INTRODUCCIÓN
Uno de los retos que experimenta todo creyente en su búsqueda por conocer
claramente lo que se ha revelado en las Sagradas Escrituras, es aceptar una doctrina que,
a su vez, cueste ser procesada por la mente finita. En esto, hay que admitir que la Biblia
al ser la palabra de Dios, constituye la única regla suficiente, segura e infalible de todo
conocimiento, fe y obediencia salvadores, tal como lo expresa la confesión bautista.1
En la presente investigación, se espera abordar uno de los temas más interesantes
del obrar de Dios, “su decreto”. Aquí es necesario resolver algunos malentendidos, y
responder a ciertas objeciones que, además de que buscan negar una de las doctrinas
esenciales de la fe, atentan contra el carácter santo de Dios. Ante todas las objeciones
que puedan levantarse sobre dicha doctrina, será posible que ¿El decreto contradiga el
carácter de Dios?
1
Confesión Bautista de Londres de 1689, I, 1.
BOSQUEJO
I. El decreto Divino
II. Características del decreto divino
A. Eterno
B. Inmutable
C. Sabio
D. Es condicional o absoluto
E. Lo abarca todo
III. Respuesta ante las objeciones planteadas sobre el decreto de Dios
A. Es inconsistente respecto a la libertad moral del hombre
B. Desaloja todos los motivos para el esfuerzo humano
C. Hace a Dios el autor del pecado
I. El Decreto divino
Para empezar, el decreto de Dios es una de las doctrinas que además de ser
enseñada en la Biblia, constituye un desafío para muchos estudiosos de la teología:
predicadores, maestros y escritores. Aquí, hay que reconocer que las tensiones que
surgen al estudiar el decreto divino son inevitables. Aun cuando se trata de abordar una
explicación precisa del decreto de Dios, quedarán ciertas variantes que en dado
momento ameritarán una respuesta, por lo menos en esta vida.
- ¿Cómo puede un Dios bueno, decretar la presencia del mal?
- Si Dios decretó todas las cosas, no tiene sentido realizar planes en esta vida,
pues, a fin de cuentas, se hará lo que él determinó.
- La doctrina del decreto, convierte a Dios en un tirano que busca condenar a los
réprobos, por capricho de su determinado consejo.
- Si Dios decretó la caída del hombre, Dios debió ser el principal culpable.
- ¿Ésta doctrina le quita al hombre la responsabilidad, y, por tanto, lo excusa ante
el mal?
Ante todas las variantes que puedan surgir, algunos, bien podrían considerar
innecesario dedicar un esfuerzo en el estudio de tal doctrina, porque, quizás crean que
además de ser compleja, no tiene implicaciones para la vida cristiana. Frente a ello, es
pertinente definir de qué se trata la doctrina del decreto divino, y, por supuesto,
presentar su importancia en la fe cristiana.
El decreto de Dios puede definirse con el Catecismo Menor de Westminster,
como: “Su propósito eterno, según el consejo de su propia voluntad, en virtud del cual
ha preordenado para su propia gloria todo lo que sucede”. 2 Así mismo, Louis Berkhof
ofrece una definición clara y amplia sobre el decreto de Dios:
La soberanía de Dios en virtud de la cual él ha determinado soberanamente desde
la eternidad todo lo que tiene que acontecer y ejecuta su soberana voluntad en
toda su creación, tanto la natural como la espiritual de acuerdo con su plan
determinado.3
Al ver estas definiciones, no sobra decir que el decreto divino hace parte del
obrar de Dios, conforme él es soberano. Por cierto, Lewis Chafer prefiere definir el
decreto como, “otro método de asignar a Dios la posición de ser la primera causa de
todo lo que existe”.4 Ciertamente, sus propósitos se cumplen sin ninguna interrupción,
pues, aunque Dios determinó todas las cosas antes de la fundación del mundo, él en su
providencia opera activamente en el presente para que se cumpla a cabalidad aquello
que él estableció.
Consecuente a lo anterior, conviene precisar que el decreto de Dios se relaciona
con sus obras, por ende, Dios no ha decretado nada concerniente a sí mismo, tal como
su existencia, sus atributos, la manera de su subsistencia en tres Personas, o alguna
relación inherente o asunción de responsabilidades entre la Deidad. 5 Ya que, aquello
que es esencial al ser íntimo de Dios no puede formar parte del contenido del decreto.6
Por otro lado, el término decreto divino es un intento de reunir en una sola
designación lo que la Escritura relata por medio de varias designaciones, tales como: el
propósito divino (Ef. 1: 11); determinado consejo (Hch. 2:23); elección (1 Tes. 1:4);
2
Catecismo Menor de Westminster, I, 7.
