Revista Espiga
ISSN: 1409-4002
[email protected]
Universidad Estatal a Distancia
Costa Rica
Maglianesi, María Alejandra
Una historia de discriminación y olvido al sur del continente
Revista Espiga, núm. 20, enero-junio, 2010, pp. 177-183
Universidad Estatal a Distancia
San Pedro de Montes de Oca, Costa Rica
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SOCIEDAD Y REFLEXIÓN
Una historia de discriminación
y olvido al sur del continente
María Alejandra Maglianesi
RESUMEN
Tratar de definir los aspectos de marginalidad e inserción de las culturas indígenas en todo el conti-
nente conlleva una tarea compleja, en especial en aquellos territorios ocupados por los emigrantes
quienes, de una u otra manera, diezmaron significativamente dichas poblaciones. Esta es la realidad
de los escasos grupos indígenas de la Argentina, quienes apenas constituyen el 1.5% de la población
total hoy. Esto es perceptible a lo largo de una historia en la cual al indígena se le ha constituido
como usurpador de su propia tierra, alcanzando incluso la legalidad de esta expoliación en la
Constitución de 1853, perpetrándose consecutivamente el exterminio durante la “Campaña del De-
sierto”, en la mal denominada “limpieza étnica”. Durante esta se le señaló con el término malón que
deriva de “mal” a la resistencia indígena, en oposición al concepto dado por la operación militar
designado como expedición en alusión a una expedición de carácter científico. La paradoja se hace
notar al ser los pueblos originarios sometidos militarmente, momento a partir del cual comienza a
desarrollarse una nueva etapa en el país, en donde el Estado hace una artificial aproximación a las
comunidades, con políticas paternalistas y promesas por demás incumplidas. En la actualidad, los
indígenas argentinos continúan una larga marcha de resistencia de sus pueblos y sus gentes. Sus
luchas, su presencia y su voz se extienden a través de la historia de toda nuestra América mestiza.
Palabras clave: indígenas, Argentina, América, conquista, luchas, identidad.
ABSTRACT
A history of the discrimination and forgetfulness to the south of the continent. Trying to define
aspects of marginality and integration of indigenous cultures in the entire continent involves a com-
plex task, especially in those territories occupied by migrants who, in one way or another signifi-
∗ Máster María Alejandra Maglianesi. Bióloga con especialidad en manejo y conservación de vida silvestre.
Licenciatura en Biología en la Universidad Nacional de Córdoba (Argentina); Maestría en el Instituto
Internacional en Manejo y Conservación de Vida Silvestre de la Universidad Nacional de Costa Rica. Ha
participado en proyectos y programas de conservación en la vida silvestre en Argentina, Bolivia, Costa Rica
y Estados Unidos.
Tutora en la Maestría en Recursos Naturales (SEP), e investigadora en la Vicerrectoría de Investigación de
la UNED.
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cantly decimated these populations. This is the reality of the scarce indigenous groups in Argentina,
who are just 1.5% of the total population today. This is perceptible throughout history in which the
indigenous has been constituted as a usurper of his own land, reaching even the legality of this plun-
der in the Constitution of 1853, consecutively perpetuating the extermination during “The desert
Campaign”, in the badly named “Ethnic Cleansing”. During this campaign the indigenous resis-
tance was referred to with the term “malon” derived from “bad”, as opposed to the concept given
to the military operation designated as an expedition in reference to an expedition of scientific
character. The paradox is noted to be the indigenous people subjugated militarily, after which time
a new era begins to develop in the country, where the state makes an artificial approximation to the
communities, with paternalistic policies and other unfulfilled promises. Currently, the indigenous
Argentines continue the long march of resistance for their towns and their people. Their struggles,
their presence and their voices spread across the entire history of our “Mestiza”(Mixed)America.
Key words: indigenous, Argentina, America, conquest, fights, identity.
“El destino del indígena pasa por la definición de su propia
identidad étnica. Sea cual fuere el camino que elija libremente o
que le imponga la sociedad nacional, pareciera que el logro de la
autoafirmación étnica, es una alternativa política de movilización,
que asegurará su supervivencia como pueblo o que, en el peor de
los casos, acompañará dignamente el proceso de su desaparición”.
