Dibujo de materiales prehistóricos: la industria lítica.
La representación gráfica de las piezas líticas surge de la necesidad, por parte de un investigador, de plasmar
objetivamente mediante un dibujo los atributos que ha observado y que sustentan su discurso. Así, el registro
gráfico de una pieza lítica tiene la función de informarnos claramente de las características técnicas de la
misma a través de la descripción gráfica pormenorizada de las huellas resultantes de los procesos de
manufactura y posterior uso.
El dibujo, por tanto, deberá ser preciso y obedecer a unos convencionalismos universalmente admitidos, y
verificará las huellas de manufactura y uso en el anverso, el perfil, el reverso, así como la sección o secciones
de la pieza, los cuatro aspectos que debemos reflejar en la representación gráfica.
La correcta orientación de las piezas prehistóricas es fundamental porque facilita el estudio al permitir el
reconocimiento de los datos descriptivos de la pieza y la comparación entre los diversos objetos. Orientar un
objeto es dotarlo de una posición en relación a un sistema de referencia; en palabras de Dauvois (1975: 25)
es “determinar la posición de su eje morfológico o de su ángulo de fractura en relación a la línea horizontal h
paralela al borde inferior de la página”.
Distinguimos tres partes en una pieza orientada en función de los convencionalismos establecidos por Tixier:
el extremo proximal o basal, el extremo distal o terminal y, entre ambos, la parte central o medial de la pieza.
Para orientar el elemento lítico, los convencionalismos establecen que se debe situar el extremo proximal en
la parte inferior del dibujo si se trata de piezas de extracción, es decir de lascas, láminas, laminitas o microlitos
(el extremo distal quedará, por tanto, en la parte superior de la representación), con la cara dorsal a la vista.
Para ello es necesaria una correcta observación del talón o de otros indicios que señalen en qué lugar se
encuentra dicho extremo proximal. Cuando la pieza no tenga sus originales extremos proximal y distal por ser
un fragmento, se localizará la zona más próxima al extremo proximal mediante la observación y búsqueda de
las ondas de percusión, si se trata de sílex, o a través de la localización de las líneas de fractura, en la
cuarcita. Si son útiles que tienen la zona funcional en un extremo de la pieza, independientemente de que
esta zona coincida o no con el extremo distal, se situará dicha zona en la parte superior del dibujo. Éste es el
caso de puntas de flecha, perforadores o taladros.
Para dibujar la cara dorsal, una vez situada la pieza en posición sobre el papel y correctamente orientada, se
contornea a lápiz. Es lo que se denomina delineación perimétrica, y, para su realización, la pieza debe estar
correctamente inmovilizada sobre el papel según la vista deseada; mediante la sujeción de la misma con dos
dedos se salvará la dificultad que supone el hecho de que no todas las piezas son estables (no todas tienen la
cara ventral plana). Después, ya se puede proceder a trazar su contorno, desplazando el lápiz de trazo fino
por los bordes y acompañando con el ojo, situado siempre en posición vertical sobre el contorno de la pieza
dibujada, el movimiento de la mano al dibujar, de forma acompasada. A continuación es necesario comprobar
que las medidas del dibujo coinciden con las medidas reales de la pieza, con el fin de evitar que, como
frecuentemente sucede, el contorno obtenido sea más grande, al haber distanciado el lápiz de la pieza, o más
pequeño, al haberlo acercado demasiado. Para esta comprobación de dimensiones se usa el calibre, tomando
medidas en varios puntos.
Después el dibujante debe plasmar en el interior del contorno obtenido todos los accidentes que observe en
esta cara dorsal de la pieza. Debe comenzar dibujando las concreciones y las aristas, continuar con las
fracturas y el córtex y terminar con los retoques, sin olvidar las alteraciones por uso o de otro tipo (gelifracción,
mecánicas, etc.).
Para situar la pieza en la posición correcta que permita el dibujo del perfil debemos voltearla hacia la derecha
del papel exactamente 90º, partiendo de la posición en la que se encontraba, hasta que su borde izquierdo
quede en el punto más alto, elevada hacia nosotros y en posición perpendicular al papel. En esta posición,
sosteniendo la pieza sobre un dedo a fin de que la mano impida lo menos posible la visión perpendicular que
tenemos de la pieza; se contornearán ambos perfiles, empezando, por ejemplo, por el derecho, y ejecutando
el trazado del izquierdo con la ayuda del calibre, que nos permitirá tomar medidas del grosor en varios puntos.
