0% encontró este documento útil (0 votos)
52 vistas32 páginas

El Consumo de Pornografía en Varones Heterosexuales Como Contexto de Aprendizaje

Este artículo analiza los posibles procesos de aprendizaje que tienen lugar durante el consumo de pornografía por parte de varones heterosexuales, teniendo en cuenta factores contextuales y sociales. Se pretende responder preguntas sobre cómo influye la pornografía en la excitación sexual, por qué se consume contenido más violento y cuáles son las consecuencias en las relaciones interpersonales.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
52 vistas32 páginas

El Consumo de Pornografía en Varones Heterosexuales Como Contexto de Aprendizaje

Este artículo analiza los posibles procesos de aprendizaje que tienen lugar durante el consumo de pornografía por parte de varones heterosexuales, teniendo en cuenta factores contextuales y sociales. Se pretende responder preguntas sobre cómo influye la pornografía en la excitación sexual, por qué se consume contenido más violento y cuáles son las consecuencias en las relaciones interpersonales.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

See discussions, stats, and author profiles for this publication at: https://www.researchgate.

net/publication/376694771

El consumo de pornografía en varones heterosexuales como contexto de


aprendizaje

Article in Journal of Feminist Gender and Women Studies · December 2023


DOI: 10.15366/jfgws2023.15.001

CITATIONS READS

0 177

6 authors, including:

Inés Abalo-Rodríguez Mónica Alario Gavilán


Complutense University of Madrid King Juan Carlos University
9 PUBLICATIONS 31 CITATIONS 6 PUBLICATIONS 39 CITATIONS

SEE PROFILE SEE PROFILE

Natalia Andrés López Laura Arévalo Saiz


Universidad Autónoma de Madrid European University of Madrid
6 PUBLICATIONS 3 CITATIONS 1 PUBLICATION 0 CITATIONS

SEE PROFILE SEE PROFILE

All content following this page was uploaded by Inés Abalo-Rodríguez on 19 January 2024.

The user has requested enhancement of the downloaded file.


Inés Abalo, Mónica Alario, Natalia Andrés, Laura Journal of Feminist, Gender and Women Studies, 15: 5-35, 2023
Arévalo, Elena Gálvez y Rebeca

El consumo de pornografía en varones


heterosexuales como contexto de aprendizaje
Pornography use Among Heterosexual Men as a Learning Context

Inés Abalo Rodríguez 1,2 / [email protected]


Mónica Alario Gavilán / [email protected]
Natalia Andrés López3 / [email protected]
Laura Arévalo Saiz4 / [email protected]
Recibido: 11/09/2023
Aceptado: 1/10/2023
Elena Gálvez Delgado / [email protected]
Rebeca Pardo Cebrián4 / [email protected]

1
Departamento de Psicología Experimental, Universidad Complutense de Madrid, España.
2
Centro de Neurociencia Cognitiva y Computacional, Centro de Tecnología Biomédica, Universidad Politécnica
de Madrid, España.
3
Departamento de Psicología Biológica y de la Salud, Universidad Autónoma de Madrid, España.
4
Departamento de Psicología, Universidad Europea de Madrid, España.

Resumen: En la actualidad, existe una creciente preocupación acerca del impacto que el consumo de pornografía puede tener
tanto en las relaciones afectivo-sexuales como en la violencia sexual. En este artículo se analiza, desde la psicología, los
múltiples aprendizajes que su consumo posibilita en varones heterosexuales, teniendo en cuenta las variables contextuales
y sociales en las que esta práctica tiene lugar. Se pretende responder a preguntas tales como: de qué manera influye el
consumo de pornografía en la excitación sexual, por qué se consume un contenido pornográfico de mayor violencia cada vez,
por qué se consume pornografía de manera masiva, qué reglas de comportamiento se extraen de la pornografía y qué
consecuencias tiene el consumo de pornografía en las relaciones interpersonales. El etiquetado lingüístico que se realiza del
contenido que muestra la pornografía como “prácticas sexuales” y no como “violencia” es una de las variables clave que
podrían facilitar la generalización y transferencia de estos aprendizajes al contexto interpersonal. Análisis científicos como el
propuesto permiten restar influencia a explicaciones normativas y descontextualizadas de fenómenos como el consumo de
pornografía, y favorecer una revisión crítica de la misma. De esta forma, se pretende desenmascarar algunos de los
mecanismos que contribuyen al mantenimiento de esta práctica y sus posibles consecuencias en la “sexualidad” de sus
consumidores y en las relaciones “sexuales” que establecen con mujeres.

Palabras Clave: Pornografía, aprendizaje, análisis de conducta, violencia sexual.

Abstract: Currently, there is growing concern about the impact that pornography consumption can have on both affective-
sexual relationships and sexual violence. This article analyses, from a psychological perspective, the multiple learning
processes that its consumption makes possible for heterosexual men, taking into account the contextual and social variables
in which this practice takes place. The aim is to answer questions such as: how pornography consumption influences sexual
arousal, why pornographic content of increasing violence is consumed, why pornography is consumed on a massive scale,
what behavioral rules are drawn from pornography and what consequences pornography consumption has on interpersonal
relationships. The linguistic labelling of the content of pornography as "sexual practices" rather than "violence" is one of the
key variables that could facilitate the generalization and transfer of these learnings to the interpersonal context. Scientific
analyses such as the one proposed here make it possible to reduce the influence of normative and decontextualized
explanations of phenomena such as the consumption of pornography, and to favor a critical review of it. In this way, the aim
is to unmask some of the mechanisms that contribute to the maintenance of this practice and its possible consequences on
the "sexuality" of its consumers and on the "sexual" relationships they establish with women.

Keywords: Pornography, learning, behavior analysis, sexual violence

Feminist, Gender and Women Studies


Número 15, doi.org/10.15366/jfgws2023.15.001
https://www.revistas.uam.es/revIUEM
Inés Abalo, Mónica Alario, Natalia Andrés, Journal of Feminist, Gender and Women Studies, 15:5-35, 2023
Laura Arévalo, Elena Gálvez y Rebeca Pardo

1. INTRODUCCIÓN
La psicología es la rama del conocimiento que se encarga del estudio
científico del comportamiento y de los procesos de aprendizaje que lo
explican (Domjan, 2007; Pellón et al., 2014; Pérez et al., 2010; Skinner,
1977). A lo largo de la vida, las personas se encuentran continuamente
interactuando con diferentes contextos en los que aprenden. Desde la
psicología, estas interacciones se denominan comportamientos,
entendiendo que este término engloba todo aquello que la persona hace,
piensa y siente y que, como cualquier variable objeto de estudio científico
puede explicarse.
Estas explicaciones no pueden darse sin hablar de los procesos de
aprendizaje, procesos que permiten entender por qué una persona ha
aprendido a comportarse como lo hace. Por ese motivo, el comportamiento
es interdependiente de su contexto: no es una propiedad esencial del sujeto,
es una propiedad relacional (Freixa, 2003), donde el comportamiento y el
efecto que tiene en su entorno conforman un todo. De esta forma, el
aprendizaje se da de manera constante en cada una de las interacciones
entre la persona y las variables de su entorno, y supone cualquier cambio
duradero en el repertorio conductual de una persona resultado de esta
interacción (Pérez et al., 2010). Además, los principios de aprendizaje, al
igual que otros principios o leyes científicas, se dan independientemente de
que la persona quiera o no aprender, conozca o desconozca estos principios
(Skinner, 1971, 1977; Ulrich et al., 1979).
Precisamente por todo ello, es destacable el potencial explicativo que
tiene la psicología, entendida desde el análisis de conducta, ya que permite
entender (y contribuir a solucionar) tanto las conductas individuales como
las prácticas culturales relacionadas con gran diversidad de cuestiones
sociales (Baum, 2000; Holland, 1978; Skinner 1971). En este caso, el trabajo
se centrará en el consumo de pornografía debido al incremento que el
mismo ha experimentado en los últimos años (Alario, 2021; Ballester y Orte,
2019; Save The Children, 2020; Torrado et al., 2021), a la creciente
preocupación social acerca de las consecuencias que pueda tener esta
práctica en las relaciones afectivo sexuales y violencia sexual (Alario, 2021;
Torrado et al., 2021) y a la escasez de propuestas explicativas realizadas
hasta el momento centradas en los aprendizajes que operan en su consumo.
El objetivo de este artículo es, por tanto, analizar los posibles procesos
de aprendizaje que se posibilitan durante el consumo de pornografía.
Debido a la complejidad del tema y las limitaciones de espacio, el foco se
pondrá en la pornografía que es más consumida. Asimismo, se hablará del
consumo que hacen los varones heterosexuales debido a que la pornografía,
6
Inés Abalo, Mónica Alario, Natalia Andrés, Journal of Feminist, Gender and Women Studies, 15:5-35, 2023
Laura Arévalo, Elena Gálvez y Rebeca Pardo

desde su origen y hasta la actualidad, ha sido mayoritariamente un material


creado por y para ellos (Alario, 2020a, 2020b; Bronstein, 2011; Brownmiller,
1981; Dworkin, 1989; Dworkin y MacKinnon, 1989; Lederer, 1980;
MacKinnon, 1995; Russell, 1993a, 1993b).
En la metodología empleada se realizó una revisión no sistemática de
la literatura, analizando fuentes bibliográficas primarias y secundarias
relativas a dos grandes campos de conocimiento: el feminismo y el
conductismo, para generar un marco interpretativo sólido desde el que
analizar la realidad social a la que nos enfrentamos.
De esta forma, este artículo pondrá en primer lugar la pornografía en
su contexto (sección 2), en la que se proporcionarán datos sobre su consumo
y contenido (sección 2.1.), se presentará como un contexto de aprendizaje
(sección 2.2) y se detallarán las variables contextuales y sociales que influyen
en que constituya un contexto de aprendizaje tan potente (sección 2.3.). A
continuación, se presentarán los aprendizajes que se posibilitan con el
consumo de pornografía (sección 3). Dichos aprendizajes se presentarán
dando respuesta a cinco preguntas de interés: cómo influye el consumo de
pornografía en nuestra excitación sexual (sección 3.1), por qué se consume
un contenido pornográfico de mayor violencia cada vez (sección 3.2), por
qué se consume pornografía de manera masiva (sección 3.3), qué reglas de
comportamiento se extraen de la pornografía (sección 3.4) y qué
consecuencias tiene el consumo de pornografía en las relaciones
interpersonales (sección 3.5). El artículo finalizará con un último apartado
en el que se expondrán las principales conclusiones del mismo (sección 4).

2. ¿DE QUÉ HABLAMOS CUANDO HABLAMOS DE PORNOGRAFÍA?


