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Ballester

Este libro presenta diez artículos que analizan diversos aspectos de la historia del expartido de General Sarmiento durante el siglo XX. Los trabajos abordan temas como la política municipal en las primeras décadas, una fábrica local en la década de 1960, un estudio cinematográfico, el accionar de profesionales de la salud y burocracias estatales durante la dictadura militar, asociacionismo, autoridades locales y militancia política entre 1976-1983.

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Este libro presenta diez artículos que analizan diversos aspectos de la historia del expartido de General Sarmiento durante el siglo XX. Los trabajos abordan temas como la política municipal en las primeras décadas, una fábrica local en la década de 1960, un estudio cinematográfico, el accionar de profesionales de la salud y burocracias estatales durante la dictadura militar, asociacionismo, autoridades locales y militancia política entre 1976-1983.

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Historias de/en General Sarmiento

Daniel Lvovich
(compilador)

Historias de/en General Sarmiento

Guadalupe Ballester, Mariana Barattini, Maximiliano


Catoira, Silvia Chirizola, Leandro Daich Varela, Juan
Gandulfo, Marina Luz García, Blanca Gauto, Daniel
Lvovich, Adriana Sánchez, Clara Sarsale y Alfredo Sayus
Historias de/en General Sarmiento / Daniel Lvovich ... [et al.] ; compilado por Daniel
Lvovich. - 1a ed . - Los Polvorines : Universidad Nacional de General Sarmiento, 2018.
320 p. ; 21 x 15 cm. - (Humanidades ; 40)

ISBN 978-987-630-397-2

1. Historia Regional. 2. Política . 3. Sociedad . I. Lvovich, Daniel II. Lvovich,


Daniel, comp.
CDD 306.09

© Universidad Nacional de General Sarmiento, 2018


J. M. Gutiérrez 1150, Los Polvorines (B1613GSX)
Prov. de Buenos Aires, Argentina
Tel.: (54 11) 4469-7507
[email protected]
www.ungs.edu.ar/ediciones
Diseño gráfico de la colección: Andrés Espinosa
Diagramación: Eleonora Silva
Corrección: Gustavo Castaño
Hecho el depósito que marca la Ley 11723
Prohibida su reproducción total o parcial
Derechos reservados

Impreso en XX Compañía Impresora


XXXXXX.
Tirada: XX ejemplares.
Índice
Presentación
Daniel Lvovich.................................................................................................................9
El ejercicio político desde el prisma municipal.
Sociabilidad y política en el expartido de General Sarmiento
(1900-1930)
Adriana Sánchez............................................................................................................13
La fábrica De Carlo en la localidad de José C. Paz
en el período 1947-1968. Una caracterización del mundo
del trabajo industrial local desde la perspectiva de las y los trabajadores
Mariana Barattini y Marina Luz García................................................................43
Estudios Cinematográficos San Miguel.
¿Hollywood a la vuelta de la esquina?
Alfredo Sayus..................................................................................................................79
Trabajar en el Hospital de Campo de Mayo. El caso
de los profesionales de la salud durante la dictadura (1976-1983)
Clara Sarsale.................................................................................................................115
Las burocracias estatales y el tratamiento de los cuerpos
de los desaparecidos enterrados como nn en el cementerio
de Grand Bourg
Juan Gandulfo..............................................................................................................139
Asociacionismo y poder local: trayectorias y vínculos
entre las asociaciones de General Sarmiento y el gobierno municipal
(1973-1983)
Guadalupe Ballester....................................................................................................167
Funcionarios y autoridades locales de General Sarmiento
durante la última dictadura (1976-1983)
Maximiliano Catoira..................................................................................................195
La militancia política en el Gran Buenos Aires durante la dictadura
(1976-1983). El caso de la Unión Cívica Radical en el expartido
de General Sarmiento
Blanca Gauto................................................................................................................223
El barrio La Asunción, relocalización de villas y autoconstrucción
cooperativa en el antiguo partido de General Sarmiento
Leandro Daich Varela ................................................................................................247
Una simple historia… una gran historia. Memorias de una maestra
Silvia Chirizola............................................................................................................281
Las trayectorias de vida en sus marcos históricos
Daniel Lvovich.............................................................................................................301
Los autores...................................................................................................................315
Presentación

El partido de General Sarmiento tuvo una existencia de poco más de un


siglo, ya que fue creado en 1889; en 1994 desapareció como entidad político-
administrativa cuando, por la ley provincial 11551, se crearon tres nuevos
municipios que lo sucedieron: José C. Paz, Malvinas Argentinas y San Miguel.
Su historia resulta inescindible del devenir de muchos otros distritos del
Gran Buenos Aires –en el marco, a su vez, de procesos de dimensión nacional–
y, como tal, resultó atravesada profundamente por los procesos migratorios
internacionales e internos, la urbanización, la industrialización y su crisis, los
fenómenos de segmentación territorial, entre muchos otros. Pero, a la vez, se
trata de una historia en la que podemos observar el modo específico en que se
particularizan los grandes procesos que trasformaron la sociedad y el espacio
de la región.
Por eso, los textos que componen este libro dan cuenta de un conocimiento
al que podemos separar, con fines analíticos, en dos planos. Por un lado, se
trata de trabajos que describen y explican procesos locales, sobre la base de
la trayectoria de sujetos y actores colectivos que desarrollaron sus prácticas
en General Sarmiento. En este sentido, se trata, en cada uno de los casos, de
aportes que iluminan fragmentos de la vida del expartido, proveyendo un co-
nocimiento valioso sobre la historia de la región. Pero, por otro lado, se trata
de investigaciones que miran desde una perspectiva local (¿existen ópticas que
no lo sean?) amplios procesos nacionales y problemas teóricos fundamentales.
De ese modo, se logra dar cuenta con detalle y, evitando generalizaciones no
siempre fundadas, explicar desde lo local fenómenos de amplio alcance. Se
trata, como se ha dicho en tantas ocasiones apelando a una cita célebre, tanto
de estudiar la aldea como en la aldea.
De allí el título de este libro. Decimos historias, en plural, porque no
presentamos aquí una narración que pretende dar una imagen completa del
siglo en que existió el partido de General Sarmiento, sino de algunos aspectos

9
Daniel Lvovich

específicos de ese devenir. Y nos permitimos jugar con el par en/de para dar
cuenta de esa doble aspiración: describir y explicar procesos locales como una
finalidad en sí y explicar fenómenos de mayor alcance a través de una perspec-
tiva localmente situada.
La denominación de General Sarmiento perdura –además de algunas de-
pendencias regionales de la provincia de Buenos Aires– en el nombre de nuestra
universidad. La creación de la ungs en 1994 y su desarrollo hasta nuestros días
han permitido una cantidad de aportes muy significativos para la comprensión
del territorio en que se asienta nuestra casa de estudios. No es casual entonces
que todos los trabajos que aquí presentamos sean el resultado de investigacio-
nes desarrolladas por personas que han sido o son estudiantes de grado o de
posgrado o investigadores docentes de la ungs. En este sentido, este libro da
también cuenta del rol de la universidad en la creación de un conocimiento
fuertemente vinculado a la región de la que tomó su nombre.
El libro se organiza en diez artículos. En el primero de ellos, Adriana
Sánchez analiza las prácticas políticas, la constitución de liderazgos sociales y
políticos y las trayectorias de dirigentes y legisladores desde la perspectiva de
la vida política municipal de General Sarmiento en las tres primeras décadas
del siglo xx, una periodización que le permite además explorar el proceso de
modernización política iniciado por la Ley Sáenz Peña de 1912.
Lo sucede un trabajo en el que Mariana Barattini y Marina Luz García
rescatan una historia casi olvidada, la de la fábrica De Carlo, que se estableció
en la localidad de José C. Paz y llegó a fabricar motos y autos en las décadas
de 1950 y 1960. La investigación se construye, en buena medida, apoyada en
las perspectivas y memorias de los trabajadores, y ofrece a la vez información
específica sobre aquella experiencia industrial, un prisma que permite reflexionar
sobre las características y los límites de la experiencia desarrollista.
A continuación, Alfredo Sayus analiza la trayectoria de los Estudios San
Miguel, que desde su sede en Bella Vista llegó con sus películas a buena parte
de los países de América Latina. La trayectoria de los Estudios es analizada en
su íntima imbricación con la historia política y económica de la provincia de
Buenos Aires y de la Argentina, así como en el marco de las disputas interna-
cionales que determinaron, en parte, su declive.
Los seis artículos siguientes constituyen un bloque que analiza diversos
aspectos de la historia de la dictadura militar en General Sarmiento. Dos de
ellos se dedican a aspectos directamente vinculados a la represión dictatorial.
El de Clara Sarsale analiza el caso de los trabajadores de la salud, en especial de
las enfermeras que trabajaron en el Hospital de Campo de Mayo y tuvieron

10
Presentación

relación con la atención de partos de detenidas-desaparecidas alojadas en esa


unidad militar, lo que da cuenta de una diversidad de actitudes sociales que
exceden en mucho los polos de la complicidad y la resistencia. El de Juan Gan-
dulfo explora la acción de las burocracias estatales en los tres niveles del Estado
en su tratamiento de los cadáveres de los detenidos-desaparecidos que fueron
enterrados como nn en el cementerio de Grand Bourg, un marco del terrorismo
de Estado, desde funcionarios judiciales y políticos hasta suboficiales y sepul-
tureros. Ambos trabajos dialogan con la amplia producción bibliográfica que
analiza los efectos de la represión dictatorial, aportando miradas detalladas que
contribuyen a la comprensión de estos fenómenos a través del análisis de casos.
Otros tres trabajos dan cuenta de la vida política y asociativa local durante
el período dictatorial. Complementando los estudios historiográficos y poli-
tológicos que miraban “desde arriba” la dictadura instaurada en 1976, estos
trabajos dan cuenta de la centralidad de las minuciosas miradas locales para
la comprensión de los diversos aspectos de la vida política y asociativa en el
período. En esta dirección, Guadalupe Ballester da cuenta de los vínculos en-
tre las asociaciones de General Sarmiento y el gobierno municipal entre 1973
y 1983, mostrando sus múltiples lazos, incluidos los modos en que sujetos que
habían desarrollado sus trayectorias en ámbitos asociativos se convirtieron en
funcionarios en el nivel local de gobierno. Por su lado, Maximiliano Catoira
examina la composición de los gabinetes municipales a lo largo de los años de la
última dictadura, analizando las pertenencias e identidades de los funcionarios
locales del régimen, además de los provenientes del ejército: el asociacionismo,
el nacionalismo católico y el radicalismo. En tercer lugar, Blanca Gauto examina
en particular la trayectoria del radicalismo local en el período, mostrando la
existencia de una compleja gama ya que, mientras algunos de sus militantes
desarrollaron formas de militancia prohibidas en pos de garantizar la conti-
nuación de la sociabilidad partidaria y, en ocasiones, de desarrollar prácticas
opositoras, otros se integraron sin ambages al gobierno municipal.
Cierra el bloque dedicado al análisis de los años de la última dictadura el
artículo en el que Leandro Daich analiza el caso del barrio La Asunción, una
experiencia de autoconstrucción cooperativa en San Miguel, resultado del pro-
ceso de erradicación de villas de emergencia en la Capital Federal. El trabajo da
cuenta de las redes profesionales, étnicas, políticas y religiosas intervinientes para
el desarrollo de esta experiencia así como del proceso mismo de construcción
de las viviendas, recurriendo tanto a fuentes escritas como al testimonio de
algunos de sus protagonistas.

11
Daniel Lvovich

Para aproximarnos a la historia del sistema educativo en el expartido y de


la experiencia de una trayectoria docente, solicitamos a Silvia Chirizola que
nos relate su historia de vida. Silvia –una docente de extensa trayectoria, que
fue además presidenta de la Fundación de la Universidad Nacional de General
Sarmiento (funas)– nos entregó un texto en el que relata sus memorias, las
cuales se fusionan en buena medida con un relato sobre el devenir del sistema
escolar en el distrito, narrado en primera persona. El texto se articula, como
complemento, con un intento de insertar el relato de Silvia en algunas de las
coordenadas histórico-sociales que posibilitan su contextualización.
Por último, queremos agradecer a Ricardo Aronskind, Maximiliano Eker-
man, Santiago Garaño, Marina Luz García, Gabriela Gomes y Florencia Osuna
por sus aportes, ya que aceptaron actuar como comentaristas en el encuentro en
el que discutimos los textos que hoy componen este libro. Sus aportes fueron sin
dudas muy relevantes y sus sugerencias promovieron la reflexión de los autores
y permitieron enriquecer sus trabajos. Agradecemos también a Ediciones ungs
por la edición y publicación de este volumen.
Daniel Lvovich

12
El ejercicio político
desde el prisma municipal.
Sociabilidad y política en el expartido
de General Sarmiento (1900-1930)* 1

Adriana Sánchez

El análisis del expartido de General Sarmiento ofrece una interesante ventana


a través de la cual es posible observar el modo concreto en que la política se
practicaba en la provincia de Buenos Aires durante las primeras décadas del
siglo xx. Esto se debe a que un municipio como este contaba por entonces con
una doble naturaleza administrativo-política que lo convertía en “la base de los
distritos electorales para las elecciones provinciales y nacionales respectivamente”
(Ternavasio, 1991: 68). Por esa razón, para observar las prácticas políticas, la
constitución de liderazgos tanto sociales como políticos y los resultados que
estos conllevan resulta insoslayable hacerlo desde el espacio municipal.
Siguiendo la idea de que los políticos que actuaban a nivel municipal de-
bían estar insertos en el contexto comunitario y que su acción dependía de la
coincidencia y el conocimiento de las necesidades, experiencias, valores y aspira-
ciones de los vecinos, en primer término describiremos el escenario donde estas
personas actuaban. A partir de ello examinaremos las instancias y los espacios
en los que desarrollaban una sociabilidad que, al mismo tiempo que permitía
satisfacer algunas necesidades de obras o servicios comunales, reflejaban los va-
lores que compartían, difundían y producían un determinado ordenamiento de

* Este artículo es una síntesis de mi tesis: Donde nace la política. Política y sociedad en General
Sarmiento (1900-1930). Tesis de Maestría en Investigación Histórica. Buenos Aires: Universidad
de San Andrés, 2009.

13
Adriana Sánchez

la comunidad local. Esto nos permitirá indagar los lazos que se gestaban a partir
de las iniciativas vecinales y que resultaban un importante elemento a utilizar en
el plano político. Bajo esta premisa, podremos dar cuenta de la forma en que se
construían los liderazgos políticos que luego eran puestos a prueba en cada elección
y disputa intra- e interpartidarias. Esto lo haremos a través de los exponentes del
conservadurismo y del radicalismo locales que alcanzaron los más altos cargos
políticos de entonces: Silvio Parodi y Juan Carlos Vásquez, respectivamente.
Por último, considerar todas estas cuestiones nos permitirá explorar el
proceso de modernización política iniciado por la Ley Sáenz Peña, en el que
las relaciones personales gestadas a nivel comunitario se complementan cada
vez más con las relaciones y el trabajo desarrollados desde la estructura de un
partido político moderno.

El escenario municipal

El expartido de General Sarmiento se creó el 18 de octubre de 1889 como


resultado de las gestiones ejercidas por los vecinos de sus dos primeros y más
desarrollados poblados hasta entonces: San Miguel y Bella Vista. Lo que busca-
ban era separarse de Moreno, partido del cual formaban parte.1 En el petitorio,
los vecinos incluyeron una serie de datos, como la cantidad de establecimientos
rurales, la producción agrícola, la actividad industrial, la cantidad de comercios
y el marcado crecimiento de la población (Munzón, 1944: 242-243).
Como el presupuesto municipal resultaba insuficiente en relación con las
obras públicas necesarias, habitualmente se organizaban colectas comunitarias,
se llamaba a licitación, se pedían préstamos al gobierno provincial o se vendían
tierras fiscales.2 Los escasos recursos alcanzaban para el pago de los empleados
del municipio, el fomento edilicio y la realización de obras públicas.3 Avanzado
1
Carta del escribano Juan F. Saccone al gobernador de la provincia de Buenos Aires en octubre
de 1889, citada en Municipalidad de San Miguel (1940, p. 7).
2
Cfr. Cálculo de Presupuesto en Diario de Sesiones de la Cámara de Senadores de la Provincia
de Buenos Aires y Diario de Sesiones de la Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos
Aires del período 1889-1900. Anuario Estadístico de la Provincia de Buenos Aires (aepba), 1898,
pp. 492, 497, 497, 498 y 500.
3
La Ley Orgánica de las Municipalidades vigente establecía en su artículo 202 que las funciones
municipales eran carga pública gratuita salvo excepciones, y sus modificatorias posteriores no lo
reemplazaron. En el Anuario Estadístico de 1896 se establece que los funcionarios gratuitos de
la municipalidad son los jueces de paz, los comandantes de la guardia nacional, los miembros y
suplentes de la municipalidad de la capital, los miembros y suplentes de las municipalidades de

14
El ejercicio político desde el prisma municipal

el siglo xx, el presupuesto estipulado para atender los servicios fue aumentando.
No obstante, a medida que crecía el presupuesto, lo hacían también las obli-
gaciones del municipio, y por ende la situación económica siempre resultaba
poco equilibrada.4 En ese contexto, la municipalidad lograba atender algunas
pocas cuestiones comunales únicamente en el centro urbanizado de San Miguel
y, en menor medida, en Bella Vista, sin poder atender las zonas rurales. Esos
servicios consistían en demarcar y limpiar las calles céntricas, construir zanjones
de desagües y mejorar caminos, es decir, fundamentalmente cuestiones viales.
Entre fines del siglo xix y principios del xx se agregó el alumbrado público en
las plazas y en algunas calles céntricas y el afirmado de adoquines de piedra
(Munzón, 1944: 408).5 Las localidades de Muñiz y José C. Paz recién comen-
zaron a ser atendidas a partir de la década del veinte, cuando las autoridades
municipales establecieron ferias francas, destinaron peones permanentes para
prestar servicios bajo la dirección del delegado municipal, liberaron el servicio
de telégrafo de la oficina local de correos, otorgaron piedras para construir
pasos y ordenaron el diseño de jardines y el plantado de árboles –donados por
el intendente– en las calles y en la plaza de José C. Paz (Segura, 1998: 73-74).
Por último, la puesta en marcha de una economía agroexportadora, de
la que el distrito formó parte, generó, junto con la expansión del ferrocarril,
condiciones que contribuyeron al importante crecimiento de su población,
la cual ascendió de 5.168 habitantes en 1895 a 46.413 en 1947, es decir, un
crecimiento equivalente al del Gran Buenos Aires.6 En definitiva, General
Sarmiento se presentaba como un partido con una considerable capacidad de
crecimiento poblacional y productivo que demandaba equipamiento urbano
y mayor provisión de servicios.

los partidos, los miembros del consejo escolar, el alcalde de cuartel, el teniente alcalde de cuartel
y los alguaciles de los juzgados civil, comercial y de paz (aepba, 1898: 201).
4
Para 1912 se calculó que constaba de 70.000 pesos moneda nacional, cifra que en 1917 ascendió
a 88.000 pesos, en 1924 a 141.300 pesos, en 1926 a 154.340 pesos, y en 1932 a 263.383,61
pesos. Municipalidad de General Sarmiento (enero de 1920-diciembre de 1927). Como punto de
comparación, el polo industrial de Zárate, en 1904, recaudaba 85.420 pesos (Ferrari, 1996: 150).
5
Para el caso de Bella Vista, en 1896 se procedió a colocar diez faroles a kerosene. Su cuidado
quedaba a cargo de los ocupantes de las casas cercanas al lugar donde se hallaban situados, y se
encendían hasta las 12 de la noche (Munzón, 1993: 17).
6
Asimismo, en 1914 General Sarmiento contaba con 12.726 habitantes y en 1938 con 26.909.
Cfr. Segundo Censo Nacional, Provincia de Buenos Aires, General Sarmiento (1895); Tercer
Censo Nacional (1916, pp. 3-37); Anuario Estadístico de la Provincia de Buenos Aires (1940,
p. 58) y IV Censo General de la Nación (s/f, p. 70).

15
Adriana Sánchez

Espacios de encuentro y entidades sociales: la constitución


de una sociabilidad local volcada a la política
En el espacio urbano, las estaciones de tren y las plazas eran los lugares más
utilizados para realizar mítines políticos, actos conmemorativos y manifestacio-
nes de todo tipo; los ámbitos como clubes sociales y asociaciones y los recursos
como los órganos de prensa partidaria se utilizaban para gestar lazos de tipo
político. Allí también se encontraban instaladas las oficinas públicas, a las que
los vecinos podían dirigirse para formular algún pedido o reclamo. A su vez,
dado que la mayor parte de la población del municipio, como la del resto de
la región pampeana, estaba compuesta por inmigrantes italianos y españoles,
al asentarse en los centros urbanos y ser los dueños de los comercios locales
influían notablemente en el tipo de sociabilidad que se practicaba7 (Hour-
cade, 2000: 163-187). En General Sarmiento, esto se reflejó principalmente
en las localidades de San Miguel, Bella Vista y José C. Paz.
Algunos de los momentos de encuentro de la población de General Sarmien-
to solían ser las fechas patrias, los corsos, las ceremonias religiosas y los eventos
promovidos por los clubes. En las características de su organización podemos
encontrar datos interesantes. Desde un principio, las autoridades municipales
nombraban una comisión de vecinos que se ocupaba del programa. El criterio
de selección solía estar ligado a la trascendencia de estos por su profesión u
oficio, su filiación política (coincidente con la de las autoridades municipales)
o la ocupación de algún cargo público.8 Muchos de ellos, al tiempo que tenían

7
El concepto de sociabilidad que utilizamos aquí es el que propone Pilar González Bernaldo de
Quirós, inspirada en la obra de Maurice Agulhon, ya que ella se centra en su aporte explicativo
de lo político. Según ella, “remite a prácticas sociales que ponen en relación a un grupo de
individuos que efectivamente participan de ellas, y apunta a analizar el papel que pueden jugar
esos vínculos” (2008).
8
Durante la celebración del centenario de la Revolución de Mayo en 1910, el Partido Conser-
vador gobernaba el municipio, y de la comisión formaron parte el doctor Silvio Parodi (líder del
partido e intendente); el presbítero Salerno; los capitanes Ramírez Juárez y Maldonado; uno de
los almaceneros de ramos generales más importantes del distrito, Pedro Scala (quien también era
miembro de la Sociedad Italiana de Socorros Mutuos); el expresidente del Concejo Deliberante
Domingo Usoz; los importantes comerciantes Jerónimo y Florentino Galli y Antonio Pais (quien
por entonces, además, era concejal); el presidente del Concejo Escolar Domingo Morón; el im-
portante propietario de tierras y delegado municipal de Arroyo Pinazo José Altube; el delegado
municipal de Bella Vista Eduardo Moine; el concejal Pedro Mercadar; el comerciante Antonio
Salinas (hijo del propietario de tierras don Eustaquio); el joyero y propietario de gran cantidad
de tierras Hilario Artigue; el panadero José Viotti, el carpintero César Baldi (ambos miembros

16
El ejercicio político desde el prisma municipal

una ocupación remunerada o rentable, también integraban entidades sociales


y desempeñaban funciones en otras entidades o reparticiones públicas, lo cual
hacía que fueran considerados en las ordenanzas municipales como “caracteri-
zados vecinos”,9 dignos de organizar la festividad, y así se oficializaba el lugar
destacado que esos hombres tenían para la comunidad.10
En estos y otros eventos, como los corsos, el ordenamiento de los asistentes
estaba dado por la ubicación en los palcos, entre los cuales el oficial se ubicaba
frente al edificio municipal, y junto a este se encontraban los miembros del
jurado, quienes votaban y otorgaban los premios en el despacho municipal.
Ese jurado siempre estaba integrado por los “caracterizados vecinos” nom-
brados por las autoridades municipales.
Así, el evento propiciaba, como indica Hourcade, la “exhibición que la
localidad se daba a sí misma” y, en el acto de colocar a cada uno en su lugar en
los festejos, reflejaba un tipo de orden social “donde esta exhibición de título y
funciones permitía un rápido y mutuo reconocimiento” (2000: 179).
Entre los participantes que se destacaron en esos eventos, desde principios
de siglo cobró particular importancia la figura del médico parasitólogo Silvio
E. Parodi, quien en 1901 instaló un consultorio en San Miguel. Sustentando
inicialmente su prestigio sobre la base de su profesión, sumamente apreciada
en un municipio que mantenía su condición predominantemente rural y, por
lo tanto, con escaso número de profesionales médicos entre su población,11

de la Sociedad Italiana de Socorros Mutuos); y el miembro de la Sociedad Española de Socorros


Mutuos Manuel Lata; entre otros (Munzón, 2007a: 296). Entre 1921 y 1925 coincidieron en
esas funciones partidarios radicales como Juan Irigoin, el doctor Tomás Molina, Ángel Moine
Carranza, Santiago Altube, Armando Baglieto, Antonio Inchausti, Eduardo Girod y Juan Carlos
Vásquez. La mayoría de ellos ocupaba cargos públicos. Municipalidad de General Sarmiento
(enero de 1920-diciembre de 1927, pp. 31-32, 164-165, 202-203).
9
Entendemos por vecino lo que Luciano de Privitellio (2003: 35) indicaba para los barrios de Buenos
Aires en un período similar, esto es, contar con valores como “conocimiento personal, modalidades
afables, sentimientos generosos, ambiente familiar, preocupación por el progreso material y cultural
del barrio”. En este caso, el “caracterizado vecino”, así aludido por las ordenanzas municipales, sería
aquel que participa y se destaca en todas las actividades señaladas que propendan a esos objetivos.
10
En algunos casos, las posiciones sociales de estos hombres se heredaban de padres a hijos, lo
que comenzaba a generar familias tradicionales. También se generaban lazos de parentesco a partir
de los matrimonios. El intendente Juan Irigoin, por ejemplo, tenía vínculos con los Altube, pues
Juan Bautista estaba casado con Mariana Irigoin. Ambas familias, a su vez, formaban parte de
los mayores propietarios de tierras de José C. Paz (Segura, 1998: 30).
11
Según el censo de 1914, para una población de alrededor de dos millones de habitantes, en la
provincia se contaba con tan solo 603 médicos (citado en Walter, 1987: 733). En el año 1895,
General Sarmiento contaba con dos médicos para todo el partido (aepba, 1896: 256).

17
Adriana Sánchez

otorgaba servicios que, más tarde, transformado en figura política, serían retri-
buidos con votos. Esto queda demostrado cuando, sin residir en San Miguel
sino en Martínez (Kraft, 1947: 697), concurría a la localidad dos veces por
semana, “siendo esos días su casa una romería de visitantes amigos”.12 En 1902,
Parodi fue designado como médico municipal, el mismo año en que anunció
una epidemia de sarampión e influenza en el municipio y se lo incorporó a la
nueva Comisión de Higiene designada por el intendente.13
Desde un principio, Parodi se mostró como un personaje público que tenía
cercana relación con distintas comisiones y entidades destinadas al desarrollo
municipal o participaba de ellas. Las excelentes relaciones que tenía el médico
con las instituciones donde se encontraban algunos de los mayores comerciantes
y propietarios locales lo colocaban en una posición privilegiada con respecto
a lo que podríamos llamar la élite local, y se hacía ver en cada oportunidad de
encuentro social. A esto se sumó que constituyó un vínculo familiar con políticos
de proyección nacional, pues en 1912 contrajo matrimonio con María Lucrecia
Cantilo Basualdo, hermana de quien fue intendente de la ciudad de Buenos
Aires e interventor y gobernador de la provincia, José Luis Cantilo, y de Dalmira
del Corazón de Jesús –alias Peracha–, quien era a su vez esposa del ministro
de Relaciones Exteriores Ángel Gallardo, todos ellos asiduos concurrentes a
la zona y a eventos sociales celebrados en Bella Vista (Herrera Vargas, 1993).
Las instituciones no solo ofrecían espacios de reunión sino también servicios,
y por ende constituyeron, como señala Sabato, un eslabón intermedio entre la
sociedad civil y el Estado, en la medida en que tenían la capacidad de expresar
o atender las demandas ciudadanas (2003, 2004).
Dentro del conjunto de las entidades vecinales de las que participaban
los hom­bres que mencionábamos antes, las étnicas fueron las que cobraron
mayor im­por­tancia por su cantidad de socios, por las vinculaciones que per-
mitían al constituirse en lugares privilegiados de encuentro comunitario y por
su capacidad para sostenerse en el tiempo en el municipio, y son de las pocas
que aún perduran. La primera en formarse fue la Societá Fratellanza Italiana
di Mutuo Scorso Unione e Benevolenza, en 1890.14 Diez años más tarde hizo
lo propio la comunidad española al fundar la Sociedad Española de Socorros
12
Carta del comisario de General Sarmiento, 14 de enero de 1916.
13
Municipalidad de General Sarmiento (1890-1912, pp. 194-196).
14
Registro di Matricola de la Societá Fratellanza Italiana di Mutuo Scorso. La Unión Italiana,
otra entidad formada por italianos de la que no quedaron registros más que en las actas de la
Fratellanza e Unione, se fusionó con la primera en el año 1924 y le transfirió sus 122 socios
(Actas de la Sociedad Fratellanza Italiana, s/f, p. 173; Registro di Matricola, s/f, p. 14 y ss.).

18
El ejercicio político desde el prisma municipal

Mutuos de San Miguel (Munzón, 2007a: 194). A estas dos entidades que fun-
cionaban en San Miguel se sumó en 1911 la asociación multiétnica formada
en José C. Paz por la fusión de las comunidades italiana y vasca denominada
Sociedad Cosmopolita de Socorros Mutuos, bajo la presidencia de José Altube
(Segura, 1998: 60). Todas estas entidades tenían como finalidad la asistencia
médica y fúnebre para sus asociados y el otorgamiento de pensiones a sus viu-
das, sin embargo también cumplían una cantidad de funciones que superaban
ampliamente las que proponían en sus estatutos.15 Más allá de la asistencia a los
socios, ofrecían espacios culturales y recreativos para el conjunto de la sociedad
local. Muchos actos escolares, bailes, celebraciones o conferencias se llevaban a
cabo en sus salones (Munzón, 2007b: 194). Las instalaciones sociales ofrecían
condiciones privilegiadas para fomentar el encuentro, motivo por el que las agru-
paciones políticas demostraron especial interés en utilizarlas para sus mítines,
aun cuando los miembros de estas instituciones declaraban no tener intención
de mezclarse con asuntos políticos.16 Sin embargo, en los hechos contradecían
esa convicción. Por un lado, porque muchos de los “caracterizados vecinos”
que se mencionaban en las ordenanzas municipales participaban de ellas, y más
de una vez esos vecinos eran simultáneamente importantes figuras políticas.17
Por otro lado, porque resultaba una actividad rentable, como lo demuestra el
presidente de la Sociedad Española, cuando en 1919 informaba:
Haber alquilado el salón al señor Juan Carlos Vásquez [líder radical] […],
a efectos de dar una conferencia política por varios diputados que vendrían
de la Capital en el precio de quince pesos, que es lo que marca la tarifa
“alquiler” de esta Sociedad. El señor Manuel González hace presente que
está muy bien alquilado, por cuanto no clasifica nuestra tarifa “alquiler”
qué clase de conferencias serán permitidas en nuestro Salón Social, pero que
desde ya pide para lo sucesivo se ponga en votación, que para ningunos
fines políticos que el día de mañana puedan afectar a la sociedad, no se
alquile el salón social (Actas de la Comisión Directiva de la Sociedad Es-
pañola, 1913-1930, p. 147. Lo destacado en cursiva es propio).18

15
“Estatuto reglamento aprobado en la Asamblea Extraordinaria del 4 de diciembre de 1897”
(Actas de la Sociedad Fratellanza Italiana, s/f, pp. 164 y 165).
16
Actas de la Comisión Directiva de la Sociedad Española (1913-1930, p. 95).
17
El doctor Francisco Bourdet –que había llegado al distrito por intermedio del principal líder
del Partido Conservador, el Dr. Silvio Parodi, y que fue consejero escolar por ese partido– se
asoció a la entidad en 1920, con el número 207.
18
Menos conflictiva era la situación si el partidario radical Esteban Muzzio –intendente en-
tre 1922 y 1929– les solicitaba sillas en alquiler como presidente de la Comisión de Festejos

19
Adriana Sánchez

Como veremos más adelante, para ese entonces el martillero público Juan
Carlos Vásquez ya era la contrafigura política de Parodi. Llegado al municipio
en 1909, cuando comenzó a trabajar como tesorero de la sucursal General
Sarmiento del Banco Provincia, cargo que desempeñó hasta 1915, ya partici-
paba en política desde la ciudad de Buenos Aires, donde entre 1916 y 1917
ocupó una banca en el Concejo Deliberante (Kraft, 1947: 597). A su vez, a
partir de ese mismo año comenzó a ocupar el cargo de vocal en la Caja Popular
de Ahorros, de la que, al año siguiente, se lo nombró presidente por un muy
breve lapso.19 Pronto comprendió, como la cita lo indica, el papel relevante
que las entidades sociales ocupaban como espacios de socialización local y, de
ser posible, de actividad política.
Las esposas y las hijas de muchos de los hombres prominentes del distrito,
por su parte, se ocuparon de crear un hospital donde los médicos atendieran de
forma gratuita. La primera comisión fue integrada por la esposa del comerciante
de ramos generales Jerónimo Galli, María Canavessi de Galli, como presidenta;
como vicepresidenta, Paula Germano de Bersani, hija de uno de los mayores
propietarios de tierras, Serafín Germano; como tesorera, la esposa del consejero
escolar Luis Pomiró, María C. de Pomiró; y Dolores Derqui de Wilkes como
secretaria. El 1 de junio de 1899 se organizó oficialmente la sociedad bajo el
título “Damas de Caridad de General Sarmiento”. La obra la desarrollaron junto
con el cura párroco Manuel Blanco (Munzón, 2007a: 364). Esta entidad contó
con la ayuda financiera de los propietarios de estancias, chacras y casas comer-
ciales, de lo recaudado en la organización de corsos de flores y kermeses, y del
préstamo de los salones de las sociedades étnicas. No obstante, con el tiempo
comenzó a percibir un subsidio municipal20 y se le otorgó la eximición del pago
de impuestos municipales, dados los fines caritativos de la entidad,21 y a partir
de 1905 también consiguió subsidios del Estado provincial.22 De modo que en

del XX de septiembre de la Societá Fratellanza Italiana di Mutuo Scorso: “Acordando cederlas


gratis en recompensa por las prestadas por ellos a esta sociedad en otras ocasiones” (Actas de la
Comisión Directiva de la Sociedad Española, p. 165). Esto demuestra la concordia entre ambas
entidades, ignorando la condición política de quien formulaba el pedido.
19
Sobre la elección de Vásquez como presidente, ver Boletín Oficial de la Provincia de Buenos
Aires (1918, pp. 969, 1004 y 1005).
20
Municipalidad de General Sarmiento (enero de 1920-diciembre de 1927, pp. 84-87, 195).
21
Municipalidad de General Sarmiento (1890-1912, p. 213).
22
Registro Oficial de la Provincia de Buenos Aires (1905).

20
El ejercicio político desde el prisma municipal

el proceso de formación y desarrollo del hospital estuvieron involucradas figuras


de la sociedad y la política locales, así como otras de trascendencia nacional.23
En ocasiones, se generaban espacios con el específico fin del encuentro y
la recreación. Así, se fundaron clubes como el Club Sarmiento, integrado por
hombres reconocidos localmente y que, imitando lo que ocurría en la ciudad de
Buenos Aires, buscaban crear un espacio de intercambio y encuentro propicio
para el estatus social que pretendían tener.24 El club fue fundado por un grupo
de jóvenes en 1913 con el objetivo de fomentar la sociabilidad y la cultura.
En él se organizaban fiestas de carnaval, conferencias y actos culturales; no
obstante, también pudo haber funcionado como espacio de actividad política,
pues entre sus miembros se encontraban gran cantidad de partidarios radicales
que, a futuro, desempeñarían cargos electivos. En principio, sus reuniones se
celebraban en la residencia de la familia Mangieri, y entre sus fundadores y
miembros se encontraban por lo general comerciantes. Su primer presidente fue
Florentino Galli, y algunos de sus integrantes fueron Juan Irigoin, Juan Carlos
Vásquez, Ángel Moine Carranza, Esteban Muzio, Antonio Mangieri, Federico
Barbé, el doctor Tomás Molina, el almacenero de ramos generales Ángel Ferrari,
Antonio y Ponciano Pais, el doctor Eduardo Burgos, el doctor Enrique Maresca,
el escribano Luis Zamudio, el doctor Guillermo Lucas, el comisario Francisco
Olachea, el escribano Julián Augé, el miembro de la sociedad española Said
Khoury y el doctor Rodolfo Molina, entre otros (Munzón, 2007a: 194-195).
23
El día 29 de septiembre de 1900, monseñor Francisco Alberti bendijo la piedra fundamental.
Al acto asistieron como invitados el hacendado Norberto Quirno Pizarro, quien donó un terre-
no para la instalación del hospital, y su señora Ana Lugones, quienes actuaron como padrinos,
Ángela Lebrero de Gallardo, Magdalena Ortiz Basualdo de Cantilo, el doctor Ángel Gallardo y
Dalmira Cantilo de Gallardo. En 1902 se inauguró el nuevo hospital y sus padrinos fueron María
Canaveri de Galli y Ángel Gallardo. En 1922 se celebraron las bodas de plata del hospital, y un
año mas tarde la entonces presidenta Juana Brande de Ferreyra (esposa de un reconocido profesor
local, Eduardo Ferreyra) inauguró la morgue. En febrero de 1928 se inauguraron ampliaciones
cuyos padrinos fueron Juan C. Vásquez y su esposa, y participaron del acto el entonces diputado
provincial Juan Irigoin y su esposa, el entonces intendente municipal Esteban Muzzio, Rita
Germano de Miglio, el director del hospital, doctor Tomás Molina, la presidenta de las Damas
de Caridad, Juana Brande de Ferreyra, Jerónimo Galli y su esposa, María C. de Galli (como
presidenta honoraria de las Damas de Caridad), el director de la obra, Elías Lafranconi, y María
Z. de Germano (Munzón, 1944: 366).
24
Pilar González Bernaldo de Quirós señala que los clubes de recreo eran espacios para encontrarse
“entre pares”, y que junto con instituciones formadas por el interés público –sociedades literarias,
científicas, filosóficas, filantrópicas o caritativas– o por el interés sectorial –organizaciones de
oficio, sociedades mutuales– cumplían la misión de multiplicar “relaciones sociales fuera del
ámbito privado, y […] establecer nuevos vínculos relacionales” (2008).

21
Adriana Sánchez

Finalmente, las sociedades de fomento que proliferaron en cada localidad


también resultaron fundamentales en los inicios del siglo para gestionar obras
y servicios y contribuir a la formación de vínculos entre ciertos vecinos. Estas
entidades se abocaban al trazado de calles, a su ornamentación y mantenimiento,
y al alumbrado público. En ocasiones iniciaban sus trabajos como comisiones
de vecinos nombradas por las autoridades municipales en respuesta a la solici-
tud de estas (Munzón, 1944: 209). Si la comisión tenía un buen desempeño y
alcanzaba cierto “adelanto”, la subvención para los trabajos podía aumentar.25
También se daban casos de fundación de este tipo de entidades por iniciativa
privada, es decir, vecinos que luego solicitaban reconocimiento de parte del
municipio para contar con los recursos necesarios (de personal, herramientas o
dinero) para desempeñar su tarea. Los ejemplos de formación de estas comisio-
nes se multiplican y se concentran en la primera década del siglo, sin embargo,
solo unas pocas subsistieron más allá de ese período y se constituyeron en ins-
tituciones de mayor envergadura.26 Así ocurrió en Bella Vista en 1902. En ese
caso, se habilitó una comisión, de la cual formó parte Ángel Gallardo,27 para
recaudar fondos con el fin de cuidar y embellecer las calles de esa localidad, y
se les entregó un plano de las calles que estaban cerradas por particulares y que
debían abrirse según las ordenanzas. Al año siguiente, la intendencia le otorgó
un subsidio de 50 pesos moneda nacional a una comisión auxiliar de vecinos
de esa localidad para que se ocupara del arreglo de las calles por suscripción
popular.28 En 1905, la comisión dio origen a la Unión Comunal de Bella Vista,
cuya finalidad fue atender los requerimientos de los habitantes de la localidad en
cuanto a obras públicas –vinculadas principalmente con la vialidad– y también
controlar la administración pública a partir de la ubicación de alguno de sus
miembros en el gobierno municipal en calidad de delegado.29 No obstante,
esa función resultó complicada, dado que, como prolongación de la comisión
de fomento de esa localidad, continuó percibiendo el subsidio municipal y lo

25
El artículo 76 de la Ley Orgánica habilitaba al intendente a realizar esos nombramientos en
calidad de auxiliares. A su vez, el artículo 55 indicaba que el Concejo Deliberante tenía la facultad
de nombrar una comisión de vecinos propietarios para que dirija y administre la construcción
de las obras públicas cuyo costo exceda los mil pesos. Ley Orgánica Municipal (Ketzelman y
Souza, 1932: 90 y 94).
26
Municipalidad de General Sarmiento (enero de 1920 - diciembre de 1927, p. 45).
27
Municipalidad de General Sarmiento (1890-1912, pp. 191-194).
28
Ibídem (p. 199).
29
Actas de la Unión Comunal (s/f, pp. 4-5).

22
El ejercicio político desde el prisma municipal

reclamó cuando este no le fue entregado puntualmente.30 Una reorganizada


Unión Comunal solicitó en 1921 que el municipio le reconociera su constitu-
ción con fecha 18 de mayo de 1920. Según se señalaba en el pedido, el objeto
era “propender al adelanto y embellecimiento de esa parte del pueblo, velando
por la moral pública y por el cumplimiento de las ordenanzas municipales”. El
municipio aceptó31 y, según estipulaba el estatuto, y por las buenas relaciones
que desarrollaron con el entonces intendente Parodi, decidieron nombrarlo
socio honorario de la entidad.32

Cómo hacer política en el municipio

Para ver la manera en que estas relaciones pudieron haber incidido en el plano
político es necesario dar cuenta del contexto en el que se pusieron a prueba.
Durante el período que analizamos, en el contexto provincial se vivían impor-
tantes modificaciones que afectaron la forma de hacer política en ese entonces.
Tanto la reforma de la Ley Electoral de 1913 como la intervención federal
de 1917 modificaron sustancialmente el mapa político de la provincia. En el
primer caso, porque establecieron nuevas reglas de juego que, como ocurrió con
la Ley Sáenz Peña a nivel nacional, determinaron la ampliación del electorado
y un mayor esfuerzo de movilización por parte de los partidos políticos. En el
segundo, estrechamente vinculado con lo anterior, el retorno de la competen-
cia electoral a partir del abandono de la abstención del Partido Radical hizo
que se produjera un traspaso del control provincial del Partido Conservador
a la Unión Cívica Radical, el cual duró catorce años. Durante ese lapso, el
radicalismo también alcanzó el poder en prácticamente todos los municipios
bonaerenses y conformó un verdadero bastión partidario en el espacio provincial
(Persello, 2004; Ferrari, 1996: 137-161; Ferrari, 1994: 137-167; Bartolucci y
Taroncher, 1994: 169-187; Mustapic, 1987).
A nivel local, desde su llegada al municipio, Silvio Parodi se acercó políti-
camente al dirigente roquista Justino Obligado, luego se unió a las huestes de
Carlos Pellegrini y terminó militando en los Partidos Unidos (pu),33 esto es,
30
Municipalidad de General Sarmiento (1890-1912, pp. 209 y 215).
31
Municipalidad de General Sarmiento (enero de 1920 - diciembre de 1927, pp. 86-87).
32
Actas de la Unión Comunal (s/f, p. 10).
33
Carta del Dr. Silvio Parodi al profesor Eduardo Munzón (Círculo de Historia. Archivo
Histórico del Gran Buenos Aires. Edición para San Miguel, José C. Paz y Malvinas Argentinas,
año 3, nº 25, abril de 1998, pp. 20-22).

23
Adriana Sánchez

la fuerza que se formó de la unión entre la facción que apoyaba al diputado


nacional Félix Rivas y la que apoyaba a Bernardo de Irigoyen. A través de ella,
Marcelino Ugarte alcanzó la gobernación bonaerense en 1901 y a partir de
entonces comenzó a controlar la situación provincial (Béjar, 2005: 26-31). Ese
año, Parodi también ocupó el primer cargo electivo como consejero escolar.
Cuando estalló la revolución radical de 1905, Justino Obligado abando-
nó la actividad política y algunos de sus seguidores le propusieron a Parodi la
dirección del pu local, la cual aceptó (Munzón, 1944: 297). Al año siguiente,
mientras el candidato del pu provincial, Darío Irigoyen, vencía en las elecciones
de gobernador, Parodi lo hacía en el municipio por la misma agrupación y resultó
designado intendente. El panorama parecía promisorio en la carrera de Parodi, no
obstante, los inconvenientes de las políticas nacional y provincial de 1906 iban
a repercutir en el municipio. A nivel nacional, luego de la muerte del presidente
Manuel Quintana asumió el vicepresidente José Figueroa Alcorta, férreo enemigo
del sector roquista del pan. Esto produjo una tensa situación entre el presidente
y algunas de las provincias que adherían al régimen roquista. Frente a esta situa-
ción, el gobernador de Buenos Aires decidió disolver los Partidos Unidos –pues
había permitido dar un gran impulso a la carrera de Marcelino Ugarte, cercano
al expresidente Roca– y en 1908 fundó una nueva fuerza política en su lugar: el
Partido Conservador (Béjar, 2005: 29-30). En el municipio, ese mismo año fa-
lleció Justino Obligado, por lo que quedó un lugar definitivamente vacante para
el surgimiento de un nuevo líder partidario.34 Esto condujo, en un principio, a
que Parodi pudiera constituirse en la nueva figura fuerte del conservadurismo
local. No obstante, ese liderazgo pronto le fue disputado por Miguel B. Quirno,
otro miembro de esa fuerza a nivel local, quien impugnaba a Parodi para ejercer
como intendente por no encontrarse domiciliado en General Sarmiento.35
En 1913, dos años después de que Parodi dejara el cargo de intendente
–cuando Marcelino Ugarte regresó a la gobernación de la provincia–, Victorio
Monteverde asumió en su lugar. Monteverde era delegado del primer comité
conservador dirigido por Parodi. A partir de entonces se alcanzó cierta esta-
bilidad en los puestos de poder local, dado que no cambiaba el elenco de los
funcionarios. Además, el control ejercido por Ugarte y el Partido Conservador
en la provincia entre 1913 y 1917 se reprodujo en General Sarmiento, donde
34
Municipalidad de General Sarmiento (1890-1912, p. 249).
35
Municipalidad de General Sarmiento (1890-1912, pp. 258-268, 272). Esta situación fue
seguida y difundida en la ciudad de Buenos Aires a través del diario La Prensa (12 de agosto
de 1908, 27 de agosto de 1908, 29 de agosto de 1908). El conflicto llegó a la Suprema Corte de
Justicia de la Provincia (Registro Oficial de la Provincia de Buenos Aires, 1910, pp. 684-689).

24
El ejercicio político desde el prisma municipal

se contó con el mismo intendente (Victorio Monteverde), el mismo juez de paz


(primero, Floro Juárez y, a partir de 1914, Albino Parodi, hermano de Silvio),
el comisario Carlos Alesina, el presidente del Concejo Escolar (el comerciante
Florentino Galli primero y Francisco Bourdet después, un médico que Parodi
llevó al distrito en 1915 y que era miembro de la Sociedad Italiana Fratellanza
e Unione) y el propio Silvio como presidente del Concejo Deliberante y dipu-
tado provincial simultáneamente.36 La tabla 1 refleja cómo se constituyeron las
autoridades municipales entre 1913 y 1917.

Tabla 1. Autoridades municipales, 1913-1917

Consejo Escolar

Secretario de la
Comisionado

del Concejo
Intendencia
Deliberante

Deliberante
Juez de Paz
Intendente

Comisario
Presidente

Presidente

Secretario
Concejo

Año

Eustaquio
Victorio Florentino Carlos A. Floro Tomás
1913 - Silvio Parodi Usoz-Angel
Monteverde Galli Alesina Juárez Navarro
Gamarra
Ángel
Victorio Florentino Carlos A. Albino Tomás Gamarra-
1914 - Silvio Parodi
Monteverde Galli Alesina Parodi Navarro Rafael
del Savio
Victorio Florentino Carlos A. Albino Tomás Rafael
1915 - Silvio Parodi
Monteverde Galli Alesina Parodi Navarro del Savio
Victorio Florentino Carlos A. Albino Tomás Rafael
1916 - Silvio Parodi
Monteverde Galli Alesina Parodi Navarro del Savio
Francisco Carlos A. Albino
Silvio Rafael
Victorio Antonio A. Bourdet- Alesina- Parodi- Tomás
1917 Parodi- del Savio-
Monteverde Inchausti Lorenzo Luis de la Claudio Navarro
intervención intervención
Sáez Torre Sulpis
Fuente: elaboración propia a partir de Munzón (1944).

Buscar la estabilidad en cargos claves no era original de General Sarmiento.


Cada distrito contaba con al menos un líder local, conocido comúnmente como
caudillo, quien fundaba su posición en su conocimiento de la situación local
y en sus acciones frente a ella, y también en el apoyo brindado por la policía
36
Era común que los políticos de la provincia ejercieran cargos municipales, provinciales y nacio-
nales simultáneamente. En 1916, Parodi dejó la dirección del Partido Conservador local en manos
de un viejo amigo, el procurador y rematador Floro Juárez, a quien en 1909 había nombrado
como inspector municipal y que en 1913, durante el primer año de gestión de Monteverde, se
había desempeñado como juez de paz (La Hojita, 11 de junio de 1908).

25
Adriana Sánchez

y los jueces de paz. El trinomio caudillo-policía-justicia de paz se reproducía


en toda la provincia y requería de las funciones específicas de cada actor. Para
el caso, la policía, y más específicamente el comisario, resultaba útil porque
constituía el brazo ejecutor de las disposiciones del caudillo y, entre otras cosas,
manejaba la información necesaria para captar votantes, cerraba imprentas o
redacciones de diarios, encarcelaba periodistas y opositores el día de la elección,
informaba sobre las actividades políticas del propio partido y del opositor, y
ofrecía protección y hasta encubrimiento (Bartolucci y Taroncher, 1994: 179-
180). Por su parte, el juez de paz recibía las denuncias por violación a la ley
electoral formuladas contra el intendente o los concejales, no les daba lugar
y permitía que las autoridades pudieran cometer infracciones libremente.37
Todo ello, avalado por el gobierno provincial de turno, que, para asegurarse
la conformación de estas tríadas que trabajaban para controlar las situaciones
políticas locales (intendente-comisario-juez de paz), intervenía regularmente
los municipios y enviaba comisionados para que “normalizaran” la situación.
Así constituido el gobierno municipal desde 1913 y con la abstención del
radicalismo,38 el Partido Conservador local, al igual que en la provincia, se

37
Se trataba de funcionarios que ejercían el cargo de juez de paz porque las autoridades mu-
nicipales enviaban las ternas con los nombres al Ejecutivo provincial, el cual escogía a uno de
ellos. Ley 2383. La importancia de los jueces de paz fue señalada por Bartolucci y Taroncher
(1994: 174).
38
Entre otras razones, la ucr fundamentaba su abstención en que el padrón electoral provincial
se confeccionaba en los municipios y no en relación con el registro militar (como se hacía para
las elecciones nacionales), en la fijación de la edad mínima de 21 años para votar (lo que repre-
sentaba la exclusión de una significativa cantidad de potenciales votantes que sí participaban
de los comicios nacionales, dado que en ellos lo podían hacer desde los 18 años de edad) y en
la conservación del sistema proporcional de representación en lugar del de lista incompleta.
Sobre las particularidades de la ley electoral de la provincia respecto de la Ley Sáenz Peña,
el trabajo de Julio Melón Pirro resulta fundamental (Melón Pirro, 1994: 107-135). Marcela
Ferrari sostiene que las abstenciones radicales en la provincia previas a 1918 tenían que ver, más
allá de las razones legalistas que expresaban públicamente, con la imposibilidad de desplazar
a la “máquina” conservadora del poder provincial a fuerza de elecciones (Ferrari, 1999: 184-
186). El sistema proporcional consistía en la división de la cantidad total de votos emitidos
por la cantidad de cargos a cubrir. Así se obtenía un cociente electoral que luego se utilizaba
para distribuir los cargos entre los partidos que hubieran alcanzado ese cociente. Este sistema
facilitaba el ingreso de facciones de partidos, más o menos establecidas, tanto a la Legislatura
provincial como a los cuerpos deliberativos de los municipios, por lo que favorecía la faccio-
nalización partidaria. En el sistema de lista incompleta, en cambio, cada partido presentaba
una lista de candidatos para los dos tercios de las bancas en juego, lo que permitía que solo los
candidatos mejor ubicados de las minorías obtuvieran alguna banca (Béjar, 2005: 38 y 39). El

26
El ejercicio político desde el prisma municipal

afirmó como un partido sin oposición. El Partido Socialista, por su parte, no


alcanzó en todo el período analizado una cantidad de votos suficiente como
para posicionarse como un rival de importancia.
Por lo tanto, las elecciones locales no resultaron competitivas39 hasta 1918,
e incluso en 1916 Silvio Parodi resultó electo diputado provincial, cargo al que
accedió por sorteo entre los nombres de la lista conservadora de la Primera
Sección.40 En junio renunció a su banca sin explicación y el 2 de julio, por
convocatoria del Poder Ejecutivo para elegir un senador y un diputado por la
Primera Sección, resultó electo luego de alcanzar el total de los votos de la lista
conservadora.41 Esto indica que la influencia de Parodi trascendía los límites
municipales, dado que para alcanzar cargos a nivel provincial era necesario im-
ponerse frente a sus compañeros partidarios. El trabajo político que desarrollaba
puede explicar de algún modo esa particularidad.
En el [Partido] Conservador, el doctor Parodi, el intendente Monteverde y
don Floro Juárez han continuado las giras por la campaña, y tengo infor-
mes de que los amigos se comprometen a acompañarlos (carta del comisario
de General Sarmiento, 12 de febrero de 1916. Lo destacado en cursiva
es propio).

Términos como compromiso o amigos o el reemplazo del verbo votarlos por


acompañarlos hablan de valores sociales volcados a la política, de relaciones
establecidas a partir de códigos utilizados en ámbitos caros al sentimiento
comunitario. Era como si, en palabras de Pierre Rosanvallon, “el calor de los
afectos privados [estuviera] invitado a contrabalancear la abstracción del lazo
de la ciudadanía” (2007: 38). En 1916, utilizar esa terminología hacía que
una moral reconocida y aceptada cubriera con un manto de mayor prestigio y
familiaridad las relaciones que se establecían en el plano político.

debate parlamentario sobre el tipo de sistema de representación más conveniente a nivel nacio-
nal, previa sanción de la Ley Sáenz Peña, fue analizado por Natalio Botana (1994: 260-286).
39
Ni siquiera en las nacionales de 1914 y 1916, en las que la ucr sí participó. La primera vez
que el radicalismo se puso a prueba, después de ser sancionada la Ley Sáenz Peña, fue durante las
elecciones nacionales de diputados de 1914, en las cuales demostraron un muy buen desempeño
al obtener el 41,89% de los votos frente al 47,42% del Partido Conservador (Cantón, 1968: 83).
En el municipio, en cambio, la situación era muy diferente: el Partido Conservador, con el 67,7%
de los votos, derrotó fácilmente al radicalismo, que alcanzó el 26,8%.
40
Actas de Escrutinio de la Junta Electoral de la Provincia de Buenos Aires (aeje) (s/f, p. 123).
41
Diario de Sesiones de la Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires (1917, p. 100);
aeje (s/f, pp. 133-134).

27
Adriana Sánchez

En efecto, se puede encontrar al líder conservador actuando fuera de General


Sarmiento, como cuando en 1916 se dirigió hasta la localidad de Hurlingham
(perteneciente al partido de Morón) para hacer campaña y restarle votos al
Partido Radical, pues era el partido más fuerte en ese cuartel.42 Por esa razón,
su carrera política se sostuvo sobre un capital que, si bien forjó mientras transi-
taba por distintos cargos públicos, no parece haber dependido exclusivamente
de ellos. Más bien, de lo que sí dependió fue de su capacidad para practicar la
política cara a cara a nivel local y para negociar con sus pares de otros distritos a
la hora de disputar un cargo.
En cuanto al radicalismo local, hasta 1916 su dirección la ocupó Carlos
de San Martín, un militar que había participado del enfrentamiento entre
Roca y Tejedor en 1880 en la Batalla de Los Corrales y que fue comandante
militar entre 1896 y 1899, 1904 y 1905 y en 1918; también fue comisionado
del municipio en 1893 y 1899 y presidente del Concejo Deliberante en 1918
(Munzón, 1944: 288).43 Cuando San Martín dejó de ejercer la dirigencia par-
tidaria local, su lugar fue ocupado por el escribano Eduardo M. Melo, quien
desde 1904 se venía desempeñando como jefe titular de la oficina del Registro
Civil municipal.44 No obstante, el martillero público Juan Carlos Vásquez, que
militaba en las filas del radicalismo de la ciudad de Buenos Aires y contaba con
el apoyo del diputado Andrés Ferreyra (hijo),45 pronto le disputó ese liderazgo.
A partir de estos cargos, vinculaciones y trabajo de campaña, a Vásquez
no le resultó difícil desplazar a Melo de su liderazgo local. Al menos esa era la
impresión del Comisario Carlos Alesina en ocasión de la campaña presidencial
de 1916:
Se dice que en dicha estación José C. Paz, los radicales instalaron un sub-
comité, pero puedo garantizar que cuentan con poquísimos amigos. Juan
Carlos Vásquez, que se encuentra detenido en esta comisaría por desacato,

42
agn, Archivo Dardo Rocha, legajo 2936, sección 1, sublegajo 5, carta 12, Morón, 21 de
enero de 1916. Agradezco por este dato a Marcela Ferrari. Al respecto, Ferrari señala: “El techo
interno de los conservadores y demócratas era el de la provincia, solo los políticos más hábiles
continuaban las negociaciones con sus pares de otros distritos” (2008: 69). Podemos, entonces,
a la luz de los resultados, ubicar a Parodi en ese grupo de hábiles políticos.
43
Municipalidad de General Sarmiento (1890-1912, pp. 180-187).
44
Municipalidad de General Sarmiento (1890-1912, p. 212).
45
Ferreyra fue secretario privado de Hipólito Yrigoyen en los días que siguieron a la sanción de
la Ley Sáenz Peña y ministro de Gobierno durante la intervención de Cantilo en la provincia
(Piccirilli y Gianello, 1954: 644). Como tal, participó de un acto de campaña que se llevó a
cabo en General Sarmiento (carta del comisario de General Sarmiento, 12 de febrero de 1916).

28
El ejercicio político desde el prisma municipal

es el jefe de los radicales en este partido, y es el que generalmente recorre la


campaña en trabajos políticos (carta del comisario de General Sarmiento, 4
de marzo de 1916).

Por esa razón, una vez que Yrigoyen alcanzó la presidencia de la nación y
comenzó a reordenar la administración de la provincia, intervención federal
mediante, las acciones de Vásquez se vieron recompensadas.
Con la intervención del 24 de abril de 1917, la nueva administración de
la provincia declaró en comisión al Poder Judicial, al personal administrativo
del Ejecutivo, y dejó cesante al personal del Legislativo. Además, interrumpió
el calendario electoral hasta 1918. La medida buscó poblar el Senado de la
Nación con mayoría radical y así facilitar la gestión del presidente.46 Una
situación similar se vivió por entonces en la Legislatura provincial, donde la
constante abstención radical provocó la continuidad de la mayoría conserva-
dora. Esa circunstancia representaba un problema para un gobernador que no
fuera conservador, ya que un gran porcentaje de los funcionarios administra-
tivos de importancia no podían ser designados sin previo acuerdo de ambas
cámaras (Mustapic, 1984: 85-108).47 A su vez, los miembros del Senado
nacional eran nombrados por las legislaturas provinciales, por lo que, de no
mediar la intervención federal, el presidente debía esperar a que, a fuerza de
sucesivas elecciones, la Cámara se fuera poblando de senadores partidarios,
lo que llevaría demasiado tiempo. Sin embargo, la aplicación de esta medida
produjo ciertas situaciones no esperadas por los radicales bonaerenses. Las dos
tendencias que ya se encontraban enfrentadas desde tiempo atrás, es decir, la
de los “metropolitanos” (radicales vinculados a la ciudad de Buenos Aires) y la
de los “provincialistas” (resto de los radicales provinciales), vieron profundizar
sus diferencias.48 Esta disputa por el poder partidario se acentuó cuando fue
designado como interventor de la provincia José Luis Cantilo, considerado
46
El caso de la provincia lo ha estudiado Marcela Ferrari (1994: 137-167). La reiterada apelación
a la intervención federal fue uno de los serios problemas institucionales que se vivieron durante
la primera presidencia de Yrigoyen; el otro fue el poco caso que el presidente hizo a la figura de
la interpelación parlamentaria (Mustapic, 1984). En cuanto a la recurrencia y celeridad con la
que el presidente hizo uso de la herramienta de la intervención federal, ver Cantón y Moreno
(1986) y Persello (2000a: 59-99).
47
Algunos de esos funcionarios eran los ministros, los directores de escuelas, los miembros del
Consejo de Educación, los magistrados judiciales y otros (Ferrari, 1994: 140; Hora, 2001: 45).
48
La separación original se fundaba en la particular situación de la organización del partido en
Buenos Aires, dada la tensión entre los líderes locales de la provincia y los líderes de la capital
(Hora, 2001: 54 y 56).

29
Adriana Sánchez

favorable a los intereses metropolitanos, quien tuvo en sus manos la reorgani-


zación de la administración provincial.49
En cuanto a los efectos de la intervención en General Sarmiento, podría
decirse que fueron dispares. Por un lado, siguiendo los designios de la ley de
intervención, el municipio fue declarado en acefalía y Antonio Inchausti fue
nombrado comisionado con la misión de realizar todas las modificaciones nece-
sarias para que el radicalismo se presentara a la próxima elección de renovación
municipal sin asumir riesgos. Por esa razón, todo el personal fue removido y
se colocó en su lugar personal radical. Como ocurrió en otras comunas, no se
desmanteló el dispositivo descripto, que tantos beneficios había propiciado a
los conservadores y que tantas veces fue denunciado por los radicales, sino que
comenzaron a sacar provecho de él. A esto hay que sumar que la elaboración
del padrón a cargo de las autoridades locales también se siguió utilizando como
herramienta de manipulación electoral.50 No obstante estos cambios, el conser-

49
El sector provincialista temía que Cantilo presionara para definir la elección de un metro-
politano como candidato a gobernador, para cuando las elecciones fueran convocadas (Wal-
ter, 1987: 68-69). Esta sospecha se sustentaba en los nombramientos que el interventor había
hecho de funcionarios públicos que no residían en La Plata, con la única excepción del encargado
de la casa legislativa (Ferrari, 1994: 143).
50
En 1916, durante el juicio de aprobación de la elección de diputados provinciales, en la que
Parodi fue elegido, el diputado socialista Baliño presentó una documentación donde señalaba las
distancias entre un padrón y otro en cada distrito: los inscriptos en el padrón provincial de General
Sarmiento eran 1.793, a diferencia de los 1.889 que formaban el padrón nacional. Teniendo
en cuenta que el padrón provincial debía incluir a los inscriptos en el padrón nacional, esto era
inaceptable (Diario de Sesiones de la Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires, 29
de abril de 1916, pp. 25-30). Ya cuando los radicales tomaron el poder, las mismas acusaciones
se reprodujeron (agn, Intervenciones provinciales, 1925: 8). Esto dio lugar a la formulación
de un proyecto de intervención impulsado por senadores antipersonalistas que se encontraban
formando la Comisión de Negocios Constitucionales de la Cámara Alta. El principal fundamento
radicaba en la ilegitimidad de las autoridades bonaerenses que se habían constituido a partir
de elecciones realizadas con padrones falsos y con abusos de la policía (Béjar, 2005: 49). Con
respecto a esta acusación puntual, Juan Carlos Vásquez, que se encontraba estrenando su banca
de diputado nacional, envió una nota a la Cámara de Senadores de la Nación en la que señalaba
que la diferencia era de tan solo 321 inscriptos entre el padrón nacional y el provincial, y que
aquello se debía a las mudanzas y los movimientos de los soldados de Campo de Mayo (agn,
Intervenciones provinciales, 1925: 9). Teniendo en cuenta que el padrón provincial de General
Sarmiento del año 1924 contaba con 3.098 inscriptos, de los cuales votaban entre 1.200 y 1.500
personas, la cifra que Vásquez intentaba minimizar no resultaba desdeñable. En una elección
municipal en la que el Partido Conservador participara –y teniendo en cuenta lo competitivo
de las elecciones cuando este lo hacía–, esa cantidad de votantes podría resultar determinante
para volcar la elección en favor de uno u otro partido.

30
El ejercicio político desde el prisma municipal

vadurismo local mantuvo una importante presencia en el gobierno municipal


a través del Concejo Deliberante. Por otro lado, los roces existentes entre los
radicales bonaerenses se mantuvieron latentes y, a pesar de llegar a un acuerdo
con respecto a la fórmula que presentarían en las elecciones para gobernador
de marzo de 1918 –integrada por José Camilo Crotto (metropolitano) y Luis
Monteverde (provincialista)–, no pudieron sortear enfrentamientos posterio-
res (Persello, 2000b: 145; Walter, 1987: 69).51 En General Sarmiento, esta
situación se vio reflejada en la formación de dos comités opositores: por un
lado el comité “gubernista”, dirigido por Vásquez, así denominado por Parodi
y entendido como el que adhería al entonces presidente Yrigoyen, y por otro
lado el comité “no gubernista”, dirigido por Melo. En una denuncia realizada
el 26 de noviembre de 1918 ante el Senado, y por la cual se interpeló al minis-
tro de Gobierno de la Provincia, Parodi señalaba distintas irregularidades en
General Sarmiento. Según Parodi, las acciones de los radicales yrigoyenistas
locales tendían a mantener la acefalía hasta que su facción se asegurara ganar
las próximas elecciones municipales. En rigor, podría decirse que Parodi tenía
razón, pues, cuando General Sarmiento salió de su acefalía en noviembre, el
nuevo intendente electo fue Juan Irigoin, compañero de Vásquez en el Club
Sarmiento y secretario de la Intendencia cuando el comisionado era uno de
los implicados en la denuncia. Esto significaba que el enfrentamiento entre las
facciones se había resuelto a favor del yrigoyenismo local. Entre 1918 y 1922,
los radicales se vieron en serias dificultades para desplazar rápidamente a los
conservadores de las posiciones de poder municipal y minar su inserción en
el electorado; no obstante, a partir de 1923, año en que estos comenzaron un
camino hacia la abstención, el radicalismo pudo controlar la situación municipal
hasta el golpe de Estado de 1930. De esta manera, las autoridades municipales
se constituyeron como se puede observar en la tabla 2.

51
Esta capacidad de ponerse de acuerdo para no permitir que las divisiones en el partido se
trasladaran a las elecciones provinciales es destacada por Ana V. Persello (2004: 64), quien
nota que, en todas las demás provincias –con excepción de Entre Ríos–, en escasas ocasiones el
radicalismo no se presentó dividido. Una vez en el poder, los enfrentamientos entre radicales se
reactivaron. En el interior del radicalismo bonaerense se generó una facción autodenominada
crottista, que más tarde se sumó a las filas del antiyrigoyenismo o antipersonalismo nacional
(Walter, 1987: 66-88; Giacobone y Gallo, 1999: 214).

31
32
Tabla 2. Autoridades municipales, 1918-1930

Secretario del
Presidente del Con- Presidente del Secretario de la
Año Intendente Comisionado Comisario Juez de Paz Concejo Delibe-
cejo Deliberante Consejo Escolar Intendencia rante
Luis I de la Torre-Juan M.
Lorenzo Almada-José Montenegro- Claudio
Adriana Sánchez

Antonio Tomás Navarro-


1918 Sáenz-José Augé Luis Vitelone-Carlos Sulpis-José
Inchausti (comisionado) Gowland-José Pelliza- Augé Juan Irigoin
Emilio Posse
José Augé-
(comis)-Juan Antonio José Augé-R. P. Emilio Posse-Francisco Juan Irigoin-
1919 Jaime Palau Fernando Eduardo B. Pérez
Irigoin Inchausti Emilio Chacón Olachea Domingo Barbé
Raho
R. P. Emilio Fernando
1920 Juan Irigoin Jaime Palau Francisco Olachea Domingo Barbé Eduardo B. Pérez
Chacón Raho
Francisco Olachea-Juan
R. P. Emilio
Juan Irigoin- Andrade-Juan Cortés-Lucio Fernando
1921 Jaime Palau Chacón-Armando Domingo Barbé Eduardo B. Pérez
Antonio Inchausti Areas-José López-Antonio Raho
Baglietto Yera-Francisco Olachea
Antonio Armando Fernando
Jaime Palau- Domingo Barbé- Eduardo B. Pérez-
1922 Inchausti-Esteban Baglietto-Eduardo Francisco Olachea Raho-Alfredo
Raimundo Roncoroni Eduardo B. Pérez Domingo Barbé
Muzio Girod Arata
/05/ interinato
1923 Esteban Muzio Raimundo Roncoroni Eduardo Girod Francisco Olachea Alfredo Arata Eduardo B. Pérez Domingo Barbé
Tomás Molina
1924 Esteban Muzio Raimundo Roncoroni Eduardo Girod Francisco Olachea Alfredo Arata Eduardo B. Pérez Domingo Barbé
1925 Esteban Muzio Raimundo Roncoroni Eduardo Girod Francisco Olachea Alfredo Arata Eduardo B. Pérez Domingo Barbé
1926 Esteban Muzio Raimundo Roncoroni Eduardo Girod Francisco Olachea Alfredo Arata Eduardo B. Pérez Domingo Barbé
1927 Esteban Muzio Raimundo Roncoroni Eduardo Girod Francisco Olachea Alfredo Arata Eduardo B. Pérez Domingo Barbé
1928 Esteban Muzio Raimundo Roncoroni Eduardo Girod Francisco Olachea Alfredo Arata Eduardo B. Pérez Domingo Barbé
1929 Esteban Muzio Raimundo Roncoroni Eduardo Girod Francisco Olachea Alfredo Arata Eduardo B. Pérez Domingo Barbé
Eduardo Girod- Alfredo
/09/ Francisco Juan J. Fuentes Sosa- Francisco Olachea-José Eduardo B. Pérez- Domingo
1930 Esteban Muzio Antonio C. Pais Arata-Marcos Barbé-Hilarión
Bourdet intervención M. Insúa Emilio Khoury
(comisionado) Rodríguez Rodríguez

Fuentes: Munzón (1944), diario El Tribuno (20 de agosto de 1922) y diario Ariel (24 de septiembre de 1930).
El ejercicio político desde el prisma municipal

En cuanto a Juan Carlos Vásquez, su carrera política local continuó como con-
cejal entre 1920 y 1928, con excepción del período en que se desempeñó como
cónsul en Perú.52 En el plano provincial fue diputado entre 1919 y 1924, y se
desempeñó como diputado nacional entre 1924 y 1930 (Munzón, 1944: 300).53
Esto demuestra, siguiendo a Marcela Ferrari, que Vásquez refleja la capacidad
necesaria, que también había demostrado Parodi, “para alcanzar posiciones in-
ternas o para ser nombrados candidatos, [compitiendo] por el voto de sus pares
en elecciones secretas en las que se ponía en juego tanto el reconocimiento que
los aspirantes generaban entre el resto de los afiliados como la propia capacidad
[…] para imponerse frente a otros” (2008: 73).54
Sin embargo, la mirada de los opositores era más bien despectiva respecto
a las estrategias y aptitudes de estas nuevas figuras políticas, incluso dentro del
propio radicalismo. Esto es lo que refleja el relato del ministro de Relaciones
Exteriores Ángel Gallardo sobre una ocasión en que fue convocado a la Cámara
de Diputados:

La Comisión de Negocios Extranjeros me llamó […] para que informara


sobre el reconocimiento de los soviets. Me di cuenta de que la Comisión
no sabía nada de nada; era la verdadera Comission des Affaires Etrangères
et Etrangère aux Affaires, como dicen los franceses. Era presidida por un
anónimo diputado peludista, de Tucumán, llamado Antony, y contaba en
su seno con internacionalistas tan notables como el diputado Juan Carlos

52
Vásquez fue cónsul desde el 29 de noviembre de 1920 hasta el 29 de enero de 1922, año
en que fue reelecto como concejal (Tomé, 1990: 30). También fue reelecto en 1924 y 1926.
Municipalidad de General Sarmiento (enero de 1920 - diciembre de 1927, pp. 174, 178 y 248).
53
El Tribuno (20 de agosto de 1922); Ariel (24 de septiembre de 1930); Diario de Sesiones de
la Cámara de Senadores de la Provincia de Buenos Aires (30 de abril de 1920, p. 74).
54
Resultó nominado por primera vez por la Convención de Buenos Aires como candidato a
diputado provincial por la Primera Sección electoral. De ahí en más creció escalonadamen-
te: actuó como delegado de la Convención de Buenos Aires en 1922, como delegado de la
Convención Nacional representando a la provincia en ocasión de la elección de candidatos a
presidente y vicepresidente a llevarse a cabo ese año, fue postulado en 1924 como candidato a
diputado nacional (obtuvo 92 votos frente a los 108 obtenidos por el candidato más votado,
Luis Monteverde) y fue nuevamente elegido para el mismo cargo en 1928. Para las elecciones a
gobernador y vice de 1929 fue elegido por sus compañeros para integrar la comisión de escrutinio
junto con Luis Crovetto y José M. Grau. Sin llegar a un acuerdo, los grupos que sostenían a los
dos candidatos más votados resolvieron votar una comisión de seis convencionales para hacer
consultas con las autoridades partidarias, entre los que se encontraba Vásquez. Finalmente, fue
elegido delegado del Comité Nacional en 1931 por el Comité de la provincia (Giacobone y
Gallo, 1999: 199-331).

33
Adriana Sánchez

Vásquez, de San Miguel. Como no entendían nada de lo que les decía,


quedé en pasarles un memorandum (Gallardo, 1982: 502. Lo destacado
en cursiva es propio).

La ironía de Gallardo, quien, como vimos, era allegado a Parodi y partícipe


activo de la vida social de General Sarmiento, marca la distinción que claramente
observaba entre él y el “diputado de San Miguel”. Según su mirada, coincidente
con la de los antiyrigoyenistas en general, figuras como Vásquez constituían el
“gobierno de los incapaces” (Persello, 2004: 73). Lo cierto es que Vásquez, como
martillero público, tesorero de la sucursal local del Banco Provincia y miembro
de la Caja Popular de Ahorros, quedaba colocado en una posición privilegiada
para otorgar favores materiales a cambio de lealtades políticas. Sin duda, por
esto también se fue forjando una posición social privilegiada en esa pequeña
urbe que se había constituido en el municipio. A sus condiciones personales
hay que sumarle que el Estado municipal experimentó cierto crecimiento que
coincidió con los años en que los radicales comenzaron a participar del gobier-
no local.55 Ese crecimiento pudo haber estado vinculado a la voluntad de los
radicales en general y de su líder en particular por generar adhesiones políticas
a través del empleo público, algo de lo que se acusó recurrentemente al yrigo-
yenismo (Persello, 2004: 66-75). No obstante, vale señalar que, según lo que
describimos en un principio, el aumento de la burocracia estatal coincidía con
las necesidades reales del municipio.56 La llegada de la ucr al poder local en la
década del veinte coincidió con una mayor atención hacia zonas del municipio
antes desatendidas por los gobiernos conservadores. A su vez, Vásquez se mostró
como un político atento a los asuntos del municipio desde las posiciones de
poder que ocupaba. Por un lado, solicitó en la Legislatura la suma de 30.000
pesos moneda nacional para la ampliación del hospital municipal, y la misma
cantidad para la construcción de una escuela en José C. Paz.57 Por otro lado,
solicitó un préstamo al Poder Ejecutivo por un monto de 100.000 pesos para la
construcción de un mercado municipal, veredas y caminos.58 Ya en la Cámara
de Diputados de la Nación, donde no era común tratar cuestiones municipales,
presentó un proyecto para que el Poder Ejecutivo creara en General Sarmiento
55
Municipalidad de General Sarmiento (enero de 1920 - diciembre de 1927, p. 93).
56
Esto ya fue señalado para el caso de la ciudad de Buenos Aires por Horowitz (1999: 617-644).
57
Diario de Sesiones de la Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires (10 de sep-
tiembre de 1919, p. 1483).
58
Diario de Sesiones de la Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires (30 de junio
de 1920, pp. 460-461).

34
El ejercicio político desde el prisma municipal

una escuela de artes y oficios.59 El paso de Parodi por la Legislatura provincial


y por el Congreso Nacional, en cambio, lo muestran menos interesado por
asuntos de desarrollo local que a Vásquez y más dedicado a denunciar la forma
en que los radicales alcanzaron o ejercieron el poder local. Su acción a favor del
progreso municipal, como vimos, transitó por otros carriles.

Reflexiones finales

Como se puede observar, Silvio Parodi estuvo acompañado por otras figuras
políticas que forjaron su carrera en el municipio y lo siguió estando durante
el resto de su carrera, pero solo él alcanzó puestos superiores en la actividad
política, y lo mismo ocurrió con Juan Carlos Vásquez. Por lo tanto, si se han
destacado es porque ambos constituyeron carreras políticas exitosas más allá del
municipio. Vale preguntarse, entonces, de qué modo forjaron esas carreras. En
principio, como se vio a lo largo del trabajo, es posible notar que uno y otro,
a su manera, concordaban con un patrón bastante típico de construcción del
capital político de entonces: el caudillismo propio de los líderes municipales. De
acuerdo con esa práctica, las relaciones personales jugaban un papel central. En
la mínima unidad de análisis que representan los municipios para observar el
comportamiento de los partidos políticos se puede observar la importancia de
los estrechos vínculos que los caudillos establecían con los votantes. Se trataba
de personas dedicadas por entero a atender necesidades comunales o personales
de distinto tipo (desde otorgar un empleo, un edificio o un préstamo, hasta
ofrecer algún medicamento, protección, consejo o consuelo). Necesidades que,
como vimos, hacían al desarrollo de relaciones que constituían el “progreso” del
municipio. En definitiva, Parodi y Vásquez pueden ser considerados como tales
en General Sarmiento, pero con importantes diferencias entre sí. Mientras que la
carrera política de Parodi se inició en General Sarmiento, la de Vásquez se inició
en la ciudad de Buenos Aires, y a partir del aparato burocrático en el que estaba
inserto pudo asentarse localmente.60 Dicho de otro modo, el capital político
de Parodi se originó principalmente en la comunidad de General Sarmiento,
59
Diario de Sesiones de la Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires (9 de diciembre
de 1925, p. 84).
60
El domicilio particular de Vásquez en San Miguel está declarado por primera vez en 1947
(Kraft, 1947: 919-920). Por esta razón no nos es posible saber con certeza en qué año se mudó
a General Sarmiento. Ya en 1950, tanto el domicilio de Parodi como el de Vásquez figuran en
la ciudad de Buenos Aires (ibídem, 1950: 455 y 597).

35
Adriana Sánchez

mientras que Vásquez, formando parte del partido en otro distrito, se instaló
en el comité local y escaló posiciones apoyado en la estructura partidaria, esto
es, formando parte de una tendencia hacia la profesionalización política que se
experimentaba desde la sanción de la Ley Sáenz Peña (Ferrari, 2008: 113-154).
El ingreso del radicalismo al gobierno municipal a partir de 1916, y sobre
todo su actuación durante la década del veinte, introdujo una cantidad de re-
cursos que antes o bien no existían o bien no se utilizaban de la forma en que
Vásquez y sus radicales lo hicieron. A partir de entonces, puestos a disposición
de la sociedad local, esos recursos modificaron las necesidades comunales y los
canales de gestión, lo cual, combinado con las nuevas estrategias de moviliza-
ción del electorado, transformaron el desempeño de los que se dedicaron a la
política. Esto se vuelve manifiesto cuando a partir de las elecciones de 1923 el
radicalismo local podía sentirse cada vez más tranquilo respecto a los resultados
electorales, puesto que su mayor contrincante iniciaría una retirada del poder y
de la competencia electoral en el municipio. Guiados por Silvio Parodi, a partir
de las sucesivas derrotas, los conservadores comenzaron a notar las dificultades
que tenían para acceder a los cargos que, según ellos, ganaban. Si bien ocupar
cargos de gobierno en el municipio no constituía el soporte exclusivo en el que
se sustentaba su capital político, no dejaba de ser necesario para tener incidencia
sobre los resultados electorales.
En definitiva, los nombres propios y los lugares que tal vez no han trascen-
dido, más allá del pueblo para el que fueron significativos, nos han demostrado
un gran potencial explicativo de los procesos políticos más importantes que
vivió la provincia durante las primeras tres décadas del siglo xx. Este trabajo
refleja que muchos de esos procesos tenían su fundamento en la sumatoria de
situaciones locales que se desarrollaban cotidianamente. En el modo en que se
constituía un entramado particular de relaciones y situaciones en un municipio
como General Sarmiento, tuvimos la oportunidad de observar de un modo
singular el terreno en el que se practica la política.

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39
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––– Sala VII, Cartas del Comisario de General Sarmiento, Carlos Alesina, al
jefe de Policía de la Provincia de Buenos Aires, Luis M. Doyhenard.
Archivo Dardo Rocha, legajo 236.
––– Sala VII, Intervenciones provinciales, Senado de la Nación. Antecedentes
relativos al proyecto de intervención de la Provincia de Buenos Aires,

40
El ejercicio político desde el prisma municipal

Publicación de la Comisión de Negocios Constitucionales, correspon-


diente a la orden del día nº 20, Buenos Aires, 1925.
Anuario Estadístico de la Provincia de Buenos Aires.
Boletín de la Dirección General de Estadística de la Provincia de Buenos Aires.
Municipalidad de General Sarmiento. Decretos y resoluciones, 1890-1920.
Municipalidad de General Sarmiento. Decretos, resoluciones y ordenanzas,
enero de 1920 - diciembre de 1927.
Diario de Sesiones de la Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos
Aires, 1900-1930.
Diario de Sesiones de la Cámara de Senadores de la Provincia de Buenos Ai-
res, 1900-1930.
Intervención Nacional en la Provincia de Buenos Aires, 1917-1918. Informe
elevado por el interventor nacional, don José Luis Cantilo, al Poder
Ejecutivo de la Nación. La Plata, Taller de Impresiones Oficiales, 1918.
Registro Oficial de la Provincia de Buenos Aires, 1900-1930.

41
La fábrica De Carlo en la localidad
de José C. Paz en el período 1947-1968.
Una caracterización del mundo del
trabajo industrial local desde
la perspectiva de las y los trabajadores*
Mariana Barattini y Marina Luz García

El origen de este artículo se vincula estrechamente con la sorpresa y la curiosidad


que experimentaron sus autoras cuando en un recorrido por la localidad de José
C. Paz, a mediados del año 2016, dieron con un imponente edificio a todas luces
industrial, antiguo y cerrado. Al hablar con los habitantes del lugar, supimos que
se trataba de la fábrica de automotores De Carlo, que había cerrado sus puertas
alrededor del año 1968.1 El edificio, intacto en su estructura, se asienta en una
zona que combina visos de ruralidad con las marcas de un empuje urbaniza-
dor que se fue dando de manera intermitente, pero que se interrumpió hace
tiempo. El descascarado edificio de la estación Piñeiro del ferrocarril Urquiza

* Agradecemos a Ricardo Aronskind, Ania Tizziani, Débora Gorban, Romina Antonelli, Osvaldo
Battistini, Diego Szlechter, Vanesa Gómez y Guadalupe Ballester la lectura, los comentarios y
las sugerencias que han realizado a las diversas etapas de nuestro trabajo.
1
El predio en donde se asienta la fábrica ocupa aproximadamente 40.000 metros cuadrados,
y casi en su totalidad esa superficie está edificada. En la vista aérea proporcionada por Google
Maps, pueden apreciarse los diferentes galpones, la usina, el edificio de cuatro pisos donde
funcionaban las oficinas y el comedor, y las dos casas de los empleados jerárquicos que aún
quedan en pie. Los departamentos construidos para las familias obreras fueron derrumbados,
como también las casas donde por un período de tiempo funcionó la escuela provincial nº 38,
pero hay registros fotográficos de ello.

43
Mariana Barattini y Marina Luz García

(un ramal cerrado hace varias décadas), ubicado a escasos cien metros de la
De Carlo, como denominan a la fábrica los habitantes del lugar, se constituye
en testigo de la imagen que estamos describiendo. En la zona se entremezclan
viviendas de más de 60 años con otras típicas de los asentamientos precarios,
que en forma escalonada fueron ocupando, a lo largo de las últimas cuatro dé-
cadas, familias que llegaron de lugares diversos y por distintos motivos: desde
migraciones internas o erradicaciones de villas de la ciudad de Buenos Aires,
hasta familias desplazadas por inundaciones y alojadas allí. Así, esa precariedad
fue tomando la forma de un rasgo estructural en ese paisaje. En ese escenario,
la De Carlo es uno entre varios emprendimientos industriales importantes que
se asentaron en su mayoría en los años cuarenta en la localidad. De todos ellos,
la fábrica Alberdi, instalada en los años veinte, es la más antigua y la que aún
continúa produciendo. La imagen de la De Carlo en el contexto que describi-
mos se constituyó en la primera motivación de este trabajo. Nuestro hallazgo,
a su vez, nos impulsó y motivó a repensar la categoría de distrito dormitorio
como una condición estructural, histórica y arraigada en un sólido imaginario
que, a su vez, debilita un pasado con importantes experiencias industriales en
la localidad de José C. Paz.
Realizamos una incursión casi artesanal en este lugar. Recorrimos las
inmediaciones de la De Carlo, golpeamos puertas y manos en las viviendas
aledañas, y así nos fuimos encontrando con relatos que aumentaban nuestro
entusiasmo, con trabajadores y trabajadoras que hicieron sus primeras expe-
riencias de trabajo allí y que accedieron gentilmente a compartir con nosotros
sus historias. Sin el aporte de esos extrabajadores y en algunas ocasiones de sus
familiares, no podríamos haber registrado los aspectos cotidianos del funcio-
namiento de la fábrica ni las percepciones que los sujetos nos transmitieron
de sus experiencias y de la época. Por medio de entrevistas semiestructuradas,
fuimos reconstruyendo etapas vividas por los trabajadores, los distintos períodos
por los que atravesó la De Carlo, las dinámicas laborales y sociales en las que
participaron los sujetos, y el proceso de urbanización en el lugar producto de
una combinación virtuosa entre las necesidades y recursos de la De Carlo, las
dinámicas del mercado inmobiliario y el contexto político, social y económico
que acompaña la experiencia.
Nuestros primeros planteos y preguntas para llevar adelante la investigación,
que culminó con la escritura de este artículo, fue transitando los propios vaivenes
que el trabajo de campo nos iba presentando. Las entrevistas se realizaron a
trabajadores y trabajadoras cuyas edades oscilan entre los 65 y 84 años. Algunos
de ellos continúan viviendo en el lugar y otros, producto de los procesos de

44
La fábrica De Carlo en la localidad de José C. Paz en el período 1947-1968

movilidad social ascendente, se encuentran en otras condiciones de vida que


distan de las que experimentaron en sus orígenes y también de la de aquellos
trabajadores que continúan allí. Como ya ha pasado mucho tiempo, nuestros
entrevistados debieron hacer cuantiosos esfuerzos para restituirle la tempora-
lidad a sus recuerdos. Estas son algunas de las condiciones de producción de
ese conocimiento que fuimos construyendo y que, en el marco de un estudio
que se retrotrae al pasado, contribuye al mismo tiempo a la comprensión de los
rasgos del presente. Al ver por primera vez el edificio en pie de la exfábrica De
Carlo y conocer que sus puertas se cerraron hace casi 50 años, nos preguntamos:
¿cómo habrán sido las dinámicas sociales y laborales en los tiempos en los cuales
estuvo en funcionamiento?, ¿quiénes y cuántas personas trabajaron allí?, ¿dónde
vivían?, ¿cómo era la zona en esos tiempos?, ¿qué pasó con ellos luego de su
cierre?, ¿qué representa para los habitantes del lugar esa fábrica o su recuerdo?
Hemos abordado muchas de estas preguntas y otras nuevas que surgieron
en el transcurso de la investigación. A partir de la información que íbamos
recabando, resurgía con fuerza la noción de distrito dormitorio en tensión con
la experiencia industrial “pasada” que comenzábamos a analizar. En las últimas
décadas, esa caracterización comenzó a conjugarse con aquella otra que asocia
la localidad con el territorio de la pobreza. El título de la nota de un periódico
jugaba, en el año 2004, con el nombre de la localidad. Se leía José C. Plan,2 en
clara alusión a las dimensiones que en este territorio asume la percepción de
programas sociales en una población con índices de desocupación muy altos.
Según datos provistos por la municipalidad, en aquel momento, cerca del 50%
de la población estaba desocupada y el 80% se encontraba por debajo de la
línea de pobreza. Esta situación, a pesar de las mejoras que indican datos ma-
croeconómicos de la última década, no se ha revertido. En un informe reciente
del Instituto del Conurbano de la Universidad Nacional de General Sarmiento,
tomando datos del censo de población de 2010, el partido presenta un porcen-
taje de hogares con al menos un indicador de necesidades básicas insatisfechas
(nbi) que es superior al promedio del Gran Buenos Aires (en una población
de 265.981 habitantes, el 12% se encuentra en esa condición). A su vez, según
este mismo informe, José C. Paz se encuentra en el grupo de los cuatro partidos
del Gran Buenos Aires que tiene menor porcentaje de población con cobertura
de obra social o seguro privado (52,24%). Para reforzar esta imagen, en relación
con las condiciones de vida, el censo de 2010 también aporta como datos que

2
Página/12, suplemento Cash, 11 de noviembre de 2004. “José C. Plan”, por Fernando
Krakowiak.

45
Mariana Barattini y Marina Luz García

un 5,88% de la población vive con hacinamiento crítico (más de tres personas


por cuarto), solo un 17,3% accede al servicio de agua de red y solo un 6,1%
tiene conexión a cloacas.3
Ahora bien, Atilio, uno de nuestros entrevistados, nació y continúa viviendo
en el barrio De Carlo. Su vivienda es la casa que construyeron sus padres en los
años cincuenta, poco después de conocerse en el barco que los traía a estas tierras
y formar una familia en José C. Paz, a escasos metros del perímetro que demar-
caba la De Carlo. Su padre trabajó en la empresa y él mismo, cuando tenía 15
años, se desempeñó como trabajador aprendiz en el lugar. Cuando rememora
aquella época, evoca imágenes del paisaje e integra así no solo el movimiento
que producía en el lugar la De Carlo sino también Argital, ubicada exactamente
en frente: “Había mucha gente, había de todo, tocaban la bocina cuando se iban
[los trabajadores] y parecía la 9 de Julio”.
En este artículo, y desde un abordaje “desde abajo”, pudimos efectivamente
mostrar que, en los primeros quince años, hasta tanto la De Carlo se consolidó
como una empresa que fabricaba motos y autos, especializada en la actividad
matricera, sostuvo y desarrolló su producción en una escalada ascendente.
Esto implica el crecimiento de la infraestructura, el aumento del número de
trabajadores y las relaciones tanto con el mercado interno como externo. Los
propios trabajadores rememoran que, en los tiempos en que producía como
una matricera, la De Carlo exportaba clavos y tornillos a Brasil. En el transcurrir
de los primeros años de la industrialización sustitutiva de importaciones (isi)
se dedicó a producir insumos preferentemente para la confección de electro-
domésticos. Más tarde, desde mediados de los años cincuenta, las expectativas
desarrollistas y sus programas acompañaron la incursión que el empresario De
Carlo realizó en la producción de autos. Nosotros mostramos de qué modo
impactan primero en el contexto de la isi y más tarde en las políticas y progra-
mas “desarrollistas” en un contexto local acotado.
El período que trabajamos y, en particular, el complejo proceso industrial que
atravesó la industria automotriz a la luz del régimen de promoción industrial ha
sido prolíficamente estudiado. Todos esos trabajos nos facilitaron la compren-
sión del particular recorrido hecho por Automotores De Carlo. Por lo general,
aquellos estudios se ocupan de señalar los aspectos macroeconómicos y, como
indicaremos más adelante, la mirada preponderante es aquella que se manifiesta
críticamente al respecto de políticas que fomentaron experiencias industriales

3
http://www.ungs.edu.ar/ms_ungs/wp-content/uploads/2016/12/DATOS-JCP_141216_VF-2.
pdf.

