JaKe M.O.
LazoS
Serie Lazos de Sangre
Libro 2
Título: Lazos
Autora: Jake M.O.
Año de publicación: 2024
Lugar: España
ISBN: 9798322158783
Publicación independiente en Wattpad y Amazon KDP.
"Y me podré despedir de ti una y mil veces más, pero seamos
realistas, no sé cómo irme. Ni siquiera quiero hacerlo."
Desconocido.
Contenido
DERECHOS DE AUTOR
ESTRUCTURA MAFIA IRLANDESA
DICCIONARIO
SINOPSIS
UNO
DOS
TRES
CUATRO
CINCO
SEIS
SIETE
OCHO
NUEVE
DIEZ
ONCE
DOCE
TRECE
CATORCE
QUINCE
DIECISÉIS
DIECISIETE
DIECIOCHO
DIECINUEVE
VEINTE
VEINTIUNO
VEINTIDÓS
VEINTITRÉS
VEINTICUATRO
VEINTICINCO
VEINTISÉIS
VEINTISIETE
VEINTIOCHO
VEINTINUEVE
TREINTA
TREINTA Y UNO
TREINTA Y DOS
EPÍLOGO
PRÓXIMO LIBRO
Derechos de autor
Queda prohibido: la distribución o copia de esta historia fuera
de Wattpad. Todos los derechos reservados.
Los personajes mencionados en esta historia son de mi total
autoría, cualquier parecido con la realidad es mera casualidad.
No está permitido: fotocopiar, escanear, digitalizar, copiar en
pdf o descargar esta obra.
Está prohibido: cualquier tipo de plagio de la historia principal o
personajes.
©Historia registrada en el Registro de la Propiedad Intelectual de
España. Cualquier tipo de plagio será denunciado ante la ley. El
registro protege la historia de forma internacional.
**ADVERTENCIAS: Esta historia relata temas delicados, su
tema principal es la mafia y el incesto padre e hija. El protagonista es
un asesino, es posesivo y celoso. Se podría mencionar el abuso físico
y psicológico. La protagonista femenina es menor de edad (17) al
comienzo del libro, sufre de un trastorno de la personalidad aún no
identificado. Todo lo mencionado en este libro es ficción, un bebé
fruto del incesto podría nacer con problemas de salud, en este libro
no habrá este tipo de problemas, repito que esto es ficción. Como he
explicado en otras historias, un bebé que nace de relaciones
familiares tiene un porcentaje más alto de heredar enfermedades o
síndromes hereditarios. Si no te gustan este tipo de historias, no
sigas leyendo, no es para ti. La línea entre lo moral de lo inmoral es
inexistente en este libro. Contenido adulto, situaciones explícitas que
describen las relaciones sexuales de los protagonistas y la violencia.
No me hago responsable si, después de leer las advertencias, sigues
leyendo. Esta historia podría contener abusos de cualquier índole. Si
deseas descubrir un mundo nuevo de lectura, quédate y disfruta,
abre tu mente a nuevas historias, quizás te sorprenda.
Estructura mafia irlandesa
¨Ard-Ordú: Alto mando de la Mafia de Reino Unido. Entre los
integrantes del alto mando están el Jefe de la Mafia Irlandesa, Jefe
de la Mafia Inglesa, Jefe de la Mafia Escocesa y el Jefe de la Mafia
Galesa.
¨Mafia Irlandesa:
Jefe: Eamon Kavanagh
Heredera: Rory Kavanagh
Territorio: Irlanda e Irlanda del norte.
¨Mafia Inglesa:
Jefe: William Seymour
Heredero: Jacob Seymour
Territorio: Inglaterra
¨Mafia Escocesa:
Jefe: Alastair Fraser
Heredera: Blaine Fraser
Territorio: Escocia
¨Mafia Galesa:
Jefa: Caitrin Howells
Heredero: Reece Howells
Territorio: Gales
Todas las mafias tienen un orden:
Segundo/Mano derecha: fiel a su jefe, se encarga de liderar a la
mafia en caso de que el jefe no pueda.
Consejero: se encarga de aconsejar al jefe o a su segundo/mano
derecha.
Tenientes: Distribuidos por diferentes ciudades del país, se
encargan de liderar el territorio asignado por el jefe.
Soldados: Resto de integrantes de la mafia, en sus diferentes
puestos, se encargan de la seguridad de las familias y las mercancías.
Diccionario
Algunas palabras usadas en esta historia son irlandesas, es por eso
que dejo aquí sus traducciones para que os sea más fácil la lectura.
Mo anam cara - Mi alma gemela
Mo stór - Mi tesoro
Ghrá - Amor
Mo ghrá - Mi amor
Mo chroí - Mi corazón
A stór mo chroí - Tesoro de mi corazón
A mhuirnín - Cariño
Mo shíorghrá - Mi amor eterno
M'fhíorghrá - Mi verdadero amor
No siempre se usarán estas palabras, pero las dejo aquí por si
acaso y por si se me olvida poner las traducciones bajo los capítulos.
SinopsiS
Eamon Kavanagh:
Estaba tan prohibida para mí. Intenté olvidarla con cientos de
mujeres, creí que teniendo novia me olvidaría de ella. También
estaba tan equivocado. Nunca me olvidaría de esa preciosa mujer
que se clavó en lo más profundo de mi ser y se hizo dueña de todo él.
Estaba perdido, ella me había enfermado de una forma
esquizofrénica. Todo en lo que podía pensar era en mi pequeña, mi
Rory, mi hija.
Rory Kavanagh:
¿Estoy loca? Sí, seguramente. ¿Me importa? No, para nada. Lo
único que me importa es la felicidad de mi padre y por él haría
cualquier cosa. No soy lo que todos creen, lo que aparento. Oh, sí, de
cara al público soy esa chica alegre y extrovertida. Bueno, soy así
realmente, me gusta conocer a gente nueva e interesante. Pero detrás
de todo eso se esconde alguien oscuro y depravado, otra Rory
totalmente diferente, que disfruta con lo que hace y con... Matar. Es
por él que comencé, por mi padre, maté por él y lo haré siempre que
sea necesario.
Uno
Eamon
El último trago que doy me sabe mal, pero tengo que hacerlo. Sé lo
que me espera en casa y debo estar medio ebrio para soportarlo. La
mujer a mi lado se ríe, ni siquiera me acuerdo de su nombre, sólo
recuerdo haberla conocido en este pub al que me ha traído mi mejor
amigo, Darragh. Conoce cada secreto que tengo, incluso los más
oscuros y la razón de mi necesidad de llegar a casa borracho y con
una mujer al azar. No me juzga, no me critica, me apoya y me anima.
Michelle aparece ante mi visión, se acerca sonriendo, lo que me
hace suspirar. Nunca debería haberla hecho mi novia, fui un idiota
creyendo que eso sería la solución a mi problema. No tengo ánimos
en este momento de aguantar la escena que va a montar cuando vea
a esta mujer a mi lado. La mira con desprecio cuando se detiene al
otro lado de la mesita central.
-Tú, fuera- le ordena.
Me rio de forma sonora dando vueltas al poco whisky que hay en
mi vaso. Miro a Michelle de arriba a abajo. Es una mujer preciosa por
fuera. Alta, pelo rubio por los hombros, ojos azules, labios deseables,
nariz respingona y pómulos marcados. Sus pechos son turgentes,
acorde a su delgada figura. Y el vestido blanco de lentejuelas que
lleva le hace justicia. Aunque hoy no será quien comparta cama
conmigo, prefiero llevarme a mi casa a la mujer que tengo a mi lado,
sabe lo que hay entre nosotros esta noche y no exige más. Al
contrario que Michelle, si me la llevo, mañana exigirá derechos que
no tiene y no tengo pensado darle.
La mujer de mi lado me mira, está esperando una respuesta de mi
parte. Pongo mi mano en su muslo desnudo y lo acaricio con
suavidad, ella sonríe y se pega más a mí.
-He dicho que te largues- insiste Michelle con una evidente
molestia.
Le hago un gesto con la cabeza a uno de mis guardias, siempre
vienen conmigo, aunque este no sea uno de mis pubs. Cormac la
agarra por el brazo, Michelle se queja e intenta zafarse del agarre, es
inútil, no va a soltarla a no ser que yo lo ordene y no tengo pensado
hacerlo. Cormac se la lleva fuera del pub, aprovecho para levantarme
y estirar mi cuerpo. Llevo todo el día fuera de casa, es hora de irme.
La mujer que me llevo esta noche sonríe mientras me mira de arriba
a abajo, mi metro noventa y seis siempre las atrae, piensan que
cuanto más alto eres más grande tienes la polla, en mi caso es cierto.
No he tenido nunca quejas del tamaño de mi miembro. Le ofrezco mi
mano a la mujer, que la toma sin dudar, y la ayudo a ponerse de pie,
pego su cuerpo al mío.
-Espero que te guste el sexo duro- le digo- No conozco otra forma
de follar.
Su sonrisa de complicidad es la única respuesta que necesito. La
llevo casi a rastras hasta el parking en el sótano, necesito despejar mi
mente y ella es lo único que puede ayudarme.
Lo he intentado todo para olvidarla, no puedo quererla de esa
forma tan enfermiza y todo comenzó cuando ella tenía quince años,
quince malditos años y comencé a desearla. Cuando vi su rostro y sus
manos llenos de sangre, de la sangre del bastardo que intentó
matarme, todo dentro de mí cambió. Siempre supe que Rory era
especial, maldita sea, yo ayudé a fabricarla, es mi jodida hija. Claro
que sé lo especial que es. Lo que nunca imaginé es que tenía un tipo
de trastorno de la personalidad, ni todos los psiquiatras que contraté
supieron averiguar cuál es. Al principio pensaron que era psicopatía,
terminaron dándose cuenta de que mi hija tenía sentimientos hacia
los demás, no todos, sólo a un grupo selecto. Es capaz de amar,
aunque también es obsesiva, como lo soy yo o su abuelo. Creo que
eso tiene que ver más con los genes que con su trastorno. Los
psiquiatras también pensaron que era una sociópata, pero no,
tampoco lo es. No es impulsiva, Rory planea muy bien sus
movimientos y es lo que me tiene la cabeza jodida porque a veces no
sé si finge ser inocente o lo es. Me inclino más por lo primero.
Finalmente, los psiquiatras llegaron a la misma conclusión, que mi
hija tenía un tipo de trastorno de la personalidad antisocial nunca
antes visto. Es diferente, ella no miente o roba, no lo necesita. Su
encanto personal hace todo el trabajo por ella, engatusa a los demás
con sólo sonreír. Tampoco es arrogante o está siempre enfadada, al
revés, mi hija es alguien alegre. Tampoco consume drogas, eso lo
tengo muy claro, de hecho, suele drogar a los demás cuando es
necesario.
El castillo de mi familia aparece al final del camino, pongo mi
mano en la pantalla de mi coche, sólo se puede acceder con datos
biométricos o dando acceso desde dentro. Aparco el coche frente a la
puerta del garaje, la mujer que viene conmigo sale a la misma vez
que yo. Tiene una expresión de sorpresa, todos ponen la misma
cuando ven mi hogar. Un castillo irlandés del siglo XV, ubicado en el
interior de un bosque a las afueras de Dublín. Conserva la fachada
medieval original, de cuando mis antepasados lo construyeron.
Tomo la mano de la mujer para llevarla dentro. Sus ojos se abren
más, si es posible, cuando ve el interior, que fue restaurado para
modernizarlo al año actual, al 2020. La escalera central lleva al piso
de arriba, tiene cuatro alas, dos al fondo, una a la izquierda y otra a la
derecha. La habitación de mi hija y la mía están en el lado derecho, la
de mi padre y la de mi sobrino Cillian al lado izquierdo. Aunque Rory
y Cillian podrían tener su propio ala de la casa prefieren estar más
cerca de nosotros. En la parte izquierda de la planta baja está la
cocina, el comedor formal y mi despacho. En el lado derecho el salón,
una pequeña sala para las noches de póker de mi padre y un aseo.
Llevo a la mujer por las escaleras a la segunda planta, a estas horas
no hay nadie despierto en la casa. Únicamente los soldados que
tengo vigilando el exterior.
Atrapo a la mujer entre mis brazos mientras caminamos en
dirección a mi habitación, pegando su espalda a mi pecho. Mis
manos viajan por todo su cuerpo, mi boca recorre su cuello y detrás
de su oreja. Nos detenemos cuando entramos en mi habitación.
-¿Quién es?- pregunta.
-¿Quién es quién?- le pregunto sin dejar de besar su piel.
-La mujer que duerme en tu cama.
Levanto la vista, su melena pelirroja resalta entre las sábanas de
seda negra y la leve oscuridad de la habitación. Dejo a un lado a la
mujer y me acerco a mi cama, Rory duerme en ella plácidamente.
-Pequeña- la llamo en un susurro.
Sus ojos se abren con lentitud, demasiada para mi gusto, estoy
ansioso por ver el azul que hay en ellos. Esboza una sonrisa cuando
me ve.
-Papi- murmura somnolienta.
-¿Qué haces en mi cama?
-Extrañaba tu olor, no te he visto en todo el día.
-Tienes que ir a tu habitación.
Frunce el ceño, después se incorpora en la cama sentándose en el
colchón, sus ojos se posan detrás de mí, en la mujer que he traído
conmigo.
Rory se marcha de la habitación sin decir nada más. Respiro
hondo. Ella suele venir a mi cama algunas noches, pero no cuando
llego tarde porque sabe que traigo compañía. Me froto la cara con las
manos.
-Le ordenaré a uno de mis empleados que te lleve a tu casa- le digo
a la mujer.
-¿Qué? Pensé que íbamos a follar.
-Esta noche no.
Por la mañana, cuando bajo a la cocina a desayunar, me encuentro
con mi padre y Cillian. Le doy un beso en la mejilla a mi sobrino, se
parece tanto a su madre, mi hermana mayor. Tiene sus mismos ojos
azules y su pelo rubio, exactamente del mismo color que lo tenía mi
madre.
-Buenos días, hijo- me saluda mi padre.
-Buenos días, papá. ¿Rory no ha bajado a desayunar?
Niega con la cabeza.
-¿Ha pasado algo? Ella nunca se pierde el desayuno.
-Anoche volví con compañía y Rory estaba dormida en mi cama,
no le gustó ver a esa mujer conmigo- explico.
-Deberías buscar otro lugar para esas cosas, hijo. Sabes que Rory
tiene mucho apego contigo.
Asiento con la cabeza, el terapeuta que la trataba de pequeña nos
lo dijo, la falta de su madre hizo que Rory se apegara tanto a mí que
se pone celosa de cualquier mujer que se me acerque. Avery se fue
cuando nació, sus padres dijeron que era demasiado joven para ser
madre y dejaron a Rory conmigo y con mi padre. Ambos éramos
jóvenes, ella tenía catorce años y yo quince. Mi propio padre era
joven cuando nos tuvo a mi hermana y a mí, por lo menos hemos
logrado que Cillian y Rory no sigan nuestros pasos en eso.
Subo las escaleras, voy a la habitación de mi pequeña, estará
enfadada conmigo por lo de anoche. Llamo a su puerta con suavidad,
no hay respuesta. Agarro el pomo, lo giro y abro la puerta. Rory está
tumbada de lado dándome la espalda.
-Pequeña- la llamo.
De nuevo, no hay respuesta por su parte. Me tumbo detrás de ella y
paso mi brazo por su cintura, sigue sin hacerme caso y me está
matando, no tiene ni idea de cuánto.
-Oye, te prometo que no volveré a traer a ninguna mujer aquí.
Aparta mi brazo de ella, eso me enfurece. La sujeto con fuerza y la
tumbo de espaldas al en el colchón, hay fuego en sus ojos.
-No puedes enfadarte porque quiera follar- espeto.
Malditamente sigue sin hablarme.
-¿Tengo que sacarte las palabras a la fuerza, Rory?
Forcejea conmigo, a pesar de su pequeña estatura, mi hija tiene
fuerza.
-Rory cálmate, deja de luchar conmigo.
Me da un cabezazo, haciendo que me tambalee y caiga sentado a
un lado de la cama. Rory se sube a horcajadas sobre mí.
-No vas a volver a ir con ninguna mujer.
-¿Es una orden? ¡¿Me estás dando una puta orden?!- rujo.
-¡Sí!
-Soy tu padre, Rory, no puedes ordenarme nada.
Me desafía con la mirada, me estoy poniendo duro debajo de ella,
debería quitarla de encima de mí. En vez de eso clavo mis dedos en la
piel de sus muslos, la camiseta con la que duerme se le ha subido
hasta el principio de sus bragas. Tiene el pelo revuelto, como a mí me
gusta, salvaje.
-Papi, no puedes ir con mujeres.
Aprieto mi agarre en sus muslos, me está intentando manipular
con su voz inocentona.
-Iré a dormir cada noche a tu cama, papi.
-Rory, no me provoques más.
Nuestras caras están a escasos centímetros, esto ya es demasiado
para mí. Está jugando con mi mente para conseguir lo que quiere.
-Pequeña, no puedes pretender que pase el resto de mi vida sin
mujeres.
Acaricio su mejilla con mi pulgar. Sé que a ella le duele que salga
con mujeres, pero debe entender que soy un hombre joven y tengo
necesidades que satisfacer.
-¿Yo puedo salir con hombres?- me pregunta.
Respiro hondo, muy profundo, y suelto el aire lo más lento que soy
capaz.
-Sí- mascullo.
-Bien, esta noche saldré con Brandon, no me esperes despierto.
Intenta levantarse de mi regazo, pero la sujeto con fuerza, a estas
alturas ya debe haber notado mi dura polla, aunque no ha dicho
nada.
-Tienes diecisiete años, Brandon es mayor que tú, no puedes
dormir fuera de casa y eso es una orden, Rory.
-Entonces lo traeré a casa.
-Sigue siendo mayor que tú.
-Los chicos de mi edad son unos imbéciles y no saben usar la polla.
La sujeto por la mandíbula, sé perfectamente que no es virgen, la
escuché a escondidas hablando con su primo.
-Me gustan los hombres, no los niños, papi.
-Vas a terminar volviéndome loco, pequeña. ¿Te quitó la virginidad
un maldito hombre mayor? ¿Cuánto de mayor?
Esboza una sonrisa, es maliciosa.
-Mucho mayor que yo, papi.
-¿Cuánto, Rory?
Se zafa de mi agarre, me da un beso en la comisura de la boca y se
marcha a su baño riéndose. Voy a averiguar quién es el cabrón que se
atrevió a meter su polla dentro de mi hija, es una jodida adolescente,
juro por Dios que lo voy a averiguar y le haré pagar por atreverse a
arrebatarle su pureza.
Fijo mi vista en la puerta del baño, Rory sale unos minutos más
tarde. Mis ojos viajan por todo su cuerpo, en dos semanas cumplirá
dieciocho años, legalmente adulta. Pero siempre será mi pequeña, la
luz de mis ojos.
-¿Por qué me miras así, papi?
-Ven aquí, peque.
Da un salto a la cama y acuna su cuerpo en mi regazo, adoro
sostenerla como a un bebé. Su cuerpo es demasiado pequeño para
alguien tan grande como yo, ella es tan delgada y menuda.
Físicamente se parece mucho a su madre y ahí acaban sus
similitudes. Avery es inocente, tiene un buen corazón a pesar de que
dejó a Rory conmigo. Supongo que sabía que nunca podría darle lo
que mi pequeña merece y por eso nunca luchó por tener la custodia
de Rory.
-¿Cuánto hace que no hablas con tu madre?- le pregunto.
Pone los ojos en blanco, Rory odia hablar con ella. En realidad,
odia que esté tan lejos. Avery se mudó a vivir a Estados Unidos con
sus padres después de dar a luz, vino a ver a nuestra hija por primera
vez cuando cumplió dieciocho años, sus visitas no han cesado, viene
una vez al año a visitarla y este año vendrá también para su
cumpleaños. Nunca le negué a Avery que viera a Rory, pensé que eso
ayudaría con el trastorno de mi hija, me di cuenta de que eso nunca
mejoraría o se curaría. Rory es así y no hay nada que pueda hacer por
cambiarlo.
-Llámala- insisto.
-Papi, no me obligues, no me gusta su nuevo novio y siempre
atiende él su móvil, me habla con desprecio.
Enredo mis dedos en el pelo de mi hija, me rio cuando encuentro
un lazo suelto entre los mechones rizados. Rory sonríe cuando se lo
enseño.
-Siempre estás perdiendo tus lazos, pequeña, incluso entre tu
propio pelo.
-¿Qué puedo decir, papi? Tengo un pelo salvaje cuando despierto
por las mañanas.
Hundo mi nariz en el hueco entre su cuello y su hombro, huele a
lluvia y a tierra, Rory adora estar fuera de casa cuando hace mal
tiempo. Aunque a ella le encanta llamarlos días felices, ojalá pudiera
controlar el tiempo para hacer que todos los días fueran de lluvia,
como a ella le gusta.
-Vamos a llamar a tu madre, estaré presente y si escucho a ese
gilipollas hablarte mal enviaré a alguien a Nueva York para que lo
mate- susurro en su suave piel.
-Está bien- suspira.
Se incorpora en mi regazo, creo que a veces lo hace a propósito
cuando pega su culo a mi polla. Pero no puede ser, mi pequeña no
puede estar tan enferma como yo.
Le entrego mi móvil, mientras ella busca el número de su madre en
mi agenda, hago a un lado su pelo, exponiendo su cuello, y le dejo
suaves besos. Rory remueve su trasero, lo que me hace sujetarla por
la cadera, aunque ella no cesa en su empeño.
-Rory- gruño.
-Me estoy acomodando para llamar a mamá, papi.
Agarro su mandíbula con fuerza y pego mi frente a su sien.
-No quieras manipularme, pequeña. Eso que hacías no estaba bien
y lo sabes.
Rory bufa.
-Como si me importaran las normas sociales- murmura.
Abro la boca para rebatir, pero la voz del novio de Avery al otro
lado de la línea me lo impide.
Dos
Rory
Pongo los ojos en blanco en cuanto oigo la voz del gilipollas de
Terry, mi madre podría haber tenido al hombre que quisiera, pero
tuvo que fijarse en el peor hombre que hay sobre la faz de la Tierra.
Es grosero, presumido y arrogante. Piensa que está por encima de
cualquiera, de hecho, creo que mi madre no le ha contado toda la
verdad sobre mi padre y sobre mí. Terry siempre murmura por
detrás de ella cuando hablamos por teléfono y lo escucho decir que
voy en busca de su dinero, como si me hiciera falta. No sé de dónde
cree que saca mi madre los veinte mil dólares mensuales que mi
padre le da. El hijo de Terry es todo lo contrario a él, mi madre lo
trajo con ella en su última visita y lo pude conocer. Es una buena
persona, es muy amable. Elijah tiene quince años, me siguió en mi
instagram y también lo hizo con mi primo Cillian, a los dos nos cayó
bien, incluso a mi abuelo. La madre de Elijah debe tener el cielo
ganado por haber soportado a Terry durante tantos años.
-¿Dónde está mi madre?- le pregunto a Terry.
-¿Para qué? ¿Piensas pedirle dinero?
-Sí, necesito drogas nuevas, Terry.
Mi padre se ríe en silencio, noto su pecho temblando en mi
espalda.
-¿Tu padre nunca te ha enseñado a respetar a los demás, niña?
-No, desafortunadamente, mi padre y mi abuelo son peor que yo.
Ahora pásame con mi madre.
-¡Avery, es la irrespetuosa de tu hija!- grita.
-No la llames así, Terry- lo regaña mi madre.
Mi boca se curva por un lado, mi madre y yo no tenemos la mejor
relación, ella siempre ha estado ausente, pero me hace feliz que me
defienda de su estúpido novio.
-Rory, mi vida. ¿Cómo estás? Hace mucho tiempo que no
hablamos.
-Estoy bien, mamá. Terminando el instituto.
-Lo sé, tu abuelo me informa de todos tus logros académicos.
Estoy muy orgullosa de ti.
-Gracias. ¿Tú estás bien?
-Sí, mi vida. Te extraño.
Se me escapa una carcajada, muy falsa, si de verdad me extrañase
estaría conmigo y nunca me habría abandonado.
-Rory, de verdad te echo de menos.
-Por supuesto, mamá.
Mi madre suspira, nuestras conversaciones siempre son así. Ella
me dice que me extraña y yo me rio porque no la creo.
-Sé amable con ella- susurra mi padre en mi oído.
Aprieto la mandíbula, no quiero ser amable con mi madre, quiero
colgar y hacer otra cosa que despeje mi mente. Ya estoy bastante
frustrada desde que anoche vi a mi padre traer a una mujer a casa,
quería dormir con él. Cuando la vi a ella, parada en mitad de la
habitación, esperando a que yo me fuera para que pudiera follarse a
mi padre, joder, quise matarla allí mismo. Me asquea el hecho de
pensar que lo más probable es que la zorra esa se marchara esta
mañana de mi casa después de que mi padre se la estuviera follando
toda la noche. La próxima vez que traiga a alguna mujer llenaré la
cama de mi padre de hormigas. Y como una idiota aquí estoy,
sentada en su regazo intentando sentir su erección en mi culo. Lo
miro de reojo, tiene su vista sobre mí, siempre la tiene, no recuerdo
ni un sólo día en el que mi padre no me tuviera vigilada. Cree que no
conozco la existencia de la cámara escondida entre mis libros
antiguos en la librería frente a mi cama, desde ese ángulo puede ver
toda mi habitación. Me excita que esa cámara esté ahí, suelo
desnudarme delante de ella fingiendo que él puede verme y se está
masturbando con la imagen que le ofrezco. Y cuando yo misma me
masturbo pensando en él evito cubrirme con las mantas, quiero que
me vea y note mi presencia más allá de ser su hija.
Mi padre pellizca con suavidad mi cadera, sacándome de mis
pensamientos.
-¿Rory? ¿Otra vez estás perdida en tus pensamientos?
Odio el tono divertido en su voz.
-Tengo que colgar, mamá. Me alegra haber hablado contigo.
Su voz sigue sonando, pidiéndome que no cuelgue, pero lo hago,
no tengo ganas de seguir escuchándola.
-Pequeña.
-Ahora no, papá. No tengo ánimos para una de tus charlas.
Me levanto de su regazo, mi padre me atrapa por un tobillo
provocando que caiga de bruces sobre el colchón.
-No tan rápido- me dice- ¿Tienes planeado salir ahora?
-Sí, voy a ir con Cillian de compras y después a comer a algún lado.
¿Algún problema?
-No.
Lo miro por encima de mi hombro, sus ojos color chocolate me
martillean el alma, se meten en lo más profundo de mi ser y odio que
haga eso porque me siento más vulnerable que nunca. Mi padre es el
único hombre que puede desestabilizar mi mente hasta tal punto de
que soy capaz de asesinar por él. Ya lo hice cuando tenía quince años
y lo volvería a hacer. Aquel día, escuché a mi abuelo hablando con
Cormac, un idiota se había atrevido a disparar y secuestrar a mi
padre. Entré en su despacho y busqué toda la información que había
sobre ese hombre, cuando la encontré, le pedí a mi primo que me
llevara a un lugar. No sabía a dónde íbamos, no al principio, se dio
cuenta tarde de dónde estábamos. Le pedí que se quedara en el
coche, tampoco quería que lo hirieran a él. Previamente me había
armado con la pistola que mi padre guarda en su caja fuerte,
comencé a disparar a varios hombres, uno de ellos se abalanzó sobre
mí y tuve que defenderme, le robé uno de sus cuchillos y lo degollé.
Me presenté ante mi padre empapada en sangre, no me arrepiento ni
me arrepentiré nunca de lo que hice, es más lo volvería a hacer una y
otra vez por él.
-¿Brandon irá con vosotros?- me pregunta.
-No, papi, a Brandon lo traeré esta noche a casa para que veamos
una película en mi habitación.
Intento disimular mi sonrisa, me gusta demasiado provocarlo,
siempre ha sido tan protector conmigo que cuando le hablo de
Brandon o cualquier otro chico se molesta. Como cuando le he
hablado antes del hombre al que le entregué mi virginidad, si él
supiera quién es ese hombre, no puedo imaginar su reacción.
-Ni hablar, pequeña. Si queréis ver una película lo haréis en el
salón.
Gateo hacia él y me subo a horcajadas a su regazo.
-Pero papi, antes has dicho que yo también puedo estar con
hombres.
Sus dedos se clavan en mis costillas, suprimo el gemido que tan
peligrosamente quería salir de mí.
-Puedes traer a Brandon a casa, no puedes estar a solas con él-
gruñe.
-¿No tengo permitido follar? ¿Es eso lo que estás diciendo?
-No, joder. Puedes hacerlo, pero con alguien de tu edad.
-Papi, Brandon tiene veinticinco años, no es tan mayor. Y ya te lo
he dicho, me gustan mayores, no los niños de mi clase que ni siquiera
saben hacer llegar al orgasmo a una mujer.
Le doy un beso en la mejilla y salto al suelo, debo arreglar mi pelo
antes de salir de compras con mi primo.
Después de una ducha rápida y ponerme uno de mis mil vestidos,
recojo mi pelo en una cola alta envuelta en un lazo verde claro. Mi
pelo está ahora más decente, no es que lo tenga muy rizado, pero por
las mañanas parece cobrar vida propia. Aunque mi primo dice que es
porque me muevo mucho por la noche cuando duermo y mi pelo
termina revuelto.
La risa profunda de mi abuelo me lleva hasta él cuando estoy en la
planta baja. cruzo el hall y voy a la parte de atrás de la casa, están
sentados en el porche bebiendo café. Mi padre parece estar
contándole mi conversación con Terry, porque sí, cada vez que
escucho ese maldito nombre los vellos de mis brazos se erizan. Me
siento en el muslo de mi abuelo y le doy un beso en la mejilla.
-Buenos días, calabacita. ¿Por qué no has bajado a desayunar?
Miro a mi padre, seguro que mi abuelo conoce la respuesta a esa
pregunta, me frota la espalda con su mano.
-No puedes enfadarte por eso, calabacita- me dice con suavidad-
Tu padre sigue siendo joven, quizás algún día conozca a una mujer y
se case con ella.
Fulmino a mi abuelo con la mirada, mi padre no puede hacer algo
así.
-Calabacita, sé que amas a tu padre y que te preocupas por él, pero
tienes que entender que no puedes prohibirle vivir su vida. ¿Te
gustaría que él hiciera eso contigo?
-Lo hace- espeto- Me ha prohibido quedarme a solas con Brandon
porque follaré con él.
Mi abuelo se ríe, haciéndome sonreír, siempre consigue eso.
-A veces olvido lo directa que eres- me dice- ¿Quieres estar con
Brandon?
Niego con la cabeza.
-Quiero vivir mi vida- utilizo las palabras de mi abuelo- Y si follar
con Brandon o cualquier otro hombre es vivirla haré eso.
Mi abuelo le dirige una mirada a mi padre, que no nos hace caso,
parece molesto y sé que es por mis palabras. Mi primo aparece en el
umbral de la puerta.
-¿Estás lista?- me pregunta.
-Sí- contesto levantándome del muslo de mi abuelo.
-¿Vais de compras?- nos pregunta.
-Sí, abuelo, Rory quería comprar algunos lazos nuevos- le contesta
mi primo.
Esas palabras hacen sonreír a mi padre, tengo una severa obsesión
con los lazos, él no sabe por qué y no sé si alguna vez lo sabrá. Me
inclino hacia adelante y le doy un beso en la mejilla a mi padre.
-Me voy a comprar lencería de esa provocativa para Brandon-
susurro en su oído.
Tomo la mano de Cillian y lo arrastro corriendo a la salida de la
casa, mi padre nos grita que nos detengamos mientras nos persigue.
Subimos al coche de mi primo antes de que mi padre pueda
atraparnos.
-Sigo sin entender por qué te excita tanto provocarlo- me regaña a
la vez que arranca el coche- Nos matará cuando volvamos.
Me rio con una fuerte carcajada. Cillian conoce mis más oscuros
secretos y yo los de él, más que mi primo es mi hermano.
-Eres increíble, Ro. Creo que esta noche no deberíamos volver a
casa.
-Sabes que tanto mi padre como el abuelo nos buscarán, nos
encontrarán y nos encerrarán en nuestras habitaciones durante
meses.
-Sí, no creo que esa sea una buena idea.
Acaricio el pelo rubio de mi primo mientras conduce hacia el
centro de Dublín.
-¿De verdad te vas a follar a Brandon?- me pregunta.
-Siempre que sea necesario.
-Ese idiota está interesado en ti, Ro. No le des esperanzas.
-Eso hará más fácil que caiga en mi juego, primo.
Hemos estado recorriendo las tiendas del centro de Dublín
durante una hora, Cillian ha comprado tanta ropa que creo que el
abuelo va a tener que reformar una de las otras habitaciones para
hacer otro vestidor para él. Entramos en el restaurante favorito de mi
primo, el maître nos lleva a nuestra mesa de siempre, pegada al gran
ventanal para poder ver el paisaje de esta ciudad. Aunque yo siempre
espero que comience a llover.
-Es un placer volver a tenerlos aquí- nos dice el maître- Enseguida
vendrá el camarero a tomarles nota, si necesitan alguna otra cosa ya
saben dónde estoy.
Cillian le echa un vistazo de arriba a abajo.
-Adoras a los hombres de uniforme- me burlo.
Mi primo se ríe.
-Adoro a los hombres en general, primita.
Se declaró oficialmente homosexual después de que a los diecisiete
años dejara de experimentar con chicos y chicas. Su última
conquista, una mujer, lo había hecho comprender que
definitivamente era gay. Ahora con veintidós años, coquetea con
cualquier hombre que le guste.
El camarero nos trae la comida que hemos pedido un rato después.
Mi primo pone los ojos en blanco cuando mira la mía.
-Sabes que hay más comidas además del roast beef, ¿verdad?- se
burla.
Me encojo de hombros mientras tomo una patata frita y la meto en
mi boca.
-Eres una obsesiva, Ro- agrega.
Siempre que venimos a este restaurante me pido el mismo plato,
no es por nada en especial, ni siquiera es el mejor roast beef que he
probado. El de Roisin está mucho mejor, es la jefa de la cocina en
nuestra casa. El problema que tengo es que no soy capaz de comer
otra cosa estando fuera de casa, en este restaurante siempre pido
este plato, en otro al que vamos con nuestro abuelo y mi padre pido
otro. Soy una obsesiva, sí, pero no puedo cambiarlo.
Saco mi móvil de mi bolso cuando comienza a sonar.
-Es Orla- le digo a mi primo.
Sus ojos se abren, sabemos lo que significa que la ama de llaves
nos esté llamando. Nos levantamos rápidamente de las sillas, aunque
no sirve de nada, su risa suena junto a nosotros y su figura aparece
como por arte de magia. Mi padre agarra una de las bolsas del suelo
junto a mí, la pone encima de la mesa y rebusca en ella. Su rostro se
transforma.
-Lo has hecho- gruñe.
-Te dije que lo haría y nunca miento, papi.
-A casa, los dos.
Me cruzo de brazos.
-No- digo con firmeza.
-Pequeña, será mejor que os subáis al puto coche por voluntad
propia u os llevaré yo mismo.
-Estamos comiendo.
Mi boca se abre con indignación cuando veo a Cillian caminar
hacia la salida.
-¡Traidor!- vocifero.
Mi primo se ríe y me saca su dedo medio. Cormac va detrás de él
para asegurarse de que se sube al coche de mi padre.
-Nos has fastidiado el día- le reprocho a mi padre.
-Has comprado lencería fina.
-¿Y? Tengo diecisiete años, cumpliré dieciocho en dos semanas.
¿Dónde está el problema?
-En que no vas a usar esto con otros hombres.
Una sonrisa quiere dibujarse en mi cara, acaba de cometer un
estúpido error con sus palabras. Me acerco a él, mucho, hasta que mi
cara está prácticamente pegada a su duro pecho.
-¿Con otros hombres? ¿Y con qué hombre puedo usarlo, papi?
Rodea mi cintura con un brazo, posa su mano en la curvatura de
mi culo.
-No me provoques más, Rory- susurra- No vas a usar esto con
ningún hombre.
-Pero me la he comprado para usarla. ¿Y si la uso para dormir
contigo? Así, sólo la verías tú.
-Estás jugando con fuego, pequeña. Podrías terminar quemándote.
Pego mi cuerpo al suyo, es cuando siento su erección, es tan grande
en todos los aspectos. Mi padre es el hombre más guapo que he visto
nunca, tiene el pelo muy corto, casi rapado, me gusta enredar mis
dedos en su barba. Su cuerpo es ancho y musculoso, lo que más me
gusta es su gran altura, me hace ver tan pequeña a su lado.
-Papi, tenemos un problema.
-¿Cuál?
Froto mi nariz por su jersey, huele a madera, a bosque en un día de
lluvia.
-Me gusta el fuego- respondo.
-A casa, vas a enseñarme qué jodida mierda te has comprado.
Mi padre me pone delante de él con mi espalda pegada a su pecho,
suelta un par de billetes sobre la mesa antes de irnos del restaurante.
-Rory, esto no está bien- se lamenta.
-No me importa lo que esté o no esté bien, quiero enseñarte mi
nueva lencería. Es tan bonita y tiene lazos, papi.
-Putos lazos- refunfuña.
Adora mis lazos, fue él quien comenzó a comprarlos cuando era
pequeña, sabe lo obsesiva que soy y sabía que me obsesionaría con
ellos. Igual que estoy obsesionada con él.
Tres
Eamon
¿Qué estoy haciendo? ¿En qué momento le he permitido a mi hija
desfilar delante de mí con esa lencería? Se está probando el último
conjunto, Rory no tiene vergüenza y se está cambiando delante de
mí. Debo encauzar esta situación antes de que sea demasiado tarde,
mi hija no parece darse cuenta de que esto está mal. Yo no debería
tener una jodida erección por ella y ella no debería estar tan feliz de
estar enseñándome cada centímetro de su hermoso cuerpo.
Me gusta el fuego.
No dejo de pensar en sus palabras. Miro a mi hija, sonríe mientras
me muestra el último conjunto que se ha comprado, un maldito
tanga de encaje con transparencias de color negro y un sujetador del
mismo estilo, puedo ver todo de ella. Los labios vaginales, sin vello,
se depila. Sus pezones pequeños y rosas endurecidos como dos
guijarros.
-¿Te gusta, papi?
Asiento con la cabeza, incapaz de articular una sola palabra. Me
levanto de la cama.
-Llama a Brandon, Rory. Te doy permiso para que lo traigas a casa.
Y no me esperes despierta, no volveré esta noche.
El dolor en mi pecho es inmediato en cuanto veo su cara de
decepción y tristeza, odio hacer esto. Pero es lo mejor para los dos,
ella debe entender que es mi hija y no puede haber nada más entre
nosotros. ¿Qué coño estoy pensando? ¿Qué más va a haber?
-Papi- me llama en un hilo de voz.
-Lo siento, pequeña. Ni siquiera debería haber permitido que
pasara esto.
-Pero quería enseñarte mi nueva ropa.
Acuno su cara entre mis manos y le doy un beso en la punta de la
nariz.
-Eres mi hija, pequeña. ¿Entiendes eso?
-No quiero ser tu hija. ¿Por qué no podemos...?
-Basta- la interrumpo- Esto que estamos hablando no debería
ocurrir. Te prometo que voy a solucionar esto y volveremos a ser
como éramos antes.
Aparta mis manos de su cara de un manotazo, prefiero lidiar con
su enfado que con su tristeza. Verla triste me pone enfermo.
-¿Vas a ver a alguna mujer?- me pregunta.
-Rory- advierto.
-¡Bien!- chilla- ¡Pues vete a follarte a cualquiera de esas zorras!
Haré lo mismo con Brandon.
Aprieto los puños, esas palabras son dagas clavándose en mi
pecho. Aun así, debo contenerme y dejar que haga lo que quiera,
retenerla sólo empeorará esto que está pasando entre los dos.
-Cuídate, Rory.
-¿Que me cuide? Es decir, que use condón.
-Sí, joder.
-¿Y si no?
-No juegues con esto, maldita sea.
-Tranquilo, Eamon, sé usar los condones, le diré a Brandon que
compre una caja.
Me empuja fuera de su habitación y da un portazo en mi cara.
Cierro los ojos y respiro hondo. Tengo que salir de esta casa, no
puedo estar en el mismo lugar donde ella estará follando con un
completo imbécil. No me gusta Brandon, aunque no me gusta ningún
hombre que se acerque a ella, Rory es especial y merece a alguien a
su altura. El problema es que no hay nadie que esté a la altura de lo
que ella es.
Mi padre me mira con el ceño fruncido, sabe que algo está
pasando, nunca he estado tanto tiempo trabajando desde casa y ya
llevo más de tres horas encerrado en mi despacho. Si supiera la
verdad detrás de todo esto me repudiaría, quiero estar presente
cuando Brandon llegue y quiero ver las cámaras de seguridad que
instalé hace tiempo en la habitación de Rory. Me estoy torturando, es
lo mínimo que merezco por haber llevado tan lejos la situación con
mi pequeña. Finalmente, decidí no salir, mi obsesión con mi hija me
está trastornando la mente. Agudizo mi oído cuando escucho un
coche detenerse, debe ser el cabrón que va a follarse a mi hija en mi
propia casa. El papel en mi mano se arruga.
-¿Vas a contarme qué te pasa?- me pregunta mi padre.
-Nada- refunfuño.
-Llevas encerrado en este despacho casi cuatro horas. Nunca has
trabajado desde casa.
-Acostúmbrate, desde hoy trabajaré desde aquí. Darragh y Cara se
harán cargo de las reuniones en la empresa.
-Como tú veas, estás al mando.
-Déjame solo, papá.
Asiente con la cabeza, se levanta y se dirige a la puerta, se detiene
antes de salir del despacho.
-Soy tu padre, Eamon, estaré aquí para escucharte cuando estés
preparado para hablar.
Respiro hondo cuando cierra la puerta. Conecto rápidamente el
ordenador a las cámaras de seguridad, no sé si mi hija lo ha subido
ahí o están en otro lado, pero la ira me corroe por dentro y tengo que
comprobarlo. Noto un peso levantarse de mis hombros cuando no los
veo ahí. Decido salir del despacho y ver si están en el salón,
efectivamente, los encuentro ahí. Brandon tiene a Rory sentada en su
regazo mientras ella le rodea el cuello con los brazos y sonríe como si
estuviera enamorada de él. Podría engañar a cualquiera, no a mí,
está jugando con él y conmigo. Mi padre me mira de arriba a abajo.
-Creí que ibas a trabajar más- se burla.
Cillian se ríe débilmente, enmascara su risa en un carraspeo.
-Necesitaba un descanso- respondo dejándome caer al otro lado
del sofá donde están Brandon y mi hija.
-Señor Kavanagh, un placer saludarlo.
Agarro dos puros de la caja en la mesita de mi lado, los corto y le
lanzo uno a mi padre, enciendo el mío con mi mechero, me lo regaló
mi pequeña el año pasado para mi cumpleaños, tiene grabado
nuestro símbolo, el nudo perenne celta. Lo elegí para nosotros
cuando nació porque mi amor por ella jamás podrá deshacerse. Meto
el puro en mi boca y doy una calada mirando a mi hija, que tiene la
vista fija en mí. Doy una suave palmada en mi muslo, Rory sonríe y
viene hacia mí, frota su mejilla por mi pecho. Miro de reojo a
Brandon, no puedo evitar sonreír por su molestia, pase lo que pase,
Rory siempre me elegirá a mí por encima de todo y de todos.
-¿No ibais a ver una película?- pregunto.
Mi sobrino toma el mando de la mesita de centro, se acomoda en el
costado de mi padre a la vez que busca una película que ver. Dejo el
puro en mi boca, necesito acariciar la piel de mi pequeña, meto mis
dedos con cuidado por debajo de la tela de su vestido, le doy suaves
caricias con las yemas por el exterior de su muslo, su cuerpo cubre
mi acción de la vista de los demás.
-Papi- me llama.
-Dime, pequeña.
-Tengo un poco de frío.
-Brandon, la manta de tu lado, dámela, muchacho- ordeno.
Me la da a regañadientes, estoy seguro de que he jodido sus planes
y no hay nada que me haga más feliz. Mis ojos se encuentran con los
de mi hija mientras la cubro con la manta, su sonrisa es un bálsamo
para mi alma. Toma mi mano y la lleva a su muslo de nuevo, aunque
esta vez la pone más arriba.
-Señor, siento molestar, la señorita Michelle está al teléfono- me
informa Orla, el ama de llaves.
Mi hija gira la cabeza hacia ella.
-¡No!- chilla Rory enfadada- Mi padre está ocupado conmigo, Orla,
dile a esa bruja que lo deje en paz.
Orla me mira con una sonrisa tierna, conoce a Rory y sus celos de
cualquier mujer que se me acerque.
-Dile que estoy ocupado y que me deje en paz, Orla- repito las
palabras de mi pequeña.
-Como ordene, señor.
Brandon niega con la cabeza, Rory lo mira con una ceja levantada.
-¿Tienes algún problema?- le pregunta.
-Creí que íbamos a ver la película los dos solos, Ro.
-Si no estás a gusto puedes irte, conoces el camino a la salida.
Mi pequeña se acomoda en mi regazo, Brandon se levanta y se
marcha.
-Calabacita- la llama mi padre- No deberías tratarlo así, ha venido
porque tú se lo pediste.
Se encoge de hombros, por supuesto que a ella no le va a importar
si Brandon se enfada o no.
-Abuelo. ¿Estás intentado razonar con ella?- se burla Cillian.
Mi padre y él se ríen, levanto la cabeza de mi pequeña con mis
dedos en su barbilla, tiene una preciosa sonrisa. Mi sobrino
reproduce una película que le ha llamado la atención.
-¿Estás feliz?- le pregunto a mi hija susurrando.
Asiente con la cabeza.
-Sí, te has quedado en casa esta noche y vas a ver una película
conmigo- añade.
-Perdóname si alguna vez no te hago feliz, a veces es complicado,
pequeña.
-Papi, no me importa lo que la gente diga, sólo lo que tú pienses de
mí. Sabes que eso de las normas sociales nunca ha ido conmigo.
-Lo sé, dame tiempo. ¿De acuerdo? No estamos solos. Están tu
madre, tu abuelo y tu primo, sólo te pido algo de tiempo.
Tuerce la boca a un lado, es su forma de decirme que no está
contenta con mis palabras, aun así lo aceptará por mí, por hacerme
feliz.
-¿Me haces más cosquillas?- me pregunta de forma coqueta.
-Sí, pequeña.
Subo mi mano lentamente por su muslo, llevándola hacia el
interior, Rory abre un poco sus piernas para darme acceso. Sé que
esto no está bien, pero no aguanto más tiempo lejos de ella y ella
tampoco aguanta más de mis salidas nocturnas para buscar a otras
mujeres con las que compensar mi depravación. No quiero hacerle
más daño a mi pequeña, ella lo es todo para mí. Tengo que preparar
el terreno con nuestra familia y con las leyes para que esto funcione,
lo haré por ella y por mí.
Presiono con fuerza su clítoris por encima de las bragas cuando me
doy cuenta de que lleva puesta una de las nuevas que compró esta
mañana.
-Te quiero en mi cama esta noche, pequeña- susurro en su oído-
Sin vestido, déjate lo demás.
Asiente de forma sutil. Me tumbo de espaldas en el sofá, Rory se
tumba sobre mí mirando hacia la televisión, mete sus manos por
debajo de mi jersey y me hace suaves cosquillas con sus uñas por los
costados. Mueve sus caderas muy lentamente, pongo mis manos en
su trasero y lo aprieto. Joder. No sé qué estamos haciendo, pero me
siento muy bien. Mi mente se ha quebrado por completo y ya no
respondo a la lógica, mis celos por Brandon han tenido la culpa.
Estaba dispuesto a ir a la habitación y sacarlo arrastrando de mi
casa, no podía pensar en otra cosa que en matarlo y demostrarle a mi
hija que no estoy dispuesto a dejar que otro hombre la toque. No me
importa ir al maldito infierno, ni siquiera creo en Dios. Aparto las
bragas de Rory a un lado y acaricio su entrada con mi dedo. Está
empapada, así que, la penetro con un dedo, me clava las uñas en los
costados, reprimo un gruñido. Meto un segundo dedo, no es lo que
me gustaría meter dentro de ella. Arrastra sus uñas por mi piel,
provocando que presione su clítoris con más fuerza, su cuerpo
tiembla por el orgasmo. Froto un poco más, llenando mis dedos de
sus fluidos. Rory levanta la cabeza, me sonríe y me da un beso en la
barbilla.
La película se me ha hecho eterna, no veía la hora de que
comenzaran los créditos finales y salir del salón. Necesito con
urgencia aliviar la presión de mi entrepierna. Mi pequeña se quedó
dormida a mitad de la película, la llevo en mis brazos hacia mi cama,
la dejo con cuidado sobre ella para no despertarla y la comienzo a
desnudar. Esbozo una sonrisa cuando le veo puesto uno de los
nuevos sujetadores de encaje que se ha comprado. Aparto el pelo de
su cara con mis dedos.
-¿Desde cuándo sientes esto por mí, pequeña?- susurro en la
oscuridad de mi habitación.
No sé cómo debo sentirme con esto, Rory siempre lo fue todo para
mí. Sólo espero no haberla hecho sufrir demasiado, sobre todo
cuando traje a Michelle a vivir con nosotros, creí que con ella
olvidaría mis sentimientos depravados por mi hija. Nada pudo
arrancar de mi corazón todo lo que Rory provocaba en mi ser. Por
eso terminé con Michelle y la eché de mi casa.
Le quito el sujetador y las bragas y la cubro con las mantas. Luego
me desnudo y me meto con ella en la cama, busca el calor de mi
cuerpo de inmediato, me pongo de lado para poder admirar su
belleza. Joder, es tan hermosa, adoro cada mota de peca que tiene
sobre la nariz. La tumbo de espaldas y me pongo de rodillas entre sus
piernas, agarro mi polla y la pego a su clítoris.
-Averiguaré quién es el cabrón que metió su polla dentro de ti,
pequeña- gruño mientras me masturbo- Joder. Debería haber sido
yo el primero.
Meto un poco la punta, su calidez me hace rugir, la sujeto por las
caderas y empiezo a embestirla sin control. Es como siempre me
siento a su alrededor, siento que nunca tengo el control de la
situación, aunque esta vez parece que sí. Me estoy follando a mi
propia hija mientras duerme. Ni siquiera estoy usando un puto
condón, le dije esta tarde que se cuidara con Brando y ahora soy yo
quien falla en eso. Su risa atrae mi atención.
-Puedo leer tus pensamientos, papi- murmura sonriendo.
Me muevo más rápido, provocando su gemido.
-Sabes que esto no está bien. ¿Verdad?- no contesta- ¡Contesta
Rory!- rujo.
-No me importa, papi. Fóllame más fuerte, por favor.
Aplasto su cuerpo con el mío tumbándome sobre ella, sus pezones
duros se clava en mi pecho.
-Te estoy follando sin condón, pequeña. Ni siquiera debería estar
follándote.
-Papi, quiero que te corras dentro de mí, por favor.
Aprieto la mandíbula, sigue jugando conmigo.
-¿Estabas dormida o sólo fingías?- le pregunto.
Su sonrisa es mi respuesta. Nunca tuve ningún control sobre la
situación, ella es la mente maestra en todo esto. Me levanto sobre
una mano, mis pelvis choca contra las suyas, sujeto una de sus
piernas y la elevo hasta su pecho, entrando más profundo dentro de
ella.
-Papi- gime.
-¿Ahí te gusta, pequeña? ¿Te gusta cómo papá te está follando?
-Sí, me gusta mucho.
Necesito sentir sus labios sobre los míos, mis ojos viajan por toda
su preciosa cara, está sometida a su propio placer, su cuerpo está
temblando tan violento, las lágrimas caen por su sien.
-¿Él también se corrió dentro de ti en tu primera vez?- le pregunto.
-Pa... Papi- tartamudea- Me lo dejó todo dentro.
Echo la cabeza hacia atrás y me corro con fuerza, en algún lugar de
mi retorcida mente creo que eso la limpiará y sólo quedará mi rastro.
Dejo su pierna con cuidado, después pego mi frente a la suya,
nuestro sudor se mezcla, estamos exhaustos y jadeando, luchando
por tomar aire.
-¿Quién fue, Rory? Necesito saberlo.
Sus temblorosos dedos acarician mis mejillas.
-Prométeme que no te volverás loco- susurra.
-¿Cómo puedo hacerte una promesa que sé que no cumpliré?
-Por favor, necesito tu promesa. Lo que pasó no estuvo bien, papá.
-Me estás asustando, Rory. ¿Lo que pasó? ¿Qué pasó?
Sus ojos se han llenado de lágrimas.
-Te amo, papá, te amo desde hace mucho tiempo y siempre supe
quién sería mi primer hombre. Un día volviste borracho a casa, lo
siento, no pude resistirme. Viniste a mi habitación y vi tu erección,
me decías que me amabas y que no estabas bien. Yo tampoco...
-¿Qué me estás queriendo decir?- la interrumpo.
Ya lo sé, pero necesito escucharlo de ella.
-Fuiste tú, papá. Tú fuiste el hombre que me quitó la virginidad
cuando estabas borracho.
Cuatro
Rory
Nunca había estado tan nerviosa. Mi padre no deja de pasear de un
lado a otro de la habitación sin decirme nada, lleva más de diez
minutos murmurando en voz baja y gruñendo. Debí habérselo dicho
hace mucho tiempo, pero se alejaba de mí cuando intentaba
acercarme a él de forma íntima. Aquel día, yo tampoco estaba bien,
ni siquiera le he contado esa parte y no sé cómo pueda reaccionar.
Me costó mucho recordar lo que sucedió, cuando por fin lo logré, ya
habían pasado siete meses del suceso. Mi padre estaba con Michelle
y yo sólo podía pensar en asesinarla.
-Papi- sollozo.
-¡No!- ruge- ¡Deberías haberme contado que abusaste de mí!
-¡No fue así!- grito llorando- No fue así- repito.
Me hago una bola en la cama y escondo mi cara entre mis piernas,
jamás le haría algo así a mi padre. Mi pecho empieza a doler, mi
cuerpo tiembla por los nervios y el dolor que sus palabras me han
provocado, Eamon Kavanagh es el único que puede hacerme sentir
así.
-Me violaste, Rory.
Sus palabras son como dagas apuñalándome en el corazón. ¿Cómo
puede pensar algo así de mí? Salgo corriendo de su habitación, tengo
la vista nublada por las lágrimas, me falta el aire y mis pulmones no
quieren reaccionar. Entro a trompicones en su habitación, mi primo
me toma en sus brazos, veo sus labios moverse, pero no puedo
escuchar nada.
Abro los ojos lentamente, hay una voz llamándome.
-Ro, mírame.
-Me odia- sollozo.
Mi primo me aprieta contra su cuerpo, comienzo a llorar otra vez.
Me siento como ese día, exactamente igual. Cillian aparta el pelo de
mi cara.
-Cuéntame qué ha pasado, Ro. Estoy asustado.
-Le he contado la verdad, acabábamos de hacerlo por primera vez,
tú me entiendes.
-Sí. ¿Y qué ha pasado? ¿Qué te ha dicho tu padre?
-Dice que lo he violado, Cici- lloro fuerte- Nunca le haría algo así.
-Joder, lo sé, Ro. ¿Quieres que hable con él? Yo sé la verdad de lo
que pasó ese día...
-No- lo interrumpo- No quiero hablar más con él, me he cansado
de estar detrás de Eamon Kavanagh, llevo demasiado tiempo
haciendo la imbécil.
-¿Por qué no nos vamos de viaje? Te vendrá bien salir de este
maldito castillo.
Asiento con la cabeza.
-Quiero ir lejos de aquí, incluso a Nueva York, Cici- murmuro con
la voz temblorosa.
-No me mientas, quieres ir con Terry para discutir con él.
Se me escapa una carcajada, mi primo me da un beso en la frente.
-Nos iremos por la mañana- me dice- Ahora duérmete, cuidaré de
ti hasta entonces.
-Que sea un lugar cálido donde no huela a lluvia, por favor.
-Será un lugar cálido donde no caiga ni una sola gota de lluvia, te
lo prometo, Ro.
Guardo en la maleta mi última prenda de ropa, la he llenado de
bikinis y ropa de verano, mi primo ya ha llamado al piloto para que
preparase el jet de la familia. Iremos a Nosy Be, una pequeña isla en
Madagascar, ha alquilado una villa para los dos, no hemos decidido
cuánto tiempo nos quedaremos ahí. No quiero volver pronto, no me
importan mis estudios, estoy en el último año y no iré a la
universidad. Desde que nací tuve un destino y ese era ser la próxima
Jefa de la mafia irlandesa, no necesito estudios superiores para saber
hacer ese trabajo. Cierro la cremallera de la maleta y la bajo al suelo.
-¿No te llevas tus lazos?
Miro a mi primo por encima de mi hombro, niego con la cabeza.
Los lazos me recuerdan a él, si busco olvidar mis estúpidos
sentimientos por mi padre no puedo llevarlos conmigo. Aunque los
uso desde pequeña, comenzaron a ser una obsesión desde ese día, el
día en que perdí mi virginidad con él porque llevaba uno puesto, el
que aún guardo en una caja de madera en el primer cajón de mi
cómoda, bajo los pantalones vaqueros que nunca uso.
Cillian me toma de la mano, las ruedas de nuestras maletas hacen
ruido en el suelo de madera. Nuestro abuelo nos espera en el hall de
la casa.
-¿Listos?- nos pregunta.
-Sí, abuelo- contesta mi primo.
Mis ojos se encuentran con los de mi abuelo, me abre sus brazos, a
los que me lanzo sin pensarlo.
-Cillian no me ha contado por qué os queréis marchar de viaje así
de repente y tu mirada no me dice nada bueno, si debo matar a
alguien sólo di un nombre. ¿De acuerdo?- susurra en mi oído.
-De acuerdo, abuelo- contesto con la voz rota- Te daré un nombre
algún día.
Frota mi espalda con su mano, me da un beso en la cabeza y me
separa de él.
-Cormac os llevará al aeropuerto- nos dice- Tened cuidado y
llamad en cualquier momento que lo necesitéis.
Asentimos a la vez. Nos acompaña hasta el coche que nos llevará al
aeropuerto, me subo en los asientos traseros, mi primo se sienta a mi
lado y toma mi mano, entrelazando nuestros dedos.
-Vas a conocer a un jodido adonis, puedo verlo- se burla con
diversión.
No puedo evitar sonreír.
-¿Y cómo es ese adonis?- le pregunto.
Mi primo se muerde el labio y pone los ojos en blanco en señal de
placer. Me rio con una fuerte carcajada, a veces puede ser tan tonto,
pero lo adoro. Cormac arranca el coche, subo la ventanilla de
separación, no quiero que le cuente a mi padre lo que mi primo y yo
hablamos, estoy cansada de todo lo que le rodea.
-Tiene la piel como el chocolate- dice mi primo.
-¿Blanco, negro o con leche?
-Negro, por supuesto, ese es el verdadero chocolate, Ro.
Mi pecho vibra por la risa.
-¿Qué más tiene mi adonis?- le pregunto.
-Músculos por todas partes y una polla como un caballo.
-¡Cillian!- chillo riéndome.
-Oye he probado a uno, le medía veinticuatro centímetros.
Frunzo el ceño mirando a mi primo.
-Está bien, tomé un metro y se la medí, tenía demasiadas dudas
corriendo por mi cabeza- aclara.
Niego con la cabeza sonriendo, nadie puede aburrirse con mi
primo. Me elevo levemente y le doy un beso en la mejilla.
-Estoy deseando conocer a ese adonis- le digo.
-Ya sabes mi dicho, prima.
-Folla mucho y con cartucho.
Cillian y yo comenzamos a reírnos, esa frase se la escuchó decir a
mi abuelo en uno de sus sábados de póker, desde entonces me la
empezó a decir a mí y cada vez que hemos hablado de sexo, o él ha
estado con un chico, la hemos repetido riéndonos.
Después de once horas de vuelo, por fin llegamos a la isla, ahora
nos dirigimos a la villa en un coche privado. Mi abuelo se ha
asegurado de que estemos seguros y ha contratado a un equipo de
seguridad para que nos proteja, uno de ellos es quien conduce el
coche. Me quito la camiseta para quedarme en sujetador, me estoy
muriendo de calor, debería haberlo pensado bien y no ponerme una
camiseta de manga larga para viajar a un lugar cálido. Los ojos del
conductor se posan sobre mí a través del retrovisor, le guiño un ojo.
Tal y como dijo mi primo, aquí son todos unos adonis.
-Soy Rakoto, podéis llamarme Rak, soy el jefe del grupo de
seguridad- nos dice.
-¿Tienes novia, Rak?
Golpeo el muslo de mi primo sutilmente con mi mano.
-No, señor, no tengo novia. Es complicado encontrar una con el
trabajo que tengo- responde.
-¿Y amigas?- pregunta.
Pongo los ojos en blanco.
-¿Quieres preguntarme si me acuesto con alguien?- pregunta
directamente Rak.
-Sí, es exactamente lo que quiero saber.
Rak sonríe, pero no contesta. Vuelve a mirarme por el retrovisor
del coche.
-Las personas aquí son muy liberales- nos dice- Si necesitáis a
alguien para pasar el rato sólo tenéis que bailar, llamáis demasiado la
atención, os lloverán las ofertas.
Rak detiene el coche en la propiedad, es impresionante. Sólo está
protegida por los muros exteriores, por lo demás apenas hay paredes,
hay muchas columnas que sostienen el techo. Es de estilo tropical,
hay palmeras y césped por todos lados, el camino hacia la entrada es
de piedras. Me quito los zapatos en cuanto salgo del coche. El sonido
de las olas rompiendo en la orilla llega a mis oídos, me dirijo hacia
allí, mis pies se mojan con el agua. Hacía mucho tiempo que no
pisaba una playa.
