Política Exterior de Panamá 1961
Política Exterior de Panamá 1961
TAREAS
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TAREAS
Dirección : Ricaurte Soler ; Leopoldo Fuentes del Cid ; Fabián
Echevers ; Carlos Ayala•, Carlos Bolívar Pedres-
chi ; César Pereira B.
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DAVID : Evelia Alvarado.
Exterior :
MARACAIBO : Carlos Wong.
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Porras ; Carlos Be Diego ; Reina Torres de Araúz;
Leonel Ferguson ; Nidia Cardoze ; Carmelo Garcia ; Jos°
L . Castillo ; Mario Galindo ; Bonifacio Pereira; Pedro
Salazar.
INDICE
Página
COMENTARIOS
LA PRENSA SURAMERICANA COMENTA LA LABOR DEL
PROFESOR CESAR. A . DE LEON --- 102
III
de derechos y jurisdicciones que esta situación peculiar
engendra" ,y la de que Panamá "nunca logrará una in-
terpretacióaa favorable a sus intereses". A esto pode-
mos agregar el deficiente tratamiento que la misma.
Memoria le da y la pésima orientación que le imprime
a tesis tan vertebrales para el país como la dela na-
cionalización del canal y la neutralización del mismo ,y
de la República como tal. Ile aquí, en todo caso, los
conceptos que a la actual dministración le merecen su-
gestiones tan patrióticas como la n.aeionali-Jación ,y la
vzeutralizacióu, del canal:
"A este respecto no debe olvida rse que esto de la
tiacioazalizcacióva del Canal de Panamá no tiene ninguna
similitud con la nacionalización, deVCanal de Suez efec-
tuada por el Gobierno Egipcio".
"En el caso del Canal de Panamá con la idea de la
nacionalización lo que se perseguiria es reüctegrar a la
llena ,jurisdicción de la. República el territorio de la Zo-
na del Canal dentro del cual esta ubicado el Canal, SIN
QUE ESTO IMPLICARA, NECESARIAMEN-
TE, QUE EL ESTADO PANAMEÑO SE CON-
VIRTIERA EN EL DUEÑO O ADMINISTRA-
DOR DEL CANAL".
"Si por neutralizar el Canal de Panamá o la Repú-
blica de Panamá, debe entenderse dejar a ambos sin
defensa eficaz contra ua agresor que no esté dispuesto
a respetar tratados de neutralidad, vos parece que la
medida podría resultar suicida . Si por -tal cosa debe
entenderse gane la defeatsa del Camal debe ser exclusivo,
competencia de Panczmzá, la defensa resultaría evidente-
mente ineficaz".
Ciertamente la forma como el actual Gobierno
viene administrando nuestra política exterior ha moti-
vado honda y especial preocupación en el pais . Las
declaraciones de los ex-Ministros aludirlos son las que
IV
Huís se conocen, y las que han encontrado mayor relieve,
ünicccine.te en radón de la investidura picblicd que han
ostentado ?f poi, razón de los medios de expresión a que
han . tenido acceso . Sin embargo, es comwn en la plaza
pública, en los círculos obreros, profesionales, estudian-
tiles y docentes, la idea de que el asomo de irndependen-
ria politica que se produjo durante la pasada adminis-
oración se encuentra en franco ?l peligiroso deterioro.
El tono de nuestro lenguaje diplomático ; las arre--
,netidas contra el principio de no intervención y de
libre determinación de los pueblos ; la participación en
alianzas nnilitares con dictaduras y ,gobíei•i .os antide-
mocráticos de centroaniérica ; la facilidad con que Pa-
namá se allana a hacer aquello que virtualínente coan-
place al Depa.rtaniento de Estado ; su posición frente a
problemas iiNundiales ?1 latinoamericanos ; las ii.necesa-
4as, inoportunas einmotivadas alabanzas del Presiden-
te de la República al Gobierno norteamericano y a sus
personeros en la . Zona del Canal, la alarmante prodiga-
lidad con que el Jefe del Ejecutivo adjudica condeco-
raciones a magnates y capitalistas norteamericanos, la
; ndiferencia frente a. una guerra nuclear ; la ninguna
simpatía que le merece una politica de neutralidad en
general y la ninguna consideración que al Ejecutivo le
ha merecido la idea de un pacto de neutralización entre
ias grandes potencias ,y Panamá sugerida por el Dr.
Ernesto Castillero Pimentel ,y respaldada por gruesos
sectores de opinión ; Id política de retaguardia del Eje-
cutivo ante los reiterados incumplimientos de los trata-
dos por parte del Gobierno norteamericano ; y el ma-
nifiesto desaprovechamiento de las distintas coyunturas
diplomáticas que se han presentado para afirmar nues-
tra personalidad internacional ,y derivar los beneficios
económicos y politicos correspondientes, son apenas al-
gunos signos que distinguen y sellan la actual política
exterior de Panamá . Como no es de extrañar, esta
políti.ea se ha trdi.cido en, clesprestigío y disniinu.ción
V
er sibles de nuestra personalidad internacional y en
evidentes perjuicios para los intereses vitales de nues-
tra nacionalidad.
Contrasta dolorosa lt lacerctn.teaneute con, la politica
panameña, señalada en los párrafos que preceden, bi
política del Presidente Kennedy que, entre otras cosas,
se niego a cerrar aetividades económicas como la Le-
chería -Mindi, no obstante la violación que tal práctica.
implica a los tratados existentes y el perjuicio que ,ni-
pone para la economía nacional ; que en protección de
¡os intereses de las poderosas com .pañcías ac~r•eas norte-
americanas, se niega a reconocerle a Panarma el derecho
a manejar dos rutas aéreas a los Estados Unidos no
obstante el texto del Convenio de Aviación . vi.( jente en
tre ambos países ; que se resiste a cerrar los estableci-
mienlo.s comerciales e industriales que compiten con los
panameños; que se niega a. que la bandera j~arrameñaa
sea i,-acta en todos los lugares de la Zona del Canal,
rara citar sólo algunos de los aspectos de tal politIca.
Los ]techos que dejamos enunciados, y que la obli-
gante brevedad de una nota editorial no permite ahon-
dar más, constitu,tlen motivo de seria meditación para
lis sectores responsables de opinión y que conviene sea
enmendada lo cantes posible para evítar así tan mayo)
deterioro de nuestra personalidad eomo Estado indc-
pendiente y soberano.
VI
Reflexiones Canaleras o ia Venta del Istmo }
Por Belisario Porras
3
El Istmo de Panamá, sujeto hoy a la ruta de las am-
biciones norteamericanas, ajeno a su propia dirección, im-
pulsado por hombres pequeños y temerosos, que no saben
ni defender sus derechos más elementales, no recuerdan
hoy que cuando nos emancipamos, lo hicimos sin sacrificios
de nadie, sin el esfuerzo de los héroes legendarios de Ca-
rabobo y Boyacá, enfrentándonos al imperio colonial más
grande que conocieron todos los siglos de Grecia y de
Roma.
4
Para los que sostenemos la soberania, la nonra, la ui-
tegridad de la patria y la seguridad económica del Istmo
la verdad resplandece y nos guía a todos como un foco de
luz, en tanto que los que se olvidan de estos principios que
son de conservación, se dejan arrastrar por móviles menos
elevados, menos resplandecientes, menos fijos, más par-
ticulares, y por ésto se van por diversas vías, empleando
recursos desiguales, como si dijéramos vehículos distintos.
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supuesto destino irremediable, que nos hunda el mar y nos
sepulte entre las corales y las ostras . . .!!
Las publicaciones que hasta el presente se han hecho,
no estudian este punto, lo rozan apenas como el batir del
ave con sus alas . Cuando advierten que la Constitución
de la República a nadie ha conferido, ni al gobierno, ni al
Poder Legislativo, ni a ninguna autoridad, la facultad de
enajenar ni siquiera una pequeña parte de nuestros terri-
torios, ni siquiera con el propósito de administrar el Canal
Interoceánico.
La soberanía Colombiana debe ser mantenida a toda
costa, y que la bandera tricolor de Colombia, ondee sin
temores y sin retiscencias desde Bocas del Toro, hasta Cun-
dinamarca . . .! Que ninguna bandera extranjera sea plan-
tada en nuestro territorio, ni siquiera con el pretexto de
abrir un camino en nuestra tierra para abrazar los mares . . .!!
Por qué creer que éste es el principio fundamental
de que ninguna autoridad, por elevada que sea, puede ejer-
cer facultades para enajenar nuestro territorio y conceder
los derechos soberanos? La integridad de la patria debe
ser mantenida a toda costa, y si ha de intentarse construir
el Canal Interoceánico, que se asegure y se explique que
sólo nuestro ejército, nuestra policía, nuestros jueces, po-
drán administrar justicia . . .!
Todos los tratadistas de derecho, desde Blunstschi hasta
Fiore, sin excepción de uno solo, sostienen que la sobera-
nía es indivisible, que la soberanía es inajenable, que la
soberanía es única, y que es una condición inmanente a la
nación ; el territorio de la patria no puede ser dividido, ni
siquiera alquilado, ni siquiera con el pretexto de abrir el
canal interoceánico.
No comprendemos qué ley de la República, qué poder
del Estado, puede tener facultades para desmembrar nues-
tro territorio y entregar parte de él a la administración
de los norteamericanos!
6
Las cosas hay que hablarlas con entera franqueza y
claridad . El Istmo de Panamá —es decir Colombia— sim-
plemente está ofreciendo la posibilidad de abrir el Canal
Interoceánico, contando con el más valioso capital, que
es la tierra y la posición . geográfica, sin cuyo concurso los
norteamericanos no podrán abrir dicho canal, y sino que lo
intenten desde Florida a California . . .!
7
tan sólo por ellos — aunque bien pienso que así serían
igualmente los europeos indiscutiblemente.
Nos dicen los norteamericanos que serán nuestra garan-
tía si les entregamos una faja de nuestro territorio, pero
que serán nuestra amenaza si nos resistimos contra ellos . ..
ya desde el canal francés han venido amenazándonos y en
tal sentido se ha pronunciado profusamente la prensa
- orteamericana.
Se ve, pues, que se nos coloca como los navegantes,
erseguidos en Neptuno en la Odisea de Homero, entre
:aribdis y Escila ; expuestos a sucumbirnos entre los astros,
omo fauces de uno de los dos monstruos mitológicos ; por
anto se desprende que estas cosas deben tratarse con cui-
tado, sólo estudiando las preferencias y ventajas ; un go-
derno inteligente, podrá sacar mejor provecho de la insis-
encia norteamericana no dejando caer en el olvido por
ompleto, que entre las naciones europeas pueden encon-
rarse mejores garantías de respeto y de dignidad, que la
lue nos ofrecen hoy los norteamericanos con el tratado
lerrán Hay.
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su propia voluntad para deshacer los lazos políticos . . . LOS
CULTURALES NO, nunca jamás!
Los norteamericanos nos dicen que nos tienen mucha
cariño ; no pocas veces hemos leído en la prensa norte-
americana, críticas violentas contra la política imperialista
de los europeos contra los latinoamericanos ; no pocas veces
hemos leído en la prensa norteamericana críticas contra la
política de los europeos, que vienen desarrollando en el
continente negro —de quienes parece que quieren convertir-
se en defensores— qué ironía, para los que defiendan la
teoría de McKinley de la expansión territorial y del racis-
ino, y de imponer por la fuerza, una política del panameri-
canismo, que se administra desde las fronteras norteame-
ricanas, si no, díganlo con elocuencia . . . México, Cuba, Haití,
Filipinas, Puerto Rico . . . o nosotros mismos!
El ponderado cariño de que nos hablan los norteameri~
canos, coincide con su propio interés, proclamando la doc-
trina Monroe; porque para su propia integridad, son un pe-
ligro las agresiones y amenazas de la Santa Alianza, y si
se opusieron a Maximiliano en México, fue por temor a su
propia integridad, y si se opusieron a la dominación de
Cuba y de Puerto Rico, por consejo desde los tiempos de
Jefferson — fue por ejercer una hegemonía, que hoy su-
frimos, y que ha sido de ingentes provechos para el país de
los norteamericanos.
9
propio país donde levantó ríos de oro con sus propias manos,
no conoce ni siquiera el amparo para él, y lleno de zozobras
y de angustias, como un náufrago vuelve sus ojos espanta-
dos de llanto, ante el misericordioso Zar de todas las Ru-
sias —padrecito de millones de esclavos— en busca de pro-
tección.
No hablaremos con detalle de la dominación norteame-
ricana en Puerto Rico, porque ella forma parte de una larga
página de interminables horrores, denunciados al mundo
por Luis Muñoz Rivera, y basta citar a Filipinas, persegui-
da, hostigada, cazada de cerca como una fiera, que se ex-
tingue en medio de torturas y humillaciones, bajo el fuste
de sus nuevos amos . . .!
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provincias que hablan una misma lengua en una misma
cultura ; no podemos pensar mezquinamente en que debe-
mos separarnos de Colombia . Tal vez sea ésto lo que quie-
ren los norteamericanos para dominarnos, sabiendo que
junto a un país grande y fuerte podemos exigir mucho más
de ellos, que como un pequeño país débil y aislado.
El Tratado Herrán Hay, irrespetando y violando las
leyes de la República Colombiana, pretende fraccionar nues-
tra soberanía y ponerla bajo la protección norteamericana,
y ésto constituye una cesión falaz, por medio de un falso
arrendamiento, hecho para acopiar mucho — oro, pero sólo
para los norteamericanos.
No olvidemos que la Historia está frente a nosotros, y
que somos responsables ante nuestras generaciones venide-
ras de lo que decidamos hoy ; recuérdese que la demasiada
confianza en los norteamericanos, sólo nos traerá remordi-
mientos tardíos . Pensemos que, antes que todas nuestras
ilusiones, está un deber para la patria y para con nuestros
hijos : el de conservar íntegro el patrimonio nacional, que
nos legaron nuestros padres .
11
El Movimiento de 1830
Alfredo Castillero Calvo
12
político que suscitó en el Istmo la disyuntiva planteaaa
por la amenaza de disolución de la Gran Colombia, un ran-
go principal. Y, en cambio, ha situado en un orden secun-
dario —cuando no lo ha planteado siquiera—, las posibles
contradicciones y antagonismos que entonces pudieron sus-
citar peligrosos conflictos entre las clases populares (los
pequeños propietarios los empleados públicos, los artesa-
nos, los asalariados y los esclavos) que demandaban la sa-
tisfacción de sus derechos, y las minorías ricas (la naciente
burguesía comercial), dispuestas a no renunciar lo conquis-
tado, pero sobre todo, dispuestas a explotar su superioridad
con una falta absoluta de escrúpulos.
13
Ciertamente, que la revisión de la historia de Panamá
durante el siglo XIX, todavía en muchos aspectos tan des-
conocida, puede conducir a resultados que a muchos podrían
parecer extraños . A medida que se descubren nuevas ma-
neras de escribir la historia se comprueba con sorpresa, y
aún asombro, que les resultados que arroja la investigación
en los archivos, el análisis detenido de los documentos y
el testimonio de infinitos autores, pueden revelar ciertos
errores que la general aceptación ha consagrado como ver-
dades incuestionables . Voltaire ha dicho : "lo que hay en
la historia de más profundo pudiera ser lo que hay en
ella de más seguro" . Sumar al cómo descriptivo de nuestra
historiografía oficial, el por qué —¿por qué 1830?— que
arrojaría el análisis de los cimientos mismos de la estruc-
tura socio-económica de entonces, equivale nada menos
que a trocar una perspectiva fragmentaria y manca de la
realidad por otra, tanto más envolvente y reveladora de
los hechos cuanto más vigorosa y dinámica por la visión
integral ,y ancha que promete . Para tener una noción
clara del sentido del movimiento de 1830 es por cierto in-
dispensable intentar una aproximación a las coordenadas
histórico-sociales del Istmo en el transcurso de 1821 á 1830.
Detenerse, siquiera sea de paso, en los perfiles generales de
ese elemento humano que en un mohín despectivo las
"personas principales" de la época llamaban "masas del
arrabal" —concretamente, su situación socio-económica en
aquel lapso— ; en el proceso psicológico que debió operarse
en aquellos hombres al ver que la revolución no había
traído los cambios esperados, etc ., etc . Sólo así podría
establecerse un balance exacto de la posición del movi-
miento del 30 en el complejo engranaje de la maquinaria
histórica que ha mantenido a nuestro país en una lucha trá-
gica cuyo objetivo final aún está por realizarse.
14
y social . Roto el marco jurídico y social sobre el que se
asentaba el mundo hispano-panameño, los elementos que
contribuyeron a configurar la nueva sociedad, no tardaron
en entrar en conflicto. La casta dominante se trocó en una
camarilla plutocrática y no tardó en iniciar la explotación
consciente de sus ventajas materiales . Sin vacilación al-
guna, la nueva clase puso sus plenos poderes políticos al
servicio de sus intereses económicos y transformó el uso
en derecho, reglamentado el derecho público según la me-
dida de sus imperativos de dominación . No tardaría en-
tonces la plebe en confirmar lo que hasta entonces sólo
había presentido instintiva y confusamente : el hecho de
que en el festín del triunfo revolucionario se le había deja-
do puertas afuera . La lucha larga y dolorosa que carac-
terizaría la vida del Istmo en los años sucesivos resultaba
inminente.
15
En toda la extensión del país, la alta burguesía impuso
desde el origen su predominio político. Y no podía suce-
der de otro modo, pues era fatal que quien impulsaba el
comercio, base entonces de la vida del Istmo, tomase su
dirección . Desde los inicios, una oligarquía reclutada en-
tre los comerciantes más notables había asumido en casi
todas partes el gobierno departamental . En toda la fuer-
za del término, dicho gobierno fue un gobierno de clase.
Responsable ante el Gobierno de Santa Fé, había estado
desempeñando con energía, clara visióny lealtad los in-
tereses públicos que se le habían encomendado, ya que es-
tos se confundían con los intereses que garantizaban . La
obra que realizó demuestra altamente el grado de concien-
cia que tenía de sí misma, su firme solidaridad, su compac-
ta unidad, y la clara noción de su destino colectivo . .Desde
las primeras gestiones gubernativas se anuncian ya los
rasgos que han de distinguir tal gobierno hasta el final.
Ya conocemos las actividades que hasta 1826 desplegó en
el sentido de solicitar a las Cámaras bogotanas una re-
gimentación económica que se adecuase más a sus necesi-
dades y la apertura del camino interoceánico (3) . Estas
actividades se acentuaron hacia 1830 . En pocas palabras,
en el lapso que va de 1821 hasta la fecha, intentó por todos
los medios de salvar al país de la ruina que lo amenazaba
o, lo que es lo mismo decir, la ruina que amenazaba sus
propios intereses.
16
de realizar sus aspiraciones de bienestar y libertad . Bie-
nestar y libertad que deben alcanzarse en un mundo de
"orden" y "seguridad" . Responsable de dar cumplimiento
a este "orden" y a esta "seguridad", nuestro criollo sabrá
aplicar, para tal fin, la consabida técnica de todas las cla-
ses dominantes : encubrir fines utilitários con invocaciones
a los valores espirituales, buscar la santificación del pri-
vilegio.
17
vocación a las "luces " , son los naturalmente lla-
mados a ser los representantes del pueblo. Por
lo demás, sólo los propietarios deben ejercer los
derechos políticos como quiera que, desde el pun-
to de vista de la nación, son ellos sus mejores de-
fensores —en lo interior y en lo externo— en ra-
zón de los intereses concretos que han de defen-
der . La defensa de sus intereses implica la de-
fensa de los intereses de la nación, pues estos úl-
timos consisten en la suma de los intereses indi-
viduales de los miembros que la integran" (4).
Para Constant, existía una relación directa entre la ri-
queza y el ,poder , entre la estructura política y la estruc-
tura de la propiedad:
18
"el pueblo turbulento ,y voluble —escribía Ha-
milton—, pocas veces puede juzgar o resolver con
acierto . . ." "No es verdad que la voz del pueblo
sea la voz de Dios . . ." "Las sociedades se dividen
en dos grupos : el de los pocos y el de los muchos.
Los primeros son los ricos o bien nacidos ; los
otros forman la masa del pueblo . Dad, pues a
la primera clase, a la de los pocos una participa-
ción distinta y permanente en el gobierno . Do-
minarán la inestabilidad de la otra clase, y como
nada ganarán con un cambio, mantendrán siem-
pre un buen gobierno" (7).