3
Louis Berkhof, Teología Sistemática, trad. de Felipe Delgado Cortés (Grand Rapids, MI: Desafío,
2009), 117.
4
Lewis Sperry Chafer, Teología Sistemática, Tomo I, trad. de Evis Carballosa et al. (Dousman, WI:
Publicaciones Españolas, 1986), 236. Citando a Agustín de Hipona, Confess, XII, XV.
5
Chafer, Teología Sistemática, 236.
6
Berkhof, Teología Sistemática, 120.
presciencia (1 P. 1:2, 20); predestinación (Ro. 8: 30); la voluntad divina (E f. 1: 11); y,
su beneplácito (Ef. 1: 9).
También, no sobra decir que el decreto de Dios aparece primero en singular,
siendo que Dios no tiene más que un plan, Él ve todas las cosas de una vez. Ante ello,
muchos teólogos7 concuerdan que los aspectos separados de este plan, pueden llamarse
“los decretos de Dios”.8 Ahora bien, esta forma de hablar en plural es válida, siempre y
cuando no se pierda de vista, que los decretos de Dios son reducibles a un solo
propósito, aunque en sí mismo, incluya una infinita multiplicidad de causas y efectos.9
II. Características del decreto divino
Al estudiar la Escritura, se logran apreciar varias características que posee la
doctrina del decreto divino. Cada una de ellas, exaltan la grandeza de Dios, y a su vez
produce mayor confianza en los creyentes.
A. Es eterno
El decreto de Dios reposa completamente en la eternidad. 10 El libro de los
hechos declara: Conforme al propósito eterno que hizo en Cristo Jesús nuestro Señor,
Ef. 3:11. Aquí es preciso notar, que su decreto, aunque proviene desde la eternidad, se
efectúa en el tiempo. A favor de ello, Charles Hodge expresa en breve: “Las Escrituras
siempre hablan de los acontecimientos en el tiempo como revelaciones de un propósito
formado en la eternidad”.11 Desde luego, hay que aclarar que, aunque el decreto divino
7
MacArthur, Hodge, Berkhof, Chafer, entre otros.
8
Chafer, Teología Sistemática, 236.
9
Hodge, Teología Sistemática, 297.
10
Berkhof, Teología Sistemática, 122.
11
Charles Hodge, Teología Sistemática, trad. de Santiago Escuain (Barcelona: Clie, 2010), 297.
es eterno, es incognoscible hasta que se hace evidente en el tiempo, pues su
manifestación revela lo que estaba escondido durante edades, en la mente de Dios.
Respecto a esta característica, suponer que alguno de los decretos se hizo en el
tiempo, deja ver que ha ocurrido una nueva ocasión, que ha surgido algún evento
imprevisto o una circunstancia particular ha inducido al todo poderoso a formar una
nueva resolución.12 Sencillamente, Dios no traza planes repentinamente sobre la marcha,
él sabe el fin desde el principio, y realizará todos sus buenos propósitos. 13 En síntesis,
ningún evento por muy trágico que sea, puede sorprender a Dios, y obligarlo a plantear
una nueva alternativa en el tiempo, si lo fuera, dejaría de ser eterno y a la vez inmutable.
B. Es inmutable
Dada esta característica, la Biblia revela que el plan eterno de Dios no cambia, el
Salmo 33:11 lo presenta de la siguiente manera: El consejo de Jehová permanecerá
para siempre, los designios de su corazón por todas las generaciones. De acuerdo a este
pasaje, es de notar que, en Dios, su perfección de inmutabilidad está íntimamente
arraigada a su decreto. Pues, tan solo un cambio de propósito, representaría a Dios como
un ser carente de poder y de sabiduría, que opta por considerar un segundo plan para
enmendar el primero.14
El famoso teólogo del siglo IV, Agustín de Hipona, señaló:
Dios no quiere una cosa ahora y otra luego; sino una, y de una vez, y siempre, él
quiere las cosas que quiere; no una vez y otra, no ahora esto, ahora aquello; ni
quiere después lo que antes no quería, ni tampoco no quiere lo que antes quería;
porque Su voluntad es inmutable; y ninguna cosa mutable es eterna. 15
12
Arthur Pink, Los Atributos de Dios, trad. de Ernesto Rodríguez (Pensacola, FL: Chapel Library, 2020),
10.
