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∞ ¿IMPROVISAR?

Escrito por Marie Bardet (2021)

Estamos en el auto con mi mamá, en esa ruta de 15 kms que separa el pueblo donde creci
de la ciudad más cercana donde cursé la secundaria y donde empece a frecuentar una sala
en la que tomé algunas clases de improvisación, BMC, Feldenkrais... Allí, en el estudio "de
los cuatro vientos”, Emilie Borgo, quien sigue trabajando allá con su compañía Pasaros, me
invitó a presentar un solo. Año 2001. Vivo todavia en Francia. 2001 no tiene el retumbe del
número que tiene ahora cuando lo digo o lo escribo.
Estoy yendo a "ensayar" para ese solo, y mi mamá, la maestra de toda la
lo que hacés es improvisación, ¿qué vas a ir a ensayar?".
Pregunta, claro, pertinente y pertinaz. No voy a decir que fue la causa determinante de todo
mi recorrido, de mi investigación de tesis doctoral sobre improvisación que devino libro,
Pensar con mover, no. Además en ese momento había armado una compañía de danza en
Lyon, La compagnie Noir Clair, estaba a punto de presentar un solo, luego un dúo, y
finalmente un cuarteto, titulado Image-in #1, #2 y #4, y me preparaba para dejar
definitivamente la filosofía cuando terminara la licenciatura. Cosa que no hice, claro. Bueno,
y en todo caso, ya hacía rato que descreía, por inocen-cia, tontería, ilusión o supervivencia,
o las cuatro cosas a la vez, de esos relatos del origen explicativo de la cosa, de las
versiones deterministas de las decisiones que hubieran encerrado bastante un destino de
chonguita de pueblo seco que pasaba de ponerse mameluco para ayudar en las tareas del
campo, a montar a caballo, y luego ir, perdiendo en el tren su acento apenas arrastrado y su
camperón de lluvia que no pegaba en la ciudad, a estudiar filosofía en la Universidad de
Lyon, universidad a la que pudo asistir no más de un año porque le empezó a agarrar
angustia terrible que la paralizaba a la hora de cruzar el puente para ir a cursar. Había
empezado a bailar más, a trabajar en educación popular, y las clases de lógica en una
facultad que albergaba el sindicato estudiantil de derecha y sus mesas cotidianas contra el
PACS (la unión civil que se abría en ese año a las parejas no heterosexuales en Francia) se
habían tornado irrespirables.
¿Improvisar? ¿Y vas a trabajar y ensayar, para eso? Pero, entonces, ¿de qué hablamos
cuando hablamos de improvisación en danza?, ¿se puede improvisar?, ¿y todas las
determinaciones?
Improvisar, pienso ahora, tal vez tomó para mí el sentido de un recorrer los pasos espesos
de una determinación indeterminada, de vivir cabalgando las paradojas, como esa que
intenta decir un modo de actualizar decisiones cuya efectuación no se juega, o no
enteramente, en el binarismo que opone determinismo absoluto versus libre albedrío de la
voluntad pura y desatada para entender todo. Seguir con la punta de los dedos y de la
lengua, durante más de veinte años, los corrimientos de la categoría "improvisación" de los
ideales de una composición en un puro presente, absolutamente libre, espontánea y
novedosa, donde "todo es posible" como lo lee(mos en) la historia que más circula sobre el
momento "improvisación" en la danza
"postmoderna" de los años 60 y 70 en EEUU, en el libro de Sally Banes".
Seguir, en una investigación sobre improvisación como las que llevé adelante dentro y fuera
de la Universidad; con los grupos con quienes bailé (como aquellos en Lyon, o como NDR
en Argentina con Victoria D'Hers, Marina Tampini y Pía Rillo); en los seminarios y talleres
en
el Espacio Ecléctico durante años, o como aquel en la UNA cuyo relato se publicó en el libro
de las Jornadas de Investigación en el 2013; o soñando ahora en plena pandemia de armar
clases grupales de improvisación en los parques que se llamen "prácticas colectivas de
decisión atenta". Siempre, siempre, llega un momento clave, en el que surge la gran duda, o
la certeza, esa aparición disruptiva, a veces enojada, en la indagación, que avasalla el
instante al pronunciar la palabra por enésima vez: "Improvisar... Pero, improvisar ¿qué?
¿cómo? si nunca jamás se puede improvisar del todo, ¡no quiere decir nada, es un término
vacío, no existe!". Cada vez que intentaba circunscribir lo que era, se me escurría entre las
manos y desbordaba mi lengua. Pero una cosa es no poder definir algo, otra cosa es
concluir a la inexistencia de la misma…

