Atanasio y la Herejía Arriana
Atanasio y la Herejía Arriana
Ensayo Escrito
Por:
Curso:
PATRISTICA
Fannely Oribe G.
ATANASIO DE ALEJANDRÍA
Nació hacia el 295, probablemente sus padres eran cristianos, en Alejandría; conservó
un fugaz recuerdo de la persecución de los años 304-311. Se convirtió al cristianismo en
su juventud.
Recibió una buena formación, que incluía elementos de filosofía y lectura de algunos
clásicos: Homero, Platón, Demóstenes, tal vez utilizando una antología y alguna obra
cristiana del tipo de la Preparación Evangélica. Ello le permitió desarrollar una prosa
lucida y sencilla, consiguiendo una notable habilidad dialéctica. Su principal fuente de
inspiración fue la biblia griega. Entre los Padres griegos, se inspira en Ignacio de
Antioquia, Atenágoras, Ireneo, Orígenes. Su teología es diferente a la de Alejandro, lo
que hace pensar en un estudio independiente de Orígenes. Aprendió a hablar el copto,
aunque no se sabe si llegó a escribirlo. Tenía cierta simpatía por la simple piedad copta
y se sintió atraído por la vida ascética, pero no es seguro que haya tenido contacto con el
gran Antonio en su juventud.
Ordenado lector por Alejandro, recibió luego el diaconado y devino secretario del
obispo hacia el 318, cuando empezaba a desarrollarse la controversia arriana, acompañó
a su obispo al concilio de Nicea.
Alejandro murió en el 328, después de haber designado, según parece, a su sucesor: y
ante el peligro de una reivindicación meleciana (o meliciana), Atanasio fue rápidamente
consagrado por sus partidarios. El procedimiento sería luego impugnado por sus
adversarios. Constantino lo reconoció, pero le exigió entrar en comunión con Arrio, a lo
que Atanasio no accedió. Desde ese momento comenzó la oposición del Alejandrino a la
autoridad imperial.
PENSAMIENTO TEOLÓGICO DE ATANASIO
Toda la teología de Atanasio casi puede reducirse a un esfuerzo por defender la
verdadera divinidad del Verbo, no menos que su verdadera función salvadora. Por lo
menos ya desde Justino, el intento de explicar la revelación en términos del pensamiento
helénico iba llevando a concepciones de tipo subordinacionista, en las que, aunque se
quería mantener la naturaleza divina del Verbo, éste aparecía con un carácter mediador
que tendía a hacer de él más bien un ser intermediario en alguna manera subordinado o
inferior al Dios supremo. Arrio representa el desarrollo extremo de esta línea de
pensamiento cunado afirma claramente la inferioridad del Verbo como criatura, aunque
se ponga su creación “antes de los tiempos” Atanasio defenderá ardorosamente que la
mediación reveladora y salvadora del Verbo es de la misma esencia y sustancia del
Padre y constituye con Él una misma y única divinidad, aunque como Verbo engendrado
se distinga de Él verdaderamente. Esta doctrina es defendida por Atanasio por fidelidad
a la revelación, sin que intente propiamente una explicación o justificación del cómo o
el porqué del misterio Trinitario. La teología del Espíritu Santo, aunque todavía poco
desarrollada de una manera explícita, es concebida por Atanasio de manera paralela a la
teología del Verbo.
La temática trinitaria lleva a Atanasio a ocuparse tambien de la soteriología: en este
punto, sin olvidar el aspecto de satisfacción vicaria, Atanasio desarrolla sobre todo una
soteriología de “asunción”, por la que la eficacia salvífica de la encarnación del Verbo
está primordialmente en el mismo hecho de que éste, al asumir la carne humana, la
diviniza, liberándola así de la sujeción al pecado, a la muerte y a la corrupción. Josep
Vives. Los Padres Apostólicos. Editorial Herder. Barcelona 1981
LA CONTROVERSIA ARRIANA
Los orígenes
La controversia arriana comenzó siendo un conflicto local en Alejandría, pero se
convirtió rápidamente en un problema de todo el oriente cristiano, y acabo por
involucrarse más tarde tambien al occidente. Dada la situación política de la época y la
injerencia del poder civil en los asuntos eclesiásticos, se convirtió a la vez en un
problema general: la falta de unidad doctrinal en la iglesia suponía un peligro para la
unidad del imperio romano, por lo que los emperadores intervendrán activamente en la
crisis.