13
Wayne Grudem, Teología Sistemática, trad. de Miguel Mesías et al. (Miami, FL: Vida, 2007), 347.
14
Hodge, Teología Sistemática, 297.
15
Chafer, Teología Sistemática, 237.
C. Es sabio
Está fundado en la sabiduría divina. Referente a ello, el apóstol Pablo enseña:
Para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la
iglesia… Conforme al propósito eterno que hizo en Cristo Jesús nuestro Señor, Ef.
3:10-11. La sabiduría del decreto se deduce también de la sabiduría desplegada en la
realización del propósito eterno de Dios.16 En efecto, su sabiduría se muestra en la
selección de los mejores fines posibles y los medios más adecuados para lograr sus
17
decretos. En este sentido, no sugiere actos caprichosos o irrazonables, ya que la
sabiduría infinita dirige la determinación divina.18
En esta medida, el decreto no puede ser descubierto por el hombre, a no ser que
Dios lo haya revelado en su palabra. Y, a pesar de que sobrepasa el entendimiento
humano, y es inexplicable para la mente finita; no se hallará en él aquello que sea
irracional o arbitrario.19 Con esto en mente, no hay porque dudar de su plan.
Es incondicional o absoluto
En este punto, es importante resaltar que el decreto de Dios no depende de
ninguna cosa que no sea parte de él, por lo cual, nada hay en su plan que esté
condicionado por algún elemento que no esté incluido en el decreto. 20 Más aun, la
ejecución no se suspende bajo ninguna condición que pueda o no realizarse. 21 Con base
16
Berkhof, Teología Sistemática, 121.
17
Pink, Los Atributos de Dios, 11.
18
Chafer, Teología Sistemática, 240.
19
Berkhof, Teología Sistemática, 122.
20
Berkhof, Teología Sistemática, 123.
21
Pink, Los Atributos de Dios, 11
a ello, el apóstol Pablo asegura que el plan de Dios se realiza, …según el designio de su
voluntad, Ef. 1:11.
Con relación a lo dicho anteriormente, el designio de su voluntad puede requerir
medios, o depender de ciertas condiciones; pero, por supuesto, hay que considerar que
tales medios también han sido determinados en el decreto. 22 Dado que Dios es
omnipotente, no se toma la molestia de solicitar ayuda a causas externas. Él tiene el
poder sobre cada voluntad para hacer que se cumpla Su buena voluntad; si bien, asegura
el profeta Isaías en su libro: Que anuncio el porvenir desde el principio, y desde la
antigüedad lo que aún no era hecho, que digo: mi consejo prevalecerá, y haré todo lo
que quiero (Is. 46: 10).
En definitiva, no es lógico pensar en un decreto, si aquel que se compromete a
realizarlo (Dios), es consciente de que tal designio puede ser suspendido por algo, o
puede depender de la cooperación de otros agentes; por el contrario, sería más lógico
pensar que se trata de una alternativa, que indudablemente, no se ajusta con la figura de
un ser soberano.
D. Lo abarca todo
Su decreto es universal y se extiende a todas las cosas, micro y
macroscópicamente.23 De hecho, incluye todo lo que tiene que suceder en el mundo, sea
que corresponda al reino físico o a la moral, sea que se trate del bien o del mal. 24 Incluye
las buenas acciones de los hombres, (Ef. 2:10); sus actos malvados, (Prov. 16:4); los
eventos contingentes, (Gen 45: 8); los medios tanto como el fin, (Sal 119: 89) la
22
Berkhof, Teología Sistemática, 123.
23
Samuel D. Renihan, De Dios y su Decreto (Santo Domingo, Ecuador: Legado Bautista Confesional,
2021), 121.
24
Berkhof, Teología Sistemática, 123.
duración de la vida del hombre, (Job 14: 5); el lugar de su habitación, Hech. 17: 26.
Nuevamente, hay que recordar que Dios es aquel que realiza todas las cosas conforme
al consejo de su voluntad, Ef. 1:11.
