LUCAS
Versículo a versículo
Grant R. Osborne
Editado por
Lucas: versículo a versículo
Copyright 2020 Grant R. Osborne
Copyright © 2020 por Editorial Tesoro Bíblico para la versión española
Serie: Comentario Osborne del Nuevo Testamento
Todos los derechos reservados. Puede usar citas breves de este recurso en presentaciones, artículos
y libros. Para otros usos, escriba a Editorial Tesoro Bíblico para obtener permiso:
tesorobiblico@[Link]
A menos que se indique lo contrario, las citas bíblicas son de la Santa Biblia, NUEVA VERSIÓN
INTERNACIONAL (NVI)®. Copyright © 1973, 1978, 1984, 2011 por Bíblica, Inc. Usado con permiso.
Todos los derechos reservados en todo el mundo.
Traducción, edición y tipografía: Equipo de traductores de Faithlife.
Editorial Tesoro Bíblico.
Contenido
PREFACIO A LA SERIE
INTRODUCCIÓN AL EVANGELIO DE LUCAS
Autor
Fecha
Propósito
Fuentes
Bosquejo
Principales temas teológicos
LAS NARRATIVAS DE INFANCIA: DOS NACIMIENTOS ANUNCIADOS (1:1–38)
Prólogo: Lucas se presenta a sí mismo como histórico (1:1–4)
Se anuncia el nacimiento de Juan el Bautista (1:5–25)
Se anuncia el nacimiento de Jesús (1:26–38)
LAS NARRATIVAS DE INFANCIA: REUNIÓN Y NACIMIENTO (1:39–80)
María visita y Elisabet atestigua (1:39–45)
El resultado del saludo (1:41–45)
María canta un canto de alabanza: el Magníficat (1:46–56)
Juan el Bautista nace (1:57–66)
Zacarías canta un canto de alabanza: el Benedicto (1:67–80)
EL NACIMIENTO Y PRESENTACIÓN DE JESÚS (2:1–52)
Jesús nace (2:1–21)
Jesús es presentado en el templo (2:21–40)
Jesús va al templo a los doce años (2:41–52)
PREPARACIÓN PARA EL MINISTERIO DE JESÚS (3:1–38)
Juan ministra en Galilea (3:1–20)
Jesús es bautizado (3:21–22)
Lucas proporciona la genealogía de Jesús (3:23–38)
LA PRUEBA DEL HIJO DE DIOS (4:1–13)
Lucas presenta el escenario (4:1–2)
Jesús es tentado tres veces (4:3–12)
La tentación es concluida (4:13)
MINISTERIO TEMPRANO DE JESÚS EN GALILEA (4:14–44)
Jesús regresa a Galilea (4:14–15)
Jesús da su discurso inaugural en Nazareth (4:16–30)
Jesús enseña y realiza hechos poderosos en Capernaúm (4:31–44)
DISCIPULADO Y CONFLICTO (5:1–6:11)
Jesús llama a sus primeros discípulos (5:1–11)
Jesús sana a un leproso (5:12–16)
Jesús sana a un hombre paralizado (5:17–26)
Jesús llama a Leví (5:27–32)
Jesús debate con los fariseos sobre el ayuno (5:33–39)
Los discípulos de Jesús recogen el grano en el día de reposo (6:1–5)
Jesús sana en el día de reposo (6:6–11)
LLAMADO DE LOS DOCE Y EL SERMÓN EN LA LLANURA (6:12–49)
Jesús llama a los doce (6:12–16)
Jesús predica el sermón en la llanura (6:17–49)
MINISTERIO DE COMPASIÓN Y POPULARIDAD CRECIENTE (7:1–50)
Jesús ve la fe de un centurión y sana a su sirviente (7:1–10)
Juan envía preguntas a Jesús (7:18–35)
Jesús es ungido por una mujer pecadora (7:36–50)
ENSEÑANZA AUTORITATIVA Y HECHOS PODEROSOS (8:1–56)
Lucas presenta a las mujeres que son parte del grupo de los discípulos (8:1–3)
Jesús cuenta la parábola de las semillas (8:4–15)
Jesús da el significado de la parábola (8:11–15)
Jesús cuenta la parábola de la lámpara (8:16–18)
Jesús dice quiénes son su verdadera familia (8:19–21)
Jesús tiene autoridad sobre la naturaleza y los poderes cósmicos (8:22–56)
EL ENTRENAMIENTO DE LOS DOCE (9:1–50)
Jesús envía a los doce (9:1–6)
Los problemas crecen mientras Herodes muestra interés en Jesús (9:7–9)
Jesús alimenta a los cinco mil (9:10–17)
Pedro confiesa y Jesús predice su pasión (9:18–27)
Jesús es transfigurado (9:28–36)
Jesús sana a un niño poseído por un demonio (9:37–43a)
Los discípulos y el conflicto por los exorcistas rivales (9:49–50)
MISIÓN Y FORMACIÓN ADICIONAL (9:51–10:42)
Jesús entrena a sus discípulos para el futuro (9:51–10:24)
Jesus cuenta la parábola del buen samaritano (10:25–37)
Jesús pasa tiempo con María y Marta (10:38–42)
ORACIÓN Y CONFLICTO (11:1–54)
Jesús enseña en la oración (11:1–13)
Los oponentes de Jesús atribuyen su poder a Belcebú (11:14–28)
Jesús da la señal de Jonás (11:29–32)
Jesús da dos dichos relacionados con la “luz” (11:33–36)
Jesús pronuncia ayes por los fariseos y escribas (11:37–54)
ENTRENAMIENTO PARA TOMAR LA MISIÓN (12:1–48)
Jesús exhorta sus discípulos a la confesión sin temor (12:1–12)
Jesús cuenta la parábola del rico insensato (12:13–21)
Preocupación por las posesiones (12:22–34)
Jesús dice a sus discípulos que estén listos para la próxima crisis (12:35–48)
PREPARACIÓN Y VIGILANCIA PARA LA PRÓXIMA CRISIS (12:49–13:35)
Jesús insta a quienes le escuchan a reconocer las señales de los tiempos (12:49–59)
Jesús llama a los que le escuchan a arrepentirse (13:1–9)
Jesús sana a una mujer en día de reposo (13:10–17)
Jesús cuenta dos parábolas sobre el Reino de Dios (13:18–21)
Jesús enseña sobre la puerta estrecha (13:22–30)
Jesús se lamenta por Jerusalén (13:31–35)
LECCIONES DE COMIDAS (14:1–35)
Jesús sana de nuevo en el día de reposo (14:1–6)
Jesús cuenta la parábola del lugar de honor en la fiesta (14:7–11)
Jesús cuenta la parábola sobre elegir personas (14:12–14)
Jesús cuenta la parábola del gran banquete (14:15–24)
Jesús enseña sobre el precio del discipulado (14:25–35)
PARÁBOLAS SOBRE EL GOZO DE ENCONTRAR LAS COSAS PERDIDAS (15:1–32)
Jesús cuenta la parábola de la oveja perdida (15:1–7)
Jesús cuenta la parábola de la moneda perdida (15:8–10)
Jesús cuenta la parábola del hijo perdido (15:11–32)
DECLARACIONES SOBRE RIQUEZA Y POSESIONES (16:1–31)
Jesús cuenta la parábola del mayordomo infiel (16:1–13)
Jesús enseña sobre la riqueza y la ley (16:14–18)
Jesús cuenta la parábola del hombre rico y Lázaro (16:19–31)
FE, PERDÓN Y EL REINO (17:1–37)
Jesús enseña sobre los tropiezos, el perdón y la fe (17:1–10)
Jesús sana a diez leprosos (17:11–19)
Jesús enseña sobre la venida del Reino de Dios (17:20–37)
REINO, ORACIÓN Y FE (18:1–43)
Jesús cuenta la parábola de la viuda persistente (18:1–8)
Jesús cuenta la parábola del fariseo y el colector de impuestos (18:9–14)
Los niños son modelos de fe (18:15–17)
Jesús se reúne con el gobernante rico (joven) (18:18–30)
Jesús hace una tercera predicción de su pasión (18:31–34)
Jesús sana a un hombre ciego en Jericó (18:35–43)
FIN DEL MINISTERIO DE JESÚS E INICIO DE LA SEMANA DE LA PASIÓN (19:1–48)
La conversión de Zaqueo (19:1–10)
Jesús cuenta la parábola de las diez minas (19:11–27)
La semana de la pasión comienza (19:28–48)
ENSEÑANZA Y CONTROVERSIA EN EL TEMPLO (20:1–21:4)
Los líderes judíos cuestionan la autoridad de Jesús (20:1–8)
Jesús cuenta la parábola de los labradores malvados (20:9–19)
Jesús es interrogado sobre el pago de impuestos al César (20:20–26)
Jesús es interrogado sobre la resurrección de los muertos (20:27–40)
Jesús enseña sobre su oficio mesiánico (20:41–44)
Jesús advierte sobre los escribas (20:45–47)
Jesús elogia el sacrificio total de la viuda (21:1–4)
LA DESTRUCCIÓN DE JERUSALÉN QUE SE APROXIMA (21:5–38)
Los discípulos hacen preguntas sobre la destrucción del templo (21:5–7)
Jesús advierte de falsas señales y actuaciones (21:8–11)
Los discípulos serán perseguidos (21:12–19)
Jerusalén será destruida (21:20–24)
El hijo del hombre vendrá de nuevo (21:25–28)
Jesús cuenta la parábola de la higuera (21:29–33)
Jesús llama a sus discípulos a la vigilancia espiritual (21:34–36)
Lucas resume la enseñanza de Jesús en el templo (21:37–38)
LOS EVENTOS FINALES DE LA SEMANA DE LA PASIÓN (22:1–53)
Judas vende su alma (22:1–6)
Los discípulos se preparan para la comida de pascua (22:7–13)
Jesús y los discípulos comen la comida de la pascua/última cena (22:14–20)
Los discípulos están preocupados por la grandeza (22:24–30)
Jesús anuncia la negación de Pedro (22:31–34)
Los discípulos deben estar preparados (22:35–38)
Jesús ora en el Monte de los Olivos (22:39–46)
Jesús es arrestado (22:47–53)
Los juicios DE JESÚS (22:54–23:25)
Pedro niega a Jesús tres veces (22:54–62)
Se burlan de Jesús (22:63–65)
Jesús es juzgado ante el Sanedrín (22:66–71)
Jesús es juzgado ante Pilato y Herodes (23:1–25)
LA CRUCIFIXIÓN Y EL ENTIERRO DE JESÚS (23:26–56)
Jesús recorre el camino a la cruz (23:26–32)
Jesús es crucificado (23:33–43)
Jesús muere (23:44–46)
Lucas llama a la atención a los existentes (23:47–49)
Jesús es enterrado (23:50–56)
LA RESURRECCIÓN DE JESÚS (24:1–53)
Descubren la tumba vacía (24:1–12)
Jesús aparece en el camino a Emaús (24:13–35)
Jesús aparece a los once en Jerusalén (24:36–49)
Jesús asciende (24:50–53)
GLOSARIO
BIBLIOGRAFÍA
PREFACIO A LA SERIE
Hay dos autores para cada libro bíblico: el autor humano que escribió las palabras y el
Autor divino que reveló e inspiró cada palabra. Si bien Dios no dictó las palabras a los
escritores bíblicos, sí guio sus mentes para que escribieran sus propias palabras bajo la
influencia del Espíritu Santo. Si los cristianos realmente creyeran lo que dijeron cuando
llamaron a la Biblia “la palabra de Dios”, se comprometerían mucho más en el estudio
bíblico serio. Como revelación divina, la Biblia merece y, de hecho, exige ser estudiada
profundamente.
Esto significa que, cuando estudiamos la Biblia, no deberíamos sentirnos satisfechos con
una lectura superficial en la que insertamos nuestros propios significados al texto. En
cambio, debemos siempre preguntarnos qué es lo que Dios quiso decir en cada pasaje. Pero
el estudio de la Biblia no debería ser una tarea tediosa que tenemos que realizar. Es un
privilegio sagrado y una alegría. El profundo significado de cualquier texto es un tesoro
enterrado; todas las riquezas están esperando bajo la superficie. Si supiéramos que hay oro
en el patio trasero de nuestra casa, nada nos impediría obtener las herramientas necesarias
para cavar y sacarlo. Del mismo modo, en el estudio formal de la Biblia todos los tesoros y
riquezas de Dios están esperando a ser excavados para nuestro beneficio.
Esta serie de comentarios sobre el Nuevo Testamento tiene la intención de proporcionar
dichas herramientas y ayudar al cristiano a comprender más profundamente el significado
pretendido por Dios en la Biblia. Cada volumen guía al lector a través de un libro versículo
a versículo con el objetivo de desvelarnos lo que Dios mandó a Mateo o Pablo o Juan a decir
a sus lectores. Mi objetivo en esta serie es dar sentido al contexto histórico y literario de
estas obras antiguas, para proveer la información que va a permitir al lector moderno
entender exactamente lo que los escritores bíblicos estaban diciendo a su audiencia del
primer siglo. Me gustaría eliminar la complejidad de la mayoría de los comentarios
modernos del texto y proporcionar una explicación fácil de leer.
Pero no es suficiente saber qué querían expresar los libros del Nuevo Testamento en
aquel entonces; necesitamos ayuda para determinar cómo cada texto se aplica actualmente
a nuestras vidas. Una cosa es entender lo que Pablo les estaba diciendo a sus lectores en
Roma o Filipos y, otra muy distinta, es entender el significado de sus palabras para nosotros.
Así pues, en los puntos clave del comentario, intentaré ayudar al lector a descubrir áreas de
nuestra vida moderna a las que el texto se dirige.
Visualizo tres usos principales para esta serie:
Lectura devocional de las Escrituras. Muchos cristianos leen rápidamente toda la Biblia
en programas devocionales de un año. Eso es muy útil para obtener una amplia visión
general de la historia de la Biblia. Pero animo enfáticamente a realizar otro tipo de lectura
devocional, concretamente, a estudiar profundamente un solo segmento del texto bíblico
e intentar entenderlo. Estos comentarios están diseñados para permitir eso. El comentario
se basa en la NVI y explica el significado de los versículos, lo que permite al lector moderno
leer un par de páginas a la vez y orar sobre el mensaje.
Estudios bíblicos de la iglesia. He escrito estos comentarios también como guías para
grupos de estudio bíblico. Muchos estudios bíblicos de hoy consisten en personas que se
reúnen para compartir lo que piensan que dice el texto. Hay ventajas en tal enfoque, pero
también debilidades. El problema es que Dios inspiró estos pasajes bíblicos de modo que la
iglesia pudiera entender y obedecer lo que él pretendía que el texto dijera. Sin ninguna
orientación sobre el significado del texto, somos propensos a cometer herejía. Como
mínimo, los líderes del estudio bíblico necesitan tener un comentario, de modo que puedan
guiar la discusión en la dirección que Dios pretendía. En mis propios estudios bíblicos de la
iglesia, a menudo hago que la clase lea una exposición sencilla del texto, por lo que todos
pueden hablar del mensaje dado por Dios, y eso mismo es lo que espero ofrecer aquí.
Ayudas para el sermón. Estos comentarios también están destinados a ayudar a los
pastores a exponer fielmente el texto en un sermón. Los pastores ocupados a menudo
tienen muy poco tiempo para estudiar comentarios complejos de mil páginas sobre pasajes
bíblicos. Como resultado, es fácil pasar poco tiempo en el estudio de la Biblia y, por lo tanto,
dar un sermón superficial el domingo. Mientras escribo esta serie, estoy plasmando mi
propia experiencia como pastor y pastor interino, preguntándome a mí mismo lo que
quisiera que un sermón incluyera.
Sobre todo, mi objetivo en estos comentarios es simple: me gustaría que fueran
aventuras interesantes y emocionantes a través de los textos del Nuevo Testamento. Mi
esperanza es que los lectores descubran las riquezas de Dios que se encuentran detrás de
cada pasaje en su divina palabra. ¡Espero que cada lector se enamore de la palabra de Dios
tanto como yo y que comience una fascinación similar de por vida con estas verdades
eternas
INTRODUCCIÓN AL EVANGELIO DE LUCAS
En muchas más iglesias cristianas litúrgicas, la congregación se sienta para las lecturas
generales de las Escrituras, pero se pone en pie cuando se leen los Evangelios. Esto se debe
a que los Evangelios cuentan la historia de la vida de Jesús el Cristo, Hijo de Dios y Señor de
todos. Cuando leemos los Evangelios, nos enteramos de la vida de Dios hecho carne, el ser
más importante que jamás haya aparecido en el planeta Tierra. Y Lucas es el más
comprensivo de los cuatro, contándonos más acerca de Jesús que cualquier otro. Contiene
una increíble colección de historias, no solo acerca de Jesús, sino también sobre los Doce, y
la relevancia para la vida de la iglesia hoy en día es increíble.
Sin embargo, creo que Lucas es probablemente el Evangelio menos popular de los
cuatro. Mateo siempre ha sido el evangelio por excelencia, famoso por el Sermón del Monte
y el Discurso en el monte de los Olivos. La gente se siente atraída por Marcos debido a su
ritmo dramático y rápido y la claridad de su presentación. Juan es el Evangelio espiritual,
famoso por su alta cristología y su presentación clara del mensaje del evangelio. Lucas
pierde un poco entre los demás, pero no se lo merece. Como verá mientras lee este
comentario, contiene una rica colección de historias, cada una llena de relevancia para la
vida cristiana de hoy.
Autor
Los cuatro Evangelios son anónimos, es decir, ninguno nombra a sus autores. Por otro lado,
los primeros testigos, los padres de la iglesia, son claros y casi unánimes en cuanto a que
los títulos de nuestras Biblias (Mateo, Marcos, Lucas y Juan) identifican correctamente a los
autores. En efecto, la autoría de Lucas del Evangelio que ahora lleva su nombre fue
universalmente afirmada hasta llegar a los eruditos críticos del siglo diecinueve. Los
primeros testigos son del segundo siglo, con el manuscrito 𝔓 75, el Canon de Muratori (170
d.C.), el Prólogo antimarcionita (175), e Ireneo (185) todos confirmando a Lucas, un médico
y compañero de trabajo de Pablo, como el autor de Lucas y Hechos. Durante los dos siglos
siguientes, Tertuliano, Clemente de Alejandría, Orígenes, Eusebio, y Jerónimo, todos ellos
confirman a Lucas como autor del tercer Evangelio. Esto no demuestra que Lucas lo escribió,
pero muestra que la antigua iglesia creía unánimemente que sí lo hizo. Estos testigos deben
ser tomados en serio.
La evidencia interna respalda el testimonio externo de Lucas como autor. Aquí también
considero Lucas y Hechos como un conjunto, iniciando con el prólogo de Lucas 1:1–4, el
cual afirma que su material fue “dictado” por “testigos” Esto muestra, en primer lugar, que
el autor no era un discípulo que había visto cuándo se desarrollaron; y, en segundo lugar,
que las historias le fueron contadas por aquellos que las presenciaron cuando tuvieron
lugar. Esto podría encajar bien con Lucas: él era un gentil convertido que tuvo que hacer
una amplia investigación.
Pablo nos dice que Lucas era un médico (Col 4:14), y esta puede ser la razón de que el
autor de este Evangelio tenga un especial interés en los milagros de sanación. Contiene las
historias de sanación de Marcos y Mateo, así como varias otras (Lucas 7:11–17; 13:10–17;
14:1–6; 17:11–19; 22:51). Además, el autor usa a menudo términos médicos (4:38; 5:12;
6:18; 8:44; y otros). Una vez más, esto no prueba que Lucas el médico fuera el autor, pero
apoya esta posibilidad. Los pasajes que mencionan el “nosotros” en Hechos, donde el autor
habla como alguien que estuvo presente, son cruciales para determinar la autoría de Lucas-
Hechos (Hechos 16:10–17; 20:5–16; 21:1–18; 27:1–28:16). Ahí vemos que el autor era, de
hecho, un compañero de Pablo que viajó extensamente con él. Los intentos de hacer del
“nosotros” un dispositivo ficticio en lugar de una indicación de que el autor fue un
participante histórico no tienen en cuenta la escritura en el mundo antiguo. Este tipo de
dispositivo ficticio no fue utilizado por escritores antiguos simplemente porque podría
haber sido visto como fraudulento por los lectores en el primer siglo. Además, las secciones
“nosotros” no aparecen en secciones especialmente importantes de los Hechos. Es poco
probable que estén estratégicamente colocados, más bien están allí simplemente porque
fue en esos momentos cuando el autor acompañó a Pablo durante sus viajes. Comienza en
Troas, en el oeste de Asia Menor, y cuenta sobre el ministerio a los gentiles de Pablo, lo que
hace de Lucas el probable autor. En resumen: yo creo que Lucas es, por mucho, la opción
más probable como autor del Tercer Evangelio.
Fecha
Hay tres importantes puntos de vista sobre la fecha del Evangelio de Lucas, pero los eruditos
más recientes creen que hay muy poca evidencia para preferir una sobre la otra. Aun así,
este no es un asunto irrelevante. Estas son las opciones: (1) Lucas fue escrito a principios de
los años 60, que es donde termina el libro de los Hechos, con Pablo en la cárcel en Roma
(60–62 d.C.); o (2) si Marcos fue escrito a mediados o finales de los 60, como muchos
suponen, entonces Lucas, el cual se basa ampliamente en Marcos, debe haber sido escrito
en los años 70; o (3) fue escrito en una fecha cerca del cambio de siglo, tal vez los años 90.
La mayoría opta por uno de los dos primeros, y la mayoría elige los años 70 (opción dos). Es
común sugerir una fecha a mediados de los años 70 o más tarde basándose en el capítulo
21, donde Jesús describe la destrucción de Jerusalén, que ocurrió en el año 70 d.C., pero
eso es innecesario. Esta sugerencia se afirma en la suposición de que la destrucción tuvo
que haber ocurrido ya para contar con todos los detalles del hecho, pero que ignora el
hecho de que (en mi opinión) es una profecía por parte de Jesús.
Mi propuesta es tomar en serio el lugar donde Hechos termina, como un marcador para
dar fecha a la serie. Si este es el caso, Lucas estaría escribiendo Lucas-Hechos mientras Pablo
se encuentra en prisión en Roma, en el 60–62 d.C. Este es el escenario más probable, y en
el comentario de Marcos en esta serie discutiré sobre la idea de que Marcos fue escrito a
mediados de los años 50. Esto da más sentido a la información.
Es imposible saber mucho sobre el lugar donde Lucas escribió su Evangelio. Varias
propuestas han sido hechas en varias ocasiones, como Antioquía, Cesárea, o Asia Menor (la
actual Turquía). La más probable sería Roma, sobre todo si este Evangelio fue escrito
mientras Pablo estaba en prisión allí. Sin embargo, no hay indicios en ninguno de los dos
libros e importa muy poco dónde Lucas los escribió.
Propósito
Pocos libros tienen un solo propósito detrás de ellos, y Lucas no es la excepción. Los
propósitos de su escritura están estrechamente relacionados con los temas teológicos que
desarrolla en su obra de dos volúmenes. El propósito principal se encuentra en el prólogo
(1:1–4). Él está produciendo una historia definitiva de la vida de Cristo y de la puesta en
marcha de la iglesia y su misión. Escribe un relato testimonial (un “relato ordenado”, 1:3),
el producto de sus entrevistas a muchos de los que participaron en los eventos mismos.
Además, quiere desarrollar una historia lo más completa posible. Este Evangelio tiene el
mayor número de historias de cualquiera de los cuatro y es el más extenso de ellos.
Aun así, el objetivo principal de Lucas no es producir el material más importante, sino
transmitir historias con precisión. Quiere que sus lectores se den cuenta de que todas estas
cosas realmente tuvieron lugar en la historia de la humanidad. A lo largo de Lucas, así como
en Hechos, hace hincapié en que todo fue presenciado y puede ser documentada (véase
Lucas 1:21–22; 2:32; 5:32; 10:39; 13:31). La historia es la historia de la salvación, pues Dios
ha traído la salvación a través de Jesús, el Hijo de Dios en este mundo, y la salvación de Dios
ha actuado en la vida y la muerte de su Hijo. Jesús ha cumplido la profecía y de esta manera
ha resumido en sí mismo el mensaje y el propósito del Antiguo Testamento.
Lucas, en este sentido se basa en Pablo y presenta las buena nuevas, el Evangelio de la
gracia de Dios se extendió a la humanidad pecadora a través de la vida y la muerte de Jesús
como la obra de la salvación. Los tres conceptos (véase especialmente 24:47–49) son el
arrepentimiento, el perdón de los pecados y la proclamación de esta buena noticia a las
naciones. Lucas presenta a Jesús buscando y salvando a los perdidos (19:10), y este
propósito evangelístico es especialmente central en Hechos.
En este sentido Lucas tiene un doble propósito: animar a los creyentes que son parte de
un movimiento divino que está trayendo el reino de Dios a este mundo, y convencer a los
no creyentes de que Cristo es verdaderamente Señor y Salvador de este mundo. Quiere
fortalecer a la iglesia y llegar a los perdidos.
Fuentes
La cuestión de cómo los primeros tres Evangelios se relacionan el uno con el otro se llama
el “problema sinóptico”. El consenso actual es llamado la “fuente de cuatro hipótesis”, que
Marcos es el primer Evangelio y la fuente primaria de la otras dos. Además de Marcos,
usaron Q (ver abajo), así como fuentes especiales propias de Mateo (M) y Lucas (L). Esto
significa que la fuente principal de Lucas es el Evangelio de Marcos, con aproximadamente
el 40 por ciento del material de Lucas extraído de Marcos. Lucas frecuentemente sigue a
Marcos no solo en su redacción, sino también en el orden de sus historias (por ejemplo,
4:31–6:19). De hecho, en general, Lucas sigue la organización del material de Marcos.
Además, hay algo que se conoce como Q (de la palabra alemana Quelle, “fuente”). Este
material consiste en historias o dichos especialmente encontrados en Mateo y Lucas, pero
no en Marcos. Estos pasajes son parecidos verbalmente, pero a menudo están en diferentes
lugares en los dos Evangelios. Alrededor de una quinta parte de Lucas proviene de este
material. Mi personal punto de vista es que no hay ninguna evidencia de que Q fue un
documento escrito. Más bien, es probable que fuera una tradición oral común que circulaba
en la iglesia primitiva, no algo que fue escrito. Después de Marcos y Q, el resto del material
en el Evangelio de Lucas se derivó de las historias que Lucas extrajo de varios relatos de
testigos oculares y se encuentra solo en su Evangelio. Muchos de los testigos que contaron
estas historias a Lucas son, probablemente, nombradas en su Evangelio. Por ejemplo,
Cleofás, el discípulo nombrado en el camino a Emaús (23:13–35), pudo haber sido la fuente
de esa historia. Las mujeres nombradas en 8:1–3 y 24:10 pueden haber sido fuentes de
otras historias encontradas en este Evangelio.
Bosquejo
Siempre es difícil determinar el bosquejo de cualquier libro debido a que muchas decisiones
están involucrados en todos los niveles. Los eruditos siempre difieren en los detalles, y es
dudoso que haya dos obras que coincidan en la línea. Lo único que podemos hacer es
nuestro mejor esfuerzo, y eso es lo que yo he hecho. Puedo, honestamente, decir que una
inmensa cantidad de pensamiento ha ido a este producto, por lo que esta es mi contribución
a la posible estructura del Tercer Evangelio.
I. Las narrativas de la infancia (1:1–2:52)
A. El prólogo (1:1–4)
1. Testigos anteriores (1:1–2)
2. El trabajo actual de Lucas (1:3–4)
B. Anuncio del nacimiento de Juan el Bautista (1:5–25)
1. Una pareja sacerdotal sin hijos (1:5–7)
2. Zacarías en el templo (1:8–10)
3. La aparición del ángel (1:11–12)
4. El mensaje del ángel (1:13–17)
5. La parte de Zacarías en esto (1:18–23)
6. Profecía cumplida: el embarazo de Elisabet (1:24–25)
C. Anuncio del nacimiento de Jesús (1:26–38)
1. La aparición a María (1:26–27)
2. El mensaje del ángel (1:28–33)
3. Tranquilidad por parte del ángel (1:34–38)
D. La visita de María y el testigo de Elisabet (1:39–45)
1. El viaje de María para visitar (1:39–40)
2. El resultado del saludo (1:41–45)
E. El canto de alabanza de María: el Magníficat (1:46–56)
1. Alabanza introductoria (1:46–47)
2. El poder salvador de Dios (1:48–49)
3. La revocación divina (1:50–53)
4. La fidelidad de Dios a Israel (1:54–55)
5. Los últimos tres meses (1:56)
F. El nacimiento de Juan el Bautista (1:57–66)
1. El nacimiento de Juan (1:57–58)
2. La presentación y el nombramiento de Juan (1:59–66)
G. El canto de alabanza de Zacarías: el Benedicto (1:67–79)
1. Introducción: lleno con el Espíritu (1:67)
2. Alabanza por la redención mesiánica (1:68–75)
3. Los futuros ministerios de Juan y Jesús (1:76–79)
H. La creciente madurez de Juan (1:80)
I. El nacimiento y la presentación de Jesús.
1. El nacimiento de Jesús (2:1–20)
a. Las circunstancias históricas (2:1–2)
b. El viaje a Belén (2:3–5)
c. El nacimiento de Jesús (2:6–7)
d. Pastores guiados en adoración por los ángeles (2:8–14)
e. La adoración al niño Jesús (2:15–20)
2. La presentación de Jesús en el templo (2:21–40)
a. La circuncisión y el nombre del bebé (2:21)
b. El viaje a Jerusalén (2:22–24)
c. El testimonio de Simeón sobre Jesús (2:25–35)
d. El testimonio de Ana sobre Jesús (2:36–38)
e. Conclusión: el retorno a Galilea y la madurez de Jesús (2:39–40)
3. Jesús en el templo a los doce años (2:41–52)
a. El escenario (2:41–42)
b. Jesús desaparece (2:43–45)
c. Jesús sorprende a los maestros en el templo (2:46–47)
d. Jesús corrige a sus padres (2:48–50)
e. Conclusión: regresar a casa y alcanzar la madurez (2:51–52)
II Preparación para el ministerio de Jesús (3:1–38)
A. El ministerio de Juan en Galilea (3:1–20)
1. Las circunstancias históricas (3:1–2)
2. El ministerio de Juan (3:3)
3. Prueba en Isaías (3:4–6)
4. El ministerio de predicación de Juan (3:7–14)
5. Juan es testigo de Cristo (3:15–17)
6. Eventos finales (3:18–20)
B. El bautismo de Jesús (3:21–22)
C. La genealogía de Jesús (3:23–38)
III. La prueba del Hijo de Dios (4:1–13)
A. El escenario (4:1–2)
B. Las tres tentaciones (4:3–12)
1. La primera prueba: convertir la piedra en pan (4:3–4)
2. La segunda prueba: adorar a Satanás (4:5–8)
3. La tercera prueba: lanzarse desde el pináculo (4:9–12)
C. Conclusión (4:13)
IV. El ministerio de Jesús en Galilea (4:14–9:50)
A. El primer ministerio de Jesús en Galilea (4:14–44)
1. Regreso a Galilea e introducción (4:14–15)
2. Discurso inaugural en Nazaret (4:16–30)
a. El escenario (4:16–17)
b. El pasaje elegido (Isaías 61:1–2) (4:18–19)
c. La enseñanza de Jesús (4:20–21)
d. Reacción y respuesta (4:22–27)
e. Rechazo de Jesús (4:28–30)
3. Ministerio en Capernaúm (4:31–44)
a. Resumen: enseñanza con autoridad (4:31–32)
b. El exorcismo de un demonio (4:33–35)
c. Reacción y resultados (4:36–37)
d. Ministerio itinerante en Galilea (4:38–44)
B. Discipulado y conflicto (5:1–6:11)
1. El llamado de los primeros discípulos (5:1–11)
a. El escenario (5:1–3)
b. Obediencia radical y resultados milagrosos (5:4–7)
c. Discipulado y humildad radical (5:8–10a)
d. El llamado a una nueva empresa pesquera (5:10b–11)
2. La sanación del leproso (5:12–16)
a. La sanación (5:12–14)
b. Reacciones a la sanación (5:15–16)
3. La cura del hombre paralítico (5:17–26)
a. El escenario (5:17–19)
b. La controversia y la sanación (5:20–24)
c. Resultado: la alabanza a Dios (5:25–26)
4. El llamado de Leví (5:27–32)
a. Leví es llamado y le sigue (5:27–28)
b. El banquete (5:29)
c. La controversia (5:30–32)
5. Debate sobre el ayuno (5:33–39)
a. La pregunta de los fariseos (5:33)
b. La respuesta de Jesús (5:34–35)
c. Dos parábolas del reino sobre lo viejo y lo nuevo (5:36–39)
6. Recoger grano en el día de reposo (6:1–5)
a. El escenario (6:1–2)
b. La respuesta de Jesús (6:3–5)
7. Sanación en sábado (6:6–11)
a. El escenario (6:6–7)
b. La respuesta de Jesús (6:8–9)
c. Acción y reacción (6:10–11)
C. Llamamiento de los doce y el sermón en la llanura (6:12–49)
1. El llamado de los doce (6:12–16)
2. El sermón en la llanura (6:17–49)
a. El escenario: enseñanza y obras poderosas (6:17–19)
b. Bendiciones y aflicciones (6:20–26)
c. Desafío a una vida de amor (6:27–36)
d. El reino gobierna para la comunidad (6:37–49)
1) La negativa a juzgar a otros (6:37–42)
2) Un árbol y su fruto (6:43–45)
3) Parábola de los constructores sabios y necios (6:46–49)
D. Ministerio compasivo y popularidad creciente (7:1–50)
1. La fe y la sanación del sirviente del centurión (7:1–10)
a. El escenario (7:1–2)
b. El testimonio de sus amigos judíos (7:3–5)
c. La respuesta de Jesús y la profunda humildad del centurión (7:6–8)
d. Fe y sanación (7:9–10)
2. El hijo de la viuda es levantado (7:11–17)
a. El escenario (7:11–12)
b. Compasión y sanación (7:13–15)
c. El asombro y la alegría resultantes (7:16–17)
3. Juan envía preguntas a Jesús (7:18–35)
a. Jesús responde a Juan el Bautista (7:18–23)
b. El testimonio de Jesús sobre Juan (7:24–28)
c. El rechazo de Juan y Jesús (7:29–35)
4. Jesús es ungido por una mujer pecadora (7:36–50)
a. El escenario: la unción (7:36–38)
b. Conflicto sobre sus acciones (7:39–43)
c. La aplicación de la parábola (7:44–47)
d. El mensaje para la mujer perdonada (7:48–50)
E. Enseñanza de autoridad y obras poderosas (8:1–56)
1. Las mujeres como parte del grupo de discípulos (8:1–3)
2. La parábola de las semillas (8:4–15)
a. Los cuatro suelos (8:5–8)
b. El propósito de las parábolas (8:9–10)
c. El significado de la parábola (8:11–15)
3. La parábola de la lámpara (8:16–18)
4. La verdadera familia de Jesús (8:19–21)
5. Autoridad sobre la naturaleza y los poderes cósmicos (8:22–56)
a. Poder sobre la naturaleza: la calma de la tormenta (8:22–25)
b. Poder sobre las fuerzas cósmicas: el demonio gadareno (8:26–39)
c. Autoridad sobre la enfermedad y la muerte (8:40–56)
F. El entrenamiento de los doce (9:1–50)
1. La misión de los Doce (9:1–6)
a. Transmitir autoridad (9:1–2)
b. Instrucciones para los doce (9:3–5)
c. La misión se lleva a cabo (9:6)
2. Herodes muestra interés en Jesús (9:7–9)
3. La alimentación de los cinco mil (9:10–17)
a. El regreso de los doce (9:10–11)
b. El dilema: alimentar a la multitud (9:12–14a)
c. El milagro de la alimentación (9:14b–16)
d. Resultados y consecuencias (9:17)
4. La confesión de Pedro y la predicción de la pasión (9:18–27)
a. Especulación judía sobre Jesús (9:18–19)
b. La confesión de Pedro (9:20)
c. Dichos sobre el sufrimiento y el discipulado (9:21–27)
5. La transfiguración (9:28–36)
a. El escenario en la montaña (9:28)
b. La aparición y los testigos celestiales (9:29–31)
c. La confusión de los discípulos (9:32–33)
d. La afirmación divina (9:34–45)
e. Consecuencias: su silencio (9:36)
6. Sanando al niño poseído por el demonio (9:37–43a)
7. La segunda predicción de pasión y rivalidad (9:43b–48)
a. Predicción y falta de comprensión (9:43b–45)
b. Rivalidad sobre la grandeza (9:46–48)
8. Conflicto sobre exorcistas rivales (9:49–50)
V. El viaje a Jerusalén (9:51–19:27)
A. Misión y entrenamiento adicional (9:51–10:42)
1. Entrenamiento para el futuro (9:51–10:24)
a. Misión en Samaria (9:51–56)
b. El costo del discipulado (9:57–62)
c. La misión de los setenta y dos (10:1–24)
d. Su informe (10:17–20)
e. Acción de gracias y gozo (10:21–24)
2. La parábola del buen samaritano (10:25–37)
a. Pregunta sobre la vida eterna (10:25–28)
b. El verdadero vecino: el buen samaritano (10:29–37)
3. María y Marta (10:38–42)
B. Oración y conflicto (11:1–54)
1. Enseñar sobre la oración (11:1–13)
a. Escenario (11:1)
b. La oración del Señor (11:2–4)
c. La parábola del amigo a la medianoche (11:5–8)
d. Promesas con respecto a la oración (11:9–13)
2. Jesús y Belcebú (11:14–28)
a. El escenario: conflicto sobre el exorcismo (11:14–16)
b. Los contraargumentos de Jesús (11:17–28)
3. La señal de Jonás (11:29–32)
4. Dichos “ligeros” (11:33–36)
5. Ayes contra los fariseos y los escribas (11:37–54)
C. Entrenamiento para hacerse cargo de la misión (12:1–48)
1. Exhortación a la confesión sin miedo (12:1–12)
2. La parábola del rico insensato (12:13–21)
3. Preocupación por las posesiones (12:22–34)
a. Tesis: deja de preocuparte (12:22–23)
b. Ejemplos de la naturaleza (12:24–30)
c. La solución: vivir en el reino (12:3–32)
d. Vida verdadera: tesoro en el cielo (12:33–34)
4. Esté preparado para la crisis que se avecina (12:35–48)
a. Parábola de los sirvientes que esperan (12:35–40)
b. La necesidad de mayordomos fieles (12:41–48)
D. Disponibilidad y vigilancia para la crisis que se avecina (12:49–13:35)
1. Reconociendo las señales de los tiempos (12:49–59)
a. La división de Jesús (12:49–53)
b. Lectura de las señales de los tiempos (12:54–56)
c. Estar a cuentas con Dios (12:57–59)
2. El llamado al arrepentimiento (13:1–9)
3. La sanación de una mujer en el día de reposo (13:10–17)
4. Dos parábolas sobre el reino de Dios (13:18–21)
a. Parábola de la semilla de mostaza (13:18–19)
b. Parábola de la levadura (13:20–21)
5. La puerta angosta (13:22–30)
6. Lamento por Jerusalén (13:31–35)
E. Lecciones de las comidas (14:1–35)
1. Una sanación del tercer sábado (14:1–6)
2. Parábola del lugar de honor en la fiesta (14:7–11)
3. Parábola sobre la elección de invitados (14:12–14)
4. Parábola del gran banquete (14:15–24)
5. El costo del discipulado (14:25–35)
a. Relaciones y acciones (14:25–27)
b. Parábolas para contar el costo (14:28–33)
c. Dichos sobre la sal (14:34–35)
F. Parábolas sobre la alegría de encontrar cosas perdidas (15:1–32)
1. Parábola de la oveja perdida (15:1–7)
2. Parábola de la moneda perdida (15:8–10)
3. Parábola del hijo pródigo (15:11–32)
a. Escenario: el hijo codicioso (15:11–12)
b. La vida derrochadora del hijo (15:13–16)
c. Arrepentimiento y regreso (15:17–20a)
d. La respuesta amorosa del padre (15:20b–24)
e. Los celos del hermano mayor (15:25–32)
G. Dichos sobre la riqueza y las posesiones (16:1–31)
1. Parábola del mayordomo infiel (16:1–13)
a. La parábola propiamente dicha (16:1–8a)
b. Primera aplicación: regalar (16:8b–9)
c. Segunda aplicación: fiel con recursos terrenales (16:10–13)
2. Dichos sobre la riqueza y la ley (16:14–18)
3. Parábola del hombre rico y Lázaro (16:19–31)
a. El entorno social (16:19–21)
b. La muerte y el más allá (16:22–23)
c. La primera pregunta del hombre rico (16:24–26)
d. La segunda pregunta del hombre rico (16:27–31)
H. Fe, perdón y el reino (17:1–37)
1. Enseñar sobre tropiezos, perdón y fe (17:1–10)
a. Falsa enseñanza y piedras de tropiezo (17:1–3a)
b. Reprensión y perdón (17:3b–4)
c. El llamado a la fe (17:5–6)
d. Parábola del siervo obediente (17:7–10)
2. La sanación de los diez leprosos (17:11–19)
3. La venida del reino de Dios con el Hijo del Hombre (17:20–37)
a. La pregunta sobre la llegada del reino (17:20–21)
b. La venida del Hijo del hombre (17:22–37)
I. Reino, oración y fe (18:1–43)
1. La parábola de la viuda persistente (18:1–8)
2. La base de la verdadera fe del reino (18:9–43)
a. El fariseo y el recaudador de impuestos (18:9–14)
b. Los niños como modelos de fe (18:15–17)
c. El (joven) gobernante rico (18:18–30)
d. La tercera predicción de la pasión (18:31–34)
e. Curación de un hombre ciego en Jericó (18:35–43)
J. El viaje a Jerusalén concluye (19:1–27)
1. La conversión de Zaqueo (19:1–10)
2. La parábola de las diez minas (19:11–27)
a. El ajuste: la llegada del reino (19:11)
b. Un noble parte para ser nombrado rey (19:12–14)
c. Establecer cuentas (19:15–27)
VI. Semana de la pasión: ministerio final de Jerusalén (19:28–21:38)
A. Comienza la semana de la pasión (19:28–48)
1. La entrada triunfal (19:28–40)
2. Lamento sobre Jerusalén (19:41–44)
3. Limpieza del templo (19:45–46)
4. Enseñanza y oposición en el templo (19:47–48)
B. Enseñanza y controversia en el templo (20:1–21:4)
1. La cuestión de su autoridad (20:1–8)
a. El interrogatorio (20:1–2)
b. La contra pregunta de Jesús (20:3–4)
c. Se lanza la trampa (20:5–8)
2. La parábola de los inquilinos malvados (20:9–19)
3. Pago de impuestos al César (20:20–26)
4. Pregunta sobre la resurrección de los muertos (20:27–40)
5. Enseñar sobre el oficio mesiánico de Jesús (20:41–44)
6. Advertencia sobre los escribas (20:45–47)
7. El sacrificio total de la viuda (21:1–4)
C. La destrucción venidera de Jerusalén (21:5–38)
1. Preguntas sobre la destrucción del templo (21:5–7)
2. Señales falsas y trastornos (21:8–11)
3. La persecución de los discípulos (21:12–19)
a. Arresto y testimonio (21:12–13)
b. Sabiduría para la defensa (21:14–15)
c. El alcance de la persecución (21:16–19)
4. La destrucción de Jerusalén (21:20–24)
5. La venida del Hijo de hombre (21:25–28)
6. La parábola del árbol de la higuera (21:29–33)
7. El llamado a la vigilancia espiritual (21:34–36)
8. Resumen: enseñanza del templo (21:37–38)
VII. La pasión de Jesús (22:1–23:56)
A. Los eventos finales de la semana de la pasión (22:1–53)
1. Judas vende su alma (22:1–6)
2. Preparación para la comida de Pascua (22:7–13)
3. La cena de Pascua/Última Cena (22:14–20)
4. Predicción de traición (22:21–23)
5. Los discípulos y la grandeza (22:24–30)
a. Definición de grandeza (22:24–27)
b. El papel futuro de los discípulos (22:28–30)
6. La negación de Pedro anunciada (22:31–34)
7. La necesidad de estar preparado (22:35–38)
8. Oración en el Monte de los Olivos (22:39–46)
a. Exhortación a orar (22:39–40)
b. La oración personal de Jesús (22:41–42)
c. Fortalecido del cielo (22:43–44)
d. Advertencia adicional para orar (22:45–46)
9. El arresto de Jesús (22:47–53)
B. Las pruebas de Jesús (22:54–23:25)
1. Las tres negaciones de Pedro (22:54–62)
a. El escenario: la casa del sumo sacerdote (22:54)
b. La primera negación (22:55–57)
c. La segunda negación (22:58)
d. La tercera negación (22:59–60a)
e. Las consecuencias (22:60b–62)
2. La burla de Jesús (22:63–65)
3. El juicio del Sanedrín (22:66–71)
a. El escenario: el Sanedrín (22:66)
b. La primera pregunta: Mesías (22:67–69)
c. La segunda pregunta: Hijo de Dios (22:70–71)
4. El juicio ante Pilato y Herodes (23:1–25)
a. Jesús ante Pilato (23:1–5)
b. Jesús ante Herodes Antipas (23:6–12)
c. Jesús sentenciado y entregado (23:13–25)
C. La crucifixión y el entierro de Jesús (23:26–56)
1. El camino a la cruz (23:26–32)
2. La crucifixión (23:33–43)
a. Jesús en la cruz (23:33–34)
b. La burla que soporta (23:35–38)
c. Los dos criminales (23:39–43)
3. La muerte de Jesús (23:44–46)
4. Los espectadores (23:47–49)
5. El entierro de Jesús (23:50–56)
VIII La resurrección de Jesús (24:1–53)
A. La tumba vacía se descubrió (24:1–12)
B. El viaje por el camino a Emaús (24:13–35)
1. Dos discípulos desanimados se encuentran con un extraño (24:13–16)
2. La conversación de los jornaleros (24:17–27)
3. La comunión en la mesa y el partimiento del pan (24:28–31)
4. Los resultados de la acción (24:32–35)
C. Aparición a los once en Jerusalén (24:36–49)
1. La apariencia y la prueba física (24:36–43)
a. Su miedo y duda (24:36–37)
b. Primera prueba: toque (24:38–40)
c. Segunda prueba: comer una comida (24:41–43)
2. La puesta en servicio y la promesa de la Espíritu (24:44–49)
a. Cumplimiento de las Escrituras (24:44)
b. Las profecías recapituladas (24:45–47)
c. La comisión misionera aclarada (24:48)
d. Poder desde lo alto (24:49)
D. La ascensión de Jesús (24:50–53)
Principales temas teológicos
Cada Evangelio tiene un conjunto distinto de mensajes teológicos que desea comunicar a
los lectores. Estos temas atan el Evangelio, y surgen cuando consideramos el flujo narrativo
de un episodio a otro. En el caso de Lucas, estos megatemas tanto se unen al Evangelio
como lo llevan al libro de Hechos. Lucas es un historiador, pero también es un teólogo y
cuida profundamente las verdades que Cristo ha enseñado y que guían la iglesia.
Salvación
La nueva era introducida por Cristo es la era de la salvación. La razón por la que Cristo vino
a la tierra fue para morir por los pecados de la humanidad, para convertirse en el sacrificio
expiatorio en la cruz para que los pecadores pudieran arrepentirse, creer, encontrar la
salvación, recibir el perdón de los pecados, heredar la vida eterna y entrar en el reino de
Dios. Todo en este lenguaje es endémico a Lucas-Hechos y juntos describe el Evangelio, las
buenas noticias que tienen la intención de anunciar a través de sus escritos.
El propósito salvador de Jesús fue evidente desde el principio. En su nacimiento, el
anfitrión angelical dijo a los pastores que “un salvador les ha nacido a ustedes; él es el
Mesías, el Señor” (2:11). Entonces, cuando Zaqueo llegó a la fe, la escena se resume como,
“Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar al perdido” (19:10). La propagación de
la buena noticia a lo largo de Lucas constituye el mensaje de salvación al mundo. A
continuación, en Hechos 5:31 cuando Pedro y los apóstoles se negaron a desistir en su
testimonio, les dijeron a las autoridades, “Dios lo exaltó a su propia diestra como Príncipe y
Salvador, quien podría llevar a Israel al arrepentimiento y perdón de sus pecados”.
El tema de la salvación en Lucas-Hechos se resume en Lucas [Link] “El arrepentimiento
para el perdón de los pecados será predicado en su nombre a todas las naciones” Cada
concepto resume un importante énfasis de los escritos de Lucas. Jesús murió por los
pecados de la humanidad, quien participó en la salvación de Dios por el arrepentimiento
o apartarse de sus pecados para ir a Dios (Lucas 05:32; Hechos 13:3–4; 15:7–8; 16:30;
17:3–4), recibiendo los resultados judiciales de ese arrepentimiento: perdón de pecados
(Lucas 1:77; 3:18; 4:18; Hechos 2:38; 5:31; 10:43; 13:38; 26:18). En las misiones de Lucas
9–10 y, con frecuencia, en Hechos, la predicación es el medio por el cual el mensaje de
salvación se envía a las naciones. Cristología
Jesús es el núcleo no solo del Evangelio de Lucas, como se espera, sino también del libro de
los Hechos. En un verdadero sentido, la pregunta principal que Lucas nos quiere hacer es,
“¿Quién es este?” (5:21; 7:49; 8:25; 9:9). En la anunciación del nacimiento de Jesús que se
presenta como “el hijo del Altísimo” quien heredará el trono de David y establecerá un reino
eterno (1:32–33). En su nacimiento el ángel del Señor lo proclama a ser Salvador, Mesías, y
Señor (2:11). A lo largo de los relatos de la infancia es revelado como el mayor profeta
(mayor que Juan el Bautista), quien inaugurará la nueva era de la salvación.
Hay un gran énfasis en el señorío en Lucas, porque el Siervo Sufriente se convierte en el
Señor resucitado de todos. Su poder sobre la naturaleza (8:22–25; 9:10–16) y la enfermedad
(4:38–40; 5:12–16; 7:22), de hecho, sobre la muerte misma (7:11–17; 8:51–56) y los
cósmicos poderes de oscuridad (4:1–13, 36, 41; 8:26–39; 10:17–20), lo muestran como el
Señor, sobre todo. Él no es solo profeta y Mesías real; sino que es el Hijo de Dios y soberano
sobre toda la creación.
El reino de Dios sobre la historia
Lucas pone gran énfasis en la historia de la salvación, es decir, el gobierno de Dios sobre los
asuntos humanos mientras controla la historia y trae la salvación a este mundo. El “deber”
divino (griego: dei) es predominante en Lucas, lo que significa que Dios ha soberanamente
predeterminado sus movimientos en este mundo para lograr sus propósitos. Así Lucas en
su escritura está proclamando los contornos del plan de Dios que se llevó a cabo en Jesús y
la iglesia. La venida de Cristo, su ministerio en el mundo y los resultados de su venida son
todos ordenados por Dios y se llevan a cabo de acuerdo con su voluntad (4:43; 9:33; 19:5),
especialmente su muerte y resurrección (9:22; 17:25). El plan de salvación también es parte
de este “deber” divino (Hechos 4:12).
Espíritu Santo
Para Lucas, el Espíritu Santo es el punto de continuidad entre la vida de Jesús y la misión de
la iglesia primitiva. El Espíritu Santo es una figura central, que aparece diecisiete veces en
este Evangelio y cuarenta veces en Hechos. El Espíritu estuvo activo en cada parte del
nacimiento de Jesús (1:35; 2:25–27; 3:22) y nuevamente en su resurrección. Jesús prometió
la venida del Espíritu en la aparición durante su resurrección y define su venida como “poder
de los cielos” (24:48–49).
Entonces, los discípulos en el aposento alto en Hechos 1 constituyeron un movimiento
naciente que esperaba ese poder que el Espíritu traería (Lucas 24:48; Hechos 1:8), y cuando
llegó esa presencia poderosa, lanzó una fuerza que cambio el mundo.
La comunidad mesiánica, la iglesia
Cuando Jesús eligió a los Doce (Lucas 6:12–16), él estaba estableciendo el nuevo Israel, la
comunidad mesiánica de los últimos días, previsto por el decreto divino para poblar el reino
de Dios y traer al mundo a la nueva era del pacto. Los discípulos se caracterizaron por ser
incomprendidos y fracasar durante toda la vida de Jesús, pero él los lleva con paciencia a
comprender, mediante sus apariciones después de su resurrección. Cuando el Espíritu llegó
a Pentecostés, inauguró un movimiento mesiánico que recorre el mundo con el Evangelio.
En Hechos, la iglesia pasa de evangelizar a los judíos (cap. 1–7) a evangelizar a los
samaritanos (cap. 8) y luego a las naciones (cap. 9–28). Pablo guio la iglesia y proporcionó
el impulso para su misión mesiánica utilizando, no solo testigos, sino incluso la oposición
como dispositivos evangelísticos para dinamizar la misión al mundo. Cuanto más los judíos
y los romanos persiguieron a la iglesia, más poderosamente se movió el Evangelio en el
mundo.
Oración y Adoración
Lucas puede ser llamado “el teólogo de la oración”, ya que muestra a Jesús en
prácticamente todos los eventos importantes de su vida, en oración, por ejemplo, en su
bautismo (3:21), su elección de los Doce (6:12), la confesión de Pedro y la primera
predicción de la pasión (9:18), y la transfiguración (9:28). Su muerte en la cruz fluyó de su
oración en Getsemaní (22:41–42) y presentó tres oraciones y respuestas a la oración (23:34,
43, 46). En un sentido muy real, Lucas convierte la crucifixión de una escena de horror en
una escena de adoración. La llave de paso en la oración es 11:1–13, que contiene el corto
formulario de La oración del Señor y la parábola del amigo a la medianoche, que nos dice
cuan comprometido está Dios para responder a nuestras oraciones. Después la parábola de
la viuda persistente (18:1–8) exalta a los creyentes para que practiquen la oración.
Los marginados: los pobres y las mujeres
Para mostrar que el Evangelio está destinado a todas las personas, Lucas especialmente
señala a los grupos sociales olvidados de este mundo, en particular a los pobres y las
mujeres. El pasaje temático para el ministerio de Jesús, extraído de Isaías 61:1–2, declara
que el Espíritu ha ungido a Jesús para “proclamar buenas nuevas a los pobres” y liberar a
los oprimidos (Lucas 4:18–19). Esto establece un patrón de preocupación social para todo
el Evangelio. Jesús fue nacido como uno de los pobres, y que exige que los verdaderos
discípulos busquen traer no solo salvación espiritual, sino también utilizar sus recursos
terrenales para aliviar el sufrimiento de todos los que sean posibles. El camino a la
recompensa eterna es usar los recursos terrestres para “ganar amigos”, es decir, dar a los
pobres para ayudarles, y esto va a ser guardado en el banco celestial y regresar a usted
como recompensa eterna (16:9). Un discipulado exige un adecuado equilibrio entre lo
terrenal y lo celestial, y que la riqueza terrenal nunca debe dominar nuestras vidas. Cuando
Dios nos permite que seamos ricos, nos obliga a que utilicemos nuestros recursos para
ayudar a los pobres. En otras palabras, las posesiones deben convertirse en un medio de
ministerio para los demás.
Además, Lucas enfatiza el lugar de las mujeres en la iglesia. Tres octavos de los nombres
en Lucas son de mujeres, y las mujeres son mecenas del grupo de los apóstoles (8:1–3) y
testigos oficiales de la muerte, sepultura y resurrección de Jesús (23:49, 55–56; 24:10). En
los mundos judíos y aun romanos, las mujeres estaban mayormente restringidas a la casa y
tenían poca imagen o impacto público. Pero tanto en Lucas como en Hechos, tuvieron un
gran impacto en la comunidad mesiánica, la iglesia. Es evidente que son recursos
importantes para el ministerio entre la gente de Dios y la misión de Dios al mundo.
LAS NARRATIVAS DE INFANCIA: DOS NACIMIENTOS
ANUNCIADOS (1:1–38)
Lucas deja claro en su prólogo (1:1–4) que está escribiendo la parte histórica del trabajo
en la vida de Jesús de Nazaret, que cubre su vida de manera sistemática. Pero esto no es tu
diario de trabajo histórico, pues la historia que cuenta es de la persona más excepcional que
la historia nunca haya visto. Esto se hizo evidente en la narración de la infancia (1:1–2:42),
en la que Jesús es comparado con la otra figura dominante de ese periodo, Juan el Bautista.
Juan el Bautista fue el primer profeta en aparecer en cuatro siglos, y tuvo un ministerio
similar al de Elías entre el pueblo judío. Sin embargo, está claro que Jesús lo eclipsó en cada
momento, en el anuncio de su nacimiento (1:5–38), en el mismo nacimiento (1:57–66; 2:1–
7), y en la presentación de Jesús en el templo (2:22–40). Juan es el gran profeta; Jesús, el
más grande profeta y rey.
Prólogo: Lucas se presenta a sí mismo como histórico (1:1–4)
Lucas comienza con una de las grandes oraciones de la Escritura, una oración griega bien
equilibrada de prosa alta, que coloca su trabajo cuidadosamente en la escritura de la
historia helenística. Lucas quiere hacer entender a sus lectores que ha cuidadosamente
investigado y producido una biografía que sus lectores pueden confiar. Sin embargo,
tenemos que darnos cuenta de que las normas que sigue son desde el primer siglo en lugar
del siglo veintiuno. Por ejemplo, no sigue exactamente el orden cronológico de los
acontecimientos en la vida de Jesús. Los historiadores antiguos eran libres de mover el
orden de los eventos a fin de dar una interpretación precisa, pero no una cronológica, y esto
puede ser visto al comparar las estructuras de los cuatro Evangelios. Esto podría no ser
permitido hoy, pero estaba bien para los estándares antiguos.
Testigos anteriores (1:1–2)
Lucas quiere que se sepa que él no estaba cerca de los primeros “en hacer un relato de las
cosas que han sido verificadas entre nosotros”. Hay dos puntos en esto. En primer lugar, él
estaba construyendo sobre sus predecesores (“muchos”). Es difícil de saber quiénes son. Él
estaba ciertamente consciente del Evangelio de Marcos, pero la mayoría incluiría también
lo que llamamos Q, así como las propias entrevistas de Lucas a los testigos.
Yo no creo que Lucas tuviera la intención de criticar los trabajos anteriores, o que él
pensara que eran inadecuados. Más bien, él quería reproducir toda la historia y mostrar
cómo Jesús inaugura la edad del Espíritu y trajo las personas de Dios a la divina tarea de
traer la salvación de Dios al mundo perdido. Estos primeros testigos no eran insuficientes,
pues también estaban narrando “las cosas que han sido consumadas entre nosotros”. El
cumplimiento de las profecías del Antiguo Testamento es un importante énfasis de Lucas
(1:20, 57; 2:6, 23; 4:21; 9:31; 21:22; 24:7, 26, 44), pero el énfasis también está en su
cumplimiento “entre nosotros”, los seguidores de Jesús que participan en los eventos. Estos
eventos constituyen no solo la historia sino la historia de la salvación, la entrada de la
salvación de Dios en la historia humana a través de Jesús y su comunidad mesiánica.
Además, los que compilaron los relatos fueron “testigos oculares y servidores de la palabra”
(1:2), lo que significa que eran la primera generación de seguidores de Cristo, muchos de
los cuales se convirtieron en apóstoles, de los cuales todos sirvieron a Dios por los relatos
que ensamblaron y difundieron (compare Hechos 26:16). Lucas no era uno de ellos; él
probablemente se convirtió en el segundo viaje misionero de Pablo (Hechos 16:6–10), pero
usó su material. Lucas está diciendo que el lector puede comprobar la exactitud de su relato
al ir a los testigos originales de los eventos y corroborar lo que están leyendo.
El trabajo actual de Lucas (1:3–4)
Lucas ahora ofrece su propósito en el escrito, así como sus credenciales para llevar a cabo
tal tarea. Este es un trabajo organizado y bien investigados: ha leído cuidadosamente y
seguido todo lo que pudo conseguir y tuvo en sus manos. Yo creo que él hizo esta
investigación, mientras que Pablo estaba prisionero en Roma, recolectando, comparando,
y comprendiendo los informes de testigos, para después, ponerlos juntos en un “relato
ordenado” y publicarlo alrededor del año 62 d. C., cuando el encarcelamiento terminó.
Como he dicho anteriormente, esto no está “ordenado” en términos de exactitud
cronológica, sino en términos de una compilación coherente del material cuidadosamente
construida. Es historia precisa. “Desde el principio” significa el comienzo de la historia de
Jesús, no el comienzo de la participación de Lucas. Su investigación y escritura se remonta
al nacimiento de Jesús y produjo un “relato ordenado” de las narraciones de la infancia, así
como del ministerio de adulto de Jesús. Como lo he dicho, la historia de la salvación es lo
que especialmente está en la mente de Lucas. Él no solo está rastreando la historia humana,
sino también el momento en que la salvación de Cristo, Dios mismo, entró a la historia
humana y la transformó.
No sabemos quién era Teófilo, pero era probablemente un rico creyente de clase social
alta, quien era el patrón de este trabajo y tal vez ayudó a distribuirlo. No parece que más
de este párrafo inicial se haya dirigido a él en concreto, y el resto de la Evangelio y Hechos
fueron ciertamente escritos de manera generalizada para todos los lectores.
El propósito (1:4) es que Teófilo (y otros) “puedan saber la certeza de las cosas que han
sido enseñadas”. Hay un fuerte aire apologético en esto, de hecho, en todo de 1:1–4. Las
palabras “saber” y “certeza” enmarcan el verso, enfatizando nuevamente la confiabilidad
de su Evangelio. Algunos piensan que esto se refiere a una recepción potencialmente hostil
del trabajo de Lucas, como si estuviera escribiendo para contar difamaciones y falsos
rumores acerca de la iglesia. Yo encuentro esto poco probable y creo que Lucas escribe para
dar a Teófilo y otros lectores la certeza acerca de las verdades que va a estar presentando
en estas páginas. Las “cosas que le han enseñado” probablemente se refieren a la
enseñanza y predicación cristiana tanto a los creyentes como a los no creyentes. Lucas tiene
tanto un interés y una enseñanza evangelístico al escribir su Evangelio.
Se anuncia el nacimiento de Juan el Bautista (1:5–25)
Las dos escenas que anuncian los nacimientos se dan en los episodios paralelos que
establecen la idea fundamental de la totalidad, puesto que se son seguidos por la reunión
de las dos futuras madres y la Acción de Gracias de María (1:39–56); los dos nacimientos,
también en paralelo (1:57–2:21); y finalmente por los eventos postnatales (2:22–52). Juan
el Bautista y Jesús proporcionan una transición de lo viejo a lo nuevo, y en esta transición
hay cuatro contrastes que apuntan a la gloria abrumadora de Jesús el Cristo. El Bautista
tiene un comienzo maravilloso, porque él como Jesús es anunciado por un heraldo angelical,
nombrado por ese mismo ángel, y llamado a un ministerio que cumple los propósitos de
Dios. La clave es que este ministerio divino es el precursor del esperado Mesías de Israel. El
énfasis no está en su inferioridad, porque él también está profetizado en las Escrituras, y la
nueva era comienza con él. La importancia real de Juan el Bautista para la historia
simplemente muestra aún más la importancia infinita de Jesús el Cristo.
Una pareja sacerdotal sin hijos (1:5–7)
Tanto Zacarías y Elisabet provenían de familias sacerdotales, demostrando así el pedigrí de
su hijo. Lucas incluye la línea familiar de Zacarías para hacer hincapié en este contexto, que
especifica que este evento tuvo lugar “en tiempos de Herodes, rey de Judea,” sin duda, para
contrastar al falso rey terrenal con el verdadero “rey de Judea” pronto a nacer. Este Herodes
es Herodes el Grande, hecho rey de Judea por Roma, un privilegio terrenal que no se
extiende a sus hijos. Dado que Herodes murió en el año 4 a.C., esto coloca los eventos aquí
un poco antes, digamos unos 6 a.C. Lucas menciona gobernantes terrenales (también Cesar
Augusto y Quirino en 2:1–2), pero que juegan un papel pequeño aquí, excepto por situar
estos eventos impulsados por Dios dentro de la historia humana.
Mientras que el sacerdocio era bastante corrupto en ese momento (especialmente en
la parte superior), Zacarías y Elisabet eran “justos ante los ojos de Dios, observando todos
los mandamientos y decretos del Señor sin culpa “. El término “justo” se refiere tanto a la
justicia espiritual como a la justicia ética Eran justos delante de Dios tanto en sus vidas como
en su comportamiento. La justicia moral es más alta, como se ve en el agregado “…
observada en integridad.” Hay una marcada similitud con Abraham y Sara, que también
eran sin mancha y no tenían hijos. Esto muestra que Dios tenía un propósito para su estado
sin hijos; no fue juicio por el pecado. Ese propósito viene aquí. Las tres descripciones en los
versículos 6–7: justos, sin hijos, ancianos, son paralelas a Abraham y Sara, así como a Elcana
y Ana en 1 Samuel 1:1–20. El paralelo con Ana va a pasar a primer plano en el canto de
María en 1:46–56.
Zacarías en el templo (1:8–10)
Había aproximadamente dieciocho mil sacerdotes en este tiempo, divididos en veinticuatro
divisiones (nombrados después de los descendientes de Aarón, 1 Crónicas 24:1–31), cada
uno con varias órdenes que constan de ocho o nueve familias cada uno. Cada división
sacerdotal era responsable de suministrar a los sacerdotes en el complejo del templo
durante dos semanas al año. Los que sirvieron fueron elegidos por sorteo (Lucas 1:9).
Zacarías fue elegido para servir en el santuario, y lo más probable es que esta fue la única
vez en su vida (debido a los miles de sacerdotes) que tuvo el privilegio de hacerlo. Él quemó
el incienso durante la ofrenda de la tarde, llamada el Tamid. El incienso se ofrecía en el altar
del incienso en el lugar santo durante los sacrificios matutinos y vespertinos a las nueve de
la mañana y las tres de la tarde.
Zacarías trae carbones encendidos al lugar santo del altar del holocausto y se prepara
para quemar el incienso en el altar del incienso delante del velo antes del lugar santísimo.
La gente está afuera, participando en los sacrificios, orando mientras el sacerdote con dos
asistentes lleva las brasas al santuario para quemar el incienso. Los asistentes dejan a
Zacarías solo. Mientras los adoradores están orando en el atrio de Israel (1:10), coloca el
incienso sobre el altar y se postra delante de ella. El incienso significa oración, una ofrenda
de grato olor para el Señor.
Zacarías está a punto de recibir al ángel mensajero y el mensaje del Señor en el
momento más sagrado de su vida.
La aparición del ángel (1:11–12)
Mientras Zacarías coloca el incienso en el altar, aparece un ángel. Se está debatiendo si el
griego ōphthē (que significa “a ver” o “aparecer”) se refiere a una verdadera apariencia o
una visión. Sin embargo, este verbo se utiliza en los escritos de Lucas para indicar un evento
sobrenatural (Lucas 24:34; Hechos 2:3; 07:30, 35; 09:17; 16:9), y este sería el caso aquí. Los
ángeles en el Antiguo Testamento a menudo anuncian el nacimiento de personas
importantes (Gn. 17:15–19; 18:10–15; Jueces 13:3–21).
El ángel se encuentra “en el lado derecho del altar del incienso” entre él y la menorá, o
candelabro de oro. El lado derecho significa el favor de Dios, y es apropiado que el templo
de Dios es el lugar donde se inician los eventos que va a acabar con los nacimientos del
precursor mesiánico y el Mesías mismo.
Zacarías está “sorprendido y … lleno de miedo”. Esta es la reacción común en la Biblia a
los encuentros con Dios y sus heraldos angelicales (Éxodo 16:15; 2 Sa. 6:9; Is. 6:5; Lucas 2:9;
9:34; Hechos 5:5, 11). El verbo para “sobresaltado” es etarachthē. Al igual que epepesen
phobos (llenos de miedo) que también indica gran temor; juntos que podrían ser traducidos
como “preocupados y asustados.” Él sabe que es indigno y se pregunta si el ángel ha venido
a juzgarlo por sus pecados (como todos nosotros nos preguntaríamos también en tal
situación).
El mensaje del ángel (1:13–17)
No hay necesidad de que Zacarías esté “dominado por el miedo” (1:12), porque (dioti,
“porque”) Dios ha escuchado su oración. Nosotros no sabemos a ciencia cierta de lo que se
trata la oración, tal vez una solicitud de un hijo o que Dios liberara a Israel (un enfoque
importante de las oraciones ofrecidas por la tarde). Varios estudiosos creen que el enfoque
está en ambos, y eso tiene sentido a la luz del significado mesiánico de las narraciones de
la infancia. El nacimiento de San Juan Bautista iniciará el proceso de liberación que va a
pasar de Juan a Jesús a la redención no solo para la nación, sino para toda la humanidad.
El ángel anunciando la buena noticia aquí nos recuerda del mensaje a Abraham y Sara
que Dios iba a conceder a un hijo en su edad avanzada (G.n 16:11 a Agar; 17:15, 19, a
Abraham y Sara). El ángel, incluso le dice a Zacarías el nombre con el que debe llamar a su
hijo. El nombre “Juan” (Iōannēn) significa “Yahvé es misericordioso” y significa que su hijo
va a ser el medio por el cual la misericordia bondadosa de Dios se derramará sobre su gente.
El ángel entonces le dice los efectos del nacimiento de Juan (1:14), primero en los padres
y luego en la nación: “el gozo y deleite.” Esta alegría sería personal para Zacarías y Elisabet,
y sería colectiva y escatológica para quienes responden entre los judíos. Polloi (muchos) no
significa que todos en Israel va a encontrar el gozo, sino solamente unas pocas personas
responderán positivamente a este mensaje de salvación que Juan y Jesús traerán. Sin
embargo, aquí se hace hincapié en el lado positivo, el gozo surgirá del ministerio de Juan el
Bautista como el de aquellos que están bien con Dios.
Hay tres términos para el gozo en este contexto, todos ellos utilizados con frecuencia
en Lucas-Hechos para la exultación causada por la salvación de Dios vertida sobre la nación
chara (gozo) en 2:10; 8:13; 15:7, 10; chairō (alegrarse) en 1:28; 10:20; 15:5, 32; y agalliasis
(regocijarse) en 1:44; Hechos 2:46; 11:28. Este introduce un tema que va a fluir a lo largo
del trabajo de dos volúmenes de Lucas, la alegría que vendrá cuando la misericordia de Dios
se sienta a través de Juan y Jesús en toda la tierra.
El ángel en los versículos 15–17 cambia de los efectos de Juan sobre los demás a aquellos
en su propio comportamiento. Su vida va a ser dominada por Dios. El ángel comienza con
una profecía increíble que resume el conjunto: “El será grande delante del Señor” ¡Lo que
cada uno de nosotros no daría porque esto hubiera sido dicho sobre nuestro futuro el día
de nuestro nacimiento! Esto a punta a 7:28, donde Jesús va a declarar, “entre los nacidos
de mujer, no hay nadie mayor que Juan” Su grandeza se ve tanto en lo que es y lo que hace.
Su carácter justo y su ministerio como precursor mesiánico lo separan de los que lo rodean.
Él es el primer profeta que aparece en cuatro siglos. Sin embargo, su grandeza no está en
su estatura o logros, sino en su obediencia a la voluntad de Dios para su vida y ministerio,
en particular, como el mensajero que prepara el camino para el Mesías (Lucas 7:27; véase
Mal. 3:1)
Hay cinco áreas en las que se medirá su grandeza:
(1) una vida disciplinada que rechaza “vino u otra bebida fermentada”. Esto es más que
sacerdotes que cumplen con sus deberes (Lev. 10:9); que es más como los votos
permanentes de los nazareos (Jue 13:4–7). Esto puede ser una alusión a Samuel, quien hizo
un voto como el primer profeta en Israel (1 Sa. 1:11).
(2) Él fue “lleno con el Santo Espíritu”, incluso antes de que naciera, en referencia a su
papel profético de toda la vida bajo el control del Espíritu. El espíritu es la figura principal,
que supervisa las historias de la infancia y detrás de cada detalle. Su presencia con poder es
un accesorio permanente en la vida y ministerio de Juan.
Los dos últimos están estrechamente relacionados, en referencia al renacimiento
religioso y social. El suyo es un ministerio de reforma. (3) Él “traerá de vuelta” (epistrepō,
“retorno”) a muchos israelitas a “el Señor su Dios” (1:16), el rescate de las personas de Dios
de la apostasía y juicio divino. Este fue el ministerio de Elías (Mal. 2:7; 3:1; 4:5–6), y como
lo fue del profeta Elías, también es el de Juan.
(4) Su papel profético es de “ir en ante el Señor, en el espíritu y poder de Elías” (1:17).
Él va a ser el gran reformador espiritual como lo fue Elías y su ministerio en esta luz se ocurre
en Lucas 3. En Malaquías 4:5–6 se profetiza que Elías será enviado por Dios “yo os envío el
profeta Elías, antes que venga el día de Jehová, grande y terrible”. La llegada de Jesús el
Mesías es parte de esa venida. Juan el Bautista está cumpliendo ese papel, “volver los
corazones de los padres a sus hijos y los desobedientes a la sabiduría de los justos”
(aludiendo a Mal 4:6). Esto se refiere a la reforma social, ya que las familias se unirán de
nuevo (la relación horizontal), así como la reforma espiritual como hijos desobedientes son
hechos justos con sus padres y una nación desobedientes vuelve a Dios y su sabiduría (la
relación vertical). La “sabiduría del justo” sería aquellos en la nación que están siguiendo el
camino de la Señor. Esto es un avivamiento que abraza todo restaurando cada área de la
vida, la familia humana progresando a ser la familia de Dios.
(5) Resumiendo la anterior, el ministerio de Juan dado por Dios como precursor
mesiánico es “para alistar a personas preparadas para el Señor” El ministerio de Juan
cumplió Isaías [Link] “Una voz clama en el desierto: preparen el camino del Señor, háganle
sendas derechas” (ver Lucas 3:4). Este es el lado corporativo de esa tarea. Cuando él prepara
el camino a Sion, primero hará que la nación esté lista para la venida del Mesías y luego
alistará a las personas para un avivamiento espiritual. Una nación preparada (véase Éxodo
19:10–11; 2 Sa. 7:24) está llena con personas reformadas que están viviendo su destino
mesiánico como la comunidad mesiánica.
La participación de Zacarías en esto (1:18–23)
Una parte crítica de este primer capítulo es el contraste entre la duda de Zacarías y la simple
fe de María (1:34, 38, 45). Su duda proporciona otro paralelo con Abraham (Génesis 15:8),
quien también dudó debido a la vejez de él y de Sarah. La solicitud de una señal fue bastante
común, como se ve en las historias de Gedeón (Jueces 6:30–40) y Ezequías (2 Reyes 20:8–
11). El ángel le dice que Dios va a responder a sus oraciones, pero él ha dejado de creer que
podría suceder.
El ángel responde mediante la identificación de sí mismo: “Yo soy Gabriel. Estoy en la
presencia de Dios” (1:19). Él y Miguel son los únicos dos ángeles nombrados en las Escrituras
(Daniel 8:16; 9:21). Su nombre significa “Dios es mi guerrero/héroe”, y él es el único que da
la profecía de las setenta semanas de Daniel 9. Literatura extrabíblica nombra varios
arcángeles que están en la presencia de Dios (siete en 1 Enoc 20, cuatro en 1 Enoc 40), y
esto hace que Gabriel sea realmente significativo. Aquí él es “enviado a hablarte y darte
estas buenas nuevas” Éste actúa como el heraldo de Dios, haciendo un anuncio desde el
trono de Dios. Esto sería como si el Presidente enviara al Presidente del Estado Mayor
Conjunto para dar las órdenes a un humilde mortal.
La señal de Zacarías es adecuada a la luz de su duda e incredulidad (1:20): “Y ahora
quedarás mudo y no podrás hablar, hasta el día en que esto se haga, por cuanto no creíste
mis palabras, las cuales se cumplirán a su tiempo” Puesto que él es incapaz de creer la
promesa de Dios, se quedará sin palabras. No se le permite participar en el proceso hasta
que termine, cuando las “palabras …se cumplirán a su tiempo” Dios es fiel incluso cuando
Zacarías no lo es. Dios está a cargo, no él, y todas las promesas serán “cumplidas”
(plērōthēsontai, NVI: “hechas realidad”) o llegarán a término como Dios en su soberanía ha
designado.
Las personas están confundidas por el largo tiempo que Zacarías ha tomado para ofrecer
el incienso en el lugar santo, y están “esperando… y preguntándose” ¿qué está pasando con
él (1:21). Normalmente, este tiempo transcurría rápidamente, y el sacerdote al salir del
lugar sagrado daba una bendición final. El santuario era un lugar temido, y un retraso podría
significar sentencia divina, por lo que las personas estaban comprensiblemente ansiosas.
Cuando Zacarías salió, no pudo dar la bendición sacerdotal; “Se mantuvo haciéndoles
señas, pero seguía siendo incapaz de hablar”. Los espectadores llegan a la conclusión de la
paralela en Daniel 10:15–16 que debe haber visto una visión; El término griego de Lucas
aquí, optasian, se puede utilizar de una visión o de una apariencia sobrenatural (véase Lucas
24:23, que utiliza este término para describir a las mujeres en la tumba cuando vieron a los
ángeles). La multitud asume lo primero; los lectores de Lucas saben que es en realidad el
último. Por otra parte, el público piensa que el mutismo es algo positivo, que Dios concedió
una visión, pero sabemos que es en realidad un castigo causado por la duda de Zacarías al
no creer la señal.
Termina “los días de su servicio” en 1:23, es decir, su semana de servicio en el templo
(véase 1:8–9). Zacarías y Elisabet vivían en “un pueblo de la región montañosa de Judea”
(1:39) al sur de Jerusalén. Nosotros sabemos poco acerca de sus circunstancias en casa.
Muchos sacerdotes tenían un trabajo secular para llegar a fin de mes, pero no sabemos
nada de esto en su caso.
Profecía cumplida: embarazo de Elisabet (1:24–25)
La predicción del ángel ocurre, y Elisabet concibe. A diferencia de su esposo, ella es un
modelo de fidelidad. Es difícil saber por qué se va a reclusión por cinco meses. La ley no lo
exigió. Algunos piensan que se debe a la desgracia pública de una mujer estéril que concibe,
pero eso no se ajusta al contexto. Otros piensan que es lo opuesto, que es un tiempo
personal de alabanza y adoración a Dios. Creo que esto está más cerca de lo que está
pasando aquí. En el contexto literario, provee una transición al tiempo que pasó con María,
y con el versículo 25 proporciona un tiempo para ella para reflexionar sobre la gracia de
Dios.
En el verso 25, Elisabet se da cuenta de que el Señor ha hecho dos cosas por ella:
“mostrado su favor y quitado mi desgracia entre las personas” Se es difícil para nosotros
hoy entender todo el reproche que ella había soportado por no tener hijos todos estos años.
Raque le gritó a Jacob en Génesis 30:1, “¡Dame hijos, o si no, me muero!” Y cuando en 30:23
ella dio a luz a José le dijo: “Dios ha quitado mi afrenta” La imagen pública y de sí mismas
de las mujeres en el mundo antiguo estaba relacionada con el número de hijos que Dios les
concedía, y el no tener hijos significaba ser maldecida por Dios. Elisabet se llenó de alivio,
así como de gozo.
Se anuncia el nacimiento de Jesús (1:26–38)
La contrapartida positiva del anuncio a Zacarías ahora se encuentra en la promesa angelical
a María. A pesar de los contrastes entre él y Jesús, hay que ser cuidadoso no denigrar a Juan
el Bautista demasiado. Juan es uno de los más grandes de los profetas, y es su grandeza la
que Lucas utiliza para demostrar la infinita gloria y la maravilla de Jesús el Mesías. Juan, en
toda su fidelidad a Dios y su llamado por Dios, fue el precursor enviado a preparar el camino
para el Mesías (1:17), y su sobrenatural nacimiento y vida hacen a Jesús y su llegada aún
mayores.
Uno de los paralelismos más interesantes entre Juan y Jesús es en el nivel social. El relato
de la anunciación de Juan habla de su alto estatus, dentro del templo, el anuncio por el
arcángel Gabriel en el lugar santo, un padre que es sacerdote ofreciendo incienso. La
anunciación de Jesús se desarrolla en un pueblo pequeño y pobre, a una joven desconocida
sin relevancia. Este tema estará a lo largo del Evangelio de Lucas, ya que Dios elige a los
humildes para que lleven su grandeza.
La aparición a María (1:26–27)
Gabriel es el heraldo de Dios no solo para Zacarías sino también para María. La mención de
este siendo el “sexto mes” de embarazo de Elisabet une a los dos muy estrechamente y
significa que los cinco meses de reclusión fueron destinados a preparar a Elisabet para su
encuentro con María y el bebé. Cuando María llegó, el tiempo de ocultamiento terminó.
Gabriel está específicamente declarado como enviado “de” (apo, no traducido en la NVI)
Dios, haciendo hincapié en el origen celestial del mensaje. El cielo se involucra directamente
en los asuntos terrenales, y el nacimiento que todos los de la historia han estado esperando
está a punto de ser anunciado. El lugar al que lo envían es un pequeño pueblo irrelevante,
como se ve en la respuesta de Natanael en Juan 1:46, ¡De Nazaret! —replicó Natanael—.
¿Acaso de allí puede salir algo bueno?”
El ángel es enviado a una joven virgen, María, de ese pueblo (v. 27). Al mencionar
parthenos (virgen) dos veces antes de nombrarla, Lucas se prepara para la naturaleza sin
precedentes del nacimiento virginal. A diferencia de Mateo (ver 1:23), Lucas no menciona
la profecía del nacimiento virginal de Isaías 7:14, pero su uso de esta palabra muestra su
conciencia de esa extraordinaria predicción. Él enfatiza la situación “comprometida a
casarse con un hombre llamado José”. En el primer siglo, los matrimonios eran casi siempre
arreglados, y María tenía probablemente catorce años de edad, con José un hombre mayor,
posiblemente un viudo, elegido para ser su esposo. El matrimonio estaba en su primera
etapa, involucrando el pago de la dote o el precio de la novia. La chica prometida pertenecía
legalmente a su marido, pero no se mudaría con él hasta que la ceremonia de la boda se
realizara aproximadamente un año más tarde.
José es identificado como “un descendiente de David” también enfatizado en 1:32, 69;
2:4, 11; 3:31. Ya el niño es revelado como el Mesías davídico.
El mensaje del ángel (1:28–33)
Aquí hay dos partes, el saludo de María (vv. 28–30) y el mensaje propiamente dicho (vv. 31–
33). Elisabet llegó a darse cuenta de que ella había sido grandemente favorecida por Dios
(1:25), pero Gabriel se lo dice claramente a María en el saludo, “¡Salve, muy favorecida!”
Gabriel tuvo que anunciarse a sí mismo a Zacarías, y lo hace con el fin de reprender su
incredulidad (1:19). Esto no es necesario con María, a quien se le dice que Dios la favorece
mucho y está con ella. En todos los sentidos ella podría ser llamado la más mujer más
favorecida de toda la historia, porque ella ha sido elegida para llevar al Mesías. Es imposible
ser más especial que eso.
“El Señor está contigo” promete la presencia continua de Dios en su vida. Por supuesto,
Dios está presente en todas nuestras vidas, pero esto es una promesa especial, paralela a
la del saludo del ángel a Gedeón: “¡El Señor está contigo, guerrero valiente!” (Jueces 6:12).
Para María significa que Dios va a ser especialmente presente a lo largo de su llamado de
criar al Mesías y observar todo lo que Dios va a hacer con y a través de él.
María está “enormemente preocupada” por las implicaciones de esto, preguntándose
“qué clase de salutación sería esta” (1:29). Es interesante que ella no está conmocionada
por la visita de Gabriel, sino más bien por lo que implica en su saludo. Algunos han dicho
que es porque los hombres no saludaban a las mujeres en el mundo judío, pero esto me
parece dudoso. Es el significado lo que la aflige, no el hecho del saludo en sí. Este estado de
confusión continuará a través de su interacción con Gabriel, y es perfectamente natural.
Nada como esto había ocurrido en siglos, y ¿cómo podía no estar en estado de shock?
Escuchar un lenguaje que nos coloca en un lugar exaltado junto a los héroes del Antiguo
Testamento dejaría perplejo a cualquiera.
El ángel alivia a su espíritu atribulado: “No tengas miedo, María; Dios te ha concedido
su favor” (1:30). Esto se repite el mensaje del versículo 28, asegurándole que Dios está
completamente satisfecho con ella. Ella se siente muy indigna, como vamos a ver en su
“Magníficat” de 1:46–55, pero Dios quiere que ella conozca su gracia especial y misericordia
en su vida. El “favor” que tiene ante los ojos del Señor se puede observar en la tarea
increíble que le ha confiado a ella, llevando a su Hijo y Mesías en el vientre. La
misericordiosa elección de Dios de los individuos se encuentra a menudo (Gen 18:3; Jue
6:17; 1 Sa. 1:18), y ella necesita darse cuenta de cuan especial es.
La tarea le es ahora dada en los versículos 31–33, que abarca seis puntos. En todos los
sentidos, esto debería llamarse el mayor privilegio encontrado en cualquier parte de la
Escritura. (1) Se hará “concebir y dar a luz a un hijo” como ninguna otra en toda de la
historia. Este es un patrón común de anuncio en las Escrituras (Génesis 16:11; Jue. 13:5; Isa.
7:14). El pasaje de Isaías es especialmente importante para este pasaje, ya que también
implica un nacimiento virginal. Una vez más (1:13) el nombre del niño nombre una decisión
divina, y que sea llamado Jesús, como Mateo 1:21 añade, “porque él salvará a su pueblo de
sus pecados.” El nombre de Jesús (Iēsous) es el griego equivalente al hebreo Yehoshua /
Yeshua, que significa “Yahvé salva”. Dado que en el mundo antiguo los nombres dados a los
niños reflejan las esperanzas de los padres para el niño, esta muestra las intenciones
mesiánicas de Dios para el niño.
(2) Su efecto en este mundo se le dijo a continuación: “Él va a ser grande.” Juan será
“grande a los ojos del Señor”, en referencia a los efectos de su tarea elegida como precursor
mesiánico. Jesús va a ser “grande” (también Tito 2:13), porque él va a tomar parte de la
grandeza de Dios (Dt. 10:17) y por medio de él “todas las personas verán la salvación Dios”
(3:6).
(3) Por lo tanto, como emisario de Dios va a ser llamado “el Hijo del Altísimo”, una forma
exaltada de “Hijo de Dios”, lo que en sí es uno de los principales títulos de Dios (Gn. 14:18–
20; 2 Sa. 22:14; Sal. 7:17). Lucas usa este título a menudo (1:35, 76; 6:35; 8:28). Los paralelos
con Qumran (4Q246) muestran que este título tiene connotaciones de la realeza y señala a
este niño como el Mesías rey. Como con el “Hijo de Dios” también hay un exceso de matices
de la divinidad. Él es el Mesías rey, más que solo un mesías.
(4) Como el Mesías real será dado por Dios “el trono de su padre David,” recordando el
pacto davídico y apuntando a su reinado como rey mesiánico (2 Samuel 7:13–16; Sal. 2:7;
89:27–29). Lucas enfatizará esta casa/trono de David imaginario (1:69; 2:4, 11). El hecho de
que Jesús cumplió las expectativas del Mesías davídico del Antiguo Testamento fue muy
importante para la iglesia primitiva por razones obvias.
(5) Este reinado mesiánico significa que el niño va a “reinar sobre la descendencia de
Jacob para siempre” (1:33). Esto refleja Isaías 9:7 (“él va a reinar en el trono de David”) y las
profecías del reino eterno de David en 2 Samuel 7:13–16; Salmos 89:3–4; 132:11–12; Isaías
9:6–7; Daniel 7:14. “Los descendientes de Jacob” es literalmente “la casa de Jacob”, una
circunlocución para Israel. Esta promesa de un trono eterno no ocurrirá literalmente, pues
la casa de David ya no dirigía la nación. Era la expectativa mesiánica que mantenía las
promesas davídicas vivas, y por lo tanto la venida de Cristo es la verdadero significado y el
cumplimiento de las profecías referentes a David.
(6) Para concluir la lista es el resumen de la promesa de que “su reino nunca terminará”
especialmente el cumplimiento de la promesa de Daniel 7:14 que “¡Su dominio es un
dominio eterno, que no pasará, y su reino jamás será destruido!” el gobierno eterno del
Mesías es una importante característica de la teología de Lucas.
Tranquilidad por parte del Ángel (1:34–38)
La pregunta de María refleja sus dudas naturales, puesto que es una soltera virgen, no ve
ninguna manera en que pudiera concebir. Sin embargo, la pregunta no contiene la misma
desobediencia como la de Zacarías en 01:18. Ella dice, “¿Cómo será esto?”, Mientras que él
había dudado de Dios, diciendo: “¿Cómo puede suceder esto?” Sin embargo, parecería
innecesaria, ya que ella estaba pronto a casarse. Algunos piensan que es puramente
literaria, preparando para el estrés del siguiente versículo. Sin embargo, es mejor ver esto
históricamente; María está pensando en su situación inmediata. Para ella a concebir en el
futuro inmediato, tendría que ser una concepción virginal. Todas las mujeres del Antiguo
Testamento habían estado casadas, así que el de ella sería el primero así. El nacimiento de
Juan sería increíble. El de Jesús sería milagroso.
La respuesta de Gabriel subraya aún más el origen supernatural del nacimiento de Jesús
(1:35–37). El Santo Espíritu normalmente juega un papel profético, inspirando a la
sabiduría. Aquí une al Padre y al Hijo en su papel trinitario como la activa fuente de la nueva
creación: el Espíritu Santo “vendrá” y “cubrirá” a María con el “poder del Altísimo” Esta es
una obra divina, no humana, que dará a luz a este niño. Algunos han tratado de leer
connotaciones sexuales en los dos verbos, pero ninguno lleva tal idea. María es un
recipiente pasivo para la actividad del Espíritu, y el verbo “eclipsar” (episkiasei) lleva el
concepto del Antiguo Testamento de la Shekinah que es la presencia de Dios en el
tabernáculo (Éxodo 40:35). Es la presencia de Dios a través del Espíritu que va a producir el
niño. El “poder del Altísimo” en el Espíritu va a descender en María, y el resultado será un
niño, el Cristo.
Las dos descripciones del niño son verticales, mostrando su relación con la Divinidad, en
lugar de horizontal, en relación con los asuntos terrenales. Este niño será “santo”; esto
connota que será apartado para Dios más que simplemente el hecho de vivir una vida santa.
Todo lo que hace estará conectado con su relación con Dios, y por ello hay un indicio de su
estado divino en su santidad. Él es apartado de una manera especial como el Hijo de Dios.
Su estatus como Hijo de Dios reafirma las palabras de Lucas en 01:32 que “él…será
llamado el hijo del Altísimo” El título habla de la especial relación filial del Hijo con el Padre.
Él es el Mesías davídico, pero también es mucho más. Aunque no es una atribución de la
divinidad, tiene tales connotaciones y se mueve en esa dirección. Así que esta es una
promesa del nacimiento virginal como en Isaías 7:14, pero es también un obra maestra
cristológica, que nos dice también qué tipo de niño creado divinamente va a ser Jesús.
María probablemente no estaba al tanto del embarazo de Elisabet, ya que Elisabet se
había apartado, pero ahora el ángel le cuenta a María, y relaciona su propia concepción con
la de su prima (1:36–37). El ángel menciona esto para consolar a María de que no está sola.
Es notablemente joven, pero Elisabet es notablemente vieja para tener un hijo, y ese mismo
poder la ha alcanzado. El embarazo de Elisabet está avanzado por seis meses, por lo que el
poder de Dios está ya establecido y demostrado. La edad avanzada y la esterilidad no son
obstáculos para el poder del Altísimo, y tampoco lo es el estado virginal de María.
La conclusión es muy apropiada: “Ninguna palabra de Dios fallará jamás” el poder
sobrenatural de la “palabra de Dios” está bien establecido en la Escritura. Dios habló y
surgió la creación. Nada es imposible o está más allá del poder de Dios.
La rendición total de María a la voluntad del Señor la distingue de Zacarías (1:38). Ella
primero se identifica a sí misma como “sierva del Señor” usando doulē, una esclava
totalmente subordinada a su Maestro. “Siervo del Señor” es casi un título, usado de Josué
(Jueces 2:8) y David (Sal. 35:1), por lo que María en realidad está aceptando un lugar
exaltado en el plan de Dios. Ella no entiende todo lo que va a ocurrir, pero se coloca a sí
misma totalmente bajo la voluntad de Dios, diciendo, “Que él haga conmigo como me has
dicho.” Lo que sea que Dios tiene guardado, y podría ser dolor personal (vergüenza y el
rechazo como una madre soltera) ella está dispuesta a permitir que los propósitos de se
lleven a cabo. Cuando “el ángel se fue”, este plan se puso en marcha, y María aceptó su
voluntad por completo.
El prólogo de 1:1–4 es la defensa apologética más detallada de la confiabilidad histórica
de las historias bíblicas. Lucas (y los otros autores, ver Juan 19:35; 2 Pedro 1:16) siempre
buscaban relatos de testigos oculares y con mucho cuidado contaban los detalles de la
forma en que ocurrieron. A ellos les importaba profundamente la precisión, y por eso
podemos confiar plenamente en lo que nos cuentan.
La aparición del ángel Gabriel y el anuncio del próximo nacimiento de Juan (vv. 5–17)
tienen lugar en el momento más sagrado de la vida de Zacarías, cuando es elegido para
realizar los deberes y quemar el incienso en el lugar santo del templo. Como él está orando
por la nación, Dios está respondiendo a las oraciones de él y Elisabet por un niño, y ese niño
sería el niño más extraordinario nacido en los últimos cuatro siglos, el gran profeta que va
a preparar el camino para el Mesías. Juan va a ser aquél que viene en “el espíritu y poder
de Elías” para cumplir las profecías (Isaías 40:3; Mal. 3:1) e introducir la era final de la
salvación. ¿Puede alguno de nosotros imaginar un privilegio tan abrumador? Incluso dos
mil años después nos arrodillamos y agradecemos al Señor por la venida de Juan el Bautista.
Aun así, Zacarías es humano, y ya para ese tiempo se había rendido completamente a
la esperanza de tener hijos (vv. 13–18). Entonces, aunque el ángel Gabriel lo visitó con una
promesa de Dios, no podía creer que fuera verdad. Aquí está el gran contraste con María.
El tenía precedente bíblico para el milagro (Abraham y Sara), pero la situación de María que
exigía un nacimiento virginal nunca había sucedido antes, pero ella creyó. Así que Dios lo
juzga y lo deja mudo hasta que el nacimiento se produjo, y queda fuera de la acción durante
los próximos nueve meses, incapaz de participar.
La acción se traslada a Elisabet y luego a María, quienes ejemplifican la fe y la alegría en
Dios a pesar de las circunstancias difíciles. Este es un modelo excelente para nosotros, ya
que a menudo se nos pide que confiemos en Dios en los momentos difíciles. Elisabet va a
una reclusión de cinco meses mientras trabaja a través de la misericordia y la gracia que
Dios ha mostrado a ella (vv. 24–25), y Gabriel aparece ahora a María, que demuestra la fe
que a Zacarías le faltó. María está en el piso, pero acepta el favor que Dios le está mostrando
aquí. Por siglos las mujeres judías se habían preguntado quien sería la privilegiada para
llevar al Mesías en su vientre, y ahora se ve a sí misma como tal (vv. 26–33), y que su hijo
no será solamente el Mesías, sino también el Salvador (el significado del nombre de Jesús).
Toda la historia ha esperado para este momento, y está abrumada, y al mismo tiempo
aceptando con humildad este asombroso privilegio.
Una vez más es el Espíritu Santo quien va a llevar a cabo esto (v. 35). En cada sección
única de la narrativa de la infancia, Él es quien hace que sean posibles estos increíbles
acontecimientos. Lucas presentará la presencia del Espíritu a lo largo de Lucas y Hechos, y
el mensaje para nosotros es claro. Este mismo Espíritu es también con nosotros y nos dará
el poder de la misma manera para llevar a cabo la misión que Dios tiene para nosotros.
LAS NARRATIVAS DE INFANCIA: REUNIÓN Y NACIMIENTO
(1:39–80)
La primera mitad de este pasaje podría ser etiquetado “el testimonio de dos madres”:
1:39–45 es el testimonio de Elisabet y su bebé a la venida del niño Jesús, y 1:46–56 es el
testimonio de María ante lo mismo. Los dos anuncios del mensajero Gabriel se combinan
en un solo testimonio e himno a la acción de Dios al iniciar la era mesiánica. Con Juan y
Jesús, la salvación de Dios ha descendido en este mundo caído. En un verdadero sentido,
Juan el Bautista es testigo de Jesús desde su comienzo en el útero, y esta es la verdadera
primera vez que se conectan, no en el bautismo de Jesús. Así que Elisabet se convierte en
una profetisa y se une a su hijo, que mientras aún no ha nacido acepta su papel ordenado
por Dios como el profeta que va a preparar el camino para que venga el Mesías y libere a la
nación.
María visita y Elisabet atestigua (1:39–45)
El viaje de María para visitar (1:39–40)
Una vez que se entera del embarazo de Elisabet, María viaja a “la región montañosa de
Judea”, de ochenta a cien millas (un viaje de tres a cuatro días), para ver a su prima. Esto es
paralelo a 1 Samuel 1:1, donde Elcana el marido de Ana es de la región montañosa de Efraín.
El hecho de que ella se apresura no se debe a ningún sentimiento de vergüenza con su
embarazo, sino debido a su deseo de agradar y obedecer a Dios y al querer felicitar a
Elisabet y compartir su propia noticia con ella. Cuando entra y saluda a Elisabet, el tiempo
de aislamiento llega a su fin, y ambas pueden regocijarse juntas. Que maravilloso es
imaginar el entusiasmo y la alegría no solamente de las dos mujeres, sino del cielo cuando
ambas corrieron a abrazarse.
El resultado del saludo (1:41–45)
Hay dos resultados inmediatos: En primer lugar, el bebé salta de alegría (v. 44) en el vientre
de Elisabet y, en segundo lugar, Elisabet es llena del Espíritu Santo y derrama una bendición
sobre María. Zacarías sigue siendo mudo, por lo que no sabemos cuánto sabe Elisabet
acerca de los detalles de la visita de Gabriel. No se trata solo de un bebé que estira sus
extremidades, porque el bebé hizo un fuerte movimiento en el momento preciso en que
escuchó a María saludando a su madre, claramente reaccionando a María y a su hijo. En
Génesis 25:22, el término “saltó” se usa para Jacob y Esaú luchando por su posición en el
vientre de Rebeca. La lucha allí se invierte en este caso, ya que el bebé está emocionado y
lleno de alegría. En 1:15 Gabriel dijo que Juan sería lleno del Espíritu, incluso antes de nacer,
así que esto representa al bebé nonato Juan como el vehículo del testimonio del Espíritu
sobre el significado del bebé Jesús.
Ahora es el turno de Elisabet para ser llena del Espíritu, y ella continúa el testimonio del
Espíritu a través de su bebé nonato. Algunos piensan que 1:42–45 es un himno, pero carece
de un aire poético y es más probable que sea una exclamación de gozo. La forma principal
de su gozosa respuesta es una doble bienaventuranza que le dirige a María y al niño Jesús
(vv. 42, 45), que enmarca su discurso. Ella comienza con una bendición dirigida primero a
María y luego a su bebé (v. 42). No se nos dice cómo Elisabet sabía que María estaba
embarazada; muy probablemente el Espíritu la hizo darse cuenta de ello. El salto de alegría
del bebé y su exclamación de bendición fueron ambas reacciones del Espíritu al niño Jesús.
Todo el cielo estaría lleno de emoción a medida que se acercara la liberación de la
humanidad caída. Esta es la primera bienaventuranza en Lucas y difícilmente podría ser más
adecuada. Makarios no solo significa que la persona es “afortunada” o “feliz”. En este
contexto espiritual, casi siempre significa “las grandes bendiciones de Dios están sobre ti”
y describe un derramamiento divino de bendición y gozo.
María es “bendecida…entre las mujeres”, probablemente con un impulso superlativo
(“muy bendecida”). ¿Cómo podría ser de otra manera ya que fue elegida por Dios para llevar
a su Hijo y Mesías? Las mujeres judías habían estado esperando y esperando durante siglos
ser elegidas para esa bendición. Ser el recipiente elegido de Dios para traer al Salvador y al
libertador de la nación a este mundo sería el mayor privilegio imaginable.
Si María es bendecida, cuánto más su hijo. Nadie en toda la historia merecería más gloria
y bendición que él. “El niño que vas a tener” traducido literalmente es “el fruto de tu
vientre”, similar al grito de la mujer desconocida en 11:27, que dijo (literalmente): “Bendito
es el útero que te dio a luz y los senos de los cuales te alimentaste”, a lo que Jesús
respondió:” Bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la obedecen”. María es
la fiel portadora del bebé Cristo, pero es el mismo Mesías quien lleva la verdadera
bendición. Aun así, Elisabet está celebrando el hecho de que Dios a través de ella y María
inauguró la nueva era de salvación, una verdadera bendición.
La razón más profunda de la increíble bendición es que María no es solo la futura madre
de un gran profeta o incluso del Mesías. Ella debe ser “la madre de mi Señor” (1:43), el
Señor de todos. Esta es la primera vez que se usa kyrios de Jesús en Lucas, y al igual que
“Hijo de Dios”, destaca la relación especial que tendrá con Yahveh. No es que Elisabet sepa
que él será una deidad, y definitivamente dice más aquí de lo que sabe. Ella quiso decir esto
en un sentido mesiánico, y Lucas trae una cristología más alta de lo que podría haber
conocido. Pero ella se dio cuenta de su increíble importancia y de lo indigna que era para
ser parte de ella.
En 1:44, explica cómo supo todo esto en el momento en que vio a María. Fue porque
cuando María la saludó, “el bebé en mi vientre saltó de alegría”. Aun así, fue el Espíritu
quien le dijo que era más que solo el movimiento normal de un bebé. Juan el Bautista sin
haber respirado nunca se dio cuenta de que estaba cerca de su Mesías. Así que el bebé en
el útero reconoció la verdad de la situación antes de que Elisabet misma lo hiciera, y él
transmitió su alegría al saltar en el útero. “Alegría” traduce el griego agalliasei, el mismo
término que en 1:14, refiriéndose a la alegría mesiánica.
Elisabet cierra con otra bienaventuranza en 1:45. Este es el contraste más fuerte hasta
ahora. Zacarías quedó mudo por incredulidad, mientras que María es especialmente
bendecida porque “creyó que el Señor cumpliría sus promesas”. Hay una partícula en
disputa, ya que hoti podría designar la razón de su creencia (ella creía “porque el Señor era
fiel”) o su contenido (creía “que el Señor sería fiel”). Ambos tienen sentido, pero el último
es un poco mejor aquí. Su fe era lo suficientemente fuerte como para abarcar un evento
que nunca había sucedido en la historia, un nacimiento virginal. María es una joven
increíblemente profunda, como se ve en el término teleiōsis, lo que significa que Dios
cumpliría sus promesas en el sentido de que las “cumpliría” en ella. Dios es absolutamente
fiel, y cada cosa que prometió se cumpliría.
María canta un canto de alabanza: el Magníficat (1:46–56)
María reacciona a las altas emociones del momento rompiendo un himno de alabanza y
acción de gracias. Se llama “Magníficat” debido a la primera palabra en la traducción latina
de la Vulgata de Jerónimo para “exaltar” o “glorificar”. Se basa en la canción de Ana en 1
Samuel 2:1–10, exaltando la misericordia de Dios y su inversión revolucionaria de la
situación social imperante, tanto en los días de Ana como en los de María. Esto se convierte
en un tema principal en Lucas: la inversión de Dios de la fortuna de los humildes en Jesús.
Se ha debatido bastante sobre los orígenes y la autenticidad de este himno. Varios
eruditos críticos piensan que es una composición libre del propio Lucas. Otros lo consideran
un himno judío o quizás una canción de alabanza judeocristiana que se originó en otro lugar
y se incorpora aquí. Esta es una posibilidad, pero es innecesaria, ya que no hay indicios de
elementos que no se ajusten a este contexto. Tiene mucho sentido justo donde está. No
hay ninguna razón por la cual María no podría haberla compuesto ella misma, ya que se
ajusta bastante bien a la situación. Teniendo en cuenta la cultura poética de la época (hasta
el día de hoy, los niños semíticos inventan poemas al momento para divertirse) y teniendo
en cuenta la inspiración del Espíritu, no hay razón para dudar de que María la compuso ella
misma. Si alguna vez hubo un momento adecuado para tal composición, este era.
También se debate si hay dos partes (vv. 46–50, 51–55), tres partes (vv. 46–49, 50–53,
54–55) o cuatro partes (vv. 46–47, 48–49, 50–53, 54–55) en la estructura del himno.
Adoptaré la estructura de cuatro partes como la mejor para el mensaje de María.
Alabanza introductoria (1:46–47)
Hay un paralelismo poético entre “mi alma glorifica” y “mi espíritu se regocija” en los
versículos 46 y 47, ya que las emociones de María van de la alabanza a la exaltación sobre
el Señor mismo. El motivo de las principales mujeres del Antiguo Testamento que claman
sus alabanzas a Dios continúa aquí, basándose en Miriam en Éxodo 15, Débora en Jueces 5
y especialmente Ana en el nacimiento de Samuel en 1 Samuel 2:1–10.
El paralelismo en esta alabanza inicial es obvio, entre “mi alma/mi espíritu” y
“Señor/Dios”. Elisabet alaba a María, pero María alaba a su Señor. El movimiento ocurre
cuando ella “glorifica” a su Señor, lo que da paso a una alegría maravillosa. Ana expresó su
alegría y deleite al comienzo de su himno (1 Sa. 2:1), y María hace lo mismo.
El énfasis aquí está en el Señor Dios como “mi Salvador”, celebrando el hecho de que el
niño Cristo ha venido a liberar al pueblo de Dios y producir salvación, un tema extraído de
varios pasajes como el Salmo 25:2; Isaías 12:2; Miqueas 7:7; y Habacuc 3:18. Entonces esta
apertura contiene gratitud y alabanza a Dios, quien le ha permitido ser el recipiente que
lleva al Mesías prometido y al libertador de la nación.
El poder salvador de Dios (1:48–49)
María pasa de la alabanza por la presencia salvadora de Dios a su amorosa preocupación
por su propio estado humilde. Como tan a menudo en las Escrituras, Dios ha usado a los
humildes en lugar de a los poderosos para realizar sus obras poderosas. En el Antiguo
Testamento fueron los israelitas oprimidos e impotentes quienes se convirtieron en el
pueblo de Dios; ahora es una hija joven y desconocida de Israel elegida para llevar al Mesías.
El “estado humilde” de María no se refiere a su modestia, sino a su bajo estatus social y sus
antecedentes. Está muy alejada del pueblo líder de Israel y es simplemente una “sierva” del
Señor.
Su gozo se centra en que Dios “tenga en cuenta” a su humilde servidora y la exalte por
encima de cualquier cosa con la que pueda soñar. Dios ha mirado más allá de las personas
bellas y poderosas en la parte superior de la cadena y la ha elegido de entre los que están
en la parte inferior para que sea su vaso exaltado de liberación. Israel era la más baja de las
naciones, y María era la más baja entre las hijas de Israel, por lo que los paralelos son
exactos. Dios una vez más eleva a los menos favorecidos al lugar más alto para demostrar
su misericordia y gloria, y lo ha hecho una vez más.
El punto de inflexión son los versículos 48b–49, ya que María confiesa que “a partir de
ahora todas las generaciones me llamarán bendecida, porque el Poderoso ha hecho grandes
cosas por mí”. Ella, que hasta ahora era ignorada por todos a su alrededor, será vista desde
este momento como especialmente bendecida, como Elisabet acaba de reconocer (1:42,
45). Ella se ha convertido en el gran ejemplo de la inversión divina, desde lo desapercibido
hasta lo más bendecido entre las mujeres. Además, esto no es algo temporal, sino que se
extenderá a “todas las generaciones” en un futuro lejano, ya que es el Mesías que ella lleva.
Por lo tanto, la práctica pasada de Dios de elevar a los humildes ahora controlará a las
generaciones futuras debido a que Dios la eligió a ella.
El siguiente versículo establece el tema para el resto del himno: el “Poderoso” (Sof. 3:17,
el guerrero que entrega) que realiza “grandes cosas” para María, sin referirse a ella
personalmente sino a lo que él va a lograr a través de ella. La gloria va a Dios, no a María.
Los hechos “poderosos” del Señor comenzaron con el “poder del Altísimo” sobre María y
su concepción de Jesús (1:35). El Poderoso es el Guerrero Divino que lucha en nombre de
su pueblo y los libera de los poderes de la oscuridad.
Así, María agrega, “santo es su nombre”, porque la salvación que se ve en el nacimiento
de Jesús es el acto supremo de un Dios santo. Sus atributos, su poderío, su santidad y su
misericordia (vv. 49–50), aparecen una y otra vez en los versículos 28, 30, 35, 37, 45, para
enfatizar la fidelidad y el favor del pacto de Dios en los eventos en los nacimientos de Juan
y Jesús
La inversión divina (1:50–53)
Aquí estamos en el corazón del increíble himno de María. Ella se ve a sí misma cumpliendo
el tipo de Ana, que dio a luz al primer gran profeta del pueblo, Samuel. Como en su día, la
“misericordia de Dios se extiende a los que le temen, de generación en generación”. El
poder de Dios desciende por su misericordia, el lado activo de su santidad. La generación
pasada después de Ana y Samuel proporcionó el modelo para las generaciones futuras
después de María y Jesús, receptores de la poderosa misericordia de Dios. La clave es
“temerle”, alejándose del temor de desagradar a un Dios tan misericordioso a reverenciar
por todas las cosas poderosas que ha hecho. El énfasis en temer a Dios es un tema común
en Lucas (12:5; 18:2; 23:40; Hechos 10:2, 22, 35; 13:16, 26) y es la única reacción viable de
quienes han experimentado su misericordia.
Los siguientes tres versículos (vv. 51–53) son justamente famosos, y describen esta gran
inversión revolucionaria del orden social por los poderosos actos de Dios. Las palabras de
María presentan tres áreas de este mundo pecaminoso: una revolución moral (v. 51), una
revolución política (v. 52) y una revolución social (v. 53). Todos estos son los “hechos
poderosos” que ha realizado “con su brazo”, una imagen común de Dios como Guerrero
Divino en las Escrituras (Éxodo 6:1; Deuteronomio 7:19; 2 Reyes 17:36; Isaías 30:30).
Los verbos griegos en estos versículos están en tiempo aoristo, y una gran cantidad de
discusión ha asistido a su fuerza aquí: (1) Podrían referirse a la liberación pasada de Dios de
Israel, ya que Dios ganó victoria tras victoria para su pueblo. (2) Los actos pueden ser la
liberación del pueblo de Dios en el tiempo del autor, es decir, redimir a los pobres en la
iglesia. (3) Podrían ser gnómicos y contar lo que Dios normalmente hace por su pueblo. (4)
Pueden ser aoristos proféticos, enfatizando la certeza de las acciones futuras de Dios que
conducen a la victoria final de Cristo a su regreso. (5) Podrían ser entrantes, señalando el
comienzo de los poderosos hechos de Dios con la venida del niño Cristo.
Prefiero esta última opción, la entrada, ya que María celebra la nueva etapa de la obra
redentora de Dios con el don del niño Cristo. Estas son promesas radicales y parecen abarcar
todas las acciones redentoras de Dios, desde la liberación de Israel hasta la redención de la
humanidad bajo Cristo. Primero, habrá una revolución moral, ya que Dios dispersa a
“aquellos que están orgullosos de sus pensamientos más íntimos”. Su poderoso brazo
dispersará a aquellos que piensan demasiado bien de sí mismos. Los orgullosos son
enemigos de Dios y su pueblo a lo largo de las Escrituras. El orgullo, la elevación del yo sobre
Dios, casi podría ser una definición de pecado, que se deifica a sí mismo como Dios. En el
fondo, los arrogantes solo piensan en sí mismos. No tienen conciencia de Dios ni se
preocupan por los demás.
Las otras dos revoluciones lo miran en ambos sentidos. En la revolución política, Dios
“derribó a los gobernantes de sus tronos, pero levantó a los humildes” (1:52). El término
dynastas está detrás de la “dinastía” inglesa y se refiere al paso de la regla del trono de
padre a hijo a través de los siglos. Estas poderosas familias gobernantes (ciertamente César
estaría en mente) serán removidas de su asiento de poder por el poderoso brazo de Dios.
En contraste, los “humildes”, aquellos a quienes los gobernantes han maltratado y
perseguido, serán “exaltados” (hypsōsen). Su opresión será totalmente revertida por el
Mesías. Todo en la parte superior de la escala social será reducido.
La revolución social tiene lugar cuando Dios “ha llenado a los hambrientos de cosas
buenas, pero ha enviado a los ricos vacíos” (1:53). Esto invierte el orden de lo anterior y
coloca al pueblo de Dios primero. Este es otro tema frecuente en las Escrituras, la profunda
preocupación de Dios por los pobres (1 Sa. 2:5; Salmo 107:9; 146:7; Lucas 6:21; 11:13). El
“hambre” es más que la falta de alimentos, sino que significa privaciones de todo tipo (4:2;
6:3, 25). El problema de la riqueza y la pobreza es una de las grandes necesidades de todas
las edades. La depravación de la humanidad en ninguna parte es más evidente que en esta
área.
Dios está prometiendo aquí que su Mesías corregirá estos terribles errores, que no
permitirá que los ricos continúen robando el sustento de los pobres de este mundo.
Discutiremos este tema varias veces en Lucas-Hechos, porque está en todas partes. Estas
dos últimas áreas están entrelazadas. Los poderosos y los ricos creen que el mundo les
pertenece, y pueden hacer lo que quieran con los impotentes y los pobres. La triste verdad
es que en este mundo malvado pueden hacer eso y más. Sin embargo, Dios promete que su
Hijo revertirá estas terribles injusticias, pero en este tema la atención se dirige al eschaton
(el “fin” de todas las cosas), ya que esto no ocurrirá hasta la segunda venida.
La fidelidad de Dios a Israel (1:54–55)
Al final de su canto, María regresa al tema de la misericordia divina del versículo 50,
enmarcando la segunda mitad de su himno de alegría con este tema. La fiel vigilancia de
Dios para la comunidad mesiánica del futuro está anclada en su vigilancia y cuidado de su
pueblo del pacto en el pasado. Él ha “ayudado” a su pueblo a lo largo de su historia, y sus
misericordias del pacto continuarán haciéndolo en el futuro. El verbo antilambanō significa
“acudir en ayuda, apoyar las necesidades” de los demás, y esta es una promesa de que lo
que caracterizó los tratos de Dios con Israel continuará sintiéndose con el nuevo Israel.
Israel es su “siervo” (pais), su pueblo y parte de su familia, a menudo enfatizado (Is.
42:1; 44:21; 45:4; 49:3), y Dios lo ha hecho en el pasado y continuará fielmente en el futuro
para atender sus necesidades y protegerla. Sin embargo, también hay un aspecto de
advertencia en esto, ya que solo aquellos que le son fieles seguirán siendo parte de Israel.
Si bien no es explícito aquí, hay una extensión implícita de esto al nuevo Israel de Jesús y
Pablo. La nación apóstata no será considerada parte de Israel, pero aquellos injertados en
el olivo (Ro. 11:17–21) del pueblo del pacto se convertirán en el verdadero Israel. María
celebra la liberación del Israel de Dios cuando recuerda su misericordia del pasado y la
extiende al futuro para su pueblo (verdadero) del pacto.
Especialmente en mente está el pacto abrahámico, que abarca las promesas “para
Abraham y sus descendientes para siempre”. En la escena de apertura de ese pacto original,
Dios prometió: “Te convertiré en una gran nación y te bendeciré” (Génesis 12:2), y en la
ceremonia del pacto le dijo: “Mira hacia arriba en el cielo y cuenta las estrellas… así será tu
descendencia” (Génesis 15:5). Así es como Dios “prometió a nuestros antepasados”, y
María está celebrando esas continuas bendiciones a través de su hijo. María ve en los
eventos que pronto sucederán el cumplimiento de las promesas del pacto, y para ella, que
une las dos partes de la historia de la salvación, el antiguo pacto y el nuevo, en un solo
movimiento unido. Hay continuidad en lugar de discontinuidad entre los dos aspectos del
pacto de Dios con su pueblo.
Los últimos tres meses (1:56)
En el período de nueve meses de su embarazo, Elisabet pasó los primeros seis meses
recluida (1:24, 26), y en los últimos tres meses María “se quedó con” ella y “luego regresó
a casa” después del nacimiento de Juan. No se nos dice por qué se quedó ni qué hicieron
durante ese período. El punto básico es que, a través de sus madres, las dos figuras
principales del drama mesiánico están unidas. La nueva era de la historia, la era de la
salvación y la era del Espíritu, se inaugura con los bebés no nacidos en reclusión juntos. Los
dos milagros, uno para nacer de una madre mucho más allá de la edad de la concepción, el
otro para una virgen en cumplimiento de Isaías 7:14, están juntos. El escenario está
preparado para el período de tiempo más importante que la historia jamás conocerá.
Juan el Bautista nace (1:57–66)
Zacarías no había respondido al anuncio de Gabriel con fe en la intervención milagrosa de
Dios y, como resultado, se quedó boquiabierto. Durante nueve meses, una época en la que
Elisabet disfrutaba de las maravillosas noticias había estado en una reclusión mucho peor
que ella, una época en la que tuvo que vivir y superar su fracaso. Sin embargo, ese tiempo
había funcionado claramente y había encontrado la fe que faltaba. Cuando Juan nazca,
también encontrará la alegría. Su himno de alabanza es paralelo al de María, y esta vez no
habrá contraste entre su triunfo y su derrota. Él se unirá a ella en una exultación mesiánica,
y él también celebrará la próxima liberación.
Los eventos anteriores, el anuncio a María y su saludo por parte de Elisabet, llevaron a
un himno y fueron interpretados por él. Aquí nuevamente, el nacimiento y el
nombramiento de Juan también son seguidos y explicados a través de un himno. Al mismo
tiempo, como la aparición de Gabriel a Zacarías es paralela a su aparición a María, el
nacimiento de Juan está paralizado por el nacimiento de Jesús. El mensaje básico es el
mismo: como Juan es el gran profeta enviado por Dios y designado para este tiempo, Jesús
es el profeta mayor y el Mesías a quien toda la historia ha estado señalando. Juan nació
para preparar al mundo para el mayor nacimiento de todos.
El nacimiento de Juan (1:57–58)
El nacimiento en sí mismo se cuenta de manera muy simple, el lenguaje hace eco del
nacimiento de Jacob y Esaú en Génesis 25:24. Su madre había pasado meses en reclusión,
los tres últimos con su prima María y el bebé por nacer Jesús. Ahora había llegado su hora,
y Juan llegó al mundo. Como no había compartido nada de eso públicamente con sus
vecinos, probablemente fue algo sorprendente. La profecía de Gabriel se había cumplido, y
sus vecinos se llenaron de alegría cuando escucharon cómo “el Señor le había mostrado
gran misericordia”.
Gabriel había predicho que el nacimiento sería “una alegría y un deleite” (1:14), y ese
ciertamente es el caso aquí. Este es un tema dominante en toda la narrativa de la infancia
(1:14, 58, 64; 2:10, 14, 28) y en realidad fluye a través de Lucas-Hechos. El verbal “se
muestra gran misericordia” es en realidad “magnificado [emegalynen] su misericordia”.
Como María “magnificó/glorificó al Señor” en 1:46, Dios hizo lo mismo con Elisabet en el
nacimiento de Juan. Ella ha sido glorificada por el Señor al recibir el privilegio increíble de
llevar al precursor mesiánico, el primer gran profeta en cuatrocientos años.
La presentación y el nombramiento de Juan (1:59–66)
La circuncisión de un varón judío en el octavo día después de su nacimiento es una señal de
pacto (Génesis 17:9–14; Lv. 12:3), que tuvo prioridad incluso sobre el día de reposo (Juan
7:22–23). En esa ceremonia habían decidido nombrar al niño. Normalmente el
nombramiento tenía lugar al nacer (Ge. 4:1; 25:25–26). Algunos piensan que esto está
siguiendo las prácticas helenísticas, pero creo que fue más probable debido simplemente a
las circunstancias atenuantes del estado mudo de Zacarías. Como no podía hablar, la familia
estaba en proceso de nombrarlo como al propio Zacarías (era bastante común en su cultura
nombrar a un niño como el padre o el abuelo) cuando Elisabet habló enérgicamente.
Como Zacarías no pudo expresar su opinión, la familia y los amigos no sabían lo que
Gabriel había dicho (1:13). Probablemente le había comunicado esto a su esposa, por lo que
ella corrigió el grave error que estaba a punto de cometer, gritando: “¡No! Debe llamarse
Juan. El pasivo “debe ser llamado” es un pasivo divino, lo que significa que la voluntad de
Dios era que se llamara Juan. El nombre de Juan (Iōannēs), como señalé en 1:13, significa
“Dios es misericordioso” y es un testimonio de la gracia y la misericordia de Dios al enviar a
Juan a iniciar estos increíbles eventos.
La familia y los amigos no están dispuestos a renunciar a su decisión. El padre
normalmente nombraba al niño, y era bastante inusual darle un nombre a un niño fuera de
la familia (1:61). Ella está rompiendo la costumbre y hablando fuera de la voluntad de su
esposo, por lo que exigen que Zacarías señale su decisión. Parece que su juicio de Dios lo
hizo sordo y tonto, ya que las señales deben ir en ambos sentidos. Indudablemente, esperan
que él esté de acuerdo y consienta en su decisión.
Están bastante sorprendidos cuando él está de acuerdo con la persona “equivocada”,
su esposa. Cuando le preguntan sus intenciones, él pide una tableta de escritura para que
puedan obtener sus intenciones por escrito: “Su nombre es Juan” (1:63). Tanto Zacarías
como Dios han dejado sus deseos completamente claros. No podría haber sabido lo que
dijo su esposa, ya que claramente no estaba allí. Entonces Dios debe estar detrás de todo.
Los términos del juicio de Gabriel se han cumplido (1:20, el nacimiento y el
nombramiento de Juan), y Zacarías ha vencido su incredulidad y ha llegado a la fe en el plan
de Dios. Entonces “inmediatamente su boca se abrió y su lengua se liberó” (1:64). A medida
que su nueva fe encontró expresión completa, “comenzó a hablar, alabando a Dios”. Él ha
cerrado el círculo, y el resultado será su propio himno de alabanza (vv. 67–79).
Los vecinos que han sido parte de toda la acción ahora agregan su propio “miedo”
(phobos), traducido correctamente “lleno de asombro” por la NVI (1:65). Esto no es terror
sino maravilla religiosa, la respuesta normal en las Escrituras a las acciones trascendentes
de Dios cuando la gente las percibe (1:12; 5:26). El segundo resultado es la fama, ya que las
personas en toda la región montañosa de Judea “estaban hablando de todas estas cosas”.
Así, el renombre de Juan tiene su comienzo con su propio nacimiento y denominación. Al
comienzo de todo, ya se ha convertido en el tema de discusión a lo largo y ancho.
Aun así, la verdadera maravilla, como debería ser, se centra no en Juan sino en Dios. Las
personas reflexionan sobre estos eventos en lo más profundo de sus corazones y comienzan
a preguntarse: “¿Entonces qué será este niño?” y la razón es clara: la “mano del Señor
estaba con él” desde el principio (1:66). El “qué” que viene a sus mentes tiene que ver con
lo que Dios va a lograr en la vida de este niño. Está claro para todos que la grandeza le
espera, porque “la mano de Dios” es lo mismo que su “brazo poderoso” (1:51) y siempre
realiza obras maravillosas de liberación (Éxodo 13:3; 15:6; Is. 31:3).
Zacarías canta un canto de alabanza: el Benedicto (1:67–80)
Tanto el canto de alabanza de María como el de Zacarías se convierten en dispositivos
literarios utilizados para dar perspectiva y significado a los eventos que los rodean.
Comparten el tema principal de la sección: la fidelidad del pacto de Dios al enviar a su
libertador mesiánico en este momento clave de la historia. De hecho, todas las teorías de
origen literario propuestas para el himno de María (véase la introducción a 1:46–56)
también se proponen para este himno. Una diferencia entre ellos es que el himno de María
fue más personal, celebrando la mano de Dios en su vida, mientras que el de Zacarías es
más nacional, celebrando la mano de Dios en la historia de Israel. Hay dos partes: alabar a
Dios por enviar a su redentor mesiánico, el rey davídico (vv. 68–75), y la promesa profética
con respecto a la parte de Juan en la preparación del camino para ese evento mesiánico (vv.
76–79).
Introducción: lleno del espíritu (1:67)
Zacarías durante su reclusión personal de nueve meses, cuando no pudo comunicarse con
otros, había llegado a una comprensión enorme de la importancia de los eventos en los que
estaba participando, abarcando no solo a su hijo sino también al niño Jesús. Su himno en
cierto sentido responde a la pregunta de los vecinos en el versículo 66, “¿Qué será este niño
entonces?” y Zacarías les dice que su hijo cumplirá Isaías 40:3 como el que prepara el
camino para el Mesías.
La forma en que pudo resolver esto también está claro. Él “fue lleno del Espíritu Santo”.
Su himno también es una profecía sobre lo que debe suceder a través de estos eventos. Se
dice que el Espíritu está detrás de todos los cantos de alabanza de las narraciones de la
infancia: María en 1:35, Elisabet en 1:41, Zacarías en 1:67, Simeón en 2:25. Cuando Zacarías
encontró la fe, el Espíritu lo encontró y lo convirtió de sacerdote en profeta.
Alabanza por la redención mesiánica (1:68–75)
Aquí hay un término diferente para “bendecido”, eulogētos, del cual obtenemos “elogio”
en inglés, y connota alabanzas a Dios. El Espíritu ha hecho saber a Zacarías que en el
nacimiento de su hijo se inició un proceso mesiánico en el que “el Señor, el Dios de Israel”,
actuó de una nueva manera para llevar la redención nacional a su pueblo. Estos dos títulos
son especialmente apropiados cuando se discute la salvación del pueblo escogido de Dios,
connotando a Yahveh, el nombre del pacto de Dios, y enfatizando su relación especial con
su pueblo del pacto como su Dios.
Que este Señor Dios ha “venido” o “visitado” (epeskepsato) se refiere a la gracia y la
misericordia de Dios, que ha descendido a su pueblo para liberarlo tanto social como
espiritualmente (Génesis 50:24–25; Éxodo 3:16; 13:19; Sal. 80:14; Is. 23:17). Las imágenes
del Antiguo Testamento de la redención nacional ciertamente están en mente en la
declaración de que el Señor Dios “ha venido a su pueblo y los redimió”. Él vendrá a través
de la llegada de su Mesías: la primera venida significará la salvación espiritual, y la segunda
venida traerá la salvación completa, combinando lo espiritual con los ámbitos político y
social a través de la destrucción de los enemigos de Dios y su pueblo.
El Redentor de Israel proporcionará una liberación holística que abarcará todas las áreas
de la vida. Algunos lo han reducido a una liberación puramente espiritual, pero con los
versículos 51–53 es casi seguro que se tiene en cuenta la esfera más amplia. En 1:71–74 la
liberación nacional de sus “enemigos” es el impulso; y en 1:75–78, liberación espiritual.
Zacarías ciertamente no comprende cómo se llevará a cabo todo esto, y su profecía se
presenta en los términos más generales. Indudablemente pensó que Jesús cumpliría las
esferas política y espiritual en su primera venida.
Para describir esto, usa un lenguaje de liberación nacional: Dios “ha levantado un cuerno
de salvación” (1:69), tomando esto de los Salmos 18:2; 89:17–24; 132:12; y 2 Samuel 22:3,
donde la imagen del cuerno representa la destreza militar que se usa con frecuencia de la
casa de David (Salmo 132:17; 2 Sa. 7:26). Entonces esta es una referencia al niño Cristo
como el Mesías/libertador davídico.
Zacarías quiere anclar todo esto en las promesas pasadas de Dios a través de los profetas
(1:70). Zacarías dice que Dios habló “por la boca [omitido por la NVI] de los profetas”; El
singular “boca” enfatiza la voz unida de todos los profetas detrás de estas promesas divinas.
Estos son los “santos profetas” de antaño que hablan por un Dios santo, y él está celebrando
el hecho de que su hijo y el hijo de María son el cumplimiento de todo el testimonio
profético a medida que vienen.
Esta “salvación” (sōtērion) conllevará especialmente una liberación política “de
nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian” (1:71). Este es el lado
militarista de “el cuerno de la salvación”, mirando al Mesías como el Guerrero Divino que
destruirá a los enemigos de su pueblo, tal vez una alusión al Salmo 106:10, “Los salvó de la
mano del enemigo de la mano del enemigo los redimió “. Algunos han leído esto como una
guerra espiritual contra las fuerzas satánicas del mal, pero “los que nos odian” son
oponentes humanos. La guerra cósmica se encuentra probablemente en el versículo 79,
pero no aquí.
En los versículos 72–75, una serie de infinitivos demuestra los propósitos u objetivos de
la liberación de Dios que ahora ha llegado. Los versículos 72–73 analizan las acciones
pasadas de Dios, y los versículos 74–75 sus propósitos actuales. En el pasado, Dios cumplió
sus promesas a su pueblo del pacto y les mostró misericordia al perdonar sus delitos y velar
por ellos para protegerlos de sus enemigos. Probablemente aquellos que toman este primer
infinitivo como resultado son correctos. La fidelidad de Dios a sus promesas del pacto ha
resultado en su demostración de misericordia a lo largo de la historia de Israel. Al hacerlo,
ha recordado “su santo pacto”, ya que una y otra vez ha liberado a sus personas que no
sirven de sus enemigos. Estos son su pueblo santo, apartados para sus propósitos, y Dios
los vigila.
Probablemente, tanto el pacto abrahámico como el davídico están a la vista en todo el
himno, pero Zacarías se centra en las promesas abrahámicas en 1:73, porque hicieron
hincapié en que Dios vela por su pueblo y garantiza su éxito (especialmente Génesis 12; 17;
22; 26) Zacarías define los objetivos del pacto abrahámico en 1:74. El rescate de los
enemigos de Israel recuerda especialmente el evento del éxodo, pero también incluye el
regreso del exilio. De hecho, toda la historia de la nación involucraba un rescate tras otro.
Los “enemigos” son principalmente los romanos, pero incluirían a todos los que se
interponen entre ellos y Dios. Para la comunidad mesiánica que seguirá, los enemigos
incluirían a los judíos apóstatas que persiguen a la iglesia.
La segunda cláusula, “para permitirnos servirlo sin miedo”, es el resultado de la primera.
Dios rescata a su pueblo del pacto para que puedan cumplir su pacto y servirlo. Para Zacarías
como sacerdote, servir a Dios se referiría a los deberes sacerdotales en el templo y entre el
pueblo judío. Aquí llega más allá de eso al servicio de Dios (griego latreuō) en general.
“Habilitar” es tou dounai (dar, otorgar); cuando Dios rescata a su pueblo, les concede el
privilegio de servirlo. De esta manera, el servicio al Señor es otro don espiritual. De otra
manera, cada aspecto de nuestras vidas puede verse como un servicio.
Los futuros ministerios de Juan y Jesús (1:76–79)
El tono cambia aquí de los tiempos aoristo de la primera mitad del himno (vv. 68–75) al
tiempo futuro (vv. 76–79). Por lo tanto, la mayoría lo considera una profecía, ya que
contempla el trabajo futuro de Juan y Jesús a medida que se desarrolla la era mesiánica.
Juan es etiquetado como “el profeta del Altísimo”, en paralelo a Jesús como “el Hijo del
Altísimo” (1:32). No solo es el primer profeta en cuatro siglos, sino también el más grande
de los profetas como el precursor mesiánico, cumpliendo la profecía (Mal. 3:1; 4:5) y
preparándose para 7:26–35, donde estará su ministerio profético presentado para
nosotros.
Su oficio profético será “seguir delante del Señor” y “preparar el camino” para el Mesías,
extraído de Malaquías 3:1 e Isaías 40:3. Es difícil decidir si “el Señor” aquí es Dios o Jesús.
Dios el Altísimo lo enviará a su misión, y a medida que avance, él estará sentando las bases
para que Jesús se convierta en el Señor de todos. Aun así, como la traducción NVI deja en
claro, la primera mitad del versículo (“profeta del Altísimo”) se centra en Dios, y la segunda
mitad (“prepara el camino para él”) en Jesús. Si decidiéramos que Dios es el centro de
atención, volveríamos a traducir: “Continuarás delante del Señor [Dios] para preparar sus
caminos”. Sin embargo, todo el contexto se refiere al camino a Sion construido para la
venida del Mesías de Dios, por lo que creo que la NVI es correcta.
Lo más probable es que Malaquías 3:1 se basara en Isaías 40:3, y los Evangelios hacen
eco de ambas profecías. Dios estaba construyendo su camino hacia una Sion restaurada y
eliminando todos los obstáculos en el camino de la venida de su Mesías. El pasaje de Isaías
fue central para la comunidad de Qumran, quien escribió los Rollos del Mar Muerto. Esta
comunidad se veía a sí misma como el canal a través del cual llegaría la era mesiánica (1QS
8:13–14), y la iglesia primitiva hizo lo mismo. De hecho, los cristianos primero se llamaron
a sí mismos “el Camino” (Hechos 9:2; 19:9, 23). Creían que tanto el éxodo como el regreso
del exilio se cumplieron en Jesús, y que Juan era la voz del desierto que proclamaba la
llegada de la salvación de Dios en Jesús el Mesías.
Con el versículo 77 pasamos de la revolución social (vv. 71–74) a la salvación espiritual,
y la restauración viene por medio del arrepentimiento y el perdón de los pecados (también
1:17; 3:3). La liberación del pueblo de Dios de sus enemigos (vv. 71, 74) ahora se convierte
en “conocimiento de la salvación [espiritual]” o liberación del enemigo mucho mayor, el
pecado.
Este es el segundo “regalo” de Dios después de “permitirnos servir” en 1:74. De hecho,
este es el gran “regalo de salvación” que hace posible servir a Dios. El lugar de Dios para
Juan es doble, preparar el camino para Jesús (v. 76) y con su predicación profética para
permitir que la gente entienda que la salvación de Dios ahora ha llegado de una manera
completamente nueva (v. 77), quizás refiriéndose a la nuevo pacto de Jeremías 31:31–34.
El “conocimiento” aquí no solo habla de comprensión intelectual sino más bien de la
experiencia espiritual real de la salvación de Dios a través del perdón de los pecados. De
hecho, este será el significado del ministerio de Juan, “predicar un bautismo de
arrepentimiento para el perdón de los pecados” (3:3). Estos fueron dos aspectos
interdependientes de una sola misión: traer la salvación del nuevo pacto de Dios a este
mundo e inaugurar una nueva era de salvación. Las barreras que hacían imposible que la
humanidad pecadora viniera a Dios estaban a punto de ser eliminadas, y el mensaje de Juan
y su ministerio mesiánico fueron las dos cosas que se prepararon para ese evento
maravilloso.
En los últimos dos versículos del himno, Zacarías pasa de la parte de Juan en el drama
de salvación al papel central de Dios. La base de todo en este capítulo es la “tierna
misericordia de nuestro Dios”. Todo don de bendición y redención fluye de él. En el canto
de alabanza de María, las obras poderosas de Dios se definen como “su misericordia [que
se extiende] a los que le temen” (1:50), especialmente “recordando ser misericordioso con
Abraham y sus descendientes para siempre” (1:54) ) Elisabet designó además el nacimiento
de Juan como la “gran misericordia” del Señor (1:58), y el canto de Zacarías ya ha celebrado
la “misericordia” mostrada cuando Dios recordó “su santo pacto” al enviar su salvación una
vez más a su pueblo. (1:72) Todo esto se resume en la “tierna misericordia” que se menciona
aquí. La venida de Cristo y el comienzo de la nueva era de salvación no fueron merecidos ni
ganados; provienen de la “compasión” de Dios (splanchna) y de la misericordia hacia un
pueblo indigno.
Especialmente como resultado de la misericordia compasiva de Dios es la venida del
Mesías, aquí representado como “el sol naciente” que “vendrá a nosotros desde el cielo”.
El término anatolē literalmente significa “brotar” y podría referirse a la “rama” mesiánica
que brotaría (Jer. 23:5; Zac. 3:8; 6:12) pero es más probable que connota una estrella que
se eleva y brilla desde cielo, como se ve en las siguientes imágenes de la luz de Dios que
brilla sobre las personas que viven en la oscuridad en el siguiente versículo. Aun así, muchos
ven una referencia doble, con el rodaje de David (Isaías 11:1–3) también representado aquí.
En la persona del Mesías, la Rama, la luz de Dios ha brillado desde el cielo
La luz mesiánica tiene una doble misión aquí: brillar sobre los que están en la oscuridad
y guiar los pies de los que responden (1:79). Es probable que esto sea una alusión a Isaías
9:2 (citado en Mateo 4:15–16): “Las personas que caminan en la oscuridad han visto una
gran luz; en aquellos que viven en la tierra de la oscuridad profunda ha amanecido una luz
“. En Isaías, estos eran judíos que vivían en la Galilea pagana, pero aquí se trata de judíos
que viven en la oscuridad espiritual, y “la sombra de la muerte” es más espiritual que física.
El pecado los ha encarcelado en la oscuridad, pero ahora, como resultado de su misericordia
compasiva, Dios ha iluminado su luz de salvación sobre aquellos atrapados en la oscuridad.
El resultado de esta luz del cielo es la revelación de un nuevo camino para salir del
pantano. El Mesías “guiará nuestros pies hacia el camino de la paz”. En su pecado, solo
podían tropezar en la oscuridad, con “la sombra de la muerte” aludiendo al Salmo 23:4,
“aunque camino por el valle de la sombra de la muerte” (KJV). Los incrédulos pasan su vida
viviendo dentro de esa sombra, pero Dios ha provisto un camino fuera de él, llamado aquí
“el camino de la paz”. La paz en la Escritura es una vida en armonía con Dios y la tranquilidad
que resulta de ella. Claramente, la paz de Dios es sinónimo de salvación aquí, con perdón,
la eliminación del caos del pecado, el camino que conduce a la paz. Juan prepara a las
personas para ese camino, y Cristo los guía por él para descubrir esa tranquilidad interior
del alma.
La creciente madurez de Juan (1:80)
Lucas cubre los años de crecimiento en un solo verso (como Isaac en Génesis 21:8 o Samuel
en 1 Sa. 2:21, 26), incluyendo su estancia en el desierto cuando siguió el desarrollo del
profeta del desierto Elías. Toda su infancia está cubierta por la frase “creció y se hizo fuerte
en espíritu”. “En espíritu” podría ser el Espíritu Santo, pero en este versículo es más
probable su crecimiento interno como persona. Maduró no solo físicamente sino también
espiritualmente.
Su tiempo en el desierto ha llevado a muchos a postular que Juan era un seguidor de la
comunidad de Qumran, pero hay demasiadas diferencias entre la perspectiva y la teología
de Juan y la de los esenios en Qumran. Hubo similitudes (un ascetismo, una visión de ellos
mismos como preparando el camino para el Mesías), pero los Esenios fueron un
movimiento monástico que se mantuvo alejado de los demás mientras Juan ministraba
abiertamente a la nación. Los esenios de Qumran veían el templo y el sacerdocio judío como
apóstatas, mientras que Juan provenía de una familia sacerdotal. Ambos se centraron en
los ritos de agua, pero el bautismo de Juan fue radicalmente diferente del rito de
purificación de Qumran.
La vida en el desierto de Juan no se describe en los Evangelios, pero está claro que se
estaba preparando para llamar a la nación en un nuevo éxodo al arrepentimiento y a estar
bien con Dios. En cierto sentido, la reclusión de Juan en el desierto siguió a su madre a una
reclusión que lo preparó para su ministerio público. En el desarrollo literario de Lucas, es
necesario que Juan desaparezca de la vista mientras Jesús entra en escena a la vista.
Este capítulo se centra en el testimonio de las dos futuras madres con respecto a los
eventos mesiánicos que se están desarrollando (vv. 39–45). Los temas predominantes son
el gozo y una sensación de bendición maravillosa de parte de Dios. Una escena hermosa es
cuando María entra por la puerta y el bebé Juan “salta” de alegría en el útero, sintiendo que
su Mesías está cerca, el enfoque en su vida y ministerio que se acerca. La estadía de tres
meses de las dos mujeres entre ellas habría sido un momento increíble.
Esta sección del libro se centra en los dos himnos, con María enfocándose en la
bendición de Dios para revertir su situación y Zacarías en los eventos mesiánicos que se
desarrollan para la nación. El canto de alabanza de María (vv. 46–55) es el tema de su
tiempo juntos, mientras celebran la alegría de Dios que revierte los males de este mundo a
través del Mesías. María alaba a su Dios por elevar su lugar en este mundo y por cambiar la
situación social para favorecer a los pobres y los hambrientos, elevar a su pueblo del pacto
y liberarlos de sus opresiones. Hay una lección importante en esto, porque el evangelismo
espiritual siempre debe incluir la preocupación social. La conversión de los pecadores tiene
que implicar también aliviar su sufrimiento. El Mesías es la prueba viviente de que no
puedes tener el uno sin el otro.
El canto de alabanza de Zacarías (vv. 68–79) se centra en la redención nacional y pasa
de la liberación social/política de la nación en los versículos 71–74 a la salvación espiritual
en los versículos 75–78. El lado espiritual sería el efecto inmediato de Cristo, quien se
convertiría en el sacrificio expiatorio por sus pecados. La liberación social esperaría la
segunda venida, cuando Cristo regresaría y destruiría los poderes del mal por toda la
eternidad.
La venida de Juan (vv. 76–79) introdujo ambos aspectos del trabajo mesiánico, pero
especialmente el lado redentor. Al preparar el camino, haría posible el perdón de los
pecados, y como veremos en el capítulo 3, su ministerio de bautismo se centró exactamente
en ese aspecto de la era mesiánica, la salvación.
EL NACIMIENTO Y PRESENTACIÓN DE JESÚS (2:1–52)
Lucas ha construido su narrativa de la infancia en torno al paralelo de Juan-Jesús, primero
en el anuncio y luego en el nacimiento de las dos figuras. Al final del capítulo 1, Juan nace y
es nombrado, y ahora Jesús nace y se presenta en el templo. La historia del nacimiento tiene
dos partes, primero el lado histórico y terrenal (vv. 1–7), y luego la participación de los
poderes celestiales (vv. 8–20). La historia del nacimiento de Juan fue simple, solo un
versículo (1:57), mientras que la de Jesús está llena de drama. El contraste es significativo:
las circunstancias terrenales son modestas y humildes (el pesebre, los pastores, el granero)
y, sin embargo, todas las glorias del cielo se centran en su nacimiento. Los mismos coros
celestiales alaban al humilde niño Cristo en este evento central de la historia.
Jesús nace (2:1–21)
Las circunstancias históricas (2:1–2)
La naturaleza impotente de la venida del Mesías es evidente desde el principio, ya que el
censo de César Augusto hace posible el viaje a Belén y permite que José y María cumplan la
profecía del nacimiento del Mesías de Miqueas 5:2. Herodes el Grande y su muerte
proporcionan la clave para la pregunta de cuándo nació Jesús. Él mató a niños de dos años
o menos justo antes de su muerte (Mateo 2:16), y murió en el año 4 a.C., haciendo que
Jesús naciera alrededor del 6 a. C. César Augusto, sobrino y heredero de Julio César, con el
nombre de nacimiento Cayo Octavio, estaba en el trono. Después del asesinato de su tío,
gobernó con Marco Antonio por un tiempo, pero eso se disolvió y terminó en una guerra
civil. Derrotó a Antonio en una batalla naval en Actium en el 32 a. C., y el senado romano lo
nombró Augusto (que en latín significa “Majestad”) en el 27 a. C., convirtiéndolo en
emperador del nuevo Imperio Romano. César era su apellido adoptivo, pero a partir de él
llegó a usarse como un título para el emperador. Reinó desde el 31 a. C. hasta el año 14.
Sabemos por otras fuentes antiguas que Augusto reorganizó el imperio en provincias,
eventualmente sumando diez (= los “diez reyes” de Apocalipsis 17:12). Los censos que
tomaron de las provincias tenían el propósito de imponer impuestos, lo que explica la
inscripción aquí. Herodes había sido rey de Judea, y su hijo Arquelao reinó después de su
muerte. Arquelao fue depuesto en el año 6 d.C., y los romanos decidieron recurrir a un
gobernador romano para la provincia, Quirino, quien comenzó su tiempo en el cargo
haciendo un censo.
El problema es que esto no se ajusta a la línea de tiempo aquí, ya que el nacimiento de
Jesús exige un censo doce años antes, en 6 a.C. Algunos resuelven esto traduciendo Lucas
2:2, “Este registro ocurrió antes de que Quirino fuera gobernador de Siria”. Esto eliminaría
la contradicción cronológica, pero ¿eso realmente resuelve mucho, cuando el registro sería
doce años antes del censo real?
Una mejor solución proviene del hecho de que sabemos que Quirino dirigió varias
incursiones militares en esa región bajo los auspicios del dominio romano sirio, y es
probable que lo haya hecho en alguna capacidad oficial. Además, “gobernador” podría
simplemente referirse a una posición de gobierno, no necesariamente como legado de la
región. Así podríamos traducir “mientras Quirino gobernaba en Siria”. Dado que administró
un censo en el año 6 d.C., este sería el primero de dos bajo Quirino. Esto no es demasiado
inusual, ya que los romanos realizaban un censo cada cuatro años en Egipto. Con un clima
político siempre cambiante y una acción militar bastante constante, esto tendría sentido.
Lucas dice todo esto para hacer un punto muy importante. Los judíos se irritaron bajo
el dominio romano, y el censo llevó ese punto a casa: Roma no solo gobernó sobre sus
tierras, sino que también controló sus finanzas. Todo lo que tenían pertenecía a Roma. Los
judíos anhelaban que el Mesías les diera libertad, y Lucas dice que Dios está en el proceso
de hacer precisamente eso. César gobierna sobre su pequeña parte, pero en realidad está
a punto de nacer un rey mucho mayor, y la Pax Romana (la pretenciosa “paz romana”)
pronto será reemplazada por una paz mayor (y eterna) de Dios.
El viaje a Belén (2:3–5)
José y María cumplen con las demandas oficiales y forman parte de “todos” los que van “a
su propia ciudad para registrarse”. No debemos imaginar a cientos de personas que vienen
en cierto fin de semana. Más bien, en algún momento durante el año del censo iban a venir
para registrarse. Además, esto lleva a cabo otro propósito divino, el de cumplir las
Escrituras. José y María eran de la casa de David, por lo que su pueblo ancestral era Belén
(1 Sa. 16:4; 17:15), cumpliendo así el nacimiento del Mesías en Belén (Mi. 5:2), así como la
promesa de María que Dios “le dará el trono de su padre David” (1:32).
A María se le habría exigido que acompañara a José porque en la región siria las mujeres
también estaban sujetas al impuesto electoral y, por lo tanto, debían inscribirse. La ciudad
de Belén estaba a unos ocho kilómetros de Jerusalén. Sería un viaje agotador para una
mujer que estaba pronta a dar a luz, ya que estaba a noventa millas de Nazaret. La imagen
tradicional de María montando un burro tiene mucho sentido.
Lucas también nos dice que están “comprometidos a casarse” y que el matrimonio aún
no se ha consumado. El hecho de que en este momento esté “esperando un hijo” subraya
una vez más el nacimiento virginal. Existe una ligera discrepancia con Mateo 1:24–25, que
relata que José había llevado a “María a su casa como su esposa”. Pero él no consuma su
matrimonio hasta que ella “dio a luz a su primogénito, un hijo” (2:7). Sin embargo, Lucas
dice que se comprometieron aquí. Lo más probable es que vivan juntos como marido y
mujer, pero técnicamente todavía están “comprometidos” porque no habían consumado
su matrimonio. Esta sería otra parte de la razón por la que ambos viajaron a Belén.
A través de José, Jesús “pertenecía a la casa y la línea de David”, destacando
nuevamente la línea ancestral de la familia. Una cosa inesperada para los lectores antiguos
sería leer “la ciudad de David” al lado de Belén en lugar de Jerusalén, ya que esta última se
llamaba “la ciudad de David” tan a menudo en las Escrituras (2 Sa. 5:7; 1 Reyes 8:1; 9:4; 1
Crónicas 11:7; 13:13; e innumerables otros). En 1 Samuel, esto también fue inesperado
como el lugar de nacimiento de David, porque de lo contrario era un pequeño pueblo sin
importancia, y ese era el caso en el tiempo de Jesús. Este es otro momento en el que Dios
elige las cosas insignificantes del mundo para dar a conocer su grandeza (Mi. 5:4).
El nacimiento de Jesús (2:6–7)
Como a lo largo de esta historia, el énfasis está en los comienzos modestos y humildes del
niño Cristo. Muy pocos de los detalles tradicionales (los animales presentes, el entorno del
establo y los comederos) se destacan, ni algunas de las historias apócrifas sobre dolores de
parto mientras viajaban. Se nos dice simplemente que llegó el momento del parto y que el
bebé nació, envuelto en paños y acostado en un pesebre, un entorno humilde pero estable
(no haciendo alusión al establo).
Lucas señala que él era un “hijo primogénito” (prōtotokos), que tiene la intención de
prepararnos para 2:23–24 y posiblemente separarlo de los hijos posteriores de María
(Marcos 6:3; Lucas 8:19–20) como el hijo de David y heredero del trono de David (2 Cr.
21:3), para resaltar su significado mesiánico. Si bien no es obvio en el contexto limitado,
todo lo que precedió y seguirá nos prepara para una lectura mesiánica de este detalle.
María envuelve a su recién nacido en pañales, la práctica normal de las madres judías.
Estas son tiras largas de tela atadas alrededor del niño para mantener las extremidades
rectas y quietas. El propósito era mantenerlos seguros y proporcionarles estabilidad. El
énfasis está en la normalidad del comienzo del Mesías, ya que todos los bebés
experimentaron esto.
El hecho de que el niño Cristo fue “colocado … en un pesebre” lo distingue, ya que es
un comedero para animales. Una pregunta es dónde se encontró este canal. La clave es la
siguiente, “porque no había habitaciones disponibles para ellos”. Tradicionalmente esto se
tradujo como “no hay lugar en la posada”, pero esta no es la palabra griega para una posada
(compárese con 10:34). La palabra es katalyma, mejor vista como una habitación de
invitados en una casa (como en 22:11). El hogar promedio a menudo tenía una habitación
separada para invitados, y los animales residían para pasar la noche en un nivel inferior de
la sala de estar, con los comederos allí.
Así que no residían en un granero con animales como única compañía. Habrían sido
tratados como huéspedes normales, alojándose en un hogar de un pariente o de alguien de
la comunidad. Probablemente habrían estado abajo porque un pariente más cercano
estaba de visita en la habitación de huéspedes normal. Las telas y el pesebre deben ser
signos para los pastores (2:12), mostrando que el niño está socialmente a su nivel, un bebé
humilde. Este niño será el Mesías humilde para los pastores humildes.
Pastores guiados en adoración por los ángeles (2:8–14)
La elección de Dios de incluir pastores específicamente en este nacimiento mesiánico es
significativa en dos niveles: Jesús es el rey humilde que viene especialmente para criar a los
humildes y exaltarlos; y como David era el pastor mesiánico, también lo será Jesús.
Los pastores que “vigilan sus rebaños en la noche” es una imagen idílica del pueblo de
Dios viviendo sus vidas habituales. Se convierten en el punto focal para la gloria mesiánica
de Dios revelada a la humanidad. El mensaje es que los oprimidos deben ser elevados (1:51–
53). Los pastores tendrían que turnarse para ser vigilantes para protegerse de los ladrones
y los depredadores, por lo que esta imagen se ajusta bien a la escena original. Dios elige a
los pastores humildes para ser los primeros testigos no solo del nacimiento del Mesías sino
también de la celebración del reino angelical en su nacimiento. Esto es paralelo a su elección
de mujeres como las primeras testigos de la resurrección (24:1–8).
Entonces, mientras están en su vigilia solitaria, “se les apareció un ángel del Señor, y la
gloria del Señor brilló a su alrededor” (2:9). El énfasis está en la gloria Shekinah que
desciende una vez más en nuestro mundo, como lo hizo durante el éxodo (Éxodo 13:21–
22), en Sinaí (Éxodo 24:16–17), y con el tabernáculo y el templo (Éxodo 40:34–35). Esta es
la tercera de las cuatro apariciones de ángeles (1:11, 26; 2:9, 13). Los ángeles se mencionan
quince veces en los primeros dos capítulos, lo que demuestra la naturaleza sobrenatural de
este evento. El terror de los pastores es la respuesta humana normal al reino trascendente
de Dios a lo largo de las Escrituras. A veces es asombro (como Zacarías y María en 1:12, 29,
o los tres discípulos en la transformación en 9:34). Si bien la descripción de Lucas incluye
ambos aquí, el terror es definitivamente más predominante en la increíble gloria de Dios
desplegada a su alrededor.
El ángel los calma: “No tengan miedo” (2:10), y luego les dice el increíble mensaje: “Les
traigo buenas noticias que causarán gran gozo a toda la gente”. El miedo debe ser
reemplazado por un gran gozo, y ese gozo será universal en todo Israel. El lenguaje y el tono
encajarían con el anuncio del nacimiento de un nuevo emperador, y eso es exactamente lo
que es, pero que se extiende mucho más allá de los límites del Imperio Romano o incluso
del primer siglo. Este será el Rey de reyes y Señor de señores.
Hay un gran énfasis en el hecho de que “hoy en la ciudad de David te ha nacido un
Salvador” (2:11). La palabra “hoy” (véase 4:21; 5:26; 19:9; 23:43) enfatiza el hecho de que
es en este mismo día, pero también que este es el punto de inflexión de las edades, cuando
todo el “ayer” se han cumplido y se ha inaugurado la era del nuevo pacto. El “pueblo de
David” (de nuevo, Belén en lugar de Jerusalén) anuncia además que esta es la nueva era
mesiánica que se inicia en cumplimiento de Miqueas 5:2.
Además, significa la venida del “Salvador” de acuerdo con su nombre, Jesús (véase 1:31).
Él es quien librará al pueblo de sus pecados. Este Salvador es a la vez “Cristo y Señor”, tanto
el Mesías como el Señor cósmico de todos. Dios es Salvador en 1:47, y Jesús participa de
ambos aspectos de la naturaleza de Dios, como Salvador y Señor. Este es un lenguaje único
aquí (literalmente, “un Salvador que es Cristo el Señor”), que no se encuentra en ningún
otro lugar del Nuevo Testamento, y ¡es increíblemente alto en cristología para un anuncio
de nacimiento!
El aspecto final del anuncio angelical (2:12) les da a los pastores “una señal”, basándose
en un precedente bíblico (Éxodo 3:12; 1 Sa. 2:34; Is. 37:30), que confirmará la realidad de
una verdad. Cuando lleguen a Belén, encontrarán un bebé (brephos) o un bebé recién
nacido, y este bebé estará “envuelto en paños y acostado en un pesebre”. Podrá
identificarse con ellos en su humildad y ayudarlos a salir de su humilde estado. La
incongruencia de la seguridad (las telas) y las circunstancias humildes (un comedero para
animales) proporciona confirmación para aquellos que podrían apreciar tal paradoja.
El estribillo para la escena de adoración es provisto por el coro celestial (2:13–14). En el
Antiguo Testamento, la “hueste celestial” también se refiere a los ejércitos del cielo que
rodean a Dios para adorar y ayudar a su pueblo (1 Reyes 22:19; Jer. 19:13). El contraste con
Roma se encuentra en cada punto de este pasaje. Los ejércitos de Roma controlaban el
mundo, pero con la espada, no las “buenas noticias”, y se enorgullecían de haber
establecido la Pax Romana, su versión de la paz, lo que significaba hacer exactamente lo
que los romanos te dicen que hagas. Aquí el himno angelical comenzó con “Gloria a Dios en
las alturas”, el recordatorio de que el verdadero esplendor y gloria no es una cosa terrenal
centrada en la llamada gloria de César, sino una realidad celestial centrada en el Altísimo
Dios (hypsistos, 1:32, 35, 76). Aquí el mismo término es “el cielo más alto”, la habitación del
Dios Altísimo.
La segunda mitad del canto de alabanza detalla lo que el cielo más alto está haciendo
por la tierra: traer “paz a aquellos en quienes descansa su favor”. Nuevamente, esta no es
la falsa paz de los romanos, que no es más que sumisión total a su voluntad, sino la
verdadera paz, esa completa tranquilidad con Dios que produce la misma paz con las
personas que nos rodean. Esta es la paz “para aquellos” en quienes descansa su favor
[eudokias] “, entendido por la mayoría como que son elegidos por Dios y bajo su favor
(como en 12:32). La idea de las bendiciones mesiánicas para los seguidores de Cristo fluye
a través de las narraciones de la infancia.