2.1. ¿Qué se está consumiendo cuando se ve pornografía?
Como punto de inicio, se partirá de una definición operativizada de la
pornografía como “material audiovisual frecuentemente consumido
durante la masturbación”. Se calcula que dicho material audiovisual en
internet tiene más visitas que Netflix (que cuenta con más de 232,5 millones
de suscriptores), Twitter (que, en un mes como mayo de 2023, tuvo más de
8,4 billones de visitas) y Amazon (visitada más de 2,7 billones de veces en el
mismo periodo) juntos. A nivel global, el número de videos pornográficos
consumidos por minuto asciende a 219.000 (Soho, 2022) y plataformas
pornográficas como OnlyFans suman más de 500.000 usuarios de manera
diaria (El Diario, 2020). Como se ha anticipado, este artículo se centrará en
la pornografía más consumida. Diversos rankings de las páginas web más
visitadas, tanto a nivel nacional como a nivel mundial, sitúan a Pornhub y

7
Inés Abalo, Mónica Alario, Natalia Andrés, Journal of Feminist, Gender and Women Studies, 15:5-35, 2023
Laura Arévalo, Elena Gálvez y Rebeca Pardo

Xvideos como dos de las páginas web (no sólo de contenido pornográfico,
sino en general) que más visitas reciben.
Pornhub (Pornhub Insights, 2013-2019) publicaba de manera anual
estadísticas sobre su contenido y visualizaciones a nivel mundial. Según
estas estadísticas, Pornhub tuvo 467 visitas por segundo en el año 2013; 582
visitas por segundo en 2014; 672 visitas por segundo en 2015; 740 visitas por
segundo en 2016; 904 visitas por segundo en 2017; 962 visitas por segundo
en 2018, y 1.333 visitas por segundo en 2019. En 2013, se vieron 63,2 mil
millones de vídeos; en 2014, 78,9 mil millones de vídeos; en 2015, 87,85 mil
millones de vídeos; en 2016, 92 mil millones de vídeos; y en 2018, 109 mil
millones de vídeos. Si se visualizaran, de manera lineal, todas las horas de
pornografía que se consumieron en esta página en el año 2015, se estaría
viendo pornografía durante 502.283 años; si se hiciera lo mismo con la
pornografía vista en 2016, se tardaría 525.114 años. Hay que tener en cuenta
que estas cifras, que no dejan de aumentar año tras año, son sólo de una
página web.
Un estudio reciente de Alario (2020a, 2020b), centrado en realizar un
análisis de contenido de la pornografía más consumida, tiene por
conclusiones principales los siguientes cinco puntos:
1. El esquema básico de la pornografía es el siguiente: el varón es el
sujeto, sus deseos guían la acción, y la mujer es el objeto que el varón
utiliza para satisfacer esos deseos. La norma básica de la pornografía
que se cumple sin excepción es que los deseos de los varones
siempre se ven satisfechos por medio de su acceso al cuerpo de una
mujer. Teniendo esto en cuenta, el estudio concluye que en la
pornografía los deseos de los hombres se transforman en derechos
que siempre van a satisfacerse a través de la utilización de los
cuerpos de las mujeres. Las mujeres están cosificadas,
deshumanizadas, reducidas a sus cuerpos, y es irrelevante que
deseen o no dicho acceso, el estado en que se encuentren, la edad
que tengan, etc. La pornografía, por medio de este esquema, pone la
satisfacción de todo deseo masculino por encima del derecho
humano de mujeres y niñas a no sufrir violencia (Alario, 2020b: 170-
173).
2. El vídeo pornográfico con mayor número de visualizaciones es una
violación colectiva de cuatro hombres a una mujer, en que ella llora,
grita e intenta escapar de manera constante. Este vídeo tenía, a fecha
de 03/05/2019, más de 225 millones de visualizaciones, más del
doble de visitas que el siguiente vídeo más consumido (Alario, 2020b:
239-248).
8
Inés Abalo, Mónica Alario, Natalia Andrés, Journal of Feminist, Gender and Women Studies, 15:5-35, 2023
Laura Arévalo, Elena Gálvez y Rebeca Pardo

3. La pornografía más consumida presenta habitualmente un esquema


en que las mujeres en un primer momento expresan que no desean
realizar prácticas sexuales, los hombres las coaccionan, y ellas
acaban accediendo, mostrándose en un primer momento con actitud
pasiva, pero expresando placer según avanza el vídeo. Pese a ser
estas situaciones violencia sexual (las prácticas comienzan sin deseo
por parte de las mujeres y con un consentimiento coaccionado), la
pornografía, al transmitir que ellas “lo estaban deseando” aunque en
un primer momento dijeran que no, está invisibilizando la violencia
sexual en tanto que violencia y haciéndola pasar por, simplemente,
“sexo” (Alario, 2020b: 221-238).
4. Ciertas prácticas ejercidas por los hombres sobre las mujeres, como
tirar del pelo, golpear en las nalgas, los pechos y el rostro, escupir en
la cara, en la boca o en otras partes del cuerpo, agarrar del cuello con
fuerza y durante tiempo prolongado, penetrar bucalmente a las
mujeres hasta que tienen arcadas, les lloran los ojos, se atragantan y
regurgitan, emitir insultos o humillar verbalmente, se han convertido
en “complementos” a cualquier otra práctica que aparecen con
normalidad en la pornografía más visualizada. Las prácticas más
habituales suelen implicar producir algún tipo de desagrado,
malestar físico o dolor a las mujeres (Alario, 2020b: 193-212).
5. Entre los tipos de pornografía más consumida, cabe destacar
también aquella en que las mujeres están en situaciones de
embriaguez extrema, inconscientes o dormidas; es decir, situaciones
en que ni tienen deseo ni pueden dar un consentimiento válido, por
lo que las prácticas que sucedan en esas situaciones son siempre
violencia sexual (Alario, 2020b: 230-236).

2.2. La pornografía: un potente contexto de aprendizaje.


Para comenzar a analizar cómo la pornografía puede ser un contexto
potente de aprendizaje es necesario hacer énfasis en un aspecto central de
la definición ofrecida: el uso que se hace de este material audiovisual, pues
el consumo de pornografía tiende a realizarse con el objetivo de
proporcionarse estimulación audiovisual que aumente la respuesta de
excitación sexual y que acompañe a la estimulación táctil presente durante
la masturbación (Ballester y Orte, 2019; Torrado et al., 2021).
La estrecha relación que se establece entre el visionado de pornografía
y la conducta masturbatoria dota a este contexto de unas condiciones
ideales para aprender. Dichos aprendizajes no se limitarán a las cuatro
paredes de la habitación, sino que podrán generalizarse a las relaciones
9
Inés Abalo, Mónica Alario, Natalia Andrés, Journal of Feminist, Gender and Women Studies, 15:5-35, 2023
Laura Arévalo, Elena Gálvez y Rebeca Pardo

interpersonales y actitudes generales hacia las mujeres. Como señala Layden


(2021), la pornografía no sólo enseña qué hacer, cuándo o con quién hacerlo,
sino también estimula el deseo a ello. Por este motivo, considerando la
pornografía como un potente contexto de aprendizaje, este trabajo se
referirá al comportamiento “consumo de pornografía”, entendido como
visionado de la misma acompañado de conductas masturbatorias.
Existen diferencias sustanciales entre los procesos de aprendizaje que
se posibilitan con el consumo de pornografía y aquellos que se posibilitan
con el visionado del resto de materiales audiovisuales (ej., película, episodio
de una serie televisiva, etc.). La presencia de excitación sexual y conducta
masturbatoria durante el visionado del material audiovisual suponen la
diferencia sustancial por las siguientes cuestiones:
1) La excitación sexual puede generar ciertos estados de activación
emocional que, a su vez, pueden influir de forma compleja en el
aprendizaje. Entre otras, puede conducir a enfocarse mejor en la
información relevante y a recordar más la información recibida en
ese momento (Tyng et al., 2017).
2) Una buena parte de lo que resulta excitante se va aprendiendo en las
oportunidades en las que estamos en contacto con estimulación
sexual. Sabemos que la intensidad y naturaleza (biológica) son
variables de los estímulos que van a favorecer un aprendizaje más
potente, pues confiere al estímulo de más saliencia, se le presta más
atención y provoca respuestas más amplias (Orgaz, 2014).
Hipotetizamos que esto ocurre de forma especialmente efectiva por
las características de los estímulos sexuales: de forma que la potencia
de dichos estímulos hace que la estimulación que rodea al antes,
durante y al después de la excitación pueda acabar resultando
también excitante. En definitiva, con alta probabilidad el contenido
de la pornografía consumida va a poder aprenderse.
3) La excitación sexual y el orgasmo son experiencias extremadamente
gratificantes a las que se está predispuesto/a de forma innata a
disfrutar, por lo que aprendemos rápidamente a repetir un
comportamiento (la masturbación) con el que obtenemos dicha
sensación.
Para finalizar, cabe destacar que dichas diferencias no implican que la
visualización del resto de material audiovisual no esté posibilitando también
determinados aprendizajes o que su visionado no influya en la conducta,
como sin lugar a duda ocurre. Prueba de ello es la publicidad, un material
audiovisual creado precisamente con el objetivo de que su visionado influya
en la conducta de un potencial consumidor/a.
10
Inés Abalo, Mónica Alario, Natalia Andrés, Journal of Feminist, Gender and Women Studies, 15:5-35, 2023
Laura Arévalo, Elena Gálvez y Rebeca Pardo

2.3. El consumo de pornografía no ocurre en el vacío.


Comprender las causas y consecuencias del consumo de pornografía y
el potente contexto que éste supone para diversos aprendizajes requiere un
marco explicativo extenso de las circunstancias en las que ocurre. Al igual
que no se puede explicar el punto de ebullición del agua atendiendo sólo a
un factor como la temperatura (sino que se tiene que atender a la presión
atmosférica y a la altitud, entre otras); no se puede entender el consumo de
pornografía y sus implicaciones atendiendo en el vacío a lo que sucede
únicamente en el momento en que este acto se da. Así, el análisis de las
variables disposicionales engloba, por una parte, la unión entre el plano del
comportamiento individual (pequeñas unidades de conducta y sus causas
próximas) y el plano grupal (grandes unidades de conducta y sus causas
últimas) y, por otra, la interacción de este comportamiento en su contexto
social, histórico, político y cultural, incluyendo también la historia de
aprendizaje de las personas, así como la relación con sus características
biológicas como organismos.
A continuación, se detallan los elementos que podrían predisponer,
probabilizar y afectar de forma amplia al comportamiento de consumo de
pornografía:
1. Educación sexual reglada y no reglada escasa y de reducida calidad
que compita o contraste con la información sexual recibida en la
visualización de la pornografía, que es la principal escuela de
“sexualidad” para adolescentes (De Miguel, 2021). La educación
sexual en España se caracteriza por docentes con escasa formación,
centros educativos con escasos recursos destinados a ello y un
modelo de educación sexual basado en prevención de riesgos que
reduce la sexualidad al coito y a los riesgos vinculados a esta práctica
(Lameiras et al., 2016). Por su parte, en otros contextos como el
familiar, la educación sexual tampoco está asegurada e incluso está
rodeada de tabúes. Esta escasez de información y de referentes
alternativos de relaciones y prácticas sexuales y afectivas pueden
tener los siguientes efectos: a) dificulta que se puedan adquirir
conductas sexuales alternativas y limita la diversidad de estímulos
que podrían adquirir el papel de provocar excitación y atracción; b)
supone la privación de cierta información relevante (entender
nuestra sexualidad) y este estado de privación aumenta las ganas,
precisamente, de saber y conocer, por tanto, aumenta las
probabilidades de emitir más conductas de acercamiento a las
fuentes accesibles de información (pornografía); c) la falta de
11
Inés Abalo, Mónica Alario, Natalia Andrés, Journal of Feminist, Gender and Women Studies, 15:5-35, 2023
Laura Arévalo, Elena Gálvez y Rebeca Pardo