III. Respuesta ante las objeciones planteadas sobre el decreto de Dios
Como es sabido, la doctrina del decreto divino en sí misma no introduce nada
misterioso o profundo. Declara que Dios diseña y decide antes de actuar, y que todos
sus actos están en armonía con su carácter perfecto y con sus atributos. 25 Quizás el
problema de asimilar esta doctrina, según sostiene Chafer, sale a relucir cuando la
voluntad del hombre y la presencia del pecado, entran en escena. 26 Por tal motivo, es
necesario responder a ciertas objeciones que se tienen sobre esta gloriosa doctrina, a fin
de exonerar a Dios ante cualquier acusación.
A. Es inconsistente respecto a la libertad moral del hombre
Se apremia que la preordenación de todos los acontecimientos es inconsistente
con el libre albedrío humano.27 Ante esta objeción, Berkhof brinda una autentica
respuesta: “Dios no ha decretado efectuar por su propia y directa acción todo lo que
tiene que acontecer”.28 Dado que el decreto trae únicamente la seguridad de los
acontecimientos, es decir, lleva inseparable la posibilidad de evitarse; no implica que
Dios los ejecute.29 Precisamente, la voluntad del hombre no es violada en el sentido de
que Dios obligue a un hombre a efectuar algo que no quiere hacer. 30 Según ello,
25
Chafer, Teología Sistemática, 239.
26
Chafer, Teología Sistemática, 239.
27
Hodge, Teología Sistemática, 301.
28
Berkhof, Teología Sistemática, 123.
29
Berkhof, Teología Sistemática, 124.
30
Erwin Lutzer, Doctrinas que Dividen, trad. de John Alfredo (Grand Rapids, MI: Portavoz, 2001), 208.
MacArthur opina al respecto: “El decreto de Dios se extiende a las opciones no
coaccionadas de los agentes libres para actuar dentro de los límites de su naturaleza”. 31
Esta objeción planteada, llama mucho la atención, pues si Dios es soberano y
sólo pueden ocurrir las cosas que están determinadas en su decreto, ¿hay alguna esfera
exceptuada en que la criatura humana pueda ejercitar su libre albedrío? O, de otro
modo, ¿podría la voluntad humana actuar siempre fuera de la voluntad de Dios? Y si no,
¿es su acto libre?32 Bien, se estima que toda acción humana está incluida en este
concepto. Así mismo, no cabe duda que, la voluntad de la criatura es una creación de
Dios y en relación a ella, Dios la usa como un instrumento por el cual cumple su
propósito soberano y es inconcebible que alguna vez se frustre.
Añadiendo a esto, cuando el hombre ejercita su voluntad es consciente de su
libertad de acción. En este orden de ideas, el hombre determina su proceder por las
circunstancias, pero Dios es quien crea las circunstancias. Así mismo, el hombre es
impelido por emociones, pero Dios es capaz de originar y de controlar cada una de las
humanas emociones; por su parte, se enorgullece de que él se gobierna por juicio
experimental, pero Dios es capaz de fomentar cada uno y todo pensamiento o
determinación de la mente humana.33 En este asunto, hay que aceptar estas dos
verdades, Dios decreta y la voluntad del hombre no es violada.
Teniendo en cuenta lo dicho anteriormente, la Biblia revela que Dios ha
decretado los actos libres del hombre; pero también que los actores, a pesar de eso, son
libres, y, por tanto, responsables de sus actos:
31
John MacArthur y Richard Mayhue, Teología Sistemática, trad. de Loida Viegas (Grand Rapids, MI:
Portavoz, 2018), 280.
32
Chafer, Teología Sistemática, 247.
33
Chafer, Teología Sistemática, 250.
Porque verdaderamente se unieron en esta ciudad contra tu santo Hijo Jesús, a
quien ungiste, Herodes y Poncio Pilato, con los gentiles y el pueblo de Israel, para
hacer cuanto tu mano y tu consejo habían antes determinado que sucediera. Hch.
4:27-28.
Como bien se muestra en este versículo, aunque la muerte de Cristo fue
determinada por Dios, Él no forzó a los adversarios de Jesús a involucrarse en actos de
violencia contra su voluntad, porque la evidencia muestra que ellos asumieron toda la
responsabilidad,34 y fueron culpados por este crimen. Siendo así, no hay manera de
emitir un juicio contra Lucas el escritor, quien, es consciente de lo que afirma, y, aun
así, no intenta armonizar estas dos verdades, el decreto de Dios y la libertad del hombre.
