AINEs
Antiinflamatorios no esteroideos (AINEs) Los AINEs son un grupo de fármacos que
permiten disminuir la inflamación, bajar la fiebre, combatir el dolor (analgésicos). Se
usan para controlar los síntomas producidos por la inflamación aunque no tratan su
causa ni modifican el curso de las enfermedades reumáticas. ¿Cómo actúan?
Bloquean una enzima (ciclooxigenasa) que facilita una reacción química en el cuerpo
fundamental para la formación de sustancias que pueden producir inflamación. Estas
sustancias, llamadas prostaglandinas, además de producir inflamación tienen otros
efectos, incluyendo la protección contra el ácido del estómago, la llegada de sangre al
riñón, etc. La alteración de estas otras funciones explica los efectos secundarios de los
AINE. Los más comunes son las alteraciones gastrointestinales (leve molestia
abdominal después de tomar la medicación hasta dolor intenso y hemorragia
digestiva). Estos efectos son menores en los niños que en adultos, y se puede reducir
tomando la medicación con comida. Los AINEs también pueden producir una
elevación leve de las enzimas del hígado (las transaminasas). Este efecto secundario
es muy infrecuente excepto cuando se utiliza aspirina. Los AINEs también pueden
afectar la coagulación sanguínea y es la aspirina el AINE que mayor efecto presenta
sobre la coagulación. Esta cualidad lo hace útil en el tratamiento de enfermedades en
las que hay un mayor riesgo de trombosis (formación de coágulos sanguíneos dentro
de los vasos). Existen múltiples AINEs, siendo los más utilizados el naproxeno y el
ibuprofeno. No es adecuado utilizar al mismo tiempo la combinación de dos AINEs. Es
cierto que un AINE puede ser más eficaz que otro en un paciente determinado. Como
muchas veces se deberán usar por períodos prolongados es importante que el médico
solicite estudios de laboratorio en forma periódica.
Los antiinflamatorios no esteroides (AINE) son probablemente el grupo de fármacos
más frecuentemente prescritos en todo el mundo. Se estima que en nuestro país los
consumen anualmente más de 5 millones de personas, de las que un 30-40% son
mayores de 65 años. A pesar de las diferencias químicas y estructurales entre ellos,
comparten en grado diverso las propiedades analgésica, antiinflamatoria y antipirética,
lo que los convierte, junto con los opioides, en uno de los pilares básicos del
tratamiento analgésico actual.
Calor, rubor (enrojecimiento), tumor (hinchazón), dolor e incapacidad funcional, son los
5 atributos que definen un proceso inflamatorio. Desde una perspectiva fisiológica,
podría considerarse que la inflamación es una reacción orgánica defensiva que el
cuerpo desencadena para intentar aislar un agente, interno o externo, que está
produciendo una agresión hística para posteriormente intentar destruirlo.
Sería demasiado ambicioso intentar exponer con detalle en unos cuantos párrafos la
complejidad de la intrincada concatenación de fenómenos inherentes a la aparición de
un proceso inflamatorio. Por ello, se indicará simplemente que la mayoría de las
manifestaciones de la respuesta inflamatoria pasan por la activación de la
ciclooxigenasa (COX), un complejo enzimático que cataliza la transformación del ácido
araquidónico en endoperóxidos cíclicos, a partir de los cuales se sintetizan diferentes
eicosanoides (prostaglandinas, prostaciclinas y tromboxanos) que participan
activamente en la génesis, amplificación y desarrollo del proceso inflamatorio.
Estas sustancias de carácter lipídico caracterizadas por tener 20 átomos de carbono
actúan como mediadores que afectan a la mayoría de los tejidos produciendo diversas
acciones. Así, las prostaglandinas primarias son las responsables de la aparición del
dolor, vasodilatación e inflamación. La prostaciclina provoca vasodilatación, inhibición
de la agregación plaquetaria y fibrinólisis; mientras que los tromboxanos inducen
vasoconstricción y agregación plaquetaria.
Además de las sustancias anteriormente descritas, el ácido araquidónico puede dar
lugar, mediante la intervención de lipooxigenasas, a los diversos leucotrienos,
moléculas con potentes efectos biológicos que desempeñan un papel muy importante
en la respuesta inflamatoria y el dolor. Así, los leucotrienos favorecen la exudación y la
agregación leucocitaria y son potentes quimiotaxinas, además de poseer acciones
vasculares y propiedades broncoconstrictoras.
