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Teoría Feminista: Nuevas Perspectivas

Este capítulo discute la falta de consenso sobre una definición clara de feminismo. La autora argumenta que sin una definición acordada carecemos de una base sólida para la teoría y la acción. También critica la definición popular de feminismo como lograr la igualdad de las mujeres con los hombres, señalando que no todas las mujeres comparten el mismo estatus social debido a factores como raza y clase.
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Teoría Feminista: Nuevas Perspectivas

Este capítulo discute la falta de consenso sobre una definición clara de feminismo. La autora argumenta que sin una definición acordada carecemos de una base sólida para la teoría y la acción. También critica la definición popular de feminismo como lograr la igualdad de las mujeres con los hombres, señalando que no todas las mujeres comparten el mismo estatus social debido a factores como raza y clase.
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traficantes de sueños

Traficantes de Sueños no es una casa editorial, ni si-


quiera una editorial independiente que contempla la
publicación de una colección variable de textos crí-
ticos. Es, por el contrario, un proyecto, en el sentido
estricto de «apuesta», que se dirige a cartografiar las
líneas constituyentes de otras formas de vida. La cons-
trucción teórica y práctica de la caja de herramientas
que, con palabras propias, puede componer el ciclo de
luchas de las próximas décadas.

Sin complacencias con la arcaica sacralidad del libro,


sin concesiones con el narcisismo literario, sin lealtad
alguna a los usurpadores del saber, TdS adopta sin
ambages la libertad de acceso al conocimiento. Queda,
por tanto, permitida y abierta la reproducción total o
parcial de los textos publicados, en cualquier formato
imaginable, salvo por explícita voluntad del autor o de
la autora y sólo en el caso de las ediciones con ánimo
de lucro.

Omnia sunt communia!


mapas 61

Mapas. Cartas para orientarse en la geografía variable de la


nueva composición del trabajo, de la movilidad entre fron-
teras, de las transformaciones urbanas. Mutaciones veloces
que exigen la introducción de líneas de fuerza a través de las
discusiones de mayor potencia en el horizonte global.

Mapas recoge y traduce algunos ensayos, que con lucidez y


una gran fuerza expresiva han sabido reconocer las posibili-
dades políticas contenidas en el relieve sinuoso y controver-
tido de los nuevos planos de la existencia.
© 2015, Gloria Watkins. Todos los derechos reservados. Autorizada la traducción del inglés
de la edición publicada por Routledge, miembro de Taylor & Francis Group LLC.
© 2020, de esta edición, Traficantes de Sueños

cc creative
commons Licencia Creative Commons
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* Aviso — Al reutilizar o distribuir la obra, tiene que dejar muy en claro los términos de la licencia
de esta obra.

Edición original: Feminist Theory: From Margin to Center, 3ª ed., Nueva York y
Londres, Routledge, 2015.

Primera edición en castellano: noviembre de 2020


Título:
Teoría feminista: de los márgenes al centro
Autora:
bell hooks
Traducción:
Ana Useros Martín
Maquetación y diseño de cubierta:
Traficantes de Sueños
Edición:
Traficantes de Sueños
C/ Duque de Alba 13. C. P. 28012. Madrid.
Tlf: 915320928
mail:editorial@[Link]

ISBN: 978-84-122762-1-3
Depósito Legal: M-27749-2020
Teoría feminista:
de los márgenes
al centro
bell hooks

Traducción:
Ana Useros Martín

traficantes de sueños
mapas
Índice

Agradecimientos 13
Prólogo a la nueva edición. Viendo la luz:
un feminismo visionario 15
Prólogo a la primera edición 23
1. Mujeres negras: dar forma a la teoría feminista 27
2. Feminismo: un movimiento para terminar
con la opresión sexista 49
3. La importancia del movimiento feminista 71
4. Sororidad: solidaridad política entre las mujeres 83
5. Hombres: camaradas en la lucha 117
6. Perspectivas cambiantes sobre el poder 139
7. Repensar la naturaleza del trabajo 155
8. Educar a las mujeres: una agenda feminista 171
9. El movimiento feminista para acabar
con la violencia 183
10. Crianza revolucionaria 205
11. Terminar con la opresión sexual femenina 227
12. La revolución feminista: su desarrollo
mediante la lucha 243
Bibliografía 253
2. Feminismo: un movimiento para
terminar con la opresión sexista

Un problema central dentro del discurso feminista ha


sido nuestra incapacidad de llegar tanto a un consen-
so acerca de una idea sobre de lo que es el feminismo
como a aceptar definiciones que pudieran servir como
puntos de unificación. Sin una(s) definición(es) sobre
las que haya acuerdo, carecemos de cimientos sólidos
sobre los cuales construir la teoría o implicarnos en una
praxis significativa general. Expresando sus frustracio-
nes ante la ausencia de definiciones claras en un ensa-
yo reciente, «Hacia una ética revolucionaria», Carmen
Vázquez comenta:

Ni siquiera podemos ponernos de acuerdo sobre qué


es una «feminista», no digamos acerca de lo que cree
o en cómo define los principios que respetamos. En
sintonía con la obsesión capitalista americana por el
©
se permite la copia

individualismo y por el todo vale, mientras consigas


lo que quieres, el feminismo en América del Norte ha
pasado a significar cualquier cosa que te guste, cielo.
Hay tantas definiciones de feminismo como feminis-
tas, dicen algunas de mis hermanas con una risotada.
No me parece que tenga ninguna gracia.