Por un lado, cabe constatar que, simplemente, es una palabra que algún sentido tendrá, ya
que mucha gente la usa, se la apropia y hace cosas con ella.
Se puede empezar a cartografiar el sentido del verbo "improvisar" a lo largo de los usos que
artistas y docentes en danza, pero también en música, hacen de él. Ver cómo habita
diferentes prácticas las más heterogéneas entre sí, cómo titula más de un curso o de un
paso casi inevitable en las formaciones en danza contemporánea en muchos lugares del
mundo. Desde luego esto no lo define, pero le da cierto modo de existencia y ocasiones
para pensar su consistencia. Por otro lado, esta gran duda de saber si es posible improvisar
depende mucho de la definición que se le da al verbo. Entonces podía hacer un pequeño
desplazamiento: pasar de la duda a la pregunta; apostar al apenas gesto de ahuecar un
espacio respirable con una pregunta en la que la duda paralizante se desvanecía no por
haber encontrado una respuesta segura de sí misma, sino por el ejercicio minucioso de la
pregunta que agujerea el músculo del hacer con una brizna de atención en curso, mientras
tanto.
Ese pequeño desplazamiento hacia una pregunta que se afirma en su formulación, me
surgía conjuntamente con la memoria de lo que había sentido en la panza en un seminario
con Julyen Hamilton, la diferencia entre la acidez estomacal de la duda sin fin ni fondo
muchas veces aparejado al auto-enjuiciamiento de "estar haciendo mal", y el vértigo de la
pregunta que se la juega a trazar algo aunque sea en hueco, a marcar un trayecto aunque
sea rasguñando lo que hay. Improvisar como una pregunta, tan humilde como infinitamente
pretenciosa, que (se) hace un hueco en alguna danza, suspendiendo ciertos modos de
estar segurxs de saber cómo hacerla, que abre un juego en algún rincón del mundo.
Sin duda, es imposible una danza absolutamente novedosa, original, transparente y limpia
de todo hábito, pasado y gesto repetido, gusto, deseo, im-posibilidades ¿pero será por eso
que todo gesto es sólo la consecuencia de sus causas, y que no hay "improvisación"
posible? ¿O será que improvisar es la pregunta situada en un ¿cómo?: ¿cómo com-poner
en el momento de su presentación, las miles de pequeñas determinaciones que vienen a
construir el gesto? ¿cómo entonces ensayar, practicar, situar precisamente esa atención
que se estira en el espesor que se abre entre todo lo potencial y todo lo que se actualiza sin
que haya sido estrictamente "posible" antes?
¿cómo cultivar esa atención que balbucea en la opacidad destellante de ese agenciamiento
con el que vamos efectuando y escuchando al mismo tiempo gestos, desplazamientos,
imágenes, sensaciones no pre-escritas?
De a poquito he aprendido a pronunciar y escuchar esta palabra como una apuesta lanzada
cada vez por quienes hacen, más que como una dis-ciplina, un estilo o un género definido
dentro de la danza. Al recorrer algo de la historia de la danza, sus relatos como arte en
Occidente, pero también sus manifestaciones más lejanas a los escenarios o a los
"cen-tros", se la puede ver aparecer como una suerte de pregunta que la danza se formula
a sí misma, mucho más que como un solo período o estilo.
En el transcurso, me pasaron las cosas más sórdidas y diferentes me enamoré de Loie
Fuller, y frecuenté el Contact Improvisación de costa-do, en algunas jams, en muchas
conversaciones, y en muchas palabras y amistades-alianzas, en particular cuando apenas
desembarcada a Buenos Aires en el 2004, la jam de Surdespierto de los domingos se
convirtió en un refugio al que llegaba un poco tarde y me iba justo antes que termine para
evitar intercambiar una sola palabra con quien sea: me regalaba a mí misma menos de dos
horas de práctica semanal en la que, además de meterme entre las fuerzas blandas de mi
danza gravitatoria con el piso y otrxs, entregarme al juego que no sabe a dónde va de
antemano, y ahondar mis elucubraciones sensibles en torno a "¿improvisar?", lo hacía sin
padecer, por un rato, la extrema precariedad frustrante de un idioma balbuceado. Me
acuerdo a menudo de la frase de Paxton, que se encuentra en este libro, me la acuerdo
siempre mal, pero me servía como salvavidas de ese momento:
"improvisar es un nombre para algo que no puede tener ninguno". Verificación hecha, la cita
exacta es: "Improvisación es una palabra para algo que no puede conservar ningún nombre;
si se queda fija en algún lugar suficientemente tiempo para adquirir un nombre, empieza a
moverse hacia la fijeza. La improvisación se inclina en esta dirección. La danza es el arte de
hacer advenir algo en un lugar".
Improvisar como reto lanzado al aire, como modo de (dejar de) producir los gestos, de
dejarlos/hacerlos emerger en un lugar, durante un rato, en el espesor sensible de una
atención que se estira a lo largo de la relación con un contexto y con otrxs. Apuesta muy
seria a veces, lúdica a menudo, de no saber todo de antemano, de no tener certeza del
resultado, de burlarse del fracaso agudizando la contundencia de la decisión "es lo que es".
Se puede entonces prestar atención a ciertos usos de esta palabra y escuchar "impro-visar"
como una danza que juega a ir definiendo, de cierta manera, cada vez, lo que componer en
danza puede/quiere decir, narrando unas de las tantas maneras que hay de surfear la ola de
este presente que va pasando, ocurriendo, teniendo lugar sin ocupar, de manera
definitiva/definitoria, nin-guno. Una pregunta, que insiste, haciendo(se), que tal vez puede
prescindir de respuesta para siempre, pero no deja de, en el mejor de los casos, interrogar
incansablemente las maneras de hacer, las maneras de pensar, Y también las maneras de
transmitir y enseñar la danza, muchas danzas, hoy, aqui, y ahora, con los hilos de "allá y
hace tiempo" y "entonces y alli".
Seguía insistiendo esta pregunta por los grados de indeterminación, hasta en un trabajo
colectivo de investigación realizado a través de encuentros, conversaciones y escrituras con
Ningún Derecho Reservado y otrxs colegas en el proyecto La danza y la improvisación
escénica hoy.
Definiciones en primera persona
.Surgía de las entrevistas y de una conver-
sación grupal que aquello a lo que se denomina "improvisación" abarcaba, para quienes la
estaban haciendo en Buenos Aires en esos años, un espectro muy amplio y heterogéneo de
propuestas, cuyo común denominador podría residir en la instancia de lo "no pre-fijado" o
"no pre-escrito" del movimiento, pero que en cada trabajo adquiere una modalidad
particular, que se acota a partir del recorte específico de un territorio de lo sensible. La
improvisación era allí muchas veces nombrada como una práctica del "aquí y ahora", "a
puro presente".
, pero también se escucha "presentir el futuro",
"deshacer el pasado adquirido" e incluso "hacer una arqueología del yo".
Volvi a escuchar la improvisación nombrada como arqueologia del propio recorrido en un
diálogo con el coreógrafo Boris Charmatz, quien dirigía en ese momento una institución
dedicada a la danza: el Museo de la Danza en la ciudad de Rennes, en Francia y volvía
sobre su práctica de improvisación al mismo tiempo que sobre su tarea de dirección
institucional, que se nutre directamente de su hacer como bailarín. En esa conversación en
torno a temporalidades cruzadas entre danza y museo aclaraba que la improvisación fue
una práctica clave para él, y que lo que parecía ser una búsqueda de un puro presente
novedoso, había revelado ser una herramienta para una "arqueología del yo". Volví a
pensar en la pregunta de mi mamá y el trayecto por el que salía del pueblo ese día:

La improvisación es una buena manera de saber que no escapás, que estás conectadx con
tu pasado, con tu educación, con tu género, con tu modo de mirar las cosas, y básicamente
mi truco fue plantear que la improvisación, también, era una buena herramienta para una
arqueologia del yo o para saber qué es lo que no se desvanece, o qué es lo que siempre
retorna. Y de algún modo dar cuenta del pasado en un gesto presente o futuro, porque un
improvisadar predice el futuro: alguien corre, si llego a la pared antes que él, podremos
compartir una pequeña danza juntos, (...). Por un lado, tenés que estar muy presente en lo
que hacés, pero también tenés que pre-ver (...). Querés estar en el presente pero ya estás
en el futuro, y también estás atrapadx en el pasado. En lugar de pensarlo como estar
atrapad, convirtiendote en mal improvisadr que hace siempre lo mismo, de algún modo es
liberador pensar que la improvisación es una buena herramienta para investigar el pasado?
Tensión entre la historia de la persona que danza y la historia de la danza en las personas
(en su derrotero de interrogaciones sobre el movi-miento y el cuerpo, dónde comienza y
dónde termina la danza); tensión entre presente, pasado, futuro... ¿será que Ixs bailarinxs
atravesads por esas tensiones entre lo personal y lo no tan personal de la historia, crean
dispositivos de improvisación produciendo una reflexión en acción?
Volvemos al 2001 en Lyon. Emilie Borgo había conseguido unas horas en la sede local
del Centro Nacional de la Danza para que ensaye mi solo de improvisación, de
"composición instantánea".
Venía cursando con Julyen Hamilton todo lo que daban mi agenda y los bolsillos desde
1999, instancias más bien grupales. Pasar al solo era otro vértigo. Después de unos
intentos decidi que mi ensayo iba a ser lo siguiente: invitar a dos amigos a venir a verme y
durante media hora quedarme senta-da en el piso frente a ellos, y no "hacer" "nada".
Me había autogestionado mi pasaje iniciático a improvisar en público, exacerbando la
experiencia de que no haciendo nada ya hay un montón, en una radicalidad casi
adolescente que redoblaba la pregunta, la de mi mamá.
Pero además, si podés no hacer nada, ¿por qué gastás tanta plata para via-jar a tomar
clase? ¿por qué ensayás? ¿y, por qué, finalmente, hacés algo?
Y entre retumbe y retumbe, no he aprendido mucho.
Es más, me aterra la simple idea de sacar lecciones, conclusiones o recetas para vivir mejor
en un mundo que hizo de la gestión de la incerti-dumbre un modo de (no) vida.
Pero sigo prestando atención a esos momentos, lugares, juntadas, en las que de
¿improvisar? brotan las micropolíticas de unas preguntas que apenas ahuecan un espacio
respiratorio en el algoritmo.
Al lado de mi compost pudriéndose, en el patio donde cae la lluvia, retomo unos hilos que
trazan letras en una página, compongo este texto en el que rememoro ese no hacer nada y
ya había un montón; en lo que dura la tardecita, ese tiempo de transición indefinido, me
repito el entrenamiento favorito en mis prácticas o clases de improvisación para (dejar)
respirar entre palabra y palabra ¿cuánto dura? ¿cuánto dura? ¿cuánto dura? ¿cuán-to
dura?
75 Everything is posible" es una categoría que usa Sally Banes en su libro Terpsichore
en zapatillas para pensar la aparición de la improvisación como modalidad compositiva
en la historiografia que hace de las generaciones del del Judson Church y del Grand
Union, en Estados Unidos, en las décadas de los 60 y 70.