Arrio (256-336 d.C), quien inicio la controversia y dio nombre a la herejía, era un
presbítero de Alejandría (Egipto). En torno al 320 d.C. Alejandro, obispo de Alejandría,
convoco un sínodo en el que lo excomulgo por promover una postura doctrinal que
negaba la divinidad del Hijo.
Arrianismo
Arrio principio con un “criterio pagano de Dios como un Ser incognoscible,
impasible inmutable e inalcanzable” y, de ese modo, no pudo concebir que un ser así
se encarnara. Por lo tanto, al igual que los apologistas, Arrio vislumbro que solo podía
ser el Logos quien tuviera la facultad de ser encarnado. Pero, a diferencia de los
apologistas, Arrio declaro que el Logos encarnado era una criatura, afirmando que
“hubo un tiempo cuando Él no fue”.
La conclusión de la premisa arriana es que adorar a Cristo sería adorar a una criatura y,
por ende, idolatría. Para apoyar su posición, Arrio apelo a diversos pasajes bíblicos que
apuntaban a una sumisión de Cristo al Padre, y los interpreto según su propio sentido
subordinacionista. Tambien apelo a la vena subordinacionista en la enseñanza de
Orígenes. El opositor más famoso de Arrio fue Atanasio, quien es en gran medida
responsable de que el cristianismo católico haya sobrevivido, cuando menos en el
Oriente, en un tiempo en que el triunfo arriano había parecido total.
La oposición de Atanasio al arrianismo fue precipitada en gran parte por preocupaciones
soteriológicas. Atanasio compartía con sus contemporáneos la creencia de que el
predicamento humano central era el sinsentido causado por la amenaza constante del no
ser ilustrada vívidamente por la muerte. De este modo, la salvación era vista en términos
de inmortalidad, o vida. Puesto que la inmortalidad es la posesión “exclusiva” de la
Divinidad, la salvación atendía a la divinización del ser humano. En estos términos, la
encarnación proveía la esperanza para la salvación sin aquello que había sido encarnado
era completamente Dios. Si no, no había redención posible. Por lo tanto, literalmente,
era un asunto de vida o muerte para Atanasio determinar si el Hijo que se encarnó era
una criatura, o Dios no creado. Si Él es una mera criatura (como Arrio decía), entonces
no puede redimir a la humanidad, sino que está Él mismo en necesidad de redención.
En contra de la posición de Arrio de que el Hijo es producido por un acto de la voluntad
del Padre, Atanasio marchó contra una larga tradicion al declarar que Él es generado por
la naturaleza. “Él (Dios) es verdaderamente Padre del Hijo por naturaleza y no por
voluntad”. Esto le daría un vigoroso apoyo a una Trinidad “esencial” en contraste con
una Trinidad meramente “económica”. Sin embargo, un concilio católico posterior,
repudio ambas ideas, la de la necesidad y la del voluntarismo.
EL CONCILIO DE NICEA
Arrio, no obstante, obtuvo el apoyo, entre otros, del obispo Eusebio de Nicomedia,
quien tenía influencia en la corte del emperador romano. A raíz de ello, la controversia
llego a oídos del emperador Constantino, el cual convoco el Concilio de Nicea (325
d.C.), buscando poner fin a una crisis que iba adquiriendo, cada vez más, mayor
extensión y magnitud. En este concilio se condenaron las tesis arrianas que negaban la
divinidad del Hijo, según las cuales, el Hijo “hubo un tiempo en que no existía” y
“fue creado de la nada”.
La ortodoxia quedo sancionada en el símbolo de la fe, que todavía hoy se sigue
profesando en la iglesia. En dicha profesión de fe se confiesa que el Hijo es
“engendrado, no creado”, “de la misma naturaleza que el Padre”. Esta unidad de
sustancia entre el Padre y el Hijo (en griego “homoousios”) zanjo por el momento la
cuestión doctrinal en contra de la postura mantenida por los arrianos, pero no fue capaz
de poner fin a la controversia arriana, que se extendió a lo largo de casi todo el siglo IV.
