0% encontró este documento útil (0 votos)
47 vistas8 páginas

6BS36

El documento describe la vida de Martín Lutero, incluyendo su conversión al monacato luego de una tormenta aterradora y su descubrimiento a través del estudio de la Biblia de las buenas nuevas del perdón de Dios a través de la fe en Jesús, lo que desencadenó los eventos de la Reforma.

Cargado por

Guillermina Ruiz
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
47 vistas8 páginas

6BS36

El documento describe la vida de Martín Lutero, incluyendo su conversión al monacato luego de una tormenta aterradora y su descubrimiento a través del estudio de la Biblia de las buenas nuevas del perdón de Dios a través de la fe en Jesús, lo que desencadenó los eventos de la Reforma.

Cargado por

Guillermina Ruiz
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

CRISTO PARA

TODAS
UN TESORO LAS NACIONES
UN TESORO REVELADO: [Link]
REVELADO: Martín Lutero
Martín Lutero y los sucesos de la Reforma 660 Mason Ridge Center Dr.
os sucesos de la Reforma

UN TESORO
St. Louis, Missouri 63141-8557
1-800-972-5442 • [Link]
[Link]

REVELADO:
que
Lutero diseñó un escudo personal
ba su fe y enseñanzas. Así explicó
su significado:
que la fe en
6BS36
egra en un corazón me recuerda Si bien
salva (Roman os 10:10).
ucificado me
el color del
ue mortifica es negra, no cambia
ni mata, sino que
No corrompe la naturaleza
fe en el Crucific ado. El corazón

CRISTO PARA TODAS


e vivo… por
que la fe da

Martín Lutero
tro de una rosa blanca muestra
fe no da la paz y el
consuelo y paz—porque esta
La rosa está sobre
e da el mundo (Juan 14:27).
o azul cielo, porque el gozo
ólo una señal del gozo celestial
en el espíritu y la
por venir que se
un círculo dorado
LAS NACIONES
y los sucesos de la Reforma
anticipa en esperanza. Le rodea
zando que tal bienaven turanza en el cielo no
que todas las alegrías
[Link]
n, sino que es más preciosa
deseado y precioso
os, así como el oro es el más
amado Señor, sea con
Que Cristo, nuestro
ritu hasta la vida eterna. Amén.” 6BS36

660 Mason Ridge Center


Dr., St. Louis, MO 63141-85
57
.org
Dra. Carol Geisler
1-800-972-5442 • [Link]

Una tormenta aterradora, un secuestro, un escondite en un castillo, un encubrimiento magistral… son todos ingredientes para
una historia extraordinaria. La vida del monje alemán, cuyas enseñanzas pusieron en marcha los sucesos de la Reforma, los tiene
a todos y también el descubrimiento de un tesoro—las buenas noticias del regalo gratuito del perdón de Dios a través de la fe en
Jesús. Los sucesos de la Europa del siglo 16 que habrían de cambiar al mundo, sucesos que luego habrían de ser conocidos como
la “Reforma”, ocurrieron durante una época de cambios. Eran muchos los que añoraban una reforma de la iglesia y protestaban
en contra de la riqueza y la codicia de los líderes religiosos. Los eruditos estudiaban hebreo y griego, descubriendo y examinando
manuscritos antiguos, y las imprentas, la tecnología de comunicación más adelantada de la época, publicaban las últimas ideas.
Mientras tanto, un joven estudiante de leyes llamado Martín Lutero dejó de estudiar leyes y se fue a un monasterio a enseñar sobre
la Biblia en una universidad. A través de su estudio de la Biblia haría descubrimientos con respecto a las buenas noticias del amor y
el perdón de Dios, que le cambiarían la vida.

La descarga de un rayo
Martín Lutero nació el 10 de noviembre de 1483 en Eisleben, Alemania, siendo el segundo hijo de Juan y Margarita Lutero. Al
siguiente día fue bautizado con el nombre Martín, en honor a San Martín de Tours, el santo cuya vida se celebraba ese día. Su
padre trabajaba en las minas de cobre, y más adelante adquirió algunas. El hogar Lutero era estricto pero cariñoso. Al comenzar la
escuela, Martín demostró ser un buen estudiante. Aprendió latín—el lenguaje de la iglesia, la educación y los negocios—y así se
preparó para hacer estudios más avanzados. En 1501 ingresó a la Universidad de Erfurt. Allí estudió leyes, una decisión que agradó
a su padre, quien quería que Martín tuviera una buena vida como abogado. Pero los planes de vida de Martín Lutero cambiaron
súbitamente en el verano de 1505. Cuando regresaba a la universidad, luego de haber visitado su casa paterna, se desató una
tormenta. Temiendo por su vida—y temiendo también la ira de Dios—Lutero clamó por ayuda a Santa Ana, diciendo: “¡Si me
salvas, prometo volverme monje!” Y así fue.