Estas medidas se marcarán sobre la lámina y nos servirán de puntos de referencia para dibujar este segundo
perfil. Una vez trazados ambos perfiles, en su interior se marcará el filo de la pieza con una línea más gruesa
que las otras.
La cara ventral sólo se dibujará en el caso de que presente retoque (a veces incluso basta con dibujar
solamente la parte de la cara ventral donde se localiza el retoque), o cualquier accidente o característica de
interés, como, por ejemplo, contra bulbos, girando nuevamente la pieza otros 90º y actuando tal como hemos
hecho con la cara dorsal. Se podrá emplear, como ayuda, papel vegetal para calcar la silueta de la cara dorsal
y hacer más rápido el dibujo, ya que ambas caras, la dorsal y la ventral, deben poseer, por definición, la
misma silueta.
Es preciso señalar que, cuando se trate de un núcleo, será necesario dibujar tantas caras como extracciones
muestre la pieza.
Una vez realizado el dibujo de la cara dorsal y el perfil, además del de la cara ventral si la pieza así lo
requiere, se pasará al dibujo de la sección o secciones. La sección no es otra cosa que un corte imaginario
perpendicular al eje axial de la pieza, y deberá realizarse mediante la observación perpendicular de la misma
y el trazado de la silueta, de forma similar a la empleada para la representación de la cara dorsal y sirviéndose
siempre de la ayuda de un calibre que permita comprobar las medidas del grosor; anchura y grosor deben
coincidir con los expresados en la cara y perfil respectivos. La sección se rayará con líneas paralelas
inclinadas 45º con respecto a la horizontal y dirección NW-SE (suponiendo que el extremo distal de la pieza
se oriente al N), bien mediante el uso de tramas mecánicas, bien a lápiz, mediante la utilización de una
escuadra apoyada sobre una regla horizontal bajo un fondo de papel milimetrado. El número de secciones
dependerá de las necesidades particulares de cada pieza, y siempre se señalará el punto en el que se ha
realizado el corte perpendicular mediante dos líneas horizontales a uno y otro lado del dibujo de la cara
dorsal. En algunas ocasiones interesará reflejar la preparación del plano de percusión mediante una visión
frontal desde la base, de forma que queden reflejadas las extracciones.
Respecto al acabado, hay diversas formas de indicar la dirección de las ondas de percusión o la inclinación de
las facetas cuando se trata de piezas de roca cristalina, como el sílex, el cristal de roca o la obsidiana. El
método más simple es aquel en el que la dirección y las inclinaciones mencionadas no se representan, sino
que sólo se dibujan las líneas que marcan las aristas en el interior de la silueta. Otra forma consiste en rayar
las facetas, no totalmente, sino en grupos sueltos en líneas paralelas, siempre de izquierda y derecha; cada
grupo constará de una línea muy corta, otra con el doble de longitud y una tercera con el doble de la anterior,
aproximadamente; la inclinación de estas líneas con respecto a la horizontal indicaría la inclinación de las
facetas y, en el caso de haber contra bulbos, éstos se rayarían con líneas curvas paralelas, que se irían
alejando progresivamente del punto de percusión o presión. La última opción consiste en rayar totalmente las
facetas, con líneas de trazo rápido y muy suelto. Será decisión del dibujante inclinar los trazos de la zona
izquierda de forma descendente (en consonancia con la presencia del ángulo a medir por debajo de la
horizontal) o ascendente (a fin de evitar sensaciones de profundidad opuestas y situarlos en concordancia con
la sección). En cualquier caso, hay que tener en cuenta que, si bien al dibujo de la industria lítica se aplica la
misma convención que afecta a los demás materiales arqueológicos y que establece la existencia de un punto
único de luz a 45º por la parte superior izquierda, a veces es necesario un pequeño haz de luz imaginario para
cada plano de lascado, a fin de que el realce sea mayor. De todas formas, esto se aplica de forma general y el
citado haz de luz de 45º siempre dominará el conjunto del dibujo.
Independientemente de la forma que se emplee para indicar la inclinación de las facetas y la dirección de las
ondas de percusión puede señalarse con el símbolo (una flecha sin astil) el punto en el que se ha efectuado
la presión o la percusión y la dirección de la fuerza ejercida.