LA CONTROVERSIA DESPUES DEL CONCILIO DE NICEA LOS
DESTIERROS DE ATANASIO
El Concilio de Nicea no supuso el fin de la controversia arriana. Una vez que el concilio
había sancionado el término “homoousios”, los herejes trataban de reinterpretarlo como
indicativo de una semejanza de sustancia, y no de una identidad (el Hijo se parece al
Padre, pero no tiene la misma sustancia). Tambien apelaban como pretexto, para sus
posiciones doctrinales, el que dicho termino no aparecía en la Escritura (cf. CA I, 30, 3).
Atanasio hizo frente, con valentía y decisión, a la herejía arriana, siendo desterrado
hasta cinco veces a partir del 335, por defender la genuina fe de la iglesia. Todo ello se
entiende, por la injerencia del poder político en el ámbito eclesiástico. Lo que
preocupaba a los emperadores en esta controversia no era la cuestión doctrinal, sino la
unidad y estabilidad del imperio. El hecho de que los enemigos de Atanasio estuviesen
políticamente mejor posicionados explica por qué Atanasio sufrió tantos destierros.
DISCURSO CONTRA LOS ARRIANOS
Atanasio hace frente a las tesis heréticas arrianas acerca del Logos, la segunda persona
de la Trinidad. La discusión se centra sobre todo en la reinterpretación de algunos
pasajes de la Sagrada Escritura que los arrianos alegaban como pretexto para negar la
divinidad del Logos. Arrio y sus seguidores afirmaban que el Logos no era coeterno con
el Padre, que había sido creado y que, por tanto, era mutable. El tono de la discusión es
firme y decidido (en algunos momentos incluso apasionado) y ha de entenderse a la luz
de las circunstancias históricas y eclesiásticas que Atanasio tuvo que vivir.
Según se nos dice el mismo Atanasio, se trata de una herejía que estaba engañando a
muchos, simulando ser cristiana al usar palabras de la Escritura. Estaba en juego ni más
ni menos que la divinidad del Hijo, y Atanasio va a hacer una ardorosa defensa de la
piadosa fe; la fe que el Concilio de Nicea había sancionado; el Hijo es de la misma
sustancia que el Padre, engendrado pero no creado, coeterno con el Padre en inmutable.
Se trata de una defensa que retoma, uno a uno, los pasajes de la Escritura que los
arrianos usaban para fundamentar su herejía. La obra es, pues, todo un ejemplo de cómo
hacer exegesis bíblica. Por ejemplo, Atanasio lee la Escritura siempre a la luz de la
piadosa fe, y la lee como una unidad en la cual unos pasajes iluminan y completan a
otros.
La clave de la argumentación de Atanasio está en distinguir cuando la Escritura está
hablando del Logos en cuanto Logos divino y cuando se está refiriendo al Logos en
cuanto que tomo carne. “En el principio existía el Logos y el Logos estaba con Dios y
el Logos era Dios”. (Juan 1:1), pero en la plenitud de los tiempos “el Logos llego a ser
carne” (Juan 1:14). Estos dos textos del prólogo de san Juan sintetizan perfectamente la
doble perspectiva desde la que hay que considerar el misterio del Logos encarnado. La
herejía arriana no supo hacer esta distinción y acabó por negar la divinidad del Hijo,
mientras que hubo otras herejías (como el docetismo) que llegaron al extremo opuesto,
reduciendo a mera apariencia la humanidad del Logos encarnado. Otra de las claves de
la argumentación de Atanasio es la identificación del Logos con el Hijo, la imagen y la
Sabiduría del Padre. El hecho de ser Hijo e Imagen explica por qué el Logos es de la
misma naturaleza que el Padre, y el hecho de ser la Sabiduría asegura la eternidad del
Logos y su coexistencia con el Padre.
Atanasio clarifica la distinción entre la vida intradivina y la economía de salvación, pero
a la vez no separa la vida divina de la historia de salvación. Una vez salvaguardada la
integridad del Logos en cuanto Dios, Atanasio se ve obligado a explicar por qué, no
obstante la divinidad y eternidad del Logos, la Escritura le atribuye en algunas
ocasiones comportamientos y características propias de las criaturas. Un ejemplo claro
es el hecho de llegar a ser: el Logos, en cuanto es Logos, no llega a ser ni es una
criatura, pero llegó a ser hombre por nosotros.