-La playa es privada- me dice Rak.
Lo miro por encima de mi hombro. Es un hombre muy guapo, su
piel oscura resplandece bajo el sol. Lo que más llama la atención son
sus ojos negros como el carbón, todo en él está muy bien colocado, su
barba, su pelo corto rizado. Tiene labios muy gruesos, pero bonitos,
su nariz es ancha y queda bien con su cara musculada. Sus brazos
son tan grandes, creo que podría partir un coco con el bíceps.
-¿No tienes calor con los pantalones largos?- le pregunto mientras
me quito mi pantalón de yoga.
-No, señorita, estoy acostumbrado.
-Una pena- respondo sonriendo.
Rak no me quita la vista de encima, sus ojos viajan por mi cuerpo,
veo a mi primo Cillian sonreír al fondo del camino que viene hacia la
playa, se da la vuelta y va hacia otro lado. Me lamo el labio inferior
ante la atenta mirada de Rak, quiero comprobar hasta dónde es
capaz de llegar. Me deshago de mi sujetador, mi boca se curva hacia
arriba, ha bajado la vista a mis pechos. Aprieta con un dedo el
auricular en su oreja.
-Que nadie se acerque a la playa, la señorita necesita un rato a
solas- ordena.
Me meto en el agua, sabiendo que sus ojos me persiguen y me
siento bien. Creo que Rak es lo que necesito para olvidar lo que pasó
entre mi padre y yo, quiero que todo eso se borre de mi mente, no
verlo de la forma en la que lo hago. Quiero que sólo sea mi padre, me
hace daño pensar en él como hombre. Lo hizo cuando llevó a casa a
Michelle como su novia y lo sigue haciendo.
Me sumerjo en el agua unos segundos, con los ojos abiertos y
mirando hacia arriba, luego dejo que mi cuerpo flote a la superficie.
El cielo está despejado, ni un sólo rastro de nube, ojalá mi mente
estuviera igual. A veces tengo pensamientos inadecuados, sé que no
está bien que piense así, sé que no debería estar pensando en hacer
daño a la gente. ¿Qué puedo hacer? Mi mente nació de una forma
muy diferente al resto de humanos, no he conocido a nadie como yo.
Aunque he oído sobre alguien parecido, un hombre que vive en Italia
y es apodado Morte. Dicen que no tiene conciencia, que no le
importa matar y que es sádico. Me gustaría conocerlo y hacerle
tantas preguntas. Escuché a mi padre y a mi abuelo hablar sobre él,
dijeron que tiene una psicopatía extraña, que no todo el mundo sabe
de su trastorno, pero que la gente habla. ¿Él podría ayudarme? No
soy un psicópata, soy capaz de amar, tampoco soy una sociópata. No
sé qué soy. Y ojalá no tuviera la capacidad de amar, ojalá pudiera
arrancar mi corazón del pecho y arrojarlo a la basura. Doy un fuerte
grito de rabia, odio sentir esto, me hace débil y vulnerable.
-¿Señorita?
Pongo los pies en la arena y giro la cabeza abruptamente, Rak me
observa con el ceño fruncido.
-¿Está bien?- me pregunta.
-¿Nunca has sentido tanto dolor que te encantaría abrirte el pecho
con un cuchillo y sacar tu corazón?
-Sí.
-¿Y qué hiciste?
Rak sonríe.
-Joder a quien me hizo sentir así, señorita. La indiferencia y
hacerle ver a esa persona que no te ha afectado es la mayor
satisfacción que pude tener.
-¿Cómo puedo lograr algo así?
Me giro hacia él.
-Nunca le hice daño a esa persona, traté de cuidarlo siempre y él
ha roto mi corazón- pronuncio estas palabras con la voz rota.
-Puedo ayudarla, pero requerirá de contacto físico.
Empiezo a reírme.
-No es algo que me asquee- respondo- Y si es con alguien como tú,
mucho menos.
-Bien, entonces salga del agua, descanse un rato y después
idearemos un plan de venganza.
-¿Por qué suena tan bien?
Me ofrece su mano, la cual tomo.
-Porque la venganza es el mejor antidepresivo, señorita.
-Deja de llamarme así, si vamos a follar no quiero que me estés
llamando señorita todo el tiempo.
-¿Follar?
-Sí, eso es contacto físico y si él sabe que he follado con otro se
volverá loco. ¿Tienes alguna objeción en contra de esto?
-No, eres hermosa, pero no quiero tener problemas con tu abuelo.
-Te doy mi palabra de que no lo tendrás, yo me encargo de él.
-Si es así, entonces me gustaría mucho follar contigo, Rory.
Una enorme sonrisa se dibuja en mi rostro, Rak parece un hombre
increíble. Sabe lo que quiere y lo que hace, me gusta la gente con las
cosas claras en la vida. Definitivamente, él las tiene.
Cinco
Eamon
El whisky ya no me sabe a nada, llevo bebiendo dos días seguidos,
sin comer ni beber agua, sólo whisky. ¿Cómo pudo hacerme algo así?
Se aprovechó de mi estado para acostarse conmigo. Siempre he
sabido que Rory no es consciente de lo que está bien y lo que está
mal, debería haber sido un mejor padre o encerrarla en algún lugar
para que no le hiciera daño a nadie. Fui un imbécil, conocía la
naturaleza de mi hija y no puse un límite. Y después de saber todo
eso me la follé siendo consciente de lo que hacía, para eso no hay
excusa. Me siento manipulado por ella, todos sus actos nos han
llevado a esto. Ha estado tejiendo sus hilos, amarrándome a ellos
para volver a follar conmigo y yo he caído como un estúpido.
Lanzo el vaso contra la pared, estoy lleno de una profunda ira, el
cristal se hace añicos y cae al suelo.
Mi padre entra en mi habitación, mira a su alrededor viendo el
basurero en el que llevo viviendo dos jodidos días, no he dejado que
nadie entre a limpiar, quería estar solo. Las sábanas de la cama están
en el suelo echas una bola. Las intenté quemar, pero casi prendo
fuego a toda la habitación, de hecho, hay una mancha de humo en el
techo.
-¿Qué está pasando, Eamon?- me pregunta mi padre- Rory se fue
de viaje hace dos días con Cillian, parecía destrozada, como cuando
nos presentaste a Michelle como tu novia. ¿Has vuelto con ella?
-No lo descarto- balbuceo.
Mi padre se acerca a mí, acaricia mi cabeza con delicadeza.
-Habla conmigo, hijo.
-¿Qué quieres oír?- le pregunto.
-La verdad.
-La verdad es que tu nieta me violó hace un año, se aprovechó de
que estaba borracho y me folló.
Se sienta a mi lado, en el borde de la cama, tiene una expresión
confusa.
-¿Estás seguro de lo que dices?- me pregunta.
-Ella misma me lo confesó la noche antes de irse.
-¿Qué fue lo que te contó, hijo?
Pronuncio una a una las palabras que Rory me dijo esa noche, el
ceño de mi padre se frunce cada vez más. Las arrugas del rabillo de
sus ojos se acentúan.
-Eamon, no la dejaste explicarse.
-¡¿Qué hay que explicar?!- rujo- Abusó de mí.
-Me cuesta mucho creer que ella haya hecho algo así y mucho peor
a ti, te adora, hijo.
Se me escapa una risa sarcástica.
-Me adora tanto que se aprovechó de mi estado vulnerable- me
burlo.
Mi padre se levanta de la cama.
-Lo siento, pero creo que aquí falta una gran parte de la historia-
me dice- Si tú no quieres averiguarlo, yo sí. Conozco a mi nieta
demasiado bien como para creer que haya hecho algo así.
Me encojo de hombros.
-No la conoces bien, papá.
-Lo hago, igual que te conozco a ti. Os he criado, Eamon. ¿Es que
ya no recuerdas quién estuvo cuidando de ella cuando nació? Te
recuerdo que tú estabas ocupado estudiando y haciéndote un
nombre en nuestro mundo, yo fui quien estuvo con ella al principio,
quien se dio cuenta de que era alguien especial. Quien ha visto cómo
te mira y el brillo en sus ojos cada vez que entras en una habitación
donde está ella.
Me levanto tambaleándome de la cama, miro a mi padre a los ojos.
-¿Qué quieres decir?- le pregunto.
Me apunta con su dedo índice.
-Que no podéis ocultarme nada, Eamon. Sé que desde hace dos
años tienes sentimientos románticos por Rory y sé que ella te adora
con todo su ser. No me importa si os amáis como padre e hija o como
otra cosa, pero no voy a permitir que vuelvas a dañarla.
Mi padre intenta irse, se lo impido sujetándolo por el brazo, es
igual de alto y fuerte que yo, a sus cuarenta y nueve años sigue
manteniéndose como un muchacho de veinte, sólo su pelo canoso lo
delata.
-¿Cuándo la he dañado?- le pregunto.
-Cuando trajiste a casa a tu novia. No tienes ni idea de lo que eso le
hizo a su mente. Nunca te lo contó porque te ama tanto que sabía que
algo así te haría sufrir.
Se zafa de mi agarre dando un fuerte tirón. Mi cabeza es un caos,
las palabras de mi padre y de mi hija se mezclan, no encuentro
sentido a nada. Necesito despejar mi mente con una ducha de agua
caliente.
Después de darme la ducha y haber comido algo, me reúno con mi
padre en el porche trasero de la casa, está sentado en su butaca de
madera, me siento en la mía a su lado.
-Cillian y Rory se van a enfadar conmigo- me dice.
-¿Por qué?
-Por contar lo que está a punto de salir de mi boca.
Lo miro, mi padre mira al suelo, aunque no parece verlo de verdad,
está perdido en sus pensamientos.
-¿Qué vas a contarme, papá? ¿Vas a seguir defendiendo a mi hija?
-Lo haré hasta el día en que me muera porque ella no te ha hecho
nada, Eamon.
-¿Cómo puedes estar tan seguro?
-¿De verdad no recuerdas ese día?
No. No lo hago, ni siquiera recordaba haberme emborrachado,
pero es obvio que lo hice, ya que ese día se ha borrado de mi
memoria. He intentado recordar lo que pasó entre Rory y yo, no he
sido capaz, ni una sola imagen. Debí estar muy perjudicado por el
alcohol para que eso me pasara. Sólo una vez me he emborrachado
así, cuando supe que Avery estaba embarazada, no quería ser padre
con quince años. Cuando tuve a mi hija en mis brazos me arrepentí
de haberle pedido a su madre que abortara, fue mi padre quien nos
rogó que lo tuviéramos, dijo que se haría cargo del bebé y que no
teníamos de qué preocuparnos. Fue así hasta que cumplí dieciocho
años, siempre he estado presente en la vida de mi hija, pero los
primeros años fue mi padre quien la estuvo criando y cuidando de
ella.
Mi padre me mira esperando mi respuesta.
-No- contesto.
-Michelle te dijo que estaba embarazada, Eamon.
Un flash de la voz de Michelle diciéndome esas mismas palabras
pasa por mi mente, es cierto, ella dijo eso.
-Era mentira- aclara mi padre- Michelle se lo inventó para
atraparte, lo descubrimos días después. Aunque ya era tarde.
-¿Tarde para qué?
-Para Rory.
Una corriente eléctrica recorre mi columna vertebral, algo me dice
que no me va a gustar lo que mi padre me tiene que contar.
-Joder- maldice- Ese día te fuiste en cuanto Michelle dijo eso,
Rory... Salió corriendo a su habitación, Cillian y yo pensamos que
estaba conmocionada y necesitaba un tiempo a solas. Cuando llegó la
hora de cenar, yo fui a buscarte a ti, pero Cillian se quedó en casa y
fue a buscar a Rory. Me llamó asustado, gritando y nervioso.
-¿Por qué?- pregunto en un gruñido.
-Rory se había intentado suicidar con unas pastillas.
Como si un cubo de agua helada cayera sobre mí, mi cuerpo
tiembla. Mi pequeña intentó quitarse la vida porque la zorra de
Michelle dijo que estaba embarazada de mí.
-Volví a casa, Cillian le había provocado vómitos repetidos. Cuando
yo ya estaba allí, Rory estaba consciente, no dejaba de llorar. Llamé a
un médico, se negaba a ir a un hospital y ya conoces a tu hija cuando
se le mete algo en la cabeza- continúa.
-¿Por qué nunca me lo habéis contado?
-Rory nos hizo prometer que nunca lo haríamos. Sabía que eso te
haría sufrir, ella jamás querría algo así para ti. ¿De verdad sigues
pensando que te violó? Ese puto día ella tampoco estaba en sus
cabales, el médico le puso un tranquilizante para que descansara. Lo
que pasó fue fruto de vuestros sentimientos y de un alto contenido
químico en vuestros cuerpos.
Las lágrimas pican en mis ojos, todo lo que le dije no era cierto,
ella nunca me hizo daño. Pero yo a ella sí, en más de una ocasión.
-Voy a advertirte algo, Eamon.
-¿El qué?
-Cillian me ha enviado un mensaje hace unos minutos, tu hija ha
conocido a un muchacho y parece estar contenta con él, no se
acuerda de ti. Déjala en paz.
-No- digo con severidad- No puedes pedirme algo así.
-¿Y qué vas a hacer? ¿Volver a romper su corazón? ¿Cuántas veces
más lo soportará? Crees que es fuerte y valiente, jodidamente lo es,
pero todos tenemos un límite. Si Rory intenta suicidarse otra vez por
tu culpa te mataré, Eamon.
-No puedes amenazarme, papá.
-Ya lo he hecho- responde levantándose.
Sus pasos suenan cada vez más lejanos. Saco mi móvil del bolsillo
de mi pantalón y llamo a mi hija, la llamada suena un par de veces
hasta que es descolgada, aunque no es Rory quien me recibe.
-¿Sí?
-¿Quién eres?- pregunto.
-Rak, amigo de Rory.
-¿Por qué atiendes la llamada tú?
-Rory está en la ducha.
-¿Y qué haces tú en su habitación?
-Mire, señor, en la pantalla pone que es su padre, así que no creo
que deba contestar esa pregunta. Le diré a Rory que lo llame más
tarde.
El sonido de la llamada colgada suena en mi oído por unos largos
segundos. Es cierto que está con otro, en su habitación, ella estaba en
la ducha. ¿Han follado? ¿Qué he hecho? He arrojado a mi pequeña a
los brazos de otro hombre. Tengo que recuperarla, hacer lo posible
porque me perdone y tenerla a mi lado. Ninguno de los dos
disfrutamos esa primera vez, le haré tener una segunda primera vez
maravillosa. Joder. Haré cualquier cosa por ella y por reparar el
corazón que yo he roto.
Mi móvil suena en mi mano, es mi pequeña, deslizo el dedo en la
pantalla temblando, necesito escuchar su voz.
-Pequeña- jadeo.
-Hola, papá. ¿Querías algo?
Su tono distante me mata, pero entiendo que esté enfadada
conmigo. Más que enfadada, está muy dolida.
-Quería hablar contigo.
-¿Sobre qué? No creo que haya nada de lo que hablar.
-Pequeña, tu abuelo me ha contado lo que pasó ese día...
-Está bien. No importa. Tengo que dejarte, Rak nos va a llevar a
Cillian y a mí a un lugar de la isla.
-Espera. ¿Te parece bien que vaya para allá y esté contigo?
-Por supuesto que no. Si vine aquí fue por un motivo.
-Rory, mo ghrá . Necesito hablar contigo.
-Yo no, cuando necesité hablar contigo me llamaste violadora.
-No vas a olvidarte de eso, lo sé y me jode muchísimo haber
pronunciado esas malditas palabras. Perdóname, pequeña, tu
padre es un imbécil.
-Sí, en eso estamos de acuerdo. Hablamos, papá, adiós.
-Rory, espera.
Hay silencio en la llamada, así que no me ha colgado.
-Nunca voy a perdonarme por todo el daño que te he hecho,
pequeña. Por favor, permíteme ganarme tu perdón, te prometo que
jamás volveré a hacerte daño y sabes que siempre cumplo con mi
palabra.
-Que pases un buen día, papá.
Esta vez sí suenan los últimos toques de la llamada colgada. Le
envío un mensaje corto, es algo que le llevo diciendo desde que
comenzó a hablar de forma fluida, ella siempre me repetía lo mismo.
E: Eres la melodía de mi corazón, mo ghrá.
Debo arreglar esto como sea, soy un imbécil y sé que no merezco
otra oportunidad. Sin embargo, también sé que no podremos vivir el
uno sin el otro. Nunca podré borrar de su mente las cosas que le dije,
ojalá pudiera hacerlo, ojalá pudiera transferir su dolor a mi propio
cuerpo. Ella es una mujer increíble, no merecía pasar por el puto
infierno que le he hecho pasar todos estos años. Se intentó suicidar
por culpa de Michelle, jamás debí haberla traído a casa.
-¡Papá!- grito.
Lo escucho acercarse, miro hacia la puerta, mi padre se asoma.
-Dime.
-¿Puedes hacerme un favor?
-Sí, por supuesto.
-Envía a alguien a darle un susto al padre de Michelle, lo quiero en
el hospital.
-¿Estás seguro?
-Muy seguro. También he tenido la culpa de que mi pequeña haya
sufrido, pero tengo toda la intención de enmendar mis errores y lo
primero que debo hacer es ir a por ella y retenerla a mi lado.
-Ten cuidado, Eamon. Ya sabes qué pasa cuando a Rory le aprietan
las tuercas.
Asiento con la cabeza. Sé pondrá hecha un basilisco, pero no me
importa. ¿Qué más tengo que perder? Ya he dañado a la persona más
importante en mi vida, la he alejado de mí por no escucharla. Eso
nunca más volverá a pasar.
Seis
Rory
Rak es genial, es alguien muy interesante y que ha pasado por
mucho. Es del Congo, cuando tenía diez años lo atraparon a él y a su
hermano pequeño de siete años para que fueran niños soldados. Con
la audacia que tenía en ese momento, se enfrentó al líder de la
guerrilla e hizo un trato con él, se sometería a su voluntad a cambio
de que protegiera a su pequeño hermano del horror de la guerra que
asola su país. Al líder lo sorprendió tanto que enviaron a su hermano
a Kinsasa, la capital, con la esposa del líder. Mientras que su
hermano crecía en un núcleo familiar estable, Rak era sometido a
sobrevivir en medio del caos, aprendió a usar armas y a luchar. Tiene
cicatrices en el cuerpo que lo demuestran. Con diecisiete años, se
coló una noche en la tienda de campaña del líder y lo mató, liberó a
los otros niños y se reunió con su hermano, se lo llevó a otro país con
el dinero que había robado al líder. Pudieron tener una vida digna,
Rak encontró trabajo en una empresa de seguridad y su hermano se
hizo médico con la ayuda del sueldo de Rak. Ahora tienen una vida
decente, lejos de la guerra y sus horrores.
Siempre me ha gustado conocer a gente como él, con una vida
interesante. Cillian me dijo que estaba tan embobada escuchando su
historia que mi comida se enfrió, realmente, no me di cuenta de que
tenía la comida delante de mí.
Paso mis dedos por el pecho desnudo de Rak, rozando las crestas
de sus cicatrices mal sanadas.
-¿Sigue doliendo?- le pregunto.
-Hace mucho que dejó de hacerlo.
Levanto la cabeza para mirarlo, mi piel blanca como la nieve hace
contraste con la suya, oscura como la noche. Me inclino hacia
adelante y le doy un beso en los labios. Hicimos un trato, él me
ayudaría a vengarme de mi padre y yo le pagaría una buena suma de
dinero para que pudiera rescatar a la mujer que ama de las garras de
un bastardo. Es un buen trato, cada uno obtiene lo que desea sin
mezclar sentimientos, algo que ninguno de los dos podríamos
desarrollar por el otro. Aunque es un hombre increíble, me temo que
nunca podré olvidarme de mi padre. Y aunque, para él soy una mujer
preciosa y con todos los atributos que le gustan, su corazón pertenece
a esa mujer, que está casada con ese bastardo. Ella también ama a
Rak, pero fue obligada por su padre a casarse con el otro.
-Rak- susurro.
Sus ojos negros se posan sobre mí.
-Puedo matarlo- le digo- Sólo tienes que llevarme hasta él y lo
haré, nadie me verá. Y podrías usar el dinero que te voy a pagar para
irte de África, llevarte a tu hermano y a tu mujer lejos de aquí,
comenzar una nueva vida.
Acaricia mi mejilla con su pulgar.
-¿Estarías dispuesta a matar a una persona por mí?- me pregunta.
Esbozo una sonrisa.
-Hay algo que no te he contado sobre mí- le digo- No soy normal,
Rak, nací con un trastorno extraño que ningún psiquiatra logró
diagnosticar. Lo más cercano a lo que tengo es el trastorno de
personalidad antisocial. No me importan las normas sociales y
mucho menos lo que está bien o mal, ya he matado antes y no me
importa volver a hacerlo. Así que, sí, haría eso por ti.
Rak me tumba en la cama, se pone sobre mí y comienza a besarme
por todos lados. Recorre con su boca mi piel, haciéndome gemir.
-Dime dónde está ese hombre- exijo con toda la firmeza que
puedo.
Rak baja su cabeza hacia mi entrepierna, me besa el clítoris con sus
gruesos labios.
-Rak- gimo- Dímelo.
-Está en esta isla.
Miro hacia abajo, nuestros ojos se conectan, Rak saca su lengua y
me da una larga lamida.
-Dirección- mi tono sale en una súplica.
-Hell-Ville, uno de mis hombres te llevará a su casa cuando
anochezca.
-Tienes que sacarla de allí, Rak, nadie puede relacionarla con esta
muerte.
-Entendido.
Lo observo ponerse un condón y alinear su enorme polla con mi
entrada, me penetra lentamente. Mi espalda se arquea por el placer
cuando lo tengo dentro por completo, empieza a moverse rápido,
como ha averiguado que me gusta. Llevamos haciendo esto desde el
primer día que llegué a esta isla y ya han pasado nueve días de eso,
mañana es mi decimoctavo cumpleaños. Mi abuelo avisó de que
vendría para hacer una pequeña celebración con nosotros en esta
isla, lo he extrañado mucho.
Envuelvo mis brazos alrededor del cuerpo de Rak cuando empieza
a embestirme con más fuerza. No tardo en llegar al orgasmo, a él le
sucede lo mismo.
-Será mejor que nos preparemos, tu abuelo debe estar a punto de
llegar- me dice.
Me quedo en la cama mirando hacia el techo, Rak se marcha de mi
habitación. No escucho la puerta cerrarse, pero sí escucho una risa
que conozco muy bien.
-Te dije que valdría la pena- se burla mi primo- Y tápate, no estoy
interesado en ver tu cuerpo recién follado por un elefante.
-¡Cici!- chillo.
Se marcha riéndose. Me levanto de la cama y voy al baño, necesito
darme una ducha y quitarme el olor a sexo, aunque mi abuelo sabe lo
que he estado haciendo con Rak, no quiero que me huela a recién
follada, como dice mi primo.
Cierro el grifo del agua después de darme una larga ducha. Salgo
de la cabina y enrollo una toalla alrededor de mi cuerpo. Mi ceño se
frunce cuando salgo del baño y veo una caja pequeña de madera de
roble con el símbolo del nudo perenne. Mis dedos tiemblan mientras
toco la delicada madera, una corriente eléctrica recorre mi cuerpo al
llegar al nudo. Es nuestro símbolo, el de mi padre y el mío, trago
grueso, la madera huele a él. Me siento en el borde de la cama y tomo
la caja, dentro hay una cinta para lazos de color negro junto a una
nota doblada. La agarro y la desdoblo, reconozco esta letra, es de mi
padre.
"Mi pequeña, sé que no he sido el mejor hombre estos últimos
años. Debería haber sabido lo que te estaba pasando, era mi deber
como padre saber que no estabas bien y que todo era por mi culpa.
No merezco tu perdón, pero lo necesito, no puedo vivir sin ti a mi
lado, Rory. Eres la melodía de mi corazón y sin ti deja de latir.
Mañana es tu decimoctavo cumpleaños y no estaré ahí para
celebrarlo contigo. Por eso he pensado mucho en tu regalo, esa
cinta negra está hecha de la mejor seda del mundo, no hay otra
cinta como esa. Es exclusiva y única en el mundo, como tú, mi
pequeña. No hay ni habrá nadie como tú nunca. Mi corazón te
pertenece, mo ghrá, te amo como padre y como hombre, eres mi
dueña."
Limpio las lágrimas de mis ojos, quisiera perdonarlo, sin embargo,
no puedo hacerlo tan rápido. Me hizo demasiado daño con sus
acusaciones. Dejo la caja y la cinta a un lado, tomo mi móvil de la
mesita de noche y marco su número de teléfono. Ni siquiera tarda un
segundo en responder.
-Son las seis de la mañana en Irlanda, deberías estar durmiendo,
papi.
-Estaba esperando tu llamada.
-¿Sabías que iba a llamarte?
-No, en realidad, no. Tenía la esperanza.
-Me ha gustado mucho tu regalo, la cinta es tan suave y bonita.
-Mereces eso y más, pequeña.
-¿Sabes por qué me obsesioné tanto con los lazos?
-No.
-Porque esa noche llevaba uno, papi. Me obsesioné con ellos
porque llevaba uno cuando perdí la virginidad contigo.
-Lo siento mucho, mo ghrá. Debí escucharte.
-Sí, debiste hacerlo. Ahora no importa.
-A mí me importa porque te hice daño y nunca
podré perdonármelo.
-Quiero perdonarte, papi. Pero me cuesta.
-Lo sé, mo ghrá. Te daré todo el tiempo que necesites y te
demostraré que merezco tu perdón.
-Papi, el abuelo no te lo contó todo sobre lo que pasó en ese
tiempo.
-Cuéntame, pequeña.
-Tardé siete meses en recordarlo todo, me esforcé cada día
porque cuando me desperté esa mañana en mi cama seguíamos
desnudos. Cillian fue el primero en saberlo y el único, le pedí que me
llevara a una farmacia.
-¿Por qué?
-Yo no tomaba anticonceptivos en ese momento y no encontré
ningún preservativo por ningún lado.
-Entiendo, pequeña. Hiciste bien. Siento que tu primera vez fuese
así.
-No pasa nada, papi. Fue contigo y eso es lo único que me
importa.
-No te merezco, mo ghrá. Eres demasiado buena conmigo.
-Porque te amo, papi.
-Y yo a ti.
-¿Quieres venir? Me gustaría celebrar mi cumpleaños contigo.
-¿Estás segura? No quiero importunarte.
-Te quiero a mi lado en mi cumpleaños, papi.
-¿Y tu amigo? Tu abuelo me ha estado contando algunas cosas
que Cillian le contaba.
-Rak se va esta noche, tiene algo importante que hacer. No creo
que vuelva a verlo nunca más.
-Está bien, voy a buscar un vuelo para hoy mismo, estaré ahí en
once horas.
-Te espero, papi.
Cuelgo la llamada. Aunque aún no pueda perdonarlo lo quiero aquí
a mi lado mañana.
Después de vestirme, salgo al salón. Escucho su grave risa, chillo y
salgo corriendo hacia mi abuelo, me lanzo a su regazo.
-Calabacita, te he echado de menos.
Rodeo su cuello con mis brazos, lo he extrañado tanto, nunca he
pasado tanto tiempo lejos de mi abuelo. Dejo caer mi cabeza en su
hombro, ocultando mi cara en el hueco del cuello, huele a hogar.
-¿Has hablado con tu madre?- me pregunta.
-No, abuelo.
-Deberías, ha estado preocupada por ti. No le he contado mucho,
sólo que necesitabas salir de casa un tiempo.
-¿Vendrá mañana?
-Por supuesto, desde que cumplió dieciocho años no se ha perdido
ni un sólo cumpleaños tuyo, calabacita.
Tiene razón, mi madre sólo se perdió mis primeros cuatro
cumpleaños y sé que fue porque sus padres no le permitieron viajar
para verme. Mis abuelos maternos nunca me han querido y tampoco
es que me hagan falta, tengo a mi padre, a mi primo y a mi abuelo,
también la tengo a ella, a mi madre. Estos días me he estado
acordando mucho de su cara, cada vez que cerraba los ojos la veía,
con su bonita sonrisa y su pelo del color del atardecer, tan rizado y
brillante. He estado pensando en nosotras y en mi padre, a él
siempre le he perdonado todo, a ella nada. Le he tenido
resentimiento toda mi vida, injustamente, debo añadir. Era
demasiado joven cuando me tuvo, pensó en mí también cuando
decidió dejarme con mi abuelo y mi padre. En realidad, debo
agradecerle que lo hiciera porque he tenido la mejor vida con ellos.
Mi abuelo me entrega su móvil, en la pantalla aparece el nombre
de mi madre mientras suena la llamada.
-Garret, estaba esperando tu llamada. ¿Cómo está mi bebé?
Trago grueso, nunca la había escuchado llamarme así.
-Mamá, soy yo.
-Rory, mi vida. No sabes cuánto me alegra oír tu voz. ¿Estás
bien?
-Sí, creo que sí.
-¿Qué ha pasado? Tu abuelo ha sido muy conciso con sus
palabras.
-Un... muchacho me rompió el corazón. Necesitaba tiempo a
solas.
-Oh, mi vida. Lo lamento. ¿Tu padre lo sabe?
Miro a mi abuelo a los ojos, no puedo evitar reírme.
-Por esa risa sé que tu padre lo sabe- se ríe mi madre- Espero que
lo haga pagar y no llores, nadie merece tus lágrimas, mi vida. Eres
muy valiosa, hay un hombre bueno para ti, uno que sabrá ver el
diamante que eres.
-Gracias, mamá. Creo que esa persona ya se ha dado cuenta de
quién soy de verdad.
-Entiendo. Tengo que dejarte, Elijah, Terry y yo tenemos que
subir al avión, nos vemos mañana, mi vida. Te va a encantar el
regalo que tengo para ti.
Antes de que pueda protestar, mi madre cuelga. Me levanto del
regazo de mi abuelo mirándolo a los ojos, levanta las manos en señal
de rendición.
-Te juro que no lo sabía- se defiende.
-¡No quiero a ese gilipollas aquí!- chillo- Lo estropeará todo con su
asquerosa lengua larga.
-Cálmate, Ro- me pide mi primo- Si viene hasta aquí es porque ya
debe saber que no eres una cazafortunas.
Giro la cabeza de forma violenta hacia mi primo, se echa hacia
atrás en el sofá.
-Abuelo, te juro que como me diga alguna estupidez lo asesinaré y
echaré sus restos al mar.
Mi abuelo se ríe, aunque sabe que lo haré de verdad, parece
hacerle gracia que amenace la vida de una persona. No me importa,
en cualquier caso, Terry permanecerá callado, él decide si es para
siempre o sólo unos días.
Siete
Eamon
Llevo nervioso desde que subí al avión, voy a ver a mi pequeña
después de dos semanas, he estado muy pendiente de ella, aunque
me he mantenido distante para no enfadarla. He estado repitiendo
en mi cabeza sus últimas palabras, tuvo que tomarse una pastilla de
emergencia para no quedar embarazada de mí. Le he dado muchas
vueltas a eso, mi pequeña con un bebé de los dos, ese no era el
momento, pero si ella me da una nueva oportunidad le plantearé este
tema, quiero tener con ella pequeños pelirrojos corriendo por el
castillo. Desde que Rory cumplió cinco años siempre quise un varón,
tenerlo con ella sería un sueño para mí.
Le doy un trago a mi botella de agua, el avión ya está aterrizando
en Madagascar, ahora debo ir hasta donde está mi hija. ¿Estará tan
nerviosa como yo? Me muero de nervios por verla y darle un abrazo,
ojalá pudiera hacer algo más con ella, como hacerle el amor. No
obstante, debo tener mucha paciencia, como he estado haciendo
hasta ahora, incluso sabiendo que un maldito cabrón se la ha estado
follando. No tengo derecho a reclamarle nada, yo fui quien la cagó y
ella es quien debe poner las pautas para mi perdón. Si le hubiera
reclamado algo habría metido más la pata con ella y no es lo que
quiero.
Luego de tomar mi maleta, me dirijo a la salida del aeropuerto, el
calor me golpea en la cara al salir. Un hombre se me acerca.
-Señor Kavanagh, soy Rak, su padre me ha enviado a por usted.
-¿Tú eres Rak?
-Sí.
Aprieto los puños, este es el tal Rak que se ha estado follando a mi
pequeña. Me guía a un Jeep negro con los cristales tintados, tanto él
como yo permanecemos en silencio durante todo el camino. Rak se
detiene en la villa de alquiler donde está mi familia. Me bajo y tomo
mi maleta del maletero, Rak se marcha con el coche, Rory me dijo
que él se iría hoy de la isla.
Escucho la voz de mi padre desde la puerta de entrada, una sonrisa
se forma en mi cara. Por más veces que le digamos que no es
necesario hablar gritando no puede controlarlo, aunque ahora se lo
decimos para burlarnos de él.
-Papá, sabes que no necesitas gritar. ¿Verdad?
Me fulmina con la mirada, en cambio, mi sobrino se ríe a
carcajadas.
-Hola, tío Eamon- me saluda con un abrazo.
-Hola, mo stór.
Le doy un fuerte apretón con mi brazo, lo he echado mucho de
menos estos días, estoy acostumbrado a tenerlo revoloteando a mi
alrededor. La primera vez que lo sostuve en mis brazos supe que lo
amaría con todo mi corazón, es lo único que me queda de mi
hermana mayor. Aíne era un año mayor que yo, nuestros padres nos
tuvieron jóvenes y muy seguido, estaban enamorados y decididos a
pasar toda su vida juntos. La enfermedad con la que nació mi madre
se la arrebató, padecía de Huntington juvenil, su cerebro se degeneró
tanto que a los veinticuatro años falleció, Aíne tenía nueve años y yo
ocho. A veces pienso que mi padre tuvo hijos con ella a esa edad
porque sabía que nunca los tendría de más adulta.
Le doy un beso en la cabeza a mi sobrino, tiene los mismos ojos
que su madre, la misma mirada.
-¿Dónde está mi pequeña?- le pregunto.
-Ha salido, tío Eamon, dijo que volvería después de la cena.
Asiento con la cabeza, supongo que ha salido con Rak.
-La isla es increíble- me dice mi sobrino para distraerme- Mañana,
antes del cumpleaños, podríamos ir a la playa, te va a encantar.
-Estoy deseando de ir a la playa, mo stór.
Cillian sonríe con satisfacción, paso mi brazo por encima de sus
hombros. Me lleva al comedor que está fuera de la casa, desde aquí
escucho las olas romper en la orilla. Me siento en una de las sillas, mi
sobrino se sienta a mi lado y mi padre a la cabeza. Lo miro con una
ceja levantada.
-¿No debería ser yo quien se siente ahí?- le pregunto.
-Aquí no mandas tú, hijo- responde sonriendo.
Mi boca se curva por un lado, él siempre será el patriarca de
nuestra familia.
-¿Sabes a qué hora llegan Avery y Elijah?- le pregunto.
-No pude avisarte porque no me dio tiempo, Terry viene con ellos.
Frunzo el ceño. ¿A qué coño viene ese aquí?
-Imagino que Avery ya le ha contado la verdad sobre ti- argumenta
mi padre.
-Espero no tener problemas con ese gilipollas, no he podido traer
mi arma.
Mi padre me sonríe.
-Te dejaré la mía, hijo.
-Bien, tenla preparada. Si no soy yo quien dispara lo hará tu nieta.
Mi padre y mi sobrino se fueron a dormir hace un rato, yo me
quedé deshaciendo la maleta y guardando la ropa en el vestidor de la
habitación que me han asignado, está alejada de la de mi hija, Cillian
me dijo cuál era la de ella. Estoy en el otro pasillo de la casa. Me
quito la ropa y me pongo un pantalón corto de chándal, decido no
ponerme una camiseta, hace mucho calor. Camino por el pasillo
hacia el salón, la brisa del mar es refrescante, salgo al porche trasero
y me siento en una de las hamacas. ¿Dónde estará mi pequeña? Ya
hace dos horas que llegué y aún no la he visto. ¿Seguirá con ese
muchacho? Miro por encima de mi hombro cuando escucho la puerta
de la casa abrirse, Rory entra sigilosamente y se dirige hacia el pasillo
de su habitación. Me levanto de la hamaca y la sigo sin que se dé
cuenta. Es extraño, no lleva su ropa de siempre, sus vestidos
coloridos o sus lazos. Va completamente vestida de negro, unos
leggins y un jersey de manga larga, incluso sus zapatos deportivos
son negros. Me recuerda al día en que mató a su primera persona.
-¿A quién has matado?
Se sobresalta por mi voz, cuando se gira, veo la sangre en sus
mejillas y su frente. La empujo con mi cuerpo hacia atrás, cierro la
puerta de su habitación con seguro.
-¿Qué has hecho?- le pregunto.
-Déjame explicarme.
Me cruzo de brazos, esperando su respuesta.
-Ha sido por Rak, papi.
-¿Por él? ¿Qué quieres decir?
Rory comienza a desnudarse mientras me cuenta la historia.
-Se enamoró de una mujer, pero ella fue obligada a casarse con
otro hombre. Ese hombre la trata muy mal, Rak lo sabe y no ha
podido hacer nada, si lo hacía se metería en un gran lío. Le dije que
yo podía deshacerme de ese hombre.
-¿Has matado a un hombre que no conoces fuera de nuestro
territorio?
Me mira con ojos de cordero, no puedo regañarla cuando hace eso.
-Es mi amigo, papi. Quería que fuera feliz- se excusa.
-Dime la verdad, Rory.
Pone los ojos en blanco.
-Está bien, quería matar a alguien y esa fue una buena excusa-
levanta las manos en señal de rendición- He ayudado a calmar mi
instinto y a un amigo, te prometo que eso me servirá hasta que
regrese a casa.
Me muerdo el interior de la boca para no reírme, no debería pensar
que eso está bien. Por lo menos no ha matado a nadie inocente. La
tomo por los hombros y la atraigo a mi cuerpo, sus brazos rodean mi
cintura.
-¿Te ha visto alguien?- le pregunto.
-No, papi, he tenido mucho cuidado, incluso me he puesto una
peluca de pelo negro para que no se viera el mío.
-Debes tener cuidado, pequeña. No estamos en casa y aquí no
tengo poder.
-Lo sé.
-¿Es por eso que tu amigo se va?
Asiente con la cabeza.
-Le di dinero para que comenzara una nueva vida fuera de África
con su mujer.
La separo de mí tomándola por los hombros.
-¿Le diste dinero?- le pregunto.
Esboza una sonrisa, la misma que lleva lanzándome desde
pequeña cuando hace algo que sabe que me enfadará.
-No era mucho dinero para alguien como tú, papi.
-¿Cuánto?
Cierra los ojos y suspira.
-Medio- responde abriendo los ojos.
-¿Medio qué?
-¿Millón de euros?- pregunta sonriendo.
Me froto la cara con las manos, mi hija ha usado mi dinero para
dárselo a un amigo, un amigo al que se ha estado follando, para que
se marche con otra mujer.
-No te enfades, por favor- me suplica- Rak merecía ese dinero,
confía en mí.
-Está bien, pero no vuelvas a hacer algo así. Ahora ve a darte una
ducha, tienes sangre por todos lados.
La separo de mí, acuno su cara entre mis manos y le doy un beso
en la frente.
-Te he extrañado mucho, pequeña- susurro acariciando con
suavidad sus labios con mi pulgar- Quiero que hablemos largo y
tendido sobre nosotros y sobre lo que quieres que haga para que me
perdones.
La dejo ir al baño, me agacho y recojo la ropa manchada de sangre
del suelo, la llevo a la parte de atrás de la casa para arrojarla a la
hoguera que hay constantemente encendida, como si hiciera falta
con el calor que hace aquí, aunque supongo que es parte de la
estética de este lugar. Todo el estilo que tiene es africano, hay
antorchas iluminando el camino de entrada y el que va hacia la playa.
Vuelvo a la habitación de mi hija después de asegurarme de que sólo
quedaban cenizas de la ropa.
-Pequeña- la llamo entrando en la habitación- ¿Y el arma del
crimen?- le pregunto.
-Destruida junto a la peluca, papi. Me aseguré de ello.
-Bien. La próxima vez que quieras hacer algo así, dímelo. Te
proporcionaré una víctima para dormir tu instinto.
Su sonrisa me calienta el corazón, lo hace latir más fuerte y rápido.
Me siento en la cama para observar a mi hija ponerse la ropa interior
y una camiseta demasiado grande, niego con la cabeza, esa camiseta
es mía. Rory se sube a mi regazo y se acurruca en posición fetal,
rodeo su pequeño cuerpo con mis brazos.
-¿Qué puedo hacer?- le pregunto.
-Matar a Terry, te lo suplico.
Mi pecho vibra por la risa.
-Tu madre se pondría muy triste, lo ama- razono.
-Es verdad. Bueno, al menos podrías amenazarlo. ¿No?
-Sí, eso sí puedo hacerlo. ¿Qué más hago para ganarme tu perdón?
-No lo sé, papi. Te prometo que quiero perdonarte, lo que ocurre es
que recuerdo el dolor que sentí cuando me dijiste que te había
violado y me cuesta perdonarte.
La aprieto contra mi cuerpo, odio que haya tenido que sufrir por
mi culpa.
-Me odio a mí mismo por eso, mo ghrá.
Se sienta a horcajadas sobre mis piernas.
-¿Por qué ahora me llamas mi amor?- me pregunta.
-Porque lo eres, Rory. En toda la extensión de la palabra. Eres mi
hija, mi pequeña princesa, eres la mujer que amo en cualquier
sentido y sin ninguna lógica. Haría cualquier cosa por ti, lo que sea.
-Hazme el amor, por favor. Quiero sentir tu cuerpo pegado al mío,
papi.
Le quito la camiseta por la cabeza, sus pequeños y tersos pechos
me reciben, sus pezones rosas están duros. Me llevo uno a la boca, mi
pequeña se pone de rodillas para darme un mejor acceso. Llevo una
mano a su coño, la acaricio por encima de las bragas.
-Papi- gime- ¿Por qué contigo se siente tan intenso?
Levanto la vista, sus ojos azules están vidriosos por la excitación.
-Con Rak se sentía bien, pero no así- se explica- Es como si tuviera
un revoltijo de mariposas recorriendo mi cuerpo, tiemblo y mi piel se
eriza.
La tumbo de espaldas en la cama, me deshago de sus bragas y
meto mi cabeza entre sus muslos, enreda sus piernas a mi alrededor
para que no pueda salir de aquí. Joder. Podría morir aquí mismo,
huele a pecado y me encanta.
-Me gusta que lo tengas depilado, pequeña- mi voz sale ronca fruto
de la excitación- Porque así puedo comerte por completo, tienes un
coño tan bonito, tan suave.
La devoro con ansias, tengo tanta hambre de ella, quiero que se
corra en mi cara, que me llene de sus fluidos. Sus gemidos no son
silenciosos, lo preocupante es que me gusta que grite, que todos se
enteren de lo depravados que somos. Sobre todo, que todos se
enteren de que, aunque estemos mal entre nosotros, ella tiene dueño.
Me pertenece y la cuidaré como merece, se acabó eso de hacerla
sufrir, cuando volvamos a Irlanda voy a arreglarlo todo con el
presidente del país para que modifique las leyes y haga que el
matrimonio entre familiares sea legal. Voy a hacer a Rory mi esposa
y la convenceré para que dé a luz a nuestros bebés. La quiero
embarazada de mis hijos, quiero pequeños pelirrojos que me vuelvan
loco con sus gritos y sus travesuras.
Me quito el pantalón y me pongo sobre ella mientras baja de su
orgasmo. Agarro mi dura polla, la alineo con su hendidura y la
penetro muy lento, haciéndonos sufrir a los dos. La había extrañado
demasiado, mi polla es perfecta para ella, le pertenece a ella. Su
gemido cuando la penetro con fuerza me hace gruñir, muelo mi
pelvis contra la suya sin dejar de mirar su preciosa cara. La agarro
por las caderas, clavando mis dedos en su tierna carne, miro mi polla
entrar y salir de ella. No le he dicho que he recordado la primera vez
que nos acostamos, la noche en la que le quité su inocencia, he
recordado mi polla llena de su sangre virgen.
-Mo ghrá- gruño- Papi te quitó la virginidad.
Su cuerpo se tensa un poco.
-No te sientas mal, me hace muy feliz haber sido tu primero, nadie
puede tocar a mi pequeña. Odio pensar en que te he arrojado en los
brazos de otro hombre, que sus manos han tocado tu delicada piel y
que sus labios te han saboreado. Fui un gilipollas, debí escucharte y
te doy mi palabra de que jamás volverá a suceder algo así.
Se le escapa un fuerte gemido, soy implacable con su pequeño
cuerpo, sus paredes vaginales me aprietan fuerte.
-Papi va a correrse, pequeña- gimo- Ojalá pudiera dejarte
embarazada, serías tan mía.
Su boca se abre en un fuerte gemido, no necesito que me diga nada
más, esa idea le atrae tanto como me atrae a mí. La haré realidad.
Ocho
Rory
Me ha dicho que quiere que tenga a sus bebés. No estoy preparada
para algo así. ¿Me atrae la idea de tener sus bebés? Definitivamente,
sí. Aunque no ahora, acabo de cumplir dieciocho años y ni siquiera lo
he perdonado.
Lo veo salir del agua de la playa, le hace algo a mi cuerpo, es como
si algo salvaje despertara dentro de mí. Cada músculo de su cuerpo
me atrae como la miel al oso, enciende el fuego en mi interior.
Aprieto los muslos en un intento de aliviar algo de la tensión de mi
entrepierna. Anoche lo hicimos varias veces, mi padre terminó
quedándose dormido, yo no pude, no tenía suficiente de él. Así que,
esta mañana me decidí a obtener más de su cuerpo, lo acaricié
durante un rato hasta que estaba medio despierto y me subí sobre él,
lo estuve montando durante mucho tiempo, sus gemidos me gustan,
me vuelven más loca de lo que ya estoy. Se sienta a mi lado en su
toalla y me da un beso en el hombro.
-Tienes la piel muy caliente, pequeña. ¿Te has puesto protector
solar?
Asiento con la cabeza.
-Pareces muy pensativa- me dice.
-Pensaba en ti y en mí. No logro explicar por qué mis orgasmos son
tan intensos contigo.
Mi padre sonríe, eso vuelve a hacer que mi cuerpo se incendie.
-¿Ves?- pregunto frustrada- Sólo te basta con sonreír para que mi
cuerpo reaccione.
-Y eso no te gusta- afirma.
Niego con la cabeza mirando hacia el mar.
-Te sientes vulnerable, mo ghrá. Es mi culpa, no deberías sentirte
así conmigo.
Percibo la rabia en sus palabras, odio que se sienta tan culpable
por lo que pasó, aunque lo sea, no me gusta verlo así.
-Me siento igual contigo- murmura.
Desvío mi mirada hacia él.
-¿Lo dices de verdad o sólo para que no me sienta mal?
Toma una de mis manos en las que estaba apoyada y la lleva a su
corazón.
-Es la verdad, mo ghrá. Porque eres la única persona que puede
romper esto y matarme.
Me siento a horcajadas en su regazo, posa sus manos en mi culo.
-No quiero sentirme así, papi.
-A veces es inevitable sentirse así con la persona a la que amas.
Eres la primera mujer de la que me enamoro, pequeña. Quise mucho
a tu madre, pero jamás estuvimos enamorados el uno del otro.
-No quiero que nos escondamos.
-No lo haremos, hablaré con tu madre hoy mismo. Ella es quien
debe decidir si va a estar a nuestro lado o no.
Asiento con la cabeza. Estoy segura de que no va a ser tan fácil que
acepte esto que hay entre mi padre y yo. Pero ya soy adulta y yo
decido con quién estar, sea mi padre u otra persona.
Poso mis labios sobre los de mi padre, sus brazos se aprietan
alrededor de mi cuerpo, se levanta de la toalla llevándome con él en
sus brazos. Su lengua recorre cada rincón de mi boca, me hace gemir.
Rompe el beso mientras se agacha en el agua.
-No voy a ocultarte como si fueras un sucio secreto, mó
ghrá. Tendremos que tener cuidado en casa hasta que modifique
algunas cosas con el presidente del país, pero no nos vamos a
esconder.
Frunzo el ceño.
-No conoces al presidente del país, papi.
Él sonríe.
-Personalmente no, pero tu tío Darragh conoce sus puntos débiles.
Los usaré a nuestro favor, pequeña, nadie podrá hacer nada en
nuestra contra. La ley estará de nuestro lado en este asunto.
Rodeo su cuello con mis brazos. Llevo tanto tiempo soñando con
esto, nunca pensé que mi sueño se haría realidad. Mi padre frota mi
espalda con sus brazos.
-No tengo ningún derecho a pedirte nada, pero quiero algo a
cambio- me dice.
Me separo de él y lo miro confundida.
-Es una promesa- aclara.
-¿Qué promesa?
-Que nunca, jamás y bajo ninguna circunstancia, volverás a atentar
contra tu vida. Rory, tienes que prometérmelo.
Agacho la cabeza.
-No puedo prometerte algo así- contesto en voz baja.
Mi padre aprieta mis caderas con sus dedos.
-Tienes que hacerlo, Rory.
-No puedo- insisto- Porque si mi corazón se vuelve a romper como
aquella vez no lo soportaré.
Mi padre acuna mi cara entre sus manos, me da un beso en la
punta de la nariz.
-Antes de que eso vuelva a suceder acabaré con mi propia vida,
pequeña.
Niego rápidamente con la cabeza.
-Moriré de igual forma, papi.
Me abraza fuerte sin decir nada más, supongo que se ha dado por
vencido. No puedo prometer algo que sé que no voy a cumplir.
Cuando Michelle dijo que estaba embarazada de mi padre quise
morirme, no por celos a tener hermanos, sino por celos de que otra
mujer llevara a sus hijos. No quiero que otra mujer haga eso por él.
-Papi.
-Dime, mo ghrá.
-Quiero tener a tus bebés. Pero no ahora, necesito algo más de
tiempo.
-Lo entiendo, tienes todo el tiempo que desees, mo ghrá.
Le doy un beso en el cuello, haciéndolo gruñir.
Después de darme una rápida ducha y arreglarme el pelo, fui a
buscar a mi primo, no lo había visto en toda la mañana porque salió
con nuestro abuelo a comprar algunas cosas para mi fiesta de
cumpleaños. Quiero contarle todo lo que mi padre y yo hemos estado
hablando.
La voz de mi madre me hace detenerme antes de salir del pasillo,
camino en silencio en la dirección de donde proviene el sonido. No
sabía que ya estaba aquí. Pego mi oreja a la puerta de la habitación
de mi padre.
-¿Qué has hecho Eamon? ¡La has enfermado!
Me clavo las uñas en las palmas de las manos al apretarlas en
puños. Él no ha hecho eso conmigo, intentó alejarse de mí,
protegerme de todo esto.
-Avery, no es así.
-No quiero escucharte. Voy a llevarme a Rory conmigo.
Mi padre se ríe, nunca lo había oído reírse de esa forma. Es como
oscura, como si nadie pudiera desafiarlo o podría acabar muerto.
¿Sería capaz de matar a mi madre?
-Acaba de cumplir dieciocho años, Avery. ¿De verdad crees que
vas a poder llevártela? Ni siquiera podrías haberlo hecho cuando
era menor de edad.
-Debería haber solicitado su custodia hace muchos años- se
lamenta mi madre.
-Vamos, Avery, sabes que mi pequeña jamás se habría ido
contigo. Me adora.
-¡Estás loco!
-Sí, en eso estamos de acuerdo.
-¿Qué le has hecho a mi niña?
No me siento mal al oír la voz rota de mi madre.
-Ya no es una niña y, admitámoslo, nunca ha sido una niña
común.
-Su trastorno no tiene nada que ver con esto, Eamon. Deberías
haber detenido la situación.
-¿Detener a Rory? ¿Estamos hablando de la misma persona?
Parece que no conoces a tu propia hija. Yo sí, créeme que no hay
fuerza en este mundo que pueda detenerla cuando tiene algo entre
ceja y ceja.
-No, Eamon, esto es muy diferente. Te has acostado con tu hija.
Es asqueroso.
Abro la puerta de la habitación, entro y cierro detrás de mí. Los
ojos de mi madre están llenos de lágrimas, lo siento por ella, pero no
voy a permitir que hable de esa forma de lo que mi padre y yo
sentimos el uno por el otro. No me importa si le parece asqueroso, no
me importa si le parece enfermo o depravado, sé perfectamente que
lo es. Y aun así, no le permitiré faltarnos al respeto.
-Mi niña- solloza.
Levanto una mano para hacerla callar.
-Detente, mamá. No voy a permitir más faltas de respeto hacia mi
padre.
Niega con la cabeza.
-Esto no está bien, Rory. Ven conmigo a Nueva York- me suplica.
-No voy a moverme del lado de mi padre. Lo amo y quiero estar
con él. No me importa si no nos apoyas o no lo aceptas.
Tomo la mano de mi padre ante la atenta mirada de mi madre.
-Puedes quedarte a mi lado o irte, mamá. Pero no puedo dejarlo a
él.
-Rory- llora- Por favor, escúchame. No podéis tener una relación
romántica. ¡Es tu padre!
Él se pone delante de mí.
-No vuelvas a gritarle, Avery. Te juro que te sacaré a rastras de
nuestras vidas si vuelves a hacerlo.
-Rory- me llama, ignorando a mi padre- Sólo te pido que vengas
conmigo a Nueva York, allí podrás entrar en terapia, te ayudarán.
Agarro la camiseta de mi padre y la arrugo en mis manos, odio la
terapia, los psiquiatras no hacen más que recetarme pastillas que me
dejan atontada y no me ayudan. ¿Ella quiere eso para mí? Sabe lo
mal que lo pasé la primera vez que estuve en tratamiento, tuvieron
que ingresarme en el hospital unos días. No puede estar hablando en
serio, ella no puede preferir tenerme como un vegetal antes que
verme feliz, aunque sea con mi padre.
-Avery, esta conversación se ha acabado- le dice con firmeza- Mi
pequeña no va a volver a estar en tratamiento.
Mi boca se curva hacia arriba, él lo sabe, sabe lo que estoy
pensando.
-Eamon, nuestra hija necesita ayuda de un profesional.
-He dicho que se acabó. Entiendo que no te sientas cómoda con
esta situación y no te pido que te quedes a convivir con nosotros.
Sólo te he informado de que todo ha cambiado para Rory y para mí.
Veo a mi madre pasar por nuestro lado, se detiene antes de salir y
me mira, por más dolor que veo en sus ojos no puedo sentirme mal.
Soy una egoísta, lo sé, tampoco me importa. Quiero ser feliz y mi
felicidad tiene nombre y apellido, Eamon Kavanagh.
-Algún día te darás cuenta de que ha estado abusando de ti- me
dice.
Mis ojos se abren como platos, mi padre me sujeta a tiempo para
que no pueda lanzarme hacia ella.
-¡No vuelvas a repetir esa palabra!- grito.
-¡Avery, márchate!- grita mi padre- Mo ghrá, cálmate.
-¡Mamá!- grito enfadada mientras la veo correr fuera de la
habitación- ¡Suéltame!
-Cálmate, Rory.
La dureza de la voz de mi padre me congela.
-Es tu madre, no vas a hacerle daño. ¿Me oyes?
-No has abusado de mí, ni yo de ti- mascullo.
-Y eso lo sabemos tú y yo, más que suficiente.
-No me gusta esa palabra, papi.
La odio desde que él me la dijo a mí, no puedo soportar escucharla
y mucho menos que mi madre la use en su contra. Mi padre jamás ha
abusado de mí, puede que todo sucediera cuando yo era menor de
edad, pero jamás me manipuló o me obligó a hacer algo que yo no
quisiera. Realmente, fue al revés, intenté manipular a mi padre
tantas veces para volver a repetir lo que pasó entre nosotros, nunca
cayó. Hasta hace unas dos semanas. Me libera de su agarre, necesito
salir de la habitación y estar a solas. Me topo con mi primo de
camino a mi habitación, puedo escuchar sus pasos detrás de mí y,
aunque me está hablando, no soy capaz de escucharlo, mis
pensamientos son lo único que puedo oír. El caos se está apoderando
de mi mente, las manos de mi primo sujetan las mías, sus labios se
mueven, mas no escucho nada, por lo que niego con la cabeza. Cillian
frunce el ceño, sabe qué pasará si el caos termina por consumirme.
Acuna mi cara entre sus manos.
-Mis ojos- logro escuchar.
Miro a sus ojos, creo que es eso lo que me ha dicho. El azul me
llama, sigo el camino que me dictan, mi respiración se va calmando
poco a poco. Si mi padre es quien despierta el caos en mí, mi primo
es quien lo calma. Siempre lo hizo. Cillian es mi paz. Me da un beso
en la frente y me abraza, todos esos gritos en mi mente se callan, las
imágenes de cuerpos sangrando se alejan mientras las manos de mi
primo frotan mi espalda.
Varios minutos, es lo que hemos estado abrazados esperando a que
me calmara por completo, si me hubieran dejado actuar todo se
habría vuelto una locura. A veces hasta yo misma me asusto de lo que
podría ser capaz de hacer, sé que mi familia se preocupa por mí,
sobre todo porque no estamos en nuestro territorio y no podrían
ayudarme a ocultar una matanza. Como cuando fui a liberar a mi
padre de su secuestro, todos aquellos cuerpos desaparecieron, ni mi
abuelo ni mi padre me dijeron nunca qué hicieron con ellos. El
capitán de la policía, amigo íntimo de mi abuelo, nos encubrió, me
encubrió.
-¿Quería salir?
La voz de mi primo me sacude de mis pensamientos, me separo de
él y asiento.
-No puedes hacerlo aquí, Ro.
-Lo sé, es que...
-La he oído gritar y el abuelo también. Está enfadado con Avery
por gritarte.
Suelto un suspiro, no me importa que me grite, a mi abuelo y mi
padre parece que sí.
-Ro, cuando sientas que el caos se quiere apoderar de ti búscame.
¿De acuerdo?
Sonrío a la vez que asiento con la cabeza.
-Eres mi lugar seguro, Cici.
Me sujeta con ambas manos la cabeza y aprieta mis mejillas,
haciéndome reír.
-Como debe de ser, Ro. Soy tu hermano.
-¡Cici mis mejillas!- chillo riéndome.
Una grave risa hace que giremos nuestras cabezas hacia la puerta.
Mi padre y mi abuelo nos observan sonriendo.
-Calabacita, es hora de celebrar tu cumpleaños.
-¿Y mamá?- le pregunto.
-Se irá mañana por la mañana- contesta mi padre- ¿Quieres que se
quede en tu cumpleaños?
-Sí, está bien. Pero también quiero volver ya Irlanda, estoy cansada
de la playa, extraño la lluvia.
-Nos iremos mañana a casa- sentencia mi abuelo- Ahora a celebrar
tu cumpleaños- mira a mi padre- No puedo creer que ya tenga
dieciocho años, hace poco la sostenía sobre mis brazos cuando sólo
tenía unos minutos de vida.
Mi padre aprieta el hombro de mi abuelo con su mano.
-Se nos hizo adulta, papá. Nuestra bebé ya no es una niña.
Siento mis mejillas arder, miro a cada uno de los hombres de esta
habitación. Mi primo, mi padre y mi abuelo, ellos son lo más
importante para mí y haré cualquier cosa por ellos. Mataré y
torturaré si alguien se atreve a dañarlos. Lo que me recuerda que
nunca llegué a vengarme de Michelle por intentar engañar a mi
padre con el embarazo. Sonrío mirando a mi padre, él frunce el ceño,
no sabe lo que estoy pensando, no esta vez. Pronto lo sabrá, cuando
haya ejecutado el plan que voy a idear para destruir a esa zorra.
Nueve
Eamon
Las velas iluminan su cara, sonríe de oreja a oreja mientras le
cantamos para celebrar su decimoctavo cumpleaños. Mi pequeña ya
es adulta, una mujer de los pies a la cabeza. Tengo una espina
clavada en mi corazón, voy a extrañar a mi pequeña pelirroja. Esa
niña que corría gritando por toda la casa mientras Cormac la
perseguía jugando, esa niña que me volvía tan loco con sus grandes
ojos azules, con su gran inteligencia. Ahora es sólo una sombra de
ella, ya es mayor.
Siento los ojos de Avery sobre mí constantemente, no me importa
lo que ella piense, la única opinión que me importa es la de la mujer
que está soplando las velas en estos momentos. Avery tendrá que
decidir qué hacer, si quedarse a nuestro lado o irse, no voy a
obligarla a ver algo que le incomoda. Como le dije a mi pequeña, no
voy a esconderla, en cuanto lleguemos mañana a Irlanda tengo que ir
a una reunión con el presidente. Cuando Rory estaba en la ducha le
envié un mensaje a Darragh para que concertara esa cita, quiero que
este asunto se termine de una vez y que nadie pueda decirle nada a
mi hija. Sé que a ella no le van a importar las críticas de los demás,
nunca le importaron, pero a mí sí. No voy a permitir que nadie se
burle de ella, todos tenemos sucios secretos que guardar y no
seremos ni los primeros ni los últimos en tener una relación fuera de
lo normal.
-Felicidades, calabacita.
Mi padre y mi hija se abrazan, él le entrega su regalo. Rory lo
desenvuelve con desesperación, nunca le han gustado las sorpresas,
necesita tener el control de todo lo que la rodea. Da un fuerte grito
cuando ve lo que mi padre le ha regalado.
-¡No puede ser!- chilla sonriendo.