49
50 Teoría feminista: de los márgenes al centro

No tiene gracia. Indica una creciente falta de interés


por el feminismo como movimiento político radical. Es
un gesto desolador que expresa la creencia de que la
solidaridad entre mujeres no es posible. Es una señal
de hasta qué punto abunda esa ingenuidad política
que tradicionalmente ha caracterizado el destino de las
mujeres en la cultura dominada por lo masculino.
La mayoría de las personas en Estados Unidos
piensan en el feminismo o, según el término que se usa
más a menudo, la «liberación de la mujer», como un
movimiento que trata de hacer a las mujeres iguales a
los hombres en el plano social. Esta definición amplia,
popularizada por los medios de comunicación y por
los segmentos hegemónicos del movimiento, suscita
cuestiones problemáticas. En tanto los hombres no son
iguales entre sí en una estructura de clases supremacis-
ta, capitalista y patriarcal, ¿con respecto de qué hom-
bres quieren ser iguales las mujeres? ¿Comparten las
mujeres una visión común de lo que significa la equi-
dad? Implícita en esta simplista definición de la libera-
ción de la mujer hay un desdén hacia la raza y la clase
como factores que, en conjunción con el sexismo, deter-
minan hasta qué punto una persona puede ser objeto
de discriminación, explotación u opresión. Las mujeres
blancas burguesas que se interesan por los derechos de
las mujeres se han conformado, por razones evidentes,
con definiciones simples. Ellas mismas colocadas retó-
ricamente en la misma categoría social que las mujeres
oprimidas, no sienten la urgencia de llamar la atención
sobre los privilegios de raza y clase.
©
se permite la copia

Las mujeres pertenecientes a las clases inferiores y


a los grupos empobrecidos, especialmente quienes no
son blancas, no habrían definido nunca la liberación
de la mujer como las mujeres que están en proceso de
adquirir la igualdad social con respecto de los hom-
bres: sus vidas cotidianas les recuerdan continuamente
que no todas las mujeres comparten un estatus social
Feminismo: un movimiento para terminar con la opresión sexista 51

común. De manera concomitante, saben también que


muchos varones en sus grupos sociales son explota-
dos y oprimidos. Puesto que son conscientes de que
los varones de sus grupos no tienen el poder social,
político y económico, no consideran que compartir su
estatus social sea una liberación. Si bien tienen claro
que el sexismo capacita a los hombres de sus grupos
respectivos para tener privilegios que a ellas se les nie-
gan, es más probable que entiendan las expresiones
exageradas del chauvinismo masculino entre sus pares
como productos de la conciencia de la impotencia y la
ineficacia del varón en relación con los grupos de varo-
nes dominantes, más que como una expresión general
de un estatus social privilegiado. Desde el comienzo
mismo del movimiento de liberación de las mujeres,
estas mujeres sospechaban del feminismo precisamente
porque reconocían las limitaciones inherentes a su defi-
nición. Reconocían la posibilidad de que el feminismo
definido como la igualdad social con los varones se con-
virtiera fácilmente en un movimiento que afectara prin-
cipalmente a la posición social de las mujeres blancas en
los grupos de clase media y alta, al tiempo que solo, de
manera muy marginal, afectaría al estatus social de las
mujeres obreras y pobres.
No todas las mujeres que se encontraban en prime-
ra línea del movimiento organizado de mujeres, dando
forma a los conceptos, se contentaban con convertir la
liberación de las mujeres en sinónimo de mujeres en
proceso de adquirir la igualdad social con los varones.
En las primeras páginas de Woman Power: The Move-
©
se permite la copia

ment for Women’s Liberation [El poder de la mujeres. El


movimiento de liberación de las mujeres], Cellestine
Ware, una mujer negra activa en el movimiento, escribe
bajo el epígrafe «Metas»:

El feminismo radical trabaja por la erradicación de


la dominación y del elitismo en todas las relaciones
52 Teoría feminista: de los márgenes al centro

humanas. Esto haría de la autodeterminación el bien


supremo y requeriría el derrocamiento de la sociedad
tal y como hoy la conocemos.

Algunas feministas radicales en particular, como Char-


lotte Bunch, basaban sus análisis en un conocimiento
informado de las políticas de dominación y en un reco-
nocimiento de las interrelaciones entre los diversos sis-
temas de dominación, incluso aunque se centraran prin-
cipalmente en el sexismo. Sus perspectivas no fueron
apreciadas por aquellas organizadoras y participantes
en el movimiento de mujeres a quienes les interesaban
más las reformas sociales. Las autoras anónimas de un
panfleto sobre temas feministas publicado en 1976, Wo-
men and the New World [Las mujeres y el nuevo mundo],
señalan que muchas mujeres activas en el movimiento
de liberación de las mujeres estaban mucho más cómo-
das con la idea del feminismo como una reforma que
ayudaría a que las mujeres alcanzaran la igualdad social
con los hombres de su clase, más que con un feminismo
definido como un movimiento radical que erradicaría la
dominación y transformaría la sociedad:

Sea cual sea la organización, la localización o la com-


posición étnica del grupo, todas las organizaciones de
liberación de las mujeres tienen una cosa en común:
todas se agruparon sobre la base de un hecho biológi-
co y sociológico, más que en un cuerpo de ideas. Las
mujeres se agruparon en el movimiento de liberación
de las mujeres sobre la base de que eran mujeres y
©

de que todas las mujeres están sometidas a la domi-


se permite la copia

nación masculina. Veíamos a todas las mujeres como


nuestras aliadas y a todos los hombres como nuestros
opresores. Nunca nos cuestionamos hasta qué punto
las mujeres estadounidenses aceptaban los mismos
valores materialistas e individualistas que los varo-
nes estadounidenses. No nos paramos a pensar que
las mujeres estadounidenses tenían el mismo recha-
zo que los varones estadounidenses a luchar por una
Feminismo: un movimiento para terminar con la opresión sexista 53

nueva sociedad basada en nuevos valores de respeto


mutuo, de cooperación y de responsabilidad social.