Estas reflexiones llevan a Atanasio a entrar directamente en consideraciones
soteriológicas y a no limitarse a la realidad divina del Logos. Atanasio habla a menudo
de la convivencia y la necesidad de que fuese el Logos, y no otro, el que no salvase y
tomase nuestra carne. Como se repite en diversas ocasiones, si no se tratase de la carne
y el cuerpo del Logos, por un lado, y de una verdadera carne humana por otro, nuestra
salvación no tendría firmeza ni seria definitiva. La carne de Cristo, como dice Atanasio
bellamente, se ha convertido en camino firme y seguro de salvación para los hombres.
Al hablar del Hijo, Atanasio se refiere tambien, en diversas ocasiones, a las otras dos
personas de la Trinidad. Por la Encarnación, la carne humana ha quedado dispuesta para
recibir el Espíritu y es el Hijo quien nos da el Espíritu. Y si el Logos se encarna es
porque Dios Padre es “amigo del hombre” (“filantrhopos”) y todo lo que hace es por
amor al hombre.
LA TRINIDAD
Existe, pues, una Trinidad santa y completa, de la que se afirma que es Dios, en el
Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. En ella no se encuentra ningún elemento extraño o
externo; no se compone de uno que crea y de otro que es creado, sino que toda ella es
creadora, consistente e indivisible por naturaleza, siendo su actividad única. El Padre
hace todas las cosas por el Verbo en el Espíritu Santo: de esta manera se salva la unidad
de la santa Trinidad. Así en la iglesia se predica un solo Dios “que esta sobre todos,
por todos y en todos” (cf. Efesios 4:6): “sobre todos”, en cuanto Padre, principio y
fuente; “por todos”, por el Verbo; “en todos”, en el Espíritu Santo. Es una verdadera
Trinidad no solo de nombre y por pura ficción verbal, sino en verdad y realidad. Así
como el Padre es el que es, así tambien su Verbo es el que es y Dios soberano. El
Espíritu Santo no está privado de existencia real, sino que existe con verdadera
realidad…!
UNIDAD Y DISTINCION ENTRE EL PADRE Y EL HIJO
“Yo en el Padre, y el Padre en mí” (Juan 14:10). El Hijo está en el Padre, en cuanto
podemos comprenderlo, porque todo el ser del Hijo es cosa propia de la naturaleza del
Padre, como el resplandor lo es de la luz, y el arroyo de la fuente. Así el que ve al Hijo
ve lo que es propio del Padre, y entiende que el ser del Hijo, proviniendo del Padre.
Asimismo el Padre está en el Hijo, porque el Hijo es lo que es propio del Padre, a la
manera como el sol está en su resplandor, la mente está en la palabra, y la fuente en el
arroyo. De esta suerte, el que contempla al Hijo contempla lo que es propio de la
naturaleza del Padre, y piensa que el Padre está en el Hijo. Porque la forma y la
divinidad del Padre es el ser del Hijo, y, por tanto, el Hijo está en el Padre, y el Padre en
el Hijo. Por esto con razón habiendo dicho primero “Yo y el Padre somos uno” (Juan
10:30), añadió: “Yo en el Padre y el Padre en mi” (Juan 14:10): así manifestó la
identidad de la divinidad y la unidad de su naturaleza.
Sin embargo, son uno pero no a la manera con que una cosa se divide luego en dos, que
no son en realidad más que una; ni tampoco como una cosa que tiene dos nombres,
como si la misma realidad en un momento fuera Padre y en otro momento Hijo. Esto es
lo que pensaba Sabelio, y fue condenado como hereje. Se trata de dos realidades, de
suerte que el Padre es Padre, y no es Hijo; y el Hijo es Hijo, y no es Padre. Pero su
naturaleza es una, pues el engendrado no es desemejante con respecto al que engendra,
ya que es su imagen, y todo lo que es del Padre es del Hijo. Por esto el Hijo no es otro
dios, pues no es pensado fuera (del Padre): de lo contrario, si la divinidad se concibiera
fuera del Padre, habría sin dudas muchos dioses. El Hijo es “otro” en cuanto es
engendrado, pero es del mismo en cuanto es Dios. El Hijo y el Padre son una sola cosa
en cuanto tienen una misma naturaleza propia y peculiar, por la identidad de la
divinidad única. Tambien el resplandor es luz, y no es algo posterior al sol, ni una luz
distinta, ni una participación de él, sino simplemente algo engendrado de él: ahora bien,
una realidad así engendrada es necesariamente una única luz con el sol, y nadie dirá que
se trata de dos luces, aunque el sol y su resplandor sean dos realidades: una es luz del
sol, que brilla por todas partes en su propio resplandor. Así tambien, la divinidad del
Hijo es la del Padre, y por esto es indivisible de ella. Por esto Dios es uno, y no hay otro
fuera de él. Y siendo los dos uno, y única su divinidad, se dice del Hijo lo mismo que se
dice del Padre, excepto el ser Padre.