46
La fábrica De Carlo en la localidad de José C. Paz en el período 1947-1968

que fueron alcanzadas en el corto plazo por procesos de concentración econó-


mica, tanto de capitales nacionales como transnacionales. El desenlace ha sido
el desmantelamiento de un conjunto importante de empresas automotrices, y
el correlato de ese desmantelamiento se traduce en los territorios afectados en
un desmembramiento del entramado laboral y social. Esta dinámica particular
que se expresa en este sector de la economía se desarrolla con bastante antela-
ción –casi una década– al inicio de la última dictadura militar y a la instalación
de un proceso de “desindustrialización selectiva” (Benítez y Mónaco, 2007).
En lo referente al polo de desarrollo industrial que giró en torno a la localidad
de José C. Paz, muchas de aquellas industrias tuvieron un comportamiento
errático que reflejó los vaivenes de las políticas económicas de la Argentina de
las últimas décadas. La fábrica Argital, antigua ladrillera, mantiene un mínimo
nivel de actividad a partir de la creación de la cooperativa de trabajo ArgiPaz en
febrero de 2006. Parte de sus terrenos fueron adquiridos por el municipio, y en
la actualidad funciona allí el polo productivo de José C. Paz, que centraliza las
actividades y a los cooperativistas del programa Argentina Trabaja y se dedica
a la producción de insumos para la obra pública. La empresa Álvarez Vázquez,
antigua metalúrgica, fue demolida en los años noventa, y en sus tierras hoy hay
un asentamiento informal. Por su parte, la cerámica Alberdi atravesó un proceso
de achicamiento y reducción de su producción en la localidad, aunque abrió dos
nuevas filiales en el norte del país y en la ciudad de Rosario. Los edificios que
hoy siguen en pie y las hectáreas que ocupaban aquellos que hoy no están nos
permiten dimensionar un pasado fabril muy importante, del cual queremos dar
cuenta, en parte, a través de esta investigación. Un pasado que a su vez contrasta
con la realidad actual del distrito, que, como vimos, registra indicadores que dan
cuenta de situaciones de pobreza estructural. ¿José C. Paz puede pensarse hoy
como un distrito dormitorio? Quizás, pero no siempre ha sido así.
Cuando revisamos las imágenes sociales, académicas, periodísticas y admi-
nistrativas que hacen referencia al expartido de General Sarmiento, se impone
un rasgo fundamental, aquel que lo caracteriza como un distrito dormitorio.
Claramente se trata de una definición que marca un profundo contraste con
aquellos distritos, principalmente urbanos, en donde el asentamiento y la
localización de industrias y actividades productivas, aun con los vaivenes re-
gistrados en las últimas décadas, atraían y atraen a los trabajadores desde otros
territorios aledaños. Esta constatación, sin embargo, no debería obstruir la
visibilización de desarrollos industriales que tuvieron lugar en el contexto de la
industrialización sustitutiva de importaciones, antes, durante y después de los
dos primeros gobiernos peronistas (1946-1955). Cuando indagamos sobre la

47
Mariana Barattini y Marina Luz García

etapa de mayor desarrollo del partido encontramos, como veremos más adelan-
te, cierta pujanza económica y productiva local, más acentuada desde los años
cuarenta, en las ramas metalmecánica, petroquímica, textil y de materiales de
construcción, entre otras, que han ido configurando experiencias individuales
y colectivas vinculadas al mundo del trabajo industrial. Es así que la imagen de
distrito dormitorio es interpelada y relativizada frente a esta otra constatación.
Ahora bien, en este artículo buscamos ampliar el conocimiento construido
acerca del desarrollo industrial en la localidad de José C. Paz y, a su vez, mostrar
que en el pasado hubo diversas experiencias industriales que, en gran parte por
los avatares de la inestabilidad institucional y las marchas y contramarchas de
los proyectos de desarrollo, fueron interrumpidas. Dentro de esas experiencias
nos concentraremos en el proceso de asentamiento, puesta en marcha y cierre
de Metalmecánica saic-Fábrica de Automotores De Carlo, en adelante la De
Carlo,4 una experiencia que cumplió un rol muy activo a lo largo de dos déca-
das, en las que contribuyó al proceso de urbanización de una zona periférica
de la localidad y generó e hizo posibles las expectativas de movilidad social de
sus trabajadores.
Consideramos valioso estudiar esta experiencia y revisar un período poco
explorado de los procesos locales, desde mediados de los años cuarenta hasta
fines de los años sesenta. Nos proponemos entonces reconstruir el proceso de
instalación y funcionamiento de la De Carlo y reponer las experiencias de trabajo
de los trabajadores en el contexto social, político, económico y cultural de las dos
décadas que transcurren desde su instalación en 1947 hasta su cierre en 1968.
En la primera sección haremos un breve repaso del proceso de industriali-
zación en José C. Paz, marcando el pasaje de un contexto rural a uno urbano,
un período transicional en el que se asienta la De Carlo. Consideramos de
vital importancia la instalación de industrias en la región como un elemento
que contribuye al crecimiento y desarrollo del distrito, en un proceso que se
fue dando simultáneamente y en el cual participan los habitantes, diversas
asociaciones y empresarios. Estos últimos juegan un rol fundamental frente a
la escasa presencia estatal.
En la segunda sección presentamos la reconstrucción del asentamiento de la
De Carlo en el lugar, atendiendo a sus diversas etapas y a los procesos de trabajo
que allí se desarrollaban. En particular, poder señalar las etapas que atraviesa la

4
Utilizamos esta denominación ya que nuestros entrevistados se refieren de esa manera a la
fábrica Metalmecánica saic.

48
La fábrica De Carlo en la localidad de José C. Paz en el período 1947-1968

De Carlo nos permite dar cuenta de los procesos de diversificación que atravesó
a la luz de las políticas macroeconómicas nacionales.
Dedicamos una tercera sección al análisis de la relación entre trabajo, mi-
graciones y sociabilidad en el escenario paceño, puesto que el desarrollo de la
De Carlo no podría explicarse sin esta prolífica combinación. Aquí, la dinámica
familiar en torno al trabajo, que incluía tempranamente a sus integrantes más
pequeños, nos interpela sobre el lugar de la legislación en torno al trabajo de los
menores de edad y sobre el modo en que las familias recién llegadas emplean
estrategias que imbrican responsabilidad y buen comportamiento frente al trabajo
y a la vida que deciden iniciar en un nuevo lugar. De allí que también anali-
zamos, bajo la forma de “paternalismo empresarial”, la particular relación que
construyeron los trabajadores con el dueño de la empresa, Salvador De Carlo.5

José C. Paz. El pasaje de lo rural a lo urbano en el contexto


del proceso de industrialización

La localidad de José C. Paz es uno de los tres distritos que conformaban hasta
el año 1994 el partido de General Sarmiento.6 Se trata de un distrito con in-
dicadores socioeconómicos que denotan la acumulación de desventajas en su
población; un territorio absorbido por una dinámica informal de la economía
y condiciones de infraestructura urbana deficientes, fundamentalmente para
sus barriadas periféricas.
Al revisar diversos textos (Munzón, 1944; Segura Salas, 1998; Fernán-
dez, 1999) y emblemas que representan los recursos simbólicos e identitarios
del exmunicipio, encontramos referencias que enfatizan fortalezas sociales,
culturales y fundamentalmente económicas que se retrotraen varias décadas
atrás. Específicamente para el caso de José C. Paz, estos trabajos marcan el
año 1886 como momento clave y temprano ante la instalación de la fábrica
de alcoholes Esperandio Altimpergher. Ese fue el inicio para una posterior

5
Poco se conoce de la vida de Salvador De Carlo y la información recolectada no proviene de
fuentes confiables.
6
De acuerdo con Soria (2005), la reforma del Estado a nivel nacional y su correlato a nivel pro-
vincial implicó la reestructuración del conurbano, su descentralización y el redimensionamiento
de los llamados megapartidos, entre ellos el de General Sarmiento, cuya división se concretó el 20
de octubre de 1994 al aprobarse por unanimidad la Ley 11551 en la Honorable Legislatura de
la Provincia de Buenos Aires, y promulgarse el 14 de noviembre del mismo año.

49
Mariana Barattini y Marina Luz García

diversificación de rubros industriales que fue aconteciendo en el lugar. La fábrica


emblemática y pionera del desarrollo industrial y que continúa funcionando en
la actualidad es Cerámica Alberdi, instalada en los años veinte, la cual ocupa
una amplia fracción de territorio y representó una importante fuente de trabajo
para los habitantes de la localidad: en el año 1939 generaba trabajo para más
de cincuenta operarios (Segura Salas, 1998: 102). En 1917 iniciaron su acti-
vidad las fábricas Zanelli (de jabón) y Rosaura (de agua lavandina), y en 1927
lo hicieron la fábrica de productos alimenticios Maura y Coll y la fábrica de
tejidos Helvecia, la cual daba trabajo a ochenta operarios y en 1934 conformó
su propio club deportivo, que persiste hasta la actualidad. Para la etapa que nos
compete, podemos afirmar que existe una industria liviana en crecimiento, con
fábricas como Álvarez Vázquez (metalmecánica), Yelmo (electrodomésticos) y
De Carlo (automotriz), más las ladrilleras Steffani y Argital, las últimas tres
contiguas espacialmente y cuyas estructuras, en su mayoría, son visibles en la
actualidad. Esta identificación de empresas en la historia local, sin embargo,
no está acompañada, en los textos considerados, de análisis que repongan los
procesos que acompañaron su instalación ni los modos en que afectaron al
mundo del trabajo local.
Por otro lado, el escudo de la localidad, creado el 18 de marzo de 1973,
representa –entendemos– algunos aspectos del imaginario industrialista de José
C. Paz. Como argumenta su creador, el artista Juan Pennacca:
En el centro hay una rueda dividida en dos, la carreta que representa el
campo da paso al engranaje, símbolo de la industria, atravesada por una
vara, alegoría del comercio. La rueda aplasta un cardo, planta natural de la
zona. El conjunto expresa las tres actividades económicas de José C. Paz: la
agrícola-ganadera de los comienzos, que dio lugar a la actividad industrial y
comercial de los años setenta.7

Es muy sugerente el comentario del artista, reproducido en el portal de la página


web, relacionando los años setenta con la actividad industrial en la localidad.
Las investigaciones sobre la historia de José C. Paz (Segura Salas, 1998;
Munzón, 1992; Fernández, 1999) sostienen que gran parte del desarrollo de
los primeros años se vincula con la acción vecinal. De hecho, mencionan que
hasta la década del treinta se registran iniciativas de algunas familias en las me-
joras de infraestructura y servicios en la zona. Desde el Estado, determinadas
ordenanzas también influyen en el mejoramiento del espacio público, como

7
http://josecpaz.gob.ar/hcd/resena-historica/.

50
La fábrica De Carlo en la localidad de José C. Paz en el período 1947-1968

aquella que declara la obligatoriedad de cercos y veredas en algunas calles im-


portantes del lugar. La provisión de energía eléctrica también se vincula a la
acción vecinal. El 1 de febrero de 1920, el Concejo Deliberante aprobó la firma
de un contrato de servicio de alumbrado público con una empresa conformada
por vecinos: la Compañía Eléctrica de José C. Paz, que funcionó hasta 1927.
Estas investigaciones también hacen referencia a la acción del fomentismo,
por ejemplo en la creación de escuelas o en el pedido de extensión de líneas
de colectivos. Más allá de esas iniciativas, en la década del veinte José C. Paz
seguía siendo un “pueblo rural”, aislado, debido al estado de deterioro de sus
vías de acceso (hacia 1938, la única vía de acceso pavimentada era el camino
San Fernando-Rodríguez, un asfalto que llegaba hasta la estación de José C.
Paz), con una deficiente provisión de servicios básicos y con ausencia del Estado
en ese proceso de desarrollo (Segura Salas, 1998).
A mediados de la década del cuarenta comenzaron a subdividirse aquellas
grandes extensiones de tierra en las que se desarrollaban actividades agrope-
cuarias: tambos, quintas de verduras y floricultura. Así comenzó el crecimiento
poblacional en un territorio que tenía un escaso desarrollo en infraestructura y
servicios. Como pudimos constatar, ese proceso de urbanización se fue dando
en forma paralela a la instalación de industrias en la zona y, en ocasiones, en
una etapa posterior a esas instalaciones.8 De acuerdo con datos provistos por el
municipio, en septiembre de 1946 tuvo lugar el primer loteo de la localidad,
en el que se pusieron en venta las tierras del Barrio Parque El Ombú. De ese
loteo surgieron 35 barrios. Tres de ellos llevaron el nombre de industrias asen-
tadas en esos territorios, como el Barrio Alberdi (Cerámica Alberdi), el Barrio
Argital (ladrillera Argital) y el Barrio De Carlo (Automotores De Carlo). Otra
información suministrada por la misma fuente indica que la localidad, luego de
años de ausencia estatal, se vio beneficiada durante el Primer Plan Quinquenal
del gobierno peronista, que destinó fondos para el pavimento de 115 cuadras,

8
Pudimos acceder a dos publicidades de inmobiliarias que promocionaban la venta de lotes en
las inmediaciones de la fábrica. En una de ellas, del año 1952, se ofertaba la venta de lotes y se
destacaba la accesibilidad al lugar, la cercanía a la estación de tren de José C. Paz y a la estación
Piñero, y el tiempo que se tardaba en llegar a la Capital Federal (55 minutos). Se trataba de
“70 únicos lotes en 132 mensualidades, sin interés”. En la segunda, de 1955, se hacía referencia
directamente a la fábrica y sus potencialidades: “La imponente y moderna construcción trasunta
su poderío y valoriza todo lo aledaño”. En este caso, se trata del remate de 235 lotes con una base
de 40 pesos por mes: “Lindan con la grandiosa fábrica de cerámica Argital y con los importantes
talleres metalúrgicos Salvador De Carlo”.

51
Mariana Barattini y Marina Luz García

un edificio para la Escuela N° 4 y tres barrios de chalets: “General Sarmiento,


con agua corriente; Infico y Alberdi”.9
En este escenario de tránsito desde lo rural a lo urbano tuvo lugar en 1947
la instalación de la De Carlo, en una región cuyo déficit de infraestructura no
se adecuaba a las necesidades del desarrollo industrial. De hecho, las vías de
acceso a José C. Paz, desde la Ruta 9 (principal arteria que permitía la circula-
ción vehicular desde la zona norte), no estaban preparadas para la movilidad
y el transporte.
Podría afirmarse que, al menos, son dos los elementos que contribuyeron
a la decisión de De Carlo de asentar su empresa en la zona. En primer lugar,
en la misma zona, dos décadas atrás, se había instalado la fábrica Alberdi, y de
alguna forma esa experiencia pudo constituir para De Carlo y otros empresarios
un antecedente alentador. En esta línea, hay quienes sostienen que el impulso
manufacturero en Argentina en las décadas de 1930 y 1940 también fue resul-
tado de la acción de empresarios privados que supieron ver las oportunidades
de negocios en la coyuntura de la crisis de 1930 y, más tarde, de las restricciones
generadas por la guerra (Rougier y Pampin, 2015). Recordemos que Argital
comenzó también a funcionar a finales de la década del cuarenta.
Un segundo elemento es la dimensión inmigratoria y la fuerte presencia
de empresarios y trabajadores de origen italiano que se asentaron en el lugar,
convocados a través de sus redes étnicas. En José C. Paz, así como en otras zonas
del conurbano bonaerense, la presencia italiana asumió tempranamente cierta
importancia. Hacia finales del siglo xix, una de las villas que antecedieron la
conformación del distrito llevaba el nombre de un ciudadano italiano que en
aquel momento cumplía un rol social relevante, don Serafín Germano. En su
domicilio, en 1890 se realizó la asamblea para la fundación de “la Sociedad
Italiana”, en la que fue nombrado presidente.10 Esos inmigrantes italianos de-
sarrollaron además emprendimientos productivos, aceitando redes migratorias
que explican en gran parte la llegada de la ola de inmigrantes de posguerra,
entre ellos De Carlo, quien además nutrió su fábrica de trabajadores de origen
italiano que fueron llegando al país por los mismos años. Más allá de nuestras
hipótesis, en la voz de nuestros entrevistados hay coincidencias en señalar la
influencia de la figura del empresario Salvador De Carlo como un emprendedor
que, a través de sus contactos políticos y con recursos propios, motorizó acciones
que contribuyeron a mejorar el espacio urbano, la circulación, el transporte y

9
http://josecpaz.gob.ar/hcd/resena-historica/.
10
Ver al respecto el trabajo de Guadalupe Ballester en este libro.

52
La fábrica De Carlo en la localidad de José C. Paz en el período 1947-1968

la provisión de energía eléctrica en la zona de influencia de la fábrica. Según


pudimos constatar a partir de los relatos de habitantes del barrio y extrabaja-
dores sobre aquellos primeros años de la De Carlo, las imágenes más presentes
de aquella geografía están asociadas al campo, al barro y a las largas distancias
recorridas a pie desde la estación de José C. Paz hasta el establecimiento. Esto
pone en tensión el imaginario clásico del mundo industrial urbano que remite
justamente a la presencia de transporte público variado (colectivos y trenes) y
con frecuencias intensivas, la existencia de comercios y de cierta infraestructura
destinada a la recreación, entre otros.
Acá se manejaban en carros, acá en el Porvenir estaban los caballos, se mane-
jaban en carros y bicicletas (…). Antes de la De Carlo, esto era una quinta,
todo era una quinta de verduras (…). Después hicieron, después, porque todo
era camino de tierra, no se podía caminar del barro (Delfina, 74 años. Tra-
bajadora de la De Carlo. Jubilada, de origen paraguayo).

De Carlo nos daba la luz a nosotros y después había luz que venía del barrio
Alberdi, por ahí, pero era con poca tensión, a la noche había lío, mejor era la
usina [de la De Carlo]. Mi papá tenía dos entradas, de la De Carlo, cuando le
daban de noche, porque no trabajaba de noche, y entraba la luz de segba, pero
teníamos que tener elevador porque no había potencia. Después, el asfalto vino
acá, no era el asfalto, era la brea esa, por De Carlo, él hizo entrar el colectivo
acá, el 740, la línea 8 antes. Llegaba gente de José C. Paz que venía a trabajar,
de otros lados (Atilio, 65 años. Trabajador e hijo de trabajadores de la De
Carlo. Actualmente se desempeña en el rubro automotor).

Era todo campo. Cuando vinimos a la Argentina, mi papá me dice ‘vayan a


comprar huevos’, ‘¿a dónde vamos a comprar huevos?’, ‘allá, que hay una lagu-
nita’. Iba con bolsas, me llenaban dos bolsas de huevos, pasaba por la casa del
dueño y le decía ‘¿cuánto le debo?’ (Franco, 80 años. Trabajó en la De Carlo
entre los 12 y los 18 años, en la sección vitería.11 Actualmente es propie-
tario de una matricera ubicada en José C. Paz, gestionada por sus hijos).

Así, De Carlo se propuso establecer su emprendimiento en una zona que se fue


desarrollando a la par de esta mediana industria y de otras, las cuales contribu-
yeron en su conjunto a la consolidación de un tejido industrial en el territorio.
En el mismo rubro metalmecánico y simultáneamente, existió otra empresa en

11
Vitería es la denominación en italiano y remite a la fabricación de tornillos, tuercas, arandelas,
etcétera.

53
Mariana Barattini y Marina Luz García

José C. Paz vinculada a la De Carlo, y que corrió la misma suerte que esta última.
Hablamos de la empresa Álvarez Vázquez, la primera metalúrgica de laminación
en caliente y en frío de la Argentina.12 Hacia el año 1965, esta empresa entró en
una crisis que culminó con su cierre ante la falta de adecuación y modernización
de sus maquinarias e instalaciones y por la imposibilidad de acceso al crédito.
Surgieron también empresas competidoras, como Acindar y Somisa, lo que
terminó de darle el golpe final. En el año 1968 solo quedaban 32 empleados, y
antes de que finalizara el año 1970, el horno no se encendió más. Se vendieron
los campos, las usinas, las maquinarias, las herramientas, los vehículos y todo el
equipamiento de los edificios (Uribeondo y Ruiz, 2009). Como veremos, esta
trayectoria se asemeja al recorrido de la De Carlo, empresas que crecieron en
pocos años, tuvieron un impacto significativo en el mundo del trabajo local y
cayeron también al ser alcanzadas por un contexto de concentración económica
que benefició a las grandes empresas de los rubros en los que se desempeñaban.
Las dos fábricas han dejado en pie estructuras edilicias que también ayudan a
comprender el significado que tuvieron en la época.

La De Carlo

El año 1947 dio origen a la De Carlo y coincidió con los primeros tiempos
del gobierno peronista. Este emprendimiento se desarrolló en el marco de la
industrialización sustitutiva de importaciones, un contexto que, como vere-
mos, generó las condiciones de producción, trabajo, empleo, abastecimiento

12
Fue la filial de una empresa vasca, y sus fundadores se trasladaron a la Argentina en 1943.
Durante diez años, un flujo de inmigrantes vascos, gallegos, asturianos y catalanes proveyó de
mano de obra al emprendimiento, además de los trabajadores locales. La empresa comenzó a
construirse en un predio en la localidad de José C. Paz adquirido por el dueño de la fábrica en
Urbi (España), Amable Álvarez Vázquez, quien conocía el país porque tenía familiares aquí y
vio la posibilidad de inversión en el contexto de una Europa en guerra, a lo que se le sumó la
situación particular de España luego de la Guerra Civil y la dictadura de Franco. Sus oficinas
administrativas estaban ubicadas en la ciudad de Buenos Aires. La empresa Álvarez Vázquez llegó
a producir 24 horas al día, en tres turnos de trabajo; contó con más de 300 empleados de forma
permanente y a lo largo de su vida productiva pasaron por ella más de 1.000 trabajadores. En
el mismo predio, el hijo de Amable Álvarez Vázquez, junto con otros socios, creó la empresa
corema, de fabricación y torneado de piezas de maquinarias y automotores. Proveía de repuestos
a las empresas de transporte de pasajeros 740 (hoy 440 y 315) y a la línea 7 (hoy 176). Fabricó
repuestos y rectificó piezas para el coche del corredor de Turismo Carretera Cesar Malnatti. Tam-
bién abasteció a las empresas de cerámica Alberdi, Stefani y Automotores De Carlo, entre otras.

54
La fábrica De Carlo en la localidad de José C. Paz en el período 1947-1968

del mercado interno y posibilidades de exportación a países de la región. En


sus comienzos, la De Carlo se destacó por la actividad matricera para abastecer
de componentes a la industria liviana, preferentemente con accesorios para la
línea de electrodomésticos. La actividad matricera constituía por esa época una
rama con tintes muy particulares. Para quienes eran portadores del oficio, sig-
nificaba ingresos superiores al resto de los trabajadores. Además, con el tiempo
se constituyó en una rama que en el expartido de General Sarmiento tuvo gran
presencia, sobre todo en el corredor que traza la Ruta 197 desde su intersección
con la Panamericana en la localidad de Pacheco hasta la zona de José C. Paz.
Por esto, podemos suponer que la experiencia de la De Carlo se constituye en
un antecedente de las actividades productivas locales y de los saberes y oficios
de cientos de trabajadores del lugar.13
Hacia fines de los años cincuenta, la De Carlo se dedicó a la producción de
motos de baja cilindrada.14 La producción de motocicletas ya se había iniciado
en el país durante el segundo gobierno peronista. A comienzos de la misma
década, el parque local de motocicletas era de 30.000 unidades, en su mayoría
de origen norteamericano (Picabea, 2010: 131). La De Carlo incursionó en
la fabricación de motocicletas a partir de procesos de ensamblado de piezas
importadas. Se produjeron dos modelos: el primero, denominado Paperino,
y el segundo, Súper Paperino,15 de los que se produjeron 21.000 unidades en
casi dos años.

13
Podemos relacionar la experiencia de la de Carlo con el posterior desarrollo de la industria
metalúrgica y con una serie de emprendimientos matriceros en la zona. En algunas de nuestras
entrevistas se menciona que algunos trabajadores de la De Carlo se incorporaron, luego de su
cierre, a la fábrica Eaton, una importante metalúrgica ubicada en la zona que inició su actividad
en 1958 y continúa funcionando en la actualidad. Un periódico local, El periódico de General
Sarmiento, en su edición del noveno aniversario de José C. Paz, en abril de 1975, además de
mencionar la fábrica Eaton y su importancia, menciona también otra matricera, fundada
en 1962, la Euram SRL, y otra industria metalúrgica, Fima S. C., conformada por exempleados
de la fábrica Yelmo en 1969. Observamos entonces que, a la par de los corredores fabriles de la
Zona Norte, José C. Paz tuvo su propio desarrollo con emprendimientos medianos y grandes
que han dejado su impronta en el paisaje local, en la trama productiva del expartido y en las
experiencias de sus trabajadores.
14
En algunos países de Europa, la motocicleta representaba para los trabajadores un artefacto
que les permitía disponer de un medio de movilidad más económico que un automóvil y pres-
cindir del transporte público. En nuestro país, la producción de motocicletas también se volvió
sumamente relevante.
15
Por la forma que adoptaron estos modelos, llevaron el nombre de pato, en idioma italiano.

55
Mariana Barattini y Marina Luz García

Para poder dar cuenta de las dimensiones y las características de la De Carlo,


podemos recuperar también algunos datos de la empresa argentina Siam, la
cual en los años cuarenta fabricó el modelo Siam Lambretta, una moto con el
cuadro16 nacional y el motor importado, y cuya producción se estima en 2,7
millones de unidades hacia el año 1968, en que dejó de fabricarse.17 Este dato
constituye un indicador que nos permite poner en relación la De Carlo con una
empresa de dimensiones mayores, creada también por un inmigrante italiano
a principios del siglo xx y con un nivel de diversificación importante, que en
sus mejores etapas empleó a 15.000 trabajadores. Sin embargo, el devenir de
ambas estuvo marcado por las políticas nacionales que hacia el final del período
atentaron fuertemente contra su sostenimiento.
La etapa de producción de autos de la De Carlo se corresponde fundamental-
mente con el período desarrollista.18 En nuestro país, fue a partir de la segunda
mitad de la década del cincuenta, y en el contexto político de la proscripción
del peronismo, cuando la industria automotriz se desarrolló con énfasis dadas
las condiciones generadas, principalmente, por las políticas desarrollistas que,
en un principio, estimularon la presencia de capitales transnacionales a través
de la instalación de filiales en el país. Durante el gobierno de Arturo Frondizi
se llevaron adelante políticas industriales orientadas a estimular sectores claves
como el de las maquinarias y el de la industria automotriz, entre otros. En
ese marco tuvo lugar la apertura del país al capital extranjero, respaldada con
leyes de inversión extranjera directa (Ley 14780) y de promoción industrial
(Ley 14781). La primera de esas políticas otorgaba a los capitales amplias
libertades para invertir en el sector que consideraran más rentable y para girar
las utilidades y regalías sin ningún tipo de inconvenientes, lo que ponía a las
empresas extranjeras en igualdad de condiciones con los inversores nacionales.
La segunda le permitía al capital realizar inversiones sin imponerle condicio-
nes, como el tamaño mínimo de la planta, la producción, el uso de tecnología
16
El cuadro de una moto es la pieza básica en la que se fijan los demás componentes, según el
modelo: el motor, las ruedas, el asiento, el manillar, la horquilla, etcétera.
17
También podemos citar la experiencia de las iame (Industrias Aeronáuticas y Mecánicas del
Estado), que entre 1952 y 1955 dejaron como resultado el diseño y la producción de casi 20.000
automotores, entre automóviles, tractores y vehículos especiales, pero, especialmente, casi 9.000
utilitarios Rastrojero y 8.500 motocicletas Puma, los cuales permitieron el acceso al mercado de
nuevos usuarios hasta el momento excluidos de este tipo de bienes (Picabea y Thomas, 2014).
18
Las políticas desarrollistas no constituyeron un programa homogéneo que replicaron los
gobiernos tanto democráticos como de facto. Por el contrario, cada uno de estos realizó refor-
mulaciones según el contexto internacional, las alianzas político-institucionales y empresariales y
los principios ideológicos con los que entendían tanto la economía como la sociedad y el Estado.

56
La fábrica De Carlo en la localidad de José C. Paz en el período 1947-1968

nacional, los modelos, la productividad, las metas de exportación, etcétera


(Remes Lenicov, 1973: 320). De acuerdo con Ianni (2008), a través de estos
dispositivos el Estado habilitaba para todas las empresas que demostraran cierta
capacidad técnica y financiera la progresiva integración nacional del producto
para reducir importaciones y la presentación de planes de producción a cinco
años. En relación con las empresas extranjeras que quisieran radicarse en el
sector, la ley consideraba que el aporte de capital podía realizarse “en divisas, en
máquinas, equipos e instalaciones, repuestos, materias primas y otras formas”
(Ley 14780). Al mismo tiempo, las empresas se instalaron de diversos modos:
por compra o asociación con empresas nacionales existentes o por concesión
de patentes o marcas.
La normativa del régimen de promoción industrial no imponía restricciones
a la localización de las empresas. En el caso de Buenos Aires, las industrias que
se plegaron a este régimen encontraron principalmente en el conurbano bonae-
rense las condiciones más adecuadas para su desarrollo, entre ellas su ubicación
cercana al puerto, infraestructura óptima (caminos y energía), mano de obra
especializada y fabricantes de partes y accesorios (Remes Lenicov, 1973). Estas
características no se vieron reflejadas en las propias condiciones que acompañaron
el establecimiento de la De Carlo. Su ubicación geográfica la mantenía, como ya
vimos, por fuera del circuito de los corredores industriales y del abastecimiento
portuario del que dependía, fundamentalmente, para la recepción de piezas para
el ensamblaje de autos y motos. En cuanto a la infraestructura “óptima”, tanto
los accesos y los asfaltos como la provisión de energía y el transporte público
para la movilidad de los trabajadores son aspectos que, en la memoria de estos,
fueron esforzadamente logrados con los aportes del empresario.
Ahora bien, el Decreto 3693/59 de Régimen de Promoción de la Industria
Automotriz generó la solicitud inmediata de 26 firmas para la producción de
automóviles y camiones entre fines de 1959 y 1960. Así, se radicaron en el
país firmas como Citroën, Chrysler, Fiat, Ford, General Motors y Peugeot. Sin
embargo, la mitad de las 26 firmas cerró sus puertas en los primeros cuatro
años, mientras que el resto se mantuvo hasta mediados de la década de 1960,
como el caso de la De Carlo. Esta última, en una escalada hacia la diversificación
productiva alcanzada por el régimen de promoción, se alineaba junto a grandes
empresas transnacionales ya consagradas en el mundo industrial desarrollado.
Este mercado reunía empresas muy diferentes entre sí. Cada una en función de
sus recursos, producción y proyección soportaba desigualmente las vicisitudes
derivadas de la inestabilidad institucional y de los vaivenes de la economía
local e internacional. Los procesos de concentración de las grandes empresas,

57
Mariana Barattini y Marina Luz García

en general de las extranjeras que participaban en el sector, explican en gran


medida la suerte del conjunto. Este último aspecto es al mismo tiempo uno de
los elementos que nos permiten comprender el proceso de cierre de la De Carlo.
Más allá de ese desenlace, que entendemos obedece a la relación de la
empresa con el Estado, pero también a las dinámicas que puso en marcha la
empresa, que pocas veces se ajustaban a las exigencias y regulaciones del sector,
la De Carlo, en el período en cuestión, alcanzó la producción de autos (De
Carlo 700, De Carlo 600, Minicar y Simca Ariane) a partir del ensamblado de
piezas importadas. En todos los modelos se trataba de autos chicos, con una
cilindrada menor a los 1.000 cc.

Producción de autos De Carlo. Período 1959-1966

1959 1960 1961 1962 1963 1964 1965 1966

De Carlo 700 2304 4441 1914 260 108


De Carlo 600 292 1121 33
Minicar 798
Simca Ariane 50 424 30
Total 1090 3425 4441 1914 260 158 457 30

Fuente: elaboración propia a partir de adefa, anuario de 1976.

En 1961, año en que la De Carlo alcanzó la mayor producción, en Argentina


se produjeron casi 135.000 automóviles y camiones. A modo de relacionar
estos datos generales con la información de la De Carlo, podemos ver que
esta última contribuyó en el mismo año con 4.441 automóviles, es decir, su
aporte fue del 3,29%. Aunque es dificultosa la reconstrucción del número de
trabajadores, estimamos –sobre la base de las entrevistas realizadas– que en los
años de mayor expansión la planta contaba con alrededor de 400 trabajadores,
entre hombres y mujeres.
Reconstruir el cierre de la De Carlo ha sido un proceso bastante complejo,
pero es a todas luces necesario ya que nos permite comprender qué sucedió
con esta empresa. Ciertamente, las hipótesis locales acerca del cierre de la De
Carlo, como es común en estos procesos, se acercan y se alejan con argumentos
propios a otras explicaciones.

58
La fábrica De Carlo en la localidad de José C. Paz en el período 1947-1968

Pero la De Carlo se fundió, o la fundieron. Según versiones, De Carlo había


traído montones de simca, no se los dejaron entrar, y le salía más caro man-
tenerlo en el puerto (…), y De Carlo se cansó y dijo váyanse todos al diablo
(Franco, 80 años. Trabajó en la De Carlo entre los 12 y los 18 años, en la
sección vitería. Actualmente es propietario de una matricera ubicada en
José C. Paz, gestionada por sus hijos).

Nosotros siempre dijimos que cerró por el asunto de los motores que quedaron
en la aduana (Silvio, 70 años. Vecino del barrio De Carlo y alumno de la
Escuela Nº 38).

De Carlo se mandó la macana, porque la De Carlo cerró porque él hizo una


estafa en el puerto. No pagaba los impuestos, bajaba un montón de coches
de Alemania, de Italia, y no pagaba los impuestos, entonces no sé cómo lo
descubrieron y quedaron todos los coches en el puerto sin armar, sin nada,
encajonados, y no le dejaban sacar las cosas porque tenía que pagar. No sé
cuánto debía. ¿Y qué pasó? Que tuvo que cerrar la De Carlo, se fundieron, y
entonces De Carlo se escapó para Italia (Delfina, 74 años. Trabajadora de la
De Carlo. Jubilada, de origen paraguayo).

La experiencia del cierre de la De Carlo es vivida por los trabajadores como un


proceso que fue dándose gradualmente, y la lectura más presente es aquella
que coloca el énfasis en los obstáculos aduaneros para el retiro de las piezas
para el ensamblado de los autos. Esta situación significó la interrupción de la
producción.
Aunque el análisis de las políticas promovidas para el sector automotor
nos ayuda a entender contextualmente el período, dado que estamos frente a
procesos que favorecen a los capitales concentrados nacionales y transnacionales,
nos proponemos hacer una lectura de una experiencia singular a la luz de un
documento que recupera paso a paso las vicisitudes atravesadas por la De Carlo
en un proceso contencioso con el Estado nacional. La sentencia de la Corte
Suprema de Justicia de la Nación, de diciembre de 1976, explica detenidamente
el profundo conflicto y lo acontecido desde el año 1962, dando cuenta de los
dispositivos que se pusieron en marcha y que terminaron asfixiando a la De
Carlo hasta su quiebra.
El conflicto se inició a partir de la Resolución 266 del 5 de noviembre
de 1962 dictada por la Secretaría de Estado de Industria y Minería. En di-
cho documento se acusaba a la empresa de incumplimiento del plan que
había propuesto cuando adhirió al Régimen de Promoción de la Industria

59
Mariana Barattini y Marina Luz García

Automotriz. El plan presentado anunciaba que en cinco años se fabrica-


rían 12.200 camiones chicos, 105.000 automóviles y 25.000 motocicletas
(recordemos que ya en los años 1957 y 1958 la de Carlo había comenzado
a fabricar vehículos a motor). Al poco tiempo de la firma del acuerdo, la
De Carlo pidió la consideración de un nuevo plan ante las dificultades de
cumplir con lo previsto, y la Secretaría dictó la Resolución 130/59 por la
cual modificó el plan anterior, suprimiendo la fabricación de camiones y
motocicletas y reduciendo a una tercera parte la de los automóviles. De ese
modo, el plan de producción total fue el siguiente: 1959/60, 5.000 unida-
des; 1961, 5.000; 1962, 7.000; 1963, 8.500; 1964, 10.000 (fs. 508/9 y 846).
Según el fallo, solo en los últimos cuarenta días del año 1959 la empresa
logró entregar para la venta 30 automóviles De Carlo 600, y contando los
años 1959, 1960 y 1961, la fabricación total de automóviles fue de 8.155
unidades, cifra cercana al acuerdo.
Sin embargo, el conflicto con la Secretaría de Minería e Industria se fue
profundizando, y hasta que no surgían resoluciones que aprobaban los planes de
producción presentados, la empresa metalmecánica no podía justificar el retiro
en la aduana de los insumos, como motores, piezas y maquinarias industriales.
En paralelo, la De Carlo, con el fin de diversificar la producción, comenzó a
construir acuerdos con Simca Automóviles SPA, de Francia, buscando contar
con su apoyo financiero para la producción en el país de vehículos de esa mar-
ca, como el Simca Ariane 1300. Por su lado, la Secretaría, aun existiendo un
nuevo régimen para la industria automotriz (Decreto 6567/61 del 3 de agosto
de 1961) que incentivaba la producción de nuevas categorías de vehículos en el
país, no apoyó esta iniciativa aduciendo “que no se juzga pertinente autorizar
el nuevo modelo de coche solicitado, ya que implicaría el armado de dos tipos
de automotores en un establecimiento que a la fecha no incluye procesos de
fabricación significativos”. Además, señalaba que “hasta esa fecha no se habían
producido en su planta ninguno de los elementos básicos de los vehículos que
originalmente le fueron aprobados, y por ser los del nuevo modelo propuesto
totalmente distintos de los anteriores” (Resolución 216/61 del 10 de noviembre
de 1961).
En ese contexto de tensión, tras acciones judiciales, normativas, inspec-
ciones y más resoluciones, recién el 11 de junio de 1965, mediante el Decre-
to 4561/65, se dispuso el ingreso del material retenido en la aduana, un hecho
que produjo que, hasta ese momento, la De Carlo no pudiera cumplir con las
metas propuestas y que disminuyera considerablemente su ritmo de produc-
ción, permaneciendo gran parte del año 1963 paralizada. A finales de ese año,

60
La fábrica De Carlo en la localidad de José C. Paz en el período 1947-1968

asumiendo nuevos compromisos y acuerdos con Industrias Kaiser Argentina SA,


la De Carlo comenzó a producir nuevamente; logró alrededor de 500 unidades
Simca 1300 y formuló un nuevo programa de producción para el próximo año.
En 1966, funcionarios de la dictadura de Onganía realizaron un estudio
de la situación general de la empresa. El 30 de enero de 1967, la Secretaría de
Industria y Comercio dictaminó el rechazo del plan de producción para 1966 del
automóvil “De Carlo” y excluyó a la De Carlo del Régimen de Promoción de la
Industria Automotriz por incumplimiento de los planes y programas anteriores.
El 6 de abril de 1967, la De Carlo realizó una apelación, pero finalmente, en
diciembre de ese mismo año, presentó una convocatoria de acreedores y cerró sus
puertas al año siguiente.19 El fisco inició juicios contra la De Carlo por cobro de
tributos y cargas sociales, y para hacer frente a esos reclamos se embargaron casi
todas las maquinarias de su planta industrial. Totalmente paralizada, la empresa
terminó pidiendo su propia quiebra, la que fue decretada el 8 de enero de 1970.20
Quienes analizan el período que va desde el derrocamiento del primer
gobierno peronista (1955) hasta la dictadura militar de 1976, marcan la ines-
tabilidad institucional derivada de un contexto en el que se da una sucesión
ininterrumpida entre gobiernos democráticos y de facto. Si bien la Argentina
continuó con un proceso de crecimiento y modernización, existieron nume-
rosos conflictos económicos, sociales y políticos que terminaron truncando
“diversos proyectos cuya meta era acelerar la marcha de la economía hacia el
desarrollo” (Aronskind, 2006: 65). Es posible que esta situación sea una de las
dimensiones que en nuestro análisis nos ayude también a entender el declive
de la De Carlo hasta su cierre.
El momento del declive podemos situarlo durante el período de gobierno
de José María Guido (1962/63), en el que se pusieron en marcha medidas de
sustento económico ortodoxas. Una de sus principales medidas de política
económica fue la devaluación que llevó el dólar de 83 a 132 pesos, con el con-
secuente encarecimiento de los insumos industriales importados. Las medidas
apuntaron a liberar la economía, lo que favoreció a los grupos más concentrados

19
La apelación tuvo respuesta recién el 6 de octubre de 1969, la cual confirmó la decisión del
Estado de excluir a la De Carlo del régimen de promoción.
20
La De Carlo, frente a esas acciones, inició una demanda de indemnización por daños y perjui-
cios, la cual fue admitida parcialmente, y el 23 de diciembre de 1976 la Corte Suprema confirmó
la sentencia (excluyendo la indemnización por “valor llave”, ya que la empresa no estaba “en
marcha” y tenía pocas posibilidades de mantener su desarrollo industrial por el estado de falencia
en el que se encontraba) según la cual el Estado nacional debía indemnizar el lucro cesante que le
había causado a la fábrica al suspenderle de modo irrazonable el régimen de promoción industrial.

61
Mariana Barattini y Marina Luz García

vinculados al modelo agroexportador y afectó al sector industrial, que había


crecido en el período frondizista (Romero, 2012). Por su parte, Remes Lenicov
(1973), al analizar en particular el período 1958-1964, destaca que, al cabo de
pocos años de implementarse estas políticas, el mercado automotor quedó bajo el
poder de las filiales de las corporaciones transnacionales, y se vieron desalojadas
las pequeñas y medianas empresas nacionales.21 En ese período existían trece
empresas que fabricaban autos chicos (de menos de 1.000 cc de cilindrada).
En el año 1964, de las trece firmas solo quedaban cinco y, de esas cinco, las
cuatro primeras concentraban el 99,7% del mercado. La quinta empresa era
la De Carlo, que participaba en el mercado solo con el 0,3% de la producción
(Remes Lenicov, 1973) y pudo sostener sus puertas abiertas hasta el año 1968.
En el marco de la recuperación y la consideración de todas estas dimensio-
nes que revisamos para comprender el devenir de la De Carlo, entendemos que
todas ellas, en una estrecha correlación, explican su asentamiento, desarrollo
y cierre. En este contexto, afirmamos que la constante búsqueda de oportuni-
dades y nichos de mercado por parte de la De Carlo tuvo lugar en contextos
políticos y económicos que favorecieron aquellas expectativas. Sin embargo,
las regulaciones y normativas que alentaron la industria automotriz provocaron
que difícilmente pudiera sobrevivir a planes, exigencias y expectativas estatales
y al poder de actores económicos más fuertes, mejor posicionados y en alianzas
estrechas con el poder político. Es en ese marco que la experiencia de la De
Carlo, en su etapa automotriz, revela los límites de los programas y, al mismo
tiempo, la excepcional audacia del empresario.

21
La literatura especializada (Remes Lenicov, 1973; Schvarzer, 1995; Sourrouille, 1980;
Ianni, 2008; Picabea, 2014) coincide en el señalamiento del conjunto de limitaciones que la
actividad automotriz tuvo en el país. Al mismo tiempo que en los países industrializados esta
rama de actividad era el mayor signo de prosperidad dentro del sistema capitalista industrial,
se advierte que en nuestro país no adquirió idéntico desarrollo. Ianni destaca que aun cuando
no pueda negarse el efecto multiplicador de esta rama “dinámica”, tampoco hay dudas sobre el
carácter limitado de ese dinamismo (2008: 4). Las empresas automotrices instaladas localmente
no emplearon la tecnología que imperaba en la frontera internacional y tampoco contribuyeron
a la conformación de un sistema nacional de innovación. Por el contrario, la rama operó con un
alto grado de obsolescencia. Tampoco se concretó el alivio en el balance de pagos que se suponía
vendría de la mano del avance en la sustitución de importaciones.

62
La fábrica De Carlo en la localidad de José C. Paz en el período 1947-1968

Migración, trabajo, familia y sociabilidad

En la memoria de la experiencia obrera que vamos reconstruyendo, se anuda


el componente migratorio, especialmente de origen italiano, con el mundo del
trabajo y la vida familiar y social que se articuló alrededor de la De Carlo. Todas
estas dimensiones han quedado plasmadas en relatos urbanos, en historias de
vida, en las identidades individuales y locales.
La apertura de la De Carlo en la localidad de José C. Paz representó una
oportunidad de trabajo y también de asentamiento y de proyección de vida
para aquellas familias que fueron llegando a la zona en un período en que las
migraciones internas y transatlánticas cobraron un gran significado. La moda-
lidad de reclutamiento de trabajadores, tanto hombres como mujeres, se dio
fundamentalmente hacia el interior de núcleos familiares extensos que fueron
llegando al lugar a partir de la década del cuarenta como parte de esos procesos
migratorios. En el caso particular de José C. Paz, la llegada de inmigrantes indujo
cambios en la configuración predominantemente rural de la zona en la que se
instaló la De Carlo. Lentamente, se fue desarrollando una infraestructura de
transporte público –colectivos–, caminos y accesos que favorecieron la vida y
el trabajo en el lugar.
Las familias empleadas allí provenían fundamentalmente de ciudades y
pueblos de Italia, como Módena, Milán, Florencia, Piacenza, Catanzaro, y co-
menzaron a llegar a la Argentina hacia fines de la década del cuarenta y princi-
pios de los años cincuenta. Por su parte, los migrantes provenientes de los países
limítrofes llegaban en forma escalonada a las provincias fronterizas del norte, por
ejemplo desde Paraguay, y poco tiempo después llegaban a Buenos Aires, y por
los mismos años a José C. Paz.22 Para los primeros, más que para los segundos,
la De Carlo se constituyó en un dispositivo vertebrador de sus vidas. En primer
lugar, las redes sociales extra e intrafamiliares contaban con un eslabón común,
“el tano” Salvador De Carlo, como lo nombran los antiguos trabajadores. Se-
gún relatos de nuestros entrevistados, De Carlo fomentaba la inmigración de
familias haciéndose cargo del costo del transporte marítimo, el cual luego los
trabajadores se lo reintegraban en cómodos plazos. Sin embargo, nos parece
relevante incorporar a esas lecturas que, en ese período, las empresas navieras
ofrecían planes de pago apoyadas por una política estatal que implicaba el
fortalecimiento de la industria naviera, tanto para el intercambio comercial

22
Señalamos esta procedencia por haber encontrado entre nuestros entrevistados trabajadores
de ese origen y porque no surgen de los relatos otros migrantes de origen latinoamericano.

63
Mariana Barattini y Marina Luz García

como para la llegada de inmigrantes.23 Algunos de los extrabajadores de la De


Carlo reviven aquella situación:
F. Y nosotros no teníamos nada, veníamos con una mano adelante y una mano
atrás, y el viaje para pagar.

E. ¿El viaje había que pagarlo después acá?

F. Claro, yo me acuerdo que iba con mi papá a la Dodero [la naviera] al


centro [a la ciudad de Buenos Aires] a pagar el viaje, porque habíamos veni-
do cinco [su madre y cuatro hermanos], era a crédito, como ahora hay tantos
(Franco, 80 años. Trabajó en la De Carlo entre los 12 y los 18 años, en la
sección vitería. Actualmente es propietario de una matricera ubicada en
José C. Paz, gestionada por sus hijos).

En la época… antes del 50. Era en el período de la inmigración, porque De


Carlo era un inmigrante. Y después se reunió prácticamente de gente, de ita-
lianos, que él mandaba a buscar. Acá tenía cuatro o cinco personas, y ellos le
mandaban a buscar a los parientes, se traían toda la parentela. Los bajaban
del barco y ya tenían el trabajo. Y hasta había hecho un barrio alrededor de
la De Carlo, el barrio De Carlo, que ahí les hacía la casa y les daba vivienda
(Mario, 70 años. Familiar de un trabajador de la De Carlo. Dedicado al
rubro automotor).

Cuando terminó la guerra estaban muertos de hambre, eso es verdad, entonces


mi viejo y mi vieja, antes de conocerse ellos, De Carlo trajo a un montón de
italianos para acá, mi papá y mi mamá se conocieron en el barco, ellos vinie-
ron para acá porque acá había trabajo, mucho trabajo, acá había un par de
galpones, de la estación de José C. Paz, tenían que venir caminando, pero era
todo tierra, todo barro (Atilio, 65 años. Trabajador e hijo de trabajadores
de la De Carlo. Actualmente se desempeña en el rubro automotor).

Más allá de la gravitación local, en nuestro país la inmigración italiana se


constituyó históricamente en un factor de relieve en el marco de su desarrollo
económico, contribuyó a sus cambios demográficos e influyó de diversos modos

23
La política naviera del primer gobierno peronista tuvo un fuerte impacto al respecto, con
planes de construcción de barcos, cláusulas de protección comercial y la nacionalización de flotas,
como la del grupo Dodero, que pasó a la jurisdicción del Ministerio de Trasporte mediante la
Ley 13542, sancionada el 5 de agosto de 1949.

64
La fábrica De Carlo en la localidad de José C. Paz en el período 1947-1968

en la transformación de la estructura social argentina. Como lo demuestran


datos censales, es relevante el porcentaje de italianos con respecto a otras po-
blaciones extranjeras, y también en relación con la población total residente en
el país. Si prestamos atención al censo de 1947, notamos que la población de
General Sarmiento era de 46.413 habitantes, de los cuales 6.064 eran de origen
europeo. De acuerdo con el censo de 1960, la población total de Argentina era
de 20.013.793 habitantes, entre los cuales los extranjeros ascendían a 2.604.447.
De ese conjunto, 878.298 eran de origen italiano. Para el expartido de General
Sarmiento, el mismo censo arrojó una población de 167.753 habitantes, de los
cuales 38.229 habitaban en José C. Paz (Segura Salas, 1998: 110).
Ahora bien, en la experiencia que estamos analizando, la migración de origen
italiano es un factor clave, y en este tópico la relación entre esa migración y los
lazos familiares adquiere relevancia. En nuestras entrevistas pudimos notar que
en la De Carlo se involucraba laboralmente todo el núcleo familiar: hombres,
mujeres y niños desde los 12 años. Esta situación no solo es el resultado de la
acción emprendedora del empresario italiano, sino que, como ya expresamos,
se inscribe en políticas de Estado que fomentaban el arribo de contingentes
conformados por mujeres y niños en el período de la segunda posguerra. Esas
políticas de “reunificación familiar” fueron promovidas tanto por Italia como por
Argentina (Scarzanella, 2005), y “se orientaban a que los hogares desmembrados
por causa de la emigración de los jefes de familia pudieran volver a constituirse.
En ese sentido, para poder concretar el reencuentro existían una serie de dispo-
siciones, establecidas en su mayoría por el Comitato Europeo per le Migrazioni
(cime), según las cuales quienes quisieran emigrar debían contar con un contrato
de trabajo en el país huésped, un acto de llamada firmado por algún familiar
directo o demostrar la existencia de un vínculo matrimonial con algún italiano ya
emigrado a la Argentina” (Petrini Scivoli, 2013: 3). La política de reclutamiento
se alineaba con esta dinámica, y el trabajo se constituyó en el gran articulador
de la vida que las familias comenzaban en un nuevo país.
Los procesos de movilidad social fueron posibles a partir del empleo genera-
do por la De Carlo; también contribuyó con esto el involucramiento del grupo
familiar, incluidos los niños y niñas en el mundo fabril. Esta tesis, validada en
varios de los relatos que registramos, exige que nos introduzcamos en el propio
contexto de la época y en las experiencias que los relatos nos transmiten. Como
señalan Franco, Atilio, Delfina y Vicente cuando recorren sus primeras expe-
riencias de trabajo, sus edades no constituían un impedimento para formarse
como trabajadores en un establecimiento industrial. Cerca de seis décadas más
tarde, expresan a través de sentimientos de orgullo haber pasado por la empresa.

65
Mariana Barattini y Marina Luz García

Promediando el siglo xx, la demanda de trabajadores menores de edad en la De


Carlo se mantuvo desde sus comienzos hasta los años de su mayor despliegue,
aunque esta modalidad no era privativa del mundo industrial. Esta realidad
pone de manifiesto las representaciones que las familias tenían con respecto al
trabajo y al aprendizaje de un oficio por parte de los más pequeños, y el contexto
legal e institucional sobre el trabajo infantil de la época.

Yo, cuando era jovencito, tenía 13 años, fui a trabajar a la fábrica. Con los
pantalones cortos. Había una cepilladora grande, de puente, y me ponía negro,
me ensuciaba mucho (Franco, 80 años. Trabajó en la De Carlo entre los 12
y los 18 años, en la sección vitería. Actualmente es propietario de una
matricera ubicada en José C. Paz, gestionada por sus hijos).

Yo tengo 65, cuando empecé acá tenía 14 años, porque me mandaron a estu-
diar, pero a mí no me gustaban los libros. Trabajamos los últimos seis meses
acá con mi papá y unos paisanos de mi papá, hasta que a la De Carlo la
cerraron porque fundió, y fuimos a trabajar a otro lado, que todavía estoy yo
ahí. Yo me fui a trabajar en el 68 para el otro lado, así que acá laburé hasta
el 68 (Atilio, 65 años. Argentino. Trabajador e hijo de trabajadores de la
De Carlo. Actualmente se desempeña en el rubro automotor).

D. Tengo 74 años. Cuando yo vine a vivir acá, a José C. Paz, porque vine a
vivir directamente acá, al barrio De Carlo, yo tenía 9 años, y ahora tengo 74.
Cuando empecé a trabajar tenía 12 años.

E. ¿Y había otras chicas como usted en la De Carlo?

D. Sí, sí, los varones igual, los varones tenían 14 o 15 años (Delfina, 74 años.
Trabajadora de la De Carlo. Jubilada, de origen paraguayo).

A mí me llamó un cuñado mayor, italiano también, yo había terminado el


tercer año de la escuela industrial y entré como aprendiz. Tenía 15 años, y para
mí fue la primera experiencia en una fábrica grande. Ingresé el 1 de diciembre
de 1964, la gente no había cobrado ese día y entonces estaban de paro, me
acuerdo bien. Entré en el sector de matricería (Vicente, 69 años. De origen
italiano. Ingeniero. Extrabajador aprendiz en la De Carlo).

Por un decreto del 3 de junio de 1944 se creó la Comisión Nacional de Aprendi-


zaje y Orientación Profesional (cnaop), la cual se ratificó a través de una ley en
el año 1946 que organizaba el aprendizaje industrial y reglamentaba el trabajo

66
La fábrica De Carlo en la localidad de José C. Paz en el período 1947-1968

de menores.24 El decreto expresaba que correspondía al Estado la vigilancia, el


contralor y la dirección del trabajo y el aprendizaje de los menores de 14 a 18
años de edad. Distinguía tres categorías: la de aprendiz, la de menor instruido y
la de menor ayudante obrero. Esta última abarcaba a todos aquellos que trabaja-
sen, también, con la aprobación previa de la Secretaría de Trabajo y Previsión,
sin estar sometidos a un régimen organizado de aprendizaje, a diferencia de
las dos primeras. Por último, esta normativa disponía que los establecimientos
industriales estaban obligados a ocupar a trabajadores menores en una fracción
de entre el 5% y el 15% del total de los obreros especializados con que contasen
(Panella, 2003).
Así, la inclusión temprana de los niños y los adolescentes como trabajadores
se conecta también en la De Carlo con una serie de disposiciones legales que
estimulaban esas prácticas en el mundo fabril con fines de aprendizaje de los
oficios, y que resultaron óptimas tanto para los empleadores como para algu-
nas familias. Vale esta digresión ya que es importante considerar y ubicar las
decisiones familiares en un entorno que propiciaba también “desde arriba” la
incorporación de menores de edad en el mundo del trabajo.
En la revisión biográfica que realizan los entrevistados sobre De Carlo, se
impone su figura emprendedora, y más que verlo como un empresario, un pa-
trón o un empleador, lo percibían como una persona que supo considerar una
serie de situaciones y beneficios a favor de sus trabajadores. Los dispositivos que
puso en funcionamiento y a los cuales se refieren los trabajadores entrevistados
alejan de esas mismas representaciones la referencia a un contexto político e
institucional. Así y todo, nos parece sumamente rico considerar también, a la
luz de los rasgos de un “paternalismo empresarial”, el significado que adquie-
re Salvador De Carlo y el rol protagónico que desempeña en la vida de los
empleados de su establecimiento. Ese papel que subrayamos deriva del relato
de nuestros entrevistados, y allí De Carlo representa la figura emprendedora
que facilita la movilidad de los trabajadores a través del transporte de ultra-
mar, construye las viviendas para el alojamiento de los primeros tiempos y la
escuela para los niños, y provee el esparcimiento y determinadas comodidades

24
En los considerandos del decreto se decía que uno de los medios más eficaces para propen-
der al mejoramiento moral y material de los trabajadores era el de establecer la enseñanza del
trabajo, “pues solo si el obrero aumenta su nivel cultural y técnico podrá esperar y pretender un
lógico acrecentamiento de su capacidad de producción y, en consecuencia, salarios más altos y
una mejor ubicación en los cuadros sociales”. También se decía que el creciente desarrollo de
la industria nacional “ha agudizado el problema de la necesidad de un personal especializado,
obrero y técnico, hoy requerido en mucho mayor número” (Panella, 2003).

67
Mariana Barattini y Marina Luz García

o necesidades básicas, las cuales incluían, entre otras cosas, la provisión de


energía a los hogares lindantes a la fábrica, la gestión del asfalto en el acceso y
en sus inmediaciones, y la llegada del transporte público al lugar. Esta visión de
los actores da cuenta del lazo existente entre el empresario y la experiencia de
trabajo en la De Carlo. Como analiza Lemiez (2013) para el caso de la Calera
Avellaneda, el paternalismo utiliza recursos como la entrega de viviendas, el
reclutamiento de un mismo grupo familiar, la enseñanza de un oficio, etcétera,
y todos estos aspectos favorecen la identificación de los trabajadores con la
empresa en términos de una “gran familia”. Como en otros casos estudiados a
la luz del concepto, la vivienda se constituye en el elemento de mayor fuerza
a la hora de arraigar al trabajador (Rodríguez Galdo y Losada Álvarez, 2007).
La imbricación de la vida privada con la vida laboral puede entenderse
como una estrategia de disciplinamiento, a través de la cual la empresa apela a
la necesidad del orden, la disciplina y el autocontrol propiciando la vigilancia
sobre las tareas en el ámbito de la producción (Lemiez, 2013). Sin embargo,
como también afirma la autora, el “paternalismo” no debería ser utilizado como
simple estereotipo de mecanismo de control, sino que puede colaborar en la
identificación de la reciprocidad de las relaciones laborales incluyendo ciertos
mecanismos de permanente negociación entre las partes (ídem).
Así, en los relatos de los extrabajadores identificamos algunos elementos,
como el compromiso de estos con la tarea que debían realizar. La De Carlo era
considerada como un espacio cuasi familiar. Para muchos de ellos, además,
pertenecer a la fábrica era un símbolo de prestigio, y llevar el uniforme con su
logo, un signo de distinción. Como un espejo de los valores modernizantes del
desarrollismo, los trabajadores asumen hoy, a modo de orgullo, haber pasado por
la De Carlo, a la cual recuerdan como una fábrica con modernas instalaciones:
cadenas de montaje, herramientas sofisticadas, grúas, salas con equipamientos
que elevaban las piezas para poder pintar y esmaltar las partes de los autos, una
usina eléctrica, entre otras. Por otra parte, el contacto con visitantes procedentes
de Alemania, Italia y Francia se torna en otro dispositivo que funciona simbó-
licamente en el orden de lo prestigioso, cuando los extrabajadores rememoran
las visitas y estadías del personal técnico jerárquico que desempeñaba tareas de
asesoramiento y entrenamiento ante nuevos procesos de trabajo. Las citas que
siguen transmiten el orgullo del trabajo bien hecho, de la buena conducta, de
trabajadores que se esfuerzan y cumplen con su tarea.
Lo que a la De Carlo le importaba era solamente que el chico o la chica
trabajara y tuviera buena conducta, y que no faltara y que no llegara tarde y

68
La fábrica De Carlo en la localidad de José C. Paz en el período 1947-1968

que no fuera una persona mala, ¡liera, bah! (…) Los jefes, directores, jefes de
personal eran muy buena gente, ya te digo, vos portándote bien, cumpliendo
con tu trabajo, a nadie lo echaban, no sé, a nadie le dolían los pies, a nadie le
dolían las manos, los lunes nadie llegaba tarde, no como ahora que si les duele
la uña se quedan a dormir (Delfina, 74 años. Trabajadora de la De Carlo.
Jubilada, de origen paraguayo).

Porque acá uno trabajaba, cumplía con lo suyo, es más, parecía como que la
De Carlo era de ellos. Trabajaban con ganas, había cultura del trabajo. Ahora,
si los pones a trabajar, seguro te lo hacen torcido, por bronca (Mario, 70 años.
Familiar de trabajador de la De Carlo. Dedicado al rubro automotor).

E. ¿El ambiente de trabajo era bueno?

A. Sí, sí, eran compañeros, mucha gente. El que trabajaba bien, ayudaba, el
que tenía buen comportamiento.

E. ¿Y qué significa el buen comportamiento?

A. Y, si veía que vas a trabajar, vas a trabajar, no que te ponés a charlar o a


joder con uno, a trabajar, no a matarte, pero hay que hacerlo. Llegar temprano,
cuidar las herramientas (…). Hoy muchos esperan que toque el timbre para
salir (Atilio, 65 años. Trabajador e hijo de trabajadores de la De Carlo.
Actualmente se desempeña en el rubro automotor).

No nos parece casual haber encontrado en las narraciones de los trabajadores


cuestiones que remiten al clima familiar en la De Carlo, fundamentalmente en
el espacio del comedor. Para explicar esto podemos remontarnos a los relatos
de dos extrabajadores, Franco y Delfina. El padre de Franco vivía en Módena
con su esposa y sus cinco hijos. Se desempeñó como cocinero en un barco de
la compañía naviera Dodero hasta que el empresario De Carlo lo convocó
para que trabajara como cocinero en el comedor de la empresa en sus primeros
años. Primero vino él con su hijo mayor y más tarde, en 1951, vino su esposa
con los hijos menores. A sus 13 años, Franco ya comenzó también a trabajar
en la De Carlo y aprendió a utilizar una cepilladora de madera dado que tam-
bién allí se fabricaban los cajones para embalar los clavos y los tornillos que
la empresa vendía y exportaba. La madre de Franco trabajaba en el comedor
junto con su esposo, pero en calidad de “ayuda”. Por su parte, Delfina llegó a
Buenos Aires en 1951, con 9 años, desde Misiones. Todos sus familiares eran
migrantes paraguayos. A los 12 años comenzó a trabajar en la De Carlo. Ingresó

69
Mariana Barattini y Marina Luz García

en la primera etapa y estaba empleada en el sector de las matriceras. Cuando


la empresa comenzó a fabricar autos, fue trasladada al sector tapizados, donde
aprendió a tapizar puertas y techos de autos. Todos sus hermanos trabajaron en
la De Carlo y una hermana se desempeñaba en la cocina del comedor. Delfina
relata que cuando terminaba su tarea “ayudaba” a su hermana porque había
que servir la comida a los trabajadores, retirar los platos, lavar la vajilla y dejar
en condiciones el comedor para el día siguiente.
Sabemos que, en nuestro trabajo, contamos con un universo acotado de re-
gistros y entrevistas, por los límites propios que la búsqueda nos fue presentando.
Sin embargo, nos parece relevante señalar de qué manera en estas dos historias
las dinámicas de trabajo, si bien pueden ser analizadas bajo la perspectiva del
paternalismo empresarial, también invitan a pensar las formas de organización
bajo la impronta familiar. Ponen de manifiesto una acentuación de los roles de
género, el involucramiento de las mujeres en una actividad típica y los tiempos
de trabajo no remunerado. En el mismo sentido, otro registro que tomamos y
que nos presenta un “clima de época” es el énfasis con el cual Delfina describe
el uso que le daba a su sueldo:
E. ¿Y a vos para qué te alcanzaba lo que ganabas?

D. ¡Eh! Si vos supieras todo lo que yo me compré con la plata mía, no vas a
creer. No tenía 14 años y ya tenía cocina nueva, nada de cocinita barata, todo
lo que tenía cuando me casé ya tenía todo, cocina, lavarropas, estufa, tocadiscos,
bicicleta, toallones, sábanas, porque… ¿sabés por qué?, mi papá me decía en
guaraní, “No gastes, no gastes, m’hija, plata en ropa, comprate cosas para el
día de mañana, no gastés que el día de mañana no sabés”. A todos nos decía,
pero principalmente a las mujeres.

En la memoria de los extrabajadores, pero también de los habitantes del barrio


consultados, se enuncia con énfasis que el empresario planificó mucho más
que las instalaciones fabriles. Construyó viviendas en el perímetro destinadas
tanto al personal jerárquico y técnico como a los trabajadores migrantes que
iban llegando al lugar para comenzar una nueva vida. Dichas viviendas no
tenían un carácter permanente, sino que representaban el alojamiento tran-
sitorio desde la llegada al lugar hasta la compra del terreno y la construcción
de la casa propia, todo esto facilitado por los loteos de terrenos en la zona y
los ingresos del trabajo que facilitaban el ahorro. Como hemos mencionado,
paralelamente a la instalación de las fábricas Argital y De Carlo, se fueron
loteando los terrenos linderos. Conocidas inmobiliarias de Capital Federal

70
La fábrica De Carlo en la localidad de José C. Paz en el período 1947-1968

promocionaban tanto la venta directa como el remate en el lugar, ofrecían las


tierras y promocionaban la cercanía a los emprendimientos industriales y la
accesibilidad que facilitaban los medios de transporte, los cuales agilizaban el
traslado hacia y desde la capital. En cómodas cuotas, con bajas tasas de inte-
rés y vanagloriando el futuro próspero de la región, el lugar se fue poblando
rápidamente, con la combinación virtuosa entre los pasos audaces del empre-
sario, las oportunidades para los negocios inmobiliarios y las expectativas de
progreso de los trabajadores.

Mi papá vino y primero alquilaban en Alberdi,25 después De Carlo le dio un


departamento acá y se vinieron acá, y después de ahí mi viejo ya compró el
terreno acá y empezó a vivir. Como era en esa época, había un montón de
tanos acá, se ayudaban, venían sábado y domingo a laburar acá. Y se ayuda-
ban entre ellos, y había mucha gente, rápido lo hicieron. Después mi papá se
metió a vivir acá pero no tenía todo terminado (Atilio, 65 años. Trabajador
e hijo de trabajadores de la De Carlo. Actualmente se desempeña en el
rubro automotor).

Te digo, cuando cobrábamos, era mucha plata, entonces empezamos a estar


bien. Nosotros acá nos hicimos la casa, una casa grandísima, en esa época.
Antes se usaba, los italianos que estaban haciendo la casa venían unos a ayu-
dar a otros, nosotros íbamos a ayudar a otros, era una cadena que se hacía
(Franco, 80 años. Trabajó en la De Carlo entre los 12 y los 18 años, en la
sección vitería. Actualmente es propietario de una matricera ubicada en
José C. Paz, gestionada por sus hijos).

Había 10 departamentos que De Carlo había construido para que vivieran


los trabajadores. Vivíamos yo con mi hermana casada, con mi otra hermana y
mi hermano soltero también. Mi familia ocupaba tres departamentos, primos,
hermanos. Pagábamos poca plata porque esos departamentos los hizo De Carlo
para la gente. Después, porque yo era chica todavía, era chica… ¿qué tendría?
Cuando nosotros salimos de acá, de vivir acá, tendría 15 o 16 años. Mi her-
mana… fuimos a vivir a un rancho al fondo, en el paso a nivel que está allá,
que le prestaron a mi cuñado y ahí vivimos, y mi hermano después compró el
terreno de la esquina y ahí se hizo la casa (Delfina, 74 años. Trabajadora de
la De Carlo. Jubilada, de origen paraguayo).

25
Se refiere al barrio que lleva el nombre de la fábrica de cerámicos Alberdi, la cual se encuentra
situada a menos de un kilómetro del lugar y que fue creada en los años veinte.

71
Mariana Barattini y Marina Luz García

Otra de las acciones que desarrolló De Carlo, como dijimos, fue la disposición
de un espacio para el comedor, que funcionó en la planta alta del establecimien-
to, y que también hacía las veces de club social los fines de semana. Destinado
para festejos, entretenimiento, kermeses, el dispositivo contribuía a reforzar los
vínculos entre los trabajadores, y también entre los trabajadores y la De Carlo.
En estas ocasiones se desdibujaban las fronteras entre la vida privada y la laboral.
Todos, todos, acá arriba, ahí estaban los comedores y los sábados a la noche,
yo me acuerdo, porque me llevaban a mí, a bailar, era meta milonga, y eran
todos tanos. (…) porque él permitía todo, para que la gente no se aburriera,
porque si no se le mandaban a mudar (Atilio, 65 años. Trabajador e hijo
de trabajadores de la De Carlo. Actualmente se desempeña en el rubro
automotor).

En un ámbito de tránsito de lo rural a lo urbano, en un contexto de asenta-


miento reciente de familias que se involucraban con el trabajo en la De Carlo, la
creación de una escuela para los hijos de los trabajadores, aunque no de forma
exclusiva, constituyó otro dispositivo amalgamador. Se destinó un espacio para
la reconversión de viviendas en un edificio escolar. Durante aproximadamente
seis años funcionó la Escuela Provincial Nº 38, y algunos de los hijos de los
primeros trabajadores recuerdan haber pasado por allí desde el año 1953.
El conjunto de características desarrolladas hasta aquí y las vivencias que
rememoran los entrevistados guardan a su vez expresa relación con la experiencia
de la movilidad social que muchas de las familias experimentaron. Como afirma
Atilio: “Cuando terminó la guerra, estaban muertos de hambre”, en referencia a
sus padres, quienes llegaron siendo muy jóvenes; o como nos dice Franco: “Y
nosotros no teníamos nada, veníamos con una mano adelante y una mano atrás,
y el viaje a pagar”. Estos testimonios nos señalan de qué modo la De Carlo se
constituyó en la primera experiencia de trabajo y empleo y en el correlato de la
vivienda, el ahorro, la educación para los hijos y la integración social.
Hasta esa época. Dani se acuerda de que ganaban bien, se acuerda de que ellos
ganaban por quincena, una quincena les alcanzaba para vivir tranquilamente,
y la otra quincena era ahorro, con eso se hicieron la casa, todo (Mario, 70
años. Familiar de trabajador de la De Carlo. Dedicado al rubro automotor).

E. ¿Tenés lindos recuerdos de la De Carlo?

D. ¡Ah! Sí, yo nunca me puedo olvidar porque todo lo que tuve lo tuve por la
De Carlo, si no, no lo hubiese podido tener. A mí me gustaba mucho mi tra-

72
La fábrica De Carlo en la localidad de José C. Paz en el período 1947-1968

bajo, yo vivía a dos cuadras, acá estaba la casa de mi papá y acá estaba la De
Carlo. A mi marido lo conocí en la De Carlo (Delfina, 74 años. Trabajadora
de la De Carlo. Jubilada, de origen paraguayo).

Como pudimos ver, muchas familias estructuraron su vida alrededor de la


fábrica y hoy asocian la idea de bienestar precisamente con la experiencia de
haber formado parte de la De Carlo como trabajadores. El bienestar recorre
varias aristas y tiene múltiples significados: es asociado al aprendizaje de un
oficio desde la niñez, la percepción de salarios que facilitaban la manutención,
la posibilidad del ahorro y, por ende, del acceso a la vivienda, la estabilidad
laboral y los beneficios que reportan algunos mejoramientos urbanos como
accesos, asfaltos y transporte público de colectivos. Todos estos elementos
los encontramos en las rememoraciones de los extrabajadores, los hijos de los
trabajadores, familiares y vecinos del lugar.
De acuerdo con Aronskind (2003: 67), el ascenso social, considerado una
característica “natural” de la economía argentina, continuó verificándose a lo
largo de los veinte años que transcurrieron posteriormente al derrocamiento
del segundo gobierno peronista. Señalamos esta tesis en términos de paradoja,
puesto que las representaciones de nuestros entrevistados enfatizan el rol del
empresario y el sentido que adquirió la De Carlo en sus vidas, y allí se desdibujan
las condiciones previas y coyunturales de las políticas públicas que contribuye-
ron a la consolidación de procesos urbanos e industriales. Entendemos aquellas
percepciones como parte de los efectos del “paternalismo empresarial”, el cual
refuerza la figura del empresario que conduce la De Carlo. Al mismo tiempo,
denotan un lugar de trabajo, actividades, modos de organización y contactos
sociales que en su conjunto refuerzan el sentido del orgullo de ser trabajador
del lugar. Por último, si las dinámicas de trabajo en la De Carlo reforzaban un
clima favorable para el “buen comportamiento” de sus trabajadores, también
entendemos que, en su conjunto, todas estas dimensiones le restaron espa-
cio a la construcción de una memoria que pudiera incluir también el clima
político y colectivo del mundo del trabajo, más allá del entorno endogámico
más frecuentado en los relatos. En parte, esta lectura puede advertirse en las
respuestas o alusiones de nuestros entrevistados hacia la vida sindical en la
De Carlo. En particular, fue una labor dificultosa lograr que repongan en sus
relatos una memoria de trabajadores sindicalizados. Cuando sí ocurrió, en
general, las menciones pueden interpretarse como reacciones incómodas hacia
aquello que desde sus perspectivas el sindicato significaba. De todos modos,
los pocos testimonios que recabamos dan cuenta de períodos muy diferentes

73
Mariana Barattini y Marina Luz García

entre sí. Para Mario, familiar de un trabajador de la fábrica, los sindicatos no


eran necesarios allí ya que los trabajadores “no los necesitaban porque cada uno
cumplía con lo suyo”. Por su lado, Delfina, extrabajadora, cree recordar que todos
los trabajadores estaban afiliados al smata (Sindicato de Mecánicos y Afines
del Transporte Automotor), pero, en sus palabras, “eran todos unos vendidos,
igual que ahora… sinvergüenzas”. Estas expresiones las vierte tras recordar que
en el momento de jubilarse sus aportes previsionales no estaban registrados,
y le atribuye al sindicato cierta complicidad con esta situación. Por último,
Vicente, extrabajador aprendiz, recuerda la fecha exacta de su ingreso a la De
Carlo, un 1 de diciembre de 1964, en un acontecimiento particular, se trataba
de un día de paro, porque “la gente no había cobrado, entonces ese día estaban de
paro”. Este suceso lo podemos entender puesto que se trata de los años en que
la De Carlo comenzó a transitar el declive productivo, y suponemos que fueron
momentos de conflictividad en el interior de la fábrica. Recordemos que en ese
año solo se fabricaron 158 autos, en comparación con los 1.090 de 1959, 3.425
de 1960, 4.441 de 1961, 1.914 de 1962 y 260 de 1963.

Reflexiones finales

En este trabajo nos propusimos realizar una caracterización del mundo del
trabajo industrial de José C. Paz a partir de una experiencia, la fábrica de
automotores De Carlo o Metalmecánica saic, la cual funcionó en el perío-
do 1947-1968. Se tuvieron en cuenta aspectos macroeconómicos y también
recuperamos una parte de esa historia desde las perspectivas de los propios
sujetos que atravesaron por esa experiencia. Nuestro recorte se circunscribe
particularmente a las implicancias que acompañaron su instalación, su puesta
en funcionamiento y su cierre.
Como explicamos en la introducción, la De Carlo significó para las autoras
un hallazgo y una oportunidad para reponer una historia con escaso registro en
la historiografía local. Por un lado, un cúmulo de materiales y fuentes escritas
estaban esperando ser desempolvadas;26 por otro lado, el hecho de habernos
encontrado con varios de sus trabajadores, quienes muy gentilmente nos
brindaron su tiempo y compartieron con nosotras sus recuerdos, anécdotas,

26
Agradecemos especialmente la colaboración del profesor Alberto Fernández, director del Museo
de José C. Paz, quien ha atesorado un valioso material de consulta y lo ha puesto a disposición
de esta investigación.

74
La fábrica De Carlo en la localidad de José C. Paz en el período 1947-1968

emociones y orgullos, posibilitó que este trabajo pudiera reponer y analizar


algunas dimensiones del mundo del trabajo local de la época.
Así, en nuestra primera sección, presentamos una reconstrucción del proceso
de industrialización en José C. Paz, señalando los paralelismos entre el pasaje
de un contexto rural a uno urbano, al mismo tiempo que se producía el asenta-
miento de una serie de industrias, entre ellas la fábrica de automotores De Carlo.
Como fuimos mostrando, la instalación de industrias en la región contribuyó
al crecimiento del distrito, en un proceso que se fue dando simultáneamente
y en el cual participaron diversas instituciones y asociaciones, el Estado local,
sus habitantes y empresarios. Estos últimos jugaron un rol importante, que
en ocasiones parecería invisibilizar la acción estatal, al menos en el relato de
nuestros entrevistados.
En la segunda sección presentamos la reconstrucción del asentamiento de la
De Carlo en el lugar, atendiendo a sus diversas etapas y a los procesos de trabajo
que allí se desarrollaban. En particular, poder señalar las etapas que atravesó
la De Carlo nos permite dar cuenta de los cambios que fue sufriendo a la luz
de las políticas macroeconómicas, especialmente en el contexto del proceso de
industrialización por sustitución de importaciones y del desarrollismo, en par-
ticular con los programas de promoción industrial para la industria automotriz.
Dedicamos una tercera sección al análisis de la relación entre trabajo,
migraciones y sociabilidad en el escenario paceño, ya que el desarrollo de la
De Carlo no podría explicarse sin esta prolífica combinación. Así, analizamos
las dinámicas familiares en intensa conexión con el trabajo en la fábrica, y el
componente migratorio, fundamentalmente de origen italiano, como una con-
dición insoslayable que permite explicar los procesos de reclutamiento laboral
en la fábrica. También abordamos, bajo la figura del “paternalismo empresarial”,
la particular relación que construyeron estos trabajadores con el dueño de la
empresa, Salvador De Carlo. A pesar de los límites que encontramos en la reco-
pilación de fuentes y registros oficiales para la reconstrucción de aquel pasado,
esperamos que este trabajo contribuya a la construcción de otras historias de
la localidad que abonen el reconocimiento de nuestro presente.

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78
Estudios Cinematográficos San Miguel.
¿Hollywood a la vuelta de la esquina?
Alfredo Sayus

La historia de los Estudios Cinematográficos San Miguel tiene, por lo menos,


cuatro aristas. Una, la de los vecinos del lugar que recuerdan con nostalgia y
cierto halo fantástico aquellos tiempos de bohemia y boato en el que los ar-
tistas más famosos del cine nacional de los años cuarenta y cincuenta llegaban
a la ciudad de Bella Vista para ser protagonistas de alguna película. Dos, la
de los hechos que mezclaron balnearios, política y casinos, promediando la
década infame y en los prolegómenos de un incipiente peronismo, en el que
el ciudadano español Miguel Machinandiarena se aventuró a crear aquella
empresa cinematográfica.1 Tres, la situación internacional (Guerra Civil
Española, Segunda Guerra Mundial y las presiones de Hollywood, Guerra
Fría mediante) que marcó el derrotero de gloria y caída de los estudios de
cine más grandes de América Latina. Y cuatro, los inicios de la organización
gremial en el ámbito cinematográfico llevada a cabo por los técnicos y tra-
bajadores de los Estudios.

1
Miguel Machinandiarena nació en Navarra, España, el 7 de octubre de 1899. Llegó a la Argen-
tina en 1915 y aquí se desempeñó como inspector general y gerente del Banco Avellaneda. Años
después se trasladó a Estados Unidos, donde se interesó por el negocio del cine. En Argentina se
inició como productor cinematográfico en 1936 con su primera productora, Falma Film, con la
que solo realizó una película: Tararira, dirigida por el francés Benjamín Fondane y rodada en los
Estudios Rayton. Además de crear los Estudios Cinematográficos San Miguel, obtuvo la conce-
sión de varios casinos y del balneario La Salada. Falleció en Buenos Aires el 5 de junio de 1975.

79
Alfredo Sayus

Sueños de película

La inauguración de los Estudios Cinematográficos San Miguel fue en mayo de 1938.2


Algunos memoriosos, como el vecino de Bella Vista Emilio Tazzone, aseguran
que Miguel Machinandiarena había conseguido en Estados Unidos los planos
de la Metro Goldwyn Mayer con el propósito de crear en la Argentina unos
estudios de cine semejantes a aquellos, pero de menor escala (Sayus, 1995).
Es posible que los arquitectos de origen norteamericano Raymond Carlile y
Stewart Sennett, dos expertos de los estudios Warner Brothers, hayan venido
a Bella Vista a diseñar la galería 1 de los Estudios San Miguel, para la que se
habría utilizado material sobrante de Hollywood. La obra habría sido realizada
por la Compañía General de Construcciones.

Lo cierto es que las investigaciones que dan cuenta de la construcción de los


Estudios difieren unas de otras. Para el historiador local Eduardo Munzón, la

2
Los Estudios Cinematográficos San Miguel ocupaban tres manzanas (30.000 metros cuadrados)
sobre la calle Eduardo Moine, entre Caprera (hoy Piñero) y Chubut, en la ciudad de Bella Vista,
a cien metros de la estación Bella Vista del ferrocarril San Martín. Al ingresar por la entrada
principal, sobre Moine, había una calle interna que en la actualidad, tras la demolición de los

80
Estudios Cinematográficos San Miguel

construcción se inició en 1937 y estuvo dirigida por el ingeniero Jesús García


y el arquitecto Olimpia Porta. Además de la galería 1, se levantó la dirección,
la administración, el laboratorio, un restaurante y una usina de 700 kilowatts
de potencia dotada de tres equipos generadores que podían proveer energía
eléctrica a todo Bella Vista (Munzón, 2007: 38-40). Luego, la Compañía
General de Construcciones tomó a su cargo la segunda parte de las obras,
que consistieron en las galerías 2, 3 y 4, y se completaron con la 5, de efectos
especiales, y depósitos.3
Por su parte, Héctor Kohen asegura que los trabajos de construcción de los
Estudios se iniciaron en el segundo semestre de 1937 sobre un terreno escritura-
do por Miguel Machinandiarena en 1933 (Kohen, 2000: 347). El responsable
técnico habría sido el ingeniero Rosawer, y coincidiendo con Munzón y Tazzone,
sostiene que la obra estuvo a cargo de la Compañía General de Construcciones.4
Para febrero del año siguiente, la parte edilicia ya estaba terminada y comenzó
la instalación y el ajuste de los equipos técnicos. El sonido se contrató a la
compañía rca Víctor, que envió al ingeniero Klintensik para poner en funcio-
namiento los equipos y capacitar a los técnicos argentinos. Probablemente, su
trabajo solo haya sido ese, ya que no se acredita su participación en ninguna
película de los Estudios.
Hasta el 31 de diciembre de 1951, año en que el Estudio cerró por primera
vez, se filmaron 63 películas.5 Tres de ellas fueron pensadas exclusivamente

en 1981 y el posterior loteo de tierras, es el pasaje Estudios San Miguel, de uso público
Estudios

en la urbanización actual de la zona. Ese nombre fue propuesto por el arquitecto y vecino de
Bella Vista Oscar Di Salvo (sobrino del director de cine Aníbal Di Salvo), quien presentó un
proyecto en el Concejo Deliberante de San Miguel para que la calle Aconcagua (como se llamaba
anteriormente el pasaje) cambiase por el nuevo nombre.
3
Además de las construcciones mencionadas, los Estudios Cinematográficos San Miguel contaban
con 34 camarines, dos salas de maquillaje, las secciones de compaginación, pinturería, carpin-
tería y utilería, talleres, sala de grabación y sonido, laboratorios, microcine y un amplio espacio
a cielo abierto para filmación de exteriores. La manzana que estaba frente a los Estudios había
sido adquirida por Machinandiarena para la construcción de casas en las que se hospedaban los
artistas, directores y técnicos que venían de Capital Federal y de otras zonas para filmar en Bella
Vista. En 1945, en un terreno cercano a los Estudios donado por Machinandiarena, se colocó
la piedra fundacional del Club de Empleados de Estudios San Miguel.
4
Expediente Nº 5577/49 sobre construcción de Estudios San Miguel Sociedad Anónima Ci-
nematográfica Industrial y Comercial. Registro de archivo Nº 48.612 de la Inspección General
de Justicia.
5
Entre 1938 y 1939, en los Estudios San Miguel se filmaron dos películas, denominadas
Producción Nº 1 y Producción Nº 2, las cuales nunca se estrenaron. Las películas realizadas en
el período 1940-1951 fueron: Petróleo (1940); Novios para las muchachas (1941); Melodías de

81
Alfredo Sayus

para instalar el cine de San Miguel en el mercado latinoamericano: Melodías de


América, que también sirvió, mediante un recurso argumental, para mostrar las
instalaciones del Estudio y su equipamiento;6 Petróleo, cuya distribución estaría
a cargo de Universal Films;7 y Rosa de América, sobre la vida de Santa Rosa de
Lima, que se pensó para el ingreso de los films de San Miguel en Perú, donde
la competencia con México era muy fuerte.8 Por Bella Vista desfilaron actores
de la denominada “época de oro del cine argentino”, a quienes se sumaron
cientos de técnicos, vestuaristas, decoradores, iluminadores, camarógrafos y
extras, la mayoría de ellos vecinos del barrio, quienes aún hoy, ya mayores,
añoran esos años dorados que no solo garantizaban trabajo junto a estrellas de
renombre sino que, en su imaginario, posibilitaban una movilidad social sin

América, En el viejo Buenos Aires, Sendas cruzadas, Cruza, En el último piso y La guerra gaucha
(1942); Cuando florezca el naranjo, Tres hombres del río, Juvenilia, Los hijos artificiales, Eclipse de
sol, Los hombres las prefieren viudas y Casa de muñecas (1943); El fin de la noche, Su mejor alumno,
Cuando la primavera se equivoca y Nuestra Natacha (1944); La dama duende, La cabalgata del circo,
Besos perdidos y Llegó la niña Ramona (1945); Camino al infierno, La honra de los hombres, Rosa
de América, Las tres ratas, María Rosa y Milagro de amor (1946); en enero de 1946 también se
concluyó la filmación de La Pródiga, protagonizada por Eva Duarte, aunque su estreno se concretó
recién en 1984 (el motivo se detalla más adelante); Romance musical, Los hijos del otro, Madame
Bovary, La senda oscura, El pecado de Julia, La cumparsita y Vacaciones (1947); Juan Moreira, La
serpiente de cascabel, Los secretos del buzón, Pobre mi madre querida, La dama del collar, La secta
del trébol y Don Bilindergo en Pago Milagro (1948); La otra y yo, Las aventuras de Jack, Historia
del 900 y El extraño caso de la mujer asesinada (1949); El ladrón canta boleros, Mundo extraño, La
barra de la esquina y No me digas adiós (1950); Volver a la vida, Mi vida por la tuya, Los isleros,
Buenos Aires mi tierra querida, El hermoso Brummel, Los árboles mueren de pie, Paraíso robado, Si
muero antes de despertar y No abras nunca esa puerta (1951), y Las aguas bajan turbias (1952),
dirigida por Hugo del Carril, quien alquiló los Estudios ya cerrados para filmar esta película.
6
Para Melodías de América se contrató al actor y cantante mexicano José Mojica. El argumento
del film muestra a un cantante exitoso que es convocado por un estudio de cine, en el que
presencia el rodaje de una película. Como Machinandiarena sabía que Mojica tenía intenciones
de convertirse en sacerdote, hizo construir una capilla en los Estudios para él. El 7 de octubre
de 1941, Mojica dejó Bella Vista con destino a Lima, Perú, para ingresar en un convento, y allí
se convirtió en Fray José Francisco de Guadalupe Mojica. Cuando el actor partió, la filmación
aún no había terminado, por lo que debieron adecuarse las últimas escenas a la ausencia del
protagonista.
7
A los dos meses se decidió que la distribuyera el efa (Establecimiento Filmadores Argentinos),
probablemente por la vinculación comercial entre Machinandiarena y Julio Joly, propietario de
efa, con quien coprodujo la película Novios para las muchachas.
8
El plan de Machinandiarena era conmover la sensibilidad de los espectadores limeños desde
su devoción por la Santa.

