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ESTANDAR Nº8
DESCARTES: EL PROBLEMA DEL MÉTODO Y LA EVIDENCIA
DEL COGITO
1. CONTEXTO.
2. EL PROBLEMA DEL MÉTODO.
3. LA DUDA METÓDICA.
4. REPERCUSIÓN.
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1. CONTEXTO.
Con Descartes (1596-1650) nace la Filosofía Moderna. Su vida abarca la primera mitad del
siglo XVII. Nace en La Haya (Turena, Francia) en el seno de una familia noble. Estudió en el
colegio jesuita de La Flèche, enseñanza que criticará en la primera parte de su obra Discurso
del método. Después estudia derecho, filosofía y matemáticas. Participa en la guerra de los
Treinta Años. Asentado en Holanda, escribe allí sus obras más famosas, como Discurso del
método y Meditaciones metafísicas. Finalmente, fue llamado por la reina Cristina de Suecia
para difundir su filosofía en la corte de Estocolmo, donde murió de pulmonía en 1650.
Tras el Renacimiento, en la época de Descartes, Europa afronta grandes cambios en lo
político y en lo cultural. En lo político: consolidación de los Estados modernos, su expansión
colonial y el régimen absolutista. Tras la Reforma luterana, la Iglesia católica intenta recuperar
la unidad religiosa y se suceden las guerras religiosas (como la guerra de los Treinta Años, en la
que luchó Descartes). En el terreno socio-económico, lo más relevante es el nacimiento de la
burguesía como nueva clase social y la sustitución de una “economía natural” o de subsistencia
(medieval) por otra de tipo mercantilista. En lo cultural, es el siglo del Barroco. Aparece una
nueva sensibilidad artística que expresa la fugacidad, el pesimismo, el desorden y el
desengaño. Destacan, entre otros, Moliere, Shakespeare y Cervantes, en literatura; Velázquez,
Rembrandt, y Caravaggio en pintura.
Por otra parte, el surgimiento de la filosofía moderna está en conexión con el triunfo de la
ciencia moderna. Copérnico, Galileo y Kepler asientan los pilares de la nueva ciencia
experimental (método hipotético-deductivo) y convierten a las matemáticas en el auténtico
modelo del saber (matematización de la Naturaleza). Surge una nueva visión del universo,
opuesta al cosmos cerrado y geocéntrico de Aristóteles, así como una nueva actitud ante la
realidad, en la que el ser humano ya no ocupa el centro del universo y la razón adquiere
nuevos derechos.
Con la modernidad, la filosofía sufre un “giro gnoseológico”: el problema del conocimiento
pasa a ocupar un lugar central y prioritario en la labor del filósofo. Su primera tarea será
analizar en qué consiste el conocimiento: ya no se pregunta por las cosas, sino por las ideas
que tenemos de las cosas. ¿Cómo se originan en nuestra mente las ideas? ¿qué validez tienen?
Según el enfoque ontológico de la filosofía griega y medieval, el conocimiento era una mera
copia de la realidad y el límite del conocimiento estaba en la realidad misma. Así, para
Aristóteles, la carencia de forma suponía un límite al ser, que, automáticamente, se convertía
en un límite del conocer. La materia prima o bruta, al no estar informada, resultaba
incognoscible. El límite estaba, pues, en el objeto.
Desde la modernidad, sin embargo, se dirá que lo que conocemos es nuestra representación
del mundo. Es decir, el conocimiento no versa ya sobre los objetos, sino sobre las ideas de
éstos. Las ideas tienen su origen en la razón (según los racionalistas, como Descartes) o en la
experiencia sensible (según los empiristas, como Locke o Hume). Y, ¿hasta dónde se puede
conocer? Se admite que nuestro conocimiento racional está sometido a límites, pero éstos
estarían ahora en el sujeto. Así surge una actitud desconfiada y la necesidad de un método
adecuado.
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2. EL PROBLEMA DEL MÉTODO.
