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Arquitectura de un océano
Mike Austin
Publicado originalmente en [Link] a
partir de Architecture New Zealand - November 2020. Traducción de Juan Ignacio Azpiazu.
1- Papúa Nueva Guinea, casa tambaran [salón de ceremonias] de la región del Sepik Medio,
poblado de Yensan. Imagen: Mike Austin
2- Papúa Nueva Guinea, casa tambaran del Sepik Medio, en construcción, poblado de
Nagosap. Imagen: Mike Austin
3- Un mapa de palos de las Islas Marshall. Imagen: Supplied
4- Dibujo de una canoa oceánica de balancín (outrigger canoe). Imagen: Supplied
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5- Tahití, marae de Mahaiatea, en la época de la primera visita de Cook. Imagen: Supplied
6- Papúa Nueva guinea, plataforma de una casa win. Imagen: Mike Austin
7- Fiji, bure de techo a dos aguas. Imagen: Mike Austin
8- El fale, que aparece en Samoa y Tonga. Imagen: Supplied
9- Fiji, vale de extremo redondeado. Imagen: Mike Austin
10- Papúa Nueva Guinea, casa tambaran de la región de Maprik. Imagen: Mike Austin
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11- Papúa Nueva Guinea, casa tambaran de la región de Maprik, en construcción. Imagen:
Wallace Ruff
12- Papúa Nueva Guinea, casa tambaran de la región de Maprik. Imagen: Wallace Ruff
13- Papúa Nueva Guinea, casa tambaran de la región de Maprik, poblado de Kanganaman.
Imagen: Wallace Ruff
14- Papúa Nueva Guinea, casa tambaran de la región de Maprik, construcción. Imagen:
Wallace Ruff
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15- Hawai, un heiau, la versión local del marae. Imagen: Supplied
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La arquitectura de las Islas del Pacífico es crecientemente tema de conversación e
ilustración, ¿pero qué es lo que es? En el pasado, ha consistido en gestos y motivos
intentando apelar a cierta relevancia regional, a pesar de que el regionalismo haya atraído
sostenida crítica teórica. Uno de los temas es la cuestión de qué constituye una región1. Hay
algo extraño en un regionalismo del Pacífico en un océano que se extiende de polo a polo y
cubre un tercio de la superficie del planeta. No obstante, para la gente del mar, el océano
entre las islas no es necesariamente una barrera sino, más bien, una conexión. Epeli Hau’ofa
habla de “un mar de islas” y propone que “Probablemente sea correcto decir que no hay en
el mundo otra región tan integrada como el Pacífico Sur. Somos, para todo fin práctico, una
única economía y, crecientemente, una única sociedad”2.
Los mapas tradicionales del Pacífico intentan tratar sobre la naturaleza del océano, como
los patrones de olas y corrientes, mientras que las cartas europeas se obsesionan con la
tierra —incluso cuando está bajo el agua. Hace tiempo ya se viene haciendo una división
tripartita de las Islas del Pacífico, iniciada por Dumont d’Urville hace 200 años en una
conferencia en la Sociedad Geográfica de París. Dicho sea de paso, d’Urville había dicho
sobre el asentamiento maori en Bahía de Tokomaru:
“El campo circundante ofrece a la mirada del navegante bosques sonrientes, primorosos
valles, y dos o tres pas de tamaño bastante considerable. Uno de ellos, levantado alrededor
de una legua del mar, una mancha blanca en medio de un claro hecho en la arboleda, con
su línea regular de chozas que forman un anfiteatro, me recordó de algún modo a los
pequeños pueblos del Archipiélago Griego.”3
En la mente europea, en el Pacífico siempre hubo un gradiente social ascendente de oeste a
este, favoreciendo a los polinesios sobre los melanesios. También, ha habido fantasiosas
teorías acerca del origen de las gentes del Pacífico en todo continente principal del mundo,
excepto el más cercano (Australia). Ahora parece seguro que la migración hacia el este
comenzó desde el sudeste de Asia hace unos seis milenios. Era posible saltar de isla a isla,
hasta que hubo un gran cruce desde las Islas Salomón hacia Fiji y el triángulo de la Polinesia
hace unos tres mil años. A esto siguió la migración en sentido inverso y la dispersión hacia
los vértices del triángulo (Nueva Zelanda, Hawai, e Isla de Pascua).
