pedro y San Pablo y de Santa Teresa. Se
comprobó esta luz cuando se supo la consonancia de esta noticia con la
realidad; todo sucedió el 2 de abril de 1657.

El año 1639 enfermó con grave riesgo Beatriz de Jesús, amiga íntima de
la Sierva de Dios, y como las carmelitas de Toledo la amaban y debían tanto,
solicitaban de Madrid las noticias de su salud; las monjas querían ocultar estas
noticias a María de Jesús; pero su luz no le impedía ver a la distancia, y así dijo
a las religiosas: “No tienen, hijas, que encubrirme el aprieto de nuestra Madre;
ahora acaban de darle la extremaunción el R. P. Fr. Felipe de San José y el P.
Fr. Pedro de la Concepción”. Se averiguó ser así con toda exactitud. Leonor de
la Madre de Dios, religiosa contemporánea de santa Teresa y verdadera hija
suya en el espíritu y muy querida de María de Jesús, hallábase molestada de
algunos trabajos interiores y achaques del cuerpo; la sierva de Dios pedía a Su
Majestad la aliviara de ellos, y el Señor le respondió: “Tal día me la traeré

19
conmigo y estará del todo buena”. Muy pronto avisó a la paciente nuestra María
de Jesús, y apenas oyó esta nueva, Leonor, con admirable y antigua sencillez,
dijo: “Dios te lo pague, que me das tal nueva”. De allí a pocos días murió esta
religiosa y la vio subir al cielo, María de Jesús, acompañada de Jesucristo, de
multitud de ángeles y santos, entre quienes iba una hermana de Leonor con
mucha gloria; todo esto sucedió en mayo de 1640. Alonso Pérez de las Cuentas,
vecino de Toledo, refiere con juramento que María de Jesús le envió a llamar en
una ocasión y le dijo: “Como persona a quien estimo y deseo todo bien, le
suplico en nombre de Dios excuse una salida que se le ha de ofrecer esta noche
con un amigo, porque de hacerla se seguirá a entrambos no sólo perder las
vidas, sino las almas”. A lo cual respondió él: “Madre, estoy ignorante de
cuanto me dice, y V. m. mal informada”. Pero ella replicó: “No estoy mal
informada, sino muy bien, como V. m. lo palpará pronto con las manos”.

Esta entrevista fue por la mañana, y en la tarde, encontrándose Alonso


Pérez con su amigo, le dijo éste que se viese con él aquella noche, pues lo
necesitaba. A la hora señalada se reunieron los dos, y el tal amigo quería que le
acompañase Alonso Pérez a una casa donde otras veces habían ido sin riesgo;
pero acordándose Alonso de lo que por la mañana le había dicho María de
Jesús, le contestó: “No es conveniente salir ahora, dejadlo para mañana en la
noche”. El amigo, que era persona de consideración, atribuyó esto a pocos
alientos, haciendo burla de él y apurándole de manera que hubo de obligarle a
descubrir la causa, la cual fue bastante para desistir de lo intentado, aunque con
repugnancia del que deseaba salir. El día siguiente, por la mañana, supieron los
dos con toda evidencia que en la misma casa adonde querían haber ido los
esperaban cuatro hombres con arcabuces y alabardas, para asesinarlos, lo que
realmente hubiera sucedido, ya por ser más en el número de personas, ya por la
desigualdad de armas 33 .

OLOR SOBRENATURAL

María de Jesús, en su declaración jurídica para el Proceso de santa Teresa,


manifestó el 18 de julio de 1595: Esta testigo sabe que la dicha Madre Teresa de
Jesús en vida daba de sí muy suave olor y que le parece que era cosa del cielo,
porque no era de ámbares ni almizcles ni de las otras cosas que por acá se usan
y esta testigo lo experimentó muchas veces. Algunas veces, por su consuelo, se
ponía junto a ella para gozar de aquella suavidad sin que ella lo echase de ver,
porque si alguna vez lo veía se enojaba diciendo: “Quítese de ahí, no crea
eso”34 .

33
Anónimo, pp. 174-177.
34
P. Simeón de la Sagrada Familia, Beata María de Jesús, Postulación general OCD, Roma, 1976, p. 66.

20
Cuando santa Teresa tuvo que irse de Toledo, llevó a María ante una
imagen del Santo Cristo y dijo al Señor: Señor mío, sedme maestro de esta hija,
que a vuestros soberanos pies está presente. A lo que el Santo Cristo respondió:
“Yo miraré por su alma como tú miraste por mi honra” 35 .

Santa Teresa murió el 4 de octubre de 1582 y dice la Madre Ana de la


Trinidad, priora de Toledo, en su deposición jurídica de 1646: La Madre María
de Jesús fue muy visitada de nuestra santa Madre Teresa de Jesús con
apariciones muy frecuentes y a veces entrando en la celda de la Madre María de
Jesús y, aun antes de entrar en ella, percibía el olor de nuestra santa Madre y
decía a la venerable: “Ay, Madre, aquí huele a nuestra santa Madre”. Y ella
respondía: Hija, sí olerá que debe de andar por ahí nuestra santa Madre, dando
a entender que estaba la santa Madre, dentro de la celda o que hacía poco que
había estado 36 .

Entre las cosas que aconsejaba santa Teresa a María para que lo
comunicara a todas era, por ejemplo: que avisara a las prioras y prelados
pusiesen mucho en procurar que las religiosas anden siempre muy alegres,
porque mientras esta alegría durase, duraría lo que se ha comenzado de esta
Orden y el espíritu que lleva 37 .

Cuando era Priora sor Beatriz de Jesús, sobrina de santa Teresa, varias
veces se le apareció para darle avisos para su sobrina, otras veces se les aparecía
a las dos juntas con singulares muestras de amor. Y como tantas veces se le
aparecía la santa a María, su sobrina Beatriz le solía preguntar: ¿Esto que he
hecho o lo que voy a hacer es del agrado de mi tía?

Cuando murió sor Beatriz, se le apareció la santa con su sobrina a María y


le dijo: Hija, vengo a enseñar a Beatriz todos mis conventos y las almas que mi
Señor tiene en ellos 38 .

35
Ib. p. 67.
36
P. Simeón, o.c., p. 68.
37
Ib. p. 69.
38
Relación y deposiciones 5 y 7 de María Evangelista.

21
SANACIÓN DE ENFERMOS

Orando por los enfermos, María curaba a muchos enfermos. A Inés de S.