La adoración del Niño Cristo (2:15–20)
La hueste celestial que regresó al cielo, los pastores se quedan reflexionando sobre qué
hacer en respuesta al mensaje de los ángeles. Entonces deciden hacer tres cosas: van a
Belén, ven al bebé y les cuentan a todos lo que pasó en los campos de ovejas. La clave de
todo es su comprensión de que “el Señor nos ha contado sobre” el evento del nacimiento
y su significado. Difícilmente podrían ignorar algo tan importante como eso o quedarse
callados al respecto. Si podemos volvernos locos por una victoria de la Serie Mundial o un
campeonato de la NBA, ¿qué tan emocionados deberíamos estar por la venida del Mesías
de Dios? Los ángeles no les dijeron que tenían que ir, pero eso no importó. Tenían que ir, y
con la mayor “prisa” posible, porque acababan de participar en el mayor evento de la
historia hasta el momento.
Cuando llegaron, “encontraron a María y José, y al bebé, que yacía en el pesebre” (2:16).
Ahora toman el lugar de los ángeles y proclaman a todos y cada uno “la palabra acerca de
lo que se les había dicho sobre de este niño” (2:17). Como María, creen lo que los ángeles
les han dicho y responden inmediatamente a su mensaje urgente: el Mesías ha venido; ¡Él
está aquí! Es la escena perfecta: María, José y el niño Cristo juntos en la habitación de
invitados. Los pastores les dijeron a todos los que conocieron lo que les había sucedido y lo
que les habían contado. Esto es evangelismo en su mejor momento; el primer equipo
misionero en toda la historia acaba de hacer su aparición
El resultado es tal como se esperaba: “todos los que lo escucharon se asombraron de lo
que los pastores les dijeron” (2:18). Los siguientes dos versículos se complementan entre sí
con la reacción corporativa de los espectadores y la reacción privada de María misma. Todos
los que escuchan su historia están llenos de asombro, como es el caso en muchos de estos
episodios (1:21, 63; 2:18, 33). Están asombrados por las implicaciones que tenía para todos
ellos, pero no van más allá. Nunca más volvemos a saber de ellos, y no sabemos cuántos se
convirtieron en seguidores. La única excepción son los pastores (ver v. 20 a continuación),
pero no escuchamos nada de la gente del pueblo (que se convertirá en la “multitud” más
tarde en Lucas). El mensaje para nosotros es que la emoción y la maravilla no son
suficientes. Demasiadas iglesias en nuestros días optan por lo espectacular e intentan
entretener a las personas más que tocar sus vidas. Esto es un gran error.
La respuesta de María (2:19) tiene una reacción más profunda, con una seria reflexión
y meditación continua en su vida. Esta es la respuesta adecuada, y ella es el modelo de
discipulado, ya que “atesoraba todas estas cosas y las meditaba en su corazón”. El tiempo
imperfecto synetērei (atesorado) y el participio presente symballousa (meditaba) enfatizan
la naturaleza continua de su meditación en los eventos separados como un todo
divinamente sancionado. En cierto sentido, se convierte en la teóloga sistemática de los
eventos del nacimiento, ya que se encuentra tanto emocionada como meditativa sobre
ellos.
Los pastores también habían alcanzado una profunda fe y comprensión de lo que
acababan de ver (2:20). Regresaron a sus rebaños y a sus verdaderos creyentes y seguidores
y continuaron su trabajo virtualmente evangelístico, “glorificando y alabando a Dios por
todas las cosas que habían escuchado y visto”. Lo que realmente los asombró fue que todas
estas cosas increíbles ocurrieron “tal como se les había dicho”. Cada cosa que los ángeles
les habían dicho se hizo realidad, y casi se puede ver sus ojos brillantes y grandes de
emoción mientras le contaban a la gente todo esto por mucho tiempo. Los dos términos
aquí, “gloria” y “alabanza”, han sido conceptos centrales en estos dos capítulos, por lo que
este versículo funciona como un resumen virtual de la atmósfera a lo largo de las
narraciones de la infancia. La suya también será nuestra respuesta, porque la gloria de la
venida del niño Cristo todavía nos abruma. Para muchos de nosotros, la Navidad es nuestra
época favorita del año, pero la gloria de Cristo mismo es el verdadero punto culminante de
la temporada navideña, mucho más que las luces y los adornos navideños junto a otros
elementos brillantes y ruidosos, aunque resulten muy divertidos. Debemos combinar el
asombro del versículo 18 con la alabanza del versículo 20. María y los pastores nos muestran
la reacción verdadera y adecuada al evento de Cristo.
Jesús es presentado en el templo (2:21–40)
La historia del nacimiento de Jesús se centra mucho más en obedecer la ley que en obedecer
a Roma. (La ley se menciona tres veces en los versículos 22–24.) La observancia de la Torá
es crucial (vv. 22, 39), por lo que siete días después de su nacimiento, el niño Jesús es
circuncidado (2:21). Al mismo tiempo, María estuvo inmunda durante siete días, y eso
también terminó en la circuncisión de Jesús. Aun así, debía quedarse en casa hasta el
cuadragésimo día, cuando ofrecería sacrificios por su purificación y presentaría a Jesús en
el templo. Se combinan dos ceremonias, la purificación de María y la presentación del
primogénito al Señor. Al mismo tiempo, el lugar de Juan en la narrativa ha terminado; él no
aparece en el segundo capítulo. El Mesías ha llegado, y toda la atención está en él.
La circuncisión y el nombramiento del bebé (2:21)
Paralelamente al nombramiento de Juan en 1:59–63, Jesús también es circuncidado en el
octavo día y nombrado, como se ordena en Génesis 17:12; 21:4; Levítico 12:3. La
circuncisión significaba que ahora eran una de las personas del pacto, Israel, y el
nombramiento le dio a los bebés su sentido del destino y el llamado de Dios. La elección de
un nombre abarcaba las esperanzas de los padres para el niño. Esta sección/evento/etc.
funciona como la conclusión de la historia del nacimiento y se prepara para la presentación
de Jesús en el templo. El destino de Jesús ha sido claro desde el principio: él es Jesús,
Salvador y Señor, como Gabriel había dicho en 1:31. Esto guiará el resto de la historia de
Jesús contada por Lucas. Jesús cumplirá y completará su destino de Dios.
El viaje a Jerusalén (2:22–24)
María esperó hasta el cuadragésimo día, como lo requería la ley (Lev. 12:1–6), y luego
viajaron a Jerusalén para el rito de purificación. Estos versículos están organizados en forma
de quiasmo alrededor de las dos ceremonias:
A. Purificación (22a)
B. Presentación de Jesús (22b)
B′. Base bíblica de la presentación (23)
A′. Base bíblica de la purificación (24)
Aunque la ceremonia de purificación se centra solo en la madre, Lucas la llama “su
purificación” (omitida por la NVI) para enfatizar que lo hicieron como familia. También
decidieron combinarlo con la presentación de Jesús como el primogénito, basado en Éxodo
3:2, 12, 15, como se cita en el versículo 23.
La ceremonia de purificación implicó la ofrenda de “un par de palomas o dos palomas
jóvenes” (2:24; de Lv. 12:8). Eran una familia pobre y no podían darse el lujo de sacrificar
un cordero. Sin embargo, Lucas no dice nada sobre el pago redentor de Números 18:16
(cinco shekels), y algunos piensan que esto significa que Jesús está siendo equiparado con
Samuel como ya santo y consagrado al Señor, no necesita ser “redimido” para toda la vida.
Esto es bastante viable y por lo tanto enfatiza la naturaleza sagrada de Jesús y su
consagración a Dios. Es parte de su propia naturaleza, y sus padres reconocen ese hecho al
no pagar el precio de redención.
Lucas presenta a José y a María observando fielmente la ley, siguiendo fielmente sus
preceptos y siendo muy piadosos y obedientes al Señor.
El testigo de Simeón (2:25–35)
Dos figuras de tipo profético están en el centro de este episodio, Simeón y Ana. Se lo
describe como “justo y devoto”, como Zacarías y Elisabet (1:6). Es probable que sea un laico,
aunque la tradición posterior lo etiquetó como sacerdote de 112 años (Evangelio del
Pseudo-Mateo 15:2). No sabemos su edad, pero él habla de su disposición a morir (v. 29),
por lo que probablemente era anciano. Lo principal es su profunda piedad y su naturaleza
llena del Espíritu.
El sello distintivo de su condición espiritual es su profunda esperanza, “esperando el
consuelo [paraklēsis] de Israel”. La restauración de la nación y la derrota de sus enemigos
es una característica de Isaías (40:1; 49:13; 51:3; 61:2; 66:13). Este consuelo debía ser
realizado por el Siervo de Yahveh (Is. 52–53), y no tendría lugar hasta que el Mesías llegara
e instituyera la era mesiánica. Así que Simeón estaba esperando especialmente que
apareciera el niño Cristo y pensó que ese día ya había llegado.
También fue un profeta lleno del Espíritu. “El Espíritu Santo estaba sobre él” es
probablemente una declaración general, pero la inspiración del Espíritu se relaciona
completamente con la importancia de que este niño sea presentado al Señor. Este es el
tema de 2:26–27. Primero, el Espíritu le había “revelado” que “no moriría antes de haber
visto al Mesías del Señor”, el único que realmente restauraría a Israel. Esta promesa había
llegado en algún momento en el pasado y había definido su vida, haciendo posible su
regreso a casa para estar con el Señor.
La implicación es que Simeón había estado esperando este día durante mucho tiempo,
posiblemente años. Su venida al templo este día fue instituida no por él sino por el Espíritu
Santo. Uno solo puede adivinar la anticipación y la emoción que sintió cuando atravesó las
puertas del templo, sabiendo que el Espíritu le iba a mostrar momentáneamente al niño
Cristo. Estaba esperando cuando llegaran José y María, y sin duda el Espíritu le reveló en
ese mismo momento que ellos eran los que esperaba.
A medida que la pareja sagrada avanza por el atrio de los gentiles hasta el atrio de
mujeres (María no pudo ir más lejos), son interceptados por un hombre muy emocionado
con un aire profético sobre él. Probablemente no sea un sacerdote, pero realiza un acto
sacerdotal mientras toma al bebé en sus brazos y derrama su agradecimiento y alabanza a
Dios en su nombre. Los padres están haciendo mucho más que simplemente presentar a su
hijo a Dios. Están iniciando una secuencia mesiánica que significará la restauración de Israel,
de hecho, de toda la humanidad.
Él pronuncia el tercer himno de esta narración, llamado Nunc Dimittis (de nuevo, las
palabras iniciales de este pasaje en la Vulgata latina). Se compone de tres coplas (vv. 29,
30–31, 32) centradas en (1) acción de gracias por cumplir la promesa, (2) acción de gracias
por la salvación que ha llegado y (3) acción de gracias por las connotaciones universales del
consuelo.
El elogio se ofrece al “Señor Soberano”, que es despotēs o “Maestro”, consigo mismo
como el “siervo” de su Señor. Dios es el soberano únicamente a cargo, y Simeón se lo ha
cedido todo. Dios le había prometido a Simeón que vería al Mesías antes de morir, y que así
comenzaría la restauración de la nación. Esa promesa ya se había cumplido, por lo que está
“ahora” listo para ser “despedido” o “liberado en paz”, un eufemismo de muerte (Génesis
15:15; Números 20:29). Su tarea profética ahora está completa y su vida cumplida, por lo
que está listo para partir. Muchos lo han imaginado como un centinela o vigilante que ahora
ha cumplido con su deber y anunció la llegada del libertador.
El segundo pareado (2:30–31) celebra la “salvación” o “consuelo” que ha llegado ahora.
Hay un doble significado en “mis ojos han visto tu salvación”, ya que el nombre del bebé,
Jesús, significa “Yahveh salva”. Simeón ha visto físicamente a Jesús/salvación, y al hacerlo,
ha visto espiritualmente la salvación de Dios llegar a este mundo. Es el niño Jesús quien
traerá esta salvación y restaurará a Israel a su destino previsto (aunque será principalmente
el nuevo Israel quien experimente “el consuelo de Israel”).
Dios ha “preparado” esta salvación “a la vista de todas las naciones”. La idea de ver la
salvación de Dios preparada ante las naciones proviene de Isaías 40:3–5 (citado en Lucas
3:4–6) y se repite en Isaías 52:10, “todos los confines de la tierra verán la salvación de
nuestro Dios”. La frase real es “delante de todo el pueblo” y extiende el “consuelo de Israel”
original de Simeón en una promesa universal para toda la gente de la tierra, no solo para
los judíos. Toda la humanidad está incluida en la nueva era de salvación inaugurada por la
venida del Mesías, y el pacto abrahámico (Génesis 12:3) ahora también se cumplirá.
Estas connotaciones universales son el tema del tercer pareado (2:32), que amplía el
significado de “preparado [para] todas las naciones”. Esta salvación mesiánica (2:30) unirá
a las naciones dispares que ahora están en enemistad entre sí, en particular los gentiles y
los judíos. La salvación de Dios es el único antídoto contra los prejuicios raciales que
funcionará. Este, de hecho, es un tema principal en Isaías, los efectos universales de la
salvación de Dios en todas las naciones de la tierra, ya que el Mesías debe traer (e Israel
participará) “una luz para los gentiles, para que mi salvación alcance hasta los confines de
la tierra” (Is. 49:6; véase también 42:6; 51:4–5). En el himno de Zacarías (1:78–79), el Mesías
trae el nuevo amanecer de Dios a las naciones para que brille su luz sobre la oscuridad de
la humanidad pecadora y traiga la paz de Dios.
Esta luz que ilumina a los gentiles es al mismo tiempo “la gloria de tu pueblo Israel”. El
pueblo del pacto de Dios compartirá su gloria a través de la venida del Mesías. Aquí está
verdaderamente el “consuelo de Israel” que fue el foco de la esperanza de Simeón (2:25).
Desde el momento mismo del pacto abrahámico, Israel estaba destinado a ser el canal de
la bendición de Dios para las naciones (Génesis 12:2; 18:18; 22:18; 26:4; 28:14). Entonces,
Israel no solo estaba destinado a compartir la gloria de Dios, sino también a ser el medio
por el cual fue compartido con las naciones.
José y María están llenos de asombro por todo lo que se dice (2:33), continuando el
asombro que caracteriza a todos los que entran en contacto con el niño Jesús (1:21, 63;
2:18, 33, 47; ver también 4:22; 8:25; 9:43). María sabía del destino de Jesús desde el
principio a través del mensaje de Gabriel (1:28–33), pero escuchar los detalles y darse
cuenta más a fondo de todo lo que esto implicaba sería abrumador. Todos compartimos
esa maravilla y asombro. Incluso después de dos mil años, nunca pasa de moda.
Sin embargo, Simeón no ha concluido. Hay un lado negativo en la venida del Mesías
(2:34–35). El Espíritu le ha revelado el rechazo y la oposición que enfrentará el Mesías
cuando cambie la historia de la salvación. La imagen de los israelitas “cayendo y
levantándose” probablemente proviene de la “piedra de tropiezo” en Isaías 8:14 y 28:16
que hará que muchos caigan. Esta imagen mesiánica muestra al Siervo de Yahveh forzando
a todos en Israel a tomar partido, resultando en un fracaso espiritual y en una victoria. La
apostasía de la nación fue un problema continuo a lo largo de la historia de Israel, y no sería
diferente en la era mesiánica.
De esta manera, Jesús el Cristo será “una señal contra la cual se hablará”,
probablemente basándose en Isaías 8:18, donde Isaías y sus hijos se convierten en signos
de rechazo y juicio a una nación apóstata para llamarlo de regreso a Dios. En todo esto, la
señal es la fidelidad de Dios a pesar del juicio. Aun así, muchos en Israel “hablarán en contra”
o rechazarán la señal y se alejarán del Mesías de Dios. Esa es la profecía aquí. Jesús no solo
es el Salvador sino también el Siervo Sufriente.
El versículo 35 tiene dos partes. La primera mitad continúa describiendo el ministerio
de Jesús a la nación de Israel cuando revela “los pensamientos de muchos corazones”, es
decir, obliga a las personas a tomar una decisión de fe que les traerá victoria o derrota
espiritual. No habrá neutralidad cuando nos encontremos con Jesús, y tampoco habrá
simulacros hipócritas cuando no estemos bien con Dios. Los corazones de todos serán
evidentes. Esta será la obra del Espíritu cuando convenza a cada persona (Juan 16:8–11).
La segunda mitad se centra en los efectos personales que todo esto tendrá sobre la
propia María: “Una espada también perforará tu propia alma”. Esto se refiere más
naturalmente a sus muchos dolores, especialmente al estar presente en la crucifixión de su
hijo (Juan 19:25–27). Sin embargo, a menudo se han llevado a cabo otras interpretaciones,
como una referencia a sus propias dudas personales, su rechazo y persecución como
seguidora de Cristo, las pruebas personales y las dificultades que soportó, su dolor al ver
todo lo que su hijo y sus seguidores experimentaron. La comprensión más natural es
probablemente la mejor, que se refiere a su vida de tristeza y dolor no solo como la madre
de Jesús sino también como una seguidora de Cristo. Todo esto culminó en la cruz. Entonces
ella es el arquetipo de los fieles seguidores que experimentan “participación en sus
sufrimientos” (Filipenses 3:10).
El testimonio de Ana a Jesús (2:36–38)
El segundo testimonio profético es provisto por Ana, una anciana que había enviudado
apenas siete años después de su matrimonio y luego vivió ochenta y cuatro años más. Si se
hubiera casado a los catorce años (la edad normal), ahora tendría 105 años, la misma edad
que Judith en la tradición judía (Judith 16:23). También es considerada una profetisa como
Miriam (Éxodo 15:20), Débora (Jueces 4:4), Huldah (2 Reyes 22:14), la esposa de Isaías
(Isaías 8:3) o las hijas de Felipe (Hechos 21:9) Esto significa que ella también fue inspirada
por el Espíritu como Simeón (2:25).
Ella pasaba todo su tiempo adorando en el templo. El texto dice: “Ella nunca abandonó
el templo, sino que adoraba día y noche”, pero es dudoso que leamos esto literalmente y
signifique que dormía y comía en el templo, probablemente viviendo en una habitación
libre del templo (permitido a veces). Más bien, es un eufemismo para la adoración
constante, que también es paralela a Judith, una viuda que estaba constantemente en el
templo (Judith 8:1–8; 11:17). Entonces, ella, como María, también es un modelo del
seguidor fiel. La mención del ayuno constante, así como la oración, muestra la profundidad
de su compromiso con las necesidades espirituales de la nación. En todos los aspectos de la
vida judía, los trabajadores como los pastores, sacerdotes y profetas, hombres y mujeres
piadosos de todo tipo, se regocijaron con la venida del Mesías de Dios.
En el versículo 38, ella se une a los demás, especialmente a los pastores y Simeón, dando
gracias a Dios y testificando “a todos los que esperaban la redención de Jerusalén”. Esto se
deriva de Isaías 52:9 y es paralelo al “consuelo de Israel” de Simeón (2:25). No hace falta
decir que la redención de Jerusalén significa la salvación que viene solo a través de Jesús el
Mesías. Ana culmina la lista de aquellos en estos capítulos que celebran la nueva era de
salvación que el niño Cristo trae consigo.
Conclusión: Regreso a Galilea y la maduración de Jesús (2:39–40)
La infancia de Jesús y los años hasta la edad adulta se tratan en un breve comentario. La
familia permanece fiel a la Torá en todo momento, permaneciendo en Jerusalén el tiempo
que sea necesario para hacer “todo lo que exige la Ley del Señor”. El punto es la educación
piadosa de Jesús por parte de sus padres. Cuando terminó ese deber, regresaron a su ciudad
natal de Nazaret en Galilea, y Jesús fue llevado allí como hijo del carpintero, y luego cuando
José murió, como el carpintero del pueblo (Marcos 6:3). Lucas no dice nada sobre el
material de Mateo, como los magos, la matanza de inocentes por parte de Herodes, y la
huida a Egipto, no porque no los conociera, sino porque no encajaban con sus propósitos
aquí. Su atención está totalmente en los testigos del significado del niño Cristo.
El versículo 40 cubre al menos los siguientes treinta años de la vida de Jesús hasta que
comience su ministerio público y su obra mesiánica. Hay tres aspectos para el crecimiento
de Jesús. Primero, físicamente “creció y se hizo fuerte”, lo que significa un desarrollo normal
de bebé a niño y luego hasta la madurez. Los segundos dos se relacionan con el lado
espiritual. Estaba “lleno de sabiduría”, en relación con su conocimiento de los caminos de
Dios y su habilidad para usar ese conocimiento al vivir para Dios. Como lleno de sabiduría,
entonces, “la gracia de Dios estaba sobre él”. En esto él es como su madre, quien fue
“altamente favorecida” por el Señor (1:28, 30). Esta sabiduría y gracia serán características
de Jesús por el resto de su vida y se mostrarán claramente en las narraciones de este
Evangelio. Sus primeros treinta años de vida fueron la preparación perfecta para su
ministerio mesiánico extraordinario en los últimos años de su vida.
Jesús va al templo a los doce años (2:41–52)
Muchos creen que este episodio es una leyenda ficticia inspirada en historias similares
sobre grandes hombres como Moisés, Ciro, Alejandro y Buda. Pero es mucho más
moderado en comparación con creaciones legendarias, sin milagros ni grandes obras. Tiene
todas las características de un hilo histórico. Lucas tiene la intención de que sirva como una
ilustración de la increíble sabiduría y el favor de Jesús con Dios como se encuentra en el
versículo 40. Ejemplifica la estrecha relación entre Jesús y su Padre que caracterizó su
adolescencia. También vemos que María continúa “reflexionando” sobre quién es Jesús
(2:51; compárese con 2:19). Este es el primer contacto entre Jesús y los funcionarios del
templo. Este primero es bastante positivo, pero pronto se volverá decididamente negativo.
El escenario (2:41–42)
La Pascua era uno de los tres festivales de peregrinación (con Pentecostés y Tabernáculos),
y se esperaba que judíos piadosos como la familia de Jesús asistieran a uno de ellos cada
año (Éxodo 34:23 y Deuteronomio 16:16). Las mujeres y los niños no estaban obligados a
hacer el viaje, por lo que esto demostró cuán fieles eran. Además, su familia lo hizo casi
todos los años, y esta historia proviene del festival cuando Jesús tenía doce años, al borde
de la edad adulta (que comenzó a los trece años). Fue un viaje de ochenta millas, que habría
tomado más de tres días, por lo que el viaje exigió un verdadero sacrificio.
Especialmente en la Pascua (el festival principal), Jerusalén aumentaría de una
población de aproximadamente setenta mil (Apocalipsis 11:13) a más de un cuarto de
millón, y la gente estaría en todas partes. Esto ayuda a explicar el caos que significó para
sus padres perder de vista a Jesús cuando comenzaron el viaje de regreso.
Jesús se pierde (2:43–45)
La familia permaneció en el festival los ocho días completos (combinados con la Fiesta de
Panes sin Levadura). Solo se les exigió que se quedaran los primeros dos días, así que
nuevamente, su piedad es encomiable. La práctica normal era viajar en una caravana para
protegerse de los bandidos en las carreteras. Entonces no extrañaron a Jesús,
probablemente pensando que estaba con “parientes y amigos” en el grupo. No se dieron
cuenta hasta esa primera noche de que no estaba con el grupo.
La gente ha especulado que Jesús o sus padres tuvieron la culpa de la situación, pero
tampoco es necesario. Jesús simplemente “se quedó en Jerusalén”, esperando que sus
padres lo entendieran. Indudablemente era un niño precoz y ya tenía una comprensión
profunda de la Torá. Normalmente, esto llevaría a un entrenamiento especial, tal vez, como
Pablo, convertirse en discípulo de un rabino principal cuando cumpliera trece años. Así que
casi seguramente esperaba que sus padres se dieran cuenta de esto cuando no estaba con
ellos.
Asombrando a los maestros en el templo (2:46–47)
A los padres de Jesús les llevó tres días encontrarlo: el primer día regresaba a Jerusalén, el
segundo lo buscaba y el tercero finalmente descubría dónde estaba. Algunos piensan que
esto tiene semejanza con la resurrección, pero eso es dudoso. Los paralelos simplemente
no están ahí. Está en los patios del templo sentado con los escribas y los rabinos y de manera
normal (así es como los rabinos enseñaban) entablando un diálogo con ellos.
Ha sido común pensar que Jesús fue aceptado como uno de los rabinos, tal vez incluso
diciéndoles una conferencia. Eso es exagerar lo que dice Lucas. Él tiene a Jesús entre los
maestros “escuchándolos y haciéndoles preguntas”. Su postura es la de discípulo en lugar
de maestro en este momento. El formato de preguntas y respuestas era en realidad el
método de enseñanza mediante el cual operaban los rabinos. Sin embargo, , la madurez y
el conocimiento que eran evidentes detrás de todo lo que dijo los “sorprendió”. Él ya mostró
su destreza en asuntos de Torá, y esto se hará evidente en el resto del Evangelio de Lucas,
por ejemplo, la forma en que vence a Satanás en 4:3–8. Por supuesto, no estamos
sorprendidos, porque él es el hombre de Dios y el intérprete final de la Torá. Pero aquí está,
doce años y ya maravillosamente lleno de sabiduría.
Corrigiendo a sus padres (2:48–50)
Después de tres días de preocupación y búsqueda, José y María están comprensiblemente
molestos y reprenden a Jesús como un niño desconsiderado: “Hijo, ¿por qué nos has tratado
así?” Al igual que con cualquier padre, su ansiedad había crecido y crecido a medida que los
días comenzaron a acumularse uno encima del otro. Jesús se sorprende de que incluso lo
estén “buscando”. Deberían haberlo sabido. María se había quejado, “Tu padre y yo hemos
estado buscando ansiosamente”, y él pregunta: “¿No sabías que tenía que estar en la casa
de mi padre?” Tenía dos padres, y si no estaba con el uno, deberían saber que estaría con
el otro, y en otro lugar que no fuera en su casa, el templo.
El griego en realidad dice: “Tenía que estar en donde mi Padre”, y tenemos que
proporcionar el término faltante en función del contexto. Entonces algunos han visto esto
como “el negocio de mi Padre” (KJV), refiriéndose directamente a su misión de Dios; y unos
pocos han interpretado esto “los maestros de mi padre”. Tampoco encaja bien, ya que sus
padres lo estaban buscando en lugares, y Jesús les estaba diciendo dónde deberían haberlo
buscado.
El énfasis en la respuesta de Jesús está en dei, “debe, tenía que ser”, la partícula de la
necesidad divina. Lucas a menudo usa este plan elegido por Dios para Jesús a medida que
se desarrolla su ministerio y misión (4:43; 9:22; 13:33; 17:25). Al borde de la masculinidad,
Jesús estaba comenzando su misión ordenada por Dios un poco antes y esperaba que sus
padres lo entendieran. Entonces, en cierto sentido, ambos empujes están presentes.
Deberían haber mirado en el templo, donde Jesús estaría iniciando su ministerio mesiánico.
El lenguaje de filiación en “mi padre” y en la “casa” implícita es profundo. Jesús es el
Mesías, pero mucho más que un Mesías. Él tiene una relación especial e increíblemente
profunda con su Padre que penetra todo lo que hace. Note los tres niveles aquí: Jesús
permaneció en el templo para iniciar su ministerio terrenal en el templo; esto implicaba una
sensación de su llamado mesiánico, lo que implicaba aquello que “debía” hacer para cumplir
con su cargo; y, sobre todo, tuvo que comenzar todo esto en la “casa de su padre”, como
parte de la respuesta de un hijo a la voluntad de su padre.
Sorprendentemente para Jesús, sus padres todavía “no entendieron” su explicación
(2:50). A pesar del mensaje de los ángeles en 1:32 y la explicación de Jesús aquí, todavía
experimentan la misma maravilla (v. 48) y confusión (v. 50) que todos los humanos.
Entonces esto es parte del proceso de aprendizaje de María. Mientras está confundida,
sabiamente no se rinde y se detiene allí, como veremos en 2:51. Lo que no entienden no es
solo por qué Jesús permaneció en Jerusalén, sino también la naturaleza de su misión
mesiánica tal como se los había explicado. Lucas quiere que sus lectores se den cuenta de
lo difícil que es incluso para las personas más cercanas a Jesús entender quién es y qué hace.
La clave es que nosotros, como María, necesitamos tiempo y debemos seguir reflexionando
y orando al Señor por sabiduría.
Conclusión: Regreso a casa y alcanzar la madurez (2:51–52)
De vuelta a casa en Nazaret, Lucas cubre las próximas dos décadas en dos versículos,
centrándose en María y luego en Jesús. Debido a la posibilidad de que algunos lectores
interpreten erróneamente las acciones de Jesús en Jerusalén como desobediencia, se
enfatiza su obediencia a sus padres. Incluso como el Hijo del Padre celestial, él no elude su
deber terrenal de ser sumiso a ellos también. Incluso existe la pista de que continuó
sometiéndose como adulto, ya que el comentario cubre todo el período antes de que Jesús
comenzara su ministerio terrenal cuando tenía poco más de treinta años.
Luego vemos que su madre continúa reflexionando y que “atesora todas estas cosas en
su corazón” (v. 51b, ver 2:19). Ella era verdaderamente una gigante espiritual y, a lo largo
de este Evangelio, es vista como el modelo perfecto del seguidor de Jesús y como su madre.
Si esto caracterizara a la propia María, ¿cuánto más debería verse en nosotros?
La descripción de Jesús en 2:52 repite la lista en 2:40 y enmarca el episodio de Jerusalén
con esta visión de su desarrollo tanto en el plano terrenal como en el celestial. Su
crecimiento físico, intelectual y espiritual fue fácilmente observable por todos los que
tuvieron contacto con él. De hecho, este versículo podría etiquetarse como el tema del
evento de Jerusalén. Su sabiduría sorprendió a los maestros, y el favor que recibió de todos
en el templo en ese momento era obvio. Esto también lleva al capítulo 4, cuando todo esto
sería puesto a prueba por Satanás.
La comparación de Juan con Jesús continúa en la narrativa del nacimiento. El nacimiento
de Juan fue solo un versículo largo (1:57), mientras que Jesús tiene veinte versículos y está
lleno de drama. Al principio, se enfatiza su humilde situación terrenal, ya que son una
familia insignificante que se somete a los romanos y viene a registrarse para el censo
romano en Belén. Sin embargo, allí es donde Dios glorifica su situación, porque al hacerlo
cumplen Miqueas 5:2 y traen al Mesías a este mundo. Lo que no es nada a los ojos de las
autoridades se convierte en el evento más significativo de la historia humana.
El nacimiento mismo tipifica la paradoja del cristianismo, que une a los modestos y
humildes (el pesebre, los pastores) con los grandes y gloriosos (la adoración del coro
angelical) para demostrar cómo Dios ha tomado las cosas insignificantes de la tierra (su
personas) y los elevó por encima de cualquier otra cosa terrenal. Las circunstancias del
nacimiento de Jesús son tan bajas como uno podría imaginar, y, sin embargo, todo el cielo
está agradecido por la majestuosidad de la escena. Esta es una imagen perfecta de quiénes
somos como seguidores de Cristo, los humildes de este mundo glorificados por el Hijo de
Dios.
Tenga en cuenta los tres niveles de respuesta al anuncio del nacimiento, desde la
profunda contemplación de María hasta el entusiasmo de los pastores al atestiguar con
asombro (pero pocos resultados) de la gente del pueblo. No es suficiente ser un simple
espectador en un evento importante. Debemos responder con cuidado y reflexionar
profundamente, permitiendo que el evento nos cambie. La gente del pueblo no tuvo una
reacción continua, y como resultado este evento estupendo al final dejó de tener sentido
para ellos, en detrimento de ellos.
La presentación de Jesús en el templo enfatiza la profunda piedad y la fiel observancia
de la Torá de José y María. Jesús tiene autoridad sobre la Torá y, sin embargo, se somete a
ella en su familia y en su vida. Los dos testigos proféticos aquí, Simeón y Ana, proporcionan
una perspectiva profética para el significado de todo esto. Simeón destaca los efectos del
nacimiento de Jesús para “el consuelo de Israel”, cuando el Mesías llegó y comenzaron los
últimos días. A través de su testimonio, queda claro el significado de todo lo que se nos ha
dicho. Ana repite lo que Simeón ha dicho, que con este niño ha llegado la redención de
Israel.
El incidente en Jerusalén (vv. 41–52) tipifica la adolescencia de Jesús y muestra cuán
preparado estaba para su misión y ministerio que aún estaban por venir. También
demuestra lo difícil que es comprender completamente a Jesús, incluso para sus padres. Si
alguien hubiera sabido, sería María. Pero ella está ciega, y Lucas quiere que nos
identifiquemos con ella y aprendamos a someter nuestras mentes y nuestros corazones a
Jesús y al Espíritu. Incluso a los doce años, sorprendió a los sabios rabinos de su época.
Debemos escucharlo y seguir su sabiduría tanto como María y José
PREPARACIÓN PARA EL MINISTERIO DE JESÚS (3:1–38)
Juan, como hemos visto, ha sido criado bajo la guía del Señor para ser el precursor
mesiánico. Este es el propósito de 3:1–4:13, para mostrar cómo el ministerio de Juan el
Bautista se preparó para la revelación y la iniciación del Mesías. En 3:1–20 proclama el
“camino del Señor” de Isaías y conduce un nuevo ministerio en la historia de la salvación,
“un bautismo de arrepentimiento para el perdón de los pecados” (3:3), revelando también
una nueva ética que demostrará esto. Luego bautiza a Jesús en el Jordán, comisionándolo
para su ministerio mesiánico (3:21–22). La genealogía de Jesús que sigue (3:23–38) remonta
sus orígenes a “Adán, el Hijo de Dios”, y muestra que él es realmente el Dios-hombre,
identificado tanto con toda la humanidad como especialmente con Dios mismo como “el
hijo de Dios.” Finalmente, las pruebas de Satanás en el desierto (4:1–13) muestran que Jesús
comienza su ministerio con un triunfo completo sobre los poderes del mal, derrotándolos
con el poder de la palabra de Dios.
Juan ministra en Galilea (3:1–20)
Las circunstancias históricas (3:1–2)
Lucas continúa su política de establecer eventos históricos clave de salvación como el
nacimiento de Jesús (2:1–2) y el ministerio de Juan el Bautista en el contexto de la historia
mundial. La salvación de Dios ha entrado en este mundo y en su historia, y él tiene el control
absoluto de ambos. Entonces, la palabra de Dios que viene a Juan en 3:2 es tan significativa
como el imperio creado por César Augusto y ahora vigilado por Tiberio César. Los eventos
que Lucas relata en su Evangelio fueron completamente ignorados por los gobernantes
mundiales enumerados aquí, pero tendrían mucho más impacto que cualquier cosa que
pudieran lograr.
El año “decimoquinto del reinado de Tiberio César” podría ser de su co-regencia con el
emperador Augusto en el 11/11 (por lo tanto, 26/27), pero generalmente se prefiere
calcular a partir de la fecha de la muerte de Augusto en el año 14 d.C., entonces en el 28/29
d.C. Esto colocaría la fecha del comienzo de los ministerios de Juan y Jesús en el año 28 d.C.,
con la muerte de Jesús en 30. Así que Jesús tendría unos treinta y cuatro años cuando
comenzó su ministerio.
El resto de los gobernantes nombrados eran gobernantes de regiones que Herodes el
Grande había gobernado anteriormente por su cuenta. Poncio Pilato fue en realidad el
menos significativo de estos como prefecto del territorio de Judea. Los prefectos eran
administradores financieros para recaudar impuestos y mantener la paz, y eran menos
importantes que los legados, militares que gobernaban el ejército romano. Herodes
Antipas, hijo de Herodes el Grande, fue tetrarca o gobernador regional de Galilea y Perea
desde el año 4 al 39. Felipe, el medio hermano de Antipas, gobernó Iturea y Traconite en el
área norte del lado este del Jordán. del año 4 al 34. Lisanias, una figura sin importancia
gobernó a Abilinia, un territorio al noroeste de Damasco, pero prácticamente no sabemos
nada de él. Lucas menciona todo esto para ubicar los ministerios de Juan y Jesús
históricamente. El hecho mismo de que prácticamente ninguno de nosotros, lectores de
hoy en día, podamos organizar todos estos nombres y territorios en nuestras mentes es
exactamente el punto: todos están eclipsados por lo que Dios va a hacer en los años
siguientes a través de estos dos, Juan y Jesús.
Después de situar la acción en el mundo romano, la sitúa en el mundo judío, “durante
el sumo sacerdocio de Anás y Caifás”. Solo había un sumo sacerdote a la vez, y él debía
ocupar ese puesto de por vida. Entonces algo está mal con esta afirmación, porque Lucas
usa el singular “sumo sacerdote” y luego los nombra a ambos. Esto se había convertido en
una posición política, designada por y bajo el control de los romanos. Anás fue en realidad
sumo sacerdote del 6 al 15 d.C. y su yerno Caifás del 18 al 36 d.C. Ambos fueron depuestos
por los romanos cuando cayeron en desgracia. Además, Anás estableció una dinastía, con
cinco hijos que sirvieron como sumo sacerdote en diferentes momentos. Es Anás quien
interroga a Jesús en su juicio en Juan 18, y Caifás en los otros Evangelios. En realidad, Jesús
fue llevado primero a Anás para preguntas preliminares y luego llevado a Caifás para el
juicio del Sanedrín.
El punto es el mismo con la lista de gobernantes romanos y judíos. Juan entró en un
mundo bajo el control de las fuerzas seculares (incluidos los líderes judíos) que tenían todo
el poder. Pero “la palabra de Dios vino [no a ellos sino] a Juan”. Juan y Jesús cambiarían el
mundo, y todos estos otros no serían más que notas al pie de la historia. Esto es rhēma
theou en lugar de logos, y no se refiere al contenido evangélico o bíblico, sino a un mandato
o mensaje específico dado por Dios, aquí la comisión de Juan a su ministerio profético. Juan
no es rabino ni escriba, sino un profeta que proclama el mensaje de Dios a su pueblo.
La palabra le llegó “en el desierto”, donde Juan se había estado preparando para su
ministerio (1:80). El desierto de Judea no es una tierra desértica seca, sino una región
escasamente poblada donde Juan había ido a prepararse aislado, solo él y Dios. Se estaba
modelando deliberadamente a sí mismo a partir de Elías y otros profetas salvajes
(compárese con 2 Reyes 2:4–11). Marcos enfatiza esto cuando describe a Juan usando “ropa
hecha de pelo de camello, con un cinturón de cuero… [comiendo] langostas y miel salvaje”,
en paralelo a Elías en 2 Reyes 1:8 (Marcos 1:6). Además, esto se basa en el lado positivo de
la experiencia de Israel en el desierto cuando Dios los redimió de la esclavitud en Egipto y
los llevó a la tierra prometida, estableciendo así el patrón para la restauración del pueblo
de Dios en el regreso del exilio y ahora a través de la venida del Mesías.
El ministerio de Juan (3:3)
El ministerio de Juan comenzó en la región de Jordania y fue principalmente un ministerio
de predicación profética, y el bautismo fue una parábola profética para ilustrar la necesidad
de la limpieza espiritual. El suyo fue un llamado al arrepentimiento similar al de Elías e Isaías,
diciéndole a la nación que se han alejado de Dios y que deben regresar a él para el perdón
de los pecados. Para Juan, la tristeza radical por el pecado y el arrepentimiento son el
camino hacia la renovación y la restauración. En los otros Evangelios, su bautismo es central,
mientras que aquí su predicación es central, y el bautismo es una metáfora para ilustrar el
mensaje de arrepentimiento.
El arrepentimiento en Lucas es un término importante para la salvación, que implica no
solo un cambio del pecado a Dios sino también un mandato ético para vivir el camino de
Dios (3:10–14). Los judíos tenían poca conciencia de la necesidad de arrepentirse. Para ellos,
el bautismo era simplemente una limpieza espiritual en un sentido general, porque eran el
pueblo del pacto y, por herencia nacional, básicamente con Dios. Entonces el bautismo de
Juan significaba que su judaísmo ya no era suficiente. El perdón de los pecados fue el
resultado judicial del arrepentimiento, y los judíos realmente no sentían que lo necesitaban.
Todo lo que tenían que hacer era realizar el rito externo de presentar sacrificios y ofrendas
para permanecer bien con Dios.
El bautismo de Juan era una entidad completamente nueva. Para los judíos significaba
una limpieza general de los detritos de la vida, permitiéndoles adorar en el templo. Para
Juan fue un arrepentimiento radical, un nuevo comienzo con Dios, y un evento de una sola
vez en lugar de un hecho diario. Hay una diferencia de opinión en cuanto a los antecedentes
del bautismo de Juan. (1) Algunos ven esto como los lavados judíos para limpieza, pero si
bien esto proporciona varios paralelos y un fondo más general, Juan está haciendo algo
más. (2) Varios eruditos lo ven como una emulación de la inmersión diaria de Qumran que
significa separación de los males de este mundo. Sin embargo, la de Juan era una iniciación
de una sola vez por a una nueva relación con Dios y mucho más que la práctica de Qumran.
(3) El bautismo prosélito judío también fue un evento de una sola vez y un rito de iniciación,
pero fue solo para gentiles, y hay algunas dudas sobre si existió tan temprano. La evidencia
más temprana de este rito es más tarde en el primer siglo.
La mayoría hoy en día cree que el bautismo de Juan era único para él, un rito ordenado
por Dios, para el cual usó a Juan. Como tal, significó la llegada de la era mesiánica y un nuevo
comienzo con Dios. Como un “bautismo de arrepentimiento para el perdón de los pecados”
fue sui generis, un fenómeno completamente nuevo. De modo que la elección de Juan del
bautismo por su metáfora generadora fue una decisión inspirada por el Espíritu y, sin duda,
bastante impactante para la mayoría de los judíos. Pero él era popular desde el principio, y
la gente acudía a él desde todas partes.
Prueba de Isaías (3:4–6)
Isaías 40:3–5 era bastante conocido entre los judíos en el primer siglo. También se usó en
Qumran (1QS 8:13–14) para justificar el estudio monástico de la comunidad sobre la Torá y
la separación del resto del judaísmo, considerándolos un pueblo apóstata y el templo una
abominación a Dios. También es el pasaje perfecto para los propósitos de Lucas, recogiendo
varios temas del material anterior: el desierto (1:80; 3:2–3), la preparación (1:16–17), el
camino del Señor (1:17, 76, 79; 2:31).
Lucas ve este pasaje cumplido en el ministerio de Juan el Bautista (al igual que los otros
escritores del Evangelio: Marcos 1:2–3; Mateo 3:1–4; Juan 1:23). La iglesia primitiva incluso
obtuvo su título para su movimiento de las palabras de Juan en este pasaje: el Camino
(Hechos 9:2; 19:9, 23; 22:4; 24:14, 22). Se veían a sí mismos como la secta mesiánica entre
los judíos, estableciendo el “camino” para encontrarse con Dios y encontrar la renovación.
Isaías 40 es el punto de inflexión de ese libro profético, pasando de la predicción del exilio
(39:5–6) a la promesa de Dios de “consolar” (40:1) y restaurar a su pueblo. Esto debía
lograrse en el regreso del exilio. En el nuevo pacto iniciado por Juan y Jesús, se lograría un
nuevo regreso del exilio, y el primer paso estaba teniendo lugar en el ministerio de
arrepentimiento de Juan el Bautista y su preparación para la venida de Jesús.
Juan mismo es la “voz que llora en el desierto”, cumplida en 1:80 y la preparación de
Juan en su estancia en el desierto. Puede que haya ido allí en primer lugar para cumplir este
texto, pero también deseaba revivir el ministerio en el desierto de Elías. Los judíos creían
que la renovación mesiánica final comenzaría en el desierto. “El camino para el Señor” se
ve aquí como el camino a Sion, el camino hacia el regreso mesiánico del exilio que solo
Cristo puede provocar. Esta es una metáfora de la construcción que representa a Juan
quitando obstáculos naturales que se interponen en el camino y producen obstáculos para
hacer las paces con Dios.
De hecho, este es el significado del versículo 5 (Is. 40:4), que describe cómo Dios
responderá a su pueblo y nivelará el terreno difícil, construyendo esa carretera hacia la
renovación mesiánica (véase Is. 57:14–17; 62:10) Este será un acto sobrenatural, ya que los
valles, montañas y caminos torcidos se suavizarán. El camino se construirá para que la
apóstata Jerusalén pueda convertirse en la piadosa Sion una vez más cuando venga el
Mesías. Este bien puede ser un camino de doble sentido. Primero, se despeja la carretera y
se construye para que el Rey de reyes venga a rescatar a su pueblo, y luego el pueblo de
Dios puede atravesar ese camino hacia la renovación y el avivamiento bajo su Señor.
Lucas se imagina la venida del Mesías para traer salvación o liberación a su pueblo. Esto
se encuentra en el resumen final, “Y todas las personas verán la salvación de Dios” (3:6).
Cuando Juan y los fieles despejan los obstáculos, el pueblo de Dios puede “ver” venir al
Mesías y “la salvación de Dios”, que trae consigo. El texto Masorético (el texto hebreo) de
Isaías 40:5 tiene “la gloria del Señor será revelada”. Lucas refleja la Septuaginta (el texto
griego) en su lugar. Algunos piensan que Lucas no vio la gloria de Dios en el ministerio
terrenal de Jesús, pero eso es dudoso. Lo más probable es que quisiera enfatizar la salvación
mesiánica que vino a través de Jesús. El énfasis está en “todas las personas”, que incluiría
tanto a los gentiles como a los judíos. Este es un mensaje primario de los dos volúmenes de
Lucas-Hechos, que en la venida de Jesús el pacto abrahámico (Génesis 12:3) finalmente se
cumpliría y la salvación sería traída a “todas las personas”. De hecho, así es como cierra
Hechos, citando Isaías 6:9–10 y luego diciendo: “La salvación de Dios ha sido enviada a los
gentiles, ¡y ellos escucharán!” (Hechos 28:26–28).
El ministerio de predicación de Juan (3:7–14)
La siguiente sección demuestra el contenido de la predicación de Juan, centrándose en la
renovación ética a la luz del inminente juicio divino sobre la nación. Comienza con bastante
dureza, llamando a sus oyentes “cría de víboras” (literalmente, “hijos de serpientes”) para
resaltar el mal destructivo (como la serpiente en el jardín en Génesis) que ha alcanzado a la
nación. Esta imagen se usa a menudo de los enemigos de Israel (Isaías 14:29; 59:5; Jer.
46:22), y usarla aquí del propio Israel es una reprensión poderosa. A menos que se realicen
cambios rápidos, se dirigen a la ira de Dios. Es hora de detener su complacencia y “huir” de
lo que se han convertido. No pueden escapar de “la ira venidera” simplemente siguiendo
los movimientos del sistema de sacrificios o incluso del bautismo sin arrepentimiento
verdadero. A lo largo de este pasaje, predomina el lenguaje del Día del Señor, cuando la ira
de Dios descenderá sobre una nación derrochadora. Es hora de prestar atención a las
advertencias.
La forma apropiada que debe tomar la renovación es primero el arrepentimiento del
versículo 3, y conducirá a “fruto acorde con el arrepentimiento” aquí (3:8). Es necesaria una
nueva ética centrada en Dios para demostrar que el avivamiento realmente ha tenido lugar,
demostrado por “frutos” concretos en sus vidas diarias. Además, deben dejar de confiar en
su herencia nacional, lo que significa la afirmación: “Tenemos a Abraham como nuestro
padre”. La ascendencia adecuada no los mantendrá alejados de la ira de Dios. Cuando uno
vive separado de Dios, la ascendencia ya no importa. Entonces Juan les advierte: “De estas
piedras Dios puede criar hijos para Abraham”. Dios determina quiénes son sus hijos, no la
herencia nacional. Esta imagen proviene de Isaías [Link] Abraham es “la roca de la que fuiste
cortado”. Eso ya no importa cuando la nación se ha vuelto apóstata.
Por lo tanto, se requiere advertencia, ya que “el hacha ya está en la raíz de los árboles”,
una poderosa amenaza de juicio inminente. Varios han etiquetado esta predicación de
“fuego y azufre”. La imagen es la de los árboles infructuosos que deben ser eliminados para
que los árboles buenos puedan crecer. Esto es similar a la metáfora de la vid y las ramas de
Juan 15:1–6, donde las ramas que han dejado de dar fruto son “recogidas, arrojadas al fuego
y quemadas” (15:6). Así que aquí cada árbol sin fruto “será cortado y arrojado al fuego”.
Estos son pasivos divinos; Dios el Divino Guerrero y Juez es la figura que balancea el hacha.
El árbol será destruido hasta sus raíces, con un juicio ardiente como la imagen bíblica
principal de la ira divina. La ira de Dios es una fuerza destructiva, y Dios exige no solo
adherencia verbal sino también un cambio de estilo de vida observable en la vida ética. Es
ser fructífero lo que cuenta.
Tres grupos son centrales en los versículos 10–14: las multitudes (vv. 10–11), los
recaudadores de impuestos (vv. 12–13) y los soldados (v. 14). Todos tienen la misma
respuesta de la advertencia del versículo 9: “¿Qué debemos hacer?” Este es el lado práctico
del arrepentimiento. Están aterrorizados por el juicio extremo que enfrentan y se dan
cuenta de que Juan ha dicho que el arrepentimiento debe verse en los resultados prácticos.
Cualquiera que se tomara en serio la advertencia tendría ante todo esta pregunta.
Juan responde que las multitudes deberían compartir sus posesiones con los menos
afortunados. La preocupación por las necesidades de los demás y la justicia social están en
el centro de la ética que Dios requiere. Las posesiones y la codicia por más son uno de los
mayores signos de una vida dedicada al pecado y al yo. El chiton era una especie de ropa
interior usada debajo del abrigo, y la imagen es que la otra persona no tiene nada para
cubrir su desnudez. La razón para usar dos es para protegerse del frío, y la demanda de Juan
es mantener las necesidades básicas y usar todo el exceso para ayudar a los demás. El
Bautista está usando la ropa como una ilustración de una mayor obligación, negarse a
centrarse en las posesiones materiales en general, y usar todo lo que poseemos para el
beneficio de los demás.
Permítanme intentar una regla de cobertura para la ética bíblica: todo lo que poseemos
es un regalo de Dios y se nos da principalmente para proporcionarnos un ministerio de
ayuda. Todas nuestras posesiones están destinadas a ser disfrutadas, pero ese placer es una
calle de doble sentido. Los recibimos de Dios, y en las palabras de Eclesiastés debemos
“comer y beber y encontrar satisfacción” al aceptarlos y usarlos como su regalo para
nosotros (Ec. 2:24). Eso es completamente válido, pero es el propósito menor.
Principalmente, nos está llamando a usar esas posesiones para mejorar la vida de quienes
nos rodean. Ese es el mayor disfrute, ser usado por Dios a través de las posesiones que nos
ha dado para mejorar la vida de otras personas. Debemos mantener en equilibrio esos dos
propósitos de nuestras posesiones mundanas, pero cuanto más Dios nos dé, más se debe
cambiar el equilibrio para dar limosna y ayudar a los demás. Nos encontraremos con este
principio una y otra vez en nuestro viaje a través de Lucas.
Los recaudadores de impuestos ahora acuden a Juan con la misma pregunta (vv. 12–
13). Su respuesta es bastante simple: “No recolecte más de lo que debe”. Roma no recaudó
impuestos, sino que otorgó el privilegio a los coleccionistas que ofertaron por la oficina y
luego recaudaron cantidades adicionales para obtener ganancias. Las tentaciones eran
enormes, y la gente generalmente llamaba “ladrones” a los recolectores (la mayoría de
ellos). En consecuencia, fueron uno de los grupos más despreciados en la tierra. Había dos
niveles de impuestos: el impuesto directo o de votación, la cantidad requerida por Roma
para cada adulto, y los impuestos indirectos como el impuesto a las ventas o los derechos
de aduana al comprar cosas. Ambos fueron objeto de abuso, por lo que Jesús les dice que
no defrauden al recaudar impuestos. Como veremos con Zaqueo en 19:1–10, los de arriba
podrían hacerse bastante ricos. Este es un llamado a la honestidad y la equidad.
La respuesta final proviene de una compañía de soldados (v. 14), en realidad
mercenarios judíos reclutados por Herodes Antipas (junto con los recaudadores de
impuestos, el grupo más despreciado en la tierra), ya que eran el arma espada del odiado
Imperio Romano. Raramente peleaban en nombre del pueblo judío, pero usaban su poder
para subyugarlos. A los soldados de infantería se les pagaba muy poco, por lo que
regularmente robaban a las personas para complementar sus ingresos. Roma permitió que
esto los mantuviera contentos con su bajo salario. La respuesta de Juan asume este
problema: “No extorsiones y no acuses a las personas falsamente, conténtate con tu paga”.
Estos fueron los dos medios por los que maltrataron a civiles, tomaron dinero y posesiones
a través de la espada, y por fraude (acusando falsamente para extorsionar).
El testimonio de Juan al Cristo (3:15–17)
La emoción y la confusión de las multitudes a la luz de la poderosa predicación de Juan es
completamente comprensible. El fervor mesiánico estaba en su punto más alto, y
naturalmente se preguntaban si él mismo era el elegido y no solo el precursor. A la luz de
la intimidación romana y el control extranjero, anhelaban un libertador que los redimiera
de esta terrible opresión. Su expectativa de espera fue más allá de los tiempos para la
persona que era prominente y proporcionó respuestas: ¿podría ser él? Sinceramente lo
esperaban, ¡cuanto antes mejor! Sin embargo, no estaban seguros, ya que Juan no había
hecho ningún movimiento en esa dirección.
Entonces, en 3:16–17, el Bautista deja las cosas claras. Utiliza su metáfora principal, el
bautismo, como medio para hacerlo, contrastando su bautismo en agua con el bautismo
del Espíritu que Jesús el Cristo traerá con él. Su práctica de inmersión con agua es
simplemente un tipo de la mayor inmersión en el Espíritu que viene. El énfasis está en su
sentimiento de indignidad absoluta para la tarea mesiánica.
“Alguien que es más poderoso que yo” es virtualmente un título que se refiere al
ministerio y la personalidad increíblemente superiores de Jesús (en los cuales véase 2 Sa.
22:33; Is. 11:2). Su “venida” no es una referencia a su nacimiento, sino al comienzo de su
ministerio mesiánico público. Juan dice que su ministerio es preparatorio, preparando el
camino para la llegada de Jesús. En comparación, él no es nada, ni siquiera apto para la
tarea más humilde de todas. Ni siquiera un esclavo podría ser obligado a desatar las correas
de una sandalia, ya que los zapatos de una persona recogían toda la suciedad y el polvo de
la vida y bajaban a cualquiera que lo hiciera. Entonces Juan dice que ni siquiera es digno de
ser el esclavo de Jesús.
El bautismo de Jesús también es extraordinariamente superior, porque él bautizará no
con agua sino “con el Espíritu Santo y fuego” (véase también Mateo 3:11). El bautismo en
el Espíritu Santo proviene de Isaías 11:2 (“El Espíritu del Señor descansará sobre él”);
Ezequiel 36:25–27 (“Pondré mi Espíritu en ti”); 39:29 (“derramaré mi espíritu”); y Joel 2:28
(“Derramaré mi Espíritu sobre todas las personas”). Esto espera el cumplimiento de estas
profecías en la venida del Espíritu para inaugurar la nueva era y en la entrada del Espíritu
en el creyente en la conversión (Ro. 8:14–17).
El agregado “y fuego” podría agregar la idea del Espíritu que purga al pueblo de Dios a
la salvación, basándose en Isaías 4:4–5 (la Rama mesiánica limpiará al pueblo) y Zacarías
13:9 (“refínalos como plata”). También podría agregar la imagen del juicio, con aquellos que
rechazan al Mesías y al Espíritu arrojados al viento como paja (Is. 41:16; Jer. 4:1–12; Ezequiel
13:11–13; Lucas 3:17). Es probable que ambos estén presentes, con la humanidad dividida
en aquellos que encuentran la salvación de Dios y son perfeccionados en el fuego
purificador, y aquellos que rechazan y son juzgados.
Estas imágenes se mejoran aún más en 3:17, la imagen de Cristo con la “bielda … en su
mano”, una horca utilizada para lanzar los granos de trigo al aire en el momento de la
cosecha, permitiendo que el viento sople (del juicio) la paja inútil. El grano bueno caerá al
suelo para ser recogido en el granero, mientras que “quemará la paja con fuego insaciable”.
Así, toda la humanidad se divide en los salvos y los no salvos en la Cosecha final, cuando
Cristo regrese, y las consecuencias son eternas. El énfasis no está solo en la destrucción de
la paja inútil sino también en la purga de los santos en la “era”, es decir, el proceso de
limpieza o purga de los santos para que sean “granos” puros.
Eventos finales (3:18–20)
Lucas concluye con una declaración sumaria (v. 18) y una nota histórica final (vv. 19–20) que
culmina el ministerio de Juan. Durante el resto del ministerio terrenal de Juan, cumplió el
doble deber de exhortar al pueblo judío y proclamarles las buenas nuevas. La exhortación
fue principalmente una amonestación y advertencia, porque Juan vio que la nación se
desintegraba en la gente de la época de Isaías y Elías. Tenía que advertirles de un juicio
inminente, pero también “les proclamó el evangelio” (euangelizetō). Este es exactamente
el objetivo de la predicación del evangelio en nuestros días. Necesitamos tantos Juanes
como podamos encontrar en nuestro mundo, porque esta combinación de advertencia y
promesa siempre se necesita desesperadamente.
La historia de cómo terminó su ministerio con el pueblo judío se trata mucho antes aquí
que en los demás (Mateo 14:3–4; Marcos 6:17–18). Lucas deseaba mostrar que el ministerio
de Juan el Bautista terminó justo antes de que Jesús comenzara. Está un poco fuera de
orden, ya que el bautismo de Jesús ocurrió claramente antes de que Juan fuera arrestado.
Pero su mensaje es correcto, en cualquier caso. Marcos 1:14 hace eco del punto: “Después
de que Juan fue encarcelado, Jesús entró en Galilea, proclamando las buenas nuevas de
Dios”. El conjunto de comparaciones de Lucas está completo: Juan conduce a Jesús en el
anuncio del nacimiento, en el nacimiento mismo y ahora en sus ministerios. Juan es de
hecho el precursor mesiánico.
Lucas cuenta la historia simplemente, sin todos los detalles de Marcos 6:14–29 o Mateo
14:1–12. Juan nuevamente revive la historia de Elías, esta vez en su oposición a los actos
malvados de Acab y Jezabel (1 Reyes 21:1–28). Se enfrenta a Herodes Antipas, tetrarca de
Galilea, por su relación adúltera y matrimonio de Herodías, ex esposa de su medio hermano
Felipe. Entonces fue tanto el adulterio como el incesto (Lv. 18:16; 20:21). Luego, Lucas
agrega una nota que no está en Marcos o Mateo, que también condenó a Herodes por
“todas las otras cosas malas que había hecho”. Como su oposición era pública, se convirtió
en una verdadera amenaza para Herodes y, como resultado, Herodes “encerró a Juan en la
cárcel” y finalmente lo decapitó. Este es el mismo Herodes que cuestiona a Jesús durante
su juicio ante Pilato (23:7–12), por lo que su carrera es conocida principalmente por su
oposición a todo lo cristiano. Al igual que Pilato, está muy eclipsado por los mismos sobre
quienes tiene poder terrenal.
Jesús es bautizado (3:21–22)
Las siguientes dos secciones (el bautismo y la genealogía) fluyen juntas al centrarse en la
revelación del testimonio celestial de Dios (vv. 21–22) y el testimonio terrenal de
ascendencia (vv. 23–38) de que Jesús no es solo el Mesías sino también Hijo de Dios. Al igual
que con el arresto de Juan el Bautista, Lucas tiene una versión truncada en comparación
con Mateo 3:13–17, ni siquiera nos dice que fue Juan quien lo bautizó. Él presenta a Jesús
casi como otra persona bautizada por Juan (v. 21a, “cuando todas las personas estaban
siendo bautizadas”). Aquí su inmersión en las aguas de la unción/comisión divina es
secundaria al testimonio celestial que sigue. Gramaticalmente, todo el versículo 21 consiste
en cláusulas subordinadas que modifican la voz celestial del versículo 22.
Al someterse al bautismo de Juan, Jesús se identificó con el dilema humano (Mateo
3:15, “para cumplir toda justicia”), lo que causó consternación entre muchos padres de la
iglesia ante la idea de su identificación con los pecadores. Pero se está identificando como
la solución para el pecado, la respuesta a la necesidad de la humanidad caída de
arrepentirse. Además, su bautismo es una unción de sí mismo, una comisión a su ministerio
mesiánico.
Lucas destaca cuatro aspectos: (1) Jesús es un hombre de oración. Lucas enfatizará su
vida de oración a lo largo de su relato, y su comunicación aquí es una calle de doble sentido.
Aquí Jesús llega al cielo a través de la oración, y Dios responde alcanzando la tierra a través
del testimonio celestial. Jesús estará en oración antes de cada evento importante en su
ministerio (por ejemplo, 5:16; 6:12; 9:18, 28; 11:1; 22:41).
(2) “El cielo fue abierto”. Estas imágenes generalmente representan un evento bíblico
importante cuando el cielo entra a nuestro mundo de una manera nueva. Es una imagen
escatológica para la revelación divina (Is. 64:1; Ezequiel 1:1; Juan 1:51; Apocalipsis 4:1). En
Marcos 1:10, el cielo se abre cuando Jesús sale del agua; aquí, mientras Jesús está orando.
Cuando Jesús ora es un evento que cambia el mundo. Probablemente todo el evento fue
visto por la iglesia primitiva como una intersección catastrófica del cielo con la tierra. Se
representa a Dios interviniendo para crear un nuevo orden mundial.
(3) El Espíritu Santo descendiendo sobre él en forma corporal como una paloma. Solo
Lucas nos dice que los espectadores realmente vieron una paloma bajando. Esta no es una
visión, sino el avistamiento real de una paloma. Se han hecho numerosas sugerencias sobre
el significado de esto. Una es que se refiere a la paloma que salió después del diluvio en
Génesis 8:8–12 y mostró que la tierra era una vez más habitable. Otro lo identifica con el
bath qol, “la hija de la voz” en el judaísmo, un epíteto de la interpretación rabínica de las
Escrituras. La mejor opción es combinar Génesis 1:2 (el Espíritu de Dios flotando sobre las
aguas en la creación) con el Espíritu como símbolo de Israel (Oseas 7:11), por lo tanto, la
inauguración de la nueva era con la venida de Cristo, El hijo de Dios. Hay una nueva realidad,
una nueva creación, entrando en este mundo.
(4) La voz celestial declara: “Tú eres mi Hijo, a quien amo; contigo estoy muy contento
“. Esta oración combina el Salmo 2:7 (“Tú eres mi Hijo; hoy me he convertido en tu padre”)
con Isaías 42:1 (“Aquí está mi siervo, a quien sostengo, mi elegido en quien me deleito”).
Jesús como Mesías es a la vez Hijo de Dios y Siervo de Yahveh. El testigo celestial lo afirma
a él y a su ministerio al comienzo de su trabajo público. La voz está hablando tanto a Jesús
(“tú eres” en Marcos y Lucas) como a los espectadores (“este es” en Mateo). Creo que cada
grupo realmente lo escuchó dirigido a ellos.
El resaltado de Lucas de las palabras del Padre enfatiza tres aspectos: el testimonio de
Jesús como Hijo de Dios, la notación del profundo amor en el que Dios lo tiene y el gran
placer que le da a su Padre. El Padre celestial está dando un fuerte respaldo a su Hijo
especial y quiere asegurarse de que todos se den cuenta al comienzo del ministerio de Jesús.
Del Salmo 2:7, Dios está diciendo que Jesús es el Elegido por las tres razones. Nadie está
mejor calificado para representar a su Padre y llevar a cabo un ministerio celestial en la
tierra. Jesús es claramente el Dios-hombre, a quien Dios ha enviado para iniciar la era de la
salvación.
Lucas proporciona la genealogía de Jesús (3:23–38)
Esta sección comienza con el comentario de que “Jesús mismo tenía unos treinta años
cuando comenzó su ministerio”. Como dije en mis comentarios sobre 3:1–2, Jesús nació
alrededor del año 6 d.C. y entró en su ministerio público (junto con Juan el Bautista) en el
decimoquinto año del reinado de Tiberio César (3:1), o aproximadamente en el 28 d.C.,
entonces él habría tenido treinta y cuatro. Lucas dice “unos treinta años” porque esa era la
edad de David cuando comenzó su reinado (2 Sa. 5:4) y la edad en que un sacerdote
comenzaría su servicio (Números 4:3). El punto es que Jesús entró a su oficina mesiánica a
la edad apropiada para comenzar el ministerio.
La genealogía de Lucas es bastante distinta de la de Mateo. Este último comienza su
Evangelio en la nota de la ascendencia abrahámica y davídica de Jesús y continúa hacia
arriba de Abraham a Jesús, organizado en tres grupos de catorce nombres. Lucas, por
supuesto, viene al comienzo del ministerio público de Jesús y procede a través de setenta y
siete nombres muy distintivos en la dirección opuesta, desde José hasta “Adán, el hijo de
Dios”. Muchos construyen once grupos de siete nombres cada uno, pero no hay líneas
naturales de demarcación para tal organización.
Mientras que algunos han tratado de argumentar que Lucas proporciona la línea de
María y Mateo la línea de José, eso no se ajusta a las listas mismas. Las genealogías siempre
proceden del padre, y ese es el caso en ambas listas. Comienza: “Era el hijo, por lo que se
pensaba, de José”. Esto significa que Jesús no era el hijo natural de José, ya que nació de
una virgen. Aun así, él era el hijo adoptivo oficial y el heredero. Esta es una línea legal en
lugar de una línea de sangre, y eso fue perfectamente suficiente.
Los nombres de Mateo son figuras dinásticas primarias para enfatizar la ascendencia
real de Jesús, mientras que los nombres de Lucas son desconocidos y comunes en su mayor
parte para enfatizar la humanidad e identificación de Jesús con todos los pueblos de la
tierra. El énfasis no está en identificar a las personas sino en su humanidad común con Jesús:
todos son hijos de Adán y todos dependen completamente de Jesús para encontrar la
salvación. Él es el Salvador del mundo (Juan 4:42) y no solo de los judíos.
La parte más identificable de la lista ocurre en el material único de Lucas desde Abraham
hasta Adán. De los patriarcas (Judá, Jacob, Isaac) y de Abraham a Sem (3:34b–36a), los
nombres provienen de la genealogía de la línea familiar de Sem en Génesis 11:10–32. Luego,
de la lista final de nombres, desde Sem hasta Adán en 3:36b–38, los nombres se toman de
Génesis 5, la genealogía del árbol genealógico de Adán a Noé. Donde Mateo y Lucas cubren
el mismo período, es decir, de José a David (3:23–31a) y de David a Abraham (3:31b–34a),
que no conocemos la fuente de la mitad casi de los nombres. Aunque los demás están en
paralelo en las Escrituras, nos sabemos nada sobre casi todos de ellos, con unas pocas
excepciones (como Nahúm y Zorobabel). Estos nombres pueden ser extraídos de los
registros de la familia existentes en el momento, para la mayoría de las familias de nota,
especialmente aquellos en la línea davídica, tenía tales listas familiares.
Algunos estudiosos dicen que hay poco o ningún énfasis en Adán, pero esa visión es muy
difícil de mantener. De hecho, ese es uno de los tres énfasis principales:
(1) Jesús como Hijo de Dios, con Dios proclamándolo públicamente como el Hijo amado
por un lado y Satanás probando su filiación por el otro lado.
(2) Jesús como el hombre representativo arquetípico, el segundo Adán, identificándose
con toda la raza humana y resumiendo a la humanidad como debería ser en sí mismo.
(3) Jesús como hijo de David, la figura mesiánica por excelencia, y como hijo de la línea
de Abraham, el verdadero Israel. Lucas no enfatiza sus orígenes mesiánicos reales, porque
tiene a Nathan en lugar del rey Salomón como “el hijo de David” (3:31). Los herederos de
David fueron una desgracia y quedaron bajo el juicio divino. La promesa del pacto davídico
de que Dios “establecería el trono de su reino para siempre” (2 Sa. 7:13) se cumplió a través
del Mesías davídico en lugar de a través de la línea de sangre, porque la línea real cesó
debido al pecado. En la genealogía de Lucas, el Mesías real llegó a través de la línea común
de David, no a través de la línea real.
Es fabuloso meditar en una comparación entre los gobernantes mundiales de los
versículos 1–2 y los profetas campesinos Juan el Bautista y Jesús. Para el mundo no eran
nada, ni siquiera dignos de una mirada. Sin embargo, no hay dos figuras en la historia que
hayan tenido un impacto mayor. Incluso historiadores particulares reconocen el impacto de
estos dos.
Juan pasó deliberadamente varios de sus años conduciendo a su ministerio en el
desierto, siguiendo el modelo de profetas del desierto como Elías. El suyo fue un mensaje
profético austero (como el de Elías), llamando a la nación al arrepentimiento cuando aún
había tiempo. Cuando entró en su ministerio, predicó un mensaje de arrepentimiento
centrado en un nuevo tipo de bautismo, una unción única que significaba un
arrepentimiento radical y una renovación ética (vv. 3–6). Esta fue una innovación
emocionante que tenía la intención de traer avivamiento al pueblo judío. Desde entonces,
esto se ha convertido en una creencia cristiana básica, pero necesitamos volver a estos
fundamentos y redescubrir el emocionante mensaje de Juan para una iglesia que con
demasiada frecuencia se parece a las personas frías que Juan estaba tratando de revivir.
Necesitamos ese mismo avivamiento en nuestro tiempo.
También necesitamos desesperadamente redescubrir el mandato ético de Juan (vv. 7–
14). Demasiados miembros de la iglesia poco entusiastas se han vuelto complacientes, y
muchos predicadores hoy ignoran el material sobre el juicio divino por el pecado a favor de
mensajes más positivos, olvidando que dicho material es falso cuando se dirige a personas
que viven en pecado. Estamos recreando a la gente de los días de Juan. El “hacha ya está
en la raíz de los árboles” (3:9) para nosotros también, y es mejor que despertemos. Los tres
grupos en los versículos 10–14 tuvieron el mismo problema: la codicia. Eso caracteriza a una
sociedad de consumo como la nuestra incluso más que la audiencia original de Juan.
El resto del capítulo se centra en Jesús, presentado por Juan como el más importante
enviado por Dios. El bautismo en agua de Juan fue en realidad una preparación para el
bautismo del Espíritu de Jesús, que se convertiría en un fuego sagrado que purga y limpia a
los santos y un juicio ardiente sobre aquellos que viven separados de Dios (vv. 16–17).
El bautismo de Jesús por Juan es una unción para el ministerio, que significa tanto su
identificación con la condición humana y la necesidad de la redención como el trabajo
mesiánico por el cual llevará a cabo esa redención. El énfasis está en el descenso del Espíritu,
inaugurando la era de la salvación y el testimonio de Dios sobre el verdadero significado de
su amado Hijo. Su bautismo es mucho más que una comisión a manos de Juan. Es un acto
trinitario.
La genealogía de Lucas (vv. 23–38) es única, no una genealogía real como Mateo 1:1–7
sino la ascendencia humana de Jesús, mostrando sus raíces comunes con toda la
humanidad, tanto gentil como judía. Él es el Mesías, pero Lucas no lo enfatiza como el
Mesías real tanto como el Redentor de todas las personas. Principalmente, él es el Hijo de
Dios, con su especial relación filial con el Padre celestial que lo prepara de manera única
para su trabajo mesiánico. También es el segundo Adán, el único capaz de llevar a toda la
humanidad a Dios. Su alcance no se limita a Israel. Su genealogía muestra que es enviado a
unir ampliamente a todos los pueblos de la tierra y proporcionarles la redención.
LA PRUEBA DEL HIJO DE DIOS (4:1–13)
Esto se llama regularmente “la narración de la tentación”, pero eso no es del todo correcto.
La tentación solo cubre la parte de Satanás, y ese ni siquiera es el punto principal de la
historia. En realidad, Satanás es una herramienta de Dios, y cumple los propósitos de Dios
aquí. Es el Espíritu quien guía a Jesús al desierto, y Dios está probando a su Hijo antes de
embarcarse en su misión. A lo largo de Lucas, Dios y el Espíritu son los principales motores,
y en el episodio inmediatamente anterior, el Espíritu descendió y Dios testificó sobre Jesús,
el Hijo de Dios. Esta es una sección trinitaria, y estos son eventos trinitarios. Jesús el Cristo
es anunciado por su Padre, empoderado por su Espíritu, y vence a Satanás al comienzo de
su misión. Note el progreso de los sinópticos: “enviados” por el Espíritu en Marcos 1:12;
“Guiado” por el Espíritu en Mateo 4:1; y, un doble impulso aquí, ambos “guiados” y “llenos”
del Espíritu.
Es común que los eruditos críticos etiqueten esto como una leyenda midrásica, pero ese
es un problema de cosmovisión, no una conclusión literaria. Si uno acepta que hay un Dios
y un reino demoníaco del mal, no hay razón para negar que Jesús le diga a sus seguidores
de tal ataque de Satanás. La guerra cósmica con Satanás informa todo el Nuevo Testamento
e impregna todos los niveles del mismo. Es muy importante que no solo aceptemos la
realidad de esta escena, sino que reorganicemos nuestras vidas en consecuencia y nos
comportemos a la luz de nuestra propia guerra espiritual contra los poderes demoníacos de
la oscuridad.
Jesús como Hijo de Dios es resaltado en el bautismo, la genealogía y las narraciones de
prueba, una característica única de la contribución de Lucas a la historia de Jesús. Se somete
a las mismas pruebas que Israel experimentó en el desierto y en todo el Antiguo
Testamento. Dios probó a Abraham en el episodio de “unión de Isaac” (Génesis 22), Moisés
en el desierto de Madián (Éxodo 2–3) y Job a lo largo de su historia. Ahora Dios está
probando a Jesús en el desierto para demostrar su fidelidad y obediencia, y tendrá éxito
donde Israel fracasó.
La tipología está en el corazón de esta narrativa de tres maneras. Primero, Jesús es el
segundo Adán, y de manera similar a Romanos 5:12–21 él tiene éxito donde Adán falló y
proporciona la fuerza para vencer. Segundo, él es el nuevo Moisés, con “el lugar alto” (3:5;
Mateo 4:8, “montaña muy alta”) recordando a Moisés en el Monte Nebo (Dt. 34:1–4), y
Satanás mostrando a Jesús los reinos de este mundo que reflejan ese pasaje donde Dios le
mostró a Moisés las tierras circundantes. El ayuno de cuarenta días de Jesús en 4:2 recuerda
a Moisés en Éxodo 34:28. Tercero, él es el verdadero Israel, el tema central aquí. Las tres
respuestas de Jesús a Satanás provienen de Deuteronomio 6–8, donde Israel falló las
mismas tres pruebas (ver más abajo). Jesús como el Hijo de Dios es el antitipo de Israel, el
Hijo de Dios (Éxodo 4:22; Jer. 31:9; Oseas 11:1). Jesús sufre la misma hambre y desgracias
que Israel y soporta las mismas pruebas siendo el Hijo de Dios. Como el Mesías y el Hijo de
Dios, él vence y muestra el camino a la victoria cuando sigue a Dios.
Lucas presenta el escenario (4:1–2)
El Espíritu ha descendido sobre Jesús (3:22), y como resultado está “lleno del Espíritu
Santo”. Su viaje al desierto no se lleva a cabo por sí solo, pero él es “guiado por el Espíritu
al desierto”, sin duda, para emular a Israel, Moisés y Elías mientras Dios lo prueba. En su
prueba, se enfrentará a su adversario cósmico, Satanás, y como el Guerrero Divino
comenzará su ministerio al derrotar a Satanás en combate abierto. El Espíritu ha sido
central, llenando a Elisabet (1:41), Zacarías (1:67), Juan (1:15, 80) y Simeón (2:25–27) en las
narraciones de la infancia, y ahora descendiendo sobre Jesús (3:22) e iniciándolo con poder
mientras se prepara para su propia misión.
En Marcos, el Espíritu “empuja” con fuerza o “expulsa a Jesús” (ekballei) al desierto,
mientras que en Lucas el Espíritu “lo guía” o “lo dirige” a medida que avanza hacia el
desierto. El Espíritu lo empodera y lo dirige a medida que pasa las pruebas de Dios. El
desierto es el escenario perfecto para estas pruebas, y prácticamente todas las pruebas en
el Antiguo Testamento (Israel, Moisés, Elías) se llevaron a cabo allí.
Lucas observa dos pruebas particulares en el versículo 2. Primero, Jesús pasó por una
tentación de cuarenta días a manos del diablo, emulando los cuarenta años de Israel en el
desierto (Dt. 2:7; Nm. 14:34) y el ayuno de cuarenta días de Moisés (Éxodo 34:8;
Deuteronomio 9:9). Segundo, y conectado con el primero, “no comió nada durante esos
días”, como Moisés arriba y Elías (1 Reyes 19:5, 8). Hay un doble significado en peirazo,
tanto “tentado” por Satanás como “probado” por Dios. Al final de ese tiempo, Jesús “tenía
hambre” y, como Israel, era más susceptible a la tentación. La clave es que, si bien Israel
falló su prueba, Jesús tendrá éxito y nos indicará el camino a la victoria. Jesús demostrará
su valía como el Hijo de Dios, superará los fracasos de Adán e Israel, y demostrará a los
lectores de Lucas cómo encontrar la victoria. Este último punto es secundario aquí, pero
sigue siendo parte de los propósitos más grandes de Lucas. Principalmente, Lucas enfatiza
que al comienzo de su ministerio Jesús es completamente victorioso sobre los poderes del
mal.
Jesús es tentado tres veces (4:3–12)
Hay algunas dudas sobre el orden, ya que Mateo y Lucas invierten la segunda y la tercera
tentaciones. La mayoría cree que Mateo conserva el orden original, siguiendo una
progresión geográfica/espacial desde la llanura salvaje hasta el pináculo del templo y luego
la alta montaña. Lucas desea culminar con la tentación del templo, ajustando su énfasis en
Jerusalén como la meta del ministerio de Jesús. Sigue el orden del material de
Deuteronomio (8:3 seguido de 6:13, 16, con los dos últimos invertidos en Mateo), y también
en el Salmo 106, con la tentación del pan siguiendo 106:13–15 (el maná y la codorniz), la
tentación de adorar a Satanás correspondiente a 106:19–23 (el incidente del becerro de
oro), y la escena del templo correspondiente a 106:32–33 (Meriba).
El libro de Deuteronomio proporciona el corazón teológico de la historia, abarcando una
serie de homilías proclamadas por Moisés en las llanuras de Moab cuando Israel estaba a
punto de entrar en la tierra prometida. Él reinterpreta la Torá y enfatiza cómo la conducta
diaria de los israelitas debe reflejar las leyes de Dios. Exige la renovación del pacto a la luz
de los fracasos que han mantenido a la nación en el desierto. La fe de los tiempos anteriores
debe ser reproducida y transmitida a las generaciones posteriores. En particular,
Deuteronomio 6–8 proporciona el telón de fondo aquí, con las tres citas tomadas de 8:3;
6:13; y 6:16 en orden.
Los capítulos progresan desde la necesidad de amar al Señor tu Dios y probarlo
obedeciendo sus instrucciones (cap. 6) y luego expulsando a las naciones cananeas
opuestas. En otras palabras, los capítulos 6–7 enumeran los problemas internos y los
problemas externos para seguir al Señor. Luego, el capítulo 8 vuelve a la vida interna de las
personas y subraya el peligro de olvidar al Señor. Las tres citas de Jesús identifican áreas
específicas donde Israel falló la prueba y Jesús, como verdadero Israel, pasará la prueba.
La primera prueba: Convertir una piedra en pan (4:3–4)
El diablo espera hasta que Jesús tenga mucha hambre y luego ataca: “Si eres el Hijo de Dios,
dile a esta piedra que se convierta en pan”. Peirazō tiene doble significado aquí. Como
antagonista, la tarea del diablo es “tentar” a Jesús, pero como herramienta de Dios es
“probar” a Jesús. Jesús, lleno del Espíritu, debe confiar en Dios para ayudarlo a soportar la
presión. Satanás no duda del estado de Jesús como “Hijo de Dios” según lo proclamado por
Gabriel (1:32, 35) y atestiguado por Dios mismo (3:22).
El “Si eres el Hijo de Dios” del diablo usa una condición de hecho ei (“si”) que asume la
realidad de la declaración, diciendo así: “Sé que eres el Hijo de Dios, y sabes que eres El hijo
de Dios; ahora demuéstralo a todos los que te rodean”. La tentación es sutil pero clara,
diciéndole que use su puesto importante de manera egoísta y realice un milagro solo para
satisfacer su hambre. El diablo quiere que ignore su obediencia a su Padre y se centre en
sus propios deseos. Al igual que muchas personas ricas y poderosas en nuestros días, está
tentado a asumir sus privilegios e ir más allá del milagro salvaje del maná convirtiendo las
rocas en pan. No sería un milagro realizado por Dios sino un acto egoísta.
La respuesta de Jesús proviene de Deuteronomio 8:3 y la representación tipológica de
Jesús como el verdadero Israel. En ese capítulo, Moisés desafió a la nación a recordar los
fracasos pasados y evitarlos al entrar en la tierra prometida. Aquí Jesús usa el versículo “El
hombre no vivirá solo de pan” para decirle a Satanás que él es plenamente consciente de
lo que está haciendo: esa táctica funcionó con Israel; No funcionará con Jesús. A diferencia
de Israel, no permitirá que las situaciones de la vida determinen cómo responde a la
voluntad de Dios. El dicho no es solo un principio práctico sino un oráculo de Dios (“está
escrito”). El hambre de Israel provocó rebelión y quejas (Éxodo 15:24; 16:2–3). Jesús
tipológicamente está recreando ese conflicto, pero como verdadero Israel se niega a
permitir que “el pan solo” defina su existencia. No ignorará a su padre en favor de sus
necesidades terrenales. La sumisión a su padre y su misión tiene prioridad absoluta.
La segunda prueba: adorar a Satanás (4:5–8)
Aquí el diablo trata de seducir a Jesús a la idolatría prometiéndole darle antes lo que algún
día sería suyo de todos modos. En Mateo 4:8 el escenario está en una “montaña muy alta”,
evocando imágenes del Sinaí. En Lucas, el diablo lo lleva “a un lugar alto”, posiblemente
para que el pináculo del templo sea el punto más alto (4:9). Allí le muestra a Jesús todos los
reinos del mundo “en un instante”, señalando una visión. Se convierte en una oferta integral
de poder mundano, con Roma y las otras potencias mundiales en juego. La escena recuerda
a Deuteronomio 34:1–4, donde, justo antes de su muerte, Moisés sube a la cima del monte
Nebo frente a Jericó y Dios le muestra “toda la tierra”.
La promesa de Satanás es darle a Jesús “toda su autoridad”, así como su “esplendor”,
en otras palabras, el poder universal sobre este mundo. Él arrogantemente afirma que “me
lo han dado, y se lo puedo dar a quien quiera”. ¿Pero el demonio realmente tiene esta
autoridad? Pablo lo llama “el dios de este mundo” (2 Co. 4:4) y “el gobernante del reino del
aire” (Ef. 2:2), y en el Evangelio de Juan Jesús lo llama “el príncipe / gobernante de este
mundo” (Juan 12:31; 14:30; 16:11). Su oferta es por el poder temporal y terrenal en lugar
de la autoridad eterna. Es el mundo de Dios, no el de Satanás, pero Dios le ha permitido a
Satanás cierto dominio sobre él (Da. 10:13, 20–21), como se ve en el pasivo divino “me lo
han dado” = “Dios me lo ha dado a mí”. “Le está ofreciendo el gobierno político a Jesús a
cambio de lealtad a él. Jesús se convertiría en un Mesías político, virtualmente el
anticristo/bestia de 1 Juan 2:18; Apocalipsis 13.
Dios había prometido a Jesús el dominio universal (Da. 7:13–14; Ap. 11:15), así como
“toda autoridad en el cielo y en la tierra” (Mateo 28:18), pero eso vendría después de su
segunda venida. De esta manera podría tenerlo temprano sin tener que soportar la cruz. Se
rendiría como el Siervo Sufriente y llegaría a ser Rey de reyes de inmediato, pero para
hacerlo tendría que cambiar su lealtad de su Padre al diablo de una manera similar al
rechazo de David por parte de Absalón. Tendría que “adorar” a Satanás (4:7) inclinándose
y rindiéndole reverencia como el nuevo dios de Jesús, siempre el objetivo final de Satanás
(como en Apocalipsis 13:4, 8; 14:11; 16:2; 19:20). La idolatría fue el terrible pecado primario
de los judíos apóstatas, visto en el primer mandamiento: “No tendrás dioses ajenos delante
de mí” (Dt. 5:6–8); o en Deuteronomio 6:10–15; 8:11–17, advirtiendo al pueblo de Dios que
no lo olvide ni siga a otros dioses.
La respuesta de Jesús en 4:8, “Adora al Señor tu Dios y sírvele solo a él”, tiene todo esto
en mente, y específicamente Deuteronomio 6:13. A Israel se le recuerda no cometer
rebelión e idolatría como lo hicieron en Masá y Meriba (Dt 6:15–16, de Éxodo 17) y en el
becerro de oro (Éxodo 32). La idolatría nunca dejó de traer tragedia a Israel, y Jesús no
estaba dispuesto a acceder a esta horrenda propuesta.
La tercera prueba: aventarse del Pináculo (4:9–12)
El movimiento de las tres tentaciones ha sido de las llanuras a un lugar alto y ahora al
pináculo del templo. Ha habido varias sugerencias sobre qué parte del templo era esta.
Quizás era un balcón sobre una de las puertas del templo, o el techo del templo, pero lo
más probable es que se tratara del pórtico real en el lado sureste con una caída de 450 pies
hasta el fondo del Valle Cedrón, tan empinada que la gente se marearía al mirarlo (Josefo,
Antigüedades 15.411–12). El diablo desafía a Jesús a probar su filiación divina arrojándose
a sí mismo. No hay espectadores presentes, así que esta es una prueba personal más que
colectiva.
Esto parece un desafío ridículo a primera vista, pero Satanás luego cita el Salmo 91:11–
12. Jesús ha corregido dos veces al diablo citando las Escrituras, por lo que Satanás ahora le
da la vuelta. Esto es parte de una triple serie de salmos (90–92) al comienzo del libro 4 del
Salterio sobre la tragedia del exilio, con este salmo celebrando a Dios como “mi refugio y
mi fortaleza” (91:2) y solicitándole protección de los caprichos de la vida. Entonces, esta
promesa de protección divina es el corazón de la prueba de Satanás, pidiéndole a Jesús que
demuestre que los ángeles realmente “te protegerán cuidadosamente” y “te levantarán en
sus manos, para que no golpees tu pie contra una piedra”.
Nuevamente, Satanás está haciendo mal uso de la promesa porque en realidad el Salmo
91 se centra en la responsabilidad de los fieles de depender del Dios Altísimo, mientras que
el diablo quiere que Jesús realice un acto centrado en sí mismo y use a Dios para sus propios
fines. Varios han notado una ironía adicional en la versión Septuaginta del salmo (Sal 90
LXX), en la que la “peste que acecha en la oscuridad” (v. 6) se define como “el demonio del
mediodía”, en referencia a la liberación de los poderes de la oscuridad. Entonces Satanás
está usando un salmo que en la tradición judía está dirigido contra él y sus ángeles caídos.
La respuesta de Jesús en 4:12, “No pongas a prueba al Señor tu Dios”, se toma de
Deuteronomio 6:16. Esto estaba dirigido a la necesidad de que Israel temiera a Dios y le
sirviera solo, para que su ira no “se quemara contra ellos” (Dt. 6:15a) de nuevo como lo hizo
en Masá cuando la gente había “probado” a Dios y fueron destruidos (6:15b–16). Una vez
más, Jesús triunfa donde Israel fracasó, recreando la prueba de Israel y determinando no
repetir el fracaso de Israel. Él es el Hijo obediente, pasando su prueba al negarse a probar a
Dios.
La tentación es concluida (4:13)
El diablo ahora estaba “acabado” con “toda esta tentación”, completamente derrotado por
la fuerza superior y el mayor poder moral. Está sin opciones y se ve obligado a dejar a Jesús
y esperar “hasta un momento oportuno” una vez más. Había agotado todas sus municiones,
sin nada que mostrar, ya que el Guerrero Divino había desviado cada salva. No quedaba
nada más que la retirada ignominiosa y la admisión del fracaso total. En Lucas, el diablo solo
aparece ocasionalmente (10:18; 11:18; 13:16) hasta los eventos de la pasión, cuando
volverá a ser agresivo (23:3, 31, 53). Jesús ha probado el adagio, “Resiste al diablo, y él huirá
de ti” (Stg. 4:7). Sin embargo, el punto aquí no es que hagamos esto con nuestras propias
fuerzas. Más bien, es que Cristo lo ha hecho por nosotros, y nuestra victoria llega cuando
dependemos completamente de la Deidad Triuna y sacamos fuerzas de él.
Hay dos errores en la forma en que las personas han usado esta historia. Muchos han
pensado que el punto principal es el discipulado, que como Jesús podemos vencer a Satanás
resistiéndolo. Otros han reaccionado y han ido demasiado lejos al decir que esto es
completamente cristológico, contando cómo Cristo comenzó su ministerio al derrotar
completamente a Satanás. La verdad está en el medio: Jesús es el verdadero Israel que
demuestra cómo derrotar a Satanás por el nuevo Israel (la iglesia) mediante la obediencia
y la fidelidad a Dios. Él se demuestra a sí mismo como el Hijo de Dios y el Guerrero Divino
(el empuje principal), mostrándonos cómo podemos ganar la victoria también (el empuje
secundario).
Hay dos temas en esto. El tema principal es que el Guerrero Divino se enfrentó al diablo
en combate abierto y obtuvo una victoria absoluta en una “guerra de palabras” centrada
en la “espada de doble filo” de la Palabra de Dios (Hebreos 4:12). Al hacerlo, ha comenzado
su ministerio mesiánico demostrando que es el Hijo de Dios. Esta escena es un verdadero
“mito de combate” similar a Apocalipsis 13 entre dos poderes celestiales, con Jesús
emergiendo como Christus Victor. Lleva a cabo su ministerio desde este momento como
una “atadura de Satanás”, una autoridad que nos transmitirá (Marcos 3:15; 6:7). El tema
secundario es que Jesús es el verdadero Israel, que modela la victoria espiritual para el
nuevo Israel (seguidores de Cristo). Jesús como el último Adán ha revertido el fracaso no
solo de Israel sino también de Adán (Ro. 5:12–21), permitiendo a los creyentes encontrar la
victoria sobre la fragilidad humana y la tendencia al pecado (1 Corintios 10:13). También se
vio a sí mismo como el verdadero Israel recreando las tentaciones del desierto para que
nosotros, como nuevo Israel, pudiéramos superar las mismas tentaciones que derrotaron a
la generación del desierto en su estancia de cuarenta años en el desierto. Al entregarnos
completamente a él, nos convertimos en vencedores.
Las tres tentaciones aquí se ajustan a los tres tipos en 1 Juan [Link] “la lujuria de la carne
[las piedras en pan], la lujuria de los ojos [mostrando a Jesús los reinos del mundo] y el
orgullo de la vida [forzando a los ángeles a protegerlo]”. Estas fueron también las tres
tentaciones que derrotaron a Eva en el jardín en Génesis [Link] el fruto como “bueno para
comer” (lujuria de la carne), “agradable a la vista” (lujuria de los ojos), “deseable para ganar
sabiduría “(orgullo de la vida). En otras palabras, estas son las tentaciones arquetípicas que
todos experimentamos, y Cristo aquí nos ha mostrado cómo encontrar “una salida” (1
Corintios 10:13).
Jesús pasó la prueba, fue aprobado por Dios y comienza su ministerio en este punto con
una victoria inicial sobre Satanás. En los Evangelios, el día V ocurre al comienzo de la guerra.
MINISTERIO TEMPRANO DE JESÚS EN GALILEA (4:14–44)
El ministerio de Jesús en Galilea (4:14–9:50) se basa en el esquema de Marcos. Cada vez
más creen que la cronología real del ministerio público de Jesús se encuentra en Juan, y que
en realidad Jesús fue regularmente a Jerusalén para los festivales (como lo muestra Juan 1–
11). La cobertura en los Evangelios sinópticos probablemente comience entre nueve meses
y un año después de que comenzó, y esos primeros meses se encuentran en el Evangelio
de Juan. No podemos saber por qué es así, pero la mayoría especula que Mateo, Marcos y
Lucas quieren centrarse en Jerusalén como el lugar donde Jesús rinde su vida como sacrificio
expiatorio y omiten esos otros aspectos.
Lucas, como los demás, se concentra en el ministerio galileo de Jesús mientras trabaja
con sus discípulos y desafía a las multitudes a seguirlo. Jesús el Cristo es Señor y Salvador,
pero también Maestro cuando se revela paso a paso a aquellos con quienes se encuentra.
Venir a Jesús implica creer, confesar y emularlo en la vida de uno. La primera mitad de esta
sección (4:14–6:49) se centra en la reunión de su grupo de apóstoles y su entrenamiento a
través del Sermón en la Llanura (6:7–49), el equivalente de Lucas al Sermón del Monte de
Mateo. Una nota al margen crítica es el creciente rechazo y oposición que recibe de los
líderes, el contratiempo de la sinfonía sobre el discipulado. El resto del material rastrea el
llamado a la fe y la confesión, centrándose en la autoridad de Jesús y el llamado al
discipulado.
Jesús regresa a Galilea (4:14–15)
Jesús fue concebido por el Espíritu (1:35), lleno del Espíritu en su bautismo (3:22), y
fortalecido por el Espíritu al enfrentar a Satanás en su tiempo de prueba (4:1). El “poder del
Espíritu” continuó galvanizándolo cuando regresó a casa. A medida que avanzamos hacia
su ministerio público, hay un movimiento del Espíritu trabajando a través del ministerio
profético de otros (Simeón, Ana y Juan) a la enseñanza directa e inspirada de Jesús a lo largo
de su ministerio. El poder del Espíritu está con él en cada paso del camino. A medida que el
ministerio de Jesús se inicia bajo el poder del Espíritu, la iglesia en Hechos encontrará que
su ministerio es iniciado por el Espíritu (Hechos 2).
Jesús ya se estaba volviendo famoso (“noticias” aquí es phēmē = inglés: “fama”), ya que
las noticias sobre él comenzaron a extenderse por todas partes. Marcos 1:28 nos dice que
esto sucedió porque demostró una profundidad de autoridad completamente nueva en
palabras y hechos (1:22, 27). Rápidamente ganó seguidores. La verdad es que los oradores
talentosos en el primer siglo proporcionaron el mayor entretenimiento para las personas,
como lo demuestran los oradores “callejeros” en los mercados de cada ciudad. Sin embargo,
Jesús tenía mucho más, y su profundidad espiritual y poder para hacer milagros, así como
su habilidad para hablar, cautivaron a su alrededor.
En su caso, no fue en el mercado sino en la sinagoga donde hizo su reputación. Esto está
en consonancia con el estilo de vida judío, visto en la enseñanza de la sinagoga por los
rabinos. Jesús rápidamente se convirtió en uno de los “rabinos” más populares, ya que era
etiquetado regularmente (curiosamente, no en Lucas, pero compara Marcos 9:5; 10:51;
Juan 1:38, 49; 3:2). Aquí dice que “todos elogiaron” sus mensajes de sinagoga. Entonces, lo
primero que aprendemos acerca de este discurso es la destreza que aportó. Esta tendencia
a hablar en las sinagogas continuará en Hechos con Esteban y Pablo. La práctica de la
sinagoga no era como las iglesias de hoy. No tenían funcionarios regulares cuya tarea era la
predicación. Más bien, pidieron a líderes conocidos (a menudo visitantes) que hablaran, y
eso fue lo que hizo Jesús. Se hizo famoso muy rápidamente.
Jesús da su discurso inaugural en Nazareth (4:16–30)
Aquí se establece el tono que dominará el ministerio público de Jesús. Los temas
presentados aquí se verán una y otra vez: Jesús como el cumplimiento de las Escrituras
inspirado por el Espíritu, su mensaje de liberación para los oprimidos en la nueva era de la
salvación, el rechazo judío hacia él y su vuelta a los gentiles. Muchos consideran que esto
es una creación de Lucas, pero el incidente paralelo en Marcos 6:1–6 y Mateo 13:54–58
proporciona corroboración de la opinión de que realmente sucedió. Tiene todas las
características de una narrativa realista, y hay pocas razones para pensar que sea un
producto de la imaginación.
El escenario (4:16–17)
Jesús ya se había mudado a Capernaúm (una ciudad más céntrica) y se hizo conocido, por
lo que cuando regresa a su ciudad natal, se le pide como un maestro/rabino muy respetado
que lea la lección de las Escrituras y la comente en la sinagoga local. Nazaret era un pequeño
pueblo con unos cuatrocientos habitantes y solo caminos de tierra, pero como todos los
lugares con al menos once hombres (el número tradicional exigido para una sinagoga), tenía
una sinagoga. Al igual que sus padres, Jesús fue bastante piadoso y asistió a la sinagoga
regularmente. Al visitar su ciudad natal, naturalmente iría a la sinagoga en la que había
crecido. De hecho, en Hechos los creyentes judíos continuaron asistiendo a la sinagoga, y
se convirtió en un importante centro de actividad evangelística.
Los servicios incluyeron el canto de un salmo, la oración de apertura, la confesión de la
Shema (Dt. 6:4–9), más oraciones y lecturas de la Ley y los Profetas. Algunos han postulado
un ciclo litúrgico regular de lecturas de las Escrituras, pero no hay evidencia real de esto, y
probablemente Jesús eligió qué pasaje deseaba leer y comentar. La lectura sería del hebreo,
luego una traducción aramea (llamada Targum; la gente ya no hablaba hebreo), seguida de
una exposición en el texto de quien lo había leído. En cualquier caso, se le entregó el
pergamino de Isaías. Cada libro del Antiguo Testamento tenía su propio pergamino. Las
sinagogas solo tendrían tantos pergaminos como pudieran permitirse, y la mayoría no
pudieron comprar todos los pergaminos. Jesús se dirigió a Isaías 61 y leyó los dos primeros
versículos a la congregación, luego comentó sobre su significado.
El pasaje elegido (Isaías 61:1–2) (4:18–19)
Las primeras tres líneas siguen a Isaías fielmente. Si bien no es una de las Canciones de los
Siervos, este capítulo todavía está estrechamente relacionado con Isaías 42:1–4, y Jesús
claramente se ve a sí mismo como el Siervo de Yahveh y como el profeta inspirado por el
Espíritu (el énfasis principal de los primeros cuatro capítulos de Lucas) que está presentando
al Espíritu como el que trae la nueva era de salvación. El Espíritu entonces ha “ungido” a
Jesús (= su bautismo en 3:21–22), y como Christos significa “ungido”, esta es la esencia
misma de su persona. Esta fue una unción mesiánica, y su ministerio público fue un acto
mesiánico.
La misión que el Espíritu le ha dado es triple, todas interrelacionadas: “proclamación de
las buenas nuevas a los pobres…libertad para los prisioneros…recuperación de la vista para
los ciegos”. Los tres términos que describen el contenido de la predicación se
complementan: la libertad y la recuperación de la vista representan los resultados de
salvación de las buenas nuevas. Con esto, la era del Espíritu ha venido a este mundo. Lo
mismo es cierto para los destinatarios de este don de salvación. Los prisioneros y los ciegos
describen aún más a los “pobres” por quienes Cristo ha venido.
Cristo no tiene en mente solo a los económicamente pobres sino a todos los que la
sociedad ha marginado e ignorado. No solo consisten en los encarcelados en las cárceles
romanas, sino en aquellos encadenados y maltratados en general en un mundo malvado, y
los ciegos no son solo aquellos que no pueden ver sino aquellos cegados por la oscuridad
del pecado. Cristo promete una verdadera liberación espiritual de los grilletes del pecado y
de las injusticias sociales que caracterizan a este mundo malvado. Comentaremos en las
historias de milagros que siguen al sanar las enfermedades de las personas, Jesús está
proclamando “libertad para los prisioneros” de los efectos malvados del pecado en este
mundo.
Varias diferencias se acumulan entre Isaías y lo que Cristo lee aquí: (1) Jesús omite “atar
a los quebrantados de corazón”, el segundo elemento en Isaías, posiblemente porque el
punto se hace nuevamente en la siguiente “libertad para los prisioneros”. El resultado es
un mayor énfasis en la misión de Jesús “de proclamar buenas noticias a los pobres” como
la idea dominante aquí. (2) Jesús inserta Isaías 58:6, “para liberar a los oprimidos”, que sirve
como un resumen compuesto de los resultados sociales y espirituales de su misión. El verbo
real es “liberar a los oprimidos”, un verbo importante para describir el ministerio de
liberación y liberación de Jesús. (3) Omite “el día de venganza de nuestro Dios” después del
“año del favor del Señor”, probablemente para centrarse en la salvación y liberación de
Dios.
La nota final, “para proclamar el año del favor del Señor”, trae imágenes del Año del
Jubileo, ese año después de cuarenta y nueve, o siete sietes, descrito en Levítico 25 como
un presagio de la era final en la que todos los errores se corrigen y se abandonan todas las
transgresiones. Cristo quiere decir que “el año del favor del Señor” ha llegado con el
amanecer de la era mesiánica, la venida de la salvación y del Espíritu Santo. En esta nueva
era, las personas serán liberadas y justificadas delante de Dios, heredando la salvación
eterna. Si bien habrá una dimensión social, se refiere principalmente a la reforma espiritual
y al rejuvenecimiento. Jesús está hablando de la liberación, no de Roma, sino de Satanás y
los poderes del mal.
La enseñanza de Jesús (4:20–21)
Siguiendo la práctica de la sinagoga, Jesús enrolla el pergamino y se lo entrega al asistente.
Su sesión no fue para terminar la lectura, sino para comenzar la enseñanza. Los rabinos se
sentaron a enseñar (Lucas 5:3; Marcos 4:1; Mateo 23:2), por lo que cuando lo hace, todos
se preparan para escuchar, usando un término fuerte atenizontes, “fuertemente aferrado
a él”. Para el resto de esta sección, la reacción de la gente irá en espiral hacia abajo del
asombro y la duda (v. 22) a la ira (v. 28) a un intento de matarlo (v. 29). Esto también se
convertirá en un conjunto estándar de reacciones a medida que las personas se maravillen
del poder de sus palabras y sus acciones y, sin embargo, rechacen el contenido mesiánico.
Él comienza proclamando: “Hoy esta Escritura se cumple en tu audiencia”. Se ve a sí
mismo como el sujeto de la profecía de Isaías, y “hoy” (sēmeron) enfatiza el “ahora” de la
salvación (compárese con 2:11; 5:26; 12:28; 19:5, 9; 23:43). Está prácticamente anunciando
el inicio de la era mesiánica. “En su audiencia” significa que en la misma exposición que
Jesús estaba dando en ese momento, la edad de cumplimiento estaba en proceso de
cumplirse. Sus mismas palabras fueron una completa del verdadero significado de la
profecía de Isaías.
En Jesús y su mensaje, la salvación de Dios ha llegado.
Reacción y respuesta (4:22–27)
Los vecinos de Jesús comienzan con una reacción positiva. Obviamente, su exposición fue
mucho más extensa que el único comentario de Lucas en el versículo 21, y la gente está
“asombrada” por sus dones rabínicos y por la “gracia” de sus palabras sobre Isaías 61. Una
de las cosas que no puedo esperar para hacer cuando llegue al cielo es escuchar sermones
como el que Jesús predicó aquí. Era casi seguro uno de los mensajes verdaderamente
bendecidos de la historia, y el resultado es que todos “hablan bien de él”.
Su comentario agregado “¿No es el hijo de este José?” los comentaristas a menudo lo
interpretan mal porque se interpreta a la luz del paralelo en Marcos 6:3, donde, “¿No es
este el carpintero? ¿No es este el hijo de María?” indica rechazo debido al hecho de que
había crecido en Nazaret y no podía ser el rabino y el hacedor de milagros en el que se había
convertido. Algunos llegan a retraducir “hablar/testificar bien de él” como “testificar contra
él”. Pero esto ignora las “palabras amables” agregadas, que nos dicen que estaban
contentos con él en esta etapa.
Entonces, “el hijo de José” no debe ser tomado negativamente como un rechazo de
Jesús por ser solo un joven de la aldea a la vez. Es todo lo contrario en esta etapa inicial
(aunque luego se vuelve negativa). Están aquí maravillados y orgullosos de que el hijo del
carpintero del pueblo que siguió los pasos de su padre podría convertirse en un rabino tan
talentoso. Es con la respuesta de Jesús que se enojan y se oponen a él.
La respuesta de Jesús es sorprendente a la luz de las “palabras graciosas” que había
dicho antes en su exposición. Esto es lo que causa la inversión de su actitud hacia él. La clave
del cambio de enfoque se ve en sus demandas que cita en el versículo 23. Jesús había dicho
que las promesas en Isaías se estaban haciendo realidad en él, pero aún no lo ha
demostrado en sus acciones en Nazaret. Habían escuchado informes de los milagros que
realizó en Capernaúm, y quieren ver eso por sí mismos en Nazaret. Entonces, diciéndoles
que “indudablemente” dirán: “Médico, cúrate a ti mismo”, Jesús señala que exigirán que
demuestre con sus obras lo que dice que es. No están satisfechos con solo “palabras
amables”; ellos están exigiendo milagros. Varios intérpretes piensan que están mostrando
escepticismo sobre los informes de Capernaúm, y eso tiene sentido aquí. Dudan de él y
dicen en esencia: “Demuéstralo”.
Entonces Jesús en 4:24–27 responde a su escepticismo con una fuerte reprimenda.
Comienza con el primer amēn diciendo en Lucas (también 12:37; 18:17, 29; 21:32; 23:43).
Estos dichos proporcionan una autoafirmación divina a la verdad de un dicho solemne y
pueden traducirse: “Te estoy diciendo la verdad exacta”. Amēn significa “que así sea” y
también se utiliza para confirmar la verdad al final de una oración, que significa “que así
sea”. Su declaración es una máxima importante que confirma el rechazo de un profeta por
“su ciudad natal”, es decir, la nación apóstata que está rechazando a Dios junto con el
profeta. Entonces Jesús les da la vuelta a sus demandas y los acusa de oponerse al profeta
de Dios en alianza con el antiguo Israel.
Luego da dos ejemplos de profetas rechazados por su propio pueblo, Elías y Eliseo (vv.
25–27). Ambos tenían ministerios similares a Juan el Bautista y a Jesús, llamando a la nación
de sus pecados a Dios, y ambos no tuvieron éxito hasta que fueron enviados a dos gentiles,
la viuda de Sarepta (Elías) y Naamán el leproso (Eliseo). La primera historia tuvo lugar en 1
Reyes 17–18, durante el reinado malvado de Acab cuando Dios maldijo a Israel con una
severa sequía y hambruna de tres años y medio. Había tal maldad que Dios llevó a Elías
fuera de Israel a Sidón y a una viuda gentil, que estando sola fue receptiva a Elías. Los
paralelos al rechazo de Jesús en su propia ciudad son obvios.
El segundo incidente con Eliseo es paralelo al primero (4:27). En 2 Reyes 5:1–14 es
enviado fuera de Israel al comandante gentil del ejército de Aram, Naamán, quien tiene
lepra y nuevamente solo está abierto a la obra de Dios. Entonces el gentil es sanado, pero
nadie de Israel, porque se oponen a Eliseo. Jesús está haciendo dos puntos: cuando el
pueblo de Israel rechaza a Dios y se opone a su profeta, Dios también lo rechaza. Además,
Dios se dirigirá a los gentiles por un pueblo que responderá a su profeta. Entonces esto
también apunta a la misión gentil.
Rechazo de Jesús (4:28–30)
Las implicaciones son bastante claras: Jesús está equiparando al pueblo de Nazaret con el
Israel apóstata de la época de Elías. Responden con furia ante las obvias implicaciones. La
profecía implícita de que Jesús se volvería hacia los gentiles causó una ira aún más intensa,
similar a lo que más tarde le sucederá a Pablo cuando le dice al pueblo de Jerusalén que
Dios en su visión del camino de Damasco lo estaba enviando a los gentiles (Hechos 22:21–
22).
De alguna manera interpretan su severa reprimenda como blasfemia (4:29) y deciden
que deben matar a Jesús. Probablemente pensaron que cualquier reprensión de ellos
constituía un rechazo de Dios. Los romanos no permitieron que las naciones sujetas
ejecutaran personas, aunque los judíos se salieron con la suya con la lapidación de Esteban
(Hechos 7:58–59). Indudablemente decidirían que no valía la pena el esfuerzo, al igual que
con el asesinato de Esteban. Esto fue mucho más que el linchamiento de Esteban, porque
en Hechos 7 fue al menos el castigo bíblico por la blasfemia (Lev. 24:13–16). Aun así, en
Deuteronomio 13:5 dice que una persona que “incita a la rebelión” debe ser ejecutada.
Algunos podrían haber estado pensando en eso. En cualquier caso, “lo echaron afuera”
(ekballō, el verbo para expulsar demonios; NVBI: “lo expulsaron”) de la ciudad (anticipando
la crucifixión de Jesús “fuera de la ciudad”, Heb. 13:12) a una colina con la intención de
arrojarlo a su muerte. Claramente para ellos, Jesús es un falso profeta que merece la
muerte.
En el versículo 30, Jesús simplemente “caminó a través de la multitud” y se dedica a sus
asuntos. Esto recuerda a Juan 7:30, 44; 8:20, 59; 10:39, donde nadie podía atraparlo”
porque aún no había llegado su hora”, es decir, la hora de su destino designado por Dios en
la cruz. Esa es ciertamente la implicación aquí también. Cuando Moisés y los israelitas
atravesaron las aguas del Mar Rojo, Jesús atravesó las multitudes hostiles y llenas de gente.
También es posible (como algunos suponen) que Lucas quiera que veamos esto como un
anticipo de la resurrección, con Dios rescatando a Jesús de la muerte, aquí a través de un
escape milagroso, allá a través del milagro aún mayor.
Jesús enseña y realiza hechos poderosos en Capernaúm (4:31–44)
Resumen: Enseñanza con autoridad (4:31–32)
Estos versículos describen las “noticias” que se extendieron por todas partes en 4:14.
Capernaúm era la ciudad principal de esa sección de Galilea (probablemente unos 1.500
habitantes) situada en el lago y un centro comercial para la pesca y la agricultura. Al igual
que la región, el sitio arqueológico no muestra evidencia de riqueza. Aun así, era un sitio
natural para la sede de Jesús en Galilea, y él (y posiblemente su equipo) se establecieron
allí. A menudo se piensa que aún no había comenzado a reunir su grupo de apóstoles, pero
eso es poco probable porque Juan 1:35–51 lo tiene llamando a Simón, Andrés, Felipe y
Natanael poco después de su bautismo, cuando pasó unos días con su primo Juan el
bautista.
Lucas comienza con el ministerio de la sinagoga. Curiosamente, “Sabbath” es en
realidad plural “Sabbaths” (sabbasin) y podría resumir el ministerio en varios días de
reposo. Sin embargo, el plural puede actuar como un singular, como en 4:16 arriba, y el
escenario aquí es más probable su ministerio en un día de reposo particular. De cualquier
manera, el énfasis está en el efecto que su enseñanza tuvo en la gente del pueblo.
Reaccionaron con conmoción y asombro, porque la “autoridad” (exousia) de Jesús era
mucho más evidente que con el rabino promedio. Los escribas y los rabinos (como en el
Talmud posterior) enseñarían siguiendo la tradición y resumiendo varias interpretaciones,
mientras que Jesús “lo dijo como es” y reveló el significado real de los textos. Sin lugar a
duda, también fue un excelente orador que incitó a la gente, como lo había hecho Juan el
Bautista.
El exorcismo de un demonio (4:33–35)
Los siguientes cuatro episodios extraen los eventos detrás de las “noticias” de 4:14, y Lucas
los toma de Marcos 1 (1:23–28=4:33–37; 1:29–31=4:38–39; 1:32–34=4:40–41; 1:35–
38=4:42–43). La autoridad de los hechos de Jesús sigue de cerca la autoridad de sus
palabras. Marcos y Mateo se centran en una persona poseída por el demonio en la sinagoga
de Capernaúm. Los Evangelios a menudo llaman a los demonios “espíritus inmundos” para
enfatizar su naturaleza malvada; No hay nada bueno o puro sobre ellos. También son
“espíritus” porque no son humanos y no tienen cuerpo físico.
Cada vez que los demonios tienen algún contacto con Jesús, su reacción es siempre
inmediata y severa. Lo reconocen por lo que es y se dan cuenta de que la guerra cósmica
ha llegado a ellos. También reconocen una fuerza superior y deben luchar por su propio
lugar en este mundo. Entonces esta escena es una de guerra espiritual de principio a fin. El
demonio “gritó a gran voz”, como si el volumen de su grito fuera un arma para ser usada
contra Jesús.
La partícula de apertura ea podría ser una interjección como “¡Hey!” o “¡Ah!” pero se
ve mejor como un imperativo de rechazo como la NVI, “¡Vete!” Los demonios no quieren
tener nada que ver con Jesús. Saben que no pueden vencerlo, por lo que solo quieren que
los deje en paz. La frase que sigue (ti hēmin kai soi) significa literalmente “¿Qué tienes con
nosotros?” y se utiliza en el Antiguo Testamento (Josué 22:24; 2 Sa. 16:10; 1 Reyes 17:18) y
por Jesús (Juan 2:4) como un mecanismo de distanciamiento para significar: “No tenemos
nada que ver con esto” o “¿Por qué molestarnos?” El plural “nosotros” reconoce que esta
es una “guerra mundial”, con todo el reino demoníaco involucrado. Algunos piensan que
“nosotros” también incluye al hombre, que también podría ser destruido en la batalla,
aunque me parece algo dudoso ya que Jesús (y el demonio lo sabe) iba a liberar al hombre
al expulsar al demonio. El verdadero peligro para el hombre es si al demonio se le permite
mantener el control.
Está teniendo lugar una batalla, para los demonios, una guerra de palabras. Se dan
cuenta de la intención de Jesús y lo dicen directamente: “¿Has venido a destruirnos?” Los
demonios no pueden ser asesinados; Son seres eternos. Pero pueden perder su lugar de
poder y ser expulsados. La táctica para evitar esto y derrotar a Jesús en esta escaramuza es
que el demonio revele la verdadera esencia de Jesús y al pronunciar esto para ganar poder
sobre él. Como algunos lo describen, al igual que con los antiguos ritos mágicos y
encantamientos, el nombre del dios o demonio puede ser un medio para descubrir la
esencia oculta de una persona (encerrada en su nombre) y, por lo tanto, ganar ventaja y
obligar al ser sobrenatural a hacer tu voluntad. Así que aquí, al pronunciar: “Sé quién eres:
el Santo de Dios”, un nombre de Jesús revelado por Gabriel en 1:35, el demonio cree que
puede obligar a Jesús a cumplir su voluntad. Pero en su santidad, Jesús es la antítesis de
este ser malvado e impuro. Como el Santo, Jesús está lleno del Espíritu Santo, y la
estratagema del demonio no puede funcionar.
La atadura de Satanás (Marcos 3:27=Lucas 11:21–22) comienza en el versículo 35. Se ve
al demonio parloteando una y otra vez, tratando de encontrar alguna fórmula que le
permita recuperar la ventaja. Jesús da dos órdenes simples, “cállate” y “sal”, y el demonio
es inmediatamente dominado y tiene que irse. No hay ninguna de las complicadas fórmulas
pronunciadas por los exorcistas judíos (y luego cristianos). Jesús no necesita tales cosas, y
más tarde (Marcos 3:15; 6:7) tampoco lo necesitarán sus seguidores. Su palabra es ley, y el
demonio tiene que obedecer. El demonio no estaba tratando de decirle a otros quién era
Jesús, solo ganaba poder sobre él. Entonces, aquellos que dicen que Jesús no quería que se
publicitara su nombre probablemente estén equivocados. Este es un juego de poder, no
una batalla de relaciones públicas.
El demonio ya no puede gritar como lo hizo en el versículo 33; Jesús lo ha dejado mudo.
Entonces, todo lo que puede hacer como acto final de desafío es tirar al hombre ileso y
ahora limpio de impureza. Hay varios exorcismos de este tipo en los Evangelios, y todos son,
en cierto sentido, un “mostrar y contar” de la atadura de Satanás. Con la llegada de Jesús,
el poder de las fuerzas oscuras se rompe, y el dominio de Satanás como “dios de esta edad”
(2 Co. 4:4) comienza a desmoronarse. Nuestra tarea es despertar a una iglesia dormida y
hacerlos conscientes de que este proceso acaba de comenzar, y luchamos batallas reales
con las fuerzas cósmicas del mal todos los días. Pasamos todo nuestro tiempo en las batallas
de la tierra y, como dijo uno de mis colegas, somos “ateos pragmáticos cuando se trata de
Satanás”, sabiendo que existe, pero viviendo como si no estuviera cerca. Esa es la fuente de
demasiadas derrotas espirituales, como lo deja en claro C. S. Lewis en Cartas del diablo a su
sobrino.
Reacción y resultados (4:36–37)
El asombro que hemos visto en prácticamente todas las escenas (1:21, 63; 2:18, 33, 48)
continúa aquí, mientras la gente dice: “¡Qué palabras son estas!” Es interesante que se
centren en lo que Jesús dijo más que en lo que hizo. Aun así, es su autoridad y poder tanto
en palabras como en hechos lo que causa la maravilla. Estaban acostumbrados a que los
demonios dominaran a las personas, y de repente, con aparentemente poco esfuerzo, Jesús
aleja el poder maligno. Para él comandar el “espíritu inmundo” sin esfuerzo, y la sumisión
inmediata que vieron por parte del demonio, los sorprendió. Él ha roto el poder del reino
de Satanás de una vez por todas. Las “ordenes” y el mandato “sal” en tiempo presente
significan que este no es un acto único en una ocasión, sino un poder continuo de Jesús
sobre los poderes de la oscuridad. Las cosas jamás serán las mismas.
El resultado de esto es la fama, ya que los informes se extienden “por toda el área
circundante”, es decir, toda Galilea. Este es un tema principal en Marcos 1 y también se
enfatiza en Lucas (4:15, 32, 40, 42). Al igual que con Juan el Bautista, la gente no puede
tener suficiente de Jesús. Acuden a él desde todas partes. En Marcos 1:45 se nos dice que
las multitudes eran tan grandes que “ya no podía entrar abiertamente a una ciudad, sino
quedarse afuera en lugares solitarios”, donde las multitudes podían reunirse más
fácilmente.
Ministerio itinerante en Galilea (4:38–44)
La suegra de Pedro sanó (4:38–39)
Esta es la primera aparición de Simón Pedro en Lucas, y Lucas asume que sus lectores sabrán
quién fue esta importante figura cristiana posterior. Sabemos que Pedro se había unido al
equipo de Jesús muy temprano y que había estado con él desde el principio (Juan 1:40–42).
Pedro había crecido en la cercana Betsaida (Juan 1:44), pero probablemente Capernaúm
era su residencia actual, y Jesús también pudo haber hecho de su hogar su propia
residencia.
Primera de Corintios 9:5 nos dice que Pedro estaba casado, y su esposa a menudo lo
acompañaba en sus viajes misioneros. Su suegra, que probablemente también vivía allí, se
había enfermado “por una fiebre alta”. En aquellos días eso sería bastante serio. También
se creía que tales enfermedades eran un signo de desagrado divino (Dt. 28:22), por lo que
algunos pueden haber leído esto como un problema espiritual y médico. A menudo habían
visto a Jesús realizar grandes obras, por lo que era natural que le pidieran “que la ayudara”.
Este fue el mismo día de reposo que la expulsión del demonio, por lo que esta es una
sanación en sábado, pero probablemente porque esto es temprano en el ministerio de
Jesús y se lleva a cabo en un hogar privado, no produce las reacciones negativas que
ocurrirán después.
Como antes, Jesús está en completo control soberano de las circunstancias.
Simplemente “se inclinó” sobre ella y “reprendió” la enfermedad, usando el mismo verbo,
epetimēsen, como en la “reprensión” del demonio en 4:35 (NVI: “dijo severamente”). El
lenguaje en realidad continúa el lenguaje de la posesión del demonio, con la fiebre bajo
control y Jesús reprendiéndola para que la “abandone” como lo hizo el demonio al hombre
en 4:35. Lucas no dice que esto también es un exorcismo, pero está conectando los dos
incidentes.
Ella está bien de inmediato, surge del lecho de enfermo “para atenderlos”. Ella está
completamente restaurada y muestra su agradecimiento al cuidar a Jesús y a sus discípulos.
Múltiples milagros (4:40–41)
Esta es ahora la tarde de ese día de reposo, y en 4:31–41 Lucas sigue a Marcos al rastrear
el ministerio multifacético de Jesús en un solo día de reposo al comienzo de su obra pública.
Debido a las “noticias” que se habían extendido por todas partes (4:14), personas de todas
partes le trajeron sus enfermos, y cuando llegó la puesta del sol, de repente se enfrentó a
una multitud de dolencias diferentes, incluida una mayor posesión de demonios. La
compasión de Jesús se ve en el hecho de que dedicó atención individual a cada uno.
Lucas escribe que al sanarlos estaba “poniendo sus manos sobre cada uno”, una práctica
frecuente (Marcos 5:23, 41; 6:5; 7:32; 8:23, 25; 16:18; Lucas 13:13) Curiosamente, no se
practicaba mucho en el judaísmo, pero sí en los círculos helenísticos. Probablemente, Jesús
lo vio como una práctica útil, porque hizo que su preocupación íntima por los enfermos
fuera mucho más clara. El contacto físico fue una ayuda para la sanación.
También le trajeron varias personas poseídas por demonios, y allí la atmósfera no era
un cuidado personal sino una confrontación violenta. De acuerdo con los gritos de 4:33, los
demonios casi siempre gritaban mientras luchaban por ganar algo de poder sobre Jesús. Allí
el demonio lo llamó “el Santo de Dios”; aquí se adentran más profundamente en su esencia
divina y lo llaman “el Hijo de Dios”, aun tratando de obtener algo de control sobre él. No
hace falta decir que nada funciona, porque Jesús es el Soberano absoluto sobre el
inframundo y este mundo.
Lucas agrega que Jesús “no les permitiría hablar, porque sabían que él era el Mesías”.
La realidad de su oficio mesiánico es el tema de los cuatro capítulos iniciales. Jesús no quiere
que los demonios lo den a conocer. Con respecto a Marcos, los estudiosos lo han llamado
“el secreto mesiánico”, su deseo de que su verdadera naturaleza aún no se dé a conocer.
Todo lo que hicieron los demonios fue obstruir en lugar de mejorar su trabajo mesiánico.
Solo había dos cosas que hacer con los ángeles caídos: silenciarlos y expulsarlos.
Aspectos finales de su ministerio (4:42–44)
Cuando Lucas concluye esta primera parte del ministerio de Jesús, concluye con dos
aspectos del trabajo de Jesús: su deseo de tener momentos privados regulares (Marcos
1:35, con su Padre en oración) y su determinación de llegar al pueblo judío. con las buenas
noticias de la nueva era que está presentando. Hay dos polos de su ministerio, privado y
público.
Juan salió del desierto con su mensaje de arrepentimiento. También para Jesús, el
desierto era un lugar de retiro y consuelo divino, por lo que ahora va allí para disfrutar de
un descanso privado. Las multitudes (ochloi, casi un término técnico para las “personas”
que acuden en pos de él). En el paralelo Marcos 1:35–37 son los discípulos quienes vienen
a buscarlo, pero Jesús en Lucas aún no los ha llamado y ha formado su equipo. Como se
indicó anteriormente, muchos de ellos han sido elegidos, pero aún no se han reunido como
un grupo de discípulos. Su motivación está en contraste directo con la gente de Nazaret y
su rechazo violento de Jesús: están tratando de “evitar que los deje”. Entonces su ministerio
de Capernaúm comienza con una nota positiva. Aun así, esto no significa que sean lo que
llamaríamos “buscadores”. Estaban interesados en sus poderosas obras más que en sus
palabras de salvación.
Jesús establece aquí los contornos de su ministerio (4:43). Nuevamente se centra en la
necesidad divina (dei, “debe”; ver 2:49 — el término aparece dieciocho veces en Lucas).
Dios lo ha ordenado no para ser un profeta local, sino para ser un proclamador mundial de
buenas noticias. Lucas destaca dos aspectos de esa tarea. Primero, “fue enviado”,
apestalēn, un pasivo divino que significa que Dios comisionó y lo envió a predicar el
evangelio. Él no tiene el control de su misión; Dios lo tiene, y por lo tanto debe viajar a
“otras ciudades” con su misión dada por Dios.
Segundo, él está proclamando “el reino de Dios”, un término que ocurre treinta y siete
veces en Lucas-Hechos. El reinado de Dios ha entrado en este mundo, y ha llegado con la
venida de Cristo. Al mismo tiempo, es una entidad futura que aún no ha llegado con carácter
definitivo. Será consumado en la segunda venida. Aquí se inaugura. El reinado de Dios ha
comenzado y está en proceso de iniciar su salvación en este mundo. Este mensaje resume
la predicación de Jesús y la predicación apostólica en Hechos (8:12; 19:8; 20:25; 28:23, 31).
Su ministerio en curso a partir de este momento es “predicar en las sinagogas de Judea”
(4:44). No puede permanecer en un solo lugar, porque su misión universal es llevar la
salvación a todos los judíos y, de hecho, a todo el mundo, como veremos en Lucas-Hechos.
Es extraño que Lucas tenga “Judea” en lugar de “Galilea”, como en Marcos 1:39. Jesús en
Lucas no va a Judea hasta que entra a Jerusalén para la semana de la pasión. Aun así, en
Lucas el término “Judea” se usa a menudo para todo el territorio de los judíos, Galilea y
Judea (6:17; 7:17; 23:5; Hechos 10:37; 26:20). Jesús es comisionado por Dios para comenzar
una misión universal a todos los pueblos.
Ahora vemos cómo se desarrolla el ministerio mesiánico de Jesús, y él comienza con un
sermón inaugural de la sinagoga en su ciudad natal de Nazaret (4:16–30). Él elige Isaías
61:1–2 porque define los objetivos de su ministerio, para aliviar el sufrimiento de los pobres
y liberar a los cautivos por los resultados del pecado en el mundo. Estos temas definen su
ministerio milagroso en su conjunto, ya que incluyen las tres áreas: el cautiverio de Satanás,
las enfermedades físicas y el pecado espiritual.
Las cosas comienzan bien pero rápidamente comienzan a decaer. La gente de Nazaret
está contenta con las “palabras misericordiosas” de su sermón y orgullosa de que “al hijo
de José” le haya ido tan bien como para convertirse en un famoso rabino. Pero todo cambió
para mal cuando Jesús los reprendió por sus demandas de que hiciera milagros para
demostrar que era el profeta de Dios y también un rabino. Su deseo no era seguirlo, sino
ver hechos espectaculares, y no había fe o creencia involucrada. Establecieron el tono para
futuros enfrentamientos en toda Galilea al tratar de matarlo por blasfemia. Una reacción
tan fuerte tan temprano en el ministerio de Jesús es impactante, pero también tipificará
reacciones futuras. De hecho, establece el tono para el resto de la era de la iglesia. Nosotros
también experimentaremos la reacción de la gente de las tinieblas a la luz de Cristo en
nosotros (véase Juan 3:19–20). La oscuridad odia la luz y siempre buscará erradicarla.
La expulsión del espíritu inmundo en la sinagoga de Capernaúm es otro evento
programático, que establece los contornos de la guerra espiritual no solo para el ministerio
de Jesús sino para la vida de la iglesia en todas las épocas. Estos ángeles caídos tienen un
gran deseo: derrotar al pueblo de Dios y llevarlo a la esclavitud. Jesús establece el estándar
para todos nosotros. No podemos tolerar la actividad demoníaca, pero debemos oponernos
a ella donde sea que la encontremos. Los cristianos deben dejar de fingir que todo está bien
e ignorar las señales que nos rodean. Eso casi nos derrotó en ambas guerras mundiales, y
los efectos serán aún más devastadores en la guerra cósmica. El hecho es que Jesús ya ha
atado a Satanás, y todo lo que tenemos que hacer es confiar completamente en él y en la
presencia empoderadora del Espíritu para tener también la victoria en nuestras vidas.
El resto del ministerio temprano de Jesús (4:38–44) se centra tanto en la programación
como en la acción en varios lugares, hogares, sinagogas y ministerio al aire libre. El suyo es
un ministerio de poder, exhibiendo una autoridad dada por Dios en palabra y obra y
acompañado por la presencia y el poder del Espíritu. Los demonios están intimidados en su
presencia, y una simple palabra del Señor los domina. Este es el comienzo de un fenómeno
mundial, no solo local.
DISCIPULADO Y CONFLICTO (5:1–6:11)
Este material combina una historia del material L de Lucas, a saber, 5:1–11, con cuatro
narraciones de conflicto tomadas de Marcos 2:1–3:6. Todos estos episodios comienzan con
la notación literaria egeneto, “sucedió” (NVI: “un día”, 5:1, 12, 17; 6:1, 6, 12), que los une
como uno unidad más grande. El propósito de Lucas es mostrar cómo Jesús comenzó su
ministerio eligiendo discípulos y confrontando a los líderes, que se sienten cada vez más
ofendidos cuando Jesús sigue tomando libertades con sus tradiciones (ver más abajo)
Algunos piensan que toda esta sección se refiere al discipulado, pero aparte del llamado de
Leví, 5:12–6:16 se centra más en las controversias con el liderazgo judío. Entonces, esta
sección entrelaza las reacciones positivas de los seguidores de Jesús (5:1–11, 27–28; 6:12–
16) con historias de controversia (5:12–16, 17–26, 29–32, 33–39; 6:1–5, 6–11) para mostrar
la amplitud de las reacciones a Jesús que caracterizarán su ministerio al pueblo de Israel.
Jesús llama a sus primeros discípulos (5:1–11)
Lucas reemplazó Marcos 1:16–20 con esta historia de la captura milagrosa de peces y luego
la colocó más tarde en la narrativa porque deseaba continuar los paralelos con Juan el
Bautista y mostrar el ministerio de Jesús antes de que los seguidores se unieran a su equipo.
De esta manera, ahora hay cinco escenas paralelas: el anuncio de los dos nacimientos (1:5–
25, 26–38), las canciones de alabanza (1:46–56, 67–79), los nacimientos mismos (1:57; 2:1–
20), las presentaciones (1:59–66; 2:21–40) y los ministerios galileanos (3:1–20; 4:14–44). En
todos ellos, Juan es el gran profeta llamado por Dios para iniciar la nueva era, mientras que
Jesús es el más grande profeta y el Mesías llamado por Dios para llenar la nueva era con su
contenido de salvación.
Jesús ha establecido su propio ministerio y ha sido increíblemente exitoso, y ahora invita
a los discípulos a unirse a su equipo. Si bien existen similitudes con Marcos 1:16–20 (la
escena del lago, el llamamiento de los discípulos, la frase “pescadores de hombres”, los
discípulos lo dejan todo), las diferencias en la escena de la pesca y la captura milagrosa son
suficientes para hacer probable que esta sea una historia separada que Lucas tomó prestada
de sus fuentes especiales (1:1–4).
El escenario (5:1–3)
La popularidad de Jesús continúa creciendo, y una multitud lo acosa, “escuchando la palabra
de Dios”, una frase favorita de Lucas para la proclamación del evangelio y las Escrituras (ver
8:11, 21; 11:28; Hechos 4:29, 31; 6:2, 7; 8:14; 11:1). Este es el primer paso para el
discipulado, pero en sí mismo no es suficiente, ya que escuchar sin una respuesta obediente
no nos lleva a ninguna parte con Dios. Jesús está enseñando en “el Lago de Genesaret”, el
nombre local del Mar de Galilea, llamado así por la región al suroeste del lago. Es un lago
fértil conocido por su pesca, y tiene aproximadamente trece millas de largo y siete millas
en su parte más ancha.
A medida que la multitud crece, Jesús busca ayuda y mira dos botes a la orilla del agua
que acababan de llegar de una noche de pesca. Los pescadores estaban “lavando sus redes”,
raspando las algas marinas y limpiándolas para que no se secaran ni se agrietaran. Un barco
de ese período recientemente descubierto tenía 25.5 pies de largo, 7.5 pies de ancho y 4.5
pies de profundidad, con cuatro remos y una capacidad de diez personas. Estos pescadores
tenían dos para un bote, por lo que cabían muchos peces. No habían atrapado ninguno esa
noche.
Los cuatro eran discípulos de Jesús, y eligió el bote de Simón como un púlpito
improvisado para su predicación de las buenas nuevas. En el versículo 3 tenemos la
obediencia preliminar de Simón, el siguiente paso para el discipulado. Debemos recordar
que él y los demás habían estado pescando toda la noche y, sin duda, estaban exhaustos,
simplemente queriendo dormir bien. Decir que sí a la solicitud de Jesús de llevarlo en la
barca hacia dentro del lago para que pudiera enseñar a la multitud fue sin duda lo último
que Simón quería hacer. Su voluntad de hacerlo fue puro sacrificio de su parte. Jesús se
sentó en el bote para enseñar, la posición normal cuando los rabinos enseñaban.
Obediencia radical y resultados milagrosos (5:4–7)
Simón y los demás eran pescadores profesionales, y Jesús era carpintero. Sin embargo, él
se adueña del bote en busca de una aventura ridícula y dice: “Sal a las aguas profundas y
baja las redes para pescar”. Todo sobre esta orden estaba mal. Pescabas de noche, no de
día, porque cuando sale el sol y el agua comienza a calentarse, los peces nadan hacia lo más
profundo. No solo eso, sino que para esta pesca de “aguas profundas” utilizaron una red de
trasmallo pesada que necesitaría tanto barcos como los cuatro pescadores. Una red tan
grande se vería y sería evitada por los peces fácilmente durante el día. Aun así, este era un
lago muy profundo, y las redes no podían ir a más de veinte pies más o menos. No habían
capturado nada esa noche, incluso en el buen momento para pescar. Cada pequeño detalle
deletreaba el fracaso, y habrían sido justificados para reírse de la petición de Jesús. La
primer orden (“pon”) es singular, se dirige solo a Simón, pero el segundo (“suelten las
redes”) es plural, se dirige a todos ellos y a ambos barcos. Esto en realidad se trata de
discipulado, y el enfoque está en los pescadores que se convertirán en discípulos en lugar
de ser solo parte de las multitudes.
Simón insinúa algo sobre la orden problemática en el versículo 5, diciendo: “Maestro,
hemos trabajado duro toda la noche y no hemos capturado nada”. Se da cuenta, no hace
falta decir, que la orden no es en absoluto práctica. No solo eso, sino que, si vuelven a tirar
las redes, tendrán que pasar por la tediosa tarea de lavar las redes por segunda vez. ¡Quién
sabe cuándo se acostarían! Pero ese es exactamente el propósito de Jesús. Esto se trata de
obediencia más que de pesca. Su pesca es una metáfora para el ministerio (como veremos
en el v. 10), y su obediencia radical es la clave de esta historia. Lo que hacen con sus propias
fuerzas (pescando toda la noche) termina en fracaso, pero cuando responden en obediencia
a su Maestro, se convierte en un éxito increíble. Son principalmente los discípulos quienes
lo reconocen como Maestro (8:24, 45; 9:33, 49), y esto tipifica su rendición a su autoridad
soberana.
Lo que Simón dice en el resto del versículo es el punto central de esta historia: “Pero
como tú lo dices, voy a dejar caer las redes”. Reconocer que Jesús es su Maestro y
someterse a lo que parece una orden ridícula son la verdadera clave del discipulado. Dios
nos pide que nos rindamos completamente a él, incluso cuando no parece lógico. La guía
del Espíritu es un componente esencial del éxito en el ministerio.
Los resultados (5:6–7) son inmediatos y están más allá de la imaginación más salvaje de
los discípulos. Hubiera sido sorprendente atrapar cualquier cosa, pero “capturaron una
cantidad tan grande de peces que sus redes comenzaron a romperse”. Dudo que eso haya
sucedido antes. Este episodio podría llamarse “¡Los que no se escaparon!” La cantidad de
peces, de hecho, es tan grande que los discípulos tienen que llamar al otro bote en la orilla
para que los ayude. Cuando llegan y ambos barcos están llenos hasta la cima, el peso del
pescado es tanto que ambos barcos comienzan a hundirse. Cuando lleguemos al cielo y
hablemos con Simón y los demás, les garantizo que todos dirán que en sus muchos años
como pescadores profesionales, nunca se acercaron a un par de capturas tan grandes como
las dos aquí y en Juan 21. La omnisciencia de Jesús estaba a la vista; él sabía exactamente
cuándo y dónde tirar las redes. Además, Dios puso a los peces allí exactamente en el
momento correcto.
El tema para nosotros es bastante claro: cuando nos rendimos totalmente a Dios,
sucederán cosas maravillosas.
Discipulado y humildad radical (5:8–10a)
El asombroso milagro hace a Pedro espiritualmente consciente. Ahora ve a Jesús por quien
realmente es, y lo abruma. Él “cayó de rodillas de Jesús y dijo: “Aléjate de mí, Señor; ¡Soy
un hombre pecador!” Su reacción demuestra las palabras de Jesús en Juan 16:10 con
respecto a la convicción del Espíritu del mundo “acerca de la justicia, porque voy al Padre,
donde ya no puedes verme”. El Espíritu nos confronta con la justicia suprema de Jesús y
nuestra injusticia. Pedro ya no se sentía digno de estar en la presencia de Jesús. De hecho,
todo gran líder tiene que pasar por este tipo de epifanía y confesar su total pecaminosidad
para estar bien con Dios, como Moisés (Éxodo 3:5–6), Isaías (Isaías 6:5) y Juan el Bautista
(Lucas 3:16). Entonces Pedro ve de una nueva manera el señorío de Cristo y se rinde por
completo ante él.
La base de este asombro (un tema principal, ver 2:18, 47–48; 4:22, 32, 36) es “la captura
de peces que habían tomado” (5:9). Están llenos de asombro ante la demostración del
poder de Cristo sobre la naturaleza. Solo podemos imaginar cómo, como personas que
habían pasado sus vidas en el lago, habían soñado con tal evento desde que eran niños
pequeños. Y fue este carpintero/rabino quien lo hizo pasar. Se dan cuenta de la compasión
y la misericordia de Jesús y su Padre y solo pueden reaccionar cayendo a sus pies. Al igual
que con Moisés e Isaías, esta es una comisión virtual de Pedro para el ministerio que
dominaría por el resto de su vida.
Los otros dos miembros del “círculo interno” de los discípulos ahora se presentan. Estos
tres estarán presentes en la transfiguración y otros eventos importantes, por lo que este es
el núcleo del grupo de los apóstoles. Andrés probablemente también estuvo presente
(como lo estaba en Marcos 1:16–20); él habría sido parte del “nosotros” en el versículo 5a,
pero no se menciona aquí porque Lucas deseaba centrarse en el círculo interno de tres.
Aquí todos se llaman “compañeros” (griego: koinōnoi, la palabra para “compañerismo”), lo
que significa que los dos barcos eran parte de un negocio de pesca.
El llamado a una nueva empresa pesquera (5:10b–11)
Están a punto de firmar un contrato para un nuevo negocio de pesca nunca antes
contemplado en el planeta Tierra, y tendrán un grupo mucho más grande de “compañeros”.
Jesús primero calma sus temores, como lo hizo Gabriel con Zacarías, María y los pastores
en 1:13, 30; 2:10. El milagro adquiere el papel de una teofanía (una manifestación de Dios),
ya que revela a Jesús como el Dios-hombre que controla la naturaleza; y como siempre
cuando Dios se revela en toda su gloria, las personas presentes están llenas de terror (aquí
se ve en la reacción de Pedro, 5:8).
La comisión de Pedro a su nuevo “negocio” es bastante imaginativa, una forma
maravillosa de cubrir la tarea de evangelismo. Jesús está diciendo que a partir de ese mismo
momento (“de ahora en adelante”) la antigua vida de los discípulos ha terminado y se ha
iniciado una nueva vida. Esto es paralelo a Isaías 6 y Ezequiel 1–2 como una unción para el
cargo. La redacción es diferente de Marcos 1:17, “pescadores de hombres”. El verbo zōgreō
aquí significa “capturar vivo”, como en “atraparás personas vivas”. Así que este es un nuevo
tipo de pesca y una nueva captura de peces, revirtiendo la metáfora del juicio del Antiguo
Testamento (Jer. 16:14–16; Ezequiel 29:4–5) y cambiando a una imagen de caza para
rescatar a las personas del peligro y muerte Entonces se dedicarán a un tipo de pesca
completamente nuevo en el que llevarán a las personas de la muerte del pecado a la nueva
vida de Cristo.
Su respuesta es el paso final hacia el discipulado. Cuando llegaron a la orilla, “dejaron
todo y lo siguieron”. El suyo era un compromiso radical con Cristo, y dejaron “todo” para
seguirlo. Los cuatro socios pesqueros entraron en la nueva asociación entre ellos y Jesús, e
implicó una misión universal, ya que todo el mundo se convirtió en un océano de “peces”
para buscar a Dios y rescatarlo de la muerte eterna. Estos antiguos pescadores
profesionales, como lo han señalado varios intérpretes, ahora se convierten en “pescadores
aficionados” que ahora deben sentarse a los pies del Maestro y aprender esta nueva forma
de ganar a las personas para Dios.
También debemos calificar cuidadosamente el significado de “dejaron todo”. Esto no se
entiende de una manera absolutamente literal, similar al rechazo de San Francisco de Asís
de toda posesión terrenal. Pedro era dueño de su propia casa, y Juan 21 nos dice que
conservaron sus botes y continuaron pescando cuando no estaban en el ministerio.
Discutiremos el tema de las posesiones muchas veces en este comentario, porque Lucas
tiene un interés especial en este tema. Según Lucas, Jesús tiene total prioridad sobre
nuestras posesiones, y aunque disfrutamos de las bendiciones materiales que Dios nos
brinda, están destinadas principalmente a ser compartidas con otros, no consumidas solo
para el placer personal. Aun así, cuando Zaqueo, un recaudador de impuestos muy rico llegó
a la fe, regaló la mitad de sus posesiones (19:8), lo que significa que todavía tenía una
fortuna. La riqueza no es un yugo alrededor de nuestros cuellos; Es una oportunidad para
servir a Dios y a los demás con nuestra generosidad.
Jesús sana a un leproso (5:12–16)
La autoridad y el poder de Jesús continúan, y él sigue a Marcos 1:40–45 de cerca en esta
historia. La lepra en el primer siglo cubrió una gran cantidad de enfermedades de la piel
como lupus, tiña o psoriasis. La enfermedad de Hansen, lo que llamamos lepra hoy, fue solo
una de muchas. En Levítico 13:2, la “lepra” se describe como cualquier “hinchazón o
sarpullido o una mancha brillante en la piel”, por lo que una lesión o área inflamada se
consideraría lepra. Esto fue visto en la ley judía como contaminación de la persona, y todos
los que la tocaban también quedaban impuros (Lv. 14:46). Entonces, cuando el individuo se
iba a cualquier parte, tenía que gritar “inmundo, inmundo” para que la gente pudiera
asegurarse de no hacer contacto inadvertidamente y se contaminaran. Era una enfermedad
debilitante, física y socialmente, ya que la persona estaba condenada al ostracismo (Lv.
13:45–46) y a menudo tenía que vivir fuera de la ciudad (Éxodo 4:4; Nm. 5:2–3). Se
consideraba un castigo extremo de Dios y solo Dios podía sanarlo.
La sanación (5:12–14)
Puedes ver la desesperación del hombre en su reacción hacia Jesús, cayendo de bruces al
suelo y rogando: “Señor, si quieres, puedes limpiarme”. Obviamente, los sacerdotes y los
rabinos no estaban obligados a sanar a un leproso, y Jesús podría haberse negado a ayudar.
Probablemente otros se negaron, porque, como dijimos antes, nadie se atrevía a tocar a un
leproso. Se necesitó coraje para que el hombre viniera a Jesús, porque todos esperaban que
él evitara ese contacto, y cualquiera que lo notara lo denigraría. También cree
completamente en Jesús, ya que es la segunda persona en dirigirse a Jesús como “Señor”
(después de Pedro en 5:8) y dice, en efecto, “Si quieres, puedes hacerlo”. A la luz de la
seriedad de la lepra, esta es una sorprendente confesión de fe. Él claramente ve que Jesús
ejerce el poder de Dios en su ministerio de sanación. La única pregunta es si Jesús quiere
hacerlo, no si puede hacerlo.
La respuesta de Jesús muestra su conciencia de la fe del hombre: “Quiero… ¡Sé limpio!
Tenga en cuenta que no solo sana al hombre; él también lo está declarando “limpio” de
contaminación. Jesús realmente tiene la autoridad de Dios detrás de él, tratando con lo
físico y lo espiritual/religioso al mismo tiempo. En el Antiguo Testamento, Dios a menudo
extiende su mano también (Éxodo 3:20; 7:5; Deuteronomio 4:34; 9:29; Salmo 136:12), lo
que significa el poder de hacer cosas maravillosas. Como en 4:40, Jesús usa el tacto para
sanar a los enfermos, sin preocuparse de que eso se suponía que lo hiciera inmundo
también. Como Hijo y Mesías de Dios, era insensible a tales cosas.
Al igual que con la suegra de Pedro (4:39), el hombre fue “inmediatamente” curado.
Jesús entonces ordena que no se lo diga a nadie (como en Marcos 1:44) hasta que vea a un
sacerdote y pueda ser declarado oficialmente limpio y capaz de reingresar a la sociedad.
Probablemente hay dos razones para el silencio: la demanda legal de ver a un sacerdote y
el deseo de Jesús de que su ministerio no se convierta en un circo con personas que
constantemente desean milagros espectaculares. Esto siguió teniendo lugar en todo su
ministerio público y fue una gran distracción.
En lugar de publicitar el milagro, Jesús quería que él siguiera los mandatos de la Torá
haciendo que un sacerdote lo declarara limpio y luego ofreciera los sacrificios requeridos
de Levítico 14:3–7. Traería dos pájaros y sacrificaría uno. Luego debía sumergir al otro con
hilo escarlata e hisopo en la sangre del sacrificado, rociar la sangre siete veces sobre el
hombre que había sanado y liberar al pájaro. La contaminación volaría con el pájaro
liberado.
Reacciones a la sanación (5:15–16)
Marcos 1:45a nos dice que el hombre desobedeció y difundió las noticias por todas partes,
pero Lucas simplemente dice en general que “las noticias sobre él se extendieron aún más”,
repitiendo las notas de 4:14, 37, en relación con su creciente fama. El punto tanto en Marcos
como en Lucas es que cuando el poder sanador de Jesús elimina toda enfermedad y
dolencia, simplemente no puedes quedarte callado. Tienes que decirle a todos los que
conoces sobre lo maravilloso que Dios ha hecho por ti. Como en Marcos 1:45b, el resultado
es que las multitudes que se agolpan después de él se vuelven tan grandes que Jesús tiene
que retirarse. Allí era para ministrar en el área del desierto, donde había espacio para que
las multitudes se reunieran. Aquí es para los momentos de oración con su Padre. La vida de
oración de Jesús se convertirá en otro énfasis importante de Lucas, y veremos a Jesús
orando antes de cada evento importante en su vida (6:12; 9:18, 28; 11:1; 22:41; 23:34, 46).
Jesús sana a un hombre paralizado (5:17–26)
Es común que los eruditos críticos (por ejemplo, el Seminario de Jesús) duden de la
historicidad de este evento, ya que combina el milagro con la autoridad de Jesús para
perdonar pecados. Sin embargo, eso no es necesario, porque la conciencia de Jesús de sí
mismo como autorizado para la misión de Dios y como el Siervo de Yahvé naturalmente
incluiría la autoridad para perdonar los pecados. Todo lo que hemos visto en Lucas hasta
ahora lleva a esto; es el siguiente paso viable en el ministerio de Jesús, y la oposición de los
fariseos muestra la naturaleza realista de la escena.
El escenario (5:17–19)
Ahora nos presentan a otros dos grupos principales en el drama de Jesús, los fariseos y los
escribas o maestros de la ley. Los siguientes episodios se centran en las controversias sobre
la ley, y con cada uno la oposición a Jesús se vuelve más intensa. En Marcos especialmente,
pero también en Lucas, hay un fuerte contraste entre la popularidad de Jesús con las
multitudes y su rechazo por parte de los líderes. Todo esto comienza aquí.
Los fariseos eran un orden laico que se desarrolló a partir de los jasidim (piadosos) del
período macabeo y consistía en judíos fuertemente ortodoxos que tenían un interés
particular en proteger la ley de las influencias paganas. Llamaron a esto “construir una cerca
alrededor de la ley”, lo que facilitó a las personas mantenerlo. Como resultado,
desarrollaron una “Torá oral” o un conjunto de tradiciones para guiar a la población general
en el cumplimiento de la ley. Los maestros de la ley eran los abogados de su época, expertos
en la Torá y principalmente fariseos reconocidos por su conocimiento. Para ellos, la ley no
era una entidad teórica sino práctica, por lo que interpretaron las regulaciones en términos
de la vida cotidiana. Eran especialmente fuertes en las reglas del día de reposo y las leyes
de pureza. Habían desarrollado treinta y nueve reglas (llamándolas “cuarenta menos uno”)
para santificar el día de reposo. Varios de ellos aparecen aquí.
Observaban a Jesús de cerca, sospechando que sería un falso profeta y maestro.
Entonces estaban buscando cosas para criticar, y rápidamente las encontraron. Habían
venido de todas partes del mundo judío para escuchar a Jesús y escuchar lo que tenía que
decir, pero estaban mucho más interesados en acusarlo que en aprender de él.
Lucas enfatiza que “el poder del Señor estaba con Jesús para sanar a los enfermos”, y
esta es una introducción perfecta para el hombre paralítico sobre una estera. Entonces, una
vez más, su autoridad en la palabra se entrelaza con su autoridad en los hechos. Es Dios
quien está detrás de Jesús, y ¡ay de los llamados expertos religiosos que se levantan contra
él!
Marcos 2:3 relata que cuatro hombres llevaron al paralítico sobre la colchoneta, sin
duda uno en cada esquina. El problema es que hay tantos reunidos alrededor de Jesús, tanto
funcionarios como personas de la multitud, que no pudieron llegar a él pasando entre esa
cantidad de gente en la casa. La respuesta fue muy simple. En aquel entonces, las casas
tenían techos planos que consistían en barro y arcilla con paja empacada sobre tablas o
ramas de árboles. Además, la escalera hacia arriba estaba en la parte de atrás y en el
exterior en lugar del interior de la casa. El techo incluso se convertiría en una sala de estar
o comedor a veces. Así que simplemente dieron la vuelta a la parte trasera de la casa,
subieron las escaleras, cavaron a través del techo de tierra y quitaron algunas tablas, luego
lo bajaron a Jesús.
Lucas dice que “así que subieron a la azotea y, separando las tejas, lo bajaron en la
camilla hasta ponerlo en medio de la gente, frente a Jesús”. Las tejas se usaron en hogares
griegos, y Lucas podría haber estado simplemente usando un término que se entendería
más fácilmente en un entorno griego. O esto podría ser un hogar griego. Simplemente no
podemos saberlo con certeza. El principal objetivo de Lucas es la fe de estos hombres y su
ingenio para llegar a Jesús.
La controversia y la sanación (5:20–24)
Jesús trata con el lado espiritual antes que con el físico. Tenga en cuenta que la fe no es solo
con el hombre lisiado sino también con aquellos que lo trajeron (“su fe”). Esto no significa
que Jesús asumió que su enfermedad era el resultado del pecado. Aun así, así es como las
personas a su alrededor lo habrían entendido. En cierto sentido, esto es cierto, porque la
enfermedad y la muerte son el resultado del pecado que entra en este mundo. En cualquier
caso, la fe en Cristo del hombre lisiado y sus amigos que lo cargaron significaba que también
estaban lidiando con su relación con Dios, por lo que Jesús declara: “Amigo, tus pecados
son perdonados”. Cuando Lucas dijo que el poder de Dios para la curación vino sobre él
(5:17), significaba curación espiritual y física. Como en el Salmo 103:3, Dios es un Señor
compasivo “que perdona todos tus pecados y sana todas tus enfermedades”.
Esto causó una gran disensión con los fariseos y los escribas, que se decían unos a otros:
“¿Quién es este tipo que habla blasfemia? ¿Quién puede perdonar pecados sino solo Dios?
(5:21) Dado que el perdón es un componente esencial en la salvación, es realmente muy
serio, y los judíos creían que el perdón no podía venir del sacerdote o de ninguna persona
sino solo de Dios. Las personas reciben perdón cuando realizan rituales tales como
sacrificios, y los sacerdotes pueden pronunciar que ha ocurrido, pero solo Dios puede
declarar a una persona perdonada. Así que Jesús se estaba haciendo igual a Dios y, por lo
tanto, era un blasfemo, lo que en el judaísmo implicaba burlarse o profanar el nombre de
Dios. Jesús lo hizo asumiendo sobre sí mismo lo que solo Dios podía hacer, lo que
perjudicaba la gloria de Dios, y eso constituía una blasfemia.
Jesús era plenamente consciente de lo que estaban pensando (otro ejemplo de
omnisciencia) y decidió cumplir 2:35 y “revelar” sus pensamientos (5:22–23). Él desafía su
razonamiento; él es el profeta, no ellos; él tiene la mente de Dios en esto. Él pregunta:
“¿Cuál es más fácil?” (eukopōteron, “el trabajo más fácil” o “más fácil de hacer”). Es un poco
difícil entender el razonamiento detrás de esto, ya que en la superficie uno pensaría que
perdonar los pecados es lo más difícil. La clave es la diferencia entre decir y hacer. Es más
fácil comunicar el mensaje que caminar el camino. Entonces Jesús hace lo más difícil y sana
al hombre como evidencia de que realmente puede proclamar como perdonados los
pecados del hombre. Es un profeta obrador de milagros y el Hijo de Dios.
Luego, la sanación sigue como prueba de su autoridad sobre los reinos físico y espiritual
(5:24–25). El lenguaje “Pues para que sepan” (griego: “para que sepan”) se extrae de la
confrontación de Moisés con el Faraón en nombre de Dios (Éxodo 7:17; 8:10, 12; 10:2),
especialmente en Éxodo 9:14, que agrega, “para que sepan que no hay nadie como yo en
toda la tierra”. Estos fariseos y escribas, como el faraón, van en contra de Dios y pronto
aprenderán a qué se enfrentan.
Esta es la primera instancia del título del Hijo del Hombre en Lucas, que es el título más
común que Jesús usa para sí mismo en los Evangelios (ochenta y tres veces en total,
veinticinco en Lucas). Probablemente lo prefirió por su ambigüedad y libertad de
consideraciones políticas. Puede verse en el trasfondo de Ezequiel, donde se usa noventa y
tres veces para “humano mortal”, o su uso en Daniel, donde es un título cuasi divino
glorificado con matices de majestad y dominio universal (Da. 7:13–14). Tiene ambos
aspectos en los Evangelios y, por lo tanto, es perfecto para Jesús como Dios-hombre. Aquí
se refiere especialmente a su autoridad dada por Dios para realizar milagros y perdonar
pecados
Juan el Bautista en su predicación y acciones se centró en su bautismo como una
metáfora del arrepentimiento, lo que trajo el perdón de los pecados. Como tal, señaló a
Jesús, quien aquí asume ese manto, y bajo la autoridad de Dios como Hijo del Hombre,
perdona los pecados. Ese es el objetivo de ambos ministerios y el resultado de la nueva era
de salvación que Cristo ha inaugurado a través de su ministerio de salvación. Jesús es el
Dios-hombre encarnado como humano y como la presencia de Dios en la tierra.
Entonces, como prueba de la validez de esta autoridad, le ordena al hombre:
“Levántate, toma tu camilla y vete a casa” (5:24). Este triple mandato es una prueba
concreta del poder de Jesús de parte de Dios. El hombre no solo tiene la fuerza en sus
piernas para levantarse de la camilla, levantarla y dar unos pasos, sino también para
caminar hasta su casa. Él es completamente normal. Ha sido completamente sanado.