Se lanza al cuello de mi padre, envolviéndolo con sus brazos.
-Gracias, abuelo, me encanta.
-Puedes elegir el color de la carrocería y de los asientos. Te
entregarán el coche en un mes.
Mi pequeña le da un beso en la mejilla, aunque hace meses que
obtuvo su carnet de conducir, aún no le habíamos comprado un
coche. Decidimos esperar a regalárselo para su cumpleaños. Mi
sobrino le entrega el suyo, la sonrisa de mi pequeña se desvanece,
sus ojos lagrimean.
-Cici- solloza haciendo un puchero con el labio inferior.
-Sabía que el abuelo iba a regalarte el coche con el que tanto habías
soñado, tenía que igualar ese regalo.
Mi pequeña se ríe mientras las lágrimas caen por sus mejillas, nos
muestra el regalo que su primo le ha dado. Es un marco de fotos
digital con fotos de nosotros cuatro desde que ellos eran pequeños
hasta ahora, mi corazón da un vuelco, hay fotos de las que ni siquiera
me acordaba. Tomo el marco en mis manos, detengo la proyección
en una de las fotos, salimos mi padre, Cillian con casi cuatro años y
Rory y yo con semanas de nacida en mis brazos. Recuerdo ese día,
fue mi primer día de instituto después de su nacimiento, mi padre
me acompañó a clases con Cillian y con ella, la presumí delante de
todos mis compañeros. Sólo era un muchacho cuando la tuve, pero
ya era mi mayor orgullo. Le devuelvo el marco de fotos a mi hija.
-Este es de mi parte- dice Avery, entregándole su regalo.
Rory deja el marco con cuidado sobre la mesa, luego agarra el
regalo de su madre.
-Gracias, mamá.
Frunce el ceño cuando le quita el papel de regalo.
-¿Qué es? ¿Un libro?- le pregunta.
Avery niega con la cabeza, sus ojos también están cristalizados.
-Yo...- balbucea- Sólo ábrelo, por favor.
Nuestra hija la obedece, saca una foto en papel del interior.
-¿Somos nosotras?- le pregunta a su madre.
-Sí, es la única foto que tengo contigo del día que naciste. Siento
mucho no haber sido la madre que merecías, Rory. Pero sigo
pensando en que fue lo mejor dejarte con tu abuelo, ese libro es un
diario. He estado escribiendo en él desde que naciste, ahí tienes
todas las respuestas a las preguntas que me hacías y nunca supe
responder. No soy buena con las palabras.
Rory sonríe de forma genuina.
-En eso me parezco a ti, mamá.
Avery le devuelve la sonrisa, por primera vez desde que Rory
comenzó a decidir por sí misma a los ocho años, se acerca a su madre
y la abraza. Avery rompe en llanto, me duele verla así, yo conozco las
respuestas a las preguntas que Rory siempre hacía cuando estaba
creciendo, pero le prometí a su madre que nunca daría una
contestación a esas preguntas. Quería hacerlo ella en el momento
adecuado, cuando Rory fuese capaz de entender las respuestas.
-Te prometo que lo leeré, mamá.
-Gracias, mi vida. Espero que entiendas lo que pone en esas
páginas. Me costó mucho escribir todo eso, sobre todo mantenerlo
oculto hasta que me fui de casa de mis padres.
-Lo leeré, mamá, es un hecho.
Y lo hará, cuando Rory promete algo lo cumple. Elijah le entrega
su regalo con timidez.
-Este es de parte de mi padre y de mí- le dice- No es nada
sentimental, pero te va a gustar.
Rory le sonríe tomando el regalo. Sus ojos se abren con sorpresa.
-¡Un juego de cintas para lazos!- chilla emocionada- Me encanta
Elijah- mira a Terry con odio, haciendo reír a Elijah- Gracias, Terry.
Al final has tenido que gastar dinero en mí.
Mi padre empieza a reírse muy fuerte, contagiando a Cillian. Terry,
por su parte, pone los ojos en blanco, aunque lo veo sonreír
levemente.
-Terry ya conoce la verdad, mi vida- le dice su madre- Y quería
disculparse por su actitud contigo. ¿Verdad mi amor?
Terry asiente.
-No he sido el mejor padrastro, lo siento Rory.
Mi hija hace un gesto de asco.
-No vuelvas a referirte a ti mismo como mi padrastro, prefiero que
sigas siendo Terry.
Su cuerpo sufre un leve temblor por el escalofrío que lo recorre.
Niego con la cabeza sonriendo, nunca podrá ocultar cuando algo le
disgusta.
-Además, seguro que sólo me estás pidiendo perdón para que mi
papi no te mate.
-¡Rory!- la regaña su madre, me mira asustada- No vas a matarlo.
¿Verdad?
-Si no me da motivos, no. ¿Me darás motivos, Terry?
-No, por supuesto que no.
Rory sonríe con suficiencia, no importa lo que me pida, siempre se
lo daré. Me tiene envuelto alrededor de su dedo meñique.
Más tarde, cuando ha oscurecido, me llevo a mi hija a dar un paseo
por la orilla de la playa. Vamos caminando con nuestros dedos
entrelazados, la luz de la luna y el sonido de las olas nos acompañan.
Me detengo y me siento en la arena, hemos dejado muy atrás la casa,
necesitaba estar con ella a solas para darle mi regalo. Rory se sienta
entre mis piernas, con su espalda pegada a mi pecho. Saco del
bolsillo de mi pantalón una pequeña caja y se la pongo delante, gira
la cabeza para mirarme.
-Lo compré cuando cumpliste quince años, tu abuelo iba a hacer lo
mismo con tu tía Aíne, pero no pudo- le explico.
Abro la pequeña caja de madera, le muestro un precioso anillo con
diamantes a su alrededor en forma de nudo perenne. Rory lo toca
con delicadeza con las yemas de sus dedos.
-Mi amor por ti no tiene un final, Rory. Te amo de formas que
jamás pensé que lo haría, lo eres todo para mí- me rio sin ganas- Lo
compré para mi hija, para mi pequeña. Ahora se lo entrego a mi
mujer, mo ghrá. Eres la única mujer que he amado en toda mi
existencia.
Se sube a horcajadas en mis piernas, tomo su mano y deslizo el
anillo por su dedo anular derecho.
-Esta es mi promesa de que voy a amarte toda la vida, pero
también quiero respetar nuestra cultura y a nuestros ancestros, te
daré el anillo de Claddagh pronto, todos sabrán que eres mi
prometida y que voy a hacerte mi esposa, Rory. Te quiero a mi lado
como mi mujer en cuerpo y alma.
-Te amo, Eamon.
-Joder.
Choco mis labios con los suyos, es la primera vez que me llama por
mi nombre sin estar enfadada y es la primera vez que me dice que me
ama como algo más que a su padre. Rompo el beso y la abrazo con
fuerza, quiero tenerla así en mis brazos cada segundo del día.
-Te amo, Rory.
La llevo de vuelta a la casa, escucho la risa de mi padre desde lejos.
-¿Qué crees que habrá hecho?- me pregunta mi pequeña.
-Alguna maldad, es lo único que lo hace reír así- respondo.
Rory sale corriendo, a veces olvido lo mucho que se parece a mi
padre en estas cosas, le encanta cotillear y controlar todas las
situaciones. De pronto, escucho su dulce risa, definitivamente mi
padre ha debido de hacer algo. Mi pecho vibra de la risa cuando llego
al porche trasero y veo lo que ha hecho, Terry tiene la cara llena de la
tarta que ha sobrado. Mi sobrino se acerca a mí, paso mi brazo por
encima de sus hombros.
-¿Por qué lo ha hecho?- le pregunto.
-Terry dijo que Rory estaba muy mimada y el abuelo le lanzó toda
la tarta que sobró. Avery está enfadada, pero a Terry le ha parecido
gracioso.
Me siento con mi sobrino a un lado del sofá de exterior, Avery está
regañando a mi padre y a Terry por jugar con el resto de la tarta de
cumpleaños. Aunque no le prestan atención, están charlando entre
ellos mientras Terry se limpia de la cara los trozos de tarta. Mi
pequeña se sienta sobre el regazo de mi padre y se acurruca como
cuando era un bebé. Veo a Avery mirarlos con recelo.
-Avery- la llamo- ¿Podemos hablar en privado?
Asiente dudosa. Me levanto, la tomo de la mano y la llevo a la
cocina, cierro la puerta para que nadie escuche nuestra conversación.
-¿A qué ha venido esa mirada a mi padre y a Rory?- le pregunto sin
rodeos.
Se encoge de hombros.
-Avery- advierto.
-¿Tu padre también la ha tocado?- me pregunta.
-Por supuesto que no. Si conocieras un mínimo a nuestra hija
sabrías que ella no se acuesta con cualquiera, sólo han habido dos
hombres en su vida.
-¿Quién es el otro?
-Un antiguo amigo.
Avery suspira, parece como aliviada. Me froto la cara con las
manos.
-Soy comprensivo contigo, Avery. Sin embargo, no voy a tolerar ese
tipo de miradas. Creo que sería bueno que no nos visitaras durante
un tiempo.
-¿Me estás diciendo que no voy a ver a mi hija?
-Es exactamente lo que digo, sí.
-Eso no está sucediendo, Eamon.
-Bien, entonces será mejor que te acostumbres a nuestra nueva
realidad. Voy a darle a Rory el anillo de Claddagh.
Sus ojos se abren de par en par.
-No puedes hacer eso- jadea conmocionada.
-Puedo y lo voy a hacer. Y llevará la piedra de mi familia como
símbolo de mi amor por ella.
Niega con la cabeza.
-Eamon no puedes estar hablando en serio. Sabes lo que significa
ese anillo en nuestra cultura y sabes lo que significa la esmeralda
para tu familia- protesta.
-Sí, lo sé a la perfección y es por eso mismo que voy a dárselos a
ella. Rory es quien más lo merece y es la única mujer que he amado
en mi vida.
-¡Es tu maldita hija!- grita.
La rodeo con un brazo por la cintura, atrapando sus brazos, con mi
mano libre tapo su boca.
-Me conoces bien, Avery. Me tomo muy en serio este tipo de
asunto. ¿Crees que me importa que sea mi hija? Llevo mucho tiempo
luchando contra estos sentimientos y nada de lo que hice sirvió. Ella
está metida tan profundo en mi corazón que es imposible sacarla de
ahí.
Sus lágrimas empapan mi mano.
-No te atrevas a darle tu opinión a Rory, si le haces daño acabaré
contigo y con tu querido Terry.
En cuanto la suelto intenta empujarme hacia atrás.
-Estás loco- llora.
-Lo sé, Avery, lo sé.
Se cubre la cara con las manos mientras llora.
-¡Nunca debí haberla tenido!- grita enfadada.
Sus palabras hacen que mi sangre hierva de la rabia.
-¡¿Qué acabas de decir?!- rujo.
Avery se estremece, nunca me vio así de enfadado. Agarro el
cuchillo de cocina, Avery rodea la isla rápidamente y se pone al otro
lado.
-Eamon- solloza.
-Repite lo que has dicho, Avery.
Niega con la cabeza varias veces.
-Ha sido un error, no volveré a decir algo así.
La apunto con el cuchillo, si estuviera en Irlanda ya estaría muerta.
-Te quiero fuera de esta casa ahora mismo y si apareces por
Irlanda te mataré- le advierto- Uno de estos días Rory y yo
tendremos hijos, no te quiero cerca de ellos, Avery. ¿Tienes idea del
sufrimiento que le causarás a ella si te oye decir algo así?
La puerta de la cocina se abre, mi pequeña entra con las mejillas
mojadas por sus lágrimas. Mi padre y Cillian están detrás de ella, el
primero con el rostro contraído por la ira y el segundo
conmocionado. Es obvio que todos han escuchado las palabras de
Avery.
-Mo ghrá.
-Avery- gruñe mi padre.
Rory sale corriendo.
-¡Rory!- la llamo.
-¡Iré con ella, tío Eamon¡- chilla mi sobrino mientras se aleja
corriendo.
Fulmino a Avery con la mirada.
-¿Tienes idea de lo que has hecho?- le pregunto- Te juro que como
intente atentar contra su vida por lo que acabas de decir te torturaré
hasta hacerte miserable.
-¿De qué hablas?- me pregunta.
-Rory intentó suicidarse hace tiempo, cuando creyó que Michelle
estaba embarazada de Eamon- responde mi padre- Os quiero fuera
de esta casa ahora mismo y si te pones en contacto con mi nieta te
buscaré y yo mismo te torturaré, si quieres alguna referencia puedes
preguntarle a tu padre cómo perdió los dos dedos de la mano
derecha que le faltan.
-¡Largo!- ladro.
Voy en busca de mi pequeña, la encuentro acurrucada en su cama,
siendo abrazada por su primo.
-Mo ghrá- la llamo.
-Papi- solloza.
Me tumbo por detrás de ella y la abrazo fuerte.
-No le hagas caso- le digo.
-¿Por qué dice eso? Prefiere que yo nunca hubiera nacido a verme
feliz, aunque sea contigo.
-Mo ghrá, ella no entiende nuestro amor, no todo el mundo lo
entenderá.
-No me importa nadie que no sea mi familia, papi. Creí que ella lo
era.
-Tío Eamon, Ro quería arreglar su relación con Avery- me aclara
mi sobrino.
Aparto el pelo de mi hija de su cara, lleva puesto el lazo de seda
que le regalé hace unos días, le doy un beso en la sien.
-No merece la pena, mo ghrá. Si ella dice cosas así no merece tener
a alguien tan especial como tú en su vida.
-Nos tienes al abuelo, a mí y a tu futuro esposo- le dice mi sobrino
sonriendo- He visto el anillo de promesa.
Rory se incorpora y le muestra su mano, mi sobrino toca el anillo
con delicadeza.
-Es precioso, Ro.
-Y pronto tendrá en su otro dedo anular el anillo de Claddagh-
añado.
Las mejillas de mi pequeña se enrojecen, le doy un suave beso en
una. Puede ser muy valiente y fuerte, pero a veces es muy vulnerable
y es cuando más debo protegerla.
Diez
Rory
Mi primo no ha podido acompañarme a ver a Michelle, en
realidad, lo prefiero así. No quiero que comience a poner pegas e
intente detenerme. Esa zorra merece todo lo que voy a decirle, nos
hizo daño a mi padre y a mí con su mentira. Casi nos vuelve a separar
por culpa de eso, mi padre me dijo cosas horribles y, sí, también es
culpa de Michelle. Cuando acabe con lo que estoy a punto de hacer
irá corriendo a mi padre con sus lágrimas de cocodrilo para intentar
manipularlo en mi contra. Es lo que hacía cuando estaba con él,
siempre tuvo celos de la relación entre mi padre y yo. No le gustaba
que él pasara tiempo conmigo, si me llevaba de compras ella debía
estar presente, si lo esperaba para mi beso de buenas noches ella
venía detrás de él para que no se quedara más de dos segundos
conmigo. Ni hablar de que me llevara a un restaurante, no recuerdo
una peor época para mí que el tiempo que estuvo con ella. Mi padre
estaba totalmente anulado por Michelle y ahora entiendo por qué
permitió que todo eso sucediera, sólo quería olvidar sus sentimientos
por mí.
Detengo el coche en la calle frente al bufete de abogados, ella
trabaja aquí como abogada, igual que Brandon. De hecho, el padre de
Brandon y el de Michelle son socios fundadores de este bufete,
también son socios de mi padre. Tenemos el 50% de las acciones de
este lugar, lo necesitábamos para blanquear dinero de los negocios
ilegales. Me aseguro de que mi cuchillo esté bien atado a mi muslo
derecho, mi tío Darragh y mi tía Cara me lo entregaron como regalo
de cumpleaños cuando llegamos de Madagascar hace unos días, se
disculparon por no haber podido asistir, mi padre los ha tenido
bastante ocupados los días que yo he estado fuera del país. Bajo la
falda de mi vestido por mis muslos y salgo del coche. La mayoría de
la gente me saluda mientras camino hacia el despacho de Michelle,
alguien me sujeta del brazo antes de poder entrar en él.
-¿Pero qué...?- protesto.
-¿Cuándo pensabas llamarme?
Frunzo el ceño.
-¿Llamarte? ¿De qué hablas, Brandon?- le pregunto.
Me empuja hacia dentro de su despacho, cierra la puerta con
seguro después de entrar.
-¿Qué crees que haces?- le pregunto.
-Tenemos que hablar, Rory. Me has estado ignorando.
Suelto un suspiro de frustración a la vez que pongo los ojos en
blanco. Me había olvidado por completo de este idiota.
-¿Y eso no te ha dado una idea?- le pregunto.
Brandon se cruza de brazos.
-Creí que estábamos juntos- dice.
Me cubro la boca con la mano cuando se me escapa una carcajada,
parece que Brandon está comenzando a enfadarse.
-En ningún momento te he dicho que estemos juntos- le aclaro-
Ahora apártate, tengo algo que hacer.
Paso por su lado, pero no puedo abrir la puerta porque me empuja
hacia un lado, me golpeo la cadera con uno de los muebles. Clavo las
uñas en la madera por la rabia que emerge dentro de mí, el caos
quiere apoderarse de mi cuerpo, si permito que lo haga nadie saldrá
vivo de este bufete. Mi mente se nubla cuando eso ocurre y no puedo
controlar nada de lo que hago.
-Brandon- gruño.
-Lo siento, no pretendía hacerte daño.
-Voy a contar hasta tres y te vas a apartar, si lo hago yo sangrarás
mucho.
Brandon sonríe como si no creyera mis palabras, lo que me
enfurece aún más. Me giro hacia él y lo golpeo en la mandíbula con
mi puño, cae al sofá preso de la sorpresa de mi golpe. Se cubre la
zona con su mano, sus ojos están desorbitados. Me inclino hacia él
hasta que nuestras caras están a escasos centímetros.
-Te he advertido y eso no es nada comparado con lo que pasa por
mi mente, no vuelvas a entrometerte en mi camino, jodido gilipollas-
manifiesto con molestia.
De repente, Brandon envuelve su mano en mi cuello, apretando
con fuerza, el aire pasa escaso a mis pulmones. Brandon es mucho
más alto que yo y, por supuesto, tiene mucha más fuerza. El sol pasa
a través de la ventana y se refleja en su pelo castaño, sus ojos azules
disparan dardos hacia mí.
-Suéltame- jadeo sin aliento- Hazlo antes de que sea tarde para ti.
Ignorando mi advertencia, aprieta más su agarre, empiezo a ver
luces en el aire. Hago acopio de las fuerzas que me quedan y saco mi
cuchillo de su funda, hago un corte en el cuello de Brandon, no es
profundo, pero me sirve para que me suelte. Caigo al suelo de
espaldas cuando mis piernas flaquean, me arrastro como puedo por
el suelo hacia la puerta.
-¡Tío Darragh!- intento gritar.
Miro a Brandon por encima de mi hombro, está taponando su
herida con sus manos. Estiro mi brazo hacia la manija y la
desbloqueo, luego abro la puerta.
-¡Tío Darragh!- vuelvo a intentarlo, mi voz sigue saliendo ronca.
La secretaria de Michelle abre los ojos cuando me ve, se acerca a
mí rápidamente.
-Señorita Rory.
-Mi tío- le digo- Corre.
Asiente y sale corriendo. Me tumbo de espaldas en el suelo, cierro
los ojos e intento pensar en otra cosa. No puedo permitir que el caos
gane, no es el momento. Sé que mi padre se pondrá triste si el bufete
saliera en las noticias de la noche.
-¡Bebé!
Abro los ojos al oír la voz de mi tío, me toma la cara con ambas
manos.
-Bebé. ¿Qué ha pasado?
Lo guío con mis ojos hacia Brandon, que sigue en la misma
posición.
-¡¿Qué le has hecho?!- le grita.
Pongo mi mano en la mejilla de mi tío para atraer su atención.
-Casa- murmuro.
-Tu padre va a enfadarse mucho, bebé.
Asiento con la cabeza, lo hará y querrá matar a Brandon, ni
siquiera me importa que lo haga, ojalá lo mate. Mi tío me toma en
sus brazos, cierro los ojos de nuevo, es mejor que piense en otra cosa
que no sea en volver ahí dentro y terminar lo que he empezado, lo
hará mi padre. Él se encargará de castigar a Brandon por haberme
estrangulado.
-Tío Darragh, date prisa- le suplico.
-No hagas nada aquí, bebé, hay demasiados ojos, te llevaré al
almacén donde está tu padre, allí podrás desahogarte. Ya le he
ordenado a mi secretaria que envíe a alguien a por ese cabrón.
La necesidad de matar a alguien no desaparece de mi interior, mi
padre me dijo una vez que a él también le pasa, sobre todo cuando es
algo malo que tiene que ver conmigo. Cuando me pasa esto es como
si tuviera sed y no pudiera beber agua, necesito hacerlo y negármelo
me mata muy lentamente. Hace que mi cabeza grite y se vuelva todo
tan ruidoso, no estaré tranquila hasta que haya saciado mi sed.
El viaje hasta el almacén de mi familia se me hace eterno, las voces
en mi cabeza no se han callado, han ido a peor, he tenido que
esforzarme de verdad para no provocar un accidente. Salgo del coche
de mi tío a trompicones, estoy ansiosa por poner mis manos encima
de alguien, de quien sea. Mi tío me lleva de la mano hacia dentro, en
cuanto entramos en una habitación me entrega una funda con
herramientas de tortura y le ordena a uno de los guardias que traigan
a alguien del que no logro escuchar su nombre. Extiendo la funda
sobre la mesa, hay unos alicates, un pequeño bisturí muy afilado,
unas tijeras, dos aplastapulgares y una pistola eléctrica.
-¿Esto es todo?- le pregunto.
Toma mi mandíbula y me gira la cabeza hacia un lado de la
habitación, una sonrisa se dibuja en mi cara cuando veo todo lo
demás. Un collar de púas punitivo, una pera de la angustia y una
máscara de oxígeno. El mismo guardia entra con una mujer que grita
para que la suelte, se queda paralizada cuando nos ve a mi tío y a mí.
-Darragh, pagaré lo que debo, lo juro- le dice.
Ella no tiene buen aspecto, parece que ya ha recibido golpes. Miro
a mi tío.
-¿Qué ha hecho?- le pregunto.
-Nos robó.
-¿Cuánto?
-Casi trescientos mil euros.
Mi cabeza gira hacia la mujer, que me devuelve la mirada con ira.
-¿Por qué has robado ese dinero?- le pregunto.
-¿Y esta pequeña zorra quién es?- le pregunta a mi tío
ignorándome.
Levanto mi puño y la golpeo en la nariz, la sangre brota de ella, se
cubre con su mano libre.
-¡Zorra!- grita- Me has pegado.
-Siéntala y átala fuerte, no quiero que patalee o intente golpearme-
le ordeno al guardia.
Agarro un aplastapulgares y se lo coloco en los dedos de los pies
derecho, tomo el otro y se lo pongo en el otro pie. El guardia la
termina de atar con los grilletes. Es mi turno, es hora de comenzar a
escuchar sus gritos de dolor. Empiezo a apretar los tornillos de los
aplastapulgares, la mujer me suplica que me detenga. La puerta de la
habitación se abre de golpe, mi padre me mira y luego mira a mi tío.
-¿Qué significa esto?- nos pregunta.
-Ven conmigo, deja que Rory siga con lo que está haciendo- le dice
a mi padre.
-Pequeña, ¿qué estás haciendo aquí y con esa mujer?
-Te lo explicaré yo- insiste mi tío.
Pero mi padre no cede, quiere que sea yo quien le explique esta
situación.
-Brandon- es lo único que digo.
Agarro el bisturí de la mesa, hago cortes en la piel de las piernas de
la mujer, profundizando en algunos puntos donde más dolor sentirá.
Arrastro el instrumento desde su tobillo hasta la rodilla, desgarrando
la piel y haciéndola sangrar. Mi mente se calma con cada gota de
sangre que veo caer de ella. Las voces se desvanecen, mi mente se
libera de su prisión. Lanzo los alicates en la mesa, la mujer ni
siquiera está respirando en estos momentos, no sé cuándo ha
muerto, me he pasado aquí las últimas horas. Mi tío se llevó a mi
padre, es lo último que recuerdo que sucedió.
-Señorita Kavanagh. ¿Necesita que alguien la lleve a su casa?- me
pregunta el guardia.
-Sí, te agradecería mucho que avisaras a alguien para que me
llevase a mi casa.
Un rato después ya estoy metida en la ducha de mi habitación, la
sangre de esa mujer se va por el sumidero y con ella mi pecado. No
me gusta cuando me pasa esto, no por tener que matar a alguien, eso
me da igual. Sino porque no tengo el control y odio no tener el
control de las situaciones. Yo iba a ver a Michelle, iba a hacerle un
poco de daño, a amenazarla, pero ese gilipollas de Brandon ha jodido
mis planes. Salgo de la ducha en cuanto termino de sacar de mi
cuerpo los restos de sangre, mi padre entra en el baño, me mira de
arriba a abajo, se acerca a mí y me toma la mandíbula con delicadeza.
Echa mi cabeza y mi pelo mojado a un lado, acaricia con sumo
cuidado con sus dedos mi cuello.
-Joder- gruñe.
-Las he visto, papi.
-Le dejaré marcas peores que estas, te lo juro, mo ghrá.
-Sé que lo harás, a stór mo chroí.
Mi padre sonríe, me da un corto beso en los labios, pone su frente
sobre la mía.
-Tesoro de tu corazón. ¿Eh?- me pregunta sonriendo.
-Sí, eres eso para mí, papi. De cualquier forma siempre lo fuiste,
ahora con más razón.
-Mo ghrá, te amo tan mal. Las cosas que deseo hacerte durante
todo el día no son las que un padre debería hacerle a su hija.
Me empuja con su cuerpo fuera del baño, aprieta mi trasero con
sus manos.
-Quiero tenerte desnuda en mi cama para hacer con tu cuerpo lo
que yo quiera, a cualquier hora- susurra en mi boca.
No hemos vuelto a hacer nada desde que regresamos de
Madagascar, mi cuerpo arde por él, lo necesito tanto.
-Ordena a Orla que mude tus cosas a mi habitación, te quiero esta
noche durmiendo en mi cama.
-¿Vas a hacerme el amor?
Niega con la cabeza.
-Te voy a follar duro, pequeña. Papi necesita desestresarse y tu
cuerpo será mi desahogo.
Me muerdo el labio inferior, me gusta mucho cuando me habla así.
Ataca mi boca con la suya, me agarra por los muslos y me sube a la
cama. Su boca desciende por mi cuerpo, deteniéndose en mis pechos
para darles atención, no el suficiente tiempo, su objetivo es otro y
está más abajo. Un gemido sale de mí en cuanto su boca roza mi
clítoris. Me lame rápido y sin sentido, así estoy yo, sin sentido, es
como me deja cada vez que mete su cabeza entre mis piernas. ¿Qué
estoy diciendo? Me deja así cada vez que toma mi cuerpo para él.
Siempre me deja como gelatina en sus manos, es algo que ni puedo
ni quiero evitar. No me importa lo enfermo que sea esto, mi cuerpo
necesita de sus caricias y no voy a negárselo.
Once
Eamon
El padre de Brandon no deja de quejarse y de llorar, suplica por su
vida. Pero ya es tarde, nunca debería haber ayudado a su hijo a huir
de mí, Brandon jamás debió poner su mano encima de mi pequeña.
Si ella ahora es mi mujer o no es algo que no importa, lo habría
matado aunque Rory jamás hubiera estado conmigo como mujer.
Ahora que Brandon ha huido tengo que torturar a su padre hasta que
me diga dónde está. No le dije a mi hija que se había escapado,
quiero que esté tranquila y a salvo en casa, ya ha tenido suficiente
estrés por su maldita culpa. Cuando vi las marcas en su cuello deseé
tenerlo en mi poder para hacer cosas mucho peores de las que él le
ha hecho a mi pequeña.
Miro la hora en el reloj de mi muñeca, son casi las seis de la
madrugada. Dejé a Rory durmiendo en mi cama, ahora nuestra,
después de follarla. Se quedó dormida de inmediato, así que,
aproveché y vine al almacén, tenía que despejar mi mente de
Brandon, he estado trabajando en las entregas a Matvey para
mañana y algunos asuntos más. Como el traspaso de las acciones del
bufete de la familia de Brandon, voy a cedérselas a Darragh y a Cara,
así serán socios del bufete de abogados en el que trabajan. Adam
Walsh ha llamado para protestar, pero no tiene ni voz ni voto en esto,
ellos merecen esas acciones más que nadie, son quienes más han
trabajado en ese puto bufete.
Le doy un rodillazo en la cara al padre de Brandon, el tabique de su
nariz cruje con el contacto de mi rodilla. Le hago un gesto al médico
para que se encargue de curarle todos los golpes que le he dado. Cara
toma mi mano, tengo los nudillos llenos de sangre y no es de la
sangre del padre de Brandon.
-Deja que te cure- me dice- Si mi bebé te ve aparecer así vendrá a
acabar lo que has empezado.
Mi boca se curva por un lado, Darragh y ella siempre llaman a
Rory su bebé. Cara y Darragh llevan algunos años casados y toda la
vida juntos, los conocí en el colegio y no nos hemos separado desde
entonces, siempre supe que estos dos acabarían juntos. Tomo a Cara
por la barbilla con mis dedos, sus ojos verdes me observan con tanto
amor como lo hacía mi hermana Aíne.
-Me curaré en casa, Cara.
Niega con la cabeza.
-Cara- advierto- ¿Cuándo vas a contarme por qué estás aquí y no
en casa con tu esposo?
Pone los ojos en blanco a la vez que se separa de mí.
-Estoy enfadada con él- admite.
-¿Qué ha hecho?
-Intentar dejarme embarazada.
Se me escapa una carcajada, Darragh lleva meses detrás de ella
intentando convencerla de tener un bebé, Cara tiene miedo, su
propia madre no fue buena con ella y, por alguna razón, cree que será
igual. Ni Darragh ni yo creemos tal cosa, Cara es paciente y amorosa
con Cillian y con Rory, será aún mejor con sus propios hijos.
-Ven aquí, Cara.
Inclina la cabeza a un lado sin moverse del sitio.
-Cara, ven. Tengo algo muy importante que decirte.
-Sé lo que me vas a decir, Eamon.
-No lo sabes.
-Sí. Me dirás que voy a ser una gran madre porque amo a Cillian y
a Rory, pero es diferente.
-No lo es. Cara, escúchame atentamente, no hay en el mundo una
mujer más capaz que tú. Vas a ser la mejor madre del mundo.
-¿Más que Rory?- me pregunta con burla.
-Sabes que sí. Esa salvaje tendrá a sus hijos escalando los árboles
del castillo en cuanto aprendan a andar.
Cara se ríe, aunque sabe que es cierto. Rory lleva subiéndose a los
árboles del castillo desde que dio el primer paso, teníamos que tener
mil ojos sobre ella porque cuando nos descuidábamos un segundo
salía corriendo hacia uno de los árboles y se subía. A veces tenía que
ir a por ella y ya hace mucho tiempo que no se me da bien eso de
escalar.
-¿De verdad crees que seré una buena madre?- me pregunta Cara.
-Si no lo creyera no te lo diría. Darragh y tú seréis unos padres
increíbles.
Cara sonríe, retuerce sus manos.
-A veces sueño con un bebé- confiesa- Se parece mucho a Darragh,
con el pelo negro como el azabache, pero tiene mis ojos y ahí acaban
todas sus similitudes conmigo, por lo demás es una copia exacta de
él.
-Me gustaría ver eso, Cara. Quiero ser el tío Eamon.
-Creo que es hora de ir a casa y hacer un bebé con mi esposo.
La atraigo a mí, rodeando su pequeño cuerpo con mis brazos,
acaricio con mi mano su pelo castaño. Cara es una de las mujeres
más hermosas que he conocido, es pequeña de estatura, pero podría
tumbarte con un solo puñetazo. Darragh la enseñó a defenderse en
caso de que él no estuviera presente.
-Os voy a entregar a Darragh y a ti las acciones de la familia de
Brandon- le confieso.
Se separa de mí abruptamente.
-¿Qué?- me pregunta confusa.
Acuno su cara entre mis manos.
-Habéis trabajado mucho en el bufete, merecéis esas acciones.
Además, no voy a aceptar un no por respuesta.
-Gracias, Eamon. Te quiero mucho.
Se pone de puntillas para darme un beso en la mejilla.
-Vamos, vete, tienes un sobrino que darme- la apuro.
Se marcha riéndose.
-Cormac, ordena que alguien cuide de esta basura hasta que yo
regrese.
Asiente con la cabeza. Salgo de la habitación y me dirijo a mi
coche, quiero llegar a casa antes de que mi pequeña se despierte. Hoy
tengo que llevarla a clases, tiene que recuperar las dos semanas que
ha estado de vacaciones. Anoche protestó un poco y argumentó que
no necesitaba los estudios para ser la jefa cuando yo me jubile, a mi
padre le pareció muy gracioso, no dejó de reírse de mí y llamarme
viejo hasta que le señalé que él era más viejo que yo, casi me mata allí
mismo.
Tengo tanta tensión en la espalda, pero ver a mi pequeña
durmiendo en mi cama me quita todos los males. Cuando Michelle
me esperaba en esa misma cama no sentía lo que estoy sintiendo
ahora mientras me meto bajo las mantas con Rory. Algunas veces ni
siquiera tenía deseos de llegar a casa porque sabía que Michelle
estaba esperándome, otras veces iba directo a la habitación de mi
hija a dormir con ella. Nunca soporté la presencia de Michelle, pero
tenía que aguantar porque las cosas que sentía por Rory me estaban
consumiendo, hasta que terminaron por consumirme. Y es por eso
que ahora me encuentro en este momento, con ella pegándose a mi
cuerpo buscando mi calor. Meto una mano entre sus piernas, sonrío
cuando noto mi semen seco entre ellas, es tan depravada como yo y
le encanta que me corra dentro de su estrechez. Aprieto con suavidad
su trasero, creo que se ha dado cuenta de que me gusta mucho hacer
eso, es tan mullido y me cabe por completo en la mano. Deslizo mi
dedo índice por toda su raja hasta el fruncido agujero de su trasero,
algún día entraré aquí y me habré llevado su inocencia por completo.
Le doy un beso en los labios, su boca es algo que me vuelve loco, no
importa si es con un beso o con mi polla metida dentro de ella. Sus
ojos se abren y se cierran varias veces.
-Papi- murmura sonriendo- ¿Me estabas manoseando?
-Sí, no puedo evitarlo, mo ghrá.
-Te doy permiso para que uses mi cuerpo cuando quieras, aunque
esté dormida.
Mi pecho vibra por la risa.
-Mi mujer es una pervertida. ¿Quieres que papi te folle mientras
duermes?
Me muerde uno de mis pectorales con suavidad.
-Pequeña, no hagas esas cosas- gruño.
Hace lo mismo en el otro, esta vez más fuerte. Su mano desciende
por mi abdomen, agarra mi dura polla y mueve su mano arriba y
abajo, subo su pierna a mi cadera, dejando su coño pegado a la
cabeza de mi polla.
-Métetela, Rory- ordeno.
Ella me obedece mientras vuelve a cerrar los ojos, pego su cuerpo
más al mío, sus pechos se aplastan en el mío. Empiezo a mover mis
caderas, en tanto, ella se finge que se vuelve a quedar dormida. Se me
escapa un profundo jadeo, beso su cuello y su hombro. Bajo una
mano a su trasero, rozo con mis dedos mi longitud entrando en ella.
-Mierda- gimo- Papi se está follando a su niña mientras ella
duerme.
Se ríe bajito, como si pudiera ocultarme que se está haciendo la
dormida. Me confesó que la primera vez que lo hicimos conscientes
no estaba dormida de verdad, sólo fingía hacerlo. Pero ahora me ha
dado permiso para follármela de verdad mientras duerme, por
alguna enferma razón eso me pone muy duro. Ella también puede
hacer conmigo lo que quiera cuando esté dormido.
-Si el abuelo entra y me ve haciendo esto me matará- gruño
penetrándola más fuerte- Tengo que correrme dentro para no dejar
ninguna evidencia.
Me clava las uñas en la espalda, su coño aprieta tan fuerte mi polla
que no puedo evitar correrme. Me tumbo mirando hacia el techo y
empiezo a reírme a carcajadas, mi hija abre los ojos y me mira
sonriendo.
-Te has corrido muy rápido, papi- se burla.
-¿Y qué querías que hicieras? Me has apretado mucho la polla.
Se muerde el labio inferior.
-Es que me has hecho tener un orgasmo muy fuerte- confiesa.
-Rory, estamos enfermos, esta estúpida fantasía de fingir que
duermes...- respiro hondo.
-Papi, no me importa lo enfermos que estemos, me gusta como
somos. Ya no soportaba estar separa de ti por más tiempo, no tenía
suficiente con ser sólo tu hija.
-Lo sé, mo ghrá.
Froto mi pecho por encima de mi corazón con mi mano. Rory
levanta la cabeza y me mira con el ceño fruncido.
-¿Qué te pasa?- me pregunta.
-No es nada, pequeña. Duérmete, te he despertado.
-Papi, ¿te duele el corazón?
Acaricio su mejilla con mi pulgar. No puedo decirle que siento
estos dolores porque aún no me perdona por las cosas que le dije,
aunque estemos mejor entre nosotros, sigue dolida por aquellas
palabras y lo entiendo. Pero mi cuerpo no y se manifiesta con estos
calambres en la zona del corazón.
-Estoy bien, te lo prometo- le aseguro.
-No me estás mintiendo. ¿Verdad?
-Confía en mí.
Si le digo la verdad se sentirá mal y me perdonará para que no
sienta estos dolores, quiero que me perdone cuando esté lista para
hacerlo.
-Está bien- contesta en un hilo de voz.
-Mo ghrá, te amo.
Su boca se curva levemente por un lado.
-Yo también, Eamon.
-A veces papi y a veces Eamon, aunque esto sea una locura adoro
ser dos personas para ti, Rory.
Apoya su cabeza en mi pecho mientras acaricio su costado con las
yemas de mis dedos.
-¿Cómo tengo que llamarte cuando tengamos un bebé?- me
pregunta.
-Como tú quieras y te sientas más cómoda. No vamos a ocultarle a
nuestros hijos la verdad de nuestra naturaleza, cuando sean lo
suficientemente mayores para entenderlo les explicaremos que
naciste como mi hija y que el tiempo y las circunstancias
expandieron nuestro amor.
-¿Expandir?
-Sí porque no han cambiado, te sigo amando como a mi hija y te
amo como a mi mujer.
-Yo también te amo a ti de las dos formas, papi. ¿Cuánto queda
para que esa ley se cambie?
El mismo día que regresamos a Irlanda me reuní con el presidente,
por suerte o por casualidad, lo que sea, estaba bastante interesado en
cambiar esta ley. En unos meses será legal el matrimonio entre
familiares de cualquier grado. Nos explicó que las élites del país
llevaban años detrás de este cambio, algunos creen que la pureza de
su sangre debe quedar entre familia. A mí no me importa eso, quiero
a Rory como mi esposa legalmente, quiero que todos sepan que está
ocupada y que ella es mía.
-Un mes- le digo.
-¿En un mes?- me pregunta.
-No, en un mes tendrás tu anillo de Claddagh, es el tiempo que me
dio el orfebre. Es un anillo muy especial, llevará la gema más valiosa
del mundo, de una de nuestras minas en Brasil.
-¿Esa tan rara que encontraron hace tantos años?
-Sí, la he estado guardando para ti, iba a darte un anillo cuando
fueras adulta y te casaras. Ahora te lo daré para que seas mi
prometida. Tu abuelo hizo un anillo con un pedazo de esa esmeralda
para tu tía Aíne, nunca pudo dárselo. Será para la primera hija de
Cillian.
-¿La extrañas mucho?
-Sí, cada día.
-A veces escucho al abuelo llorar.
Mi corazón se aprieta, mi padre sufrió mucho su pérdida, Aíne era
la luz de sus ojos. Lo que le pasó nunca se borrará de nuestras
memorias, al igual que su recuerdo.
-Cillian lo abraza cuando lo ve así, lo calma- me explica mi hija.
-Tu primo es lo único que le queda de ella, mo ghrá.
-Se adoran, papi.
-Lo sé.
Le doy un beso en la frente a mi hija. Su respiración se estabiliza
lentamente mientras se va quedando dormida, esta vez de verdad.
Tomo mi móvil de la mesita de noche, busco la foto de mi hermana,
la que veo cada vez que me acuerdo de ella. Observo sus ojos azules y
su pelo rubio, como el de nuestra madre, como lo tiene Cillian. No
merecía nada de lo que le pasó. Me deslizo a la siguiente foto, es del
día que murió, tiene a Cillian recién nacido a su lado, mi padre los
mira llorando, para ese momento, Aíne ya nos había dejado. Nunca
le mostré esta foto a mi padre, no conoce de su existencia, sólo le
devolvería los recuerdos de ese día. La siguiente foto es de Cillian en
su primer cumpleaños, mi pequeño tesoro sonríe como lo hacía ella.
Me levanto con cuidado de la cama para no despertar a mi pequeña,
me visto con unos pantalones cortos de chándal, salgo de la
habitación y camino por los pasillos del castillo. Cuando llego a mi
destino, abro la puerta con cuidado, entro y cierro. Me tumbo detrás
de mi sobrino y lo abrazo con fuerza.
-¿Tío Eamon?
-Sigue durmiendo, mo stór.
-¿Estás bien?
-Sí, sólo necesitaba abrazarte.
-Está bien, que descanses. Te amo.
Le doy un beso en la nuca, no es extraño que haga esto con él. Lo
llevo haciendo desde que es pequeño, necesito a mi sobrino tanto
como a mi padre y a mi hija. Son mi gran debilidad y es algo por lo
que siempre estoy alerta. Si alguien se atreve a tocar a alguno de ellos
terminará en una fosa común cerca de los acantilados al norte del
país.
Doce
Rory
-¿Vamos a tener algún problema con ese italiano?- pregunta mi
primo a mi padre.
-No, mo stór. No lo creo.
-El tío Darragh parecía preocupado.
Pincho con fuerza un trozo de filete. No me gusta que mi familia se
sienta amenazada y ese italiano parece peligroso. Mi padre y mi tío
llevan escuchando historias de él desde hace años, pero ahora parece
más desatado que nunca. Soy la única que no se siente amenazada
por él, de hecho, me intriga mucho, quiero conocerlo en persona.
Escuché la conversación entre mi padre y mi tío, hablaban de él
como si fuera un psicópata y un sádico, no he conocido a nadie que
se parezca a mí y él podría serlo.
-Quiero conocerlo- manifiesto.
Todas las miradas se posan sobre mí, los ojos curiosos de mi padre,
mi abuelo y mi primo me observan expectantes, esperan una
explicación de mi parte.
-Rory, él no es como tú.
Me encojo de hombros ante las palabras de mi padre.
-Es interesante, papi. Quiero conocerlo.
-No- sentencia mi abuelo- Es peligroso.
-Yo también, abuelo.
-He dicho que no y es la última palabra sobre este tema, no vas a
acercarte a él.
-Ya veremos- murmuro en voz baja.
Encontraré la forma de acercarme a él y hacerle las mil preguntas
que corren por mi cabeza, necesito saber qué tiene él y si es parecido
a lo que yo tengo. No puedo quedarme con estas dudas.
Mi padre pone su mano sobre la mía, deteniendo el movimiento de
mi tenedor.
-Puedo oír tus pensamientos, mo ghrá. No vas a conocerlo nunca.
Levanto una ceja. ¿Me está retando? Sonrío y asiento, voy a
dejarles creer que han ganado, aunque en realidad ya sé lo que voy a
hacer y mi primo va a ayudarme. Desvío la mirada hacia él, niega con
la cabeza. ¿De repente todos pueden predecir mi próximo
movimiento? Sea como sea, me saldré con la mía.
Ahora que todos se han ido a hacer sus cosas, puedo aprovechar
para ir al despacho de mi padre y buscar toda la información de ese
italiano. Me ha intrigado mucho, quiero saber más, espero que en
esos informes haya más cosas sobre él. Entro en el despacho y cierro
la puerta con seguro. Me siento en la silla de cuero de mi padre, antes
de poder darle al botón para encender su ordenador mi móvil suena,
lo saco del bolsillo de mi vestido. Frunzo el ceño al ver el nombre de
mi padre, deslizo el dedo en la pantalla y lo pongo en altavoz.
-Mo ghrá- suspira.
Le doy al botón de encendido del ordenador, no sucede nada, como
si no tuviera corriente.
-No va a encenderse.
-¿Qué?- pregunto confundida.
Le vuelvo a dar al botón varias veces, sigue sin encender.
-Rory, déjalo.
-Espera... ¿Cómo sabes dónde estoy y qué estoy haciendo?
Mi padre se ríe, está en el otro lado del castillo arreglando unos
asuntos con mi primo, pronto será su vigésimo segundo cumpleaños
y quiere hacer una fiesta en el ala norte.
-Pequeña, siempre tengo ojos sobre ti. Te conozco mejor de lo que
crees, sabía que estabas escuchando mi conversación con tu tío y
también sabía que no podrías controlar tu curiosidad por Ares
Romano. Ordené instalar un sistema avanzado de seguridad en el
despacho, cuando yo no esté ahí, el ordenador no funcionará.
Gruño frustrada, no me gustan estas cosas y odio la maldita
tecnología.
-Ven aquí con Cici y conmigo, quiere preguntarte algo sobre la
decoración para su cumpleaños.
Me niego a ir y a hablar con mi padre, me vigila constantemente.
¿Cómo? Tengo que averiguarlo, conozco todas las cámaras de
seguridad, debe haber algo más que no me ha contado.
-Mo ghrá, ven aquí ahora mismo porque si voy yo te traeré a
rastras si es necesario.
Aprieto la mandíbula mientras dejo que un gruñido gutural salga
de mí.
-Se acabó.
Cuelga la llamada. Mi corazón empieza a latir fuerte a la vez que mi
boca se curva por un lado. Me levanto de un salto y salgo corriendo,
casi puedo oír su voz por los pasillos del castillo. El constante
tamborileo de mi corazón empieza a oírse en mis oídos, me está
llamando, me siento como si fuese su presa. Hace años que no
jugamos a esto, de pequeña me encantaba correr y que él me
persiguiera, aunque ahora se siente diferente. Como si cuando
lograse atraparme fuese a recibir un castigo de los que me gustan. De
repente, me choco contra un cuerpo, ambas caemos al suelo.
-¡Eres estúpida!- grita Michelle.
Intento abalanzarme hacia ella, odio su voz histérica, pero el brazo
de Cormac alrededor de mi cintura me impide agarrarla por la
garganta, aunque no me impide agarrar un mechón de su pelo.
Michelle me grita para que la suelte, es algo que no tengo pensado
hacer.
-¡Señor Eamon!- grita Cormac.
-¡Suéltame, salvaje!- la voz chillona de Michelle me hace sonreír.
-¡Rory!
Mis manos caen en el aire, soltando el pelo de Michelle, al oír la
voz de mi abuelo. Cormac me libera de su brazo mientras mi abuelo
ayuda a Michelle a levantarse del suelo. Mi abuelo me mira.
-¿Qué ha pasado?- pregunta mi abuelo.
-Esta salvaje se ha abalanzado sobre mí- contesta Michelle.
Mi abuelo le aprieta el brazo, provocando que ella haga un gesto de
dolor.
-Trata a mi nieta con respeto, Michelle- espeta.
-¿Qué está pasando aquí?
Agacho la cabeza ante la voz de mi padre, estoy segura de que
también va a regañarme por haber agarrado del pelo a Michelle, pero
es que no soporto verla u oírla.
-Tu hija se ha chocado conmigo y me ha tirado del pelo- me acusa
Michelle.
-Rory, mírame, mo ghrá- me pide mi padre.
Levanto la vista, obedeciendo su orden.
-¿Por qué has hecho algo así?- me pregunta.
-Porque la odio, papi.
Me toma por los brazos y me atrae a su cuerpo en un abrazo, rodeo
su cintura con mis brazos.
-¿De verdad no vas a regañarla por lo que ha hecho?- protesta
Michelle.
-No, no tengo por qué regañar a mi pequeña.
-Eres increíble Eamon.
-¿Qué estás haciendo en mi casa, Michelle?- le pregunta.
-Tengo que hablar a solas contigo.
-¿Sobre qué?
-Es un asunto personal, de los dos.
Aprieto mis brazos alrededor de la cintura de mi padre, no quiero
que esté a solas con ella y mucho menos para hablar de ellos dos. No
es que no confíe en mi padre, sé que no me engañaría con ella ni con
nadie, es que no me fío de Michelle, podría hacer cualquier cosa para
salirse con la suya. Mi padre frota mi espalda con sus manos.
-Podemos hablar, pero tanto mi padre como mi pequeña estarán
presentes- argumenta mi padre.
-No, lo que tengo que hablar contigo es algo entre nosotros, no
existen terceras personas en esto.
-Ya he hablado, Michelle, no es una opción para ti que nos
quedemos a solas. Aceptas o te largas de mi casa.
Ella acepta a regañadientes, mi padre me toma de la cintura pese a
las protestas en voz baja de Michelle. Puede ir acostumbrándose a
esto, pronto saldremos a la luz y todos en este país se enterarán que
mi padre y yo nos vamos a casar. La puerta del despacho de mi padre
se queda abierta, Michelle se sienta el sofá de cuero negro, mi abuelo
a su lado y mi padre en su sillón individual, tira de mi muñeca para
que me siente en su regazo. Casi puedo ver los dardos que Michelle
me dispara con los ojos.
-¿De qué quieres hablar? Que sea rápido, tengo asuntos más
importantes que atender- la apura mi padre.
Michelle se frota la frente con las manos, parece nerviosa, aunque
creo que es motivo de la presencia de mi abuelo y mía.
-La noche que te vi en el pub con esa mujer, quería hablarte de
nuestra relación- comienza.
Mi cuerpo se tensa al escuchar eso, no quiero imaginarme a mi
padre con otra mujer, no me importa si eso fue antes de que
aceptásemos nuestros sentimientos por el otro.
-No hay ninguna relación, Michelle, te dejé hace casi un año-
aclara mi padre.
-Y es ese el problema, no deberíamos haber roto. Estábamos bien
juntos.
Mi abuelo carraspea una risa. No estaban bien juntos, siempre
discutían o estaban separados.
-No es gracioso, Garrett- regaña a mi abuelo.
-No te atrevas a hablarle a mi abuelo en ese tono- gruño-
Respétalo, bruja.
-Cállate, no tienes ni voz ni voto en este asunto, estás aquí de
oyente- espeta Michelle.
-Mi pequeña puede dar su opinión siempre que quiera, estás en su
casa, eres tú quien debe callar si ella te lo ordena- me defiende mi
padre- Ahora, si lo único que tienes que hablar es sobre lo que hubo
una vez entre nosotros, puedes irte de mi casa.
-Eamon, entra en razón- insiste Michelle- Soy la mujer adecuada
para ti, te amo y somos la pareja que todo el mundo espera.
-Todo el mundo- me rio- ¿Quién es todo el mundo, Michelle?
-La alta sociedad irlandesa, esa que no te quiere ver ni en pintura,
salvaje.
Mi padre aprieta sus puños.
-A mi papi, a mi abuelo y a mi primo les gusto así de salvaje, son
las únicas opiniones que me importan, bruja. No necesito tener el
beneplácito de la alta sociedad, de hecho, ellos están por debajo de
mí. Sólo con chasquear los dedos podría hacer desaparecer una
familia entera, extinguir un apellido, como Walsh, suena feo.
¿Verdad abuelo?
-Muy feo, calabacita- me apoya.
-Deja de amenazar a mi familia, niña- me regaña Michelle.
-No es una amenaza, bruja. Es una advertencia de lo que os
sucederá si sigues insistiendo en regresar con mi padre. Créeme,
sabrás cuando te esté amenazando.
Michelle sonríe de forma hipócrita.
-Tienes unas bonitas marcas en tu cuello- señala.
-Largo de mi casa. ¡Ahora!- ruge mi padre.
Ella levanta la barbilla en señal de desafío, mi padre me levanta de
su regazo y me echa a un lado para ponerse en pie, agarra a Michelle
por encima del codo y la lleva fuera del despacho. Mi abuelo y yo los
seguimos de cerca, la bruja no deja de quejarse de que mi padre le
está haciendo daño. Nada de ese daño será comparado con el que voy
a hacerle si no deja a mi padre en paz, no voy a permitir que vuelva a
irrumpir en su vida y la haga pedazos. La empuja hacia la puerta de
salida, Michelle tropieza y cae a los pies de Cormac.
-Asegúrate de que se sube a su puto coche y se marcha de mis
tierras- le ordena mi padre a Cormac.
-Entendido, señor.
Michelle golpea a Cormac en la cara con su mano.
-¡Suéltame, bruto!- le grita.
-Cormac- lo llamo- Espera.
Mi abuelo intenta detenerme, pero me suelto de su agarre en mi
brazo. Tengo que hacer esto, ella no puede venir a mi casa y golpear a
los empleados. Acerco mi cara a la de Michelle.
-Empieza tu cuenta atrás, bruja, pronto estarás cenando con los
peces. Esto sí es una amenaza.
-¿Quién te crees que eres para amenazarme?
-Soy la hija de Eamon Kavanagh, el jefe de la mafia irlandesa. No
tienes ni idea de lo peligrosa que puedo llegar a ser. Duerme con un
ojo abierto, Michelle, el reloj está en marcha.
De pronto, eleva su brazo y golpea mi cara, me desplomo en el
suelo por la sorpresa del golpe. El lazo que tenía atando mi trenza
cae de mi pelo, mi respiración empieza a agitarse mientras escucho a
mi padre y a mi abuelo gritar a Michelle, cuando desvío mi mirada
del lazo a ella, ya no está. Mi padre me está hablando, aunque no
escucho ninguna de las palabras que salen de su boca. Parpadeo
varias veces de forma lenta, nunca me había tocado, Michelle jamás
se atrevió a hacerlo. Tomo el lazo del suelo y me pongo en pie, mi
cabello cae a un lado por encima de mi hombro, la trenza se ha
deshecho. Me doy la vuelta, dando la espalda a los demás, mi mente
ha vuelto a desconectarse del mundo que me rodea. Ahora más que
nunca debo encontrarme con ese italiano, él podría ayudarme a
controlar esto. Debe haber alguna forma de hacerlo, no puedo dejar
que el caos gane siempre, el mundo acabará en ruinas si dejo que eso
suceda.
Trece
Eamon
Llevo más de quince minutos esperando a Mat, llega tarde otra vez.
Estoy empezando a cansarme de su impuntualidad. Aunque estoy
deseando conocer su excusa de hoy. Me froto la cara con las manos
mientras suspiro, estoy algo agotado. Rory se ha enfermado y no ha
pasado una buena noche, ha tenido fiebre y tos. El médico tuvo que
venir de madrugada para atenderla, no había mucho que pudiera
hacer, la gripe se irá con los antibióticos y el paso de los días.
-¿Mi bebé está bien?- me pregunta Cara.
Niego con la cabeza.
-Cómprale un difusor y aceite de eucalipto, la ayudará con la tos-
me dice.
Le envío un mensaje a Cillian para que compre todo eso. Mat entra
por la puerta cuando termino de enviar el mensaje, levanta las
manos en señal de rendición.
-No ha sido mi culpa- se excusa- Vasil tenía una urgencia.
Darragh y Cara se ríen, es la misma excusa que me pone siempre.
Lo miro de arriba a abajo, mi amigo sonríe con picardía, ni siquiera
puedo enfadarme con él. Durante toda la reunión pienso en mi
pequeña, no me gusta haberla dejado enferma en casa, aunque sé
que mi padre, Cillian y Orla la cuidarán bien, quiero estar con ella.
No he podido excusarme de esta reunión, era muy importante, en
cuanto acabe me iré a casa con ella y trabajaré desde allí. Del resto
pueden encargarse Darragh y Cara.
Mat nos comenta sus avances en contra de la Bratva, quiere actuar
ya, por más que le digo que aún no puede, no entra en razón. Está
obcecado y eso no es bueno para nosotros, no tenemos suficientes
soldados para acabar con Gavril Vólkov. Los italianos con los que ha
intentado aliarse no quieren saber nada, mi contacto en España está
de nuestro lado y Ren me dijo desde el principio que está dentro, no
le gustan los negocios que su padre está intentando firmar con Gavril
y no quiere una unión entre Japón y Rusia, no de esa forma, su
abuelo está de acuerdo con él. La Bratva ha estado dando problemas
a más de una mafia, y, aun así, ninguno quiere ensuciarse las manos
para destruirlos, son unos malditos cobardes.
El teléfono de mi oficina suena desesperadamente vez tras vez, es
ella, Michelle sigue insistiendo en quedar a solas conmigo después de
lo que ocurrió en mi casa hace dos días. Si no está muerta ya fue por
las súplicas de su padre, Adam es un buen socio, aunque no fue por
eso por lo que no maté a su hija, sino porque Rory me lo pidió. Estoy
seguro de que quiere hacerle algo y no voy a interponerme en su
camino, dejaré que mi pequeña haga con esa bruja lo que quiera.
-Por el amor de Dios- protesta Cara tomando el teléfono.
Le grita a Michelle varios insultos antes de colgar y desconectar el
cable del teléfono de la pared dando un fuerte tirón, creo que lo ha
roto. Cara regresa a su asiento junto a Darragh, protesta algo más,
nunca le gustó Michelle, debería haberle hecho caso cuando me
aconsejó no dejarla entrar en mi vida.
Después de que Mat se fuera de regreso a Rusia, voy a comprobar
algunas cosas al bufete de abogados, hay algo azotando mi nuca y no
sé por qué. Mi instinto nunca me ha fallado, pocas veces lo he
ignorado, una de esas veces fue con Michelle. Y una reunión de
última hora no es algo que debo pasar por alto. En cuanto entro en el
lugar, la mayoría de los empleados se echan a un lado, Cara me
cuenta las últimas novedades de este sitio. Darragh y ella se encargan
de dirigirlo junto a Adam. Me siento a la cabeza de la mesa de la sala
de juntas, Adam no tarda en entrar y observarme con confusión.
-Estás en su silla- susurra Cara en mi oído.
-Puedes tomar asiento, Adam, quiero acabar cuanto antes con esta
maldita reunión.
Adam se sienta a mi derecha, Cara y Darragh se sientan a mi
izquierda, Michelle entra y sonríe cuando me ve, se sienta junto a su
padre.
-¿Alguien va a contarme qué ocurre?- pregunto.
Sigo siendo el socio con mayor participación de acciones, de hecho,
me adueñé de este lugar gracias a una malversación de fondos de
Adam, si hoy en día es el mejor bufete de abogados del país es gracias
a mí y a mis contactos, así que me considero dueño de este lugar.
-El caso de la nueva ley ha sido desestimado por el Tribunal
Supremo- responde Adam.
Miro a Darragh, está tan confundido como yo.
-Eso no puede ser- protesta mi amigo- El presidente nos aseguró
que la ley estaría vigente en dos meses.
-El Tribunal ha dicho que no, son quienes tienen la última palabra-
responde Adam.
Michelle sonríe como una estúpida, quiero quitarle esa sonrisa de
una bofetada, no sé si sospecha algo o sólo le gusta ir en mi contra.
-Enviaré un recurso ahora mismo- nos dice Cara levantándose de
su silla.
La tomo por la mano para detenerla.
-Lo hemos intentado por la vía legal, ahora lo haremos a mi modo-
les informo.
Sus ojos están sobre mí.
-¿Por qué tienes tanto interés en esta ley?- me pregunta Adam.
-Porque tengo toda la intención del mundo en casarme con Rory y
darle el anillo de Claddagh.
El jadeo de sorpresa de Michelle me hace sonreír. Cara y Darragh
ya conocían esto, fueron los primeros en enterarse de que le había
comprado el anillo a mi pequeña. Adam me mira con el ceño
fruncido.
-¿Te vas a casar con tu propia hija?- me pregunta con asco.
-Así es. Ahora, si no os importa, tengo que hacerle una visita al
presidente de la junta del Tribunal.
Darragh se pone en pie.
-Será mejor que te acompañe- dice.
-Os vais a meter en un lío- murmura Cara.
Levanto su vista de la mesa tomándola por la barbilla con mis
dedos.
-Conozco bien a ese bastardo y sé por qué no ha admitido a trámite
la nueva ley. No te preocupes por nosotros, estaremos bien- la
tranquilizo.
-¿De qué conoces al presidente de la junta?- me pregunta.
Darragh se ríe sin mucho disimulo.
-Le robó a su novia en el instituto, fue después de que Rory
naciera- sus palabras salen en mitad de su risa.
-¿Es en serio?- pregunta Cara.
Michelle se levanta de su silla dando una palmada en la mesa. Me
giro hacia ella lentamente.
-No puedes estar hablando en serio- espeta mirándome.
-Es en serio, ese bastardo no supera que me follara a su novia en
cuarto año- respondo.
-¡No te hagas el gracioso conmigo!- grita.
Darragh suspira poniendo los ojos en blanco a la misma vez.
-Siempre estás gritando Michelle, deja de hacerlo, tu voz es
molesta- se burla Cara.
Michelle ignora a Cara, sigue mirándome fijamente.
-No puedes casarte con tu hija. ¿Quieres casarte? Pues aquí estoy
yo, soy la mujer que necesitas a tu lado. ¿Qué sabe Rory sobre la alta
sociedad irlandesa? Nunca la has llevado a ninguna de las galas que
celebran, no sabe comportarse en público.
-Michelle, querida, cállate- le aconseja Darragh- Es mejor que no
sigas por ese cami...
Mi amigo interrumpe sus palabras cuando me ve caminando hacia
Michelle, me pongo detrás de ella, echo su pelo a un lado y susurro
en su oído.