Este viaje ha sido motivo de controversia porque va contra los vientos predominantes, pero
ahora se ha señalado que estos vientos son precisamente la razón para la dirección del
viaje, porque aseguran a los exploradores poder volver a casa4. Se han hecho réplicas de
estos viajes de vuelta a lo largo del último medio siglo. A menudo se ha considerado a los
botes indígenas inadecuados para estos largos viajes marinos, como lo indica el uso
desdeñoso del término “canoas” para lo que eran en realidad sofisticados veleros. Hay un
modo de construir botes que es particular del Océano, en que se duplican los cascos, al que
se asocia un sostenido prejuicio europeo contra tales naves de cascos múltiples.
“El origen más obvio de la canoa doble es el de dos canoas simples, o talladas de un
tronco, atadas juntas o a corta distancia. Uno imaginaría que un mecanismo tan simple y
práctico para brindar estabilidad e incrementar la capacidad de carga se habría adoptado en
todos lados, y sin embargo pertenece casi exclusivamente a la región del Indo-Pacífico.”5
1
Mike Austin, “Pacific Island migration”, en Stephen Cairns (ed.) Drifting: Architecture and Migrancy, London,
Routledge, 2004, p. 224.
2
Epeli Hau’ofa, “The new South Pacific society: Integration and independence”, en Antony Hooper et al.
(eds.) Class and Culture in the South Pacific, Centre for Pacific Studies, University of Auckland, e Institute of
Pacific Studies, University of the South Pacific, 1987, pág. 2.
3
Bernard Smith, European Vision and the South Pacific, 1768-1850: A Study in the History of Art and Ideas,
Oxford, Clarendon Press, 1960, pág. 252.
4
Geoffrey Irwin, The Prehistoric Exploration and Colonisation of the Pacific, Cambridge, Cambridge
University Press, 1992.
5
A.C. Haddon, James Hornell, Canoes of Oceania, tomo 3, 1938, pág. 43.
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Ha habido un prejuicio similar contra los edificios del Pacífico, vistos como chozas de hierba
puestas en el paraíso (por supuesto, con su Eva), y suponiendo que no requieren esfuerzo
arquitectónico alguno. Sin embargo, así como es posible generalizar acerca de la canoa
oceánica como generalizadamente multicasco (aunque con variaciones en los detalles),
pueden hacerse muchas generalizaciones acerca de la arquitectura de las Islas del Pacífico,
con una gama de variaciones particulares para cada cultura.
Una de las generalizaciones que puede hacerse para los edificios del Pacífico es que
siempre son pabellones de una sola celda. Todos, desde el más pequeño al más grande,
son unicelulares. La diferenciación y separación no se hace con muros y particiones sino
con espacio. Estos edificios se basan en el corte con techo a dos aguas que, como a
menudo no se aprecia, es una forma intrínsicamente inestable sin uniones rígidas, y hacer
uniones rígidas en madera [uniones de carpintería] es difícil con ataduras de fibras y pocas
herramientas. Sin embargo, el ingenio y los logros de estas ataduras es sorprendente. El
techo a dos aguas, por supuesto, no se limita al Pacífico, pero la características de los
edificios oceánicos es que la cumbrera se apuntala, eliminando las acciones horizontales de
los cabios sobre los postes de las paredes.
A veces el puntal se trunca para volverse el pendolón de una cabriada, pero siempre la
cumbrera está apoyada. En muchos lugares, el poste de la cumbrera es míticamente el
mástil de un bote, asociado simbólicamente con ancestros. En el whare maorí, el poste (pou
tokomanawa) es la corazón del ancestro que está en la casa. Ésta no es la choza primitiva
propuesta como origen de toda la arquitectura por comentaristas que van desde Vitruvius
hasta Joseph Rykwert6. Deriva, en cambio, de tecnología marina, de lo que resultan varias
implicancias, como el uso de la tensión como principio de la construcción —por ejemplo, el
techo se construye descendiendo desde la cumbrera y a menudo las paredes cuelgan.