Últimamente se ha descrito que la ciclooxigenasa posee en realidad dos isoformas
(estructuras similares con acciones similares): COX-1 y COX-2. La primera es una
forma fisiológica que se encuentra de una manera habitual en la mayoría de células y
tejidos del organismo, pero muy especialmente en el riñón, tracto gastrointestinal,
monocitos/macrófagos y plaquetas. Se expresa liberando prostaglandinas esenciales
(las llamadas constitutivas) que desempeñan sus funciones fisiológicas y
homeostáticas (protección de la mucosa gástrica, riñón, plaquetas, endotelio vascular).
Su concentración, si bien puede experimentar moderados aumentos, se mantiene casi
inalterada con el tiempo.
En contraposición, la COX-2 es casi indetectable en los tejidos normales. Se trata de
una forma «inducible», es decir, que parece manifestarse en algunas células liberando
las llamadas prostaglandinas inflamatorias o inducibles como respuesta a ciertos
estímulos nocivos que conducen a la aparición de los mecanismos inflamatorios y la
amplificación de las señales dolorosas en las áreas inflamadas. Ello hace que en
determinadas circunstancias su concentración pueda aumentar entre diez y casi cien
veces.
Todos los AINE tienen en común su mecanismo de acción: la mayoría de ellos actúa
inhibiendo de forma estereoespecífica y competitiva la enzima ciclooxigenasa (COX).
Algunos de ellos lo hacen de forma reversible, mientras que otros lo hacen de forma
irreversible destruyendo la capacidad catalítica de la enzima que no podrá ser
recuperada hasta que la célula sintetice sus nuevas moléculas. Cuanto más potente es
la inhibición de la COX, mejor efecto antiinflamatorio. No obstante, la ciclooxigenasa
es una enzima ubicua, presente en casi todas las células, siendo necesaria su
mediación en la producción de ciertas prostaglandinas no inflamatorias que permitirán
el correcto funcionamiento de muchos órganos y sistemas.
La eficacia analgésica es una peculiaridad de cada molécula, no es normalmente
dependiente de la dosis y no guarda ninguna relación con la capacidad antiinflamatoria
El problema derivado del uso de este tipo de fármacos es que la gran mayoría de los
AINE actualmente disponibles en el mercado poseen una acción inespecífica, es decir,
inhiben de forma no selectiva la actividad enzimática de ambas isoformas o, en todo
caso, en mayor medida la COX-1, lo que da lugar a la aparición de los efectos
indeseables característicos de este grupo de fármacos. Excepciones singulares a la
acción de este tipo de fármacos no selectivos la constituyen: nabumetona, nimesulida
y meloxicam que muestran cierta afinidad, aunque no absoluta, por la COX-2.
Entre los primeros AINE comercializados con un perfil antagonista selectivo de la
COX-2 está el llamado grupo de los coxibs (celcoxib, rofecoxib, valdecoxib y
parecoxib). Contrariamente a lo que se podría pensar, la administración de este grupo
de fármacos no está exenta de riesgos, ya que esta enzima es también constitutiva en
células del riñón, cerebro y aparato reproductor y desempeña un papel importante en
la reparación de algunos tejidos, además de actuar también como protector de la
mucosa gastroduodenal.
Acciones farmacológicas
Como se ha comentado al inicio de esta revisión, los AINE comparten, en mayor o
menor grado, tres tipos de actividades farmacológicas: analgésica, antipirética y
antiinflamatoria.
Acción analgésica
La actividad analgésica de los AINE es de intensidad media/moderada (nunca llegan a
igualar en potencia antiálgica a los analgésicos opiáceos) y tiene lugar a nivel
periférico. Los prostanoides provocan una hipersensibilización de las terminaciones
nerviosas aferentes nociceptivas frente a los mediadores del dolor (especialmente
bradikinina). Es por ello que los AINE son especialmente eficaces en todos aquellos
dolores asociados con procesos inflamatorios y otras situaciones donde participen de
forma destacada las prostaglandinas (migrañas asociadas con la menstruación,
dismenorreas, dolores articulares, musculares y vasculares, dolor postoperatorio, dolor
canceroso, dolor postraumático), ya que actúan, precisamente, disminuyendo el efecto
hiperalgésico de los prostanoides.
La eficacia analgésica es una peculiaridad de cada molécula, no es normalmente
dependiente de dosis y no guarda ninguna relación con la capacidad antiinflamatoria.