El VERBO NO FUE HECHO COMO MEDIO PARA CREAR
El Verbo de Dios no fue hecho a causa de nosotros, sino más bien nosotros fuimos
hechos a causa de él, y en él fueron creadas todas las cosas (Colosenses 1:16). No fue
hecho a causa de nuestra debilidad (siendo él fuerte) por el Padre, que existía hasta
entonces solo, a fin de servirse de él como instrumento para crearnos. En manera alguna
podría ser así. Por qué aunque Dios se hubiese complacido en no hacer criatura alguna,
sin embargo el Verbo no por ello hubiera dejado de estar en Dios, y el Padre de estar en
él. Con todo no era posible que las cosas creadas se hicieran sin el Verbo, y así es obvio
que se hicieran por él. Pues ya que el Hijo es el Verbo propio de la naturaleza sustancial
de Dios, y procede de él y está en él… era imposible que la creación se hiciera sin él. Es
como la luz que ilumina con su resplandor. De la misma manera el Padre creó con su
Verbo, como si fuera su mano, todas las cosas, y sin él nada hace. Como nos recuerda
Moisés, dijo Dios: “Hágase la luz”, “Congréguense las aguas” (Genesis 1:3 y 9) … y
habló, no a la manera humana, como si fuera allí un obrero para oír, el cual enterándose
de la voluntad del que hablaba fuera a ejecutarla. Esto sería propio del orden creado,
pero indigno de que se atribuya al Verbo. Porque el Verbo de Dios es activo y creador,
siendo el mismo la voluntad del Padre. Por eso no dice la sagrada Escritura que hubiera
quien oyera y contestara como y con que propiedades quería que se hiciera lo que se
tenía que hacer, sino que Dios dijo únicamente “Hágase”, y al punto se añade “Y así
fue hecho”. Lo que quería con su voluntad, al punto fue hecho y terminado por el
Verbo… Basta el querer, y la cosa esta hecha. Así la palabra “dijo” es para nosotros el
indicador de la divina voluntad, mientras que la palabra “y así fue hecho” indica la obra
realizada por su Verbo y su sabiduría, en la cual se halla tambien incluida la voluntad
del Padre.
UNIDAD DE NATURALEZA EN EL PADRE Y EL HIJO
Ya que el Verbo de Dios y su propia sabiduría, y, siendo su resplandor, está siempre con
el Padre, es imposible que si el Padre comunica gracia no se la comunique a su Hijo,
puesto que el Hijo es en el Padre como el resplandor de la luz. Porque no por necesidad,
sino como un Padre, en virtud de su propia sabiduría fundo Dios la tierra he hizo todas
las cosas por medio del Verbo que de él procede, y establece por el Hijo el santo
lavatorio del bautismo. Porque donde está el Padre está el Hijo, de la misma manera que
donde está la luz allí esta su resplandor. Y así como la obra del Padre lo realiza por el
Hijo. Y el mismo Señor dice: “lo que veo obrar al Padre lo hago tambien Yo”, así
tambien cuando se confiere el bautismo, a aquel a quien bautiza el Padre lo bautiza
tambien el Hijo, y el que es bautizado por el Hijo es perfeccionado en el Espíritu
Santo. Además, así como cuando alumbra el sol se puede decir tambien que es su
resplandor el que ilumina, ya que la luz es única y no puede dividirse ni partirse, así
tambien, donde está o se nombra al Padre allí esta tambien indudablemente el Hijo; y
puesto que en el bautismo se nombra al Padre, hay que nombrar igualmente con él al
Hijo.