Hernández 1984
Los argentinos poseemos una ¿Pero cuáles son las verdaderas raí-
identidad nacional controvertida. ces del actual país sudamericano que
Nuestra personalidad cultural, his- definen nuestra identidad?
tóricamente se define acompañada El concepto de identidad es su-
de una compulsiva incorporación de mamente complejo, pues puede ser
elementos, a veces descoloridos, de abordado desde el ángulo psicológico
una cultura europea de inmigrantes. o histórico-cultural. Desde este últi-
Reiteradamente los argentinos hemos mo punto de vista, identidad significa
preferido alejarnos de las raíces indo autoconciencia de pertenecer a una
americanas y perfilarnos como el país nación, a una clase, etnia o idiosin-
de mayor desarrollo y modernización crasia cultural. Expresa por lo tanto
de América Latina, hecho que se evi- la singularidad o diferencia con otros
denció principalmente en la década pueblos, la diversidad, como resulta-
de los sesenta (Hernández, 1984). do del desarrollo desigual, articulado,
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combinado, específico-diferenciado ocuparon desde tiempos ancestra-
y multilineal de la historia. les. En 1820 los territorios indígenas
En la actualidad se encuentran pasan a ser fiscales provinciales y a
40 millones de habitantes en el te- partir de ese momento, el indígena
rritorio argentino, de los cuales no se convierte en un usurpador de su
se sabe con exactitud qué cantidad propia tierra.
corresponde a los hombres y mujeres El primer paso en la negación del
originarios de aquel territorio exten- indígena en la legislación, se dio con
so al sur del continente. Esto debido la sanción de la Constitución de 1853,
a que la cuestión indígena hasta hace basada en un sistema de unificación
poco no era tenida en cuenta en los jurídica y cultural, a lo cual le siguió
censos de población y también a que la sanción del Código Civil, por me-
muchos pueblos actualmente no se dio del cual se legalizó el despojo de
auto identifican como indígenas por- los indígenas de sus tierras. En uno
que durante años se negó este origen de sus artículos se establece: “Son
por persecución y marginación. La bienes privados del Estado General
Encuesta Complementaria de Pue- o de los estados particulares, todas
blos Indígenas 2004-2005 realizada las tierras que están situadas dentro
por el Instituto Nacional de Estadísti- de los límites territoriales de la Re-
ca y Censos (INDEC) estimó que hay pública que carecen de otro dueño”.
600.329 personas que se reconocen Desde los tiempos iniciales de la con-
pertenecientes y/o descendientes en quista y hasta finales del Siglo XIX,
primera generación de pueblos indí- el indígena representaba un problema
genas. Estas personas forman parte militar y un objeto de evangelización
de una gran diversidad de pueblos cristiana en la Argentina, lo cual se
que están distribuidos en todas las manifestó mayormente durante las
provincias del país (INAI, 2010). tres últimas décadas del siglo cuan-
En primer lugar fueron la discri- do existía una urgencia por ocupar
minación, el desprecio y la negación las tierras, explotar sus riquezas y
absoluta de su existencia por poseer extender la “civilización” a todos los
otra forma de ver el Universo. Pos- rincones del país.
teriormente fueron las dos caras de Surge en ese momento la ima-
una misma moneda: un simulacro por gen de los territorios como desiertos,
reivindicar al indígena y la realidad espacios despoblados, y se niega la
del olvido. Para empezar, a partir de existencia de los primeros habitantes.
1810 se establece en el país un siste- Aquello fue una razón moral para la
ma de arriendo por pastaje, donde los “limpieza étnica” que se llevó a cabo
indígenas debían pagar un alquiler al durante la denominada “Campaña
Estado por el uso de las tierras que del Desierto”, la cual consistió en el
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exterminio de los grupos indígenas Una vez que los pueblos indíge-
del Chaco, la Pampa y la Patagonia. nas fueron derrotados militarmente,
El desierto como un punto culminan- comienza una nueva etapa en la Ar-
te de la Naturaleza extendida como gentina, la del indigenismo, en donde
barbarie (Resenzvaig 1996). Mien- el Estado se barnizó de una supuesta
tras que toda operación militar para piedad facilitando un acercamiento
reducir a los indígenas del “desierto” a las comunidades indígenas, desde
fue denominada como expedición (en prácticas y políticas paternalistas,
alusión a una expedición de carácter que en nada resarció el etnocidio co-
científico), a toda respuesta bélica del metido y menos aún fue a cambiar la
indígena se le llamó malón (que pro- situación de exclusión de los pueblos
viene de malo o de maldad). indígenas. Aparentemente estos pue-
El Gran Chaco fue uno de los blos estaban empezando a ser recono-
últimos espacios americanos en ser cidos por el gobierno y la sociedad,
dominados por la expansión de la los cuales parecían darse cuenta de
burguesía. Cuanto más se compren- que existían y de que algún derecho
día a la Naturaleza como aliada de tenían, pero la realidad era que se en-
las tribus infieles, más se la odiaba. contraban sumidos en la pobreza y en
Para la estructura colonial quedó cla- el olvido, no había un interés genuino
ro que el hábitat de las comunidades por cambiar tal realidad.
