Finalidad y Racionalidad del Derecho
Finalidad y Racionalidad del Derecho
Palabras claves: Derecho, Finalidad del Derecho, Racionalidad del Derecho, Conduc-
ta jurídica, Principios prácticos, Naturaleza, Ley natural, Sindéresis.
Abstract: This research aims to deal with the intelligible of the law and other legal phe-
nomena taking into account that the finality of the law works as a principle. It shows the
main alignments of the classical thinking and contrasts them with the modern thinking,
which challenges the finality as a principle. When analyzing the essence of the law,
which is materialized in the human behavior, the order at least appears within the notion
of law, in its different dimensions.
Keywords: Law, Finality of the law, Rationality of the law, Legal conduct, Practical
principles, Nature, Natural law, Synderesis.
Parole chiave: Diritto, Finalità della legge, Razionalità della legge, Condotta legale,
Principi pratici, Natura, Legge naturale, Sinderesi.
1. Introducción
Plantearse el sentido del Derecho y de todo el mundo jurídico, en y para
la vida humana, implica investigar qué es, es decir, su esencia. A este asunto
dediqué mi obra La verdad del Derecho1. Pero ahora conviene insistir en dos
aspectos: la racionalidad y el principio justificante de dicha racionalidad y,
en definitiva, la raíz última de su esencia e inteligibilidad. Para hallarla se
debe conocer, en primer lugar, cuál es el concepto de Derecho y los demás
fenómenos jurídicos.
El primer dato que salta a la vista es que el Derecho es una propiedad
humana de la que surge su racionalidad. Ello es así porque la materia del
fenómeno jurídico son las conductas humanas.
Si el Derecho es una norma jurídica, como sostienen los positivistas
normativistas, esta, en última instancia, se refiere a acciones; o si es el re-
sultado de una conducta jurídica, como sostiene Santo Tomás de Aquino; o si
es una facultad moral, como dice Francisco Suárez, que también se refiere a
un poder que se materializa en actos; o si simplemente es una acción, como
lo definen Georges Kalinowski2 o Guido Soaje Ramos3, entonces, el Derecho
siempre refiere a una conducta humana: se realiza principalmente en la
acción y por ello es esencialmente práctico.
En estos términos, el Derecho tiene en la conducta humana, exterior
y social su realidad material inmediata. Ella es el soporte óntico de todo el
mundo jurídico. Es también el soporte noético, pues toda la perceptibilidad
de lo jurídico se actualiza empíricamente como un momento de significación
de la conducta, dado que ella es lo primero que aparece en la experiencia.
Así, desde un punto de vista material, la conducta aparece como el eje de ar-
ticulación de todo el contenido del campo jurídico. Y en la medida en que es
el soporte inmediato de la realidad jurídica, el hombre es su soporte radical,
como fuente de la realidad de la conducta y de todo el Derecho4.
Pero el Derecho no es solo una acción que se realiza en un lugar y tiem-
po determinado y cualificada por todas sus circunstancias, sino que además
tiene un elemento formal que supone la igualdad de la justicia y que, en
primer lugar, es una ordenación inmediata de la conducta debida al mereci-
miento de otro y una ordenación mediata de dicha conducta al bien común
y, en segundo lugar, una ordenación de la conducta a la norma jurídica, que
1 Bossini, L. A. (2020). La verdad del Derecho. Justicia, orden y bien común. Buenos
Aires. IEF “Santo Tomás de Aquino”.
2 Kalinowski, G. (1982). Concepto, fundamento y concreción del Derecho (estudio preli-
minar de C. I. Massini y traducción de C. E. Arias de Ronchietto, B. B. Calderón y C. I. Massini).
Buenos Aires. Abeledo-Perrot, 19. Una síntesis del concepto de Derecho como conducta en Kali-
nowski puede hallarse en: Herrera, D. A. (2005). La noción de Derecho en Villey y Kalinowski.