José la desahuciaron los médicos y ella oró, la encomendó a S. Francisco Javier
y el santo escuchó su plegaria, se la apareció y le dijo: “La enferma no morirá”,
efectivamente, la enferma sanó en muy pocos días. Ana de la Trinidad, atacada
de un tabardillo pestilente, llegó a ser desahuciada de los médicos; María de
Jesús, su Maestra, al ir a visitarla y estando las dos solas varias veces, recostaba
su cabeza sobre el pecho de la enferma, pegaba su rostro con el de la paciente,
regándole con sus lágrimas, y entre gemidos decía a Dios con palabras muy
eficaces: “No, Señor, no ha de morir de ésta, de vivir tiene”; como lo pedía, se
lo concedió el Señor, porque al punto salió del peligro la enferma y en pocos
días sanó completamente. Esta misma religiosa, dice en su Relación, que en
otras dos ocasiones hallándose en peligro grave de muerte, las oraciones de su
Maestra la alcanzaron vida. A otra religiosa muy grave de dolor de costado, fue
necesario ya administrarle el santo Viático el día de la Asunción de la Santísima
Virgen. Sentía mucho María de Jesús que muriese esta enferma, por eso
mientras le dieron el Viático, pidió nuestra María a Jesús Sacramentado, en la
misma celda de la enferma, le diera salud, y le contestó Jesucristo: “Esta
enfermedad no es de muerte, sino para mi gloria” y, al instante, comenzó a
mejorar la doliente.

El R. P. Francisco de Acosta, enfermó gravemente en Madrid, la


calentura fue tan alta, que estuvo en grande peligro de muerte, lo supo María de
Jesús por carta, y, como le amaba mucho en el Señor, al punto se puso a orar
delante de una imagen de María Santísima con el Niño Jesús en los brazos, que
tenía pintada en un cuadro en su celda, allí postrada y le suplicó con instancia
por la salud de este enfermo bienhechor y director suyo, y, desplegando sus
labios el divino Jesús desde los brazos de su bendita Madre, dijo a ésta su
Esposa: “Bueno está ya”. La sierva de Dios entendió que estas palabras se
referían a la salud del alma, por haber muerto ya el P. Acosta; sucedió esto a la
una de la noche, y, bajando a comulgar por la mañana con este cuidado del
enfermo, de nuevo pidió por él, oyendo al tiempo de recibir la sagrada comunión
una voz, que le dijo: “Bueno está ya en el cuerpo”, lo cual se verificó así, como
después lo supo por carta 39 .

39
Ana de la Trinidad, Relación y Deposición 9.a.

22
DON DE HACER MILAGROS

El Señor le comunicó esta potestad para ser común asilo de necesitados,


como lo demuestran los siguientes casos, cuya relación jurada y firmada de
mano de los mismos que lo vieron o experimentaron, conservó en su poder el R.
P. Francisco de Acosta. A Juan Martín, vecino de la ciudad de Toledo, le nació
un hijo con los dedos de una mano tan unidos que toda parecía hecha de una
sola pieza, sin división ni señal de tales dedos. Con esta aflicción llegó al
convento de las monjas carmelitas, llamó a María de Jesús, le descubrió su pena
de ver manco a su hijo, la suplicó le permitiera traérsele, porque esperaba que
bendiciéndole ella, sanaría al instante; María de Jesús le respondió entonces:
“Esto no es materia de pena, porque ese defecto es natural y su remedio tan
fácil, que sólo con untarle la mano con aceite, sanará su hijo”; efectivamente,
apenas Juan Martín aplicó el remedio a la mano de su hijo, como le ordenó la
sierva de Dios, instantáneamente quedaron formados y separados y flexibles los
dedos. Alonso Pérez de las Cuentas, depuso con juramento que su hermana D. a
Jerónima enfermó gravemente, viendo la madre de la enferma que ya su hija no
tenía remedio humano, escribió a María de Jesús, suplicándole pidiese a Dios le
diera fuerzas para sufrir el terrible golpe de la muerte de una hija a quien tanto
amaba.

Mientras llevaron la carta a las monjas carmelitas, le dió a la enferma un


parasismo, o como dice Alonso Pérez, murió y así lo creyeron todos, de suerte
que, saliéndose del aposento la cubrieron el rostro con una sábana, sacando de
allí a su madre traspasada de dolor. En medio de esta aflicción, recibió una
carta de la sierva de Dios, en la cual decía: “No es voluntad de Dios quitarle
por ahora a su hija»”; leyó esto D.a Mariana, madre de la enferma, y exclamó:
“¡A buen tiempo me escribe mi Madre María estas razones!... ¿Ahora me las
escribe, cuando yo he visto a mi hija muerta?”. Mas apenas hubo acabado de
proferir estas palabras, una criada comenzó a gritar: “Señora, mi señora Doña
Jerónima está viva”. Desde este instante, comenzó a mejorar y cobrar fuerzas,
juzgándolo todos por milagroso efecto de las oraciones de María de Jesús.
Sucedió este caso en 1614 ó 1615, 30 años antes que el padre Acosta lo
escribiera 40 .

40
Anónimo, pp. 186-187.

23
Otro caso, junto al convento de San José había una casa donde se
guardaban las llaves de la portería e iglesia de la comunidad todos los días;
pero el 3 de agosto de 1600 este año sucedió que los dueños de dicha casa se
fueron, ya de tarde, a la iglesia de religiosas de Santo Domingo el Real a oír los
solemnes maitines cantados del Santo Patriarca de la Orden de Predicadores, y
al marcharse, inadvertidamente, dejaron un candil encendido en una puerta, el
cual se ladeó con el aire que hacía y prendió fuego a unos encerados; de allí se
comunicó a toda la casa, y por fin pudieron sacarse las llaves del convento,
porque el fuego se había apoderado de la puerta de dicha casa y ya se iba
comunicando a la del convento, de manera que precisó salir la comunidad y
trasladarse al convento de Santo Domingo el Real, donde fue recibida de las
dominicas con gran caridad y cariño.