19
consagrarán a lo larga del siglo pasado la renta y la pro-
piedad como base del poder político.
La Constitución colombiana del 21, así como la - del 30,
y las constituciones panameñas del 31 y el 40, para re-
ferirnos sólo a las primeras, traducen línea a línea las exi-
gencias de un sistema de gobierno estructurado para res-
guardar los intereses de la clase alta . Los debates de los
constituyentes del 21 —como los del 30, el 31 y el 40—, sólo
tuvieron presente una organización política que permitiera
asegurar el orden y el predominio de las clases afortuna-
das . Los uadres de la Revolución distinguieron claramente
entre la democracia pura y la república representativa.
Respirando la atmósfera semicolonial de la primera mitad
del siglo YIá rechazarán en forma unánime la democra-
cia pura . Ellos debían asegurar, antes que nada, que su
clase gobernase . La república representativa, con exclu-
sión de los que nada poseen, era la única fórmula posible
dentro del clima mental de la época.
La Constitución del año 21 consagró el sufragio censi-
tario limitando el ejercir_io de la soberanía a los dueños de
" una propiedad raíz que alcance el valor libre de 500 pe-
sos, o gozar de un empleo de trescientos pesos anuales,
o profesar alguna ciencia o tener un grado científico" .
Además para ser representante ante la Cámara, se
necesitaba a lo menos ser usufructuario de una renta ¿te
500 pesos y de " una propiedad que alcance el valor libre
de 4 .000 pesos en bienes raíces", para ser elegido senador.
En esta forma, la suma de individuos capaces de ejercitar
los derechos políticos quedaba reducida a los que contro-
laban todos los' aspectos de la vida pública.
A semejanza de la Constitución de Cúcuta ; la del 30,
que produjo el Congreso "Admirable", y las constitucio-
nes panameñas del 31 (9) y del 40, exigían para gozar de
los derechos ciudadanos una pequeña renta o propiedad
raízy no ejercer ocupación de sirviente o jornalero . De
esta manera, como el mayor número de habitantes colom-
20
bianos pertenecía a esta última categoría, de hecho y de-
recho —diría el historiador colombiano Joaquín Tama-
yo (10)--, se les asimiló a la condición de esclavos.
El Congreso "Admirable" establecía que los senadores
deberían ser propietarios de finca por valor de 8 .000 pesos,
libre de hipoteca, o tener renta de 1 .500 pesos al año para
ejercicio profesional o negocio establecido . En cuanto a
los representantes, en menor escala las condiciones prescri-
tas también partían de su capacidad económica . En Pana-
má, la Constitución del 40 exigía a los diputados bienes y
raíces por el valor libre de 1 .000 pesos o tener una renta
anual de 200 pesos "procedentes de bienes raíces, o en
defecto de esto, una de trescientos pesos que sea el pro-
ducto de algún empleo o del ejercicio de algún género de
industria o profesión" (11) . A los no nacidos en el Istmo
se les exigía, para la diputación, "ser dueño de bienes raí-
ces que alcancen al valor de dos mil pesos, o tener una
21
renta de cuatrocientos pesos que sea el producto de algún
empleo, o del ejercicio de cualquier industria o profe-
sión" (12).
En el estado de extrema pobreza en que se hallaban
tanto Colombia como Panamá, en una época en la cual,
según el Cónsul francés Le Moyne, "no había entonces cin-
co personas en Bogotá que vivieran exclusivamente de sus
rentas, ni en la nación diez comerciantes con $100 .000 de
capital" (13), no era entonces de extrañar, que los derechos
políticos implicaran un privilegio con todas sus conse-
cuencias . Si los ditirambos lanzados a la Patria y a la
Libertad habían servido de algo en la lucha contra la opo-
sición hispana, en la República, no serían sino promesas
engañosas detrás de las cuales se intentó disimular siem-
pre la explotación masiva de las fuerzas de trabajo del
pueblo a manos de las burguesías comerciales . La revolu-
ción siguió siendo todavía para muchos una hermosa pro-
mesa.
Con toda razón, un poeta festivo podía decir del 9 de
diciembre de 1824, fecha del triunfo de Ayacucho, que selló
definitivamente la lucha de liberación de los pueblos ame-
ricanos contra España:
"Ultimo día del despotismo
Y primero de lo mismo" .
Han quedado rezagados demasiados vestigios supérsti-
tes del malhadado sistema colonial . Y el pueblo lo ha
comprendido así.
(12) Ibid.
(13) Citado por TAMAYO, Joaquín : op ., cit ., pág . 380.
22
de mujer esclava de esta fecha en adelante fueran libres.
Para los nacidos antes de 1821, la ley creaba las Juntas de
Manumisión, encargadas de rescatar esclavos con los di-
neros que la ley destinaba al fondo que debía formarse con
tal objeto (14) . Pero la inspirada proclamación de libertad
de vientres no ahorró sufrimiento a los esclavos . Ni las
manumisiones pusieron fin a su existencia (15).
Mientras se mantuvo activa la Zona de Tránsito por
el auge comercial de principios de siglo, los esclavos pro-
curaron la mano de obra indispensable para el trasbordo
de las mercancías de los fondeaderosy puertos a tierra fir-
mey el acarreo de éstas a través del Istmo . Algunos eran
empleados en las escasas explotaciones agrícolas que había;
y otros se utilizaban en el servicio doméstico, en la misma
23
casa de sus amos . La mano de obra esclava constituía,.
por lo tanto al menos en la Zona de Tránsito, un renglón
importante de nuestra riqueza, ni más ni menos que la base
de las comodidades en el orden privado (16).
La situación del esclavo comenzó a variar, san embar-
go, a causa de la brusca flexión que se produjo en la vida
económica del Istmo como consecuencia de la paralización
comercial . En efecto, con el decaimiento de la actividad
comercial, y la consiguiente estagnación de la vida eco-
nómica que sobrevino apenas se consumó la Revolución,
el rendimiento de la mano servil dejó de considerarse pro-
ductiva A partir de entonces, resultó más ventajoso ven-
der a los esclavos cartas de franquicias que eximían a éstos
del trabajo forzoso . Debió suceder en Panamá como en
otras partes de ' Hispanoamérica, que al esclavo no le estaba
prohibido constituir, merced a trabajos suplementarios
—que debieron no ser muy escasos en tiempos del auge
mercantil—, un pequeño peculio personal, del que podía
disponer para redimirse, si su dueño consentía en ello.
Asi, es probable que no pocos esclavos estuviesen en con-
dición de pagar de 100 á 350 pesos, que era lo que aproxi-
madamente se exigía por el pago de su liberación (17).
Libertar a un hombre o una mujer en cambio de esta suma
debía resultar sin duda más provechoso que seguir mante-
niendo a una servidumbre que ya empezaba a considerarse
inútil.
De la consulta de d?versos Instrumentos que se con-
servan en la Notaría 1" de Circuito de los Archivos de la
(16) Con relación a los usos domésticos que se les daba a los
esclavos puede consultarse : LADY MALLET : Sketches of
Spanish-Colonial Life in Panama . New York Sturgis and
Walton Company, 1915 . Esta obrita ha sido traducida al es-
pañol por Agustín Ferrari y reproducida en Panamá en dos
ocasiones : la primera, en el "9Boletín de la Academia de la
Historia", Año II, Núm . 6, enero-abril de 1934, Imprenta Na-
cional, Panamá ; la segunda, en "Lotería", Segunda época,
marzo 1961, Núm . 64, págs . 48 ss.
(17) Sobre el particular pueden consultarse diversos Instrumentos
en la Notaría la . de Circuito de Panamá en los Archivos
Nacionales .
24
Nación ; se desprende que algunos amos accedían a decla-
rar "libre de captura e-servidumbre" a algunos de sus es-
clavos (18) . Pero aunque ésos gestos revelan mucho de
noble ideal, es fácil reconocer que en ellos intervenían tam-
bién sutiles motivaciones económicas . No es muy seguro,
aunque sí bastante verosímil, que la carga que debía repre-
sentar un número excesivo de esclavos indujese a muchos
amos que veían acrecentarse el peligro de la ruina por la
postración económica a suprimir o atenuar por diversos
medios la servidumbrey reservarse sólo aquella que resul-
taba absolutamente indispensable . Formas y pretextos pa-
ra liberar esclavos no faltarán . Empero, la clase servil no
fué eliminada ,y en Panamá siguieron existiendo esclavos,
durante muchos años . Siguió siendo corriente que al es-
clavo se le considerase como objeto patrimonial del que
podía disponerse como mero objeto de cambio ; y que el ne-
gro continuase arrastrando su mísera existencia de siervo,
de simple cosa poseída . En 1825 —dice un documento de
entonces— María Carolina Velarde, "vecina de Panamá",
vende a Manuel Lorenzo Vidaurre por la suma de 362 pe-
sos 4 reales, una negra natural de Angola, de nombre Can-
delaria Marín (19) . Esta práctica pervivirá uor muchos
años .
25
titud quedó allanada" (20) . He aquí una crónica de la
época que describe la manera cómo procedió a sortearse
la liberación entre los 123 esclavos entonces residentes en
Santiago :
"El sorteo se verificó delante del retrato de S .E .:
para esto se colocaron 123 cédulas con los nom-
bres de los esclavos en papelitos enrroyados en
un cilindro de cristal, y en otro, igual número de
cédulas en blanco, a excepción de una en que se
inscribió LIBRE POR BOLIVAR . Las cédulas
fueron sacadas de los cilindros en el orden res-
pectivo por un niño vestido de indígena, con fle-
cha en una mano, y aljaba en las espaldas, y pre-
sentadas al Escribano, una por una, se pronuncia-
ron por este los nombres de dichas cédulas en
voz alta y a continuación pronunció la voz de
blanco hasta que salió la que decía LIBRE POR
BOLIVAR después del nombre de Juliana Ca-
maño, esclava de la Ciudadana Magdalena
Bal" (21).
Es obvio que esta manera de liberar la mano de obra
servil, que más parecía juego de azar y entretenimiento de
ricos ociosos que gesto de verdadera filantropía y humani-
tarismo, no constituía la fórmula más feliz y efectiva para
aminorar la población esclava que por entonces debía haber
en Veraguas (22).
(21) Ibid.
(22) En Veraguas, sin embargo, donde la esclavitud jamáS re-
presentó una fuerza de trabajo de importancia, la cantidad de
negros debía ser muy escasa . Como las fincas y las hacien-
das no eran fuentes de explotación para exportar, no se re-
quería una gran multitud de mano de obra servil . A lo sumo,
26
los esclavos se utilizarían, en las faenas del campo a manera
de ayudantes, bajo la mirada alerta de los amos, más bien
que como instrumentos industriales . En las ciudades, como
por ejemplo Santiago, se les empleaba sobre todo en el ser-
vicio doméstico.
Es pues un error considerar, como hace Hernán Porras
(Papel histórico de los grupos humanos de Panamá . En Pa-
numá, 50 años de República . Edición de la Junta Nacional del
Cincuentenario . Imprenta Nacional, Panamá, 1953), que el
decreto de liberación de esclavos de 10 de junio de 1851, pro-
dujo en el Istmo un "trauma" de importantes consecuencias
"principalmente (en) la región agrícola que dependía de (la
esclavitud) para su mano de obra" ; "fortaleció, relativamen-
te, a la Zoca de Tránsito y promovió un aumento de la migra-
ción a la Capital" (pág . 80) . La región agrícola dependiente
de mano de obra esclava a. que se refiere Porras corresponde
a la Sabana Tropical, según su propia nomenclatura, que en-
vuelve la vertiente pacífica del Istmo, desde el centro de la
Provincia de Panamá, hasta la costa de Chiriquí, con excep-
ción de la Península de Azuero, "por no depender (ésta) de
piano de obra africana" (págs . 66, 76 y 81).
Nada sería más esencial para medir las posibles conse-
cuencias que pudo tener en el Istmo la supresión de la escla-
vitud en 1851, que el conocimiento de cifras exactas sobre la
población esclava . Los escasos datos de que disponemos sólo
permiten, por desgracia, una visión de conjunto . No obstante,
si nos basamos en las indicaciones, algunas de ellas suma-
mente precisas, que se han conservado sobre la población
servil existente en Veraguas en 1843 y 1851, podríamos con-
jeturar con cierta aproximación la escasa población de mano
de obra africana que debía haber en el Interior hacia la fecha
del decreto de liberación.
27
-guas, había sólo 60 esclavos -23 hombres y 37 mujeres— . En
sólo Santiago, según este último censo, había 31 negros esclavos
-19 mujeres y 12 hombres—, esto es, más de la mitad de la
población esclava de la provincia . (Cf. Ordenanzas espedidas
por la Cámara Provincial de Veraguas en sus sesiones de 1851..
Bogotá, imprenta del Neo-Granadino, 1852, cuadro final).
Debe recordm r se, sin embargo,- que hacia 1851 Veraguas se
hallaba reducida a los límites que hoy posee . En 1849 le
había sido segregado el Cantón de Alanje-para formar de él
la provincia de Chiriquí, a la que, a partir de 1851, el Con-
greso le incorporó el territorio de Bocas del Toro . Para esa
fecha, la población de Veraguas ascendía a 33 .864 habitantes,
ésto es, que por cada mil habitantes, sólo había 13 esclavos,
es decir, que sólo el 0 .13% de la población era esclava . Debe
tenerse en cuenta, además, que la ley del vientre libre hacía
varios lustros que se había hecho efectiva y quienes seguían
siendo esclavos eran aquellos que no habían sido afectados
por ella, por haber nacido antes de 1821, esto es, hombres
que en su mayoría, sino lindaban en la cuarentena, andaban
muy cerca de ella o eran aún más viejos ; en fin, fina mano
de obra con capacidad de trabajo ya muy reducida.
28
rey la Zona de, Tránsito y promover, un aumento de la migra-
ción a la Capital implica demasiadas hipótesis, tanto en lo
que se refiere -a la fuerza económica que podía representar a
mediados de siglo la mano de obra africana de nuestra
"Sabana Tropical" , como a la proporción numérica de la po-
blación servil.
Pará medir el grado de desproporción demográfica que
había en el Istmo a mediados del siglo, entre la población
esclava del Interior, y la población del resto del país, bas-
taría señalar que, según los censos de 1851, ésta ascendía
a 128 .897 habitantes (Cf . SUSTO, Juan Antonio : Censos Pa-
nameños en el Siglo XIX, Publicaciones de la Revista "Lotería ".
Núm . 15, Panamá, Imprenta La Academia, 1960, pág . 21) ; en
1852, esto es, el año en que procedió a darse cumplimiento a
la ley abolicionista, la población del Istmo ascendió a 138 .108
habitantes (Cf. "Gaceta Oficial°, Bogotá, sábado 17 de julio
de 1852, Núm .. 1 .405 ; Véase, además CAMACHO ROLDAN,
Salvador : Memorias, Librería Colombiana, Camacho Roldán
& Tamayo, Bogotá, 1923, pág . 248 s) . Temer entonces que
a partir del decreto de liberación, al abandonar la heredad
y emigrar a la Capital los esclavos de nuestra Sabana
Tropical, se hubiese producido un desbalance demo-
gráfico de grandes proporciones o siquiera "fortalecido la
Zona de Tránsito" , carece totalmente de sentido . Ni la Ca-
pital, cuya población ascendía a no menos de 5 mil habitantes
(Cf. MINOT, Georges : History of Panama, Kingston, Jamaica,
1892, pág . 73 .), podía "fortalecerse" con tan exigua inyección
demográfica . Ni, pongamos por caso, Veraguas, con sus 34
mil habitantes corría el peligro de perder su equilibrio de-
mográfico al ausentarse sus 60 esclavos.
Tampoco es correcto pensar que ciertas regiones de nues-
tra Sabana Tropical, pongamos por caso Chiriquí y Veraguas,
dependiesen de la mano de obra esclava para su producción
agrícola ; y que al decretarse la extinción de la esclavitud su
vida económica se viese afectada gravemente . Más arriba
dijimos que los esclavos no constituían en nuestro Interior
una auténtica fuente de riqueza, porque se les ocupaba sobre
todo en el servicio doméstico . Y aunque se les hubiese emplea-
do en las labores agrícolas, por su escaso número, no podían
constituir, en ningún caso, una fuerza de trabajo de gran im-
portancia . Por esa. misma razón, el hecho de que asumieran la
libertad no podía tener grandes repercusiones en el mundo
económico, social y político .
29
La supervivencia de la esclavitud, estaba en evidente
contradicción con las instituciones del nuevo orden repu-
blicano, fundado en la libertad y la igualdad del ciudadano.
Y esto no podía escapar a la masa popular a la que ningu-
no de los mitos políticos y sociales de la hora independista
conmovió y fascinó tanto como aquel tan decantado de la
nivelación igualitaria . La idea de una libertad presentida
y la esperanza de un cambio de condición hacía latir con
frecuencia los corazones más humildes . El capitán escocés
Basil Hall, que estuvo en el Istmo poco tiempo después de
proclamada nuestra independencia, comentaba con estupor
el entusiasmo de nuestros esclavos negros al cantar "la
canción patriótica del día" cuyo "estribillo era ¡Libertad!
¡Libertad! ¡Libertad!" (23) . Sin duda, el pensamiento, pe-
ro sobre todo la espectativa —que los negros podían basar
en tantas promesas— de una abolición más o menos próxi-
ma, debía contribuir a hacer más duro el yugo y más in-
soportable la vida del esclavo.
Los negros urbanos que estaban en condición de pagar
por su liberación, al adquirirla, debían abandonar la he-
redad, perdiendo así una fuente segura de subsistencia.
Aunque no poseemos datos estadísticos, estamos en condi-
ción de afirmar que los libertos no formaban un grupo
muy numeroso . Pocos o muchos, constituían, sin embargo,
un potencial humano de trabajo al que había que encontrar
un cauce productivo . Pero como las fuentes de rendimien-
to se hallaban agotadas por la paralización comercial, aquel
nuevo tipo de mano de obra no encontró a la Capital pre-
parada para recibir ni para absorber su capacidad de tra-
bajo (24) . Era inevitable que los que continuaban toda-
30
vía como esclavos obturaran el incremento de la mano de
obra libre, de tipo proletario, y acapararan gran parte de
las pocas actividades que los libertos podían desempeñar.
31
producir (25) . Pero la ley que había dado a todos el de-
recho de producir la riqueza por el trabajo, no hizo rico
a los trabajadores, ni atenuó para nada la miseria . Y sobre
el negro siguió pesando un destino cruel.
Desalojado de los oficios por el trabajo servil, no había
que extrañar pues que aquel agregado humano quedase
sumido en una extrema indigencia . La miseria, que debió
extenderse entonces por todo el pueblo, no fué, sin embargo,
nada nuevo . Pero sin duda que el hecho de haberse que-
dado tantos trabajadores sin su "diario" sustento, agra-
varía mucho la situación . Nada debe extrañar pues, que
poco tiempo después, en la Capital, donde la población es-
clava era mucho mayor y donde la carga del negro era
más insufrible, harto de soportar tanta explotación y ul-
traje, el pueblo del arrabal se aprestase a la lucha, procla-
mando su voluntad', no sólo de que se le hiciera justicia en
su condición de humanidad, sino incluso, de asumir un
papel activo en el gobierno de la nación.
Pronto veremos qué rumbo tomó nuestra historia so-
cial, cuando una parte de nuestra población desposeída y
vejada, quiso dar curso a ese programa.
R9.
pietarios y desposeídos ; ricos y pobres . Por eso, cuando
con el correr de los años comprendió la masa que la revo-
lución había sido realizada por y para quienes la explo-
taban, las tradiciones liberacionistas del pasado no tarda-
ron en convertirse en una fuerza ideológica que hallaría_
su mejor vía de escape en el deseo de dar cumplimiento a
lo que ella debía considerar la verdadera Revolución.
Entre 1821 y 1836, la población negra y mestiza no
sólo se vió privada de muchos derechos políticos ; fué vícti-
ma, además, de toda clase de discriminaciones. La pobla-
ción blanca era inevitablemente racista, sin duda, mucho
más que ahora . Rígidos prejuicios de clase y raza, la eti-
queta y el formulismo puntilloso de una sociedad herméti-
camente cerrada, cuya proyección más ostensible la cons -
tituía la afrentosa muralla pétrea extendida entre el arra-
bal de Santa Ana e intramuros, habían dado el tono y el
color del paisaje social panameño durante la época colonial.