información sexual que contraste con la pornografía visionada puede


dificultar identificar que la mayoría de las prácticas que suelen
mostrarse en la pornografía son violentas y, con ello, las personas
podrían tener menos inconvenientes en reproducirlas.
2. Edad a la que se consume en mayor medida la pornografía:
adolescencia, concretamente entre los 12 y 17 años (Alonso et al.,
2022; Ballester et al., 2014; Yen et al., 2007). No obstante, algunos
estudios han encontrado los 8 años como edad de inicio de su
consumo (Ballester et al., 2019). La sexualidad se expresa de forma
abrupta en la adolescencia, se da la maduración sexual biológica
fruto de un complejo entramado hormonal, como consecuencia
aparecen: respuestas espontáneas de lubricación y tumefacción; la
visualización o interacción con personas y otros estímulos adquieren
la capacidad de provocar una respuesta de excitación; aparecen
fantasías y sueños eróticos y se reporta la necesidad de masturbarse
o buscar pareja (Cabello, 2010). Todo esto funciona como una
variable motivadora para el consumo de pornografía, es decir,
aumenta la probabilidad de que ésta se consuma al hacer más
intenso, atractivo y más saliente el estímulo visual. Al mismo tiempo,
en la adolescencia, ciertas consecuencias sociales tales como ser
aceptado, valorado y encajar en un grupo de iguales, son altamente
valiosas (Arnett, 2008; Orcasita y Uribe, 2010; Pérez y Santiago,
2002). Entre otras, el coito ocupa un lugar de preciado trofeo,
especialmente en los chicos heterosexuales (Cabello, 2010). Así, esta
etapa vital también es una variable motivadora en la medida en que
probabiliza e intensifica la conducta de búsqueda de información
sexual que les permita guiar su comportamiento según estándares
de éxito y así tener acceso a consecuencias de alto valor al
comportarse según lo establecido.
3. La coherencia de contenido entre la pornografía y la estructura social
patriarcal podría facilitar el seguimiento de ciertas reglas sobre el
comportamiento “sexual”. Las reglas de comportamiento son
normas (“Si…entonces”) que sintetizan cierta información y que
ayudan a moverse por el mundo sin tener que pasar por experiencias
directas para aprender: basta con leerlas, observarlas… (Skinner,
1969; Törneke et al., 2008). El contenido central de la pornografía
reproduce y erotiza un rol masculino de dominación, posesión y
abuso y un rol femenino de sumisión y complacencia (Bourdieu,
2000; Cobo, 2019). A su vez, el funcionamiento social y el contexto
patriarcal en los diferentes ámbitos y estructuras de la vida habla de
12
Inés Abalo, Mónica Alario, Natalia Andrés, Journal of Feminist, Gender and Women Studies, 15:5-35, 2023
Laura Arévalo, Elena Gálvez y Rebeca Pardo

dominación y abuso de poder, siendo la desigualdad normalizada


como práctica cultural. Es más, se puede hablar de un patrón sexual
androcéntrico presente en numerosos contextos de la vida
(ficciones, chistes, refranes, etc.). Esta similitud entre lo que se ha
aprendido como normal en el funcionamiento social hace que
cuando se visualiza dicho contenido de desigualdad y abuso de poder
en pornografía, éste no choque o contradiga con la historia de
aprendizaje de la persona que lo ve y, de hecho, podría facilitar que
la persona aprenda que es una buena guía de comportamiento a
seguir. En la literatura científica se encuentra evidencia sobre la
coherencia como uno de los factores que facilitan el seguimiento de
reglas (Harte et al., 2020). Para ilustrar esta cuestión basta con
atender al esquema de los vídeos más vistos en pornografía, donde
aparece la insistencia de un chico a una chica en tener “sexo” o
alguna “práctica sexual” y cómo aunque ella diga que no, finalmente
tienen “sexo”, se puede deducir la regla: “si insistes a una chica, al
final tienes “sexo” o al final ella disfruta”, regla que a su vez puede
encontrarse de forma parecida en otros contextos afectivos o en otro
tipo de material cultural (películas, novelas románticas, etc.)
subsumidos en refranes como: “quien la sigue la consigue” (Alario,
2021: 256-257).
4. Características de la pornografía visionada: accesibilidad,
asequibilidad y anonimato (Serrano et al., 2020). Ballester y Orte
(2019) añaden a estas tres características la calidad de imagen y la
falta de límites. El hecho de que se pueda acceder a contenido
pornográfico en cualquier momento y en cualquier lugar, de una
manera fácil y sin costes (económicos o de otro tipo), junto con una
gama de contenidos online tremendamente amplio a los que se
puede acceder (voluntaria o involuntariamente) incrementa la
probabilidad de acceso y el mantenimiento de las conductas de
visionado. La evidencia sobre motivación y aprendizaje muestra que
cuanto menor es el esfuerzo para emitir un comportamiento mayor
es la tasa de respuesta (Pérez et al., 2010). Esto es precisamente lo
que caracteriza al consumo de pornografía.
5. La consecuencia social de la pornografía. En la medida en que el
visionado de pornografía está culturalmente aceptado (Cooper y
Klein, 2017), las consecuencias del visionado de pornografía pueden
ser de alabanza y aceptación por parte del grupo de iguales y con
baja probabilidad serían consecuencias aversivas si no se reporta su
consumo o se juzga. Estas consecuencias se pueden dar de manera
13
Inés Abalo, Mónica Alario, Natalia Andrés, Journal of Feminist, Gender and Women Studies, 15:5-35, 2023
Laura Arévalo, Elena Gálvez y Rebeca Pardo

más próxima con el grupo de referencia social con el que se


interactúa, siendo los miembros del grupo quiénes dispensan dichas
consecuencias. Asimismo, dichas consecuencias de la visualización
también pueden darse de forma más lejana al ser una práctica
aceptada y arraigada en una comunidad y cultura. El hecho de que el
visionado de cualquier tipo de pornografía no sea una conducta
castigada (social o éticamente), contribuye al mantenimiento de este
comportamiento y a continuar asociando ver pornografía como algo
bueno, adecuado y deseable.
6. La pornificación de la cultura (Paul, 2006). La pornificación de la
cultura, creciente en las últimas décadas, puede observarse en
distintos aspectos. En primer lugar, en cómo ciertos elementos que
previamente eran propios del imaginario específicamente
pornográfico pasan a formar parte de la cultura dominante, dejando
de ser identificados como pornográficos (Tyler y Queck, 2016). Esto
incluye cómo los papeles de la relación de poder que presenta la
pornografía, de hombre como sujeto cuyo deseo es un derecho y
mujer como objeto que el hombre utiliza para satisfacer cualquiera
de sus deseos también pasan a invadir distintos terrenos sociales
externos a la pornografía y el sistema prostitucional (Alario, 2021).
En segundo lugar, en cómo lo que sigue siendo considerado
pornografía, pasa a hacerse más violento (Alario, 2021). En tercer
lugar, en cómo la pornografía ha pasado a sustituir al sexo;
"pornografía" y "sexo" se convierten en sinónimos, se considera que
la pornografía muestra "sexo explícito" (Alario, 2021), de hecho, se
considera que la pornografía muestra el mejor tipo de “sexo” posible.
Según Favaro et al. (2016) el objetivo de este fenómeno, fomentado
por intereses económicos, es extender la idea de que la pornografía
es inevitable y, de hecho, deseable. Sin embargo, la extensión e
influencia de la pornografía a estos niveles conlleva que las personas
estén expuestas a contenido pornificado de una manera totalmente
normalizada, y por tanto, que este tipo de contenido influya
inevitablemente en la construcción de su sexualidad, “penetrando en
lo cotidiano” (Favaro et al., 2016: 8).
7. Disposición de la página web: cómo está organizada la información y
acceso a los vídeos puede influir: 1) en la selección de un tipo de
contenido u otro por parte de los consumidores y, por consiguiente,
en posibilitar unos aprendizajes u otros; 2) en que algunos
contenidos sean más salientes y apetecibles que otros y que se
probabilice su consumo y; 3) en que sea más difícil “aburrirse”
14
Inés Abalo, Mónica Alario, Natalia Andrés, Journal of Feminist, Gender and Women Studies, 15:5-35, 2023
Laura Arévalo, Elena Gálvez y Rebeca Pardo

(saciarse) de la pornografía por los contenidos ilimitados y


novedosos que supone. Habitualmente, en la parte superior de estas
páginas, aparecen links a las búsquedas más realizadas, lo que
favorece que estén más accesibles y se clique en mayor medida. Por
ejemplo, a raíz de la publicación de la sentencia de la violación
colectiva de San Fermines, Pornhub mostraba como términos más
buscados «Manada San Fermín» o «Manada», mientras que Xvideos
mostraba «La manada» como búsqueda más realizada, y «Manada»,
«Violación», «San Fermín», «Abusada», «La manada violación» y
«Prenda» como otros términos tendencia (Alario, 2021). En
concreto, que se resalten en mayor medida los vídeos más
consumidos va a posibilitar que esos vídeos sigan siendo más
consumidos, así como el tipo de contenido que tengan, y dado que
estos vídeos son aquellos que presentan contenidos más violentos,
se disponen las circunstancias de manera favorable para que estos
contenidos lleguen a más consumidores. A la hora de acceder a un
vídeo, se dispone de una previsualización con los fotogramas del
vídeo cuyo contenido es más demandado, dándose una muestra a las
personas de qué contenido se van a encontrar. El hecho de estar
expuesto de manera limitada a la excitación producida por esas
imágenes visuales, probabiliza que el consumidor acceda a verlo.
Este fenómeno motivador se conoce como prueba del reforzador
(Ayllon y Azrin, 1968). Es interesante resaltar que, para los
consumidores habituales, el contenido violento no aparece por
sorpresa, sino que clican incluso viendo que hay violencia en las
imágenes que aparecen al pasar el ratón por encima. Asimismo,
constantemente se suben más vídeos a estas páginas, que se suman
a los anteriores, lo que va a facilitar que los consumidores tengan
siempre acceso a vídeos nuevos y, por tanto, no se aburran y siempre
haya variedad con independencia de la cantidad de veces que
accedan a dichas páginas.

3. APRENDIZAJES QUE POSIBILITA LA PORNOGRAFÍA.


3.1. ¿Cómo influye la pornografía en nuestra excitación sexual?
Atendiendo al comportamiento y excitación sexual humana, en su
mayor parte es comportamiento aprendido y uno de los procesos de
aprendizaje involucrado es el condicionamiento pavloviano. Este tipo de
aprendizaje da cuenta de cómo los estímulos adquieren propiedades
sexuales y activan respuestas de excitación sexual (Hoffmann et al., 2004).