Resultado: La alabanza de Dios (5:25–26)
Después de ser sanado, el hombre obedeció “inmediatamente”, levantándose y volviendo
a casa. Durante todo el camino a casa, no pudo dejar de alabar a Dios. El elogio
probablemente duró muchos días, incluso semanas. Todos los que habían estado presentes
y todos a los que les contó se unieron a él en la celebración de alabanzas. Se convirtió en
un festival de alabanza. No hace falta decir que estaban “llenos de asombro” y exclamaban:
“hemos visto cosas notables [literalmente,” increíbles, inconcebibles “hoy”. El relato de
Lucas ha estado lleno de asombro y sorpresa desde el principio (1:21, 63; 2:18, 33, 48; 4:36),
y ¿cómo podría ser de otra manera? Estamos en el período más “notable” en la historia de
la humanidad, escuchando lo que es realmente la mejor historia jamás contada. ¡Me
asombra escribir estos párrafos! El término sēmeron (hoy) es teológicamente importante
en Lucas. Lo usa a menudo (2:11; 4:21; 12:28; 13:32–33; 19:5, 9; 23:43) para enfatizar el
ahora de la salvación, el momento del destino dado por Dios que ha llegado con la nueva
era. Las multitudes apenas captaron esto, pero Lucas quiere que veamos las implicaciones
más profundas. Su alegría se basa en eventos mucho mayores de lo que creen.
Jesús llama a Leví (5:27–32)
Este pasaje combina temas: es a la vez un pasaje de discipulado (con 5:1–11) y el segundo
de cinco narrativas de controversia (con 5:17–26, 33–39; 6:1–5, 6–11). Jesús no elige a sus
discípulos entre los ricos y famosos, pero, como Dios hizo en todo el Antiguo Testamento
(por ejemplo, Abraham, el nómada errante, David, el pastorcillo), saca a su equipo
apostólico de los excluidos y los marginados como este despreciado recaudador de
impuestos. Al hacerlo, logra inflamar las rígidas sensibilidades religiosas de casi todos los
funcionarios judíos con los que se encuentra. Sin embargo, al mismo tiempo, al hacerlo,
cumple su declaración de Isaías 61:1–2 (en 4:18–19) de proclamar las buenas nuevas a los
pobres y llevar la liberación a los oprimidos. Con Jesús y la llegada del reino de Dios, se
eliminaron las barreras sociales y se destruyó el “muro divisorio de hostilidad” entre los
grupos económicos y étnicos (Ef. 2:14). Él se mete en problemas con los escribas y fariseos
esta vez porque está extendiendo el compañerismo a los “pecadores”, completamente
inmundo para ellos. Se mete en problemas por ambos lados, por perdonar a los pecadores
(5:21) y ahora por asociarse con ellos.
Leví es llamado y sigue (5:27–28)
Capernaúm es la ciudad principal en la parte noreste de Galilea, con la principal ruta
comercial desde el norte que la atraviesa y una industria pesquera allí mismo. Por lo tanto,
es perfectamente natural que Roma tenga un puesto personalizado allí para recaudar
impuestos, con los recaudadores de impuestos viviendo allí, Leví aquí y Zaqueo en 19:1–10.
No había grupo más despreciado que ellos, y es sorprendente que Jesús eligió a uno de ellos
para ser su discípulo, en efecto arrojando el sesgo de los fariseos como un guante a la vista.
No les llevó mucho tiempo reaccionar.
Leví no se encuentra en ningún otro lugar en los Evangelios. El fuerte consenso es que
también se le llama Mateo, usado en 9:9 de él y 10:3 del recaudador de impuestos que es
discípulo. Al igual que Simón Pedro o Saulo/Pablo, las personas a menudo eran llamadas
por dos nombres. Jesús “ve” a Leví/Mateo sentado en la cabina de impuestos, y theaomai
indica que lo “observó” o “estudió” (recaudando impuestos sobre los bienes comerciales
que pasaban) el tiempo suficiente para impresionarse. Tomando otra de sus decisiones
inspiradas a la velocidad del rayo, allí mismo ofrece el desafío “Sígueme”. A lo largo de los
Evangelios, akoloutheō es el verbo principal para el discipulado (como también en 5:11;
9:23, 59; 14:27; 18:22.
Leví claramente pudo tomar decisiones con la misma rapidez. Él “se levantó, dejó todo
y lo siguió” (5:28). Nuestra cabeza gira con estas decisiones que cambian la vida que vienen
a toda velocidad. El paralítico “se levantó” de su estado lisiado, y Leví “se levanta” de su
pecado paralizante, liberado también de su cautiverio (4:18). En un nivel esta es su
conversión; en otro nivel se une a Pedro, Santiago y Juan (5:11) como miembro del grupo
de los apóstoles. La formación oficial del equipo no llega hasta las 6:12–16, pero estas son
las etapas preliminares. Muchos ven un problema al dejar su trabajo y luego pagar el lujoso
banquete que sigue, pero en ninguna parte dice que regaló todo el dinero que había estado
ganando como recaudador de impuestos (lo que probablemente fue formidable).
Probablemente lo usó para ayudar a Jesús y a sus compañeros discípulos en su ministerio.
El banquete (5:29)
En honor a su cambio de vida, y para presentar a Jesús a todos sus amigos, Leví organiza
“un gran banquete para Jesús en su casa”, que debe haber sido bastante grande como
corresponde a una persona importante en la comunidad. Por supuesto, todos sus antiguos
amigos eran colegas recaudadores de impuestos y otros “pecadores”. Veremos esto a
menudo en Lucas, donde el compañerismo en la mesa (compartir comidas, un fenómeno
que veremos a menudo en Lucas) es tanto un enfoque para el compañerismo como un
medio de evangelismo. Es por eso que los fariseos están tan molestos: al compartir una
comida con tales pecadores, Jesús los acepta y se identifica con ellos. Una máxima que
ilustra esto es “compartir una comida es compartir una vida”. Aquellos con los que comiste
se convirtieron en tu círculo de amigos, y compartiste todo con ellos. Eso es lo que está
pasando aquí. Leví los presenta no solo a Jesús sino a la nueva vida que ha abrazado.
La controversia (5:30–32)
No hace falta decir que los escribas y fariseos comenzaron a quejarse y reclamar. Esto no
significa que estaban asistiendo a la celebración. Nunca se degradarían con tales intocables
(literalmente, porque tocarlos los hacía contaminarse). Es difícil saber si hicieron los
comentarios mientras ocurría (tales banquetes eran bastante públicos, apenas tenían
comunidades cerradas en ese entonces) o después. El verbo “quejarse” (gongyzō) se usó en
la Septuaginta del Antiguo Testamento para las quejas de Israel contra Dios (Éxodo 15:24;
Nm. 14:26–35; 17:6), pero también tenía un aspecto viable, mientras trataban de ayudar a
sus compañeros israelitas a cumplir la ley fielmente.
Como se dijo anteriormente, “comer y beber” con los “pecadores” significaba compartir
sus prácticas y, por lo tanto, también lo tildaba de pecador. Para Jesús, los pecadores eran
el foco de su ministerio, y su propósito era traerles la salvación. Para los fariseos, estas
personas empañarían no solo su reputación sino también su relación con Dios. El término
“fariseo” significa “una persona separada”, y estuvieron a la altura de su nombre.
Los recaudadores de impuestos, como señalamos en 3:12, fueron particularmente
despreciados porque su codicia y fraude eran bien conocidos y su mala reputación bien
merecida. Al mismo tiempo, el hecho de que vinieran con tanta frecuencia a Juan y Jesús
muestra que muchos de ellos anhelaban una vida mejor y querían estar bien con Dios.
Supongo que hubo bastantes conversos de ese grupo. Para los fariseos eran doblemente
inmundos y marginados, ya que ambos infringían la ley regularmente y se asociaban
constantemente con los gentiles. Apenas había otro grupo al que despreciaran más.
Muchos han pensado que los “pecadores” no son solo una descripción general, sino un
grupo específico, los “am ha’aretz” o “personas de la tierra”, judíos que no eran
escrupulosos sobre el cumplimiento de la ley. Sin embargo, hay poca evidencia de esto aquí,
y es más probable que se tratara de personas de baja reputación como apostadores y
prostitutas. Pero ciertamente los “pecadores” incluirían a judíos no observantes de la ley
aquí. Mateo habría tenido muchos amigos de estos diferentes ámbitos de la vida.
El mensaje principal aquí es la amplitud de la misión de la iglesia, ya que Jesús y sus
seguidores intentan hacerse amigos y traer a Dios a todo tipo de “pecadores”. El punto no
es la comunión sino la salvación, y el mensaje para nosotros es que nadie está excluido,
incluso aquellos que han elegido un estilo de vida que es despreciable para nosotros. Dios
“amó tanto al mundo” (Juan 3:16), no solo a aquellos que se ajustan a nuestra zona de
confort.
Jesús responde a los escribas y fariseos con un aforismo que podrían entender: “No son
los sanos los que necesitan un médico, sino los enfermos” (5:31). Los fariseos se equivocan
cuando restringen su trabajo a aquellos que no lo necesitan. Jesús es el verdadero médico
que va a donde están los enfermos para ayudarlos directamente. Como resultado, los
fariseos son hipócritas que rechazan a las mismas personas que necesitan su ayuda y a
quienes Dios quiere enviarles. Los enfermos los están llamando, pero se niegan a responder.
Jesús hace lo contrario: no espera la llamada, sino que busca directamente a los pecadores
enfermos y se dirige a ellos para traer la sanidad espiritual.
Entonces, Jesús define su ministerio a la luz de este aforismo: “No he venido a llamar a
justos, sino a pecadores al arrepentimiento” (5:32). Esto podría parafrasearse: “No he
venido a llamar al arrepentimiento a los que piensan que son justos, sino a los que saben
que son pecadores”. Él no está ministrando a los fariseos jactanciosos, sino a los pecadores
honestos que admiten su verdadera postura con Dios. Esto en absoluto significa que Dios
no está interesado en los fariseos: Nicodemo y José de Arimatea vinieron a Cristo.
Jesús quiere decir que se está enfocando en aquellos que están abiertos al evangelio en
lugar de aquellos que están endurecidos y cerrados a él. Entonces él está invirtiendo
totalmente la filosofía del ministerio de los fariseos. No es de extrañar que él y Juan el
Bautista sean tan populares mientras que los fariseos tenían pocos seguidores. Ellos
evitaban a las personas que los necesitaban. La meta del ministerio es clara: el
arrepentimiento (ver 13:3, 5; 15:7, 10; 16:30; 24:47), no la conformidad con las regulaciones
legales como los fariseos, sino el perdón de los pecados y ponerse a cuentas con Dios.
Jesús debate con los fariseos sobre el ayuno (5:33–39)
El mismo grupo de fariseos y escribas que disputaron con Jesús y sus discípulos por comer
con los pecadores ahora le pregunta sobre el ayuno. Fueron superados en la disputa
anterior y ahora intentan recuperar la ofensiva. No tenemos idea de si todo esto ocurrió el
mismo día. Probablemente fue más tarde, porque parece una configuración separada.
La pregunta de los fariseos (5:33)
Claramente, Jesús y sus seguidores a la luz de la realidad del nuevo reino no se adhirieron
al mismo estilo de vida o conjunto de normas seguidas por los fariseos. Incluso el Bautista
siguió la práctica estricta de ayuno y oración observada por los fariseos, mientras que los
seguidores de Jesús eran libertinos en comparación, “comiendo y bebiendo” libremente.
El ayuno principal requerido fue el Día de la Expiación (Lev 16:29–34), y el ayuno
normalmente un día. Sin embargo, el ayuno podría durar tres días (Est. 4:16) o incluso una
semana (1 Sa. 31:13), aunque el ayuno se realizó durante el día y terminó al anochecer (2
Sa. 3:35). Hubo un ayuno de cuatro días para marcar la destrucción de Jerusalén. Los ayunos
de cuarenta días en los que Moisés (Éxodo 34:28), Elías (1 Reyes 19:8) y Jesús (Lucas 4:2) no
consumieron nada fueron eventos religiosos inusuales y altamente significativos. El ayuno
a menudo se hacía en momentos traumáticos en la vida de Israel (Zac. 7:5; 8:19, ambos
relacionados con el exilio). Los fariseos ayunaban dos veces por semana, los lunes y jueves,
y los seguidores de Juan probablemente hicieron lo mismo. El ayuno era una práctica bien
conocida por los judíos, asociada con el arrepentimiento y el dolor por el pecado. La
esperanza era que, al combinar el ayuno con la oración, Dios respondería más fácilmente.
Entonces la pregunta era completamente válida.
La respuesta de Jesús (5:34–35)
La venida de Jesús está marcada por la alegría, no por el dolor, por lo que utiliza la metáfora
de una celebración de boda para ilustrar su punto. Mientras el novio esté presente, es
tiempo de celebración, no de tristeza. No hay lugar para el ayuno. Esta es una metáfora de
la era mesiánica (Isaías 54:5–6; 62:4–5; Ezequiel 16; Oseas 2:16–23), y la fiesta de bodas es
una imagen adecuada para “comer y beber” sobre lo cual habían preguntado los fariseos.
Dado que el ayuno indica luto y tristeza, no es apropiado para el ministerio de Jesús.
Ciertamente, la tristeza por el pecado es un aspecto crítico del arrepentimiento y el perdón,
pero Jesús se centra en la alegría del antiguo pecador perdonado.
Aun así, Jesús reconoce que hay un lugar para ayunar. Eso es para el futuro en lugar del
presente de su ministerio: “Llegará el momento en que se les quitará al novio; en aquellos
días ayunarán” (5:35). Obviamente, el “tiempo” en que Jesús es llevado se refiere a su
pasión y muerte. Como varios académicos han comentado, el tiempo después de la
resurrección se caracterizó por la alegría (24:41, 52) y presentó varias comidas (24:42–43;
Juan 21:10–13).
Este versículo es importante históricamente porque muestra su comprensión de que
estaba destinado a morir. Es probable que Jesús quiera decir que, en el período intermedio
entre su muerte y la resurrección final en su segunda venida, el ayuno volverá a ser
apropiado. Eso encaja en el lugar del ayuno en la iglesia primitiva. La restauración completa
y final de la humanidad no vendrá hasta que Cristo regrese y comience la eternidad (Ro.
8:18–22; 1 Co. 15:20–28). El ayuno es una parte importante de la experiencia cristiana hasta
entonces.
Dos parábolas del reino sobre lo viejo y lo nuevo (5:36–39)
Jesús ilustra su punto en los versículos 34–35 con dos parábolas, ambas metáforas que
contrastan el antiguo pacto con el nuevo. El punto literal sería un principio de sentido
común extraído de la vida cotidiana. Pero como metáforas espirituales son bastante
profundas. Una parábola es una metáfora extendida, a menudo una mini historia o una
ilustración que explica una verdad espiritual. En este caso, ambas parábolas tratan sobre
algo nuevo que se inserta en algo viejo y los efectos que resultan, enfatizando la
incompatibilidad del nuevo pacto que Jesús trajo cuando se vio forzado al antiguo pacto de
Moisés. La primera parábola (5:36) es sobre una prenda vieja que se ha roto y una pieza de
prenda nueva zurcida como un parche. La prenda vieja ya se ha encogido y está seca e
inflexible. El nuevo parche que se zurció se encogerá cuando se lave. Cuando eso suceda, el
hilo rasgará tanto la prenda vieja como la nueva, destruyendo ambas.
La segunda parábola (5:37–39) tiene la misma trama básica, esta vez vino nuevo no
fermentado vertido en odres viejos y quebradizos. Al principio, los odres de cuero son
suaves y flexibles, pero a medida que envejecen se vuelven secos y quebradizos. El vino
nuevo no está fermentado, y mientras que en el odre viejo fermentará y se expandirá,
haciendo que la frágil piel se agriete y luego se rompa. Tanto el odre como el vino se
destruyen cuando el vino “se escurre” del odre arruinado en el suelo. Jesús esta vez
proporciona la solución: el vino nuevo debe echarse en odres nuevos (v. 38) y deje que
envejezca adecuadamente.
Ambos tienen el mismo mensaje. Cristo ha iniciado un nuevo pacto entre Dios y la
humanidad, encerrado en su mensaje evangélico de salvación. Los fariseos están tratando
de forzar esta nueva verdad en las viejas y gastadas estructuras de su rígido judaísmo. Los
dos no pueden encajar, y al final ambos serán destruidos. La nueva libertad en Cristo no
puede encerrarse en las rígidas reglas de las tradiciones orales. Las verdades del evangelio
no pueden ser forzadas a las viejas formas religiosas del judaísmo. Se debe permitir que las
nuevas directivas de Jesús se expresen en las nuevas y frescas estructuras religiosas que
Jesús está desarrollando. La nueva forma no es realmente nueva, sino la que cumple con la
anterior. Es el evangelio del arrepentimiento y el perdón de los pecados, una nueva forma
de viejas verdades que libera a los oprimidos (4:18–19) y trae salvación en Cristo.
El versículo final (5:39) es difícil de entender. En la superficie parece admitir que las
viejas costumbres de los fariseos son superiores a las nuevas costumbres de Jesús. Sin
embargo, lo que realmente admite es que habrá muchos que prefieran las viejas estructuras
del judaísmo y no estén dispuestos a adoptar las nuevas formas de relacionarse con Dios.
Cristo exige nuevos enfoques y formas de vivir la realidad del nuevo pacto, pero muchos
simplemente no pueden hacerlo. El libro de Hechos trazará estos desafíos, y dos grupos
vienen a la mente. El ejemplo negativo son los judaizantes de Gálatas y Filipenses 3, que
exigen que los conversos se conviertan en judíos antes de convertirse en cristianos,
pensando que los cristianos deben obedecer explícitamente la ley. Pablo muestra que eran
falsos maestros/herejes, trágicamente equivocados. El ejemplo positivo es el de los
cristianos judíos de Romanos 14–15, que continuaron siguiendo las viejas costumbres
judías, pero no reemplazando las nuevas por ellas. Son una forma viable de cristianismo
judío. Este es también el Pablo de los Hechos, que continuó ofreciendo sacrificios y
observando las fiestas judías.
Pablo pregunta dos cosas en estos pasajes. En el lado positivo, los cristianos
(especialmente los cristianos gentiles) deben aprender a comprender y tolerar a los
cristianos judíos, apreciando su amor por Cristo y su sincero intento de vivir para él. En el
lado negativo, los seguidores de Cristo deben darse cuenta de que muchos otros nunca
aceptarán los nuevos enfoques de Jesús y el cristianismo. Muchos judíos rechazarán por
completo el nuevo vino de Cristo y el cristianismo; otros, como los judaizantes, caerán en
el error de estas dos parábolas e intentarán forzar el nuevo vino de Cristo en los odres viejos
y rígidos de su judaísmo. Han destruido tanto el judaísmo como el cristianismo y deben ser
completamente opuestos.
Los discípulos de Jesús recogen el grano en el día de reposo (6:1–
5)
Estas dos próximas narrativas de conflictos se centran en las controversias del día de
reposo. Al mismo tiempo, la oposición se intensifica. Esto está en consonancia con el mayor
énfasis en el judaísmo durante ese tiempo en el día de reposo, las leyes alimentarias y la
circuncisión como signos de identidad judía.
El escenario (6:1–2)
Los caminos en el mundo antiguo no bordeaban ni rodeaban las líneas de propiedad, y como
resultado a menudo atravesaban el campo de un agricultor. Es interesante que Jesús y sus
discípulos caminen por un campo en el día de reposo, porque viajar en ese día también se
consideraba trabajo y se restringió a “una caminata en un día de reposo” (Hechos 1:12) o
dos mil codos (= mil cien metros; véase M. Sotah 5:3; M. Shabat 7:2). Probablemente
estaban siguiendo esta restricción, ya que no hay crítica de esto.
Galilea tenía uno de los mejores suelos de la región mediterránea y era famoso por sus
granjas. Estos eran campos de trigo que maduraron en marzo y abril, y los cultivos crecerían
hasta el camino. Al pasar, sus discípulos “comenzaron a recoger algunas espigas, frotarlas
en sus manos y comer los granos”.
En aquel entonces, se permitía recoger algunos granos para un refrigerio en la
propiedad de otra persona, pero el problema era que era día de reposo. Entonces los
fariseos reprendieron a Jesús: “¿Por qué haces lo que es ilegal en día de reposo?” Solo se
permitían excepciones cuando una vida estaba en peligro, y ese no era el caso aquí. En
realidad, se estaban rompiendo varias reglas del día de reposo. La cosecha del grano se
estaba cosechando, y el roce del grano para limpiar el grano de las cáscaras se consideraba
una trilla. Todo esto también podría haberse considerado cosecha, y técnicamente estaban
preparando una comida. Eso sería romper cuatro reglas, un problema formidable. No es
que se les prohibiera comer. Más bien, la preparación debía hacerse el viernes y el sábado
debía ser un día de descanso. Aunque Jesús mismo no estaba comiendo el grano, sería
culpable por asociación, porque él era el rabino a cargo y lo permitía.
La respuesta de Jesús (6:3–5)
Jesús responde a su cargo con un ejemplo de las Escrituras (6:34) y luego un
pronunciamiento solemne (6:5). Su paralelo bíblico comienza con una leve crítica: “¿Nunca
has leído?” asumiendo que sabían la historia, pero habían perdido un punto importante. El
punto se extrae de 1 Samuel 21:1–6, donde David realizó una violación aún mayor del
protocolo del día de reposo. Estaba huyendo de Saúl y muerto de hambre, así que se detuvo
y le pidió pan al sacerdote Ahimelec. El sacerdote solo tenía el sagrado “pan de la presencia”
usado en el tabernáculo, por lo que estaba disponible solo si David y sus hombres se habían
santificado. David responde que sus hombres son santos “incluso en misiones que no son
santas” porque lo acompañaron, el elegido por Dios. David se consideraba una ley superior
a la ley ceremonial de la Torá, y los rabinos dijeron que esto se debía a que era una figura
mesiánica.
Jesús está usando un principio hermenéutico rabínico aquí, de menor a mayor. Funcionó
en dos niveles, primero en el pan (el menor) versus David (el mayor), y luego David (el tipo
mesiánico) versus Jesús (el mismo Mesías). Entonces, si David pudiera superar una
regulación de la Torá, ¿cuánto más podría pasar con Jesús, el Hijo de Dios y el Mesías? Tenga
en cuenta el punto de Jesús: por una interpretación estricta de la ley, David violó una
regulación muy importante de la Torá, pero nunca fue criticado, ya que era el futuro rey y
el prototipo del Mesías. Si eso es cierto, ¿cuánto más es el caso con el mismo Mesías? Jesús
estaba igualmente libre de culpa.
La conclusión de Jesús es un pronunciamiento increíblemente audaz garantizado para
causar una reacción: “El Hijo del Hombre es Señor del día de reposo” (6:5). Como el Hijo del
Hombre descrito en Daniel (Da. 7:13–14) con dominio universal (véase 5:24), Jesús también
es Señor soberano sobre el día de reposo y sus reglamentos. Él es el intérprete final de la
ley y tiene total autoridad para dejar de lado las reglas del día de reposo. A la luz de la
importancia de las reglas del día de reposo en el judaísmo del primer siglo, Jesús está
haciendo una impactante declaración cristológica sobre el alcance de su señorío. Ha
demostrado con sus milagros que tiene autoridad sobre la creación, pero ahora afirma que
también tiene autoridad sobre el reino espiritual de Dios.
Jesús sana en el día de reposo (6:6–11)
Jesús acaba de declarar que él es el Señor del día de reposo. Ahora lo demuestra con otro
acto de poder. Las leyes sabáticas eran igualmente estrictas sobre la sanación de
enfermedades y afecciones médicas en el día de reposo. De nuevo, solo se permitía si había
una vida en juego, y ese no era el caso aquí. No sabemos la causa de la mano arrugada del
hombre, ya sea un accidente o una parálisis, pero probablemente fue la última, ya que
parece tratarse aquí como una situación médica. Se pensaba que las manos arrugadas eran
un castigo divino por el pecado (1 Reyes 13:4–6; Salmo 137:5), por lo que estamos lidiando
con un problema tanto espiritual como físico.
La pregunta central en la sanación del día de reposo anterior (4:33–37) no era sobre el
tema del día de reposo sino sobre el poder de Jesús sobre los espíritus inmundos. Aquí el
conflicto del día de reposo se destaca, y el debate se centra en la legalidad de romper las
restricciones de la Torá. Entonces, este conflicto final es la clave para los demás, porque al
responderlos, Jesús está cuestionando la Torá misma. Su punto básico es que en el día de
reposo la gente tiene prioridad, no reglas.
El escenario (6:6–7)
En otra ocasión (no sabemos si fue la semana siguiente) Jesús nuevamente está enseñando
en la sinagoga, probablemente la misma en Capernaúm, y esta vez es un hombre con una
mano atrofiada presente en el servicio. Aparentemente no sufre molestias, pero el hecho
de que esta fuera la mano “derecha” significa que su vida se vio interrumpida al máximo,
ya que sin duda era diestro. En el Evangelio de los nazarenos, el hombre es un albañil cuya
mano quedó paralizada en un accidente y se vio obligado a convertirse en mendigo. No hay
forma de juzgar la verdad de esa historia.
El hecho crítico de esta historia radica en los fariseos y los escribas. Los espectadores no
están interesados simplemente en asistir al servicio, sino que se han convertido en
vigilantes esperando que Jesús haga algo mal para que puedan atacar. Su animosidad y el
deseo resultante de hacer daño grave a Jesús se convertirán en una trama que controla el
resto del Evangelio de Lucas. Lucas dice que ellos “lo observaron de cerca” (paretērounto),
imaginándolos continuamente escondiéndose y mirando por las esquinas tratando de
atraparlo violando la ley. Éxodo 31:14 incluso dice que un quebrantador del día de reposo
es digno de muerte, y este es su objetivo, ver morir a Jesús.
La respuesta de Jesús (6:8–9)
Una vez más interviene la omnisciencia de Jesús (véase 5:7, 22; véase también 9:47; 11:17;
24:38), y él conoce sus pensamientos. También sabe cuál es la mejor manera de
contrarrestar sus malas intenciones, por lo que le dice al hombre lisiado que “se levante y
se pare frente a todos”. Un “mostrar y decir” es la mejor manera de responder. Una cosa es
corregirlos verbalmente, otra muy distinta responder con un hecho poderoso que
demuestre la verdad que desea comunicar.
Jesús había dicho en su primer sermón en la sinagoga de Capernaúm que el propósito
de su ministerio era cumplir con Isaías 61:1–2 y liberar a los prisioneros de su esclavitud. Su
mensaje aquí es que este es también el propósito del regalo de Dios del día de reposo. A la
luz de esto, pregunta: “¿Qué es lícito en el día de reposo?: ¿hacer el bien o hacer el mal?,
¿salvar la vida o destruirla?” Las tradiciones de los fariseos y todas sus restricciones han
puesto en cautiverio al pueblo de Dios, y eso es aún más cierto para las personas con
discapacidad como este hombre. Para él, el día de reposo es el único día de la semana que
no puede “descansar”, la única vez que no puede ser sanado. ¿Cómo puede ser eso
correcto?
Por sus rígidas reglas, esta mafia legal ha convertido el día de reposo en un día malvado
que destruye. La verdadera intención de Dios al bendecir a su pueblo con el día de reposo
fue por su “bien” y “salvar” vidas. Este último verbo es sōzō, el verbo primario para
salvación, usado también para liberación física y espiritual. Se suponía que el día de reposo
debía permitir a las personas recuperar su fuerza y adorar a Dios, pero lo habían convertido
en un día que permitía a las personas degenerar y empeorar sus vidas. Esto es contrario a
la voluntad de Dios. La respuesta a la pregunta de Jesús es obvia.
Acción y reacción (6:10–11)
Jesús responde a su propia pregunta actuando en lugar de hablar. El hombre también actúa.
Él no objeta y le dice a Jesús que no puede cumplir. Su acto inmediato de fe y obediencia es
recompensado con una sanación inmediata, y estira su mano, su parálisis desaparece y su
mano se restablece por completo. Marcos 3:5 nos dice que Jesús estaba enojado y
angustiado por sus tercos corazones, pero Lucas simplemente dice que Jesús “miró a su
alrededor”, centrándose en el poderoso acto de Jesús más que en su actitud. Al hacerlo,
Jesús muestra la verdadera naturaleza del día de reposo y el “bien” que debe producir.
Hay ramificaciones importantes en esto para los debates del día de reposo también en
nuestro tiempo. La cuestión de las restricciones del Sabbath y el significado del “día de
reposo” no se resolvió en el día de Jesús, y aún debemos preguntarnos hasta dónde puede
llegar esa “libertad” en el Día del Señor. Ningún cristiano duda de los aspectos idénticos del
descanso y la adoración que deberían caracterizar el día, pero algunos cargan esto con todo
tipo de cosas que hacer y qué no hacer, mientras que otros lo convierten en otra fiesta
secular de fin de semana. Eric Liddell en la película Carros de Fuego lo ilustró mejor. ¿Puede
un niño patear una pelota de fútbol y jugar el domingo? y ¿qué quiere Dios realmente que
hagamos? Solo puedo dar mis opiniones, pero creo que deberíamos encontrar el equilibrio
con el principio de “descanso y adoración”. Es el día del “Señor”, y debemos pasar tiempo
con Dios y con familiares y amigos. Como ex pastor y maestro de seminario, pasé mi vida
en el ministerio los domingos, pero trato de reducir incluso la redacción de comentarios el
domingo, porque ese es mi “trabajo”, y quiero pasar tiempo con mi familia y otros en ese
día. Pero trato de no ser legalista al respecto.
La reacción de los líderes (6:11) es crítica y establece el tono para el resto de Lucas.
Lucas suaviza Marcos 3:6, en el que comienzan a “tramar con los herodianos” para matar a
Jesús. Lucas los tiene “furiosos” y comienza una discusión general sobre “lo que podrían
hacerle a Jesús”. Estaban completamente bloqueados. Una cosa es contrarrestar lo que
Jesús dice, pero ¿cómo pueden refutar lo que Jesús ha hecho? Su única respuesta a esto
puede ser rabia ciega. La imagen es de ira y confusión. Saben que quieren deshacerse de
Jesús, pero no saben cómo contrarrestar ni siquiera este poderoso acto suyo, y mucho
menos cómo contrarrestar todo lo que ha dicho y hecho. Casi puedes imaginarlos formando
comités y grupos de estudio para abordarlo desde muchos ángulos diferentes. Lo que sea
que planeaban; él los eludía por completo.
Estos dos capítulos (5–6) presentan los temas principales del libro. El Capítulo 4
comenzó con la misión mesiánica de Jesús de rescatar a los pobres y liberar a los cautivos,
luego se trasladó a la oposición a la que se enfrentaría primero desde el reino satánico y su
gran victoria al unir estas fuerzas. Realmente liberó a los prisioneros y trajo curación y vida
a los que estaban perdidos. El capítulo 5 comienza con su elección de un equipo para ir a la
guerra. Esta increíble escena (vv. 1–11) presenta el nuevo tipo de pesca a la que los llama,
y define la vida de rendición necesaria para encontrar el éxito en esta nueva empresa. Exige
una obediencia radical que le permite a Jesús guiar sus vidas y promete una maravillosa
captura de peces para aquellos que estén dispuestos a rendirse a su liderazgo (vv. 4–7).
Cuando tiene lugar una obediencia radical, comienzan a suceder cosas maravillosas. La obra
de Dios en y a través de nosotros a medida que obedecemos resulta en una humildad y
arrepentimiento radicales que producen una nueva vida de discipulado (vv. 8–9) y una
rendición radical que nos permite pescar de esta nueva manera y sacar la vida de la muerte.
(vv. 10–11). Esta es una historia no solo sobre el discipulado sino también sobre el éxito en
el ministerio.
Siguen dos milagros de sanación, el leproso (vv. 12–16) y el paralítico (vv. 17–22). Ambos
introducen no solo el poder de Jesús sobre la naturaleza y la enfermedad, sino también la
creciente intensidad de la oposición contra él. La ironía es impactante. En lugar de asombro
y gratitud, estos líderes judíos se centran solo en sus tradiciones preciosas y rígidas. En
realidad, a Jesús le importa mucho más liberar a los desamparados y cautivos (4:18–19) que
las pequeñas reglas de la élite religiosa. La compasión pesa más que la religión regida cada
vez. La lección también es importante para nosotros. Los seres humanos, incómodos con la
libertad guiada por el Espíritu, siempre tienden a inventar reglas.
El llamado de Leví (vv. 27–32) combina el discipulado (Leví) con más evidencia de la
creciente oposición a Jesús (los fariseos y los escribas). Leví, un recaudador de impuestos
despreciado y a lo mejor una persona anteriormente deshonesta, es uno de los peces
“capturados vivos” (5:10) por Jesús. Ejemplifica la reacción adecuada y el cambio de vida
del verdadero converso al organizar un banquete en el que presenta a Jesús y la nueva vida
que ofrece a todos sus antiguos amigos. Esta es la verdadera “explosión de evangelismo”.
Los fariseos están horrorizados ante Jesús en su apertura y aceptación de los pecadores. El
suyo es un anti-evangelismo en el que se niegan a ser mancillados por las mismas personas
a quienes Dios desea enviarlos. No es de extrañar que tuvieran poco efecto en las personas
que los rodeaban, excepto para introducir un nuevo nivel de negatividad en el judaísmo.
Hay muchos como ellos en nuestras iglesias hoy, y debemos tener cuidado con un
cristianismo regido por reglas.
El tema del ayuno y las dos parábolas que siguen (vv. 33–39) son el punto central de
esta sección y explican la nueva era introducida por Cristo y su relación con el antiguo pacto
que está reemplazando. El ayuno pertenece a la era antigua y no tiene lugar en la atmósfera
alegre del reino del nuevo pacto de Cristo. Para nosotros, el ayuno tiene valor
principalmente como se define al sacrificar una necesidad terrenal como las comidas para
abrirnos a la dirección de Dios en un tema. A medida que ayunamos, recordamos que Dios
es lo que importa, no los deseos y necesidades humanos, y nos centramos más
completamente en él en nuestras vidas.
Las dos parábolas explican este fenómeno más profundamente. Cristo ha traído
novedad a este mundo, y debemos permitirle que desarrolle las nuevas estructuras
mediante las cuales disimulamos esta novedad en nuestras vidas. No podemos forzar las
nuevas verdades del reino a las viejas formas religiosas, o ambas se perderán. Esto establece
el tono para el resto de Lucas, donde Jesús creará estas nuevas formas y las enseñará a sus
seguidores. Se nos pide que nos caractericemos por la apertura y la voluntad de abrazar
estos nuevos caminos.
Las dos últimas narrativas de conflicto (6:1–5, 6–11) profundizan en la cuestión de la ley
judía versus Cristo y el tema del cumplimiento. Jesús como Hijo del Hombre tiene autoridad
sobre la ley y es su intérprete final, pero los funcionarios judíos se oponen rotundamente a
estos poderes mesiánicos en Jesús. Su derecho a ignorar las leyes del día de reposo los
inflama, y su rechazo se intensifica. En nuestro tiempo, hay problemas similares en muchos
círculos sobre comer fuera o ir de compras el domingo, y así sucesivamente. La misma
libertad que Cristo enfatiza aquí también debe caracterizar nuestro tiempo. Debemos
santificar el día de reposo, pero lo que define esa santidad y lo que está restringido están
abiertos a debate. Mi principio es poner a la familia y la adoración al Señor primero sobre
demasiadas restricciones o demasiadas libertades. Encontrar el equilibrio es mi objetivo.
El segundo y último episodio (vv. 6–11) se basa y extiende el primero. El tema sigue
siendo las regulaciones del día de reposo y la libertad de Jesús y sus seguidores de ignorarlos
en favor del ministerio a las necesidades de las personas. Tanto el hambre (vv. 1–5) como
la deformidad (vv. 6–11) son razones para eludir tales reglas humanas, ya que la necesidad
individual sobrepasa las reglas externas, y muy a menudo tales reglas duelen en lugar de
ayudar a las mismas para cuyo beneficio Dios nos dio el día de reposo en primer lugar.
Estamos destinados a disfrutar el día de reposo, no solo a someternos a él. Finalmente, esta
escena final también establece la intensa oposición a Jesús que se ha construido para estos
cinco episodios y ahora guiará las reacciones de los líderes para el resto del Evangelio de
Lucas. No habrá respiro en el enfoque completo de sus maquinaciones para deshacerse de
Jesús.
LLAMADO DE LOS DOCE Y EL SERMÓN EN LA LLANURA
(6:12–49)
En esta sección, el énfasis del discipulado de Lucas llega al primer plano, demostrado
primero en Jesús eligiendo a los Doce y segundo en el sermón que Jesús dirige
principalmente a sus discípulos y, en segundo lugar, a las multitudes. La escena está
construida alrededor de Jesús en una montaña, recreando a Moisés ascendiendo y
descendiendo en el Sinaí. Sube la montaña para orar y elige a sus doce discípulos, luego
baja y predica su segundo sermón programático (después de 4:16–30), anunciando las
reglas del reino a sus seguidores. Al igual que Moisés dando la Torá (ley) original, esto puede
verse como la Torá del Mesías. Las otras dos narraciones de la comisión antes de esta (5:1–
11, 27–32) han sido preparatorias, señalando la llamada final y la comisión aquí.
Jesús llama a los doce (6:12–16)
Otro “aconteció” (ver 5:1, 12, 17; 6:1, 6) vincula este evento con los cinco episodios en el
ministerio de Jesús en 5:1–6:11. Es la respuesta de Jesús a los demás y los culmina mientras
reúne al equipo que llevará su misión más allá en Galilea. A la luz de la increíble escalada de
hostilidad y conspiraciones contra él, necesita una pequeña red de apoyo con la que pueda
contar para llevar a cabo sus directivas mesiánicas. Para prepararse para la elección de los
hombres adecuados para el trabajo, emula a Moisés y asciende una montaña para pasar
una noche en oración a su Padre.
Como dije anteriormente en mis comentarios sobre 5:15–16, Lucas muestra a Jesús
recurriendo a la oración en cada evento importante y punto de inflexión. Esta fue una vigilia
de oración durante toda la noche, indudablemente pidiendo ayuda al Padre para tomar las
decisiones correctas y para bendecir a toda la empresa. Esta es la elección del Padre al igual
que la de Jesús, y es un verdadero punto de inflexión en la batalla contra el mal. A diferencia
de la práctica rabínica estándar, donde los discípulos eligieron con qué rabino deseaban
estudiar, esta decisión es enteramente de Dios. Jesús está llevando a cabo la voluntad de
su Padre, y los eventos que siguen en los versículos 13–16 son el resultado de una intensa
oración y guía divina.
La mañana después de la vigilia de oración, mientras todavía estaba en la montaña,
llamó a un grupo de seguidores que lo habían acompañado y de ellos eligieron a doce para
ser su equipo principal. No sabemos cuántos otros estaban allí, pero parece un número
bastante significativo. El verbo eklegomai se usa a menudo de elección divina (ver, por
ejemplo, Marcos 13:20; Hechos 1:24), y eso encaja bien en este contexto.
La elección del número doce es importante, ya que se ajusta a los doce patriarcas y las
doce tribus de Israel, lo que significa que la iglesia es el nuevo Israel y los doce discípulos en
cierto sentido los doce patriarcas que lo liderarán. Hay continuidad directa entre los dos
grupos del pacto. Como dice Pablo en Romanos 11:17, 21, la iglesia no ha reemplazado al
Israel de antaño, sino que se ha unido al olivo, y los Israelitas de los dos pactos fluyen juntos
en uno. La unión de los gentiles en esa mezcla siempre fue la intención, como lo demostró
el pacto abrahámico (Génesis 12:3).
Jesús no solo los eligió, sino que también “los nombró [onomazō, NVI: “los designó
“apóstoles”. En Hechos, esto se convierte en un título que los identifica como los
representantes oficiales de Jesús con autoridad de él. 1
Se debate si “apóstol” se entiende como un título aquí. Muchos piensan que es
completamente funcional, es decir, indica no tanto su autoridad como su propósito, sino
los mensajeros de Cristo a todos. En sí mismo, el término se refiere a alguien “enviado” en
una misión por otro y con autoridad para representar al remitente. Creo que la fuerza aquí
es un equilibrio entre los dos polos, reconociéndolos como enviados y comisionados por
Jesús y, por lo tanto, otorgando la autoridad de Cristo como su representante. Eran los
líderes entre los seguidores de Jesús y siempre estaban destinados a destacarse. El shaliach
arameo fue usado por un profeta o líder judío comisionado como “enviado”, enviado o
agente de Dios, y esto se aplica aquí. Han dejado sus trabajos y se unieron a Jesús para estar
con él donde quiera que fuera.
La lista de los Doce es una de las cuatro del Nuevo Testamento (con Mateo 10:2–4;
Marcos 3:16–19; Hechos 1:13). En cada lista hay tres conjuntos de cuatro, encabezados por
Simón Pedro, Felipe y Santiago, hijo de Alfeo. Los primeros cuatro son los mismos en todas
las listas (Pedro, Andrés, Santiago y Juan), aunque no siempre en ese orden. Judas siempre
es el último, aunque se omite en Hechos 1:13 porque enumera los Once (se había suicidado
en ese momento). Otras cosas a tener en cuenta: (1) Bartolomé se identifica normalmente
(y correctamente) con Natanael de Juan 1:45–49. (2) Simón el Zelote no refleja el
movimiento posterior de los fanáticos de los años 60, que abogó por la rebelión contra
Roma. Esto podría haber significado simplemente que era celoso de Dios, pero lo más
probable era que fuera un nacionalista y seguidor de grupos nacientes que luego se
convirtieron en ese movimiento. (3) Judas hijo de Santiago es probablemente otro nombre
para Tadeo en Marcos y Mateo; los segundos nombres eran comunes entonces. (4) El
nombre “Iscariote” en Judas Iscariote significa “hombre de Kerioth”, un pueblo a doce millas
al sur de Hebrón en Judea, o es una referencia al Sicarii (un grupo de asesinos, bastante
improbable), o podría ser un término arameo que significa “el falso”. El primero es el más
probable; designa su ciudad natal de la misma manera que “el Nazareno” lo hizo por Jesús.
Jesús predica el sermón en la llanura (6:17–49)
Al igual que el Sermón del Monte, a esto se le ha llamado “la Torá del Mesías” o “la nueva
constitución de la comunidad mesiánica”. Es ambos, ya que tiene la intención de exponer
la vida y las actitudes del nuevo movimiento de Cristo, los valores de aquellos que se han
convertido en miembros del nuevo pacto. Mientras que algunos piensan que el Sermón de
la Montaña y el Sermón de la Llanura son sermones separados (porque la forma de Lucas
ocurre un poco más tarde en el ministerio público de Jesús), creo que son versiones
ligeramente diferentes del mismo sermón. La mayor parte de Mateo 5–7 ocurre aquí o está
dispersa en varios lugares en Lucas.
Después de una nota sobre el escenario (vv. 17–19), el sermón contiene tres partes
principales: un conjunto de bienaventuranzas y aflicciones que abordan la justicia de Dios
al derramar sus bendiciones sobre los pobres y su juicio sobre los ricos (vv. 20–26); una
sección de exhortación ética que ordena que amemos a nuestros enemigos y les dice cómo
responder a quienes nos persiguen (vv. 27–36); y un conjunto de dichos y parábolas que
ilustran cómo evitar el juicio crítico y vivir como Dios desea (vv. 37–49).
El escenario: enseñanza y obras poderosas (6:17–19)
Al descender de su montaña de oración, Jesús enseña “en un lugar nivelado” o meseta en
la montaña. Como hemos visto, las personas acuden a él de todas partes y él se dirige a la
diversa multitud. Por lo tanto, esto también encajaría en la configuración de Mateo.
Podríamos armonizar la configuración etiquetándola como “el sermón de la llanura del
monte”. No sabemos dónde estaba esta montaña en Galilea. Había varios que encajarían, y
Galilea era lo suficientemente pequeña como para que cualquier lugar pudiera atraer a
personas de los lados norte y este (Tiro y Sidón), así como la parte occidental (Capernaúm).
Podría estar en cualquier lugar.
Lucas nos dice que los oyentes consistían en “una gran multitud de sus discípulos”, lo
que demuestra el éxito de la misión de Jesús. Lucas hablará de setenta y dos discípulos
enviados en 10:1 y de ciento veinte discípulos reunidos en el aposento alto en Hechos 1:15.
Muchos de estos probablemente se convirtieron en este período temprano y han sido
enseñados por Jesús. Además, hubo un gran número de personas no comprometidas que
vinieron de lugares tan al sur como Jerusalén en Judea o tan al norte como Tiro y Sidón en
la costa de Siria. Esto muestra el alcance de la gran popularidad de Jesús. Es una declaración
sumaria que dice en efecto que la gente vino de todas partes para escuchar a Jesús y ver
sus poderosas obras. Muchos han traído a sus enfermos para que sean sanados por él. Es
toda una escena.
El versículo 18 cuenta las dos razones por las que han venido: escucharlo y ser sanados
por él. Esto se ha visto en cada sección del ministerio público de Jesús y es el corazón de su
fama. Israel no había visto esta combinación de predicador carismático, presencia profética
y poder de hacer milagros desde los días de Elías y Eliseo, por lo que todo el judaísmo está
cautivado por él y simplemente no puede obtener suficiente.
Los resultados de su ministerio en este momento se resumen en los versículos 18b–19.
Primero, “los que estaban preocupados por espíritus impuros fueron sanados”, lo que
indica que varios demonios fueron expulsados de las personas. Como lo hizo en 4:31–37,
40–41, Jesús agrega acción a su enseñanza, mostrando las verdades que está proclamando
al ponerlas en práctica a través de sus obras. Es apropiado que los actos de poder procedan
a su extensa enseñanza en 5:20–39, porque sus actos poderosos demostraron su derecho
a hablar y demostraron que el Padre realmente estaba detrás de todo lo que dijo. También
demostraron la compasión por los necesitados que estaba detrás de todo lo que dijo.
Jesús había sanado a muchos tocándolos (4:40; 5:13), y en el versículo 19 alguna razón
por la que podrían revertir el proceso y ser sanados al tocarlo. Jesús había demostrado en
múltiples ocasiones su poder para sanar a casi todos los que acudían a él (4:40). Habían
visto cómo “el poder venía de él y los sanaba a todos”, entonces, ¿cómo podrían no acudir
a él? El simple contacto podría traer sanidad, y estaban naturalmente asombrados. Ni
siquiera Elías y Eliseo fueron tan prolíficos y continuamente poderosos. El alcance de sus
poderes nunca antes se había visto en la historia. Sin embargo, a las personas se les va a
mostrar un poder aún mayor: la enseñanza de Jesús.
Bendiciones y aflicciones (6:20–26)
Al igual que Mateo 5, este sermón comienza con una serie de bienaventuranzas. Sin
embargo, el Sermón del Monte tiene una serie de bendiciones, mientras que la versión de
Lucas tiene un conjunto de cuatro bendiciones y cuatro problemas. El resultado es una
acusación de los ricos y promesas de que Dios está cuidando a los pobres. El énfasis está en
la dicotomía entre los ricos y los pobres y la seguridad de que se hará justicia divina. Si bien
hay grupos externos y miembros internos en el grupo al que se dirige, estos están
destinados en general a los discípulos, aunque las categorías generales (por ejemplo, la
acusación de los ricos) también se aplican a los no creyentes. Los paralelos son bastante
claros:
Las bendiciones Las aflicciones
Los pobres Los ricos
Los hambrientos Los bien alimentados
Los que lloran Los que ríen
Los rechazados Los que tienen buena reputación
Ser “bendecido” (makarioi) normalmente se refería a los afortunados, aquellos que
tenían las cosas buenas de la vida y podían seguir siendo felices con las cosas. Sin embargo,
este enfoque es inadecuado aquí, y en este contexto centrado en Dios “bendecido” significa
que las bendiciones de Dios permanecen en ellos. El mensaje no es felicidad terrenal sino
bendiciones divinas. Estas son promesas escatológicas. Además, se ocupan de la ética
bíblica, de cómo reacciona uno a las situaciones difíciles de la vida. El tema es el cambio de
roles de Dios, ya que los pobres heredan el mundo de Dios y los ricos enfrentan el juicio de
Dios. Aquellos que enfrentan el dolor y la ansiedad que producen las privaciones de la vida
pueden sentirse cómodos en la gracia de Dios, que corregirá todos los errores y
recompensará a los que sufren injustamente.
Jesús se dirige primero a los pobres (6:20), y esta primera categoría establece el tono para
los demás. Los pobres aparecen en Lucas. En 4:18 vimos que el ministerio de Jesús estaba
destinado a proclamar las buenas nuevas a los pobres (de Isaías 61:1), y es una categoría
socioeconómica, así como espiritual. Los “pobres” en ambos testamentos son aquellos que
están en la miseria y, por lo tanto, deben confiar en Dios para atender sus necesidades. Son
los marginados en este mundo, y en los escritos proféticos los pobres también son el
remanente justo que permanece fiel a Yahveh en medio de una nación impía. Siguen a Dios
incluso mientras son perseguidos.
Jesús ahora se dirige a ellos directamente en segunda persona y presenta su bendición
del reino en tiempo presente (los otros tres están en tiempo futuro), enfatizando así la
novedad de la bendición divina. El “reino de Dios” no es solo el reino final que llegará con
el día del Señor al final de la historia, sino también el reino actual que ha comenzado con la
llegada de Jesús el Cristo. El presente y el futuro están entrelazados, y las bendiciones del
reino pertenecen espiritualmente a los seguidores de Jesús ahora y culminarán en las
bendiciones finales y plenas de la eternidad. Como dice en Marcos 1:15, “el reino de Dios
se ha acercado”. Lucas enfatiza a lo largo de su Evangelio lo que se llama ahora “escatología
inaugurada”, destacando la tensión entre el “ya” y el “todavía no” en la enseñanza de Jesús.
Los seguidores de Jesús “ya” tienen el reino de Dios y son parte de él, y esperan su
consumación final que “todavía no” está aquí.
Los pobres también son los hambrientos (v. 21), una conexión que se hace a menudo
en el Antiguo Testamento (Job 24:4–11; Isaías 58:6–10; Ezequiel 18:7). El hambre se
generalizó en el primer siglo, y la gran mayoría de los que escucharon las palabras de Jesús
pudieron identificarse. La comida era un modismo para las necesidades de la vida en
general, y el “pan de cada día” en la Oración del Señor se refería a todas las necesidades de
la vida. Una vez más, esto se refiere a aquellos que no tienen solución, excepto recurrir a
Dios en busca de ayuda.
A los hambrientos se les promete que “serán saciados”, y una vez más, esto no solo
tiene vigencia socioeconómica, sino espiritual y escatológica. Este es un pasivo divino, que
promete que Dios cubrirá sus necesidades. Las imágenes se extraen del banquete mesiánico
que se presenta en el Salmo 107:3–9; Isaías 25:6; 49:10; 55:1–2; Lucas 22:18; Apocalipsis
19:9. Dios derramará su abundancia sobre aquellos que han sacrificado tanto por él, y su
sufrimiento terminará para siempre. Si bien esta es una promesa futura, tiene
ramificaciones actuales, ya que satisfará espiritualmente a su pueblo en medio de sus
privaciones terrenales.
El llanto también es una experiencia frecuente de los pobres (v. 21), y aquí es causado
no solo por el sufrimiento terrenal sino también por la persecución de la siguiente categoría.
De hecho, la injusticia de todo esto puede ser primaria aquí. El dolor y el sufrimiento están
en el presente, y la alegría ocurrirá en el futuro. Dios corregirá todos los errores y
reivindicará a aquellos cuyas vidas tristes traen tanta tristeza. La vida se volvió contra ellos
y el mundo intensificó el dolor al maltratarlos. Una vez más, la inversión tiene en mente al
pueblo de Dios, porque son ellos los que se reirán de alegría al final cuando Dios cambie
todo. Incluye la paz y la alegría presentes en el sentido de que los seguidores de Cristo
experimentan a Dios con ellos en su sufrimiento, pero la risa indicada aquí es
principalmente futura, como en Apocalipsis [Link] “¡Alegrémonos y regocijémonos y
démosle gloria! Ya ha llegado el día de las bodas del Cordero”.
La cuarta bienaventuranza es solo para los discípulos de Jesús y se refiere a la intensa
persecución que enfrentarán, usando varios verbos: “Dichosos ustedes cuando los odien,
cuando los discriminen, los insulten y los desprestigien[a] por causa del Hijo del hombre”
(v. 22). Jesús ve esto como un “compañerismo de sufrimiento” (Filipenses 3:10), ya que esta
ha sido su suerte en Lucas 5, y ahora les está diciendo a sus discípulos que también será de
ellos. El Evangelio de Lucas habla de la oposición contra Jesús, y el libro de los Hechos
muestra el intenso rechazo que se acumulará también para sus seguidores.
Esta bienaventuranza final toma una forma diferente de las tres primeras y actúa como
una conclusión. Los primeros tres describieron su estado o condición como seguidores,
mientras que esto les dice cómo serán tratados por el mundo que los rodea. La descripción
cuádruple se mueve de la actitud (odio) al maltrato resultante (excluir, insultar, rechazar),
con una creciente intensidad de persecución. “Rechazar su nombre” es singular, se refiere
a su identidad cristiana más que a sus nombres personales. El hecho de que hayan tomado
el nombre de Cristo será visto como una indicación del mal. Esto ha sucedido en nuestros
días, cuando no es popular evangelizar o restringir la salvación a los que pertenecen a Cristo.
Puede estar cerca el momento en que el cristianismo será prácticamente prohibido en la
llamada tierra de los libres.
La base de esta oposición y persecución se afirma simplemente como “por el Hijo del
Hombre”. Nuestra identificación con Cristo es la base del maltrato, como en 1 Pedro 4:14–
16: “Dichosos ustedes si los insultan por causa del nombre de Cristo”. “Hijo del hombre”
fue presentado en 5:24 y 6:5 y significa que nos identificamos con el glorioso y autoritario
Señor de este mundo y del reino de Dios. El mundo está rechazando a Cristo cuando nos
rechazan, y nos alineamos con él.
La inversión escatológica de esto en el versículo 23 es particularmente fuerte: “Alégrate
en ese día y salta de alegría”. A medida que la oposición se intensifica, también lo hace la
alegría, sin duda debido al privilegio de participar en el sufrimiento del Señor. Esto se afirma
muy bien en 1 Pedro 1:10–11, que establece el principio de que el sufrimiento es el camino
hacia la gloria. Cuanto más compartimos el sufrimiento de Jesús, más compartimos su
gloria. A medida que sufrimos pobreza, hambre, tristeza y odio por el bien de Cristo, nos
regocijamos por completo al darnos cuenta de cómo Dios va a revertir todo eso y derramar
sus bendiciones sobre nosotros. Nuestro sufrimiento es temporal (1 Pedro 1:6), pero
nuestra gloria y alegría serán eternas. Esto significa que “ese día” de regocijo no es futuro
sino presente; Tenemos gozo mientras sufrimos dificultades. “Salto de alegría” recuerda a
Juan en el vientre de su madre saltando de alegría cuando María con Jesús en su vientre se
acercaba (1:41, 44).
Hay dos razones para este gozo. Primero, “grande es tu recompensa en el cielo”. El gozo
terrenal es real, pero la recompensa celestial será eterna. No solo seremos vindicados y se
nos dará justicia en el presente, sino que nos regocijaremos aún más en las promesas por
venir. No vivimos para Cristo por la recompensa que obtendremos, pero Cristo todavía
quiere alentarnos y decirnos que la recompensa estará allí. Se ha debatido mucho sobre la
cuestión de las recompensas en el cielo. Personalmente, creo que habrá recompensas, pero
no serán materiales (una corona o mansión más grande en el cielo) sino espirituales. Todo
lo que hacemos para la gloria de Dios y para ayudar a otros se registra y deposita en el cielo
y nos será devuelto cuando lleguemos. Hablaré más de esto en mis comentarios sobre Lucas
16:9–13.
La segunda razón es, “porque así es como sus antepasados trataron a los profetas”. Esto
es paralelo a Hebreos 11:35–38, que habla de profetas que fueron torturados, abucheados,
golpeados, apedreados (Jeremías, según la tradición), cortados en dos (Isaías, según la
tradición), y asesinados por la espada. Veremos este rechazo de los mensajeros de Dios
también en Lucas 11:47–51 y en otros lugares (Hechos 7:51–52; Ro. 11:3). Jesús aquí
profetiza las dificultades futuras del pueblo de Dios y los ve cumpliendo las experiencias de
los profetas. La nación de su tiempo no es diferente a la nación apóstata en los días de Isaías
y Jeremías.
El regocijo falso y temporal de lo mundano contrasta con el dolor de los santos fieles.
Tienen toda la riqueza de este mundo y disfrutan de una vida que no se merecen, pero es
de corta duración. En los versículos 24–26, Lucas compara las cuatro privaciones y las vidas
bendecidas por Dios con cuatro aflicciones en los ricos y cómodos de este mundo. Recuerde
que no solo hay discípulos sino incrédulos presentes entre la multitud, por lo que estos
problemas les están hablando directamente y tienen la intención de informar y advertir a
los discípulos también. Hay varios pasajes en el Antiguo Testamento (Dt. 27:15–26
[maldiciones]; Is. 5:8–23; 65:13–16; Hab. 2:6–20), por lo que esta era una forma establecida.
Los infortunios no son una expresión de lástima, como si Jesús estuviera diciendo: “Lo siento
por ti”. Son oráculos de juicio que significan: “La ira de Dios caerá sobre ti”.
Primero, los ricos (en contraste con los pobres del v. 21) “ya han recibido su consuelo”
(v. 24). Los ricos son los que pertenecen a este mundo y viven para las cosas de este mundo.
Su dios son sus posesiones, y se han acumulado cada vez más para su propio placer. Se han
enriquecido a expensas de los pobres. Han tomado para sí lo que deberían haber
compartido con los desafortunados de este mundo, por lo que pagarán el precio de su
avaricia. Se han vuelto gordos y cómodos, pero lo único que tendrán es su comodidad
terrenal aquí y ahora. Dios revertirá su situación, y en la próxima vida no tendrán nada. Han
recibido bienes terrenales de Dios y los han gastado completamente en sí mismos, por lo
que su futuro no contendrá comodidades. La justicia para ellos es la pérdida de todo.
Es fundamental darse cuenta de que esto no es una acusación para todos los ricos. Hay
ricos seguidores de Jesús en este Evangelio, como Zaqueo y José de Arimatea. Pero su
riqueza para ellos es un regalo de Dios, y lo sirven con él. No es el hecho de su riqueza lo
que hace que muchos de los ricos sean culpables, sino lo que hacen con él y qué papel juega
Dios en él. La riqueza debe verse como una oportunidad para servir a Dios de una manera
nueva, mediante el uso de posesiones para glorificarlo y ayudar a los demás.
Los “saciados” o “bien alimentados” (en contraste con los hambrientos del v. 21a) son
aquellos que tienen mucho más de lo que necesitan de los bienes terrenales (v. 25a). No
tienen necesidades, y todo lo que el mundo tiene ya es suyo. Cuando Dios revierta su
situación, serán ellos los que tengan hambre y no tengan nada en la próxima vida. Lo han
gastado todo aquí y ahora, y no les queda nada. Los reveses del canto de María en 1:51–53
los describen: los orgullosos se han dispersado, los gobernantes de este mundo se han
humillado, los ricos son echados con las manos vacías. No tendrán nada, porque lo tomaron
todo ahora, lo compartieron con nadie y vivieron solo para sí mismos. Por toda la eternidad
no tendrán nada más que ellos mismos y serán privados de todo lo que alguna vez tuvieron
en el cielo. La historia de Lázaro y el hombre rico en 16:19–31 los describe.
Lo mismo es cierto para aquellos caracterizados por la risa mundana (en contraste con
los llantos del v. 21b), que describe su actitud hacia la vida (v. 25b). Esto no es alegría en el
Señor, sino la risa (gelōntes) del estilo de vida de Las Vegas, todo placer egoísta y regodeo
codicioso, ya que toman todo por sí mismos. En la gran reversión, serán ellos los que “lloren
y lloren”. Este es el juicio sobre los ricos en Santiago 4:9, “Cambia tu risa en llanto y tu
alegría en tristeza” y 5:1, “lloren a gritos por las calamidades que se les vienen encima”. Lo
han tenido todo y se han reído de las desgracias de los pobres que hicieron posible su vida
egoísta. En el juicio final pagarán por sus pecados, y ese pago será por la eternidad.
Las personas populares de las que “se habla bien” por todas partes (en contraste con el
odiado y rechazado del v. 22) también verán la pérdida de todo (v. 26). Esto se refiere tanto
a los fariseos en los días de Jesús como a los falsos maestros de la iglesia primitiva. Han
vivido para ser apreciados por quienes los rodean en lugar de ser aceptados por Dios. En
nuestros días esto describe a aquellos que son guiados por la reputación terrenal en lugar
de vivir para agradar a Dios. Hay demasiados cristianos que tienen miedo de hablar por la
verdad para que los paganos a su alrededor no los ridiculicen y busquen los aplausos de
este mundo en lugar de la aprobación de Dios. La presión de grupo es enorme, y Satanás la
ejerce con experiencia, acobardando el testimonio cristiano una y otra vez.
Jesús vincula este infortunio con el pasado de Israel, “porque así es como sus
antepasados trataron a los falsos profetas”. Esta es una realidad seria y peligrosa, ya que
los falsos profetas y maestros les dicen a las personas lo que quieren escuchar, no lo que
Dios quiere que escuchen (Is. 30:10; Jer. 14:13–16; Ezequiel 22:23–31). En 2 Timoteo 4:3,
Pablo califica esta condición de “picazón en los oídos”, lo que significa una ausencia de
deseo de verdad y una curiosidad por un discurso estimulante que entretenga. Estas
personas no están interesadas en la sustancia, solo se preocupan por el placer. Necesitan
una exhortación seria que los guíe a Dios, pero ambos quieren y reciben solo halagos que
les permitan continuar en el camino de la destrucción. No puedo creer cuánta predicación
en nuestro tiempo se caracteriza por esto. Me rompe el corazón. Vivir tu vida de acuerdo
con los estándares del mundo te aleja más y más de Dios.
Desafío a una vida de amor (6:27–36)
Esta sección es una “exhortación parenética”, instrucción moral y ética que exhorta a los
oyentes a vivir de acuerdo con las demandas de Dios. Esto está destinado principalmente a
los seguidores de Jesús, para enseñarles las leyes del reino que está instituyendo, pero
también tiene la intención de mostrar a las multitudes lo que se están perdiendo en su
continuo fracaso para comprometerse con Jesús. De hecho, las multitudes pueden contener
muchos que se convertirán en los mismos enemigos de los que Cristo está hablando aquí.
Jesús está representando una forma completamente nueva de amar y una profundidad
de amor completamente nueva. Definiría el amor como “entrega desinteresada”, una
actitud de desinterés total hacia los demás y la acción de dar resultados. Aquí hay un desafío
cuádruple que define este concepto más difícil con respecto al amor, que contiene cuatro
descripciones de lo que constituye un enemigo y cuatro verbos que dicen cómo reaccionar
ante ellos:
1. La regla básica es “amar a sus enemigos”, un concepto revolucionario, ya que hay
poca evidencia de esto en la literatura judía. En Levítico 19:33–34, el amor al prójimo
(19:18) se extiende al extranjero residente, y Proverbios 25:21 ordena la bondad
hacia los enemigos (también Éxodo 23:4–5; Job 31:29–30; Pr. 17:5; 24:17; 25:21–22;
Ro. 12:14, 20). La comunidad de Qumran que escribió los Rollos del Mar Muerto
llegó a exaltar el amarse unos a otros, pero odiar a los enemigos (1QS 1:9–10).
2. Tu enemigo se define como alguien “que te odia”, y el amor no es solo una actitud
sino la acción que resulta, es decir, “hacer el bien” por los demás. Estas personas
solo muestran animosidad y hostilidad, pero por esto les devuelves buenas obras
(ver también 1 Pedro 3:9; Ro. 12:20).
3. Además, tu enemigo “te maldice” y por eso devuelves “bendiciones”. El insulto y la
calumnia fueron uno de los principales medios de persecución (1 Pedro 2:12–13, 23;
4:4). Las bendiciones con las que respondemos comienzan con nuestras oraciones
para que Dios derrame su favor sobre ellos, comenzando con su Espíritu para
traerles arrepentimiento y nueva vida (la mayor bendición que podemos otorgar).
Tanto Jesús como Esteban le pidieron a Dios que perdone a los que se quitaron la
vida (Lucas 23:34; Hechos 7:60). Aunque ciertamente esto no niega la advertencia
profética, ya que la conversión no puede tener lugar sin darse cuenta del pecado de
uno, principalmente tiene en mente la oración para que Dios les bendiga.
4. Su enemigo, finalmente, es uno que “lo maltrata”, hablando de persecución activa,
y usted regresa por esa “oración” en lugar de represalias. Me encanta la oración del
rabino en El violinista en el tejado, “Señor, bendice al zar y mantenlo (larga pausa)
lejos”. Esta orden apuntala a todas las demás. Esta oración ciertamente puede
incluir una súplica por vindicación y justicia, como en Apocalipsis 6:9–11, donde los
mártires debajo del altar claman una oración imprecatoria: “¿Hasta cuándo,
Soberano Señor, santo y veraz, seguirás sin juzgar a los habitantes de la tierra y sin
vengar nuestra muerte? Sin embargo, esta oración es principalmente por la
conversión de los enemigos y por todo lo que es bueno para ellos.
Jesús continúa en los versículos 29–30 con cuatro ejemplos de la clase de amor a la que
él hace referencia, seguido por un resumen de conclusión, la “Regla de Oro” (v. 31):
1. Poner la otra mejilla (v. 29a). Como también en Mateo 5:39, esto ilustra una
apertura al sufrimiento y al perdón que Cristo ejemplificó y exige a sus seguidores.
En el primer siglo, esto se referiría a un golpe de revés que se considera un insulto
calculado. La negativa a tomar represalias implica la voluntad de aceptar una
situación degradante y vulnerable. El seguidor de Cristo acepta la deshonra en lugar
del acto de represalia personalmente satisfactorio, pero moralmente incorrecto.
Nos negamos a exigir nuestros derechos cuando eso requiere devolver mal por mal.
En cambio, perdonamos en lugar de buscar venganza.
2. Entregar también la capa (v. 29b). Las personas en ese momento a menudo usaban
una camisa o túnica interior y una capa o abrigo exterior. Esto podría referirse al
robo, una demanda legal en la que la prenda se compromete a prestar, o se la da a
alguien que la necesita. La mayoría piensa que el paralelo Mateo 5:40 (“demandarlo
y tomar su camisa”) se refiere a la situación legal, mientras que esto describe el robo,
con la orden aquí (capa, luego camisa) que representa al ladrón quitando primero la
capa exterior y luego la camisa interior. El punto en ambos es una negativa a
aferrarse a las posesiones terrenales y una disposición a mantener su testimonio
sobre sus derechos terrenales.
3. Dar a los pobres necesitados (v. 30a). Esto podría referirse a un mendigo o una
persona necesitada que pide limosna o ayuda. También podría ser un préstamo
(como en 6:34) o un regalo absoluto. Los comentaristas discuten entre estas
opciones, pero aquí hay una amplitud que debe incluirlas a todas. Jesús exige a sus
discípulos que se nieguen a aferrarse a las posesiones terrenales y que estén
dispuestos a compartirlas con aquellos menos afortunados que ellos. Encontramos
esta posición varias veces en Lucas, porque la cuestión de las posesiones terrenales
es una característica central de este Evangelio.
4. No exigir la devolución de sus posesiones (v. 30b). Como se indicó anteriormente,
esto podría referirse a acciones legales, robos o donaciones a los necesitados. En la
sociedad patrón-cliente del mundo romano, siempre se esperaba reciprocidad, y la
donación no se hacía por amabilidad sino por prestigio. Dar era una estrategia social
para consolidar el poder y la autoridad en los negocios o la sociedad en general.
Jesús revirtió todo eso. Dar era un acto de amor, y el objetivo era ayudar a los demás
en lugar de ganar poder sobre ellos. No había deseo de atención o expectativa de
recuperación, solo la intención de beneficiar a otros.
Jesús resume la lista con la Regla de Oro (v. 31), “Traten a los demás tal y como quieren
que ellos los traten a ustedes”, también se encuentra en Mateo 7:12, donde se encuentra
al final del Sermón del Monte para resumir “la Ley y los Profetas”, de hecho, todo el
contenido ético del sermón. El judaísmo tenía la forma negativa de esto: “No hagas a los
demás lo que no quieres que te hagan a ti mismo” (Tobit 4:15; b. Shabat 31a), pero Jesús
enseña una ética positiva. Él quiere que sus seguidores siempre reflexionen sobre cómo les
gustaría ser tratados cuando toman decisiones con respecto a su trato hacia los demás.
Exige no solo un trato justo a los demás, sino una actitud que siempre busca lo mejor y lo
más útil para ellos.
Para ilustrar la Regla de Oro, Jesús convierte los versículos 32–34 en tres ejemplos del
principio de reciprocidad (lex talionis, “la ley de la retribución”) que no funcionan por sí
mismos. Simplemente devolver el amor cuando se ama o las buenas obras solo a aquellos
que son buenos con nosotros es insuficiente para el pueblo del reino de Dios. Vivimos con
una ética superior, y se espera más de nosotros. Entonces pregunta primero: “¿Dónde está
el crédito de amar solo a los que te aman?” Esto es lo que hacen los pecadores, y no hay
nada especial en eso. Tales reacciones no prueban su superioridad moral y espiritual. Este
crédito es tanto con Dios como con el mundo. Dios no te elogiará, y el mundo no será tocado
por tal conducta, porque ellos hacen lo mismo. Es cuando amamos a quienes no les gusta
que destaquemos.
El lado de acción del amor viene después (v. 33). Si el único momento en que hacemos
el bien es cuando recibimos el bien a cambio, no somos diferentes a los paganos. Como
señalé anteriormente, en la sociedad de clientes y clientes de Roma, el bien es siempre un
acto calculado, diseñado completamente para obtener algo a cambio. Dios no bendecirá tal
comportamiento, y la recompensa del mundo es temporal en el mejor de los casos. Los
pecadores mundanos viven de acuerdo con esta ética, y hay muy poco crédito en tal
comportamiento.
Un ejemplo específico completa el conjunto, ya que Jesús aplica la regla de oro a la ética
empresarial, en particular a los préstamos y las leyes de usura (v. 34). La expectativa de
recibir un reembolso es el corazón de todos los negocios. Es solo una vida normal en el
mundo, y no se acumula crédito para tal acción, ya que se espera. No hay recompensa de
Dios ni atención especial del mundo. Jesús podría tener en mente préstamos sin intereses,
como se menciona en la Torá (Lv. 25:35–37; Deuteronomio 23:19–20), pero en el judaísmo
de los días de Jesús el interés era común en los negocios, y probablemente lo tenga en
mente aquí.
En el versículo 35, Jesús reúne la sección en forma resumida para hacer su punto central:
“amen a sus enemigos, háganles bien y denles prestado sin esperar nada a cambio”. El
significado y el impulso de la ética del reino fluye de este resumen. Dios exige que vivamos
en un plano mucho más alto que el mundo. Para la humanidad pecadora, la ley de
reciprocidad gobierna: ellos simplemente responderán, bien por bien y mal por mal. Esto
se invierte para los seguidores de Cristo, que deben amar cuando se les hace daño y
devolver el bien por el mal. Hay una sola idea verbal detrás de “no esperar nada a cambio”,
mēden apelpizontes (NKJV: “sin esperar nada a cambio”). En otras palabras, das sin pensar
en lo que obtendrás. Tu única preocupación es ayudar al otro. No se espera ningún
reembolso, y ningún pensamiento de beneficio personal entra en la ecuación.
Cuando no se piensa en la recompensa en el entorno terrenal, entonces la recompensa
del entorno celestial entrará en escena. Jesús señala que entonces (y solo entonces) “su
recompensa será grande”. En otras palabras, la ausencia de preocupación por la
recompensa terrenal dará como resultado una recompensa celestial aún mayor. Se está
cambiando lo temporal por lo eterno. El préstamo se convierte en un regalo, y la ganancia
se convierte en recompensa eterna. Si bien muchos piensan que no hay recompensas en el
cielo (todos recibimos la corona de la vida), no estoy de acuerdo. Como dije en 6:23, mi
opinión es que todo lo que hacemos en la tierra para la gloria de Dios y el beneficio de los
demás se deposita inmediatamente (por así decirlo) en el cielo y Dios nos lo devolverá como
recompensa eterna. Recibimos el carisma de Dios (crédito, favor), y él está satisfecho con
nosotros.
Además, tendremos un nuevo estatus en el cielo y “seremos hijos del Altísimo”. En
cierto sentido, todos los cristianos son hijos de Dios (Ro. 8:14–17), pero aquí hay un sentido
especial. “Hijo de/niño de” es un idioma usado en lenguas semíticas para describir la
característica principal de una persona. Aquí significa que de una manera muy especial los
cristianos ejemplifican al Dios “Altísimo” en sus actitudes y comportamiento. Dios es un
Dios que “es amable con los ingratos y malvados”, y ahora te has unido a él en tu propio
comportamiento hacia los demás.
Concluyendo al reafirmar su punto básico, Jesús les da a sus discípulos sus órdenes de
marcha: “Sean compasivos, así como su Padre es compasivo” (v. 36). Amor, bondad,
misericordia: estas actitudes y acciones (ambas) demuestran lo que significa ser “hijos del
Altísimo” y vivir en consecuencia. El amor y la misericordia definen el carácter de Dios en
todo el Antiguo Testamento, y las buenas nuevas de Jesús fluyen de esto. La misericordia
de Dios llevó a Cristo a la cruz y trajo la salvación a una humanidad indigna. Esta misericordia
ahora debe ser ejemplificada por sus seguidores. Cuando mostramos misericordia,
imitamos al Dios de las Escrituras y verdaderamente nos convertimos en su pueblo y
miembros de su familia.
Reglas del Reino para la Comunidad (6:37–49)
La negativa a juzgar a otros (6:37–42)
Jesús se dirige en los versículos 37–38 al tema de juzgar a otros, y usa el mismo patrón
cuádruple que hizo en los versículos 29–31. Primero, lo opuesto a la misericordia es el juicio,
por lo que, si el pueblo de Dios es misericordioso, no pueden juzgar a los demás. “No juzgar”
en el versículo 37 es una prohibición en tiempo presente, mē krinete, que significa “dejar
de juzgar” o, más probablemente, “no juzgar en ningún momento”. Necesitamos
interpretar el significado de “juez” cuidadosamente. No se refiere a un juicio en la corte, ni
es discernimiento general y amonestación del pecado en la vida de otra persona. Evaluar lo
correcto y lo incorrecto entre sí es válido e importante en la iglesia y la familia (véase 1 Co.
5:5; Fil. 3:2; Gá. 6:1; Heb 3:13; 1 Juan 4:1).
Esto se refiere a una actitud de juicio que desprecia a los demás y disfruta condenarlos
con una actitud de superioridad. Es ser crítico con los demás y disfrutarlo. Un ejemplo de
este tipo de juicio es el chisme, que yo llamo “calumnia pasiva”. Resulta juzgar a otros
injustamente en entretenimiento, dañando su reputación solo por el placer de transmitir
un bocado jugoso. No hay preocupación amorosa o humildad en tal acto. El componente
que falta es el amor, cuidar a los demás lo suficiente como para no permitir que el pecado
tome el control de su vida. Es la misericordia del versículo 36 lo que contribuye al juicio
apropiado de los demás. Aquellos que juzgan de esta manera serán ellos mismos
“juzgados”, un pasivo divino que significa que esa persona será condenada por Dios por la
falta de amor y misericordia mostrada a los demás. Hay un impulso inaugurado en esto.
Serán juzgados ahora y enfrentarán un juicio final en el futuro.
Segundo, el juicio crítico siempre conduce a la condena. El juicio sin amor o misericordia
conduce a un pecado grave contra los demás y contra Dios, y el Señor lo regresará a nuestras
cabezas. La forma en que Dios trata con nosotros depende de cómo tratamos con los
demás. Esta es la ley apropiada de reciprocidad: Dios nos trata como tratamos a los demás.
No podemos imitar a Cristo sin emular sus actitudes y reacciones ante los demás. Para ser
como Cristo debemos asegurarnos de que todas nuestras relaciones busquen edificar a
otros y ayudarlos a crecer. Si adoptamos una actitud superior y condenamos a los demás,
Dios nos condenará primero por el pecado de prejuicio y luego por derrotar en lugar de
fortalecer a quienes nos rodean. Nuevamente, esto no significa que no podamos amonestar
a otros y tratar de que estén bien con el Señor. El problema es cómo lo hacemos y nuestros
verdaderos propósitos al señalar el pecado en sus vidas.
En la parte final del versículo 37, Cristo se vuelve hacia el lado positivo. Dios bendecirá
a aquellos que al desafiar a otros hagan dos cosas: perdonar y dar. En lugar de regañar a
otros por sus pecados, los perdonamos (6:37b). Este es un punto clave. La actitud de juicio
disfruta señalando lo negativo y menospreciando a la gente. El cristiano atento siempre
busca llevarlos al arrepentimiento para que puedan encontrar el perdón tanto del Señor
como de las personas a las que han herido. Debemos llevarlos de regreso al Señor para
encontrar el perdón, y debemos estar dispuestos a perdonar en la medida en que nos hayan
hecho daño.
El lado espiritual de perdonar pecados lleva en el versículo 38 al lado social de las
donaciones generosas. Hemos visto esto a menudo en Lucas, y se continuará enfatizando a
lo largo de este Evangelio (1:51–53; 2:12; 4:18–19; 6:29–31). Los verdaderos seguidores de
Cristo nunca se enamorarán de las posesiones y la vida lujosa. Cuanto más tengan, más
darán a otros.
Luego, Jesús ilustra este principio de dar con un dicho sobre la recompensa, usando la
imagen del grano comprado vertido en un recipiente o medida para lograr que se compre
una “buena medida”. Para obtener el rendimiento máximo del pago, el grano se “presiona
y se agita” para que se asiente en el fondo del contenedor, y esto continúa sucediendo hasta
que se “pasa” por la parte superior del contenedor. La imagen de este regalo “echado en
su regazo” muestra el grano vertido fuera de la medida en el regazo del comprador, que
lleva una bata con una bolsa en el regazo para recibir el grano.
El mensaje es que Dios devolverá el máximo retorno a aquellos que dan a los demás.
Nos dará mucho más de lo que le hemos dado a otros. Cuando somos amables y generosos,
como en el versículo 35, nuestra “recompensa será grandiosa”. Como antes, esto combina
el ya y el todavía no. Nuestra recompensa de Dios comienza ahora cuando él derrama sus
bendiciones en nuestras vidas, y será especialmente evidente cuando lleguemos al cielo.
En los versículos 39–42, Jesús usa tres metáforas o parábolas (ver comentarios en 5:36)
para demostrar su punto. Sin embargo, esto no es lo que normalmente pensamos como
parábolas, ya que no tienen una trama o argumento.
Los ciegos que “guían a los ciegos” en el versículo 39 son los fariseos y los escribas, guías
ciegos que intentan guiar a los igualmente ciegos de Israel. Ambos grupos son ciegos a los
verdaderos caminos de Dios, pero los fariseos piensan que con su tradición oral tienen una
idea de las cosas de Dios, mientras que en realidad no tienen ninguno. Esto es similar a Juan
9:39–41, donde Jesús dijo: “Yo vine a este mundo para juicio; para que los que no ven, vean
y para que los que ven [a saber, los fariseos] se vuelvan ciegos”, agregando la acusación,
“ahora, porque dicen: “Vemos”, su pecado permanece”. Los líderes judíos son ciegos a la
realidad de quién es Jesús, por lo que tanto ellos como sus seguidores “caerán en un pozo”,
es decir, en un fracaso espiritual absoluto. En el judaísmo, esta imagen representa el
sufrimiento y la catástrofe (Pr. 22:14; Is. 24:18) y, a menudo, los pozos del Seol o Hades (Sal.
31:17; Pr. 1:12). Puede haber dos niveles para la advertencia: generalmente la caída en un
desastre espiritual, y específicamente que se dirigen al infierno mientras se vuelven contra
Jesús y sus caminos.
La segunda metáfora extendida (v. 40) representa el discipulado, tanto el ejemplo
negativo de los fariseos y sus seguidores como el ejemplo positivo de Jesús y sus discípulos.
En el versículo 39, los fariseos son guías o maestros ciegos que llevan al pueblo de Israel a
una ceguera espiritual cada vez mayor. El mensaje aquí es que los estudiantes no obtendrán
mayor conocimiento que sus maestros; se volverán más y más como sus maestros.
La imagen de “haber completado su aprendizaje” significa que en el proceso de
entrenamiento cambiarán sus formas (el verbo katartizō se usa para “preparar” redes en
Marcos 1:19) y adoptar el estilo de vida de su maestro. Esto será negativo con respecto a
los fariseos y positivo con respecto a Jesús. Lo positivo es lo más importante aquí, entonces
Jesús está hablando de la semejanza de Cristo como la meta del discipulado. Podríamos
aplicar este dicho a los falsos maestros de nuestros días. El brazo docente de la iglesia es
aún más importante cuando vemos maestros, tanto en política como en la iglesia, lavando
el cerebro de sus seguidores y apartándolos de los caminos de Dios. Debemos guiar a
nuestra gente cada vez más a las verdades de la palabra y la vida de Cristo.
El tercer dicho (vv. 41–42) vuelve al mensaje de Jesús acerca de juzgar a otros. Los jueces
jactanciosos menosprecian a su “hermano” o compañero discípulo por la “astilla” en sus
ojos e ignoran la enorme “viga” o tronco en su propio ojo. La hipocresía de ignorar sus
problemas mayores para fingir que es superior a los demás siempre ha sido un gran
problema en la iglesia. La solución debe ser el sentido común: primero aborde sus
problemas, luego puede ver claramente para ayudar a otros.
Todos debemos ganar el derecho de enseñar y corregir a los demás. Pablo hace un
punto similar en 2 Corintios 1:3–4. Allí, a medida que trabajamos a través de nuestras
dificultades personales, estamos capacitados para ayudar a otros a medida que “podamos
consolar a los que están en cualquier aflicción, dándoles el consuelo con que nosotros
mismos somos consolados por Dios”. El mismo punto se hace aquí. A medida que
trabajamos con nuestros problemas personales, aprendemos mucho que luego podemos
compartir cuando ayudamos a otros a resolver sus propios problemas. Primero nos
ocupamos de nuestros problemas y luego, con humildad, compartimos las soluciones con
otros que están pasando por problemas similares
Un árbol y su fruto (6:43–45)
Jesús continúa dirigiéndose al discipulado en los versículos 43–45, esta vez desde el punto
de vista del maestro o líder que ejemplifica las verdades a quienes están siendo entrenados.
Hay tres aspectos. Primero, como un árbol bueno o inútil, su “fruto” expondrá lo que
realmente es: “se le reconoce por su propio fruto” (Mateo 7:20). Al examinar si un árbol
tiene higos o espinas, puede determinar su utilidad. Esto significa que los maestros deben
asegurarse de que su vida demuestre la bondad de su mensaje.
Segundo, un árbol siempre da el fruto que está en consonancia con su naturaleza real
(v. 44). Los espinos nunca producirán higos. El mensaje para los hipócritas es: “Asegúrese
de ser quien dice ser. La pretensión solo funciona por un corto tiempo, y la verdad siempre
sale al final. Puede pensar que puede salirse con la suya para siempre, pero Dios corregirá
todos los errores y pagará el precio final en el juicio final”.
Tercero, la clave es tener un depósito de bienes en su corazón desde el cual pueda
producir cosas buenas en su vida y enseñanza (v. 45). Lo que dices al final desenmascarará
quién eres realmente. El mensaje y la vida de una buena persona eventualmente saldrán a
la superficie, y lo mismo se aplica a las cosas malas que emergen de una persona malvada.
Puedes engañar a la gente por un tiempo, pero no a largo plazo, y nunca puedes ocultar lo
que eres de Dios. Primero sé honesto contigo mismo, y luego puedes cambiar en
consecuencia para producir solo bondad.
Parábola de los constructores sabios y necios (6:46–49)
Jesús concluye su sermón exhortando a la audiencia a obedecer. Los increíbles resultados
de obedecer a Jesús se mostraron antes en la captura milagrosa de peces en 5:4–7. Uno de
los títulos principales en Lucas, “Señor”, ha sido usado de Jesús tres veces hasta el
momento, por Simón Pedro en 5:8 después de la captura de peces, por el leproso en 5:12
cuando pide sanación, y por Jesús cuando habla de sí mismo en 6:5 como “Señor del día de
reposo”. Los tres connotan una cristología muy alta con sobredosis de deidad, y “Señor,
Señor” aquí retoma eso. Reconocer a Jesús como Señor es reconocer que él es mucho más
que un rabino o incluso un profeta. La presencia del doble “Señor, Señor” aquí es muy
enfática y emotiva. Confesar a Jesús como Señor y no obedecer es una contradicción, tomar
lo que debería ser una gran adoración y vaciarlo de significado. La parte central de la Gran
Comisión es “enseñarles a obedecer todo lo que te he mandado” (Mateo 28:20). Un pastor
amigo lo dijo muy bien: “Para muchos cristianos, la gran omisión en la Gran Comisión es la
palabra “obedecer”. Que eso no sea cierto para ninguno de nosotros.
Lo que debería estar sucediendo como resultado de este sermón se encuentra en el
versículo 47, en el que “viene a mí y escucha mis palabras y las pone en práctica”. Este es el
mismo sentimiento que en Santiago 1:22–23, que describe al discípulo apropiado como
aquel que escucha la palabra y hace lo que dice. Tanto en hebreo como en griego, los verbos
para “escuchar” están estrechamente relacionados con “obedecer”. No hemos escuchado
realmente hasta que hayamos obedecido. Al igual que con todas las Escrituras, los
mandamientos de Dios están destinados en todo momento a ser vividos en nuestra vida
diaria. Jesús como Señor de todos tiene la plena autoridad de Dios; de hecho, la plena
autoridad como Dios.
La parábola de los versículos 48–49 es paralela a Mateo 7:24–27, que termina el Sermón
del Monte. Mateo, escribiendo para una audiencia judía, se basa en un fondo que sería
familiar para una audiencia en Palestina, mientras que Lucas, con un entorno más gentil, lo
contextualiza con características helenísticas. Mateo enfatiza que las lluvias de invierno
desatan una gran inundación, mientras que Lucas no menciona la lluvia, sino que
posiblemente habla de arroyos y ríos desbordados produciendo una inundación. Lucas
también tiene más detalles, pero la historia es la misma en ambos.
El propósito de la parábola tanto en Mateo como en Lucas es contrastar a la persona
que escucha y obedece con alguien que escucha, pero no logra poner en práctica la
enseñanza, comparándola con hogares construidos sobre diferentes cimientos,
construyendo sobre una historia similar en Ezequiel 13:10–16. El constructor sabio se toma
el tiempo y los gastos para hacerlo bien: cava los cimientos profundamente en la roca y lo
ancla en la roca. Esta casa probablemente está construida en un delta del río que puede
inundarse con bastante facilidad, por lo que debe ser muy segura. Las inundaciones en Israel
llegan de repente y pueden producir grandes cantidades de agua. Sin embargo, cuando la
inundación golpea esta casa, no se sacude porque es muy estable.
La persona que no vive las enseñanzas de Jesús es como un tonto constructor que erige
su casa sobre el tipo de tierra arcillosa que parece dura y resistente hasta que el agua la
golpea. Absorbe el agua y luego se convierte en una esponja sin sustancia. Cuando los
torrentes golpean esa casa, se derrumba y es barrida, totalmente destruida. La tesis de
Jesús es que aquellos que practican lo que dice la Palabra están basados en el fundamento
de Dios, anclados en verdades divinas que los mantienen a salvo y seguros. Las dificultades
de la vida y la falsa enseñanza no pueden alejarlos de su fe en Cristo, y triunfan
espiritualmente. Esta es una advertencia seria para el hipócrita o entusiasta seguidor que
no se toma en serio la enseñanza de Jesús. Estas personas se dirigen al desastre.
En esta sección ahora hemos ingresado al ministerio propio de Jesús. Él elige a sus
compañeros en su misión mesiánica y se dirige a ellos con su sermón formativo en la llanura,
proporcionando en cierto sentido una constitución para la nueva comunidad. Como
segundo Moisés, asciende a una montaña y, después de una noche de oración, elige doce
“apóstoles” o representantes oficiales del nuevo Israel para servir como sus enviados o
agentes (vv. 12–16). Esta es su comisión, y él se centrará en ellos como líderes de su nuevo
movimiento.
Después de elegir su equipo, Jesús se dirige a ellos y a las multitudes con su mayor
sermón, probablemente una versión truncada de su Sermón del Monte en Mateo 5–7. En
cierto sentido, es la Torá del Mesías, las nuevas reglas para la era del reino que está
introduciendo. Comienza con bienaventuranzas y problemas (vv. 20–26), profundizando su
discurso de apertura de 4:18–19, donde usó Isaías 61:1–2 para mostrar su propósito
principal de levantar a los pobres y liberar a los cautivos. Esto demuestra que, como pueblo
de Dios, debemos evitar la centralidad de las posesiones en nuestras vidas y utilizar nuestras
bendiciones materiales para elevar a los marginados y los pobres. Esto también condena
directamente a quienes viven por las riquezas y los placeres de este mundo. El contraste es
aterrador. Aquellos que tienen poco ahora tendrán todo en el cielo, y aquellos que lo han
tomado todo para ellos aquí estarán completamente despojados por la eternidad. No está
mal ser rico, pero es un pecado grave vivir por sus riquezas, y todos los que lo hagan pagarán
el precio.
A continuación, hay una sección importante sobre el amor a los enemigos (vv. 27–31),
que ensalza el triunfo del amor sobre la reciprocidad y la venganza. Incluso cuando está
herido, el hijo de Dios pone la otra mejilla y devuelve bendiciones por maldiciones. El pueblo
de Dios toma sus posesiones y las usa para ayudar a los desafortunados. Después de esto
hay una sección maravillosa sobre la verdadera reciprocidad (vv. 32–36), exhortándonos a
dar a los demás sin preocuparnos por lo que recibimos a cambio. Nuestra recompensa es la
alegría de saber que realmente hemos cambiado la vida de otra persona para mejor. Esto
es especialmente cierto cuando hacemos bien a aquellos que se han vuelto contra nosotros
y emulamos el amor de Dios por los pecadores, es decir, su increíble amor por nosotros
cuando envió a su Hijo a la cruz por nosotros, que eran sus enemigos.
En la siguiente sección, al juzgar (vv. 37–42), vemos la importancia de negarse a estar
sobre otros para juzgar y señalar sus pecados y problemas desde nuestra posición superior.
En cambio, debemos buscar siempre discernir sus necesidades y acercarlas a Cristo.
Debemos encontrar la humildad para darnos cuenta de que no somos mejores que nadie y
que tenemos el privilegio de la verdadera reciprocidad: ayudar a los demás para que puedan
ayudarnos. Así nos convertimos en nuestro maestro, Cristo, cuando amamos a los demás y
nos damos a nosotros mismos en lugar de condenarlos.
Jesús concluye este maravilloso Sermón en la llanura presentándonos con dos
metáforas. Primero, debemos ser árboles fructíferos que muestren con nuestras obras lo
que realmente somos al mantener un depósito de bien en nosotros mismos, de lo cual
extraemos lo que ejemplificará a Cristo a través de nuestra conducta y trato a los demás
(vv. 43–45) Segundo, en todos los sentidos debemos hacer de Jesús el Señor de nuestra vida
y obedecerlo (vv. 46–49). Debemos hundir los cimientos de nuestras vidas en la roca firme
para poder mantenernos firmes cuando las inundaciones de la vida intenten derribarnos.
Escribí el primer borrador de este capítulo el día que el huracán Harvey golpeó Texas,
lloviendo sesenta pulgadas de lluvia en los siguientes días. Al igual que las personas en el
camino de un huracán, si queremos soportar los desastres de la vida debemos estar seguros
en tierra firme, con nuestra total dependencia de Dios y Cristo. Es absolutamente
obligatorio que vivamos vidas de obediencia y practiquemos lo que predicamos.
MINISTERIO DE COMPASIÓN Y POPULARIDAD CRECIENTE
(7:1–50)
Ahora entramos en la sección apropiada del ministerio de Lucas, cuando Jesús se encuentra
con una gran variedad de personas, incluido un centurión gentil y dos mujeres, lo que
demuestra que él es realmente un Mesías que no se limita a Israel, sino que ha venido por
toda la humanidad. Además, el suyo es un ministerio de compasión y misericordia, ya que
sana al sirviente de un oficial romano y al hijo de una viuda y perdona los pecados de una
mujer prostituta. Su autoridad y poder se ejercen en todo momento en beneficio de
lastimar a las personas. Al mismo tiempo, estas personas ejemplifican la fe salvadora. Cada
vez más, los alcanzados por Jesús responden con fe a medida que su popularidad crece en
toda la región. Enmarcando el capítulo hay individuos inesperados, un centurión y una
mujer pecadora, que muestran esta fe y extienden la definición del pueblo de Dios más allá
de Israel.
Jesús ve la fe de un centurión y sana a su sirviente (7:1–10)
El escenario (7:1–2)
Después de terminar su sermón, Jesús regresa a su nuevo hogar en Capernaúm, y Lucas
enfatiza “las personas que estaban escuchando”, literalmente, “en el oído de la gente”,
volviendo a la enseñanza final en 6:46–47 sobre el escuchar y obedecer las palabras de
Jesús. A lo largo de este capítulo veremos personas respondiéndole.
En esta primera ocasión, se nos cuenta la respuesta de un centurión romano. Los
centuriones se presentan a menudo en Lucas-Hechos (diecinueve de las veintitrés
ocurrencias en el Nuevo Testamento), con la confesión del centurión en la crucifixión de
Jesús (Lucas 23:47) y la conversión de Cornelio en Hechos 10 especialmente prominente.
Un centurión estaba a cargo de diez pelotones, o cien hombres, y de alguna manera era el
oficial más importante del ejército romano. Este era gentil, aunque probablemente no
romano; Galilea no era lo suficientemente importante y tenía principalmente tropas
auxiliares. Habría sido un mercenario, pero aún importante, y era, ya sea un temeroso de
Dios o un prosélito del judaísmo. Los centuriones eran moderadamente ricos, se ganaban
bien la vida y había construido una de las sinagogas de Capernaúm (v. 5). Tenía un esclavo
a quien “valoraba mucho”. La palabra griega para “valioso” (entimos) no se entiende en
términos monetarios, sino como “muy estimado, muy querido”. Este esclavo tenía una
enfermedad terminal y estaba cerca de la muerte. El centurión no tuvo más remedio que
venir a Jesús, ya que sin duda había escuchado mucho sobre él y su ministerio milagroso.
El testimonio de sus amigos judíos (7:3–5)
Es difícil saber por qué no viene a Jesús mismo; en Mateo 8:5 lo hace, pero Mateo
probablemente simplifica la historia. Probablemente era reacio, siendo un gentil y un
soldado, por lo tanto, con dos puntos en su contra. Mostrando una notable humildad, les
pide a algunos de sus amigos judíos que intercedan por él. El uso de intermediarios fue muy
común en el primer siglo. Además, estos son la corteza superior de la sociedad judía, los
“ancianos de los judíos”, los líderes cívicos (y probablemente religiosos) y muy respetados.
Reenvían su solicitud, que muestra su profunda fe en que Jesús puede “venir y sanar a su
siervo” si así lo desea.
El testimonio de su afecto por el centurión (7:4–5) es bastante notable dada la
animosidad normal que los judíos mostraban a los gentiles, especialmente a los militares,
que era la base de la opresión romana de los judíos. Esto en sí mismo atestigua la
sensibilidad religiosa del hombre y la medida en que se había demostrado a sí mismo ante
los judíos de Capernaúm. Lo declaran completamente “digno” o merecedor (axios) de la
atención de Jesús y dan dos pruebas de ello: “aprecia tanto a nuestra nación que nos ha
construido una sinagoga”. Esto podría significar que es un temeroso de Dios en lugar de un
prosélito, ya que uno esperaría que dijeran “él ama al Señor Dios” si eso fuera cierto. Pero
no podemos estar seguros. Este es un gran ejemplo de una excepción a la regla, ya que
muestra que hubo casos de altos funcionarios romanos que fueron más positivos hacia
Israel. De hecho, esto es importante para Hechos, que representa a un gran grupo de
temerosos de Dios de cuyas filas vinieron muchos conversos a Cristo.
La respuesta de Jesús y la profunda humildad del centurión (7:6–8)
Jesús accede a la solicitud y se dirige a la casa del centurión cuando el hombre envía a otros
a recibirlo en el camino, mostrando una increíble humildad. Como centurión, podría haber
hecho que Jesús hiciera lo que quisiera, pero en cambio contradice el testimonio de los
ancianos y, en esencia, le dice a Jesús: “no merezco que entres bajo mi techo”. De hecho,
es una doble sensación de indignidad. Admite que no había venido en primer lugar porque
no se sentía digno de estar en presencia de Jesús, y todavía se siente así.
Su humildad recuerda la de Pedro en 5:8, cuando dijo: “Apártate de mí, Señor; soy un
pecador! Él, como Pedro, reconoce la santidad suprema y el carácter justo de Jesús y su
propia injusticia en comparación. Él también es un modelo para nosotros cuando nos
enfrentamos a nuestra pecaminosidad y profunda necesidad de la gracia y el perdón de
Dios. Eso es lo que hace, arrojándose a la misericordia de Jesús. Él sabe que Jesús tiene el
poder de sanar a distancia. Todo lo que tiene que hacer es “con una sola palabra que digas,
quedará sano mi siervo”. No es digno de estar en presencia de Jesús, pero no pide para sí
mismo. Su petición es para su amado esclavo, y se arroja a la compasión de Jesús.
Para mostrar por qué está seguro de que la mera palabra de Jesús es suficiente, usa su
propia autoridad como centurión para una ilustración (7:8), utilizando una técnica retórica
llamada “del más pesado al más ligero”. Como centurión en el ejército romano, tiene
autoridad absoluta sobre sus diez pelotones, y su palabra es ley. Ya sea que les diga a sus
hombres que “vayan” o “vengan” o “hagan esto o aquello”, él sabe que será obedecido. Sin
embargo, Jesús está a cargo de los ejércitos del cielo, y su palabra es mucho más importante
de lo que puede reunir un simple centurión. Él ordena las fuerzas cósmicas del cielo y la
tierra, y su palabra será absolutamente obedecida. Con esta autoridad mucho mayor, Jesús
puede sanar de cualquier manera que decida.
Fe y sanidad (7:9–10)
La respuesta de Jesús es un paso importante para la misión universal a los gentiles, que
Lucas enfatizará en el resto de Lucas-Hechos. Jesús, el Mesías judío, está “asombrado” por
la profunda fe de un gentil, diciendo a la multitud: “Les digo que ni siquiera en Israel he
encontrado una fe tan grande”. Anteriormente en Lucas, siempre son otros los que se
asombran de Jesús, pero ahora hay una inversión completa ya que Jesús está lleno de
asombro en este centurión gentil. Este gentil ejemplifica algo que no se ve entre el pueblo
judío, y él “recurre” a las multitudes específica y enfáticamente para contarles sobre esto.
A lo largo de su trabajo de dos volúmenes, Lucas muestra el creciente rechazo de Jesús
por parte de sus compatriotas judíos y el creciente número de gentiles que vienen al reino
en su lugar. No es solo la fe de este hombre en su poder milagroso lo que conmueve a Jesús.
Es la fe salvadora, la fe en Jesús mismo como el Mesías de Dios y el arrepentimiento claro
que subyace, lo que lo abruma. Este hombre se convierte en modelo para el nuevo Israel
que Cristo está estableciendo.
La sanación real no se describe. Más bien, vemos a los emisarios del centurión regresar
a casa y encontrar a su esclavo sano. El énfasis está en la gran fe del hombre, y la sanación
es el resultado de esa fe. De hecho, el griego dice que encontraron al esclavo “en buena
salud”. La sanación es asumida. La sanación completa ha sido efectuada. En muchos
sentidos, esto es aún más fuerte que otras historias de sanación, porque todo el cuerpo del
hombre está limpio de toda enfermedad y debilidad.
Jesús levanta al hijo de una viuda (7:11–17)
En cierto modo, estas dos historias de milagros son complementarias, en otros aspectos son
bastante distintas. El centurión es una de las personas más influyentes en Capernaúm, con
dinero, autoridad y poder. La viuda era una mujer prácticamente sin nombre y sin poder,
sin dinero y sin familia que la cuidara. Uno está en la parte superior de la escala social, el
otro en la parte inferior. Sin embargo, también hay paralelos importantes, ya que ambos se
ven obligados a arrojarse completamente a la misericordia de Jesús y ambos sienten los
efectos de su increíble poder.
Juan el Bautista ha venido en “el espíritu y el poder de Elías” (1:17), pero Juan cumple
el lado de la predicación del ministerio de Elías, y Jesús cumple el lado del profeta que hace
maravillas. En particular, este milagro recuerda a Elías criando al hijo de la viuda de Sarepta
(1 Reyes 17:17–24) y Eliseo criando al hijo de la sunamita (2 Reyes 4:8–37). Esto también
comienza el proceso de revelar a Jesús a la gente, ya que la gente aclama a Jesús como un
“gran profeta” (7:16), pero también lanza una serie de preguntas con respecto a su
identidad: “¿Eres tú el que había de venir? (7:19) Esto dominará en los capítulos siguientes.
El escenario (7:11–12)
Indudablemente, Jesús estaba visitando su ciudad natal y en el proceso visitó el pequeño
pueblo de Naín, a seis millas de Nazaret y a veinticinco de Capernaúm. Con él están sus
discípulos, pero también una “gran multitud”. No sabemos por qué, pero lo más probable
es que su creciente popularidad significara que prácticamente no iba a ninguna parte solo
en ese momento. El punto aquí es la confluencia de dos grandes multitudes, ya que otra fue
parte de la procesión fúnebre en el siguiente versículo.
Como los judíos no embalsamaban a la gente, los funerales casi siempre se realizaban
el día de la muerte de una persona, generalmente al final del día. Este joven era el único
hijo de una viuda, una verdadera tragedia, ya que ahora estaría sola sin nadie que la cuidara.
Esto comienza una serie de tres hijos únicos (8:42; 9:38) a ser criados o sanados por él,
demostrando su gran compasión por los necesitados. Toda la escena está envuelta en la
tristeza de esta pobre mujer que no tiene absolutamente nada ni nadie para ayudarla.
Parece que no hay nada que hacer sino llorar por ella. Pero entonces Dios organiza los
eventos y hace que el Mesías que hace milagros aparezca en el momento justo.
Compasión y sanación (7:13–15)
Una vez más, Lucas insinúa el verdadero significado de Jesús, llamándolo “el Señor” en un
entorno que magnifica su naturaleza y persona. Esta es en realidad la primera vez que lo
etiquetan como “Señor”, iniciando una serie de tales ocasiones (7:19; 10:1, 39, 41; 11:39;
12:42; 13:15; 17:5, 6; 18:6; 19:8; 22:61; 24:3). Lucas es bien conocido por esto y muestra
que Jesús no es solo el “gran profeta” (7:16) sino el Mesías y Señor de todos. Él demuestra
la autoridad de Yahveh cuando levanta a los muertos y sana a los enfermos. Este Señor
exaltado se llena de compasión (esplangchnisthē, NIV: “su corazón se fue con ella”) cuando
ve esta escena trágica. En el momento de la muerte, este joven habría sido ungido con
aceites funerarios fragantes, envuelto en un paño y colocado sobre una tabla (no usaban
ataúdes). La familia, los amigos y los aldeanos se habrían reunido, y ese mismo día habrían
llevado a cabo una procesión fúnebre fuera del pueblo al lugar del entierro. Jesús se habría
encontrado con la procesión camino al entierro. Al igual que con Lázaro en Juan 11:19–33,
la multitud habría sido muy ruidosa en su dolor.
Los siguientes dos versículos (14–15) no describen una reanimación sino una
resurrección. La intención de Jesús es obvia por sus movimientos. Toca el féretro o la tabla
fúnebre, probablemente para detener la procesión fúnebre, y le da una orden directa.
Tenga en cuenta que Jesús no está contaminado por tocar un cadáver; como el Mesías
sanador, él es impermeable a la contaminación. En un sentido real, el joven en realidad no
está allí, porque su espíritu está en el cielo con Dios. Entonces la orden lo llama y de un solo
golpe reúne espíritu y cuerpo, Joven, ¡te ordeno que te levantes!” La orden es egerthēti,
“Levántate [por Dios]”, mientras el Dios-hombre le devuelve su vida. Él tiene autoridad
sobre la muerte, como lo hará para cada creyente al final de la historia.
Tres declaraciones en el versículo 15 describen los efectos de su orden. El cadáver
(“hombre muerto”) se sienta, comienza a hablar y Jesús se lo devuelve a su madre. La
imagen es el cadáver cobrando vida y sentado erguido en el féretro del funeral.
Probablemente cuando comenzó a hablar, nadie pudo escuchar lo que dijo porque todos
gritaban en estado de shock y alegría. La entrega de Jesús a su madre es muy simbólica y
una escena muy conmovedora, la imagen más poderosa hasta el momento de los cautivos
liberados por Jesús (4:18). Esto recuerda 1 Reyes 17:23, donde Elías devuelve al niño que
fue resucitado de la muerte a la viuda de Sarepta.
El asombro y el gozo que resultan (7:16–17)
La reacción de los espectadores es normal por lo que es virtualmente una teofanía o
manifestación de la presencia de Dios en Jesús, y acumulan gloria tanto en Jesús como en
su Padre. El temor y la admiración como resultado de las demostraciones del poder
milagroso de Jesús son frecuentes en Lucas (1:65; 5:25; 8:25, 37), al igual que los elogios
(5:26; 18:43; 23:47). No puedo imaginar cómo sería estar presente cuando Jesús venza la
muerte y resucite a los muertos.
También dan un paso adelante al reconocer a Jesús por quién es. Las multitudes en el
resto de Lucas están enamoradas de sus milagros, pero casi nunca dan el siguiente paso
para creer. Son lo que hoy llamamos “buscadores” y siguen sin comprometerse. Aquí lo
confiesan como un “gran profeta” que ha “aparecido entre nosotros”. Entre los profetas,
Elías y Eliseo fueron los dos que regularmente hicieron milagros, y la gente aquí reconoce
el paralelo. Sin embargo, no logran afirmarlo como el Mesías y el “profeta como Moisés”
que aún estaba por venir. Él no es “el” profeta (el artículo directo falta aquí). Entonces este
es un gran paso adelante pero aún no es una conversión a Jesús.
También se dan cuenta de que “Dios ha venido a ayudar a su pueblo”, entendiendo que
Dios está detrás del poder de Jesús. Esto definitivamente los distingue de los líderes que se
oponen a Jesús. Ver a Jesús y sus milagros como una visita divina en beneficio del pueblo
de Dios también está un paso más cerca de la conversión. Jesús para ellos es un regalo de
Dios, un profeta de antaño enviado para mostrar a Israel que Dios todavía se preocupa por
ellos.
El resultado es una nota adicional a 4:14, 37, que “esta noticia” o informes sobre él “se
divulgó por toda Judea y por todas las regiones vecinas”. Su popularidad sigue aumentando,
yendo mucho más allá de Galilea. Judea aquí representa a toda Palestina, no solo esa
provincia. Como veremos en la siguiente escena, esto significa también el área del Mar
Muerto, donde Juan el Bautista ha sido encarcelado por Herodes en una fortaleza llamada
Maqueronte.
Juan envía preguntas a Jesús (7:18–35)
Es natural después de que Jesús haya realizado un milagro tan extraordinario que la gente
pregunte: “¿Quién es este?” Nadie en toda la historia ha hecho tantas cosas asombrosas, y
no solo continuará, sino que extenderá esta maravillosa actividad en 8:22–9:56, cuando
realizará los cuatro tipos de milagros: naturaleza, exorcismo, enfermedad, ¡y resucitar a los
muertos! No es de extrañar que todos se encuentren extrañados (juego de palabras). De
hecho, tenemos preguntas similares en nuestros días, así que Lucas hace que Juan haga la
pregunta que todos los demás tienen en mente. Mientras la multitud confesó que Jesús es
“un gran profeta”, Juan ahora pregunta si Jesús es “el que ha de venir”.
La respuesta de Jesús al Bautista (7:18–23)
A medida que se extiende la noticia (7:17), los discípulos de Juan el Bautista lo escuchan y
le cuentan todo acerca del ministerio milagroso de Jesús. Lucas había informado
anteriormente del arresto y encarcelamiento de Juan cuando denunció el enlace inmoral
entre Herodes Antipas y Herodías, ex esposa de su medio hermano Felipe. Por supuesto,
Juan estaría ansioso por mantenerse al día con las noticias sobre Jesús. Sin embargo, ha
pasado suficiente tiempo para que empiece a desanimarse y dudar, ya que aparentemente
Jesús no está actuando como el Mesías que Juan sabe que es. Maqueronte, donde Juan fue
encarcelado, era una fortaleza macabea al este del Mar Muerto que Herodes el Grande
restauró y utilizó como uno de sus palacios. Entonces, Juan envía a dos de sus discípulos a
Jesús, probablemente como una delegación oficial sobre la base de la demanda en
Deuteronomio 19:15 de dos testigos.
La importancia de la pregunta se ve en el hecho de que Lucas, después de haberla
informado en 7:19, la repite en 7:20. Primero ocurre en los labios del Bautista y luego se le
pregunta directamente a Jesús: “¿Eres tú el que ha de venir, o debemos esperar a otro?”
Lucas también quiere que preguntemos esto, y culmina los eventos de los últimos dos
capítulos, porque nos dice que este profeta milagroso de Galilea es el Mesías esperado, el
profeta como Moisés que cambiará el mundo.
Existe cierto debate sobre por qué Juan el Bautista, que había sido llamado a ser el
precursor mesiánico desde su nacimiento, debería hacer esta pregunta. Algunos piensan
que esto se debe al encarcelamiento de Juan. Si Jesús realmente había venido a liberar a los
prisioneros (Is. 61:1–2 en 4:18–19), ¿por qué Juan todavía languidece en la cárcel? Otros
piensan que las dudas de Juan se deben al largo tiempo con poco progreso; Él quiere que
Jesús actúe con más decisión. Una tercera posibilidad es que Jesús en su ministerio positivo
de hacer milagros no se ajustaba al tipo de Mesías que Juan esperaba, alguien que traería
el juicio de Dios sobre la nación apóstata y el mundo pagano. Este tercer punto de vista
tiene más sentido ya que encaja bien con Juan el Bautista y su ministerio. No lo veo tan
preocupado por su encarcelamiento o impaciente por el tiempo de Jesús. Simplemente no
entiende cómo y por qué Jesús está desarrollando su ministerio de la manera que lo ha
hecho. Al igual que los discípulos de Jesús más tarde, quería que Jesús fuera el Rey
conquistador más que el Siervo Sufriente y que trajera el fin de la historia. Quería “soldados
cristianos en acción”, no a un “Jesús gentil, manso y apacible”.
La idea de Jesús como el que viene se refiere de nuevo al testimonio de Juan el Bautista
en [Link] “viene uno más poderoso que yo”. Ahora extiende esto a “el que se espera que
venga” de la profecía, es decir, el profeta como Moisés de Deuteronomio 18:15. Como Jesús
dirá en 13:35, “Bendito el que viene en el nombre del Señor!”. Juan está confundido y se
pregunta si esto sigue siendo cierto.
La respuesta de Jesús a Juan el Bautista se encuentra en los versículos 21–23. Los
mensajeros de Juan llegaron y le hicieron su pregunta en el mismo momento en que Jesús
estaba involucrado en el mismo ministerio que Juan estaba cuestionando: sanar a los
enfermos, expulsar los espíritus malignos y restaurar la vista a los ciegos (v. 21). Estando en
prisión y escuchando los informes, Juan no se dio cuenta de cuán poderoso era el ministerio
que Cristo estaba llevando a cabo. Por lo tanto, no responde simplemente la consulta con
palabras, sino con hechos poderosos. Hay poca mansedumbre en estos actos; Todo se trata
de poder. Además, estos dos son testigos oficiales de Deuteronomio, y es importante que
vean estos milagros y no solo escuchen sobre ellos. Entonces informarán lo que realmente
han presenciado.
Jesús comienza su respuesta con Isaías 35:5–6 y 61:1 para mostrar que en realidad su
ministerio milagroso cumple las profecías mesiánicas (v. 22). Estos no son solo milagros
proféticos a la manera de Elías y Eliseo, sino milagros mesiánicos que demuestran que el
reino de Dios está entrando en este mundo y lo está cambiando todo. Jesús menciona seis
milagros, y son paralelos a Isaías: los ciegos (ambos), los cojos (ambos), los leprosos (solo
Lucas), los sordos (ambos), los mudos (solo Isaías), los muertos resucitados (solo Lucas), los
pobres (ambos, esta vez Isaías 61:1). En Isaías, estas listas describen la era mesiánica que se
avecina, y el mensaje de Jesús a Juan es que sus milagros prueban que esta era ha llegado
con él. Estas eran expectativas mesiánicas comunes, probadas por pasajes como el 4T521
de Qumran, que contiene una lista bastante similar a esta. Entonces el Mesías fue visto
como un hacedor de maravillas en el judaísmo. También prueba que, como Mesías, Jesús
ha venido como el Siervo de Yahveh de Isaías. Por lo tanto, la expectativa militarista de Juan
de un Mesías juzgador se corrige; es parte de lo que aún no es más de lo que ya es.
Concluye con una bienaventuranza: “Dichoso el que no tropieza por causa mía” (v. 23).
La idea de “tropiezo” (skandalisthē) proviene del pasaje de la roca de Isaías 8:14,
describiendo al Mesías como la piedra angular principal (Isaías 28:16) y “una piedra que
hace tropezar a las personas y una roca que los hace caer” (presentado en Marcos 12:10–
11; Hechos 4:14; Ro. 9:33; 1 Co. 1:23; 1 Pe. 2:8). El ministerio de servicio de Jesús, anclado
como está en sus acciones mesiánicas aquí, llama a la decisión y exige la conversión. La
nación en su conjunto, y los seguidores de Juan en particular, no pueden evitar esta decisión
y no se atreven a “tropezar” o caer.
El testimonio de Jesús sobre Juan (7:24–28)
Los mensajeros regresan a Juan, y Jesús se vuelve hacia las multitudes y brinda su propio
testimonio del lugar de Juan el Bautista en la historia redentora. Comienza con una serie de
opciones (vv. 24–25) y luego proporciona su respuesta (vv. 26–27) con una conclusión
sorprendente (v. 28). Las dos preguntas de los versículos 24–25 se refieren a qué tipo de
figura profética era Juan, y ambos esperan una respuesta negativa:
1. “Una caña sacudida por el viento”: esta imagen representa la hierba de caña en las
orillas del Jordán que se balancea suavemente con la brisa y podría referirse a una
persona irrelevante o trivial que fácilmente se balancea por otros. Más literalmente,
Jesús dice que las personas no viajaron al Jordán solo para ver la vegetación sino
para ver a una persona de sustancia. Juan era conocido como una persona fuerte
con convicciones poderosas, por lo que Cristo dice que un gran profeta claramente
atrajo su interés, y lo saben.
2. “Un hombre vestido con ropa fina”: Esto contrasta a Juan con Herodes y su corte. El
punto es que la ropa lujosa y cara se encuentra en los palacios. La respuesta es un
claro “por supuesto que no”, porque Juan era un profeta del desierto vestido de
acuerdo con esto (Marcos 1:6). La ironía es que fue encarcelado en una fortaleza del
palacio construida por Herodes el Grande. Entonces, en estas dos metáforas, Cristo
está diciendo que Juan el Bautista es una figura importante más que sin sentido, de
ninguna manera como los aduladores irrelevantes de la corte de Herodes.
Jesús responde con fuerza (7:26–27). Juan es un profeta y más (ver Lucas 3:15; Juan
1:20; Hechos 13:25). Su padre Zacarías profetizó que Juan sería “el profeta del Altísimo”
(1:76). Él como Elías era una voz profética que llamaba a la nación al arrepentimiento. Todo
Israel lo conocía de esa manera. Sin embargo, él también era mucho más; Él fue el precursor
del Mesías, el que cumplió Malaquías 3:1 (e Is. 40:3). La cita del versículo 27 se extrae del
pasaje de Malaquías junto con Éxodo 23:20, que literalmente dice: “Estoy enviando a mi
mensajero delante de ti”. En Éxodo es el ángel que va delante de Israel en el desierto, pero
en un nivel secundario se refiere a un precursor sagrado de la salvación de Dios a través del
Mesías. Los dos juntos profetizan a Juan como el heraldo divino encargado por Dios para
preparar el “camino” para Jesús el Mesías.
Hay bastante debate sobre si se está preparando el camino para que Jesús sea el Mesías
o para que Israel lo acepte como el Mesías venidero. En cierto sentido, son ambas cosas,
pero lo que Jesús está profetizando es el “nuevo éxodo” que Jesús está trayendo a la nación
(y a los gentiles). Juan es el profeta escatológico que va delante de Jesús el Mesías para
lograr el éxodo/liberación final e inaugurar la era mesiánica.
Jesús concluye su presentación haciendo una afirmación que es impactante en su
profundidad de significado (7:28). Comienza con el mayor elogio posible: “entre los nacidos
de mujeres no hay nadie más grande que Juan”. Por lo tanto, él es el hombre más grande
vivo. Ninguna persona sola ha tenido un privilegio mayor que despejar el camino para que
el Mesías de Dios traiga la era de la salvación. Ningún sumo sacerdote, ningún emperador
romano, puede igualar su importancia en este mundo.
Sin embargo, Juan simplemente está “preparando el camino”, mientras que el converso
“menos importante” (en términos de este mundo) es mayor porque pueden experimentar
la realidad del reino directamente. Es mejor vivir en la era de la plenitud que ser el que
inaugura (pero no experimenta) el reino de Dios mismo. Pedro en 1 Pedro 1:10–11 contó
cómo los profetas “buscaron atentamente y con el mayor cuidado”, anhelando
experimentar la venida del Mesías. Juan se preparó para ello, pero cada santo puede vivirlo.
Entonces, ninguno en el período del antiguo pacto fue tan grande como Juan, pero todos
los que forman parte de la era del nuevo pacto son más grandes que Juan.
El rechazo de Juan y Jesús (7:29–35)
En los versículos 29–30, se nos habla del inmenso abismo entre el pueblo judío y los fariseos
frente a Juan. Esto es muy enfático: “toda la gente, incluso los recaudadores de impuestos”.
Los recaudadores de impuestos, comenzando con Leví y abrazando a los que estaban en el
banquete en 5:27–32, estaban muy enamorados de Jesús, en parte porque los aceptó y les
dio la bienvenida. Aparentemente, unos cuantos habían sido bautizados por Juan (3:12).
Lucas los especifica aquí para mostrar cómo Jesús ministra a los marginados y despreciados.
La comunidad mesiánica abarca a todos.
Nuevamente, el énfasis está en las palabras de Jesús más que en sus obras. Obras
poderosas resaltan el poder de las verdades del reino, pero sus palabras dicen cómo entrar
en el reino. La gente común “reconoció que el camino de Dios era el correcto”, lo que
significa que escucharon y obedecieron (6:46–47; 7:1). La mayoría de los miembros de este
grupo “habían sido bautizados por Juan”, y ahora están escuchando la súplica de Juan de
3:16–18 y se están volviendo hacia Jesús, dándose cuenta de que él es el Mesías y que, tanto
en Juan como en Jesús, el camino de Dios había sido probado ser correcto. “Reconoció que
el camino de Dios era correcto” en griego es edikaiōsan ton theon, “Dios justificado”, lo que
significa que reconocieron la naturaleza justa de Dios y decidieron arrepentirse y obedecer
las verdades divinas que Jesús enseñó
En contraste con la gente común, los fariseos y los expertos legales (los escribas)
“rechazaron el propósito de Dios para sí mismos”, es decir, que se arrepientan y se vuelvan
a Cristo (7:30). Estos supuestos líderes de Israel dedican todo su tiempo a la
autojustificación e ignoran el verdadero propósito o plan de Dios (boulē). El énfasis en el
bautismo de Juan es bastante interesante. Su ministerio de inmersión fue “un bautismo de
arrepentimiento para el perdón de los pecados” (3:3) y, por lo tanto, se tradujo a Jesús y al
lenguaje de la justificación muy bien. Los que se sometieron al bautismo de Juan se
convirtieron en creyentes y seguidores de Cristo, y los que lo rechazaron se convirtieron en
enemigos de Cristo y su iglesia. Esto no significa que los seguidores de Juan fueran
automáticamente seguidores de Cristo, pero la conversión a Cristo fue un paso natural para
ellos. Vemos en Hechos 19:1–7 cómo un grupo de discípulos de Juan tuvo que volverse a
Cristo.
La “gente de esta generación” en el versículo 31 no son los del versículo 29 sino los
líderes del versículo 30, aquellos que “rechazaron el propósito de Dios”. Son paralelas a la
generación del desierto que fueron castigadas por Dios en el éxodo (Dt 1:35; 32:5). Dos
palabras surgen de las palabras de Jesús aquí: ¿Cómo era esa generación en el desierto, y
cómo esta generación de líderes judíos los compara? El argumento de Jesús es que los
paralelos son extremadamente cercanos, y el juicio de Dios está a punto de descender sobre
la nación debido a eso.
Entonces Jesús cuenta una parábola para describir el problema (7:32). El sarcasmo es
evidente cuando compara a los líderes con los niños que juegan y se pelean en el mercado.
El mercado es la plaza central de cualquier ciudad donde se lleva a cabo el liderazgo
comercial y cívico. Con las madres comprando, los niños juegan un juego e invitan a otro
grupo de niños a unirse a ellos. Tocan música y le dicen al otro grupo qué juego jugar con
esa música. Al principio crean música alegre e intentan fingir que están en una boda (las
flautas a menudo se presentaban en las bodas), pero el otro grupo no se unirá a ellas.
Entonces cambian y crean música triste, un canto, y tratan de fingir que están en un funeral.
Pero el otro grupo aún no se unirá y jugará con ellos.
La parábola es fácil de entender, pero el mensaje de Jesús no lo es. El primer grupo
podría ser los mensajeros de Dios que intentan que los judíos sigan a Juan el Bautista con
su mensaje ascético de juicio, y luego sigan a Jesús con su alegre mensaje de salvación (usa
la metáfora del novio para sí mismo en 5:34–35). Los líderes judíos son mocosos mimados
que se niegan a jugar el juego que Dios ha enviado con Juan y Jesús. Sin embargo, otros han
visto al primer grupo como los judíos tratando de obligar a Juan y Jesús a jugar, negándose
a aceptar el llamado de Juan al juicio o el llamado de Jesús a la salvación. Ambas opciones
son viables, pero para mí la primera opción tiene más sentido. Los fariseos y los escribas no
aceptarán ni el mensaje de juicio (Juan) ni la salvación (Jesús).
Jesús destaca esto claramente en su explicación en 7:33–34, mostrando lo que
implicaban sus rechazos. Juan en su ministerio ascético “no vino a comer pan ni a beber
vino”. Varios ven en esto una alusión al Dios que sostiene a Israel en el desierto en
Deuteronomio 29:6. Juan tuvo su ministerio profundamente efectivo mientras vivía un
estilo de vida ascético, pero Dios lo cuidó de una manera similar a la generación en el
desierto. Sin embargo, ¿cómo interpretaron los líderes su poderoso ministerio? “Él tiene un
demonio”, lo que significa que no estaba poseído por demonios, sino que había perdido la
cabeza.
Jesús, por otro lado, tenía el estilo de vida opuesto, comiendo y bebiendo, refiriéndose
a su comunión en la mesa con las personas (5:29–30; 7:36–39; 10:38–42; 11:37; 13:26; 14:1;
19:5–7), una parte importante de su ministerio. Su reacción es igual de negativa con Jesús,
concluyendo que él es “un glotón y un borracho”, que podría tener dos posibles alusiones:
Deuteronomio 21:20, donde es visto como un hijo “terco y rebelde” que debe ser
apedreado a muerte; o Proverbios 23:20–21, que retrata a un hijo tonto en el camino
equivocado en la vida. Como “amigo de los recaudadores de impuestos y pecadores”, es
inmundo y no merece ser llamado rabino.
Entonces, los líderes rechazan tanto a Juan como a Jesús por razones opuestas,
oponiéndose al estilo de vida austero de Juan y al estilo de vida alegre de Jesús. Se han
vuelto contra los enviados de Dios y, por lo tanto, no tienen lugar en el reino de Dios.
En el versículo final 35, “sabiduría” es la sabiduría de Dios, específicamente vista en los
mensajes del reino de Juan y Jesús. Es la sabiduría divina que ha traído la nueva era del
pacto, la era mesiánica, e hizo posible la nueva era del Espíritu y del plan de salvación de
Dios en Cristo. Los “hijos” de la sabiduría son aquellos caracterizados por la sabiduría,
especialmente Juan y Jesús, pero también sus seguidores, quienes son parte del plan de
Dios y proclaman las verdades del nuevo reino.
Las vidas fieles y el testimonio de los seguidores de Cristo se ponen en contraste con
aquellos que han aceptado las mentiras de los fariseos y los escribas y se unieron a ellos
para rechazar a Juan y a Jesús. La ironía es que son los discípulos muy marginados de Cristo
y los despreciados recaudadores de impuestos y pecadores los que son sabios, mientras
que la élite religiosa, los líderes de Israel, son los tontos.
Por lo tanto, la sabiduría se “justifica por” (edikaiōthē) o “probado justo, vindicado” (ver
7:29) ya que la bendición de Dios recae sobre aquellos que siguen a Juan y Jesús.
Curiosamente, en el paralelo Mateo 11:19 es “por sus obras”, mirando las obras poderosas
que llevaron a la consulta de Juan en primer lugar. Lucas enfatiza que los seguidores de
Cristo también son la “obra/hazaña” de Dios. Ponen en práctica la sabiduría de Cristo y con
su vida fiel demuestran que es correcta para el mundo. La prostituta en el próximo episodio
es uno de los “hijos de la sabiduría”, mostrando en su agradecimiento a Jesús el cambio
radical que la sabiduría ha hecho en su vida.
Jesús es ungido por una mujer pecadora (7:36–50)
Este pasaje ilustra el contraste radical entre la sabiduría de Jesús y los fariseos en su
reacción ante los pecadores. Esta mujer anteriormente prostituta muestra que los
pecadores ahora están demostrando su sabiduría correcta al responder a la proclamación
del reino de Jesús. Introduce otro tema principal de Lucas, el lugar de la mujer en el sabio
plan de Dios. Las mujeres fueron marginadas en gran medida en el judaísmo, pero este es
el primero de dos episodios sucesivos (con 8:1–3) que muestran cómo Dios está usando a
las mujeres para promover su plan del reino. Este es también un ejemplo importante de
Jesús comiendo y bebiendo, y por lo tanto identificándose con los pecadores (7:34)
mientras perdona sus pecados y los lleva a Dios.
El escenario: la unción (7:36–38)
Es sorprendente que Jesús esté aquí comiendo y bebiendo en la casa de un fariseo, lo que
implica que ellos también son parte de los pecadores con quienes Jesús se está asociando.
Claramente desea examinar a Jesús por sí mismo, pero la colocación de este justo después
del pasaje donde los fariseos denuncian a Jesús por esta misma actividad es profundamente
irónica. Jesús demuestra aún más cuán abierto está a los pecadores de todos los niveles al
aceptar y entrar en la guarida del león en su deseo de ganar a todos, incluso a sus enemigos,
para Dios. Entonces, al principio, este “Simón” (su nombre en 7:40) emula a Nicodemo en
Juan 3:2 al llamar a Jesús “maestro” en 7:40; ciertamente no es hostil como la mayoría de
los otros líderes, y aparentemente la mayoría de sus invitados farisaicos sienten lo mismo.
No todos los líderes eran ciegamente hostiles a Jesús. “Reclinado en la mesa” es la postura
en los banquetes. Los judíos en este momento tomaron prestada la práctica del mundo
gentil al recostarse en sofás en forma de V alrededor de la comida mientras comían una
comida. La comida fue en honor a Jesús, un respetado rabino y posible profeta (7:39).
En esta escena entra una mujer, no una invitada, pero tampoco una intrusa. Varios
intérpretes han señalado que las puertas de banquetes importantes como este se dejaron
abiertas para que la gente pudiera entrar y escuchar la conversación en la comida. Ella vino
completamente a ver a Jesús y se la describe como una notoria “pecadora en la ciudad”
(NIV: “vivió una vida pecaminosa”), un término que se usa a menudo para referirse a una
mujer inmoral. El cabello suelto (v. 38) estaba mal visto (1 Co. 11:5–6) y estaba asociado
con la prostitución, y es posible que ella fuera así. Ella escucha que Jesús está en la comida
y decide venir. Para mostrar su amor y aprecio, ella trae con ella “un frasco de alabastro
lleno de perfume”. El alabastro era un mármol blanco suave (o amarillo puro o incluso rojo
con impurezas), a menudo utilizado como contenedor. El perfume que contenía era costoso
(myron era uno de los perfumes más caros) y bastante fragante, y su acción fue
premeditada, tal vez indicando un contacto previo con Jesús.
Aparentemente ella entra y va inmediatamente detrás de Jesús, de pie a sus pies
mientras él se reclina en el sofá frente a la comida. El lenguaje del versículo 38 es bastante
dramático, usando tiempos imperfectos para representar sus signos continuos de afecto y
gratitud. Se podría traducir, “Llorando, se arrojó a los pies de Jesús, de manera que se los
bañaba en lágrimas. Luego se los secó con los cabellos; también se los besaba y se los ungía
con el perfume”. Quería expresar su gratitud y amor a Jesús, pero rápidamente se sintió tan
abrumada por la emoción que solo podía llorar continuamente, sus lágrimas caían sobre sus
pies mientras se inclinaba sobre él.
Esta habría sido una escena impactante. Algunos piensan que ella tenía la intención de
ungirle la cabeza, luego sus emociones tomaron el control y comenzó a llorar. Lucas no
indica eso, y la unción de sus pies habría sido un indicio de su gran humildad y sentido de
indignidad, como cuando Juan el Bautista dijo en 3:16 que no era digno de desatar las
sandalias en los pies de Jesús. La acumulación de suciedad en los pies simboliza el pecado
en la vida de una persona. Jesús se habría quitado las sandalias que entraban en la
habitación y, cuando ella se inclinó, sus lágrimas cayeron sobre sus pies descalzos. Parece
probable que ella haya conocido a Jesús antes, y él le haya perdonado sus pecados. Su
sentido de alegría y gratitud la hizo derrumbarse, y no podía dejar de llorar con sus
profundas emociones mientras estaba parada a sus pies.
Su acción de soltar su cabello y limpiarle los pies con él habría galvanizado a todos y
habría sido bastante escandaloso (ver arriba). Besarle los pies habría sido aún más
impactante para aquellos que se reclinan con Jesús en la comida. Aun así, los besos y la
unción ejemplifican la adoración y la reverencia. Al escribir esto, Lucas pudo haber estado
pensando en Isaías 52:7, “Qué hermosos son, sobre los montes, los pies del que trae buenas
nuevas”. Ella, como la mujer en Mateo 26:6–13 lo ungió para su futuro ministerio. Ungir la
cabeza era un acto real; la unción de los pies indicaba el destino futuro. La narrativa de
Lucas indica que todo esto tomó algo de tiempo, y habría sido una escena poderosa.
Conflicto sobre sus acciones (7:39–43)
No hace falta decir que lo que hizo la mujer tomó el control de la conversación. El fariseo
que había planeado el banquete es el primero en responder. Por alguna razón, no lo
vocaliza, sino que piensa para sí mismo, interpretando la escena sobre la base de sus
prejuicios farisaicos de que permitir que la mujer toque a Jesús lo volvería inmundo. Ha
escuchado que Jesús fue considerado un gran profeta (7:16), pero ahora duda mucho de
eso, usando en griego una condición contraria a los hechos: “¿Si él fuera un profeta (que no
lo es) …? Si realmente fuera un profeta, “sabría quién lo está tocando y qué clase de mujer
es: una pecadora”. Su prejuicio farisaico se centraría en su pasado pecaminoso e ignoraría
su presente arrepentido. Su antiguo estilo de vida debe haber sido bien conocido en la
comunidad. Él asume que Jesús también debería condenarla, y su perdón y aceptación de
la mujer (a Simón, todavía un pecador) le repugna.
Jesús nuevamente muestra su omnisciencia (ver 5:21–22) y responde a las reflexiones
del fariseo (7:40). El lenguaje es bastante respetuoso, con Jesús usando su primer nombre,
Simón, y el hombre respondiendo con un título de respeto, “Dime, maestro”. Este ahora se
convierte en el título principal utilizado por las multitudes y los líderes (8:49; 9:38; 10:25;
11:45; 18:18). En esa cultura “tengo algo que decirte” introdujo un comentario puntiagudo
que corrige a otra persona.
Jesús ahora usa una parábola para mostrarle el error de sus caminos e ilustrar la
importancia del perdón (7:41–42). Se trata de un prestamista como nunca antes se había
visto en el planeta tierra. Tenía dos deudores en particular. Un denario era el salario por un
día de trabajo del trabajador promedio. Entonces uno le debía casi dos años de trabajo, el
otro aproximadamente un mes y medio. Aunque el primero debía diez veces más, ambos
tenían el mismo problema: la incapacidad de pagar la deuda. Ahora viene la parte imposible:
el prestamista “perdonó” las deudas de ambos. El verbo (echarisato) enfatiza la “gracia”
(charis) detrás del acto de perdón, haciendo de esta una parábola adecuada para la gracia
de Dios en perdonar pecados. Ese es el significado pretendido detrás del simbolismo.
La pregunta de Jesús (“¿Ahora cuál de ellos lo amará más?”) Saca la respuesta adecuada
del fariseo: “Supongo que aquel a quien más le perdonó” (7:43). No quiso responder
(“supongo”) pero no pudo evitar la consulta de Jesús. Es crucial darse cuenta de que la
pregunta no es solo acerca de la gratitud sino también del amor. Esto apunta directamente
a la mujer, que mostró su amor y devoción, no solo su agradecimiento. Esta es una parábola
perfecta. La mujer, a los ojos del fariseo, habría tenido una deuda de pecado mucho mayor
con Dios, una cantidad que Simón no estaba dispuesto a perdonar. Jesús lo ha forzado a
acusarse a sí mismo y mostrar sus verdaderos colores.
La aplicación de la parábola (7:44–47)
Hay un doble significado cuando Jesús se vuelve hacia la mujer y le pregunta a Simón: “¿Ves
a esta mujer?” El primero es casi superfluo; No puede dejar de verla allí. Sin embargo, la
pregunta implícita es: “¿En realidad la ves como realmente es?” Ella es una ex pecadora
ahora perdonada, y Simón no puede ver eso. La parábola era simple, las implicaciones
profundas. Esta es una parábola perfecta de que Dios perdona a aquellos, es decir, a todos
nosotros, que no somos dignos. Esta es la gracia y la misericordia de Dios ilustradas.
Luego, Jesús contrasta la recepción del fariseo hacia él con la de la mujer (7:44–46). No
pudo mostrar cortesía común, ya que normalmente se ofrecía agua para lavar los pies sucios
por los caminos polvorientos (como lo demuestran los seis tarros de agua en Juan 2:6). La
hospitalidad era crítica en el mundo antiguo, y los invitados se sentían especiales. El hecho
de que Simón no mostrara hospitalidad en sí mismo fue escandaloso, pero esto puede no
ser realmente el énfasis. Existe alguna evidencia de que el lavado de pies no era necesario
para los anfitriones y se habría considerado como un cuidado especial. Existe un debate
considerable sobre si sus fallas (el lavado de los pies de Jesús, el beso de saludo, la unción
de su cabeza) deben tomarse como insultos definitivos o simplemente como una falta de
honor. Creo que esto último, pero este no es el punto.
El énfasis está en la mujer, que le mostró esto y más a Jesús. Todo lo que hizo en el
versículo 38 Jesús ahora repite. El fariseo sí mostró cortesía común pero no más, mientras
que ella mostró un amor y una devoción extraordinarios. El beso de saludo era el único
signo esperado de respeto, pero los otros dos no. La unción de la cabeza con aceite no era
una práctica habitual y, de haberlo hecho, habría demostrado un honor excepcional. Fueron
besos de gratitud y devoción, y ella no solo usó aceite de oliva (el aceite común al ungir la
cabeza) sino un perfume increíblemente caro. Una vez más, no creo que Simón fuera
culpable de provocación deliberada y grosería, sino que solo hizo lo que era habitual en el
nivel más básico (aunque muchos no están de acuerdo), mientras que ella hizo más de lo
que uno podría esperar.
La conclusión de Jesús se encuentra en el versículo 47. Jesús dice: “Por esto te digo: si
ella ha amado mucho, es que sus muchos pecados le han sido perdonados”, una traducción
que demuestra que Jesús la había perdonado previamente, y sus actos de devoción fueron
el resultado de la alegría y la gratitud que sintió como resultado. El griego también
permitiría que Jesús perdone sus pecados aquí y podría traducirse, “sus muchos pecados
han sido perdonados porque [hoti] ella ha demostrado un gran amor”. Pero eso implicaría
la salvación por obras, por lo que el NVI se comprende mejor.
El mensaje para la mujer perdonada (7:48–50)
Cuando Jesús le dice a la mujer ahora perdonada, “Tus pecados son perdonados” (7:48), el
verbo está en tiempo perfecto (apheōntai), lo que significa que ahora está en un estado de
perdón (el tiempo perfecto implica un estado de ser) y no solo entonces ser perdonado. Él
la alienta al confirmar su relación con Dios, pero también les dice a los invitados en el
banquete y al fariseo que Dios ha perdonado a la mujer, incluso si Simón no lo ha hecho.
Tenga en cuenta el contraste que implica el versículo 47b: “Pero a quien poco se le perdona,
poco ama”. Jesús está describiendo a Simón, quien se niega a perdonar a la mujer. Ahora el
contraste es entre él y Dios. El Señor compasivo la ha perdonado mucho porque la ama tan
profundamente, completamente opuesta al fariseo duro y rígido.
Los invitados hacen la misma pregunta que en 5:21, cuando Jesús perdonó al paralítico:
“¿Quién es este que hasta perdona pecados?” En todos los sentidos, esto es mayor que
cualquiera de los milagros de Jesús. Incluso la resurrección de los muertos produce un
cambio temporal de manera terrenal. El perdón es eterno y celestial en sus ramificaciones.
Entonces su pregunta es natural. No había indicio en el Antiguo Testamento de que incluso
el Mesías pudiera perdonar pecados. Cuando los profetas pronunciaron el perdón (2 Sa.
12:13; Is. 40:2) no estaban hablando por sí mismos sino directamente con un mensaje de
Dios. Jesús habla por sí mismo no solo como enviado de Dios, sino también como el hombre
de Dios. Él no responde la pregunta, pero demuestra su respuesta en la proclamación del
versículo 50. Este tema será una fuerza impulsora en los capítulos que están por venir.
Jesús no solo proclama el perdón de la mujer sino también su salvación, diciéndole: “Tu
fe te ha salvado; vete en paz” (7:50). Es crítico entender que su fe, no sus acciones de
devoción, es lo que la salvó. Esto se introdujo en 7:9, la sanación del esclavo del centurión,
y se verá varias veces más (8:25, 48; 17:6, 19; 18:8, 42). El verbo “ha salvado”, como el del
versículo 48, está en tiempo perfecto, lo que significa que ahora existe en el estado de tener
salvación y estar bien con Dios. Dios ha reconocido su fe, sus pecados han sido perdonados,
y ahora ella puede experimentar las bendiciones de Dios e “ir en paz”. La agitación de su
vida de pecado ha terminado, y ahora tiene paz con Dios y paz en sí misma. Ahora debe ir y
encontrar la paz con aquellos a quienes antes lastimó. Su historia debe haber asombrado a
la gente por el resto de su vida. Todas las personas a quienes Jesús ministra en este capítulo
muestran una profunda humildad y una fe permanente. Además, todos son personas
marginadas, marginados de los líderes judíos. Por lo tanto, ejemplifican la libertad para las
personas oprimidas de Isaías 61:1–2, de quienes Jesús habló en Lucas 4:18–19. El primero
es un centurión gentil, un importante oficial romano y un temeroso de Dios que ama el
judaísmo. Él cree todo lo que ha escuchado sobre Jesús y envía una delegación judía para
interceder y contarle a Jesús su caminar con Dios.
El centurión gentil cuyo esclavo es sanado ejemplifica esto perfectamente. Es un
individuo poderoso y rico que puede tener lo que quiera y que reconoce en Jesús la única
forma posible en que su esclavo puede ser curado de su enfermedad terminal. Él viene a
Jesús con absoluta humildad y se arroja virtualmente a sus pies en total dependencia de él.
Este es un paso notable hacia la verdadera fe, y Jesús es tocado. El centurión es un modelo
de lo que significa entregarse completamente a Jesús y demuestra perfectamente el camino
al arrepentimiento. La sanación es una consecuencia de su profunda fe, que es el verdadero
punto culminante de la historia.
El próximo milagro se realiza en nombre del opuesto social para el centurión, una viuda
sin el apoyo de familiares y amigos. Sin embargo, ella es personalmente igual al centurión,
porque ella también depende de Jesús, esta vez para criar a su hijo. Este milagro es la mayor
prueba de Jesús como el Mesías y enviado de Dios. Su poder sobre la muerte en nombre de
una viuda humilde y su hijo es una prueba perfecta no solo de su autoridad dada por Dios
como Señor, sino también de su profunda y permanente compasión por las multitudes que
sufren. La reacción de la gente también demuestra su reconocimiento de que Dios lo ha
enviado como un “gran profeta”, pero no una confesión de que él es el profeta-Mesías. Pero
es un paso en la dirección correcta.
Luego vemos a Jesús interactuando una vez más con Juan el Bautista (vv. 18–35), ahora
en prisión. Se ven sus propias dudas humanas. Ha estado encerrado por algún tiempo, pero
Jesús no ha ido más allá al traer el fin que Juan espera. Él es el profeta del desierto, proclama
el juicio venidero, mientras que Jesús es el alegre Mesías que presenta la era de la salvación.
Entonces él no es el tipo de Mesías que Juan espera, y Juan el Bautista es un ejemplo de
todos nosotros cuando Jesús no cumple con nuestras expectativas. También queremos que
Jesús se ajuste a nuestro modelo y actúe como queremos que él actúe, por lo que tenemos
dudas como lo hace Juan.
Luego, Cristo le cuenta a la multitud sobre qué tipo de persona es realmente Juan, una
persona de gran sustancia, a diferencia de las débiles figuras de amantes de lujo de la corte
de Herodes (vv. 24–28). Él cumple la profecía de Malaquías 3:1 como el mensajero enviado
para ser el precursor de Jesús Mesías, y como tal uno de los hombres más grandes de su
época. Entonces Jesús hace un sorprendente reclamo. Los menores en el reino que Juan y
Jesús están presentando son en realidad más grandes que Juan, porque se han convertido
en los hijos del reino.
Dirigiéndose a los líderes (vv. 29–35), los contrasta con los seguidores de Juan el Bautista
que son parte de la realidad de este reino. Los líderes son como niños que juegan un juego
y se niegan a jugar a la boda (el ministerio jubiloso de Jesús) o el funeral (el ministerio del
juicio de Juan). Los líderes están completamente fuera del reino, sin esperanza. Son muy
parecidos a muchos líderes religiosos de nuestro tiempo que quieren tener poco que ver
con el Jesús de la Biblia porque no encajará en sus ideas liberales de la bondad universal de
la humanidad.
El episodio final (vv. 36–50) se refiere a un banquete que un fariseo celebró en nombre
de Jesús y un intruso sorprendente, una mujer que quiere agradecer a Jesús por perdonarla,
pero se desmorona y solo puede llorar lágrimas de gratitud y devoción hacia él. El fariseo y
su grupo se ofenden por la asociación de Jesús con los pecadores, y lo condenan a él y a
ella. Jesús usa una parábola para obligar a este líder religioso rígido a admitir sus prejuicios
y mostrar su renuencia a perdonar en contraste con la voluntad de Dios (y de Jesús) de
hacerlo. Jesús contrasta su profunda gratitud y su graciosa lluvia de amor y devoción a la
cortesía básica, pero no más del fariseo (vv. 44–46). Ella, no él, ejemplificó la gracia y la
aceptación de Dios. El fariseo no estaba dispuesto a perdonar, pero Jesús en los versículos
48–50 le asegura no solo que ha sido perdonada sino también que “su fe la ha salvado”,
proporcionando el mensaje del reino que ahora dominará el resto de Lucas-Hechos.
ENSEÑANZA AUTORITATIVA Y HECHOS PODEROSOS (8:1–
56)
En los últimos dos capítulos, Lucas ha insertado una gran cantidad de material de una fuente
que tiene en común con Mateo (de Lucas 6:20–8:3), que los estudiosos han etiquetado
como Q (vea el capítulo introductorio), y ahora regresa al material de Marcos 4–6 y lo sigue
en este capítulo. Este capítulo crítico reúne los dos aspectos principales del ministerio
público de Jesús: sus palabras y sus obras. Lucas comienza con su primera sección de
parábolas, que contiene las parábolas del sembrador (vv. 1–15) y la lámpara (vv. 16–21), y
luego pasa a una sección de milagros donde realiza cada tipo de sus milagros en orden,
demostrando su poder sobre la naturaleza (calmando la tormenta, vv. 22–25), sobre los
poderes cósmicos (expulsando “Legión”, vv. 26–39), sobre la enfermedad (la mujer con el
flujo menstrual, vv. 43–48), y sobre la muerte (resucitar a la hija de Jairo, vv. 40–42, 49–56).
Al mismo tiempo, Jesús separa las secciones con dos porciones de discipulado: el lugar de
las mujeres que sirvieron como mecenas del grupo de discípulos (vv. 1–3) y los discípulos
como su verdadera familia (vv. 19–21). Entonces este capítulo tiene todo, un resumen y una
imagen real de su trabajo mesiánico en este mundo.
Este capítulo también fluye naturalmente del capítulo 7, que introdujo el ministerio
especial de Jesús a las personas marginadas como los gentiles y las mujeres, con dos
historias de su aceptación y ayuda a las mujeres, la viuda de Naín y la prostituta,
preparándose para el lugar de las mujeres en su ministerio en el primer episodio de 8:1–3.
Así que este es un seguimiento natural y resume las diversas formas en que trabajó su
ministerio. Luego, el capítulo 9 continúa con un enfoque en los Doce: su misión (vv. 1–6),
su participación en el milagro de la alimentación (vv. 10–17), la confesión de Pedro y los
dichos del discipulado (vv. 18–27), el transfiguración (vv. 28–36), y el fracaso del discipulado
combinado con las correcciones de Jesús (vv. 37–50). Entonces, los tres capítulos de los
cuales esto es parte son fuertes en lo que llamamos eclesiología, enseñanza sobre el
discipulado y la iglesia, la comunidad mesiánica que Jesús está construyendo.
Lucas presenta a las mujeres que son parte del grupo de los
discípulos (8:1–3)
Esta sección comienza con otro resumen del ministerio itinerante de Jesús “de una ciudad
y pueblo a otro” (ver 4:14–15, 43–44; 5:12). Galilea era una provincia pequeña. Setenta por
cuarenta millas, tomó solo un par de días atravesarlo, pero contenía 204 ciudades y pueblos
(ver Josefo, Life 235), y una gira de predicación podría tomar algún tiempo. Su tema fue la
buena noticia de la venida del “reino de Dios”, la nueva era de salvación que Cristo inauguró.
Los Doce lo acompañan (ver 6:12–16), probablemente no como participantes todavía, sino
como observadores y en capacitación para la tarea como lo hacen todos los discípulos
rabínicos. Durante este tiempo, Jesús indudablemente predicó a la gente y enseñó a los
discípulos. Participarán plenamente en 9:1–6.
Además, Lucas nos dice que un grupo de mujeres también viajó con el equipo de la
misión como patrocinadoras que los apoyaron. Probablemente había un grupo más grande
(“muchos otros”, v. 3), pero aquí se mencionan tres, descritos como “sanados de espíritus
malignos y enfermedades”. Mateo y Marcos no nos dicen esto hasta tarde en los eventos
de pasión (Mateo 27:55–56; Marcos 15:40–41), pero Lucas lo coloca aquí para decirnos una
vez más cuán importantes fueron las mujeres para la misión de Jesús.
La primera mencionada (y posiblemente la líder del ministerio de mujeres) fue María
Magdalena. Ella no era la mujer pecadora de la historia anterior (7:16–20), por lo que nunca
fue una prostituta como dice la tradición; Lucas nos habría dicho si fuera así. Pero ella había
sido poseída por siete demonios (ver también la adición en Marcos 16:9), y Jesús los había
echado, ciertamente convirtiéndola en el proceso. “Magdalena” significa que vino de
Magdala, una ciudad en la costa occidental del mar de Galilea. Ella es nombrada por primera
vez en las listas de aquellos que estuvieron presentes en la crucifixión, entierro y
resurrección de Jesús (Mateo 27:56, 61; 28:1 y paralelos), mostrando su importancia (el
orden de los nombres siempre fue significativo).
Los otros dos eran creyentes ricos que usaron sus medios para apoyar al equipo (María
también pudo haber sido rica). Habrían sido llamados “mecenas”, y el Imperio Romano era
una sociedad de mecenas y clientes en la que personas tan ricas desempeñaban un papel
importante. La mayoría de los demás probablemente se ocuparon de las necesidades del
grupo, preparando comidas y demás, y estos tres, entre otros, ayudaron a pagar las cuentas.
No sabemos casi nada sobre Susana, pero Johana era la esposa de un importante
funcionario al servicio de Herodes, su “mayordomo” o gerente de su extensa propiedad
(epitropos). Entonces ella habría sido una aristócrata rica por matrimonio y bastante capaz
de ayudar. Ella también fue testigo de la resurrección de Jesús (24:10). Como herodiana,
probablemente enfrentó cierto rechazo de muchos creyentes judíos, y no sabemos cómo
ella y su esposo resolvieron su tiempo fuera de casa y sus deberes. En todos los sentidos
ella se sacrificó mucho por Jesús.
Las mujeres tenían una profunda participación en el ministerio del equipo misionero.
Como patrocinadoras habrían tenido algún tipo de papel de liderazgo, ya que los
patrocinadores estaban en el centro del sistema socioeconómico romano. Aun así, no
podemos exagerar este factor, ya que operaban bajo el sistema judío y, por lo tanto,
estaban ministrando principalmente a las necesidades de Jesús y los Doce. En esto
anticiparon el intercambio total de Hechos 2:44–45; 4:32–35: “Nadie afirmó que ninguna
de sus posesiones era suya, pero compartieron todo lo que tenían”. Con su tiempo y sus
medios, “apoyaron” al equipo con todo lo que tenían.
Jesús cuenta la parábola de las semillas (8:4–15)
Como siempre, Jesús está abarrotado de grandes multitudes “de pueblo en pueblo”. En esta
ocasión les cuenta otra parábola. Estas son siempre historias concisas y metáforas
extendidas (imágenes sin caracteres, como la vid y las ramas de Juan 15) o historias (como
el buen samaritano de Lucas 10:29–37). Este es el primero, que contiene un poderoso
mensaje incrustado en el simbolismo de los detalles. Esto se llama comúnmente la parábola
del sembrador, pero la semilla en lugar del sembrador es central. Otros ven la cosecha como
central y se centran en el juicio y la recompensa. Esto también es erróneo, ya que el
elemento clave es la respuesta a las verdades de la semilla, y la cosecha es el resultado de
esta respuesta. Hay una importancia especial en esta parábola semilla (y la parábola de la
cizaña en Mateo 13), ya que es la única explicada en Lucas. Por lo tanto, es especialmente
crucial, ya que representa la confrontación de los oyentes por los “misterios” o secretos del
reino (8:10), que exigen respuesta y compromiso. Esta parábola gobierna a las otras.
Estas son parábolas del reino, que ilustran el significado de la llegada del nuevo reinado
de Dios en este mundo que ha venido con Jesús. Cada detalle tiene valor simbólico. El
campo es el reino de Dios, el granjero o sembrador es Jesús, la semilla es la verdad del reino
que proclama, y los cuatro suelos corresponden a los grupos en Israel a quienes Jesús ha
estado ministrando: el camino endurecido (los líderes), el rocoso y suelos espinosos (las
multitudes) y la buena tierra (los discípulos). En Palestina, la siembra se realiza en la estación
lluviosa (octubre a diciembre) y la cosecha en la estación seca (mayo a junio). Ciertamente,
los agricultores no arrojarían semillas en un suelo malo, pero su práctica habitual era
colocar una bolsa de semillas sobre su hombro y tirar la semilla en el suelo bueno. El viento
soplaría algo de semilla sobre el mal.
Los cuatro suelos (8:5–8)
Galilea era conocida por la fertilidad de su suelo, y como resultado gran parte de ella había
sido comprada por terratenientes ricos de tierras lejanas como Egipto, Babilonia o Asia
Menor. Poseían grandes propiedades y las dividieron en una serie de granjas de inquilinos
(véanse las parábolas del administrador astuto [16:1–13] y los labradores [20:9–19]). Estos
agricultores cultivarían los cultivos y darían la mitad al propietario. Su método era arrojar la
semilla al suelo y luego ararla en la tierra; a veces el suelo también se trabajaba antes de la
siembra de la semilla. Entonces Jesús pregunta: “¿Qué tipo de tierra eres?”
La primera semilla “cayó junto al camino” (8:5). Estos eran los caminos del mundo
antiguo, a menudo senderos para caminar, que no rodeaban las propiedades como hoy,
sino que pasaban por el medio de los campos, con los cultivos creciendo hasta el camino
mismo. Los agricultores, por supuesto, nunca arrojarían deliberadamente buena semilla en
el camino duro, pero algunas semillas simplemente caerían o serían arrojadas al camino.
Esta semilla no podía echar raíces y sería pisoteada en la parte superior del camino cuando
la gente caminara sobre ella.
La segunda semilla “cayó sobre las piedras” (8:6). Estos no son pedazos de roca
incrustados en el suelo. Más bien, en algunos lugares de Galilea (principalmente en la región
montañosa) hay capas de piedra caliza y lutita a varias pulgadas debajo de la superficie que
atraparían la lluvia y evitarían que penetre en el suelo más profundo. La temporada de
cosecha tuvo una lluvia temprana (otoño) y tardía (primavera) (véase Dt. 11:14; Jer. 5:24),
con un sol principalmente puro entre ambas. La piedra caliza mantendría la lluvia cerca de
la superficie y, como resultado, las plantas surgirían al principio y luego se marchitarían en
los tallos bajo el sol deslumbrante. La piedra caliza también evitaría que las raíces crecieran
profundamente, por lo que a medida que el sol abrasador eliminaba la humedad del suelo,
las plantas se marchitaban y morían.
La tercera semilla “cayó entre espinos” (8:7). Estos son un tipo de hierba con raíces muy
fuertes que roban la humedad del suelo y por lo tanto “ahogan” las buenas plantas. En las
primeras semanas también se ven como trigo y, por lo tanto, es muy difícil eliminar las malas
hierbas del suelo. Más tarde crecen hasta seis pies. Hay una progresión en estos tres suelos
malos, y la planta muere más tarde en cada caso.
La cuarta semilla “cayó en buen terreno” (7:8), que en realidad describe la mayor parte
de Galilea. En Mateo 13:8 y Marcos 4:8, Jesús describe cada cultivo como cada vez más
grande, con treinta, sesenta o cien plantas que crecen de cada planta. En Lucas solo se
representa el crecimiento final: “una cosecha del ciento por uno”. Lucas enfatiza el
crecimiento de discípulos que escuchan y obedecen las verdades de Jesús. La palabra de
Dios en él da frutos increíbles en la vida de sus seguidores.
La parábola propiamente dicha termina con un desafío (8:8b): “El que tenga oídos para
oír, que oiga”. Este es el punto principal de todo, y Jesús esencialmente lo repite en [Link]
“Por lo tanto, considera cuidadosamente cómo escuchas”. Como he dicho a menudo, uno
no ha escuchado hasta que haya respondido con compromiso y obediencia (véanse
discusiones en 6:11, 46–49; 7:1, 8, 29). El desafío contiene un mensaje esencial: si está
dispuesto a escuchar, será mejor que actúe mientras pueda.
El propósito de las parábolas (8:9–10)
Sus discípulos están algo confundidos y le preguntan el significado de la parábola, es decir,
no los detalles de fondo sino el mensaje alegórico detrás de ella. Quieren saber qué está
diciendo sobre el Señor y su relación con él. Su respuesta divide los suelos negativos en una
sola categoría para describir a aquellos que se oponen a él y contrasta los líderes y las
multitudes no comprometidas con sus discípulos. La palabra de Jesús encuentra a las
personas y las obliga a tomar decisiones, produciendo así estos dos grupos.
