Sistemas de Control Constitucional
En la construcción del Estado de Derecho, además del principio de la supremacía
constitucional, uno de los elementos determinantes de su afianzamiento está en el
poder atribuido a los jueces para controlar la constitucionalidad de los actos del Estado,
y declarar su inconstitucionalidad o anular aquellos que sean contrarios a la
Constitución.
Con el sistema constitucional y legal actual, por tanto, puede decirse que Honduras
cuenta con todos los elementos necesarios para consolidar el modelo de Estado
Constitucional del Derecho, cuyo objeto, en definitiva, es hacer efectivas las garantías
constitucionales destinadas a asegurar la supremacía de la Constitución, es decir, velar
porque ésta permanezca siendo, efectivamente, una ley suprema. Es a estos efectos
que el control judicial de la constitucionalidad de los actos estatales puede considerarse
como de la esencia del rol del Poder Judicial, de manera que se pueda asegurar que
todo acto de los órganos que ejercen el Poder Público que sea contrario a la
Constitución, pueda ser considerado nulo o pueda ser anulado.
El control de constitucionalidad también tiene por objeto particular asegurar la vigencia
de la parte dogmática de la Constitución, es decir, de los derechos declarados en el
texto fundamental, así como de todos los que, sin estar enumerados en forma expresa,
sean inherentes a la persona humana. A estos efectos es que se han establecido,
además, acciones específicas de protección como las de amparo, hábeas corpus y
hábeas data.
Además, el control judicial de la constitucionalidad también tiene por objeto asegurar la
efectiva vigencia de la parte orgánica de la Constitución, la cual en el mundo moderno y
en el Estado democrático, siempre se ha construido sobre la base de los principios
tanto de la separación orgánica de poderes, como de la distribución territorial del Poder
Público. Es decir, en definitiva, el control de constitucionalidad busca asegurar la
vigencia de las normas constitucionales tanto atributivas de poder como limitativas del
mismo.
En tal sentido, a los efectos de velar por el respeto del principio de la separación de
poderes, el Poder Judicial es el llamado a resolver los conflictos entre los Poderes
Legislativo y Ejecutivo y, además, respecto de los otros órganos constitucionales con
autonomía funcional, de manera que todos actúen conforme a los poderes atribuidos
en la Constitución, sancionando toda usurpación, por inconstitucionalidad. Además,
corresponde a los órganos judiciales encargados del control de la constitucionalidad,
mantener el principio de la distribución territorial del poder que establece la
Constitución conforme al esquema de descentralización política que disponga,
haciendo respetar la autonomía de las entidades regionales y municipales que están
constitucionalmente establecidas.
Por último, también forma parte del objeto del control judicial de la constitucionalidad,
velar por el mantenimiento del régimen político democrático, de manera de asegurar
que no se rompa; sancionando cualquier actuación que sea contraria a los valores de la
democracia que establece la Constitución. Por ello, incluso, en algunos países, los
Tribunales Constitucionales tienen competencias para proscribir la actuación de
partidos políticos cuyo objeto sea destruir la democracia misma.
a los efectos de asegurarle al Poder Judicial la posibilidad de asumir el rol esencial que
debe tener en el Estado Constitucional de derecho, de interpretación de la Constitución
y de ejercer el control de la constitucionalidad de los actos estatales; en el mundo
contemporáneo se han venido estableciendo una variedad de sistemas de justicia
constitucional de acuerdo a las peculiaridades de cada país y de cada sistema
constitucional. Estos sistemas de justicia constitucional, en definitiva, se pueden
agrupar en relación con él o los órganos judiciales llamados a ejercer tal control de la
constitucionalidad.
Clásica distinción de los sistemas de justicia constitucional
según el método de control que se ejerce: en primer lugar, el método difuso de control,
cuando el poder para apreciar la constitucionalidad o inconstitucionalidad de las leyes
y, en su caso, declarar su inconstitucionalidad, se atribuye a todos los jueces de un
país, cualquiera que sea su jerarquía; y en segundo lugar, el método concentrado de
control, conforme al cual el poder anulatorio de las leyes y demás actos estatales
contrarios a la Constitución se atribuye a un solo órgano judicial, sea a la Corte
Suprema de Justicia del país o a un Tribunal Constitucional especialmente creado para
ello. Ambos sistemas de justicia constitucional, sin duda, responden a principios
diferentes, pero pueden coexistir en paralelo, como sucede en buena parte de los
regímenes constitucionales de los países latinoamericanos y como está regulado en la
Constitución de Honduras.
ambos métodos de control de la constitucionalidad coexisten en muchos países,
particularmente en América Latina, donde se ha venido configurando un sistema mixto
o integral de control de constitucionalidad.
El método difuso de control de constitucionalidad
Como poder atribuido a todos los jueces de un país para poder decidir sobre la
inconstitucionalidad de una ley que deba aplicarse en un caso concreto, desaplicándola
y aplicando preferentemente la Constitución, responde al principio de la garantía
objetiva de la supremacía de la Constitución. Conforme a este principio, todo acto
contrario a la Constitución debe considerarse nulo; y todos los jueces tienen el poder y
deber de apreciar dicha nulidad.
Se caracteriza por ser de carácter incidental, en el sentido de que se ejerce al decidirse
un caso concreto, como poder que puede ejercer cualquier juez, incluso de oficio. En
estos casos, en consecuencia, la decisión adoptada sólo tiene efectos inter partes y
meramente declarativos. El juez, en estos casos, nunca anula la ley, sólo la considera
nula.
método concentrado de control de constitucionalidad,
Se caracteriza por la atribución a un solo órgano judicial (que puede ser el Tribunal o
Corte Suprema con o sin Sala Constitucional, o un Tribunal Constitucional especial),
del poder de conocer de la impugnación de leyes por inconstitucionalidad, y de
anularlas en caso de que sean contrarias a la Constitución, con efectos erga omnes.