LA ETERNA GENERACION DEL HIJO
Es exacto decir que el Hijo es vástago eterno del Padre. Porque la naturaleza del Padre
no fue en momento alguno imperfecta, de suerte que pudiera sobrevenirle luego lo que
es propio de ella. El Hijo no fue engendrado como se engendra un hombre de otro
hombre, de forma que la existencia eternamente, él mismo es eterno. Es propio del
hombre, a causa de la imperfección de su naturaleza, engendrar en el tiempo: pero Dios
engendra eternamente, porque su naturaleza es perfecta desde siempre…lo que es
engendrado del Padre es su Verbo, su sabiduría y su resplandor, hay que decir que los
que afirman que había un tiempo en que no existía el Hijo son como ladrones que roban
a Dios su propio Verbo, y se declaran contrarios a él diciendo que durante un tiempo no
tuvo ni Verbo ni sabiduría, y que la luz hubo tiempo en que no tuvo resplandor, y la
fuente hubo tiempo en que era estéril y seca. En realidad simulan evitar la palabra
“tiempo” a causa de los que se lo reprochan, y dicen que el Verbo existía “antes de los
tiempos”. Sin embargo, determinan un cierto “periodo” en el cual imaginan que el
Verbo no existía, con lo cual introducen igualmente la noción de tiempo: y así, al
admitir un Dios sin Logos o Verbo, muestran su extraordinaria impiedad.
LA ETERNIDAD DEL PADRE IMPLICA LA FILIACION ETERNA
Dios existe desde la eternidad: y si el Padre existe desde la eternidad, tambien existe
desde la eternidad lo que es su resplandor, es decir, su Verbo. Además, Dios, “el que
es”, tiene de si mismo el que es su Verbo: el Verbo no es algo que antes no existía y
luego vino a la existencia, ni hubo un tiempo en que el Padre estuviera sin Logos
(alogos). La audacia dirigida contra el Hijo llega a tocar con su blasfemia al mismo
Padre, ya que lo concibe sin Sabiduría, sin Logos, sin Hijo… es como si uno, viendo el
sol, preguntara acerca de su resplandor: ¿lo que existe primero hace lo que no existe o lo
que ya existe? El que pensara así sería tenido por insensato, pues sería locura pensar que
lo que procede totalmente de la luz es algo extrínseco a ella, y pregunta cuando, donde y
como fue dicho. Lo mismo ocurre con el que pregunta tales cosas acerca del Hijo y del
Padre. Al hacer tales preguntas muestra una locura todavía mayor, pues supone que el
Logos del Padre es algo externo a él, e imagina como en sombras que lo que es
generación de la naturaleza divina es una cosa creada, afirmando que “no existía antes
de ser engendrado”. Oigan, pues, la respuesta a su pregunta: el Padre, existe
(eternamente), hizo al Hijo con la misma existencia… Mas, decidnos vosotros, los
arrianos… ¿el que es, tuvo necesidad del que no era para crear todas las cosas, o
necesitó de él cuando ya era? Porque está en vuestros dichos que el Padre se hizo para sí
al Hijo de la nada, como instrumento para crear con él todas las cosas. Ahora bien,
¿Quién es superior, el que tiene necesidad de algo o el que viene a colmar esta
necesidad? ¿o es que ambos satisfacen mutuamente sus respectivas necesidades? Si
decís esto, mostráis la debilidad de aquel que hubo de buscarse un instrumento por no
poder por si mismo hacer todas las cosas… este es el colmo de la impiedad…
Estas son algunas de las declaraciones “Yo Soy” hechas por Jesús que están registradas
en el evangelio de Juan:
NVI
1. Yo Soy el pan de vida (Juan 6:35; 6:48)
2. Yo Soy la luz del mundo (Juan 8:12)
3. Yo Soy la puerta (o entrada )de las ovejas (Juan 10:7)
4. Yo Soy el buen pastor (Juan 10:11)
5. Yo Soy la resurrección y la vida (Juan 11:25)
6. Yo Soy el camino, la verdad y la vida (Juan 14:6)
7. Yo Soy la vid (Juan 15:5)
Juan 4:25-26, posiblemente podría considerarse como que contiene otra declaración “Yo
Soy”.
“Le dijo la mujer : Sé que ha de venir el Mesías, llamado el Cristo; cuando el
venga nos declarará todas cosas. Jesús le dijo: Yo Soy, el que habla contigo”. (Juan
4:25-26. RVR 1960).