Poco tiempo después de su experiencia en la tormenta, Lutero ingresó en el monasterio de Erfurt. Su voto de convertirse en monje
había sido hecho en un momento de miedo, pero sus constantes temores con respecto al pecado, la muerte y el juicio de Dios
sirvieron de trasfondo para su decisión. A pesar de que creía en Jesucristo como su salvador, Lutero también temía a Cristo como
al juez implacable que condena a los pecadores al infierno en el Día del Juicio. Constantemente luchaba con la pregunta: “¿Cómo
puedo encontrar a un Dios misericordioso?”

Como monje pasaba su vida en estudio y oración, esperando encontrar paz y ganarse el favor de Dios. Johann von Staupitz,
su superior en la Orden Agustina, trató de ayudarle en su preocupación, diciéndole que confiara en Jesús no como en un juez
enojado, sino como en el Salvador amoroso. Años más tarde Lutero recordaría con gratitud el consejo de Staupitz y se referiría a él
como a un mensajero celestial.

Lutero estudió, trabajó y oró. Fue ordenado al sacerdocio y enviado nuevamente a la Universidad de Erfurt, pero ya no para estudiar
leyes. Allí recibió un título en Biblia que le permitió enseñar sobre la Biblia. En 1511 fue enviado a la nueva universidad en Wittenberg,
donde enseñó sobre la Escritura, predicó en el monasterio y en la iglesia del pueblo, y estudió y recibió su doctorado en teología.

1
Las puertas del paraíso
Lutero luchaba con la frase: “la justicia de Dios”, como se encuentra en Romanos [Link] “Porque en el evangelio se revela la justicia
de Dios, que de principio a fin es por medio de la fe, tal como está escrito: «El justo por la fe vivirá.».” Él pensaba que la justicia
de Dios describía la santidad de un Dios enojado que castiga a los pecadores injustos. Pero al continuar estudiando esas palabras,
llegó a una nueva comprensión de la justicia de Dios. Así describió su descubrimiento: “Finalmente, por la misericordia de Dios,
meditando día y noche, presté atención al contexto de las palabras… comencé a comprender que la justicia de Dios es aquella
por la cual el justo (la persona) vive por un don de Dios, es decir, por fe.”1 Lutero comprendió que el ser justos—o sea, la santidad
ante Dios a través del perdón de los pecados—es un regalo que recibimos de Dios a través de la fe. Cuando se dio cuenta de la verdad
acerca de este precioso don de Dios para los pecadores, Lutero dijo que se sentía como si se le hubieran abierto las puertas del paraíso.

Mientras Lutero enseñaba y predicaba en Wittenberg, el noble Alberto de Brandeburgo se las arregló para ser nombrado a tres
cargos en la Iglesia—como obispo de una ciudad y como arzobispo en otras dos. De acuerdo a las reglas de la iglesia, sólo podía
tener un cargo, pero si le pagaba al Papa podía mantener los tres, al igual que los ingresos correspondientes. Alberto hizo arreglos
con una familia banquera alemana para que le prestaran los fondos necesarios. Y con el fin de juntar dinero para devolver el
préstamo, el Papa León X le permitió vender indulgencias en Alemania.

En esa época las personas compraban indulgencias porque la iglesia enseñaba que las buenas obras extras de Cristo y los santos,
compradas a cierto precio, podían ser acreditadas a sus cuentas celestiales. Tales transacciones eran confirmadas con un certificado
autorizado por el papa, llamado indulgencia. Quienes compraban los certificados de indulgencias creían que estaban comprando su
exoneración del sufrimiento en el purgatorio, o sea, que estaban comprando el perdón de sus pecados, tanto para ellos como para
sus seres queridos. La mitad del dinero recaudado a través de la venta de las indulgencias de Alberto saldó el préstamo del banco.
El resto del dinero fue enviado a Roma para ayudar a pagar la construcción de la Catedral de San Pedro.