Para evaluar la eficacia antiálgica de un determinado AINE es necesario considerar el
tipo de dolor y su intensidad y cabe destacar que las dosis recomendadas para
conseguir la analgesia suelen ser menores que las recomendadas por su efecto
antiinflamatorio.
Acción antiinflamatoria
La capacidad de los AINE para inhibir la inflamación es variable dependiendo de su
espectro de acción, del tipo de proceso inflamatorio, de su acción inhibidora de la
ciclooxigenasa y de su acción amortiguadora de otras respuestas celulares
independientes de su acción anti-COX.
Así, la inhibición de la biosíntesis de prostaglandinas y tromboxanos bloquea las
actividades vasodilatadora y quimiotáctica, interfiriendo en la fase inicial de la
inflamación. Pero los AINE interfieren también en las diversas funciones de los
neutrófilos, las células más abundantes y que desempeñan un papel más relevante en
las fases agudas de los procesos inflamatorios.
Acción antitérmica
Determinados estímulos (pirógenos, restos celulares, anticuerpos) son capaces de
provocar la síntesis de interleucina-1 por parte de los macrófagos y esto, a su vez,
estimula la producción de prostanoides (especialmente PGE2) en el centro
termorregulador del hipotálamo. Este aumento de las PGE2 hipotalámicas hace crecer
el punto de control de la temperatura corporal. La inhibición de la COX mediada por los
AINE permite retornar el punto de control térmico corporal a su valor fisiológico
mediante la activación de mecanismos que favorecen la eliminación del calor
(vasodilatación, sudación). En este punto, conviene destacar que los AINE no ejercen
ninguna acción si la temperatura corporal es la normal fisiológica (no provocan
hipotermias a las dosis terapéuticas convencionales).
Otras acciones terapéuticas
El mecanismo de acción de los AINE y la ubicuidad de los eicosanoides (cuya vía de
síntesis es inhibida por este grupo de fármacos) ha permitido atribuirles otras
utilidades terapéuticas de gran interés y trascendencia clínica. Así, una de las
acciones más destacables es la capacidad antiagregante/antitrombótica del ácido
acetilsalicílico cuando es administrado a dosis bajas (inferiores a las recomendadas
como analgésico o antiinflamatorio). Otro efecto destacable es la acción uricosúrica,
que hace que casi todos los AINE a dosis altas sean útiles en el tratamiento del ataque
agudo de gota.
Efectos farmacológicos no deseables
El tratamiento con AINE no está exento de riesgos: las acciones terapéuticas que los
hacen ser uno de los grupos de fármacos más prescritos en todo el mundo van
acompañadas de efectos adversos, algunos de ellos graves, al actuar sobre diversas
partes del organismo.
La inhibición de la COX mediada por los AINE permite retornar el punto de control
térmico corporal a su valor fisiológico mediante la activación de mecanismos que
favorecen la eliminación del calor
Gastrointestinales
Son frecuentes efectos menores tipo pirosis, dispepsias, gastritis, gastralgia, diarrea o
estreñimiento. Pero, sin duda, el más preocupante es su capacidad de lesionar la
mucosa gástrica y duodenal, llegando a provocar erosiones y úlceras que pueden
acabar en complicaciones como hemorragias y perforaciones.
Renales
Las prostaglandinas desempeñan un papel muy importante en la correcta
funcionalidad del riñón. La inhibición de la síntesis de prostanoides puede tener como
consecuencia la alteración reversible de la filtración glomerular, insuficiencia renal
aguda e, incluso, en casos de consumo prolongado y constante, necrosis papilar e
insuficiencia renal crónica. La mayoría de estas complicaciones son reversibles si se
interrumpe el consumo de los AINE que las provocaron.
Hepáticos
Concomitante a la utilización de la mayoría de los AINE se ha descrito una elevación
moderada y asintomática de las transaminasas durante las primeras semanas del
tratamiento. Se produce normalmente en pacientes de edad avanzada, con la función
renal comprometida y con la utilización prolongada de dosis elevadas del
antiinflamatorio. Un caso especialmente grave es el Síndrome de Reye, alteración
hepática acompañada de hipoglucemia y encefalopatía que se produce al administrar
ácido acetilsalicílico a niños con antecedentes de enfermedad viral reciente.