82
Estudios Cinematográficos San Miguel

salir del entorno barrial, situación que le asignaban a la magnitud internacional


que tuvieron los Estudios San Miguel.9
Casi todos los directores de aquella época de oro también pasaron por los
Estudios, con películas que llegaban al mercado latinoamericano en momentos
en que Hollywood orientaba la producción de sus films a la concientización de
los estadounidenses sobre la necesidad de participar en una guerra que se libraba
en Europa, pero que su intervención les garantizaría importantes ganancias y
un contundente poderío político y económico mundial.10
En este marco, aunque con algunas demoras en su implementación, que
analizaremos más adelante, el proyecto visionario de Machinandiarena puso al
cine argentino de los años cuarenta y cincuenta en el pináculo de la cinemato-
grafía latinoamericana, como también lo hicieron otros estudios del período.11
Además de Cinematográfica Valle (de Federico Valle), probablemente el estudio
más antiguo, que se inauguró en 1917 y produjo películas hasta 1943, otros
estudios creados antes o después de los Estudios San Miguel, y que tuvieron
fuerte presencia en la denominada “época de los estudios”, fueron Lumiton
(1931); Estudios Río de la Plata, paf, sifal y Estudios Rayton (1934); side
(1935); Cinematográfica Julio Joly (1936); Argentina Sono Film, Corporación
Cinematográfica Argentina, Cóndor Films, Estudios nira y Lucantis Film

9
Como ejemplos podemos citar, entre otros grandes artistas del período, a Enrique Muiño,
Amelia Bence, Elías Alippi, Luisa Vehil, Zully Moreno, Francisco Petrone, Libertad Lamarque,
Irma Córdoba, Ricardo Passano, Hugo del Carril, Ángel Magaña, Amelita Vargas, Orestes Cavi-
glia, Delia Garcés, Armando Bo, Juan José Miguez, Tita Merello, Mecha Ortiz, Florén Delbene,
Alberto Castillo, Emma Gramática y Eva Duarte, la novel actriz que luego se convirtió en líder
de uno de los movimientos populares más grandes de Latinoamérica.
10
Algunos de los directores que filmaron en los Estudios San Miguel fueron: Eduardo Morera,
Antonio Momplet, Luis A. Morales, Belisario García Villar, Luis José Moglia Barth, Lucas Demare,
Alberto de Zavalía, Mario Sóffici, Augusto César Vatteone, Luis Saslavsky, Gregorio Martínez
Sierra, Ernesto Arancibia, Eduardo Boneo, Catrano Catrani, Daniel Tinayre, Carlos Schlieper,
Francisco Mugica, Homero Manzi, Ralph Pappier, Luis Mottura, Antonio Ber Ciani, Carlos
Borcosque, Hugo del Carril, Boris H. Hardy, Enrique Cahen Salaberry, Francisco Eichhorn,
Julio Saraceni, Roberto Gavaldón, José A. Pimentel y Carlos Hugo Christensen.
11
No obstante la importancia de los Estudios San Miguel en el período analizado, Argentina
Sono Film tuvo una mayor penetración con sus producciones, dado que sus relaciones políticas
con el gobierno eran mejores que las de los Estudios San Miguel, lo que le permitía contar
con más créditos, más estrenos, mejores fechas para esos estrenos, etcétera. En este marco es
importante destacar que el jefe de prensa de Argentina Sono Film era Alejandro Apold, quien
luego ocupó la Subsecretaría de Informaciones de la Presidencia de la Nación bajo el gobierno
de Juan Domingo Perón.

83
Alfredo Sayus

(1937); Pampa Film y efa (1938); Estudios Baires (1941); Emelco (1946);
Mapol y Film Andes (1948).
Claro que ninguno de esos estudios tuvo la capacidad técnica de los Estudios
San Miguel, que contaba con todos los avances cinematográficos del momento
para comenzar la filmación de una película y colocarla como producto final
directamente en los cines de Argentina y de varios países del mundo. A partir
de 1941, las películas de los Estudios San Miguel fueron llevadas a Colombia,
Chile, Perú, Ecuador, Brasil y España por la Distribuidora Panamericana.12
De todas maneras, esto último no fue muy auspicioso para el proyecto ex-
pansionista de Machinandiarena, ya que uno de los problemas que los Estudios
San Miguel no pudieron resolver fue que sus películas, con escasas excepciones,
no gustaron en el resto de América.13 Aprovechando el potencial técnico de los

12
Se trataba de una sociedad de responsabilidad limitada integrada por Narciso Machinandia-
rena (hermano de Miguel) y el empresario mexicano Modesto Pascó, la cual tenía sus oficinas
en la calle Viamonte 308, 2º piso “B”, de la ciudad de Buenos Aires. La posibilidad de que los
Estudios San Miguel y la Distribuidora Panamericana pudieran proyectar sus películas en el
extranjero (en especial en Brasil y en Perú) no estuvo exenta del vínculo entre los hermanos
Machinandiarena y el poder político en esos países, como ya había ocurrido en Argentina entre
el creador de los Estudios San Miguel, el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Manuel
Fresco, y el peronismo después. Entre las negociaciones que se realizaron en Brasil se incluyó
que lo recaudado por la exhibición en ese país de las películas Melodías de América y En el viejo
Buenos Aires fuera donado para adquirir un avión para las Fuerzas Armadas brasileñas, que el 21
de agosto de 1942 le habían declarado la guerra a Alemania y a Italia. Este proyecto de llevar las
películas al extranjero había comenzado en 1939, cuando Miguel Machinandiarena contrató
a Augusto Álvarez, conocido empresario cinematográfico, exhibidor, distribuidor y periodista
(propietario entonces del periódico especializado Film), para incorporarlo a los estudios en
calidad de gerente y director-gerente de la Distribuidora Panamericana. La dinámica que im-
primió Álvarez, hombre clave en San Miguel, que en el año de su ingreso acababa de liquidar
su empresa de cines, permitió la apertura de oficinas, sucursales y representaciones en aquellos
países latinoamericanos, Estados Unidos y España. Para la distribución en Uruguay firmó un
convenio con Bernardo Glücksmann. Resuelto el tema de la distribución, Machinandiarena
participó en reuniones impulsadas por Columbia Pictures para estudiar un convenio de pro-
ducción y distribución que incluía a los Estudios San Miguel, a Lumiton y a Argentina Sono
Film. El resultado de estas reuniones fue un acuerdo con Lumiton para filmar un cortometraje
en el Nahuel Huapí, que nuca se concretó.
13
Dice Kohen: “La realización de películas for export, buscando satisfacer al público de cada
país, era un procedimiento caro y riesgoso. Aun la buena venta de una película ‘a la peruana’ o
‘a la chilena’ no era suficiente si el resto de la producción no funcionaba. Sin poder desplazar
al cine mexicano, bloqueado por las regulaciones de comercio exterior y la crisis de la industria
cinematográfica que se agudizó a partir de 1946, el proyecto de San Miguel para la distribución
en el exterior se extinguió sin alcanzar sus objetivos” (2000: 358).

84
Estudios Cinematográficos San Miguel

Estudios San Miguel, Machinandiarena también los utilizó para la distribución


en Argentina de películas francesas.14
Lo que resulta extraño es que, aunque los Estudios estuvieron terminados
en 1938 y contaban con los mejores avances técnicos, recién cuatro años más
tarde se filmó la primera película comercial que se puso en los cines. Las causas
de esto, como se afirma más arriba, las analizaremos más adelante.
Paralelamente, esa capacidad técnica generó la necesidad de incorporar una
gran cantidad de trabajadores. En 1945, los Estudios San Miguel tenían un
staff permanente de 700 personas, además de los que trabajaban con contratos
eventuales para cada film. Los vecinos memoriosos entrevistados por el autor
recuerdan que uno de los apodos con que se denominaba a los Estudios era
“La vaca de San Miguel”, porque también en su imaginario la mayoría de la
población del distrito vivía gracias a ellos. El otro apodo, que tenía que ver con
una política de preservación impuesta por Machinandiarena, fue “El estudio
fantasma”, dado que durante mucho tiempo se prohibió la entrada a periodistas
y críticos cinematográficos.15
De esas entrevistas se desprenden numerosas anécdotas que dan cuenta
de la importancia que tenían para los vecinos de Bella Vista los Estudios San
Miguel:16 desde la posibilidad de trabajar en sus diferentes secciones poniendo
en práctica los oficios que muchos de ellos tenían o aprendían ad hoc allí dentro,
como herrería, carpintería, vestuario, etcétera, hasta el recuerdo grato de su
participación como extras en varias de las producciones fílmicas o el de haber

14
En los Estudios San Miguel se instalaron los equipos para realizar el doblaje al castellano de las
películas francesas distribuidas por difa (Distribuidora Internacional Franco Argentina), con las
que se buscaba llegar a los cines del interior. Los equipos pertenecían a la compañía Sincrosonor,
especialista en doblajes al español y al portugués.
15
El misterio acerca de lo que se hacía en Bella Vista se mantuvo hasta enero de 1941, cuando
por primera vez la prensa tuvo acceso a las galerías de los Estudios San Miguel. De todos modos,
al finalizar las obras del Estudio en octubre de 1940, Machinandiarena inició un plan de visitas
guiadas a través del cual recibió al ministro de Agricultura y Ganadería de la Nación Daniel
Amadeo y Videla.
16
Entre los años 1994 y 1996 realicé una investigación sobre los Estudios Cinematográficos
San Miguel que incluyó varias entrevistas a vecinos de Bella Vista y a directores, productores y
técnicos de cine que habían trabajado en los Estudios. Esto dio como resultado la publicación
de artículos en periódicos y revistas y la elaboración de un guión cinematográfico titulado “La
película. Cuento y realidad de los estudios de cine más grandes de América del Sur”, que no
llegó a filmarse. Los entrevistados fueron Enrique Sacconi, Domingo Bugallo, Silvio Taverna,
Ricardo Tazzone, Margarita Bróndolo, Aníbal Di Salvo, Rodolfo Sar y Guillermo Willy Wullich.
En la bibliografía se consignan los artículos publicados al respecto.

85
Alfredo Sayus

compartido momentos amenos junto a las estrellas de renombre del período. De


esas entrevistas también surgieron versiones sobre las fantasías de los vecinos,
como cuando se rumoreaba que se realizarían importantes construcciones en
el lugar, y sobre mitos que aún hoy no han podido ser develados.17
En todos los casos, esos viejos vecinos y hoy sus hijos añoran aquellos
tiempos de bonanza del cine nacional y lo que significó para ellos y para Bella
Vista la creación de los Estudios San Miguel. Se trata de buenos recuerdos que
corren por vía paralela a los acontecimientos políticos y económicos (nacionales e
internacionales) que atravesaron a estos Estudios y a la industria cinematográfica
en general. Es aquí donde se abren dos caminos de recuerdos: el de los vecinos
ya mencionados, que guardan esos gratos momentos cargados de emoción, y
el de aquellos que fueron pioneros en la sindicalización y la lucha gremial, de
los que hablaremos más adelante.

Cine y juego, ¿la banca gana?

Cuando el 17 de diciembre de 1937 el Poder Ejecutivo de la provincia de


Buenos Aires, a cargo del gobernador conservador Manuel Fresco, promulgó
la Ley 4588 de adjudicación de patentes de licencias para el funcionamiento de
salas de entretenimiento en las ciudades balnearias, tras una maratón legislativa
que logró su aprobación en el Senado el 7 de diciembre y en Diputados el 16
del mismo mes, se presume que Fresco ya tenía en mente (y acordado) que
la licitación la ganaría la Unión Kursaal Argentina (uka).18 Se trataba de una

17
Cuando comenzó el movimiento típico de obras en el lugar, muchos vecinos aventuraron que
allí se instalaría un burlesque o un inmenso complejo de “casas de citas”, lo que preocupó notoria-
mente a los “frentistas decentes” de las inmediaciones. La teoría de que la zona se convertiría en
un reducto del placer alquilado duró poco, ya que en algunos meses estuvo montada la primera
galería de las cinco que tendrían los estudios de cine. El mito, que aún se mantiene vigente en el
barrio pero que no tuvo confirmación, es que entre el predio donde se ubicaban las galerías de
los Estudios y la manzana de enfrente, donde estaban las casas en las que se hospedaban artistas
y técnicos provenientes de distintos lugares, existe un túnel que conecta a ambos por debajo de
la calle Moine, a la altura de la que fuera la entrada de los Estudios (actual pasaje Estudios San
Miguel). Su construcción habría tenido como fin el tránsito de los actores sin tener que salir a
la calle, donde eran interceptados por los curiosos que siempre merodeaban por allí. Hasta el
momento, ninguna obra pública municipal ni tampoco el trabajo de los investigadores pudo
dar cuenta de ese túnel.
18
Kursaal es una palabra de origen alemán que designa la sala de lectura y entretenimiento de
un establecimiento de baños termales. De Alemania pasó a Francia y de allí al País Vasco, donde

86
Estudios Cinematográficos San Miguel

sociedad –integrada por Felipe Solá y Silvestre y Miguel Machinandiarena– que


había accedido a la concesión para la explotación de los casinos mediante un
proceso irregular que formaba parte del sistema de corrupción y violencia im-
puesto por Fresco (Bejar, 1997). No obstante la visión autoritaria de la política
que tenía Fresco, este supo ver y canalizar las necesidades de un amplio sector
de la inmensa provincia que gobernaba.19

María Dolores Béjar explica que, en el caso del juego, las iniciativas del Ejecu-
tivo estaban orientadas a obtener los recursos que posibilitasen la remodelación
de los balnearios, ya que el Estado no tenía posibilidades de invertir grandes
sumas en beneficio de esas ciudades o puntos de veraneo para convertirlos en
importantes centros de atracción para el turismo extranjero.
Para que el juego dejase de proporcionar recursos a quienes lo explotaban
ilegalmente y lograr que parte de esos ingresos fuesen apropiados por el gobierno,
se utilizó para designar algunos locales de ocio y juego. En San Sebastián hubo un edificio de
casinos con ese nombre que nunca llegó a funcionar y que luego fue demolido, pero un puente
contiguo conserva la denominación de Puente Kursaal, y se inauguró en el lugar un centro de
actividades culturales llamado “El Kursaal”. Es probable que los Machinandiarena tuvieran en
mente aquella palabra en el momento de designar la sociedad con la que explotaron los casinos
marplatenses y otros de las provincias de Buenos Aires y San Luis en los años treinta y cuarenta.
19
Fresco entendió cuáles eran los problemas sociales más urgentes y se propuso solucionarlos a
partir de una serie de proyectos que incluían la construcción de casas económicas para obreros,
la reglamentación de los conflictos laborales, la atención de la infancia abandonada, la coloniza-
ción agrícola, etcétera, y si bien para lograr esos objetivos recurrió al aporte de las asociaciones
privadas, estas debían subordinarse a las directivas del gobierno.

87
Alfredo Sayus

fue necesario volver a legalizarlo. Su legalización apareció asociada a la creación


del Departamento de Asistencia Social; sin embargo, los fondos provenientes
de las patentes para salas de entretenimiento fueron inmediatamente asignados
a través del Plan Orgánico de Obras Públicas (Ley 4539) a las obras de mejo-
ramiento de los balnearios marítimos (Bejar, 1997).
No se pudo determinar claramente si los beneficios económicos que
Machinandiarena obtuvo con estos negocios fueron la base para su proyecto
cinematográfico.20 Es posible que los acuerdos con Fresco le hayan otorgado
otras ventajas, por ejemplo la exención impositiva durante el período inicial de
la construcción de las galerías y demás instalaciones en Bella Vista. No obstante,
no hay vinculación legal entre la explotación de los casinos y la construcción
de los Estudios. Según Kohen:
Las leyendas de fundación de los Estudios San Miguel alimentaron la
hipótesis de una vinculación del tipo casinos por películas. Más allá de la
contundencia de los datos surgidos del análisis de los documentos, la teoría
de la compensación necesita sustentarse en una valoración negativa del
juego, la que nunca fue manifestada ni por Fresco ni por la uka, […] toda
la documentación analizada indica con total precisión, y sin dejar espacio
para otras interpretaciones, que las obras debían construirse en Mar del
Plata, Necochea y Miramar, sedes de los casinos. Tampoco se les exigía a
los beneficiarios una contraprestación que compensara el impacto social
causado por los casinos con un emprendimiento cultural, en este caso la
producción de películas (2000: 360).

Contrariamente, Miguel Machinandiarena (h) afirmaba en una entrevista a un


medio periodístico: “Confiando en su buena estrella y amparado económicamente
por los dividendos del casino de Mar del Plata, de cuya concesión disfrutaba mi

20
O si, por el contrario, los Estudios fueron un hobby de Machinandiarena que solventaba con
dinero del juego, o si acaso se trató de un “lavadero” de ganancias cuantiosas de los casinos que no
le interesaba que fuesen registradas, o tal vez eran millones provenientes del juego ilegal también
manejado por la uka. Estos interrogantes tienen que ver con el hecho de que Machinandiarena
estaba más preocupado por mostrar que poseía un estudio para hacer películas que en hacerlas
concretamente. Como productor de cine dejó pasar el mejor momento del “período de oro de
los Estudios”. Es probable que tal situación tuviese que ver con que las ganancias que obtenía
de los casinos eran cuantiosas o, tal vez, con los interrogantes citados. Cabe destacar que los
Estudios San Miguel también invertían mucho dinero en la preparación de escenografías y en los
elevados sueldos que se les pagaba a los actores, a las actrices y al personal técnico, además de otras
inversiones costosas en el ámbito cinematográfico, como se detalla más adelante en este trabajo.

88
Estudios Cinematográficos San Miguel

familia, San Miguel inició una época de fantasía y boato” (Paganetti, 1972, lo
destacado es nuestro).
Es decir que el propio hijo del creador de los Estudios, quien por los años
setenta se desempeñaba como vicepresidente de la empresa y encabezaba un
proyecto de reapertura del gigante cinematográfico en sociedad con el productor
y director de cine y teatro Guillermo Eduardo Willy Wullich, públicamente
asociaba la explotación de los casinos con la producción de películas, aunque
esto no se desprende de las leyes, decretos, contratos y resoluciones dictados
entre 1936 y 1945, relacionados con la concesión de aquellas salas de juego. Pero
es posible que Machinandiarena utilizara ganancias de los casinos en los Estudios
San Miguel, ya que en otra entrevista ofrecida en 1974 por Machinandiarena
(h) a la misma revista, este decía que “los Estudios San Miguel nunca fueron
un gran negocio. Apenas unas muy pocas películas dieron reales ganancias”
(Loiácono, 1974: 15). Como fuere, las notorias irregularidades puestas en
práctica por el gobernador Manuel Fresco, no solo en cuanto al fraude electoral
sino también en cuanto a la concesión de negocios por medio de licitaciones
dudosas, obligó al gobierno nacional a iniciar una serie de investigaciones con el
fin de calmar las críticas de la opinión pública.21 Porque, además, un importante
porcentaje del dinero destinado a asistencia social se utilizó para promocionar
políticas gubernamentales22 (Kohen, 1999: 12).
De todos modos, el informe elaborado por la fiscalía a cargo de la investi-
gación sobre las actividades de la uka nunca tuvo un correlato judicial, proba-
blemente porque la muerte del presidente Roberto M. Ortiz y su reemplazo por

21
Tras las elecciones fraudulentas de febrero de 1940 para gobernador de la provincia de Buenos
Aires, la nación determinó la intervención e investigación de la concesión otorgada a la uka.
La contradicción existente entre la Ley de Patentes 4588 y el contrato para la realización de
obras permitía que el concesionario eludiera el pago de garantías y se quedara con un negocio
millonario sin invertir dinero. De los 28 millones de pesos que iban a costar las obras, el Estado
provincial debía pagar 13 millones, pero esta división de costos era ficticia, porque al caducar
el contrato dejaba de tener vigencia la garantía y los bienes entregados en caución debían ser
devueltos. Es decir que la provincia estaba obligada a reintegrar a la uka 15 millones de pesos
al finalizar el contrato de explotación de los casinos (Kohen, 2000).
22
La Ley 4588 estipulaba que el 15% de lo recaudado por las patentes se destinara a obras, y
el 30%, a propaganda y asistencia social. Esto bloqueó la financiación de obras, que solo recibieron
noventa mil pesos de los diez millones previstos para el bienio 1937-1938. Con lo destinado a
asistencia social se creó la Sección Cinematográfica, a cargo de Eduardo Morera (quien luego
trabajó en los Estudios San Miguel), y se produjo el film Sierra Chica (1938), un drama carcelario
en el que un delincuente se redime gracias a las virtudes del sistema penitenciario bonaerense.
La película fue dirigida por Julio Irigoyen y filmada en la cárcel de Sierra Chica.

89
Alfredo Sayus

el vicepresidente Ramón Castillo significó el fin de la campaña contra el fraude


iniciada por aquel y dejó en suspenso las investigaciones sobre los negocios de
Fresco, aliado del ultraconservador Castillo, quien intentaba seguir poniendo
en práctica el sistema de elecciones fraudulentas para garantizar la continuidad
gubernamental del conservadurismo. No obstante, la arremetida contra la uka
fue retomada por el gobierno siguiente.
El golpe de Estado del 4 de junio de 1943 dio por terminadas aquellas
aspiraciones de Castillo y fue el comienzo de un proceso reivindicatorio de la
“moral pública e institucional”, lo que daría el marco para el surgimiento del pe-
ronismo.23 Un año y medio después del inicio de la autodenominada Revolución
del 43, el 18 de noviembre de 1944 el gobierno del general Edelmiro J. Farrell
determinó por medio del Decreto 31090/44 la caducidad de las concesiones
otorgadas por la provincia para la explotación de casinos (Anales de la Legislación
Argentina, 1945, t. 5, 21).24 Durante el proceso que culminó con la quita de
las salas de juego a la sociedad uka y hasta varios meses después de que esta
medida se concretara, Machinandiarena comenzó una serie de negociaciones
con el gobierno nacional que coincidieron con el rodaje de dos películas en las
que intervendría Eva Duarte: La cabalgata del circo (realizada entre marzo y
septiembre de 1944) y La pródiga, cuyo rodaje se extendió desde abril de 1945
hasta enero de 1946, ambas dirigidas por Mario Soffici.25

23
El golpe de Estado de 1943, además de poner fin al fraude electoral, echó por tierra las
intenciones de quien podría haber sido el presidente que sucedería a Castillo (impuesto por
este y que accedería a la Primera Magistratura por medio del fraude electoral), el empresario
azucarero salteño Robustiano Patrón Costas (quien ya había sido gobernador de Salta, senador
provincial y senador nacional), cuya pretensión era poner fin a la neutralidad argentina ante la
Segunda Guerra Mundial y declararle la guerra al Eje. Esta circunstancia tuvo un enorme peso
en las Fuerzas Armadas, sobre todo en el Ejército, donde la posición favorable a mantener la
neutralidad era mayoritaria. Un año antes, cuando se filmaba la película La guerra gaucha en
Salta, varios de los cerca de mil extras que tuvo el film fueron proporcionados por la familia
Patrón Costas, que les pagaba de su peculio.
24
El Decreto 31090 fue firmado por Farrell, Alberto Teisaire, Orlando Peluffo, Rómulo Etcheve-
rry Boneo, Juan D. Perón, Juan Pistarini y César Ameghino. La firma de Ameghino es sugestiva
dado que, como ministro de Hacienda provincial del gobierno de Manuel Fresco, había firmado
también los decretos y las leyes que le habían posibilitado a la uka el control de los casinos.
25
En el marco de las relaciones entre el gobierno y Machinandiarena, en 1944 el general Edel-
miro J. Farrell, por entonces vicepresidente de la Nación, visitó los Estudios San Miguel y en
su recorrida pasó por las galerías en las que Lucas Demare filmaba Su mejor alumno. Algunas
escenas del film fueron proyectadas para el general en esa visita. Juan Domingo Perón también
era habitué de los Estudios debido a que pasaba a buscar a su flamante novia, Eva Duarte, al

90
Estudios Cinematográficos San Miguel

Es muy probable que Machinandiarena y Perón negociaran acerca de casi-


nos y películas, de todos modos es improbable que durante ese período Perón
tuviera peso específico sobre las decisiones del gobierno surgido del golpe del 4
de junio. En realidad, la medida de Farrell apuntaba a poner la explotación
de las salas de juego bajo la órbita del Estado nacional, especialmente por dos
motivos de fundamental importancia: primero, por el beneficio económico
que el control de los casinos le proporcionaría al gobierno; y segundo, porque
reducía la capacidad de maniobra de las futuras administraciones de la provincia
de Buenos Aires al dejarlas sin una de sus principales fuentes de financiación,
como lo eran (y siguen siendo) las salas de juegos de azar.
De este modo, el gobierno nacional se aseguraba que quienes fuesen go-
bernadores de la provincia no contaran con los recursos necesarios para tener
“vuelo propio” en el ámbito político, como ya lo había demostrado Fresco, a
sabiendas de que estos tenían un peso político importante por la magnitud del
distrito que administraban.
El 3 de enero de 1945, Farrell ordenó la expropiación de las instalaciones de
la uka. El monto que se debía pagar por los bienes expropiados se estimaba en
un poco más de dos millones de pesos. Pero la expropiación, finalmente, no se
concretó, y posiblemente aquí haya jugado un papel preponderante la relación
Perón-Machinandiarena, dado que la figura del coronel comenzaba a cobrar
presencia en la escena nacional y también en los ámbitos de la cinematografía
vernácula por su interés especial en este rubro de las artes.
Por esa fecha estaba previsto el inicio del rodaje de la película Amanece en
las ruinas, que protagonizaría Eva Duarte, pero el proyecto fue abandonado, y
en la primera semana de marzo de 1945 los Estudios San Miguel anunciaron
que Soffici dirigiría a la actriz en La pródiga.26 No se puede determinar a ciencia
cierta si la aparición de Eva Duarte en estas películas fue una imposición de
Perón, en el marco de las negociaciones que este tenía con Machinandiarena.
Lo cierto es que la actuación de Evita en La cabalgata del circo es muy breve,
y que La pródiga nunca se estrenó como consecuencia de los acontecimientos

finalizar sus jornadas de filmación. Es notorio cómo la relación entre poder político y espectáculo
siempre estuvo presente en la historia reciente argentina.
26
El elenco original de La pródiga lo integraban Mecha Ortiz, Juan José Miguez, Ilde Pirovano y
Ernesto Vilches. La adaptación fue realizada por Alejandro Casona sobre textos de Pedro Antonio
de Alarcón, y como director había sido designado Ernesto Arancibia, pero luego los Estudios
determinaron que la dirigiera Mario Soffici y que el rol de Mecha Ortiz fuese interpretado por
Eva Duarte. También hubo algunos cambios en el resto del elenco: junto a Juan José Miguez
coprotagonizaron el film Alberto Closas, Malisa Zini y Angelina Pagano, entre otros.

91
Alfredo Sayus

políticos del período: Juan D. Perón sería electo presidente de la Nación unos
meses después de finalizada la filmación.27 Con la llegada de Perón al poder
se produjo un giro en la política cultural impuesta por el nuevo gobierno. El
objetivo del Estado peronista de legislar sobre la cultura coincidió con la am-
pliación de la burocracia cultural implementada por otros países en el período, y
se crearon nuevas dependencias estatales para tal fin (Fiorucci, 2007: 4).28 Pero
este avance del Estado sobre la gestión cultural ya se había iniciado en los años
treinta y se continuó durante el peronismo, por lo que sería erróneo adjudicar
esta expansión estatal sobre la cultura exclusivamente al gobierno de Perón.
En los momentos en que la situación económica de los Estudios San
Miguel comenzaba a complicarse, lo que hace presumir el vínculo económico
casinos-estudios, es muy probable que Machinandiarena haya recurrido a la
intermediación de Perón, especialmente durante el lapso de casi diez meses –
entre enero y octubre de 1944– en que solo hubo dos estrenos producidos por
los Estudios.29 Y también ante la prohibición oficial de exhibir la película El
fin de la noche, dirigida por Alberto de Zavalía, en la que Libertad Lamarque
(quien ya había protagonizado una rencilla con Eva Duarte muy comentada
por aquella época) interpretaba a una argentina comprometida con la resistencia
francesa durante la Segunda Guerra Mundial, la cual recién pudo estrenarse en
abril de 1945, coincidiendo con el inicio de la filmación de La pródiga (Famá
Hernández, 2010).
De todas maneras, más allá de los lazos que hubiera podido tejer Ma-
chinandiarena con el ascendente coronel, fue muy crítico con este en junio
de 1956. Nueve meses después del derrocamiento de Perón, por medio de una
carta abierta de su autoría, indicaba como una de las causas de los problemas
financieros que habían originado el cierre de los Estudios en 1951 las restriccio-
nes del gobierno para la exhibición de La cabalgata del circo, y el hecho de no

27
La pródiga se estrenó el 16 de agosto de 1984. Por ese entonces, su propietario era la empresa
Aries Cinematográfica Argentina, que la había adquirido de los herederos de los Estudios San
Miguel. Durante mucho tiempo circuló el rumor de que Perón había prohibido el estreno,
exigiendo que se le entregaran los negativos y todas las copias del film. Esto fue desmentido por
Narciso Machinandiarena en un reportaje que le realizaron Claudio España y Andrés Insaurralde
en 1974. Ese reportaje permanece inédito y el autor de este trabajo tuvo acceso a él en el marco
de las investigaciones realizadas sobre los Estudios San Miguel.
28
Así lo hicieron Estados Unidos entre 1935 y 1943, Brasil en 1937 e Inglaterra en 1946. Este
dominio del Estado sobre la cultura generó numerosos debates en el campo intelectual.
29
Durante 1944 solo se estrenaron las películas Su mejor alumno (22 de mayo) y Nuestra Natacha
(7 de septiembre).

92
Estudios Cinematográficos San Miguel

haber podido estrenar La pródiga.30 Esta actitud del productor cinematográfico


puede entenderse como una posición acomodaticia respecto de los gobiernos de
turno en pos de mantener sus negocios. Y aun sosteniendo la crítica en aquella
misiva, nada decía en la carta sobre la política de producción de sus Estudios,
que no escatimaban dinero a la hora de invertir en sus películas, para las que
importaban modistos y telas de Italia para el vestuario de sus actrices y asistían
económicamente los films de Artistas Argentinos Asociados.31 Continuando
con esta política de inversiones, Machinandiarena compró los estudios side.32
Y también pagaba mejores salarios que otros estudios cinematográficos de la
época, contrataba directores, autores, técnicos, actores y actrices europeos y
financiaba los debuts de directores nóveles.33
Por otra parte, el año 1951 no fue auspicioso para la economía imple-
mentada por el gobierno peronista como consecuencia de una importante
sequía que redujo notoriamente la producción agrícola, aunque esta haya sido
en realidad el corolario de una crisis económica que se venía arrastrando des-
de 1948, precisamente por la caída de la producción agropecuaria que llevó a
una reducción en el volumen de las exportaciones y, por ende, de la cantidad de
30
Carta abierta de Miguel Machinandiarena publicada en el Heraldo del Cinematografista,
Buenos Aires, 1956.
31
Artistas Argentinos Asociados Sociedad Cinematográfica de Responsabilidad Limitada fue
una productora cinematográfica creada el 26 de septiembre 1941 por un grupo de artistas des-
ocupados, entre los que se encontraban Enrique Muiño, Elías Alippi, Francisco Petrone, Ángel
Magaña, el director de cine Lucas Demare y el productor Enrique Faustín. La propuesta fue de
este último, quien años antes había sido encargado de la programación de la Metro Goldwyn
Meyer y había tomado la idea de la United Artists, una productora de cine fundada por artistas
estadounidenses que trabajaban en cooperativa. Con el sello aaa se filmaron en coproducción
películas memorables como El viejo hucha, La guerra gaucha, Su mejor alumno y Pampa bárbara,
entre muchas otras. Funcionó hasta 1958, y en 1968 reinició su actividad como distribuidora
de películas. El último film con el sello aaa se realizó en el año 2000, se trató de la película Un
amor de Borges, dirigida por Javier Torre y con la actuación de Jean Pierre Noher, Inés Sastre,
Inda Ledesma, Claudio Gallardou y Alejandro Awada.
32
La Sociedad Impresora de Discos Electrónicos (side) también se dedicaba a la producción
cinematográfica. Fue creada por los hermanos Alfredo y Pablo Murúa a comienzos de los años
treinta y produjo las tres películas de José Agustín Ferreyra, protagonizadas por Libertad Lamar-
que, que le abrieron al cine argentino el mercado internacional: Ayúdame a vivir (1936), Besos
brujos (1937) y La ley que olvidaron (1937), entre otros films de los inicios del cine sonoro. Luego,
por cuestiones económicas, debió venderle la productora a los Estudios San Miguel, que estaban
interesados en el stock de películas producidas por la side, las cuales, de otro modo, habrían ido a
remate (según detalló Narciso Machinandiarena en el reportaje mencionado en la nota al pie 27).
33
Como el caso de Hugo del Carril, quien pudo dirigir su primera película, Historia del 900,
en los Estudios San Miguel.

93
Alfredo Sayus

divisas necesarias para importar equipos y bienes industriales. A esto se sumó la


dificultad de la Argentina para colocar sus productos en los mercados europeos
por efecto del Plan Marshall y de la recuperación de los países centrales, lo que
contribuyó a deteriorar los términos de intercambio y a contraer la demanda
externa. Además, el sector industrial no había alcanzado una tasa adecuada de
acumulación de capital y seguía siendo fuertemente dependiente de los insumos
importados. En definitiva, todos estos factores estaban indicando que la política
económica implementada había alcanzado ciertos límites que, indudablemente,
redundaron en la política de inversiones internas para el fomento de la cultura,
lo que impactó en la producción cinematográfica de los Estudios.
Entonces, ¿cómo sostener los costos de una película cuando lo que caracte-
rizaba a San Miguel era “un riguroso esmero en la reproducción de ambientes y en
el vestuario, el gusto por la fotografía del plano detalle y el encuadre estéticamente
perfecto”? (Posadas, 1994: 228). Esta búsqueda de perfeccionamiento en las
producciones de los Estudios originó que, por muchos años, se difundiera una
leyenda con cierto toque de romanticismo, que daba cuenta de una posición
solidaria de Machinandiarena, en la que el empresario inventaba trabajos en
el predio de Bella Vista con el fin de darles refugio a los republicanos exiliados
tras su derrota en la Guerra Civil Española. Pero en los Estudios San Miguel
trabajaron tanto españoles republicanos como franquistas, porque lo que Ma-
chinandiarena buscaba para sus films era talento y capacidad profesional, lo
que supo encontrar en referentes de uno y otro grupo.
Esta posición, como se detalló más arriba, fue fluctuando de acuerdo con
sus relaciones con el poder, dado que en pleno gobierno de Fresco supo “ocul-
tar” films no aceptados por el régimen. En 1936, la primera productora de
cine de Machinandiarena, Falma Film (ver nota al pie 1), que tenía su sede en
el mismo edificio donde funcionaba el departamento de cobranzas de la uka,
filmó la película Tararira, interpretada, entre otros, por los hermanos Aguilar
y por Orestes Caviglia, activos militantes en las organizaciones de ayuda a la
República Española. Esta situación, sumada a que su director era judío, hizo
que Machinandiarena, que estaba en plena negociación por la explotación de
los casinos, decidiera archivar las latas de la película con el objetivo de no alterar
los ánimos de Fresco, confeso fascista, al igual que los de su asesor en temas de
cine, el senador Matías Sánchez Sorondo.
Más tarde, tal vez influido por la situación internacional, el empresario
cinematográfico adoptó una posición solidaria con los exiliados republicanos,
pero lo que sí queda claro es que los exiliados no fueron contratados en los
Estudios por su posición política, aunque no se puede negar que gran parte de

94
Estudios Cinematográficos San Miguel

la producción de los Estudios San Miguel fue cine realizado mayormente por
españoles republicanos.
Sin los casinos que le proporcionaran dinero y con los Estudios parali-
zados, en parte por la crisis económica que atravesaba el país, sumado a una
administración demasiado generosa de Machinandiarena como productor
cinematográfico y a cuestiones internacionales que ampliaremos más adelante,
don Miguel se abocó a otro de los negocios que explotaría el clan: el Balneario
Parque La Salada.34 Jugadas del destino hicieron que coincidieran en la mis-
ma página de un diario dos noticias: la intervención al casino provincial y la
inauguración de las famosas piletas del linde entre el sur de La Matanza y el
partido de Lomas de Zamora.35

Mundo Disney

Dos conflictos bélicos europeos (que pronto tomaron cariz internacional)


facilitaron inicialmente el éxito en la producción y distribución de películas
argentinas: la Guerra Civil española (1936-1939) y parte de la Segunda Guerra
Mundial (1939-1945). Esto permitió que los estudios cinematográficos argen-
tinos tuvieran con sus producciones una mayor penetración en las pantallas
latinoamericanas, ya que las “potencias” estaban mirando en otra dirección.
Como consecuencia de la Guerra Civil Española, numerosos artistas,
españoles y de otras nacionalidades, emigraron a América. Muchos de ellos
recalaron en Argentina y, como se adelantó, fueron contratados para trabajar en
los Estudios San Miguel.36 Además, por efecto de la Guerra Civil, la producción

34
El Balneario Parque La Salada contaba con una laguna salitrosa (de ubicación central), tenía
tres enormes piletas con agua salada, tomada por bombas a 50 metros de profundidad. El par-
que se completaba con una profusa arboleda, calles asfaltadas, lugares para acampar, quinchos,
duchas, vestuarios, baños, confitería, quioscos, arena traída especialmente al lugar y hasta un
pequeño zoológico.
35
La Nación, Buenos Aires, 17 de noviembre de 1944, p. 5.
36
No es casual que la mayoría de los exiliados del cine español se instalaran principalmente
en México y en Argentina; a principios de los años cuarenta, ambos países estaban a la cabeza
de la producción cinematográfica latinoamericana. Los exiliados republicanos se encontraron
con una industria en expansión capaz de absorber a un buen número de profesionales. En Ar-
gentina, los intelectuales y los artistas que lograron refugiarse en el país no tuvieron problemas
para integrarse en su industria cinematográfica, en buena medida gracias a la solidaridad y la
complicidad de otros exiliados o de españoles emigrados en décadas anteriores. Uno de ellos
fue el pintor y escenógrafo Gregorio Muñoz Montoro (cuyo nombre artístico era Gori Muñoz),

95
Alfredo Sayus

cinematográfica española decreció notablemente, lo que también impidió una


normal distribución de sus escasos films.
El caso de Estados Unidos, que entró en guerra en diciembre de 1941, fue
diferente al de España. Antes de involucrarse en la Segunda Guerra Mundial, y
como consecuencia del cierre de los mercados europeos a causa de ese conflic-
to, el Departamento de Estado norteamericano creo en 1940 la Office of the
Coordinator of Interamerican Affairs (ciaa), la cual, como primera medida,
organizó una gira de “buena voluntad” por América del Sur, encabezada por
Walt Disney.37 Además, produjo las películas Saludos amigos y su secuela Los tres
caballeros especialmente para el mercado latinoamericano, con el objetivo de
realzar lugares y costumbres de Sudamérica y “ponerle el moñito” al proyecto
de “acercamiento” que presuntamente implicaba la gira de “buena voluntad”.38

contratado en 1941 por los Estudios San Miguel, quien medió para proporcionar trabajo a
numerosos compatriotas, entre técnicos, guionistas, actores y directores. Alejandro Casona
fue uno de esos españoles exiliados, quien guionó varias películas de los Estudios San Miguel.
También trabajaron allí los actores Pedro López Lagar y Enrique Álvarez Diosdado, entre otros.
Pero el ejemplo más claro de la recepción de los exiliados españoles por parte de los Estudios fue
la película La dama duende, dirigida por Luis Saslavsky, una adaptación de la obra de Calderón
de la Barca escrita por Rafael Alberti y María Teresa León, y en cuyo elenco los exiliados juga-
ron un importante papel: la fotografía corrió a cargo de José María Beltrán, la escenografía fue
concebida por Gori Muñoz, la música fue compuesta por Julián Bautista, y los actores eran casi
en su totalidad hispanos, con la excepción de Delia Garcés, la única actriz argentina del film. El
director Antonio Momplet también estuvo al frente de varios films de los Estudios. Otro caso
fue el del director de cine argentino Lucas Demare, que nació en Buenos Aires y en 1928 viajó
a España, donde trabajó en estudios cinematográficos como peón sin sueldo, fue aprendiendo el
oficio y ascendió rápidamente: fue pizarrero, tercer ayudante y asistente de dirección, y tiempo
después lo contrataron para que debutara como director, pero la Guerra Civil lo impidió y, al
igual que los exiliados, debió recalar en Buenos Aires.
37
La ciaa fue una agencia de Estados Unidos que promovía la cooperación interamericana durante
los años cuarenta, especialmente en áreas comerciales y económicas. Fue creada en agosto de 1940
como la occcrbar (Office for Coordination of Commercial and Cultural Relations Between
the American Republics), con Nelson Rockefeller como su jefe, nombrado por el presidente
Franklin Delano Roosevelt. Su función era la distribución de noticias, películas y programas
radiales hacia y desde Latinoamérica para contrarrestar allí la propaganda alemana e italiana.
38
Saludos amigos (1943) es una aventura ambientada en varias partes de Sudamérica que combina
la imagen real y la animación. Armada con diferentes secuencias y personajes, en una de ellas el
Pato Donald visita el lago Titicaca, donde conoce a gente del lugar. Otra historia es la de Pedro,
el avioncito, un pequeño avión chileno que inicia su primer vuelo para recoger el correo de
Mendoza y cruzar los Andes, donde se enfrentará al Aconcagua. Este corto inspiró al dibujante
chileno René Ríos, más conocido como Pepo, para crear al personaje de historieta Condorito.
La tercera historia es la del gaucho Goofy (Tribilín), que es llevado a las pampas argentinas para

96
Estudios Cinematográficos San Miguel

Pero un año antes del estreno de la primera de esas películas, en 1942, y cuando
ya la Argentina era una competidora en materia cinematográfica para tener en
cuenta, la ciaa decidió, con la excusa de la posición neutralista ante la Segunda
Guerra Mundial que venían manteniendo los diferentes gobiernos vernáculos,
impedir la exportación de película virgen a la Argentina, a la vez que proveía a
México de asistencia técnica, material y de equipos para sus films.39
Esta determinación del gobierno estadounidense y de su mayor factoría
cinematográfica, Hollywood, tuvo que ver con el hecho de que en las zonas
urbanas de América Latina las producciones mexicanas no eran vistas y no
competían con las películas de la meca del cine estadounidense, como sí ocurría
con las producidas en Argentina. En 1942, el 34% de las películas exhibidas en
las capitales latinoamericanas provenían de Argentina, y esto significaba una alta
competencia con Estados Unidos, aunque el sistema de distribución creado por
la “meca del cine” fue superior al de los estudios locales, lo que le garantizaba
una gran ventaja monopólica. Desde la perspectiva de la venta al exterior, el
modelo de los grandes estudios norteamericanos presentaba una ventaja: las
relaciones entre la casa matriz y las filiales se disimulaban como una relación
comercial entre distintos países, aunque el dinero no salía del circuito interno.
Así, los subsidios, créditos, anticipos y reintegros estatales incrementaban la
rentabilidad de la empresa. Esta diferencia, que no fue considerada en la política
de distribución exterior de los Estudios San Miguel, estaba, por una parte, en
la escala de producción y, por la otra, en la dependencia argentina al celuloide
aprender el estilo gaucho. Culmina con Aquarela do Brasil. Este segmento musical introduce
un nuevo personaje, llamado José Carioca, el cual acompaña a Donald a visitar los lugares más
emblemáticos de Brasil con los sonidos de la samba. Los tres caballeros (1944), al igual que el film
anterior, une imágenes reales con animación. Está protagonizado de nuevo por el Pato Donald,
quien en el curso de la película se une a José Carioca, el loro brasileño de Saludos amigos, y más
tarde se une a un nuevo amigo, Panchito Pistolas, un bravo gallo con pistolas que representa a
México. Ambos films fueron realizados como un mensaje de “buena voluntad” y de “entendi-
miento” por parte de los estudios estadounidenses para América Latina, aunque otros fueron
los objetivos reales de la ciaa.
39
Apenas se inició la Segunda Guerra Mundial, el gobierno argentino declaró, el 4 de septiem-
bre de 1939, la neutralidad del país frente al conflicto, con lo que repitió la posición que había
tenido durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918). Gran Bretaña apoyó esa decisión
pues le interesaba que Argentina pudiera seguir abasteciéndola de alimentos durante la guerra.
En enero de 1942 se realizó la Tercera Reunión Consultiva de Cancilleres de las Repúblicas
Americanas en Río de Janeiro, a instancias de los Estados Unidos, que aspiraban a obtener una
decisión que obligara a la ruptura de relaciones con los países del Eje. La Argentina se opuso
a esa pretensión e influyó en forma decisiva para que se aprobara “recomendar” la ruptura, en
lugar de hacerla obligatoria.

97
Alfredo Sayus

producido en Estados Unidos, quien además de la operación llevada a cabo


en América del Sur por medio de la ciaa no reconoció al gobierno de facto
de Farrell (y este ordenó el retiro del embajador en Washington) y bloqueó el
acceso de las películas de los Estudios San Miguel a Brasil, que para 1944 ya
era un aliado de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial.
La historia bucólica instalada en el imaginario popular da cuenta del en-
cuentro entre Walt Disney y el dibujante argentino Florencio Molina Campos,
célebre por sus obras que retrataban la vida campera con un humor especial
por la fisonomía que le imprimía a sus personajes, y que dieron como resultado
varias películas animadas sobre gauchos realizadas por los Estudios Disney. Este
encuentro bien podía ser, en ese imaginario, el corolario de la gira de “buena
voluntad” emprendida por Disney, rescatando el arte nacional y llevándose a
sus magníficos estudios a uno de los mejores artistas y agudo observador de
las costumbres gauchescas.40 Pero, en realidad, esa gira de “buena voluntad”
tuvo otra finalidad, la de presionar a aquellos países que podían perjudicar la
distribución y exhibición de películas de Hollywood, y por esos años los Es-
tudios San Miguel estaban en esa línea. Así, la independencia de las empresas
cinematográficas comenzó a verse comprometida con el fin de la guerra, el co-
mienzo de la denominada Guerra Fría y el posicionamiento de Estados Unidos
como una de las nuevas potencias mundiales, por un lado, y el nombramiento
de Raúl Alejandro Apold como subsecretario de Informaciones y Prensa de
la Nación, bajo el gobierno peronista, por el otro. Apold era el encargado de
digitar la programación de los Estudios.41 A causa de este “efecto tenaza”, los
Estudios se vieron cada vez más imposibilitados de producir nuevas películas.

40
En 1942, y hasta mediados de los años cincuenta, Molina Campos es contratado como asesor
técnico de los estudios de Walt Disney para colaborar en los rodajes de El gaucho volador, Goofy
se hace gaucho, Saludos amigos, El gaucho reidor y Los tres amigos. También colaboró en la reali-
zación de la película animada Bambi, donde se distingue el estilo de los animales y los árboles
que reproduce la vida silvestre de la isla Victoria, en el lago Nahuel Huapí, ubicado entre las
provincias de Neuquén y Río Negro.
41
Raúl Alejandro Apold se inició en el periodismo en el diario yrigoyenista La Época, donde
ingresó como ordenanza y llegó a ser cronista deportivo. Trabajó luego en el diario El Mundo en
temas aeronáuticos y recorrió las oficinas gubernamentales, lo que le permitió conocer a Perón
cuando este ocupó el Ministerio de Guerra. También colaboró en las revistas El Hogar y Mundo
Argentino. Llegó a la jefatura de los cronistas acreditados en la Casa Rosada y por la misma época
conoció a Eva Duarte, que trabajaba en Radio Belgrano. Fue jefe de prensa de Argentina Sono
Film. En marzo de 1949 fue nombrado subsecretario de Informaciones de la Presidencia de la
Nación. En 1954 organizó el primer Festival Internacional de Cine de Mar del Plata. Estable-
ció listas negras que hizo cumplir dentro del periodismo, del mundo del entretenimiento, del

98
Estudios Cinematográficos San Miguel

Abel Posadas sugiere que una de las causas de la caída de los Estudios pudo
haber sido el otorgamiento indiscriminado de créditos a productoras carentes de
idoneidad en la actividad cinematográfica. Estas productoras, afines al régimen,
filmaban películas baratas en las que se explotaban figuras de moda, muchas
de ellas sin relación con el cine (1994: 235-236).42 Ante esta situación, varios
actores y directores se separaron de los Estudios para formar cooperativas de
trabajo que les resultaban más rentables. El recupero fácil de dinero a instancias
de estas películas generó que las pocas productoras que quedaban se dedicaran
a satisfacer al mercado interno, lo que les permitió a los films mexicanos figurar
inmediatamente después de los norteamericanos en Iberoamérica.
La imposición de películas estadounidenses en plena Guerra Fría por la
necesidad imperiosa de instalar la propaganda anticomunista en América Latina
y el resto del mundo occidental, sumado a la política de inversión generosa
de Machinandiarena en sus producciones cinematográficas y la persecución
peronista a los “enemigos del régimen” que condicionó a numerosos artistas,
técnicos, escenógrafos, vestuaristas, maquilladores, guionistas, productores y
directores que debieron exiliarse o se quedaron sin trabajo, también fueron
parte del “efecto tenaza” que ocasionó en 1951 el indefectible cierre de los
Estudios San Miguel y de otros del mismo período.43 No obstante, ante este
primer cierre de la cinematográfica bellavistense, comenzó a vislumbrarse la

espectáculo, de la política y de la ciencia. Fue el creador del lema “Perón cumple, Evita dignifi-
ca”. Renunció a la Subsecretaría el 4 de julio de 1955 y fue reemplazado por León Bouché. Su
renuncia fue parte de los cambios que encaró Perón para renovar su gabinete después del intento
de golpe de Estado y el bombardeo del 16 de junio de ese año.
42
Como ejemplo podemos citar las películas de Los Cinco Grandes del Buen Humor (un famoso
grupo de comediantes de los años cuarenta y cincuenta integrado por los actores Zelmar Gueñol,
Juan Carlos Cambón, Guillermo Rico, Rafael Carret y Jorge Luz), las cuales se filmaban en diez
o quince días y rendían importantes dividendos.
43
A instancias de Apold hubo exilios obligados y “voluntarios”. Algunas víctimas de esta política
fueron Libertad Lamarque, Francisco Petrone, Luis Saslavsky, Carlos Hugo Christensen, Tulio
Demicheli, Ulyses Petit de Murat, Alberto de Zavalía, Alejandro Verbitzky, Orestes Caviglia, Niní
Marshall, Delia Garcés, Susana Freyre, Arturo García Buhr, María Rosa Gallo, Camilo Da Passano,
Juana Sujo, Pedro López Lagar, Santiago Arrieta, Aída Olivier, Hugo Fregonese, Tilda Thamar,
Susana Canales, Fernando Lamas y Carlos Thompson. Otros vieron interrumpidas sus carreras
cinematográficas, como Paulina Singerman, Luisa Vehil, Miguel Faust Rocha, Niní Gambier
e Irma Córdoba. Esta situación no fue privativa del peronismo, ya que, tras el derrocamiento
de Perón en 1955, la autodenominada Revolución Libertadora también recurrió a la intensiva
persecución ideológica. Mientras la mayoría de aquellos exiliados regresaba al país, iniciaban el
duro camino del olvido o la desocupación Fanny Navarro, Malisa Zini, Eduardo Cuitiño, Pedro
Maratea, Pierina Dealessi, Mario Danesi y Perla Mux, por citar algunos.

99
Alfredo Sayus

organización de los trabajadores, quienes reunidos en cooperativa intentaron


mantener la producción de cine en los Estudios San Miguel.44
En definitiva, Walt Disney, que con sus tiernos y simpáticos personajes
animados supo conquistar el mundo infantil que aún hoy domina desde su
mítico congelador, fue el mejor agente con el que contó el Departamento de
Estado norteamericano para garantizarle a Estados Unidos la implementación de
sus políticas hegemónicas en el continente en un contexto de guerra. El efecto
colateral de esta intervención fue el debilitamiento de la floreciente industria
cinematográfica de América del Sur y en especial de la Argentina, de la cual los
Estudios San Miguel estaban a la cabeza.
Sin duda, el cine de los Estudios San Miguel presentó características de
calidad, tanto en su factura técnica como en sus aspectos actorales y argumen-
tales. Directores, productores, técnicos, guionistas, actores y actrices de los
Estudios San Miguel (y otros estudios de la época) nada tuvieron que envidiarle
a sus pares hollywoodenses; de hecho, varios de ellos trabajaron en estudios
estadounidenses. Además, el relato fílmico estaba en un pie de igualdad con los
productos de la meca del cine estadounidense. Pero todo esto no significa que
se haya podido competir con Hollywood, porque para comenzar un film hacía
falta película virgen, y cuando el film estaba terminado era necesario contar con
una cadena de distribución que garantizara la proyección de la película en la
mayor cantidad de cines posible, de aquí y del extranjero.45 Y sobre ambos ejes
operó el Departamento de Estado norteamericano, sus agentes y Hollywood,
44
Después de este primer cierre, entre 1954 y 1960 un grupo de técnicos de los Estudios San
Miguel decidieron formar una cooperativa para reactivarlo y preservar algunas fuentes de trabajo.
En ese lapso se filmaron las películas El festín de Satanás, La telaraña, Las apariencias engañan,
Fantoche, Chafalonías, Cristóbal Colón en la Facultad de Medicina, El financista y Buenas noches,
Buenos Aires. Después de ese intento, por disposición de don Miguel, quedó un grupo de veinte
personas en los Estudios encargadas del mantenimiento. Doce años más tarde, en 1972, Miguel
Machinandiarena (h) y el director de cine y teatro Willy Wullich encararon una segunda reapertura
de los Estudios. En ese período se filmaron algunas escenas de la película Nazareno Cruz y el lobo.
Este último intento de reactivación duró dos años. Entre el 7 y el 8 de septiembre de 1974 se
remataron los primeros 500 lotes (decorados, muebles, equipos técnicos, vestuarios, etcétera).
En 1975, la fábrica de whisky Hiram Walker utilizaba el lugar como depósito de bebidas. Ese
mismo año, entre cajones de whisky apilados y unos pocos decorados armados para algunas
secuencias, se filmó la película Los Irrompibles.
45
“Vicios originales de explotación hacen que las películas argentinas requieran cinco veces la
cantidad de copias que a los mismos fines utilizan los distribuidores de películas norteamericanas.
[…] En promedio, los estudios norteamericanos que comercializan a porcentaje necesitan seis o
siete copias. Los argentinos, que venden a precio fijo, necesitan más de veinte copias solo para
el mercado local y no menos de diez para el consumo en el exterior” (Chas de Cruz, 1942: 5).

100
Estudios Cinematográficos San Miguel

cuando vieron amenazada su industria por la penetración latinoamericana del


cine de los Estudios San Miguel.
¿Por qué no lo hicieron antes, cuando los Estudios San Miguel se perfilaban
como los más importantes de América Latina? Como se especificó más arriba,
es probable que la guerra y la suposición de que las producciones argentinas
no eran competitivas en el mercado internacional hayan contribuido a que la
“primera potencia” del espectáculo al principio no se preocupara, pero al darse
cuenta de la calidad del cine argentino, los estadounidenses comenzaron a
mirar hacia estas latitudes. Es en este marco que aparece Walt Disney en 1941
como un agente encubierto de la ciaa. Unos meses después, en abril de 1942,
Orson Welles también anduvo por aquí, e incluso fue agasajado en los Estudios
San Miguel. No se sabe a ciencia cierta si vino con el mismo propósito que
su compatriota, ya que, al igual que Disney, llegó enviado por el gobierno de
Roosevelt, pero otro fue el final de su gira por los países latinoamericanos.46
A este problema de neto corte internacional se sumaba, por un lado, una
tensa relación entre los Estudios y los exhibidores nacionales, en muchos casos
dueños de un circuito de cines muy amplio, que no siempre mantenían en

46
El 20 de abril de 1942, Orson Welles descendió del avión en el aeródromo de Morón,
procedente de Río de Janeiro. Vino para trabajar en los Laboratorios Alex en la preedición de
un documental sobre Brasil, que estaba filmando con apoyo del gobierno estadounidense y la
rko, el cual nunca se terminó. Su agenda en Buenos Aires incluyó una conferencia en el Teatro
Nacional Cervantes, un cóctel ofrecido por los periodistas que dos meses después fundaron la
Asociación de Cronistas Cinematográficos, un almuerzo con la junta directiva de la Academia
de Artes y Ciencias Cinematográficas de la Argentina, y un agasajo en los Estudios San Miguel.
Finalizando la jornada, se reunió a cenar con los directores de cine Luis Saslavsky y Alberto de
Zavalía, y estuvo en la entrega de premios de la Academia. Welles volvió a la Argentina de in-
cógnito y por escasos días en el mes de agosto para organizar, junto con Carlos Connio Santini
y Chas de Cruz, sus filmaciones en Brasil. Este proyecto fílmico de Welles llevaba el título It’s
All True (Todo es verdad), y, según el plan original, debía quedar integrado por cuatro episodios,
que compartían un planteo semidocumental, en los que se mostrarían aspectos turísticos de
Brasil en el marco del proyecto de “buena voluntad”, para el que también había sido enviado
Disney anteriormente. Sin embargo, mientras estaba abocado a ese trabajo, Welles se topó con
la historia de cuatro pescadores, nativos de Fortaleza, que habían atravesado 1.650 millas (2.655
kilómetros aproximadamente) en balsa para llegar hasta Río de Janeiro, ver al presidente Getulio
Vargas y solicitarle que atendiera sus precarias condiciones de vida. Welles pergeñó la posibilidad
de convertir este suceso en una película y así ayudar a que los pescadores mejoraran su situación.
Pero el trabajo del director fue mal visto por el gobierno brasileño, el cual consideró que Welles
se estaba entrometiendo en asuntos de política interna del país, y también por el de Estados
Unidos, que entendió que Welles estaba filmando películas de alegato social en lugar del proyecto
de “buena voluntad” para el que había sido enviado.

101
Alfredo Sayus

cartel las películas argentinas, y, por otro lado, los denominados circuitos de
exhibición, que fueron organizados por las distribuidoras norteamericanas.
Ante estas circunstancias, no es aventurado suponer que las conversaciones
de Machinandiarena con Perón, aunque este no tuviera gran influencia en
el gobierno por esa época, como ya se especificó, hayan influido para que el
Poder Ejecutivo, por medio del Decreto 21344/44, obligara a los exhibidores a
proyectar cine argentino a porcentaje.47 A ese decreto se sumaba la Ley 12999,
del mismo año, que fijaba cuotas de pantalla y porcentuales para la proyección
de films nacionales.
En 1950, ya con un Perón fortalecido en las instancias gubernamentales
e interesado en la producción y distribución del cine nacional, esa ley fue
modificada por la 13651, que estableció la obligatoriedad de proyección de
cine nacional en las salas de barrio durante 26 semanas por año. También en
ese año se estableció un recargo en el precio de la entrada con el propósito de
solventar la producción cinematográfica local y, de paso, la Fundación Eva Pe-
rón.48 Además, desde 1948 el Banco Industrial otorgaba créditos sin garantías
de devolución, a lo que deben agregarse los “préstamos” (que pocos estudios
se encargaron de reintegrar) como el de Fomento, que cubría hasta el 70% del
costo del film terminado, y el Especial, que cubría hasta el 70% del costo del
proyecto a filmarse, siempre que fuera sobre temas de “divulgación argentina”.49
Asimismo, se restringieron los permisos de estrenos extranjeros, pero esto redujo
47
El Decreto 21344/44 de protección a la industria cinematográfica argentina, probablemente
impulsado por Perón desde la Secretaría de Trabajo y Previsión Social, que entró en vigencia a
partir del 1 de enero de 1945, disponía, entre otros puntos, que las salas de primera línea tenían
que exhibir una película nacional por mes; que las salas de la zona céntrica tenían que exhibir 7
días de cada mes películas nacionales al porcentaje; y que todas las salas del país tenían que exhibir
15 días (incluidos dos sábados y dos domingos), cada 35 días, películas nacionales al porcentaje.
48
El incremento fue de 40 centavos por localidad. De la recaudación total, el 59% era destinado
al fomento de largometrajes nacionales. De ese porcentaje, el 2% era para la obra social y la
mutual del Sindicato de la Industria Cinematográfica Argentina (sica), el 5% era para estímulo
de cortometrajes, el 4% era para la obra social de los empresarios cinematográficos, y el 32%
iba para la Fundación de Ayuda Social María Eva Duarte de Perón.
49
El Banco de Crédito Industrial Argentino fue creado en abril de 1944 por medio de un decreto
del Poder Ejecutivo Nacional. El objetivo central era dotar a la economía argentina de mayor
capital circulante a plazos largos y financiar inversiones de todo tipo destinadas a la industria, y
ocupar así el espacio que anteriores proyectos y sistemas propuestos le delegaban al Banco Central
y a los bancos comerciales. Durante el período 1946-1954, coincidiendo con la promulgación
de la primera Ley de Cine y la organización del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata,
se fomentó la industria a través de créditos, préstamos y subsidios del Banco Industrial, cuyo
comité estaba integrado por Raúl Alejandro Apold; Oscar Cacici, asesor letrado de la Asociación

102
Estudios Cinematográficos San Miguel

en un 30% la asistencia del público a los cines, que comenzaba a ser seducido
por las películas de otros países, principalmente films norteamericanos y mexi-
canos, a la vez que cobraba fuerza en el imaginario colectivo la idea de un cine
nacional paupérrimo. Al respecto, dice César Maranghello:
Tantas facilidades para el enriquecimiento rápido acercaron a la producción
a improvisados y aventureros. Malas películas que ni siquiera se estrenaban
recibían los beneficios económicos con solo hacerse. Proliferaron las em-
presas dedicadas a las películas de “clase B”. La protección indiscriminada
agravó los vicios de producción sin compensar las pérdidas de un cine
que ahuyentaba a su público. Sobrevino la quiebra de algunas empresas,
algunas de reciente fundación (Emelco, Interamericana, Mapol), y otras
sobrevivieron con múltiples dificultades (Lumiton, efa, San Miguel). […]
En resumen, se cayó en la miseria intelectual por excesivo afán de lucro,
se eludió el enjuiciamiento político o social (aun alegóricamente) y se
frecuentó el escapismo. Tampoco se renovaron ni mejoraron los equipos
técnicos, obsoletos y antieconómicos (1984: 95).

A esta situación se sumaron, también, los primeros planteos sindicales.

De agica a sica. ¡Los trabajadores en acción!

Muchachos, formen un sindicato, júntense, ustedes no tienen horario, me


cuenta Eva que los están explotando, que duermen en los estudios. Júntense,
porque si no, los pueden echar en cualquier momento.50

La organización gremial de los técnicos y obreros de los Estudios coincide con


el período en que Perón dirigía la Secretaría de Trabajo y Previsión Social y
mantenía un estrecho vínculo con los trabajadores, antes de que sus camaradas
militares del gobierno lo destituyeran de ese cargo, del de vicepresidente de la
Nación y del de ministro de Guerra, los cuales ocupó previamente al afianza-
miento del peronismo en el país.

de Productores de Películas Argentinas (appa); Ángel Battista Mentasti, de Argentina Sono Film;
José Guerrico de Lumitón y Miguel Machinandiarena.
50
El entrevistado hace referencia a un comentario que les hacía Juan Domingo Perón cuando iba
a los Estudios San Miguel a buscar a Evita (“El fin de los estudios, 1955-1972”, entrevista a Aníbal
Di Salvo, Revista del Sindicato de la Industria Cinematográfica Argentina, septiembre de 1988).

103
Alfredo Sayus

En estas circunstancias de ebullición obrera, la organización de los traba­


jadores cinematográficos no fue la excepción, en ese ambiente de luchas, re-
clamos y reivindicaciones que los trabajadores exigían en empresas de distinto
ramo. Tampoco estuvieron exentos de las internas y acaloradas discusiones que
implicaba la formación de un gremio. Ante esa realidad social y política, el 2 de
septiembre de 1944 se constituyó la primera comisión directiva de la Asociación
Gremial de la Industria Cinematográfica Argentina (agica).51

51
Los integrantes de esa primera comisión fueron los siguientes. Presidente: Francisco Uzal
(Lumiton); vicepresidente: Jorge Mobaied (Argentina Sono Film); secretario: Francisco Tejeira
(Estudios San Miguel); prosecretario: Pablo Tomeo (efa); tesorero: José Suárez (Estudios San
Miguel); protesorero: Alejandro Bousquet (efa); vocales: Luis Rissi (Pampa Film), Enrique Vico
(Independiente), Pedro Marzialetti (Lumiton), José Denicolay (side), Vicente Casco (Pampa
Film), Alberto Vescina (Lumiton), Julio Alcaraz (Maquillaje), Nelio Melli (Lumiton) y Ermete
Lenain (Ceibo Film); delegados de estudios, laboratorios y noticiarios acreditados ante la co-
misión directiva: Alberto Fernández (efa), Luis Rissi (Pampa Film), Jorge Mobaied (Argentina
Sono Film), Fermín Ocampo (side), Ermete Lenain (Ceibo Film), Ángel Zavalía (Lumiton),
Juan Romero (Estudios San Miguel), Horacio Calvano (Laboratorios Alex), Enrique de Tomás
(Noticiarios), José Centeno (Fotografía), Aurelio Rugieri (Tecno Film); subcomisión de Prensa
y Propaganda: Ermete Leanin, Enrique Vico, Enrique de Tomás, José Rivera, Felipe de Angelis,
Fernando La Greca, Juan Romero, Pablo Tomeo y Gonzalo Palomero. La comisión comenzó a
funcionar en una casa de la calle Bernardo de Irigoyen, en la ciudad de Buenos Aires.

104
Estudios Cinematográficos San Miguel

La incorporación de los trabajadores de los Estudios San Miguel a la agica


comenzó en el período en que se filmaba La cabalgata del circo. No es extraño
que la organización gremial se haya iniciado por esa época, ya que, como se
detalla más arriba, Eva Duarte actuaba en esa película y Perón solía ir a buscarla
a los Estudios al finalizar las jornadas de trabajo, en las que aprovechaba para
dialogar con los obreros y los técnicos. Por otra parte, aun pagando los mejores
sueldos del mercado, los Estudios San Miguel tenían fama de imponer una dis-
ciplina muy rígida a los técnicos, para los que no había descanso ni merienda,
ni el pago de horas extras. En 1946, con el inicio de la filmación de El pecado
de Julia, los obreros y otros empleados del Estudio afiliados a la agica iniciaron
el trabajo a desgano.
A los inconvenientes que ya estaban teniendo los Estudios San Miguel
por la poca aceptación de sus películas en América Latina, la competencia con
México apoyada por Estados Unidos, la falta de película virgen y las presiones
del gobierno peronista que, por un lado, subsidiaba al cine nacional y, por
el otro, perseguía a actores, actrices, guionistas, directores y productores que
no eran peronistas y controlaba hasta el detalle los guiones de los films, se le
sumaba ahora la organización gremial, que presionaba a Machinandiarena por
mejores condiciones de trabajo y aumentos salariales. Lo irónico de esto era
que, como ya se dijo, los Estudios San Miguel fueron de los pocos del período
que no escatimaban inversión económica a la hora de producir sus películas.
La agica no solo velaba por sus afiliados puertas adentro sino que también
tomaba posición en el momento de defender las producciones nacionales, lo
que implicaba, en definitiva, defender el trabajo de los obreros y técnicos del
cine argentino. Así, ante la negativa mexicana de proyectar películas argentinas,
cuando las de México ocupaban casi la cuarta parte de las carteleras en las salas
de nuestro país, la Comisión Directiva de la agica envió en 1944 una carta al
Sindicato de Trabajadores de la Industria Cinematográfica azteca para solicitarle
explicaciones sobre los motivos que impedían que las producciones argentinas se
vieran en aquel país. De uno de los párrafos de la extensa misiva, se desprende:
agica, según rumores llegados a su mesa directiva, tiene entendido que el
principal obstáculo con que tropiezan nuestras películas tiene su origen
en gestiones realizadas por el Sindicato de Trabajadores de la Industria
Cinematográfica. […] en el terreno gremial debe recordarse que todos los
obreros del mundo tienen derecho a la vida y que un miembro del sindicato
puede ser mañana un compañero más de la agica. Es por ello que solicita-
mos al compañero secretario general [del sindicato mexicano] información

105
Alfredo Sayus

completa al respecto, en la seguridad de que su respuesta orientará nuestras


gestiones y que la agica no tendrá que verse en la dolorosa disyuntiva de
permitir que se lesionen los intereses de sus asociados o de colocarse en el
terreno de solicitar a su vez medidas que lastimarían nuestros sentimientos
de confraternidad y nuestros ideales de obreros conscientes.52
Con el peronismo fortalecido en el gobierno, continuó el impulso para la
organización y el apoyo de los gremios que le eran afines. Pero la agica perdió
su personería gremial como consecuencia de una medida de fuerza llevada a
cabo en 1948, probablemente por la heterogénea formación de su comisión
directiva, en la que convivían peronistas, radicales, socialistas y comunistas,
y por la imposibilidad de Perón de ejercer un control total sobre esa diver-
sidad de dirigentes. Tras esto, la agica se convirtió en el sica (Sindicato de
la Industria Cinematográfica Argentina).53 Eva Duarte, por su vinculación
con el medio y la fuerte presencia que tenía desde el gobierno, digitó quiénes
serían los que manejarían el flamante sindicato, en el que puso al frente a su
peinador personal y, antes que a las actrices de los Estudios, a Julio Alcaraz y a
otros dirigentes allegados al peronismo.54 No exento de internas, en el gremio
se produjo un enfrentamiento muy duro entre la dirigencia y los afiliados que
no eran peronistas, lo que, en 1953, generó el desplazamiento de Alcaraz y de
varios integrantes de la comisión directiva cercanos al gobierno.55 Evita había
muerto y Alcaraz ya no tenía un respaldo fuerte en su función sindical.
52
Carta de la agica al Sindicato de Trabajadores de la Industria Cinematográfica de México
(1944). En Revista del Sindicato de la Industria Cinematográfica Argentina (sica). Septiembre
de 1988, edición especial por el 40 aniversario, p. 9.
53
El sica se creó el 7 de septiembre de 1948. En septiembre de 1953 pasó a funcionar en su
sede actual, sobre la calle Juncal 2029, en la ciudad de Buenos Aires, en reemplazo de la vieja
casona de la calle Bernardo de Irigoyen.
54
Revista del Sindicato de la Industria Cinematográfica Argentina (sica). Septiembre de 1988.
En un reportaje, le preguntan a Di Salvo: “¿Quién estuvo [al frente de la comisión directiva] entre
Uzal, de la agica, y Martínez, del sica?”. Y él responde: “Ahí estuvo Alcaraz, que lo pone directa-
mente Evita, y mi esposa, Rosa Elvira Rundín, que era la ayudante de Alcaraz. Bueno, entre ellos y
nosotros conseguimos esta casa, en la que funciona hoy el sica. Después de eso hay un enfrentamiento
bastante duro y salta Alcaraz y asume Cantaluppi. Ya después viene Martínez”. Alcaraz tenía el carnet
Nº 001 del sica. Conoció a Evita cuando él peinaba a los actores y a las actrices de cine. Desde
ese momento se hicieron amigos, y don Julio (como lo llamaban) cumplió con su promesa de no
dejarla “ni después de muerta”. Así fue que en la sala donde la embalsamó el Dr. Ara, solo estaba
Julio junto a ella. Más de una hora empleó el peluquero en realizar el último peinado de Evita,
no sin antes cortar un largo mechón de pelo que quería guardar para la madre de Eva Duarte.
55
La comisión directiva que asumió en 1953 estaba integrada de la siguiente manera. Secretario
general: Horacio Cantaluppi; secretario adjunto: Ángel Zavalía; secretario de actas: Ramón

106
Estudios Cinematográficos San Miguel

La lucha de los trabajadores, por momentos, se emparentó con el reclamo


de los productores y de los dueños de los Estudios, por la falta de película
virgen y la negativa de los exhibidores a proyectar películas argentinas, algu-
nos de ellos presionados por las distribuidoras y los estudios estadounidenses,
otros porque les convenía proyectar cine extranjero.56 Francisco Uzal sostenía:
“Ellos [los exhibidores] miraron y miran el cine desde el ojo del bolsillo. Decían que
preferían el cine extranjero porque les redituaba más, un argumento mercantil”.
Ese argumento mercantil que mencionaba Uzal se fortalecía con su apreciación
respecto del renovado gusto del público por las películas extranjeras, lo que a
su vez tenía su correlato en la mala calidad argumental en la que había caído
el cine argentino de entonces. Obviamente, la carencia de película virgen y la
pulseada permanente con los exhibidores locales, esta última canalizada a través
de las medidas tomadas por el Estado, afectaba a los técnicos, a los obreros y
a los productores por igual.
A esta situación se agregaban las medidas de fuerza por mejoras salariales
y las protestas por las jornadas laborales con horarios desmedidos y sin reco-
nocimiento de horas extras. Respecto de estos últimos puntos y, como ya se
explicó, aun siendo los Estudios San Miguel de los más generosos a la hora de
desembolsar dinero, Sacconi y Bugallo coinciden en que, en el momento más
alto de la crisis de los Estudios, Machinandiarena realizó en 1951 una reunión
con todo el personal para informarles de la imposibilidad de continuar con
el ritmo de trabajo que venían sosteniendo los Estudios San Miguel, y para

Martínez; tesorero: Pascual Giúdice; protesorero: Manuel Núñez; vocales: Esteban Guzzi, Raúl
Rojas, Domingo D’Atri, José Serra, Oscar Rodríguez, Francisco Miranda, Alberto Gropalo,
Italo Fragelli, Juan Carlos Gutiérrez, Gonzalo Palomero, Nicasio Aquino, Francisco Gatti, Jorge
Oyarzabal, Rogelio Rocino y Susana Galup. Después del golpe de Estado de 1955, asumió como
secretario general Ramón Martínez, hasta 1973.
56
“Un problema muy grave fue la falta de celuloide. Hicimos una movilización a la embajada de los
Estados Unidos para reclamar por ese tema. Fueron momentos de mucha tensión, miles de familias
quedarían en la calle si no se importaba material virgen, y acá no había producción. Ellos lo adju-
dicaban a la Guerra Mundial. Nosotros le dijimos en ese momento al embajador de Estados Unidos
que negarse a vender material era un hecho ciertamente hostil, que nos perjudicaba enormemente”
(“Los trabajadores estuvimos al frente de todas las luchas por los estudios”, entrevista a Francisco
Uzal, Revista del Sindicato de la Industria Cinematográfica Argentina, septiembre de 1988). La
movilización se realizó el 4 de julio de 1945, día de la independencia de los Estados Unidos.
Unos 1.500 afiliados de la agica exigieron que los recibiera el embajador, Spruille Braden, que
hizo pasar a los representantes gremiales, y, tras escuchar su reclamo, su única respuesta fue que
no vendría un solo metro de película mientras no se derogara el Decreto 21344 de protección
del cine argentino.

107
Alfredo Sayus

reconocer que solo podía hacerse cargo de un equipo de filmación.57 El sica


perdía así la pulseada con los Estudios San Miguel, pero no por incompetencia
de su dirigencia o por una hábil jugada empresarial, sino por una crisis terminal
que ya había minado toda la industria cinematográfica argentina.

Todo por los Estudios

Luego de esa asamblea, los Estudios cerraron. Algunos años antes, en 1949,
cuando los síntomas de la crisis comenzaban a vislumbrarse, el clan Machi-
nandiarena resolvió la constitución de los Estudios San Miguel Sociedad
Anónima Cinematográfica Industrial y Comercial, con un capital de 800.000
pesos (Kohen, 2000: 387). El objetivo de la sociedad era producir, distribuir,
adquirir o enajenar y explotar directa o indirectamente toda clase de películas
cinematográficas, así como explotar salas de exhibición. En 1950 se modificó
un artículo del expediente societario que determinó un orden para la realización
de operaciones bancarias y financieras de los Estudios, en el que se jerarqui-
zó la relación con el Banco Industrial, el Banco de la Nación Argentina, el
Banco Hipotecario Nacional y el Banco de la Provincia de Buenos Aires. Por
esa época, la sociedad también fijó un capital autorizado de cuatro millones

57
Enrique Sacconi era un vecino de Bella Vista que trabajó en la sección Herrería de los Estudios
San Miguel entre los años 1948 y 1950. Domingo Bugallo, que también vivía en Bella Vista,
ingresó a los Estudios en 1940 como peón y se formó profesionalmente allí, luego se desempeñó
como reflectorista y más tarde como camarógrafo. En 1947 se fue a trabajar a otros estudios,
y regresó a los Estudios San Miguel en 1950. Cuando los Estudios San Miguel cerraron, fue
vicepresidente de la cooperativa que se creó allí (ver nota al pie 44). A continuación se repro-
duce un fragmento de una entrevista a Sacconi realizada por el autor: “[A Machinandiarena]
lo recuerdo muy bien. El hombre iba a tomar el avión ese día para ir a Italia, nos reunió y nos dijo
que se iban a cerrar los Estudios ‘porque el señor Perón no me permite trabajar, y por ustedes, que
están tan gremializados, yo me veo en la obligación de cerrar, porque en estas condiciones yo no estoy
acostumbrado a trabajar, señores, de acá me voy a Italia’. Tanto es así que tenía el pasaje en la mano.
También dijo: ‘Señores, desde hoy existe la posibilidad de que ustedes me hagan un juicio, pero les
advierto que los juicios los acepto en forma individual, no en grupo ni en forma sindical’. Y yo pensé,
para mis adentros, que quién se iba a animar en forma individual con un hombre de tanta fuerza
y poder económico. Yo no le iba a ganar”. Y un fragmento de una entrevista a Domingo Bugallo:
“Los Estudios San Miguel se cierran por una cuestión más bien política y sindical. Se llama a una
asamblea y todo el mundo dice: ‘o todos o nadie’. Don Miguel [Machinandiarena] quería que quedara
un solo equipo; podía hacer aguantar a un solo equipo por las cuotas que tenía de película virgen. Lo
de ‘o todos o nadie’ lo propuso el sindicato, porque decían que Perón le iba a declarar el lockout a los
Estudios. (…) Después de esto se cerraron” (Sayus, 1995).

108
Estudios Cinematográficos San Miguel

de pesos, divididos en diez series de 400.000, dos de las cuales ya se habían


emitido en 1949, y el directorio quedó facultado para emitir las ocho series
restantes cuando lo creyera conveniente, y podía incrementarse el capital en
dos millones de pesos más.58
Ya con los Estudios cerrados, en la asamblea societaria realizada el 21 de
enero de 1954, se decidió incrementar el capital en los dos millones de pesos
previstos. La intención de Machinandiarena era poder demostrar que la socie-
dad contaba con el aval suficiente para reabrir los Estudios San Miguel. Sin
embargo, en agosto de ese año el expediente fue rechazado debido a que no
se habían emitido las series por los cuatro millones de pesos especificados en
el expediente anterior, requisito indispensable para el incremento de los dos
millones restantes. En definitiva, todas las gestiones realizadas desde enero
de 1952 con el objetivo de reabrir los Estudios fracasaron (Kohen, 2000: 389).59
Los intentos por poner nuevamente en funcionamiento los Estudios San
Miguel no cesaron y Machinandiarena continuó reclamando, a la vez que
incorporaba nuevos bienes a los Estudios San Miguel Sociedad Anónima Cine-
matográfica Industrial y Comercial con el fin de garantizar el capital que exigía
la Inspección General de Justicia. De este modo, se incorporaron al patrimonio
de la sociedad cuatro terrenos ubicados en Bella Vista, valuados en 2.900.000
pesos, y el Parque Balneario La Salada, pero todo esto no fue suficiente.60 Sin
embargo, es importante destacar que las dificultades para que se viabilizara ese
expediente no fueron de corte político-ideológico, ya que fue objetado por
funcionarios de los gobiernos de Perón, Lonardi, Aramburu, Frondizi, Guido,
Illia y Onganía.61

58
Con este incremento de capital, que cumplía con los requisitos exigidos por la Inspección
General de Justicia, el Poder Ejecutivo Nacional firmó el decreto que autorizaba el funcionamiento
de la nueva sociedad el 3 de mayo de 1950.
59
Un informe del Banco Industrial del 31 de diciembre de 1954 dice: “Existe otro grupo de
empresas, entre las que se encuentran Lumiton, efa, Interamericana, Estudios San Miguel y Emel-
co, que, habiendo producido los años anteriores regularmente, han experimentado fuertes pérdidas
que los obligaron a paralizar sus actividades. Las causas de esta situación se hallan en la falta de
capacidad de sus directores o en disidencias internas, y las perspectivas de recuperación se estiman
sumamente problemáticas, pues, en su mayoría, se encuentran en liquidación por orden judicial”.
Machinandiarena refutó este informe en una carta publicada el 1 de junio de 1956 en el Heraldo
del Cinematografista, en la que denunciaba una actitud persecutoria del Banco.
60
Uno de esos terrenos había sido escriturado en 1931 y los otros tres en 1945. El boleto de
compra-venta del barrio Parque La Salada fue firmado el 8 de agosto de 1952.
61
Las objeciones de la Inspección General de Justicia realizadas por los funcionarios de cada uno
de esos gobiernos siempre fueron respecto al incremento del capital societario, dado que este no

109
Alfredo Sayus

Cuando el expediente fue resuelto en 1970, ya nada podía salvar lo que


quedaba de los Estudios San Miguel. Fue en este marco que el intento de rea-
pertura que realizaron Miguel Machinandiarena (h) y Willy Wullich en 1972
también fracasó, por un lado debido a la obsolescencia que presentaban las
galerías y los equipos técnicos de los Estudios, y por otro lado por las nuevas
formas de producción que imperaban por entonces en el cine argentino, que
ya no necesitaban de los Estudios.
Una nueva etapa comenzaba para la producción cinematográfica, en la que
la estética de los directores nóveles estaba orientada a la utilización de locaciones
naturales y se experimentaban otras dinámicas y otras formas de producción
que serían el preludio del nuevo cine de los años sesenta. Comenzaba así una
década influida por el cine europeo y cuyos objetivos fueron desmitificar la
temática de los Estudios, con realizadores provenientes del cortometraje, la
novela, el ensayo, la crítica, y de los propios estudios cinematográficos, que
iniciaban su decadencia.
De esta forma y por un cúmulo de situaciones que excedieron holgada-
mente las decisiones internas de don Miguel Machinandiarena y sus socios,
aunque estas también fueron parte de ese cúmulo de situaciones, los Estudios
San Miguel cerraron sus puertas definitivamente.

A modo de conclusión

¿Habrían podido los Estudios San Miguel competir con Hollywood? De casi
todos los productores cinematográficos del período, Narciso Machinandiarena
fue el único que diversificó sus negocios más allá del cine. Casinos y piletas de
natación populares eran actividades que, si bien tienen que ver con el entre-
tenimiento, no estaban vinculadas a la producción de películas. Sin duda, los
Estudios San Miguel fueron para Machinandiarena un negocio más, pero ¿su
interés era meramente comercial o tenía alguna visión cultural de la significancia
del cine en el período?
Estos interrogantes surgen a partir de la demora de Machinandiarena en
comenzar a filmar, aun teniendo los estudios terminados y en condiciones para
presentar sus producciones. Por otra parte, su incursión en diferentes actividades
coincidía con la finalización del ciclo de su actividad anterior. Así, cuando ya

cubría las expectativas formales de la igj como capital suficiente para que se pudiera concretar
la reapertura de los Estudios.

110
Estudios Cinematográficos San Miguel

no pudo explotar los casinos, invirtió en el Balneario Parque La Salada, y su


llegada a la producción cinematográfica pareció tener más que ver con “el gusto
por hacer cine” que con la idea integral de “producir cine”, aunque es innegable
que la inversión en los Estudios San Miguel fue de una importancia superlativa.
De acuerdo con declaraciones de Miguel Machinandiarena (h), su padre
habría derivado dinero de los casinos para la construcción de los Estudios y la
posterior producción de películas. De todos modos, y ante la “demora” para
empezar a filmar en los Estudios San Miguel, la preocupación de Machinan-
diarena estaba centrada en mostrar que tenía un estudio de cine innovador
y moderno para hacer películas, más que en hacerlas concretamente. Como
productor, dejó pasar el mejor momento del período de oro de los Estudios.
La concesión de los casinos le proveían cuantiosas ganancias que, tal vez,
Machinandiarena no tenía intención de declarar, y la excusa de inversiones
millonarias orientadas a la producción cinematográfica podrían haber sido
un buen salvoconducto a la hora de tener que rendir cuentas de los ingresos
provenientes del juego. Como fuere, también demostró querer llevar sus pelí-
culas al resto del mundo, para lo cual creó una distribuidora exclusiva de los
Estudios San Miguel, a la vez que contrataba a los actores, actrices, técnicos,
guionistas y directores más renombrados del momento, de aquí y de Europa,
especialmente españoles.
Sus vinculaciones con los gobiernos de Fresco en la provincia de Buenos
Aires y de Perón a nivel nacional también fueron claves en el momento de in-
tentar obtener prebendas para sus negocios, incluidos los Estudios San Miguel,
muchas veces sin éxito. Por otra parte, no es menos cierto que en la historia del
cine nacional se lo recuerda más a Machinandiarena como productor cinema-
tográfico que como concesionario de casinos o explotador de piletas populares.
Claro que esto puede tener que ver con la difusión que tenía el cine en el período,
como uno de los entretenimientos de masas de gran alcance en la población.
Tampoco es menos cierto que, siendo los estudios de mayor envergadura
tecnológica del período y aun estando subsumidos por uno de sus contrincan-
tes, Argentina Sono Film, amparado este por Raúl Alejandro Apold, que como
antiguo jefe de prensa de estos estudios y posterior subsecretario de Informa-
ciones de la Presidencia de la Nación con Perón le concedía a Argentina Sono
Film créditos, fechas de estreno favorables y otras prebendas, los Estudios San
Miguel estuvieron en la mira de Hollywood, que pretendía ganar mercados
en América Latina a través del apoyo a la cinematografía mexicana –de la que
obtenía grandes dividendos coproduciendo sus películas– y de la venta de
fílmico virgen. Otro hecho preocupante para el cine estadounidense era que

111
Alfredo Sayus

las películas argentinas (de los Estudios San Miguel y de otros estudios) eran
vistas en las zonas urbanas de Latinoamérica, donde el cine mexicano no tenía
cabida, y este era el mercado que Hollywood quería copar.
¿Esto era suficiente para competir con la “meca del cine”? No lo creo. Si bien
las producciones de los Estudios San Miguel eran de una alta calidad técnica,
aun aunque muchas de ellas abordaran temáticas populistas de corte pasatista,
el interés de los estudios hollywoodenses no estaba puesto en las películas en
sí sino en imponer sus producciones en el resto del mundo, o, por lo menos,
en el resto de América, y a eso apuntaron. Es decir que la competencia era
meramente por el rédito de pantalla y no por la calidad de los films.
De todas maneras, la fábrica de sueños de película sigue grabada en la
memoria de los vecinos de Bella Vista, incluso con aquella ilusión de haber
competido con Hollywood. Como se especifica en este trabajo, algunos de esos
hechos que relatan los memoriosos fueron ciertos: los Estudios San Miguel,
en el período de surgimiento de los estudios cinematográficos, fueron los más
grandes y mejor provistos de América Latina, y sus producciones guardaron
las características de calidad exigidas en aquellos tiempos.
Podemos asegurar, entonces, que los Estudios Cinematográficos San Miguel
supieron reflejar la gloria del cine de los años cuarenta y cincuenta, cuando
ir a ver una película era algo cotidiano y auspicioso para el pueblo argentino.

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Estudios Cinematográficos San Miguel

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Otras fuentes
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113
Alfredo Sayus

“El fin de los estudios, 1955-1972”, entrevista a Aníbal Di Salvo. Revista del Sin-
dicato de la Industria Cinematográfica Argentina, septiembre de 1988.
“Los trabajadores estuvimos al frente de todas las luchas por los estudios”,
entrevista a Antonio Uzal. Revista del Sindicato de la Industria Cine-
matográfica Argentina, septiembre de 1988.

