S09 S2+fuentes+ WODNZA
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Lee las siguientes fuentes de información. Luego, anota las ideas que consideres más relevantes y elabora
preguntas de comprensión. Las respuestas a las interrogantes propuestas las usarás durante la elaboración del
esquema de la Tarea Académica 2.
Libertad de expresión en internet: informaciones falsas que generan polémica en las redes sociales
La libertad de expresión en Internet ya es motivo de estudio, debido a que las tecnologías en Internet y las
redes sociales se han desarrollado bastante, y muchos usuarios de Internet se ven casi obligados a recurrir a
ésta para realizar actividades cotidianas, convirtiéndose la red en una poderosa herramienta de trabajo diario.
Se ha realizado un análisis recopilatorio de trabajos académicos con relación a la libertad de expresión en
Internet en América Latina y España.
En Chile
Maya García (2000), al estudiar el caso de Chile, explica lo difícil de regular la red porque no existe una
política de leyes judiciales. Asimismo, es difícil aplicar estas leyes por la infinidad de usuarios que reincide en
lo mismo. Se explica también las formas de cómo regular los contenidos de la Internet y todo el
procedimiento que conlleva tener información de todo tipo de en la Internet, desde sus beneficios para las
personas y posteriormente sus perjuicios para con la sociedad debido a que muchas personas utilizan esa
información y las tergiversan para convertirlas en mentiras y actuar en el anonimato, para luego esa
información volver a ser subida a la Internet y engañar a muchos internautas.
En Argentina
Celeste Valvecchia y Bárbara Wolf (2003) señalan una gran verdad: regular la política de la red es un trabajo
muy difícil, puesto que todos los países del mundo tienen una postura distinta respecto a la libertad de
expresión y se discrepa mucho entre las jurisdicciones nacionales, incluso aquí no se aplican algunas reglas de
regulación de contenidos que sí se aplican en los países europeos por el simple hecho de que la jurisdicción
nacional es diferente a la de ellos, entre leyes y prioridades. Hay que tener en cuenta una premisa muy
importante:
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En México
Entonces esto se puede interpretar consecuentemente de esta forma: mientras que sus hijos (la nueva
generación) son dependientes del Internet, ellos tendrán mucho menos interés en ir al cine ya que Internet les
proporciona películas en línea y contenido en alta definición, además del uso del Smartphone que les permite
estar conectados a todo momento, las viejas formas de comunicación, como el cine y la radio, quedan
relegadas a un segundo plano opcional. De esta forma, el usuario prefiere estar más tiempo en casa que en la
calle, con las herramientas suficientes para convertir su computadora o televisor en una poderosa sala de cine.
Fernández Rodríguez (2003) relata que la esfera de lo público y de lo privado se ha difuminado en la Red a
causa de las alteraciones que han sufrido tanto la libertad de expresión (conectada a lo público) como la
intimidad (relacionada con lo privado), surgiendo, así, un espacio nuevo: lo neo público. La Red fomenta la
diversidad sociocultural y acerca a una enorme audiencia potencial a las posiciones minoritarias, que
encuentran, de esta forma, un canal para darse a conocer y salir de reductos que las ahogan. Internet es un
canal privilegiado para la confrontación de posturas diferentes. Es decir, poseer Internet es ya un privilegio
para los que gustan de opinar. En estos tiempos es fácil conseguir una conexión a Internet y teniéndola es
posible ingresar a un mundo completo de información y opiniones, aprovechando la complejidad de la red el
internauta puede compartir puntos de vista con los demás internautas del mundo y así el conocimiento nunca
termina.
Julio Téllez (2015) narra en su informe que hay que entender que la regulación de contenidos de Internet no
debe ser interpretada como algo necesariamente restrictiva de la libertad de expresión. Esto genera
preocupación a los usuarios generando inmediato rechazo, lo cual está mal. Las medidas de regulación de
contenidos en Internet son arbitrarias, ya que no existe completo monitoreo de todo lo que se difunde, esto
afecta el propio desarrollo de la sociedad, sus políticas y hay riesgo de violar derechos fundamentales, en
especial, la libertad de expresión.
En España
Javier Villate (1998) afirma que existe una seria confusión entre lo que es acción gubernamental y censura, lo
cual el mismo gobierno no sabe qué hacer cuando se le pregunta sobre regular el contenido de la Internet. De
todos los derechos que los ciudadanos de cualquier país deben tener asegurados y protegidos en internet, las
más importantes son el derecho a la libre expresión y el derecho a la intimidad y la privacidad personal. Si la
libertad de expresión y la privacidad no estuvieran garantizadas en el ciberespacio, podríamos decir
rotundamente que “hemos fracasado”. Se detalla el proceso de filtrado de la información y su gran uso para la
vida cotidiana con el fin de proteger a los menores de edad de páginas nocivas, violentas y pornográficas y de
todo tipo de información no apta para su edad. Ronald Dworkin (1989) afirma que el control del Estado no es
mucho ni poco, pero puede aplicar la censura o la persecución hacia periodistas que hayan denunciado hechos
que comprometan al gobierno tales como corrupción, peculado, entre otros. Aquí también entra a tallar la
corrupción de funcionarios públicos contra periodistas, ofreciéndoles dinero a cambio de no decir nada, retirar
la denuncia o forzar la detención de la investigación. No hay garantías de que un proceso judicial contra un
funcionario del gobierno sea transparente, la inteligencia del Estado se mueve y el poder político se muestra
evidente, a tal punto que la opinión pública también se da cuenta de lo que está sucediendo detrás del proceso
judicial ya iniciado.