Esto ocurre porque Dios les ha dado sus “misterios del reino” (mystēria, NVI: “los
secretos del reino de Dios”) a través de las enseñanzas y parábolas de Cristo. Este es un
término apocalíptico y se refiere a las verdades ocultas que Dios no ha dado a conocer en
el pasado, pero que ahora ha revelado a su pueblo. Invoca la comprensión tanto a nivel
mental como espiritual. Jesús también ha contado estas cosas ocultas a las multitudes y
líderes, pero expresado en parábolas, y son incapaces de comprender y aceptar estas
verdades. Esto no significa que Jesús habló solo en parábolas, sino que la enseñanza del
reino es inherentemente parabólica y enigmática, y exige una reflexión cuidadosa, una
visión espiritual y la apertura a las cosas nuevas que Dios ahora está revelando. El suelo del
corazón debe ser receptivo y fructífero para que esto ocurra.
Cristo ahora recurre a Isaías 6:9–10, tomado del servicio de comisión del profeta, donde
se le da a Isaías un mensaje que seguramente Israel rechazará. Jesús dice que el pueblo
judío de su época es exactamente como la gente de la época de Isaías en su obstinación.
Esta cita es introducida por la partícula griega hina, que indica tanto el propósito como el
resultado, combinando así la elección divina de Dios y la culpa del pueblo. Israel ha
rechazado las verdades del reino de Cristo y, como resultado, Dios se ha vuelto contra ellas.
Esta es una partícula de juicio, y significa que ahora está anclando su rechazo al rechazarlos.
Esta condenación divina se presenta de dos maneras, tanto viendo como oyendo (así
con todos sus sentidos) lo que Cristo les está diciendo. El texto de Isaías contiene participios
en tiempo presente y verbos principales, lo que significa que el pueblo de Israel
continuamente ve y escucha estas verdades sobre la semilla que cuenta Jesús, pero debido
a sus corazones endurecidos, en ningún momento perciben la realidad de lo que Jesús
realmente está diciendo. Mateo 13:14–15 es aún más duro, presentando la cita de Isaías
con el hoti causal (porque), declarando directamente que el juicio de Dios ha venido
“debido” a su respuesta negativa a Cristo. Luego incluye el resto de la cita de Isaías, en
particular, “De lo contrario, podrían ver con sus ojos … y yo los sanaría”. Dios ya no quiere
que se arrepientan. En Hechos 28:26–28, este pasaje de Isaías lleva a la conclusión de que
“esta salvación de Dios se ha enviado a los gentiles, y ellos sí escucharán”.
Jesús da el significado de la parábola (8:11–15)
Solo para sus discípulos, Cristo ahora interpreta la parábola, en particular las verdades
espirituales incrustadas en los símbolos. Durante casi un siglo, muchos estudiosos pensaron
que las parábolas originalmente tenían un solo punto centrado en la presencia del reino y
que los elementos alegóricos se agregaron más tarde. (Joachim Jeremías fue un famoso
ejemplo de esto.) Esto ahora se reconoce como un error grave. Jesús presenta múltiples
significados, que fluyen de los diversos detalles de esta parábola. El sembrador aquí es
Jesús, y la semilla que se siembra se define como “la palabra de Dios”, lo que significa que
la enseñanza de Jesús se originó en Dios y ahora está encerrada en el mismo Jesús, que
habla las palabras de Dios. Luego se dirige a los cuatro suelos y explica las verdades
espirituales detrás de ellos y la forma en que exige que las personas respondan a ellos.
Los diferentes suelos representan a los líderes, multitudes y discípulos con sus diversos
niveles de disposición para escuchar verdaderamente. La semilla en el camino duro (8:12)
representa a los oyentes que solo escuchan en la superficie. Los pájaros que devoran la
semilla simbolizan al diablo, que “viene y quita la palabra de sus corazones”. Estos son los
líderes que escuchan desde una perspectiva prejuiciosa y ya han rechazado el mensaje de
Jesús incluso antes de haberlo escuchado. Satanás los devora mientras escuchan, y no hay
posibilidad de conversión. No pueden “creer y ser salvos”. En Juan 12:30; 14:30; 16:11 la
pasión misma es vista como una batalla contra Satanás, y en 22:3–4 Lucas dice que “entró
en Judas” y lo guía a traicionar a Jesús.
El suelo rocoso, lleno de piedra caliza (8:13) representa a las multitudes que al principio
“reciben la palabra con alegría” pero tienen una felicidad efímera debido a su mera emoción
superficial en lugar de alegría profunda en Cristo; “No tienen raíz” y “creen por un tiempo,
pero en el momento de la prueba se caen”. Las multitudes están enamoradas de Cristo y lo
siguen a todas partes, pero evitan cualquier compromiso. Su interés está en lo espectacular,
tanto en sus mensajes estimulantes como especialmente en sus poderosos milagros. En
realidad, son poco profundos, y en las dificultades y pruebas que las fuerzas de la vida
ejercen sobre ellos, no tienen la profundidad suficiente para permanecer con Cristo y
simplemente desaparecer. En los términos de hoy, los llamaría buscadores que están
interesados pero que no están listos para seguirlo.
El suelo espinoso (8:14) representa a aquellos que escuchan y, como el suelo rocoso,
parecen responder por un tiempo, pero a medida que pasa el tiempo “están ahogados por
las preocupaciones, riquezas y placeres de la vida, y no maduran”. No hay crecimiento
espiritual, porque hay poca vida en Cristo, y son lo que yo llamaría carnal o pseudo
cristianos. Las preocupaciones o ansiedades de la vida se encuentran en Filipenses 4:6 (“no
te preocupes por nada”) y Mateo 6:25–34 (“no te preocupes por tu vida”). El verdadero hijo
de Dios aprende a confiar en él y a no permitir que el lado terrenal de la vida gane control
(véase 5:11, 28; 6:20–26; 9:46–48; 11:39–44; 12:22–34). Las riquezas y los placeres de la
vida son tentaciones mortales y arruinan a muchos espiritualmente.
La buena tierra (8:15) representa a los seguidores de Cristo “con un corazón noble y
bueno”, lo que significa que tienen la profundidad espiritual para escuchar y obedecer,
como lo ha estado diciendo Jesús (6:11, 46–49; 7:1, 8, 29). No solo escuchan atentamente
la palabra, sino que también “la retienen y, al perseverar, producen una cosecha”. El
término griego para “retener” es katechō, para “retener” o “poseer” algo. Es un término
fuerte para permanecer fiel y se refiere a mantener una comprensión firme de sus
compromisos. Cuando hacen esto, “perseveran” o “aguantan” (hypomonē), una vida
continua de permanecer fieles a las enseñanzas de Jesús. Esta es la base de su fecundidad
ya que “producen una cosecha” (véase Juan 15:2–8).
Jesús cuenta la parábola de la lámpara (8:16–18)
Estos tres dichos están unidos con el tema de “luz” como la palabra que se escucha. Lucas
sigue a Marcos, pero omite las otras parábolas de Marcos y las coloca en otra parte. Cada
dicho ocurre nuevamente en Lucas: versículo 16 en 11:33; versículo 17 en 12:2; y el
versículo 18 en 19:26.
Cubrir una lámpara con una olla la apagaba sin que salieran vapores al aire; esconderla
debajo de una cama era mantener la luz fuera de la habitación, aunque eso es más peligroso
porque podría incendiar la cama. El único propósito real de una lámpara es colocarla en un
candelabro, lo que la coloca lo suficientemente alta como para bañar la habitación con luz.
Hay tres posibles entendimientos de esta imagen: podría referirse al discipulado y la
evangelización, a la fecundidad de la palabra proclamada, o a la enseñanza de Jesús que
ilumina el camino hacia Dios. Un número creciente de intérpretes opta por el tercero debido
al énfasis aquí en Jesús explicando las parábolas y desafiando a los oyentes. Sin embargo,
hay igual énfasis en la fecundidad del discipulado y la respuesta a la palabra. Si tenemos la
luz de Cristo, debemos mostrársela a todo el mundo.
El dicho de 8:17 aplica la parábola de la lámpara. El enlace es el término “oculto”, que
probablemente se extrae del uso de “misterio” en el versículo 10. El tiempo de ocultamiento
y secreto es el momento presente cuando Jesús está hablando en parábolas y misterios. El
tiempo de revelación y apertura tiene tres posibles interpretaciones: (1) Podría significar
que aquellos que rechazan la palabra (8:5–7) se manifestarán el día del juicio. Esto es poco
probable debido al impulso positivo del versículo 16. (2) Podría significar que el reino de
Dios se manifestará al regreso de Cristo. Esto encajaría en 12:2 y Marcos 4:22, pero este
pasaje no tiene el mismo contexto apocalíptico y no encaja bien. (3) Las verdades del reino
ahora están ocultas, pero están en proceso de ser reveladas y publicadas. Esto es lo mejor
en este contexto. Los discípulos deben proclamar abiertamente lo que Jesús les ha dicho en
secreto (v. 10). Esto tiene mucho sentido a la luz de la comprensión del versículo 16 anterior
y el énfasis en la luz y la audición en los versículos 16 y 18, que rodean este versículo.
Finalmente, Jesús amplía el desafío final para tener “oídos para escuchar” en el versículo
8 (8:18). Todos los grupos de 8:5–8 deben “poner mucha atención”. Cristo ha dado las
únicas verdades eternas que jamás escucharán, y Dios los hará responsables de cómo
responden. Su respuesta determinará su destino eterno, por lo que no es nada con lo que
jugar. La advertencia es severa. Quien tenga (conocimiento de los misterios del reino en el
v. 10) recibirá más (conocimiento claro y directo de estas verdades ahora reveladas y
abiertas, v. 17). Quien no tenga este conocimiento lo perderá todo. “Incluso lo que piensan
que tienen les será quitado”. Los que rechazan a Jesús en favor de las cosas de este mundo
están viviendo una vida de ignorancia y falsedad, pero no lo saben; incluso esas vidas les
serán quitadas en el juicio final.
Jesús dice quiénes son su verdadera familia (8:19–21)
Este evento ocurre antes de las parábolas en lugar de después en Mateo 12:46–50 y Marcos
3:31–33. Lucas lo coloca aquí para retratar los resultados de escuchar y prestar atención a
la Palabra de Dios en Jesús como la verdadera familia de Jesús. Proporciona una conclusión
perfecta para 8:4–18. Aquellos que escuchan y ponen en práctica lo que Jesús dice (8:8, 15,
18) se convierten en su familia.
Lucas simplifica la historia para que pueda formar esta conclusión. En Mateo y Marcos,
esto sigue a un ministerio extendido, y en la familia de Marcos Jesús cree que se ha
sobrecargado de trabajo casi hasta un colapso nervioso. Sus hermanos, que no son
creyentes (Juan 7:5), piensan que se ha vuelto loco. Lucas simplemente se enfoca en su
llegada para centrarse completamente en la respuesta de Jesús.
Cuando llegan de Nazaret, no pueden alcanzarlo debido a la gran multitud. Alguien pasa
por la aglomeración y le dice: “tu madre y tus hermanos están afuera y quieren verte”.
Algunos los ven como extraños como en el versículo 10, pero eso es muy dudoso. Todo el
énfasis está en el siguiente verso. No está rechazando a su familia (véase también en 14:25–
26), sino que está aprovechando la oportunidad para desafiar a los que se reúnen a su
alrededor, especialmente a sus discípulos.
Entonces Jesús responde con una doble característica de su familia “verdadera”. Ellos
“son los que oyen la palabra de Dios”, el impulso básico de toda la sección (de nuevo, 8:8,
15, 18), que se convierte en una declaración resumida para el conjunto. Luego lo “ponen en
práctica”, lo obedecen y lo viven en su vida diaria (6:46–49). Nuevamente, la mera escucha
de comprensión intelectual no es escuchar en absoluto. Es falso hasta que guía la vida de
uno. En esto, Jesús ha formado una nueva comunidad, la verdadera familia de Dios. Esto se
convirtió en una imagen importante para la iglesia (Ro. 8:14–17; Ef. 2:19; 1 Ti. 3:15), y Cristo
está en proceso de formarla aquí.
Jesús tiene autoridad sobre la naturaleza y los poderes cósmicos
(8:22–56)
Esta sección muestra a Cristo como el Señor de todos, mostrando su autoridad sobre la
creación, los poderes cósmicos, la enfermedad y la muerte misma. Este mundo ha sido
conquistado por el pecado y la muerte, pero Cristo es completamente soberano y está en
proceso de conquistar los poderes del mal, incluido este mundo caído, para el pueblo de
Dios. Lucas se ha centrado en la palabra autoritativa de Jesús (8:4–21), y ahora se centra en
sus obras poderosas. Entonces, cuando envía a sus discípulos en misión (9:1–6; 10:1–24),
los comisiona y los envía sobre la base de su señorío sobre toda la creación.
Poder sobre la naturaleza: calma de la tormenta (8:22–25)
“Un día” (literalmente, “sucedió uno de estos días”) durante el período del ministerio de
Jesús en los capítulos 7–9, decidió cruzar el lago con sus discípulos, por lo que partieron,
probablemente en los mismos dos botes que cuatro de ellos usaban para pescar en 5:1–11
(Marcos 4:36- “También había otros botes con él”). Estos dos serían lo suficientemente
grandes como para llevar a los Doce más las mujeres de 8:1–3. De lo que sigue, Jesús
posiblemente deseó un breve descanso y luego pasar algún tiempo ministrando entre los
gentiles en la región de Transjordania al otro lado del lago. Como hemos visto, Jesús ha
estado extremadamente ocupado y obviamente bastante cansado. Se acuesta sobre una
almohada (Marcos 4:38) en medio del bote y se duerme.
En el camino (de siete a ocho millas al otro lado del lago) de repente se encuentran con
una violenta tormenta. Esto no era raro. El lago está a casi setecientos pies bajo el nivel del
mar y rodeado de pequeñas montañas con acantilados empinados y varias gargantas que
canalizan fuertes vientos con aire frío y crean condiciones de tormenta de improviso.
Aparentemente, este fue uno de los peores, tan severo que el bote “comenzó a inundarse
y corrían gran peligro”. Uno pensaría que los pescadores profesionales estarían
acostumbrados a ello, habiendo pasado sus vidas en este lago. Pero había muchos en el
bote que no sabían qué hacer, y era una situación bastante peligrosa.
Lo más sorprendente es que Jesús duerme durante todo esto (8:24). Estoy totalmente
celoso, alguien con sueño ligero que habría estado despierto a la primera señal de
problemas. Mientras el viento azotaba más y más y el agua comenzó a llenar el bote, él
permaneció profundamente dormido. Lo imagino tan establecido en su conciencia de Dios
que incluso el peligro no puede molestarlo. ¡Qué modelo para nosotros! Tenían que ir y
despertarlo. Ellos gritan: “Maestro, Maestro” (epistata), un término usado a menudo (5:5;
8:45; 9:33, 49; 17:13) para los funcionarios del gobierno y los maestros, lo que indica su
dependencia de él. Las cosas han empeorado tanto que incluso los pescadores tienen
mucho miedo y gritan: “¡Nos vamos a ahogar!” Tienen miedo por sus vidas, y Jesús está
profundamente dormido.
La respuesta de Jesús es inmediata, incluso cortante: “Se levantó y reprendió el viento
y las aguas furiosas”. Esto hace eco de su “reprensión” (epetimēsen) del demonio en 4:35 y
la fiebre de la suegra de Simón en 4:39. Esto personifica la escena como una confrontación
con el mal, pero no un exorcismo, ya que representa completamente el poder de Jesús
sobre la naturaleza.
Su autoridad es suprema, y la tormenta se detiene abruptamente, con completa calma.
Este es el mismo control ejercido sobre los elementos naturales por Yahveh en Salmos 89:9;
107:23–30; Isaías 51:10; y, por supuesto, en Jonás 1–2. Jesús somete las fuerzas de la
naturaleza y las coloca bajo su control. Vigila a sus seguidores, los protege y los entrega.
Su reprensión de la naturaleza es seguida por su reprensión de los discípulos: “¿Dónde
está la fe de ustedes?” Esto no es tan duro como Marcos 4:40, “¿Por qué tienen tanto
miedo? ¿Todavía no tienen fe? Aquí se supone que tienen un poco de fe, pero no es lo
suficientemente fuerte como para superar sus dificultades. El punto es que deberían haber
podido confiar en Dios y en Jesús para encargarse de la situación.
Por su parte, los discípulos están llenos de “temor y asombro”, la respuesta normal al
maravilloso poder de Dios y de Jesús (miedo en 2:9; 5:26; 7:16; maravilla en 1:65; 2:18, 33,
43, 47; 4:36). Preguntan: “¿Quién es este?” Es la consulta clave de estos capítulos,
formulada por todos los que sienten el poder sobrenatural del Dios-hombre, Jesús el Cristo
(véase 4:36; 7:49; 8:25; 9:9). Esto resalta el significado cristológico del milagro y prepara la
confesión de Pedro en Cesárea de Filipo en 9:20. Se espera que todos los que leamos esto
hagamos la misma pregunta. ¿Es Jesús un profeta ordinario o algo más? Nadie, ni siquiera
Elías y Eliseo, ha hecho lo que está haciendo, ha tenido tal mando sobre toda la creación.
No puede ser otra cosa que no solo el Mesías sino el Dios-hombre y Señor de todo.
Poder sobre las fuerzas cósmicas: el geraseno endemoniado (8:26–39)
Al otro lado del lago, Jesús está en la región de la Decápolis, las “diez ciudades” (el
significado de la Dekapolis griega) que dominaron Transjordania y Siria. Esta es una región
gentil, como se ve en presencia de granjas porcinas, y esta escena muestra a Jesús
ministrando a toda la gente del planeta Tierra, cumpliendo el pacto abrahámico y
bendiciendo a las naciones (Génesis 12:3; 18:18; 22:18; 26:4). Si bien Jesús expulsó espíritus
inmundos previamente (4:31–37, 41; 6:18), no ha demostrado el poder que tiene en esta
ocasión. Este es un ejército virtual de demonios (“Legión”, 8:30), una fuerza aparentemente
invencible de poderes hostiles de la oscuridad. Sin embargo, están completamente
indefensos y sujetos a él.
Después de que Jesús y los discípulos cruzaron el lago, desembarcaron en la “región de
los Gerasenos”. El nombre del lugar exacto en el versículo 26 es un problema de texto
crítico, ya que tres lugares diferentes están nombrados en varios manuscritos: Gadara (seis
millas al sureste del lago, el lugar en Mateo 8:28), Gergesa (bastante cerca del lago) y Gerasa
(la ciudad principal a treinta y cinco millas al sureste del lago). De estas, la tercera es la
mejor opción, ya que tiene un mejor testimonio manuscrito, combinando lecturas
occidentales y alejandrinas. Si bien la ciudad estaba muy tierra adentro, la “región de los
Gerasenos” más amplia probablemente incluía el área al este del Mar de Galilea.
Allí se encontraron con un hombre que estaba en serios problemas (v. 27). La
descripción de su situación es trágica. Lucas destaca tres aspectos introductorios para
presentar el horror de la posesión. Primero, él está “poseído por demonios”, y en 8:30
aprendemos que es con múltiples demonios. Un ejército de espíritus inmundos se ha
apoderado de su cuerpo, y su verdadera personalidad se pierde en algún lugar de su mente.
Posesión de demonio probablemente significa la pérdida de individualidad y de todo lo que
hace a una persona un individuo pensante. Aunque definamos la posesión, es horrible más
allá de la creencia. Y no solo era un problema en el mundo antiguo. Sigue ocurriendo, incluso
en las naciones occidentales modernas. Algunos piensan que no es completamente real;
son como los antiguos griegos, que pensaban que todas las enfermedades tenían una base
natural. Pero hay un reino espiritual, y hay espíritus malignos que atormentan a las
personas. Simplemente hay demasiada evidencia. La Biblia no dice en absoluto si un
cristiano puede ser poseído, y creo que la respuesta depende de la teología de uno. Si
Satanás tiene el control total, la persona ya no es creyente, así que creo que depende de si
uno cree que un cristiano puede perder su salvación.
Segundo, el hombre estaba desnudo. Ya no había ninguna preocupación por la higiene
o la seguridad o incluso la decencia común. Había perdido todo sentido de ser humano y se
había convertido prácticamente en un animal salvaje (como lo demuestran los demonios
que poseen cerdos, 8:33). La repugnancia judía por la desnudez, incluso en las estatuas, lo
hace aún más fuerte. Habría sido visto con absoluto asco.
Tercero, vivía en las tumbas, la morada esperada de los demonios en los escritos judíos
(b. Berakot 3b; b. Sanedrín 65b). Todos necesitan refugio de los elementos, y él no habría
sido bienvenido en ningún lugar cerca de las personas. Las tumbas gentiles eran lugares
especialmente inmundos, no encalados o muy bien cuidados. Las tumbas judías estaban
mucho mejor, pero aún eran lugares de muerte, con cuerpos en descomposición. Sin
embargo, las tumbas más ricas también eran refugios perfectos, colocados en las cuevas y
enterrados en las colinas. Eran lugares de descanso familiar, con una antecámara antes de
la habitación con el cuerpo. Siendo inmundas, las tumbas eran refugios para leprosos y
personas poseídas por demonios.
El poder y la autoridad de Jesús son evidentes desde el comienzo de la confrontación en
8:28–31. La reacción de los demonios es como una persona común frente al emperador
romano. Hay una sumisión inmediata y total, ya que el endemoniado cae al suelo a los pies
de Jesús. Esto no significa que se estén rindiendo, solo que están perdiendo el tiempo
mientras intentan descubrir cómo hacer que Jesús los deje en paz. Saben que no pueden
vencerlo, y solo quieren su libertad (irónicamente, su libertad para esclavizar al hombre).
Su respuesta es muy similar a la de 4:34 (y Marcos 5:7), “¿Qué quieres conmigo?” (Ti emoi
kai soi, “¿Qué es para mí y para ti?”), que significa “Vete, déjame en paz, no tenemos nada
en común”.
Como veremos a continuación, él sabe quién es Jesús: “Hijo del Dios Altísimo”, el título
cristológico más fuerte en Lucas (ver 1:32, 35, 76). Como dije en 4:34, esto no les dice a
quienes están alrededor de quién es Jesús, sino un intento de llegar a su esencia oculta y
ganar algo de control, forzándolo a dejarlos en paz. Su miedo es evidente cuando le
“ruegan”, “¡No me tortures!” Claramente, los demonios no quieren que Jesús les haga lo
que le han estado haciendo al hombre, y le suplican que se vaya. No pueden derrotarlo ni
ordenarle que haga su voluntad, por lo que se convierten en mendigos al costado del
camino.
Lucas nos dice que esto ocurrió después de que Cristo “ordenó al espíritu maligno que
saliera del hombre” (8:29). Luego se proporciona la razón de la orden de Jesús, dando una
nueva visión de los efectos de esta terrible tragedia. Los demonios parecían no tener
tomado al hombre todo el tiempo, sino que venían y entraban en él una y otra vez en
oleadas de horror, que bien podrían ser aún peores. Le dieron una fuerza sobrenatural, y ni
las cadenas ni los guardias pudieron detenerlo, porque él rompió las cadenas, y Marcos 5:4
nos dice que “nadie tenía fuerza para dominarlo”. También aprendemos aquí que el pobre
hombre fue doblemente encarcelado, no solo por los demonios sino también por sus
compañeros judíos, quienes lo ataron con cadenas y le pusieron guardias. Hasta cierto
punto, esto se hizo por su bien, por lo que las violentas convulsiones no lo dañarían. Es difícil
comprender la agonía del alma y el cuerpo por el que pasó. Finalmente, después de escapar
de sus cadenas, fue “conducido por el demonio a lugares solitarios”. El desierto era visto
como el hogar apropiado para los demonios, y esto también era conveniente para los
aldeanos, que no querían al hombre cerca.
Inusualmente, Jesús le pregunta su nombre (8:30). Lo más probable es que no haga esto
para averiguar el nombre del demonio, ya que, en la opinión errónea en algunos círculos de
hoy, es necesario averiguar el nombre de un demonio para exorcizarlo. Esta es la excepción,
no la regla. Estoy de acuerdo con aquellos que dicen que Jesús lo hizo para despertar al
hombre y prepararlo para ser liberado del demonio. Todavía no funciona, y los demonios
responden, “Legión”, a lo que Lucas agrega, “ya que habían entrado en él muchos
demonios”. Probablemente no sea su nombre, sino una respuesta evasiva para que puedan
evitar rendirse el mayor tiempo posible.
Una legión era el componente más grande del ejército romano, que numeraba su
tamaño por esta designación (había hasta veintiún legiones en el ejército romano). Una
legión contaba con 5.600 soldados de infantería y un par de tropas de caballería. Esto
difícilmente significa que había muchos demonios dentro del hombre, sino más bien un
“ejército” de fuerzas hostiles que ocuparon al hombre (como el ejército romano que ocupa
Palestina). Esta es la base real del término “guerra espiritual”. Satanás y sus ángeles caídos
nos han declarado la guerra, y esta es la verdadera “guerra mundial” que se libra hoy.
Sabían lo que estaba en juego y “rogaban a Jesús repetidamente que no les ordenara ir
al Abismo” (8:31). Esta imagen proviene de las profundidades sin fondo del océano que en
el mundo antiguo era demasiado profundo para ser sondeado, a menudo llamado “el gran
abismo” (Génesis 7:11; Salmo 42:7; Isaías 51:10). Se convirtió en un modismo para el lugar
de los muertos (Sal. 63:9; 71:20) y luego como una “prisión” para espíritus inmundos (1
Enoc 10:4–6; 18:14). En 2 Pedro 2:4 y Judas 6, estos ángeles malvados son “mantenidos en
la oscuridad, atados con cadenas eternas para el juicio en el gran Día”. Algunos piensan que
esto es simplemente una metáfora de este mundo como una prisión real para los demonios,
mientras que otros piensan que puede haber dos tipos de demonios, a algunos se les
permite vagar por este mundo y otros (¿quizás más malvados?) están encadenados al
abismo. Prefiero el primero, pero cualquiera es posible. Saben que Cristo tiene el poder de
encadenarlos en el lugar del tormento eterno y le ruegan que no lo haga. Es absolutamente
soberano.
En el versículo 32, los espíritus inmundos saben que la batalla ha terminado y están a
merced de Jesús. Por lo tanto, plantean una opción alternativa que les permitirá conservar
su libertad y evitar las cadenas: “una manada grande de cerdos paciendo en la colina”.
Alegan que él les permitirá entrar y poseer a los cerdos, mucho más a propósito porque los
cerdos también eran animales inmundos (Lev 11:7). Marcos 5:13 nos dice que había dos mil
de ellos.
Esto es muy ofensivo para muchos lectores modernos, ya que Jesús da permiso para
destruir a los animales, como sabía que lo harían. Los demonios tienen que ver con la
destrucción, y tan pronto como ingresan a los pobres cerdos indefensos, hacen que corran
“por la empinada orilla hacia el lago” y la manada “se ahogó”. Sin embargo, debemos tener
en cuenta el contexto del primer siglo. Esta escena prueba dos cosas: la naturaleza malvada
e impura de todos los espíritus inmundos, y su propósito implacable en este mundo.
Cualquiera que juegue con lo oculto es un completo tonto y trae la destrucción final sobre
sí mismo. Las iglesias deben sensibilizar a su gente sobre la naturaleza seria de la guerra
espiritual.
El propósito de Cristo en el ministerio ahora está completo, y otro “prisionero” ha sido
liberado (4:18). Después de otra demostración increíble del poder de Dios en Jesús, el
informe una vez más se extiende como un reguero de pólvora, y el “pueblo y el campo”
escuchan rápidamente todo lo que sucedió (v. 34). El problema es que los resultados no son
solo una victoria espiritual sobre las fuerzas de la oscuridad, sino también un desastre
económico para muchos en la comunidad, la pérdida de sus medios de vida. La atención
principal, sin embargo, está en el lado positivo. Como casi todo el pueblo sale “para ver lo
que sucedió”, reciben una vista increíble. En el resto de esta sección, el hombre de quien
los demonios habían sido expulsados se menciona tres veces.
En el versículo 35 él está “vestido y en su sano juicio”. Ha recuperado su dignidad y ha
vuelto a la normalidad. Está “sentado a los pies de Jesús”, listo para escucharlo enseñar y
ya en proceso de convertirse en discípulo (vv. 38–39). Toda la ciudad está llena de miedo,
sin duda debido al poder sobrenatural que hizo para hacer lo que Jesús hizo al conquistar a
toda una “legión” de demonios y restaurar al endemoniado más notorio que cualquiera de
ellos haya visto.
Entonces, la noticia se extiende aún más rápido a medida que la enormidad de la derrota
de los poderes cósmicos se hace evidente para todos (8:36). No es solo el hecho de que
sucedió sino “cómo se había sanado al hombre poseído por el demonio”. La autoridad
abrumadora y el poder divino que Jesús mostró galvaniza a todos. En este punto, el terror
aumenta aún más y la gente de la región de Gerasa (no solo la ciudad sino toda el área) le
pide “que se vaya de allí, porque les había entrado mucho miedo” (8:37). Supongo que
algunos de ellos pensaron que Jesús podría haber sido un hechicero malvado y estaban
aterrorizados de que pudiera hacerles otras cosas. Lo más probable es que también
estuvieran más que conscientes de sus pérdidas económicas con los cerdos ahogados y
temían que Jesús pudiera hacerles aún más. Esto es evidente en Marcos 5:16, que nos dice
que los espectadores “también hablaron sobre los cerdos”. Entonces, ambas razones
llevaron a su pedido de que se fuera. Él cumple, y él y sus discípulos “subieron al bote y se
fueron.”
Justo antes de partir, sucede una cosa final pero importante (8:38–39). El hombre que
había sido liberado del control del demonio y había estado sentado a los pies de Jesús ahora
comienza a rogar “ir con él”, claramente para convertirse en su primer discípulo gentil. Jesús
se niega, no porque no quiera un discípulo gentil o lo encuentre despreciable, sino porque
tiene algo aún mejor en mente para él. Lo envía de regreso a la región de su ciudad natal,
comisionándolo para que “regrese a casa y diga cuánto Dios ha hecho por él”. Se convertirá
en el primer misionero de los gentiles, mucho antes de que Pablo aparezca en escena, y
será testigo de todas las grandes cosas que Dios ha logrado en él. Tenga en cuenta que
inmediatamente comienza a difundir “cuánto Jesús había hecho por él”. Dios y Jesús se han
convertido en uno; hablar de Dios es hablar de Jesús.
Autoridad sobre la enfermedad y la muerte (8:40–56)
Estos dos milagros completan el collage que demuestra que Jesús es en verdad el Señor
sobre la creación al mostrar su poder sobre todo tipo de milagro: naturaleza, exorcismo,
enfermedad y muerte. Estos dos últimos están interconectados, ya que ocurrieron
simultáneamente y se cuentan a través de una técnica literaria llamada “intercalación” o
atrapar entre, donde una historia se inserta en otra. Sin embargo, esto no es solo literario,
ya que los dos sin duda tuvieron lugar de esta manera.
Aun así, al narrarlo de esta manera, Lucas destaca cinco elementos comunes: (1) Lucas
continúa el interés de Jesús en ministrar e incluir a las mujeres; (2) la fe es el elemento
central en ambos y permite a las mujeres experimentar la sanidad espiritual y física
(también 5:20; 7:9, 50); (3) ambos sufren de rituales de profanación, pero Jesús no se
preocupa y se eleva por encima del tema de la impureza; (4) El gran poder de Jesús se revela
aún más al pueblo de Israel y una vez más demuestra su identidad (ver 7:22); (5) La
compasión de Jesús por el dolor es una vez más evidente para todos.
Súplica apasionada de Jairo (8:40–42a)
Los gentiles en Gerasa le rogaron a Jesús que se fuera, por lo que regresa a la región de
Capernaúm, y en el momento en que toca la costa, un hombre muy importante, un
gobernante de la sinagoga, viene y se postra a los pies de Jesús. Es un padre desconsolado
a punto de perder a su preciosa hija y está fuera de sí por la preocupación. Los gobernantes
de la sinagoga no eran funcionarios religiosos, sino mecenas ricos (aristócratas) que
apoyaban firmemente la sinagoga y se encargaban de planificar los servicios de la sinagoga
(incluida la elección de los lectores de las Escrituras) y el mantenimiento de la disciplina.
También había un asistente de sinagoga que hacía la mayor parte del trabajo.
Jairo había oído hablar de Jesús (¿quién no?) Y de inmediato acudió a él en nombre de
su hija con enfermedad terminal. Es sorprendente que un funcionario tan alto y digno se
arrojara a los pies de Jesús, pero estaba desesperado y obviamente creía en el poder y la
autoridad de Jesús. Probablemente no pensó en el poder de Jesús para sanar a esta
distancia, por lo que le suplicó a Jesús “que fuera a su casa” y la ayudara. No parece que los
gobernantes de las sinagogas siguieran a los escribas y fariseos en oposición a Jesús.
Aprendemos que la joven enferma tenía doce años, lo que estaba al borde de la
feminidad. Las niñas, como los niños, eran menores de edad hasta los trece años, cuando
se convirtieron en adultos y ella se casó. Como la única hija de su padre, ella era
especialmente preciosa para él. Curiosamente, sus doce años de edad fue exactamente la
cantidad de tiempo que la mujer en la siguiente parte (v. 43) había estado enferma.
La mujer con una hemorragia (8:42b–48)
Jesús inmediatamente se va a la casa del hombre, y en su camino se encuentra con otra
situación trágica. Lucas enfatiza la aglomeración de las multitudes que lo abrumaron,
probablemente para preparar la escena para la mujer que se abría paso con valentía para
llegar a Jesús. Solo las mujeres pueden entender lo debilitante que fue su enfermedad, pero
fue mucho peor en el primer siglo. La hemorragia fue el flujo menstrual, y la menstruación
dejaba impura a una mujer (Lev. 15:19–30). Lo peor de todo, ella había estado “sujeta a
sangrado durante doce años” (8:43), el mismo período de tiempo que la edad de la joven
terminal en el versículo 42, y “nadie podía curarla” insinúa que esto es de por vida y de
alguna manera “terminal” en el sentido de que ella nunca mejoraría.
Uno apenas puede imaginar las complicaciones serias, solo con el lado físico del mismo:
los calambres constantes, la flaqueza y la debilidad causadas por la pérdida de sangre y su
eliminación. Aún peor que esto era el constante desplazamiento que causaba la condición,
ya que no solo era inmunda, sino que cualquiera que la tocara se volvía inmundo. Entonces
ella habría sido desterrada de su hogar y comunidad, tildada de leproso virtual.
Hay alguna pregunta sobre la cláusula “y ella había gastado todo lo que tenía en
médicos”, quienes no pudieron curarla (incluida como una nota al pie de página en la NVI
del v. 43). Falta en varios manuscritos importantes (𝔓75 B D), y es probable que aquellos
que lo tienen lo hayan agregado sobre la base de su presencia en Marcos 5:26. Aun así, era
cierto y hacía que su situación fuera aún más trágica, ya que había perdido todo lo que tenía
para vivir y como resultado se habría convertido en prácticamente un mendigo.
Ella es paralela a Jairo en su creencia de que el toque de Jesús podría curarla y eliminar
la contaminación (8:44). Este es un punto importante, porque Lucas menciona el toque
cuatro veces. La creencia en la transferencia de poder a través del tacto era generalizada
(Hechos 5:15; 19:12) y completamente cierta. Fue un verdadero acto de coraje para ella
abrirse paso entre la multitud. Si alguien la hubiera reconocido, habría sido convertida en
paria y expulsada de la escena por la fuerza, ya que contaminaría a cualquiera que tocara.
En esto, ella tiene más fe que Jairo, porque cree que puede encontrar sanidad solo con
tocarlo, y su acto consciente no es necesario. Tal vez ella no se cree lo suficientemente
importante como para molestarlo.
En cierto sentido, se acerca sigilosamente y toca “el borde de su capa”, tal vez las borlas
en las cuatro esquinas que estaban en el dobladillo y representaban los mandamientos de
Dios y la importancia de obedecerlos (Números 15:38–40). Su acto de fe funcionó, e
“inmediatamente se detuvo su sangrado” por primera vez en doce años.
El poder de Jesús está bajo tal control que él sabe que algo inusual ha sucedido y
pregunta: “¿Quién me tocó?” (8:45). Con la multitud de empujones sin duda tocándolo
continuamente, esto es notable, y Pedro responde en consecuencia: “Maestro, son
multitudes las que te aprietan y te oprimen”. Sin embargo, esta fue la única ocasión en que
el toque implicó el poder curativo que salía de él, y lo sintió. Como a menudo en Lucas, su
omnisciencia es evidente (ver 5:21–22). Entonces él revela esto y admite la base: “yo sé que
de mí ha salido poder” (8:46). Algunos hablan de Jesús casi como una batería Eveready
descargando energía, pero eso no es todo. Como Dios-hombre, controla el poder de Dios
dentro de él y sabe cuándo se dispersa. Esto no es magia sino milagro. Él es plenamente
consciente de la mujer y su necesidad y aquí está tratando de sacarla. Su deseo es que ella
sea sanada tanto espiritual como físicamente. Esto último ya sucedió, y es hora del toque
eterno más importante.
La mujer quiere permanecer en el anonimato; ella ha sido desviada por su estado
inmundo durante doce años y le aterroriza la interacción social. Pero ella no tiene otra
opción, ya que Jesús le ha ordenado que se presente. Entonces ella “vino temblando y cayó
a sus pies” (al igual que Jairo, 8:41). Probablemente también esté llena de temor y asombro
por el poder y la autoridad de Jesús. Lo que no puede descartar es que ya ha sido sanada.
La alegría debe ser abrumadora. Entonces ella se adelantó y “contó por qué lo había tocado
y cómo había sido sanada al instante”. Tenga en cuenta el triple énfasis en la inmediatez de
la sanación y la resurrección de los muertos (vv. 44, 47, 55); El poder de Jesús es absoluto.
Ella, como el endemoniado Geraseno (8:38–39) se convierte en testigo de la comunidad.
Jesús comienza llamándola “hija” para enfatizar las nuevas relaciones. Ella ahora es
parte de la familia de Dios (8:19–21). Sus palabras finales son significativas y apuntan a uno
de los principales impulsos de esta historia: el poder de la fe salvadora (8:48). “Tu fe te ha
sanado”; “Curado” proviene del griego sesōken, que tiene un doble significado: “salvado” y
“sanado”. La sanación física se ha convertido en salvación espiritual a través de su fe. Como
veremos, su fe se convierte en un modelo para que Jairo emule. Su fe no es la base del
milagro; eso sería salvación por obras. Su fe le permitió participar en el milagro y
experimentar la salvación física y espiritual. La fe está estrechamente vinculada con los
milagros de Jesús (5:20; 7:9, 50; 8:25). De hecho, esto es palabra por palabra lo que Jesús
le dijo a la mujer pecadora que lo ungió en 7:50. Estas palabras se prepararon para el
evangelio Paulino de Efesios 2:8–9. Su último “Vete en paz” fue el adiós normal en el mundo
judío, pero aquí está lleno de promesas y significados espirituales. Ahora está en paz con
Dios, ella misma y todos los que la rodean.
La resurrección de la hija de Jairo (8:49–53)
En el mismo momento en que Jesús se despedía de la mujer sanada, un emisario llegó de la
casa de Jairo con terribles noticias: “Tu hija está muerta”. Aparentemente ella murió
mientras Jesús sanaba a la mujer. Tenga en cuenta el contraste entre la fe de la mujer y la
falta de fe del hombre en su “no moleste más al maestro”. Para él y todos los demás allí, se
suponía que la interrupción cuando Jesús sanó y luego dialogó con la mujer fue fatal y que
Jesús ahora no podía hacer nada. Creen que Jesús está restringido en su poder por falta de
proximidad a la joven y ahora por su muerte. Aparentemente, las noticias sobre la
resurrección del hijo de la viuda en Naín cerca de Nazaret (7:11–17) nunca llegaron a
Capernaúm (difícil de creer) o no fueron consideradas por la gente afligida.
Entonces Jesús corrige sus malentendidos y aconseja: “No tengas miedo; cree nada más,
y ella será sanada “(8:50). La mujer tenía esta fe salvadora, pero Jairo no, y él necesita seguir
su ejemplo. Esto no significa que Dios y Jesús no puedan sanarla hasta que su fe desbloquee
su poder. Más bien, significa que quieren que participe en la experiencia de sanación a
través de la creencia. El miedo al poder de la muerte (“el aguijón de la muerte”, 1 Corintios
15:55–56) debe dar paso a la seguridad producida por la fe. Nuevamente, hay un doble
significado en sōzō: su hija será “sanada” y experimentarán la “salvación” de Dios a través
de la fe.
Finalmente llegan a la casa de Jairo, donde descansa el cadáver de su hija (8:51), y Jesús
restringe que todos entren aparte del círculo íntimo de sus discípulos (Pedro, Santiago y
Juan) y sus padres. Estos tres han sido llamados testigos escatológicos, con Jesús en los
eventos principales (5:8–10; 9:28; Marcos 13:3; 14:33). Reunidos en la casa están los
dolientes, que lloran desconsolados por el dolor. Sin embargo, cuando Jesús dice: “Dejen
de llorar. … No está muerta, sino dormida”, juega con las palabras de uno de los modismos
básicos para la muerte, estar dormido. En este caso, su muerte es tan temporal como el
sueño.
Ante esto, sus lágrimas rápidamente se convierten en risas escépticas (8:53). El duelo
era un aspecto crítico de los ritos funerarios judíos; incluso a menudo contrataban dolientes
profesionales para lograr un mayor impacto. Si Jesús los silenciara, habría sorprendido a los
antiguos invitados al funeral. Todos conocieron la muerte cuando la vieron y no pudieron
soportar lo que pensaban que deshonraba a la familia en su dolor. Esto hace eco de la risa
de Abraham y Sara cuando Dios les dijo que les daría un heredero en su vejez (Génesis
17:17; 18:12), mostrando su asombrada incredulidad. Sin embargo, en realidad esto es
simplemente falta de fe. En un sentido literario, esto prepara al lector para la maravillosa
sorpresa de la resurrección, ya que la risa pronto será reemplazada por el shock y un nuevo
tipo de incredulidad: “No puedo creer que tenga el poder de resucitar a los muertos”.
El increíble milagro y las consecuencias (8:54–56)
Jesús se hace cargo y en un instante cambia la atmósfera. Él no los reprende, sino que
simplemente se agacha, toma su mano y le ordena: “¡Hija mía, levántate!” Anteriormente
había llamado a la mujer sangrante “hija” (v. 48) y ahora llama a esta niña “mi hija”,
continuando con el tema de la familia de Dios. Tocar un cadáver provocó el desplazamiento
de una persona, pero Jesús está por encima de eso y, como Mesías, no se ve afectado. Es
casi como si él fuera su padre (espiritual) y la está despertando del “sueño” del versículo
52. Lucas omite el arameo Talitha koum de Marcos 5:41 (“Niña, te digo, levántate”) porque
sus lectores griegos no entenderían el toque.
El milagro se hace evidente de tres maneras diferentes (8:55). Primero, “su espíritu
volvió” a ella. La Biblia revela que cada persona tiene un lado material (cuerpo) y espiritual
(espíritu). Al morir, se separan, y el cuerpo descansa en la tumba mientras el espíritu regresa
a Dios en el cielo. Los teólogos llaman a esto “el estado intermedio”. Cuando Jesús levanta
a la joven de la muerte, su espíritu regresa del cielo y una vez más se une con su cuerpo. En
segundo lugar, “de inmediato se puso de pie”, continuando con el énfasis en la inmediatez
de los milagros a medida que ocurren (8:44, 47). Su poder sobre su creación es absoluto, y
ella responde en un instante. Tercero, Jesús ordena que ella reciba alimento, demostrando
así a todos los presentes que ella está real y verdaderamente viva. Esto es lo que Jesús hará
después de su resurrección para mostrar a los discípulos que ha resucitado de los muertos
(24:30–31; Juan 21:12–13).
Los padres, como en otros lugares, están llenos de asombro y sorpresa ante este
maravilloso milagro (8:56). Pero Jesús concluye la escena con una orden sorprendente “no
decirle a nadie lo que sucedió”. En Marcos, esto se llama “el secreto mesiánico”, donde
Jesús ordenó a los sanados (e incluso a sus discípulos) que guardaran silencio sobre su poder
milagroso. Hizo esto porque el pueblo judío esperaba un rey conquistador en lugar de un
siervo sufriente, y no quería que se promulgara. Jesús hace esto con demonios (4:41) y un
leproso (5:14), pero no silencia a la viuda y a su hijo en 7:15–17, y llega a decirle al
endemoniado restaurado que regrese a casa. y cuenta lo que había hecho (8:39). Entonces,
¿por qué el mandato aquí? Muchos piensan que es un juicio sobre la falta de fe mostrada
por los transeúntes y su desprecio, pero no fueron los padres o los discípulos de Jesús.
Quizás Jesús no quería que toda la gente se enfocara en los milagros en lugar de sus
enseñanzas, y el silencio permitió que los profundos misterios de Jesús como soberano
sobre su creación salieran a la luz (están más allá de la comprensión humana).
Este capítulo es absolutamente esencial para Lucas, ya que contiene la filosofía del
ministerio de Jesús. Primero vemos a quienes deben participar en este ministerio, las
mujeres que sirven como mecenas y cuidan del equipo misionero (vv. 1–3), y luego la
verdadera familia de Jesús, las que escuchan y obedecen (vv. 19–21). Tanto para estos
seguidores como para las multitudes, Jesús dirige parábolas que contienen cómo deben
responder a sus enseñanzas para unirse a la familia de Dios.
La parábola del sembrador (mejor, de los suelos, vv. 5–15) aborda la cuestión de la
respuesta, lo que Jesús exige de quienes desean ser el pueblo de Dios. Los suelos
representan las diferentes formas en que las personas “escuchan” o responden a Jesús:
aquellos con una negativa implacable a prestar atención a sus verdades (el camino difícil) y
que le permiten a Satanás eliminar cualquier posibilidad de cambio verdadero; aquellos que
tienen un interés meramente superficial, fácilmente desplazados por las dificultades de la
vida (el suelo rocoso); o aquellos para quienes la poca vida que tienen se ahoga por el deseo
de placeres terrenales y posesiones materiales (el suelo espinoso). En contraste, la buena
tierra representa a aquellos que no solo escuchan, sino que también obedecen, creciendo
increíblemente en su vida espiritual. Cristo es el dispensador de los misterios, esas verdades
ocultas y guardadas para esta nueva era y ahora puestas a disposición de todos los que
verdaderamente abrirán sus oídos a las verdades de Dios y responderán. Pero todos somos
responsables de en qué tipo de suelo nos hemos convertido, y la pregunta es, ¿qué tipo de
suelo es usted?
La parábola de la lámpara está estrechamente relacionada, una serie de dichos sobre la
“luz” del mundo en Jesús y la demanda de que los verdaderos discípulos tomen estas
verdades ocultas que Cristo ahora ha revelado y las proclamen al mundo. Esta misión es una
parte esencial de ser la familia de Dios. Cuando realmente escuchamos y ponemos en
práctica la enseñanza de Cristo, realmente nos convertimos en la familia de Cristo (vv. 19–
21).
El resto de este capítulo (hasta 9:17) se dirige a sus obras poderosas y muestra que
cuando Jesús forma su comunidad mesiánica, lo hace como el Señor sobre toda la creación.
Aquí se realiza cada tipo de milagro, uno a la vez, para demostrar esta increíble realidad.
Primero, tiene autoridad sobre la naturaleza, ya que todavía tiene una tormenta que está a
punto de ahogar a los discípulos (vv. 22–25). Cuando inmediatamente calma una tormenta
súper poderosa con solo unas pocas palabras, todos hacen la pregunta natural: “¿Quién es
este?” Todo el Evangelio de Lucas revela progresivamente la respuesta a esto. Él es el Dios-
hombre, creador y soberano sobre su creación, capaz de controlar toda la naturaleza por su
voluntad.
Segundo, él es el vencedor absoluto y soberano sobre los poderes cósmicos. Este es un
mundo malvado, bajo la influencia de los poderes de las tinieblas, pero ellos responden a
Jesús. Vemos en el endemoniado Geraseno una imagen terrible de los efectos de estos
espíritus inmundos en las personas de este mundo (vv. 26–39). Se han unido a las
desafortunadas víctimas y muestran sus verdaderos colores al torturar y matar a las mismas
personas que los siguen. Este pobre hombre pasó por un sufrimiento increíble en sus
manos, pero Jesús en su compasión y autoridad sobre ellos una vez más los dobla a su
voluntad casi sin esfuerzo. Les permite entrar y destruir las manadas de cerdos de
probablemente varias aldeas para mostrarle al mundo que son seres inmundos que viven
solo para destruir seres vivos. Sin embargo, él es completamente victorioso, y el ex
endemoniado se convierte en el primer misionero a los gentiles. Jesús está en el proceso de
restaurar a Israel y crear un nuevo Israel.
Finalmente, dos milagros interconectados completan su realización de todo tipo de
milagro que hay. La mujer con el flujo menstrual de doce años es otro personaje trágico, y
la compasión de Jesús por ella es evidente en toda la escena. Ella tiene la fe y el coraje de
abrirse paso entre la multitud y tocar su vestimenta, y el increíble milagro ocurre de
inmediato, con ella no solo sanada sino también limpiada por el milagroso poder de Jesús.
Su fe se convierte en el modelo para Jairo cuando su hija resucita de entre los muertos.
Jesús ha finalizado su poder sobre toda la naturaleza y finalizó su autoridad mesiánica a los
ojos de todos.
EL ENTRENAMIENTO DE LOS DOCE (9:1–50)
Este es el capítulo final del ministerio de Jesús en Galilea (4:14–9:50) antes de que Jesús
ponga su vista en Jerusalén y su pasión allí. Su tarea principal es preparar a sus discípulos
para su papel de liderazgo, ya que estarán encargados de dirigir la iglesia y continuar su
ministerio. Entonces Jesús desvía su atención de las multitudes a sus discípulos y los
sumerge en su persona y ministerio. El énfasis está en la autoridad de Jesús, que está
vinculada a su destino como el Siervo Sufriente de Yahveh. Sus discípulos, para convertirse
en los futuros líderes, deben estar inmersos no solo en su autoridad sino también en su
sufrimiento. Él acaba de controlar soberanamente la naturaleza, expulsar demonios, sanar
a los enfermos y resucitar a los muertos. También ha proclamado la llegada del reino de
Dios y la nueva era de salvación. Ahora está transmitiendo estos dos aspectos a sus
seguidores, sumergiéndolos en todos los aspectos de su propósito encarnado en este
mundo. Están siendo preparados para su misión de post resurrección en el mundo.
Jesús envía a los doce (9:1–6)
¿Se puede usted imaginar la abrumadora maravilla que los discípulos deben haber sentido
cuando Jesús los comisionó? Jesús acababa de demostrar un poder mayor que el que nadie
había mostrado en toda la historia, y lo está transmitiendo a sus discípulos. Este es un
cónclave sagrado si alguna vez hubo uno, y como los Doce se reúnen como un equipo
comisionado quizás por primera vez, tuvieron que haber sido vencidos con la enormidad de
todo, ya que Jesús “les dio poder y autoridad” para replicar su control sobre “todos los
demonios y para sanar enfermedades”. Ahora se unen a él para tener autoridad de palabra
y obra en su ministerio para proclamar verdades del reino y realizar obras poderosas. Ahora
son verdaderos enviados y agentes (“enviados”; ver 6:13) del reino. Los temas de los
capítulos 7–8 se resumen aquí y se transfieren a los discípulos.
Con esta nueva autoridad, Jesús “los envió” oficialmente con el doble mandato del
ministerio de “proclamar el reino de Dios” y “sanar a los enfermos” (9:2). El resto de esta
sección proporciona instrucciones detalladas para realizar estas tareas de manera efectiva
y correcta. Deben enfocarse no en sus comodidades terrenales sino también en sus deberes
divinos, y esto los liberará para lo que es realmente importante. Dependerán de Dios, no de
sí mismos. La presencia del reino de Dios significa que su reinado ha comenzado, y deben
informar a las naciones de este acontecimiento trascendental y llamarlas al arrepentimiento
y la conversión.
En el mundo helenístico, los filósofos itinerantes eran conocidos por viajar con estilo y
ganarse la vida de manera excelente. Jesús no quiere que esto sea cierto para sus
seguidores. Una preocupación por las posesiones y un estilo de vida lujoso es hostil a la vida
espiritual y al ministerio, por lo que él ordena aquí un minimalismo en el equipo llevado en
los viajes y una completa dependencia del Señor para atender las necesidades de uno junto
con las personas a las que se envían.
Su orden general es: “No tome nada para el viaje”. El objetivo es proclamar el reino en
lugar de disfrutar el viaje. Luego ejemplifica lo que quiere decir con cinco detalles: “sin
bastón, sin bolsa, sin pan, sin dinero, sin camisa extra”. Estos serían considerados
necesidades por los viajeros. La bolsa era una especie de mochila o mochila para comida o
ropa extra y servía como almohada para dormir. Se necesitaba un bastón sobre terreno
accidentado y para subir las colinas. La camisa extra también serviría como una manta para
dormir.
Existe cierta preocupación por una discrepancia en los relatos del Evangelio, ya que
Marcos 6:8–9 les permite llevar un bastón y sandalias, mientras que Mateo 10:10 y Lucas
prohíben llevar bastón (9:3) y sandalias (10:4). Algunos piensan que no hay un problema
real, ya que estas lecturas simplemente representan diferentes formas de expresar la
misma verdad más amplia —dependencia de Dios— y son ejemplos de la libertad de los
evangelistas para contar la historia; pero la contradicción aún existe. Otros piensan que
Marcos tiene en mente el cayado del pastor como guía, mientras que Lucas y Mateo
pretenden que sea usado como protección; El problema aquí es que es el mismo término
griego en los tres Evangelios. Otra opinión es pensar que Jesús dijo que no llevara un callado
y sandalias adicionales, pero el texto no dice esto.
Mi solución es que Jesús los envió a más de una misión. Mateo y Lucas siguen a Q, en la
cual la misión de los discípulos es sagrada; Por lo tanto, Jesús usó un motivo del templo,
según el cual el cayado y las sandalias se dejan en la puerta porque es tierra santa (véase
también la zarza ardiente en Éxodo 3:5). Marcos usó su propia fuente, narrando una misión
diferente que Jesús ve como un nuevo éxodo como el de Israel en Éxodo 12:11, cuando se
le dijo a la gente que comiera la comida de Pascua a toda prisa, con cayado en mano y
sandalias en los pies. Aquí en Lucas debemos reflexionar sobre lo sagrado de la misión en
la que Cristo está enviando a sus seguidores.
En su misión, también debían depender del cuidado de las personas a las que ministran
y quedar satisfechos con el alojamiento que reciben (9:4), incluso si eso significa
alojamiento escaso. Deben aprender a contentarse con sus situaciones y enfocarse en
predicar el evangelio, no en la calidad de los arreglos de vida. En un momento posterior, a
menudo había falsos maestros y profetas que se aprovecharían de los cristianos haciendo
un mal uso de su hospitalidad. Esto se menciona en el documento de la iglesia del siglo II,
la Didaché (cap. 12), donde decía que cualquiera que se quedara más de tres días debería
ser tratado sospechosamente. No había que preocuparse por obtener ganancias en su
misión.
Finalmente, Jesús da instrucciones sobre cómo manejarse cuando las personas los
rechazan a ellos y a su mensaje (9:5). Cuando los judíos abandonaban un área gentil,
sacudían el polvo de sus pies (Hechos 13:51) para deshacerse de las partículas que los
dejarían impuros. Por lo tanto, implicaba contaminación y estaba destinado a decirles a
quienes los rechazaron que en realidad Dios estaba rechazando a esas personas y los
consideraba nada más que gentiles paganos impuros. Ya no eran dignos de las verdades de
Dios. Este no es el pecado imperdonable, porque Jesús y los discípulos regresaron a estas
ciudades más tarde. Está diciendo que mientras permanezcan opuestos al evangelio, son
inmundos.
En esta ocasión, Jesús y los discípulos son completamente exitosos en su ministerio
itinerante, probablemente en toda Galilea (“en todas partes”). Realizan ambos deberes,
predican y realizan milagros, y esta es la primera vez que los discípulos ejercen su nuevo
poder y autoridad. Esta es una vista previa de su misión en Hechos mientras replican la
capacidad de Jesús para sanar a los enfermos (y probablemente para expulsar demonios).
Los problemas crecen mientras Herodes muestra interés en Jesús
(9:7–9)
Aunque la misión es exitosa, no todo es color de rosa. Herodes ahora se une a los fariseos
en oposición a Jesús. Lucas omite el flashback de Marcos 6:17–30 y se centra en su creciente
interés en Jesús (de Marcos 6:14–16). Comienza a escuchar todos los rumores sobre Jesús
y está “perplejo” por ellos. Este es Herodes Antipas, hijo de Herodes el Grande, tetrarca de
Galilea y Perea desde la muerte de su padre en el año 4 a.C. hasta el año 39, cuando fue
exiliado. Entonces gobernó durante toda la vida de Jesús. Quería ser rey como su padre,
pero Augusto solo le permitió ser tetrarca, un gobernante menor de un cuarto de un
territorio romano.
La especulación de que Jesús era “Juan [el Bautista] … resucitado de los muertos” fue
una de las leyendas populares sobre Jesús en algunos círculos en ese momento. Jesús y sus
discípulos tenían un ministerio de predicación similar al de Juan, pero ese rumor
ciertamente representaba ignorancia sobre el nacimiento, la vida e incluso la edad de Jesús.
Él y su primo nacieron casi al mismo tiempo, pero el ministerio de Jesús despegó después
de que el de Juan se completó prácticamente, lo que habría contribuido a los rumores. De
Marcos 1:14; Mateo 4:12 sabemos que Juan fue arrestado justo antes de que Jesús
comenzara su ministerio en Galilea. El encarcelamiento y decapitación de Juan habría
tenido lugar durante el ministerio de Jesús en Galilea.
Lucas menciona otros dos rumores en el versículo 8. Por supuesto, se esperaba que Elías
regresara como el precursor mesiánico (Mal. 3:1; 4:5), y Jesús recreó su ministerio
milagroso, por lo que esto es bastante natural. La exhortación a la nación para que se
arrepienta hizo eco tanto de Elías como de Juan. Finalmente, algunos pensaron que en Jesús
“uno de los profetas de hace mucho tiempo había vuelto a la vida”, tal vez una referencia
al profeta como Moisés de Deuteronomio 18:15. Mateo 16:14 también menciona a
Jeremías. Obviamente, la confusión de Herodes es causada en parte por la gran cantidad de
rumores que circulan
Entonces, la pregunta de Herodes hace eco de la pregunta básica que hemos visto a
menudo: “¿Quién, entonces, es este?” (ver 5:21; 7:49). Es una de las principales preguntas
que Lucas quiere que hagan todos sus lectores. Es la clave de todo, y a través de ella nos
damos cuenta de que Jesús es, de hecho, profeta, Mesías y Dios verdadero. Herodes no
tiene idea de lo que está preguntando. Él solo quiere saber si Jesús es un peligro para él y
le traerá problemas. Se ha librado de Juan problemático y no sabe qué hacer con este nuevo
advenedizo. Como resultado, Herodes “trató de verlo” (también 23:8) y descubrirlo por sí
mismo.
Jesús alimenta a los cinco mil (9:10–17)
Este es el único milagro encontrado en los cuatro Evangelios, probablemente debido a su
profundo patrimonio teológico. Vincula el milagro del maná (Éxodo 16) y la multiplicación
de veinte panes de Eliseo para alimentar a cien personas (2 Re. 4) con, primero, la Última
Cena de Jesús y, segundo, el banquete mesiánico. Su mensaje básico es la provisión de Dios
para su pueblo, y está especialmente relacionado con los discípulos, ya que Jesús los
involucra en cada etapa del evento. Deben aprender a dejar las ansiedades de la vida con
el Señor y confiar en él para que las cuide. Jesús es el nuevo profeta Moisés y Eliseo, de
hecho, el Mesías de Dios enviado para lanzar el nuevo reino de Dios y llevar la salvación al
mundo caído.
El regreso de los doce (9:10–11)
La misión de 9:1–6 ha terminado, y los discípulos victoriosos regresan e informan a Jesús
sobre su exitoso ministerio. Aparentemente, Jesús decide que se necesita descansar y
relajarse, y van desde Capernaúm alrededor del borde norte del lago a Betsaida en el
territorio de Gaulanítide de Felipe, la ciudad natal de Simón Pedro y Andrés (Juan 1:44). Es
posible que deseen escapar de las garras de Herodes Antipas (vv. 7–9) por un tiempo y, al
mismo tiempo, desear un tiempo de descanso y tal vez un entrenamiento privado. Sin
embargo, esto es de corta duración, ya que “la gente se enteró y lo siguió” (9:11). Jesús
nunca puede escapar por mucho tiempo.
Jesús “les dio la bienvenida” y obviamente cambia su instrucción del discipulado al
evangelismo, tanto hablando sobre el nuevo reinado de Dios y el establecimiento de su
reino en la tierra como, como lo hace a menudo, anclándolo a un ministerio de sanación. La
compasión es su sello distintivo, y nunca rechaza a una persona necesitada.
El dilema: alimentar a la multitud (9:12–14a)
Se estaba haciendo tarde, y los discípulos comenzaron a preocuparse por la multitud y la
cena. La cena se comía normalmente al anochecer. Los discípulos quieren que la gran
multitud sea despedida porque están en un “lugar remoto”, probablemente en algún lugar
fuera de Betsaida. Por lo tanto, hay motivos para preocuparse, y quieren que la gente
“encuentre comida y alojamiento” antes de que las cosas se pongan peligrosas. La nota
sobre el alojamiento probablemente se deba al hecho de que la gente ha venido a escuchar
a Jesús desde muy lejos. Esto refleja la preocupación por la hospitalidad del Cercano
Oriente. Jesús es anfitrión de una gran multitud y, por lo tanto, es responsable de
proporcionarles su alimento y seguridad. La escena hace eco de Israel en el desierto cuidado
por Dios (Éxodo 16).
Jesús quiere involucrar a los discípulos, desafiar su fe y ayudarlos a reflexionar sobre el
verdadero poder de Jesús para cuidar a los necesitados. Al ver que suman cinco mil hombres
más mujeres y niños, hace una orden imposible: “Denles ustedes mismos de comer” (9:13).
La respuesta de ellos es la única posible, ya que ninguno de ellos ha traído ninguna
disposición: “No tenemos más que cinco panes y dos pescados”, y Juan 6:9 nos dice que
incluso eso fue provisto por un niño pequeño. Tampoco pueden permitirse comprar
suficiente comida para alimentar a la multitud. En Juan 6:7, Felipe afirma que se
necesitarían doscientos denarios (“más del salario de medio año”) para pagar esa cantidad
de alimentos. El único recurso es dispersarlos mientras haya suficiente tiempo en el día para
que muchas personas puedan valerse por sí mismos. Las leyes de la hospitalidad deben dar
paso al simple sentido común.
El milagro de la alimentación (9:14b–16)
Jesús da una orden peculiar de “hacer que se sienten en grupos de unos cincuenta cada
uno”. Algunos piensan que esto recuerda la división de Israel (Éxodo 18:21; Deuteronomio
1:15), pero eso está en “miles, cientos, quince y decenas” y puede ser un poco oscuro para
esto. Aun así, Qumran tomó esta división del pueblo de Israel como modelo para su
organización comunitaria, y Marcos 6:40 la expande en “grupos de cientos y cincuenta”, tal
vez indicando la formación de Jesús de su comunidad mesiánica en un nuevo Israel.
Personalmente, creo que este podría ser el propósito simbólico detrás de esta nueva
organización de las personas. También es probablemente una alusión al banquete
mesiánico, que refleja la división de un gran grupo para una comida suntuosa.
Los discípulos obedecen y agrupan a la gente, y ellos “se reclinan” en la hierba. Entonces
Jesús asume el lugar como anfitrión del banquete (9:16). El lenguaje en su bendición de la
comida (“mirando al cielo, los bendijo. Luego los partió”) tiene connotaciones de la Última
Cena (22:17, 19) y algunos piensan que tiene un tono eucarístico. Sin embargo, eso es
secundario al impulso principal: la provisión de Dios para su pueblo en Cristo. Nuevamente,
note cuán involucrados están los discípulos: traen la comida, agrupan a las personas,
distribuyen la comida y limpian los restos. Este es definitivamente un milagro con
implicaciones de discipulado. El mensaje es que cuando permitimos que Jesús se haga cargo
y nos entregamos a él, participaremos en cosas milagrosas (el mismo mensaje que 5:1–11).
En todo esto hay tres temas principales: el gran poder y autoridad de Jesús, su
compasión y provisión por las necesidades de su pueblo, y el privilegio de sus seguidores de
participar en su maravilloso trabajo en este mundo. La “multiplicación” de los panes y los
peces recuerda la calma de la tormenta: el gran poder de Jesús sobre su creación. Ha habido
numerosos intentos de explicarlo: las mujeres adineradas mecenas de 8:1–3
proporcionaron la comida; El ejemplo de compartir desinteresadamente la comida del
joven condenó a los demás, por lo que todos comenzaron a compartir la comida que habían
traído; o es una leyenda ficticia hecha por la iglesia posterior. Ninguno de estos funciona.
La única razón para negar un evento sobrenatural aquí es rechazar la posibilidad de un Dios
sobrenatural. Dios había realizado esto antes en los milagros del maná (Éxodo 16) y en el
milagro de Eliseo de 2 Reyes 4. No hay razón por la cual él y su Hijo no puedan volver a
hacerlo.
Resultados y consecuencias (9:17)
Esta fue realmente una fiesta suntuosa. Se nos dice que “todos comieron y quedaron
satisfechos”; el segundo verbo (chortazō) significa que se “atiborraron” de la comida (como
en Apocalipsis 19:21). La comida de los pobres (panes de cebada y pasta de pescado) se
había transformado en un verdadero banquete. Todos se fueron llenos hasta las agallas. No
solo eso, sino que solo quedaba un festín de los restos, doce canastas en total. El término
kophinos indica una canasta grande, por lo que esta fue una cantidad monumental de
alimentos que Jesús proporcionó a la gente. Existe cierto debate sobre el posible
simbolismo en el número doce, y muchos piensan que es simplemente la cantidad histórica
que queda como la gran comida proporcionada. Aun así, con las siete canastas sobrantes
después de la alimentación de los cuatro mil (Marcos 8:8), me parece que la iglesia primitiva
tuvo que ver significado. Por lo menos, los dos números representan la obra perfecta de
Dios para proveer a su pueblo.
Pedro confiesa y Jesús predice su pasión (9:18–27)
Esta sección es tanto el punto culminante de la toma de conciencia de los discípulos como
el punto medio en el ministerio público de Jesús. Pedro finalmente vocaliza para los Doce
su creencia en Jesús como el Mesías, y el tono de todo cambia aquí. Aquí está la respuesta
a la pregunta que todos se han estado haciendo: “¿Quién es este?” (véase en 8:25; 9:9). En
la transfiguración, Dios se expandirá en esto y dará la respuesta final en 9:35. Este es el
verdadero punto medio en el ministerio público de Jesús. Los discípulos han estado en un
viaje con Jesús hasta este punto en su relación, y con esto Jesús ahora cambia sus ojos a
Jerusalén, y la acción se mueve hacia su pasión en Jerusalén. Su destino mesiánico lo ha
llevado a este punto, y ahora lo lleva a su cita definitiva con su sacrificio supremo.
La especulación judía sobre Jesús (9:18–19)
En Lucas, cada evento importante en el ministerio de Jesús comienza con la oración (véase
en. 3:21). Atesoraba su tiempo de privacidad solo con su Padre. Él es el Mesías y Dios-
hombre, pero aún necesita fuerza y consuelo en su viaje terrenal a su momento de destino.
Este es un momento crítico y proporciona una transición del milagro de alimentación a la
confesión de sus seguidores. Nuevamente, él proporciona el modelo que debemos seguir
en nuestro viaje hacia Cristo. Si necesita oración en esta coyuntura crítica de su vida,
¿cuánto más lo necesitaremos nosotros en cada momento y evento importante?
Él acaba de atraer a sus discípulos a través de su participación en la multiplicación de
los panes, y ahora quiere sacarlos nuevamente y hacerlos conscientes del alcance de su
comprensión con respecto a quién es él. Entonces les hace una pregunta inicial: “¿Quién
dice la gente que soy?” Su propósito no es descubrir algo nuevo (él ya sabe la respuesta)
sino hacer que los discípulos reflexionen más cuidadosamente sobre su identidad, así como
sobre su ministerio a las multitudes y su efectividad.
Las respuestas reproducen las especulaciones de Herodes en 9:7–8: Juan el Bautista,
Elías o uno de los profetas. Todos ellos emergen de la vista de las multitudes de que Jesús,
como el Bautista, está en continuidad con los profetas del Antiguo Testamento. La premisa
básica es correcta pero incompleta e inadecuada. Él no es Juan el Bautista que regresó de
entre los muertos, pero es el que Juan el Bautista ha venido a presentar. Él no es Elías, pero
igual que Juan el Bautista ha venido en el espíritu y poder de Elías. El Bautista recreó la
predicación de Elías, Jesús los milagros de Elías. Él es “uno de los profetas” pero mucho más;
él es el Mesías profetizado por los profetas.
La confesión de Pedro (9:20)
Ahora el propósito principal de Jesús se destaca cuando les pregunta a los discípulos: “Pero
¿qué hay de ustedes?” Es su respuesta el componente crítico. Como de costumbre, Pedro
responde por los demás y confiesa: “El Cristo de Dios”. Cada uno de los evangelios
sinópticos tiene una respuesta ligeramente diferente, con Marcos 8:9 la declaración más
simple, “el Mesías”, y Mateo 16:16 el más detallado, “El Mesías, el Hijo del Dios viviente”.
Sin embargo, todos contienen el elemento central de que Jesús es el Mesías esperado. Lucas
tiene “el Mesías de Dios”, con “Dios” un genitivo de propósito, que significa “Mesías de
Dios” o “el Dios-Mesías”. El griego para “Mesías” es, por supuesto, Christos, el “Ungido”. En
las Escrituras, el concepto se refiere al Mesías real descendiente de David. Es ungido y
comisionado por Dios (Salmo 2:2; Da. 9:26) para inaugurar la nueva era mesiánica, la era de
la salvación, con todo el significado hablado en el nacimiento de Jesús (1:31–33, 35).
Dichos sobre el sufrimiento y el discipulado (9:21–27)
La respuesta de Jesús en el versículo 21 es extraña ya que “les advirtió estrictamente que
no le dijeran esto a nadie”. Esto es una vez más lo que en Marcos se llama “el secreto
mesiánico” (4:41; 5:14; 8:56). Los judíos esperaban un rey conquistador mientras que Jesús
había llegado a ser un siervo sufriente. Solo después de la cruz se puede entender esto; Él
vendrá finalmente a derrotar a los poderes del mal en su segunda venida. Jesús no quería
que esto se propusiera hasta que hubiera completado su misión. Los discípulos no pueden
entender esto más de lo que lo pueden hacer las multitudes, por lo que Jesús quiere que
guarden silencio al respecto. Deben pasar por su sufrimiento con él antes de que puedan
estar listos para hablar.
La predicción de Jesús de su pasión y resurrección en 9:21b–22 es en parte una razón
para la orden de silenciar; deben darse cuenta de que él es el Mesías sufriente antes de ser
el Mesías conquistador. De hecho, conquistará a través del sufrimiento. Esta es la primera
predicción de pasión (con 9:44; 18:31–33; ver también 17:25) y agrega el matiz importante
del Hijo del Hombre que sufre (véase en. 5:24 y comparar 6:5, 22; 7:34), que dominará a
partir de ahora. Se identifica con el sufrimiento justo del verdadero pueblo de Dios en Daniel
7:21–22 (dominio universal a través del sufrimiento), así como con el Siervo Sufriente en
Isaías 53:4, 11. La clave son los resultados redentores del sufrimiento mesiánico. Está
aclarando el verdadero significado de sí mismo como “el Cristo de Dios” y está mostrando
que su victoria vendrá en la cruz, donde se convertirá en el sacrificio expiatorio y vencerá al
pecado de una vez por todas. El tema del “tercer día” se convirtió en una afirmación
primaria del credo (1 Co. 15:40) y está vinculada con Oseas 6:2 (“en el tercer día nos
restaurará”).
Hay cinco elementos en el motivo del sufrimiento: (1) el “deber” divino gobierna cada
parte; Este es su destino mesiánico. (2) Él “sufrirá muchas cosas”, cumpliendo las profecías
del justo sufriente del Salmo 34:19 y el Mesías moribundo de Daniel 7; Salmos 22; 69; y
Zacarías 7–14 (especialmente 12:10, el “traspaso” del Mesías). (3) Será “rechazado por los
ancianos, los principales sacerdotes y los maestros de la ley”, los líderes de Israel que
formaron el Sanedrín. Lucas ha enfatizado en todo momento (desde 3:6) que los líderes
más que las personas son responsables de la creciente oposición a Jesús. (4) Otro “deber”
divino dice que es una necesidad que “sea asesinado”, obviamente señalando su crucifixión
como un sacrificio expiatorio para todas las personas. Jesús vino a la tierra para morir, y
será la culminación de su obra mesiánica. (5) “Al tercer día resucita”: su pasión terminará
con la victoria final sobre la muerte, y será resucitado como las “primicias” (1 Co. 15:20, 23)
de nuestra futura resurrección.
Los siguientes versículos (23–26) son dichos de discipulado que comienzan con los
requisitos para el discipulado: “Si alguien quiere ser mi discípulo”. El griego es una condición
de hecho, “Si [ei] alguien quiere”, que asume la realidad de la premisa, “Por supuesto que
sí”. Se han comprometido con Jesús; ahora necesitan saber qué implica eso. La segunda
mitad de esto también es importante; la NVI “quiere ser mi discípulo” está en griego en
realidad “quiere venir después de mí”, describiendo el discipulado como un viaje a la
semejanza de Cristo. El posterior “sígueme” es otra forma de decir esto. Ser un “seguidor”
de Jesús no es una caminata individualista con Cristo en la que decidimos el camino que
deseamos tomar y hacemos lo que queramos. Es seguir el camino de Cristo e imitarlo.
Hay tres pasos en este camino hacia el discipulado: Primero, se “niegan a sí mismos”,
un requisito desconocido en los escritos antiguos. Esta es la base de los otros dos y se aclara
en [Link] para salvar la vida de uno, deben “perderla” o entregarla. Significa que los
discípulos se niegan a permitir que el “yo” controle su vida. Note la fórmula: para confesar
a Cristo debemos negarnos a nosotros mismos.
Segundo, deben “tomar su cruz diariamente”, enfatizando la naturaleza continua de
esto, todos los días por el resto de sus vidas. La imagen que Jesús usa proviene de la práctica
romana de hacer que el criminal condenado lleve la viga transversal al sitio de ejecución.
Jesús llevó su cruz a la mitad, y luego Simón de Cirene fue reclutado para llevarla el resto
del camino (debido a la flagelación de Jesús, Lucas 23:26). Significa que ya estás muerto.
Aquí hay un doble significado en la metáfora: refuerza el significado del primer requisito de
morir a uno mismo: el verdadero discipulado implica la voluntad de morir por Cristo si es
necesario. Cuando seguimos a Jesús, nos embarcamos en un camino de rechazo y
dificultades, una “participación en sus sufrimientos” (Filipenses 3:10).
Tercero, ellos “seguirán” a Jesús hasta el final. Como dije anteriormente, no somos libres
de hacer nuestro propio camino y trazar nuestro propio plan. Ser un seguidor de Cristo es
vivir una vida de servicio y sacrificio como él lo hizo. “Seguir” (akoloutheō) es el término
básico en los Evangelios para disciplina, que implica imitación y obediencia. Solo es posible
gracias a los dos primeros pasos y surge de la negación de uno mismo y del proceso de morir
por las cosas del mundo.
Las implicaciones de esto se desarrollan en los siguientes tres versículos (24–26), que se
basan en la antítesis de ganancia y pérdida. Ganar a Cristo exige la pérdida de uno mismo.
Cristo enfatiza aquí la inutilidad de centrarse en uno mismo, y lo declara en ambos sentidos
en el versículo 24. Aquellos que desean “salvar su vida” cediendo a las formas de salir
adelante en el mundo finalmente “la perderán”. Serán elogiados por el mundo y tendrán
un placer temporal, pero perderán a Cristo y la posibilidad de la vida eterna. Por otro lado,
“quien pierda la vida por [Cristo]” al final “lo salvará”. Perder la vida se refiere tanto a la
abnegación como al sufrimiento y al martirio. Abrazar el camino de sufrimiento y sacrificio
de Cristo resultará en una recompensa eterna.
Para anclar esta verdad, Jesús usa la imagen de ganancias y pérdidas (9:25), diciendo en
efecto: “¿Dónde está el beneficio o ganancia [ōpheleō] en ganar el mundo entero y aún
perderse [zēmioō] a sí mismos?” Tienen placer temporal y abundancia, pero sufren la
pérdida eterna. La ganancia es parcial, la pérdida total. Además, la “pérdida” se pierde en
el juicio final, como deja claro el siguiente verso. “Ganar el mundo entero” no es todo lo
que parece ser. Los emperadores romanos son ejemplos perfectos. Tenían el control del
PNB (producto nacional bruto) de todo el Imperio Romano para su placer personal, pero
eran prácticamente todas personas infelices que murieron en la miseria. Calígula y Nerón
estaban locos.
Cristo finaliza las elecciones en la verdad apocalíptica (9:26). Las elecciones terrenales
al final traen la realidad celestial. Esto amplía el tema de la lealtad de los versículos 24–25
(y 12:8) y abarca dos matices. La preferencia por la ganancia y el estatus mundanos implica
en última instancia el rechazo de Cristo y la vergüenza de su vida de servicio y sacrificio.
Además, cuando uno sufre con Cristo y experimenta la persecución del mundo, puede
repudiarlo (= avergonzarse) para ser aceptado por el mundo. Estas no son opciones
separadas sino problemas interconectados.
El juicio es otro dicho del Hijo del Hombre (ver 9:22), esta vez centrado no en el Hijo del
Hombre sufriente sino en su vindicación y victoria sobre sus enemigos en el juicio final.
Cuando Cristo, el Señor exaltado, está “avergonzado”, adquiere un tono mucho más
peligroso, porque significa que los avergüenza al derramar el juicio eterno sobre aquellos
que se han convertido en sus enemigos, aquí los que estaban “avergonzados” de él. Todo
esto está anclado en su gloria: “cuando él venga en su gloria y en la gloria del Padre y de los
santos ángeles”. Esta gloria apocalíptica es triple, todo se refiere a su gloriosa segunda
venida y luego al juicio final que sigue, un juicio en el que los santos ángeles estarán
involucrados como cosechadores (Mateo 13:39) y como testigos en la corte celestial (Matt
16:27; 25:31). Este énfasis en su gloria recuerda a Daniel 7:13–14 cuando el glorioso Hijo
del Hombre disfruta del dominio universal y se convierte en Juez de todos.
El enigmático dicho de Jesús en el versículo 27 concluye la sección sobre discipulado e
introduce la escena de la transfiguración. En esencia, promete que “algunos” de los
discípulos fieles “aquí presentes” serán recompensados con gloria en esta vida cuando
“vean el reino de Dios” antes de “probar la muerte”. Existe un gran debate sobre su
significado: (1) Sobre la base del versículo 26, podría ser el reino final traído al regreso de
Cristo, pero eso significaría que Jesús estaba equivocado, y de ser así, la iglesia primitiva
difícilmente habría agregado este dicho. Además, no habría simplemente unos pocos que
verían a Cristo regresar. (2) Podría referirse a Pentecostés, pero eso no será la venida del
reino. (3) Algunos piensan que es la destrucción de Jerusalén, pero de nuevo eso no es un
evento del reino. (4) Muchos ven esto como la muerte y resurrección de Cristo, eso podría
ser parte de esto, pero es poco probable que sea todo el impulso.
Lo mejor es ver esto como toda la cadena de eventos en los que el Hijo del Hombre es
visto en su gloria e inaugura el reino de Dios (presente y futuro) en la tierra. Esto incluye la
transfiguración. Los pocos son sus discípulos que estarán allí para todos estos eventos: la
transfiguración como prefiguración de la muerte y resurrección de Jesús, su ascensión a la
gloria, el Pentecostés, la destrucción de Jerusalén y la exitosa misión a las naciones. Esta es
una promesa de que los discípulos que comparten su sufrimiento también compartirán su
gloria y verán al reino triunfar progresivamente en esta era y en la era venidera.
Jesús es transfigurado (9:28–36)
Esto más que cualquier otro pasaje responde a la pregunta que se hace tan a menudo:
“¿Quién es este?” (5:21; 7:49; 9:9). Proporciona el segundo testimonio divino de Jesús (con
3:22) de que él es el Hijo amado y el Mesías. Es un evento extraordinario, ya que lo prueba
como el Señor preexistente, así como el Hijo presente y el futuro Rey. Los eruditos críticos
dudan de su historicidad, y muchos como Bultmann lo llaman una historia de Pascua
proyectada de nuevo en la vida de Jesús. Sin embargo, Pedro, al hablar de este evento, hizo
un punto específico al enfatizar su valor histórico: “Cuando les dimos a conocer la venida
de nuestro Señor Jesucristo en todo su poder, no estábamos siguiendo sutiles cuentos
supersticiosos, sino dando testimonio de su grandeza, que vimos con nuestros propios ojos”
(2 Pedro 1:16). Esto debe tomarse en serio.
El escenario en la montaña (9:28)
“Ocho días” después de la confesión de Pedro difiere con la de Marcos 9:1 y Mateo 17:1,
“después de seis días” (con una alusión al Sinaí, Éxodo 24:16) y es probable que sea
simplemente un marcador de tiempo, “aproximadamente una semana después”. Jesús dejó
a la mayoría de sus discípulos y tomó el círculo más cercano con él arriba de una montaña.
Como en casi todos los eventos, su propósito es pasar tiempo con su Padre en oración (ver
com. 3:21), y su semblante radiante es el resultado de su profunda oración.
No sabemos a qué montaña subieron. Tradicionalmente, es el Monte Tabor, pero tiene
solo 1,900 pies de altura y tenía una guarnición romana en su cima. Algunos piensan que
era el Monte Hermón, de 9,232 pies de altura, pero estaba en territorio gentil; otros
prefieren el Monte Merón, el más alto de Palestina con 3.926 pies. No podemos saberlo con
certeza. Probablemente esto se entiende como una recreación de Moisés ascendiendo al
Monte Sinaí.
La aparición y los testigos celestiales (9:29–31)
Lucas toma una táctica más suave para describir la apariencia de Jesús, simplemente
diciendo, “su rostro se transformó”, la mayoría piensa evitar cualquier vínculo con los mitos
paganos sobre las transformaciones mágicas de los dioses. Aun así, agrega, “su ropa se
tornó blanca y radiante”. Aquí Jesús no es simplemente un nuevo Moisés, repitiendo la
metamorfosis de Moisés mientras descendía del Sinaí (Éxodo 34:29–35). Él trasciende a
Moisés, cuyo rostro y vestimenta consistían en la gloria reflejada de Dios mientras Jesús
experimenta la gloria irradiada de su Persona. Esto hace eco de Ezequiel 1:4, 7 y Daniel 7:9
(la gloria de Dios en su trono). Aquí “radiante” muestra la gloria divina de Jesús que se
extiende incluso a sus vestimentas, una imagen de un ser celestial.
Los dos testigos (9:30; véase Deuteronomio 19:15) no son personas comunes, sino dos
mensajeros apocalípticos y prototipos mesiánicos, el profeta como Moisés (Dt. 18:15) y el
precursor del Mesías (Mal. 4:5). Moisés representa la ley, Elías los profetas, así que esto
resume la expectativa de cumplimiento mesiánico del Antiguo Testamento. El “glorioso
esplendor” de sus vestimentas es paralelo a Cristo y muestra que están apareciendo desde
el cielo. La “gloria” de estos dos (NVI: “esplendor glorioso”; griego: “apareció en gloria”) se
suma a la gloria de Dios visible en Cristo. Jesús ya se ha mostrado en Lucas cumpliendo
ambos oficios. La nueva era que Jesús establece es un nuevo éxodo (Moisés), y sus
seguidores forman la nueva comunidad mesiánica de los últimos días (Elías).
Solo Lucas nos cuenta de qué hablaron: “de la partida de Jesús, que él estaba por llevar
a cabo en Jerusalén” (9:31). Esto se identifica explícitamente como su éxodo, mirando el
éxodo de Jesús de esta tierra como una “partida” a Dios. Se ha identificado de diversas
maneras como su muerte, su resurrección y ascensión, o quizás toda la obra de Cristo desde
su muerte hasta su parousia (segunda venida) como un evento de “éxodo”.
Definitivamente, el lugar de descanso final de Jesús en el cielo es parte de las imágenes,
aunque es más difícil determinar si Lucas está pensando en la ascensión o la parousia. Creo
que es un poco más probable que sea este último, ya que las imágenes apocalípticas han
predominado en este capítulo.
La confusión de los discípulos (9:32–33)
Es difícil de creer, pero en medio de todos los eventos trascendentes que tienen lugar, los
discípulos lucharon y casi se durmieron. Probablemente, se quedaron dormidos mientras
Jesús oraba y se perdieron bastante del diálogo entre Jesús y los dos testigos apocalípticos.
Esto sucederá nuevamente en Getsemaní cuando realmente se quedarán dormidos,
nuevamente mientras Jesús está en oración (22:45).
Abrumado por la escena (y probablemente por la aparición de las dos figuras gloriosas),
Pedro intenta sacar lo mejor de la situación. Habían perdido parte del diálogo, por lo que
decide intentar extenderlo por más tiempo para que puedan participar. Al ver “su gloria y
los dos personajes que estaban con él” (al principio, solo vieron a dos personas y no se
dieron cuenta de quiénes eran), quiere continuar la experiencia, diciéndole al Cristo
transfigurado: “Maestro ¡qué bien que estemos aquí!” (9:33). Eso es un eufemismo si
alguna vez hubo uno.
Él ve a estos grandes hombres a punto de partir (9:33) y sugiere, sin pensar con claridad,
“Podemos levantar tres albergues: uno para ti, uno para Moisés y otro para Elías”. De la
nada, intenta prolongar el tiempo con Moisés y Elías sugiriendo que celebren la Fiesta de
los Tabernáculos. En ese festival, durante siete días construirían tres refugios o casetas
(llamándolos “tabernáculos”) fuera de las ramas y habitarían en ellos durante ese período.
Era un festival de la cosecha y un momento de gran unión y baile mientras celebraban la
provisión de Dios para Israel en el desierto. (Quizás la reciente alimentación de los cinco mil
se lo sugirió a Pedro.)
Lucas nos dice que dijo esto porque “él no sabía lo que estaba diciendo” y por eso espetó
lo primero que se le ocurrió. Debido a que estaban prácticamente dormidos, habían perdido
la oportunidad de interactuar con sus héroes del Antiguo Testamento, y estaban a punto de
irse. De esta manera, podrían tener una semana entera juntos (o al menos un período
prolongado). Pedro no podría estar más equivocado. Primero, al erigir una caseta para cada
uno, hace que Moisés y Elías sean iguales a Jesús, un gran error. Son testigos, no figuras
centrales, y están allí para iniciar el nuevo éxodo cuando Jesús se muda a su destino en
Jerusalén. Además, alargar su tiempo en la montaña entraría en conflicto con el cronograma
de Dios, ya que todo iba a pasar inexorablemente ahora a los eventos de la pasión.
La afirmación divina (9:34–35)
La nube que los eclipsa es la respuesta de Dios a la sugerencia tonta de Pedro. Esta es la
nube Shekinah del éxodo (Éxodo 13:21–22; 16:10; 19:16), que simboliza la presencia de la
gloria de Dios con su pueblo. Aquí significa que el nuevo éxodo ha comenzado. Señala hacia
la nube en la ascensión (Hechos 1:9) y al regreso de Cristo (Mateo 24:30; Apocalipsis 11:12).
Aquí significa la presencia escatológica de Dios con la escena y continúa las imágenes del
Sinaí (la nube que cubre la montaña, Éxodo 24:15; 34:5). Cuando los tres entraron en la
nube, se llenaron de terror porque se dieron cuenta de la importancia, que ahora se ha
convertido en una teofanía muy poderosa con Dios y su gloria literalmente presente.
Al igual que en el bautismo (3:22), Dios mismo ahora habla desde la nube (9:35) con un
mensaje muy similar. Él entregó el visto bueno divino a Jesús (“Tú eres mi Hijo”), mientras
que aquí se lo da a los discípulos (“Este es mi Hijo”) con la misma alusión al Salmo 2:7 (véase
ese pasaje) y el mismo énfasis sobre Jesús como el Mesías real davídico. La adición de “mi
escogido” proviene de Isaías 42:1 (“mi siervo…mi elegido en quien me deleito”). El énfasis
ahora está en Jesús como el Siervo Sufriente de Yahveh, preparando el camino para su
movimiento desde este punto a Jerusalén. En efecto, esto se convierte en una aclaración
de la confesión de Pedro, diciéndoles a los tres que, como Mesías, Jesús caminará por el
camino del sufrimiento, no por la conquista militar.
El último “Escúchenlo” hace eco de Deuteronomio 18:15, donde el “Señor tu Dios”
promete levantar al profeta como Moisés y luego ordena: “A él sí lo escucharás”. Están
escuchando las expectativas erróneas de su trasfondo judío y esperando al conquistador
mesiánico, pero deben escuchar lo que Jesús está diciendo y estar preparados para el
Mesías sufriente. El resto de su tiempo con Jesús se centrará cada vez más en ese tema, y
no están listos.
Consecuencias: su silencio (9:36)
En Mateo 17:9 y Marcos 9:6 Jesús les ordena que no le digan a nadie lo que acaba de
suceder hasta después de la resurrección. Lucas aquí simplemente declara que los tres
“guardaron esto para sí mismos y no se lo dijeron a nadie”. Probablemente estaban tan
llenos de asombro ante la experiencia que prácticamente quedaron atónitos. La pista es
que esta era la voluntad de Dios, y no debía ser revelada hasta el momento adecuado en el
plan de Dios. En cuanto a ellos, sin duda reflexionaron sobre ello (y quizás reflexionaron
juntos) por el resto del tiempo camino a Jerusalén.
Jesús sana a un niño poseído por un demonio (9:37–43a)
Este episodio abrevia bastante la larga narración de Marcos (Marcos 9:14–29), pero aún
contiene los temas principales de la tortura demoníaca del niño y el fracaso de los discípulos
para expulsarlo. El énfasis está en la autoridad suprema de Jesús y prepara el escenario para
su predicción autoritaria de pasión “mientras todos [todavía] se maravillaban de todo lo
que Jesús hizo” (9:43b). Todo apunta ahora a la cruz, y el fracaso de los discípulos en
comprender esto domina el resto de esta sección (9:37–50).
Las dos partes (vv. 37–43a, 43b–50) van juntas. Jesús es el Mesías, el elegido por Dios,
el Señor autoritario del universo, pero al mismo tiempo es el sufriente justo elegido, y su
verdadero destino es la cruz. Está lleno de gloria preexistente y es la actual Shekinah de
Dios, pero su propósito principal como el encarnado es convertirse en el sacrificio expiatorio
por los pecados y llevar la salvación a la humanidad pecadora.
Cuando Moisés descendió del Sinaí para enfrentar a un Israel en medio del fracaso, Jesús
“bajó de la montaña” para enfrentar la incapacidad de los discípulos de usar la autoridad
que les había dado sobre el reino demoníaco. La presencia de la “gran multitud” continúa
su gran popularidad entre la gente común.
Los terribles efectos de la posesión demoníaca son una vez más evidentes (ver también
8:27, 29) en esta terrible descripción. Este niño es el “hijo único” (monogenēs, usado de
Jesús en Juan 1:14, 18; 3:16) y el hombre le ruega a Jesús que investigue el dilema del niño.
Estos poderes cósmicos solo desean una cosa: torturar y destruir a cualquier persona hecha
a imagen de Dios. Cuando fueron expulsados del cielo después de su rebelión inicial
(Apocalipsis 12:7–9) y encarcelados en este mundo, aterrizaron con un odio implacable
hacia Dios y su creación.
Este demonio usa una condición médica previa, epilepsia, para atormentar al niño. “se
posesiona de él, y de repente el muchacho se pone a gritar; también lo sacude con violencia
y hace que eche espumarajos. Cuando lo atormenta, a duras penas lo suelta”. Este es
siempre el objetivo de la posesión demoníaca. La vieja leyenda de Satanás ayudando a sus
seguidores es una mentira satánica. Siempre es la destrucción de lo que tratan sus secuaces.
El espíritu inmundo toma los elementos de la epilepsia, los multiplica y disfruta el proceso
de tortura y muerte mientras consume al niño.
Mientras el círculo interior experimentaba la gloria de Jesús en la montaña, el resto de
los discípulos experimentaban un fracaso masivo en el valle. No debería haber sido así. Jesús
les había dado autoridad sobre los poderes malvados y la enfermedad (9:1), y
aparentemente pudieron usar ese poder en ocasiones (9:6). No se nos dice por qué no
pudieron hacerlo aquí, pero la mayoría probablemente se deba a que habían dejado de
depender de la fuerza del Señor (Marcos enfatiza su egocentrismo) y casi presumían cuando
intentaban expulsarlo.
La respuesta de Jesús es bastante dura. Hay una pregunta sobre el antecedente de “Ah,
generación incrédula y perversa”. Podría referirse a la multitud incrédula, o podrían ser los
discípulos infieles en medio de su fracaso. Lo más probable es que sean ambos, pero
especialmente los discípulos, ya que son el foco más cercano (“Les rogué a sus discípulos
que lo expulsaran, pero no pudieron”). Jesús está exasperado con la incredulidad que
mostraban, vinculándolo con la “generación torcida y deformada” de Israel en el desierto
(Dt. 32:5, 20). Se pregunta: “¿Hasta cuándo tendré que estar con ustedes y soportarlos?” El
“cuánto tiempo” expresa su tristeza profética por su continuo fracaso, así como su
conciencia de su inminente partida en Jerusalén. ¿Estarán alguna vez listos para llevar a
cabo su misión en un mundo caído? No tiene mucho más tiempo para llevarlos.
El demonio hace un gran gesto más para demostrar su hostilidad. Mientras el niño se
dirige a Jesús, el demonio lo posee y lo arroja “al suelo en una convulsión”. En Marcos 9:21–
24 hay una conversación con el padre del niño sobre la fe, pero Lucas se salta esto para
centrarse en el poder de Jesús sobre el demonio. Nuevamente, su acto de curación y
exorcismo es instantáneo, ya que expulsa el espíritu impuro y cura la epilepsia de un solo
golpe. (¡Dos milagros por el precio de uno!) El momento en que “se lo devolvió a su padre”
debe haber sido una escena triunfante, y las lágrimas habrían corrido. El asombro de la
multitud es la respuesta típica (4:32; 5:25; 7:16; 8:25). Su asombro es sobre “la grandeza [o
majestad de Dios” ejemplificada en Jesús.
Jesús predice su pasión por segunda vez (9:43B–48)
Hay tanto contraste como continuidad entre esta predicción de pasión y el poderoso
milagro que se acaba de completar (y el asombro de la multitud). El gran poder de Jesús
involucra no solo milagros sino también su destino de ser el Mesías sufriente y redentor. El
mayor acto de poder de Cristo es la cruz, porque eso traerá vida a toda la humanidad, y esa
vida será eterna. Entonces, los milagros son anticipaciones prolépticas de Jesús como Siervo
Sufriente, quien al sacrificarse a sí mismo proporciona verdadera curación espiritual y
resurrección a la vida eterna.
El otro tema principal en este párrafo es el fracaso del discipulado. No podría haber
aclarado su destino, pero los discípulos no solo son incapaces de entender lo que está
diciendo, sino que lo contravienen con su egocéntrico deseo de grandeza personal. Lucas
saca esto de Marcos, donde es uno de los temas principales de su Evangelio en su conjunto.
Jesús en su “nuevo éxodo” viaje a Jerusalén involucra a sus seguidores, ya que son el centro
de los esfuerzos de Jesús para prepararlos no solo para los eventos de pasión sino también
para su misión de por vida en el mundo que seguirá.
Predicción y falta de entendimiento (9:43b–45)
La multitud está asombrada por el maravilloso poder de Jesús (v. 43a), y mientras todavía
lo expresan, Jesús hace un pronunciamiento igualmente impactante a sus discípulos
(aparentemente no a la multitud). Indudablemente esperaban que él hablara sobre su
majestuosa autoridad dada por Dios sobre la naturaleza y Satanás, pero en cambio les dice
que ahora enfrentará el odio del mundo. El interés de Jesús ha pasado de las multitudes no
comprometidas a los discípulos comprometidos, pero increíblemente desorientados. A
partir de ahora, las multitudes serán cada vez más sus adversarios, y al centrarse ahora en
el desenlace en Jerusalén, se da cuenta de que solo tiene un breve período para entrenar a
los Doce.
Lo que Jesús les está recordando en 9:44 (ver 9:22 para la primera predicción) dominará
su viaje a Jerusalén con los Doce, y todo fluirá de él. Entonces comienza con una orden
crítica de “Presten mucha atención a lo que les voy a decir”. Es imposible exagerar la
importancia de esta predicción, porque la salvación de la humanidad está ligada a ella.
Todos los milagros asombrosos fueron simplemente un preludio de esto, ya que solo
tuvieron un efecto temporal, mientras que este anuncio abarca lo que tiene repercusiones
eternas.
La predicción de la pasión en sí omite los detalles sobre la muerte y resurrección de
Jesús y se centra en la inversión completa del interés de las multitudes en Jesús: “El Hijo del
Hombre será entregado en manos de los hombres” (9:44). El verbo (paradidosthai) habla
tanto de entrega como de traición. Hay una pregunta si es la traición específica de Judas
aquí o la entrega general de Jesús “en manos de” sus enemigos. El lenguaje favorece
fuertemente a este último, y de hecho la voz pasiva es probablemente un pasivo divino y
significa que Dios pronto “entregará” a Jesús a su destino dado por Dios para convertirse
en el sacrificio expiatorio por el pecado. Como tal, proporciona un comentario sobre el
verdadero significado de la “grandeza de Dios”, no solo proporcionando milagros, sino más
importante, proporcionando redención a través del sufrimiento.
Dos puntos son críticos en el versículo 45. Primero, a pesar de todo lo que Jesús ha dicho
sobre su propósito real al venir a la tierra (5:34–35; 7:31–35; 9:22, 31), todavía son
completamente incapaces para comprender nada de eso. Están tan controlados por las
expectativas judías de que el Mesías venga a destruir a los enemigos de Israel y establezcan
la nación en el reino de Dios que no pueden aceptar a Jesús como el Siervo Sufriente de
Isaías.
En segundo lugar, Lucas nos dice que “se les ocultó para que no lo entendieran”. De
nuevo, tenemos un pasivo divino; Dios les ocultó el conocimiento, indudablemente porque
no estaban preparados para ello y tuvieron que ser preparados por Cristo para aceptar esa
difícil realidad. Esto también sucederá en el camino de Emaús después de la resurrección
(24:16), cuando se evitará que dos discípulos reconozcan al Señor resucitado hasta que Dios
abra los ojos con el partimiento del pan y la apertura de la palabra (24:31). Dios está
orquestando cada detalle de esta escena.
Los Doce también tenían “miedo de preguntarle al respecto”, continuando con el
motivo del miedo (5:26; 7:16; 8:25, 35, 37; 9:34). Encontrar a Jesús es experimentar la
teofanía, y produce necesariamente tanto miedo como asombro. Jesús es el Dios-hombre
inefable, y su presencia nos abruma. Existe el misterio añadido del verdadero destino de
Jesús. No podían manejar lo que sabían en el fondo que los involucraría de maneras para
las que no estaban preparados.
Rivalidad sobre la grandeza (9:46–48)
Lucas en este episodio abrevia Marcos 9:33–37 y, por lo tanto, enfatiza aún más el contraste
entre el sacrificio de Jesús y las actitudes egoístas de los discípulos y el deseo de estatus. Es
difícil imaginar un mayor polo opuesto que la declaración de Jesús de su futuro sufrimiento
y la disputa de los discípulos sobre la futura grandeza. No solo dejaron de entender. Incluso
fallaron en escuchar o preocuparse por lo que Jesús estaba diciendo. De lo que estaban
discutiendo era de su importancia y rango en el grupo apostólico. ¿Fue Pedro, Juan o Mateo
el líder de los Doce? ¿Quién fue más importante para Jesús? Lo peor de todo es que esto
volverá a suceder en la Última Cena (22:23–30). Ejemplifican la “ambición egoísta y
vanidad” de Filipenses 2:3.
La respuesta de Jesús (9:47–48) es hacer que un niño pequeño se pare delante de ellos
como ejemplo. Los niños no tenían estatus en el mundo antiguo y se pensaba que tenían
poca importancia o valor. Su baja consideración los convirtió en una ilustración perfecta
para el propósito de Jesús. Realmente no eran bienvenidos en los círculos de adultos, por
lo que Jesús está llamando a una revolución social: “Quien recibe a este niño en mi nombre
me da la bienvenida”. A primera vista, esto parece no estar relacionado, pero Cristo se está
centrando en su “recepción” y actitud hacia los marginados en la sociedad. La forma en que
recibimos a los niños, los pobres y otras personas de bajo estatus constituye la forma en
que recibimos a Jesús y a Dios. La forma en que se trata a los niños es la forma en que se
trata a Jesús (véase Mateo 25:31–46). La grandeza no viene por la superioridad inherente
sino por nuestras actitudes de servicio. “En mi nombre” es la clave del discipulado y se
refiere a la semejanza de Cristo. Recibir al niño con amor es ser como Cristo.
Entonces Jesús da la vuelta a esto: “el que me recibe a mí, recibe al que me envió”.
Nuestra apertura a los pobres y marginados en este mundo constituye nuestra relación no
solo con Jesús sino también con Dios y determinará cómo Dios nos tratará. Este es el
principio de reciprocidad y se convierte en el modelo de ética: lo que le hacemos a los
demás lo hacemos a Dios, y él volverá esa acción a nuestras propias cabezas. Si damos la
bienvenida a otros, Dios nos da la bienvenida; si maltratamos a otros, Dios nos juzgará y
condenará. En otras palabras, no hay lugar para que los seguidores de Cristo se centren en
sí mismos; nosotros, al igual que nuestro Señor y Maestro, somos siervos y daremos
nuestras vidas y ministerios para servir a los demás, negándonos a despreciarlos.
La declaración final en el versículo 48 define la verdadera grandeza: “El que es más
insignificante entre todos ustedes, ese es el más importante”. El verdadero líder se colocará
a sí mismo y sus necesidades al final y vivirá para ayudar a los demás, como lo ejemplifica
Jesús en el versículo 44. La cristología de servicio es la base para el discipulado, como en
22:27, “Yo estoy entre ustedes como uno que sirve” (ver también Marcos 10:43–45). Este
es un principio esencial para la ética del reino: cuanto más servimos, mayor somos a los ojos
de Dios. Eso no dice mucho para demasiados líderes cristianos hoy en día. Nos convertimos
tan fácilmente en dictadores y en personas que viven la buena vida cuando nos hacemos
famosos. Que cada uno de nosotros se examine muy cuidadosamente bajo esta luz.
Los discípulos y el conflicto por los exorcistas rivales (9:49–50)
Este episodio también abrevia Marcos (9:38–40) e ilustra el problema sobre la grandeza.
Tenga en cuenta que sus rivales estaban “expulsando demonios en su nombre”, algo que
los discípulos en Lucas aún no habían hecho. Estos discípulos no solo peleaban por su propia
grandeza en el grupo, sino que también creían que la grandeza era exclusiva para ellos.
Aparentemente, un exorcista anónimo estaba usando el nombre de Jesús (véase Hechos
3:16; 19:13 sobre el poder del nombre). También podemos contrastar el éxito de este
hombre con el fracaso de los discípulos en 9:40. Él dependía de Jesús; aparentemente los
discípulos se estaban centrando en sí mismos. Lucas destaca el sectarismo egocéntrico de
los discípulos. De hecho, tienen el descaro de decir: “no anda con nosotros” en lugar de
Jesús. Esto me recuerda a muchas denominaciones y movimientos cristianos de hoy. Solo
se necesita una pequeña diferencia en teología o estilo de adoración para hacer que los
grupos cristianos entren en guerra unos contra otros. Algunas veces nuestras pequeñas
doctrinas tienen prioridad sobre Dios en nuestros movimientos.
La respuesta de Jesús es crítica: “No se lo impidan … porque el que no está contra
ustedes está a favor de ustedes” (9:50). Los que no se oponen a los discípulos (y a Jesús)
están de su lado. Por supuesto, eso no incluye falsos profetas y maestros, pero Jesús no está
hablando de ellos. Jesús dice que el problema era con los discípulos, no con el hombre.
(Véase Ro. 14:1–15:13 para un pasaje más largo sobre un tema similar.) Echar fuera
demonios en el nombre de Jesús es obra de Dios, incluso si el hombre no era parte del
equipo misionero. No tenían derecho a “detener” a alguien que hiciera el trabajo de Dios.
El paralelo negativo se encuentra en 11:23, donde Jesús dice: “El que no está de mi parte,
está contra mí”, hablando de aquellos que lo conectaron con Belcebú. El mensaje es este:
aquellos que de alguna manera intentan seguir a Jesús no deben ser rechazados (véase
Filipenses 1:15–18). Los trabajadores de diferentes franjas deben apoyarse mutuamente.
La cooperación necesita reemplazar la rivalidad.
Lucas tiene un énfasis especial en el entrenamiento de los Doce para la misión en la que
Dios los envía. Hay dos misiones principales en su Evangelio, las de los Doce aquí y las
setenta y dos en 10:1–24, y ambas se preparan para la misión de toda la iglesia en el libro
de los Hechos. Aquí en los versículos 1–6 está claro que en nuestra misión nos centramos
por completo en nuestra dependencia de Dios y de las personas a quienes nos ha enviado.
No hay lugar para buscar consuelo o lujos materiales, porque somos enviados de Dios y lo
representamos. El interés y la perplejidad de Herodes nos recuerdan dos cosas: en la misión
siempre habrá oposición, y la pregunta principal siempre será, ¿quién es este Jesús?
Nuestro mensaje del evangelio es claro. Proclamamos a Jesús, Señor y Salvador de todos.
No nos proclamamos a nosotros mismos ni a nuestra propia importancia.
La alimentación de los cinco mil (vv. 10–17) es el milagro perfecto después de la misión,
ya que significa la provisión de Dios para su pueblo. Jesús tomó una comida sencilla para los
pobres y la convirtió en una suntuosa fiesta anticipando el banquete mesiánico de los
últimos días. También involucró a sus discípulos en cada paso para mostrarles cómo ellos
también podrían ser el vehículo del poder de Dios para cuidar a su pueblo.
La confesión de Pedro (vv. 18–27) es el punto culminante de esta sección y el punto de
inflexión en el ministerio de Jesús, cuando pone su rostro al cumplimiento de su
llamamiento mesiánico en Jerusalén. Los discípulos a través de Pedro finalmente lo
confiesan como el Mesías de Dios, y aclara eso al enseñarles que en realidad ha llegado a
ser el Mesías sufriente de Isaías, y a través de su sufrimiento la redención llegará a la
humanidad.
Esto lleva a una serie de instrucciones sobre el discipulado (vv. 23–26) en las que Jesús
exige que sus seguidores mueran a sí mismos y adopten una vida de sacrificio y servicio
como la de Cristo. Aquellos que rinden consuelo terrenal y se convierten en sirvientes en
esta vida encontrarán una gran recompensa en la eternidad, mientras que aquellos que
viven para las cosas de este mundo no tendrán nada en la eternidad. Lo que recibamos en
el juicio final dependerá de lo que hagamos por Cristo en esta vida.
La transfiguración (vv. 28–36) demuestra que con Cristo el reino de Dios realmente ha
entrado en este mundo. Asciende la montaña como Moisés en el Sinaí y esta vez toma su
círculo íntimo como testigos. Se muestra a sí mismo como el profeta como Moisés cuando
su gloria interior brilla y su semblante y sus vestimentas se transfiguran: su gloria
preexistente irradia a través de su estado encarnado, y los dos heraldos mesiánicos, Moisés
y Elías, lo ayudan a prepararse para su glorioso destino, su “partida” o nuevo “éxodo” en la
cruz. Los discípulos no entienden, pero se convierten en testigos de la gloria de Dios
Shekinah, la nube que los envuelve como en el Sinaí, y se les dice que Aquel a quien conocen
como Mesías es también su Hijo, el Elegido que sufrirá. Su gloria está en su sufrimiento.
Las dos últimas escenas de esta sección (el niño poseído por demonios en los vv. 37–
43a y la segunda predicción de pasión en los vv. 43b–50) se centran en dos temas
relacionados: la soberanía y autoridad absolutas de Jesús ahora centradas en la cruz, y el
fracaso del discipulado ya que sus seguidores son impotentes e incapaces de comprender
lo que viene. La triste situación del niño empeora por la incapacidad de los discípulos para
hacer algo, pero Cristo una vez más tiene el control completo sobre los poderes de las
tinieblas y libera al niño. Jesús encarna la grandeza y la misericordia de Dios en todo lo que
hace.
La segunda predicción de pasión (vv. 43b–48) demuestra hasta qué punto su grandeza
está ligada a su sufrimiento, y está acompañada por la asombrosa obsesión de los discípulos
consigo mismos. Mientras les cuenta su próxima muerte sacrificial, están peleando por cuál
de ellos es más importante para su misión y para Jesús. ¡Demasiados líderes cristianos hoy
están haciendo lo mismo! La ilustración de recibir al niño es perfecta, ya que, si bien quieren
ser los mejores, Jesús les dice que dar la bienvenida a los menores (a los niños) es en
realidad un barómetro de lo genial que eres. Este sería un gran pasaje para un sermón sobre
el ministerio de niños de la iglesia.
La historia del exorcista “rival” (vv. 49–50) es un ejemplo perfecto de las ilusiones
erróneas de grandeza que tuvieron estos discípulos. La autoridad de Jesús había sido
reemplazada virtualmente por su propia importancia, y habían perdido toda perspectiva. El
principio es esencial: cuando los grupos afirman estar siguiendo a Jesús y ministrando en su
nombre, cooperan en lugar de condenar. Esto no significa que no haya herejes o cultos que
reclamen falsamente ser reales, solo que nuestra reacción inicial debe ser aceptarlos hasta
que los conozcamos mejor. Toda verdad y autoridad no comienza y termina con nuestro
pequeño grupo.
MISIÓN Y FORMACIÓN ADICIONAL (9:51–10:42)
Este pasaje comienza una larga sección (9:51–19:27) centrada en el itinerario de viaje de
Jesús mientras se traslada a Jerusalén para cumplir su destino. A lo largo del movimiento
de la narrativa, hay marcadores frecuentes que nos dicen que “va” en su “camino a
Jerusalén” (9:51–52, 57; 10:1, 38; 11:53; 13:22; 17:11; 18:31, 35; 19:1, 28). No es una línea
recta como él es un predicador itinerante que todavía lleva el evangelio a Galilea y Judea,
pero él siempre está “en camino”. Jerusalén es la meta, y Jesús está en movimiento, pero
su enseñanza es central ya que gradualmente se revela más a fondo a sus seguidores y los
entrena para que no solo sean discípulos sino también líderes de su misión. Como resultado
de todo esto, esta sección en Lucas es mucho más grande que la misma sección en Marcos
o Mateo.
En este viaje, el objetivo principal de Jesús es entrenar a los Doce, y la mayoría del
material es material L, recogido de testigos oculares en las “fuentes especiales” de Lucas.
Jesús todavía ministra a las multitudes, pero sus seguidores son el enfoque principal. Lucas
sigue los contornos generales de Marcos y Mateo en el plan de viaje, pero las historias son
en su mayor parte exclusivamente suyas. Solo hay unos pocos milagros, y gran parte del
material consiste en parábolas (trece en total) y dichos mientras Jesús continúa preparando
a los discípulos tanto para los eventos de pasión como para su misión posterior a la
resurrección al mundo.
Jesús entrena a sus discípulos para el futuro (9:51–10:24)
Ahora todo apunta a Jerusalén. Todo su enfoque ha cambiado, y aquí vemos por qué. Lucas
nos dice que “se acercaba el momento de llevarlo al cielo”, usando el término para su
ascensión (analēmpseōs). Esto se convierte casi en un título para los próximos diez
capítulos, ya que el verbo contiene lenguaje de cumplimiento, “los días cumplidos para la
llegada de su ascensión”. En 9:31 Moisés y Elías discuten con él su “éxodo [NVI: ‘partida’],
que estaba a punto de llevar a cabo en Jerusalén”, por lo que los eventos a suceder se
consideran la culminación del plan de salvación de Dios, el evento central de las edades.
Lucas es el único evangelista que describe la ascensión, y es fundamental para su
narración, ya que concluye su Evangelio (24:50–53) y presenta el libro de Hechos (1:9–11).
El enfoque no es solo en su muerte, sino también en su reivindicación y gloria. Todo
cambiará en Jerusalén, donde Jesús morirá por los pecados de la humanidad y será exaltado
cuando asuma su majestad y señorío en el cielo. Allí los resultados de la pasión de Jesús se
realizarán a medida que comience la misión al mundo. Entonces, a partir de este momento,
él “se dirigió a Jerusalén”, literalmente, “puso su rostro”, lo que indica su único objetivo o
propósito.
Misión en Samaria (9:51–56)
Samaria se encuentra entre Galilea y Jerusalén, por lo que cuando “envió mensajeros
adelante”, naturalmente tuvieron que pasar por Samaria (9:52). Es difícil saber si esto
significa que simplemente tenían la intención de que el equipo de la misión pasara la noche
allí (probablemente estaban organizando el alojamiento) o comenzar la misión mundial en
ese punto. Hasta cierto punto, esto es correcto, ya que están siguiendo los principios de
Jesús para la misión en los siguientes versículos. Algunos vinculan a estos mensajeros con
los espías enviados a Canaán para prepararse para Moisés y el resto del pueblo judío
(Deuteronomio 1:22), pero de eso se puede leer demasiado en este versículo. Un mejor
paralelo sería Juan el Bautista preparándose para la llegada mesiánica de Jesús.
En cualquier caso, la gente del pueblo rechazó a los mensajeros de Jesús “porque se
dirigía a Jerusalén”. En realidad, muchos judíos se negaban a pasar por Samaria e iban por
el otro lado del Jordán por esta misma razón. La animosidad centenaria entre judíos y
samaritanos (desde el período postexílico cuatrocientos años antes) explica esto. Para los
samaritanos, el templo de Jerusalén representaba una religión falsa. Entonces no querían
tener nada que ver con Jesús o sus seguidores.
Santiago y Juan aún ignoran los propósitos de Jesús y se centran en él como el Mesías
conquistador que destruirá a sus enemigos. Jesús les había dicho que sacudieran el polvo
de sus pies como una advertencia a aquellos que rechazan su mensaje del evangelio (9:5;
10:11). Esto no es lo suficientemente bueno para ellos. Continúan teniendo delirios de
grandeza y quieren ser “los más grandes” (9:46), como lo muestra su sugerencia descarada.
“Señor, ¿quieres que hagamos caer fuego del cielo para que los destruya?” (9:54) Algunos
piensan que su apodo “hijos del trueno” (refiriéndose a su mal genio) proviene de este
incidente, pero eso es dudoso. Su solicitud recuerda a Elías llamando fuego desde el cielo a
dos compañías diferentes de soldados de Ocozías (2 Re. 1:9–14). Los discípulos pensaban
que ellos, como Jesús, eran Elías modernos, profetas de Dios.
No hace falta decir que Jesús simplemente “se volvió y los reprendió” (9:55). Esta
reacción se dirige al juicio final y no tiene lugar en la misión de los Doce. Advertencias de
juicio venidero, sí (9:5), pero no destrucción. Este es el momento de la misericordia, no del
juicio, de las promesas del evangelio en lugar de la destrucción. Se deben dar oportunidades
para revertir esta oposición y arrepentirse. Los discípulos aún no son parte de los ejércitos
del cielo y los agentes de retribución. Eso espera otro día cuando Jesús los tomará para
unirse a los ejércitos del cielo (Ap. 17:14; 19:14) para la batalla final.
Luego siguen el principio de Jesús en 9:5; 10:10–11 que cuando son rechazados
simplemente pasan a la siguiente aldea (9:56). Ellos como Jesús en todos sus viajes
misioneros (4:43–44) deben ir “de pueblo en pueblo, proclamando las buenas nuevas” (9:6).
El costo del discipulado (9:57–62)
Ahora, varios aspirantes a seguidores de Jesús aparecen mientras él está “en camino” (NVI:
“a lo largo del camino”) con la cara puesta en Jerusalén. Entonces, la imagen es de aquellos
dispuestos a recorrer el camino del sufrimiento (Filipenses 3:10) con él y, sin embargo,
ofrecen excusas para posponer el inicio del proceso. El énfasis no está en las excusas sino
en los principios que fluyen de las respuestas de Jesús. Entonces esto termina siendo un
manual para un programa de discipulado. Contiene un principio muy importante, ya que “el
Camino” se convertirá en el título del movimiento cristiano (9:2; 19:9, 23; 22:4; 24:14;
24:22). Entonces podemos etiquetar esto como “la manera de convertirse en discípulo”.
Aquí hay tres conjuntos de calificaciones (Mateo 8:19–22 tiene los dos primeros).
La primera oferta promete: “Te seguiré donde quiera que vayas”. Esto todavía no es una
excusa y, de hecho, conduce a los otros dos. El hombre claramente quería ser uno de los
Doce seguidores íntimos en lugar del círculo más amplio de setenta y dos en 10:1. En
general, esta es una promesa viable, pero la pregunta es cuánto comprende este hombre
lo que realmente significa seguir a Jesús hasta el final. Si está pensando en una vida cómoda
yendo de pueblo en pueblo haciendo amigos y aprendiendo Torá (el propósito normal de
un estudiante rabínico), está tristemente equivocado. El camino de Jesús es difícil y costoso,
y exige un enorme sacrificio. No es un mero rabino, distribuye sabiduría y Torá mientras sus
seguidores memorizan lo que está diciendo.
Él deja esto claro en su respuesta (9:58). El hombre debe darse cuenta de las
implicaciones de convertirse en un seguidor de Cristo, que una vida cómoda o incluso
normal no será parte de ello. Jesús como predicador itinerante no tenía hogar. Incluso los
animales salvajes tienen hogares, pero no Jesús y aquellos que se unen a su misión dada
por Dios. Pedro lo dice bien en 1 Pedro 1:1, 17; [Link] este mundo nunca puede ser nuestro
hogar, pero estamos llamados a ser “extranjeros” y “exiliados” como Cristo, extraños en un
lugar al que no pertenecemos. Como él, no tenemos hogar, porque somos ciudadanos del
cielo (Filipenses 3:20). Muchos intérpretes ven aún más significado en “los zorros tienen
guaridas”. Herodes es un zorro (13:32), por lo que esto significa que los opositores de Cristo
y la iglesia (Herodes, Roma) tienen todo el poder, y los que siguen a Cristo, el nuevo Israel,
son los marginados y los cautivos en este mundo. Nunca debemos esperar ser aceptados
por aquellos que sostienen las riendas del poder y han dado la espalda a Cristo y a sus
seguidores.
Jesús toma la iniciativa con el segundo y hace la invitación estándar (“Sígueme”)
también dada a Leví (5:28). Sin embargo, el hombre hace una calificación: “Señor, primero
déjame ir y enterrar a mi padre” (9:59). Esta es ciertamente una solicitud razonable, porque
enterrar a los padres era un deber sagrado que tenía prioridad, sobre todo, incluso el
estudio de la Torá (Génesis 46:4; 50:5; Job 4:3; Tobit 4:3–4). El incumplimiento de este
deber fue una desgracia máxima. Sin embargo, el sumo sacerdote y el nazareo fueron
llamados para evitar el cadáver incluso de un padre (Lv. 21:11; Nm. 6:6–8).
Jesús deliberadamente expresa su respuesta en un lenguaje impactante para hacer un
punto muy importante (9:60). “Que los muertos entierren a sus propios muertos” suena
increíblemente duro e indiferente: que los muertos (físicamente) sean enterrados por los
muertos (espiritualmente), es decir, los no creyentes. Algunos suavizan esto un poco al decir
que la solicitud era en realidad permitir que el hijo posponga seguir a Jesús mientras los
padres todavía están vivos, pero eso es poco probable. Su punto es que seguirlo tiene
prioridad, sobre todo, incluso los padres. Seguir a Jesús es un llamado alto y santo, una
posición sagrada muy parecida a la de un nazareo, ya que sus seguidores obedecen una ley
superior, con prioridad sobre otros deberes. La suya es la obligación religiosa más solemne
Sin embargo, Jesús no está diciendo que sus seguidores deben deshacerse de todas las
obligaciones con los padres o la familia a favor de él. Más bien, deben hacer de él su máxima
prioridad. Hay una hipérbole calculada en la cruda declaración, como lo demuestra la
preocupación de Pedro por su suegra (y la sanación de parte de Jesús) en 4:38–39. Los
deberes del discipulado tienen prioridad sobre todas las obligaciones terrenales.
El tercer discípulo potencial sigue el ejemplo de Eliseo en 1 Reyes 19:19–21, quien
prometió aceptar el manto de Elías, pero después de despedirse de su familia. Elías le
permitió hacerlo, pero Jesús no. Cuando él pide “decir adiós a su familia”, Jesús responde
nuevamente con una advertencia severa: “Nadie que mire atrás después de poner la mano
en el arado es apto para el reino de Dios” (9:62). Es fácil perderse el contexto de esto en
una sociedad cuando el compromiso es a menudo tan superficial. Seguir a Jesús es de por
vida y lo consume todo, no es una unión casual de un movimiento por un tiempo.
La metáfora se extrae de la historia de Eliseo, porque estaba arando un campo cuando
Elías se acercó. Este es un arado de hierro pesado atraído por un buey y se desplaza
fácilmente fuera de la línea en un campo. Una mano está en el arado, la otra guía al buey.
Para un agricultor “mirar hacia atrás” es garantizar que el arado se desviará de su surco
recto. Para un discípulo, significa mantener la atención firmemente enfocada en Jesús y
negarse a “mirar hacia atrás” a la vieja forma de vida. La devoción decidida a Cristo y su
enseñanza es obligatoria. El mundo y sus formas deben dejarse atrás. Cristo exige nuestro
todo.
La misión de los setenta y dos (10:1–24)
De las excusas para evitar el discipulado, Lucas ahora recurre al discipulado exitoso con una
vista previa de la misión universal en Hechos. Esta es la segunda misión exitosa y expande
la primera (9:1–6). Ambos se preparan para la misión mundial en Hechos. Ahora Jesús
involucra a todos los seguidores en lo que hasta ahora se centraba en los Doce. Tenga en
cuenta la progresión, desde los doce hasta los setenta y dos a toda la iglesia. Esta es una
sección muy positiva, que culmina la preparación de los discípulos hasta el momento. Jesús
hace posible la salvación, pero los discípulos tienen el privilegio de proclamar esta salvación
y la llegada del reino de Dios a un mundo que necesita desesperadamente todo lo que
tienen que decir.
Instrucciones para la misión (10:1–12)
Jesús es el Señor de la cosecha, y su señorío es una característica de este Evangelio (5:8;
7:6, 13, 19; 9:54, 59, 61; 10:39, 41) para enfatizar la autoridad con que él lleva a cabo su
obra dada por Dios. Como soberano, “nombra setenta y dos”. Es difícil saber qué tan
reconocidos en la iglesia son estos como grupo, ya que nunca más se mencionan. Es casi
seguro que no son como “los Doce” en su estado reconocido. Más bien, se unen a los
discípulos como enviados oficiales o “enviados” (arameo: shaluachim) a medida que van de
pueblo en pueblo en su nombre. En 6:13 Jesús escogió a los Doce de un grupo más grande
de seguidores; ahora puede haber organizado el grupo más grande. Se envían en parejas
como testigos de Deuteronomio (Dt 17:6; 19:15), y esto se convirtió en la práctica en Hechos
(13:2; 15:27; 17:14). El número corresponde a la lista de naciones en Génesis 10:2–31, y el
simbolismo significa que Cristo ha provisto para su misión universal a todas las naciones.
La gran necesidad en cualquier misión es la oración, como lo demuestra Jesús mismo en
todo momento (véase en 3:21). No podemos cumplir una obligación tan importante sin
bañarla y a nosotros mismos en oración a Dios. En la literatura judía, la idea de la cosecha
final se centró en el juicio divino que involucra a los cosechadores angelicales (como en
Mateo 13:30, 39), pero aquí, como en 5:10 y Mateo 9:37–38, es positiva, basándose en la
alegría de la cosecha de trigo. Sin embargo, la necesidad es grande y “la cosecha es
abundante”, tan abundante que no hay suficientes cosechadores para la tarea. Además, los
cosechadores no pueden ser elegidos simplemente extendiendo la palabra, ya que solo “el
Señor de la cosecha” puede encontrar a los trabajadores correctos. Nadie está preparado
para la tarea, como lo ha demostrado toda la capacitación de los discípulos hasta ahora.
“Los trabajadores son pocos” por dos razones: pocos son capaces de hacerlo y pocos están
dispuestos a trabajar en las difíciles condiciones de la cosecha. Entonces se necesita una
oración profunda. La tarea necesita intervención divina.
Las palabras de Jesús se convierten en una advertencia. En esta misión no están siendo
enviados a un ambiente cómodo y seguro. Como “corderos entre lobos” (10:3)
experimentarán un gran peligro por parte de aquellos que se oponen a todo lo que creen.
Esta era una imagen frecuente de Israel entre las naciones (Ezequiel 22:27; 34:25–28) y del
peligro de enemigos hostiles y falsos maestros (Mateo 7:15; 10:16; Juan 10:12; Hechos
20:29). Esta es una razón importante por la que deben depender completamente del Señor,
el tema principal de esta sección. Son totalmente vulnerables y el riesgo es grande.
A la luz de este peligro y para cumplir su misión, se les dan instrucciones bastante
similares a las de 9:3. Los artículos aquí, sin monedero, bolso o sandalias (ver 9:3; 22:35),
son bastante extremos y los convertirían en mendigos empobrecidos, virtuales,
completamente indefensos desde una perspectiva terrenal y dependientes del cuidado de
Dios. Estos mandatos son probablemente hiperbólicos, destinados a hacer que los
discípulos se centren en su dependencia de Dios. Lo mismo es cierto con el mandato, “No
salude a nadie en el camino”. Esto fue exigido a los viajeros y considerado cortesía común.
Como los saludos a menudo eran bastante largos, el mensaje se centra en la urgencia de la
tarea. No pueden permitirse el lujo de distraerse, porque la situación de la nación sin Dios
es crítica, y se necesita desesperadamente el mensaje de arrepentimiento.
Los versículos 5–7 son paralelos a Mateo 10:12–13 y les dicen cómo comportarse
mientras ministran en un pueblo tras otro. Comienzan con el saludo judío. Si bien esto acaba
de estar prohibido en el camino (v. 4b), aquí es parte de la proclamación del evangelio,
porque en una visita profética o apostólica el saludo imparte una “bendición” sacramental
de Dios. La oferta, “Paz a esta casa”, se basa en el saludo hebreo shalom, o “paz”, y es
mesiánica, refiriéndose al reino “paz” prometido en el Antiguo Testamento (Isaías 54:7–10;
Ezequiel 34:25; 37:26). El saludo pide a la gente que responda a la oferta de paz. Como en
Hechos 10:36, su tarea es “anunciar las buenas nuevas de paz por medio de Jesucristo,
quien es el Señor de todos”.
Entre los que responden habrá unos pocos que promueven la paz (10:6), literalmente
aquí “un hijo de paz”, lo que significa que se caracterizan por la paz e inmediatamente
responden a la promesa de paz en la presentación del evangelio. La oferta escatológica de
la paz de Dios “descansará sobre ellos”, lo que significa que la conversión con la paz de Dios
tendrá su residencia en ellos. Jesús dice que el mensaje del evangelio es una oferta de la
paz de Dios enviada literalmente a través del saludo del misionero. Se convierte en una
realidad escatológica tangible y puede “descansar” en una familia o “regresar” al discípulo.
De hecho, Cristo está otorgando su autoridad a sus seguidores cuando llevan su mensaje a
su misión en la nación y luego en el mundo. La idea de que la paz de Dios salga de una casa
y regrese a la lista de evangelios es una advertencia muy seria.
Aparentemente, el hogar que acepta la oferta de paz del versículo 6 también se
convierte en el anfitrión de los evangelistas mientras ministran en la ciudad. La regla aquí
es permanecer en ese hogar durante todo el tiempo y no “moverse de casa en casa”
(probablemente buscando mejores alojamientos). No deben preocuparse por la calidad del
alojamiento o el mantenimiento que se les ofrece. Deben estar satisfechos con “lo que sea
que ellos tengan”. El evangelio debe protegerse contra los predicadores móviles que pasan
su tiempo comiendo y durmiendo en el lujo. El propósito de comer con sus anfitriones es el
compañerismo de mesa, no las comidas de primera clase. Los “trabajadores” de Dios nunca
deberían exigir más de lo que se les da y deben estar satisfechos con cualquier atención de
calidad que sus anfitriones puedan brindarles. Este principio es tan desesperadamente
necesario, pero tan descuidado en nuestro tiempo.
La razón por la que se quedan en el hogar que los acoge es “el trabajador tiene derecho
a su sueldo”, un principio frecuente (Mateo 10:10; 1 Co. 9:14; 1 Tim. 5:18), lo que significa
que, como todos los trabajadores, los embajadores deben ganar lo que reciben y estar
satisfechos con ello. Aquí los salarios son la habitación y la comida que les ofrecen aquellos
a quienes ministran, y no deben permitirse buscar más. Dios los hará responsables si son
codiciosos. No puedo evitar aplicar esto a los líderes cristianos de hoy, especialmente a
aquellos que continúan mudándose a iglesias o ministerios más grandes y mejores donde
se les pagará más. Demasiados de nosotros en el ministerio experimentaremos la
advertencia de 2 Timoteo 2:15 y estaremos ante Dios en nuestra contabilidad final en
vergüenza debido a nuestro estilo de vida. He oído hablar de conocidos músicos y oradores
cristianos que tienen las mismas exigencias que las divas en el mundo secular; ¡eso es una
desgracia!
Los versículos 8–12 amplían los últimos dos versículos y describen qué hacer cuando
eres bienvenido (vv. 8–9) y cuando no lo eres (vv. 10–12). El versículo 8 prácticamente repite
el versículo 7: “come lo que se te ofrece”. El misionero, una vez más, no es mundano, y el
objetivo siempre es tener una comunión de mesa con la gente en lugar de banquetes
lujosos. Dios está guiando a sus anfitriones, por lo que rechazar lo que ofrecen equivale a
rechazar a Dios. Esto puede incluir la libertad de comer alimentos inmundos (en áreas
gentiles), pero si bien eso está claramente establecido en Hechos 10:9–16; 1 Co. 10:27, no
se indica aquí, probablemente porque esta misión se lleva a cabo en un contexto judío.
Su ministerio consistirá tanto en palabras como en hechos poderosos, sanará a los
enfermos y proclamará la entrada del reino de Dios en este mundo (10:9). A los discípulos
se les ha dado autoridad para sanar y poder sobre los poderes cósmicos (9:1), y ejercerán
eso en esta misión. Veremos en 10:17 que “incluso los demonios se someten a nosotros en
su nombre”. Las curaciones son signos del reino de la ruptura, y como en Hechos, el mensaje
sigue e interpreta el significado de las curaciones. La cercanía (ēngiken) del reino (4:43;
Marcos 1:15) es difícil de interpretar. Está cerca y al mismo tiempo ha llegado (11:20). Es
inminente y aún presente, ya está aquí y aún no está finalizado. Esto significa que el reino
como el reino de Dios ha llegado a este mundo con Jesús y está siendo proclamado en la
proclamación del evangelio, pero también está en proceso de venida y culminará en la
segunda venida y la llegada del Reino final.
Los últimos tres versículos (10–12) se centran en lo que los creyentes en la misión deben
hacer cuando no son “bienvenidos” o aceptados por las personas a las que van. Esto
desarrolla 9:5, donde debían “sacudir el polvo de sus pies como testimonio contra ellos”.
Aquí convierten esto en una condena pública de la ciudad: “Aun el polvo de este pueblo,
que se nos ha pegado a los pies, nos lo sacudimos en protesta contra ustedes”. Todo en su
pueblo ha sido rechazado por Dios como inmundo, incluso la suciedad de sus calles. La
promesa de paz se retira y se reemplaza con juicio. Cuando Jesús predicó Isaías 61:1–2 en
4:18–19 omitió la frase, “y el día de venganza de nuestro Dios”. El sentido de lo que se
omitió allí (venganza y juicio divinos) ahora está presente aquí para aquellos que rechazan
la oferta del evangelio de Dios. Muchos intérpretes piensan que esto fue intencional por
parte de Lucas (y de Jesús).
Aun así, también se les debe decir: “El reino de Dios se ha acercado a ustedes”. En el
versículo 9 fue una promesa positiva que el reinado de Dios había comenzado, y aquellos
que habían recibido la paz de su evangelio eran parte de ello. Aquí esta es una proclamación
negativa, que dice que para aquellos que rechazaron su oferta, el reino vendría en juicio.
“Sin embargo, asegúrese de esto” es literalmente, “Sin embargo, sepa esto” y convierte el
inminente dicho del reino en un dicho fatal. El reinado de Dios exaltará a los que se vuelven
hacia él, y destruirá a los que se vuelven contra él.
El versículo 12 en realidad contrasta su juicio con el de la ciudad más notoria del Antiguo
Testamento, Sodoma, reducida en cenizas por Dios (Génesis 19:24–29). La ciudad se
convirtió en un símbolo constante de juicio por el pecado (Mateo 10:15; 11:24; Ro. 9:29; 2
Pedro 2:6; Judas 7). Su juicio es más severo porque se les ha dado más que Sodoma, a saber,
las verdades del reino del evangelio.
Ay de aquellos que rechazan (10:13–15)
Estos versículos son paralelos a los males del Sermón de la Llanura en 6:20–26 y, al igual
que ellos, no solo significan “te compadezco”, sino más bien “el juicio de Dios ha venido
sobre ti”. El primer ay cae en dos ciudades vecinas cercanas a Capernaúm: Corazín (a dos
millas de distancia) y Betsaida. Este último probablemente no sea el hogar de Simón y
Andrés en el lado noroeste del lago (Juan 1:44; 12:21) sino una ciudad diferente, Betsaida
Julia, que estaba más cerca de Corazín. Están peor que las ciudades paganas de Tiro y Sidón
en Siria, dos ciudades fenicias condenadas a la profecía (Is. 23; Ezequiel 26–28) y conocidas
por su rebelión contra Dios. Fueron destruidos cuando Alejandro Magno construyó una
calzada a la fortaleza de la isla de Tiro y la arrasó en el año 332 a.C. El punto de Lucas es que
se habrían arrepentido “de cilicio [paño grueso de pelo de cabra usado en tiempo de pena]
y cenizas [puesto en la cabeza para significar luto]” si los milagros de Jesús se hubieran
hecho entre ellos. Estos pueblos se negaron a hacerlo, y por eso se sienten más culpables
ante Dios.
Será “más soportable para Tiro y Sidón [y para Sodoma] en el juicio que para ustedes”.
El punto de Jesús es que estas ciudades galileanas son más culpables, nuevamente porque
han rechazado mucho más. Por lo tanto, tendrán más vergüenza en el juicio final. Galilea,
debido a que Jesús y su equipo apostólico han estado ministrando allí y trajeron el reino
mesiánico con ellos, se les ha dado una gran oportunidad, pero la han desperdiciado.
Capernaúm (10:15) era la sede de Jesús en Galilea y, por lo tanto, había visto más que
cualquier otra ciudad. La gente de allí había recibido más y, por lo tanto, era responsable
de más. Si las otras dos ciudades son culpables, Capernaúm lo es más. Su gente también se
ha negado a arrepentirse. La pregunta espera una respuesta negativa: “¿Serás elevado a los
cielos?” Deberían haber sido exaltados y orgullosos de sus logros, pero lo rechazaron todo
y como resultado “irán al Hades”, donde tendrán “tormento” (16:23)
Autoridad en tres etapas del misionero (10:16)
Aquellos que participan en la misión no necesitan preocuparse por el nivel de su autoridad,
ya que son la tercera etapa de un poder de tres niveles de Dios a Jesús para ellos. Somos los
enviados o enviados de Jesús, quien es el enviado de Dios. Así, toda la Deidad está detrás
de nosotros donde quiera que vayamos. Entonces, aquellos que están dispuestos a escuchar
y responder, así como aquellos que se niegan a hacerlo, en realidad están respondiendo a
Jesús y al que lo envió cuando nos respondieron. Es por eso que no debemos preocuparnos
sobre cuán dotados somos o cuánto carisma exudamos cuando hablamos o dirigimos un
grupo. La Deidad está detrás de nosotros.
El regreso de los setenta y dos (10:17–24)
No se nos dijo si la misión de los Doce en 9:1–6 fue exitosa, pero esa fue la implicación. Esta
misión, sin embargo, termina bastante bien, ya que “los setenta y dos regresaron con
alegría”, no solo la alegría personal de un resultado exitoso sino también la alegría
escatológica del reino mesiánico, debido a la victoria en la guerra espiritual contra los
poderes de oscuridad. Jesús les había transmitido su autoridad sobre el reino demoníaco
(9:1), y lo han ejercido para exorcizar espíritus inmundos.
Además, finalmente lo han hecho bien, dependiendo completamente de él sin intentar
hacerlo con sus propias fuerzas. Dos cosas muestran esto: Primero, lo reconocen como
“Señor” y se entregan totalmente a su poder en el trabajo en ellos y a través de ellos.
Segundo, los demonios se someten “en su nombre”, y es el poder de su nombre la clave,
como ya vimos (9:49) y lo veremos aún más en Hechos (3:16; 4:10; 16:18). El nombre de
Jesús mismo contiene el poder para lograr cosas maravillosas. También en nuestro tiempo
el mundo oscuro no tiene poder sobre nosotros. La oscuridad solo puede vencernos
engañándonos, no dominándonos. Aun así, la batalla es real, y nuestra gente necesita
desesperadamente ser más conscientes de estas realidades.
La respuesta de Jesús resume la doctrina de la guerra espiritual, definiendo la caída de
Satanás (v. 18) y sus implicaciones para el pueblo de Dios (v. 19), y luego poniendo el asunto
en perspectiva (v. 20). Cuando dice “Vi a Satanás caer como un rayo desde el cielo”, esto no
es solo una metáfora que simboliza su derrota. Estuvo presente en la rebelión original en el
cielo cuando el gran dragón Satanás “barrió un tercio de las estrellas del cielo y las arrojó a
la tierra” (Apocalipsis 12:4), lo que llevó a la gran rebelión y sedujo a un tercio de los ángeles
para volverse contra Dios. Luego fue arrojado del cielo y “arrojado a la tierra y sus ángeles
con él” por Miguel y los ángeles que permanecieron fieles a Dios (Apocalipsis 12:7–9).
Entonces, Jesús vio literalmente a Satanás caer del cielo a la tierra, que ahora es la
prisión para estos espíritus malignos (2 Pedro 2:4; Judas 6). El lenguaje recuerda a Isaías
14:12, que describe la caída de Babilonia como una nación satánica: “Cómo caíste del
cielo…arrojado a la tierra”. Su punto es que Satanás es un ser caído, y que lo sigue siendo
hasta el día de hoy. Al expulsar demonios, los discípulos continúan la realidad de la caída de
Satanás. Sus secuaces siguen siendo “ángeles caídos”, y cuando son expulsados, su
verdadera realidad como seres caídos queda expuesta. Además, todo esto es un presagio
de la caída final de los espíritus malignos cuando Cristo regrese. Entonces, los exorcismos
actuales representaban la derrota pasada de Satanás y al mismo tiempo esperaban la caída
futura y final. La guerra final había comenzado, y en nuestros días continuamos participando
en ella.
Jesús ya les había dado autoridad sobre el reino demoníaco en la primera misión (9:1),
y lo repite nuevamente y amplía lo que significa (10:19). Satanás era la serpiente en el jardín
en Génesis 3, por lo que la imagen es bastante adecuada (ver 2 Co. 11:1). Al hacer estas
“serpientes y escorpiones” está enfatizando la naturaleza venenosa de los espíritus
malignos; existen para golpear y dañar a todos los que están hechos a imagen de Dios. En
Hechos 28:3–6, Pablo sobrevive al ataque de una víbora, y el punto aquí es que con Cristo
también estaremos a salvo de tales ataques demoníacos. La idea de “pisotear” a estos
reptiles nos recuerda a Romanos 16:20 (véase también Génesis 3:15), “El Dios de la paz
pronto aplastará a Satanás bajo tus pies”. Es una imagen que se encuentra a menudo en el
Antiguo Testamento (Dt. 8:15; Sal. 91:13; Is. 11:8; T. Lv. 18:12) y fue tomada literalmente
en la adición del siglo II a Marcos (Marcos 16:18) El mensaje es que los poderes del mal no
podrán dañarnos, y tendremos poder sobre ellos en Cristo.
Cristo lo pone todo en perspectiva en el versículo 20, donde les recuerda que el poder
sobre el reino satánico es un privilegio adicional pero no el punto principal. Los exorcismos
son prueba de la atadura de Satanás y de la llegada del reino de Dios. Sin embargo, la verdad
y la razón verdaderamente importantes para regocijarse es “que sus nombres están escritos
en el cielo”. El poder temporal sobre Satanás es secundario al hecho de la vida eterna. El
éxito en la guerra contra Satanás retrocede a un segundo plano en la alegría de la victoria
final. Es lo que tenemos en Dios y en Cristo, la realidad celestial, lo que realmente cuenta.
La salvación del alma es mucho más importante que los actos de poder.
Cristo se refiere a los nombres escritos en el libro de la vida. Este libro aparece por
primera vez en Éxodo 32:32–33, donde es el registro de los ciudadanos de Israel (Salmo 9:5;
87:6) y se convirtió en el libro celestial que contiene los nombres de los justos (Salmo 69:28;
Da. 12:1). El mundo helenístico contenía ideas similares. En el Nuevo Testamento, el libro
garantiza la seguridad del creyente como ciudadano del cielo (Filipenses 4:3; Hebreos
12:23), y aparece en Apocalipsis, “el libro de la vida del Cordero” (21:27), conectado con
predestinación (13:8; 17:8), el registro de los actos de uno (20:12), y la recompensa o castigo
eterno (20:15). Cristo quiere que sus seguidores se den cuenta de las realidades eternas
detrás de su lealtad a él. Lo que importa en última instancia no es la autoridad que tenemos
aquí en la tierra, sino la vida alegre que disfrutaremos en el cielo.
Hay dos secciones en los versículos 21–24: alabanza a Dios por su revelación a Jesús y
sus seguidores (vv. 21–22), y bendición a los discípulos por todo lo que han visto (vv. 23–
24). Lucas describe a Jesús como “lleno de gozo por medio del Espíritu Santo”,
proporcionando la conclusión perfecta de la misión con el énfasis en los discípulos en su
derrota de Satanás y la experiencia de la victoria por el bien del reino. Cristo está
profundamente agradecido a su Padre por la sabiduría de la combinación apocalíptica de
ocultamiento y revelación. Los “sabios y estudiosos” son los líderes judíos, particularmente
los expertos legales, los escribas y fariseos. El significado y la importancia del ministerio de
Cristo, su misión, y especialmente su destino mesiánico se les ha “ocultado”. Han rechazado
el plan de Dios, por lo que él les ha ocultado su significado.
Luego, con el lenguaje apocalíptico de la inversión, Jesús dice que Dios ha “revelado”
estas verdades ocultas “a los niños pequeños”, es decir, los discípulos y seguidores de Jesús.
Su inocente confianza infantil en Dios los hace abiertos a la revelación divina, por lo que son
los prisioneros liberados y los oprimidos liberados de 4:18. El énfasis aquí está en la
soberanía divina más que en la receptividad humana. Dios ha elegido a estos marginados
para ser los recipientes de la revelación divina. “Agradable a tu vista” (NVI: “complacido de
hacer”) es un idioma rabínico para la voluntad divina. Los discípulos son el foco elegido de
las verdades de Cristo.
La razón por la cual estas verdades han sido reveladas a estos “niños pequeños” es
porque pertenecen a su Hijo, y el Padre ha entregado todas las cosas a su Hijo (10:22). Esta
es una declaración asombrosa, ya que convierte este versículo en una proclamación de la
deidad de Jesús. “Todas las cosas” es comprensivo y se parece mucho al Evangelio de Juan
(véase 1:1, 14, 18; 3:35; 10:15; 17:2), donde Jesús es el revelador vivo del Padre y uno con
el Padre. (Juan 10:30) Aquí es la revelación del conocimiento divino que se transmite
especialmente al Hijo junto con la transferencia de poder y autoridad para ejercer ese
conocimiento.
Todo esto está anclado en el conocimiento mutuo tanto del Padre como del Hijo: “nadie
sabe quién es el Hijo, excepto el Padre, y nadie sabe quién es el Padre, excepto el Hijo”.
Aquí hay un quiasmo: Hijo-Padre: Padre-Hijo. El camino a uno es a través del otro. Los
discípulos realmente entienden al Padre porque Jesús les ha revelado al Padre en toda su
gloria. El suyo es el mayor privilegio que este mundo conoce, porque son los “elegidos”, y
el Hijo ha elegido “revelarles” al Padre. El Hijo es soberano supremo, y los seguidores de
Cristo ahora son parte de la cadena de revelación de Padre a Hijo para ellos.
Sobre esa base, Jesús derrama su bendición divina (10:23–24) sobre ellos en otra
bienaventuranza (véase 1:45; 6:20–23; 7:23; 11:28). Con 10:13–15, estos versículos replican
las bendiciones y los males de 6:20–26 pero invierten el orden. Los males recaen sobre
aquellos que han rechazado la oferta de salvación de Cristo; Las bendiciones recaen sobre
aquellos que no solo aceptan la oferta, sino que también se convierten en seguidores
comprometidos. Son aquellos que tienen ojos para ver y, por lo tanto, “ven lo que ven”,
especialmente Jesús y las verdades que les ha revelado sobre el Padre en el versículo 22. Al
rendirse a Jesús, no solo ven sus actos poderosos, sino también los comprenden y
obedecen.
Su bendición se aclara en el versículo 24. Muchos de los “profetas y reyes” del Antiguo
Testamento, los héroes del pasado habrían dado cualquier cosa para que Dios permitiera
“ver” y “escuchar” lo que tienen. se les permitió experimentar, pero solo a los discípulos se
les concedió ese privilegio. Como dice 1 Pedro 1:10–12, los profetas “buscaron atentamente
y con el mayor cuidado” para “averiguar el tiempo y las circunstancias a las que el Espíritu
de Cristo en ellos estaba señalando” con respecto a los “sufrimientos del Mesías y las glorias
que seguirían”. Los discípulos están viviendo en el tiempo y el cumplimiento y pueden
experimentar la culminación del plan de Dios. Lo que los profetas anhelaban ver ha sido
revelado como un regalo de Dios para ellos.
Jesus cuenta la parábola del buen samaritano (10:25–37)
Esta parábola continúa el entrenamiento de los Doce y contiene dos lecciones,
enseñándoles sobre el verdadero amor al prójimo (Lv. 19:18) y al mismo tiempo una lección
sobre los estereotipos raciales. El verdadero vecino puede ser miembro de un grupo racial
o étnico que desprecia. Esta parábola ha sido objeto de innumerables sermones mal
concebidos, incluso por luminarias como Crisóstomo o Lutero. Ellos y otros participan en
alegorías superficiales, como cuando ven esta parábola como Adán (el hombre) en su
camino al Paraíso (Jericó) abordado por la tentación (los bandidos) y llevado al pecado (las
heridas) pero rescatado por Cristo (el samaritano), quien lo cura (el aceite = compasión, el
vino = la sangre de la Eucaristía) y lo conduce a la iglesia (la posada). Es crítico que al tratar
con parábolas nos negamos a leer en ellas cualquier alegoría espiritual que podamos idear,
pero siempre preguntamos qué quiso decir Jesús mismo cuando las habló.
Pregunta sobre la vida eterna (10:25–28)
El “abogado” es un experto legal en Torá, probablemente un escriba o fariseo. Los
rabinos/maestros siempre se sentaban, y los estudiantes se paraban para hacer preguntas,
pero este no es un estudiante rabínico, y él quiere “evaluar” a Jesús. Hasta ahora, tales
pruebas han sido negativas, intentos de mostrar la ignorancia de Jesús y demostrar que es
culpable de violar la Torá. En este caso, su interlocutor no parece tan hostil, pero, sin
embargo, apenas busca seguir a Jesús. Esta pregunta será hecha nuevamente por el joven
gobernante rico en 18:18, donde es más una búsqueda honesta de la vida eterna.
El “qué tengo que hacer” supone la capacidad humana de alcanzar la vida eterna y
falsifica la pregunta. Es una cuestión de Torá, como se muestra en la respuesta del abogado
de Deuteronomio 6:5 y Levítico 19:18 en el versículo 27. Dirigirse a Jesús como “maestro”
implica que él es un rabino que aborda un tema legal de la Torá. La “vida eterna” refleja
Daniel 12:2 y se refiere en este contexto judío a la vida del reino, asumida por la mayoría
de los judíos como una realidad terrenal ligada a la herencia de la tierra y además a guardar
la Torá.
La respuesta de Jesús (10:26) sobre “lo que está en la Ley” lo devuelve al abogado y su
perspectiva legal. Jesús habla como rabino y espera exactamente la respuesta que obtendrá
en el próximo verso, una recitación de la Ley. Entonces el abogado cita lo que se llama en
Mateo 22:36 “el mandamiento más importante”. Allí es Jesús quien responde con estos dos
pasajes. La combinación de amar a Dios y amar al prójimo tiene mucho sentido, porque uno
no puede relacionarse con Dios sin relacionarse con su creación. El género humano
redimido es parte de la familia de Dios, y uno no puede conocerlo sin relacionarse con su
pueblo. Sin embargo, Jesús va más allá de eso, porque el “vecino” incluye a aquellos que no
son seguidores de Dios. La perspectiva judía se amplía enormemente, al igual que nuestra
responsabilidad.
Hay tanto un aspecto vertical como horizontal en esa responsabilidad. La vertical, de
Deuteronomio 6:5, es “Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón … alma … fuerza y …
mente”. La “mente” se agrega al texto aquí para una mayor amplitud, refiriéndose a la
persona total. Las cuatro categorías no están destinadas a tener un énfasis separado, como
si amar a Dios demandara primero las emociones internas, segundo los recursos
espirituales, tercera acción física y cuarto lado intelectual. Más bien, todo nuestro ser debe
enfocarse en nuestro disfrute de Dios.
El aspecto horizontal proviene de Levítico 19:18, que se refiere tanto a los judíos como
a los extranjeros que residen en la tierra. El abogado se refería a estos grupos, pero Jesús
se refería a todas las personas. “Como a ti mismo” significa “de la misma manera que te
amas a ti mismo”, mostrando así a los demás el mismo cuidado y consideración que tú
mismo haces. El amor a Dios y al prójimo son interdependientes e inseparables. No puedes
hacer lo uno sin hacer lo otro.
Jesús autentica su respuesta en el versículo 28, y agrega: “Haz eso y vivirás”. Si
realmente sigue este credo, vivirá la vida de Dios y se dirigirá a la “vida eterna”. Para la
asunción del abogado de la vida con Dios, Jesús ahora está haciendo evidente el aspecto
“eterno”.
El verdadero vecino: el buen samaritano (10:29–37)
La mayoría de los judíos entendieron que el término “vecino” se aplicaba solo a sus
compañeros judíos, por lo que la pregunta del abogado es “¿Y quién es mi vecino? Es
bastante válido. Lucas nos dice que “quería justificarse a sí mismo” al continuar con su
comprensión minimalista de la obediencia y así recuperar la iniciativa. Esperaba una
respuesta judía, y luego podría verse bien a los ojos de todos los presentes al afirmar el
cumplimiento completo de sus obligaciones. Jesús exige que este mandamiento abrace a
todas las personas, pero no solo quiere eso. De hecho, él ha subido las apuestas al vincularlo
con amar a Dios. Restringir la intención de Dios de que el amor sea universal, no amar tanto
al gentil como al judío, es volverse contra Dios y negarse a amarlo también.
En lugar de responder al hombre directamente, Jesús cuenta otra parábola que aborda
la pregunta del prójimo con un mensaje poderoso. El escenario de la historia es el camino
de Jericó, un tramo agotador de siete millas que sube treinta y seiscientos pies de Jericó a
Jerusalén y es parte de la ruta principal que los judíos tomarían al viajar de Galilea a Judea
(Jesús caminará esa ruta muy pronto en su camino a su pasión, 18:35; 19:1). El camino era
conocido por los grupos de ladrones y, por lo tanto, bastante peligroso. Este hombre
desafortunado es asaltado por ladrones que “Le quitaron la ropa, lo golpearon y se fueron,
dejándolo medio muerto”, algo que no es raro. Si no recibe ayuda pronto, morirá.
El problema es, ¿quién es el verdadero vecino que le dará a este hombre gravemente
herido la ayuda que necesita tan desesperadamente? Tres personas lo pasan por el camino.
Primero, llega un sacerdote (10:31), probablemente destinado a ser un “sacerdote
principal” de la corteza superior que viaja en un carruaje o carro. Jericó albergó a una gran
cantidad de sacerdotes, por lo que estaría “bajando” de su negocio en Jerusalén a su hogar
allí. Como un siervo de Dios cuya vida entera fue vivida por la gente de la tierra,
seguramente cuidaría al pobre hombre. Sin embargo, lejos de detenerse para ayudar,
deliberadamente “pasó por el otro lado”, manteniéndose lo más lejos posible en su camino.
Varios han tratado de dar excusas para tal comportamiento, como evitar contaminarse al
tocar un cadáver o un gentil (el sacerdote no puede decirlo). Tal estado impuro duraría siete
días (Lev 21:1–3). También podría haber temido que los ladrones regresaran, pero Lucas no
da excusas. Claramente, en esta historia al hombre no le importa lo suficiente como para
ayudar.
La segunda persona que viene en el camino es un levita (10:32), un funcionario menor
que ayudó al sacerdote en sus deberes realizó la liturgia del templo (especialmente la
música) y vigiló el templo. Al igual que el sacerdote, echó un vistazo al hombre herido y
también “pasó por el otro lado”. Ninguno de los funcionarios judíos estaba dispuesto a
tomarse el tiempo para hacer lo que la Torá requería para ayudar a los caídos. Ni siquiera
había un mínimo de compasión o misericordia en ninguno de los dos.
El tercer hombre que viene (10:33) es el que ningún oyente pensaría que podría ayudar
al hombre. Este fue un samaritano despreciado, durante siglos enemigos de los judíos (ver
com. 9:52). En la mayoría de las historias habrían sido los ladrones que golpearon al hombre
(que a menudo ocurría cuando los judíos pasaban por Samaria). Unos años antes, un grupo
había ofendido aún más a los judíos al profanar el templo de Jerusalén al esparcir huesos
humanos en el patio (Josefo, Antigüedades 18.30). Por lo tanto, es una inversión completa
de la expectativa que el samaritano sea el que muestre compasión. Él también se arriesgaba
a contaminarse y vencía prejuicios profundamente arraigados, porque ciertamente habría
asumido que el otro hombre era judío.
El alcance de su piedad y misericordia se ve en las acciones que toma (10:34). Bien
puede estar implícito que él habría usado tiras de su propia ropa, un verdadero sacrificio a
la luz de la ausencia de amplios armarios en ese entonces. En realidad, primero habría
derramado vino sobre las heridas para limpiarlas, usando su propio suministro (el vino era
un desinfectante antiguo), luego usó el aceite de oliva (un medicamento) para curar.
Después de vendar las heridas, el samaritano colocó al hombre en su burro y lo llevó a una
posada (10:35), indudablemente lo acompañó hasta allí. Luego le pagó al mesonero dos
denarios, el equivalente a dos días de salario y suficiente para dos o tres semanas, para
“cuidarlo”. Finalmente, prometió regresar y “reembolsarle [a él] cualquier gasto adicional”,
garantizando que el pobre hombre recibiría una buena atención mientras se recuperaba. La
amabilidad de este buen samaritano es ilimitada.
Como se mencionó en la introducción de este pasaje, la parábola del buen samaritano
no debe ser alegorizada para hablar de crecimiento espiritual o de la Eucaristía, etc. Está
claro que Jesús pretende que sea una historia sobre un verdadero prójimo, como se ve en
la conclusión (10:36–37), cuando pregunta: “¿Cuál de estos tres piensas que demostró ser
el prójimo del que cayó en manos de los ladrones? El abogado solo pudo responder: “El que
tuvo misericordia de él”. Hay cuatro aspectos en su mensaje: (1) No hay lugar para el
prejuicio racial de ningún tipo entre el pueblo de Dios; (2) Dios usa a todos los que están
abiertos a él, incluidas las minorías despreciadas en nuestro mundo; (3) debemos usar todo
lo que tenemos, incluso nuestras preciadas posesiones, para servir a Dios y a los demás; (4)
es la misericordia y la compasión lo que hace al prójimo, no el estatus en la sociedad o la
iglesia.