indígenas, no era un paisaje viviente, Como respuesta al fenómeno
sino un paisaje político (Resenzvaig discriminatorio, el indígena que per-
1996). En la guerra blanco-india el cibe cotidianamente la degradación
sistema sufrió su primer exceso de de su condición descalifica a su vez
entropía, una superabundancia de al grupo étnico dominante con si-
muerte. En el imaginario de los frag- milar intensidad (Hernández, 1984).
mentados clanes coexistieron por un Una forma de generar resistencia
momento dos memorias: la ecología frente a la cultura dominante que
arcaica, que les refería al pasado, y discrimina al indígena tratándolo de
la urbana, que les hablaba de objetos “flojo, sucio, borracho e ignorante”
de consumo (Resenzvaig 1996). La es empleando términos que se refie-
ausencia de poderes locales convirtió ren al hombre blanco y que reflejan el
a la “tierra de nadie” en tierra para mismo desprecio que éste le tiene al
cualquier cosa. Un espacio para las indígena. Por ejemplo “huinka”, que
matanzas y para profundas crisis eco- en mapuche significa ladrón; o bien
lógicas. El Chaco fue un espacio de “ahatay”, que en mataco quiere decir
adiestramiento del ejército argentino, diablo; ambos términos son utiliza-
un ensayo para gobernar y un gusto dos para designar al hombre blanco.
por gobernar. Los wichís o matacos, que conforman
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uno de los tres grupos principales de contra su patrón, el señor feudal due-
indígenas de la región del Chaco, en ño de vidas y haciendas de su provin-
el norte argentino, hasta hace poco cia. Este señor feudal que estuvo a
mantenían casi intacta su cultura pese punto de ser presidente de la Repú-
al paulatino acercamiento del ahatay. blica, ocupa la tierra de los collas y
En las últimas décadas, debido a la desaloja a los pobres indios de donde
acción evangelizadora han perdido han vivido desde siglos. Los pone a
gran parte de su cosmovisión, pero trabajar en su ingenio y les paga lo
aún continúan con prácticas ances- que quiere. Si encuentran que las
trales de caza, pesca y recolección de condiciones del ingenio son demasia-
productos silvestres, como así tam- do duras se escapan antes de cumplir
bién con la construcción de artesanías con su contrato, la policía particular
en madera de palo santo, tejidos con del Patrón Costa los persigue como si
fibras vegetales y piezas de alfarería. fuera caza mayor y los balea y mata
Los sobrevivientes a la Campa- si es necesario”.
ña del Desierto se proclamaron por la A lo largo de la travesía se fue-
reivindicación de sus legítimos dere- ron incorporando al Malón de la Paz
chos. En 1946 se vivía en la Argentina personas no indígenas que apoyaron
tiempos de cambio y de aspiraciones la causa y llegó una gran cantidad de
de justicia social, por lo que los indí- gente al frente de la residencia presi-
genas collas vieron el momento pro- dencial en Plaza de Mayo. Se hicieron
picio para concretar sus demandas de las correspondientes promesas y luego
tierras que les correspondían, sobre el Estado demostró su verdadero ros-
las cuales tenían legítimo derecho y tro: se decidió el regreso de los indí-
así es como se conformó el Malón de genas obligados por fuerzas militares
la Paz por los caminos de la Patria. y volvieron a la situación de margi-
El Malón de la Paz de 1946 fue un nalidad en que se encontraban en las
hito en la lucha indígena argentina. tierras improductivas a las que fueron
Una caravana de 174 collas inició su desplazados por los nuevos propieta-
caminata desde la Puna, en el noroes- rios que fueron comprando sus tierras
te del país, hasta llegar a la Capital al estado. Después de ese hecho, Pe-
Federal, en una travesía de 3 meses, rón se justificó argumentando que los
para solicitarle al presidente, en ese integrantes del Malón de la Paz “no
entonces Juan Domingo Perón, la de- representaban las inquietudes ni las
volución de sus tierras. aspiraciones de los auténticos habitan-
En su edición del 22 de Julio de tes indígenas de nuestro norte”. Lejos
aquel año, el diario “Democracia” estaba la sociedad nacional de com-
decía: “estos indios trabajadores, prender el profundo significado de las
mansos y sufridos, vienen a protestar reivindicaciones indígenas.