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Germán Teruel (2010) indica que la Internet y las redes digitales son la nueva “plaza pública, un espacio
heterogéneo donde cada uno puede actuar, expresarse y trabajar”. En su calidad de ágora de la nueva ciudad
global, es el lugar de encuentro preciso para debates y discusiones públicas, ofreciendo nuevas formas de
participación, así revolucionando el actual modelo de comunicación y llevando la actual configuración de
libertad de expresión a un nuevo nivel de ejercicio de la libertad comunicativa en su sentido más amplio.
En Perú
Elsa Huertas (2004), en su informe profesional, analiza a fondo las nuevas tendencias y técnicas que los
periodistas han empezado a usar durante los años de la masificación de Internet, la relación entre usuario e
internet y el trato de la información y la correcta y nueva presentación que se le deben dar a los textos para ser
leídos durante la navegación por Internet. Se tiene en cuenta algo muy importante que es el desuso del “lead”
periodístico y el cambio de éste a través de los años. No solamente los periodistas, sino también los usuarios
de Internet que practican el periodismo aficionado, pero cometen errores ortográficos y de redacción en sus
textos, confundiendo a muchos internautas al ser publicadas y masificadas. Nicolás Silva (2000), en su tesis,
escribe sobre los inicios de Internet como herramienta potencial para el periodismo profesional, resaltando su
alcance mundial, rapidez, inmediatez y alta capacidad de almacenamiento de datos, así como también las
nuevas formas de redacción y difusión de la información. Hasta el día de hoy, las redes sociales han
evolucionado de tal modo que las herramientas y técnicas descritas aquí han sido ejecutadas al inicio del siglo
XXI. La cantidad de informaciones almacenadas en Internet se han incrementado de forma masiva, con lo
cual ahora es posible buscar informaciones desde que se inició la actividad en Internet e incluso de tiempos
más remotos. Víctor Malpartida (2001) relata cómo se debe proceder para garantizar el derecho a la
información en el Perú, durante los tiempos difíciles de la censura a los periodistas en contra del gobierno
fujimorista. Con la garantía del derecho a la información, el ciudadano puede libre y democráticamente ejercer
su función en la sociedad, con el derecho de informar y ser informado.
[Extraído de Honores (2016) Libertad de expresión en internet: informaciones falsas que generan polémica en
las redes sociales. Tesis para optar el grado de licenciado en periodismo. Universidad Jaime Bausate y Meza.
Disponible en: [Link]
Ivan_Honores_Tesis_bachiller_2016.pdf?sequence=3&isAllowed=y
Las RS comprenden plataformas creadas para intercambiar información, experiencias e intereses y generar
espacios de convivencia entre los miembros de las comunidades virtuales que las integran, bajo condiciones
similares y distintas categorías de usuarios. La importancia y rápido crecimiento de las redes sociales, así
como el explosivo crecimiento del número de usuarios, no es lo único que determina el interés mundial en
estas, sino factores como su utilización en diferentes ámbitos, por ejemplo en las campañas políticas; en la
promoción de movimientos sociales; como elemento para la vinculación ciudadana, para la obtención de
información, para el establecimiento de comunicación próxima entre personas distantes, para expresar gustos
e intereses, y sobre todo para la generación e intercambio de contenidos. Conviene puntualizar que dentro de
los atractivos que las personas encuentran en las RS, y que han determinado en parte su éxito, están según
Parra Castrillón (2010), “Aspectos como la presencia transcultural o la omnipresencia [que] hacen que las
redes sociales se comprometan como nodos productores y consumidores de información” (p. 194). Esto,
sumado a la posibilidad de compartir contenidos multimedia, las convierte en herramientas increíblemente
poderosas para la vinculación humana. Estas transformaciones en la forma de comunicarnos, según Díaz
Gandasegui (2011) ha hecho que “Las redes sociales se convierten en paradigma del hipertexto, en el que la
palabra escrita, la imagen y el material audiovisual consiguen mantener a sus usuarios informados y
entretenidos, fusionando así a los medios de comunicación masivos y personales, de entretenimiento y
prácticos” (p. 2). En consecuencia, los integrantes de las redes sociales encuentran en ellas un espacio que les
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permite concentrarse, vincularse en virtud de sus intereses y gustos, así como crear y compartir contenidos, y
lo más importante, la segmentación de las personas de acuerdo con sus particularidades.