114
Trabajar en el Hospital de Campo
de Mayo. El caso de los profesionales
de la salud durante la dictadura (1976-1983)
Clara Sarsale

La porosidad de Campo de Mayo

Durante la última dictadura militar funcionaron varias maternidades clandes-


tinas en las que las mujeres secuestradas parieron a sus hijos, los cuales luego
fueron entregados a familias de militares o cercanas a ellas. Estos espacios
tuvieron distintos niveles de organización y sistematicidad. Es emblemático el
caso del centro clandestino de detención que funcionaba en la Escuela Supe-
rior de Mecánica de la Armada (esma), donde había un cuarto destinado a las
embarazadas; un prefecto, Héctor Antonio Febres, que se ocupaba de comprar
ajuares para los bebés; y un vicealmirante, Rubén Jacinto Chamorro (el director
de la esma), que se jactaba, según diversos testimonios, de tener su “pequeña
Sardá”.1 Hay otros casos conocidos, como el de la Comisaría Quinta de la
ciudad de La Plata o el Pozo de Banfield. También existen registros de partos

* Agradezco las atentas y dedicadas lecturas de Emilio Crenzel, Santiago Garaño y Juan Gandulfo,
las cuales han permitido mejorar este artículo, y muy especialmente a Daniel Lvovich por la invi-
tación a participar en este libro, por la confianza y por los comentarios siempre enriquecedores.
1
La denominación hace referencia a una reconocida maternidad de la ciudad de Buenos Aires:
Hospital Materno-Infantil Ramón Sardá, fundado en 1934. Sara Solarz de Osatinsky y Ana
María Martí, entre otras testimoniantes, han hecho referencia a esta denominación en diversos
momentos. Así aparece citado en el Nunca Más: “El entonces director de la esma, el capitán de
navío Rubén Jacinto Chamorro, acompañaba personalmente a los visitantes, generalmente altos

115
Clara Sarsale

clandestinos en hospitales públicos, como en el Isidoro Iriarte de Quilmes,2


o en clínicas privadas, como en el Instituto Privado de Pediatría de Paraná.3
Teniendo en cuenta este panorama y habiéndose establecido la existencia
de un plan sistemático de apropiación de menores,4 ¿cuál es la especificidad de
la maternidad clandestina de Campo de Mayo? Esta guarnición es sumamen-
te reconocida por el lugar que ocupó en la trama represiva durante la última
dictadura. Pese al gran número de personas que fueron secuestradas allí, hay
muy pocos sobrevivientes. Es por esto que las posibilidades de recuperar las
historias de quienes permanecieron allí secuestrados, así como el funciona-
miento clandestino de la guarnición, ha sido muy dificultoso, y los resultados
muy fragmentarios.
mandos de la Marina, para mostrar el lugar donde estaban alojadas las prisioneras embarazadas,
jactándose de la Sardá […] que tenían instalada en ese campo de prisioneros” (1984: 303).
2
Al Isidoro Iriarte fue llevada a dar a luz Silvia Mabel Isabella Valenzi, quien se encontraba
secuestrada en el centro clandestino de detención denominado “Pozo de Quilmes”. La enfermera
y la partera registraron el nacimiento en el libro de partos y dieron aviso a la familia de Valenzi.
En los días posteriores, las dos profesionales de la salud fueron secuestradas y desaparecidas
(Nunca más, 1984, 306-307).
3
Raquel Carolina Ángela Negro fue secuestrada en 1978 en el centro clandestino de detención
“Quinta de Funes”, cerca de Rosario (Santa Fe), estando embarazada de mellizos. En el momento
del parto, la llevaron al Hospital Militar de Paraná. Al día siguiente del nacimiento, los mellizos
fueron derivados al Instituto Privado de Pediatría de Paraná (Entre Ríos) por el estado de salud
de uno de ellos. De allí fueron entregados y apropiados por distintas familias. Ocupó un rol
central en el conocimiento de los hechos el testimonio de Imelda Prinic, una de las enfermeras
que trabajó en el ipp y que brindó posteriormente testimonio en la causa del Hospital Militar
de Paraná. Hasta el día de hoy solo se ha restituido la identidad de Sabrina Gullino.
4
Según estableció el Tribunal Oral en lo Criminal Federal Nº 6, en todos los casos analizados
se procedió de la siguiente forma: las madres de los niños fueron víctimas de la acción represiva
de las fuerzas estatales, y los niños quedaron a disposición de estas. A excepción de una, todas
las madres fueron asesinadas después de dar a luz. Los niños nacidos en cautiverio o secuestrados
no fueron en ningún caso devueltos a sus familias ni se les dio información. Por el contrario, la
mayor parte de los niños fueron entregadas con documentación falsa a familias de integrantes
de las Fuerzas Armadas y de Seguridad o vinculadas a ellas. En algunos casos fueron dados en
adopción, aunque no hubieran sido abandonados y su familia los buscara. A modo de conclusión,
el tof señaló: “Así pues […] corresponde concluir que tales sucesos han sido llevados a cabo de
un modo generalizado y sistemático, por cuanto ha podido acreditarse la comisión de múltiples
actos con características análogas y con una estrecha vinculación entre sí, los que, asimismo,
fueron ejecutados siguiendo determinados patrones en cuanto a su ejecución y evidenciando una
modalidad comisiva común. Ello constituyó una ‘práctica’ generalizada y sistemática de sustrac-
ción, retención y ocultamiento de menores de edad, haciendo incierta, alterando o suprimiendo
su identidad, ejecutada en el marco del plan general de aniquilación que se desplegó sobre parte
de la población civil […]” (2012, f. 959).

116
Trabajar en el Hospital de Campo de Mayo

La guarnición de Campo de Mayo, además, hunde sus raíces en la historia


política del siglo xx. Creada durante la presidencia de Julio Argentino Roca,
fue luego el lugar donde se gestaron varios golpes de Estado. Campo de Mayo
es, también, el articulador de los barrios aledaños; estos han crecido a la luz de
la guarnición, para abastecerla,5 o como lugar de residencia de quienes trabajan
allí. Campo de Mayo, a diferencia de lo que pasaba en otros predios como la
esma, no era una guarnición completamente cerrada; podía ser atravesada por
civiles ya que por sus calles internas transitaban colectivos de línea, y por allí
se podía circular.6
Campo de Mayo cuenta además con un hospital, donde funcionó una
maternidad clandestina, la cual también era un área permeada por lo civil.
Allí se atendían el personal militar de la guarnición, sus familiares (es por esto
que existía el área de ginecología y obstetricia) y otras personas autorizadas.
Asimismo, los trabajadores del nosocomio (médicos, enfermeras, radiólogos,
administrativos, etcétera) podían ser tanto militares como civiles, aunque los
puestos jerárquicos solo podían ser ocupados por uniformados. En el caso
de los profesionales civiles, muchas veces también trabajaban en otros hospi-
tales de la zona, lo que reforzaba los lazos entre el “afuera” y el “adentro” de
Campo de Mayo. En paralelo al servicio ordinario, funcionó en el pabellón
de Epidemiología una maternidad clandestina. En esta, los médicos militares
–especialmente el jefe de obstetricia Julio Casserotto y el traumatólogo Atilio
Bianco, junto con Agatino Di Benedetto, el director del hospital– eran los que
estructuraban la logística y el funcionamiento. Bajo sus directivas, los civiles
atendieron a las embarazadas en los días previos y posteriores al parto, y tam-
bién durante este. Según se estima, en Campo de Mayo estuvieron detenidas
alrededor de treinta y cinco mujeres embarazadas.7
El hospital continuaba funcionando “normalmente”, al tiempo que se
establecía allí una maternidad clandestina. Campo de Mayo seguía siendo la

5
Con solo caminar por sus inmediaciones se pueden observar negocios que venden insumos
para los soldados (mochilas, partes de uniformes, etcétera) y peluquerías que ofrecen “corte de
pelo para soldados” o descuentos para estos.
6
Esto no significa que pudiera transitarse libremente por la guarnición, ni acceder a los secto-
res específicamente destinados a las personas secuestradas, pero sí que no se trata de un predio
infranqueable, dada la forma en la que se entrama con el entorno.
7
Para mayor claridad se adjunta, al final del texto, un listado provisorio de las mujeres emba-
razadas que estuvieron en Campo de Mayo y el listado de niños y niñas cuya identidad ha sido
restituida, la cual ha sido elaborada a partir de la información disponible en la página web de
las Abuelas de Plaza de Mayo.

117
Clara Sarsale

guarnición por la que circulaban los colectivos y, al mismo tiempo, albergaba


centros clandestinos de detención. Campo de Mayo era simultáneamente
infranqueable y un tejido poroso.
Este artículo se enmarca en una serie de estudios que se vienen realizando
sobre la última dictadura y que apuntan a mirar no solo las especificidades sino
las continuidades y los sustratos sobre los que esta se apoyó. Desde esta pers-
pectiva, resulta fundamental comprender las prácticas sociales, las concepciones
hegemónicas y los entramados burocráticos y administrativos que atraviesan y
constituyen la sociedad para comprender el desarrollo de la última dictadura.
En este sentido, cabe destacar, particularmente, las investigaciones de Carla
Villalta y el enfoque aportado por el Equipo de Antropología Jurídica y por
Sabina Regueiro. Lo que estructura estos trabajos es, como plantea Villalta, el
interés por analizar “sin dejar de reconocer las particulares características y la
dimensión político-ideológica del plan sistemático de apropiación de niños,
[…] las condiciones de posibilidad de tal envergadura” (2012: 221). Teniendo en
cuenta esto, la tarea de estas investigaciones es poner en foco la superposición
entre las prácticas legales y las ilegales como eje nodal del funcionamiento y
el desarrollo de las políticas represivas. En el artículo que aquí se presenta,
se pretende mirar esa superposición de prácticas en las experiencias de los
profesionales de la salud del Hospital de Campo de Mayo, observando las
formas en las que fue pensada y procesada la atención de mujeres embarazadas
ilegalmente detenidas.
Asimismo, estas reflexiones se nutren de las lúcidas observaciones de Pilar
Calveiro en su clásico Poder y desaparición. Los campos de concentración en Argen-
tina. Allí, subraya que “el Proceso de Reorganización Nacional, sustancialmente
diferente a lo que hasta entonces había ocurrido en el país, se asentó sobre
ciertas ‘normalidades’ internalizadas desde antes por la sociedad” (1998: 152).
Pero, además, señala que la sociedad fue “la principal destinataria del mensaje”
(ibídem: 154). En este sentido, la mixtura de prácticas legales e ilegales fue
también una manera de disciplinar a la sociedad.
En este entramado se desarrollará este artículo, destinado, por un lado, a
dar cuenta de las características y el funcionamiento de la maternidad clandes-
tina que funcionó en el hospital y, por el otro, a reflexionar sobre las actitudes
sociales de los trabajadores del hospital que atendieron a las mujeres ilegalmente
detenidas, y que posteriormente prestaron declaraciones judiciales al respecto.
Las reflexiones que se expondrán no permiten hacer generalizaciones, pero sí
posibilitan establecer algunas conclusiones.

118
Trabajar en el Hospital de Campo de Mayo

Abrir los poros

El primer testimonio que permitió conocer lo que estaba ocurriendo en Campo


de Mayo fue el de Juan Carlos “Cacho” Scarpatti.8 En 1979, en Madrid, frente
a la Comisión Argentina de Derechos Humanos (cadhu), brindó por primera
vez su testimonio. Allí narró el funcionamiento de “El Campito”, nombre que
recibió el centro clandestino de detención de Campo de Mayo, y dio cuenta de
los apodos de los represores. Además, hizo mención a las mujeres embarazadas:
Tina (Beatriz Recchia), Nora (Norma Tato) y María (Silvia Quintella Dallasta).
Según narró, el parto de Nora se produjo en “El Campito”, mientras que María
fue llevada a parir al Hospital de Campo de Mayo. Por último, Scarpatti dio
cuenta de que las mujeres permanecieron muy poco tiempo con sus hijos y
que posteriormente fueron “trasladadas”. Según sus palabras, “se puede tener la
absoluta certeza de que fueron asesinadas en el 99% de los casos”.9
Esta primera información quedó finalmente comprobada en el juicio rea-
lizado por el Tribunal Oral en lo Criminal Federal Nº 6 de Capital Federal10
en 2012. Tras un primer momento en el que las mujeres embarazadas daban
a luz en el mismo centro clandestino, se decidió –a mediados de 1977– que
fueran llevadas al Hospital Militar para garantizar las condiciones de higiene
y atención que requiere un parto. El hecho de que se tomaran estos recaudos,
sumado a que luego de ser separadas de sus hijos las parturientas fueran asesi-
nadas, da cuenta del interés que existía en garantizar la salud de los bebés con el
fin de entregarlos a alguna familia que quisiera apropiárselos de forma ilegal. Al
respecto, el Tribunal indicó que el Hospital Militar de Campo de Mayo garan-
tizaba las condiciones médicas y de ilegalidad que exigía el plan de apropiación
de menores. También determinó que eran llevadas a parir al hospital mujeres

8
Juan Carlos “Cacho” Scarpatti fue militante de las Fuerzas Armadas Peronistas (fap) y poste-
riormente de Montoneros. En abril de 1977 fue secuestrado por el Ejército y llevado a Campo
de Mayo. Allí, luego de un tiempo de recuperación por haber sido baleado durante su secuestro,
comenzó a realizar tareas en “El Campito” que le permitieron conocer el predio y los apodos
de los captores y compañeros de cautiverio. Cinco meses más tarde logró fugarse a Brasil y
posteriormente se radicó en España. Allí comenzó a testimoniar sobre su secuestro, sobre el
Centro Clandestino de Detención que funcionaba en Campo de Mayo y sobre las personas que
se encontraban ilegalmente detenidas. Scarpatti, fallecido en 2008, fue además un testigo clave
en múltiples causas judiciales.
9
Scarpatti (1979: 12).
10
El Tribunal estuvo integrado por María del Carmen Roqueta en la presidencia, Julio Luis
Panelo y Domingo Luis Altieri. De ahora en adelante, “tof 6”.

119
Clara Sarsale

detenidas en el centro clandestino “El Vesubio”, que pertenecía al Ejército.11


Esto puede afirmarse, por lo menos, para los casos de María Teresa Trotta y
Rosa Luján Taranto. Asimismo, hay constancia de al menos un caso en el que
una mujer alojada en el centro clandestino de detención denominado “Shera-
ton” fue llevada al Hospital de Campo de Mayo a parir. Toda esta información
permitió comprobar el lugar central que ocupó la maternidad del Hospital de
Campo de Mayo en el plan sistemático de apropiación de menores.
Muchos años antes del juicio de 2014, con el fin de la dictadura y el resta-
blecimiento de la democracia, el presidente Raúl Alfonsín decretó la conforma-
ción de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep),
el 15 de diciembre de 1983. El trabajo de la Conadep permitió recolectar
testimonios de las víctimas directas de la represión. Junto con estos testimonios
aparecieron los de algunas personas que, de una u otra manera, habían tenido
conocimiento de las prácticas represivas.12 En este marco, tuvieron lugar los
primeros testimonios de enfermeros y obstétricas sobre el funcionamiento de
la maternidad clandestina del Hospital de Campo de Mayo. Los testimonios de
los profesionales de la salud entrelazados con el testimonio de “Cacho” Scarpatti
permitieron construir un tejido más cerrado, con menos agujeros.
En los primeros meses de 1984, tras haber recibido una solicitud de esta
comisión, con la certeza de tener información relevante para contar, Cecilia
Bonsignore, Jorge Luis Eposto, Nélida Elena Valaris y Lorena Josefa Tasca,
entre otros, se presentaron a declarar frente a la Conadep. La información que
aportaron fue extremadamente valiosa. Habían estado en el corazón del sistema
represivo, habían visto, escuchado y actuado. La información era fragmentaria
porque así funcionó el dispositivo clandestino de represión; no sabían con
precisión de dónde venían las víctimas, qué pasaba posteriormente con ellas ni
con sus bebés, pero sí pudieron dar cuenta del pasaje por la maternidad clandes-
tina. Algo que nadie más habría podido contar. Estos profesionales de la salud
también pudieron explicar la forma en la que se realizaban los procedimientos
ordinarios, esto es, cómo se registraban en el libro de partos, qué médico debía

11
Al respecto puede verse el sitio web desarrollado por Memoria Abierta: “Reconocer Campo
de Mayo. Memorias de militancia y terror estatal”. Sin embargo, no hay muchos estudios más
que den cuenta de los vínculos entre los centros clandestinos de detención.
12
Emilio Crenzel realiza en su investigación sobre la historia política del Nunca más una breve
síntesis de quiénes fueron estos “testigos involuntarios”: “vecinos que vieron las desapariciones,
moradores de zonas próximas a centros clandestinos que confirmaron la presencia militar o
policial en ellos, médicos y enfermeras que asistieron a desaparecidas embarazadas, empleados
de cementerios que corroboraron la existencia de tumbas nn” (2008: 73).

120
Trabajar en el Hospital de Campo de Mayo

actuar en cada circunstancia, cómo se llevaban las historias clínicas y los reportes
de enfermería. En esos detalles también están las pistas para comprender los
rasgos particulares de funcionamiento del sistema de apropiación, en el que se
entrelazaron de manera constante los procedimientos ilegales y clandestinos
con los legales y públicos, los procedimientos por los que “casos excepcionales
fueron, en buena medida, normalizados” (Villalta, 2012: 13).
En los años posteriores a su primera declaración en 1984, los profesionales
de la salud siguieron prestando testimonio. En su mayoría, lo hicieron en ca-
lidad de testigos, aunque algunos terminaron siendo imputados por distintos
delitos. A partir de una serie de testimonios judiciales, analizaré las complejas
relaciones establecidas en la maternidad clandestina del Hospital de Campo de
Mayo, deteniendo la mirada en las actuaciones y prácticas de los profesionales
de la salud que trabajaron allí. Poner el foco en ello me permitirá reflexionar
sobre los comportamientos sociales en el marco de la dictadura.

Campo de Mayo: la construcción de la ilegalidad

Ubicado a treinta kilómetros de la Capital Federal, en 1901, bajo la presidencia


de Julio Argentino Roca, se aprobó por medio de la Ley 4005 la compra de parte
de los terrenos que hoy conforman la guarnición militar de Campo de Mayo.
El presidente Roca, según expresaba en un mensaje que había enviado al Con-
greso, consideraba necesario disponer de terrenos para que las tropas pudieran
… desarrollar con la amplitud necesaria su instrucción práctica, familiari-
zándolos con la aplicación sobre el terreno de los reglamentos y la implan-
tación de la enseñanza táctica en operaciones de las armas combinadas, así
como para el ejercicio y desarrollo de aptitudes de jefes y oficiales (citado
en Sayus y Domínguez, 1999).

Complementando esa primera ley, el 26 de enero de 1904 se aprobó la Ley 4290,


por medio de la cual se dispuso la construcción del Hospital Militar de Campo
de Mayo. Recién en 1906, durante la presidencia de José María Figueroa Alcorta,
se aprobaron los planos y el presupuesto que posibilitó su construcción. Con
el paso de los años, el hospital fue creciendo e incorporando nuevos servicios.
La historia de Campo de Mayo se entrelazó en más de una oportunidad
con la historia nacional. En 1976, en esta guarnición se ubicó el Comando de

121
Clara Sarsale

Institutos Militares desde donde se dirigía la Zona de Defensa IV,13 la cual, a


su vez, se subdividía en áreas. Santiago Omar Riveros fue quien estuvo a cargo
del Comando de Institutos Militares y de la guarnición militar de Campo de
Mayo desde septiembre de 1975. Bajo su órbita, se encontraban el Batallón de
Aviación, la Cárcel de Encausados, el Batallón de Agua, el Hospital de Campo
de Mayo, el Batallón de Comunicaciones 601 y el Batallón de Gendarmería
(Programa Verdad y Justicia, 2015: 24).
En el predio de Campo de Mayo funcionaron, según pudo establecerse,
al menos cuatro centros clandestinos de detención: Las Casitas, El Campito o
Los Tordos, la Cárcel de Encausados y el Hospital Militar de Campo de Ma-
yo.14 Tanto en el nosocomio como en la Cárcel de Encausados hubo partos de
mujeres secuestradas atendidos por profesionales civiles del hospital. Por estos
centros clandestinos de detención se estima (a partir de testimonios y docu-
mentación) que pasaron entre 3.500 y 5.000 personas detenidas ilegalmente
por la guarnición. Asimismo, pudo determinarse que desde allí salían algunos
de los llamados “vuelos de la muerte”, desde los que se arrojaba a las personas
secuestradas al Río de La Plata.15
Como se señaló previamente, el Hospital de Campo de Mayo tuvo un lugar
central en la implementación del plan de apropiación de niños que se llevó a cabo
durante la última dictadura militar. La atención de mujeres embarazadas en sus
instalaciones con las correspondientes condiciones de higiene y llevada a cabo

13
La división operacional se realizó en octubre de 1975 por las directivas del Consejo de Defensa
y del Comando en Jefe del Ejército, según se señala en El Estado Mayor del Comando de Institutos
Militares. Zona de defensa IV (2015). Ocupaba Tres de Febrero, San Martín, Vicente López, San
Isidro, San Fernando, General Sarmiento, Tigre, Pilar, Escobar, Exaltación de la Cruz, Zárate y
Campana. En la publicación mencionada puede encontrarse de forma detallada el organigrama
de funcionamiento de la Zona IV. Disponible en: http://www.saij.gob.ar/estado-mayor-comando-
institutos-militares-zona-defensa-iv-ministerio-justicia-derechos-humanos-nacion-lb000181-
2015-11/123456789-0abc-defg-g18-1000blsorbil.
14
En 1979, Scarpatti mencionó el centro clandestino de detención “El Campito” frente a la
cadhu. Cinco años después, en la primera edición del Nunca más (1984), aparecen mencionados
el resto de los centros clandestinos de detención que funcionaron en la guarnición. Actualmente,
gracias al trabajo de la organización Memoria Abierta, puede verse su referencia geográfica en el
documento “Reconocer Campo de Mayo. Relatos y trayectorias de militancia y terror estatal”.
15
Si bien esta información ha sido declarada con anterioridad, los trabajos de investigación
hechos por el Programa Verdad y Justicia, dependiente del Ministerio de Justicia, han relevado
los testimonios de exsoldados conscriptos del Batallón 601 que prestaron servicio entre 1976
y 1983, los cuales acreditan esta información (Informe de gestión anual, 2014, pp. 30-31).

122
Trabajar en el Hospital de Campo de Mayo

por profesionales de la salud capacitados para tal fin, garantizó la posibilidad


de que los embarazos llegaran a término y los partos se produjeran con éxito.
A comienzos de 1977, el médico militar con rango de capitán Julio César
Caserotto fue trasladado para ser jefe del servicio de obstetricia y ginecología
del hospital. El nosocomio era dirigido por el coronel médico Ramón Vicente
Posse, y la subdirección estaba a cargo del coronel médico Agatino Di Benedetto,
quien en 1978 pasó a ser el director del hospital. También en 1977 comenzó
a desempeñar funciones el médico militar Norberto Atilio Bianco16 en el área
de traumatología, quien fue señalado por parteras y médicos como el que tenía
a cargo a las embarazadas.
Llamativamente, en sus declaraciones Julio C. Caserotto brindó una gran
cantidad de información sobre la estructuración de la maternidad en Campo
de Mayo. Según narró en una declaración sin juramento frente a la justicia
militar el 26 de junio de 1985, el funcionamiento de la maternidad en Campo
de Mayo estuvo enmarcado en una directiva especial denominada “Procedi-
miento Operativo Normal para con el Personal de Inteligencia” (pon), que le
fue comunicada por la vía jerárquica correspondiente.17
Además, Caserotto señaló que en un primer momento la maternidad clan-
destina funcionó en el edificio central del hospital, pero que, posteriormente,
fueron acondicionadas algunas habitaciones del pabellón de Epidemiología,
a las que fueron llevadas las mujeres embarazadas desde el centro clandestino
de detención “El Campito”. Esto se debió, según explicó Caserotto en una
declaración indagatoria en 199818 frente al Dr. Roberto Marquevich, a que
una vez que se
… disponía a tomar el servicio lo encontró muy alborotado. Divisó a una mujer
que se encontraba internada en la sala general, ya puérpera, siendo vigilada

16
En 2007 se comprobó que uno de los dos niños supuestamente adoptados de forma legal por
Atilio Bianco era Pablo Casariego Tato, hijo de Norma Tato, una de las mujeres embarazadas
que parieron en Campo de Mayo.
17
Caserotto (1984, f. 146).
18
En 1998, en el Juzgado Federal en lo Criminal y Correccional Nº 1 de San Isidro, el Dr.
Roberto José Marquevich inició una causa para determinar la existencia o no de un plan siste-
mático de apropiación de niños, basándose en cuatro causas en las que se juzgó la apropiación
de cinco niños en San Isidro. Los delitos de sustracción de menores, falsificación de la identidad
y alteración del estado civil no habían sido juzgados en el llamado “Juicio a las Juntas” ni habían
sido objeto de los indultos de Carlos Saúl Menem para los comandantes. En el marco de esta
causa fue detenido Jorge Rafael Videla.

123
Clara Sarsale

por un soldado armado, (…) una situación que alteraba el orden normal de
la sala ya que allí se encontraban internadas otras mujeres.19

Esta situación llevó a Caserotto a dirigirse a sus superiores, el mayor Miguel Mar-
tín (jefe de la división de clínica médica) y el coronel Posse. En horas de la tarde,
el último le informó, en presencia de Bianco, que “a partir de ahora se internan
todas las detenidas embarazadas en Epidemiología, así no tenía inconvenientes”.20
De esta manera, se fue construyendo el funcionamiento de la maternidad; de
una primera instancia de partos en “El Campito”, a la reubicación de las par-
turientas en el cuerpo central del hospital y luego en Epidemiología. Se trató
así de un dispositivo que se fue perfeccionando en función de las necesidades.21
Parte central del funcionamiento del dispositivo era el traslado desde el
centro clandestino hacia el Hospital. Según la mayor parte de los testimonios,
las mujeres eran llevadas allí en auto, con los ojos vendados y, en algunas ocasio-
nes, anteojos negros. Una vez en Epidemiología, eran retenidas en habitaciones
separadas con baño y ventanas tapiadas. En algunas declaraciones se menciona,
además, que permanecían también con los ojos vendados en la habitación, pero
sobre este punto hay diversas opiniones.
El pabellón de Epidemiología tenía custodia militar de forma constante en la
entrada y en los cuartos de las embarazadas cuando ingresaban los profesionales
de la salud a controlarlas. En algunas oportunidades, a los profesionales civiles
se les recomendó ocultar su identidad, tapándose el nombre que usualmente
llevaban en el guardapolvo. A diferencia de los civiles, los médicos militares
se manejaban con libertad, por lo que podían entrar y salir del pabellón en
cualquier momento.
Tanto los profesionales civiles como los militares iban a Epidemiología para
llevar el control de la salud de las mujeres y evaluar el avance del embarazo, y
también hacían las curaciones posparto. En los casos en que era necesario practicar
una cesárea, las mujeres eran trasladadas al edificio central en sillas de ruedas o
en camillas, totalmente tapadas.22 El servicio de obstetricia estaba destinado a

19
Caserotto (1998, f. 1621, Justicia Ordinaria).
20
Bianco (1998, f. 1621, Justicia Ordinaria).
21
Cambios similares pueden verse en la maternidad de la esma, donde las embarazadas eran
ubicadas en un cuarto especial y los procedimientos para su trato se fueron sistematizando
(aunque, a diferencia de Campo de Mayo, los partos se siguieron realizando en el interior de la
esma), como consta en diversas declaraciones tomadas en el juicio del Plan Sistemático.
22
Las cesáreas se practicaron, al menos, en algunas ocasiones, aunque no haya habido necesidades
médicas que justificaran la operación. Solo para dar un ejemplo, Cecilia Bonsignore de Petrillo,

124
Trabajar en el Hospital de Campo de Mayo

la atención de las esposas de los militares, por lo que se convirtió en un espacio


de confluencia y superposición de la esfera clandestina y la legal. Después del
parto, las mujeres eran llevadas algunos días al pabellón de Epidemiología y los
bebés quedaban en la nursery a cargo de las enfermeras. Según los testimonios,
en algunas oportunidades se les aplicaba a las puérperas una inyección para que
no produjeran leche; en otras, pudieron amamantar algunas veces a sus bebés.
A los pocos días, las mujeres eran devueltas sin sus hijos al centro clandestino
de detención de donde habían sido llevadas, para finalmente ser asesinadas.23
En contra de las prácticas médicas habituales,24 las detenidas y sus bebés
no eran identificados por sus nombres. Las indicaciones de la medicación o
los tratamientos que debían recibir eran anotados en una hoja en blanco con
el número de cuarto donde eran alojadas o en la misma habitación, para que
fueran administrados por las enfermeras. En la mayor parte de los casos, tam-
poco se dejaba registro en el libro de partos ni se realizaba la historia clínica de
los nacimientos.25 Según señaló Caserotto, no se registró a las embarazadas ni
a los recién nacidos en ningún documento

en 1985, frente a la justicia militar, manifestó no haber encontrado “ninguna causa que pudiera
justificar la operación cesárea”.
23
Celina Amalia Galeano y Paula Elena Ogando son las únicas dos excepciones que se conocen.
Ellas parieron en el Hospital de Campo de Mayo estando secuestradas y sobrevivieron. Ogando,
luego del parto, fue trasladada al centro clandestino de detención “Sheraton”, de donde la habían
llevado, junto a su hija. Luego de un mes fue alojada en la comisaría de Ramos Mejía y, finalmente,
fue puesta a disposición del pen, quien la liberó con la condición de que se exiliara. La hija de
Ogando fue registrada por primera vez en la comisaría de Ramos Mejía, donde le tomaron las
huellas digitales. Por su parte, Celina Galeano fue liberada junto a su hija en una estación de
tren. Galeano testimonió el 6 de julio de 2011 en el marco del Juicio del Plan Sistemático, y
Paula Ogando, el 15 de noviembre de 2011, en el mismo juicio.
24
Según señala Elba Raquel Lillo (1998, f. 2483, Justicia Ordinaria), el procedimiento para
registrar a las pacientes socias del iose (Instituto de Obra Social del Ejército) o a las personas
autorizadas por la dirección consistía en la realización de una historia clínica de la mujer, donde
se registraba el nacimiento del bebé. Asimismo, el pediatra abría una historia clínica para los
bebés. El parto era registrado en el libro de partos, y la obstétrica o el médico extendían el cer-
tificado de nacimiento. Con los datos de los nacimientos se hacía una estadística interna en el
hospital. En el mismo sentido, Ernestina Larretape (1998, f. 2527, Justicia Ordinaria) señala que
“en los casos normales, estaba asentada la medicación que debía suministrársele a la paciente en una
planilla de indicaciones médicas donde figuraba el nombre y el apellido de la paciente, su número de
documento y su número del iose. En el caso de estas pacientes [se refiere a las secuestradas] se dejaba
la orden en una hoja en blanco”. Además indicó que los bebés “estaban en la nursery (…), en la
cunita se colocaba un cartel que decía nn”.
25
Esta situación tiene algunas excepciones. El parto de Silvia Mónica Quintela Dallasta, por
ejemplo, fue anotado fuera de fecha en el libro de partos, fraguando su nombre y poniendo en su

125
Clara Sarsale

... en virtud de una orden que le fue impartida personal y verbalmente por el
entonces director del Hospital Militar, el coronel médico Posse; que (…) [fue
dada] en presencia del entonces capitán médico Norberto Atilio Bianco, (…)
aproximadamente entre los meses de mayo y julio de 1977.26

Este fragmento permite observar, otra vez, el desarrollo del dispositivo de


funcionamiento de la maternidad clandestina. Si bien en la declaración Ca-
serotto se pone a sí mismo como un agente que recibe órdenes, sus palabras
permiten dar cuenta de la necesidad de establecer normas de funcionamiento,
aunque la atención de mujeres secuestradas fuera una práctica excepcional.
En este sentido, puede observarse una tensión entre la ilegalidad que requería
el sistema represivo y el funcionamiento de la maternidad en un hospital que
no era clandestino. La atención ilegal de embarazadas debía ceñirse de alguna
manera a la legalidad. De otra forma, habría resultado imposible la atención
de estas por parte de profesionales de la salud, que atendían simultáneamente
a otros pacientes del nosocomio y cuyos horarios de trabajo no eran fijos. Sin
dudas, en esta superposición entre acciones ilegales y la necesidad de recurrir
a prácticas habituales de la esfera legal reside una de las particularidades de la
maternidad en Campo de Mayo.
En 1998, en el juicio llevado a cabo por el Dr. Marquevich, Caserotto
amplió en su declaración el relato que ya había hecho en 1985. Según señaló,
la particularidad de la reunión entre Bianco, Posse y él era que “la orden fuera
impartida ante un testigo como Bianco, con grado de capitán y recientemente
ascendido”.27 Si bien se trata de una declaración indagatoria,28 y por lo tanto no
está obligado a decir la verdad, esta situación pone en escena otra variable para
la aprehensión del proceso de configuración y funcionamiento de la maternidad
clandestina. La antigüedad y el grado militar se superpusieron con el lugar en la
estructura represiva que tenía cada uno de los militares implicados. Bianco era un
médico que ocupaba un lugar central en la estructura represiva por motivos que

lugar el de Susana Colombo, la apropiadora de Francisco Madariaga Quintela. El nacimiento de


Catalina de Sanctis Ovando también fue anotado en el libro de partos atribuyendo la maternidad
a su apropiadora, Francisca Miorilla. Además, el parto de Myriam Ovando aparece registrado,
pero según el libro de partos se trató de un legrado de 45 días.
26
Caserotto (1985, f. 148, Justicia Ordinaria).
27
Caserotto (1998, f. 1621, Justicia Ordinaria).
28
Según el artículo 18 de la Constitución Nacional de la República Argentina, el declarante no
está obligado a decir la verdad, ya que al hacerlo puede autoincriminarse y nadie está obligado
a declarar contra sí mismo.

126
Trabajar en el Hospital de Campo de Mayo

no son ni su grado militar ni su especialidad médica. Esta superposición debe


considerarse ya que también pesó sobre el resto del personal civil del hospital,
el cual debió internalizar una estructura jerárquica cuasi paralela.
A partir de los elementos destacados puede observarse cómo fue la cons-
trucción gradual de la maternidad clandestina en la que podían confluir las
embarazadas secuestradas en distintos centros clandestinos de detención y el
modus operandi de la atención a estas mujeres y sus bebés. La disposición de
los recursos médicos profesionales que pudieran llevarlo adelante junto con
la adecuación del pabellón de Epidemiología y las órdenes orales y escritas
que recibieron los profesionales de la salud permitieron la estructuración y el
funcionamiento de la maternidad clandestina en Campo de Mayo.29 A su vez,
esto coincidió con el período en el que, según la evidencia disponible, hubo
mayor cantidad de partos en esa guarnición militar. Este planteo da cuenta de
que la apropiación de bebés se fue organizando de forma paulatina y orgánica,
poniendo a disposición toda la estructura del Hospital Militar y la ilegalidad
que permitía el régimen de facto.

Los profesionales de la salud en el Hospital de Campo


de Mayo

Los profesionales de la salud que se desempeñaron en el Hospital de Campo


de Mayo, y que son objeto de reflexión en este artículo, debieron trabajar
bajo dos lógicas superpuestas: la militar y la médica. Tanto la primera como la
segunda están marcadas por una férrea disciplina y por vínculos sumamente
jerárquicos. Asimismo, en ambas disciplinas los escalafones superiores eran
ocupados por varones. En ese marco desarrollaron sus tareas los profesionales
civiles, conjugando su deber ético y profesional con los mandatos jerárquicos.
La estructuración en función de esas lógicas llevó a obstétricas, médicos, enfer-
meros y enfermeras a construir los testimonios que posteriormente brindaron a
la justicia en función de una díada indivisible: normalidad y excepcionalidad.
La noción de normalidad en el trato a las embarazadas se hace presente
en diversos testimonios. Especialmente en los tribunales militares, los testigos

29
Como señaló la querella de las Abuelas de Plaza de Mayo en el juicio a los médicos de Campo
de Mayo llevado adelante en 2014 por el tof 6, existió un “mecanismo burocrático de control
[…] de información precaria y clandestina”.

127
Clara Sarsale

fueron interrogados acerca de esta noción. Pero no fueron solo los jueces quienes
hicieron referencia a ella. Iris Noemí Assali, la encargada de enfermería, señaló:
“se les brindaba a las internadas detenidas la más completa y humanitaria [aten-
ción], a la par de cualquiera de las atenciones brindadas a las esposas o familiares
de oficiales y suboficiales”.30 En el mismo sentido, Caserotto mencionó la buena
atención médica y señaló que “el trato que se brindaba a tales pacientes [se refiere
a las embarazadas detenidas], tanto en lo referente a la asistencia profesional como
a la faz humana, era, por lo menos, exactamente igual al trato que se le brindaba
al resto de las pacientes embarazadas internadas en el hospital”.31 Muchos años
después, en 1998, la obstétrica Cristina Ledesma contó, sobre las condiciones de
alojamiento, que “las habitaciones tenían baño privado, con ropa de cama limpia,
como cualquier paciente”. Y luego afirmó que “a estos bebés se les brindaban todos
los cuidados que requiere un recién nacido, al igual que a la madre”.32 También,
en 1998, la enfermera Ernestina Larratape declaró que las parturientas “estaban
bien atendidas, y se les daba alimentación y medicación como correspondía”.33
¿De qué normalidad hablan cuando las pacientes no estaban registradas,
llegaban al hospital de manera irregular y eran alojadas en un área que no era
la de la maternidad? Al respecto, puede formularse como hipótesis la fuerte
in­ternalización del deber médico basado en el juramento hipocrático como
determinante a la hora de valorar el trato brindado a las embarazadas. Desde
esta perspectiva, la construcción de la idea de normalidad se asociaría con la
ejecución de un tratamiento médico (restringiendo esto a la administración de
medicamentos y la realización de curaciones) idóneo y correcto. En ese sentido, el
trabajo de los profesionales de la salud podría considerarse que ha sido cumplido
con normalidad. Incluso, en ese contexto, la buena atención médica puede ser
pensada como un resquicio de cuidado para las parturientas. Un gesto humano
frente a la deshumanización es también una forma de restituir la humanidad
arrebatada, incluso cuando la acción no se conciba como resistencia sino como
una práctica “lógica” o natural. La apelación al buen trato o al trato normal,
posiblemente llevado a cabo con distinta motivación, puede también dar cuenta
del peso del mandato médico en la propia narración de los profesionales de la
salud para explicar su accionar.

30
Assali (1985, Justicia Militar).
31
Caserotto (1985, f. 142, Justicia Militar).
32
Ledesma (1998, f. 2547, Justicia Ordinaria).
33
Larretape (1998, f. 2526, Justicia Ordinaria).

128
Trabajar en el Hospital de Campo de Mayo

En tándem con esta idea de normalidad aparece, al menos de forma im-


plícita, la noción de excepcionalidad. Por fuera de los registros convencionales,
sin reportes de enfermería, libro de partos ni historias clínicas, cada uno de los
testimoniantes pudo recordar los nacimientos que debieron atender. No deja de
llamar la atención que personal acostumbrado a atender diariamente a mujeres
embarazadas recuerde con significativos detalles estos casos particulares. Si bien
estos detalles pueden no resultar relevantes para la justicia, son relevantes para
esta investigación en la medida en que dan cuentan del impacto que, por uno u
otro motivo, tuvieron en los testimoniantes. Una de las obstétricas del hospital,
Nélida Valaris, recuerda la atención de un parto en la Cárcel de Encausados.34
Valaris fue llevada a atender ese parto aunque se opuso a hacerlo. Trasladarse
hasta esa dependencia implicaba, según explicó frente al tribunal militar años
más tarde, dejar su puesto de trabajo con los riesgos que esto conllevaba. Hacia
la cárcel partió en camioneta con un médico traumatólogo y una enfermera.
Según su declaración frente a la Conadep, al llegar a la cárcel la recibió una gran
cantidad de personal con ropa de fajina que le indicó el camino a la enfermería.
Recuerda además que “era una muchacha rubia de unos treinta años que estaba
vendada, (…) que no manifestó dolor y que el parto se desarrolló normalmente”.35
En una declaración de 1986 en San Isidro, agregó que “el parto fue muy rápido
(…) por lo que cree que era el tercer chico que tenía y que se trataba de un varón.
(…) el parto ocurrió durante el mes de agosto, (…) la mujer tuvo un niño y por
el frío que hacía se lo dej[é] sobre el vientre materno”.36 En 1998, en una nueva
declaración, agregó sobre ese mismo parto que “al examinarla le expresa que no
la puede trasladar porque ya estaba por dar a luz [y] que la paciente le dijo que ‘se
quedara tranquila, que ella la iba a ayudar’. (…) Después del parto la mujer le
pidió el bebé, por lo que se lo colocó sobre su vientre”.37
Las declaraciones de Valaris se engrosan como si el tiempo le hiciera tener
más memoria, como si seguir relatándolo le diera más espesor a lo que cuenta.
En su primera declaración en 1984, da una explicación en la que recuerda el
parto en la Cárcel de Encausados y otro parto que le tocó en la maternidad de
una mujer detenida ilegalmente. Allí, Valaris señala que “el hecho se le quedó
grabado porque la situación la desbordó, tanto por la cantidad de uniformados
como por la cantidad de custodios que había y por las condiciones del parto”.38
34
Valaris ingresó al servicio de obstetricia en 1974 y se retiró en 1987, a los 45 años de edad.
35
Conadep, Legajo 6372, 1984.
36
Valaris (1986, f. 306, Justicia Ordinaria).
37
Valaris (1998, f. 2385, Justicia Ordinaria).
38
Conadep, Legajo 6372, 1984.

129
Clara Sarsale

Esta declaración evidencia que la práctica era anormal y violenta, incluso para
una obstétrica de Campo de Mayo. En un ejercicio reflexivo que deje de lado
todo lo que hoy se sabe sobre la apropiación de bebés, ¿qué vuelve anormal la
situación desde la propia lógica profesional? Por un lado, la falta de un médico
obstetra presente en el parto es algo que Valaris señala aun en el juicio de 2014;
además, según indica, tendría que haber ido un médico militar. Por otro lado,
señala la presencia de los hombres de fajina en el interior de la enfermería
durante el parto. Estos dos señalamientos, que hoy pueden parecer menores,
son un camino para pensar lo acontecido desde la lógica del funcionamiento
hospitalario. En este sentido, Valaris califica este parto como “el más doloroso de
todos” (Bulletini, 2014). A diferencia del que se ha narrado, el otro parto que
atendió fue en el propio hospital y con la presencia de la Dra. Bonsignore y
del Dr. Caserotto. Esto significó que estaban los profesionales que debían estar
en el parto. La lógica médica permite pensar la excepcionalidad que habilita el
recuerdo. Más allá de la reconstrucción posterior sobre quiénes eran las partu-
rientas, hubo algo en esos partos que dejó huellas en la obstétrica. Además de
sus consecuencias en el largo plazo, parece ser la vulneración de la lógica por
la ausencia del médico lo que posibilitó que Valaris se enfrentara severamente
con Caserotto, oponiendo resistencia a sus órdenes, según relató en los juicios.
Valaris no fue la única que opuso resistencia a obedecer órdenes. Cecilia
Bonsignore de Petrillo39 también confrontó abiertamente con las autoridades del
hospital. Encontrándose en guardia pasiva (esto significa que no se encontraba
en el hospital sino en su domicilio, disponible para cualquier requerimiento), la
Dra. Bonsignore fue llamada para que concurriese al hospital para atender una
cesárea. Al llegar, se encontró con el Dr. Bianco, quien le dio la orden de atender
la cesárea, a lo que la Dra. Bonsignore se opuso ya que quien debía hacerla era
el Dr. Caserotto, que era el médico de turno.40 El enfrentamiento fue severo ya
que, según declaró Poisson, médico del hospital, “la Dra. Petrillo fue obligada
por Caserotto a hacer una cesárea en una paciente que no pudo identificar, que no
tenía historia clínica, que no debió inscribir en los libros. (…) Ella fue obligada
a punta de pistola”.41 Otro médico, Raffinetti, en 2011 también contó que “la

39
Bonsignore ingresó como médica tocoginecóloga al Hospital Militar de Campo de Mayo
en 1972 y dejó de trabajar allí en 1982.
40
He mencionado más arriba la superposición de las jerarquías médicas y las represivas. El Dr.
Caserotto se encontraba en el hospital, pero, según los relatos, no se encontraba en condiciones
de atender el parto.
41
Poisson (2011, Justicia Ordinaria).

130
Trabajar en el Hospital de Campo de Mayo

obligaron, prácticamente la levantaron de los pelos para atender a esa persona”.42


Los relatos resultan contundentes. El enfrentamiento parece haber tenido un
alto grado de relevancia, no solo para la propia Bonsignore sino también para
sus colegas. Evidentemente, este tipo de reacciones también eran anómalas.
Además de Bonsignore, otros médicos, por la excepcionalidad de lo que
estaba aconteciendo, se cuestionaron sobre las posibles formas de actuar. El
ginecólogo Eduardo Pellerano, según relató en el juicio del Plan Sistemático,
se prometieron, junto con otro médico, que “si nos obligan a atenderla, vamos
a pedir que figure en el libro de guardia”.43 Estos relatos permiten realizar una
primera síntesis sobre las formas de actuar como profesionales de la salud en
situaciones excepcionales. En ningún caso resultó posible negarse plenamente al
hecho concreto de atender el parto. Sin embargo, tanto Valaris como Bonsignore
se manifestaron en contra, se opusieron a las autoridades. Estos enfrentamien-
tos fueron conocidos por el personal del hospital, circularon como rumor e
incluso parte del personal fue testigo de la situación. En el caso de Valaris, la
oposición se articuló en torno a los potenciales problemas que podía traerle irse
de su ámbito específico de trabajo a la Cárcel de Encausados. En este mismo
sentido se manifestó Pellerano. La promesa que hicieron con el otro médico no
fue no atender a las embarazadas secuestradas sino exigir el cumplimiento de
la normativa: inscribirlas en el libro de parto. Una forma de establecer límites
parece haber sido apegarse a la norma en el marco de la ilegalidad. Por su parte,
Bonsignore planteó una oposición abierta al enfrentarse al Dr. Bianco y al Dr.
Caserotto, sus máximas autoridades. Una oposición atípica y sorprendente,
tanto por haber existido como por no haber tenido consecuencias represivas
directas ni inmediatas contra su persona.
Los casos enunciados más arriba hacen referencia a situaciones concretas
de oposición o rechazo a las órdenes. Sin embargo, en algunos testimonios, la
excepcionalidad de la situación aparece de manera solapada sin que implique
una oposición. Según cuenta Assali, la jefa de enfermeras, “los recién nacidos
eran vestidos con ropa que el personal del servicio de obstetricia llevaba al hospital
al comprobar la inexistencia de familiares de las internadas que pudieran cumplir
con tales tareas”.44 Larratape, por su parte, dijo que a los bebés en la nursery se
les ponía un “cartelito que decía nn (…), se los vestía con ropa que era entregada

42
Raffinetti (2011, Justicia Ordinaria).
43
Pellerano (2011, Justicia Ordinaria).
44
Assali (1985, f. 196, Justicia Militar).

131
Clara Sarsale

a esos fines”.45 En sus declaraciones, las enfermeras no enuncian la anormalidad


de la falta de ropa para los bebés y de sus familiares, pero se evidencia en la
necesidad de subsanar los imprevistos que generaban los partos clandestinos.
No tener ropa para los bebés y necesitar generar algún tipo de identificación
para poder distinguirlos no eran tareas habituales de las enfermeras; fueron los
impactos materiales de esa situación irregular. Lo excepcional obliga a reconfi-
gurar las acciones y se cuela en los testimonios, aun en el rígido marco judicial.
Frente a la supresión premeditada de las identidades de los bebés, las acciones
de las enfermeras pueden aparecer como una manera indirecta de subjetivar
a los recién nacidos, de reconocerles su estatus de persona. No debe pensarse,
sin embargo, que esas acciones tuvieron necesariamente un sentido reparador.
La obstétrica Luisa Yolanda Arroche de Sala García46 inscribió en el libro de
partos el nacimiento de un bebé de sexo masculino a las 22 h por cesárea, y
consignó el 7 de julio de 1977 como fecha de parto. En el libro de partos, los
nacimientos se anotaban de manera cronológica, por lo que resultó llamati-
vo que el parto apareciera una vez que se había terminado el mes y se había
realizado la suma total de partos. Asimismo, Arroche confeccionó la partida
de nacimiento, dando fe de que la madre del niño era Susana Inés Colombro
y el padre Alejandro Ramiro Gallo, quienes luego fueron identificados como
los apropiadores del niño. La inscripción del niño en el libro de partos y la
confección de la partida de nacimiento permitió, según indicó la querella de
las Abuelas de Plaza de Mayo en los alegatos del juicio a los médicos de Campo
de Mayo, perfeccionar la apropiación del niño.
Lidia Fanni Villavicencio fue otra de las obstétricas que falsificó la partida
de nacimiento de un parto clandestino. El parto fue anotado el día 11 de agosto
de 1977 y se consignó al lado del apellido de la madre, “Ovando”, la palabra
“cesárea”, palabra que fue luego tachada para anotar “legrado feto sin vida de 45
días”. Cuatro días después se inscribió el parto de María Francisca Morilla,
quien habría dado a luz a una beba llamada María Carolina y cuyo padre sería
Carlos Hidalgo Garzón. De esta manera quedaba fraguado el nacimiento de
Catalina de Sanctis Ovando.
Como es evidente, el sentido de las acciones no está dado per se. La ins-
cripción de los niños en el libro de partos fraguando la información fue, en
algunos casos, la manera de insertarlos en la trama burocrática para facilitar su

45
Larratape (1998, f. 2526, Justicia Ordinaria).
46
En el juicio llevado a cabo por el tof 6 en el 2014 a los médicos de Campo de Mayo, Luisa
Arroche de Sala García fue condenada a siete años de prisión.

132
Trabajar en el Hospital de Campo de Mayo

apropiación. Al mismo tiempo, fue la fórmula de resistencia que imaginaron


algunos médicos para limitar los manejos ilegales. Como señala Villalta en su
investigación, “estos agentes, impulsados por lo atípico de la situación, tomaron
distanciamiento tanto de las rutinas como de sus ‘principios profesionales’,
y llevaron adelante otro tipo de prácticas” (2012: 235). En este sentido, la
posibilidad de enfrentarse abiertamente a las órdenes, conseguir ropa para
los bebés, darles nombre para identificarlos temporariamente, etcétera, no
pueden caracterizarse unívocamente. Estas prácticas deben ser interpretadas
en su densidad y complejidad histórica y dejar lecturas binarias que opongan
complicidad y resistencia. Se trata más bien de pensar los grises que permiten
leer las actitudes sociales de estos profesionales de la salud.

Conclusión

Pensar sobre las actitudes sociales de los profesionales de la salud implica


preguntarnos por las condiciones de posibilidad de la dictadura militar y el
sustrato de aceptación social con el que contó. La existencia de un paradigma
político autoritario en el que se inscriben las actitudes sociales en dictadura ha
sido discutida largamente en nuestra historiografía. Estas investigaciones, como
señala Lvovich, “no se centran en la responsabilidad de los criminales […] sino
en el análisis de aquellos sectores de la sociedad argentina y de determinadas
características de sus tradiciones políticas que posibilitaron o toleraron la ins-
tauración de la dictadura, en ocasiones por motivos opuestos a los objetivos de
la coalición golpista” (2009: 276). Pero, además de inscribirse en tradiciones
políticas, las actitudes de la sociedad deben ser filiadas, como propone Carla
Villalta (2012), en prácticas de largo alcance, burocráticas, y en representaciones
sociales propias de los grupos que se están estudiando.
Estas miradas permiten reflexionar sobre el accionar de los sujetos desde
una perspectiva social que pone en foco las prácticas de forma contextualizada.
Esto es, dando cuenta del marco de terror en el cual se llevaron a cabo y consi-
derando las lógicas de largo alcance, de modo de dar cuenta de la complejidad
y los matices que revistieron esas prácticas. Contemplando esto, la falta de
oposición abierta no puede considerarse como apoyo a la dictadura; asimismo,
la oposición puede revestir diversas formas que no quedan registradas o que,
pensadas desde la actualidad, no llegan a percibirse como acciones de resistencia.
Tampoco pueden pensarse en un solo sentido, como señala Pilar Calveiro; se
trata más bien de “extrañas combinaciones de formas de obediencia y formas

133
Clara Sarsale

de rebelión” (1998: 158). En esta perspectiva se inserta entonces el estudio


sobre los profesionales de la salud de Campo de Mayo: tratar de comprender
en qué medida la situación que vivieron médicos, obstétricas y enfermeras re-
sultó desestructurante de sus maneras de aprehender la realidad, de ejercer su
profesión, y cuáles fueron las estrategias de acción que se dieron en ese contexto
como un modo de pensar los comportamientos de la sociedad en dictadura. A
partir de los testimonios citados, traté de reflejar la diversidad de lecturas sobre
lo que estaba aconteciendo y de respuestas posibles. Desde la complicidad de
fraguar un parto hasta el enfrentamiento abierto, pasando por resolver la falta
de ropa para los bebés o por imaginar qué hacer en caso de verse enfrentado
a la obligación de atender un nacimiento. Pensar este caso, por ahora, no me
permite dar respuestas conclusivas, pero sí, al menos, dar cuenta de una gama
de posibilidades, de grises, que no pueden explicarse solo apelando a la idea
del terror o la complicidad.

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135
Clara Sarsale

Declaraciones Conadep

Silvia Cecilia Bonsignore de Petrillo, 10 de abril de 1984.


Nélida Elena Valaris, 10 de abril de 1984.

Declaraciones frente a la justicia militar

Silvia Cecilia Bonsignore de Petrillo, 11 de junio de 1985.


Julio César Caserotto, 26 de junio de 1985.
Iris Noemí Asalli, 9 de diciembre de 1985.

Declaraciones frente a la justicia ordinaria

Nélida Elena Valaris, 26 de agosto de 1986.


Julio César Caserotto, 19 de febrero de 1998.
Nélida Elena Valaris, 28 de julio de 1998.
Elba Raquel Lillo, 6 de agosto de 1998.
Ernestina Larretape, 11 de agosto de 1998.
Carlos Alberto Raffinetti, 27 de junio de 2011.
Eduardo Julio Poisson, 28 de junio de 2011.
Eduardo Pellerano, 5 de julio de 2011.
Celina Galeano, 6 de julio de 2011.
Paula Ogando, 15 de noviembre de 2011.

Mujeres embarazadas secuestradas que estuvieron en “El Campito”


o parieron en el Hospital Militar de Campo de Mayo.
Listado elaborado a partir de información de Abuelas de Plaza de Mayo
(https://abuelas.org.ar/caso).

Marta Álvarez: secuestrada en abril de 1976.


Susana Stritzler: secuestrada en diciembre de 1976.

136
Trabajar en el Hospital de Campo de Mayo

Mónica Masri: secuestrada en abril de 1977.


Valeria Beláustegui Herrera: secuestrada en mayo de 1977.
María Eva Duarte: secuestrada en septiembre de 1977.
Myriam Ovando: secuestrada en abril de 1977. Su hija, Laura Catalina de
Sanctis Ovando, restituyó su identidad en septiembre de 2008.
Silvia Quintela Dallasta: secuestrada en enero de 1977. Su hijo, Francisco
Madariaga Quintela, restituyó su identidad en febrero de 2010.
Beatriz Recchia de García: secuestrada en enero de 1977. Su hija, Bárbara
García Recchia, restituyó su identidad en febrero de 2009.
Marcela Esther Molfino de Amarilla: secuestrada en octubre de 1979. Su
hijo, Guillermo Martín Amarilla Molfino, restituyó su identidad en
octubre de 2009.
María Teresa Trotta: secuestrada en febrero de 1977. Su hija, Milagros Castelli
Trotta, restituyó su identidad en julio de 2008.
Rosa Luján Taranto de Altamiranda: secuestrada en mayo de 1977. Su hija,
María Belén Altamiranda Tarando, restituyó su identidad en junio
del 2007.
Celina Amalia Galeano: no se encuentra desaparecida, dio a luz en el Hospital
Militar de Campo de Mayo durante su secuestro.
Paula Elena Ogando: no se encuentra desaparecida, dio a luz en el Hospital
Militar de Campo de Mayo durante su secuestro.
María Cristina Cournour de Grandi: secuestrada en junio de 1976.
Ana María Lanzilotto de Mena: secuestrada en julio de 1976. Su hijo, Maximi-
liano Menna Lanzilotto, restituyó su identidad en septiembre de 2016.
Liliana Delfino: secuestrada en julio de 1976.
Olga Mabel Ferreyra: secuestrada en febrero de 1978. Su hijo, Gustavo Godoy
Ferreyra, restituyó su identidad en noviembre de 2003.
Matilde Juana Colayago: secuestrada en agosto de 1977.
Norma Tato: secuestrada en abril de 1977. Su hijo, Pablo Hernán Casariego
Tato, restituyó su identidad en febrero de 2007.
Liliana Beatriz Caimi: secuestrada en octubre de 1976.
Susana Elena Ossola: secuestrada en mayo de 1976.

137
Las burocracias estatales y el tratamiento
de los cuerpos de los desaparecidos
enterrados como nn en el cementerio
de Grand Bourg
Juan Gandulfo

En octubre de 1982 el clima de opresión de los primeros años de la dictadura


militar daba paso a expresiones de oposición cada vez más abiertas, sobre todo
luego del fracaso en la guerra de Malvinas. En ese contexto, el Centro de Estudios
Legales y Sociales, con el apoyo de los distintos organismos de derechos huma-
nos, denunció que en el cementerio de Grand Bourg habrían sido enterrados,
entre 1976 y 1979, alrededor de 300 desaparecidos como nn.1 La denuncia
fue presentada ante la justicia, que casi de inmediato comenzó a investigar. El
principal impacto que tuvo este caso fue mediático. La noticia pronto ocupó
la portada de los principales matutinos e impulsó denuncias similares en una
docena de cementerios de todo el país.2 Si bien, en términos de identificacio-

* Agradezco a Santiago Garaño y a Valentina Salvi por sus numerosas observaciones para mejorar
este trabajo. Del mismo modo, quiero agradecer las invitaciones para discutir los avances de mi
proyecto de investigación “Memoria e historia oral: reflexiones metodológicas y desarrollo de
un campo en construcción”, a cargo de Eliana Lacombe y de Melisa Paiaro, de la Universidad
Nacional de Córdoba, y del “Seminario Permanente de Becarios” del Instituto de Desarrollo
Económico y Social y del Centro de Investigaciones Sociales.
1
La sigla nn proviene de la expresión latina nomen nescio, que significa “sin nombre”, “que no
se conoce el nombre” o “con identidad desconocida”. Esta expresión, originariamente utilizada
por la policía, se utiliza en diversas situaciones para definir a toda persona no identificada, ya
sea que se trate de una persona con o sin vida.
2
Clarín, del 26 de octubre al 12 de noviembre de 1982; La Gaceta de Tucumán, 14 de mayo
de 1983.

139
Juan Gandulfo

nes, los resultados fueron negativos, esta causa logró un significativo impacto
al permitirles a los organismos de derechos humanos visibilizar la faz criminal
del régimen y tematizar la responsabilidad militar sobre la desaparición de
personas en el comienzo de la transición democrática (Gandulfo, en prensa).

Clarín, 26 de octubre de 1982.

En este trabajo nos proponemos explorar la acción de las burocracias estatales


en su tratamiento de los cadáveres de los detenidos-desaparecidos que fueron
enterrados como nn en el marco del terrorismo de Estado. Los agentes que
intervinieron en el itinerario de estos cuerpos pertenecían a instituciones,
agencias, departamentos y dependencias que forman parte de los aparatos
burocráticos penales y administrativos del Estado, principalmente, a nivel
provincial y municipal. Dentro del personal que lidia con los cuerpos muertos,
encontramos agentes de jerarquía muy diversa, desde jueces y comisarios hasta
cabos y sepultureros. Estos funcionarios y empleados son los responsables de
manipular, controlar, administrar, clasificar y organizar la disposición de los

140
Las burocracias estatales y el tratamiento de los cuerpos de los desaparecidos...

cadáveres. Es a través de su acción que estos cuerpos cobran existencia legal


como muertos. Esto nos permite afirmar que estos funcionarios y empleados
son los encargados de “elaborar la muerte” en términos administrativos y definir
sus consecuencias penales (Medeiros, 2017; Ferreira, 2009).
Los primeros estudios de la década de 1980 sobre la última dictadura
militar, y muchos otros en las décadas siguientes, han centrado su interés en la
imposición del poder desde arriba, dando por sentado el rol pasivo y homogéneo
de la sociedad como víctima del terror estatal. De forma pionera, Guillermo
O’Donnell se preguntó por los posicionamientos de los ciudadanos corrientes
frente a la dictadura (1984). Sin embargo, esa preocupación fue ganando lugar
muchos años después. Pilar Calveiro (1998), y con mayor énfasis Hugo Vezzetti
(2002), han invitado a explorar no ya la imposición de los militares como un
actor todopoderoso sino cuáles fueron las condiciones sociales que hicieron
posible la conformación del terrorismo de Estado.3 En esta línea, nuestro interés
por estas burocracias de segundo, tercer o cuatro orden, dentro del esquema de
jerarquías de los empleados del Estado, responde a una apuesta por “descentrar”
la mirada del Estado. Nos proponemos, en términos de Ernesto Bohoslavsky y
de Germán Soprano, “dejar de mirar el Estado desde su corazón: las ciudades
capitales y las agencias del Poder Ejecutivo nacional”; de este modo, el estudio
de agencias y funcionarios diversos “permitiría tener una imagen más real de
la multiplicidad de rostros estatales” (2010: 27). En el caso del terrorismo de
Estado, entendemos que estudiar “los márgenes y las particularidades” puede
brindar nuevas miradas sobre los aspectos menos explorados o que menos co-
nocemos del terrorismo de Estado, como lo es el tratamiento de los cadáveres
de los desaparecidos. A su vez, esta perspectiva puede ayudar a complejizar y
matizar ideas acerca de las características del terrorismo de Estado, usualmente
concebidas desde la escala nacional o central del poder.
En los últimos años, una serie de investigaciones han explorado la acción
de funcionarios que, a través de sus tareas burocráticas, se vincularon de modo
relativamente directo con el terrorismo de Estado. María José Sarrabayrouse
Oliveira (2011) ha reconstruido el tratamiento de los cadáveres de detenidos-
desaparecidos en la Morgue Judicial. Su estudio muestra que, en estos casos,
los cuerpos eran llevados a dicha dependencia directamente por las fuerzas
militares, y que los médicos forenses realizaban autopsias como corresponde

3
Para una mirada panorámica del desarrollo de la historiografía sobre el pasado reciente argen-
tino, ver Franco y Lvovich (2017). Las temáticas de las actitudes sociales y de la cotidianeidad
en dictadura han sido abordadas por Lvovich (2008; 2017, respectivamente).

141
Juan Gandulfo

para los casos de muerte violenta. Sin embargo, a pesar de que este es un orga-
nismo dependiente del Poder Judicial, en estos casos no había intervención de
la justicia ordinaria y los resultados de las pericias eran remitidos a las autori-
dades militares. Por su parte, Emilio Crenzel (2005) ha analizado las diversas
relaciones establecidas por la sociedad con el horror a partir de una llamativa
carta enviada por un grupo de trabajadores de la Morgue Judicial de Córdoba
al presidente de facto, el general Jorge Rafael Videla. El autor destaca la norma-
lización del horror en el posicionamiento de los trabajadores que, luego de un
extenso derrotero burocrático, le escribieron una misiva al dictador para que
considere el carácter insalubre de su trabajo y lograr de ese modo un reconoci-
miento económico. Por su parte, la articulación entre las estructuras legales y
clandestinas de la represión fue abordada por Santiago Garaño (2008) a partir
de la reconstrucción del funcionamiento burocrático de la Penitenciaria 9 de La
Plata durante la última dictadura. Finalmente, en este mismo volumen, Clara
Sarsale explora las dimensiones de normalidad y excepcionalidad en dictadura
a partir del análisis de los testimonios de los profesionales de la salud sobre el
funcionamiento de la maternidad clandestina de Campo de Mayo.
En esta línea, en nuestro trabajo nos interesa estudiar cómo, durante la
última dictadura militar, los burócratas que cotidianamente lidian con los ca-
dáveres se enfrentaron al desafío de tener que tratar con la muerte de miles de
personas que habían sido víctimas del terrorismo de Estado. Ello nos conduce
a una serie de interrogantes: ¿cómo se llevaron a cabo las inhumaciones de esos
cuerpos?, ¿fueron hechas de forma clandestina o fueron realizadas de forma le-
gal?, ¿fueron registradas como cualquier otra muerte?, ¿qué actores intervinieron
en su tratamiento? Para intentar responder estas preguntas nos centraremos en
indagar un caso concreto: las inhumaciones de detenidos-desaparecidos como
nn en el cementerio de Grand Bourg durante el período 1976-1979. Dicho
cementerio se ubica a 30 kilómetros al noroeste de la ciudad de Buenos Aires,
en la localidad de Grand Bourg.4 Se buscará sostener que estas burocracias
lograron normalizar, con relativa eficacia, un fenómeno excepcional, como lo
fue la desaparición masiva de personas.
En el apartado ubicado a continuación de esta introducción se describen
las fuentes utilizadas y se plantean algunas consideraciones acerca de su aná-
lisis. En segundo lugar, se plantean algunos datos fácticos sobre la creación

4
Esta localidad perteneció al partido de General Sarmiento hasta 1994. En ese momento, el
partido se dividió en tres jurisdicciones: San Miguel, José C. Paz y Malvinas Argentinas. Grand
Bourg hoy forma parte de este último partido.

142
Las burocracias estatales y el tratamiento de los cuerpos de los desaparecidos...

del cementerio de Grand Bourg y su utilización para el entierro de detenidos-


desaparecidos. Los apartados siguientes analizan el itinerario de estos cuerpos
y su tratamiento por parte de las burocracias penales y administrativas: se
reconstruye la recepción irregular de cadáveres llevados directamente por las
Fuerzas Armadas y de Seguridad a la morgue del cementerio de San Miguel;
se analiza el “hallazgo de cadáveres” en las calles, sus posibles significados y la
intervención en estos casos de la justicia de la provincia de Buenos Aires; y,
por último, se indaga respecto de la categoría de nn, que es como la burocracia
clasifica esos cuerpos.

Acerca de las fuentes y su tratamiento

En este artículo se analizan fuentes diversas aplicando a ellas distintos niveles


de análisis. Como adelantamos en la introducción, en un primer momento
apuntamos a establecer una serie de hechos fácticos sobre el funcionamiento del
cementerio de Grand Bourg y el enterramiento allí de detenidos-desaparecidos
como muertos nn. A partir del cuarto apartado y hasta el final, el análisis se
centra en reconstruir las prácticas de las burocracias que intervenían en el reco-
rrido de estos cuerpos. Dentro de las fuentes que estudiamos, tenemos, por un
lado, los expedientes por homicidios labrados por la justicia que corresponden
al año 19765 y, por otro lado, ubicamos el expediente que se abre en 1982 a
partir de la denuncia de los organismos de derechos humanos sobre averigua-
ción de inhumaciones irregulares de desaparecidos.6 Dentro de este último,
encontramos documentos labrados por las burocracias administrativas en el
momento de los entierros (entre 1976 y 1979) y declaraciones de funcionarios
en el contexto de la transición (entre 1982 y 1983).
La diversidad de las fuentes que analizaremos se vincula al hecho de que
las burocracias que los produjeron son variadas (pertenecen a la justicia, a la
policía, a la oficina del registro de las personas o al cementerio), y también
porque su contexto de elaboración corresponde a dos coyunturas bien diferen-
ciadas: por un lado, el momento de los enterramientos, y por otro lado cuando
años después estos son investigados. Es necesario aclarar que nuestro foco se
5
Juzgado en lo Penal Nº 2 de San Martín, Causa 21.400, “Sosa, Miguel Ángel - GS2”, i. mayo
de 1976. Juzgado en lo Penal Nº 5 de San Martín, Causa 5.807, “Triple homicidio”, i. julio
de 1976.
6
Juzgado en lo Penal Nº 4 de San Martín, Causa 10.936, “Penette de Gutiérrez, Ruth Mabel
y otros, s/denuncia”, i. octubre de 1982.

143
Juan Gandulfo

centrará en las prácticas de los distintos actores estatales en el contexto en el


que se produjeron los enterramientos.
En su análisis hemos tomado una serie de recaudos metodológicos. Uno
de los aspectos considerados se vincula con la reflexividad, aspecto sustancial
de la investigación etnográfica (Guber, 2001; Bourdieu y Wacquant, 1995).
Ello supuso indagar sobre mi propia posición como investigador, vinculado a
mis propios intereses de investigación y al campo académico del cual provengo
(Bourdieu, 2003). En esta línea, se buscó no caer en una lectura maquiavélica o
anacrónica acerca de la acción de los agentes. Es decir, no partir de la suposición
de que todas las acciones de los actores obedecían a un plan criminal predefinido
y perfectamente diseñado. Si bien compartimos que, en una escala macro, existió
un plan criminal que conocemos como terrorismo de Estado, encontramos que
su aplicación implicó múltiples desafíos, dilemas, paradojas y particularidades.
Puntualmente, en el caso de las burocracias de niveles medios y bajos de los
Estados provinciales y municipales, entendemos que la implementación de este
plan tiene que haber desafiado los modos cotidianos de hacer las cosas y que,
eventualmente, tienen que haber existido diversos modos de adaptación entre
los “modos de hacer” rutinarios y las prácticas criminales masivas.
A su vez, hemos buscado evitar una lectura lineal o literal de los materiales.
Esta posición implica varias cuestiones. En primer lugar, tener en consideración
las relaciones de poder que atraviesan las burocracias para considerar las posi-
ciones relativas que ocupan las distintas agencias, instituciones y funcionarios
dentro del aparato del Estado (Heyman, 2004). En segundo lugar, triangular
la lectura de materiales con otros documentos y con entrevistas realizadas a
funcionarios y especialistas. Las entrevistas realizadas con funcionarios judiciales
y con miembros del Equipo Argentino de Antropología Forense (eaaf ) han
sido de utilidad para interpretar los documentos estudiados.
Por su parte, en el caso de los testimonios presentes en los expedientes se
debe atender a la particular situación en que estos fueron producidos. En el
caso de los empleados del cementerio, la toma de sus testimonios fue hecha en
sede judicial, un ámbito poco familiar para el común de las personas, a través
de pautas y modos que constriñen de múltiples formas a quien declara. Se debe
tener en consideración que esos testigos podían querer buscar no comprometerse
con sus declaraciones en un momento en el que los militares todavía seguían
en el poder, pero, por otro lado, también podían temer por las consecuencias
de no decir la verdad ante la justicia.
Los diálogos que hemos sostenido con jueces y secretarios de la justicia penal
en busca de ayuda para interpretar los expedientes nos permitió identificar los

144
Las burocracias estatales y el tratamiento de los cuerpos de los desaparecidos...

silencios y/u omisiones de estos documentos. Es decir, lo que las fuentes expre-
san de modo implícito son las cosas que no se hicieron, los diversos cursos de
acción posibles que finalmente no fueron seguidos por los agentes. Un último
aspecto vinculado a la metodología de trabajo fue el intento de desnaturalizar
algunas nociones que utilizan las burocracias, como es el caso de la categoría
de nn, y explorar algunos de los sentidos asociados a esta expresión, como un
modo adicional de problematizar el tratamiento recibido por los cuerpos de
los desaparecidos por parte de las burocracias.

El cementerio de Grand Bourg y el entierro de desaparecidos


como nn

A grandes rasgos, podemos decir que el método de la desaparición de personas


tuvo dos etapas, una centrada en el secuestro, la detención clandestina indefinida
y la tortura a los prisioneros, y la otra vinculada al asesinato y el ocultamiento
de los cuerpos (Somigliana, 2000: 13). Este segundo momento es sobre el
que, aún al día de hoy, menos se ha podido saber (Calveiro, 1998: 38-43). La
información con la que contamos es sumamente incompleta y fragmentaria.
Aun así, podemos establecer algunos aspectos generales. Los grupos represivos
utilizaron diversos métodos para deshacerse de los cuerpos de los desaparecidos.
Los principales fueron arrojar sedados al mar a los prisioneros desde aviones,
en los llamados “vuelos de la muerte”; enterrarlos en fosas clandestinas en
descampados o en guarniciones militares; o sepultarlos en cementerios como
muertos anónimos. La particularidad del entierro en cementerios es que, en
este caso, los cuerpos fueron el eje de una serie de procedimientos burocráticos
que quedaron asentados en diversos registros de la administración pública.
A partir de un estudio realizado por la Secretaría de Derechos Humanos
de la Nación al regreso de la democracia, es posible identificar una serie de
cementerios en la provincia de Buenos Aires que, durante los primeros años de
la dictadura militar, incrementaron sensiblemente la cantidad de muertos “no
identificados” que recibieron. Entre esos cementerios, según la cantidad total
de los cuerpos nn registrados en esos años, es posible destacar los siguientes:
General Pueyrredón, La Plata, Avellaneda, General Sarmiento (San Miguel y
Grand Bourg) y Avellaneda. Además hay que sumar el cementerio de la Cha-
carita, en el ámbito de la ciudad de Buenos Aires (Snow y Bihurriet, 1987).

145
Juan Gandulfo

Puntualmente, el cementerio de Grand Bourg fue inaugurado en mayo


de 1976. Si bien el proyecto de su creación era previo, distintas fuentes afirman
que su apertura se vio precipitada a causa de que en el cementerio de San Miguel
se había sobrepasado la capacidad para la inhumación de cuerpos nn.7 La nueva
necrópolis se asentó en un terreno de siete hectáreas perteneciente a una antigua
estancia. A partir del diálogo con vecinos de la zona y con extrabajadores del
cementerio, sabemos que cuando comenzó a funcionar no tenía alambrado peri-
metral y temporalmente la administración funcionó en una casa ubicada frente al
predio en cuestión. Con el tiempo se fueron construyendo las instalaciones básicas
para su funcionamiento, y posteriormente se le añadieron otras cinco hectáreas.
Leyendo el expediente también pudimos establecer que en el nuevo cemen-
terio se destinó un sector para inhumar, en forma gratuita, los cadáveres de
personas de escasos recursos económicos, así como de personas no identificadas.
En este sector, las inhumaciones se hacían en tumbas en las que se podían ubicar
entre tres y cuatro personas sepultadas en cajones de cartón prensado provistos
por el municipio. El cementerio de Grand Bourg no contaba con una morgue.
Esta se ubicaba en el cementerio de San Miguel, hacia donde se debían trasladar
los cadáveres que requerían la realización de pericias o autopsias.8
Abierto en 1982 a partir de la denuncia del Centro de Estudios Sociales
y Legales, el expediente judicial contiene diversos documentos que brindan
información sobre el entierro de desaparecidos en este cementerio. En ese
momento, el juez penal a cargo de la investigación, Hugo Gándara, ordenó
secuestrar documentación de la administración del cementerio y además tomó
declaración testimonial a los empleados de este campo fúnebre. Además solicitó
a la seccional local del Registro Civil de las Personas las actas de defunción de
personas nn en el período 1976-1979.9 A su vez, posteriormente hemos tenido
acceso al libro de ingresos del cementerio, en el que se registran los cuerpos
inhumados por fecha.10 En este documento es posible distinguir los cuerpos no

7
El propio intendente militar, el coronel retirado Luis Ortelli, sostuvo: “Cuando me hice cargo
de la intendencia [en marzo de 1976], el cementerio ya estaba proyectado por la gestión anterior.
Ello se debió a que en el cementerio de San Miguel había tres o cuatro depósitos de ataúdes a los que
no se podía dar sepultura. Por eso yo inauguré el nuevo” (La Nación, 25/10/82).
8
Causa 10.936, fs. varias.
9
Causa 10.936, f. 246.
10
Este libro fue en su momento adjuntado al expediente de Grand Bourg, pero luego fue de-
vuelto al cementerio. Acceder a él no fue sencillo, ya que, en una primera instancia, el director
del cementerio nos negó su existencia. Finalmente, en el año 2013 logramos acceder a él, el cual
efectivamente se encontraba en la administración del cementerio, a partir de una orden emitida

146
Las burocracias estatales y el tratamiento de los cuerpos de los desaparecidos...

identificados que se inscriben como nn. Ahora bien, ¿cómo diferenciar entre
todo este universo de cuerpos no identificados a los detenidos-desaparecidos?
Como explican Carlos Somigliana y Darío Olmo:
El conjunto de personas inhumadas como nn a lo largo del siglo tiene, en
todo el país, características constantes. Se puede generalizar diciendo que la
mayoría está incluida en dos grandes conjuntos: los que mueren durante,
o poco antes, o poco después del nacimiento y aquellos que transitan la
madurez tardía o los comienzos de la ancianidad. En este último subcon-
junto, el componente masculino ronda el 90%, y las causas de muerte,
asentadas en certificados de defunción y registros de cementerio, son pre-
dominantemente vinculadas a enfermedades crónicas, procesos hepáticos
agudos, paros cardiorrespiratorios o accidentes ferroviarios (2002: 23).

En cambio, en el período que nos interesa aparecen registros de cadáveres nn


que no poseen estas características. Durante los años de mayor represión de la
dictadura predominan casos de personas jóvenes. Además de cuerpos de hombres,
se suma una proporción inusualmente alta de mujeres víctimas de muertes vio-
lentas, por lo general con heridas de bala. Además eran ingresados al cementerio
no de forma individual sino en grupos (Gandulfo, 2014).
Por cercanía podría pensarse que el aumento del número de cuerpos no iden-
tificados sepultados en el cementerio de Grand Bourg es resultado de la acción
criminal de los grupos de tareas que se desempeñaban en los centros clandestinos
de detención que funcionaban en Campo de Mayo.11 Sin embargo, existen una
serie de datos que nos hacen dudar de esa posibilidad. En primer lugar, desde el
eaaf se ha planteado que las tareas de exhumación y de reconstrucción histórica
vinculadas con otros cementerios del Gran Buenos Aires –como el de Avellaneda
o el de Lomas de Zamora– muestran que no hay una correlación necesaria entre
las inhumaciones de desaparecidos en un cementerio determinado y la ubicación
de los centros clandestinos de detención cercanos a él. Por el contrario, los cuerpos
identificados en esos cementerios corresponden a detenidos-desaparecidos vistos

por un juez de la Cámara Federal de Buenos Aires, en el marco de la búsqueda de los restos de
los cuerpos de los desaparecidos inhumados en el cementerio de Grand Bourg.
11
En Campo de Mayo funcionó durante la dictadura “El Campito”, uno de los principales cen-
tros clandestinos de detención del país. Pero también existieron otros espacios que funcionaron
como tales: “La Casita” o “Las Casitas”, la Prisión Militar de Encausados y el Hospital Militar.
Ver http://www.memoriaabierta.org.ar/campodemayo/. Consultado el 2 de julio de 2017.

147
Juan Gandulfo

con vida en diversos centros clandestinos, y no necesariamente, ni principalmente,


en los más cercanos al cementerio en cuestión.12
Por su parte, en su tarea de exhumar cuerpos en cementerios, hasta el
momento el eaaf no ha identificado a personas vistas con vida en los centros
clandestinos de detención de Campo de Mayo.13 Esto refuerza la hipótesis de
que los detenidos-desaparecidos allí confinados fueron eliminados a través de
“vuelos de la muerte”. Esta presunción se apoya además en testimonios de so-
brevivientes, de conscriptos que cumplían el servicio militar obligatorio y del
exsuboficial del Ejército, Víctor Ibáñez, sobre la utilización de esta metodología
de eliminación de detenidos en dicha guarnición militar.14 Sin embargo, no debe
desestimarse la cercanía de Campo de Mayo al cementerio de Grand Bourg y,
en general, la fuerte influencia de los militares en la vida social del expartido
de General Sarmiento a la hora de intentar explicar por qué esta necrópolis
fue uno de los principales destinos de inhumación de detenidos-desaparecidos
como nn. Pero antes de avanzar en este punto, buscaremos describir cómo se
realizaban las inhumaciones.

“Se procedía a la inhumación al solo requerimiento


de las autoridades militares”

Un porcentaje significativo de los desaparecidos sepultados como nn en Grand


Bourg no implicó la intervención de la justicia. Es decir, estas muertes no si-
guieron los circuitos legales establecidos para las víctimas de homicidios o para
cualquier muerte cuyas causas hayan sido dudosas. En cambio, los cadáveres
eran trasladados directamente por las Fuerzas Armadas y de Seguridad hasta la
morgue del cementerio, y su inhumación se realizó sin cumplir con los proce-
dimientos estipulados para estos casos.
En el expediente judicial se encuentran declaraciones de funcionarios y
empleados del cementerio en las que se describen las tareas, los procedimientos
y las prácticas que realizaban en su trabajo cotidiano. Ello nos permite conocer,
con cierto detalle, los pasos seguidos en estos casos. Consultado por el modo en

12
Entrevistas del autor con miembros del eaaf en diversas oportunidades (2011, 2012 y 2013).
13
Entrevista del autor con Carlos Somigliana del eaaf, noviembre de 2013.
14
Para las declaraciones del exsuboficial Ibáñez, ver Almirón (1999), y para las declaraciones de
conscriptos, Página/12, 28 de abril de 2015.

148
Las burocracias estatales y el tratamiento de los cuerpos de los desaparecidos...

que se realizaban las inhumaciones en las necrópolis a su cargo, Pedro Benjamín


Gómez, administrador del cementerio de San Miguel,15 planteó:
La actividad se cumplió de acuerdo con las reglamentaciones vigentes, ello
quiere decir que las inhumaciones que se llevaron a cabo durante su gestión
se cumplieron con los siguientes recaudos: se requería a las mismas cocherías
que se encargaban del sepelio “acompañar los cuerpos con la documentación
correspondiente”, que consistía en el certificado de defunción y la licencia de
inhumación otorgada por el Registro Provincial de las Personas, delegación San
Miguel (Causa 10.936, fs. 198 y 199. Lo destacado entre comillas es propio).

Sin embargo, aclaró que “todo esto ocurrió siempre, en las inhumaciones normales
o comunes”. Pero que a partir de 1976
… se siguió la misma norma con la excepción de los nn que ingresaban como
víctimas de enfrentamientos militares o de las fuerzas de seguridad, y que
eran conducidos por estas, es decir, los llevaba personal militar junto con
personal policial, en todos los casos uniformados. En estos casos, “se procedía a
la inhumación al solo requerimiento de las autoridades militareso” policiales
que llevaran algún cadáver, o sea que “en estos supuestos no se contaba ni con
licencia de inhumación ni con certificado de defunción”16 (Causa 10.936,
fs. 198 y 199. Lo destacado entre comillas es propio).

El hecho de que estos cuerpos no fueran acompañados por la documentación


correspondiente expresa que se eludía la intervención de la justicia. Esas muertes
no entraban bajo la órbita de las burocracias penales. Ello implicaba que no
se iniciaba ninguna investigación respecto de las circunstancias en que había
tenido lugar la muerte. Solo quedaba asentado su ingreso en el libro de la mor-
gue y posteriormente en el libro de ingresos del cementerio. El administrador
general precisó que “el encargado del cementerio de Grand Bourg lo único que
hacía cuando recibía este tipo de cadáveres era asentarlos en el libro general de in-
gresos” (Causa 10.936, fs. 198 y 199). Los cuerpos eran inscriptos en los libros
con la denominación nn, a la que en ocasiones los empleados del cementerio

15
Militar retirado y administrador general del cementerio central de San Miguel, del cual de-
pendía el de Grand Bourg, entre enero de 1976 y junio de 1977.
16
La licencia de defunción (o acta) y el certificado de defunción no son lo mismo. El certifi-
cado es extendido por el médico que constata y expone las causales de la muerte. La licencia es
extendida por el Registro Civil luego de registrar el deceso en un libro llamado “Protocolo”. En
los casos de homicidio es la policía quien la solicita mediante la presentación de una nota (el
“formulario 3”) y del certificado de defunción.

149
Juan Gandulfo

añadían entre paréntesis la leyenda “enfrentamiento militar”, “enf. ejército” u


otras leyendas similares. Con estas anotaciones, los empleados dejaban asen-
tada la justificación que sus superiores o los propios militares daban del trato
excepcional que recibían esos cuerpos.
Por ejemplo, el 14 de enero de 1977 se registró en el libro de ingreso del
cementerio de Grand Bourg lo siguiente: “2 nn femenino (enf. militar)” y “1
nn masculino (enf. militar)”. No aparecen inscriptos en el Registro Civil, no
hay intervención de la policía ni se abre un expediente en la justicia ordinaria.
Por su parte, un informe de la ex Dirección de Inteligencia de la Policía de la
Provincia de Buenos Aires (dipba) de esa misma fecha detalla el hallazgo de
los cuerpos de dos mujeres y un hombre en total estado de descomposición en
la calle Cabildo de la localidad de Garín, en el partido de Escobar. El informe
sostiene que junto a los cuerpos había un banderín de Montoneros.17 Hay una
alta probabilidad de que los cuerpos hallados en Garín sean los mismos que
aparecen registrados en el libro del cementerio de Grand Bourg. Nótese que,
además de no dar parte a la justicia, las Fuerzas Armadas y de Seguridad llevan
los cadáveres a Grand Bourg, y no al cementerio de Escobar. Si el administrador
del cementerio tenía la orden verbal de recibir de forma irregular los cuerpos
que eran llevados por las Fuerzas Armadas y de Seguridad, estas también sabían
a qué cementerio llevar los cadáveres.

Fotografía del libro de ingresos del cementerio de Grand Bourg, en el que aparecen cuerpos
registrados con la sigla nn y la leyenda “enf. militar” (revista Gente, 4 de noviembre de 1982).

17
Mesa “DS”, Legajo 7.592.

150
Las burocracias estatales y el tratamiento de los cuerpos de los desaparecidos...

El exadministrador general de los cementerios del partido detalló que, en los


casos de “víctimas de enfrentamientos militares”, se actuaba de ese modo por
“orden verbal que recibió del propio intendente José Lombardo y del secretario de
gobierno Sr. Bruno”.18 El intendente radical fue desplazado del cargo el mismo 24
de marzo de 1976, con lo cual esta práctica se habría implementado con anterio-
ridad al golpe de Estado.19 En este sentido, es posible que sobre la intendencia
hayan influido las autoridades de Campo de Mayo. Incluso existen trascendidos
de que el coronel retirado Luis Antonio Ortelli fue nombrado intendente de
General Sarmiento a instancias del general Santiago Riveros, jefe de los Institutos
Militares de Campo de Mayo. Más allá de que esto haya sido efectivamente
así, es indudable que quien estaba a cargo de la mayor guarnición militar del
país tenía un poder relevante dentro del ámbito militar20 y, en este sentido,
la capacidad de influir en el nombramiento en una zona de fuerte influencia
de la guarnición, como lo era el partido de General Sarmiento. Por su parte,
Gómez aclara que, a partir del golpe, “los integrantes de las fuerzas militares que
se sucedieron en la intendencia le confirmaron el mismo procedimiento respecto de
las inhumaciones de los nn entregados por las citadas fuerzas”.21
Distintos empleados confirmaron ante la justicia el accionar irregular que
se daba en estos casos, entre ellos administrativos, encargados de la morgue y
el propio encargado del cementerio de Grand Bourg. Ante la pregunta de las
autoridades judiciales de si durante su gestión se habían inhumado cadáveres
sin licencia, este último detalló:
En varias oportunidades la orden de inhumar le era dada verbalmente por el
sr. Benjamín Gómez, y en otras ocasiones, al llegar el furgón de la cochería
municipal, la persona que traía el cadáver o los cadáveres manifestaba que

18
Causa 10.936, fs. 198 y 199.
19
Un ejemplo de un caso previo al golpe de Estado de marzo de 1976 es el de Norberto Hugo
Palermo, que desapareció en octubre de 1975 mientras cumplía con el servicio militar obligatorio
en Campo de Mayo. Su cuerpo fue encontrado sin vida pocos días después de su desaparición en
la localidad de Bella Vista. Fue llevado por la policía a la morgue del cementerio de San Miguel,
lugar en el que su padre, Bruno, logró reconocer el cadáver. Al volver la familia al lugar el día
siguiente, su cuerpo había desaparecido y ya no volvió a aparecer pese a los reclamos de su padre
(Legajo Conadep 1142). Este caso es un antecedente en el que se conjugan la desaparición de
una persona en Campo de Mayo, la intervención de la policía y la morgue del cementerio de
San Miguel, y cuyo resultado es la desaparición u ocultamiento del cuerpo.
20
Tanto es así que la anterior autoridad superior de Campo de Mayo, Ibérico Saint James, a
partir del golpe de Estado fue nombrado gobernador de la provincia de Buenos Aires.
21
Causa 10.936, fs. 198 y 199.

151
Juan Gandulfo

desde la administración se había ordenado la inhumación, y en muchos


casos venía con una autorización donde se mencionaba, por ejemplo,
“cadáver nn masculino, enfrentamiento militar”, o, en otras, “cadáver nn
femenino, muerte dudosa”.22

Sin embargo, no todos los cuerpos eran llevados por las fuerzas represivas hasta
la morgue. En otros casos, los cuerpos aparecían en las calles.

El “hallazgo de cadáveres” y el discurso de la guerra

¿Por qué si se había implementado un sistema para ocultar los cuerpos que con-
sistía en llevarlos directamente a la morgue sin intervención de ninguna instancia
judicial, aun así hubo casos en que los desaparecidos aparecían muertos en la vía
pública? En esos casos, los cuerpos aparecían con signos visibles de violencia,
por lo general en zonas relativamente despobladas, en calles de tierra, en ríos
o arroyos, en basurales o descampados, o a la vera de rutas o autopistas. Para
intentar una explicación es necesario considerar esos cadáveres como soportes
de un mensaje, de un discurso.
Refiriéndose a los centros clandestinos de detención, Pilar Calveiro sostie-
ne que la existencia de estos era un secreto en el que los militares “no ponían
demasiado empeño” (1998: 44). Con ello, la autora quiere decir que, si bien
estos espacios fueron eminentemente clandestinos, mostrar parte de lo que se
realizaba de forma oculta cumplía una función instrumental que era diseminar
el terror. Por su parte, Santiago Garaño (2011) ha llamado la atención sobre
la dimensión expresiva del poder a través del análisis de lo que define como las
puestas en escena desplegadas por los militares que contribuyeron a construir la
selva tucumana como un escenario de guerra a través de la apelación a imágenes
vinculadas al imaginario bélico convencional y al nacionalismo vernáculo.
Durante los años 1976 y 1977, en numerosas ocasiones aparecían en los
periódicos pequeños recuadros que informaban sobre el “hallazgo de cadá-
veres” (Schindel, 2012: 177-181). En esas oportunidades, la prensa escrita
transmitía casi sin mediaciones los comunicados oficiales que difundían los
militares o la policía: se comunicaba el lugar y el momento de la aparición, la
cantidad de cuerpos y los signos de violencia que registraban. Nada se decía
sobre la posible identidad de los cuerpos o de las posibles causas de la muerte.