Acudieron a extinguir el fuego seglares y religiosos de diferentes Órdenes,


y, caso admirable, en el pozo de una casa vecina, de donde el día anterior no
habían podido sacar una escudilla de agua, aquella noche sacaron más de
doscientos cántaros, y sobre un tejado del convento vieron un venerable anciano
que, sin hablar palabra, dio a cuantos estaban apagando las llamas algo más de
mil cántaros de agua, advirtiendo que nadie conoció al venerable anciano, ni
desde entonces le volvieron a ver nunca, si bien las religiosas se persuadieron
que era el Patriarca San José, Patrón del convento. Quemada ya completamente
la casa por donde comenzó el fuego, sin duda algunas chispas prendieron en las
maderas de una galería del convento que caía a la parte de la casa quemada;
pero al llegar a una cruz, también de madera, se detuvo y cesó el fuego, sin
haber causado ningún daño en el convento. A los cinco o seis días volvieron las
religiosas carmelitas a ocupar su casa, permaneciendo la Madre Vicaria
enferma en las dominicas, por cuyo motivo hubieron de trasladarla a su
convento de Cuerva los mismos Superiores que la trajeron, volviendo así Dios
por la inocencia de María de Jesús, a quien hicieron Maestra de novicias 41 .

EL DEMONIO

Mucho persiguió el enemigo infernal a María de Jesús mientras vivió en


la tierra. Todavía era seglar y ya la atormentaba con monstruosas apariciones y
horribles figuras, con espantosas sombras para amedrentarla. En su año de
Noviciado, se valió el demonio de la revolución de humores y falta de salud,
para turbar la paz de su alma, desazonando su gusto en lo exterior con
apariciones tan repugnantes y horrendas, que ofenden al pudor. También se
valió el astuto del temperamento pusilánime y medroso, para hacerla creer que
su delicada complexión no servía para soportar los rigores de una vida tan

41
Anónimo, p. 146.

24
austera como la del Carmen Reformado; otras veces la tentaba con el recuerdo
de las comodidades, galas, aplausos, posición y cariño que había dejado en su
casa, con la hermosura de su talle y blonda cabellera; pero nunca la pudo
arrastrar a caer en algún consentimiento, porque a unas y otras sugestiones
resistía con el desprecio de cuanto había dejado y con el ardiente anhelo de
unirse a Dios con el sagrado lazo de su profesión. De 1578 a 1590 la sierva de
Dios fue atormentada a temporadas con dudas de cosas interiores y otros
trabajos, de suerte que algunas veces se postraba en tierra y arrojaba sangre
por boca y narices, de la fuerza de la tribulación; ésta le apretó tanto un día de
San Dionisio Areopagita, juntamente con la idea de que se había de condenar, y
que, supuesto esto, mientras más viviese, sería añadir pecados a pecados, y por
consiguiente, materia de mayores tormentos en el infierno, lo mejor era
suicidarse; para ello se le apareció el demonio en horrible figura, presentándole
una soga en el aire, que él traía en sus garras, apretando mucho en sus vanas
aprensiones a la sierva de Dios.

En este mismo instante se le apareció San Dionisio, quien ahuyentó al


demonio, la dejó libre, consolada y certificada de su buen espíritu, como lo
habían hecho Santa Teresa y otros hombres doctos y santos. De 1598 a 1600,
envidioso Satanás de los progresos espirituales que hacían en la perfección
María de Jesús y, por su medio, las religiosas y otras personas a quienes
trataba, para vengarse de ella repitió las apariciones con figuras horribles en
este tiempo; todos los días, tantas cuantas veces iba a entrar en el coro, se ponía
junto a la puerta para más atormentarla; otras veces se ponía delante, ya
arrojándola muchas por las escaleras, ya presentando ante sus ojos la sangre
abundante que derramaba en las disciplinas, para que, o la naturaleza tomase
miedo a la penitencia, o se vanagloriase de haberla hecho. Si estaba en la celda,
como Prelada, tratando cosas de espíritu con alguna monja, allí llevaba otras
que lo estorbasen.

Si escribía o dictaba algo respecto al provecho del prójimo, le quitaba la


pluma de la mano o borraba lo escrito, pero todo con espantosos bramidos,
porque no podía resarcirse de los daños que a cada instante estaba recibiendo
de María de Jesús, amenazándola con que se las había de pagar, pues se la tenía
jurada desde que fue maestra de novicias la primera vez; mas nada consiguió
este infernal enemigo, porque todas sus embestidas se frustraban,
permaneciendo firme la sierva de Dios. De 1603 a 1605, cuando María de Jesús
se hallaba privada injustamente del Priorato y del oficio de Maestra de novicias,
viéndola el demonio postergada, procuró con horrible saña atormentarla de esta
manera. Poníale en su corazón que Dios estaba enojado contra ella, porque eran
verdaderas las faltas de que le habían acusado en las dos Visitas Regulares de
este trienio, y además otras tentaciones con mucho desasosiego interior,
diciéndole que, tanto los Prelados como las monjas, estaban justamente

25
indignados contra ella. Con todo, la sierva de Dios, que nada encontraba en su
conciencia de qué acusarse, no dejaba de buscar al Señor, que, escondido, se
complacía en verla pelear y sufrir en todos los instantes, afirmando ella después
que nunca, ni aun en tiempo de regalos, vivió con más atención para no perderle
ni disgustarle. Como su mayor tormento era creer que tenía ofendido a su divina
Majestad, el Señor le proporcionó un consuelo, y fue que el Rector del Hospital
del Rey, hombre de singular virtud, la llamó un día al confesonario, y siendo así
que jamás había tratado a la Comunidad ni había visto a María de Jesús, le
habló por su nombre, le refirió sus congojas, sus cuidados y la alentó diciéndole
que de parte de Dios le aseguraba que en todo aquello no había culpa ni rastro
de ella, sino permisión divina; que Su Majestad estaba muy complacido de la
paciencia con que todo lo había sufrido, tanto las vejaciones de las criaturas
como las tentaciones del demonio.

Con este impensado consuelo quedó gozosa, y obrando la divina


influencia en su alma, se tranquilizó y continuó el desear más trabajos por
Cristo. De 1624 a 1627 volvió el demonio a mortificar a María de Jesús con
dudas que le proponía, ya acerca de sus obras, borrando de la memoria cuantas
había hecho, ya haciéndole ver en ellas pecados que jamás había cometido,
agravándoselos de manera que a su juicio toda ella era un pecado, y aunque
olvidaba cuanto bueno había hecho, no podía perder de la memoria los
singulares favores recibidos de la mano poderosa del Señor, creciendo la pena y
sentimiento al paso que se juzgaba la mayor pecadora y la criatura más ingrata
del mundo, por cuya razón, lo mismo de noche que de día, lloraba amargamente.
La rabia y furia de Satanás no paraba sólo en este tormento, porque de aquí
tomaba motivo para otro mayor, y era ponerle dudas en las misericordias
recibidas, dándole a entender que su camino hasta aquí había sido errado, pues
no era posible que a una criatura tan mala hubiese Dios dispensado tales
misericordias, que sólo haber pensado que las había recibido era desvanecida
soberbia, siendo todas ellas no verdades sino ficciones de su imaginación. En
medio de tempestad tan deshecha, jamás perdió de vista a su Jesús; todas sus
ansias eran suspirar con tiernas palabras por su adorado ausente, invocando a
la Reina del cielo por intercesora para hallarle.