Las RS son el reflejo de una sociedad imbricada en los fenómenos de la conectividad propia de las nuevas
tecnologías de la información y las comunicaciones, con los aspectos altamente positivos que dicha realidad
representa, como son por ejemplo el incremento de la participación, la mayor posibilidad de comunicación, el
caudal casi infinito de información y la posibilidad de unir a las personas independientemente de las fronteras
geográficas y políticas, pero también con los problemas derivados de la preservación de la privacidad del
individuo, la posibilidad de comisión de delitos por vía electrónica y la falta de confianza en la veracidad de
las informaciones. Fundamentalmente, las redes se constituyen en la plataforma establecida para el
intercambio de información, elemento fundamental para las relaciones económicas y sociales dentro de la
sociedad tecnificada, por cuanto el acceso a la información significa control y poder. Sin embargo, uno de los
mayores problemas a la hora de analizar las redes sociales, al igual que sucede con otros fenómenos sociales y
culturales generados por la aparición y desarrollo de la tecnología, es que se encuentra en plena evolución y
cuando se quiere estudiar el fenómeno, este ya ha cambiado. Las redes sociales tienen una dimensión humana,
que irradia desde la individualidad de la persona hacia la vinculación social con sus congéneres, a través del
intercambio de informaciones, opiniones y contenidos. Pueden tener un carácter general, como sería el caso de
Facebook, Google+ o Twitter; especializadas por tipo de contenidos, como Instagram (imágenes), Blavin
(notas de voz), Youtube (videos), Slideshare (presentaciones), Menéame (enlaces); profesionales como
LinkedIn; o con recomendaciones sobre compras, sitios de interés, ubicación de personas afines o sitios
mediante sistemas de geolocalización (gps), restaurantes, turismo y un amplísimo ámbito de aplicaciones. No
cabe duda de que las rsi tienen un papel relevante en la posibilidad de que los ciudadanos ejerzan el derecho a
la información en su doble dimensión (derecho a informar y a ser informado), pues por un lado les permiten
obtener información de forma instantánea, a partir de fuentes provenientes de todo el mundo, y por otro
juegan un importante papel como medio de expresión de los intereses, deseos y expectativas de los usuarios-
ciudadanos, así como para el desarrollo del periodismo entre personas del común que reportan las actividades
y sucesos que ocurren en la realidad. Esto ha sido particularmente apreciable en los casos de tragedias
naturales, sucesos políticos (como los del Medio Oriente desde el 2011), entre otros.
Pero si bien las RS son un medio propicio para la manifestación de las opiniones personales, que sin embargo
tiene aspectos propios y distintivos de otros medios electrónicos de difusión de información, como por
ejemplo los correos electrónicos, las comunicaciones que circulan por ellas se encuentran protegidas
claramente por el secreto de las comunicaciones, y las web visitadas amparadas por el derecho a la intimidad,
a pesar de las implicaciones propias que impiden la total asimilación a dichos elementos. Así por ejemplo, si
analizamos rsi como Facebook y Twitter, vemos que nos permiten intercambiar no solo opiniones o
informaciones, sino enrutar la comunicación hacia otras páginas web, así como escritos, imágenes, videos,
programas, etc., protegidos alternativamente por la normativa de propiedad industrial y de derechos de autor,
y que implican igualmente la intimidad personal, el derecho a la protección de los datos personales y a la
autodeterminación informativa, entre otros.
A lo anterior se une que, ante la naturaleza expansiva de las redes sociales, la mayoría de los usuarios se
consideran amparados por una falsa sensación de “intimidad”, que los lleva a sentirse menos coartados para
exponer juicios de valor. Algunos autores consideran que puede producirse justamente el fenómeno contrario,
dentro de la denominada “espiral del silencio”,49 según la cual una persona tiene menos posibilidades de
expresar su opinión sobre un determinado tema si siente que está en minoría o afronta el peligro de ser víctima
de represalias o de aislamiento. El advenimiento de los medios electrónicos en general, y de las rsi en
particular, ha hecho que la realidad cambie en virtud de la revalorización del empoderamiento del ciudadano
frente a los grandes medios de difusión masivos, y pone en cuestionamiento esta interesante teoría y su
aplicación a las rsi.
El poder comunicativo de estas plataformas deviene de lo que para una persona representa intervenir en una
red social y hallar allí a otros con quienes compartir sus intereses, preocupaciones o necesidades, y romper el
aislamiento que caracteriza a muchos en las sociedades contemporáneas, bien por la imposibilidad de
establecer lazos permanentes, bien por el hecho de vivir en grandes conglomerados humanos donde,
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curiosamente, el ritmo acelerado de la vida restringe las oportunidades para compartir y comunicarse
efectivamente. Frente a esta realidad, las redes sociales ofrecen alternativas, toda vez que según Parra
Castrillón (2010):
son medios para la instantaneidad, la actuación en tiempo real, el deleite por superar las
distancias, el encantamiento producido por tener cerca en cualquier momento a los suyos.
Estas redes emergen como una posibilidad para el establecimiento de relaciones sociales y
contratos entre personas que comparten intereses y necesidades. O sea, Internet deja en
escena canales para las necesidades de comunicación de los cibernautas, quienes pueden
integrarse a comunidades especiales, fundar otras, ensancharlas y relacionarlas con ideales e
identidades individuales y comunes (p. 198).