22
Causa 10.936, f. 85.

152
Las burocracias estatales y el tratamiento de los cuerpos de los desaparecidos...

Los periódicos agrupaban los cadáveres para contabilizarlos. Su presentación


descontextualizada y rutinaria, además de producir un efecto de banalización,
tendía a reproducir el mensaje de terror que se buscaba transmitir desde el
poder (Schindel, 2012: 180-181).
Los antropólogos que han estudiado situaciones de violencia extrema
en diversas latitudes han destacado las diferentes significaciones que porta
la disposición de cadáveres en estos contextos. Para el caso del genocidio en
Ruanda, Nigel Eltringham (2013) ha planteado la necesidad de comprender
la disposición de los cadáveres a partir de una “retórica de la violencia”. Si la
violencia es discursiva, en este caso los cuerpos aparecen como vehículos de ese
mensaje, cumpliendo una función instrumental y didáctica. Richard Kernahan
(2014) ha analizado el abandono de cuerpos muertos en los caminos por parte
de Sendero Luminoso como parte de una política pedagógica que buscaba
imponer una nueva subjetividad política a través de la imposición de nuevas
legalidades. Por su parte, Rita Segato (2013) ha analizado el hallazgo de cientos
de cadáveres de mujeres violentadas sexualmente y asesinadas en Ciudad Juárez.
Además del énfasis en el cuerpo como portador de un mensaje, la autora busca
establecer los sujetos de la enunciación. Segato plantea dos ejes de transmisión,
uno vertical, en que el agresor dirige su enunciado a las víctimas y su grupo, y
uno horizontal, a través del cual el agresor se dirige a sus pares. En el caso de la
última dictadura en Argentina, se debe pensar el accionar de los militares desde
la lógica de la guerra para la que se habían preparado. La formación recibida por
las Fuerzas Armadas en contrainsurgencia apelaba al uso del terror, a infundir
el pánico tanto en la población civil como en los grupos guerrilleros. Paralela-
mente, no debemos descartar que la brutalidad de la violencia desplegada haya
servido como método para atemorizar a la propia tropa e imponer de ese modo
la cohesión interna necesaria para lograr los objetivos propuestos.
Como ejemplo de los “hallazgos de cadáveres” de desaparecidos y que luego
fueron enterrados en Grand Bourg, el 3 de julio de 1976 los cuerpos de tres
jóvenes aparecieron muertos con múltiples heridas de bala en la localidad de
Del Viso.23 Esta es una zona que aún hoy es poco poblada. Sin embargo, fueron
los vecinos quienes dieron aviso a la policía, que acudió al lugar y realizó las
pericias de rutina. Es decir, abrió un expediente y dio aviso al juez de turno,
23
Posteriormente, en distintos momentos se pudo saber que los cuerpos correspondían a Fede-
rico Martul, Leticia Akselman y Gabriel Dunayevich. Martul fue identificado días después y su
cuerpo pudo ser recuperado por su familia. Akselman fue identificada por el eaaf en 1987 de
entre los restos exhumados en Grand Bourg en 1984. En la misma pericia no se logró identificar
los restos de Dunayevich.

153
Juan Gandulfo

describió la escena del hecho –en este caso la aparición de tres cadáveres–,
tomó fotografías, confeccionó un croquis y citó al médico de policía que rea-
lizó un examen preliminar. Además se tomaron copias de las huellas dactilares
que se enviaron a la policía científica y se trasladaron los cuerpos a la morgue
para realizar la autopsia. En este caso, además, se encargaron pericias sobre las
prendas, exámenes químicos y de balística. En el expediente se detalla que no
se lograron obtener testimonios sobre el hecho.24
La aparición de los cuerpos de estos tres jóvenes fusilados se produjo al
día siguiente del ataque de bomba perpetrado contra la Superintendencia de
Seguridad Federal, también conocida como Coordinación Federal, el 2 de julio
de 1976.25 Podemos plantear que el asesinato y abandono de estos cadáveres en
la vía pública actuó como un mensaje de intimidación que se manifestaba en la
disposición de los cuerpos en diversos espacios geográficos y en su exhibición con
huellas de diversos métodos de violencia. Probablemente otras represalias que
configuraron ese “discurso” se vinculen al atentado contra la Superintendencia
de Seguridad Federal. Entre ellas se puede citar la “masacre de Fátima”, como
se conoce a la ejecución y destrucción mediante explosivos de los cuerpos de
treinta personas detenidas-desaparecidas en la localidad de Pilar en el mes de
agosto de ese año; y la “masacre de los Palotinos”, que consistió en el asesinato
de tres sacerdotes y dos seminaristas de esa orden en la iglesia de San Patricio
en el barrio de Belgrano, el 4 de julio.
En otro hecho, ocurrido el 10 de noviembre de 1977, se halló un auto que-
mado, al que se le habían aplicado explosivos, con cuatro hombres adentro. En
este caso, se identificó a uno de ellos bajo el nombre de Marcelo Reinhold. Por
datos posteriores podemos saber que Reinhold había sido secuestrado junto con
un amigo, Alejandro Odell, y su mujer, Susana Leonor Siver, el 14 de agosto
de 1977 en Haedo.26 Todos ellos habían militado en la Juventud Universitaria
Peronista y luego habían continuado su militancia en Montoneros. Estuvieron
detenidos en el centro clandestino de detención de la Escuela de Mecánica de
la Armada. Reinhold fue “trasladado”, eufemismo con el que se conocían las

24
Causa 5.807, fs. 1-15.
25
En ese hecho, un artefacto explosivo estalló en el comedor en el momento en que almorzaban
numerosos oficiales y perdieron la vida 23 personas, en su mayoría personal policial. El ataque
fue atribuido a la organización Montoneros.
26
Al momento de su secuestro, Susana estaba embarazada y dio a luz en febrero de 1978 en el
Hospital Naval. En el año 2011, Laura Reinhold Silver se convirtió en la nieta 105 identificada
por las Abuelas de Plaza de Mayo al dar positivo el examen genético que le confirmó que era la
hija de Marcelo y Susana.

154
Las burocracias estatales y el tratamiento de los cuerpos de los desaparecidos...

ejecuciones, el día previo a la aparición de su cuerpo. El caso probablemente


haya correspondido a una represalia por el asesinato de un marino que se pro-
dujo en los días previos.27
Los casos de simulación de enfrentamientos fueron parte del “discurso de
la guerra” (Landi y González Bombal, 1995) que las Fuerzas Armadas produ-
jeron casi a diario durante los primeros años de la dictadura y que los diarios
reproducían (Schindel, 2012). El mensaje de ese discurso se desplegaba de
forma concéntrica. En primer lugar, se transmitía hacia la propia tropa una
determinación y una metodología; en segundo lugar, se dirigía al enemigo, una
organización armada, y, por extensión, a las otras organizaciones; finalmente, la
misiva se dirigía a la sociedad toda. Estos cuerpos aparecían en escena, de forma
equívoca, como soporte de un mensaje que, al tiempo que mostraba, ocultaba.
Los cuerpos que aparecían en las calles y la cobertura mediática que daba cuenta
de esos hallazgos mostraban la violencia que en ellos se materializaba, pero se
omitía cualquier dato acerca de cómo ella se había producido, solo se insinuaba.

“Homicidio nn, sobreséase”. La acción de la justicia

En todos estos casos en que los cuerpos aparecían en la vía pública, por lo general
eran los vecinos del lugar quienes daban aviso a las autoridades. A diferencia
de los casos descriptos en el apartado anterior, la particularidad aquí era que a
partir del alerta de los vecinos intervenían las burocracias penales encargadas
de investigar los homicidios, es decir, la policía y la justicia. Su acción ha que-
dado plasmada en expedientes judiciales que suelen tener una serie de rasgos en
común. Tienen carátulas como “Homicidio nn”, “Homicidio nn masculino”,
“Homicidio 2 nn Masculino y 1 nn femenino”. Suelen ser expedientes cortos,
que solo tienen unas cuantas fojas.28 Y suelen terminar con una resolución que
dice “sobreséese provisoriamente”, forma mediante la cual el juez puede cerrar
un proceso antes de dictar sentencia, sea por falta de pruebas o por alguna otra
causa que imposibilite la resolución del caso.
En esos años, los procedimientos de la justicia penal de la provincia de
Buenos Aires estaban organizados de tal modo que la policía de cada comisaría
podía actuar como auxiliar del juez de instrucción llevando adelante la inves-
tigación inicial de cada delito penal cometido en su jurisdicción. El Código

27
El Suboficial Segundo, Marcelino Benítez, asesinado el 7 de noviembre de 1977.
28
Así se le llama a cada hoja de un expediente.

155
Juan Gandulfo

Procesal Penal29 establecía que, luego de los diez días iniciales, la investigación
debía remitirse al juez. Al menos en los casos que estudiamos, el juez volvía a
remitir el expediente a la policía para que realizase las diligencias ordenadas por
este, aunque esas diligencias solían ser meros requisitos y formalidades buro-
cráticas y administrativas, más que tareas de investigación propiamente dichas.
Analizaremos algunos casos puntuales para ver en detalle a qué nos referimos.
Tomaremos como referencia el expediente del hallazgo del cadáver de Mi-
guel Ángel Sosa.30 El 25 de mayo de 1976, la policía de la comisaría de Bella
Vista recibe una llamada de los vecinos alertando sobre el hallazgo de una
persona, probablemente sin vida, en el río Reconquista a la altura del puente
de la calle Gaspar Campos. El comisario y sus asistentes se hacen presentes en
el lugar y comienzan la instrucción. Esta fase del proceso penal, también deno-
minada investigación, es aquella en la que el juez realiza todas las actuaciones
destinadas a reconstruir y establecer cómo y en qué circunstancias ocurrió el
delito y determinar sus responsables, así como la identidad de las víctimas en
el caso de los homicidios.
Las tareas a realizar en esta fase se encuentran tipificadas en el Código
Procesal Penal. Podemos reconstruir las tareas realizadas por la policía a partir
del expediente judicial que se abrió el mismo día 25. Personal de la comisaría
de Bella Vista se constituye en el lugar, constata lo expresado telefónicamente
y confirma que, efectivamente, se está en presencia de una persona sin vida, a
través de la intervención del médico de policía. Un fotógrafo se encarga de hacer
tomas de la escena del crimen. Por su parte, se toman muestras de las huellas
dactilares del cuerpo, que son enviadas a la policía científica para intentar ave-
riguar su identidad. El expediente muestra que se cumple con buena parte de
las pericias que establece para estos casos el Código Procesal. Sin embargo, no
se realiza una de las tareas centrales en la investigación, que es recoger testimo-
nios del hecho. Tampoco se deja constancia de que se haya intentado hacerlo.

29
El Código Procesal Penal es un conjunto de normas y reglas que regulan y establecen los
pasos a seguir en cualquier proceso de carácter penal, desde su inicio hasta su fin. El Código
Procesal Penal de la provincia de Buenos Aires vigente en aquel momento era el promulgado
por la Ley 3589, o Código Jofré, que rigió entre 1912 y 1998.
30
Esta persona había sido secuestrada de su casa en Capital Federal horas antes del hallazgo
de su cadáver. Respecto del expediente del asesinato, hemos logrado acceder a una copia en la
Unidad de Asistencia para causas por violaciones a los Derechos Humanos durante el terrorismo
de Estado, a cargo del Dr. Félix Crous, luego de buscarlo en diversos juzgados de San Martín y
comprobar que había sido destruido (Causa Nº 24.100, “Sosa, Miguel Ángel - GS2”).

156
Las burocracias estatales y el tratamiento de los cuerpos de los desaparecidos...

Luego, el cuerpo es trasladado a la morgue para que se efectúe una autop-


sia. El informe del médico indicó que Sosa había muerto alrededor de las tres
de la tarde del mismo día a causa de un golpe en el parietal izquierdo que le
había producido un derrame cerebral. El cuerpo tenía signos de haber sufrido
torturas.31
Tres días después, desde la Sección de Identificaciones de La Plata se res-
ponde que no se registran antecedentes correspondientes a la persona a quien
se le extrajeron las huellas. Por su parte, la Policía Federal, luego de veinte días,
envía un telegrama donde informa escuetamente que las fichas corresponden
a Miguel Ángel Sosa, envía su prontuario, en el que figura una detención en
Capital Federal en el año 1968 por portación de armas, y su última dirección,
que correspondía al domicilio donde vivían sus padres.32 Ese mismo día, el
comisario solicita a la comisaría de la Policía Federal más cercana al domicilio
que notifique a la familia. Luego de dos semanas, al no haber respuesta de la
comisaría que debía notificar en Capital Federal, ni haberse presentado los fa-
miliares, se solicita un nuevo aviso que tiene idéntico resultado que el primero.33
El juez ordena al comisario que proceda a solicitar la correspondiente partida
de defunción y que le informe el lugar de la inhumación. Este trámite se demora
porque el Registro Provincial de las Personas no remite el “acta de defunción”.
Semanas después, este trámite se cumple y el magistrado recibe la documenta-
ción solicitada. A casi cuatro meses del incidente, finalmente el juez declara el
“sobreseimiento provisorio” con el siguiente texto: “No pudiéndose identificar
al autor del delito de homicidio, de quien resultó víctima Miguel Ángel Sosa,
sobreséese provisionalmente la presente causa”.34
Una característica de estos expedientes, así como otros iniciados por casos
similares en esa época, es la falta total de medidas de investigación, más allá
de los pasos más sencillos y rutinarios como los descriptos anteriormente.
Los expedientes de “homicidio de nn”, que se cuentan por cientos entre los
años 1976 y 1978, tienen, al menos, dos rasgos comunes: las víctimas son casi
invariablemente jóvenes y los expedientes suelen ser sumamente cortos para
una investigación de este tipo; tienen como máximo 30 o 40 fojas.

31
Causa 21.400, fs. 5 y 6.
32
Causa 21.400, fs. 11 y 12.
33
Causa 21.400, fs. 13 y 14.
34
Causa 21.400, fs. 15-32.

157
Juan Gandulfo

“Nombre: nn”

La falta de compromiso de las burocracias penales por investigar estos homicidios


no impidió que, por la propia dinámica de los procedimientos, se realizaran
algunas tareas de investigación. Entre ellas podemos destacar la investigación
en torno a la identidad de esos muertos.
El principal método para identificar personas ha sido desde principios
del siglo xx, y sigue siendo hoy en día, la comparación de huellas dactilares.35
En todos los casos en que intervino la justicia se procedió a tomar copias de
las huellas dactilares, que eran enviadas para su comparación a los departa-
mentos científicos, tanto de la Policía de la Provincia de Buenos Aires como
de la Policía Federal. Sin embargo, en la mayoría de los casos no se lograba la
identificación de los cadáveres. Ello seguramente haya obedecido a deficiencias
en las metodologías de búsqueda en los archivos, la falta de coordinación del
trabajo de búsqueda o limitaciones técnicas de distinta índole. Así, al no ser
reconocida la identidad de los cuerpos, se los inscribía en los distintos registros
con el nombre nn.36
Al ser inscriptos en el libro de ingresos del cementerio como nn se les
otorgaba a estos cuerpos un estatus de anonimato. Salvo en las ocasiones en
que los empleados acompañaban esta sigla con alguna anotación como “en-
frentamiento militar” o “enfrentamiento fuerzas de seguridad”, estos cuerpos
pasaban a formar parte de un universo más vasto de muertos anónimos. Como se
mencionó anteriormente, en general ese universo está conformado por personas
ubicadas en los dos extremos de la vida, el nacimiento y la vejez, momentos que
son, estadísticamente, los de mayor riesgo de muerte. En los registros puede
constatarse, entonces, que la mayoría de los nn son personas de edad avanzada,
indigentes, neonatos o fetos. Explorar los registros permite ver que los desapa-
recidos se insertaron en un universo más amplio de muertos que corresponde
a personas que, por diversas razones, han roto sus vínculos sociales previos y

35
Este método fue elaborado por Juan Vucetich en la Policía de la Provincia de Buenos Aires de
forma pionera a nivel mundial, como parte de una búsqueda para abordar un problema que era
identificado como clave en ese momento: la reincidencia (García Ferrari, 2010).
36
En el período 2011-2015, desde el Ministerio de Seguridad de la Nación se coordinó la búsque-
da de documentación de detenidos-desaparecidos que permitió establecer por vía administrativa la
muerte de algunos de ellos, incluso en ocasiones en las que no se ha podido recuperar el cadáver.
Ello se hizo principalmente a partir de registros dactiloscópicos. Esta experiencia ha puesto en
evidencia los problemas de los procedimientos burocráticos de identificación dactiloscópicos y
las potencialidades de reorganizar el trabajo de las burocracias (Página/12, 11 de mayo de 2015).

158
Las burocracias estatales y el tratamiento de los cuerpos de los desaparecidos...

que por ello no son reconocidos ni identificados por el Estado, y son inscriptos
en estos registros como nn. Vagabundos, seniles, perdidos, olvidados, sujetos
ignorados o marginados por la sociedad. A estos se suman en los documentos
una asombrosa cantidad de fetos productos de abortos y neonatos fallecidos.
Ahora bien, hubo casos en los que efectivamente se logró la identificación
del cuerpo. Sin embargo, esta situación no siempre logró torcer la dinámica
que colocaba a estos cadáveres dentro del universo de indistinción de los nn.
En el caso de Miguel Ángel Sosa, citado en el apartado anterior, a pesar de
haber sido identificado por comparación de huellas dactilares, la policía nunca
cumplió en notificar a la familia. Sosa fue enterrado, como muchos otros en
esos años, como muerto anónimo.
Años después, en 1981, su familia, que continuaba buscándolo, recibió
una notificación de parte del Ministerio del Interior en la que se informaba
que en los tribunales de San Martín había un expediente por el asesinato de
Miguel Ángel. Al concurrir a los tribunales, su hermano supo del hallazgo de
su cadáver en mayo de 1976 y del lugar donde había sido inhumado. De este
modo, la familia pudo recuperar el cuerpo. Este caso fue clave en la denuncia
de los organismos de derechos humanos sobre el enterramiento irregular de
desaparecidos en el cementerio de Grand Bourg.
En otros casos, no hay datos en los documentos acerca de cómo se logró dar
con la identidad de las personas, pero en las actas de defunción figura la leyenda
“nn o (nombre de la persona)”. Esto ocurrió en los casos de Cristina Galzerano,
de Carlos Erlindo Ávila y de Marcelo Reinhold, que fueron inscriptos de este
modo, enterrados como nn y figuran en el listado de desaparecidos elaborado
por la Conadep. Una vez clasificados como nn, a pesar de que posteriormente
se constatara su identidad, los desaparecidos eran tratados del mismo modo
prescindente en que eran tratados otros muertos anónimos.
Incluso hubo contados casos en los que las burocracias notificaron a las fa-
milias acerca de la identificación del cadáver. Este fue el caso de Federico Martul,
uno de los tres jóvenes encontrados muertos en Del Viso en julio de 1976.37
Pocos días después del hallazgo, Martul fue identificado por comparación de
huellas dactilares. Al ser notificada la familia, el tío del joven asistió a la comisaria
y allí le indicaron que asista al cementerio. Su cuerpo ya había sido enterrado

37
Fue secuestrado el día 23 de junio de 1976. Tenía en ese entonces 17 años y militaba en la
Unión de Estudiantes Secundarios (ues), una agrupación vinculada a la organización Montoneros.
Martul fue visto en el centro clandestino de detención “El Vesubio”.

159
Juan Gandulfo

entre otros cuerpos sin identificar, entonces se procedió a la exhumación y el


tío logró reconocer al joven.38
En su clasificación de los cuerpos, las burocracias utilizan categorías que
producen efectos sobre la realidad y sobre su propia acción. En su análisis sobre
las prácticas de identificación de cadáveres “no identificados” en el Instituto
Médico Legal de Río de Janeiro en la década de 1960, Leticia Ferreira (2009)
destaca que, si por un lado el “proceso de identificación” busca individualizar
un cuerpo, por otro lado la denominación de “no identificado” –o nn, en
nuestro caso– lo inscribe dentro de un universo de indiferenciación. Junto con
Bourdieu (2001: 97), la autora resalta el poder creador de los nombres, que, al
tiempo que los mencionan, producen la realidad de estos cuerpos (2009: 18-
21). Luego de atravesar una serie de procedimientos en los que intervienen
diversas reparticiones del Estado y que requieren seguir normas, apelar a dis-
tintos conocimientos y registros y utilizar sofisticadas técnicas, los cuerpos sin
vida de los desparecidos pasan a ser designados bajo la categoría nn, a la que
se le asocian ciertos recorridos vitales, generalmente de trayectorias de personas
que se ubican en los márgenes de la sociedad, como indigentes, mendigos,
alcohólicos, etcétera, que los ubican en el anonimato.

Reflexiones finales

La reconstrucción del caso del cementerio de Grand Bourg muestra algunos


itinerarios y procedimientos burocráticos de los que han sido eje los cuerpos de
detenidos-desaparecidos allí sepultados. En la mayoría de los casos, estos fueron
llevados a la morgue directamente por las Fuerzas Armadas y de Seguridad,
y, en esos casos, existió una orden verbal de proceder de forma irregular que
provenía de la intendencia. El único paso burocrático que se seguía en estas
situaciones era su inscripción en el libro de ingresos del cementerio. Siguiendo
el testimonio dado en sede judicial por los empleados, es probable que esta
dinámica haya comenzado a operar antes del golpe de Estado de 1976. Lo que
es indudable es que esta práctica funcionó de forma amplia durante los primeros
años de la última dictadura.
38
En el momento de la exhumación, los sepultureros desenterraron tres cajones de la misma
fosa. El tío de Martul logró ver en los otros dos cajones los cuerpos de una mujer joven y el de
un muchacho. A partir de su testimonio, los miembros del eaaf lograron identificar a Leticia
Akselman, militante de la ues, secuestrada en junio de 1976 cuando tenía 18 años (para el
desarrollo detallado de este caso, ver Cohen Salama, 1992: 195-205).

160
Las burocracias estatales y el tratamiento de los cuerpos de los desaparecidos...

Junto con los entierros realizados al margen de la ley, un número significativo


de inhumaciones se hizo siguiendo, en buena medida, los pasos legales. Ello
ocurrió en los casos en que los cuerpos aparecían con visibles signos de muerte
violenta en las calles, en descampados o a la vera de ríos y arroyos. Se abría a
partir de allí una investigación judicial por medio de la cual se llevaban a cabo
una serie de acciones burocráticas, mediante las cuales se buscó mantener la
apariencia de que la justicia actuaba con normalidad. Sin embargo, el análisis
de los expedientes evidencia que no existió la intención de investigar esos ho-
micidios. En la práctica, este tratamiento “legal” de los cuerpos, como la forma
ilegal que eludía la intervención judicial, fue funcional a que las desapariciones
se pudieran cumplir de forma completa. Esto implica que, además de exponer
a las víctimas al secuestro, a vejámenes y a torturas, mantenerlas en cautiverio
y, finalmente, asesinarlas, la desaparición se completaba con el ocultamiento
de los cadáveres (Calveiro, 1998: 163-164; Somigliana y Olmo, 2000: 13).
El caso estudiado muestra que, en el gran Buenos Aires, las fuerzas repre-
sivas utilizaron distintos modos para deshacerse de los cuerpos, como simular
enfrentamientos, abandonarlos en las calles o llevarlos a las morgues. A su vez,
hemos encontrado que la forma de actuar de las burocracias encargadas de li-
diar con la muerte se articuló de formas diversas con los grupos de tareas, pero
en su conjunto podemos sostener que su accionar fue funcional al método de
desaparición de personas perpetrado por la última dictadura, en la medida en
que permitió e incluso fue agente del objetivo de ocultamiento de los cadáveres.
Surgido en el contexto de la transición a la democracia, el concepto de
terrorismo de Estado buscó exponer la existencia de un plan diseñado institucio-
nalmente y llevado adelante por las Fuerzas Armadas que implicó una acción
represiva legal e ilegal y que buscó la aniquilación de diversos movimientos
políticos. Este plan tuvo como principal metodología la desaparición de per-
sonas y tenía como objetivo “refundar la nación”.39 Si bien este es un estudio
de caso y nuestros hallazgos deben ser constatados con lo que pudo haber
ocurrido en otros casos, podemos plantear la idea de que esta diversidad de
formas utilizadas para ocultar los cadáveres se debió al hecho de que la última
dictadura no puso en funcionamiento una maquinaria prediseñada y aceitada
39
Los conceptos de terrorismo de Estado y de detenido-desaparecido no tienen un único autor.
Fueron nociones que se construyeron en debates, resignificaciones, posicionamientos, y en su
propia circulación, que las legitimó en su uso social. De todos modos, lo que es seguro es que
la noción de terrorismo de Estado surgió del campo del movimiento de los derechos humanos.
La versión más difundida de esta noción probablemente provenga del libro de Luis Eduardo
Duhalde, El Estado terrorista argentino, publicado por primera vez en 1983.

161
Juan Gandulfo

para perpetrar las desapariciones, sino que buscó la utilización de los recursos
disponibles, sacando de ellos el máximo provecho posible. Esto no contradice
la idea general de la existencia del plan general del terrorismo de Estado, pero
a diferencia de la imagen expandida de una ajustada maquinaria criminal, lo
que se observa en el caso estudiado es el adecuamiento y aprovechamiento de
los propios recursos de los que disponía el Estado para perpetrar los crímenes,
lo que obliga a estudiar los desafíos de su implementación y abre el examen a
la acción de distintos actores.
Quienes intervinieron en el tratamiento de los cuerpos fueron diversos
actores que van desde jueces hasta sepultureros, con niveles de participación y
responsabilidad disímiles. Ello plantea la necesidad de un análisis más detallado
y diferenciado del rol de los distintos niveles y agentes de las burocracias impli-
cadas. Sin embargo, es necesario notar que, gracias al activismo de familiares de
desaparecidos y de los organismos de derechos humanos, las huellas producidas
en su momento por estas burocracias en el tratamiento de los cuerpos han ser-
vido con posterioridad a la ubicación e identificación de los numerosos restos.
En este sentido se puede plantear un papel ambiguo de las burocracias: si, por
un lado, sus procedimientos y actitudes dieron margen para el ocultamiento
de cientos o miles de cadáveres, por otro lado estos mismos procedimientos
han dejado huellas que posteriormente han servido para rastrear e identificar
muchos de esos cuerpos.

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Nº 4 de San Martín, i. octubre de 1982.

165
Asociacionismo y poder local: trayectorias
y vínculos entre las asociaciones
de General Sarmiento y el gobierno
municipal (1973-1983)
Guadalupe Ballester

En este trabajo nos proponemos analizar las trayectorias y los vínculos estable-
cidos entre la dirigencia de las asociaciones del expartido de General Sarmiento
y el gobierno municipal entre 1973 y 1983. En particular se atenderá el caso de
la Asociación Italiana de Ayuda y Socorros Mutuos Fraternidad y Unión y el
de la Asociación de Protección y Ayuda al Discapacitado (apad). La selección
obedece a dos razones fundamentales. Por un lado, Fraternidad y Unión y la
apad permitieron consultar sus archivos y se pudieron realizar entrevistas a sus
miembros.1 Sumado a este aspecto material, también nos interesa aportar a
una discusión mayor sobre el asociacionismo en nuestro país. En este sentido,
compartimos la clasificación que realiza Fernando Devoto sobre las asociaciones.
Siguiendo su investigación, Fraternidad y Unión corresponde al mutualismo
étnico, mientras que la apad forma parte del asociacionismo de ayuda social
(1985).
El estudio de estas entidades nos permite dar cuenta de dos tipos distintos
de asociaciones: de mutualismo étnico y de ayuda social. A la vez, ambas aso-
ciaciones mantuvieron fuertes lazos con el gobierno local durante el período
delimitado y tuvieron una gran presencia en la vida pública de la localidad,
como evidencia la prensa.

1
Esto nos obligó a dejar de lado otras entidades de relevancia, como por ejemplo la Sociedad
Española, ya que no permitieron la consulta de sus archivos.

167
Guadalupe Ballester

Sostenemos que la permanencia y la trayectoria en las asociaciones les faci-


litaron a los dirigentes la obtención de puestos y recursos en el gobierno local.
Además, defendemos que la conformación de lazos mutuamente beneficiosos y
complementarios entre la dirigencia de las asociaciones y los sucesivos gobiernos
municipales se facilitó por la confluencia de intereses de ambos actores. Esto
permitió el crecimiento de las asociaciones durante este período y catapultó a
algunos de sus dirigentes a la escena pública.
Dentro del gran abanico de problemas de estudio que se despliegan en el
período recortado, el centro del análisis que se propone en este artículo son las
trayectorias de algunos de los dirigentes más sobresalientes de las élites de las
asociaciones y los vínculos, tanto personales como institucionales, que ellos
establecieron con el gobierno local.
La historiografía argentina se ha dedicado a estudiar el surgimiento, el ac-
cionar y el funcionamiento del asociacionismo de finales del siglo xix e inicios
del siglo xx, pero todavía resta volcar esos interrogantes al pasado reciente. Al
hacerlo es posible aportar una nueva perspectiva a la discusión sobre los víncu-
los entre sociedad civil y Estado en las últimas décadas, porque nos permiten
adentrarnos en el funcionamiento de la vida social y política local. Los vínculos
entre gobierno local y espacios de sociabilidad política y asociativa solo pue-
den estudiarse en el espacio local, de allí que la escala de estudio es tanto una
herramienta como una condición de posibilidad de la presente investigación.
Aquí nos proponemos estudiar el asociacionismo a partir de las herramientas
que brinda la noción de sociabilidad,2 lo que nos permite atender tanto los
aspectos formales e institucionales como los informales. Especialmente, nos
permite adentrarnos en “el sistema de relaciones que se teje en esos lugares y
las formas y prácticas que adopta” (Navarro, 2006: 112). El estudio de la socia-
bilidad informal (Escalera Reyes, 2000) evidencia que no podemos abocarnos
solo a los aspectos formales e institucionales recopilados en los estatutos y en las
actas ya que la mayor potencialidad de este tipo de aproximación se encuentra

2
Autores como Escalera Reyes (2000) y Navarro (2006) retoman la definición que ya se ha
convertido en clásica de Agulhon (1992), pero agregan otros aspectos o resignifican la propuesta
a partir de aportes de otras ciencias sociales. Es posible identificar una línea de pensamiento y
seguidores que proponen la sociabilidad no solo como tema sino como un interrogante sobre
aspectos ya estudiados, como por ejemplo el asociacionismo. Adscribiéndonos a esta línea, com-
partimos con Antonela Sosa que, a partir de estas investigaciones, resulta productivo entender la
sociabilidad como un instrumento que nos permite comprender más cabalmente la experiencia
de los integrantes de las asociaciones y los vínculos que estos establecieron con otros grupos o
entidades (2015).

168
Asociacionismo y poder local: trayectorias y vínculos entre las asociaciones...

en el análisis de las actividades (públicas, como asistencia a actos oficiales, y


privadas, como cenas y actos cerrados), el imaginario y las representaciones de
los integrantes de las entidades.
El artículo se divide en tres apartados. En primer lugar, realizaremos un
breve recorrido sobre la historia y el surgimiento de Fraternidad y Unión y de
la apad. En segundo lugar, indagaremos sobre las trayectorias de sus elencos
dirigenciales y los vínculos personales e institucionales que se establecieron entre
asociacionismo y gobierno local. Finalmente, brindaremos algunas reflexiones
sobre los vínculos entre asociacionismo y poder local en la historia reciente.

Fraternidad y Unión y apad: un recorrido por su historia

La relevancia del accionar y de la autogestión de los habitantes de la localidad


recorre toda la historia de General Sarmiento. Ello se evidenció claramente en
el pedido de creación del partido en 1898 y en la conformación posterior de
un nutrido entramado de asociaciones y sociedades. En este grupo sobresalen
dos entidades. La Asociación Italiana de Ayuda y Socorros Mutuos Fraternidad
y Unión3 (Ballester, 2014a), creada en 1890, y la Sociedad Española de Soco-
rros Mutuos, que surgió diez años más tarde, en 1900. Estas dos entidades se
ubicaron en el centro de la localidad de San Miguel y fueron los ejes centrales
de la sociabilidad étnica, pero no fueron las únicas. En 1911, en la localidad de
José C. Paz, las comunidades vascas e italianas formaron la Sociedad Cosmo-
polita de Socorros Mutuos. El tercer grupo étnico en relevancia del partido, los
franceses, no crearon una asociación propia sino que se unieron a la Sociedad
Francesa de Beneficencia de Buenos Aires, la cual había adquirido un terreno
en Bella Vista en 1907.
A pesar de la preeminencia de las asociaciones de base étnica, también
existían diversas asociaciones vinculadas a deportes. Si bien uno de los más re-
levantes en la zona es el Club Atlético San Miguel (fundado en 1922), desde los
inicios del partido existieron muchos clubes deportivos. Por ejemplo, en 1895

3
La asociación italiana Fraternidad y Unión es nombrada así recién en noviembre de 1924,
luego de la fusión de la Societá Fratellanza Italiana y la Societá Unione Italiana, que deciden
denominarse Societá Italiana di Mutuo Soccorso Fratellanza e Unione. La creación de una única
entidad pretendía, por un lado, acercar más a toda la comunidad italiana de General Sarmiento y,
por otro, encontrar una salida para los problemas financieros que atravesaban ambas asociaciones.
Esta iniciativa se había discutido durante años, hasta que en noviembre de 1924 surgió la Societá
Italiana di Mutuo Soccorso Fratellanza e Unione (actas varias de la entidad).

169
Guadalupe Ballester

se fundó el Club de Regatas de Bella Vista; en 1932, el Club Social, Cultural y


Deportivo Muñiz; y en 1949, el Club Deportivo y Social Juventud Unida. A
grandes rasgos, mientras que en el Club de Regatas participaban miembros de
los sectores de clase alta, el Club Muñiz y el Club San Miguel tenían un tono
más popular y reunían a personas de clase media. Otras entidades, como las de
ayuda social y las vinculadas a congregaciones religiosas, también se desarro-
llaron rápidamente. Solo a modo de ejemplo podemos mencionar la creación
de la Sociedad Damas de Caridad del Sagrado Corazón de Jesús en 1899 y
la fundación de la Asociación de la Iglesia Luterana Unida en 1922. Una vez
que San Miguel alcanzó la categoría de ciudad, nació la Sociedad Cuerpo de
Bomberos Voluntarios de General Sarmiento (Ballester, 2016b) en 1945 y, más
recientemente, en los años setenta, la apad (Ballester, 2014b).4
En lo que se refiere al asociacionismo étnico, tanto los españoles como los
italianos cuentan con entidades de ayuda y socorros mutuos desde los inicios
del proceso de fuerte inmigración. En 1857 se creó en la ciudad de Buenos
Aires la Asociación Española de Socorros Mutuos, y un año más tarde surgió
Unione e Benevolenza. Desde ese momento, y de manera sostenida, aumentaron
las entidades en ambas comunidades, tanto en número como en cantidad de
socios. Hacia 1914 existían más de 460 entidades italianas con 166.000 miem-
bros, y otras 250 entidades españolas con más de 110.000 socios (Devoto y
Fernández, 1990). En este marco, la historia de la Asociación Italiana de Ayuda
y Socorros Mutuos Fraternidad y Unión evidencia problemas particulares del
expartido de General Sarmiento.
La sede de la asociación se encuentra ubicada en el centro de San Miguel.
Entre la fecha de fundación del partido (octubre de 1889) y de la asociación
italiana (septiembre de 1890) hay menos de un año. Esto es un indicio de la
incidencia permanente de la asociación en la localidad desde los inicios del
partido. Además, da cuenta de la importancia relativa de la comunidad ita-
liana, principalmente calabreses. Gracias al estudio de las cifras de los censos
nacionales, podemos saber que en 1895 residían 1.261 italianos en General
Sarmiento, y que en 1914 la cifra había aumentado a 2.177 habitantes. En
la provincia de Buenos Aires, en ese mismo año había 285.016 italianos, que
constituían el grupo migrante más importante.5

4
Para un breve balance del asociacionismo en General Sarmiento recomendamos ver el capítulo
“XII. Otras instituciones de San Miguel”, en Munzón (2007).
5
Sobre los impactos de las migraciones en la conformación del partido, ver el trabajo de Daniel
Lvovich en este mismo volumen.

170
Asociacionismo y poder local: trayectorias y vínculos entre las asociaciones...

La primera intención de fundar una asociación surgió en las reuniones


que se sostuvieron bajo la dirección de uno de los habitantes de la localidad,
Serafino Germano, con el fin de construir, y luego agrandar, la capilla de San
Miguelito. Enrique Cervo6 sostiene en su libro que a partir del trabajo en pos de
la capilla de San Miguel “nació la idea de que la colectividad italiana no podía
estar disgregada y desprotegida, se tenía que fundar una sociedad mutualista
que los agrupara” (2004).
La principal preocupación de este tipo de entidades era satisfacer las nece-
sidades básicas de sus afiliados, como cobertura médica y sepelio, además de
brindar un ámbito de sociabilidad (Devoto, 2003: 242). Los primeros objetivos
de la asociación fueron, entonces, brindar asistencia médica y acompañamiento
a los socios, promover ámbitos de sociabilidad y solidaridad, etcétera. Esto
mismo se evidencia en las actas de Fraternidad y Unión, en las que se proponía:
“Fomentar la ayuda recíproca entre sus miembros, prestar servicios funerarios,
proporcionar servicios de asistencia media, farmacéutica y otros […] mante-
ner vivo entre los afiliados el culto de las glorias argentinas e italianas” (Acta
Nº 401, noviembre de 1974).
Las asociaciones se ocupaban de brindar a sus afiliados servicios básicos, par-
ticularmente vinculados a la salud. Compartimos con Armus y Bohoslavsky, que
… el asociacionismo mutualista fue uno de los recursos mediante los
cuales se intentó resolver el cuidado de la salud en zonas que no contaban
siquiera con salas de primeros auxilios. […] Estas sociedades florecieron
en un contexto en que el Estado providente era inexistente o tenía una
presencia muy superficial. Se proponían facilitar el acceso a la atención
médica y cubrir gastos de medicamentos, alguna internación hospitalaria,
servicios fúnebres y seguros de vida (2015: 510).

Claramente, el caso de Fraternidad y Unión forma parte de esta caracterización


general sobre los alcances y las preocupaciones de las entidades mutuales. Las
actividades que desarrollaban este tipo de asociaciones eran muy amplias e
incluían desde aspectos culturales hasta ayudas con respecto a las necesidades
básicas. Esto fue variando a lo largo del tiempo, pero siempre se mantuvo la
preocupación por brindar un espacio de sociabilidad.

6
Enrique Cervo es una personalidad clave de la vida local. Su figura sobresale tanto por su larga
y fructífera trayectoria dentro de la asociación italiana como también por el importante papel
que desempeñó en la vida política local. Sobre estos aspectos nos referiremos más adelante.

171
Guadalupe Ballester

Uno de los cambios que se dieron a lo largo de las décadas fue que, en los
primeros años, sobresalía la preocupación por mantener el idioma, e incluso
de enseñarlo a quienes no hablaban italiano. La lengua es, sin dudas, uno de
los principales lazos entre los inmigrantes y, a la vez, es el símbolo indiscutido
de su tierra de origen.7 En el caso de Fraternidad y Unión, en sus inicios, las
actas se redactaban en italiano, pero las cartas que la sociedad enviaba a otros
o las que recibía se copiaban en castellano, como por ejemplo la recibida en
octubre de 1896 de parte del gobierno, en la que se comunicaba la obtención
de la personería jurídica. Esto da cuenta de que, si bien la comisión directiva
dominaba ambos idiomas, las actas se redactaban en la lengua materna, lo que
propiciaba un sentido mayor de pertenencia a la patria italiana, a la vez que
contribuía a fortalecer la identidad italiana de la mutual.8
El impulso de la asociación descansó inicialmente en la buena voluntad de
sus primeros integrantes, quienes acercaban lo que estaba a su alcance. Recién
en 1893, gracias a la ayuda de Carlos Ristorini, primer martillero de la zona,
se inauguró su flamante casa en la calle Italia, la misma en la que hoy continúa
funcionando. La construcción se solventó gracias a los aportes de particulares
y de comerciantes de la zona, y también por la venta de rifas que los propios
miembros de la comisión directiva organizaron. Este breve relato sobre los
inicios de la asociación da cuenta de la informalidad y la domesticidad con la
que se planteaba la organización de la entidad:
Es muy probable que la génesis de esas asociaciones se remontara –como
había sucedido con las primeras organizaciones de mediados del siglo xix–
a charlas de café o reuniones informales en la casa de algún paisano. Más
tarde, un puñado de nativos de una misma localidad decidieron reunir un
poco de dinero para alquilar un local no demasiado oneroso que pudiera
servirles de hogar en la nueva tierra (Moya, 2004: 309).

7
Sobre la importancia de la lengua y de la enseñanza del idioma de la tierra de origen, ver, por
ejemplo, Bertoni (1996; 2001).
8
Uno de los documentos más valiosos de la asociación, del cual solo existe una copia, es la
invitación a la reunión de inicio formal de la entidad, que se realizó el 8 de septiembre de 1890:
“Allo scopo di formare una societá di Soccorso Mutuo deritti in casa del Signore Germano Serafino
ed hanno stabilito quanto approsso: intitolare la Societá Fratellanza Italiana, publicare un manifesto
invitando tutti connazionali ad interesare alla reunione che siterra in casa del Sig. Germano Serafino
il giorno 8 settembre 1890 alla ore 12 arcio possa essen constituita la societá su vasta scala” (San
Miguel, Partido de General Sarmiento, 24 de agosto de 1890).

172
Asociacionismo y poder local: trayectorias y vínculos entre las asociaciones...

A lo largo de las décadas, las preocupaciones por mantener la lengua italiana,


la restricción de “apellido italiano” para asociarse y el ímpetu por generar una
segunda patria en la nueva se fueron desgranando. A medida que avanzaban las
segundas y terceras generaciones, los intereses y los objetivos se transformaron.
En este sentido, compartimos que
… la evolución que tiene una comunidad migrante va modificando la
estructura, las potencialidades y los objetivos de sus instituciones. Una vez
que se han consolidado socialmente y han logrado un buen posicionamien-
to económico, sus preocupaciones no están en superar el aislamiento sino
en aumentar sus redes sociales en la sociedad receptora, es decir, ampliar
su esfera de poder superando el primitivo ámbito étnico que las capacitó,
para seguir avanzando (Estrada, 2016: 45).

El caso de Fraternidad y Unión obedece a esa lógica de transformación. Es


posible pensar que en las décadas de los setenta y ochenta se dan las transforma-
ciones internas que, en cierto modo, culminan ese proceso. El caso de Enrique
Cervo puede pensarse como ejemplo del aumento de las redes personales e
institucionales de la dirigencia de Fraternidad y Unión.
Con una historia mucho más breve y de creación más reciente, podemos
señalar el caso de la apad, una de las entidades vinculadas a la ayuda social
de más larga data de la localidad y la primera en ofrecer una salida laboral
específica para personas con discapacidad mental. La apad se convirtió en
un referente sobre discapacidad en la zona. Su líder, Adelma Molinari, tuvo
una extensa trayectoria en la localidad. Su trabajo comenzó en la década
de 1950 con la creación de la escuela especial “Mi Encuentro”. Años más
tarde comenzó a pergeñar la creación de un taller de trabajo para acoger a
los adultos con discapacidad que egresaban de ella. Tanto la escuela “Mi
Encuentro” como el taller de trabajo protegido de la apad fueron claves en
la localidad en todo lo relacionado con el tratamiento, la educación, el apoyo
y el resguardo de los derechos de las personas con discapacidad. En palabras
de Molinari: “No son seres discapacitados sino personas con discapacidad, por lo
tanto hablamos de sujetos plenos de derecho”.9 Esta afirmación se ve sustentada
por otros testimonios: “Antes de Adelma los discapacitados acá eran casi como

9
Entrevista a Adelma Molinari publicada en la página web de la Universidad Nacional de
General Sarmiento. Disponible en http://www.ungs.edu.ar/ms_ungs/?p=17396 (última vez
visitado, el 21 de abril de 2016).

173
Guadalupe Ballester

plantas, nadie decía nada ni se sabía. Y ella se movió muchísimo”.10 También se


reflejaba el tema en la prensa local:
Hace más de dos décadas, un niño con esta desgracia era considerado poco
menos que un monstruo y era relegado por sus propios padres a un plano de
anonimato y fuera del marco de la sociedad. Hoy en día, un niño mogólico
tiene la oportunidad de corregir sus deficiencias motoras, evolucionar su
nivel intelectual y mejorar su expresión, de modo de llegar a ser útil para
sí mismo y para quienes lo rodean (Síntesis, año xix, nº 2.608: 9, 26 de
diciembre de 1975).

Como dijimos, la apad fue pensada como continuadora de la labor que llevaban
adelante las escuelas de educación especial, particularmente “Mi Encuentro”. Si
bien las tratativas y las primeras reuniones para crear esta asociación comenzaron
en 1971, estas se intensificaron a partir de 1973 con la creación de la comisión
municipal o comisión fundadora (en las actas se la nombra indistintamente).
Tres años más tarde, las preocupaciones del grupo fundador se cristalizaron en
acciones efectivas. En el año 1976 empezó a reunirse mensualmente el grupo
fundador de la apad, integrado por comerciantes, docentes e industriales de
la zona, preocupados por generar un ámbito que diera continuidad a la labor
de las escuelas especiales para que los jóvenes egresados pudieran continuar su
formación e ingresar al mundo laboral. Este tipo de entidad era novedoso en
la localidad, lo que obligó a los interesados en formarla a recorrer un sinuoso
camino burocrático y de aprendizaje constante acerca de los lineamientos le-
gales necesarios para poner en marcha el taller. A la vez, la recaudación de los
fondos necesarios fue más engorrosa de lo pensado en primera instancia, lo que
también diluyó los esfuerzos.11
La primera acta de la asociación está fechada el 15 de mayo de 1976. A
poco más de un mes y medio del golpe de Estado. Mientras aún se suscitaban
cambios y transformaciones de relevancia histórica en nuestro país, en General
Sarmiento nacía un nuevo espacio. En el acta de fundación se registraron
los lineamientos principales del proyecto de creación de la entidad. La im-
portancia del accionar femenino en el grupo fundador ya se evidenciaba en
esta primera comisión: de nueve cargos en la Comisión Directiva, seis fueron
ocupados por mujeres, incluyendo la Presidencia. Las reuniones pautadas se

10
Entrevista a María Elena Fonsalido, 15 de abril de 2016, Los Polvorines.
11
Entrevista a Enriqueta Pérez del Cerro de Zúñiga (miembro fundador y de la comisión directiva
de la apad), San Miguel, 7 de Abril de 2014.

174
Asociacionismo y poder local: trayectorias y vínculos entre las asociaciones...

desarrollaron sin interrupciones y ya en junio de 1976 se determinaron los


fines a perseguir:
a) Brindar apoyo espiritual a los padres de adultos discapacitados, cola-
borar junto a ellos en la solución de los problemas relacionados con la
integración social, difundir entre los padres una orientación optimista
afirmando que la vida del discapacitado no depende tanto de su propia
discapacidad sino de cómo nos preocupamos de sus posibilidades […]
b) por todos los medios estimular una conciencia de asistencia a adultos
y jóvenes deficitarios […] c) gestionar ante los poderes públicos y las
autoridades científicas el apoyo y asesoramiento necesarios para el éxito de
la asociación, d) mantener relaciones con otras entidades, sean argentinas
o extranjeras, para un intercambio informativo y colaboraciones […] e)
fundar institutos para la atención de los deficientes (Acta Nº 3, 18 de
junio de 1976).

Los primeros objetivos eran diversos e incluían “coordinar su actividad


con los sectores económicos de la comunidad a efectos de servir de agente
laboral […]” (Acta Nº 3, 18 de junio de 1976), proporcionar asistencia
médica, financiar planes de turismo y excursiones y garantizar el quehacer
educacional, entre otros. En la práctica, esta variedad tan amplia de ob-
jetivos y preocupaciones fue decantando y los esfuerzos se concentraron
en ofrecer un espacio de formación y de actividad laboral para continuar
con el acompañamiento brindado en las escuelas especiales, tanto a los
discapacitados como a sus familias. La propia entidad definió su preocu-
pación como “trabajar por y para la persona con discapacidad, garantizar
la inserción social por medio del trabajo y promover la igualdad de opor-
tunidades” (apad, 2007).
El eje central de la apad, en especial durante sus primeros quince años,
fue la puesta en marcha y el sostenimiento de un taller de trabajo protegido.12

12
A nivel internacional, esta modalidad de trabajo se encuentra reconocida por la Organización
Internacional del Trabajo (oit), la Declaración de las Naciones Unidas y diversas cartas de foros
internacionales, como la del Grupo Latinoamericano para la Participación, Integración e Inclusión
de las Personas con Discapacidad (glarp iipd). En nuestro país, recién en 1981 se reconoció y
se definió esta modalidad laboral bajo la Ley 22431/8. Sobre el desarrollo y el marco legal de
los talleres protegidos, se sugiere ver el trabajo de Nora Arbio (2013). Atendiendo al caso de la
apad, “En la provincia de Buenos Aires, en el año 1987, se creó la Ley 10592 o Régimen Jurí-
dico Básico e Integral para las Personas con Discapacidad. Se trata de una ley fundamental que
contempla todos aquellos aspectos que hacen a la problemática de las personas con discapacidad:

175
Guadalupe Ballester

Para llevar adelante esta tarea, la flamante asociación necesitaba contar con un
edificio en el que instalar el taller y comenzar la producción. Durante el primer
año de vida de la asociación, el taller funcionó en un salón del templo luterano
de San Miguel, gracias a la colaboración del pastor Luis García. Lamenta-
blemente, tras su fallecimiento la apad debió mudarse (Acta Nº 37, octubre
de 1978). En 1979, gracias a los distintos eventos de recaudación de fondos
llevados adelante por el grupo de apoyo, la apad logró adquirir una pequeña
casa ubicada en el centro de San Miguel, en la que se instaló definitivamente
el taller de trabajo protegido.
Con el transcurso de los años, el taller creció no solo en número de ope-
rarios (nombre que reciben los empleados con pago a través de peculio) sino
también en las actividades desarrolladas, al lograr contratos con empresas
como Easy, Sodimac, Colombraro y otras. Como parte de este proceso de
crecimiento y expansión, en el año 1988 se creó “El Centro de Día” de la apad
con el objeto de dar contención y apoyo a todas aquellas personas que, por
diferentes motivos, no podían continuar integradas en el Taller Protegido de
Producción. Si bien este centro comenzó a funcionar compartiendo edificio
con el taller, en 1990 se independizó y se mudó a una quinta en Bella Vista.
Estas dos aéreas de la apad le permitieron a la entidad intentar cumplir su
máxima de dar apoyo e igualdad de posibilidades a discapacitados leves o
físicos, ofreciendo la alternativa laboral del taller, así como también a disca-
pacitados graves o profundos a partir del servicio integral diario brindado
en el centro (apad, 2007).
A partir de este primer recorrido institucional sobre el desarrollo de Frater-
nidad y Unión y de la apad, en el siguiente apartado nos proponemos indagar
acerca de los vínculos que unieron a las élites de estas entidades con el gobierno
local entre 1973 y 1983.

salud, rehabilitación, trabajo, educación, accesibilidad, transporte y cobertura social”. En el cap.


II, art. 7, dice: “Apoyar la creación de toda instancia protegida de producción, en particular los
Talleres Protegidos de Producción, teniendo a su cargo la habilitación, supervisión y puesta
en funcionamiento del Registro de Talleres Protegidos de Producción, donde se asentarán los
bienes que estén en condiciones de ofrecer los mismos”. Esta ley provincial del 1 de diciembre
de 1987 fue reglamentada en 1990, y antecede a lo establecido en el art. 36 de la Constitución
de la Provincia de Buenos Aires (Arbio, 2013: 28).

176
Asociacionismo y poder local: trayectorias y vínculos entre las asociaciones...

Élites y dirigencias: trayectorias y vínculos


con el gobierno local
El asociacionismo local se encuentra fuertemente imbricado con las redes de
poder, y muchas veces son estas mismas redes las que permiten la continuidad
y el desarrollo de las asociaciones. Los lazos personales que surgen dentro de
las entidades exceden los ámbitos privados e influyen en la conformación de
liderazgos públicos. Sumado a esto, el doble vínculo entre asociacionismo y
poder local también es testimonio de la relevancia que adquieren las relaciones
personales en los ámbitos de gobierno municipal en la escala local. La dirigencia
de Fraternidad y Unión mantuvo importantes lazos con otras entidades, como
la Sociedad Española, la apad, el Touring Club Argentino, etcétera, con cuyos
miembros establecían vínculos de amistad, confianza y compañerismo que
facilitaban su llegada a espacios relevantes. Sobre esta cuestión desarrollaremos
más adelante los casos de Enrique Cervo y de Adelma Molinari.
El asociacionismo sobresale como un actor relevante en la política, en la
sociabilidad y en las redes de poder en la escala local. Su pervivencia depende,
en gran medida, de los lazos que establecieron sus miembros entre sí y, prin-
cipalmente, con el poder local. La asociación italiana de General Sarmiento
no escapa a estas estrategias. Desde sus primeros años, y hasta el día de hoy,
Fraternidad y Unión ha estado ligada al gobierno local.13
En 1973, con las elecciones democráticas que impulsaron la llegada de
Héctor Cámpora a la presidencia, en General Sarmiento la ucr resultó la
ganadora de las elecciones. José Lombardo llegó al Ejecutivo local sin expe-
riencia previa en la localidad. Provenía de Vicente López y su candidatura
se debió a distintos motivos. Por un lado, la ucr preveía una derrota ante
el justicialismo, y ante ese escenario los nombres más reconocidos de la
localidad decidieron no presentarse a las elecciones internas.14 A su vez, el

13
Por ejemplo, si bien excede ampliamente el período delimitado en este artículo, resulta rele-
vante señalar que los lazos personales e institucionales entre la asociación italiana y el gobierno
municipal comenzaron con los inicios mismos de la entidad. Serafino Germano, además de ser
referente e impulsor de Fraternidad y Unión, también fue presidente del Concejo Deliberante
desde el 1 de enero de 1891 hasta el 31 de diciembre del mismo año (por el Partido Conser-
vador). Como se ve, su cargo en el Concejo Deliberante es contemporáneo de la fundación y
creación de la asociación.
14
Comisión Provincial por la Memoria, Archivo dipba, Mesa A, Autoridades Comunales,
General Sarmiento, Carpeta 9, Legajo 50, Folio 283.

177
Guadalupe Ballester

peronismo no pudo unificar sus facciones internas y no presentó una lista


única completa.15
El golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 inició en la localidad un
septenio con dos etapas diferenciadas. En primer lugar, los gobiernos a cargo
de militares (teniente coronel Héctor Hoffman, del 25 de mayo al 27 de abril
de 1976, y teniente coronel Luis Ortelli, del 28 de abril de 1976 al 6 de no-
viembre de 1979), y luego dos intendencias civiles (Orlando Mussano, del 6 de
noviembre de 1979 al 14 de mayo de 1981, y José Lombardo, del 15 de mayo
de 1981 al 10 de diciembre de 1983). José Lombardo tiene la particularidad
de que ocupó el máximo cargo del gobierno municipal desde 1973 hasta 1976
y desde 1981 hasta 1983. Fue depuesto por la dictadura en marzo de 1976 y
luego fue convocado por los militares en 1981 para que dirigiera como inten-
dente el gobierno de transición.
Estos lazos se vieron intensificados porque Enrique Cervo tuvo a su cargo
la Secretaría de Gobierno de la Municipalidad de General Sarmiento en el
gabinete de Orlando Mussano, entre 1979 y 1981 (Munzón, 2007: 282).
Mussano era una personalidad conocida de la localidad. Además de su tra-
yectoria en empresas de construcción y obras públicas, era reconocido por su
trabajo como director de la Escuela Industrial Nº 1 “República de Japón”16
y como profesor en la Escuela de Servicios para Apoyo de Combate (espac)
“General Lemos”, ubicada en Campo de Mayo (Síntesis, año xxiii, Nº 3.618).
Fue designado como intendente de la localidad directamente por el gobernador
de facto de la provincia de Buenos Aires, el general Ibérico Manuel Saint-Jean
(Catoira, 2013). Sobresale que los vínculos de Mussano con otros funcionarios
del régimen exceden lo local. Sobre esto, ver el artículo de Maximiliano Catoira
en este mismo volumen.
El gobierno municipal de General Sarmiento obedeció a la lógica de la
micropolítica que impulsó el régimen militar. La combinación de gobernadores
15
El peronismo presentó tres listas en sus elecciones internas: la primera, encabezada por Eduardo
Tribulato, secretario del Sindicato de Trabajadores Municipales, exconcejal y secretario general
de la Mesa Coordinadora del Partido Justicialista de General Sarmiento; la segunda, encabezada
por Héctor Buraschi, con una extensa trayectoria en el municipio en general y en el justicialismo
en particular; y la tercera, encabezada por Leandro Salato, militar retirado que trabajaba en el
Ministerio de Bienestar Social y era reconocido en el medio local como hombre de López Rega
(Merele, 2015).
16
Se trata de una escuela industrial muy conocida y prestigiosa de la zona, que se encuentra en
el centro de San Miguel. Su nombre hace referencia a la comunidad japonesa (de gran relevancia
en la zona de José C. Paz y que aportó fondos para su construcción), y a la vez mantiene una
tradición del partido que consiste en denominar a la escuelas técnicas con nombres de países.

178
Asociacionismo y poder local: trayectorias y vínculos entre las asociaciones...

militares con intendentes civiles se proponía incentivar una ciudadanía muni-


cipal que fuera apolítica, local y cercana a los problemas de “la gente” (Cane-
lo, 2016). Este recorrido por los recambios gubernamentales en el municipio
ejemplifica que “se designaron intendentes con estrecha vinculación con las
asociaciones locales y con amplio reconocimiento en la comunidad. En muchos
casos, los intendentes que habían sido electos en marzo de 1973 fueron con-
firmados luego por la dictadura” (ibídem: 67). General Sarmiento no escapó a
esta diagramación de la política local.
La llegada de Cervo al Ejecutivo municipal surgió a partir de su activa y
reconocida participación en el asociacionismo local, pero fue coherente con las
aspiraciones que él tenía desde hacía décadas. Enrique Cervo fue candidato a
intendente en las elecciones de 1973 por el Partido Renovador, cuya fórmula
estaba conformada por Francisco Manrique y Rafael Martínez Raymonda (di-
pba, Carpeta Nº 82, Legajo Nº 2). El Partido Renovador obtuvo 8.324 votos,
lo que equivalía al 6,03% del total. Ese resultado lo ubicó en el tercer lugar,
detrás de la Unión Cívica Radical (que ganó con 15.176 votos) y del Partido
Intransigente (que obtuvo 11.331 votos).17 Luego, desde el 6 de noviembre
de 1979 hasta el 14 de mayo de 1981 fue secretario del gobierno de facto del
municipio. En lo que se refiere a su trayectoria en Fraternidad y Unión, Enrique
Cervo ha tenido una extensa trayectoria dentro de la asociación. Durante toda
la década que aquí analizamos, ocupó la Secretaría de la entidad, y a partir
de 1984 fue su presidente. A la vez formaba parte de la administración del
campo de deportes y recreación que tenía el Touring Club Argentino (tca)18
en la localidad de José C. Paz.

17
Sin embargo, finalmente, los votos del Partido Renovador fueron computados como “en
blanco” por no haber presentado la lista completa de consejeros escolares. Para más información
visitar http://www.juntaelectoral.gba.gov.ar/resultados/poranio/1973 (última vez visitado, el 21
de enero de 2017).
18
El tca, fundado en 1907 por algunos dirigentes del Automóvil Club Argentino (aca), era una
“institución de acción civil que procuraba movilizar recursos y voluntades a favor de una causa
pública que tenía en su centro los transportes modernos, los caminos y el turismo”. La principal
función que llevó adelante el club fue asesorar a distintos órganos del gobierno en lo referido a
vialidad y turismo. Eran “unos adelantados a su época”, según define Marcelo Badia (integrante
del club) en una entrevista realizada en la ciudad de Buenos Aires el 27 de mayo de 2013. El club
tenía su sede central en la ciudad de Buenos Aires y uno de sus campos de deportes y recreación
se encontraba en la localidad de José C. Paz. Esta entidad continuó en funcionamiento hasta
comienzos de la primera década del 2000, momento en el que entró en una gran crisis econó-
mica de la que no pudo recuperarse. El principal sostén financiero era la cuota que pagaban los
socios por el servicio de grúa que ofrecía la entidad. En los inicios, ese servicio era novedoso y

179
Guadalupe Ballester

Justamente, el vínculo entre Cervo y Mussano nació en esa asociación de


General Sarmiento, el tca de la localidad de José C. Paz. Fue “la amistad y la
confianza” establecidas en ese club lo que llevó a Mussano a pedirle a Cervo
que “lo acompañe en la gestión (…) que iba a hacer el cambio con el gobierno civil
después” (entrevista a Enrique Cervo). De esta forma, la llegada de Cervo a la
Municipalidad se dio gracias a lazos construidos con Mussano en espacios de
sociabilidad, como el tca y la cotidianeidad vecinal, y no se vinculó con una
filiación partidaria. Esto es especialmente importante si tenemos en cuenta otros
aspectos de la vida de Cervo, como su trayectoria política. Resulta entonces
más significativo que la llegada de Cervo al gobierno municipal, primero como
director de Inspección General y luego como secretario de Gobierno en reem-
plazo de Roberto Anderson, no haya sido fruto solo de su actividad política
sino también de su participación en el asociacionismo de la localidad. En esta
línea podemos destacar también que, en medio de un gabinete fuertemente
concentrado en manos de militantes de la ucr Línea Nacional, Cervo fue uno
de los pocos funcionarios de alto rango no radicales.19
La tarea de Cervo en la asociación italiana lo había convertido en una perso-
na reconocida en la localidad y le permitía demostrar los atributos deseables que
debían cumplir los funcionarios locales: conocimiento de la localidad, cercanía
a la población de la zona, etcétera. Estas cuestiones son destacadas en la prensa
local (Ballester, 2016a). En las entrevistas realizadas, el mismo Cervo sostiene
que su cercanía a quienes vivían en General Sarmiento y la imagen que tenían
de él “de tantos años de hacer las cosas bien en la asociación” le permitieron ocupar
su puesto (entrevista a Enrique Cervo). Sumado a esto, tanto en entrevistas
realizadas a otros miembros del asociacionismo20 como en las publicaciones de
la prensa local21 se destaca la figura de Cervo como un referente del asociacio-
nismo local, y desde este lugar construyó su capital político y social. A partir
de su trayectoria en Fraternidad y Unión, la visibilidad adquirida y los lazos

no tenía empresas competidoras en el país; con el paso de los años, las compañías aseguradoras
(y el mismo aca) comenzaron a ofrecer el servicio, lo que le restó caudal de socios al tca. Esto,
sumado a algunos problemas financieros internos, obligó al club a cerrar sus puertas.
19
Ver, en este mismo volumen, los artículos de Blanca Gauto y Maximiliano Catoira.
20
Entrevistas a Enriqueta Pérez del Cerro de Zúñiga y a María Luján Rodríguez (coordinadora
del taller de trabajo protegido), San Miguel, 1 de agosto de 2013.
21
Sobre la visibilidad de Enrique Cervo en la prensa local, sobresale particularmente el nú-
mero 5.011 de Síntesis, de mayo de 1985. En esa oportunidad, Cervo fue entrevistado para el
suplemento especial “Los italianos”, y sus palabras ocuparon la nota principal (Síntesis; año xxvii,
nº 5.011, primera quincena de mayo de 1985).

180
Asociacionismo y poder local: trayectorias y vínculos entre las asociaciones...

establecidos con la comunidad, su figura fue presentada como una personalidad


de confianza, con conocimiento de los problemas locales y preocupada por la
vida comunal (Síntesis, año xxvii, nº 5.011), sin ahondar en que formaba parte
del gobierno de facto local. Estas características también son retomadas como
eje central de los requisitos necesarios para formar parte de las dirigencias y
de los cargos de gobierno por parte de miembros de otras entidades y de la
comunidad local en general (Ballester, 2016a; 2016b).
Al momento de la conformación del gabinete de Mussano, Cervo era secre-
tario de la asociación Fraternidad y Unión (en 1979 renovó su puesto por los
siguientes dos años) y administrador rentado del tca. Él recuerda el apoyo y el
acompañamiento de la comisión directiva a lo largo de todo su mandato como
secretario de Gobierno. El cargo de Cervo en la Municipalidad no redundó
en nuevos beneficios económicos directos para la asociación. Sin embargo,
es destacable que el paso de Cervo por la Secretaría de Gobierno sí le facilitó
a Fraternidad y Unión una mayor visibilidad y le permitió participar en los
actos públicos y en las fiestas patronales en lugares más centrales y cercanos a
las figuras que los encabezaban. Esto se evidencia, por ejemplo, en el aumento
(en comparación con los períodos previos) de la cantidad y la frecuencia de las
invitaciones que comenzó a recibir la asociación de parte de la Municipalidad
para participar en diversos actos,22 lo que aumentaba el prestigio y el recono-
cimiento social que ostentaba la asociación en la localidad.
El caso particular de Enrique Cervo ejemplifica aquí dos cuestiones sobre
las redes entretejidas entre el asociacionismo y el poder local. En primer lugar,
su participación en el entramado asociativo lo habilitó para ocupar un cargo de
relevancia en el municipio. Sobre los motivos que le posibilitaron convertirse
en secretario de Gobierno, él mismo destaca la importancia de los vínculos
de amistad que tenía con Mussano y cómo esta relación de compañerismo y
confianza le facilitó su llegada a la Municipalidad.

22
Esto quedó asentado en diversas actas de la comisión directiva: 456, 469, 471, 472, 475, 485,
487, 489, 494, las cuales incluyen diversos actos que se desarrollaron entre junio de 1979 y octu-
bre de 1982. En algunas de ellas se detalla la invitación realizada por la Municipalidad, como en
la 456, del 7 de junio de 1979, en la que se comenta la invitación que recibió la asociación para
participar de un desfile organizado por el gobierno local. En otras, los miembros que asistieron
al acto les relatan a sus compañeros lo acontecido y comunican las notas de agradecimiento que
había enviado la Municipalidad; es el caso del acta 494, del 10 de octubre de 1982, en la que
dos miembros de la comisión directiva comentan la participación de la asociación en las fiestas
patronales.

181
Guadalupe Ballester

En segundo lugar, el haber sido funcionario de un gobierno de facto no


alteró su rol con el asociacionismo local. En el caso de la asociación italiana
Fraternidad y Unión, luego de 1981, momento en que se produce el recambio
municipal, Cervo continuó ejerciendo distintos cargos electos dentro de la
comisión directiva, entre ellos el de presidente en 1983. Esta trayectoria de
Cervo en la dirección de la asociación fue reconocida a mediados de la década
de 1990, cuando fue nombrado presidente honorario de la institución. El
momento cúlmine de este proceso de acumulación de capital político se pro-
dujo en 2005, cuando Cervo, a partir de la Ordenanza Nº 67, fue declarado
ciudadano ilustre de San Miguel (Cervo, 2004).
La apad también da cuenta de la importancia de los vínculos personales y
de las múltiples pertenencias de los dirigentes a ámbitos civiles y estatales. En
las primeras reuniones formales de la apad, en 1971, una de las mayores preo-
cupaciones era organizar a las personas que se mostraban interesadas en generar
ese espacio de ayuda para las personas discapacitadas. Se decidió organizar tres
grupos que trabajaron en conjunto atendiendo distintos objetivos. El primer
grupo fue el conocido como Grupo de Padres, nexo entre la comisión directiva
y las familias de los jóvenes discapacitados. Quien se hizo cargo del grupo fue
Hebe Madrigal y su función principal fue convocar, incentivar la participación
y plantear en la comisión las dudas, temores y preguntas que pudieran surgir
en los padres. Hebe Madrigal fue una de las mujeres claves en el surgimiento y
el desarrollo de la apad. Además de coordinadora del Grupo de Padres, ocupó
distintos cargos en la comisión directiva: fue vicepresidenta en dos oportuni-
dades (de diciembre de 1976 a noviembre de 1977 y de noviembre de 1977
a noviembre de 1979), vocal durante un mandato (de noviembre de 1979 a
agosto de 1981) y presidenta de la asociación (de agosto de 1981 a septiembre
de 1982, de septiembre de 1982 a septiembre de 1983 y de septiembre de 1983
a septiembre de 1984). El caso de Hebe Madrigal es un claro ejemplo de las
trayectorias que construyeron los dirigentes dentro de las asociaciones. De to-
dos modos, el camino que ella recorrió no es excepcional. Otras mujeres como
Enriqueta Pérez, Nelly Obejero Paz y Beatriz Ceres también fueron integrantes
muy relevantes de las comisiones directivas durante el período estudiado.
El segundo grupo en el que se organizó la apad fue la Comisión Municipal,
que congregó a un grupo de personas preocupadas por ofrecer un espacio que
permitiera continuar el trabajo que se desarrollaba en las escuelas especiales
de la zona. A partir de cruzar los datos obtenidos en las entrevistas, las actas y
las publicaciones de la asociación, sabemos que ese grupo estaba formado, al
menos, por seis integrantes, entre los que se contaba un docente de educación

182
Asociacionismo y poder local: trayectorias y vínculos entre las asociaciones...

técnica, Cesar Del Conte, y otro de educación especial, Adelma Molinari; un


empresario de la localidad, Jorge Trillini; y un funcionario municipal, Susa-
na Diz. Durante el lapso que este grupo actuó (se creó de manera informal
en 1971 y se disolvió paulatinamente una vez que entraron en ejercicio las
distintas comisiones directivas, hacia fines de la década de 1970), fue presidido
por la profesora Susana Diz, quien ocupó, luego del golpe de Estado, en junio
de 1976, la Dirección de Cultura de la Municipalidad de General Sarmiento.23
En este punto resulta interesante resaltar algunas tensiones que surgen del
vínculo entre la memoria, localmente instalada, y la documentación existente.
Tanto en las entrevistas realizadas a distintos integrantes del asociacionismo
local como en charlas informales con miembros de la comunidad, quien surge
continuamente como referente de la apad es Adelma Molinari (entrevista a
Enriqueta Pérez). Su figura ha cobrado tal importancia y es tan claramente
identificada como líder y referente sobre discapacidad en la localidad, que se le
otorga a ella la presidencia de la Comisión Municipal.24 Esta memoria local es
contrastada por las actas y la publicación de la apad con motivo de su trigésimo
aniversario. Allí se nombra a la profesora Susana Diz como presidenta del grupo
fundador, mientras era directora de Cultura de la Municipalidad, ya que fue
en un pequeño salón de esa Dirección que comenzó a reunirse el grupo, y en
el que los viernes trabajaba la líder del Grupo de Padres. La propia Susana Diz
escribió un pequeño artículo en apad, 30 años, en el que recuerda cómo surgió
“la idea de formar una Comisión Municipal para la creación de un taller protegido
de producción de larga duración (…) que yo presidí” (2007: 7). Del mismo modo,
en la primera acta se aclara que “[…] la Srta. Presidente, profesora Susana
Diz, directora de Cultura de la Municipalidad de General Sarmiento, toma la
información relevada […]” (Acta Nº 1, 15 de mayo de 1976). Estas tensiones
probablemente se deban a la importancia que la figura de Adelma Molinari
tomó en las décadas posteriores, la cual ya hemos señalado y que incluye la
Secretaría de Discapacidad Municipal y el liderazgo continuo y prolongado
que tuvo en la apad. Adelma Molinari recibió a lo largo de su vida múltiples
premios y reconocimientos, entre ellos fue nombrada Ciudadana Ilustre de
San Miguel en 2008 y recibió la Rosa de Plata, entregada por la Asociación del
Personal Superior del Congreso de la Nación, en 2010. Más allá de su trabajo

23
“Por el decreto nº 822 se designa responsable de la Dirección de Cultura e Información
pública a la profesora Susana Margarita Diz” (Síntesis, año xix, nº 2706, 22 de junio de 1976).
24
Entrevista a María Luján Rodríguez (en ese momento, coordinadora del “Taller de trabajo
protegido”), San Miguel, 1º de Agosto de 2013; y entrevista a Enrique Cervo, ya citada.

183
Guadalupe Ballester

en el ámbito civil, Molinari también creó y dirigió la Comisión de Discapacidad


de la Universidad Nacional de General Sarmiento, y fue la primera en ocupar
la Secretaría de Discapacidad en el municipio, cuando se creó el área en 1990.
En cierta forma, la trayectoria previa y posterior a la creación de la apad de
Adelma Molinari eclipsó algunos rasgos del surgimiento de la entidad. Otras
mujeres que han resultado claves han quedado ensombrecidas por la figura
de quien, en la década del noventa, se convirtió en la primera Secretaria de
Discapacidad de la localidad.
Además de estos deslizamientos producidos en la memoria de las trayec-
torias personales, el rol asumido por la directora de Cultura da cuenta de otra
tensión entre la memoria y la documentación. Parecería que existe una mayor
presencia institucional del gobierno municipal en los orígenes de la asociación
de lo que es recordado, y esto ha quedado perpetuado en su memoria. Además
del apoyo institucional y la posibilidad de utilizar algunas dependencias para
las reuniones de la comisión directiva, el municipio apoyó económicamente
el crecimiento de la apad. Por ejemplo, en diciembre de 1977, se le asignó un
subsidio municipal anual “de 30.000 pesos ley para el corriente año” (Acta
Nº 21, diciembre de 1977), y en abril de 1978 se le otorgó la posibilidad de
instalar un kiosco en la Plaza San Miguel (Acta Nº 26, abril de 1978). Uno de
los sostenes económicos claves que recibió la apad por parte de la Municipalidad
fue la subvención derivada de la instalación de estacionamiento pago en la zona
céntrica de San Miguel. La concesión del 30% de la recaudación de la tarifa por
estacionamiento fue un gran impulso para la apad (Acta Nº 90, abril de 1982).
Los vínculos entre asociacionismo y gobierno local eran tanto personales como
institucionales, y se interrelacionaban de manera tan íntima, que ambos aspectos
sufrieron deslizamientos en la memoria sobre los primeros años de la apad.
El apoyo material, especialmente de fondos, resulta tan indispensable como
el apoyo simbólico brindado a los dirigentes. En las entrevistas realizadas a
integrantes de la entidad, la figura del intendente José Lombardo es recordada
como un intermediario clave entre la apad y el gobierno local. Esto nos permite
unir dos momentos: las primeras reuniones para formar la entidad entre 1971
y 1976, y el gran crecimiento en los últimos años de la década de 1970 y la
primera mitad de los años ochenta. Como ya mencionamos, Lombardo ocupó
la intendencia en dos oportunidades, una de manera democrática y otra de
facto, y en ambos mandatos mantuvo importantes lazos con la dirigencia de la
apad. En diversas entrevistas publicadas en medios locales, Lombardo resaltaba
la importancia de las sociedades de fomento y de ayuda social. Por ejemplo,
durante la visita del gobernador Aguado en octubre de 1982, el intendente

184
Asociacionismo y poder local: trayectorias y vínculos entre las asociaciones...

destacó la importancia de dialogar con las entidades y emprender trabajo en


común (Síntesis, año xxv, nº 4.294). Es posible pensar que los primeros años
de la apad forman parte de un largo recorrido que se inicia a principios de la
década del setenta y se afianza a mediados de los ochenta. Las dos intendencias
de Lombardo enmarcan estos años, y los lazos entre la dirigencia de la entidad
y esta figura local no puede desmerecerse. El apoyo simbólico y material que
le brindaba el municipio es una pieza indispensable a la hora de entender su
surgimiento y su crecimiento. Es destacable que el aporte económico no parece
influir directamente en las decisiones que tomaba la entidad. En principio, su
autonomía no se vio comprometida por las relaciones institucionales y perso-
nales con el gobierno local.
El tercer grupo que acompañó a las primeras comisiones directivas fue el
Grupo de Apoyo, cuyas actividades y objetivos fueron muy amplios. Podríamos
resumirlos diciendo que quienes lo integraron fueron los encargados de proveer
de mayores recursos económicos y de contactos a la incipiente asociación. A
fin de lograr esto se organizaban distintos eventos de recaudación de fondos,
ventas de bonos y rifas, reuniones con comerciantes de la zona y con autoridades
de la Municipalidad para obtener fondos, exenciones de impuestos, subsidios
u otras ayudas (entrevista a Enriqueta Pérez). Este grupo fue coordinado por
Enriqueta Pérez, quien también ocupó cargos en la comisión directiva como
protesorera en tres oportunidades dentro del período que estudiamos25 (de
agosto de 1981 a septiembre de 1982, de septiembre de 1982 a septiembre
de 1983 y de septiembre de 1983 a septiembre de 1984). El Grupo de Apoyo
estaba conformado por mujeres que eran todas esposas de profesionales, habían
vivido durante toda su vida en la localidad y, al momento de comenzar a for-
mar parte de la apad, eran madres jóvenes de hijos pequeños; y, si bien en su
mayoría habían estudiado magisterio, no trabajaban fuera del hogar (entrevista
a Enriqueta Pérez).
En la creación de la apad adquieren relevancia los intrincados vínculos
entre asociacionismo y gobierno local. En los comienzos de la asociación, la
Municipalidad jugó un papel clave. Su impacto se evidenció tanto en apoyos
económicos como institucionales. En diálogo con esto, las trayectorias de Hebe
Madrigal, Enriqueta Pérez y Adelma Molinari son claros ejemplos de la perma-
nencia de las dirigencias a lo largo de todo el período. Su participación en las
comisiones directivas en diversos cargos, la preeminencia de sus figuras en la

25
Si bien excede al recorte cronológico de este trabajo, queremos resaltar que, luego de desempe-
ñarse como protesorera, Enriqueta Pérez ocupó la vicepresidencia de la entidad a partir de 1984.

185
Guadalupe Ballester

historia de la asociación y el rol que ocuparon en el crecimiento de la entidad


forman parte del proceso de conformación de las élites.

Reflexiones finales

En este capítulo nos propusimos aportar una nueva perspectiva al debate so-
bre los vínculos entre Estado y sociedad en la historia reciente argentina. El
estudio del asociacionismo durante los años setenta y ochenta nos habilita una
puerta de entrada para el análisis de la creación de élites y sus vínculos con el
gobierno local. Particularmente, nos interesó discutir la relación establecida
entre las asociaciones y el municipio de General Sarmiento, tanto a partir de
lazos personales como institucionales. Sobre esto es posible afirmar que los
dirigentes de las entidades seleccionadas mantuvieron durante la dictadura el
acceso a recursos, contactos y cargos a partir de sus trayectorias dentro de las
asociaciones. La relación entre la dirigencia de las asociaciones y los gobiernos
municipales se facilitó por la confluencia de relaciones beneficiosas para ambos.
Antes y durante la dictadura, el asociacionismo habilitó espacios de sociabilidad
de la élite local (políticos, comerciantes y profesionales) que sirvieron como
“trampolines” para la conformación de sociedades políticas y/o comerciales.
El estudio de la Asociación de Ayuda y Socorros Mutuos Fraternidad y
Unión demostró las fuertes relaciones de las asociaciones civiles con la vida coti-
diana de General Sarmiento (desde los comienzos mismos del partido). A la vez
evidenció el accionar de la entidad ante los cambios políticos y gubernamentales
suscitados en 1976. El caso de la asociación italiana demuestra que, a grandes
rasgos, durante la dictadura se mantuvieron los vínculos con la Municipalidad y
la llegada a lugares de poder a partir de la participación en asociaciones locales.
Un punto clave es el vínculo que existe entre la participación en la dirigencia
de la asociación Fraternidad y Unión y el ingreso al gobierno local. El estudio
biográfico de Enrique Cervo es un ejemplo de ello. Esta doble pertenencia al
gobierno local y al asociacionismo surge por los vínculos entre entidades y
municipio, pero también por las relaciones personales que establecieron los
integrantes de las élites entre sí.
Creemos que la trayectoria de Cervo es un ejemplo de acumulación de
capital social (Bourdieu, 2001: 83). A partir del breve estudio biográfico que pre-
sentamos aquí, sostenemos que las trayectorias dentro de las entidades permitían
acceder al poder local, y a la vez la pertenencia al gobierno local retroalimentaba
la construcción de élites del asociacionismo durante todo el período. Si bien

186
Asociacionismo y poder local: trayectorias y vínculos entre las asociaciones...

esto se ha estudiado para otros períodos, particularmente las primeras décadas


del siglo xx, creemos interesante resaltar que en la escala local esas lógicas se
mantuvieron (Devoto y Ferrari, 1994; Melón Pirro y Pastoriza, 1996). Las redes
creadas a partir de la participación en espacios de sociabilidad, el capital social
adquirido y la visibilidad e imagen que trazaron los dirigentes de las entidades
servían como trampolines para ingresar efectivamente a ámbitos de gobierno
local. El caso de Cervo evidencia que, a pesar de haber intentado ingresar al
municipio vía elecciones, finalmente fue su trayectoria social, vecinal y de
dirigencia asociativa lo que impulsó su llegada al gobierno.
Una vez instaurado el régimen militar, la apad capitalizó su vínculo con el
gobierno municipal debido a los lazos personales establecidos entre sus dirigentes
y las autoridades locales. Sumado a esto, la creación, el crecimiento y el desa-
rrollo de la apad se sostuvo en gran medida gracias al accionar de las mujeres
que participaban y coordinaban la entidad. A diferencia de lo que sucede en
las otras asociaciones, en la apad la presencia femenina es innegable. De esta
forma, el caso de la apad nos permitió adentrarnos en la participación femenina,
la cual en otras entidades fue invisibilizada o incluso negada: en Fraternidad
y Unión las mujeres no podían ser socias activas de la entidad y solo podían
afiliarse como hijas o esposas de socios hombres activos. La permanencia de
los líderes en la apad ejemplifica la construcción de trayectorias de larga dura-
ción dentro de las entidades. Los casos de Hebe Madrigal, Enriqueta Pérez y
Adelma Molinari evidencian la conformación de un núcleo dirigencial que se
mantuvo estable a lo largo de todo el período. Su experiencia en la entidad y
en distintos cargos de las comisiones directivas es un ejemplo de la pervivencia
de las dirigencias. A su vez, los lazos que establecieron de manera personal con
otros vecinos de relevancia, con funcionarios y con el propio gobierno local
cimentaron los lazos que luego estableció la apad de manera institucional con
diversos integrantes del poder local.
A partir de estas conclusiones sobre cada uno de los casos estudiados, surgen
dos aspectos compartidos. En primer lugar, la doble pertenencia de dirigentes
al asociacionismo de General Sarmiento y al gobierno local. Esta característica
nos abre una nueva puerta de entrada al estudio de la relación entre Estado y
sociedad. En segundo lugar, la permanencia de las élites dirigenciales forman
parte de algunas de las continuidades que pueden apreciarse entre el binomio
dictadura y democracia. Esto se aprecia, especialmente, en la conformación de
una élite que nace en las asociaciones de General Sarmiento.
En el asociacionismo de General Sarmiento se evidencian transformacio-
nes y permanencias entre los distintos períodos, delimitados por el gobierno

187
Guadalupe Ballester

peronista, de 1973 a 1976, y la dictadura militar, de 1976 a 1983. A la vez,


en el municipio de General Sarmiento es posible identificar algunas dinámicas
propias que obligan a reflexionar en torno a los quiebres y las continuidades.
Los límites entre dictadura y democracia se desdibujan tanto en el poder local
como en las asociaciones, de allí que analizar este problema desde la escala
local se vuelve un imperativo.
Creemos que es posible cuestionar que el golpe de Estado haya transformado
radicalmente la sociedad y la vida política local, al menos en lo que se refiere
a los lazos entre asociacionismo y municipio. Es posible trazar rupturas pero
también continuidades a lo largo de toda la década.
Durante la dictadura, las élites locales mantuvieron el acceso a recursos,
contactos y cargos del gobierno local gracias a sus trayectorias dentro de las
asociaciones. Redes personales y lazos institucionales convergían en un círculo
virtuoso. El reconocimiento social adquirido gracias al liderazgo dentro de las
entidades, sumado a los contactos personales y vecinales que nacieron en estos
espacios de sociabilidad y a la astucia para aprovechar oportunidades, facilitaron
la llegada al gobierno municipal. A la vez, los lazos directos con funcionarios
de la Municipalidad proporcionaron beneficios económicos y simbólicos a
las entidades. A pesar de las diferencias innegables de propósitos, objetivos y
miembros entre las entidades, tanto Fraternidad y Unión como la apad tuvieron
la capacidad de adaptarse a los cambiantes contextos políticos.
Muchas de las dinámicas sociales y de los procesos políticos exceden una
clasificación binaria que enfrente dictadura y democracia. Entendemos que,
por el contrario, y especialmente en el ámbito local, las cronologías instauradas
por la historia política de alcance nacional pueden ser cuestionadas. El 24 de
marzo no resulta un parteaguas, y los procesos estudiados se vuelven más ex-
tensos en el tiempo y más complejos en la multiplicidad de actores que entran
en juego. En particular, el estudio del asociacionismo en General Sarmiento
muestra que 1976 es una frontera difusa y porosa. De este modo, el análisis
de los vínculos establecidos entre las asociaciones y el gobierno local durante
los años setenta y ochenta nos invita a cuestionar la idea de que el golpe de
Estado fue un momento de trasformación completa de la sociedad y de la vida
política local.
La simultánea pertenencia de varios dirigentes al Estado local y al asociacio-
nismo es uno de los aspectos que nos permiten estudiar la relación entre Estado
y sociedad. Entendemos aquí que la escala local desdibuja los límites entre lo
estatal y lo no estatal y también entre lo público y lo privado (Bohoslavsky, 2014).
Resalta que esta afirmación se evidencia tanto en gobiernos democráticos como

188
Asociacionismo y poder local: trayectorias y vínculos entre las asociaciones...

de facto. Los breves estudios biográficos y las trayectorias de algunos de los líderes
y miembros de las asociaciones demuestran que la participación en las entida-
des del asociacionismo local y los fuertes lazos con funcionarios del gobierno
municipal fueron rasgos compartidos. Los ejemplos de Enrique Cervo y de
Adelma Molinari (aunque su ingreso efectivo al municipio haya sido posterior
al recorte cronológico), además de los de Enriqueta Pérez y Hebe Madrigal, son
muestras de esa doble participación en el mundo estatal y el asociacionismo. Ello
comenzó ya en los orígenes mismos de las entidades y se mantuvo a lo largo del
desarrollo de las asociaciones.
El caso de Enrique Cervo sobresale por la relevancia de los cargos que ocupó.
Además de pertenecer a la Comisión Directiva de la asociación Fraternidad
y Unión (en la cual ocupó diversos cargos, entre ellos la presidencia) durante
el gobierno de facto del intendente Mussano, Cervo fue nombrado secretario
de Gobierno. Los vínculos entre la asociación y el municipio, aun durante el
gobierno de facto, continuaron siendo tanto institucionales como personales.
Al estudiar la compleja relación entre Estado y sociedad desde la perspectiva
de la escala local, el Estado adquiere nombre y apellido. Utilizando la metáfora
de Bohoslavsky y Soprano (2010), en la escala local el Estado se vuelve más
humano que nunca y las trayectorias y vínculos personales son aspectos claves a
estudiar. El análisis de estos lazos entre asociaciones y gobierno local evidencia
entonces algunos de los rasgos del intrincado vínculo entre Estado y sociedad.
Ello refuerza nuestra hipótesis sobre los beneficios que obtenían tanto las
asociaciones como el gobierno municipal gracias a los lazos personales e ins-
titucionales construidos. Los vínculos mutuamente beneficiosos acrecentaban
los intercambios y favorecía la participación de las élites en el Estado y en las
asociaciones. A pesar de las diferencias innegables de propósitos, objetivos y
miembros entre las entidades, tanto Fraternidad y Unión como la apad tuvieron
la capacidad de adaptarse a los cambiantes contextos políticos.
En sintonía con esto, también es posible aportar algunas reflexiones no-
vedosas sobre las continuidades y las rupturas entre democracia y dictadura.
Sobre este segundo núcleo problemático podemos marcar, por un lado, la
continuidad de los dirigentes y de sus lazos con el gobierno local y, por otro,
las transformaciones en el funcionamiento interno de las entidades. Como ya
hemos explicado, los planteles dirigenciales de las asociaciones se mantuvieron
estables en las sucesivas elecciones ordinarias y conservaron el acceso a recursos,
contactos y cargos del gobierno local gracias a sus trayectorias previas dentro de
las asociaciones. Redes personales y lazos institucionales convergían en un círculo
virtuoso. La confluencia de intereses entre asociaciones y gobierno local y las

189
Guadalupe Ballester

trayectorias estudiadas evidencian uno de los mecanismos a través de los cuales


las asociaciones y especialmente sus dirigentes construyeron su capital social.
Otro aspecto que evidencia la porosidad del binomio dictadura-democracia
se vincula con la memoria que los integrantes de las asociaciones han construido
sobre el gobierno local y sus vínculos con las asociaciones. La memoria sobre
los intendentes y sus funcionarios destaca criterios sociales y no diferencia si se
trata de gobiernos democráticos o de facto. Continuamente se hace alusión a
las características personales, a la relevancia del conocimiento de la localidad y
a los valores que un buen gobernante debe demostrar, pero no se diferencia si
se trata de cargos obtenidos por elecciones democráticas o por el asalto militar
al poder. Incluso, en el caso extremo y particular de Lombardo, sus dos inten-
dencias son recordadas casi como un único ciclo de gobierno. Ambas gestiones
son reconocidas sin mayores distinciones y parecería que se trata en realidad de
un único período. Esto pone en discusión la diferencia principal entre dictadura
y democracia borrando casi por completo los límites entre uno y otro momento
histórico, como si en realidad hubiese sido un continuo sin mayores cambios.
La alternancia de intendentes civiles y militares no se cuestiona ni se pone
en debate, como tampoco se debatió en la asociación Fraternidad y Unión el
nombramiento de Enrique Cervo como presidente honorario luego de haber
ocupado la Secretaría de Gobierno durante la dictadura.
La combinación del recorte cronológico y de la perspectiva teórica de
los trabajos sobre sociabilidad nos ha permitido mostrar que el estudio del
entramado asociativo de General Sarmiento nos ofrece una nueva puerta de
entrada para indagar sobre algunos de los nudos claves de la historia argentina
reciente, como los vínculos entre sociedad y Estado, la porosidad del binomio
dictadura-democracia y las transformaciones y continuidades tras el golpe de
Estado de 1976.