Cuando la pieza sea de materiales de grano grueso, como cuarcita o cuarzo, los puntos alineados sustituirán
a las líneas, pero empleando la misma metodología. En el caso de las piezas realizadas en cuarcita se
representarán punteando los concoides, los negativos en general, de tal forma que las aristas quedarán bien
marcadas por diferencias en la representación del sombreado. Si se trata de calizas, se deberán marcar
claramente las ondas de percusión.
Todas las piezas tendrán el córtex representado mediante un punteo, intentando simular el volumen y la
rugosidad que lo caracterizan. Se pueden utilizar tramas de textura si el dibujo es a tinta, aunque de este
modo no habrá volumen. Al igual que el aspecto rugoso del córtex, cualquier tipo de costras, como carbonatos
u otras que resulten de interés, se registrarán con puntos más o menos desordenados. Las zonas de lustre, si
las hay, deberán ser representadas con un punteado muy fino (o trama mecánica de puntos finos), para que
no se puedan confundir con el córtex.
Mención aparte merecen otros sistemas de representación más complejos, como los remontajes, un método
que permite una reconstrucción parcial o total de los tramos de los esquemas operativos en función del
registro arqueológico, o los esquemas diacríticos (ED), que posibilitan la plasmación, a través de la utilización
de una serie de signos gráficos, de las inferencias o identificaciones realizadas por el investigador, en
cualquiera de sus tres principales variantes (ED de gestión de núcleos, de reducción/configuración o de
modificación) (Simón Vallejo y Cortés Sánchez, 1996: 95).
En lo referente a las piezas de piedra pulimentada, la orientación no ofrece mucha dificultad. Suelen ser
instrumentos en los que se puede diferenciar sin esfuerzo un extremo útil y un talón (hachas, azuelas, etc.).
En la parte inferior del dibujo se ubicará el talón y en la parte superior el extremo útil, tanto si es cortante como
puntiagudo.
El dibujo de las piezas de la industria lítica pulimentada es muy similar al de las de piedra tallada. Se dibujará
la cara mayor, de las dos que posee la pieza, que presente erosiones u otro tipo de accidentes, aunque, en
caso de que ambas caras registren este tipo de accidentes, deberán ser representadas las dos. También se
dibujará el perfil de la pieza, indicando el recorrido del filo allí donde esté, es decir, sólo en la zona superior
del extremo útil, y tantas secciones como se crea conveniente, aunque es recomendable registrar al menos
dos, una en el extremo útil y otra en el talón, incluso tres, añadiéndole otra correspondiente a la zona medial.
Para la ejecución del acabado, ya sea mediante punteado, rayado o cualquiera de las otras técnicas, se
intentará expresar el volumen siguiendo unas directrices básicas. Para ejecutar correctamente el punteado, si
ésta es la técnica elegida, debemos colocar el estilógrafo en posición vertical y disponer los puntos
cuidadosamente en desorden, teniendo en cuenta la posibilidad de que las futuras reducciones del dibujo
acentuarían las tonalidades y harían desaparecer puntos demasiado pequeños. Aumentando la densidad de
los puntos sin cambiar su naturaleza se obtendrán las variaciones de intensidad y se conseguirán los efectos
de sombra. Así, en las zonas de mayor horizontalidad, teóricamente mejor iluminadas, el punteado será de
baja densidad, y se irá concentrando conforme el dibujo se acerque a las zonas de la pieza en las que existe
una mayor inclinación, siempre progresivamente y sin brusquedad. De esta forma, el centro de la pieza, que
es el lugar más horizontal, registrará un punteado muy diluido, casi inexistente, que, en cambio, estará muy
pegado a la línea de contorno en la zona del talón y los bordes laterales. En general, si el punteado es
uniforme, hará referencia a superficies muy pulidas; si, en cambio, no lo es, hará referencia a superficies con
piqueteados. El filo, entendiendo por tal la zona constituida por la parte más septentrional del extremo distal y
una línea arqueada, resultado directo del proceso de pulimento, será punteado, poniendo especial atención en
la graduación de la densidad (los puntos deben estar muy concentrados en la línea arqueada de pulimentado,
disminuyendo hasta ser prácticamente inexistentes en la zona del filo). Otra opción, no menos válida, es dejar
el filo completamente en blanco.