Jesús pasa tiempo con María y Marta (10:38–42)
María y Marta son hermanas de Lázaro que residen en Betania, un suburbio de Jerusalén
(Juan 11). Eran amigos cercanos y seguidores, y Jesús probablemente se quedó en su casa
cuando fue allí. Es difícil saber si Jesús ya está allí pronto en su viaje a Jerusalén, o si tienen
un segundo hogar (o si este se encuentra aquí por razones temáticas). La mayoría toma esta
última en base a la improbabilidad de que Jesús venga tan temprano y luego regrese a
Galilea. Lucas llama a Betania una “cierta aldea [omitida por NVI]” para evitar este
problema.
Marta era probablemente la hermana mayor y sirvió como anfitriona en su casa. Todas
las leyes de la hospitalidad estaban en juego cuando ella “le abrió su hogar”. Obviamente
estaba muy ocupada mientras se aseguraba de que todo estuviera en su lugar. Una vez más
se está celebrando la comunión en la mesa, y ella y su hermana María están divididas en los
dos aspectos, con Marta centrada en las responsabilidades de la mesa y María disfrutando
de los aspectos de la comunión, sentada “a los pies del Señor escuchando lo que dijo”. Es
interesante que Marta hable por completo en esta sección, y María nunca dice una palabra,
solo se centra en Jesús y sus enseñanzas. Esto es muy inusual, ya que hubo un debate en
los círculos rabínicos sobre si a las mujeres se les debería permitir aprender la Torá (la
mayoría sintió que podían), y María tiene la postura de un discípulo. Marta es la mujer
adecuada, María es una especie de aberración. Jesús está redefiniendo el lugar de la mujer.
La queja de Marta (10:40) se ajusta a las circunstancias y se consideraría completamente
válida. Ella está haciendo lo que se supone que deben hacer las mujeres, trabajando
arduamente para preparar la comida y hacer que todos se sientan cómodos. María está
haciendo lo que se supone que solo los discípulos varones deben hacer. Ella “se fue [de
Marta] para hacer el trabajo” sola, y quiere que Jesús “le diga que me ayude”. Para ella (y
para la mayoría de los judíos), el verdadero lugar de María es junto a Marta en la cocina, no
a los pies de Jesús. Lucas, sin embargo, muestra que es consciente de un deber superior,
llamando a Marta “distraída” por las tareas de su hogar y sin darse cuenta de los deberes
más importantes de escuchar al Señor. Entonces, una vez más, Jesús ha roto las
convenciones sociales, esta vez al permitir que María actúe como discípula en lugar de como
sirvienta. El problema de Marta es que quiere que Jesús acepte su agenda y no está
dispuesta a considerar la suya. Él corregirá eso en los próximos dos versículos.
La respuesta de Jesús (10:41–42) habría sido impactante. El doble uso de su nombre
(“Marta, Marta”) no es una reprimenda sino afecto mientras la corrige. En lugar de
reprender y hacer que María vuelva a su papel de cocina, Jesús habla por completo con
Marta. Ella era la anfitriona perfecta, pero permitió que sus deberes se impusieran y perdió
su sentido de privilegio como seguidora de Jesús. El resultado es que se “preocupó y
molestó” por las “muchas cosas” que necesitaba hacer. Lo que era bueno en sí mismo, servir
a Jesús, se convirtió en una distracción cuando se convirtió en un fin en sí mismo. Las cosas
de menor importancia se hicieron cargo, y ella olvidó la comunión con Jesús.
Jesús no niega la validez de las preocupaciones de Marta, pero quiere ubicarlas en la
perspectiva adecuada. Aun así, usa términos fuertes para “inquieta” y “preocupada”
(“afligido”), que connota una actitud mundana. Ella está colocando la cosa equivocada en
primer lugar; sus prioridades están mezcladas. Cuidar de los demás no está mal; Después
de todo, la hospitalidad es un don espiritual. Pero esto debe ser sometido al discipulado y
a las verdades de Dios.
Las palabras iniciales del versículo 42 son un problema importante de texto crítico, con
la lectura más antigua (“una cosa es esencial”) respaldada por los manuscritos 𝔓45, 𝔓75,
Codex Ephraemi, bizantino y muchos otros, mientras que la NVI actual (“Pero se necesitan
pocas cosas, o de hecho solo una”) está respaldado por los manuscritos 𝔓3, Sinaiticus,
Vaticanus y varios otros. Son casi igualmente compatibles, y es una decisión difícil, pero con
cautela opto por la lectura NVI. Aquí Jesús reconoce que varias cosas (como la comida) son
válidas, mientras que una, a saber, el tiempo que pasa con él, es la principal prioridad y no
se debe descuidar. Marta ha elegido a los “pocos” de menor importancia, mientras que
María ha elegido “lo que es mejor, y no se lo quitarán”. Sentarse a los pies de Jesús es el
bien superior, y tiene consecuencias eternas. El mensaje es la importancia de la disciplina,
de las prioridades vivas. Las preocupaciones terrenales como la hospitalidad no deben ser
ignoradas, pero conocer las realidades divinas siempre debe ser la principal preocupación.
Heredar la vida eterna comienza con embeber verdades eternas.
Con esta sección, todo cambia, ya que Jesús ha terminado su misión con el pueblo judío
y ahora pone su rostro en Jerusalén para completar su destino y llevar la salvación de Dios
a la humanidad pecadora. Durante los próximos diez o más capítulos completará su trabajo
terrenal y preparará a sus discípulos para llevarlo a cabo a través de la misión universal. Esto
comienza con un viaje a través de Samaria (9:51–56), el primer paso para llevar su mensaje
del evangelio a las naciones. Estas personas marcan la pauta para esta misión al rechazar
sus buenas noticias, que les enseñan a los discípulos que las miradas de Jesús están más allá
del pueblo judío para el mundo.
El costo del discipulado que Jesús describe en los versículos 57–62 establece lo que
implica convertirse en un seguidor de Cristo. En esta lista radical, Cristo se convierte en el
propósito que todo lo abarca de nuestra existencia. La vida sin hogar de Cristo es una
metáfora en lugar de una demanda (Pedro era dueño de su casa), pero el principio sigue
siendo que somos ciudadanos del cielo en lugar de la tierra y entregamos todo por él.
Segundo, Cristo tiene prioridad sobre todos los lazos terrenales, incluso nuestros padres.
Somos los primeros miembros de la familia de Dios y solo entonces somos parte de una
familia terrenal. Este tema continúa en el tercer principio. El discipulado exige que nuestro
interés consumidor sea Cristo en lugar de los lazos terrenales o las experiencias pasadas.
Nos centramos solo en él y nos negamos a mirar hacia atrás.
La misión de los setenta y dos (10:1–7) se basa en 9:1–6 con el mismo mensaje:
depender de Dios y estar dispuesto a aceptar cualquier alojamiento y cuidado que la gente
ofrezca en lugar de centrarse en las comodidades y lujos terrenales. Nuestra tarea es
acercar el mundo a Dios y permitirles encontrar la salvación, no enriquecerse a través de
nuestro ministerio. Tal meta mundana nos etiquetará como falsos profetas y maestros. Para
aquellos que rechazan este mensaje del evangelio, se convierte en un dicho fatal (vv. 8–12),
y se les debe decir que ahora son un pueblo inmundo a la vista de Dios. Serán el Sodoma de
su tiempo. Las ciudades que fueron receptoras del ministerio de Jesús en Galilea (vv. 13–
15) fueron más responsables y, por lo tanto, más culpables que Tiro y Sidón, porque
rechazaron las verdades del reino de Jesús.
Los setenta y dos regresan de su misión regocijándose en su autoridad sobre Satanás y
sus muchas ataduras exitosas de las fuerzas demoníacas. Han experimentado el poder de
Dios a través de ellos de una manera nueva y han visto a muchos liberados del cautiverio y
viniendo a Cristo (vv. 17–20). Los resultados de la misión se encuentran aquí: alegría, acción
de gracias y bendición divina (vv. 21–24). A los discípulos se les ha dado el mayor regalo
imaginable: la revelación de las verdades ocultas de Dios. Este sería un gran tema para un
estudio bíblico: “la alegría del descubrimiento”. Dios nos ha dado estas verdades increíbles.
Es nuestro privilegio estudiarlos y descubrir los tesoros que nos esperan en su palabra.
La conocida parábola del buen samaritano (vv. 29–37) tiene la intención de definir un
verdadero vecino y romper el prejuicio racial que tanto dominó tanto en aquél entonces
como en nuestros días. Lo que Dios quiere de nosotros es la voluntad de salir de nuestro
camino para ayudar a los demás, incluso si no se ajustan a nuestros estereotipos preferidos.
Dios exige que aceptemos la realidad de que cada raza es creada a imagen de Dios e
igualmente amada por él. Si es así, debemos acoger a todo tipo de personas y amarlas en el
Señor. Debemos usar nuestros recursos materiales para ayudarlos cuando están luchando
y hacer todo lo posible para aliviar su sufrimiento. La iglesia debería convertirse en una
mezcla heterogénea de grupos de personas que viven juntas, se aman y comparten todo.
El incidente de María y Marta (vv. 38–42) se basa en el significado del verdadero vecino
con un episodio relacionado con las leyes de la hospitalidad. Este es un pasaje importante
que nos enseña las prioridades en la vida cristiana. Marta representa un punto de vista
tradicional en el que servir a los demás es el mayor bien, y quiere que Jesús reprenda a su
hermana por no ayudarla a servir. Sin embargo, reconociendo el lugar de la hospitalidad y
sirviendo a los demás, Jesús dice que el mayor bien es sentarse a sus pies aprendiendo
verdades eternas. Lo celestial tiene prioridad sobre lo terrenal. Esta es una corrección para
las iglesias que cada vez dan menos prioridad a la enseñanza de la palabra. La capacitación
del pueblo de Dios siempre debe ocupar el primer lugar en cualquier lista de deberes de la
iglesia.
ORACIÓN Y CONFLICTO (11:1–54)
No hay una sola referencia geográfica en este capítulo, pero claramente la mirada de Jesús
está en su destino mesiánico. Uno podría titular este capítulo “El poder de la oración a la
luz del conflicto y la oposición”. Los discípulos, a medida que aprenden a colocar las
realidades eternas primero en sus vidas (10:38–42), deben comenzar con su relación con
Dios, y la oración es una conversación bidireccional con el Padre. La primera sección
principal fue sobre el discipulado (9:51–10:42), y lo que proporciona fortaleza y
conocimiento para todos los seguidores de Cristo es su vida de oración. Esto es
especialmente cierto a la luz de la oposición que enfrentarán de los poderes de las tinieblas
(10:14–36) y de los malvados líderes judíos (11:37–54).
Jesús enseña en la oración (11:1–13)
Esta es una sección trinitaria, porque la oración involucra a los tres miembros de la Trinidad.
Jesús proporciona el modelo para la oración, el Padre es el receptor de nuestras oraciones,
y el Espíritu es un regalo del Padre para mejorar nuestra vida de oración. En mi opinión,
este es el pasaje más profundo sobre la oración en todo el Nuevo Testamento. Contiene no
solo el modelo de oración (vv. 2–4) sino también una parábola sobre la oración (vv. 5–8) y
la enseñanza sobre los increíbles resultados de la oración (vv. 9–13). Siempre ha sido uno
de mis pasajes favoritos para predicar.
El escenario (11:1)
Como en todo Lucas (véase en. 3:21), en un momento clave en su viaje hacia su destino en
Jerusalén, Jesús está pasando tiempo de oración con su Padre. Él no solo está
proporcionando la oración modelo; Él es la oración modelo para sus seguidores. Estoy
seguro de que, durante el resto de sus vidas, todos los días, mientras oraban, tenían una
imagen en su mente de Jesús parado, inclinándose o postrado mientras hablaba con su
Padre.
Cuando Jesús terminó su tiempo de oración y levantó la vista, vio a uno de sus discípulos
de pie junto a él, diciendo: “Señor, enséñanos a orar, tal como Juan enseñó a sus discípulos”.
Esta no es una solicitud de lecciones sobre cómo orar. Los grupos rabínicos y otros tenían
oraciones litúrgicas sobre temas específicos (como las Dieciocho Bendiciones), pero
también oraciones formales particulares que los grupos pronunciaban juntos.
Aparentemente, Juan el Bautista había enseñado a sus seguidores uno de esos, y a los
discípulos les gustaría uno para su banda apostólica. Tal oración les permitiría sentir un
grupo distintivo y mejorar su comunión.
La oración del Señor (11:2–4)
Esta oración no se corresponde exactamente con la oración en Mateo 6:9–13. Como
maestro itinerante, Jesús habría usado el mismo material o similar en diferentes ocasiones.
La forma de Mateo enfatiza más la escatología, y la de Lucas enfatiza la vida diaria. Jesús
está usando esto para proporcionar un patrón para la oración verdadera, y muchos dicen
que las cláusulas de esto también forman un resumen virtual de la enseñanza de Jesús. Esta
oración no es solo un modelo para emular, sino también una obra maestra teológica por
derecho propio. Hay dos secciones en él: “tus peticiones” en el versículo 2 y “nuestras
peticiones” en los versículos 3–4.
Hay tres partes en “tus peticiones” (a diferencia de las cuatro en Mateo). Hay una
teología inmensa detrás de esto, ya que Jesús creó una forma distintiva usando el Abba
arameo, que se encuentra a veces (pero rara vez) en las oraciones judías. Las oraciones
judías fueron más formales, mientras que la contribución de Jesús a la teología de la oración
judía lo hizo más íntimo, con Dios como un “Padre” que amaba a su pueblo y lo sostenía en
sus brazos, por así decirlo. Abba con imma fueron las primeras palabras que habló un bebé
y refleja la seguridad que los niños sintieron con sus padres amorosos, enfatizando la
centralidad de la relación entre Dios y sus hijos. Las oraciones paganas pasaron una cantidad
excesiva de tiempo tratando de calmar a los dioses volubles que a menudo hacían más daño
que bien, mientras que Jesús presenta a un Dios que se preocupa profundamente y puede
ser abordado directamente.
“Santificado sea tu nombre” exige que lo sagrado del nombre de Dios se magnifique en
cada área de la vida. Su “nombre” era tan santo que los judíos nunca lo pronunciarían; los
Targums insertarían “Señor” por “Yahveh”. En el Antiguo Testamento, Dios santificará su
propio gran nombre (Ezequiel 36:22–23), y debe ser “reconocido” como tal por su pueblo
(Lv. 22:32) y “santificado” (Is. 29:23). Entonces, hay dos esferas en las que esto debe tener
lugar. Jesús le pide a su Padre que cree un mundo en el que su nombre sea universalmente
glorificado. Entonces, esta petición está vinculada a la siguiente como una oración por el
reino final que vendrá cuando la santidad de su nombre se confesará en todas partes. Al
mismo tiempo, sus seguidores deben confesarlo manteniendo la santidad en cada área de
la vida. Debemos honrar su nombre en todo lo que hacemos y proclamar su nombre donde
quiera que vayamos.
“Venga tu reino” está relacionado con la petición anterior en la oración judía Qaddish
(sagrada) que cerró el servicio de la sinagoga. Los rabinos dijeron que cualquier oración que
no menciona el reino de Dios no es una oración verdadera. Todas las miles de peticiones se
inauguran por impulso. Se dirigen al camino espiritual actual del creyente y, sin embargo,
no se realizarán plenamente hasta que Cristo regrese y comience el reino del reino eterno.
Es solo entonces que su verdadera gloria será plenamente conocida entre las naciones
(Salmo 110:1). Esta solicitud le pide directamente a Dios que actúe para lograr su reinado
final. La primera oración cristiana registrada es Maranatta en 1 Corintios 16:22, “¡Ven,
Señor!” Esta oración pide que el reino actual de Dios se manifieste de maneras siempre
nuevas, pero especialmente que Dios pondrá fin a este orden mundial actual y traerá su
reino en su plenitud.
El orden, en el cual “nuestras peticiones” siguen a “tus peticiones”, es un punto
espiritual importante. Nuestras oraciones deben reflejar las preocupaciones de Dios
primero, y nuestras propias preocupaciones deben fluir de ellas. Demasiadas de nuestras
oraciones son completamente egocéntricas, con las cosas de Dios descuidadas a favor de
una lista de compras de las cosas que queremos que haga por nosotros. Entre las primeras
palabras que aprende un bebé no están solo “Da-da” y “Ma-ma” sino “yo” y “mío”. Y eso
nunca nos deja. Esto se refleja en la primera petición: “Danos hoy nuestro pan de cada día”.
“Pan” representa no solo la comida sino también todas nuestras necesidades materiales.
Muchos intérpretes han entendido esto espiritualmente como la Eucaristía o el pan
escatológico del banquete mesiánico, pero eso es bastante improbable. Es una metáfora de
nuestras necesidades diarias.
Existe un amplio debate sobre si el significado de “diario” (epiousion) se refiere a las
necesidades de hoy o de mañana o del día venidero, el reino final en el cielo. Ya he
determinado que la lectura escatológica es poco probable. La mejor solución es combinar
los dos primeros. “Diario” significa “hoy” en la oración de la mañana del servicio del templo
y “mañana” en la oración de la tarde del templo. Así que esto se traduce mejor: “Danos
nuestro pan para hoy y para mañana”; en otras palabras, “Señor, suple nuestras
necesidades ahora y en el futuro”.
Es una oración que refleja una dependencia total de Dios. Demasiados de nosotros
leemos esto y comenzamos a orar: “Señor, dame esto, dame eso”. ¡Dame, dame, dame! Lo
que realmente significa es: “Señor, confío en ti para mis necesidades”. Esto se ajusta a la
definición de fe en Hebreos [Link] “Ahora bien, la fe es la garantía de lo que se espera, la
certeza de lo que no se ve”. Dios debe estar a cargo, y se ocupa de cada día mientras
confiamos en él. Lucas 12:29, 31 resume el tema: “sí que no se afanen por lo que han de
comer o beber… busquen el reino de Dios, y estas cosas les serán añadidas”.
“Perdónanos nuestros pecados, porque también perdonamos a todos los que nos
ofenden” pasa de las necesidades físicas a las espirituales y muestra que, si bien el lado
terrenal es importante, el lado espiritual es lo mismo. Ambos aspectos son críticos: Dios nos
perdona y nosotros perdonamos a los demás. De hecho, Mateo 6:14–15 enfatiza que hasta
que estemos dispuestos a perdonar a otros, no podemos esperar que Dios nos perdone.
Esto está implícito aquí pero aún está implícito. Los dos son interdependientes. Si estamos
amargados hacia los demás, nuestra propia comunión con Dios se rompe (Mateo 5:23–24).
Esta es una necesidad crítica hoy en día, ya que muchas personas simplemente no pueden
perdonar y reconciliarse con quienes las han lastimado. Al mismo tiempo, experimentar el
perdón de Dios nos da la fuerza (y el modelo) para perdonar a los demás. Esto se enfatiza
nuevamente en la parábola del siervo implacable en Mateo 18:21–35. Cuando todos
nuestros pecados han sido perdonados por Dios y Cristo, eso debería permitirnos perdonar
pecados individuales de otros.
Es crucial notar que Lucas cambia las metáforas sobre el tema del pecado, usando la
hamartia normal en la primera cláusula y cambiando a “deudas” (opheilonti) en la segunda
cláusula. La deuda con Dios y con quienes nos equivocamos era una imagen bien conocida
del pecado en el primer siglo. Cuando decimos: “Me debes”, eso debería recordarnos todo
lo que le debemos a Dios.
Finalmente, “no nos metas caer en tentación” podría parafrasearse mejor, “no nos dejes
ceder a la tentación”. El término peirasmos significa “examen/prueba” o una tentación, y
probablemente ambos aspectos están destinados aquí. Al igual que con Jesús en 4:1–13,
cuando Dios usó la tentación de Jesús sobre Satanás para probar a su Hijo, entonces
nosotros también somos probados al ser tentados a pecar. Santiago pasa de la prueba (1:2–
5) a la tentación (1:13–15). Así que esto no es una petición para que Dios no nos tiente,
porque Santiago 1:13 dice: “Dios no puede ser tentado por el mal, ni tampoco tienta a
nadie”. Si bien Dios no tienta, sí prueba a todos los creyentes, como lo hizo con su Hijo en
4:1–13. Entonces esto no es pedir que no pasemos por la prueba o la tentación. Más bien,
es una oración por fortaleza y protección cuando somos probados o tentados.
La parábola del amigo a medianoche (11:5–8)
A la luz de lo que la Oración del Señor se deleita sobre el tipo de Dios a quien acudimos en
oración, Jesús cuenta una parábola destinada a enfatizar cuán abierto es Dios a nuestras
oraciones y la tenacidad con la que podemos orar. El entorno se basa en las leyes orientales
de la hospitalidad. Un amigo llega inesperadamente a la medianoche. Debido a que los días
son tan calurosos, tuvieron que viajar después del anochecer y llegaron muy tarde. Fue un
viaje de emergencia, por lo que no pudieron decirnos que iban a venir. Además, no pudieron
comer una cena, y por lo tanto estamos atrapados necesitando alimentarlos, pero no
tenemos suficiente comida. Los problemas siguen acumulándose.
Hay una enorme cantidad de presión sobre un anfitrión para proveer a sus invitados, y
no poder hacerlo es vergonzoso e incluso deshonroso. De hecho, todo el pueblo está
involucrado en la necesidad de hospitalidad, por lo que todos se ven afectados. Si el
anfitrión no tiene suficiente comida, los vecinos son responsables de proveerla. Además, es
medianoche, por lo que no hay tiendas abiertas. El pan se hornea a diario, pero eso tampoco
ayuda. Entonces, ¿qué podemos hacer? Solo hay una solución posible, y es ir a la puerta de
al lado y decir: “Amigo, préstame tres hogazas de pan; un amigo mío en un viaje vino a mí
y no tengo comida que ofrecerle” (11:6). Estos son probablemente tres panes pequeños,
suficientes para una persona. No quisiéramos despertar a toda una familia solo para pedir
prestado pan para un hombre a menos que fuera una emergencia; despertar a una persona
a esa hora es una gran molestia, sin importar la situación. Pero las leyes de hospitalidad
exigen que lo hagamos, y todos en el pueblo lo saben.
En esta parábola, el “amigo” probablemente vive en el hogar promedio de una
habitación con los niños en la cama con los padres o justo al lado, por lo que responder a la
puerta y cumplir con la solicitud molestaría a toda la familia. Su falta de voluntad inicial es
completamente comprensible, y él responde: “No me molesten. La puerta ya está cerrada
y mis hijos y yo estamos en la cama. No puedo levantarme y darte nada “(11:7). Si bien toda
la aldea está involucrada en la responsabilidad, el amigo siente que no vale la pena
despertar a los niños. Esta es una situación de no ganar.
La parábola concluye con un dicho muy difícil (11:8), ya que hay dos posibles
traducciones opuestas, cada una dependiendo de la traducción de una palabra, anaideia.
De hecho, esto determina el significado de toda esta parábola. La NVI lo traduce como “su
descarada audacia”, interpretando la parábola como alentadora y audaz persistencia en la
oración (el entendimiento tradicional). Sin embargo, el término en sí tiene que ver con
“vergüenza”, por lo que una segunda comprensión no lo toma de “su” audacia sino del
“deseo de su amigo de evitar la vergüenza”.
El griego actual es “por su desvergüenza”; “Su” podría ser usted el anfitrión o el amigo
con sus hijos en la cama. El enfoque NVI lo ve como la audacia del anfitrión al pedirle a su
amigo que le proporcione el pan. Sin embargo, estoy de acuerdo con aquellos que dicen
que “audacia” es un significado inusual para el término, y la comprensión más regular sería
“evitar la vergüenza” y referirse al amigo en la casa. Entonces, la mejor traducción del
versículo 8 es: “Te digo, aunque él no se levantará y te diera el pan por amistad, pero debido
a su deseo de evitar la vergüenza, seguramente se levantará y te dará tanto como
necesites”. El vecino abrirá la puerta y obtendrá el pan porque se le requiere tanto como al
anfitrión para cuidar al huésped. Si se niega, su nombre será avergonzado en todo el pueblo.
¿Cuál es el significado de la parábola y cómo se aplica a la oración a Dios? La
comprensión de la NVI conducirá a lo que sigue (vv. 9–13) sobre la tenacidad en la oración
y desafiará al lector a una vida de oración audaz. El segundo entendimiento (el que prefiero)
se remonta a la Oración del Señor y dice que el mismo honor del sagrado nombre de Dios
está en juego en la oración de respuesta de Dios. Podemos orar con absoluta seguridad de
que Dios está escuchando y responderá.
Promesas con respecto a la oración (11:9–13)
Persistimos en la oración porque Dios ha prometido responder. Ese es el mensaje aquí. El
peligro se expresa en Santiago [Link] “No tienen, porque no piden”. Entonces Jesús mismo
alienta la oración continua.
Esto comienza con un triple desafío a la oración tenaz en los versículos 9–10, que trata
del cómo de la oración. Estos son mandamientos en tiempo presente que nos dicen que en
todo momento debemos pedir, buscar y llamar. Esta persistencia continua en la oración se
desarrolla en intensidad al llevar nuestras peticiones a Dios para buscar la respuesta de Dios
en la fe y llamar a la admisión en la presencia de Dios. La motivación para esta acción de
oración enérgica proviene de las tres promesas adjuntas, todas las cuales definen la certeza
de su respuesta. Esto se conoce comúnmente como “la sabiduría del mendigo”, el
conocimiento de que obtendrá resultados. Tenemos la seguridad de un Dios amoroso cuyo
nombre está en juego al responder nuestras oraciones.
Sus promesas son tremendamente alentadoras. Cuando nos acercamos a él en oración
perseverante, Dios “nos dará” concederá nuestras peticiones, “encontraremos” las
respuestas y “se abrirá la puerta” a la realización de sus promesas. Nuestras necesidades
serán satisfechas. Sin embargo, esto no es una teología de la prosperidad, la promesa de
que Dios quiere darnos todo lo que queremos, mantenernos sanos y ricos, si tan solo lo
pedimos y dejamos que lo haga. Esa es una falsa enseñanza. Hay tres posibles respuestas a
la oración, y Dios decide cuál es la mejor en todas y cada una de las situaciones: sí (dar lo
que pedimos), no (negarse a darlo porque sabe que no es lo mejor) y esperar (dando la
respuesta, pero en su tiempo, no en el nuestro). Dios es soberano, no nosotros, pero en
todo podemos estar seguros de que “en todas las cosas Dios trabaja para el bien” (Ro. 8:28)
y responde con amor y compasión a nuestras oraciones.
Dios, en su dádiva compasiva, es contrastado en los versículos 11–13 con un padre
terrible que juega una broma cruel y mortal a su hijo. La clave es que en ambos casos lo que
da se parece a lo que está pidiendo el niño. El niño entra a almorzar y pide un poco de
pescado y un huevo. En lugar del pez, el padre le da una serpiente (obviamente venenosa)
que se parece un poco a un pez, y en lugar de un huevo, le da un escorpión que puede
enrollarse en una bola para atraer a su presa. Ningún padre verdadero haría algo tan cruel,
pero ese es el punto.
El contraste se explica en el versículo 13. Si las personas “malvadas” (pecaminosas)
“saben dar buenos dones” que ayudarán en lugar de perjudicar a los demás, cuánto más es
el caso de su Padre celestial. De lo único de lo que podemos estar seguros es de que Dios
es un Padre amoroso que nos cuida y solo quiere lo mejor. Esto se prueba en su mayor don,
el Espíritu Santo. Cristo predice la venida del Espíritu Santo como el próximo gran don de la
nueva era de la historia de la salvación (Lucas 24:49; Juan 14:15–17; Hechos 1:4–5), que se
cumplirá en Pentecostés (Hechos 2:2–4).
Los oponentes de Jesús atribuyen su poder a Belcebú (11:14–28)
Este incidente ocurre en diferentes entornos en los tres Evangelios sinópticos: en el
ministerio de apertura de Jesús en Marcos 3:22–27; en el segundo ciclo del ministerio de
Jesús en Mateo 12:22–30; y aquí en una sección sobre oposición en Lucas 11:14–28. En
todos ellos, sin embargo, el mensaje es el mismo: Jesús tiene la máxima autoridad sobre los
poderes malvados y los intentos de sus oponentes humanos de lanzar aspersiones sobre su
nombre. Los académicos están de acuerdo en que todos regresan a un evento original, con
Mateo probablemente como escenario original.
El escenario: conflicto sobre el exorcismo (11:14–16)
El milagro mismo se cuenta simple y rápidamente para prepararse para la controversia que
presenta. Esta vez, el demonio le ha robado al hombre su habilidad para hablar. La atención
se centra en el asombro que se produce, el resultado común de los milagros (4:36; 5:26;
7:16; 8:25, 56; 9:43). Sin embargo, la maravilla de muchos en la multitud produjo la reacción
opuesta en otros. Al igual que los escribas y fariseos ya habían rechazado a Jesús como un
falso profeta, por lo que tuvieron que encontrar una razón racional para que un blasfemo
fuera capaz de expulsar demonios.
La única otra fuente de tal poder era Satanás mismo, y eso encajaba con sus
presunciones, por lo que difundieron el rumor de que “Este expulsa a los demonios por
medio de Belcebú, príncipe de los demonios” (11:15). Existe un acuerdo general de que esto
se deriva del nombre de la deidad primaria cananea, Baal, y podría significar “Señor del
estiércol”, pero más probablemente “Señor de las alturas”, el dios pagano que era un
importante oponente de los israelitas (1 Reyes 18:16–40). Este se convirtió en otro nombre
para Satanás, el “príncipe” o “gobernante” del reino demoníaco. En Apocalipsis 12:4, 7–9,
es Satanás quien ha seducido a un tercio de los ejércitos del cielo y los ha llevado a la
rebelión contra Dios, y él está a la cabeza de los poderes de las tinieblas. Por su lógica, Jesús
no pudo haber recibido su poder de Dios, y no pueden negar su capacidad de expulsar
demonios, por lo que Satanás mismo como origen se convirtió en su mejor alternativa.
Aquellos que eran más positivos acerca de Jesús (11:16) aún querían más evidencia de
que Dios estaba detrás de esto, por lo que piden “una señal del cielo”. El término “signo”
(sēmeion) se convierte en la palabra para milagros en el Evangelio de Juan y se refiere al
significado espiritual que se significa en el evento real. Entonces están deseando un
portento celestial que autentique la afirmación de Jesús de que Dios está detrás de sus
milagros. Querían pruebas apocalípticas como el sol parado en Josué 10 o la sombra del sol
cambiando en 2 Reyes 20:8–11.
Los contraargumentos de Jesús (11:17–28)
Jesús responde en dos etapas: a la acusación de Belcebú en 11:17–28 y a la demanda de
una señal en 11:29–32. Él muestra la naturaleza ridícula de su cargo en el versículo 17. Si
realmente está expulsando demonios a través de Satanás, el “reino” de los poderes
cósmicos está sufriendo una guerra civil y está en grave peligro de ser “arruinado”, en
realidad “devastado” o “desolado”, del griego erēmoutai, literalmente “hecho un desierto”.
Los reinos divididos no pueden sostenerse y deben terminar en ruinas. Agrega la imagen de
una “casa dividida contra sí misma” para enfatizar. Un triste ejemplo de esto sería la historia
de Absalón, el hijo de David que asesinó a su hermano Amnón (2 Sa. 13) y formó una
conspiración para quitarle el reino a su padre (2 Sa. 15), muriendo por sus esfuerzos (2 Sa.
17–18). David estaba desconsolado.
La conclusión de Jesús es completamente lógica (11:18). Si el rumor es cierto, el reino
de Satanás está irremediablemente dividido y no puede perdurar. Está expulsando a los
mismos soldados que usa en la guerra contra Dios y su pueblo, y la discordia interna
destruirá todo lo que ha construido. Ningún reino puede sobrevivir a las luchas internas.
Por lo tanto, el rumor ridículo de que el poder de Jesús vino a él de Belcebú es totalmente
ilógico y falso.
Si Jesús es culpable, ¿qué pasa con sus “seguidores” (v. 19; “hijos” griegos, refiriéndose
a los “hijos” de Israel)? Jesús probablemente tiene en mente a otros exorcistas judíos de
ese día (como en 11:24), o tal vez a los exorcistas judíos en 9:49–50. Algunos piensan que
se está refiriendo a sus propios discípulos, pero eso no iría muy lejos con estas personas
que se oponen no solo a Jesús sino también a sus seguidores. El punto es que no pueden
acusar a Jesús de nada sin acusar a sus propios exorcistas. Las palabras de Jesús “serán tus
jueces” son difíciles de interpretar. “Serán” ¿señala el juicio final? Si es así, se referirá a los
seguidores de Jesús que se unirán a los ángeles cuando “juzguen el mundo” (1 Co. 6:2). Pero
es probable que haya un impulso realizado aquí, lo que significa que su propia gente los
juzgará por su falso rumor. Tengo entendido que sus propios exorcistas judíos se unirán a
Cristo y a sus discípulos para condenar esta mentira. La fuente de este poder es Dios, no
Satanás.
El versículo 20 comienza con una condición de hecho asumiendo la verdad de la
declaración: “Pero si [como es verdad] expulso a los demonios con el poder de Dios …” La
“mano de Dios” alude a Éxodo 8:19, donde los magos egipcios admiten que los milagros de
Moisés tuvieron lugar por “la mano de Dios”; y también a Éxodo 31:18, donde las dos tablas
de piedra con los Diez Mandamientos fueron escritas por “el dedo mismo de Dios”. Este
versículo es la declaración más clara en los Evangelios de que el reino de Dios no solo es
inminente en el ministerio de Jesús, sino que “ha llegado a ustedes”.
Esto equivale a decir que la era mesiánica, el tiempo de salvación, está aquí. El poder
salvador de Dios ha llegado y puede ser captado (“sobre ti”). El reino y el gobierno de Dios
del tiempo del fin no es solo una realidad futura, sino que se ha inaugurado en la venida de
Jesús. En el paralelo Mateo 12:28 esto tiene lugar “por el Espíritu de Dios”, lo que significa
que el Espíritu es uno de los principales signos del nuevo reino de Dios. Hay un aspecto ya
/ aún no del reino de Dios. Ya ha llegado, pero todavía está en proceso y aún no está
finalizado. Esa finalización tendrá lugar en la segunda venida de Cristo. La derrota de los
poderes cósmicos es una prueba positiva de que el reino de Dios ha comenzado en este
mundo.
El saqueo de la casa del hombre fuerte en los versículos 21–22 se refiere a un fenómeno
común en el mundo antiguo en el que un hombre rico con todos sus sirvientes convierte su
hogar en una fortaleza y sus sirvientes en un ejército privado, al igual que Abraham con sus
318 siervos/soldados en Génesis 14:13–16. Jesús usa esto para representar la guerra
espiritual contra Satanás y sus ángeles caídos. Este pasaje es más detallado que su paralelo
en Marcos 3:27 y representa a Jesús como un invasor más fuerte que primero derrota y
luego saquea el reino de Satanás, una imagen increíble para la batalla contra los poderes
del mal. Los cuatro verbos son progresivos, ya que Jesús (por sí mismo, no necesita ejército)
primero “ataca” y luego “lo vence”, imaginando los exorcismos como actos de fuerza
abrumadora que Satanás y su ejército son incapaces de detener. Después de derrotar por
completo a los poderes cósmicos, Jesús “quita las armas”, una imagen de quitar todas sus
armas, como en Colosenses 2:15, cuando en su ascensión Jesús “desarmó los poderes y las
autoridades”, haciendo “un espectáculo público de ellos, triunfando sobre ellos por la cruz”.
Finalmente, Jesús “reparte el botín”, un concepto difícil de interpretar. La imagen es
fácil de entender, ya que el “botín” es todo lo que el malvado general le ha quitado a la
gente que ha conquistado. Pero ¿cuál es el “saqueo” que Satanás ha robado a la fuerza del
género humano? Jesús está claramente representado aquí como capaz de entrar a la casa
cósmica de Satanás a voluntad, atar a Satanás y tomar sus posesiones echando demonios y
devolviendo al pueblo de Dios todo lo que ha robado. La mayoría reconoce que el “saqueo”
se refiere a la liberación de cautivos (ver 4:18–19) y al retorno de las bendiciones de
salvación (perdón, redención, vida eterna) que los poderes del mal han tratado de quitarle
al pueblo de Dios.
Jesús da dos advertencias en los versículos 23–26. Su dicho en el versículo 23 es lo
opuesto en 9:50, donde dijo: “El que no está contra de ustedes, es por ustedes”. Aquí se
dirige a la guerra espiritual, por lo que dice: “Quien no está de mi parte está contra mí”. El
mensaje es que en la guerra cósmica nadie puede ser neutral: no hay punto medio. Eres
seguidor de Jesús o de Satanás. Es un desafío comprometerse con Jesús, ya que hay
consecuencias eternas en juego. La segunda imagen se basa en la primera: “el que no se
reúne conmigo esparce”, usando la imagen de un pastor que reúne a su rebaño a su
alrededor o lo observa dispersarse en las lejanas colinas. Algunos piensan que se trata de
imágenes de cosecha como en Mateo 25:24–25 acerca de sembrar y esparcir semillas. La
cosecha se pierde. De cualquier manera, el punto es reunir a Israel con Dios o verlos
dispersarse por las naciones.
La segunda advertencia viene a través de la parábola del espíritu errante (vv. 24–26), y
se refiere a exorcismos superficiales que no muestran el verdadero poder de Dios junto con
una falla en el seguimiento y ayuda a la persona a crecer espiritualmente. Esta es una
advertencia tanto para los discípulos como para el pueblo judío, ya que los seguidores no
pudieron expulsar al demonio del niño en 9:37–43. Cuando los creyentes realizan el
ministerio con sus propias fuerzas o para presumir, se garantiza que fracasará a largo plazo.
Para tener éxito, la guerra espiritual debe ser holística e involucrar todas las áreas de la vida
cristiana.
En este caso, el espíritu inmundo “sale”, probablemente como resultado de un
exorcismo. Por un tiempo “va por lugares áridos”, es decir, el desierto, como la habitación
apropiada para los demonios (Isaías 13:21; 34:14). Al regresar a su “casa”, el demonio está
“buscando un descanso”, después de la aparentemente ardua tarea de poseer a la persona.
Sin embargo, los demonios son seres inquietos e incapaces de encontrar descanso.
El demonio se ha convertido en un viajero sin hogar, y su única solución es “volver a la
casa, de donde salí”, de donde fue expulsado anteriormente. Aparentemente, la persona
no tiene la fuerza suficiente para evitar que el demonio lo posea nuevamente. Cuando llega,
“la encuentra barrida y arreglada”. La pobre persona está en mejor forma que antes y está
lista para ser ocupada, sin poder resistir al demonio. El exorcista había limpiado la casa,
pero la persona no estaba convertida o, en el mejor de los casos, carecía de profundidad
espiritual. La atractiva vivienda nueva clama por un habitante.
Mi opinión es que Jesús tiene en mente tanto a los discípulos como a las multitudes. El
judaísmo se había vuelto neutral e incluso hostil a las cosas de Cristo, por lo que se había
convertido en una religión vacía, y los discípulos con demasiada frecuencia fracasaron
espiritualmente en sus ministerios. Esto se aplica tanto a nosotros como a los no creyentes.
La conclusión de la parábola (11:26) muestra la gravedad del problema. El demonio no solo
regresa, sino que viene acompañado de “otros siete espíritus más malvados que él mismo”
para llenar y ocupar por completo la ahora “impecable” pero vacía “casa”. La pobre persona
se convertirá en otra “legión” (8:30), bajo el poder de múltiples demonios. Siete demonios
es el número perfecto de compañeros soldados para tomar el control.
El resultado es que “el estado final de aquella persona resulta peor que el inicial”, de
hecho, ocho veces peor. Este es un mensaje importante sobre el crecimiento espiritual.
Jesús está diciendo claramente que las medias tintas son completamente inadecuadas, y
exige que tanto los nuevos conversos como los liberados de los demonios sean discipulados
y firmes en su caminar con Cristo.
Lucas comienza el versículo 27 con “Mientras Jesús decía estas cosas”, lo que hace que
esto sea prácticamente una conclusión del incidente de Belcebú. La forma de discipular al
nuevo converso y al antiguo demoníaco liberado es enseñarles a “escuchar la palabra de
Dios y obedecerla”. La escena comienza con una mujer que emerge de la multitud que
obviamente ha sido profundamente conmovida por Jesús y pronuncia una beatitud sobre
la madre de Jesús (y sobre Jesús a través de ella): “Dichosa la mujer que te dio a luz y te
amamantó”. Ella claramente está muy agradecida por la autoridad de Jesús sobre el mundo
demoníaco y por su liberación de aquellos a quienes los demonios han esclavizado. En el
mundo judío, se entendió que las madres que criaron figuras famosas eran algo
responsables de sus grandes obras, y esto se convierte en otro incidente en el que una
mujer rompe las convenciones sociales para mostrar su aprecio por Jesús (ver 7:36–50).
En el versículo 28, Jesús no la está corrigiendo realmente, sino que usa la técnica
rabínica del más pesado y el más ligero, proporcionando su propia bienaventuranza:
“Dichosos más bien —contestó Jesús— los que oyen la palabra de Dios y la obedecen”. La
traducción “sino más bien” parece que Jesús niega la bendición de su madre, pero no creo
que ese sea el caso. Él está diciendo que aún “más bendecidos” son aquellos que cumplen
su palabra. Estamos en el corazón del discipulado aquí. El penúltimo método para
profundizar el camino de alguien con Cristo es sumergirlo en la palabra y ayudarlo a
“obedecerla” (ver también 8:8, 15, 18, 21). Esto usa un verbo fuerte para obedecer,
phylassō, para “vigilar, guardar”, y así “observar” y “seguir” una enseñanza. Entonces, la
idea no es solo obedecer, sino también hacerlo para proteger y evitar que la enseñanza se
rompa por la desobediencia.
Jesús da la señal de Jonás (11:29–32)
Jesús en esta sección está respondiendo a su demanda de una señal en 11:16 (vea en vers.
17). Comienza con una reprimenda, llamándolos “una generación malvada” por exigirla.
Debido al mal que domina la tierra, no merecen una señal, y no se les dará tal portento
celestial (véase en. Vers. 16). Las señales son para aquellos con el ojo de la fe para aceptarlas
y comprenderlas. Entonces, si Cristo les diera una señal, no serviría de nada.
Sin embargo, Cristo les dará “la señal de Jonás”. Hay dos significados posibles para esto:
por un lado, podría referirse a la predicación de Jonás de arrepentimiento y juicio a Nínive
(3:4–10); Su mensaje de muerte inminente es el mismo que Jesús para los israelitas de su
época. Por otro lado, podría ser el signo de la resurrección: el rescate de Jonás de la muerte
sería una anticipación de la resurrección de Jesús. Con el énfasis en obedecer “la palabra de
Dios” en el versículo 28, el primero tiene más sentido aquí. El segundo parece estar
respaldado en Mateo 12:40, pero no hay indicio de resurrección en Lucas. Jesús está
llamando aquí al arrepentimiento y advirtiendo a sus oyentes del juicio venidero.
La razón de la señal de Jonás es que Jonás es una señal tipológica cumplida en Jesús
como Hijo del Hombre (11:30). Cuando Dios envió a Jonás a los ninivitas, su predicación
trajo arrepentimiento. Dios ahora está enviando al Hijo del Hombre al pueblo de Israel, pero
su predicación desata solo el rechazo y la oposición. Entonces, el Hijo del Hombre es una
señal de juicio a una nación que se ha vuelto contra él, que ha revertido la reacción de los
ninivitas a Jonás.
Cristo detalla dos jueces que condenarán a Israel en el juicio final. Ambos son gentiles,
por lo que esto se prepara para la misión universal en Lucas. Los gentiles responden
adecuadamente a la predicación de Jesús, mientras que el pueblo judío no. El primer juez,
“la Reina del Sur” (11:31), también conocida como la reina de Saba, “vino de los confines
de la tierra [el sur de Arabia] para escuchar la sabiduría de Salomón”. En 1 Reyes 10 y 2
Crónicas 9, ella vino con una gran caravana cargada de lujos e interrogó a Salomón con
todas las preguntas difíciles, luego le dio muchos artículos ricos como regalos. Como gentil
que escucha fielmente y responde a la sabiduría de Salomón, ella se mantendrá en el juicio
final y “condenará” al pueblo judío de los días de Jesús, porque “aquí tienen ustedes a uno
más grande que Salomón”, y lo han rechazado.
El segundo juez es el pueblo de Nínive (11:32), nuevamente gentiles que respondieron
y “se arrepintieron al escuchar la predicación de Jonás”. Respondieron correctamente al
menor, Jonás, mientras que los judíos del primer siglo se negaron a hacerlo con el mayor,
Jesús y su mensaje del evangelio. Entonces se unirán a la reina de Saba para ponerse de pie
en el juicio final para condenar al Israel apóstata del día de Jesús.
Jesús da dos dichos relacionados con la “luz” (11:33–36)
Hay dos dichos en este pasaje con respecto a la luz de Dios en este mundo y la necesidad
de responder correctamente. La imagen de la luz presenta la palabra divina que proclama
las verdades del reino ocultas y ahora reveladas de Cristo. El versículo 33 es un doblete con
8:16 en la sección de parábolas, donde apoya la divulgación de lo que se ha ocultado. Este
fue indudablemente un dicho favorito de Jesús, y lo usa nuevamente aquí para aclarar aún
más el “uno más grande” de los versículos 31 y 32. La luz de Dios en Jesús debe ser “puesta
… en su lugar” para que pueda ser vista por todos.
El pueblo judío no necesita ninguna señal adicional (11:16, 29–30), porque la luz se da y
es visible en Jesús. Su predicación del reino es una respuesta ligera y exigente. Sin embargo,
han ocultado su luz. Con la imagen de un lugar escondido en la casa, han colocado la luz que
Dios les dio en el sótano o tal vez en la grieta de la pared; está oculto a la vista y no tiene
ningún efecto. Cristo, por otro lado, ha tomado la luz de Dios y la ha abierto para que todos
la vean.
Los siguientes tres versículos (34–36) cambian de la luz de la casa a la luz en términos
del cuerpo. Claramente, el ojo permite que la luz ingrese al cuerpo y así “es la lámpara de
su cuerpo”. En otras palabras, es la fuente de luz en su cuerpo y lo guía en la dirección que
debe seguir. Para hacer eso, sin embargo, la luz debe ser “saludable” (haplous) o sonido,
dejando que entre la luz (literalmente, “soltera” o de mente única). Aquí se contrasta con
el ojo “malvado” (ponēros, “insalubre” en la NVI) y, por lo tanto, tiene un aspecto ético, que
se refiere a la integridad espiritual frente a la “generación malvada” (11:29) bajo el control
de pecado. Los seguidores de Cristo están “llenos de luz”, con la luz de Dios iluminando sus
caminos, mientras que el pueblo judío está “lleno de oscuridad” y se ha alejado de Dios y
abrazado el mal.
Tanto las multitudes como los discípulos deben ser extremadamente cuidadosos y
prestar la mayor atención posible a lo que asimilan. Deben asegurarse absolutamente de
que “la luz dentro de ustedes no sea oscuridad” (11:35). Así como Satanás “se disfraza como
un ángel de luz” (2 Co. 11:14), sus mentiras se disfrazan como verdades y pueden absorber
a los incautos y destruirlos. Toda la gente de Dios debe examinarse cuidadosamente y
asegurarse de lo que se les está enseñando. ¡Me pregunto cuántos creyentes en nuestras
iglesias conocen su teología lo suficientemente bien como para hacer eso! En nuestra era
de Internet, es notablemente fácil diseminar “información” que no tiene ninguna sustancia
y ver que sea aceptada en una iglesia tras otra. Debemos ayudar a las personas de nuestras
iglesias a que se preocupen por la verdad y, como resultado, se familiaricen con las
Escrituras y la teología.
El verso final (11:36) ofrece una promesa alentadora. Cuando el “cuerpo entero está
lleno de luz”, cada área de nuestra vida irradia la luz de Dios en Cristo; resplandecemos con
la gloria del Cristo transfigurado. Existe cierto debate sobre si Jesús está hablando de
nuestra vida presente en Cristo o de la gloria futura que compartiremos con él cuando
regrese. Tengo entendido que esta es otra instancia de “escatología inaugurada”, una
promesa de la gloria “ya” o presente como garantía de nuestra gloria final o “aún no” al
final de la historia. Las verdades de Cristo en la palabra de Dios iluminan nuestro camino y
nos llenan por completo hasta el punto en que estamos radiantes, ya que Cristo es la
“lámpara” que “alumbra [su] luz” sobre nosotros.
Jesús pronuncia ayes por los fariseos y escribas (11:37–54)
Este material es bastante similar a los problemas de Mateo 23, pero ese episodio ocurre en
un entorno diferente y es probable que sea una ocasión separada en la que Cristo castigó a
los líderes judíos por su hipocresía. Es común pensar que Cristo no pudo haber hecho
comentarios tan mordaces, pero los estudios han demostrado que cada sección puede ser
paralela en los escritos rabínicos. Mateo y Lucas desean que los líderes cristianos también
lean esto y contemplen las áreas donde ellos también cometen estos pecados.
En los versículos 37–38, Lucas prepara la escena en una comida. Lucas prefiere las
comidas, porque la comunión en la mesa es el medio perfecto para mensajes como este
(véase 5:29; 10:38). Los fariseos probablemente lo invitaron a menudo (7:36), tratando de
entender mejor de qué se trataba. Cuando Jesús no sigue la tradición y “se lava antes de la
comida”, el hombre se sorprende. No era requerido por la Torá, pero era parte de la Torá
oral, las prácticas desarrolladas por los fariseos durante los dos siglos anteriores y
practicadas por muchos judíos. Creían que, dado que cada área de la vida no debía
contaminarse, eso incluía alimentos y comidas. Por lo tanto, sumergirían sus manos antes
de las comidas si hubieran estado en el hogar y sumergirían todo su brazo si estuvieran
fuera del mercado, donde podrían entrar en contacto inadvertidamente con objetos
impuros o personas como los gentiles. Jesús probablemente no siguió esta costumbre y no
había pensado en hacerlo en este momento. Lo más probable es que esta “sorpresa”
implicara críticas, ya que Jesús se pone a la ofensiva y castiga las costumbres que han
desarrollado para proteger la Torá.
Jesús comienza sus problemas con los fariseos (vv. 39–44) con la hipocresía de sus
tradiciones sobre la comida (vv. 39–41) y luego agrega tres problemas en sus tradiciones y
prácticas orales en general. El primero es la antítesis interna/externa que define la
hipocresía. El principio básico se encuentra en Levítico 11:33; 15:12, según el cual la carne
inmunda contamina una olla de barro. Esto se desarrolló más en la tradición oral. Intentaron
mantener el exterior de tazas y platos impecables, pero no fueron tan cuidadosos con el
interior, donde se encontró la comida. Jesús usa esto como una imagen del pecado. Querían
parecer piadosos en la superficie, mientras que “dentro de ti están llenos de avaricia y
maldad”. Las apariencias tenían prioridad sobre la realidad. Mientras parecieran
espirituales para los demás, no importaba demasiado cómo realmente estaban en el
interior.
La realidad es que son “necios” (en Proverbios, el tonto es la persona que ignora a Dios),
porque Dios hizo el interior y el exterior de la persona y exige que ambos estén limpios. No
cuidar la piedad interior es tan ridículo como lavar el exterior mientras se ignora el interior
de un recipiente. Estas personas pueden estar ritualmente limpias en la superficie, pero por
dentro están sucias, llenas de codicia y prácticas malvadas.
La única manera de ser limpio a los ojos de Dios es derrotar la codicia, y Jesús sugiere
en 11:41 que esto solo se puede lograr siendo “generoso con los pobres”. Los fariseos
fueron “necios” al ignorar esto. El término detrás de “generoso” es eleēmosynē, que se
refiere a “dar limosna”. Cuando uno da dinero o comida para ayudar a los pobres a escapar
de su miseria, se convierte en una medicina para el alma y cura la avaricia que los ha
consumido.
El primer ay (11:42) se centra en su preferencia por las cosas menores que les ayudan a
verse bien (diezmar) mientras ignoran lo que Dios considera las áreas principales de la vida
(amor y justicia). Como dije en 6:24, los problemas son oráculos de juicio que significan que
la ira de Dios se acerca. Estos fariseos se sentían bien consigo mismos porque eran muy
asiduos al diezmar incluso los artículos más pequeños como la menta, la ruda y las hierbas.
La legislación sobre el diezmo proviene de Deuteronomio 12:11–19; 14:22–29; y Números
18:21–29, con cada familia compartiendo este diezmo de la cosecha en una comida sagrada
con los levitas (Dt. 12:15–19). Estos diezmos fueron para los levitas como su “herencia”
sagrada (Números 18:21). Cada tercer año, los diezmos se compartían no solo con los
levitas, sino también con los huérfanos y las viudas (Dt. 14:28–29). Los fariseos fueron
demasiado escrupulosos al observar esto, diezmando todo tipo de alimentos, no solo los
cultivos principales.
Esta práctica no estaba mal en sí misma. Lo que estaba mal era lo que descuidaban, “la
justicia y el amor de Dios”. Al ignorar los actos de misericordia, se vuelven culpables ante
Dios. Como dice Miqueas 6:8, Dios nos exige “practicar la justicia, amar la misericordia y
humillarte ante tu Dios”. Diezmar es bueno, pero no sin el mayor deber de amar a Dios y al
prójimo.
El segundo ay (11:43) se centra en la práctica de llamar la atención de exigir “los
primeros puestos en las sinagogas y los saludos en las plazas”. No quieren simplemente
parecer importantes. Quieren que todos a su alrededor sepan lo importantes que son. Este
orgullo ostentoso es un pecado grave en todas las épocas. Conozco a muchas personas que
han obtenido un título de Doctor en Ministerio, no tanto por las herramientas del ministerio
y el conocimiento que obtuvieron, sino para que pueden llamarse “doctor” y tener una
mayor autoridad en los entornos del ministerio (incluso conseguir iglesias más grandes para
pastorear). Los asientos en las sinagogas (y en muchas iglesias incluso hoy) fueron asignados
a familias y fueron puntos de prestigio. Ser saludado como “señor” o “profesor tal y tal”
(algunos estudiosos exigen esto) les dice a todos cuánto respeto deben darle. Todo esto es
un pecado, no el recibir respeto, sino exigir y vivir por ese respeto.
El tercer ay que dice (11:44) explica la acusación, no tanto el pecado que están
cometiendo como los seres repugnantes en los que se han convertido. Cuando uno entra
en contacto con una tumba (y el cuerpo que contiene), se vuelven inmundos durante siete
días. Esto es cierto incluso con “tumbas sin marcar”. La persona que camina sobre ellos sin
darse cuenta sigue siendo impura. Estos fariseos hipócritas contaminan a las personas por
su propia naturaleza, porque están espiritualmente muertos por dentro y se han convertido
en tumbas ocultas, la misma imagen que las “tumbas encaladas” en Mateo 23:27. Por lo
tanto, las personas que no conocen su verdadera naturaleza se contaminan por el simple
contacto con su corrupción interna. Piensan que estos fariseos son modelos de piedad y no
se dan cuenta de cuán vacíos están en realidad estos hipócritas.
Para los tres “ayes” de los fariseos, Jesús en los versículos 45–52 entrega tres “ayes”
correspondientes a los escribas. Uno de estos “expertos en la ley” se queja de que, al acusar
a los fariseos, Jesús también los está condenando. Jesús está de acuerdo y luego agrega tres
más que se aplican a ellos. Su culpabilidad se demuestra, porque el propósito de Jesús es
llevarlos al arrepentimiento, pero en su lugar solo le dicen: “tú también nos insultas”. No
han asimilado nada de los cargos.
El primer ay de los escribas (11:46) se centra en las duras cargas que acumulan sobre
los demás mientras no hacen nada para ayudarlos a sobrellevar nada. La imagen es del yugo
de la ley (Mateo 11:29; Hechos 15:10), ya que pusieron sobre la gente un peso terrible que
los constriñe a sus minuciosas leyes. La profundidad espiritual a través de reglas y
regulaciones nunca funciona. Sin embargo, no es solo la cantidad de rituales que los obligan
a cumplir. Igual de malo es el completo fracaso para ayudar a las personas a aprender cómo
mantener estas leyes y acercarse a Dios. En otras palabras, golpean a las personas con reglas
pesadas y al mismo tiempo los obligan a resolver estas cargas por sí mismos sin respuestas.
Absolutamente no hay alegría en el tipo de religión que han creado, solo un terrible peso
de expectativa.
El segundo ay aquí (11:47–48) es el hecho de que han participado en la persecución y el
martirio de los profetas. El judaísmo en el primer siglo era conocido por impresionantes
monumentos y tumbas que reverenciaban a los profetas. Jesús dice que están
construyendo estas tumbas para los mismos profetas que sus antepasados habían
asesinado. “Mataron a los profetas, y tú construyes sus tumbas”. Su construcción de tumbas
estaba dando su consentimiento pasivo a los mismos asesinatos en los que estaban
involucrados sus antepasados. Tenían una apariencia de reverencia, pero ignoraron sus
acciones pasadas contra los profetas y sus acciones actuales contra Jesús y sus discípulos.
Le están haciendo a Jesús y a sus seguidores exactamente lo que la nación apóstata había
hecho a los profetas en el pasado, por lo que se declaran culpables.
A la luz de su culpa, agrega un juicio que dice (11:49–51=Mateo 23:34–36) descrito
como un dicho sabio. No tenemos evidencia de tal dicho, aunque algunos dicen que
proviene de un Libro de la Sabiduría perdido. En cualquier caso, detalla la historia anti
profeta del judaísmo y la culpa de la nación como resultado. Dios les envió profetas en el
Antiguo Testamento y ahora está enviando apóstoles en el Nuevo, y tratan a ambos por
igual: “de los cuales matarán a unos y perseguirán a otros”. El tiempo futuro significa que
Jesús está pensando en sus sucesores, probablemente preparándose para los eventos en el
libro de los Hechos. De esta manera, los líderes judíos continúan el malvado trabajo de sus
antepasados.
El resultado es bastante sorprendente (11:50): “Por lo tanto, a esta generación se le
pedirán cuentas de la sangre de todos los profetas derramada desde el principio del
mundo”. Eso no suena justo, pero el paralelo en 1 Tesalonicenses 2:15–16 establece que
“mataron al Señor Jesús y a los profetas” y por lo tanto “llegan al colmo de su pecado”.
Están cumpliendo o completando todos los actos malvados de la nación desde el principio,
por lo que con ellos son culpables de todo. Hay una diferencia de opinión en cuanto a si el
juicio que esto prevé es la destrucción de Jerusalén en el año 70 o el juicio final. El aire
apocalíptico de este pasaje favorece a este último.
El versículo 51 amplifica lo que Jesús está hablando. El primer asesinato, por supuesto,
fue Abel en Génesis 4:1–6, y el último aquí es “Zacarías, lo mataron a pedradas en el atrio
del templo del Señor” en 2 Crónicas 24:20–22. Zacarías era el hijo del sacerdote que
proclamó el juicio sobre la nación y “lo mataron a pedradas en el atrio del templo del
Señor”. Cronológicamente, 2 Crónicas es el último libro del Antiguo Testamento escrito, por
lo que esta fue la última muerte registrada.
El oráculo del infortunio final (11:52) condena a los escribas y fariseos por restringir el
conocimiento de las verdades de Dios. Por su tradición oral, se han hecho cargo de la
interpretación de la Torá y restringieron su comprensión a lo que ellos mismos inventaron.
La “clave del conocimiento” se refiere a la forma en que interpretan las Escrituras, por lo
que su falta de conocimiento verdadero es un pecado extremadamente grave. Se negaron
a “entrar” en la arena de la verdad divina y solo le dieron al pueblo sus falsos
entendimientos. Como tal, también “impiden” que otros entren. Convertirse en un
obstáculo para la verdad es un error tan grave como uno puede imaginar.
En los versículos 53–54, la oposición se intensifica aún más. Los males de los escribas y
fariseos, ni que decir tiene, los enfurecieron y solidificaron su hostilidad. Comenzaron a
molestar a Jesús constantemente con preguntas, no para descubrir sus pensamientos sobre
temas clave, sino para “ver si fallaba en algo” que podría volver al pueblo de Israel en su
contra. Esto no es diferente de lo que hemos estado viendo durante algún tiempo, pero
ahora ha empeorado. El lenguaje detrás de “ver si fallaba” se refiere a un señuelo o trampa
de caza que atraería a la presa y la capturaría. Es esta actitud y atmósfera la que conducirá
a las pruebas y la muerte de Jesús. Estos dos versículos son importantes, ya que establecen
el tono de oposición que regirá los próximos capítulos.
El discipulado debe tener lugar en medio de la oración, ya que nuestra relación con la
Trinidad de Dios es el corazón y el alma de todo lo que hacemos, y la comunicación con la
Trinidad es absolutamente esencial. Esto es especialmente cierto a la luz del grave conflicto
que se deriva de nuestra oposición con los poderes de las tinieblas (11:14–36) y con los
poderes seculares dispuestos contra nosotros (11:37–54).
La primera área de énfasis en nuestra vida de oración son las cosas de Dios (las
“peticiones”, v. 2). El centro de nuestra vida es glorificar el nombre de Dios en todo lo que
hacemos y vivir la vida del reino en este mundo de tal manera que ayudemos a introducir
su reino en este mundo. La segunda área es cederle el control de nuestra vida y aprender a
depender de él (las “peticiones”, vv. 3–4). Somos adictos al consumo, y la sociedad nos ha
lavado el cerebro para nunca estar satisfechos, sino siempre querer más. Esta oración exige
que primero nos centremos en Dios y luego confiemos en él para nuestras necesidades
físicas, lo que exige que obtengamos control sobre los artículos de lujo. Muchas de esas
cosas que consideramos necesidades sorprenderían a la persona antigua, que miraría en
nuestros hogares y vería la riqueza más allá de su conocimiento (y no estoy pensando en la
tecnología moderna). Además, como personas centradas en Dios, aprendemos a recibir el
perdón de Dios y luego a perdonar a quienes nos rodean. También oramos por la fuerza
para convertir nuestras tentaciones en pruebas y superarlas, creciendo espiritualmente a
medida que lo hacemos.
¿Dios contesta la oración? Jesús aborda esto en 11:5–8 en la parábola del amigo a la
medianoche. Allí aprendemos que el mismo nombre y carácter de Dios están en juego al
responder nuestras oraciones. Estamos comprometidos con la oración, y Dios nuestro
Padre está comprometido con nosotros cuando oramos. Él responde la oración no solo
porque nos ama, sino también porque, como Yahvé, él es el Dios del pacto que debe mostrar
su gloria respondiendo a nuestras oraciones y bendiciéndonos cuando nos acercamos a él
con absoluta dependencia. Nuestra parte es pedir continuamente, y la parte de Dios es
responder con amor y darnos lo que necesitamos (vv. 9–10). Esto lo demuestra el mayor
don de todos, el Espíritu Santo para guiar y empoderar a su pueblo (v. 13).
La razón para necesitar una vida de oración profunda se encuentra en el resto del
capítulo. En contra del pueblo de Dios hay tres poderes: sus propios deseos egoístas (vv. 1–
13), los poderes de las tinieblas (vv. 14–36) y los poderes seculares en oposición a todo lo
que representan en Cristo (vv. 37–54) Con todo esto en contra de ellos, no tendrían una
oportunidad aparte del poder de la Trinidad Divina dándoles fuerza y trabajando detrás de
escena.
El énfasis en la guerra espiritual viene a través de la acusación de los líderes de que Jesús
expulsa demonios bajo el poder de Belcebú o Satanás como Baal, el “señor de las alturas”.
Jesús muestra cuán ridícula es esta acusación porque constituiría una guerra civil y
destruiría el reino de Satanás. Además, si lo acusan, también se están volviendo contra sus
propios exorcistas judíos (vv. 17–19). Esto simplemente no puede ser, y la realidad de su
poder prueba que el reino de Dios realmente ha llegado. El hecho es que Jesús, como el
Guerrero Divino, entró en la fortaleza armada de Satanás, lo ató en su casa y desarmó a su
ejército demoníaco, y luego devolvió su botín al pueblo de Dios (vv. 21–22).
Por lo tanto, se les advierte que se centren por completo en Jesús en las batallas
espirituales y cuando expulsen demonios o ganen conversos para darles a estos individuos
limpios profundidad espiritual para llenar sus vidas (vv. 23–26). Cuando el demonio
exorcizado regrese con siete demonios aún peor que él, el individuo triste que está limpio,
pero espiritualmente vacío se volverá peor que nunca. Esta es una advertencia muy
importante para todas las iglesias y organizaciones para ayudar a sus seguidores a caminar
profundamente con Cristo. La superficialidad nunca debe permitirse; más bien, se debe
enseñar a las personas a “escuchar la palabra de Dios y obedecerla” (vv. 27–28).
La “señal de Jonás” (vv. 29–32) se le da a la gente de los días de Jesús porque recibieron
la misma evidencia del llamado de Dios y sus pecados que los ninivitas, pero se negaron a
arrepentirse, a diferencia de los gentiles. Entonces, tanto la reina de Saba como los gentiles
ninivitas testificarán contra ellos por su obstinación en el juicio final (vv. 33–36).
Los males contra los fariseos se centran en su hipocresía. Desean parecer piadosos
mientras se contaminan con el pecado interno. Jesús menciona tres áreas para cada uno de
los fariseos y escribas (vv. 42–44, 46–52). Primero, diezman la comida más pequeña, pero
ignoran la justicia y la misericordia, por lo que merecen la condena de Dios. En segundo
lugar, exigen los asientos y saludos importantes que le dicen a las personas lo importantes
que son. Esta falta de humildad y servicio les muestra ser culpables de un orgullo abrumador
a los ojos de Dios. Tercero, como resultado están caminando como “tumbas sin marcar”,
contaminando a todos con quienes entran en contacto debido a la profundidad de su
pecado.
Los tres males contra los escribas (vv. 46–52) son similares. Primero, imponen terribles
cargas legales a sus seguidores, pero no hacen nada para ayudarlos a mantener estas
difíciles regulaciones. Son prácticamente los enemigos de quienes los siguen. En segundo
lugar, construyen tumbas hermosas para los mismos profetas que sus antepasados han
asesinado. Por lo tanto, los ponen en la tumba y luego construyen una tumba sobre ellos.
Tercero, sus puntos de vista falsos sobre el Antiguo Testamento significan que restringen el
conocimiento de la palabra de Dios y no tienen verdad para dar en su lugar. Son
proveedores de falsedad.
ENTRENAMIENTO PARA TOMAR LA MISIÓN (12:1–48)
Esta historia está firmemente encerrada en el camino a Jerusalén, ya que Jesús ha puesto
su rostro hacia su destino mesiánico para proporcionar la salvación a través de la cruz. El
corazón de esta narración es el entrenamiento de Jesús de los Doce para asumir su misión
en las naciones. En este capítulo, Jesús está transmitiendo las herramientas y trabajando en
las actitudes espirituales necesarias para esa tarea. Los primeros dos capítulos más (9:51–
11:54) del camino a la narrativa de Jerusalén terminaron con la multitud volviéndose contra
Jesús e intentando atraparlo para poder arrestarlo. Entonces, esta sección comienza con
una advertencia a los discípulos de que están incluidos en esa oposición y deben estar listos
para proclamar audazmente las verdades de Dios en esta atmósfera de hostilidad (vv. 1–
12). Pueden estar seguros de la presencia fortalecedora de Dios con ellos, pero deben
alejarse de la esclavitud a las posesiones materiales (vv. 13–21) y no permitirse estar
ansiosos por las cosas terrenales (vv. 22–34). En cambio, deben confiar en Dios
implícitamente y vivir el tiempo que tienen listos para el regreso del Señor en lugar de
simplemente acumular posesiones temporales (vv. 35–48). Al final, le respondemos.
Jesús exhorta sus discípulos a la confesión sin temor (12:1–12)
En los versículos 1–3, Jesús advierte contra la levadura de los fariseos, que proporciona un
puente desde los males contra la hipocresía farisaica (11:37–54) a la necesidad de que los
discípulos reaccionen con la proclamación intrépida de Cristo. Es interesante que esta
sección comience con “millares de personas” y luego ignore a la multitud y se concentre en
los discípulos. La presencia de “millares” muestra el aumento de la popularidad de Jesús, ya
que es paralelo a una explosión similar de enemistad de los líderes. Jesús no se da cuenta
de que las masas “se atropellaban unas a otras” para escucharlo y se vuelve hacia sus
discípulos.
Deseando primero resumir las implicaciones de su diatriba contra los fariseos, Jesús les
dice: “Cuídense de la levadura de los fariseos, o sea, de la hipocresía”. Así como la levadura
hace que la masa se eleve, la hipocresía farisaica (como se ve en 11:37–54) genera
contaminación espiritual. Esta es la razón por la cual el pan de la Pascua tuvo que ser sin
levadura (Éxodo 12:14–20), y de hecho toda levadura tuvo que ser removida del hogar, ya
que significaba contaminación. Entonces los fariseos y su hipocresía eran una presencia
contaminante en Israel y debían evitarse a toda costa.
Los siguientes dos versículos (2–3) repiten las imágenes “ocultas / reveladas” de 8:17.
Allí estaban las verdades del reino de Cristo que se revelaban, pero aquí los intérpretes
difieren sobre lo que se revela. Algunos dicen que Cristo se refiere negativamente a los
fariseos, cuya hipocresía se revelará en el juicio final; otros, que se refiere tanto al pecado
de los fariseos como a la fidelidad de los discípulos. Este segundo, una promesa general de
que el corazón de cada persona será descubierto, es más probable. Aquellos que están
llenos de maldad y aquellos que se caracterizan por la bondad recibirán sus recompensas
justas.
En el versículo 3, Jesús toma esta verdad general y la aplica específicamente a los
discípulos en su ministerio de proclamación. Esto es tanto una promesa como una
advertencia de que Dios magnificará todo lo que digan. Lo que se susurra en la oscuridad se
gritará a plena luz del día, lo que significa que las cosas que se dicen en privado se
convertirán en conocimiento público. Además, lo que se dice en las habitaciones interiores
o en los santuarios privados de la casa se gritará desde las azoteas. Deben convertirse en
figuras públicas, bajo el escrutinio de todos a su alrededor, como lo está Jesús ahora. No se
atreven a caer en la hipocresía de los fariseos, porque eso se sabrá. Sin embargo, esta es
también una promesa de que su ministerio y proclamación del evangelio también serán
magnificados por el Señor. Pueden ser valientes porque Dios bendecirá todo lo que digan.
A la luz de toda la oposición que enfrentan, los discípulos podrían ser consumidos por
el miedo y no poder hablar. La audacia es difícil y se vuelve casi imposible cuando el terror
se hace cargo. Entonces, Jesús aborda esto en el versículo 4, diciéndoles: “no tengan miedo
de los que matan el cuerpo pero después no pueden hacer más”. Es crítico tener una
perspectiva cristiana y saber que esta vida es meramente temporal, y que esperarnos es
una eternidad de gozo absoluto con Dios y Cristo. Es maravilloso saber que, si bien tenemos
poco control sobre esta vida, nuestra existencia eterna está garantizada cuando conocemos
a Cristo como Salvador y Señor. Pablo en 1 Corintios 15:26, 54, lo dice bien: “El último
enemigo que será destruido es la muerte”, y será “tragado por la victoria”. Para nosotros,
la muerte es grave porque no veremos a nuestros seres queridos hasta que ellos también
vengan al cielo, pero también es una transición a nuestra gloriosa existencia futura. Para la
mayoría de nosotros, esto es difícil de entender porque nos hemos apegado tanto a los
bienes de este mundo.
La única verdadera base para el miedo es Dios como Juez en el juicio final (12:5), el que,
“después de dar muerte, tiene poder para echarlos al infierno”. La muerte terrenal es
temporal en sus efectos, mientras que el juicio final es eterno. “Infierno” es en realidad
“Gehena”, el basurero en el Valle de Hinom, fuera de los muros de Jerusalén, donde ardían
los fuegos día y noche. Esto se convirtió en una imagen natural para el juicio ardiente
(Apocalipsis 19:20; 20:10, 14). El punto de Jesús es que los discípulos no tienen que temer
lo que están a punto de soportar. Son sus oponentes quienes deberían estar llenos de
terror.
A medida que los discípulos salen y se enfrentan a la persecución, pueden estar seguros
de que saldrán en manos de su Dios. Si somos martirizados, ¿significa esto que Dios nos ha
olvidado? En el versículo 6, Jesús usa el más bajo de los pájaros, los gorriones, como
ejemplo. Eran el tipo de comida más barato para los pobres. Un assarion, “centavo” en la
NVI, era la moneda romana de cobre más pequeña y valía un decimosexto de un denario (el
salario de un día). Los gorriones también son pequeños y comunes, y, sin embargo, “Dios
no se olvida de ninguno de ellos”. Si Dios se preocupa tanto por el pájaro más pequeño,
¿cuánto se preocupa por nosotros, su propia gente y su familia?
Para su segundo ejemplo, Jesús se vuelve en el versículo 7 al hecho de que Dios sabe lo
que nunca podríamos saber, cuántos cabellos tenemos en la cabeza (¡a menos que estemos
calvos!). Mi propio cuerpo es bastante frágil, pero tengo una gran cabellera y me encanta
cada vez que alguien comenta sobre él. Pero nunca he tratado de contar mis cabellos. Dios
me cuida con tanto cuidado que conoce todos los cabellos de mi cabeza. Si conoce el más
mínimo detalle sobre nuestros cuerpos, de hecho, nos está cuidando con un cuidado que
no podemos comprender. Como dice 1 Pedro [Link] “Depositen en él toda ansiedad, porque
él cuida de ustedes”. No es de extrañar que no debamos tener miedo; él sabe lo más
pequeño de nosotros, y “valemos más que muchos gorriones”.
En lugar de estar lleno de terror, ¡confiesa! Los versículos 8–9 forman una especie de
conclusión a los versículos 4–7 y usan un doble Hijo del Hombre que dice centrarse en Jesús
como Juez escatológico (Hechos 10:42; 17:31) para exponer su punto. El lado positivo dice
que quien confiesa (NVI: “reconoce”) a Cristo ante los demás será reconocido ante los
santos ángeles de Dios, sin duda la corte celestial en el juicio final. Este es el reverso de 9:26,
donde Jesús usa la misma fórmula de aquellos “avergonzados” de él.
El lado negativo (12:9) es similar a 9:26 y advierte que aquellos que niegan (NVI:
“rechaza”) a Jesús mismo serán negados en la corte celestial y recibirán castigo eterno. Esto
no está hablando de un pecado imperdonable (12:10), donde una sola negación no puede
ser perdonada, sino de un patrón regular de negaciones que pueden ser juzgadas. Un buen
ejemplo de a qué se refiere esto: no la triple negación de Pedro (22:54–62) sino el rechazo
y la traición de Judas (Mateo 26:14–16; 27:1–10).
En otros lugares (Mateo 12:31–32; Marcos 3:28–29) Los comentarios de Jesús sobre la
blasfemia del Espíritu Santo (vv. 10–12) están relacionados con la controversia de Belcebú,
pero aquí siguen el pasaje de negación en los últimos dos versículos y describen una forma
extrema. La presencia de “cualquiera” amplía esto de los discípulos a las multitudes
también. El elemento sorprendente es la diferencia entre hablar en contra del Hijo del
Hombre y en contra del Espíritu. ¿Por qué se puede perdonar a los primeros, pero no a los
segundos? El primero se refiere a rechazar a Jesús y denunciarlo ante los demás, al igual
que lo hará Pedro en 22:54–62 y al igual que tanto los líderes como las multitudes lo han
hecho en numerosas ocasiones. Esto se refiere especialmente a los escurridizos ataques de
los fariseos. La blasfemia del Espíritu Santo está estrechamente relacionada con el pecado
imperdonable, que en el pensamiento judío era “pecado con mano alta” (Números 15:30–
31; NVI: “deliberadamente”), especialmente profanando el nombre de Dios. (m. Sanedrín
7:5, basándose en Lev 24:15–16). En el Nuevo Testamento esto está relacionado con la
cuestión de la apostasía en Hebreos 6:4–6 y 1 Juan 5:16
Hay varias interpretaciones diferentes de este pecado: (1) un dicho posterior a la Pascua
que contrasta al Jesús terrenal con el Espíritu posterior a la Pascua; (2) rechazo de Jesús por
aquellos que no están en la iglesia versus aquellos que son miembros de la iglesia; (3)
rechazar a Jesús durante su ministerio terrenal versus rechazarlo a él (y al Espíritu) después
de recibir el evangelio a través de la predicación apostólica inspirada por el Espíritu; o (4)
un rechazo continuo del mensaje del evangelio infundido por el Espíritu. Una combinación
de los últimos tres probablemente define la doctrina.
Hay un aspecto histórico de salvación en las palabras de Jesús aquí que es crítico:
durante su ministerio terrenal, la gloria del Hijo del Hombre se encarnó y hasta cierto punto
se ocultó, pero después de su ascensión fue exaltado a la diestra de Dios, y entonces, lo que
constituía la blasfemia del Espíritu Santo aquí se extendió a la blasfemia de Jesús en Hebreos
6 y 1 Juan 5. Se caracteriza por una antipatía de por vida por todo lo cristiano; la persona
nunca más querrá tener nada que ver con Cristo (Heb. 6:6). Pero también es más que esto.
Marcos 3:29 llama a esto un “pecado eterno” que significa que Dios ya no los quiere. Están
más allá del pálido arrepentimiento y el perdón.
Luego, en los siguientes dos versículos (11–12) Jesús revela la obra positiva del Espíritu
entre sus seguidores. La semejanza de Cristo incluye no solo las actitudes y acciones
espirituales de Jesús, sino también su trato por parte de otros. Entonces, como él, serán
“llevados ante sinagogas, gobernantes y autoridades”, como se muestra en el libro de los
Hechos. Ellos también serán arrestados y algunos serán martirizados, pero cuando se
presenten ante estos jueces hostiles que defienden su derecho a la vida, no deberían
preocuparse por encontrar las palabras adecuadas, ya que no hablarán con sus propias
fuerzas.
La verdad inspirada por el espíritu no solo abarca la inspiración al escribir las Escrituras
o al proclamar el evangelio. También incluye defenderse a sí mismo y a la causa de Cristo
en los tribunales de justicia seculares (12:12=Mateo 10:19–20; Marcos 13:11). Estoy
pensando especialmente en los juicios de Hechos, donde Esteban (Hechos 7) y Pablo
(Hechos 22; 26) pronuncian discursos muy apasionados. Cada palabra que dijeron fue
inspirada por el Espíritu, y si debemos pasar por una situación similar, lo que decimos
también será inspirado. La audacia se nos dará, y las palabras perfectas vendrán con el
coraje.
Jesús cuenta la parábola del rico insensato (12:13–21)
El discipulado continúa a medida que pasamos de los problemas de la hipocresía y la
confesión audaz al problema de las posesiones y el materialismo. Si el pueblo de Cristo es
consumido por él, no pueden ceder al consumismo.
Esto comienza con una solicitud de la multitud con respecto a un problema familiar:
“Maestro, dile a mi hermano que comparta la herencia conmigo”. Esto es bastante normal,
ya que los rabinos a menudo iban de pueblo en pueblo resolviendo tales disputas. La regla
era que el hermano mayor tuviera dos tercios y el menor un tercio de la herencia. La Torá
fue clara en esto (Núm. 27:10–11; Dt. 21:17), pero aquí es posible que el hermano mayor
quiera mantener intacta la propiedad familiar para proteger su posición en la comunidad.
Dividir la riqueza sería disminuir la familia en su conjunto. Este es probablemente el
hermano menor quien, igual que el hijo pródigo, exige su parte cuando lo desea.
Tenga en cuenta que este hermano (probablemente más joven) en realidad le está
ordenando a Jesús que se ponga de su lado. Su interés no está en la justicia sino en la riqueza
material. Su problema es la avaricia. La respuesta de Jesús es corta: “Hombre, ¿quién me
nombró juez o árbitro entre ustedes?” (12:14) En la superficie, esto parece decir: “No tengo
la capacitación legal ni la licencia de sinagoga para juzgar esto”, pero como rabino sí. Lo que
realmente está diciendo es: “No es mi lugar ni estoy llamando a resolver tales disputas
terrenales materiales; Estoy aquí por negocios del reino. Su tarea va mucho más allá de tales
disputas legales y deseos materialistas.
Pero luego aborda la actitud problemática detrás de la disputa, advirtiendo: “¡Cuidado!
Absténganse de todo tipo de avaricia” (12:15). Pablo llama a la avaricia “idolatría” (Ef. 5:5;
Col. 3:5) porque coloca las posesiones terrenales por delante de Dios en su vida. En realidad,
ambos hermanos se enfocaban en su riqueza terrenal y consumidos por la avaricia, el uno
exigía el dinero y el otro se negaba a renunciar a él. Sé de un caso en el que dos hermanas
volvieron a su madre contra su hermana mayor para que pudieran obtener la herencia para
ellas. Es demasiado fácil ser un padre rico y permitir que la herencia destruya a la familia.
Jesús se dirige a ambos hermanos, pero también a la multitud, diciéndoles: “la vida de una
persona no depende de la abundancia de sus bienes”. La verdadera vida debe centrarse en
las realidades eternas, no en la riqueza temporal.
Jesús luego ilustra esto con una parábola (vv. 16–21), que nuevamente se origina en la
rica tierra agrícola de Galilea. Este no es un inquilino agricultor, sino un rico terrateniente y
agricultor con una excelente cosecha. Su debate consigo mismo al principio parece una
pregunta prudente, a saber, encontrar un buen lugar para almacenar la cosecha
extraordinaria de cultivos. Asume que sus riquezas durarán y continuarán, y desarrolla
planes para una instalación de almacenamiento mucho más grande. Sin embargo, implícito
en este es el lugar central que ocupa en todas sus reflexiones: todo se trata de “yo, yo y yo”,
como vemos en este y los versículos siguientes. Ignora a Dios y a la familia en favor de sí
mismo.
En sus planes, Dios queda fuera de escena, y se trata de él: “¿Qué debo hacer…
derribaré… y construiré… almacenaré… me diré a mí mismo…”. Él comete el pecado del
empresario cristiano superficial en Santiago 4:13–17 que planea ir de pueblo en pueblo
ganando dinero y olvida a Dios en el proceso. La elevación del yo sobre Dios es la definición
misma de la codicia. Una vez más, hay una cierta prudencia cuando la cosecha exige
graneros más grandes. El plural “graneros” muestra la productividad de la cosecha. Parece
ser un hombre de negocios sabio hasta que notamos la naturaleza egocéntrica de todo.
Su conclusión demuestra que nuestra sospecha acerca de su verdadero motivo era
correcta: “ya tienes bastantes cosas buenas guardadas para muchos años. Descansa, come,
bebe y goza de la vida”. Todo su objetivo es la autocomplacencia en lugar de usar su
generosidad para ayudar a otros o servir a Dios. Su deseo asume el principio del placer. En
esta historia, no se mencionan familiares ni amigos, nadie con quien compartir su
abundancia o usarla para ayudar. Está solo y lo quiere así. “Comer, beber y ser feliz”
proviene de Eclesiastés 8:15, donde se le dice al pueblo de Dios que considere este mundo
como un regalo de Dios destinado a producir “disfrute de la vida”. Pero lo ha convertido en
un placer egoísta y ha contaminado el regalo de Dios. “Sé feliz” es euphrainomai, “disfruta
de la buena vida”, y eso es todo por lo que vive.
En el versículo 20, Dios en realidad lo llama “necio”, aphrōn, un juego de palabras con
euphrōn arriba, “sé feliz”. Él piensa que tiene una buena vida, pero en realidad es solo otro
insensato que ha comprado las cosas de este mundo. Está a punto de morir: “Esta misma
noche te van a reclamar la vida”. Aparentemente ha completado los nuevos graneros de
almacenamiento, y Dios pregunta: “¿Quién obtendrá lo que has preparado para ti?” Solo
ha pensado en sí mismo y en su placer temporal en este mundo. No tiene a nadie que se
aproveche de su gran riqueza: ni familia, ni amigos. Si hubiera alguna familia, de hecho,
simplemente pelearían por los restos como los dos hermanos cuya batalla por la herencia
precipitó este problema en los versículos 13–14. Ha vivido solo por el presente y no tiene
nada que llevar con él a la próxima vida, y al mismo tiempo no tiene familia para dejar su
riqueza terrenal. Ha desperdiciado su vida y es realmente un tonto. Esto prueba el viejo
adagio, “No puedes llevarlo contigo”, pero también es increíblemente triste cuando no
puedes dejarlo para que cualquiera lo disfrute.
La pregunta central es si vivimos nuestras vidas para nosotros mismos o para Dios. Hay
una eternidad vacía esperando a cualquiera que “guarde cosas para sí mismo, pero no sea
rico para Dios” (v. 21). Este hombre aparentemente exitoso almacenó completamente lo
incorrecto y lo perdió todo por toda la eternidad. Almacenar tesoros es increíblemente
importante, pero debemos prestar atención a la advertencia de Mateo 6:19–21: “No se
acumulen tesoros en la tierra … más bien, cumulen para sí tesoros en el cielo. … Porque
donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón”. La riqueza no está mal, pero debe
usarse para la gloria de Dios y para ayudar a los necesitados. Esto es lo que Jesús quiere
decir al hacerse “rico para Dios”. Cuando Dios nos bendice con riqueza, significa que nos
está llamando a un ministerio de participación.
Preocupación por las posesiones (12:22–34)
Este pasaje en cierto sentido proporciona un comentario midrashic (homilía judía) sobre la
parábola y dice cómo vencer la codicia. Está en el orden inverso del Sermón del Monte:
12:22–32 = Mateo 6:25–34; 12:33–34=Mateo 6:19–21. El mensaje es que debemos dejar
de poner nuestra fe en nuestras posesiones y comenzar a confiar en Dios para nuestras
necesidades. Él recurre a la naturaleza por sus ejemplos: si Dios se preocupa por los
elementos más pequeños de la naturaleza, ¿cuánto más podemos contar con él para
cuidarnos?
Tesis: Deja de preocuparte (12:22–23)
Las palabras de Jesús en estos versículos se llaman “prohibición en tiempo presente” y en
un contexto como este son una indicación para dejar de hacer lo que has estado haciendo.
Nuestra preocupación por las cosas materiales controla la mayor parte de nuestras vidas.
Una cosa que he descubierto es que, en nuestra sociedad excesivamente rica, las personas
nunca pueden tener suficiente. Las personas que pueden pagar los yates nunca parecen
tener uno lo suficientemente grande, y el nuevo Toyota tiene que convertirse en el nuevo
BMW y luego en el nuevo Porsche. Vivo en el área del norte de Chicago, y no pude comenzar
a contar la cantidad de mini mansiones en un radio de veinte millas (¡en realidad, la cantidad
de mansiones en toda regla!). El resultado es insatisfacción y ansiedad constantes, ya que
lo que sea que tenga nunca parece ser suficiente.
En los días de Jesús, el problema para la mayoría de la población no era el domicilio o el
carro familiar; era si usted y su familia tendrían suficiente comida para evitar el hambre.
Nunca hubiera soñado con decir: “No te preocupes por tu vida, en qué tipo de hogar vivirás
o qué tipo de carro tendrás”. Esa ni siquiera era una opción. Fue, “¿podemos vivir de la
cantidad de alimentos que tenemos, y nuestra ropa será suficiente para el invierno?” Estos
son los elementos esenciales: nunca hubo extras. Un hombre básicamente poseía una bata
y dos túnicas y usaría la segunda para una manta o almohada cuando viaja y duerme en el
suelo (Lucas [Link] “sin camisa extra”).
La razón por la que uno no debe estar lleno de ansiedad es porque hay mucho más en
la vida que la comida o la ropa (12:23). La preocupación solo se hace cargo cuando
limitamos nuestras necesidades a los aspectos meramente temporales y materiales de la
vida. La verdad es que la emoción por el nuevo auto solo dura mientras parezca nuevo. En
un par de meses comenzamos a pensar en el próximo, y dentro de tres años lo hemos
cambiado. Tal es la vida del adicto al consumidor medio de clase media. La respuesta aquí
es simple: deje de estar ansioso por las necesidades como la comida y la ropa (y para
nosotros, sobre los extras), pero aprenda a confiar en Dios para sus necesidades y centrarse
en él. Jesús proporcionó la respuesta en 4:4 de Deuteronomio 8:3; Citaré ese versículo: “El
hombre no vive solo de pan sino de cada palabra que sale de la boca del Señor”. El alimento
más importante es el alimento espiritual que Dios provee en su palabra. Con eso
comenzamos a vivir eternamente, no solo para este día en particular.
Ejemplos de la naturaleza (12:24–30)
Los dos ejemplos de Jesús aquí se relacionan con las fuentes de ansiedad. Los cuervos en
los versículos 24–26 fueron vistos como carroñeros inmundos (Lv. 11:15; Dt. 14:14) y los
judíos los evitaron. Pero Dios no los abandonó; les proporcionó comida. Muchos antiguos
se quejaron de que los cuervos ni siquiera se molestaron en regresar a su nido. Sin embargo,
Dios incluso los usó para proporcionar comida a Elías en 1 Reyes 17:3–6.
En 12:25–26, Jesús señala que preocuparse nunca te ayuda a extender tu vida. Los
estudios médicos respaldan esta idea práctica: las personas con trabajos más estresantes
tienden a tener vidas más cortas. Existe cierto debate sobre la traducción aquí, ya que el
término para “una sola hora” es “codo” (pēchys) y “vida” podría significar “estatura”
(hēlikia). Entonces la pregunta es si Cristo está hablando de crecer más alto o vivir más.
Mientras que el primero sería de interés para los adolescentes que quieren jugar al
baloncesto, el último es más probable lo que Cristo pretendía. El punto es que la
preocupación acorta tu vida en lugar de extenderla, entonces, ¿por qué permitirte hacerlo?
Sé como los cuervos y confía en Dios para velar por tus necesidades, luego sal y disfruta de
la vida que Dios te permite.
Por lo tanto, dado que la ansiedad no ayuda en absoluto a las necesidades de la vida
(comida y ropa), ¿por qué desperdiciar su energía preocupándose también por sus
“placeres culpables”? El versículo 26 pasa de las necesidades a los extras cuando dice: “¿por
qué te preocupas por el resto?” No hace nada para ayudar ni a las necesidades ni a los lujos,
así que no te dejes caer en lo que nunca puede ayudar sino solo lastimarte.
El poder de la ropa en nuestra sociedad nunca deja de sorprenderme. Parece que todos
anhelan la ropa de diseñador. Desde Air Jordans hasta la alta costura, las masas
materialistas interpretan el estatus como impulsado por la ropa que usas. Esto es cierto
tanto para los pobres como para la multitud multimillonaria de jet set. Aquí en Chicago,
hemos visto niños asesinados por sus zapatos, y el ex estrella del baloncesto de Chicago,
Michael Jordan, tiene cientos de zapatos en su armario.
Jesús aborda esto en los versículos 27–30 por medio de flores y pasto, que visten los
campos del mundo. La krina griega (lirios; NVI: “flores silvestres”) podría referirse al lirio tal
como lo conocemos o la anémona púrpura. De cualquier manera, su belleza más que iguala
el esplendor del Rey Salomón (2 Cr. 9:13–21), y no hay trabajo intensivo ni hilado de tela
detrás de su majestuosa apariencia. La cantidad gastada por los súper ricos en la moda de
París es impactante y, sin embargo, la alfombra roja de los Oscar no puede comenzar a
igualar la belleza de los campos de tulipanes de Holanda, por ejemplo.
Lo mismo es cierto de “la hierba del campo” (12:28). Es como los gorriones en su
insignificancia, hoy aquí y arrojado al fuego y quemado mañana. La imagen podría ser del
Siroco, el viento caliente del desierto que marchita la hierba y las flores en minutos, o tal
vez el uso de hierba seca como combustible en el horno junto con la madera. De cualquier
manera, describe lo que solo tiene un valor pasajero y es transitorio como resultado. Sin
embargo, Dios todavía “viste” un campo con él. Esto es seguido por una descripción clave
del cristiano superficial: “gente de poca fe”. En Mateo (6:30; 8:26; 14:31; 16:8), esta es una
frase principal que Jesús usa para sus discípulos: “los de poca fe”. Con demasiada
frecuencia, los seguidores de Jesús están más vinculados con el mundo y sus demandas que
con Dios, por lo que las necesidades materiales (como la ropa adecuada) obtienen el control
de sus vidas.
Jesús resume el problema en el versículo 29: “sí que no se afanen por lo que han de
comer o beber”. Al revertir el viejo adagio, nos volvemos tan terrenales que no somos de
ningún bien celestial. Estamos tan obsesionados con estas preocupaciones terrenales que
nos preocupa la preocupación. Nuestra casa no es lo suficientemente impresionante,
nuestras comidas no son lo suficientemente extravagantes, por lo que nos negamos a
invitar a alguien. Cristo quiere que nos demos cuenta de que si así es como somos, nos
hemos unido al “mundo pagano”, que “corre tras todas esas cosas” (12:30). Todo lo que
tienen es este mundo, por lo que se consumen con él. Eso no debería ser cierto para
nosotros. Debemos saber que tenemos un Padre amoroso que conoce nuestras
necesidades y se preocupa profundamente por nosotros. Eso debería liberarnos para las
actividades celestiales. Estamos seguros en Dios y libres de ansiedad mundana. Ahora
necesitamos vivir así, es verdad.
La solución: vivir el reino (12:31–32)
La perspectiva cristiana en el último versículo, al negarse a preocuparse por las cosas
materiales, se erige como el polo opuesto del mundo pagano, que “persigue todas esas
cosas”. Lo que los verdaderos creyentes “buscan” son las cosas del “reino” (12:31); el zēteite
en tiempo presente significa una búsqueda continua de esa vida que refleja el reinado de
Dios en este mundo. Estos son los aspectos espirituales de nuestra vida, lo que glorifica a
Dios y trae paz y alegría a nuestra vida diaria. Este es el “caminar” cristiano. En Colosenses
1:10; 2:6 Pablo insta a sus lectores a “vivir una vida digna del Señor y complacerlo en todos
los sentidos” y continuar “viviendo sus vidas en él”. Cuando vivimos de esta manera, Jesús
promete que “estas cosas [necesidades materiales] también te serán dadas a ti” por el
Padre. Tenga en cuenta que no promete riqueza y prosperidad, sino las cosas básicas de la
vida. En realidad, promete una gran riqueza, pero eso llegará cuando lleguemos al cielo.
Entonces, Jesús concluye (12:32) que no hay ninguna razón para el miedo o la ansiedad
por las necesidades de la vida o por la persecución de un mundo hostil, porque son el
“rebaño pequeño” de Dios. Este es un término de cariño del Antiguo Testamento (Salmo
23:1; Is. 40:11; Jer. 13:17; Zac. 10:3) que describe a su pueblo como los pocos marginados
y vulnerables a merced de fuerzas poderosas, pero bajo la protección de su Pastor divino.
Mientras que en este mundo tenemos poco poder, sin embargo, “es la buena voluntad del
Padre darles el reino”. Entonces, en realidad, somos pocos los poseedores del reino eterno,
las personas más ricas del mundo. Simplemente estamos esperando nuestra herencia,
cuando nos transformamos de indigentes a príncipes. Si bien la herencia completa es futura,
podemos vivir ahora como personas del reino al negarnos a centrarnos en lo terrenal y
abrazar las realidades celestiales de la vida.
Vida verdadera: tesoro en el cielo (12:33–34)
Estamos en el corazón de uno de los temas principales de Lucas: reemplazar el tesoro
terrenal con el tesoro celestial (ver introducción). Jesús lo declara con énfasis hiperbólico:
“Vendan sus bienes y den a los pobres”. Esto no se entiende como una orden absoluta:
Zaqueo en 19:8 da la mitad de sus posesiones a los pobres. Pero tiene la intención de
establecer prioridades. Compartir con los necesitados es mucho más importante que
comprar lujos. Esto desarrolla aún más la antítesis en 12:21 entre almacenar el tesoro para
uno mismo y ser “rico para Dios”. Esto ha sido mal entendido en los últimos siglos en
términos absolutistas, lo que resulta en votos de pobreza y la creencia de que la riqueza en
sí misma es un pecado.
Una filosofía bíblica de la riqueza reconoce que las bendiciones terrenales incluyen la
prosperidad material, y que cuando Dios la da, está llamando a esa persona a un ministerio
de participación. Al igual que en el “comer, beber y ser feliz” de Eclesiastés 8:15 (ver 12:19
arriba), Dios quiere que disfrutemos la vida que nos da en la tierra, pero principalmente
quiere que sepamos que con la riqueza viene la responsabilidad. Quiere usarnos para
mejorar la vida de los necesitados que nos rodean. Deberíamos considerar la riqueza como
otro don espiritual como cantar, hablar o trabajar con nuestras manos. Es un ministerio
para ser usado para la gloria de Dios y el beneficio de los santos.
Cristo está usando imágenes terrenales como carteras y los “tesoros” monetarios en las
carteras como metáforas espirituales. Permítanme agregar la idea de las cuentas bancarias.
En lugar de depositar nuestro dinero en la tierra, deberíamos regalarlo, y luego se
depositará en el banco del cielo, un “tesoro en el cielo que nunca fallará”, nunca caerá en
la inflación o los cierres bancarios. En el cielo, el interés continúa acumulándose y nunca
puede caer. Será “donde ningún ladrón se acerca y ninguna polilla destruye”. La imagen de
la polilla se relaciona con el hecho de que las prendas se transmitieron por herencia, y las
polillas podrían destruir la ropa cara. Mi esposa y yo estamos jubilados y ocasionalmente
revisamos el mercado de valores, con la esperanza de que lo que hemos acumulado sea
suficiente y no caiga vertiginosamente. Lo que hemos acumulado en el cielo no tiene tanta
presión; crecerá por la eternidad.
Cristo proporciona el principio básico en el versículo 34: “Porque donde esté tu tesoro,
allí estará también tu corazón”. Su corazón está bajo el control del enfoque de su vida, y si
ese “tesoro” está orientado a este mundo, será controlado por las cosas equivocadas. El
corazón es la fuente de todos los aspectos no materiales de la vida: lo intelectual, lo volitivo,
lo emocional. Entonces, si el enfoque es incorrecto, todo en la vida se da vuelta. Así que no
finjas que estás buscando a Dios si te estás centrando en las cosas de este mundo: tus
prioridades prueban quién eres realmente y estás en serios problemas. ¿Hemos invertido
nuestros recursos en el banco terrenal o celestial? Eso determina nuestro destino y nuestra
recompensa cuando estamos ante Dios y respondemos por nuestra vida.
Jesús dice a sus discípulos que estén listos para la próxima crisis
(12:35–48)
Ahora pasamos de las advertencias sobre las posesiones actuales a las advertencias sobre
el juicio futuro. Cristo está haciendo un llamado a vivir expectante y listo para su regreso.
Este es el momento de la crisis escatológica, y estamos llamados a ser fieles a la luz de estos
eventos futuros. Como ha estado diciendo, debemos cambiar nuestra perspectiva del
tesoro terrenal al celestial y vivir en consecuencia. Entonces, esta sección amplía lo que
significa buscar las realidades del reino al decirnos cómo este mundo terminará y quedará
atrapado en esa realidad celestial.
Parábola de los sirvientes en espera (12:35–40)
Jesús usa dos metáforas sobre la preparación para la acción en el versículo 35. La primera,
“Manténganse listos, con la ropa bien ajustada” (véase 1 Pedro 1:13), es literalmente, “ciñe
tus lomos”, lo que implica meter la prenda exterior en el cinturón en disposición para la
acción. El tiempo perfecto se refiere a un estado constante de ser, siempre listo para actuar.
El segundo, “mantenga sus lámparas encendidas”, se refiere a la preparación también
durante las horas de oscuridad. Entonces esto exige una preparación constante y vigilante.
En realidad, la parábola de los sirvientes que esperan en los versículos 36–38 es una
tercera ilustración de la preparación después de los dos en el versículo 35. Estos son
sirvientes que esperan que su amo regrese de un banquete de bodas, lo que podría implicar
que se ha ido por completo. Siete días de la celebración. Con el versículo 35, están listos, y
las lámparas están encendidas para su regreso. No saben exactamente cuándo llegará, solo
que será pronto. Su tarea es simple: abrir la puerta y servir a su amo. Las imágenes del
maestro de pie y tocando también se usan en Apocalipsis 3:20 de la venida de Jesús.
Las imágenes del versículo 37 son inusuales, ya que el maestro promete a los que
todavía lo están observando que revertirá su situación. Se vestirá como el sirviente, los
convertirá en los invitados especiales que “se reclinan en la mesa” y luego “vendrán y los
atenderán”. Jesús hizo esto cuando lavó los pies de los discípulos (Juan 13:4–5), pero aquí
es un banquete que les servirá. Los amos que servían a los esclavos no se conocían en el
primer siglo, y la reclinación muestra que este es un banquete especial, probablemente el
banquete mesiánico (Apocalipsis 19:6–10).
El versículo final tiene la forma de una bienaventuranza: “Dichoso [NVI: ‘bueno’] por …”
Aquellos sirvientes que hayan permanecido preparados y vigilantes en las horas de espera
experimentarán una bendición especial del Señor “incluso si él viene en medio de la noche
[la segunda guardia] o hacia el amanecer [la tercera guardia] “. Mientras que los romanos
tenían cuatro vigilias nocturnas desde las seis de la tarde hasta las seis de la mañana, los
judíos tenían tres (seis a diez, diez a dos y dos a seis). Es probable que Jesús esté siguiendo
la práctica judía aquí. El punto es que podría ser una larga espera, y los seguidores de Jesús
deben estar listos para el largo recorrido. Es importante darse cuenta de que Jesús no
esperaba un pronto regreso, sino que estaba preparando a sus discípulos para un período
intermedio, y se requiere vigilancia espiritual de todos los siervos de Dios.
La parábola del jefe de familia y el ladrón en los versículos 39–40 agrega más
advertencia. La parábola se presenta en forma de una verdad simple: “Si un dueño de casa
supiera a qué hora va a llegar el ladrón, estaría pendiente para no dejarlo forzar la entrada”.
Esta breve ilustración está detrás de los pasajes del “ladrón en la noche” sobre la parousia
o “venida” de Jesús (Mateo 24:43; 1 Ts. 5:2; 2 Pedro 3:10; Ap. 3:3; 16:15), donde los
creyentes superficiales son advertidos de la naturaleza inesperada del regreso de Jesús.
“Allanar” es en realidad “demoler” y podría imaginarse al ladrón excavando a través de las
paredes de adobe de una vivienda palestina. Esto podría llamarse una “parábola de
sorpresa” y es lo opuesto al énfasis en la preparación en los versículos anteriores. Este jefe
de familia no estaba “listo” para que un ladrón entrara a su casa.
Entonces, la moraleja de la historia en 12:40 es crítica: “También debes estar listo,
porque el Hijo del Hombre vendrá a una hora cuando no lo esperes”. Jesús será juez y
conquistará al rey en su segunda venida. En ese momento, todos darán cuenta de sus vidas
(Heb. 13:7), y los que no estén preparados se verán avergonzados ante él (2 Ti. 2:15). Este
es el corazón de la vigilancia espiritual: estar siempre atento a Cristo y listo para su regreso.
La necesidad de mayordomos fieles (12:41–48)
En el versículo 41, Pedro hace una pregunta, Lucas quiere que hagamos también. En
realidad, Jesús ha estado hablando principalmente a sus seguidores (12:1, 4, 22, 32, 42, 52),
pero también se dirige a las multitudes (12:1, 13, 54). Pedro hace una pregunta
hermenéutica sobre la interpretación del significado de este material. En realidad, Jesús
quiere que ambos grupos lo escuchen todo. Tiene la intención de enseñar a los discípulos y
prepararlos para lo que pronto vendrá. Además, está destinado a ayudar a las multitudes a
darse cuenta de lo que se están perdiendo cuando permanecen fuera de las personas de
Jesús (y de Dios).
Principalmente dirigiéndose a los discípulos, Jesús en el versículo 42 pregunta con quién
puede contar para ser “un mayordomo fiel y sabio” (NVI: “gerente”; oikonomos). Estos son
los líderes de la comunidad mesiánica de Cristo. El mayordomo era el esclavo puesto a cargo
de los otros esclavos en la administración de la casa y el estado del amo cuando él estaba
fuera. Él asignó la “distribución de los alimentos” y otras necesidades a los otros sirvientes,
un término raro para la “medida de grano”, llamado por los romanos el “paro de grano”
dado a los pobres para cuidarlos. Se aseguraron de que los esclavos fueran atendidos
adecuadamente. Para la comunidad de seguidores, estas personas serían similares a los
diáconos y otros que administraron los fondos de atención después de que los apóstoles
entregaron ese deber (4:32–35; 6:3–6). Estos debían ser fieles en el desempeño de su
responsabilidad y “sabios” o “prudentes” en la forma en que lo hicieron. Esto significa que
son “sensibles” o constantes como líderes.
Jesús en los versículos 43–44 usa otra bienaventuranza para describir la recompensa
por la mayordomía fiel. Como en 12:37–38, estos son discípulos que no son flojos sino fieles
en el desempeño de su cargo. El criterio para el éxito es ser “l siervo cuyo señor, al regresar,
lo encuentra cumpliendo con su deber”. Como en toda esta sección, Cristo se está refiriendo
a cuando regrese para establecer su reino. Como eso puede ser en cualquier momento en
el futuro, esto exige que los líderes sean encontrados en todo momento fieles y sabios
mientras guían y vigilan el rebaño de Dios.
La bendición misma se explica en el versículo 44. Estos mayordomos, a quienes se les
dio autoridad temporal mientras los examinaba el Señor, son aprobados y “puestos … a
cargo de todas sus posesiones”, y ahora administran todo el estado del maestro. Este
mayordomo tiene autoridad completa sobre el hogar. ¿Se refiere esto a la autoridad sobre
la iglesia en el período intermedio o la autoridad final en el cielo? Como no hay ningún
indicio de jerarquía en el cielo, lo primero puede ser más probable. Sin embargo, el contexto
describe el tiempo que siguió al regreso de Cristo, por lo que probablemente también sea
una imagen que no describe una jerarquía de autoridad en el cielo, sino la recompensa de
los creyentes fieles. Por lo tanto, indica una bendición especial y participación en la gloria
de Cristo.
En el versículo 45 hay un cambio hiperbólico del mayordomo fiel al malvado. El maestro
había otorgado autoridad administrativa sobre los otros sirvientes en el versículo 42, pero
este administrador hace un mal uso de esa autoridad y, pensando que el maestro se habrá
ido por un período prolongado, “comienza a golpear a los otros sirvientes, tanto hombres
como mujeres, y a comer y beber y emborracharse “en lugar de dar a sus compañeros de
servicio la comida que necesitan. En otras palabras, es hambriento de poder y hedonista,
viviendo para sus propios placeres malvados. Sus acciones son la antítesis absoluta de lo
que Cristo exige. Lo más probable es que la descripción de su terrible comportamiento sea
paralela a las acciones de falsos maestros que destruyen espiritualmente a sus seguidores
y los usan para cubrir sus propios bolsillos, viviendo indulgentemente de ellos.
Sin embargo, el maestro no se va mientras el hombre piense y regrese en un momento
inesperado, viendo el mal comportamiento por sí mismo. El juicio es tan terrible como su
comportamiento fue perverso: “lo castigará severamente y le impondrá la condena que
reciben los incrédulos”. Golpeó a los sirvientes bajo su cuidado, y ahora Dios, como dice el
griego literalmente, “lo desmembrará” o “lo dividirá en dos”. Esto, por supuesto, es el juicio
final y una imagen del fuego del infierno eterno. Su castigo se ajusta a su crimen y al
principio de reciprocidad que se encuentra en todo el libro de Apocalipsis. De hecho, es
parte de mi definición de ética bíblica: lo que hacemos a los demás, ya sea bueno o malo,
Dios volverá sobre nuestras propias cabezas (= recompensa o castigo). En mi comentario de
Apocalipsis en esta serie, sostengo que habrá grados de castigo para aquellos condenados
al infierno (p. 335 en 20:13–15), y estos versículos (45–48) apoyarían tal punto de vista.
Aquellos que han hecho cosas más terribles sufrirán un castigo más terrible. Mi temor es
que más líderes cristianos de lo que creemos caerán en esta categoría, viviendo para sí
mismos y el poder y la recompensa terrenales que pueden acumular de su ministerio.
Caerán en este juicio.
En los versículos 47–48 se proporcionan otros dos ejemplos de grados de castigo por
mayordomía infiel. El primero es el esclavo que se da cuenta de lo que exige su amo, pero
se niega deliberadamente a hacerlo (v. 47), y el segundo es aquel que no conoce la voluntad
de su amo y falla sin darse cuenta (v. 48). El primero es “recibirá muchos golpes” y el
segundo con “recibirá pocos golpes”. Esto describe la justicia romana, aunque nos parece
extrema. El punto es que cada uno recibe exactamente el castigo que sus acciones han
ganado.
Por lo tanto, se trata de la responsabilidad de estar a la altura del nivel de conocimiento
que tiene. Con los dos versículos anteriores hay tres niveles: pecado deliberado (v. 45),
pecado de omisión (v. 47) e ignorancia (v. 48, aún culpable, porque aún debería haberlo
sabido). El segundo (v. 47) es pecado “deliberado” o transgresión intencional (Números
15:30–31; Salmo 19:13) y podría estar relacionado con el pecado de omisión de Santiago
[Link] “sabe hacer el bien y no lo hace”. La “paliza con muchos golpes” les recordaría a los
antiguos lectores el castigo de la sinagoga de golpear con varas treinta y nueve veces.
En ambos casos, la demanda es que sepamos la voluntad del maestro y la obedezcamos.
El segundo sirviente (v. 48) sigue siendo culpable porque no siguió esta voluntad. La
ignorancia no es excusa porque el conocimiento estaba allí para ser descubierto, por lo que
todavía es culpable.
La lección (12:48b) es clara: “A todo el que se le ha dado mucho [los tres niveles], se le
exigirá mucho”. Este es cada uno de nosotros, ya que a todos nos han sido dadas las
verdades del reino, y somos responsables de darles un buen uso en nuestras vidas. Todos
reaccionamos de manera diferente a estas maravillosas verdades (tenga en cuenta los tres
niveles anteriores), pero todos somos responsables. Jesús les dice a los discípulos que Dios
les exige que sean fieles a su llamado. Como él dice aquí, se nos ha “confiado mucho”, de
hecho, con la verdad más grande que este mundo jamás conocerá: el evangelio. Los
descubrimientos científicos que han llegado a los titulares en los últimos tiempos son
sorprendentes, pero no son nada en comparación con el evangelio eterno. Un nuevo
teléfono o una cura para esta o aquella enfermedad son “buenas noticias” pero no tienen
consecuencias eternas. Tenemos este conocimiento; ahora es tiempo de estar a la altura.
Jesús en este capítulo está entrenando a sus seguidores para su futura misión y
resumiendo lecciones anteriores. No deben tener nada que ver con la propagación del mal
de los fariseos, sino darse cuenta de que las palabras y los hechos de los malvados y los
justos se darán a conocer a todos, por lo que deben asegurarse de que están viviendo y
proclamando las cosas de Cristo. (vv. 1–3). No necesitan preocuparse por lo que la gente
pueda hacerles, porque Dios vela por cada cabello en su cabeza (vv. 4–7). Simplemente
deben reconocer a Cristo en todo lo que hacen, y su futuro eterno será seguro (vv. 8–9).
Ellos tienen el Espíritu Santo. Nunca deben blasfemar su nombre, sino confiar en él para
decirles qué decir en situaciones de crisis (vv. 10–12).
Entonces Jesús pasa de la confesión sin miedo al problema del materialismo. Dos
hermanos peleando por su herencia lleva a la parábola del rico tonto (vv. 13–21) que aborda
el tema de la codicia. El granjero con la gran cosecha ignora a Dios y a quienes lo rodean
para darse el gusto. Se muestra como un tonto cuando coloca las posesiones por delante
de Dios y desperdicia toda su riqueza en sí mismo.
La respuesta es negarse a dejarse consumir con preocupación por la calidad de los
alimentos que come o la ropa que usa o cualquier otro lujo de la vida al que nos volvemos
tan adictos (vv. 22–34). Si realmente conocemos a Dios y confiamos en él, sabemos que nos
está cuidando y que satisfará nuestras necesidades. Eso debería permitirnos perseguir cosas
de valor eterno, no solo los bienes mundanos de valor temporal. Necesitamos descubrir la
visión bíblica de la riqueza, que Dios nos da las cosas de este mundo en parte para disfrutar,
pero principalmente para glorificarlo y mejorar las vidas de quienes nos rodean,
especialmente los pobres y los necesitados. Entonces, debemos buscar tesoros celestiales
y no solo terrenales y usar nuestras posesiones materiales para servir a Dios,
convirtiéndolos en tesoros celestiales.
Finalmente, Jesús pasa de las posesiones actuales a estar listo para su futuro retorno y
el juicio venidero (vv. 35–48). Somos los sirvientes que esperan el regreso del amo, y si
somos fieles, tenemos la promesa de que revertirá todo y nos servirá en el banquete
mesiánico, recompensándonos por nuestros sacrificios (vv. 36–38). Luego pasa de la
promesa a la advertencia (vv. 39–40). Para aquellos que no están listos, él viene como un
ladrón y trae juicio con él. El pueblo de Dios debe vivir en constante preparación.
Cristo está llamando a mayordomos sabios y fieles que servirán al Señor en el ministerio
y mantendrán a su iglesia en este período intermedio (vv. 41–44). Su recompensa será
genial. Pero aquellos que no sirven al Señor y administran su iglesia, convirtiendo sus
ministerios en feudos egocéntricos, experimentarán una severa condena y serán juzgados
severamente cuando Cristo regrese (vv. 45–48). Cada uno de nosotros, líderes y laicos,
debemos asegurarnos de que estamos viviendo para el Señor y buscando su gloria.
PREPARACIÓN Y VIGILANCIA PARA LA PRÓXIMA CRISIS
(12:49–13:35)
En la mente de Jesús, él está preparando a sus discípulos tanto para los eventos de pasión
en Jerusalén como para su parousia (venida) al final de la historia. La división es el resultado
inevitable de la predicación del reino, porque la gente la rechazará, y sus seguidores deben
estar alertas y leer los signos de los tiempos (12:49–59). La nación necesita arrepentirse,
porque el tiempo es corto (13:1–9). En la sanación de 13:10–17 el conflicto continúa, pero
la sanación y el arrepentimiento todavía están presentes. Durante el resto del capítulo 13,
Jesús se centra en la presencia y las demandas del reino que ha llegado con él. Sus
seguidores deben estar preparados para la próxima crisis.
Jesús insta a quienes le escuchan a reconocer las señales de los
tiempos (12:49–59)
El divisionismo de Jesús (12:49–53)
El propósito de la encarnación ahora se expresa en una moda sorprendente: “He venido a
traer fuego a la tierra”. Algunos piensan que estos son los fuegos de la purificación y la
limpieza a través de la venida del Espíritu, como en [Link] “bautizará con el Espíritu Santo y
fuego”, pero esto no encaja en el contexto. Es más probable que estos sean los fuegos del
juicio, referidos no tanto al juicio final aquí como al juicio al dividir a la nación en creyentes
y no creyentes, los buenos y los malvados (vv. 51–53). La división es un motivo frecuente
(1:52–53; 2:34; 3:5; 6:20–26; 8:14–15), exigido por la obstinada oposición de los líderes.
El deseo de Jesús se ajusta a cada uno de nosotros: “Cómo desearía que ya estuviera
ardiendo” (nota 11:2, “venga tu reino”). Debe llevarse a cabo, y como eso es cierto,
¡sigamos adelante! Él vino para traer el reino final de Dios, pero para hacer eso es necesaria
la división de la humanidad y su juicio, y su ferviente deseo es que se inicien estos eventos
finales (similar a Apocalipsis 22:20, “Amén. Ven, Señor Jesús “; Y 1 Co. 16:22, Maranata [NVI:
“¡Ven, Señor!”]). Esta es una condición contraria a los hechos, que significa “Deseo, pero no
puede ser”. Dios tiene el control, y debemos agregar (como está implícito aquí), “se hará su
voluntad”. Aun así, como veo el estado de este mundo, el deseo de Jesús también es mi
ferviente deseo.
Para Jesús, sin embargo, hubo eventos necesarios que tuvieron que llevarse a cabo:
“Tengo que bautizarme, ¡y qué restricción tengo hasta que se complete!” (12:50) Esto no
es martirio (el punto de vista de Ireneo) o bautismo cristiano, ya que ninguno de los dos
encaja aquí. Este es el bautismo de Jesús, no el nuestro. Más bien, Jesús debe estar
“inmerso” (el significado de “bautismo”) en su destino, su pasión en la cruz. Jesús se verá
abrumado por la catástrofe (el significado de la metáfora del bautismo) cuando se convierta
en pecado por nosotros y sufra nuestro juicio en la cruz en nuestro nombre.
Aclara el tipo de juicio que aporta al testificar que no ha venido a “traer paz a la tierra”
(como se prometió en Isaías 9:5–7; Zac. 9:9–10; así como en Lucas 2:14; 7:50; 8:48; 10:5–6)
sino “división”. Antes de que se pueda experimentar la paz redentora de Dios, y mucho
antes de que pueda llegar su paz escatológica, el mundo de la humanidad debe dividirse en
líneas de aceptación o rechazo de la salvación de Dios en Jesús. Cristo ha venido a
encontrarse con la humanidad pecadora, y este encuentro exige una decisión, y esa decisión
determina el destino. No habrá verdadera unidad entre la humanidad hasta que se
establezca el reino celestial final de Dios y se destruya todo mal.
En el versículo 53, pasa de los números puros a las relaciones familiares personales que
se verán interrumpidas entre padre e hijo, madre e hija, y suegra y nuera. Esto alude a
Miqueas 7:6, que describe las condiciones pecaminosas en Israel que derribaron el juicio de
Dios sobre él. Incluso la vida familiar se había desintegrado. Los hermanos de Jesús no
creyeron en él en absoluto durante su vida (Juan 7:5). Se necesitaron apariciones de
resurrección (1 Corintios 15:7) para llevarlos a la fe.
Lectura de las señales de los tiempos (12:54–56)
Ahora se da vuelta y se dirige a las multitudes, usando la ilustración de observar señales de
patrones climáticos. Una nube que surge en el oeste de Palestina proviene del aumento de
vapor del Mediterráneo y significa que la lluvia está en camino. Los vientos del sur
provienen del desierto y anuncian el Siroco, el viento cálido que puede marchitar las plantas
prácticamente en un instante. Estos eran signos con los que se podía contar para informar
a una persona el clima antes de que llegara.
Luego aplica esto a las multitudes, llamándolos “hipócritas”, como se muestra en los
problemas de 11:39–52. Afirman conocer a Dios y pueden conocer el clima, pero no pueden
“saber interpretar este tiempo presente” (12:56). Son hipócritas porque pueden interpretar
las señales naturales, pero no pueden interpretar las señales celestiales, lo que significa que
han perdido su relación con Dios. No son conscientes en este momento de crisis de que ha
llegado el momento del juicio ardiente (12:49). Deberían haber visto la evidencia de la obra
de Dios en el ministerio de Jesús y las divisiones que causó. Deben estar listos, pero no
están.
Estar a cuentas con Dios (12:57–59)
Jesús ahora procede a contarles la verdadera imagen de los tiempos y les pide que “juzguen
por sí mismos lo que es correcto”. Les está dando la oportunidad de hacer lo que no han
podido hacer hasta ahora, interpretar los signos de los tiempos. La historia en sí es bastante
clara, como lo es su significado. Estás caminando con un adversario en el camino para ver
al magistrado. Es un problema financiero que involucra la corte del deudor, como se
muestra en “pagó el último centavo” en el versículo 59. Probablemente sea culpable, ya
que Jesús lo alienta a “reconciliarse en el camino” en lugar de ir a la corte. Esta es
probablemente una corte Helenística ya que en un entorno judío un gobernante o escriba
de la sinagoga probablemente habría tomado la decisión.
La reconciliación es la única forma de mantenerlo fuera de prisión. Si fueras, estarías en
un problema terrible, ya que en la cárcel probablemente serías golpeado regularmente para
que tu familia pagara más, y la liberación en cualquier momento era rara, ya que la deuda
tenía que pagarse en su totalidad antes de que la liberación tuviera lugar. La gente se
vendería como esclava para evitar la prisión del deudor. Un leptón, o “centavo”, era la
moneda más pequeña que había, con un valor de 1/128 de denario, o menos de media hora
de trabajo.
El significado de esto es poderoso. El acusador ha sido vinculado con Satanás u
oponentes terrenales o incluso con Dios. Probablemente este escenario no pretende ser un
símbolo y es simplemente un color local. El mensaje se centra en la preparación para el
juicio final, con Dios el Juez en el gran trono blanco (Apocalipsis 20:11–15). La deuda, como
en la Oración del Señor (11:4), se refiere a nuestros pecados como deudas con Dios. Le
daremos cuenta de él por nuestras vidas, y muchos estarán ante él avergonzados (Heb.
13:7; 2 Ti. 2:15). Reconciliarse con él claramente significa arrepentirse y recibir perdón por
los pecados. De lo contrario, tendremos que “pagar el último centavo” y recibir la condena
y el juicio eternos.
Jesús llama a los que le escuchan a arrepentirse (13:1–9)
Jesús acaba de hablar de juicio, por lo que algunos miembros de la multitud preguntan
sobre una reciente atrocidad perpetrada por los romanos cuando mataron a un grupo de
peregrinos galileanos cerca del templo y “mezclaron” su sangre “con sus sacrificios”
(posiblemente en la Pascua, cuando se sacrificaron cientos de animales). Este evento en
particular no es mencionado en ninguna otra parte por Josefo ni por nadie, pero es de un
tipo con tragedias similares en el pasado. De hecho, probablemente es como la matanza de
inocentes por parte de Herodes en Mateo 2:16, solo uno de muchos de esos eventos.
Eventos similares serían: (1) Muchos judíos asesinados en la construcción de un acueducto
en Jerusalén (Josefo, Guerra judía 2.175–77); (2) una masacre de samaritanos por parte de
la caballería romana mientras celebraban vasijas sagradas enterradas por Moisés en el
monte Gerizim (Josefo, Antigüedades 18.85–87); (3) tres mil judíos asesinados por Herodes
Arquelao (hijo de Herodes el Grande) en la Pascua de año 4 a.C. (Josefo, Antigüedades
17.213–18). Entonces este evento fue uno de muchos. Sin lugar a duda, el hombre quería
comentarios sobre el juicio divino sobre Roma sobre su mandato.
Jesús responde haciendo una pregunta sobre la culpa: “¿Piensan ustedes que esos
galileos, por haber sufrido así, eran más pecadores que todos los demás??” La mayoría de
los judíos asumieron que tales tragedias fueron el resultado del pecado en la vida de
quienes sufrieron (Juan 9:1). En el siguiente versículo (13:3) responde negativamente a su
propia pregunta y concluye: “De la misma manera, todos ustedes perecerán, a menos que
se arrepientan”. Si bien algunos interpretan esto como una referencia a la destrucción de
Jerusalén, eso es poco probable. Esta es ciertamente una referencia al juicio final y al castigo
eterno. Nadie puede evitar la muerte, pero aquellos que se arrepienten no sufrirán la
“segunda muerte” (Ap. 20:6). Deberíamos temer a la muerte eterna, y la única forma de
evitar eso es el arrepentimiento y la conversión. Tragedias como la masacre de los galileos
sucederán en este mundo; es para cuando nuestra vida en este mundo termine que
debemos preocuparnos.
En los versículos 4–5, Jesús agrega otra instancia de tragedia humana para hacer su
punto: cuando la torre de Siloé cayó y mató a dieciocho personas. Siloé era un embalse
cerca de la pared sureste de la ciudad, y parte de su torre aparentemente cayó sobre una
multitud. Se plantea el mismo problema: ¿se demostró que fueron “más culpables” que
otros por este incidente? La respuesta de Jesús es la misma: no, pero muestra la fragilidad
de la vida y la gran importancia de arrepentirse mientras todavía hay tiempo. Lo más
importante en la corta vida que tenemos es estar bien con Dios.
Jesús pasa del juicio universal en los versículos 1–5 a la misericordia universal en los
versículos 6–9, centrándose en la idea de una oportunidad final, un período de gracia para
que la misericordia de Dios se extienda. Las higueras normalmente dan fruto diez meses al
año. Los higos o higueras en un viñedo son metáforas frecuentes para Israel (Is. 5:1–7; Jer.
24:1–8; Mi. 4:4; 7:1). La historia es del dueño de un viñedo que descubre que su higuera es
estéril y ha sido improductiva durante tres años. Esta es la cantidad normal de tiempo que
se le da para madurar, y luego se le dan tres años más para que los higos maduren por
completo. En el séptimo año, el fruto se da primero al Señor como primicias (Levítico 19:23–
24). Los tres años en la historia son probablemente los tres que siguen a este séptimo año.
El dueño está listo para cortar el árbol (13:7), pero el viticultor pide un año más para cavar
alrededor de las raíces y agregar estiércol para ayudarlo a crecer. Solo después de ese año
se debería cortar.
Esto pretende ser una antítesis deliberada de Isaías 5:1–7, donde Israel, como viñedo
improductivo, debía ser “destruido” y convertido en “un páramo”. La dura acusación allí se
da vuelta aquí, con Dios ofreciendo a la gente (la higuera) otra oportunidad para
arrepentirse y dar fruto (higos). Sus oyentes habrían esperado un final similar a Isaías, pero
sorprendentemente hay aquí una inversión de expectativas. El objetivo es que la justicia
divina (vv. 1–5) se ve atenuada por la misericordia divina (vv. 6–9). El juicio todavía está en
camino, pero Jesús dice que el tiempo del presente es un período intermedio donde el
arrepentimiento se ofrece. De la misma manera que cuando Abraham suplicó por Sodoma
en Génesis 18:16–33, Dios proporcionará un tiempo para que la nación se dé vuelta
espiritualmente, pero solo por un tiempo prolongado. Hoy es el día para arrepentirse (ver
Heb. 4:6–7).
Jesús sana a una mujer en día de reposo (13:10–17)
Este milagro de sanidad particular es solo el segundo de la narrativa de viaje (con 11:14) y
se centra en varios principios endémicos de este contexto. Es otro encuentro con los judíos
y especialmente con la hipocresía de los líderes (11:37–54). Esto se convierte en una señal
de los tiempos (12:54–56) que llama al arrepentimiento (13:6–9) y continúa el conflicto,
volviendo a las controversias del día de reposo (4:31–37; 6:6–11).
Esta es la última vez que Jesús enseña en una sinagoga, y como sucede con frecuencia,
una mujer lisiada se le acerca allí. Al igual que con el niño en 9:37–43, el demonio está
usando la enfermedad física de la mujer para torturarla. Ella ha estado “paralizada por un
espíritu durante dieciocho años”, conectando su largo tiempo de sufrimiento con los
dieciocho que fueron asesinados en el versículo 4. La mención del “espíritu” probablemente
tiene la intención de agregar una nota de conflicto cósmico a la escena. Su condición
probablemente implicaba una fusión y colapso de los huesos de la columna, lo que la hacía
“inclinarse” y apenas podía caminar. Su triste condición puede haber durado la mayor parte
de su vida hasta ahora.
Aparentemente, mientras estaba enseñando, Jesús “la vio” allí y decidió encargarse de
su problema de inmediato. Él interrumpió su enseñanza (muy inusual) y gritó en el versículo
12: “Mujer, quedas libre de tu enfermedad”. Caminando, él le puso las manos encima (ver
4:40), y sus huesos se curaron y enderezaron instantáneamente, un verbo divino pasivo que
enfatiza que Dios la está sanando. Su “glorificación” (edoxazen; NVI: “alabado”) Dios es la
respuesta natural al toque sanador de Dios en Jesús (2:20; 4:15; 5:25–26; 7:16). Esto
muestra que ella es la antítesis de la regla de la sinagoga en el siguiente versículo que está
atrapada en la legalidad y no puede ver la mano de Dios en Jesús.
El encargado de la sinagoga (ver 8:41) indudablemente es el que le pidió a Jesús que
hablara y está molesto porque ha roto la tradición oral al sanar en el día de reposo. Él no
castiga a Jesús, sino que se dirige a la multitud en el versículo 14, probablemente para
volverlos contra él. Argumenta que al sanar a Jesús ha trabajado en el día de reposo, y eso
solo debería ocurrir los otros seis días, basándose en Éxodo 20:9–10, “seis días trabajarás y
harás todo tu trabajo”. La mujer debería haber venido otro día para ser sanada, no el día de
reposo. Ella ha perturbado el decoro del servicio de la sinagoga y le ha causado problemas,
por lo que está indignado. Está mucho más preocupado por sus legalidades que por sus
dieciocho años de sufrimiento.
Jesús una vez más los llama “hipócritas” (ver 12:56), aquellos que viven vidas falsas,
pretendiendo ser fieles a la ley cuando en realidad no son amigos de Dios, y se preocupan
más por los animales que por una mujer que sufre. La tradición oral de los rabinos decía
que a un buey o un burro podía dárseles agua en el día de reposo solo si no llevaban cargas
(no estaban trabajando). Los animales también podrían estar atados para que no se desvíen
a pesar de la regla de no atar nudos en el día de reposo (m. Shabat 5:1–4). El punto de Jesús
era que se les permitía cuidar animales; ¿Por qué no la gente?
Su argumento es bastante detallado (13:16). Ella es una “hija de Abraham” y, como tal,
especialmente amada como hija de Dios. Satanás “la mantuvo atada durante dieciocho
largos años”, haciendo hincapié en la guerra demoníaca que se libró contra ella y su
prolongado encarcelamiento. ¡Cómo se atreven a preocuparse más por un burro atado por
una cuerda que por la hija de Abraham atada por Satanás! ¿Cómo se atreven a negarse a
permitir que ella sea “liberada” de su esclavitud? Todo el propósito de Jesús en el ministerio
es cumplir con Isaías 61:1 y “liberar a los oprimidos” (4:18), y los líderes desean negar eso.
Como antes, la división da como resultado el versículo 17: “quedaron humillados todos
sus adversarios”, pero la gente “estaba encantada con todas las cosas maravillosas que
estaba haciendo”. La vergüenza de los líderes alude a Isaías 45:16 y la humillación mesiánica
de los fabricantes de ídolos allí. Los pecados de los líderes que idolatraron sus reglas más
de lo que tuvieron compasión por el dolor es el impulso. Es dudoso que sintieran la
vergüenza, pero aquellos que estaban espiritualmente sintonizados estaban
definitivamente conscientes de la verdad. Mientras tanto, la multitud se regocijó por las
“cosas maravillosas” que Jesús realizó en medio de ellos. Entonces, ahora se cumple el
verdadero propósito del día de reposo, cuando Jesús realiza obras maravillosas, la multitud
se regocija y Dios recibe la gloria.
Jesús cuenta dos parábolas sobre el Reino de Dios (13:18–21)
La sanación de la mujer lisiada fue otra señal de que el reinado del reino de Dios había
comenzado, por lo que Jesús cuenta dos parábolas que se convierten en su comentario
sobre el significado de la sanación. Muestran que en el ministerio de Jesús el gobierno de
Dios está en proceso de crecimiento y de demostrar la presencia de Dios en el mundo.
Continuará creciendo en el ministerio de la iglesia en el mundo, tanto en la comunidad
mesiánica como en su misión a toda la humanidad.
Al sanar y expulsar al demonio de la mujer, Cristo demostró que el reinado de Dios ha
comenzado, por lo que en los versículos 18–19 describe su naturaleza y carácter
comparándolo con una semilla de mostaza, una de las semillas más pequeñas (apenas se
puede ver. en tu mano) pero que produjo un gran árbol, de nueve a diez pies de altura.
Entonces, la semilla de mostaza fue proverbial para un crecimiento rápido y sorprendente.
El punto de Jesús es exactamente esto: el reino parece insignificante en el presente, pero
tiene un potencial explosivo para el futuro. No habrá un comienzo espectacular que los
judíos esperan (que vendrá con la segunda venida), pero la grandeza futura pronto será
evidente
Las “aves anidaron en sus ramas” se destacan en los tres Evangelios Sinópticos (Mateo
13:32; Marcos 4:32), y muchos ven la imagen como simplemente enfatizando el tamaño del
árbol. Sin embargo, alude a varios pasajes (Sal. 104:12; Da. 4:9–15; Ezequiel 17:23) que
incluyen a los gentiles (toda la humanidad) entre el pueblo de Dios. Este es un énfasis a lo
largo de Lucas-Hechos, pero especialmente en 13:29–30 aquí. Cristo está comparando el
árbol de la mostaza con el árbol de cedro que es Israel al abrigo de las naciones en sus
ramas, una imagen de la misión universal que pronto se iniciará en el ministerio de sus
discípulos.
En una segunda ilustración de la presencia del reino en los versículos 20–21, la levadura
en una gran cantidad de harina para hacer suficiente pan para una aldea representa el
crecimiento del reino. En este caso, una mujer agrega levadura a “tres medidas” (NVI:
“sesenta libras”) de harina, o treinta y seis cuartos secos. La “levadura” en sí (véase 12:1)
era una masa más vieja, ya fermentada con levadura, añadida al nuevo lote de masa,
produciendo suficientes panes para alimentar a un par de cientos de personas.
A menudo, la levadura se usa negativamente para el crecimiento del pecado, pero aquí
se usa de manera positiva en lugar de negativamente, representando la masa en aumento
y alimentando a este gran grupo. Como tal, muestra los increíbles resultados del evangelio
mientras impregna el mundo y produce una cantidad asombrosa de conversos. El reino
tiene el poder de llegar a todo el mundo con la salvación y las verdades del reino traídas por
Cristo y sus seguidores. Además, una vez que la levadura se introduce en la masa, no se
puede detener su crecimiento. Él está diciendo aquí que el reino de Dios no se puede
ralentizar y de hecho llenará al mundo con la realidad de Dios en él.
Jesús enseña sobre la puerta estrecha (13:22–30)
Este pasaje establece el tema del material resultante, centrándose en las grandes demandas
del reino y el juicio inminente. Somos responsables, pero en los términos de Dios, no los
nuestros.
En el versículo 22, se nos recuerda una vez más que Jesús está en su “camino a
Jerusalén” (ver 9:51–52, 57; 10:1, 38; 11:53) para encontrar su destino final, y una vez más
está enseñando. en todos los pueblos por los que pasa.
Una de las preguntas más importantes que le harán se encuentra en el versículo 23:
“Señor, ¿solo unas pocas personas serán salvas?” Esta es la pregunta que todos debemos
hacer, ya que proporciona el estímulo para la misión. Jesús les ha estado advirtiendo sobre
esto todo el tiempo, y finalmente las implicaciones están comenzando a infiltrarse. La
mayoría de los judíos asumieron que todos llegarían al reino, pero algunos escritores judíos
discutieron si “pocos” realmente entrarían, especulando sobre los motivos del rechazo
(violaciones del día de reposo, blasfemia, etc.).
Jesús enfatiza cuán estricto es el gobierno de Dios para entrar, y aquí agrega cuán breve
es el tiempo para responder. Obviamente, esto es la entrada no solo al reino de Dios sino a
la presencia misma de Dios. La imagen es probablemente la de un suntuoso salón de
banquetes (el banquete mesiánico) con una entrada estrecha y un límite de tiempo cuando
las puertas están abiertas. Jesús ha enfatizado en numerosas ocasiones lo que es necesario:
fe en él y aceptación de su mensaje de salvación.
La estrechez de la entrada se debe a que las personas no pueden atravesarla como
quieran, sino que deben interponerse en el camino de Dios según las reglas de Dios. El
trasfondo proviene de Deuteronomio 30:19 (“elige la vida”); Salmo 1:6 (“el camino de los
impíos”); y Jeremías 21:8 (“el camino de la vida y el camino de la muerte”). La “forma de
vida” debe introducirse en el tiempo de Dios y no es fácil. Tomará “todos los esfuerzos”, y
uno no debe preocuparse por cuántos lo lograrán sino si ellos mismos lo lograrán. Los
“muchos” no entrarán porque lo intentaron en sus propios términos y en su propio tiempo,
solo para descubrir que era demasiado tarde. Esperaron demasiado. (Véanse también las
damas de honor de Mateo 25:8–12.) El énfasis no está solo en “quién” lo hará sino en
“cómo” pueden entrar al banquete mesiánico.
La brevedad del tiempo se debe a que “el dueño de la casa” se levantará y cerrará la
puerta (v. 25). Esta es una imagen separada, no solo una puerta estrecha, sino una que está
cerrada para los extraños. Los que han esperado demasiado están afuera “llamando y
suplicando, ‘Señor, ábrenos la puerta’ ”. Pero claramente no han obedecido las reglas de
entrada del propietario. Han perdido tanto sus instrucciones (el camino angosto) como el
límite de tiempo para entrar (la puerta cerrada), por lo que el propietario responde: “No sé
quiénes son ustedes” (también Mateo 7:23). Obviamente no tienen relación con los novios
y no se conocen, por lo que no son bienvenidos. El “de dónde vienes” proviene de la
preocupación judía por las relaciones familiares y aquí significa que no son parte de la
familia de Dios o invitados a la boda (ver Apocalipsis 19:9).
Seguirán tratando de obtener la entrada (v. 26), con nuevas excusas. Primero, afirman
haber tenido comunión en la mesa con el dueño (“comió y bebió con usted”), pero
claramente no se había establecido ninguna relación. También afirmaron ser seguidores de
Jesús (“usted enseñó en nuestras calles”), pero ciertamente nunca se comprometieron con
Jesús, solo escucharon mientras él enseñaba. Entonces, en realidad, tampoco era cierto.
Jesús refuta sus afirmaciones repitiendo: “es repito que no sé quiénes son ustedes” (v.
27). Con la repetición el rechazo es absoluto. Son culpables y nunca serán aceptados. Él
cierra con una cita del Salmo [Link] “¡Apártense de mí, todos ustedes hacedores de injusticia!”
El Salmo 6 trata con la víctima justa que confía en Yahveh y ordena a sus enemigos que se
vayan. Entonces, estas personas no solo se han convertido en extraños, sino que se ha
demostrado que son malvados, los enemigos de Dios. Su exclusión del banquete mesiánico
no es solo porque retrasaron su llegada demasiado tiempo sino porque su maldad ha sido
probada (como en Mateo 7:23).
Para aclarar las implicaciones de la “puerta estrecha”, Jesús especifica más adelante en
el versículo 28 el destino de los que están dentro y los que están fuera del salón de
banquetes. Afuera “habrá llanto y crujir de dientes”, lo que indica un profundo duelo y
posiblemente enojo al rechinar los dientes. Esperaban estar con los patriarcas y los profetas
“en el reino de Dios”, y cuando son “expulsados” y excluidos, se llenan de remordimiento y
enojo. Se negaron a sentir el remordimiento antes y se arrepintieron de sus pecados, y
ahora es demasiado tarde.
Los iniciados (v. 29) son el resultado de la misión universal, que viene “del este y el oeste
y el norte y el sur”, tomada del Salmo 107:3, donde están “reunidos” desde todos los puntos
de la brújula para disfrutar de la bondad. de Dios. El énfasis está en la inclusión de los
gentiles y se prepara para la expansión del evangelio a las naciones en el libro de los Hechos.
Todo esto recuerda la promesa idéntica en Mateo 8:11, donde Jesús contrasta a los gentiles
con la nación apóstata y habla de la misma inversión, ya que disfrutan de la fiesta mesiánica
en lugar de la nación infiel.
Esta inversión se explica más adelante en el versículo 30: “hay últimos que serán
primeros, y primeros que serán últimos”. Como en 1:51–53 y 6:20–26, los oprimidos y
marginados (los últimos) y aquellos que se ven a sí mismos como el verdadero pueblo de
Dios (los judíos) cambiarán de lugar. El rechazo no es de todo el pueblo judío, sino de
aquellos que rechazan y se oponen a Cristo, especialmente a los líderes. Cristo no niega a
su propio pueblo un lugar, sino que dice que las normas de Dios ahora han cambiado de
una salvación basada en el pacto a una salvación basada en la fe. Tanto judíos como gentiles
ahora entran al reino de la misma manera, arrepintiéndose y volviéndose a Cristo.
Jesús se lamenta por Jerusalén (13:31–35)
Aparentemente, un grupo de fariseos no se ha vuelto contra Jesús, porque le advierten que
“abandone este lugar y vaya a otro lado. Herodes quiere matarte”. Algunos han dicho que
esto fue un intento de hacer que abandonara el área, pero eso no era probable. Este es
Herodes Antipas, tetrarca (gobernante de “un cuarto” de una provincia) de Galilea (3:1;
9:7), que había ejecutado al Bautista (3:19–20; 9:9). Esto puede haber sido solo un rumor,
o podría haber resultado del hecho de que Jesús había traído inestabilidad y conflicto a la
región. Herodes y Pilato aparecen en el mismo contexto (13:1), y trabajarán juntos en la
sentencia y burla de Jesús. En 23:12 se nos dice que ellos (que antes eran enemigos) en
realidad “se hicieron amigos” por esta asociación en el crimen
La respuesta de Jesús muestra su compromiso con su destino dado por Dios (13:32). Él
llama a Herodes “ese zorro”, que varios intérpretes piensan que se refiere a una persona
insignificante, pero es mejor verlo imaginándolo listo y astuto, un intruso que se opone a la
voluntad de Dios para Jesús y trata de destruirlo. El punto es que tales amenazas no
funcionarán, porque Dios está a cargo, no Herodes. Jesús, a pesar de tal antagonismo,
continuará en su misión, “expulsar demonios y sanar a las personas”.
Los marcadores temporales son difíciles de interpretar. Continuará realizando sus
milagros mesiánicos “hoy y mañana seguiré expulsando demonios y sanando a la gente, y
al tercer día terminaré lo que debo hacer”. Esto no podía significar literalmente, ya que iban
a pasar muchos días antes de que llegara a Jerusalén. Lo más probable es que se refiera
simplemente a un breve período de tiempo antes de que se alcance un evento y podría
traducirse, “hoy, mañana y el día siguiente”, como en el siguiente versículo. Se usa para
enfatizar el control de los eventos por parte de Dios, indicando que pronto alcanzarán la
meta prevista.
Aun así, es probable que haya alguna indicación del motivo del tercer día para la
resurrección; Ningún lector cristiano podría leer esto sin ver este matiz (ver Lucas 9:22; 1
Co. 15:4). Pero no es el impulso principal. El verbo para esto es teleioumai, “completar,
cumplir”, como en 18:31, “todo lo que escriben los profetas sobre el Hijo del Hombre se
cumplirá”. Es casi la hora de que se complete el plan de Dios, y nada de lo que Herodes
pueda hacer podrá detenerlo. La mayoría está de acuerdo en que esto se convierte en otra
de las predicciones de la pasión en Lucas (con 9:22, 44; 17:25; 18:31–33).
Entonces Jesús continuará con su misión mesiánica mientras avanza en el camino a
Jerusalén, como se ha indicado con frecuencia (9:51–52, 57; 10:1, 38; 11:53; 13:22). De
hecho, esto es una necesidad divina: “Debo [seguir] presionando” (13:33). Esto podría
llamarse el punto álgido de las predicciones de la pasión: el “deber” se refiere a su muerte
en Jerusalén; solo allí puede darse cuenta de su destino profético y encontrar su destino. Él
explica esto cuidadosamente: “¡Ningún profeta puede morir fuera de Jerusalén!” Esto no
significa que todos los profetas murieron en Jerusalén, porque claramente ese no fue el
caso. Más bien, esto es una hipérbole para la necesidad de Jerusalén de la muerte profética
de Jesús, lo que lo hace efectivo: “porque no puede ser que muera un profeta fuera de
Jerusalén”. Jesús está comprometido con su destino mesiánico.
Esto llena de tristeza a Jesús, no por su propio destino sino por el destino de lo que aún
debería ser “la ciudad de Dios”. En los versículos 33–34, el nombre “Jerusalén” aparece tres
veces seguidas, pero está triste porque se ha convertido en una ciudad de personas “que
matan a los profetas y apedrean a los que se les envían”. Es la ciudad del amor no
correspondido de Jesús, el lugar de su destino y el asesino de los embajadores de Dios (1
Sa. 30:6; 1 Reyes 12:18; 21:13) y del mismo Jesús (v. 33).
Jesús usa un dicho de sabiduría sobre el rechazo de los mensajeros de sabiduría para
expresar su anhelo. Se describe a sí mismo como una gallina que protege a sus crías bajo
sus alas (Dt. 32:11; Rut 2:12; Sal. 17:8; 36:7), frustrados cuando los polluelos (Jerusalén)
corren alrededor del corral y se niegan a reunirse debajo de ellos. Ansiaba proteger a su
pueblo judío bajo su cuidado mesiánico y vino a la tierra para traerles la salvación, pero
sumariamente rechazaron su oferta de amor y protección. La ciudad que a lo largo de su
historia rechazó a Dios y a sus mensajeros proféticos una y otra vez, ahora está repitiendo
su sórdida historia con el Hijo de Dios.
A la luz de la obstinación de Jerusalén, todo lo que queda es una profecía de juicio
(13:35): “la casa de ustedes va a quedar abandonada”, una alusión a Jeremías 12:7; 22:5,
donde Yahveh abandona a su pueblo rebelde y pecador. Si bien “casa” podría referirse al
templo, es más probable que sea un eufemismo para la ciudad de Jerusalén y su gente. La
idea de Dios “abandonando” la ciudad es una profecía de la destrucción venidera de
Jerusalén en el año 68–70 d.C. (ver 19:42–44; 21:6).
Concluye diciéndoles: “no volverán a verme hasta el día que digan: ‘¡Bendito el que
viene en el nombre del Señor!’ ”, una cita del Salmo 118:26 cantada por peregrinos cuando
venían por un festival judío. Aquí se refiere en parte a la entrada triunfal pero
principalmente a la parousia, o segunda venida de Cristo. (En Mateo 23:39 se dice después
del Domingo de Ramos.) Hay una fuerte ironía en este contexto de juicio, porque este
pueblo judío ha rechazado a Jesús como el “Bendito” y no será visto cuando regrese. Así
que esto es lo que extrañarán en su estado desolado. Lo reconocerán, pero como su Juez
más que como su Salvador.
El propósito del material en esta sección es la preparación. Mientras Jesús y sus
discípulos se acercan a Jerusalén y la finalización del propósito de Jesús al venir a la tierra,
quiere que sus seguidores estén preparados tanto para la crisis inmediata de la cruz como
para los eventos finales de su regreso a la parousia. La primera sección advierte a los
discípulos que habrá poca paz en sus vidas porque Cristo ha dividido a la humanidad por
creer en él, y deben esperar oposición y rechazo incluso de sus propias familias (12:49–53).
Luego se vuelve hacia las multitudes y les advierte que lean las señales de los tiempos (vv.
54–59). El tiempo del juicio ha llegado, y deben reconciliarse con Dios mientras todavía hay
tiempo o enfrentar el juicio eterno por sus pecados. Es hora de alinearse con él, y la crisis
final está cerca.
Jesús en 13:1–9 amplía la necesidad de arrepentirse. Hay dos ejemplos de la fragilidad
de la vida (vv. 1–5), la matanza de peregrinos galileos y una torre que cae y mata a varios.
El punto es que la vida solo tiene unas pocas oportunidades para que podamos estar bien
con Dios y escapar del castigo eterno, y el momento de arrepentirnos es ahora. La parábola
de la higuera enfatiza la gracia y la misericordia de Dios (vv. 6–9), y es hora de aprovechar
esto y arrepentirse.
Un ejemplo perfecto de la división que causa Jesús se ve en su sanación de la mujer
lisiada en los versículos 10–17. Ella es liberada de dieciocho años de prisión por un espíritu
maligno, y ella y otros en la multitud están encantados y glorifican a Dios. Pero este es un
milagro del día de reposo, por lo que los legalistas, que se preocupan más por sus reglas
que por la mujer, están indignados de que el milagro haya roto sus preciadas regulaciones.
Los animales fueron tratados mejor en el día de reposo que las personas.
Dos parábolas ilustran la importancia del ministerio de Jesús y del milagro que acaba de
realizar. La semilla de mostaza (vv. 18–19) demuestra el crecimiento explosivo del reino que
está teniendo lugar, y la levadura en la masa de pan (vv. 20–21) describe cuán poderoso
será ese proceso de crecimiento. Los dos juntos les dicen a los discípulos que, si bien su
ministerio puede parecer insignificante en la actualidad, su grandeza futura está
garantizada.
Estas divisiones se demuestran aún más en su enseñanza sobre la puerta angosta (vv.
22–30). El pueblo judío en esta enseñanza está afuera buscando entrar en el banquete
mesiánico, pero se retrasaron demasiado y han demostrado estar fuera del pueblo del
verdadero pacto, por lo que se les niega la entrada. Las reglas para entrar han cambiado y
ya no se basan en guardar la Torá sino en el compromiso con Jesús, el Hijo de Dios. El pueblo
del antiguo pacto ha sido reemplazado por judíos creyentes y gentiles, y estas personas a
las que Jesús se dirige no tienen lugar entre el pueblo del reino de Dios.
Finalmente, Jesús expresa su compromiso con su destino (vv. 31–33) y al mismo tiempo
su dolor por Jerusalén (vv. 34–35). Herodes ahora ha dirigido su mirada malévola hacia
Jesús, pero eso es irrelevante para él. Lo que importa es la necesidad divina de que él dé su
vida como sacrificio expiatorio por nuestros pecados. Sin embargo, esa es la gran pena de
Jesús también, porque Jerusalén, la ciudad que ama y anhela proteger, se ha convertido en
la ciudad del rechazo y el lugar donde debe morir. La ciudad que mató a los profetas ahora
se convertirá en la ciudad que mató al Profeta, el Hijo y el Mesías de Dios.
LECCIONES DE COMIDAS (14:1–35)
Hay dos aspectos en este capítulo: primero una serie de escenas de comidas que tienen
lugar en la casa de un fariseo (vv. 1–24), y luego enseñar sobre el costo del discipulado (vv.
25–35). Varios temas dominan. El capítulo comienza con un milagro del día de reposo (vv.
1–6), y el tema de Jesús como el intérprete final de la ley con autoridad sobre ella. Durante
la comida, Jesús nuevamente reprende a sus anfitriones, los fariseos, y reitera los principios
para agradar a Dios y ser sus discípulos: humildad en lugar de egoísmo (vv. 7–11),
preocupación por los pobres y los marginados (vv. 12–14), y la voluntad de aceptar la
invitación del reino de Dios (vv. 15–24). La rendición de todo lo que uno tiene al Señor (vv.
15–24) proporciona un final apropiado para el capítulo.
Jesús sana de nuevo en el día de reposo (14:1–6)
Esta es la final de las tres sanaciones en el día de reposo (con 6:6–11; 13:10–17), y
nuevamente los líderes judíos no intentan llegar a la verdad. Jesús está en la casa de un
fariseo líder (arconte, “gobernante”, posiblemente miembro del Sanedrín), siendo “vigilado
cuidadosamente” por ellos, no para escuchar lo que está diciendo sino para atraparlo y
poner a la gente en su contra. En cambio, Jesús les da la vuelta y no solo sana al hombre,
sino que una vez más expone su propia hipocresía.
Uno de los que compartía la comida estaba bastante enfermo con hidropesía, descrito
en la NVI como “hinchazón anormal de su cuerpo”, otra enfermedad que para la mayoría
era vista como el resultado del pecado en la vida de una persona, a menudo relacionada
con la gula o la codicia por dinero. Entonces, hay un fuerte componente metafórico y
espiritual en este milagro curativo en particular.
Jesús muerde el anzuelo, pero muy pronto son los fariseos quienes están a la defensiva.
Puede que hayan puesto una trampa, pero Jesús está dispuesto y es capaz de enfrentarlos.
No solo hay fariseos presentes, sino también escribas, “expertos en la ley” que están en la
trampa. Entonces se dirige a ambos: “¿Está permitido o no sanar el día de reposo?” (14:3;
repitiendo 6:9). La mejor defensa es una buena ofensa, y deben ser conscientes de que él
ha sanado en el día de reposo tres veces (4:35; 6:10; 13:13).
Es notable que “permanecieron en silencio” (14:4), porque podrían haberle respondido.
Su tradición oral permitió ciertas excepciones cuando la sanación en el día de reposo sería
permisible, ya que si era una situación que amenazaba la vida, la sanación estaba permitida.
Podrían haber dicho: “Tráelo de regreso mañana”, y sabían que el hombre y su familia
habrían estado felices de esperar un día (como se dice en 13:14). Sin embargo, el punto de
Jesús es que incluso un día es demasiado largo para sufrir una enfermedad debilitante. No
fueron silenciados por la cuestión legal sino por la autoridad moral de Jesús. Jesús, no ellos,
ocupó el terreno moral. Entonces Jesús toma tres acciones rápidas: “tomó al hombre, lo
sanó y lo despidió”. El énfasis no está en la sanación en sí, sino en la autoridad de Jesús
sobre el día de reposo y sobre la enfermedad. De hecho, se podría decir que no sanar en el
día de reposo constituiría un pecado de omisión (Stg. 4:17).
Su incapacidad para actuar o responder a Jesús continúa hasta el final (14:5–6). Jesús
les da la vuelta y les pregunta acerca de otra excepción sabática que su tradición oral
permite: “Si uno de ustedes tiene un hijo o un buey que cae en un pozo ¿no lo saca
enseguida aunque sea día de reposo?” Deberían haber respondido con un sí, pero eso sería
admitir que Jesús podría tener razón, por lo que “no tenían nada que decir”. Su silencio en
ambos casos fue un testimonio elocuente en sí mismo. Puntuación: Jesús 2, fariseos 0.
Jesús cuenta la parábola del lugar de honor en la fiesta (14:7–11)
Jesús en el banquete se da cuenta de “cómo los invitados escogían lugares de honor en la
mesa”. Esto es común en todas las edades. Lo habían estado mirando en el versículo 1, y
ahora él los está mirando. Estos serían los asientos más cercanos al anfitrión, y pueden
haber sido “primero llegado, primero servido” en lugar de asignados, ya que observó a las
personas compitiendo por el puesto. Los lugares generalmente se organizarían en forma de
V, con el anfitrión en el punto de la V. En el primer siglo, el estatus en la sociedad
determinaba el lugar en la mesa; en siglos posteriores la edad se convertiría en el factor
determinante.
Jesús aborda esta situación con otra “parábola”. Al hacerlo, cambia un simple consejo
sobre etiqueta (los judíos llamaron a esto “sabiduría mundana”) en una parábola sobre el
comportamiento ante Dios. En los primeros dos versículos (14:8–9) les aconseja que no
tomen el “lugar de honor”, ya que era una práctica común que el invitado de honor entrara
en último lugar, y si tiene su asiento, será “humillado”. “Cuando te destierran al “lugar
menos importante”, ya que es el único asiento que queda en ese momento tardío. Jesús se
dirige a los líderes judíos y cristianos que están jugando el juego de estado, y el tema es el
de la inversión completa: el primero será el último y el último primero (ver 13:30). La
humildad debe reemplazar el orgullo en nuestras vidas.
En lugar de buscar los asientos más altos, “siéntate en el último lugar” (14:10), porque
entonces se le dirá, “pasa más adelante a un lugar mejor”, y el suyo será el lugar de “honor”
o mayor prestigio. Es probable que Jesús esté adaptando Proverbios 25:6–7, aconsejando a
las personas que no se exalten ante el rey para que él no “los humille ante sus nobles”. Aquí
hay una doble aplicación, que se relaciona con las relaciones terrenales y celestiales. No
debemos permitir que nuestro orgullo nos haga personas con movilidad ascendente que
siempre buscan ser conocidos y respetados por los demás. He visto a muchos pastores
cambiar de iglesia varias veces en su carrera, siempre a una iglesia más grande con un
salario más alto. Recuerdo que la secretaria de un líder cristiano una vez me dijo de su jefe:
“Él siempre tiene que ser el primero”. Cuando tales lleguen al cielo, se verán avergonzados
ante Dios (2 Ti. 2:15). La clave de la grandeza es la servidumbre (Marcos 10:43–45).
Este principio de reversión (1:52–53; 6:20–26; 13:30; 18:14) concluye la parábola en
[Link] “Porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla, será
enaltecido”. Estos son pasivos divinos, y es Dios, no las personas, quien decidirá entre los
exaltados y los humildes. Jesús tiene en mente el juicio final, cuando los creyentes y los
incrédulos se pararán ante Dios y le “darán cuenta” (Heb. 13:17).
Jesús cuenta la parábola sobre elegir personas (14:12–14)
La parábola anterior se centró en los invitados; este se centra en el anfitrión. Una vez más,
se trata de la etiqueta social como un medio para enseñar una verdad espiritual, esta vez
de realizar buenas acciones no por el beneficio personal o la recompensa temporal, sino
por el bien de Dios y la recompensa eterna. El punto de Jesús es que la hospitalidad no solo
debe mostrarse a amigos, familiares y vecinos, porque ellos “te invitarán y así serás
recompensado”. Tendrás recompensa terrenal, y eso será todo. Como dijo Jesús en 6:24,
“ya has recibido tu recompensa”.