Durante el coloniaje, en efecto, comentaba en "Resumen
Histórico" José Domingo Espinar, la población istmeña es-
taba dividida en tres rangos sociales:
33
Picarse una clase aristocrática tan recelosa como la que en
otros países fija y mantiene inexorables fronteras sociales,
resultó muy difícil que la población blanca adinerada pu-
diese, al menos en los primeros años, superar una larga
serie de prejuicios inveterados . Por cierto también, que
pocos países como el nuestro han experimentado un tan
precoz y tumultuoso proceso de fusión . Pero si con el trans-
curso de los años la conquista de los ideales republicanos
allanaría aquella separación rencorosa basada en la casta,.
el color y el prejuicio social, de hecho, esto permanecerá
sólo como un ideal durante muchos años.
Las propias masas trabajadores blancas debían estar
envenenadas en su espíritu por el racismo alimentado por
peninsulares y "criollos" en tres siglos de esclavitud . Du-
rante la Colonia, los esclavos ejercían los "trabajos baxos
e viles" . Y debió suceder en Panamá, como en el resto de
Hispanoamérica, que los blancos se resistían aún al precio
de la miseria más abyecta, a trabajar junto con los negros.
Debió ser muy grande la hostilidad contra los negros para
que en vísperas del 28 de noviembre hubiesen creído des-
cubrir en la insurrección la única vía de escape (27) . No
obstante, cuando el blanco revolucionario se arroja a la
hucha, lo secunda, porque cree que poniéndole fin a la
dominación española, su situación económica, social y po-
lítica cambiaría . La experiencia republicana de los años
siguientes le daría a los negros, sin embargo, muchas sor-
presas . Pero esta experiencia sería su mejor Maestra . ,
Sería inevitable que en los primeros tiempos algunos
puestos elevados, sobre todo en el ejército, estuviesen abier-
tos a las clases plebeyas de negros y mestizos y que, de
esta manera consiguieran aunque por la puerta trasera, el
acceso a altos cargos estatales . El hecho de que jefes inte-
ligentes y fieles a la causa revolucionaria como José Do-
mingo Espinar fueran negroides (28), que estos mismos
34
liombres se encontrasen preparando ,y dirigiendo la Repú-
blica, contribuyó sin duda, a alentar las esperanzas para la
incorporación masiva del negro.
35
tricios blancos . Y demasiado a menudo, este recelo se
reveló por actos de bajo despecho.
De diversos testimonios puede inferirse con bastante
claridad que algunos funcionarios patricios al referirse a
sus colegas plebeyos lo hacían con altanería de casta o,
como diría Rodrigo Miró (29) al hablar de Mariano Arose-
mena, interponiendo una distancia ; ,y de las damas patri-
cias se refiere que trataban con especial desprecio a los
oficiales negros de la guarnición que se hallaba acantonada
en Panamá.
36
Y luego, al terminar una conversación que sostuvo con
uno de los esclavos, a quien se le conocía por el apodo de
Tábano :
" !Viva la Constitución Boliviana y muera quien
no la quiera!" (32).
Estos eran ya los primeros truenos en la larga lucha,
sostenida durante más de un siglo de violenta exasperación.
Al despecho de las élites blancas, detentadoras del poder,
respondían las masas con un odio racial sin duda más ar-
diente . Se había dado la señal de un conflicto que, a tra-
vés de peripecias sangrientas, debía prolongarse, con algu-
nos intervalos, hasta el presente.
En la violenta manifestación de hostilidad de Manuel
Fuentes y los esclavos hacia los blancos, de 1828, es preciso
reconocer, sin embargo, no sólo un indicio irrecusable del
hastío de las masas de tanto disfraz y de la violación de
tanta palabra comprometida . Es también manifestación del
nacimiento de una conciencia popular, en trance de lucha;
del anhelo de las masas de introducir siquiera ajustes par-
ciales a una situación que resultaba a todas luces demasiado
inhumana e injusta . Sobre este hecho de trascendental
importancia nos ocuparemos de inmediato . Por de pronto
importa hacer un recuento de lo que hasta aquí se ha ex-
puesto.
Siguiendo el orden de la exposición, las causas prin-
cipales que coadyuvaron al levantamiento en armas del pue-
blo contra la oligarquía altanera y explotadora que lo do-
minaba, en 1830, son pues, resumiendo:
37
de la nivelación igualitaria, pero que no tardó en
descubrir que el movimiento revolucionario había sido
de y para las élites.
III .—Continuación de prácticas supervivientes del sistema
colonial, tales como la esclavitud.
IV .—Situación de descontento de las masas asalariadas,
semi-asalariadas y de las masas de libertos a las que
la revolución no dió trabajo en que ocuparse.
V.—Discriminación racial practicada por las oligarquías
comerciantes contra la población negra y mestiza de
la capital.
VI .—Formación de una conciencia de clase : una conciencia
espontánea particularmente entre los negros reciente-
mente liberados de la esclavitud que tenían aun fres-
cas las cicatrices en su piel, y una conciencia sin duda
más depurada en cierta categoría de obreros urbanos
y de empleados públicos.
Faltaba sin embargo una cosa para que la clase indi-
gente estuviese en condición de formular de manera efec-
tiva sus tareas históricas : La existencia de una fuerte ideo-
logía que reflejara las exigencias de la realidad material de
las masas populares, de un conjunto de concepciones que
expresaran los intereses cardinales de la clase.
Hasta entonces, las ideas del pueblo se habían caracte-
rizado por su falta de claridad . Y éstas se expresaban,
principalmente, por simples negaciones . El odio a la casta
adinerada, al régimen de explotación ,y privilegios, y a
las instituciones del nuevo orden republicano que, no obs-
tante haber nacido bajo los signos amables de la libertad
y la igualdad, negaban al pobre el derecho a la representa-
ción política y conservaban la servidumbre personal, por
un lado ; y por otro, el mito igualitario, las tradiciones li-
beracionistas de sus antepasados sociales, los cimarrones,
y la confusa e incondicionalfé en algunos de los postulados
políticos del Libertador —o más bien, en la figura del Li-
bertador—, no bastaban por cierto para expresar sus im-
perativos de lucha . Ninguna de estas "ideologías", era su-
ficiente para formular con eficacia las múltiples exigen-
cias materiales de la clase . Urgía conquistar a todo
trance, una expresión más depurada ,y completa que pu-
38
diera garantizar la liberación absoluta de los esclavos;
el pleno derecho a la igualdad ciudadana, anulando el poder
económico como base para el acceso al poder político ; en
otras palabras, un arma ideológica que estuviera capacitada
para acelerar el proceso por el cual las masas irredentas
alcanzarían su liberación como clase social autónoma, au-
téntico objetivo de la lucha.
39
titución que implantó el Libertador en Bolivia en 1826
como medida desesperada contra la anarquía que se había
desatado, y que quiso implantar también en el resto de los
países por él libertados, aunque acogida al principio con
entusiasmo —el mismo Santander que_ luego se distinguió
por la virulencia de su oposición al proyecto escribió a
Bolívar diciéndole que consideraba la Constitución "li-
beral y popular, fuerte y vigorosa " (35)-, no tardó en
anticipar una época de obcecación en que las pugnas polí-
ticas acabarían por echar al traste la unidad grancolombiana.
La censura más punzante contra el proyecto, se concentró
en la perpetuidad del presidente, "su faz más prominente",
como dijera O'Leary (36) . Harto se ha escrito ya sobre
la significación de la presidencia vitalicia que proveía el
Estatuto Boliviano y lo que más podríamos hacer es remitir
al lector a las obras más conocidas que se han. consagrado
al tema . No se trata, por cierto, de establecer aquí un ba-
lance de los aciertos y desaciertos que corresponden tanto
a los detractores como a los apologistas de la cláusula que
establecía la presidencia vitalicia . Sí importa, en cambio,
insistir sobre ciertos aspectos del Código cuya significación
histórica no ha sido suficientemente valorada : no veríamos
otra manera de explicar la cálida acogida de que fué objeto
en su tiempo, en diversos sectores sociales de los Estados
del Sur y, según todo parece indicarlo, también entre las
masas populares de Panamá.
La Boliviana establecía en el artículo V del capítulo
2, título II, que "todos los que hasta el día han sído escla-
vos . . . quedarán, de hecho libres en el acto de publicarse
esta Constitución : por una ley especial se determinará la
indemnización que se debe hacer a sus antiguos . due-
ños" (37) . Para comprender la significación histórica de
40
tal disposición, bastaría señalar el hecho de que no fué
hasta 1854 que el Presidente José Rufino Echenique por
decreto constitucional expedido el 19 de noviembre de aquel
año proclamara la abolición de la esclavitud en el Perú,
que en Colombia no fuera prohibida la importación y ex-
portación de esclavos hasta la ley 23 de abril de 1847 y de-
cretada la libertad absoluta el 21 de mayo de 1851 . Y que
la abolición de tal supervivencia colonial fuera retardada en
Argentina, hasta 1860, en los Estados Unidos de Norte
América hasta 1863, en Cuba, hasta 1886 y en Brasil, hasta
1888 . Bolívar, el propietario que otorgara la libertad de
los siervos de su heredad ; el estadista que en Angostura
(1818) pronunciara aquellas memorables palabras en que
solicitaba la aprobación de los actos gubernamentales por
los que había concedido la libertad a los esclavos ; el soldado
que en recompensa al triunfo de Carabobo (1821) pidiera
la libertad absoluta de la esclavitud, había sabido anticipar
precozmente con el código de 1826 el cabal cumplimiento
de uno de los más caros postulados del ideario republicano,
que hasta entonces había permanecido como simple expre-
sión de un ideal no realizado : la igualdad ciudadana . ¿Qué
tenía pues de extraño que una porción de humanidad, la
más explotada, la más sencilla e indigente —la masa es-
clava de Panamá y de América— descubriera en Bolívar
el sumum de las virtudes republicanas y en el nuevo Código
la expresión institucional más noble de su redención eco-
nómica?
Además, el Mensaje que el Libertador presentó junto al
proyecto de Constitución al Congreso constituyente de Bo-
livia reunido en 1826, establecía enfáticamente : "No se exi-
gen sino capacidades, ni se necesita de poseer bienes, para
representar la augusta función del Soberano ; mas debe sa-
ber escribir sus votaciones, firmar su nombre y leer las
leyes . Ha de profesar una ciencia o un arte que le asegure
un alimento honesto No se le ponen otras exclusiones que
las del vicio, de la ociosidad y de la ignorancia absoluta.
Saber y honradez, no dinero, requiere el ejercicio del Poder
Público" (38) . ¡Esto, en una época en que toda la estruc-
41
tura del poder político reposaba sobre la propiedad indivi-
dual, sobre la riqueza! El nuevo Código iba a permitir, por
primera vez, el rescate del poder político del círculo res-
tringido de gente adinerada que hasta entonces lo había
acaparado exclusivamente en provecho propio . El hombre
del pueblo, el que nada poseía, debió comprender muy cla-
ramente que su participación masiva en la dirección de la
República, que su verdadera liberación de las oligarquías
explotadoras y el derrumbe del sistema imperante, innega-
blg supervivencia del antiguo sistema colonial, iban a ser po-
sibles gracias a aquella fórmula constitucional justiciera.
El nuevo Código era un formidable instrumento para ven-
cer nuevamente la Colonia.
Probablemente ninguna innovación del Estatuto boli-
viano encontró mayor oposición de parte de las oligarquías
dominantes, que la que abría a las masas el libre acceso al
poder político . En la Gran Colombia, como en el resto de
América y en la generalidad de Europa, durante la mayor
parte del siglo XIX el gobierno no se presentó a las clases
propietarias sino como la muralla defensiva con que sus
privilegios se protegían de la invasión de los pobres . La
necesidad de garantizar la seguridad de la riqueza, cons-
tituía para la clase económicamente poderosa, una idea
armada que debía defender a todo precio. En una pala-
bra, las formas políticas del liberalismo burgués, dependían
de la permanencia de una concepción tradicional de la so-
ciedad que le permitiera a la clase adinerada la continuidad
del goce exclusivo de sus ventajas materiales . De ahí pues,
que el incremento de las fundadas aspiraciones de las masas,
de compartir las responsabilidades del liderato político,
entraran en contradicción con los títulos sobre el dividen-
do nacional que reclamaban quienes uoseían los instrumen-
tos del poder económico . El temor a la democracia pura a
principios del siglo XIX fué, sobre todo, el de que su ex-
tensión destruyera la seguridad de la clase poseedora . Esto
explica la alarma de las oligarquías grancolombinas
ante la innovación democrática boliviana . Y esto expli-
ca, también, que con el fin de asegurar sus imperativos de
dominación, recurrieran a las medidas más desesperadas_
Desgraciadamente, desconocemos la referencia pormenori-
zada de cómo la oligarquía grancolombina hizo su lucha
en aquella peripecia política ; su oposición al nuevo Esta-
42
tuto es un hecho que ha sido, empero, harto consignado por
la historia
En Cartagena, Quito, Cuenca y Maracaibo, así como en
Panamá y otras poblaciones no menos importantes, se hi-
cieron actas proclamando dictador a Bolívar poco después
de haber sido proclamada la Constitución Vitalicia de 1826.
Santander, sin embargo, no tardó en improbar, tanto los
pronunciamientos que se habían hecho en ese sentido,
como la adopción del nuevo Código, por considerar éste
"demasiado liberal" (39) . "Flor de un día", como dijera
Carlos Pereyra (40), fue la Constitución Boliviana en to-
das partes donde se impuso . En 1829, Bolivia tenía ya una
nueva Constitución. Y en Perú, en el banquete dedicado a
celebrar su implantación, ya se conjeturaba el Estatuto que
liabrfa de reemplazarla pocos meses después (41).
A pesar de este fracaso, las esperanzas de las masas
populares no naufragaron del todo . Para el pueblo, cier-
tamente, mientras estuviese asegurada la supervivencia po-
lítica del Libertador, la posibilidad de implantación del
Código se hallaba en alguna forma garantizada . Mas he
aquí que en 1830 pareció cerrarse de un golpe el único
pero abierto a esa posibilidad . A principios de aquel año,
en efecto, el Congreso "Admirable" proclamó con descaro
el deseo de seguir manteniendo en el poder a los más acau-
dalados . Rígidamente conservador, fanático en asuntos re-
ligiosos, el Estatuto de 1830 estaba constituído para favorecer
a los ricos, para entregar el gobierno de Colombia a una mi-
núscula y soberbia oligarquía . A semejanza de la Constitu-
ción de Cúcuta, ésta aceptó de plano las normas jurídicas
consagradas por la tradición castellana : la prisión por deu-
das, los monopolios, la esclavitud para los nacidos antes de
1821 . Era la antítesis del Código boliviano.
La escasez de documentos no nos permite comprobar
43
los efectos que produjo en la conducta socio-política del Ist-
mo, la implantación del nuevo Estatuto . Pero es muy creí-
ble que estos debieran resultar decisivos . Pira las masas
populares, la Constitución del 30 había sido un golpe fa-
tal a su única esperanza . Sería interesante esperar los
resultados a que llevaría una investigación más exhaus-
tiva de los testimonios de la época . Sin duda estos nos
revelarían una íntima conexión entre el nuevo Código y
el movimiento popular que se produjo en Panamá, pocos
meses después de haber sido proclamado aquel.
El 10 de septiembre de 1830, el pueblo del arrabal de
Santa Ana, prorrumpió con una terrible asonada con el
objeto —dicen las crónicas— de "humillar a los blancos,
enemigos del libertador, y de dar vivas a éste, a Colombia,
al Istmo y al General Espinar" (42) Aunque había sido
fuerte el golpe, evidentemente el pueblo no había perdido
todas las esperanzas . Y se aprestó a reclamar sus derechos.
Los mueras lanzados en aquella ocasión, eran sin duda mue-
ras lanzados contra los sustentadores de la Constitución
de 1830 (43) . Los vivas lanzados al Libertador, eran sin
duda vivas lanzados a los ideales contenidos en la Boli-
viana que, como dijera Daniel Florencio O'Leary (44), era
al "pueblo a quien iba destinada en su origen".
El 26 de septiembre de 1830, los caudillos populares
declararon la separación de Panamá del resto de Colombia.
Manifestaron, asimismo, el deseo de que el Libertador se
encargara del poder supremo, y que éste se trasladara al
44
Istmo para que desde aquí atendiera a la consolidación de
"las partes dislocadas de la República" (45) . El triunfo duró,
empero, escasos meses.
Como son muy pocos los documentos que se conocen,
no puede establecerse con seguridad si, así como, según
parece, el pueblo había elevado hasta entonces sus deman-
das de liberación de los esclavos y de supresión de los pri-
vilegios patrimoniales como base para el acceso al . poder
público, bajo la inspiración de la Boliviana, asimismo, en
los tres meses escasos que duró la tentativa, los caudillos en-
sayaron alguna vez dar cumplimiento , bajo la misma égida
a tales demandas . Ni en el acta separatista, ni en ninguno
de los testimonios burocráticos que se conservan se men-
ciona, sin embargo, el código boliviano . Las crónicas ha-
blan sólo de las veleidades de poder de ciertos grupos po-
pulares burocratizados ; del nombramiento en cargos pú-
blicos, por parte ae Espinar, de gentes del pueblo, en reem-
plazo de los " elementos principales" que hasta esa fecha lo
ejercían ,y de promociones a cargos militares , hasta el gra-
do de Coronel, hechas por el caudillo santanero en favor
de sus conmilitones (46) . Si en aquella coyuntura algu-
na vez se ensacó, o no, introducir correctivos al sistema im-
perante, o si los caudillos del movimiento no fueron sino
hábiles demagogos que supieron en hora oportuna capita-
lizar las fuerzas del pueblo y el nombre de Bolívar para
dar satisfacción a sus pretensiones de mando, es algo que
la crítica histórica no se encuentra , sin embargo, en condi-
ción de establecer con exactitud.
No obstante, aún cuando no se perciba en el movimien-
to un programa de acción política concreto, no se le puede
negar a sus líderes máximos una clara intención popular.
Por cierto, de "Revolución de Castas", parece desprenderse
la idea de que Espinar consideraba como deseables ciertas
fórmulas socializantes favorables a las clases desposeí-
das (pág . 6) . Por lo demás, el folleto es desde el princi-
pio una apología de las masas populares, como se nota por
la cita de Mirabeau, que presiden sus páginas:
45
"el nombre del pueblo no es aun bastante respe-
tado . porque está oscurecido, cubierto con el
orín de las preocupaciones ; porque nos representa
una idea que alarma al orgullo i repugna a la
vanidad ; porque se pronuncia con menosprecio en
los salones de la aristocracia : por eso mismo, Se-
ñores, quiero yo, i debemos todos nosotros im-
ponernos la obligación, no solo de rehabilitarle;
sino de ennoblecerle i hacerlo de hoi más respe-
table . . . i caro a todos los corazones".
46
las fuerzas oligárquicas y el proletariado urbano . Como
se sabe, tardó sólo unos meses en ser restablecido el orden.
Había bastado que Alzuru, por instigación de las oligar-
quías nacionales, se alzase en el mando el 21 de marzo si-
guiente y que Espinar fuese expulsado hacia Guayaquil en
la goleta Consecuencia, para dominar un peligro que hizo
mucho ruido pero cuya amenaza nunca constituyó, al menos
no entonces, un peligro serio . A pesar de la derrota, el mo-
vimiento demostró, empero —y este es su gran mérito
histórico—, que el pueblo ya no quería seguir siendo es-
clavo y que ya no podían subestimarse más sus fuerzas.
No importa que la clase popular no estuviese en con-
dición de reemplazar el orden existente por otro nuevo,
que respondiese mejor a sus intereses materiales, o que
se hubiese contentado con utilizar sólo las menores posi-
bilidades para alcanzar el propósito final . Quería un cam-
bio, y demostró que estaba dispuesto a arrancárselo a las
oligarquías aún a costa de grandes sacrificios.