Buenos Aires. Educa, 26.
3 Soaje Ramos, G. (1998). “El concepto de Derecho. Examen de algunos términos perti-
nentes”. Circa Humana Philosophia, Año II, Nro. 3, 79-105.
4 Cfr. Lamas, F. A. (1991). La experiencia jurídica. Buenos Aires. IEF “Santo Tomás de
Aquino”.
es precisamente ordenación racional al fin (la ley opera como principio for-
mal extrínseco de la conducta, modelo de la misma, causa ejemplar y orden
racional al fin)5. Aquí aparece el problema de la determinación de la unidad
de significación, que no es otra cosa que el núcleo inteligible del fenómeno
jurídico. En el plano de la experiencia jurídica, se observa al Derecho con-
formando una totalidad de un conjunto de elementos que se integran en un
todo de orden, por lo que debe contemplarse en el fenómeno jurídico: a) su
complejidad, ya que está compuesto por elementos diversos; b) su totalidad,
ya que estos elementos se hallan integrados en un todo y constituyen una
unidad; c) su singularidad, ya que cada uno es distinto de otros y con notas
propias6.
Fue Aristóteles quien elaboró la primera teoría de la acción humana
(praxis) como acto voluntario a partir de las facultades y operaciones del
alma. La praxis es una cierta totalidad o síntesis dinámica que incluye la
intención del fin, la libertad de elección, la deliberación, las circunstancias,
el imperio, la imputación, etc. Estos actos humanos voluntarios se presen-
tan, entonces, con una estructura compleja que tiene una unidad interior
que le confiere estructura inteligible, por lo que su autor es dueño de ella y
responsable de sus consecuencias7.
Según Searle, en su libro La racionalidad de la acción8, la acción hu-
mana es esencialmente racional. Esta tesis central de su obra puede com-
pletarse con la de Brock, en Acción y conducta9, cuando afirma que el fin es
la causa o explicación de la conducta.
Ahora bien, respecto a la inteligibilidad y racionalidad de la conducta
humana, en general, y de los fenómenos jurídicos en particular, hay dos mo-
delos teóricos antagónicos:
a) De una parte, el pensamiento clásico –Platón, Aristóteles, Santo To-
más de Aquino y el resto de la Escolástica, incluyendo la Segunda Esco-
lástica– afirma la inteligibilidad y racionalidad intrínseca de la conducta
humana, porque entiende que la voluntad y la razón están recíprocamente
imbricadas. Consiguientemente, para esta línea doctrinal, los fines natu-
rales de la voluntad expresan el pensamiento teleológico de la inteligencia
5 Las normas resultan ser modelo de las conductas entre los hombres y ordenan racio-
nal y necesariamente estas conductas y medios en función de determinados fines, los cuales
tienden al principio y fin de toda la vida social y del Derecho, que es inmediatamente el bien
particular del otro y mediatamente el bien común. En estos términos, la ley es modelo de con-
ducta buena y justa y, por ello, causa ejemplar de aquello que modela.
6 Cf. Bossini, L. A. La verdad del Derecho… Ob. cit., 23-4.
7 Cf. ibídem, 25.
8 Cf. Searle, J. R. (2003). La razionalità dell’azione. Milano. Raffaello Cortina Editore.
9 Cf. Brock, S. L. (2000). Acción y conducta. Tomás de Aquino y la teoría de la acción
(traducción de D. Chiner). Barcelona. Herder.
“[…] a todos los principios es común ser lo primero desde lo cual algo es o se
hace o se conoce. Y de estos unos son intrínsecos y otros extrínsecos. Por eso es
principio la naturaleza, el elemento, el designio, la sustancia y la causa final,
pues el principio del conocimiento y del movimiento de muchas cosas es lo
bueno y lo bello”11.
