CARTEL: Lecturas del Otro que no existe y sus comités de ética.
RASGO: pluralización y pulverización del nombre del padre, en la época
capitalista.
[…] La muerte de Dios es contemporánea de lo que se estableció en el
psicoanálisis como reino del Nombre del Padre, que en una primera
aproximación podemos definir como el significante de que el Otro existe […]. Si
Lacan lo despejó, lo actualizó, formalizó, no fue por adhesión, para continuarlo,
sino para ponerle fin, lo que se anunció en su enseñanza con el matema S (A/)
(significante del Otro tachado), y que estallo cuando presento los nombres del
padre, lectura que pluraliza el Nombre del Padre […].
[…] La lectura de este matema no solo pluraliza el Nombre del Padre, sino que
también lo pulveriza, lo socava desde el interior atacando mediante el equívoco
el lazo del significante con lo que se cree es su significado […].
Partiendo del capítulo 1 del Curso el otro que no existe y sus comités de ética,
me propongo ahondar y en lo posible una lectura de la pluralización y
pulverización del nombre del padre desde un aspecto contemporáneo, en la
época del capital.
Definir la función del Nombre de Padre requiere partir del deseo, del deseo del
Otro, ese Otro primordial del cual dependo, y al cual debo descifrar e
interpretar.
Los cambios que tienen lugar en la cultura, inscriptos en el lugar del Otro,
obligan a mirar con ojos críticos la metáfora paterna.
En su última enseñanza Lacan indicó que lo simbólico, lo imaginario y lo real
son los verdaderos nombres del padre. (Mi Enseñanza y Otras Lecciones).
La primera función que Lacan adjudica al padre es la función simbólica, o mas
exactamente semántica; que consiste en significar el deseo de la madre por
acción de una metáfora cuyo efecto es la significación fálica. Función
desempeñada por el significante Nombre-del-Padre. La función de la metáfora
paterna es significar el significante del deseo. Lacan aclara: “… la chispa
creadora de la metáfora [brota] entre dos significantes de los cuales uno se ha
sustituido al otro tomando su lugar en la cadena significante, mientras que el
significante oculto sigue presente por su conexión (metonímica) con el resto de
la cadena…” (Lacan 1957ª – 474).
Lacan atribuye al padre la función libidinal de incidir en los modos de gozar de
la familia, y sobre todo en la de la relación madre-hijo. Podemos destacar tres
puntos de vista de esta función libidinal. El del impacto paterno en sí; el lugar
de pater familias como amo del grupo familiar; y, su posición excepcional con
respecto al resto de los varones.
La función del “e-pater”, el padre (pater) debe impactar (épater) a la familia, esa
es su “única función verdaderamente decisiva”. Ese impacto, esa conmoción
familiar es algo crucial, necesaria para incidir en la economía de los goces.
La crisis de padre consiste en que el e-pater no impacta. Si el padre ya no
impacta a la familia, naturalmente se encontrará algo mejor. Siempre habrá otro
que lo impacte.
El mítico padre primordial tiene el aspecto de un amo, no solo por haberse
adueñado de las mujeres, si no por ocupar, respecto de los otros machos, el
lugar del “único superior a todos”, que caracteriza al lidera de la masa. Es lo
que el derecho romano consagro en la figura del “pater familias”, la familia “es
una manada de esclavos”. Esto lleva a pensar que las propiedades asignadas
al padre dependen de su lugar especial en una estructura significante.
Este carácter especial solo puede ser asignado por su valor libidinal. Todo
significante que impacte en la economía de los goces es un significante amo.
La última función que Lacan asigna al padre, la función vincular, no resulta
indispensable para el sujeto de entrada. El “despertar de la primavera” (Frank
Wedekind, 1891), incomparable con el erotismo de la infancia, conduce al
mundo del goce sexual con el partenaire, mas amplio que el de la masturbación
y las fantasías. Como nada nos encamina a elegir un partenaire ni nos dice
como aproximarnos a este, como abordarlo, y que hacer con él una vez que lo
encontramos, todo ello debe llegarnos por medio del significante. Pero, la
cultura, las estructuras elementales de parentesco y una infinidad de tabúes,
identificaciones y costumbres nos brindan una orientación burda e insuficiente.
Aquí el padre debe actuar como una suerte de vehículo para que el sujeto
acceda a la experiencia del encuentro con un partenaire sexual. Nada sino mas
bien la costumbre lleva a considerar esa función como paterna.
Miller utiliza la categoría de lo universal y lo singular para marcar la diferencia
entre la función del padre como excepción y la función del padre como modelo
respectivamente. La función del Nombre del Padre es universal – el problema
es saber si se la encarna no, pero la función es igual para todos – “…
Cualquiera alcanza la función de excepción que tiene el padre, ¡se sabe con
qué resultado!... ;mientras que la función del padre que hace de una mujer
(única) la causa de su deseo y le da hijos (obj. a) de los que él se ocupa
paternalmente se cumple en el terreno de una relación singular que, además,
no tiene correlación directa con la significación fálica.
Miller indica: “no se trata por lo tanto de pasarse del padre sino de poner el
acento sobre el padre en tanto que existencia particular”
La conformación contemporánea de la familia, en sus múltiples y particulares
organizaciones, las ficciones jurídicas en el fuero de familia, llevan a la
pregunta ¿Qué lugar ocupa el padre?
En la clínica, lo jurídico viene a poner palabras allí donde no las hay, se
observa sujetos que descansan su responsabilidad parental en lo determinado,
fallo mediante, por un juzgado. Por lo que la relación padre-hijo se ve
mediatizada por lo legal. ¿a qué se debe?