47
sin haber tenido noticias directas de la respuesta de Bo-
lívar a sus comisionados, Espinar ya le anticipaba en una
carta, sus propósitos de "verificar franca y notablemente la
reintegración del Departamento" (48) . El 2 de diciembre
siguiente, Espinar reiteró al Libertador el deseo de que le
comunicara su voluntad, para someterse a ella, cualquiera
que fuera ; y su propósito de reincorporar el Istmo . En esa
misma comunicación, Espinar manifestaba también, que
el Istmo "(deseaba) el centralismo más que otra forma de
gobierno" (49) . Bastó entonces, que a los pocos días el
gobierno provisional de Urdaneta fuese reconocido casi en
toda la Nueva Granada, para que Espinar desistiese del
separatismo, y por decreto de 11 de diciembre, volviese
a la obediencia del gobierno central. En la cláusula N° 4
del Considerando por el cual se restablecía la reintegración
del Istmo de Colombia, se decía claramente : "Que el Istmo
no se propuso despedazar la República sino ponerse a cu-
bierto de la anarquía y de la guerra civil que lo amenazaba
muy de cerca, acogiéndose a la protección de su Excelencia
el Libertadory debiendo por tanto seguir sus inspiraciones
como autoridad competente" (50).
Es evidente que la situación política provocada por la
serie de acontecimientos que llevaron a Urdaneta al poder,
resulta un elemento demasiado accidental y fortuito como
para considerarlo decisivo en la determinación de los cau-
dillos del 30, de reintegrarnos a la Gran Colombia . Los tes-
timonios burocráticos que arriba expusiéramos nos revelan
por el contrario que por debajo del hecho meramente cir-
cunstancial del ascenso de Urdaneta al poder ; que por de-
bajo de la aparente intención separatista del movimiento,
una manifiesta simpatía por el centralismo y el unitarismo
bolivariano caracterizó el brote multitudinario de 1830 . Es
cierto, que el centralismo bolivariano no podía favorecer,
al menos no directamente, a las masas populares ; pero sin
duda que a los caudillos del pueblo no escapaba que ese
mismo centralismo podía regular ., contener las preten-
48
siones .le los grupos dominantes . Mientras el poder estil-
viese centralizado en Santa Fé, el Gobierno, aunque esen-
cialmente instrumento de las capas pudientes, permitía
hasta cierto punto la posibilidad de mantener un equili-
brio entre las clases y atenuar la opresión de que eran
víctimas las masas populares por parte de las burguesías
comerciales . El triunfo, bien del separatismo, del federa-
lismo o simplemente del autonomismo, significaba en cam-
bio la toma del poder por las castas oligárquicas.
Según ciertos testimonios, a mediados del año de 1830,
las clases más poderosas económicamente, enviaron repre-
sentaciones a Jamaica, entonces posesión británica, pidien
dole protección al Almirante de aquella isla, para separar
el Istmo de Colombia . Según cuentan algunas crónicas
no obstante, la tal "invasión por parte de Inglaterra", no
fue sino un pretexto que utilizó Espinar para expedir el
deCreto por el cual declaraba el Istmo en estado de sitio
(en asamblea, como se decía entonces) y resumir la Pre-
lectura en la Comandancia General, arrogándose así los
mandos civil y militar (51) . Es preciso, sin embargo, dese-
char esta versión por inaceptable . No se pueden acoger
así, sin más, las afirmaciones evidentemente parcializad'as
de los coetáneos , a quienes los compromisos de clase im-
pedían revelar el pasado sin deformaciones que preten-
dieran ocultar las lacras del grupo a que pertenecían y las
virtudes de las clases opuestas . La ausencia casi absoluta
de'testimonios no nos permite asegurar con precisión si el
propósito de nuestras minorías comerciales era realmente
el de separar el Istmo de Colombia ; si, como afirma Quijano
Wallis (52) se trataba de anexar el Istmo a la Gran Bre-
taña ; o si, como decía Mariano Arosemena "lo que había
emboscado era eI proyecto de formación de un cuarto esta-
do, que figurara conjuntamente con los de Venezuela y
49
Ecuador ; el que habría de erijirse precisamente de las pro-
vincias de la Nueva Granada" (53) ; pero de lo que no
cabe duda es que tal movimiento, cualquiera que hubiera
sido su sentido, fué real, y no una simple patraña de Es-
pinar por imponerse en el mando (54) . Unos días antes,
nada más, el caudillo santanero había mandado apresar a
dos miembros circunspectos de nuestras élites ductoras,
Agustín Telláferro y José Agustín Arango, acusándolos de
conspirar contra la integridad nacional (55) . No sería por
lo demás, la primera vez que se intentara en el Istmo un
movimiento en ese sentido . Hasta entonces, como sabemos,
se habían por cierto ensayado diversas tentativas anseatis-
tas, anexionistas y hasta federalistas (56) . Cualquiera que
50
hubiera sido la fórmula empleada en la tentativa del 30
—anexionismo, separatismo, entrañaban en aquella época,
un trasfondo común—, es pues innegable que el propósito
de nuestras oligarquías era el de convertir el Istmo en un
país autónomo . El traspaso del poder supremo del Centro
a Panamá, empero, hubiera significado para el pueblo, un
perjuicio ; y había que evitar por todos los medios que esto
sucediera . He aquí por qué Espinar usurpó el intento se-
paratista de 1530 convirtiéndolo, de movimiento oligárquico,
en movimiento popular . Fue ese el motivo por el cual se
tradujo el autonomismo originario de la tentativa, en abierto
centralismo invocando el nombre del Libertador, expresión
viviente del poder unitario.
51
Poder Supremo . Fué ese el motivo más poderoso por el cual
el movimiento del 30 no fué, en un sentido estricto, una ver-
dadera separación . Pero sobre todo, esa fué la causa de
que las masas populares, cada vez que las oligarquías izaran
la divisa del antonomismo, cuando no se mostraran aleja-
das de toda participación en los movimientos o presenciando
los hechos aparentando fría indiferencia, como en el caso
de las tentativas del 31 y el 40 y en el ensayo federalista de
1855, le hicieran una abierta oposición, como sucedió en el
separatismo de 1861, que tuvo por resultado el choque san-
griento de las dos clases enemigas en las cercanías de Río
Chico.
hace apenas unos cuantos años, que Ricaurte Soler se
extrañaba en su magnífico estudio sobre el "Pensamiento
Panameño ,y Concepción de la Nacionalidad durante el Si-
glo XIX", de que Justo Arosemena en el recuento de los
movimientos separatistas que había habido en el Istmo
hasta 1855, no mencionara el de 1830 (57) . Creemos pues
estar hoy en condición de ofrecer la respuesta . ¿Callaba
don Justo porque consideraba que el movimiento del 30
no era una verdadera tentativa separatista? Ciertamente;
pero don Justo callaba además por otras razones . Cons-
pícuo representante de la clase contra la que iba dirigido
el movimiento, sabía muy bien que el recurso del separa-
tismo por parte de las masas populares no era sino una de
las tantas posibilidades para franquear el paso hacia el ob-
jetivo final . No había sido el propósito del movimiento
tanto separarse de Colombia como un intento por liquidar
el status reinante . Era más un movimiento social que un
movimiento político . Esto lo vió muy claro Justo Arose-
mena . Y por eso guardó silencio.
La verdadera significación que tiene el movimiento de
1830 es pues, que constituye el primer ensayo de las masas
populares urbanas por oponerse a las nacientes burguesías
comerciales, detentadores del poder . Fué, en todo el sen-
52
tido del término, un movimiento de clase y sus hombres
—es válido decirlo— nos dieron una enseñanza política muy
aprovechable, de como sirve la clarinada para convencer
a los pueblos de la idea revolucionaria, cuando la paz se
hace imposible .
CONCLUSION
53
la acción consciente, violenta y revolucionaria de la nueva
clase en formación.
Sin duda que las masas populares empezaban a tomar
conciencia de su situación de clase explotada . Era inevi-
table, sin embargo, que las ideas populares se expresaran
en sus inicios, principalmente por simples negaciones, tales
como "¡Abajo el General Fábrega! ¡Mueran los blancos de
Panamá!" Sin duda que para el pueblo "los blancos de
Panamá" era la casta adinerada, y el General Fábrega su
máximo exponente . ¿Pero quién heredaría a los ricos ma-
sacrados? ¿Quién la autoridad de Fábrega, que pudiera
utilizar el poder conquistado realmente en ventaja del
pueblo?
Esa falta de claridad en sus concepciones sobre las
verdaderas conquistas que podría aspirar de una insurrec-
ción violenta marcaría su huella en todas sus intentonas.
En tanto que la naciente burguesía marchaba con paso fir-
me y decidido a la constitución de su poder político en un
Estado que trataba de moldear conforme con sus intencio-
nes, el pueblo, inevitablemente, vacilaba . Pero si las ideas
del pueblo eran confusas por lo que hacía a sus aspiracio-
nes positivas desde el punto de vista negativo eran muy
claras.
Ante todo, el odio del pobre contra la burguesía al-
tanera y explotadora que lo dominaba, cuando la miseria
reinaba en los callejones sombríos de la ciudad . El odio
al blanco afortunado, que hacía la pobreza aún más inso-
portable al burlar con ostensible descaro las promesas de
libertad e igualdad hipócritamente comprometidas al pue-
blo tantas y tan repetidas veces . La inconformidad con el
régimen de explotación y privilegios que reducía a la masa
desposeída a la miseria y a un estado de sumisión y depen-
dencia respecto del gran comerciante mientras aguardaba
inútilmente por el cambio de condición que la revolución
le había prometido . El odio en fin, a las instituciones del
nuevo orden republicano que, no obstante haber nacido
bajo los signos amables de la libertad y la igualdad, negaban
al pobre el derecho a la representación política y conser-
vaban la servidumbre personal.
Ese odio, que fermentaba hacía mucho tiempo, a me-
dida que el egoísmo y la inescrupulosidad de los ricos se
54
afirmaba día tras día, y esa necesidad de los pobres de que
se les reconocieran sus derechos, ese grito del negro ham-
briento y rebelde contra el adinerado comerciante que le
impedía el acceso a ellos y lo sumía en la servidumbre,
suscitarían ese espíritu de rebeldía que tendría sus prime-
ras manifestaciones a escasos cinco años de nuestra inde -
pendencia . Y ese mismo odio .y esa misma necesidad —con
la esperanza de lograr algún éxito— , fueron los que inspi-
raron a nuestros pobres a hacer el movimiento de 1830
y organizar su poder bajo un régimen nuevo, que corres-
pondiese mejor a sus múltiples necesidades.
55
nuevo Estatuto, entonces, el arma ideológica por el cual
la masa indigente panameña trataría de liberarse de la
opresión y las persecuciones de que era objeto por parte
de la casta dominante . Fué el arma poderosa con que in-
tentó deshacer el nudo gord'iano que sofocaba la vida social
istmeña : el encuentro insalvable de dos clases que se opo-
nían y se excluían mutuamente, la del obrero indigente
de la Zona, el pequeño propietario, el humilde empleado
público y el esclavo negro, que demandaban la satisfacción
de sus derechos, y el gran comerciante, que explotaba su
situación de privilegio con una falta absoluta de escrúpulos.
No importa pues que en 1830 nuestras clases populares
no hubiesen estado totalmente en condición de reemplazar
o-1 orden existente por otro nuevo, que respondiese mejor
a sus intereses materiales, o que se hubiese contentado en
aquel trance, con utilizar sólo las menores posibilid ades
para alcanzar, el propósito final . El pueblo quería un cam-
bio y demostró que estaba dispuesto a arrancárselo a las
oligarquías aún a costa de grandes sacrificios . Este es su
verdadero mérito histórico.
No fué entonces, el movimiento del 30, como se ha
creído siempre, un simple intento del pueblo panameño
por separar el Istmo de Colombia . El recurso del separa-
tismo por parte de las masas populares no fué sino una de
las tantas posibilidades para franquear el paso hacia el
objetivo final . No había sido el propósito del movimiento
tanto separarse dé Colombia como un intento por liquidar
el status social reinante . Fué más que un movimiento po-
lítico, un movimiento social, un movimiento de clase, de
las capas fundamentales de' la sociedad, el primero de las
masas populares urbanas por oponerse a las nacientes bur-
guesías comerciales, detentadoras del poder . He ahí su
verdadera significación .
sc
Presentación de la Filosofia en
América Latina
Por CLARENCE FINLAYSON
57
mismo sentido que sí existe en Alemania, Francia, Ingla-
terra y relativamente menos en los Estados Unidos. La
filosofía latinoamericana no es en el fondo sino el trasunto
histórico, y aún esporádico en sus manifestaciones, del
pensamiento europeo . Constituye la filosofía latinoame-
ricana un replanteamiento de los problemas filosóficos, inte-
rrogados y estructurados al modo europeo.
58
sor de filosofía de la Universidad Real y Pontificia que se
fundó en México a mediados del siglo XVI, por decreto de
Carlos V en 1553.
Este período puede ser denominado "escolástico" por-
que fue la filosofía escolástica la que dominó sin contra-
peso . La Iglesia Católica rumbó y organizó la cultura
de aquel largo período medieval . Nosotros, los latino-
americanos, hicimos y transcurrimos nuestra Edad Media
en la colonia, a diferencia de los angloamericanos que no
pasaron por ningunay que sólo fueron transplantados . Los
problemas que agitaron entonces nuestros altos medios
intelectuales fueron los que discutieron los peninsulares.
Las universidades americanas se organizaron y arquitec-
turaron bajo el modelo de la de Salamanca . En España,
Salamanca y Alcalá de Henares reglaron su vida pen-
sante ; en Portugal fue Coimbra la que tuvo este puesto
privilegiado . Las universidades de San Marcos, de México,
de San Felipe en Santo Domingo de Chile, de Córdoba en
la Argentina, la de Santa Fé de Bogotá, todas, trajeron, las
inquietudes españolas ; sus facultades de teología eran
también las principales.
Los franciscanos llegaron primeramente al norte de
los dominios españoles, a Centro América, a México, (que
s( extendía por California, Tejas, Nuevo México, etc .) y
en sus centros de estudio dieron absoluta primacía y en-
señanza a las doctrinas de Scoto. Ellas se extendieron
enormemente, tal vez con menos impulso y vigor en México.
Los Dominicos y los jesuitas, con creciente influencia,
terminaron por desalojar a los franciscanos como guiado-
res capitales . Los jesuítas —orden o congregación nueva
más de acuerdo con los tiempos renacentistas de Europa—
se regaron por Suramérica y sometieron a su égida los
establecimientos educacionales . Suárez, el autor de DIS-
PUTATIONES METAPHYSICAE, ocupa sitial privilegia-
do en el desenvolvimiento del pensamiento europeo y ame-
ricano . Todavía no se ha estudiado bien a fondo y en lo
que se merece tal influencia . Basta decir que las DIS-
PUTATIONES constituyeron la base del texto de la ense-
ñanza de la metafísica en Alemania durante dos siglos;
Suárez representa en el conjunto de la escolástica una po-
sición eslabonista entre los medievales y los modernos . En
teoría del conocimiento sostiene el ilustre teólogo español
el cumplimiento del-acto id'eatorio en el concept , seña-
q
59
lando así una tendencia al idealismo . Si la Escolástica,
en vez de seguir en la mayoría de sus defensores a Suárez,
hubiera enrumbado por las direcciones de Juan de Santo
Tomás no hubiera sufrido el descenso que padeció a partir
del Renacimiento . El problema del conocimiento, poco
estudiado e investigado por los medievales, había sido bas-
tante dilucidado en la Lógica, la primera parte del CURSUS
PHILOSOPHICUS del genial portugués ; su aceptación y
estudio hubieran tal-vez evitado que el pensamiento euro-
peo se entregara a la filosofía cartesiana , tan totalmente.
Además, los enormes problemas que las ciencias del Re-
nacimiento levantaron, desde Galileo, Torricelli, Gassendi
y otros, hubieran al menos recibido una solución filosófica
más comprensiva y Mniversal.
60
La Escolástica dirige los centros de altos estudios de la
América Latina durante varios siglos, informa los progra-
mas y forja las mentalidades . Desde el siglo XVII para
adelante la Iglesia Católica no cuenta ningún gran genio
filosófico entre los miembros de su clero exceptuando tal
vez a Malenbranche y a Rosmini . Este hecho confesado
por Etienne Gilson, señala una de las razones por las cuales
la filosofía dejó de ser cristiana.
Durante la colonia en América los estudios filosóficos
estuvieron muy apartados de una directa aplicación cien-
tífica y las mismas ciencias fueron miradas con recelo.
La Inquisición prohibió el libre examen, el contacto con
las literaturas extranjeras, la lectura de libros profanos.
Cuando en el reinado de Carlos III de Borbón se abrió la
puerta al pensamiento europeo sus ideas penetraron como
un torrente y hubo una renovación cultural . Esta renova-
ción preparó en gran parte la Independencia.
Otro de los factores que aislan la Escolástica del mo-
vimiento general de pensamiento es el latín . Hasta Des-
cartes puede decirse que todos los filósofos y científicos
escriben en la lengua del Lacio . El mismo Descartes tie-
ne varias obras en latín . Con el Renacimiento se inicia
—a pesar del humanismo greco-latino— una etapa hacia
la vulgarización del pensamiento, manifestado ya en las
lenguas romances . Los escolásticos se mantienen en su
castillo idiomático y sólo en la mitad del siglo XIX han
variado un poco de política . En el siglo XX el resurgi-
miento escolástico comenzará en la Universidad de Lo-
vaina a iniciativas del Cardenal Desiderio Mercier ; tende-
rá a contemporizar y a incorporar las nuevas corrientes
filosóficas ,y los avances de las ciencias . En la actualidad
es el francés, la lengua de la Escolástica que más progre-
sos ha hecho y son franceses los que constituyen la élite
por excelencia del movimiento contemporáneo . Los me-
jores y más cimeros pensadores escolásticos de hoy son
laicos, y, por regla general, conocen y permanecen en con-
tacto con los problemas
. modernos . Se advierte en los se-
minarios y centros eclesiásticos un anquilosamiento y una
rutina que rayan en el exceso : alejamiento de la realidad
circundante, inorganicidad de fórmulas que casi no tienen
vida ,y distanciamiento de las primitivasy grandes fuentes
de la filosofía escolástica . Me atrevería a afirmar que el
99 por ciento de los miembros del clero o de los estudiantes
61
de seminarios jamás han leido la SUMMA THEOLOGICA
u la SUMMA CONTRA GENTES de Santo Tomás, los
COMENTARIA OXONIENSIA de Scoto, el CURSUS PHY-
LOSOPHICUS de Juan de Santo Tomás o los comentarios
a la Suma de Cayetano o de Sylvestre . Se estudia la filo-
sofía en autores de segunda mano, se aspira a refutar a
Kant y a Hegel en presentaciones esquemáticas y super-
ficiales, sin haberlos leído con detenimiento y acuciosidad.
No obstante hay que reconocer que el clero actual está
inmensamiente más cultivado que el del siglo pasado . Res-
pecto de los escolásticos latinoamericanos de hoy hablare-
mos más adelante.
La reacción en contra de la filosofía escolástica en
América comenzó en el período colonial . Vino a reflejar el
fenómeno que había acaecido en Francia . Para muchos
católicos apareció Descartes en su tiempo como verdadero
renovador de la filosofía cristiana . El amigo del gran fi-
lósofo, el Padre Marsenne de la Compañía de Jesús, dis-
puso mucha gente en su favor . Bossuet, no embargante
su formación tomista, introdujo en su pensamiento muchas
de las ideas cartesianas . El quebrantamiento del Tomismo
y la aparición en escena de hombres como Nicolás de Gasa,
Luis Vives, Gassendi, Malebranche, etc ., rompen con una
unidad de sistema . En el siglo XVIII las controversias
y las múltiples direcciones aisladas se introducen en Es-
paña y de allí pasan y se filtran paulatinamente en sus
colonias . Sin duda alguna, ha de decirse que correspondió
a Descartes, el fundador de la filosofía moderna, el rom-
per con la antigua y clásica tradición aritotélico-tomista,
la dirección principal, el núcleo filosófico por antonomasia
de la llamada "philosophia perennis" . Descartes y sus
discípulos asestaron el golpe inicial y echaron las bases
del racionalismo moderno.