10 En nuestro medio, Félix Lamas dedicó su atención al tema de los principios desde
1974 a nuestros días. Cf. Lamas, F. (1974). Los principios internacionales. Buenos Aires. Forum;
(1991). La experiencia jurídica. Libro I, Cap. 7, V, Libro II, Cap. 7, V y Conclusión. Buenos Aires.
IEF Santo Tomás de Aquino; (2002). Los principios y el Derecho Natural. Cap. 1. Buenos Aires.
EDUCA; y en el Congreso “Cognoscens in actu est ipsum cognitumin actu. Sobre los tipos y
grados de conocimiento”, 19, 20 y 21 de julio de 2016, Universidad Santo Tomás de Aquino,
Santiago de Chile.
11 Aristóteles. Metafísica, Libro V, 1013 a 17-23.
12 Santo Tomás de Aquino. In Ethicorum, 1170.
13 Santo Tomás de Aquino (2010). Suma Teológica. Madrid. Biblioteca de Autores Cris-
tianos. II-II, q 47, a 6, resp.
14 Ibídem, I-II, q 94, a 2, resp.
15 Cf. Bossini, L. A. (2021). La ley natural según Santo Tomás de Aquino. Tres considera-
ciones y tres conceptos. Recuperado de [Link]
html, 77-78.
16 Santo Tomás de Aquino. Suma Teológica, I-II, q 90, a 1, resp.
17 Ibídem, a 2, resp.
18 Ejemplos de uso de la expresión katá phýsin: cf. Platón. Las leyes, IV 715 a, 716 a,
VIII 838 c, 839 a, 841 d.
19 Por ejemplo, cf. Platón. La república, VI 500 c-d. También, Las leyes, L. I., 631e.
20 Cf. Bossini, L. A. (2022). La ley natural según Santo Tomás de Aquino. Tres considera-
ciones y tres conceptos. Buenos Aires. IEF “Santo Tomás de Aquino”, especialmente el Capítulo
IV “Platón”, 67-76.
21 Aristóteles (1995). Física (traducción y notas de Guillermo R. Echandía). Madrid.
Editorial Gredos S.A., 193 a.
22 Con respecto al tema en estudio en el presente capítulo, el principio de finalidad, se
sigue el texto: Lamas, F. A. (2013). El hombre y su conducta. Buenos Aires. IEF Santo Tomás
de Aquino, 220-239.
23 Tomás de Aquino. In V Metaphysicorum, lec. II, 775.
24 Ibídem, lec. III, 782.
25 Finis etsi sit postremus in executione, est tamen primus in intentione agentis (Tomás
de Aquino. Suma Teológica, I-II q 1, a 1, ad. 1).
26 Cf. Santo Tomás de Aquino. Suma Teológica, I-IIae, q 12, a. 2, 4.
27 Omne agens agit propter finem: alloquin ex actione agentis non magis sequeretur hao
quam illeud, nisi a casu (ibídem, I q 44, a 4).
Señala Santo Tomás que en las obras humanas, para que pueda haber
alguna rectitud, es conveniente hallar un principio permanente, que tenga
una rectitud inmutable, de modo que todos los actos humanos puedan ser
examinados de acuerdo con este principio permanente, por el cual debe re-
sistirse todo mal y asentirse todo bien28.
Solo los actos finales del hombre, mediante los cuales alcanza su fin
último –Dios: Verdad y Bondad infinitas–, son absolutamente perfectos. En
cambio, todos los actos vitales del hombre que no consisten en el fin último
formal de este, deben ser considerados como movimientos –reducidos en su
formalidad a medios– hacia el fin.
5.1. Hume
En su crítica al pactismo, David Hume establece que la justicia es fru-
to de la razón utilitaria, “las reglas de la equidad y de la justicia dependen
por completo del estado y condición particulares en que los hombres están
situados, y deben su origen y existencia a la utilidad que resulta para el
público de su observación estricta y regular”31.