Frente a la presente objeción que engendra éstas dos verdades, John Dick
responde al problema, argumentando:
Si Dios preordenó ciertas acciones, y colocó a los hombres en tales circunstancias
que las acciones se efectuarán de acuerdo con las leyes de la mente. No obstante,
los hombres son agentes morales, porque ellos actúan voluntariamente, y son
responsables de los actos que ellos mismos han consentido hacer. La libertad no
consiste en la libertad de acción, si no en la opción de actuar. La opción es
determinada por algo en la mente misma, o por algo que desde afuera influencia a
la mente; pero cualquiera que sea la causa, la opción hace la acción libre, y el
agente es responsable. Si se admite esta definición de libertad, Ud. verá que es
posible reconciliar la libertad de la voluntad con los decretos absolutos; pero no
tenemos que librarnos de cada dificultad.35
Como recurso final, Dick agrega que, todo hombre siente que es libre (aunque
no independiente de Dios); cuando se excusa así mismo por su deber, y cuando se acusa
por haberlo descuidado.36 Así también, es de notar que su sentido de aprobación y
reprobación, son muestra de su propia libertad, pues, tales rasgos, no se acoplan a
criaturas estrictamente programadas, sin capacidad de ejercer voluntad.
34
Simón J. Kistemaker, Comentario del Nuevo Testamento: Hechos de los Apóstoles, trad. de Eugenio
Orellana (Grand Rapids, MI: Desafío, 2007), 125.
35
Chafer, Teología Sistemática, 250, citando a John Dick, Lectures on Theology, 186.
36
Chafer, Teología Sistemática, 251, citando a John Dick, Lectures on Theology, 186.
Concluyendo la respuesta ante dicha objeción, es posible asegurar con certeza
que la necesidad del decreto no está en conflicto con la libertad de la criatura. Dios ha
decretado todas las cosas de tal manera que sucedan infaliblemente, pero sin
compulsión del albedrío del hombre, porque Dios decretó que todas las cosas sucedan
por causas necesarias, causas libres y causas contingentes. 37 Con base a ello, el agente
libre y subordinado puede hacer o no cualquier acción, sin embargo, la opción que él
escoja con libertad hacer, ha sido decretada infaliblemente.38
B. Desaloja todos los motivos para el esfuerzo humano
Esta segunda objeción suele ser expresada de la siguiente manera: “Si todas las
cosas han sido decretadas para que sucedan, de que sirve el esfuerzo por lograr algo que
seguramente no fue decretado, no tiene sentido…”. Quizás más allá de esta declaración,
se encuentra aquel que carece de un conocimiento simétrico de Dios 39 o prematuro sobre
dicha doctrina. Lo que, si es seguro observar, es que por un malentendido que se tenga a
la hora de estudiar el decreto divino, puede resultar en una declaración fatalista 40 como
la que se acaba de afirmar.
De acuerdo a lo anterior, el concepto fatalista por lo general surge siempre que la
soberanía de Dios es forzada para excluir la libre actuación del hombre, o cuando Dios
no es tomado en cuenta y los hombres creen que son guiados por fuerzas ciegas sobre
37
Renihan, De Dios y su Decreto, 135.
38
Renihan, De Dios y su Decreto, 135.
39
Conocimiento simétrico de Dios: conocimiento equilibrado entre el ser de Dios y el obrar de Dios.
40
Fatalismo: Doctrina según la cual todo lo que pasa se debe a las determinaciones inevitables del hado o
la fortuna, con lo cual todos los seres están encadenados por una ley ineludible, sin que exista en ninguno
la libertad ni el libre albedrío. El fatalismo enfatiza el carácter inevitable de los acontecimientos, causas o
no causas, y está estrechamente ligado al indeterminismo de la fortuna. En Pablo A. Deiros, Diccionario
Hispano – Americano de la Misión, (Santa Fe, Argentina: Comibam International, 1997), 132.
las que ellos no tienen control.41 Debido a esto, hay quienes se apoyan en esta tensión
para justificar su negligencia y desobediencia.
Con relación a la problemática expuesta, el libro de los Hechos narra el suceso
trágico que experimentó Pablo junto con sus acompañantes (Hch. 27). Días antes, el
Señor se le había presentado al apóstol, para informarle que éste había de testificar en la
ciudad de Roma (Hech. 23:21). Pero, de repente, toda la tripulación incluyendo el
apóstol, estaban plenamente expuestos a la muerte. Aquí es interesante notar, como
Pablo, luego de haber sabido sobre su llegada a Roma (determinada por el Señor), hizo
lo posible por sobrevivir y mantener su vida a salvo; de lo contrario, habría muerto.