Descartes concebía el edificio del saber como un todo orgánico (“árbol de las ciencias”) en el
que todos los conocimientos estaban conectados entre sí. Esta unidad del saber era contraria
a la tradición aristotélica. Siempre se había considerado que la diversidad de las ciencias y su
incomunicabilidad se debía a la pluralidad de objetos formales de estudio, pluralidad que
implicaba, a su vez, una diversidad de métodos. Descartes, de forma revolucionaria, le da la
vuelta al planteamiento. Toma como punto de partida al sujeto que conoce y no a los objetos
que se pretenden conocer, y como la razón es en todo caso una, el método resulta ser único
también.
El pensamiento, entonces, no se rige por las cosas, sino por sí mismo, y nada puede ser
conocido antes que el entendimiento. Por lo tanto, en el orden epistemológico, el papel de los
sentidos ha de ser postergado a un segundo plano (también contra la tradición aristotélica,
que consideraba la sensación como el origen del conocimiento).
Considerando este carácter unitario y orgánico del saber, todo error o duda que se diera en
sus fundamentos, raíces o cimientos (que para Descartes se identifican con la filosofía),
terminaría por extenderse al resto del conjunto: todo el conocimiento de las ciencias se
volvería cuestionable. Hay, por lo tanto, que sanear los cimentos. No admitir ninguna opinión
como verdadera sin antes ajustarla a las exigencias de la razón. No se trata de establecer
nuevas verdades, sino de establecer verdades ciertas (que pueden no ser distintas). En esto
radica el objetivo y la importancia del método. De lo que se trata, tal como ya había sostenido
Francis Bacon, es de descontaminar la razón: la razón en estado de pureza, sin obstáculos,
conduce necesariamente a la verdad.
Este método es preintuitivo y tiene como propósito lograr la intuición. Para ello hay que
dividir todo objeto confuso o no evidente en partes, hasta que alguna sea un objeto claro y
evidente. Es necesario dividir el pensamiento hasta alcanzar unos elementos básicos a partir
de los cuales construir los pensamientos. En el método cartesiano se dan, pues, dos
actividades intelectuales:
a) INTUICIÓN. Con la que alcanzamos Naturalezas simples [de las cuales todo está
compuesto. Son ideas tan simples que se conocen de manera natural: extensión,
figura, movimiento, existencia, unidad, .... (= cualidades primarias de Galileo)] e ideas
claras y distintas (verdades de las que no hay duda, como el “cogito”).1
b) DEDUCCIÓN. Construcción de razonamientos a partir de la primera verdad.
- CUATRO REGLAS (intuición: 1ª y 2ª; deducción: 3ª y 4ª):
1. Evidencia: Las características de la evidencia son la claridad (= presencia o
manifestación de un conocimiento a la mente) y la distinción (= separación respecto a
todo lo demás, de modo que no contenga nada que pertenezca a otro). Conocimientos
verdaderos son sólo aquellos que sean claros y distintos [→ nuevo concepto de
verdad: no la adecuación del pensamiento con la realidad, sino del pensamiento
consigo mismo].
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Ortega acusa a Descartes de apoyar toda su racionalidad en un terreno de irracionalidad. Al llegar la
mente a los últimos elementos, ya no puede seguir analizando; entonces la mente deja de ser racional:
sólo le queda la intuición (= irracionalidad).
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2. Análisis: El método analítico es el único que puede llevarnos a la evidencia. Se trata de
dividir todo problema en tantas partes menores como sea posible y necesario (paso de
lo complejo a lo simple). Los elementos simples se revelarán de inmediato como
verdaderos o falsos. A partir de estos elementos simples se despliega todo el
conocimiento.
3. Síntesis: La reducción de lo complejo a sus partes es insuficiente. Del análisis se
obtiene un conjunto inarticulado de elementos, faltando el nexo cohesivo que las
transforma en un todo complejo y real. Se hace necesaria la síntesis (= recomposición
de un todo ordenado). ¿Cal es la importancia de la síntesis? ¿Es el mismo objeto al que
llegamos después de este “doble trabajo”? No es el mismo objeto, ahora media la
conciencia; penetrado por la luminosidad del pensamiento.