La utilidad, a su vez, “es solo una tendencia hacia cierto fin”32. Los fi-
nes no son racionales. “Parece evidente que los fines últimos de las acciones
humanas no pueden ser explicados, en ningún caso, por la razón, sino que se
recomiendan por entero a los sentimientos y afecciones del género humano,
sin dependencia de las facultades intelectuales”33. La felicidad, a su vez,
está constituida por el gusto, como opuesto al dolor34.
Para Hume, la finalidad social es la utilidad. En lugar de establecer un
fin que sea un bien en sí mismo, la utilidad resulta ser un medio para obte-
ner un fin meramente subjetivo: el gusto o la felicidad como sentimiento35.
La filosofía de Hume conduce a una moral utilitarista, fundada en el
sentimiento y el placer, se caracteriza por el voluntarismo, el nominalismo
y la desvalorización de la inteligencia humana. Ella solo puede discurrir
acerca de los medios, de lo útil, pero no acerca de los fines. De este modo, el
escepticismo especulativo conduce al escepticismo moral. La noción de in-
terés y de útil, que desde el nacimiento del utilitarismo hasta nuestros días
está presente en las corrientes escépticas o relativistas en materia ético-
política, se distancia profundamente del sentido que tenía para los clásicos
y el cristianismo medieval o para la Segunda Escolástica36.
5.2. Rousseau
El pensamiento roussoniano parte de una tesis que opera como princi-
pio. Se trata de la autonomía de la voluntad que, en definitiva, puede formu-
larse de este modo: “[…] la voluntad humana (que es libertad) solo puede ser
obligada por ella misma”. Ahora bien, ¿cómo justificar la autoridad política y
la obligación jurídica a partir de este principio? He aquí el problema.
Pero repárese en estas palabras del filósofo ginebrino: “[…] si la apari-
ción de los intereses particulares ha hecho necesaria la creación de las socie-
dades, es el acuerdo de estos mismos intereses lo que la ha hecho posible. Es
5.3. Kant
“La causa del derecho no es la felicidad [...] sino la libertad”47. Esta te-
sis, enunciada ya en el curso del semestre de verano de 1784, será reiterada
en las obras sucesivas (Fundamentación de la metafísica de las costumbres,
Crítica de la razón práctica, Metafísica de las costumbres, Doctrina del Dere-
cho, Teoría y práctica del Derecho Político). En la Crítica de la razón práctica
(L. 1, Cap. I, Teorema 2, Observación 2), Kant justifica dicha afirmación en
términos absolutamente universales. La felicidad no puede ser principio de
la Moral, del Estado y del Derecho por su carácter empírico y contingente,
dado que ella se reduce a un estado de bienestar, de placer o gusto. Sigue
en este punto, como se ve, a la posición de Hume a la que ya hiciéramos re-
ferencia. Así entendida, la felicidad es un fenómeno meramente individual
que no puede constituir ni el principio ni la regla de la voluntad pura, que se
identifica con la misma razón práctica pura. Voluntad pura y razón práctica
pura son entendidas formalmente como libertad sujeta a la condición de po-
sibilidad de una libertad universal. “La libertad del hombre es la condición
según la cual el hombre puede ser un fin en sí mismo”48. De ahí se sigue la
famosa definición del Derecho: “[…] el Derecho es la limitación de la libertad
en base a la cual la libertad puede coexistir con aquella de cualquier otro
según una regla universal”49. Esta definición será reiterada con ligeras mo-
dificaciones a lo largo de toda la obra posterior del filósofo.
Repárese que “la coacción es la limitación de la libertad” en la que con-
siste el Derecho50. Esto implica dos cosas: 1) el Derecho estricto se identifica
con la fuerza coactiva que limita la libertad exterior de los hombres y cuyo
fin es la seguridad del Estado y de su orden institucional; 2) la equidad,
que es “un Derecho ético”, es el ideal del Derecho, pero no Derecho vigente,
sujeto a la ley universal de libertad bajo la cual el hombre puede ser un fin
para sí mismo51.
