Nietzsche
CONCEPTOS:
Nihilismo:
El nihilismo, según Nietzsche, representa un estado de desorientación y descreimiento en la
civilización occidental, desencadenado por la "muerte de Dios" y la desintegración de los
valores tradicionales. Este concepto surge cuando se descubre que los valores fundamentales
que guiaban la vida, como la verdad absoluta o el bien supremo, carecen de fundamento
sólido. Nietzsche distingue entre un nihilismo pasivo, donde los antiguos valores se
desmoronan sin ser reemplazados, y un nihilismo activo, que implica la capacidad de crear
nuevos valores vitales y terrenales después de la destrucción de los anteriores.
Dionisíaco:
En la filosofía de Nietzsche, lo dionisíaco representa una fuerza vital y primordial, en
contraposición a lo apolíneo, que simboliza la razón y la belleza formal. Lo dionisíaco
encarna la entrega pasional a los instintos y la naturaleza, la sensualidad desenfrenada y la
celebración de la existencia en toda su intensidad. Esta perspectiva contrasta con lo apolíneo,
que busca el orden, la armonía y la serenidad. Nietzsche critica la sobrevaloración de lo
apolíneo en la cultura occidental y aboga por recuperar la vitalidad dionisíaca como fuente de
autenticidad y creatividad.
Transmutación de los valores:
La transmutación de los valores propuesta por Nietzsche implica una inversión de los valores
tradicionales, considerados como una "moral de los esclavos", por nuevos valores basados en
la afirmación de la vida y la voluntad de poder. Nietzsche critica la moral de la sumisión y la
renuncia promovida por la tradición occidental, y aboga por una moral más fuerte y vital, que
emane de los instintos y la voluntad de poder. Este cambio no se da a nivel colectivo, sino
individual, y es liderado por el superhombre, quien crea sus propios valores y acepta la vida
en su totalidad, incluyendo su aspecto trágico y múltiple. La transmutación de los valores
implica no solo la creación de nuevos valores, sino también un cambio en la forma de valorar,
donde se pasa de la resignación y el resentimiento hacia la vida a una afirmación activa y
poderosa de la existencia.
La inocencia del devenir
La "inocencia del devenir", según Nietzsche, defiende vehementemente el cambio y el
movimiento frente a los intentos racionalistas y metafísicos de atribuirles una connotación
negativa. Nietzsche describe el "devenir" como intrínseco al mundo y a la vida, y considera
que el cambio y la apariencia son lo único verdadero. Contrario a la filosofía tradicional que
busca una realidad superior e inmutable, Nietzsche afirma que solo existe el mundo del
devenir, perpetuamente cambiante y sin una realidad superior.
Frente a la contraposición entre dos mundos -el verdadero y el aparente, el ser y el devenir-
Nietzsche sostiene que la única realidad es el devenir. En el devenir todo fluye, cambia, nace
y perece, y aunque sea múltiple y contradictorio, no necesita ser desvirtuado. Nietzsche insta
a aceptar la realidad tal como es, afirmando y validando el devenir como el mundo de la vida.
Ser libre para Nietzsche implica querer la vida en su totalidad, aceptando tanto el dolor como
el placer de vivir, sin resignación sino con inocencia. Este ser libre, llamado superhombre,
surge mediante la parábola del camello, el león y el niño: el camello, que acepta la carga de la
ley moral y su deber racional; el león, que representa el nihilismo al rebelarse contra todo sin
crear nuevos valores; y el niño (superhombre), que convierte la vida en un juego y una
creación artística, viviendo instalado con inocencia del devenir.
RELACIONES:
-Heráclito-Nietzsche
En su relación con Heráclito, Nietzsche rechaza la posición de Parménides, quien sostenía la
existencia de un ser eterno e inmutable, y en cambio respalda la perspectiva de Heráclito,
quien afirmaba que todo está en constante cambio y devenir. Nietzsche elogia a Heráclito por
defender la realidad del mundo en perpetua transformación, considerando que este "mundo
aparente" es el único verdadero, en contraposición a las concepciones posteriores que
promovían la existencia de un mundo de ideas eternas e inmutables. Ambos filósofos
coinciden en que el ser es una ficción vacía de contenido y que la verdad no se encuentra en
lo inmutable, sino en el cambio constante. Aunque Nietzsche no comparte la idea de un logos
o ley universal que rija este devenir, admira a Heráclito como uno de los grandes pensadores
de la historia filosófica.
-Platón/Nietzsche
En su relación con Platón, Nietzsche critica vehementemente el racionalismo socrático y
platónico. Considera que Sócrates, tal como se presenta en los diálogos de Platón, es el
responsable de pervertir la esencia del hombre superior al introducir la cultura occidental en
el camino del racionalismo, alejándola de la verdadera felicidad que surge de los instintos y la
pasión, en lugar de la razón. Nietzsche ve en Sócrates un modelo de hombre teórico que
representa el orden y la racionalidad, en contraposición al espíritu dionisíaco que promueve
los valores de la vida.
Además, critica el dualismo platónico de los dos mundos: el sensible y el inteligible.
Nietzsche sostiene que solo existe el mundo natural y que el mundo sensible es el único
auténtico, mientras que el mundo inteligible es una invención que desprecia la vida terrenal.
Rechaza la idea de valores morales objetivos, eternos e inmutables propuestos por Platón,
afirmando que los valores morales son construcciones humanas sin existencia objetiva y que
deben favorecer la vida en lugar de ir en contra de los instintos y pasiones humanas.
-Kant/Nietzsche
Nietzsche rechaza la distinción de Kant entre fenómeno y noúmeno, proponiendo que el
único mundo verdadero es el mundo de las apariencias. Critica la objetividad de la ciencia y
sostiene que el conocimiento relevante proviene de la experiencia de la vida. En cuanto a la
moralidad, Kant defiende la acción por deber y la libertad humana, mientras que Nietzsche
propone que el individuo debe ejercer su voluntad de poder para ser libre, creando sus
propios valores. En resumen, Nietzsche y Kant difieren en sus concepciones sobre la realidad,
el conocimiento y la moralidad, destacando su divergencia en la visión del mundo y en la
naturaleza de la moralidad humana.