15
Inés Abalo, Mónica Alario, Natalia Andrés, Journal of Feminist, Gender and Women Studies, 15:5-35, 2023
Laura Arévalo, Elena Gálvez y Rebeca Pardo

A lo largo del proceso evolutivo se van seleccionando en una especie


una serie de respuestas reflejas (respuestas incondicionadas) que se darán
ante ciertos estímulos (estímulo incondicionado). Estas respuestas
incondicionadas están en nuestro repertorio desde que nacemos. Además
de las respuestas que se disparan ante estímulos relevantes para la
supervivencia de la especie, gracias al aprendizaje pavloviano, las personas
pueden responder de forma adaptativa a estímulos para los que no están
preparados de forma innata (estímulo neutro), gracias al emparejamiento
con aquellos estímulos que sí lo están (estímulos incondicionados).
Mediante este tipo de aprendizaje, por tanto, aprendemos a reaccionar ante
estímulos ante los que no reaccionamos de forma innata. Por ejemplo, ante
una tarta (estímulo incondicionado) se hace la boca agua (respuesta
incondicionada), con esta respuesta, el sistema digestivo está mejor
preparado para la digestión al haberse anticipado a tener la comida en la
boca. Con varios emparejamientos y las condiciones adecuadas, estar en la
propia cafetería (estímulo condicionado) podría generarnos la respuesta de
salivación (respuesta condicionada). Así, un estímulo adquiere la capacidad
de provocar una respuesta por la mera asociación con otro estímulo que ya
la generaba, de forma que el organismo puede “predecir” la aparición de un
estímulo y presentar una respuesta apropiada con antelación (Pérez et al.,
2010).
El acto sexual y otros estímulos relacionados con él son estímulos
incondicionados y pueden condicionar estímulos neutros que se asocien con
él (Pérez et al., 2010). Durante el visionado de pornografía, cualquier
estímulo visual que se haya presentado próximo en el tiempo es susceptible
de emparejarse con otros estímulos (tanto visuales como táctiles) que ya
producían una respuesta de excitación sexual e incluso una respuesta de
orgasmo o de eyaculación. Por ejemplo, para una persona, un posible
estímulo condicionado podría ser la visualización de una escena en la que
aparece una mujer desnuda a la que se le acarician los genitales (estímulo
condicionado), con la consecuente respuesta de activación sexual o
excitación (respuesta condicionada). A continuación, se siguen sucediendo
una serie de estímulos visuales (ej. penetración) y estimulación táctil
(masturbación; estímulo incondicionado) que van acompañadas de
respuestas de mayor excitación sexual cada vez hasta que llega a dispararse,
en el caso de los hombres, el reflejo eyaculatorio (respuesta
incondicionada). Si en el visionado del material audiovisual han aparecido de
forma simultánea o contigua nuevos estímulos (ej. un tirón de pelo a la
mujer con la que se tienen prácticas “sexuales”, una cara de sufrimiento de

16
Inés Abalo, Mónica Alario, Natalia Andrés, Journal of Feminist, Gender and Women Studies, 15:5-35, 2023
Laura Arévalo, Elena Gálvez y Rebeca Pardo

esta, etc.), estos estímulos podrían llegar a ser estímulos condicionados de


una respuesta de excitación e incluso de orgasmo.
De hecho, existen numerosos estudios experimentales al respecto. El
estudio clásico de Rachman (1966) mostraba que una bota de cuero de
mujer (estímulo neutro) que había sido emparejada previamente con
imágenes de mujeres desnudas, llegó a provocar erecciones en los hombres
en ausencia de las imágenes excitantes. Después de este estudio, Rachman
y Hodgson (1968) demostraron la erección condicionada en hombres
heterosexuales y homosexuales provocada por círculos o cuadrados
emparejados previamente con vídeos eróticos. En esta línea, la explicación
del origen de las “parafilias sexuales” basadas en el condicionamiento
pavloviano ha sido también respaldada ampliamente por la literatura
científica (Pfaus et al., 2020; Wiederman, 2003). Asimismo, también se han
identificado procesos de aprendizaje por condicionamiento pavloviano en
adicción al cibersexo (Snagowski et al., 2016). En definitiva, el conjunto de
evidencia viene a demostrar que la excitación sexual es susceptible de
condicionamiento.
Es interesante mencionar que las características de los estímulos
visuales que se suceden en el visionado de pornografía pueden facilitar,
además, la generalización del aprendizaje a otros estímulos. Cuanto más se
parezcan unos estímulos a otros, más fácil es que se “transfiera” el
aprendizaje de un estímulo a otro. Por ejemplo, partiendo del caso
mencionado de las botas de cuero (estímulo condicionado) que provocan
una erección (respuesta condicionada); es posible que otros estímulos
similares en sus propiedades físicas (ej. tacones, calcetines, etc.),
simplemente por su parecido, puedan llegar a provocar respuestas de
excitación sexual similares, sin que se hayan dado, como tal, experiencias de
emparejamiento directas.
Por tanto, la susceptibilidad y facilidad con la que se aprende a asociar
estímulos en los contextos con los que se está en contacto, unido al consumo
masivo de pornografía que se hace y a las características de la misma, hacen
que sea fundamental reflexionar sobre qué asociaciones pavlovianas se
pueden producir durante el visionado de este tipo de material audiovisual,
con independencia de la voluntad de los consumidores.

3.2. ¿Por qué se consume un contenido pornográfico de mayor


violencia cada vez?
Llegados a este punto, cabe plantearse qué fenómenos pueden
explicar por qué se consume un contenido pornográfico violento y por qué
este acaba resultando excitante. En general, ante cualquier estimulación
17
Inés Abalo, Mónica Alario, Natalia Andrés, Journal of Feminist, Gender and Women Studies, 15:5-35, 2023
Laura Arévalo, Elena Gálvez y Rebeca Pardo

continua y constante se produce un proceso conocido como habituación por


el que la intensidad con la que se responde a dicha estimulación disminuye
(Pérez et al., 2010). La pornografía que se visualiza de manera frecuente
incluye escenas que muestran una violencia muy explícita hacia las mujeres
(para más profundidad sobre esto, revisar el apartado 2.2). Estos contenidos
violentos podrían generar, de forma habitual, respuestas de activación, pero
dándose un consumo masivo y continuo, se favorece que los consumidores
se acostumbren a ver estas imágenes de violencia contra las mujeres,
produciéndose habituación y por tanto una reducción en la intensidad de la
respuesta de activación. No obstante, si hay un cambio en las cualidades de
la estimulación (porque aparecen imágenes novedosas, más violentas o
impactantes) será probable que dicha respuesta de activación vuelva de
nuevo a ser intensa, lo que va a influir en el tipo de consumo que se hace de
pornografía, buscándose cada vez imágenes más violentas.
Si bien es cierto que, en un inicio, ver este contenido violento puede
generar respuestas de malestar (se aprende a nivel social que, si se ve a otro
sufriendo significa que hay un peligro y se experimenta activación o rechazo,
por procesos de condicionamiento clásico) ante la visualización continuada
y carente de señales de peligro, estas respuestas de malestar van dejando
de aparecer, proceso que se denomina extinción clásica (Pérez et al., 2010).
Además, como ya se ha explicado previamente, al acompañar con frecuencia
la visualización de pornografía con masturbación, se terminan asociando las
respuestas de excitación con estas escenas violentas. La visualización de
pornografía violenta, por tanto, se enmarca como el contexto idóneo donde
se produce un fenómeno conocido como contracondicionamiento por el
cual las escenas violentas pasan de generar inicialmente respuestas de
rechazo, a generar respuestas de excitación (es decir, el mismo estímulo
genera respuestas contrarias a las que generaba previamente, Pérez et al.,
2010). Por tanto, que se den estos aprendizajes, unido al fenómeno de
habituación, probabiliza que el consumo de pornografía que se realice sea,
cada vez, más violento, manteniendo a los consumidores en perpetua
búsqueda de estímulos que compitan en novedad, intensidad, y que se
asocien de nuevo con las respuestas de excitación presentes en la
masturbación.
Fuera del contexto de la pornografía, es habitual que estos
comportamientos violentos sí que generen rechazo de manera general,
puesto que en la comunidad socioverbal en la que nos encontramos hacer
daño a alguien se etiqueta como una conducta que está mal e incluso puede
ser penada por ley (Ballester et al., 2022; Hatfield, Cacioppo y Rapsen, 1993;
Mowrer, 1954; Singer et al., 2004). Sin embargo, existe una diferencia en
18
Inés Abalo, Mónica Alario, Natalia Andrés, Journal of Feminist, Gender and Women Studies, 15:5-35, 2023
Laura Arévalo, Elena Gálvez y Rebeca Pardo

cómo se conciben los comportamientos violentos dentro del contexto


“sexual”, respecto al resto de contextos. Si bien en los demás contextos se
entiende que los comportamientos violentos no son adecuados, en el
contexto que se percibe como “sexual” o privado, dentro del cual se incluye
la pornografía, se entiende que este tipo de comportamientos no son
violencia, generándose así una diferencia entre el efecto que produce el
visionado de este tipo de comportamientos dentro del ámbito “sexual” y
fuera del mismo. Este tipo de aprendizaje, que permite diferenciar qué
respuestas se aprenden en un contexto respecto de otro, se denomina
discriminación (Pellón et al., 2014).
Por último, al producirse estos procesos de habituación y extinción, es
probable que el contenido de los videos pornográficos, que inicialmente
generaba excitación sexual (reforzador), llegue a un punto en el que pierda
su valor como reforzador debido a las múltiples repeticiones y a que deja de
ser un contenido novedoso. A este fenómeno se le denomina saciación
(Pérez et al., 2010). Esto favorece que el consumidor de pornografía busque
otro tipo de videos y de contenidos que le provoquen una estimulación más
intensa que a la que se ha habituado. Al igual que si comiésemos tarta todos
los días, llega un momento que el sabor de esta (reforzador) ya no produce
las mismas sensaciones que las primeras veces y cambiamos nuestra
elección con respecto al postre. Esta escalada en la violencia que se produce
durante el consumo de pornografía queda reflejada en estudios actuales
como el de Jovanovski y Tyler (2023), donde se recoge la frecuente
visualización de contenido pornográfico violento, así como la dificultad de
los hombres para identificarlo como tal una vez se convierten en
consumidores habituales.

3.3. ¿Por qué se consume pornografía de manera masiva?