-Ten mucho cuidado con tus palabras, escógelas bien. Debes
agradecerle a mi pequeña salvaje que no estés muerta en este
momento. No se me va a olvidar nunca que la golpeaste.
-No puedes casarte con ella- incide- Hablarán de vosotros, es
asqueroso lo que vas a hacer.
-¿Crees que me importa la opinión de esa gente? Y aunque así
fuera, no tienes ni idea de lo que estás hablando. El presidente del
país admitió que muchos miembros de la alta sociedad llevaban
tiempo queriendo reformar esa ley. Hay más familias como nosotros,
bruja.
Michelle se gira abruptamente hacia mí en el poco espacio que
tiene entre mi cuerpo y la mesa.
-Mientes.
-No lo hago, Darragh estaba presente cuando lo dijo.
Michelle lo mira por encima de su hombro.
-Eamon dice la verdad, no es el único interesado en cambiar la ley-
me apoya mi amigo- Ahora, vámonos antes de que se nos haga más
tarde, esta noche tengo cosas muy importantes que hacer con mi
esposa.
Las mejillas de Cara se enrojecen, golpea en el muslo a su esposo.
Adam cierra la carpeta y se pone en pie.
-Si de algo sirve mi opinión, no estoy de acuerdo con esto. Darás
mala imagen al bufete- argumenta.
-Pues no, tu opinión no sirve de nada- le informo, miro a Michelle
a los ojos- Rory es mi futuro, es la única mujer que he amado y
amaré toda mi vida. Es la única que ha despertado en mí el deseo de
casarme. El anillo de Claddagh siempre estuvo destinado a ser para
ella.
Sus ojos escupen fuego, hay tanta ira acumulada dentro de su
pequeño cuerpo. Tomo un mechón de su pelo y le doy un suave tirón
mientras sonrío.
-¿De verdad pensabas que iba a casarme contigo alguna vez?- le
pregunto- Te usé para olvidarme de mi pequeña, no fui capaz, me
tiene tan atrapado.
-Sois unos enfermos, algún día vas a darte cuenta del error que
estás cometiendo.
-El único error que cometí fue meterte en mi cama, Michelle.
Ella sonríe.
-¿Qué tal lleva tu hijita que te la folles donde un día me follaste a
mí?- me pregunta con burla.
-No opina nada porque he cambiado el colchón y quemé las
sábanas- respondo.
La sonrisa de Michelle se esfuma.
-¿En serio pensaste que pondría su precioso cuerpo sobre una
superficie donde te haya tocado a ti?- le pregunto- Cambié el colchón
en cuanto te largaste de mi casa, bruja. Ni siquiera yo deseaba
dormir donde lo hiciste alguna vez. Me asqueas, me asquea recordar
que una vez te tuve en mi cama.
Adam carraspea.
-Te recuerdo que estás hablando de mi hija, Eamon. Ten más
respeto.
Mi mano viaja a su garganta a gran velocidad, aprieto con todas
mis fuerza, Adam me sujeta las manos en un intento de liberarse de
mi agarre. Tengo noticias para él, no lo voy a soltar.
-Suéltalo, animal. Lo vas a matar- me suplica Michelle.
-Parece que habéis olvidado quien manda aquí- les digo- Sigo
siendo el Jefe, Michelle ponte de rodillas o le rompo el cuello a tu
puto padre.
Su labio inferior tiembla por la ira, pero obedece y se pone de
rodillas. Saco mi móvil del bolsillo de mi pantalón, Adam sigue
forcejeando conmigo. Llamo a mi pequeña, en estos momentos
estará acostada en nuestra cama, aun así, necesito que escuche lo que
Michelle va a decir.
-Papi- contesta con la voz rasposa.
-Mo ghrá, siento molestarte, pero debes escuchar lo que la bruja
tiene que decirte.
Michelle levanta la cabeza con orgullo.
-Dile a mi pequeña que nunca serás como ella porque te supera por
muchos niveles, dile que te perdone la vida simplemente por respirar
el mismo aire que ella. Hazlo- gruño a la vez que levanto los pies de
Adam del suelo.
-Lo siento Rory.
-Lo sientes, ¿por qué, bruja?- le pregunta.
Mi boca se curva por un lado.
-Por respirar el mismo aire que tú y porque nunca voy a ser como
tú, eres mejor en todo.
Mi pequeña tose y se ríe al mismo tiempo.
-No estoy entendiendo nada, papi. Pero gracias, me has alegrado
el día.
-Te amo, pequeña, descansa y toma la medicación. Estaré en casa
algo más tarde de lo acordado, tengo asuntos que solucionar.
-No importa, Cici y el abuelo me cuidan bien.
-Te llevaré para cenar el pescado que tanto te gusta.
-Ahora tengo hambre- se queja riéndose- Nos vemos más tarde,
papi. Orla va a servirme caldo que ha preparado.
Cuelgo la llamada, suelto a Adam y lo dejo caer al suelo
semiinconsciente. Michelle gatea rápido hacia su padre.
-Eres un bruto, mira lo que le has hecho- solloza.
-Y eso no es nada comparado con lo que os haré a todos los Walsh
si no dejáis en paz a mi familia. No debéis olvidar quiénes somos, os
habéis tomado muchas libertades durante mucho tiempo. Eso se
acabó- sentencio- Darragh, nos vamos. Estoy deseando de visitar al
presidente de la junta del Tribunal.
Mi pistola me llama desde su funda, está deseando salir. He dejado
pasar demasiado tiempo, demasiada ausencia del Jefe de la mafia, se
terminó ese período de paz para los demás. Van a respetar a mi
familia como merece, comenzando por los Walsh, creyeron que
podían apoderarse de mí o alguna mierda similar. He cometido
tantos errores estos años, es momento de solventarlos.
-¿Cuándo es la próxima fiesta que dará la alta sociedad?- le
pregunto a Darragh.
-En dos meses, todos están invitados, incluidos los del Ard-Ordú.
Asiento con la cabeza. Todas las mafias inglesas estarán presentes,
así que, será en esa fiesta cuando presente a mi pequeña como mi
prometida, si ella también está de acuerdo, si no lo está la llevaré de
todos modos. Quiero que la conozcan de verdad y no sólo de oídas.
Rory nunca estuvo interesada en esas galas y fiestas. Esta vez tendrá
que ceder y acompañarme, Cillian y mi padre vendrán con nosotros.
Los Kavanagh al completo estaremos en esa fiesta.
Catorce
Rory
-Han visto a Brandon merodeando por la ciudad.
Araño la puerta, ese gilipollas sigue intentando entrar en Dublín.
Los hombres que Cormac envío han estado vigilando todas las
entradas, mi padre no ha querido enviar soldados a buscarlo, dice
que si Brandon se confía cometerá un error y lo atrapará. No es tan
inteligente, cometerá ese error muy pronto y estoy deseando que lo
haga, mi padre lo torturará hasta que lo mate. Quiero que Brandon
sufra por haber intentado ahorcarme, quiero que mi padre me
vengue.
Me separo de la puerta cuando Cormac y mi padre comienzan a
hablar de cosas de la seguridad de la casa y el almacén, eso no me
interesa. Doy un salto cuando escucho el estruendoso sonido de la
música, mi primo está probando los nuevos altavoces que el abuelo le
ha comprado para su fiesta de esta noche. Voy hacia la sala de fiestas
en el lado norte del castillo, mi primo y mi abuelo están bailando de
una forma muy extraña, definitivamente, no han nacido para ser
bailarines. Me apoyo en una pared para observarlos, están metidos
en su propia burbuja bailando y riéndose. El abuelo levanta los
brazos y los mueve de un lado a otro, parece una palmera en un día
de mucho viento. Mi pecho empieza a vibrar por la risa, es muy malo
bailando, me cubro la boca con las manos para no reírme fuerte y
que noten que estoy aquí. Cici saca culo y mueve las caderas, sus
golpes son demasiado bruscos, niego con la cabeza sonriendo. Los
ojos de mi primo se posan sobre mí, se acerca corriendo y me echa
sobre su hombro.
-¡Cici!- chillo riéndome.
Me lanza por los aires a los brazos del abuelo, odio ser tan pequeña
para ellos, incluso mi primo, que es más menudo que mi abuelo y mi
padre, sigue siendo demasiado grande para mí. Mi abuelo me acuna
en sus brazos y nos hace girar. Mi risa sale con tos, aún estoy algo
convaleciente de la gripe, mi abuelo se detiene y aparta el pelo suelto
de mi cara.
-¿Estás bien, calabacita?
-Sí, no es nada. Pero creo que debo parar, este baile no es para mí.
Me da un beso en la frente y me deja bajarme de sus brazos. Mi
primo pone su mano en mi espalda.
-¿Segura que estás bien?- me pregunta.
-Sí, en serio.
-Ve a tomarte el jarabe para la tos, calabacita.
-Puedo cancelar la fiesta, Ro.
Niego con la cabeza.
-Ni lo intentes, no vas a cancelar tu fiesta de cumpleaños por mi
culpa. Se me pasará con el jarabe y estaré lista para la fiesta.
Dejo a mi primo y a mi abuelo en la sala, cuando entro en la
cocina, Orla me extiende el jarabe ya preparado en el pequeño vasito.
Inclino la cabeza a un lado mirándola.
-¿Tan predecible soy para ti?- le pregunto.
Sonríe con dulzura.
-No mi niña, no eres para nada predecible.
-¿Y cómo has sabido que venía a tomarme el jarabe para la tos?
Mira a Niam, que tiene las mejillas sonrojadas. Es su nieto, lleva
trabajando aquí en el castillo desde que tiene veinte años, eso fue
hace tres años. Niam ayuda a Amber a limpiar la casa y, a veces,
ayuda la jardinero.
-¿Y tú cómo lo sabías?- le pregunto fingiendo sospecha.
-Pasaba por delante de la sala de fiestas y la escuché toser, señorita
Rory- contesta con mucha timidez.
Niam siempre ha sido muy tímido con mi familia, por más que mi
abuelo le ha explicado que no debe vernos como gente de otra clase
no parece, o no quiere, entenderlo. En mi familia no discriminamos a
nuestros empleados sólo por serlos, muchos de ellos son
considerados como parte de nuestra familia, ya que llevan muchos
años trabajando aquí en el castillo. Como es el caso de Orla, Cormac
o Sean, el jardinero.
-Gracias, Niam.
Me tomo el jarabe de un trago, está asqueroso, pero me ayuda con
la tos. El médico me avisó que es lo que más tardaría en irse, mis
pulmones han sufrido mucho con la gripe. El sonido de un
relámpago retumba en todo el castillo, mi boca se curva hacia arriba
y antes de poder salir corriendo hacia el jardín, Orla me sujeta por la
cintura con sus brazos.
-Niam, ve a avisar al señor Eamon- le ordena a su nieto.
-Sí, abuela.
-Orla- me quejo sollozando.
-No te van a servir las lágrimas esta vez. Has estado dos semanas
enferma con gripe. Si sales a correr bajo la lluvia volverás a enfermar.
Pongo los ojos en blanco, la gripe no se coge por mojarse bajo la
lluvia o correr descalza por el césped, es un maldito virus y alguien
me lo contagió. Me libero del agarre de Orla en un descuido y salgo
corriendo, sus incesantes gritos dejan de oírse cuando salgo al jardín.
Las primeras gotas de lluvia caen sobre mi rostro, huele a agua, a
césped mojado. Huele a papá. La lluvia se intensifica en pocos
segundos.
-¡Estás malditamente loca!
Miro hacia atrás, mi padre sale de la casa echo una furia, no puedo
evitar sonreír. Recojo la falda de mi vestido en mis manos mientras
me quito mis bailarinas de los pies.
-¡Rory no te atrevas!- me advierte mi padre.
-Te amo, papi.
Salgo corriendo descalza por el jardín, mi padre me sigue de cerca,
me atrapará, siempre lo hace. Sus piernas son mucho más largas que
las mías y, aunque, soy más delgada que él, no soy más veloz. Está
acostumbrado a correr, hace mucho ejercicio, mi capacidad
pulmonar es la misma que la de un vaso de shot. Uno de sus brazos
me rodea por la cintura cuando llego al enorme roble de 300 años de
nuestro jardín, me agarro fuerte a su tronco.
-Rory, suelta el árbol y vamos dentro.
-No quiero, papi. Me gusta estar bajo la lluvia.
-Vas a volver a enfermar. ¿Es lo que quieres?
-Por favor, sólo será un rato.
-Mo ghrá, vamos dentro, necesitas un baño de agua caliente.
Suelto el tronco del árbol ante la voz suplicante de mi padre, dejo
que me lleve a nuestra habitación y prepare la bañera mientras me
desnudo.
-Rory, no puedes hacer eso cuando sigues medicándote para la tos-
me regaña.
-Quería sentir la lluvia.
-¿Por qué tanta obsesión la maldita lluvia? Tienes la misma
obsesión que con los laz...
Mis mejillas arden por la vergüenza, la razón de mi obsesión con la
lluvia y los lazos tienen un mismo origen, mi padre. El día que perdí
mi virginidad con él estaba lloviendo a cántaros, él llegaba mojado de
la calle, olía a lluvia. De ahí que me guste tanto el olor, los
relámpagos y todo lo que tenga que ver con el mal tiempo, mi
cerebro lo asocia a mi padre.
-Mo ghrá. ¿Qué más pasó esa noche?- me pregunta.
Niego con la cabeza.
-No pasó nada más, papi. Pero llovía mucho, entraste en mi
habitación con la ropa empapada y llena de barro, creo que caíste en
algún lado, eso no lo he averiguado.
Me quita el lazo del pelo, es el que me regaló para mi cumpleaños,
me lo pongo cada vez que tengo oportunidad. Pone mis manos por
detrás de mi espalda y une mis muñecas con la cinta.
-¿Tu obsesión con la lluvia y el mal tiempo tiene que ver conmigo?-
me pregunta.
-Sí- admito.
-Eres tan jodidamente obsesiva, Rory.
-Como tú.
Mi padre sonríe, me da la vuelta enfrentándome a mi reflejo en el
espejo. Aparta a un lado mi pelo mojado para besar mis hombros y
mi cuello.
-Míranos, cometiendo un gran pecado, pequeña. Un padre y una
hija juntos de una forma que no debería ser.
-No me importa.
-A mí tampoco, dejó de importarme hace tiempo.
Mi piel se eriza con el roce de sus dedos por mi columna.
-Tienes la piel demasiado fría, mo ghrá.
Me decepciono cuando desata mis manos, creí que iba a follarme.
En cambio, me ayuda a meterme en el agua caliente de la bañera,
toma la jarra de porcelana de la esquina de la bañera y la llena de
agua, me la echa por cabeza con delicadeza.
-Debes tener más cuidado, mo ghrá.
-No voy a enfermar por estar bajo la lluvia.
-Podrías porque tu sistema inmune no está del todo bien. Obedece
en esto, por favor.
-Está bien.
Se pone de pie y se desnuda, me echo hacia adelante para que
pueda meterse conmigo en la bañera. Se sienta detrás de mí, apoyo
mi cabeza en su pecho y miro por la ventana, el baño de esta
habitación da a la parte de derecha de la casa, a un rincón donde
nadie va nunca. Sus manos recorren mi cuerpo con suavidad y amor.
Se me escapa un gemido cuando mete una entre mis piernas, me
folla con sus dedos, entrando y saliendo de mí. Veo al nuevo
ayudante del jardinero trabajando en los árboles de este lado, a él no
parece importarle la lluvia y a mí no parece importarme observarlo
mientras mi padre tiene sus dedos dentro de mí.
-Mi pequeña- susurra en mi oído- Nunca había adorado tanto
darle orgasmos a una mujer. Me gusta escucharte gemir, maldita sea.
-Más- suplico.
Me levanta para inclinarme en el borde de la bañera, mirando
hacia la ventana, sabe perfectamente qué estoy mirando. Enreda mi
pelo mojado en su mano y brazo y tira de mi cabeza, entra en mi
interior de un solo empujón, haciéndome gritar de placer, el
ayudante se percata de mi grito y mira hacia arriba. No puede ver
nada, el cristal tiene un efecto que desde fuera no se puede ver el
interior, aun así, es excitante que mi padre me esté follando mientras
él mira hacia aquí. Vuelvo a gritar, se esconde detrás de uno de los
árboles, no estoy segura si sabe que puedo verlo o si acaso le importa.
-Papi- gimo.
Me golpea con sus caderas sin misericordia, me perfora por dentro
con su gran longitud.
-Mira lo que tus gemidos provocan en otros hombres- gruñe.
El ayudante se saca la polla, empieza a masturbarse. Grito más
fuerte, esta vez quiero que me escuche bien. Mi padre gime conmigo,
me aferro al borde de la bañera.
-Va a correrse, papi- lo aviso.
Un gruñido gutural sale de él cuando mi orgasmo explota dentro
de mí. De mi boca sale un fuerte gemido, a la misma vez que mi
padre se vacía dentro de mí y el jardinero lo hace en su mano.
-Está despedido- susurra mi padre en mi oído.
-No ha hecho nada malo, papi.
-Se ha corrido con tus gemidos, pequeña.
Me saca de la bañera en sus brazos y me deja en el suelo del baño
para secar mi cuerpo con una toalla.
-Tienes que vestirte para la fiesta de tu primo- me dice.
-¿No vas a asistir?
-Esas fiestas no son para alguien de mi edad.
-Tienes treinta y dos años, papi.
-Cumpliré treinta y tres dentro de poco. Ya no soy tan joven.
Acuno su cara entre mis manos.
-Eres joven, acompáñame a la fiesta de Cici.
-No, tengo otras cosas que hacer. Pero Cillian y tú vais a disfrutar
con vuestros amigos. ¿De acuerdo?
Pongo los ojos en blanco.
-No van a convertirse en mis amigos por más que los llames así- le
digo.
No tengo amigos, he de admitirlo, nunca hice en el colegio o en el
instituto. La gente no se me da bien, mi único y mejor amigo es mi
primo. A veces pienso que sólo me tolera por el lazo sanguíneo que
nos une, pero Cillian no es así, cuando alguien no le gusta lo
demuestra.
-El abuelo va a estar presente, papi.
-Tu abuelo siempre estará cerca de jovencitos, pequeña.
Se me escapa una carcajada, esas palabras hacen ver a mi abuelo
como un pervertido. Frunzo el ceño mirando a mi padre.
-¿Qué quieres saber, pequeña?
-¿El abuelo es un pervertido?
Mi padre sonríe.
-Lo es, le gustan demasiado jóvenes.
-Papi...
-Dime.
-¿Qué hace el abuelo en esas fiestas secretas a las que asiste?
-No quieras saberlo.
-Por favor, por favor, por favor.
Mi padre suspira.
-Son fiestas dedicadas al sexo, Rory. Tu abuelo va en busca de
hombres y mujeres con los que follar.
Mi mandíbula se desencaja.
-¿El abuelo es bisexual?
Asiente con la cabeza.
-Creí que sólo le gustaban las mujeres, nunca lo he visto con
hombres.
-Lo lleva en secreto, mo ghrá. No le gusta dar explicaciones de su
vida privada a nadie.
-Entiendo. Papi- empiezo a sonreír.
-No, ni lo pienses.
-¡¿Por qué?!- chillo- Quiero ir a una de esas fiestas y ver qué se
hace allí.
-Se folla, Rory, la gente folla con otra gente, delante de otros. No
voy a llevarte a un lugar así.
Junto mis manos en forma de súplica.
-He dicho que no- sentencia.
-¡Entonces no vas a tocarme nunca más!
Me apunta con su dedo índice.
-No me provoques, te ataré a la maldita cama y te follaré cuantas
veces quiera.
-No. Vas. A. Tocarme- espeto paulatinamente.
-¿Qué quieres hacer en un lugar como ese?
-Quiero que me folles delante de todos, que vean que nadie puede
tocarme excepto tú- contesto con una sonrisa.
Quiero ir a una de esas fiestas, acabo de darme cuenta de que me
parezco mucho a mi abuelo. Esas fiestas secretas de la alta sociedad
irlandesa parecen interesantes y a mí me atrae todo lo interesante.
Tengo que saciar mi curiosidad por ese lugar y la única manera es
que mi padre me lleve allí. Puede negarse, si no quiere llevarme iré
sola o le diré a Cillian que me acompañe.
Quince
Eamon
Las letras del ordenador se me acumulan, llevo horas trabajando
desde aquí, organizando los envíos de esta semana, haciendo
llamadas a otros países donde tengo negocios y ordenando a mis
guardias que se aseguren de que mi hija y mi sobrino se lo pasen
bien. Si hay algún problema con alguien será expulsado del castillo
de inmediato.
Me froto la frente con los dedos, debería irme a descansar, y, sin
embargo, no puedo. Mi mente está puesta en esa fiesta, hay hombres
jóvenes, amigos de mi sobrino. Confío en Rory, no confío en ellos. Es
demasiado hermosa y alguno de esos gilipollas podría intentar algo
con mi pequeña. Suelto un suspiro, tengo que dejar de pensar en eso,
entre el trabajo y mis pensamientos me voy a volver loco. Apoyo la
cabeza en el respaldo de mi sillón de cuero, sigue lloviendo ahí fuera.
Mi mente viaja a Avery, llevamos semanas sin saber nada de ella,
Rory le ha estado enviando mensajes, no ha obtenido ninguna
respuesta. Ni siquiera llamó cuando mi pequeña estuvo tan enferma
con la gripe, se lo hice saber a Avery, la llamé y dejé varios mensajes
en su contestador. Quien sí ha llamado ha sido Elijah, supongo que
escuchó esos mensajes que dejé y se preocupó por Rory. Conozco la
situación por la que está pasando Avery, yo mismo pasé por ella
cuando comencé a sentir otras cosas por mi hija, pero no he podido
sacar esos sentimientos de mi pecho. Por más que quise arrancarlos
no se fueron.
Me levanto del sillón, es hora de ir a vigilar un poco a mi hija y a
mi sobrino, lo haré en la distancia para que no puedan verme y
distraerlos de su diversión. Cruzo los pasillos del castillo hasta llegar
a la sala de fiestas, la música se hace más fuerte aquí. Niego con la
cabeza riéndome cuando veo la situación, mi padre está bailando,
muy mal, con algunos amigos de mi sobrino y con mi hija. Cillian los
observa con diversión desde su asiento, frunzo el ceño, uno de sus
amigos parece demasiado íntimo con él, tiene su mano sobre el
muslo de mi pequeño tesoro. Mi padre no debe haberse dado cuenta
de eso, sino ya estaría espantando a ese idiota. Cormac se da cuenta
de dónde estoy mirando.
-¿Quiere que lo eche?- susurra.
Niego con la cabeza, Cillian es adulto y siempre ha sido muy
responsable, por mucho que no me guste ver que ha crecido, lo ha
hecho. Hoy cumple veintidós años. Algo se aprieta en mi pecho,
siempre intentamos que este día sea de celebración. Y sé que mi
padre está aquí para no pensar mucho en ella, hoy es el aniversario
de la muerte de mi hermana mayor. Aíne podría estar aquí con su
hijo si no hubiera muerto, no puedo decir en qué circunstancias
estaría, como no puedo decir si lo amaría. Quiero creer que sí, que
ella lo haría, era tan jodidamente buena. Confiaba en todo el mundo,
nunca vio la maldad en nadie, Cillian es igual a ella. Es por eso que
debo protegerlo de todos los gilipollas que quieren acercarse a él.
Como el bastardo que lo está haciendo en este momento, el hermano
menor de Michelle. Ryan aparta al otro chico del lado de Cillian y
ocupa su lugar, ha estado mostrando interés en él y no sé si lo hace
de forma genuina o por otras razones. Mi padre parece darse cuenta
del movimiento de Ryan, ahora ha dejado de bailar y se ha ido a una
esquina cercana a ellos para vigilarlos. Mis ojos se vagan por la sala
para buscarla, entro en pánico cuando no la veo por ningún lado.
-¿Dónde está?- le pregunto a Cormac.
Me señala con su dedo hacia la mesa de las bebidas, Rory se está
sirviendo un vaso. No parece muy contenta de estar sola en este
lugar, nunca se le dio bien hacer amigos. En el colegio las niñas no
querían saber de ella y los niños se sentían amedrentados por su
presencia, su fuerte carácter la obligó a vivir esa etapa en soledad. El
único amigo que tenía era Cillian, pero le llevaba demasiados años
escolares como para estar pendiente de ella en cada receso del
colegio. Al final, Rory terminó acostumbrándose a jugar sola. Me
duele verla mirar a todos lados mientras bebe de su vaso, busca a
alguien con quien hablar, pero nadie de aquí es tan interesante para
su maravillosa mente. Su rostro se ilumina cuando me ve, una
enorme sonrisa se dibuja en su cara. La risa de Cormac sale casi
silenciosa.
-Lleva toda la noche esperándolo, señor- me dice.
Me acerco a mi pequeña, le quito el vaso de la mano y la tomo por
la cintura para llevarla a bailar. Mueve su cuerpo cerca del mío
mientras pone mis manos sobre sus caderas, posiblemente, los
invitados nos estén mirando y preguntándose por qué un padre y su
hija bailan de esta forma. Que me maten ahora mismo si me importa,
sólo con ver a mi pequeña sonreír como lo está haciendo merece la
pena cualquier habladuría. Le doy la vuelta y pego su trasero a mi
entrepierna, eso parece gustarle, en realidad, cualquier cosa que
haga con ella le gusta, incluso leer juntos en su rincón favorito del
castillo.
-El vestido de te sienta como un guante- susurro en su oído.
Es perfecto para ella, yo mismo lo elegí porque no pudo hacerlo
por sí misma, aún estaba algo enferma. Ese día salí a hacer algunas
compras, le traje este vestido de color mostaza y manga larga, muy
ajustado, también le compré algunos lazos que combinaran con él.
Cillian fue quien le compró los tacones que lleva, son unas sandalias
de color dorado. Está preciosa.
Meto mis dedos entre los mechones sueltos de su pelo, se ha hecho
ondas y se ha recogido alguno de esos mechones en la parte de atrás
de la cabeza con uno de los nuevos lazos.
-Mo ghrá. ¿Le vas a permitir a papi desnudarte esta noche?
Frota su trasero por mi entrepierna a modo de contestación.
-No- responde de pronto.
-¿Qué? ¿Cómo que no?
-Te lo dije, no te dejaré tocarme hasta que me lleves a ese club.
Aprieto mis dedos en sus caderas, cuando se obceca en algo es
imposible sacarla de esa idea. En eso se parece a mí, maldita sea,
tenía que parecerse en eso y no en otras cosas.
-No voy a llevarte a un club donde la gente folla a la vista de todos-
espeto.
-Quiero ir, sabes que cuando siento curiosidad por algo no me
detengo hasta saciar mi necesidad.
La empujo con mi cuerpo hacia donde está mi padre, que sea él
quien le quite esa idea de la cabeza. Se queda mirándonos con
confusión.
-Ha descubierto a dónde vas los viernes por la noche- le suelto sin
rodeos.
Traga grueso.
-Abuelo, por favor.
-No- la interrumpe- Ni por un solo segundo pienses que vas a ir a
una fiesta de esas, calabacita.
-¿Pero por qué? Quiero ir a ver.
-Deja de discutir por esto, ni tu padre ni yo estamos de acuerdo en
que vayas y esa es nuestra última palabra.
Rory se gira y se marcha de nuestro lado. No me importa si se
enfada, no voy a llevarla a ese lugar, se la comerán con los ojos, tanto
hombres como mujeres. Allí nadie discrimina, están para pasárselo
bien y experimentar, para saciar sus más oscuros deseos. Si Rory
supiera las fantasías que allí se llevan a cabo estaría metida en ese
lugar cada maldito viernes.
-¿Cómo se ha enterado?- me pregunta mi padre.
-Esta mañana estábamos hablando de la fiesta, dijo que ibas a
asistir y, a modo de broma, le dije que siempre estarías cerca de
gente joven. Me preguntó si eras un pervertido.
-¿Y qué coño le contestaste?
Me encojo de hombros.
-La verdad, papá. Que lo eres.
-Bastardo- gruñe riéndose- Me gustan jóvenes porque tienen la
energía para seguirme y el deseo de experimentar nuevas cosas.
-Y te encanta enseñarles tu mundo de perversión, papá.
-Sí.
-Lo que no he logrado averiguar es cómo sabía que vas a fiestas
secretas de la élite del país.
-Nos habrá escuchado, tu hija es una cotilla. Quiere saberlo todo,
cada cosa que se escapa de su control la hace enfurecer.
Mi pecho vibra por la risa porque tiene razón. Rory tiene una mala
costumbre de escuchar detrás de las puertas, jamás fuimos capaces
de quitársela. Es por eso que evitamos hablar de cosas que ella no
deba oír, aunque a veces se nos escapen secretos.
-Se me escapó, papá.
-¿Qué se te escapó?
-Le confesé sin querer que eres bisexual y que vas a esas fiestas en
busca de hombres y mujeres.
Mi padre suspira.
-Vendrá a hacerme mil preguntas- murmura- ¿Cómo se supone
que voy a contestarlas? Voy a matarte Eamon.
Levanto las manos en señal de rendición.
-Fue sin querer, ella sabe sacarle información a la gente- me
defiendo.
-Seguramente sólo tuvo que poner su cara de niña buena para
sacarte esa información.
Nunca lo admitiré, pero sí, es lo que hizo. Es lo que hace con mi
padre, con Cillian, conmigo y con cualquiera de esta casa, con
Darragh es con quien más lo consigue. Lo hace para salirse con la
suya y lo logra, joder. Es una experta manipuladora.
-Nos está observando enfadada- me avisa mi padre.
-Sí, no va a ser fácil hacerla cambiar de idea con este tema.
-Tienes que lograrlo, ese lugar no es para ella.
Asiento de acuerdo con mi padre, no voy a dejar que mi pequeña
ponga un pie en el Club Midnight.
La fiesta terminó hace un rato, son casi las tres de la madrugada,
estoy agotado, por suerte adelanté trabajo y mañana no tengo que
encargarme de nada, a no ser, que surja algún imprevisto. Subo las
escaleras hacia mi habitación, Rory ya debe estar allí. A mi sobrino le
encantaron todos los regalos que recibió, la mayoría era algo de ropa
y artículos de lujo, mi padre le regaló un día completo en un spa y
Rory y yo le regalamos el móvil nuevo que tanto deseaba. Cillian
tiene de todo, a veces se hace complicado regalarle algo.
Entro en la habitación y cierro la puerta tras de mí, mi pequeña
está tumbada bocabajo en la cama. Me rio en silencio, la postura que
tiene es un intento de parecer sexy y provocarme, creo que esa será
su estrategia para ganar la batalla del club. Va a intentar provocarme
y no dejarme tocarla, bien, si quiere jugar que así sea. Esta vez no va
a ganar. Me desnudo y me tumbo a su lado, acaricio con mi mano la
piel suave de su trasero.
-No puedes- gruñe.
-Eres mía, claro que puedo tocarte.
-No, yo no te lo permito.
-Entonces tendré que buscar a otra mujer que me deje...
Se abalanza sobre mí de un salto, subiéndose a horcajadas sobre
mis caderas. Agarro sus muñecas con fuerza, está enfadada. Todo lo
contrario a mi estado de ánimo, me siento demasiado divertido con
esto.
-¿Vas a engañarme?- me pregunta.
-Sabes que nunca haría algo así, pequeña.
-Entonces no lo menciones- espeta.
-Está bien, no lo volveré a mencionar. Puedo usar mi mano para
aliviarme.
Asiente complacida, pero no se baja a la cama.
-¿Por qué no quieres llevarme?- me pregunta.
-Ya te lo he dicho.
-Quiero la verdad, papi.
-Esa era la verdad, Rory. Ese lugar está lleno de perversión,
querrán que te comparta con ellos.
-¿No hay reglas?
-Las hay. Pero nadie puede evitar que te deseen y te miren.
-Papi, sólo tengo curiosidad, no tenemos que hacer nada.
-Mo ghrá, en cuanto pongamos un pie dentro estaremos perdidos,
el ambiente está intoxicado de sexo. Hay gente follando a la vista de
cualquiera, hay habitaciones especiales para cumplir fantasías que en
otros casos serían delito.
-¿Cómo cuáles?
-Violaciones, Rory. Hay gente a las que les gusta simular que están
siendo forzadas, no voy a llevarte a un lugar así.
Parpadea confundida, sé lo que está pensando.
-¿Y por qué el abuelo va a un lugar como ese?- me pregunta.
-Él no entra en esa sección, pequeña. En realidad, no mucha gente
entra ahí. Sólo los más...
-Enfermos- asiento con la cabeza- Esos no son como nosotros,
papi. Es decir, estoy enferma por amar a mi padre y tú estás enfermo
por amar a tu hija, pero no me siento como esas personas. ¿Quién
desea ser violado?
Un escalofrío recorre su cuerpo, incluso ella, con su trastorno
conoce el significado de ser violado.
-¿Sabes qué pienso?- niega con la cabeza- Que realmente no
entienden lo que es ser abusado sexualmente, en esas fantasías
siguen teniendo el control y saben que si quieren parar la situación
todo se detendrá. Es muy diferente a la realidad, hay personas a las
que les excita ser humillados, quizás esa sea una forma de lograrlo.
No lo sé.
Se tumba sobre mi pecho, le hago cosquillas en la espalda con las
yemas de mis dedos. Se queda dormida poco a poco, espero que con
esta conversación se le haya quitado la idea de ir a ese maldito club.
Dieciséis
Rory
Es sábado, llevo mucho esperando a que llegue este día. Ya lo he
planificado todo, tengo lo necesario para ir al club: dirección, tarjeta
de acceso y una máscara negra de carnaval para no ser identificada,
incluso me he comprado una peluca de pelo corto y negro para la
ocasión. También he comprado lencería negra de encaje, un corsé,
unas bragas y unas medias con liguero. Por lo que he estado
investigando todos van así vestidos, sólo se podían elegir entre dos
colores, la máscara es algo opcional, en mi caso, es obligatoria. Debo
llevar un lazo rojo en la muñeca para que los demás sepan que no
estoy disponible, que sólo estoy para observar. Mi padre cree que esa
idea se me fue de la cabeza, he estado esperando un mes completo
para que se confíe, ha dado resultado. Mi primo va a acompañarme,
le di dos opciones: robar la tarjeta de acceso de nuestro abuelo y
venir conmigo, o la robaría yo e iría sola. Es tan protector que, por
supuesto, no dudó ni un solo segundo, decidió acompañarme. Debe
estar a punto de venir a mi habitación a recogerme. Nuestro abuelo y
mi padre tenían hoy noche de póker, vamos a escabullirnos por la
ventana de mi antigua habitación, algunos ladrillos del revestimiento
exterior de las paredes tienen salientes y es más fácil escapar por ahí.
Tenemos que estar de vuelta en casa antes de las dos de la mañana,
es cuando acabará la partida. Mi primo llega a la misma vez que
salgo al pasillo.
-Esto es una locura, si se enteran nos meteremos en un gran
problema- se queja.
-Cici, puedes quedarte en casa si no quieres venir.
-¿Estás loca? No voy a dejarte sola en un lugar como ese club.
Estrecho los ojos en su dirección.
-Estás tan interesado en investigar ese club como yo- le digo
sonriendo- ¿Ryan no te da lo que necesitas, primito?- me burlo.
Me da un suave empujón.
-Cállate, Ro.
-Deja a Ryan, sólo lleváis un mes saliendo y ya habéis terminado y
vuelto dos veces. Mereces a alguien mejor.
Suelta un suspiro, se hizo novio de Ryan Walsh el día de su
cumpleaños, no sé qué estúpida razón lo llevó a ello. Ryan no es el
hombre que imaginaba para mi primo, por lo que él me ha contado,
le gusta ser dominado y el estilo de Ryan no es exactamente lo que le
gusta en un hombre.
-Quizás lo haga- contesta mientras caminamos hacia la habitación-
No disfruto de nuestra relación, además es como muy controlador.
-Mi padre es así, yo soy así.
-No en ese sentido, Ro. Es como si necesitara saber dónde estoy en
todo momento por desconfianza hacia mí. El tío Eamon confía en ti y
tú en él, necesitáis controlaros para poder protegeros el uno al otro.
Ryan es muy diferente.
-Entonces déjalo mañana mismo.
Abro la ventana, soy la primera en descender por la pared, luego lo
hace mi primo. Nos dirigimos en silencio hacia su coche, el cambio
de guardia se está efectuando en este momento y siempre suelen
tardar unos minutos en ir a sus puestos. Salimos de los terrenos del
castillo sin ningún problema, ya podemos respirar tranquilos.
-¿Por qué tenemos que ir en mi coche y no en el tuyo?- me
pregunta mi primo- Está nuevo, Ro, te lo acaban de entregar.
Niego con la cabeza varias veces.
-Mi padre ordenó a Cormac ponerle un localizador en tiempo real,
le mandaría un aviso al móvil en cuanto lo arrancara- explico.
-Joder- se ríe- Sí que es controlador.
-Se ha vuelto peor, créeme. Siento que me vigila más que antes.
-Ro, es normal. Antes eras sólo su hija, ahora eres todo para él.
Sabes que el tío Eamon siempre ha sido muy protector con nosotros,
a mí también me controla. Cree que no me he dado cuenta- dice esto
último sonriendo.
-¿Te puedo hacer una pregunta?
Asiente sin apartar la vista de la carretera.
-¿La extrañas?
-¿Te refieres a mi madre?
-Sí. No tienes que contestarme si no quieres...
Pone una mano en mi muslo para hacerme callar.
-No me importa hablar de ella, Ro. No la conocí, murió el día que
nací. No puedo extrañar algo que no tuve. Así que no, no extraño
tener una madre y padre ya tengo.
-¿Nunca le has preguntado al abuelo o a mi padre sobre tu padre
biológico?
-Lo hice una vez cuando tenía siete años, el abuelo no quería
hablar de él, parecía que le dolía demasiado, así que nunca más lo
mencioné. Puedo parecer frío o insensible, no lo sé, pero no necesito
nada más de lo que tengo, el abuelo, tu padre y tú. Sois mi familia y
estoy agradecido de teneros.
Me inclino hacia él y le doy un beso en la mejilla.
-Te amo mucho, primo.
-¿Mucho?
-Mucho, mucho- contesto sonriendo.
-Ro. ¿Por qué me preguntas por mi madre ahora?
Respiro profunda y lentamente.
-¿Es por Avery?- me pregunta.
-Sí.
-Sigue sin contestar tus mensajes, ¿no?
Mi silencio ante su pregunta es mi respuesta. He estado intentado
hablar con mi madre desde mi cumpleaños, Elijah y Terry han sido
los únicos en contestar a esos mensajes y llamadas. Al principio me
extrañó que Terry se mostrara tan amable, luego me confesó que al
principio se sentía un poco inseguro conmigo y con mi padre, ama
mucho a mi madre y pensó que tener una hija con otro hombre sería
un obstáculo. Por eso me trató algo mal, pensaba que así yo me
alejaría de mi madre y ella no volvería con mi padre. Cuando se dio
cuenta de que eso nunca sucedería fue cuando mi madre le contó
sobre mi relación con mi padre. Terry tampoco lo entiende y es algo
que no acepta en su vida, sin embargo, nos respeta. Cada día me
envía un mensaje para hablarme de mi madre, sé que está pasándolo
mal, es por eso que he decidido desistir de mis intentos de ponerme
en contacto con ella. Quería arreglar nuestra relación, ser una mejor
hija, quizás nunca hubo una oportunidad para nosotras.
-Hemos llegado- me avisa mi primo.
Mi boca se abre por el asombro, el club es increíble por fuera. Es
muy grande y hay mucha seguridad. Es de estilo moderno, paredes
exteriores de mármol negro, iluminado por luces rojas. Cillian pasa
por el lector de la entrada la tarjeta de acceso, nos ponemos las
máscaras antes de seguir nuestro camino al interior del lugar. La de
mi primo es roja, podían ser negra o de ese color, obvio que iba a
elegir el rojo, el negro es demasiado triste para su personalidad.
Detiene el coche en el parking subterráneo, le entrego su lazo rojo
para la muñeca.
-Cici- advierto cuando no quiere ponérselo.
-He traído el mío propio.
Saca un lazo amarillo del bolsillo de su gabardina negra.
-¡Cici!- chillo alterada- ¡Es un lazo amarillo!
Mi primo sonríe de oreja a oreja. El lazo amarillo significa que
estás dispuesto a hacer algunas cosas. Con él no se puede entrar en la
zona de las fantasías enfermas, para ese lugar necesitas un lazo
verde.
-Y la loca soy yo- murmuro abriendo la puerta del coche.
Me cambio mis zapatillas deportivas por unos tacones negro de
Louboutin que mi padre me regaló hace unas semanas. He
comenzado a usar estos tacones más a menudo, le dije que no quería
parecer una niña usando bailarinas con mis vestidos, a él no le
importa lo que use, a mí sí.
Subimos en el ascensor a la planta principal. En cuanto entramos,
una mujer joven y preciosa nos atiende.
-¿Quieren dejar sus gabardinas en el guardarropa?- nos preguntan.
Asentimos a la vez, embriagados por el olor a sexo que se respira
en este lugar. La música se oye baja, es una suave melodía de
ambiente, lo que más se oyen son algunos suaves gemidos. No hay
mucha gente teniendo relaciones.
-Me esperaba a más gente follando- murmuro a mi primo.
-Es temprano- responde la mujer- La gente aún está... Digamos
que un poco verde, suelen tomar algunas copas y conversar antes de
entrar en materia. Sólo algunos pocos comienzan a buscar a alguien
para tener relaciones desde que entran. ¿Son nuevos?
-Sí- contesto.
-Permitidme que os haga un pequeño tour por el lugar.
Le ordena a un hombre joven que la sustituya en su puesto. Nos
lleva hacia una mesa cerca de un escenario y pide unas bebidas para
los tres.
-Me llamo Ángel- se presenta.
-¿Ángel?- le pregunta mi primo.
-Es un nombre inventado, aquí la gente no suele usar su nombre
real- nos explica.
-Oh, entonces yo soy... Tesoro- dice mi primo guiñándome un ojo.
Esbozo una sonrisa, mi padre y el abuelo siempre lo llaman así.
-¿Y tú?- me pregunta Ángel.
-Pues...
Abro la boca y la cierro varias veces, no sé cómo llamarme. El
camarero deja nuestras copas en la mesa. Empiezo a estresarme un
poco cuando no se me ocurre ningún apodo.
-Joker- murmura mi primo con una sonrisa tras su copa.
Ángel nos mira en busca de una explicación.
-Tengo un trastorno de la personalidad antisocial, a mi primo
parece hacerle gracia- explico.
-Oh.
La risa de mi primo resuena en mis oídos.
-No te asustes, Ángel, mi prima no te hará nada. Le has caído bien.
-Creo que debería alegrarme por ello.
Me rio nerviosa. Voy a matar a mi primo, aunque a Ángel no
parece darle más importancia a lo que le hemos contado. Después de
explicarnos las normas del club nos lleva por un pasillo oscuro, hay
gente agrupada mirando por un enorme ventanal, nos detenemos
aquí.
-Va a comenzar un show- nos avisa Ángel- El trío que va a salir
actúan todos los viernes y sábados, son una pareja poliamorosa y les
encanta mostrar su amor al mundo.
Mi interés en lo que ha dicho me hace pegarme al cristal de la
ventana, un hombre musculoso en bóxer entra en la habitación,
seguido de una mujer preciosa en ropa interior y otro hombre más
pequeño, también en bóxer. El hombre más grande se desvela como
el dominante, la mujer y el otro hombre obedecen todo lo que
ordena. El tiempo a mi alrededor empieza a ralentizarse cuanto más
observo la escena delante de mí, se han desnudado por completo. El
hombre musculoso toma por la cintura al otro hombre, lo maneja
como quiere. Hace que penetre a la mujer, agarrando su longitud y
llevándola a la entrada de ella, le mueve las caderas de forma brusca,
pero están disfrutando.
Alguien me aparta del cristal cuando más emocionante se estaba
poniendo, quien me tiene sujeta, me cubre la boca con su mano para
que no grite. Ni siquiera puedo ver dónde está mi primo. Puedo decir
que es un hombre quien me tiene prisionera, su brazo es grande y
grueso. Me empuja dentro de una habitación vacía, caigo sobre la
cama que está en medio. Me giro abruptamente, llena de ira y odio
por ese desconocido que se ha atrevido a alejarme de la escena. Mis
ojos se abren cuando descubro quién es, pasea de un lado a otro
mirándome fijamente.
-Papi- jadeo.
Toda la ira se ha esfumado de un plumazo, ahora hay
incertidumbre y algo de miedo. Nunca vi a mi padre tan enfadado.
Mis ojos recorren su cuerpo semidesnudo, ha debido quedarse así
para poder entrar aquí.
-¡Te prohibí venir aquí!- me grita.
Me echo hacia atrás en la cama, hasta que mi espalda choca contra
el cabecero.
-Me has desobedecido, Rory. No sólo eso, me has engañado todo
este tiempo, me hiciste creer que habías desistido en tu estúpida idea
de venir aquí.
-Pero...
-¡Nada de peros!
-¡Soy una adulta!
Sus cejas se elevan por la sorpresa de mi grito. Me pongo de pie en
la cama y pongo mis brazos en jarra con mis manos en puños sobre
las caderas.
-Puedo tomar mis propias decisiones, papá- espeto- No necesito tu
permiso para venir a este o cualquier otro club.
-Eres una maldita niña malcriada y la culpa es mía por darte
siempre lo que has querido.
Me cruzo de brazos.
-¿Te ha gustado ver a esa gente follando?- me pregunta- ¡Contesta!
-¡Sí! Me ha gustado y me he mojado mucho.
Mi padre se sube a la cama, su altura se cierne sobre mí,
haciéndome caer de culo en la cama. Se pone de rodillas entre mis
piernas y se deshace de mi peluca, mi pelo cae por mis hombros.
Seguidamente, se deshace de la máscara y mis tacones. Sujeta mis
muslos con fuerza, sus dedos se clavan en mi carne, da un tirón de mí
para acercarme a su cuerpo. Peina mi pelo con sus dedos, los rizos
pelirrojos caen sobre mis pechos por encima del corsé.
-¿Por qué me has desobedecido?- me pregunta con voz suave.
Niego con la cabeza. ¿Cómo le hago entender que cuando el interés
me invade no puedo controlarlo?
-No sé cómo hacerlo, papá- me sincero- Cuando algo o alguien me
atrae demasiado necesito saber todo sobre esa persona o cosa.
-Rory, este no es lugar para ti.
-¿Por qué?
-Confía en mí, por favor. Podría pasarte cualquier cosa en un lugar
como este club.
-Pero hay seguridad y sé defenderme.
-No importa la seguridad que haya, conozco casos de mujeres que
han sido violadas de verdad en clubes como este.
-No lo sabía- mi voz sale en un hilo- Sólo quería...
La voz se me rompe.
-Pequeña, no entiendo tu trastorno, sé que te obsesionas con todo
aquello que te atrae. No obstante, debes hablar conmigo cuando eso
suceda, podemos buscar otra solución que no te ponga en riesgo.
Asiento con la cabeza baja, no soy capaz de mirarlo a los ojos, no
quiero ver la decepción ahí.
-Quiero ir a terapia, papá.
Suelta un suspiro.
-Lo intestaste y no te ayudó. ¿De verdad crees que ahora te
ayudará?
-No, pero...
-Nada- me interrumpe- No vas a perder el tiempo en eso. ¿Quieres
que demos un paseo por este lugar?
Levanto la cabeza con rapidez.
-¿Lo dices de verdad?- le pregunto.
-Sí, debería haberte traído yo mismo.
Rodeo su cuello con mis brazos.
-Estás preciosa con este conjunto- susurra en mi oído.
-Lo compré pensando en ti, papi.
Se ríe mientras me separa de él, arregla un poco mi pelo.
-¿Me pongo la peluca?- le pregunto.
-No, tu pelo me gusta más que esa peluca fea.
-¡No es fea!- chillo riéndome.
Posa sus labios sobre los míos, un beso corto. Luego saca de la
cinturilla de sus bóxer mi lazo negro, me recoge con él dos mechones
de pelo detrás de la cabeza.
-Ahora sí, vamos a ver el maldito club, pequeña. Podemos volver a
esta habitación más tarde.
Mis ojos se abren. ¿Vamos a hacerlo aquí?
-¿Eso te gustaría?- me pregunta.
-Sí, me gustaría mucho, papi.
-Podemos abrir las cortinas y dejar que todos vean como me follo
tu estrecho coño. Joder. Quiero que todos vean que me perteneces.
Asiento varias veces. Quiero que lo sepan. Toma mi mano y mira el
anillo de Claddagh que me dio días antes del cumpleaños de mi
primo.
-Esto te hace ver que estás prometida con alguien- me dice-
Follándote delante de todos esos estirados de la élite sabrán quién es
tu prometido. Saldremos a la luz antes de que la ley cambie a nuestro
favor.
-No me importa, papi. Quiero hacerlo.
Diecisiete
Eamon
No sé dónde se habrán metido mi padre y mi sobrino. Supimos lo
que estaban haciendo en cuanto a mi padre le llegó una notificación
en su móvil avisando de que habían usado su tarjeta del club. Me
enfadé muchísimo, Rory me había desobedecido y, además, había
involucrado a su primo en esto. Me volví loco de pensar que estaba
en este lugar, sin mí y bajo la mirada lasciva de otros hombres. Tuve
que dejar que mi padre condujera hasta aquí porque no era capaz de
calmar mi ira y mis celos. Pensar que estaba paseándose en ropa
interior delante de todo el mundo me estaba jodiendo la cabeza.
Ahora que estoy aquí puede hacerlo libremente, por lo menos puedo
espantar las miradas indeseadas de ella. Me detengo en una de las
estancias, aquí hacen escenas sobre el escenario, pido una copa para
mí y otra para mi pequeña. Dejo mi mano sobre su muslo, mis ojos
recorren su cuerpo, va jodidamente preciosa con el conjunto de
lencería. Subo mi mano y enredo mis dedos en su pelo, sus ondas
están suaves. Atraigo su boca a la mía en un beso, mi otra mano viaja
por sí misma hacia su entrepierna, presiono mi dedo corazón en su
clítoris por encima de sus bragas. El comienzo de la escena rompe
nuestro beso. Rory abre los ojos con la escena frente a nosotros, yo
sólo puedo mirarla a ella, me inclino hacia adelante para darle besos
por los hombros y el cuello, sus suaves sonidos vuelan por el aire y
caen directos a mi corazón. Lo que voy a hacer con mi pequeña esta
noche marcará un antes y un después en nuestra relación.
Hace un mes fui a ver al presidente del tribunal, tal y como dije.
Darragh lo sujetó mientras yo amenacé a su esposa e hijos, no le di
otra opción más que admitir a trámite la nueva ley. Ahora trabaja
para mí, por supuesto, sus ojos se iluminaron cuando le dije la cifra
que iba a pagarle por estar bajo mi mando. Nunca supo que mi padre
era un mafioso, sabía que tenía dinero, pero pensó que era porque
nuestra familia tiene siglos y siglos de historia en la aristocracia
irlandesa. En parte, es cierto, pero no todo nuestro dinero viene de
nuestro apellido. En cuanto esa ley esté aprobada haré a Rory mi
esposa, aunque hoy todos sabrán que ella es mi mujer.
Ojeo el lugar mientras la sigo besando, reconozco a muchas de las
personas que están aquí y deben haber más en otras estancias de este
club. Hay jueces, abogados importantes, políticos, agentes del orden,
incluso algún que otro noble inglés. Vienen desde otros países para
disfrutar de este sitio, mis ojos se detienen ante el hombre mayor que
se ríe con una joven hermosa, los conozco a ambos. Son William
Seymour, el cabeza del Ard-Ordú, y su sobrina. William levanta la
copa hacia mí.
-No te muevas de aquí, pequeña- susurro a mi hija.
-¿Qué ocurre?
Evito que gire la cabeza, no quiero que vea a William.
-No te preocupes, tengo algo que hacer, volveré enseguida.
Me levanto de la mesa, voy a la barra a pedir otra copa, algo más
fuerte. No sé qué hace él aquí, su mano, arrugada por su avanzada
edad, se posa sobre mi hombro.
-¿Qué coño haces aquí?- espeto.
-No está conforme, Eamon.
-¿Crees que me importa lo que el cabrón de Fraser opine?
-El resto del Alto Mando no opina, les da igual. Pero en Escocia
están dispuestos a ir a la guerra si es necesario.
-Ese bastardo lleva años buscando una excusa para declararme la
guerra.
William asiente.
-El Alto Mando se creó por una razón, tu familia lo creó. Y fue para
evitar esto precisamente.
-No es mi culpa, William. Lo que haga o deje de hacer en mi
territorio es problema mío.
-Estoy de acuerdo, de hecho, he comenzado a mover mis hilos en
Inglaterra. Quiero que esa ley también esté vigente en mi territorio.
Miro por encima de mi hombro a su sobrina, debe tener la edad de
Cillian.
-¿No es un poco joven para ti?- le pregunto a William.
Él sonríe. Es jodidamente joven para él, que tiene casi ochenta
años.
-Estamos enamorados- se excusa.
-¿Y tu esposa?
-Ingrid tiene con quien entretenerse, hace años que dejé de ser una
prioridad para ella.
Ni siquiera deseo saber a qué se refiere, tampoco me importa lo
que hagan.
-El Alto Mando está de tu lado. Gales, Inglaterra e Irlanda
estaremos juntos contra Escocia- me asegura.
-Mi única preocupación es Blaine Fraser, esa zorra se la tiene
jurada a Rory.
-Lo sé, todos lo sabemos. Jacob estaba dispuesto a casarse con ella
y protegerla.
Emito un fuerte gruñido, a William parece hacerle gracia que
quiera asesinar a su puto hijo.
-No lo hará, no ahora que he visto que está reclamada- me asegura.
Me tomo el whisky de un trago.
-Vigila tus fronteras, Eamon- me advierte.
Tengo que hablar con Caitrin, es quien mejor equipo de seguridad
tiene, su hijo ha entrenado a algunos soldados para que los protejan.
Pagaré lo que sea por una docena de ellos, mi pequeña los necesita.
La enviaré con ellos a Gales si es necesario para mantenerla a salvo.
Vuelvo a su lado en la mesa, frota mi brazo con su mano, debe notar
el enfado en mí.
-¿Qué quería William?- me pregunta.
-Advertirme.
Inclina la cabeza a un lado con el ceño fruncido.
-¿Advertirte sobre qué?
-Los Fraser, han encontrado la excusa perfecta para declararnos la
guerra. La zorra de Blaine quiere poner sus garras sobre ti.
Rory pone los ojos en blanco.
-¿Esto es por nuestra relación?- me pregunta.
-Sí.
-No puede conmigo, papi. Sé pelear y manejar las armas, el tío
Darragh me ha estado enseñando desde que cumplí diez años.
-No te confíes, pequeña. Blaine es impredecible.
Se le escapa una risa.
-No le tengo miedo, papi. Puede venir a por mí, quizás no le guste
lo que encuentre.
La tomo por la muñeca y la siento en mi muslo, rodeo su cintura
con mi brazo.
-Prométeme que vas a tener cuidado, si ves una melena pelirroja
que no sea la tuya sal corriendo.
-No voy a huir de Blaine, papá- espeta- Puedo con ella, joder.
-Mo ghrá, Blaine lleva dos años siendo la jefa y entrenadora de los
soldados de su padre.
-Bien, pues haz lo mismo conmigo, nómbrame nueva entrenadora
de los soldados o algún puesto similar. Estoy segura de que puedo
con todos ellos.
Me froto la frente con los dedos a la vez que suspiro.
-Hagamos algo, desde mañana irás a entrenar cada día con los
nuevos guardias que voy a comprarle a Caitrin, asignaré al mejor
para que te enseñe técnicas de lucha y defensa personal.
Sus dedos se vuelven blancos cuando aprieta los puños.
-Vámonos- espeta.
-Pequeña...
Se pone de pie, me toma de la mano y tira de mí.
-¿Dónde vamos?- le pregunto.
-A casa, voy a mostrarte lo que el tío Darragh me enseñó. Te callaré
la boca, papi.
De vuelta en casa, me arrastra hacia el gimnasio, enciende todas
las luces. La observo quitarse las medias y los ligueros, se recoge el
pelo en un moño con el lazo, lanza los tacones a un lado del suelo y se
quita las medias.
-Atácame- me ordena.
-Rory- advierto.
-Hazlo, maldita sea- exige con urgencia.
Me deshago de mi arma, mis zapatos y mi jersey, me quedo en
pantalones vaqueros. Lanzo el primer ataque a mi hija, ella se hace a
un lado.
-¡Así no!- chilla enfadada- Atácame de verdad.
-Bien, tú lo has querido.
Levanto mis brazos para abrazarla y encerrar su cuerpo entre ellos.
Se hace a un lado, levanta la pierna y me golpea en el abdomen con
su rodilla, me doblo de rodillas en el suelo abrazando la zona del
golpe. Rory me sujeta por el pelo y me da un puñetazo en la nariz, el
dolor atraviesa toda mi cabeza.
-Rory- gruño con dolor.
Agarra mi arma de su funda y me apunta con ella.
-No lo hagas- advierto.
-Tengo que enseñarte todo lo que sé hacer.
El disparo suena por todo el gimnasio, me quedo congelado, giro la
cabeza con lentitud hacia el lado izquierdo, la arena del saco de
boxeo cae al suelo.
-Has fallado- murmuro.
-No, papi. ¿Cómo iba a dispararte a ti? He apuntado al saco.
¿Quieres que practiquemos con los cuchillos?- pregunta sonriendo.
-No es necesario.
Me levanto adolorido. Rory se acerca a mí, limpia la sangre de mi
nariz con el dorso de su mano.
-Me has hecho sangre- señalo.
-Es lo que pretendía. Tenía que mostrarte que puedo defenderme
de Blaine.
-Lo has hecho. Tu tío no me contó nunca que te enseñó a
defenderte.
Se encoge de hombros.
-Ambos pensamos que no estarías de acuerdo- se sincera- Y
también pensamos que era necesario después de la primera amenaza
de muerte de Alastair Fraser. Después vino la de su hija Blaine y me
enseñó a usar las armas, cuchillos y pistolas.
Acaricio su mejilla con mi pulgar.
-Vamos a la cama, pequeña, papi quiere follarte.
Recorre mi torso con su dedo índice hasta llegar a la cintura de mis
pantalones.
-Papi.
-Dime, pequeña.
-Quiero probarte, desde que estamos juntos no me has dejado y tú
lo has hecho conmigo.
-¿Quieres que papi se folle tu preciosa boca?
Asiente poniendo ojos de cachorro, bate sus pestañas para
convencerme, pero no lo necesita, ya lo ha hecho. La empujo
suavemente por el hombro hacia abajo, se pone de rodillas en el
suelo, sus manos van a mi pantalón. La ayudo a sacar mi polla, luego
la agarro fuerte por el cabello por la parte de la nuca, abre su boca
con un jadeo.
-Eso es, pequeña. Ahora envuelve mi polla con tus labios.
Me hace sisear con el primer contacto, ahueca su lengua para
recibirme por completo. Voy despacio, no quiero ahogarla.
-Cuando sea demasiado para ti aprieta mis muslos, pequeña, me
detendré de inmediato.
Parpadea dos veces haciéndome saber que lo entiende. Entro más
profundo, tiene una pequeña arcada, pero me empuja más hacia ella.
La sujeto por la cabeza con las dos manos y empiezo a follarle la
boca, dejo caer mi cabeza hacia atrás preso del placer. Joder. Entra
tan bien. Bajo mi mirada hacia ella, mis ojos se encuentran con los
suyos, llenos de lágrimas.
-Así, pequeña, lo haces muy bien para papá.
Lleva una mano a su entrepierna.
-No- gruño- Quiero ser yo quien haga que te corras.
Acelero el movimiento de mis caderas, mi espalda se tensa, estoy a
punto de correrme.
-Pequeña, papi va a correrse por tu cara.
Mierda. No debería haber dicho eso, salgo rápidamente de su boca,
me acaricio con violencia mientras apunto a su cara. Mi semen sale
disparado por toda su preciosa piel, el blanco brilla en sus mejillas,
su frente y sus labios. Nunca ha estado tan preciosa como ahora.
-Vayamos a la cama, mo ghrá. Te daré tu orgasmo allí.
Rory no deja de moverse de un lado a otro de la cama. Está
sudando, creo que está teniendo una pesadilla. Se quedó dormida
después de que le hiciera el amor. Suelta un suave sollozo, los dedos
de sus manos se estiran.
-Mamá- murmura.
-Pequeña- la llamo con delicadeza.
Ha estado teniendo pesadillas con Avery desde hace algunos días.
Odio verla sufrir así por su madre, pero no hay nada que podamos
hacer. Quería arreglar la relación con ella, ni siquiera tuvo la
oportunidad de decírselo.
-Rory, mo ghrá.
Empieza a llorar dormida. Me siento en la cama, tomo su frío
cuerpo y la acuno como a un bebé, luego la cubro con las mantas.
-Calma, mo ghrá. Papá está aquí contigo, nadie puede hacerte
daño- susurro.