76 Ese proyecto de investigación nos reunión a Victoria D'Hers, Pia Rillo, Marina Tampini,
y yo, quienes conformamos NDR, junto a Alejandro Karasik y Camila Malenchini. Se
interesó en *los eventos que tenían a la improvisación escénica como categoría central,
aunque pueda superponerse a otras categorias afines como "performance",
"experimentación escénica",
"nuevos
formatos escénicos", etc entre 2012 y 2015, aproximadamente. Dentro de los eventos
relevados, nos encontramos con varios "ciclos" que la incluyen o la tienen como eje
fundamental de su convocatoria (Ciclo Mirá, Proyecto Efimeros; Así que atravesó
silenciosamente el salón y hachó a un lado las cortinas); "encuentros" ("Del delicado uso de
la incertidumbre"; GEPI: encuentros de improvisación escénica; ECART: Encuentro
organizado en La Plata que convocó a muchas personas de la escena porteña) y "obras"
que la proponen como método compositivo en escena, con mayor o menor grado de
estructuración (Los Samuelhsons, Un día tranquilo, Imperfecto.
Mimame, Onelovesong, A talkwithmyself, SOPLA, Demiurgo, entre otras). Cf. "La danza y la
improvisación escénica hoy. Definiciones en primera persona", in Actas del Primer Congreso
Internacional de las artes, IUNA, pp. 1239-1253, 2014.

77 Boris Charmatz, conversación en Mesa redonda del Philadelphia Museum of Art's Anne
d' Harnoncourt Symposium B, "Museum as Score" con Boris Charmatz; Ana Janevski, Eiko
Otake y Marie Bardet, 10 de septiembre 2016. Registro personal, traducción propia.

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