La puerta de la iglesia
Los miembros de la congregación de Lutero en Wittenberg viajaron a una ciudad cercana para comprar indulgencias. Lutero
predicaba sermones advirtiendo contra tales compras. Sin embargo, el pueblo continuaba comprando indulgencias. Lutero
compuso una lista de 95 tesis, o declaraciones, contra la venta de indulgencias, y el 31 de octubre de 1517—el día anterior al Día
de Todos los Santos—la clavó en la puerta de la Iglesia del Castillo de Wittenberg, con la intención de invitar a los eruditos a
discutir sus ideas. También envió copias al Arzobispo Alberto y al Obispo de Brandeburgo. Lutero creía que, si las autoridades de
la iglesia llegaban a comprender que las indulgencias le daban al pueblo un sentido de falsa seguridad con respecto al perdón de los
pecados, dejarían de venderlas. El arzobispo, a su vez, envió una copia al Papa en Roma, pero los líderes eclesiásticos no dejaron de
vender las indulgencias. Las 95 tesis fueron traducidas del latín al alemán, impresas y distribuidas por toda Alemania. El monje y
profesor del pequeño pueblo de Wittenberg estaba en camino a convertirse en una figura muy conocida no sólo en Alemania, sino
a través de Europa.

El verdadero tesoro
En la primera de sus 95 tesis, Lutero escribió: “Cuando nuestro Señor y Maestro Jesucristo dijo ‘Arrepiéntanse’ (ver Mateo 4:17),
quiso que toda la vida de los creyentes sea una de arrepentimiento.” El arrepentimiento no es la compra ocasional de un certificado
autorizado. Los cristianos se arrepienten diariamente de sus pecados y reciben el perdón obtenido por Jesús a través de su muerte
y resurrección. Un eslogan popular de venta de indulgencias, decía: “¡Tan pronto como la moneda cae en la caja, un alma sale
volando del purgatorio!” Esa idea, dijo Lutero, fue una enseñanza inventada por el hombre. En otra de sus 95 tesis escribió:
“A los cristianos se les debe enseñar que aquél que da al pobre o le presta al necesitado hace una mejor obra que quien compra
indulgencias.” El dinero gastado en indulgencias sería mejor usado en ayudar a los necesitados. En respuesta a la idea de que las
buenas obras extras de Cristo y de los santos servían como un tesoro espiritual, Lutero dijo: “El verdadero tesoro de la iglesia es el
santísimo Evangelio de la gloria y gracia de Dios.”2 Ese atesorado Evangelio es la buena noticia que el perdón y la vida eterna son
regalos inmerecidos de Dios, recibidos a través de la fe en Jesucristo.

Lutero continuó enseñando y predicando sobre el tesoro del Evangelio. Debatió con sus oponentes y presentó argumentos que
apoyaban sus nuevas ideas. Sus escritos fueron publicados y circularon por toda Europa. Al hacerse más popular, las autoridades de

2
Roma comenzaron a tomar acciones en su contra. Los líderes religiosos trataron infructuosamente de convencerlo de que dejara de
enseñar y escribir. Finalmente, el Papa publicó un decreto contra Lutero, y el popular profesor recibió 60 días para retractarse de lo
que había dicho. Si no lo hacía, sería condenado por falsas enseñanzas y excomulgado—removido de la comunión de la iglesia. El
decreto del Papa describió a Lutero como un “cerdo salvaje” que había invadido la viña de la iglesia: “Levántate, oh Señor, y juzga
tu causa. Un cerdo salvaje ha invadido tu viña… Los libros de Martín Lutero, que contienen estos errores, han de ser examinados y
quemados… Por lo tanto, ahora le damos a Martín 60 días para que se retracte.”3

Pero Lutero no se retractó. El 10 de diciembre de 1520—al final de los 60 días—Lutero echó al fuego el decreto del Papa. El
Papa quería que el Emperador Carlos V—quien gobernaba la mayoría de Europa en ese tiempo—lo declarara ilegal, pero primero
Lutero tenía derecho a ser escuchado. Así que el Emperador convocó a Lutero a una reunión imperial en la ciudad alemana de
Worms. Lutero llegó a Worms en abril de 1521, donde una gran multitud salió a esperarlo y recibirlo. En el salón de la audiencia,
sus libros y escritos estaban sobre una mesa. Le preguntaron si eran suyos y si se retractaba de lo que había escrito. Lutero
respondió que esos libros eran suyos, y luego pidió que le dieran tiempo para pensar sobre la segunda pregunta. Al día siguiente
volvieron a hacerle la misma pregunta, pero se negó a retractarse de lo que había escrito. Cuando le pidieron una vez más que se
retractara, Lutero dijo que no lo haría, a menos que fuera convencido por la Escritura o la razón de que sus enseñanzas estaban
equivocadas.