Como ya se comentó, uno de los aspectos que hacen de estas plataformas herramientas tan poderosas, es el
hecho de poder segmentar las personas y contactos en virtud de los intereses, gustos, características, etc., lo
que crea una categorización, especificación y sofisticación de herramientas y aplicaciones, es decir, una
personalización y adaptación a las características de cada usuario. Las nuevas realidades propias de las rsi
hacen que las personas participen en la formación de la opinión pública de una forma más interactiva, puesto
que se ha transformado no solo la manera en que se transmite la información, sino la relación emisor-receptor,
dado que el propio ciudadano es emisor de los hechos y de las opiniones que considere necesario emitir, desde
cualquier lugar y en cualquier momento. Las redes sociales constituyen, además, espacios para la generación
de contenidos, al tiempo que canales para la difusión de información en la sociedad y en los medios
tradicionales, que dejan de ofrecer información “cerrada y procesada” para alimentarse con las opiniones y
aportes multimedia de los ciudadanos que reportan eventos de interés desde su teléfono móvil, o comparten un
video en Youtube o imágenes en Instagram, en una nueva dimensión que apunta hacia la ‘democratización de
la información’, puesto que son los usuarios quienes deciden cómo y dónde informarse, de qué manera
participar, qué tan activamente hacerlo y con quiénes. Todo esto de acuerdo con la libre elección de cada
individuo. Otra particularidad interesante de las rsi es que la ductilidad para segmentar y organizar la
información conforme a los gustos e intereses de los usuarios ha llevado a los medios de comunicación
tradicionales, como prensa escrita, radio y televisión, a resignarse a perder protagonismo, o a tratar de
adaptarse para presentar los contenidos de forma más dinámica e interactiva, y a utilizar precisamente las rsi
como medio efectivo para vincularse con la audiencia, desarrollando aplicaciones móviles para hacer frente a
la migración que se está produciendo hacia los medios que generan contenidos exclusivamente por Internet.
[Extraído de Arrieta (2014) Libertad de expresión y derecho a la información en las redes sociales en Internet.
Revista de Derecho, Comunicaciones y Nuevas Tecnologías, ISSN-e 1909-7786, Nº. 12. Disponible en:
[Link]
Proyecto de ley pretende regular las redes sociales sin entender cómo funciona Internet
En el artículo 4 y 5 de dicho proyecto de Ley se establecen una serie de prohibiciones y obligaciones que, o
bien son inconstitucionales, o bien terminan siendo redundantes porque ya existe normativa específica que lo
regula. Así, podemos apreciar que está prohibido “pedir o publicar datos de un menor de 14 años, sin
consentimiento expreso de sus padres”, situación ya regulada en el Código de los Niños y Adolescentes.
De la misma manera, se prohíbe “publicar cualquier tipo de dato, información, archivo, fotos, videos de otras
personas de cualquier edad, sin el consentimiento expreso o escrito de las mismas”, situación ya regulada por
la Ley de Protección de Datos Personales y su Reglamento. Además, llama especialmente la atención que no
se prevea ningún supuesto de excepción, especialmente los referidos al ejercicio de la libertad de información
y expresión, según los cuales por cuestiones de interés público sí se podría publicar datos de terceros sin su
consentimiento.
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Respecto del ámbito de los derechos de autor, también se prohíbe “descargar libre y gratuitamente contenidos
que tengan derechos de autor”. Nuevamente, las infracciones a los derechos de autor ya están reguladas en el
ámbito administrativo y penal, por lo que estamos ante supuesto de sobrerregulación. Además, es
especialmente llamativo que esté prohibido el descargar libre y gratuitamente contenidos que “tengan”
derechos de autor. ¿Qué pasa si es un contenido que está protegido por derechos de autor pero que su descarga
gratuita está habilitada (derechos patrimoniales no exclusivos, por ejemplo)? Bajo esta prohibición, si
descargamos un videojuego free to play (como Dota 2), pero protegido por derechos de autor, estaríamos
incurriendo en infracción a la ley.
También se incluye una prohibición que, aunque mal redactada, podemos asociar a una amenaza al
anonimato en redes sociales. Así, se prohíbe crear cuentas que “no representen a una personal real”. La
capacidad de expresarnos libremente, ya sea bajo seudónimos, anónimamente o bajo nuestro propio nombre es
una elección propia que realizamos, sabiendo que las leyes penales y administrativas correspondientes pueden
ser aplicables en caso no se haga uso lícito de ello. También estarían prohibidas las cuentas parodias, cuentas
de contenidos específicos, cuentas “out of context”, fan accounts, etc.
Otra prohibición esencialmente polémica es la referida a que se prohíbe a las personas “sobreexponer su
intimidad o revelar información personal y sensible dentro del perfil como información económica, financiera,
dirección de residencia, teléfono o información sentimental”. ¿Qué se entiende por “sobreexponer la
intimidad”? ¿Acaso publicar una foto propia en ropa interior o realizando un desnudo propio estaría
prohibido? ¿Tampoco podría publicar dónde es mi dirección o número telefónico? ¿Puedo publicar mi Código
QR para que me realicen una transferencia bancaria? Recordemos que estamos ante derechos (intimidad) y
datos personales que son plena disposición nuestra, por lo que el Estado no debería tener ningún nivel de
injerencia en cómo una persona, libre y sin coacciones, decide qué información personal publicar o no.