Su temblor cesa, parece calmarse lentamente. Tengo que hablar
con Avery como sea, incluso si debo viajar a Nueva York para
enfrentarla cara a cara, esta situación con nuestra hija no puede
seguir así. No me importa si es a mí a quien no habla nunca más o a
quien odia. Pero mi pequeña no merece esto, nunca lo hizo. Su
relación con Avery no era buena y, sin embargo, siempre supe que
Rory la amaba. Le costaba demostrarlo, por supuesto, estaba herida
y se sentía abandonada. Los padres de Avery tienen la culpa de eso,
decidimos no contarle la verdad sobre esto a nuestra hija por temor a
que fuera a buscarlos y matarlos por separar a su madre de ella. Lo
habría hecho, joder. Rory habría matado a sus abuelos hace mucho
tiempo si supiera que obligaron a Avery a renunciar a ella. Se
aprovecharon de que era menor de edad, estuvieron quedándose con
el dinero que mi padre le pasaba a Avery hasta que ella cumplió
dieciocho años y pudo irse de casa. Ninguna de las dos lo han pasado
bien por culpa de esos bastardos. Si Rory leyera el diario que Avery le
dio para su cumpleaños sabría la verdad, su madre quiso esperar a
que fuera adulta. Cargó con la culpa durante muchos años, dejó que
Rory la culpara a ella del abandono.
Aparto el pelo de la cara de mi hija.
-Tu madre te ama, pequeña. Siempre lo hizo y es por eso que ni tu
abuelo ni yo le prohibimos hablar contigo- susurro- Cuando sepas la
verdad no te detendremos si decides matar a sus padres. Ella no
podía perderlos cuando era menor de edad, se habría quedado sola.
Luego decidió que no podía cargarte a ti con su tormento, por lo
menos no hasta que fueses lo suficientemente adulta para
comprender todo por lo que pasó. La golpearon estando embarazada,
lo siguieron haciendo después de darte a luz. Tuvo que demandarme
para las llamadas telefónicas contigo para que sus padres no
pudieran prohibírselo. Dejé que ganara el caso. Te hablaba todos los
días y a todas horas cuando estabas en su vientre. Puede que no te
planeásemos, pero definitivamente, te amamos en cuanto te vimos
por primera vez en esa ecografía.
-Los voy a matar, papá.
Mi corazón se acelera con el sonido de su voz.
-¿Dónde está el diario?- le pregunto.
-En el cajón de mi mesita de noche.
-Es hora de que lo leas, mo ghrá.
Dieciocho
Rory
-¿Estás segura de lo que vas a hacer?
Asiento a mi primo. Le he contado todo lo que escuché decir a mi
padre cuando pensaba que estaba dormida. Me despertó su voz, iba a
hablarle justo cuando escuché que nombraba a mi madre, me quedé
callada para escuchar lo que tenía que decir. No volví a dormir en
toda la noche, estuve leyendo el diario que mi madre me regaló para
mi cumpleaños. He sentido todo el sufrimiento que ella sintió en esa
época, desde que supo que estaba embarazada hasta mi cumpleaños.
Yo misma la he hecho sufrir, pero no tanto como lo hicieron mis
abuelos, sus propios padres.
Cierro la cremallera de la maleta y después la del bolso donde llevo
las armas, ya he pensado lo que les voy a hacer. Miro por encima de
mi hombro cuando mi abuelo entra en mi habitación.
-Tu padre ha hecho un trato con el capo de Nueva York- me
informa- Pasarás los controles del aeropuerto sin ningún problema,
las armas irán contigo en todo momento.
Asiento con la cabeza. Me cuelgo el bolso del hombro, estaré unos
días en Nueva York torturando a mis abuelos y, cuando haya acabado
con sus vidas, volveré a casa.
Mi abuelo acuna mi cara entre sus manos.
-¿Estás segura de que no quieres que te acompañe?- me pregunta.
-Necesito hacer esto sola, abuelo.
Me ha costado mucho convencer a mi padre y a mi abuelo de que
debía ir sola a Estados Unidos, querían acompañarme. He estado dos
días completos conversando con ellos. Cillian vendrá conmigo,
también nuestra tía Cara. El tío Darragh casi se vuelve loco cuando
supo de mis planes, intentó prohibirnos a todos que fuéramos. La tía
Cara lo convenció de que esto era lo que yo necesitaba en estos
momentos.
-Terry es el único que sabe que vas para allá, calabacita. Estará
pendiente por si necesitáis algo.
Pongo los ojos en blanco, aunque Terry ha sido bastante amable
conmigo en los últimos meses, aún no me cae del todo bien. De todas
formas, me alegra tenerlo ahí por si algo ocurre y mi primo y la tía
Cara tienen que huir.
Mi abuelo me da un beso en la frente, nos rodea con sus brazos a
mi primo y a mí.
-Tened mucho cuidado, por favor. Me moriré si os ocurre algo.
-Nos cuidaremos el uno al otro, abuelo- responde mi primo.
Mis ojos se conectan con los de él, si decidí que mi primo y nuestra
tía me acompañaran en vez de mi abuelo y mi padre fue porque sé
que no van a intervenir en nada. En cambio, mi abuelo y mi padre
podrían hacerlo y no puedo permitirlo, soy yo quien debe hacerse
cargo de mis abuelos maternos. Mi primo toma mi maleta y la suya,
caminamos hacia la salida de la casa, mi padre se encuentra junto a
la puerta abierta, estático, sin hacer ningún movimiento. Inclino la
cabeza a un lado, lleva nervioso desde anoche. Me alza del suelo en
sus brazos, esto se siente como si nunca más fuese a volver. Le doy
un beso en el cuello.
-Papi, regreso en unos días- me rio con suavidad.
-Ya deberías dejar de llamarme así en público, mo ghrá. Te estoy
follando cada maldita noche.
-Eamon- susurro en su oído.
-Joder, no puedes irte.
Me rio en alto.
-Tienes que dejarme ir, Eamon- digo con firmeza mirándolo a los
ojos.
-¿De verdad tienes que irte justo ahora?
-Sí, pero volveré, y te ordeno que tienes que estar esperándome
desnudo en nuestra cama- susurro.
Mi padre sonríe mostrándome sus dientes. Le doy un beso en la
boca, me aprieta el cuerpo con sus brazos. Ya no nos escondemos,
todos los de esta casa conocen nuestra verdadera relación. El cuerpo
de la tía Cara aparece bajo el umbral de la puerta. Es extraño no verla
con sus vestidos elegantes y subida a sus tacones de marca.
-O nos vamos ya o Darragh me llevará de vuelta a casa y me atará a
la cama- nos advierte- Está insoportable.
Su protesta me hace reír. Desde que están buscando un bebé, el tío
Darragh se ha vuelto tan protector y controlador con ella como mi
padre conmigo. No la deja ir sola a ningún sitio, es un milagro que
pueda acompañarme a Nueva York. Mi padre me deja en el suelo y
me toma de la mano, empiezo a reírme cuando salimos a la calle y
veo al tío Darragh zarandeando por los brazos a Cormac mientras se
queja de lo testaruda que es la tía Cara. Cormac está intentando no
reírse.
-Lleva así desde que pusimos un pie en este castillo- se lamenta mi
tía.
Mi primo pasa su brazo por encima de los hombros de ella, lo que
atrae la atención del tío Darragh, fulmina a Cillian con la mirada.
Parece que se le ha olvidado que su sobrino es gay.
-La cuidaré, tío Darragh- le promete mi primo.
-¿Estás seguro?- gruñe.
Cillian pone los ojos en blanco, por supuesto que puede
protegernos a las dos, aunque no lo necesitemos. Nuestro abuelo, mi
padre y nuestro tío lo entrenaron para ser algún día mi segundo al
mando, sabe defenderse y atacar, tanto como yo. Aunque nada de eso
importa cuando la testosterona de los hombre actúa como mente
pensante, creen que somo damas en apuros. Yo sola podría
tumbarlos a los tres, como hice con mi padre.
-Voy a ir con vosotras- espeta mi tío.
-Ni lo sueñes, Darragh. Esto no es asunto tuyo, es nuestra bebé y es
ella quien debe encargarse.
Mi tío le niega con el dedo índice muy cerca del rostro, la tía Cara
le da un manotazo.
-Te quedas aquí o te juro que te pido el divorcio- lo amenaza.
Jamás se divorciaría de él, le dice eso para que se calme y la deje
tranquila. Y funciona, el tío Darragh se echa a un lado para
permitirle entrar en el coche. Mi primo se despide de nuestro abuelo,
también le está costando mucho dejarlo ir, aunque cede y permite
que se suba al coche con nuestra tía. Miro a mi padre, sus labios se
posan sobre los míos de inmediato. Lo empujo por el pecho cuando
no me suelta.
-Eamon- protesto- Déjame ir.
-¡Eamon!- grita mi tía desde el interior del coche- Suéltala de una
maldita vez o te juro que saldré y te patearé el culo.
Mi padre se ríe en mi boca, me da un beso en la frente y, después,
me da un suave empujón por el trasero hacia el coche. Me siento al
lado de mi primo, que está entre nuestra tía y yo, entrelaza sus dedos
con los míos.
-Todo va a ir bien, nos vengaremos de Avery y volveremos-
murmura.
-Cici, no nos va a pasar nada- le aseguro.
Mi padre se apoya en el coche, me entrega una carpeta.
-Aquí tienes todos los datos de contacto del capo de Nueva York,
puedes llamarlo a cualquier hora y en cualquier momento, pequeña.
No lo dudes, si algo va mal llámalo.
-¿Qué trato has hecho con él?- le pregunto.
-Eso no importa ahora, tampoco ha sido nada extraordinario.
-Quiere parte de nuestra droga, de las setas que sólo se cultivan en
Irlanda- me informa mi tía.
-Entiendo. ¿Eso está bien para ti, papi?
Acaricia mi mejilla con sus nudillos.
-Daría mi vida para protegerte, mo ghrá. Ahora marchaos, cuanto
antes lo hagáis antes volveréis. Y dale saludo a esos malditos viejos
de mi parte. Diles que Eamon ha ganado.
Esbozo una sonrisa.
-Se lo diré, papi. Te amo.
-Y yo a ti, pequeña.
Me da un corto beso en los labios antes de cerrar la puerta. Cormac
arranca el motor del coche. La mano de mi primo tiembla un poco,
jamás lo he visto así. Creo que me oculta algo, pero dejaré que sea él
quien venga a contármelo, como siempre hemos hecho. Me contó
que el abuelo lo regañó por acompañarme al club, aun así, lo dejó
explorar un poco el lugar, se fueron antes que mi padre y yo. Le doy
un beso en los nudillos, sus ojos se posan sobre mí.
-¿Estás bien?- le pregunto.
-Sí, es Ryan, me tiene nervioso.
-No sé por qué has vuelto con él- protesto molesta.
No lo entiendo y no lo entenderé nunca, Ryan es un idiota
posesivo, pero de los que hay que odiar. No es como mi padre, que
me ama y lo hace para protegerme, Ryan quiere tener atado a mi
primo. Hay algo que lo atrae hacia ese idiota y no puedo averiguar
qué es, no quiero a mi primo con ese gilipollas, ojalá pudiera
obligarlo a olvidar a Ryan.
El vuelo hasta Nueva York ha agotado a mi primo y a nuestra tía,
en cambio, yo tengo la energía en su máximo nivel. Estoy ansiosa,
más que enérgica. Quiero llegar a casa de los padres de mi madre y
llevármelos a la casa a las afueras de la ciudad que alquilé. Está en
las Montañas Adirondack, junto al lago Peck. Son más de dos horas
desde su casa hasta el lago, pero merecerá la pena, allí nadie podrá
escuchar sus gritos y podré deshacerme de los cadáveres.
Miro de reojo hacia el hombre joven que nos lleva siguiendo desde
que hemos puesto un pie en la terminal del aeropuerto, estoy segura
de que es uno de los vigilantes del capo de Nueva York. Debería
haber enviado a alguien más discreto.
-Estoy hambriento- se queja mi primo- ¿Podemos ir a por comida
rápida?
-Sí, podemos parar cuando hayamos cogido el coche de alquiler-
responde nuestra tía- Yo también tengo hambre.
Sus cabezas giran hacia mí, esperan que también diga que tengo
hambre y la verdad es que no tengo.
-Por mí no os preocupéis.
-Ro, tienes que comer- insiste mi primo.
-Cuando los tenga en mi poder.
Me choco contra una señora al salir del área privada del
aeropuerto, nuestro jet sólo tenía permiso para aterrizar en JFK,
pero en sus pistas privadas.
-Disculpe, señora, no la vi.
Me sonríe con dulzura.
-No te preocupes, yo tampoco iba mirando.
Mi primo tira de mi brazo cuando me quedo demasiado tiempo
mirando a la señora, creo que la he hecho sentir incómoda. A veces
me pregunto cómo hubiera sido mi vida si mis abuelos maternos
hubieran estado en ellas, después me acuerdo de todo lo que le
hicieron a mi madre y la ira vuelve a nublar mi mente.
-Le prometí a Eamon y a Garrett que cuidaría de vosotros- se queja
mi tía- Vas a comer quiera o no.
-No me estoy negando a comer, tía Cara. Es que no me apetece
ahora, prefiero hacerlo cuando ya los tenga en mi poder. Además,
necesito tener el estómago vacío en estos momentos.
-¿Por qué dices eso?
-Porque tenemos a alguien siguiéndonos, estoy segura de que es un
vigilante del capo.
Mi tía mira con disimulo a su alrededor, luego se ríe como si le
hubiéramos contado algún chiste, frota el brazo de mi primo y lo
llama bobo de forma amistosa, Cillian sonríe.
-Lo he visto- nos susurra.
-Yo también- concuerda mi primo- No es muy bueno haciendo su
trabajo.
Niego con la cabeza, en realidad es bueno, ninguna de las otras
personas se ha dado cuenta de su presencia, pero alguien tan
entrenados como nosotros puede hacerlo y, sobre todo, alguien como
yo. Siempre que hago algo que no debo estoy alerta, mis propios
sentidos se desvinculan del resto de mi cuerpo para ponerse en
marcha, van por vía libre, envían a mi cerebro cualquier señal de
amenaza. Vi a ese hombre de inmediato y busqué a más, pero no los
hallé.
Me subo en los asientos traseros del coche de alquiler, mi tía
conduce y mi primo va a su lado. Los enormes edificios de la ciudad
pasan uno tras otros a medida que nos movemos. Cojo mi móvil de la
bolsa donde tengo las armas, quiero enviarle unos mensajes a mi
padre, a mi abuelo y al tío Darragh para que sepan que ya hemos
llegado a nuestro destino.
En cuanto salimos de la ciudad, el bullicio se calma, nunca me
gustaron estas grandes ciudades, Dublín es grande, aunque
comparado con Nueva York es un pequeño pueblo. Y el castillo es
mucho más tranquilo y silencioso, adoro eso, la paz que hay allí. No
cambiaría por nada del mundo mi hogar.
-Hemos llegado- me avisa mi tía.
Abro la puerta del coche y salgo. Me quedo quieta observando
desde el principio de camino de entrada la puerta de la casa de mis
abuelos, es la primera vez que voy a verlos. Nunca los he conocido en
persona, sólo me han hablado un poco de ellos, prácticamente para
darme explicaciones de por qué no estaban en mi vida. Bueno, es
hora de que conozcan al ser humano que intentaron matar estando
en el vientre de su madre.
-Ro- me llama mi primo desde el interior del coche- Avery está
llamando.
Tomo mi móvil, es cierto, mamá parpadea incesante en la pantalla.
Deslizo el dedo y descuelgo la llamada.
-Te estoy viendo por la ventana- me avisa- ¿Estás totalmente
segura de lo que vas a hacer?
-Sí. Papá me contó lo que te hicieron, lo que nos hicieron a las dos.
Luego leí el diario, mamá.
-Sé que no puedo detenerte, cuando comencé a escribir ese diario
aún no conocía tu trastorno. Y cuando lo supe, seguí con mi tarea
para que un día pudieras vengarnos.
-¿Por qué estás ahí con ellos? Creí que ya no les hablabas.
-Tu abuelo avisó a Terry de que estabas en camino, no dio más
explicaciones y yo tampoco las necesité cuando Terry me lo contó a
mí.
-¿Querías estar presente?
-En realidad, me gustaría decirles algo cuando los tengas atados.
-Está bien, mamá. Voy para adentro.
-La puerta está abierta, mi vida.
-Mi vida- suspiro.
Hacía semanas que nadie me llamaba así, ahora me doy cuenta de
cuánto lo había extrañado. Es cierto eso que dicen que uno no sabe lo
que tiene hasta que lo pierde. Me di cuenta de eso en cuanto mi
madre dejó de hablarme. Comencé a extrañar su voz, su incesante
charla para que fuéramos las mejores amigas, lo extrañé todo de ella.
-¿Estarás aquí unos días?- me pregunta, sacándome de mis
pensamientos.
-Sí.
-Me gustaría que habláramos a solas.
-Te daré la dirección de la cabaña en la que estaremos
quedándonos Cillian, la tía Cara y yo.
-Cara ha venido, tengo ganas de verla, hace años que no lo hago.
-Sí, bueno, no le caes muy bien.
Su risa acelera mi corazón.
-Nunca nos caímos bien, supongo que ella tiene sus razones y yo
las mías. En el instituto nos odiábamos, a mí me gustaba Darragh
también.
-Conozco esa historia, el tío Darragh la usa en contra de papá y
la tía Cara cada vez que quiere hacerlos enfadar.
-A tu padre nunca le hizo gracia que lo usara para darle celos a
Darragh.
-Lo sé.
-Y después de mis tonterías viniste tú, mi mayor regalo.
Suelto un largo suspiro. Me han contado tantas veces la historia de
mi concepción, el grupo de amigos de mis padres y mis tíos hacían
muchas tonterías, eran niños de papá y nadie los regañaba. Fui
concebida la noche en que celebraron una fiesta, mis padres
decidieron tener su primera vez y no usaron precauciones, fueron
unos idiotas. Al fin y al cabo estaban en la edad de serlo.
-Te espero dentro, mi vida. No tardes.
Cuelgo la llamada y le devuelvo el móvil a mi primo, los ojos de mi
tía ya están disparando flechas de fuego.
-No prometo nada- me advierte.
-Mamá está muy enamorada de Terry, tía Cara.
-A ese también puedo golpearlo.
Mi primo se ríe.
-Cada día te pareces más al tío Darragh- le digo mientras comienzo
a caminar hacia la casa.
La puerta se abre, mostrándome el cabello pelirrojo de mi madre,
esboza una enorme sonrisa y se echa a un lado para dejarme pasar.
-¿Dónde están?- le pregunto.
-Bueno... Esto...
-¿Mamá?
-Prométeme que no vas a juzgarme, es la primera vez que hago
algo así. No nací siendo mafiosa, creo que tu padre y tu abuelo me
han estado contagiando durante años.
Frunzo el ceño, estoy muy confundida en estos momentos. Mi
madre me lleva al salón de la casa, mi mandíbula se desencaja
cuando veo a Terry acomodando en el sofá los cuerpos de mis
abuelos.
-¿Los habéis matado?- les pregunto.
-¡No!- chilla mi madre- Jesús, no. Yo no puedo hacer algo así. Soy
medio mafiosa únicamente.
-Los hemos drogado- admite Terry- Tomé prestado algunos
sedantes de la clínica.
Lo miro con una ceja levantada, me cruzo de brazos.
-¿Tú los has drogado con sedantes que has robado de tu clínica
veterinaria?- le pregunto.
-Sigues sin caerme bien, niña. Pero amo a tu madre y ella me lo
pidió para que este asunto no fuera demasiado para ti.
Le saco el dedo medio, Terry sonríe.
-Tu abuelo me cae bien, una pena que no te parezcas más a él-
dice.
-Se parece mucho a su abuelo, mi amor- responde mi madre-
Aunque más a su padre.
-Y físicamente a ti- sonrío, mi madre me devuelve la sonrisa.
-Bueno. ¿Y dónde los llevo?- me pregunta Terry.
-Al maletero del coche. ¿Llamo a Cillian?
Terry asiente con la cabeza, me rio suavemente.
-Hasta yo podría tumbarte, grandullón- me burlo.
-Es irritante- le protesta a mi madre.
Diecinueve
Eamon
Froto mi pecho con mi puño, me está volviendo a doler. La
ausencia de Rory ha empeorado el dolor que llevo sintiendo desde
que discutimos hace casi dos meses, no he querido decirle nada,
porque, aunque estemos bien, no me perdona por las cosas que le
dije. Eso me está jodiendo mucho psicológicamente. Apenas duermo
bien por las noches, intento que ella no se dé cuenta de mi estado
para no hacerla sentir mal, debe perdonarme cuando crea oportuno.
Hemos hablado de ese tema, ella quiere perdonarme, quiere
pronunciar esas palabras, pero aún no está lista. Cuando piensa en
ese momento le duele, no quiero que a ella le duela, prefiero estar
sufriendo yo este maldito dolor a cada instante.
Me arranco el brazalete del tensiómetro del brazo en cuanto la
doctora anota mi tensión en su cuaderno, ha estado viniendo a casa a
escondidas para estar pendiente de mi salud, a petición de mi padre,
por supuesto. Me sorprendió en la cocina tomándome un
tranquilizante para los nervios, no me dio otra opción y tuve que
contarle lo que me estaba pasando. No tengo nada malo en el
corazón, me he hecho muchas pruebas y todas han salido bien, la
doctora me ha dicho que está todo en mi cabeza, que padezco de
ansiedad. Darragh, mi padre y ella han insistido en que vea a un
psicólogo, no pienso ir a un comecocos. No confío en ellos desde que
drogaron a mi hija cuando tenía ocho años, parecía un zombi, maté a
los putos psiquiatras y psicólogos que la trataron. Mi pequeña sufrió
mucho en esa época, nunca lo voy a olvidar.
-Señor.
-No- interrumpo a la doctora.
Suelta un suspiro mirando a mi padre, puede mirarlo todo lo que
quiera, no voy a ir a terapia.
-Eamon, deberías escucharla- insiste mi padre.
Me pongo de pie enfadado, Darragh me toma por un hombro.
-Escúchanos- suplica- Si no quieres ir a terapia, al menos deberías
hablar con Rory sobre esto.
-He dicho que no y como a alguno de vosotros se os ocurra
contarle algo de esto os mataré.
Me quito de encima la mano de mi amigo, necesito dormir un
poco, he estado despierto todo el tiempo que ha durado el vuelo en el
que iban Rory, Cillian y Cara. En cuanto me despierte tengo un viaje
programado a Escocia, Darragh ha conseguido una reunión con el
Ard-Ordú allí, no es común que nos reunamos fuera de la Isla de
Man, es territorio neutral para nosotros, allí tenemos la casa de
reuniones del Ard-Ordú. Es el lugar donde podría enviar a Rory y
Cillian en caso de que Escocia comience una guerra, se supone que
aquel lugar es sagrado para nosotros, un lugar neutral. Pero conozco
bien al bastardo de Fraser y no respetará la isla, irá a por mis
pequeños sin pensarlo dos veces. Es por eso que ya tengo un lugar
seguro para ellos en caso de que algo ocurra, Caitrin se los llevará
con ella a un lugar secreto que conoce, no ha querido decirme a
dónde para que siga siendo seguro, es mejor así. Nunca le contaría
nada a nadie, pueden torturarme si lo desean, nada saldrá de mi
boca, mucho menos si tiene que ver con la seguridad de mi familia.
Agarro uno de los lazos que mi pequeña guarda en una caja, tiene
tantos que me cuesta elegir uno de ellos. Cuando me decido por uno,
lo ato a mi muñeca, al menos así la tendré junto a mí mientras
duermo. Me deshago de la ropa, quedando en bóxer, y me tumbo de
cara en la cama, quito la almohada de mi cabeza, necesito abrazarla e
imaginar que es ella quien está aquí. Me he acostumbrado tanto a
dormir abrazando a mi mujer, en oler su perfume natural mientras
ella duerme y a sus suaves sonidos. Me he pasado tantas noches
despierto para poder contemplarla. Estoy muriendo lentamente sin
ella a mi lado, me ha intoxicado con su presencia, me ha hecho adicto
a todo su ser.
El sonido de mi móvil me despierta de un sobresalto, olvidé
ponerlo en silencio. Extiendo el brazo hacia la mesita de noche y lo
tomo, descuelgo la llamada sin abrir los ojos.
-¿Quién es?- gruño.
Su risa provoca que abra mis ojos de golpe.
-¿Te he despertado, papi?
-No importa, mo ghrá. Prefiero oír tu voz. ¿Está todo bien?
-Sí, mo shíorghrá.
-No me digas esas cosas cuando no estás cerca para poder
follarte.
Vuelve a reírse, volviendo aún más loco mi pobre corazón, creo que
terminaré infartado por culpa de mi pequeña.
-Te amo, Eamon.
-Joder.
-¡Basta!- se ríe.
-Basta tú, eres quien me está provocando.
-No es cierto.
-Por supuesto que no, tú nunca provocas.
-Cierto, papi.
-Papi está pensando en mil formas de darte placer.
Empiezo a reírme cuando protesta de forma grotesca, si tengo que
sufrir su ausencia que ella también sufra la mía.
-Tengo algo que contarte, papi.
-¿Ha pasado algo con tus abuelos?
-Primero, esos dos no son nada mío, ya tengo un abuelo y lo
adoro. Y segundo, no, no ha pasado nada con ellos. Es sobre Blaine
Fraser.
Me siento en la cama de un salto, cada músculo de mi espalda se
tensa hasta que empieza a doler.
-Me ha enviado un mensaje a mi móvil, no sé cómo lo ha
conseguido.
-¿Qué te ha dicho, pequeña?
-Nada interesante, sólo me ha amenazado de muerte. Otra vez.
-Maldición, la voy a matar en cuanto la vea.
Me muerdo la lengua, no debería haber dicho eso, Rory no sabe
que tengo pendiente una reunión donde veré a Fraser. Quería
mantenerlo en secreto hasta que se celebrara y ya después contarle
todo.
-No me lo puedo creer, Eamon- protesta enfadada.
-Te lo iba a contar, Rory, cuando ya hubiera sucedido la reunión.
-Eres increíble y no en el buen sentido. ¿Por qué me lo ocultaste?
-Mo ghrá, necesitaba hablar primero con ese cabrón. Te juro que
tenía toda la intención de contártelo.
-¿Estás seguro?
-Claro que sí, pequeña. No quiero ocultarte nada, puede que lo
haga en un principio para protegerte, pero te prometo que siempre
te contaré las cosas.
-Está bien. Quiero que escuches algo.
Me quedo esperando unos segundos con el móvil pegado en mi
oreja hasta que comienzo a escuchar los gritos de un hombre. Mi
boca se curva por un lado, mi pequeña está vengando a su madre, el
daño físico y psicológico que Avery sufrió por culpa de sus padre fue
mucho. Cuando dio a luz no quiso coger en sus brazos a Rory, repetía
una y otra vez que era una mala madre y que la rompería, a mi padre
y a mí nos costó horas y horas convencerla de que no sería así. Y
después de todo el esfuerzo que le pusimos para que hiciera eso, ese
simple acto, sólo lo pudo hacer una vez. Avery firmó los papeles de
cesión de custodia y sus padres se la llevaron ese mismo día del
hospital, podrían haberla matado. Acababa de dar a luz y no les
importó, creyeron que eso era lo mejor para ella. A mí no me cabe en
la cabeza. ¿Cómo iba a ser lo mejor para ella estar deprimida por no
estar cerca de su bebé? ¿O estar con tantos dolores lejos de un
médico? Es por eso que no me da ninguna pena que Rory los esté
torturando.
-¿Lo has oído, papi?- me pregunta emocionada.
-Sí, pequeña. Sigue así, cuando vuelvas a casa te voy a dar
algunas responsabilidades, es hora de que comiences a trabajar
conmigo. Algún día ocuparás mi lugar.
-Tendremos que enseñar a nuestro primer hijo también.
-Rory- gruño.
-Te amo, Eamon.
Niego con la cabeza, me ha dejado con una erección enorme y lo
sabe. Es lo que busca para que sólo pueda tener mis pensamientos en
ella, como si le hiciera falta dejarme frustrado sexualmente para que
sólo piense en ella. Quería que le prometiera que no me tocaría sin
ella aquí. Sí, consiguió que lo prometiera, sólo tuvo que sonreír para
ello.
Miro la hora en la pantalla de mi móvil, es más de mediodía. Me
doy una ducha rápida y bajo a la cocina, el olor de la comida de Orla
hace que mi estómago de un vuelco, estoy hambriento. Me da un
manotazo en la mano cuando me dispongo a coger uno de los bollos
calientes que acaba de hacer.
-A la mesa- me ordena.
Suelto un suspiro. Es a la única empleada que le permito darme
órdenes, lleva con mi familia más de treinta años, me ha visto nacer y
crecer, estuvo con nosotros cuando mi hermana murió y ayudó a mi
padre a criarnos cuando mi madre ya no podía. Diría que es como
una segunda madre para mí, pero eso sería un insulto para Orla, dice
que soy una bestia y que ella nunca habría dado a luz a tremendo
monstruo. Aunque sé que lo dice con la boca pequeña y que en
realidad me ama como a un hijo. Le doy un beso en la sien.
-Hoy estás muy guapa- susurro en su oído para enfadarla.
Odia que le lance piropos, nunca ha sido una mujer coqueta, odia
que le digan cosas bonitas. Me da un empujón hacia el comedor,
entro riéndome. Pero dejo de hacerlo cuando veo a Darragh llorando
y siendo consolado por mi padre.
-¿Qué pasa?- pregunto.
-Extraña a Cara- responde mi padre.
Se me escapa una carcajada, mi amigo me fulmina con la mirada.
-Te dije que no te preocuparas, estarán aquí mañana mismo- le
digo.
-Eso no lo sabes.
Me siento en mi silla, a la cabeza de la mesa.
-Sí, lo sé. Rory no va a aguantar mucho torturando a sus abuelos,
no estoy allí para controlarla, ni Cillian ni Cara lo harán.
Se limpia las lágrimas con el talón de su mano.
-Lo siento- se disculpa.
-No tienes que hacerlo, es normal que la extrañes. Nunca os
habíais separado- lo consuela mi padre.
Y tiene razón, Darragh ha sido la sombra de Cara todos estos años
y Cara ha sido la suya. Si mi amigo tenía que viajar a algún lugar por
motivos de trabajo su esposa iba con él, si era la situación contraria
sucedía lo mismo. Nunca los he visto separado desde que
comenzaron a ser novios oficialmente y supongo que ahora le afecta
más porque ella ya podría estar embarazada del primer hijo de los
dos.
-Nuestro vuelo a Escocia sale en unas horas- le recuerdo.
-Estaré bien, Eamon- espeta- Te atreves a criticar a Rory y tú eres
igual, un maldito insensible.
Pongo los ojos en blanco.
-No hagas eso, mi sufrimiento no te da pena- se queja.
Mi padre oculta su sonrisa tras su vaso con agua. Darragh sólo está
siendo él mismo, un jodido dramático en busca de atención ahora
que su esposa no está para dársela.
-Claro que me das pena- respondo- Es que estoy feliz.
Me mira con el ceño fruncido.
-Acabo de hablar con mi pequeña y me ha llamado su amor
eterno. Y no sólo eso, me ha dicho que tendremos que enseñarle a
nuestro primer hijo a ser el próximo jefe.
Mi amigo sonríe de forma genuina.
-No vas a dejar a mi nieta embarazada- gruñe mi padre.
Es el turno de Darragh de reírse, sabe que lo haré en cuanto ella
deje las píldoras.
-¿No te hace ilusión volver a ser abuelo?- le pregunto- Tendrás
más pelirrojos corriendo por la casa.
Una sonrisa se dibuja en su cara, sé que se lo está imaginando.
-Admito que sería bonito- dice- Pero es mi calabacita de la que
estamos hablando, Eamon.
-No quiere ser madre aún, cálmate- lo tranquilizo- Creo que va a
esperar unos años.
-Bien. Pero cuídala o te juro que te asfixiaré con la almohada.
-Lo hará Rory- se ríe Darragh.
Lo imito haciendo gestos con la cara, la risa grave de mi padre se
escucha en todo el comedor.
-¿Y nunca has querido tener más hijos, Garrett?- le pregunta de
repente Darragh.
Mi padre se queda callado un rato, la tensión ha envuelto el
ambiente.
-Supongo que nunca encontré a la persona con quien tenerlos- dice
en voz baja.
-Querrás decir mujer- lo corrige Darragh.
-Sí...
Le doy un manotazo a mi amigo en el hombro, se queja a mi padre
por el gran dolor que le he causado, aunque no haya sido para tanto.
Él no sabe que mi padre es bisexual, no es que él lo vaya gritando a
los cuatro vientos, siempre ha sido muy celoso con su vida privada.
Sólo Rory, Cillian y yo conocemos ese detalle.
Le doy las últimas órdenes a Cormac, tiene que estar pendiente por
si a Fraser se le ocurre hacer alguna estupidez. Tengo a algunos
hombres escondidos en las inmediaciones del lugar de reunión,
William rechazó la oferta de Fraser, no quería que la reunión se
celebrara en su casa. Tenía que ser un lugar lo más neutral posible,
William alquiló una oficina para este momento, al menos tendría el
control en algo. Cuando entro en dicha oficina noto el ambiente de
tensión que se respira. Los ojos de Fraser me acompañan hasta mi
asiento, no veo a su hija por ningún lado, lo que provoca mi enfado.
-Comencemos- anuncia William.
-¿Sin la hija de Fraser?- pregunto.
-¿Dónde está Blaine?- le pregunta William a Fraser.
El cabrón me sonríe.
-¿Preocupado por tu hijita?- se burla de mí- Tranquilo, Kavanagh,
Blaine no está en Nueva York. Vendrá enseguida, tenía unos asuntos
personales que atender.
Reece, el hijo de Caitrin se ríe. Todos lo miramos a la espera de
una explicación.
-Vamos, Alastair, en Gales se han oído los rumores de que a tu hija
le han sido infiel- se ríe- No me extraña que ese pobre hombre lo
haya hecho, hay que tener mucha paciencia para soportar a esa loca.
Mi pecho vibra por la risa, conozco o conocía al novio de Blaine,
llevaba con él poco más de dos años. Era un buen chico, de una
familia adinerada de este país, Blaine siempre fue muy tóxica con él.
Se llegó a decir que hasta lo maltrataba físicamente.
-No estamos aquí para comentar la vida privada de la hija de
Fraser- sentencia William- Si no llega en cinco minutos
comenzaremos sin ella.
Darragh y yo nos miramos, necesito que esa zorra esté presente en
esta reunión porque ella también debe escuchar lo que voy a decir, o
más bien advertir. La puerta de la oficina se abre, mostrando la
figura de Blaine, parece muy enfadada. Se sienta junto a su padre sin
dejar de mirarme, me sonríe de forma coqueta, como hace siempre.
-Eamon, tienes la palabra. La reunión acaba de comenzar- me da
paso William.
-Sólo quiero advertir a los Fraser. Llevamos años de paz, el Ard-
Ordú se creó por este motivo. Porque por alguna extraña razón
Alastair Fraser tiene algo en contra de mi familia, algún día me
gustaría oír esos motivos- digo esto último mirándolo- Lo que haga o
deje de hacer en mi territorio es asunto mío y de mi familia.
-Te follas a tu hija y pretendes que nos quedemos de brazos
cruzados- comenta Blaine- Si necesitabas a una pelirroja para
compartir tu cama me podrías haber llamado.
Su padre le da un pellizco en el brazo a modo de advertencia.
-Ni siquiera voy a agradecer tu oferta, no lo es para mí. Lo que
tengo con mi hija no es sólo sexo, es amor. Voy a hacerla mi esposa,
ya lleva mi anillo en su dedo- anuncio.
-Nuestras normas, las del Ard-Ordú, dictan que no podemos
actuar en caso de que las acciones de otro jefe no afecten a nuestros
territorios- nos recuerda William- En caso de que los Fraser hagan
algo en contra de los Kavanagh tendrán a todo el Ard-Ordú en su
contra. La reunión ha finalizado.
Todos nos ponemos en pie, los ojos de Alastair disparan dardos
venenosos hacia mí. Como si me importara, no le tengo miedo.
-¿Papá te importa que haga un viaje a Nueva York?- le pregunta
Blaine a su padre.
Se me escapa una carcajada, los ojos de los Fraser se posan sobre
mí.
-Blaine, te lo voy a advertir ahora que sigues caminando entre
nosotros. No le aprietes las tuercas a Rory.
Se ríe como si le hubiera contado el mejor chiste del mundo.
-Tu hija no tiene nada que hacer contra mí, Eamon. Llevo años
entrenándome para ser una asesina.
Darragh niega con la cabeza sonriendo.
-¿Tienes algo que decir?- le pregunta Alastair.
-Sí, que tu hija es una ignorante. Rory no ha sido entrenada para
ser una asesina, lo es por naturaleza. Su trastorno la hace perder el
control y acabar con cualquier vida que la rodee, ten cuidado Blaine.
No te gustará enfrentarte a su oscuridad. A su caos.
Ninguno de los presentes conocía el trastorno de mi hija, nunca
creímos necesario que lo supieran, ahora lo es y mi amigo ha hecho
bien en desvelar ese secreto. No creo que eche atrás a Blaine y
tampoco sabrá con certeza a qué se enfrenta de verdad. Rory conoce
las armas y las sabe usar, sabe defenderse y sabe atacar. Estoy seguro
de que estará lista para la batalla si Blaine se acerca a ella.
Veinte
Rory
Mi madre me da un beso en la mejilla, Terry, Elijah y ella han
venido hasta Irlanda para asistir a la fiesta de la alta sociedad. La
invitación que recibió mi familia hace un mes decía que podíamos
invitar a alguien más, cuando volví de Nueva York le pedí a mi padre
que los invitara. Estoy nerviosa, hoy será la primera vez que asista a
una de estas fiestas, mi padre y mi abuelo nunca nos quisieron a
Cillian y a mí cerca de gente como la de alta sociedad. Pero mi padre
insistió en asistir a esta para demostrarle a la bruja de Michelle que
yo podía estar en un lugar así y comportarme. La conozco bien y sé
que intentará hacer algo para dejarme en ridículo, no le voy a dar la
satisfacción de verme alterada. Mi madre me ha dado una pastilla
que me mantendrá algo tranquila y voy a poner todo de mi parte
para no dejar en ridículo a mi familia. Aunque dudo que a ellos les
importe eso, sólo se preocupan por mí y no quieren que sufra. No
sufriré siempre que le gane esta batalla a la bruja. Y, por supuesto, a
la zorra de Blaine, ya he sido informada de que también asistirá y de
que intentó coquetear con mi padre. Hoy no haré nada, excepto si me
ataca, usaré únicamente mis palabras para hacerla callar, mis puños
deberán permanecer quietos esta noche.
Mi madre frota mis brazos con sus manos mientras mira nuestros
reflejos en el espejo. Apoya su barbilla en mi hombro, desde mi viaje
a Nueva York estamos más unidas que nunca. Sigue sin ver con
buenos ojos mi relación con mi padre, pero poco a poco lo está
asimilando.
-Estás preciosa, mi vida- me dice.
-Gracias, mamá.
El vestido verde esmeralda me queda perfecto. Es de tirantes finos,
escote en 'v' profundo, largo hasta el suelo y falda de tul. También
tiene una abertura en cada muslo, el forro bajo la falda de tul es de
seda, como el cinturón ajustado en mi cintura y la parte del corpiño.
Llevo el pelo recogido detrás de mi cabeza en un moño bajo, mi
madre me ha dejado algunos mechones rizados sueltos. Me he
puesto unas sandalias de tacón de color plateado, a juego con mi
anillo de Claddagh y el colgante de oro blanco que mi madre me
acaba de regalar. Lo tomo con mis dedos, es el árbol de la vida celta,
para ella significa que estemos donde estemos siempre estaremos
unidas por las raíces de este árbol. La miro de arriba a abajo, ella
también está hermosa, su vestido es igual de largo que el mío, sin
tirantes, es de palabra de honor. De color rosa pálido con un cinturón
dorado acentuando su estrecha cintura. Su pelo es mucho más rizado
que el mío y también lo lleva recogido a la altura de la nuca y, sí,
también tiene algunos mechones sueltos. Abre la boca y la cierra,
frunzo el ceño, el suspiro que suelta es tembloroso.
-¿Qué ocurre, mamá?
-Creo...- el aire se atasca en su garganta.
Pongo mis manos en sus antebrazos, mi madre me agarra por los
míos.
-¿Mamá?
-Creo que estoy embarazada de Terry.
Mi mandíbula se desencaja, no sabía que Terry y ella estaban
buscando un bebé.
-No sabía que...- tartamudeo.
-No te enfades- me suplica- Queríamos decírtelo antes que a Elijah
incluso.
-Mamá, mírame.
Sus ojos conectan con los míos.
-Estoy bien, feliz por vosotros, te lo prometo.
-¿De verdad?
Sonrío de oreja a oreja, estoy feliz de tener un hermano pequeño.
La atraigo a mis brazos y le doy un fuerte achuchón.
-Creí que te lo tomarías mal, cuando Michelle le dijo a tu padre que
estabas embarazada...
Me separo de ella rápido y le cubro la boca con mi mano.
-No es la misma situación y lo sabes.
Toma mi mano, le da un beso y la pone sobre su mejilla, la acaricio
con mi pulgar.
-¿Terry lo sabe?- le pregunto.
-No, no sabe de mis sospechas, y aún no me he hecho ningún test
porque quería hablar contigo primero.
Tomo su cara entre mis manos, le doy un fuerte beso en la frente.
-Estoy feliz por ti, mamá.
Se ríe suavemente.
-Me va a costar mucho que te lleves bien con Terry- murmura.
Mi propia risa se apodera de mí, no importa lo que hagamos, Terry
y yo siempre discutimos por algo, aunque sea una minucia.
-Mi vida, sé que ya te he pedido perdón y te juro que no tendré
vida suficiente para seguir haciéndolo porque lo que dije fue horrible.
También sé que no vas a poder perdonarme tan fácil, pero necesito
volver a disculparme contigo, Rory.
Un nudo se agolpa en mi garganta, no importa lo bien que esté con
mis padres, con mi primo o mi abuelo, si me han hecho algo que
pueda hacerme mucho daño no será fácil para mí perdonarlos, sigo
sin perdonar a mi padre por lo que me dijo y de eso hace ya tres
meses.
-No puedo, mamá. Aún no.
-Lo sé, mi vida. Cuando estés lista.
Mi padre entra en la habitación, sus ojos recorren mi figura, le
hace un gesto a mi madre para que salga. Yo también lo miro a él,
está tan guapo con el esmoquin. Cierra la puerta sin dejar de
mirarme, mi corazón empieza a latir rápido y fuerte dentro de mi
caja torácica. Se relame el labio inferior, murmura algo que no soy
capaz de escuchar, luego saca su arma de la espalda y se asegura de
que el cargador esté lleno.
-¿Eamon?- pregunto.
-Tengo que asegurarme de que ningún cabrón te ponga los ojos
encima y en caso de que lo haga tener las balas suficientes para
matarlo.
Niego con la cabeza, se ha vuelto extremadamente controlador, ha
obligado a uno de sus hombres a que me instale un chip localizador
en mi móvil y me confesó que mira mi ubicación cada minuto. No me
importa que sea así, sé que lo hace por la amenaza de Blaine. Ella me
da igual y sus estúpidas amenazas aún más, puede intentar algo
contra mí, se la entregaré a su padre en una caja de madera.
Pongo mi mano en el pecho de mi padre.
-¿Llevas sujetador?- me pregunta.
-No, con este vestido quedaría muy mal.
-¿Y bragas?
-Un fino tanga negro de encaje.
Asiente complacido. Mete una mano por una de las aperturas del
muslo para asegurarse por sí mismo que le he dicho la verdad.
Aprieta una nalga con fuerza.
-En el baño de mujeres, a las doce- me ordena.
-No, Eamon, cuando regresemos a casa.
Prometimos comportarnos delante de mi madre, no quiero hacerla
sentir demasiado incómoda. Mi padre estuvo renegando y
maldiciendo horas, no quería tener que disminuir sus muestras de
cariño conmigo. Pero terminó accediendo cuando le prometí, a
cambio de que se comportara, que haría lo que él quisiera en la cama.
Mi madre lleva dos semanas con nosotros, cada vez podemos
mostrarnos más como nosotros mismos, ella se está acostumbrando
a esto.
-Tenemos que irnos, papi.
-Rory- gruñe.
Me rio suavemente, le encanta que lo llame así, tanto como cuando
lo llamo por su nombre. Delante de mi madre suelo llamarlo Eamon,
hasta que ella termine acostumbrándose a nuestra relación, entonces
lo llamaré como mejor me parezca.
Mi primo sonríe ampliamente cuando me ve.
-Estás increíble, Ro- me alaga.
-Tú también estás muy guapo.
Tiene su cabello peinado hacia un lado, excepto un rebelde
mechón que cae sobre su frente, me recuerda a Leonardo DiCaprio
en Titanic. Miro por encima de mi hombro a Elijah y a mi abuelo.
-También estáis muy guapos- les digo.
El carraspeo de Terry llama mi atención.
-¿De mí no vas a decir nada?- me pregunta extendiendo sus brazos
a los lados.
Una de mis cejas se arquea.
-Es una suerte que tengas salud, Terry- es lo único que le digo.
Mi abuelo se ríe a carcajadas mientras palmea el hombro de Terry,
se han convertido en algo así como mejores amigos y me alegro por
mi abuelo, su único amigo murió hace unos años y lo he visto muy
solo desde entonces. Mi emoción crece cuando veo la limusina negra
que nos espera, Cormac me guiña un ojo y me abre la puerta.
-Señorita, su carruaje la espera- me dice.
-¡Es genial!- exclamo con emoción.
El interior del coche es increíble, grita lujo por todos lados. Mi
padre se sienta a mi lado y entrelaza nuestros dedos, deja nuestras
manos descansando sobre su muslo. Mi madre se sienta frente a
nosotros, no parece estar bien.
-Mamá- la llamo.
Suelta un suspiro.
-No es nada, mi vida- se frota el vientre con disimulo.
Creo que es más que obvio que está embarazada, no necesita
ningún test si ya está teniendo síntomas.
-¿Estás segura de que estás bien, Ave?- le pregunta mi padre.
-Sí, de verdad que sí. Es que casi no he comido nada antes de
comenzar a prepararme para la fiesta- responde.
-Allí habrá comida durante la recepción y luego cenaremos, coge
todo lo que quieras en cuanto lleguemos- le dice mi padre.
Ella asiente con una sonrisa.
Tardamos algo más de quince minutos en llegar al lugar de
celebración de la fiesta, es un antiguo castillo irlandés que se alquila
para eventos. Cormac detiene la limusina en la puerta, mi padre nos
pide a todos que le prestemos atención.
-Los Fraser y los Walsh van a estar en esa fiesta, tened cuidado y
cualquier cosa gritad. Nuestros hombres estarán pendientes de
nosotros.
Sus ojos se posan en mí.
-Si te encuentras con Blaine y no estoy contigo...
-Estaré bien, llevo el cuchillo en mi muslo- lo interrumpo.
Asiente con la cabeza, en cuanto estemos cruzando las puertas las
armas que se hayan traído serán despojadas, pero no podrán
requisar mi cuchillo porque no sabrán que están ahí y tienen
prohibido tocarme. Mis padres se miran a los ojos.
-No la perderé de vista, Ave- le promete mi padre.
Ella asiente, confía en mi padre, sabe que me mantendrá a salvo
siempre.
Una vez fuera de la limusina, puedo observar mejor este lugar,
pero mi padre pone una mano en mi hombro cuando intento avanzar
hacia la entrada.
-Se te ha olvidado ponerte algo- me dice.
Frunzo el ceño. Saca del bolsillo de su pantalón un lazo plateado,
mis ojos y mi boca se abren, es precioso.
-¿Ave, me ayudas a ponérselo?- le pregunta a mi madre.
-Por supuesto- responde con una sonrisa.
Le doy la espalda a mis padres, tenerlos a los dos me ha hecho
darme cuenta de que los amo más de lo que pensaba. A mi padre en
cualquier sentido, incluso en los sentidos más enfermos y retorcidos.
Y a mi madre la amo como nunca pensé que lo hacía.
-Ya está, mi vida- me avisa.
-¿Me queda bien?- les pregunto.
-Ahora sí que voy a tener que empezar a sacar ojos- gruñe mi
padre.
-Jesús, Eamon. Ha sido idea tuya regalarle este hermoso lazo- lo
regaña mi madre.
Terry los mira riéndose, se ha acostumbrado a que mi madre
siempre los esté regañando a mi abuelo, a mi padre y a él. Le ofrece
su mano, que mi madre toma gustosa. Mi padre rodea mi cintura con
su brazo.
-Esta noche se anunciará el cambio de la ley, pequeña- me avisa.
-¿Ya puedo comenzar a planear nuestra boda?
-Sí, mo ghrá.
La emoción crece dentro de mí, llevo esperando esta noticia desde
hace meses. Por fin voy a poder comenzar con los preparativos de mi
boda con mi padre, quiero que sea en nuestro castillo y por todo lo
alto.
En cuanto entramos en la sala de fiesta veo a Michelle coqueteando
con otros hombres, mi plan contra ella ha sufrido algunos retrasos,
he tenido que atender otros asuntos más importantes. Pero no me
olvido de ella y del daño que nos hizo, tarde o temprano la haré
pagar. Sus ojos se fijan en mi padre, se acerca sonriendo y lo intenta
tomar por el brazo. A la bruja no le importa que esté comprometido
conmigo.
-¿Qué crees que haces?- le pregunta mi padre.
-Quiero presentarte a alguien, amor. Ven conmigo y deja a tu hija a
su aire, aquí hay chicos de su edad. Quizás encuentre algún novio.
Pongo los ojos en blanco, está completamente loca, ha decidido
obviar el hecho de que mi padre confesó su amor por mí delante de
ella. Es su problema, no el mío.
-Mo ghrá, ve a por algo de beber para los dos, debo atender a esta
zorra- me ordena mi padre.
-Está bien.
Mientras camino hacia la barra, veo de reojo a otra melena
pelirroja caminar en línea paralela a mí. Ya ha comenzado con su
juego, la noche acaba de empezar y Blaine ya quiere jugar. Bien, pues
empecemos, estoy lista para ella. Me detengo en la barra, ella se
detiene a mi lado, pasa sus uñas por mi antebrazo mientras le pido al
bartender dos copas.
-He de admitir que estás hermosa- murmura.
La miro de arriba a abajo, su vestido color cereza es ceñido, ella
también es muy hermosa. Su pelo es tan rizado como el de mi madre,
lo lleva suelto, y sus ojos son azules.
-¿No tienes a nadie más a quien molestar?- le pregunto- Si ese es el
caso, puedo darte una idea, se llama Michelle y le encanta discutir.
Blaine sonríe.
-¿La novia de tu padre?- me pregunta.
-No es su novia- emito un chasquido de lengua- Mierda, Blaine, no
había caído, lo siento mucho.
-¿Qué quieres decir?
-Que naciste con esa tara mental y no retienes información. Mil
disculpas, te repetiré una y mil veces que yo soy la prometida de
Eamon Kavanagh- le digo esto último sonriendo.
El rostro de Blaine se transforma.
-Sois unos enfermos- masculla.
Me acerco a ella, esta vez soy yo quien pasa sus uñas por su piel,
recorro su mejilla izquierda, haciendo algo de presión, pero sin
arañar.
-¿Por qué te escondes, Blaine?- susurro- Muéstrate ante mí, puedo
ver cómo miras a tu padre desde que eres pequeña. Sólo tienes
envidia de mí, de que yo no tenga conciencia entre lo que está bien y
lo que está mal y de que mi papi corresponda a mis sentimientos. Y
estoy segura de que también envidias mi trastorno. ¿Es así, Blaine?
Aparta mi mano de ella de un manotazo, haciéndome reír.
-Estás loca, yo no miro a mi padre de ninguna forma depravada-
protesta.
Me giro hacia la barra, el bartender me sirve las copas de champán
que le pedí.
-Lo haces, Blaine- le aseguro- Pero no debes preocuparte, tu
secreto está a salvo conmigo. Oh y por supuesto, estaré encantada de
recibir tu regalo de bodas, creo que me casaré con mi papi en unos
meses. Ya sabes, hay mucha puta suelta y no voy a dejarlo escapar.
Su gran polla me pertenece a mí.
Le muestro mis dientes en una sonrisa, ella me quita las dos copas
de champán y se las bebe de un trago, luego se marcha enfadada.
Escucho una risa detrás de mí, Ryan levanta su copa en mi
dirección..
-Nunca me había divertido tanto- dice.
-Tú no me hables, me caes mal.
-Eso mismo me advirtió tu primo.
-Entonces deberías hacerle caso.
Agarro las dos copas de champán que el bartender me ha vuelto a
servir y me largo de la barra. Veo a mi padre, a mi abuelo y a Terry a
lo lejos, son de los hombres más grandes que hay por aquí. Los ojos
de mi padre me siguen, le entrego su copa de champán. Estoy segura
de que ha estado pendiente de mi interacción con Blaine. Y también
estoy segura de que no será la última vez que interactúe con ella esta
noche.
Veintiuno
Eamon
La mayoría de esta gente se ha acercado a mi pequeña para halagar
su belleza, he tenido que quitarle de encima a más de un gilipollas
que quería pedirle una cita. En cuanto les enseñé su anillo de
Claddagh se retiraron pidiendo disculpas, oficialmente, Rory es mi
prometida. Vi a Blaine yendo de allá para acá, parecía molesta con
todo y con todos. Creo que mi pequeña ha tenido algo que ver en eso,
me ha contado la conversación que ha tenido con la hija de Fraser, a
quien también he visto con su esposa socializando con otras
personas. Ryan y Cillian se acercan a nosotros tomados de la mano,
han estado casi toda la noche juntos.
-La cena está a punto de comenzar- nos informa Ryan.
-Estoy hambrienta- protesta Avery.
De repente, Elijah toma a Rory de la mano y se la lleva a un rincón,
Terry suspira.
-¿Qué pasa?- le pregunto.
-No es nada importante, antes vi a mi hijo coqueteando con una
chica de su edad, creo que quiere ayuda de tu hija para pedirle una
cita.
-¿Y eso te molesta?
-Evidentemente, no quiero que mi hijo tenga una cita con una
mujer que no es neoyorquina.
Me cruzo de brazos, esperando una explicación.
-Es demasiado joven para tener una relación a distancia- aclara-
¿Cuándo se verían? Iba a sufrir demasiado.
Avery pone los ojos en blanco, es obvio que no está de acuerdo con
él.
-Mi amor, no tiene que conocer a una chica y tener una relación,
Elijah está en la edad de conocer a muchas chicas- le explica.
Terry le da un trago a su bebida. Mis ojos se desvían hacia mi
padre, ha estado toda la noche detrás de las hijas de un lord. Ellas no
son ajenas al encanto que desprende, no han dejado de sonreírle y
responder a sus coqueteos, creo que esta noche ya tiene planes.
Agarro a mi hija por la mano cuando nos avisan que ya podemos
pasar al comedor. Un camarero nos guía a nuestra mesa, la
compartiremos con los Walsh, por supuesto que tenía que ser con
ellos. Michelle no ha parado en toda la noche de intentar alejar a
Rory de mí, incluso vino con un muchacho para presentárselo. Adam
tuvo que llevársela para que dejara de molestar, a su esposa parece
que no le importa lo que su hija haga.
Rory toma la carta con el menú que van a servir, hace su típico
gesto con la boca cuando algo le disgusta.
-Eamon- me llama- No me gusta nada de lo que hay.
Le gusta, pero fuera de casa es muy obsesiva con su alimentación y
está acostumbrada a ir a un restaurante y pedir la comida que
siempre pide ahí, esto es nuevo para ella. Acaricio la longitud de su
cuello con mi dedo índice. Antes de que pueda contestarle, Michelle
abre el agujero que tiene en la cara para hablar.
-Deberías llamarlo papá, no por su nombre, Rory- la regaña.
Su madre le da un pellizco en el brazo, es la primera vez que la veo
hacer algo así.
-Mi hija llamará a su prometido como le dé la gana- espeta Avery-
No opines de los asuntos que no son de tu incumbencia.
Michelle la fulmina con la mirada.
-Por lo menos yo no voy abandonando a mis hijos- responde.
-No, tu prefieres inventarte embarazos- se burla Rory.
Los ojos de Michelle se abren con sorpresa, sigue sin aprender a no
meterse con mi pequeña o cualquiera que a ella le importe. La risa de
Terry y de mi padre rompen la tensión del momento.
-Avery tiene razón- añado- Mi mujer puede llamarme como ella
quiera.
Tomo a Rory por la mandíbula y choco mis labios con los suyos,
prometí no hacer sentir incómoda a Avery, pero dudo mucho que
ahora mismo ese sea el sentimiento que recorre su cuerpo. Nunca la
había visto enfadada, ella siempre fue tranquila y amable, Michelle
ha conseguido en dos segundos lo que nadie consiguió en treinta y
dos años. Mi pequeña sonríe cuando rompo el beso.
-Pide cualquier otra cosa que te apetezca, mo ghrá, lo harán para
ti.
-Me apetece comer un filete con patatas- contesta sonriendo.
Mi padre llama la atención de nuestro camarero.
-Dile al cocinero que haga un filete con patatas para mi calabacita-
le ordena.
-Sí, señor.
-Yo también quiero- la voz de Avery casi sale en una súplica.
-Ave. ¿Nos vas a contar qué te ocurre?- le pregunto.
Ella sonríe, algo que mi mujer también está haciendo mientras se
miran a los ojos.
-Creo que estoy embarazada- anuncia con voz temblorosa.
La boca de Elijah se abre por la sorpresa de la noticia. Todos nos
hemos quedado en silencio, incluso Terry la mira confundido, Avery
le pone la mano en su mejilla y le gira la cara.
-No te hagas el sorprendido, mi amor, estabas presente cuando me
fecundaste- le dice.
-Mierda, Avery, ese es un dato que no necesitaba tener- protesta
Elijah.
-Enhorabuena a los dos- los felicito.
-¿De verdad está bien?- me pregunta Avery.
-Por supuesto que sí. ¿Por qué no iba a estar bien, Ave?
Se encoge de hombros.
-Mañana por la tarde haré que el médico vaya al castillo a hacerte
una pequeña revisión- le informo.
-Gracias, Eamon.
-Estáis todos locos- murmura Michelle- ¿También vas a follarte a
ese bebé, Terry?
Él levanta la mano para detenernos a mi padre y a mí cuando
hacemos un movimiento para levantarnos.
-Mi corazón ya está ocupado por Avery, Michelle. Gracias a los
Kavanagh he aprendido a respetar los sentimientos de mi hijo, Elijah
será libre de amar a quien su corazón elija y lo mismo sucederá con
este bebé- pone su mano en el vientre de Avery- Y respondiendo a tu
pregunta, no, Michelle. Debes tener una mente muy enferma y
retorcida para decir algo así, palabras asquerosas que no saldrán de
mi boca porque no soy como tú. Asume de una jodida vez que Eamon
ya ha elegido a una mujer para compartir su vida, gracias a Dios no
eres tú. No quiero imaginar la mierda de vida que habría tenido a tu
lado.
La risa de mi pequeña nos hace sonreír a todos. Terry levanta su
copa en dirección a Michelle, que parece más enfadada que nunca.
Mis ojos se encuentran con los de Rory.
-¿En qué estás pensando?- le pregunto en un susurro.
-Conoces la respuesta a esa pregunta.
Le doy un beso en la frente. Tengo que llamar a Darragh y a Cara
para que lo tengan todo preparado, Rory irá a por Michelle cuando
menos lo esperemos.
Le doy una larga calada al puro en mi boca mientras observo a mi
mujer bailar con su primo. La cena terminó siendo tranquila, ya que,
Michelle no volvió a abrir la boca después de que Terry la pusiera en
su sitio. Mi padre me entrega un vaso de whisky, palmea mi espalda
con suavidad.
-¿Todo bien, hijo?
Asiento con la cabeza. Aunque no todo está bien, quiero matar a
Michelle y sé que no podré, Rory no me permitirá ponerle un solo
dedo encima. Mis ojos se desvían al movimiento a mi lado, Fraser y
su esposa se detienen.
-Buenas noches- nos saluda ella.
Mi padre y Terry devuelven el saludo, yo prefiero quedarme
callado.
-Buenas noches- ahora es Alastair quien nos saluda- Eamon,
encantado de saludarte.
Emito un gruñido desde lo más profundo de mi pecho, odio su
maldita voz.
-Queríamos felicitarte por tu próxima boda- me dice- Mi esposa y
yo estamos felices por ti, por fin vas a conocer esta maravillosa vida.
Esbozo una sonrisa, mi pequeña no iba a dejarme solo con este
bastardo. Rodea mi cintura con sus brazos, mira fijamente a Alastair
y a su esposa.
-¿Algún problema, mo shíorghrá?- me pregunta.
-No, mo ghrá. Los Fraser nos felicitaban por nuestro compromiso.
-Oh, muy amables.
Rory les enseña su anillo de Claddagh con orgullo.
-Es hermoso- le dice la esposa de Alastair- Y respetando
tradiciones, como debe ser.
Alastair murmura algo en gaélico cerca de mi oído, es una
advertencia. Me giro abruptamente hacia él, deshaciéndome de los
brazos de mi pequeña para sujetarlo con fuerza por el cuello. Mi
mano envuelve su garganta, cerrándole el flujo de aire.
-Repite lo que acabas de decir- exijo.
-No es una amenaza- dice con dificultad.
-Lo he entendido, Alastair. Repite lo que has dicho hace dos
segundos.
-Blaine está obsesionada con vosotros.
-Suéltalo, por favor- suplica su esposa- No te miente, hemos
intentado detener a nuestra hija, pero no cede. Por favor, por favor.
Pone sus manos sobre las mías, algo que a mi mujer no le gusta, la
empuja hacia atrás.
-Si tu hija quiere venir a por mí aquí la espero, no le tengo miedo.
Sólo os advierto que estéis preparados para recibir su cadáver en
vuestra casa- les advierte- Eamon, suéltalo.
Mi cuerpo la obedece, dejo ir a Alastair y a su esposa, se marchan
rápido de la maldita fiesta.