Nada de esto la pudo apartar un punto de la constante asistencia a todas


las obligaciones de su estado y oficio de Priora; al contrario, ahora más que
nunca pasaba las noches enteras en oración, añadiendo penitencias a
penitencias, acudiendo a todas como verdadera madre, humillándose delante de
la Comunidad con publicar sus faltas. En este tiempo, una o dos veces cada día,
pasaba algunas horas sin sentido y con semblante de cadáver a fuerza de sus
achaques y debilidad; al mismo tiempo era atormentada interiormente con
grandes arideces, si bien con un efecto raro, pues apenas volvía en sí, sus
primeras palabras eran: “Hijas, díganme mucho de mi divino Esposo,

26
afervoricen mi alma encaminándola para que halle a este amado mío, y a Él,
como a un blanco, enderece mis pensamientos; ayúdenme con sus oraciones,
para que este Señor perdone tantos pecados cuantos esta vil criatura ha
cometido contra su bondad, infinita”. Estos problemas duraron cuatro meses y
termináronse con inexplicables misericordias. Se le apareció Jesucristo, y
después de asegurarla que en nada le tenía ofendido, que sus caminos eran
rectos, le dijo: “Yo siempre he estado en tu compañía, negando al demonio la
licencia que solicitaba para hacerte caer en la desesperación”, con lo cual se
sosegó y recibió grandes luces 42 .

DESTITUCIÓN

EI P. Alonso de Jesús María, al realizar la visita canónica al convento de


las descalzas de Toledo, como delegado del Provincial, admitiendo
imprudentemente unas acusaciones graves e injustificadas que contra la Priora
le formuló una monja llamada Catalina de la Ascensión, y sin fijarse en el
testimonio contrario de la mayor parte de la Comunidad, depuso a la Priora,
nuestra Madre María de Jesús, ante el Capítulo conventual, con gran
humillación y deshonra. Nuestra heroica carmelita no se defendió y, lejos de
enojarse, entregó las llaves de la casa, con gran alegría y contento, el 25 de julio
de 1600, a la nueva Priora. Esta humillación se prolongó veinte años, durante
los cuales no permitieron los Superiores fuera de nuevo elegida Priora.

Pero el mismo día de su destitución, ella se retiró a su celda y se le


apareció nuestro Señor Jesucristo todo llagado y le dijo: Más sin culpa padecí yo
por tu amor que tú por el mío. Y se fue a comulgar.

La acusadora Catalina de la Ascensión con otras dos religiosas, siendo 18


de comunidad, la habían acusado de estar relajada por hacerse servir de las
novicias para hacerle la cama y otros servicios. No entendían que estaba con
frecuencia limitada físicamente. Tenía reumatismo en el brazo derecho y eso se
agudizaba con los cambios de tiempo. En las crisis más agudas estaba
prácticamente inválida y algunas novicias acudían con gusto a ayudarla a limpiar
su celda por sus enfermedades. No lo hacían por servirle como esclavas, sino
como hijas que deseaban ayudar a su madre espiritual, pero sus acusadoras la
presentaron como que llevaba una vida de regalo, es decir, de comodidad, que es
sinónimo de mundanidad y placer. Además del cargo de Priora, en 1602 fray
Alonso le quita el oficio de maestra de novicias.

42
Anónimo, pp. 140-143.

27
Sobre esto sor Beatriz de san José declara: tuvo grandísimos trabajos
interiores, grandes y grandísimas tentaciones, entendiendo y creyendo era digna
de 1o que se decía de ella y que todo era verdadero. A su parecer se le hiciera
muy suave el estar padeciendo en el purgatorio el tiempo que esto duró y no me
espanto. No hallaba consuelo en pensar que le tenía disgustado y ofendido a su
Señor 43 .

El Superior que la había depuesto le restituyó públicamente el renombre


ante la Comunidad, le pidió perdón por su equivocado comportamiento e hizo
posible que la Comunidad volviera a elegirla Priora, cosa que se realizó por
absoluta unanimidad, a la humildísima y heroica Madre María de Jesús. El
Señor hizo también que a las tinieblas y angustias espirituales anterior siguiera
la dulce experiencia de una paz de espíritu profunda y dilatada.

SU VIDA EN EL CONVENTO

Un día estaba enferma y vino la visitarla un sacerdote, que era el rector del
hospital del Rey. Él la consoló con palabras tan precisas y con detalles tan
evidentes que María no dudó que el Señor le había revelado su sufrimiento 44 .

El día de la Asunción recibió otra prueba del amor de Dios. La Virgen en


visión interior le prometió su protección y que le ayudaría y ampararía siempre 45 .
Las religiosas trataron de cuidarla para que se recuperara, incluso la querían
mimar con cosas delicadas en la comida, pero ella les suplicaba que no se
molestaran tanto. Y trató de hacerse la sana, asistiendo a todos los actos
comunes. Se restableció lentamente y a principios de 1603, con 43 años, la
pusieron de nuevo al frente del noviciado.

Nombraron Priora del convento a Beatriz de Jesús, sobrina de santa


Teresa, y quiso tener a María como subpriora, siendo a la vez maestra de
novicias. Así estuvo los 7 años que Beatriz estuvo de Priora.

En 1607 se trasladan de casa, ya que la que tenían para vivir era muy
pequeña para todas. La nueva casa la compran por 10.000 ducados. El 28 de
mayo de 1608 se trasladan a la nueva casa y salen caminando procesionalmente
con sus velos echados y sus capas blancas, escoltadas por los padres carmelitas y
otros clérigos.

43
Beatriz de san José, Breve memoria, fol 19.
44
Beatriz de san José, Breve memoria, fol 20.
45
Ib. fol 21.

28
En 1613 el padre fray Alonso de Jesús María cesó de general. El 2 de julio
de 1614 reunió a la Comunidad de Toledo. Quedaba vacante el nombramiento de
Priora, porque sor Beatriz volvía a Ocaña. Fue nombrada Priora la Madre Juana,
que nombró de nuevo a María de Jesús de subpriora. El 9 de noviembre de 1618
hubo nombramientos y sucedió de Priora a la Madre Juana la Madre María
Evangelista. María continuó de subpriora.