Además, la ley prohíbe acceder a contenidos “inadecuados o ilegales”. Si es ilegal el contenido, es obvio y
redundante prohibir su acceso. De otro lado, ¿Qué es un contenido inadecuado? ¿Quién lo determina?
¿Contenidos que critiquen al Gobierno de turno serían inadecuados? Estas prohibiciones vagas y genéricas
ponen en grave peligro a la libertad de expresión e información.
De otro lado, podemos apreciar que se prohíbe “difundir noticias falsas para atacar a un oponente político o
comercial”. Si bien la problemática de las fakenews es una que se debe discutir y establecer los mecanismos
más idóneos para evitar sus efectos perniciosos, el realizarlo de manera tan ambigua y poco precisa es lo que
menos se necesita. Más aun, teniendo en cuenta que ello se podría utilizar para controlar legítimas críticas a
determinados actores políticos.
Finalmente, se establece una serie de prohibiciones que ya podemos encontrar recogidas en la Ley de Delitos
Informáticos (artículo 4.5 del Proyecto), el Código Penal -delito de discriminación, delito de acoso, etcétera-
(artículos 4.6, 4.10), la Ley del derecho de rectificación (artículo 4.11) o protegidas por el derecho al secreto e
inviolabilidad de las comunicaciones (artículo 4.8).
[Extraído de Villena (2021). Proyecto de ley pretende regular las redes sociales sin entender cómo funciona
Internet. Disponible en: [Link]
sin-entender-como-funciona-internet/
La autorregulación en redes sociales como forma de garantizar los derechos de intimidad, privacidad y
protección de datos personales
Hoy las redes sociales en línea posibilitan la recopilación de datos de todo tipo. Se entiende hoy en día a la
informática como un medio de poder, ya que elimina las barreras del espacio y el tiempo y se transforma en
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un elemento útil para la recepción y uso de todo tipo de información. Estos espacios en la Red son cada vez
más utilizados por la sociedad incluyendo a menores de edad. De ahí surgen varias interrogantes en cuestión a
este problema: la población cibernética ¿tiene conocimiento de cuáles son los derechos que se encuentran
potencialmente en una situación de riesgo en las redes sociales? Igualmente, al ser nosotros mismos los que
introducimos nuestra información personal ¿en qué grado estamos en posibilidad de exigir protección por
parte del Estado? Asimismo ¿cuáles son los retos con los que se enfrenta el Estado en una situación de peligro
para los usuarios? Todo esto, con la finalidad de darle la importancia que realmente se necesita para poder
contrarrestar problemas más graves que han venido surgiendo desde que la sociedad se incursiona en estas
redes sociales.
El avance tecnológico ha rebasado fronteras que hasta el día de hoy han sido poco tratadas. Se habla ahora
sobre los derechos a la intimidad, privacidad y el derecho a la protección de datos personales desde una
perspectiva actual y la repercusión de la inmersión tecnológica en estos derechos.
Diversos autores en materia de derechos humanos han reconocido tres generaciones de derechos que han
correspondido a un momento ideológico y social. La primera surge con la Revolución Francesa integrada por
los derechos civiles y políticos en una imposición al Estado de respetar los derechos fundamentales del ser
humano; la segunda, integrada por los derechos sociales, económicos y culturales, son el resultado que surge
de la Revolución Industrial; y, la tercera, que se forma con los llamados derechos de los pueblos o de
solidaridad, surge como respuesta a la necesidad de cooperación entre las naciones, así como con los distintos
grupos que la integran.
En este estudio solo me centraré en la tercera, que también surge para dar respuesta al fenómeno de lo que se
ha denominado “contaminación de las libertades”. Este término utilizado proviene de la teoría social
anglosajona para mencionar la degradación que está afectando a los derechos fundamentales ante el uso de las
nuevas tecnologías. Dado el avance de la tecnología y el gran manejo de información en el ámbito público y
privado, se ha sentido la necesidad de cambiar la forma de filtrar dichos datos para lo cual se ha recurrido al
uso de las computadoras.
La realidad es que, aunque pareciera algo habitual y que forma parte ya de una nueva sociedad tecnológica,
existe una gran intromisión en la vida privada e íntima de las personas y la posibilidad de captar, relacionar,
transmitir y almacenar información se hace de forma ilimitada. Cuando nos referimos a la intimidad, es
necesario hablar de una de sus acepciones, como es la libertad informática, lo que va orientado a otorgar a las
personas una protección jurídica frente al peligro inminente que existe por la captura de sus datos personales.
Como señala Pablo Lucas Murillo, “una respuesta ligada a exigencias concretas propias de la forma en que se
desenvuelve la convivencia en nuestros días”.