Hematológicos
Son menos frecuentes que las anteriores, destacando la posibilidad de producir
agranulocitosis y anemia aplásica, fenómenos ambos en los que se requiere la
intervención de mecanismos inmunitarios.
Hipersensibilidad
Es conocida su marcada capacidad de producir reacciones de carácter alérgico y
seudoalérgico (similares a las anteriores pero sin que intervengan mecanismos
inmunológicos). Algunos de los síntomas más comúnmente descritos son: erupciones
cutáneas, eritema, angioedema, fotodermatitis, rinitis, asma bronquial o diarrea.
Clasificación
Como siempre que se intenta abordar la clasificación de cualquier grupo
farmacológico, es posible encontrar diversas clasificaciones en función de los criterios
más variopintos.
Uno de los criterios de clasificación con implicaciones en la práctica clínica es el que
permite agruparlos según la duración de la acción. Así, encontramos los de vida media
corta (actúan con rapidez y por ello son utilizados en procesos agudos o con
sintomatología intermitente, donde no requieren administración crónica) y los de vida
media larga (tardan más en ejercer su efecto, pero éste tiene una mayor duración
temporal, lo que los hace especialmente indicados para el tratamiento de procesos
reumáticos crónicos donde se intenta conseguir el máximo efecto administrando el
mínimo posible de tomas diarias).
Sin embargo, el criterio más aceptado sigue siendo aquel que los agrupa en función de
su estructura química. Así, atendiendo a este criterio se pueden encontrar los
siguientes grupos: salicilatos, pirazolidinodionas, derivados arilacéticos, derivados
indolacéticos, derivados arilpropiónicos, oxicames y fenamatos.
Salicilatos
Dentro de este grupo de AINE es preciso hacer una subdivisión importante: los
salicilatos puros (ácido salicílico, salicilamida, fosfosal, diflunisal) y los acetilsalicilatos
(ácido acetilsalicílico, acetilsalicilato de lisina, benorilato, fosfosal, salsalato). Mientras
que los primeros inhiben la ciclooxigenasa de una forma inespecífica y reversible, los
segundos lo hacen de una forma selectiva e irreversible. Los salicilatos puros
presentan un buen perfil analgésico y antipirético, pero son pobres antiinflamatorios.
Por el contrario los derivados acetilados, en función de la dosificación empleada,
presentan todo el abanico de efectos terapéuticos comentados anteriormente.
El principio activo representativo de este grupo es el ácido acetilsalicílico. Sus
indicaciones más habituales son como analgésico y como antiagregante plaquetario,
ya que el resto de efectos requieren dosificaciones elevadas o administraciones
prolongadas del fármaco y entonces pesan demasiado los efectos secundarios
gastrointestinales y neurológicos. El acetilsalicilato de lisina (sal soluble micronizada
del ácido acetilsalicílico, lo que mejora su tolerancia gástrica) posee una absorción
más rápida, por lo que estará especialmente indicado en el tratamiento de dolores
agudos. El benorilato es un éster de acetilsalicílico y paracetamol, que al ser
metabolizado libera los dos componentes analgésicos potenciando su acción y
minimizando los efectos gastrointestinales. Algo similar ocurre con el salsalato o ácido
salicilsalicílico, que se hidroliza en el intestino delgado liberando en éste dos
moléculas analgésicas. Tiene menos efectos gastrotóxicos que el ácido acetilsalicílico
pero no posee su capacidad antiagregante.
Paraaminofenoles
Como el paracetamol o la fenazopiridina. Esta familia de derivados de la anilina
presenta una marcada actividad analgésica frente a dolores de intensidad leve a
moderada y antipirética, de eficacia comparable al ácido acetilsalicílico; no obstante,
tiene escasa o nula actividad antiinflamatoria. Su distinto mecanismo de acción sobre
prostaglandinas y COX hace que este fármaco carezca de efecto negativo para la
mucosa gástrica y lo convierte en la medicación alternativa de elección en pacientes
con úlcera péptica, asmáticos, pacientes que estén siendo tratados con
anticoagulantes orales y personas alérgicas a salicilatos u otros AINE.
El efecto adverso más destacable de esta familia es su hepatotoxicidad, que puede
presentarse con dosis únicas superiores a 6 g/día y que se ve incrementada
sensiblemente en alcohólicos crónicos.