Ahora resulta evidente que muchas mujeres activas


en el movimiento feminista estaban interesadas en el
reformismo como un fin en sí mismo, no como una
etapa de la progresión hacia la transformación revolu-
cionaria. Aun cuando Zillah Eisenstein pueda señalar
con optimismo el radicalismo potencial de las muje-
res liberales que trabajan por la reforma social en The
Radical Future of Liberal Feminism [El futuro radical del
feminismo liberal], no queda claro el proceso por el
cual surgiría este radicalismo. Como ejemplo de las
implicaciones raciales de los programas del feminismo
liberal, Eisenstein ofrece las exigencias planteadas en
el congreso patrocinado por el gobierno sobre los dere-
chos de las mujeres que tuvo lugar en Houston en 1978:

El informe de Houston exige como un derecho huma-


no que las mujeres tengan voz plena y protagonismo
a la hora de decidir el destino de nuestro mundo, de
nuestra nación, de nuestras familias y de nuestras
vidas individuales. Específicamente pide: 1) la elimi-
nación de la violencia en el hogar y la fundación de
refugios para mujeres maltratadas; 2) apoyo para los
negocios de mujeres; 3) una solución para los abusos
a la infancia; 4) un sistema de cuidados infantiles no
sexista y financiado por el gobierno federal; 5) una
política de pleno empleo para que todas las mujeres
que deseen y estén en situación de trabajar puedan
hacerlo; 6) la protección de las amas de casa, enten-
©
se permite la copia

diendo el matrimonio como una sociedad; 7) terminar


con la descripción sexista de las mujeres en los medios
de comunicación; 8) libertad reproductiva y el fin de
la esterilización involuntaria; 9) un remedio contra la
doble discriminación en el caso de las mujeres perte-
necientes a minorías; 10) una revisión del derecho pe-
nal en lo que se refiere a la violación; 11) eliminación
de la discriminación por la orientación sexual; 12) una
54 Teoría feminista: de los márgenes al centro

educación no sexista y 13) analizar todas las propues-


tas de reforma del Estado de bienestar según su im-
pacto concreto sobre las mujeres.

El impacto positivo de las reformas liberales sobre las


vidas de las mujeres no debería llevar a suponer que
van a erradicar los sistemas de dominación. En ningu-
na de estas exigencias leemos un énfasis en erradicar
las políticas de dominación, pero tendrían que abolirse,
si es que queremos conseguir cualquiera de estas exi-
gencias. La falta de cualquier énfasis en la dominación
es coherente con la creencia feminista liberal de que las
mujeres pueden alcanzar la igualdad con los hombres
de su clase sin desafiar ni cambiar las bases culturales
de la opresión grupal. Es esta creencia la que niega la
posibilidad de que el radicalismo potencial del femi-
nismo liberal pueda llegar a materializarse algún día.
En una fecha tan temprana como 1976, la académica
brasileña Heleieth Saffioti subrayaba que el feminismo
burgués siempre ha sido «fundamental e inconsciente-
mente un feminismo de la clase dominante»:

Sea cual sea el contenido revolucionario que haya en la


praxis del feminismo pequeño burgués, se ha colocado
ahí gracias a los esfuerzos de la capa mediana, especial-
mente de las menos favorecidas, con el fin de ascender
socialmente. Para hacer esto, no obstante, buscaban
únicamente ampliar las estructuras sociales existentes
y nunca llegaron tan lejos como para cuestionar el statu
quo. Así, aunque el feminismo pequeño burgués siem-
©

pre se dirige a lograr la igualdad social entre los sexos,


se permite la copia

la conciencia que representa ha seguido siendo utópica


en su deseo de ello y en su lucha por conseguir una
transformación parcial de la sociedad; se cree que esto
se puede hacer sin perturbar los cimientos en los que
descansa […]. En este sentido, el feminismo pequeño
burgués no es en absoluto feminismo; de hecho, ha
ayudado a consolidar la sociedad de clases ofreciendo
un camuflaje a sus contradicciones internas.
Feminismo: un movimiento para terminar con la opresión sexista 55

La dimensión radical de la protesta social de las mu-


jeres liberales continuará sirviendo como un sistema
de apoyo ideológico proporcionando el necesario
impulso crítico y analítico para el mantenimiento de
un liberalismo que persigue conceder a las mujeres
más igualdad de oportunidades dentro del actual
Estado supremacista, capitalista y patriarcal. Este
activismo liberal por los derechos de las mujeres dis-
minuye en su esencia la lucha feminista. El filósofo
Mihailo Markovic debate las limitaciones del libe-
ralismo en su ensayo, «Liberación de las mujeres y
emancipación humana»:

Otra característica básica del liberalismo, que consti-


tuye un formidable obstáculo a la emancipación de un
grupo social oprimido, es su concepción de la natu-
raleza humana. Si el egoísmo, la agresividad, el im-
pulso de conquistar y dominar realmente están entre
los rasgos que definen lo humano, como todo filósofo
liberal desde Locke trata de convencernos, la opresión
en la sociedad civil, es decir, en la esfera social no re-
gulada por el Estado, es ley de vida, y la relación civil
básica entre un hombre y una mujer será siempre un
campo de batalla. La mujer, siendo menos agresiva,
es, por lo tanto, la menos humana de los dos y está
condenada bien al sometimiento, bien a volverse más
sedienta de poder y tratar de dominar a los hombres.
La liberación para ambos no es factible.