Siguiendo los apartados anteriores, el consumo de pornografía no se
produce en el vacío, sino en interacción con el ambiente que rodea al
individuo. Este ambiente a veces se refiere a la cultura específica donde se
encuentra la persona, los grupos sociales que le rodean o la educación que
recibe (apartado 2.3); pero otras, se refiere a cada una de las consecuencias
inmediatas que siguen a su comportamiento.
Las consecuencias inmediatas que siguen al comportamiento del
individuo modifican el mismo de manera constante, lo cual, como se ha
recogido anteriormente, no tiene por qué tener relación con aprendizajes
voluntarios o deliberados. Por ejemplo, puede que de camino al trabajo se
dé con mayor probabilidad la decisión de ir por la calle A que por la calle B,
porque al ir por la calle A (comportamiento) me encuentro que está
19
Inés Abalo, Mónica Alario, Natalia Andrés, Journal of Feminist, Gender and Women Studies, 15:5-35, 2023
Laura Arévalo, Elena Gálvez y Rebeca Pardo

tranquila, una vendedora me regala un dulce, me cruzo con una persona a


la que aprecio u otras situaciones que favorecen que vuelva a pasar por la
calle A (reforzamiento). Mientras que al ir por la calle B (comportamiento)
me encuentro que está obras, hace mucho calor o se da otra situación que
implica que el que vuelva a pasar por la calle B disminuya su probabilidad
(castigo). A este tipo de aprendizaje se le ha denominado condicionamiento
operante.
Partiendo de que el comportamiento de consumo de pornografía es
representativamente frecuente, especialmente en hombres (apartado 2.1),
se podría hipotetizar que se trata de un comportamiento seguido por
reforzadores. Es decir, las consecuencias que siguen al consumo de
pornografía aumentan la probabilidad de que este comportamiento vuelva
a repetirse.
En un principio, ante variables como las nombradas anteriormente
(cultura pornificada, ausencia de educación sexual, presiones del grupo
social, socialización de género masculina basada en la sexualidad, etc.) y
frente a una serie de situaciones facilitadoras (privacidad, tener un
dispositivo electrónico disponible, curiosidad…), se favorece que los varones
busquen contenido pornográfico junto a la conducta masturbatoria. Esto
suele ir seguido de consecuencias inmediatas como la excitación sexual, y
posterior eyaculación, así como la reducción de la incertidumbre con
respecto a la sexualidad y la obtención de la información buscada
(reforzamiento). Estas consecuencias inmediatas aumentan las
probabilidades de que ante las mismas situaciones facilitadoras o similares
se vuelvan a dar los mismos comportamientos.
Otra de las consecuencias destacables que influyen en que aumente la
probabilidad del consumo de pornografía es que ésta facilita que los varones
entren en contacto con variables que han sido de gran relevancia en los
procesos de aprendizaje de su comportamiento y en el contexto patriarcal
en el que éste se desarrolla. Estas variables son las relacionadas con el
control y la dominación (ver apartado 2.3). Como se ha nombrado
anteriormente, al consumir pornografía, la cual incluye frecuentemente
conductas de dominancia y control hacia las mujeres, se podría hipotetizar
que el hombre entra en contacto de manera vicaria (a partir de observación
de su semejante en la pantalla) con estos comportamientos y con las
sensaciones (normalmente agradables) ligadas a ellos. Al igual que a los
hombres les puede resultar agradable ver en una película a otro hombre
triunfar en su carrera, derrotar a un enemigo o marcar un gol en un partido
de fútbol, el consumo de pornografía les pone en contacto con variables que

20
Inés Abalo, Mónica Alario, Natalia Andrés, Journal of Feminist, Gender and Women Studies, 15:5-35, 2023
Laura Arévalo, Elena Gálvez y Rebeca Pardo

son también de gran importancia y que favorecerán que se vea aumentada


la probabilidad de volver a consumir pornografía (reforzador).
Finalmente, la pornografía, siguiendo la definición propuesta
anteriormente, es un contenido audiovisual que se interpreta como “sexo”
explícito. Esto favorece otras dos variables que influyen en este consumo
masivo. En primer lugar, el hecho de que sea un material audiovisual le hace
formar parte de una de las estimulaciones más valoradas y consumidas
actualmente por los individuos (películas, series, vídeos de Youtube…),
especialmente por las generaciones más recientes (Cortés et al., 2023). En
segundo lugar, el entendimiento de la pornografía como “sexo” explícito
hace que este contenido favorezca el acceso a otra de las estimulaciones
más valoradas en una cultura pornificada y patriarcal. Siguiendo esto, el
consumo de pornografía se convierte frecuentemente en la principal
herramienta para la obtención de la satisfacción sexual en los varones y en
una de las formas más fáciles de poder llegar a esta “sexualidad” buscada
que conforma uno de los pilares principales en la masculinidad.

3.4. ¿Qué reglas de comportamiento se extraen de la pornografía?


Tal y cómo se ha descrito anteriormente, el consumo de pornografía
puede influir en la conducta “sexual” de muy diversas maneras: lo hace en
la medida en que se aprende en función de las consecuencias
experimentadas a consumir más pornografía, a masturbarse durante su uso,
a consumir contenidos más violentos…todo ello por las consecuencias que
se experimentan al hacerlo. También se ha descrito cómo influye en la
conducta de excitación, dado que algunos estímulos que no generaban
ninguna respuesta sexual se condicionan y acaban generando respuestas de
excitación. Así, hasta ahora se ha basado el análisis en aquellos aprendizajes
que se producen mediante experimentación directa con lo que está
sucediendo. Sin embargo, sabemos que no es necesario haber
experimentado las consecuencias de hacer ciertas cosas para haber
aprendido qué pasará si se hacen. Por ejemplo, no es necesario haber
experimentado el atropello de un coche para saber que antes de cruzar hay
que mirar a ambos lados de la carretera o que cuando el semáforo está en
rojo es mejor no cruzar. Este tipo de aprendizajes que ponen en relación un
comportamiento determinado con la consecuencia que tendrá (con la
estructura “Si… entonces”), es lo que se conoce como reglas de
comportamiento (Skinner, 1969), y son fundamentales para la adaptación al
mundo sin tener que experimentar continuamente las posibles
consecuencias de esos actos. Cabe destacar además que existe evidencia
científica que muestra una alta resistencia a comportarse acorde a claves
21
Inés Abalo, Mónica Alario, Natalia Andrés, Journal of Feminist, Gender and Women Studies, 15:5-35, 2023
Laura Arévalo, Elena Gálvez y Rebeca Pardo

contextuales cuando se han aprendido reglas bien consolidadas. Por


ejemplo, esperar que el semáforo se ponga en verde para cruzar el paso de
cebra con independencia de que no venga ningún coche sería un
comportamiento controlado por la regla y no por las circunstancias
particulares de esa situación (Matthews et al., 1977; Shimoff et al., 1981). Es
decir, el comportamiento guiado por reglas puede hacer más difícil que uno
se “salga” de ese comportamiento incluso aunque se reciban consecuencias
o señales claras por ello. Se puede hipotetizar, por ejemplo, en el caso del
consentimiento, que la regla aprendida “Dice que no, pero en realidad le
gusta”, podría guiar la conducta de insistir e iniciar una aproximación
“sexual” incluso aunque la otra persona esté dando muestras de
incomodidad o esté verbalizando que no le apetece, siendo en este caso un
comportamiento guiado por la regla aprendida más que por las claves
contextuales.
Estas reglas se construyen socialmente, por lo tanto, a veces son
diferentes en cada uno de los contextos socioverbales con los que
interactuamos. Pese a ellos, existen una serie de normas sociales que son
comunes a la mayoría de los contextos, siendo el control que ejercen sobre
el comportamiento variable entre individuos.
Dentro de las reglas de conducta que se aprenden, destacan aquellas
que se refieren al ámbito interpersonal. Mediante ellas, se ponen en relación
los comportamientos de un individuo con los del resto de personas y las
consecuencias esperadas de los mismos. La adquisición de este tipo de
reglas se produce a lo largo de toda la vida, como consecuencia de la
interacción con todos los contextos con los que se está en contacto. Y, como
ha quedado patente, uno de estos contextos es, de manera muy extendida
y desde edades muy tempranas, la pornografía, de especial influencia
teniendo en cuenta las variables disposicionales explicadas en el apartado
2.3. En consecuencia, la pornografía constituye con frecuencia el principal
contexto en el que se extraen reglas de comportamiento de índole “sexual”,
convirtiéndose así en un agente educador acerca de qué podemos esperar
en el ámbito “sexual” y de qué comportamientos llevar a cabo.
Las reglas de comportamiento que se pueden adquirir en la
pornografía son múltiples y variadas. Algunas de ellas son comúnmente
conocidas y estudiadas como "mitos de la sexualidad", y llevan a interiorizar
una manera de actuar en el plano “sexual” que no se corresponde con el
funcionamiento del cuerpo humano y a construir una sexualidad que no es
afectivamente responsable, y que no tiene en cuenta el placer mutuo y
respeto de todos los/las participantes. Por ejemplo, se muestra
constantemente que la mujer obtiene el mayor placer mediante la
22
Inés Abalo, Mónica Alario, Natalia Andrés, Journal of Feminist, Gender and Women Studies, 15:5-35, 2023
Laura Arévalo, Elena Gálvez y Rebeca Pardo

penetración y está preparada para la penetración en cualquier momento,


que los mal llamados preliminares o las prácticas que no sean penetración
no son sexo o que el hombre necesita tener una erección para que se pueda
tener sexo y si no la tiene, no es suficientemente hombre. A través de la
visualización de este tipo de contenidos se extraen reglas de
comportamiento que guían a las personas a la hora de actuar en el plano
sexual, con los problemas que esto puede conllevar.
Algunas de las reglas que se extraen con la visualización de la
pornografía han sido menos estudiadas o reconocidas que los mitos de la
sexualidad, por lo que a continuación se resumen algunos ejemplos:
- “Si una mujer dice que no en realidad quiere decir que sí” (Alario,
2020b: 222): la negativa de las mujeres no es un indicativo de que
quieran parar realmente, por lo que la conducta a emitir es seguir
con la práctica que se esté llevando a cabo. De hecho, aunque una
mujer llore o grite, eso o bien no significa que quiera parar, o bien los
hombres no lo hacen y siguen disfrutando, por lo que se muestra que
no es necesario atender a ese sufrimiento o petición de parar.
- “Si se insulta o humilla a una mujer, se obtiene excitación”: por tanto,
se aprende que este tipo de conductas violentas hacia las mujeres es
adecuado y excitante.
- “Si una mujer está dormida, en estado de embriaguez o inconsciente,
es adecuado y excitante llevar a cabo prácticas “sexuales””, por
tanto, se aprende que es adecuado realizar prácticas sexualmente
excitantes para los hombres, sin identificar que dichos
comportamientos son violencia sexual (Alario, 2020b: 230-234).
Asimismo, se enmarca, de manera constante, en una posición de
mayor importancia la satisfacción sexual del hombre respecto a la
seguridad de la mujer (y, por supuesto, respecto al placer y deseo de
la mujer, o incluso a lo innecesario de su consciencia).
- “Si te encuentras en un plano sexual, está bien llevar a cabo este tipo
de conductas violentas, porque son excitantes y adecuadas” (Alario,
2020b: 377): es decir, como hombre se aprende que en el contexto
interpersonal llevar a cabo estos comportamientos es normal y no
hay consecuencias.
- “Si eres hombre, tienes derecho a utilizar el cuerpo de cualquier
mujer o niña para satisfacer cualquiera de tus deseos, con
independencia de que ellas quieran o no y tengan la edad que
tengan” (Alario, 2020b: 377): en la pornografía se muestra,
sistemáticamente, cómo el hombre (como sujeto) tiene derecho a
que se cumplan todos sus deseos, sin excepción, y cómo las mujeres
23
Inés Abalo, Mónica Alario, Natalia Andrés, Journal of Feminist, Gender and Women Studies, 15:5-35, 2023
Laura Arévalo, Elena Gálvez y Rebeca Pardo

(objeto) están ahí para cumplirlos, independientemente de lo que


ese cumplimiento suponga para la mujer o de la edad que tenga.
- “La penetración es la práctica principal, y si hay penetración (bucal,
anal y vaginal), las mujeres llegarán al orgasmo y disfrutarán” con
independencia de que se lleve a cabo o no estimulación clitoriana y
de que la mujer esté preparada a nivel fisiológico para la penetración.
De hecho, se asume que las mujeres, tan solo con ver la excitación
del hombre (erección) estarán suficientemente excitadas para llevar
a cabo esas prácticas sin dificultad, algo que se aleja completamente
de la realidad.
- “Si quieres tener una práctica sexual, la comunicación no es
necesaria”, por tanto, se aprende que no es necesario que haya
ningún comportamiento verbal durante la interacción sexual.
En definitiva, queda patente que estas reglas de comportamiento, cuya
adquisición se probabiliza con el consumo de pornografía, pueden
terminar guiando el comportamiento “sexual” de los hombres, tanto
en solitario como en compañía de otras personas. Debido a su
contenido, dichas reglas dan lugar a que se probabilice la aparición
de comportamientos violentos en la interacción “sexual”.