El derecho a la intimidad como ya se ha mencionado anteriormente no solo protege lo que se considera más
propio y sensible de la persona. Es aún más extenso, ya que abarca todos aquellos datos que, a simple vista, no
parecieran tener relevancia pero que se ubican en aquella información que pertenece al ámbito privado y que
cada quien los reserva para sí mismo. Por su parte, Pablo Lucas Murillo, anteriormente citado, señala que el
derecho a la intimidad prohibiría, por una parte, “toda la intromisión en aquellas esferas de la vida que el
titular se reserva para sí. Esto quiere decir, por lo que respecta a la obtención y utilización de información que
se refiere a la persona, que ésta tiene, en virtud del derecho a que nos referimos, la facultad de permitir o no y
de controlar el uso que de aquélla se haga.” Esto es, que si el derecho a la intimidad tiene la facultad de
excluir a los demás de captar y utilizar información personal y, por tanto, el uso y manejo de la misma,
cuando exista consentimiento o por declaración judicial no existirá, por tanto, problema alguno por incluir
dentro de él, el amparo frente al uso de la informática.
El que exista una protección de la intimidad frente a la tecnología no significa impedir el proceso electrónico
de informaciones que son necesarias en el funcionamiento de cualquier Estado moderno, sino asegurar el uso
controlado y no desmesurado de aquella información que se encuentra almacenada. Hoy en día existe la
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posibilidad de conocer, acceder y controlar las informaciones concernientes a cada persona y es por ello que
resulta necesario aumentar el ámbito de protección para tutelar dicho derecho.
[Extraído de Díaz (2013). La autorregulación en redes sociales como forma de garantizar los derechos de
intimidad, privacidad y protección de datos personales. Nueva Época. ISSN: 1988-2629. No. 13. Disponible en:
[Link]
Para Ana Paula Rumualdo, abogada y especialista en tecnología y protección de datos, antes de pensar en la
regulación de redes sociales es necesario tener claridad sobre el concepto y los tipos de red social que se
pretende regular. “Esos conceptos son fundamentales para empezar a construir cualquier tipo de
entendimiento o un entendimiento complejo como es el diseño de una regulación”, dijo.
La Real Academia Española (RAE) define a una red social como un “servicio de la sociedad de la
información que ofrece a los usuarios una plataforma de comunicación a través de internet para que estos
generen un perfil con sus datos personales, facilitando la creación de comunidades con base en criterios
comunes y permitiendo la comunicación de sus usuarios”.
De acuerdo con Rumualdo, esta definición resulta incompleta porque solo hace referencia a lo que uno puede
encontrar en una red social, es decir, mensajes, videos, fotos y una variedad de archivos, pero otras
plataformas más sofisticadas como: YouTube, LinkedIn, Discord, Twitch, 4Chan, entran en esas categorías
cuando en realidad se distinguen por sus públicos y sus servicios.
Esto es un problema porque cada plataforma tiene diferentes consumidores y maneja información de
diferentes datos de su vida; por ejemplo, LinkedIn reúne datos laborales y académicos de sus usuarios para
enlazarlos con posibles empleadores, mientras que otras redes como Facebook pueden tener datos personales
que pueden ayudar a la red a identificar los patrones de consumo de las personas.
Una regulación que considere a todas las plataformas como una sola red social limitaría el contenido
específico de estas plataformas especializadas debido a la generalidad del concepto. “Tendrían que tener un
piso parejo”, dice la especialista. Para regularlas, es necesario conocer cada red social e identificar qué
conductas son admisibles o no.
Para el abogado especialista en tecnología, Jonathan G. Garzón, lo necesario sería regular las facultades que
tienen los dueños de las plataformas sobre la información y el contenido que crean los usuarios. “Siempre
decimos que la tecnología es neutra (…) pero el tema es que la plataforma no es neutra, toma decisiones”. Eso
es importante porque estas plataformas tienen el control de la información de los usuarios. Por ejemplo, los
términos y condiciones de Facebook establecen que la plataforma ayuda a conectar a los usuarios con grupos,
personas y productos con base en sus interacciones, como likes y comentarios, lo que quiere decir que esta red
decide qué te muestra con base en lo que hacen en ella. “Tú supones que admites con quién quieres compartir
información, admites quién quieres que vea tu información y de quién quieres ver su información, (pero) no
necesariamente eso pasa”, declara Garzón.
El abogado señala que si hay algún organismo que deba regular a “las redes sociales” debe considerar que
estas no son herramientas objetivas, puesto que te muestran contenido con base en su algoritmo; además, cada
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una de las plataformas tiene sus propias reglas con las que decide cómo operar con la información y las
conductas de los usuarios. Esto quiere decir que las compañías como Facebook, Twitter o Instagram tienen
protocolos para eliminar, divulgar, suspender datos y cuentas dentro de sus propias plataformas. Así que las
propuestas de regulaciones en materia legal de este tema, según Garzón, deben contemplar a los proveedores
de estos servicios. “No porque estas reglas se hayan puesto quiere decir que quien las interprete también va a
ser siempre el proveedor de la plataforma. Le estamos dando facultades de justicia a estos proveedores para
que decidan qué sí y qué no”.