En lugar de eso, continúa diciendo, debe “invita a los pobres, a los inválidos, a los cojos
y a los ciegos” (las mismas cuatro categorías que en el v. 21). Entonces “serás dichoso”, otro
pasivo divino que significa que recibirás la bendición eterna de Dios porque estos pobres
nunca podrán devolverte el dinero. El mensaje es que la recompensa de Dios en el cielo es
muy superior a la reciprocidad de la gente en la tierra porque es eterna y no tiene fin. Los
marginados y rechazados nunca serían invitados a banquetes organizados por judíos o
gentiles, pero serán presentados en el banquete mesiánico (14:21). No hace falta decir que
es mucho mejor “pagarse con la resurrección de los justos”, una frase judía (2 Macabeos
7:9; Lucas 20:35) para el regreso de Cristo cuando las recompensas se darán a los justos.
Jesús cuenta la parábola del gran banquete (14:15–24)
Ahora Jesús se vuelve y se centra en la invitación al banquete mismo, por lo que a su vez se
ha trasladado de los invitados (vv. 7–11) al anfitrión (vv. 12–14) y ahora a la invitación (vv.
15–24). Una parábola similar aparece en Mateo 22:1–14 con bastantes variaciones. Los
eruditos críticos creen que estos son cambios redaccionales (editoriales) introducidos por
la iglesia posterior, pero creo que Jesús dio ambas variaciones en diferentes momentos de
su ministerio. Esta es una parábola muy personal, ya que Jesús es claramente el anfitrión
que está invitando al pueblo judío a su banquete mesiánico, solo para que les den todo tipo
de excusas para rechazarlo. Luego se dirigirá a los gentiles, que acudirán a su salón de
banquetes.
Un participante piadoso entre los invitados a la cena de los fariseos en el versículo 15
expresa una esperanza judía típica: “Dichoso el que coma en el banquete del reino de Dios”.
La bienaventuranza tiene su significado judío típico aquí: “La verdadera felicidad es …”
Participar en el banquete mesiánico era la esperanza de todo judío (Salmo 22:26; Isaías
25:6–9). Por supuesto, esto significa que el Mesías ha venido, los romanos y todos los demás
enemigos han sido destruidos, el reinado de Dios en la tierra se ha convertido en una
realidad completa, y los israelíes han ocupado el lugar que les corresponde en el reino
terrenal de Dios. El banquete es un símbolo del inicio de ese reinado.
Jesús aprovecha el momento en el versículo 16, aprovechando la oportunidad para
desafiar a los reunidos acerca de si realmente serán parte de ese banquete. Un “gran
banquete” solo lo celebraría un anfitrión importante y poderoso, y una invitación estaría lo
más cerca posible del desempeño de un comando. La práctica común era enviar dos
invitaciones, la primera (v. 16) para determinar el número de personas que aceptan y que
vienen, ya que eso determina qué tipo de comida se servirá: una cabra joven si tiene menos
de veinte años, una oveja si está en el medio veinte y cuarenta, y un ternero por más que
eso. No tenían refrigeración ni almacenamiento, por lo que era importante consumir todo
el animal en el banquete.
La segunda invitación (v. 17) ocurre cuando se envían sirvientes para llamar a los que
han aceptado la comida. Se esperaba que las denegaciones tuvieran lugar en la primera
invitación, no en la segunda. La cortesía común exigió que los invitados cumplan con su
obligación de asistir. Solo emergencias serias serían suficientes para rechazar en el segundo
nivel.
Aparentemente, todos aceptan en la primera etapa, y en el último minuto “sin
excepción”, cada persona que había dicho que vendría, comienza a rechazar la invitación y
poner excusas débiles. Casi suena como una conspiración para rechazar y humillar al
anfitrión, pero eso nunca se dice. La razón por la que son malas excusas es que cada uno de
los invitados debería haberlo sabido antes, e insultan y avergüenzan al anfitrión frente a
toda la comunidad. Las tres excusas aquí son paralelas a las tres excusas de discipulado de
9:57–62 y posiblemente también a las tres en Deuteronomio 20:5–7 por negarse a
participar en la guerra santa. El punto es que no son realmente válidos y tienen la intención
de deshonrarlo.
La primera excusa (v. 18) es la compra de una propiedad (un campo) y la necesidad de
verla antes de comprarla. Esto es posible pero muy inusual porque la inspección real
normalmente hubiera sido antes de que se comprara, no después. Por lo menos, esta
preocupación material es más importante que la obligación de asistir al banquete. Habría
sido considerado una excusa bastante floja, porque incluso si fuera cierto, podrían posponer
la inspección por un día.
La segunda excusa (v. 19) es nuevamente una compra financiera, esta vez de “cinco
yuntas de bueyes”, que indica un gran terrateniente (el agricultor promedio sería dueño de
un par de yugos en el mejor de los casos), y nuevamente sería algo simple. para probar los
bueyes al día siguiente. Esto también habría parecido una pobre excusa en el primer siglo,
una razón calculada para no venir. Una vez más, las preocupaciones financieras son para
ellos una prioridad mucho mayor que asistir al banquete, y no les importa.
La tercera excusa (v. 20) parece más concreta, ya que la persona acaba de casarse. Sin
embargo, esto ciertamente se habría sabido antes de que se aceptara la primera invitación.
Era común que tales comidas fueran solo para hombres, y la Torá permitió que el
matrimonio excusara a un hombre de la guerra (Dt. 20:7). Todos asumirían que la razón era
procrear, y nuevamente esto se tomaría como una excusa extremadamente endeble. De
hecho, los hombres no debían hablar de tales cosas públicamente, y esto sería visto como
la excusa más descarada hasta el momento. Los hombres apenas hablaban de sus esposas,
y usarlas como una excusa como esta era despreciable.
Las tres excusas habrían aparecido como un intento grosero y deliberado de insultar a
su anfitrión. La próxima reacción del anfitrión habría sido comprensible y apropiada. Jesús
está retratando claramente la reacción judía a su invitación al evangelio, con rechazos e
insultos estudiados similares provenientes de los líderes y las multitudes.
Es de esperar la ira de “el dueño de la casa [oikodespotēs]” (para enfatizar su autoridad)
en el versículo 21. Sus obvios desaires lo han avergonzado frente a toda la comunidad. Su
honor exige una acción rápida, y él la toma. Los que él invita son los mismos nombrados en
14:13, los pobres que no pueden pagarle. Hay dos grupos: aquellos desafortunados en las
calles y callejones de la comunidad (v. 21) y luego los que están fuera de la comunidad (v.
23). Entonces, hay una inversión de fortuna aquí, y el “gran banquete” estará poblado por
aquellos que normalmente nunca esperarían ser invitados. El orden social ha cambiado de
cabeza. El intento de los enemigos del maestro de frustrar y destruir el banquete ha sido en
vano, y el único resultado real es el rechazo de aquellos que ahora se muestran indignos de
la gran comida. El tema básico de Lucas continúa: la preocupación de Dios por los oprimidos
y la reversión de roles con los líderes de la comunidad.
El simbolismo espiritual también es claro: los que están dentro de la comunidad (v. 21)
son aquellos conversos judíos que se comprometen con Cristo, y los que están fuera de la
comunidad (v. 23) son los gentiles que se convierten en seguidores. Los “caminos y caminos
rurales” se habrían entendido como los caminos que salen de la ciudad hacia áreas
periféricas y se referirían a la misión universal del libro de los Hechos, los “caminos del
evangelio”, por así decirlo, llevados por Pablo y otros a la naciones Entonces, esta sección
sigue los contornos de la historia de la salvación, con el evangelio extendiéndose dentro de
las tierras judías al pueblo del antiguo pacto (= Lucas y Hechos 1–7), y luego el evangelio
moviéndose a todas las naciones (= Hechos 8–28).
En el versículo 24, Jesús se detiene y se dirige a las personas en la comida directamente,
brindando su devastadora conclusión a la parábola. Hay dos lecciones positivas y una
lección negativa. Los dos aspectos positivos acaban de ser discutidos: (1) la preocupación
de Dios y la iglesia de ayudar a los necesitados y (2) el movimiento del evangelio y la
composición del pueblo de Dios para el remanente justo de los judíos y los gentiles. Detrás
de ambos, está la gracia y la misericordia de un Dios amoroso que abre su reino a aquellos
que no lo merecen. El último mensaje negativo es (3) el rechazo de aquellos que antes eran
personas del pacto y que ahora se han convertido en los opositores de Jesús y el Evangelio.
Jesús lo dice con bastante fuerza aquí: “ninguno de aquellos invitados disfrutará de mi
banquete”. Hay una cierta hipérbole rabínica detrás de “ninguno”, porque ya hemos visto
que algunos fariseos y otros judíos se convirtieron en seguidores de Cristo. Esta es una
parábola del reino, y Jesús les dice a estos fariseos y a otros que, a menos que se
comprometan con él, no tienen parte en el reino del reino de Dios. Todavía hay esperanza
para algunos de ellos, ya que él está anunciando con esta parábola que la invitación va a
salir de nuevo, y todo lo que tienen que hacer es aceptar. Su elección determinará su
destino eterno.
Jesús enseña sobre el precio del discipulado (14:25–35)
Curiosamente, Jesús se dirige a las multitudes en lugar de a sus discípulos con esta sección
poderosa sobre las demandas de Dios sobre aquellos que se convierten en sus seguidores.
Claramente, la barrera principal sigue siendo las posesiones materiales y el orgullo que
conlleva. La gracia de Dios en la invitación de la parábola anterior ahora conduce a las
demandas de Dios aquí.
Relaciones y acciones (14:25–27)
Las “grandes multitudes” son a menudo el escenario para la enseñanza (4:42; 6:17; 8:4;
9:37; 12:1). Jesús sigue siendo tan popular como siempre, y la gente está dispuesta a
acompañarlo a casi cualquier lugar para escucharlo dar conferencias y observar su poder
milagroso. En cierto sentido, el discipulado se representa aquí como un viaje para seguir a
Jesús. Aquí ese viaje es el camino a Jerusalén, y esta es la respuesta de Jesús cuando siente
que su destino mesiánico lo presiona y medita sobre sus implicaciones para sus seguidores.
Tal destino exige un sacrificio increíble y una disposición a deshacerse de todo lo que este
mundo tiene para ofrecer para abrazar el camino que Dios exige.
La familia debe ser secundaria a Cristo en el verdadero discipulado (14:26). El paralelo
en Mateo 10:37 tiene “el que quiere a su padre o madre más que a mí”, pero esto es mucho
más fuerte, con “odie a padre y madre, esposa e hijos, hermanos y hermanas, sí, incluso su
propia vida”. Por supuesto, tenemos otro ejemplo de hipérbole rabínica, lo que significa
que amamos tanto a Jesús que nuestro amor natural por la familia e incluso por uno mismo
es como un odio en comparación. En otras palabras, esta es una imagen fuerte de un
compromiso total con Jesús y un deseo de servirlo completamente. La interpretación
normal de esto como “amar menos que” es demasiado débil. Debemos estar obsesionados,
consumidos con Jesús. No amamos menos a nuestra familia; amamos más a Jesús. Se
encuentra un paralelo en [Link] “negarse a sí mismos y tomar su cruz diariamente”. El odio
y la negación son metáforas hermanas para la entrega total a Cristo.
Entonces, 14:27 pertenece al odio a la familia y al yo sobre la base de [Link] “Y el que no
carga su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo”. Dije antes que llevar tu propia cruz
significa que nos convertimos como Jesús en el camino al Gólgota, quien llevó el travesaño
a su sitio de ejecución, lo que significa que ya estaba muerto. Entonces esto significa que
morimos espiritualmente a nosotros mismos y a las cosas de este mundo. Además, significa
la voluntad de morir por el nombre de Cristo si es necesario. Los verbos son tiempo
presente, lo que significa que es la práctica continua, “diaria” (9:23) de nuestras vidas. La
semejanza de Cristo implica “participación en sus sufrimientos” (Filipenses 3:10) a medida
que avanzamos con Jesús.
Parábolas para contar sobre el precio (14:28–33)
Hay dos parábolas (vv. 28–30, 31–32) seguidas de una aplicación (v. 33) que agrega un
tercer costo: las posesiones. En la primera parábola, Jesús usa una metáfora de la
construcción para construir una torre. Esta es una torre de vigilancia, un tipo de fortificación
diseñada para proteger un gran edificio o viñedo (como la torre de Antonia con el templo
en Jerusalén). Si bien podría ser militar, no hay indicios de eso en el texto. Necesita una base
y es bastante grande. Primero, el constructor tiene que calcular los gastos de construcción
y decidir si tiene los recursos para terminar el proyecto. De lo contrario, todo el mundo
“ridiculizaría” su tonto intento de asumir un proyecto que “no pudo terminar”.
El punto es que el discipulado implica la misma evaluación cuidadosa tanto de sus
recursos como de su disposición a acompañar a Jesús. Dios exige una gran cantidad de
aquellos que se convierten en seguidores de Cristo, y deben contar cuidadosamente el costo
y asegurarse de que estén dispuestos a hacer los sacrificios necesarios para aceptar estas
demandas. Las consecuencias se expresan muy bien en 2 Timoteo [Link] “Esfuérzate por
presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse y que
interpreta rectamente la palabra de verdad”. Cuando fallamos en el discipulado, no nos
avergonzamos ante los demás, sino ante Dios, y esto tendrá lugar en el juicio final, cuando
estemos ante él y demos cuenta de nuestras vidas. Esto es tan serio como se pone.
La segunda parábola (14:31–32) se centra en un rey a punto de ir a la guerra. Ninguna
mente militar que valga la pena iría a la batalla sin antes explorar cuidadosamente al
enemigo para determinar su fuerza y cómo ha desplegado sus fuerzas. Cada decisión
tomada se basa en esa evaluación. “calcular” (NVI) o “consultar” se refiere al puesto de
mando donde sus principales ayudantes deliberan si tiene una posibilidad con solo diez mil
hombres (dos legiones) contra un ejército de veinte mil (cuatro legiones). Hay que decir que
el ejército romano a menudo hizo precisamente eso, ya que su conjunto de batalla era muy
superior a los harapientos galos y otros. Pero Aun así, una estrategia muy cuidadosa era
esencial.
Si se trata de una situación desesperada y el enemigo está en la puerta preparado para
la batalla, un rey sabio no tendrá más remedio que demandar por la paz. Mejor rendición
que destrucción. Claramente, Cristo no tiene la intención de imaginar la guerra espiritual y
la batalla cósmica contra Satanás. Apenas habla de rendirse a los poderes de la oscuridad.
Esto es completamente sobre discipulado y rendirse a Dios. El punto en ambas parábolas es
contar el costo y seguir a Cristo con los ojos bien abiertos y comprender en qué se está
involucrando. Cristo no quiere discípulos a medias.
En las dos parábolas, Cristo ha abordado tanto las relaciones familiares como la carga
de la cruz. Ahora se dirige a una tercera área de consideración, las posesiones personales
(14:33). Este es el lado negativo del discipulado, no solo el compromiso con Jesús sino
también la renuncia a las cosas de este mundo. Nuevamente, Jesús lo dice con bastante
fuerza: “aquellos de ustedes que no renuncian a todo lo que tienen no pueden ser mis
discípulos”. El precio de la membresía en la comunidad de Cristo es todo lo que posee, un
tema principal de Lucas (3:11–12; 5:11, 28; 8:3; 11:21; 12:15, 21, 33; 16:1–13, 19–31; 19:1–
10; Hechos 2:44–45; 4:32–34). El verbo “rendirse” significa “renunciar” o “despedirse” de
algo que antes era precioso ([Link] “decir adiós a mi familia”). Esto se actuó en 5:11, 28,
cuando los pescadores y Leví “dejaron todo” para seguir a Jesús. Como he dicho con
frecuencia, la riqueza en sí misma no está mal y, de hecho, puede ser un regalo de Dios (ver
en. 12:21, 33). Lo que haces con él es lo que importa. Mateo el recaudador de impuestos
probablemente usó el suyo para ayudar a apoyar al grupo de discípulos.
Dichos sobre la sal (14:34–35)
La sal era un bien preciado en el mundo antiguo, no tan accesible como lo es hoy en día, y
se usa en una amplia variedad de áreas: para condimentar alimentos, preservar alimentos,
como fertilizante y con ofrendas de granos al sacrificarlos como primicias (Lev 2:13). Sin
embargo, ¿cómo podría perder su sabor salado? Realmente no pierde sus propiedades
como sal. Se presentan varias soluciones: a menudo se descubrió que la sal del Mar Muerto
era insípida cuando se encontraba mezclada con una sustancia llamada “carnalita” (¿tiene
potencial para sermón o no?) o yeso. Además, los vendedores sin escrúpulos a veces lo
mezclan con rellenos que disminuyen su sabor. Al mismo tiempo, la sal se usaba en los
hornos como catalizador para el combustible, y después de varias veces perdió su utilidad
y tuvo que ser reemplazada.
El punto de Jesús es que cuando los discípulos permiten que el mundo se entrometa y
disminuya su efectividad para Cristo, han perdido su “salinidad” o valor para el Señor. El
versículo 35 usa la imagen de que esa sal “no sirve ni para la tierra” (como fertilizante) “ni
para el abono” (como conservador). Lo único que queda es tirarlo. ¿Hasta dónde llevamos
esta imagen? Hay tres posibilidades: expulsado de la congregación, muerte física (como en
1 Co. 11:30) o castigo eterno en el juicio final. Jesús no explica más, y puede querer decir
que Dios decidirá cuál es apropiado dadas las circunstancias. Esta es la forma más extrema
de fracaso del discipulado, pero Judas sigue siendo el ejemplo principal, y en cierto sentido
los tres tuvieron lugar con él.
Jesús cierra con su mandato habitual de escuchar con atención (ver 8:8, así como Mateo
11:15; 13:9, 43; Marcos 4:23). En efecto, significa “si está dispuesto a escuchar, es mejor
que lo haga con cuidado” y enfatiza la importancia de estas verdades clave. Ciertamente,
somos muy conscientes del peligro del discipulado a medias, porque lo vemos en todas las
iglesias. Muchos cristianos quieren llegar al cielo y, sin embargo, vivir para las cosas de la
tierra mientras tanto. Están perfectamente dispuestos a “entrar por la piel de sus dientes”
y desean sacrificar muy poco por Cristo. Debemos advertirles regularmente del peligro de
jugar con su destino eterno.
Este capítulo se centra en escenas de comidas en las que Jesús demuestra serias
verdades espirituales y morales. En un banquete donde las autoridades intentan atraparlo,
sana a una persona con hidropesía y demuestra que la compasión y la misericordia tienen
prioridad sobre las rígidas reglas legales. Aquellos que intentan atrapar a Jesús son
silenciados por su autoridad moral (vv. 1–6). Luego desafía a estos líderes con ejemplos
extraídos de escenas de comidas, primero para vivir una vida de humildad en lugar de
orgullo, para buscar el lugar más bajo en lugar del más alto para que te eleven en lugar de
bajar de estatus antes que los que te rodean. Predomina el principio de reversión, y aquellos
que sirven serán considerados grandes en el reino de Dios (vv. 7–11). Segundo, en nuestro
servicio, el pueblo de Dios debe centrarse en los pobres y humildes y no recibir una
recompensa terrenal temporal que no dure, sino una recompensa celestial que será suya
por la eternidad (vv. 12–14).
La parábola del gran banquete (vv. 15–24) es sistémica en el sentido de que describe los
resultados del ministerio de Jesús hasta el momento. Sus palabras y acciones en Galilea han
sido una invitación al pueblo judío para que venga a él, pero no solo han rechazado la
invitación, sino que también han insultado a Jesús y a su Padre en el proceso. Como
resultado, Dios retiró su oferta a la nación e invitó solo al remanente justo que respondió a
su Hijo y a los gentiles para participar en su banquete mesiánico en su nuevo reino. El pueblo
judío ahora es incrédulo y ajeno a la familia de Dios.
La sección final (vv. 25–35) se centra en contar el precio, es decir, comprender lo que
significa seguir a Jesús como sus discípulos. Él tiene prioridad absoluta sobre la familia y el
yo, consumiéndonos en nuestro compromiso de ir con él (vv. 25–27). Esto es seguido por
dos parábolas de la construcción (vv. 28–30) y de ir a la guerra (vv. 31–32) que juntas dicen
que al unirnos a Jesús debemos estar plenamente conscientes de en lo que nos estamos
involucrando y de los sacrificios que seremos llamados a hacer para ser siervos exitosos de
Dios. Debemos estar dispuestos a “renunciar a todo” (v. 33) para seguirlo.
Los dichos de sal que cierran esta sección (vv. 34–35) nos advierten que no permitamos
que el yo y las cosas de este mundo disminuyan y eliminen nuestra efectividad como
seguidores de Cristo. Somos llamados por Dios para destacar de la muchedumbre y hacer
una diferencia en este mundo para él, y debemos trabajar muy duro para seguir siendo
agentes de cambio en la iglesia y en el mundo. Debemos escuchar atentamente su palabra
y las verdades del reino que nos da y seguir siendo efectivos para Cristo.
PARÁBOLAS SOBRE EL GOZO DE ENCONTRAR LAS COSAS
PERDIDAS (15:1–32)
Jesús pasa de advertencias negativas de juicio a pronunciamientos positivos de perdón y
encuentros de la misericordia del reino de Dios, en particular la alegría de encontrar a los
perdidos y devolverlos a Dios. El tema es el gran amor y el regocijo de Dios por traer consigo
a los pecadores (5:32; 19:10). Tres parábolas sucesivas llevan este mensaje. Los dos
primeros se centran en la búsqueda de los perdidos, y el tercero en perdonar a los perdidos.
Los tres presentan la maravillosa misericordia, compasión y amor de Dios por los perdidos
y su deseo de traerlos a sí mismo. Los fariseos y otros líderes ignoraron a los miembros
impíos y seculares del pueblo judío y pasaron todo su tiempo con personas de su propia
especie, despreciando a Jesús por molestar a los “pecadores”. Jesús está mostrando que
Dios se preocupa profundamente por estas personas de mala reputación, y que está
justificado en ponerlas en el centro.
Jesús cuenta la parábola de la oveja perdida (15:1–7)
Los “recaudadores de impuestos y pecadores” aparecen a menudo (3:12; 5:30; 7:34; 18:13).
“Pecadores” probablemente se refiere no solo a los verdaderamente malvados, sino que
incluye a los judíos que no siguieron las reglas de la Torá (limpieza ritual, etc.). Los fariseos
los rechazaron como inmundos y los trataron con desprecio. Estos marginados se sintieron
atraídos por Jesús porque tenía tiempo para ellos y los hizo bienvenidos. Eran un punto
focal de su ministerio y formaron a los invitados al banquete en 14:21–23. Son ellos quienes
responden al llamado de Jesús para escuchar en 14:35 y se han reunido para ese mismo
propósito.
Los escribas y fariseos, como siempre, están molestos por esto y lo castigan: “Este
hombre recibe a los pecadores y come con ellos” (compárese con 5:30; 7:39). Se ofenden y
consideran a Jesús impuro en virtud de su asociación con tales personas. La comunión en la
mesa con las personas implica la participación en sus vidas. Él estaba eliminando los límites
que los fariseos habían pasado un par de siglos construyendo, por lo que les echó una
mirada sobre todo su sistema de religión. Las tres parábolas que siguen forman la respuesta
de Jesús a esta reprimenda, diciendo que Dios mismo está detrás de la aceptación y el
tiempo de Jesús con estas personas. Para nosotros, el mensaje es que Dios ama a todos por
igual, y debemos hacer que todos, especialmente aquellos con quienes nos sentimos
incómodos, como las personas sin hogar y los indigentes, se sientan amados y aceptados.
El evangelio es para ellos de una manera muy especial.
Jesús elige un pastor para la primera parábola, posiblemente porque los fariseos los
consideraron inmundos (manipulando cadáveres y pieles de ovejas), pero debido a David
se convirtieron en figuras mesiánicas. En Ezequiel 34:11–16, Yahvé se representa a sí mismo
como un pastor que busca a su rebaño disperso y los rescata, fondo perfecto para esta
parábola. Cuando Jesús describe a los fariseos como pastores (“Supongamos que uno de
ustedes tiene cien ovejas”), es una corrección sutil de sus prejuicios justos. El énfasis está
en su total preocupación por la que falta, lo que hace que “dejen las noventa y nueve en el
campo” para buscarla. Los pastores liderarían a sus rebaños en lugar de conducirlos desde
la parte trasera, y sería fácil para uno en la parte de atrás alejarse. Contarían las ovejas cada
noche mientras se acostaban, e inmediatamente sabrían que faltaba una.
Este es un rebaño de tamaño decente (trescientos se consideraba una cantidad grande).
No se menciona a un guardia o asistente que vigile a las noventa y nueve. Quizás debamos
asumir que este es el caso, pero probablemente Jesús dejó deliberadamente esta parte para
enfatizar la extraordinaria dedicación del pastor al perdido.
No habría habido esperanza para esta oveja perdida sin la búsqueda cuidadosa del
pastor, y tiene éxito. La imagen del pastor caminando con la oveja sobre sus hombros es
justamente famosa. El énfasis no está solo en buscarlo y encontrarlo, sino también en el
esfuerzo amoroso para restaurarla en el rebaño. Esta es una imagen perfecta de la obra de
redención: Dios no solo busca a los perdidos, sino que también los trae de vuelta al rebaño.
Cristo pagó el precio para hacer posible la salvación, el Espíritu busca y convence al pecador,
y Dios los perdona y los declara justos (los justifica). Es un acto trinitario.
Las tres parábolas terminan con un fuerte regocijo, y hay dos momentos diferentes de
gozo. El pastor se regocija cuando trae de vuelta al rebaño a la oveja perdida, y sus amigos
y vecinos se unen al regocijo mientras celebran el regreso. El tema principal de la segunda
mitad de la historia es el gozo, y tipifica el gozo de Dios y su pueblo sobre cada converso
que entra a la iglesia. Algunos creen que la alegría del pastor es que, al encontrar la oveja
perdida, ha evitado la desgracia que habría tenido si las ovejas hubieran desaparecido, pero
eso no encaja en la historia. El gozo se debe enteramente al regreso de las ovejas al rebaño.
Como veremos enfatizado dos veces (15:24, 32) en la parábola del hijo pródigo, se ha
encontrado lo que se perdió.
Hay una pregunta sobre si los amigos y vecinos son los miembros de la iglesia o los
ángeles en el cielo. ¿Los versículos 6 y 7 se refieren a diferentes grupos (los santos y los
ángeles) o al mismo grupo (los ángeles en el cielo)? Creo que lo primero es más probable.
El movimiento es de Dios (v. 5) a la comunidad de creyentes (v. 6) a los ángeles en el cielo
(v. 7). Todos están llenos de alegría por cada persona que encuentra a Cristo. Hay una
celebración comunitaria (este detalle se encuentra en las tres parábolas) al regreso de los
perdidos, y luego todo el cielo participa en esa celebración.
Entonces el cielo mismo se une al pueblo de Dios en la expresión de alegría (15:7) y se
convierte en un tercer grupo alegre. Note otro movimiento interesante de los versículos 6
al 7. Los santos son los “amigos y vecinos” en el versículo 6 y las “noventa y nueve personas
justas que no necesitan arrepentirse” en el versículo 7. No hay necesidad de celebrar el esto
último porque se arrepintieron mucho antes y se han mantenido fieles al Señor. Esto
difícilmente significa que no hay gozo en el cielo por los justos, que continúan caminando
con el Señor. Es simplemente parte de la forma de la historia. La celebración es para dar la
bienvenida a nuevos miembros a la familia de Dios.
Jesús cuenta la parábola de la moneda perdida (15:8–10)
Esta parábola tiene el mismo mensaje que la primera. Una mujer tiene diez dracmas de
plata o denarios, equivalentes a diez días de salario. Esta puede ser una escena campesina
y referirse a una pequeña dote. Algunos piensan que es parte del tocado de una mujer
adinerada, pero que tenía hasta cincuenta monedas, y es difícil ver por qué Jesús seleccionó
solo diez monedas de eso. Lo más probable es que se tratara de todos los ahorros que
pudiera reunir. Ella vive en la casa campesina normal de una habitación con pisos de tierra
muy compacta que deben ser barridos para ver dónde ha caído la moneda que falta. Debe
haber descubierto la pérdida por la noche, porque también necesitaba encender una
lámpara para ver qué encontraba después de barrer.
El énfasis está en el gran esfuerzo que ella hace para encontrar la moneda perdida. Su
gozo al encontrarlo es tan grande como la del pastor en los versículos 5–6. Ella también
llama a sus “amigas y vecinas” a una celebración en honor de encontrar la moneda perdida.
Esto es ciertamente hiperbólico, pero los paralelos con la historia anterior son
completamente intencionales. Esto se muestra en el versículo 10, donde “los ángeles de
Dios” están encantados con cada pecador arrepentido. Los ángeles recogen la cosecha para
el juicio final (Mateo 13:41, 49) y forman la corte celestial en ese evento final (Salmo 89:7;
Ap. 4:4; 11:16), así que esta es una imagen natural.
Jesús cuenta la parábola del hijo perdido (15:11–32)
Una de las parábolas más conocidas, este pasaje presenta el evangelio en embrión, ya que
se trata de arrepentimiento y perdón. Todos los detalles de la historia no deben tener un
significado alegórico, y la mayoría son simplemente parte de la historia. En general se
acepta que hay tres aspectos principales a los que se debe dar significado: el padre, que es
un Dios que perdona; el hijo menor, que representa al pecador arrepentido; y el hermano
mayor, que representa el liderazgo sin piedad de Israel. El tema principal es el contraste
entre la infinita misericordia de Dios y la negativa represiva de los fariseos y otros a aceptar
pecadores. El objetivo principal es la espera y la voluntad de perdonar del padre para
reconciliarse con su hijo perdido; los subtemas son el arrepentimiento y el regreso del hijo
menor, la alegría de la comunidad a ese regreso y la falta de voluntad del hermano mayor
para recibir a su hermano pródigo en la familia.
Escenario: El hijo codicioso (15:11–12)
La figura clave es el padre, que se relaciona a su vez con cada uno de sus dos hijos. El hijo
menor se arrepiente y acepta su perdón y su reincorporación a la familia, pero el hijo mayor
rechaza la oferta del padre de reconciliarse con su hermano. Entonces, la parábola
comienza con el hermano menor dejando a la familia y termina con el hermano mayor
dejando a la familia.
La historia comienza, sin embargo, con el tema de la herencia. El hijo menor,
probablemente de unos dieciocho años, la edad en que los hombres jóvenes normalmente
se casan y se dedican a sus ocupaciones, decide que quiere irse por su cuenta. Según la
Torá, el hijo mayor debe recibir dos tercios de la herencia, y el hijo menor un tercio (Dt.
21:15–17) para preservar la posición financiera de la familia en la comunidad. Sin embargo,
no lo conseguirían hasta que el padre muriera, y el patriarca tendría que usar su propiedad
mientras viviera.
Entonces, cuando el menor de repente exigió: “Papá, dame lo que me toca de la
herencia” y lo obligó a dividir su propiedad en ese momento, estaba privando a su padre de
su nivel de vida. Peor aún, estaba avergonzando a su padre ante toda la comunidad. El joven
temerario le decía a su alrededor que su padre era tan bueno como muerto, y que ya no le
importaba. De hecho, estaba destruyendo el estatus social de su familia en la comunidad,
porque estaba quitando un tercio de su riqueza. Como en una demanda similar en 12:13–
15, esto mostró la codicia que consumió a este joven, y tanto los lectores judíos como los
romanos se habrían horrorizado por el insulto que esto significaba para el resto de la familia.
El padre es un completo contraste con los dos hijos en su amable decisión de conceder
la solicitud. El término utilizado para la “propiedad” que distribuyó a sus hijos es bios,
“vida”. Estaba regalando su propia vida, y en la historia se vuelve prácticamente indigente,
con todo lo que habría “vivido” entregado a sus hijos.
La vida derrochadora del hijo (15:13–16)
La vida de pecado que sigue demuestra cuán codicioso y disoluto es realmente el niño.
Después de robarle virtualmente la vida a su padre, él desperdicia todo en la vida inmoral.
Cada paso que da se mueve hacia abajo más y más profundamente en una vida
desperdiciada. Cuando “juntó todo lo que tenía”, significa que vendió la propiedad que le
había dado el estatus de su familia por generaciones y la convirtió en efectivo. Luego lo lleva
a “un país lejano”, el equivalente a Las Vegas del primer siglo, y “vivió desenfrenadamente
y derrochó su herencia” (v. 30 agrega, “con prostitutas”). De un solo golpe, todo se fue, sin
nada que mostrar más que una resaca y bancarrota. Lo tira todo en cuestión de días.
Todavía no ha tocado fondo. Hay tres etapas restantes en su espiral descendente.
Primero, una “gran escasez” golpea “todo ese país” (15:14), y él es atrapado sin recursos
para recurrir. No tiene hogar ni familia, ni finanzas, ni nadie a quien le importe lo que le
pase. Su indigencia ahora es total.
La segunda etapa tiene lugar cuando se ve obligado a trabajar con un criador de cerdos
(15:15), por lo que es doblemente inmundo, su vida está bajo el control de un gentil y luego
está jugando con los cerdos, un animal tan inmundo como puede ser. Aquí hay un lenguaje
fuerte que dice que “consiguió empleo”, literalmente “se asoció con” o “se unió a” el
granjero porcino gentil. No podría haber un trabajo más de mala reputación para un judío,
pero no tiene otra opción.
Hay un último paso hacia abajo (15:16), porque está hambriento y dispuesto a comer
(epethymei, connotando un deseo intenso) la comida que le da a los cerdos, posiblemente
una vaina de algarrobo, el fruto de un árbol palestino utilizado como forraje para animales
y consumido solo por los muy pobres. Sin embargo, el granjero gentil no está dispuesto a
permitir que lo haga, sin duda se dice a sí mismo que los cerdos valen mucho más para él
que este niño judío. Entonces su descenso al abismo ahora está completo; vale menos que
los cerdos, avergonzado y hambriento.
Arrepentimiento y regreso (15:17–20a)
Después de semanas de sueño pecaminoso, finalmente se despierta y vuelve en sí. Se da
cuenta de que se está muriendo de hambre y pronto morirá si se queda allí. Existe cierto
debate sobre si esto constituye arrepentimiento o si simplemente está despertando a su
grave dilema. Sus acciones podrían simplemente indicar que no quiere hacerlo pero que no
tiene otras opciones. Sin embargo, estoy de acuerdo con aquellos que ven arrepentimiento
en esto. Hay una tradición posterior que dice: “Cuando Israel se vea obligado a comer vainas
de algarrobo, entonces se arrepentirán” (Levítico Rabbah 35.6), y las reacciones del joven
se centran en arrepentirse, como darse cuenta de su dilema, regresar con su padre, y
confesándole que había “pecado contra el cielo y contra ti”.
Sus acciones en los versículos 18–19 tienen que ver con la reconciliación. Jesús
realmente dice esto dos veces para enfatizar, cuando el hijo declara sus intenciones (vv. 18–
19) y nuevamente cuando se encuentra con su padre (v. 21). Entonces esta es una parte
clave de la historia. Los detalles representan a un pecador arrepentido: levantarse, regresar
a su padre (ver Is. 55:7; Jer. 3:12) y confesar sus pecados. Está implícito que él está pidiendo
perdón. Admite que ha pecado no solo contra su padre sino también contra el “cielo” o
contra Dios mismo. Necesita el perdón de ambos. Sin embargo, “Ya no merezco” (15:19),
un aspecto esencial del evangelio para representar la gracia inmerecida de Dios al perdonar
el pecado. Cada detalle de las acciones del hijo pródigo describe el proceso de
arrepentimiento y perdón, tan esencial en Lucas-Hechos. Esta parábola podría considerarse
una narración paradigmática del proceso de la misión de la iglesia en los escritos de Lucas.
El hijo sabe que no merece nada después de la forma en que deshonró a su padre, pero
también sabe lo amable y perdonador que es su padre. No puede esperar ser recibido de
vuelta como hijo, pero su padre es demasiado misericordioso para dejarlo morir de hambre,
por lo que tiene la intención de pedir que se le permita ser uno de sus “jornaleros”, en la
parte inferior de la escala social, para así no morir de hambre. Tenga en cuenta que no está
tratando de disculpar su comportamiento escandaloso o pedir su reincorporación. Ha
cometido un acto demasiado atroz como para esperar eso. Él solo se está arrojando a
merced de su amable padre, que pronto será su empleador (o eso espera).
La respuesta amorosa del padre (15:20b–24)
Su padre, aunque humillado por su hijo, aparentemente ha estado esperando y esperando
que el joven regrese. No se podría imaginar una imagen más hermosa del amor de un padre.
La reacción del padre sería impactante para todas las personas del Cercano Oriente.
Deuteronomio 21:18–21 establece que los padres de un hijo rebelde y desobediente que
es un glotón y un borracho tienen derecho a que lo apedreen para purgar el mal de la
comunidad. Este hijo había hecho todo eso y más. Este castigo rara vez sucedió, pero se
hubiera esperado que el padre lo hubiera descartado. En cambio, su padre obviamente lo
ha estado observando todo el tiempo.
Desechando toda dignidad (los patriarcas no se levantaron las túnicas y corrieron),
corrió hacia su hijo mientras estaba “todavía estaba lejos” y compasivamente “lo abrazó y
lo besó”. El anhelo intenso es aún mayor aquí que para la oveja perdida y la moneda
perdida. Abrazar y besar son signos de reconciliación con el perdón del Cercano Oriente,
una extensión natural (2 Sam 14:33).
El hijo cumple su intención y confiesa que ha “pecado contra el cielo y contra ti” (15:21).
Todos los lectores del siglo primero habrían esperado que el padre estuviera de acuerdo y
rechazara al niño rebelde, pero él hace todo lo contrario. Él interrumpe antes de que el niño
tenga la oportunidad de decir: “trátame como si fuera uno de tus jornaleros” (v. 19) y
restablece a su hijo. Su gracia se hace cargo, y no tendrá a ninguno de sus hijos ganándose
el derecho a ser perdonado.
De hecho, hace una restitución total, ordenando cuatro cosas que el hijo nunca hubiera
recibido antes de huir (15:22–23). Dos provienen de los sirvientes domésticos y dos de los
trabajadores agrícolas. Cada uno es un símbolo de estatus y autoridad. “La mejor túnica”
no es la túnica que el hijo habría usado originalmente, sino una más fina, algunos piensan
que la túnica que el padre usaría. Al menos significaría restitución y tal vez un retorno de
autoridad. El anillo significaría que le devuelven su filiación, y muchos piensan que habría
contenido el sello familiar (véase Génesis 41:42; Est. 6:6–11). Las sandalias significan un
retorno de su antigua riqueza. Había regresado sin nada (en efecto descalzo) y ahora es una
vez más un miembro valioso de la familia.
Esto también requirió un banquete de celebración para dar la bienvenida al hijo
nuevamente a la familia (15:23). Como se dijo en 14:16, los terneros se usaban para grandes
banquetes de cuarenta o más, por lo que esto sería un asunto lujoso. El “ternero más gordo”
fue alimentado con una dieta especial y preparado para una ocasión tan espléndida.
Probablemente se invita a toda la aldea a asistir, y la reconciliación se extiende a toda la
comunidad. Sería un evento trascendental. Este hijo que se había visto obligado a comer la
dieta más baja de algarrobas ahora está recibiendo el mejor banquete imaginable.
La razón se da en el versículo 24: “Este hijo mío estaba muerto, pero ahora ha vuelto a
la vida; se había perdido, pero ya lo hemos encontrado”. Una vez más tenemos lenguaje de
la realidad del evangelio. Este “pecador” era un alma perdida y por medio del
arrepentimiento y el perdón del padre ha encontrado la verdadera vida. La frase clave, “este
hijo mío”, establece la restitución total de la filiación (compárese con Ro. 8:14–17). El
pecador estaba espiritualmente muerto y perdido en sus pecados, pero ahora es
“encontrado” y ha sido resucitado a una nueva vida.
Los celos del hermano mayor (15:25–32)
Ahora llegamos al tema restante: el hermano mayor, que simboliza a los fariseos y otros
líderes judíos en su antipatía hacia su arrepentido hermano menor. No ha estado presente
hasta ahora porque estaba en el campo cuidando a los animales y, por lo tanto, no sabía
que su hermano había regresado. Mientras se acercaba a la casa, “oyó la música del baile”
y era naturalmente curioso, ya que su padre había sido sometido y todavía lleno de tristeza,
esperando que su hijo regresara a casa. La celebración naturalmente desconcertaría a este
hermano.
Al preguntarle a un esclavo de la casa lo que estaba sucediendo, se enteró (para él) de
la impactante noticia de que “Ha llegado tu hermano… y tu papá ha matado el ternero más
gordo porque ha recobrado a su hijo sano y salvo” (15:27). Había pensado que estaba libre
de su hermano y que tenía el resto de la propiedad para él solo. Este rebelde joven sin valor
había recibido sus desiertos justos y estaba fuera de escena. Sin embargo, el ternero ha
estado en el asador y probablemente esté cerca de terminar de ser preparado para la
celebración. El comportamiento sospechoso del hermano mayor nos dice que algo está mal.
Los hermanos normalmente corrían en la casa emocionados, ansiosos por unirse a la feliz
ocasión. El esclavo está hablando desde la perspectiva del padre, muy contento por la
reconciliación, y la respuesta negativa del hermano es muy preocupante.
Su ira en el versículo 28 es difícil de entender al principio, ya que uno pensaría que sería
tan feliz como su padre por tener a su hermano de regreso. Pero él es como los dos
hermanos que disputan sus derechos de herencia en 12:13–15, lleno de avaricia y pensando
solo en sí mismo. Algunos piensan que su enojo se justificó porque el niño había insultado
a toda la familia y los había retrasado económicamente, pero en la historia de Jesús es
claramente el resultado de los celos en lugar de la indignación justa. Este hermano mayor
se niega a entrar en la casa. Esta es una representación perfecta de los fariseos en términos
de su rechazo a los “pecadores”.
El resultado es que su padre se acerca a él y le pide comprensión. La respuesta del
hermano mayor habría sido vista por los oyentes del primer siglo tan irrespetuosa como lo
había sido el hermano menor. Omite la dirección respetuosa que un hijo debe hacer a su
padre en contraste directo con el hombre más joven en los versículos 12, 18, 21. Hay una
actitud egocéntrica llena de quejas en lugar de conformidad.
Hay una inversión completa del estado; el hermano menor es ahora el de adentro y el
hermano mayor el de afuera. Al salir y suplicarle, el padre entrega su dignidad y autoridad
y se rebaja por amor a su hijo enojado. A diferencia del hombre más joven, rechaza la
compasión de su padre y escupe una lluvia de quejas por la injusticia de todo. Mientras su
hermano hedonista vivía la vida alta, había “servido sin desobedecer jamás tus órdenes”.
Esto es irónico porque actualmente está siendo muy desobediente e irrespetuoso con su
padre. En esto, él es el símbolo perfecto de los fariseos hipócritas, que dieron la apariencia
de obediencia, pero en realidad eran todo lo contrario (11:37–54).
También tiene fuertes quejas sobre lo que percibe como el favoritismo de su padre hacia
el hombre más joven (15:29b–30). Su padre nunca le había dado ni siquiera un pequeño
banquete con un número limitado de invitados (un “cabrito” sería suficiente para un grupo
de diez a quince personas), mientras que ahora estaba organizando una gran celebración
en honor a su anteriormente rebelde hermano (un “ternero engordado” sería para una gran
comida de treinta y cinco a cuarenta invitados). Entonces, a pesar de que el que había
desperdiciado su herencia en “prostitutas” y en la vida salvaje (v. 13), el padre le da la
bienvenida de regreso con una celebración que normalmente solo proporciona un
matrimonio, mientras que él nunca había hecho nada por el obediente hermano mayor.
Está claro que este hijo ha lamentado su relación con su padre durante algún tiempo.
Tal hostilidad no es el resultado simplemente del regreso de su hermano; más bien, es el
colmo de una amargura que ha tardado mucho en llegar. Se ha sentido usado y no apreciado
por su padre durante años, y ahora está saliendo a la luz. En un sentido muy real, el hermano
mayor está haciendo lo que el menor hizo antes, separándose de su padre y hermano,
rechazándolos a ambos. Se niega a aceptar el arrepentimiento de su hermano o la
compasión de su padre. Nuevamente, él es un símbolo perfecto de los fariseos en su
negativa a aceptar pecadores.
El padre muestra la misma compasión y misericordia hacia el hermano mayor que le
había dado al menor. Él corrige su falsa comprensión de la actitud de su padre hacia él en
el versículo 31 y luego con respecto a su hermano en el versículo 32. Comienza con mucho
más afecto que el que su hijo mayor había mostrado cuando lo llama “niño” (teknon, NVI:
“Mi hijo”), reconociendo lo querido que es para él. Es completamente consciente de su
servicio fiel y quiere que sepa cuánto lo aprecia (“siempre estás conmigo”). Luego le asegura
que la herencia es realmente suya y que la recibirá (“todo lo que tengo es tuyo”). El regreso
del hijo pródigo no disminuirá lo que legal y moralmente es el hermano mayor, y él no debe
preocuparse y no debe quejarse. No hay favoritismo.
Sin embargo, él está equivocado acerca de su hermano. El griego detrás de la NVI
“teníamos que” debería traducirse con más fuerza: “es una necesidad absoluta [edei] que
celebremos y nos alegremos”. El banquete comunitario no es una opción; debe llevarse a
cabo, y todos en la región deben compartir la alegría de la reconciliación. La razón repite el
lenguaje del versículo 24: los muertos han surgido y los perdidos han sido encontrados. La
resurrección ha tenido lugar, y la alegría debe ser mostrada. Estamos en la verdadera
“moraleja de la historia”: el gozo de una vida nueva y de la resurrección de los muertos.
Esta es la conclusión de las tres parábolas.
Este capítulo se centra en la amorosa preocupación de Dios por los perdidos. Estas tres
parábolas completamente sinónimos muestran cuán profundamente le importa a Dios y
cuán profundamente debemos unirnos a él para alcanzar y buscar traer a los perdidos a él.
La progresión de cada momento detalla el proceso por el cual el evangelio llega a los
pecadores, y explica cómo los rescata y la celebración resultante que debe tener lugar en la
tierra y en el cielo cada vez que una persona viene a Cristo.
Tracemos el proceso por el cual esto tiene lugar de acuerdo con estas parábolas. Dios
siempre está consciente de cada pecador y vigilante sobre la humanidad. El Dios que cuenta
cada cabello en la cabeza de una persona (12:7) también cuenta a cada persona que ha
creado y los cuida. Él conoce a cada pecador y ama a cada uno. Por lo tanto, en todo
momento está montando una operación de rescate, usando su Espíritu para convencer a
cada uno y atraerlos a sí mismo (Juan 16:8–11), y usando la iglesia para alcanzarlos con el
evangelio.
Cuando una de sus ovejas es “encontrada”, tiene lugar una doble celebración. Es
devuelta al rebaño de Dios a través del arrepentimiento, la conversión y el perdón de los
pecados, y tanto el cielo como la iglesia en la tierra están llenos de alegría y celebran el
regreso de uno de los creados a imagen de Dios para él.
Cada parábola traza esta imagen. El pastor (vv. 1–7) deja a las noventa y nueve como un
rebaño intacto (= la iglesia) para enfocarse en buscar y encontrar al que se había alejado.
Cuando encuentra esa oveja sin esperanza, la lleva de regreso con alegría y se regocija con
toda la aldea por su regreso. La mujer (vv. 8–10) que perdió una de las monedas de plata
de su dote hace lo mismo, barriendo cada centímetro de su piso de tierra hasta que
encuentra la moneda que falta y se regocija profundamente por su regreso.
La parábola del hijo perdido (vv. 11–32) domina el capítulo y proporciona con mucho el
mayor detalle sobre la conversión de los perdidos. La primera parte (vv. 13–16) proporciona
una imagen increíble del descenso a la depravación total, con el joven tonto hundiéndose
más y más en el abismo mientras toma un tercio de la herencia de su padre, lo convierte en
efectivo, y lo tira rápidamente a la basura en un estilo de vida hedonista. Se vuelve no solo
indigente sino también doblemente impuro, trabajando bajo un gentil y cuidando cerdos.
Cuando termina muriendo de hambre y rogando que se le permita comer comida de cerdo,
llega al fondo de la roca, considerado más inútil que los cerdos. En un paso necesario para
todos los pecadores, se da cuenta de su indignidad y se arroja a la misericordia de su padre.
Luego viene el único tema principal: la gracia y la misericordia inmerecidas del padre,
cuyo amor y compasión ilimitados lo llevan no solo a perdonar sino también a reintegrar al
hijo indigno como un valioso miembro de su familia (vv. 17–22). Cada paso, los abrazos y
los besos, la entrega de la túnica, el anillo y las sandalias, habría sido impactante para los
antiguos oyentes, pero tipifica a nuestro amoroso y perdonador Padre celestial. El banquete
de celebración (vv. 23–24) incluye a toda la aldea en la alegre respuesta.
El aspecto final es la imagen del implacable hermano mayor (vv. 25–32), que castiga al
padre y lo insulta de nuevo, convirtiendo a este hermano sin piedad en un extraño tanto
como el hermano menor. Todas las acciones despreciables del menor hacia su padre son
repetidas ahora por el hermano mayor, rechazando e insultando a su padre en nombre de
su propio orgullo egoísta. Demuestra que en realidad no le importa nada su padre y se
preocupa únicamente por su herencia. Sin embargo, en contraste, el padre todavía lo ama
(vv. 31–32) y quiere que su familia esté completa e intacta. Sin embargo, esto no debe ser,
ya que este hermano celoso se ha colocado fuera de la familia.
DECLARACIONES SOBRE RIQUEZA Y POSESIONES (16:1–31)
Jesús continúa preparando a sus discípulos para hacerse cargo de su misión al mundo. Les
ha mostrado qué sacrificios son necesarios y cómo deben centrarse en los pobres y
marginados en su ministerio, y ahora se ocupa de qué papel deben desempeñar las
posesiones en sus vidas. Las dos parábolas de este capítulo se centran en un uso racional
de la riqueza para el reino en lugar de para sí mismo, y entre ellas una reprimenda de los
fariseos por su amor al dinero. El tema de la riqueza domina, como se ve en la introducción
de cada unidad: “había un hombre rico” (v. 1); “Los fariseos, que amaban el dinero” (v. 14);
“Había un hombre rico” (v. 19). Jesús advierte a sus seguidores de los peligros de la riqueza
y los alienta a usar cualquier riqueza que puedan acumular sabiamente. Como dice Pablo
con tanto cuidado, el dinero no es malo en sí mismo, sino que puede convertirse fácilmente
en “raíz de todos los males” (1 Tim. 6:10).
Jesús cuenta la parábola del mayordomo infiel (16:1–13)
Esta es probablemente la más confusa de todas las parábolas de Jesús y ciertamente es la
que ha generado las teorías más divergentes en cuanto a lo que significa. Tres cuestiones
ayudarán enormemente.
1. Existe la duda de si se trata principalmente de un entorno empresarial centrado en
los intereses devengados por un préstamo (las leyes de usura), o si se trata de un
entorno agrícola centrado en los cultivos pagados por los arrendatarios a un
propietario. Este último es un escenario mucho más plausible para Galilea, una
provincia agrícola, y más acorde con las parábolas habituales de Jesús, tan a menudo
ambientadas en situaciones agrícolas. Además, el hecho de que los pagos son en
bienes agrícolas (16:5–7) es evidencia de un entorno agrícola.
2. ¿La deshonestidad establecida en el versículo 8 se refiere a toda la historia, de modo
que fue despedido por acciones deshonestas en los versículos 1–2, o se limita a los
versículos 5–7? Como diré, lo último es más probable. La apertura se centra en la
incompetencia más que en la deshonestidad.
3. ¿La historia termina al final del versículo 7 (1–7, 8–9, 10–13), en el versículo 8a (1–
8a, 8b–9, 10–13) o en el versículo 9 (1–9, 10–13)? El tono de los versículos 8b–9 se
ajusta a la conclusión de que es la explicación de Jesús de la parábola y hace que la
segunda opción sea la mejor de las tres.
La parábola apropiada (16:1–8a)
Este particular “hombre rico” es uno de los muchos terratenientes ausentes que poseía
grandes extensiones de tierra en Galilea y los dividió en granjas de inquilinos de cincuenta
a cien acres. El agricultor se quedó con la mitad del producto y la otra mitad pertenecía al
propietario. Este administrador o gerente estaba a cargo de recolectar e invertir las
ganancias para el propietario rico. No sabemos quién era el acusador, pero al parecer tenía
toda la razón. “Desperdiciar sus posesiones” no era deshonestidad sino incompetencia. Es
el mismo término (diaskorpizō) que en 15:13, cuando el hijo pródigo “derrochó su riqueza”.
Probablemente significa que invirtió muy poco las ganancias y perdió a su maestro enormes
cantidades de dinero.
Entonces su maestro lo llama a rendir cuentas y le da el ultimátum. Ahora necesita
ordenar los libros y “dar cuenta de su gestión, porque ya no puede ser gerente”. El es
despedido. Todo lo que quedaba era dar un inventario de la situación financiera de su
sucesor. El administrador no puede responder, ya que es claramente culpable de todos los
cargos.
Al principio, vemos la mente del gerente mientras lucha con qué hacer para salir de esta
desesperada situación. Reconoce que no tiene trabajo y no sabe qué hacer. No hay
oportunidades de trabajo disponibles, y como todos los gerentes de nivel medio, hay dos
cosas que no hará. Es demasiado débil para trabajar como trabajador común (“no lo
suficientemente fuerte como para cavar”) y demasiado orgulloso para convertirse en un
mendigo humilde (“avergonzado de mendigar”). Está comprometido con una sola cosa:
encontrar un trabajo que le permita mantener su estatus en la sociedad. Le gustaría un
movimiento paralelo al mismo tipo de trabajo. La pregunta es cómo lograr eso dada la
situación.
Eureka! Finalmente, se le ocurre una idea. Se da cuenta de lo que tiene que hacer para
que “cuando pierda mi trabajo aquí, la gente me reciba en sus casas” (16:4). Todavía
controla los libros, y todo lo que tiene que hacer es hacer un par de cambios sutiles para
verse bien ante los posibles jefes (posiblemente los propios deudores). Aquí es donde tiene
lugar la deshonestidad. En la superficie, “bienvenido … a sus hogares” lo hace parecer un
aprovechado que solo quiere un lugar agradable para vivir sin responsabilidades. Pero eso
no es lo que implica el contexto. Con el trabajo llegó un lugar para vivir, y su principal deseo
es el empleo, que incluirá automáticamente un hogar. La redacción que Jesús usa aquí
indudablemente proviene del punto de vista del versículo 9 y el objetivo de ser “bienvenido
a las moradas eternas” en el cielo. Está dispuesto a cometer fraude para garantizar un hogar
temporal en la tierra, mientras que debemos buscar hogares eternos en el cielo.
Su plan consiste en cocinar los libros para los deudores uno por uno y cambiar
significativamente las cantidades que deben. Luego estarán en deuda con él por ahorrarles
tanto dinero, y uno de ellos puede darle el trabajo que anhela. Aquí es donde ocurre uno
de los principales debates. Tradicionalmente, se ha pensado que bajó el monto de sus
deudas. Algunos creen que su propósito era hacer que el maestro se viera generoso para
que el hombre permitiera el cambio, pero lo más probable es que solo esperara que su acto
de fraude no se notara.
Otros suponen que él no cambió el proyecto de ley, sino que eliminó el interés (o tal vez
su propia comisión). Dado que la Torá prohibió cobrar intereses (las leyes de usura, Dt
23:19), esto habría hecho que el maestro pareciera piadoso con los demás. Pero el
problema es que no hay indicios de esto en la historia misma, y además ningún propietario
preferiría la piedad sobre las ganancias. El interés fue aceptado en aquel entonces, y es
mucho mejor ver aquí un acto de deshonestidad. La visión tradicional es la mejor: hizo
malabares con los libros.
El primer acreedor debía cien medidas (aproximadamente 875 galones) de aceite de
oliva, y el segundo debía cien medidas (aproximadamente 1.100 bushels) de trigo. La
cantidad de aceite de oliva se redujo a la mitad, mientras que solo el 20 por ciento se eliminó
del trigo, probablemente porque el aceite de oliva podría diluirse fácilmente. Se ha
estimado que la cantidad ahorrada para cada uno de ellos era cercana a los 500 denarios, o
unos dieciséis meses de salario. También se ha pensado que se necesitarían alrededor de
150 árboles y un par de cientos de acres de tierra para producir esa cantidad, por lo que se
trataba de grandes granjas de arrendatarios y agricultores arrendatarios bastante ricos. Se
les ahorró una pequeña fortuna y le debieron una gran gratitud al gerente.
Tenga en cuenta también que hizo que los deudores cambiaran sus propias cuentas y
los hizo cómplices del fraude. Probablemente creía que al hacerlo tendrían que devolverle
el dinero en especie y darle un trabajo.
En el versículo 8 vemos la conclusión más extraña de cualquiera de las parábolas de
Jesús. El propietario ciertamente descubre el fraude, pero en lugar de arrestar y encarcelar
al administrador corrupto, que es lo que sucedería en cualquier sociedad normal, elogia al
hombre “porque había actuado con astucia”. Debo haber meditado sobre el significado de
esto durante un par de décadas antes de descubrirlo a mi entera satisfacción. La clave es
que el maestro (kyrios) no es Dios ni Jesús, como algunos han supuesto. Esta es una parábola
sobre el mundo secular y la forma en que funciona. La frase “administrador deshonesto” en
la NVI significa literalmente “mayordomo injusto” en griego, lo que significa que es el
representante perfecto de este mundo injusto en sus acciones. Esta es una parábola sobre
la mundanalidad.
Ningún propietario en toda la historia ha elogiado a un hombre que lo haya defraudado
de una pequeña fortuna. Muchos señalan que elogia la astucia, no el acto de deshonestidad,
sino que son el mismo acto. No puedes separarlos tan fácilmente. Este es el ejemplo
supremo de la inversión de la expectativa. Es la verdadera sorpresa de esto lo que es el
punto de Jesús. Está describiendo las formas ilógicas del mundo secular. Es como la “regla
de oro” de Wall Street: “Haz a los demás antes de que ellos te puedan hacer a ti”. En otras
palabras, avance a toda costa. Esta es una parábola sobre la astucia mundana y la dicotomía
absoluta entre las formas financieras del mundo y las de la gente del reino. El gerente
encontró la solución y pudo resolver su dilema, pero lo hizo a costa de sus valores morales.
La otra cara, la forma de salir adelante con Dios, es el tema de 16:8b–9.
Primera aplicación: desprenderse (16:8b–9)
El pueblo de Dios es el polo opuesto del mundo. Las personas salen adelante en el mundo
tomando todo lo que pueden para sí mismas. Los santos salen adelante con Dios usando lo
que tienen para ayudar a otros. Los seguidores de Cristo repudian las técnicas de
manipulación del mundo y, por lo tanto, son lo opuesto tanto del gerente como del
propietario. Jesús está interpretando su propia parábola y aplicándola a sus oyentes. La
clave es el gran contraste entre “la gente de este mundo” y “la gente de la luz”, es decir, la
persona secular y el cristiano. Hay una lección que aprender: el acto astuto del gerente
demostró que él, como agente “injusto” de este mundo, sabía cómo usar sus recursos para
su ventaja. Él y otras personas mundanas son “más astutos” que los creyentes que
pertenecen a “la luz” de Dios. Saben cómo salir adelante en este mundo (“tratar con su
propia especie”), mientras que los creyentes no saben cómo salir adelante con Dios, es
decir, cómo usar sus recursos sabiamente.
En el versículo 9, Jesús procede a responder el dilema y les dice a sus seguidores cómo
ser “astutos” con su “riqueza mundana”. Es exactamente lo contrario de lo que hizo el
gerente. Robó los recursos de su maestro para sus propias necesidades, pero lo hizo para
“ganar amigos” (los deudores) y conseguir un trabajo que le proporcionara un hogar
terrenal y temporal. Lo más probable es que no duró mucho. Lo único que no cambió fue
su incompetencia, por lo que es dudoso que su nuevo trabajo duró mucho más que el
primero. Jesús les dice a sus seguidores que ellos también necesitan usar su riqueza
mundana para “ganarse amigos”, pero en este caso en realidad podría verse como un
modismo para dar limosna. Somos astutos cuando usamos nuestros recursos para ayudar a
otros y beneficiar al reino. Como en 6:20–26; 12:13–21, 33–34, las posesiones deben verse
como un tesoro divinamente otorgado para ser utilizado en beneficio de otros más que de
uno mismo. Esta es la principal diferencia entre los seguidores de Cristo y el astuto gerente.
Jesús aquí recurre a la realidad escatológica en la que los santos usan esta vida para
prepararse para la próxima. Concluye (en griego) con “te recibirán en viviendas eternas”. La
mayoría ve el tercer plural “ellos” como pasivo en empuje, “tú serás”, una referencia a Dios
dándonos la bienvenida al cielo. Esto bien podría ser, pero prefiero mantener a “ellos”, lo
que significa que las personas a las que hemos ayudado estarán en el cielo para recibirnos
allí. Serán nuestra recompensa celestial, todo el bien que hemos hecho con nuestros
recursos. Todo lo que gastamos ayudando a otros se deposita de inmediato en el cielo
esperando que lleguemos para recoger las recompensas que hemos ganado. El gerente solo
tenía recompensas y un hogar temporales, pero el nuestro es eterno.
Segunda aplicación: Fieles con recursos terrenales (16:10–13)
Jesús ahora usa una serie de contrastes entre la infidelidad del gerente y la confiabilidad
esperada de sus discípulos. El primero está en el corazón de la mayordomía: si podemos
confiar en las pequeñas cosas de la vida (dinero), podemos confiar en las grandes cosas
(recursos del reino). El gerente mostró esto con respecto a su uso “astuto” de la
deshonestidad, pero Dios quiere saber si también se ejercerá una prudencia similar en
nosotros. Dios quiere mayordomos fieles, y eso significa una ausencia de comportamiento
egocéntrico.
En cuanto a los detalles, la buena administración significa confiabilidad en el manejo de
la “riqueza mundana” (16:11). De esto se trataba la parábola. Lo “pequeño” sería el uso
diario de nuestros recursos físicos, y las “verdaderas riquezas” serían los recursos del reino
que Dios ha puesto a nuestra disposición. Si somos infieles con las posesiones terrenales
que nos ha dado, nunca podrá confiar en nosotros con las riquezas del reino. El punto es
que Dios nos ha hecho mayordomos en la arena de nuestras vidas terrenales y ministerios,
y si no podemos manejar eso, entonces también usaremos mal los tesoros celestiales.
Muchos piensan que el tiempo futuro aquí se refiere especialmente a la era venidera,
refiriéndose a la ausencia de recompensa celestial para aquellos que no usan su recursos
para su gloria.
Desde este punto de vista, nuestras posesiones terrenales se llaman “propiedad de otra
persona”, a saber, la de Dios (16:12). Todo lo que tenemos realmente le pertenece a él, y él
lo ha puesto bajo nuestro cuidado para que lo administremos. Esto incluiría realidades
espirituales, porque literalmente lee “lo que pertenece a otro”, ampliando el campo de las
posesiones materiales a todo lo que tenemos de Dios. Estos tres versículos miran esta vida
como un campo de pruebas para el cielo. Dios está viendo dónde están nuestras prioridades
y con qué puede confiar en nosotros. Nuestra riqueza, nuestras posesiones y nuestro
ministerio a los demás y a la iglesia deben demostrar una mayordomía fiel, y eso
determinará lo que es nuestro en el cielo. Estos versículos en realidad proporcionan
material importante para una doctrina bíblica de recompensas.
La conclusión resume el problema (16:13). La pregunta es a quién serviremos con lealtad
y compromiso. Debemos tomar una decisión consciente, ya que “nadie puede servir a dos
patrones”. No era imposible que un esclavo romano tuviera dos dueños, pero si ese evento
extremadamente raro alguna vez sucediera, el esclavo no podría dividirse en partes iguales
entre ellos. El esclavo en el análisis final tendría que “odiar a uno y amar al otro” o
“dedicarse a uno y despreciar al otro”.
Jesús aquí asume que los dos maestros están en extremos opuestos y opuestos entre sí.
El que rechazas por necesidad recibirá tu desprecio. Esto es especialmente cierto para los
dos maestros aquí: “Ustedes no pueden servir a la vez a Dios y a las riquezas” (griego:
“mammon”). Por su propia naturaleza, el dinero es una fuerza esclavizadora, y seamos
honestos. Cada uno de nosotros es materialista y hasta cierto punto esclavizado por
nuestras posesiones (Ro. 6:19–22; 1 Ti. 6:9–10, 17). Debemos darnos cuenta de que nuestro
dinero se convierte fácilmente en un poder demoníaco que intenta poseernos y obtener un
control total sobre nosotros. Dios exige que cambiemos nuestra lealtad por completo a él.
Jesús enseña sobre la riqueza y la ley (16:14–18)
Este breve interludio entre las dos parábolas proporciona una transición. La clave se
encuentra en el versículo 15: debemos tomar conciencia de lo que realmente valoramos
más en la vida, Dios o las cosas de este mundo. Nuestras acciones siempre serán el resultado
de estas elecciones. Al principio (vv. 14–15), el enfoque está en la avaricia de los fariseos y
cómo les llevó a comenzar a “burlarse de Jesús” con desprecio. Eran el ejemplo perfecto de
16:13, ya que su devoción al dinero les hizo despreciar a Jesús y las cosas verdaderas de
Dios. Algunos han dicho que los saduceos eran más conocidos por su avaricia, pero los
estudios muestran que los fariseos también eran ampliamente conocidos por eso (ver
11:39; 20:46–47; Mateo 23:25; Marcos 12:40). Su desprecio abierto por Jesús (15:2)
intensificó su oposición.
Jesús responde en 16:15 y una vez más los golpea por su hipocresía: “ustedes se hacen
los buenos ante la gente, pero Dios conoce sus corazones” (ver 7:29; 11:37–54; 18:9–12;
20:20). La prueba de esto también fue obvia: “aquello que la gente tiene en gran estima es
detestable delante de Dios”, y la codicia en la parte superior de la lista. Nadie puede escapar
del ojo que todo lo ve de Dios (1 Sa. 16:7; 1 Reyes 8:39; Sal 7:10). Los fariseos pueden
afirmar que mammon no los controlaba, pero Dios sabía dónde estaban realmente sus
valores. Su orgullo y codicia eran una abominación (“detestable”, Dt. 7:25–26; Is. 1:13;
44:19) para Dios. Su hipocresía era tanto interna como externa, lo que les permitía incluso
engañarse a sí mismos.
Ahora pasa a una discusión histórica sobre la salvación del lugar de la ley a la luz de la
llegada del reino de Dios a su ministerio. Él hace dos puntos. Primero, el tiempo designado
por Dios cuando la ley funcionó fue “hasta que Juan” vino como el precursor mesiánico para
introducir la era mesiánica. Si bien algunos piensan que el Bautista era parte de la vieja
economía, esto significa que fue el instigador de la era del nuevo pacto y que pertenecía a
ella. En un sentido muy real, pertenecía a ambos pactos, cerrando lo viejo e introduciendo
lo nuevo. Aun así, como el primer predicador del evangelio (3:18; 7:27) y el que se preparó
para el Mesías, perteneció más a la nueva era de la historia de la salvación. Con el Bautista,
la transición a la nueva era tuvo lugar, y se caracteriza por llevar a cabo su proclamación de
las “buenas nuevas del reino”.
La segunda cuestión es el significado de la última línea, que especifica los resultados de
la predicación de las buenas nuevas del reino de Dios: “todos se esfuerzan por entrar en él”.
El verbo es biazetai, que significa “ingresar a la fuerza” una cosa. La pregunta es si es pasivo
o de fuerza media. Si es pasivo, significa que las personas son “instadas/forzadas a entrar”
por la proclamación del evangelio. Si es medio, todos tratan de “forzar” su camino hacia él.
Ambas son lecturas viables, y la pregunta es si Jesús está haciendo una declaración positiva
(el éxito de la predicación del evangelio) o negativa (la batalla contra el evangelio). El
paralelo en Mateo 11:12–13 favorece el empuje negativo, centrándose en la oposición al
evangelio de los poderes de las tinieblas y los opositores de Jesús. Sin embargo, Lucas
parece enfatizar el lado positivo, enfocándose en la decisión contundente que exige la
predicación del evangelio. Mientras los discípulos llevan a cabo esta proclamación, Jesús les
asegura que su misión será exitosa y que la gente responderá a las demandas urgentes del
Evangelio.
Si bien la nueva era ha llegado y su mensaje del evangelio está avanzando, esto no
significa que la Torá o la ley hayan dejado de tener lugar o relevancia (16:17). La ley aún
permanece. Tiene relevancia eterna y nunca desaparecerá, por lo que “es más fácil que el
cielo y la tierra desaparezcan que el menor golpe de un bolígrafo de la ley”. De hecho, eso
es exactamente lo que sucederá, porque al final de la historia este mundo desaparecerá en
fuego (2 Pedro 3:7, 10) y será reemplazado por “un cielo y una tierra nuevos” (2 Pedro 3:13;
Ap. 21:1), mientras que la ley y el evangelio serán parte de la eternidad.
El “mínimo trazo de un bolígrafo” se refiere a los trazos más pequeños del alfabeto
hebreo, llamado “jota y tilde” en Mateo 5:18 KJV, refiriéndose a la letra ( יyod) y el punto
sobre la letra ( ׁשshin), que lo convierte de un sonido s a un sonido sh. La parte más pequeña
de la ley permanecerá intacta por la eternidad. La pregunta es cómo la ley solo puede estar
vigente hasta Juan y, sin embargo, durar por la eternidad. Hay cinco opciones: (1) Se refiere
a la ley moral más que a la ley ceremonial, pero no hay indicios de esto en el texto; (2) la ley
debe ser eternamente válida, pero esto va en contra de Mateo 5:17–20; (3) no es la ley
mosaica la que todavía es válida, sino la ley como principio; esto se mueve un poco en la
dirección correcta pero necesita más (es decir, en las dos siguientes), ya que la ley mosaica
es definitivamente una parte de esto; (4) es la ley cumplida en Jesús la que tiene validez
continua; (5) la ley reinterpretada por Jesús se convierte en la “Torá del Mesías” (como en
el Sermón del Monte) y tiene fuerza eterna. Estos dos últimos capturan la esencia de la
enseñanza de Jesús aquí. La predicación del reino de Jesús es el aspecto verdaderamente
permanente de la Torá, porque él ha traído la Torá mesiánica a este mundo.
En cierto sentido, Jesús agrega este dicho sobre el divorcio (16:18) como una ilustración
de la validez continua de la ley. En otro, va más allá y ejemplifica las nuevas relaciones del
reino, trascendiendo las expectativas judías. La Torá fue explícita en Deuteronomio 24:1,
con un certificado de divorcio escrito solo por “algo indecente”, y la escuela rabínica de
Shammai lo interpretó solo de adulterio. La escuela más influyente de Hillel, sin embargo,
la convirtió en una cláusula “sin culpa”, es decir, de cualquier cosa que disgustara a un
marido.
Jesús aquí no permite nada en absoluto, diciendo: “Todo el que se divorcia de su esposa
y se casa con otra comete adulterio”, y luego lo extiende agregando, “y el hombre que se
casa con la divorciada comete adulterio”. Jesús dice que el matrimonio es un pacto tanto
del esposo como de la esposa, no solo entre ellos sino también con Dios, y que romper ese
pacto por cualquier motivo constituye adulterio a los ojos de Dios. Lo declara en ambos
sentidos para enfatizar: tanto el que se divorcia y se vuelve a casar como el que se casa con
esa persona comete adulterio. No menciona ninguna excepción, indicando solo el principio
básico. En otros lugares se encuentran dos excepciones: el divorcio causado por el adulterio
(Mateo 5:32; 19:9) y el divorcio iniciado por un incrédulo (1 Corintios 7:12–16). Su énfasis
aquí es que la validez continua de la ley se refleja en su enseñanza sobre el divorcio y el
nuevo matrimonio. Está construyendo sobre los principios de la Torá en el desarrollo de la
nueva ética del reino.
Jesús cuenta la parábola del hombre rico y Lázaro (16:19–31)
Algunos han pensado que esta es una historia histórica más que una parábola, pero tiene
todas las características de esta última, incluida la introducción “había un hombre rico que
…” (también en 16:1). De acuerdo con el tono del resto de este capítulo, desarrolla aún más
la conexión de mammon con la salvación. Los elementos alegóricos son bastante claros: el
hombre rico tipifica a los fariseos con su amor al dinero, y Lázaro, sumido en la pobreza,
simboliza a los pecadores oprimidos que los fariseos descuidan y desprecian. El tema de la
inversión, visto con tanta frecuencia (1:50–53; 6:20–26; 16:13–15), continúa aquí. El
hombre rico que tiene todo en esta vida no tiene nada en la próxima, y Lázaro, el mendigo
más pobre imaginable, tiene el funeral más extravagante de la Biblia. La llamada es para un
uso racional de los recursos ahora, basándose en la parábola de 16:1–13.
El entorno social (16:19–21)
El hombre rico se describe generosamente, con “lino púrpura y fino” y vive en el lujo. Este
tipo de prendas eran usadas por la realeza y los muy ricos. El “púrpura” era un manto de
lana muy caro teñido en púrpura fenicio derivado de cientos de pequeños caracoles, y el
“lino” era ropa interior elegante. La descripción habría recordado a los lectores del primer
siglo las vidas de los Herodes o los Césares. “Vivir en el lujo” es en realidad “comer
suntuosamente” y se refiere a los increíbles banquetes y hábitos alimenticios de los súper
ricos.
Por el contrario, en una plataforma en la puerta de este ultra rico arrogante había un
mendigo indudablemente lisiado (acostado allí) que también estaba cubierto con el tipo de
llagas que lo marcarían como un leproso inmundo en ese momento. El nombre de Lázaro
significa “alguien a quien Dios ayuda”. El hombre rico no necesita ayuda, pero Lázaro debe
depender completamente de Dios. Este es el punto central de toda la historia. Ningún otro
personaje en ninguna parábola se nombra, por lo que esto es extremadamente significativo.
Los nombres muestran el significado de una persona, y este multimillonario no tiene
significado individual (sin nombre), mientras que Lázaro es el que tiene verdadero valor.
Cubierto de pies a cabeza con llagas ulceradas, anhela las migajas que “cayeron de la
mesa del rico” (16:21). Algunos piensan que las “migajas” eran pedazos de pan que los ricos
usaban para limpiarse las manos y la mesa de grasa de la comida y luego tiraban a los perros.
Los perros estaban llenos y el mendigo no recibió nada. Probablemente esto significa que
no recibió ninguno y estaba prácticamente muerto de hambre. Como el súper rico estaba
comiendo la comida más cara que el dinero podía comprar, justo afuera de su puerta, el
pobre Lázaro se estaba muriendo de hambre. El hombre rico no hizo nada por Lázaro, y
estos mismos perros (animales salvajes impuros, no mascotas) “se acercaban y le lamían las
llagas”. Sufrió una degradación tras otra. La disparidad es tan grande como puede ser, desde
el hombre más rico hasta el mendigo más pobre de toda Palestina.
Muerte y vida futura (16:22–23)
El tiempo pasó y ambos murieron, probablemente Lázaro bastante pronto debido a su
deplorable situación. Pero aquí la escena experimenta una inversión increíble. Lo más
probable es que lo hayan arrojado a una tumba común para tales mendigos, pero la
reacción del cielo es notable. Enoc fue trasladado al cielo, y Elías ascendió en un carro de
fuego. Lázaro ahora se une a ellos como “los ángeles se lo llevaron para que estuviera al
lado de Abraham”, un honor tan grande como cualquiera de los otros. Esto recuerda Judas
9, donde Miguel pelea con Satanás por el cuerpo de Moisés. Entonces, el ser humano más
despreciado en la tierra se convierte en una de las figuras más majestuosas del cielo. Los
judíos creían que Abraham, como el padre de la nación, daría la bienvenida a su familia (de
generación en generación) al cielo, como se ve en la frase hebrea “reunidos con tus padres”
(NVI: “ve a tus antepasados”, Gn. 15:15; Dt. 31:16). Este desafortunado hombre, que no
tuvo a nadie durante su vida terrenal, tiene una familia enorme que lo recibe en el cielo.
En contraste, el hombre rico murió y acaba de tener un entierro humano, ¡no es gran
cosa! Ciertamente habría tenido una lujosa ceremonia terrenal y habría sido colocado en
una tumba costosa, pero no era más que otro cadáver humano en esta historia. No tiene
una mansión en el más allá y está consignado a Hades, el lugar de los muertos (16:23).
Lázaro está en el lugar de la bendición en el seno de Abraham, mientras que el que tenía
todo lo que este mundo tenía para ofrecer fue enviado al lugar de “tormento” en Hades.
Aquí Hades es más que el lugar de los muertos. Había varias ideas sobre Hades en aquel
entonces. Para algunos es simplemente la tumba, o el lugar donde residen los muertos, los
justos y los pecadores, conscientes unos de otros, en compartimentos separados (4 Esdras
7:85; 1 Enoc 22). Aquí Jesús lo vincula con Gehena, el lugar del castigo ardiente (v. 24; ver
Mateo 5:22, 29–30; NVI: “infierno”).
Allí, el hombre rico mira hacia el compartimento de los justos y ve a “vio de lejos a
Abraham, y a Lázaro junto a él”. Aquí debemos darnos cuenta de que Jesús no está
describiendo cómo son las cosas, ya que en ninguna otra parte de la Escritura están los
muertos injustos en este tipo de estado intermedio consciente con un anticipo del lago de
fuego. En las Escrituras, este tormento tiene lugar después del juicio final, no como parte
del estado intermedio. Jesús está usando el pensamiento judío de su día como parte de la
historia en lugar de describir cómo será la vida futura (como en 1 Enoc 22; Sabiduría 3:1; 4
Macabeos 13:15).
La primera petición del hombre rico (16:24–26)
Como “padre Abraham”, el patriarca tiene cierta autoridad sobre este reino, por lo que la
primera súplica del hombre rico es para él, rogándole que “ten compasión de mí” en medio
de su ardiente tormento. Pero tenga en cuenta que todavía considera que Lázaro es su
sirviente y, por lo tanto, el que “moje la punta del dedo en agua y me refresque la lengua,
porque estoy sufriendo mucho en este fuego”. Nunca le había dado a Lázaro ni siquiera los
restos de la mesa alimentados a sus perros (16:21), pero quiere que Lázaro le sirva a él y a
sus necesidades en el Hades. Su perspectiva completamente egocéntrica continúa incluso
en la otra vida. Está tristemente equivocado y no parece darse cuenta de que su tormento
será eterno. Tuvo la oportunidad de arrepentirse y estaba demasiado ocupado en sus
actividades hedonistas para molestarse en ponerse bien con Dios. Ahora tendrá que pagar
por su locura.
Abraham interpreta su situación desde el punto de vista de los principios de
reciprocidad e inversión (16:25). Cuando le dice al tipo ultra rico “durante tu vida te fue muy
bien”, quiere decir que vivió para sus placeres, fue consumido por ellos en la medida en que
ignoró a Dios y a los demás por completo. Él está recibiendo sus desiertos justos ahora.
Lázaro, por otro lado, “le fue muy mal”. Su vida terrenal era una pesadilla diaria de
privación. Ahora, el juicio de Dios sobre ambos es revertir la forma en que habían vivido
anteriormente, de modo que “a él le toca recibir consuelo aquí, y a ti, sufrir terriblemente”.
Su lugar en la eternidad ahora está establecido, y no habrá cambio. Como dice Apocalipsis
14:10–11, “el furor de Dios” “que en la copa de su ira está puro”, y “el humo de su tormento
sube por los siglos de los siglos”, sin “descansar ni de día ni de noche”.
El principio bíblico detrás de esta imagen es claro y aleccionador para cada uno de
nosotros: ¡cómo vivimos nuestra vida en la tierra tiene una relación directa con cómo Dios
nos tratará en la eternidad! Creo en la doctrina de los grados de recompensa y los grados
de castigo. Veo lo último en Apocalipsis 20:13–15 (vea mi comentario sobre esto) y lo
primero a lo largo de Lucas, por ejemplo, en 16:8b–9 arriba, que todo lo que hacemos para
servir a Dios con nuestros recursos y ayudar a otros está guardado en cielo, para que Dios
nos lo pague cuando lleguemos allí. La demanda de Dios, como he estado diciendo, es
considerarnos administradores de sus riquezas con nuestra riqueza y compartirla tanto con
los demás como con las actividades cristianas.
Abraham luego agrega (16:26) que a pesar del hecho de que pueden verse, “hay un gran
abismo entre nosotros y ustedes”, un abismo tan grande que no se puede salvar. Nadie
puede cruzar ese abismo desde ningún lado. Jesús usa esta imagen para representar la
finalidad de la eternidad. Con arrepentimiento, uno puede cambiar la situación en esta vida.
Pero una vez que una persona ha muerto, nada puede ser alterado. El juicio final es solo
eso: ¡final! Los salvados y los perdidos no tendrán contacto entre ellos por toda la eternidad,
ni sus situaciones cambiarán. Lo que hacemos en esta vida determina cómo pasaremos la
eternidad, y una vez que esta vida termine, nuestro destino eterno estará fijo.
La segunda petición del hombre rico (16:27–31)
El hombre rico se da cuenta de que es demasiado tarde para él y, por lo tanto, recurre a la
situación de su familia aún en la tierra, y le pide a Abraham que envíe a Lázaro (a quien
todavía considera su sirviente) a sus cinco hermanos (16:27–28), con la esperanza de
ahorrarles su terrible destino. Esta es la primera vez que se ha preocupado por otra persona,
por lo que de alguna manera es una mejora. Aparentemente están inmersos en el mismo
estilo de vida hedonista y centrado en sí mismo que él había tenido, y él quiere que sean
advertidos. El lenguaje que usa el hombre en realidad se traduce literalmente como
“testificar” (diamartyrētai) para ellos, tal vez como un “testigo” oficial de la doctrina de la
retribución por los pecados y de la inversión que también les estaba esperando. Él cree que
tan pronto como se den cuenta del tormento que les espera, se arrepentirán. Lo más
probable es que estos hermanos encarnen la perspectiva de los fariseos de que su
descendencia de Abraham es suficiente y que nunca enfrentarán juicio.
Esta es una táctica común en el evangelismo, en cierto sentido asusta a las personas en
el reino. Sin lugar a duda, muchos de nosotros originalmente nos convertimos en creyentes
para escapar del fuego eterno del infierno. Esto es completamente válido, pero el hecho es
que la mayoría de los incrédulos ya conocen esta doctrina y han elegido ignorarla o negarse
a creerla. Abraham lo dice correctamente en el versículo 29: “Ya tienen a Moisés y a los
profetas; ¡que les hagan caso a ellos!”. En otras palabras, las Escrituras ya dan testimonio
del plan de salvación de Dios, y deben responder a eso. Las advertencias de los difuntos son
innecesarias, ya que tienen las advertencias de Dios en su palabra y han elegido ignorarlas.
El hombre tiene un argumento final (16:30): “Si alguien de entre los muertos acude a
ellos, se arrepentirán”. La mayoría de nosotros estaría de acuerdo con eso. Si mi madre o
mi hermano, que murieron, aparecieran repentinamente ante mí, eso llamaría mi atención
de inmediato. Esto realmente sucedió en 1 Samuel 28, cuando Saúl, que había dejado de
consultar a Dios en sus decisiones, fue a un médium en Endor y le pidió que llamara al
espíritu de Samuel para que le aconsejara cuando enfrentara al ejército filisteo. Sin
embargo, no le sirvió de nada, porque Samuel simplemente le habló del juicio de Dios y de
su muerte inminente. Llamar a los muertos nunca logra nada bueno. Estos hermanos ya
habían tomado su decisión.
La verdad de todo esto se afirma en el versículo final (31): “Si no escuchan a Moisés y a
los Profetas, no se convencerán incluso si alguien resucita de entre los muertos”. La verdad
de esto se ve cuando Jesús resucitó de entre los muertos. Mientras que algunos se
convirtieron en creyentes, como Santiago y probablemente otros hermanos de Jesús (1
Corintios 15:7), muy pocos se convirtieron. En Pentecostés y la venida del Espíritu, tres mil
más se volvieron a Cristo (Hechos 2:41), pero eso está fuera de una ciudad de
aproximadamente setenta mil, con al menos un cuarto de millón de peregrinos presentes
para el festival. Los cinco hermanos de este hombre rico habían rechazado el testimonio de
Moisés y los Profetas toda su vida y eligieron vivir por puro placer, y eso no cambiaría incluso
si Lázaro volviera de la muerte. Además, todo lo que Lázaro podría decirles ya se encuentra
en la palabra de Dios, por lo que tienen todo el testimonio oficial que necesitan.
Este principio es muy importante: Dios ha sido testigo de sí mismo en su palabra viva.
Nuestra tarea es proclamar ese testimonio predicando la palabra, y eso es más que
suficiente.
Este es un capítulo verdaderamente poderoso, uno de los más importantes en las
Escrituras, ya que nos dice claramente qué hacer con nuestros recursos y tesoros terrenales.
Las dos parábolas son alucinantes cuando se entienden correctamente. El administrador
astuto (vv. 1–8a) es la persona secular en embrión. Como gerente de granjas de inquilinos
para un propietario rico, invierte las ganancias. Sin embargo, es incompetente y lo despiden,
con solo un par de días para ordenar los libros. Esa es su salvación. El altera los libros,
engañando a su amo, pero ahorrando una fortuna a un par de los deudores más grandes,
pensando que le deberían mucho y le darían un trabajo y un nuevo hogar. La parábola
termina con la conclusión más extraña, con el dueño defraudado felicitándolo por su
astucia.
Parece que no tiene sentido hasta que Jesús cuenta la moraleja de la historia y la aplica
(vv. 8b–9). La parábola cuenta cómo el gerente secular avanza astutamente tomando todo
lo que puede para sí mismo con el fin de obtener ganancias temporales. Pero pertenecemos
a la luz y debemos hacer exactamente lo contrario con nuestros recursos, regalarla para
ayudar a otros y glorificar a Dios. Mientras lo hacemos, Dios deposita todo lo que hemos
hecho por los demás en el cielo, de modo que se nos devuelve como un beneficio eterno.
Esto se convierte en una maravillosa declaración de la doctrina de las recompensas. El
mensaje (vv. 10–13) es que nuestras posesiones terrenales son una prueba por la cual Dios
está viendo si puede confiar en nosotros con las verdaderas riquezas del reino. Todo lo que
tenemos le pertenece, y él está comprobando si seremos buenos mayordomos. ¿A qué
maestro serviremos?
El pasaje de transición (vv. 14–18) se centra tanto en el problema de la codicia como en
la cuestión de la ley. En ambas áreas, Jesús resume la ley de Dios y exige lealtad y obediencia
absolutas. Nos ha dado la Torá del Mesías, la forma final de la ley, y debemos entregar todo
a él y a las enseñanzas de su reino.
La segunda parábola (vv. 19–31) muestra el verdadero significado de enfrentarse a
nuestras posesiones terrenales. Lo que hagamos con nuestra situación en la vida
determinará nuestras recompensas en el cielo. Los que viven para la riqueza mundana no
tendrán nada en el cielo, y los que tienen poco ahora lo tendrán todo en la eternidad. Esto
no significa que todas las personas pobres se salvarán, sino que esas personas pobres que
se salven tendrán recompensas especiales (lo que serán nunca se explica) que compensarán
todo lo que han sacrificado. La inversión es absoluta, y la parábola hace que el principio de
16:13 sea aún más crítico: el maestro al que servimos ahora determinará nuestro lugar en
el cielo. Cuando pienso en la cantidad de miembros en nuestra iglesia que están
obsesionados con los lujos, esta parábola se vuelve aún más importante.
La solicitud final (vv. 27–31) también es bastante crítica para que la escuchemos. Todos
queremos que amigos y seres queridos escuchen este mensaje y se arrepientan, y el punto
aquí es que tienen todo el testimonio que necesitan. Nuestra tarea dada por Dios es
proclamar el evangelio a los perdidos y ayudarlos a comprender, primero, la verdad de esto,
y segundo, cuán importante es el mensaje para ellos. Su destino eterno está en juego.
FE, PERDÓN Y EL REINO (17:1–37)
En este pasaje, Jesús se dirige a los discípulos sobre una serie de temas que a primera vista
parecen un tanto desalentadores, pero todos se relacionan con actitudes y acciones que
Dios exige de los creyentes. La comunidad mesiánica debe mantenerse separada de los
fariseos hipócritas, que son falsos maestros y se convierten en obstáculos para el pueblo de
Dios (vv. 1–4). La respuesta es ejercer fe y una mayordomía adecuada (vv. 5–10). La
centralidad de la fe se ve en la curación de los diez leprosos (vv. 11–14) y la fe del samaritano
(vv. 15–19).
La segunda mitad del capítulo (vv. 20–37) se centra en los eventos que conducirán a la
venida del Hijo del Hombre y el reino final de Dios. Lucas tomó el material en el Discurso de
los Olivos de Mateo 24–25 y Marcos 13 y lo colocó en dos discursos, 17:20–37 y 21:5–33.
Este capítulo es más apocalíptico, se centra en la segunda venida, y el capítulo 21 trata más
sobre la destrucción de Jerusalén. Esta sección también contiene bastante material L, que
se extrae de las fuentes especiales de Lucas en lugar de Marcos o Q, pero no hay razón para
dudar de su veracidad histórica básica.
Jesús enseña sobre los tropiezos, el perdón y la fe (17:1–10)
Falsa enseñanza y tropiezos (17:1–3a)
Reconociendo la inevitabilidad de la llegada de falsos maestros que “hacen que la gente
tropiece”, advierte Jesús a sus oyentes, “¡ay de aquel que los ocasiona!” Tanto el
administrador astuto como el hombre rico en las parábolas del capítulo 16 encajarían en
esa categoría, pero Jesús especialmente tiene en cuenta a los fariseos, los rabinos o
maestros de su época, haciendo que la nación se aleje de él y abrace su falso sistema legal
(que va mucho más allá de la Torá de Moisés). Un “escollo” es una trampa que atrae a las
personas y luego las atrapa y las lleva al pecado y la apostasía. Tales cosas están “obligadas
a venir” porque Satanás está detrás de ellas y el mundo está lleno de tales charlatanes.
Entonces Jesús les advierte, diciendo “¡ay de aquel que los ocasiona!” Como en 6:24–
26, “ay” no significa “siento pena por ti”, sino que el juicio de Dios se te viene encima.
Aquellos que atrapan al pueblo de Dios en mentiras que conducen al pecado y se alejan de
la fe solo merecen su ira. Una “piedra de molino” era la piedra superior de un molino para
moler granos. Este fue sin duda el gran molino convertido por un burro o un buey, que
pesaba un par de toneladas. No hace falta decir que te ahogarías. Jesús dice que ahogarse
sería eminentemente preferible a estar ante un Dios enojado mientras es culpable de un
crimen tan despreciable. Los “pequeños” se referirían tanto a los discípulos como a los
marginados como Lázaro y los pobres. Ambos grupos deben recibir ayuda en cosas
materiales e instrucción en cosas espirituales. En cambio, son engañados por engañadores
manipuladores.
La respuesta, dice Jesús, es la vigilancia espiritual: “Cuídense”. Es en tiempo presente y
plural, y requiere un cuidado constante por parte de la comunidad. Como verso de
transición, rememora la necesidad de vigilancia a la luz de los falsos maestros, y también
espera la necesidad del perdón en la comunidad.
Aun así, su objetivo principal es proteger las verdades del evangelio del reino. Le ordena
a cada iglesia estar inmersa en la verdad doctrinal y enseñar a los creyentes cómo identificar
la enseñanza falsa. Estoy sinceramente sorprendido de la cantidad de tonterías que se
proclaman cada domingo por la mañana en algunas iglesias. Hay personas que pasan como
“pastores” que ni siquiera quieren enseñar la palabra de Dios o guiar a las personas hacia
las profundas doctrinas de la fe. Estamos en una era de “sentirse bien” con demasiada
superficialidad.
Reprimenda y perdón (17:3b–4)
Cuando la vigilancia se realiza correctamente, se descubrirán los errores cometidos.
Algunos llaman a esto un comentario sobre el hijo pródigo, pero se trata del perdón de Dios,
mientras que esto es el perdón para un compañero discípulo que te ha perjudicado. Como
en el pasaje programático en Mateo 18:15–18, cuando un compañero creyente “peca
contra” o le hiere, comienza con una confrontación personal. En lugar de guardar rencor o
buscar venganza, debe amonestar y corregir a la parte culpable y arreglar las cosas entre
ustedes. En el pasaje de Mateo, es posible que deba llevar consigo un líder de la iglesia o
alguien a quien la persona culpable respete. La clave es que te niegues a juzgarlos (Mateo
7:1–5), sino que los corrijas con amor (Gálatas 6:1; 1 Ts. 5:14–15; 2 Ts. 3:14–15; Tito 3:10;
Heb. 3:13).
El objetivo de la confrontación no es la satisfacción personal sino el arrepentimiento
espiritual. Desean la reconciliación no solo entre ustedes, sino aún más con Dios. Si la
persona se arrepiente (ante usted y ante Dios), Jesús le ordena que perdone a la persona
(Dios también lo hará). Esto se afirma con mucha fuerza, incluso si continúan repitiendo ese
pecado siete veces en el mismo día y después de que cada uno pide perdón, usted lo
concede. Esto no es un límite en la frecuencia con la que perdonas. Siete es un número
completo; el número de veces no tiene límites (Mateo [Link] “setenta y siete veces”). Esto
apenas requiere un ingenuo fracaso para notar un arrepentimiento superficial o incluso
falso. Más bien, significa una constante disposición a perdonar (como con las tres
negaciones de Pedro, 22:54–62).
El llamado a la fe (17:5–6)
Todavía en la arena del discipulado, los Doce (llamados “apóstoles” como en 6:13 para
resaltar su condición de “enviados” oficiales o agentes de Cristo) le piden “aumenta nuestra
fe”, no les dé un regalo de fe sino ayuda a la fe que tienen para que crezca. Es posible que
esto se relacione con la demanda de perdón en los versículos 3b–4 y su sentimiento de que
no tenían suficiente fe para hacerlo. Eso puede ser parte de esto, pero es probable que sea
más general, la comprensión de que necesitaban una mayor fe en cada área de sus vidas.
En el viaje hacia Cristo, que Jesús enfatiza con frecuencia en el “camino a Jerusalén”, se
dieron cuenta de la necesidad de una fe profunda que los fortaleciera constantemente.
Jesús responde (17:6) que lo que cuenta no es la cantidad de fe sino la calidad de la fe.
La semilla de mostaza era una de las semillas más pequeñas, tan pequeña que apenas se
podía ver en la palma de la mano. Entonces, su punto es que incluso una pequeña cantidad
de fe puede producir milagros como arrancar un árbol de morera, un árbol muy grande, de
hasta treinta y cinco pies de altura y con raíces profundas, y arrojarlo al mar (el paralelo en
Mateo 17:20; 21:21 es una montaña).
Apenas quiere decir esto literalmente. Es un ejemplo hiperbólico para demostrar el
poder de la fe para lograr cosas maravillosas. Tampoco respalda la teología de la
prosperidad, la opinión de que todo lo que necesitamos hacer es decirle a Dios lo que
queremos en la fe y que tiene que darnos lo que le pedimos. Es un cristianismo materialista
y constituye una herejía, ya que nos dice que podemos controlar a Dios. Santiago 4:3
rechaza tales solicitudes, ya que en ellas “pides con motivos equivocados, puedes gastar lo
que obtienes en tus placeres”.
Parábola del siervo obediente (17:7–10)
Todos somos “esclavos” de Dios (doulos; NVI: “siervo”) y le servimos. El mensaje de esta
parábola es que lo servimos sin pensar en recompensas y simplemente queremos cumplir
con “nuestro deber”. Este es un corolario de la enseñanza sobre recompensas en 12:35–37,
42–48, y nos dice que la servidumbre es el único medio para alcanzar la grandeza ante Dios.
En esta parábola, un agricultor tiene un campo pequeño y solo puede permitirse un
esclavo que tiene que servir como sirviente de campo y sirviente doméstico. El esclavo
termina su trabajo de campo (arando y cuidando las ovejas) pero aún no ha terminado con
sus deberes. Cuando ese esclavo regresa a la casa, no se le permite sentarse a su propia
comida hasta que haya preparado la comida y alimentado a su amo. Solo entonces se le
permite al esclavo comer su propia cena. “Prepárate” es literalmente, “ponte tu delantal y
espérame”. Este esclavo pasa de labrador a pastor y luego a cocinero y mayordomo,
haciendo todo para servir a su amo sin pensar en recompensas. En cierto sentido, solo está
“haciendo su trabajo”.
Entonces Jesús pregunta: “¿Acaso se le darían las gracias al siervo por haber hecho lo
que se le mandó?” (17:9) El maestro no debe nada, ni siquiera gracias, a un esclavo cuando
realiza su tarea asignada. Esta pregunta espera una respuesta negativa: “no, no tiene que
hacerlo”. Claramente, en esta parábola todos los discípulos son esclavos de Dios, una
imagen que Pablo miró con alegría al abrir cada epístola: “Pablo, siervo de Cristo Jesús”. En
Romanos 6, Pablo nos dice que Cristo nos liberó de la esclavitud del pecado y nos hizo
esclavos de Dios. Lo servimos por la alegría y el privilegio de ser parte de su familia como
esclavos y como sus herederos. El mensaje aquí es que no estamos en una relación patrón-
cliente donde Dios está obligado a ayudarnos cuando lo servimos. Más bien, es una relación
maestro-esclavo; lo servimos sin expectativa de retorno.
El punto en los versículos 9–10 es que no lo hacemos por el reembolso que recibiremos
sino por el privilegio de servirlo. No merecemos nada de Dios y por eso le servimos sin
exigencias. Servimos a Dios Él no tiene que servirnos. No tiene ninguna obligación cuando
simplemente hacemos nuestras tareas asignadas. Nuestra respuesta es: “Somos servidores
indignos; solo hemos cumplido con nuestro deber”. Obedecemos sus órdenes sin decir:
“¿Qué hay para mí?” (Contra el fariseo en 18:12). No traemos nada digno a la mesa. Dios
nos amó y nos salvó cuando aún éramos pecadores y sus enemigos. Este es el otro lado de
16:8b–9. Eso nos mostró el lado de Dios, que de hecho recompensa nuestros actos de
caridad, pero lo hace por amor, no por obligación. Aquí lo vemos desde la perspectiva de
aquellos que lo sirven por el privilegio de hacerlo sin pensar en recompensas.
Jesús sana a diez leprosos (17:11–19)
Como resultado del llamado a la fe (vv. 5–6) y la nota sobre corazones agradecidos que
sirven a Dios (vv. 7–10), este milagro se centra en la fe y la gratitud del leproso samaritano
que regresó para agradecer a Jesús. Hay otra inversión de expectativas ya que el que regresa
es un samaritano, mientras que los leprosos judíos nunca muestran arrepentimiento o
gratitud.
En el versículo 11, Jesús todavía está “siguiendo su viaje a Jerusalén” (ver 9:51; 13:22)
para cumplir su destino dado por Dios, y ahora está “a lo largo de la frontera entre Samaria
y Galilea”. Como hemos notado, él no hizo una línea recta, sino que cruzó el área por el bien
del ministerio. En este momento parece que va de este a oeste. Debemos recordar que el
formato de “viaje” es teológico más que geográfico, con Jesús acercándose más y más a su
propósito divinamente establecido más que solo a la ciudad.
En algún lugar de esa región (no sabemos si en Galilea o Samaria) ingresa a un pueblo y
se encuentra con diez leprosos. Como era de esperar, se paran “a cierta distancia” de él;
nadie se acercó a un leproso por temor a volverse impuro (véanse 4:27; 5:12). El hecho de
“diez” leprosos no tiene ningún significado; es sin duda una nota histórica.
Su clamor a Jesús como “Maestro” es común a Lucas (5:5; 8:24, 45; 9:33, 49, solo entre
los Evangelios) y lo mira no solo como un rabino sino como el Señor que controla la
naturaleza. (Como en otros milagros). La súplica de “misericordia” o compasión es, por
supuesto, un grito de sanación (18:38). Saben que Jesús es dueño de todas las
enfermedades e incluso de la naturaleza misma. La única pregunta es si tendrá compasión
de ellos.
En el versículo 14 Jesús hace un movimiento inusual. En 5:12–14 sanó a un leproso y
luego le dijo que fuera con los sacerdotes, quienes certificarían que había sido sanado y que
podía regresar a casa. Jesús no hace eso aquí. Él les dice: “Vayan a presentarse a los
sacerdotes” antes de sanarlos, lo más probable es que prueben su fe. Se sanan a distancia
mientras están en el camino. Esto requería una gran cantidad de fe de su parte, irse sin ser
sanado y, sin embargo, con la expectativa de ser sanado como Naamán, quien fue sanado
mientras se lavaba en el Jordán (2 Reyes 5:10–14).
De los diez, solo uno tenía la fe para regresar con alabanza y gratitud en su corazón. Su
fuerte alabanza y postración a los pies de Jesús en los versículos 15–16 mostraron gran
piedad y alegría. Los otros nueve (implicados para ser judíos) aparentemente no sintieron
una gratitud especial, pero simplemente aceptaron la sanación y siguieron su camino. Lo
sorprendente, por supuesto, es la revelación al final de esta pequeña sección de que la única
persona agradecida era un samaritano. Así que esto se une a la parábola del buen
samaritano como precursores de la misión universal, que comenzará con Felipe en Samaria
en Hechos 8:4–8. Los otros nueve simbolizan al pueblo judío que está cerrado a Jesús, y Dios
se dirigirá a las naciones, comenzando con los samaritanos, como se indica en la parábola
del gran banquete (14:21–23).
El mensaje de este episodio se encuentra en las tres preguntas de los versículos 17–18.
El primero espera una respuesta positiva: “¿Acaso no quedaron limpios los diez?” De hecho,
Jesús había mostrado misericordia a cada uno de los diez, y todos fueron sanados de la lepra
y limpios de la contaminación con que la lepra los había maldecido. Estaban completos y
podían regresar a casa. Sin embargo, si todos fueron limpiados, “¿dónde están los otros
nueve?” Deberían haber regresado para alabar a Dios y agradecer a Jesús por su sanidad.
Este es el punto central, la ingratitud de estos otros nueve. Negarse a responder al toque
sanador de Dios obvia el verdadero propósito de un milagro: la curación física permanece,
pero la curación espiritual nunca tiene lugar.
La tercera pregunta (17:18) fluye de la segunda y lleva el otro énfasis principal: “¿No
hubo ninguno que regresara a dar gloria a Dios, excepto este extranjero?” El famoso letrero
en los escalones que conducen al patio interior del templo prohíbe a los “extranjeros” o no
judíos entrar en ese espacio sagrado bajo pena de muerte. Así que este era un término
negativo para todos los judíos. Sin embargo, esto espera un importante cambio histórico de
salvación que ocurriría en Hechos 7–8 y el comienzo de la misión universal: el movimiento
del evangelio a todas las naciones. Los nueve tipificaron a la mayoría de la nación que en
Romanos 11:17 son las ramas del olivo (= verdadero Israel) que se han “roto” y ya no son
parte del pueblo de Dios, para ser reemplazadas por los “brotes salvajes “, o gentiles como
este samaritano solitario.
Entonces Jesús reitera la promesa que ha hecho a otros que ha sanado, esta vez a un
samaritano: “Levántate y vete; tu fe te ha sanado “(literalmente,” te salvó”; compárese con
7:50; 8:48). Ahora ha experimentado tanto la sanación física como la salvación espiritual.
Los nueve se negaron a responder con fe al Dios que los había sanado y se perdieron la
sanación mucho más importante. Los elogios y la acción de gracias del samaritano fueron
en realidad mucho más que gratitud. Constituyeron su decisión de fe; ahora era miembro
de la familia de Dios y la comunidad mesiánica de Cristo.
Jesús enseña sobre la venida del Reino de Dios (17:20–37)
Los fariseos representaban al resto del judaísmo en su suposición de que la venida del reino
de Dios todavía era futura, vinculada con la llegada del Mesías. Tenían razón en su creencia
en la ley, pero trágicamente equivocados cuando rechazaron a Jesús como el Mesías de
Dios. Al negarse a convertirse en seguidores del nuevo pacto, se colocaron fuera del reino
de Dios, que había llegado con Jesús. El reino ya había sido inaugurado en la tierra y estaba
llegando a su apariencia final y completa en la segunda venida. Estos dos temas: el reino
presente (vv. 20–21) y el futuro reino final (vv. 22–37) son los temas de este pasaje.
La pregunta sobre la llegada del reino (17:20–21)
Los fariseos, al igual que todo el judaísmo, creían que el reino no vendría hasta que el Mesías
llegara con los ejércitos del cielo para derrotar a las naciones, especialmente a los romanos,
e instigar el reino de Dios en la tierra. Como los fariseos rechazaron a Jesús como el Mesías,
eso fue necesariamente un evento futuro. Por lo tanto, le preguntan a Jesús cuándo vendrá.
La respuesta de Jesús (centrada en lo que “se puede observar”) muestra que entendió que
era una demanda de una señal del cielo (como en 11:16). Este es un pasaje independiente,
ya que en el resto de la sección (vv. 22–37) está enseñando a los discípulos, no a los fariseos.
La razón es que esta pregunta trata sobre el reino en el presente, mientras que el resto se
centra en la venida final del reino al final de la historia. Los fariseos necesitaban comprender
la presencia del reino en Jesús, y este es el pasaje para ellos.
Aquí es donde la “escatología inaugurada” es importante. En los versículos 20–21, Jesús
enfatiza el “ya”, mientras que en los versículos 22–37 se enfoca en el aspecto “aún no” del
reino. Con la encarnación y la primera venida de Jesús, se inauguró el reino de Dios, y en la
actualidad el reinado de Dios se establece en este mundo, pero al mismo tiempo está en
proceso. El reinado final de Dios vendrá en la segunda venida, y luego Cristo y los santos
reinarán en el cielo por la eternidad.
Entonces Jesús responde: “La venida del reino de Dios no se puede someter a cálculos”.
No vendrá a través de señales celestiales o por esfuerzos humanos (por ejemplo, guardar la
ley). No servirá de nada mirar los cielos y esperar alguna señal sobrenatural que permita a
las personas decir: “Aquí está” o “Ahí está”.
La última parte del versículo 21 es una declaración crítica para la visión de Lucas de los
eventos del tiempo del fin. Los intérpretes generalmente han entendido la declaración de
Jesús “el reino de Dios está entre ustedes” de tres maneras diferentes:
1. El reino de Dios está “en el interior/dentro” de su pueblo, una realidad interna. Sin
embargo, Jesús se dirige a los fariseos, no a sus discípulos, y esto difícilmente sería
apropiado. Además, el reino de Dios es siempre una fuerza externa en este mundo
y no solo una entidad espiritual. Es el Espíritu quien vive dentro de nosotros (Ro.
8:11–17), no el reino.
2. Otros lo ven como significando “a la mano o a su alcance”; es decir, está en su
capacidad de lograr mediante el arrepentimiento y la conversión. Sin embargo, esto
lo coloca demasiado bajo control humano y no captura la esencia del reino como
una fuerza activa en este mundo.
3. Lo mejor es verlo como la NVI, NASB, ESV, NET y LEB: “en medio de ti” o “entre ti”
(NRSV, NLT). En otras palabras, el reino ya está presente y operativo en este mundo
si solo tuvieras ojos para ver y oídos para oír. Dios está en su trono, y el reino ha
entrado en este mundo. La comunidad mesiánica existe para aquellos que están
abiertos a Jesús.
La venida del Hijo del hombre (17:22–37)
Ahora Jesús se dirige a sus discípulos y se dirige al evento futuro. Debemos recordar que
hay dos venidas de Jesús en las Escrituras. En su primer advenimiento, llegó para ser el
Mesías sufriente de Isaías 52–53 e inauguró el reino o la era mesiánica, y en su segundo
advenimiento vendrá como Rey conquistador para destruir los poderes del mal y establecer
su reino final. Se dirigió al primero en los versículos 20–21 y ahora pasa al segundo. Este es
el Día del Antiguo Testamento de Yahveh, el tiempo en que las naciones serán juzgadas y la
ira de Dios apaciguada (Is. 39:6; Jer. 9:25; Da. 7:22; Amós 4:2; Mal. 3:5).
La prontitud y el poder de la venida (17:22–25)
A medida que sus seguidores experimenten los poderes del mal dispuesto contra ellos y el
odio que enfrentarán, anhelarán ver “los días del Hijo del Hombre”. Algunos ven esto como
una referencia a los problemas futuros y la oposición que enfrentarán los seguidores de
Jesús, pero si bien esto es parte del significado aquí, el contexto hace que sea mucho más
probable que esto aquí y en 17:26 habla sobre la parousia, el regreso de El Hijo del
Hombre/Mesías al final de los días. Cuando Jesús dice “no lo verás”, se refiere a su
naturaleza inesperada. En medio de la angustia y los problemas que tendrán que soportar,
a menudo harán la Oración del Señor, “Que venga tu reino”. Pero vendrá en el tiempo de
Dios, no en el de ellos.
De hecho, Jesús continúa diciendo, habrá constantes rumores y avistamientos de
señales (17:23), como ya se dijo en el versículo 21 –“ ‘¡Mírenlo acá!’ O ‘¡Mírenlo allá!’ ”– y
mientras algunos puede que simplemente se trate de rumores, probablemente tenga en
mente pretendientes mesiánicos y falsos maestros que los usarán para desviar a muchos
del pueblo de Dios (Marcos 13:21; Mateo 24:23). Los discípulos no deben perseguir falsas
predicciones. Esta es una advertencia que también debería advertirnos en nuestros días, ya
que todo tipo de “predicadores de profecía” están anunciando sus últimas teorías que
predicen exactamente cuándo vendrá Jesús. Crecí en este ámbito, y parece que cada año
hay varios rumores exactamente como dice Jesús. Debemos tener cuidado de no dejar que
la especulación reemplace el contenido al predicar sobre el regreso del Señor.
En cambio, cuando Cristo regrese, él “será como el relámpago que fulgura e ilumina el
cielo de un extremo al otro”. Cuando tenga lugar la segunda venida, no será en secreto,
conocido solo por unos pocos y dicho en rumores que está “aquí” o “allí” como en el
versículo 23. Como un rayo, será repentino pero público y visible para todos, y nadie se dará
cuenta de lo que ha sucedido. El relámpago es un símbolo común para una teofanía, una
aparición de Dios (Éxodo 19:16; 2 Sa. 22:15; Salmo 18:14; 97:3–4), y enfatiza su gloria y
majestad. Como se dice en 1 Tesalonicenses 4:16 (y 1 Co. 15:52), su regreso estará
acompañado “con voz de mando, con voz de arcángel y con trompeta de Dios”. Crecí
aprendiendo que habría un “rapto secreto”, y eso no puede estar más lejos de la verdad.
Jesús proporciona otra razón para no escuchar los rumores en el versículo 25, porque
todavía no pudo regresar: “primero debe sufrir muchas cosas y ser rechazado por esta
generación”. Esta es en realidad otra predicción de pasión (9:22, 44; 12:50; 13:32–33;
18:32–33; Lucas tiene más que cualquier Evangelio). El punto aquí no es escuchar esos
rumores falsos, porque la segunda venida es el futuro distante, no el futuro inmediato. El
propósito y el destino de Jesús en el aquí y ahora es el sufrimiento y el rechazo, dando su
vida como sacrificio expiatorio por nuestros pecados. Se opondrá y será martirizado por
“esta generación” (también 7:31; 9:41), pero sus seguidores continuarán sufriendo por las
generaciones venideras hasta su regreso final. La gloria de Jesús se hará visible después, en
su resurrección, y la gloria de su pueblo vendrá en su resurrección final en su parousia.
Dos ejemplos de la naturaleza de su venida (17:26–30)
“Los días de Noé” (vv. 26–27) y “los días de Lot” (vv. 28–29) están destinados a demostrar
lo repentino y la naturaleza inesperada del regreso de Cristo. Noé y Lot a menudo se usan
juntos para mostrar el juicio de Dios sobre los malvados y su liberación de los santos. En los
días de Noé, justo antes del diluvio, las personas seguían con sus vidas tal como son hoy y
tal como estarán justo antes de que el Señor regrese: “Comían, bebían, y se casaban y daban
en casamiento”. En otras palabras, todo era normal hasta que llegó el cataclismo.
Cuando “hasta el día en que Noé entró en el arca; entonces llegó el diluvio y los destruyó
a todos”, nadie estaba listo. El énfasis aquí está en la llegada repentina y el hecho de que
era demasiado tarde para que la gente hiciera algo. En Génesis 6:4, 11, el énfasis está en las
actividades descuidadas y corruptas de los contemporáneos de Noé, y eso está implícito
aquí. El paralelo en Mateo 24:37–39 resalta la necesidad de vigilancia y preparación
constantes, y eso también está implícito aquí.
Cuando Jesús habla de “los días de Lot” (17:28–29, solo en Lucas) agrega algunos
detalles: comprar, vender, plantar, construir (véase Génesis 19:15–23), con la depravación
de Sodoma visiblemente. ausente y más fuerte por eso. Incluso las personas terriblemente
malvadas de Sodoma se dedicaron a actividades normales y no estaban preparados para
que el juicio cayera sobre ellos. Al igual que aquellos que se volvieron contra Jesús, no
estaban preparados para el destino que habían traído consigo mismos.
La “revelación” del Hijo del Hombre será la misma (17:30). Jesús viene como un ladrón
(12:39), de manera inesperada y aterradora, y la gente de este mundo no estará lista. Es
mejor que el pueblo de Dios esté listo. “Revelado” significa que en ese momento todo el
mundo, tanto los no salvos como los salvos, serán conscientes de su gloria y poder. Se
“manifestará” a todos, pero será demasiado tarde para los que no estén preparados.
Advertencias sobre el día (17:31–36)
Como en los dos ejemplos anteriores, Jesús enfatiza las actividades cotidianas en lugar de
las acciones depravadas. Todos deben elegir entre una orientación hacia las cosas
terrenales o hacia las realidades celestiales, y eso determina el destino final de uno. La
primera advertencia es huir de las posesiones terrenales (17:31–32=Mateo 24:17–18;
Marcos 13:15–16). En Marcos y Mateo, esto es parte de la sección sobre la destrucción de
Jerusalén, pero aquí el foco está en la parousia. La catástrofe golpea sin tiempo de sobra, y
aquellos que se tomen el tiempo para tomar posesiones serán superados.
Los “techos de las casas” en Palestina del primer siglo eran techos planos que servían
como una combinación de comedor y sala de estar, y la gente regularmente comía en ellos.
Cuando descendieron, bajaron las escaleras por el costado de la casa y fueron al frente para
entrar y obtener posesiones. No tendrán tiempo para eso, y los que están tan atados a las
cosas terrenales como para intentarlo perecerán. Lo mismo es cierto para aquellos en los
campos. Los ejércitos están casi allí, y regresar a casa es morir. Incluso cuando la esposa de
Lot miró hacia atrás (Génesis 19:17, 26), probablemente reacia a abandonar sus posesiones,
se convirtió en sal y fue su fin.
La gran inversión domina 17:33–35. El tema básico es la necesidad de elegir si mantener
su vida o perderla (v. 33) y luego se proporcionan dos ilustraciones de ese motivo (vv. 34–
35). La clave de la eternidad son las prioridades de uno en la vida, ya sea que uno busque
preservar las cosas de esta vida o entregarlas para Cristo. “Mantener su vida” es enfocarse
completamente en preservar el lado terrenal de la vida, y “perderla” significa centrarse en
preservar el lado espiritual de la vida sobre lo terrenal. En este último, elegimos el camino
de Cristo, involucrando aborrecer al mundo y “participar en sus sufrimientos” (Filipenses
3:10).
Las dos ilustraciones muestran las divisiones en la familia (dos en la cama) y el trabajo
(dos en el molino) que causará esta gran inversión. En ambos casos “uno será tomado y el
otro abandonado”. Los tomados serán resucitados a la vida; los que quedan enfrentarán un
juicio ardiente. Los dos en la cama serían marido y mujer en el hogar campesino promedio
de una habitación, por lo que las familias quedarán destrozadas. Los dos en el molino son
necesarios para moler el grano con un molino manual (aproximadamente un pie de
diámetro en promedio). Uno se sentaba en el suelo y estabilizaba la mitad inferior mientras
que el otro giraba la piedra superior (a través de la clavija cerca de su borde). Nuevamente,
la división resulta, ya que uno está listo (centrado en lo celestial) mientras que el otro no
(centrado en lo terrenal).
El verso 36 casi seguramente fue agregado por escribas posteriores. Falta en los mejores
manuscritos (𝔓75, א, A, B, los manuscritos bizantinos) y probablemente se agregó en
asimilación a Mateo 24:40.
Conclusión (17:37)
Ambas mitades de este verso son algo confusas. De hecho, la pregunta de los discípulos
muestra que están algo desconcertados por todo lo que Jesús ha dicho. Claramente, Jesús
iba a regresar en alguna fecha futura, entonces su pregunta, “¿Dónde, Señor?” Es un
seguimiento natural. En Zacarías 14:4, el Señor aterriza en el Monte de los Olivos y lo divide
en dos, y esto podría estar en sus mentes. Con razón ven esto como el día del Señor, cuando
el juicio de Dios caerá sobre las naciones.
La respuesta de Jesús es igualmente enigmática. La imagen de los buitres dando vueltas
sobre un cadáver sin duda connota juicio, pero ¿con qué énfasis? Podría enfatizar (1) la
rapidez o (2) la brusquedad y la naturaleza inesperada de la aparición de los buitres, o (3) la
finalidad de la destrucción. Algunos piensan que es (4) un águila en lugar de un buitre, lo
que enfatiza al ejército romano (con un águila como emblema), pero eso no encaja aquí.
Algunos han tomado esto como (5) un águila que simboliza la reunión de los justos con
Cristo en el cielo. Esto es interesante y posible, pero el lenguaje parece indicar que estas
aves carroñeras rodean a los muertos más que atraparlos. Así que estoy de acuerdo con
aquellos que ven esto como (6) enfatizando la naturaleza visible y el efecto universal de la
parousia, basándose en los relámpagos en el cielo en el versículo 24. Jesús dice que estemos
preparados en todo momento, porque cuando llegue, será inevitable.
Este capítulo avanza hacia un tema que dominará el resto de la narrativa de viaje
(capítulos 17–19), el lugar de la fe en la vida cristiana. El tema de este capítulo se presenta
en los primeros versículos (vv. 1–10), el peligro de los falsos maestros vencidos por el
perdón y la fe en la comunidad. Incluso la más pequeña cantidad de fe puede producir los
mejores resultados, ya que servimos a un Dios verdaderamente grandioso. Además, es
nuestro privilegio y alegría servirle. En realidad, la servidumbre en sí misma es grandeza,
porque podemos ministrar al Dios del universo y en su nombre. No hemos pensado en lo
que podemos sacar de eso; Es un honor maravilloso ser elegido para ser su esclavo.
La sanación de los diez leprosos (vv. 11–19) ejemplifica lo que debería constituir la fe.
Hay dos aspectos de la verdadera fe: creencia y confianza en la presencia sanadora de Dios
(que los diez ejemplifican), y alabanza y gratitud al Dios sanador (visto solo en uno). Esto
significaba que nueve experimentaron sanidad física, pero solo uno obtuvo sanidad
espiritual también. Además, ese era un extranjero, un samaritano, y esto también se
convirtió en un presagio de la misión universal en la que el evangelio iría a las naciones.
El resto del capítulo (vv. 20–37) se centra en la escatología, comenzando con el lado
realizado (vv. 20–21) y el hecho de que el pueblo judío tuvo que darse cuenta de que el
reino no era una realidad futura, sino primero presencia real en este mundo con Jesús y su
comunidad del nuevo pacto. Dios ha enviado su reino, y está aquí. Sin embargo, al mismo
tiempo, está en proceso ahora y no se finalizará hasta la segunda venida. Los falsos
maestros trataron de hacer que la gente se extraviara (vv. 22–23), pero cuando llegue, nadie
necesitará que se lo señalen, ya que será visible para todos (v. 24). En el presente vendrá su
sufrimiento y rechazo (v. 25).
La clave es estar preparado en todo momento, porque la verdad es que a su regreso la
vida continuará normalmente, como en los días de Noé o Lot (vv. 26–30), cuando la
destrucción llegó repentinamente y sin previo aviso. El pueblo de Dios debe estar atento y
fiel, ya que puede venir en cualquier momento. El primer paso para estar listo es evitar las
posesiones terrenales, porque tal obsesión conducirá a su destrucción. Debemos darnos
cuenta de la gran inversión que nos espera. Los que viven para las cosas de este mundo lo
perderán todo, y los que no buscan nada en este mundo lo tendrán todo en la eternidad
(vv. 33–35). Las familias y los amigos se separarán en la parousia, y aquellos que estén
centrados en el cielo en lugar de estar obsesionados con la tierra serán los que disfruten de
las recompensas del cielo.
REINO, ORACIÓN Y FE (18:1–43)
En el último capítulo, Jesús se centró en el discipulado, siendo los dos temas principales la
fe y la venida del reino. Aquí se basa en eso, especialmente enfocándose en la escatología
realizada (la presencia del reino en la era actual) y la necesidad de depositar nuestra
completa confianza en Dios y Jesús mientras caminamos con Cristo. La parábola de la viuda
persistente (vv. 1–8) es un ejemplo de la guerrera de oración que no aceptará un no por
respuesta al llevar su necesidad a Dios, y luego tenemos el modelo de recaudador de
impuestos (vv. 9–14) y más tarde el mendigo ciego (vv. 35–43) que se arroja enteramente
a la misericordia de Dios. Los niños pequeños son modelos de vida centrada en Dios (vv.
15–17), y después de eso (vv. 18–30) se nos dice que, como estos niños, debemos evitar las
posesiones y centrarnos por completo en las realidades del reino. Debemos aprender a
depender completamente de nuestro Dios misericordioso.
Jesús cuenta la parábola de la viuda persistente (18:1–8)
Nuevamente, Jesús se enfoca en los discípulos, y Lucas nos dice el tema en el versículo 1:
“para mostrarles que debían orar siempre, sin desanimarse.”. No hace falta decir que fue
un momento extremadamente difícil para ellos, y la presión solo iba a aumentar.
“desanimarse” es literalmente “cansarse” y aborda la depresión grave en medio de tiempos
difíciles. El discipulado exige resistencia y una confianza inquebrantable y dependencia de
nuestro Dios misericordioso. Esta es una oración que nunca se rinde en tiempos difíciles.
Además, la NVI “debían orar siempre” es demasiado débil. La partícula es en realidad dei,
utilizada en todo Lucas (dieciocho veces) y en Hechos (veintitrés veces) por necesidad divina
(ver com. 2:49). Debe leerse “que Dios considera necesario que oren en todo momento”.
La oración se convierte en la característica distintiva del creyente, una confianza activa en
Dios más que en uno mismo.
Los personajes se presentan en los versículos 2–3. Este es un juez severo e intransigente
que estaba tan atrapado en sí mismo que “ni temía a Dios ni le importaba lo que la gente
pensara”. Indudablemente era judío, porque los romanos se mantenían alejados de las
preocupaciones civiles y dejaban a sus súbditos solos en asuntos locales. Algunos lo
consideran un juez corrupto como en Amós 2:6–7; 5:10–13, pero no hay muchos indicios
de eso. Es un líder rico y poderoso en la comunidad que solo se preocupa por sus estratos
superiores y nada por los pobres e indefensos como esta viuda. Él es la antítesis de lo que
debería ser un juez. “ni tengo consideración de nadie” aquí es entrepō, “no siente
vergüenza”, una imagen para una persona sin conciencia (Jer. 8:9, 12). La Escritura ordena
que los jueces defiendan a las viudas (Éxodo 22:22–24; Dt. 24:17; Sal. 68:5; Is. 1:17; 54:4;
Jer. 22:3; Stg. 1:27), pero este es completamente frío de corazón. Es casi tan malo como los
escribas de Marcos 12:40 que “devoran las casas de las viudas”.
No sabemos la situación de esta viuda, si su dote o los bienes de su esposo estaban
siendo retenidos o si era otro tipo de situación (probablemente financiera), pero ella no
había encontrado justicia. Ella no tiene otro recurso que acudir a este juez y buscar ayuda,
pero su falta de preocupación significaba que “insistía en pedirle” una y otra vez y suplicaba
“justicia contra mi adversario”. Claramente, cada vez es rechazada sin ayuda alguna.
El juez finalmente responde en los versículos 4–5. Las primeras veces se negó
rotundamente incluso a reconocerla a ella y su necesidad. Ella lo sobrevivió y forzó una
respuesta. Era conocido y orgulloso de su reputación como juez impío y testarudo (dos
veces en los vv. 2, 4, para enfatizar) y no quería prestarle ninguna atención. Pero ella le dejó
pocas opciones. Era más fácil rendirse y acabar de una vez que dejar que molestara a todos
sus otros clientes con sus constantes ruegos.
Tenga en cuenta que dice esto solo a sí mismo y no públicamente; él no quiere que su
capitulación sea ampliamente conocida. Su razonamiento es sólido: “como esta viuda no
deja de molestarme, voy a tener que hacerle justicia, no sea que con sus visitas me haga la
vida imposible”. “haga la vida imposible” no significa violencia física sino denuncia pública.
Él no quiere que su nombre sea vilipendiado ante los demás. El verbo hypōpiazē significa
“vencer”, literalmente “dar un ojo morado” (una metáfora del boxeo), “desgastarse” con
sus constantes llamamientos. Una buena paráfrasis podría ser “no sea que me dé dolor de
cabeza con sus continuos lamentos”.
Jesús tiene dos ideas en mente. Principalmente, está llamando a la oración persistente.
Si se puede mover a un juez frío e indiferente, cuánto más un Padre amoroso. A diferencia
del juez, nuestro compasivo Señor no tiene que ser obligado a satisfacer nuestras
necesidades. Además, no es Dios quien necesita nuestras oraciones continuas; Somos
nosotros los que tenemos que venir ante él regularmente. El único ingrediente necesario
para el crecimiento espiritual es la dependencia constante y la rendición a él. La segunda
idea es la de la justicia. Los discípulos pronto serán derrotados y devastados por un mundo
vuelto contra ellos. La iglesia debe aprender a usar todos sus recursos para ayudar a los
pobres a encontrar justicia.
El mensaje de la parábola radica en la reacción de este juez a su persistencia. Jesús lo
llama “juez injusto” en el versículo 6, literalmente “juez de injusticia” (adikias), lo que
probablemente significa que el hombre es “injusto” en la ausencia total de preocupación
por la situación desesperada de la viuda e “injusto” en su desdén por Dios. Él es
verdaderamente un hombre de mundo y habla aquí como una persona completamente
secular.
Este es otro mensaje de “menor a mayor”. Si este juez malvado que no tiene compasión
por nadie puede reaccionar de esta manera, ¿cuánto más un Dios amoroso: “¿Acaso no
hará Dios justicia para sus escogidos?” Si incluso un juez frío y calculador proporcionará
justicia terrenal, nuestro Padre celestial actuará por su pueblo, sus “elegidos” a quienes ha
elegido de este mundo. Como aquellos que pertenecen a Dios, también son odiados y
oprimidos, porque el mundo se ha vuelto contra ellos, por lo que deben recurrir a Dios para
pedirle justicia. Esta es la promesa absoluta de que recibirán la justicia que les corresponde.
Los elegidos, como la viuda, no pueden encontrar justicia en este mundo y deben
“clamarle día y noche”. El punto de la parábola es la promesa divina de su intervención y su
exoneración. Sin embargo, también deben darse cuenta de que Dios responderá a su clamor
en su tiempo y no en los suyos, como se ve en la pregunta adicional de Jesús: “¿Se tardará
mucho en responderles?”. El verbo (makrothymei) significa “retrasar” o “esperar
pacientemente”; Dios determinará su tiempo.
La cuestión del retraso de Dios tiene varias interpretaciones diferentes: (1) Dios muestra
paciencia con sus oraciones y responde a Su tiempo (demasiado débil); (2a, b) Dios retrasa
o pospone su ira contra sus enemigos o los elegidos (no en el contexto); (3) Dios reivindica
a los santos a pesar de que retrasa su respuesta (pero el énfasis en 8a está en la justicia
rápida); (4) Dios no se demora sino que reivindica a los santos en su tiempo; (5) Dios es
paciente al velar por los santos y protegerlos hasta la parousia. Una combinación de los dos
últimos tiene más sentido aquí.
La promesa se conmueve un poco con toda la discusión sobre la demora, ya que él
promete: “Les digo que sí les hará justicia, y sin demora” (18:8a). Mientras que en tachei
puede significar “repentinamente” o “rápidamente”, en este contexto la idea de “pronto”
es la mejor. Pero ¿cómo encaja eso con todo el material de Lucas-Hechos en el largo retraso
antes de que el Señor regrese? Probablemente Lucas está escribiendo esto sobre la base de
su punto de vista de la historia de la salvación, analizando todo el tema de Dios y el tiempo.
2 Pedro 3:8, 10, todavía lo dice mejor: “Para el Señor, un día es como mil años, y mil años
son como un día”, porque “él tiene paciencia con ustedes, no quiere que nadie perezca, sino
que todos se arrepientan”.
Verdaderamente “Dios dispone todas las cosas para el bien” (Ro. 8:28), pero debemos
recordar el mensaje de Hebreos 11 y la fe de los héroes del pasado que no recibieron su
liberación hasta que dejaron este mundo (especialmente Heb. 11:39–40). El ya y el aún no
gobiernan esta promesa. Dios ya nos está dando justicia, pero la vindicación final no llegará
hasta que Cristo regrese y se lance la eternidad.
Finalmente, Jesús pasa a la pregunta de su parousia y pregunta: “No obstante, cuando
venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará fe en la tierra?” (18:8b) Esto probablemente tiene
dos niveles de significado. En un nivel, la pregunta es si al final de la historia las condiciones
serán como el diluvio de Génesis 6, donde Noé y su familia fueron las únicas personas justas
que quedaban. El segundo nivel relacionado tiene que ver con los santos, preguntando qué
tipo de oración perseverante y vigilante caracterizará a sus seguidores. ¿Estarán listos para
su regreso, confiando en Dios en medio de tiempos difíciles y verdaderamente orando:
“Venga tu reino!”?
Jesús cuenta la parábola del fariseo y el colector de impuestos
(18:9–14)
Este pasaje comienza una sección (18:9–43) que contrasta la justicia propia legalista y el
materialismo de los líderes judíos con la simple humildad y confianza que se exige a los
verdaderos discípulos. Los seguidores de Cristo deben aprender a depender de Dios en lugar
de uno mismo. Los que entregan todo para seguir a Jesús son los verdaderos líderes.
Esta no es un evento histórico sino otra parábola. Jesús no se dirige solo a una secta de
los judíos, los fariseos, sino que usa al fariseo como un ejemplo de todas las personas que
se justifican a sí mismas. Del mismo modo, el recaudador de impuestos representa a todos
los pecadores que se dan cuenta de su dilema y se entregan a la misericordia de Dios. Lucas
explica su problema básico desde el principio. Ellos “se creían justos y que despreciaban a
los demás”. Esta es la calle de doble sentido del egocentrismo: enfocarse completamente
en ti mismo y desdeñar a los que te rodean. Exteriormente, estas personas parecen vivir
vidas justas, pero internamente confían en sí mismos en lugar de en Dios. Esto lleva
naturalmente al desprecio por los demás, ya que la superioridad del yo produce arrogancia.
En el versículo 10, ambos hombres ascienden al templo para orar; el ajuste sirve para
contrastar los dos. Las oraciones públicas se pronunciaban a las nueve de la mañana y a las
tres de la tarde, durante los sacrificios de la mañana y de la tarde. Estas eran principalmente
oraciones corporativas, pero las personas también iban a pronunciar oraciones personales.
Ponerse de píe para orar con las manos en alto era la postura normal de oración (1 Ti. 2:8)
y significaba alcanzar los cielos a través de la oración. Los judíos normalmente rezaban en
voz alta, pero las oraciones ostentosas eran menospreciadas (Mateo 6:5, 6). La frase
“parado por sí mismo” es en realidad “orado a sí mismo” (pros heauton) y podría
entenderse que significa “sobre sí mismo”, destacando el problema básico detrás de su
oración.
La oración en sí usa a la primera persona cinco veces (como el rico tonto en 12:16–20).
Si bien la acción de gracias era común en la oración, todos los judíos notarían la ausencia
total de confesión y petición en su oración. El fariseo solo se preocupa por sí mismo y su
justicia propia. Él “no es como las demás personas”, lo que demuestra que realmente se
ajusta a la descripción del versículo 9, “despreciaba a los demás”. Las tres categorías:
ladrones, malhechores, adúlteros, probablemente provienen de una lista de vicios común y
resumen a los hoi polloi, infractores de la ley que están condenados. La categoría media, los
malhechores, probablemente incluye a todos menos a sí mismo. Es otro de los que piensan
que Dios es bastante afortunado de tenerlo cerca para cuidar de sus asuntos.
Señala al recaudador de impuestos como lo peor de un lote malo (véase en. 3:12). Jesús
ha elegido los opuestos polares, el más alto y el más bajo de los grupos a los ojos de la gente
común. El desprecio de los líderes se ve en 5:30, donde no pueden creer que Jesús
compartiría las comidas (y a sí mismo) con los recaudadores de impuestos como Leví.
El orgullo del fariseo se ve especialmente en su ayuno y diezmo (18:12). Los fariseos
ayunaban los lunes y jueves, los días en que la tradición decía que Moisés ascendía y
descendía del Sinaí cuando recibió la Torá (Éxodo 19; 32). Se sintieron más piadosos por ir
más allá de lo que la Torá requería para ayunar, pero el hecho es que su tradición oral les
exigió que lo hicieran (ver 5:33). Lo mismo es cierto de su diezmo. Fueron más allá de la
norma (ver 11:42) y tendieron a diezmar todo, incluso “una décima parte de todo lo que
recibo”, lo que significa que cada artículo comprado, normalmente no es obligatorio porque
la persona que hizo los artículos ya había pagado el diezmo de los materiales.
Por el contrario, el despreciado recaudador de impuestos es directo, honesto y humilde
en el versículo 13. Se encuentra “a distancia”, probablemente el tribunal exterior de los
gentiles, lo que sin duda refleja su sentido de indignidad para acercarse a Dios. No levanta
las manos ni los ojos, sino que “golpea su pecho” con pena y luto por sus pecados. Su
abyecta humildad y su profundo arrepentimiento no podrían ser más opuestos al fariseo.
Todo lo que puede hacer es clamar desde lo más profundo de su miseria: “Dios, ten
compasión de mí, que soy pecador”. No hay más llanto adecuado que conduzca a la
conversión en las Escrituras. “Ten compasión” es hilakesthai, “hacer expiación” por los
pecados, el término primario del Nuevo Testamento para la muerte de Cristo como un
sacrificio expiatorio por nuestros pecados (Ro. 3:24; Heb. 2:17; 1 Juan 2:12),
poderosamente retratando la increíble misericordia de Dios al perdonar nuestros pecados.
Este hombre va a Dios sin pretensiones de autoestima ni acciones para desfilar ante él.
Los términos de salvación, más tarde usados por Pablo en Romanos 3:22–24, se
muestran en su totalidad en el versículo 14 a medida que se agrega la justificación a la
propiciación/expiación. Es el recaudador de impuestos, no el fariseo farisaico, quien “volvió
a su casa justificado ante Dios”. El término dedikaiōmenos tiene su sentido forense
completo (como en Ro. 3:20, 24) de alguien que es “declarado justo” o justo ante Dios. El
recaudador de impuestos se arrepintió y oró por misericordia, y ahora está absuelto y
perdonado de sus pecados. Los dos términos aquí, “propiciación” y “justificación”, están
uno al lado del otro en la definición justamente famosa de salvación de Pablo en Romanos
3:20–24. Entonces esta es la declaración primaria de salvación en Lucas. No estoy de
acuerdo con aquellos que dicen que “justificado” es una traducción demasiado fuerte y
debería leer, “encontrado favor” o “visto como más recto”. Esto se trata de qué tipo de
persona es declarada correcta por Dios.
Otra declaración de reversión completa la imagen (ver 1:51–53; 14:11), aludiendo a
Ezequiel 21:26, “el que a sí mismo se enaltece será humillado, y el que se humilla será
enaltecido”. La actitud del corazón de uno es tan importante para Dios como las obras que
resultan de él. El orgullo propio vicia las buenas acciones. Este principio es un tema
dominante en Lucas: la servidumbre es el verdadero camino hacia la grandeza, y la humildad
llevará a Dios a exaltarnos tanto ahora como en el reino final. Esta es la maldición del
talento; conduce tan fácilmente a ese orgullo que niega a los ojos de Dios lo que uno está
logrando con él.
Los niños son modelos de fe (18:15–17)
Lucas ha estado utilizando su propio material especial (L, historias que no se encuentran en
Mateo o Marcos), pero ahora se vuelve a los materiales de Marcos (utilizado por última vez
en Lucas 9:40, ahora en paralelo Marcos 10:13–16). A medida que avanzamos hacia el final
de la narrativa del viaje de Lucas en 19:27, los temas paralelos del discipulado y la fe
continuarán siendo el énfasis principal. Esto es cierto aquí en este breve pasaje sobre el
lugar de los niños en la iglesia. El recaudador de impuestos en la sección inmediatamente
anterior ejemplificó la humildad y la dependencia de la misericordia de Dios y Cristo. Estas
son características clave de la fe también, por lo que el tema continúa. Ser miembro del
reino de Dios exige una humilde confianza en Dios.
Este episodio comienza con los padres que intentan traer a sus hijos pequeños (“bebés”
aquí, refiriéndose a niños de hasta tres o cuatro años) a Jesús para recibir su bendición, una
práctica a menudo seguida en el judaísmo con rabinos, ancianos y escribas. Esto se convirtió
en un ritual en la noche del Día de la Expiación, aunque no hay indicios de que ese fuera el
caso aquí.
Los discípulos de Jesús, probablemente porque lo consideraban demasiado ocupado
para tales cosas, “reprendieron” a los padres para evitar que molestaran a su Señor. Este es
un tiempo imperfecto, lo que significa que “trataron de reprenderlos”. Algunos interpretan
esto como un acto de orgullo: Jesús y los discípulos eran demasiado importantes para ser
molestados por cosas tan insignificantes como los bebés pequeños.
Jesús vio sus intenciones y respondió rápidamente (18:16): “Dejen que los niños vengan
a mí, y no se lo impidan, porque el reino de Dios es de quienes son como ellos”. Sus
discípulos no tenían derecho a excluir a nadie de “venir a” Jesús, especialmente los niños.
Tenga en cuenta que Jesús lo dice en ambos sentidos (permítales, no los obstaculice) para
enfatizar su derecho a estar en su presencia. Algunos toman esto como una alusión al
bautismo infantil, pero no hay indicios de esto, y no encaja. Esto es parte del motivo central
de Lucas de que el reino está especialmente abierto a los marginados de la sociedad (los
pobres, las mujeres, los niños) y los eleva a niveles importantes en la presencia de Dios.
Cuando dice que el reinado de Dios especialmente “pertenece a” estos niños, va más
allá del episodio anterior sobre niños (9:46–48): enfatiza cuán valiosos son en el reino y su
importancia para la iglesia. No son solo modelos de receptividad del reino, con su humildad
y apertura a las cosas de Dios; son candidatos dignos para el reino, ya que muestran esa
confianza desinteresada y dependencia total de su Padre celestial que muestran a sus
padres terrenales.
Concluye con otro amēn diciendo (ver 4:24) enfatizando la verdad absoluta y la
importancia del punto: “el que no reciba el reino de Dios como un niño, de ninguna manera
entrará en él” (18:17). La capacidad de enseñanza y la receptividad de los niños a lo que sus
padres les dicen es un requisito para las personas del reino. Toda persona que desee unirse
a la comunidad del reino debe ejercer el mismo nivel de fe de bienvenida y confianza en el
Señor, como lo demuestra un niño. En otras palabras, no podemos negociar con Dios:
“Señor, te seguiré si puedo …, siempre y cuando no me pidas…”. Mi esposa era maestra de
primaria, y durante la primera conferencia de padres y maestros cada año, siempre supo
cuando veía a los padres entrar quién era su hijo, porque los niños copiaban todo lo que sus
padres hacían. Así debemos ser nosotros, entregando todo para seguir e imitar al Señor por
completo.
Jesús se reúne con el gobernante rico (joven) (18:18–30)
Es Lucas quien nos dice que el hombre era rico y Mateo (19:16–29) quien nos dice que era
joven. Hay dos partes en la historia, el encuentro con el gobernante rico (vv. 18–23) y una
serie de dichos sobre el materialismo y la salvación (vv. 24–30). La historia ilustra el tipo de
vínculos con esta vida que hacen que sea extremadamente difícil para aquellos que (a
diferencia de los niños) no pueden aceptar las realidades del reino y, por lo tanto, no
pueden ingresar al reino. La demanda de Jesús en sí es bastante difícil: vender todo para
seguirlo. En esta sección sobre la fe receptiva, este gobernante rico es el mejor ejemplo de
una persona que no puede encontrar esa fe y, por lo tanto, debe seguir siendo un extraño.
El mensaje es que cada aspirante a seguidor debe elegir entre Cristo y el dinero (como en
16:13); no puedes servirles a ambos.
Encuentro con el dirigente rico (18:18–23)
Este “dirigente” puede haber sido un encargado de la sinagoga como Jairo (8:41) o un
miembro del Sanedrín. En cualquier caso, él era un líder judío influyente que no se oponía
a Jesús y estaba abierto a su enseñanza. Su pregunta está en el corazón de todo y reitera al
abogado en 10:25, “Maestro bueno, ¿qué debo hacer para heredar la vida eterna?” La suya
es una pregunta sobre buenas obras. ¿Qué debe hacer para garantizar la eternidad? Los
judíos eran personas del pacto, justo con Dios sobre la base de ser hijos de Abraham. Pero
la suya también era una religión ética centrada en las obras, especialmente en la era
farisaica con su elaborada tradición oral.
Hay una diferencia interesante entre las cuentas sinópticas. Marcos (10:17) y Lucas
tienen “Maestro bueno”, pero Mateo (19:16) altera a Marcos de una declaración
cristológica a una declaración ética (“¿Qué cosa buena debo hacer?”). Algunos ven una
contradicción en las versiones, pero eso es innecesario. Ambos contienen prácticamente el
mismo mensaje: Jesús es un rabino respetado al que se le pregunta acerca de las buenas
obras y la salvación.
La respuesta de Jesús (18:19) dirige la atención de sí mismo a Dios: “¿Por qué me llamas
bueno?… Nadie es bueno, sino solo Dios”.
Jesús está desviando el cumplido casual del hombre y enfatizando la bondad de Dios
como el primer paso para la salvación. Mientras que algunos piensan que está admitiendo
su propia pecaminosidad, definitivamente ese no es el caso. Por la forma en que el
gobernante se dirige a Jesús, podemos decir que él cree que es un buen hombre que
consulta a otro. Jesús le hace saber que nadie se enfoca en su propia bondad cuando busca
estar bien con Dios. Solo uno es verdaderamente bueno, Dios, y la salvación solo viene de
él. Entonces Jesús le está diciendo al hombre que se concentre solo en Dios, no en sí mismo.
Mateo 19:17 lo dice de manera ligeramente diferente, pero llega al mismo punto: “¿Por qué
me preguntas acerca de lo que es bueno?” Esto está implícito en Marcos y Lucas. La
salvación no viene por buenas obras sino solo por el Dios bueno.
Después de establecer la escena teológica en los versículos 18–19, Jesús en el versículo
20 comienza a abordar la cuestión del gobernante. En cuanto a lo que el hombre debe
hacer, Jesús responde: “Ya sabes los mandamientos”, luego nombra la segunda tabla (el
lado ético) del Decálogo, con el orden real ligeramente alterado: números 7, 6, 8, 9, 5
(adulterio, asesinato, robo, falso testimonio, honrar a los padres), colocando a los padres al
último, posiblemente para terminar con un mandato positivo (deberás) en lugar de negativo
(no deberás) El abogado en 10:27 respondió a este problema que debemos amar al Señor y
al prójimo. Jesús aquí se enfoca solo en el amor al prójimo. La razón para centrarse solo en
el lado ético bien puede ser que la pregunta del gobernante trataba de buenas obras, por
lo que Jesús hace lo mismo. Para tener una relación adecuada con Dios, debes relacionarte
adecuadamente con tus semejantes.
El hombre comenta con orgullo: “Todo eso lo he cumplido desde que era joven” (un
enlace adicional a 18:15–17). Esta afirmación extravagante es similar a la del fariseo en
18:11. Él dice que ha observado fielmente la Torá desde el momento en que alcanzó la edad
de responsabilidad legal (trece años). Asume que está bien con Dios y espera que Jesús
ahora diga que ha hecho todo lo que tiene que hacer. Él está esperando su mérito insignia
de salvación.
Tuvo que ser impactante saber que había un obstáculo insuperable que debía ser
tratado antes de que pudiera estar bien con Dios. El pueblo judío asumió que la riqueza era
un signo de bendición y placer divinos y nunca una barrera para Dios. Además, Jesús lo dice
con tanta dureza que la boca del hombre debe haberse abierto: “Todavía te falta una cosa.
Vende todo lo que tienes y repártelo entre los pobres, y tendrás tesoro en el cielo “. Este es
exactamente el punto de 16:8b–9, pero aquí es aún más fuerte ya que exige, “vende todo”.
Sus posesiones se habían convertido en su ídolo, por lo que tuvo que deshacerse de esta
fuerza que lo había esclavizado. Estas son las cosas que lo mantendrán alejado de la vida
eterna, por lo que debe deshacerse de ellas. Nada podría haber sido más impactante para
la persona judía promedio, quien asumió que esto significaba que Dios los favorecía.
Algunos movimientos monásticos (principalmente en la Edad Media) han tomado esto
como una regla absoluta para un ministerio adecuado y exigieron votos de pobreza. Sin
embargo, esto no es obligatorio en otro lugar. Zaqueo en 19:8 regala solo la mitad de sus
posesiones. El problema es muy probable que este hombre en particular estuviera
completamente controlado por su riqueza, por lo que tuvo que alejarse por completo. Las
demandas radicales de Jesús con respecto a mammon en todo Lucas (6:20–26; 9:3; 16:13)
y la centralidad del cuidado de los pobres son aspectos esenciales del discipulado. No
significa que cada cristiano debe deshacerse de todas sus posesiones, pero sí significa que
todos debemos vivir para Dios y Cristo por completo y no permitir que nada se interponga
entre nosotros y nuestro Señor.
Cuando este gobernante haya hecho esto, puede comenzar su discipulado: “Luego ven
y sígueme”. Ser un seguidor de Cristo exige una rendición radical, y los niveles superficiales
de compromiso que tan a menudo vemos hoy simplemente no lo reducirán. La semejanza
de Cristo es un mandato en cada libro del Nuevo Testamento (ver Ef. 4:13, “una humanidad
perfecta que se conforme a la plena estatura de Cristo”). La medida en que dependamos de
nosotros mismos y de nuestros recursos terrenales determinará el éxito o el fracaso en
nuestro camino hacia Cristo.
En este punto, el gobernante estaba lleno de tristeza “pues era muy rico” (18:23). Jesús
realmente había golpeado su barrera infranqueable, sus posesiones, y se sentía incapaz de
cumplir. No estaba dispuesto a desprenderse de sus riquezas, y significaban más para él que
estar bien con Dios. Él abandonó la eternidad por el bien de los lujos temporales. En
contraste, el círculo interno de discípulos en 5:11 “dejándolo todo, siguieron a Jesús” a
Jesús. Este hombre ejemplificó la verdadera adicción, lo que en nuestro tiempo ha sido
etiquetado como “afluencia”. Uno se pregunta qué pasaría si Jesús se levantara en nuestras
iglesias e hiciera la demanda que hizo a este hombre. ¿Cuántas personas se alejarían de la
salvación?
Dichos sobre la riqueza y el materialismo (18:24–30)
Jesús responde a la falta de voluntad del gobernante de separarse de su riqueza
comentando: “¡Qué difícil es para los ricos entrar en el reino de Dios!” Las riquezas vinculan
tanto a las personas con este mundo que no pueden dejar su riqueza por el bien del próximo
mundo. Entrar al reino es otra forma de describir la salvación. Aquí hay un sentido
inaugurado, porque “ya” hemos entrado en el reino cuando nos convertimos en cristianos,
pero “todavía no” hemos consumado nuestra nueva vida al entrar en el cielo. Al juntar la
imagen, esto representa a una persona siendo rescatada de las pesadas cadenas en las que
se han convertido las posesiones y transportada al reino de Dios. Los que han superado sus
lazos con este mundo son los cautivos liberados de 4:18. Los ricos tienen tanto poder sobre
esta vida que perciben poca necesidad de Dios o del reino celestial. Son sus propios dioses
y van a la condenación eterna pensando que están a cargo.
En el versículo 25, Jesús dice cuán difícil es renunciar a las posesiones terrenales para
alcanzar la salvación. “En realidad, le resulta más fácil a un camello pasar por el ojo de una
aguja” que para que los ricos se conviertan en hijos del reino. La metáfora ha sido
malentendida por mucho tiempo. A menudo todavía se escucha decir que había una puerta
llamada Ojo de Aguja en Jerusalén, una abertura baja que era difícil de atravesar por un
camello. Sin embargo, tal puerta no existía en los días de Jesús.
Otros piensan que originalmente era una “cuerda” (kamilon) en lugar de un “camello”
(kamēlon). Pero no hay necesidad de alterar la imagen, ya que es simplemente una
hipérbole rabínica: el animal más grande de Palestina que pasa por el agujero más pequeño
posible. Jesús simplemente imaginaba de manera colorida la extraordinaria dificultad de
convertir a los ricos.
La respuesta natural en el versículo 26 es asombro: “¿quién podrá salvarse?” Si los ricos
que son especialmente bendecidos por Dios no pueden encontrar la salvación eterna, ¿qué
posibilidades tiene alguien más? “Poder” es dynatai, y en este contexto pregunta “¿con qué
poder alguien puede encontrar la salvación?” Jesús responde que es imposible desde una
perspectiva humana pero no para Dios. En realidad, la salvación de cualquiera de nosotros
es una imposibilidad total, pero es por eso que Dios envió a su Hijo a morir en la cruz como
sacrificio expiatorio por nuestros pecados. La idolatría de la riqueza, como cualquier otro
pecado, puede ser vencida por Dios. Humanamente hablando, los materialistas no pueden
alejarse de su seguridad y dependencia de los bienes del mundo, sino por la gracia y la
misericordia de Dios que pueden tener lugar. Aquí hay un eco de Génesis 18:14 (“¿Acaso
hay algo imposible para el Señor?”) Y Job 42:2 (“Yo sé bien que tú lo puedes todo”).
Pedro, como siempre, ha estado pensando en la situación de los discípulos y quiere
saber dónde encajan en todo esto. El tono negativo lo tiene preocupado, por lo que
pregunta abruptamente en el versículo 28: “nosotros hemos dejado todo lo que teníamos
para seguirte”. Le está recordando a Jesús que ya pasaron la prueba de que el gobernante
rico falló y dejó atrás sus posesiones. Aquí se implican dos cosas que se encuentran en
Mateo [Link] “seguirte” (han entrado en su viaje de discipulado) y “¿Y qué ganamos con
eso?” Esta es la pregunta principal de Pedro, y muestra que no han dejado atrás sus
ambiciones. Su deseo de grandeza y gloria ha sido evidente por mucho tiempo (9:46; 22:24).
Aun así, han llegado lejos, y Jesús trata su comentario con seriedad. Los requisitos para
seguir a Jesús han sido claros (9:23; 11:9–10; 12:22, 40; 14:26, 27, 33), y él se basará en eso
aquí.
La respuesta de Jesús (vv. 29–30) es otro amēn (18:17) que enfatiza la verdad absoluta
y la importancia del mensaje. Dios compensará con creces cada sacrificio personal.
Volvemos al tema de las recompensas en el cielo (16:9). Seguir a Jesús significará para
muchos la pérdida del hogar y la familia “por causa del reino de Dios”. Esto se basa en la
enseñanza anterior de Jesús en la que enfatizó que sus seguidores deben ponerlo por
encima de su familia (9:60, 61), y que los hogares se dividirían como resultado (12:52–53).
El sacrificio personal está en el corazón mismo del discipulado. Rendir “todo” no solo
significa posesiones (presente en Mateo 19:29) sino también familia. Jesús probablemente
tiene en mente aquí a algunos miembros de la familia que rechazan su postura para Cristo,
y otros que se unen a ellos, pero luego son martirizados. A medida que sus discípulos sufren
estas pérdidas, necesitan consuelo y tranquilidad, y Jesús les hace saber que Dios no solo
es consciente de su sacrificio, sino que también los reivindicará y recompensará por ello.
Luego explica la recompensa divina por tales pérdidas, que es doble, refiriéndose al ya
y al no todavía. Primero, “recibirá mucho más en este tiempo” (Marcos 10:30, “cien veces”).
La pérdida de nuestra familia nuclear será reemplazada por nuestra familia espiritual en la
comunidad mesiánica (ver 5:10; 8:21). Segundo, “en la era venidera [recibiremos] vida
eterna” (volviendo a la pregunta en el v. 18). La recepción de la vida eterna es el concepto
clave, comenzando y terminando toda la unidad aquí. Lo temporal (posesiones y hogares)
está completamente eclipsado por lo eterno (vida en el cielo).
Jesús hace una tercera predicción de su pasión (18:31–34)
Los discípulos pueden tener que sacrificar el hogar y las posesiones por Jesús; Jesús está
sacrificando su vida por ellos en la cruz. Esto podría llamarse la tercera predicción “oficial”
(con 9:22, 44), con varias otras alusiones (5:35; 12:50; 13:32–33; 17:25). Lucas reemplaza la
solicitud egoísta de Santiago y Juan de los lugares clave de honor en el reino (Marcos 10:35–
37) con un doble énfasis: la falta de comprensión por parte de los Doce y la conexión de eso
con el plan divino de historia de salvación.
La predicción en sí misma (vv. 31–33) define el propósito del camino a Jerusalén y
contrasta con la falta de voluntad del gobernante de sacrificar incluso sus posesiones
(18:23). En el primer verso aquí (31) Jesús les dice lo que sucederá cuando “suban a
Jerusalén”. En ese momento “se cumplirá todo lo que escribieron los profetas acerca del
Hijo del hombre”. Todo el resto del capítulo ha conducido a este punto. Todo lo que se ha
dicho: el poder de la oración persistente, una vida de humildad ante Dios, una vida de seguir
a Jesús, el don de la vida eterna es posible gracias a la pasión de Jesús en Jerusalén y al
cumplimiento de la profecía mesiánica.
Esta predicción contiene el mayor detalle de los tres (18:32–33). No solo será entregado
a los líderes de Israel, sino también “entregado a los gentiles”. Todo el mundo de la
humanidad será cómplice de su muerte, ya que todos se volverán contra él. Luego, Jesús
enumera cinco cosas que le harán: (1) burla, como se ve en los guardias en 22:63, Herodes
y sus soldados en 23:11, los gobernantes en 23:35 y el malhechor en 23:39; (2) insultos,
como con los soldados de Herodes en 23:11 y aquellos en la cruz en 23:36; (3) escupiendo
sobre él, no en Lucas sino en Marcos 14:65; 15:19; (4) azotarlo o golpearlo, refiriéndose a
los guardias en 22:63 y la flagelación de Mateo 27:26; (5) matarlo en la cruz, hecho por los
judíos (Hechos 3:15) y los gentiles (aquí). Luego resucitará al tercer día, también enfatizado
en la predicción de 9:22. No sabemos qué tan temprano en su vida se dio cuenta de que
todo esto era su destino dado por Dios, pero podría haber sido desde el principio.
La falta de comprensión de los discípulos (18:34) se da en detalle a través de tres
cláusulas paralelas en un patrón ABA, con su opacidad (A) que enmarca lo divino oculto (B).
Su origen judío significaba que veían al Mesías enteramente como el Rey conquistador que
destruiría a los romanos y establecería su reino en la tierra con los judíos que gobernaban
las naciones. La idea de un Mesías sufriente no era parte de eso, y entendieron a Isaías 52–
53 de sí mismos como una nación sufriente más que al Mesías.