Aparecen diferencias entre las culturas en el tratamiento del hastial. Por ejemplo, en el
whare maorí el techo a dos aguas se proyecta para dar lugar a un pórtico abierto (mahau). El
llamado bure de Fiji es un cerramiento simple, con diversos tratamientos que van desde el
hastial al faldón de frente, mientras que en las regiones orientales de Fiji los extremos se
redondean, y la casa se conoce como vale. Samoa y Tonga son los lugares del fale; el fale
tiene variaciones de extremos redondeados, curvados en dos direcciones. En el fale tele de
Samoa se combinan dos hastiales con una sección intermedia truncada para dar lugar a un
edificio similar a una cúpula, suspendido de uno o tres postes.
En Indonesia, unos miles de millas al oeste, encontramos la versión balinesa del pabellón del
Pacífico —el bale. Más allá, la extensión y elaboración del hastial en las casas de Tana
Toraja en Sulawesi; éstos son extraordinarios logros estructurales que sirven para proteger
el patio externo. Incluso más hacia el oeste, está la a menudo señalada similaridad de las
casas Batak en Sumatra. Estos techos de curvas como colgantes derivan del uso de una
sobrecumbrera que vincula a los cabios y a la cumbrera propiamente dicha.
En este barrido en reversa a lo largo de varios miles de millas, podríamos buscar
explicaciones para las variaciones arquitectónicas del hastial. Una obvia es el clima. Las
extravagantes prolongaciones son posibles presumiblemente sólo donde no hay grandes
vientos. O, para ponerlo de otro modo, la presencia de ciclones podría servir para explicar el
hecho de que en Polinesia tiende a haber techos redondeados mientras que los techos de
Melaneisa e Indonesia son puntiagudos. Las pérdidas de calor podrían explicar el que las
casas de las tierras altas de Melanesia, desde Papúa Nueva Guinea hasta Nueva Caledonia
y Fiji, sean redondas —resultando en mínima superficie envolvente.
El clima no lo explica todo, sin embargo, porque en Papúa Nueva Guinea hay una gran
diversidad de tratamientos dentro de pequeñas regiones, con discusiones sobre quién
influyó a quién. Se ha sostenido que la casa tambaran de Maprik, que se eleva 25 metros en
el aire, es conceptual y estructuralmente idéntica a la cercana pero muy diferente casa
6
Joseph Rykwert, On Adam’s House in Paradise, Cambridge, Mass., MIT Press, 1981.
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tambaran iatmul sobre el río Sepik7. En las magníficas casas iatmul, la cumbrera superior se
apuntala en cada extremo del edficio con el llamado poste meri, que se apoya en una viga,
que se apoya en los extremos en voladizo de las soleras superiores de las paredes.
Toda esta acrobacia en altura, como de trapecistas, se esconde detrás de una fachada
suspendida y es accesible solamente a los hombres que ocupan la casa. El edificio explota
aspectos de la arquitectura, como estabilidad y equilibrio, que solemos usar para
estructuras high-tech y de ingeniería. Esto extiende las proposiciones de que el whare maorí
reflejaría el paisaje (la que parece de alguna manera haberse vuelto sentido común) y qie los
distintos entornos paisajísticos de cada una de estas formas podrían ofrecer una explicación
para las diferencias8.
El piso de la choza del Pacífico es estructural y conceptualmente algo separado de la casa,
y toma diversas formas, desde el piso excavado del whare, al piso elevado de piedra del
fale, a la plataforma de madera de la casa iatmul, posada en su terreno de baile a cielo
abierto. Muy difundida en Nueva Guinea está la casa win, una plataforma elevada sobre el
terreno de un asentamiento, que sirve diversos propósitos. La plataforma del Pacífico no es
una forma cerrada; es en cambio la construcción del abierto. El conocido término ma de
Japón se vuelve el va de Polinesia, en donde es espacio o intervalo: lo intermedio. Podría
derivar de los botes, donde es la plataforma que cubre el espacio entre los cascos de la
canoa multicasco.