3.5. ¿Qué consecuencias tiene el consumo de pornografía en las


relaciones interpersonales?
Los aprendizajes que se posibilitan con el consumo de pornografía
pueden generalizarse a otras situaciones, transfiriéndose a contextos
interpersonales. Dicha generalización dependerá, en última instancia, de
variables específicas de cada individuo, por lo que abordar este aspecto en
términos generales no está exento de dificultades. En esta sección, por ende,
se hará una breve aproximación al respecto debido a limitaciones de
espacio.
En primer lugar, es necesario analizar las variables que aumentan la
probabilidad de que la generalización de dichos aprendizajes a contextos
interpersonales tenga lugar. Dos de ellas han sido mencionadas con
anterioridad: la ausencia de una historia de aprendizaje previa en relación
con la sexualidad que compita con los aprendizajes que se posibilitan
durante el consumo de pornografía (ver sección 2.3) y la construcción de
reglas de comportamiento sobre la conducta “sexual” que puedan
adquirirse durante el consumo de pornografía y que, con posterioridad,
guíen la conducta en las relaciones interpersonales (ver sección 3.4).
Además de ello, cabe destacar:

24
Inés Abalo, Mónica Alario, Natalia Andrés, Journal of Feminist, Gender and Women Studies, 15:5-35, 2023
Laura Arévalo, Elena Gálvez y Rebeca Pardo

- La pornografía es usualmente entendida como “material audiovisual


que muestra “sexo” explícito”, lo que incrementa la probabilidad de
que sus consumidores entiendan su contenido como “prácticas
“sexuales””. Debido a la alta presencia de violencia que la
pornografía más consumida presenta (ver sección 2.1), se probabiliza
que prácticas violentas que se visualizan pasen a ser etiquetadas
lingüísticamente como “prácticas “sexuales””. Dicho etiquetado
lingüístico, en contraposición con etiquetas alternativas con
significado negativo (ej. “práctica violenta”, “práctica no deseada por
ella”, “práctica no consentida”, “violación”, etc.) probabiliza su
aparición en el contexto sexual interpersonal.
- Asimismo, el bajo coste que posee emitir algunos de los
comportamientos observados en la pornografía aumenta la
probabilidad de su aparición en el contexto interpersonal. Ejemplos
de ello pueden ser “escupir”, “abofetear” o “dar un tirón del pelo”:
su bajo coste es notable especialmente si se compara con otras
formas de violencia (ej. “atracar un banco” implica una cadena
conductual larga y costosa que incluye aspectos como hacerse con
un arma, hacerse con los planos del lugar, planificar el asalto,
planificar la huida, etc.).
- Otra variable que aumenta la probabilidad de la generalización al
contexto interpersonal es la ausencia de consecuencias en dicho
contexto que funcionen como “castigo” (ver sección 3.3) y
disminuyan, por tanto, su probabilidad de aparición en el futuro.
Todo comportamiento ha de ser entendido en interacción con el
contexto y con el resto de individuos que lo conforman. Por ese
motivo, es relevante entender el repertorio conductual que posee la
otra persona presente en la interacción sexual (una mujer, por estar
este artículo centrado en el consumo de pornografía que hacen los
hombres heterosexuales). Pese a que desarrollar este aspecto con el
nivel de detalle que merece supera las limitaciones de espacio, cabe
destacar que los aprendizajes asociados a la socialización de la mujer
en lo relativo a la sexualidad, entre los que destacan satisfacer el
deseo masculino y en el que oponerse a determinadas prácticas está
castigado (“neomonja”, “puritana”), disminuye la probabilidad de
que, con frecuencia, ellas interrumpan la interacción “sexual”, se
opongan explícitamente con sus peticiones o den lugar a
comportamientos que podrían funcionar como castigo. En caso de
que ellas de hecho realizaran estos comportamientos, es también
posible que dichas conductas no sean efectivas (el hombre no pare
25
Inés Abalo, Mónica Alario, Natalia Andrés, Journal of Feminist, Gender and Women Studies, 15:5-35, 2023
Laura Arévalo, Elena Gálvez y Rebeca Pardo

la interacción o modifique su comportamiento ante ellos) o hayan


sido incluso erotizados, como consecuencia de los aprendizajes
realizados durante el consumo de la pornografía.
- Además de ello, características propias del contenido de la
pornografía como su variabilidad hacen más probable esta
generalización. Como se explica en el apartado 3.1, cuanta más
similitud tengan ciertos estímulos más probable es que acaben
generando la misma respuesta. Esto no sólo ocurre con reacciones
como la excitación sexual, sino que también ocurre con otros
comportamientos y con las consecuencias asociadas a los mismos. La
pornografía muestra una diversidad de situaciones y contextos
(mujeres dormidas, relaciones profesor-alumna, situaciones
familiares, fiestas, cárceles, casting, masajes, clases de deporte, etc.)
ante los cuales determinados comportamientos (como iniciar una
interacción “sexual”) son efectivos. Esta variabilidad aumenta las
probabilidades de que exista similitud entre las situaciones
mostradas por la pornografía y otras situaciones que se dan en
nuestros contextos interpersonales probabilizando que estas se
conviertan en situaciones facilitadoras que indiquen que ciertos
comportamientos serán efectivos en caso de darse.
- Por último, cabe destacar la plausibilidad de llevar a cabo lo filmado
en los videos pornográficos por ser este contenido no simulado.
Aunque son socialmente reconocibles afirmaciones tales como “la
pornografía es ficción”, lo cierto es que se trata de un material
audiovisual muy diferente al que se puede encontrar en una película
o una serie. Por ejemplo, ante una escena de un atraco las acciones
de actores y actrices, las conductas violentas (puñetazos, patadas…),
las consecuencias de las mismas (sangre, moretones…) son en su
mayoría fingidas, es decir, se utilizan una serie de estrategias (efectos
visuales, maquillaje, coreografías…) para simular que ha ocurrido lo
que se pretende mostrar. Por el contrario, ante una escena de un
vídeo pornográfico las conductas “sexuales” (penetración,
eyaculación…), el resto de las prácticas que se realizan (golpes,
bofetadas…) y las consecuencias de las mismas (sangre, moretones,
enrojecimiento de la piel…) no son simuladas, sino que ocurren
realmente durante la filmación del vídeo. Algunos comportamientos
que sí pueden ser simulados son los relacionados con la expresión de
la excitación sexual, especialmente de las mujeres que aparecen en
los vídeos. El carácter no simulado de la pornografía es relevante
porque, generalmente, la visualización de una conducta llevada a
26
Inés Abalo, Mónica Alario, Natalia Andrés, Journal of Feminist, Gender and Women Studies, 15:5-35, 2023
Laura Arévalo, Elena Gálvez y Rebeca Pardo

cabo por otra persona funciona como modelo para la que lo visualiza.
Esto ocurre de manera más probable (es decir, más probabilidad de
generalización a otros contextos), cuanto más se parece el escenario
visualizado a un escenario real (Bandura, 1982; Peralbo et al., 1990),
por ejemplo, cuanto más cercano a la realidad sea lo visualizado, sin
que intermedien variables simuladas.
Todas estas características aumentan la probabilidad de que los
aprendizajes adquiridos durante el consumo de pornografía se generalicen
a contextos de interacción “sexual”. Podemos por tanto entender cómo su
consumo, lejos de ser inocuo, no afecta únicamente a la persona que lo
consume, sino también a aquellas con las que interactúe “sexualmente”.
De esta forma, es probable que determinados estímulos observados
en la actriz a través de la pantalla (ej., una mueca de dolor en la actriz, una
queja, una resistencia ante la interacción “sexual”) que han terminado
produciendo excitación sexual, se generalicen al contexto interpersonal. De
este modo, estos mismos estímulos, al ser observados en la mujer con la que
se está interactuando, pueden llegar a producir excitación sexual. De igual
manera, es probable que se generalice la excitación sexual producida por
otro tipo de estímulos observados en pantalla (ej., una mujer dormida, una
mujer inconsciente, una mujer embriagada como consecuencia del alcohol,
una mujer gritando de dolor, una mujer diciendo que no, una mujer llorando,
una preadolescente o niña, etc.). Así, es probable que este tipo de
situaciones, ajenas al contexto sexual, puedan igualmente pasar a producir
excitación sexual.
Por otro lado, dicha respuesta de excitación sexual puede llegar a
funcionar como una variable motivadora de comportamientos de inicio o
continuación de la interacción sexual (es decir, dicha excitación puede
aumentar la probabilidad de que estos comportamientos se den). No
etiquetar lingüísticamente a estos comportamientos como formas de
violencia y hacerlos, en cambio, como “sexo”, aumenta la probabilidad de
que, ante la excitación sexual, estos comportamientos de inicio o
mantenimiento de interacción “sexual” se produzcan.
Es también necesario destacar que los aprendizajes adquiridos
durante el consumo de pornografía pueden incrementar la probabilidad de
que ciertos comportamientos de la mujer (ej. expresiones en las que expresa
dolor, en los que pide una pausa en la interacción “sexual” o algún cambio
en la misma) dejen de indicar que la interacción “sexual” ha de ser
modificada, terminada e, incluso, dejen de ser indicativos de iniciar una
conducta de ayuda hacia la mujer. Las reglas de comportamiento que se
construyen durante el consumo de pornografía (ver apartado 3.4), la
27
Inés Abalo, Mónica Alario, Natalia Andrés, Journal of Feminist, Gender and Women Studies, 15:5-35, 2023
Laura Arévalo, Elena Gálvez y Rebeca Pardo

erotización de la violencia, la erotización de la relación de poder sobre la


mujer y los aprendizajes asociados a la socialización femenina, aumentan la
probabilidad de que el comportamiento de la mujer no tenga control sobre
el comportamiento del varón en la interacción “sexual”.