Aunque las perspectivas liberales sobre el feminismo


incluyen reformas que tendrían implicaciones radica-
©
se permite la copia

les para la sociedad, estas son precisamente las refor-


mas que encuentran resistencia en tanto prefiguran
el escenario para una transformación revolucionaria,
caso de que se implantaran. Es evidente que la socie-
dad responde mejor ante las exigencias «feministas»
que no suponen una amenaza, que pueden ayudar in-
cluso a mantener el statu quo. Jeanne Gross nos da un
56 Teoría feminista: de los márgenes al centro

ejemplo de esta captación de la estrategia feminista en


su ensayo, «Ética feminista desde una perspectiva mar-
xista», publicado en 1977:

Si nosotras, en tanto mujeres, queremos el cambio en


todos los aspectos de nuestras vidas, debemos recono-
cer que el capitalismo es igualmente capaz de captar
los cambios poco a poco. […] El capitalismo es muy
capaz de tomar nuestros cambios visionarios y usar-
los en nuestra contra. Por ejemplo, muchas mujeres
casadas, al identificar la familia como su lugar de
opresión, se han divorciado. Se han arrojado, sin pro-
tección ni preparación, al mercado laboral. Para mu-
chas mujeres esto ha significado ocupar un lugar en la
larga fila de mecanógrafas. Las empresas ahora están
dándose cuenta de su capacidad de explotación sobre
las mujeres divorciadas. La tasa de despidos en estos
empleos es increíblemente alta: «Si se queja, puede ser
sustituida».

Especialmente en lo que concierne al trabajo, muchas


reformas del feminismo liberal simplemente refuerzan
los valores capitalistas y materialistas (ilustrando la fle-
xibilidad del capitalismo) sin liberar en realidad econó-
micamente a las mujeres.
Las mujeres liberales no han sido las únicas que
se han beneficiado de la vitalidad del feminismo para
perseguir sus intereses. La gran mayoría de las mujeres
que se han beneficiado en algún sentido de las refor-
mas sociales generadas por el feminismo no querían
©

ser consideradas como defensoras del feminismo. Los


se permite la copia

congresos sobre temas relevantes para las mujeres, que


nunca se habrían organizado o financiado si no hubie-
ra existido un movimiento feminista, tienen lugar a lo
largo y ancho de Estados Unidos, pero las participan-
tes no desean que se las considere defensoras del femi-
nismo. O bien son reticentes a mostrar un compromiso
público con el movimiento feminista, o se burlan del
Feminismo: un movimiento para terminar con la opresión sexista 57

término. Mujeres afroamericanas, indias nativas ame-


ricanas, asiáticas americanas e hispanas americanas a
titulo individual se ven aisladas si prestan su apoyo al
movimiento feminista. Incluso mujeres que podrían al-
canzar fama y prestigio (así como mayores ingresos)
como respuesta a la atención que ha recibido su trabajo
por parte de numerosas mujeres que apoyan el femi-
nismo desvían la atención de su compromiso con el
feminismo. Llegan incluso al punto de crear otros tér-
minos para expresar su preocupación por los temas de
las mujeres y así evitar el uso del término «feminista».
La creación de nuevos términos que no estén relaciona-
dos con la actividad política organizada tiende a pro-
porcionar excusas a las mujeres que ya probablemente
eran renuentes a explorar el feminismo a la hora de
explicar su reticencia a participar. Esta es una señal de
la aceptación acrítica de las definiciones distorsionadas
del feminismo, más que una exigencia de redefinición.
Las mujeres pueden apoyar temas específicos a la vez
que se desvinculan de lo que ellas suponen que es el
movimiento feminista.
En un artículo, «Hermanas, bajo la piel», que apa-
reció en un periódico de San Francisco, el columnista
Bob Greene comentaba la aparente aversión de mu-
chas mujeres ante el término «feminismo». A Greene
le parecía curioso que muchas mujeres «que evidente-
mente creen en todo lo que creen las feministas orgu-
llosas de serlo desdeñen el término “feminista” como
algo desagradable; algo con lo que no desean que se las
relacione». Incluso aunque dichas mujeres a menudo
©
se permite la copia

reconocen que se han beneficiado de las medidas refor-


mistas generadas por el feminismo, que han mejorado
el estatus social de grupos específicos de mujeres, no
desean que se las vea como participantes en el movi-
miento feminista:
58 Teoría feminista: de los márgenes al centro

No hay por dónde cogerlo. Después de todo este tiem-


po, el término «feminista» hace que muchas mujeres
brillantes, ambiciosas e inteligentes se incomoden y
avergüencen. Simplemente no desean que se las aso-
cie con ello.
Es como si tuviera una desagradable connotación
con la que no quieren tener relación. Lo más probable
es que si les plantearas todas las creencias feministas
dominantes, compartieran literalmente esas creencias
pero, incluso aunque se consideren a sí mismas femi-
nistas, se apresuran en decir que no lo son.

Muchas mujeres son reticentes a defender el feminis-


mo porque no están seguras de lo que significa. Otras
mujeres, procedentes de grupos explotados y oprimi-
dos, rechazan el término porque no desean que se las
perciba como partidarias de un movimiento racista; el
feminismo se asocia con frecuencia con la lucha por
los derechos de las mujeres blancas. Muchas mujeres
entienden el feminismo como sinónimo de lesbianis-
mo; su homofobia les conduce a rechazar la asociación
con cualquier grupo que se identifique como prolés-
bico. Algunas mujeres temen la palabra «feminismo»
porque rehúyen la identificación con cualquier movi-
miento político, especialmente con uno que se percibe
como radical. Por supuesto, hay mujeres que de ningu-
na manera desean que se les asocie con el movimiento
por los derechos de las mujeres, por lo que rechazan
y se oponen al movimiento feminista. La mayoría de
las mujeres están más familiarizadas con las visiones
©

negativas de la «liberación de la mujer» que con los sig-


se permite la copia

nificados positivos del feminismo. Por lo que debemos


ahora luchar es por recuperar y conservar este signifi-
cado positivo, esa potencia del término.
En la actualidad el feminismo parece ser un térmi-
no sin significado claro. El enfoque «todo vale» de la
definición de la palabra lo ha convertido en algo que
prácticamente no tiene sentido. Lo que se entiende por
Feminismo: un movimiento para terminar con la opresión sexista 59