Ya a mediados del siglo XVIII, por ejemplo, varios de
los filósofos mexicanos, clérigos ellos, desoían las enseñan-
zas de la Escuela . Así tenemos al jesuita Andrés de Gue-
vara, autor de una INSTITUCIONES FILOSOFICAS, que
calificaban el lenguaje escolástico de "bárbaro, inculto y
horrendo", a sus cuestiones de "vanas e inútiles" y a su
dominio de "tiránico e insoportable" . (Citado por Risieri
Frondizi en PANORAMA DE LA FILOSOFIA LATINO-
AMERICANA CONTEMPORANEA, en Minerva, Núm . 2,
Buenos Aires, Julio-Agosto de 1944)
62
Ei Padre Juan Benito' Diaz de Gamarra . Doctorado en
Pisa, entonces centro renovador de ideas, introduce las
ideas cartesianas en t/léxico v una de sus obras ELEMENTA
RECENTIORIS PHILOSOPHIAE es aceptada por la Uni-
versidad como libro de texto . (Ver BENITO DIAZ DE
GAMARRA de Antono Caso, en Revista de Literatura
Mexicana, Núm . 2, 14rL¡ . Gamarra preparó un nuevo am -
biente, apto para que se sembraran las ideas de los encielo-
pedistas franceses y para que las teorías de Rousseau pren-
dieran en propicia provüneia semillas espirituales que fruc-
tificarían posteriormente en el movimiento político de la
independencia.
Con postelación, las corrientes francesas que predo-
minan en América son de estricto carácter político . Los en-
ciclopedistas, el CONTRATO SOCIAL de Rousseau, EL
TERCER ESTADO del Abate Sieyés, alguno que otro libro
de Diderot, Montesquieu, corrientes que intelectualmente
precedidas en los Estados Unidos de Norte-América por
pensadores políticos corno Jefferson, Hamilton, Franklin
y otros, que habían bebido de Loene, predisponen las con-
ciencias a la emancipación de las colonias del gobierno de
España.
63
Risieri Frondizi en el citado artículo, con referencias a
un estudio de Francisco Romero, ENRIQUE JOSE VERO-
NA en CURSOS Y CONFERENCIAS, Nos . 131-132, p . 427.)
En Chile tuvo influencias, desde la Constitución li-
beral de 1823, la dirección de don José Joaquín de Mora,
ciudadano español, quien sucedió en la Real Academia Es-
pañola al célebre filósofo católico Jaime Balmes . El mis-
mo Andrés Bello, fundador de la Universidad de Chile,
acogió en sus obras una serie de ideas y teorías de pen-
sadores franceses, como Condillac, Rousseau, etc . A él
nos referimos en la parte correspondiente a Chile.
Durante el siglo XIX, las corrientes de filosofía román-
tica alemana llegan a América a través de los literatos, prin-
cipalmente Goethe, Herder y Schiller . Ni Kant, ni los
posteriores grandes filósofos como Fichte, Schelling y
Hegel, son conocidos . El estadio por el que Latino-Amé-
rica atravesaba era aún muy mozo, inmaduro, para poder
recibir directamente las doctrinas de estos pensadores.
En el siglo XIX, Balmes, aunque no tanto como en la pe-
nínsula, ejerce cierta influencia en los medios culturales
católicos . Entre los tradicionalistas y los fideítas france-
ses ha de destacarse el influjo del Conde José de Maistre,
de Monseñor de Bonald y del periodista Luis Veillot.
En nuestra América ha surgido y sigue surgiendo es-
porádico interés de los lectores cultos por filósofos de mo-
da o puestos de moda por nuestros grandes poetas y escri-
tores . Tal sucedió en parte con Schopenhauer a través de
Rubén Darío y Gómez Carrillo y sigue también sucedien-
en este sentido, repetidas veces, con otros más recientes.
Bergson y Heidegger constituyen un típico ejemplo.
El Positivismo en nuestra América:
1—Inglaterra ha sido llamada la segunda patria del
Positivismo y con mucha razón, pues contó a Spencer y a
Stuart Mill entre sus adalides . El primero con sus Prin-
cipios divulgó en forma extraordinaria las doctrinas positi-
vistas, además hizo la presentación más apariencialmente
universaly filosófica de la doctrina evolucionista, en for-
ma tan general que su influjo iba a durar hasta los co-
mienzos de nuestro siglo y regir la educación filosófica
inicial de pensadores tan grandes como Bergson y Maritain
en Francia . Stuart Mill con su LOGICA prolongó y per-
64
feccionó en extraordinario modo las tablas y las orienta-
ciones de Bacon y regaló al método científico una nueva
y fecunda base . Los Estados Unidos prosiguieron las di-
reccionesingleses y aún hoy su impulso e influencias es de
vasta envergadura.
Si Francia fue la iniciadora, Alemania contó a uno de
sus más grandes teóricos . Ernst Mach es,y merece más ,
estudio en las historias de filosofía que por allí se escriben;
su teorizante más destacado . Francia ha tenido relativa-
mente pocos grandes filósofos si se la compara con Alema-
nia . Si hiciéramos una lista, a nuestro humilde parecer,
de las grandes figuras francesas que se relievan en primer
plano de genialidad filosófica o de influencia filosófica, ocu-
parían puestos Descartes, Malenbranche, Comte, Maine de
Birán, Bergson y posiblemente Jacques Maritain . Mientras
tanto Alemania puede gloriarse de tener 15 ó 20 figoras
de primer valor. Comte nació en Franciay le estuvo des-
tinado en la historia el ejercer una de las mayores influen-
cias que se han realizado en el mundo . En la raíz de todo
gran sistema —quiéralo o no su creador— hay una me -
tafísica, escondida a la luz . Si metafísicamente quisiera
valorizarse el Positivismo tendríamos que recurrir a la
filosofía contenida y expuesta por Kant en la CRITICA
DE LA RAZON PURA . Comte no hace otra cosa que coin-
cidir en las conclusiones a que arriba el filósofo de Koenis-
berg . Su metafísica existe aunque implícitay oculta . Es-
ta doctrina encontrará en América un terreno propicio de-
bido a la poca maduración filosófica del continente.
2—No pretendo ahora exponer en detalle la doctrina
positivista, sino bosquejar o panoramizar sus ideas princi-
pales, relacionándolas con el ambiente americano.
El Positivismo tuvo una función histórica que deriva
de su propia posición filosófica . Esta función involucre
támbién el problema esencial de la filosofía de las ciencias
o de la filosofía de la naturaleza . La actitud positivista
ante la realidad total en cuanto ella se relaciona al cono-
cimiento humano envuelve la afirmación sensualista y
reduce el ser cognoscible a la órbita del conocimiento sen-
sible. Gnoseológicamente implica una metafísica o', me-
jor dicho, la negación de toda metafísica valedera y cien-
tífica en la amplitud universal de este vocablo . Desde el
punto de vista práctico, aunque teóricamente su actitud
65
sea agnóstica, se inicia con la posici®ua positivista una pen-
(,¡iente hacia la afirmación materialista . El Positivismo
intensificó la atención hacia las ciencias de la naturaleza:
se comprende este aserto que es casi obvio : era el único
campo de cognoscibilidad dejado a¡ hombre.
El Positivismo apareció en Francia con caracteres de
una religión . Así se explica su energía para atacar los
sistemas metafísicos o religiosos . Durante todo el siglo
XIX, especialmente en su país de origen y en la América
Latina, se mantuvo en su actitud de batalla.
El Positivismo reemplazó a todos los sistema filosó-
ficos en su tendencia a unificar las ciencias y a fundamen-
tar una filosofía de las ciencias, unificación que se hacía
necesaria y era exigida por la naturaleza misma de los
hechos . Las "metafísicas" existentes u oficiales se apar-
taban cada día más de la realidad objetiva . Es curioso el
observar que Leibniz en su NUEVA LOGICA había ade-
lantado nociones que más tarde serían estudiadas por el
célebre CIRCULO DE VIENA de nuestro siglo . (Hay au-
tores contemporáneos que juzgan sus trabajos filosóficos
y especialmente lógicos superiores en trascendencia a la
Crítica de Kant) . Mach se proponía limpiar la física de
todo concepto metafísico . Sus estudios sobre los ' funda-
mentos de la Mecánica son ampliamente conocidos ; su críti-
ca al concepto del átomo, tal vez uno de sus más grandes
errores, es sin embargo de un apasionante y sutil interés.
Mach buscó la unificación de las ciencias en un lazo cien-
tífico , despreciando y menguando el valor más universal
de las matemáticas y de la lógica (1) . Su posición al con-
siderar la física como valedera en juicios sobre impresiones
de los sentidos le tiñe al parecer con cierto perfil de idea-
lismo y quizá justifiquen las apelaciones críticas de idea-
lista que a Mach le hiciera Lenin.
El Positivismo es, permítaseme, la expresión, esquemá-
ticamente lineal ; su punto de vista o ángulo de visión es
unilateral y monovalente, fincado en una superficie de la
realidad, en un sector demasiado estrecho para aspirar a
constituirse en base de síntesis o =de análisis hondo . Se
66
comprende que el propio adelanto de las ciencias fue crean-
do problemas que estaban fuera de su esfera de visión,
no solamente en el orden fáctico, sino por razones de natu-
raleza absolutamente irresolubles por sus propios y esen-
ciales principios.
La incomprensión de los positivistas por . los problemas
rnetafísicos y psicológicos trajo por consecuencia una vigo-
rosa reacción, que empezó desde todos los campos doctri-
nales, escolásticos y no escolásticos . El Positivismo abrió,
no obstante, las puertas a la libre especulación de una ma-
nera inusitada, ejerciendo este clima con principalidad en
países como Francia y la América Latina donde la Iglesia
Católica dirigía dogmáticamente los estudios.
En la América Latina las obras de Comte y Spencer se
propagan rápidamente . En algunos de nuestros países,
como Chile y el Brasil, adquieren rango oficial en la edu-
cación pública y demoran sus doctrinas hasta nuestros
días . (Tanto en el Brasil como en Chile existen sociedades
de filosofía positiva de carácter religioso) . (Recuerdo que
hasta hace pocos años se leía y estudiaba la obra de Com-
te en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Chile
como la base fundamental de la enseñanza filosófica, como
su estación de partida incontrovertible .) (Con razón Or-
tega en su primera visita a la Argentina se asombró de
que Spencer señalara nuestra meta final).
La emancipación política de América se realizó con las
ideas de Rousseau ; andando el tiempo los renovadores de la
educación, los políticos, los escritores de nuevas ideologías.
buscaron y creyeron encontrar el ideal de sus aspiraciones
en las doctrinas positivistas . Se explica por estas circuns-
tancias sociológicas el inusitado auge que el Positivismo
adquirió en la América . En la mayoría de las universidades
latinoamericanas el positivismo ha huido en derrota, al me-
nos, en sus facultades de filosofía, pero ha quedado en mu-
chas de las estructuras educacionales, en los códigos, en mu-
chas de sus disposiciones, en otras disciplinas científicas o
semi-científicas, como la sociología , etc . Su influencia en
las capas culturales de nuestras sociedades ha sido inmensa.
Desde una perspectiva amplia creo que el Positivismo ha
demorado demasiado tiempo entre nosotros y ha constreñido
intensamente la inteligencia y la sensibilidad de los hom-
bres de nuestro continente .
67
Algunos positivistas célebres:
México es uno de los países donde el positivismo tiene
una larga historia . (Cfr . Leopoldo Zea, EL POSITIVISMO
EN MEXICO (El Colegio de México, 1943) ; Agustín Aragón,
ESSAI SUR LMISTOIRE DU POSITIVISME AU MEXI-
QUE (París, Société Positiviste, 1898) ; eterio Valverde
Tellez, BIBLIOGRAFIA FILOSOFICA ME ICANA, 2 vols .,
2a . ed. (León, México, Imprenta de Jesús Rodríguez, 1913);
Samuel Ramos; HISTORIA DE LA FILOSOFIA EN MEXI-
CO (México, Imprenta Universitaria, 1943).
Llegó a México en la segunda mitad del siglo pasado
y perduró hasta bien entrado el siglo XX . Se vió en el po-
sitivismo un instrumento para renovar la educación y co-
menzar una reforma social y politica . La larga lucha entre
conservadores y liberales culmina con el triunfo de estos
últimos ; de este grupo político nació el positivismo mexica-
no, armado de lanza en ristre contra la Iglesia Católica.
El mes de septiembre de 1867 ha de señalarse como decisivo,
pues Gabino Barreda — el más ilustre de los positivistas
mexicanos — pronuncia un discurso en Guanajuato en el
que hace una interpretación filosófica de la historia de Mé-
xico, inspirada en las doctrinas de Augusto Comte . Beni-
to Juárez llama a Barreda para que se encargue de la reor-
ganización de la educación mexicana en todos sus ciclos
este emprende la tarea con entusiasmo. (Barreda es au-
tor de un texto de LOGICA que hasta hace pocos años era
enseñado en muchos de los establecimientos mexicanos).
Barreda fue directo discípulo de Comte y conoció a Littré
y a sus discípulos . En 1877 es fundada la ASOCIACION
METODOFILA "GABINO BARREDA" donde se agrupan
sus seguidores. (Cfr. Gabino Barreda ESTUDIOS, Selección
hecha por José Fuentes Mares — Universidad Nacional d'e
México, 1941).
En México el positivismo fue más que todo práctico y
de aplicación ; sirvió para expresar intelectualmente el mo-
mento social agitado y bullente por el que atravesaba el
país .
El pensador e historiador mexicano Justo Sierra, hom-
bre de vastas resonancias en la cultura de México (una ca-
lle donde está sito el edificio administrativo de la Universi-
dad Nacional Autónoma lleva su nombre) emprende un
68
tenue giro en un movimiento en contra de las ideas de Ba-
rreda En 1903 se funda el ATENEO DE LA JUVENTUD,
donde se inicia la reacción contra el positivismo que ter-
mina por destronarlo de la órbita cultural del país . Hom-
bres como Antonio Caso, José Vasconcelos, Alfonso Reyes y
muchos otros escritores se reunían periódicamente en el'
Ateneo para intercambiar ideas, ponerse en contacto con
las corrientes europeas nuevas, discutir problemas, agitar
el ambiente cultural : era el Ateneo un centro de gran vita-
lidad en sus comienzos y todas las inquietudes del momento,
filosóficas, literarias, artísticas, fueron trajinadas con en-
tusiasmo y estudio.
Antonio Caso y José Vasconcelos — de quienes nos ocu-
paremos más adelante — son los que iniciaron con vigor el
ataque al positivismo basados en Bergson principalmente.
La reacción antipositivista fue en sus orígenes un movi-
miento anti-intelectualista.
En Chile el positivismo no tuvo una figura como la de
Barreda, pero la labor educacional de las doctrinas de Com-
te fue más profunday logró asentarse con una organización
más perfecta . Chile ha caminado siempre en América a la
cabeza de las reformas educacionales y pedagógicas . Su
producción escolar es notable . La literatura filosófica de
Chile apenas alcanza a ser notada, se reduce a unos cuantos
e insignificantes textos escolares, sin mayores pretensiones:
plagios o resúmenes, por lo general, de textos franceses . El
programa de filosofía de los Liceos públicos gira en torno
a unas cortas y pequeñas nociones de lógica y psicología
experimental, añadidos algunos filósofos para complementar
ciertas nociones históricas . Se advierte en él una marcada
tendencia positivista, resabio del pasado siglo cuando adqui-
rió rango y protección oficial.
Las dos direcciones del pensamiento filosófico chileno
parten de la Escolástica y del Positivismo . En el siglo XIX
estas dos direcciones están representadas por Rafael Fer-
nández Concha y Victorino Lastarria respectivamente . La
influencia universitaria, en la composición de su magnífico
Código Civil, en la moderada orientación literaria, de clási-
cos contornos, fue nula en filosofía . (Bello escribió un tra-
tado de filosofía , libro ecléctico, con ideas de Condillac, de
la Escuela Escocesa, de Santo Tomás, etc ., libro mediocre
que apenas merece referirse a él) . Fernández Concha es-
69
cribió varias obras de importancia, entre las que sobresalen
EL HOMBRE y la FILOSOFIA DEL DERECHO . En esta
última obra demuestra cierta capacidad teórica, más de apli-
cación que puramente metafísica . José Victorino Lastarria
fue el campeón de la intelectualidad romántica y liberal ins-
pirada en los rumbos de don Domingo Faustino Sarmiento.
cuando se refugió en Chile huyendo de la tiranía de Rosas,
en 1842 . Lastarria fue un brillante parlamentario . Se ha
considerado a Lastarria uno de los prototipos de la inteli-
gencia chilena.
El positivismo está representado por la figura de Va-
lentín Letelier, quien escribió varias obras de importancia.
Letelier es el más conspicuo positivista chileno, por su pen-
samiento científico y filosófico, por su buen estilo lite-
rario.
No es posible, —al pasar revista a los positivistas chi-
lenos— dejar de hablar de la familia Lagarrigue , uno de
cuyos miembros se envistió de la toga apostólica, fundó
la asociación positivista con los fines de propagar sus doc-
trinas y practicar la Religión de la Humanidad . Hasta
ahora existe esta asociación religiosa.
El positivismo recibió sus primeros ataques, fuera de
ios círculos eclesiásticos, de aquellos que trajeron de Europa
las ideas bergsonianas . Hay que destacar las influencias
y escritos de Enrique Molina, actual Rector de la Universi-
dad de Concepción, las conferencias del Dr . Eduardo Cruz
Coke —una de las inteligencias más eminentes y distingui-
das de Chile—, y las lecciones del profesor Pedro León Lo-
yola, híbrida ezcla de ideas positivistas, bergsonianas y
kantianas y de una pasmosa superficialidad.
En la Argentina José Ingenieros fue el jefe indiscutible
de la escuela positivista y el más célebre de los escritores
latinoamericanos. Dotado de un gran espíritu de trabajo
este pensador es uno de los más fecundos expositores moder<
aros . Sus obras alineadas constituyen de por sí una peque-
la biblioteca . Engreído y presumido de su labor, con enor-
me vanidad, manifiesta y expresa Ingenieros una capacidad
receptora de vastas proporciones . Fundó la REVISTA DE
FILOSOFIA que cubre una etapa de veinte años de la his-
~oria de la incipiente filosofía argentina . Algunas de sus
obras llegaron a todos los públicos ,y gozaron de ingente
popularidad . Su fama se extendió a Europa y llevó el nom-
bre argentino y suramericano a muchos de los círculos cul-
turales del viejo mundo . Ingenieros fue un hombre de cien-
70
cia , psiquizitia ne profesión, y vulgarizó y propagó las ideas
positivistas más allá de las lindes universitarias . Disfrutó
de gran prestigio y admiración y contó con numerosos se-
guidores y discípulos . Su obra en conjunto apenas está fin-
cada en só li das bases filosóficas, penetra poco en la univer-
salidad de los grandes problemas y su andamiaje es débil
Y deleznable.
71
las conversaciones de salón y más que toda otra cosa trafica
con multitudinarias informaciones y datos, caminando en-
cantado por los senderos de la erudición.
La más grande figura del positivismo brasilero es To-
bías Sarreto (1839-1889) quien se inspiró en Comte y en
Haeckel, después de haber pasado brevemente bajo el eclec-
ticismo de Cousin . Barreto nunca fue un total positivista,
mantuvo un equilibrio conciliatorio entre Haeckel —el au-
tor de LOS ENIGMAS DEL UNIVERSO— y Schopenhauer,
concibiendo el mundo no solamente como voluntad única
sino simultáneamente como fuerza . "Como fuerza es fe-
nómeno, como voluntad númeno", decía kantianamente
en frase feliz . Barreto es el jefe de la ESCUELA DE RE-
CIFE. Los "recifistas" adherían con entusiasmo a las ideas
evolutivas de Charles Darwin, las teorías naturalistas de
Haeckel y pensadores de esa tendencia . (Cfr. Hermes Li-
ma, TOBIAS BARRETO (Sao Paulo, Companhia Editora
Nacional, 1939).
Brasil ha sido el país positivista por excelencia en Lati-
no América . La Iglesia Positivista pervive en su fundación
misional y religiosa . La SOCIEDAD BRASILEIRA DE FI-
LOSOFIA, que fue fundada en 1927, expone su pensamiento
en publicación periódica. Hay un grupo que sigue a Ivan
Lins, comtista ciento por ciento . Las ceremonias y servicios
religiosos de la Iglesia Positivista tienen siempre asistentes
y adeptos. Sin embargo , las nuevas ideas del positivismo
contemporáneo que toman asiento y se refugian principal-
mente en el extinto CIRCULO DE VIENA, así como las
concepciones logicistas de Whitehead y Russell, no han lle-
gado a desalojar los antiguos moldes de su fundador.
