Unidad II: Derechos de Autor
I) Orígenes del Derecho de Autor
Desde los orígenes de la humanidad, las obras no tuvieron prohibiciones de copia, de reproducción ni
de edición. Es posible mencionar casos tan antiguos como el arte rupestre, creado hace 40 milenios en
la Cueva de El Castillo en España, o el Poema de Gilgamesh, desarrollado desde hace 4 milenios por
los sumerios, escrito y preservado hace 2650 años gracias al rey asirio Asurbanipal.
Luego de la aparición de la imprenta, se facilitó la distribución y copia masiva de las obras, y
posteriormente surgió la necesidad de proteger las obras no como objetos materiales, sino como
fuentes de propiedad intelectual.
Aunque formalmente suele datarse el nacimiento del derecho de autor y del copyright durante el siglo
XVIII, en realidad se puede considerar que el primer autor en reclamar derechos de autor en el mundo
occidental, mucho antes que el Estatuto de la Reina Ana de 1710 del Reino Unido o las disputas
de 1662 en las que interfirió la Unión de las Coronas, fue Antonio de Nebrija, creador de la célebre
Gramática castellana e impulsor de la imprenta en la Universidad de Salamanca a fines del siglo XV.
Más tarde, en la Inglaterra del siglo XVIII los editores de obras (los libreros) argumentaban la existencia
de un derecho a perpetuidad a controlar la copia de los libros que habían adquirido de los autores.
Dicho derecho implicaba que nadie más podía imprimir copias de las obras sobre las cuales tuvieran
el copyright.
II) Concepto del Derecho de Autor
El derecho de autor es un conjunto de normas jurídicas y principios que afirman los derechos morales y
patrimoniales que la ley concede a los autores, por el solo hecho de la creación de una
obra literaria, artística, musical, científica o didáctica, esté publicada o inédita.
Es la rama del derecho que regula los derechos subjetivos del autor sobre las creaciones que presentan
individualidad u originalidad resultante de una actividad intelectual.
El objeto de protección del derecho de autor es la obra.
III) El concepto de originalidad en el Derecho de Autor
El objeto de la protección del derecho de autor es la obra. De acuerdo a la legislación sobre los
derechos intelectuales, la protección del derecho de autor ampara a todas las obras del ingenio
humano, en el ámbito literario o artístico, cualquiera que sea su género, forma de expresión, mérito o
finalidad.
En general, la ley atribuye la calidad de obra protegida a toda producción del intelecto en el dominio
literario o artístico, que tenga características de originalidad y sea susceptible de ser divulgada o
reproducida por cualquier medio o procedimiento.
Se destaca que la obra debe ser una “creación intelectual”, es decir, tiene que ser producto del ingenio
humano. Esto quiere decir que el simple trabajo intelectual, por muy arduo o completo que sea, no
constituye, por ese solo hecho, una creación protegida por el derecho de autor. Asimismo, la calidad de
obra para los efectos de esta disciplina no está vinculada o se deriva de las inversiones o recursos que
se hayan aportado para su producción o ejecución.
Para que llegue a tener el carácter de obra protegida por el derecho de autor, es necesario que éste
presente además el requisito de originalidad. Pero por originalidad no debe entenderse que se exija a
1
la creación intelectual que aspira a la protección del derecho de autor, una condición de absoluta
novedad, de carencia de vínculos con elementos culturales anteriores. Resultaría inconcebible que una
obra sea absolutamente nueva, pues las ideas no pueden plasmarse sin recurrir a referentes
preexistentes que permitan entender e interpretar las expresiones del espíritu de sus creadores.
“En materia de derecho de autor, la originalidad reside en la expresión, o forma representativa creativa
e individualizada de la obra, por mínimas que sean esa creación y esa individualidad”. En efecto, el
requisito de originalidad está vinculado más bien con una condición subjetiva; una suerte de vínculo
entre el autor y su obra. Una obra, para ser protegida por el derecho de autor, entonces, debe ser
original en el sentido de ser la expresión del ingenio de su autor, debe ser susceptible de transmitir su
sello personal. Es original en cuanto es propia de un autor y no de otro.
IV) Protección constitucional del Derecho de Autor
“La estructura de la protección constitucional de la propiedad intelectual tiene como base el artículo 17
de nuestra Carta Magna, cuando dice: “…Todo autor o inventor es propietario exclusivo de su obra,
invento o descubrimiento, por el término que le acuerde la ley…”.