«todo vale» es normalmente que cualquier mujer que


desee la igualdad social con los hombres sin tener en
cuenta su perspectiva política (puede ser una derechista
conservadora o una estalinista) puede etiquetarse como
feminista. La mayoría de los intentos de definición del
feminismo reflejan la naturaleza de clase del movimien-
to. Las definiciones son habitualmente de origen liberal
y se centran en el derecho de cada mujer individual a
la libertad y a la autodeterminación. En The Remembered
Gate: Origins of American Feminism [La puerta recordada:
los orígenes del feminismo estadounidense], de Barba-
ra Berg, la autora define el feminismo como «un amplio
movimiento que abarca numerosas fases de la emanci-
pación de la mujer». No obstante, se centra en las mu-
jeres que adquieren una mayor libertad individual. Al
ampliar la anterior definición, Berg añade:

Es la libertad de decidir nuestro propio destino; liber-


tad frente a un papel X predeterminado; libertad fren-
te a las restricciones opresivas de la sociedad; libertad
para expresar plenamente nuestros pensamientos y
para convertirlos libremente en actos. El feminismo
exige la aceptación del derecho de la mujer a la con-
ciencia y el juicio individual. Postula que el valor esen-
cial de una mujer emana de su humanidad común y
que no depende del resto de relaciones de su vida.

Esta definición de feminismo tiene un tono casi apolí-


tico; aun así, es el tipo de definición que atrae a la ma-
©

yoría de las mujeres liberales. Evoca una noción muy


se permite la copia

romántica de la libertad personal lo que resulta más


aceptable que una definición que subraye la acción po-
lítica radical.
Muchas feministas radicales saben ahora ya que ni
un feminismo que se centre en la mujer como un ser
humano autónomo digno de libertad personal ni uno
60 Teoría feminista: de los márgenes al centro

que se centre en la obtención de la igualdad de oportu-


nidades con los varones puede librar a la sociedad del
sexismo y de la dominación masculina. El feminismo
es una lucha para terminar con la opresión sexista. Es,
por lo tanto, necesariamente una lucha para erradicar
la ideología de la dominación que permea la cultura
occidental a distintos niveles, así como un compromiso
para reorganizar la sociedad de manera que el desarro-
llo autónomo de la persona tenga preferencia sobre el
imperialismo, la expansión económica y los deseos ma-
teriales. Definido de esta manera, es improbable que las
mujeres se unan al movimiento feminista únicamente
porque somos biológicamente iguales. Un compromiso
con el feminismo así definido exigiría que cada parti-
cipante adquiera una conciencia crítica política basada
en ideas y creencias.
Con el paso del tiempo, el lema «lo personal es po-
lítico» (que primero se empleó para subrayar que la
realidad cotidiana de la mujer está conformada y mol-
deada por la política y que es necesariamente política)
se convirtió en un medio para animar a las mujeres a
pensar que su experiencia de discriminación, explota-
ción y opresión se correspondía automáticamente con
una comprensión del aparato ideológico e institucional
que conformaba el estatus de cada una. Como conse-
cuencia, muchas mujeres, que aún no habían analizado
por completo su situación, nunca desarrollaron una
comprensión sofisticada de su realidad política y de su
relación con la realidad de las mujeres en tanto grupo
colectivo. Se les animó a centrarse en dar voz a la ex-
©
se permite la copia

periencia personal. En tanto revolucionarias que traba-


jan para cambiar la suerte de los pueblos colonizados
globalmente, es necesario que las activistas feministas
insistan en que la capacidad de ver y describir nuestra
propia realidad es un paso significativo en el largo pro-
ceso del autodescubrimiento, pero que esto es única-
mente el principio. Cuando las mujeres interiorizaron
Feminismo: un movimiento para terminar con la opresión sexista 61

la idea de que describir sus propios males era sinónimo


de desarrollar una conciencia política crítica, el progre-
so del movimiento feminista se estancó. Partiendo de
esas perspectivas incompletas, no sorprende que se de-
sarrollaran teorías y estrategias que eran colectivamen-
te inadecuadas y erróneas. Para corregir esta inadecua-
ción en el análisis pasado, debemos ahora animar a las
mujeres a desarrollar una comprensión aguda y com-
pleta de la realidad política de las mujeres. Una visión
más amplia solamente puede surgir si examinamos
tanto lo personal, que es político, como la política de
la sociedad en su conjunto, así como la política revolu-
cionaria global.
El feminismo definido en términos políticos, que in-
siste en la experiencia colectiva tanto como en la indivi-
dual, desafía a las mujeres a entrar en un nuevo ámbito,
dejar atrás la postura apolítica que el sexismo ha decre-
tado como nuestro destino y desarrollar conciencia polí-
tica. Las mujeres sabemos por nuestras vidas cotidianas
que muchas de nosotras hablamos pocas veces de políti-
ca. Incluso cuando las mujeres hablaban sobre políticas
sexistas, en el apogeo del feminismo contemporáneo,
en lugar de permitir que esta implicación en los asuntos
políticos serios nos llevara a análisis complejos y en pro-
fundidad del estatus social de las mujeres, insistíamos
en que los varones eran el «enemigo», la causa de todos
nuestros problemas. Como consecuencia, analizábamos
casi exclusivamente la relación de las mujeres con la su-
premacía masculina y la ideología del sexismo. El foco
en el «varón como enemigo» creaba, como subraya Mar-
©
se permite la copia

lene Dixon en su ensayo «Auge y caída del movimiento


de liberación de las mujeres: un análisis de clase», una
«política de la opresión psicológica» que evocaba visio-
nes del mundo que «enfrentaban a individuos contra
individuos, al tiempo que tergiversa la base social de la
explotación». Al repudiar la idea popular de que el foco
del movimiento feminista debe situarse en la igualdad
62 Teoría feminista: de los márgenes al centro