Para Kant, lo definitorio es la coacción, el límite mismo de la libertad,
límite que él confunde en última instancia con la fuerza. Ni el Derecho, ni
la justicia, ni el fin del Estado, ni el pacto aluden a intereses concretos y
reales del hombre. La abstracción y el formalismo han llegado a uno de sus
momentos culminantes y de mayor alejamiento de la realidad. El vínculo de
unión del Estado no es otra cosa que el poder. Con las antinomias kantianas
entre libertad y poder, moral y Derecho, etc., está ya preparado el camino
que va a llevar al pensamiento contemporáneo52.
6. Conclusiones
Para el pensamiento clásico, el fin como principio se identifica con el fin
de la naturaleza humana que se realiza o concreta en la perfección de esa
naturaleza o entelequia. Esta perfección consiste en el desarrollo completo
de la forma sustancial. Se trata, en definitiva, de la perfección de la vida
moral del hombre, la felicidad o eudemonía, y que en tanto es vida social,
implica al Derecho, con la consiguiente realización inmediata de la justicia
particular y, mediatamente, el bien común. El fin del Derecho es el bien par-
ticular del otro y, luego, el bien común, que primariamente es solo percibido
como interés general o utilidad común. Es el principio del orden del mundo
jurídico y el principio de ordenación de la conducta jurídica. Esta referencia
al interés general o bien común de la conducta justa, no es otra cosa que la
49 Ídem.
50 Ibídem, 1328.
51 Confróntese toda la introducción de la obra. Lamas, en ¿Es la persona un fin para
sí mismo?, afirma que el enunciado “la persona es fin para sí misma, de sí misma y para sí
misma” es absurdo y autocontradictorio. Lamas, F. (2014). “La persona: divina, angélica, huma-
na”. Actas del I Congreso Internacional Tomista (81-95). Santiago de Chile, CET.
52 Lamas, F. A. La concordia política. Ob. cit., 163-165. En el campo jurídico, por ejem-
plo, Hans Kelsen –neo-kantiano de la escuela de Marburgo– va a ser quien enfatizará más
la dicotomía racional-empírico en el Derecho y quien con más claridad va a insistir en que el
Derecho no es otra cosa que coacción organizada. Cf. ibídem, 164-165.
bien del Derecho y se materializa en la igualdad que significa que cada uno
tenga lo suyo56.
Según Santo Tomás de Aquino, el principio de finalidad se expresa en
el axioma “todo agente obra por un fin”. Su aplicación a la conducta humana
se enuncia en el primer principio de la praxis “debe hacerse el bien y evitar-
se el mal”.
En palabras del Aquinate, la conclusión final del pensamiento clásico
puede enunciarse en estos términos: “[…] así como nada hay firme en el ám-
bito de la razón especulativa a no ser por reducción a los primeros principios
indemostrables, así nada hay consistente en el terreno de la razón práctica
sino por reducción al fin último, que es el bien común. Mas lo que la razón
establece de este modo tiene carácter de ley”57. Estos principios expresan
los fines primarios de la naturaleza humana, que son inmediatamente evi-
dentes, a los cuales está ordenada e inclinada naturalmente. Por eso, estos
principios se abstraen en nuestra experiencia moral, y de un modo obvio
y natural, de las inclinaciones primarias de nuestra naturaleza hacia sus
fines fundamentales, el bien y la felicidad, es decir, el último fin58.
En cambio, se ha visto que si no existe una naturaleza específica no
pueden existir fines naturales. Consiguientemente, la felicidad (eudemonía,
beatitud), lejos de ser una perfección final objetiva, es solo un sentimiento o
estado subjetivo de bienestar y, si se entiende que los clásicos identificaron
el bien político como la felicidad de la polis, es obvio que este concepto no
puede ser reconocido, ni entendido por la mentalidad moderna. Para el pen-
samiento moderno, ni el bien común, ni la felicidad objetiva pueden ser fines
de la moral, del Estado y del Derecho.