Pirazolidinodionas (fenilbutazona, oxifenbutazona, feprazona, oxipizona)
Los derivados pirazolónicos presentan una potente acción antiinflamatoria, una
considerable acción antipirética pero casi carecen de efecto antiálgico. Su utilización
puede conllevar la aparición de efectos secundarios graves: ulcerogenicidad,
mielotoxicidad y capacidad de producir discrasias sanguíneas. La incidencia de estos
efectos adversos es muy baja pero aparecen con una frecuencia significativamente
superior a la asociada con otros grupos de antiinflamatorios, por lo que su
administración queda relegada a aquellos casos en que se ha demostrado la ineficacia
de otros AINE y después de considerar los riesgos y compararlos con las ventajas
para el paciente.
La fenilbutazona es el más experimentado dentro de este grupo y se reserva para
determinados casos muy puntuales de brotes severos de artritis reumatoide, crisis de
gota y seudogota y espondiloartropatías en las que otros AINE no sean eficaces y
siempre bajo supervisión médica.
Derivados arilacéticos(aceclofenaco, diclofenaco, fentiazaco, nabumetanona)
Dentro de este grupo se encuentra el diclofenaco, uno de los AINE más prescrito en
nuestro país. La intensidad de su efecto antiinflamatorio, su considerable efecto
antipirético y un aceptable perfil de seguridad justifican esta elección.
Otro principio activo importante es la nabumetanona, profármaco que tras ser
absorbido en el intestino da lugar a un metabolito activo de estructura similar al
naproxeno (se diferencia de éste en que el radical ácido es acético en vez de
propiónico). Sus principales ventajas son: la posibilidad de permitir administrar una
dosis diaria única y ser menos lesivo para la mucosa gástrica, aunque se ha descrito
que presenta mayor incidencia de diarreas y otros efectos digestivos indeseables.
Derivados indolacéticos (acemetacina, indometacina, proglumetacina, sulindaco,
tolmetín)
Químicamente están muy relacionados con el grupo anterior (de hecho, puede
considerarse que son un subgrupo químico de los anteriores). La indometacina es uno
de los AINE con mayor perfil de eficacia antiinflamatoria (comparable a los más
potentes de este grupo), no obstante, su potencia analgésica y antipirética es
moderada. Su utilización está marcada por una elevada incidencia de efectos
adversos gastrointestinales (úlceras severas) y centrales (cefaleas muy intensas,
vértigos, confusión mental, obnubilación).
El resto de los principios activos que integran este grupo son análogos estructurales
que persiguen, sin conseguirlo, similar o mayor acción terapéutica pero con una menor
incidencia de efectos adversos. El tolmetín es quizá el único que posee menores
efectos secundarios (aunque las diferencias de toxicidad con la indometacina no es
muy importante) y es el más utilizado, tras el ácido acetilsalicílico, en el tratamiento de
la artritis crónica juvenil.
Derivados arilpropiónicos (ácido tiaprofénico, butibufeno, dexketoprofeno, fenbufeno,
fenoprofeno, flurbiprofeno, ibuprofeno, ketoprofeno, naproxeno, ketorolaco)
Son menos potentes que los AINE clásicos pero, comparativamente con éstos,
presentan un mejor perfil de seguridad. El ibuprofeno, primer representante de este
grupo, es un fármaco muy seguro, no obstante su potencia se queda corta en aquellos
cuadros en que la inflamación es muy importante. Suele ser el AINE de elección en
aquellos cuadros incipientes o predominantemente dolorosos.
El naproxeno, si bien tiene un perfil de tolerancia algo más desfavorable, tiene la
ventaja de ser bastante más potente y permitir una pauta de administración dos veces
al día. Ketoprofeno y su enantiómero activo, dexketoprofeno, poseen iguales
propiedades a dosis inferiores.
Oxicames (lornoxicam, meloxicam, nimesulida, piroxicam, tenoxicam)
Dentro de este grupo de derivados sulfonamídicos, sin duda el de mayor experiencia
es el piroxicam, eficaz antiinflamatorio, de efecto analgésico moderado y casi carente
de actividad antipirética. Aunque no está exento de los efectos secundarios
característicos del grupo, tiene una vida media muy larga y permite administraciones
únicas diarias, lo que lo convierten en una cómoda y buena opción para el tratamiento
de afecciones crónicas. La molécula de piroxicam se presenta también asociada a
betaciclodextrina para conferir al AINE una mayor solubilidad y mejorar su perfil de
absorción, con lo que se ha logrado un efecto más rápido y prolongado de tipo
analgésico y antiinflamatorio.