Correspondió a Farías Brito el emprender la reacción
contra el positivismo. Este pensador, el más puro y genui-
namente filósofo del pasado siglo brasilero, evoluciona del
naturalismo al misticismo, marcada esta trayectoria desde
su primera obra "A FINALIDADE DO MUNDO", a LA BA-
SE FISICA DEL ESPíRITU y EL MUNDO INTERIOR,
19I2 y 14 . (Cfr . Jonatás Serrano FARIAS BRITO , Sao
Paulo, Companhia Editoria Nacional, 1939, Silvio Rabelo).
FAR.IAS BRITO (Río de Janeiro, Liv . José Olympio , edi-
toria, 1941).
72
des figuras de relieve, fueron incapaces de detener el movi-
miento positivista cuando éste hizo su entrada en América,
y cuando la reacción contra el positivismo tuvo lugar las
bases rectoras e inspiradoras tuvieron fuera de sus filas,
eran ajenas . Y no es de extrañar este fenómeno que a ve-
ces preocupa la atención de nuestros contemporáneos, es-
pecialmente si son ilustrados miembros del clero, porque el
resurgimiento escolástico en el siglo XIX, más que resu-
rrección fue surgimiento de aislados pensadores, todavía in-
mergidos en ciertos resabios cartesianos, malebranchianos o
leibnizianos desprovistos de los conocimientos científicos
indispensables para tan magna tarea, ineptos para incorpo-
rar lo verdadero y bueno, lo asimilable, de las ciencias y de
los sistemas filosóficos en la unidad de la "philosophia peren-
nis" . Pocos son los nombres que figuran en Europa : Jaime
Balmes, Zeferino González, Aramburu, Sanseverino, Ta-
parelli, Liberatore, Kleutgen y algunos otros . El primero
de los nombrados, de indudable talento, presenta doctri-
nas divergentes como las de la escuela escocesa, cartesia-
nas, suarezianas, todas ellas emergiendo de una armazón
semitomista . Balmes era, sin embargo, el más inteligente
de los filósofos del XIX en la Península . Los mas atenidos
a una dirección unitaria, como González, Sanseverino,
Kleutgen, permanecían alejados del movimiento científico.
En Francia asombra el considerar la ignorancia teológica y
filosófica de los pensadores católicos del XIX.
La Escolástica no iniciará su resurgimiento sino en el
XX y positivamente no destruirá el mal entendimiento trá-
gico entre ciencia y filosofía que venía engendrado desde los
tiempos de Galileo, sino hasta la aparición de LES DE-
GREES DU SAVOIR de Jacques Maritain, que abre una
nueva y , más abstracta perspectiva del tomismo sobre las
ciencias y sobre la naturaleza, creando la filosofía de las
ciencias en una puridad y alteza como jamás la conocieron
los aristotélicos y los antiguos escolásticos.
Pero, es sin duda alguna Henri Bergson a quien se de-
be la vigorosa reacción metafísica que desaloja la posición
positivista e inicia un nuevo período de su resurgimiento.
Alemania, no obstante, jamás dejó de mantener una trayec-
toria metafísica . Los grandes filósofos idealistas que siguie-
ron a Kant habían relievado en creciente lineamiento la
separación de filosofía y ciencias. Corresponde a Edmund
Husserl, con la antelada influencia de Francisco Brentano,
73
el virar tracia el realismo . Brentano, renovador en parte de
un anti ,¿bo estudio de un filósofo de Praga, B . Bolzano,
WISSENSGHAFTSLEHRE, publica una obra LAS PARA-
DOJAS DEL INFINITO , en la que ve Bertrand Russell el
primer eran progreso en el análisis matemático del infinito
después de dos mil años . Brentano, conocedor de Aristóte-
les ) de la Escolástica (había sido sacerdote católico y pro-
fesor de Teología de la Universidad de Viena) trató de re-
novar lz lógica escolástica y enseñó, también, filosofía de
las c encias . Husserl es la figura más cimera y alta del
nuevo movimiento . Su " fenomenología", expuesta princi-
palmente en su obra cúspide LOGISCHE UNTERSUCHUN-
GEN, traducida al español por Manuel García Morente en
1929, ostenta una vuelta hacia el realismo . Al abordar el
problema del conocimiento —sin afirmar ningún contenido
,)neológico y solamente describiendo las experiencias psí-
quicas— introduce la noción d'e "ente intencional" , de modo
que recuerda a los escolásticos del Renacimiento especial-
inerte ni portugués Juan de Santo Tomás.
Pero, volvamos a nuestra historia.
Los meridianos de la cultura filosófica en la América Latina.
México y la Argentina son_ los países por los que ac-
tualmente se advierte una mayor producción filosófica, or-
ganizada y científica . Ambas naciones de nuestro hemisfe-
rio se preocupan intensamente, en la medida de sus fuer-
zas, por los problemas de la filosofía y cuentan con numero-
sos órganos de publicidad . En este sentido marchan a la
cabeza de la América Latina.
2 .—La Universidad Nacional Autónoma de México es el
centro de este movimiento en su país . Ya hemos dicho al-
gunas palabras respecto de Fray Alonso de la Veracruz,
agustino, que fue el primer profesor de filosofía que tuvo
el continente. La Universidád Nacional de México enco-
mendó a mi ilustre amigo el Dr . Oswaldo Robles la publi-
cación de estas lecciones, que vieron la luz pública en 1942.
INVESTIGACION FILOSOFICO-NATURAL : LOS LIBROS
DEL ALMA, de Fray Alonso, encierran estas primeras lec-
ciones ; llevan prólogo y anotaciones de Oswaldo Robles,
la primera cabeza del tomismo mexicano.
La Universidad ha seguido siendo centro de la cultura.
organizada de México . Es notable, no obstante, el observar
74
que los primeros pensadores que reaccionaron en contra de
la influencia del positivismo eran autodidactas . T'antf~
José Vasconcelos como Antonio Caso se habían hecho a si
mismos.
José Vasconcelos es tal vez el mas original pensador que
ha tenido la América Latina . A la caída de Carranza -r
con la ascención al poder del General Alvaro Obregón, Vas-
concelos es nombrado primeramente Rector de la Universi-
dad Nacional y después Secretario de Instrucción Pública.
Como Rector agitó el ambiente semi dormido en que se
debatían los estudios universitarios, fue él quien colocó er.
el escudo de la Universidad el actual lema POR Ml RAZA
HABLAP,A EL ESPIRITU, que se refiere a los pueblos luso-
hispanos de América . Vasconcelos no es una mentalidad
científica o filosófica, en el estrictc alcance de este vocablo.
Es un pensador intuitivo de poderosa imaginación . Es una
especie de Unamuno americano . Su pensamiento filosófico
se halla diseminado en numerosas y voluminosas obras : EL
MONiS1VIO ESTETICO, TRATADO DE META.FISICA, ETI-
CA, ESTETICA, DOCTRINAS HINDOSTANICAS, etc ., La
ESTETICA es posiblemente su mejor obra filosófica . Mu-
chas de sns obras, hay que avaluar y admirar su acción, fue-
ron escritas en medio de las mayores vicisitudes en sus
campañas políticas, en sus exilios . Piensa Vasconcelos que
la intuición estética, de naturaleza emocional, es la que me-
jor nos pone en contacto con el universo . El mundo se
nos devela como dato primario a través de la belleza . Sus
ideas metafísicas revelan influencias hindostánicas y de los
gnósticos, advirtiéndose la sombra de Plotino con su poten-
te misticismo.
Hace algunos años apenas, Vasconcelos se convirtió al
Catolicismo bajo la influencia del jesuita Padre Castiello.
Lejos de adoptar una actitud racional en su nueva posición
se ha mantenido en su actitud anti-intelectualista y ha lle-
gado a afirmar que "las filosofías conducen a las herejías y
que únicamente la pura religión lleva a Dios" . Sin embar-
go, en una conversación me dijo Vasconcelos de su gran ad-
miración por Maritain, señalándome LOS GRADOS DEL
SABER como una obra penetrante y puesta en verdad . Vas-
concelos expuso su más brillante pensamiento en sus obras
de sociología y alta política que a los problemas y destinos
de América se refieren : LA RAZA COSMICA, INDOLO-
15
GIA, BOLIVARISMO Y MONROISMO, etc . Su ensayo so-
bre QUE ES LA REVOLUCION? es mediocre y sin pers-
pectivas. Si su sistema filosófico ofrece cierta trama, sus
principios o primeros establecimientos no resisten una crí-
tica genuina y verdaderamente racional.
76
Boutroux una halagadora afirmación . Aquí se vislumbra
ya una de las bases posicionales de su filosofía . El viejo y
siempre nuevo problema del determinismo ,y la libertad ha
sido dilucidado por Boutroux en forma compleja y poco
coherente . Yo no comprendo esa admiración excesiva que
sus teorías han despertado en algunos círculos : la ponencia
misma de sus cuestiones dista mucho de encerrar el quid
de lo discutido . El atropellante influjo de la filosofía berg-
soniana capta después al maestro mexicano y absorve su mo-
do de pensar . Su posición nueva por consiguiente es anti-
intelectualista aunque extremadamente atrayente . Si bien
se piensa la filosofía bergsoniana restaura solo indirecta-
mente la metafísica, en la dirección y significado de que se
muestra —y con razón— hondamente insatisfecha con los
pseudos y limitadas soluciones del evolucionismo spence-
riano y positivismo en ,general . Los interrogantes supre-
mos sobre el Absoluto afloran a la arena de las inquietudes,
y retorna na un título de ciudadanía atrevida e ignorante-
mente negado en décadas anteriores . Sin embargo la me-
tafísica bergsoniana no consigue quebrar la curva del deve-
nir universal de los fenómenos para adquirir definitiva y
autónoma actualidad, trascendencia ulterior y radical in-
dependencia.
Caso sostiene entonces la primacía de la intuición emo-
tiva y simpática sobre la inteligencia, considera el conoci-
miento científico de únicamente valor instrumental . Aso-
man en sus ideas ribetes de W. James,
En la historiación de la cultura filosófica de nuestra
América juega papel importante la divulgación de los es-
critos de José Ortega y Gasset, quien regresa de Alemania
con un bajel novedoso de ideas y teorías para los novedosos
hispanos . El pensador español difunde ideas de Marbur-
go, de Scheíer, de hombres del otro siglo como Dilthey, etc.
La REVISTA DE OCCIDENTE acoge tradiciones germá-
nicas y es leída por la gente hispanoamericana que siente
aletear un ansia de renovar los viejos moldes . Caso y su
obra se dirigen por esos senderos ; publica en 1934 un es-
tud ;' o sobre LA FILOSOFIA DE HUSSERL y más adelante
se siente atraído por las investigaciones histórico-racio-
nales del francés Meyerson, editando en 1940 MEYERSON
Y LA FIS T_CA MODERNA . Saludable influjo recibe del
autor de IDENTITE ET REALL'PE que ve un conato cons-
77
Cante de toda teoría científica a acercarse a la realidad y
expresarla en la medida de sus posibilidades . A Meyerson
corresponde la afirmación plena y sugestiva : "toda ciencia
requiere un mínimo de metafísica" . Estudia las tenden-
cias idealistas de . León Bruqwic, pero sin abanderizarse con
ellas . Conoce de la filosofía de Benedetto Croce, el genial
hegeliano de Italia y hasta se sumerge en las elucubraciones
del positivismo lógico del Círculo de Viena, publicando
en 1941 POSITIVISMO, NEOPOSITIVISMO Y FOMENO-
LOGIA . Las obras de Caso son numerosas : PROBLEMAS
FILOSOFICOS (1915), FILOSOFOS Y DOCTRINAS MO-
RALES (1915), PRINCIPIOS DE ESTETICA (1925), EL
ACTO IDEATORIO (1934).
78
El nombre de Korn indica una posición de independencia,
actitud moral ante la vida y una vocacióh abierta para
todos los problemas.
Su obra capital LIBERTAD CREADORA fue escrita
en 1922 . La estación de partida de su pensamiento es un
idealismo que refugia el valor del conocimiento en la es-
fera de la conciencia . Su posición gnoseológica es anti-
ralista . Se niega a admitir el realismo —su opinión es
superficial y peregrina— que según él conduce al mate-
rialismo, el que presupone el determinismo . La crítica y
análisis de la libertad es interesante, pero se advierte una
adentración poco profunda y superficialmente metafísica en
la esencia del problema . A mi parecer, Korn extrae ciertas
ideas sobre la libertad del voluntarismo cartesiano . Somos
libres, porque escogemos nuestras propias leyes morales y
somos capaces de no cumplirlas . Esta autodeterminación
que proviene desde la raíz de nosotros mismos y que no está
sujeta a ninguna ley, que antes es su creadora — pone en
realidad un aspecto voluntarista sobre lo inteligible, la
acción pura prima sobre el ser . Así se tiñe con evidencia
de voluntarismo toda su teoría de la libertad.
Pero la jerarquía de las disciplinas filosóficas esta-
blece el primado supremo de la Axiología como superonidad
rectora . Los valores emergen de nuestra libertad . La fi-
losofía es antes que todo una teoría de los valores es una
AXIOLOGIA : tal es el título de una de sus obras funda-
mentales publicada en 1930.
(Sobre Korn se leerá con fruto un volumen que contie-
ne tres ensayos de Francisco Romero, Angel Vasallo y L.
Aznar, editado por Editorial LOSADA bajo el título ALE-
JANDRO KORN).
Y ahora llegamos a Francisco Romero, el filósofo sura-
mericano que goza de más nombradía . Si juzgáramos a
algunos de los valores argentinos por la propaganda que
ellos, o de ellos se hace, tendríamos que colocarlos junto
a los grandes filósofos de la historia del mundo.
Romero sucedió a Korn en la cátedra de Gnoseología
y Metafísica de la Universidad de Buenos Aires, en 1930.
Ha publicado muy poco en obras de gran alcurnia . Sus ar-
tículos han disfrutado de difusión, pues han sido publica-
dos en algunas revistas españolas y argentinas de renombre,
79
en LA NACION, de Buenos Aires, jornal de primera mag-
nitud y el más importante del mundo latino después de
LA PRENSA de esta gran metrópoli . Ellos han sido des-
pués congregados en libros . No hay en su filosofía, —
más tipomecléctico que unitario v sistemático . Su novedad
estriba en exponer algunas doctrinas de filósofos contempo-
ráneos, como Husserl, Sebeler, Hartmann, Dilthey, etc . No
ha de negarse su cualidad expositiva pedagógica : Romero
ha sido uno de los conspicuos inquietadores del ambiente
filosófico latinoamericano . Ultimamente su pensamiento
ha sido objeto de estudio crítico del filosósofo norteameri-
cano Edgar S . Brightman . La filosofía de Romero no for-
ma un " sistema " , para él la filosofía se reduce a girar en
torno de una serie de problemas núcleos y vitales — estruc-
tura,trascendencia, persona, valor, espíritu — utilizando el
método"fenomenológico " , el único científico en este caso.
Caracteriza a Romero un buen z claro estilo aunque un
poco recargado y retruecado.
Sus obras : FILOSOFIA CONTEMPORANEA (Edit.
LOSADA, Buenos Aires, 1941) y FILOSOFIA DE LA PER-
SONA . (Idem ., 1943) . El señor Francisco Romero es un
mayor retirado del ejército argentino, y este hecho acre-
cienta el valor de su vida y de su obra.
2—Hay muchos otros pensadores independientes en la
Argentina . Por regla general, . exceptuando el caso del
tomismo, la mayoría de los filósofos argentinos beben sus
doctrinas en fuentes múltiples y el eclecticismo es un per-
fil ce su pensamiento . Angel Vasallo expresa una perso-
nal vocación y estilo propio al asumir las direcciones de
Bergson, Mauricio Blondel Gabriel Marcel, etc ., en sus
obras NUEVOS PROLEGOMENOS A LA METAFISICA
Y ELOGIO DE LA VIGILIA (Edit . LOSADA, 1938 y 1939
respectivamente) . Vasallo es uno de los mejores de la ac-
tual generación.
Tenemos a Alberto Rougés, prínesor de la Universidad
de Tucumán, eminente pensador católico aunque no sigue
los rumbos del tomismo . Su obra está inspirada en gran
parte en San Agustín y se tiñe de coloración neoplatónica.
Las ENNEADAS reposan en su respiración aquilina y
mayestática detrás de su movimientc . Las jerarquías del
Ser y la Eternidad (Tucumán, Facultad de Filosofía y Le-
80
tras, 1943) es sin duda una obra de gran conseguimiento
intelectual y una de las más profundas salidas de pluma
americana.
Miguel Angel Virasoro ha escrito LA LIBERTAD, LA
EXISTENCIA Y EL SER, obra de esfuerzo y entendimien-
to de valía. Rafael Virasoro, autor de varios ensayos en
que se nota excelente facultad de análisis y sutil
.observación(Cf ENVEJECIMIENTO Y MUERTE, Santa Fé, Im-
prenta de la Universidad Nal . del Litoral, 1939) . En este
ensayo se advierte la huella de Scheler y de Lansberg, su
discípulo.
3—Uno de los eventos o fenómenos más interesantes
de la incipiente cultura latinoamericana es la invasión de
la filosofía de Martín Heidegger ,y la boga tan alta y
rápida que ha alcanzado en nuestras esferas . Casi puede
decirse que no hay pensador de las nuevas generaciones en
América que no ha sido influenciado por el profesor de
Friburgo de Brisgovia . Algunos de nuestros jóvenes han
recibido directamente sus enseñanzas, otros —la mayoría—
apenas los han leído, y en una que otra obra, en traduccio-
nes francesas.
La filosofía existencial de Heidegger responde a un
momento histórico y es el eco o resonancia de una juventud
que mira en el heroísmo mal equilibrado su meta o su
orientación social y política . El poético estilo del meta-
físico alemán ha conquistado atmósfera . Su vida personal
dista mucho de la gran órbita que su metafísica describe.
Audaz metafísico y medroso profesor, al servicio incondi-
cional del Nacismo alemán . La filosofía existencialista es
una fenomenología acabada de pensar, ha dicho Alois
Fischer. Esta afirmación tiene sólo un rostro verdadero,
es únicamente una verdad incompleta o unilateral . Señala
una perspectiva lineal de Husserl y nada más.
Entre los argentinos admiradores y seguidores de Hei-
degger, se destaca Carlos Astrada (Huserl, Heidegger) con
varias obras de aliento como IDEALISMO FONOMENOLO-
GICO Y METAFISICA EXISTENCIAL (Buenos Aires, Fa-
cultad de Filosofía y Letras, 1936) ; LA ETICA FORMAL Y
LOS VALORES (La Plata, Univ. Nal. de La Plata, 1938);
EL JUEGO METAFISICO (Buenos Aires, Editorial ELA-
TENEO, 1942) .
s1
4—El movimiento neotomista de la Argentina es el
más caudaloso, tanto en su país como en el resto de Amé-
rica . Las visitas de Jacques Maritain y del P . Reginaldo
Garigou-Lagrange lo han incrementado y avivado.
Advierto en tomismo argentino dos corrientes capitales:
la puramente filosófica y la política o de perfiles indirec-
tamente apuntados a ella . La primera tiene algunos valo-
res de vigorosa altitud : los nombres de Octavio Nicolás
Derisi, Tomás D . Casares, Juan R . Sepich, Nimio de Anquín
y otros certifican este aserto . Una de las mejores revistas
del continente —posiblemente la mejor de la América La-
tina— les sirve de órgano de difusión y es Ortodoxia . de los
cursos de Cultura Católica de
82
nota un espíritu de grandes promesas para la labor in-
vestigadora.
El P . Menvielle , dedicado a los problemas socio-polí-
ticos, no siempre su camino va sin riesgo . Su estilo cla-
ro le ha traído un gran número de lectores . César E . Pico,
que tuvo resonancia cuando el ataque a Maritain, háse de-
dicado a, veces al estudio de las cosas políticas . Rafael
Pividal y una multitud de jóvenes estudiosos ameritan en
valor el movimiento tomista argentino, el más caudaloso
de América . Junto a él, con él —repetidas veces sure-
zianiter— han que nombrar la labor de los Jesuítas . Entre
los qué de ellos sobresalen está el nombre del Padre Ismaeil
Quilés S . J. Creo, sin embargo, que entre ellos no se en-
cuentran los más puros intérpretes del Aquinate . Muchos
" plumas" de Suárez quedan aleteando en las plumas de los
Jesuitas.