Curiosamente, Rousseau y Kant, aunque parten de la libertad como
principio o, lo que es lo mismo, del principio de autonomía de la voluntad,
arriban a una concepción en la que, de hecho, la obligación jurídica y política
se resuelve en una necesidad coactiva y así, tal como lo habían sostenido
Hobbes y Espinoza, el Derecho se reduce a la fuerza. Por su parte, Hume,
aunque rechazando el pactismo, al partir de una noción de justicia fruto de
la razón utilitaria, desemboca en un escepticismo y relativismo en materia
56 Cf. Bossini, L. A. La verdad del Derecho. Ob. cit., 216. En palabras de Aristóteles, “la
justicia es una clase de posición intermedia” (Ética Nicomáquea, V, 1, 1129 a 2-3), “hay algún
término medio de lo desigual, que es lo igual” (ibídem, V, 3, 1131 a 11-12), “y puesto que lo igual
es un medio, lo justo será también una especie de medio” (ibídem, V, 1, 1129 a 13-14). Se trata
de un medio entre un provecho y una pérdida, entre lo más y lo menos y consiste en tener una
cantidad equivalente antes y después, “ya que tener menos es sufrir injusticia y tener más es
cometerla” (ibídem, V, 4, 1134 a 14-15).
57 Santo Tomás de Aquino. Suma Teológica, I-IIae, q 90, a 2, ad. 3.
58 Cf. Soria, C. en Santo Tomás de Aquino (2013). Suma Teológica. Tomo VI. Madrid.
BAC, comentario a la q 94, 114.
59 Cf. Lamas, F. A. Ensayo sobre el orden social. Ob. cit., 89-90. Señala Lamas: “En el
Derecho, el contractualismo se manifestó dando primacía al contrato dentro de las fuentes
jurídicas. En su forma más aguda consideraba al contrato como la última fundamentación
posible de todo régimen obligacional. Sus fundamentos, implícitos o explícitos, según los casos,
consistían en una conceptualización del Derecho como poder, facultad o libertad, y el principio
de la autonomía de la voluntad, que encontrará como máximos expositores a Rousseau y Kant.
Ello llevó no solo a una profunda alteración del concepto de Derecho sino también a un cambio
profundo de la doctrina de la justicia. Lo justo –que para la concepción clásica y tomista tenía
un contenido objetivo– se relativiza o formaliza; cualquier materia puede ser justa o injusta,
según que haya sido o no convenida. Lo justo se convirtió así en sinónimo del cumplimiento
de los pactos, con prescindencia de su contenido en orden al bien común, de la distribución
según títulos no contractuales y, en el ámbito de las conmutaciones, aun con prescindencia de
la reciprocidad en los cambios. Repárese en la magnitud del giro cumplido: el Derecho no es lo
justo, sino poder, facultad o libertad; la justicia del bien común y la distributiva se reducen a la
conmutativa; ésta, a su vez, es despojada de su dimensión objetiva y es asimilada al deber de
cumplir los pactos. De tal forma, estaban puestas las bases para una transformación en la raíz
de todo el orden social, pues todo el tráfico comercial, financiero, industrial, agrario, laboral,
familiar, etc., iba a configurarse progresivamente sobre los moldes arbitrarios del contrato;
vale decir, el orden social se vio forzado a constituirse sobre la base de la pugna de intereses”.
Ibídem, 90.
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60 Para la doctrina clásica, validez y vigencia son dos propiedades de un único Derecho,
que es, a la vez, válido y vigente.
61 Basado en apuntes de clases del Prof. Félix Lamas. Este dualismo de dos derechos no
puede sostenerse. En consecuencia, al dualismo iusnaturalista le siguió el monismo positivista,
según el cual no hay Derecho Natural, sino solo Positivo. Esta será la conclusión de Hobbes,
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