4. CONCLUSIONES
Se comenzaba el artículo con el principal objetivo de comprender,
desde un punto de vista psicológico, un fenómeno con gran relevancia social
como es el consumo de pornografía y los aprendizajes que el mismo
posibilita. Gran parte de la importancia de este análisis radica en el
contenido altamente violento que posee la pornografía más consumida y la
posible influencia entre su consumo y el ejercicio de violencia sexual (Alario,
2020, Layden, 2021). En tanto que ciencia del comportamiento, la psicología
ofrece un marco de explicación e intervención privilegiado para entender e
intervenir en cualquier cuestión que implique comportamiento social. De
hecho, explicar de forma científica los comportamientos sociales permite
precisamente restar influencia a explicaciones normativas (y
descontextualizadas) que perpetúan el inmovilismo en tanto que el
contenido de dichas explicaciones es inalcanzable o inabarcable
(Holland,1978).
A lo largo de este artículo se ha expuesto cómo el comportamiento de
las personas, en tanto que se aprende, puede ser explicado atendiendo
tanto a las variables inmediatas presentes en el momento como al contexto
social e histórico donde dicho comportamiento se produce. El consumo de
pornografía, en tanto que comportamiento, puede ser igualmente
explicado. A continuación, se recogen las conclusiones principales que
pueden extraerse del análisis aquí planteado:
(1) El consumo de pornografía es un contexto de aprendizaje. Durante
su visionado, las personas aprenden: a excitarse ante determinadas
prácticas, reacciones o imágenes, qué comportamientos son efectivos en
situaciones similares, a consumir pornografía de forma masiva, a que ese
consumo sea cada vez de contenido más violento y una serie de reglas de
comportamiento que indican qué esperar y cómo actuar en una situación
“sexual”. Debido a la frecuencia y lo extendido de su consumo, la
pornografía constituye el principal agente socializador de comportamientos
que pueden darse en una situación “sexual”.
(2) Estos aprendizajes ocurren de manera independiente al deseo o
voluntad de los consumidores de adquirirlos o de no hacerlo. Las variables
disposicionales (ver sección 2.3) hacen que estos aprendizajes sean
especialmente potentes para cualquier consumidor. El trabajo aquí
28
Inés Abalo, Mónica Alario, Natalia Andrés, Journal of Feminist, Gender and Women Studies, 15:5-35, 2023
Laura Arévalo, Elena Gálvez y Rebeca Pardo

presentado se ha centrado en el análisis de variables que, de manera


habitual, son relevantes para entender, en general, el consumo de
pornografía. Cabe destacar, por ende, que para explicar la adquisición de
aprendizajes que un individuo concreto realizará será necesario, en última
instancia, analizar las características específicas de su contexto particular.
(3) La pornografía es un espacio en el que se muestra continuamente
violencia contra las mujeres sin ningún tipo de consecuencia aversiva.
Muchas de las prácticas que pueden visualizarse en la pornografía (descritas
en el apartado 2.1) son comportamientos sujetos a consecuencias aversivas
en una gran variedad de contextos sociales diferentes a las situaciones
“sexuales” que se muestran en la pornografía. Por ejemplo, las
consecuencias de agredir verbal o físicamente son distintas en el ámbito
público que en las situaciones “sexuales” mostradas en los videos
pornográficos. Mientras en un contexto se castigan socialmente, en el otro
se muestran como parte de un conjunto de comportamientos que acaban
teniendo éxito en tanto que terminan en orgasmo y eyaculación. Incluso,
más allá de aprenderse como comportamientos exitosos, los
comportamientos violentos acaban excitando. En palabras de Layden (2021)
“la pornografía enseña que la violencia es sexy” (p. 59).
(4) La violencia contra las mujeres que se muestra en la pornografía es
entendida como “prácticas sexuales”. Si bien es cierto que las personas
aprenden qué comportamientos son efectivos en función de la situación, la
pornografía no permite diferenciar, de hecho, no diferencia, las prácticas de
violencia contra las mujeres de “sexo” o “relaciones sexuales”, integrándolas
dentro de estas categorías. Esto es especialmente relevante debido a que, al
igual que se aprende a reaccionar ante determinadas prácticas, imágenes,
personas, etc. también se reacciona ante las palabras que las designan
(Mowrer, 1954). Así es que, como miembros de la misma comunidad verbal,
se suele experimentar rechazo ante palabras como “violencia sexual”,
“violación”, “abuso sexual” o “agresión sexual”. Pero “violencia” no es solo
una palabra, sino que hace referencia a un conjunto de comportamientos, la
mayoría de los cuales son mostrados en la pornografía bajo la categoría
lingüística “sexo”. La relevancia de esta característica es mayúscula, ya que
aprender que las prácticas violentas contra las mujeres forman parte del
“sexo” influye, entre otras cosas, tanto en la forma de relacionarse con ellas
como en la reacción que se tiene ante estas prácticas cuando se producen.
En tanto que es “sexo” y no “violencia”, las consecuencias principales
cuando se perpetúen (o se visualicen, o se sufran) no serán de rechazo, lo
que contribuirá a su mantenimiento y generalización a otros contextos que

29
Inés Abalo, Mónica Alario, Natalia Andrés, Journal of Feminist, Gender and Women Studies, 15:5-35, 2023
Laura Arévalo, Elena Gálvez y Rebeca Pardo

se etiquetarán como “sexuales” dependiendo de las variables que estén


presentes en cada situación.
(5) Los potentes aprendizajes que se producen por el consumo de
pornografía no se limitan al individuo que consume pornografía ni al
contexto en el que la consume, sino que se extrapolan a las relaciones
interpersonales. Es probable que, en consecuencia, dichos aprendizajes
fomenten la violencia sexual, contribuyan a dictar lo que es “sexual”, lo que
es placer y, una vez más, la normatividad de lo femenino y de lo masculino.
Por tanto, conducen, inevitablemente, a la reproducción del sistema
patriarcal en la que los hombres siguen teniendo un rol de dominio y poder.
La realidad de la pornografía, lo que es y lo que supone, permanece
oculta por muy diversas razones. En lo que respecta al marco de
conocimiento y objetivo de este trabajo, pueden destacarse principalmente
dos motivos, que se derivan del análisis presentado. El primero de ellos es
su normalización a través de las reglas culturales que dictan qué es un
comportamiento propio de varones. Si el consumo de pornografía está
normalizado significa, a día de hoy, que la violencia sexual presente en el
mismo también lo está. Normalizar el consumo de pornografía parece
desplazar la responsabilidad a un ente genérico y difuso, debido a que la
mayoría de los hombres consumen pornografía (Cobo, 2020). El segundo
motivo que hace que permanezca oculta la realidad de la pornografía es su
naturalización. Por una parte, se ha convertido en material cultural popular;
por otra, se aprende a erotizar la dominación masculina en las prácticas
“sexuales” visualizadas, lo que hace que no se perciba la violencia como tal
o la falta de derechos. Cuando las causas de los comportamientos opresivos
permanecen ocultas, las posibilidades de cambio son inexistentes y las
personas afectadas no se sentirán interpeladas o afectadas. El presente
artículo pretende haber contribuido a desenmascarar algunos de los
mecanismos que contribuyen al mantenimiento del consumo de
pornografía, así como las consecuencias que el mismo posee en lo relativo a
la “sexualidad” de sus consumidores y en las relaciones “sexuales” que
establecen con mujeres, poniendo especial énfasis en su influencia en la
violencia sexual. Contribuir a entender qué aprendizajes fomentan las
mismas permitirá llevar a cabo cambios que contribuyan a solucionar este
problema. Siguiendo a Skinner (1971): solo así evoluciona la cultura.

30
Inés Abalo, Mónica Alario, Natalia Andrés, Journal of Feminist, Gender and Women Studies, 15:5-35, 2023
Laura Arévalo, Elena Gálvez y Rebeca Pardo

5. REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
Alario, Mónica. 2020a. La reproducción de la violencia sexual en sociedades
formalmente igualitarias: un análisis filosófico de la cultura de la
violación actual a través de los discursos y el imaginario de la
pornografía. Tomo I. Editorial Ministerio de Igualdad, Gobierno de
España. Colección Premio de la Delegación del Gobierno contra la
Violencia de Género a Tesis Doctorales sobre Violencia contra la Mujer
(10).
Alario, Mónica. 2020b. La reproducción de la violencia sexual en sociedades
formalmente igualitarias: un análisis filosófico de la cultura de la
violación actual a través de los discursos y el imaginario de la
pornografía. Tomo II. Editorial Ministerio de Igualdad, Gobierno de
España. Colección Premio de la Delegación del Gobierno contra la
Violencia de Género a Tesis Doctorales sobre VIolencia contra la Mujer
(10).
Alario, Mónica. 2021. Política Sexual de la Pornografía. Sexo, desigualdad,
violencia. Madrid: Cátedra.
Alonso, Patricia; Sande, María y Regueiro, Bibiana. 2022. ¿Pornografía al
alcance de un clic? Una revisión de la literatura reciente sobre
adolescentes españoles. Revista de estudios e investigación en
psicología y educación, 9(1): 1–18.
https://doi.org/10.17979/reipe.2022.9.1.8653
Arnett, Jeffrey. 2008. Socialization in emerging adulthood. En Joan Grusec y
Paul Hastings (eds.) Handbook of socialization: theory and research,
208–231. New York: Guilford Press.
Ayllon, Teodoro y Azrin, Nathan. 1968. Reinforcer sampling: A technique for
increasing the behavior of mental patients. Journal of Applied Behavior
Analysis, 1: 13-20. https://doi.org/10.1901/jaba.1968.1-13
Ballester, Lluís; Orte, Carmen y Pozo, Rosario. 2014. Estudio de la nueva
pornografía y relación sexual en jóvenes. Anduli, 13: 165–178.
https://doi.org/10.12795/anduli.2014.i13.10
Ballester, Lluís; Orte, Carmen y Red Jóvenes e Inclusión. 2019. Nueva
pornografía y cambios en las relaciones interpersonales. Barcelona:
Octaedro.
Ballester, Lluís; Rosón, Carlos; Facal, Teresa y Gómez, Rocío. 2022. Nueva
pornografía y desconexión empática. Atlánticas. Revista internacional
de estudios feministas, 6(1): 67-105.
https://doi.org/10.17979/arief.2021.6.1.7075
Bandura, Albert. 1982. Teoría del aprendizaje social. Madrid: Espasa-Calpe.
Baum, William. 2000. Being concrete about culture and cultural evolution.
En Thompson, Nicholas y Tonneau, François (eds.) Perspectives in
ethology: evolution, culture, and behavior. New York: Kluwer
Academic/Plenum Publishers. https://doi.org/10.1007/978-1-4615-
1221-9_7
Bourdieu, Pierre. 2000. La dominación masculina. Barcelona: Anagrama.
Bronstein, Carolyn. 2011. Battling pornography: the american feminist anti-
31
Inés Abalo, Mónica Alario, Natalia Andrés, Journal of Feminist, Gender and Women Studies, 15:5-35, 2023
Laura Arévalo, Elena Gálvez y Rebeca Pardo

