La película, una carta de amor al básquet, la dirige Jeremiah Zagar
"Garra" con Adam Sandler, por Netflix
En su carrera Adam Sandler se ha movido entre las comedias absurdas y los personajes "serios", entre el Zohan y Uncut
Gems. Se lo ama o no, pero él sigue en su búsqueda y ahora presenta Garra, su película sobre el básquet, con muchos
actores no profesionales y hasta la presencia de Shaquille O'Neal.
Por Andrea Guzmán
Desde el espía que atrapaba un pescado con la cola en
la absurda No Te Metas Con Zohan, hasta el inadaptado
adorable que deseaba comerse los ojos de su chica
porque la amaba demasiado en Embriagado de amor –la
grandiosa obra de de Paul Thomas Anderson–, Adam
Sandler ha participado indefectiblemente de varios tipos
de educación sentimental para varias generaciones. No
tiene sentido indignarse. Es una falsa polémica la de
quienes son fans de sus comedias familiares y bobas
contra los que gustan de sus papeles serios y
ambiciosos: una cosa simplemente no lograría existir sin
la otra. Y en ese híbrido está la magia del personaje. A
varios les conmovió cuando Sandler no consiguió una esperada y rumoreada nominación al Oscar por Uncut Gems, de
los hermanos Safdie –su gran papel “serio” –, tanto como han disfrutado cuando sí se lo nomina a los premios Razzies (a
las peores películas filmadas en un año). El mejor, el peor. Quizás, un extraño símbolo de que las películas por las que se
siente afecto no son siempre obras maestras, o que las películas ambiciosas no necesariamente quedan en el registro
emotivo, en esa inmensa complejidad de la memoria y la cultura pop.
Hace ya varias películas que Sandler no estrena en cine por un contrato de producción millonario que firmó con Netflix
en 2015. Desde entonces, la cadena asegura que sus usuarios han pasado 2 billones de horas mirando sus películas en el
streaming. Algunas, hitos de su madurez actoral como Uncut Gems o The Meyerowitz Stories –dirigida por el nominado
al Oscar, otrora director indie por antonomasia,
Noah Baumbach–, y otras que simplemente
engrosan una gran lista de comedia y bizarreada,
disfrutable o pésima segun cada quien.
Este mes, justo en medio de los juegos de Los
Celtics contra los Warriors, y con el beneplácito
de la NBA de por medio, Netflix estrenó Garra,
una película deportiva protagonizada por
Sandler y producida por LeBron James. Gran
caldo de cultivo, porque puede que el básquet
sea uno de los deportes que más provecho le ha
sacado a su potencia cinematográfica. Quizás, el
básquet no te interese en absoluto, y aun así, su
musicalidad, la destreza flotante de sus jugadores, lo hace un deporte hermoso de consumir en lo doméstico y poderoso
para ser explorado en cine. Eso lo sabe Sandler, fanático de los deportes en general –pero loco por la NBA en particular–
que los ha explotado en su carrera con algunos grandes éxitos como Waterboy y Happy Gilmore. Hustle era una película
que apasionaba a Sandler especialmente. Tanto, que no solo quería, una vez más, desentenderse de la comedia como
género, explorar otro registro actoral y filmar a jugadores de básquet reales con pulso y ambición, sino que estaba
encaprichado con un director en particular: Jeremiah Zagar, responsable del festejado y etéreo coming on age We The
Animals, y un admirador, bueno, de gente como Terrence Malick, que previsiblemente no quería tener nada que ver con
él.
En Garra, Sandler interpreta a Stanley Sugerman, una estrella del básquet caída en desgracia y devenida en cazatalentos
para los Philadelphia 76ers, que viaja por el mundo buscando jugadores con habilidades fuera de la norma para reclutar
en el equipo. El descubrimiento que moviliza la película es el madrileño Bo Cruz, interpretado por Juancho
Hernangómez, deportista de 26 años, en la vida real jugador profesional de los Utah Jazz, que en un principio tampoco
quería tener nada que ver con Sandler, pero que finalmente acá debuta como actor de forma bastante increíble. Bo –o
como se lo describe: “la cruza entre Scottie Pippen y una loba” – es un chico que trabaja como obrero para mantener a
su familia y que se la pasa jugando partidos callejeros, acaso las escenas más hermosas de la película, antes de conocer a
Sugerman, que intentará darle una oportunidad en las grandes ligas.
Por supuesto, no hay sorpresas –ni ninguna pretensión de ellas– en Garra. Esta es una película de modelos y arquetipos,
enamorada de Rocky, que triunfa más bien por su
artesanía, por su generosidad, y, bueno, ¿por qué
no?, por su gran corazón. Ahí está la calidez de Queen
Latifah, las canciones de Dan Deacon y la posibilidad
de escuchar a un barbudo Adam Sandler, el que
siempre fue un niño, decir cosas como: “Los chicos de
50 años no tienen sueños, tienen pesadillas y
eczemas”. Como muchas veces sucede, Jeremiah
Zagar, que no quería hacer nada con Adam Sandler,
se empezó a entusiasmar con la pasión demente del
actor por el básquet, con todos los jugadores de la
NBA que se sumaron al proyecto –desde estrellas
como Allen Iverson, pasando por inseparables de
Sandler como Shaquille O’Neal–, y en definitiva, con la posibilidad de filmar un deporte con toda su coreografía, con
toda su anarquía, con toda su complejidad. “Dije que no, pero luego no podía dejar de pensar en la película. Empecé a
pensar en las formas en que yo podría hacerla mía, con mi registro. Y volví a hablar por teléfono con Adam. Queríamos
trabajar con todos los actores no profesionales y queríamos rodar de una manera que se sintiera auténtica tanto para la
ciudad como para el deporte, y darle un realismo que me entusiasmara”, dijo Zagar. Y así lo hizo. Después de aceptar la
tarea puso toda la mirada en la artesanía del cine y del deporte. Se inspiró en el documental de Zinedine Zidane,
construyó un dispositivo parecido al que Scorsese usó en su Raging Bull, que le permitía a los boxeadores mirar
directamente al objetivo y golpear hacia la cámara, y también dedicó varios días solo a filmar partidos y partidos y
partidos completos.
Para quienes admiran el básquet, esta película no es para nada un desperdicio. Para quienes admiran a cualquiera de los
Sandler posibles, esta melancolía contenida y soleada de la que ahora sabemos que es capaz, es algo muy simpático de
ver. Además, claro, una especie de revancha para todo a quien haya amado un deporte y nunca podido salir del banco
de suplentes. “Si, diría que esta es mi revancha. Siempre soñé con el básquet y lo jugué en la escuela. Me acuerdo
mucho una vez que el entrenador nos puso en fila y nos empezó a decir a cada uno nuestras fortalezas y cuando llegó a
mí dijo: ¡Siempre traes buena música!