-Es hora de irse- ordena mi padre- Iré a por Cillian y a por Elijah.
Tomo a Rory de la cintura, pego su cuerpo al mío y la saco al
exterior, Cormac abre la puerta trasera de la limusina. Empujo con
suavidad a Rory dentro del coche, luego entro yo, siento a mi
pequeña en mi muslo. Me da un beso en la mejilla, sus dedos
recorren mi rostro, calmando mis nervios. Está tan tranquila, la
amenazan y es como si sus oídos se hubieran cerrado para no
escuchar nada. Los demás terminan entrando en el coche un rato
después. Rory se sienta en el asiento a mi lado, entrelaza sus dedos
con los míos.
-Mo ghrá- susurro en su oído.
-En cuanto lleguemos a casa- responde.
Le doy un beso detrás de la oreja, me conoce tan bien, sabe que la
necesito después de lo ocurrido. Joder. Me he vuelto adicto a ella,
estoy muy enfermo, cada vez que mis nervios se descontrolan la uso
para calmarme, es la única que puede lograrlo.
Ni siquiera espero a que el coche esté completamente quieto, abro
la puerta de la limusina, agarro a Rory por la cintura y me la llevo a
nuestra habitación en medio de su risa. Le encanta que me comporte
así, como si estuviera desquiciado, loco por tenerla debajo de mí. ¿A
quién pretendo engañar? Me vuelve loco esta necesidad que tengo de
ella.
Cierro la puerta de una patada mientras la dejo en el suelo. Me
deshago de su vestido, con mucho cuidado, no quiero romperlo
porque sé que le gusta mucho. La tela se agolpa en sus pies. Recorro
el exterior de sus muslos con mis dedos, tiemblan con el primer
contacto. Me siento nervioso y extasiado por su dulce olor. Poso mis
labios en su hombro, recorriendo su delicada piel hasta llegar a su
mandíbula.
-Inclínate hacia adelante, pequeña- susurro en su oído.
-¿No te desnudas?
-No tengo paciencia para hacerlo, mo ghrá. Papá te follará vestido
esta vez.
Se le escapa un suave gemido, se quita el tanga y se sube de
rodillas a la cama. Mi cinturón cae al suelo haciendo un fuerte ruido
cuando lo desato de mi pantalón. Rory abre sus piernas para
recibirme, mi pene está furioso por entrar dentro de ella.
-Estás empapada, pequeña- gruño a la vez que froto la cabeza de
mi polla por su hendidura- ¿Cuánto tiempo llevas así?
-Desde que casi matas a Alastair Fraser.
La penetro de una embestida, sujeto su cuerpo para que no caiga
hacia adelante por mi brusquedad. No tengo la paciencia necesaria
para ser delicado con ella en estos momentos. Mis golpes son duros,
sus gemidos mucho más fuertes. ¿Ahora mismo? Bueno, no me
importa quien la escuche gemir. Lo único que deseo es correrme y
relajarme.
El dolor en mi pecho aparece de repente, después de que llevemos
más de diez minutos en esta posición, mi pequeña debe darse cuenta
de que he bajado la intensidad, me mira por encima de su hombro
con el ceño fruncido. Salgo de su interior, el mareo y las náuseas me
ganan la batalla. Siento mi cuerpo caer al suelo, los gritos de Rory
llamándome. ¿Qué me está pasando? Nunca me había puesto así de
mal por la ansiedad. Los ojos de mi pequeña me observan con terror,
no quiero que eso esté ahí, odio que ella sienta terror. Tomo su
mandíbula con mis dedos, sus lágrimas mojan la punta de estos. Sus
labios se mueven, aunque sé que me habla, soy incapaz de oír nada
que no sea el constante y rápido latido de mi corazón. Siento presión
en el pecho, mi boca se abre para dejar salir un fuerte grito. Me
duele. No puedo respirar bien. No soy capaz de mantener mis ojos
abiertos, pero puedo reconocer todos los movimientos que me
rodean. Alguien me está levantando del suelo, diría que son dos
personas, deben de ser mi padre y Terry.
Una melena rubia aparece en mi mente, es cuando dejo de sentir a
la gente a mi alrededor. Sus ojos transmiten felicidad e inocencia, los
he visto antes, aunque de eso hace mucho tiempo. Aíne me habla, no
puedo oírla, he olvidado cómo era su voz. El roble del jardín se
muestra ante nosotros, mi hermana está señalando hacia él, quiere
que lo escalemos. Estoy seguro que ha hecho algo y quiere
esconderse de nuestro padre. Subimos juntos hasta las ramas más
altas, donde nadie podrá vernos, pues las hojas nos esconden. Aíne
saca una chocolatina del bolsillo de su vestido, la parte en dos y me
entrega la mitad. Empiezo a reírme cuando veo barro en su cara y
algunas ramas enredadas en su pelo, ella me sonríe mientras muerde
un trozo de su chocolatina. Ha debido de estar corriendo cerca del
acantilado, papá nos lo tiene prohibido, pero ella nunca obedece y él
nunca la castiga.
-Van a venir.
Frunzo el ceño, su voz está rota.
-¿Quién va a venir?- le pregunto.
-Los Fraser. Papá quiere hacer negocios con ellos.
-¿No te gustan?
Se encoge de hombros.
-Alastair sí, parece buena persona. Pero su padre me incomoda.
Pongo mi mano en su mejilla.
-¿Ha hecho algo para incomodarte?- le pregunto.
-No, en realidad no, pero no me gusta, hermano. Es raro.
Asiento con la cabeza, Keith Fraser es bastante raro, siempre mira
a todo el mundo fijamente como si quisiera ver más allá.
Pongo una mano en mi pecho, el fuerte dolor me hace gritar, Aíne
me observa sin moverse. Mi cuerpo cae al vacío, un vacío negro
donde sólo puedo ver algunas partes de mi vida. La veo a ella, su
cabello pelirrojo, sus ojos azules, su dulce sonrisa. Me está llamando,
quiere a su padre de vuelta. Llora desconsolada por mi culpa.
Papá ya va a por ti, pequeña.
Veintidós
Rory
Mis fosas nasales están dilatadas por la ira y el llanto. No
despierta, mi padre no despierta. Lleva dos días inconsciente, han
tenido que traer máquinas del hospital a nuestra habitación, mi
abuelo y yo nos hemos negado a que salga de la seguridad del
castillo. Nunca deberíamos haber ido a esa fiesta, tantos sospechosos
y ningún culpable. Mi tío Darragh y mi tía Cara están investigando
quién fue la persona que se atrevió a envenenar a mi padre. Le dio un
puto paro cardíaco, un jodido paro cardíaco con treinta y dos años.
Ni siquiera podremos celebrar su cumpleaños, es mañana, tenía una
fiesta sorpresa preparada para él. No sé en qué momento va a
despertar y tampoco sé en qué circunstancias lo hará, el médico nos
ha informado de que podría tener secuelas de por vida, su corazón
podría estar dañado. ¿Qué voy a decirle cuando despierte y pregunte
por qué no puede volver a su trabajo? Lo adora, es su vida. Alguien
ha intentado sacarlo de su camino. Podrían haber sido los Fraser o
los Walsh, son mis principales sospechosos. Pero cualquiera que
estuvo en esa fiesta es culpable, lo único que sabemos es que pagaron
al cocinero por envenenar la comida de mi padre. Él nos lo confesó,
no sabe quién fue, sea quien fuere usó a alguien de intermediario.
Esa persona es inteligente. Pero en cuanto mis tíos lo encuentren me
lo entregarán, ahí no importará cuán inteligente sea, lo único que se
oirán serán sus gritos de dolor.
Me levanto de mi silla, llevo horas aquí sentada vigilándolo, apenas
he dormido por querer estar cuidando de él. Jamás en mi vida había
sentido miedo, nunca hubo nada que me provocara ese sentimiento,
hasta hace dos días cuando lo vi desplomarse. Mi abuelo y Terry
vinieron corriendo, mis gritos de auxilio llegaron hasta ellos. Poco
me importó estar desnuda ante ellos, pude cubrir a mi padre a
tiempo, no quería que lo vieran tan vulnerable. Me tumbo a su lado,
apoyando mi cabeza en su pecho sobre su corazón, el sonido es
normal. Le doy un beso en el pectoral, tiene la piel algo fría. Agarro
una de las mantas de los pies y lo cubro con ella.
-Papi, despierta ya, por favor. Te echo de menos- sollozo.
Ni un sólo músculo de su cuerpo o su cara se mueve. Un nudo se
forma en mi pecho, quiero ver sus ojos abiertos, quiero que corra
detrás de mí bajo la lluvia y que me regañe por estar descalza en el
barro. Quiero que me hable de los gilipollas de su trabajo, que me dé
órdenes y me gruña para hacerme saber que está de acuerdo
conmigo.
Me pongo de rodillas en la cama y me siento sobre mis talones,
acuno su cara entre mis manos, sólo necesito ver el color marrón de
sus ojos otra vez.
-Por favor, papá. Escúchame, debes despertar, me duele mucho el
pecho. Llevo dos días sin dormir bien, un par de horas si acaso. No
soporto el dolor en mi pecho, mi mente está ardiendo. Quiero
vengarte y a la vez no puedo separarme de ti.
-Calabacita.
Hago un puchero con la boca.
-¡Despierta!- grito enfadada.
Mi abuelo me toma por la cintura para alejarme de él, le grito
llorando que se despierte, pero no me obedece. Mi abuelo se sienta
en la butaca y me acuna en su regazo, como cuando era un bebé.
-Va a despertar, calabacita. Eamon jamás te dejaría sola.
Hace un intento de consolarme, nada me consuela, ni mi primo ni
mi abuelo. La única persona que puede lograrlo está en la cama,
inconsciente. Necesito que despierte, necesito escuchar su voz y su
risa. No puedo más con la angustia y el dolor en mi pecho, lo froto
con mi puño. No deja de doler, no ha dejado de doler ni un solo
segundo.
-¿Te duele, calabacita?
-Sí- respondo en un hilo de voz.
-Tengo algo que contarte, pero debes prometerme que te
mantendrás calmada y que no te culparás por nada de lo que ha
pasado.
Levanto la cabeza de su pecho. Su pulgar acaricia mi mejilla con
delicadeza.
-Tu padre ha estado sintiendo esos mismos dolores que tienes tú
desde hace unos meses- me confiesa.
-¿Qué? ¿Por qué nadie me dijo nada?
-Sólo lo sabemos dos personas, además de él. Tu tío Darragh y yo,
Eamon nos obligó a guardar silencio. Sabía que si te lo decíamos lo
perdonarías por las cosas tan feas que te dijo, que te sentirías
obligada a hacerlo y no quería eso.
Mi mandíbula tiembla por los nervios, desvío la mirada hacia mi
padre, pero mi abuelo me obliga a mirarlo a él tomando mi cara
entre sus manos.
-No tienes la culpa de lo que le ha pasado, Eamon tenía ansiedad,
de ahí esos dolores. Lo que le ha pasado ha sido por culpa de quien
sea que lo haya envenenado. Intentaron asesinarlo. Tú no tienes
nada que ver con esto.
-¿Estaba mal por mi culpa, porque no le dije que lo perdonaba?
-Calabacita...
Me levanto de su regazo de un salto, mis pies pesan con cada paso
que doy hacia la cama. Cuando estoy a su lado lo observo en silencio,
pongo una mano sobre su corazón y la otra en su cabeza, que acaricio
con suavidad.
-Deberías haberme dicho que te sentías mal- susurro- Papi, te
perdono, y no porque me sienta obligada, lo hago de verdad. Te amo,
te amo mucho, por favor, despierta ya. Te necesito.
La puerta de la habitación se abre, mi madre se asoma con un plato
de comida.
-Tienes que comer, mi vida- me dice.
Niego con la cabeza, llevo estos dos días sin probar bocado, mi
estómago se niega a almacenar alimentos. Ella suspira mirando a mi
abuelo.
-Calabacita, tu madre tiene razón. Si Eamon despierta no le
gustará saber que no has estado comiendo.
Me tumbo junto a mi padre, ignorando a mi abuelo y a mi madre.
Mi cuerpo necesita saber que él está bien para funcionar con
normalidad. Sin él no soy nada, no sirvo para nada. Me da igual si
eso suena feo o es enfermo, tóxico o como sea.
La noche fue lenta, las horas siguen pasando y él no reacciona, son
las cuatro de la madrugada. Todos están durmiendo a estas horas, mi
primo vino a intentar obligarme a comer, nos peleamos y se fue
llorando, cree que me moriré si sigo así. Nadie entiende que estoy
muerta porque mi padre no despierta, su estado es el mío, soy como
un reflejo de lo que él es. Me levanto de la cama y salgo a la terraza,
la brisa de la noche acaricia la piel expuesta de mi cuerpo. Dejo caer
mi cuerpo en el sofá de exterior, cuando era pequeña me gustaba
venir aquí con mi padre a ver las estrellas. Me regaló una, en ese
momento me pareció el mejor regalo del mundo, ahora lo veo un
tontería, pero es nuestra tontería. La estrella puede observarse a
simple vista, la llamamos Brigid, como la diosa de la mitología de
nuestra cultura. Papa me contaba extensas historias sobre esos
dioses, siempre ha estado muy orgulloso de ser irlandés, es lo que
nos inculcó a Cillian y a mí. Brigid es la diosa de la curación, era una
sanadora. Sé que no existe, que sólo son leyendas, pero ahora
necesito creer que en algún lugar del universo está observándome.
-Por favor, sánalo, haz que vuelva a mi lado- sollozo mirando al
cielo.
Me giro en el sofá. El llanto vuelve a apoderarse de mí, quiero dejar
de llorar y gritar, sacar toda esta rabia contenida de mi interior.
Quiero que él despierte, por favor.
Escucho un ruido dentro de la habitación. ¿Podría ser? Miro al
cielo confundida. ¿Existe? Me levanto de un salto y corro hacia
dentro de la habitación, mi labio inferior tiembla cuando lo veo. No
es él, no ha despertado, Cillian se ha tumbado al lado de mi padre.
-¿Qué haces aquí?- le pregunto.
-No podía dormir, ven, túmbate con nosotros.
Me acuesto entre mi primo y mi padre, algo se alivia dentro de mi
alma, me acurruco en el pecho de Cillian.
-No puedo darte sexo, como hace él, pero te puedo dar besos por
toda la cara.
Empiezo a reírme a carcajadas.
-Eres tonto- me rio.
-Pero te has reído.
Le doy un beso en la mejilla, un fuerte beso.
-Te amo tanto, Cici. Gracias por estar siempre a mi lado.
Sus brazos se aprietan alrededor de mi cuerpo.
-Yo también te amo mucho, Ro. Eres mi hermanita.
Me giro hacia mi padre, mi primo rodea mi cintura con su brazo,
aunque su mano descansa sobre el pecho de mi padre.
-Sabes que va a despertar. ¿Verdad?- me pregunta.
-Sí, lo sé. Pero duele que no lo haya hecho ya.
-Necesita tiempo, su cuerpo ha sufrido mucho.
Acaricio el tatuaje del pecho de mi padre con mis dedos y, luego,
bajo hasta el que tiene en la cadera derecha. Es mi nombre, marcado
en su piel sobre un nudo perenne.
-Recuerdo el día que se hizo ese tatuaje, el abuelo estuvo
regañándolo durante días- se ríe mi primo.
-Pero ya tenía dieciocho años. ¿No?
Mi primo niega con la cabeza riéndose.
-Tenía diecisiete aún. El abuelo le había prohibido que se tatuara,
obviamente lo desobedeció.
Pone sus dedos junto a los míos, tocando la tinta de la piel.
-No le importó nada, Ro. Los regaños del abuelo caían en saco
roto. Él te quería en su piel y lo hizo. Más tarde se tatuó mi nombre
sobre la cruz celta.
Nuestros dedos viajan hacia el tatuaje en su pectoral derecho, ahí
descansa el tatuaje del que mi primo habla.
-Siempre dijo que yo era el camino a la muerte y a la vida-
murmura en voz baja- Creo que lo decía por mi madre.
Niego con la cabeza, eso no es cierto.
-¿No?- me pregunta.
-No, Cici. Papá me dijo que tú significabas la muerte y la vida, pero
no por la tía Aíne.
-¿Entonces por qué?
-Porque les diste la vida al abuelo y a él en un momento que
estaban rodeados por su muerte. Les devolviste la esperanza, el amor
que se fue junto a ella.
Su sollozo atraviesa mi alma. Mi primo oculta su cara en el hueco
de mi cuello mientras llora desconsolado. No me atrevo a moverme
porque él necesita esto ahora mismo, estos días ha estado muy
tranquilo, demasiado, como si estuviera en shock por lo que ha
pasado.
-Es mi padre, Ro. Lo quiero así y lo necesito- llora.
-Él te ama mucho, Cici, también eres su hijo y nos lo dijo muchas
veces.
El abuelo siempre será nuestro abuelo y Eamon es nuestro padre,
así nos criaron. Son nuestros padres y nuestras madres, nuestra
familia. Quienes estuvieron para nosotros cuando más los
necesitamos. Cillian se queda dormido en pocos minutos, nuestras
manos siguen sobre el tatuaje de la cruz con su nombre.
El sol de la mañana entra por la ventana, seguimos en la misma
posición, no quise moverme para no despertar a mi primo. Al menos,
que uno de los dos pueda dormir y descansar. Me aprieto contra el
cuerpo de mi padre, Cillian se remueve hacia el otro lado, dejándome
libre. Decido levantarme de la cama, necesito salir un rato de aquí y
la terraza me está llamando. El aire fresco de las primeras horas de la
mañana eriza mi piel. Mis pies vacilan a medida que me acerco al
muro de piedra de la terraza, me apoyo en él mirando hacia la fuente
de la entrada, la estatua del ángel es alumbrada por los primeros
rayos de sol. Veo a Elijah, Terry y mi madre salir con sus maletas,
anoche me despedí de ellos, no querían irse, pero ya llevan aquí
mucho tiempo y tienen sus propias obligaciones en Nueva York. Mi
madre quería quedarse unas semanas más conmigo, le dije que no
era necesario, ella necesita ir a su casa y conseguir un médico que
lleve su embarazo. Ya lo ha confirmado con un test, ahora deben
revisarla y no voy a permitir que eso se atrase. No puede hacer nada
por mí o por mi padre, es mejor que cuide a mi pequeño hermano.
El coche de Cormac desaparece fuera de los muros del castillo.
Sean, el jardinero, sale de su cobertizo con las tijeras de podar, lo
observo mientras hace su trabajo. Horas y horas aquí parada sin
dejar de mirar todo lo que ocurre en la entrada del castillo, coches
que vienen, coches que se van. Mi tío Darragh, mi tía Cara, incluso
Adam Walsh y su esposa han venido a ver cómo sigue mi padre.
Quizás él tenga algo que ver en lo que le ha pasado, no lo sé. Entro en
la habitación, la pantalla del móvil de mi padre se ilumina, es un
mensaje de Mat. Lo tomo y lo desbloqueo, le ha enviado un email con
información sobre los italianos. Leo todo el informe acerca de ellos,
habla del tal Ares Romano, de su hermana, el hijo de ella y todos los
que tengan que ver con él, el informe menciona a una niña de cuatro
años que padece el mismo trastorno que Ares Romano. Me deslizo
por otros emails de su correo, hay algunos de Ren Nakamura, nada
interesante para mí , sólo negocios que quiere hacer con mi padre.
Uno de los emails llama mi atención, lleva el nombre de mi primo y
mi tía Aíne. El email es de un investigador privado. ¿Para qué querría
mi padre un investigador privado? ¿Y por qué quiere investigar a mi
primo y a su difunta hermana? Giro la cabeza para mirarlo, hay algo
que no me ha contado, más le vale despertar y empezar a hablar o
comenzarán a rodar cabezas.
Veintitrés
Eamon
Tengo la boca seca, tan seca como la arena del desierto. Abro los
ojos lentamente, estoy en mi habitación, puedo reconocerlo. Mi
mente da vueltas por el mareo repentino que sufro, levanto un brazo
y me aprieto los ojos con los dedos en un intento de estabilizar mi
vista. Tengo pequeños recuerdos de lo que ocurrió, me dolía mucho
el pecho y me desmayé, ahí acaban mis recuerdos. Un reflejo
anaranjado aparece ante mi visión, acaricio sus suaves mechones. Su
voz va entrando en mi sistema poco a poco, tiene los ojos y la nariz
rojos, es porque ha estado llorando. Joder. No me gusta cuando llora,
me pone enfermo de rabia verla mal. Pongo mi mano en su mejilla,
cierra sus ojos a la vez que se inclina hacia mi toque, las lágrimas han
comenzado a caer por sus mejillas. Atrapo una con mi pulgar. Rory
se tumba a mi lado, la envuelvo en mis brazos de inmediato, llora
más fuerte. Le suplico que se detenga, me está matando escucharla
llorar. Aprieto su cuerpo con mis brazos, siento como si hubiera
estado un milenio sin tenerla así, sin olerla o sin besarla. Levanto su
cabeza con mis dedos sobre su barbilla, poso mis labios sobre los de
mi pequeña. Me empuja con suavidad por el pecho.
-No- murmura.
Puedo sentir el dolor en su negación y no sé por qué se niega a que
la bese. ¿Ya no me ama como antes? Vuelvo a intentarlo, pero aparta
la cara a un lado, estoy empezando a enfadarme. Tomo su mano y la
llevo a mi entrepierna, se enfada y se levanta de un salto de la cama.
¿Qué está pasando? ¿Por qué me rechaza?
Intento levantarme de la cama, Rory me lo impide sujetándome
fuerte por los hombros y empujándome contra la cama.
-¡Abuelo!- grita nerviosa- ¡Cillian!
Me remuevo como puedo, por más que quiero agarrarla de las
muñecas no me lo permite.
-¡Basta, papi!- solloza.
Su súplica me rompe, mi cuerpo se congela solo.
-¿Ya no me amas?- le pregunto.
Frunce el ceño, como si la pregunta estuviera fuera de lugar, sus
manos se alejan de mí.
-Nunca podría dejar de amarte- responde.
Unas lágrimas rebeldes caen por el rabillo de mis ojos.
-¿Y por qué no me dejas besarte ni tocarte?- le pregunto con la voz
rota.
Se sube de rodillas en la cama, acaricia mi cabeza con mucho
cuidado, he visto sus dedos temblar.
-Porque llevo cinco días esperando a que te despertaras, se te paró
el corazón. No podría soportar volver a pasar por lo mismo. Te
prometo que en cuanto el médico te vea y dé el visto bueno te daré
tantos besos que tus labios dolerán.
Me da un beso en la frente.
-Lo siento, pequeña.
-Está bien, papi. Estás confundido, lo entiendo.
Sí, estoy muy confundido. He estado inconsciente casi una
semana, cinco días para ser más exactos. No me gusta haber hecho
pasar a mi familia por un puto infierno, quiero saber qué me pasó.
Mi padre y mi sobrino entran por la puerta, jadean a la vez cuando
me ven y se lanzan hacia mí. Lloran desconsolados mientras me
abrazan. Maldita sea. Ojalá pudiera borrar estos días de sus
memorias y sustituir esos recuerdos por alguno bueno. Mi padre
levanta la cabeza de mi hombro, me da varios besos por el lado de la
cabeza.
-Los siento, papá- me disculpo.
-No ha sido tu culpa.
Mis ojos conectan con los de Rory, aún no me ha contado qué me
pasó. Cillian trepa por mi cuerpo hasta acostarse a mi lado.
-Mo stór, ya estoy de vuelta- le susurro.
-No vuelvas a irte, por favor, tío Eamon.
Le doy un beso en la cabeza.
-Nunca más, mi pequeño- le aseguro.
Miro a mi padre, tiene los ojos llenos de lágrimas, sólo dos veces lo
he visto llorar así. Por la muerte de mi madre y la de mi hermana. Lo
tomo por detrás del cuello y pego su frente a la mía.
-Lamento mucho haberte hecho pasar por algo así otra vez- gruño.
-Atraparemos a quien te hizo esto, hijo. No quedará así.
-Contadme qué pasó, Rory aún no lo ha hecho.
Le ofrezco mi mano a mi mujer, se acuesta por detrás de su primo,
ambos tienen la cabeza apoyada en mi brazo. Mi padre comienza a
hablar, contándome todo lo que ocurrió desde que me socorrieron
aquí en la habitación, Rory los llamaba llorando y gritando, estaba
desesperada y le dio una crisis. Varios de nuestros médicos tuvieron
que venir esa noche a atendernos a todos. Mi pequeño no estaba en
mejor estado, no durmió en toda la noche y le ha estado costando
dormir. Por otro lado, Rory apenas ha dormido estos días y tampoco
ha comido, la he visto demacrada y ahora sé por qué. Les doy un beso
en la cabeza a mis pequeños, han sufrido mucho por lo que me ha
pasado. Alguien intentó asesinarme echando veneno en mi comida
de la fiesta. Es extraño que mi hija no haya ido a matar a alguien, su
amor por mí es más grande que su instinto y no puedo evitar que mi
ego se hinche, soy lo primero para mi mujer. Mi pobre padre ha
estado entreteniéndose haciendo mi parte del trabajo con Cara de
ayudante, no podía quedarse quieto esperando a que me despertara,
ya pasó por algo así con mi hermana. Es de las cosas que más odio de
esto, haber puesto a mi padre en la misma situación de hace
veintidós años. Cuando Darragh encuentre a quien haya hecho esto
mi mujer va a vengarse por todos nosotros.
-El corazón se te detuvo- finaliza mi padre- Creíamos que te
habíamos perdido.
Niego con la cabeza. Jamás me iré de este mundo así, moriré viejo
y arrugado, rodeado de hijos y nietos que tendré con mi pequeña. Mi
padre se limpia las lágrimas, luego se levanta de la cama.
-Rory, Cillian- los llama- Levantaos de ahí, el médico está en
camino y necesitará espacio para examinar a vuestro padre.
Mis pequeños se aprietan contra mí, Cillian levanta la cabeza,
acaricio su mejilla con mi pulgar.
-Eres mi hijo, mo stór- le aseguro- Y el viejo es tu abuelo, pronto
iremos a su entierro y nos quedaremos con la herencia.
Mis pequeños se ríen a carcajadas, miro a mi padre de reojo, sonríe
mientras los observa. Terminan levantándose cuando ven al médico
entrar, no tarda mucho en examinarme y hacerme algunas preguntas
de rutina. Cuando se cerciora que todo está bien, me toma una
muestra de sangre y me pide que vaya al hospital a hacerme algunas
pruebas, las máquinas que trajeron se irán hoy de aquí, hasta ahora
no me había dado cuenta de la presencia de estas en mi habitación.
Me recomienda estar en reposo algunos días, puedo levantarme y
caminar, pero no puedo hacer mucho esfuerzo. Mi corazón parece
estar bien, aunque es mejor prevenir y tomarme todo con calma
hasta que pasen unos meses.
-Mo ghrá, ve a comer- le ordeno a mi hija después de que el
médico se haya ido- Y después quiero que vayas a dormir a otra
habitación.
Niega con la cabeza a la vez que frunce el ceño.
-Rory, no te lo estoy pidiendo, te lo estoy ordenando. Ve si no
quieres que me levante de esta cama y te lleve yo mismo.
Sus cejas se elevan.
-No, está bien, iré- accede.
-Seguiré aquí mismo cuando hayas descansado, pequeña.
-¿Me lo prometes?
-Sí, te lo prometo. Ahora vete.
-Te acompaño, Ro- le dice mi sobrino tomando su mano.
Me quedo a solas con mi padre, que se sienta en el borde de la
cama.
-¿Quieres salir?- le pregunto- Te vendría bien distraerte y sé que
Ángel te está esperando en el club, papá.
Sacude la cabeza en negación.
-Vamos, papá. Ve y diviértete un rato, estaré bien aquí. Tengo a
Orla si necesito alguna cosa.
Me mira por encima del hombro.
-Ya no veo a Ángel- se sincera.
-¿Por qué? Pensé que te gustaba.
Asiente con la cabeza.
-Y me gusta, pero tiene veintiún años y no creo que busque lo
mismo que yo, hijo.
-¿Estabas pensando en pedirle que fuera tu novia?
Mi padre sonríe por un lado de la boca.
-No, sabes que no quiero nada serio con nadie. Pero ella me
gustaba, fui el primer hombre en su vida y creí que teníamos una
conexión.
-Entonces era ella quien buscaba algo serio.
-Sí.
-Papá, sabes que tienes derecho a rehacer tu vida, ¿verdad? Ni los
muchachos ni yo te juzgaremos o diremos algo en contra de quien
elijas. Mereces ser feliz.
Se frota la barba con la palma de su mano.
-Estos días he estado pensando mucho en eso- admite- En tener
más familia y alguien que me ame y me cuide como hacéis Rory y tú.
-¿Y a qué conclusión has llegado?
Su risa calma mis males.
-Estoy bien como estoy, hijo. Ahora mismo no me interesa nadie
para rehacer mi vida, quizás alguno de estos días aparezca alguien y
haga salir al pequeño Eamon que tengo en mi interior.
Frunzo el ceño.
-¿Qué coño quiere decir eso?- pregunto.
Se acuesta mirando hacia el techo, con la cabeza sobre mi
abdomen. Acaricio su pelo canoso con mis dedos.
-Quiero decir que algún día podría encontrar a alguien que haga
salir al tipo posesivo y controlador que llevo dentro, hijo.
-¿Nunca ha salido? ¿Ni siquiera con mamá?
-No. Amaba mucho a tu madre, pero no al punto de celar a
cualquier hombre que se le acercara.
Suelto un suspiro.
-Sucederá, papá. No sé si será un hombre, una mujer o ambos,
pero sea quien sea está ahí fuera esperando a que lo encuentres.
-¿Tú crees?
-Lo creo con todo mi ser. Sabes que yo tampoco buscaba a nadie,
hasta que todo cambió con mi propia hija.
-Nunca me has contado cómo fue.
Me encojo de hombros.
-No sabría describir lo que sentí. Fue cuando asesinó a todos esos
hombres por rescatarme.
-Tenía quince años, Eamon.
-Y eso es lo más jodido de todo, no me importaba. Sólo vi a la
increíble mujer que se había jugado la vida por mí. Mató a todos
aquellos hombres ella sola, en aquel momento no pensaba con
claridad. Creí que esos sentimientos eran frutos del momento, pero
fueron a peor. Ya no veía a Rory sólo como mi pequeña niña, era algo
más. Era algo oscuro, depravado y enfermo, algo tan lascivo.
La nuez de Adán de mi padre se mueve arriba y abajo cuando traga
grueso.
-Ella es como tú en eso, ¿verdad?- me pregunta.
-Sí.
Mi padre respira hondo, luego se levanta de la cama. Mete las
manos en los bolsillos de su pantalón y me mira.
-¿De verdad no dirías nada si un día aparezco aquí en casa con un
hombre y una mujer con los que he decidido rehacer mi vida?- me
pregunta.
-No, papá. Nadie dirá nada, te lo aseguro.
-Bien. Me alegra saber que tengo esa puerta abierta.
Esbozo una sonrisa. Merece tener a alguien que lo cuide y lo ame,
que comparta sus peores y mejores momentos, que lo apoye
incondicionalmente y lo guíe cuando se sienta perdido.
-Voy a salir- me avisa- Es cierto que necesito...
-Follar, papá. Necesitas follar.
Se marcha de la habitación riéndose. El silencio no tarda en llegar
y hacerse dueño de la habitación. Aunque no estoy solo, mis
pensamientos me acompañan. No sé cómo puede hacerlo mi padre,
será porque aún no se ha enamorado de nadie, no sé, pero yo no
sería capaz de compartir a Rory con nadie. Ella es mía, si alguien, sea
hombre o mujer, se atreve a tocarla de forma inapropiada se las verá
conmigo.
Extiendo el brazo hacia la mesita de noche para coger mi móvil. Le
envío un mensaje rápido a Darragh y a Cara para hacerles saber que
he despertado, mi padre me ha contado antes que lo han pasado muy
mal mientras yo estaba inconsciente. Después me deslizo hacia mis
emails, tengo algunos asuntos pendientes. Frunzo el ceño cuando veo
abierto el email del investigador privado que contraté hace meses.
¿Quién lo habrá leído? Mi padre y mis pequeños conocen la clave de
mi móvil, podría haber sido cualquiera de ellos, aunque me inclino
más a que ha sido ella, mi pequeña. Ni mi padre ni mi sobrino se
habrían atrevido a invadir mi privacidad. Leo el email, por suerte, no
hay nada importante que pueda desvelar el asunto por el que fue
contratado el investigador. No quiero que nadie se entere de esto,
mucho menos Cillian. Tendré que hablar con Rory más tarde y
averiguar qué sabe. Sea lo que sea, tendrá que prometerme que no le
contará nada a su primo y que dejará este asunto a un lado.
Veinticuatro
Rory
Ayudo a mi padre a levantarse de la cama, el médico le recomendó
hacerlo poco a poco, vamos a salir a la terraza a comer juntos, luego
me iré con mi primo mientras mi tío Darragh cuida de él. Tengo algo
que hacer, a alguien a quien capturar y torturar. Adam Walsh aún no
lo sabe, pero le quedan pocas horas de libertad. Ha intentado
ocultarlo, lo ha hecho bien durante algunos días, pero ya no puede
ocultarse más. Las cámaras de seguridad de la ciudad que el
presidente del país nos facilitó lo sitúan en la casa del chef que
envenenó a mi padre, ya lo hemos averiguado, no había ningún tipo
de negocio comercial entre ellos. Lo único que podrían estar
negociando es la muerte de mi padre. El intermediario que Adam usó
para negociar también ha confesado, pensé que había sido más
inteligente y, hasta cierto punto, lo fue. Pero su rastro no ha podido
ocultarse por más tiempo, pensó que ese intermediario había
borrado las grabaciones de seguridad de las cámaras. El presidente
nos confesó que siempre se hace una copia automática y se guarda en
un lugar seguro, ahora mismo agradezco ese sistema de seguridad,
nos ha permitido atrapar a Adam. Dejo a mi padre sentado en la silla
y le pongo su plato de comida delante.
-Gracias, mo ghrá.
Me siento en la silla frente a él, tomo mi plato ante su atenta
mirada. Mi padre toma su tenedor, carraspea mientras pincha un
trozo de filete de pescado que ha cortado. Está un poco raro desde
hace dos días, cuando despertó. Siento que hay algo que quiere
decirme, lo he sorprendido mirándome fijamente, no como lo suele
hacer. Sino como cuando hay algo que he hecho, él lo sabe y está
esperando a que yo confiese.
-¿Algo que debas contarme, pequeña?
Frunzo el ceño. ¿Qué debo contarle? Sabe perfectamente a dónde
iré después de nuestra comida, nos hemos encargado de contarle
cada detalle de la investigación. Así que, niego con la cabeza.
-¿Estás segura?
-¿Qué pasa?
-Leíste mis emails- me acusa.
Me encojo de hombros.
-Ayudaba al abuelo y al tío Darragh con tu trabajo- admito.
-Leíste mis emails personales- recalca- Sabes a qué email me estoy
refiriendo.
Dejo mi tenedor a un lado, no sabía cuándo sacar ese tema, estaba
esperando un poco a que se recuperase.
-No puedes contar absolutamente nada, Rory. Si Cillian se entera
de esta investigación le romperás el corazón.
-¿Por qué? ¿Qué estás investigando?
Niego con la cabeza.
-Confía en mí, Rory. Deja este asunto y sigue con tu vida, por favor.
Sé que estoy jugando con fuego al negarte algo que es un misterio
para ti, pero esta vez debo ponerme serio contigo. Olvida que ese
email y esa investigación existen.
Nunca me había hablado de forma tan dura y cruda, siento el dolor
en sus palabras. Su voz ha salido levemente temblorosa. Trago
grueso. Mi instinto me dice que tengo que saber qué hay en esa
investigación, en cambio, mi padre me suplica que no lo haga.
Dubitativa, asiento con la cabeza, obedeceré esta vez, sobre todo
porque no quiero hacer daño a ninguno de los dos. Si desobedezco
romperé el corazón de mi padre y por el camino también destruiré el
de Cici. No puedo hacer eso a ninguno de los dos. Me quedo mirando
hacia la nada el resto de la comida. Mi cabeza está dividida en dos,
por un lado pienso en lo que debo hacer hoy, en cuanto mi primo
venga a por mí nos iremos en busca de Adam, vamos a cazarlo. Y por
otro lado, pienso en esa investigación, lo que sea que mi padre esté
intentando averiguar es importante.
Me pongo en pie, aliso la falda de mi vestido con mis manos y
ayudo a mi padre a volver a la cama. Lo dejo ahí sentado mientras
me desvisto y me cambio la ropa por unos leggins, una sudadera con
capucha y una camiseta de tirantes, voy toda de negro, como siempre
que voy a matar a alguien. Por último, me pongo mis zapatillas
deportivas y salgo del vestidor.
-Ten cuidado, mo ghrá.
Me acerco a él para darle un beso en la mejilla. Antes de poder
alejarme, me toma por la mandíbula y posa sus labios sobre los míos.
-No te enfades- murmura en mi boca- Por favor.
-No estoy enfadada, te lo prometo, Eamon.
Emite un leve gruñido, su boca devora la mía sin piedad, tengo que
empujarlo por el pecho con cuidado para poder separarme de él.
-Se me pasará- le prometo- Ahora mismo mi mente está algo...
Alterada. Sí, exactamente, esa es la definición correcta.
-Rory, pequeña, me siento mal por ti.
-No te preocupes, en cuanto tenga a Adam en mis manos me
desahogaré con él.
Mi padre asiente, no parece muy convencido. Pero es cierto, en
cuanto esté torturando a Adam lograré calmar mi cabeza, por lo
menos durante un tiempo. Los suaves golpes en la puerta me avisan
que mi primo ya está aquí. Le doy otro beso a mi padre y salgo, nos
dirigimos a la armería del castillo a provisionarnos de algunas armas
para cazar a Adam. Mi primo coge una pistola y algunos cuchillos,
guardo en una bolsa negra de deportes cuerdas y un spray de
pimienta, por si intenta defenderse. Después de coger lo necesario
nos subimos a mi coche, arranco el motor y piso el acelerador.
-¿Estás bien?- me pregunta mi primo.
-Sí. ¿Por qué preguntas?
Se encoge de hombros.
-Te noto rara.
-No es nada, Cici.
Esbozo una sonrisa, no necesito que ahora mismo haga preguntas,
para las que ni siquiera tengo respuestas.
Aparco el coche en un callejón paralelo a la casa de los Walsh, mi
tía Cara me avisa por mensaje que la alarma y la luz han sido
desconectadas.
-¿Por qué hemos venido al mediodía?
-Porque quiero pasar la noche en casa, Cici.
-Estás muy rara- insiste.
-¿Estoy rara porque quiero dormir en casa y no pasar la noche en
el almacén?
-No, Ro. Estás rara porque no quieres pasar el día y la noche
torturando a alguien.
Mi primo sale del coche con una evidente molestia, mejor eso a que
se entere de lo que sea que mi padre está investigando sobre él y su
madre. Lo sigo por la calle hacia la casa de los Walsh. Me mira de
reojo de vez en cuando, aunque no dice nada, no quiero mentirle, así
que mejor finjo que no me estoy dando cuenta de ese gesto. Sacamos
nuestras armas cuando llegamos al portón de la casa, la puerta más
pequeña se abre, el guardia nos hace un gesto con la cabeza para que
lo sigamos dentro. Pueden ser empleados de Adam Walsh, pero no
irán en contra del Jefe de la mafia y más cuando es quien les paga el
sueldo a final de mes. Nos lleva por el pasillo de la planta baja de la
casa, escucho la asquerosa voz de Michelle.
-En el jardín- susurra el guardia.
-¿No se han dado cuenta de que toda la electricidad está
desactivada?- pregunta mi primo.
El guardia niega con la cabeza.
-Hemos ido dejando conectadas las estancias por las que pasaban-
nos explica- En cuanto salgáis fuera lo desconectaremos todo, por si
intentan huir a la habitación de seguridad.
Asentimos con la cabeza, mi primo se posiciona a mi lado con su
arma por delante, adopto la misma postura. El guardia desliza la
puerta corredera del pasillo que da al patio trasero, la esposa de
Adam jadea cuando nos ve, sus cubiertos rebotan en el plato y caen
al suelo. Ryan se pone en pie, Michelle intenta hacer lo mismo que su
hermano, pero la detengo golpeando su nuca con la culata de mi
arma, cae de lado al suelo, apunto de inmediato a Adam. Le hago un
gesto con la pistola para que se levante de su silla.
-¿Qué está pasando, Cillian?- le pregunta Ryan.
-Esto no es asunto tuyo, Ryan, tu padre va a venir con nosotros-
responde mi primo.
-¡¿Por qué?!- grita Michelle desde su posición en el suelo.
-Intentó asesinar a mi padre- contesto.
Ella se ríe como si no creyera en mis palabras.
-¿Tu padre? Una hija no se folla a su maldito padre- espeta.
Le doy una patada en el estómago, luego apunto a su muslo y
disparo. La bruja grita por el dolor, no tenía planeado llevármela,
pero creo que ya es hora de que pague por todo lo que nos ha hecho a
mi padre y a mí. Quizás hasta sea cómplice de Adam. Miro a mi
primo, él asiente, no necesita que le diga nada. Golpea a Adam en la
cara con su arma, que cae inconsciente al suelo. Dejo la bolsa de
deportes sobre la mesa mientras observo a Ryan y a su madre, ella
llora, en cambio, él no deja de mirar a mi primo.
-No va a ayudarte- le aclaro.
-Cillian, son mi padre y mi hermana- le dice ignorándome.
-Y a quien tu padre intentó asesinar es el hombre que me crio, mi
padre- gruñe mi primo.
-¡Pero eres mi novio!- grita Ryan.
Lo golpeo con mi puño en la boca, la sangre brota manchando su
camisa blanca y su traje azul marino.
-No vuelvas a gritarle a mi primo nunca más o te llevaré a ti
también, maldito gilipollas- lo amenazo.
Envuelvo las muñecas y los tobillos de Michelle en cinta
americana, mi primo hace lo mismo con Adam. Le ordeno al guardia
que nos ayude a llevarlos al coche, Michelle comienza a protestar, me
veo obligada a poner cinta en su boca, estoy harta de escucharla.
Ryan y su madre nos siguen al coche, no dejan de protestar e intentar
que nos detengamos.
-¿Nuestros guardias están bajo vuestras órdenes?- nos pregunta
Ryan.
-No son vuestros- contesta mi primo- Mi tío los contrató para tu
familia, es quien les ha estado pagando su sueldo. ¿De verdad
pensaste que tu padre podía pagar todo el lujo que os rodea? Nunca
pudo.
-Cillian detén esto, por favor- suplica Mylla- Mi esposo cometió un
error, pero no va a volver a suceder.
-En eso estamos de acuerdo- contesto sonriendo- Tu esposo nunca
más volverá a atentar en contra de mi familia.
-¿Qué será de Ryan y de mí? Adam y Michelle eran el sustento de
nuestra familia.
Pongo los ojos en blanco, a Mylla lo único que le importa es el
maldito dinero.
-Ryan puede seguir trabajando en el bufete- le dice mi primo.
Frunzo el ceño mirándolo mientras el guardia mete en el maletero
a Michelle y a su padre.
-Ro, no es necesario acabar con todos los Walsh, ellos no tienen
nada que ver en esto y lo sabes.
Niego con la cabeza, mi primo tiene un corazón demasiado noble.
Golpeo con mi puño en la mejilla a Michelle.
-Cállate, bruja- gruño- Nadie va a librarte de mí, nos has hecho
mucho daño. Sobre todo a mi padre. ¿Tienes idea del daño que
causaste cuando le mentiste con tu supuesto embarazo? Vas a pagar
por todo eso.
-Nos vamos- me avisa mi primo- Sigue con esta conversación en el
almacén.
Ryan lo toma por el brazo, lo apunto con mi arma, pero mi primo
la baja con su mano.
-Si no te sientes cómodo con esto podemos romper- le dice mi
primo- Lo entiendo, Ryan.
-Hablaremos en privado de esto, Cillian.
-Bien, ya nos veremos.
En este momento estoy muy enfadada, mi primo tiene que
aprender a no confiar en la gente. Por mucho que Ryan y Mylla no
hayan tenido nada que ver con el envenenamiento de mi padre son
familia del culpable y no merecen ninguna consideración.
Detengo el coche en el parking subterráneo del almacén, en cuanto
me bajo le ordeno a algunos guardias que cojan a Michelle y a Adam
del maletero y nos sigan a mi primo y a mí a una de las habitaciones.
Abro la puerta de una habitación de la planta alta y dejo pasar a los
guardias que traen a Michelle y a Adam, mi primo entra detrás. Me
toma con sus dedos por la barbilla y me da un beso en la frente, es su
forma de disculparse conmigo por haberles hecho un favor a Ryan y
a Mylla. No estoy de acuerdo con eso, pero entiendo sus motivos,
Ryan sigue siendo su novio.
Extiendo la funda con las herramientas de tortura sobre la mesa de
metal. Doy un golpe con mi puño sobre la superficie, necesito
desquitarme con estos dos gilipollas y calmar mi mente. Escucho el
murmullo de la voz de Adam, se ha despertado en el momento justo.
La puerta de la habitación se abre de golpe, mi tío Darragh se acerca
a mí.
-Brandon ha sido visto en Escocia en compañía de Blaine Fraser-
susurra en mi oído.
Frunzo el ceño. ¿Brandon y Blaine?
-No podemos capturarlo en Escocia- respondo.
Mi tío niega con la cabeza.
-Hablaré con William Seymour, le exigiré que obligue a los Fraser
a entregárnoslo, es nuestro fugitivo.
-¿Te hará caso?
-No lo sé, bebé. Pero voy a intentarlo, te lo prometo.
Me da un beso en la sien antes de marcharse. Me alejo de la mesa
sin tomar ninguna de las armas, me paro frente a Michelle, sus ojos
rezuman odio. Odio hacia mí, el mismo odio que yo siento hacia ella.
Sacudo mis manos varias veces mientras grito frustrada, mi mente se
está volviendo un absoluto caos. La noticia de la asociación de
Brandon con Blaine no traerá nada bueno. Espero que William
obligue a Alastair a entregárnoslo antes de que haga alguna
estupidez. Golpeo a la cara de Michelle varias veces, clavo mis uñas
en sus mejillas y las deslizo hacia abajo, su piel queda en el hueco
entre mis uñas y la carne de mis dedos. La agarro por el pelo de la
nuca y la golpeo con mi rodilla en su nariz, la noto crujir, la sangre
cae por la cinta en su boca. La lanzo al suelo, Michelle queda
tumbada de lado, le doy patadas en el estómago. Saco mi cuchillo de
la funda de mi muslo y se lo clavo en el brazo y en la clavícula, sus
gritos son ahogados por la cinta. De pronto, mi vista se nubla, siento
el peso del mundo caer sobre mí.
No puedo controlar el caos.
Veinticinco
Eamon
Mi pequeña descansa en nuestra cama, Cillian la trajo bañada en
sangre. Me contó que era la sangre de Michelle y de Adam, ha estado
una semana fuera de casa torturándolos hasta que se quedaba
dormida en el suelo al lado de ellos. Mi sobrino creyó que ya era
suficiente y la trajo a casa, pronto despertará, lleva horas dormida.
Mi pequeña lo ha estado pasando mal, sé que en parte es por el email
que leyó del investigador, pero es mejor que no sepa nada sobre eso.
Sólo añadiría más dolor a su corazón, Rory adora a su primo.
Me dispongo a salir de la habitación cuando escucho su suave
murmullo. La miro por encima de mi hombro, sigue dormida, sólo
está soñando. Nos llama a su abuelo, a su primo y a mí. Me acerco a
ella sin hacer ruido y le doy un beso en la frente a la vez que la cubro
bien con la sábana.
Paseo por el castillo tranquilamente, sumido en mis pensamientos,
observando todo a mi alrededor. Me detengo en el banco del rincón
favorito de mi hija, bajo el roble viejo del castillo. Relajo mi cuerpo
en la madera vieja, echo la cabeza hacia atrás y suelto un suspiro. De
pronto, escucho un sollozo, frunzo el ceño mientras busco a mi
alrededor al dueño del llanto que suena constantemente. Ya lo había
oído antes, pero eso fue hace muchos años, de hecho, no lo había
vuelto a escuchar desde hacía semanas, cuando me envenenaron. Me
levanto sin hacer ruido para no espantarlo, se oye un siseo de dolor
seguido de un jadeo de alivio. Miro hacia arriba, las ramas y las hojas
del roble me impiden ver bien, pero sé que está ahí. Niego con la
cabeza, más de diez años sin subirse al roble y ahora está ahí,
ocultando su dolor de mí. Me paro frente al tronco, trago grueso, el
médico aún no me ha dado el alta. Las pruebas que me hizo salieron
bien, aun así, me recomendó que fuera precavido. Sin embargo, no
puedo dejarlo solo ahí arriba. Escalo lento hacia la gran rama, hacia
la que Rory y él han subido desde que aprendieron a caminar cuando
eran unos bebés, a la que mi hermana y yo subíamos para
escondernos de mi padre y a la que luego subíamos para contarnos
nuestros secretos. Los ojos de mi pequeño tesoro se posan sobre mí,
el corazón se me aprieta cuando veo sus ojos llenos de lágrimas, la ira
es mi compañera en estos momentos, quiere controlar mi cuerpo y
asesinar a quien se haya atrevido a hacerle daño.
-Mo stór- lo llamo con suavidad.
Intenta ocultar de mi vista las vendas elásticas y el esparadrapo, ya
es tarde, lo he visto en cuanto he asomado la cabeza entre las ramas.
Me subo sobre la misma rama que él, adoptando su misma postura,
una pierna por cada lado de la gran rama. Tomo con cuidado su
mano derecha, está algo hinchada y morada, Cillian se queja por el
dolor que está sintiendo.
-Shhh, tranquilo, pequeño. Cuéntame qué ha pasado.
Niega con la cabeza con mucha energía, las lágrimas salen volando
a los lados. Me muevo por la rama de al lado hasta posicionarme
detrás de él, pego su espalda a mi pecho y lo abrazo fuerte, su llanto
se acrecienta. Le canto la nana que lo hacía dormir cuando era un
bebé, la tensión en su cuerpo se disipa con las estrofas. Pronto, se ha
quedado totalmente relajado en mis brazos, me deslizo hacia atrás
arrastrándolo conmigo, dejo mi espalda apoyada en otra rama.
-Papá está aquí, mo stór. Cuéntame qué te aflige y me desharé de
eso.
-¿Soy mala persona?- me pregunta.
Le doy un beso en la parte superior de la cabeza.
-Nunca lo has sido, pequeño. Siempre fuiste el mejor de los
Kavanagh- respondo- ¿Ryan te ha dicho que eres malo?
Asiente con la cabeza.
-¿Quieres que le haga una visita?- le pregunto.
-No, por favor, le darás la razón. Creerá que te he enviado y
entonces sí seré una mala persona.
Aprieto su cuerpo con mis brazos.
-¿Cómo te has hecho daño en la mano, mo stór?
-Me enfadé cuando leí el mensaje donde me llamaba malo y golpeé
la pared de un puñetazo.
La tomo con cuidado, sus delicados dedos están tornándose
morados y están muy hinchados.
-Tengo que llevarte al hospital, tienen que hacerte un radiografía-
lo informo.
-Lo sé, pero entonces el abuelo se pondrá hecho una furia y querrá
matarlo y Rory lo apoyará e irán a por Ryan.
-¿Lo amas?
-Sí, tío Eamon.
-Joder. No merece a alguien con un corazón como el tuyo.
Una fuerte explosión nos sobresalta, nos movemos rápido para
bajar del roble. Corremos por el césped hacia el origen de los
disparos. Una bala impacta en el muro del castillo cerca de nosotros,
mi sobrino me protege con su cuerpo cuando ve a algunos hombres
enmascarados peleando con nuestros guardias.
-Rory- murmuro.
-Ve a por ella, tío Eamon.
-¿Y tú?
-Estaré bien, tengo mi arma- responde a la vez que la saca de su
espalda.
Le doy un beso en la sien.
-Busca a tu abuelo y protegeos. Es una jodida orden, pequeño.
Camino con pasos rápidos hacia mi despacho, deslizo un montón
de libros a un lado y marco la clave en el teclado incrustado en la
pared. La puerta de la caja de seguridad se abre, tomo las dos armas
de su interior y guardo una en mi espalda. Me dirijo hacia la escalera
con mi arma por delante, los disparos siguen sonando fuera del
castillo, dentro está todo en silencio. Los empleados ya deben haber
ido al sótano a resguardarse. El pasillo que va hacia mi habitación
está extremadamente en silencio, no me gusta. Rory ya debería estar
despierta y alerta. Agarro la manija de la puerta y la giro muy lento,
abro la puerta con cuidado. Pero mi corazón se detiene cuando veo la
escena de dentro, mi pequeña está en el suelo en medio de un charco
de sangre. Empujo la puerta con mi cuerpo y me apresuro a ir a su
lado, está inconsciente. Palmeo su mejilla con suavidad.
-Mo ghrá, despierta por favor- suplico.
Sus ojos se abren levemente, hay una lágrima cayendo por su
nariz.
-Bran...- murmura.
-¿Brandon?- pregunto.
Asiente de forma débil. Ese bastardo está aquí y se ha atrevido a
herir a mi mujer.
-Voy a llevarte al hospital, Rory. Tienes que aguantar. ¿De
acuerdo?
-Duele- se queja sollozando- Mi vientre duele, papi.
-Lo sé, pequeña, lo sé. En el hospital van a atenderte.
Intento mantener la calma para no asustarla, no entiendo qué ha
pasado, debió sorprenderla cuando seguía dormida, de otra forma no
habría podido con ella.
-¡Cillian!- grito- ¡Papá!
Mi voz se rompe con la desesperación, tengo que llegar al coche lo
más rápido posible e ir al hospital o Rory morirá en mis brazos. La
acuesto en los asientos traseros de mi coche.
-Mo ghrá, por favor, resiste. Ya te llevo a que te atiendan.
Los disparos han cesado, no veo por ningún lado a mi padre y mi
sobrino cuando rodeo el coche para subirme en el lado del
conductor. En cuanto estoy dentro arranco el motor y piso el pedal
del acelerador, el motor ruge y el coche se pone en marcha. La puerta
de la entrada está abierta, mis hombres van de un lado para el otro,
con Cormac ladrando órdenes a todos. Miro por el retrovisor a mi
pequeña, su piel está más pálida que nunca, y su cuerpo sufre
espasmos.
Ya llevo algunas horas en el hospital, han atendido a mi mujer con
urgencia en cuanto pusimos un pie fuera del coche. Los médicos se la
llevaron a quirófano, tenía dos orificios de balas en el abdomen, ha
perdido mucha sangre. Me dijeron que harán por ella todo lo posible
y también que debo estar preparado para lo peor. Darragh y Cara
llegaron aquí hace unos minutos, mi padre y Cillian vienen de
camino, estaban ayudando a los guardias a proteger nuestro hogar,
no me escucharon gritar sus nombres. No puedo dejar de mirar las
puertas por las que desaparecieron los médicos con mi pequeña, la
parte irracional de mi cerebro me grita que entre en ese pasillo y la
busque, la parte lógica me grita todo lo contrario, que los deje
trabajar y salvarla. Y mi corazón llora por estar a su lado y tomar su
mano, quiero decirle que todo estará bien y que siempre estaré con
ella. ¿Una vida sin Rory? No. Esa no es una posibilidad para mí, si se
va al otro mundo me llevará con ella.
Doy un salto del asiento cuando veo al médico salir, se dirige hacia
mí, pero lo encuentro a medio camino.
-¿Cómo está?- le pregunto.
-Estable dentro de la gravedad, hemos logrado detener la
hemorragia, también le hemos transfundido sangre y estamos
esperando a que reaccione, en cuanto lo haga la llevaremos a una
habitación en planta.
-Quiero verla- exijo.
-Por supuesto, señor Kavanagh, sígame.
Miro a Cara y a Darragh por encima de mi hombro.
-Ve con ella, nosotros estaremos aquí esperando a tu padre y a
nuestro otro bebé- me dice Cara.
-Dale un beso de nuestra parte, por favor- suplica mi amigo.
-Lo haré.
Sigo al médico por el pasillo, las puertas automáticas de la sala de
recuperación se abren cuando nos ponemos frente a ellas. Es cuando
la veo, al otro lado del cristal, siendo atendida por una enfermera,
está vendando su abdomen. El médico me entrega ropa de quirófano
para que me la ponga, lo hago rápido para no perder más tiempo.
Después de ponerme la mascarilla, el médico pulsa el botón para
abrir las otras puertas. Me acerco a mi pequeña, su rostro sigue igual
de pálido que antes.
-¿Cuánta sangre ha perdido?- le pregunto al médico.
-Demasiada, es un milagro que siga viva, señor.
-Joder.
Paso por su mejilla mis dedos enguantados en látex, quisiera sentir
su piel suave, pero esto es lo más seguro para ella.
-Su sistema inmune está algo débil, señor. Por eso estamos
tomando precauciones.
-¿Por qué?- pregunto confundido- Rory siempre ha sido una mujer
sana.
-Hay varios factores que podrían haberle debilitado el sistema
inmune.
-¿Qué factores?
-El estrés, un embarazo, una mala alimentación o no dormir lo
suficiente, son algunas de las causas.
Cierro los ojos y suspiro.
-Excepto el embarazo, cumple con lo demás- contesto con
molestia- Ha estado sometida a mucho estrés últimamente, en parte
es por mi culpa.
El médico pone su mano sobre mi hombro, lleva atendiendo a mi
familia muchos años. Compré este hospital para la gente de mi
mundo, para mis tenientes y sus familias, para mis soldados, para
que tuvieran un lugar seguro al que acudir si lo necesitaban.
-No fue su culpa que lo envenenaran, señor Kavanagh- me
consuela- Su mujer es fuerte y saldrá de esto.
Asiento con la cabeza, sé que Rory se va a recuperar. Aun así, no
me gusta que esté pasando por esto. Me inclino hacia adelante,
acariciando la parte superior de su cabeza con mi mano, y pego mi
frente a la suya.
-Mo ghrá, tienes que despertar pronto. Tu madre estará aquí en
unas horas y quiere verte con los ojos abiertos y molestando a Terry.
Y yo necesito escuchar tu preciosa voz.
La enfermera me entrega una silla, donde me siento sin separarme
de la cama donde mi pequeña permanece quieta. Las máquinas a su
alrededor emiten sonidos que me molestan demasiado, estoy
irritable y enfadado. Mi móvil suena en el bolsillo de mi pantalón, lo
saco y leo el mensaje que Cormac me ha enviado.
C: Brandon no ha salido de Irlanda, ni siquiera de
Dublín. Estamos peinando las zonas adyacentes al castillo,
no ha podido ir muy lejos.
Miro a mi mujer.
-En cuanto lo tenga en mis manos lo haré sufrir, te doy mi palabra.
Rory despertó hace algunas horas, cuando lo hizo, el médico
ordenó subirla a la última planta. Mis hombres están vigilando el
pasillo y los exteriores del hospital por si a ese bastardo se le ocurre
venir. Mi padre y mi pequeño fueron los primeros en entrar a ver a
mi hija, después de eso, no se movieron de la habitación. Darragh y
Cara vinieron a verla un rato, terminaron yéndose, tenían cosas que
hacer. Me están ayudando mucho con los negocios, voy a quedarme
unos días cuidando a mi mujer y, luego, tendré que volver. Ya no
puedo retrasar más mi vuelta, aunque estaré trabajando desde casa y
Darragh y Cara se harán cargo del trabajo en el almacén.
-Papi.
Su voz me saca de mis pensamientos, me levanto del sofá y me
acerco a su cama. Cillian está dormido a su lado, no ha querido
separarse de su hermana.
-Dime, mo ghrá.
-Acabo de recordar algo.
-¿El qué?
-Brandon me confesó una cosa antes de huir por la ventana.
Frunzo el ceño, toda mi atención está puesta en ella.
-¿Qué te confesó?- le pregunto.
-No venía a por mí, papi. Me disparó mientras dormía creyendo
que eras tú.
Apoyo mis manos en el borde de la cama, me quería a mí, iba a
matarme a mí y no a mi mujer.
-¿Estás segura de eso?- le pregunta mi padre.
-Sí, abuelo. Luego comenzó a hablar por teléfono, estaba enfadado.
-¿Escuchaste la conversación o dijo algún nombre?- le pregunto.
Niega con la cabeza.
-Dejé de oír todo a mi alrededor, papi.
Le doy un beso en la frente.
-No te preocupes, pequeña. Cormac lo está buscando, no ha salido
del país ni de Dublín.
-Tienes que encargarte de Michelle y de Adam- me dice.
-Calabacita, yo lo haré. Tu padre tiene trabajo que hacer y prefiero
que se concentre en encontrar a ese cabrón- se ofrece mi padre.
-Michelle perdió algunos dedos y bueno yo...- de pronto se calla.
Mi padre y yo nos miramos, esto no es algo bueno precisamente.
-¿Qué le has hecho, mo ghrá?
Se muerde el labio inferior mientras mira a todos lados menos a su
abuelo y a mí.
-Calabacita, estamos esperando.
-No os enfadéis, por favor- nos suplica.
Cillian levanta la cabeza, bosteza y se estira, sonríe mirando a su
hermana. Luego nos mira a su abuelo y a mí.
-Le cortó el clítoris- nos confiesa.
-¡Cici!- exclama mi pequeña.
Mi padre me mira, está aguantándose la risa. Le doy la espalda a
mi mujer y a mi pequeño, pero no aguanto más y empiezo a reírme a
carcajadas. Tengo tanta tensión en mi cuerpo que no he podido
aguantar la risa.