La afirmación de que “Les era incomprensible, pues no captaban el sentido de lo que les
hablaba” es un pasivo divino. Dios les ha ocultado esto, un énfasis visto también en 9:45
(también una predicción de pasión), 19:42 (oculto a los fariseos) y 24:16 (los discípulos en
el camino a Emaús). Los discípulos no tenían la perspectiva integral del plan de Dios y no
podían armar las piezas. Los medios para hacerlo no estarían allí hasta después de la
resurrección, por lo que Dios les ocultó toda la realidad. Por ahora, Dios quería que se
concentraran completamente en Jesús y su lugar en los eventos que se desarrollarían y que
muy pronto llegarían a buen término. Eso sería más que suficiente para ellos. Solo después
de que hayan sucedido los eventos pueden entender todo el propósito de Dios y las
profecías del Antiguo Testamento que se cumplirán en él.
Jesús sana a un hombre ciego en Jericó (18:35–43)
Los dos eventos de Jericó (18:35–43; 19:1–10) en efecto cierran la parte del ministerio de
Lucas y se preparan directamente para los eventos de pasión que seguirán. Lucas agrega el
incidente de Zaqueo y la parábola del dinero a Macos y Mateo, reiterando el tema de Lucas
sobre la compasión mesiánica de Jesús (“Hijo de David”) por los marginados (un ciego y un
recaudador de impuestos). Al hacerlo, Lucas combina la cristología y la preocupación social
con la necesidad de una fe persistente. Como en otros milagros de curación, los
componentes físicos y espirituales están unidos en un solo acto de “salvación”. La salvación
continúa siendo el hilo conductor de la narrativa, y lo vemos desde la perspectiva del grito
de misericordia (el hombre ciego) y los resultados de la salvación, la dispersión de dinero
para ayudar a los pobres (Zaqueo). Zaqueo proporciona la respuesta opuesta del
gobernante rico en 18:23 y demuestra el verdadero discipulado.
La narración del viaje continúa en el versículo 35 “al acercarse Jesús a Jericó” (9:51–52,
57; 10:1, 38; 11:53; 13:22; 17:11; 18:31, 35; 19:1, 28) Jericó está a 17 millas al noreste de
Jerusalén, cerca de la frontera de Judea. Está a seis millas del Jordán y al norte del Mar
Muerto. Se compone de dos ciudades: la ciudad vieja, que se había deteriorado a lo largo
de los siglos y probablemente estaba deshabitada en este punto; y la nueva ciudad romana
justo al sur, construida por Herodes el Grande alrededor de su palacio de invierno y famosa
por su belleza. Cuando Jesús entra a la ciudad, pasa junto a un mendigo ciego (llamado
Bartimeo en Marcos 10:46), indigente por su ceguera y obligado a mendigar para
mantenerse con vida.
La Pascua se acercaba, y Jesús y sus seguidores probablemente formaban parte de un
grupo de peregrinos que se dirigían por el camino, ya que esta era la ruta normal de Galilea
a Judea. Al escuchar la conmoción cuando Jesús se acerca, el mendigo le pregunta a un
transeúnte qué está pasando y le dice: “Jesús de Nazaret está pasando”. Algunos ven un
doble significado en “de Nazaret”, infiriendo que él es el Mesías, “del tronco de Isaí brotará
un retoño” (Isaías 11:1, donde la palabra traducida “rama” es netser hebreo). Sin embargo,
esta era una forma normal de nombrar a una persona en el primer siglo, y aquí no hay
indicios de un uso tan simbólico.
Sin embargo, el ciego había escuchado mucho acerca de Jesús y parece haberse
convertido en un creyente, ya que inmediatamente grita, probablemente en lo alto de su
voz (18:38): “Jesús, Hijo de David, ¡ten compasión de mí!” “Este es el único uso de este título
en un milagro de sanidad en Lucas, pero a menudo se encuentra en Mateo (9:27; 12:23;
15:22; 20:30, 31) y muestra a Jesús como el Pastor mesiánico. quien sana a la nación. Jesús
como el Mesías davídico se encuentra en 1:27, 32; 2:4; 3:31; 20:41; y en los labios de este
hombre ciego es otro ejemplo de la tremenda fe de la “pequeña gente” en Lucas, como
Jesús reconocerá en el versículo 42. Este aura mesiánica que rodea a Jesús aumentará a
medida que nos acerquemos a Jerusalén. “Ten compasión” es frecuente en los Salmos como
el clamor de los afligidos a Dios por ayuda (por ejemplo, 2:4; 6:2; 41:4).
Los peregrinos en la multitud aparentemente intentaron proteger a Jesús de este
molesto mendigo y reprendieron severamente sus esfuerzos (como los discípulos en 18:15).
Se oponen a la misericordia de Dios en esta escena y al ministerio mesiánico de Jesús para
los ciegos, preparándose para la oposición que Jesús enfrentará en Jerusalén. También
hacen evidente que el hombre no tiene consecuencias, no es digno del tiempo y esfuerzo
de Jesús. Sin embargo, cuanto más lo reprendían, más fuerte clamaba por piedad. A él,
como a la viuda persistente de 18:1–8, no se les negaría lo que pedían.
En cambio, es la multitud que es reprendida implícitamente por Jesús, quien ha venido
a este mundo para “liberar a los oprimidos” (ver 4:18–19). Lucas simplifica los detalles
dramáticos de Marcos (10:49–51) para centrarse en la conversación con el mendigo. La
preocupación de Jesús por su situación es clara, pero también quiere desafiar su fe, por lo
que, en lugar de sanarlo de inmediato, lo involucra en el proceso de fe preguntándole:
“¿Qué quieres que haga por ti?” Él quiere que él vocalice su fe, y eso es exactamente lo que
hace cuando responde: “Señor, quiero ver”. No tiene dudas de que Jesús puede sanarlo.
Ningún ciego había sido sanado antes de que Jesús viniera, y se creía que eso no ocurriría
hasta que llegara el Mesías. El ciego sabía que este era exactamente el mismo Hijo de David.
Al principio, Jesús había usado Isaías 61:1–2 para afirmar que su ministerio mesiánico
implicaría “dar vista a los ciegos” (4:18), y era una parte crítica de su ministerio (7:21–22).
El milagro mismo está precedido por la propia confesión de Jesús: “Recibe la vista; tu fe
te ha sanado” (v. 42; ver también 5:20; 7:50; 8:48; 17:19). “Sanado” es sesōken, con un
doble significado, que connota tanto la sanidad física como la salvación espiritual. La
respuesta de fe del hombre ha traído la presencia espiritual de Dios a su vida.
Este es otro milagro que no requiere contacto físico. Jesús proclama; la sanación tiene
lugar. El hecho de que el hombre se hizo creyente queda atestiguado por el hecho de que
inmediatamente comenzó a “seguir” a Jesús, iniciando su vida de discipulado. Como en la
mayoría de los otros tiempos de contacto y milagro, el resultado es también su “alabanza”
o “glorificación” (doxazōn), Dios (2:20; 5:25–26; 7:16; 13:13; 17:15) Esto mejora aún más el
aura mesiánica de la escena, especialmente cuando las personas se unen al estribillo, con
“todos” alabando a Dios. Este es un presagio de la entrada triunfal, donde nuevamente
todos los espectadores se unirán al elogio (19:37). Sin embargo, esto será de corta duración,
ya que en el juicio dentro de unos días pedirán que Jesús sea crucificado (23:18, 21, 23).
Este es un capítulo maravilloso sobre el poder de la oración, la importancia de una fe
activa y el tipo de Padre compasivo a quien oramos. El pasaje sobre la viuda persistente y
la oración perseverante (vv. 1–8) enfatiza al Señor misericordioso a quien acudimos en
oración. Si podemos confiar en que la justicia tiene lugar en este mundo, ¿cuánto más
podemos estar seguros de que la justicia reina en el cielo? La fe continua en tiempos difíciles
es crucial para el pueblo de Dios.
Lo que sigue es una serie de ejemplos de la actitud correcta detrás de la oración. En el
primero, la oración farisaica del fariseo se contrasta con la oración humilde de un modesto
recaudador de impuestos (vv. 9–14). En la oración nos basamos por completo en la
misericordia y la compasión de Dios, y él recompensa nuestra rendición a él y nos declara
ante él. Entonces Jesús enfatiza el ejemplo y la importancia de los niños para el reino (vv.
15–17). Los niños no son solo modelos críticos de la fe del reino; son recursos importantes
para la comunidad del reino. Los niños son esenciales para la vida de la iglesia.
El dirigente rico (vv. 18–23) es otro ejemplo negativo de lo que Jesús está hablando en
este capítulo. Quería seguir a Cristo y era un “buscador” serio, pero era adicto a las cosas
materiales y no podía abandonarlas para ser un seguidor de Cristo. Entonces lo perdió todo
por las cosas terrenales. Parece que nadie que sea rico pueda ser salvo, y los discípulos se
desesperan, pero Jesús les asegura que su Padre es el Dios de lo imposible, y que la gente
puede vencer su materialismo para encontrar la salvación (vv. 24–27). Jesús promete a los
discípulos que Dios nos pagará más que todo lo que sacrificamos en él, y esas recompensas
serán eternas, no solo temporales como las cosas terrenales (vv. 28–30).
Un ejemplo importante de tal sacrificio es Jesús mismo, como se ve en la tercera
predicción de la pasión (vv. 31–34). Se han rendido cosas terrenales, incluso familiares, pero
Jesús da su vida por su salvación. Además, la realidad y el significado de esto les ha sido
ocultado por Dios hasta la resurrección, cuando podrían entenderlo.
La sanación del ciego (vv. 35–43) concluye la parte de obrar milagros del ministerio
público de Jesús que ha dominado a Lucas (la semana de la pasión comienza dos episodios
más tarde, 19:28). Este hombre es la persona final que muestra la verdadera fe al arrojarse
por completo a la misericordia de Jesús y depender de él. Esta fe persistente da como
resultado la sanidad física y espiritual, y se convierte en un devoto seguidor de Jesús.
FIN DEL MINISTERIO DE JESÚS E INICIO DE LA SEMANA DE
LA PASIÓN (19:1–48)
Este capítulo tiene que dividirse a la mitad. Jesús permanece en Jericó las dos primeras
partes (vv. 1–10, 11–27), y luego llega a los alrededores de Jerusalén y comienza la semana
de la pasión con la entrada triunfal (vv. 28–44) y los eventos de apertura en el templo (vv.
45–48). El tiempo del destino de Jesús ha llegado, y nos estamos moviendo rápidamente al
evento central de la historia humana, la cruz y la resurrección (que son un solo evento). La
muerte es el camino a la vida.
La conversión de Zaqueo (19:1–10)
Jericó fue un importante centro tributario para la región, y Zaqueo fue uno de los
administradores, lo que significa que organizó los impuestos y los recaudadores y recibió
un porcentaje de todos los impuestos recaudados (ver más adelante en 3:12). El resultado
es que era un hombre muy rico y poderoso. Al igual que Leví/Mateo, era judío. La tradición
dice que más tarde se convirtió en obispo de Cesaréa (Constituciones Apostólicas 7.46),
pero no sabemos cuán confiable es eso. Su nombre es la forma griega del hebreo zakkai,
“justo/inocente”.
Había escuchado mucho acerca de Jesús, pero nunca lo había visto, por lo que desea
hacerlo, pero no puede sobre las multitudes ya que es un hombre bajo. Además, al ser un
recaudador de impuestos despreciado y probablemente muy conocido, no quiere resistir a
las multitudes y enfrentar su desprecio. Así que toma la iniciativa, corre por un camino y
trepa por un “árbol de sicómoro”, abundante porque Jericó contenía muchos de esos
árboles. Era una gran higuera similar a un roble y fácil de trepar, con ramas anchas y bajas.
Zaqueo solo quiere mirar a Jesús, pero rápidamente descubre que Jesús sabe todo sobre
él. No sabemos cómo, a través de la omnisciencia (como en Juan 1:47–48) o simplemente
preguntando por él. En la historia, Jesús toma la iniciativa por completo y llama a Zaqueo a
la salvación. Lo llama por su nombre y le dice: “baja en seguida. Tengo que quedarme hoy
en tu casa”. El “tengo que” es el dei frecuente, que a lo largo de Lucas-Hechos habla de la
necesidad divina (2:49; 4:43; 9:22; 17:25; Hechos 1:16; 3:21; 6:12). Además, “hoy” también
está lleno de significado, refiriéndose a la inmediatez de la salvación divina (2:11; 4:21;
23:43). Dios realmente está haciendo de Zaqueo uno de los elegidos.
De modo que le da la bienvenida a Jesús a su hogar y a su vida con gran alegría ([Link]
“muy contento”). En el Cercano Oriente, un invitado traía honor a un hogar, y esto habría
sido especialmente cierto para un famoso rabino y hacedor de milagros como Jesús. De
hecho, esto habría sido especialmente alegre porque, como recaudador de impuestos,
Zaqueo habría sido vilipendiado por todas partes, por lo que Jesús pudo haber sido el primer
líder judío en poner un pie en esa casa. Su aceptación y amor por Zaqueo y su familia deben
haberlos asombrado.
De hecho, la reacción judía se hace evidente en el versículo 7 cuando “empezaron a
murmurar” Ahora es el invitado de un pecador”, la misma reacción que en 5:30; 15:2. Tener
comunión en la mesa (compartir una comida) con una persona en el mundo antiguo
significaba aceptarlo y compartir su vida. Entonces Jesús al quedarse con él compartió su
mala reputación en la ciudad. Él está alquitranado con el mismo cepillo, un resultado común
del ministerio a los marginados en nuestros días también. Jesús comparte lo malo con lo
bueno y verdaderamente toma las penas de sus seguidores sobre sí mismo.
No sabemos dónde tuvo lugar la conversación, ya sea debajo del árbol o durante la
comida, aunque esto último es más probable ya que es dudoso que Zaqueo haya tomado
todas estas decisiones sorprendentes en los momentos que le llevó a bajar del árbol. El
diezmo en el Antiguo Testamento sumaba alrededor del 15 por ciento, y los rabinos
pidieron el 20 por ciento, por lo que Zaqueo en el versículo 8 va más allá de la norma al dar
“a los pobres la mitad de mis bienes”. Muchos piensan que el tiempo presente “aquí y ahora
doy” significa que esta era su práctica actual, pero estoy de acuerdo con aquellos que lo ven
más como su decisión actual a la luz del impacto que Jesús y la salvación de Dios han tenido
en su vida. Esto es favorecido por el versículo 9, ya que parece parte de su presente decisión
de fe. Por lo tanto, representa su resolución para sus futuras acciones éticas. Como el
Bautista le había dicho a los recaudadores de impuestos que hicieran en 3:8, Zaqueo está
produciendo “fruto acorde con el arrepentimiento”.
Los recaudadores de impuestos fueron fraudes infames y malversaron dinero
constantemente. Él admite esto y luego declara: “si en algo he defraudado a alguien [que
obviamente lo ha hecho], le devolveré cuatro veces la cantidad que sea”. La cantidad
normal esperada fue la cantidad robada más un 20 por ciento más (Lev. 5:16; Núm. 5:6–7),
aunque los ladrones de ganado pagaron cuatro veces la cantidad (Éxodo 22:1; 2 Sa. 12:6).
Entonces él promete más que pagar todos los errores del pasado. Todo esto muestra no
solo que se ha convertido en un seguidor de Cristo, sino también que está más que
compensando los pecados pasados y estableciendo un patrón de preocupación social para
todos los negocios futuros. Es un modelo de discipulado, claramente lo opuesto al
gobernante rico en 18:22–23.
La respuesta de Jesús (19:9–10) se centra en la promesa de “hoy” en el versículo 5: “Hoy
ha llegado la salvación a esta casa”. ¿Podría haber una declaración más alegre? El “ahora”
de la salvación es un énfasis frecuente en Lucas-Hechos (2:11; 4:21; Hechos 4:9; 26:29).
Rechazado como recaudador de impuestos, Zaqueo es ahora parte del nuevo Israel, un
verdadero “hijo de Abraham”. Su “casa” ahora es parte de la comunidad mesiánica, y como
en Hechos (10:2; 11:14; 16:15; 18:8), esto puede significar que su familia extendida se volvió
hacia Cristo junto con él. El factor determinante es la decisión de fe y sus resultados éticos
al volverse hacia los pobres y emular a Jesús como su discípulo.
Jesús explica este pronunciamiento sobre la salvación en el versículo 10. La misión de
Jesús como Hijo del Hombre es “buscar y salvar a los perdidos”. Las imágenes del Hijo del
Hombre recuerdan la figura glorificada de Daniel 7:13–14 y lo presentan como el Pastor de
Yahveh buscando sus ovejas dispersas que aún no son parte de su redil (Ezequiel 34:16).
Jesús está asumiendo la misión de Dios para el mundo y la llevará a su conclusión final
cuando esta era llegue a su fin. Como en 5:24, el Hijo del Hombre ha venido a la tierra con
“autoridad … para perdonar pecados”, y su misión es llevar la salvación de Dios a la
humanidad. Es por eso que es el Hijo del Hombre quien será entregado a la cruz (9:22, 44;
18:31–32). Su sacrificio expiatorio es la base para la salvación. Así que Zaqueo es el centro
de la misión de salvación de Jesús y ahora se unirá a él para llevar esta salvación al mundo.
Jesús cuenta la parábola de las diez minas (19:11–27)
Este es el episodio final en la narrativa de viaje de Lucas (9:51–19:27), ya que Jesús está
“cerca de Jerusalén” y está a punto de comenzar la semana de la pasión. Fluye naturalmente
del episodio de Zaqueo, con su énfasis en el uso racional del dinero, y se convierte en una
conclusión natural del estrés sobre las posesiones en todo Lucas. Hay una cierta cuestión
con respecto a su relación con la parábola de las minas en Mateo 25:14–30. Muchos piensan
que son una y la misma parábola, pero los detalles difieren bastante, y que es más probable
que Jesús usó esta historia forma y cambiado detalles para adaptarse a las diferentes
ocasiones.
El escenario: llegada del reino (19:11)
La enseñanza de Jesús se ha centrado cada vez más en los problemas del reino a medida
que se acerca a Jerusalén, por lo que las personas que lo siguen se preguntan si “el reino de
Dios iba a manifestarse en cualquier momento”. Jesús había dicho antes que el reino ya
había llegado (11:20–23), y estaban interpretando esto como el acercamiento de los
ejércitos del cielo y el día del Señor, en el cual sus enemigos serían derrotados.
Surgen dos preguntas: (1) ¿Son “el pueblo” (el griego se traduce literalmente “ellos”)
los discípulos o las multitudes? A la luz del contexto (pasar de Zaqueo a la entrada triunfal)
es probable que sea una combinación de ambos grupos. (2) ¿Se centra esto en la segunda
venida o los eventos de la semana de la pasión? Lo más probable es que este último sea el
enfoque. La gente está pensando en un rey conquistador que destruirá a los romanos, pero
Jesús está contrarrestando ese conjunto de expectativas al afirmar que ha venido a servir y
dar su vida por la humanidad y que está estableciendo un período intermedio antes de que
llegue el reino final.
Un noble sale para ser nombrado rey (19:12–14)
Esta parábola es sobre un noble que se propone “ser nombrado rey”. El trasfondo es el viaje
que Arquelao hizo a Roma en el año 4 a.C. para ser nombrado rey por el emperador Augusto
después de la muerte de su padre Herodes el Grande, colocando a sus oficiales a cargo de
su dinero y bienes. Indudablemente, Jesús tiene la intención del período intermedio entre
la partida y el regreso del noble para representar el período entre su primer y segundo
advenimiento. Este período, de hecho, es de lo que se trata esta parábola.
El noble no desea dejar su fortuna desatendida, así que antes de irse llama a diez
sirvientes clave y les da la responsabilidad de velar por sus tesoros. Estos diez siervos no
representan a los doce discípulos. Más bien, representan a todos los seguidores
(“sirvientes”) de Jesús. En cualquier caso, cada uno recibe una “mina”, una moneda
equivalente a cien dracmas judíos o denarios romanos, y se les dice que “Hagan negocio
con este dinero” y obtengan ganancias para él mientras está fuera.
Un dracma es el salario de un día para el trabajador promedio, por lo que sería
equivalente a los salarios de cuatro meses. Esto es mucho menos que el “talento” de Mateo
en su versión de esta parábola (Mateo 25:14–30), ya que una mina tiene un sexagésimo
talento, y es difícil saber por qué este futuro rey da tan poco a su servicio. Lo más probable
es que el punto sea como el de [Link] “El que es honrado[a] en lo poco también lo será en
lo mucho; y el que no es íntegro[b] en lo poco tampoco lo será en lo mucho”, cuando los
inversores exitosos se encargan de diez y cinco ciudades en los versículos 17 y 19. Aquí están
para tomar el dinero de su amo y usarlo para ganar más, y luego evaluará su éxito y les dará
aún más responsabilidad y honor después de que regrese.
Después de que él se va, resulta que la gente de su reino se opone a él y envía una
delegación protestando contra él: “No queremos que este por rey”. En el caso de Arquelao,
una delegación judía se opuso a que se convirtiera en rey por su masacre de tres mil
personas en la Pascua (Josefo, Antigüedades 17.9.3). El resultado fue que no fue nombrado
rey sino etnarca (gobernante de la mitad de la provincia) de Judea y Samaria. En el caso de
Jesús, los líderes judíos pronto rechazarán su reinado y exigirán su muerte en su juicio ante
Pilato (23:18–23).
Ajuste de cuentas (19:15–27)
A diferencia de Arquelao, este noble fue coronado rey y regresa a su tierra a cargo de todo.
Lo primero que hace es llamar a sus sirvientes para ver cómo manejaron sus
responsabilidades y determinar cuánta autoridad podría darles en su nuevo reino. El criterio
para el éxito es simple: la cantidad de ganancias que obtuvieron de sus inversiones. Jesús
elige solo tres de los diez para hacer su punto.
El primero tuvo resultados fabulosos, multiplicando su mina diez veces, o una ganancia
del 1,000 por ciento. No solo ha sido fiel, sino que también ha tenido mucho éxito, lo que
demuestra que se le puede “confiar mucho” (16:10, como se señaló anteriormente). Ahora
se muestra el verdadero propósito del versículo 13 al darle la mina: era una prueba de
fidelidad para demostrar la dignidad del sirviente para gobernar una porción del nuevo
reino del maestro/rey. Habiendo demostrado ser ingenioso y agresivo, ahora puede recibir
su recompensa. Parece increíblemente desproporcionado, pero tiene sentido como una
prueba en el área de un “asunto muy pequeño” para ver cuán digno es. Su recompensa es
convertirse en un noble y tener un gobierno sobre una gran parte del reino: diez ciudades,
que coinciden con el beneficio de diez minas. Esto recordaría a los oyentes de Jesús de la
Decápolis, la región con diez ciudades principales en territorio gentil justo al norte de ellas
(Marcos 5:20; 7:31).
El segundo sirviente también tuvo excelentes resultados, multiplicando su mina por
cinco, o 500 por ciento de ganancia (19:18). La recompensa también es acorde, ya que se
coloca en el gobierno de una región de cinco ciudades. El principio de reciprocidad continúa,
ya que la recompensa coincide exactamente con la ganancia obtenida. En el libro de
Apocalipsis, esto está relacionado con lex talionis, la “ley de la retribución”, y abarca tanto
las buenas obras como las malas. Es la regla clave para la ética bíblica: lo que le hacemos a
quienes nos rodean en realidad le estamos haciendo al Señor (ya sea bueno o malo), y él lo
devolverá a nuestras cabezas como una recompensa o castigo completamente justo.
El tercer servidor se enfatiza como una advertencia muy importante para los seguidores
de Jesús. No ha hecho nada con su mina, sino que “la guardó en un pañuelo”. Este es un
soudarion, un trapo para el sudor o pañuelo que se usa para proteger la cabeza del sol. Este
es un método tonto incluso en comparación con el tercer sirviente en la versión de la
parábola de Mateo; allí el sirviente enterró su talento (Mateo 25:25), que era mucho más
seguro que simplemente ponerlo en una tela en un cajón. Sin embargo, en ambas versiones,
el servidor final se niega a correr el riesgo de invertir el dinero.
La razón (19:21) es su miedo al noble, a quien percibió (un punto importante) como “un
hombre muy exigente”, severo o estricto, diciéndole: “toma lo que no depositó y cosecha
lo que no sembró”. La primera es una metáfora comercial y la segunda una metáfora
agrícola para el tipo de inversionista duro que explota lo que pertenece a otros para su
propia ventaja. Sus sirvientes hacen todo el trabajo, y él toma todas las ganancias por sí
mismo. Este sirviente temeroso está pensando que todo lo que gana se le quitará, y se le
culpará de todo lo que no logra. Entonces él esconde el dinero y no hace nada.
El rey responde a este cargo en los versículos 22–23 y muestra cuán trágicamente
equivocado está: “¡Siervo malo, con tus propias palabras te voy a juzgar!” En realidad, tenía
razón en una cosa, que el rey es severo y duro, pero solo con aquellos que lo merecen por
completo. Este hombre tonto no se ha ganado la respuesta que quería. Sabía que el rey
exigía ganancias, así que, si tenía miedo de invertir la mina, al menos podría haberla
depositado en el banco para ganar intereses. Si tenía razón sobre las duras demandas de su
maestro, eso debería haberlo impulsado a la acción. No hacer nada era imperdonable. Este
siervo tonto representa a aquellos seguidores que no viven para Cristo o le sirven en el
período entre sus dos eventos.
En los versículos 24–27, el rey trata con este siervo tonto y los enemigos que se
opusieron a él en el versículo 14. Al hacerlo, demuestra cuán duro y severo es un juez.
Primero, el sirviente ha perdido el derecho a participar en el consejo económico del rey,
por lo que le quitan la mina y se la entregan al que mejor ha demostrado el ingenio para
invertirla adecuadamente. Ha demostrado que puede manejar la responsabilidad y
compensar el desperdicio causado por el siervo perezoso.
Varios en el séquito del rey (probablemente algunos de los otros sirvientes a los que se
les había dado una mina) protestan por esto, tal vez queriendo que se divida y se les
entregue. Su razón es que él ya es el mejor de cualquiera de ellos y ha recibido una
recompensa increíble. ¿Por qué no ayudar a los demás? Sin embargo, su razonamiento es
erróneo. El propósito de dar dinero a los sirvientes en primer lugar no era hacerlos ricos
sino darles un trabajo que hacer: obtener ganancias y mostrar cómo podían manejar la
responsabilidad. La respuesta a su protesta proclama la moraleja de la historia y un principio
escatológico muy importante que se repite 8:18. Allí se relaciona con el conocimiento de
los misterios del reino, mientras que aquí se relaciona con las recompensas obtenidas por
servir fielmente al Señor. Hay debate sobre quién está hablando aquí, si es el rey en la
parábola o Jesús aplicando la parábola. Sin embargo, la diferencia es exagerada, ya que si
bien es sin duda el maestro (nota v. 27, “esos enemigos míos”, que muestran la parábola
continua), el principio provisto también proviene de Jesús y está dirigido a nosotros.
Cada una de las dos partes de la respuesta al servidor es crítica. Primero, “a todo el que
tiene, se le dará más”, refiriéndose a los dos servidores que mostraron iniciativa y se les
puede confiar más responsabilidad. Esto se basa en 16:10–13 y el concepto de
responsabilidad del reino. Nuestros recursos terrenales nos son dados como una prueba
para ver si Dios puede confiarnos sus tesoros. Si podemos demostrar que somos buenos
administradores de los tesoros terrenales de Dios (nuestras posesiones), él nos dará
“verdaderas riquezas” (16:11), a saber, los tesoros del reino y las recompensas eternas.
El segundo es que “al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene”. Esto es confuso,
porque ¿qué se puede “quitar” de “nada”? En la parábola, el tercer servidor pierde su lugar
de autoridad en el consejo y es despojado de su estado anterior. Su significado para
nosotros es más difícil, pero su impulso se relaciona con el tema de la responsabilidad y las
recompensas en el reino. A todos los que pertenecen a Jesús se les asignan tareas y se les
exige que usen sus talentos para la gloria de Dios y para mejorar el reino y ayudar a quienes
nos rodean. Si tomamos nuestros recursos terrenales dados por Dios y vivimos para el
placer terrenal en lugar de Dios, perderemos tanto nuestro lugar en la iglesia como nuestras
recompensas en el cielo.
Otro tema necesita ser discutido. Es lo que se “quita” nuestras recompensas (pero
seremos “salvos … como quien pasa por el fuego”, 1 Co. 3:15) o nuestra salvación
(constituyendo apostasía a la Heb. 6:4–6; 1 Juan 5:16)? ¿Es esa persona un cristiano carnal
o un apóstata o tal vez un no cristiano como en Mateo 7:22–23? Aquí el paralelismo en
Mateo 25:30 es importante: “Y a ese siervo inútil échenlo afuera, a la oscuridad, donde
habrá llanto y rechinar de dientes”. Este castigo no es solo la pérdida de recompensas sino
la pérdida de todo. Sin embargo, si interpretamos los pasajes sobre la apostasía, sabemos
que aquellos a quienes no les importa lo suficiente como para vivir por Cristo y desperdiciar
todo lo que Dios les ha dado, terminarán sin absolutamente nada.
Segundo, en cuanto a los “enemigos” del rey (19:27) del versículo 14, el veredicto es
muy duro: “tráiganlos acá y mátenlos delante de mí”. Esta matanza generalizada de
enemigos recuerda el mandato de guerra santa en el Antiguo Testamento, donde el mal se
considera tan grave que aquellos que se entregan a él no pueden vivir (Dt. 7:1–2; 20:16–
18). Josué (Jos. 10:16–27) y Samuel (1 Sa. 15:33) hicieron esto a los enemigos de Israel. La
diferencia es que aquí estos “enemigos” son judíos, y algunos han visto esto como una
predicción de la destrucción de Jerusalén por los romanos. Bien puede ser, pero el énfasis
principal está en el día del Señor y el juicio final. El tema general es la justicia absoluta de
Dios, que paga a todos de acuerdo con sus obras (Apocalipsis 20:13, “juzgado según lo que
había hecho”): recompensa por los siervos fieles, rechazo por los siervos infieles,
destrucción por enemigos.
La semana de la pasión comienza (19:28–48)
El viaje a Jerusalén ya ha terminado, y la semana de la pasión, los últimos siete días de la
vida terrenal de Jesús, está comenzando. Los eventos de 19:28–22:38 cubren de domingo
a jueves, con el arresto y el juicio durante la noche del jueves al viernes al amanecer. El
orden de Lucas difiere ligeramente de Marcos y Mateo, pero aquí hay un resumen de lo que
sucede después de que Jesús llega a Betania el viernes:
• Sábado: María unge a Jesús (Mateo 26:6–13 [colocado después]; Juan 12:2–8).
• Domingo: entrada triunfal (Lucas 19:28–40); llora por Jerusalén (Lucas 19:41–
44).
• Lunes: limpieza del templo (Lucas 19:45–46); maldiciendo a la higuera (Mateo
21:18–22).
• Martes: controversias en el templo (Lucas 19:47–20:44); aflicciones contra los
escribas y fariseos (Mateo 23; Lucas 20:45–47); Discurso de los olivos (Mateo
24–25; Lucas 21:5–38).
• Miércoles: Jesús y sus discípulos aparentemente permanecen en Betania (con
Jesús enseñando en el templo, 21:37); Judas hace arreglos para su traición
(Mateo 26:14–16; Lucas 22:3–6).
• Jueves: preparativos para la Pascua (Lucas 22:7–14); Comida y eventos pasados
después de la puesta del sol (Lucas 22:15–38); Discurso de despedida (Juan 13–
17); arresto a medianoche (Lucas 22:47–53).
• Viernes: negaciones y burlas de Pedro (Lucas 22:54–65); juicios ante el Sanedrín
(Lucas 22:66–71) y Pilato y Herodes (Lucas 23:1–25); crucifixión (Lucas 23:26–
49).
La entrada triunfal (19:28–40)
Las diecisiete millas desde Jericó hasta Jerusalén son un camino accidentado, que asciende
a treinta y quinientos pies. Betfagé y Betania estaban en el lado sureste del Monte de los
Olivos, a solo un par de millas de Jerusalén. La montaña constaba de tres picos, con el más
alto a tres mil pies. Se discute si Jesús envió a los dos discípulos a Betania o Betfagé. Su
propósito en los arreglos es definitivamente mostrar un cumplimiento mesiánico, centrado
en tres pasajes: Zacarías 14:4, que profetiza que Yahveh se parará en el Monte de los Olivos
el día de Yahveh; Génesis 49:10–11, afirmando que el león de la tribu de Judá amarrará a
su burro y lo pondrá en una rama; y 2 Samuel 15:30–31, cuando David regresó a Jerusalén
(después de que Absalón lo obligó a huir) en un burro.
El propósito de Jesús aquí es mostrar que él no será el mesías conquistador que esperan
que traerá los ejércitos del cielo para destruir a los enemigos de Israel. Más bien, él es el
Siervo Sufriente, que viene a derrotar a un enemigo diferente, el pecado de la humanidad,
y traer la paz mesiánica, como lo simboliza el burro.
Él les ordena a los dos (v. 30) que entren en la aldea y “encontrarán atado un burrito en
el que nadie se ha montado. Desátenlo y tráiganlo acá”. Los pensamientos difieren sobre si
Jesús había hecho arreglos previos para los burros o si esto se debe a la omnisciencia.
Cualquiera que sea el caso (prefiero el último), el énfasis está en el control divino de los
eventos. Mateo 21:2 tiene un burro y un potro, cumpliendo Zacarías 9:9, y este es el
propósito de Jesús, mostrar que él es el Mesías tan esperado y cumplir las expectativas
proféticas. Esta es una acción simbólica muy parecida a las realizadas por Elías y Jeremías.
Jesús entrará a Jerusalén con absoluta humildad en un pollino en lugar de un caballo de
guerra blanco. Mientras las multitudes aplauden su entrada mesiánica, no tienen idea de
que están aclamando al Siervo Sufriente que es el rey de la paz en lugar de la guerra y no
derrotará a los romanos sino a los poderes de las tinieblas y traerá la salvación espiritual en
lugar de la liberación política.
Es posible que “el Señor lo necesite” (19:31) es una señal preestablecida. Sin embargo,
no hay indicios de que este sea el caso en ninguno de los Evangelios que narran este
episodio. Tiene el aura de la práctica romana de requisar, en la que los soldados requerían
que las personas realizaran tareas para ellos (como Simón llevando la cruz de Jesús en
23:26). Esto tiene mucho mejor sentido aquí. Jesús está actuando como el rey mesiánico, el
“Señor” del Antiguo Testamento, y este es su conocimiento divino tomando el control de
los acontecimientos. Este control se prueba cuando los discípulos llegan al pueblo y
encuentran todo “tal como él les había dicho”. Nuevamente, esto es evidencia de su
conocimiento previo en lugar de arreglos previos. Lucas, de hecho, se toma el tiempo de
mostrar en detalle que las instrucciones se cumplieron perfectamente (19:33–34), y que los
dueños del pollino cumplieron con la orden de Jesús de requisar al animal. Una vez más, se
enfatiza el control de Jesús de cada detalle.
Como en Zacarías 9:9 (citado en Juan 12:15), el humilde rey entra montado en un burro,
el emblema de la paz. A lo largo del pasaje, Lucas destaca la participación de los discípulos
en sentar a Jesús, acompañarlo y liderar la aclamación. (Los otros Evangelios agregan la
aclamación de los peregrinos también.) El acto de colocar sus capas en el pollino y sentar a
Jesús en él representa un homenaje a la realeza, como con Salomón en la mula de David en
1 Reyes 1:33.
La gente que extiende sus mantos en el camino (las ramas de palma se encuentran en
Juan 12:13) recuerda la aclamación de Jehú como rey en 2 Reyes 9:13. Todos los Evangelios
representan esto como un “viaje en alfombra roja” a la ciudad. El Mesías real está en
procesión hacia la ciudad de Dios, pero no con el propósito que la gente piensa.
Llegan a ese lugar donde el camino en el Monte de los Olivos hace un fuerte descenso
hacia las puertas de la ciudad, y la “multitud de discípulos” estalla en alegre alabanza a Dios
(19:37). Lucas tiene mucho énfasis a lo largo de su Evangelio en la alabanza y la adoración,
como en las narraciones de la infancia (1:10, 41–44, 46–47, 64, 68; 2:13–14, 20, 28–32, 38)
Este énfasis en la adoración continuará a través de las narraciones de la pasión y la
resurrección. Lucas relaciona esta alabanza con “todos los milagros que habían visto”,
mirando los milagros de Jesús como prueba de que el reino de Dios realmente ha llegado
(7:22; 11:20–23). Tanto los discípulos como los peregrinos se regocijan de que ahora por fin
este profeta que hace milagros, el que creen que es el Mesías esperado, finalmente se
declara a sí mismo.
La aclamación misma (19:38) celebra esta esperanza. Lucas omite “Hosanna” de los
otros Evangelios, probablemente porque sus lectores gentiles tendrían problemas para
entenderlo. Se centra en la alabanza de Hallel del Salmo 118:26, un grito usado para saludar
a los peregrinos en el salmo. Aquí el énfasis está en la entrada del Mesías real, el rey que
guía a los peregrinos al templo y recibe la aclamación real: “Bendito el rey que viene en el
nombre del Señor”. Esto se usó antes en 13:35, donde Jesús en su lamento sobre Jerusalén
dijo que no lo verían más hasta que este salmo se cumpliera. Esa promesa se cumple
parcialmente aquí cuando el propósito mesiánico de Jesús se cumple. (Se cumplirá por
completo en la segunda venida.) El humilde Rey está entrando en la ciudad y el templo de
Dios “en el nombre del Señor” para completar su destino mesiánico.
En 2:14 los ángeles profetizaron que la venida del Mesías traería paz a la tierra. Ahora
es “paz en el cielo”, no el tipo de paz falsa prometida y nunca provista en la Pax Romana
(“paz romana”) sino la verdadera paz celestial prometida por Dios y ahora provista en el
regalo de su Hijo. Jerusalén no tendrá paz y pronto será destruida por Roma, pero para
todos los que se vuelvan a Cristo habrá una paz inexplicable de Dios que vendrá con su don
de salvación y la nueva era que Cristo está inaugurando.
La conclusión correcta es “gloria en las alturas”. En el griego esto toma forma quiásmica,
“En el cielo [A] paz [B] y gloria [B’] en las alturas [A’]”, enfatizando el origen celestial de la
paz y la gloria. Dios ha traído paz en su salvación, y todos los que la reciben deben alabarlo
y glorificarlo. Los peregrinos que gritaban esta alabanza estaban pensando en la paz y la
alabanza terrenales, pero Lucas quiere que captemos el origen celestial de todo.
La reprensión final de los fariseos se produce en el versículo 39 (solo en Lucas), ya que
exigen que Jesús “reprende a tus discípulos”. Esto muestra que entendieron la naturaleza
mesiánica de su aclamación y, como era de esperar, se ofenden por ello. Hemos visto esto
a menudo, con la multitud elogiándolo y los líderes oponiéndose a él. Todavía lo consideran
un rabino y lo llaman “maestro”, otro nombre para un rabino. No quieren que la gente
común se agite durante esta temporada de Pascua muy emotiva con tales ideas.
Jesús responde (v. 40) que el silencio es completamente imposible. La idea de que
“gritarán las piedras” se hace eco de Génesis 4:10 (la sangre de Abel llora desde el suelo) y
especialmente Habacuc 2:11, donde las piedras gritan en protesta por la injusticia de Israel.
Aquí hay dos posibilidades: clamar contra el mal de los judíos al rechazar al Mesías; o
clamando en testimonio de Jesús como el Mesías. Es posible que se pretendan ambos
aspectos, pero en este contexto el último tiene prioridad. La entrada triunfal está destinada
por Dios para desbloquear la realidad de la verdadera naturaleza y el propósito mesiánico
de Jesús, y no puede verificarse.
Lamento sobre Jerusalén (19:41–44)
Mientras descendía la colina y “se acercaba a Jerusalén”, el dolor por la ciudad apóstata lo
abrumaba y él lloraba de tristeza. Sabía lo que estaba a punto de alcanzar, y sus lágrimas
comenzaron a fluir. Su llanto se hace eco de los profetas que también se enfrentaron a una
Ciudad Santa apóstata que ya no es santa (Jer. 9:1; 14:17). La mención de Jesús de “lo que
te pueda traer paz” es probablemente un juego de palabras, ya que el nombre de Jerusalén
significa “ciudad de paz”. El mismo nombre de su ciudad ahora ha sido “escondido de [sus]
ojos”, porque han rechazado a su Mesías, y Dios los ha rechazado. Están ciegos a la verdad;
Dios los ha cegado al camino de la paz.
La acusación y su condena resultante (19:43–44) significan que Dios ha quitado su
protección de Israel. Cinco acciones contra Jerusalén por parte de sus enemigos
representan el asedio profetizado de Jerusalén por parte de Roma en el año 68–70: (1)
“levantarán un muro y te rodearán”, una estructura para romper el muro (Is. 29:3; 37:33;
Ezequiel 4:1–3). (2) La “circundarán” o la rodearán, un asedio total bloqueará todas las vías
de ayuda o escape. (3) Te “encerrarán por todos lados”, ejerciendo una presión terrible y
una sensación de impotencia. (4) Ellos “lanzarán” la ciudad “al suelo, tú y los niños”, la
destrucción total de las propiedades y las personas. (5) “No dejarán una piedra sobre otra”,
también se indica en Mateo 24:2. Algunos estudiosos afirman que esta es una “profecía
después del evento”, y sobre esta base argumentan que este Evangelio tuvo que haber sido
escrito después del año 70. Sin embargo, no existe el detalle que tal prevería, y todo el
lenguaje está tomado del Antiguo Testamento más que del evento futuro.
La razón de tal devastación total es que el pueblo judío “no reconoció el tiempo de la
venida de Dios”. Dios en Jesús les dio oportunidad tras oportunidad de reconocer su mano
en Jesús y la presencia del reino en sus palabras y hechos, pero rechazaron cada señal.
Prácticamente cada detalle en el Evangelio de Lucas describe cómo la nueva era de la
salvación de Dios había llegado a la persona de su Hijo Jesucristo. Entonces están ante Dios
completamente culpables.
Limpieza del templo (19:45–46)
Lucas es muy selectivo aquí, omite la maldición de la higuera y muchos de los detalles para
centrarse en la codicia de aquellos que venden animales sacrificados que han convertido el
templo en un mercado de mercancías. Los otros Evangelios nos dicen qué tan pronto como
Jesús llegó, fue a observar las actividades del templo y luego pasó la noche en Betania
(Marcos 11:11–12). El lunes por la mañana regresó y echó a los cambistas y vendedores de
animales. Aquí solo se mencionan los vendedores, y Lucas no menciona ni la entrada a
Jerusalén ni la noche en Betania. La limpieza del templo está directamente relacionada con
las secuelas de la entrada triunfal en sí misma y, por lo tanto, se presenta como un evento
mesiánico adicional. Jesús actúa como profeta y Mesías en la purificación del templo de
Dios.
El atrio de los gentiles, un área enorme (veinticinco acres) que conformaba los recintos
exteriores del templo de Herodes, era el hogar de varios comerciantes que vendían
animales sacrificados (bueyes y ovejas para los ricos, palomas para los pobres) y otros
sacrificios. artículos como vino, aceite y sal, así como otros intercambiando monedas
paganas por plata tiria por el impuesto del templo. Es probable que ambos grupos estén
incluidos en “los que estaban vendiendo”, y obtuvieron ganancias exorbitantes con estos
artículos. Jesús, muy ofendido, “comenzó a echar de allí”, proclamando su denuncia
profética.
Jesús no solo muestra su propia ira ante tanta codicia. Lo ancla en lo que está escrito en
los profetas, refiriéndose primero a la “casa de oración” en Isaías 56:7. El núcleo de la
adoración en el templo era la oración de la mañana y la tarde, e Isaías enfatiza que es “para
todas las naciones”, omitido por Lucas probablemente para hacer que el contraste con la
“cueva de ladrones” sea más marcado. El motivo de lucro y el ruido de los vendedores y
animales arruinaron el tiempo de oración en el templo. La avaricia material había
reemplazado la adoración en el templo.
Jeremías 7:11 se dirige a la nación apóstata de su época, denunciando el hecho de que
el templo, que “lleva el nombre de [Dios]” se ha convertido en una “cueva de ladrones”
debido a la idolatría y la codicia de la gente. Jesús dice que esto se ha recreado en su día.
Varios estudiosos creen que esto no es histórico, ya que el término lēstēs llegó a denotar
bandidos revolucionarios en el año 60 d.C., por lo que creen que esto se refleja en un
momento posterior. Sin embargo, el término se usaba para ladrones en los días de Jesús, y
eso describe perfectamente sus cargos contra las actividades en el templo. Estaban
profanando el templo de Dios con sus intereses comerciales.
Enseñanza y oposición en el templo (19:47–48)
Lucas muestra que, al comienzo de la semana de la pasión, los dos bandos opuestos estaban
muy activos. “Todos los días” (de lunes a miércoles, quizás también los jueves por la
mañana), Jesús pasa la enseñanza en los tribunales del templo, como lo ha hecho siempre
que estuvo en Jerusalén. (Sus muchos viajes están narrados en Juan.) En contraste absoluto,
tres grupos están dispuestos en contra de él, sin estar interesados en la verdad de Dios, sino
solo “tratando de matarlo”. Obviamente, Jesús está proclamando el evangelio todos los días
en el templo a medida que se acerca el final de su vida, preparándose para el testimonio de
sus seguidores en los primeros capítulos de Hechos. Sus enemigos son los líderes de Israel:
los principales sacerdotes, los escribas y otros líderes (probablemente fariseos y ancianos).
El escenario está listo para lo que sigue.
Su dilema se presenta en el versículo 48, y establece el tono para el resto de la semana.
Quieren ver a Jesús ejecutado, pero no pueden “no encontraban la manera de hacerlo”
debido a su inmensa popularidad con “todo el pueblo” (diecinueve veces en los capítulos
18–24). Lucas nos dice que “colgaron de sus palabras”, lo que significa que acudieron en
masa tras él y sus enseñanzas en el templo. Si intentaban arrestarlo, la gente se amotinaría
y los romanos intervendrían. Estaban totalmente bloqueados y no sabían qué hacer. Tenían
que hacer dos cosas: arrestar a Jesús en silencio, fuera de las multitudes, y poner a la gente
en su contra. El primero se logrará con la traición de Judas, el segundo en el juicio ante
Pilato.
Hemos alcanzado uno de los principales momentos decisivos en la vida de Jesús con el
final de su ministerio público (vv. 1–27) y el comienzo de la semana de la pasión (vv. 29–
48). Jesús está en Jericó a solo diecisiete millas de su destino, y dos eventos terminan su
largo viaje a Jerusalén. Zaqueo (vv. 1–10) es el discípulo final que se une a él y tipifica su
ministerio a los marginados y su liberación de los marginados. (Como recaudador de
impuestos, era rico, despreciado por todos). También muestra lo que significa ser salvo,
darle la espalda a la riqueza que ha dominado su vida y usar su dinero para ministrar a los
pobres y servir a Dios. Las implicaciones sociales de la salvación son muy evidentes en esta
pequeña e intrigante historia.
La parábola de las diez minas (vv. 11–27) es una conclusión perfectamente adecuada
para el ministerio de Jesús porque demuestra lo que sucederá con todos los que
reaccionaron ante él, sus seguidores, las multitudes y los líderes. La premisa básica es la de
lex talionis, la “ley de retribución”, lo que significa que Dios es un juez absolutamente justo
que dará a todas las personas exactamente lo que han traído sobre sus propias cabezas en
virtud de sus reacciones a Jesús. A los sirvientes se les dio una buena cantidad de dinero
(cuatro meses de salario) para invertir y obtener ganancias para el amo cuando se fue para
convertirse en rey. Esto representa a Jesús en el cielo, que nos ha puesto a prueba dándonos
a cada uno de nosotros recursos terrenales y dones espirituales para usarlos para su gloria
y ayudar a los demás. Nuestra recompensa se basa en nuestro éxito al usar todo lo que
tenemos para el ministerio. Al mismo tiempo, sus enemigos que se oponen a él (los líderes
judíos y otros) serán destruidos y pagarán el precio por rechazarlo.
El resto del capítulo se centra en los eventos de apertura de la semana de la pasión.
Jesús comienza con su entrada triunfal a Jerusalén (vv. 28–40), y las acciones preparatorias
son la entrada perfecta, ya que demuestran su conocimiento previo y control divino de cada
detalle. El énfasis está exactamente en su soberanía divina y jurisdicción sobre cada
aspecto, ya que Zacarías 9:9 se cumple y Jesús se monta en un burro, lo que significa la paz
(en lugar de la guerra) que logrará en los próximos eventos. Entonces, la entrada en sí es
verdaderamente triunfal, ya que el rey mesiánico es aclamado por sus discípulos y las
multitudes y se lo celebra como el glorioso soberano que es. Ellos, por supuesto, piensan
en él como un conquistador, y lo es, pero en este momento conquistará el pecado y la
muerte en la cruz. Es la paz en el cielo en lugar de la paz política en la tierra lo que logrará
este humilde Rey. Aun así, la aclamación es bien merecida y los gritos de alegría son
mayores incluso de lo que piensan, ya que el cielo sin duda se une a ellos.
Dos eventos concluyen estas escenas iniciales: el lamento de Jesús sobre Jerusalén (vv.
41–44), que rechazó a su Mesías y provocó la destrucción de la ciudad en su cabeza; y la
limpieza del templo (vv. 45–46), donde Jesús actúa como profeta y Mesías al limpiar el
templo de la codicia de los líderes. Han utilizado los atrios del templo como un mercado
para ganar dinero para ellos mismos, profanando así el espacio sagrado que debería haber
sido utilizado para la oración y convirtiéndolo en una “guarida de ladrones” que se
preocupaba solo por las ganancias ilegales que podían obtener.
Lucas establece el tono para toda la semana de la pasión en los versículos 47–48. Todas
las mañanas y las tardes se encontrará a Jesús en los atrios del templo enseñando a la gente,
sin duda, dándoles la oportunidad final de arrepentirse y venir a él. Su gran amor se ve en
esto, porque sabía que su vida iba a terminar muy pronto, sin embargo, pasó todo su tiempo
libre ensalzando a la gente con la verdad del evangelio. En contraste, los líderes estaban
buscando desesperadamente una manera de terminar con su vida y deshacerse de este
alborotador. Debían encontrarlo con uno de sus supuestos seguidores.
ENSEÑANZA Y CONTROVERSIA EN EL TEMPLO (20:1–21:4)
La enseñanza diaria (19:47) ahora se describe y se establece en medio de la oposición de
los líderes a través de tres conjuntos de inquisiciones (20:1, 20, 27) que intentan atrapar a
Jesús y volver a la gente contra él. Lucas sigue las cinco controversias de Marcos (20:1–
44=Marcos 11:27–12:37) en las que Jesús demuestra su mayor sabiduría como el verdadero
intérprete de la Torá. Él tiene el control y su autoridad sobre la verdad de Dios contrasta
con las falsas afirmaciones de los líderes. Su trampa se vuelve contra ellos, y ellos son los
que se muestran ignorantes de la Torá.
Los líderes judíos cuestionan la autoridad de Jesús (20:1–8)
Los cinco debates en el templo extienden su ministerio de enseñanza y, en un sentido muy
real, llevan más allá, a través de la enseñanza, su acto profético de limpiar el templo. El
tema principal que Lucas establece aquí es la autoridad mesiánica de Jesús; En todo
momento, Jesús usa el formato de preguntas y respuestas, que era el método rabínico para
resolver controversias. En cada episodio, Jesús demuestra su superioridad a los expertos
legales mientras los diezma en su manejo de la palabra de Dios. Es el intérprete final y
autorizado de la Torá.
Jesús limpió el templo el lunes, y probablemente sea el martes por la mañana cuando
Jesús esté enseñando en el atrio de los gentiles. Estos jefes de los sacerdotes, los escribas y
los ancianos son probablemente una representación oficial del Sanedrín, el consejo
gobernante de los judíos (también 9:22). Sabemos a partir del 19:47 que su objetivo no es
descubrir la verdad, porque ya han decidido que Jesús es un falso profeta que debe morir.
Ambas preguntas surgen de la autoridad que Jesús había ejercido los dos días
anteriores: el “qué” (poia) se enfoca en el tipo de autoridad; el “quién” (tis), sobre la
persona que fue su fuente. Para ellos, Jesús es un pretendiente rabínico sin entrenamiento
oficial ni patrocinador. Quieren demostrarle a la gente que no tiene pedigrí ni autoridad
detrás de sus reclamos. Creen que efectivamente lo han atrapado. Si responde “autoridad
humana”, va a contradecir sus acciones y afirmaciones, y si “autoridad divina” será culpable
de blasfemia. La segunda pregunta es similar, porque suponen que no pudo haber venido
de Dios y lo están desafiando a incriminarse respondiendo.
Jesús toma la ofensiva en los versículos 3–4 y atrapa a los líderes por turno. Este
dispositivo estilístico es común en el diálogo rabínico y está brillantemente cronometrado
y hábilmente puesto delante de ellos. Además, la pregunta sobre el precursor de Jesús,
Juan, es completamente válida, ya que las afirmaciones de Jesús están directamente
relacionadas con las del Bautista. Las mismas preguntas a menudo surgieron sobre Juan.
Entonces él cambia las tornas y les hace la misma pregunta cargada: “Dime: el bautismo de
Juan, ¿procedía del cielo o de la tierra?” Juan predicó “un bautismo de arrepentimiento
para el perdón de los pecados” (3:3), introduciendo la nueva era de salvación. Así que ahora
los líderes están bajo la luz.
Su dilema es evidente por su razonamiento en los versículos 5–7. Lucas se imagina sus
frenéticas deliberaciones mientras intentan encontrar una salida. Si admiten que es de
origen celestial, se demuestra que su propio rechazo a Juan fue falso, y deberían “creerle”
y arrepentirse. La gente también pensó que él era un profeta, y que aceptarlo le ordena que
también acepten a Jesús. Si dicen: “De origen humano”, aquellos (“todas las personas”,
haciendo hincapié en el seguimiento virtualmente universal que recibió) que creen en Juan
los apedrearán como falsos profetas (Dt. 13:10; ver Hechos 5:26; 7:58) Entonces están
atrapados en los cuernos de un dilema y no se atreven a responder de ninguna manera.
De modo que solo pueden responder: “No sabemos de dónde era” (20:7). Están
virtualmente silenciados por la brillante respuesta de Jesús. La respuesta de Jesús es
perfecta: “Pues yo tampoco les voy a decir con qué autoridad hago esto”. Jesús toma la
delantera en este concurso. Anotará cuatro veces más, y ni siquiera harán un primer
intento. Se han mostrado indignos de las verdades del reino de Dios, por lo que estarán
ocultos para ellos (ver 19:41). Las verdades de Dios exigen que el ojo de la fe esté abierto
para ellos. Los que se ciegan a estas realidades del reino pueden descubrir que Dios ya no
está abierto a ellos.
Jesús cuenta la parábola de los labradores malvados (20:9–19)
Después de vencer a los líderes judíos, Jesús ahora muestra por qué se declaran culpables
y condenados ante Dios. Esta es una parábola alegórica construida sobre Isaías 5:1–7, la
Canción de la Viña, que también denunció el fracaso espiritual de la nación. Es profético
decirle a la gente que los líderes no solo se oponen a él, sino que también le quitarán la
vida. Se dan cuenta de que está hablando de ellos, pero en lugar de advertirles, endurece
su determinación de hacer exactamente eso. Hay una diferencia de opinión sobre el
empuje, ya que algunos consideran que la viña es Israel, mientras que otros creen que los
arrendatarios son Israel. Creo que la viña es de hecho Israel, como en Isaías, y los
agricultores son los líderes de Israel. Entonces los siervos son los profetas y los apóstoles,
el dueño es Dios y el Hijo es Jesús. Se solía pensar que la extensa alegoría significaba que
esta parábola se originó tarde y no vino de Jesús, pero la erudición se ha movido desde
puntos de vista tan estrechos, y la mayoría está de acuerdo en que Jesús usó a menudo la
alegoría en sus parábolas.
La viña fue una de las imágenes más conocidas de Israel (véase Isaías 5:1–7). Sobre las
puertas del santuario en el templo había una enorme vid dorada bordada con grandes
racimos de uvas colgando de ella; el historiador judío Josefo dijo que esta vista sorprendió
a los espectadores (Josefo, Antigüedades 15.394–95). Como en la parábola del astuto
administrador, este viñedo fue arrendado a los arrendatarios, luego de lo cual el propietario
se fue por un largo tiempo. Este no es un detalle inusual, ya que Galilea estaba compuesta
principalmente por granjas de inquilinos con propietarios adinerados que vivían lejos. Esta
situación representa la relación de pacto que Dios tuvo con Israel después de establecerlos
en la tierra prometida. Los viñedos de uva tardaron cuatro años en ser productivos, y el
propietario habría subvencionado a los agricultores durante ese tiempo (= “durante mucho
tiempo”) y luego compartiría las ganancias.
Debido a las desafortunadas políticas económicas de Herodes de favorecer a los
terratenientes ausentes, Galilea era un lugar de constante inquietud social, y en ocasiones
se daría la imagen que aquí se muestra de los arrendatarios que se rebelan e intentan
apoderarse de una granja. Aquí el propietario envía tres conjuntos diferentes de sirvientes
para cobrar las ganancias que le corresponden. Es difícil saber si se trata de tres series
durante el mismo año o tres años sucesivos. Cualquiera de los dos podría tener sentido,
pero me resulta difícil pensar que un propietario les permita salirse con la suya al negarse a
pagar el alquiler durante tres años.
Cualquiera que sea nuestra preferencia, el dueño es increíblemente paciente cuando el
primer sirviente es golpeado y echado con las manos vacías, el segundo es “tratado
vergonzosamente” y nuevamente no recibe nada, y el tercero es herido y echado. El
maltrato sigue aumentando. Los inquilinos no solo se niegan a cumplir el contrato, sino que
también insultan al propietario golpeando a sus sirvientes y echándolos de aquella tierra.
No es realista, pero representa la paciencia de Dios al tratar con Israel. Esto retrata
gráficamente el trato de Israel a los profetas y en los Hechos de los apóstoles enviados por
Jesús. Los profetas son siervos de Yahveh (1 Reyes 18:36; Jer. 7:25; Amós 3:7). El
tratamiento vergonzoso de los profetas se hace eco de Hebreos 11:32–38. Los profetas son
burlados en 2 Crónicas 36:14–16; Jeremías es golpeado en Jeremías 20:2; Zacarías es
apedreado en 2 Crónicas 24:21; Urías es asesinado en Jeremías 26:21–23.
En la superficie, el propietario que envía a su hijo en el versículo 13 parece una tontería.
¿Por qué su hijo sería tratado mejor y por qué no estaría acompañado por mercenarios
armados para protegerlo? Obviamente, esto se debe a que Jesús está describiendo el amor
de su propio Padre no solo por él, sino también por la nación al enviar a su Hijo. La divina
misericordia y la compasión son incomprensibles desde una perspectiva puramente
humana.
El propietario razona que su “hijo, a quien amo”, recibirá el respeto que sus sirvientes
no recibieron y decide enviarlo a los arrendatarios. Jesús como amado de su Padre se
destaca tanto en el bautismo (3:22) como en la transfiguración (9:35), y en la historia se
pretende mostrar a los granjeros lo importante que es que lo traten bien.
La deliberación de los arrendatarios es bastante impactante. Todo es tan ilógico, pensar
que asesinar al heredero hará que la herencia de la tierra vaya a los asesinos. A la luz de
esta dificultad, algunos intérpretes han intentado varias explicaciones “legales”, por
ejemplo que, si todos los herederos estuvieran muertos, la propiedad iría a aquellos que
han tomado residencia en la tierra; o tal vez que el propietario estaba muerto (enviando al
hijo y no viniendo él mismo) y había cedido la propiedad al hijo; o tal vez que el propietario
podría darse por vencido a la luz de los constantes problemas que los inquilinos le han
causado. Ninguno de estos funciona; sin embargo, el punto es que el pecado es ilógico. Las
personas que se entregan a la rebelión contra Dios no están en sus cabales, y Jesús quiere
que sus oyentes se den cuenta de esto.
Al igual que los pecadores a lo largo de la historia, los inquilinos/líderes de Israel no
cuentan con la reacción del padre después de matar a su hijo. Los delincuentes
regularmente no tienen en cuenta todas las contingencias, y los hechos a menudo salen a
la luz con bastante facilidad. Los paralelismos entre esta parábola y las acciones de los
líderes en los próximos días probarán esta hipótesis. Cada punto aquí tendrá lugar durante
los próximos tres días de la semana de la pasión. Como en el versículo 15, llevarán a Jesús
fuera de la ciudad y lo matarán (Juan 19:17; Heb. 13:12).
Entonces Jesús involucra a la multitud y les pregunta: “¿Qué les hará el dueño?” Luego
responde la pregunta: “Volverá, acabará con esos labradores y dará el viñedo a otros”. Él
quiere que todos lo piensen, pero desea asegurarse de que encuentren la respuesta
correcta. Si la venganza se logra a través de un juicio legal o por intervención armada no es
parte de la historia. Cualquiera de las dos es viable, y el punto es que los asesinos son
destruidos. Si bien esto podría apuntar al juicio final, es más probable que se refiera a la
destrucción de Jerusalén y el templo en el año 70. El objetivo principal es en realidad la
pérdida del estado del pacto de la nación como se muestra en Romanos 11:11–21, la
ruptura del Israel incrédulo de la vid y su reemplazo por el remanente justo (creyente de
Israel) y los gentiles. Estos constituyen los “otros” que heredan la viña.
Otras tres respuestas concluyen la parábola: las de la multitud, Jesús y los propios
líderes. La multitud (v. 16b) se sorprende y pronuncia el grito que Pablo usa diez veces en
Romanos, “Dios no lo quiera” o “Que esto nunca suceda” (Ro. 3:4, 6, 31; 6:2, 15; 7:7, 13;
9:14; 11:1, 11). No pueden creer que este sea el futuro de su nación. Es posible que toda la
parábola esté a la vista y no quieran que Jesús sea traicionado y ejecutado, pero en el
contexto probablemente se relacione con la destrucción de la nación.
Entonces Jesús responde (vv. 17–18) con advertencia profética. Los mira (a las
multitudes y a los líderes) directamente a los ojos para llamar su atención y hace una
segunda pregunta, esta vez sobre el significado de la profecía de piedra del Salmo 118:22.
Este es un himno de acción de gracias por el hecho de que Yahveh haya liberado a la nación
por intervención sobrenatural, y en el salmo Israel es la piedra angular. Jesús y la iglesia
primitiva (Hechos 4:11; Ro. 9:33; 1 Pedro 2:6–7) entendieron “la piedra que los
constructores rechazaron” tipológicamente como cumplida en el rechazo de Jesús por los
líderes de Israel y la vindicación de Dios. Aquí el rechazo tipificado por los inquilinos
malvados en la parábola es primordial.
La segunda mitad, “se ha convertido en la piedra angular”, no se representa en la
parábola, pero se profetiza como parte de la respuesta del propietario/padre al rechazo. La
piedra angular es la piedra angular en la esquina inferior de un edificio. Algunos intérpretes
piensan que es la piedra angular en la parte superior del arco. Prefiero el primero, pero lo
principal es que soporta el peso del edificio y es el foco de su propósito. El énfasis está en
la restauración y la reivindicación del Hijo rechazado, que ahora se convierte en el punto
focal de la acción. Jesús como rechazado se destaca en las predicciones de la pasión (9:22)
y resume todo lo que los judíos y los romanos le harían. La imagen fundamental se cumple
en su resurrección y glorificación como Señor de todos.
El siguiente versículo (18) se basa en los otros pasajes de piedra, de Isaías 8:14–15: “una
piedra que hace tropezar a las personas y una roca que los hace caer”. Observe las dos
formas en que se logra esta destrucción: caen sobre la piedra y se rompen; cae sobre ellos
y son aplastados. Esto elabora la destrucción de los inquilinos malvados. El resultado
aplastante proviene de Daniel 2:34–35, 44–45, en la interpretación del sueño de
Nabucodonosor de la enorme estatua idólatra destrozada por la roca. Ahora los líderes y la
nación apóstata compartirán el destino de Babilonia. Rechazarán y matarán a su Mesías,
pero él y su Padre los destruirán por completo. Nuevamente, esto es tanto la destrucción
del año 70 como el juicio final.
Los líderes agregan su reacción en 20:19. Saben que estas terribles predicciones están
dirigidas a ellos y “buscaron una forma de arrestarlo”, ahora incluso más “inmediatamente”
que antes. Si pudieran, lo encadenarían en ese mismo momento, pero no pueden, porque
tienen “miedo de la gente”, que todavía están del lado de Jesús y causarán disturbios.
Jesús es interrogado sobre el pago de impuestos al César (20:20–
26)
Ahora los líderes se vuelven realmente tortuosos, enviando “espías, que fingieron ser gente
honorable”, para atrapar a Jesús y arrestarlo. Esperan poder atraparlo en una declaración
sediciosa y entregarlo a los romanos o en una declaración pro romana que pondrá al pueblo
judío en su contra. Calculan que una pregunta sobre los impuestos se ajustará
perfectamente a la factura, especialmente porque han engañado a Jesús para que piense
que son seguidores.
La cuestión del dinero del tributo a Roma fue increíblemente emotiva. Para presentarlo,
intentan halagar para aflojar a Jesús (20:21). Hay una gran ironía en esto, porque todo lo
que dicen es exactamente correcto, pero ellos no lo saben. Hay tres énfasis: (1) Nadie en la
historia humana ha hablado y enseñado “lo que es correcto” más profundamente que Jesús,
quien es la Palabra de Dios. El énfasis está en la corrección y precisión (orthōs) de la verdad
que presenta. (2) Su imparcialidad o falta de favoritismo es evidente en todo Lucas, porque
él lucha por los excluidos y marginados donde quiera que vaya. La verdadera respuesta al
racismo y al prejuicio humano es muy simple: Jesús. Realmente tenemos el cielo en la tierra
cuando todos nosotros, sin importar el color o el origen nacional, amamos y compartimos
juntos en Cristo. (3) Enseña “de verdad el camino de Dios”, que resume los otros dos. La
iglesia primitiva se llamaba a sí misma “el Camino” (Hechos 9:2; 16:17; 19:9), y el mensaje
de todo el Nuevo Testamento es que solo Jesús es el camino a Dios. Así que los espías
intentaban desarmarlo con adulación, pero en realidad afirmaban la simple verdad.
Su pregunta, creen, finalmente puede ayudarlos a deshacerse de este alborotador:
“¿Nos está permitido pagar impuestos al césar o no?” (20:22) Este fue el impuesto de la
encuesta de un denario, el dinero del tributo que cada adulto (tanto mujeres como
hombres) en una nación sujeta tuvo que pagar directamente al césar. Este fue uno de los
tres impuestos que los judíos debían pagar con el impuesto del templo y los impuestos
indirectos como aduanas/aranceles e impuestos de ventas. Los judíos estaban muy
opuestos, y se habían producido varias revueltas (como la de Judas el Galileo en el año 6).
Por lo tanto, tienen derecho a esperar que Jesús se meta en problemas, sin embargo, él
responde (ver arriba).
Vemos en el versículo 23 que Jesús no fue engañado en lo más mínimo, sino que “vio a
través de su duplicidad” desde el principio. Su respuesta es pedir un denario, la moneda
básica que vale el salario de un día, sin duda un denario de plata con una cabeza de césar y
la inscripción “Tiberio césar, Hijo del Divino Augusto” por un lado, y por el otro una imagen
de su madre Livia en la apariencia de la diosa Pax (paz) con la inscripción “Sumo Sacerdote”.
Esto demuestra su hipocresía, que regularmente llevan y usan esas monedas idólatras, lo
que demuestra que “amaban el dinero” (16:14). Esta fue la moneda que Roma exigió para
pagar estos impuestos y fue blasfema a los judíos, alegando que César era un dios.
Entonces Jesús pregunta en el versículo 24: “¿De quién son esta imagen y esta
inscripción?” Él está sacando la respuesta a su propia pregunta de ellos. Cuando responden:
“césar”, él responde: “Entonces denle al césar lo que es de césar, y a Dios lo que es de Dios”.
A primera vista, parece que está igualando a los dos, con césar y Dios dado lo que les
corresponde. Sin embargo, ese no es el caso, ya que César tiene su área limitada mientras
que la de Dios es ilimitada.
Hay algunas posibles interpretaciones de sus implicaciones: (1) Jesús podría estar
implicando una separación de la iglesia y el estado en dos reinos: el reino político es la
dependencia de César y el reino espiritual de Dios. Pero esto no se ajusta al contexto u otras
enseñanzas bíblicas sobre el tema (por ejemplo, 1 Pedro 2:17, “teme a Dios, honra al
emperador”). (2) Podría ser una ironía, con “devolver al césar” en contraste con la lealtad
total a Dios. Pero esto tampoco se ajusta al contexto. (3) Podría ser una declaración contra
los Zelotes anti romanos radicales, con la moneda y lo que representa perteneciente al
César y digno de reconocimiento. Pero, aunque este grupo pudo haber existido en los días
de Jesús (uno de los discípulos, Simón, había sido un “fanático”; ver 6:15), es cuestionable
cuán poderosa era esa fuerza en ese momento. Esta opción podría ser parte del trasfondo,
pero el objetivo principal es que (4) Dios le ha dado al césar su lugar apropiado en el orden
mundial (despejando el camino para Ro. 13 al someterse al gobierno), mientras Dios tiene
el control de cada esfera de vida. El reino de Dios trasciende, pero incluye el del césar, por
lo que someterse al césar es parte de someterse a Dios.
Tres puntos en el versículo 26 resumen prácticamente no solo este incidente sino la
primera mitad de la semana de la pasión. Los líderes, que esperaban poder arrestar a Jesús
en este momento, son primero “incapaces de atraparlo” en su débil intento aquí, pero
ambos están “asombrados por su respuesta” y forzados a guardar silencio por la brillantez
de su razonamiento. Una vez más ha cambiado el rumbo y los ha puesto a la defensiva.
Jesús es interrogado sobre la resurrección de los muertos (20:27–
40)
Ahora llega una tercera delegación el mismo día (martes) para atrapar a Jesús. Sus enemigos
están ocupados en sus pequeñas parcelas, cada uno de ellos quiere derechos de
fanfarronear como quienes lo derriban. Estos delegados son los saduceos, que surgieron en
el siglo II a.C. (no sabemos con certeza sus orígenes exactos) y probablemente derivaron su
nombre de Zadok, el sumo sacerdote en los tiempos de David y Salomón (1 Reyes 1:8; 1
Crónicas 29:22). Consistían en aristócratas laicos y sacerdotales que seguían solo la Torá y
no creían en el más allá. Esta es la única vez que aparecen en Lucas (aunque vea Hechos
4:1; 5:17; 23:6).
Emplean un acertijo que probablemente a menudo había funcionado en debates con
los fariseos, y pensaron que Jesús también sería estilizado. Tiene la intención de demostrar
cuán tonta es en realidad una noción de resurrección de los muertos. Como solo aceptan el
Pentateuco como Escritura, abordan el tema a través de la enseñanza de Moisés (v. 28) con
respecto al principio del matrimonio con levirato (Génesis 38:8; Deuteronomio 25:5).
Cuando un hombre muere sin hijos, su hermano se casará con su esposa y tendrá hijos en
su nombre para que no se pierda para siempre. “Levirato” significa “hermano del hermano”,
y la creencia es que el hermano sin hijos que muere puede tener descendencia a través de
su hermano vivo. La semilla familiar entonces continúa.
Por lo tanto, plantean el siguiente escenario como se describe en los versículos 29–32.
Siete hermanos sucesivo se casan con la misma mujer bajo esta ley de levirato, pero ninguno
de ellos tiene hijos antes de morir. Finalmente, la esposa también muere. El dilema es de
siete esposos y una esposa soltera casada con todos ellos, sin hijos para proporcionar un
heredero. Sin embargo, el problema no son los hijos o los herederos, sino la cuestión del
matrimonio y la familia en el más allá. Casi puedes ver sus sonrisas de complicidad cuando
le preguntan a Jesús: “¿En la resurrección [ja, ja] de cuál será esposa esta mujer, ya que los
siete estuvieron casados con ella?” (20:33) Tenga en cuenta lo que dan por sentado: que la
vida futura será exactamente como esta vida, y que el matrimonio en el cielo debe ser
monógamo. Entonces, en su pensamiento, han demostrado cuán ridícula es la idea de la
resurrección y la vida futura.
El problema con los saduceos, Jesús señala en el versículo 34, es su suposición de que la
era venidera se parece a esta era. Los que resucitan son como los ángeles, no como los
humanos en la tierra. Ya no tienen restricciones terrenales como el matrimonio y la familia.
Jesús, cuya preexistencia significaba que conocía personalmente la próxima vida, corrigió
su grave error: “Pero en cuanto a los que sean dignos de tomar parte en el mundo venidero
por la resurrección: esos no se casarán ni serán dados en matrimonio” (20:35). El propósito
del matrimonio era tener hijos y “llenar la tierra” (Génesis 1:28) con aquellos hechos a
imagen de Dios. Eso ya no es necesario en los nuevos cielos y tierra.
Allí los elegidos de Dios serán “como los ángeles … hijos de la resurrección” (20:36). Los
ángeles eran seres inmortales y no necesitaban procrear; nunca hubo necesidad de reponer
la tierra. En el cielo nos uniremos a los ángeles para adorar a la Trinidad trinitaria. Al igual
que ellos, no tendremos necesidad de casarnos, y de hecho en el cielo creo que conoceré y
amaré a mi esposa infinitamente más de lo que lo hago ahora.
Entonces Jesús corrige su error acerca de la resurrección de los muertos (20:37–38).
Toma su argumento contra la resurrección de Moisés (v. 28) y lo vuelve contra ellos. Podría
haber usado un pasaje más directo en la otra vida como Job 19:8 o Daniel 12:2, pero para
ellos solo los cinco libros de Moisés (el Pentateuco) eran Escritura, por lo que recurrió a un
pasaje indirecto desde allí.
Argumenta que en el pasaje de la “zarza ardiente” de Éxodo 3:6, Moisés “reveló”
(mēnyō; NVI: “mostró”) la realidad de la resurrección cuando llamó al Señor “el Dios de
Abraham, de Isaac, y de Jacob”. En la gramática del pasaje, estos son tiempos presentes,
por lo que Jesús dice que en la época de Moisés los patriarcas deben haber estado vivos.
Este enfoque gramatical habría sido un argumento válido en el primer siglo, basado en el
dicho de Dios, “Yo soy el Dios de …” Por lo tanto, “Él no es el Dios de los muertos, sino de
vivos” (v. 38) es basado en el hecho de que Éxodo 3:6 se dijo después de que los patriarcas
murieron en la tierra, lo que significa que todavía vivían en el cielo.
Luego agrega, “para él todos ellos viven”, no solo en términos de la inmortalidad del
alma sino en términos de la resurrección física real. Jesús dice que los patriarcas están
físicamente vivos en la presencia de Dios, como lo afirman los escritores judíos en 4
Macabeos 7:19; b. Sanedrín 90b–91a. Como los patriarcas están vivos en el cielo, Dios es el
Dios de los vivos.
Mateo describe el asombro de la multitud (Mateo 22:33), pero en el versículo 39 Lucas
registra los elogios de los escribas: “¡Bien dicho, maestro!” Los escribas y fariseos acordaron
con Jesús sobre el más allá y se complacieron al ver esta respuesta perfecta a lo que sin
duda había sido un debate histórico entre ellos y los saduceos. En otras palabras, creen que
Jesús ha demostrado su punto del Pentateuco, por lo que no hay réplica.
Lucas lo lleva más lejos en el versículo 40. Jesús había ganado la batalla de ingenio de la
Torá sobre todos los grupos judíos, y ahora “nadie [escriba, fariseo o saduceo] se atrevió a
hacerle más preguntas”. Habían comenzado el día con grandes esperanzas de que lo que
suponían que su mayor conocimiento de la Torá demostraría a la gente que Jesús era un
charlatán. Están terminando el día en una abyecta derrota, forzados a reconocer a Jesús
como el vencedor. Cada grupo, a su vez, le disparó a Jesús y cayó en llamas debido a su
conocimiento superior de la Torá. No pueden arriesgarse a volver a aparecer, por lo que se
retiran e intentan encontrar otra manera. Lo harán al día siguiente cuando Judas venga a
ellos.
Jesús enseña sobre su oficio mesiánico (20:41–44)
No se hacen más preguntas, por lo que Jesús toma la iniciativa y aclara su propia
comprensión sobre su oficio mesiánico (vv. 41–44) y luego concluye con una diatriba contra
los escribas (vv. 45–47). Él ha demostrado su vasto conocimiento de la palabra revelada de
Dios, y ahora les pide que escuchen lo que las Escrituras tienen que decir sobre él.
Comienza con una pregunta que casi contiene su propia respuesta: “¿Cómo es que dicen
que el Cristo es el hijo de David?” La pregunta no es si esto es cierto, sino cómo se puede
conciliar este hecho con el Salmo 110:1, que establece que el Mesías es el Señor de David.
Permítanme aclarar citando la cita de [Link] “El Señor [Yahveh] le dijo a mi Señor [el Mesías
de David]; “Siéntate a mi derecha” [el lugar de exaltación y poder] “. ¿Cómo puede el Mesías
al mismo tiempo ser el hijo de David y el Señor de David?
Los académicos debaten si el Salmo 110 fue un salmo mesiánico, aunque cada vez más
reconocen la probabilidad de esto. Tiene mucho sentido que Jesús lo aplicara a sí mismo
como el Mesías real del David ideal. La esperanza judía en un mesías real davídico se centró
en el uso de 2 Samuel 7:11–16 en los Salmos de Salomón 17:21–23 y el Florilegio 4Q de
Qumran (véase también el Testamento de Leví 18). Aun así, es Jesús mismo quien lo armó
todo, y los énfasis del Nuevo Testamento se basan directamente en sus ideas.
Lo principal es que Jesús enfatiza su papel como Mesías davídico (véase 1:32–33; 3:23–
28, 31) y luego agrega aquí que al mismo tiempo también es el Señor de David. Se está
entregando a sus enemigos, tanto judíos como romanos, para morir en la cruz como nuestro
sacrificio expiatorio. Pero esa aparente derrota es en realidad la mayor victoria cósmica en
toda la historia humana, y en ella Dios lo elevará al lugar del poder universal (Da. 7:13–14)
y “hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies”. Su muerte será su gran victoria,
tanto para él como para quienes confían en él.
Hace una última pregunta en [Link] “David lo llama” Señor “. ¿Cómo puede entonces
ser su hijo?” El énfasis aquí está en el señorío de Jesús. Dado que ambas partes son correctas
y, sin embargo, parecen contradecirse, ¿cómo las reconciliamos? Los judíos separaron esto
en un mesías sacerdotal y real, pero Jesús los combinó en uno. La respuesta está en el Salmo
110 mismo. Jesús nació hijo de David, y en la cruz y resurrección Dios lo proclamó como el
Mesías exaltado, el Señor de todos. Él es de hecho ambos al mismo tiempo, y sus
extravagantes afirmaciones para sí mismo están completamente justificadas.
Jesús advierte sobre los escribas (20:45–47)
Esto ocupa un capítulo entero en Mateo 23, pero Marcos 12:38–40 y Lucas aquí abrevian el
material y prefieren establecer la avaricia de los escribas en contraste con la viuda que da
lo poco que tiene a Dios (21:1–4). Lucas ya ha proporcionado material sobre su hipocresía
en 11:37–54, y Jesús hace sus comentarios a “todo el pueblo” que se han reunido aquí en
la corte de los gentiles para el debate con los líderes. Se centra en su hipocresía (v. 46) y la
codicia (v. 47).
Su orgullo se ve en cuatro observaciones, todas relacionadas con el deseo de ser notado
y considerado importante: (1) “pasearse con ropas ostentosas” se refiere a capas costosas
que llegan hasta los pies, similares a las túnicas sacerdotales y las pertenecientes a altos
funcionarios. Significan un alto estatus social (como en 15:22). (2) Ser “saludado en las
plazas” repite 11:43 (también 6:23) y se refiere al reconocimiento de otros como un líder
comunitario. Cuando pasaba un rabino, se esperaba que la gente se pusiera de pie. (3) Los
“primeros puestos en las sinagogas” se refieren al banco frente al arca frente a la
congregación, reservado para los funcionarios de la sinagoga. (4) Los “lugares de honor en
los banquetes” son asientos cerca del anfitrión en el centro de la V formada por los asientos,
como en 14:7–8. Tal orgullo y demanda de atención son directamente contrarios a la
humildad que Dios demanda de aquellos que serían grandes en el reino (9:48; 22:24–27).
Su avaricia se demuestra con un comentario devastador de que “devoran los bienes de
las viudas”. Hay varias interpretaciones posibles de este comentario, incluido el abuso de la
hospitalidad de las viudas, defraudándolas de sus propiedades, el robo de sus dotes, la toma
de sus viviendas como promesas de préstamos que no pudieron pagar o el cobro excesivo
por servicios legales. No podemos saberlo, y cualquiera o todos ellos podrían estar
destinados.
Incluso mientras los escribas están engañando a las viudas de su debido pago, ellos
“hacen largas plegarias” en sinagogas y otras ocasiones para mostrar a la gente lo piadosos
que son. Nada de eso es real, y todo es para mostrar. Después de cometer una injusticia
social del peor tipo, aún pueden hacer oraciones ostentosas para impresionar a los que
están a su alrededor. No es de extrañar que la ira de Dios se encienda y que “recibirán peor
castigo”. Mayor juicio (Ro. 13:2; Heb. 13:17; Stg. 3:1) es la única respuesta adecuada de un
Dios santo.
Jesús elogia el sacrificio total de la viuda (21:1–4)
En contraste con los escribas que engañan a los pobres como ella, la viuda en este pasaje le
da todos sus pequeños ahorros a Dios. ¡Qué mejor prueba puede haber de su total
confianza en el Señor! La escena todavía está en los atrios del templo, y Jesús está mirando
al rico colocar sus dones monetarios en trece recipientes con forma de trompeta colocados
contra la pared en el patio de mujeres. Cada uno fue etiquetado, por ejemplo, “cuotas de
shekel”, “ofrendas de aves”, y así sucesivamente. Se podía escuchar a la gente anunciar al
sacerdote que asistía lo que estaban dando, y se aseguraron de que las monedas hicieran
el mayor ruido posible para que todo el mundo supiera de su generosidad. Luego viene la
humilde viuda y da un mero “dos monedas de poco valor”, o lepta (12:59), la moneda más
pequeña acuñada, con un valor de un octavo de centavo, o un sexagésimo cuarto de denario
(un salario del día).
Jesús inmediatamente les dice a los que están cerca de él: “Esta viuda pobre ha echado
más que todos los demás” (21:3). No está diciendo que sus dones sean inválidos, solo que
el de ella es el mayor sacrificio y, por lo tanto, el mayor don. Esto está claro en el siguiente
verso. La verdadera medida de un regalo es cuánto sacrificio implica. Su regalo tuvo poco
sacrificio, porque “dieron sus ofrendas de lo que les sobraba”. No es la cantidad dada sino
el corazón detrás de eso lo que importa. Estas personas ricas apenas pensaron en eso
mientras daban, mientras que ella “fuera de su pobreza echó todo lo que tenía para su
sustento”. Solo el amor podría haber producido tal sacrificio.
Como he dicho, esto no significa que Dios se niega a aceptar los dones de los ricos. La
clave es dar no por un sentido del deber o para que así la gente sepa que eres piadoso, sino
por gratitud por todo lo que Dios te ha dado. Además, no des lo menos posible, sino todo
lo que puedas. Las estadísticas sobre donaciones en la iglesia promedio son totalmente
vergonzosas. Muchas iglesias en áreas ricas casi no tienen diezmo, es decir, dan el 10 por
ciento de sus ingresos. Todos están gastando lo que tienen en sí mismos. Todos ellos son
los ricos tontos de 12:13–21.
Este capítulo rastrea el conflicto entre Jesús y los líderes hasta su amarga conclusión, ya
que creen que su conocimiento superior de la Torá les permitirá atraparlo y volver a la gente
contra él. La primera incursión (vv. 1–8) golpea su autoridad para hablar como rabino,
cuando en sus mentes sus afirmaciones son blasfemas. En cambio, los lleva a su propio
juego con una pregunta sobre Juan el Bautista que demuestra su propia falta de autoridad
y verdadera experiencia.
En la parábola de los inquilinos malvados (vv. 9–19), Jesús lleva la lucha a los líderes,
mostrando cómo hacen alarde de las misericordias del pacto de Dios hacia ellos al rechazar
a sus siervos los profetas y ahora a los apóstoles, y cómo llevarán a Dios ira sobre sus
cabezas cuando matan a su Hijo, Jesús mismo. Jesús se define a sí mismo como la piedra
angular principal (vv. 17–18), rechazada por los constructores (Israel) pero ahora el punto
focal del plan de salvación de Dios y una roca que aplastará a los enemigos de Dios.
La pregunta sobre el pago de impuestos al César (vv. 20–26) fue otro intento de atrapar
a Jesús y poner a la gente en contra de él, pero una vez más él les pone las cosas encima. Lo
que aprendemos de esto es que césar y el gobierno secular tienen su lugar en la economía
de Dios y merecen nuestro respeto y apoyo. Dios gobierna sobre ellos, pero los usa en este
mundo, por lo que merecen nuestro apoyo y sumisión fiscal.
La historia de los saduceos de la mujer casada con siete hermanos seguidos sin hijos (vv.
27–40) fue un intento adicional de frustrar a Jesús, esta vez su creencia en la resurrección
de los muertos. Para ellos, el pensamiento de una mujer casada con siete hombres al mismo
tiempo en el cielo era ridículo y mostraba cuán ilógica era la doctrina de una vida futura. Sin
embargo, Jesús mostró su propia falta de conocimiento de la verdad bíblica, mostrando que
en el cielo seremos como los ángeles y no nos casaremos ni tendremos hijos. Una vez más
prevaleció, y esta vez los escribas capitularon y reconocieron su conocimiento superior (vv.
39–40).
Luego, Jesús se dirige al grupo sobre dos cuestiones adicionales, su propio estado
exaltado y los pecados de los escribas. Usando el Salmo 110:1, les muestra que en su
exaltación por Dios se convertirá no solo en el Hijo de David sino también en el Señor de
David al mismo tiempo. Él es de hecho el glorificado (vv. 41–44). En contraste con eso,
advierte sobre la hipocresía de los escribas (vv. 45–47), que viven para elogios humanos y
se preocupan solo por la atención que pueden recibir y al mismo tiempo están llenos de
codicia y avaricia. En contraste, la viuda pobre le da todo lo que tiene a Dios y confía en él
implícitamente (21:1–4). Esa es una gran lección para todos nosotros.
LA DESTRUCCIÓN DE JERUSALÉN QUE SE APROXIMA (21:5–
38)
Como discutí en la introducción de 17:1–37, Lucas ha dividido el Discurso de los Olivos en
dos segmentos, el primero en 17:20–37 centrado en los aspectos apocalípticos,
particularmente el regreso de Cristo, y el segundo aquí centrado más en La destrucción de
Jerusalén. Después de las preguntas iniciales (vv. 5–7), el discurso se organiza alrededor de
la destrucción del templo (vv. 8–24) y la venida del Hijo del Hombre (vv. 25–33) seguido de
una serie de advertencias. (vv. 34–38).
Los discípulos hacen preguntas sobre la destrucción del templo
(21:5–7)
Si el templo de Jerusalén no hubiera sido construido por los judíos, habría sido una de las
siete maravillas del mundo. Era más grande que incluso el Templo de Diana en Éfeso y
estaba más bellamente adornado que cualquier edificio comparable. Herodes tardó
ochenta y tres años en construirlo (20 a.C. hasta 63 d.C.), y se completó solo siete años
antes de que fuera destruido por los romanos. Duplicó su tamaño y lo convirtió en una
estructura verdaderamente magnífica. Muchas de las piedras de mármol blanco puro eran
enormes, de sesenta y siete por doce pies de tamaño, y cuando el sol golpeaba la fachada
y las planchas de oro sobre ella por la mañana, brillaba cegadoramente (Josefo, Guerra judía
5.222–23) Los “dones dedicados a Dios” que Jesús menciona aquí habrían incluido los
tapices de lino y los racimos de uvas tejidas a la entrada del templo.
Jesús sorprende a sus discípulos con una profecía devastadora: “No quedará piedra
sobre piedra; todo será derribado”. Jesús aquí repite su profecía de 19:44. La frase es una
metáfora de la destrucción total. Obviamente, sucedió: en el año 70, después de que el
fuego arrasó el templo, Tito ordenó que se nivelara toda la estructura.
La pregunta de los discípulos (v. 7) contiene dos partes: “cuándo” sucederá eso, y cuál
será la señal de que está a punto de suceder? Asumen que ambos eventos, la destrucción
del templo y el regreso de Jesús, ocurrirán al mismo tiempo. El deseo de una señal es
paralelo a los fariseos en 11:16, pero aquí hay una atmósfera mucho más positiva, y Jesús
la trata con seriedad. Jesús les responderá con cuatro señales que dicen: Señales falsas que
vendrán de falsos maestros y engañarán a muchos (vv. 8–11), la persecución de los
discípulos (vv. 12–19), la destrucción de Jerusalén (vv. 20–25), y la venida del Hijo del
Hombre (vv. 25–28). Se hace hincapié en la necesidad de vigilancia y disposición para que
Dios actúe en nombre de su pueblo.
Jesús advierte de falsas señales y actuaciones (21:8–11)
La vigilancia (blepete, “cuidado”) es una necesidad absoluta, ya que los falsos mesías y
profetas estarán en todas partes. Estos son pretendientes mesiánicos que “vendrán usando
mi nombre” afirmando ser el mesías de Dios. Hubo muchos mesías falsos en el primer siglo
(Josefo, Antigüedades 18.4.1), y estos podrían multiplicarse por los falsos maestros de los
escritos de Pablo y Juan (llamados “anticristos” en 1 Juan 2:18; 4:3). En nuestros días,
cientos de cultos han surgido enseñando terribles falsedades. Necesitamos estar en guardia
constantemente y asegurarnos de que nuestra gente conozca su teología, para que ellos no
“se desvíen”.
El ejemplo de personas que dicen “el tiempo está cerca” es particularmente apropiado
para nuestro día. Crecí con lo que llamamos “predicadores de profecía”, que tenían
enormes cuadros multicolores que llenaban los frentes de nuestras iglesias. Escribieron
libros sobre todos los eventos que cumplieron la profecía y probaron que el Señor regresaría
en las próximas semanas o meses. Todo comenzó a cambiar para mí en mis veintes cuando
comencé a darme cuenta de que ninguna de las “profecías” con las que había crecido se
había cumplido y que otras nuevas habían tomado su lugar. Ahora, varias décadas después,
eso se ha transformado en una serie completa de predicciones fallidas. He aprendido a dejar
de lado tales enfoques especulativos y dejar que el Señor venga cuando lo considere el
momento adecuado. Ahora trato de predicar su pronto regreso de acuerdo con el texto y
no jugar juegos con las llamadas señales que en realidad no son señales.
El ejemplo principal que Jesús observa son los trastornos políticos (21:9–10). Siempre
hay presagios de juicios divinos en la historia (Is. 13:6–8; Jer. 4:19–21), y la gente continuará
vinculándolos con el escatón que se acerca (fin de la historia). Jesús está diciendo que estas
“guerras y levantamientos” no son signos. Cuando dice que “Es necesario que eso suceda
primero, pero el final no vendrá enseguida”, quiere decir que el final no seguirá de
inmediato y será provocado por tales eventos. El “deber” divino (dei) establece que el caos
mundial es un juicio constante más que especial que Dios ha puesto en este mundo. Él ha
permitido que esto caracterice la historia humana como resultado del pecado, pero no se
deduce que tales trastornos sean presagios del regreso de Cristo. Constantemente escucho
cómo las cosas se pusieron tan mal que el Señor tiene que regresar, pero eso también lo
dijeron Tertuliano, Agustín, Lutero y D. L. Moody y Billy Graham, en otras palabras,
creyentes de todas las épocas. Siempre será cierto que “se levantará nación contra nación”,
y no nos atrevemos a permitir que ningún líder nos asuste para que nos unamos a su
movimiento con predicciones tan nefastas.
A estos se pueden agregar los desastres cósmicos y los trastornos naturales (21:11).
Mientras escribo, este año en particular (2017) es uno de los peores registrados; terribles
terremotos, huracanes e incendios forestales han dominado las noticias durante meses.
Estas “pestilencias” y “eventos de miedo” también vendrán de manera regular, pero debo
admitir que he dicho con frecuencia durante estos meses (estoy escribiendo en octubre,
justo después de una increíble serie de catástrofes) que parece que la naturaleza puede ser
señalando algo especial. Sin embargo, Mateo llama a estos “el comienzo de los dolores de
parto” (Mateo 24:8), lo que significa que son simplemente el presagio de los eventos finales,
y podrían ser trabajo de parto falso, pronto, pero no ahora.
Los discípulos serán perseguidos (21:12–19)
Jesús ahora pasa de la etapa cósmica a la situación personal de los discípulos. Las
situaciones apocalípticas son de naturaleza muy personal e involucran no solo al mundo en
su conjunto sino a cada persona individualmente.
Arresto y testimonio (21:12–13)
Jesús se ha enfrentado a una gran persecución, y ahora revela que sus seguidores
enfrentarán arresto y castigo con él en su nombre. Las sinagogas sirvieron como tribunales
cívicos por delitos menores y tenían autoridad para golpear a los delincuentes con varas
(Mateo 10:17; Hechos 4:18–21; 5:20; 2 Co. 11:25). El encarcelamiento fue un hecho
frecuente para los primeros cristianos (Hechos 3; 5; 12; 16). Jesús fue llevado ante Herodes
y Pilato, y Pablo ante Félix, Festo, Agripa y el mismo Nerón. Herodes y César podrían
imponer la pena de muerte, como Santiago, Pablo y Pedro experimentaron.
Todo esto iba a tener lugar “a causa del nombre de Jesús”, una frase que domina Hechos
(diecisiete veces) y se produce en todo el Nuevo Testamento (Mateo 10:22; 24:9; Juan
15:21; 1 Pedro 4:14, 16; Ap. 2:3). Filipenses 3:10 llama a esto una “participación en sus
sufrimientos”, y es una parte crítica de la vida cristiana. Compartimos no solo su vocación y
gloria; compartimos su rechazo por el mundo de la oscuridad.
En todo el sufrimiento y la oposición que enfrenta el pueblo de Dios, tienen enormes
oportunidades para “dar testimonio de” Cristo (21:13) en medio de esas experiencias
difíciles. En casi todos los capítulos de Hechos, esto es cierto (ver 4:33; 22:18; 23:11). Las
poderosas defensas de Esteban en Hechos 7 y de Pablo en Hechos 26 son en realidad un
largo testimonio del poder de Cristo en ellos.
Sabiduría para la defensa (21:14–15)
La idea de qué decir cuando es arrastrado ante los consejos de sinagogas y los gobernadores
cívicos en una situación de prueba es bastante desalentador, por lo que Jesús aborda la
preocupación que todo santo debe tener en situaciones tan difíciles. Los abogados en el
mundo romano eran conocidos por su discurso halagador y sus frases floridas (como hoy),
y la mayoría de nosotros simplemente no tenemos esa habilidad. Sin embargo, Jesús repite
12:11–12 y recomienda encarecidamente no preocuparse ni prepararse de antemano (a
diferencia de los juicios de alto riesgo en la actualidad, donde hacen perfiles en cada
miembro del jurado). Allí prometió que el Espíritu les daría a sus discípulos las palabras para
decir; aquí promete que inspirará su defensa y “le dará palabras y sabiduría” en el momento
de necesidad.
Además, los “adversarios” que enfrentan serán completamente incapaces de “resistir o
contradecir” lo que dicen. Ambos verbos son importantes y se relacionan con los dos
aspectos de la defensa. Principalmente, sus palabras son un “testigo” del evangelio y de
Cristo, y los acusadores no podrán “resistir” la presencia convincente del Espíritu (Juan
16:8–11). En segundo lugar, este testigo es un componente esencial de su defensa durante
el juicio, y los acusadores no podrán “contradecir” la verdad de su inocencia (1 Pedro 2:12).
Los opositores de Jesús a menudo fueron silenciados (Marcos 3:4; Lucas 20:26), y les
sucederá lo mismo. Festo y Agripa se asombraron de lo que dijo Pablo y se vieron obligados
a reconocer el Espíritu en acción (Hechos 26:24–28), y concluyeron: “Este hombre podría
haber sido puesto en libertad si no hubiera apelado al César” (26:32).
El alcance de la persecución (21:16–19)
La familia de Jesús permaneció incrédula hasta después de la resurrección (Juan 7:5), y sus
seguidores también experimentarán el rechazo y la persecución de los miembros de su
propia familia (repitiendo 12:53). En ocasiones, incluso los padres o hermanos los mataban.
Esto es lo contrario de 14:26, donde él ordenó que “odiamos” a nuestras familias; ahora
nos odiarán y se volverán contra nosotros. Con demasiada frecuencia, los seguidores de
Cristo tendrán que elegir entre Jesús y sus seres queridos, y ese es el último sacrificio. Jesús
fue traicionado por Judas, y muchos de sus seguidores pasarían por tragedias similares.
Puede empeorar aún más. Debemos estar listos para enfrentar el rechazo universal,
para que “todos” nos odien (21:17). No muchos de nosotros tendremos que experimentar
esto, porque siempre seremos parte de una iglesia y tendremos amigos cristianos. Pero
recuerdo una vez cuando estaba ministrando en Pakistán, y un misionero me contó la
historia de un converso cuya esposa puso vidrio molido en su cena, que procedió a
arrancarle el interior, y se convirtió en un héroe para toda la aldea, que celebró el horrible
asesinato de un apóstata que se había convertido en un infiel.
La promesa de 21:18 de que “no se perderá ni un solo cabello de su cabeza” parece
contradecir la predicción en el versículo 16 de que algunos discípulos serán ejecutados.
Algunos toman esto como una promesa parcial: algunos morirán, pero la mayoría
sobrevivirá. Más tome esto como refiriéndose al juicio final. Varios enfrentarán el martirio,
pero no habrá una “segunda muerte” (Ap. 2:11; 20:6). Combinaría esto con la promesa de
protección espiritual. Pueden dañar el cuerpo, pero no pueden destruir lo que realmente
importa, el ser espiritual de uno (Apocalipsis 3:10; 7:3; 11:1–2).
A la luz de esto, los creyentes tienen el desafío de “mantenerse firmes”, para que al final
puedan “ganar la vida”. A pesar de toda la oposición y aflicción que experimentarán, las
promesas y el poder eternos de Dios están con ellos. Su parte en todo esto es simple; están
llamados a la firmeza espiritual, a perseverar y permanecer fuertes. Mateo 10:22 es
bastante similar: “Si se mantienen firmes, se salvarán”. “Ganar la vida” es literalmente
“ganar sus almas”. Sus cuerpos pueden ser destruidos, pero sus almas no pueden ser
dañadas. Mateo 10:28 ofrece la conclusión acertada: “No teman a los que matan el cuerpo,
pero no pueden matar el alma.”
Jerusalén será destruida (21:20–24)
Lucas omite mucho material que se encuentra en Mateo 24 y Marcos 13 (la severa
tribulación, la reducción de los días, la abominación desoladora) para centrarse por
completo en la destrucción de Jerusalén. Mientras que Mateo 24 y Marcos 13 ven los
eventos de la destrucción de Jerusalén como una anticipación proléptica del regreso de
Cristo y la gran tribulación de esos días (ver mis comentarios sobre esos libros), Lucas se
centra completamente en el primero. En esta sección, desea enfocarse en lo que los
discípulos experimentarán en esta vida, los eventos de los años 69 y 70, en lugar del final
de la historia, comenzando con el miedo que todo judío tenía, la idea de “Jerusalén está
rodeada por ejércitos romanos”. Cuando esto sucediera, realmente significaría “su
desolación está cerca”. Las antiguas invasiones de Asiria y Babilonia estaban a punto de
repetirse y empeorar infinitamente, porque esta “desolación” duraría mucho más.
Esto ya se predijo en 19:43–44, y ahora Jesús agrega lo que se verán obligados a hacer
en ese momento (21:21): huir por sus vidas. Jesús ofrece tres ejemplos, todos relacionados
con el asedio de Jerusalén por los romanos. Primero, aquellos que quedarán atrapados en
las regiones de Judea deben “huir a las montañas” al este, norte y sur. Esta es la reacción
común a lo largo de la historia judía (Jue. 6:2; 1 Reyes 22; 17; Jer. 16:16; Amós 5:19–20; Zac.
14:5). El historiador de la iglesia primitiva Eusebio (Historia eclesiástica 3.5) describe un
oráculo cristiano que les dice a aquellos en Jerusalén que huyan a Pella al otro lado del
Jordán, y que podría estar relacionado con esta profecía. Allí pueden esconderse en las
rocas y grietas de las colinas. Segundo, aquellos que serán asesinados cuando la ciudad sea
nivelada deben “salir” mientras puedan, de manera similar a 17:31–35. Tercero, los que
están en el campo no deberían tratar de “entrar en la ciudad”, ya que será una zona de
muerte y casi nadie vivirá en ella.
Este es un castigo obligatorio “en cumplimiento de todo lo que se ha escrito”, lo que
significa que los juicios proféticos están llegando a su culminación (1 Reyes 9:6–9; Jer. 6:1–
8; Da. 9:26; Zac. 8:1–8). El ciclo de pecado y rechazo se completa en una ciudad que alguna
vez fue santa y que con demasiada frecuencia mató a los profetas y ahora matará al Hijo de
Dios. El tiempo de Jerusalén ha terminado, y Dios se está volviendo hacia el remanente
justo, que consiste en judíos y gentiles creyentes (Ro. 11:17–21). El pueblo santo de Dios
ahora está formado por aquellos que han puesto su fe en Cristo.
A la luz de esto, Cristo entrega un ay devastador (NVI: “cuán terrible”) con respecto a la
destrucción de la ciudad (21:23–24). Tenga en cuenta que el dolor no es por la ciudad o el
templo. Han traído el juicio divino sobre sí mismos. La pena es para las personas que han
sido atrapadas en la conflagración. Aquellas que están embarazadas o lactando serán
agobiadas y no podrán escapar. Serán atrapadas y destruidas. Sus hijos no nacidos y bebés
morirán con ellas. La “gran angustia” y la “ira” que visitaría a los inocentes por las hordas
conquistadoras será una calamidad difícil de imaginar. El tiempo para el arrepentimiento es
pasado, y el juicio es todo lo que queda. Tuvieron su oportunidad y la tiraron.
Solo quedarán dos opciones (21:24): el escape no será una de ellas. El pueblo “caerá por
la espada” o “será tomado como prisionero” y vendido como esclavo “a todas las naciones”.
Esto sucedió como resultado del cautiverio babilónico y de Roma. Josefo describe 1.1
millones de muertos y 97,000 cautivos durante el asedio romano (Guerra Judía 6.420).
Lucas omite que el tiempo se “acortará” (Mateo 24:22) para enfatizar aún más el horror
del tiempo. Jerusalén “pisoteada por los gentiles” era un tema común (Is. 63:18; Zac 12:3;
Da. 8:10). Esto debía continuar “hasta que se cumplan los tiempos de los gentiles”, lo que
podría referirse a la misión gentil, pero es al mismo tiempo una imagen política y militar,
con los gentiles como la herramienta de Dios para juzgar a Israel. Aun así, los dos no son
mutuamente excluyentes, y el período de los gentiles duraría hasta el regreso de Cristo
(Marcos 13:10; Mateo 24:14). El pueblo judío ha sido “pisoteado por los gentiles” hasta
nuestros días, visto en los terribles pogromos y holocaustos que han sufrido durante los
últimos dos milenios. Lamentablemente, la iglesia a menudo ha sido cómplice de este
terrible comportamiento antisemita. Aun así, está claro que Israel tiene un futuro, y la
restauración final se llevará a cabo de acuerdo con el regreso de Cristo (Ro. 11:25–32).
El hijo del hombre vendrá de nuevo (21:25–28)
Ahora Lucas se vuelve hacia la segunda venida. Jesús no ofrece pistas temporales sobre el
momento de estos dos eventos y lo deja enigmático. Aun así, a lo largo de sus parábolas
hay implícitamente un largo período entre los dos, con el Maestro desaparecido y
regresando mucho más tarde (12:36–40, 42–48; 14:24–30; 17:26–35; 19:12–27; 20:9–16).
Jesús comienza con signos cósmicos y terrenales (21:25–26; compárense los no signos
de 21:8–11), mostrando que toda la creación se une para dar la bienvenida al escatón, o al
final de la historia. El “sol, la luna y las estrellas” ahora proporcionarán los signos que
presagian el regreso de Cristo, y la tierra derramará su pánico a medida que el universo
comience a disolverse a su alrededor, dando como resultado que las naciones experimenten
“angustia y perplejidad”. En los últimos años, parece que cada desastre natural que golpea
ha sido el peor de su tipo en la memoria viva. Si ese conjunto final de cataclismos es peor,
la consternación será difícil de imaginar.
El terror estará más allá de la imaginación cuando las personas “se desmayarán del
terror”, lo que ciertamente sucede hoy cuando las comunidades son golpeadas por
huracanes, terremotos e incendios forestales. No puedo imaginar que me despierten de la
nada a las dos de la mañana y me digan que tenemos una hora para huir por nuestras vidas.
De hecho, la descripción de Jesús de ser “aprensivo de lo que viene en el mundo” es en
realidad un poco suave, ya que la reacción será horror aterrador, no solo aprensión. Saber
sin lugar a duda que en los próximos minutos sufrirá una muerte terrible y perderá todo lo
que haya acumulado, está más allá de lo imaginable.
Pero en este caso es mucho peor, porque en ese momento “los cuerpos celestes serán
sacudidos” (Isaías 34:4; Joel 2:31; 3:15). Con esto, el mundo sabrá que tampoco habrá
futuro para sus nietos. La vida como la conocen ha terminado. Una cosa es saber que vas a
morir, otra muy distinta es saber que todas las personas que amas morirán contigo y que
toda tu forma de vida ha terminado para siempre.
Luego, Jesús se dirige a la parousia (venida) misma, basándose en Daniel 7:13–14 y su
descripción del dominio universal del Hijo del Hombre (21:27–28). Él vendrá “en una nube
con poder y gran gloria” (véase Da. 7:13). Algunos han opinado que el Hijo del Hombre en
Daniel es una figura angelical (poco probable) o el Mesías (en parte correcto). No se lo
explica completamente hasta Jesús en los Evangelios, pero se le ve en Daniel como una
figura casi divina que compartirá la autoridad del propio Yahveh. Es un Guerrero Divino que
guiará a los santos a la victoria sobre el cuerno pequeño.
Es esta figura la que ahora se cumple en Jesús y viene en la “nube”, representando a
Yahveh en la nube y encerrado en su presencia Shekinah (9:34), una imagen importante en
los pasajes de parousia (1 Ts. 4:17; Ap. 11:2). “Poder y gran gloria” representa a Jesús como
Yahveh cabalgando sobre las nubes de majestad (Salmo 68:33–34; 104:3). El niño humilde
en el pesebre y el que cabalgó en un burro hacia Jerusalén ahora llegará con la gloria de los
cielos a su paso.
Cuando tienen lugar estas “señales”, ha llegado el momento de la liberación y la
reivindicación de los santos, y es el momento de “ponerse de pie y levantar la cabeza”
(21:28). “Levanta la cabeza” tiene un doble significado, levanta los ojos para ver a Cristo
venir y mirar con alegría y aliento cuando te das cuenta de que el mundo del mal está a
punto de terminar. La “redención” (apolytrōsis) no se entiende en su sentido paulino de ser
liberada del pecado, sino más bien liberada de la opresión y los tiempos difíciles. Para el no
creyente, estos son signos de consternación y terror, pero para el creyente significan
esperanza y libertad.
Jesús cuenta la parábola de la higuera (21:29–33)
Jesús usa una breve ilustración sobre los higos en verano (vv. 29–31) y luego la aplica a la
cercanía del fin (vv. 32–33). Los higos eran una fruta muy popular, y sus árboles eran
numerosos en el Monte de los Olivos. Florecen a principios de la primavera, por lo que son
un presagio perfecto de la primavera y el verano. Su punto es simple y obvio. Cuando ves
las ramas desnudas floreciendo y las hojas floreciendo, sabes que la primavera está en
camino.
El punto es que los signos del fin funcionan exactamente de la misma manera: cuando
los ves, “sabrán que el reino de Dios está cerca”. El único problema es que estos signos no
difieren en gran medida de los desastres naturales que no son signos en el versículo 11,
donde también tiene desastres terrenales y cósmicos. ¿Cómo es que los eventos
geopolíticos y los desastres como terremotos, tornados y tsunamis, por un lado, pueden ser
dolores de parto y no señalar el final (vv. 8–11) y, sin embargo, de alguna manera también
son signos del fin (vv. 25–31) ¿Cuándo los eventos terrenales se convierten en signos
apocalípticos? Mi propio pensamiento es que la diferencia estará en la intensidad de los
signos. Tenemos estas cosas regularmente de mayo a septiembre, pero cuando comienzan
a crecer en número y poder, se vuelven apocalípticas. Eso es lo que me ha preguntado en
los últimos años, ya que en mi vida no he visto tantos en tan poco tiempo. Veremos.
La idea de la cercanía se elabora en 21:32–33. En otro dicho (ver 4:24), Jesús señala una
verdad importante cuando dice: “Esta generación ciertamente no pasará hasta que hayan
sucedido todos los huracanes e incendios forestales”. La dificultad es entender “esta
generación”, que se ha entendido de manera diversa como la generación actual de
discípulos o del pueblo judío (entonces Jesús habría errado); la nación judía a lo largo de la
historia (= Ro. 11:25–32); la generación del tiempo de Lucas (la iglesia primitiva); o “esta”
generación que estará viva para los eventos del tiempo del fin. En este material fuertemente
apocalíptico, esta última opción es definitivamente la mejor opción. Como en 9:27, existe
un vínculo histórico de salvación entre la generación de Jesús y sus discípulos y los últimos
días. En el mundo bíblico, una “generación” puede durar varias vidas. Entonces Jesús los
está consolando de que Dios está trabajando y que terminará este mundo malvado a su
debido tiempo. Nos pide que estemos listos en todo momento.
Si sus seguidores pueden depender de algo en este mundo incierto, pueden depender
de las palabras de Jesús: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras jamás pasarán”
(21:33). Este orden mundial tal como lo conocemos y el universo entero algún día será
destruido en los fuegos del nuevo orden (2 Pedro 3:10–13), pero su enseñanza es la palabra
de Dios y eterna en vigor. No hay razón para dudar de ninguna de las cosas absolutamente
asombrosas que ha dicho. Cada una de ellas pasará.
Jesús llama a sus discípulos a la vigilancia espiritual (21:34–36)
La naturaleza inesperada del regreso de Cristo y el final de la historia se ha demostrado
como un evento público con signos visibles (vv. 29–31), pero paradójicamente también
vendrá como un “ladrón” (12:39; ver también 1 Ts. 5:2; 2 Pedro 3:10; Apocalipsis 3:3; 16:19).
La clave es la necesidad de vigilancia espiritual y preparación. Aquellos cuyos ojos están
puestos en el Señor y que caminan con él estarán preparados para las señales, y el regreso
de Cristo no llegará para ellos como un ladrón. “Tengan cuidado” (prosechete) significa
“manténganse alerta” y pide una vida de preparación vigilante.
Jesús nombra a tres enemigos de estar preparado: el entusiasmo, la embriaguez y las
ansiedades de la vida. Los dos primeros describen un estilo de vida de fiesta de la búsqueda
de placeres terrenales. Esto podría ampliarse a una vida en la que cada centavo que
ganamos se gasta en nosotros mismos. Las estadísticas sobre donaciones a los ministerios
cristianos son espantosas. Sé de una iglesia bastante grande en un área con muchos
profesionales urbanos jóvenes donde ningún miembro de la iglesia dio el equivalente de un
diezmo, y otro donde el 85 por ciento de los miembros no dieron nada durante el año. Estas
personas no estarán listas.
Lo mismo puede decirse de las personas que constantemente se preocupan por sus
situaciones terrenales y gastan mucho más tiempo y energía en las preocupaciones de la
vida que en servir y confiar en el Señor. Para ellos, ese día “se cerrará de repente como una
trampa”, y se enfrentarán al juicio divino. Las parábolas de Mateo 24–25 abordan esto: el
siervo malvado de 24:48–51 sufrirá el castigo eterno; las damas de honor que no tienen
aceite en 25:10–12 no pueden ingresar al banquete mesiánico; el hombre que enterró su
talento en 25:24–30 es arrojado a la oscuridad exterior. Es absolutamente esencial que
todos estemos atentos y listos para el regreso de Cristo.
El día del juicio “vendrá sobre todos los que viven sobre la faz de toda la tierra” (21:35).
Será universal: nadie escapará (Jer. 48:43; Ap. 14:6). Tanto los creyentes como los no
creyentes “rendirán cuentas” a Dios (Heb. 13:17). Todos serán salvos sobre la base de su fe
en Cristo, pero serán juzgados (o recompensados) sobre la base de lo que han hecho con
sus vidas (Apocalipsis 20:13).
Entonces, la respuesta es clara: “Estén siempre vigilantes”, similar al Lema de
exploradores, Semper Paratus, “Siempre preparado”. La vigilancia espiritual constante es
una característica esencial de todos y cada uno de los seguidores de Cristo. La forma en que
mantenemos esa vigilancia es la oración perseverante de 11:1–11 y 18:1–8: “oren para que
puedan escapar de todo lo que está por suceder, y presentarse delante del Hijo del
hombre”. La oración persistente es crucial, ya que no podemos enfrentar nuestras pruebas
y vencer la tentación del mundo sin la presencia y la ayuda de Cristo y el Espíritu Santo. No
somos lo suficientemente fuertes en nosotros mismos.
La necesidad de oración es doble. Primero, “escapar” (ekpheugō) podría significar “huir
de” (el literal) o perderse los eventos de los últimos días (Ap. 3:10), pero es más probable
que signifique “huir” de las tentaciones del versículo 35 y así “escapar” de la ira de Dios.
Cristo está pidiendo una vida anclada en la seguridad que proporciona. Segundo, cuando el
Hijo del Hombre regrese, nos “pararemos” ante él. El Hijo del Hombre es Juez escatológico
en 17:24, 26, 30; 18:8; y todos serán juzgados o recompensados por la eternidad. Esta es
una oración por una vida de perseverancia, para que podamos estar ante él en victoria y
alegría y recibir la recompensa por el servicio fiel.
Lucas resume la enseñanza de Jesús en el templo (21:37–38)
Los últimos días de Jesús se dedicaron a hacer lo que más amaba: enseñar en el templo y
desafiar a “toda la gente” a que vinieran a él y recibieran la vida. Esto era virtualmente un
ministerio 24/7, todos los días en las cortes del templo, y todas las tardes y noches
durmiendo en el Monte de los Olivos. La preparación para la Pascua requería estar en los
alrededores cercanos de Jerusalén, y Jesús pudo haber alternado entre Betania (a dos millas
de distancia, ver Mateo 21:17) y el Monte de los Olivos. Él y los discípulos probablemente
durmieron en el mismo olivar de Getsemaní que estarían en ese último viernes por la noche
(Juan 18:2). Miles de peregrinos se habrían unido a ellos y dormido bajo las estrellas en el
monte cada noche (Josefo, Antigüedades 17.217).
La popularidad de Jesús continúa, visto en el hecho de que “toda la gente madrugaba
para ir al templo a oírlo”. Ciertamente se había convertido en el rabino más famoso de
Palestina. Es este hecho el que evitó que los líderes lo arrestaran. Esta gran popularidad
habría provocado disturbios si alguien intentara un arresto público. Solo Judas lo hizo
posible, llevándolos a Jesús en la quietud de la noche.
Es difícil imaginar la escena en que Jesús dio su devastadora profecía a los discípulos.
No hay una estructura equivalente para nosotros. Si alguien hubiera hecho tal predicción
sobre la destrucción del World Trade Center años antes de que ocurriera, habría sido
horrible. Sin embargo, no sería nada de esto, ya que el templo no era solo una estructura
famosa, era el corazón de la religión judía. El equivalente moderno más cercano que se me
ocurre es San Pedro en Roma, o La Meca para los musulmanes. El horror del pensamiento
es inimaginable. Por supuesto, no era la primera vez, porque los babilonios habían destruido
el templo de Salomón en el año 586 a.C. Al igual que con ese cataclismo anterior, ya nada
volvería a ser igual.
La respuesta de Cristo al “cuándo” y al “qué” de la pregunta de los discípulos viene a
través de cuatro dichos de signos. El primero (vv. 8–11) trata de lo que no presagia el pronto
regreso de Cristo, a saber, la agitación política y los desastres naturales. Los pretendientes
mesiánicos y los falsos maestros usarán estos llamadas señales para engañar a las personas
para que los sigan, pero estas guerras, terremotos y tormentas terribles no son
necesariamente señales, y debemos ser cautelosos.
El segundo conjunto de posibles señales es una mayor persecución (vv. 12–19). Los
discípulos (y nosotros) serán arrastrados ante consejos y altos funcionarios y obligados a
defenderse a sí mismos y a Cristo. Entonces Jesús promete que en el momento él y el
Espíritu los guiarán en cuanto a cómo defenderse y dar testimonio del evangelio, como lo
hizo Pablo en Hechos 25–26 ante Festo y Agripa. Aun así, muchos creyentes serán
rechazados por su propia familia y algunos por cada persona que los rodea (vv. 16–19), pero
su sufrimiento será su victoria. Si eso nos sucede, Dios estará con nosotros de una manera
muy especial mientras nos guía a través del “valle de la sombra de la muerte” (Salmo 23:4).
La tercer señal es la destrucción de la propia Jerusalén (vv. 20–24), ya que Lucas muestra
los terribles efectos de la apostasía de la nación y describe la destrucción absoluta de la
ciudad y su gente, una recreación del cautiverio babilónico. El pecado final debe pagar el
precio máximo, y eso se verá cuando la gente huya de los ejércitos romanos y corra por sus
vidas. Para ellos no hay esperanza, porque la nación le ha dado la espalda a Dios y a Su
Enviado, a su Hijo y al Mesías. El juicio es seguro.
En realidad, hay esperanza, pero existe solo para aquellos que se volvieron a Jesús y
aceptaron su misión divina. El futuro culminará con el regreso del Hijo del Hombre, y él
traerá consigo la gloria de los cielos (vv. 25–28). El pueblo de Dios debe estar listo en todo
momento, porque como los higos que vienen en primavera, habrá señales, y los seguidores
de Cristo deben prepararse (vv. 29–33). La vigilancia espiritual es una necesidad para los
santos. No nos atrevemos a permitir que las cosas del mundo nos consuman, porque
debemos permanecer enfocados en Cristo y centrados en las cosas de Dios (vv. 34–36).
LOS EVENTOS FINALES DE LA SEMANA DE LA PASIÓN
(22:1–53)
Ahora estamos en el miércoles de esta última semana, y la presión ha aumentado de
manera constante tanto sobre Jesús como sobre los líderes, quienes sienten que solo tienen
un poco más de veinticuatro horas para realizar su nefasta acción. Los eventos ahora
comienzan a moverse directamente a la cruz, y todos los ojos están puestos en Jesús. El
dilema de los líderes no se resuelve con sus propias estrategias, sino con un único discípulo
que nunca ha sido realmente un seguidor de Jesús, sino que ha estado en él solo por lo que
pudo sacar de él. Aparentemente, decide que hay muy pocas ganancias en seguir y que el
mejor recurso es vender a Jesús a los líderes por dinero.
La oferta de Judas a los líderes de traicionar a Jesús es casi el único evento que tuvo
lugar el miércoles que conocemos. Los eventos del jueves están dominados por los
preparativos de la Pascua durante el día y luego la comida en sí, que conocemos como la
Última Cena, al anochecer. Al igual que la entrada triunfal, el énfasis en las preparaciones
está en el control soberano de Jesús sobre cada detalle. Está orquestando el mensaje a sus
seguidores de que realmente cumple las implicaciones mesiánicas de la Pascua. Esto es aún
más cierto cuando celebran la comida en sí, ya que la liturgia de la Pascua apunta hacia su
cumplimiento en él.
Hay dos énfasis en el discurso de la Última Cena: la explicación de cómo su próxima
muerte en la cruz cumplirá las imágenes del pan y la copa de la Pascua (vv. 14–20), y la
predicción de que la traición de Judas fue profetizada por mucho tiempo y, de hecho,
cumple el destino mesiánico de Jesús (vv. 21–23). Esto lleva a un discurso sobre el
discipulado (vv. 24–38) como exigente humildad y perseverancia en tiempos difíciles.
Los eventos finales de este jueves crítico son Getsemaní y el arresto de Jesús. La
sumisión de Jesús a la voluntad del Padre como se ejemplifica en su oración en Getsemaní
demuestra a los discípulos cómo es la vida centrada en Dios (vv. 39–46). La vigilancia
personal y la fuerza espiritual fluyen de la vida de oración, y el desafío crítico (enfatizado
dos veces en los vv. 40, 46) es la oración como el antídoto para ser derrotado por la
tentación. Como resultado, en su arresto, Jesús está a cargo, no los romanos o los líderes
judíos (vv. 47–54).
Judas vende su alma (22:1–6)
La Pascua es una fiesta de ocho días que en realidad comprende dos festivales: la Pascua en
sí el viernes, seguida del Festival de los Panes sin Levadura de siete días. La Pascua celebraba
al ángel de la muerte “pasando” a los primogénitos de los israelitas, lanzando así el éxodo
de Egipto. Significaba la redención/liberación de la nación de la esclavitud. La celebración
fue el 14 de Nisan, el viernes de la semana de la pasión. La Fiesta de los Panes sin Levadura
(15–21 Nisan) conmemoraba la liberación de Egipto y de la esclavitud del pecado. La
levadura, un símbolo de pecado, debía ser eliminada, y Éxodo 12:19 ordenó: “Durante siete
días se abstendrán de tener levadura en sus casas”. Las dos fiestas prácticamente se
convirtieron en una sola fiesta durante la cual la gente reflexionó sobre la liberación de Dios
de la nación, ya que los números en Jerusalén aumentaron de una población de
aproximadamente setenta mil (Apocalipsis 11:13) a más de un cuarto de millón debido a los
peregrinos que venían de en todo el mundo judío.
Esto estaba a solo dos días de distancia, y los líderes se estaban poniendo ansiosos, ya
que todavía no se había presentado la oportunidad de arrestar a Jesús. Necesitaban
encontrar una manera de “acabar con Jesús”, porque más y más personas habían
comenzado a seguirlo. Sin embargo, “temían al pueblo” (también 20:19) porque cualquier
intento de arrestar a Jesús podría llevar a un motín en su nombre por parte de la gente. Lo
que sea que hicieron los líderes podría conducir a una catástrofe, y no sabían qué camino
tomar.
Satanás ahora entra en escena en la persona de Judas (22:3—en “Iscariote”, ver 6:16).
Es este ángel de la oscuridad quien organiza los eventos. Se nos dice que “entró en Judas”
aquí y otra vez en la Última Cena (Juan 13:27), un término para la posesión de demonios en
el Nuevo Testamento (Marcos 4:33; 5:12–13; Lucas 8:30; 11:26; Hechos 5:3). En otras
palabras, Satanás ha tomado el control de Judas y está dirigiendo sus acciones. Aun así,
Judas es completamente abierto y receptivo; no es una adquisición hostil.
Según Mateo 26:14–16 lo hizo por el dinero: treinta piezas de plata, el precio de un
esclavo según Éxodo 21:32. Era un ladrón que había estado robando dinero del bolso común
de los Doce (Juan 12:6). No era una buena persona tratando de obligar a Jesús a cumplir su
destino, como algunos evangelios apócrifos (como el Evangelio de Judas) y el musical
Jesucristo Superestrella han tratado de decir. Más bien, él era una herramienta voluntaria
de Satanás. En Juan 6:70, Jesús desde el principio etiquetó a Judas como “un demonio” -
“¿No los he elegido, a los Doce? Sin embargo, uno de ustedes es un demonio”.
Judas tomó la iniciativa y se dirigió a los líderes (22:4), diciéndoles cómo podía
“traicionar a Jesús” de tal manera que no causara revuelo entre la gente. Conociendo el
horario previsto de Jesús, sugirió un momento para el arresto que les permitiría llevarlo con
un mínimo de alboroto. Proporcionó información privilegiada que les permitiría la
oportunidad que querían cuando no hubiera multitudes. Los “oficiales de la guardia del
templo” eran los principales levitas en la policía del templo que los dirigía para proteger el
templo y mantener el orden.
Estos líderes judíos felizmente acordaron pagarle a Judas su precio inicial (ver arriba). Él
también había tomado la iniciativa aquí, como lo demuestra Mateo 26:14–16. Su alegría era
evidente, porque la presión había desaparecido. Judas haría todo el trabajo por ellos por
solo treinta piezas de plata. ¿Qué podría ser más simple? Con varias ideas en su cabeza,
Judas comenzó a buscar la “oportunidad” correcta y el momento en que Jesús y sus
seguidores estaban solos sin una multitud presente. Como sabemos, encontró ese tiempo
después de la Última Cena en el jardín de Getsemaní.
Los discípulos se preparan para la comida de pascua (22:7–13)
Los corderos de Pascua son sacrificados entre las 2:30 y las 5:30 p.m. el jueves, justo antes
de la comida en sí. A medida que se acerca la cena, cada familia pasa el día preparándose.
Sin embargo, antes de que podamos entrar en esto, debemos lidiar con una gran
discrepancia. En los Sinópticos, parece claro que esta es una celebración de Pascua (Marcos
14:12; Lucas 22:7). Sin embargo, Juan 19:14, 31, 42, parece colocar la crucifixión en el “día
de preparación”, y 18:28 tiene a los líderes judíos en el juicio posterior que desean evitar la
impureza ceremonial (aparentemente de la celebración de la Pascua). Esto parece una
discrepancia casi insoluble, y varios estudiosos recientes creen que la Última Cena no fue
una cena de Pascua, sino una comida preparatoria que se celebró el miércoles en lugar del
jueves, con Jesús crucificado el jueves.
Sin embargo, la evidencia de Marcos y Lucas es clara como el cristal. Cada detalle, la
reclinación en los sofás, la comida después del atardecer en lugar de la hora normal de la
tarde, el marco litúrgico, las interpretaciones de Jesús, todos apuntan a una comida de
Pascua. Entonces, ¿cómo podemos conciliar esto con Juan? Algunos han postulado un
calendario sectario como el que se siguió en Qumran, pero no hay evidencia de que Jesús
haya seguido tal cosa, y simplemente no resuelve el problema.
La mejor solución es reconocer que el “día de preparación” de Juan se orientó al “día de
reposo especial” de la semana de Pascua en lugar de ese viernes. Entonces, la cena de
Pascua mencionada en Juan 18:28 no es la verdadera cena de Pascua del jueves por la
noche, sino la comida de chagigah del viernes, también una comida de Pascua (lanzamiento
del resto de las comidas del festival de los próximos siete días). El temor de los sacerdotes
a la contaminación en Juan 18:28; 19:14 se refiere a la segunda comida de Pascua en la
mañana del primer día (viernes) de la Fiesta de Panes sin Levadura. Así, el “día de
preparación” se refirió a ese viernes, lo que resultó en la conclusión de que Juan y los
sinópticos están de acuerdo. Simplemente usan un lenguaje diferente para esas mismas
comidas de celebración. Para los cuatro Evangelios, la Última Cena fue el jueves por la noche
y la crucifixión fue el viernes.
Entonces, ese jueves por la mañana, Jesús envía a Pedro y a Juan a “hacer los
preparativos para que comamos la Pascua”. Un rabino y sus discípulos fueron considerados
una familia, con el rabino el padre de la familia. En Marcos y Mateo, los discípulos toman la
iniciativa, pero Lucas enfatiza a Jesús tomando el control soberano sobre la situación (como
en la entrada triunfal). Era importante conseguir una habitación porque Éxodo 12:3–4
ordenaba un ambiente familiar, y la tradición oral exigía que la comida de la Pascua se
consumiera dentro de los límites de la ciudad.
Jesús debía tener cuidado ya que los líderes lo estaban mirando y tratando de arrestarlo,
por lo que tenía que haber algo de secreto. En este caso, hubo una señal preestablecida. Un
“hombre que llevaba un cántaro de agua” (v. 10) era una vista inusual, ya que normalmente
las mujeres llevaban las vasijas de barro. Quería participar de la comida en paz e impartir
sus instrucciones sin ninguna interferencia oficial. Entonces el hombre con el cántaro de
agua los guiaría al aposento alto donde Jesús había hecho los arreglos para la celebración
de la Pascua.
La habitación en sí estaría “amueblada” (21:12) con sofás formando una V, siguiendo la
costumbre helenística de recostarse en las comidas festivas. Esto se convertirá en una base
de operaciones virtual durante las próximas semanas, ya que los discípulos se moverán
hacia adelante y hacia atrás desde la crucifixión hasta Pentecostés (Hechos 1:13–14 todavía
es este aposento alto).
Los preparativos fueron bastante importantes (22:13). Durante la tarde llevaban el
cordero al templo, donde los sacerdotes mataban al animal, atrapaban la sangre en cuencos
y la sacrificaban en el altar del templo. Luego los discípulos tomarían el cadáver y lo asarían
para la cena de Pascua de esa noche. Tenía que ser consumido por completo por la “familia”
presente. Los discípulos también prepararían las hierbas, el vino y el pan sin levadura para
la comida.
Jesús y los discípulos comen la comida de la pascua/última cena
(22:14–20)
El verdadero mensaje en esta escena es la reinterpretación de Jesús de la liturgia de la
Pascua, que normalmente leía el padre con su familia, como símbolo de su próxima muerte
en la cruz. Cuando a Israel se le dio salvación y liberación a través de la Pascua, Jesús
proporcionará la salvación eterna a través de su sacrificio expiatorio. Él y sus discípulos
comienzan reclinándose juntos en el arreglo V. Son un hogar, con él al pie de la V como jefe
de la casa.
Será útil proporcionar un orden de eventos para esta comida de Pascua:
1. Comienza con la bendición y la primera copa de vino.
2. Traen la comida: el pan, las hierbas, las verduras, la fruta guisada y el cordero.
3. El hijo mayor pregunta por la noche, y el padre responde con la historia del éxodo y
alaba a Dios desde la primera mitad del Hallel en el Salmo 113–15.
4. La familia participa de la segunda copa.
5. El pan es bendecido y distribuido, comido con las hierbas y frutas, luego explicado
por el padre.
6. La comida misma se come, con el cordero completamente consumido.
7. Se comparte la tercera copa y se canta la segunda mitad del Hallel, Salmo 116–18.
8. La cuarta copa se comparte, terminando la celebración.
Los discípulos piensan que esta será la celebración anual regular, pero Jesús quiere que
sepan que es especial, un evento que ha “anhelado” compartir y explicarles. Él claramente
cree que esto ayudará a sus seguidores a comprender mejor lo que viene y estar listo para
el evento traumático. El griego es muy fuerte, literalmente, “con el deseo que deseaba”,
expresando un deseo profundamente arraigado de compartir esta comida de Pascua y
todas sus implicaciones con sus discípulos. Varios estudiosos llaman a esto un “discurso de
despedida” en el que Jesús muestra cómo cumplirá el éxodo y las imágenes de la Pascua en
su “partida [literalmente, ‘éxodo’] (9:31)” durante su sufrimiento “en la cruz.
Existe cierto debate sobre si Jesús realmente participó de la comida con sus seguidores.
El “otra vez” en el versículo 16 (“No volveré a comerla”) no está en el griego, y algunos leen
esto como Jesús diciendo que no comerá ningún alimento hasta su segunda venida. Sin
embargo, estoy de acuerdo con quienes leyeron el versículo 15 diciendo que Jesús tenía la
intención de participar de la cena de Pascua con los discípulos, por lo que el “nuevo” se
justifica como parte de la traducción.
Lo que le está diciendo a sus seguidores es que esta es su celebración final de la Pascua
hasta que “se cumpla en el reino de Dios”. De hecho, esto fue un gran impulso del festival
de la Pascua, esperando la finalización de la redención/salvación iniciada en el éxodo
original, cuando llegue el reino final de Dios. Jesús dice que el verdadero cumplimiento de
esta expectativa vendrá a través de la cruz y luego su parousia. Su próxima comida no será
hasta el banquete mesiánico (Apocalipsis 19:6–10). Esta comida de Pascua se cumple
primero en su muerte y resurrección y luego en su regreso, cuando establecerá el reino final
de Dios. Algunos encuentran en “cumplimiento” una referencia a la celebración eucarística,
pero tiene más sentido que esto señale la parousia.
En el versículo 17 Jesús comienza los dichos de la copa y el pan. Como vimos
anteriormente, hay cuatro tazas durante la comida. Aparentemente, esta es la primera copa
y es exclusiva de Lucas. Marcos comienza con la tercera copa. Jesús se niega a participar,
pero en cambio lo distribuye a los discípulos. Él habría comenzado con oración y acción de
gracias: “Benditos ustedes que crearon el fruto de la vid”, y luego les ofreció a los discípulos
una copa común: “Tomen esto y repártanlo entre ustedes”. Luego se distribuyó, y todos
participaron después de que Jesús, el padre de la “familia”, lo tomó por primera vez.
Luego, en el versículo 18, Jesús hace un segundo voto de abstenerse después del
versículo 16. Muchos consideran que Jesús no participó del vino aquí, sino que se lo pasó a
los demás, pero estoy de acuerdo con aquellos que piensan que lo hizo hasta la cuarta copa.
Al final de la comida y luego se abstuvo. Él declara su intención dos veces desde el principio
para decirles a sus seguidores que esta es una celebración de Pascua única que apunta a su
muerte y resurrección y luego a su inauguración del reino eterno en la consumación de la
era. Él quiere que se den cuenta de su dedicación a su destino mesiánico. Esta comida es
preparatoria para su verdadero doble propósito, su éxodo final y la liberación de sus
seguidores para la salvación de Dios a través de la cruz y su posterior venida para establecer
el reinado final de Dios sobre este mundo.
Antes de poder discutir los versículos 19–20, tengo que resolver un problema crítico de
texto complejo y difícil. La tradición del texto occidental (Codex Bezae y algunos
manuscritos latinos antiguos) omite los versículos 19b–20, y algunos lo aceptan, ya que
forma una lectura más difícil y menos probable como una de las que se denominó “no
interpolaciones occidentales”, lo que significa que más tarde escribe más probablemente
material adicional agregado en lugar de eliminar esta lectura importante. Sin embargo,
existe una evidencia tan superior para la lectura más larga (𝔓75 אA B C W Byz, etc.) que la
mayoría de los académicos aceptan la lectura más larga como la original.
El mayor problema es la posible presencia de dos tradiciones en los cuatro pasajes de
las Escrituras, con Lucas aquí y 1 Corintios 11:24–25 agregando “hagan esto en memoria de
mí” y “el nuevo pacto en mi sangre” a lo que algunos consideran tradición original en
Marcos 14:24 y Mateo 26:28, “mi sangre del pacto”. Muchos creen que Lucas y Pablo
agregaron este material para introducir los efectos del sacrificio de sangre de Jesús en las
imágenes. Sin embargo, las diferencias no son tan significativas como dicen y se deben a la
naturaleza perifrástica de los Evangelios. Todo aquí vuelve a Jesús y es auténtico.
Estas palabras aparecen más tarde (pasos 5–6 anteriores) al participar del cordero
pascual, que se ha servido, pero aún no se ha comido. El padre bendice el pan, lo parte y se
lo pasa a los miembros de la familia. Esto generalmente se hacía en silencio, pero Jesús
interpreta (el primer dicho, el pan) debido a la naturaleza crítica de las imágenes a la luz de
su inminente muerte sacrificial. Luego la comida se consumió entre los dos dichos. Después
de la comida se bendice la tercera copa (paso 7), y nuevamente Jesús agrega su
interpretación midrashica (el segundo dicho, la copa). Por lo tanto, los dos dichos estaban
realmente separados por la comida misma.
Al compartir el pan (22:19) los cuatro verbos (tomó, dio gracias, partió, dio) se refieren
a ese punto en la comida (paso 5) cuando el padre/rabino se preparó para la comida. Su
reinterpretación introduce una nueva comprensión al ver las imágenes del pan realizadas
en su cuerpo. Se le ha dado demasiado peso al verbo “ser”, estin, que se convierte en la
base de la visión de transubstanciación de los católicos romanos, de modo que el pan y la
copa se convierten literalmente en el cuerpo y la sangre reales del Señor. Incluso algunos
eruditos jesuitas admiten que Jesús no pronunció el verbo; él habría estado hablando en
arameo, donde el verbo “ser” normalmente se omite en tales oraciones. Además, en el
griego el verbo significa mejor “significar, representar, simbolizar”, por lo que se traduce
mejor: “Este pan representa mi cuerpo dado por ti”. El “cuerpo” se ve mejor como la
“persona completa”, refiriéndose al cordero pascual que debe consumirse por completo.
Hay un sabor de sacrificio en el conjunto. “Dado por ti” se agrega a la versión de
Marcos/Mateo y presta un impulso indirecto y sustitutivo que recuerda a Marcos
10:45/Mateo 20:28. Jesús ve su próxima muerte en la cruz como un sacrificio expiatorio
“por” los pecadores, lo que resulta en el perdón de los pecados. También podría haber un
golpe de martirio, ya que hyper (porque) tiene ese matiz en 2 Macabeos 7:9; 8:21.
“Hagan esto en memoria de mí” enfatiza esto como una comida conmemorativa. Como
en 1 Corintios 11, los detalles de la comida conmemoran el cuerpo y la sangre de Jesús,
entregados para la salvación de todos y cada uno de nosotros. El pan partido conmemora
su cuerpo partido, y el objetivo de la celebración eucarística en la iglesia es recordar todo
lo que logró en la cruz en nuestro nombre. Este recuerdo es doble, primero de la liberación
de Dios en el éxodo, y luego en esa mayor liberación en la cruz.
Luego “después de la cena” (22:20) Jesús tomó la tercera “copa de acción de gracias” (1
Corintios 10:16) y también la reinterpretó. El “nuevo pacto en mi sangre” alude a la profecía
del nuevo pacto de Jeremías 31:31–34, que refleja la ceremonia del antiguo pacto de Éxodo
24:8, cuando Moisés tomó la sangre del sacrificio de doce bueyes y la roció sobre el altar. y
sobre la gente. Ahora la sangre de Jesús es la base del “nuevo pacto”, que trae la salvación
de Dios a las naciones. Este punto tiene un significado enorme, porque significa que el
nuevo pacto que inaugura la nueva era se inicia con la muerte de Jesús, el Cordero sacrificial
de Dios.
Esta sangre es “derramada por ustedes”, en alusión a Isaías 53:12, “derramó su vida
hasta la muerte … y … llevó el pecado de muchos”. Nuevamente, se destaca la naturaleza
expiatoria del sacrificio de Jesús. Además, esto se hace como un sacrificio “para usted”, un
punto de enorme importancia. Aquí tenemos el pasaje principal en Lucas sobre la muerte
de Jesús como sacrificio expiatorio por el pecado. Curiosamente, solo aquí y en Hechos
20:28 hay pasajes en Lucas que declaran la naturaleza sacrificial de la muerte de Jesús por
el perdón de los pecados. Aun así, el énfasis está en los resultados de su muerte por la
salvación de la humanidad.
Jesús predice su traición (22:21–23)
Para obtener una imagen completa de cuán central es esta profecía, necesitamos unir los
cuatro Evangelios. Lucas tiene el que tiene lugar después de que termina la comida, pero
en realidad este tema impregna la escena de la cena. La primera indicación de traición
realmente ocurrió cuando se reclinaron por primera vez y antes de que se sirviera algo
(Mateo 26:21–23; Marcos 14:18–20). En ese momento, Jesús les dice que el traidor es uno
que moja el pan con Jesús, por lo que el problema pasa a la comida misma. En Juan 13:18–
30, el tema domina la interacción, y Jesús le da un pedazo de pan a Judas, en cuyo momento
Satanás entra y él se va. Parece que Juan contradice al testigo sinóptico, con Judas saliendo
durante la comida. Esto es innecesario: como varios eruditos han señalado, Lucas organiza
su material por vía tópica en lugar de cronológicamente y deja a un lado la traición hasta
que se haya cubierto la comida, probablemente para conectarlo con el fracaso del resto de
los discípulos en los versículos 24–30.
La traición de Judas es un tema dominante, que surge una y otra vez durante la comida.
La razón es evidente aquí. El trabajo de Satanás en Judas y la terrible serie de eventos que
desata en realidad prueban el control completo de Dios. En la superficie parece un giro
devastador de los acontecimientos, pero mire cuidadosamente cómo Lucas cuenta la
historia. El horror de esto se presenta primero, “la mano del que me va a traicionar está con
la mía sobre la mesa” del pan, las hierbas y la fruta. En medio de este símbolo de liberación
y éxodo habita la traición total. El hecho de que Judas participó en esta celebración de
liberación (la suya será una terrible “liberación”) subraya el horror de la situación. El
sacrificio supremo de Jesús contrasta directamente con la traición definitiva de Judas. La
alegría de la comunión en la mesa se ha corrompido, porque la noche en que Israel celebró
la liberación de la nación en el éxodo, Judas estaba conspirando para “entregar” a Jesús a
sus enemigos.
Sin embargo, en el siguiente aliento, Lucas nos dice lo que realmente estaba sucediendo
aquí: “el Hijo del hombre se irá según está decretado”. ¡Ni Satanás ni Judas están a cargo!
Dios tiene el control absoluto y lo ha estado por siglos. “se irá” es un presente futurista, “va
a proceder”; en otras palabras, el futuro está asegurado por Dios. “Según lo decretado” es
el divino pasivo hōrismenon, “como Dios lo ha ordenado”. La traición fue profetizada siglos
antes (ver Mateo 27:9; Marcos 14:27, “como se ha escrito”), y está teniendo lugar no como
Satanás lo planeó, sino como Dios lo ha predestinado. Cada decisión que ha tomado Judas
ha estado de acuerdo con la voluntad de Dios, y al igual que Satanás ante la tentación de
Jesús (Lucas 4), él es simplemente una herramienta utilizada para lograr el propósito divino.
Al mismo tiempo, Judas tomó la decisión de entregar a Jesús a sus enemigos y se declara
culpable ante Dios: “¡Ay de aquel hombre que lo traiciona!” Hay un juego de palabras entre
“Hijo del hombre” y “hombre”, que establece un vínculo entre el destino de Jesús y el de su
traidor. El destino de Judas es el castigo eterno. Para “ay”, véase 6:24.
De manera típica, los discípulos, en total confusión, reflejan su horror al discutir sobre
cuál de ellos podría estar hablando Jesús (22:23). Es sorprendente que Judas haya podido
ocultar su avaricia tan bien de ellos. En todo ese tiempo uno pensaría que alguien lo habría
notado robando del bolso común que había cuidado (Juan 12:6). Algunos de ellos incluso se
preguntaron si podrían ser ellos (Mateo 26:22).
Los discípulos están preocupados por la grandeza (22:24–30)
Por segunda vez (ver 9:46), los discípulos siguen la discusión de Jesús sobre su muerte
venidera con sus propias preocupaciones egocéntricas sobre su futura grandeza. Como
Jesús había señalado a los peores entre ellos, esto podría haber estimulado la especulación
sobre quién era el mejor de ellos. Así, dos pecados similares, la traición y la lucha egoísta
por la grandeza, se presentan en escenas sucesivas. El egocentrismo siempre ha afectado a
la iglesia, ya que pastores, músicos y académicos compiten por ser vistos como los mejores.
Definición de grandeza (22:24–27)
Al comenzar este pasaje, tenga en cuenta el énfasis en “considerado” en el versículo 24: se
trata de la percepción de otras personas. A los discípulos no les preocupaba quién era
realmente el más talentoso, sino quién creía que las personas que los rodeaban eran los
mejores. De los otros Evangelios sabemos que esta fue al menos la tercera vez que esto
surgió (Marcos 9:33; 10:41), y cada vez que se irrita en comparación con el corazón de siervo
de Jesús.
La respuesta de Jesús (22:25–27) muestra la secularidad de tales preocupaciones. Todos
debemos esforzarnos por ser los “mejores” que podemos ser, pero nunca nos importa que
las personas nos perciban como “mejores” que los que nos rodean. En Marcos 10:35–45
fueron Santiago y Juan quienes quisieron esto, pero ahora el virus los ha afectado a todos.
Su primer comentario recuerda Marcos 10:42 y tiene dos partes, ya que Jesús en ambas las
compara con la mentalidad pagana. Los judíos se irritaron bajo el dominio romano, por lo
que esta fue una crítica devastadora. Al igual que los reyes romanos, a los discípulos les
encantaba “dominarlo” y “ejercer autoridad sobre” otros. El deseo de poder sobre los
demás es increíblemente seductor, y los discípulos han mostrado esta tendencia en varias
ocasiones (9:40, 49, 54; 18:15). Irónicamente, el título de “Benefactor” fue muy buscado
por estos mismos tiranos como Augusto, Nerón o Vespasiano. Los ricos darían grandes
obsequios a las ciudades y templos para que la gente los alabe y les otorgue honores cívicos.
Los discípulos le recordaron a Jesús a tales líderes egoístas.
El mensaje es claro. Su estilo de liderazgo es “no ser así” (22:26). La idea de liderazgo de
los paganos es la antítesis absoluta de los corazones sirvientes de Dios y de Cristo. He visto
tantos pastores y líderes cristianos que fueron dictadores de sus propios feudos pequeños;
Esto enferma la mente de Cristo. Hay dos reversiones en las palabras de Cristo a sus
discípulos. Primero, “el mayor debe comportarse como el menor, y el que manda como el
que sirve”. El “mayor” tenía todo el estatus y el prestigio, por lo que el “menor” significa
tomar deliberadamente el lugar de menor posición. Jesús exige una reevaluación completa
de las formas del mundo entre sus seguidores. Claramente, esta es una lección que la iglesia
aún no ha aprendido.
A la luz de esto, la segunda inversión tiene lugar cuando el líder se convierte en el
sirviente, definitivamente destinado a los “líderes” cristianos (Heb 13:7, 17, 24), quienes
deben ser conocidos por su servicio y compasión por los demás. Conozco a un famoso
predicador de hace muchos años a quien no se le permitió saludar a la gente en la puerta
debido a su actitud grosera y egocéntrica. Uno se pregunta si incluso se le debería haber
permitido predicar. Este hombre llenó la iglesia, pero no tenía habilidades ministeriales ni
corazón. En ambos ejemplos, la humildad es la norma. Ninguno de nosotros se atreve a
permitirnos sentirnos importantes. Cada logro es en realidad un regalo de Dios por el bien
de la iglesia y para su gloria.
Para una ilustración (22:27) Jesús usa a la persona importante que es atendida en la
mesa versus la que sirve a las personas prestigiosas. Mientras que en el orden mundial es
obviamente el que está “en la mesa”, Jesús deja en claro que “yo estoy entre ustedes como
uno que sirve” (como en el lavado de pies de Juan 13:1–17). Su pregunta es clara: ¿seguimos
el camino del mundo o el de Dios? ¿El sirviente o el huésped rico? El modelo de Jesús asume
deliberadamente que el rol de sirviente es el patrón para el pueblo de Dios, una inversión
distinta de la norma social y del pensamiento de los discípulos en el versículo 24.
El papel futuro de los discípulos (22:28–30)
Como sus siervos serán grandes, Jesús se vuelve hacia el gran futuro reservado para sus
siervos. La base de su grandeza radica en si “me han apoyado en mis pruebas”. A lo largo
de su ministerio (no solo durante la semana de la pasión) se han mantenido a su lado y lo
apoyaron incluso cuando fueron atacados por los líderes judíos. Obviamente, también le
han fallado en muchas ocasiones, como lo harán muy pronto cuando lo abandonen en su
arresto. Sin embargo, en general se han mantenido fieles, y él está satisfecho con ellos. Este
es un recordatorio importante para nosotros de que los fracasos pueden ser perdonados.
En todo momento debemos esforzarnos por minimizar tales derrotas.
Jesús identifica la recompensa por su fidelidad en [Link] “un reino, así como mi Padre
me lo concedió a mí”. Esta es una forma interesante de decirlo, casi (pero no del todo) como
si su reino fuera diferente pero similar al reino de Jesús. Dios le ha otorgado o asignado a
Jesús un reino, sin duda el futuro reino mesiánico, y Jesús ahora lo confiere o lo asigna a sus
seguidores. Su autoridad apostólica y su reino son una extensión de la suya. El verbo
diatithemai es un afín de diathēkē, “pacto” e introduce un nuevo tema de pacto (véase
22:20). Jesús trae a sus discípulos con él a la nueva era, la nueva realidad del pacto. Él es el
Señor del reino de Dios, que ha llegado con él, y ahora entrega esa porción terrenal de su
reino a los discípulos y les da autoridad como enviados, o apóstoles (6:12–16).
Jesús enfatiza dos resultados aquí (22:30): los Once (menos Judas) compartirán la
comunión de mesa en el banquete mesiánico con él en su reino, y se sentarán como jueces
en tronos sobre las doce tribus de Israel. Han sido sirvientes del rey, y ahora se sientan en
honor a su mesa (12:35–37; 14:15–24). Con el paralelo en Mateo 19:28, esto enseña que
compartirán la función de Jesús como gobernante y juez en el nuevo reino, paralelamente
al santo consejo de ángeles en el cielo. Hay una pregunta si esto está reinando sobre el
nuevo Israel o el papel milenario del juicio sobre Israel en el escatón. Ambas pueden ser
intencionadas (compárese con 1 Corintios 6:2; Ap. 3:21; 20:4). Refleja el Salmo 122:4–5,
que habla de “tronos para juicio, los tronos de la casa de David”, cuando se restablezca la
paz en Jerusalén. Es otro caso del ya y aún no, el ya de gobernar sobre la iglesia como el
nuevo Israel ahora y el aún no del reinado eterno en el reino de Dios.
Jesús anuncia la negación de Pedro (22:31–34)
Los Evangelios sinópticos resaltan la próxima deserción de los Doce junto con la negación
de Pedro (Marcos 14:27–31; Mateo 26:31), pero Lucas ni siquiera menciona el primero y
convierte el fracaso venidero de Pedro en una instancia de guerra espiritual. El uso del doble
nombre “Simón, Simón” resalta la naturaleza personal del ataque. Satanás ha señalado a
Pedro como el líder de la banda apostólica, probablemente planeando llegar a los demás a
través de él. Esto se indica con el plural “ustedes”, que muestra que todos los seguidores
de Jesús están en mente.
El verbo (exaiteomai) significa no solo pedir sino también recibir lo que se solicita. Lo
crítico aquí es que Satanás no tiene derecho a tamizar a Pedro por su cuenta. Tiene que
recibir el permiso de Dios. Al igual que con la tentación de Jesús en 4:1–13, él es en realidad
una herramienta de Dios para probar a Pedro (y a todos los demás). La metáfora de tamizar
trigo representa una sacudida violenta destinada a desalojar la paja, para romper a Pedro
espiritualmente. Cuando Satanás afligió y probó a Job en Job 2, busca sacudir a Pedro y
derrotarlo.
Sin embargo, mientras Satanás ha pedido y recibido permiso para tentar a Pedro, Jesús
está intercediendo con Dios con un efecto mucho mayor en nombre de Pedro (22:32),
orando “para que su fe no falle”. Satanás es un ser poderoso, un “león rugiente” que quiere
“devorarlo” (1 Pedro 5:8), pero las oraciones de Jesús anulan sus actividades nefastas y
permiten que el pueblo de Dios venza, como será el caso de Simón Pedro. Este es un pasaje
increíblemente importante y debe tenerse en cuenta cada vez que lidiemos con problemas
de guerra espiritual. Satanás no tiene libre acceso a nosotros, pero está en todo momento
bajo el control y el poder de la Trinidad divina. A medida que los poderes demoníacos nos
prueban, Cristo intercede por nosotros, y debemos entregarnos al cuidado vigilante de
Cristo y el Espíritu para ser “más que vencedores” (Ro. 8:37). La fuerza está ahí para
permitirnos “no fallar”, y solo tenemos que participar de ella.
Cuando Simón ha ganado la victoria (véase 22:54–62 y especialmente Juan 21:15–17),
Jesús le asigna una tarea: “Cuando hayas regresado, fortalece a tus hermanos”. Los demás
fracasarán tan drásticamente como Simón y necesitarán su ayuda arrepintiéndose y
volviendo a caminar con Cristo. El “retroceso” significa que, a través de la intercesión de
Cristo, Pedro no fallará por completo. Experimentará la derrota, pero no será el completo
fracaso espiritual y la apostasía que Satanás quiere. Como en Santiago 5:19, él “vagará de
la verdad”, pero Cristo lo volverá “del error de [su] camino” y “cubrirá una multitud de
pecados”. Después de haber regresado a Cristo, debe tomar esa victoria y compartirla con
sus compañeros discípulos, otro importante principio cristiano. Nuestra responsabilidad es
en todo momento tomar nuestras lecciones de vida y compartirlas con otros para que
puedan crecer en Cristo con nosotros. Simón Pedro realmente hará esto y se convertirá en
la “roca” que dirige la iglesia.
Pero el fanfarrón de Simón se hace cargo, y hace su típica promesa precipitada: “Señor,
estoy dispuesto a ir contigo tanto a la cárcel como a la muerte” (22:33). Aun así, ahora se
da cuenta de lo que Jesús ha estado diciendo y de la grave situación que enfrentan. Esta
afirmación audaz resulta ser falsa, pero en cierto sentido es una profecía para la banda
apostólica, que enfrentará encarcelamiento y muerte a menudo en el futuro cercano
(Hechos 4:3; 5:18; 12:1; 16:23; 22:4; 26:10). No pudo cumplir esto en esta ocasión, pero
Pedro sería martirizado por Nerón. (La tradición dice que fue martirizado al revés).
Jesús responde con su famosa profecía: “antes de que cante el gallo, tres veces negarás
que me conoces” (22:34). Esto ocurriría unas horas después, como veremos en 22:54–62.
La triple negación enfatiza el alcance de la falla. Solo Lucas agrega “que me conoces” para
hacer que la profecía sea aún más explícita y severa. Pedro ha estado actuando como un
gallo tonto coronando su próxima victoria, por lo que es lógico que un gallo cantando
anuncie su fracaso a todos.
Los discípulos deben estar preparados (22:35–38)
Para alentarlos, Jesús recurre a sus misiones anteriores y les recuerda cuán minuciosamente
Dios los había cuidado antes. En ambas misiones, se les había ordenado no llevar consigo
monedero, bolso o sandalias (9:3; 10:4) y confiar completamente en Dios en lugar de ellos
mismos. Fueron vigilados por Dios y atendidos por las personas que fueron enviados a
discipular, y ambas misiones tuvieron bastante éxito. El mismo Señor que los cuidó en ese
momento continuará haciéndolo en este momento de crisis.
La situación es lo suficientemente desesperada como para que Jesús esté cambiando
sus instrucciones anteriores (22:36–37). “Pero ahora” enfatiza la situación cambiante
cuando los métodos anteriores ya no serán suficientes. No habrá nadie que los cuide, y
están solos. Ahora necesitan llevar un monedero y una bolsa con ellos, para cuidarse en un
ambiente hostil. Anteriormente, las fuerzas desplegadas contra ellos eran ocasionales, pero
ahora están organizados y obsesionados con destruirlos. Los seguidores de Jesús
necesitarán toda la ayuda que puedan conseguir.
Sorprendentemente, agrega: “Y el que nada tenga, que venda su manto y compre una
espada”. Algunos han interpretado que esto significa que Jesús es un zelote que insta a la
insurrección armada, pero eso va en contra de todo lo demás sobre él y su ministerio
espiritual en los Evangelios. En 22:49–51 rechaza el intento de los discípulos de levantar sus
espadas, por lo que esta visión no es posible. Otros han dicho que tiene la intención de que
las espadas sean solo para protección defensiva, pero el corte del oído del esclavo en el
versículo 50 es exactamente eso, por lo que Jesús no quiere ningún juego de espadas. Lo
más probable es que la orden de comprar espadas se signifique simbólicamente como una
señal conmovedora para prepararse para la terrible crisis que se avecina. Las espadas son
una metáfora de las condiciones difíciles y peligrosas que enfrentarán a partir de ese
momento. Esto se prueba en el versículo 38, cuando dice que dos espadas son “suficientes”;
claramente no tiene en mente la lucha literal contra los romanos. Más bien, está diciendo
que deben estar preparados para todos los momentos difíciles que van a experimentar, no
solo en los días venideros sino en su futura misión. La suya sería una guerra espiritual, y
como en Efesios 6:10–17 necesitan “la armadura completa de Dios” para combatirla.