83
taciones que Hans Kelsen, el autor de la teoría pura del
derecho, iniciara en Alemania.
Argentina es hoy por hoy, el país donde con más vigor
se inicia un surgimiento de la filosofía y de estas disciplinas
afines, donde existe un mayor interés y donde se cuenta
con mejores ,y más numerosos centros e instituciones de
alta cultura . Su posición geográfica y sus grandes e in-
gentes recursos económicos, su vida social y política que
ha gozado de octaviana serenidad —al menos sin violentos
o sangrientos trastornos desde muchas décadas— todo con-
tribuye a forjar en su vasto territorio, con los beneficios
de la civilización, y en su capital . Buenos Aires, especial-
mente —sin contar centros como Tucumán, Córdoba, Rosa-
rio, etc .— los frutecimientos ya iniciados con impulso de
una alta cultura . Las Universidades de Buenos Aires, La
Plata, Tucumán, Córdoba, del Litoral, etc ., contribuyen y
organizan en un seno la cultura filosófica de esa gran na-
ción. La visita, en años anteriores, de José Ortega y Gasset,
de Miguel de Unamuno, de Manuel García Morente y de
Jaques Maritam han despertado e iniciado inquietudes po-
derosas, muchas de las cuales han fructificado en realizacio-
nes y en la constitución de círculos de estudios y de in-
vestigación . La llegada de hombres como Rodolfo Mon-
dolfo, Renato Treves, Emile Gourán, etc., ha servido de
mucho para el progreso cultural . La gran capacidad de
apertura y crecimiento, de nacionalización y asimilación
de la Argentina es la principal base de su desarrollo na-
cional.
La Filosofía en el Brasil actual.
Las Universidades de Río de Janeiro y de San Pablo
monopolizan casi toda la filosofía brasileña . La Universi-
dad Federal y la Uñiversidad Católica en la capital im-
parten y señalan corrientes dispares . En San Pablo, la
oficial y la de Sao Bento responden en los estados a una
similar posición y actitud.
La mentalidad brasilera es por sobre todo asimilativa,
retrata las corrientes v las modas europeas —especialmente
Francia— sin ser tan vigorosa todavía como para impar-
tirle un sello y un rumbo personal.
En los generales dominios de la cultura, el Brasil en
-múltiples aspectos camina a la zaga de algunos países his-
84
panoamericanos : la filosofía argentina y mejicana, la poesía
chilena, la novela suramericana en general, el teatro me-
jicano, etc ., marchan a la cabeza en nuestra América . Com-
parada la cultura brasilera a estas manifestciones de nues-
tros países es inferior en conjunto.
85
Euylo Cannabrava, con su obra SEIS TEMAS DO ES-
PIRITO MODERNO, representa la dirección de la filosofía
moderna alemana, la que se reparte entre Husserl, Schelery
Heidegger.
(Cfr . Guillermo Francovich, Filósofos Brasileños , Bue-
nos Aires, LOSADA, 1943).
Un nombre que pertenece incuestionablemente al Bra-
sil, por su nacionalidad, pero que pertenece a la escolás-
tica francesa y suiza es el P . De Penido, el más profundo
teólogo suramericano y que es el autor de una analogía,
de fama universal entre los teólogos de la Iglesia Católica.
La Cultura Filosófica en el Perú.
La colonia movióse en torio a la escolástica y en el
Perú —que tiene el honor de haber visto nacer en su suelo
la primera Universidad de América, la de San Marcos, en
1551— el panorama se repite como en el resto del conti-
nente . El movimiento emancipador de la Independencia
encontró sus últimos baluartes en el Perú, de enrraigada
tradición española . Nombres como De la Riva Aguero nos
recuerdan de los favoritismos monárquicos . Las corrientes
culturales que llegaron a nuestros países se repiten más
o menos en el Perú, muy entroncado su espíritu en los
ambientes coloniales y en el espíritu de la tradición sin
rebeliones.
Labor similar a la Korn en la Argentina y a la de
Caso en Méjico la ha realizado Alejandro O . Deustua en
el Perú . Como casi todos los pensadores de su generación
se educó en un ambiente positivista . Posteriormente es
influenciado por Krause —filósofo de segunda categoría
en Alemania y que tanto influjo tuvo en España donde casi
vino a ser una especie de oráculo— y en un viaje a Europa
fue influenciado por Bergson , cuyas ideas trajo al Perú,
desparramándolas entre numerosos pensadores . Deustua se
ocupa de casi todos los problemas de la Filosofía, con prefe-
rencia a los de estética . Sus obras : LAS IDEAS DE OR-
DEN Y LIBERTAD DEL PENSAMIENTO HUMANO ; HIS-
TORIA DE LAS IDEAS ESTETICAS ; ESTETICA GENE-
RAL ; LA ESTETICA ACTUAL EN FRANCIA.
José Carlos Mariátegui es quizá sl más renombrado y
cimero de los filósofos marxistas de la América Latina . No
86
sólo se contenta con ser un expositor sino que imprime a
sus ideas un decidido y relevante sello personal , aplicando
sus principios a la realidad social del continente . Mariáte-
gui es indudablemente uno de los que más valen en la
arena cultural de América . Murió hace pocos ai5os, pero
su obra y pensamiento ha influenciado a muchos pensado-
res y al movimiento aprista de Víctor Raúl Haya de la Torre.
En Lima hay dos Universidades : la de San Marcos y la
Católica del Perú ; en estas dos instituciones se desenvuelve
el pensamiento filosófico . Mariano Ibérico Rodríguez, En-
rique Barboza, Julio A . Chiriboga, son de la primera, y Ma-
rio ALamora, Juan. Litumba, Alberto Wagner de Reyna
sigue la orientación de Hidegger, a quien escuchó lecciones.
Ha publicado LA ONTOLOGIA FUNDAMENTAL DE HEI-
DEGGER (Editorial Losada, Buenos Aires, 1939), su tesis
de doctorado en el Perú.
Ha traducido de ENTE ET ESSENTIA del Aquinate,
editada por Losada . (Respecto a la afirmación que Losada
hace jactándose de ser ésta la primera traducción al caste-
llano debo corregir que fue la publicada por la REVISTA
UNIVERSITARIA de la Universidad Católica de Chile a
principios del 38 y debida a Gustavo Fernández del Rlo)
Su pensamiento es expositivo y claro . (Es absurda la
afirmación de Risieri Frondizi que le atribuye intenciones
de compaginar las doctrinas del Aquinate con las de Hei-
degger : ver PANORAMA , etc ., ya citado).
Francisco Miró Quesada sigue las rutas de la feno-
menología de Husserl en el Sentido del Movimiento :IFeno-
menológico (Lima, Biblioteca de la Sociedad Peruana de
Filosofia, 1941) y Luis Felipe Alarcos se adniere a das de
Nicolai Hartman en su obra NICOLAI HARTMANN `c' LA
IDEA DE LA METAFiSICA (Lima, Soc, de Filós, 19 143).
s,
Ilustrado y revolucionario, llevar a sus extremos lógicos
sus premisas válidas, institucionalizar sus doctrinas ope-
rantes. Tal es la tarea —de ello es consciente— que le
impone la realidad histórica.
Frente al ideario de 1789 la obra de Constant pierde
el halo profético y la mística revolucionaria : está condenada
a las exégesis y a la reinterpretación . Su lucha contra las
penas infamantes, la trata de negros, la censura previa, y a
favor del juicio por jurados, la libertad de prensa, la ina-
movilidad de los jueces, y en general, los derechos indivi-
duales, no presentan el interés doctrinario de lo inédito
y lo novedoso . Pero Constant, considerado a veces como
"la figura más alta del liberalismo francés" (1) encuentra
en la nueva peripecia histórica los supuestos ideológicos
—mecanismos de ajuste o de " aplicabilidad" como él decía—
que permiten a la burguesía francesa hacer frente a nuevas
realidades sociales y políticas.
En nombre de los derechos individuales el Terror re-
volucionario aherrojó la libertad ; en nombre de la sobera-
nía popular Napoleón impuso el despotismo . Son hechos
demasiado patentes que condicionan un liberalismo realis-
ta en su intención aunque sólo en apariencia revolucionario.
Es el caso de Constant, Guizot, Royer Collard, etc.
Constant, en particular, intenta descubrir las causas
que en el seno mismo de la Revolución condicionaron los
fenómenos contrarrevolucionarios . A lo largo de sus nu-
merosas obras insiste sobre las siguientes : I .—Los ideólogos
histórica su ideario político encara una necesidad apre-
miante : la de reestructurar en el plano de la teoría y de la
práctica un liberalismo a prueba de dictaduras y regresio-
nes . Para ello era preciso revisar el pensamiento político
Ilustrados, Rousseau en particular, plasmaron sus concep-
ciones en función de la democracia antigua, sin tomar en
consideración las condiciones concretas de las modernas na-
cionalidades . Constant estima, sin embargo , que en virtud
del crecimiento demográfico moderno, la parte que el indi-
(lj . STROL, Jean : " Las Ideas Liberales en Francia " , en el vo-
lumen colectivo El Liberalismo y la Reforma en México . U.
N.A .M ., Escuela Nacional de Economía, 19ó7, p .. 407.
89
viduo -.:orna. en la soberania nacional no es más que una "su-
posición abstracta" (2) . 11 .—La teoría de la soberanía
absoluta del pueblo ha propiciado todas las formas del
despotismo : "La metafísica sutil del Contrato Social —afir-
"n.a— no conduce en nuestros días más que a suministrar
armas pretextos a todos los géneros de la tiranía, a la de
uno solo,, a la de varios , a la de todos, a la opresión consti-
tuida bajo formas legales, o ejercida por el furor popu-
lar " . (3) . De esta circunstancia deriva, precisamente, la nece-
sidad de oponer a la teoría rousseauniana de la soberanía una
nueva concepción : a la soberanía abstracta del Contrato
Social, los derechos reales y concretos del individuo.
Durante el primer tercio del siglo XIX la teoría de la
soberanía popular fué sometida a crítica y revisión por
parte de los representantes más connotados del liberalismo
francés . Se quería, a todo trance, invalidar el fundamento
teórico racional de cualquier posible Comité de Salud
Pública .-y De ahí que Royer Collard opusiera a la primacía,
reconocida por Montesquieu, de la ley sobre el individuo,
la prioridad de los derechos individuales sobre la ley . En
este sentido se orienta el pensamiento de Constant en rela-
ción con la soberanía . La teoría absoluta de la soberanía
popular, observa Constant, ha dado origen al despotismo
ejercido en nombre del pueblo, pero la soberanía popular
no es absoluta sino relativa, reconoce demarcaciones pre-
cisas : los derechos individuales . "La soberanía del pueblo
no es ilimitada ; está circunscrita por los límites que le
trazan la justicia y los derechos individuales . La voluntad
de todo un pueblo no puede hacer justo lo que es injusto.
Los representantes de una nación no tienen el derecho de
hacer lo que la nación misma no tiene el derecho de ha-
cer" (5) . Precisa, pues, "corregir" a Rousseau, y aún a
90
Montesquieu . Por encima de la soberanía popular están
los derechos inalienables del individuo (se corrige a Rou-
sseau), derechos que no pueden ser infringidos por los mis-
mos representantes de la nación a través del derecho posi-
tivo (se corrige a Montesquieu) . Precisamente de la teoría
contractualista rousseauniana deriva la "alineación comple-
ta de cada individuo con todos sus derechos y sin reservas,
a la comunidad" (6) desconociéndose así un factor funda-
mental : los derechos del individuo anteriores a todo con-
trato, derechos que por tener sus raíces en la naturaleza
humana no pueden ser alienados por contrato alguno, his-
tórico o ficticio.
La limitación de la soberanía popular y de las leyes
positivas a base de los derechos individuales ratifica en
el pensamiento político de Constant su radical individualis-
mo . En su sentir, ya lo he-
INDIVIDUALISMO mos señalado, la soberanía
popular no es más que una
abstracción . La realidad concreta se da en el individuo,
en el átomo social, realidad que no puede en modo alguno
supeditarse, y menos aún sacrificarse, en aras de una so-
beranía abstracta . Pero hay más . No sólo la soberanía
constituye una abstracción a la cual se ha sacrificado la li-
bertad individual ; el cuerpo social, la sociedad misma, no
tiene mayor realidad que la de un "ser abstracto" a me-
nudo identificado con la noción de "interés general" . Pero
el interés general, observa Constant, deriva de la reunión
de los intereses particulares, aquél es distinto de éstos,
pero no les es contrario. En su sentir, Rousseau y los re-
volucionarios del 89 no han hecho más que hipostasiar la
soberanía, el Estado y el interés general, alienando la li-
bertad del individuo real y concreto en favor de una sim-
ple hipóstasis de la comunidad.
91
sería también una abstracción, si bien útil y necesaria co-
mo la abstracción de la soberanía popular . Por tanto, un
cuerpo de legislación, no importa el extremo casuístico
que alcance, jamás podrá contemplar todos los casos, todos
los matices, todas las modalidades : "Los hechos se matizan
al infinito ; las leyes no pueden seguir todos estos ma-
tices" (7).
92
critica al individuo, sacrifica igualmente a la fracción, al
poder local, al "común" como dirían algunos liberales his-
panoamericanos de mediados del siglo XIX . Constant pa-
rece insinuar que ni aun el patriotismo nacional, de suyo
abstracto, habría de superponerse al patriotismo local,
"único género de verdadero patriotismo". El patriotismo
local, en efecto, nace de los intereses concretos que surgen
del contacto íntimo de los miembros de la localidad ; las
condiciones varias de las localidades no permiten supedi-
tación alguna a la uniformidad de la nación : "La variedad
es la vida ; la uniformidad es la muerte" (9) . Constant no
observa, empero, que si las localidades constituyen la va-
riedad con respecto a la nación, en cambio constituyen la
uniformidad respecto a sí mismas.
Constant ha resuelto la contradicción individuo-Estado
en favor del individuo ; por otra parte pretende cancelar
la oposición entre el poder local y el nacional en favor del
primero . Así como la soberanía tiene sus límites en los
derechos individuales, el poder del Estado tiene su límite
en la autonomía municipal ; "Hasta ahora se ha considerado
el poder local como una rama dependiente del poder ejecu-
tivo ; por el contrario, no debe estorbarlo, pero tampoco
ha de ser dependiente" (10) . En esta forma culmina el
radical individualismo de Constant . Frente a la soberanía
nacional erige los derechos individuales ; frente al poder
estatal la autonomía de las localidades.
Hemos tratado de comprender las concepciones indi-
vidualistas de Constant en función de hechos históricos
—terror revolucionario, despotismo napoleónico— que en
Francia pretendieron justificarse en nombre de la sobera-
nía popular . Pero este individualismo es susceptible de un
enfoque más amplio como quiera que, en uno u otro senti-
do, son también individualistas las teorías de los filósofos
Ilustrados que él revisa y reinterpreta . El individualismo
es fenómeno moderno de amplias proyecciones, cuyos orí-
genes más claros remontan a la época misma en que la
burguesía comienza a aflojar los lazos que la unían con la
93
monarquía, su aliada en la lucha contra la nobleza . Desde
este punto de vista el pensamiento de Constant se presen-
ta como la culminación. —difícilmente superada en Fran-
cia- de un individualismo intransigente, expresión califi-
cada de la ideología burguesa en su etapa de afirmación
en el poder político. Es por ello particularmente condu-
cente un análisis del ideario
LA CLASE de Constant en relación con
PROPIETARIA la clase social por él denomi-
nada ` la clase propietaria " .
Tal análisis revelará no sólo el carácter ideológico de los
aspectos fundamentales de su filosofía política, sino tam-
bién el alto grado de conciencia que revela su pensamiento
de servir objetivos específicos de aquella clase.
Consecuente con su individualismo irreductible, Cons-
tant sólo reconoce como naturales los derechos individuales.
La propiedad, lo mismo que la soberanía popular, la socie-
dad y el Estado, no son más que abstracciones , simples
convenciones, aunque útiles y necesarias . La propiedad
no constituye, pues, un derecho natural ; por tanto la so-
ciedad, el Estado, puede hasta cierto punto regularla . "La
propiedad , en su calidad de convención social, cae bajo la
competencia y bajo la jurisdicción de la sociedad . La socie-
dad tiene sobre ella derechos que no posee, empero, sobre la
libertad, la vida y las opiniones de sus miembros" (11).
Esta afirmación no permite, es claro, atribuir a las ideas
de Constant intención socialista alguna . La propiedad si-
gue siendo siempre, un derecho sagrado, inviolable y ne-
cesario . El reconocimiento del origen convencional, no na-
tural, de la propiedad tiene la misma significación de re-
visión de las ideas Ilustradas que ya hemos puesto de re-
lieve por lo que respecta a la noción de la soberanía ab-
soluta del pueblo . Precisamente, y en tal sentido, las con-
cepciones sociales y políticas de Mably ya habían sido ob-
jeto de su crítica.
La propiedad, pues, sin ser natural, es inviolable . Es-
te carácter deriva de la función positiva que ejerce en la
vida social y política . Los propietarios, afirma Constant,
por el ocio de que disponen, por su mejor educación, por su
94
espíritu libre y por su vocación a las "luces " , son los natu-
ralmente llamados a ser los representantes del pueblo . Por
lo demás, sólo los propietarios deben ejercer los derechos
políticos como quiera que, desde el punto de vista de la
nación, son ellos sus mejores defensores —en lo interior y
en lo exterior— en razón de los intereses concretos que
han de defender . La defensa de sus intereses implica la
defensa de los intereses de la nación, pues estos últimos con-
sisten en la suma de los intereses individuales de los miem-
bros que la integran (12) . Constant establece por tanto, y
con suma consciencia, una relación directa entre la rique-
za y el poder, entre la estructura política y la estruc-
tura de la propiedad : "Para que un gobierno sea pací-
fico, el poder y la propiedad' deben estar de acuerdo.
Habrá lucha si se les sepra, y al final de esa lucha, o la
propiedad será invadida, o el gobierno derrocado" (13).
95
Por lo que respecta a los in-
LAS CLASES telectuales, Constant les niega
NO-PROPIETARIAS la bienaventurada condición
de propietarios . Recordando
el papel peligrosamente revolucionario que desempeña-
ron durante la conmoción de 1789, y basándose en fi-
nas observaciones psicológicas relativas a su tendencia a
los extremos y a la deformación profesional, los considera,
aunque no lo afirme explícitamente, inaptos para el nor-
mal ejercicio de los derechos políticos, sólo reservados a
los propietarios.
Si tal es la situación del intelectual, poco habrá de
esperarse por lo que se refiere a la clase no-propietaria
propiamente tal, es decir, el proletariado, la clase "laborio-
sa" . Si como insiste Constant, "sólo la propiedad hace ca-
paces a los hombres en el ejercicio de los derechos políti-
cos", se desprende de ello que los obreros no tienen derecho
político alguno . Es cierto, observa, que esta clase no es
menos patriota que cualquiera otra ; esto no implica, em-
pero, que ha de tener acceso a los derechos políticos pues
tales derechos, en sus manos, no han de servir a otra cosa
que a la revolución a la invasión de la propiedad : "E1
objetivo necesario de los no-propietarios es el de alcanzar la
propiedad : todos los medios que se les dé, lo emplearán
con ese propósito . Si a la libertad de facultad y de in-
dustria, que se les ha de otorgar, se añaden los derechos
políticos, que no se les debe conferir, esos derechos, en
manos de la mayoría, servirán infaliblemente para inva-
dir la propiedad . A este fin serán conducidos por un ca-
mino irregular, en vez de seguir la vía natural, el traba-
jo : los derechos políticos constituirán para ellos una fuente
de corrupción, para el Estado una fuente de desórde-
nes" (15) . Y de nuevo es la experiencia revolucionaria la que
Constant utiliza como medio de ilustrar sus concepciones.
Es cierto, señala, que durante la Revolución los propieta-
rios prohijaron, y aun ayudaron a confeccionar leyes ab-
surdas y expoliadoras, pero esto se debió a la irresistible
presión de los no-propietarios.
En suma, el poder y los derechos políticos han de ser
96
ejercidos exclusivamente por los propietarios . En tal sen-
tido se orienta el aparato jurídico-positivo de la Francía del
primer cuarto del siglo XIX . Así lo reconoce Constant, ex-
plícitamente, al observar que el sistema de elección indi-
recta, que consagra la Constitución de 1814, pone en manos
de los Colegios Electorales, y por tanto en manos de la
propiedad (16), el poder político de la nación.