Analizando las palabras el Art. 17 que dispone que todo autor o inventor es propietario exclusivo de su
obra, invento o descubrimiento, por el término que le acuerde la ley. El invento, a diferencia de la obra,
es un acto creativo vinculado a la aplicación práctica (comercial o industrial) y por último el
descubrimiento, no hay acto creativo, sino hallazgo de algo que está hecho o terminado.
La temporalidad en el disfrute económico es uno de los caracteres específicos que el Art. 17 le asigna a
la propiedad intelectual .El argumento invocado por quienes propician la restricción temporal del
disfrute de este tipo de propiedad, radica en que ella no sería el producto exclusivo de la mente e
imaginación del autor o inventor, sino que en realidad éste habría recibido y utilizado un aporte de
quienes en el mismo campo de su actividad le precedieron en el tiempo.
El argumento contrario explica de este modo: el autor de una obra literaria o descubrimiento científico,
así como el que logra aplicar o desarrollar un invento suyo, pone en estas cosas más originalidad de las
que se cree y lo que produce tiene más sello de su personalidad que la propiedad de las cosas y bienes
materiales.
Siguiendo el criterio de la Constitución, el fundamento de la temporalidad no debe radicar en la
consideración de que toda obra intelectual tiene un trasfondo suministrado por la sociedad de la cual el
autor o inventor se aprovecha, sino de la ponderación del beneficio, que a partir del cumplimiento de
plazos legales, supone el disfrute social libre y gratuito, de la creación, invento o descubrimiento.
La temporalidad rige respecto del producido económico de la obra, invento o descubrimiento, pero no
respecto del hecho que lo genera. Por eso la doctrina y la jurisprudencia, distinguen entre el derecho de
“paternidad” que el autor tiene sobre su obra y que reviste el carácter permanente, en el sentido que
nadie podrá negarlo en el futuro y el derecho de explotación sobre la obra que el autor podrá ejercer
por un tiempo limitado. Esta diferencia entre paternidad y explotación económica, explica que la
primera no puede cederse o transferirse, en tanto que la segunda si puede ser materia de cesión o
transferencia por encontrarse dentro del comercio.
V) Regulación de los derechos de autor en la ley 11.723
La Ley 11723 regula el régimen Legal de la Propiedad Intelectual en Argentina. La ley es bastante larga
y contiene varios aspectos, muchos de los cuales están desarrollados a lo largo de los diferentes puntos
de la unidad. Me gustaría, destacar algunas ideas contenidas en la ley:
2
“El derecho de propiedad de una obra científica, literaria o artística, comprende para su autor la
facultad de disponer de ella, de publicarla, de ejecutarla, de representarla, y exponerla en público, de
enajenarla, de traducirla, de adaptarla o de autorizar su traducción y de reproducirla en cualquier
forma”.
“Al editor de una obra anónima o seudónima corresponderán con relación a ella los derechos y las
obligaciones del autor, quien podrá recabarlos para sí, justificando su personalidad. Los autores que
emplean seudónimos podrán registrarlos adquiriendo la propiedad de los mismos”.
“Son titulares del derecho de propiedad intelectual:
a) el autor de la obra;
b) sus herederos o derechohabientes;
c) los que con permiso del autor la traducen, refunden, adaptan, modifican o transportan sobre la
nueva obra intelectual resultante;
d) las personas físicas o jurídicas cuyos dependientes contratados para elaborar un programa de
computación hubiesen producido un programa de computación en el desempeño de sus funciones
laborales, salvo estipulación en contrario”.
“Se consideran obras póstumas, además de las no publicadas en vida del autor, las que lo hubieran sido
durante ésta, si el mismo autor a su fallecimiento las deja refundidas, adicionadas, anotadas o
corregidas de una manera tal que merezcan reputarse como obras nuevas”.
“La propiedad intelectual de las obras anónimas pertenecientes a instituciones, corporaciones o
personas jurídicas, durará cincuenta años contados desde su publicación”.
“Nadie tiene derecho a publicar, sin permiso de los autores o de sus derechohabientes, una producción
científica, literaria, artística o musical que se haya anotado o copiado durante su lectura, ejecución o
exposición pública o privada. Quien haya recibido de los autores o de sus derecho-habientes de un
programa de computación una licencia para usarlo, podrá reproducir una única copia de salvaguardia
de los ejemplares originales del mismo.