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193
Funcionarios y autoridades locales
de General Sarmiento durante la última
dictadura (1976-1983)
Maximiliano Catoira

En la primera Reunión de Gobernadores del Proceso de Reorganización


Nacional, el 30 de junio de 1976, el presidente de facto, general Jorge Rafael
Videla, les comunicó a las nuevas autoridades provinciales que se debía desa-
rrollar de forma continua una relación con los sectores de la comunidad y sus
representantes locales.1 Esta mención nos introduce en la agenda que el Pro-
ceso elaboró con miras a construir una aceptación social a largo plazo. Con la
convicción de que los vínculos entre el régimen y la sociedad durante la última
dictadura están lejos de comprenderse atendiendo únicamente a la dimensión
represiva de la dictadura, en este artículo nos concentraremos en una de las
estrategias que se desplegaron para construir consenso desde arriba. Para ello,
analizaremos el reclutamiento de funcionarios y autoridades en el Municipio
de General Sarmiento, intentaremos reconstruir las biografías y las trayectorias
de algunos de ellos, como también las redes de sociabilidad constituidas entre
ellos.2 De esta manera, nos proponemos examinar la relación entre el régimen,
el gobierno municipal y la sociedad civil en General Sarmiento. Intentaremos
demostrar que la conformación del gobierno local (los intendentes y sus gabi-
netes correspondientes) durante la última dictadura tendió a reforzar vínculos
con algunos personajes del tradicionalismo católico, las asociaciones civiles y

1
La Nación, 1/7/1976, p. 4: “Las provincias en el nuevo proceso”.
2
En este trabajo nos detendremos en el reclutamiento de los intendentes, los secretarios y un
funcionario de menor rango.

195
Maximiliano Catoira

el radicalismo local. Las relaciones que las autoridades municipales buscaban


tejer abonaron los intentos de producción de legitimidad.
Además, entendiendo que la dictadura está lejos de ser comprendida
como un bloque homogéneo, reconocemos la existencia de dos etapas bien
marcadas, que serán abordadas en distintos apartados. La primera se desarrolló
entre 1976 y 1979. En ella gobernaron interventores militares y, paulatinamente,
se fueron incorporando civiles a puestos de responsabilidad en el municipio.
Predominaron entre ellos los provenientes del sector tradicionalista católico, y
se comenzaron a establecer los primeros diálogos con algunos sectores socia-
les. El segundo período comenzó en marzo de 1979 a partir de un giro más
participativo del gobierno hacia la comunidad local. Se convocó a civiles con
trayectorias ligadas al radicalismo balbinista y a las instituciones intermedias
de forma más pronunciada.
Este trabajo consta de tres apartados. En primer lugar, se analizará el lu-
gar destacado que el nivel municipal ocupó para la dictadura a partir de las
declaraciones de las autoridades nacionales. En segundo lugar, se examinará el
proceso de reclutamiento de funcionarios y autoridades municipales en General
Sarmiento durante los primeros años de la dictadura, en el período 1976-
1979. Por último, se estudiará la conformación de las dirigencias municipales
entre 1979 y 1983.

El nivel municipal en la agenda del Proceso

Uno de los propósitos de la dictadura fue achicar el rol productivo del Estado,
reduciendo algunas funciones estatales, en garantía de la libertad económica.
Traducido a los municipios, se promovía la “descentralización política y adminis-
trativa” (Rodríguez, 2012). A partir de este programa, junto con la concepción
socialcristiana de “subsidiariedad del Estado”, se contemplaba la reducción de
las funciones del aparato productivo estatal cuando fuera considerado necesa-
rio, lo que implicaba plantear nuevas formas de relación e integración entre el
Estado y la sociedad, como la “participación de la comunidad” (Osuna, 2017).
Estas ideas consideraban la intención de sanear recursos, ya que se entendía
que la producción de funciones y servicios debía llevarse a cabo por órganos
administrativos más capilares sin la transferencia de recursos. La política de
“municipalización” tuvo en el general (R) Ibérico Saint Jean, gobernador de la
provincia de Buenos Aires (1976-1980), uno de sus portavoces más resonantes.
Este proyecto, según un documento provincial conocido como Directiva Nº 20

196
Funcionarios y autoridades locales de General Sarmiento...

(1977), aspiraba a “potenciar las instituciones locales y comunales y dinamizar


la participación vecinal”, siendo la municipalidad el “eje verdaderamente vital
para el proceso descentralizador”.3 De esta manera, la normativa buscaba otor-
garles a los municipios una relativa autonomía en un margen de decisiones,
entre las que se contemplaba “dar participación a los intendentes en el proceso
de designación de los funcionarios provinciales con asiento dentro del ámbito
territorial del municipio” (Rodríguez, 2012: 56). Hay que advertir que algunas
cuestiones, como la búsqueda de diálogo con la comunidad y la apuesta por el
Estado subsidiario, eran proyectos que provenían de la Revolución Argentina.4
Al mismo tiempo, el municipio comenzaba a adquirir connotación no solo
para la cesión de competencias administrativas sino, además, para proyecciones
políticas. En esta línea se insertan las declaraciones formuladas por Videla (men-
cionadas anteriormente) acerca de que la relación gobierno-sociedad demandaba
el compromiso por parte de las autoridades provinciales para
… imprimir a su gestión, en concordancia con el gobierno nacional, un
estilo adverso a todo aislacionismo. [...] La comunicación y el diálogo con
todos los sectores de la comunidad deberán ser fluidos y permanentes. El
hecho de que no exista ninguna apertura del tipo político partidista no
es circunstancia inhibitoria para lograr la colaboración y el consejo de los
argentinos de buena voluntad.5

Desde los inicios de la dictadura se planteó la búsqueda de vinculación con la


sociedad civil. Los funcionarios y las autoridades de la dictadura tendieron a
subrayar la importancia del diálogo con los sectores civiles y dispusieron que
esa comunicación fuera continua y que se evitase el aislamiento. Pero también,
durante la jura del general Videla, se declaraba la voluntad de
… invitar a la población a prestar a las autoridades comunales la colabora-
ción necesaria y el debido acatamiento a sus disposiciones, con el objeto de

3
Directiva Nº 20, Revista de Educación y Cultura, año 4, nº 2 y 3, mayo-diciembre de 1979,
La Plata, pp. 207-212. Citado en Rodríguez (2012: 54).
4
El comunitarismo se trató de una serie de proyectos a través de los cuales, durante el gobierno
de Juan Carlos Onganía (1966-1970), se proponían políticas estatales que promovían la parti-
cipación comunitaria por fuera de la actividad partidaria. Esta reorganización social suponía la
búsqueda de la “verdadera” democracia, sustentada en organizaciones empresariales, sindicales y
profesionales (Gomes, 2016). Para profundizar sobre el comunitarismo durante el onganiato, ver
Donatello (2011), Mallimaci y Giorgi (2012), Galván y Osuna (2014). Y para explorar deteni-
damente el problema de la “subsidiariedad del Estado”, ver Rodríguez (2009) y Osuna (2017).
5
La Nación, 1/7/1976, p. 4: “Las provincias en el nuevo proceso”.

197
Maximiliano Catoira

afianzar el orden que actualmente impera en todas las actividades dentro


del ámbito provincial.6

Meses después, en la tercera Reunión del Ejecutivo Nacional con los goberna-
dores, el dictador hacía referencia al rol de los niveles provincial y municipal.
Allí, afirmó que
… en el ámbito municipal, en el que la relación entre la autoridad y el
ciudadano es más directa, resulta necesario concentrar una mayor aten-
ción en las comunidades locales, a fin de propender su participación en la
realización de tareas ejecutivas.7
En este nuevo contexto, se requería que los gobiernos provinciales mantuvieran
… una alta dosis de conocimiento de la realidad circundante [y] un diálogo
permanente con los sectores representativos locales que, además de evitar
el aislamiento, posibilite la recepción de aportes válidos para la gestión de
las respectivas administraciones.8

El ministro del Interior, general Albano Harguindeguy (1976-1981), definió


al municipio como la “célula básica de la organización política de los Estados
[y una] escuela de responsabilidad pública, de práctica republicana y transpa-
rencia en la acción de gobierno”.9 Asimismo, durante la reunión nacional de
intendentes de 1980, en la que participaron ministros de gobierno provincia-
les, intendentes, delegados municipales y presidentes de juntas comunales, el
ministro Harguindeguy afirmó que
… una fórmula de convivencia fértil y democrática se nos impone como
una de las más importantes tareas, [y es] la de revitalizar las instituciones
republicanas y, entre ellas, el municipio se destaca como el modelo más
antiguo y a la vez más inmediato de organización cívica y responsable, [así
como] escuela formadora de hombres públicos.10

En la clausura de la convención, Videla se refirió a los intendentes como la


“primera línea de combate del Proceso político”. De hecho, el gobernador Saint
6
El Día, 30/3/1976, p. 1: “Es provisional la gestión de interventores militares en comunas de
la provincia”.
7
La Nación, 16/4/1977, p. 20: “Reafirmación de una convocatoria”.
8
Ídem.
9
La Nación, 2/9/1977, p. 14: “El municipio y la participación civil”.
10
Síntesis, 4/7/1980, p. 2: “Reunión de intendentes”.

198
Funcionarios y autoridades locales de General Sarmiento...

Jean y Harguindeguy postularon que los futuros líderes políticos provinciales y


nacionales debían surgir de los municipios y de los movimientos vecinalistas,
por fuera de los partidos políticos.11
Además, se depositaron en el municipio diferentes propuestas, lo que se
conoció como “cuestión política”,12 en las que convergieron distintos proyectos
engendrados durante el régimen (Canelo, 2016). Por un lado, fue considera-
do como instrumento político del control territorial y vigilancia poblacional
“capilar” característico de la dictadura; por otro, el municipio era entendido
como espacio autorizado para la participación de una “ciudadanía municipal”,
apolítica y vinculada al accionar de asociaciones civiles locales; finalmente, como
laboratorio de la apertura política y como ámbito de gestación de la “dirigencia
natural” argentina, que debía relegitimarse periódicamente. Harguindeguy
postulaba tempranamente, en la primera reunión con los gobernadores, que
mientras más se intensificara la formación del ciudadano “mayor será su co-
raza contra las ideas disociadoras, las adhesiones emocionales o el desvarío
colectivo”.13 Estos aspectos respondían a las mismas lógicas que el masivo,
pero cuidadoso, reclutamiento de civiles en las intendencias, ya que desde una
directiva enviada por la Presidencia de la Nación al Ministerio del Interior el 10
de mayo de 1976 se proponía disponer las “modalidades a seguir respecto de
la designación de intendentes”. Los criterios acentuados eran la “honestidad”,
la “idoneidad” y el “prestigio” (Quiroga, 2004: 86).
Canelo (2016) reconoce que el primer plan político secreto estuvo en ma-
nos del llamado “Grupo La Plata”, con raigambre en Buenos Aires e integrado
por el propio gobernador Saint Jean, James Smart (ministro de Gobierno de
la provincia de Buenos Aires), Jorge Aguado (dirigente agropecuario y futuro
gobernador de la provincia de Buenos Aires) y Alberto Rodríguez Varela (fiscal
de Estado de la provincia y futuro ministro de Justicia). Estos hombres produ-
jeron un documento que denominaron “Un nuevo ciclo histórico argentino:
del proceso de reorganización nacional a la tercera república. Lineamientos
para una estrategia nacional”, y se ocuparon de otorgarle al municipio un lugar
destacado, procurando gestar una dirigencia local con mayor poder mediante la
transferencia de tareas. Asimismo, se elaboró el “Proyecto Nacional”, originado
por el nuevo Ministerio de Planeamiento con el general Ramón Díaz Bessone
11
El Día, 12/12/1978, citado en Rodríguez (2009).
12
Dentro de este aspecto pueden incluirse las discusiones sobre los diálogos con la sociedad
civil y los partidos políticos, la institucionalización del poder militar a través de la reforma de la
Constitución, la salida política y la municipalización de la política.
13
La Nación, 1/7/1976, p. 4: “Videla habló a gobernadores”.

199
Maximiliano Catoira

a la cabeza, que se acercaba a las propuestas de los bonaerenses mediante ideas


corporativistas adeptas a las “entidades intermedias”, que proponían la fundación
de una “Nueva República” junto con el desprecio por la clase político-partidaria.
Otro proyecto era el denominado “Plan Nueva República”, redactado por el
general Jorge Olivera Rovere (secretario general del Estado Mayor del Ejército
y segundo comandante del Cuerpo I del Ejército). Allí también se procuraba la
participación municipal (por ser más controlable) en detrimento de la actividad
político-partidaria. Pero, a diferencia de las posiciones de los “señores de la gue-
rra” o “duros”, los sectores “politicistas” o “blandos” del Ejército pregonaban la
urgencia del vínculo con organizaciones políticas preexistentes. Por lo tanto, no
le atribuyeron a la escala municipal el mismo nivel de preocupación.14 Dentro
de estas propuestas se encontraron las del general José Rogelio Villareal y Ri-
cardo Yofre (vinculados a la Secretaría General de la Presidencia de la Nación).
De esta manera, una parte del régimen, dentro de la cual se encontraban
las más altas autoridades nacionales y provinciales (entre ellos los presidentes
Videla y Viola y el gobernador de la provincia de Buenos Aires, entre otros),
entendía que la comunicación con los sectores comunitarios era importante
en el diseño de estrategias de legitimación. En dichas posturas, el municipio
aparecía como el órgano más apto para tejer esos puentes con la sociedad.

El reclutamiento de funcionarios locales entre 1976 y 1979

La noche anterior al golpe, el jefe comunal José Lombardo se encontraba en


el Palacio Municipal, y según algunas versiones, escuchó un mensaje de Os-
car Alende, quien llamaba a evitar el golpe (Domínguez y Sayus, 1999). En
ese momento, se estaba llevando a cabo una sesión extraordinaria del órgano
legislativo municipal, en la que se discutió sobre los acontecimientos. Uno de
14
Esta escala también pasó a tener relevancia en Chile a principios de los años ochenta, cuando
el régimen pinochetista realizó esfuerzos por reformular la política sacándola de los escenarios
tradicionales, como el Parlamento, los partidos políticos y las organizaciones sindicales, y tras-
ladándola a los microespacios estatales. Este proceso de “alcaldización de la política” (Valdivia
Ortiz de Zárate, 2012) proyectaba la resocialización del pueblo chileno. Allí se aprenderían nuevas
nociones de la vida en el contexto del neoliberalismo y el Estado subsidiario. De esta manera, en
Argentina y en Chile el nivel municipal fue un asunto importante para las dictaduras porque en
torno a él convergieron las discusiones políticas y administrativas, como la subsidiariedad y la
descentralización, por un lado, y las formas de producción de consenso, por otro. El municipio
se tejió como la institución privilegiada contra los partidos políticos puestos en suspenso, ya que
se entendía que no era el tiempo de estos.

200
Funcionarios y autoridades locales de General Sarmiento...

nuestros entrevistados, Alberto López Camelo, recuerda que el golpe de Estado


no se vivió de manera sorpresiva:
La noche anterior al golpe, nosotros hicimos una sesión especial del Concejo
Deliberante abierta a la comunidad, en la que expresamos lisa y llanamente
que el golpe estaba en la puerta. Es más, no sé si todos saben que a las diez de
la noche ya había tanques rodeando el municipio.15
El general Santiago Omar Riveros,16 comandante de Institutos Militares de
Campo de Mayo, se comunicó con el intendente radical para informarle que
su cargo y los miembros de su gabinete serían reemplazados por oficiales de
su guarnición militar. Según Domínguez y Sayus (1999), Lombardo salió del
municipio a las 2:30 hacia “La Positiva”, un restaurante cercano, donde se
encontró con otros dirigentes radicales. Finalmente, el intendente regresó. Y
a las cuatro de la madrugada se produjo la toma del Palacio Comunal. Si bien
no se registraron incidentes ni resistencias durante el transcurso del golpe y las
horas subsiguientes, se llevaron a cabo controles de ruta, vehículos y transporte
de pasajeros. De esta manera, General Sarmiento estaba militarizada desde la
noche anterior al 24 de marzo, sobre todo el centro de San Miguel, a menos
de dos kilómetros de Campo de Mayo.
En el municipio de General Sarmiento, el golpe de Estado del 24 de
marzo de 1976 produjo la destitución del intendente José Lombardo y la
intervención del teniente coronel Héctor Horacio Hoffmann, acompañado
por el teniente coronel Alberto Antonio Carrizo, el teniente coronel Jorge
Rubén Altieri y el mayor doctor Edgardo Raúl Semberoiz. Los interventores
ocuparon la Intendencia, las secretarías de Gobierno y de Obras y Servicios, y
la Auditoría, respectivamente (cuadro 1). Las trayectorias profesionales de los
cuatro estaban ligadas a su desempeño en la Escuela de Servicio para Apoyo de
Combate (espac) “General Lemos”, que se encuentra en el interior de Campo
de Mayo.17 Esto permite ver que los miembros de las Fuerzas Armadas que se

15
Entrevista a Alberto López Camelo.
16
El exgeneral Santiago Riveros, excomandante de Institutos Militares de Campo de Mayo,
fue condenado a prisión perpetua por el secuestro y homicidio de varias personas, entre ellas
los militantes Floreal Avellaneda y Gastón Gonçalves, y el exdiputado Diego Muñiz Barreto.
También fue condenado por robo de bebés. Los juicios fueron llevados a cabo por el Tribunal
Oral Nº 1 de San Martín, en la megacausa por Campo de Mayo.
17
Comisión Provincial por la Memoria, Archivo dipba, Mesa A, Autoridades Comunales,
General Sarmiento, Carpeta 9, Legajo 50, Folio 220.

201
Maximiliano Catoira

desempeñaron como interventores en los inicios de la dictadura eran además


vecinos del Partido. El teniente coronel Hoffmann era de Bella Vista.

Cuadro 1. Gabinete de Héctor Horacio Hoffmann18

Cargo Funcionario Período

Teniente Coronel Héctor


Intendente 25/3/1976-28/4/1976
Horacio Hoffmann
Teniente Coronel Alberto
Secretario de Gobierno 25/3/1976-28/4/1976
Antonio Carrizo
Secretario de Economía y
Teniente Coronel Nelson Valenti 25/3/1976-28/4/1976
Hacienda
Secretario de Obras y Teniente Coronel Jorge Rubén
25/3/1976-28/4/1976
Servicios Altieri
Secretario de Bienestar Social Mayor Médico Jorge Luis Semper 25/3/1976-28/4/1976
Secretario Privado y
Coordinador de Delegaciones Carlos Alberto Manuel Canale 25/3/1976-28/4/1976
Municipales

Fuente: elaboración propia.

Entre las medidas iniciales que se tomaron, fueron cesadas las primeras líneas
de funcionarios municipales. Asimismo, el nuevo gobierno municipal disolvió
en forma inmediata el Concejo Deliberante.19 En consecuencia, cesaron en sus
funciones los concejales, como también agentes municipales que ejercieron sus
actividades durante el último período democrático, con excepción de aque-
llos que pertenecían al personal estable del Palacio Municipal. Sin embargo,
rápidamente se reintegró a parte del personal de maestranza, administrativo y
técnico-administrativo. Lo mismo ocurrió con los exconcejales encargados de
algunas de estas funciones antes de su asunción en el órgano legislativo muni-
cipal (y que pertenecían a la planta estable), con lo que se respetó el artículo 3
de la ordenanza municipal 201/74 referente al estatuto para el personal de la
Municipalidad de General Sarmiento.20 Este disponía la reserva del cargo pú-

18
Municipalidad de General Sarmiento (mgs), Decreto Nº 5, 26/3/1976. Libro: 1976, 1-200.
19
mgs, Decreto Nº 1, 25/3/1976. Libro: 1976, 1-200.
20
mgs, Ordenanza Nº 201, 1974.

202
Funcionarios y autoridades locales de General Sarmiento...

blico para quienes habían sido electos como concejales.21 Dichos trabajadores
permanecieron en el Palacio Municipal o fueron reubicados en otras depen-
dencias del departamento ejecutivo.22 Inmediatamente, Hoffmann comenzaba
a reordenar la actividad dentro del Palacio Municipal.23
Este primer gobierno era interino (25/3/1976 - 28/4/1976), al igual que
el de otros interventores municipales en la provincia de Buenos Aires, con la
excepción del capitán de navío (R) Oscar Macellari, que fue designado inten-
dente definitivo en La Plata.24 El gabinete de Hoffmann fue integrado casi
exclusivamente por un elenco militar. A diferencia del 90% de las intendencias
del país, que fueron ocupadas por civiles (Quiroga, 2004), General Sarmiento
se enmarcó en una lógica de militarización del conurbano, una zona en la que
el gobernador Saint Jean nombró una mayoría de intendentes provenientes de
las tres armas debido a la concentración de industrias y trabajadores, ante la
necesidad de controlar y reprimir a los sectores trabajadores que potencialmente
podían oponerse a los planes del régimen (Rodríguez, 2009: 376).25

21
mgs, Decreto Nº 1, 25/3/1976. Libro: 1976, 1-200.
22
mgs, Decreto Nº 7, 29/3/1976, Libro: 1976, 1-200.
23
Entre otras disposiciones, también se decretó con rapidez la mantención en custodia de los
bienes que pudieran encontrarse en las oficinas del hcd, a través de un inventario de la Conta-
duría General. Además, las autoridades salientes debieron rendir las cuentas correspondientes,
según la Ley de Contabilidad (mgs, Decreto Nº 5, 26/3/1976. Libro: 1976, 1-200). Por otro
lado, se decidió formar una comisión investigadora compuesta por un exconcejal del Partido
Demócrata, un militar y un civil, de los cuales desconocemos sus nombres. Según un informe
de la dipba, titulado “Situación de la comuna de General Sarmiento”, dicha comisión fue creada
debido a los problemas suscitados años atrás durante la gestión del exintendente Rodolfo José
Arenaza (agosto de 1966-febrero de 1970). Sin embargo, esta tarea no se sostuvo en el tiempo,
no solo porque Hoffmann fue removido sino además porque su sucesor disolvió esta comisión y
convocó al mismo Arenaza a su cartera municipal (Comisión Provincial por la Memoria, Archivo
dipba, Mesa A, Autoridades Comunales, General Sarmiento, Carpeta 9, Legajo 50, Folio 220).
24
El Día, 30/3/1976, p. 1: “Es provisional la gestión de interventores militares en comunas de
la Provincia”.
25
Estos fueron los casos del teniente coronel Jorge A. Fernández en Avellaneda, el teniente coronel
Ricardo Rojas en Berazategui, el teniente coronel Raúl Guillermo Pascual Muño en Florencio
Varela, el coronel (R) Hugo Omar Elizalde en Lanús, el teniente coronel Carlos Tomás Herrero
en La Matanza, el teniente coronel Reynaldo Di Giorgi en Lomas de Zamora, el vicecomodoro
Rogelio Marcos Moria en Merlo, el mayor Juan Carlos Lüscher en Moreno, el comodoro (RE)
Apolonio Pires en Morón, el mayor Heriberto José Eliseo Román en Quilmes, el capitán de fragata
Juan Carlos Abbendanza en San Fernando, el teniente coronel Pacífico Tissera en San Martín,
el teniente coronel Oscar Roberto Íbero en San Isidro, el capitán de navío Enrique González
Lonzieme en Tigre y el coronel Dardo Argentino Oliva en Tres de Febrero.

203
Maximiliano Catoira

Esta primera intervención duró apenas 33 días, ya que el intendente y los


secretarios dejaron sus funciones el 28 de abril de 1976. Si bien no se conocen
con certeza las razones de la remoción de Hoffmann, versiones periodísticas
mencionan un enfrentamiento entre este y el general Santiago Omar Rive-
ros, responsable de Campo de Mayo, por la designación del nuevo intendente.
Mientras el ejecutivo interino reclamaba por un intendente civil, el jefe de la
guarnición quería mantener un gobierno municipal al mando de otro militar
y un gabinete de civiles (Domínguez y Sayus, 1999). Riveros pertenecía a la
fracción “dura” dentro del Ejército. Estas diferencias nos sugieren que la desig-
nación del nuevo intendente, al igual que otros temas en la agenda de las Fuerzas
Armadas, era un tema trascendente, en el que tampoco estuvieron ajenos los
conflictos internos que atravesaron las instituciones castrenses durante la última
dictadura: los problemas “interfuerzas” e “intrafuerzas” y los enfrentamientos
producidos sobre la cuestión municipal, puntualmente entre los sectores “duros”
y “politicistas”, por la jerarquía de esta escala (Canelo, 2008 y 2016).
Aunque el gabinete de Hoffmann estuvo enteramente compuesto por
miembros de las Fuerzas Armadas, los radicales comenzaron su participación
en segundas y terceras líneas en el municipio durante su gestión, en puestos
de relativa responsabilidad. Estos tuvieron una presencia más activa a partir
de la segunda gestión municipal, que comenzó en abril de ese mismo año. La
convocatoria de radicales pertenecientes a la Línea Nacional o “balbinista” no
implicó una excepción en el reclutamiento de funcionarios durante el Proceso.
Miembros de estos sectores asumieron en distintos niveles del Estado como
funcionarios, por ejemplo, en la Secretaría General de la Presidencia de la
Nación (Canelo, 2016: 61-65).
El coronel (RE) Luis Antonio Ortelli quedó a cargo de la Intendencia entre
el 29 de abril de 1976 y el 6 de noviembre de 1979. Era director de la espac
“General Lemos”. Vivía en una zona exclusiva de Bella Vista. La participación
civil se amplió en el gabinete durante su gestión (cuadro 2). Estos incluyeron
a sectores pertenecientes al catolicismo (como Juan Carlos Montiel y Aníbal
D’Angelo Rodríguez), a radicales pertenecientes a la Línea Nacional (como
Roberto Tomás Anderson) y a hombres de carrera que eran reconocidos por
su desempeño profesional en la región (como Néstor Osvaldo Callegari, el
ingeniero civil Santos Alfredo Jaliff y el Dr. Tomás Watanabe).

204
Funcionarios y autoridades locales de General Sarmiento...

Cuadro 2. Gabinete de Luis Antonio Ortelli

Cargo Funcionario Período


Intendente Coronel (RE) Luis Antonio Ortelli 29/4/1976-6/11/1979
Juan Carlos Montiel 29/4/1976-31/3/1977
Julio Carlos Crosetti (interinato) 1/4/1977-10/4/1977
Mayor (R) Aeronáutica Ernesto A. Verde 11/4/1977-24/11/1977
Secretario de
Gobierno Coronel (RE) Néstor Raúl Scolari 24/11/1977-13/9/1978
Dr. Aníbal D’Angelo Rodríguez (interinato) 13/9/1978-10/1978
10/1978-continúa en la
Roberto Tomás Anderson
siguiente gestión
Jorge Antonio Mazzola 29/4/1976-10/1978
Secretario de
Economía y Néstor Osvaldo Callegari 10/1978-8/1978
Hacienda
Dr. Juan José Llaser 8/1979-6/11/1979
Dr. Humberto Jaliff 29/4/1976-6/1977
Secretario de Julio Crosetti (interinato) 6/1977-11/1977
Bienestar Social Coronel (RE) Néstor Raúl Scolari 6/1977-13/9/1978
Coronel (RE) Mariano Moreno 13/9/1978-6/11/1979
Ingeniero Civil Santos Alfredo Jaliff 29/4/1976-10/1976
Secretario Ingeniero Civil Rodolfo José Arenaza 10/1976-4/1977
de Obras y
Servicios Agrimensor Ivonne S. Ferro (interinato) 4/1977-10/1978
Agrimensor Jorge José Desplats 10/1978-6/11/1979
Secretario de
Dr. Tomás Watanabe 29/4/1976-6/11/1979
Salud
Fuente: elaboración propia.

Durante los primeros meses de gestión, el intendente reconoció que la cantidad


de agentes había disminuido cerca del 10% respecto al 24 de marzo de 1976,
entre ceses de personal, contrataciones y reubicaciones.26 Al igual que en los
estudios sobre el caso de Morón en la provincia de Buenos Aires (Lvovich, 2010)
y en los gobiernos locales de la provincia de Santa Fe (Ponisio, 2016), las

26
Bella Vista, 22/6/1976, p. 5: “Conozca la situación de la comuna”. Para el 7 de junio se encon-
traban en condición de agentes municipales un total de 1.613 personas. Hasta la intervención
municipal había 1.761 trabajadores. Es decir, según Ortelli, hubo una disminución de 148 agentes.

205
Maximiliano Catoira

cesantías de personal se multiplicaron.27 Si bien no se declaraban motivacio-


nes abiertamente políticas, entendemos que detrás de las prescindibilidades
se perseguían algunas lógicas coercitivas. Esto era reflejo de lo que sucedía
en las esferas más altas del Estado y que habían sido puestas en práctica en
períodos anteriores, con la novedad de que la última dictadura le imprimió a
este instrumento jurídico una funcionalidad capilar. El testimonio de Alberto
López Camelo nos brinda un panorama complejo sobre la represión. Nuestro
entrevistado había sido portero del Hospital Larcade y era militante del Partido
Comunista, hasta su asunción como concejal en 1973 por la Alianza Popular
Revolucionaria. Luego del golpe de Estado, regresó a trabajar como portero
del hospital, ya que el estatuto para el personal de la Municipalidad de General
Sarmiento señalaba que aquellos concejales que eran trabajadores de la planta
permanente debían volver a sus puestos como agentes. Sin embargo, unos días
después, López Camelo y su esposa (también trabajadora del hospital) fueron
secuestrados. Esta situación invita a pensar en la heterogeneidad y los niveles
de los Estados, algo que se puede observar, por ejemplo, en la multiplicidad de
decisiones que sus funcionarios pueden tomar: un intendente militar acepta
reincorporar a López Camelo, y otro militar, en rol estrictamente represivo,
decide secuestrarlo.
El testimonio de Alberto López Camelo, quien fue detenido en dos oportu-
nidades, sugiere que su secuestro se produjo con la intención de desarticular el
Sindicato de Trabajadores Municipales: “El ataque no fue gratuito. Digo ataque
porque se concentró casi exclusivamente en el municipio”. Así explica Camelo que
las razones de su secuestro se debían al diálogo y la inserción que tenían con los
trabajadores.28 A diferencia de la Revolución Libertadora, en la que se inhabi-
litó el acceso de peronistas a la administración pública (Tcach, 2003: 24), en
la última dictadura la purga ideológica del municipio, si bien fue selectiva, se
amplió a otros sectores, además del peronismo más combativo y radicalizado,
como el comunismo, tanto cesándolos de sus funciones como a través de la
persecución y la desaparición forzada.29 Por estos motivos, consideramos que
para la reducción de personal se combinaron factores como la represión en

27
mgs, Decreto Nº 395, 31/5/1976, Libro: 1976, 1002-1201.
28
Entrevista a Alberto López Camelo. San Miguel. Realizada el 25 de octubre de 2016. En
abril de 1976 estuvo detenido en la comisaría 1a de San Miguel, y un año después en un centro
clandestino de detención que no logró identificar.
29
En el caso del pc, la relación con la última dictadura fue compleja y ambigua. Mientras que
algunas de sus organizaciones sufrieron el embate represivo, otras mantuvieron la legalidad y
cierto margen de maniobra (Casola, 2016).

206
Funcionarios y autoridades locales de General Sarmiento...

el interior del órgano municipal con el reordenamiento del organigrama o la


reducción de gastos. Además, el entrevistado declaró que luego de su primera
liberación volvió al Palacio Municipal como portero. En un encuentro con el
intendente Ortelli, el exagente recordó: “Primero nos dijo que nos quería mandar
con unas monjas. Nos quería ‘santificar’”.30
De este modo, esta intervención no solo se caracterizó por el previsible uso
del anticomunismo, sino también por un peso fuerte del tradicionalismo cató-
lico. Justamente, fue convocado para la Secretaría de Gobierno el profesor Juan
Carlos Montiel, un civil reconocido en General Sarmiento por su accionar en
la educación. Era profesor de Biología por la Universidad Nacional de La Plata,
había sido el primer director del Colegio San Pablo, en el barrio de la Recoleta
en la ciudad de Buenos Aires, y fundador y director del Colegio Don Jaime en
la ciudad de Bella Vista (dentro del propio partido de General Sarmiento), una
institución que proporcionó una educación vinculada al integrismo católico y
a la que concurrieron los hijos de los dictadores Videla (Mignone, 1986: 201;
Seoane y Muleiro, 2001) y Lanusse, como también el del propio intendente Or-
telli.31 Durante su gestión en la cartera de Gobierno, se proporcionó una extensa
variedad de subsidios a diversas instituciones, entre las cuales las católicas fueron
las principales beneficiarias. Durante la dictadura, Montiel fue vocal, secretario
y luego presidente de la comisión directiva de la senoc (Sistemas Educativos
no Convencionales), una institución vinculada al Conicet (Consejo Nacional
de Investigaciones Científicas y Técnicas). Luego de su participación en el mu-
nicipio, colaboró en las revistas católicas Estrada y Verbo en temas educativos y
opinando sobre el Ministerio de Cultura y Educación (Rodríguez, 2011b). Su
militancia católica y fuerte anticomunismo le valió un lugar en el gabinete del
interventor. A pesar de que Montiel fue una de las figuras fuertes en el inicio
de la dictadura, al comulgar ideológicamente con el propio intendente se alejó
pronto del municipio, casi un año después de su asunción. La Secretaría de
Gobierno quedaba vacante por primera vez, pero no sería la última, ya que fue
la cartera más inestable de la gestión de Ortelli (desfilaron seis secretarios con
dos interinatos incluidos).
La Secretaría de Salud estuvo a cargo de Tomás Watanabe, reconocido
médico de la región y fundador de una clínica de medicina nuclear en San
30
Entrevista a Alberto López Camelo. San Miguel. Realizada el 25 de octubre de 2016.
31
En los actos de graduación de los estudiantes secundarios del Colegio Don Jaime, compuesto
exclusivamente por varones, realizaban una ceremonia que simulaba la ordenación de caballeros
de Cristo, un ritual medieval. Esta práctica se extendía a otras agrupaciones católicas, como
algunas organizaciones de boy scouts.

207
Maximiliano Catoira

Miguel. A diferencia de la anterior, la cartera de Salud fue la más estable del


gobierno de Ortelli. Estimamos que las razones que explican la continuidad
de Watanabe se relacionan más con la escasa participación e importancia de
esta secretaría en las decisiones de gobierno vinculadas a la búsqueda de diá-
logos con la comunidad que por su contribución en el diseño de propuestas
de interés gubernamental. El escaso peso de la cartera de Salud en planes de
políticas públicas no fue exclusivo de la gestión de Ortelli, sino más bien una
constante de la dictadura en General Sarmiento. De esta manera, las áreas que se
transformaron en vitales en la elaboración de políticas públicas para el gobierno
municipal fueron las secretarías de Bienestar Social, de Economía y Hacienda,
y de Obras y Servicios, además de la Secretaría de Gobierno.
Para la Secretaría de Obras y Servicios se convocó a Rodolfo José Arenaza,
exintendente durante el período 1966-1970.32 Sin embargo, por diferencias
con el intendente, Arenaza renunció un año después y la Secretaría quedó en
manos de los agrimensores Ivonne S. Ferro (interino) y Jorge José Desplats,
dos hombres de carrera.
En diciembre de 1977, en una conferencia de prensa realizada en el Salón
de Actos del edificio del ex Concejo Deliberante convocada por el intendente
con motivo de realizar un balance político y técnico sobre la gestión, el coronel
(R) Scolari –secretario de Bienestar Social y de Gobierno Interino– afirmaba dos
cuestiones fundamentales: por un lado, la voluntad de capacitar al personal que
trabajaba en el Palacio Municipal; y por otro lado, la de fomentar la comunica-
ción con la sociedad. Scolari reconocía que “debemos lograr una apertura con
las sociedades de fomento, porque a través de ellas nos comunicaremos con el
vecindario”.33 Esta pretensión se llevó a cabo tímidamente, ya que no fue sino
hasta la culminación del gobierno de Ortelli que la preocupación por el diálogo
con la sociedad volvió a resonar con contundencia. La renuncia de Scolari al
gabinete de Ortelli, en medio de un escándalo mediático,34 llevó al abogado
32
Comisión Provincial por la Memoria, Archivo dipba, Mesa A, Autoridades Comunales,
General Sarmiento, Carpeta 9, Legajo 50, Folio 220.
33
Síntesis, 23/12/1977, p. 3: “Conferencia de prensa del intendente”.
34
El 2 de septiembre de 1978, una empresa de camiones descargó tierra en un descampado
del barrio Santa Paula proporcionada por el Cementerio San Antonio de Padua (San Miguel).
Al parecer, un error sobre la excavación en un terreno en el que debían llevarse a cabo nuevas
sepulturas llevó a que los trabajadores confundieran el sector del cementerio sobre el cual debían
prestar servicio. Por lo tanto, el descampado quedó repleto de tierra con restos óseos. La noticia
fue publicada en el diario Crónica cuatro días después. En la nota titulada “Festín de perros” se
afirmaba, entre otras cuestiones, que los restos humanos hallados –junto a plaquetas y ataúdes,
entre otros elementos– eran de personas fallecidas recientemente. Esto fue desmentido por

208
Funcionarios y autoridades locales de General Sarmiento...

y nacionalista católico doctor Aníbal D’Angelo Rodríguez, responsable de


la revista nacionalista católica y antisemita Cabildo y miembro fundador de
la Asociación para la Promoción de los Estudios Territoriales y Ambientales
(oikos) vinculada al Conicet (Cersósimo, 2014), a un interinato en la Secreta-
ría de Gobierno. Finalmente, Ortelli convocó a un radical para hacerse cargo
de esta cartera, Roberto Anderson, quien permaneció hasta la finalización
del segundo gobierno de facto. El radical ya poseía una larga trayectoria en
el municipio. Su militancia provenía de José C. Paz, había formado parte del
gabinete de Arenaza,35 y se desempeñó como secretario privado y coordinador
de las delegaciones municipales antes de ocupar la Secretaría de Gobierno.
Durante estas primeras intervenciones, el peso del tradicionalismo católico
se observó en un conjunto de políticas públicas que se dirigieron desde el go-
bierno municipal. Estas incluyeron la exención de tributos municipales –como
las tasas de Alumbrado, Limpieza y Conservación de la Vía Pública, Publicidad
y Propaganda y Derechos de Edificación– a diversas asociaciones civiles. Si bien
no se trata de exenciones nuevas, estas se incrementaron durante el Proceso, así
como también el peso del catolicismo, que se mostró en la difusión de imágenes
y valores morales ligados a las tradiciones cristianas y nacionales. Si bien estas
políticas públicas beneficiaron a un abanico de entidades educativas y cultu-
rales, asociaciones mutuales, instituciones deportivas y a la Sociedad Cuerpo
de Bomberos Voluntarios de General Sarmiento, entre otras, observamos que
las principales beneficiarias fueron las instituciones católicas del distrito, en un
primer momento, y las élites asociacionistas, tanto del fomentismo como del
ámbito deportivo, después.
En este período de la dictadura, en que el gobierno municipal de General
Sarmiento había quedado en manos de interventores militares, primó en prin-
cipio un elenco castrense en las primeras líneas de funcionarios. A medida que
transcurría el régimen se comenzó a convocar a civiles vinculados al tradiciona-
lismo católico, en el que Montiel tuvo un lugar destacado desde la Secretaría de
Gobierno, y en el que se comenzaba a reclutar tanto al sector “balbinista” del
radicalismo como a los dirigentes del asociacionismo local que proporcionaron

las investigaciones de la dipba que aseguraban que la noticia era “parcialmente cierta”, ya que
argumentaban que los restos encontrados pertenecían a fallecidos de por lo menos dos gene-
raciones atrás. Ver Comisión Provincial por la Memoria, Archivo dipba, Mesa A, Autoridades
Comunales, General Sarmiento, Carpeta 9, Legajo 50, Folio 221. Comisión Provincial por la
Memoria, Archivo dipba, Mesa A, Autoridades Comunales, General Sarmiento, Carpeta 9,
Legajo 50, Folios 223-232.
35
Síntesis, primera quincena, enero de 1980, p. 1: “Relevo y renuncias”.

209
Maximiliano Catoira

cuadros a la dictadura. Estos grupos tuvieron un peso más considerable en la


fase que se inauguró en marzo de 1979, durante los últimos meses del gobierno
del coronel (RE) Ortelli, cuando el reclutamiento de personajes con activa par-
ticipación en las instituciones y el despliegue de políticas públicas beneficiaron
a sectores vecinalistas y se profundizaron los acercamientos con la comunidad.

Las lógicas del reclutamiento local durante 1979 y 1983

Hacia marzo de 1979 se puede ver un giro en el accionar de gobierno. Transi-


tando los últimos meses de su gobierno, Ortelli convocó a Luis del Cul como
asesor, primero, y como director de prensa después.36 El rol que comenzó a
cumplir este funcionario iba desde difundir y sugerir decisiones de gobierno
hasta mantener contacto con los representantes de la comunidad, por medio
del cual sondeaba las opiniones de los vecinos. Del Cul había formado parte
de la ucr Línea Nacional y fue concejal en el período 1963-1966, en el que
llegó a ocupar la vicepresidencia del hcd local, además de haberse desempeñado
como miembro de las comisiones directivas de diversas instituciones culturales,
deportivas y sociales de la comunidad y como periodista en diversos medios
de prensa locales.37 Es preciso señalar que el diario local Síntesis advierte que
en esta designación puede apreciarse una novedad en los actos de gobierno: la
“hipótesis” de la “participación ciudadana” a través de las entidades comunita-
rias.38 Del Cul acompañó a Ortelli hasta el final de su gestión, en noviembre del
mismo año. La influencia y el peso que tuvo la Dirección de Prensa durante la
dictadura se debió únicamente a que el rostro que estaba a cargo del área era el
de este personaje con larga trayectoria política, ya que la Dirección no volvió
a tener con posterioridad la misma importancia que tuvo en ese momento.
En noviembre de 1979, el coronel (RE) Ortelli se apartó del Municipio. Tras
su salida de la gestión municipal afirmó, en la ceremonia de despedida con la
prensa local, que ese espacio quedaba “en manos de quienes estuvieran dispues-
tos a buscar el bien común […] con el músculo, la espada o su inteligencia”.39

36
Síntesis, segunda quincena, marzo de 1979, pp. 1-2: “Designose el asesor del intendente”.
37
Luis del Cul había sido secretario del Club Gimnasia y Esgrima de General Sarmiento,
socio fundador y vitalicio de la Sociedad de Fomento del Barrio Parque General San Martín
de Bella Vista, secretario del Rotary Club de General Sarmiento y miembro de la Asociación
Sanmartiniana local.
38
Síntesis, primera quincena, abril de 1979, p. 2: “El asesor del Intendente”.
39
Síntesis, segunda quincena, octubre de 1979, p. 1: “Despidiose el Coronel Ortelli”.

210
Funcionarios y autoridades locales de General Sarmiento...

También reconoció que los esfuerzos dirigidos a la comunicación y la prensa


oficial no habían alcanzado. Por esto precisaba que
… todavía no tenemos una buena cobertura de prensa, […] no estamos
comunicando bien a la comunidad, […] no estamos tomando en serio
a los medios de comunicación como instrumentos aptos para transmitir
todo lo que la sociedad merece y necesita.40
El viraje “participacionista” se intentó profundizar a partir del tercer gobierno de
facto,41 en este caso a cargo de un civil. El intendente designado por el Ejecutivo
provincial fue el agrimensor Orlando Mussano (6/11/1979 - 4/5/1981), quien
vivía en el centro de San Miguel, era de la ucr Línea Nacional y ya había formado
parte del gabinete del gobierno interventor de Roberto Daniel Mackinlay como
secretario de Obras Públicas (1962).42 También se había desempeñado como ase-
sor de varias empresas que tuvieron importante presencia local en la construcción
de obras públicas, como pavimentación, saneamiento y nivelación.43 Además,
había participado en el Rotary Club y en la apui (Asociación de Profesionales
Universitarios de Ingeniería), y también fue director de la Escuela Nacional de
Educación Técnica Nº 1 de San Miguel, director general pedagogo del conet
(Consejo Nacional de Educación Técnica) y profesor en la espac “General
Lemos”.44 Mussano declaró ser amigo personal del coronel Viola45 y, según un
informe de la dipba, también era muy cercano al general Galtieri.46 De hecho,
la secretaria de Mussano era la hermana de Galtieri. En una entrevista que rea-
lizamos, Enrique Cervo –exsecretario de Gobierno de Mussano– declaró que la
“lealtad” y la “confianza” fueron las razones por las que el gobernador convocó
a Mussano a ocupar la Intendencia: “Prepárese, le dijo Saint Jean, que usted va
a ser el futuro intendente”. Estas mismas razones sirvieron para argumentar el
40
Ídem.
41
El coronel Ortelli manifestó su renuncia a los medios locales durante la visita del gobernador
Saint Jean y su ministro de Educación, el general Ovidio Solari, con motivo de la inauguración
oficial de 10 escuelas y 76 aulas premoldeadas en el municipio. Allí, el jefe comunal expresó:
“Me voy de la intendencia, pero me quedo como argentino, como soldado y como vecino de
este partido para seguir sirviendo a la comunidad” (Síntesis, 10/10/1979).
42
Comisión Provincial por la Memoria, Archivo dipba, Mesa A, Autoridades Comunales,
General Sarmiento, Carpeta 13, Legajo 52, Folio 5.
43
Síntesis, segunda quincena, noviembre de 1979, p. 1: “El nuevo intendente”.
44
Ídem.
45
Síntesis, 17/10/1980, p. 3: “Importantes confirmaciones”.
46
Comisión Provincial por la Memoria, Archivo dipba, Mesa A, Autoridades Comunales,
General Sarmiento, Carpeta 9, Legajo 50, Folio 291.

211
Maximiliano Catoira

reclutamiento de los funcionarios que acompañaron al interventor civil.47 Por


lo tanto, el vínculo con las autoridades provinciales y nacionales no era solo
político, sino que existían redes de sociabilidad compartida y hasta de parentesco.
En la ceremonia de asunción participaron el subsecretario de Gobierno de
la provincia de Buenos Aires, representantes de institutos militares, como la
espac, y autoridades religiosas y municipales.48 Mussano mantuvo un gabinete
estable compuesto enteramente por civiles, que fue la lógica que continuó hasta
el final de la dictadura (cuadro 3).

Cuadro 3. Gabinete de Orlando Mussano

Cargo Funcionario Período

Intendente Orlando Mussano 6/11/1979-4/5/1981


Continúa de la gestión
Roberto Tomás Anderson
Secretario de Gobierno anterior-28/12/1979
Enrique Cervo 28/12/1979-4/5/1981
Dr. Mario Moscarelli 6/11/1979-4/5/1981
Secretario de Economía y
Hacienda Ingeniero Civil Ricardo
1980
Dudkevich (interinato)
Secretario de Obras y Ingeniero Civil Ricardo
6/11/1979-4/5/1981
Servicios Dudkevich
Secretario de Salud Dr. Carlos Eisele 6/11/1979-4/5/1981

Fuente: elaboración propia.

Roberto Anderson lo acompañó en la Secretaría de Gobierno; fue el único


hombre que continuó de la gestión anterior. Fue requerido por el mismo Mus-
sano pero aceptó acompañarlo hasta finalizar el año, por lo que permaneció de
manera provisional hasta que lo reemplazara otra autoridad.49 Ante la renuncia
del secretario, ocupó su lugar Enrique Cervo, excandidato a intendente en las
elecciones de 1973 por el Partido Renovador50 –representado por la fórmula

47
Entrevista a Enrique Cervo, San Miguel, realizada el 7 de mayo de 2014.
48
Síntesis, segunda quincena, noviembre de 1979, p. 1: “El nuevo intendente”.
49
Síntesis, primera quincena, enero de 1980, p. 1: “Relevo y renuncias”.
50
Bella Vista, 22/2/1973, p. 1: “Las próximas elecciones”.

212
Funcionarios y autoridades locales de General Sarmiento...

Francisco Manrique y Rafael Martínez Raymonda– y secretario de la Asociación


Italiana de Ayuda y Socorros Mutuos Fraternidad y Unión. Durante el gobierno
de Mussano, la cartera de gobierno volvió a cobrar el protagonismo que tuvo en
los inicios de la dictadura. Las tareas encomendadas a Cervo incluían funciones
que antes recaían en la Dirección de Prensa, la cual había perdido influencia
en el nuevo gobierno. Este peso se debía particularmente al prestigio que el
secretario tenía en el ámbito del asociacionismo. De esta manera, acompañó a
Mussano en la gestión (1979-1981). El resto de las carteras fueron ocupadas
por profesionales ligados al radicalismo.
Inicialmente, Cervo hizo su ingreso en el municipio como director de
Inspección General, y luego reemplazó a Roberto Anderson en la Secretaría de
Gobierno (quien permaneció como asesor). Según el exfuncionario, en un asado
realizado en el corralón de Antonio Trillini –un comerciante reconocido de la
zona que había formado parte de la Sociedad Cuerpo de Bomberos Voluntarios
de General Sarmiento– se encontraron Mussano y Cervo, quienes mantenían
vínculos por la participación de ambos en la asociación Touring Club Argentino
de José C. Paz. Durante la cena, el entonces intendente le dijo a Cervo que
quería hablar con él para que formara parte de su gabinete:
Pretendo que seas mis ojos en la calle. Vas a ser director de Inspecciones.
Y si tenés que clausurar el negocio más secundado o el tipo que tira agua
a la calle o materia [fecal], vos suspendelo. Acompañame seis años, que
vamos a cambiar las cosas.51
Este funcionario pronto fue convocado por el intendente para que ocupara la
Secretaría de Gobierno. Según el propio Cervo, cuando Mussano lo convocó
le dijo: “Vos sos un tipo muy bicho (...), a vos no se te escapa nada (…). [Quiero]
que seas vos mi elemento de consulta”.52 En relación con las diversas sociedades
de fomento creadas en ese momento y las reuniones que el secretario comenzó
a mantener con los fomentistas, comenta:
… yo a veces tenía cumpleaños en las casas. Y mi mujer me decía: ‘otra vez’. [Y
Cervo contestaba] ‘Pero bueno, voy un rato y después vengo para el de nosotros’.
(…) Después te invitan a las peñas folclóricas. (…) Después me mangueaban,
le conseguí un subsidio a [tal lugar]. Yo parecía ‘Mahoma’ (…). Bueno, yo fui
‘Pocho’ Cervo toda la vida. Un tipo que prácticamente tiene muchos amigos.

51
Ídem.
52
Entrevista a Enrique Cervo, San Miguel, realizada el 7 de mayo de 2014.

213
Maximiliano Catoira

(…) Pero yo también tenía un mérito: que no fui borracho ni jugador; la


familia mía es toda buena.53

Deteniéndonos en el conjunto de políticas públicas, el otorgamiento de


subsidios a las instituciones deportivas se intensificó con el transcurso de los
años. El deporte había sido concebido como una actividad que podía erradi-
car todos los “vicios” de los años contemporáneos o de la “vida moderna”: el
sedentarismo, el tiempo libre, la subversión.54 Para “potenciar las instituciones
locales, descentralizando la acción de gobierno y dinamizando la participación
vecinal”, era necesario “estimular la actividad de las entidades locales de bien
público como forma de dinamizar la participación vecinal en la solución de
problemas concretos de la comunidad”.55 Durante el gobierno de Mussano, las
políticas públicas destinadas a asociaciones siguieron incrementándose. Solo
durante el primer trimestre de 1981, por ejemplo, 17 instituciones (fomentistas
y deportivas mayoritariamente) fueron beneficiadas con donaciones, subsidios
y exenciones de tributos municipales, más del doble de lo que se frecuentaba.
Y en abril del mismo año, 16 instituciones fueron beneficiadas. La multipli-
cación de políticas destinadas a estas entidades hay que considerarla como
una continuidad respecto a los últimos meses de la gestión anterior, y guarda
relación con la convocatoria de Enrique Cervo como secretario de Gobierno
en reemplazo de Anderson.56
Finalmente, los seis años que proyectaba Mussano no se cumplieron.
Con la asunción del general Roberto Viola como presidente de la Nación
en marzo de 1981, se considera que se inicia una nueva etapa en el Proceso.
Como miembro de la fracción “politicista” del Ejército, Viola desplegó una
estrategia de acercamiento a las organizaciones políticas preexistentes y amplió
sustantivamente la presencia de civiles en la cartera nacional y en las gober-
naciones (Canelo, 2016). La gobernación de la provincia de Buenos Aires fue
ocupada por el general Oscar Bartolomé Gallino. Entre mayo y junio de 1981
se confirmaron y designaron los nuevos jefes comunales (Rodríguez: 2009).
En este contexto asumió la Intendencia de General Sarmiento José Lombardo
(15/5/1981-9/12/1983), el jefe comunal depuesto en 1976.
53
Ídem. Según una normativa municipal, estas cualidades que menciona el exsecretario fueron
destacadas posteriormente en su lugar de residencia, ya que fue declarado ciudadano ilustre de
San Miguel recientemente. Ver mgs, Ordenanza Nº 67, del año 2005.
54
mgs, Decreto Nº 5979, 28/12/1977. Libro: 1978, 5808-5979.
55
Ídem.
56
Síntesis, primera quincena, enero de 1980, p. 1: “Relevo y renuncias”.

214
Funcionarios y autoridades locales de General Sarmiento...

En su regreso a la Intendencia, Lombardo convocó a un grupo bastante


estable para que lo secundara (cuadro 4). En primer lugar, ocupó la Secretaría de
Gobierno el escribano radical Fernando Luis Mullen, quien no tenía demasiado
peso político en el distrito y, luego de dejar su cargo en mayo de 1982, se ocupó
de señalar diferencias pragmáticas con las políticas públicas del municipio.

Cuadro 4. Gabinete de José Lombardo

Cargo Funcionario Período


Intendente José Lombardo 15/5/1981-9/12/1983

Secretario de Escribano Fernando Luis Mullen 15/5/1981-18/5/1982


Gobierno Ángel Carlos Tesi 19/5/1982-9/12/1983
Secretario de
Contador Carlos Alberto Battaglia 15/5/1981-9/12/1983
Economía y Hacienda

Secretario de Obras y Mario Oscar Martínez 15/5/1981-8/1981


Servicios Ing. Ignacio Avendaño 8/1981-9/12/1983
Dr. Evaristo Evangelista Núñez Avendaño 15/5/1981-2/1982
Secretario de Salud
Dr. Rodolfo Soriano 2/1982-9/12/1983

Fuente: elaboración propia.

El jefe comunal depuesto en 1976 también convocó a correligionarios de la


Línea Nacional de la ucr para ocupar el gabinete local. Entre ellos se encon-
traba Ángel Carlos Tesi (1982-1983), quien se hizo cargo de la Secretaría de
Gobierno y era militante reconocido de Los Polvorines además de exinten-
dente del municipio (1963-1966), secretario general de la ucr Línea Nacional
(1966-1972), exdiputado nacional suplente por la provincia de Buenos Aires
y funcionario de Lombardo en la gestión iniciada en 1973.57 Lo acompañaron
también el contador Carlos Alberto Battaglia, quien se convirtió en secretario
de Economía y Hacienda (1981-1983), Mario Oscar Martínez, quien se ocu-
pó de la Secretaría de Obras y Servicios (1981), y el Dr. Evaristo Evangelista
Núñez Avendaño, quien se encargó de la cartera de Salud municipal (1981-
1982), y había sido médico del Hospital Larcade y miembro de la comisión de

57
La Voz de General Sarmiento, primera quincena, junio de 1982, p. 5: “Asumió el nuevo se-
cretario de General Sarmiento”.

215
Maximiliano Catoira

salud de dicha institución, y ya había acompañado a Lombardo como concejal


en 1973. El doctor Rodolfo Soriano (1982-1983) era otro conocido radical,
también era miembro del Hospital Larcade y quedó en lugar de su colega en
la Secretaría de Salud.
Durante la gestión de Lombardo, la comunicación con las organizaciones
sociales continuó y se multiplicaron las visitas del intendente a las delegaciones
en las zonas que componen el municipio.58 En octubre de 1982, durante la
inauguración del velódromo del Club Bella Vista y de la Planta Depuradora de
Líquidos Cloacales, a la que asistió el gobernador Jorge Rubén Aguado (1982-
1983), el intendente admitía:
No necesito […] pedirle al gobernador nada, porque tengo la puerta abierta
para pedir. Y cuando he pedido hasta ahora, en estos nueve meses, me han
contestado dándome quince escuelas en construcción, cinco centros de
salud, el fomento al deporte, los cheques que llegan para las obras pedidas
y las respuestas a muchas obras que piden los fomentistas.59

A la vez, reconocía que era “recomendación del gobernador […] atender las
sociedades de fomento, […] dialogar con ellas y […] emprender un trabajo
en común”.60

Consideraciones finales

En este trabajo se observó el funcionamiento del municipio de General Sar-


miento durante la dictadura. Este municipio fue un espacio donde se ensayó
la búsqueda de legitimidad social ante la falta de una legitimidad fundada
constitucionalmente. Las autoridades nacionales pusieron el foco en construir
una relación “más directa” con la comunidad mediante la “comunicación” y los
“diálogos” de forma “continua” y “permanente”, apelando al “bien común” y
concibiendo al municipio como una “célula básica” de la sociedad y una “escuela
formadora de hombres públicos”. Independientemente de si lo enunciado por
distintas autoridades nacionales y municipales se dio efectivamente o no, he
intentado demostrar que los vínculos esperados pretendían mostrar algunos

58
La Voz de General Sarmiento, primera quincena, agosto de 1981, p. 10: “El intendente y las
delegaciones”.
59
Síntesis, 29/10/1982, p. 5: “Las palabras de Agudo y Lombardo”.
60
Ídem.

216
Funcionarios y autoridades locales de General Sarmiento...

modelos de comportamiento y también los ideales que se esperaba localizar,


apelar y establecer en la población local.
En la incorporación de funcionarios y autoridades municipales en General
Sarmiento se pueden apreciar distintas estrategias de reclutamiento, las cuales
variaron en el transcurso del período dictatorial. En la etapa 1976-1979, la
administración municipal estaba encabezada por militares. Al principio, los
secundaban miembros del sector castrense, pero a medida que transcurría el
tiempo comenzaron a incorporarse civiles a la cartera municipal. Podemos
afirmar que el grado de militarización se dio en los inicios de la dictadura solo
en las esferas más altas del poder municipal, pero a medida que transcurría
el tiempo, se reclutaron funcionarios civiles. El reclutamiento de autorida-
des municipales se sostuvo a partir del llamado de personajes vinculados al
tradicionalismo católico (en los inicios de la dictadura), así como también al
radicalismo y al asociacionismo local (quienes comenzaron con un peso relativo
y luego ocuparon lugares relevantes). Consideramos que la comunicación con
la sociedad civil comenzaba a dar los primeros pasos tímidamente.
Estas tendencias se profundizaron en el período 1979-1983. En el final
del gobierno del coronel Ortelli (fines de 1979) y durante las gestiones de los
civiles Mussano y Lombardo se sumaron a los estratos más altos del poder
municipal algunos políticos –mayoritariamente radicales– y vecinos ligados
al asociacionismo local, quienes pudieron relacionarse con las instituciones
de manera más directa debido a su pertenencia social, trayectorias y redes en
las que estaban involucrados.61 Por ello, a pesar de las diferencias entre estas
etapas, en estas intervenciones hubo una constante: la convocatoria de civiles
funcionó como un espacio de construcción de legitimidades y de despliegue
de estrategias de intervención e influencias en la comunidad local.
Así, sin negar la inocencia de algunos sectores de la población, se tiene en
cuenta también que “muchos […] brindaron la participación necesaria pero
subordinada, obsecuente incluso, en funciones menores dentro del aparato esta-
tal, en las Fuerzas Armadas y de Seguridad y en instituciones públicas diversas”
(Vezzetti, 2002: 48), en un marco en el que estas debían seguir funcionando
(Lvovich, 2010). En la conformación de los gobiernos y los funcionarios mu-
nicipales de primeras líneas, observamos que el reclutamiento de esos rostros,
pertenecientes a algunos sectores del catolicismo, del radicalismo y de las ins-
tituciones intermedias, respondió al propósito de fomentar la comunicación

61
Ver al respecto los trabajos de Blanca Gauto y Guadalupe Ballester en este libro.

217
Maximiliano Catoira

y el diálogo permanente con la sociedad civil a través de las instituciones de


la comuna.
Así, las lógicas de reclutamiento durante la dictadura se dieron por el vínculo
político de estos actores, las redes de sociabilidad compartida y el parentesco.
Incluso, un análisis de los domicilios de residencia de las autoridades invita a
pensar los vínculos sociales y el poder simbólico que podían llegar a tejer. Por
ejemplo, los interventores militares Hoffmann y Ortelli pertenecían a la loca-
lidad de Bella Vista. Según representaciones locales sobre el territorio, ambos
residían en lo que se conoce como “Bella Vista Vieja”. Según esta idea, ese espacio
estaba delimitado por los alrededores de la estación homónima del ferrocarril
San Martín, desde las vías hasta la avenida Gaspar Campos. Allí convergían las
élites políticas tradicionales del partido, las cuales se distinguían por compartir
un espacio de “linaje”. Por otro lado, “Bella Vista Nueva” estaba localizada
desde las vías del ferrocarril hasta la Ruta Nacional 8, y estaba conformaba
por un grupo social más heterogéneo que incluía los sectores socioeconómicos
acomodados, denominados “nuevos ricos”. En cambio, los intendentes civiles
Mussano y Lombardo vivían en el centro de San Miguel, un espacio urbano
en el que suelen residir vecinos ligados a profesiones liberales. En general, los
gabinetes solían estar ocupados por autoridades que vivían en distintas zonas
del distrito, ya que algunos residían en territorios ocupados por clases medias y
acomodadas, como Bella Vista, Muñiz y San Miguel, y otros, en regiones más
periféricas, como José C. Paz, Los Polvorines y Grand Bourg.

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Maximiliano Catoira

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Provinciales

Comisión Provincial por la Memoria, Archivo de la Dirección de Inteligencia


de la Provincia de Buenos Aires.

220
Funcionarios y autoridades locales de General Sarmiento...

Diario El Día.

Nacionales

Diario La Nación.

Entrevistas

Entrevista a Enrique Cervo, San Miguel. Realizada el 7 de mayo de 2014.


Entrevista a Alberto López Camelo, San Miguel. Realizada el 25 de octubre
de 2016.

221
La militancia política en el Gran Buenos
Aires durante la dictadura (1976-1983).
El caso de la Unión Cívica Radical en el
expartido de General Sarmiento* 1

Blanca Gauto

Introducción

El presente artículo analiza las prácticas políticas de la Unión Cívica Radical


(ucr) en el expartido bonaerense de General Sarmiento (gs) durante el último
gobierno dictatorial argentino (1976-1983). Estudia la relación entre algunos
objetivos institucionales de la última dictadura en el nivel nacional y las acti-
vidades desarrolladas por los militantes radicales en el nivel municipal. En este
sentido, el régimen buscó la despolitización de la ciudadanía, la descentralización
hacia los niveles subnacionales, la administración eficiente de los municipios, la
promoción del “participacionismo” en esas esferas por medio de las asociaciones
civiles y, en vinculación con esto, la construcción del imprescindible consenso

* La presente investigación se desarrolló en el marco de la Maestría en Ciencias Sociales de la


ungs-ides, con aportes de la beca profor y de la beca de Formación en Investigación y Docencia,
en articulación con la formación de posgrado con dedicación exclusiva para graduados con 36
meses de recibidos otorgada por la Universidad Nacional de General Sarmiento. El artículo
aborda parte del segundo capítulo de la tesis de maestría, en proceso de escritura, cuyo título
es “La actividad política de radicales y peronistas durante la última dictadura (1976-1983) en
el exmunicipio de General Sarmiento”, dirigida por el doctor Daniel Lvovich y codirigida por
el doctor Sergio Morresi.

223
Blanca Gauto

para perpetuarse en el poder (González Bombal, 1988: 14; Lvovich, 2010: 10).
Es decir que, en este esquema, como también había ocurrido durante la dicta-
dura de Juan Carlos Onganía (1966-1970), el municipio y el asociacionismo
jugaron un papel central para el logro de esos objetivos (Galván y Osuna, 2014;
Gomes, 2016).
En este marco, los políticos del partido estudiado desplegaron diversas
estrategias que fueron desde la colaboración hasta la oposición a la dictadura.
Es decir, a pesar de la búsqueda de clausura de la actividad partidaria, la política
estuvo presente no solo de forma clandestina sino también en el espacio público.
Aun así, en el período abordado el accionar militante no fue desplegado dentro
de las estructuras de la ucr. Por un lado, la gestión de los conflictos entre la
sociedad y el Estado municipal fue resuelta dentro de las denominadas institu-
ciones intermedias, es decir, a través de la participación de los miembros locales
del radicalismo en sociedades de fomento, clubes sociales (clubes deportivos,
Cámara de Comercio, sociedades de colectividades) y asociaciones profesionales
(martilleros, abogados, médicos). El asociacionismo era un ámbito tradicional
de construcción de capital político desde principios del siglo xx (Acha y Qui-
roga, 2005; Sánchez, 2009). De hecho, los dirigentes y militantes radicales
formaban parte de esas asociaciones desde hacía varias décadas y, en diferentes
contextos democráticos y dictatoriales previos, habían desarrollado las mismas
estrategias desde esos espacios. Para demostrar esto, en el trabajo tendremos en
cuenta las trayectorias de algunos dirigentes (Ángel Tesi, Francisco Mugnolo,
Orlando Mussano) y militantes (Francisco Benemio, Antonino Lombardo, entre
otros). Estas trayectorias serán reconstruidas a partir de los testimonios de los
miembros de la ucr, periódicos locales, documentos oficiales y autobiografías.
Por otro lado, como veremos en el último apartado, la sociabilidad política
se redefinió en el marco de las prácticas clandestinas que diferentes militantes
debieron comenzar a desarrollar a causa de la supresión de los comités partida-
rios que existían hasta ese momento. En este sentido, los radicales de General
Sarmiento se convocaron en lugares públicos, bajo la fachada de reuniones
sociales (cumpleaños, aniversarios, cenas, salidas a lugares bailables), y tam-
bién en carácter clandestino, en casas de familia u oficinas comerciales, donde
armaban seminarios o discusiones sobre las políticas llevadas adelante por las
Fuerzas Armadas.
De esta manera, el estudio de este grupo político en el ámbito municipal nos
permitirá cuestionar, matizar y problematizar ciertas afirmaciones sustentadas

224
La militancia política en el Gran Buenos Aires durante la dictadura (1976-1983)

en miradas macroscópicas y generales sobre el radicalismo en dictadura.1 En


relación con la primera de ellas, a diferencia de lo que sostienen algunos autores
–entre ellos María de los Ángeles Yanuzzi (1996: 145)– acerca de que los parti-
dos políticos dieron su apoyo al régimen aunque fuera de forma tácita, ya que
“con mayor o menor entusiasmo, según el caso, habían aceptado excluirse de la
escena pública como contribución a la reinstauración del orden”, veremos que el
radicalismo continuó militando. Es decir que, a partir del golpe del año 1976,
siguió estableciendo fuertes vínculos con los miembros de la sociedad local,
participando en la gestión de los problemas comunitarios ante el poder estatal
y realizando actividades en el interior de su partido. La segunda es que, con la
imposición de la dictadura y la suspensión de la política, se abrieron nuevos
canales subterráneos por los cuales discurrió la actividad política. Sin embargo,
al mirar la práctica cotidiana y los lazos que los políticos construyeron con la
sociedad civil podemos señalar que sus trayectorias eran de larga data dentro
de diversas instituciones. Por lo tanto, no se abrieron nuevas vías sino que se
reforzaron vínculos preexistentes.

El municipio y las instituciones intermedias en la política


de la dictadura

La reestructuración de los municipios fue un objetivo prioritario de la última


dictadura. En relación con esto, se buscaba la participación civil para admi-
nistrar eficientemente ese nivel subnacional, despolitizar y lograr el consenso
necesario para el sostenimiento del gobierno dictatorial. En este sentido, el
ministro del Interior de la dictadura, Albano Harguindeguy, tras cinco años
del “Proceso”, afirmó:
El fortalecimiento de la institución municipal ha sido uno de los principales
objetivos perseguidos. Consideramos que el municipio es la célula básica de
la organización política y el núcleo vital en la formación de la democracia
a la que aspiramos. Es, por otra parte, el ámbito adecuado para que el fu-
turo gobernante se forme, aprenda, experimente y comience a transitar el
camino para desempeñar funciones complejas. Mediante la participación
se busca consolidar canales fluidos de comunicación con la comunidad, lo
que permite a la población y a sus entidades civiles expresar sus necesidades e
1
Ver Palermo y Novaro (2003); González Bombal (1996) y Quiroga (1996).

225
Blanca Gauto

inquietudes, y promover la acción docente de las autoridades municipales


para buscar el restablecimiento de la solidaridad y de la disciplina.2

Asimismo, Ibérico Saint Jean, gobernador de la provincia de Buenos Aires, en


consonancia con el “El Proyecto nacional” les planteaba a los intendentes la
necesidad de sustituir la actividad política de los partidos por las instituciones
intermedias. Estas “debían transformarse en los canales del consenso y de la
participación, dos de los valores universales y permanentes sobre los cuales se
ha constituido la nación argentina” (Canelo, 2015). En este sentido, debemos
tener en cuenta la importancia que revestía para el poder militar el control del
espacio municipal, la “célula” en la que se cimentaría la supremacía del gobierno
de facto. El municipio era presentado “como el verdadero nexo de conexión
entre ‘gobernantes y gobernados’, y es la base sobre la que se eleva el poder en
forma escalonada hasta la nación” (González Bombal, 1998: 68).
A su vez, las entidades intermedias que funcionaban en esa jurisdicción
eran percibidas como un espacio despolitizado y de gestión, y eran legitimadas
por el gobierno de facto para canalizar la resolución de conflictos en el ámbito
municipal. Este planteo fue cristalizado en políticas de Estado llevadas a cabo
por el entonces comisionado Luis Antonio Ortelli (1976-1979).3 Este inten-
dente, luego de seis meses de haber asumido la conducción de la comuna, creó
una coordinadora de sociedades de fomento denominada Comisión Vecinal.
El decreto de creación expresaba:
El organismo integrado por el presidente de cada una de ellas, pertene-
cientes a la jurisdicción de la Delegación [que habían sido creadas por la
dictadura], reconocidas por la Municipalidad, desempeñándose como
presidente de la coordinadora, el señor delegado municipal, la función
de coordinador será de asesoramiento al señor intendente municipal
en cuestiones atinentes a su respectiva jurisdicción (Libro de Decretos,
Municipalidad de General Sarmiento, ordenanza Nº 333, 13 de octubre
de 1976).

La función de esta coordinadora era la de asesorar al jefe municipal. Sobre el


mismo tema, al año siguiente declaraba que “debemos lograr una apertura con
2
La Razón, 26 de marzo de 1981, p. 6.
3
Es importante considerar que, durante el gobierno de facto de Onganía (1966-1970), a partir de
un proyecto católico y corporativista hubo experiencias similares de revitalización del municipio
y de las asociaciones civiles en diferentes partidos bonaerenses. Un ejemplo emblemático fue el
de Pergamino. Ver Gomes (2017) y Barbarito (2014).

226
La militancia política en el Gran Buenos Aires durante la dictadura (1976-1983)

las sociedades de fomento, porque a través de ellas nos comunicaremos con el


vecindario”.4 Estas expresiones no eran meras declamaciones para los medios,
ya que es posible rastrear numerosas intervenciones a sociedades de fomento, así
como excepciones y ayudas de diversa índole. Podemos afirmar, entonces, que
el control y la relación con estas organizaciones civiles constituían un objetivo
importante para las autoridades municipales.
Como hemos expuesto, la gestión municipal y la actividad de las institucio-
nes intermedias constituyeron una parte esencial de los planes de la dictadura, y
los intendentes fueron los encargados de poner en práctica los medios para lograr
el acercamiento y el control de ellas. El lugar que ocupó el espacio municipal
en los planes del gobierno de facto –un ámbito para organizar a la sociedad
sin la intromisión de la política entendida en términos liberales y partidarios–
convirtió a las instituciones de la acción vecinal en un refugio para aquellos
políticos locales que pretendían continuar con algún tipo de actividad dentro de
su comunidad, lo que les permitió un grado de participación en los problemas
comunales que, de otro modo, habría sido muy difícil llevar a cabo. Es decir que
la pertenencia a las asociaciones civiles brindó el espacio para continuar con la
actividad política, comprendida como la mediación entre la sociedad civil y el
Estado municipal. Por lo tanto, las asociaciones vecinales “se politizaron en un
doble sentido”, ya que fueron cooptadas por los intendentes o se convirtieron en
el ámbito de resistencia barrial (González Bombal, 1988: 14). En este sentido,
como veremos, en el marco de esas formas de resistencia fueron un ámbito de
participación de los militantes políticos de la comuna.

Sociabilidad, política y radicales en General Sarmiento

La relación entre los círculos de sociabilidad y la construcción de poder po-


lítico forma parte de una tradición político-partidaria occidental más amplia
(Agulhon, 2009). En este sentido, analizar la sociabilidad nos permite dar
cuenta de cómo ciertas
… reglas de juego de la política son producto de la interacción social y
pueden dar lugar a formas relacionales específicas que brindan […] un
conjunto de recursos organizativos, relacionales e identitarios (González
Bernaldo de Quirós, 2008: 38).

4
Síntesis, 23 de diciembre de 1977, p. 3.

227
Blanca Gauto

La relación entre asociaciones y política también tuvo un lugar relevante en


la construcción del capital político en los municipios del Gran Buenos Aires.
Este fenómeno se debió, en parte, a que las instituciones barriales fueron parte
importante de la etapa de formación de las localidades. Como se ha demostrado,
este proceso se replicó también en el caso del expartido de General Sarmiento
(Sánchez, 2009). En esta jurisdicción proliferaron diversas asociaciones que
ocuparon un lugar clave en la vida local. Entre las más notorias se encontraban
algunas sociedades de fomento (Ingeniero Adolfo Sourdeaux, Barrio Parque
General San Martín, Bella Vista Norte, Unión de Familias Obreras), de colec-
tividades (Societá Fratellanza Italiana de San Miguel y Sociedad Española de
Socorros Mutuos de General Sarmiento), clubes (Club Atlético San Miguel, Club
Atlético y Social Bella Vista, Club Regatas Bella Vista, Rotary Club de General
Sarmiento) y entidades culturales (Instituto Belgraniano de General Sarmiento,
Instituto Sanmartiniano de General Sarmiento).5 Como muestra Adriana Sán-
chez (2009), algunos de los más prominentes miembros del radicalismo local,
desde principios del siglo xx, tuvieron relación con diversas instituciones de la
comunidad. Así, la pertenencia de los políticos a distintas instituciones civiles y
profesionales constituyó una práctica tradicional entre sus miembros.6
Entonces, comprender la implicancia de la pertenencia de algunos de los
miembros de la ucr y de los funcionarios del municipio a las instituciones
locales es central, por un lado, para observar cuáles eran sus espacios de so-
cialización y, por otro lado, porque, como buscamos demostrar, el grupo de
hombres públicos de la comunidad de General Sarmiento –fueran políticos
o no– no solo desplegaban allí sus relaciones e intercambios sociales sino que
también resolvían la mediación entre la sociedad y el Estado. La importancia
que adquiría la participación de estos hombres en las instituciones locales, tanto
para ellos mismos como para su comunidad de referencia, se ponía de mani-
fiesto cuando, por ejemplo, asumían un cargo, ya fuera frente al municipio o
en una de las mencionadas instituciones. En esos momentos se recurría, entre
otras cuestiones, a su trayectoria dentro de la localidad en relación con alguna
entidad de bien público como medio de justificación del mérito para asumir
las funciones para las que habían sido convocados.
5
Ver al respecto los trabajos de Adriana Sánchez y Guadalupe Ballester en este volumen.
6
Sánchez considera que, a principios del siglo xx, esta era una característica ya presente en la
forma de realizar política en la comunidad: “Los miembros de los distintos partidos políticos que
actuaban en el distrito interactuaban con los miembros de las instituciones sociales o formaban
parte de ellas, lo que generaba vínculos de sociabilidad que podían ser aprovechados en el terreno
de la disputa política” (2009: 42).

228
La militancia política en el Gran Buenos Aires durante la dictadura (1976-1983)

Para comprender la relación entre la pertenencia de los políticos a alguna


de las instituciones sociales y el prestigio que esto les otorgaba, debemos tener
en cuenta el papel de aquellas en la calidad de vida de la ciudadanía del mu-
nicipio.7 Esto estaba íntimamente ligado al objetivo del surgimiento de dichas
instituciones vinculadas a la gestión de las necesidades de la comuna, desde obras
fundamentales, como el asfaltado del barrio o la atención básica de la salud,
hasta el simple propósito de brindar lugares de esparcimiento, socialización y
expresión cultural.8
Además de lo expuesto, es preciso tener en cuenta otros rasgos que permiten
describir las principales características de la política local y de la forma en que
los modos de socialización incidían en su dinámica. En principio, es necesario
comprender que las instituciones no realizaban sus actos en forma aislada sino
que, por el contrario, unas estaban presentes en las actividades de las otras. Asi-
mismo, la relación que tenían con el Palacio Municipal era sumamente estrecha

7
En este momento del análisis cabe aclarar que una de las actividades económicas más importantes
en el municipio era la inmobiliaria, sobre todo en dos momentos: el primero finalizó a principios
de los años cincuenta, cuando surgieron los primeros loteos que dieron origen a localidades como
José C. Paz. Con respecto a esta etapa, Cravino señala lo siguiente: “Surgen otros pueblos dentro
del municipio [José C. Paz] y se intenta pero fracasa la creación de otros alrededor de estaciones
del ferrocarril Belgrano. La extensión y cantidad de producción agrícola ganadera alcanza su
punto máximo y tiende a disminuir. Paralelamente, se subdividen estancias y los lotes comien-
zan a ser promocionados en un mercado de tierras urbanas, todavía incipiente” (2011: 22). El
segundo se extendió precisamente hasta mediados de 1970, momento en el cual se instalaron en
el municipio una gran cantidad de trabajadores. Las características que reconoce Cravino para
este período son: “Surgen paralelamente otros centros urbanos alrededor de las estaciones del
ferrocarril Belgrano: Los Polvorines, Villa de Mayo, Grand Bourg, Tortuguitas, Del Viso, etcétera.
Es el momento de mayor cantidad de subdivisiones y loteos, que se corresponden con la llegada
de inmigrantes del interior del país y del área metropolitana que pasan a engrosar la mano de
obra de los crecientes sectores industrial y de servicios”. Un dato que muestra la importancia
de la actividad inmobiliaria es que, hasta mediados de 1980, la Cámara de Comercio de San
Miguel se denominaba Cámara de Comercio, Industria y Bienes Raíces de General Sarmiento.
Esto denota el peso de la actividad inmobiliaria en el distrito, actividad a la cual se dedicaron
varios de los miembros más prominentes del radicalismo y que permite comprender cuál era el
peso que tenía para estos personajes su desempeño o conexión con este rubro.
8
Como ejemplos de la intervención en la vida societal podemos mencionar dos de diferente
índole. El primero: “De acuerdo con una sugerencia del miembro del Instituto Mariano Moreno
de Buenos Aires […] los miembros de la Sociedad de Fomento del Barrio Parque General San
Martín de Bella Vista propusieron el 1 de septiembre de 1979, en un acto realizado en su sede,
fundar en el partido de General Sarmiento el Instituto Mariano Moreno”. El segundo: “Las
sociedades de fomento de Bella Vista y otras entidades de esa localidad iniciaron gestiones para
que el gobierno de la provincia declarara ciudad a dicho pueblo” (Munzón, 2007: 123 y 129).

229
Blanca Gauto

y, por ejemplo, los distintos funcionarios estaban presentes en las diferentes


celebraciones. Por supuesto, esta interacción tenía en el centro de la escena a
la sociedad de General Sarmiento, no solo porque los acontecimientos conta-
ban con la participación de los socios de estas entidades y de la comunidad en
general sino porque eran difundidas por los periódicos locales; de este modo se
lograba interpelar a la mayor parte de la población. Lo descripto cobra sentido
si tenemos en cuenta lo que al respecto afirma González Bernaldo de Quirós:
Su “funcionalidad” podría venir de los vínculos de sociabilidad, que en
algunos casos podrían contribuir a constituir vínculos fuertes, pero que
más globalmente multiplica los contactos personales que generan relaciones
de confianza entre los actores (2008: 41).
Esta tendencia política general se profundizó, como señalamos, en los años de
la dictadura debido al cierre de los canales partidarios, los intentos de supresión
del espacio público y las iniciativas gubernamentales tendientes a favorecer el
asociacionismo.
Si bien una gran parte del agenciamiento de las necesidades sociales –dentro
del municipio de General Sarmiento– fue resuelta por un Estado militarizado y
por su staff de funcionarios, también, en muchos otros casos, esas necesidades
fueron resueltas dentro de asociaciones vecinalistas y de una gran variedad
de instituciones civiles.9 Esta actividad fue desarrollada por un importante
número de militantes que, de este modo, continuaron construyendo lazos con
los miembros de su comunidad durante toda la dictadura. Esto resulta factible
ya que “es en la política municipal en la que observamos que las solidaridades
funcionan mejor” (González Bernaldo de Quirós, 2008: 33). Como hemos
señalado, esta era la forma de hacer política en General Sarmiento mucho
antes de producirse la última dictadura. Estas prácticas consuetudinarias nos
permiten no solo comprender las prácticas desplegadas por los miembros del
Partido Radical sino también colocar en perspectiva los canales a través de los
cuales los políticos de General Sarmiento construyeron su capital político y
pudieron luego ponerlo en juego cuando los espacios institucionales democrá-
ticos fueron reabiertos.
Esta línea de abordaje nos permite matizar dos afirmaciones que realizan los
autores ya mencionados, quienes analizan la actividad de los partidos políticos
a nivel nacional en el período estudiado. En primer lugar, estos autores afirman
que los partidos políticos permanecieron en un compás de espera desde el

9
Ver al respecto el capítulo de Maximiliano Catoira en este mismo volumen.

230
La militancia política en el Gran Buenos Aires durante la dictadura (1976-1983)

momento del golpe de Estado hasta principios de 1978. En este sentido, propo-
nen que el radicalismo, en un principio, estableció un tiempo de espera para que
el gobierno terminara con los elementos conflictivos y violentos de la sociedad,
toleró la suspensión de la actividad política y recién salió de su inmovilismo por
el fracaso del régimen militar y no por un cambio en las condiciones internas del
partido. Sin embargo, al mirar la actividad de los militantes radicales en el nivel
local, tanto en la clandestinidad como dentro de las asociaciones vecinalistas,
podemos afirmar que nunca dejaron de tener algún tipo de vinculación con los
miembros de su partido y con la comunidad. En segundo lugar, según Yanuzzi
(1996), con la imposición de la dictadura y la suspensión de la política se abrie-
ron nuevos canales subterráneos por los cuales discurrió la actividad política.
Pero, nuevamente, al mirar la práctica cotidiana y los lazos que los militantes
construyeron con su comunidad, podemos señalar que las trayectorias de los
militantes eran de larga data dentro de diversas instituciones. Por lo tanto, no
fueron nuevos canales sino que se reforzaron vínculos preexistentes. Debemos
agregar, además, que la pertenencia de los militantes no se reducía a una sola
institución. En muchos casos formaban parte de sociedades de fomento y, por
su profesión o actividad económica, pertenecían también a otras instituciones.
Antes de continuar con nuestro análisis, es necesario tener en cuenta que,
durante la última dictadura, la Municipalidad tuvo cuatro intendentes. El pri-
mero de ellos fue militar, (RE) Coronel Héctor H. Hoffman, en forma interina,
desde el 24 de marzo de 1976 hasta el 27 de abril de 1976. El segundo también
pertenecía a las Fuerzas Armadas, (RE) Coronel Luis Antonio Ortelli, desde
el 28 de abril de 1976 hasta el 6 de noviembre de 1979. Este contó con un staff
preeminentemente civil, cuyos miembros, en algunos casos, pertenecían a la
Línea Nacional del radicalismo. El tercero era un radical de la Línea Nacional,
Orlando Alberto Mussano, desde el 6 de noviembre de 1979 hasta el 14 de mayo
de 1981. El cuarto fue José Antonino Lombardo, radical de la Línea Nacional,
desde el 15 de mayo de 1981 hasta el 10 de diciembre de 1983. Estos últimos
jefes comunales fueron acompañados por funcionarios civiles –como muestra
Catoira en su capítulo–, muchos de los cuales pertenecían a su misma línea
partidaria. En el caso de Lombardo, este fue su segundo mandato al frente de la
comuna, por lo tanto se convirtió en el último intendente democrático (antes
del golpe del 76) y en el último intendente de facto.
Así podemos afirmar que un gran número de militantes radicales parti-
cipó del gobierno de facto municipal. Algunos de los más destacados –tanto
por el período que permanecieron en el cargo como por su largo vínculo con
las instituciones– son los que mostraremos a continuación. En primer lugar,

231
Blanca Gauto

mencionaremos a Juan Carlos Lema, presidente del Club San Miguel durante
más de veinte años. Con respecto a esta pertenencia y a su convocatoria para
formar parte de la gestión de Lombardo (1973-1976), primero como parte del
Concejo Deliberante y luego como jefe de Compras, Lema afirma:
Yo era un militante reconocido, no por la actividad partidaria sino por una
actividad en el Club. Es decir, era el Club San Miguel, en un barrio impor-
tante de la zona. Cuando se hizo la primera sesión del Concejo Deliberante, el
partido me pidió que fuera como secretario (entrevista a Juan Carlos Lema,
militante radical de la Línea Nacional, noviembre de 2010).