“A menos que el testimonio de la Escritura o la razón me convenzan (porque no confío ni en el Papa ni en los concilios, dado
que es bien sabido que a menudo han errado y se han contradicho), me someto a las Escrituras que he citado y mi conciencia
está cautiva de la Palabra de Dios. No puedo revocar nada, porque proceder en contra de la conciencia no es ni justo ni seguro.
Esta es mi posición. No puedo actuar de otra forma. Dios me asista. Amén.”4

La Iglesia había condenado a Lutero como hereje y maestro falso. Ahora el Emperador tenía que tomar una decisión con respecto
al monje desobediente.

¡Secuestrado!
Con un salvoconducto para regresar a Wittenberg y esperar la decisión del Emperador, Lutero se fue de la ciudad de Worms en
una carreta con su amigo Nicholas von Amsdorf, otro monje de Wittenberg, y el conductor. Luego de andar varios días, cuando
pasaban por un bosque unos hombres armados a caballo rodearon la carreta, secuestrando a Lutero.

Varias horas después llegaron al castillo de Wartburg. Si bien Lutero tenía enemigos, también tenía amigos de gran influencia
política, incluyendo a Federico el Sabio, gobernante de Sajonia, el territorio donde estaba ubicada Wittenberg. Federico, quien había
establecido la Universidad de Wittenberg, era quien había hecho secuestrar y esconder en un lugar seguro al popular monje y profesor.
En el castillo Lutero se vistió como un noble y se apodó a sí mismo el Caballero Jorge. Hablando con un amigo acerca de su disfraz,
dijo: “Me estoy dejando crecer la barba y el cabello, por lo que no me reconocerías. Apenas puedo reconocerme yo a mí mismo.”5

Más o menos un mes después de la audiencia en Worms, el Emperador Carlos V firmó un decreto declarando a Lutero hereje e
ilegal, razones por las cuales se le debía arrestar y matar. Nadie debía comprar, vender o leer sus libros, y quien ayudara a capturarle
sería recompensado por su buena obra. Estando a salvo en el castillo de Wartburg, Lutero escribía y traducía. Así tradujo el Nuevo
Testamento del griego al alemán, para que el pueblo alemán pudiera leer la Palabra de Dios en su propio idioma. Cuando se fue
del castillo y regresó a Wittenberg, la traducción fue publicada y se vendieron miles de copias.

Mientras Lutero estaba en el castillo, Andreas Karlstadt, otro profesor de la universidad, predicaba en la congregación de
Wittenberg. Karlstadt quería seguir las enseñanzas de Lutero, pero hizo demasiados cambios demasiado rápido, sin primero
enseñar al pueblo la Escritura. Previamente habían recibido sólo el pan en la misa Católica Romana. Por lo tanto, cuando Karlstadt
distribuyó tanto el pan como el vino en la Santa Comunión, los confundió. También les dijo que en la iglesia no serían permitidas
estatuas de Cristo o de santos. El pueblo comenzó a invadir las iglesias e interrumpir los servicios de adoración, destruyendo las
imágenes de los santos y los altares. Las escuelas tuvieron que ser cerradas debido a la violencia. Lutero no aprobaba la violencia o
los súbitos cambios hechos por Karlstadt. Si los cambios eran necesarios, debían ser hechos en forma lenta y cuidadosa. Al pueblo
había que enseñarle la Palabra de Dios para que comprendieran las razones del cambio. Lutero visitó secretamente Wittenberg en
diciembre de 1521, y decidió que debía regresar y dirigir los cambios de manera adecuada, cosa que hizo en marzo de 1522.

3
Martín y Catalina
Aun cuando el edicto del emperador prohibía que el pueblo comprara los libros de Lutero, sus escritos y enseñanzas continuaron
propagándose por toda Europa. Habiendo comprendido el don gratuito del perdón de Dios en Jesús, muchos sacerdotes y monjas
abandonaron sus monasterios y conventos. Catalina von Bora fue una de esas monjas quien, junto con otras once, escapó de un
convento que se encontraba a unas 50 millas de Wittenberg. Estas monjas le habían escrito a Lutero, pidiéndole que les ayudara a
dejar el convento, por lo que Lutero hizo arreglos con un amigo que llevaba suministros al convento. El conductor ayudó a escapar
a las monjas escondiéndolas entre los barriles (¡o quizás dentro de los barriles!) de su camión. Lutero les consiguió trabajo y hogares
donde alojarse, y hasta les arregló matrimonios. Pero Catalina, o Katy, insistió en que ella sólo se casaría con el Dr. Amsdorf o con
el mismo Martín Lutero. Martín y Catalina se casaron en junio de 1525, y tuvieron seis hijos: Johannes, Elizabeth, Magdalena,
Martín, Paul, y Margaret. La familia sufrió mucho cuando murió Elizabeth antes de cumplir un año de edad, y luego Magdalena
a los 13 años. Pero, si bien pasaron por momentos de tristeza, el hogar Lutero era alegre, lleno de trabajo, música y conversaciones
con invitados y estudiantes que a menudo participaban de la mesa familiar.