-¿Por qué hiciste eso?- le pregunta mi padre riéndose.
-Porque es una bruja que no merece sentir placer- espeta mi
mujer.
La miro por encima de mi hombro, me dedica una amplia sonrisa.
-Nos vamos a casar cuando te den el alta- le informo- No quiero
esperar ni un segundo más en hacerte mi esposa.
Veintiséis
Rory
Le enseño a Michelle mi alianza de casada, le he contado todo
sobre mi boda y la luna de miel. Mi esposo me llevó de viaje por la
India, estuvimos unas semanas en una casa de un pueblo. No dejaba
de llover, ha sido la mejor luna de miel del mundo, no salimos de la
cama. Tres meses viajando, los dos solos, conociendo nuevos lugares
y haciendo el amor todo el tiempo. Cuando volvimos a casa empecé a
tener más responsabilidades dentro del negocio familiar, Cillian se
ha convertido oficialmente en mi mano derecha, ahora nos
encargamos de los envíos y la distribución por el país de nuestra
mercancía. Mi esposo sigue encargándose de la fábrica de armas que
tenemos en Brasil y del envío de éstas a otras partes del mundo.
Me siento en el suelo al lado de Michelle, paso mi brazo por
encima de sus hombros, hace seis meses que no la veo. El trabajo me
ha tenido tan ocupada que no he podido venir a verla. Inclino la
cabeza a un lado, Adam está encogido en un rincón con la cabeza
oculta entre sus brazos y piernas. Mi abuelo se ha estado divirtiendo
con ellos dos, veo las cicatrices que Michelle tiene en su cara,
también hay restos de sangre y moretones desvaneciéndose. Por lo
que mi abuelo nos contó, Adam no pretendía dañar a mi padre, el
veneno era para mí, pero el cocinero se confundió y echó el líquido
en la comida de mi esposo. Querían matarme a mí para que esta
bruja tuviera vía libre con él. Todo fue idea de ella, la traje aquí por
otros motivos y al final resultó que era la cabeza pensante del
maldito plan.
-Nunca habría vuelto contigo- le informo- Hubiera preferido
quedarse soltero para toda la vida, incluso me confesó que nunca
más volvería a tocar a otra mujer.
Michelle se ríe sin ganas, tiene la vista fija en el suelo. La peino con
mis dedos, su pelo está demasiado enredado.
-¿Quieres que envíe a alguien a darte un baño?- le pregunto.
-Quiero que me mates de una puta vez.
-Pero eso no puede ser, Mich. Apenas te he torturado, quien más
se ha divertido contigo y con tu padre ha sido mi abuelito.
Niega con la cabeza mientras comienza a llorar, le doy un beso en
la mejilla.
-Tengo que irme, Mich, pero volveré más tarde. Mi primo ha ido a
recoger a alguien muy importante al aeropuerto y quiero estar en
casa para recibir a ese italiano.
Michelle me mira con el ceño fruncido.
-¿Qué italiano?- me pregunta.
-Ares Romano- respondo levantándome del suelo- Además, mi
madre también está viajando, Terry y ella querían hacernos una
visita, hace meses que no nos vemos y quiero conocer a mi
hermanito. Es un niño, Mich.
Voy hacia la puerta, me despido de Michelle y de Adam, que
tiembla cuando pronuncio su nombre. Subo a mi coche con mi tía
Cara, su abultado vientre es más grande que ella, casi está del mismo
tiempo que mi madre. Unas semanas de diferencia, es todo lo que
hay entre sus embarazos, eso y que el bebé de mis tíos es una niña.
Lo que ha provocado que el tío Darragh se vuelva un poco loco y
controlador. Mi madre quería dar a luz en Irlanda, así que, han
aprovechado que quería verme para tener aquí a mi hermano. Terry
ha pedido una excedencia en la clínica, estarán aquí unos dos meses
hasta que el bebé pueda viajar de forma segura de vuelta a Nueva
York. Ojalá pudiera tenerlos aquí para siempre, en contra de todas
las apuestas, Terry es un hombre bueno y amoroso. Ha estado muy
presente en mi vida estos meses y lo que más me gusta es cómo cuida
a mi madre. La tía Cara suelta un gemido de dolor mientras se
aprieta el vientre.
-No vas a ponerte de parto. ¿Verdad?- le pregunto asustada.
Ella se ríe.
-No, bebé. Es que tu prima me ha dado una fuerte patada.
Pongo una mano en su barriga, aún no han revelado el nombre que
le pondrán.
-¿Sigue insistiendo?- me pregunta mi tía.
-Cada maldito día, me escondió las píldoras en la luna de miel.
Mi tía se ríe con una fuerte carcajada. Desde que nos enteramos de
su embarazo, mi padre ha estado demasiado obsesionado con
dejarme embarazada. Una vez, durante la luna de miel, lo obligué a
usar un condón porque me sentía mal y tuve que tomar antibióticos
durante tres días, después de correrse me confesó que lo había
pinchado con una aguja. Por suerte estaba a punto de venirme la
menstruación, ni siquiera pude enfadarme con él. Me gusta que sea
así, aunque lo que haga esté tan mal y tan equivocado.
-No estoy lista- confieso- Es decir, estoy más que hace unos meses,
pero no del todo.
-Eres joven, bebé. No corras y, sobre todo, no le hagas caso a ese
puto loco que tienes por esposo.
Mi sonrisa crece hasta que mis mejillas duelen. En mi propia
locura, adoro que también llamen loco a mi esposo.
Aparco mi coche junto al de mi abuelo, mi primo aún no está aquí.
Mi tía Cara se dirige a una habitación a descansar, por supuesto que
de la mano del tío Darragh. Han estado pasando más tiempo en el
castillo desde el ataque, mi padre les pidió que se mudaran con
nosotros, tienen un ala disponible para ellos. Al principio no
aceptaron, pero creo que poco a poco están mudándose. Voy al
despacho, donde encuentro a mi esposo hablando por teléfono.
Cierro la puerta con seguro, me quito el lazo del pelo, dejando mi
cabello caer por mis hombros y me pongo de rodillas entre sus
piernas. Le desabrocho el pantalón vaquero, me ayuda a sacar su
polla, en la que envuelvo mi lazo por la base. Se engrosa en mis
manos, se le escapa un siseo en cuanto rodeo su glande con mis
labios. En el viaje de novios descubrí que le encanta envolver mis
lazos en su polla y que se la chupe. Acaricia la parte posterior de mi
cuello con sus dedos, no entiendo cómo puede aguantar sin gemir.
Acelero el movimiento de mi cabeza, sufre un pequeño espasmo en
las piernas. Nuestros ojos se encuentran cuando miro hacia arriba,
me guiña un ojo, haciendo que mi clítoris palpite. Me sujeta por el
pelo de la nuca y se hunde dentro de mi garganta, aguanto hasta que
termina de correrse.
-Hablamos más tarde Mat- se despide- Sí, Ares debe de estar a
punto de llegar a mi casa. Adiós, amigo.
Guardo su polla en los pantalones, me levanto del suelo y me
siento en su muslo.
-¿Te ha gustado?- le pregunto mientras vuelvo a recoger mi pelo
con mi lazo.
-He sufrido.
-¿Qué?- pregunto confundida.
-Quería gritar de placer, pequeña- se ríe, haciéndome sonreír- ¿A
mi preciosa esposa le gusta chuparme la polla?
Asiento segura, me encanta hacerlo. Enreda uno de mis mechones
en su dedo índice.
-Tienes que escucharme, Rory. No te quiero cerca de Ares
Romano.
-¿Es una orden?
-No, es una petición.
-Pero...
Agacho la cabeza, hay tantas cosas que quiero preguntarle. Esta iba
a ser mi oportunidad de tenerlo cerca y satisfacer mi curiosidad.
Paliar mi necesidad de saber más sobre su trastorno y saber si puede
ayudarme con el mío.
-Está bien- acepto en un hilo de voz.
-Es por tu bien, ese muchacho es impredecible, no quiero que
sufras ningún daño.
Me levanto de su muslo, mi boca se curva por un lado. Me quito
mis bailarinas.
-Te obedeceré sólo si me atrapas- lo reto.
-¿Qué?
Salgo corriendo del despacho, la adrenalina recorre mi cuerpo,
tengo que ganar esta vez. Si llego al roble antes de que me atrape
podré estar cerca de Ares Romano.
-¡No me atraparás!- chillo riéndome.
-¡Lo haré, pequeña!- su voz tiene un tono divertido, creí que se
enfadaría, aunque debe de estar muy seguro de que me atrapará.
Miro hacia atrás, me sigue muy de cerca, mierda, me va a atrapar.
Me detengo abruptamente cuando lo veo, es tan grande como mi
padre y mi abuelo. Sus hombros son anchos, aunque no tanto como
los de mi esposo, no es más musculoso que él. Tiene los ojos muy
azules, casi como los míos, su pelo, por el contrario, es muy oscuro.
Siento a mi padre pegado en mi espalda, me susurra en el oído que
vaya a nuestra habitación, vuelvo a mirar a Ares Romano y sonrío
más que antes. Mi esposo me toma en sus brazos, pero me libero y
me acerco a Ares. Me detengo frente a él, extiendo mi brazo y le toco
la cara, debo ponerme de puntillas para lograrlo, trazo con mis dedos
cada detalle que hay en su rostro.
-Rory, te he dado una orden- espeta mi padre.
-Nunca he conocido a un psicópata- le susurro a Ares- Es,
ciertamente, interesante.
Dejo caer mi brazo mientras mis mejillas arden por mi enorme
sonrisa.
-Soy Rory Kavanagh- me presento- ¡Y estoy muy encantada de
conocerte!- chillo con emoción.
Lo rodeo con mis brazos, atrapando los suyos entre ellos.
-¡Rory!- vocifera mi abuelo- ¿Cuántas veces te hemos dicho tu
padre y yo que no abraces a extraños?
Pongo los ojos en blanco, sólo lo he hecho un par de veces desde
que vine a este mundo. Está bien, quizás demasiadas veces, pero lo
seguiré haciendo si mi instinto me lo pide.
-Ese es nuestro abuelo- murmura mi primo- Garret Kavanagh.
Me giro hacia mi abuelo con los brazos en jarra sobre mis caderas.
-Pero abuelo, nunca conocí a alguien como él- defiendo mi
postura.
Mi esposo se acerca a mí y me toma por la cintura para dejarme
sobre su hombro.
-¡Papá!- protesto- ¡Quiero quedarme!
-No lo harás- gruñe.
Mis esperanzas de hablar con Ares Romano se esfuman cuando me
lleva a nuestra habitación. Me cruzo de brazos en cuanto me deja en
el suelo, estoy muy enfadada en este momento.
-Te di una maldita orden- espeta.
-¡No puedes darme órdenes!- grito- Soy tu jodida esposa.
-Y sigues siendo mi hija, pero ante todo, quiero tu seguridad, Rory.
Cillian llama a la puerta, mi padre le abre y le ordena que se quede
aquí conmigo.
-Pasará lo mismo que cuando no quisiste llevarme al club- le
advierto a mi padre- ¿Prefieres que esté a solas con Ares Romano?
-No te atreverás- gruñe, levanto una ceja- Sí, sí vas a atreverte.
Joder.
Le dedico una sonrisa.
-Hablarás con él sólo ante mi presencia, nada de quedarte a solas,
Rory Kavanagh.
-Trato hecho- contesto sonriendo.
-Y tú tampoco te quedes a solas con él, Cillian.
-No lo tenía planeado, tío Eamon.
Gruñe y asiente a la misma vez, luego sale de la habitación
dejándonos a solas a mi primo y a mí. Me siento en la cama.
-Está buenísimo- me dice mi primo- Debería seducirlo.
Me empiezo a reír, no haría algo así con alguien como Ares.
-Tiene mujer y tú novio- señalo.
-Eso no es una barrera para mí, prima.
Niego con la cabeza, mi primo tiene una larga lista de amantes,
entre ellos hombres casados, supuestos heteros que querían
experimentar.
-No creo que Ares sea de ese tipo de hombres- le digo.
-Sí, yo tampoco lo creo.
Pasa una hora hasta que mi padre viene a buscarme, me lleva al
despacho donde está Ares. Lo miro de arriba a abajo, me sigue
impresionando la energía que transmite. Me acerco a él, doy una
vuelta a su alrededor, no sé qué busco, pero es algo.
-Rory- me advierte mi padre- Haz las preguntas que tengas que
hacer y te llevo de vuelta a la habitación.
Me paro frente a Ares, tiene los brazos cruzados sobre su pecho.
-No tienes conciencia.
-Eso no es una pregunta- señala.
Frunzo los labios en una fina línea y niego con la cabeza. Ares
extiende su brazo para invitarme a sentarme en el sofá. Él se sienta a
mi lado.
-Tu padre y tu abuelo me han hablado un poco sobre tu trastorno-
me dice.
-No soy una psicópata.
Ares sonríe.
-No, eso lo sé.
-¿De verdad no puedes amar?- le pregunto.
-No, al menos no como lo hacéis vosotros. Soy muy posesivo, no
me gusta que toquen lo que es mío y me obsesiono mucho con
algunas personas, supongo que es mi forma de amar.
Miro a mi padre, siento todo eso por él, además de amor. Desvío
mis ojos hacia Ares.
-¿Te descontrolas?- le pregunto.
Asiente con la cabeza.
-Suelo controlar bien mi ira, pero a veces es imposible- responde.
-Yo no puedo controlar mi caos, así lo llamo. La mente se me
nubla, dejo de oír todo a mi alrededor y sólo quiero matar- confieso-
A veces me siento mal cuando estoy así porque podría herir a alguien
a quien amo.
-Es obvio que tienes algún tipo de psicopatía, no la mía, eso lo
tengo claro- Ares mira a mi padre- ¿Qué dijeron los psiquiatras y
psicólogos?
-Que tenía un trastorno de la personalidad antisocial, pero no
sabían cuál. Intentaron medicarla- Ares se ríe.
-También lo intentaron conmigo. No funciona y no va a funcionar,
somos así, es nuestra naturaleza.
Me toma de la barbilla con sus dedos y me obliga a mirarlo.
-Te voy a dar el consejo que nunca me dieron a mí y es el mismo
que le daré a mi hermana pequeña cuando tenga edad suficiente. No
te ocultes, no tienes nada de lo que avergonzarte. Si el caos se
apodera de ti busca tu constante, esa persona o cosa que te
tranquiliza, concéntrate en ello y fija tu objetivo en otra persona a la
que puedas matar.
Me lanzo hacia él, rodeo su cuello con mis brazos, aunque él no
responde.
-Gracias, Ares.
-No tienes nada que agradecerme. Ahora aléjate de mí, no me
gusta que me toquen.
Veintisiete
Eamon
No está, mi mujer no está por ningún lado. Han herido a Cillian,
han herido a Cara y han herido a mi padre. Se han llevado a Avery y a
Rory. Tuve que dejar a Mat con Ares, no pude seguir en Italia para
ayudarlo a buscar a su mujer, la mía también ha desaparecido. Mat
quiso venir, pero la presencia del amigo de Ares lo retuvo allí, quiere
saber más de él y lo entiendo. Terry y Darragh están destrozados,
uno por la desaparición de su mujer embarazada y el otro por la
amenaza de parto prematuro de la suya. Y yo... Sólo quiero
arrancarle la cabeza a alguien, al bastardo que tengo delante de mí y
que me ha traicionado en todos los sentidos. Confié en él, le di casa,
comida y trabajo. Le permití vivir en mi maldito hogar. ¿Cómo puede
habernos hecho esto? A su propia abuela, Orla está en shock, la
golpeó en la cabeza en un intento de huir con Brandon cuando volvió
a atacar el castillo. Ha sido él quien lo ha estado escondiendo todo
este tiempo, por eso Cormac no lo encontraba.
-¡Te abrí las puertas de mi puta casa!- le grito.
Niam se estremece por mi grito. Ni siquiera lo he llevado al
almacén, en cuanto mis guardias lo han capturado lo he bajado al
sótano del castillo. No puedo creer que nos haya hecho esto, lo
conocía desde que nació, dejé que Orla lo trajera aquí a jugar con mis
hijos, mi pequeño está destrozado, otra vez. Le doy una bofetada en
la mejilla a Niam.
-Has herido a mi familia, Niam. Jugaste con Cillian cuando erais
pequeños, mi hija te tenía aprecio. Y a tu abuela, joder, la has
decepcionado y le has roto el corazón. ¿Cómo has podido?
No deja de llorar, quiero que hable de una maldita vez, pero no
estoy consiguiendo nada, está demasiado asustado. Froto una mano
por mi cara, llevo horas aquí encerrado con este bastardo, sus padres
han estado bombardeando el teléfono fijo del castillo pidiendo
misericordia para su hijo. No habrá misericordia para alguien que le
ha hecho tanto daño a mi familia, no voy a tener ni la más mínima
compasión con él. Lo único que merece es sufrir.
-Eamon, hijo.
Miro a mi padre por encima de mi hombro, tiene el brazo en un
cabestrillo, los hombres que vinieron con Brandon le dispararon en
el hombro. Orla está a su lado con un apósito en la frente por encima
de la ceja derecha, está mirando a su nieto, hay tanta decepción en
sus ojos. Ojalá pudiera borrar todo esto de su memoria. Mi padre le
da un suave empujón para que se acerque, sus ojos se posan en mí.
-Lo siento, señor Eamon- se disculpa.
-¿Por qué me llamas así? Nunca lo has hecho, Orla.
Niega con la cabeza, hay lágrimas agolpándose en sus ojos.
Acaricio con suavidad su cabello, que se puso blanco por el paso del
tiempo.
-Nunca debería habernos tratado como a familia- me dice con la
voz rota- Esto es mi culpa.
-Por supuesto que no, Orla- espeto- Esto sólo es culpa de Niam, no
tuya. No tienes nada que ver en esto.
-Pero yo fui quien le presentó a mi nieto.
-Orla, basta. Eres familia y no me importa lo que Niam haya hecho,
eso no cambia lo mucho que te quiero.
La rodeo con mis brazos, su llanto no tarda en aparecer, odio verla
así. No merece nada de esto, ella siempre ha sido una buena mujer y
una gran empleada, se ha ganado el título de familia por sí misma. Se
separa de mí para mirar a su nieto.
-Niam- solloza.
-Abuela, lo siento.
-¿Por qué lo has hecho? Te abrieron las puertas de su casa, te
dieron un empleo y cariño. ¡¿Por qué, Niam?!
Mi padre se acerca, intenta calmarla, Orla no tiene edad ni salud
para alterarse tanto.
-Con calma, Orla- le dice.
-¿Qué voy a decirle a tus padres?- le pregunta a su nieto- ¿Tienes
idea de lo que has hecho? Has destrozado a dos familias, no sólo a los
Kavanagh, también a tu propia familia.
-Lo hice por ellos, abuela- confiesa- Papá había perdido su empleo
y estaban teniendo problemas de dinero, mi hermana no podía ir a la
universidad. Me ofrecieron mucho dinero.
Orla lo abofetea en la cara.
-Hay cosas más importantes que el dinero, si tu abuelo siguiera
con vida te habría matado él mismo. Maldito niño, idiota.
Veo el dolor en la cara de mi padre, el esposo de Orla fue su mejor
amigo, falleció hace tiempo por un problema de salud, poco
importaba la gran brecha de edad que los separaba, estaban muy
unidos.
-Eres una gran decepción- se lamenta Orla- Me alegra saber que tu
abuelo nunca sabrá lo que le has hecho a sus dos familias. Nunca me
había alegrado de que estuviera muerto hasta este momento.
-Abuela- llora Niam- Perdóname.
-No mereces el perdón de nadie. Aun así, tienes el mío.
Niam sonríe.
-No te confundas, niño. Que tengas mi perdón no significa que
vaya a suplicar por tu vida, obtendrás lo que mereces.
-¡No!- llora.
-¿Dónde se han llevado a Rory y a su madre?- le pregunta.
-No lo sé, nunca me lo dijo, sólo tenía que darle acceso al castillo.
Lo juro, no sé dónde están.
Orla me mira, acaricio su mejilla con mi pulgar, en pocos minutos
ha conseguido que su nieto hable. Le doy un beso en la frente.
-Ve a descansar, Orla- le pido- Yo me encargo de esto, no tienes
que ver nada de lo que ocurra aquí.
-Vamos, Orla, te llevo a tu habitación- se ofrece mi padre.
-No, quiero cuidar a mi niño, Cillian me necesita.
-¡Él no es tu nieto!- le grita Niam.
Lo golpeo en la mejilla con mi puño.
-No vuelvas a gritarle a tu abuela, jodido idiota- espeto.
-Cillian no es su nieto- solloza.
-Esos dos muchachos, Cillian y Rory, son más nietos míos de lo
que tú nunca serás. Nunca me han decepcionado, como tú has hecho.
Has perdido todos tus lazos conmigo, ya no eres nada para mí, Niam.
Estás muerto- sentencia Orla.
Niam llora y grita llamando a su abuela, ella lo ignora y sale de la
habitación del sótano. Darragh entra hecho una furia, se lanza hacia
Niam, lo golpea una y otra vez con sus puños. Cormac aparece
jadeando, intenta detener a mi amigo, pero se lo impido, Niam
merece los golpes que está recibiendo.
-Ha enviado al hospital a su mujer y a su hija, merece desahogarse-
le digo a Cormac.
-Como usted ordene, señor.
-¿Has encontrado algo?
-Nada, los muchachos siguen trabajando y la señora Caitrin ha
enviado a su hijo y a un grupo de soldados para ayudarnos.
-Bien, trabaja con Reece en encontrar a mi mujer y a su madre, las
quiero de vuelta cuanto antes, Cormac. Avery está a punto de dar a
luz.
-La señora Rory los protegerá.
-Lo sé, es algo que me tranquiliza, pero no puedo confiarme,
podrían drogarla para mantenerla calmada y si eso ocurre no habrá
nadie para defenderlos. Ni siquiera a mi mujer.
Cormac asiente, da un último vistazo a Darragh antes de salir de la
habitación. Levanto a mi amigo de encima de Niam, lo ha dejado
inconsciente, se derrumba en mis brazos.
-Cara es fuerte, hermano- lo consuelo- Ellas aguantarán.
-La bala impactó en su vientre- llora- No puedo perder a ninguna,
Eamon.
-Y no lo harás, mi sobrina tiene a la mejor madre del mundo y está
haciendo todo lo posible por aguantar unas semanas más. Tendrás a
tu princesa en tus brazos en dos semanas.
Darragh solloza fuerte. Aprieto mis brazos a su alrededor mientras
miro a Niam. Ha hecho todo esto por el puto dinero, yo mismo
podría habérselo dado si hubiera sabido que lo necesitaba, debió
contármelo. Pero no, prefirió recurrir a ese bastardo y traicionarme,
traicionarnos a todos. Me levanto del suelo arrastrando a Darragh
conmigo.
-Tienes que ir a dormir- le digo.
-¿Y si llaman del hospital? No me han dejado verla.
-Porque la están cuidando, tienes que dejar que trabajen. Y si
llaman, no debes preocuparte, iré a despertarte.
-¿Me lo prometes?
-Sí.
Después de dejar a Darragh en su habitación, voy hacia la
habitación de mi pequeño. No ha querido salir de ahí, se negó a ir al
hospital y tuvieron que atender sus heridas aquí, recibió dos
impactos de balas, uno en el muslo y otro rozando su cabeza.
Ninguno ha sido nada grave, por suerte, aun así, tuve que obligarlo a
descansar. El médico decidió ponerle un calmante suave, Ryan vino a
estar con él cuando se enteró de lo que había sucedido. Llamo a la
puerta con suavidad, la voz de mi pequeño sale en un hilo. Abro la
puerta y entro, Ryan se pone en pie.
-Siéntate, Ryan, no tienes que levantarte cada vez que entre en una
habitación.
Asiente con la cabeza. Cillian está tumbado de lado mirando hacia
la ventana.
-Mo stór.
-Se la han llevado- llora.
Me acuesto detrás de él, paso mi brazo por encima de su cintura y
lo atraigo hacia mí, su llanto parte mi alma, nunca me ha gustado
escuchar ni ver a mis hijos llorar.
-La encontraré, pequeño. Tu hermana volverá a tu lado.
-¿Y si le hacen daño?
-Rodarán cabezas.
Ryan se agacha frente a Cillian, acaricia su pelo con cuidado, tiene
la cabeza vendada.
-Rory es una mujer fuerte y valiente, mi amor- le dice- No va a
permitir que nadie la toque, sabes cómo se las gasta.
-¿Y Avery y el bebé?- pregunta.
Ryan sonríe.
-Tienen a Rory, los protegerá- contesta.
-¿Puedes ir a buscar a mi abuelo, por favor?- le suplica.
-Sí, por supuesto- responde Ryan.
Cillian intenta girarse y ponerse de lado para mirarme, pero lo
detengo.
-Tu pierna, mo stór.
-No me duele.
Esbozo una débil sonrisa.
-Eso es por los calmantes, pero podrías abrir la herida.
Sus ojos están llenos de lágrimas no derramadas, toda mi familia
está en el mismo estado.
-La tía Cara y la prima- solloza.
-Van a estar bien- le aseguro- La conoces, nunca se ha dado por
vencida con algo y esta vez no será una excepción.
-Rory intentó luchar, ese bastardo la golpeó muy fuerte a traición,
creo que estaba drogada porque sus movimientos eran torpes.
-Puede que Niam la drogara para que Brandon no tuviera que
luchar contra ella, sabía que no tendría ninguna oportunidad.
-Avery intentó protegerla, por eso se la llevó también. Golpearon a
Terry en la cabeza y se desmayó.
Le doy un beso en la sien, mi pobre pequeño lo vio todo, vio cómo
su familia caía, uno tras otro.
-Lo arreglaré todo- le prometo.
Sus ojos se cierran, el cansancio puede más que nada. Me siento en
la cama y lo subo a mi regazo con mucho cuidado, lo acuno como
cuando era un bebé. Mi padre entra en la habitación, se sienta a mi
lado mirando a Cillian.
-¿Dónde está Ryan?- le pregunto.
-Tenía que irse.
Asiento con la cabeza. Mi padre extiende su brazo y acaricia el pelo
de Cillian.
-Cuando lo vi herido me acorde de Aíne- me dice con dolor-
Recordé todo lo que tenía guardado en lo más profundo de mi ser,
Eamon.
Sus fosas nasales se dilatan, ha tardado años en guardar esos
recuerdos, ahora lo han arrollado como un maldito tren. Se mueve
por la cama para sentarse a mi lado, se inclina hacia adelante y le da
un beso en la cabeza a Cillian.
-Prométeme que siempre cuidarás de él, Eamon.
-No tienes que pedir eso, lo protegeré con mi vida si es necesario,
papá.
-No pudimos proteger a Aíne, tú sólo eras un niño y yo no vi venir
lo que le hicieron. No dejaré que pase eso con Cillian, acabaré con la
vida de quien sea por proteger a mi niño.
-Lo sé, papá.
-Es mi jodido niño, quiero arrancarle la cabeza a Brandon y
colgarla en la pared.
-¿Te sentirías mejor si te dejo a Brandon para ti?
-Sí.
-Ya es tuyo, papá. Sólo te pido que lo hagas sufrir.
-Lo haré, Eamon. Te prometo que dejaré salir de nuevo al antiguo
jefe de la mafia irlandesa.
Mi padre apoya la cabeza en mi hombro, sus dedos recorren con
suavidad la cabeza de Cillian. Miro fijamente hacia el frente, vuelvo a
pensar en mi mujer, sé que ella puede luchar contra Brandon. Aun
así, tengo miedo de lo que pueda hacerle bajo los efectos de las
drogas, sólo espero que mi pequeña tenga la fuerza suficiente para
proteger a su madre y a su hermano y a sí misma. No soportaré si le
hacen algo, mi vida estará acabada si a Rory le sucede algo. Igual que
no soportaría perder a nadie de mi familia, lo son todo para mí. Me
deslizo por la cama con cuidado, dejo a Cillian entre mi padre y yo,
mi padre no deja de contemplarlo y acariciar su cara.
-¿Y tu cabestrillo?- le pregunto.
-Ahora mismo no lo necesito.
-Papá- advierto.
-Estoy bien, Eamon. Estaré bien siempre que mi familia lo esté.
Lo tomo por la barbilla con mis dedos y lo obligo a mirarme.
-La encontraré, papá. Te juro por la memoria de Aíne que traeré de
vuelta a tu calabacita.
Su labio inferior tiembla, lo está recordando, malditamente lo está
haciendo y eso no me gusta nada.
-Concéntrate en Cillian, papá. No dejes que esos recuerdos te
inunden la mente.
Baja la vista hacia mi sobrino, recorre con su dedo índice cada
centímetro de su cara. Lo hace con tanto cuidado y amor.
-Mo chroí- susurra.
Le doy un beso en la sien a mi sobrino, siempre lo llamó así, desde
el primer momento en que lo tuvo en sus brazos dijo que era su
corazón. Igual que es mi tesoro y no dejaré que nadie lo dañe.
-Cuida de él, papá. Tengo que concentrar toda mi atención en
encontrar a Rory. Nuestra niña tiene que volver a su casa, a nuestro
lado.
-A donde pertenece- sentencia.
Veintiocho
Rory
El maldito bastardo me golpea de nuevo, no voy a darle la
satisfacción de verme suplicar o quejarme de dolor. Puede ir
sentándose a esperar que eso suceda, nunca me verá llorar. Brandon
me sujeta por la mandíbula con su asquerosa mano, clava sus dedos
en mi piel, de forma brusca me besa en los labios. Mi madre grita que
me deje en paz, no lo va a hacer, está obcecado en doblegarme. Cree
que de alguna forma si me golpea y me besa terminaré convencida de
su amor por mí. Lo miro fijamente a los ojos cuando rompe el beso.
-Deja de resistirte- gruñe- Ese enfermo te ha corrompido tanto, tú
ibas a ser mía, íbamos a gobernar Irlanda juntos.
Frunzo el ceño, el imbécil se ha vuelto loco, jamás me habría
casado con alguien como él. Ni aunque nunca hubiera estado
enamorada de mi padre, Brandon es demasiado débil para mí. Me
gustan los hombres con personalidad y varoniles, de esos que gritan
masculinidad por cada poro de su piel. Brandon no es así, es un niño
rico que siempre ha vivido bajo la protección de su padre. Blaine se
acerca a mi madre con un cuchillo, me remuevo todo lo que Brandon
y las ataduras en mis muñecas y tobillos me permiten. La zorra le
pone el cuchillo en el cuello y corta de forma superficial.
-¡Blaine!- rujo con rabia- Enfréntate a mí, cobarde. Vamos,
suéltame y lucha conmigo.
Blaine me sonríe a la vez que profundiza el corte.
-Nunca debiste cruzarte en mi camino- espeta Blaine.
-¿De qué coño hablas maldita loca? Jamás te he hecho nada.
-¡Tú lo comenzaste todo!- grita- Me hiciste desear lo que no podía
tener.
Pongo los ojos en blanco, definitivamente está completamente
loca.
-No es mi culpa que no te hayas podido follar a tu padre, Blaine.
-¡Lo hice! Pero él me rechazó a la mañana siguiente, dijo que
nunca podría dejar de amar a mi madre.
Suelto un suspiro, me estoy empezando a cansar de esto, mis ojos
se desvían al idiota de Brandon.
-Tú- llamo su atención- Desátame ahora mismo.
Brando se ríe.
-Eso es un intento muy vago de intentar liberarte, Rory- me dice.
-Brandon, te lo digo en serio, suéltame o no te gustará nada lo que
saldrá de mí.
-Sí, sí. Ya me conozco esa historia, no importa cuánto te
descontroles, tengo algo para mantenerte tranquilita.
-¿Esa estúpida droga? Intenta inyectármela otra vez y verás lo que
te ocurre.
-Me refiero a tu madre y al bebé que lleva en su vientre, mi amor.
Muevo mis piernas rápido, chocan con los pies de Brandon,
haciéndolo caer de bruces al suelo. Se golpea en la boca y la nariz con
el duro pavimento, tan fuerte que queda inconsciente al instante.
Miro a Blaine con una sonrisa, le grita a unos guardias que saquen a
Brandon de aquí. Por fin me quedo a solas con mi madre, arrastro el
trasero por el suelo hasta llegar a ella y le quito la cinta de la boca.
-¿Estás bien, mamá?
-Rory, no los provoques más- solloza.
-Si lo hago se concentrarán en mí y no en ti o mi hermano.
-No puedes hacer eso, mi vida.
-Claro que sí, tengo que protegeros.
-No es tu responsabilidad, soy yo quien debería protegeros a los
dos.
-Mamá, no puedes, estás embarazada. Os protegeré hasta que
estemos a salvo en algún lado.
-Ni siquiera sabemos dónde estamos.
Miro por la ventanilla del barco, nos metieron en este trasto para
salir de Irlanda, creo que estamos yendo hacia Escocia, no sé si al
castillo de los Fraser o a otro lugar. Pero debo pensar en un plan para
huir y ponernos a salvo.
-Tenemos que huir en cuanto podamos, mamá.
-Lo sé. ¿Cómo lo vamos a hacer?
Miro mis manos, si lograra quitarme la cuerda que tengo envuelta
en las muñecas podría luchar y ganar tiempo. Busco a mi alrededor
algo afilado con lo que poder cortar la cuerda, veo un metal saliente
de la chapa del barco, me arrastro hasta él y empiezo a cortar la
cuerda.
-Ten cuidado- me dice mi madre.
Escucho ruido fuera de la habitación, me apresuro en cortar las
cuerdas.
-Mamá, escóndete en cuanto te desate.
-¿Y tú?
-Tápate los ojos, no querrás ver lo que voy a hacer. Pero tienes que
hacer algo por mí cuando haya acabado con ellos.
-¿Qué debo hacer?
-Hablarme de Cillian, por favor. Pronuncia su nombre cuantas
veces sea necesario hasta que vuelva a ser yo.
Está tan confundida, pero debe de ser así. Si no me concentro en
mi primo podría hacerle daño a ella o a mi hermano. La cuerda cede
y se rompe, me desato los tobillos, luego voy a desatar a mi madre. El
sonido en la puerta nos alerta de que van a entrar.
-El barco se está deteniendo- me avisa mi madre.
-Escóndete entre esos barriles del fondo.
Agarro una barra de hierro del suelo y me pego a la pared junto a la
puerta, respiro hondo y dejo que todo suceda. Por primera vez en mi
vida no lucho contra mi caos, lo dejo controlarme. El hombre que
entra me da la espalda, le clavo la barra de hierro por detrás, cae al
suelo al instante. El otro hombre intenta sacar su arma, se lo impido
golpeándolo fuerte con la barra en la cara. Cojo las armas de ambos y
salgo de la habitación, hay más hombres armados por aquí, aunque
no son muchos, creí que habría muchos más. Me deshago de ellos en
poco tiempo, busco a Blaine y a Brandon por el barco.
-Blaine...- la llamo con voz ronca- Blaine, sal a jugar conmigo.
Un hombre sale corriendo por el pasillo hacia mí, me echo a un
lado cuando está cerca, le disparo una sola vez en la nuca. Voy de
vuelta por donde he venido, mi mente me está gritando el nombre de
Blaine y de Brandon. Me aprieto la cabeza con las manos, me duele,
doy un fuerte grito. Algo se mueve a mi lado, disparo sin mirar,
Brandon cae al suelo con un disparo en su pierna.
No sé qué ha pasado ni cuánto tiempo ha transcurrido, pero estoy
de vuelta en la habitación del barco, con mi madre frente a mí llena
de sangre. Está llorando y parece muy asustada. Hay un montón de
cadáveres a mis pies.
-Cillian- llora mi madre- Cici, mi vida, por favor, vuelve.
-¿Mamá?
Sus ojos se abren, el alivio cruza su rostro. Dejo caer las armas de
mis manos, yo también estoy llena de sangre.
-Jesús, Rory, estaba muerta de miedo. Tú... Todos esos hombres.
Miro a mi alrededor, hay más cadáveres por la habitación y el
pasillo. Mi madre se pone de pie.
-Dime que no os he hecho daño- le suplico.
Niega con la cabeza.
-En cuanto oíste el nombre de tu primo te calmaste- me asegura.
-¿Has visto a Blaine?- le pregunto.
Niega con la cabeza, la maldita zorra debe haber aprovechado y
escapado de mí. Tomo la mano de mi madre, tenemos que salir de
aquí cuanto antes y llegar a algún lugar donde tengan un teléfono
para llamar a mi padre y que venga a rescatarnos. Por el camino, voy
recogiendo algunas armas, puede ser que las necesite más adelante y
no me fío de que esa zorra aparezca. Me detengo ante una idea que
me surge.
-¿Qué pasa, mi vida?
-Tengo que destruir este barco, mamá.
-¿Destruirlo? ¿Cómo?
-Incendiándolo.
Después de mucho buscar por el barco, encontré un mechero en
uno de los cadáveres que he dejado, dentro de los barriles había
aceite. He derramado todo el contenido por el lugar, mi madre está
arriba esperándome, subo las escaleras al exterior.
-Mamá ve al bote y ponte a remar- le ordeno.
El barco está a unas millas de la costa de una isla, tendremos que ir
remando hasta allí, no parece una isla muy habitada, pero es lo único
que tenemos. Hemos tomado algunas provisiones del barco que
hemos encontrado. Espero a que mi madre se suba al bote y se aleje
de mí, iré nadando hasta ella cuando las llamas hayan comenzado.
Respiro hondo, observo a mi madre una última vez, está lo
suficientemente lejos. Así que, incendio el trozo de tela en mi mano y
la lanzo a las escaleras del barco, corro por la cubierta del barco hacia
el costado y me lanzo de cabeza al agua. Que está jodidamente
helada, aun así, nado al bote lo más rápido que puedo. Con suerte,
alguien verá la humareda negra que desprende el barco, venga a ver
qué sucede y nos rescate de este lugar. Mi madre me ayuda a subirme
al bote, cojo uno de los dos remos mientras veo arder el barco. Nos
ponemos a remar hacia la orilla, no tardamos mucho más en llegar,
el barco ha terminado explotando. Me bajo yo primero del bote y
ayudo a mi madre, agarro la mochila con las provisiones y la echo
sobre mi hombro, mi madre toma el par de mantas que hemos
cogido de una de las habitaciones del barco.
-Estás empapada, Rory y hace mucho frío.
-Estoy bien, mamá. Tenemos que buscar un refugio, el cielo está
demasiado nublado.
Llevamos caminando un rato por la isla, hay poca vegetación por
este lado, ni un sólo signo de vida. Piedras y más piedras por todos
lados. Señalo a una cueva, los truenos ya suenan en el aire, esa cueva
es nuestra mejor opción. Nos adentramos al fondo, no tiene ninguna
otra entrada o salida más que por la que hemos entrado. Hemos
reunido algunas pequeñas ramas de camino aquí, no estamos muy
lejos de la playa. Agrupo las ramas y las enciendo con el mechero,
caliento mis manos y mi cuerpo en el fuego. Mi madre me pone una
de las mantas por encima de los hombros.
-Come, mamá.
-Estamos bien, mi vida.
Suelta un suspiro, se frota el vientre con las manos.
-¿Mi hermano está bien?- le pregunto.
Una sonrisa se dibuja en su cara.
-Sí.
-Terry y tú aún no habéis dicho su nombre, igual que la tía Cara y
el tío Darragh con su hija.
De pronto, siento que el llanto quiere salir de mí, la última vez vi a
mi tía estaba en el suelo con una bala en su vientre.
-Ellas van a estar bien, mi vida, Cara es una mujer fuerte y su hija
también.
Asiento con la cabeza.
-¿Y entonces?- le pregunto para cambiar de tema.
-Buscamos muchos nombres por internet, pero ninguno nos
convenció. Todos eran demasiado antiguos o demasiado modernos.
-¿Por qué yo me llamo Rory?
Sus ojos se llenan de amor y nostalgia.
-Fue tu padre quien decidió llamarte así. Quería honrar a nuestra
cultura y buscó un nombre gaélico. Ro significa rojo y ri significa rey,
Rey rojo. O lo que es lo mismo, rey de cabello rojo. Quiso darle un
toque más personal y lo escribió con la i griega.
-¿También quieres que mi hermano lleve un nombre gaélico?
-Me gustaría mucho.
La miro a los ojos durante un rato, su cabello está alborotado y el
fuego lo hace ver más naranja, miro al fuego las llamas
chisporrotean.
-Aidan- murmuro.
-Tendrá casi el mismo color de piel de Terry- responde mi madre-
Quizás tenga mi color de pelo.
-Y rizado- añado sonriendo- Tendrá el pelo muy rizado y pelirrojo.
Mi madre se ríe, ya puedo imaginar a mi pequeño hermano, con la
piel bronceada de forma natural, con el pelo rizado y del color del
fuego.
-Aidan es un nombre perfecto, mi vida. A Terry va a encantarle.
-¿De verdad?
-Sí, te prometo que le encantará. Y a Elijah también.
Su estómago ruge, niego con la cabeza sonriendo mientras cojo
algo de comida de la mochila.
-Necesitas comer y dormir, mamá.
-¿Y tú?
-Vigilaré, Blaine debe seguir viva por algún lado, no estaba en el
barco.
-Tú también tienes que descansar, mi vida.
-No, tengo que cuidar de ti, puedo soportar estar despierta.
Le entrego una manzana.
-Rory- protesta- No puedo dormir sabiendo que tú estás
despierta...
-Mamá- la interrumpo- Yo no llevo un bebé en mi vientre, tienes
que cuidarte. Nunca me perdonaré que os ocurra algo.
-Está bien.
Ha estado intentando luchar contra el sueño durante muchos
minutos, hasta que se ha dado por vencida y ha cedido ante el él. Me
levanto del suelo, agarro mi manta y se la echo por encima. Pongo mi
mano sobre su vientre, Aidan se mueve mucho, lo que me quita un
peso de los hombros. Tomo una de las armas que cogimos de los
cadáveres y camino hacia la entrada de la cueva. La lluvia cae con
mucha fuerza, tanta que no se puede ver a mucha distancia. Tendré
que estar más alerta que nunca, esa zorra sigue viva, estoy
totalmente segura. La busqué por el barco y no estaba allí, debió
haber cogido otro bote y marcharse. Apoyo la cabeza en una pared de
la cueva, el olor de la lluvia me recuerda a él, a mi esposo. Debe de
estar desesperado por encontrarme. ¿Cómo pudo hacernos esto
Niam? Escuché a Brandon y a Blaine hablando de él, los había
ayudado a entrar en el castillo. Tanto la primera vez como esta
segunda. Orla también debe estar destruida, su propio nieto la ha
traicionado. Un rayo impacta cerca de mí, miro a mi madre por
encima de mi hombro para asegurarme de que siga dormida. Espero
que nos encuentren pronto, está a punto de dar a luz.
Veintinueve
Eamon
Llevan más de veinticuatro horas desaparecida, tengo a la policía
buscándolas, pero no han encontrado nada. Ni una maldita pista de
su posible paradero, se han esfumado como la espuma. Cara ha
despertado, su hija y ella van a estar bien, han podido detener la
pérdida de líquido amniótico. Darragh se fue esta mañana con ellas
al hospital, por fin lo dejan estar con su esposa y su hija nonata. En
cuanto a mi pequeño, sigue deprimido, se culpa por no haber podido
ayudar a su prima, no entiende que estaba herido y no podía hacer
nada. Mi padre no se ha separado de él, lo está intentando animar
viendo las películas que tanto le gustan. Orla, por otro lado, ha ido a
pasar unos días con su hija y su yerno, la noticia de la traición de
Niam los tiene muy mal, algo normal. Roisin se está encargando de
su trabajo además de la cocina. Y yo, bueno, no soy capaz de dormir
en mi habitación sabiendo que ella no va a estar ahí para abrazarla.
El médico ha venido a revisar mi corazón, tengo que intentar estar lo
más tranquilo posible y me ha prohibido hacer esfuerzos muy
grandes. Aunque no podrá detenerme cuando encuentre a mi mujer
y vaya a por ella, no pienso quedarme en mi casa esperando su
llegada.
Alguien llama a la puerta de mi despacho, la puerta se abre cuando
le doy paso, Roisin entra con una bandeja con comida. Miro el reloj
de mi muñeca, he pasado toda la mañana trabajando desde mi
despacho.
-Gracias Roisin.
-De nada, señor.
-Lleva comida a Elijah, a Terry, a mi padre y a mi sobrino- le
ordeno.
Elijah llegó esta mañana temprano, Terry lo llamó anoche para
contarle lo ocurrido, no dudó en tomar un vuelo y venir a estar
acompañando a su padre.
El olor de roast beef me recuerda a mi mujer, Roisin sabe
prepararlo como a ella más le gusta.
Me acerco al roble después de comer, aquí es donde más cerca las
siento a ambas, a Rory y a Aíne. Pongo una mano sobre el tronco, le
suplico a mi hermana que las proteja desde donde esté. Una mano se
posa en mi hombro, el dolor en el pecho me ahoga.
-Papá- sollozo.
-Mi nieta es una mujer fuerte, volverá con nosotros.
-Tengo miedo de perderla. ¿Qué voy a hacer sin ella?
Mi padre me abraza por los hombros, me da el consuelo que
necesito en estos momentos. Mi pequeña es fuerte, es muy valiente,
pero tiene que cuidar de su madre y su hermano, la pueden
amenazar con ellos. Si le hacen algo, si la tocan de alguna forma que
haga daño a su mente no habrá vuelta atrás. La podría perder para
siempre.
Los días han pasado como un borrón, apenas recuerdo bien qué he
estado haciendo, he vivido en automático. He estado paseando de un
lado a otro del castillo, intentando no alterarme, guardando energías
para ir a por ella. Cara fue dada de alta del hospital esta mañana,
guardará reposo aquí en casa, se han mudado al castillo de forma
definitiva. Mi pequeño se ha levantado de la cama con la ayuda de
Elijah, que no se ha separado de él ni un instante. Mi padre ha estado
intentando animar a Terry. Y Cormac se ha sumido en la búsqueda
implacable de Rory y de Avery. Dos malditas semanas sin saber nada
de ellas. ¿Dónde coño están metidas? No hay rastro de ellas, es como
si... hubieran muerto. Mi mente quiere llevarme a esa posibilidad
todo el tiempo, no he estado haciendo muy buen trabajo para
detener esos pensamientos porque es en lo único que puedo pensar.
Si estuvieran vivas ya tendríamos algo. ¿No?
Orla entra en mi despacho, los platos de comida sin terminar se
han acumulado en mi escritorio, intento comer, aunque sea un poco.
Niam pasó a mejor vida anoche, Darragh no quería que estuviera
aquí cuando su esposa llegara por la mañana, por supuesto que se lo
concedí. Le entregué el cadáver a sus padres en la madrugada, creo
que hoy es el entierro, nadie va a asistir, ni siquiera Orla.
-Come, por favor- me suplica.
-Ve al entierro de tu nieto y comeré.
Niega con la cabeza, cree que yendo nos está traicionando y no es
así, sé que si no asiste nunca se lo perdonará.
-Orla, por el amor de Dios, asiste al puto entierro- gruño- No nos
estás traicionando. ¿De acuerdo? Niam era tu nieto.
Me mira con ojos llorosos. Joder.
-Hazlo por mí- le suplico- Me sentiré mejor si vas a darle la
despedida que merece el antiguo Niam.
-Está bien.
-Ordénale a alguien que te lleve.
-No creo que nadie quiera llevarme, pediré un taxi.
-Orla, ordena a alguien que te lleve y diles que si no te obedecen es
como si me estuvieran desobedeciendo a mí.
Suelta un suspiro tembloroso, asiente y sale del despacho.
Comienzo a comer por ella, voy a cumplir mi parte del acuerdo.
Roisin y la otra empleada entran para llevarse los restos de los platos
que se han ido acumulando estos días. Roisin se detiene mirándome
con timidez.
-¿Ocurre algo?- le pregunto.
-Quería pedirle permiso para acompañar a Orla, señor. No quiero
que esté sola en este momento.
Asiento con la cabeza dándole permiso, estará bien que Orla tenga
a alguien a quien quiere con ella.
Reece, el hijo de Caitrin, entra en el despacho un rato más tarde.
-¿Tienes alguna noticia?- le pregunto.
Se ha estado quedando en el castillo desde que llegó hace dos
semanas, ha estado ayudando a Cormac a buscar a mi mujer y a
Avery.
-Cormac tiene el avión listo- me informa.
Me pongo de pie de un salto.
-¿Las habéis encontrado?- pregunto con nerviosismo.
-No, aún no, pero hemos encontrado algo que tiene que ver con el
secuestro de Rory y de Avery. Las armas ya están en el avión, el
helicóptero nos llevará al aeropuerto.
-¿A dónde vamos si no es a por mi mujer y su madre?
-A por William Seymour.
Frunzo el ceño. ¿Qué tiene que ver él en todo esto?
-Te lo contaré todo por el camino, ahora vamos, tenemos un rata
traidora que atrapar.
Traidor. Traidor. Traidor.
Esa palabra se repite en mi mente una y otra vez, ni siquiera sé
cómo he llegado al avión. Escucho a Reece con atención, todo lo que
me cuenta es peor que lo anterior. William siempre estuvo del lado
de los Fraser, todo fue una patraña para mantenerme alejado de sus
verdaderos negocios, los que el Ard-Ordú prohibía, el comercio de
personas. Quería el Ard-Ordú para él, sin consejo, sin normas que
cumplir. Hace siglos, mi familia fundó el Ard-Ordú para mantener la
paz entre las mafias inglesas, mi abuelo fue el último líder de los
Kavanagh del Ard-Ordú, mi padre no quería ese cargo, yo tampoco lo
quise nunca. Dejaron a los Seymour al mando del Ard-Ordú,
confiaron en ellos, en que seguirían las normas y las harían cumplir.
Estaban jugando con todos nosotros, William Seymour estaba
asociado con Blaine Fraser, ella obedecía sus órdenes. William sabía
que Rory sería un obstáculo, por eso Blaine la amenazó por primera
vez cuando era una maldita niña. Ese traidor de mierda jugó con la
cabeza de una niña para su beneficio. ¿Alastair estará al tanto de
esto?
-William se folló a Blaine.
Mi estómago se revuelve.
-¿Cuántos años tenía Blaine?- le pregunto a Reece.
-¿Estás seguro de que quieres saberlo?
-No, pero debo hacerlo para saber cuánto tengo que torturarlo.
-Catorce, Eamon. Blaine Fraser tenía catorce años cuando se
entregó por primera vez a un hombre, un viejo asqueroso.
Araño la mesa con mis uñas. Ese jodido cabrón la manipuló para
que se acostara con él.
-Setenta y cuatro años tenía- gruño- ¡Se acostó con una niña!
Cormac pone sus manos sobre mis hombros.
-Cálmese, señor. Lo necesitamos al cien por cien- me dice.
-Me tenéis al doscientos por cien, quiero a William con vida.
-Mi madre acaba de llegar a Londres con nuestros soldados- me
informa Reece.
-Dile de mi parte que podéis quedaros con la mitad del territorio
de William, el nuevo jefe del Ard-Ordú os lo regala.
No voy a dejar que otro ocupe mi lugar de nuevo, yo mismo me
encargaré de manejar el Ard-Ordú desde hoy.
-¿Y Jacob Seymour?- me pregunta Reece.
-Hablaré con él, si no tiene nada que ver con la traición de su padre
lo pondré a trabajar para mí.
Reece asiente con la cabeza. No tengo nada en contra de Jacob, si
no ha tenido nada que ver en todo esto le perdonaré la vida, pero
puede despedirse de ser el próximo Jefe de la mafia de Inglaterra.
Me repartiré el territorio con Caitrin, nos está ayudando mucho y
merece quedarse con una parte.
El equipo se prepara para atacar la casa de los Seymour, he sido
informado de que dentro está toda la familia celebrando el
cumpleaños de una de las nietas de William.
-Los quiero a todos de rodillas en el suelo- ordeno.
-Ya habéis oído- le dice Caitrin a su equipo- Obedeced a Eamon en
todo.
Todos sus hombres asienten. Pego mi P90 a mi hombro, Reece se
pone delante de mí y de su madre, Cormac se pone a mi lado. El resto
de nuestros hombres nos rodean para protegernos. El técnico levanta
su pulgar para hacernos saber que ha desbloqueado el portón de la
entrada, que no tarda en abrirse. Los primeros disparos comienzan a
sonar, el primer grupo de hombres, con Caitrin a la cabeza, se
dispersa al ala derecha de la casa, el segundo va al ala izquierda
donde se está celebrando el cumpleaños, es al que sigo. Nos
adentramos por los pasillos, disparo a algunos empleados que
intentaban huir, ahora mismo lo único que me importa es atrapar a
William y hacerlo hablar, debe saber dónde ha llevado Blaine a mi
mujer y a Avery.
-¡Todo el mundo al suelo!- grito cuando entramos en la sala del
cumpleaños.
Jacob intenta sacar su arma, pero Reece le dispara en el hombro.
Golpeo a William en la parte superior de la columna con mi arma,
cae de rodillas al suelo. Me pongo en cuclillas frente a él, agarro su
arma y la guardo en mi espalda.
-¿Qué significa esto?- me pregunta.
-No te hagas el tonto conmigo, William, ambos sabemos por qué
estoy aquí. Vamos a jugar a un juego. Por cada respuesta incorrecta
que me des mataré a un familiar tuyo.
-No te atrevas, Eamon. No sé qué está pasando.
-Blaine y Brandon se llevaron algo mío, mi tesoro más valioso y tú
sabes dónde está. Ahora dime dónde se la han llevado.
-¡No sé de qué hablas!- grita.
Saco el arma de mi espalda y disparo a su segundo hijo en la
cabeza, cae de espaldas en el suelo, la esposa de William grita por la
conmoción.
-Uno menos, William.
-Vas a pagar por esto, Eamon.
-Sí, estoy seguro de que algún día llegará mi hora. Pero no es en
este momento, ahora mismo, se trata de ti.
Inclino la cabeza a un lado y sonrío, el viejo está temblando como
un flan.
-¿Nervioso, William?- le pregunto- Deberías, confié en ti, mi
familia lo hizo. ¿Por qué nos has traicionado?
Guarda silencio, niego con la cabeza, no está entendiendo nada.
Levanto el arma y disparo en la cabeza a su nieto de dieciséis años.
Jacob me grita insultos por la muerte de su hijo, tampoco me
importa.
-Responde a mis preguntas, William o comenzaré a matar a los
demás adolescentes de esta sala.
William se ríe.
-No lo harás- se burla.
-¿Qué acabas de ver? Ya lo he hecho y lo repetiré si es necesario,
total, el más joven tiene catorce años, tampoco es para tanto. Y
además, algún día crecerán y podrían buscar venganza- me pongo en
pie y miro a mi alrededor- De hecho, debería acabar con todo aquel
que se apellide Seymour o tenga alguna relación sanguínea con el
viejo pedófilo.
Demasiados ceños se fruncen a la misma vez. Miro a Jacob, quien
mira fijamente a su padre.
-¿Nadie sabía que el maldito viejo se folló a Blaine Fraser cuando
ella tenía catorce años?- pregunto.
-¿Papá?- le pregunta Jacob.
-Vaya- me rio, me giro hacia la sobrina de William- ¿Cuántos años
tenías tú cuando te folló por primera vez?- le pregunto.
Su labio inferior tiembla, la tomo por la barbilla con mis dedos y
levanto su cabeza para obligarla a mirarme.
-Contesta, preciosa- insisto.
-Qui-Quince- tartamudea.
-No te preocupes, acabaré con tu sufrimiento.
Pego el cañón del arma bajo su cabeza, cerca de la barbilla.
-¡No!- grita William- La isla de Arran, iban a llevarlas ahí, Alastair
nunca la usa, pero Blaine sí. Tiene una cabaña, su padre no lo sabe,
nunca lo ha llegado a saber. Blaine lleva ahí a algunas personas para
divertirse con ellas.
Esbozo una sonrisa.
-Continúa, William. O tu amante muere.
-El barco, sí, el barco en el que iban explotó, no he vuelto a tener
noticias de Blaine o de Brandon. Pero si están en algún lugar es ahí,
en esa isla.
Aprieto el gatillo, la sangre de la sobrina de William mancha mi
cara. Le ordeno a mis hombres y a los de Caitrin que se deshagan del
resto, ya no me interesa tener con vida a ningún Seymour. Excepto a
William, a él lo quiero torturar, por eso será enviado al almacén a la
espera de mi regreso.
-¿Estás seguro de que quieres deshacerte de esos adolescentes?-
me pregunta Reece.
-Muy seguro, no quiero piedras en mi camino y ellos lo serán algún
día para mis propios hijos.
-Como ordenes. ¿Sabes? Mi madre dijo lo mismo, no quería que
ningún Seymour sobreviviera, sin importar su edad, por muy cruel
que suene.
-Tu madre siempre ha sido una mujer sabia, Reece.
-Ahora vamos a por tu mujer y su madre.
Es hora de recuperar a mi mujer.
Treinta
Rory
He atrapado a dos liebres que corrían cerca de la cueva, llevamos
dos semanas aquí. Nadie ha venido a rescatarnos y tampoco hemos
podido movernos del lugar, mi madre dio a luz hace dos días, tuve
que ayudarla a traer al mundo a Aidan. He estado cazando animales
pequeños para nosotras, la comida que cogimos del barco se terminó.
Pasé dos días sin comer para que mi madre tuviera suficiente
comida, hasta que decidí que era momento de moverme y encontrar
comida. No sé cuánto tiempo más pasaremos aquí, espero que no sea
mucho, Aidan necesita que un médico lo examine. Aunque está bien,
me quedaré más tranquila cuando el médico le haga algunos
exámenes. Blaine apareció una noche por aquí, creyó que estaba
dormida e intentó matarme, le disparé en la rodilla, la perseguí
durante muchas horas, pero no logré encontrarla. Perdí su rastro en
el agua, cuando vengan a rescatarnos volveré a buscarla, saldrá de
esta isla siendo mi prisionera. Ahora no puedo dejar a mi madre y a
mi hermano solos mucho tiempo, ella podría aprovechar mi ausencia
y venir a por ellos.
-Mamá, estoy de vuelta- la aviso entrando en la cueva.
Dejo los conejos a un lado en el suelo y me agacho junto a mi
hermano, le doy un beso en la cabeza. Tiene el pelo tan rizado como
Terry y Elijah, no es muy pelirrojo, pero tiene el pelo mucho más
claro que su padre.
-Voy a limpiar los conejos y los pondré en el fuego- le digo a mi
madre.
-Me siento una inútil- protesta.
-Diste a luz hace dos días, mamá. No eres una inútil.
Le doy un beso en la mejilla, lo está pasando muy mal
emocionalmente. Extraña mucho a Terry y a Elijah, dar a luz sin ellos
le ha afectado aún más. Agarro rápidamente el arma cuando escucho
ruido fuera de la cueva, mi madre aprieta a mi hermano contra su
pecho. Escucho su risa, pero aún no la veo.
-Tienes tanto que perder en estos momentos- se burla- En cambio,
yo no tengo nada. ¡Tú me lo has quitado todo!
Blaine aparece dentro de la cueva, se abalanza sobre mí. El arma
cae lejos de nosotras. Me araña la mejilla con sus uñas, la golpeo con
mi puño en el esternón, provocando que no pueda tomar aire. Gateo
rápido a por el arma, pero Blaine me toma por el tobillo. Las rodillas
me arden, debo haberme herido. Le doy una patada en la cara a la
zorra, luego me pongo a horcajadas sobre ella mientras le grito.
-¡Zorra del demonio!- sollozo- ¡Me tienes harta!
Nunca le he hecho nada, no entiendo qué le pasa conmigo. Siento
la sangre cayendo de mis puños, la cara de Blaine está llena de ella,
sonríe con los dientes ensangrentados. Entonces me detengo, no
puedo matarla, no merece morir rápido.
-Maté a Brandon y me arrepiento de haberlo hecho, no sucederá lo
mismo contigo, Blaine Fraser. Te llevaré a la misma celda que
Michelle y os torturaré a las dos.
Vuelve a reírse, esta vez con dificultad.
-Nadie vendrá a rescataros, no saben que estáis aquí. Esta isla me
pertenece, soy la mayor del clan Fraser, mi padre me la regaló.
-Mi esposo me encontrará- le aseguro- Que a tu padre no le
importes no quiere decir que yo al mío tampoco. Eamon Kavanagh
haría cualquier cosa por mí, por encontrarme. No descansará nunca
hasta hacerlo.
Los ojos de Blaine rezuman odio. La agarro por la mandíbula con
fuerza.
-¿Qué fue lo que tu papi te dijo?- me burlo- Te folló y te rechazó
porque ama a tu mami. ¿Verdad? Sería una pena que alguien le
contara a ella lo ocurrido entre vosotros.
Blaine se remueve debajo de mí, intentando librarse de mi peso. Le
doy una fuerte bofetada en la mejilla.
-Cálmate, no puedes ir a ningún lado, te quedarás con nosotras
hasta que vengan a rescatarnos.
-Nunca lo harán.
-Entonces te torturaré aquí mismo y puedo ser muy creativa si me
lo propongo.
Me pongo de pie y tomo a Blaine del pelo, la arrastro por el suelo
hasta un rincón de la cueva, donde la ato con las pocas cuerdas que
pude conseguir del barco, sabía que algún día las necesitaría. Le doy
una bofetada en la cara.
-¡¿A qué ha venido eso?!- chilla histérica.
-Vas a quedarte callada si no quieres que te pegue más fuerte y en
lugares mucho más dolorosos. Voy a limpiar esos conejos y mi madre
y yo comeremos en paz. ¿Me has oído?
Me mira fijamente, pero no contesta, así que la abofeteo de nuevo.