Otra ruta consiste en regular el alcance que tienen las publicaciones y su impacto en los demás cibernautas,
particularmente cuando vienen de líderes de opinión. Para la abogada Daniela Ramos Estefan, esa podría ser
una vía que permitiría limitar el impacto de líderes de opinión que pudieran poner diseminar información
ofensiva, polarizante, o que ponga en riesgo la salud, la seguridad o el bienestar de otros usuarios. Para ella,
“figuras como presidentes, secretarios de estado, gobernadores, al emitir una opinión, por el cargo que tienen,
pueden tener un impacto mucho más fuerte a nivel social”, por eso “esta participación debe de estar
mayormente regulada”, explica.
Probablemente no hay mejor ejemplo de estas figuras públicas que Donald Trump. En 2015, el expresidente
tuiteó: “Los Oscar fueron una gran noche para México y por qué no, si están destruyendo a EU más que a
cualquier otro país”. A ese tuit le siguieron varios otros que promovían los estereotipos e incitaban el odio
contra los mexicanos. “Tienen que estar (regulados), por el cargo que tienen, de alguna manera limitada. Si
van a poder tener una opinión también es importante que la justifiquen, de lo contario se puede llegar al punto
de difamación, y honestamente creo que una de las consecuencias es que también la gente cada vez menos
sabe si lo que está leyendo es real o no”, dice Ramos.
Regular para que los usuarios sean los responsables de sus acciones
Finalmente, para el jurista Luis Conde, el foco de las propuestas para regular las redes sociales debería estar
centrada en las conductas de los usuarios. “Debemos apelar a las conductas y no tanto a las plataformas”,
como ya se ha hecho en otros países. Por ejemplo, en 1996, en Estados Unidos, se aprobó la Sección 230 de la
Ley de Decencias en las Comunicaciones, la cual libra a las plataformas en línea de la responsabilidad civil de
lo que publican los usuarios y les otorga la facultad de eliminar contenido en ciertas circunstancias, es decir, si
un cibernauta comete fraude o alguna actividad ilícita en la web, estos sitios se deslindan del problema y
quien responde ante la ley es el usuario.
Esta regulación ya la ejercen algunas plataformas con cibernautas en todo el mundo. En sus términos y
condiciones, Facebook establece que, si encuentra “conductas dañinas hacia los demás” dentro del muro o
comentario de algún usuario, ya sea en forma de videos, audios o escritos, puede eliminar contenido, restringir
el acceso a ciertas funciones, inhabilitar cuentas o comunicarse con otras instituciones u organismos de
seguridad para regular estas actividades fraudulentas. “Lo que dice esa sección 230 es: las redes sociales no
van a ser responsables del contenido que publican sus usuarios, si un usuario comete un fraude a través de la
red social, el responsable es el usuario, no la red social (…) este concepto es la piedra angular que hace que
las redes hoy puedan funcionar”, puntualiza Conde.
El caso es que, aunque las redes sociales se regulan a sí mismas en ciertos casos a través de sus términos y
condiciones, en materia legal los expertos coinciden en que no es suficiente garantía para la seguridad de los
usuarios. Esto debido a que ellos son quienes toman la decisión final sobre qué hacen con la información de
los cibernautas sin que ningún organismo en México los cuestione, ¿Bajo qué criterios específicos bloquean
contenido o cancelan cuentas? ¿Hasta dónde son responsables de lo que sucede dentro de sus plataformas? o
¿Quién revisa que los términos y condiciones sean claros para los usuarios? “Es cierto que hay muchas
conductas que ya están reguladas, pero yo creo que es un error pensar que porque la conducta está regulada ya
tenemos la tarea hecha”, puntualizó Rumualdo.
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[Adaptado de Rueda (2021) El complejo debate sobre la regulación de las redes sociales. Universidad
Autónoma de México. Noticia 186/2021. [Link]
Nos apropiamos de las redes sociales por ser comunicativos, curiosos y empáticos. Millones de ciudadanos
construyen un espacio virtual vibrante y variopinto. Como ocurre en general con la tecnología, esa
participación de los usuarios depende de las plataformas internacionales que definen los formatos de la
información a ser publicada, así como los términos y condiciones legales a los que queda sujeta la
publicación. La mayoría de redes aplican leyes específicas para el uso de sus plataformas tecnológicas y
excepcionalmente aquellas en las cuales están ubicados los usuarios de las mismas. Ante la falta de una
regulación legal estatal específica por lo novedoso de las actividades, las redes sociales definen a su arbitrio
las reglas de su servicio de manera prácticamente autónoma. Facebook estableció un Consejo Mundial
(Oversight Board) con algunas funciones sobre el control de contenidos digitales publicados en esa red y que
pueden ser removidos en particulares circunstancias. En algunos países europeos esa tendencia ha sido
limitada por jueces que consideran la aplicación de una ley extranjera como ineficaz o sea como si no hubiera
sido pactada.