Las enseñanzas de la Reforma continuaron desparramándose e influenciaron cambios en pueblos e iglesias. Algunos monjes
dejaron sus órdenes, y muchos monasterios que antes servían como escuelas, fueron cerrados. Lutero escribió a los gobernantes de
Alemania, alentándolos a que construyeran escuelas para entrenar a los jóvenes a ser buenos ciudadanos. Si las ciudades estaban
dispuestas a gastar dinero en la construcción de caminos y puentes, también deberían estar dispuestas a pagar por buenas escuelas,
tanto para varones como para mujeres. Cuando Lutero era joven, las escuelas eran estrictas y los maestros no siempre estaban bien
preparados. Lutero dijo que, dado que a los niños les gusta correr y jugar, debían ser educados con buenos modales, y recomendó
que se les enseñaran las Escrituras, idiomas, historia, matemáticas y música.

¿Qué significa esto?


Los pastores, maestros y familias necesitaban instrucción en las nuevas enseñanzas sobre el don de la justicia de Dios dado a través
de la fe en Jesús. Los teólogos y los gobernantes visitaban las iglesias para examinar el conocimiento y estilo de vida de sus pastores
y miembros, y a menudo no les gustaba lo que veían. Muchas personas, e incluso algunos de los pastores, sabían muy poco sobre la
fe cristiana. Con el fin de proveer instrucción se publicó El Catecismo Menor de Lutero, con explicaciones simples de las enseñanzas
básicas de la fe cristiana—los Diez Mandamientos, el Credo Apostólico, el Padrenuestro, el Bautismo, la Santa Comunión, y la
Confesión y Absolución. Para explicar cada parte, Lutero pregunta: “¿Qué significa esto?”, y provee una respuesta simple. Una serie
de sermones de Lutero sobre los mismos temas se convirtió luego en el Catecismo Mayor, a ser usado para enseñar a las familias
y pastores. Lutero explicó que los cristianos nunca deben dejar de aprender las enseñanzas básicas de la fe. Aun siendo profesor y
pastor, Lutero estudiaba constantemente las lecciones simples de estos textos.

La Confesión de Augsburgo
Si bien Lutero continuó predicando y escribiendo, sus enseñanzas seguían estando prohibidas en el imperio. Muchas personas,
incluyendo príncipes y nobles, seguían a Lutero, mientras que otras permanecían fieles a la Iglesia. Pero los argumentos religiosos
dividieron al imperio en un tiempo en que, debido a la amenaza continua del ejército turco, el Emperador Carlos necesitaba paz
y unidad, así como también el apoyo militar de todos los gobernantes. Para tratar de lograrlo, convocó un concilio imperial en la
ciudad de Augsburgo en el año 1530. Carlos quería escuchar las declaraciones de fe de boca de los seguidores de Lutero—a quienes
los oponentes de Lutero llamaban de “luteranos”—con el fin de tratar de restablecer la unidad. Basando su obra en documentos
anteriores, Philip Melanchthon, amigo de Lutero y compañero profesor de la universidad, escribió una declaración de fe para
ese concilio imperial, que pasaría a ser llamada la Confesión de Augsburgo. Lutero, que todavía era ilegal en el imperio, habría
sido detenido si hubiera ido al concilio, por lo que se mantuvo en contacto con sus seguidores desde la seguridad de su territorio
en Sajonia. El 25 de junio de 1530 se leyó ante el Emperador la Confesión de Augsburgo. Al final, luego de mucha discusión, a
los luteranos se les ordenó regresar a la Iglesia. Pero no lo iban a hacer. Así que, para protegerse de que el emperador los forzara
a obedecer, los príncipes luteranos formaron una alianza llamada la Liga de Esmalcalda. Varios años más tarde, los príncipes
luteranos fueron vencidos por las fuerzas del emperador en una guerra, pero en 1555 un tratado firmado en Augsburgo les
permitió mantener sus creencias legalmente y en paz.