-¿Me has oído Blaine?
-Sí- masculla.
-Bien, ahora guarda silencio, ya has hecho llorar a mi hermano con
tu voz de gato atropellado.
Escucho la risa de mi madre. Agarro los conejos muertos y los
limpio sin dejar de mirar a Blaine, no me fío de ella, en algún
momento intentará huir.
Una vez que he despellejado los conejos, trincho la carne en unas
ramas y las pongo en el fuego. Mi estómago ruge, estoy demasiado
hambrienta. Otro estómago protesta, no es el de mi madre, miro a
Blaine.
-¿Cuánto hace que no comes?- le pregunta mi madre.
Blaine la mira, aunque no responde a su pregunta. Le doy una
suave patada en los pies.
-Contesta a mi madre cuando te haga una pregunta- le ordeno.
-Dos días- responde.
-Mi vida...
Suelto un suspiro.
-Está bien, mamá. Le daré comida, pero tienes que entender que
ella no saldrá viva de esta ronda, le enviaré el cadáver a sus padres
cuando haya acabado de torturarla.
-Y yo te ayudaré a enviarlo por correo urgente.
Me pongo de pie de un salto, giro mi cuerpo muy, pero que muy
lento.
-Papi- sollozo.
Corro hacia él y me lanzo a sus brazos, está aquí, de verdad está
aquí. Me levanta del suelo pasando un brazo por debajo de mi culo y
el otro por mi espalda. Veo a Terry correr hacia mi madre y mi
hermano.
-Mo ghrá, te he estado buscando sin descanso.
-Sabía que no ibas a detenerte hasta encontrarme.
-Nunca, pequeña.
Me separo levemente de él, sus labios se posan sobre los míos.
Desesperación, ansiedad y necesidad, tres sentimientos encontrados
en un mismo beso. Lo he extrañado tanto, estar así en sus brazos,
sentir sus labios, su cuerpo pegado al mío. Rompo el beso en busca
de aire, está en el mismo estado que yo, me sujeto bien a él cuando
quita el brazo de mi espalda para poner la mano en mi mejilla, pega
su frente a la mía.
-Vamos a casa, mo ghrá.
Miro a Blaine por encima de mi hombro, Cormac la toma del suelo
y la echa sobre su hombro, a pesar de sus protestas e intentos de
golpearlo. Desvío mis ojos a Terry, tiene a mi hermano en sus brazos
y lo contempla como si no creyera que está en este mundo, sus ojos
se posan en mí.
-Gracias, Rory. Te debo la vida de mi hijo- me dice.
-No tienes nada que agradecerme, es mi hermano.
Terry sonríe. Pongo los pies en el suelo y me acerco a él para tomar
a mi hermano en mis brazos.
-Yo lo llevaré a él, mi madre aún no puede caminar bien- le
informo.
-Está bien.
Terry toma a mi madre en sus brazos. Mi esposo rodea mi cintura
con su brazo mientras mira a mi hermano.
-Se parece a Avery- dice.
-No es cierto- me rio- Se parece a su padre.
-No le digas eso a tu madre- murmura- Ha debido tener un parto
muy doloroso, concédele al menos esto.
-Ese niño no se parece en nada a mí, Eamon- protesta mi madre
con diversión.
Terry pasa por delante de nosotros para salir de la cueva.
-Quiero uno, papi.
-¿Un qué?
-Un bebé. Aidan ha despertado mi instinto maternal.
El gruñido que sale de él bien podría haber sido el de un animal
salvaje.
-En cuanto lleguemos a casa te voy a follar, joder. Llevas dos
malditas semanas sin píldoras, te voy a dejar embarazada.
Mi pecho vibra por la risa. En cuanto tuve a mi hermano en mis
brazos por primera vez supe que mi tiempo sin bebés se había
acabado. No dejaba de imaginar algo tan pequeñito dentro de mí,
fruto del amor que nos tenemos mi padre y yo. Quiero lo que él
quiere, pequeños pelirrojos corriendo por el castillo volviéndonos
locos a los dos. Siento un fuerte apretón en mi trasero.
-Eamon- advierto.
-Es culpa tuya, no deberías haberme dicho eso en este momento.
Niego con la cabeza sonriendo. Mi esposo me ayuda a subir a uno
de los helicópteros, desde aquí puedo ver los restos del barco, han
llegado hasta la orilla. Se sienta a mi lado y pasa un brazo por encima
de mis hombros.
-¿Fuiste tú?- me pregunta mi padre señalando al barco.
-Sí, dentro había demasiados cadáveres, el de Brandon entre ellos.
Me da un beso en la cabeza.
-¿Dónde están Cici y el abuelo?- le pregunto.
-Tu abuelo tuvo que quedarse con tu primo, pequeña. Cillian
quería venir, pero sigue recuperándose. Elijah lo convenció de
quedarse con él para esperaros.
-¿Y la tía Cara?- pregunto con miedo.
-Están bien, mo ghrá. Tu prima nacerá en unas semanas, están
aguantando, aunque ahora Cara debe guardar reposo hasta el día del
parto.
Respiro aliviada, cuando nos llevaron los vi a ambos en el suelo, a
mi tía y a mi primo. Creí que había perdido a alguno o a los dos.
-¿Y Niam?- pregunta mi madre.
-Muerto- responde mi padre- Su funeral fue esta mañana.
-¿Cómo está Orla, papi?
-No lo está pasando bien, Niam rompió su corazón, pequeña.
Apoyo mi cabeza en su pecho.
-¿Por qué nos traicionó?- pregunto.
-Por dinero, sus padres estaban atravesando un bache económico y
Brandon y Blaine se aprovecharon de eso.
-Nos lo podría haber pedido a nosotros.
-Eso le dije, mo ghrá.
-¿Y cómo nos habéis encontrado?- pregunta mi madre.
-Es una larga historia, pero el resumen es que William Seymour es
otro traidor.
William Seymour. No puedo creer que haya traicionado a mi
familia. Mi padre me toca una rodilla con su pulgar, luego la mejilla.
-¿Ha sido Blaine?- me pregunta.
-Sí, nos peleamos y me hice daño.
-Te curaré en casa.
Asiento con la cabeza. Los helicópteros despegan del suelo. Estoy
deseando de llegar a casa y darme un largo baño, pero lo que más
deseo es ver a mi primo y a mi abuelo, los echo mucho de menos. Mi
padre saca del bolsillo de su vaquero uno de mis lazos.
-Lo encontré en el suelo cuando Brandon te secuestró- me dice.
-Ni siquiera me había dado cuenta de que se me había caído.
Estas semanas no he pensado en mis lazos, lo único que tenía en
mente era proteger y alimentar a mi madre. Luego nació Aidan y
todo se magnificó. Tomo el lazo de la mano de mi padre, Aidan
gimotea.
-Tiene hambre- dice mi madre.
Miro a Terry, aún no ha dicho nada del nombre de mi hermano,
me dedica una sonrisa.
-¿Te gusta su nombre?- le pregunto.
-Es precioso, Rory. Aidan es un gran nombre.
Mi madre y yo sonreímos, ella me prometió a Terry le gustaría el
nombre, pensé que lo decía por contentarme. Pero no es así, me
estaba diciendo la verdad. Terry toma de mis brazos a su hijo y se lo
da a mi madre, sus ojos me observan y aparta la mirada con
vergüenza.
-Mamá- advierto.
-Lo siento, es que...
-Nada- la interrumpo- No fue tu culpa que no pudieras
amamantarme, Aidan tiene mucha suerte de poder alimentarse de ti
y yo estoy feliz por ello.
Ha estado muy avergonzada por este tema, cada vez que tenía que
amamantar a mi hermano tenía que salir de la cueva para no hacerla
sentir peor de lo que ya estaba. Nunca la voy a culpar por haberse
perdido toda mi infancia y mi adolescencia, no lo haré de nuevo
ahora que sé la verdad de lo que pasó.
Llegamos al castillo unas horas más tarde, salgo corriendo, aunque
mis rodillas estén ardiendo. Necesito ver a mi familia, mi abuelo es el
primero en recibirme, estaba fuera esperando. Doy un salto y rodeo
su cintura con mis piernas y su cuello con mis brazos.
-Calabacita, no me vuelvas a asustar así.
-No llores abuelo, no me gusta que lo hagas.
-Tenía tanto miedo de que te hubiera pasado algo.
-Nunca te romperé el corazón, abuelo. Te amo mucho.
-Y yo a ti, mi pequeño bebé.
Me separo de mi abuelo cuando escucho el llanto de mi primo,
Elijah lo está sujetando para que no corra. Me bajo de mi abuelo,
entro en casa y me acerco a mi primo, lo abrazo con cuidado.
-Ro- llora en mi cuello- Estaba muy asustado, creí que te había
perdido para siempre.
-Nunca, Cici. Siempre voy a estar a tu lado.
-¿Me lo prometes?
-Sí.
Lo separo de mí, tomo su cara entre mis manos y le doy un corto
beso en los labios.
-Te amo, Cici.
-Y yo a ti, Ro.
Mi primo y yo nos reímos suavemente cuando vemos a Elijah con
la boca abierta mirando detrás de mí. Mi madre ha debido de entrar
con Aidan en sus brazos.
-Corre, nuestro hermano te está esperando- le digo.
Elijah sonríe y hace lo que le digo, sale corriendo hacia su padre y
mi madre.
-Llévame con la tía Cara, Cici.
Mi primo toma mi mano.
-Te está esperando, lleva nerviosa desde que tu padre llamó para
informarnos de que te habían encontrado- me dice.
-Estoy deseando verla, pensé que había muerto.
Niega con la cabeza.
-Casi, pero las dos lograron sobrevivir. Nuestra prima estará
pronto con nosotros.
-Y en unos meses algún que otro bebé más- le digo con una
sonrisa.
-¿Estás embarazada?
-No- me rio- Pero quiero, Cici. Ayudé a traer al mundo a Aidan y
eso cambió algo dentro de mí, despertó mi reloj biológico, supongo.
-Ro, vas a estar preciosa embarazada. Ya estoy deseando verte
como madre, será muy interesante.
Mi pecho vibra por la risa, creo que no voy a ser la mejor madre.
No. Estoy segura de que no lo seré, mimaré a mis hijos y los enseñaré
a matar. Aun así, los amaré sin condiciones y para siempre.
Treinta y Uno
Eamon
-Desnúdate- le ordeno.
Cierro el grifo del agua caliente. He estado llenando la bañera para
mi mujer mientras estaba con sus tíos y su primo, ahora necesita un
baño de agua caliente, comer y descansar. Cuando haya hecho todo
eso me la voy a follar para dejarla embarazada. Llevo pensando en
eso desde que me lo dijo hace unas cuantas horas. La ayudo a
meterse en la bañera, tienes las rodillas heridas. Reece se ha llevado
a Blaine al almacén, Cormac se ha ofrecido a vigilarla hasta que
decidamos qué hacer con ella. Dejaré que mi mujer sea quien dicte su
tortura y yo mismo me encargaré de aplicarla.
Agarro la jarra de porcelana, la lleno de agua y la vierto por su
cabeza, sus ojos observan todos mis movimientos. Quiero cuidarla,
su cuerpo sigue en tensión y alerta. Me quito el jersey que llevo
puesto, agarro el pequeño banco de madera y lo pongo detrás de ella,
me siento para darle un suave masaje por los hombros. Clavo mis
dedos en su carne, presionando los puntos más tensos.
-Deja de gemir así- susurro en su oído.
Su sonrisa es perversa, bajo mis manos a sus pechos y los aprieto.
-Van a estar tan hermosos cuando lleves a mi hijo en tu vientre-
murmuro.
-Papi- gime con suavidad.
-¿La quieres, mo ghrá? ¿Quieres mi polla?
Asiente varias veces con la cabeza. Deslizo una mano por su cuerpo
hasta su centro, la penetro con un dedo mientras recorro la longitud
de su cuello y sus hombros con mi boca. Otro de mis dedos se pierde
en su interior, sus gemidos me envuelven, me perforan los oídos.
Muevo mi mano más rápido, la froto por dentro hasta que está
gritando por su liberación, necesita esto para relajarse.
-Papi cuida de ti, pequeña. Papi cuida de tu coño.
Se corre con fuerza.
La lluvia azota el ventanal del baño, la tormenta está empeorando
ahí fuera. Mi pequeña echa la cabeza hacia atrás y cierra los ojos.
-Descansa, esposa. Ahora yo te cuido- susurro cerca de su boca.
Dejo un último beso en sus labios antes de agarrar la toalla de mi
lado y sacarla de la bañera. La llevo en mis brazos a nuestra cama,
vuelvo al baño y tomo otra toalla para secarle el pelo. Después de
asegurarme de que tiene la piel y el pelo secos, la meto bajo las
mantas y enciendo la chimenea. Me desnudo por completo para
poder meterme con ella en la cama. Mi cuerpo la envuelve para darle
calor, todo el que no he podido darle en dos malditas semanas. Busco
a tientas su entrada y la penetro con mi polla.
-Papi- gime somnolienta.
-Sólo necesito sentir tu calor, mo ghrá. Duérmete.
-No te vayas- suplica.
-Nunca te dejaré sola.
Aprieto su cuerpo con mis brazos, una de mis manos descansa en
pecho, la otra en nuestra unión. Necesito sentirla en de cualquier
forma.
-Muévete- murmura.
Mi cuerpo la obedece, por supuesto que lo hace, ella es mi reina.
Gemimos a la misma vez, mis caderas son lentas, mis movimientos
son una tortura para ambos, pero también placenteros. Paso mi
pierna por encima de sus caderas, envolviéndola más en mí,
haciéndola más mía que nunca.
-Tan caliente- susurro- Tan mojada.
-Tan tuya.
-Mía, pequeña. Eres la niña de papi.
Su boca se abre para liberar un gemido, aparto un mechón de pelo
de su cara, necesito verla. Sus ojos están abiertos mirando al frente.
-Quiero mi bebé, papi.
-Y lo tendrás, pequeña. Papi te hará un bebé.
Su coño me aprieta con fuerza, se agarra a la almohada, gime tan
fuerte que provoca mi propio orgasmo. Dejo caer mi frente en su
sien.
-Está hecho, pequeña, papi te va a dar a tu bebé.
-Te amo.
-Y yo a ti, mo ghrá.
No tiene ni idea de lo enfermo que estoy por ella.
Un trueno me despierta, mi corazón está acelerado por el susto.
Parpadeo un par de veces mientras me siento en el colchón, estoy tan
relajado y feliz, hacía tiempo que no estaba en este estado. Miro por
la ventana, sigue lloviendo con mucha intensidad.
-La noche de nuestra primera vez también llovía así.
Agacho la cabeza hacia mi mujer, me acuesto de lado para poder
contemplar su belleza. Los rayos que caen del cielo reflejan su luz en
su piel blanca, la acaricio con las yemas de mis dedos por el costado y
el brazo hasta llegar a un pezón.
-Quizás hayamos concebido a nuestro primer hijo en una noche
lluviosa- me dice.
Mi boca se curva por un lado. En unas semanas sabremos si hemos
concebido esta noche.
-Necesito que me digas cuánto debo hacer sufrir a Blaine- le pido.
-Quiero encargarme de ella.
-Esta vez no, mo ghrá. Lo haré yo, necesito hacerlo.
Pone su mano en mi mejilla, rodeo su cuerpo con mis brazos y la
pego a mí, dejando escasos centímetros entre nuestras caras.
-Quiero que sufra mucho, papi.
-Lo tienes hecho.
Me empuja con suavidad por el pecho, se sube a horcajadas en mis
caderas y me besa la piel del torso. Me levanto de la cama
arrastrándola conmigo.
-Tenemos que ir a comer algo. ¿Cuánto tiempo llevas sin comer
bien?- le pregunto.
-Cacé liebres para mamá y para mí.
-Y eso no es suficiente, menos aun cuando pretendes quedar
embarazada.
Su maldita sonrisa hacer arder mi cuerpo, la dejo en el suelo
dentro del vestidor.
-Quiero volver a follarte, pequeña. Me estoy aguantando las ganas,
así que deja de sonreír así.
Agarra mi polla con su mano y juega con ella, mis ojos viajan hacia
abajo atraídos por la excitación. Bombea mi polla con delicadeza,
cada vez está más dura.
-Pequeña, ese semen que estás calentando tiene que ir dentro de ti,
deja de jugar así.
La mete entre sus muslos y mueve sus caderas hacia adelante y
hacia atrás.
-Pero a mí me gusta jugar con ella papi- se burla.
Agarro su culo con mis manos.
-¿Te gusta jugar con la polla de papi?- le pregunto.
Asiente con la cabeza. Le doy un beso en los labios y la separo de
mí, aunque me esté muriendo de ganas de volver a estar dentro de
ella.
-Papi- se queja.
-Tienes que comer, pequeña. Después jugaremos todo lo que
quieras.
Esboza una enorme sonrisa. La ayudo a vestirse con ropa cómoda,
se queja un poco cuando dobla las rodillas para ponerse el pantalón,
le doy un beso en cada una, lo que la hace sonreír. Después de
vestirnos, la llevo de la mano al comedor, donde me suelta para ir
con su primo. Me siento a la cabeza de la mesa, mi padre está a mi
izquierda, parece que está inmerso en sus pensamientos. Pongo mi
mano sobre la suya, aún no le he contado que Rory ya quiere ser
madre. Levanta la vista de la mesa hacia mí.
-¿Todo bien?- le pregunto.
Niega con la cabeza.
-Después hablamos, hijo.
-Vale.
En cuanto hemos acabado de cenar he venido al despacho con mi
padre. Rory se ha quedado con su madre haciéndole mil preguntas
sobre el embarazo y los bebés. Mi padre se sienta en el sofá, echa la
cabeza hacia atrás mirando al techo y suspira. Me siento a su lado.
-¿Qué ocurre?- le pregunto.
-Es Ángel, cree que está embarazada, tiene un retraso de dos
semanas.
-¿Qué? Creí que usabas protección, papá.
-Y lo hago.
-¿Le pediste exclusividad?
-Sí.
-¿Y confías en ella?
-Totalmente. Pero sé que ese hijo no es mío, las fechas no
coinciden.
-No estoy entendiendo nada. Si no es tuyo y le pediste
exclusividad, es obvio que te ha fallado.
Niega con la cabeza.
-Sabes que a veces hacíamos tríos e intercambios de pareja.
-Entonces es de un tercero que incluisteis.
-Sí.
-Pues que se haga cargo él.
-Esa es la idea.
-¿Pero?
-No quiero dejar a Ángel sola en esto. Es complicado, Eamon, ese
hombre es de mi total confianza y falló. Ella está metida en esto por
mi culpa.
-Papá, no es culpa tuya que el preservativo haya fallado. Quítate
esa idea de la cabeza. ¿Qué piensa Ángel de todo esto?
-Está asustada, su madre no puede ayudarla económicamente y no
tiene a nadie más que a mí.
-Y al padre de su hijo. ¿No va a hacerse cargo?
-Sí, sí. Lo hará, le ha dado su palabra. Si resulta que está
embarazada, él responderá por ella y el bebé.
-¿Y dónde está el problema?
Mi padre se echa hacia adelante, apoya los codos en sus rodillas y
me mira.
-Te habías enamorado de ella- afirmo.
-Sí- se ríe sin ganas- Tantos años sin enamorarme de nadie y ahora
pierdo a la mujer que amo.
-No puedes estar con ella porque no quieres más hijos. ¿Verdad?
-No, no quiero. Estoy bien con tener nietos, pero no quiero más
hijos. Esa etapa ya terminó para mí.
-Quizás deberías buscar a una mujer más adulta entonces.
Mi padre sonríe.
-No me gustan, Eamon. Ellas no pueden seguir mi ritmo en la
cama.
-¿Y un hombre?
-Lo mismo, los de mi edad no quieren lo que yo busco. Desean un
hogar tradicional, con hijos, intimidad vainilla y todas esas mierdas.
Eso no es para mí. Quiero pasión y juegos, quiero divertirme con mi
pareja.
-Entiendo, papá.
Froto su espalda con mi mano.
-No me gusta verte mal- le digo- ¿Puedo hacer algo por ti?
-No, en estos momentos nadie puede. Supongo que terminaré
olvidando a Ángel, ella será feliz con su nueva vida, estoy segura. El
padre de su bebé los proveerá de todo lo que ambos necesitan y es un
buen hombre.
Esconde la cara entre sus manos.
-¿Te animaría saber que Rory quiere darte nietos pronto?- le
pregunto.
Levanta la cabeza, la inclina y me mira con el ceño fruncido.
-¿Quiere tener hijos ya?
-Sí. Dice que ayudar a su hermano a venir al mundo ha despertado
su reloj biológico.
Una enorme sonrisa se dibuja en su cara, me da un fuerte abrazo.
-Me alegro mucho por vosotros, hijo. No puedo creer que mi
calabacita ya sea toda una mujer.
-¡Abuelo! ¡Tío Eamon!
Nos ponemos en pie rápidamente, Cillian entra llorando en el
despacho, mi padre lo toma por los brazos.
-¿Mo chroí?- le pregunta mi padre.
-Es Ryan, abuelo- llora.
-¿Qué pasa con él?- le pregunto.
-Mylla...- balbucea algo que no entendemos- Ella...
Mi padre le acuna la cara entre sus manos.
-Respira hondo y suelta el aire- mi sobrino obedece- Ahora
cuéntanos con calma qué ha pasado.
-Ryan ha intentado suicidarse- llora- Es por mi culpa, abuelo, yo
tengo la culpa.
Mi padre lo abraza fuerte. Me acerco al teléfono fijo y llamo a
Mylla para saber qué ha sucedido. No puedo creer que Ryan haya
hecho algo así, sé que lo estaba pasando mal por culpa de su padre y
de su hermana, ha estado trabajando en el bufete estos meses, pero
pensé que estaba bien. Mylla contesta después de varias llamadas,
me cuenta que Ryan se tomó varios frascos de pastillas, lo encontró
en el suelo desmayado. Los técnicos de la ambulancia lo atendieron y
pudieron estabilizarlo, ya en el hospital le hicieron un lavado de
estómago. Ahora está en una habitación hablando con el psiquiatra.
-Lamento oír lo que le ha pasado a tu hijo, Mylla.
-Gracias, Eamon.
Cillian me suplica con los ojos.
-¿Puede recibir visitas?- le pregunto.
-Sí, creo que le vendría bien ver a Cillian.
-Gracias, Mylla. Lo llevaré ahora mismo.
Dejo el teléfono en su base, mi sobrino me abraza por la cintura.
-Voy con vosotros- dice mi padre.
Asiento con la cabeza. Tengo que avisar a Rory de que voy a salir y
me quedaré toda la noche fuera, iré al almacén a ver a Blaine después
de dejar en el hospital a mi sobrino y a mi padre. Separo a Cillian de
mí y tomo su cara entre mis manos.
-Ahora vas a escucharme atentamente- le digo con firmeza- No
puedes culparte por algo así.
-Pero...- solloza.
-Mo stór- lo interrumpo- Las decisiones de Ryan le pertenecen
únicamente a él.
-Ayudé a Rory, nos llevamos a su padre y su hermana delante de él.
-Y fueron sus propias acciones las que los llevaron a esa situación.
Recuérdame por qué lo hicisteis.
-Porque casi te matan.
Las lágrimas caen por sus ojos, las limpio con mis pulgares.
-Casi me matan, exactamente. Adam y Michelle debieron pensarlo
mejor. Es culpa de ellos que Ryan esté mal.
-Llévame con él, quiero estar a su lado, por favor.
-Lo haré, pero no te quedarás a solas con Ryan hasta que me
demuestres que puedo confiar en ti y en que no vas a culparte por
esto.
-Tío Eamon- protesta sollozando.
-Es mi última palabra- sentencio.
No voy a permitir que mi pequeño se autodestruya por las
decisiones que otras personas hayan tomado. Me apena que Ryan
haya llegado hasta este punto, pero no es culpa de Cillian y no dejaré
que piense eso.
Treinta y Dos
Rory
Blaine no deja de gritar, no se cansa de escupir veneno por la boca.
Aunque ahora sólo dice cosas sinsentido, a veces insulta a su padre,
otras declara su amor por él y en ocasiones lo amenaza de muerte. Ya
le hemos dicho más de una vez que él no puede escucharla, que está
muy lejos. Pero no entra en razón, cree que de algún modo místico
puede oírla maldecir.
Suelto un suspiro, estoy cansada de oírla parlotear, y, sin embargo,
aún no puedo deshacerme de ella. Merece sufrir, sólo lleva aquí unas
semanas, ni siquiera ha suplicado por su vida. Mi padre entra en la
habitación, frunce el ceño cuando ve a Blaine desnuda.
-¿Por qué la has desnudado?- me pregunta.
Me encojo de hombros. Lo hice para torturarla, pero no lo he
hecho todavía, no me siento con ánimos de hacerlo.
-Ve a casa, mo ghrá.
-No, aquí estoy bien.
Se agacha frente a mí, pone sus manos sobre mis rodillas. Llevo
sentada en el suelo abrazando mis piernas más de una hora.
-Pequeña, ve a casa a descansar, pasaste dos semanas sin dormir ni
comer bien. Y estas últimas tampoco has descansado como debes.
Las lágrimas pican en mis ojos.
-Eh, mo ghrá, tranquila- me dice con suavidad.
-No quiero ir a casa, no me obligues, por favor- sollozo.
Me toma del suelo en sus brazos, me saca de la habitación y me
lleva al despacho de mi tío Darragh. Se sienta en el sofá conmigo en
su regazo, es cuando dejo salir el llanto. Intenta calmarme, es
imposible hacerlo, no puedo porque mi corazón duele mucho. Cillian
llegó del hospital hace tres semanas, dijo que ya no quería pertenecer
a nuestro mundo, hizo la maleta y se fue. No me lo dijo directamente,
pero me culpa por todo lo que está pasando con Ryan, no se despidió
de mí. Se ha ido a vivir con su novio sin despedirse de mí, no he
vuelto a hablar con él. Mi abuelo me ha dicho que está bien,
cuidando de Ryan, por más que le ha preguntado por qué no quiere
hablar conmigo, mi primo no da explicaciones. Sólo dice que es
complicado y que ahora no se siente preparado para esa
conversación. No entiendo nada, siempre ha sabido cómo soy, estaba
de acuerdo en vengarnos de los Walsh por lo que hicieron a nuestro
padre, el intento de suicidio de Ryan ha cambiado toda su visión
sobre la vida. Creí que estaríamos juntos para siempre, que se casaría
o tendría a alguien con quien compartir su vida, aun así, siempre
pensé que permanecería en el castillo, en su hogar. Nunca, ni por un
sólo segundo, se me pasó por la cabeza que abandonaría nuestra casa
y menos de esta forma.
La llamada que le he hecho a Alastair Fraser ha sido tensa, tenía
que comunicarle que su hija ya ha sido capturada y la tortura
comenzó hace días. Mi padre es ahora el Jefe del Ard-Ordú y Caitrin
se ha ofrecido para dirigir nuestra parte del territorio de Inglaterra,
así mi padre no tendrá tanto trabajo, ya que, el territorio de Caitrin
sigue siendo más pequeño que el nuestro. Me quedo mirando el
teléfono fijo, tengo cosas que hacer y, sin embargo, no puedo
moverme de esta silla de cuero. Mi padre y mi abuelo se están
encargando de Blaine, mi ánimo está tan bajo que no tengo ni ganas
de torturarla. Quizás debería hacer caso a mi padre e ir a casar a
descansar, allí están Terry, Elijah, mi madre y mi hermano Aidan,
podría animarme estar con ellos.
Niego con la cabeza.
Ellos no harán que Cillian desaparezca de mis pensamientos.
Siento que lo he herido profundamente y no sé cómo arreglarlo,
porque tampoco sé qué he roto.
Finalmente, decidí dar un paseo por Dublín, he estado vagando
por las calles durante horas, terminé yéndome a casa, aunque no
entré dentro del castillo. Lo rodeé para venir al roble, llevo aquí... No
sé cuánto tiempo llevo sentada en esta rama en lo alto del roble, lo
que sé es que era de día cuando subí aquí. El sol ya se ha puesto y las
primeras gotas de lluvia ya han empezado a caer.
-Calabacita, baja, por favor.
-Estoy bien aquí, abuelo.
-Hazlo por mí, por favor. No puedo subir ahí y no hay nadie para
que pueda bajarte.
-¿Dónde está mi padre?
-Ha ido a ver a tu primo.
Se me escapa un gemido doloroso, a él sí quiere verlo.
-¿Qué le he hecho, abuelo?- lloro.
-Por favor, baja. Necesito abrazarte.
Le obedezco de inmediato, en cuanto pongo un pie en el frío
césped me toma entre sus brazos y me aprieta fuerte con ellos. Me
levanta del suelo para llevarme dentro de casa, rodeo su cuello con
mis brazos mientras no dejo de llorar.
-Me duele el corazón, abuelo.
-Lo sé, calabacita. Hablaré seriamente con tu primo.
-No, ya me odia lo suficiente.
-No te odia, está pasando por un mal momento por lo que Ryan
intentó hacer. Dale algo de tiempo.
-¿Por qué soy la única con la que no quiere hablar?- mi abuelo
guarda silencio- ¿Ves? Es porque me culpa de todo y me odia.
-Eso no es cierto, calabacita, sabes que Cillian jamás podría
odiarte.
Cierro los ojos con fuerzas en un intento de desaparecer de este
lugar, quiero huir lejos, tan lejos que mi corazón ya no duela tanto.
Es como si hubiera perdido a mi primo para siempre, mi mente me
dice que nunca más lo veré porque ya no me ama.
-Mi vida.
La voz de mi madre me hace llorar más fuerte, noto a mi abuelo
sentarse y la mano de mi madre acariciar mi pelo con suavidad. Nada
de esto me consuela, debería, pero no lo hace. Me quema el alma, la
siento arder y rebelarse contra mí, como si quisiera salir de mi
cuerpo para dejar de sufrir.
-¡Ojalá fuera como Ares!- lloro- ¡Quiero dejar de sentir!
-No digas esas cosas, calabacita.
Pero es la verdad, no quiero sentir más.
-Avery, llama a Cillian desde mi móvil y cuéntale lo que está
pasando- le ordena mi abuelo a mi madre.
-Abuelo, no- suplico.
-Vendrá a consolarte.
-No lo hará- lloro.
Oculto mi cara en el hueco de su cuello, poco a poco mis ojos se
cierran y el cansancio se apodera de mí, he estado todo el día
llorando. No recuerdo haber comido nada.
El dolor en mi cuerpo se aprovecha de mi estado de vulnerabilidad
para golpearme más fuerte que nunca, tiemblo como un flan, tengo
frío.
-Papi- susurro.
-Estoy aquí, pequeña. No te muevas.
-¿Qué me pasa?
Mis dientes castañean, no me encuentro bien.
-Has enfermado- contesta mi padre.
-¿Por qué?
-Descansa, pequeña. Estaré aquí cuidándote.
-Por favor, contesta a mi pregunta.
Me da un beso en la sien, aún no me he atrevido a abrir los ojos, no
quiero ver que Cillian no está aquí.
-¿He enfermado por Cici?- pregunto con la voz rota.
-No, pequeña, el médico dice que se te pasará pronto. El estrés por
todo lo que ha estado pasando en tu vida en los últimos meses te ha
enfermado.
-Y lo de Cillian ha sido la gota que ha colmado el vaso- gruñe mi
abuelo.
-Papá, no es momento.
-¿No ha venido a estar conmigo?- lloro.
-No llores más, por favor- me suplica mi padre.
Ni siquiera está aquí ahora, cuando más lo necesito. Abro los ojos
lentamente, recibo un fuerte apretón en mi mano.
-¡Cici!- lloro con fuerza.
Mi primo me abraza, sí ha venido.
-Cálmate, Ro, por favor.
Me levanta de la cama para acurrucarme en su regazo.
-Lo siento mucho, perdóname- suplico.
-No, perdóname tú a mí. Me he comportado como un idiota
contigo.
Le doy un beso en el cuello y otro en la mejilla. Mi primo pone su
mano en mi mejilla, se siente tan fría contra mi piel ardiendo. Me da
un beso en la frente.
-Nunca más volveré a hacer algo así- me promete- Estaba muy
confundido, lo sigo estando, pero tú no tienes la culpa de lo jodida
que está mi cabeza en estos momentos.
-¿Has vuelto a casa?
Asiente con la cabeza.
-¿Y Ryan?- le pregunto.
-Seguimos juntos, aunque ahora cada uno estará en su casa, como
antes.
-Puedes traerlo aquí a vivir, Cici.
-No, estamos bien así. Sólo me fui con él para cuidarlo, no tenía
intención de mudarme para siempre. También necesitaba espacio.
-Necesitabas respirar.
-Sí, este último año, desde que volvimos de Madagascar, ha sido un
puta locura.
Tiene razón, las cosas se han descontrolado mucho.
-Te prometo que...
-No- me interrumpe- No vas a prometerme nada, esta es nuestra
vida, nuestro mundo. La paz nunca dura para siempre y es algo que
debo entender.
-¿Sigues queriendo ser mi mano derecha?
-Sí, Ro. Soy tu hermano y estaré contigo siempre. Ahora intenta
dormir un poco.
Niego con la cabeza.
-Me encuentro mejor, quiero estar así contigo.
Desvío mi mirada hacia mi padre y mi abuelo, el primero sonríe,
parece feliz de vernos así. En cambio, mi abuelo, parece tan
enfadado. Nunca lo he visto mirar así a mi primo, porque nunca nos
hemos hecho daño el uno al otro, siempre nos protegimos y
cuidamos. Mi padre se lo lleva de la habitación a regañadientes.
-Está muy enfadado, Ro.
-Hablaré con él.
Cillian se ríe sin ganas.
-Inténtalo, no vas a lograr nada, el tío Eamon ya lo ha intentado y
no entra en razón. Cree que te he hecho daño a propósito.
-No, sé que no ha sido así.
-Jamás, Ro. Si hubiera sabido que esto iba a pasar jamás me habría
ido, por lo menos no sin ti.
Me rio débilmente, aún no tengo mucha energía.
-¿Tienes hambre?- me pregunta.
-¿Qué hora es?
-Las dos de la madrugada.
-Me apetece algo grasiento, con muchas patatas fritas, por favor.
Su pecho tiembla por la risa.
-Ro.
-Dime.
-¿Cuándo tenías que hacerte el test de embarazo?
Levanto la cabeza con rapidez, las cejas de mi primo se elevan.
-¿No te has hecho el test aún?- me pregunta.
-No, no me he vuelto a acordar.
Niega con la cabeza riéndose. Mi boca se abre en forma
de O. Cuando mi padre y yo comenzamos la búsqueda del bebé ya
estaba ovulando, conté que en dos semanas debía hacerme el test de
embarazo si tenía alguna falta de mi menstruación.
-Cici- jadeo- No me ha venido la regla.
Mi primo sonríe con dulzura.
-No le diremos nada a tu esposo hasta que mañana te hagas el test-
me dice.
Pongo mi mano en mi vientre, es muy probable que esté
embarazada.
-¿Y si es sólo por el estrés? No quiero hacerme ilusiones.
-Seguiréis intentándolo, Ro. Pero quiero un sobrino- exige con
burla.
Golpeo su pecho con mi mano suavemente.
-Estoy seguro de que estás embarazada- me dice- Nunca se te ha
retrasado. ¿Me equivoco?
Niego con la cabeza, ni siquiera en los periodos largos de estrés se
me retrasó nunca. Mi primo pega mi cabeza a su pecho.
-Mañana resolveremos la duda, ahora deberíamos ir a comer algo-
me dice.
-Vale.
-Vas a ser una gran madre, Ro.
-Y tú un gran tío- le doy un beso en el pecho- Si estoy embarazada
quiero que seas su tutor legal en caso de que algo nos ocurra a mi
padre o a mí.
-¿De verdad quieres que yo cuide a tu bebé si no estuvieras?
-Sí, Cici. El abuelo y tú sois las personas en las que más confío y las
que más amo.
-Será todo un honor para mí, hermana.
Me lleva en sus brazos hasta la cocina, donde mi padre y mi abuelo
ya nos están preparando algo para comer. Cillian me deja en uno de
los taburetes de la isla y se sienta a mi lado en otro taburete. Mi
abuelo parece que sigue molesto, no quiero que esté así con mi
primo, él no lo hizo a propósito.
-Abuelo, estoy mejor- le digo.
Su boca se curva por un lado.
-Me alegra mucho oír eso, calabacita.
Pongo mi mano sobre la suya.
-Perdónalo, abuelo. Conoces a Cici y sabes que jamás me habría
hecho daño a propósito.
-Lo sé- responde mirando a mi primo.
Respira hondo y suelta el aire.
-Ven aquí, mo chroí- le dice.
Mi primo sonríe y se lanza a sus brazos. Los brazos de mi padre me
rodean por detrás, mañana a esta hora sabrá si vamos a ser padres o
no. Ojalá haya un bebé dentro de mí, ojalá pueda darle esa alegría a
todos y que nos olvidemos de todo lo que ha estado ocurriendo estos
meses. Necesitamos algo de paz y de alegría. La puerta de la cocina
se abre, mi madre entra con Aidan en sus brazos, que no deja de
llorar de forma histérica. Mi abuelo separa a mi primo de él y toma a
mi hermano en sus brazos, lo balancea con suavidad hasta que se
calma. Lo que provoca un gruñido de rabia de mi madre, me empiezo
a reír.
-Un maldito calmante para bebés- gruñe mi madre.
-Siempre ha sido así, Ave- le dice mi padre- Con Cillian y con Rory
era la misma historia.
Miro a mi primo a los ojos y me muerdo el labio inferior, él asiente.
No puedo aguantar las ganas de contarles a todos sobre mis
sospechas.
-Creo que en unos meses habrá otro bebé al que el abuelo deba
calmar- digo en un hilo de voz.
La cocina se queda en silencio, todos los ojos están sobre mí.
-¿De verdad?- me pregunta mi madre.
-Creo que sí, nunca se me había retrasado la regla y ya ha pasado
una semana desde que debería haberme venido- me sincero.
Mi padre gira el taburete en el que estoy sentada, acuna mi cara
entre sus manos y choca sus labios contra los míos. Algo breve, pero
lleno de amor.
-Tienes que hacerte un test- me dice.
-Lo sé, iba a hacerlo cuando amaneciera.
-No, ahora.
-Pero no tengo ninguno, papi.
-Yo sí- interviene mi madre- Traje algunos por si acaso.
La miro por encima de mi hombro.
-¿Por si acaso?- le pregunto.
Pone los ojos en blanco.
-A Terry le encanta el sexo, está deseando de que el médico me dé
permiso para tener relaciones y no le gustan los condones.
-¡Mamá!- exclamo.
Se encoge de hombros.
-Tú has preguntado, mi vida. Iré a por un test.
Vuelve unos minutos más tarde con el test, entro en el baño de la
planta baja. Ahora todos esperan fuera, incluso Terry y Elijah se han
despertado, son más de las dos de la madrugada. Pero parece que a
toda mi familia le interesa saber si voy a tener un bebé, no podrían
haber esperado a mañana. Orino en el dichoso test de embarazo y,
luego, salgo del baño. Mi madre me lo arrebata de la mano. Mis ojos
vagan por el salón, se detienen en dos personas que antes no estaban
aquí.
-No me lo puedo creer- murmuro- ¿No se supone que no puedes
moverte?- le pregunto a mi tía Cara.
-No me he movido, tú tío me ha traído en sus brazos, no podíamos
perdernos este momento.
-¿Quién os lo ha contado?
Ambos miran a mi padre, pongo los puños sobre mis caderas.
-¿Por qué lo has hecho, Eamon?
-Sólo lo llama así cuando está enfadada- se burla mi primo.
Mi abuelo y Terry se ríen.
-Estoy emocionado, mo ghrá. Quiero que toda mi familia esté
presente en este momento.
Orla y Cormac salen de la cocina con unas bandejas con tazas de té.
También los han avisado a ellos.
-Mi vida...
Mi madre me entrega el test de embarazo, su mano tiembla. La
mía no está mucho mejor, mi respiración está agitada.
Embarazada.
Estoy embarazada de mi esposo y padre, Eamon Kavanagh.
Epílogo
Eamon
Voy a ser padre, mi pequeña está embarazada de mi hijo. Desde
que nos enteramos hace tres días no puedo quitarle las manos de
encima, necesito sentirla de cualquier forma. La estoy agobiando, ya
me lo ha dejado claro, aun así, no puedo separarme de ella. Un nuevo
miembro de la familia crece en su interior. Joder. Yo lo puse ahí,
tengo derecho a tocar su cuerpo. Me da una bofetada en la mejilla,
está muy enfadada conmigo. Pero no me aparta de su lado, le gusta el
control que tengo sobre ella, adora que sea así. Hace cinco meses que
nos casamos, recuerdo aquel día con tanta emoción. Tuve que hacer
lo que hice para casarme con ella y no me arrepiento de nada. Ella
me provocó.
Hace cinco meses
Rory está tardando demasiado en llegar, lo está haciendo a
propósito maldita sea. Quiere verme desesperado y descontrolado,
lo está consiguiendo. Llevo más de media hora esperándola junto al
altar, mi padre, mi sobrino y Darragh no dejan de reírse de mí. Los
voy a matar a los tres juntos y después mataré a mi hija por
hacerme sufrir.
Muevo mi pie de forma nerviosa, han pasado cinco minutos más.
¿Se habrá echado atrás? No puede ser. Joder. Esta noche se lo haré
pagar, no voy a dejar de follarla hasta que esté suplicando que me
detenga.
Avery aparece por la puerta, el gesto de su cara no me gusta
nada. Aprieto los puños, Rory está en serios problemas.
-Comience con la ceremonia- le ordeno al oficiante mientras
camino hacia Avery- Volveré con la novia para el sí quiero.
-No puedo comenzar sin los novios- responde elevando la voz.
-¡Hágalo o le volaré los sesos!
-No amenaces al oficiante, Eamon- me regaña Avery.
-¿Dónde está tu maldita hija?- gruño.
-Me envió a decirte que debías atraparla si querías casarte con
ella.
-¿Qué?
Avery se ríe, muy seguramente por la expresión de incredulidad
de mi cara. No puedo creer que Rory esté haciendo esto
precisamente hoy, el día de nuestra jodida boda. Una ráfaga de aire
pasa por delante de mí, el vestido blanco ondea con cada paso que
da. Huye de mí riéndose, su cabello pelirrojo suelto en ondas, dos
únicos mechones sujetos en su nuca con un lazo igual de blanco que
el vestido. Sus pies descalzos hacen ruido en el suelo.
-¡Te atraparé!- prometo.
Su risa se aleja por el ala oeste del castillo, me quito la chaqueta y
se la entrego a Avery, la maldita pajarita es lo siguiente que le
entrego. Remango las mangas de mi camisa hasta mis codos, mis
tatuajes quedan a la vista. Me crujo el cuello en un movimiento y,
entonces, salgo corriendo como si tuviera que ganar una carrera.
Mierda. Esto es una carrera y tengo que ganarle, siempre lo hago,
la ventaja que lleva no es mucha y su vestido pesa, la hará más
lenta. Y, sobre todo, sé a dónde se dirige, tengo que atraparla antes
de que toque el tronco del roble. No importa que la boda se esté
celebrando allí, irá directa a su meta. Mis pasos son pesados, pero
rápidos, nunca ha podido ganarme. Mis brazos rodean su cintura
antes de que pueda salir al jardín trasero. La aprieto contra mi
cuerpo, debe notar mi maldita erección, frota su culo por ella como
si no tuviéramos otra cosa que hacer en este momento.
-Esta noche te daré los azotes que nunca te di, pequeña.
Meto una mano por dentro del escote de su vestido, su pezón está
duro como un guijarro.
-¿Estás mojada?- le pregunto al oído.
-Sí.
La levanto del suelo y la echo sobre mi hombro. Ajusto mi
erección, no necesito que los invitados vean lo que mi mujer me hace
con sus jodidos juegos.
-Hora de casarnos, mo ghrá. Es hora de hacerte mía para
siempre.
Los invitados se ríen cuando nos ven llegar al altar, dejo a Rory
frente al oficiante, que parece conmocionado.
-Haga la pregunta- gruño.
-Rory Kavanagh. ¿Quiere contraer matrimonio...?
Fijo mi vista en los labios de mi mujer, se mueven cuando
pronuncia el sí quiero. Cuando es mi turno, ni siquiera dejo
terminar de hablar al oficiante, pronuncio mi sí quiero antes de
devorar la boca de mi mujer.
-Mía- gruño en su boca- Jodidamente de papi.
La elevo del suelo, sus brazos rodean mi cuello, deja sus manos
descansando en mi nuca mientras me hace cosquillas con sus uñas.
-Te amo, Rory.
-Y yo a ti, Eamon.
Nuestros labios se buscan desesperados, no me importa que nos
miren, es nuestra maldita boda.
La lanzo a la cama de forma brusca, su pequeño cuerpo rebota en
el colchón, ella se ríe. La boda sigue en la sala de fiestas, la mayoría
de invitados ya estaban borrachos cuando me traje a mi mujer a
nuestra habitación. Ya no aguantaba más y me la traje aquí para
follarla. Me desnudo tan rápido que rompo mi camisa, Rory no me
deja desnudarla, no quiere que rompa su vestido. Sus cuerpo queda
desnudo cuando el vestido se amontona a sus pies. Su coño brilla
por la excitación, ha estado todo el maldito día sin nada bajo el
vestido.
-Abre las putas piernas Rory- ordeno.
Se acuesta de espaldas en la cama y abre sus piernas para mí,
abre sus labios vaginales, mostrándome el pequeño capullo. Me
arrodillo entre sus piernas y hundo mi cabeza entre ellas. La devoro
sin piedad, la penetro con dos dedos y la froto por dentro, sus gritos
me animan a seguir.
-¡Papi!- grita.
Se corre con fuerza por mis dedos, sus fluidos salen volando con
violencia por todos lados, le sigo frotando ese punto dentro de ella
que tanto placer le da.
-Papi, por favor- solloza.
-¿Necesitas algo?
-Sí, por favor, por favor, por favor.
-Dímelo.
-Tu polla, por favor, papi.
La agarro por los muslos y encojo sus piernas hasta que sus
rodillas rozan su mandíbula. Me pongo de rodillas y arrojo sus
pantorrillas sobre mis hombros y la penetro de una embestida. La
follo duro y sin control, no puedo controlarme, quiero correrme.
Mis propios gemidos me abandonan.
-¡Ah! Joder, mo ghrá.
Siento que voy a explotar. Rory grita con su segundo orgasmo,
choco mis labios con los suyos y me corro dentro de ella. Mis bolas
se contraen con cada cuerda de semen que disparo dentro de su
estrechez. Estira sus piernas, aunque no salgo de su interior, ella me
acoge entre sus muslos.
-Mi preciosa esposa- susurro.
Es oficialmente mi esposa. Rory ya no sólo es mi hija, ahora
también se ha convertido en mi esposa y pronto será la madre de
mis hijos.
Actualidad
Rory me golpea con suavidad en la cabeza, sacándome de mis
pensamientos. Esboza una sonrisa.
-Tu móvil no deja de sonar, creo que te llaman desde Japón.
Pongo los ojos en blanco.
-Seguramente sea Saori- respondo con molestia- Ha estado
ocupándose del negocio de su familia desde hace meses.
-¿Por qué te llama a ti y no al tío Darragh?
-Porque le prometí ayudarla con todo, pequeña. Créeme, necesita
esa ayuda.
-Pobre mujer, no me gustaría pasar por lo que ella está pasando.
-Sí, a mí tampoco.
Le doy un beso en el vientre a mi mujer, me levanto de la cama y
cojo mi móvil. Salgo de la habitación, me dirijo a mi despacho
cuando me topo con mi padre saliendo de la habitación de Elijah.
-¿Qué hacías ahí?- le pregunto.
-Cillian está con él, venía a ver cómo estaba.
Le hago un gesto para que me siga, quiero hablar a solas con mi
padre. Más tarde hablaré con Saori. Abro la puerta de mi despacho y
dejo a mi padre entrar, cierro tras de mí.
-¿Está todo bien entre Cillian y tú?- le pregunto.
Me siento en mi silla de escritorio, mi padre se sienta al otro lado
frente a mí.
-Sí, hemos hablado, hijo. Está todo arreglado.
-Bien, me alegra oír eso. ¿Cómo está Ángel?
-Quería hablar contigo de ella.
Frunzo el ceño, no me gusta esto.
-Espero que no estés pensando en hacerte cargo de su hijo- le digo.
-No, de hecho, no hay hijo. Nunca lo hubo.
La confusión azota mi mente.
-¿Te mintió?- le pregunto.
Mi padre sonríe y niega con la cabeza.
-No. Tuvo un desajuste hormonal por el nuevo anticonceptivo que
le implantaron, la pobre creyó que estaba embarazada. El ginecólogo
le aseguró que no había embarazo y que no lo hubo.
-Entonces volvéis a estar juntos. ¿No?
-Sí, vamos a explorar lo que hay entre nosotros, quizás la veas por
aquí más de una vez.
-Me parece bien, papá. Si crees que ella es tu felicidad, adelante.
Tienes mi bendición.
-Gracias hijo. Es muy importante para mí. ¿Puedo traerla a casa a
cenar esta noche?
-Papá, no tienes que preguntar nada, esta es tu casa también.
-Ryan vendrá, Cillian los ha invitado a él y a su madre.
-Ordenaré a Orla y a Roisin que hagan una gran cena. ¿Algo a
tener en cuenta?
Niega con la cabeza.
-Ángel come de todo.
Me empiezo a reír a carcajadas por su broma, la risa de mi padre
me acompaña.
-¿Y cómo debemos llamarla?- le pregunto.
-Keira, no creo que le haga gracia que la llaméis por su nombre del
club.
-Bien, avisaré a Rory de que vamos a tener compañía para cenar
esta noche.
Mi padre y yo nos quedamos en silencio, los pasos y el llanto se
acercan cada vez más al despacho. La puerta se abre, Avery suspira.
-Socorro- nos dice.
Mi padre se levanta y le quita a Aidan, que por supuesto se calla en
cuanto nota que es él quien lo sostiene.
-No lo soporto más, dame tu jodido perfume, debe ser eso lo que lo
calma- protesta Avery.
Mi padre se ríe mientras se marcha con el niño. Avery entra y se
deja caer en el sofá, me siento a sus pies, los cojo y los pongo sobre
mi regazo para hacerle un masaje.
-¿Cuál será su secreto?- me pregunta.
-No lo sé, pero espero que siga funcionando con mi hijo.
Avery se ríe.
-Voy a ser abuela- murmura- Tengo treinta y tres años, acabo de
ser madre por segunda vez y voy a ser abuela.
-Yo voy a ser abuelo padre.
Su risa estalla junto a la mía.
-¿Cómo vais a explicárselo?- me pregunta.
-Cuando pueda entenderlo.
-Si necesitáis mi ayuda estaré disponible.
-Gracias, Ave.
-Terry quiere mudarse.
-¿Dónde?
-Aquí a Irlanda, creo que lo hace por mí.
-Podéis quedaros en el castillo, esta es vuestra casa.
-Te lo agradezco.
-¿No quieres mudarte?
-Sí, de hecho, es lo que más deseo. Quiero estar cerca de Rory, cada
vez que vuelvo a Nueva York se me rompe el corazón. No quiero estar
lejos de mi hija y menos ahora que está esperando su primer hijo.
-¿Y dónde está el problema?
-Elijah, no sé si querrá mudarse con nosotros o quedarse con su
madre.
-Por lo que Terry comentó, ella tiene una vida muy... agitada.
Siempre está viajando, ¿no?
-Sí- suspira.
-¿Quieres que hable yo con él?
-¿Lo harías?
-Sí, claro que sí.
-Te lo agradecería, Eamon. No quiero que Terry se separe de su
hijo, ojalá Elijah también quiera mudarse.
-En cuanto al trabajo no tenéis de qué preocuparos, tienes la
asignación mensual y si necesitáis más sólo tienes que pedirlo.
Asiente con la cabeza.
Han pasado horas desde mi conversación con Avery. También
hablé con Elijah y está dispuesto a mudarse, será un poco
complicado con el tema de la custodia con su madre, aunque en poco
más de un año cumplirá la mayoría de edad. Me siento a la cabeza de
la mesa, aún no han llegado los invitados y mi mujer está arriba
terminando de arreglarse, quería vestirse para parecer la perfecta
anfitriona. Está emocionada por conocer a Keira, no conoce nada de
ella. Sólo le he contado que su abuelo la conoció hace tiempo y que
quiere intentar tener una relación con ella.
Mi mujer entra en el comedor con una enorme sonrisa, me aparto
un poco de la mesa para que se ponga entre mis piernas, pongo mi
mano en su vientre, no puedo esperar para verlo grande. Le doy un
beso en el cuello, luego bajo hasta su pecho y lo muerdo con
suavidad.
-Para, harás que me moje.
-No puedo evitarlo, mo ghrá. Tu cuerpo comenzará a cambiar,
joder, ya ha comenzado. Tienes a mi hijo dentro de ti.
Se pone de espaldas a la entrada del comedor y saca sus pechos por
encima del escote de su vestido. Los ahueco en mis manos, están tan
blandos y suaves.
-Muéstrame tu vientre- le pido.
-No ha crecido- se ríe.
-No importa, quiero verlo.
Levanta la falda del vestido hasta sus caderas, sus bragas blancas
tienen una mancha de humedad.
-Te dije que te detuvieras- protesta.
-Ya venías así, pequeña, esa mancha no es de ahora.
Su boca se curva por un lado. Guardo sus pechos dentro del vestido
nuevamente y doy un tirón de sus caderas hacia mí.
-Estás tan obsesionada con este embarazo como yo- le digo- Te
moja saber que he puesto un bebé dentro de ti.
Roza sus labios con los míos.
-Me moja mucho, esposo- susurra- Te corriste tanto dentro de mí
para hacerme un bebé.
Esbozo una sonrisa. Un carraspeo nos interrumpe, Rory se ríe
mientras se sienta en su silla a mi lado. Pero se queda congelada
cuando ve a su abuelo con Keira.
-¿Ángel? ¿Tú eres la novia de mi abuelo?- le pregunta.
Keira mira a mi padre confundida.
-¿Ella es tu nieta?- le pregunta- Entonces... El otro chico... Tesoro.
¡Oh Dios!
Como si lo hubieran llamado, Cillian aparece en el comedor, mira a
Ángel de arriba a abajo. Luego mira a Rory en busca de una
explicación.
-¿Os conocéis?- les pregunto.
-¡Claro que sí!- chilla mi mujer- Nos dio la bienvenida en el club.
-El maldito club- gruño.
Miro a mi sobrino.
-¿Tesoro?- le pregunto.
Se encoge de hombros.
-Había que dar un nombre falso y le di ese- contesta sonriendo.
Mi cabeza gira hacia mi mujer.
-¿Cuál diste tú?- exijo saber.
Pone los ojos en blanco.
-A Cici se le ocurrió que sería una gran idea llamarme Joker,
porque estoy loca.
-¡Cillian!- chillo.
Mi sobrino se esconde detrás de su abuelo y de Keira, asoma la
cabeza por un hueco entre los dos.
-No podéis hablar de ese club delante de Ryan y mucho menos
mencionar que estuve allí- nos suplica- Por favor.
-Oh sí, no vaya a ser que Ryan se entere de que le has sido infiel
más veces de las que puedes contar- se burla mi mujer.
-Ro, por favor. No lo he vuelto a hacer. ¿De acuerdo? Estoy bien
con Ryan. Por favor.
Pongo mi mano encima de la de mi mujer, sé que ella no hará nada
que hiera a su primo.
-Sentaos por favor- les digo a los tres- Esto quedará entre los
presente.
-Gracias- dicen mi sobrino y Keira a la misma vez.
Ella se sienta al lado de mi padre, que a su vez está a mi lado.
Cillian se sienta junto a su prima.
-Espero que no haya ningún problema- balbucea Keira en voz baja.
-¿Con qué iba a haber un problema?- le pregunta mi padre.
-Con mi trabajo.
-¡Claro que no!- chilla Rory- Aquí no se discrimina a nadie, sobre
todo si me cuentas algunos secretos de ese club.
Doy una palmada sobre la mesa, ella me sonríe, sabe lo mucho que
odio el maldito club Midnight. La risa de mi sobrino y de Keira
rompe la tensión en el ambiente.
Un rato más tarde, todos los demás aparecen para cenar. Ryan
parece estar bien después de lo sucedido, Mylla, por otra parte, me
está dando dolor de cabeza. No deja de hablar de una posible boda
entre su hijo y mi sobrino, algo en lo que no estoy de acuerdo. Cillian
tampoco parece muy convencido.
-Creo que aún son jóvenes- interviene mi padre- Mi nieto no está
listo para dar ese paso.
-Estoy de acuerdo- lo apoya mi sobrino.
Ryan parece tensarse.
-Lo hablamos, Cillian- le dice.
-Y te dije que no estaba preparado para el matrimonio.
-Para el matrimonio no hay que estar preparado, sólo tener ganas.
Además, querréis tener hijos- dice Mylla- Quiero ser abuela.
Cillian suspira. De pronto, mi mujer comienza a reírse.
-Cillian con hijos- dice entre risas- No lo conocéis.
Mi sobrino curva la boca por un lado. Es cierto que él nunca ha
expresado deseos de ser padre, le gusta demasiado su libertad, en eso
se parece a mi padre.
-Ya lo hablaremos a solas- murmura Ryan.
-Ha dicho que no está listo- protesta Elijah.
Emito un suave carraspeo, esta conversación debe acabar ya.
-Si mi sobrino dice que no está listo para el matrimonio es porque
no lo está. No permitiré que se case hasta que él decida que debe
hacerlo.
Todos asienten, algunos a regañadientes. No me importa que Ryan
se enfade, no voy a permitir que Cillian haga algo con lo que no está
de acuerdo. Mi padre y yo lo criamos para ser libre y tomar sus
propias decisiones.
Miro a mi esposa, ella me sonríe, está de acuerdo conmigo y sé que
siempre protegerá a su primo, incluso si tiene que asesinar a alguien
que lo esté molestando. Sea Ryan, Mylla o cualquier otra persona.
Los días fueron pasando, los cuerpos de William Seymour,
Michelle y Adam Walsh, yacen a mis pies. El primero falleció de un
infarto, los segundos estuvieron sufriendo hasta el último aliento.
Sólo me quedaba Blaine Fraser, pero dudaba que fuera a durar
mucho más, había contraído una infección bacteriana a causa de las
heridas causadas por la tortura.
Unas semanas más tarde, Alastair Fraser fue informado de que su
hija había pasado a mejor vida. Murió sufriendo fuertes dolores, la
fiebre fue lo que se la llevó, el médico tenía prohibido tratarla. Quería
que sufriera por todo el daño que causó a mi hija. El cuerpo de Blaine
fue enviado a su familia como muestra de paz. Los Fraser sabían que
ella había comenzado todo esto por su obsesión con Rory, quería lo
que ella tenía: el amor romántico de su padre.
No es algo que pudiera tener, Alastair folló con su hija, pero no la
amaba. Decía amar a su esposa. En lo que a mí respecta, me daba
igual. Yo había cumplido con la promesa que le hice a mi mujer, la
vengué y eso era todo lo que me importaba. Ahora sólo me quedaba
proteger a mi sobrino y cuidar de mi mujer y de nuestro hijo. Soy el
Jefe de la mafia irlandesa y nunca descansaré, siempre permaneceré
alerta para cuidar y proteger a mi familia.
Próximo Libro
Segundo Spin Off de la Serie Lazos de
Sangre
Nació para dar luz a mi vida, la que mi pequeña Aíne se había
llevado con su muerte. Lo hice lo mejor que supe con él, Cillian
creció siendo un buen chico. Era amable, amoroso y muy protector
con su familia. Pronto me di cuenta de que tenía que proteger su
noble corazón, poco importaba que fuese el futuro segundo de la Jefa
de la mafia, de su prima. Él era bueno, confiaba en la gente, como su
madre hacía. Definitivamente, tenía que protegerlo como no pude
hacer con Aíne. Pero un día, sin previo aviso, todo cambió. Ya no era
un niño, ahora era un hombre. Y yo... Sólo era un maldito pervertido
que visitaba un club de gente liberal, no podía dejar que él entrara en
aquel lugar. Aunque ya era demasiado tarde cuando me di cuenta de
que se parecía más a mí de lo que pensaba.
Garret Kavanagh
Me casé joven, lo hice por mi novia, ella tenía una enfermedad
terminal y no viviría el tiempo suficiente para esperar y tener una
familia. Así que, se la di. Me convertí en padre a los 15 años, tuve una
niña preciosa. Luego vino mi hijo, mi orgullo. Pero un monstruo sin
alma se llevó a mi hija, me la arrebató, aunque Aíne tenía un último
regalo para mí. Un precioso niño igual a ella, su pelo rubio, sus ojos
azules, esa personalidad amable y noble. Su corazón, eso era lo que
más debía proteger, le hice una promesa a mi hija. Protegería y
amaría a su hijo sin importar las consecuencias. Cillian era mi
corazón.
Cillian Kavanagh
Adoraba a mi abuelo. Mi tío Eamon era mi figura paterna, siempre
lo fue, supongo que eso ocurrió por pasar tanto tiempo con mi prima
Rory y considerarla mi hermana. Mi madre murió el día que yo nací,
demasiado cliché, pero es la verdad. Creí que conocía a mi familia,
realmente no lo hacía, me guardaron un gran secreto. ¿Puedo
enfadarme con ellos? No, lo hicieron para protegerme. A cambio de
mi comprensión le pedí algo a mi abuelo. ¿Estaba dispuesto a
complacer mi deseo? Siempre lo hizo, cumplió cada uno de mis
caprichos, este no iba a ser diferente. ¿No?