Sor Catalina de la Ascensión, la acusadora de María, murió en 1619.


María la encomendó a Dios, porque supo sobrenaturalmente que debía dar
estrecha cuenta ante el tribunal de Dios. Antes de morir, Catalina tuvo una grave
enfermedad y expiró a los pocos días. El padre Acosta anota que ni en vida ni en
muerte ni después de muerta le valieron poco las oraciones de nuestra venerable
Madre. Afirma que en una visión, María conoció el enojo del Señor por la
conducta de Catalina y María consiguió desarmar la cólera de Dios 46 .

De 1619 a 1624 María disfrutó de una situación envidiable, dedicada casi


exclusivamente a la vida interior, aunque no exenta de algunas enfermedades,
que ella llamaba aguinaldos del Niño Jesús.

PRIORA

El 25 de junio de 1624 María es elegida Priora por tercera vez. Se le


presentó santa Teresa para indicarle que su elección había sido del gusto de Dios y
suyo y prometió que le asistirían a cumplir su oficio. En 1625 cae enferma de
gravedad con mucho frío, fiebre, vómitos y desconcierto por todo el cuerpo. Los
médicos la desahucian y aconsejan los últimos sacramentos. En marzo de 1626 la
enferma ve en visión a santa Teresa que entra en su celda, se sienta en su cama y
le dice: ¿Cómo estás hija? Madre, le responde, estoy muy mala. La santa le
aplica su propia reliquia y a la mañana vinieron los médicos a visitarla y la
hallaron sana y buena totalmente 47 .

En 1627 cesa María en el cargo de Priora. Las elecciones se celebran el 14


de noviembre y resulta Priora sor María Evangelista, que ya había sido Priora
seis años (1618-1624).

El padre Francisco de Acosta, su primer biógrafo e hijo espiritual residía


en Madrid y la visita continuamente. Él se preocupó de registrar todos los
detalles para poder escribir su biografía. En una ocasión estaba muy enfermo con
mucha fiebre. María oró por él y oyó una voz que decía: Bueno está. Ella pensó

46
Acosta, cap. 21, pp. 171-172.
47
Sor Ana de la Trinidad, deposición jurídica del 2 de mayo de 1646, fol 1.

29
que se lo decían por su alma, que ya estaba en el cielo. Pero, al ir a comulgar, en
la mañana siguiente, entendió que estaba bueno en el cuerpo. La Madre Ana
añade que fue en bilocación a visitar al enfermo y orar por él, consiguiendo su
salud.

El padre Francisco y su hermano, también agustino, el padre Juan,


donaron dinero para que se pudiera construir la nueva iglesia del convento. Para
la fábrica de la nueva iglesia fue necesario derribar algunas casas y abrir
cimientos. Unos muchachos estaban jugando y arrojaron en lo más hondo a un
niño, llamado Diego de Dueñas, hijo de Alonso de Dueñas. Y fue tal el golpe que
dio sobre las piedras que asustó, aunque era larga la distancia, a las religiosas que
en el coro viejo estaban en misa. La que estaba al lado de María dijo: Jesús ¿qué
será eso? La sierva de Dios le respondió: No es nada. Dieguito ha caído en las
zanjas, pero por misericordia divina no se ha hecho daño. El muchacho, al caer,
había dicho: Madre María de Jesús, valedme. Y cayó sin lesión alguna 48 .

ALMAS DEL purgatorio

Cuando alguna religiosa estaba a punto de morir, si veía a la santa Madre


con la Santísima Virgen y san José acompañándola, era señal de muerte cierta.
Así lo experimentó María en la muerte de sor Teresa de Concepción y de Isabel
del S. Sacramento. En otra ocasión vio que la santa cobijaba bajo su capa blanca
a un seglar, que luego fue carmelita descalzo.

El 9 de agosto de 1619 murió sor Estefanía Evangelista asistida de sus


patronos los santos mártires Lorenzo y Esteban y también de san Francisco de
Asís en premio por las limosnas que había dado a sus religiosos, cuando era
seglar. Cuando moría alguna de sus novicias o hermanas, sobre todo si era
maestra de novicias o Priora, las encomendaba con todo fervor y pedía con
mucho fervor por sus almas por si estaban aún en el purgatorio. Cuando murió
sor Micaela estuvo cuatro días en el purgatorio y vino a darle gracias a María por
haberle ayudado a salir de la cárcel del purgatorio 49 .

El día 31 de marzo de 1621, murió el piadoso rey de España Felipe III,


quien estimó y veneró a la sierva de Dios; apenas expiró, vino a pedirle
oraciones y favor con Dios para que le ayudara a salir del purgatorio, donde
justamente padecía por haber sido remiso en el gobierno de su reino. A los pocos
meses volvió, ya libre de aquellas penas, diciéndole que se iba al cielo por sus
oraciones. También se le apareció, pidiéndole, socorro, el alma de un carmelita

48
Acosta, cap. 49.
49
Ib. p .67; Relación y Deposiciones 5 y 7 de María Evangelista.

30
descalzo en el mismo instante que salió de esta vida. Duraron sus penas ocho
días; luego le vio en una floresta muy espaciosa, aunque algo triste, entonces le
dijo: “Que también aquello era purgatorio, donde sufría la pena de daño por no
haber tenido tan fervorosos deseos de ver a Dios, como pedía la perfección de su
estado. Dos días pasó en esta floresta padeciendo, y, al fin de ellos, le vio subir
al cielo con un sol en el pecho como el que ostenta santo Tomás de Aquino por
haber enseñado su doctrina. Asimismo, la Reverenda Madre Juana de Jesús
María, Priora de este convento, se le apareció y dio gracias porque con sus
oraciones la ayudó a satisfacer en el purgatorio; a la vez le dio recados para
Beatriz de Jesús, sobrina de santa Teresa. Igualmente se le apareció su madre
D.a Elvira Martínez, después de un año de terribles penas que padeció en
purgatorio por haberse opuesto a que la sierva de Dios fuera religiosa: la
reprendió ásperamente, porque, aun cuando le había ofrecido oraciones y
sufragios, no hizo muchos más, para salir cuanto antes de aquella horrible
cárcel. Por fin, la bendijo, alegrándose de que fuera religiosa”.