Dicha copia deberá estar debidamente identificada, con indicación del licenciado que realizó la copia y
la fecha de la misma. La copia de salvaguardia no podrá ser utilizada para otra finalidad que la de
reemplazar el ejemplar original del programa de computación licenciado si ese original se pierde o
deviene inútil para su utilización”.
“Cualquiera puede publicar con fines didácticos o científicos, comentarios, críticas o notas referentes a
las obras intelectuales, incluyendo hasta mil palabras de obras literarias o científicas u ocho compases
en las musicales y en todos los casos sólo las partes del texto indispensable a ese efecto.
Quedan comprendidas en esta disposición las obras docentes, de enseñanza, colecciones, antologías y
otras semejantes.
Cuando las inclusiones de obras ajenas sean la parte principal de la nueva obra, podrán los tribunales
fijar equitativamente en juicio sumario la cantidad proporcional que les corresponde a los titulares de
los derechos de las obras incluidas”.
3
VI) Obra protegida
Según la ley, las obras científicas, literarias y artísticas comprenden los escritos de toda naturaleza y
extensión, entre ellos los programas de computación fuente y objeto; las compilaciones de datos o de
otros materiales; las obras dramáticas, composiciones musicales, dramático-musicales; las
cinematográficas, coreográficas y pantomímicas; las obras de dibujo, pintura, escultura, arquitectura;
modelos y obras de arte o ciencia aplicadas al comercio o a la industria; los impresos, planos y mapas;
los plásticos, fotografías, grabados y fonogramas; en fin, toda producción científica, literaria, artística o
didáctica, sea cual fuere el procedimiento de reproducción.
La protección del derecho de autor abarcará la EXPRESIÓN de ideas, procedimientos, métodos de
operación y conceptos matemáticos pero no esas ideas, procedimientos, métodos y conceptos en sí.
VII) Contenido del Derecho: derechos morales y derechos patrimoniales
Se protegerá al titular del derecho de quien copie o use ilegítimamente la forma en la que expresó su
trabajo original. Los derechos de autor protegidos son de dos clases:
Los derechos morales, los cuales son irrenunciables e inalienables, como el derecho de reconocimiento
de autoría y el derecho de integridad de la obra, entre otros. Por otro lado se protege también, a los
derechos económicos, transferibles y de duración limitada en el tiempo, básicamente los derechos de
explotación, aunque hay otros (por ejemplo el derecho a remuneración por copia privada)
Los derechos patrimoniales, incluyen derechos de reproducción, interpretación y ejecución pública,
adaptación, distribución, etc.,
Los derechos morales, son aquellos por los cuales el autor puede oponerse a cualquier deformación,
mutilación o modificación de su obra que pueda dañar su honor o reputación; y así preservar la
conexión entre él y su obra.
Derechos “Conexos”: Se protege jurídicamente los intereses de personas, físicas o privadas, quienes
contribuyen a que las obras protegidas por derecho de autor lleguen al público en general, es decir son
intermediarios que por su capacidad técnica y/o creativa merecen la protección del derecho; existen
tres categorías de potenciales beneficiarios:
1. Los artistas ejecutantes, como actores y músicos, en sus interpretaciones o ejecuciones.
2. Los productores de grabaciones de sonidos, por ejemplo en casetes y CDs.
3. Los organismos de radiodifusión en sus programas de radio y televisión.
La otra gran rama incluida en los Derechos de Propiedad Intelectual (de ahora en más DPI) es la llamada
Propiedad Industrial, la que abarca numerosas instituciones del derecho. Así tenemos la protección de
signos distintivos, entre las que se encuentran: Marcas, Indicaciones Geográficas, Nombre Comercial,
Patentes de Invención, Modelos de Utilidad, Modelo y Diseño Industrial.
VIII) Depósito de obra
La ley 11723 se refiere al registro en la Dirección Nacional del Derecho de Autor en los arts.57 a 64
(registro de obras), el art. 30 (publicaciones periódicas), y los arts. 34, 65 y 66 (contratos).
a) Obra publicada: nuestra ley prevé el registro con funciones no sólo de seguridad jurídica y de publicidad
sino, además, de depósito a los efectos de dotar de material bibliográfico a determinadas bibliotecas.