4
“Todos somos mendigos”
Lutero continuó escribiendo sermones, cartas y panfletos explicando sus enseñanzas y respondiendo a controversias. Compuso himnos
celebrando el amor de Dios en Jesucristo, y su traducción de la Biblia al alemán fue publicada en 1534. En el correr de los años a
veces se enfermaba, pero siempre se mantenía muy activo. Su opinión era respetada no sólo en asuntos teológicos, sino también en
la política, ya que los gobernantes a menudo le pedían su opinión y juicio. En 1546 dos de sus hijos, junto con varios de sus amigos,
se dirigían a la ciudad de Eisleben para resolver un conflicto de los condes de Mansfeld, por lo que le pidieron a Lutero que fuera
a ayudarles. Así lo hizo, predicando también varias veces en la ciudad, y ayudándoles a resolver su desacuerdo. Pensaba regresar a
Wittenberg, pero en la noche del 17 de febrero sintió dolores en el pecho. Si bien el médico fue a verlo, en la madrugada del 18 de
febrero, el dolor empeoró. La muerte se avecinaba. Su amigo Justus Jonás le preguntó si estaba dispuesto a morir firme en Cristo y en
la doctrina que había enseñado. Lutero claramente respondió: “si”, y murió el 18 de febrero de 1546. Sus restos fueron llevados de
regreso a Wittenberg, donde fue enterrado bajo el piso de la Iglesia del Castillo de Wittenberg, frente al púlpito desde el cual tantas
veces había predicado sobre el tesoro de los dones gratuitos de Dios del perdón y la vida en Jesucristo.

Luego que Lutero muriera, en uno de sus bolsillos se encontró un trozo de papel con sus últimas palabras escritas. Había estado
escribiendo acerca de la Iglesia y la Escritura, terminando con el siguiente comentario: “Esto es cierto. Todos somos mendigos.”6 A
través del estudio de la Biblia, Lutero llegó a comprender que somos justificados—o sea, hechos justos, o santos, delante de Dios—
sólo por fe en Jesús. Este es un don, o regalo, inmerecido de la gracia de Dios para nosotros. Todos somos mendigos. No tenemos
nada para ofrecer a cambio de tal tesoro—ni indulgencias, ni monedas, ni siquiera nuestros mayores esfuerzos por obedecer
los mandamientos de Dios son suficientes para pagar por semejante regalo. La paz con Dios, el perdón de nuestros pecados, la
esperanza cierta de la vida eterna—todas estas cosas son un tesoro comprado con la sangre de Jesucristo, quien murió en la cruz y
resucitó de la muerte por nosotros.

En 1519 Lutero había diseñado un escudo personal que lo usaba como ‘marca registrada’ en sus escritos, y servía como símbolo y
resumen de su fe y enseñanzas. El centro del escudo muestra una cruz negra dentro de un corazón rojo, reposando sobre una rosa
blanca. La cruz nos recuerda que somos salvos por fe en Jesús, el Crucificado. La rosa blanca simboliza consuelo, gozo y paz. La
rosa blanca sobre un fondo azul rodeado de oro ilustra el gozo del cielo, que es más precioso que todo gozo o tesoro terrenal.

Martín Lutero esperaba reformar la Iglesia de su época y ajustar sus enseñanzas a la verdad de la Escritura. Los líderes de la Iglesia
resistieron sus esfuerzos y, como resultado, quienes siguieron las enseñanzas de Lutero formaron otra iglesia cristiana, llamándose
a sí mismos “evangélicos” (de la palabra griega evangelion, que significa buenas noticias), o sea, personas que creyeron y enseñaron
las Buenas Nuevas o el Evangelio de Jesucristo. Más tarde pasaron a llamarse luteranos, el nombre que le dieran sus opositores. Los
luteranos recolectaron sus declaraciones de fe en una colección de documentos llamado el Libro de Concordia. Este libro comienza
con los credos cristianos antiguos, para mostrar que los luteranos creen las enseñanzas de la iglesia cristiana histórica. También
incluyeron el Catecismo Menor y el Catecismo Mayor de Lutero, la Confesión de Augsburgo, y muchas otras declaraciones de fe.
“Concordia” significa acuerdo, por lo que con estas declaraciones los luteranos demuestran su acuerdo, o armonía en cuanto a lo
que creen y enseñan. Ese 31 de octubre en que Lutero clavó sus 95 tesis en la puerta de la iglesia de Wittenberg, ha pasado a ser la
fecha en que los luteranos celebran el Día de la Reforma.

5
Sólo la gracia
Generalmente se utilizan tres frases breves para describir o resumir las enseñanzas descubiertas durante la Reforma a través de la
obra de Martín Lutero: “Sólo la gracia, sólo la fe, sólo la Escritura”.