El espacio construido por la apertura del claro y la plataforma es un palimpsesto de la
abertura absoluta del océano (llamado marae roa en maorí), en donde el cierre lo da el
encuentro de mar y cielo en el horizonte. Hay bastante más de mil maraes en todo el
Pacífico, y especialmente en Polinesia oriental, en donde Marae Taputapuatea en la isla de
Ra’iātea es hoy un sitio de patrimonio mundial, e importante como punto de partida de flotas
viajeras. El Marae Mahaiatea en Tahití (comenzado por Tupaia antes de la visita de Cook) lo
comentó Banks, quien dijo “ciertamente la obra maestra de la arquitectura indígena en esta
isla, y así lo decían todos sus habitantes. Su tamaño y calidad del trabajo son casi
increíbles”9. En las Marquesas hay por doquier numerosas plataformas para la casa (paepae)
y la comunidad (tofua), y el marae se vuelve un me’ae; en Hawai es un heiau, y el ejemplo
extremo está en el vértice oriental de la Polinesia, en las Islas de Pascua, base de las
conocidas estatuas moai. Y, como sabemos, el marae de Aotearoa New Zealand ha
prosperado en el último medio siglo para convertirse en una institución comunitaria,
tomando de muchas maneras el rol que había ocupado la iglesia.
La arquitectura referida es “tradicional” —como señala Raymond Williams, “término usado
tanto para el rechazo como para el respeto”10 . La tradición se define por su oposición a lo
moderno, pero los primeros modernistas tomaron a la arquitectura y el arte del Pacífico
como fuente formal. Adolf Loos hablaba del remo de Papúa y las paredes de pantallas de
Gottfried Semper referían al Pacífico11. Max Vogt ha sostenido que la arquitectura flotante
del modernismo, y específicamente los pilotis de Le Corbusier, derivan (vía Suiza) del
Pacífico. Cada casa del Océano tiende a tener una vida y, entonces, una muerte, y en las
7
Mike Austin, “The House Tambaran of Papua New Guinea”, Assemblage, nro. 20, Cambridge, Mass., MIT
Press, 1993, pp. 10–11.
Mike Austin, “Theory on the Sepik”, Interstices 4: Journal of Architecture and Related Arts, Auckland, the
University of Auckland, (CD ROM), 1996.
8
Mike Austin, “The Polynesian marae”, The Second International Symposium on Asia Pacific Architecture:
The Making of Public Places, Honolulu, University of Hawaii, 1997.
9
P. R. Bellwood, Man’s Conquest of the Pacific: The Prehistory of Southeast Asia and Oceania, New York,
Oxford University Press, 1979, pág. 339.
10
Raymond Williams, Keywords: A Vocabulary of Culture and Society, London, Fontana Press, 1979,
pág. 319.
Adolf Max Vogt, Le Corbusier, the Noble Savage: Toward an Archaeology of Modernism, Cambridge,
11
Mass., MIT Press, 1998.
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islas, como señaló Arata Izozaki al hablar de la capilla de Ise, “Tánatos siempre está
cerca”12.
El consumo y la apropiación de esta arquitectura no es algo directo. La arquitectura y los
artefactos de la tradición han sido encarcelados en museos en que se los trata con respeto,
pero inevitablemente son recontextualizados. Este consumo caníbal sugiere que la
arquitectura es, de hecho, extremadamente potente (incluso peligrosa) y debe ser contenida
o consumida; a veces sobrevive a la arquitectura que la contiene y podría sostenerse que
presenta las posibilidades y ejemplos de otra arquitectura y otro mundo, conocido como el
“modo del Pacífico”.
12
Arata Isozaki, The Island Nation Aesthetic, London, Academy Editions, 1996.