Una vez producido el golpe, Lema continuó en su cargo hasta 1977. En segundo
lugar, haremos foco en la trayectoria de Ángel Tesi, quien tenía una larga carrera,
ya que había ocupado varios cargos en la Municipalidad de General Sarmiento
desde 1940. En 1972 fue electo secretario del comité del distrito, pero, según
la apreciación de algunos entrevistados, “era el verdadero jefe del partido”. Fue
secretario de Gobierno de Lombardo en el período democrático anterior al golpe
(1973-1976), y en el período dictatorial de 1981 a 1983 cumplió funciones,
primero, como asesor del intendente y, luego, como secretario de Gobierno.
Como martillero público formaba parte del Centro de Martilleros de General
Sarmiento, estaba relacionado con la Cámara de Comercio y fue un miembro
reconocido del Club San Miguel (Tesi, s/f ). En tercer lugar nos ocuparemos
del agrimensor Orlando Mussano, radical de la Línea Nacional, quien fue el
primer intendente civil de la dictadura en el municipio, entre 1977 y 1979.
Cuando miramos su trayectoria debemos destacar, por un lado, su desempeño
como funcionario público, porque, además de haber sido intendente durante
la época del Proceso, también se desempeñó como secretario de Obras Públicas
(1962-1963) del municipio y como director de Vialidad del partido de Tres
de Febrero. Por otro lado tenemos que señalar sus diferentes conexiones con
distintas asociaciones civiles: fue profesor y director de la Escuela Nacional de
Educación Técnica Nº 1 de San Miguel, director general pedagógico en el Con-
sejo Nacional de Educación Técnica (conet), representante de este organismo
en el Segundo Seminario Iberoamericano de Enseñanza Técnica, representante
de Argentina ante el Congreso sobre Problemas de Edificación Escolar (Méxi-
co), exprofesor de la Escuela de Servicio para el Apoyo de Combate “General
Lemos” (espac) y miembro de la Asociación de Profesionales Universitarios de
Ingeniería de General Sarmiento (apui) y del Centro de Martilleros de Gene-

232
La militancia política en el Gran Buenos Aires durante la dictadura (1976-1983)

ral Sarmiento.10 En 1979, cuando asumió como jefe municipal, estos fueron
algunos de los aspectos mencionados por el diario Síntesis al hacer la reseña de
su nombramiento. Asimismo, podemos nombrar otros militantes radicales que
fueron funcionarios públicos, como por ejemplo Carlos Migliora, vocal de la
comisión directiva de la Sociedad Argentina de Escritores, filial del nordeste
bonaerense;11 Alberto Molinari, vocal suplente de la comisión directiva del
Círculo Regional de la Prensa;12 y Luis de Cul, delegado municipal primero,
jefe del departamento de prensa del municipio después, y presidente del Círculo
de Periodistas de General Sarmiento.13 Estos son solo algunos nombres que
ilustran las relaciones de los miembros de la ucr que participaron del gobierno
de facto con distintas instituciones profesionales.
Entre aquellos militantes radicales que no participaron del gobierno de facto
y se opusieron abiertamente a este, se destaca Francisco Mugnolo, abogado y
candidato a intendente en 1983. Comenzó su militancia en la ucr, en 1972, en
la línea de Renovación y Cambio. Se desempeñó como asesor legal del período
en el que Lombardo fue intendente (1973-1976). Cuando se produjo el golpe
presentó su renuncia junto con el resto de los funcionarios de ese período. Fue
reincorporado por la administración del intendente Ortelli como asesor legal
de la Dirección de Asuntos Legales y presentó su renuncia al cargo en mayo
de 1976 (Libro de Decretos, Municipalidad de General Sarmiento, Decreto
Nº 841, 12 de mayo de 1976). La trayectoria de Mugnolo presenta dos aspec-
tos a destacar. Por un lado, se diferenció de la mayoría de los radicales por el
hecho de que se manifestó abiertamente en contra de muchas de las medidas
de la dictadura, y desempeñó una actividad de resistencia en el espacio público
defendiendo a los presos políticos. En este sentido, entre 1978 y 1982 formó
parte de la Comisión de Defensa de Abogados de la Federación Argentina del
Colegio de Abogados. Una de las primeras intervenciones que tuvo en el dis-
trito fue la presentación de un habeas corpus para pedir la libertad de Francisco
López Camelo, en abril de 1976.14 Asimismo, según los testimonios recogidos

10
Síntesis, segunda quincena, octubre de 1979, p. 1.
11
La Voz de General Sarmiento, junio de 1980.
12
Síntesis, junio de 1976.
13
La Voz de General Sarmiento, abril de 1977.
14
López Camelo era militante del Partido Comunista y miembro del Sindicato de Empleados
Municipales de General Sarmiento. En ese momento era perseguido por haber intervenido en
las negociaciones para terminar con la toma del Hospital Lacarde. Esta toma y la del Hospital
de Los Polvorines no figura en las listas que los periódicos publicaban sobre los distintos orga-
nismos tomados durante este proceso, sin embargo todos los entrevistados recuerdan la ocu-

233
Blanca Gauto

en nuestra investigación, tanto en su casa como en sus oficinas se llevaron a


cabo varias reuniones clandestinas. Sin embargo, por otro lado, su trayectoria
se asemeja a la del resto de los miembros del radicalismo local. Según su testi-
monio, también presidía una sociedad de fomento en San Miguel (entrevista a
Francisco Mugnolo, militante de Renovación y Cambio, noviembre de 2014).
Podemos agregar un ejemplo más, el de Francisco Benemio, militante
de Renovación y Cambio de la ucr, quien fue funcionario de Lombardo en-
tre 1973 y 1976 y presentó su renuncia a su puesto en mayo de 1976. Antes y
durante la dictadura presidió una sociedad de fomento en José C. Paz. Como
parte de una asociación vecinal, formaba parte de la Federación de Entidades
de Bien Público de esa localidad. Esta entidad fue fundada en 1969 y continuó
funcionando hasta mediados de 1983 (Actas de Reuniones de la Federación
de Entidades de Bien Público de José C. Paz). En las actas de esta asociación
hemos podido comprobar cómo funcionaba no solo la conexión con los vecinos
(ayuda a escuelas, comedores, organización de reuniones sociales, etcétera) sino
también la gran participación que tenían estas instituciones en las actividades
municipales: desde convocatorias a las inauguraciones de obras públicas hasta
invitaciones a ciertos eventos, como el aniversario del partido, entre otros. Es
decir que quienes formaban parte de estas organizaciones, si bien no interve-
nían en la conducción del municipio, eran agentes permanentes de gestión y
de mediación entre los ciudadanos y el gobierno municipal.
Por lo expuesto hasta el momento podemos decir que este modo de proceder
para conservar las conexiones y la visibilidad ante la comunidad no era privativo
de aquellos que pretendían participar del gobierno de facto. Entre aquellos que
no estuvieron involucrados en las funciones públicas o que incluso sostuvieron
una posición opositora, la relación con las instituciones comunitarias fue vital.
De este modo, las asociaciones de las que formaban parte los miembros de
la ucr cobraron una importancia inusitada para mantener su visibilidad y la
pación, aunque no puedan precisar las fechas exactas. Pero sí fue documentado, ampliamente,
por los funcionarios de la dipba, quienes informaban sobre el tema en los siguientes términos:
“Continúa ocupado en forma pacífica el Hospital San Miguel, y desde las 24 h del mismo día, el
hospital de Los Polvorines. Se solicitan diversas mejoras asistenciales. El intendente de General
Sarmiento intervino y prometió soluciones inmediatas. Se trabaja en ambos normal” (Archivo
de la Dirección de Inteligencia de la Policía de la Provincia de Buenos Aires (dipba), Mesa
“Referencias”, Legajo Nº 15979, Folio 7, 14 de junio de 1973). El informe final elevado por el
funcionario policial da cuenta de que la ocupación del Hospital Lacarde se prolongó durante dos
días y el de Los Polvorines durante un día (Archivo de la Dirección de Inteligencia de la Policía
de la Provincia de Buenos Aires (dipba), Mesa “Referencias”, Legajo Nº 15979, Folios 9, 10
y 11, 15 de junio de 1973).

234
La militancia política en el Gran Buenos Aires durante la dictadura (1976-1983)

relación con la comunidad. Observando los periódicos de la época, el vínculo


de los militantes radicales con las instituciones más relevantes del municipio
–Club San Miguel, Rotary, Asociación de Martilleros, Círculo Regional de la
Prensa– aparece reiteradamente en diversas noticias o publicidades. Sobre este
aspecto, algunos radicales entrevistados también exponen que los miembros
de su partido en muchos casos encontraron una manera de seguir con alguna
forma de actividad política en las instituciones locales (Luis Vásquez, militante
de la Juventud Radical de Renovación y Cambio, marzo de 2008; Juan Carlos
Lema, militante de la Línea Nacional, noviembre de 2010). Asimismo, reco-
nocidos nombres dentro del Partido Radical y del municipio figuraban en los
diarios locales en anuncios que los ubicaban en agrupaciones de profesionales
o en actividades de los clubes, o como presidentes o secretarios, entre otros
cargos, de esas instituciones.15 Del mismo modo, era posible encontrarlos en
sociedades de fomento y formando parte de asociaciones que nucleaban la ac-
ción vecinal. En definitiva, antes, durante y después del Proceso la participación
institucional con carácter apolítico y de bien público constituyó la forma en la
que los militantes estudiados sostuvieron su actividad como mediadores entre
el Estado municipal y la sociedad civil.

Relaciones intrapartidarias, clandestinidad y transición


a la democracia

Hasta el momento, hemos mostrado que los militantes radicales de la Línea


Nacional fueron proclives a colaborar con el gobierno de facto. En cambio,
los miembros de Renovación y Cambio no solo no fueron parte del cuerpo de
funcionarios sino que desarrollaron, en casos muy puntuales, una manifiesta
oposición o continuaron su labor en las sociedades de fomento y en otras en-
tidades barriales. Asimismo, las dos líneas partidarias presentan una similitud
en el uso del espacio público dentro de las asociaciones barriales. Pero aún nos
queda mostrar un grupo de actividades que les permitió mantener el contacto
en el interior del partido, las cuales tuvieron un carácter clandestino o fueron
camufladas como reuniones sociales. También veremos que las divergencias
partidarias se hicieron presentes en estas estrategias.

15
Distintos números de los diarios Síntesis y La Voz de General Sarmiento, entre 1976 y 1983.

235
Blanca Gauto

Para realizar toda la reconstrucción anterior, si bien se recurrió a los tes-


timonios, la mayor parte de las fuentes fueron documentos del municipio y
periódicos locales. Pero, para hacer referencia a lo que abordaremos en este
apartado, es decir, la actividad clandestina y las relaciones intrapartidarias, la
fuente privilegiada fue el relato de las experiencias de los militantes radicales.
De este modo, entre aquellos rasgos que caracterizaron la militancia de los
radicales durante el autodenominado Proceso de Reorganización Nacional, es
posible advertir las diferencias entre las líneas internas del partido en las con-
ductas a seguir frente al golpe de Estado. Estas diferencias quedan claras en las
entrevistas realizadas a los militantes de la línea Renovación y Cambio cuando
hacen alusión a las actitudes de la línea de conducción del partido, la Línea
Nacional. Una de las entrevistadas declara: “El ejército no cerró el comité, lo cerró
el partido” (entrevista a Alicia Colucigno, militante de la ucr, línea Renovación
y Cambio, julio de 2005). Esta expresión cobra sentido si consideramos que
el Partido Radical era un partido suspendido pero que podía mantener su co-
mité abierto, a pesar de lo cual la dirigencia distrital decidió cerrarlo.16 En este
sentido, debemos tener en cuenta que, en el caso del radicalismo, su máximo
dirigente, Ricardo Balbín, dirigió una carta a los presidentes de los distritos y
a los dirigentes de la ucr en la que los instaba a suspender sus actividades, ya
que “se abría un ‘lapso prudencial’ de suspensión de las actividades políticas”
(Yannuzi, 1996: 38).
Esta actitud coincidiría con lo afirmado por Hugo Quiroga (1996), quien
sostiene que la posición del Partido Radical fue, en principio, de aceptación
del golpe de Estado, por lo menos por parte de la conducción nacional y dis-
trital. Pero, como quedó demostrado más arriba, no fue ese el caso en el nivel

16
Los comités fueron cerrados por la ucr a pesar de que la Junta Militar recién reglamentó las
leyes que regían la suspensión de la política en junio de 1976. Tras el golpe de Estado, el 26 de
marzo de 1976, Crónica publicaba la suspensión de la actividad de los partidos políticos en los
siguientes términos: “La Junta Militar comunica que ha sancionado y promulgado con fuerza
de ley lo siguiente: Artículo 1: Suspéndese la actividad política y de los partidos políticos en
jurisdicción nacional, provincial y municipal. Artículo 2: Las autoridades de los partidos y de las
agrupaciones políticas deberán retirar, del exterior de los edificios pertenecientes a los mismos,
los símbolos, enseñas, imágenes y cualquier otro signo de individualización política (23 de marzo
de 1976, p. 3 ). Las leyes promulgadas eran dos: la Ley 21322 declaraba “ilegal y disuelta”, entre
otros partidos, el ala izquierda del peronismo; La Ley 21323 declaraba “suspendidos” los partidos
de masas. En esta categoría incluían a la ucr y a aquellos sectores del peronismo que no estaban
entre los partidos prohibidos por la ya mencionada ley (El Capital, Rosario, 5/6/1976, p. 1, citado
en Yannuzi, 1996: 66).

236
La militancia política en el Gran Buenos Aires durante la dictadura (1976-1983)

municipal. Pero veremos una arista más que, precisamente, muestra que tal
inactividad no existió.
Como dijimos, cerrados los canales formales partidarios, la actividad política
pasó por canales alternativos. Si bien no se podían repartir volantes ni realizar
pintadas, se continuaron desarrollando actividades como seminarios, reuniones
y discusiones sobre política, aunque se adoptaron formas que ocultaban su ca-
rácter político-partidario. Podemos agrupar estas acciones en dos conjuntos: las
que se realizaban en el ámbito privado y las que se llevaron a cabo en el espacio
público bajo la fachada de reuniones sociales. Un entrevistado hace referencia
a estas actividades en los siguientes términos:
Básicamente, igual que cuando hacíamos seminarios formales de juventud o
durante la época democrática, digamos, antes del 76, siempre en un seminario
arrancábamos con la difusión de un documento, que podía abarcar un solo tema
o toda la realidad, la actualidad nacional, y de ese modo íbamos desgranando
cada uno de los aspectos que se quería analizar. (…)

Los jóvenes siempre teníamos la posibilidad de… bueno… el sábado vamos a


bailar. Íbamos a bailar y no podíamos hablar de otra cosa que no fuera de po-
lítica. Uno cuando está militando tiene un solo tema realmente (Luis Vásquez,
militante de la juventud radical, Renovación y Cambio, marzo de 2008).

Otra de las entrevistadas declara sobre el mismo tema: “Nos reuníamos en casas
de familia, (…) en casa de Alfredo Olachea, (…) en la casa de Mugnolo, (…) en
el estudio de un abogado amigo” (entrevista a Alicia Colocigno, militante de la
ucr, línea Renovación y Cambio, abril de 2008).
Como señalamos anteriormente, las dos líneas del partido no compartían
las reuniones. Según los relatos expuestos por los miembros de Renovación y
Cambio, sus actividades comenzaron en el momento en que dejó de existir un
comité donde reunirse. En cambio, los miembros de la Línea Nacional relatan
que se reunían desde 1978 pero no de forma clandestina, ya que “aunque el
comité estaba cerrado, aparecíamos por ahí una vez un domingo, otra vez un viernes,
pero de a poco empezamos a rearmarnos” (entrevista a Ángel De Brito, militante
radical, Línea Nacional, abril de 2008).
Como ya ha sido señalado, si bien la actividad política del radicalismo en
el distrito fluyó por canales alternativos, quienes militaban durante la dictadura
rescatan que aunque el partido legalmente no funcionaba seguía manteniendo
su estructura partidaria. Es decir, aunque habían cerrado el comité y los cargos

237
Blanca Gauto

estaban congelados, los dirigentes siempre conservaron su carácter de referentes


del partido. Uno de los militantes entrevistados expresa:
Digamos… estaba suspendida la actividad política y demás… pero los cargos
internos del partido se mantuvieron.

No funcionaba para la formalidad, para la formalidad, digamos, no, no, no


existía. No había libros de actas, no había comisión formal. Pero durante
el Proceso sí, tenía. El referente, digamos… El presidente del partido era el
escribano Fiori, que era de la Línea Nacional (Luis Vásquez, militante de la
juventud radical, Renovación y Cambio, marzo de 2008).

Por las declaraciones de los miembros de Renovación y Cambio, la forma que


adquirió la actividad política fue la de pequeñas reuniones en lugares públicos
(restaurantes, lugares bailables) o privados (casas, oficinas). Esas reuniones, en
las cuales se cenaba y se discutía sobre política o adquirían el perfil de semi-
narios, aunque no constituyeron una nueva forma de hacer política aportaron
un elemento novedoso: ya no había distinción de edades. Mayores y jóvenes
participaron en las mismas reuniones y en las mismas discusiones. Otra carac-
terística de estas reuniones era la interacción entre base y dirigencia partidaria
del movimiento. Uno de los entrevistados declara:
Comenzamos a participar mucho más en las reuniones del movimiento [Re-
novación y Cambio], ya sin diferenciaciones de jóvenes o mayores, éramos…
bastantes menos, ¿no? Éramos prácticamente todos lo mismo, porque éramos
muy pocos (Luis Vásquez, militante de la juventud radical, Renovación y
Cambio, marzo de 2008).

Al indagar sobre la cantidad y la identidad de los participantes de esas reuniones,


los entrevistados no nombran a más de cinco o seis personas, todas de la línea
Renovación y Cambio. Es necesario tener en cuenta, igualmente, que en el
período 1973-1976 el radicalismo no era el partido predominante en General
Sarmiento, ya que los peronistas dominaban la escena política.17 En palabras
de uno de los entrevistados:

17
En las elecciones internas de abril de 1972 participaron más de 1.300 afiliados al peronismo
(La Nación, 8 de mayo de 1972, p. 5). Asimismo, los resultados de las elecciones generales
para presidente, en 1973, mostraron una clara mayoría del pj, el cual, como parte del frejuli,
obtuvo 73.431 votos contra 13.530 de la ucr.

238
La militancia política en el Gran Buenos Aires durante la dictadura (1976-1983)

En todo el distrito de General Sarmiento, afiliados a la juventud –afiliados a


la juventud quiere decir afiliados al radicalismo que tuvieran menos de treinta
años–, en todo el distrito, había ochocientos, eran pocos. Dentro de esos pocos,
que eran veinte militando activamente, en ese momento [1973-1976] (Luis
Vásquez, militante de la juventud radical, Renovación y Cambio, marzo
de 2008).
Probablemente, lo más novedoso que podemos rescatar, por lo indagado hasta
el momento, es una nueva sociabilidad política por la que los mayores y los
jóvenes que conformaban el partido compartieron lugares que antes del golpe
de 1976, aparentemente, eran propios de la juventud radical.
También es necesario destacar que, a partir del análisis de estas declara-
ciones, uno de los factores que posibilitó el cambio en la interacción entre los
miembros del partido fue el hecho de que los que siguieron militando fueron
muy pocos, según sus propias palabras: “Mucha gente se quedó en la casa y otros
continuamos con la militancia” (Luis Vásquez, militante de la juventud radical,
Renovación y Cambio). Otra de las entrevistadas se refiere al tema casi en los
mismos términos: “Acá quedamos muy poquitos militando, sinceramente” (Alicia
Colocigno, militante de la ucr, Renovación y Cambio, abril de 2008).
Los pequeños grupos de discusión que describen los militantes se fueron
ampliando y las reuniones se hicieron más visibles a medida que avanzaba el
“Proceso” y se acercaba el momento de la apertura democrática. Según sus
recuerdos:
Los miércoles o los viernes, ahora no me acuerdo, ya en el 79, el 80, nos
juntábamos a cenar en un club restaurante que era Los Hijos del Lanín, que
queda en Buenos Aires. Ahí había treinta, cuarenta personas. Ya en el 83,
doscientas (Luis Vásquez, militante de la juventud radical, Renovación y
Cambio, marzo de 2008).

Cuando se indaga en la procedencia de los participantes de estas reuniones, los


entrevistados declaran que eran del conurbano bonaerense y de Capital Federal.
También es necesario considerar el recambio de dirigentes que se produjo en el
interior del radicalismo durante la dictadura y cómo a partir de los contactos
cotidianos entre los militantes de Renovación y Cambio con Raúl Alfonsín
se fue performando la figura de este último como el futuro líder del Partido
Radical. Al respecto, uno de los entrevistados recuerda:
Incluso hicimos unas cuantas reuniones con Alfonsín acá [en General Sarmien-
to] durante el Proceso, varias veces. Era mucho más directo todo, todo lo que

239
Blanca Gauto

pueda ser ahora la política nacional de un militante de barrio con un dirigente


nacional, había un contacto mucho más estrecho. […] nos comunicábamos
cada tanto en alguna casa en Buenos Aires, en el estudio de Alfonsín, o en una
casa que después, un poquito más avanzado, tipo 79, ya teníamos una casa
donde entrábamos y salíamos sin ningún cartel, sin absolutamente nada, y ahí
también nos reuníamos. Estábamos en permanente contacto (Luis Vásquez,
militante de la juventud radical, Renovación y Cambio, marzo de 2008).
De los relatos de los militantes se desprende que les fue posible desarrollar cierta
actividad política con grados cada vez más altos de participación. Pero no es
posible establecer a partir de dichos relatos una relación de causalidad entre el
avance de la actividad partidaria y la caída del gobierno militar. Esto último
está indefectiblemente asociado a los hechos acaecidos en Malvinas, según sus
propias declaraciones:
Ahí [derrota de Malvinas] cambió, ahí hubo un cambio obvio, ¿no?, histórico.
Antes no había posibilidades, no había, viendo de qué modo podíamos inte-
ractuar para nuestro sueño, que era ver cómo se resolvía la salida democrática,
que bueno, no estuvo en nuestras manos, ¿no? Lamentablemente estuvo en
Malvinas (Luis Vásquez, militante de la juventud radical, Renovación y
Cambio, marzo de 2008).

Es posible considerar que la actividad política en General Sarmiento haya


estado a cargo de los militantes que se reunían y tenían contacto con algunos
dirigentes partidarios, como fue el caso de Alfonsín, pero no parece haber una
conducción de los dirigentes radicales del distrito que coordinara las acciones
opositoras. Esto se contrapone con lo enunciado por César Tcach (1996a),
quien sostiene que la élite radical es la que reconstituyó la oposición a nivel
nacional y condujo una oposición partidaria de evolución gradual.
Es importante tener en cuenta la estrecha relación que tenía Alfonsín con
varios dirigentes de General Sarmiento y del conurbano bonaerense. Una de las
entrevistadas rescata que, como estrategia, se juntaban con otros militantes para
ir de un acto político a otro en distintos puntos del conurbano para aparentar que
el número de participantes era mayor (entrevista a Alicia Colocigno, militante
de la ucr, línea Renovación y Cambio, abril de 2008). Esto permite pensar, por
un lado, el estrecho vínculo entre los militantes radicales de General Sarmiento
con Alfonsín y, por otro lado, la poca cantidad de militantes que participaban
de esos encuentros durante los primeros atisbos de regreso de la democracia.
También es posible observar un punto incómodo en otro aspecto del
ejercicio de la política durante el Proceso, ya que, como se dijo anteriormente,

240
La militancia política en el Gran Buenos Aires durante la dictadura (1976-1983)

Lombardo, junto con otros miembros de la Línea Nacional del radicalismo,


fueron el último intendente de facto y funcionarios del municipio respecti-
vamente. Podría pensarse que esto fue realizado sin contar con el apoyo del
partido, ya que esos funcionarios fueron expulsados del radicalismo (La Voz de
General Sarmiento, 1982: 6; Persello, 2007), aunque, posteriormente, a partir
de 1985 varios de estos “expulsados” fueron reincorporados. La reglamentación
del partido no preveía una expulsión, sino una suspensión por cinco años, y
además no todos fueron alcanzados por esta medida, solo Ángel Tesi, Antoni-
no Lombardo, Evaristo Núñez Avendaño y Enrique Martínez Sosa, y, como
mostramos más arriba, los miembros de la Línea Nacional que formaron parte
del gobierno de facto municipal fueron muchos más.18
Por ejemplo, Ángel Tesi, quien fue suspendido junto con Lombardo por
formar parte del gobierno, estuvo en las listas de la ucr en las elecciones de 1995
(Tesi, s/f: 324-335). Es necesario aclarar que Tesi era un caso particular en el
orden local, ya que fue siempre una figura destacada dentro del radicalismo.
Su trayectoria, a la que hicimos referencia más arriba, incluye funciones en el
municipio en distintos períodos democráticos, semidemocráticos y dictato-
riales. El peso de su figura puede apreciarse en que, si bien en las elecciones
de autoridades partidarias de 1972 había sido elegido el escribano Domingo
Fiori como presidente del comité distrital, los militantes reconocían en Tesi al
verdadero jefe del partido (entrevista a Alicia Colocigno, militante de la ucr,
línea Renovación y Cambio, julio de 2005). Aun mientras se desempeñaba
como funcionario del gobierno de facto durante la última dictadura, parecía
haber una apreciación diferente por parte de los políticos y de los periódicos
locales sobre su persona que sobre la de otros políticos en su misma situación,
como Lombardo y Bugallo.
En los medios locales era posible percibir esta visión de su figura y de la de
Lombardo. Bajo el título “Sintetizando” se realizaba un paneo de la actividad
política de General Sarmiento, y se hacía referencia al radicalismo, a Tesi y a
Lombardo en los siguientes términos:

18
Como parte del análisis de la posición del radicalismo sobre lo realizado por sus afiliados
durante la última dictadura, es necesario mencionar que en 1982 el movimiento de la juventud
de Renovación y Cambio dio a conocer un comunicado de prensa en el que se recordaba que,
según establecía el artículo 38 de su carta orgánica, quienes hubieran ejercido algún cargo durante
el gobierno de facto quedaban inmediatamente suspendidos por un período de cinco años. Este
comunicado de prensa fue refrendado por el movimiento Renovación y Cambio de General
Sarmiento (Síntesis, 12 de noviembre de 1982, p. 5).

241
Blanca Gauto

Los radicales, en privado, señalan con temor que el cuco de las internas va
a ser Carlos Tesi. Nadie como él sabe cómo ganar una interna y su punto
fuerte sigue siendo Los Polvorines. El problema Tesi sigue siendo la pre-
ocupación consciente de la gente de Novos, Olachea y Fiori. El colorado
Lombardo, huérfano de partido político y hombre del Proceso.19
Los comentarios sobre ambos radicales eran realizados en el mismo número del
diario. Los dos hombres formaban parte del mismo gobierno, pero a uno se lo
consideraba el “cuco” de las siguientes elecciones y al otro, “huérfano” de partido.

Conclusiones

A lo largo de este trabajo hemos reconstruido las formas de la militancia desple-


gadas por el radicalismo en el municipio de General Sarmiento durante la última
dictadura. Como observamos, los miembros del radicalismo desplegaron una
gran variedad de actividades dentro de la comuna, tanto en forma clandestina
como en espacios públicos, estos últimos bien conocidos por los miembros de
esta organización política y por la comunidad de General Sarmiento. Ambos
conjuntos de actividades tuvieron una gran importancia. Las que desplegaron
en el espacio público les posibilitaron conservar el estatus de referentes frente
a su comunidad. Las clandestinas les permitieron seguir manteniendo cierto
grado de relación en el interior de su partido. Son aspectos que constituyen
dos caras de una misma moneda.
La actividad dentro de las instituciones vecinalistas presentó características
particulares. En primer lugar, fue un espacio promovido y controlado por el
poder militar. En segundo lugar, al contar con la venia del gobierno fue un
ámbito seguro para desplegar las más variadas estrategias, tanto desde el punto
de vista de los que pretendían cobrar visibilidad para ser seleccionados como
funcionarios del régimen, como del de aquellos que buscaban oponerse a este.
Por último, debemos señalar que el análisis de los ámbitos barrial y local
permite no solo constatar que la militancia no mantuvo un compás de espera
sino que utilizó los canales que tenía a disposición y que conocía porque for-
maban parte de su tradición para formar capital político. Por lo tanto, podemos
afirmar que la política en el ámbito municipal no solo no se interrumpió sino
que mostró continuidad en la forma de hacer política con los períodos previos
a la última dictadura. Asimismo, el trabajo en las instituciones vecinales les

19
Síntesis, 15/10/1982, p. 2.

242
La militancia política en el Gran Buenos Aires durante la dictadura (1976-1983)

permitió contar con el capital político y relacional necesario para hacerle frente
al período democrático que se abrió al finalizar la dictadura.

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244
La militancia política en el Gran Buenos Aires durante la dictadura (1976-1983)

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Entrevistas

Alicia Colugno, militante de la ucr de la línea de Renovación y Cambio, julio


de 2005.
Alicia Clocigno, militante de la ucr de la línea de Renovación y Cambio, abril
de 2008.
Ángel De Brito, militante radical, línea Nacional, abril de 2008.
Juan Carlos Lema, militante radical de Línea Nacional, noviembre de 2010.
Marcelo Di Mario, militante radical, Línea Nacional, abril de 2008.
Luis Vázquez, militante de la juventud radical de Renovación y Cambio, marzo
de 2008.
Francisco Mugnolu, militante radical de Renovación y Cambio, noviembre
de 2014.

245
El barrio La Asunción, relocalización
de villas y autoconstrucción cooperativa
en el antiguo partido de General Sarmiento
Leandro Daich Varela

Introducción

El presente trabajo analizará la construcción del barrio La Asunción, en San


Miguel, una localidad del antiguo partido de General Sarmiento, el cual fue
creado por la Cooperativa de Autoconstrucción Copacabana de la Villa 31, en
respuesta a las violentas erradicaciones de las villas de la ciudad de Buenos Aires
durante la última dictadura militar (1976-1983).1 Esta cooperativa tuvo como
objetivo la relocalización de un grupo de 52 familias de esa villa que estaban
siendo desalojadas de sus hogares. La Asunción fue, a su vez, parte de unos diez
barrios realizados por cooperativas de autoconstrucción villeras creadas en ese
período, barrios que representan más de 1.300 viviendas en distintas localidades
del conurbano bonaerense (Hermitte y Boivin, 1985).
Además de las huellas de horror que la dictadura militar dejó en todo el
territorio de Buenos Aires, existen otras que hablan de resistencia, como los
barrios construidos por las cooperativas villeras. Estos representan un caso
1
La Villa 31 se encuentra en el barrio de Retiro de la ciudad de Buenos Aires, en una de las
zonas de mayor circulación de personas y lindera con el centro político y financiero de la ciudad.
Es una de las villas más extensas, pobladas y antiguas. Su creación se remonta a principios de
la década del treinta, como consecuencia de las repercusiones de la crisis social y financiera
de 1929 en la Argentina. A su vez, fue y sigue siendo una de las villas con mayor organización
política de la ciudad.

247
Leandro Daich Varela

peculiar, que no habla solo de violencia y destrucción sino también de cons-


trucción colectiva y de solidaridad. Aspecto que, tomando a Graciela Silvestri
y Adrián Gorelik (2005), nos permite cuestionar las memorias predominantes
que existen sobre la ciudad y la arquitectura producidas durante la dictadura, así
como también dar cuenta de experiencias particulares aún no exploradas en los
estudios sociales. La historia de las cooperativas de autoconstrucción entrelaza
la gestión colectiva del territorio, la erradicación de villas y la resistencia a los
desalojos. De este modo, nos presentan recuerdos de felicidad y orgullo que
convivieron con la violencia y la persecución, contradicciones que hicieron a
las cooperativas villeras y que serán desarrolladas en este trabajo.
Para el presente capítulo hemos recurrido a los testimonios de los miembros
del equipo técnico de la Cooperativa Copacabana y de los vecinos y construc-
tores del barrio La Asunción, a bibliografía existente sobre lo sucedido en las
villas durante la última dictadura militar, a material recopilado en distintos
archivos especializados y al análisis de las propias viviendas del barrio.2 Busca-
remos así dar cuenta de las complejidades en la organización de Copacabana
durante la dictadura para la construcción de La Asunción, así como también
de sus transformaciones y problemáticas.

Algunos aspectos de la erradicación de villas en la ciudad


de Buenos Aires

Las villas y los asentamientos han sufrido desalojos desde sus primeras forma-
ciones en la ciudad de Buenos Aires, a comienzos del siglo xx. Estas políticas
urbanas han sido implementadas de diferentes formas, tanto por gobiernos
democráticos como por militares. En algunos casos se propusieron nuevos lu-
gares de destino para los habitantes de las villas, en otros se erigieron viviendas
transitorias que finalmente terminaron transformándose en asentamientos, y
en otros casos directamente se expulsó a la población hacia áreas periféricas sin
solución alguna. En la mayoría de estos casos, los desalojos se han hecho por
medio del uso de la violencia y la represión estatal, la cual ha variado signifi-
2
Para el presente capítulo contamos con entrevistas realizadas a trece vecinos del barrio La Asun-
ción, a ocho profesionales de las comunidades de apoyo de las cooperativas de autoconstrucción,
a una religiosa de la congregación Hermanas de la Asunción, a antiguos miembros de Cáritas
Buenos Aires, a integrantes del Centro Experimental de la Vivienda Económica de la Fundación
Vivienda y Comunidad, y a otras instituciones que trabajaron en diálogo con las cooperativas.

248
El barrio La Asunción, relocalización de villas y autoconstrucción cooperativa...

cativamente según el momento político que atravesaba el país. De todos los


intentos de erradicación de villas de la ciudad de Buenos Aires, el más violento
y destructivo de su historia fue el implementado durante la última dictadura
militar. Se llegó a demoler la mayor parte de la estructura urbana y habitacional
de las villas, se desmantelaron sus organizaciones de base y se asesinaron o se
hizo desaparecer a sus referentes políticos (Blaustein, 2006; Gutiérrez, 1999). El
plan de erradicación fue elaborado por la Comisión Municipal de la Vivienda
(cmv), la cual buscó expulsar de la ciudad a la totalidad de los habitantes de
las villas haciendo uso de dispositivos violentos. Los datos censales dan cuenta
de que en 1976 la población total de las villas era de 213.823 personas, y
que en 1980 era de 34.068. Esto significa una reducción del 84,1%, es de-
cir, 179.755 personas (gcba, 2010). En ese contexto, la Villa 31 pasó de tener
una población de 25.852 personas en 1978-1979 (su pico hasta entonces) a 156
en 1980 (Cravino, 2006).
La brutalidad de las erradicaciones, así como el desamparo que generaron,
fueron denunciados por el Equipo Pastoral de Villas de Emergencia en muchos
de sus informes.3 En uno de ellos, quizás el más célebre, La verdad sobre la
erradicación de las villas de emergencia del ámbito de la Capital Federal (1980),
los religiosos expresan:
Hemos visto con nuestros propios ojos a centenares de familias realojadas
de una villa a otra, en condiciones cada vez más miserables; hemos visitado
varios lugares del Gran Buenos Aires donde se levantaron nuevas y peores
villas con los erradicados de la Capital Federal.
Posteriormente, en el mismo informe los sacerdotes detallan los cuatro destinos
principales de los erradicados: villas –o terrenos vacantes que rápidamente se
convirtieron en villas– en el conurbano bonaerense y en la ciudad de Buenos
Aires, refugio temporario en viviendas de parientes o amigos, traslado a vivien-
das precarias propias en áreas periféricas y compra de terrenos donde construir
una vivienda (lo cual llevó a grandes endeudamientos).4 Esta descripción forma
parte del informe antes citado, bajo el subtítulo “¿Dónde fueron a parar los ya

3
Grupo de sacerdotes que realizaban su tarea pastoral en las villas de la ciudad de Buenos
Aires en diálogo con las ideas de la Teología de la Liberación. Este equipo continuó la tarea del
Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo, que se había disuelto con el comienzo de la
dictadura en 1976.
4
Otro destino de los desalojados fue la deportación a sus países y provincias de origen, lo cual es
analizado por Oszlak (1991). Estos operativos también fueron representados en el documental
Buenos Aires, crónicas villeras (1986).

249
Leandro Daich Varela

erradicados?”, en el que se destaca lo poco que sabían, incluso los religiosos,


sobre el destino de los casi 200.000 desalojados. El film documental Buenos
Aires, crónicas villeras (1988)5 busca reconstruir algunas de las trayectorias de
los habitantes de las villas erradicadas a partir de testimonios orales de los
protagonistas y de material de archivo (Daich Varela, 2016a). En el final del
film se enumeran algunas de las villas del conurbano bonaerense creadas a
partir de su erradicación de la ciudad. Este cierre da cuenta de la voluntad del
documental de arrojar luz sobre un aspecto de la dictadura que se encontraba
invisibilizado (en términos de Feld, 2009): el traslado de la pobreza de los cen-
tros urbanos hacia las periferias. En este mismo sentido, el informe del equipo
pastoral buscaba revelar la violencia empleada en los desalojos y el desamparo
en el cual terminaban encontrándose los habitantes de las villas. Este último
punto, el destino de los desalojados de las villas, era central en su informe y en
sus demandas a las autoridades de la ciudad de Buenos Aires. Los datos sobre
esta cuestión y cómo sus consecuencias llegan hasta nuestros días siguen siendo
insuficientes.6 El presente trabajo parte de esta problemática y busca realizar un
aporte analizando el destino y la organización de un grupo de desalojados de la
Villa 31 que lograron construir un barrio frente a la pérdida de sus viviendas.

Conformación de la cooperativa

Ante la desesperación de los vecinos, estamos intentando posibilitar, aunque


sea unos pocos, una solución, agrupándolos en cooperativas de autocons-
trucción. Un grupo de la Villa de Retiro está funcionando muy bien.7

A partir de 1978 comenzaron a crearse cooperativas de autoconstrucción en


diferentes villas de la ciudad de Buenos Aires cuya finalidad fue la edificación
de barrios en distintas localidades del conurbano bonaerense como respuesta a
los desalojos. Estas cooperativas formaron parte de las pocas pero significativas
experiencias de resistencia villera a las erradicaciones de la última dictadura

5
Dirigido por Marcelo Céspedes y Carmen Guarini.
6
La ausencia de información sobre las villas durante la dictadura es aún mayor fuera de la ciudad
de Buenos Aires, donde los registros sobre erradicaciones, relocalizaciones y represión existentes
en la actualidad son mínimos.
7
Nota del padre Vernazza al vicario episcopal de la zona del Bajo Flores, 22 de noviembre
de 1978 (citado en Vernazza, 1989).

250
El barrio La Asunción, relocalización de villas y autoconstrucción cooperativa...

militar.8 Las cooperativas de autoconstrucción estuvieron conformadas por


los habitantes de las villas que estaban siendo desalojadas, por profesionales y
estudiantes universitarios9 que aportaron su trabajo y se agruparon bajo la forma
de comunidades de apoyo, y por sacerdotes pertenecientes al Equipo Pastoral
de Villas (los llamados, sencillamente, curas villeros).10 Las nueve cooperativas
que se crearon fueron Copacabana, de la Villa 31 de Retiro y primera de su
grupo; Madre del Pueblo, de la Villa 1-11-14 del Bajo Flores; Caacupé, de la
Villa 21-24 de Barracas; 5 de Noviembre y 18 de Febrero, de la Villa 20 de
Lugano; Libertad, del inta; Cildañez, de la villa homónima; 8 de Septiembre,
de la Villa de Mataderos; y Fundación Moglia, del inta y Pirelli. Todas ellas
reunieron habitantes de las villas que estaban siendo erradicadas y buscaron una
forma de resolver la dramática situación habitacional en la que se encontraban.11
La Cooperativa de Vivienda y Consumo Copacabana Limitada12 surgió en
la Villa 31 del barrio de Retiro de la ciudad de Buenos Aires, fue la primera en
conformarse y su acción fue una guía para las otras, que siguieron sus pasos.
Sin embargo, su tarea no comenzó con la edificación de viviendas, sino con la
realización de tejidos de lana. Esta primera versión de Copacabana se formó
en julio de 1976 y nucleó a un grupo de aproximadamente 300 mujeres de
la villa (Bellardi y De Paula, 1986).13 La creación de la cooperativa de hilado,
nombre con el que la recuerdan los entrevistados, fue responsabilidad del sa-
cerdote de la capilla Cristo Obrero de la Villa 31, del padre Pichi Meisegeier
y de técnicos vinculados a la parroquia que luego continuaron en las tareas de
construcción. Luego de un año de su formación y tras el inicio de la erradica-

8
Para ampliar este tema, ver Snitcofsky (2015a; 2015b) y Daich Varela (2016b).
9
La mayoría de los profesionales eran arquitectos, lo cual resulta sensato ya que las cooperativas
se dedicaron a la construcción de viviendas. Sin embargo, también había técnicos dedicados a
otras áreas, como la matemática o la administración de empresas.
10
El Equipo Pastoral de Villas se creó en 1969 con la autorización oficial de monseñor Juan
Carlos Aramburu (Touris, 2012). Durante la última dictadura militar estuvo compuesto por los
sacerdotes Héctor Botán y Miguel Ángel Valle, de la Villa 20 de Lugano; Jorge Goñi, de la Villa
de Colegiales; José Meisegeier, de la Villa 31 de Retiro; Jorge Vernazza y Rodolfo Ricciardelli,
de la Villa 1-11-14 del Bajo Flores; Daniel de la Sierra, de la Villa 21-24 de Barracas, y Pedro
Lephaille, de la Villa de Mataderos.
11
Revista Vivienda Popular, nº 5, abril de 1982 (archivo sedeca).
12
Nombre completo de la cooperativa según su reglamento (17 de junio de 1978).
13
Otros técnicos niegan hoy esta versión y explican que un máximo de cuarenta mujeres trabajó
en la cooperativa de hilado. Esta discrepancia da cuenta de las diferentes memorias que existen
hoy en día sobre la acción de la Cooperativa Copacabana, una situación que se ha repetido en
distintas entrevistas.

251
Leandro Daich Varela

ción, sus integrantes decidieron pasar a la autoconstrucción como respuesta a


la pérdida de sus viviendas.
La mayoría de las integrantes de la cooperativa de hilado vivían en el sector
llamado “Comunicaciones”, ubicado al norte de la villa, donde también se en-
contraba la capilla Cristo Obrero.14 Este sector es recordado por muchos de los
entrevistados como un barrio boliviano, puesto que la mayoría de sus vecinos
provenían de ese país. Mariano West, integrante del equipo técnico de la Coope-
rativa Copacabana, recuerda que “era lo mismo que La Paz, caminar por esas calles
era lo mismo que caminar por La Paz”.15 Casi todas las mujeres que se dedicaban
a las tareas de hilado eran inmigrantes bolivianas, país en el cual ya habían cono-
cido y practicado ese oficio. Este aspecto fue determinante para la conformación
de la cooperativa y fue el motivo central de la elección de este tipo de trabajo.
Incluso, el nombre de la cooperativa de autoconstrucción hace referencia a la
Virgen de Copacabana, patrona de Bolivia. Otro aspecto que cabe destacar es que
la venta de los tejidos se realizaba en, y con la ayuda de, la parroquia San Martín
de Tours (ubicada en el barrio de Palermo, en la Ciudad Autónoma de Buenos
Aires), de la cual dependía la capilla Cristo Obrero. San Martín de Tours ayudó
inicialmente con la creación de la cooperativa de hilado, y luego apoyó financiera
y organizacionalmente la construcción del barrio La Asunción.
El compartir la misma nacionalidad fue uno de los motivos que inicial-
mente posibilitó la unión y la organización de los habitantes de las villas para
la formación de una cooperativa. A su vez, al encontrarse inserta dentro de
redes vinculadas a la religión católica, la cooperativa pudo acceder a los recur-
sos necesarios para su formación y funcionamiento: el espacio en la capilla, la
incorporación de técnicos y voluntarios y los puntos de venta en la parroquia
San Martín de Tours, entre otros. Luego, estas redes fueron fundamentales para
la nueva organización de la cooperativa, dedicada a la autoconstrucción de las
viviendas del barrio La Asunción.
El paso del hilado a la autoconstrucción fue decidido por los integrantes
de Copacabana cuando comenzaron a preocuparse por la erradicación de la
villa, hacia julio de 1977.16 Ellos buscaron, de este modo, evitar el desamparo
producido por los desalojos y generar una respuesta a la pérdida de sus viviendas.
Para la organización de esta nueva forma cooperativa se necesitó ampliar la can-
14
En ese contexto, la Villa 31 está organizada en diferentes sectores: Inmigrantes, ypf, Comu-
nicaciones y Güemes (Cravino, 2009).
15
Entrevista a Mariano West, febrero de 2014.
16
Carta de inauguración del barrio La Asunción leída por Osvaldo Ramos, 21 de diciembre
de 1980.

252
El barrio La Asunción, relocalización de villas y autoconstrucción cooperativa...

tidad de integrantes, y principalmente, según recuerdan muchos entrevistados,


incorporar varones. Su mano de obra era considerada fundamental para las
futuras tareas de construcción. El punto de partida fue invitar a los familiares
y a las parejas de las mujeres integrantes del grupo de hilado. Sin embargo, el
resultado inicial fue negativo, ya que la gran mayoría de las integrantes de la
cooperativa prefirieron buscar soluciones individuales. Según las memorias de
varios entrevistados, solo entre tres y cinco mujeres de la cooperativa de hilado
permanecieron en la construcción del barrio, un número que resultaba dema-
siado pequeño. Por ese motivo, el padre Pichi Meisegeier, junto con Osvaldo
Ramos, referente del sector Comunicaciones, organizador de torneos de futbol
y marido de Rosa Camacho, una de las fundadoras de la cooperativa de hilado,
se dedicaron a convocar a otros vecinos del sector, a sus familiares y amigos
y a otras familias vinculadas a la capilla. Esta tarea resultó sumamente difícil,
ya que los vecinos de las villas tuvieron inicialmente una enorme desconfianza
en relación con las cooperativas. El motivo de ello consistió en que muchos
habitantes de esos barrios habían sido estafados con supuestas compras de
viviendas y lotes en el conurbano bonaerense. Según Nora, una integrante de
la Cooperativa Copacabana, habían aparecido en la Villa 31 muchas empresas
falsas de loteo e inmobiliarias que, aprovechándose de la desesperación gene-
rada por los desalojos, le robaron el dinero a muchas personas.17 Este conflicto
fue también explicado por Vernazza18 (1989) y figura en el informe La verdad
sobre la erradicación de las villas de emergencia del ámbito de la Capital Federal.
La desconfianza que existía en relación con la Cooperativa Copacabana llevó
a que sus principales organizadores debieran realizar una extensa promoción
hasta lograr conseguir las 52 familias integrantes. Según diversos testimonios,
esta desconfianza pudo finalmente superarse gracias a la presencia del padre
Pichi Meisegeier y de técnicos que llevaban años trabajando en la villa. Tam-
bién porque la cooperativa fue impulsada por antiguos referentes barriales, un
aspecto que significaba una garantía para todos los integrantes. El 25 de mayo
de 1978 fue el día en que oficialmente se fundó la Cooperativa Copacabana con
su primera jornada de trabajo: la recolección de escombros de las viviendas de la
Villa 31 para su posterior uso en el hormigón de las viviendas de La Asunción.
Igualmente, si bien pudieron superar la desconfianza en relación con la
posibilidad de ser estafados, todos los integrantes de la cooperativa a los que

17
Entrevista a Nora, barrio La Asunción, 8 de marzo de 2015.
18
Sacerdote de la Villa 1-11-14 del Bajo Flores y uno de los fundadores de la Cooperativa de
Autoconstrucción Madre del Pueblo, de esa villa.

253
Leandro Daich Varela

he podido entrevistar consideraban que el proyecto era sumamente ambicioso


y difícil. Entre los testimonios de los entrevistados, aparecieron repetidas veces
definiciones como “utópico”, “irreal”, “imposible”. Sin embargo, la misma
confianza que posibilitó la creación del grupo ayudó a que el trabajo continuara
hasta el final de la construcción de los barrios. Muchos entrevistados de Copa-
cabana hoy recuerdan su “fe” en el “proyecto”, en el “grupo”, en “la Virgen” y
en “Dios”, como motor para continuar en las cooperativas.
La conformación de Copacabana estuvo determinada por dos aspectos: el
barrio, Comunicaciones y la capilla Cristo Obrero. La revista Vivienda Popular
(Nº 5, abril de 1982) presentó a todas las cooperativas de autoconstrucción que
funcionaron en ese momento, y destacó que sus vínculos con la Iglesia fueron
determinantes para su conformación.19 Esta lectura fue también mencionada
por Juana Ceballos, de la Cooperativa Madre del Pueblo, para quien el hecho
de estar vinculados a la Iglesia católica significó entre todos los integrantes
de las cooperativas “una confianza de que vas a hacer lo mejor”.20 Tomando el
análisis de Vargas (2005) sobre las redes laborales de los migrantes de Paraguay
y Bolivia en la industria de la construcción, podemos entender que, en el caso
de la Cooperativa Copacabana, el compartir la fe católica, lazos de parentesco,
un mismo barrio y ser “paisanos” posibilitó la construcción de los lazos de
confianza necesarios para la organización y el trabajo colectivo.
Durante la última dictadura militar fue desmantelada casi la totalidad de la
estructura política en las villas de la ciudad de Buenos Aires: se disolvieron las
comisiones vecinales, se destruyeron los espacios comunitarios y fueron desapa-
recidos los referentes (Bellardi y De Paula, 1986; Vernazza, 1989; Oszlak, 1991;
Blaustein, 2006; Cravino, 2009a). Frente a este contexto, las redes conformadas
alrededor de la Iglesia, la nacionalidad, el parentesco y la sociabilidad barrial
pudieron permanecer y reconfigurarse en nuevas organizaciones, como las coo-
perativas de autoconstrucción. Esta situación no resulta inusual si tenemos en
cuenta que, desde los primeros intentos de erradicación de las villas de la ciudad
de Buenos Aires, especialmente aquellos implementados durante el gobierno
de facto de Onganía (1966-1970), las organizaciones recreativas y sociales de
la Villa 31 cambiaron temporalmente su función para jugar un rol central en
la resistencia a los desalojos (Ziccardi, 1977). En términos de Schuster (2006),
podemos entender el paso de las tareas de hilado a las de autoconstrucción

19
Con excepción de la Cooperativa 5 de Noviembre, cuya creación dependió principalmente
de la organización política sindical previa de determinados dirigentes de la Villa 20 de Lugano.
20
Entrevista a Juana Ceballos, octubre de 2013.

254
El barrio La Asunción, relocalización de villas y autoconstrucción cooperativa...

como parte de una herencia organizativa de las acciones colectivas que ya se


encontraban en la Villa 31.

Equipo de la Cooperativa Copacabana frente a la capilla Cristo


Obrero, 25 de mayo de 1978

Fuente: Fundación Vivienda y Comunidad.

Construcción del barrio

Copacabana fue la primera de las cooperativas en consolidarse y el barrio La


Asunción fue el primero en edificarse como respuesta al desalojo. El terreno de
este barrio fue comprado a la congregación Hermanas de la Asunción, de la cual
tomó su nombre, y se encuentra rodeando el colegio que esta posee. Se ubica en
la localidad de San Miguel y está rodeado por la avenida Ricardo Balbín (Ruta
Provincial 23) y las calles Maestro Ferreyra, España y Salguero. Los dos motivos
principales que llevaron a la compra de ese terreno fueron su ubicación, al lado
de una ruta y cerca de la estación ferroviaria de San Miguel, y su precio final,
ya que las Hermanas de la Asunción lo vendieron a un valor por debajo del de

255
Leandro Daich Varela

mercado.21 El dinero para la compra del terreno y para muchos de los materiales
de construcción surgió de instituciones de asistencia económica vinculadas a
la Iglesia católica: la parroquia San Martín de Tours, Misereor de Alemania y
Cáritas Buenos Aires (Bellardi y De Paula, 1986). Podemos ver cómo las redes
constituidas con otras instituciones católicas fueron las que posibilitaron econó-
micamente la construcción del barrio La Asunción. A su vez, el compartir la fe
católica fue determinante en relación con la forma de trabajo de la cooperativa.
Las motivaciones y fundamentos cristianos se encuentran claramente expuestos
desde el comienzo del reglamento para la autoconstrucción de viviendas (1978):
Todo lo que está escrito y aprobado en este reglamento no se entiende ni
sirve para nada si no pensamos que Jesús, Dios y creador de todas las cosas,
no tenía siquiera una casilla para vivir, porque el evangelio nos dice que
los pájaros tienen su nido, los zorros sus cuevas, pero el hijo del hombre
(Jesús) no tiene siquiera una piedra para recostar su cabeza (Mateo 8, 20).

Una cooperativa quiere decir que la unión hace la fuerza, y solo así llega-
mos a hacer casas. Por eso, los primeros cristianos ponían todo en común,
todo junto, para ayudarse como hermanos, sin dudar ni pensar mucho.
Así también tenemos que hacerlo nosotros, con generosidad y un corazón
grande (Cooperativa Copacabana, 1978: 1).

Estas ideas de solidaridad y reciprocidad aparecieron representadas en el


sistema de trabajo con el cual se realizó la autoconstrucción de las viviendas
de La Asunción: el método de esfuerzo propio y ayuda mutua (epam), que
consistía en que cada miembro de la cooperativa no trabajaba para la que sería
su vivienda, sino para todas. Es decir, se priorizaba lo colectivo y el desarrollo
del barrio por sobre lo individual. Como nos ha explicado Susana Murphy,
arquitecta de la Cooperativa Copacabana, esa forma de trabajo era entendida a
su vez como una herramienta para la organización colectiva: “Pongo un ladrillo
y voy construyendo comunidad, a medida que se construye la pared, se construye la
comunidad”.22 Esta metáfora permite ver la estrecha relación que existió entre el
trabajo de autoconstrucción en sí, la forma de organización de las cooperativas
y las dinámicas de organización del barrio.

21
La superficie total del terreno era de 14.560 m² y su valor final en 1978 fue de 3.120 pesos
(Bellardi y de Paula, 1986).
22
Entrevista a Susana Murphy, octubre de 2014. Ella explica que toma esta metáfora de la
Fundación Salvadoreña de Desarrollo y Vivienda Mínima (Fundasal).

256
El barrio La Asunción, relocalización de villas y autoconstrucción cooperativa...

Las motivaciones de los técnicos no eran únicamente las de resolver la proble-


mática habitacional de los desalojados, sino también la de alentar la organización
villera, promover los valores cristianos y consolidarse como grupo de trabajo.23
Vernazza, al recordar su trabajo en las cooperativas de autoconstrucción, define
a los miembros de las comunidades de apoyo como “laicos, hartos de las reunio-
nes, que encontraban aquí una tarea concreta”, “personas de buena voluntad”
y “personas de diversa procedencia y formación, que se sintieron enriquecidas
y contentas de participar” (1989: 100). Los técnicos que hemos entrevistado
de las cooperativas Copacabana, Madre del Pueblo y 5 de Noviembre tuvieron
diferentes trayectorias personales hasta llegar a las cooperativas. Del mismo modo,
algunos hoy recuerdan que su trabajo estuvo guiado por una militancia social,
otros hablan de militancia católica, de ayuda, de una acción consecuente con lo
que su religión predicaba y de “estar en contra de los milicos”. Todos los técnicos
expresaron no haber estado, ni haber tenido intenciones de estar, involucrados
en ningún espacio político. El contexto político represivo que atravesaba el país
fue, sin duda, determinante para sus trayectorias, determinaciones y expresiones
políticas. Al mismo tiempo, Juana Ceballos, una antigua integrante de Cáritas
Buenos Aires (cba) y de la cooperativa Madre del Pueblo, a quien hemos podido
entrevistar, recuerda que “Pichi lo hubiera sacado volando a cualquiera con política,
en la época de los militares”, es decir que existió un claro rechazo a mezclar las
cooperativas con la militancia política.24 Sin embargo, si bien explicaron no haber
integrado otros espacios políticos, dos técnicos mencionaron haber adherido
al peronismo, y uno de ellos definió su grupo de trabajo como “cristianos de
izquierda”.25 En cuanto a los sacerdotes que impulsaron las cooperativas, muchos
de los integrantes del Equipo Pastoral expresaron en numerosas oportunidades
su vinculación con el peronismo. También Adela, religiosa perteneciente a la
23
El grupo de profesionales que trabajó en la Cooperativa Copacabana se organizó como el
Equipo Técnico de la Vivienda (etv) y, hacia fines de 1980, pasó a integrar la Fundación Vivienda
y Comunidad (fvc), perteneciente en ese entonces a la parroquia San Martín de Tours y dedicada
a problemáticas de la tercera edad. En ese contexto, la fvc cambió su función y pasó a desarrollar
proyectos que abordaban la problemática habitacional, tomando a su cargo los avances de los
barrios La Asunción, en San Miguel, y Frino, en José C. Paz, ambos de la Cooperativa Copaca-
bana (Cuenya, Pastrana y Yujnovsky, 1984). Muchos de los técnicos continuaron trabajando en
distintas organizaciones dedicadas al hábitat popular, al asesoramiento y la promoción de formas
autogestivas de producción de vivienda.
24
Entrevista a Juana Ceballos, 16 de octubre de 2013. Juana Ceballos fue vicedirectora de cba
entre 1995 y 1998. Entre 1998 y 2014 se desempeñó como asesora jurídica de la Comisión
Nacional de Cáritas Argentina.
25
Entrevista a Osvaldo Oriolo, 3 de noviembre de 2013.

257
Leandro Daich Varela

congregación de las Hermanas de la Asunción, nos mencionó en una entrevista


su adhesión a ese movimiento y recordó haber ido a recibir a Perón a Ezeiza
en 1973.26 Las cooperativas fueron un espacio de encuentro de personas de
distintas procedencias políticas, militantes y religiosas. Ellas nuclearon, a través
de la construcción de barrios, una forma de rechazar las políticas urbanas de
los militares y de llevar a la práctica ideas que no podían implementarse debido
a la fuerte represión que atravesaba el país. En palabras de Carlos Casanova,
arquitecto de la Cooperativa Copacabana:
La perspectiva de lucha, resistencia, era como canalizar un poco la posibilidad
de hacer algo, de algún modo que respondiera a la brutalidad que habían
tenido en la villa. Es como tener la posibilidad de hacer algo más concreto y
no solo manejarte en la respuesta teórica.27
Para la construcción de La Asunción, así como para la mayoría de los barrios
edificados por las cooperativas villeras, se establecieron dos grupos de trabajo:
los autoconstructores de la vivienda y las comunidades de apoyo (Bellardi y De
Paula, 1986: 92; Vernazza, 1989: 100). El primero reunía a los habitantes de las
villas que estaban siendo erradicados y que eran los miembros mayoritarios (casi
la totalidad) de las cooperativas. Ellos estaban encargados de la edificación de
las viviendas que luego serían suyas y, a su vez, les correspondía hacer un aporte
económico para cubrir parte de los gastos de la obra, el cual se hacía en forma
de cuotas. El segundo grupo estaba conformado por técnicos y profesionales,
habitualmente voluntarios vinculados a alguna parroquia o capilla.28 La fun-
ción de este grupo fue la de diseñar y dirigir la construcción de las viviendas y
los proyectos urbanos, realizar las tramitaciones legales y manejar los recursos
económicos de las cooperativas, la compra y escrituración de los terrenos, ne-
gociar con distintas instituciones de financiamiento, religiosas y el Estado los
recursos económicos, permisos de obra y la obtención de nueva infraestructura
para los barrios, entre otras. Los técnicos no recibieron ninguna remuneración
económica por la realización de estas tareas, las cuales eran consideradas parte de
su trabajo voluntario católico o de sus formas de militancia (social o cristiana).

26
Entrevista a la hermana Adela, 23 de enero de 2015.
27
Entrevista a Margarita Lovigné y a Carlos Casanova, 26 de mayo de 2016.
28
El Equipo Técnico de la Cooperativa Copacabana estaba conformado por los arquitectos
Guillermo Radrizzani, Ezequiel Zapiola, Margarita Lovigné, Carlos Casanova y Susana Murphy;
las asistentes sociales Adriana Berra, Margarita Ravelo, Ana Pantano, Silvia Salerno y María
Antonieta Fitta; los licenciados Mariano West (administración de empresas) y Jorge Williams;
y el profesor de física Raúl Zavalía.

258
El barrio La Asunción, relocalización de villas y autoconstrucción cooperativa...

Los trabajos de autoconstrucción se realizaban los fines de semana y los feriados


(luego de la semana laboral), y se debían cumplir diez horas y media de trabajo
por día (un total de 21 horas semanales). Para ello se armaron diferentes equipos,
dirigidos por un capataz, el cual era elegido por tener experiencia en el rubro de
la construcción. Los capataces, a su vez, se encargaban de enseñar a los integrantes
con menor o nulo conocimiento constructivo los distintos aspectos técnicos de la
construcción. Es decir que las tareas de edificación tuvieron, además, un valor pe-
dagógico fundamental, ya que posteriormente esos conocimientos les permitieron
a muchos vecinos mejorar y ampliar sus viviendas desde su inauguración hasta el
día de hoy. En las tareas de obra participaron tanto varones como mujeres, personas
con experiencia en construcción y otros sin ningún conocimiento previo del oficio.
El esquema de trabajo para la construcción (organización de equipos, tiempos
y tareas) había sido inicialmente diseñado por el equipo técnico, ordenado según
etapas de obra. Sin embargo, al poco tiempo de comenzada la construcción se
decidió reestructurar el esquema organizando los grupos según los vínculos y afini-
dades que los constructores tenían en la Villa 31. Esta decisión fue propuesta por
los mismos autoconstructores, quienes preferían trabajar en grupos de familiares,
amigos, o según ciertos aspectos compartidos (como haber realizado antiguamente
trabajos en el puerto). De este modo, podemos notar cómo las redes consolidadas
en la Villa 31 orientaron la construcción de las viviendas del barrio La Asunción.

Asamblea durante las tareas de obra en San Miguel, julio de 1978

Fuente: Fundación Vivienda y Comunidad.

259
Leandro Daich Varela

En la Cooperativa Copacabana se realizaban periódicamente asambleas en las


que se repasaban las tareas, los avances, y se hacía un balance del dinero dispo-
nible. También se llevaba un continuo seguimiento de las horas de trabajo y
de las cuotas que pagaba cada miembro. Mariano West, miembro del equipo
técnico, recuerda que prácticamente se estaba en un estado de “constante asam-
blea”, ya que esta forma de trabajo requería y promovía un gran compromiso
colectivo.29 Muchos técnicos recuerdan con autocrítica su búsqueda de que todo
el trabajo fuera hecho de modo colectivo, ya que consideran que eso fue lo que
pudo haber llevado a generar tensiones entre los miembros de la cooperativa,
especialmente frente a las tareas más duras de la obra, las cuales implicaban un
mayor esfuerzo físico por parte de los integrantes. Susana Murphy recuerda: “No
sé hasta qué punto fue una imposición nuestra que todo fuera colectivo, una idea
nuestra de organizar y no algo que surgió del barrio”.30 En Copacabana se hizo
un gran esfuerzo por mantener el epam: el equipo técnico, ciertos miembros
que tenían un rol protagónico y, en especial, el padre “Pichi” Meisegeier fueron
quienes se encargaron de mantener el epam hasta el final de la construcción
de La Asunción.
Además de la dificultad que significaba trabajar los fines de semana y lo
extenuante del trabajo en obra, el pago de las cuotas de las viviendas fue otro
gran conflicto. Cada familia debía pagar una cuota (mensual o quincenal) a
la cooperativa con la intención de recuperar el dinero utilizado en la compra
del terreno y en los materiales. De ese modo se podían seguir construyendo
nuevos barrios (un sistema llamado “fondo rotativo”) para los habitantes de
las otras villas erradicadas. El incumplimiento del pago de las cuotas y de las
horas de trabajo fue un conflicto que en varias oportunidades llevó a grandes
discusiones, motivo por el cual el equipo técnico finalmente optó por armar
un plan de pagos accesible para que todos pudieran pagar (Bellardi y de Pau-
la, 1986).31 Tanto los testimonios de los técnicos como los de los vecinos de
La Asunción coinciden en que esos conflictos internos fueron los más duros
que atravesaron como equipo.

29
Entrevista a Mariano West, febrero de 2014.
30
Entrevista a Susana Murphy, octubre de 2014.
31
El incumplimiento de horas de trabajo podía saldarse realizando horas extras en otros días o
con el pago de esas horas a la cooperativa (Copacabana, 1978).

260
El barrio La Asunción, relocalización de villas y autoconstrucción cooperativa...

Viviendas de La Asunción finalizadas, 11 de julio de 1981

Fuente: Fundación Vivienda y Comunidad.

A pesar de los numerosos desafíos (la gran distancia entre la Villa 31 y San
Miguel, el esfuerzo físico, la cantidad de horas de trabajo, el pago de cuotas,
las erradicaciones, entre otros), para 1980 Copacabana pudo finalizar las 52
viviendas e inaugurar el nuevo barrio. Incluso, siguiendo las motivaciones del
epam, las viviendas se asignaron mediante un sorteo, método que consideraron
más justo y horizontal. Posteriormente se comenzaron las tareas para edificar
una sede de la cooperativa y un dispensario (Bellardi y de Paula, 1986), ya
que existía la idea de continuar el trabajo colectivo logrado en la cooperativa
con nuevas actividades productivas. Sin embargo, esta idea de continuidad no
pudo concretarse en ese momento. Muchos vecinos consideran que, una vez
que pudieron mudarse, fue perdiéndose la capacidad de organización colectiva,
ya que cada familia fue dedicándose a la mejora de su vivienda en lugar de a
las problemáticas barriales.

Desde Córdoba hasta San Miguel

El proyecto arquitectónico de las viviendas de La Asunción proponía llegar a


un nivel básico de confort, suficiente para comenzar la relocalización lo antes
posible. Se optó entonces por el tipo de vivienda conocido como “progresivo”,
ya que este posibilitaba una mayor rapidez para edificar y reducía los costos de

261
Leandro Daich Varela

obra. Este sistema proponía un núcleo básico (sala de estar-comedor-cocina,


un baño y un dormitorio), el cual, mediante posteriores ampliaciones y trans-
formaciones realizadas por sus usuarios, se acomodaría a sus necesidades y
posibilidades. Se entendían estas modificaciones como parte del proyecto en sí,
incluso estaban diagramadas en sus dibujos originales. Desde antes de los años
setenta (e incluso hasta la actualidad), este tipo de vivienda era considerado
internacionalmente como una de las formas más adecuadas para resolver los
problemas vinculados al déficit habitacional.

Planta de una vivienda tipo con dos ampliaciones sucesivas programadas

Fuente: Fundación Vivienda y Comunidad.

Para ampliar sus conocimientos sobre las innovaciones en sistemas cons-


tructivos y proyectos de vivienda, un grupo de técnicos y autoconstructores
de Copacabana viajó hasta la provincia de Córdoba, donde se encuentra el
Centro Experimental de la Vivienda Económica (ceve). El arquitecto Aurelio
Ferrero, de esa institución, fue uno de los profesionales que recibió y asesoró a
la cooperativa. En una entrevista que le hemos realizado al arquitecto Ferrero,
nos ha explicado que, luego de recorrer distintos proyectos del ceve, los inte-
grantes de Copacabana decidieron tomar los lineamientos del barrio Yapeyú,

262
El barrio La Asunción, relocalización de villas y autoconstrucción cooperativa...

de la provincia de Córdoba.32 Este plan piloto de viviendas, creado en 1977,


presentaba como innovación el sistema constructivo Mampuesto Alma Suelo
(mas), el cual consistía en bloques de cemento huecos llenados con una mezcla
de tierra estabilizada con cemento (Ferrero, 1984; ceve, 1982). Este sistema
estaba pensado especialmente para experiencias de autoconstrucción colectiva
y para ser realizadas con mínimos recursos económicos. Lo novedoso del mas,
tanto a nivel tecnológico como de sus propuestas de desarrollo participativo,
llevaron a que esta opción fuera la elegida.

Construcción de los muros de una vivienda de La Asunción


con el sistema mas, abril de 1979

Fuente: Fundación Vivienda y Comunidad.

Este sistema presentó diferencias entre la versión proyectada por el ceve para
el barrio Yapeyú y su implementación en San Miguel. Quizás una de las más
significativas, como explicamos anteriormente, fue la pérdida de la organización
colectiva que suponía continuar con nuevos proyectos. Cuando comenzaron
a realizarse las ampliaciones y mejoras necesarias para las viviendas, que no
estaban incluidas en la versión inicial, se dejó de lado el proyecto barrial. Esta
dedicación a la propia vivienda fue considerada por muchos vecinos como uno
de los motivos de la disminución del carácter comunitario de La Asunción.

32
Entrevista telefónica a Aurelio Ferrero, noviembre de 2016.

263
Leandro Daich Varela

Sin embargo, el hecho de que la mayoría de las viviendas se hayan am-


pliado y mejorado (lo cual sigue sucediendo a día de hoy) da cuenta del éxito
del sistema usado. También, como explicaremos más adelante, muchos pro-
yectos colectivos pudieron retomarse, lo que significa que nunca habían sido
abandonados del todo. Esto nos permite ver que la organización colectiva de
este barrio no fue anulada en el momento de la mudanza en 1980, sino que se
reconfiguró, con mermas y avances. Cabe también destacar, como otro logro
colectivo de la Cooperativa Copacabana, que luego de la construcción de La
Asunción se organizó un segundo grupo para comenzar a edificar otro barrio,
llamado Frino, en la localidad de José C. Paz, también en General Sarmiento.

Desalojados y “privilegiados”

Una cuestión fundamental que debe tenerse en cuenta a la hora de estudiar la


Cooperativa Copacabana es que su caso fue de una gran particularidad. Todas
las cooperativas juntas reunieron aproximadamente a 5.500 personas, es decir
que representaron solo del 3% de los habitantes de las villas de la ciudad de
Buenos Aires (Hermitte y Boivin, 1985), cuya población total era de 213.823
personas, según las cmv. Como expresa el sacerdote Jorge Vernazza (1989), los
villeros que pudieron organizarse en cooperativas fueron un grupo de “privi-
legiados”, en comparación con lo que sucedió con el resto de los desalojados.
En el ya citado informe de 1980, el Equipo Pastoral de Villas de Emergencia
explica que “todas estas familias expulsadas de las villas de la Capital Federal
han sido trasladadas (por los mismos camiones municipales) con su ilegalidad
y su miseria a los municipios del Gran Buenos Aires”. Es decir, mientras que
para la extensa mayoría de los villeros su erradicación implicó el deterioro de
sus condiciones habitacionales, la destrucción de sus lazos barriales y la pérdida
de empleo, las cooperativas representaron una mejora significativa en la vida
de sus habitantes mediante la adquisición de una vivienda propia. Este aspecto
positivo es fundamental para entender el trabajo de Copacabana, sus logros,
el barrio y su transformación. El trabajo de la cooperativa pudo contrarrestar
la erradicación, evitar la violencia y edificar un barrio nuevo, el cual daría un
cierre final a su problemática habitacional.
La interpretación positiva de Vernazza (1989) sobre las cooperativas y los
barrios de relocalización es compartida por los miembros de Copacabana que
hemos podido entrevistar. Estos enfatizaron la mejoría que significó el acceso a la
vivienda y el disfrute del trabajo colectivo, a pesar de las dificultades y tensiones

264
El barrio La Asunción, relocalización de villas y autoconstrucción cooperativa...

que implicó la obra. Podemos relacionar estas lecturas sobre La Asunción con
dos aspectos fundamentales del barrio: el crecimiento favorable de las viviendas
y el barrio, y la protección que recibieron frente a la violencia de la dictadura
durante la etapa de autoconstrucción. En cuanto al primer punto, la situación
habitacional de los integrantes de las cooperativas pasó de encontrarse en un
contexto de precariedad, tanto edilicia como jurídica sobre su vivienda, a la
obtención de una respuesta definitiva y segura. En relación con esto, Nora,
vecina del barrio, destaca que La Asunción es “[su] lugar, de acá no me voy más”.33
Cabe destacar que La Asunción ha mejorado su conectividad con otros cen-
tros urbanos mediante la Ruta 23, se han asfaltado las calles Maestro Ferreyra,
Los Andes y parte de Rodrigo de Triana, se han establecido comercios en la zona
y se han incorporado nuevos programas urbanos, como un museo-biblioteca y
un centro comunitario, aparte de la ya existente escuela parroquial del barrio.
El entorno urbano ha cambiado mucho en estos últimos treinta años, tanto en
relación con cuestiones ambientales como comerciales y sociales, del mismo
modo que han crecido y mejorado las viviendas construidas por la cooperativa.
Estos aspectos diferencian a este barrio de los otros conjuntos de viviendas
creados para la relocalización de villas en los años setenta, los cuales presentan
en la actualidad grandes problemas edilicios, de marginación y estigmatización
(Bettanin, 2014).34 Esto es más destacable aún si tenemos en cuenta que La
Asunción fue un proyecto pionero y que se construyó en un contexto de gran
represión. Estos puntos muestran que este barrio no fue solo una respuesta
habitacional, sino también una forma de resistencia frente a las erradicaciones,
una relocalización exitosa y una experiencia de trabajo colectivo que generó
nuevas dinámicas barriales.
Al discutirse sobre las dificultades que enfrentaron los vecinos de la Villa 31
durante la autoconstrucción de La Asunción, ninguno dio cuenta de haber
sido presionado por la cmv para desalojar su vivienda.35 Tampoco recordaron
haber sido reprimidos o haber sufrido algún episodio violento en relación con
ser parte de una cooperativa de autoconstrucción, en un contexto en el que

33
Entrevista a Nora, barrio La Asunción, 8 marzo de 2015.
34
Cabe aclarar que, sin embargo, La Asunción ha perdido la gran vegetación que lo caracterizaba
y han crecido los conflictos vinculados a la violencia.
35
En este caso nos estamos refiriendo específicamente a ser desalojados de su vivienda por la
fuerza. Se entiende la demolición de casi toda la Villa 31 y la violencia cotidiana como formas
de forzar a los habitantes de las villas a dejar su vivienda.

265
Leandro Daich Varela

las organizaciones villeras estaban prohibidas.36 Este hecho se relaciona con las
negociaciones que realizó Cáritas Buenos Aires (cba) con la cmv, por las que
se estableció que aquellos vecinos de las villas que se encontraran inscriptos
en las cooperativas no fueran desalojados hasta que estuvieran terminadas
sus viviendas, momento en el cual partirían por sus propios medios. De este
modo podemos entender que las cooperativas cumplían una doble función:
servían de protección para sus integrantes y representaban una garantía para
la cmv de que los habitantes de las villas partirían de ellas hacia el conurbano
bonaerense. Copacabana, así como las otras cooperativas de autoconstrucción,
tuvieron que negociar con la cmv la forma de su desalojo: sus tiempos, formas
y la no aplicación de métodos violentos. La estrategia de resistencia a la dic-
tadura no fue impedir la erradicación, sino ordenarla. Por este motivo, para
la construcción de La Asunción se tuvieron que definir pautas con aquellos
que los estaban desalojando y trabajar con sectores de la Iglesia que incluso
habían avalado la dictadura (Vernazza, 1989; Mignone, 2006). En estas tensas
negociaciones, quienes erradicaban y destruían las villas aceptaban los términos
de los expulsados, del mismo modo que los damnificados recurrían a la cmv.
Todo esto hace a la particularidad de las cooperativas de autoconstrucción y a
los barrios que construyeron.
Las anteriores complejidades que existieron entre Copacabana y la erra-
dicación quedaron expuestas al final de una entrevista, cuando Nora expresó:
“¿Sabés lo que pasó? Es que nos quisieron hacer el mal y nos hicieron el bien”.37 En
esa frase se resume la convivencia del “mal” y el “bien” en este proyecto y su
contexto. El “mal” son los abusos, la represión, las demoliciones, el ser echados
de su barrio. El “bien” son la casa propia y el barrio donde pudieron mantener
los vínculos construidos en la villa.
El “mal” fue recordado de modos muy distintos, ya que los integrantes de
Copacabana tuvieron diferentes experiencias durante la dictadura militar y por-
que “el testimonio como construcción de memorias implica una multiplicidad
de voces, la circulación de múltiples ‘verdades’ y también de silencios y cosas
no dichas” (Jelin, 2012: 124). El “bien” fue recordado por todos los vecinos
como lo más relevante de esa etapa y, mostrando una profunda emoción en la
mayoría de las entrevistas, como uno de los motivos de mayor felicidad y orgullo

36
Si bien ningún vecino de La Asunción recordó haber sido reprimido por su pertenencia a
Copacabana, tres de ellos explicaron haber sufrido en una oportunidad episodios de violencia y
abuso por parte de la policía y el ejército presente en la Villa 31.
37
Grupo focal con vecinos de La Asunción realizado el 8 de noviembre de 2014.

266
El barrio La Asunción, relocalización de villas y autoconstrucción cooperativa...

de sus vidas. El barrio La Asunción mezcla así la erradicación, el “privilegio”, la


violencia y la resistencia con el crecimiento positivo de un barrio y sus viviendas.

De escombros a cascotes
Recolección de escombros, 25 de mayo de 1978

Fuente: Fundación Vivienda y Comunidad.

Quizás el primer ejemplo en el cual el desalojo y la destrucción se cruzan con


la ayuda y la supervivencia, el bien con el mal, lo encontramos en el primer día
de trabajo de Copacabana. Durante esa jornada del 25 de mayo de 1978, las
familias integrantes del proyecto se reunieron frente a la capilla Cristo Obrero
para cargar los escombros de la demolición de la Villa 31 en camiones de la
cmv. Las mamposterías destruidas, los fragmentos de concreto y las piedras
que se pudieran juntar serían reutilizados durante la construcción del barrio
La Asunción como cascote38 para la elaboración del hormigón de las viviendas.
La cmv se había comprometido a realizar los traslados de los bienes de los
miembros de Copacabana a su nuevo barrio. De hecho, los camiones de la
cmv habían cumplido esa tarea desde el comienzo de las erradicaciones, solo
que de un modo mucho más violento: trasladando y arrojando los bienes de
los habitantes de las villas en terrenos baldíos y en otras villas del conurbano

38
Fragmento pequeño producto de la demolición de una construcción, que se puede reutilizar
como agregado grueso para la preparación de hormigón.

267
Leandro Daich Varela

bonaerense. El traslado de los escombros fue una de las negociaciones logradas


por cba y las cooperativas de autoconstrucción de distintas villas con la cmv.
El cascote fue el único aporte material de la cmv para la construcción de los
barrios de las cooperativas.
Maurice Halbwachs realiza la siguiente reflexión sobre los vínculos entre
las personas y los lugares que habitaron, que resulta de utilidad para repensar
las transformaciones y permanencias de La Asunción:
Si entre las casas, las calles y los grupos de sus habitantes no hubiese más que
una relación accidental y pasajera, los hombres podrían destruir sus casas,
su barrio, su ciudad y reconstruir otros en el mismo sitio, según un plan
diferente; pero si bien las piedras se dejan transportar, no es tan sencillo mo-
dificar las relaciones establecidas entre las piedras y los hombres (2011: 193).

Las piedras de la Villa 31, el antiguo barrio de los miembros de Copacabana,


formaron literalmente el piso donde se apoyaron las viviendas de La Asunción. Las
piedras, a pesar de estar escondidas dentro del hormigón, permiten transformar
la metáfora de Halbwachs en una realidad: en la permanencia de las relaciones
sociales compartidas en la Villa 31. Esta continuidad no solo se puede encontrar
en el proceso de construcción de La Asunción sino también a lo largo de sus más
de tres décadas de vida. En muchas oportunidades, luego de la inauguración y
del sorteo de las viviendas, cuando una familia realizaba tareas de ampliación y
mejoramiento de su hogar era común que otros vecinos ayudaran en la obra. Los
anfitriones, por su parte, invitaban el asado para quienes se sumaban a colaborar.
Muchos entrevistados destacaron estos lazos vecinales de solidaridad, que conti-
nuaron durante muchos años. Lazos que, siguiendo el sistema epam, implicaban
también la reciprocidad: quienes recibían ayuda en la construcción de su vivienda,
luego participaban en las obras de quienes colaboraron. Estas memorias conviven
con aquellas que proponen que, tras la mudanza, se perdió el espíritu colectivo.
Si bien en ese momento no se pudieron realizar proyectos como la creación de
una cooperativa de consumo o un centro comunitario, las tareas de mejoramiento
habitacional demuestran una continuidad de la ayuda mutua.

El barrio, las viviendas y sus transformaciones

Nuestro entorno material lleva al mismo tiempo nuestra marca y la de los


demás. Nuestra casa, nuestros muebles y la manera en que están distribui-

268
El barrio La Asunción, relocalización de villas y autoconstrucción cooperativa...

dos, más toda la disposición de las habitaciones, nos recuerdan a nuestra


familia y a los amigos (Halbwachs, 2011: 188).

Para abordar la organización de la Cooperativa Copacabana es necesario


detenerse en la forma de sus viviendas y en las transformaciones que ambos
tuvieron desde su edificación. La relación entre las viviendas y el barrio es
constante, ambos se complementan. Al mismo tiempo, las transformaciones de
una vivienda o un barrio no son inocentes, dan cuenta de procesos, relaciones,
sentidos, etcétera (Aboy, 2005).
Según los vecinos de La Asunción entrevistados, sus viviendas han mejo-
rado, ampliado y están mejor conectadas con otros centros urbanos, a través
del crecimiento del transporte público y de la Ruta 23. A su vez, la cantidad
de integrantes del grupo original que se ha mudado a otros barrios es mínima,
lo cual es muy poco frecuente en proyectos de vivienda social. Las mejoras
individuales de las viviendas y la permanencia de sus usuarios son prueba del
mejoramiento del barrio en sí mismo. Estos aspectos diferencian a La Asunción
de la mayoría de los barrios de relocalización de villas en ese contexto, los cuales
han sufrido un gran deterioro y, en algunos casos, incluso son vistos por sus
habitantes como lugares conflictivos (Bettanin, 2014). Retomando la idea de
Vernazza (1989) de que los integrantes de las cooperativas son un grupo de
“privilegiados” y nuestro planteo de que esto se relaciona con el crecimiento y
la mejora de las viviendas, Nora explica lo siguiente:
Yo le debo mucho [a la virgen de Copacabana]. Yo iba a la capilla (…) y
estaba la Virgen María y no estaba ese día, (…) y pusieron esa virgencita
para esa misa [de Copacabana]. Y ahí yo le pedí, le pedí a ella con mucha fe
que quería mi casita. Que yo quería de alma que quería una casita. A veces
ahora me río, me río y lloro a la vez porque tengo una casa grande y digo (…)
si yo Madre te pedí una casita, solamente una casita y mirá lo que me diste.39

Del mismo modo que las viviendas han sido modificadas desde su inauguración,
también ha cambiado el grupo original: ha habido mudanzas, han fallecido
vecinos, han nacido hijos y nietos. Las viviendas hoy son testigos de ello y dan
cuenta, por ejemplo, del crecimiento familiar de los integrantes de Copacabana;
se han edificado nuevas plantas sobre el prototipo original y nuevas unidades en
muchos de los fondos. Estas ampliaciones han servido y sirven de habitaciones
para hijos, nietos y abuelos, así como de nuevas viviendas donde los hijos y las

39
Entrevista a Nora, barrio La Asunción, 8 de marzo de 2015.

269
Leandro Daich Varela

hijas han armado sus familias. Es decir, el proyecto original de la cooperativa


no consiste en una vivienda por lote, sino dos o tres. Por este motivo, para el
análisis del barrio La Asunción se debe tener en cuenta que ya no se trata de
un conjunto de viviendas realizado durante la dictadura militar, sino de otro
construido continuamente durante más de tres décadas por los miembros de la
cooperativa y luego por sus hijos.

Viviendas de La Asunción con ampliaciones significativas

Izquierda: creación de una segunda planta con otra materialidad y escalera exterior. Derecha:
nueva unidad en el fondo.

En todos los casos relevados se construyeron nuevas habitaciones (entre una y


cinco según la vivienda) y una cocina, se revocaron los muros y se agregaron
puertas, ventanas y rejas.40 En algunas viviendas, incluso, se anexaron locales
comerciales (quioscos, un taller mecánico, locales para alquiler, una tienda de
indumentaria, entre otros), lo cual permite dar cuenta de que estas no solo
significaron una respuesta habitacional sino también una oportunidad laboral
y un recurso económico. Este aspecto no fue considerado en el proyecto inicial
de La Asunción, en el que únicamente se había planteado la construcción de
un dispensario y de un local para una futura cooperativa de trabajo. Es decir,
vivienda y trabajo se pensaban separada y colectivamente, cuestiones que no
siguieron estrictamente esa forma.
En la actualidad, los vecinos de La Asunción han retomado el antiguo
proyecto del espacio comunitario de la Cooperativa Copacabana, ubicado

40
El proyecto inicial contaba con un brasero o cocina a garrafa en la habitación principal.

270
El barrio La Asunción, relocalización de villas y autoconstrucción cooperativa...

bajo el tanque que suministra agua al barrio. Allí se dictan hoy talleres de mu-
ñecos, tejido, arte, computación y folklore. También se realizan celebraciones
barriales como las fiestas de Carnaval, asados, día del amigo, entre otras. Ese
centro busca ser un espacio dedicado a resolver colectivamente los problemas
del barrio, como el mantenimiento de la red de agua, e integrar a las nuevas
generaciones. Las actividades comunitarias de este espacio se suman a otras que
existían en La Asunción desde su comienzo, como las festividades religiosas
del Día de la Pachamama (1 de agosto) y de la Virgen de Copacabana (5 de
agosto), el aniversario de la cooperativa (25 de mayo), entre otras.41 Si bien la
mayoría de los entrevistados ha destacado que ninguna de estas fiestas tiene
hoy el despliegue que tuvieron en los años que siguieron a la inauguración,
algunos siguen recordando y celebrando estas fechas. El nuevo centro se en-
cuentra en una etapa avanzada de construcción, se están ultimando aspectos
como el revoque exterior, el cielorraso y el baño, entre otros. Su edificación se
ha realizado, en parte, con el trabajo colectivo de un grupo de vecinos de La
Asunción, familiares y amigos. También ha sido necesaria la contratación de
trabajadores de la construcción y la compra de materiales, los cuales se pudie-
ron costear gracias al dinero recaudado en los eventos que allí se realizan, a los
aportes económicos de vecinos y a la cuota del servicio de agua.

Centro comunitario decorado para la celebración del Carnaval,


28 de febrero de 2017

Fotografía: Leandro Daich Varela.

41
Entrevista a Miriam, abril de 2016.

271
Leandro Daich Varela

En relación con los espacios comunitarios de La Asunción, cabe destacar el


Museo-Biblioteca Inti-Huasi, creado por Pedro Moreira en su propia casa. Du-
rante los años noventa, Moreira abrió las puertas de su casa y armó un merendero
para los chicos del barrio que se encontraban en condiciones de vulnerabilidad.
Luego, empezó a incorporar libros que distintos vecinos y amigos donaron y
transformó el lugar en una biblioteca. Finalmente, decidió dedicar el espacio
para “homenajear la historia de los pueblos originarios” y pasó a ser un centro de
reuniones y debates dedicados a esa temática.42 Desde entonces se han realiza-
do allí distintas festividades religiosas ligadas a las tradiciones de los pueblos
originarios, como el Día de la Pachamama, Inti Raimi y Challas, entre otras.

Interior del Museo Inti-Huasi, 2014

Fotografía: Leandro Daich Varela.

42
Entrevista realizada a Pedro Moreira el 8 de febrero de 2015.

272
El barrio La Asunción, relocalización de villas y autoconstrucción cooperativa...

Fiesta de Inti Raimi, 2002

Imagen
pequeña por
ser de muy
baja resolución

Fuente: Archivo del Museo Inti-Huasi.

Si bien, como expresan la totalidad de los vecinos de La Asunción, se han re-


ducido enormemente las actividades religiosas y culturales desde 1980, algunas
siguen vigentes, e incluso se han creado otras nuevas dentro del nuevo centro
comunitario. Es cierto que el plan original de la Cooperativa Copacabana no
pudo concretarse tal cual estaba pensado, sin embargo muchos de sus aspectos
colectivos han podido mantenerse.

Conclusiones

La creación del barrio La Asunción entrelaza el accionar de la última dictadura


militar, la resistencia a las erradicaciones, el rol de la Iglesia católica y la lucha
por la vivienda propia. En este contexto, la tarea de la Cooperativa Copacabana
nos pone frente a escenarios de tensión y de aparentes contradicciones, como la
simultaneidad entre ser un “privilegiado” y estar siendo desalojado. Estos casos
permiten dar cuenta de la enorme complejidad que significó la construcción
colectiva de ese barrio y del abanico de actores que intervinieron en él.
La construcción de las 52 viviendas revela las redes creadas entre sacerdotes,
técnicos, oficinas estatales, instituciones de financiamiento, religiosas y técnicas,
nacionales e internacionales. Gracias a ellas se pudo obtener la protección de
los integrantes de las cooperativas frente a la violencia estatal y evitar su des-
alojo. Como hemos analizado, esto se logró debido al papel que la Iglesia y las

273
Leandro Daich Varela

instituciones católicas jugaron en relación con las cooperativas y la erradicación


de las villas. Estas fueron fundamentales en la obtención de recursos así como
en las negociaciones con la cmv, que llevaron a la mencionada situación de
“privilegio”.
La formación de la Cooperativa Copacabana se ancló en la organización
social que sus habitantes compartían en la Villa 31 antes de la erradicación. Esta
organización da cuenta del rol fundamental que cumplieron la religiosidad, la
nacionalidad, los vínculos familiares y las relaciones barriales en la creación de
Copacabana y sus posteriores transformaciones. Las redes creadas inicialmente
fueron en gran medida las que posibilitaron el crecimiento de La Asunción y el
desarrollo positivo de las viviendas, aspectos que, entendemos, presentan como
exitoso el proyecto de los técnicos, tanto en relación con el diseño como con
su forma de producción.
La Asunción no es solo una respuesta habitacional a la erradicación, es
un barrio que ha crecido y cuya historia no les corresponde únicamente a los
integrantes de Copacabana, sino también a sus hijos y nietos. A su vez, fue un
proyecto pionero que guió a otras villas y que continuó en el segundo barrio de
la cooperativa, el barrio Frino en José C. Paz, con otro grupo de la Villa 31 y
de la localidad de William Morris. El presente de La Asunción muestra nuevas
formas de acción colectiva en diálogo con aquellas que llevaron a su formación
inicial, y deja como interrogante el rol que ocuparán las nuevas generaciones
en su organización.

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El barrio La Asunción, relocalización de villas y autoconstrucción cooperativa...

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Archivos

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Fundación Vivienda y Comunidad (fvc).
Museo Biblioteca Inti-Huasi.

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Buenos Aires: Cine Ojo. Disponible en: https://www.youtube.com/
watch?v=n5CjJnMpfHM.

Revistas y periódicos

Revista Vivienda Popular.

Entrevistas individuales

Juana Ceballos, abogada, antigua miembro y fundadora de la comunidad de


apoyo de la Cooperativa Madre del Pueblo. Trabajó en cba y Cári-
tas Argentina. Entrevistas realizadas los días 13 y 16 de septiembre
de 2013 y 16 de octubre del mismo año.

277
Leandro Daich Varela

Osvaldo Oriolo, ingeniero, antiguo miembro de la comunidad de apoyo de


la Cooperativa Madre del Pueblo. Entrevista realizada el día 3 de
noviembre de 2013.
Mariano West, licenciado en administración de empresas, antiguo miembro
fundador del etv y presidente de la Cooperativa Copacabana. Inten-
dente de Moreno entre 1995 y 2002 y entre 2011 y 2015. Entrevista
realizada el 17 de febrero de 2014.
Eduardo Suriani, arquitecto, antiguo miembro de la comunidad de apoyo de
la Cooperativa 5 de Noviembre. Entrevista realizada el 18 de febrero
de 2014.
Ricardo Murtagh, sociólogo y doctor en sociología, antiguo miembro de la
comisión directiva de cba y Fundapaz. Entrevista realizada el 18 de
septiembre de 2014.
Carlos Casanova, arquitecto y antiguo miembro fundador del etv y del fvc.
Entrevista realizada el 2 de octubre de 2014.
Susana Murphy, arquitecta y antiguo miembro fundador del etv y del fvc.
Entrevista realizada el 15 de octubre de 2014.
Aida Franji, abogada y miembro de fvc. Entrevista realizada el 27 de noviembre
de 2014.
Lescano, integrante de la Cooperativa Copacabana y vecino del barrio La
Asunción. Entrevista realizada el 10 de diciembre de 2014.
Eva Murillo, integrante de la Cooperativa Copacabana y vecina del barrio La
Asunción. Entrevista realizada el 18 de diciembre de 2014.
Pedro Moreira, integrante de la Cooperativa Copacabana y vecino del barrio
La Asunción. Director del Museo Biblioteca Inti-Huasi. Entrevista
realizada el 8 de febrero de 2015.
Daniel, integrante de la Cooperativa Copacabana y vecino del barrio La Asun-
ción. Entrevista realizada el 12 de mayo de 2015.
Nora, integrante de la Cooperativa Copacabana y vecina del barrio La Asunción.
Entrevista realizada el 8 marzo de 2015.
Adela, religiosa perteneciente a la congregación Hermanas de la Asunción.
Entrevista realizada el 23 de enero de 2015.
Teresa Saravia, trabajadora social. Entrevista realizada el 3 de junio de 2015.

278
El barrio La Asunción, relocalización de villas y autoconstrucción cooperativa...

Aurelio Ferrero, arquitecto y miembro del ceve. Entrevista realizada el 30 de


agosto de 2016.
Johnatan, vecino del barrio La Asunción. Entrevista realizada el 5 de julio
de 2016.
Raúl Zavalía, profesor de matemática, antiguo miembro fundador del etv,
del fvc y de Fuproviso (donde actualmente es director ejecutivo).
Entrevista realizada el 23 de mayo de 2016.