4. Comprobaciones: Para evitar errores, hay que controlar si el análisis es completo
(enumeración) y controlar la corrección de la síntesis (revisión).
3. LA DUDA METÓDICA.
Descartes duda para encontrar lo indubitable. Se trata de una duda provisional, como un
paso previo en la búsqueda de la verdad. Es la duda como método. (≠ duda escéptica).
Descartes lleva a cabo la duda total de todos nuestros conocimientos, de la totalidad del
saber. La duda se despliega en tres etapas, en las que va suspendiendo progresivamente los
distintos ámbitos del conocimiento: 1) los sentidos (el sentido común) y las cualidades
segundas; 2) las ciencias empíricas y las cualidades primeras; 3) las ciencias formales.
Razones para dudar de todas las cosas.
a) El testimonio falaz de los sentidos. Su duda recae sobre todo en los datos sensibles
(como nos han engañado alguna vez, no podemos fiarnos de ellos). “Supongo que todo
lo que veo es falso”: ruptura total con la tradición aristotélico-tomista, para la cual el
conocimiento comienza por los datos sensibles (empirismo). Se pone de manifiesto que
la IMAGEN DEL OBJETO ≠ OBJETO MISMO. Las imágenes sensoriales no son una
duplicación del objeto, sino “signos” o “marcas” a través de las cuales el entendimiento
representa lo externo (y no tiene porqué haber una adecuación entre unos y otros).
b) Dificultad para distinguir el sueño de la vigilia . A veces, mientras dormimos, tenemos
representaciones semejantes a las que tenemos despiertos: quizás estemos dormidos.
¿Hasta dónde se extiende este segundo momento de la duda? Pone en cuestión las
nociones de las ciencias (extensión, figura, cantidad, lugar, tiempo, movimiento, etc.).
Sólo quedan a salvo las matemáticas (1+1= 2; o que un cuadrado tiene cuatro lados).
c) Hipótesis del genio maligno. Mi espíritu tiene la opinión de que hay un Dios
todopoderoso, por quien he sido creado. Pero nada me impide pensar que haya sido
creado de tal modo que yo siempre me engañe (1+1= 5; un cuadrado tiene siete lados).
Se trata de una hipótesis exigida por la radicalidad de su duda (Descartes estaba
convencido de la existencia de un Dios bondadoso, fuente suprema de conocimiento).
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La primera verdad.
Del hecho mismo de dudar surge la primera certeza: si yo no soy nada, ¿cómo puedo dudar,
cómo puedo ser engañado? → COGITO, ERGO SUM, esta es la primera certeza sobre la cual
fundamentar la filosofía. El cogito tiene las características del conocimiento verdadero: es una
intuición clara y distinta [no es una verdad silogística, sino una verdad autoevidente, que
carece de intermediarios. Aunque esté formulada como un silogismo, no es un razonamiento
discursivo, sino pura intuición].
Sé que soy, pero ¿QUÉ SOY YO? = UNA SUBSTANCIA PENSANTE (una cosa pensante o res
cogitans). Descartes no puede definirse como cuerpo (lo corpóreo, de momento, no existe);
sólo dispone del pensamiento. Y por pensar entiende: dudar, afirmar, negar, querer, imaginar,
etc. Puede que las cosas que afirmo, niego, deseo, etc., no sean nada, pero no puede dejar de
ser cierto que yo afirmo, niego, deseo, etc.
Aunque el punto de partida sea idealista [primacía del pensamiento sobre la realidad],
Descartes pretende superarlo y recuperar la certeza del mundo exterior. PELIGRO DE
SOLIPSISMO. Parte de la siguiente distinción: Las ideas que yo tengo en la cabeza pueden tener
tres posibles orígenes, dando lugar a tres tipos de ideas: innatas, adventicias y ficticias. Los tres
tipos de ideas son iguales desde el punto de vista de la realidad subjetiva (son todas actos
mentales), pero se distinguen en cuanto a su contenido. Ningún pensamiento contiene, en su
estructura como pensamiento, la garantía de que el objeto pensado corresponde a una
realidad. SÓLO UNO = DIOS.