En respuesta a la objeción que se tiene, “Desaloja todos los motivos para el
esfuerzo humano”, ésta supone que Dios ha determinado el fin sin referencia a los
medios, lo cual no es válido; pues, el acontecimiento queda determinado en conexión
con el medio; si lo último fracasa, igualmente sucederá con lo primero. 42 Para ilustrar
mejor esta idea, Dios ha decretado que los hombres vivan mediante alimentos, si éstos
se rehúsan a comer (acción-medio), morirán (fin). Sobre este principio, se entiende que
cualquier persona que no desea el mal para su vida, está al tanto de procurar mantenerse
fuera de cualquier peligro. Dicho esto, Renihan razona en lo siguiente:
Entonces, si usted no desea caerse, no salte. Si no quiere quemarse, no toque el
fuego. Si no quiere ahogarse, no nade en aguas demasiado profundas. La gravedad
siempre atrae, el fuego siempre quema y el agua siempre ahoga.43
Así mismo, Juan Calvino comenta al respecto:
Ahora, pues, es muy claro cuál es nuestro deber: si el Señor nos ha confiado la
protección de nuestra vida, nuestro deber es protegerla; si nos ofrece ayudas, que
las usemos; si no nos advierte con antelación respecto a peligros, que no nos
41
Chafer, Teología Sistemática, 259.
42
Hodge, Teología Sistemática, 303.
43
Renihan, De Dios y su Decreto, 133.
metamos temerariamente en ellos; si pone a nuestra disposición remedios, que no
lo menospreciemos.44
Resumiendo lo planteado, el hecho de que Dios haya decretado un
acontecimiento, convirtiéndolo así en un evento seguro, no significa que obligue a las
personas para que vayan en contra de sus pensamientos y sus deseos. Mientras no exista
coacción en las condiciones que obliguen a una persona a actuar de una cierta manera,
Dios puede determinar la acción humana y ésta se producirá con toda certeza; sin
embargo, la persona puede seguir siendo libre para hacer lo que le plazca.45
D. Hace a Dios el autor del pecado
Esta objeción merece ser respondida con especial cuidado y prudencia, pues
involucra la santidad de Dios, cuya perfección es bastante enfática en la Escritura (Is.
6:3; Ap. 4:8). Debe entenderse, que el hecho de que Dios decrete todas las cosas
incluyendo el pecado, no significa que Él busca con eficacia, promover el pecado en los
hombres para luego condenarlos; en vista de ello, tal objeción, exhibe al hombre como
un ser inocente, ajeno a la maldad. En esta medida, Samuel Renihan lo explica en breve:
No debemos pensar, ni decir que Dios creó al hombre para permitir su pecado, y
que permitió su pecado para condenarlo (Eze. 3:11); sino que Dios creó al
hombre, permitió su pecado, y lo condenó por su pecado, todo para manifestar la
gloria de su justicia.46
Respondiendo a dicha objeción, Dios decreta mantener la libre agencia de sus
criaturas; sin embargo, esto no implica que su control esté ausente u opere de forma
pasiva sobre dichas criaturas.47 Pues, aunque regula las circunstancias de sus vidas, Él
permite que la libre agencia se ocupe en multitud de actos de los cuales algunos son
44
Juan Calvino, Institución de la Religión Cristiana, I, XVII, 4.
45
MacArthur, Teología Sistemática, 280 -281.
46
Renihan, De Dios y su Decreto, 122. Citando a John Norton, The Othodox Evangelist (London: John
Macok, 1657), 57.
47
Berkhof, Teología Sistemática, 123.
pecaminosos. Por buenas y santas razones Dios hace que estos actos pecaminosos
acontezcan de forma segura; pero Él no decreta producir los malos deseos, ni decreta
decidir eficientemente la preferencia en el hombre.48
Con relación a lo anterior, el decreto respecto al pecado según explica Berkhof,
“No es decreto eficiente sino permisivo, o decreto para permitir”, 49 que contrario a ello,
sería el decreto para producir, en el que Dios aplica su divina eficiencia para producir
pecado. Refutando esta última declaración, puede decirse que la entrada del pecado al
mundo es segura por el decreto divino, pero eso no enfatiza el hecho de que Dios se
deleite en la maldad.