Entrevistas grupales

Grupo focal con vecinos del barrio La Asunción realizado el 8 de noviembre


de 2014.
Juan Alberto Murillo y Delia Andrade, matrimonio de integrantes de la Coo-
perativa Copacabana y vecinos del barrio La Asunción. Entrevista
realizada el 2 de diciembre de 2014.
Miriam, Juana y Clementina, integrantes de la Cooperativa Copacabana y veci-
nas del barrio La Asunción. Entrevista realizada el 9 de abril de 2016.
Miriam, Miguelina y Rosa, integrantes de la Cooperativa Copacabana y vecinas
del barrio La Asunción. Entrevista realizada el 16 de mayo de 2016.
Carlos Casanova y Margarita Lovigné, arquitectos y antiguos miembros funda-
dores del etv y del fvc. Entrevista realizada el 26 de mayo de 2016.

279
Una simple historia… una gran historia.
Memorias de una maestra
Silvia Chirizola

Crecí sabiendo que los hombres y las mujeres de rincones lejanos de la patria
miraban a Buenos Aires como el lugar donde se podían cumplir los sueños…
o al menos como el lugar donde se podía saciar el hambre. Un lugar donde
nunca faltaba el trabajo, donde la gente era feliz… Así, en los trenes llegaban
miles de argentinos, sobre todo del norte y del litoral. Algunos arribaban por
decisión propia y otros (sobre todo las mujeres) por decisión de otros.
A fines de 1934, una mujer llamada Balbina, mi madre, llegó a Buenos
Aires por decisión de otros, con dieciocho años y una hija en la panza, sin sa-
ber leer ni escribir. Había nacido en Amaicha del Valle, un hermoso pueblito
en el norte de Tucumán. Su madre falleció muy pronto y los siete hermanos
fueron repartidos entre sus tíos y ella quedó al cuidado de su abuela Paula (una
viejita sabia, cuyos relatos de vida fueron disfrutados por mis hijas a través de
mi madre). Balbina criaba cabras en medio de las soledades de los cerros, las
llevaba a pastorear a la mañana y volvía a la tarde… Cada tanto aparecían los
“señores” dueños de la tierra o los viajantes, y las muchachas pobres aceptaban
resignadas su destino.
Las personas adineradas de Tucumán y de Salta con familia en Buenos Aires
recorrían el pequeño pueblo y llevaban a las jóvenes a trabajar con cama adentro
y se hacían cargo de su educación… Así, la abuela Paula tuvo que entregar a
su nieta, era poco lo que podía elegir… Con una bolsita que contenía la poca
ropa que tenía, en Salta la subieron al tren Belgrano, viajó en viejos vagones
de madera durante más de treinta horas y así llegó a Buenos Aires, en 1934.
Cuando a los 17 años conocí Amaicha y luego recorrí con otra mirada la
estación de Retiro llena de gente que bajaba corriendo de los trenes, sin verse
unos a otros, pensé en lo que habría sentido mi madre al encontrarse con ese

281
Silvia Chirizola

monstruo, sin saber leer ni escribir, con gente corriendo para todos lados,
conociendo solo la vida apacible y lenta de su pueblo… Nunca la escuché
quejarse de esa situación, aunque siempre manifestó el dolor del desarraigo.
Siempre nos hablaba de Amaicha (lugar que amaba), de su abuela, de su padre,
de sus hermanas, de los cerros, de los carnavales, de ese día en que la eligieron
reina… La vida fue justa con ella y le permitió volver varias veces y contar todos
sus logros. La mayoría había vuelto con las manos vacías; ella no, ella le había
ganado a la adversidad.
Instalada en la Capital Federal, la vida siguió siendo muy dura: su primera
patrona, una joven malhumorada, hacía levantar a sus “sirvientas” a las cuatro
de la mañana en pleno invierno y (descalzas porque tenían un solo par de zapa-
tillas) las obligaba a lavar los ventanales, las puertas y el patio. Luego, la limpieza
continuaba adentro. Además tenían que lavar y planchar la ropa de la familia
y cocinar. ¡Qué dolor sentí el día que nos contó que comían si sobraba algo de
la comida que llevaban a la mesa! Tenían prohibido tocar algo sin permiso; si
alguna lo hacía (por hambre) era castigada físicamente.
En julio del año 1935 nació Carmen, mi hermana mayor. Su vida no fue
menos dura, le tocó sobrellevar la inexperiencia y el trabajo sacrificado de nuestra
madre, la soledad y el hecho de no tener un lugar propio para vivir en familia
(recién cuando tuvo veinte años pudimos estar las cuatro juntas). Un día, una
familia con varios hijos, que se trasladaba a Dolores –en la provincia de Buenos
Aires–, donde tenía campos y una casa en la ciudad, le pidió a mi madre que
los ayudara y trabajara para ellos. Así, mi madre y mi hermana, de casi cinco
años, emprendieron el viaje. La vida seguía siendo dura, pero con patrones
un poco más respetuosos. Por primera vez comenzó a tener las tardes de los
domingos libres para pasear por el pueblo y conocer gente. Algunos veranos,
en los que esta familia se iba de vacaciones a Mar del Plata, la llevaban para
seguir contando con su ayuda. Cuando miraba fotos y se llenaba de recuerdos,
nos mostraba su paso por esas playas y nos contaba que algunas tardes podían
ir al mar o a caminar por la Rambla. Ganaba muy poco, pero sabía invertir
muy bien su dinero y se las ingeniaba para ahorrar. Así abrió su primera caja
de ahorros en el Banco Nación.
En aquellos tiempos (y en muchos casos sigue siéndolo aún), Dolores era
un típico pueblo bonaerense caracterizado por la actividad rural: producción
de miel, cría de ovejas, vacas y caballos. En esa zona los cultivos son menos
habituales porque está ubicada en la región de la Pampa deprimida, donde las
inundaciones son muy frecuentes. Muchas personas en el pueblo se desempe-
ñaban como empleados estatales en los Tribunales provinciales, en los Bancos

282
Una simple historia… una gran historia. Memorias de una maestra

de la Nación y de la Provincia, en las oficinas municipales y como docentes, en


ese momento, en la Escuela Nacional, la Escuela Normal y la de Artes y Oficios
(hoy Escuela Técnica), en la Escuela de Fruticultura y en las escuelas primarias.
La presencia de los Tribunales hizo que muchos jóvenes (de clase media y alta) se
trasladaran a Buenos Aires para estudiar abogacía, y otros, medicina, veterinaria
o agronomía. Los hombres pobres que no tenían acceso a la educación eran
peones o puesteros rurales, y las mujeres se ocupaban en casas como mucamas o
en las estancias. En la Escuela Normal se recibían muchas maestras y maestros,
pero la oferta de trabajo era muy pequeña en relación con la demanda.
Un día conoció a Julio, mi padre, un trabajador del campo que vivía con
su familia en las afueras de Dolores, en una pequeña chacra (no más de cinco
hectáreas) de sus padres, inmigrantes italianos y españoles. Mantenía muy bue-
nos vínculos con la nueva familia, pero Balbina seguía trabajando en el pueblo.
Cuando mi hermana mayor tenía 16 años, llegamos mi hermana menor y yo.
Balbina, por primera vez en su vida, tuvo que dejar de trabajar en el pueblo
para empezar a dedicar su tiempo a las tareas familiares y a atender a sus hijas.
Compartió la vivienda con sus cuñadas. Vivían varias familias en humildes casas
de adobe con techo de paja (cada hijo que se instalaba allí, hasta tanto pudiera
hacerse su vivienda propia en otro lugar, construía su habitación y compartían
la cocina). Mi madre ayudaba en el cuidado de unos pocos animales y en algu-
nos sembrados (con la muerte de los abuelos, los hijos no continuaron con el
trabajo en la pequeña chacra, por el contrario, eligieron trabajar fuera del hogar,
en otros campos, o en el pueblo). Pero la vida volvió a sorprenderla cuando yo
tenía casi dos años: mi padre se enfermó de cáncer. Volvió a trabajar en relación
de dependencia, ya que el dinero era necesario y Balbina no iba a permitir que
a nosotras nos faltaran alimentos ni ropa; y mi padre no podía hacerlo. Tuvo
que recorrer diariamente cuarenta cuadras de campo para llegar al pueblo, a
veces nos llevaba a las más chicas, para no recargar a mis tías que se encargaban
de cuidarnos o de acompañar a mi padre a La Plata para su tratamiento. Mi
padre era fruticultor en una estancia cercana, pero si no trabajaba no cobraba
su salario (solo volvía allí en los períodos de mejoría). Mientras tanto, mi her-
mana mayor hacía diariamente el mismo recorrido para concurrir a la Escuela
Normal. Muchos años después, un primo muy querido, valorando el esfuerzo
realizado por Carmen, me decía que se arrepentía de no haber sido él capaz de
un esfuerzo igual, y que no iba a permitir que sus hijos repitieran la historia.
La muerte llegó muy pronto, el patrón de Julio solo le dio a mi madre cin-
cuenta pesos y el agradecimiento por los servicios prestados (mi tía era mucama
en esa estancia y durante muchos años me llevó a pasar los veranos con esa

283
Silvia Chirizola

familia, de la que tengo hermosos recuerdos). La convivencia con las cuñadas


fue difícil porque no aceptaban que mamá trabajara, que quisiera irse a vivir
sola con sus hijas. Pero Balbina tenía claros sus objetivos y desafiando a todos
siguió con su proyecto de vida: tener una casa propia y que sus hijas estudiaran.
Mi padre falleció en 1955, al año siguiente mi hermana se recibió de maes-
tra. Trabajar se volvió imperioso para ella y para la familia (desde que recibió
su primer sueldo y a lo largo de muchos años, aun teniendo su propia familia,
siempre continuó procurándonos lo que necesitábamos). Conseguir trabajo
era muy difícil, faltaban vacantes, la matrícula escolar crecía muy lentamente,
solo aparecía alguna vacante cuando alguien se jubilaba; el régimen de licencias
era muy restringido y los suplentes cesaban indefectiblemente el último día de
clases y no tenían continuidad. A esto se agregaba que cada año muchos jóvenes
(en su mayoría mujeres) obtenían el título de Maestra Normal Nacional, y la
única forma de conseguir trabajo como docente era buscar en otros distritos.
Algunos, con mayores recursos económicos, iban a Mar del Plata.
Felizmente para los jóvenes del pueblo, empezaron a llegar noticias de
que en el Gran Buenos Aires había escasez de maestros para atender una ma-
trícula que crecía por la migración interna y externa. Una docente, designada
inspectora de Educación en General Sarmiento (a la que me referiré en otro
párrafo) llevó a Dolores información sobre estas necesidades, y rápidamente
varios maestros se organizaron y se lanzaron a la aventura. En primera instancia,
algunos se hospedaron en un convento, pero luego se fueron ubicando en casas
de pensión, donde se alojaban personas provenientes de distintos distritos con
la misma problemática de Dolores (Chivilcoy, Junín, Bragado, etcétera). Así
llegó mi hermana Carmen a San Miguel, con muchos sueños y un puñado de
compañeros y compañeras.
En cuanto a Balbina, golpeó puertas y pidió ayuda ofreciendo lo único
que tenía, su dignidad y su fuerza de trabajo. Con la ayuda de una de mis
tías, nuestra adorada tía Florinda, que nos cuidaba con todo su amor, siguió
trabajando. Cuando todo parecía muy oscuro, apareció una vieja patrona, en
cuya casa había trabajado durante años. Era alguien que la conocía mucho y
además sentía un cariño respetuoso por ella: Laura García Cuerva. Laura vivía
con su madre, muy anciana. Desconozco el mecanismo, porque todavía no
existía el Estatuto del Docente, pero sé que Laura fue designada inspectora de
Educación (en esa época, 1956, no había ramas en la educación bonaerense,
solo había escuelas primarias y de adultos, y las escuelas secundarias dependían
del gobierno nacional). La inspectora fue designada en el partido de General
Sarmiento porque en los alrededores de Dolores no había vacantes, y la zona

284
Una simple historia… una gran historia. Memorias de una maestra

oeste del Gran Buenos Aires crecía por la inmigración interna, de las provin-
cias del norte y de la Mesopotamia, y por la externa, entre la que se contaban
muchos inmigrantes italianos y japoneses.

General Sarmiento

El crecimiento demográfico de esta región se debió principalmente a los inmi-


grantes europeos que fueron llegando al finalizar la Segunda Guerra. En esta
zona se instalaron especialmente italianos (muchos de los cuales comenzaron a
trabajar en fábricas o en pequeños emprendimientos de compatriotas ya arraiga-
dos en la zona) y japoneses, quienes convirtieron los alrededores de San Miguel
en un gran vivero, aunque también se dedicaron al comercio (se destacaban
las tintorerías y las panaderías). También llegaron contingentes provenientes
de Paraguay y de las provincias del Litoral, especialmente de Corrientes. Este
gran movimiento fue aprovechado oportunamente por la empresa Kanmar (y
algunas empresas locales), que loteó grandes extensiones de tierras, hizo asfaltos
precarios y dio muchas facilidades de pago. Así, las familias pudieron comprar
su terreno en cuotas accesibles y poco a poco fueron construyendo sus viviendas,
precarias al principio pero que con los años fueron adquiriendo más solidez.
La población fue creciendo considerablemente y con ella la demanda de
servicios. Las escuelas comenzaron a resultar escasas, y en muchos casos se
habilitó el tercer turno o turno intermedio (el turno mañana iba de 8 a 11, el
intermedio, de 11 a 14, y el de la tarde, de 14 a 17). También se construyeron
nuevos edificios y se incrementó la necesidad de maestros y maestras. Nuevos
docentes se recibían año tras año en la Escuela Normal de San Miguel, pero no
alcanzaban para cubrir las necesidades, sobre todo las de las escuelas ubicadas
en barrios alejados, de difícil acceso por falta de asfalto y medios de transporte,
como Villa de Mayo, Grand Bourg, Santa Brígida o Sarmiento.
Volviendo a los pasos recorridos por mi madre, vuelvo a Laura, quien era
la máxima autoridad educativa de la región; todo pasaba por su control. Una
persona muy preparada, con un carácter fuerte, que se imponía frente a todos
(autoritaria, quizás, pero el afecto me impide ponerle ese rótulo). Como vivía
con su madre anciana y no tenía vivienda en la zona, gestionó y obtuvo la
ocupación de la casa destinada a la directora de la Escuela Nº 1 (la directora
tenía vivienda propia, por eso no la ocupaba). Esto fue posible gracias a que,
cuando se construyó el actual edificio de la escuela frente a la Plaza Bartolomé
Mitre, además de las dependencias propias de la institución se construyó una

285
Silvia Chirizola

casa-habitación para el portero/a, una casa para la directora y oficinas para el


Consejo Escolar.1 Esta inspectora gestionó para nosotras la ocupación de la
casa-habitación del portero y le consiguió a Balbina el cargo de portera del
Consejo Escolar.
Así fue como, con la resistencia de algunas de mis tías, que querían que
las “hijas de Julio” no se fueran, nos trasladamos a esta ciudad en el año 1958
(mi madre, todos los años en febrero, en sus vacaciones, nos llevaba a Dolores;
gracias a eso nunca perdimos contacto con la familia paterna). Al fin mi hermana
mayor pudo venir a vivir con nosotras. Sin dudas, ella fue la que más sufrió no
tener una casa propia, un lugar de pertenencia. Siempre recordamos la primera
Navidad en nuestra casita de San Miguel: un arbolito, un rico pollo, ensalada
de frutas y regalitos que Carmen había comprado para todas con su pequeño
sueldo. Para las más chicas era la primera fiesta en seis años, pero para ella era
la primera en veintidós.
Dos años más tarde llegó Jorge, nuestro adorado cuñado: Jorge fue el que
trajo a García Lorca, el que regalaba cuentos, el que nos mostraba Buenos Aires,
el que nos hacía reír con sus ocurrencias. Aprendimos con él de música, de
pintura, de historia, y para mi madre fue su gran apoyo. Cuando Jorge murió
en 1999, mucha gente no entendía por qué llorábamos tanto la muerte de un
“cuñado”, pero Jorge fue esa presencia masculina –nunca pretendió ocupar el
lugar de padre– llena de ternura y sabiduría que nos ayudó a crecer, que nos
acompañó en los nacimientos de nuestros hijos. Él vivía en Avellaneda. Sus pa-
dres, de origen vasco-francés, habían escapado de la Primera Guerra y se habían
instalado aquí (su padre era pintor de cuadros y su madre era maestra). A Jorge
le encantaba el teatro. Ni bien pudo, comenzó a realizar teatro vocacional, y
participó en la puesta en escena de varias obras, entre ellas obras de Lorca. Tenía
un serio problema: una miopía terrible que le descubrieron cuando tenía cinco
años. Cuando terminó la escuela secundaria, su padre quería un “hijo doctor”,
y lo obligó a iniciar la carrera y dejar el teatro. La miopía no le permitió el
ingreso, pero, ante la insistencia familiar, inició la carrera de kinesiología. Con
mucho dolor fue abandonando su sueño de ser actor, pero no sus ganas de leer,
de ir al cine y al teatro. Apenas veía (no había en aquellos años soluciones para
la miopía), pero leía todo: historia, geografía, poesía, teatro, novelas, diarios; lo
1
Al pasar por la vereda de la escuela se ve a la derecha un edificio casi destruido, en el que se
pueden distinguir tres puertas de entrada. La más cercana a la escuela conducía, a través de
un largo pasillo, a la casa del portero y al patio; la del medio, pasando por un amplio zaguán,
conducía al primer piso, donde estaba la casa de la directora, y la tercera puerta era la entrada
al Consejo Escolar.

286
Una simple historia… una gran historia. Memorias de una maestra

recuerdo con libros en la mano hasta que partió. Mientras hacía la residencia en
el Hospital Militar de Campo de Mayo y ayudaba a los niños cuando se pro-
dujo la epidemia de poliomielitis, conoció a mi hermana Carmen en el Centro
de Rehabilitación de General Sarmiento, donde ambos colaboraban. Cuando
éramos pequeñas, él llegaba a casa recitando algo de García Lorca (el “troesma”,
le decía), contando alguna historia fantástica o muchos chistes, porque tenía
un gran sentido del humor. Para nosotras fue maravilloso descubrir ese nuevo
mundo, aprendíamos escuchándolo, él contribuyó en gran parte a enriquecer
nuestro vocabulario. Se entusiasmó mucho y me alentó cuando inicié el pro-
fesorado de Literatura y sé que le dolió cuando lo abandoné (podría escribir
muchas páginas hablando de Jorge).
Mi madre, además de su trabajo de portera en el Consejo Escolar, planchaba
delantales (¡con almidón!) a médicos de la zona. El objetivo de la vivienda propia
permanecía intacto. Los domingos eran días de paseo, salíamos a caminar, a
conocer la zona o a visitar nuevas amistades. Junto con Carmen y más tarde
con Jorge, periódicamente íbamos a la Capital Federal a visitar la Plaza de
Mayo y alrededores, a museos, al cine, a ver espectáculos en el Luna Park, a una
pizzería o restaurante… hermosos recuerdos… valiosos aprendizajes. Nuestra
tucumana incansable, además, colaboraba con el Club de Madres de la escuela:
ayudaba en las fiestas patrias, vendía rifas de la Asociación Cooperadora para
atender necesidades de los alumnos y docentes. Recuerdo que, durante varios
años, en los recreos vendió rosquitas y churros; juntaba día a día el dinero y a
fin de año rendía cuentas: ¡nadie podía creer todo el dinero que ella recaudaba!
Nuestros juegos de infancia se desarrollaron en el patio de la Escuela Nº 1, en
la casa de la inspectora, donde íbamos a mirar televisión, y en las dependencias
del Consejo Escolar. Mientras mi madre trabajaba allí, recorríamos el plano del
distrito donde estaban marcadas las escuelas y leíamos en la Biblioteca Popular
que funcionaba en el mismo Consejo; la bibliotecaria nos facilitaba libros y
revistas que disfrutábamos en largas mesas de madera junto a estudiantes de
todo el distrito. La Biblioteca Popular había sido fundada a principios de siglo.
Estaba ubicada en un gran salón, en el que se destacaba el mueble principal de
pared a pared y llegaba hasta el techo, lleno de colecciones incunables. Otras
pequeñas bibliotecas contenían los libros y revistas nuevos que la biblioteca
recibía de entidades privadas y donaciones. En esos tiempos (y durante mu-
chos años) la bibliotecaria era la Srta. Elena Irigoin. Actualmente, la biblioteca
funciona en la esquina de Belgrano y Sarmiento, al lado de la Municipalidad.
Ha crecido mucho y los alumnos del distrito continúan concurriendo a ella.

287
Silvia Chirizola

En la escuela funcionaba, además, la Secretaría de Inspección (hoy se


llama Secretaría de Asuntos Docentes y funciona en la calle Agüero al 1800).
Esta oficina estaba a cargo de una secretaria, y su función, al igual que en la
actualidad, era inscribir y designar docentes para los distintos cargos, realizar
estadísticas, organizar las plantas funcionales de las escuelas y todo lo referido
a los alumnos, junto con la inspectora.
Por la noche, en el mismo edificio funcionaba la Escuela Primaria Nº 14
para adultos (hoy Escuela de Educación de Adultos Nº 701). Por su parte,
el Consejo Escolar estaba a cargo de consejeros, militantes de algún partido
político, elegidos por el voto cuando se elegían todas las autoridades munici-
pales, provinciales y nacionales, e intervenidos en épocas de dictaduras. Estos
consejeros/as ejercían su cargo ad honorem y generalmente eran comerciantes o
profesionales reconocidos de la zona. Las funciones del Consejo eran ocuparse
del mantenimiento de los edificios escolares, de la designación de porteros, del
contralor docente (planillas donde se detallaban las designaciones, la asistencia y
las licencias de todo el personal del distrito), de la entrega de cheques a cada una
de las escuelas (para el pago de los salarios), de las Asociaciones Cooperadoras,
de los comedores escolares, de los exámenes libres y del seguro escolar, entre
otras. Actualmente, estos organismos cumplen esas funciones y las que se van
incorporando como consecuencia del crecimiento de la región.
A mi llegada había cuarenta escuelas en el distrito, entre primarias comunes,
de adultos, diferenciadas (hoy escuelas de educación especial) y secundarias
estatales: Escuela Normal Domingo F. Sarmiento, Escuela de Comercio Jua-
na Manso y Escuela Industrial Japón (cuyo crecimiento fue apoyado por la
comunidad japonesa, y por eso fue bautizada con ese nombre). La educación
privada empezaba a incorporar la educación secundaria: la Escuela Parroquial,
el Colegio Monseñor Terrero, el Instituto Ángel D’Elía, el Colegio Jesús María y
el Colegio Santa Ethnea eran los más destacados. Poco a poco se fueron creando
escuelas secundarias públicas en Los Polvorines y en José C. Paz.
Al comienzo de la década del sesenta no había jardines de infantes del
Estado, solo algunos privados. Fue así como en la Escuela Nº 1 se organizó
una campaña para recaudar fondos y gestionar ante las autoridades la creación
de un jardín de infantes en las aulas y en el patio que poseía la escuela en la
parte de atrás. Con el trabajo de la Cooperadora, el Club de Madres y los di-
rectivos de la escuela se logró concretar su creación. A comienzos de la década
del ochenta había ya 112 escuelas públicas primarias, las escuelas privadas
aumentaron notablemente y se crearon secundarias públicas en José C. Paz,
Los Polvorines y Muñiz.

288
Una simple historia… una gran historia. Memorias de una maestra

Mi historia en la escuela

Llegamos a San Miguel en abril de 1958. Inmediatamente comencé a cursar


primer grado (las clases habían comenzado a principios de marzo). Si bien el
cambio era muy grande (sigo amando esa vida tan particular en el campo),
la adaptación no la recuerdo traumática. Estar juntas en una casa con mayor
comodidad en un mundo nuevo por descubrir nos gustó mucho. Creo que
también fue, como tantas otras, una buena decisión de mi madre no perder
nunca el contacto con Dolores.
Con seis años, ser alumna en la Escuela Nº 1, vivir al lado de la escuela, del
Consejo Escolar, de la Secretaría de Inspección, de la inspectora del distrito,
frente a la plaza principal significaba, no sé si una situación de privilegio pero
sí, seguro, una situación muy particular. Me puse un guardapolvo blanco… y
recién me lo saqué en 2012.
Festejábamos tres veces cada fiesta patria: en la Escuela Nº 1, en la Escuela
Nº 14 (de adultos, nocturna, que funcionaba en el mismo edificio) y en la Plaza
de San Miguel, ciudad cabecera del distrito. Nos despertábamos con el timbre
de entrada a la escuela, escuchábamos el saludo a la bandera, las voces de todas
las maestras (las clases, los retos, las respuestas de los alumnos), los juegos, las
peleas, el ruido de los recreos, los ensayos de los actos, donde predominaban
las danzas folklóricas. Esto hacía que los juegos con mi hermana Beatriz fueran
una imitación de todo ese mundo maravilloso. No nos gustaba mucho cuando
había elecciones –y en algunos dolorosos casos, golpes militares– y el Ejército
tomaba posesión de la escuela, que se llenaba de soldados, con las voces, las
órdenes, el ruido de las armas.
Cuando terminé la primaria, mi hermana Carmen trabajaba en la Secre-
taría de Inspección y por la tarde era preceptora en la Escuela Juana Manso.
En esa época se rendía un difícil examen de ingreso para acceder a la escuela
secundaria, que requería una preparación previa para aprobarlo. Docentes de
la Escuela Nº 1 daban, en forma gratuita, clases extras fuera del horario esco-
lar, para que pudiéramos aprobar. Recuerdo y destaco las tareas de Lilí Rena,
Alma Quiroga, Marta Lipo y Adelma Molinari. Felizmente lo aprobé, pero
Laura, que era muy amiga de las monjas de la congregación dueña del Colegio
Monseñor Terrero (en Concejal Tribulato y Sarmiento), le informó a mamá que
había conseguido una beca total para mí, y que solo tenía que comprarme el
uniforme. Fue una gran sorpresa y una decisión difícil, pero si la “Srta. Laura”
lo ofrecía, para Balbina era muy bueno. Me puse el uniforme, pero al entrar al
aula nos poníamos el delantal blanco.

289
Silvia Chirizola

Al llegar a quinto año obtuve el título de Maestra Normal Nacional (última


promoción porque al año siguiente se transformó en una carrera terciaria), y
en mayo de 1970 tuve mi primer trabajo: maestra de sexto grado en la Escuela
Nº 36 del Barrio La Estrella (hoy Escuela Nº 16). Maravillosa experiencia: la
escuela, superpoblada, funcionaba en tres turnos y ya tenía comedor escolar.
Las aulas eran prefabricadas, de madera, muy precarias, mantenidas con los
escasos recursos de la Cooperadora (acostumbrada a los recursos de la Coo-
peradora de la Escuela Nº 1, me sorprendieron tantas carencias). El colectivo
nos dejaba sobre la avenida Mitre, en la parada “La Guarida”, y teníamos que
caminar unas diez cuadras de tierra, casi sin veredas, en invierno rompiendo
la escarcha. El cuerpo docente: ¡inolvidable! Trabajábamos con mucho entu-
siasmo y responsabilidad. En pocos meses aprendí muchísimo, pero el 30 de
noviembre terminaron las clases y la suplencia, y me quedé sin trabajo. Había
que esperar hasta el año siguiente. Con sorpresa, en marzo recibí la convoca-
toria para trabajar en la escuela primaria del Colegio Monseñor Terrero. Si
bien prefería el trabajo en escuelas estatales, y mi madre nos decía que ese era
un trabajo “seguro”, pensé que aquí tendría trabajo todo el año y cobraría los
meses de vacaciones. Acepté y trabajé allí siete años hermosos e inolvidables.
No me arrepentí nunca de esa elección, aprendí mucho y hasta el día de hoy
tengo contacto con muchas alumnas de esa época. El grupo de monjas estaba
integrado por chicas jóvenes, con ideas nuevas, que seguían los lineamientos
del Concilio Vaticano II y también del Movimiento de Curas para el Tercer
Mundo… Esa es otra historia.
En 1978, ya en dictadura, hubo un nombramiento masivo de docentes en
la provincia de Buenos Aires, y así me despedí del Terrero y siguió mi historia
por varias escuelas del distrito. Mientras trabajaba en la escuela privada hice al-
gunas suplencias cortas en escuelas estatales: 36, 1, 11, 62. No era tan común el
trabajo en dos turnos, pero poco a poco esta modalidad se fue extendiendo por
dos razones principales: la situación económica y, otra vez, la falta de maestros.
Al convertirse en una carrera terciaria, disminuyó la matrícula de estudiantes de
maestros de grado, dado que, con dos años más, se completaba un profesorado
que habilitaba para trabajar en escuelas secundarias. A comienzos de la década del
ochenta se habilitó a los bachilleres para trabajar en las escuelas primarias. Ese fue
un serio problema para la educación; pero, como suele ocurrir, así como muchos
aprovecharon la oportunidad para tener “un sueldo con pocas horas”, muchos des­-
cubrieron su vocación y luego se recibieron de maestros y maestras.
Mirando hacia atrás puedo decir que mi trayectoria docente se desarrolló en
períodos muy particulares. Comencé con los recuerdos recientes del Cordobazo,

290
Una simple historia… una gran historia. Memorias de una maestra

vino la dictadura de Lanusse (con quien muchas veces compartí la misa del 11
en la Catedral de San Miguel), Trelew, la vuelta de Perón, la caída del gobierno
democrático, la peor dictadura de nuestra historia, la vuelta a la democracia,
los gobiernos de Menem y de la Alianza. Traigo esos sucesos porque tuve en la
escuela, en nuestro distrito (como en todo el país), algunas vivencias significa-
tivas que estoy recordando.
En 1957 había sido sancionado el programa de estudios que establecía los
conocimientos básicos que debían ser enseñados en toda la provincia. En él
estaban definidos el fin de la educación, los objetivos y los contenidos. Respe-
tando estrictamente este programa, cada escuela diseñaba su planificación anual,
y luego cada docente confeccionaba un plan anual con objetivos específicos y
contenidos. Después se elaboraban unidades mensuales, la carpeta didáctica
con las actividades diarias y un leccionario donde se sintetizaba la actividad
diaria hora por hora.
En este mismo tiempo, por medio de una ley provincial fue dictado el
Reglamento General para las Escuelas Públicas. Este reglamento contenía
todas las normas que permitían el funcionamiento de la escuela (para docen-
tes, alumnos, cooperadores y comunidad) y mantuvo su vigencia hasta los
comienzos del siglo xxi.
A comienzos de la década del setenta seguía vigente de Ley de Educa-
ción 1420, pero la dictadura gobernante propuso una reforma (similar a la
de 1994) para la creación del octavo y el noveno grado. Se inició la experiencia
en las escuelas piloto pero, finalmente, no se hizo extensiva a todo el país, y se
continuó con la estructura anterior.
En 1975 se realizó un gran cambio y apareció el primer diseño curricular,
pero solo para primero, segundo y tercer grado. Estaba basado en “conductas”
y organizado en “núcleos” (el niño y su comunidad; el niño y su pensamiento
en la organización de la realidad; el niño y sus formas de expresión). Amado por
unos y criticado por otros, como sucede reiteradamente, la capacitación docente
no fue la adecuada, y en cada escuela se implementó según la interpretación
de cada directivo y docente.
En marzo de 1976 llegaron los grandes cambios. El Consejo Escolar fue
disuelto. No solo desaparecieron los cargos políticos sino que también perdieron
sus cargos el personal interino y aquellos que estaban en condiciones de jubi-
larse. Se unificaron sus funciones con la Secretaría de Inspección y se creó un
nuevo organismo a cargo de una secretaria, quien era su máxima autoridad: la
Unidad Administrativa Única (uau). (Mi madre, al ser titular, pudo continuar

291
Silvia Chirizola

trabajando hasta 1979. El 31 de marzo, cuando cumplió 62 años, recibió la


noticia de su jubilación. Fue un momento muy doloroso para ella).
Siento la necesidad de contar algunas anécdotas tristes de esa época.
En 1977, siendo docente suplente en la Escuela Nº 62, miembros del Ejército
trajeron facturas para todos los chicos. A algún directivo se le ocurrió agradecer
el “regalo” y una docente promovió la interpretación de una canción que se es-
cuchaba casi diariamente en televisión y que aludía al Operativo Independencia:
Hoy le escribí una carta a mi querido hermano… (Una niña agradece a su hermano
que luche contra la “subversión”). Sorprendidos y dolidos, muchos docentes
bajamos la vista y no cantamos, mientras hombres armados nos rodeaban.
En febrero de 1978 llegó finalmente mi deseado nombramiento de maes-
tra de grado en la provincia de Buenos Aires. Esta seguridad en el cargo me
permitió tomar una decisión que ya estaba dando vueltas en mi cabeza desde
el año anterior: renunciar a la escuela privada.
Debido a que habían pasado ocho años sin nombramientos, el movimiento
docente fue muy grande. Así fue como fui designada en la Escuela Nº 53 del
barrio El Jagüel de Los Polvorines. Era una pequeña escuela con tres turnos, de
material, en muy buenas condiciones. Su construcción se hizo, en gran parte,
gracias a la colaboración económica de un grupo de vecinos. El crecimiento de la
población y la imposibilidad de ampliación por falta de espacio determinaron el
funcionamiento en tres turnos. La comunidad estaba formada por trabajadores
en relación de dependencia (comercios de la zona, empleados municipales) o
informales (casas de familia, jardineros del cuba y del Club San Miguel, venta
ambulante). Comencé en el turno mañana con quinto grado, y muy pronto
accedí a un segundo cargo (séptimo grado) en el turno intermedio. Este era un
horario complicado porque algunos de los alumnos desayunaban en su casa y
otros no, y en el aula tomaban un mate cocido con pan o una factura a las 13
(no había comedor escolar). La mayoría de estos chicos estaban excedidos en
edad y eran trabajadores (como caddies en el cuba, vendedores ambulantes o
ayudantes de sus padres en el trabajo informal). A las maestras nuevas, como
sucedía, sucede y sucederá siempre, nos tocaban los grupos más difíciles, pero fue
un maravilloso desafío, cuyo recuerdo me ilumina el alma. Fue el año del mun-
dial de fútbol y de un posible conflicto armado con Chile, que no se concretó.
Acá me permito contar una anécdota dolorosa, propia de la última dictadura:
los alumnos que egresaban acostumbraban en esos tiempos a llevar una insignia en
el pecho que los distinguía como tales. Con mucho sacrificio, logramos recaudar
el dinero y comprar esos distintivos para cada uno. ¡Qué alegría tuvieron el primer
día que se lo prendieron en el guardapolvo! (10 x 15 cm, con un dibujo y una

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Una simple historia… una gran historia. Memorias de una maestra

frase significativa). A los pocos días se presentó en la escuela el inspector. Visitó


el aula de séptimo grado, conversó con los alumnos, participó de la clase y, al
retirarse, me llamó afuera del aula y me dijo: “Los alumnos deben sacarse ese
distintivo, el único que pueden llevar en su pecho es la Escarapela Nacional”.
Le expuse mis argumentos, insistí dado el conocimiento mutuo que teníamos,
pero reiteró su frase ante la directora y la dejó escrita en el informe de su visita.
Los chicos se enojaron mucho; cumplimos la orden dentro de la escuela pero
se lo colocaban al salir. Al final del año, como si fuera un viaje de egresados,
fuimos a visitar el puente Zárate-Brazo Largo, recientemente inaugurado. (Fue
una osadía o inconciencia de mi parte porque nadie quería acompañarnos ya
que era un grupo “difícil” y ya habían terminado las clases… Nunca olvidaré
la valiosísima colaboración del chofer, a quien conocía de varias excursiones
con el colegio Monseñor Terrero. ¡Fue una jornada inolvidable, los vi felices!
Al año siguiente –después de la revisación médica y de la primera cali-
ficación– llegó el nombramiento definitivo. Esto significaba volver a elegir
escuela, lo que ocasionó otro gran movimiento. Así volví a la Escuela Nº 62
del Barrio Mariano Moreno de Los Polvorines, donde había hecho mi primera
experiencia en primer grado en el año 1977. Hermosa y privilegiada escuela.
Tenía todos los recursos edilicios y didácticos, equiparables con los de la mejor
escuela privada del distrito. El barrio había sido construido para suboficiales
de Prefectura y de Gendarmería. Esto significaba que eran familias de clase
media, con trabajo formal, obra social, etcétera. La Asociación Cooperadora
tenía los recursos de los padres y la colaboración de la fuerzas de seguridad.
Teníamos grabador, mimeógrafo, equipo de sonido, escenario, toda clase de
mapas murales, biblioteca. El edifico tenía dos plantas, aulas amplias, ilumi-
nadas, con cortinas y calefacción, una cocina amplia que podía ser utilizada
por los docentes (pizza con café los viernes), un patio amplio y un campo de
deportes. Para los actos escolares contábamos con todo el material solicitado,
eran fiestas impresionantes, concurría todo el barrio y alrededores.
En esa época, los gremios docentes, que habían comenzado a organizarse
masivamente a principios de los setenta, tenían prohibida toda actividad. En la
provincia de Buenos Aires se llamaba udeb (Unión de Docentes Bonaerenses),
y una de sus líderes, Susana Pertierra, fue llevada prisionera y pasó a integrar
la lista de desaparecidos, al igual que otras docentes de la región. Las licencias
habían sido restringidas, solo permanecían las de maternidad (90 días), enfer-
medad (20 días), atención de familiar enfermo (15 días) y por estudio, pero
bastante restringidas.

293
Silvia Chirizola

Recuerdo otra anécdota que refleja la época. Estando en esta escuela, en ple-
na dictadura, los docentes nos vimos obligados a vivir una experiencia dolorosa.
Fue en 1979. Anualmente, se tomaban en toda la provincia exámenes libres a
aquellos niños que, por distintas razones (problemas de salud, traslado de las
familias, etcétera), no habían podido concurrir a la escuela y habían recibido
clases particulares durante el año. Los alumnos eran inscriptos por sus padres
en el Consejo Escolar (ese año en la uau) y en diciembre rendían examen en la
Escuela Nº 1. Pero algo extraño habían descubierto, seguramente las Fuerzas
Armadas, y pusieron especial atención en los inscriptos. A diferencia de años
anteriores, en los que la matrícula no superaba los diez o veinte alumnos, ese
año la inscripción fue muy numerosa. La mayoría de los niños provenían
de los barrios Sarmiento y Santa Brígida. Cuando nos informaron que la
escuela había sido elegida para que se tomaran esos exámenes, los inspectores
dieron instrucciones precisas: debíamos recibir a los niños, acompañados por
sus maestros, formarlos y realizar la ceremonia de izamiento de la Bandera e
interpretación del Himno Nacional. Hasta ahí todo fue bien, pero debíamos
observar cuidadosamente si participaban de la ceremonia y cantaban, y tomar
nota de quienes no lo hacían, ya que sospechaban que todos eran testigos de
Jehová. La dictadura perseguía a quienes tenían esa creencia. Con la presencia
de todas las autoridades distritales, hicimos la ceremonia. Como ocurría todos
los días en el patio de la escuela (y como siempre sucedió y sigue sucediendo),
algunos niños cantaban y otros no, y los docentes no denunciamos a nadie,
tomamos los exámenes, pero nunca supimos nada de los resultados.
Esto le sucedió a mi hermana Beatriz: todos los gobiernos siempre proponen,
de acuerdo con su ideología o con las corrientes pedagógicas o científicas de
la época, o por diversos motivos, temas transversales que deben ser trabajados
en las aulas. Después, cada escuela y cada maestro les ponen su impronta, de
acuerdo con las características propias de su comunidad, los recursos disponibles
y, a veces, su ideología. Pero durante las dictaduras, y, sobre todo, durante la
última, era una imposición (controlada por los inspectores y algunos directivos).
En 1980, el tema transversal fue “la generación del ochenta”, con especial dedi-
cación a la “Campaña del desierto” de Roca. El miedo, muchas veces, nos hacía
“obedecer”, pero en algunos casos nos rebelábamos. Mi hermana menor, cuando
pocos docentes lo hacían, siempre defendió la causa de los pueblos originarios.
En este caso, había que preparar trabajos con los alumnos, con exposiciones que
se llevaron a cabo en la Escuela de Suboficiales General Lemos. La exposición
de sus alumnos fue opuesta a lo esperado por los jefes militares que participaron
de la muestra. Se hizo un relato en contra de Roca y del genocidio perpetrado,

294
Una simple historia… una gran historia. Memorias de una maestra

y una defensa de los pueblos abatidos, así como también el relato de la entrega
de tierras a los grandes terratenientes. Terminada la muestra, mi hermana fue
citada por un grupo de oficiales, quienes en una entrevista privada le exigieron
explicaciones sobre el tratamiento “incorrecto” del tema. Fue una experiencia
muy dura, que ella recuerda como los peores momentos de su carrera, creo
que no tuvieron argumentos para rebatir su defensa de lo hecho. Felizmente,
la liberaron, pero no cambió su postura y hoy continúa con su lucha.
Año 1982: guerra de Malvinas. El dolor de esta guerra se acentuaba en las
escuelas porque muchos de nuestros alumnos tenían a sus hermanos, padres u
otros familiares en el frente de batalla. Conocíamos maestros que habían partido
a Malvinas. La escuela, como sucede siempre, fue el gran lugar de contención.
Tuvimos que aprender y enseñar obligatoriamente la Marcha de Malvinas y
decir que íbamos ganando, los chicos debían escribir cartas para mandarles a
los soldados, pero muchos docentes no nos resignamos a contar “la historia
oficial” y a los alumnos de quinto, sexto y séptimo grado los guiamos para que
tuvieran otra mirada del conflicto, de la soberanía. Cotidianamente había que
hacer simulacros de evacuación, una situación que alteraba bastante a los niños,
porque los atemorizaba, ya no pensando en nuestros soldados sufriendo en las
islas, sino en el temor a ser atacados.
Con el comienzo de las clases en 1983, comenzó la esperanza de volver a
la democracia, una palabra desconocida por los alumnos, porque las pautas del
Ministerio de Educación poco decían de democracia y los docentes habíamos
tenido muy pocas experiencias de vida en democracia, solo unos pocos años
en la década anterior.
La población escolar en el distrito había aumentado muchísimo y se habían
creado nuevas escuelas (surgidas del Plan Sarmiento en la última etapa de la
dictadura). Por este motivo se produjeron algunos cambios administrativos
en el ámbito educativo. La provincia estaba dividida en jefaturas de región,
encabezadas por un inspector o inspectora jefe, que nucleaba varios distritos y
cuyos inspectores dependían de cada jefatura. General Sarmiento pertenecía a
la jefatura de Morón, que abarcaba más de diez distritos. Entonces se creó en
San Miguel la jefatura de la región V. Empezó a funcionar donde había estado,
antes de la última dictadura, la Secretaría de Inspección (antes fue la casa de la
directora de la Escuela Nº 1 y luego de la inspectora).
La inspectora jefe desempeñaba su cargo en Morón y, ante la división,
aceptó el pase a San Miguel, adonde llevó cuatro auxiliares técnico-docentes
que trabajaban con ella. Posteriormente, seleccionó a otras cuatro docentes
para completar la planta funcional. En este momento, en junio de 1983, fui

295
Silvia Chirizola

convocada para cubrir uno de esos cargos. La decisión fue difícil ya que sufrí
mucho por dejar a mis alumnos, la escuela, y a mis compañeras y compañeros de
trabajo, pero el cambio resolvía cuestiones familiares, a pesar de algunas desven­
tajas (cinco horas diarias, solo 30 días de vacaciones y una sola semana de
vacaciones de invierno). Mi esposo regresaba de trabajar a las 14 y yo entraba
a la Jefatura a las 14, esto evitaba los traslados diarios de nuestras hijas, menos
tiempo y gastos de viaje (le “entregaba” a las nenas en la Plaza de San Miguel).
Esta nueva experiencia de trabajo fue muy buena porque pude interiori-
zarme sobre el manejo técnico-administrativo de las escuelas. Formábamos un
equipo que tenía a su cargo el análisis de las plantas funcionales de todas las
escuelas de los distritos de General Sarmiento, Moreno, Exaltación de la Cruz,
Pilar y Tres de Febrero. El análisis incluía la cantidad de alumnos por sección,
la categorización de las escuelas, los turnos de clases, los cargos docentes, los
datos de repitencia y de deserción, así como también de los alumnos aprobados
y desaprobados, la edad reglamentaria y las excepciones, la cooperadora y los
auxiliares, los recursos didácticos, el mobiliario y la evolución de la matrícula
a lo largo de los años. Además, se ordenaban las labores de los inspectores, es
decir, el detalle escrito por cada inspector de su día a día, para luego ser visadas
por la jefa. Llegaban también a la Jefatura expedientes referidos al mal desem-
peño de directivos y docentes, accidentes de alumnos, reclamos o denuncias
de padres y de docentes. Estos expedientes eran tratados por las secretarias de
la Jefatura. Esto me ayudó a entender más los conceptos de poder y de entorno.
El cargo de inspector-jefe es un cargo político ligado a la línea del gobierno
provincial; es ocupado por inspectores titulares que llegaron a esa posición por
concurso de antecedentes y oposición. La inspectora jefe de San Miguel ejerció
su cargo durante todos los años de la dictadura, pero tanto ella como sus pares
de la provincia continuaron hasta 1986 (salvo los que renunciaron por decisión
propia o se jubilaron). Por lo tanto, en 1986 se renovaron las autoridades, la
inspectora jefe se jubiló y sus secretarias debieron volver a la escuela de origen.
Los demás pudimos continuar. La nueva conducción, aunque con escasa ex-
periencia para el cargo, tenía más apertura y menos solemnidad.
Estando en la Jefatura, y aprovechando la licencia por maternidad, pude
concursar para un cargo directivo (como la Jefatura organizaba los concursos,
no podía concurrir allí mientras se desarrollaba el mío). Habiendo aprobado,
con toda la alegría volví a la escuela. En este caso, como vicedirectora de la
Escuela Nº 34 del barrio Manuelita (hoy Escuela Nº 15), a dos cuadras de la
casa de mi madre. Al llegar, valoré la experiencia adquirida en la Jefatura, por

296
Una simple historia… una gran historia. Memorias de una maestra

los conocimientos y por los vínculos con las autoridades educativas. ¡¡¡Mara-
villosa experiencia!!!
Era una escuela con solo dos aulas de material y el resto eran casillas prefabri-
cadas muy deterioradas, con comedor escolar. En esos años logramos organizar la
biblioteca comprando libros que ofrecían algunas editoriales y con donaciones.
Logramos la presencia del profesor Ismael Munzón en su inauguración, quien
en el acto relató a la comunidad educativa la historia del barrio Manuelita, entre
otras historias. En 1993, con un gran trabajo de la Cooperadora, docentes y
directivos logramos la construcción de dos aulas de material, y poco a poco se
fueron erradicando las casillas. En ese año apareció el Plan Pibes en la provincia
de Buenos Aires y fuimos con los alumnos de séptimo grado seis días a Mar
del Plata. Más allá de algunas críticas a este programa, los alumnos disfrutaron
muchísimo la experiencia: la gran mayoría no conocía el mar ni había tenido
nunca vacaciones.
En 1994, habiendo encarado una capacitación más específica, consideré
terminado mi tiempo en la vicedirección. Cada año se realiza el Movimiento
Anual Docente (mad) para que los titulares del sistema puedan hacer cambios
de lugar de trabajo a partir de necesidades personales. Así, hice mi pedido: de
acuerdo con las vacantes, seleccioné diez escuelas. Puse en primer lugar una
escuelita que había conocido en un censo, algo alejada de mi casa, la Escuela
Nº 80. Y bueno, en diciembre recibí la sorpresa: había sido designada en esa
escuela, mi inolvidable escuela.
Y así, al llegar 1995 comenzó una etapa muy difícil en lo social y también
en lo educativo. Se puso en vigencia la Ley de Educación Federal con la con-
secuente derogación de la histórica Ley 1420. Se produjo la incorporación a la
escuela primaria del tercer ciclo y comenzó una verdadera “hecatombe”: los más
perjudicados fueron los alumnos y los docentes. No se hicieron capacitaciones
previas bien organizadas, solamente jornadas en las escuelas con ocho módulos
enviados para cada docente por el Ministerio de Educación. Tampoco hubo
capacitación previa con especialistas para el personal directivo (los inspectores
transmitían los contenidos de los módulos a los directivos, y los directivos al
docente). No había aulas para recibir a los nuevos alumnos, profesores y pre-
ceptores. Con mucho esfuerzo –con dinero aportado por los docentes y por la
Asociación Cooperadora– contratamos algunos especialistas en educación y, a
partir de las 17 h, comenzábamos nuestra capacitación.
La aplicación de la Ley Federal trajo graves consecuencias. Repaso, para
terminar, algunas situaciones complejas que se generaron. Las escuelas secun-
darias perdían el primero y el segundo año, que pasaban a ser el octavo y el

297
Silvia Chirizola

noveno grado (ahora obligatorios), pero bajo la órbita de la escuela primaria.


Como las escuelas no tenían aulas, los alumnos y los profesores continuaban
en el mismo edificio, articulando con la primaria. El directivo cumplía horario
en ambas escuelas, de acuerdo con las necesidades.
Las escuelas primarias que no tenían una secundaria cerca debían incor-
porar paulatinamente el tercer ciclo en su edificio. Esto ocurría en el 90% de
los casos. Al ser obligatorio, la matrícula aumentó considerablemente, porque
no solo estaban los que egresaban de sexto grado, sino también todos aquellos
que, habiendo aprobado séptimo grado, no podían concurrir a la secundaria
hasta que no aprobaran el octavo y el noveno grado. Aparecieron así muchos
chicos excedidos en edad que hacía uno o dos años que no estaban escolarizados.
Otra razón para que volvieran a la escuela fue que los padres que trabajaban
en relación de dependencia y que habían dejado de cobrar la asignación por
escolaridad (ya que hasta esos años solo la cobraban los padres con alumnos
en primaria), como esta se extendía ahora hasta el noveno grado insistían para
que sus hijos fueran inscriptos nuevamente.
También fue difícil para los equipos directivos recibir a los profesores,
muchos de los cuales se resistían a estos cambios y a aceptar la conducción de
un “directivo de primaria”. Por otra parte, faltaban profesores y comenzaron a
trabajar estudiantes (muchos de escuelas secundarias que recién comenzaban un
profesorado, profesores de inglés con títulos de institutos privados, egresados con
sexto año de escuelas industriales). Ante tanta necesidad se llevaron a cabo cursos
de un año a 18 meses de duración, que otorgaban un título de “Reconversión”
a los maestros de grado o a los directivos que los realizaban para que pudieran
dar clases en el tercer ciclo. Todos estos docentes que cubrieron esta necesidad
y que continuaron en el sistema en el año 2000 fueron titularizados, ya que se
consideró que era un “derecho adquirido”. A partir de allí solo se titularizó a
aquellos que contaban con título de algún profesorado. Para poder exigir esto,
el gobierno provincial había ido creando desde fines de los años noventa los
profesorados provinciales en varios distritos y con diversidad de carreras.
Fueron años muy duros. Los docentes entre 1996 y 1999 dieron clases
mientras los obreros trabajaban en la construcción de las nuevas aulas, con
montañas de arena y canto rodado en los patios, con aulas sin puertas ni ven-
tanas y con una gran parte de la comunidad que se resistía al cambio. A esto se
sumaban las dificultades para integrarse de los alumnos provenientes de otros
contextos, con adolescentes que tenían entre 14 y 18 años. También hubo
resistencia en muchos docentes. Transitamos ese tiempo con mucho esfuerzo
y dolor. Nunca me cansaré de agradecer a los maestros comprometidos con la

298
Una simple historia… una gran historia. Memorias de una maestra

escuela, que acompañaron y apoyaron la gestión (lo que no significaba apoyar


esta reforma improvisada e impuesta arbitrariamente); a ese grupo de profesores
que entendieron que los alumnos no eran los culpables del cambio y asumieron
un compromiso, y a la Asociación Cooperadora.
En 2004 se sancionó la nueva Ley de Educación y se derogó la Ley Federal,
buscando ordenar el sistema educativo primario y secundario de todas las ramas
de la educación. La provincia de Buenos Aires también dictó su propia ley y
dio a conocer el Nuevo Diseño Curricular.
Cuando ya estaba todo organizado y habíamos recuperado la calma, las
autoridades escucharon los reclamos y reorganizaron la escuela secundaria. Así,
en el año 2006 nació la Escuela Secundaria Básica y la escuela primaria quedó
con primero a sexto grado. Por las capacitaciones realizadas y los años trabajados,
podía (aunque no había hecho la reconversión) solicitar la continuidad en la
secundaria, pero, aunque me dolió muchísimo, sobre todo, dejar de trabajar con
los adolescentes, decidí quedarme con la primaria, a la que había abandonado
un poco por atender el tercer ciclo.
Y allí terminé los últimos años. Felizmente, en ese último tiempo, desde
el Ministerio de Educación de la Nación y desde la Dirección General de
Cultura y Educación de la Provincia recibimos muchos libros, ampliamos
considerablemente la biblioteca, se construyó la sala de Computación con ocho
computadoras e impresoras. Nos integraron al Programa Integral de Inserción
Educativa (piie), por el que recibimos aportes de la Unión Europea y así pu-
dimos comprar televisores, cámaras fotográficas, un proyector, una filmadora,
dos microscopios, mapas y todo el material didáctico necesario, elementos de
geometría, materiales para armar el laboratorio, útiles para los alumnos, cd,
videos y pizarrones.
Con muchas dificultades se fueron rearmando las escuelas secundarias,
que actualmente van completando el ciclo de seis años. En 2011 empecé a
sentir que ya había cumplido mi ciclo en la docencia. No fue fácil la decisión,
pero la queridísima Escuela Nº 25 necesitaba renovarse. A esto se sumó mi
madre, que necesitaba mi presencia, y así fue que el 1 de marzo me saqué el
delantal blanco que me puse a los seis años y me despedí de la docencia; y el 5
de marzo, de mi madre.

299
Las trayectorias de vida
en sus marcos históricos
Daniel Lvovich

La historia que relata Silvia es, en un sentido, singular e irrepetible, y como tal es
parte de un patrimonio narrativo familiar que resulta absolutamente único. Pero,
en otro sentido, es posible incorporar esta historia al contexto de una narración
más abarcadora, que permita insertarla en unos marcos explicativos amplios
para ubicarla en las coordenadas de nuestra historia social. En este segundo
sentido, podemos avanzar en una reconstrucción de los procesos demográficos,
de las tramas migratorias, de la historia del trabajo y de los trabajadores y las
trabajadoras, del desarrollo de las instituciones educativas, entre otros factores,
para entrecruzar las dimensiones individuales y sociales de este relato.

El escenario

La partida de Balbina desde Tucumán, su llegada a la Capital primero, luego a


Dolores y, por último, a General Sarmiento junto con sus hijas, cobra sentido
en el marco del masivo proceso de migraciones internas y en las coordenadas
de las determinaciones de clase y de género de esta familia. Este proceso mi-
gratorio produjo transformaciones demográficas de una profundidad enorme,
que afectaron la vida de millones de personas involucradas en un verdadero
éxodo masivo.
El escenario de esta historia es el partido de General Sarmiento, y en un
sentido más general el Gran Buenos Aires, el enorme conglomerado urbano
que desde la década de 1930 ejerce una influencia decisiva en los más varia-
dos planos de la vida pública argentina. Si bien algunas de las localidades de
la región fueron fundadas en el período colonial, el origen del conurbano

301
Daniel Lvovich

bonaerense se remonta a fines del siglo xix, cuando quedó definida la traza
ferroviaria que conectaba la ciudad de Buenos Aires con sus suburbios, lo que
favorecía el contacto permanente de la ciudad con los pueblos ya existentes e
impulsaba la emergencia de otros nuevos, en un proceso de expansión que se
aceleró a comienzos del siglo xx (Gorelik, 2015: 26-27). Como parte de un
proceso de acceso a la vivienda de los sectores medios o altos en los suburbios
o derivado de la vinculación entre lugares de trabajo y residencia, hacia 1930,
cuando la ciudad de Buenos Aires contaba con dos millones de habitantes, ya
había 800.000 personas que residían en los alrededores (ibídem: 28). El proceso
de crecimiento del Gran Buenos Aires se potenció como resultado del masivo
flujo de las migraciones internas desplegado desde la década de 1930, al calor
del proceso de industrialización iniciado en esa década y que, con diferentes
ritmos y modalidades, continuó a lo largo del siglo xx.
Consideremos el peso de este proceso migratorio para el caso particular del
partido de General Sarmiento, que fue creado en 1889 sobre la base de tierras
que antes habían pertenecido a los partidos de Pilar, Moreno y Las Conchas,
y que desapareció como tal en 1994, cuando por la Ley Provincial 11551 se
crearon tres nuevos municipios: José C. Paz, Malvinas Argentinas y San Miguel.1
En 1890, el partido de General Sarmiento tenía solo 3.202 habitantes, sobre
el total de 762.551 pobladores de la provincia de Buenos Aires. Cinco años más
tarde, de un total provincial de 921.168 habitantes, solo 5.168 residían en Ge-
neral Sarmiento, de los cuales la mayor parte (3.429 personas) eran pobladores
rurales. Para el siguiente censo nacional, en 1914, las poblaciones de la provincia
y del partido eran de 2.066.165 y de 12.726 habitantes respectivamente. El
fenómeno de las migraciones internacionales se observa con claridad en las
cifras de la población extranjera relevadas en el censo nacional de ese año, que
alcanzan a más de un tercio de la población: eran 703.931 en Buenos Aires
y 4.589 en General Sarmiento. En ambos casos, los italianos resultan el grupo
numéricamente más representativo entre los inmigrantes (285.016 y 2.177
personas respectivamente), seguidos por los españoles (273.755 y 1.565).
En el censo nacional de 1947 se observa la enorme transformación demo-
gráfica que significaron las migraciones internas. La provincia de Buenos Aires
contaba para esa fecha con 4.272.337 habitantes, de los cuales 781.208 habían
nacido en el extranjero. Entre los argentinos, casi un millón habían nacido en

1
Malvinas Argentinas incorporó además una pequeña fracción de Pilar, mientras que la localidad
de Del Viso, perteneciente con anterioridad a General Sarmiento, fue cedida al partido de Pilar
(Badía y Saudino, 2015: 120).

302
Las trayectorias de vida en sus marcos históricos

otras provincias, lo que da cuenta de lo extenso del proceso migratorio inter-


no aun cuando no podamos dar cuenta a través del instrumento censal del
volumen de las migraciones en el interior de la misma provincia, como la que
llevó a Carmen –y luego a su familia– de Dolores a San Miguel. En el caso de
General Sarmiento, la población total ascendía ese año a 46.413 habitantes, de
los cuales 7.104 habían nacido en el extranjero y 16.817 en otras provincias.
El proceso de urbanización general no dejaba de expresarse en el partido, que
en 1947 contaba con 29.221 habitantes urbanos y 17.192 rurales.
En 1960, la provincia de Buenos Aires había alcanzado los 6.766.108 ha-
bitantes, de los cuales 3.772.411 residían en los partidos del conurbano. Entre
ellos, General Sarmiento alcanzó ese año los 167.160 habitantes, de acuerdo
con el censo nacional. Ese instrumento estadístico prestó especial atención
al fenómeno inmigratorio, gracias a lo cual podemos conocer en detalle los
movimientos de población en el Gran Buenos Aires, aunque para el caso de
cada uno de los distritos que lo componen no contamos con la información
desagregada. Del total de la población de los partidos del conurbano, 793.279
eran extranjeros, mayoritariamente italianos (340.166) y españoles (216.458).
En General Sarmiento, los extranjeros eran para esa fecha 23.534. A su vez,
la dimensión de las migraciones internas al conurbano se midió considerando
que 2.224.274 de sus habitantes declararon residir en un lugar distinto al de
nacimiento o, en el caso de los extranjeros, de su primer domicilio en el país.
El distrito que registró más casos de movimientos hacia los partidos del Gran
Buenos Aires fue la Capital Federal (1.274.116), seguido por el resto de la
provincia de Buenos Aires (348.238), Entre Ríos (103.750), Santa Fe (84.309),
Córdoba (75.223), Corrientes (57.229) y Santiago del Estero (49.730).
Desde mediados de la década del setenta existen profundos cambios en
la orientación de las políticas públicas y un marcado retroceso de la actividad
industrial, la cual había explicado hasta entonces el enorme crecimiento del
Gran Buenos Aires. Pese a ello, entre 1970 y 1980 la región metropolitana
llegó a concentrar el 36% de la población del país, y el crecimiento de algunos
municipios –entre ellos el de General Sarmiento– se explica en buena medida
por la expulsión de población desde la ciudad de Buenos Aires hacia la nue-
va periferia suburbana (Di Virgilio et. al, 2015: 88). Muchas políticas de la
dictadura militar instaurada en 1976 –como las relocalizaciones industriales,
la creación de la Coordinación Ecológica Área Metropolitana Sociedad del
Estado (ceamse), la construcción de autopistas, la liberalización de los al-
quileres, la erradicación de las villas miseria de la ciudad de Buenos Aires y el
traslado de su población– consolidaron un patrón de segmentación territorial

303
Daniel Lvovich

del área metropolitana: mientras en la ciudad de Buenos Aires se concentró


una población de sectores medios, medio-altos y altos, el Gran Buenos Aires
–particularmente en el sur y en el oeste– se consolidó como hábitat de sectores
medios, medio-bajos y bajos (ídem).
El crecimiento poblacional del Gran Buenos Aires desde aquel momento
se acelera, lo que contribuye a un proceso de metropolización avanzada signa-
do desde la década de 1990 por una mayor desigualdad y fragmentación del
territorio que profundiza los rasgos de segregación preexistentes. Las cifras de
ese crecimiento resultan elocuentes tanto para el conjunto del Gran Buenos
Aires como para General Sarmiento y los partidos que lo sucedieron.

Población del Gran Buenos Aires, de General Sarmiento y de los partidos


que lo sucedieron, 1970-2010

Gran Buenos General Malvinas


Año San Miguel José C. Paz
Aires Sarmiento Argentinas
1970 5.380.447 315.457 - - -
1980 6.843.201 502.926 - - -
1991 7.969.324 652.969 - - -
2001 8.684.437 - 253.086 230.208 290.691
2010 9.16.715 - 276.190 265.981 322.375

Fuente: elaboración propia a partir de Bruno (2015: 165-168).

Las trayectorias

La orfandad de Balbina y la pobreza en que creció marcaron su destino –sig-


nado por la emigración y el trabajo doméstico–, tanto como el haber sido una
madre que tuvo sola a su hija mayor. La estigmatización que pesó sobre estas
situaciones y sobre los llamados hijos “naturales” pudo haber resultado un factor
fundamental en sus trayectorias vitales, pese a que sabemos que esas condiciones
distaban de ser minoritarias. Efectivamente, en las décadas de 1930 y 1940,
alrededor de un tercio de los nacidos en todo el país eran considerados hijos
“naturales”. Esas magnitudes eran mayores en los sectores sociales más desfa-
vorecidos, como muestra el ejemplo de la maternidad Samuel Gache –ubicada
en la zona sur de la Capital Federal– en 1942, en la que las madres solteras

304
Las trayectorias de vida en sus marcos históricos

representaban el 90% de las pacientes. Un estudio publicado en 1934 mostra-


ba que el 80% de las madres solteras en Buenos Aires eran argentinas, y entre
ellas el 60% provenía del interior. La mitad de ellas tenía menos de 21 años,
el 42% de estas mujeres eran analfabetas y el 55% trabajaba como empleadas
domésticas (Cosse, 2006: 35). En este sentido, la singular historia de Balbina
configura una expresión de trayectorias similares que la hace representativa de
muchos casos de jóvenes mujeres pobres de las áreas más relegadas del país.
También la actividad laboral de Balbina se inscribe en amplias coordenadas
sociales. Aunque a fines del siglo xix los trabajos domésticos se dividían en
actividades masculinas –como las caballerizas y la cocina– y femeninas –amas
de leche, lavanderas, amas de llaves–, la proporción de las mujeres en estas acti-
vidades se fue incrementando significativamente a lo largo del siglo. En efecto,
mientras que en 1914 el 83,5% del sector doméstico era ocupado por mujeres,
esa proporción llegó al 96,6% en 1960. Simultáneamente, la proporción de
empleadas domésticas sobre el total de la población económicamente activa del
sector terciario cayó en esas mismas fechas del 72,7% al 33,5%. El origen del
personal doméstico variaba en las distintas regiones, pues en las provincias
del interior predominaban las mujeres nativas y en el litoral coexistían las in-
migrantes europeas y las inmigrantes internas provenientes de áreas rurales o
pertenecientes a las clases pobres urbanas (Lobato, 2007: 59).
En la Argentina, el servicio doméstico representó una de las principales
fuentes de empleo femenino urbano. La historia de Balbina resulta similar a la
de millones de mujeres, ya que a principios del siglo xx el servicio doméstico
había llegado a ocupar a cerca del 40% de la población activa femenina. Si bien
durante las décadas siguientes se registró una disminución de esta forma de
empleo y un aumento del trabajo de las mujeres en la industria, su relevancia
se mantuvo: el 30% de las mujeres económicamente activas se insertaban en
el servicio doméstico, según el censo de 1947, y su proporción era del 20% en
el relevamiento de 1960.
Pese a su importancia en términos del número de ocupados, esta actividad
ha sido históricamente una de las más relegadas, tanto respecto de las condi-
ciones de trabajo y salariales, como de su marco regulatorio. En nuestro país,
las empleadas domésticas constituyen la última categoría de trabajadores en
incorporarse a las instituciones de protección social y al derecho laboral. Hasta
mediados del siglo pasado, se registraron escasas regulaciones públicas en el
sector, más allá de algunas disposiciones provinciales. En la década de 1940
se dictaron algunas reglamentaciones parciales referidas a salarios mínimos, al
derecho a percibir un aguinaldo y al descanso semanal. Solo a mediados del

305
Daniel Lvovich

siglo xx, a través del Decreto-Ley 326/56 se estableció el Estatuto del Servicio
Doméstico (Tizziani, 2013).
Estas desprotecciones afectaron profundamente la vida de Balbina, que
fue explotada y maltratada en su experiencia capitalina y consiguió una mejo-
ra relativa –que le permitió incluso abrir una caja de ahorros– cuando fundó
una nueva familia en Dolores, donde continuó viviendo, sin embargo, en una
vivienda muy humilde. Es que el masivo proceso de democratización del bien-
estar desarrollado en la década peronista alcanzó con distintas intensidades a las
diversas capas y a los grupos de trabajadores, de modo que los peones rurales
como Julio –fruticultor que no cobraba si no trabajaba, aun estando enfermo
de cáncer– y las empleadas domésticas como Balbina no alcanzaron en esos años
los niveles de protección social y de ingresos monetarios a los que accedieron,
por ejemplo, los trabajadores urbanos de los sectores industriales o de servicios.
La expansión de la educación, en contraste, sería el área en la que la
democratización del bienestar tuvo su alcance más amplio (Torre y Pastori-
za, 2002: 295). Su impacto en la familia de Balbina fue determinante. En la
década peronista, la tasa de crecimiento de la matrícula de la escuela primaria
fue superior a la de la población total, lo que indica que el acceso a ese nivel
educativo se extendió a una parte amplia de los sectores de menores ingresos,
“que tuvieron a su alcance más escuelas y más maestros en las zonas centrales
pero también en las zonas periféricas de la geografía del país” (ibídem: 297). El
número de alumnos en escuelas primarias estatales se incrementó de 1.267.459
en 1946 a 1.512.184 en 1952. En ese mismo período, según fuentes oficiales,
se construyeron 1.069 nuevos edificios para escuelas y se crearon 6.071 nuevas
secciones de grado. La expansión del sistema se puede seguir considerando en
la evolución del índice de analfabetismo entre los mayores de 14 años, que bajó
entre los censos de 1947 y 1960 del 13,6% al 8,9%, y más aún si se consideran
solamente los grupos etarios más jóvenes. La tasa de promoción de alumnos del
nivel primario al secundario también se incrementó en el período peronista,
pasó del 41,6% en 1945 al 65% en 1955 (Plotkin, 1994: 331-332). Para el
caso de la escuela secundaria, el crecimiento fue aún mayor, al punto de que
entre 1945 y 1955 la matrícula total del nivel se duplicó largamente, y pasó
de 202.070 estudiantes a 467.199, lo que da cuenta de la incorporación a la
enseñanza secundaria de la mayor parte de los jóvenes de clase media y de una
proporción importante de los hijos de las clases trabajadoras, en particular de
sus estratos más altos (Torre y Pastoriza, 2002: 298).

306
Las trayectorias de vida en sus marcos históricos

Vidas en las aulas

Carmen, que culminó sus estudios secundarios en la Escuela Normal en 1956,


desarrolló prácticamente todo su recorrido escolar en el período de los dos
primeros gobiernos peronistas. La decisión de formarse como maestra se en-
troncaba con una ya larga tradición de trabajo femenino en la docencia, ya
que, desde los inicios del sistema educativo nacional a fines del siglo xix, el
nivel primario argentino fue un espacio de trabajo para mujeres, en particular
en el aula y, en menor proporción, en la dirección de las escuelas. Una de las
iniciativas constitutivas de esta política fue la creación de las escuelas normales
para la formación docente y el estímulo a las niñas y sus familias para estudiar
el magisterio (Morgade, 1997). Al igual que en otros países latinoamericanos,
en Argentina se entendía que la enseñanza era un trabajo “apropiado” para el
género femenino, ya que las mujeres educaban en el hogar y sería “natural”
para ellas seguir haciéndolo en la escuela. Por otra parte, su carácter depen-
diente desde el punto de vista económico y las escasas opciones alternativas
para emplearse hacían de las mujeres una inversión estatal de rédito seguro
(Morgade, 2007: 402). Esta apelación tuvo una gran aceptación en la sociedad
civil –aunque mayormente en sectores medios, con lo que el caso de Carmen
resulta en este punto excepcional– dadas las posibilidades de promoción social
que para las mujeres educadas se derivaban de la Escuela Normal (ibídem: 403).
No resulta sorprendente entonces la marcada feminización del trabajo
docente en el siglo xx, en particular en el nivel primario. Al comenzar el siglo
xx, las mujeres rondaban el 70% del total de docentes en las escuelas prima-
rias, y en la década de 1960 este porcentaje de participación llegó al 90%. Sin
embargo, no sucedió lo mismo en los otros niveles de la educación formal,
pese a que se verificó un importante crecimiento del número de mujeres en la
docencia secundaria.
Cuando la hija mayor de Balbina cumplía sus primeros cinco años como
maestra, en 1961, del total de los 144.096 docentes del nivel primario en la
Argentina, las mujeres representaban el 89,7% del total, con 129.280 maestras
(Lobato, 2007: 63-64).
Como señala Silvia en su texto, es el crecimiento demográfico del Gran
Buenos Aires lo que determinó la llegada a San Miguel primero de Carmen y
luego del resto de su familia. En 1960, como vimos, General Sarmiento había
superado los 167.000 habitantes y se había convertido en un polo económico
muy dinámico para una población mayoritaria de obreros y empleados. El censo
nacional de 1960 indica que, entre la población económicamente activa del

307
Daniel Lvovich

distrito, casi 8.000 personas se desempeñaban como empleados de oficinas y


afines, más de 4.000 lo hacían como vendedores y empleados de comercio, 3.151
eran choferes y conductores, 5.000 eran trabajadores de servicios personales y
más de 30.000 eran obreros y operarios. La mayor parte de ellos trabajaba en
otros distritos, ya que, pese al crecimiento del sector industrial en el partido,
los establecimientos manufactureros radicados en General Sarmiento solo ocu-
paban a una parte relativamente pequeña de la población. El censo industrial
de 1954 revela que en ese año existían en el distrito 403 establecimientos que
ocupaban a 2.797 obreros y a 284 empleados, y nueve años después –según
indica el censo nacional económico de 1963– los establecimientos eran 664,
con 5.727 obreros y 3.768 empleados.
Acompañó esta expansión demográfica un sostenido crecimiento de los
establecimientos educativos primarios de General Sarmiento, en particular en
la segunda mitad de la década peronista. En efecto, mientras que en el siglo
xix se habían creado las seis primeras escuelas primarias públicas del distrito,
en la primera década del siglo xx se crearon otras tres, y entre 1910 y 1919
solo una más. En las siguientes dos décadas apenas se inauguraron dos escuelas,
y entre 1940 y 1949 se agregó una más. En contraste, entre 1950 y 1955 se
crearon en General Sarmiento 14 nuevas escuelas primarias de gestión estatal, lo
que permitió que en ese lustro se duplicara la cantidad de esos establecimientos.
La expansión no se detuvo con el fin del peronismo, de modo que entre 1956
y 1959 se crearon 14 nuevas escuelas primarias, y entre 1960 y 1966, otras 24
(Munzón, 2007: 502-504). Este proceso expansivo, seguramente resultado del
interés en la educación pública de los gobiernos desarrollistas y radicales del
período, contrasta con los períodos posteriores, predominantemente dictato-
riales, ya que entre 1967 y 1981 las cifras vuelven a caer, al punto de que se
inauguraron solamente nueve establecimientos a lo largo de ese período, pese
a que entre 1960 y 1980 la población del distrito se triplicó.
Este proceso expansivo fue el que abrió las posibilidades laborales primero
a Carmen y luego a Balbina, quien logró acceder a un empleo formalizado
tras un cuarto de siglo en tareas mal remuneradas y con casi nula protección
legal como empleada doméstica. Fue a la vez la densa trama asociativa de la
localidad la que permitió el encuentro entre Carmen, una joven maestra, y
Jorge, un estudiante avanzado de kinesiología, en un centro de rehabilitación
de General Sarmiento, donde ambos colaboraban, tanto como la actividad de
Balbina en el Club de Madres y en la Asociación Cooperadora de la escuela
a la que asistían sus hijas, o la misma existencia de la biblioteca popular en la
que varias generaciones se formaron.

308
Las trayectorias de vida en sus marcos históricos

En la historia de Silvia, la escuela secundaria privada aparece como una


opción posibilitada por las redes de sociabilidad de su madre, y la elección de
la docencia parece ser –por las coordenadas antes explicadas– un camino casi
natural. Sus primeros años como maestra en la misma escuela católica en que
había estudiado dan cuenta del peso de la educación privada en el conjunto del
sistema, que en el caso de General Sarmiento concentraba aproximadamente
la cuarta parte de la matrícula primaria y más del 40% de la secundaria a fines
de la década de 1970.2 Estas cifras resultan para la zona algo mayores que los
promedios nacionales, aunque se inscriben claramente en una tendencia de
largo plazo de avance de la educación privada en detrimento de la pública,
en particular en el nivel primario. Así, en 1940 asistían a escuelas privadas
el 7,2% de los estudiantes del nivel primario y el 30,9% del secundario; en el
año 1960 esos porcentajes fueron respectivamente del 10,6% y del 26,4%, y al
llegar a 1980 ascendieron, para la escuela primaria, al 17,3%, y al 30,7% para
las escuelas secundarias (Rivas, 2010: 23).
En los años en que Silvia estudió y comenzó su actividad como docente,
el sistema educativo continuaba con su proceso expansivo pese a que las de-
más variables sociales habían comenzado, desde el período dictatorial iniciado
en 1976, un largo proceso de declive. Así, la tasa de escolarización primaria en
el nivel nacional pasó de casi el 88% en la década de 1970 a superar el 90%
en el decenio siguiente, mientras que para el nivel secundario esos mismos
porcentajes alcanzaron el 32,8% y el 42,2% del grupo etario correspondiente
(ibídem: 13). De modo simultáneo y contrastante, el coeficiente de Gini nacio-
nal pasó de 0,363 en 1975 a 0,4 en 1980 y a 0,469 en 1990-19913 (ibídem: 20).
Sin embargo, la expansión del sistema no implicó una adecuada finan-
ciación. Silvia se refiere en su texto a las malas condiciones edilicias de las
escuelas en las que trabajó en las décadas de 1970 y 1980, que solo pudieron
ser mitigadas gracias al esfuerzo asociativo de padres y maestros. Los procesos
de transferencia y descentralización educativa iniciados durante la última dic-
tadura militar no hicieron más que agravar la problemática de la financiación
y de la infraestructura escolar.

2
El partido de General Sarmiento contaba en 1978 con 84 escuelas primarias oficiales, a las que
asistían 49.940 alumnos, y con 43 escuelas privadas, con 15.851 alumnos. Para esa misma fecha
existían en el nivel secundario 13 colegios oficiales con 9.016 alumnos, y 22 colegios privados
con 6.834 alumnos (Munzón, 2007: 531-536).
3
El coeficiente de Gini mide la desigualdad en los ingresos. Se trata de un número entre 0 y 1,
donde 0 se corresponde con la perfecta igualdad (todos tienen los mismos ingresos) y 1 se corres-
ponde con la perfecta desigualdad (una persona tiene todos los ingresos y los demás ninguno).

309
Daniel Lvovich

Silvia recuerda en su relato algunos de los grandes eventos y procesos de


la vida política nacional que marcaron la vida de su generación, los cuales no
dejar de hacer sentir sus efectos en la escuela. Para una muchacha formada
en la educación católica, la emergencia del Movimiento de Sacerdotes para el
Tercer Mundo –que, como demostró José Pablo Martín (2010: 285), logró
una amplia influencia en la Iglesia católica al agrupar nada menos que al 30%
de los sacerdotes que hicieron sus estudios en la época del Concilio Vaticano
II y al 9% del total del clero de la época– seguramente representó, a través de
la mediación de las monjas de su colegio, un impacto poderoso. El Cordobazo
o Trelew, verdaderos lugares de memoria4 de una generación, conviven en su
relato con las visitas del general Lanusse a la catedral de San Miguel, lo que
da cuenta de la siempre influyente presencia militar en un distrito en el que
Campo de Mayo proyecta con intensidad su influjo.
La dictadura militar inaugurada en 1976 aparece en la memoria de Silvia
como una marca significativa. Su despliegue aparece, por un lado, bajo la
trágica figura de la desaparición de Susana Pertierra y de otros docentes y en
la restricción de los derechos de los trabajadores. Por otro lado, la última dic-
tadura se manifiesta en el obtuso accionar de los inspectores, quienes ejercían
un despotismo que, lejos de resultar banal, ha sido pensado como un producto
a la vez que una condición necesaria para el despliegue del terror dictatorial en
el marco de una sociedad que, a la vez que oprimida, también se patrulló a sí
misma (O’Donnell, 1997: 137). Si la adhesión voluntaria aparece en el relato
sobre la maestra que promovió que se cantara la canción referida al Operativo
Independencia, también aparecieron durante la última dictadura las posibilida-
des de resistencia y desafección, como la que pudo desplegar su hermana Beatriz
en 1980 en las instalaciones mismas de Campo de Mayo, o en la negativa de
Silvia y de otros maestros a denunciar a los alumnos que profesaban la religión
de los testigos de Jehová, que resultó, por cierto, otro grupo perseguido en los
años dictatoriales (Marinozzi, 2011).
Tras la guerra de Malvinas –de profundo impacto en una población con
tantos vínculos con el mundo militar–, Silvia relata la transición a la democra-
cia, que coincide con su paso desde la docencia en las aulas hasta una dilatada
carrera en la gestión del sistema escolar, en distintas posiciones. Este paso se
inscribe también en el progresivo y dificultoso acceso a los espacios de dirección

4
Siguiendo a Pierre Nora (2008: 32), “lieu de memoire es una noción abstracta, meramente
simbólica, destinada a desentrañar la dimensión rememoradora de los objetos, que pueden ser
materiales, pero sobre todo inmateriales, como fórmulas, divisas, palabras claves…”.

310
Las trayectorias de vida en sus marcos históricos

del sistema educativo por parte de las mujeres, como parte de un proceso de
mayor alcance de conquista de una creciente autonomía femenina.
El relato de la historia personal de Silvia se imbrica con las historias de sus
escuelas y estas con las de las transformaciones de la gestión política y de la
legislación escolar, al punto de que se vuelven inescindibles. Su voz asume en
este punto la función de relatar una historia en primera persona del sistema
escolar y de sus actores, a partir del repaso de su propia experiencia. Se trata de
una historia con matices pero que muestra, en el mediano plazo, una realidad
educativa cada vez más problemática y que adquirió en la década de 1990
características catastróficas.
La narración de Silvia es, sin duda, la de una historia de ascenso social
intergeneracional, que se puede comprender en la intersección entre el em-
peño individual y unas condiciones sociales y políticas que permitieron que
ese ascenso fructificara. Parece ser, por lo tanto, y lamentablemente, el relato
de una Argentina ya pasada. En las últimas décadas, el conurbano atravesó
transformaciones fundamentales. Mientras que el desarrollo de grandes centros
comerciales desarticuló las redes comerciales previamente existentes, el territorio
del Gran Buenos Aires materializa las tensiones de una sociedad crecientemente
polarizada en lo social, en la que la riqueza concentrada coexiste con la miseria.5
Las transformaciones económicas promovidas por la dictadura militar iniciada
en 1976, profundizadas en la década de 1990 y cuyas consecuencias no lograron
ser hasta el momento revertidas, generaron procesos de desindustrialización,
desempleo y precarización laboral –a los que hace referencia Silvia cuando
menciona su llegada a El Jagüel en 1978–, así como también de retracción de
la inversión social del Estado, que, junto con múltiples factores, determinaron
el creciente empobrecimiento de amplias franjas de la población en el marco
de una sociedad cada vez más fragmentada.
En este marco, en los partidos que sucedieron al de General Sarmiento,
una parte importante de la población no logra hoy eludir la pobreza extrema.
En 2010, los hogares con al menos un indicador de necesidades básicas insatis-
fechas representaban el 9,2% del total del conurbano, mientras San Miguel se
encontraba por debajo de ese promedio, con el 8,2%, y los otros dos partidos

5
La expansión de las urbanizaciones cerradas muestra un marcado proceso de “suburbanización
de las élites” que generó procesos de microsegregación, puesto que coexisten en el mismo territorio
barrios populares fuertemente empobrecidos con emprendimientos inmobiliarios destinados a
sectores de altos ingresos (Di Virgilio et. al, 2015: 94-95).

311
Daniel Lvovich

lo superaban: José C. Paz con el 12% y Malvinas Argentinas con el 12,1%


(Bruno, 2015: 185).
Las condiciones de la actualidad hacen que historias como la de Balbina y
sus hijas, en las que el estudio y el trabajo posibilitaron una trayectoria de cre-
ciente integración y ascenso social en el marco de una sociedad móvil, resulten
cada vez menos frecuentes.

Bibliografía
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conurbano bonaerense”. En Kessler, G. (dir.), El Gran Buenos Aires.
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312
Las trayectorias de vida en sus marcos históricos

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J. C. (director de tomo), Los años peronistas (1943-1955). Barcelona:
Sudamericana.

313
Los autores
Guadalupe Ballester es profesora universitaria en Historia y magíster en
Historia Contemporánea por la Universidad Nacional de General Sarmiento
(ungs). Actualmente está realizando sus estudios de doctorado en Historia
en la Universidad de Buenos Aires (uba). Se desempeña como docente en el
nivel secundario y como becaria doctoral del Conicet. Ha investigado sobre
cuestiones de historia reciente argentina en el conurbano bonaerense. Su
tesis de maestría se centró en los vínculos establecidos entre las dirigencias
de las asociaciones y el gobierno municipal de General Sarmiento entre 1973
y 1983. Ha publicado artículos de investigación y reseñas académicas en
revistas de Argentina y Chile.

Mariana Barattini es investigadora docente en la ungs. Es doctora en Cien-


cias Sociales (ides-ungs), magíster en Ciencia Política (idaes) y licenciada
en Política Social (ungs). Ha participado en proyectos de investigación sobre
temáticas ligadas a la desestructuración del mundo del trabajo que ponen énfasis
en la organización de trabajadores desocupados y en el cambio de la forma de
intervención del Estado sobre el empleo. Su línea de investigación se orientó
hacia la problemática de la precarización laboral, la formación para el trabajo
y la acción sindical. Ha publicado diversos artículos sobre estas temáticas en
libros y revistas.

Maximiliano Catoira es profesor universitario en Historia por la ungs y ma-


gíster en Historia Contemporánea por la misma casa de estudios. Se desempeña
como docente en el nivel secundario. Ha participado en jornadas y congresos
y ha publicado reseñas y artículos en revistas y libros académicos. Investiga
cuestiones vinculadas a la historia reciente en el conurbano bonaerense. Su tesis
se centra en los gobiernos municipales, en las políticas públicas y en el reclu-
tamiento de funcionarios durante la última dictadura en General Sarmiento.

Silvia Chirizola comenzó su trayectoria docente en 1970 en la Escuela Nº 36


(hoy 16) en el barrio La Estrella. Al año siguiente tomó posesión del cargo

315
Daniel Lvovich

en el Colegio Monseñor Terrero hasta su nombramiento como titular en es-


cuelas públicas de la provincia de Buenos Aires en marzo de 1978. En 1983
fue convocada para integrar el equipo técnico de la Jefatura de Educación
Primaria Región V. Luego de haber aprobado el Concurso de Antecedentes
y Oposición, en marzo de 1990 accedió al cargo de vicedirectora titular en la
Escuela Nº 34 (hoy 15) del barrio Manuelita. En 1995 asumió la dirección
de la Escuela Nº 80 (hoy 25) del Barrio San Ignacio. En 2012 accedió a su
jubilación.

Leandro Daich Varela es arquitecto por la uba y maestrando en Ciencias So-


ciales por la ungs (Instituto de Desarrollo Económico y Social). Actualmente
cuenta con una beca doctoral del Conicet, con sede en el Instituto del Conurba-
no de la ungs. Ha participado en jornadas y congresos y ha publicado artículos
en libros y revistas académicas nacionales e internacionales. Se desempeña como
docente en la carrera de Arquitectura de la uba y en la Universidad Nacional de
Moreno. Es coeditor de la revista Hache, Arquitectura y Ciudad, de la fadu-uba.

Juan Gandulfo es profesor universitario en Historia por la ungs y magíster en


Ciencias Sociales por la misma universidad (Instituto de Desarrollo Económico
y Social). Actualmente es becario del Centro de Investigaciones Sociales (cis-
ides/Conicet). Recibió becas doctorales del Consejo Nacional de Investigaciones
Científicas y Técnicas (Conicet) y de la Fundação de Amparo à Pesquisa do
Estado do Rio de Janeiro (faperj). Es editor de la revista Prácticas de oficio.
Investigación y reflexión en ciencias sociales. Ha formado parte de la organización
de eventos científicos vinculados con el estudio de la historia reciente. Ha pu-
blicado en revistas y libros especializados y ha presentado trabajos en eventos
científicos nacionales e internacionales.

Marina Luz García se desempeña como investigadora docente en el Área de


Sociología del Instituto de Ciencias de la ungs. Es licenciada en Política Social
por la ungs, magíster en Ciencias Políticas por la unsam-idaes y doctoranda
en el Programa de Doctorado de Sociología del idaes. Una parte de sus temas
de investigación se centra en el campo de los estudios del trabajo: infantil,
doméstico remunerado y formación para el trabajo.

Blanca Gauto es profesora universitaria en Historia. Actualmente cursa la


maestría en Ciencias Sociales del ides-ungs. Es profesora de Didáctica de las
Ciencias Sociales I y II y de Análisis del Mundo Contemporáneo en el Instituto

316
Los autores

de Formación Docente María Madre Nuestra. Ha participado como organizado­


ra de las I y II Jornadas de Trabajo sobre Historia Reciente del Conurbano,
desarrolladas en el Instituto de Desarrollo Humano de la ungs en 2013 y 2015,
y de las V Jornadas de Trabajo sobre Historia Reciente, desarrolladas en el
mismo instituto en 2010.

Daniel Lvovich es doctor en Historia por la Universidad Nacional de La Plata.


Se desempeña como investigador docente en la ungs y como investigador del
Conicet. Ha dictado cursos de posgrado en una decena de universidades
de Argentina, Brasil, España y Francia. Sus investigaciones se han dedicado a
diversos aspectos de la historia política y social del siglo xx.

Adriana Sánchez es profesora universitaria en Historia por la ungs y magíster


en Investigación Histórica por la Universidad de San Andrés. Se desempeña
como docente de la escuela media. Es investigadora especializada en Historia
Política y Social del Conurbano Bonaerense (período 1900-1960). Actualmente
participa del proyecto de investigación “Sociabilidades suburbanas, movilidad
cotidiana y consumos. Para una investigación cultural del conurbano bonaerense
(1940-2016)”, bajo la dirección de la doctora Daniela Soldano, en el Instituto
del Conurbano de la ungs.

Clara Sarsale es profesora de Historia por la uba y maestranda en Ciencias


Sociales por la ungs-ides. Ha trabajado en formación docente para distintos
programas del Ministerio de Educación de la Nación. Actualmente se desem-
peña como docente y forma parte de la coordinación técnica pedagógica de la
Diplomatura en Gestión Sociocultural para el Desarrollo Comunitario en el
Centro Universitario de Devoto, en el marco del Programa de Extensión en
Cárceles de la Facultad de Filosofía y Letras de la uba. También trabaja en el
área de desarrollo de proyectos del Museo Histórico Nacional del Cabildo de
Buenos Aires y de la Revolución de Mayo.

Alfredo Alejandro Sayus es profesor universitario en Historia, periodista, pro-


ductor y guionista de cine. Se desempeñó como docente en diferentes escuelas
secundarias y es director de la Escuela Secundaria Martín Fierro de San Miguel.
Es autor del libro de cuentos para chicos Tres cuentos sueltos (1998) y coautor
de los libros La sombra de Campo de Mayo (1999), Apuntes del Horror. Los años
setenta en Hurlingham y su influencia en la vida nacional (2001) y Los detenidos-
desaparecidos del puerto de Buenos Aires (en prensa). Trabaja como periodista

317
Daniel Lvovich

desde hace 38 años escribiendo para numerosos medios gráficos. También es


guionista y productor ejecutivo de películas, entre ellas Laura Vogel. 90 años de
historia viva (2013), Viaje al centro de la historia (2016) y Trincheras de viento. 35
años de la Guerra de Malvinas (2017).

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