social de los sexos y enfatizar la erradicación de la


base cultural de la opresión de grupo, nuestro pro-
pio análisis requeriría una exploración de todos los
aspectos de la realidad política de las mujeres. Esto
supondría que la opresión de raza y la opresión de
clase se reconocerían como temas feministas con la
misma relevancia que el sexismo.
Cuando el feminismo se define de tal manera que
atrae la atención sobre la diversidad de la realidad so-
cial y política de las mujeres, centraliza las experien-
cias de todas las mujeres, especialmente de las mujeres
cuyas condiciones sociales han sido menos descritas,
estudiadas o modificadas por parte de los movimien-
tos políticos. Cuando dejamos de centrarnos en la po-
sición simplista de «los hombres son el enemigo» nos
vemos obligadas a analizar los sistemas de dominación
y nuestro papel en su mantenimiento y perpetuación.
La ausencia de una definición adecuada hizo que a las
mujeres burguesas, ya tuvieran una perspectiva liberal
o radical, les fuera sencillo conservar su dominio so-
bre el liderazgo del movimiento y su orientación. Esta
hegemonía se perpetúa hoy día en la mayoría de las
organizaciones feministas. Quienes detentan el poder
animan habitualmente a los grupos explotados y opri-
midos de mujeres a sentir que su situación es irreme-
diable, que no pueden hacer nada para romper el pa-
trón de dominación. Debido a esa socialización, estas
mujeres han sentido con frecuencia que nuestra única
respuesta posible a la hegemonía blanca y burguesa
dentro del movimiento feminista pasa por rechazar,
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insultar o evitar el feminismo. Esta reacción no es en


modo alguno una amenaza para las mujeres que de-
sean conservar el control sobre la dirección de la teoría
y la praxis feminista. Nos prefieren calladas, aceptan-
do de manera pasiva sus ideas. Nos prefieren hablando
contra «ellas» más que desarrollando nuestras propias
ideas acerca del movimiento feminista.
Feminismo: un movimiento para terminar con la opresión sexista 63

El feminismo es la lucha por acabar con la opresión se-


xista. Su objetivo no es beneficiar únicamente a un gru-
po específico de mujeres, a alguna raza en particular
o a alguna clase social de mujeres. No privilegia a las
mujeres sobre los hombres. Tiene el poder de transfor-
mar todas nuestras vidas de manera sustancial. Lo más
importante, el feminismo no es ni un estilo de vida ni
una identidad prefabricada o un papel que se pueda
adoptar. Desviando su energía del movimiento femi-
nista que trata de cambiar la sociedad, muchas mujeres
se concentran hoy en el desarrollo de una contracultu-
ra, de un mundo que ponga a las mujeres en el centro,
donde las participantes no tengan apenas contacto con
los varones. Estos intentos no indican ni respeto ni preo-
cupación por la amplia mayoría de mujeres que no pue-
den integrar sus expresiones culturales en las visiones
que ofrecen las comunidades alternativas centradas en
la mujer. En Beyond God the Father [Más allá de Dios pa-
dre], Mary Daly animaba a las mujeres a abandonar «la
seguridad que nos ofrece el sistema patriarcal» y crear
un nuevo espacio centrado en las mujeres. En respuesta
a Daly, Jeanne Gross apuntaba las contradicciones que
surgen cuando el movimiento feminista se centra en la
construcción de un nuevo espacio:

Crear un «contramundo» coloca una increíble cantidad


de presión sobre las mujeres que intentan embarcarse
en un proyecto de este tipo. La presión procede de la
creencia de que los únicos recursos reales para una em-
presa así somos nosotras. El pasado, que es plenamente
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patriarcal, se considera sin redención posible […].


se permite la copia

Si perseveramos en crear una cultura alternativa sin


mantener el diálogo con los demás (y con las circuns-
tancias históricas que han producido su identidad) no
habrá una realidad que contrastar con nuestros objeti-
vos. Corremos el riesgo, muy real, de que la ideología
dominante de la cultura se reduplique en el movimien-
to feminista mediante el imperialismo cultural.
64 Teoría feminista: de los márgenes al centro

Hacer equivaler la lucha feminista con vivir en un


mundo contracultural centrado en las mujeres alzó
barreras que expulsaron del movimiento a la mayoría
de las mujeres. A pesar de la discriminación, la explo-
tación y la opresión sexista, muchas mujeres sienten
que sus vidas, tal y como las viven, son importantes y
valiosas. Naturalmente la idea de que estas vidas po-
drían sencillamente dejarse o sustituirse por un estilo
de vida alternativo «feminista» topó con resistencias.
Al sentir que sus experiencias vitales eran devalua-
das, etiquetadas únicamente como negativas y sin va-
lor, muchas mujeres respondieron atacando con vehe-
mencia al feminismo. Al rechazar la idea de un «estilo
de vida» alternativo feminista, que puede surgir úni-
camente cuando las mujeres crean una subcultura (ya
sea en un espacio de vida o incluso un espacio como
los estudios sobre la mujer, que en muchas univer-
sidades se ha convertido en exclusivo) e insistiendo
en que la lucha feminista puede comenzar allí donde
haya un individuo mujer, creamos en cambio un mo-
vimiento que se centra en nuestra experiencia colecti-
va, un movimiento que se basa de forma continua en
la gran masa de las mujeres.
A lo largo de los últimos seis años, las mujeres han
creado muchas comunidades orientadas al separatis-
mo. El foco se ha desplazado así del desarrollo de los
espacios centrados en mujeres hacia un énfasis en la
identidad. Una vez que existe el espacio centrado en
las mujeres, este solamente puede conservarse si las
mujeres siguen convencidas de que es el único lugar en
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el que pueden realizarse y ser libres. Después de asu-


mir una identidad «feminista», las mujeres a menudo
buscan vivir un estilo de vida «feminista». Estas mu-
jeres no ven que esto socava al movimiento feminista,
en tanto proyecta la premisa de que «feminista» no es
más que otro papel preconcebido que las mujeres pue-
den ahora seleccionar en su búsqueda de identidad. La
Feminismo: un movimiento para terminar con la opresión sexista 65