En América Latina, este poder se atribuyó inicialmente a las Cortes Supremas de
Justicia, y luego de que, en Europa, a partir de la década de los veinte del siglo pasado
y conforme a las propuestas de Hans Kelsen, se comenzaran a crear Tribunales
Constitucionales especiales para ejercer el control concentrado, esta figura institucional
se introdujo en América Latina.
Se caracteriza por la atribución a un solo órgano judicial del poder anulatorio de las
mismas, más que por el hecho de que para tal efecto se cree o exista un Tribunal
Constitucional. Lo importante es la concentración de control en un órgano judicial, más
que la forma o naturaleza que puede tener el mismo.
Este método concentrado de control de la constitucionalidad, a diferencia del método
difuso, se ejerce en un proceso en el cual su objeto principal es, precisamente, la
decisión sobre la inconstitucionalidad de una ley, la cual puede consistir en una
decisión anulatoria de la misma, con efectos generales, erga omnes, y ex nunc, es
decir pro futuro teniendo la decisión en consecuencia, carácter constitutivo.
El método concentrado de control, por otra parte, puede ser previo o posterior, según
que se pueda ejercer contra leyes antes de que entren en vigor o sólo una vez que
están vigentes.
El método concentrado de control, además, puede ser principal o incidental, según que
la cuestión de la inconstitucionalidad de la ley llegue al juez constitucional por vía de
una acción de inconstitucionalidad.
Todos los elementos antes mencionados relativos al control de la constitucionalidad de
las leyes pueden decirse que en general se han incorporado al constitucionalismo
hondureño, particularmente después de la reforma constitucional realizada mediante el
Decreto Nº 162-2000 de 20 de diciembre de 2000.
El marco constitucional del sistema hondureño de control de constitucionalidad.
De acuerdo con lo dispuesto en la Constitución de Honduras, por tanto, en la misma se
puede distinguir el establecimiento de un sistema de justicia constitucional mixto o
integral, que combina el método difuso con el método concentrado de control de
constitucionalidad.
1. El método difuso de control
En cuanto al método difuso de control, el mismo está expresamente establecido en el
artículo 320 de la Constitución de Honduras, el cual dispone: Art. 320. En casos de
incompatibilidad entre una norma constitucional y una legal ordinaria, el juez aplicará la
primera.
En efecto, del artículo resulta, primero, el poder atribuido a todos los jueces de aplicar
la Constitución con preferencia a la ley, cuando estas sean incompatibles. Se trata, por
tanto, de una competencia de todos los jueces, la cual sólo pueden ejercer, por
supuesto, al decidir los procesos judiciales que se desarrollen en el ámbito de su
competencia. Se trata, además, de un método de control de constitucionalidad que se
ejerce al decidirse un caso concreto, donde el fondo del asunto es el propio de un
proceso ordinario.
El método concentrado de control
La Constitución de Honduras también regula en forma expresa, el método concentrado
de control de constitucionalidad al atribuir a la Sala de lo Constitucional de la Corte
Suprema de Justicia competencia para declarar la inconstitucionalidad de las leyes por
razón de su forma o contenido, con efectos anulatorios. En efecto, el artículo 184 de la
Constitución establece que: Art. 184. Las leyes podrán ser declaradas
inconstitucionales por razón de forma o de contenido. A la Corte Suprema de Justicia le
compete el conocimiento y al resolución originaria y exclusiva en la materia y deberá
pronunciarse con los requisitos de las sentencias definitivas.
De esta norma, en concordancia con el artículo 315,5 de la Constitución, resulta que la
Corte Suprema de Justicia es el órgano judicial competente para conocer en primera y
única instancia (competencia originaria), con exclusividad, de la inconstitucionalidad de
las leyes por razón de forma o de contenido mediante decisiones que tienen efectos
generales y derogatorios.
Ahora bien, esta competencia de la Corte Suprema de Justicia para ejercer el método
concentrado de control de la constitucionalidad de las leyes, conforme al artículo 316
de la Constitución, se atribuye en particular a la Sala de lo Constitucional de la Corte, la
cual se configura entonces como la Jurisdicción Constitucional en Honduras, con
competencia para:
1. Conocer, de conformidad con esta Constitución y la ley, de los recursos de hábeas
corpus, amparo, inconstitucionalidad y revisión, y
2. Dirimir los conflictos entre los Poderes del Estado, incluido el Tribunal Nacional de
Elecciones, así como entre las demás entidades y órganos que indique la ley
De acuerdo con todas estas normas constitucionales, por tanto, la Sala de lo
Constitucional de la Corte Suprema de Justicia, como Jurisdicción Constitucional, no
tiene el monopolio de la justicia constitucional, sino solo el monopolio del ejercicio del
método concentrado de control de la constitucionalidad de las leyes, es decir, la
potestad de anular las leyes con motivo del ejercicio de acciones de
inconstitucionalidad; y el monopolio de la resolución de conflictos constitucionales entre
los órganos del Estado. La justicia constitucional, en realidad, es mucho más que el
ejercicio del método concentrado de control de la constitucionalidad de las leyes, pues
como se ha visto, también comprende el ejercicio del método difuso de control, así
como el conocimiento de las acciones de amparo y de hábeas corpus que también
compete a otros tribunales distintos a la Sala de lo Constitucional.