Se denomina biomas a las áreas que presentan comunidades de plantas y animales de estructura
semejante, adaptadas al tipo de clima, relieve y suelo de la región que habitan.
Biomas Cálidos:
En las zonas tropicales e intertropicales de américa se desarrollan los biomas de clima cálido.
Las altas temperaturas y precipitaciones abundantes de las áreas intertropicales. Estos biomas
presentan una gran diversidad de especies de animales y vegetales.
El estrato más importante es el arboleo: los arboles pueden superar los 40 metros de altura.
Las zonas tropicales, por su parte, tienen una estación lluviosa y otra seca. Allí se desarrolla la
sabana, que es una formación vegetal abierta, de pastizales y arboles dispersos o en pequeños
grupos.
RECURSOS EN LOS BIOMAS CÁLIDOS: En las selvas y bosques tropicales, el recurso más valorado
son los árboles. Algunas de las especies que crecen en estos biomas tienen maderas duras y
resistentes, de alto valor comercial.
Biomas templados:
Praderas y estepas: Las latitudes medias de América presentan temperaturas moderadas y
precipitaciones distribuidas irregularmente a lo largo del año. Estas condiciones limitan el
desarrollo de árboles. Por esta razón, en esas áreas predomina la vegetación herbácea, que forma
un “tapiz” de hierbas que cubre el suelo.
En América del Sur, la pradera se extiende por las llanuras de Argentina, Uruguay y el sur de
Brasil. En América del norte, por el centro y oeste de los Estados Unidos, sur de Canadá y nordeste
de México.
TRASNSFORMACIÓN: La agricultura y la ganadería provocaron en ellos una pérdida de
biodiversidad: los ecosistemas naturales complejos fueron remplazados por otros simples y
artificiales, que desplazaron las especies autóctonas, muchas veces consideradas “malezas” o
plagas por los productores agropecuarios.
Biomas Fríos:
BOSQUES FRÍOS: En América del sur, en las zonas montañosas del sur de Chile y la Argentina,
donde predomina el clima frío y húmedo, se desarrolla el bosque andino-patagónico. Entre su flora
se destacan las coníferas, los alerces y los cipreses, y especies caducifolias como las lengas o los
coihues, que pierden sus hojas por temporadas. Su fauna: pumas, zorros, y ciervos como el
huemul o el pudú.
También en América del Norte existen bosques fríos. En el norte de Canadá, se desarrolla la taiga,
un tipo de bosque formado por especies como el abeto o el arce.
UN BIOMA PROTEGIDO: Algunos sectores de bosque frío se deforestaron para obtener maderas, o
para destinar el suelo al uso ganadero o a la plantación de árboles de crecimiento rápido.
En la actualidad, numerosas áreas naturales protegidas permiten conservar parte de este bioma:
por ejemplo, el parque nacional Nahuel Huapl en la Argentina.
BIOMAS DE MONTAÑA: En el oeste de América, el relieve montañoso influye en el clima y
determina la formación de pisos escalonados de vegetación, desde la base hasta la cumbre de las
montañas. En las zonas más bajas, el bioma dominante es la selva o el bosque.
Las zonas más transformadas por la actividad humana suelen ser los valles de altura intermedia,
donde el clima es templado y favorece al asentamiento y las actividades agropecuarias.
Biomas Desérticos:
Desiertos de América: En las zonas de clima árido, se desarrollan biomas desérticos. Los
factores de aridez son diversos. La causa principal es la escasez de precipitaciones debido a la
presencia de cordilleras, que impiden el paso de los vientos húmedos.
El desierto es un bioma caracterizado por la escasez de vegetación y fauna. Algunas zonas
desérticas presentan, incluso, un suelo desnudo, sin cobertura vegetal. Donde las condiciones son
menos extremas, se desarrolla la estepa, caracterizada por la presencia de pastos duros y arbustos
bajos.
DESERTIFICACIÓN: Algunas prácticas agrícolas, como el monocultivo, el sobrepastoreo o la
tala e incendios de bosques, generan una enorme pérdida de la cobertura vegetal protectora del
suelo.
Con el tiempo, estas áreas se desertifican: esto significa que, si no son naturalmente áridas,
comienzan a tener rasgos similares a los desiertos. Este proceso tiene un impacto ecológico (la
pérdida de biodiversidad) y también económico (la reducción de las tierras aptas para el cultivo y
la ganadería).