disposición a considerar el feminismo como una elec-


ción de estilo de vida, más que como un compromiso
político, refleja la naturaleza de clase del movimiento.
No sorprende que la amplia mayoría de las mujeres
que relacionan el feminismo con un modo de vida al-
ternativo tengan un origen de clase media, educación
universitaria, estén solteras y sean con frecuencia estu-
diantes que no tienen las responsabilidades sociales y
económicas con las que lidian diariamente las mujeres
de clase obrera y pobres que son trabajadoras, madres,
amas de casa y esposas. A veces las lesbianas han bus-
cado la equivalencia entre el feminismo y el estilo de
vida, pero por razones significativamente diferentes.
Dado el prejuicio y la discriminación contra las muje-
res lesbianas en nuestra sociedad, las comunidades al-
ternativas que se centran en las mujeres son una mane-
ra de crear un entorno positivo, asertivo. A pesar de las
razones positivas para desarrollar espacios de mujeres
(que no tienen por qué igualarse con un estilo de vida
«feminista»), dirigidos a compartir placeres, apoyos y
recursos, el énfasis en crear una contracultura ha alie-
nado a las mujeres del movimiento feminista, en tanto
tal tipo de espacios pueden estar en las iglesias, en las
cocinas, etc.
Por un anhelo de comunidad, de conexión, de un
sentimiento de metas compartidas, muchas mujeres
encuentran redes de apoyo en las organizaciones fe-
ministas. Satisfechas desde un punto de vista personal
por las nuevas relaciones que se generan en lo que se
ha llamado un contexto «seguro», «de apoyo», cuan-
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do el debate se centra en la ideología feminista no se


cuestiona si las mujeres en masa comparten esa misma
necesidad de comunidad. Sin duda, muchas mujeres
negras, así como mujeres procedentes de otros grupos
étnicos, no sienten la ausencia de una comunidad de
mujeres en sus propias vidas, a pesar de la explotación
y la opresión. Centrarse en el feminismo como una
66 Teoría feminista: de los márgenes al centro

manera de desarrollar una identidad compartida y una


comunidad no atrae mucho a las mujeres que experi-
mentan la comunidad, que buscan maneras de termi-
nar con la explotación y la opresión en el contexto de
sus vidas. Mientras que sí podrían desarrollar un inte-
rés en una política feminista que trabaje para erradicar
la opresión sexista, probablemente nunca sentirán una
necesidad tan intensa de una identidad y un estilo de
vida «feminista».
A menudo el énfasis en la identidad y en el estilo
de vida es atractivo porque crea una falsa sensación de
que estamos implicados en la praxis. No obstante, la
praxis dentro de cualquier movimiento político, que
trate de producir un impacto transformador radical
sobre la sociedad, no puede centrarse únicamente en
crear espacios donde quienes aspiren a ser radicales
experimentan seguridad y apoyo. El movimiento
feminista dirigido a terminar con la opresión sexis-
ta activamente implica a sus participantes en la lu-
cha revolucionaria. La lucha pocas veces es segura o
placentera.
Si nos centramos en el feminismo como un com-
promiso político, nos resistimos a poner el acento en
la identidad individual y en el estilo de vida. (Esto no
debería confundirse con la necesidad muy real de uni-
ficar teoría y práctica). Esa resistencia nos implica en la
praxis revolucionaria. La ética de la sociedad occidental,
conformada por el imperialismo y el capitalismo, es per-
sonal más que social. Nos enseña que el bien individual
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es más importante que el bien colectivo y, en consecuen-


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cia, que el cambio individual es más significativo que el


cambio colectivo. Esta forma particular de imperialismo
cultural ha sido reproducida por el movimiento feminis-
ta bajo la forma de las mujeres individuales que hacen
equivaler el hecho de que sus vidas han sido modifica-
das de manera significativa por el feminismo «tal cual»
con una política que defiende que no es necesario que
Feminismo: un movimiento para terminar con la opresión sexista 67

se produzca ningún cambio en la teoría o en la praxis,


incluso aunque tenga un impacto mínimo, o no tenga un
impacto en absoluto, sobre la sociedad en su conjunto o
sobre la gran masa de las mujeres.
Para subrayar que el compromiso con la lucha fe-
minista es un compromiso político, deberíamos evitar
usar la frase «yo soy feminista» (una estructura lingüís-
tica diseñada para referirse a algún aspecto personal
de nuestra identidad y de nuestra autodefinición) y
afirmar en cambio «yo defiendo el feminismo». Puesto
que se ha colocado un énfasis indebido sobre el femi-
nismo en tanto identidad o estilo de vida, la gente re-
curre por lo general a visiones estereotipadas sobre el
feminismo. Es necesario desviar la atención de los es-
tereotipos caso de que queramos revisar nuestra estra-
tegia y nuestra dirección. He descubierto que diciendo
«soy feminista» normalmente se entiende que estoy
bloqueada con nociones preconcebidas de identidad,
papel o conducta. Cuando digo «defiendo el feminis-
mo», la respuesta suele ser: «¿Qué es el feminismo?».
Una frase como «yo defiendo» no implica el tipo de ab-
solutismo que sugiere la frase «yo soy». No nos enreda
en el pensamiento dualista «o esto o aquello» que es
el componente ideológico central de todos los sistemas
de dominación en la sociedad occidental. Implica que
se ha elegido algo, que el compromiso feminista es un
acto de la voluntad. No dice que cuando te comprome-
tes con el feminismo se te esté negando la posibilidad
de apoyar otros movimientos políticos.
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Como mujer negra interesada en el movimiento fe-