De acuerdo a ello, Charles Hodge refuerza este hecho, presentado el siguiente ejemplo:
Un juez justo, al pronunciar sentencia sobre un criminal, puede estar seguro de
que causará pensamientos malvados y amargos en la mente del criminal, o en los
corazones de los amigos del mismo, y, sin embargo, el juez no tiene la culpa de
ello.50
Continuando con esta idea, la Biblia misma declara que Dios no se complace
con la maldad, Porque tú no eres un Dios que se complace en la maldad; el malo no
habitará junto a ti, Salmo 5:4. Ciertamente, el motivo de Dios al permitir el pecado y el
motivo del hombre al cometerlo son radicalmente distintos. 51 En el hombre, el pecado
gira en torno a su corrupción natural; en Dios, el pecado es permitido conforme a su
elevado propósito. Él permite el pecado no contra su voluntad sino conforme a su
voluntad.52
48
Berkhof, Teología Sistemática, 126.
49
Berkhof, Teología Sistemática, 127.
50
Hodge, Teología Sistemática, 303.
51
Loraine Boettner, La Predestinación (Grand Rapids, MI: Subcomisión Literatura Cristiana, 1968), 195.
52
Boettner, La Predestinación, 207.
A manera de conclusión, hay que admitir que, aunque la existencia del pecado
en el universo es real, aun así, permanece bajo el control de Dios que es infinito en
sabiduría, poder, santidad y justicia.
CONCLUSIÓN
Como se indicó al principio de esta discusión, la doctrina del decreto divino es
un tema que requiere mucho cuidado a la hora de ser estudiada. Hasta donde fue posible
se intentó resolver algunos malentendidos y responder a ciertas objeciones sobre el
decreto; Gracia a Dios, que, a través de su palabra, los problemas son aliviados en algún
grado, por lo menos, se espera que el trabajo no haya sido en vano.
Tal como se observó en la investigación, negar los decretos divinos, por el solo
hecho de no presentar una respuesta ante dichas objeciones, sería conformarse con la
imagen de un Dios que no se interesa por sus criaturas, que no planea, ni controla lo que
acontece en la existencia. Lamentablemente, la confianza de muchos estaría depositada
sobre un destino ciego, de lo cual no es aceptable por el testimonio de la Escritura.
Finalmente, conocer la doctrina del decreto divino de forma clara y responsable
es fundamental, pues, además de que genera confianza y seguridad en los corazones de
los creyentes; enaltece su poder, les da virtud a sus obras, y sentido a la existencia
humana. Pues sus decretos se asocian con su carácter santo, justo y recto.
BIBLIOGRAFÍA
Berkhof, Louis. Teología Sistemática. Trad. de Felipe Delgado Cortés. Grand Rapids,
MI: Desafío, 2009.
Boettner, Loraine. La Predestinación. Grand Rapids, MI: Subcomisión Literatura
Cristiana, 1968.
Catecismo Menor de Westminster.
Chafer, Lewis Sperry. Teología Sistemática, Tomo I. Trad. de Evis Carballosa et al.
Dousman, WI: Publicaciones Españolas, 1986.
Confesión Bautista de Londres de 1689.
Deiros, Pablo A. Diccionario Hispano – Americano de la Misión. Santa Fe, Argentina:
Comibam International, 1997.
Erwin Lutzer, Doctrinas que Dividen. Trad. de John Alfredo. Grand Rapids, MI:
Portavoz, 2001
Grudem, Wayne. Teología Sistemática. Trad. de Miguel Mesías et al. Miami, FL: Vida,
2007.
Hodge, Charles. Teología Sistemática. Trad. de Santiago Escuain. Barcelona: Clie,
2010.
Juan Calvino, Institución de la Religión Cristiana.
Kistemaker, Simón J. Comentario del Nuevo Testamento: Hechos de los Apóstoles, trad.
de Eugenio Orellana. Grand Rapids, MI: Desafío, 2007.
MacArthur, John y Mayhue, Richard. Teología Sistemática. Trad. de Loida Viegas.
Grand Rapids, MI: Portavoz, 2018.
Pink, Arthur. Los Atributos de Dios. Trad. de Ernesto Rodríguez. Pensacola, FL: Chapel
Library, 2020.
Renihan, Samuel D. De Dios y su Decreto (Santo Domingo, Ecuador: Legado Bautista
Confesional, 2021.