Las palabras “sólo la gracia” nos recuerdan que el perdón de los pecados es un don de la gracia de Dios, o sea, que es su regalo a
nosotros, pecadores indignos. Como escribió Lutero: “Somos todos mendigos.” No podemos hacer nada para ganar el perdón de
Dios. No tenemos nada para ofrecer a cambio de tal tesoro. Lutero dijo que “la gracia es ese favor de Dios que quiere nuestro bien
y nos justifica. Esto es, gratuitamente nos concede la fe que nos justifica.”7 Ser justificado significa ser declarado justo o santo ante
los ojos de Dios. Significa que nuestros pecados son perdonados y que nuestra relación con Dios es restaurada a través de la fe en
Jesucristo. La Palabra de Dios nos dice: “Ciertamente la gracia de Dios los ha salvado por medio de la fe. Ésta no nació de ustedes,
sino que es un don de Dios; ni es resultado de las obras, para que nadie se vanaglorie” (Efesios 2:8-9). Refiriéndose a la gracia de
Dios revelada en Jesús, la Biblia dice:
“La justicia de Dios, por medio de la fe en Jesucristo, es para todos los que creen en él. Pues no hay diferencia alguna, por
cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios; pero son justificados gratuitamente por su gracia, mediante la
redención que proveyó Cristo Jesús” (Romanos 3:22-24).

“Pero Dios muestra su amor por nosotros en que, cuando aún éramos pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8).
“[Dios] nos salvó, y no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la
regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo, nuestro Salvador,
para que al ser justificados por su gracia viniéramos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna” (Tito 3:5-7).
“La ley fue dada por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo” (Juan 1:17).

Sólo la fe
Las palabras “sólo la fe” se refieren al hecho que el regalo del perdón de Dios es recibido sólo a través de la fe en Jesucristo. La fe ha
sido descrita como la “mano” que recibe los dones (regalos) de Dios. Una vez Lutero dijo que la fe era como el anillo matrimonial
que nos une con Jesús. La fe es un don de Dios, creada en nosotros por el Espíritu Santo. Jesús dijo: “Ninguno puede venir a mí,
si el Padre que me envió no lo trae” (Juan 6:44).

Lutero escribió que “la fe es la confianza viva e intrépida en la gracia de Dios, tan segura y convincente, que el creyente apostaría
mil veces su vida por ella.”8 La Palabra de Dios nos dice que somos justificados no por nuestros propios esfuerzos, sino a través de
esa confianza viva y convincente que es la fe creada en nosotros por el Espíritu Santo.
“Así, pues, justificados por la fe tenemos paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo, por quien tenemos también, por
la fe, acceso a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos regocijamos en la esperanza de la gloria de Dios” (Romanos 5:1-2).
“Ahora bien, tener fe es estar seguro de lo que se espera; es estar convencido de lo que no se ve” (Hebreos 11:1).
“Así que la fe proviene del oír, y el oír proviene de la palabra de Dios” (Romanos 10:17).
“… nadie puede llamar ‘Señor’ a Jesús, si no es por el Espíritu Santo” (1 Corintios 12:3b).
“La justicia de Dios, por medio de la fe en Jesucristo, es para todos los que creen en él” (Romanos 3:22a).

Sólo la Escritura
Las palabras “sólo la Escritura” significan que la Biblia, la Palabra inspirada de Dios, es la única fuente y autoridad de enseñanza
cristiana. En el Libro de Concordia, los luteranos escribieron que “Sólo la Santa Escritura permanece como el único juez, regla y
norma de acuerdo al cual todas las doctrinas deben ser reconocidas y juzgadas, ya sean malas, correctas o incorrectas.”9 Lutero dijo:
“Las personas no deben creerme a mí, a la iglesia, a los padres (maestros de comienzos del cristianismo), a los apóstoles, o siquiera
a un ángel del cielo, si enseñamos algo contrario a la Palabra de Dios. Pero la Palabra del Señor debe permanecer para siempre.”10