Precisamente la función de ser la caracola de miles de millones de personas alrededor del globo y el ser el
escenario predominante de la libertad de expresión y de opinión en el siglo XXI hace aún mas difícil su
regulación legal. Establecer límites a su acción o incluso establecer mecanismos de responsabilidad jurídica
incentiva la censura, la remoción arbitraria de contenidos o la intromisión indebida en la actividad de los
usuarios. Casos nacionales e internacionales como los de políticos destacados o influencers a quienes se les
limitan o suspenden sus cuentas por sus afirmaciones o manifestaciones despuntan como la punta del iceberg.
Los modelos económicos de las redes sociales y la forma en que monetizan los contenidos de sus usuarios, es
decir en que obtienen provecho económico de la explotación de los datos personales o en general de la
información publicada puede incentivar el abuso en la publicación de noticias falsas, o de información que
pueda tener contenido discriminatorio o de odio racial o de discriminación por género, entre otras. Como
cualquier otra empresa en nuestros tiempos, las redes tienen una responsabilidad legal pero también
responsabilidad social para que sus objetivos, propósitos y el desarrollo de sus actividades cumplan con fines
que coincidan con los de la construcción social, democrática y garantista de derechos.
Las redes han comenzado de manera paulatina a autorregularse, a veces por una verdadera conciencia respecto
de su rol primordial como intermediarios de información relevante para la sociedad, a veces por la presión de
la opinión pública que abandona el uso de ese espacio social por tóxico o desmesurado, y también por la
presión de una posible regulación legal que las constriña y limite. La definición de parámetros técnicos por
diseño en cuanto a la arquitectura y funcionalidades de los formatos de presentación de información puede ser
una solución, pero esos estándares tecnológicos no podrían ser definidos exclusivamente por las redes por
cuanto podrían ser simplemente la justificación técnica de decisiones que corresponden a la defensa de sus
propios intereses comerciales.
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Acontecimientos como las campañas políticas o la información sobre salud (remedios en la pandemia o curas
milagrosas en general) despiertan mayor inquietud respecto del abuso que puede llevarse a cabo por grupos
interesados en crear información falsa (fake news), rumores o incluso difamar e injuriar. En este último caso
existen las normas penales que sirven como base del reproche punible a actividades antisociales contra el buen
nombre de los individuos o contra su honra. Sin embargo, el límite de la ley penal no puede ser la norma única
para definir las reglas sociales. La responsabilidad civil por el daño imputable y su correspondiente
indemnización -entendido en un ámbito empresarial como daño producido por directores o empleados de una
organización- tampoco parecen la solución para todos los casos por cuanto las demoras en la decisión judicial,
así como la dificultad práctica de demostrar los requisitos y condiciones de la declaración de responsabilidad
puede ser un obstáculo imposible de superar para muchos.
En Colombia, como en muchos países de Latinoamérica, la acción de tutela o en sentido más general el
amparo de derechos constitucionales ha sido utilizado en varios casos, ante la ineficacia o impertinencia de los
medios judiciales tradicionales, pero tampoco parece ser la solución por cuanto el debate de los derechos
fundamentales es una sede privilegiada para la discusión de la libertad de expresión pero no para tener en
cuenta los matices de los modelos de negocios de las redes, sus características técnicas y tampoco para definir
de una manera general cuales medidas deben ser obligatorias y cuales deberes deben ser cumplidos por las
plataformas sociales. Las particularidades de cada una de las redes sociales hacen aún más difícil que un
precedente judicial pueda ser útil para otra red social así las circunstancias de hecho sean similares.
Todo indica que las regulaciones de las redes sociales nos llevan a una responsabilidad compartida propia de
los principios de la gobernanza de internet y de la interregulación del ecosistema digital en un contexto con
altísimos intereses públicos y privados. El gobierno, las redes, la sociedad civil y la academia tienen mucho
que decir a la hora de definir los parámetros técnicos, jurídicos y económicos de las plataformas. Más allá que
los jueces en casos concretos, se debe propugnar por una regulación que pueda dotar de seguridad jurídica a
los intereses en juego, así como permitir la flexibilidad suficiente que pueda reflejar de manera paulatino los
cambios tecnológicos, la innovación en los modelos de negocio, así como en los hábitos de utilización de los
recursos digitales.
En suma, la libertad de expresión es preciosa para una sociedad, define sus avances como sociedad y debe ser
preservada a toda costa, pero en ese escenario privilegiado es que las redes deben contribuir de manera
responsable, acuciosa, transparente a esa construcción social y no convertir su rol en una excusa para defender
a ultranza intereses económicos propios de las plataformas y tampoco para ser testigos mudos de la creación
de un espacio de abuso de unos usuarios contra otros. En tiempos de la posverdad es importante que la
sociedad civil participe de las decisiones de su propio devenir y las redes sociales son un espacio demasiado
importante para que sean los gobiernos o las empresas quienes tengan la última palabra.
[Extraído de Peña (2021) Libertad de expresión en redes sociales ¿Regular o no regular? Blog de Derecho de
los Negocios. Universidad Externado de Colombia. Disponible en:
[Link]
Fuentes adicionales
[Link]
Fuente 2
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