Para enfatizar esto aún más, Jesús lo ancla en su propia misión al cumplir Isaías [Link]
“Y fue contado entre los transgresores” (22:37). Él ve esta profecía cumplida en su próxima
pasión y luego define lo que sus seguidores compartirán con él en una “participación en sus
sufrimientos” (Filipenses 3:10). Jesús será el siervo sufriente de Yahveh. “contado entre los
transgresores” no solo representa su crucifixión entre dos delincuentes, sino que define la
secuencia completa de eventos desde su arresto hasta su muerte en una cruz. Su punto es
que todo esto ahora está listo para cumplirse, con el destino de Jesús “completado” (el
significado de “cumplido”) en la cruz. Implícitamente, también dice que sus seguidores
compartirán este rechazo final y deben estar listos.
Los discípulos malinterpretan lo que está diciendo literalmente y por eso informan con
alegría: “Mira, Señor, aquí hay dos espadas” (22:38). Su respuesta muestra lo poco que
realmente entienden. Probablemente estén pensando que los ejércitos del cielo pronto
surgirán del cielo para luchar en la guerra mesiánica final y destruir a los romanos. Sus
mentes casi no tienen componente espiritual en este momento, y están encerrados en sus
falsas percepciones. La respuesta de Jesús se traduce perfectamente en la NVI: “¡Eso es
suficiente!” Los discípulos podrían entenderlo como diciendo “dos son suficientes”, pero en
realidad lo dice como una reprimenda: “¡Basta!” Tiene la intención de detener sus
percepciones erróneas (como en Dt. 3:26).
Jesús ora en el Monte de los Olivos (22:39–46)
Es Mateo quien llama al jardín “Getsemaní” (26:36), y Juan quien nos dice que era un olivar
(18:1). Lucas también abrevia los tres ciclos de Marcos, dándonos solo uno y agregando el
punto de un ángel ministrando a él (v. 43). La comida ha terminado, y Jesús y los discípulos
han salido de la ciudad al Monte de los Olivos. Que “salieron como de costumbre” significa
que hicieron esto todas las noches y durmieron toda la noche en la casa de Lázaro en
Betania o en el olivar. Como se indica en 21:37, él y su equipo a menudo pasaban la noche
allí. Jesús pasó noches enteras en oración allí.
Exhortación a orar (22:39–40)
En Marcos 14:34, la oración de Jesús es primero; aquí sus instrucciones a los discípulos son
las primeras. Como en la Oración del Señor (11:4), deben orar por fuerza sobre la tentación:
“Oren para que no caigan en la tentación” (22:40). Esto se repetirá en el versículo 46 y
también lo es el énfasis principal en la versión de Lucas. También hay un juego de palabras,
ya que peirasmos significa “prueba, prueba” y la tentación que viene con ellas (ver Stg. 1:3–
5 [prueba] y 13–15 [tentación]). La principal preocupación de Jesús no es por su propia
experiencia, sino por la de ellos. La frase que usa es “caer en la tentación” y también fue el
tema en 8:13 y 11:4. La oración es el antídoto que convierte la tentación de una prueba en
una prueba, en otras palabras, que proporciona la fuerza para salir victorioso cuando
Satanás está tratando de “tamizarlos a todos como trigo”. Esto también es paralelo a [Link]
“Oren para que puedan escapar de todo lo que está por suceder”. Con la oración estamos
fundados en Dios y encontramos la fuerza para soportar las difíciles pruebas que sufrimos.
La oración personal de Jesús (22:41–42)
Jesús se aleja un poco de los demás para estar un poco solo y se arrodilla en el suelo (los
otros “caen al suelo”) en humildad a su Padre. Su apertura, “Padre, si estás dispuesto”
reconoce que lo que importa no son sus deseos sino la voluntad de su Padre, y se está
sometiendo a ellos. Si Jesús el Hijo de Dios se rinde tanto a la voluntad predestinada de su
Padre, ¿cuánto más debemos nosotros? Esta es una de las principales lecciones de oración
de las Escrituras. Tenga en cuenta el increíble contraste con la erupción de Pedro, “Estoy
listo” (22:33).
El deseo personal de Jesús (¿cómo podría no ser?) Es que el Señor “no le hiciera beber
este trago amargo”. En el Antiguo Testamento, la copa a menudo se refiere a la ira de Dios
y luego se convirtió en un eufemismo para el sufrimiento. Algunos dicen que esto
demuestra un temor al dolor físico de la cruz, pero eso no es tan probable como un
retroceso de la alienación de Dios debido a que se convirtió en pecado por nosotros. Esto
podría estar relacionado con el grito de abandono, “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has
desamparado” (Marcos 15:4) y con “despreciar su vergüenza” en Hebreos 12:2.
Humanamente preferiría no tener que someterse a esta prueba suprema. “Pero” (plēn; NVI:
“aunque”) es un término importante aquí. A pesar del deseo humano de Jesús, se rinde a la
mayor voluntad de Dios.
Cada uno de nosotros debe orar regularmente lo que yo llamo la “oración de
Getsemaní”: “Pero, no se cumpla mi voluntad, sino la tuya”. La sumisión a la mayor
sabiduría y voluntad de Dios está en el corazón del compromiso espiritual. Nuestra vida de
oración siempre debe ser honesta, pero siempre debemos ser conscientes de que mientras
Dios escucha nuestras peticiones honestas, siempre hace lo que es mejor para nosotros (Ro.
8:28), y debemos desear esto más profundamente que nuestro necesidades personales Esta
es una oración modelo al mismo nivel que la Oración del Señor en 11:2–4.
Fortalecido desde el cielo (22:43–44)
Hay un problema importante de texto crítico con 22:43–44, ya que una gran cantidad de
manuscritos antiguos han omitido esta porción (𝔓75 א1 BATW y varias otras), con el
resultado de que muchos descartan estos versículos como la lectura más corta y menos
probable. Sin embargo, * אD K L Byz y otros los incluyen, incluyendo una mezcla de familias
de texto, y encajan bien con el estilo de Lucas. Estoy de acuerdo con aquellos que los
aceptan con cautela y procederé sobre esa base.
Así, Lucas es el Evangelio que nos dice que un ángel vino a Jesús en su angustia y “lo
fortaleció”. Eso es profundamente significativo, ya que cuando Jesús ora por sus seguidores
y los fortalece (22:32), un ángel ha venido a fortalecerlo en su momento de necesidad. Este
es claramente un punto de inflexión en la historia de la pasión, y todos los poderes del cielo
están dispuestos a su alrededor, con Satanás y sus secuaces muy activos (compárese con
Juan 12:31; 14:30–31; 16:11), y son contrarrestado por Dios y sus ángeles. Nuevamente,
Jesús es el modelo para nosotros. Si necesitaba un fortalecimiento celestial, ¿cuánto más
necesitamos nosotros?
Ahora vemos su agonía del alma (22:44). A pesar de la presencia del ángel, él está
“angustiado” y ora “más fervientemente, y su sudor era como gotas de sangre cayendo al
suelo”. Cuanto más intensa sea la prueba, más intensa debería ser la oración que lo pone
todo en las manos de Dios. La ansiedad de Jesús (in agōnia) a veces se ha interpretado como
miedo, pero eso es poco probable a la luz de los versículos 42–43. Esto es ansiedad en medio
de un juicio serio. Esto representa su intenso esfuerzo en la oración, una fuerte metáfora
de la ansiedad profundamente arraigada. Su sudor es como gotas de sangre, por lo que esto
no indica hematidrosis literal (el nombre de la condición en la que la sangre exuda a través
de los poros de la piel). Podría haber otra metáfora que señalara el derramamiento de su
sangre en la cruz, pero esto nunca se puede saber con certeza.
Advertencia adicional para orar (22:45–46)
En el área que Cristo les enseñó en Getsemaní, la oración perseverante, los discípulos
habían fallado. Jesús, después de ganar la victoria sobre sí mismo, regresó a ellos, solo para
encontrarlos profundamente dormidos, “agotados por la tristeza”. En Mateo 26:40
pregunta: “¿No pudieron mantenerse despiertos conmigo ni una hora?” Es Lucas quien nos
dice que fue la tristeza la que los agotó. El impacto de la propia agonía del corazón de Jesús
se transmitió a ellos, y aunque apenas se dieron cuenta de las implicaciones, sabían que
pronto sería arrestado. El alcance total de esa comprensión estaba empezando a
desgastarlos. Como veremos pronto, esta fue una pena mezclada con el miedo de su propia
seguridad.
Jesús concluye repitiendo el tema principal, “oren para que no caigan en tentación”. Sin
la oración no hay posibilidad de suficiente fuerza espiritual para superar las presiones y
ansiedades de la vida. Los discípulos lo demostrarán en la próxima escena. Huir del juicio,
como intentarán hacerlo, no es una respuesta, ya que es una derrota en sí misma. Más bien,
debemos enfrentar nuestras dificultades de manera directa y perseverar debido a la
presencia poderosa de Cristo y el Espíritu en nuestras vidas, y esto solo ocurre a través de
la oración continua.
Jesús es arrestado (22:47–53)
Judas sabía dónde estarían Jesús y los otros discípulos, ya que pasaban sus noches allí.
Conducir a la policía del templo hasta allí era fácil, y con ellos había un grupo de jefes de los
sacerdotes y ancianos, probablemente del Sanedrín. Solo Juan menciona a las tropas
romanas (18:3, 12) que estaban allí para asegurarse de que no se desataran disturbios.
Como era de noche, había acordado que elegiría a Jesús para ellos con un beso de saludo.
Un rabino a menudo sería recibido con un beso de respeto en la mano. Es una ironía trágica
que el beso de respeto se haya convertido esa noche en un beso de traición. Marcos 14:45
hace que Judas realmente bese a Jesús. Lucas solo tiene la intención, posiblemente de
resaltar el desafío de Jesús en el próximo verso.
Por supuesto, Jesús sabía exactamente lo que estaba haciendo Judas y lo había predicho
en la Última Cena (22:21–22). Entonces él identifica exactamente lo que está sucediendo,
“Judas, ¿con un beso traicionas al Hijo del hombre?” (22:48) Este saludo oriental que
significa amor y preocupación ha sido incongruentemente revertido en un acto de traición.
El uso del título del Hijo del Hombre vincula esto con las predicciones de pasión de 9:22, 44;
17:24–25; 18:31–33, demostrando que esto no fue solo un acto de perfidia sino parte del
plan soberano de Dios. Mateo 27:9–10 (Zac. 11:12–13) y Juan 13:18 (Salmo 41:9) muestran
que esta traición es en realidad un cumplimiento de profecía, y Dios lo consideró parte de
sus propósitos divinos.
La pregunta precipitada que hacen los discípulos en el versículo 49 (“Señor, ¿atacamos
con la espada?”) Demuestra su mentalidad. Probablemente creyeron que la guerra
mesiánica final estaba a punto de comenzar y pensaron que Jesús les había dicho que
trajeran espadas (22:36, 38) para prepararlos para esto. De hecho, su pregunta en griego
espera la respuesta sí (“Deberíamos, ¿no deberíamos?”), Lo que significa que estaban
seguros de que ese era el caso y que los ejércitos angélicos del cielo llegarían pronto. Se le
permitió llevar espadas con fines defensivos el día de reposo y otros días festivos (1 Mac.
2:34–36), y ese es el caso aquí.
Lucas nos dice que uno de los discípulos “golpeó al siervo del sumo sacerdote y le cortó
la oreja derecha” (22:50). Juan 18:10 nos dice que fue Simón Pedro y que el esclavo se
llamaba Malco. No sabemos si el golpe fue intencional (Malco pudo haber sido miembro de
la policía del templo) o accidental, pero fue ciertamente efectivo. Es un milagro que la
policía y los romanos no mataran inmediatamente a los discípulos, pero eso se debió a la
acción rápida de Jesús y muy probablemente a la intervención directa de Dios.
La reprensión inmediata de Jesús salva el día (y sus vidas) mientras grita: “¡Déjenlos!”
(literalmente, “Eso es suficiente” como en el versículo 38). La orden probablemente estaba
destinada a la policía y los soldados, así como a sus discípulos, y desactiva una situación
muy peligrosa. Jesús no necesita defensa, y sabe que la guerra final está a milenios de
distancia. Como veremos, él tiene el control completo de toda la situación, y los eventos
procederán como lo indica su destino divino. Él no quiere que nadie salga lastimado, así que
toca la oreja que había sido cortada y la vuelve a colocar y la cura. Este es su milagro curativo
final. Los romanos podían decir claramente que no era peligroso, y su amor por sus
enemigos (6:27–31) era evidente. El contraste entre la violencia de los discípulos y sus
enemigos y la misericordia compasiva de Jesús es sorprendente. El perdón y la curación son
el camino de Cristo, y él revierte el mal hecho por ambos grupos.
En el versículo 52, por primera vez, Lucas menciona la fiesta oficial, los principales
sacerdotes, oficiales y ancianos, sin duda una fiesta oficial de arresto tanto del Sanedrín
como de las autoridades del templo. Este es un presagio del tipo de poderes que se
desplegarán contra Jesús en su juicio. Sin embargo, nunca había dado ninguna razón para
las implicaciones de la escena del arresto: “¿Acaso soy un bandido, para que vengan contra
mí con espadas y palos?” Su uso de lēstēs significa un bandolero revolucionario como
Barrabás, y claramente no tiene ningún tipo de conexión con tales personas, como Pilato se
dará cuenta en 23:18–22 (especialmente Mateo 27:15–23). Entonces las autoridades no
necesitan armas para arrestar a Jesús. Se entregará a ellos.
Luego, Jesús observa todas las oportunidades durante toda la semana para arrestarlo
mientras enseñaba en los tribunales del templo (22:53). Por supuesto, sabemos por qué no
lo hicieron, porque tenían miedo de cómo reaccionarían las multitudes. Su punto es la
hipocresía de esperar la cobertura de la oscuridad. Luego concluye con una nota del destino
divino: “ya ha llegado la hora de ustedes”, que como en Juan se refiere al tiempo señalado
que Dios había designado para que Jesús cumpliera su destino y entregara su vida (Juan 2:4;
7:30; 8:20; 12:23, 27, 31; 13:1; 17:1). Solo pueden arrestar a Jesús porque Dios lo ha querido
en este momento.
Además, esta es también la hora “cuando reinan las tinieblas”, ese tiempo en que Dios
le permitiría a Satanás ejercer su “autoridad” (exousia; traducido como “reina” en la NIV)
sobre ese reino que lo sigue como “el dios de este edad “(2 Co. 4:4). Nuevamente, Juan es
el que destaca especialmente la participación de Satanás en los eventos de pasión (12:31;
13:27; 14:31; 16:11). La ironía es que al organizar eventos que llevarían a Jesús a la cruz,
Satanás participó en su propia derrota. Aun así, el dominio de la oscuridad tuvo la alegría
de ver el dolor que esto trajo a todos los miembros de la Trinidad Trinitaria. Las acciones de
los líderes aquí se muestran como inspiradas demoníacamente (compárese con 11:35;
Hechos 26:18). Por un tiempo, bajo su control, Dios está permitiendo que las fuerzas del
mal actúen.
Los eventos están llegando a su clímax, y los poderes del mal, tanto humanos como
cósmicos, se están reuniendo. El primero en moverse es Judas (vv. 1–6), quien finalmente
ha tenido suficiente y se entrega completamente a Satanás. Durante mucho tiempo ha
robado fondos del bolso común de la banda apostólica y decide que los líderes por su odio
a Jesús estarían dispuestos a pagar bien por un poco de ayuda para arrestar a Jesús en un
lugar tranquilo donde las multitudes no estarán cerca para arruinarlo.
Los preparativos para la cena de Pascua del viernes por la noche fueron críticos (vv. 7–
13). Jesús quería que todo fuera perfecto para lo que se convertiría en la Última Cena y
demostrar que él fue el que cumplió el significado de la Pascua y proporcionó la redención.
Entonces los discípulos prepararon la habitación, reunieron los alimentos y las especias, y
sacrificaron el cordero para la comida.
Mientras participan de la comida, Jesús se aplica las imágenes a sí mismo como su
cumplimiento, comenzando con la promesa de que señala ese momento en que lo
compartirá con sus seguidores en el reino final de Dios (vv. 15–16). En la primera copa (vv.
17–18) deja en claro que toda la comida apunta a su cumplimiento en la cruz como su
ofrenda de sacrificio. Luego, en las palabras de institución (vv. 19–20), el pan y la copa se
convierten en los elementos centrales en el significado de la comida. El pan representa su
“cuerpo dado” como un sacrificio por la humanidad pecadora y se convierte en una
celebración “conmemorativa” que hace de la cruz el evento central de la historia de la
salvación. La copa considera que la sangre establece el nuevo pacto (Jer. 31:31–34), que
celebra la obra expiatoria de la cruz por la salvación de los perdidos.
La traición parece ser una recesión horrible ya que los poderes del mal parecen ser
victoriosos, pero Lucas muestra (vv. 21–23) que en realidad está completamente bajo el
control de Dios. Tanto Satanás como Judas son herramientas de Dios y cumplen las
Escrituras al demostrar que incluso el reino satánico está bajo su mayor poder y actúa para
lograr sus mayores propósitos en la muerte de Jesús. Los discípulos agregan su parte (vv.
24–27) cuando compiten para ser considerados como el “mejor” discípulo del grupo. Jesús
deja en claro que esta visión egocéntrica del ministerio no es de Dios. Los más grandes son
los verdaderos siervos que ministran para glorificar a Dios y servir a su pueblo, una lección
que todos debemos reflexionar cuidadosamente.
El futuro de los discípulos es increíblemente grande (vv. 28–30), ya que compartirán su
autoridad y serán jueces y gobernantes sobre el nuevo Israel en la tierra, su iglesia y el reino
de Dios en el cielo como jueces. En este sentido, serán paralelos al concilio de los ángeles
en el cielo. Aun así, la vida en Cristo es una guerra espiritual, y Satanás está activo tratando
de derrotarnos. Él seducirá a Simón Pedro para que falle al Señor por completo (vv. 31–34),
pero no será una derrota final, y como nosotros, tiene a Cristo intercediendo por él y
dándole la fuerza para soportar incluso en esto.
Los discípulos necesitan vigilancia espiritual en el centro (vv. 35–38) y deben estar
preparados para los días difíciles que no solo están inmediatamente por delante, sino que
caracterizarán el resto de sus vidas. Cuando Jesús les dice que compren espadas, no se
refiere a prepararse para luchar contra los romanos, sino a prepararse para el conflicto que
definirá sus vidas a partir de ese momento. La suya será una vida difícil, pero a la larga
significativa.
En el olivar del Monte de los Olivos (= Getsemaní) Jesús ora primero por ellos para que
la fuerza de Dios transforme la tentación en una prueba que les dará la victoria (vv. 39–40).
Luego ora por sí mismo (vv. 41–42) en su famosa rendición a la voluntad de su Padre en la
terrible experiencia que le espera. Cuando nosotros, como Jesús, enfrentamos dificultades
abrumadoras, es absolutamente esencial que también nos rindamos a su mayor voluntad.
En su momento de necesidad, mientras agoniza en la oración, un ángel viene del cielo y lo
alienta y lo fortalece (vv. 43–44). Nuevamente, él es el modelo para nosotros. Cuanto más
fervientemente oramos, mayor es la fuerza divina que nos llena. Entonces debemos orar
con toda la energía que tenemos, porque la fuente principal de fortaleza espiritual que
tenemos es la oración (vv. 45–46).
El arresto de Jesús (vv. 47–53) es el momento en que el mal parece triunfar y, sin embargo,
toda la escena muestra el control de Dios (y de Jesús) sobre la situación. Los discípulos
interpretan esto como el comienzo de la guerra mesiánica final, y cuando Pedro corta la
oreja del esclavo del sumo sacerdote, sin duda piensa que los ángeles, los ejércitos del cielo,
se están concentrando detrás de él. Pero Jesús está a cargo y desactiva la situación volátil,
reprendiendo a los líderes por tratarlo como un bandido común. Él está en control, no ellos.
LOS JUICIOS DE JESÚS (22:54–23:25)
Los eventos finales han terminado. Jesús pasó su comida de despedida, la Cena del Señor,
con sus discípulos, fue a Getsemaní a orar y fue arrestado allí. Ahora tiene lugar el capítulo
más negativo de Lucas, y lo llevará directamente a la cruz. Simón Pedro, ese fanfarrón
imprudente que prometió fidelidad eterna, fracasará por completo, y luego las dos pruebas,
ante las autoridades judías y luego las autoridades romanas, harán posible que Jesús cumpla
su cita divina con su muerte sacrificial por la humanidad.
La nueva era está en la cúspide de la historia, y el plan de salvación de Dios está a punto
de completarse.
Pedro niega a Jesús tres veces (22:54–62)
En Marcos 14 y Mateo 26, las negaciones de Pedro se producen después del juicio del
Sanedrín, pero Lucas las coloca al frente del juicio, posible vincularlas más estrechamente
con la predicción de Jesús de ellas (v. 34). Históricamente, esto no es una dificultad, ya que
los demás lo intercalan con el juicio en curso, mientras que Lucas simplemente lo narra
primero. En realidad, los tres tuvieron lugar durante el juicio.
La pregunta principal radica en los tres desafíos en sí mismos, ya que los cuatro
Evangelios no están de acuerdo entre sí con respecto a la fuente de los que cuestionan a
Pedro. Todos coinciden en que la primera es una criada; para el segundo, Mateo y Marcos
tienen una criada, mientras que Juan tiene la multitud y Lucas simplemente tiene “alguien
más”; para el tercero, Marcos y Mateo tienen espectadores, Juan un pariente de Malco y
Lucas “otra” persona. ¿Cómo reconciliamos estos relatos dispares? La clave es que tuvieron
lugar en diferentes momentos en el patio exterior durante el juicio, y Pedro estaba en todo
momento en medio de una multitud de personas. Le llegaban preguntas de todas partes, y
probablemente había más que solo los tres desafíos. Los evangelistas seguían tradiciones
separadas sobre quién preguntó qué, por lo que no existe una discrepancia histórica real.
Los tres desafíos progresan en intensidad en Marcos y Mateo, pero no tanto en Lucas,
pero en general, la nota del fracaso del discipulado es primordial. Pedro niega a Jesús tres
veces, mientras los demás lo abandonan por completo y se encogen a puerta cerrada
durante el transcurso de la muerte de Cristo en la cruz. Lucas minimiza esto un poco,
eliminando la escena de los discípulos corriendo por sus vidas y borrando la nota de que
Pedro “comenzó a echarse maldiciones” en Marcos 14:71 y Mateo 26:74. Lucas da mayor
énfasis a la culpa de los líderes (v. 53) y se enfoca en eso. Para Lucas, Simón Pedro se
identifica corporativamente con los otros discípulos en su fracaso.
En el versículo 54, la parte que arresta lleva a Jesús al hogar palaciego del sumo
sacerdote, pero hay un pequeño desacuerdo entre los Evangelios. Juan 18:13 lo lleva
primero a Anás, ex sumo sacerdote y patriarca de la familia, mientras que los demás solo
hablan de Caifás, sumo sacerdote actual. Lo más probable es que Juan tenga la imagen
completa, con Anás un interrogatorio preliminar para obtener evidencia de que Caifás
podría usar. En realidad, hubo tres etapas: un corto tiempo con Anás, un interrogatorio más
largo con Caifás, y luego el juicio del Sanedrín. Es posible que Anás y Caifás compartan el
mismo palacio, con Jesús llevado brevemente a uno y luego al otro. El interrogatorio con
Caifás tomó la primera parte de la noche, y el juicio del Sanedrín las horas antes del
amanecer. Las negaciones de Pedro ocurrieron durante el tiempo con Anás y Caifás.
Era una noche fría a principios de la primavera, por lo que las perchas “encendieron un
fuego” en el patio, y todos se reunieron a su alrededor. Luego se construyeron grandes
casas alrededor de un patio así, así que esta era una escena típica, con soldados y sirvientes
juntos manteniéndose calientes y hablando sobre lo que estaba sucediendo dentro. La
criada aparentemente había visto a Pedro con Jesús antes (tal vez en el templo) y lo
reconoció. Entonces, cuando lo vio junto al fuego, exclamó a los espectadores: “Este estaba
con él”. Lucas informa su respuesta como una negación, y el lenguaje es bastante fuerte,
posiblemente reflejando una prohibición judía y un fuerte rechazo: “Muchacha, yo no lo
conozco”. Él niega cualquier conexión con Jesús.
En Marcos 14:68, Pedro deja el fuego y sale a pararse en la entrada, pero Lucas mantiene
la historia simple, centrándose completamente en el drama de la confrontación. Poco
tiempo después, otra persona desconocida se da cuenta de él y lo desafía directamente:
“Tú también eres uno de ellos” (v. 58). Sin lugar a duda, todos se volvieron para mirar a
Pedro, asumiendo que el hombre tenía razón y que era miembro de la banda de forajidos.
Ahora está aún más aterrorizado, pensando que él también está a punto de ser arrestado.
La respuesta es igualmente fuerte: “¡No hombre, no lo soy!” Ahora él niega cualquier
asociación no solo con Jesús sino también con los otros discípulos. No quiere tener nada
que ver con maniobras legales contra ellos. Él está claramente buscando no llamar la
atención.
Pasa otra hora, probablemente a mitad de la noche. Ahora su acento galileano lo
traiciona (Mateo 26:73), como uno de los espectadores exclama: “Seguro que este estaba
con él, miren que es galileo” (v. 59). La lógica es totalmente válida, porque ¿por qué una
persona de Galilea se estaría calentando junto a una fogata en la casa del sumo sacerdote,
excepto por una conexión con Jesús? La misma pregunta será dirigida a Jesús en 23:5–6
pero con resultados bastante diferentes (Jesús envió a Herodes). Pedro no puede escapar
de las consultas que siguen llegando.
Esta tercera negación no es tan fuerte en Lucas como lo es en Marcos 14:71, donde
invocó las maldiciones del pacto sobre su propia cabeza. Aun así, es bastante vociferante:
“¡Hombre, no sé de qué estás hablando!” Solo quiere que lo dejen solo (y a salvo del
arresto). La ironía es trágica. Está en el patio para apoyar a su Señor y, sin embargo, está
tan asustado que niega cualquier conexión. No puede negar su aspecto y acento galileanos,
pero le aterroriza estar vinculado con Jesús.
Solo Lucas nos dice que el gallo canta mientras hace su tercera negación (v. 60),
cumpliendo así inmediatamente el versículo 34. También tiene a Jesús girando en ese
momento y mirando directamente a Pedro, anclando aún más la culpa del hombre. Toda la
escena apesta a poder profético y omnisciencia, porque Jesús apenas podría haber
escuchado el intercambio. No podemos evitar leer el mensaje implícito: “¡Mira, te lo dije!”
Es difícil saber dónde estaba Jesús en este momento. Esperaríamos que Caifás lo interrogara
dentro de la casa, pero ¿cómo podría haber mirado directamente a Pedro en el patio?
Puede haber estado en el proceso de ser trasladado a otra habitación, pero no podemos
saber.
Debido a la mirada conocedora de Jesús, Pedro recuerda la profecía y llora lágrimas
amargas por el alcance de su fracaso y el dolor que le había infligido a su Señor. En 22:55
había entrado en el patio, y ahora lo deja amargado por su capitulación ante la presión de
los espectadores. Es difícil imaginar el impacto en Pedro cuando los ojos de Jesús se clavaron
en los suyos y se dio cuenta de su total tontería y cobardía. Se da cuenta de lo lejos que ha
caído, pero al mismo tiempo sus lágrimas son el primer paso en el camino hacia la
recuperación. Son lo opuesto a las lágrimas amargas de Esaú en Hebreos 12:17, que eran
simplemente tristeza por perder su derecho de nacimiento. Pedro esta verdaderamente
arrepentido. Otro contraste: el remordimiento de Judas condujo al suicidio (Mateo 27:3–
10), mientras que el de Pedro finalmente conduce a la reconciliación y la reincorporación.
A menudo se dice que Jesús fue a la cruz completamente solo, y que todos sus compañeros
lo abandonaron. Sin embargo, veremos que las mujeres fieles están allí en cada etapa: la
crucifixión (23:49), el entierro (23:55–56) y la resurrección (24:1–8, 9–11).
Se burlan de Jesús (22:63–65)
Al comienzo del juicio al Sanedrín y concurrente con las negaciones de Pedro, Jesús tuvo
que soportar la burla de los guardias. Esto era común después de los arrestos, ya que los
soldados y la policía del templo hacen deporte y se divierten un poco a expensas del
criminal. Las burlas y los golpes (Mateo 26:67 agrega que “escupieron”) fueron diseñados
para quebrantar la voluntad de los acusados y hacer que se rindan incluso antes de que
ocurra la crucifixión. Dios tiene la intención de así mostrar la magnitud del rechazo (Job
30:10; Is. 50:5; 53:3), y Jesús había predicho esta situación (Lucas 13:33; 18:32).
Las preguntas con los ojos vendados y las burlas eran una versión del juego “el farol del
ciego”. Con los ojos vendados, el acusado sería colocado en medio de un círculo de
soldados, que lo golpearían desde varios ángulos y le dirían: “¿Adivina quién te pegó?” Al
desafiarlo a “profetizar”, se burlaron de la afirmación de que era un profeta. El comentario
de Lucas de que lo estaban “insultando” es en realidad blasphēmountes; lo estaban
“blasfemando” y burlándose de su herencia religiosa. No solo se burlaban de él, sino del
Dios que lo envió. El hecho de que la mayoría de ellos eran levitas, la policía del templo,
ilustra la apostasía de la nación cuando se volvió contra el Hijo de Dios.
Jesús es juzgado ante el Sanedrín (22:66–71)
La historicidad de esta escena ha ocasionado un feroz debate. Según la fuente rabínica del
siglo II, la Mishná (m. Sanedrín 4–7), se prohibieron los ensayos nocturnos cortos como
este. Las pruebas capitales debían durar al menos dos días y llevarse a cabo durante el día.
Además, esto parece más informal que un juicio oficial. Así, muchos intérpretes lo han
decretado como no histórico, una historia inventada para mostrar la culpa judía por la
muerte de Jesús. Otros argumentan que sucedió, pero no fue un juicio, argumentando que
fue un interrogatorio para reunir evidencia para presentar a Pilato. Sin embargo, los
registros del Evangelio terminan con una declaración de culpabilidad (Marcos 14:64).
Además, Lucas toma la decisión al amanecer (22:66). Los procedimientos probablemente
tuvieron lugar durante la noche (énfasis de Mateo y Marcos), con la decisión final tomada
al amanecer (Lucas) a tiempo de enviar a Jesús con la evidencia y el veredicto a Pilato.
Además, existía prioridad para poner entre corchetes tales leyes en una situación de
emergencia, y ni siquiera sabemos con certeza si la Mishná del siglo II representaba la
situación anterior al año 70. Varios intérpretes han señalado que las “ilegalidades” (si eran
tales en ese momento) eran necesarias por el hecho de que la decisión tenía que tomarse
al amanecer para llevar a Jesús a Pilato, quien hizo sus negocios poco después del amanecer.
En resumen, concluiría con muchos eruditos que este era un escenario de “juicio” oficial
pero informal donde no necesitaban llegar a un veredicto oficial sino solo para encontrar
evidencia que pudiera convencer a Pilato de crucificar a Jesús. Solo los romanos tenían la
autoridad de ejecutar a un prisionero, por lo que tuvieron que pasar por Pilato.
¿Dónde se llevó a cabo este “juicio”? Legalmente, debería haber estado en los atrios
interiores del templo, pero las puertas estaban cerradas por la noche, por lo que pudo haber
estado en la casa de Caifás, o Jesús pudo haber sido trasladado a una sala cerca del templo.
Eso puede insinuarse aquí, ya que Jesús es “hecho comparecer ante el consejo”,
probablemente la cámara del consejo, pero no está claro, y no lo sabemos. El hecho de que
“los ancianos del pueblo, tanto los jefes de los sacerdotes como los maestros de la ley”, es
decir, los miembros del Sanedrín, estuvieran presentes, significa que se trataba de un
evento oficial.
El interrogatorio está bastante truncado en Lucas. Le hacen a Jesús solo dos preguntas
cristológicas, que hacen eco del testimonio angelical en su nacimiento (1:32, 35), sobre si
él es el Mesías y si es el Hijo de Dios. En su respuesta, Jesús enfatiza su condición de divino
Hijo del Hombre para culminar esta escena altamente teológica. El primero se dirige
directamente al tema principal: “Si eres el Cristo … dínoslo” (22:67). El “si” es ei, la condición
de hecho, y significa: “Ya que afirmas ser el Mesías, pruébalo”. Lucas claramente quiere que
sus lectores también hagan esta pregunta y entren en la realidad de Jesús como el Mesías
enviado por Dios. Los líderes judíos quieren usar esto para demostrar que Jesús es una
amenaza política para Roma, uno de los pretendientes mesiánicos que provocan la rebelión.
Jesús da una doble respuesta. Primero (22:67b–68), declara que cualquier respuesta de
su parte es inútil, porque “no me lo creerían”. El griego es mucho más fuerte, “nunca
creerás” (no importa lo que yo diga). Hace mucho tiempo decidieron que era un falso
profeta, y no tenía sentido contestarles. Esta es una alusión a Jeremías 38:15, donde el
profeta hace esta misma respuesta al rey apóstata Sedequías, por lo que nuevamente la
culpa judía es lo más importante. Además, agrega Jesús, si les pregunta algo por turno, se
negarán a responderle. Esta es una referencia a los debates en el templo, donde su silencio
recibió sus cargos (20:7–8, 26, 40). Más discusión no tiene sentido.
Su segunda respuesta es la clave de esta escena de prueba (22:69), donde toma la
iniciativa y va más allá de su consulta. Mientras se sienta en la silla de los acusados
esperando su juicio, en realidad será el Juez escatológico sobre ellos. Esta declaración no es
solo una proclamación de su gloria futura; es aún más una declaración de su futura
autoridad: “De ahora en adelante, el Hijo del Hombre estará sentado a la derecha del Dios
Todopoderoso”. Este es el Salmo 110:1, la profecía más poderosa del Antiguo Testamento
sobre la exaltación de Cristo. En él, Yahvé promete que “se sentará a su mano derecha hasta
que ponga a sus enemigos por estrado de sus pies”. Cuando Jesús dice “de ahora en
adelante” quiere decir que esta promesa se pone en marcha con su muerte y resurrección;
él se sentará como soberano en el cielo y gobernará sobre el reino final de Dios. Entonces,
como Satanás en 22:54, los líderes a través de esta prueba están participando en su propia
derrota. Le quitarán la vida a Jesús y al hacerlo inaugurarán los eventos del tiempo del fin.
El “poder de Dios” (NVI: “Dios poderoso”) bien puede referirse a la corte del cielo, la
contraparte del Sanedrín, donde se lleva a cabo el juicio real y donde los líderes serán
responsables de su locura y rebelión. Entonces, el verdadero juez no es el liderazgo judío
sino Jesús, el Señor exaltado, que se sentará con su Padre en el trono blanco del juicio
eterno (Apocalipsis 20:11–15).
Si Jesús se sentará a la diestra de Dios, esto debe significar que dice ser el Hijo de Dios,
un reclamo que forma la segunda consulta natural en el versículo 70. “Hijo de Dios” está en
el centro de la cristología de Lucas, pero es difícil saber exactamente cómo lo entendieron
los líderes. Sin embargo, dado que proporciona la base para el cargo de blasfemia, se debe
connotar algún estado exaltado, tal vez la divinidad.
Jesús probablemente quiso decir su respuesta: “ustedes mismos lo dicen”, no como una
mera afirmación, sino para decir irónicamente: “Es lo que dices, pero no puedes aceptarlo”.
Jesús dice que tienen razón, pero no merecen una respuesta. Lo toman como confirmación,
diciendo que no hay más necesidad de testimonio o evidencia. Jesús se ha condenado a sí
mismo. En la combinación de los versículos 69 y 70b, de hecho, lo ha hecho, pero de acuerdo
con su propio destino. Aquí es donde se entrega en sus manos y acepta la voluntad de su
Padre. Él, no ellos, todavía está a cargo de los procedimientos.
Los eruditos han presentado varias posibilidades como base para el cargo de blasfemia:
el Mesías, Hijo de Dios, la declaración sobre la destrucción del templo, el uso del nombre
divino (“Yo Soy”) y la afirmación de sentarse a la diestra de Dios. Probablemente el cargo
real combinó el título de Hijo de Dios con el mal uso del nombre divino y el reclamo de
sentarse a la diestra de Dios. Esto también permitiría a los líderes afirmar a Pilato que Jesús
es una amenaza para el dominio romano y quería usurpar la autoridad de Roma, haciéndose
rey.
Jesús es juzgado ante Pilato y Herodes (23:1–25)
Pocos niegan la historicidad del juicio ante Pilato. Tiene demasiado sentido, ya que los
romanos tuvieron que llevar a cabo cualquier juicio capital y ejecución. Los líderes están
seguros de que Jesús es un falso profeta (11:53–54; 19:47; 20:20) y creen que ahora pueden
demostrar que él es un peligro para Roma y así entregarlo a Pilato para su sesión cívica
matutina, celebrada siempre justo después del amanecer. Jesús es verdaderamente el justo
inocente que sufre de Isaías, tratado como un criminal cuando en realidad es el Mesías e
Hijo de Dios. Su inocencia se destaca en todo momento (23:4, 14, 15, 22, 41, 47).
Jesús ante Pilato (23:1–5)
Jesús tuvo que ser llevado ante Pilato, ya que solo él tenía el poder de la vida y la muerte.
Esto también cumple la profecía de que Jesús sería entregado a los gentiles (9:22; 18:32).
Pilato era el “prefecto” sobre Judea, responsable de mantener la paz romana y, en general,
gobernar la provincia. Para juicios como este, escucharía los cargos, interrogaría al
prisionero y emitiría su veredicto. Hubo tres acusaciones (23:2): (1) subvertir o engañar a la
nación, no fue un gran argumento para los romanos porque no los involucraba, sino que
era la acusación principal de los propios judíos; (2) oponerse a los impuestos al césar, un
cargo falso, como Jesús lo exigió en 20:20–25, pero esto sería importante para Pilato, cuyo
deber principal era recaudar estos impuestos (ver com. 3:1); (3) afirmar ser el Mesías
ungido, o Rey de los judíos, esto constituiría sedición y sería muy grave; sin embargo, este
era un asunto religioso para Jesús en lugar de político y, de nuevo, no era una amenaza para
el dominio romano.
A la luz de estos cargos, Pilato interroga a Jesús (23:3–4), llegando inmediatamente al
meollo del asunto: “¿Eres tú el rey de los judíos?” Encontrado en los cuatro Evangelios, este
epíteto también es hecho la inscripción en la cruz por Pilato (23:38). Quiere ver si los
acusadores de Jesús tienen razón en que él es un revolucionario que desea derrocar a Roma
y hacerse rey. Esto sucedió a menudo en el primer siglo, por lo que es una pregunta válida.
Esta era la única área que a Pilato le importaba profundamente. Por supuesto, no se da
cuenta de que, en verdad, la cruz se convertirá en el trono de Jesús, y ascenderá para
finalizar su unción como el Mesías de David.
Jesús responde: “Tú mismo lo dices [sy legeis]”. Se está separando de la acusación judía
y se niega a inclinarse ante la presión. El énfasis está en el “tú”, lo que significa que Jesús
reconoce la pregunta de Pilato, pero no es ese tipo de rey. Pilato en realidad parece
entender su respuesta y, por lo tanto, emite un veredicto preliminar, probablemente
pensando que eso resolvería el problema. El procedimiento legal romano era interrogar al
acusado sobre los cargos, escuchar su respuesta y luego emitir un veredicto. Una vez hecho
esto, les dice a los líderes judíos: “No encuentro que este hombre sea culpable de nada”
(23:4). No vio ninguna amenaza a la hegemonía romana en Jesús.
Sin embargo, si pensaba que eso solucionaba el problema, estaba completamente
equivocado. Los líderes repiten la acusación de que “Con sus enseñanzas agita al pueblo por
toda Judea” (23:5). Están convencidos de que este cargo funcionará, ya que los romanos no
querían tener nada que ver con disturbios judíos de ningún tipo. Añaden a la acusación
original que es su “enseñanza”, no algo por lo que los romanos estén preocupados (es un
problema judío), excepto por los disturbios que está produciendo. Destacan otro punto
importante al decir que “comenzó en Galilea y ha llegado hasta aquí”. Galilea fue la fuente
de la mayoría de los bandidos revolucionarios y un semillero de sedición para los romanos.
Jesús ante Herodes Antipas (23:6–12)
Muchos también han dudado del valor histórico de esta escena, ya que solo ocurre en Lucas.
Sin embargo, tiene mucho sentido, ya que Pilato nunca pudo entender a los judíos y no
tenía idea de por qué su veredicto preliminar no fue aceptado. Por lo tanto, era
completamente lógico que recibiera el consejo del experto Herodes Antipas, que había
crecido en los círculos judíos. De hecho, es exactamente lo que hizo el gobernador Festo al
consultar a Herodes Agripa en Hechos 25–26 en el juicio de Pablo. Entonces no hay razón
para dudar de este evento.
Tan pronto como Pilato oyó que Jesús era de Galilea, se aseguró de que fuera cierto y
se dio cuenta de que “pertenecía a la jurisdicción de Herodes” y que el hombre estaba en
Jerusalén para una visita, probablemente para la Pascua (23:6–7). No hay indicios de que
Pilato quisiera pasarle la situación a él, sino que Herodes le dio una idea de la situación.
Pilato no entendía nada acerca de los judíos y no estaba seguro de cómo proceder, por lo
que quería ver cómo Herodes manejaría el problema y así envió a Jesús a él. Antipas era el
tetrarca (gobernó un cuarto de toda la provincia, ver 3:1) a cargo de Galilea y Perea. Él fue
quien encarceló a Juan el Bautista en 3:19–20 y preguntó por Jesús en 9:7–9. Así que era
bastante natural que Pilato lo pusiera en escena en este momento. Se habría quedado en
el antiguo palacio asmoneo al oeste del templo, bastante cerca de la sede de Pilato.
El interrogatorio de Herodes a Jesús fue anticlimático y decepcionante (23:8–10). Al
principio, estaba bastante satisfecho con la oportunidad, ya que había querido conocerlo
durante mucho tiempo, aunque su razón no era religiosa. Quería entretenerse al ver uno
de sus famosos y espectaculares milagros. Herodes no tenía interés en la búsqueda de la
verdad o el deseo de aprender acerca de las afirmaciones de que Jesús era el Mesías y el
Hijo de Dios. No hubo indicio de apertura a Dios o Jesús, no se buscó la fe como con Zaqueo
en 19:1–10, solo un interés en una curación o un milagro de la naturaleza.
Cuando Herodes le preguntó sobre varios temas diferentes, Lucas nos dice que Jesús
“no le respondió” a ninguno de ellos. La indicación es que el interrogatorio tomó algo de
tiempo, pero no arrojó resultados. Mateo 27:12–14 indica que Jesús hizo lo mismo más
tarde con Pilato, y la iglesia primitiva vio esto como el cumplimiento de Isaías 53:7, según
el cual el Siervo Sufriente de Yahveh “ni siquiera abrió la boca … como una oveja, enmudeció
ante su trasquilador; y ni siquiera abrió su boca “. Jesús reconoció las intenciones reales de
Herodes y se negó a satisfacerlo.
Los oponentes de Jesús, los principales sacerdotes y escribas, vieron su oportunidad y
nuevamente comenzaron a “acusarlo con vehemencia” de blasfemia y sedición. Esperaban
que Herodes condenara a Jesús y les diera algo de influencia con Pilato. Herodes había
presidido la muerte del Bautista, y querían un veredicto similar contra Jesús. Sin embargo,
no tienen ningún efecto sobre Antipas, que aparentemente se une a Pilato para dar
aprobación tácita de Jesús, pero aquí simplemente está interesado en hacer deporte con su
prisionero.
Para Herodes, Jesús con su silencio total no es digno de un mayor esfuerzo, por lo que
se une a sus soldados para divertirse a sus expensas ridiculizando y burlándose de su
llamado estado real (23:11). El desprecio que se le muestra cumple Isaías [Link] “Fue
despreciado y rechazado por los hombres. … Fue despreciado, y no lo estimamos”. Vestirlo
“con una elegante túnica” era parte de la burla, riéndose de él como el humilde rey. Se
debate si esta es la túnica blanca del rey designado o la túnica púrpura de la realeza, pero
esta última es la más probable aquí. Esto es una ironía adicional, ya que el lector es
consciente de que pronto será el exaltado (22:69).
Los antiguos enemigos ahora se hacen amigos (23:12), cumpliendo el Salmo 2:1–2 (“los
gobernantes se confabulan contra el Señor y contra su ungido”), también citado en Hechos
4:25–28. No sabemos cuándo Antipas y Pilato se convirtieron en enemigos, tal vez la
matanza de peregrinos galileanos mencionada en 13:1 o tal vez el incidente cuando Pilato
trajo a sus auxiliares romanos y colocó sus escudos en el palacio de Herodes, haciendo que
sus cuatro hijos se unieran a la apelación. a Roma en nombre de los judíos, que estaban
muy ofendidos por las imágenes en los escudos.
Jesús es sentenciado y entregado (23:13–25)
Después de que Jesús regresó a Pilato (probablemente a la mitad de su tiempo público,
aproximadamente en 7:30 o así), hizo que el Sanedrín y el pueblo judío se reunieran para
escuchar los resultados de sus deliberaciones con Herodes. La presencia de la “gente” es
significativa porque se convierten en testigos del veredicto oficial y participantes en la
venganza contra Jesús. Hasta este punto, la gente común siempre se ha puesto del lado de
Jesús, pero este es el momento de los poderes de la oscuridad, y la gente ha cambiado
misteriosamente su lealtad y se ha unido a los enemigos de Jesús. El énfasis está en la culpa
judía, y ahora todo es judaísmo.
Nada ha cambiado en el veredicto de Pilato y Herodes. Varios estudiosos han señalado
aquí las siete etapas del juicio romano: arresto (14a), acusado (14b), cognición o juicio (14c),
veredicto (14d), evidencia que respalda el veredicto (15a), absolución (15b) y advertencia
judicial (16). Entonces Pilato recapitula el proceso y anuncia el veredicto combinado, con la
intención de castigar a Jesús por incitar a las multitudes (probablemente una paliza) y luego
liberarlo. La intención básica de Pilato se expresa en el versículo 14: no hay base para los
cargos judíos. No hay evidencia que respalde el peligro de que Jesús incite a la gente a la
rebelión contra Roma.
Luego, en 23:15, Pilato agrega el veredicto de Herodes, ya que envió a Jesús de regreso
como alguien que “no ha cometido ningún delito que merezca la muerte”. Al devolver a
Jesús, Herodes estaba reconociendo implícitamente su inocencia, y Pilato usa esto para
cubrir su espalda y convertirlo en un veredicto combinado. No hay acto de traición o
sedición en nada de lo que Jesús ha hecho. En 13:31 algunos fariseos le habían dicho a Jesús:
“Herodes quiere matarte”. O había cambiado de opinión o el rumor era exagerado. En
cualquier caso, las autoridades romanas combinadas quieren que Jesús sea liberado.
La conclusión de Pilato es su deseo de “castigarlo y luego liberarlo” (23:16). El castigo
(paideuō) se refiere a la flagelación. Había tres niveles: el fustigatio, una paliza menos
severa por delitos leves; el flagellatio, una paliza severa para criminales endurecidos, y la
verberatio, la forma más severa que conocemos como flagelación, realizada con un látigo
hecho de tiras de cuero con pedazos de hueso o metal atados a las tiras. Este
probablemente sería el tipo de golpizas. Lucas no menciona en ningún otro lugar la
flagelación de Jesús (véase Marcos 15:15–16=Mateo 27:26–27). Entonces Pilato deseaba
aplacar a los judíos sedientos de sangre y pensó que esto debería ser suficiente. Él estaba
equivocado.
En el versículo 18, los judíos presentes comenzaron a clamar por lo que se llamó la
“amnistía pascual” y exigieron que el prisionero liberado fuera Barrabás en lugar de Jesús.
La dificultad es la ausencia de evidencia en cualquier registro romano o Josefo para tal
amnistía, tantos críticos dudan de su veracidad y lo consideran una creación literaria
destinada a explicar el veredicto de culpabilidad de Jesús. Al mismo tiempo, se puede decir
mucho en su nombre: (1) La ley romana muestra que un magistrado tiene la autoridad de
indultar a los prisioneros para apaciguar a las multitudes (Josefo, Antigüedades 20.208–9).
(2) Una disposición judía en la Mishná (“pueden matar por uno … a quien han prometido
sacar de la cárcel”, m. Pesaj 8:6a) es una de las tradiciones más antiguas en ese trabajo y
apunta a tal liberación de prisioneros en una Pascua en Jerusalén. (3) La ley romana permitía
dos tipos de amnistía: abolitio, absolución antes del juicio e indulgentia, absolución después
de la condena. En otras palabras, Pilato tenía la autoridad para este tipo de amnistía. Hoy
es común aceptar la probabilidad de que esta sea una historia real. Tiene perfecto sentido
como un gesto de buena voluntad romana.
La clave es que Pilato quiere que este prisionero liberado sea Jesús, y la multitud sigue
a los líderes al insistir en que sea Barrabás. El mismo nombre de Barrabás es suprema ironía,
ya que significa “hijo del padre”. Entonces el criminal “hijo del padre” será liberado en lugar
del verdadero “Hijo del Padre/Dios”, Jesús. Él era uno de los insurgentes desenfrenados
entonces y había provocado un motín en los alrededores de Jerusalén y cometió asesinato
(Marcos 15:7). Realmente había cometido el mismo crimen del que se le acusa a Jesús en
los versículos 5, 14, y ellos quieren liberar al culpable y crucificar al hombre inocente.
Probablemente los otros dos que estaban siendo crucificados eran asociados suyos. Para
muchos judíos, habría sido un héroe popular, un antiguo Robin Hood, por lo que estarían a
favor de él.
Cuanto más Pilato repite su deseo de liberar a Jesús, más fuerte grita la multitud:
“¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo! (23:21) Esta es la primera mención de la crucifixión; y las cosas
empeoran cada vez más, a medida que el volumen se intensifica para liberar al culpable y
poner al inocente en la cruz. La locura de la acción de la mafia ha ganado, y la justicia ha
volado por la ventana. La penalización judía normal por blasfemia era la lapidación, pero los
romanos crucificaron a la gente por sedición, y los judíos querían esto debido a
Deuteronomio 21:23, “cualquiera que esté colgado de un árbol está bajo la maldición de
Dios” (véase también Gálatas 3:13).
Querían que Jesús no solo fuera ejecutado, sino también bajo la maldición del pacto.
Pilato hace un tercer y último intento de liberar a Jesús en versículo 22. Repite los
puntos de los versículos 14–16, preguntándoles: “¿Qué crimen [kakon, ‘maldad’]ha
cometido este hombre?” Debemos recordar que está preguntando esto desde una
perspectiva romana; desde el punto de vista judío, Jesús es en verdad un falso Mesías y
blasfemo. Los líderes habrían entendido esto, pero las multitudes no lo habrían entendido.
La insistente decisión de Pilato de castigar y luego liberar a Jesús los pone furiosos. Como
antes, responden con “a voz en cuello” y estridentemente “insistieron que fuera
crucificado”. Lucas aclara la culpa judía por la muerte de Jesús. Los romanos ejecutaron la
pena, pero el pueblo judío la exigió. Pilato lo habría puesto en libertad.
Finalmente, sus gritos prevalecen y Pilato se rinde (v. 24). Él toma su decisión legal final
y decide que una sola muerte es preferible a un motín masivo. Jesús es sacrificado en el
altar de la conveniencia. Entonces el asesino es libre. Jesús está muriendo en su lugar; y de
hecho se muere por cubrir los pecados de Pilato, de Caifás y del mismo Barrabás. En la línea
final del pasaje, Pilato “concederles su demanda”, terminando con una nota de culpa judía.
El verbo paradidōmi (entregado) se usa en ambos sentidos. Jesús es “entregado a los
gentiles” (18:32), y el Pilato gentil lo entrega a la voluntad de los judíos (aquí). Sin embargo,
la realidad final es que Dios entregó a Jesús a ambos. Hasta el final, Dios y Jesús tienen el
control soberano total de su destino.
En este capítulo, los eventos se apresuran a su cumplimiento en la cruz. Desde el
momento del arresto de Jesús hasta su muerte, él enfrenta su destino solo. Esto es
apropiado, ya que él, no los judíos ni los romanos, está a cargo soberano de estos eventos.
Su esplendor solitario en este extremo de su estadía terrenal tiene lugar porque solo él
puede pagar el precio de nuestros pecados. Lucas omite la deserción de los Once y se centra
en las tres negaciones de Pedro con fines dramáticos (vv. 54–62). El fracaso total de Pedro
ejemplifica a los demás y muestra que no hay nadie de quien Jesús pueda depender en esta
terrible crisis. Mientras se lee la progresión y la preocupación total de Pedro en su soledad,
piense en usted mismo y en la frecuencia con la que ha hecho algo similar: ocultar su lealtad
cristiana para que la gente no se burle de usted. Todos podemos vernos reflejado en Simón
Pedro en esta ocasión.
La burla de Jesús en su juicio (vv. 63–65) y en la cruz es muy irónica, por lo que lo
ridiculizaron, las afirmaciones de que él es el Mesías y el Rey de los judíos eran en realidad
absolutamente ciertas. Cuando los soldados le colocan la túnica simulada y la corona de
espinas en la frente, en realidad son un prólogo de la túnica real y la corona que usará en
breve.
El juicio del Sanedrín (vv. 66–71) no solo dice cómo los judíos fueron fundamentales en
la muerte de Jesús. En realidad, es profundamente cristológico y ancla la realidad de que
Jesús es realmente el Mesías e Hijo de Dios. La increíble ironía continúa, mientras Jesús
revela la verdadera realidad, que él es el Juez escatológico que se sentará en el trono de
Dios sobre sus mismos perseguidores. Como Hijo de Dios, él trasciende incluso el enfoque
de su prueba, porque él es el propio Yahveh, por encima de las preocupaciones terrenales,
y sin embargo se entrega por el bien de quienes lo colocan en la cruz.
El juicio ante Herodes y Pilato (23:1–25) destaca la culpa judía, ya que Pilato intenta
varias veces liberar a Jesús, pero los líderes judíos no lo dejarán hacerlo. Aun así, los
romanos son igualmente culpables y, de hecho, todos nosotros con nuestros actos
pecaminosos hemos colocado a Jesús en la cruz. Está claro en los versículos 1–5 que Pilato
no encuentra nada anti romano en Jesús y se da cuenta de su inocencia. Pero los judíos
insisten en que es un peligro para Roma. De modo que Pilato involucra a Herodes en los
procedimientos para aprovechar su conocimiento de las costumbres judías (vv. 6–12), pero
de él no se desprende nada de valor. Herodes busca el entretenimiento en lugar de la
verdad y termina uniéndose a los judíos para burlarse de Jesús. Para Lucas, esto significa
que los líderes mundiales se unen a los judíos para condenar a Jesús. Verdaderamente toda
la humanidad está involucrada y es culpable ante Dios.
El veredicto oficial de Pilato y Herodes (vv. 13–16) es liberar a Jesús con una paliza. No
funciona Pilato luego trata de liberar a Jesús con su amnistía pascual, la liberación de un
prisionero como un regalo para el pueblo judío. No tendrán nada de eso, y aquí las
multitudes se unen a los líderes y cambian de opinión, exigiendo que el bandolero
revolucionario Barrabás sea liberado en lugar de Jesús (vv. 18–23). Al final, Pilato no tiene
la fibra moral para hacer lo correcto y acepta las demandas de la multitud, entregando a
Jesús para ser crucificado (vv. 24–25).
LA CRUCIFIXIÓN Y EL ENTIERRO DE JESÚS (23:26–56)
Ahora hemos alcanzado el punto central de la salvación, de hecho, el centro de la historia
humana, porque con la cruz y la resurrección la salvación se ha puesto a disposición de la
humanidad. Esto es tan cierto para el antiguo pacto como lo es para la era del nuevo pacto,
por los efectos de la cruz alcanzaron y son la base de la salvación de Abraham y Moisés de
la misma manera que lo son para Pablo y Pedro. La cruz y la resurrección (=la humillación y
la exaltación de Cristo en los credos) forman un solo evento en la historia de la salvación, el
punto de apoyo escatológico elimina el muro divisorio entre los seres humanos y Dios.
Pensaríamos que si hay una historia que se cuenta igual en los cuatro Evangelios, sería
la crucifixión de Jesús, pero en realidad aquí también hay diferentes matices teológicos,
siendo Lucas el más singular. Los otros tres se centran en que la cruz se convierta en el trono
de Jesús, y Jesús se exaltó a ser el Mesías real por su muerte en la cruz. Entonces la
crucifixión se convierte en una escena de coronación. Al mismo tiempo, Marcos y Mateo
son bastante similares entre sí, enfatizando el horror de matar al Hijo de Dios, mientras que
Juan es lo contrario, eliminando todos los elementos negativos (como la burla, el terremoto
y la oscuridad) para presentar a Jesús en toda su majestad soberana.
Lucas tiene dos énfasis: Jesús como el mártir inocente y justo y la crucifixión como una
escena de adoración asombrosa. Esto último se ve en las tres últimas palabras de Jesús en
Lucas 23:34, 43, 46, todas centradas en la oración. Las omisiones de Lucas —la flagelación,
el vino y la mirra, el grito de abandono, la burla como la de Elías— son similares a las de
Juan al destacar la maravilla de la cruz como un evento salvífico.
Estas diferencias hacen que algunos críticos duden de los detalles de esta narrativa de
crucifixión, aunque casi todos aceptan la historicidad básica de la muerte de Jesús en la cruz.
Por ejemplo, el Seminario de Jesús duda de las tres últimas palabras. Sin embargo, la
mayoría está abierta a la probabilidad de que los elementos únicos de Lucas 23 provengan
de L, el material especial que Lucas descubrió en su investigación (1:1–4) y usó a menudo
en su narrativa. Todos los escritores del Evangelio seleccionaron de una gran cantidad de
detalles proporcionados por los innumerables testigos oculares de los eventos reales (ver
1:2). Las elecciones, como aquí, provienen de los matices teológicos que el Espíritu llevó a
Lucas a traer aquí.
Jesús recorre el camino a la cruz (23:26–32)
Los romanos requerían que los criminales condenados llevaran la viga transversal al punto
de ejecución, donde se sujetaría al poste. Lo hicieron para romper el espíritu de los
condenados, para decirles que, de hecho, ya estaban muertos. Jesús llevó su viga
transversal tan lejos como pudo, pero debido a su condición debilitada por la flagelación
(omitida por Lucas), no pudo pasar mucho más allá de las puertas de la ciudad y se vio
obligado a abandonar.
En el versículo 26, Lucas nos dice que los romanos reclutaron a un hombre que entraba
a la ciudad (Marcos 15:21 dice que estaba “pasaba por allí de vuelta del campo) y lo
obligaron a cargar la cruz por Jesús. Los soldados no se mancharían al llevar una cruz tan
vergonzosa. Tal requisa era un derecho legal de los romanos, por lo que esto no era inusual.
Cirene era una región del norte de África, la moderna Trípoli, y Simón pudo haber sido un
peregrino o un trabajador que trabajaba en los campos fuera de Jerusalén (lo primero
parece más probable). Marcos también nos dice que él era “el padre de Alejandro y Rufo”,
posiblemente el mismo Rufo de Romanos 16:19, por lo que es probable que la familia se
convirtiera en seguidores de Cristo después de este evento. Al decirnos que Simón llevaba
la cruz “detrás de Jesús”, Lucas puede estar implicando discipulado, actuando el mandato
de Jesús en 9:23; 14:27 para “tomar su cruz y seguirlo”.
El gran número que siguió a Jesús y Simón mientras cargaban la cruz incluía “incluso
mujeres que se golpeaban el pecho, lamentándose por él” (v. 27). Estos pueden ser
dolientes profesionales que a menudo seguían fiestas en el lugar de ejecución y ofrecían
opiáceos (por ejemplo, el vino drogado de Marcos 15:23) y lágrimas como actos de piedad,
cumpliendo Zacarías 12:10–14, llorando por “el que traspasaron”. Sin embargo, también
parecen ser simpatizantes sinceramente llenos de tristeza.
Hay dos contrastes y uno paralelo en esta escena. El primero es un triple contraste. La
multitud había aclamado a Jesús, el triunfante rey mesiánico cuando entró en Jerusalén
(19:38), había exigido su muerte en el juicio ante Pilato (23:18–23), y ahora lloraba su
fallecimiento. En segundo lugar, Jesús convierte su dolor por él en un lamento y la muerte
sobre Jerusalén (23:28–31), repitiendo 13:34–35. El paralelo también está en esta área del
llanto por el dolor. Su llanto por el fallecimiento de Jesús es paralelo a su llanto al entrar a
Jerusalén (19:41–44=13:34–35; 21:20–24). Al rechazar al Hijo de Dios, la nación ha
derribado el juicio divino sobre sí misma, y eso proporciona bases mucho más profundas
para el dolor. La muerte de Jesús dará como resultado la salvación universal; su muerte
resulta de la apostasía contra Dios.
De modo que Jesús, mientras avanza hacia la cruz, se vuelve hacia los que lloran y les da
la última oportunidad de arrepentirse. Su dolor no debe ser por él sino por ellos mismos y
por el juicio que la nación ha provocado. Son las “hijas de Jerusalén” y, por lo tanto, están
íntimamente ligadas al destino de aquella antigua ciudad santa. Su próxima muerte es su
destino divino y su misión eterna. Traerá salvación y alegría a innumerables millones. Por
otro lado, sufrirán un destino inútil ocasionado por la negativa de su progenie a aceptar la
oferta de vida de Dios a través de su Mesías, a quien se han negado a reconocer como tal.
Luego predice el futuro cercano, sin duda los eventos del año 66–70 y la destrucción de
Jerusalén, ya profetizados en 21:20–24. En ese momento, estas mismas mujeres gritarán
con una bienaventuranza negativa, afirmando que sería mejor no haber nacido, que serían
los resultados inanimados “dichosas las estériles, que nunca dieron a luz ni amamantaron”.
Esta es una poderosa metáfora, ya que no había mayor bendición para una mujer que tener
hijos, pero en ese momento las madres tendrán que entregar a sus hijos a la muerte
(compárese con Is. 54:1). La maldición ya no está en las mujeres estériles sino en las mujeres
fructíferas. Por lo tanto, hay una inversión completa de todas las categorías con el juicio
que recaerá sobre ellas.
Luego, en 23:30, Jesús se dirige a Oseas 10:8, donde el terror se vuelve tan grande que
la gente prefiere estar escondida bajo una avalancha, rogando que las montañas y las
colinas “caigan sobre nosotros” (ver Apocalipsis 6:16). Es más preferible soportar una
muerte rápida que enfrentar a un Dios colérico. Tanto en Oseas como aquí, es la apostasía
de Israel la que trae este juicio divino sobre sus cabezas.
Esto se cierra con un proverbio (23:31) que contrasta su muerte con lo que le espera a
la nación. Mientras que algunos toman esto de la humanidad en general o de los judíos en
particular, es mucho más probable un contraste entre el destino del inocente Jesús y el de
una nación culpable. Jesús es el “árbol” que está “verde”, que no debe ser removido del
árbol y quemado, mientras que Israel es la madera “seca”, que ha muerto y está lista para
ser quemada. El mensaje es que, si Dios ha predestinado a su Hijo justo para que muera,
¿cuánto más el pueblo de Israel no arrepentido merece el juicio de Dios?
Las famosas imágenes de la crucifixión muestran a Jesús crucificado entre otros dos
criminales, sin duda insurgentes arrestados junto a Barrabás (v. 32). Esto cumplió Isaías
53:12, “contado con los transgresores”, también se observa en 22:37. Estos continúan los
contrastes, ya que su culpabilidad se establece junto a la inocencia de Jesús. Sin embargo,
el énfasis principal vendrá en 23:39–43, ya que uno de ellos será el primero en experimentar
la salvación que su muerte traería a la humanidad. Habían pasado sus vidas matando, pero
Jesús ahora les ofrecerá la vida.
Jesús es crucificado (23:33–43)
Hay tres énfasis en como Lucas aborda la muerte de Jesús. Primero, tres veces se burlan de
él con alguna variación de “No eres tú el Cristo/rey”, y después “sálvate a ti mismo” (vv. 35,
37, 39). Esto culmina agregándole “y a nosotros” (v. 39), que se convierte en una profecía
inconsciente de los efectos salvíficos de la cruz. El “pueblo” (= el pueblo judío) está fuera de
esto como espectadores. Segundo, los tres últimos dichos de Jesús (vv. 34, 43, 46)
presentan el tema de la oración y la adoración como el verdadero significado de la cruz.
Tercero, los tres pasajes de “salvar” (vv. 35, 37, 39) pueden tener un doble significado,
señalando a Jesús como “Salvador”. El que se niega a salvarse se convierte en Aquel que
solo puede salvar a otros (9:24; 19:10).
Jesús en la cruz (23:33–34)
Para los judíos, la crucifixión tenía que estar fuera de la ciudad (Lev 24:14), y los romanos
siempre colocaban cruces en una vía principal donde todos los veían como un elemento
disuasorio para los demás. Marcos 15:22 nos dice que el lugar se llamaba “Gólgota”, pero
Lucas lo traduce para los lectores gentiles, “la calavera”. Podría haberse llamado así porque
era el sitio romano para las ejecuciones, pero la mayoría asume que la loma se parecía a
una calavera. El sitio popular hoy llamado “Caballería de Gordon” probablemente no sea el
lugar correcto, y la mayoría de los arqueólogos prefieren el sitio dentro de la Iglesia del
Santo Sepulcro como la mejor opción.
Allí Jesús fue crucificado entre los otros dos criminales por un detalle romano
(generalmente cuatro soldados). Había cuatro tipos de cruces: una estaca en el suelo, una
cruz en forma de X (ahora llamada cruz de San Andrés), una en forma de T (cruz de San
Antonio) y la tradicional, utilizada cuando querían clavar una tableta que enumera el crimen
para que los espectadores lo vean (23:37). Normalmente atarían a los condenados a la viga
transversal, y les tomaría un par de días morir en extrema agonía mientras los brazos
lentamente se convertían en gangrena. Como era Pascua, los condenados tenían que estar
muertos y enterrados al atardecer, por lo que clavaron las manos y los pies para que la
pérdida de sangre acelerara su muerte (Juan 20:25; Col. 2:14). Por lo general, colocaban un
pequeño asiento en el poste para que el crucificado pudiera levantarse ocasionalmente
para respirar.
Lucas omite el incidente con la oferta del vino drogado (Mateo 27:34). En cambio,
proporciona el primero de los “últimos dichos” de Jesús. Jesús pide perdón por los mismos,
principalmente por los líderes y el pueblo judío, pero también por los romanos, que lo han
colocado en la cruz. Como tal, cumple Isaías 53:12, “intercedió por los pecadores”, de una
manera aún más poderosa. Es probable que Esteban en Hechos 7:60 (“Señor, no les tomes
en cuenta este pecado”) modeló su oración final después de la oración de Jesús para el
perdón aquí.
Jesús se convierte en el arquetipo de la víctima justa que ama a sus enemigos (6:27–31)
y revierte la norma para aquellos maltratados que buscan venganza. Él está viviendo su
modelo de oración para “perdonar a todos los que pecan contra nosotros” (11:4). Está
muriendo como sacrificio expiatorio para que Dios pueda perdonar a los pecadores, y por
eso pide perdón incluso para sus propios asesinos. Entonces esta oración es una
culminación apropiada para su vida de compasión. En un sentido muy real, esta oración
sienta las bases para la misión judía en Hechos. Jesús ora por el perdón por estos mismos
que lo han colocado en la cruz, y sus seguidores en Hechos usan este hecho para llamar al
pueblo judío al arrepentimiento por motivos de la cruz (Hechos 2:23–24, 36–39; 3:17–19;
4:10–12).
La base de la oración por el perdón es “porque no saben lo que hacen”. Ignoran el hecho
de que están crucificando a Aquel que es verdaderamente “Rey de los judíos” (v. 38) e Hijo
de Dios. Esta ignorancia será la base del llamado al arrepentimiento en Hechos 3:17; 13:27;
17:30. Por supuesto, este perdón solo puede obtenerse a través del arrepentimiento y la
decisión de fe, y la nación aún es culpable ante Dios. Sin embargo, el perdón está siempre
disponible y es la base del mandato de Pablo en Romanos 1:16 de llevar el evangelio
“primero al judío”.
Lucas solo hace un breve comentario de que “echaban suertes para repartirse entre sí
la ropa de Jesús”, una práctica que se hace comúnmente porque las posesiones del criminal
pertenecían legalmente a los soldados que lo ejecutaron. Juan 19:23–24 ofrece una
narración más larga y muestra este Salmo 22:18 cumplido: “Se reparten entre ellos mis
vestidos, y sobre mi ropa echan suertes”, el grito de desesperación de David por la burla
que le infligieron sus enemigos. El propósito es mostrar la impotencia externa de Jesús
como el Cordero sacrificial ante sus enemigos. Jesús murió avergonzado, desnudo para que
todos lo vieran. Tenga en cuenta el increíble contraste: mientras Jesús ora para que Dios los
perdone, están apostando por su ropa y burlándose de él frente a todos.
La burla que soporta (23:35–38)
La mayoría de la multitud estaba de pie viendo cómo se desarrollaban los eventos. Al igual
que con el Salvaje Oeste en el siglo XIX, las ejecuciones se convirtieron en entretenimiento.
La gente de la multitud se convierte así en testigo pasivo de la burla. Muchos aprovechan
para burlarse de Jesús, cumpliendo el Salmo [Link] “Cuantos me ven, se ríen de mí; lanzan
insultos, meneando la cabeza”. Aquí hay dos grupos de burlas (con un tercero en el v. 39) y
la inscripción en la cruz. La primera burla proviene de los “gobernantes”, los líderes de
Israel. Como en el Salmo 22 e Isaías 53, Jesús es ridiculizado, despreciado y burlado.
Al decir “salvó a otros”, extraen del número de veces que sanó o “salvó” a los enfermos
(6:9; 7:50; 8:36, 48, 50; 17:19; 18:42), burlándose cuando le dicen que se rescate de su
propia “aflicción”. Su desafío es que, si él es realmente “el Mesías de Dios, el Elegido”,
debería probarlo salvándose a sí mismo. Hay suprema ironía en este título completo; es una
burla de su parte, pero la verdad cristológica absoluta para Lucas y los lectores. Al no
salvarse a sí mismo, hará posible que se salven, aunque nunca lo reconocerán. Entonces,
toda la escena es irónica, ya que matan al único que puede darles vida.
Luego los soldados agregan sus burlas (23:36–37). Ofrecen a Jesús vinagre de vino, un
vino agrio que a menudo beben los pobres y los soldados. Si bien podría ser un acto de
amabilidad, es más probable que sea parte de la burla y alude al Salmo 69:21, “En mi comida
pusieron hiel; para calmar mi sed me dieron vinagre”, despreciando su condición
impotente. Se suman a los líderes, despreciando lo que para ellos era un título gracioso,
“rey de los judíos”, vinculado a la pregunta de Pilato (23:3), la túnica púrpura que le
pusieron a Jesús (23:11) y la inscripción de 23:38. “Dejen que este rey desnudo y flaco” se
salve “, gritaban desdeñosamente.
La inscripción se colocó en el poste sobre el travesaño y dijo: “este es el rey de los
judíos”, que Juan 19:19–22 nos dice que Pilato tenía la intención de burlarse de los líderes
aún más que Jesús. Para todos los Evangelios esto se convirtió en un gran énfasis
cristológico, ya que la cruz se convirtió en el trono de Jesús y las burlas se convirtieron en
un testigo irónico de los verdaderos efectos de la muerte sacrificial de Jesús. La gente se
reía de Jesús, pero las palabras de sus burlas eran ciertas en la escala cósmica. Esto se
convirtió en una celebración real, un evento de coronación.
Los dos criminales (23:39–43)
El contraste entre los dos criminales aquí resume el conflicto, uno se alineó con los
burladores y el otro con los seguidores de Jesús. El primer malhechor “lanzó insultos”,
repitiendo las burlas de los líderes y soldados: “¿No eres el Mesías? ¡Sálvate a ti mismo y a
nosotros! Se suponía que el Mesías debía venir con los ejércitos del cielo, destruir a los
romanos y rescatar al pueblo judío. El agregado “y a nosotros” se ajusta a esta expectativa,
pero nuevamente es enormemente irónico, ya que eso es exactamente lo que Cristo estaba
haciendo al entregarse a la cruz. Cristo estaba en proceso de lograr esta redención que el
criminal exige y, sin embargo, mucho más, porque esto sería la redención eterna, no solo la
liberación política.
De hecho, eso es exactamente lo que le sucederá al otro malhechor. Sería salvo y se
uniría a Jesús en el paraíso. Él reprende a su compañero en el crimen y es el único defensor
de Jesús, al darse cuenta y aceptar su relación con el Padre. Él desafía al hombre, “¿Ni
siquiera temor de Dios tienes?” El hombre está “bajo la misma oración” que Jesús, la pena
de muerte, pero bajo una oración mucho mayor, eterna, de Dios. Claramente, el otro
criminal realmente “teme a Dios”, el corazón mismo de ser un judío que vive bajo una
relación de pacto con Dios. Aquí “miedo” no es reverencia sino el terror de caer bajo la ira
y el juicio de Dios, el Juez eterno.
El segundo criminal reconoce y admite que son culpables de los crímenes por los que
están siendo crucificados (23:41) pero va un paso más allá: también se da cuenta de su culpa
ante Dios. Sin embargo, si bien ambos son culpables, Jesús es inocente, y el hombre lo
reconoce y se une a las voces que protestan por el sufrimiento y el rechazo del hombre
justo, es decir, los seguidores de Jesús. En un sentido muy real, este es su arrepentimiento.
Finalmente se arroja a la misericordia de Jesús (23:42), preguntando: “Jesús, acuérdate
de mí cuando vengas a tu reino”. Si el verso anterior representaba su arrepentimiento, esto
se convierte en su conversión. Él tiene fe completa no solo de que Jesús es el Mesías que
dice ser, sino que también es el Salvador que primero inauguró el reino de Dios en este
mundo y tiene el poder de traer a este exasesino al reino eterno de Dios. En esto se da
cuenta más que los propios discípulos. Esto va más allá de la liberación terrenal a la
salvación celestial. No sabemos de dónde obtuvo esta gran idea. Quizás tuvo algún contacto
previo con Jesús, o quizás la oración de Jesús para que su Padre perdonara a sus asesinos
tocó el corazón del hombre. Puede ser una combinación de los dos. El hombre quería
experimentar ese perdón divino para sí mismo y creía que Jesús no solo podía lograrlo sino
también incluirlo en su reino venidero.
La respuesta de Jesús es quizás la promesa más bella de las Escrituras y viene en forma
de una solemne frase (ver com. 4:24): “Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso”
(23:43). Esto es mucho más de lo que el hombre había esperado, ya que estaba pensando
en el futuro lejano, mientras que Cristo promete resultados inmediatos. “Paraíso” es un
préstamo persa para jardines reales, por lo que originalmente habló del jardín del Edén y
luego se convirtió en una metáfora del cielo como un nuevo Edén, la belleza de la vida futura
(Isaías 51:3), así como la morada celestial (1 Enoc 17–19; Salmos de Salomón 14:3; 2 Co.
12:4; Ap. 2:7). La promesa es que tan pronto como muera, se unirá a Jesús en el paraíso,
una referencia al estado intermedio (2 Co. 5:1–8; Fil. 1:23). Como tal, esta es una fuerte
evidencia de la deidad de Cristo. Él controla la puerta de entrada al paraíso, una autoridad
que solo Yahveh posee. Esto también es evidencia de que Jesús fue al cielo después de su
muerte, no solo en su ascensión (24:50–53). Esta última es una acción simbólica para
concluir sus apariciones de resurrección, que fueron apariciones del cielo.
Jesús muere (23:44–46)
Lucas omite el grito de abandono (Marcos 15:34), el comentario de Elías (Marcos 15:35–36)
y el ofrecimiento de vino agrio (Marcos 15:36) para centrarse en los portentos cósmicos
que demuestran el significado de la muerte de Jesús. Lucas nos dice que esto ocurrió al
mediodía (la sexta hora), el punto medio de la crucifixión, tres horas después del evento
(comenzó a las nueve de la mañana, Marcos 15:25). La oscuridad dura tres horas y resume
los derrames escatológicos del Antiguo Testamento que significan el día del Señor (Amós
8:9; Joel 2:30–31; Sof. 1:15). El mundo ha rechazado la luz de Dios y ha permitido que reine
el mal, quitándole la vida no solo a un inocente justo y no solo al Mesías de Dios enviado a
este mundo. Han matado al Hijo de Dios, el Salvador del mundo. La ira de Dios se enciende
y su ira es evidente. Hay un doble significado en esto. En cierto sentido, la muerte de Jesús
fue predestinada por Dios mismo, quien envió a su Hijo a morir en la cruz como nuestro
sacrificio expiatorio, para que nuestros pecados pudieran ser perdonados. En otro sentido,
es la humanidad pecadora la que puso a Cristo en la cruz, y la ira de Dios se enciende contra
aquellos que lo han hecho.
En este sentido, esto significa que el día del Señor ha sido iniciado, y se verá a través de
las apariciones de resurrección y Pentecostés. La nota adicional de que el sol deja de brillar
no indica un eclipse o un Siroco (el viento caliente del desierto trayendo una tormenta de
arena), como algunos han dicho. Este es un evento sobrenatural que es parte del juicio
divino. Significa que los poderes de las tinieblas aún están a cargo, y la ira de Dios se acerca.
El segundo augurio es la división del velo del templo, en Mateo 27:51, causado por un
terremoto. En Mateo 27:51 y Marcos 15:38 esto ocurre después de la muerte de Jesús.
Lucas lo coloca antes por razones temáticas, viéndolo como un portento cósmico. Se debate
si este es el velo exterior que marcó la entrada al santuario, es decir, el lugar santo o el velo
interior que separaba el lugar santo del lugar santísimo. El primero enfatizaría la naturaleza
pública del evento, ya que esa cortina (de sesenta por treinta pies de tamaño) era
increíblemente adornada, hecha de azul babilónico, escarlata y púrpura. Muchos prefieren
el rasgado más público, pero estoy de acuerdo con aquellos que dicen que el rasgado de
cualquiera de los velos se proclamaría en toda la tierra, y el velo interior tiene más
importancia teológica.
Dos temas principales surgen del desgarro del velo interior. Primero, como la oscuridad,
significa juicio sobre el templo y sobre Israel. El tiempo de adoración en el templo ahora ha
terminado, y Cristo es ahora la figura central en la adoración. En otro sentido, esto apunta
a la destrucción del templo en el año 70. Segundo, significa que el acceso a Dios ahora está
abierto para todos; El Lugar Santísimo está ahora encerrado en cada creyente, ya que el
Dios Trino ha entrado en nuestros corazones (Heb. 9:6–28; 10:19–22).
El último clamor y muerte de Jesús se presentan en el versículo 46. Su último clamor de
oración es: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” (23:46). Esto se extrae del Salmo
31:5, un salmo de compromiso con Dios frente a los enemigos y utilizado por los judíos
como parte de su oración nocturna antes de dormir. Esta tarde, la oración en el templo se
pronunció a las tres de la tarde, y en esa misma hora Jesús entrega su vida a Dios en ese
“sueño” final. Al final, la confianza de Jesús está completamente en su Padre, y él sabe que
lo llevará a casa. Esta es, de hecho, nuestra oración también, en cuestiones generales de la
vida, así como cuando estamos en “valles tenebrosos” (Salmo 23:4). Esta es una oración por
la resurrección, y está en el corazón de todo lo que somos y hacemos.
Con esto, “expiró”, en control hasta el final. Los poderes de la oscuridad no han ganado
sino perdido. En su muerte, la salvación fue asegurada para la humanidad, y no se produjo
cuando las fuerzas terrenales o cósmicas lo exigieron, sino cuando Dios así lo quiso. El mayor
acto de amor que la humanidad jamás haya conocido ahora estaba completo, y los poderes
de la oscuridad fueron definitivamente conquistados.
Lucas llama a la atención a los existentes (23:47–49)
El grito del centurión siempre ha sido visto como un punto culminante de la narrativa de la
crucifixión. Como centurión, habría sido jefe del batallón en el sitio y supervisaría toda la
operación. Había estado “al ver lo que había sucedido” durante las más de tres horas y había
visto de primera mano las respuestas de Jesús. Esta es su propia interpretación de todo. En
Marcos 15:39 y Mateo 27:54 proporciona el punto culminante cristológico de sus
respectivos Evangelios, diciendo: “Verdaderamente este era el Hijo de Dios”.
En Lucas, él proporciona la culminación teológica de la escena de la muerte, confesando:
“Seguramente este era un hombre justo [o “inocente”]”. Hay un doble significado en
“justo/inocente”, ya que ambos significados de dikaios están destinados. Jesús es el
inocente, justo sufriente. No hay conflicto real con Marcos y Mateo, ya que como romano
el centurión se refería especialmente al comportamiento justo de Jesús, por lo que Lucas
está traduciendo el título del Hijo de Dios en términos de su intención original. En Hechos,
a menudo se le llama a Jesús “el Justo” (3:14–15; 7:52; 22:14).
Al igual que el centurión, la multitud también vio “lo que sucedió” (23:48) y al regresar
a casa “golpeándose el pecho”, lo que indica un profundo dolor por el terrible evento.
Habían visto muchas crucifixiones y normalmente no habrían sido tocados, pero era
evidente que Jesús era inocente y verdaderamente justo. Esto sugiere fuertemente que se
dieron cuenta de su error al exigir su muerte en el juicio ante Pilato. Lucas enfatiza la
realidad de Cristo como el inocente y justo sufriente de Isaías 52–53, mostrado en el
reconocimiento de esto incluso por las mismas multitudes que exigieron su muerte ante
Pilato.
Finalmente, muchos de los seguidores de Jesús estuvieron presentes, especialmente las
mujeres “que lo habían seguido desde Galilea… viendo estas cosas”. Estas mujeres no se
nombran como en Marcos y Mateo, pero siguen siendo testigos oficiales de la crucifixión y
resurrección. Tenga en cuenta que los tres grupos de transeúntes se presentan como
testigos que vieron los acontecimientos. Estas serían las mujeres enumeradas en 8:1–3, y
Lucas se refiere a ellas como testigos oficiales de la muerte, sepultura y resurrección.
No sabemos quiénes eran “todos los conocidos de Jesús”, posiblemente la madre de
Juan y Jesús (Juan 19:26), así como algunos otros parientes y seguidores no identificados de
Galilea. Se pararon “a distancia”, probablemente no por temor a los romanos sino por
reverencia a Jesús. Los Once se acurrucaban a puerta cerrada (Juan 20:19) y, aparte de Juan,
nunca vieron a Jesús en la cruz, así que estos eran los seguidores más fieles.
Jesús es enterrado (23:50–56)
Era política romana sacar los cuerpos de la cruz antes del anochecer y arrojarlos a una fosa
común, y esto fue especialmente ordenado a la luz de la celebración de la Pascua (Dt. 21:22–
23), ya que tenían que estar en una tumba antes de la puesta del sol. Lucas se centra más
en la piedad de José de Arimatea, mientras que Marcos y Mateo presentan su posición
social. Era miembro del Sanedrín y un líder rico que era un seguidor secreto de Jesús (Juan
19:28) y discrepaba fuertemente de sus acciones.
En el versículo 50 se lo describe como “bueno y justo”, o recto (griego: dikaios),
vinculándolo con Zacarías, Isabel y Simeón (1:6–7; 2:25), y por lo tanto se identifica
estrechamente con “justo” Jesús. Se hace público con su fe cuando supervisa el entierro de
Jesús. Él es de Arimatea, un pueblo que no podemos localizar, señalado aquí para separarlo
de otros llamados José. Algunos interpretan que “esperar el reino de Dios” en el versículo
51 describe a un judío fiel en lugar de un cristiano, pero él es un creyente (Mateo 27:57;
Juan 19:38) que con Simeón y Ana anhelaba el reino final de Dios para llegar (2:25, 38). En
esto, el nacimiento y la muerte de Jesús se unen inextricablemente.
Normalmente, la práctica romana rechazó el entierro de los delincuentes ejecutados y
los puso en una fosa común o dejó sus cuerpos para que los depredadores los comieran.
Como miembro del Sanedrín, José hizo una solicitud oficial a Pilato para el cuerpo de Jesús
y se le concedió una excepción a la regla (v. 52). Pilato hubiera pensado que esto era algo
aceptable debido al carácter honrado de José.
Él personalmente (con Nicodemo, Juan 19:39–40) retiró a Jesús de la cruz (v. 53). El
cuerpo tuvo que ser derribado y enterrado al anochecer, y esta es la razón por la cual los
romanos rompieron las piernas de los criminales junto a Jesús en Juan 19:31–33: para
acelerar su muerte. Tomó el cuerpo, sin duda lo lavó y lo envolvió en lienzos, y según Juan
19:39 agregó cien libras de especias funerarias, convirtiéndolo en un entierro real. El
aspecto real también se encuentra en la nota de que se trataba de una tumba excavada en
la roca, algo que solo la realeza o las familias extremadamente ricas podían pagar.
Jesús está enterrado con increíble honor en la propia tumba de José. Era nuevo (Mateo
27:60; Juan 19:41), por lo que nadie había sido enterrado allí. No hace falta decir que la
tumba era una parte esencial de la imagen, porque después de la resurrección, la “tumba
vacía” se convertiría en sinónimo del Señor resucitado. En 1 Corintios 15:4–8, el entierro de
Jesús es parte integral de las imágenes de muerte y resurrección.
Lucas ahora proporciona una nota sobre la hora (23:54), diciéndonos que todo esto tuvo
lugar en el “Día de preparación”, el día antes del sábado, mientras se preparaban para las
festividades. Habría sido de jueves por la noche a viernes al anochecer, y todas las
actividades de entierro tuvieron que terminarse cuando terminó el “día”. Él observa esto
para explicar por qué los detalles del entierro se hicieron lo más rápido posible. José fue
completamente fiel a sus raíces judías en todo lo que hizo.
Las mujeres mencionadas en el versículo 55 eran las mismas mujeres que presenciaron
la muerte de Jesús en la cruz (23:49), y ahora son testigos oficiales del entierro y de la
resurrección (24:10). No se nombran hasta el versículo 10: María Magdalena, Juana y María,
la madre de Jesús. Ellas, no los discípulos, son los testigos elegidos por Dios de la realidad
de estos eventos. El hecho de que siguieron a José y “vieron el sepulcro” les permitiría
regresar en 24:1 sin dificultad. Se nos dice que observaron “cómo se colocó su cuerpo en
él”, haciendo hincapié en el lavado y envoltura del cuerpo con su colocación en la tumba.
En otras palabras, Jesús definitivamente había muerto y fue enterrado en la tumba, y fueron
testigos de la realidad de ese evento crucial.
Luego se nos dice que estas mismas mujeres volvieron a preparar “especias aromáticas
y perfumes” (v. 56). No pudieron regresar inmediatamente para ungir el cuerpo, porque era
el sábado de Pascua. Regresarían dieciocho horas más tarde, el domingo por la mañana,
para ese deber (24:1). Como los judíos se negaron a embalsamar los cuerpos, fue necesario
usar perfumes aromáticos para calmar el olor a descomposición. Se había convertido en un
rito religioso. Marcos 16:1 hace que las mujeres compren estos aceites perfumados después
del sábado, pero eso puede haber sido una cantidad extra para asegurarse de que tuvieran
suficiente. Entonces prepararon un lote de ungüentos justo después del entierro el viernes
por la tarde y luego compraron más camino a la tumba el domingo por la mañana. Lucas
usa estas actividades para proporcionar una transición desde el entierro hasta la
resurrección, como veremos también en 24:1. Ellas, como los discípulos, no esperaran nada;
estaban atendiendo a un cadáver con amor, pero no tenían más expectativas.
La crucifixión de Jesús está en el centro de la historia de la salvación, y cada detalle en
la narración de Lucas mira el significado y los efectos de este gran sacrificio por la
humanidad que Jesús efectuará en la cruz. Cada aspecto de la historia enfatiza la
humillación abyecta por la que tuvo que pasar. Al principio tuvo que soportar la viga
transversal, lo que significa que ya estaba muerto. Entonces un espectador, Simón de
Cirene, tuvo que soportarlo cuando demostró ser demasiado débil. Varias mujeres llorando
marcaron la pauta (vv. 27–31), más probablemente seguidores en duelo que dolientes
profesionales. Fue al mismo tiempo una escena trágica y triunfante, porque la salvación
eterna se estaba poniendo a disposición de la humanidad pecadora. Sin embargo, como dijo
Jesús, deberían estar llorando por ellos mismos y por la nación que le dio la espalda a su
Mesías y provocó la ira de Dios sobre su cabeza.
El primero de los tres últimos dichos ocurre cuando Jesús es clavado en la cruz, y en
lugar de clamar venganza, le pide a su Padre que perdone a los mismos que lo crucifican
(24:34). Al hacerlo, culmina su vida de compasión y se convierte en el arquetipo de aquellos
que aman a sus enemigos. El verdadero propósito de la cruz es hacer posible el perdón, y
Jesús ejemplifica eso.
En contraste, sus enemigos lo ridiculizan. Los soldados dividen sus vestiduras entre ellos
(v. 34b), y tanto los líderes como los soldados se burlan de él (vv. 35–38), cumpliendo las
Escrituras (Sal. 22:7; 69:21) y aportando más ironía. Se burlan de él por pretender ser Rey y
Mesías, cuando en realidad eso es lo que es. Por lo tanto, las burlas que soporta son
testimonio de la verdad sobre su verdadera naturaleza y oficio. Entonces, incluso la burla
aquí ¡es una fuente de adoración para nosotros!
El segundo último dicho proviene de los dos criminales crucificados con Jesús (vv. 39–
43). Mientras uno se une a las burlas, el otro se arrepiente y pide perdón. Jesús no solo lo
perdona, sino que sobre la base de que él es divino, parte de la Trinidad, promete que las
oraciones del hombre se le concederán ese mismo día y que acompañará a Jesús al paraíso.
Esta es la mayor revelación de toda la escena, demostrando que él no es solo el Rey y el
Mesías, sino Dios mismo.
A la muerte de Jesús, los portentos cósmicos interpretan el significado de la cruz para la
humanidad pecadora. Si bien hace posible la salvación para quienes creen, también significa
ira y juicio divinos para quienes se niegan a creer. La oscuridad (vv. 44–45a) significa que
Dios ha involucrado los poderes de la oscuridad para operar, lo que significa que el incrédulo
está en pecado. Durante tres horas, una ausencia de luz sobrenatural caracterizó la escena,
lo que significa que estos pecadores estaban bajo el juicio divino. Además, el velo del
templo, muy probablemente el interior, se rasgó en dos (v. 45b), lo que significa tanto la
destrucción venidera del templo como la apertura del acceso a Dios por la muerte de Cristo.
La cruz trajo a todos los verdaderos creyentes a la presencia misma de Dios, y nos hemos
convertido en templos, un virtual santo de los santos, con Dios en Cristo morando en
nosotros.
Jesús pronuncia el último de los tres gritos de oración en su muerte (v. 46), mientras
compromete su espíritu y entrega su vida (tiene el control hasta el final) a su Padre,
ascendiendo a su verdadero hogar celestial. Su último grito proviene del Salmo 31:5,
pronunciado en el mismo momento en que se rezó el pasaje en las oraciones de la tarde de
la ceremonia del templo.
Había tres grupos de espectadores (vv. 47–49). El centurión confiesa que Jesús es el
mártir justo “inocente” que no merece nada de lo que le ha sucedido. Las multitudes, en
cierto sentido, se arrepienten de su pecado de exigir la muerte de Jesús ante Pilato y lloran
de tristeza por su parte en provocar su muerte. Finalmente, varios de sus seguidores lloran
y, en cierto sentido, adoran a aquel en quien creen, pero a quienes no entienden.
El entierro de Jesús (vv. 50–56) fue notable en sí mismo, ya que José de Arimatea
proporcionó una tumba, un lugar de entierro que sería conocido por siempre estar vacío.
Solo José pudo satisfacer esta necesidad, porque era un judío rico que había comprado
recientemente una nueva tumba cortada en la ladera. Esto se convierte en un evento real,
ya que el verdadero Rey de Israel está enterrado en él y cuidadosamente envuelto en una
mortaja de entierro y José le da un entierro real, en preparación para cumplir la voluntad
de Dios. Podemos hablar de la cruz y la tumba vacía por lo que hizo José. Las mujeres fieles
se convierten en testigos oficiales de la muerte, sepultura y resurrección de Jesús, y los
cuatro evangelistas las mencionan para proporcionar continuidad entre estos eventos de
formación de la eternidad. Las mujeres estaban allí en cada una de las tres partes: la cruz,
el entierro y la tumba vacía, y podían dar fe de los detalles encontrados aquí.
LA RESURRECCIÓN DE JESÚS (24:1–53)
Una sola palabra en este comentario ha señalado este momento.
La resurrección es la culminación de cada tema en Lucas. La humillación de Jesús y el
énfasis en él como el humilde rey se han preparado ahora para su presentación como el
Señor exaltado. La muerte y resurrección de Jesús son un evento único en la historia de la
salvación. La muerte sin la resurrección es solo otra trágica pérdida de vidas inocentes, de
hecho, la muerte de un megalómano que pensó más en sí mismo de lo que tenía derecho.
La resurrección sin la cruz es una victoria militar sin corazón, dominación sin liberación. El
resultado es la gloria de Dios sin la salvación de la humanidad. Pero los dos sí ocurrieron
juntos, y el resultado es tanto la redención como la exaltación. Como dijo Pablo, si Jesús no
resucitó de entre los muertos, la fe cristiana es “inútil” y “vana” (1 Corintios 15:14, 17), sin
ningún significado verdadero. Pero veremos que Jesús fue resucitado, y las verdades
cristianas que creemos son correctas.
Ha habido muchos intentos a través de la historia para explicar la resurrección. Se
pueden reducir a siete teorías básicas:
1. Los fariseos y los líderes sobornaron a los guardias para decirles que los discípulos
habían robado a Jesús y escondieron el cuerpo, pero la iglesia primitiva mostró que
eso no encajaba con los eventos reales (Mateo 28:11–15). Los discípulos difícilmente
podrían haber dominado a los guardias y realizado una acción tan nefasta.
2. La teoría política de HS Reimarus en el siglo XVII decía que los discípulos no podían
aceptar su derrota e inventaron una historia sobre la resurrección porque querían
establecer su propio pequeño reino, pero el alto contenido moral de sus escritos no
les encaja como tales oportunistas políticos y fraudes.
3. La teoría del desmayo de Schleiermacher y otros de la escuela racional en los siglos
XVIII y XIX dijo que Jesús se desmayó de sus heridas en la cruz, entró en la tumba y
se escapó de ella. Pero los romanos eran expertos en la muerte y nunca hubieran
permitido que esto sucediera. La muerte de Jesús se enfatiza en cada Evangelio.
4. El enfoque mitológico comenzó con Frederick Strauss en el siglo XIX y dice que la
iglesia primitiva combinó temas de los mitos grecorromanos para construir la
historia. Sin embargo, 1 Corintios 15 muestra que la historia desarrollada se propuso
dentro de los cinco años posteriores al evento, y ningún mito se ha desarrollado tan
rápido. Está completamente relacionado con la creencia en un Dios sobrenatural y
se ajusta perfectamente a los datos.
5. Algunos creen en una teoría de visión subjetiva, que los discípulos tenían sueños que
los convencieron de que Jesús estaba vivo. Expresaron esto en sus predicaciones y
escritos, convenciendo a otros también. Sin embargo, muchos de aquellos a quienes
Jesús se apareció no eran creyentes (Santiago, Pablo), y una alucinación masiva a
“quinientos … al mismo tiempo” (1 Corintios 15:6) es poco probable.
6. Otros dicen que Jesús en realidad no apareció físicamente, sino que comunicó su
nueva vida a través de visiones de Dios desde el cielo que les mostraron la verdadera
realidad. Sin embargo, uno se pregunta por qué Dios haría una y no la otra
(apariencias físicas), especialmente porque todos los Evangelios y 1 Corintios 15
presentan por unanimidad las apariencias físicas reales.
Lucas 24 consta de cuatro episodios sucesivos que tienen lugar el mismo día. Sabemos
por Hechos 1:3 que Jesús realmente apareció durante un período de cuarenta días y
ascendió al cielo diez días antes de Pentecostés, cuando el Espíritu Santo vino sobre los
creyentes. Lucas lo presenta como un drama de un solo día con fines literarios. La primera
escena es la tumba vacía (vv. 1–12), ya que las mujeres desprevenidas y luego los discípulos
dudosos se enfrentan a la realidad del Señor resucitado. El segundo es la presencia de Jesús
como un extraño para dos seguidores en el camino a Emaús (vv. 13–35), abriendo sus ojos
a la nueva realidad. Tercero es la aparición a los Once en el aposento alto (vv. 36–49),
demostrando su exaltación y comisionándolos para su futuro ministerio lleno del Espíritu.
Cuarto es su ascensión al cielo (vv. 50–53), preparando el escenario para la era de la iglesia.
Varios temas importantes surgen de este notable capítulo, el tema central es el
movimiento de la incredulidad a la creencia, de la posibilidad a la probabilidad a la
actualidad: (1) un fuerte énfasis en la salvación enfatiza los propósitos redentores,
viéndolos como el cumplimiento de la Escritura (vv. 17, 26, 46), con los efectos
soteriológicos de la resurrección resaltados en Hechos; (2) la iglesia como comunidad
mesiánica de resurrección proporciona una transición a los Hechos y la misión de la iglesia
al mundo, comenzando con Jerusalén y avanzando hacia afuera; (3) el tema del testigo se
encuentra en el lugar de los ángeles y las mujeres en la historia mientras se preparan para
el testimonio de la iglesia al mundo; (4) el cumplimiento de la Escritura continúa del tema
de la narrativa de la pasión, como en los versículos 19–21, 25–27, 44–46; los eventos se ven
culminando la profecía del Antiguo Testamento; (5) un motivo de disculpa disipa
progresivamente la incredulidad, la duda y toda incertidumbre a medida que se demuestra
una y otra vez la realidad de la resurrección; (6) todo esto se combina para presentar a Jesús
no solo como el Mesías sino como el Señor exaltado y resucitado.
Descubren la tumba vacía (24:1–12)
Como lo ordenó la Torá (Éxodo 20:10; Deuteronomio 5:14), las mujeres pasaron el sábado
como un día de descanso, sin preparar especias ni ir a la tumba. Indudablemente pasaron
el día con un dolor absoluto, pero no vinieron a ungir el cuerpo de Jesús porque no se
permitía ninguna actividad en el día de reposo. Sin embargo, al domingo siguiente, vinieron
a realizar el rito sagrado al ungir el cadáver de Jesús con especias. Todos los Evangelios nos
dicen que este fue “el primer día de la semana”, ya que debido a la resurrección que lo
convirtió en “el día del Señor”, se convirtió en el día cristiano de adoración. Lucas enfatiza
que es el amanecer del día (“muy de mañana”) y, de hecho, Juan 20:1 afirma que todavía
está oscuro. Se fueron cuando aún era de noche y llegaron justo después de que saliera el
sol. Al traer la pomada preparada, habían llegado a ungir un cadáver, sin expectativas
derivadas de las predicciones de la pasión de Cristo (9:22; 18:32–33).
Juan 20:1–2 nos dice que, en este punto, María Magdalena cree que el cuerpo de Jesús
fue robado de la tumba y regresa a los discípulos, lo que desata a Pedro y a Juan por su
carrera hacia la tumba. Las otras mujeres permanecen, donde se encuentran con los ángeles
y pasan al siguiente aspecto del relato sinóptico. Los dos eventos, la carrera hacia la tumba
y las mujeres que se encuentran con los ángeles, ocurren simultáneamente, con Pedro y
Juan llegando justo después de que las mujeres se hayan ido.
El relato de Lucas de los eventos en la tumba en los versículos 2–3 abrevia Marcos y
Mateo, enfocándose en la acción que lleva al clímax en “Señor Jesús”. No hay detalles sobre
la piedra rodada, destacando los resultados, ya que la tumba ahora está abierta para que
las mujeres puedan arrastrarse. Normalmente había una abertura de tres pies con una
piedra en una ranura (para proteger de los ladrones de tumbas), pero la piedra había sido
removida. Las mujeres tendrían que arrastrarse por la abertura para entrar con las especias.
Cuando entran, encuentran la tumba vacía, sin ningún cuerpo en la tumba. Tenga en
cuenta la progresión: “encontraron que había sido quitada la piedra … no hallaron el
cuerpo”. Estamos en medio del conjunto más notable de eventos en la historia humana, y
el milagro culminante ya ha tenido lugar sin su conocimiento. Incluso después de todas las
predicciones de Jesús de que su muerte conduciría a su resurrección, las mujeres y los
discípulos no esperan nada, atrapados en su dolor. Los ángeles rodaron la piedra (Mateo
28:2–4), y ahora están esperando a las mujeres.
Como habían visto a José colocar el cuerpo de Jesús en la tumba, las mujeres estaban
completamente “perplejas” (aporeō; NVI: “preguntándose”) lo que había sucedido (v. 4).
Mientras reflexionaban sobre la situación confusa, dos figuras aparecieron en la tumba y
“se pararon a su lado”. Mientras se ven como hombres, Mateo y Juan los llaman lo que
realmente son: ángeles (compárese con 24:23, donde Lucas aclara esto). Aun así, no son
hombres normales, porque su ropa “era resplandeciente”, haciéndose eco tanto del
transfigurado Jesús (9:29; 10:18) como de los dos ángeles en la ascensión (Hechos 1:10). La
presencia de dos hombres/ángeles recuerda la demanda de dos testigos en Deuteronomio
19:15 y muestra que los ángeles se unen a las mujeres como testigos oficiales de la realidad
de la resurrección.
La repentina presencia de estas figuras celestiales, como en todas las manifestaciones
visibles de los seres celestiales, produce terror por parte de las mujeres. El miedo y la
postración —los “se postraron sobre su rostro” (v. 5) —son respuestas comunes a la
manifestación de Dios de sí mismo a través de seres angelicales. Las mujeres están llenas
de asombro y sorpresa.
Los ángeles no tendrán nada de eso. Están aquí para corregir un error de fe, un fracaso
por parte de los seguidores de Jesús para comprender y aceptar su propio testimonio
profético de lo que seguiría a su muerte. Están enfocados en un cadáver, pero no hay
cadáver, por lo que los ángeles reprenden su terrible error: “¿Por qué buscan ustedes entre
los muertos al que vive?” Jesús está vivo, entonces el lugar para encontrarlo no es una
tumba. Están buscando algo completamente equivocado.
En un lenguaje parecido a Marcos 6:6, los ángeles corrigen explícitamente su error: “No
está aquí” (24:6). Sal de la tumba; ¡ahí no está Jesús! Este no es un momento de tristeza
sino de alegría. Entonces, la notable verdad se afirma por primera vez: “¡Ha resucitado!”
Este es un pasivo divino (ēgerthē), que significa “Dios lo resucitó de entre los muertos”. Dios
ha estado trabajando en todo momento durante la vida de Jesús, y ahora su poderosa obra
ha culminado en la vida máxima.
Lo que las mujeres deben hacer es “recordar lo que les dijo, cuando todavía estaba con
ellas en Galilea”. Estas son las predicciones de la pasión de 9:22; 18:32–33, con varios otros
a la vista también (5:35; 9:44; 12:50; 13:32–33; 17:22, 25; 22:22). No deberían haber estado
preparando ungüentos para ungir el cuerpo de Jesús y preocuparse por cómo entrar en la
tumba. Deberían haber estado en una anticipación sin aliento para que sus promesas
proféticas se cumplieran. Los ángeles los resumen en el versículo 7: “El Hijo del Hombre
debe ser entregado a manos de hombres pecadores y ser crucificado, pero al tercer día
resucitará”. El título del Hijo del Hombre se encuentra en la mayoría de las predicciones de
Jesús y destaca los antecedentes de Daniel 7:13–14: Jesús como el Hijo del Hombre
glorificado con dominio y autoridad sobre la creación de Dios.
El énfasis está en la necesidad divina, el “tiene que” (dei) que domina la muerte y
resurrección de Jesús. Sería entregado a la humanidad “pecadora” para morir para que sus
pecados pudieran ser perdonados. El “tercer día”, por supuesto, se refiere al hecho de que
Jesús murió el viernes (tarde), el sábado y el domingo (noche), tres días según el cálculo
judío. El tercer día es el día de la nueva vida (Oseas 6:2; Jonás 1:17).
Finalmente “recordaron sus palabras” y se despertaron (24:8). El tema del recuerdo (ver
22:61; Hechos 11:18) es la clave para el crecimiento espiritual en toda la Escritura y los guía
a ellos y al lector a darse cuenta de la realidad de la resurrección. Sus mentes hicieron el
cambio a la mayor verdad jamás pronunciada. Cuando recordaron cómo Jesús había
profetizado las últimas treinta y seis horas, la alegría finalmente pudo salir a la superficie.
Esta es la base de su informe en el próximo verso. No es comisionado por el ángel, sino que
surge naturalmente de la alegría burbujeante en la nueva realidad. Deben decirle a los
demás.
Llenas de emoción, las mujeres volvieron corriendo hacia las otras que, según Juan
20:19, todavía habrían estado en el aposento alto, donde se habían escondido de las
autoridades durante todo el tiempo en que Jesús estaba en la cruz y en la tumba. Tenían
que decirles a los demás lo que los ángeles les habían impartido. “Todos los demás” podría
ser el 120 de Hechos 1:15. Esto parece contradecir Marcos 16:8, que los hace decir “nada a
nadie, porque tenían miedo”. Sin embargo, cuando combinamos a los demás, Mateo tiene
el medio entre Marcos y Lucas, y las mujeres salen “asutadas pero muy alegres” para
decirles a los discípulos (Mateo 28:8). Marcos enfatiza el lado negativo, el miedo que
inicialmente sintieron, y Lucas la alegría que sintieron después de que Jesús los encontró en
el camino (Mateo 28:9–10), una apariencia que Lucas omite, prefiriendo guardar eso para
el viaje de Emaús.
Es aquí donde nos dicen los nombres de las mujeres, probablemente para enfatizar su
presencia como testigos oficiales de la resurrección. Son las mujeres que sirvieron como
mecenas y simpatizantes del grupo de apóstoles en 8:1–3. María, la madre de Jacobo, es la
misma que en Marcos 15:40; 16:1. Las “otras con ellas” eran otras mujeres de Galilea que
ahora estaban con estas tres. La mayoría de ellos eran parte del séquito que viajó con Jesús
en su ministerio y ahora se reunieron alrededor de estos eventos tumultuosos.
Los resultados del informe son decepcionantes. Las mujeres no tienen la autoridad de
los ángeles, y los otros seguidores no les creen. De hecho, “el relato les pareció una
tontería”, un término (lēros) utilizado para describir el delirio. Los discípulos representan la
reacción normal de la humanidad a las noticias de la resurrección. Este es un motivo
principal en los cuatro relatos del Evangelio (Mateo 28:17; Juan 20:25, 27). La duda y la
incredulidad son las respuestas humanas regulares a tales noticias. Simplemente no es
normal y no parece posible. Sin embargo, ese es el punto. Lo que los humanos no pueden
concebir o hacer es el lugar donde Dios actúa. De hecho, esto es una prueba más de la
fiabilidad histórica de estos informes. No hay ningún intento de minimizar o explicar la lucha
titánica que los discípulos tuvieron con la verdad de la resurrección. Les resultaba tan difícil
de creer como el resto de nosotros. Sin embargo, sucedió, y como resultado ¡el mundo
nunca será el mismo!
La reacción de Pedro en el versículo 12 recuerda su carrera hacia la tumba con Juan en
Juan 20:2–10 y probablemente se deba a ese evento. Él es el único miembro curioso y tiene
que ver por sí mismo de qué están hablando las mujeres y así corre a la tumba. Inclinándose
para ver en la pequeña abertura donde había estado la piedra, él mira y ve “solo las vendas
de lino”. La ropa de la tumba ya no está alrededor del cuerpo de Jesús, lo que significa que
ha resucitado.
El término traducido “extrañado” (thaumazo) normalmente significa “lleno de
asombro” o “asombrado” y podría significar que creía en la resurrección de Jesús. Sin
embargo, el contexto y el paralelismo en Juan 20:6–7 hacen que sea más probable que esté
perplejo e inseguro como lo habían estado las mujeres. Entonces la traducción NVI está
justificada. El estado de tensión es evidente, con las mujeres creyendo, casi todos los demás
son incapaces de hacerlo, pero Pedro desconcertado por la evidencia real en la tumba. La
escena está preparada para la siguiente etapa, el viaje de Emaús a la fe.
Jesús aparece en el camino a Emaús (24:13–35)
Esta es una escena de reconocimiento ya que las dudas e incredulidades de los seguidores
de Jesús finalmente son revocadas por el Señor resucitado. Lucas ha construido su narrativa
para mostrar cuán natural es luchar con la realidad de la tumba vacía, pero que Dios mismo
intervendrá para contrarrestar las dudas humanas y darnos a conocer la verdad de la
resurrección. Dios ha cerrado deliberadamente sus ojos porque quiere que la verdad se
haga evidente y que el reconocimiento llegue a través de la intervención divina directa en
la apertura de la palabra (vv. 26–27, 32) y en el partimiento del pan (vv. 30–31). El ojo de la
fe es necesario para comprender esta verdad increíble, pero Dios proveerá. La lucha que
todos tenemos con las verdades eternas se representa gráfica y brillantemente en esta
maravillosa historia.
Algunos han dudado de la veracidad histórica de esta narrativa, ya que se encuentra
solo en Lucas e implica la revelación sobrenatural de Dios. Sin embargo, es muy realista, y
es mucho más probable que dos discípulos desanimados tuvieran esta misma experiencia y
personificaran también lo que los otros pasaron. Todos podemos identificarnos con su
odisea desde la duda hasta la fe. Para cada uno de nosotros, Jesús a menudo aparece como
un extraño a quien no podemos reconocer, pero se nos revela progresivamente.
Dos discípulos desanimados se encuentran con un extraño (24:13–16)
En ese “mismo día” cuando los eventos ocurrían en la tumba vacía y el aposento alto, dos
de los discípulos, Cleofas (v. 18) y un seguidor sin nombre, probablemente de unos 70 o
120, caminaban desanimados a casa (?) a un pequeño pueblo llamado Emaús. No sabemos
dónde estaba realmente, pero Josefo (Guerra judía 7.217) observa a Emaús acerca de un
viaje de ida y vuelta de sesenta estadios, o siete millas, desde Jerusalén, y eso tiene sentido.
No hace falta decir que su discusión se centró en “todo lo que había acontecido” (24:14),
lo que significa que acababan de irse. Los siguientes versículos muestran que se referían a
la muerte, el entierro y el informe de las mujeres sobre la tumba vacía. Entonces tipifican el
estado mental de todos los seguidores, aparte de las mujeres, totalmente desanimados por
la muerte de Jesús y confundidos por lo que las mujeres habían dicho y lo que Pedro había
encontrado. Lo principal es que están confundidos y desanimados.
De repente, su discusión se interrumpe y un extraño se une a ellos. Se nos dice que es
“Jesús mismo” y estamos emocionados de ver su reacción, pero no hay una. Esto es
bastante enigmático, ya que sin duda habían estado entre los seguidores dedicados y lo
conocían extremadamente bien. Para ellos, él es solo otro peregrino que se dirige a casa
desde el festival. Una cosa que esto asegura al lector de inmediato es la naturaleza física de
la resurrección. Esto no es una aparición, sino una persona viva.
La clave de toda esta historia de Emaús se ve en el versículo 16, donde Lucas nos dice
que “us ojos estaban velados”, con otro significado pasivo divino. No está tan estropeado o
cambiado que la gente no pueda saber quién era. Esta es una ignorancia divinamente
intencionada. Veremos por qué a medida que se desarrolla la historia. Este ocultamiento
dramático es apocalíptico, parte de las intenciones de Dios del tiempo del fin y similar a la
comprensión oculta de Dios de las predicciones de la pasión en 9:45 y 18:34. Dios determina
cuándo llega la comprensión, y aquí la revelación de Jesús estará relacionada con la palabra
proclamada y el pan partido (24:31). Por lo tanto, estos dos nos caracterizan, mientras
caminamos en la ignorancia y no nos damos cuenta de la presencia de Cristo en nuestras
vidas.
La conversación de los jornaleros (24:17–27)
Hay una gran ironía en esta escena, ya que Aquel que está pidiendo noticias es la noticia en
sí que están compartiendo. Toma la apariencia de un desconocido ignorante de lo ocurrido
y le pregunta qué están discutiendo. Hay un cambio dramático maravilloso en esto, ya que
los lectores sabemos que la ignorancia real es de ellos. Su aturdida quietud y su aspecto
“abatido” son testimonios elocuentes de su ignorancia. Deberían estar saltando de alegría,
pero en cambio son sombríos en su desánimo y derrota.
No sabemos casi nada acerca de Cleofas, ya que no aparece en ningún otro lugar (ni en
las “Clopas” de Juan 19:25). Él es incrédulo y hace la pregunta obvia, preguntándose cómo
podría ser posible que alguien venga de Jerusalén y no sepa nada sobre los acontecimientos
recientes. Simplemente no parece posible que un peregrino haya pasado por alto los
eventos que consumieron tanto a toda la gente de Jerusalén. Lo que le sucedió a Jesús fue
tan público y conocido que nadie podía ignorarlo. Hay más ironía en esto, porque Jesús es
el único que sabe exactamente lo que sucedió.
En respuesta a la pregunta principal del extraño, “¿Qué cosas?” La pareja resume lo
ocurrido. Lucas incluye esto para enfocar la mente del lector en el escenario detrás del
evento de resurrección. La respuesta resume los eventos de la cruz (vv. 19–21) y la tumba
vacía (vv. 22–24), indicando que las esperanzas y los sueños de los discípulos han sido
aplastados. Al principio, se presenta su comprensión inadecuada. Este hombre era Jesús,
quien surgió de Nazaret y para ellos había sido “un profeta, poderoso en obras y palabras
delante de Dios y todo el pueblo”. Jesús como profeta es ciertamente cierto, recordando
4:18–19, 24; 9:35. Probablemente tienen en mente al profeta como Elías, hacedor de
milagros. Al mismo tiempo, no comprenden completamente, centrándose en su
predicación autorizada y su ministerio milagroso, pero no lo reconocen como el Mesías
sufriente y el Hijo de Dios. Jesús corregirá esto en el versículo 26. Deberían haberse dado
cuenta de su destino como el Siervo Sufriente de Isaías.
La “entrega” de Jesús a sus enemigos recapitula las predicciones de pasión de 9:22, 44;
18:32. Aun así, en última instancia, fue Dios quien entregó a Jesús en manos de sus
enemigos, y en ese sentido Jesús se entregó como el sacrificio expiatorio por los mismos
que lo pusieron en la cruz. Luego declaran los resultados de esto para sus propias
esperanzas, que fueron frustradas por los terribles eventos (24:21). Cuando dijeron que
esperaban que él “fuera el que redimiera a Israel”, no estaban pensando en la redención
como nosotros. Pensaban en la liberación mesiánica, una victoria política sobre Roma y los
enemigos del pueblo de Dios. Los seguidores de Jesús todavía no entienden el verdadero
significado de la cruz o de los eventos que han sucedido. Les tomará los cuarenta días
completos de las apariencias para darse cuenta de todo lo que Dios ha hecho al enviar a
Jesús a morir y ser resucitado. De hecho, será Pablo quien lo ponga todo junto.
Su afirmación de que “es el tercer día desde que sucedió todo esto” es sumamente
irónico. Están pensando completamente desde una perspectiva temporal, que Jesús murió
en la cruz tres días antes (viernes, sábado, domingo). Para Lucas y para nosotros, el lector,
este es el motivo del tercer día, el cumplimiento de la predicción de la pasión de Jesús de
que resucitaría al tercer día (9:22; 13:32; 18:33).
Luego, su narración se convierte en la tumba vacía mientras informan sobre la visita de
las mujeres (24:22). No fue el hecho de que fueron a la tumba para ungir los cuerpos lo que
sorprendió a los discípulos; eso era de esperarse. Fue el hecho de que “no encontraron su
cuerpo”. Uno podría pensar que esto los habría ayudado a recordar las predicciones de la
pasión, ya que cambió el rumbo de las mujeres cuando los ángeles les recordaron. Pero
ellos también parecían cegados a la verdad (como los dos en el camino a Emaús). Como
vimos en el versículo 11, el informe fue visto como “sin sentido”. Este fue también el caso
de la aparición de los ángeles. Observe que los dos discípulos aquí lo informan como “una
visión de los ángeles, que dijeron que estaba vivo”. Para ellas, las mujeres deben haberlo
soñado, ya que no estaban listas para aceptar la verdad de los ángeles en la tumba o de la
realidad de la resurrección de Jesús. Esto debería haberlos llevado a creer, pero no fue así.
Nuevamente, la increíble ironía es que le están diciendo esto al Señor resucitado.
Finalmente, relatan (24:24) la historia del versículo 12 y Juan 20:3–10. Tenga en cuenta
que ahora son “algunos de nuestros compañeros”, no solo el propio Pedro, lo que refleja la
tradición de Juan 20 de que fueron Pedro y Juan. Entonces la tumba vacía ahora fue probada
por algunos de sus propios miembros que corroboraron el informe de las mujeres. La nota
adicional de que “no vieron a Jesús” se refiere a Pedro y a Juan en lugar de a las mujeres,
que en Mateo 28:9–10 encontraron a Jesús. Escuchar sobre él es insuficiente; Exigen ver al
Señor resucitado por sí mismos. Irónicamente, estaban haciendo exactamente eso.
Mientras miraban al Jesús resucitado, dijeron en esencia: “Si tan solo pudiéramos verlo”.
Por lo tanto, su duda predomina sobre toda esta evidencia, y siguen siendo escépticos. Sin
embargo, la tensión está aumentando y exige una resolución, que pronto será provista por
Dios mismo.
Jesús los reprende primero por no entender su pasión y el cumplimiento bíblico que
representaba. Esto es más fuerte que la reprimenda de los ángeles a las mujeres en el
versículo 5; deberían haberlo sabido mejor, porque tenían la Escritura misma para guiarlos.
Los acusa de ser “torpes” y “tardos de corazón para creer” en la verdad mirándolos a la cara
después de mil años de revelaciones proféticas y sin comprender lo que los profetas dijeron
por unanimidad, incluso después de que Jesús explicara la profecía en varias ocasiones a
ellos. Tenga en cuenta que es “todo lo que han dicho los profetas”, es decir, el testimonio
universal de los profetas. Esto no significa que todas las profecías apuntan a Jesús, sino que,
en general, todo el testimonio profético tenía la intención de prepararse para la venida de
Jesús el Mesías.
Jesús explica el testimonio profético primario en el versículo 26: “¿Acaso no tenía que
sufrir el Cristo estas cosas antes de entrar en su gloria?” Por supuesto, Jesús habló de sí
mismo como el Mesías sufriente justo, el Siervo de Yahveh de Isaías 52–53, en sus
predicciones de pasión (9:22, 44; 18:32–33). Esto se enfatiza tres veces (vv. 7, 26, 44) y es
uno de los temas principales de este capítulo. El énfasis está en el “deber” divino (edei):
“tendría que sufrir”. Detrás de esto están los salmos de lamento (31; 69; 118), así como
Isaías 52–53. Aunque el judaísmo no tenía esta comprensión en sus expectativas
mesiánicas, Jesús esperaba que los discípulos lo hubieran captado de su enseñanza. El
hecho de que no lo hayan hecho demuestra cuán “torpes” y “tardos” se habían vuelto.
La resurrección se ve en el agregado “entrar en su gloria”. Sus predicciones de la pasión
(9:22; 18:33) terminaron con esta promesa, y habló de su futura gloria en 9:26; 21:27. Ya
habían visto esto en su transfiguración, y por lo tanto esperaba que sus seguidores también
lo hubieran captado. La exaltación de Cristo a la diestra de Dios desde el Salmo 110 había
llegado, y estaba ansioso por compartir esta maravillosa verdad con sus seguidores. El
hecho de que no estuvieran listos y no pudieran recibirlo fue extremadamente
decepcionante. El mensaje de 1 Pedro 1:10–11, que el sufrimiento es el camino a la gloria,
era desconocido para ellos.
Entonces el Señor extraño/resucitado tomó el asunto en sus propias manos:
“Comenzando con Moisés y todos los Profetas, les explicó lo que se refería a él en todas las
Escrituras” (24:27). ¡No todos deseamos poder ser una mosca en la pared y escuchar
exactamente lo que dijo! Todos los debates sobre el Antiguo Testamento en el Nuevo se
resolverían. Entonces, Jesús trazó el cumplimiento mesiánico a través del Antiguo
Testamento y demostró que todo apuntaba a él. “Todas” aparece tres veces en los
versículos 25–27 para enfatizar el retrato mesiánico completo en las Escrituras (compárese
con 24:25; Hechos 17:2, 11; 18:24, 28). Todo esto fue “explicado”, y aun así los dos no
reconocieron a Jesús. Aún no era el momento; un elemento necesitaba ser agregado.
El compañerismo de mesa y la partición del pan (24:28–31)
Ese artículo tiene lugar ahora. Dios había determinado que sus ojos se despejarían con la
apertura de la palabra y el partimiento del pan, es decir, a través de las Escrituras y la
adoración. A medida que el grupo de viajeros se acerca a Emaús, Jesús actúa como si tuviera
la intención de pasar por la ciudad para que le suplicaran que se quedara. Obviamente no
querían que se fuera y le “insistieron” a que se quedara con ellos, con la excusa de que esa
noche había llegado y que era demasiado tarde para que él continuara su viaje. Esta es la
forma en que Dios desea que suceda el evento, con los hombres mismos fuertemente
involucrados en la acción. El compañerismo en la mesa es posible gracias a esta solicitud.
Jesús entra a su casa para quedarse con ellos.
El compañerismo de mesa en el mundo judío significaba que todos los participantes
compartían no solo su comida sino también sus vidas. Se hicieron uno al compartir una
comida. Como Dios estaba presente, esto significaba una unión con él. Se convirtió en el
lugar perfecto para que Dios abriera sus ojos a la realidad del extraño en medio de ellos
como el Señor resucitado. La descripción aquí recuerda el milagro de la alimentación (9:16)
y especialmente la Última Cena (22:19): “tomó el pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio”
(24:30). Sin embargo, no creo que esto signifique que están tomando la Eucaristía, ya que
no se menciona el vino (aunque muchos otros intérpretes no están de acuerdo). En
cualquier caso, es una celebración sagrada y significa que la iglesia es la familia de Dios
compartiendo una comida con el Jesús resucitado. Se convierte en una transición de la
comunión en la mesa de Jesús y sus discípulos a la de la iglesia primitiva (el “partimiento del
pan” en Hechos 2:42, 46; 20:7, 11; 27:35).
Este es el momento en que Dios elige abrir sus ojos (24:31), y ellos “reconocieron” al
extraño como Jesús resucitado. Casi con certeza, sus ojos estaban saltones y sus bocas se
abrieron cuando se dieron cuenta finalmente de quién era. Este es el punto culminante de
la historia de la resurrección hasta el momento. La tumba vacía finalmente ha producido
ojos abiertos, y están completamente asombrados. En un milagro inverso, Jesús, justo
después de aparecer y revelarse a ellos, desaparece de ellos. Es difícil saber qué leer en
esto. El énfasis aquí está en la realidad de la resurrección de Jesús como un estimulante
para la misión, al deber de los dos de contarles a los demás y difundir las buenas nuevas del
Señor siempre vivo.
Los resultados de la acción (24:32–35)
Lucas nos dice primero el resultado interno con los dos (v. 32) y luego los resultados
externos con los otros discípulos (vv. 33–35). Ahora que Cleofas y su compañero conocen
la identidad del Señor resucitado, reflexionan sobre sus emociones cuando les enseñó
desde el cumplimiento de las Escrituras: “¿No ardía nuestro corazón?” Sus ojos habían
estado cerrados y sus mentes tontas habían sido lentas, pero ahora recuerdan que mientras
el extraño les habló y les enseñó, sus emociones más profundas habían estado ardiendo
todo el tiempo. Al igual que con Juan Wesley mucho más tarde, sus corazones fueron
“extrañamente emocionados”. Tenga en cuenta que no es solo la exposición de Jesús de la
verdad bíblica sino también su conversación general. El Señor resucitado los tocó
profundamente con cada una de sus palabras, pero especialmente con las verdades del
cumplimiento de las Escrituras.
Estos dos se convierten en un segundo grupo de testigos después de que las mujeres de
las noticias de la resurrección, cuando “al instante” dejan Emaús y regresan triunfantes a
Jerusalén. Este es el motivo del viaje de Lucas, dejando a Jerusalén en la derrota y
regresando con gozo con el conocimiento de que Cristo ha resucitado. Se fueron en la
oscuridad (literal y figurativamente) y regresaron con una luz gloriosa. De hecho, en el
versículo 34 “Simón [Pedro]” se convierte en un tercer testigo a medida que aprenden el
informe adicional de que “el Señor ha resucitado y se le ha aparecido a Simón”. El grupo de
los apóstoles ha sido diezmado por la pérdida de Judas Iscariote y será “los Once” aquí y en
Hechos 1 hasta que agreguen a Matías y se conviertan en los Doce una vez más.
La fe de los Once se ha desarrollado enormemente desde que Cleofas y el otro discípulo
se fueron, y ya han comprendido la realidad de la resurrección por el testimonio de Simón
de que el Señor se le apareció. Esta aparición se encuentra en 1 Corintios 15:5 pero no está
registrada en ninguna otra parte de los Evangelios. Lo más probable es que ocurriera justo
después del evento de la tumba en el versículo 12 (=Juan 20:3–10), y el alegre testimonio
de Pedro convenció a los demás. Entonces el informe de estos dos corroboró esa gran
noticia. En cuanto a por qué ningún escritor del Evangelio cuenta la historia, ¡tendremos
que preguntarles cuando lleguemos al cielo!
Los dos agregan su informe de que Jesús se les apareció (24:35), y eso indudablemente
causó aún más alegría. Ahora ha habido cuatro apariciones: a las mujeres (Mateo 28:9–10),
a María (Juan 20:11–18), a Pedro (aquí) y a los dos en el camino a Emaús (aquí). Los cuarenta
días notables de apariciones del Resucitado han comenzado seriamente. Observe aquí los
dos elementos en la apertura de los ojos: la proclamación de la palabra (v. 32) y el
partimiento del pan (v. 35), que proporcionan las dos lecciones principales del viaje por el
camino de Emaús. El Cristo viviente también está mediado por nosotros a través de la
palabra y a través de la comunión viva con él, ya sea la Eucaristía (Hechos 2:42; 20:7, 11;
27:35) o una comunión más general con el Señor, muy probablemente la última.
Jesús aparece a los once en Jerusalén (24:36–49)
Esta es la misma apariencia que en Juan 20:19–23 y 1 Corintios 15:5. Hay cuatro elementos
de gran importancia en esta historia, cuatro verdades teológicas que se destacan: (1) La
realidad física de la resurrección, vista primero en la exhibición de su cuerpo físico (vv. 39–
40) y su comida (vv. 42–43); (2) el tercer énfasis en la resurrección que cumple las Escrituras
(vv. 44–46); (3) la misión al mundo que fluiría de esta escena (vv. 47–48); y (4) la venida del
Espíritu para inaugurar la nueva era (v. 49). El mensaje de este incidente es que ha llegado
el momento de que comience la nueva era, y deben esperar en Jerusalén por un corto
tiempo mientras Dios inicia este nuevo período histórico de salvación.
La aparición y la prueba física (24:36–43)
El énfasis está en la repentina aparición de Jesús en medio de ellos, un tema común en
todos los Evangelios, como cuando se transportaba a través de las puertas y paredes en
Juan 20:19. Desapareció en 24:31 y ahora reaparece de la misma manera, por medios
sobrenaturales. Ya no está retenido por las leyes naturales. Su saludo cambia todo, ya que
todo el miedo y la duda se borran en un instante. “Todavía estaban ellos hablando” continúa
el tema del mismo día. Aquí y en Juan 20 esto ocurrió el primer día de la resurrección. La
caminata a Emaús habría tomado alrededor de tres horas en cada sentido, por lo que fue
una reunión al final de la tarde.
Imagina la escena. Los discípulos se llenaron de pena por la destrucción de sus sueños,
pero luego comenzaron a filtrarse informes que les dieron un atisbo de esperanza que al
principio estaban demasiado abatidos para aceptar. Pero la incredulidad y la duda se
convirtieron lentamente en perplejidad y luego en esperanza. Aun así, todo fue de segunda
mano. De repente, Jesús está con ellos, pero todavía están demasiado conmocionados y
temerosos de aceptar plenamente la realidad. La promesa de Jesús de “paz” es mesiánica y
contrarresta su temor al próximo versículo. Hay un doble significado en esto. En un nivel es
el shalom habitual del saludo. En el nivel más profundo cumple Isaías 9:6; 52:7, y significa
que la paz mesiánica de Dios era ahora suya para experimentar.
Su primera reacción (24:37) es la respuesta normal a una teoría, una manifestación de
Dios y sus mensajeros: miedo. Su duda e incredulidad los lleva a concluir que “veían un
espíritu [pneuma]” similar a la aparición de Samuel en 1 Samuel 28:3–19. Todavía no están
listos para encontrar la fe para aceptar la verdad. Su naturaleza humana todavía está en
control. Piense en cuánta evidencia están descartando: las predicciones anteriores de la
pasión de Jesús, el testimonio de las mujeres, la experiencia de Pedro, las dos de Emaús, y
ahora la aparición del mismo Jesús. Esta es una lectura obligada para todos en nuestros días
que tienen serias dudas sobre la realidad de la resurrección de Jesús. ¡Los discípulos están
contigo todo el camino!
Los discípulos necesitaban mucha ayuda, y Jesús ahora procede a proporcionar
exactamente eso (24:38–39). Comienza con una ligera reprimenda similar a los ángeles con
las mujeres en los versículos 5–6: ¿Por qué se asustan tanto? ¿Por qué les vienen dudas?
No hay razón para tales reacciones negativas; Tengan un poco de fe. Aun así, se da cuenta
de que necesitan más estímulos y les muestra las huellas de clavos en sus manos y pies para
demostrar que realmente es el cuerpo del Jesús crucificado. Luego los alienta a tocarlo y
sentir que no es un “espíritu”. La duda se encuentra con evidencia empírica, tanto visual
como táctil; Los sentidos confirman la realidad. Realmente es él. Como él dice, los fantasmas
no tienen sustancia física. El suyo es un cuerpo glorificado, capaz de atravesar paredes. Pero
también sigue siendo un cuerpo físico de carne. Es un cuerpo eterno, pero puede ser
tocado.
Los discípulos “todavía no lo creían”, pero su incredulidad se mezcla con “alegría y
asombro”. Son incrédulos, a medio camino entre la duda y la creencia gozosa. En cierto
sentido, sienten que es demasiado bueno para ser verdad. Así que ahora agrega una
segunda prueba de la realidad y come frente a sus seguidores. Esto prueba aún más que él
se levantó físicamente de entre los muertos. La harina de pescado es una reminiscencia de
Juan 21:9, por lo que algunos dicen que es una tradición desplazada de Galilea, ya que el
pescado habría sido poco probable en Jerusalén. Sin embargo, existe evidencia indiscutible
de la disponibilidad de peces en Jerusalén (ver Neh. 3:3; 13:16), y no hay razón para tal
teoría. Otros ven esto como una escena eucarística, pero hay poca evidencia de que los
peces se usaran en la práctica eucarística del primer siglo. El énfasis de la disculpa es
primordial, lo que demuestra a los discípulos (y a nosotros) que Jesús realmente ha
resucitado corporalmente de entre los muertos. Su comer el pescado asado “en su
presencia” fue la segunda y última prueba que les dio la fe en su resurrección que
necesitaban.
El servicio de la comisión y la promesa del Espíritu (24:44–49)
El Jesús resucitado resume sus predicciones de pasión que les había dicho “Cuando todavía
estaba yo con ustedes” (9:22, 44; 17:25; 18:32–33; 22:37) para recordarles por qué
deberían haber comprendido estas verdades mucho antes. Su ignorancia era inexcusable.
Jesús enfatiza que él es la misma persona que antes, el Jesús con el que habían caminado
en Galilea. De hecho, esta es la tercera vez durante la resurrección que se presenta el tema
del cumplimiento (vv. 7, 26–27), lo que demuestra que estos eventos culminan no solo la
vida de Jesús sino el propósito básico del Antiguo Testamento en su conjunto. Esto se
enfatiza con la mención de las tres secciones del Antiguo Testamento: la Ley, los Profetas y
los Salmos (refiriéndose a todos los Escritos).
Toda la historia se ha preparado para este momento, y todo el futuro de la raza humana
descansa en estos tres días desde la cruz hasta la tumba vacía. Tenga en cuenta que el divino
“tiene que” (dei) cubre “todo … escrito sobre mí”. Él está diciendo que cada ápice de la
Escritura lo señalaba, y el verdadero propósito del antiguo pacto era preparar a Israel para
la venida de Cristo.
Cuando el Padre abrió los ojos, Jesús ahora “les abrió el entendimiento” a las verdades
de las Escrituras (v. 45). A pesar de todas las veces que se había abordado esto, ninguno de
sus seguidores había sido capaz de comprender la realidad de lo que se avecinaba. Estaba
demasiado lejos de su experiencia y expectativas religiosas, por lo que entendieron mal el
significado de las profecías que Dios pretendía. Jesús ahora limpia los escombros de falsas
comprensiones y les permite comprender la verdad. Las dudas que dominaron su
pensamiento ahora han terminado de una vez por todas. No solo se percibe claramente la
realidad de la tumba cruzada y vacía, sino también las profecías bíblicas que predijeron
estos eventos. Aquí se presentan dos áreas: la pasión y la resurrección (v. 46) y la misión de
la iglesia (v. 47).
En el versículo 46 tenemos la tercera y última presentación (después de los versículos
7, 25–27) de cómo el sufrimiento, la muerte y la resurrección de Jesús cumplieron la
profecía del Antiguo Testamento. Estos resumen las predicciones de la pasión de Jesús
(9:22, 44; 18:32–33) y muestran que toda la Escritura estaba destinada a prepararse para
esto como la culminación del plan de salvación de Dios. Ninguna de estas tres áreas era
parte de las expectativas mesiánicas judías, así que esto es lo que los discípulos no pudieron
comprender y lo que Jesús está abriendo sus mentes para comprender.
A lo largo de los eventos de pasión, se han presentado los pasajes de las Escrituras
detrás de estos temas (por ejemplo, Salmos 16; 22; 31; 69; 110; 118 e Isaías 52–53), lo que
demuestra que esta era realmente la verdadera intención del antiguo pacto. De hecho, esta
verdad estimulará la misión del próximo versículo y les dará la fuerza para perseverar frente
a todos los problemas que enfrentarán mientras viven la vida de Jesús en el futuro.
La proclamación de estas verdades al mundo es un aspecto esencial del cumplimiento
de las Escrituras según el versículo 47, ya que “predicar” (kēruchthēnai; NVI: “se
predicarán”) es en realidad el tercer infinitivo de los versículos 46–47, para el Mesías. sufrir
y morir y que se proclame el perdón y el arrepentimiento. Estos tres abarcan tanto la base
de la salvación (muerte) como los resultados de la salvación (proclamación). Dios
proporcionó desde el principio no solo cómo se debía asegurar la salvación, sino también
cómo se debía presentar a un mundo caído. La misión de la iglesia es en realidad una parte
esencial de la culminación del plan de Dios, por ejemplo, de las canciones de los siervos (Isa.
49:6, “una luz para las naciones”), y el libro de los Hechos fluye específicamente de lo que
Jesús dice en los versículos 47–49.
Tres elementos constituyen el contenido de esta misión:
1. Arrepentimiento, visto en 5:32 (“No he venido a llamar a justos, sino a pecadores
para que se arrepientan”) como señalando a Hechos 13:3–4; 15:7–8; 16:30; 17:3–4.
Este grupo de palabras se encuentra veinticinco veces en Lucas-Hechos, refiriéndose
tanto a apartarse del pecado como a volverse a Dios como se ve en los hechos justos
(Hechos 2:38; 3:19; 11:18; 19:1–4) Es un corazón cambiado que conduce a un
comportamiento cambiado.
2. Perdón de los pecados, la respuesta de Dios al arrepentimiento. Esto es frecuente
en estos libros (Lucas 1:77; 3:18; 4:18; Hechos 2:38; 5:31; 10:43; 13:38; 26:18) y es
absolutamente necesario para experimentar la salvación. El pecado es la razón por
la que Cristo murió, y no puede haber eternidad sin perdón.
3. La predicación, vinculada especialmente a los Hechos, donde es el preludio de la
conversión. El poder detrás de esta misión es la autoridad de su nombre, la fuente
del poder detrás de la iglesia (Hechos 2:38; 3:6; 4:7, 10 y otros). El receptor de las
buenas nuevas es “todas las naciones” (Mateo 28:19), preparándose para Hechos
1:8 y todo el libro de Hechos. La misión universal es responsabilidad del pueblo de
Dios, expandiendo las misiones de los discípulos en Galilea en Lucas 9–10. Las
instrucciones de Jesús para “comenzar en Jerusalén” también se enfatizan en
Hechos 1:8. Los judíos son un foco principal de evangelismo (Ro. 1:16, “de los judíos
primeramente”) y proporcionan la base desde la cual se envía la misión.
El mensaje del evangelio se resume al final del versículo: “arrepentimiento y el perdón
de los pecados”. Aquí vemos la razón por la cual Dios envió a su Hijo a morir en la cruz. Era
la única forma en que este mensaje podría ser proclamado, ya que sin el sacrificio expiatorio
de Cristo no sería posible el arrepentimiento o el perdón. Ningún ser humano pecador
podría alcanzar la vida eterna por sus propios esfuerzos o por buenas obras, porque en
nuestra propia fuerza nunca podemos dejar de pecar. Solo el sacrificio sin pecado de Jesús
el Cristo podría efectuar la salvación.
El testimonio es uno de los temas principales de Lucas 24, que define el trabajo de los
seguidores de Jesús. Antes eran los ángeles y las mujeres, pero ahora la función oficial de
los testigos de la resurrección y el evangelio se convierte en el ámbito de toda la iglesia. Las
implicaciones universales de la misión de los setenta en Lucas 10 se desarrollan aún más,
preparándose para los Hechos y la misión a las naciones allí. Los apóstoles como testigos se
enfatizan en Hechos 1:8, 22; 2:32; 3:15; 4:35; 5:32; 10:39; 13:31. Aquí es especialmente
Jesús como Siervo sufriente y resucitado, pero a la luz del versículo 47, debe incluir también
las buenas nuevas de salvación puestas a disposición de las naciones.
El Espíritu era esencial en el nacimiento de Jesús (1:35; 2:25–27), al comienzo de su
ministerio (3:22; 4:1) y en su ministerio (4:14, 18; 5:17) Sin embargo, el Espíritu funcionaba
como en el Antiguo Testamento, viniendo sobre un individuo específico para un propósito
específico. La promesa aquí es mucho más amplia y contempla la venida del Espíritu
permanentemente en la iglesia en Pentecostés (Hechos 1:8). Se está inaugurando una era
completamente nueva, y esto es lo que da ímpetu a la misión universal al mundo. Este es el
sello distintivo del nuevo pacto.
“Lo que ha prometido mi Padre” se refiere tanto a las promesas del Antiguo Testamento
(Joel 2:28–32; Is. 32:15; 44:3; Ezequiel 39:29) como a las del mismo Jesús (12:12; Hechos
1:4–5, véase Juan 7:37–39). Hay un fuerte aire trinitario en esto, pasando del Padre al Hijo
al Espíritu, con los tres activos y constituyendo la nueva era del Espíritu. La promesa es el
nuevo empoderamiento para la vida y el ministerio que el Espíritu trae a los santos (Juan
16:12–15; Ef. 1:14).
Los discípulos deben “quedarse en la ciudad”, obviamente esperando que el Espíritu
llegue a Pentecostés (Hechos 1:4–5, 8; 2:1–4). En ese momento los discípulos “estarán
vestidos con poder de lo alto”. Jerusalén será la plataforma de lanzamiento (v. 47) para la
misión, y el Espíritu será el poder detrás del impulso mundial del evangelio (Hechos 1:8). El
poder del Espíritu que se origina en el cielo los envolverá, característico de la presencia del
Espíritu (1:17, 35; 4:14; 5:17; 9:1).
Como el Espíritu era esencial para el ministerio de Jesús, ahora él es el regalo de Dios
para la iglesia para que puedan continuar ese ministerio. Entonces, el tema del testigo está
conectado con la idea de ungir o empoderar para el cargo. El último acto del ministerio de
Jesús está inextricablemente vinculado con el primer acto de la nueva era.
Jesús asciende (24:50–53)
Dado que la ascensión solo se registra en Lucas y Hechos, algunos dudan de su veracidad
histórica, pero tiene perfecto sentido como una conclusión adecuada de las apariencias de
la resurrección. Si la resurrección sucedió, como lo he afirmado fuertemente en este
comentario, no hay razón para dudar de la ascensión. Tiene dos funciones distintas en los
dos libros. Proporciona una conclusión doxológica al ministerio terrenal de Jesús en el
Evangelio y un punto de partida eclesiológico para lanzar la misión de la iglesia en el libro
de los Hechos. Todo Lucas desde la transfiguración en adelante ha señalado el “éxodo”
(9:31; NVI: “partida”) y la “ascensión” (9:51) de Jesús a “la diestra del poderoso Dios”
(22:69)
Betania era el pueblo donde vivían Lázaro y sus hermanas, a un par de millas de
Jerusalén en el Monte de los Olivos. Jesús decidió terminar su estadía terrenal en esa región,
y aparentemente se llevó a todos los que estaban allí con él, tal vez el 120 de Hechos 1:12–
13. Él termina su ministerio con una bendición sacerdotal, levantando las manos mientras
las bendice. Esto se basa en su nuevo estado exaltado como Señor resucitado cuando
imparte una bendición, con las manos levantadas enfatizando la naturaleza sacerdotal
como un cumplimiento de la promesa mesiánica. En cierto sentido, esto se basa en las
escenas de despedida de Abraham (Gn. 49) y Moisés (Dt. 32).
La ascensión misma (24:51) es paralela a Hechos 1:9–11 con énfasis tanto en el
movimiento ascendente hacia la morada celestial como en la exaltación de Jesús. El objetivo
principal del pasaje es la adoración. También puede haber un tema de Elías aquí y en Hechos
1:9–11 en el hecho de que Jesús fue “llevado al cielo”. Toda la escena presenta la adoración
del Señor exaltado. Jesús cumple su predicción de 22:69 de que en adelante estaría a la
diestra de su Padre al ascender al cielo. Como el cielo se regocijaba por su nacimiento (2:13–
14), así lo hace cuando regresa a su hogar legítimo. El resto del Nuevo Testamento
presentará el ministerio actual del Señor exaltado mientras gobierna toda la eternidad
como segunda persona de la Trinidad.
La escena de adoración continúa, ya que lo primero que hacen los discípulos es adorar
al Señor ascendido después de que él haya regresado a su hogar en el cielo. Todo el
Evangelio se ha preparado para este momento, ya que por primera vez se adora
explícitamente a Jesús. Su malentendido finalmente se ha superado por completo. El gozo
que sienten cuando regresan a Jerusalén es una alegría de adoración, y la alabanza en el
templo habla por sí misma. Tomás había reconocido la deidad de Cristo (Juan [Link] “¡Señor
mío y Dios mío!”), Y ahora el grupo adora a Jesús como Dios. Mientras que Lucas presenta
esto como un evento del mismo día con un propósito dramático, sabemos por Hechos 1:3
que se les apareció por un período de cuarenta días. Durante ese tiempo, su comprensión
creció exponencialmente, y la mayoría de ellos habrían estado listos para adorarlo mientras
adoraban a Yahveh.
En Jerusalén siguieron el ejemplo de Jesús desde la semana de la pasión y fueron al
templo todos los días. Necesitamos recordar que Pentecostés tuvo lugar cincuenta días
después de la Pascua, así que solo hubo diez días entre la ascensión de Jesús y la venida del
Espíritu en Pentecostés. Durante ese breve período, los discípulos estuvieron regularmente
en el templo, alabando a Dios públicamente por todo lo que había hecho en Jesús. No tengo
dudas de que “alabar a Dios” no debe limitarse a la oración y la adoración cristiana, sino
que también debe incluir el testimonio que Jesús ordenó en los versículos 47–48. Alabaron
a Dios públicamente por Jesús a través del testimonio en el templo. La historia de Jesús en
Lucas comenzó con escenas del templo (Zacarías: 1:5–25; Jesús: 2:21–52), y ahora termina
en el templo. La misión de la iglesia en Hechos también se iniciará con el ministerio del
templo.
Lucas tiene una presentación única de las apariencias de la resurrección, comprimiendo
los cuarenta días de los eventos en un solo día con fines dramáticos. El resultado es una
serie de eventos poderosos y rápidos que atrapa a los lectores de manera muy efectiva y
les permite sentir tanto el gran poder de Dios en el trabajo como los cambios radicales en
los discípulos a medida que lentamente se dan cuenta de la verdad sobre el Señor
resucitado.
El evento de apertura, la tumba vacía (vv. 1–12), comienza con la ignorancia absoluta
de las mujeres y la duda total de los discípulos. Es irónico que Jesús ya haya resucitado de
la muerte, pero ninguno de los participantes es consciente de este evento que cambia el
mundo a pesar de que Jesús les había dicho a menudo lo que vendría. El punto de inflexión
para las mujeres viene con los ángeles (vv. 4–8), quienes reprenden su falta de comprensión
y corrigen su malentendido. Esto cambia todo para las mujeres, pero no para los hombres.
Cuando las mujeres como testigos oficiales informan la verdad a los hombres, no se les cree.
Esta es una escena muy realista, y Lucas quiere que todos nos veamos en los participantes
de la historia. Algunos de nosotros creemos, otros no pueden hacerlo y solo pueden dudar
de su testimonio, y aún otros son como Pedro (v. 12), confundidos por la evidencia y
preguntándose qué creer.
El viaje por el camino de Emaús (vv. 13–35) tiene la intención de describirnos a todos a
medida que nos encontramos con la evidencia y gradualmente se nos da visión y
comprensión de la verdad sobre la resurrección. Al principio nos gusta que los discípulos
estén perplejos y desanimados por los informes. Sin embargo, Jesús pronto camina con
nosotros, incluso si no lo reconocemos. La recapitulación de los acontecimientos recientes
por los dos (vv. 19–24) muestra la insuficiencia de su comprensión. Confiesan a Jesús como
un poderoso profeta, pero no como el Mesías e Hijo de Dios. Habían esperado la redención
solo como liberación política de los romanos, pero no tenían idea de que Jesús moriría para
llevar la salvación a los pecadores. También creían que el informe triunfal de las mujeres se
debía a los sueños más que a la realidad de la tumba vacía. Ellos, como muchos de nosotros,
esperaban muy poco de Dios en este momento.
Jesús corrigió estos malentendidos (vv. 25–27) y explicó una vez más cómo el testimonio
profético de la Escritura, en conjunto, señaló su muerte y resurrección como la culminación
de su testimonio. Ni ellos ni nosotros tenemos ninguna excusa para no entender cómo Jesús
cumplió la profecía. Los ojos de los discípulos finalmente se abren de acuerdo con la
apertura de la palabra aquí y el partimiento del pan en 28–31. Se pretende que las Escrituras
y la adoración nos guíen a ellos, así como a ellos, a la fe y la comprensión. Esta es la forma
en que Dios encuentra la fe. Esto finalmente rompe el bloqueo de la fe (vv. 32–35), ya que
los dos corren para agregar su testimonio al de los ángeles y las mujeres. Finalmente, todos
los seguidores encuentran la fe que deberían haber tenido desde el principio.
Cuando Jesús finalmente aparece a los Once (vv. 36–43), primero tiene que demostrar
que realmente es él, porque todavía no pueden creer que haya resucitado de entre los
muertos. Por lo tanto, proporciona una doble prueba de su resurrección corporal: tocar y
comer una comida, demostrando que sus temores están equivocados (vv. 36–43). Esta es
una gran lección para nosotros, porque hoy tenemos la misma incredulidad,
preguntándonos cómo podría ocurrir un milagro tan incomprensible como la resurrección
física. No tenemos el cuerpo de Jesús para tocar, pero tenemos los numerosos informes y
pruebas de este y otros textos del Nuevo Testamento para contemplar, y la verdad de Cristo
resucitando de entre los muertos como primicias que garantiza nuestras propias futuras
resurrecciones es demasiado importante para ignorarlo. Nosotros también necesitamos
experimentar esta certeza de resurrección.
La narración ahora pasa de lo que Cristo ha hecho por sus seguidores, es decir, resucitar
de los muertos, a lo que deben hacer por él; a saber, continuar su misión en el mundo (vv.
44–49). Esta aparición a los Once se convierte en un servicio de puesta en marcha, lanzando
la misión de salvación posterior a Pentecostés a un mundo perdido. Las profecías del
Antiguo Testamento sobre la venida del Mesías tenían como componente esencial el
llamado a llevar el mensaje a las naciones, y los discípulos deben cumplir ese llamado. La
muerte y resurrección de Cristo no son un rito secreto restringido solo a los seguidores.
Jesús murió para que el mundo de las tinieblas pudiera salir a la luz, y el mensaje debe ser
compartido con todos en el mundo. El arrepentimiento que lleva al perdón de los pecados
debe ser predicado a todas las naciones.
Para cumplir esta misión, a los discípulos se les promete (v. 49) la venida del Espíritu
sobre ellos desde el cielo. La suya es una tarea sobrehumana, y para cumplir ese llamado
divino, Dios está enviando el Espíritu, que vendrá a toda la iglesia en Pentecostés y los
empoderará en esta misión universal. Deben esperar ese momento en que venga el Espíritu,
y luego tendrán el poder que Dios les ha dado para proclamar esa verdad que cambia el
mundo.
La ascensión de Jesús (vv. 50–53) proporciona la culminación perfecta de su ministerio
terrenal, mientras recrea a Enoc y Elías al ser atrapados en el cielo en gloria. La visión de
Jesús resucitando al cielo permite a sus seguidores darse cuenta de la realidad del Salmo
110:1, cuando fue elevado a la diestra de Dios en exaltación. Él es verdaderamente el Señor
resucitado, ya no es el Siervo sufriente sino el Señor del cielo y de la tierra. Los discípulos
reconocen esto y se vuelven hacia la alabanza y la adoración, glorificando a Jesús en su
propia adoración y alabándolo mientras testifican en el templo, proclamando el Señor
resucitado a todos los que se encuentran.
GLOSARIO
Apocalíptico Se refiere a las verdades sobre los planes de Dios para la historia que él ha
ocultado en generaciones pasadas pero que ha revelado (la apocalipsis griega significa
“revelar”) a su pueblo. El nombre también describe un género de literatura antigua
(incluyendo Apocalipsis y partes de Daniel) que comunica estas verdades usando un
simbolismo vívido.
Quiasmo (n.), quiásmico (adj.) Un dispositivo estilístico en el que un pasaje se organiza en
dos secciones, con el contenido de las declaraciones en la primera mitad repetido en orden
inverso en la segunda mitad (ABC: C′B’A’).
Cristológico (adj.), cristología (n.) Se refiere a la presentación del Nuevo Testamento de la
persona y la obra de Cristo, especialmente su identidad como Mesías.
Escatológico (adj.), escatología (n.) Se refiere a las últimas cosas o al final de los tiempos.
Dentro de esta amplia categoría, los académicos y teólogos bíblicos han identificado
conceptos más específicos. Por ejemplo, la “escatología realizada” enfatiza la obra actual
de Cristo en el mundo mientras se prepara para el fin de la historia. En la “escatología
inaugurada”, los últimos días ya han comenzado, pero aún no se han consumado al regreso
de Cristo.
Escatón griega para “fin” o “pasado”, en referencia a la vuelta de Cristo y el fin de la historia.
El helenismo (n.), Helenístico (adj.) Se relaciona con la difusión de la cultura griega en el
mundo mediterráneo después de las conquistas de Alejandro Magno (356–323 a.C.).
Lex talionis Latín para “ley de represalia”. Este es el principio de que aquellos que han hecho
algo mal serán castigados en un grado y tipo similar.
Midrash (n.), midrashica (adj.) Una exposición judía de un texto usando las técnicas de
antiguos rabinos para dar un análisis detallado del significado y la teología de un texto.
Mishná Una antigua fuente judía, compilada alrededor del año 200, que contiene los dichos
de los rabinos. Si bien no se escribió hasta más tarde, nos cuenta sobre las tradiciones orales
que existían en la época de Jesús.
Parousia El evento de la segunda venida de Cristo. La palabra griega parousia significa
“llegada” o “presencia”.
Proléptico Se refiere a la presentación de un acto futuro como si ya se hubiera realizado.
Qumran Un sitio cerca de la esquina noroeste del Mar Muerto donde se encontró una
colección de pergaminos (llamados Pergaminos del Mar Muerto) a partir de la década de
1940. La comunidad que vivía en este sitio y escribió estos rollos se separaron de la resto
de la sociedad judía. Muchos estudiosos creen que eran una rama de los esenios, una de las
tres sectas judías principales mencionadas por Josefo (Antigüedades 13.171–72). Los Rollos
del Mar Muerto incluyen manuscritos de libros del Antiguo Testamento, así como otros
escritos que no son parte de las Escrituras. Ellos no se refieren a la cristiandad, pero no
arrojan luz sobre aspectos del judaísmo en la época de Jesús.
Septuaginta Una antigua traducción griega del Antiguo Testamento que se utiliza
ampliamente en la iglesia primitiva. Es comúnmente abreviado LXX.
Shekinah Una palabra deriva de la hebreo shakan (a permanencia), utilizado para describir
la presencia de Dios personal tomando la forma de una nube, a menudo en el contexto del
tabernáculo o templo (por ejemplo, Éx. 40:38; Nm. 09:15; 1 Re. 8:10–11).
Soteriológico (adj.), soteriología (n.) Relativo a la doctrina de la salvación (griego: sōtēria),
que incluye temas como la expiación, la justificación y la santificación.
Sinóptico Un término aplicado a los Evangelios de Mateo, Marcos y Lucas debido a sus
muchas similitudes y paralelos, del griego que significa “tener el mismo aspecto”.
Tipológico (adj.), tipología (n.) Dispositivo literario en el cual las personas o eventos del
Antiguo Testamento son los tipos que corresponden y se cumplen en las realidades del
Nuevo Testamento.
BIBLIOGRAFÍA
Bock, Darrell L. Lucas. Comentario exegético de Baker sobre el Nuevo Testamento. 2 vols.
Grand Rapids: Baker, 1994–1996.
Caird, George B. San Lucas. Comentario Pingüino del Nuevo Testamento. Londres: Penguin,
1963.
Ellis, E. Earle. El evangelio de Lucas. Biblia del nuevo siglo. Grand Rapids: Eerdmans, 1983.
Evans, Craig A. Lucas. Nuevo comentario bíblico internacional. Peabody, MA: Hendrickson,
1990.
Fitzmyer, José A. El Evangelio Según Lucas: Una Nueva Traducción con Introducción y
Comentario. Anchor Bible 28, 28A. Nueva York: Doubleday, 1981–1982.
Francia, RT Lucas. Como enseñar la serie de comentarios de texto. Grand Rapids: Baker,
2013.
Garland, David E. Lucas. Comentario exegético de Zondervan sobre el Nuevo Testamento.
Grand Rapids: Zondervan, 2011.
Godet, Frederic L. Un comentario sobre el Evangelio de San Lucas. 2 vols. Nueva York: IK
Funk, 1881.
Green, Joel B. El Evangelio de Lucas. Nuevo comentario internacional sobre el Nuevo
Testamento. Grand Rapids: Eerdmans, 1997.
Hughes, R. Kent. Lucas: Que ustedes sepan la verdad. Predicando la Palabra. 2 vols.
Wheaton, IL: Crossway, 1998.
Juanson, Lucas Timothy. El evangelio de Lucas. Sacra Pagina. Collegeville, MN: Liturgical
Press, 1991.
Marshall, I. Howard. El Evangelio de Lucas: un comentario sobre el texto griego. Nuevo
comentario internacional del testamento griego. Grand Rapids: Eerdmans, 1978.
Nolland, Juan L. Lucas. Comentario Bíblico Palabra. 3 vols. Dallas: Word, 1989–1991.
Plummer, Alfred. Un comentario crítico y exegético sobre el Evangelio según San Lucas.
Comentario crítico internacional. Edimburgo: T&T Clark, 1922.
Stein, Robert. Lucas Nuevo comentario americano. Nashville: Broadman, 1992.
Wilcock, Michael. El Salvador del mundo: el mensaje del evangelio de Lucas. La Biblia habla
hoy. Downers Grove, IL: InterVarsity Press, 1979. 1
1
Osborne, G. R. (2020). Lucas: Versículo a versículo (Lc 1:1–24:53). Bellingham, WA: Editorial
Tesoro Bíblico.