97
neutralizar su influencia en eI pueblo . Se estructuró por
ello una ideología deísta, laica o atea, según las preferen-
cias . Pero ahora, en la coyuntura del indiviuo-propietario-
soberano, el acento cambia paulatinamente . El peligro de
que los no-propietarios " invadan la propiedad" es demasia-
do cierto ; se necesita un control social a través de una
ideología religiosa . De ahí que, para Constant, el senti-
miento religioso sea natural , congénito . La historia de las
religiones demuestra que el sentimiento religioso evolucio-
na en sentido que hoy denominaríamos dialéctico : las in-
tuiciones religiosas se plasman en dogmas e instituciones,
pero estos dogmas e instituciones se petrifican, razón por
la cual precisa destruirlos para que nuevas formas del
sentimiento religioso encuentren expresiones en otros dog-
mas e instituciones (17) . Pareciéra que esta dialéctica del
sentimiento religioso podría encontrar sus raíces en el deis -
mo de algunos filósofos Ilustrados ; es evidente, empero,
que en el contexto del pensamiento de Constant implica
una transacción con la Iglesia, difícil de reconocer en el
deísmo y en el ateísmo dieciochesco.
Lo mismo en la filosofía política que en la "filosofía de
la religión " , el liberalismo de Constant supone un despla-
zamiento del radicalismo revolucionario a la moderación
política y al conservatismo social . El régimen napoleónico
es combatido por las formas políticas que revistió, no por
la estructura social que sanciona su Código Civil . Se des-
acreditan las formas petrificadas del sentimiento religioso,
no el sentimiento religioso mismo . Esto comporta una in-
vitación tácita a la Iglesia, en el sentido de adaptar sus
fórmulas a la nueva coyuntura del individuo-propietario-
soberano . Es la invitación cortés del liberalismo tímido del
siglo XIX, que la Iglesia aceptó a través del liberalismo
cristiano, como hoy acepta, a través de la social-demo-
cracia cristiana, la invitación del socialismo tímido del
siglo XX.
98
acompañado del énfasis en el orden . El arreglo mismo de
los conceptos es, por simplista, revelador . A finales del
siglo XVIII, con los revolucionarios, se exalta la libertad.
En el primer cuarto del siglo XIX, con Benjamín Constant,
la libertad y el orden . En el segundo cuarto del siglo XIX,
con Augusto Comte, el orden y la libertad ("orden y pro-
greso " ) . Desde este punto de vista es posible encontrar
entre el pensamiento político de Constant y el de Comte
—el teórico por excelencia del
COIv CLUSION orden laico (18)— más de una
significativa aproximación.
El imperativo social del orden burgués post-revolucio-
nario se proyecta en Francia, durante la primera mitad del
siglo XIX, con reveladora eficacia . Constant, Saint-Simon
y,Comte son, a este respecto, figuras representativas . Ins-
titucionalizado el orden social post-revolucionario, era ne-
cesario desacreditar el " desorden" revolucionario, por
Comte considero "negativo", no-positivo, " metafísico " —es
decir, anárquico Como Comte, Constant califica de "me-
tafísica " la filosofía Ilustrada, confiriendo el término de
"metafísica" significación negativa e intención peyorati-
va (19) . Se ha establecido, pues, un nuevo orden socialy po-
lítico, que se hace necesario preservar frente a las ideolo-
gías que lo hicieron posible al combatir el antiguo régimen,
el antiguo orden.
99
Casi que inesperadamente, aunque en planos históricos
diferentes, confluyen los motivos conservadores . Frente
al desorden Ilustrado, Constant "corrige" a Rousseau y
reivindica el sentimiento religioso ; más tarde, frente a la
anarquía "metafísica", Comte hace un patético "Llamado a
los Conservadores" —Appel aux Conservateurs (20) —e ins-
taura una nueva religión inspirada en la católica . Se trata,
en todos los casos, de respuestas ideológicas a través de las
cuales la burguesía pretende cancelar, en el plano del es-
píritu, las profundas contradicciones sociales que se gestan
en Francia durante la primera mitad del siglo XIX . La
obra de Constant, posee, a este respecto, el valor inaprecia-
ble del documento histórico y social . La clara identificación
—por él mismo establecida— entre las modalidades de su
pensamiento político y los intereses de la "clase propieta-
ria ", revela la mistificación de su liberalismo (21), y con
el suyo, la gran mistificación del liberalismo europeo.
México, Octubre de 1959.
100
COMENTARIOS EN El EXTRANJERO
SOBRE ALTORES PANAMEÑOS
la Prensa Suramericana Comenta la labor
del Profesor César A . de leon
CARTA DEI . EX-EMBAJADOR ENRIQUE G . ABRAHAMS
S .D . N9 20
Señor Ministro
102
Aprovecho la ocasión para reiterar a Vuestra Excelencia las
seguridades de mi más alta y distinguida consideración.
Enrique G . Abrahams.
Embajador de Panamá.
Al Excmo . Señor
Dr . Galileo Solís
Ministro de Relaciones Exteriores.
Panamá.
INTERVENCION
CONDUCCIÓN DE LAS MASAS EN LA
POLITICA DE UN ESTADO
"EI, MERCURIO'
10°
en forma total y completa el fenómeno de una sociedad de masas.
Desde luego, se afirmó que no todos los países latinoamericanos
presentan el mismo caso . Hay algunos donde la sociedad de masas
funciona en lo económico y en lo político . En otros no funcionan
ni estos aspectos ni otros. Tienen estos últimos las earactcristicas
de conglomerados preindustriales, no organizados en forma masiva,
ni para el consumo, ni para la cultura, ni para la política, ni para
los fenómenos típicos de las sociedades de masas.
"Se dijo que durante el siglo XIX América Latina fue mandada
por una élite . Ejemplos de esas élites : la Brasileña y la Chilena.
Aunque el fenómeno es menos claro en otras naciones, también exis-
tió. Sin embargo, en muchos casos se daba una intervención de
masas, aunque en fonia esporádica y muchas veces anárquica.
Esto condujo al conferenciante al análisis de las características de
las masas latinoamericanas durante el siglo XIX.
M
'E RC1LLA"
Santiago de Chile, Miércoles, 18 de enero de 196t
"EL DIA"
Montevideo, Viernes 24 de febrero de 1961
105
Agregó que en los Cursos analizará esa realidad histórica que
se ha dado en Europa a, partir de los siglos XVIII y XIX y que recibe,
en términos generales, la denominación de democracia . Como filó-
sofo e historiador nos dice que es éste un término complejo y que
no todo el mundo está de acuerdo en cuanto a su significado y alcance.
Ate voy a. situar —emrtinuó diciendo— en la democracia de países
la Yes como Francia e Inglaterra, porque en América —salvo contadas
excepciones— no se ha dado el fenómeno "democrático" tal como se
u , nnsidera en Europa".
106
Concluye afirmando el Prof. de León que el tema elegido para
estos Cursos no ha podido ser más oportuno porque, a su entender,
el "imperativo histórico del momento exige que se tenga . en. cuenta las
fustas y humanas aspiraciones de las grandes masas ; en el orden
cultural, económico y social . No podemos desatenderlas como ocurría
en décadas anteriores".
" E L M E R C U R 1 O"
Santiago de Chile, Sábado 28 de enero de 1961
107
los historiadores, hombres de ciencias, sino para estos pueblos mis-
mos que deben sentirse satisfechos y orgullosos de sus antepasados.
Expresó que con los estudios hechos en los últimos años y al conocer
más a fondo la obra del indio de América, que se organizó junto a
diversas culturas, se ha aprendido a revalorar al elemento indígena.
108
El marco de los curaos de Montevideo, este verano, fue la in-
vestigación de la sociedad de masas . Para América Latina —lince
De León— el problema es algo todavía muy complicado . No es el
mismo fenómeno que si lo estudiáramos en Europa, en EE .UU. "Pri-
mero, porque entre nosotros no se ha dado todavía verdaderamente
la democracia tradicional, y además porque las masas latincamerí-
canas no tienen las mismas caracterizaciones de cultura, economía
y desarrollo que las masas europeas".
109
~ie Estado en Historia, Geografía y Educación . Cívica en la Univer-
sidad de Chile (con la nota de Distinción Unánime), en 1947 . Ese
mismo año se gradúa en la misma Universidad de Profesor de M^
losofía . Sus cursos pueden versar —de pronto— sobre la Visión
de la Historia de San Agustín, o la de Hegel, o sobre la Evolución
Histórica de los Pueblos de Centroamérica y de las Antillas . Puede
polemizar con Toynbee en un estudio crítico de mucho éxito (NO . 31
de la Revista. de la Universidad de Panamá), y puede explicar la
Sociedad y la Cultura Latinoamericana en la Realidad Internacional,
o la Democracia Tradicional en la Sociedad de Masas, aquí en Mon-
tevideo (que es en lo que estábamos).
Historiadores si ga experiencia
110
'pura" . En estos mmnento-o históricos creemos que es cuando menos
puede permanecer el historiador encerrado en una especie de torre
de marfil, negándose a . asumir posiciones frente a las grandes alter-
nativas que ofrece la historia de la humanidad en nuestros días.
Incluso estaríamos por actualizar el viejo precepto de que una acti-
vidad práctica que ponga al sabio en contacto íntimo con la acción
mnmana —como la política o la administración— le permitirían dar
pleno contenido y verdadero sentido a la serie de conceptos y es-
quemas que maneja el investigador . La fatalidad del historiador
que no tiene ni ha tenido la experiencia concreta del acaecer político
es que termina divorciándose totalmente de la realidad . No puede
comprenderse muy bien cómo hay historiadores que todavía preten-
den situarse en el "Olimpo% cuando los físicos y científicos más
destacados —que por su propio quehacer parecerían más distantes
de los problemas inmediatos— ya se han dado cuenta de que deben
opinar sobre su propia labor y sobre el destino de la humanidad.
111
Panamá, no una Zona del Canal, sino trece . INlediante grandes ac-
ciones masivas que tuvieron lugar durante- ese mes, el pueblo obligó
a la Asamblea Nacional de Panamá a votar en contra del convenio.
112
En estos momentos, y obedeciendo a los dictados del Departa-
mento de Estado norteamericano, se ha iniciado una ofensiva diplo-
mática —aparte de la ofensiva económica y política ya derrotadas—
tendiente a aislar a Cuba . El Gobierno de Panamá está procediendo
conforme y no sólo ha declarado persona no grata al embajador
cubano, sino que ha desatado una persecución contra todos los que.
apoyan la revolución cubana . Por arte de magia están apareciendo
bombas "fidelistas" en . autos, en casas de conocidas personas, y na-
turalmente la "prensa seria" da la noticia de cada atentado terro-
rista ' fidelista" a ocho columnas . Pero el pueblo panameño no se
deja engañar y sabe bien de dónde vienen esas bombas y qué es lo
que hay tras todo eso . De nada sirve que el gobierno panameño
prohiba la entrada al país del periódico Revolución, y de la Bohemia
democrática.
113
las masas latino-americanas . Cada país los logrará a su manera y
con su estilo propio, pero la Revolución Cuinina es una especie de
gran experiencia que ningún latino-americano —partidario o ene-
migo de ella— puede ni debe desconocer.
114
A Propósito de ia Exposición de Arboleda
Por ALBERTO DUTARY
115
Todo esto añadido al hecho se refer .a a Arboleda como a
de que el jugador se reserve la un escultor "clase" . Uno se
carta, y la emplea a cada rato pregunta si cuando quiten el
entre paréntesis, de haber na- letrero este será el único co-
cido en un pueblo pequeño, y mentario que estrangulará el
a pesar de eso, etc ., etc . Sue- tiempo.
na a camelo, que creo está bien
Porque el pueblo, digo el
que se emplee, si le es necesario,
pueblo que trabaja, canta, y
pero lo único que podemos to-
por salud se emborracha, es
dos esperar es que el artista
muy poco constante en estas
mismo, no haya sido el primero
cuestiones de arte como en tan-
en creérselo.
tas otras.
Y ya estamos en medio del Sin embargo, nada cuesta
aparato, del andamiaje que sos- tanto trabajo, lo repito, como
tiene a la exposición : letreros ser famoso en un país donde no
por todos lados donde se lee puede haber fama, porque esa
que tales personajes han dicho fama hay que mantenerla con
tales cosas acerca del escultor. aromas publicitarios y estos
En uno de ellos donde se mues- aromas duran lo que el papel
tra una fotografía de un des- periódico tarda en las casas
nudo, se puede también leer las de los que no son familia in-
palabras : "Arboleda sigue obe- mediata del artista.
diente al genio de su raza".
En la misma palabra raza, una Ya estoy en una "chiva" . Al
cucaracha ha puesto un huevo lado mío interrumpido por los
tan enorme que ha tapado to- barrotes de la ventana, el pai-
talmente la letra "a", dejando saje de la ciudad de Panamá.
al discubierto el vocablo "raz". Es un paisaje humano, apenas
Viendo el desnudo y recordando interrumpido por casas . Por
el término popular, uno se pre- las aceras, el ritmo acompasado
gunta cómo es que nos olvida- de una humanidad que lleva
mos de ese grupo étnico cuando huellas de todas las razas y
nos referimos a nuestra raza. cierta sonrisa blanca y alela-
Todo esto ocurre en una can- da con desesperanza nocturna.
tina donde puedo escuchar a Al ver al ser humano, al ser
un grupo que entre cerveza y que camina, uno piensa en la
escultura, como también en el
cerveza y pantalones arriba
concepto popular del arte.
(nunca he podido averiguar por
qué el panameño se arremanga Toda escultura es iconogáfica,
los pantalones exactamente des- y para que la acepten los más
pués de la segunda cerveza), tiene que ser una copia de esos
digo que el más expresivo de seres, en cuanto más exacta,
ellos, o el más culto tal vez, más apreciado el esculto r ; ade-
116
más lo sentimental del tema al pasearse junto al río Chili-
también cuenta. bre, y en su avidez de bucear
su imagen reflejada en las co-
Después de haber agotado el rrientes aguas, hubiese podido
tema decorativo de la chiva, (en
perecer ahogado.
el cielo-raso se podían leer nom-
bres de mujeres como : Matza- Ya, después uno tiene que en-
va, F'ilorlinda, y otros, además trar de todas maneras . No im-
arabescos en un orden vertigi- porta lo que uno esté pensando
noso con el propósito de llenar al momento.
el espacio alrededor de las le- ]s'1 local es amplio, hay mu-
tras) . Aquí el artista popular cho público, estudiantes sobre
ha usado el tema exigido : los todo . Libros en brazo y sonri-
nombres, pero cuando ha pre- sa constante . Algunos cien al
tendido crear ha utilizado la ver las esculturas y compro-
geometría señalándole un len- bar el título . Esto siempre
guaje muy particular . Más allá, ocurre.
un paisaje (es increíble, el es-
Hay muchísimos trabajos en
¡lacio libre, cualquiera que sea,
esta exposición . Tantos, que pa-
ha de ser cubierto) ; el paisaje
es una playa, palmeras y una rece una feria industrial. No
luna llena. Todo ha sido pin- se sabe por donde comenzar.
tado con una ausencia total de Estoy frente a los dibujos, y
sombras y los objetos son pre- una cosa que le llaman mono-
sentados directamente con la uopia, y creo hasta grabados.
preocupación única de sus res- Los dibujos son esquemáticos;
pectivas formas . Abajo del pai- los más se refieren casi única-
saje se puede leer : "llorarás mente al ritmo o movimiento de
sinveir güenzona " . las figuras, para mejor decirlo.
llay algunos de estos trabajos
Ya llegamos a la Universi-
que son muy elegantes . Elegan-
dad Nacional . Más carteles alu-
te generalmente se le dice a
sivos a la obra del escultor . Ya
una obra en cualquier medio,
entrando a la sala, muchos re-
en donde la figura o imágen
cortes de prensa desplegados en
r ;e presenta con gran distinción,
un tablero, y más arriba, unos
la línea con que se forja es
ojos ; unos ojos que de puro
,-tara, nítida, y el fondo, el pa-
grandes deben de mirar más,
pel en este caso, hace un balan-
de puro dilatados deben de mi-
ce equilibrado con la imagen
rar mejor. Alguien, una chi-
arcada y las líneas con que fue-
ca, comenta al lado, que es una
ra hecha.
fotografía ampliada de los ojos,
,ion mirada y todo, del escul- A las esculturas puestas en
tor. Que peligro ha corrido Hilera hay que llegarles porque
este muchacho cuando de niño, desde lejos 110 invitan a mucho.
117
Y comienza a aletear esa pesa- Claro, hay una formidable es--
da ave negra que es la desilu- cultura hecha con el modelado,
sión después de haber inicia- donde cada toque, cada huella
do uno algo con cierto entu- dejada con la mano por el crea-
siasmo . Se llega a las escul- dor, dan un baño de luz . Luz,
turas, también muchas en nú- el milagro casi tan actual coma
mero ; demasiadas. el sonido, que en manos de un
Después se ve mucho mode- creador se hace palpable y re-
lado y trabajo de academia. ciente corno el minuto que es-
Más allá de algunos vaciados tamos viviendo.
sólidos sin casi ningún sentido A esto no se refiere Arbnle-
plástico, nada más que el de
da en su escultura . Lo que aquí
representar algo, si es que a
presentó se refería únicamente
ello se le puede llamar sentido
a una anécdota que aveces se
plástico . Digo, si se resiste
hacía más fuerte y sincera en
a esa especie de pompierismo
ciertas cabezas o en obras más
de academia española, se en-
modestas.
cuentra uno con algunas escul-
turas de valor. En escultura . entre otras co-
sas, se emplean ciertas piedras
La escultura junto con la ar-
o materiales más sólidos sobre
quitectura, cada una por distin-
tas razones, representan las los cuales por medio de la eli-
minación se logra el objeto
formas de arte más "moder-
nas"; con ello quiero decir que deseado por el escultor . A es-
te grupo pertenecían los acier-
después de lo que se ha logrado
tos de la exposición que nos
técnicamente, después de haber
ocupa . (Y también, como pa-
tirado por el agujero de su
ra que fuesen más notables,
historia el peso que le molesta-
por contraste, las cosas más
ba . No hay manera de volver-
desagradables de la exposición
nos atrás.
eran estas últimas como monu-
La escultura desde finales de mentos para un pueblo indefen-
siglo no ha tenido otra inten- so, donados por un alcalde en-
ción que la de dejar de ser greído, o proyectos para mau-
pintura disfrazada, y de sumer- soleos de familias pretensiosas
girse en su luismidad, Para. y vacías).
ello, capturar el espacio, reco-
brar su tridimensionalidad, em- Bien, aquí al centro, estoy
plear el hueco, el pedazo de frente a una estatua de suaves
cielo, el vacío entre linea y lí- líneas que juegan deliciosamen-
nea que surge rauda, ya sólida, te con las formas externas . En
ya transparente, con una pre- este tipo de escultura es muy
tensión humilde y profunda de importante, la presentación.
hacerse del espacio . Por ello se explica, las dimen-
118
siones de la imágen con res- Tan desafortunados que no - -tie-
pecto al espectador . La luz, nen asa para agarrarlos con
en este caso lograda por la tex- manos críticas.
tura del pulimento (y el truco
Aparte de todo lo menciona-
de un foco azul detrás) . Todo
do casi todas las obras tenían
ello hacen de esta estatua una
unas líneas explicatoria,s, Se
obra, que sobresale impoluta a
podía leer palabras que se re-
pesar de la mala compañía.
ferían al escultor como si fue-
se una cosa aparte de la raza
Hay también cuadros . Digo humana . Por ejemplo . "aquí
trabajos hechos con colores so- el artista sin haber salido de
bre una superficie plana . Es Chilibre, encara y resuelve el
poquísimo lo que de esto se problema de la pintura contem-
puede tomar en cuenta . Algu- poraneá'.
nos temples barnizados, de colo-
res violentos y agradables a Bien, Sr . Arboleda, al salir
lo vez. de la exposición piensa uno en
Ud ., en lo que podía ser una
Ya se olvida uno al tratar exposición suya con el sufi-
de recordar trescientos o más ciente trabajo, un poco de ca-
objetos . Había también allí pacidad auto-crítica y selecti-
dos intentos de hacer escultura va, y la sana intención de hucer
actual, muy desafortunados . algo y nada más.
M1
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