En los primeros días de enero de 1627, murió en Madrid la Sra. condesa


de Arcos, D.a Mariana de Mendoza, íntima amiga de la sierva de Dios, a quien
comunicaba toda su conciencia y todos sus pensamientos. Muy santamente había
vivido esta señora, tanto que su alma salió de este mundo en forma de paloma,
bajo cuya figura la vió desde el coro María de Jesús. Dos días estuvo en el
purgatorio; al fin de ellos vino a visitar a su querida amiga nuestra sierva de
Dios, y a darle gracias por haberla ayudado en la vida con su doctrina, y,
después de la muerte, con sus oraciones para verse con Dios en tan breve
período, viéndola subir al cielo con mucha gloria. En una ocasión se ofreció a
padecer todo el tiempo que un alma necesitada le pidió. Apenas se hubo
comprometido, comenzó a sentir gravísimos dolores en un brazo con peligro de
perderle, según decían los médicos.

El día 7 de noviembre de 1654, a las doce de la mañana, murió felizmente


la Reverenda Madre Isabel del Santísimo Sacramento, acompañada de
Jesucristo, María Santísima, san José y santa Teresa, en recompensa de su
mucha virtud. Nada supo de ella la sierva de Dios hasta las diez de la noche que
se apareció, pidiéndole oraciones para salir del purgatorio: cinco días duraron
sus penas, y, el sábado siguiente, estando en la misa cantada de la Santísima
Virgen, la vio subir al cielo. El día 6 de mayo de 1636, a las tres de la tarde,
murió la Reverenda Madre Subpriora Leonor del Santísimo Sacramento en el
convento de las carmelitas, de Cuerva. A la misma hora estaba María de Jesús
cerca de una ventana que mira a la Vega, juntamente con otra religiosa; esta vio
que la sierva de Dios se inmutó y mudó de color, la instó mucho para que le
manifestase la causa, y respondió: “Ahora mismo acaba de pasar por aquí
pidiéndome socorro y también a Vuestra Caridad, el alma de la Madre
Subpriora de Cuerva, que acaba de expirar, y va a tener su poco de purgatorio,

31
aunque no de fuego, en las casas de su Padre. Era hija del Sr. conde de Arcos y
de D.a Mariana de Mendoza, cuyas casas estaban muy próximas a la Vega y al
convento de San José: el día siguiente por la mañana en la misa, la vió subir al
cielo, dándole gracias por lo mucho que en vida y después de la muerte, la ayudó
de todas maneras”. El día 14 de abril de 1657, murió en los carmelitas
descalzos, de Madrid, el Reverendísimo General de la Orden Fr. Esteban de San
José, a quien María de Jesús vio expirar desde su celda, y al instante
amortajado; veinticuatro horas lo tuvo en la misma celda sin perderle de vista,
tal como estaba en su féretro. Ella pidió a la Comunidad le cantasen una misa de
la Virgen Santísima al día siguiente, estuviera vivo o muerto, y, al elevar el
sacerdote la sagrada hostia, vio que salía del purgatorio, acompañado de los
apóstoles Pedro y Pablo y santa Teresa, y, coronado con muchos grados de
gloria, volaba al cielo.

El 23 de junio de 1640 el canónigo Gaspar Carrillo tuvo una apoplejía


mientras cantaba en la catedral las vísperas de san Juan Bautista. Ella estaba
enferma con culebrilla, una enfermedad de la piel a modo de herpe que se
extendió por todo el cuerpo. Dado que don Gaspar no llevaba una vida muy
ordenada, algunos lo vieron como un castigo de Dios, ya que la misma madre del
canónigo le había pedido con lágrimas que orase por la salvación de su hijo 50 .
María temerosa de su salvación oró mucho por él y le propuso al Señor sufrir lo
que fuera necesario con tal de que se salvase. Y Dios le dio a entender que había
sido escuchada su oración y que las lágrimas de su madre habían penetrado en el
cielo. Don Gaspar recobró el sentido, estuvo en cama algunos días, se confesó,
recibió el Viático y la unción de los enfermos y murió con signos de salvación.

Otro caballero seglar también estaba en malas condiciones para morir y su


familia pidió a María sus oraciones. Oró por él y escuchó una voz interior: Si él
quiere ser mi amigo, yo lo seré suyo 51 . Ella oró y sufrió por él y a las dos de la
mañana se le presenta el Señor y le dice: Vengo a estar contigo. Quiero que
sepas que esta concedido lo que deseas en orden a aquel por quien me pides.
Míralo aquí sujeto a mis pies. Ya tiene mi amistad en posesión. Si él quiere, será
de los escogidos. Yo lo traeré sobre mis hombros como pastor suyo 52 .

SU MUERTE

Estando ya en los últimos días de su vida vinieron a visitarla desde Madrid


los hermanos Francisco y Juan Acosta. Se hizo llevar al locutorio y allí

50
Sor María evangelista, deposición jurídica fol 18.
51
Acosta, cap. 41 p. 354.
52
Ibídem.

32
conversaron y ellos le dieron la bendición. Ese día a las dos de la mañana el
canto de una avecilla despierta a una religiosa. Esta se levanta y sorprendida
llama a otra religiosa y ambas observan al animalito que se ha posado en la
ventana de la celda de sor María donde canta 53 . El 13 vienen dos padres
carmelitas para atenderla en sus últimos momentos. María entra en agonía y
como los dos padres estaban celebrando misa, llaman al padre Francisco, quien
acude como ella le había profetizado, para darle la unción de los enfermos en sus
últimos instantes. Entonces María le pide a la Madre María Evangelista, la
Priora: Madre, por amor de Dios, le pido que me dé licencia para morir. La
Priora contesta: Hágase la voluntad de Dios 54 . El padre Francisco Acosta le
administra la unción de los enfermos y muere a las diez de la mañana del 13 de
septiembre de 1640.

Al día siguiente, 14 de septiembre acude muchísima gente a las exequias y


sepultura. Acuden carmelitas con sus capas blancas, los músicos de la catedral,
clérigos con sobrepellices y representaciones de distintas Órdenes religiosas y
amigos de la difunta. Su cuerpo fue depositado en el espacio entre las dos rejas
del coro bajo 55 . Se hicieron investigaciones sobre su vida y virtudes. Sobre ella
hay declaraciones de Inés de san José, Catalina de la Concepción y de la Priora
María Evangelista. También las hay de Ana de la Trinidad, Catalina de Cristo y
Beatriz de san José.