Meloxicam y tenoxicam presentan un efecto aún más prolongado, sin embargo,
también son más duraderos sus efectos adversos. Meloxicam y nimesulida si bien son
inhibidores selectivos del COX-2, esta propiedad no es completa, por lo que no se ha
demostrado que presenten una mayor seguridad a largo plazo que el resto de los
AINE.
Fenamatos (ácido meclofenámico, ácido mefenámico, ácido niflúmico)
Presentan una potencia analgésica y antipirética significativas, pero carecen casi por
completo de acción antiinflamatoria. Su actividad sobre la musculatura lisa de
determinados órganos los convierten en una buena opción para el tratamiento de los
dolores menstruales. Su utilización se halla muy limitada puesto que no presentan
ventajas significativas respecto a otros AINE y, sin embargo, tienen una elevada
incidencia de aparición de diarreas.
Inhibidores selectivos de la ciclooxigenasa 2
Un grupo que merece tratamiento aparte lo constituyen los llamados inhibidores
selectivos de la ciclooxigenasa 2, los llamados «coxibs» (celecoxib, robecoxib).
Químicamente son derivados de arilmetilsulfonamida y arilmetilsulfona
estructuralmente similares a los derivados de pirazolona. Su capacidad de
interaccionar selectivamente la COX-2, sin inhibir la isoforma COX-1 hace que a las
dosis farmacológicas recomendadas tengan una potencia antiinflamatoria y analgésica
comparable a la de otros AINE (ibuprofeno, naproxeno, diclofenaco) pero con una
incidencia significativamente menor de sus efectos adversos (toxicidad gastrointestinal
grave y riesgo hemorrágico). Los efectos adversos en otros sistemas e interacciones
son similares a los otros AINE y deben ser considerados.
Si bien es cierto que los riesgos asociados al consumo de esta familia de fármacos
son menores que con los AINE convencionales, existe un cierto nivel de riesgo. Esto
es especialmente cierto en su uso crónico, por lo que su utilización continuada debería
reservarse para aquellos pacientes que tengan un mayor riesgo de desarrollar
complicaciones gastrointestinales por AINE. Se puede considerar el uso de celecoxib o
robecoxib en pacientes en los que concurran una o varias de estas circunstancias:
Historia de úlcera péptica o hemorragia gastrointestinal.
Terapia concomitante con anticoagulantes.
Terapia concomitante con corticosteroides orales.
Edad superior a 65 años, en particular si concurren otros factores de riesgo.
AINE tópicos
Los AINE son utilizados con frecuencia para el tratamiento de inflamaciones y dolores
osteomusculares, tanto de origen reumático como traumático o asociados a
artropatías. En estos casos se tiende a recurrir a opciones que permitan una acción
localizada, rápida y efectiva, minimizando las reacciones adversas y posibilitando el
uso de agentes terapéuticos más potentes.
Aerosoles, geles y/o cremas de ketoprofeno, piroxicam, ibuprofeno, diclofenaco,
etofenamato y piketoprofeno son algunos de los preparados tópicos utilizados en este
tipo de dolencias. La efectividad de estos AINE aplicados por vía tópica ha sido
reiteradamente puesta en duda, atribuyendo el beneficio observado al masaje
producido en la zona durante su aplicación. Estudios recientes muestran que esta
apreciación no es correcta y que la aplicación de este tipo de preparados es efectiva
en el tratamiento de dolores musculares y articulares.
Para poder ser eficaces por vía tópica, los principios activos aniinflamatorios deben
poseer una buena potencia antiinflamatoria y analgésica. Sus características
físicoquímicas deben hacerlos compatibles con los excipientes más comúnmente
utilizados en este tipo de formulaciones a la vez que facilitar una buena penetración
cutánea (suelen tener moléculas lipófilas aunque con una cierta hidrofilia residual).
Asimismo, la estabilidad de la molécula activa y su capacidad de penetración debe
mantenerse independiente del pH o del medio acídico de la piel.
Se ha demostrado que la utilización de AINE por vía tópica reduce en gran medida el
riesgo de complicaciones gastrointestinales: si bien el fármaco se encuentra en
concentraciones farmacológicamente significativas en los tejidos adyacentes a la zona
de aplicación, las concentraciones plasmáticas son muy inferiores a las alcanzadas
tras la administración de la misma dosis por vía oral, lo que sin duda contribuye a su
menor gastrotoxicidad.
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