Se dijo “posiblemente”, porque esta instancia podría ser un uso “normal” de la frase
“Yo Soy”, sin el significado sagrado que adquirió en el Antiguo Testamento. Sin
embargo, considerando la identidad del que habla (Jesús) y la naturaleza de lo que dice
aquí (que Él es el Mesías), muchos interpretarían esto como otro ejemplo de “Yo Soy”
indicando la deidad de Cristo. Algunas declaraciones “Yo Soy” de Jesús se encuentran
tambien en otros evangelios, por ejemplo, en Marcos:
“¡Tened animo; Yo Soy, no temáis!” ( Marcos 6:50 RVR 1960)
Como lo indica la traducción de la RVR 1960, este ejemplo puede, sin embargo, no ser
más que un uso normal de la frase sin el significado sagrado. La declaración “Yo Soy”
más asombrosa (y una que carece totalmente de ambigüedad) se encuentra en Juan [Link]
“Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, Yo Soy” (RVR
1960).
Aquí Jesús está diciendo ser Dios (y eso sin la menor posibilidad de duda. Esto está
confirmado por la reacción de los judíos) veamos el siguiente versículo: “Entonces los
judíos tomaron piedras para arrojárselas” (RVR 1960).
Lo que motivó este intento de matar a Jesús por apedreamiento queda claro en Juan
10:31-33.
“Una vez más los judíos tomaron piedras para arrojárselas, pero Jesús les dijo: Yo les he
mostrado muchas obras irreprochables que proceden del Padre. ¿Por cuál de ellas me
quieren apedrear? No te apedreamos por ninguna de ellas sino por blasfemia; porque tú,
siendo hombre te haces pasar por Dios. (RVR 1960)
Conclusión General:
Atanasio padre de la iglesia de los primeros siglos, quien se mantuvo firme en sus
convicciones doctrinales sobre la deidad y divinidad del Logos de Dios he hizo
ferviente defensa de lo que él creía era una verdad fundamental de la cristiandad (esta es
la base central de la fe cristiana), la cual le valió ser desterrado y perseguido en más de
una ocasión. Pero esta condición que atentaba contra su propia vida, ni siquiera bastó
para hacerlo desistir de la doctrina cristológica correcta bíblicamente que mantenía, sino
que lo aferró aún más a desarrollar la doctrina trinitaria que seria fundamental en el
Concilio de Nicea.
Hoy día las herejías del pasado prevalecen, y aún hay filosofías e ideologías las cuales
denostan no solo la divinidad de Cristo, sino que imperan sobre su existencia, es en este
momento actual de la historia cristiana en que debemos estar preparados para defender
nuestra fe de estos ataques de la secularidad extremista. Instruirnos y profundizar en las
doctrinas fundamentales que son la base del cristianismo, es nuestra obligación, por ello
es que los Padres de la iglesia, en este caso, nos han dejado su legado, como los credos
y confesiones abalados por las Escrituras, debemos presentar apología de la fe en Cristo
y no quedarnos sin hacer nada, mientras el ateísmo y el secularismo avasallan lo
Santísimo de nuestras creencias.
Bibliografía:
1.[Link]
afirman-que-jesus-es-dios-encarnado/
2. Goths in the Fourth Century. Peter Heather y John Matthews. Pág. 143. Editorial
Liverpool University Press
3. Dios en la sociedad postcultural. Gabriel Richi. Editorial San Damaso
4. Ensayo de Agustín Giménez González. Tomado de Curso de Griego Bíblico. Allin
Trevor R. Editorial Clie. Págs. 3-8
5. Conociendo a Jesús como el mismo se reveló. Federico Sinopoli, Matías Salerno.
Discipulado [Link]
6. Fuentes, San Atanasio de Alejandría, Vida de San Antonio, Vita Antonii. Evagrio de
Antioquia. Enrique Contreras. Págs. 63-66
7. Biblioteca de Patrística, Atanasio discursos contra los arrianos. Editorial Ciudad
Nueva. Ignacio de Ribera Martin, DCJM. Págs. 5-8,9,12
8. Gracia, Fe y Santidad: una teología sistemática Wesleyana. Editorial Casa Nazarena
de Publicaciones. Págs. 213-215
9. Padres de la Iglesia, Edad de Oro de los Padres (siglos IV-VI). Adaptación
pedagógica. Dr. Carlos Etchevarne. Págs. 5-9