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minista, a menudo me preguntan si ser negra es más


importante que ser mujer; si la lucha feminista para
terminar con la opresión sexista es más importante que
la lucha para terminar con el racismo, o si es al contra-
rio. Todas esas preguntas tienen su origen en el pensa-
miento competitivo de esto o aquello, en la creencia de
que el yo se forma en oposición con otro. La mayoría
68 Teoría feminista: de los márgenes al centro

de las personas han sido socializadas para pensar en


términos de oposición más que de compatibilidad. Más
que considerar el trabajo antirracista como totalmente
compatible con trabajar para erradicar la opresión se-
xista, a menudo lo ven como dos movimientos compi-
tiendo por el primer puesto. Cuando preguntan «¿eres
feminista?» da la impresión de que una respuesta afir-
mativa se traduciría como si quisiera decir en realidad
que no nos importan otros temas políticos aparte del
feminismo. Cuando una es negra, es muy posible que
una respuesta afirmativa se entienda como una deva-
luación de la lucha para terminar con el racismo. Te-
niendo en cuenta el miedo a ser malinterpretada, a las
mujeres negras y a las mujeres pertenecientes a grupos
étnicos explotados y oprimidos no les ha sido fácil ex-
presar su interés en los temas feministas. Han dudado
a la hora de decir «soy feminista». El desplazamiento
de la expresión, de «soy feminista» a «defiendo el fe-
minismo», podría servir como una estrategia útil para
eliminar el acento sobre la identidad y el estilo de vida.
Podría ser una manera en la que las mujeres a las que
el feminismo concierne en la misma medida que otros
movimientos políticos pudieran expresar su apoyo,
evitando estructuras lingüísticas que dan primacía a
un grupo en particular. También animaría a explorar
más la teoría feminista.
Que la definición se aleje de las ideas de igualdad
social para enfatizar en cambio el final de la opresión
sexista implica un desplazamiento en las actitudes
con respecto del desarrollo de la teoría. Dada la natu-
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raleza de clase del movimiento feminista hasta el mo-


mento, así como las jerarquías raciales, la elaboración
de la teoría (el conjunto de principios y creencias que
guían y forman la base de la acción) ha sido una ta-
rea especialmente sujeta al dominio hegemónico de las
mujeres blancas académicas. Esto ha llevado a muchas
mujeres ajenas al grupo privilegiado de raza y clase a
Feminismo: un movimiento para terminar con la opresión sexista 69

considerar que la elaboración de la teoría, incluso que


el uso mismo del término, tiene únicamente como fun-
ción reforzar el poder del grupo de élite. Reacciones así
refuerzan la idea sexista/clasista/racista de que elabo-
rar teoría pertenece al ámbito de la intelectualidad
blanca. Las mujeres blancas privilegiadas activas en el
movimiento feminista, ya tengan una visión radical o
una visión liberal, animan a las mujeres negras a con-
tribuir con trabajo «experiencial», con sus historias
personales de vida. Las experiencias personales son
importantes para el movimiento feminista, pero no
pueden asumir el lugar de la teoría. Charlotte Bunch
explica la importancia especial de la teoría en su ensa-
yo «Feminismo y educación: no gradualmente»:

La teoría nos permite ver las necesidades inmediatas


en términos de objetivos a largo plazo y con una pers-
pectiva general sobre el mundo. Por lo tanto, nos pro-
porciona un marco para evaluar las diferentes estrate-
gias tanto a corto como a largo plazo y para ver qué
tipo de cambios son probables que produzcan. La teo-
ría no es solo un cuerpo de hechos o un conjunto de
opiniones personales. Implica explicaciones e hipóte-
sis que se basan en el conocimiento y la experiencia
disponibles. También depende de conjeturas e ideas
acerca de cómo interpretar esos hechos y experiencias
y su significado.

Puesto que las mujeres feministas han definido el femi-


nismo de tal manera que han conseguido que parezca
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que no tiene una importancia real para las mujeres ne-


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gras, podrían haber llegado a la conclusión de que las


mujeres negras no necesitan contribuir en la elabora-
ción de la teoría. Estábamos allí para proporcionar las
pintorescas historias vitales que documentan y validan
el conjunto predominante de premisas teóricas. (Un
debate interesante sobre las respuestas de las mujeres
negras al movimiento feminista puede encontrarse
70 Teoría feminista: de los márgenes al centro

en el ensayo «Desafiando el feminismo imperial», de


Valerie Amor y Pratibha Parmar). Centrarse en la de-
finición del feminismo como igualdad social con los
varones llevó a recalcar la discriminación, las actitu-
des masculinas y las reformas legalistas. El feminismo
como movimiento para terminar con la opresión sexis-
ta dirige nuestra atención a los sistemas de dominación
y hacia el carácter interrelacionado de la opresión de
sexo, raza y clase. Por lo tanto, nos empuja a poner en
el centro las experiencias y los problemas sociales de
las mujeres que soportan la peor parte de la opresión
sexista para poder entender el estatus social colectivo
de las mujeres en Estados Unidos. Definir el feminismo
como un movimiento para terminar con la opresión se-
xista es crucial para el desarrollo de la teoría, en tanto
constituye un punto de partida que señala la dirección
de la exploración y del análisis.
Los cimientos de la futura lucha feminista deben
basarse sólidamente en un reconocimiento de la nece-
sidad de erradicar las bases culturales subyacentes y
las causas del sexismo y de otras formas de opresión
grupal. Sin enfrentarse a estas estructuras filosóficas y
sin cambiarlas, ninguna reforma feminista tendrá un
impacto de amplio alcance. Por eso, es ahora necesario
que quienes defendemos el feminismo reconozcamos
colectivamente que nuestra lucha no puede definirse
como un movimiento para adquirir una igualdad so-
cial con los hombres, que términos como «feminismo
liberal» y «feminismo burgués» representan contradic-
ciones que deben resolverse para que el feminismo no
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sea continuamente captado para servir a los fines opor-


tunistas de grupos con intereses concretos.

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