pornography movement, 1976-1986. Cambridge: Cambridge


University Press. https://doi.org/10.1017/CBO9780511975929
Brownmiller, Susan. 1981. Contra nuestra voluntad. Barcelona: Planeta.
Cabello, Francisco. 2010. Manual de sexología y terapia sexual. Síntesis.
Cobo, Rosa. 2019. El imaginario pornográfico como pedagogía de la
prostitución. Pornografía y prostitución en el orden patriarcal:
perspectivas abolicionistas, 9(1S): S6–S26.
https://doi.org/10.35295/osls.iisl/0000-0000-0000-1002
Cobo, Rosa. 2020. Pornografía: el placer del poder. Penguin Random House
Grupo Editorial.
Cooper, Danielle y Klein, Jennifer. 2017. College students’ online
pornography use: contrasting general and specific structural variables
with social learning variables. American Journal of Criminal Justice,
43(3): 551–569. https://doi.org/10.1007/s12103-017-9424-4
Cortés, José; Barceló, Teresa y Fuentes, Gonzalo. 2023. El consumo
audiovisual de los Millennials y la Generación Z: preferencia por los
contenidos snackables. Doxa Comunicación, 36: 303-320.
https://doi.org/10.31921/doxacom.n36a1687
De Miguel, Ana. 2021. Sobre la pornografía y la educación sexual: ¿puede
«el sexo» legitimar la humillación y la violencia? Gaceta Sanitaria,
35(4): 379–382. https://doi.org/10.1016/j.gaceta.2020.01.001
Domjam, Michael. 2007. Principios de aprendizaje y conducta. Ediciones
Paraninfo, SA.
Dworkin, Andrea. 1989. Pornography. Men possessing women. New York:
Plume Book.
Dworkin, Andrea y MacKinnon, Catharine. 1989. Pornography and civil
rights: a new day for women’s equality. Minnesota: Organizing Against
Pornography.
El Diario. 2020. Consultado el 10/08/2023.
https://eldiariony.com/2020/12/09/onlyfans-crece-a-un-ritmo-
explosivo-al-compartir-material-intimo-generando-2000-millones-de-
dolares-anuales/
Favaro, Laura y De Miguel, Ana. 2016. ¿Pornografía feminista, pornografía
antirracista y pornografía antiglobalización? Para una crítica del
proceso de pornificación cultural. Labrys, Études Féministes/Estudos
Feministas, 29.
Freixa, Esteve. 2003. ¿Qué es conducta? Revista internacional de psicología
clínica y de la salud, 3(3): 595-613.
Harte, Colin; Barnes-Holmes, Dermot; Barnes-Holmes, Yvonne y Kissi, Ama.
2020. The study of rule-governed behavior and derived stimulus
relations: bridging the gap. Perspectives on behavior science, 43(2):
361–385. https://doi.org/10.1007/s40614-020-00256-w
Hatfield, Elaine; Cacioppo, John y Rapson, Richard. 1993. Emotional
contagion. Current directions in psychological science, 2(3): 96–99.
https://doi.org/10.1111/1467-8721.ep10770953
Hoffmann, Heather; Janssen, Erick y Turner, Stefanie. 2004. Classical
32
Inés Abalo, Mónica Alario, Natalia Andrés, Journal of Feminist, Gender and Women Studies, 15:5-35, 2023
Laura Arévalo, Elena Gálvez y Rebeca Pardo

conditioning of sexual arousal in women and men: effects of varying


awareness and biological relevance of the conditioned stimulus.
Archives of sexual behavior, 33(1): 43–53.
https://doi.org/10.1023/B:ASEB.0000007461.59019.d3
Holland, James. 1978. Behaviorism: part of the problem or part of the
solution? Journal of applied behavior analysis, 11(1): 163-174.
https://doi.org/10.1901/jaba.1978.11-163
Jovanovski, Natalie y Tyler, Meagan. 2023. "Pornography Encouraged Me to
Belittle Women": A Thematic Analysis of Men's Reflections on Violence
Against Women and Ceasing Pornography Use. Violence Against
Women, 29(11): 2266-2287.
https://doi.org/10.1177/10778012221125502
Lameiras, María; Carrera, María Victoria y Rodríguez, Yolanda. 2016. Caso
abierto: la educación sexual en España, una asignatura pendiente. En
Gavidia, Valentín (ed.) Los ocho ámbitos de la educación para la salud
en la escuela, 197-210.
Layden, Mary Anne. 2021. Pornified: pornography’s connection to long-term
damage and violence. Online child sexual exploitation: 57–74.
https://doi.org/10.1007/978-3-030-66654-5_6
Lederer, Laura (Ed.). 1980. Take back the night: women on pornography.
New York: William Morrow.
MacKinnon, Catharine. 1995. Hacia una teoría feminista del Estado. Madrid:
Cátedra.
Matthews, Byron; Shimoff, Eliot; Catania, Charles y Sagvolden, Terje. 1977.
Uninstructed Human Responding: Sensitivity to Ratio and Interval
Contingencies. Journal of the Experimental Analysis of Behavior, 27:
453-467. https://doi.org/10.1901/jeab.1977.27-453
Mowrer, Orval. 1954. The psychologist looks at language. American
Psychologist, 9(11): 660–694. https://doi.org/10.1037/h0062737
Orcasita, Linda y Uribe, Ana. 2010. La importancia del apoyo social en el
bienestar de los adolescentes. Psychologia, 4(2): 69–82.
https://doi.org/10.21500/19002386.1151
Orgaz, Sonia. 2014. Mecanismos asociativos y teorías del condicionamiento
clásico. En Pellón, Ricardo (ed.) Psicología del aprendizaje: 101-147.
UNED.
Paul, Pamela. 2006. Pornified: how pornography is damaging our lives, our
relationships, and our families. New York: Henry Holt & Company.
Pellón, Ricardo; Miguéns, Miguel; Orgáz, Cristina; Ortega, Nuria y Pérez,
Vicente. 2014. Psicología del aprendizaje. UNED.
Peralbo, Manuel; Vázquez, Rodolfo y Méndez, Cástor. 1990. Las claves
contextuales y la edad en la generalización de lo aprendido por
observación. Revista de Psicología General y Aplicada, 43(2): 207-215.
Pérez, Vicente; Gutiérrez, María Teresa; García, Andrés y Gómez, Jesús.
2010. Procesos psicológicos básicos: un análisis funcional. UNED.
Pfaus, James; Quintana, Gonzalo; Mac, Conall; Gerson, Christine; Dubé,
Simon y Coria-Avila, Genaro. 2020. Conditioning of sexual interests
33
Inés Abalo, Mónica Alario, Natalia Andrés, Journal of Feminist, Gender and Women Studies, 15:5-35, 2023
Laura Arévalo, Elena Gálvez y Rebeca Pardo

and paraphilias in humans is difficult to see, virtually impossible to


test, and probably exactly how it happens: a comment on hsu and
bailey. Archives of sexual behavior, 49(5): 1403–1407.
https://doi.org/10.1007/s10508-020-01739-2
Pineda, Susana y Aliño, Miriam. 2002. El concepto de adolescencia. En
Ministerio de salud pública, Cuba (ed.) Manual de prácticas clínicas
para la atención integral a la salud en la adolescencia, 2(3), 15-23.
Pornhub Insights. 2013-2019. Consultado el 10/08/2023.
https://www.pornhub.com/insights/
Rachman, Stanley. 1966. Sexual fetishism: an experimental analogue. The
psychological record, 16(3): 293–296.
https://doi.org/10.1007/BF03393671
Rachman, Stanley y Hodgson, Ray. 1968. Experimentally-Induced “Sexual
Fetishism”: Replication and Development. The Psychological Record,
18(1): 25–27. https://doi.org/10.1007/BF03393736
Russell, Diana. 1993a. Pornography and rape: a causal model. En Diana
Russell (ed.) Making violence sexy: feminists views on pornography,
120-150. Nueva York: Teachers College Press.
Russell, Diana. 1993b. Against pornography. The evidence of harm.
California: Russell Publications.
Save The Children. 2020. Des-información sexual: pornografía y
adolescencia.
Serrano, Gabriel; Villena, Alejandro y Chiclana, Carlos. 2020. Uso de
pornografía en adolescentes y educación sexual. Revista de sexología,
9(2): 52-59.
Shimoff, Eliot; Catania, Charles y Matthews, Byron. 1981. Uninstructed
human responding: Sensitivity of low-rate performance to schedule
contingencies. Journal of the Experimental Analysis of Behavior, 36(2):
207–220. https://doi.org/10.1901/jeab.1981.36-207
Singer, Tania; Seymour, Ben; O’Doherty, John; Kaube, Holger; Dolan,
Raymond y Frith, Chris. 2004. Empathy for pain involves the affective
but not sensory components of pain. Science, 303(5661): 1157–1162.
https://doi.org/10.1126/science.1093535
Skinner, Burrhus Frederic. 1969. Contingencies of reinforcement: a
theoretical analysis. New York: Appleton-Century-Crofts.
Skinner, Burrhus Frederic. 1971. Beyond freedom and dignity. Indiana:
Hackett Publishing Company.
Skinner, Burrhus Frederic. 1977. Ciencia y conducta humana (4ª ed.).
Fontanella.
Snagowski, Jan; Laier, Christian; Duka, Theodora y Brand, Matthias. 2016.
Subjective craving for pornography and associative learning predict
tendencies towards cybersex addiction in a sample of regular cybersex
users. Sexual addiction & compulsivity, 23(4): 342–360.
https://doi.org/10.1080/10720162.2016.1151390
Soho. 2022. Consultado el 10/08/2023.
(https://www.soho.co/actualidad/articulo/pornografia-asi-es-como-
34
Inés Abalo, Mónica Alario, Natalia Andrés, Journal of Feminist, Gender and Women Studies, 15:5-35, 2023
Laura Arévalo, Elena Gálvez y Rebeca Pardo

esta-industria-genera-el-25-de-las-busquedas-en-google/202201/
Törneke, Niklas; Luciano, Carmen y Valdivia, Sonsoles. 2008.
Comportamiento gobernado por reglas y problemas psicológicos.
Journal of psychology and psychological therapy, 8(2): 141-156.
Torrado, Esther; Gutiérrez, Josué; Romero, Yasmina y González, Ana. 2021.
Sexualidad y consumo de pornografía en adolescentes y jóvenes de 16
a 29 años. Informe final. Universidad de La Laguna.
Tyler, Meagan y Quek, Kaye. 2016. Conceptualizing pornographication: a
lack of clarity and problems for feminist analysis. Sexualization, media,
& society, 2(2). https://doi.org/10.1177/2374623816643281
Tyng, Chai; Amin, Hafeez; Saad, Mohamad y Malik, Aamir. 2017. The
Influences of Emotion on Learning and Memory. Frontiers in
Psychology, 8. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2017.01454
Ulrich, Roger; Stachnik, Tomas y Mabry, John. 1979. Control de la conducta
humana. México: Trillas.
Wiederman, Michael. 2003. Paraphilia and fetishism. The family journal,
11(3): 315–321. https://doi.org/10.1177/1066480703252663
Yen, Ju-Yu; Ko, Chih-Hung; Yen, Cheng-Fang; Wu, Hsiu-Yueh y Yang, Ming-
Jen. 2007. The comorbid psychiatric symptoms of internet addiction:
attention deficit and hyperactivity disorder (ADHD), depression, social
phobia, and hostility. Journal of adolescent health, 41(1): 93–98.
https://doi.org/10.1016/j.jadohealth.2007.02.002

35

View publication stats

También podría gustarte