Después de su muerte sucedieron muchos prodigios por su intercesión. La


condesa de Alba de Liste fue sanada en trance de muerte el año 1646. También
don Juan de la Cueva por medio de la aplicación de un manto de la sierva de
Dios en 1647 y también doña Petronila Rodríguez, saliendo felizmente de un
parto difícil en 1648.

EXHUMACIONES

Dios manifestó la santidad de su sierva con la incorrupción prodigiosa de


su cuerpo que todavía destila óleo y suave fragancia, como se pudo confirmar en
los varios reconocimientos de su cuerpo a lo largo de los años. Con paños
empapados con el óleo prodigioso que sale de su cuerpo se han obrado maravillas
y milagros extraordinarios como están registrados en antiguos documentos y
relaciones; y lo mismo obró con partículas de su carne incorrupta y con otras
reliquias de objetos de su pertenencia 56 .

53
Acosta, cap. 45, p. 402.
54
María Evangelista, deposición jurídica del 8 mayo de 1646.
55
Acosta, cap. 46.
56
Acosta, cap. 49.

33
El 7 de octubre se terminaron las obras de la nueva iglesia y trasladan allí
su cuerpo. En noviembre de 1641 con el ansia de ver si su cuerpo está incorrupto,
las religiosas abren la sepultura y lo encuentran tan incorrupto que ni el color
había mudado, porque estaba tan blanco que en la garganta y el pecho se le veían
las venas azules 57 . En febrero de 1643 el padre provincial determina adecentar la
sepultura y hacen otra exhumación de su cuerpo. Observan su incorruptibilidad y
un extraño aroma que convierte su sepulcro en meta de peregrinaciones.

El 29 de abril de 1929 se efectuó un nuevo reconocimiento del cuerpo de


la Madre María de Jesús. El señor cardenal de Toledo levantó el velo que tapaba
su rostro y una oleada de olor embalsamó el ambiente. Cuando los médicos
terminaron el examen del cuerpo, abrieron la puerta del coro y salieron mayores
oleadas de perfume, que asemejaban a olor de rosas y jazmines. Los médicos
estaban asombrados. El cuerpo estaba incorrupto, flexible, húmedo, despidiendo
aromas y óleo suavísimo, que manchaba las vestiduras. Cortaron un trozo del
vestido bañado con este óleo y un trocito de carne con el bisturí y se vio la carne
blanda, húmeda y musculosa. Con motivo de este reconocimiento, visitaron
también la celda de la venerable. Todas las cosas que había allí despedían el
mismo aroma que su cuerpo. Los cilicios con puntas, las cadenillas y demás
instrumentos de mortificación, sus cartas, sus propósitos escritos en unos
ejercicios, sus hábitos y lienzos y pañuelos, el chal que había traído cuando llegó
al convento, todo lo suyo, todo lo que en vida tuvo contacto con ella y lo que
después de muerta lo tuvo con su cuerpo venerando, todo exhalaba el mismo olor
inexplicable e inconfundible.

MILAGROS DESPUÉS DE SU MUERTE

En el verano de 1647 sanó a don Juan de la Cueva, Regidor de Toledo; y


llevada desde allí a Antonio Petrina, que estaba desahuciado como el anterior,
también le dejó sano. El Padre Dominico Fray Juan Cortecero, con residencia
en el convento de San Pedro Mártir de Toledo, fue curado en 1648 de una ránula
que le quitó el habla y le dió abundantes dolores que no le dejaban dormir.
Enviáronle las religiosas de Jesús María un pañito empapado en el óleo virginal
que suda el cuerpo de la venerable, y aplicándoselo a la lengua después de
vacilar algo, quedó sano por completo en poco tiempo.

Un pañito empapado en ese mismo óleo fue medicina suficiente, aplicada


a los. ojos de la paciente, para curar de la ceguera en que había quedado la
Madre María de la Cruz, dominica, y para restablecerle la salud que junto con
la vista había perdido. Ella ha curado enfermedades de todas las clases, en

57
Positio, p. 322.

34
personas las más diversas por su edad, estado y condición: niños, adultos,
personas de edad madura, mujeres y hombres, religiosos y seglares: a ella le
están agradecidos muchos devotos por la feliz solución de pleitos y negocios de
arreglo difícil; por haberlos librado de peligros de guerra o de otros de cuerpo y
alma. Y aunque muchos de estos favores no lleguen a la categoría del milagro,
los hay de los cuales no se puede dudar.

No se puede pensar otra cosa con el del niño de Lugar Nuevo, por
ejemplo. Nace el niño con una cabeza disforme, que no la puede sostener recta
por el excesivo peso y tamaño. Las primeras impresiones del médico son poco
halagüeñas, convirtiéndose en desesperantes cuando se le aplican todos los
remedios de la ciencia sin resultado alguno satisfactorio, hasta el punto de decir
otro compañero que lo reconoce, que de todos modos sería mejor que muriera.
Como es natural, la madre no se resigna a perder a su hijo, que, aunque no sea
más que un montón de carne amasada con el dolor, al fin y al cabo ha salido de
sus entrañas; y no viendo salvador sino en el cielo, acude a nuestra venerable, y
aplicándole uno de los milagrosos pañitos, ve con estupor y asombro, y lo ven
todos sus vecinos, que al mismo día siguiente del pronóstico desesperante de la
ciencia, recobra el niño instantáneamente la salud, el color, la alegría y todos
los demás síntomas que a la salud acompañan.

En Toledo ha curado no hace mucho tiempo a una niña que estaba ya


desahuciada de los médicos a causa de una meningitis serosa, que la tenía ciega,
sorda y loca; y yo mismo he oído al señor obispo de Coria, calificar de milagro,
aunque como opinión particular suya, un hecho presenciado por él, de una
enferma desahuciada, casi agónica, que, encomendada a la sierva de Dios, vio
en un sueño reparador a la venerable suplicar a la Virgen Santísima del Carmen
concediera la salud a la paciente, la cual se encontró completamente curada, o
poco menos, al despertar.