Descartes prueba de distintas maneras la existencia de Dios. Hace suyo el argumento
ontológico San Anselmo (del mismo modo que está comprendida en la idea de un triángulo
que la suma de sus ángulos sea 180º, está comprendida en la idea de Dios su existencia).
Además, aporta otros argumentos, igualmente racionales, a priori (no hay que olvidarse que
Descartes se encontraba atrapado en una situación solipsista), de los cuales el más importante
es su Prueba gnoseológica: siendo imperfectos y limitados, tenemos la idea de un ser perfecto.
Esta idea no puede proceder de mí, pues la causa tiene que ser mayor que el efecto (nadie da
lo que no tiene). No se puede admitir que lo más perfecto provenga de lo menos perfecto. Si
tengo en mí la idea de un ser perfecto, tuvo que ser este ser perfecto quien la pusiera, por lo
que existe.
Demostrada la existencia de Dios, y dado que el ser perfecto no puede engañar (sería una
imperfección), mis conocimientos son de algo real: las cosas corpóreas existen.
EL YO PENSANTE (1ª sustancia que encontramos – Res cogitans)
DIOS (2ª sustancia que encontramos – sustancia infinita)
COSAS (3ª sustancia que encontramos – Res extensa)
Las cosas, no obstante, no son tal como las percibimos. Siguiendo a Galileo, divide las
cualidades de los objetos en primarias (que son objetivas y matematizables, como: la
extensión, la figura y el movimiento) y en secundarias (que son subjetivas, como: el color, el
sonido, el olor, etc.). También es cierto que el hombre se equivoca. ¿Cuál es el origen del
error? Como el error no puede proceder de Dios, dada su bondad, su origen tiene que estar en
el juicio que hace el hombre, en el que intervienen tanto el intelecto como la voluntad. El error
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surge de la inadecuada presión de la voluntad sobre el intelecto. Por lo tanto, las pasiones
deben ser sometidas a la razón.
De su filosofía se deriva un dualismo antropológico, inspirado por la antropología platónica,
entendiendo al ser humano como un compuesto de dos sustancias heterogéneas e
independientes entre sí: la res extensa y la res cogitans (cuerpo y mente), que interaccionan de
forma accidental en un lugar concreto del cerebro: la glándula pineal.
4. REPERCUSIÓN.
La repercusión del pensamiento de Descartes en la filosofía posterior es enorme. Su obra
Discurso del método, de 1637, es considerada el arranque de la filosofía moderna y, con su
tesis de que en la propia razón hay verdades indudables, es también el escrito programático
del racionalismo.
Fue Descartes quien planteó el problema principal de la filosofía occidental durante los
últimos siglos: “¿Qué puedo conocer?”, en vez de preguntas como “¿Qué hay?” o “¿Cómo es el
mundo?”. Es más, parte de una pregunta en primera persona. La subjetividad cartesiana y su
énfasis en la epistemología pueden considerarse las influencias principales de Descartes. Pero
es importante no confundir esta subjetividad con el subjetivismo posmoderno. En Descartes,
subjetividad y objetividad no son excluyentes, dado que la verdad es alcanzada a través de
procesos de la razón universal. Pero, en cualquier caso, desde Descartes se va a valorar más el
sujeto que el objeto. Relacionado con todo esto, señalar que la fenomenología de Husserl (s.
XX) se encuentra en deuda el filósofo francés.
Más allá de la filosofía, el “pensamiento cartesiano” pasó a ser una etiqueta del
pensamiento occidental, de la ambición de pretender explicarlo todo desde un punto de vista
“racional”, de una concepción mecanicista de la naturaleza y de la ciencia como un
conocimiento útil para dominarla, de la separación ser humano y naturaleza y entre cuerpo y
espíritu. Como sinónimo de esa exagerada autoestima de la razón estuvo expuesto a duras
críticas en el siglo XX.