6
Lutero había esperado encontrar un Dios misericordioso, pero en su estudio de la Biblia aprendió que ese Dios misericordioso lo
había encontrado a él. En la Escritura aprendemos que Jesús es el Salvador “que vino a buscar y a salvar lo que se había perdido”
(Lucas 19:10b). Juan, el discípulo de Jesús, utilizando palabras recibidas de Dios, explicó por qué escribió los sucesos de la vida de
Jesús: “Pero éstas se han escrito para que ustedes crean que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que al creer, tengan vida en su
nombre” (Juan 20:31). La Biblia describe sus palabras y propósito:
“Tú, por tu parte, persiste en lo que has aprendido y en lo que te persuadiste, pues sabes de quién has aprendido; tú desde la
niñez has conocido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús” (2
Timoteo 3:14-15).
“Les he enseñado lo mismo que yo recibí: que, conforme a las Escrituras, Cristo murió por nuestros pecados; que también,
conforme a las Escrituras, fue sepultado y resucitó al tercer día” (1 Corintios 15:3-4).
(Jesús dijo) “Ustedes escudriñan las Escrituras, porque les parece que en ellas tienen la vida eterna; ¡y son ellas las que dan
testimonio de mí!” (Juan 5:39).
“La profecía nunca estuvo bajo el control de la voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron bajo el control
del Espíritu Santo” (2 Pedro 1:21).
“Sólo” es una buena palabra para usar cuando hablamos del don de la justicia de Dios para los pecadores. Somos mendigos. No
tenemos nada para ofrecer a cambio de semejante tesoro que se nos es dado sólo como un regalo de la gracia y favor de Dios, y que
recibimos sólo a través de la fe en Jesús. Así como lo descubriera Martín Lutero, esta verdad acerca de este tesoro es revelada sólo
en las enseñanzas de la Palabra de Dios, en las buenas nuevas de que Jesús murió en la cruz y resucitó de la muerte para obtener el
perdón y la vida eterna para nosotros. El inmenso tesoro de paz con Dios es un regalo gratis que recibimos gracias al precio pagado
sólo por Jesucristo.

NOTAS
1 Obras de Lutero, ed. Lewis W. Spitz, vol. 34 (Philadelphia: Muhlenberg Press, 1960), 337.
2 Tesis seleccionadas de las Obras de Lutero, ed. Harold J. Grimm, vol. 31 (Philadelphia: Fortress Press, 1957), 25, 29, 31.
3 Roland H. Bainton, Here I Stand: A Life of Martin Luther (New York: Abingdon Press, 1950), 147.
4 Obras de Lutero, ed. George W. Forell, vol. 32 (Philadelphia: Fortress Press, 1958), 112.
5 Obras de Lutero, ed. Gottfried G. Krodel, vol. 48 (Philadelphia: Fortress Press, 1963), 228.
6 James M. Kittleson, Luther the Reformer (Minneapolis: Fortress Press, 2003), 297.
7 What Luther Says, ed. Ewald M. Plass, vol. 2 (St. Louis: Concordia Publishing House, 1959), 603.
8 Obras de Lutero, ed. Theodore Bachmann, vol. 35 (Philadelphia: Fortress Press, 1960), 370.
9 El Libro de Concordia, ed. Kolb, Robert and Timothy J. Wengert (Minneapolis: Fortress Press, 2000), 487.
10 What Luther Says, ed. Ewald M. Plass, vol. 3 (St. Louis: Concordia Publishing House, 1959), 1479.

Carol Geisler ha sido maestra y directora de escuela primaria luterana. Es graduada de la Universidad Concordia en Seward,
Nebraska, tiene una maestría en administración de escuelas y en teología de la Universidad Concordia en Irvine, California,
y un doctorado en teología histórica del Seminario Concordia de St. Louis, Missouri. Ha escrito devociones para Portals of Prayer,
y currículo de religión para Concordia Publishing House.

7
Visite la tienda virtual de LHM
donde encontrará una variedad de
recursos para su ministerio
Para adquirir folletos impresos, diríjase a
[Link]
Allí encontrará éste y otros folletos, así como también títulos en inglés.
Estos folletos tratan temas como la muerte, el divorcio, la depresión,
el perdón, la paternidad, desde una perspectiva y base cristianas.

Check out LHM’s online store


for a variety of ministry resources
If you would like to get hard-copy booklets
of this item, you can do so by going to
[Link]
CRISTO PARA TODAS LAS NACIONES
[Link]

There you will find this and other Project Connect booklets,
with many titles in Spanish as well. Subjects like peace, divorce,
forgiveness, cancer, gambling, post-traumatic stress disorder
CRISTO PARA TODAS LAS NACIONES
and loneliness are only a [Link]
of the topics sensitively
addressed in these concise, Christ-centered volumes.

CRISTO PARA
TODAS
LAS NACIONES
[Link]

© 2015 CPTLN
Todos los derechos reservados

Cristo Para Todas Las Naciones es la división hispana de Lutheran Hour Ministries, un ministerio
cristiano mundial cuya misión es Llevar a Cristo a las naciones, y las naciones a la iglesia.
CRISTO PARA TODAS
Las citas bíblicas han sido tomadasLAS
de la NACIONES
Biblia Reina Valera Contemporánea,
Copyright © 2009, 2011 Sociedades Bíblicas Unidas.
[Link]

También podría gustarte