Parecido a este, aunque de resultados distintos, es el caso ocurrido en


nuestras religiosas de Haifa (Palestina) con la angelical novicia Juana María
Angela del Niño Jesús, muerta en olor de santidad el 24 octubre de 1921, del
cual nos da noticia la Priora de dicho monasterio. Hallábase gravemente
enferma esta novicia, y por el gran amor y veneración que las religiosas le
tenían, temían si se verían forzadas a restituirla a su familia. Era la Hermana
Juana María Angela muy devota de nuestra venerable, lo mismo que la
Comunidad donde estaba, y precisamente por aquellos días habían recibido de
Toledo reliquias y estampas de ella; por todo lo cual se determinaron a
encomendarle el negocio y la preocupación que tenían con la novicia,
haciéndole una novena. Todavía no la habían acabado cuando se apareció la
venerable a la novicia, y le prometió que no curaría y que no saldría de su
amado convento; y así fue, pues la enfermedad se agravó tanto que fue inútil

35
pensar en sacarla del monasterio, donde moría el dicho día con tanta fama de
virtud, que esperamos verla en los altares tal vez antes de no muchos años 58 .

MILAGROS PARA LA BEATIFICACIÓN

De las innumerables gracias atribuidas a la intercesión de María, se han


seleccionado dos: una procedente de la diócesis de Cartagena y otra de la de
Toledo. La primera se refiere a la curación instantánea, total y definitiva de
Encarnación Mercader Navarro, una joven de 20 años, natural de Totana
(Murcia), que padecía una tuberculosis renal, con infección de gérmenes
comunes y con calculosis. En enero de 1917 la situación de la enferma era
desesperada; pero alguien de la familia obtuvo una reliquia de nuestra beata y
en 27 de enero, abandonados los medicamentos, toda la familia se apiñó en
fervorosa novena para arrancar a Dios, por medio de María de Jesús, la
curación de Encarnación. Aquel día ya disminuyó la fiebre y, al cuarto día, tras
una noche de sueño reparador, la madre de la joven encontró a ésta vestida y
olvidada de sus dolores. El médico requerido no halló rastro de las
enfermedades. Encarnación vivió luego cincuenta y cinco años, llena de
agradecimiento a nuestra carmelita.

Del otro milagro presentado fue beneficiario el niño de tres meses Alberto
Martín Gamero nacido en San Martín de Montalbán (Toledo) en 1915. El niñito
padecía una hidrocefalia secundaria con proceso inflamatorio meningo-
encefalítico de origen no determinado. El médico de la familia, ante el gravísimo
cuadro que presentaba la criatura, se atrevió a recomendar a la madre: Pide a
Dios que se lleve a tu hijito... Un consejo de médicos reafirmó el terrible
diagnóstico.

Pero, la madre no se desanimó: serían las dos y media de la tarde, del 20


de agosto, cuando aplicó a la cabeza deforme del bebé una reliquia de la beata,
dejándole en la cunita mientras ella rezaba con angustia y esperanza. Tres horas
después, volvió a la cuna y, al coger el niño, lo halló mejorado de rostro y con la
cabeza erguida. El médico certificó que se había operado una cura admirable.
Todos los vecinos fueron testigos. Alberto Martín Gamero creció, estudió y se
hizo notario.

Su proceso de canonización fue introducido en 1914. Pablo VI la declaró


beata el 14 de noviembre de 1976.

58
Evaristo de la Virgen del Carmen, El letradillo de Santa Teresa, Toledo, 1926, pp. 274-277.

36
CONCLUSIÓN

Después de haber leído el presente libro podemos exclamar con el corazón


lleno de alegría: Bendito sea Dios en sus santos. Los santos son las personas que
han vivido de acuerdo a la voluntad de Dios y las que mejor han vivido la
Palabra de Dios. Por eso se ha dicho que los santos son los mejores intérpretes de
la Escritura con su propia vida.

Nosotros, los que somos del común de los mortales, podemos admirarlos,
pero también debemos imitarlos y tomar nota de cómo ellos supieron santificarse
cumpliendo en todo momento la voluntad de Dios. Ellos dieron mucha
importancia a las imágenes religiosas, al agua bendita contra el demonio, a la
oración y comunicación personal con Dios, al amor a María, nuestra Madre, y a
san José, al igual que a todos los santos del cielo, incluidos los ángeles y, en
concreto al ángel de la guarda.

En una palabra, tenemos muchas cosas en nuestra fe católica, no solo para


darle gracias a Dios, sino también para aprovecharnos de ellas en orden a nuestra
propia santificación. Recordemos los sacramentos, especialmente la Eucaristía, la
confesión, el orar por las almas del purgatorio y por los pecadores. Sin olvidar a
nuestros familiares y a las personas que Dios, de una u otra manera, nos ha
encomendado en los diferentes trabajos que hemos realizado. Todos formamos
una unidad en Dios, porque todos somos sus hijos y todos somos hermanos. Por
ello hay que evitar hacer daño a nadie o guardar odio y rencor a quien nos ha
hecho daño. Debemos perdonar para poder vivir tranquilos el resto de la vida, ya
que el odio envenena nuestra alma y nos hace infelices.

A todos los lectores de este libro les deseo un buen viaje por el camino de
la vida. Que recuerden que tienen una madre en María, un amigo inseparable en

37
su ángel custodio y grandes amigos en el cielo, que son los santos, y están
deseosos de ayudarnos, si los invocamos.

Que Dios los bendiga y sean santos. Este es mi mejor deseo para cada uno.

Tu hermano y amigo para siempre.


P. Ángel Peña O.A.R.
Agustino recoleto

&&&&&&&&&&&
Pueden leer todos los libros del autor en
www.libroscatolicos.org

BIBLIOGRAFÍA

Anónimo, La sierva de Dios sor María de Jesús, carmelita descalza, Toledo,


1909.
Boletín oficial de la arquidióceis de Toledo, Santa Beatriz de Silva y la beata
María de Jesús, diciembre de 1976.
Evaristo de la Virgen del Carmen, El letradillo de santa Teresa, Toledo, 1926.
Francisco de Acosta, Vida prodigiosa y heroicas virtudes de la venerable Madre
María de Jesús, carmelita descalza, Madrid, 1648.
José Vicente Rodríguez, Novena a la beata María de Jesús López de Rivas, Ed.
de espiritualidad, Madrid, 1990.
Laureano Castán Lacoma, Un alma grande y sus ejemplos, la M. María de Jesús,
carta pastoral, 15 de octubre de 1976.
Roderico de San Francisco, Artículos para la Causa de la sierva de Dios María
de Jesús, Toledo, 1914.
Simeón de la Sagrada Familia, Beata María de Jesús López de Rivas, Ed.
Postulación general OCD, Roma, 1976.
Valentín de la Cruz, Vida y mensaje de María de Jesús (letradillo de Santa
Teresa), Ed. Monte Carmelo, Burgos, 1976.

38

También podría gustarte