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En número escaso, los moco- de las leyes naturales y caracterizada
víes, tobas, matacos, pilagás y otros por la intolerancia ante las diversas
pueblos chaquenses sobreviven al formas de ver el mundo. Los collas
amparo del monte, en las colonias y aymaras en Bolivia, los kunas y
y reservas indígenas, y desde allí ngobe gugle, en Panamá, los mayas
continúan vendiendo temporalmente Quiché en Guatemala, los miskitos,
su mano de obra barata. Del medio sumos y ramas en Nicaragua, cabé-
centenar de pueblos indígenas que cares, bruncas, bribis y huetares, en
poblaban el territorio antes del arri- Costa Rica, tzotsiles y tojolavales en
bo europeo, sobreviven hoy, en una Chipas, los taraumaras en el norte de
Argentina “democrática”, apenas México y los navajos en Norteamé-
catorce grupos étnicamente dife- rica, todos con su propia identidad
renciados entre sí, consecuencia de cultural, pero pertenecientes, a la
las sucesivas acciones bélicas y de vez, a una gran familia asediada por
las diferentes políticas de avasalla- los avatares de una historia común
miento y etnocidio. Posiblemente, que la ha desarticulado y reducido a
el hecho de que los grupos indígenas la mínima expresión.
argentinos opusieran tanta resistencia Ahora bien, no se trata de victi-
a la asimilación de la cultura domi- mizar al indígena puesto que, al fin y
nante, es lo que determinó un país al cabo, la victimización reduce y de-
con el menor porcentaje (aproxima- nigra a la víctima, transformándola en
damente 1.5 %) de población indíge- un sujeto dócil, indefenso e incapaz
na en la actualidad, a diferencia de de superar las vicisitudes que acon-
los demás países latinoamericanos tecen en su propio desarrollo evolu-
en donde la sumisión les permitió, al tivo (Pestanha, 2005). Se toma como
menos, sobrevivir. ejemplo la “teoría del buen salvaje”,
Pero desde luego que los acon- en donde la colonización hispánica
tecimientos ocurridos a lo largo y constituyó una epopeya encarada por
ancho del territorio argentino no son un sanguinario y genocida contingen-
una exclusividad de este país, ya que te de conquistadores que expolió y
la historia de discriminación y olvido masacró a diversas etnias ingenuas y
es una constante que se ha dado sin pacifistas. Esta estrategia, la martiriza-
tregua alguna en todos los pueblos ción del universo pre-hispánico termi-
del continente. Con otros nombres, na reduciendo culturas tan altamente
rostros, colores y luchas sin igual, ricas, poderosas y significativas como
al final sigue siendo la misma his- la de los Aztecas, Mayas e Incas, a un
toria caracterizada por el grupo do- conjunto de estirpes integradas por
minante, que ha impuesto su propia inocentes, inofensivos e idealistas se-
visión de las cosas, bastante alejada res primitivos (Pestanha, 2005).
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SOCIEDAD Y REFLEXIÓN
Tampoco se trata de tomar parte aún queda mucho camino por re-
de una corriente indigenista, que insis- correr para garantizar que todas
te en colocar al indígena como un ser las formas de ver el mundo puedan
idealizado, en una visión completa- coexistir pacíficamente en el país.
mente truncada con la realidad. Se trata Mientras tanto, poco más de medio
más bien de reconocer la opresión para millón de indígenas, hombres, mu-
generar conciencia sobre ella, para en- jeres y niños, silenciosos, despre-
carar acciones tendientes a revertir y ciados, dignos, siguen recorriendo
rescatar el maravilloso acervo étnico los caminos de la República. Ellos
- cultural de nuestros antepasados. Si conocen los desvelos de la resisten-
a este acervo se le suma la diversidad
cia y constituyen un verdadero tes-
que resultó de la descendencia directa
timonio, revelador de una innegable
de inmigrantes europeos y del mesti-
voluntad de supervivencia. Su pre-
zaje de estos con los pobladores na-
sencia hoy es el reflejo de un duelo
tivos, se tiene como resultado lo que
interminable, sin duda el más largo
constituye la Argentina hoy.
Recientemente, los pueblos in- que se extiende a través de la histo-
dígenas han empezado a ser tomados ria de nuestro continente.
en cuenta, de una manera incipiente y
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