Así el art. 57 de la ley 11.723 exige al editor presentar a depósito tres ejemplares completos de la obra,
dentro de los tres meses siguientes a su aparición. Si la edición fuera de lujo o no excediera de los 100
ejemplares bastará con depositar un ejemplar. El decreto Nº 41233/34, reglamentario de la ley 11.723,
4
aclara que el destino de esos ejemplares es la Biblioteca Nacional, la Biblioteca del Congreso y la propia
Dirección Nacional del Derecho de Autor, este último para cumplir con la obligación de registro
propiamente dicha. Posteriormente el dec. 3079/57 añadió un ejemplar más de la obra literaria,
artística y científica con destino al Archivo General de la Nación. Todos los ejemplares son recibidos en
la Dirección Nacional del Derecho de Autor (DNDA) para su posterior distribución.
El depósito es obligatorio para el editor y, si no lo cumpliera, se le aplicará una multa de diez veces el
valor venal del ejemplar no depositado (art.61).
b) Obra Inédita: respecto de la obra inédita, el registro es facultativo en la Argentina conforme lo
dispuesto por el art. 62 de la ley 11.723.
La organización y funcionamiento de la Dirección Nacional está orientada a dar cumplimiento a los
objetivos establecidos en el régimen legal de la propiedad intelectual, involucra tareas tales como las
siguientes:
1| Registrar y supervisar la inscripción de obras científicas, literarias, artísticas, publicaciones periódicas,
fonogramas, audiovisuales, software, musicales, editoriales, seudónimos, páginas Web, contratos y
otros actos jurídicos atinentes al derecho de autor.
2| Substanciar la tramitación de recursos de oposición sobre inscripciones.
3| Diligenciar oficios judiciales que se libren en las causas de los distintos fueros nacionales y
provinciales.
4| Reunir y catalogar la legislación, doctrinas y jurisprudencia nacionales y extranjeras sobre la materia.
5| Asesorar a los organismos públicos, entidades privadas y/o particulares acerca de la interpretación
de las normas vigentes en materia de derecho de autor y derechos conexos".
Duración de la protección:
“La propiedad intelectual sobre sus obras corresponde a los autores durante su vida y a sus herederos o
derechohabientes hasta 70 años contados a partir del 1º de enero del año siguiente al de la muerte del
autor.
En los casos de obras en colaboración, este término comenzará a contarse desde el 1º de enero del año
siguiente al de la muerte del último colaborador. Para las obras póstumas, el término de 70 años
empezará a correr a partir del 1º de enero del año siguiente al de la muerte del autor.
En caso de que un autor falleciera sin dejar herederos, y se declarase vacante su herencia, los derechos
que a aquel correspondiesen sobre sus obras pasarán al Estado por todo el término de ley, sin perjuicio
de los derechos de terceros.
Los herederos o derechohabientes no podrán oponerse a que terceros reediten las obras del causante
cuando dejen transcurrir más de diez años sin disponer su publicación.
Tampoco podrán oponerse los herederos o derechohabientes a que terceros traduzcan las obras del
causante después de diez años de su fallecimiento.
En estos casos, si entre el tercero editor y los herederos o derechohabientes no hubiera acuerdo sobre
las condiciones de impresión o la retribución pecuniaria, ambas serán fijadas por árbitros”.
Sociedades de gestión colectiva de derechos
El autor no puede controlar la utilización de su obra. No puede controlar si se usa debidamente, si su
mensaje se desfigura o no se desfigura. Y si se utiliza para dar publicidad a productos que van en contra
del espíritu de la obra, etc.
5
Entonces, en este esquema, en el cual se ve la imposibilidad de la gestión individual del derecho de
autor, advertimos que la única posibilidad que existe para que esta gestión sea correcta y eficiente es
generar algo que por estructura, por posibilidades, pueda controlar la utilización de la obra de los
autores. Que pueda controlar por sí, o que pueda controlar a través de terceros, pero que pueda
controlar. Y es esta situación de hecho, de alguna manera, la base de la creación de las sociedades de
gestión colectiva.
La sociedad de gestión colectiva no es una creación burocrática que se beneficia, sino que en realidad
es una creación de los autores para defender sus derechos. Porque es la única manera que tiene el
autor de poder gestionar debidamente.
Las sociedades de gestión colectiva administran repertorios, vale decir, tienen como contenido concreto
las obras musicales que administran, que en la práctica, hoy por hoy, son, en todas las sociedades de
gestión colectiva, las obras nacionales de la sociedad más todas las obras extranjeras, que son
administradas en función de convenios que se suscriben entre las distintas sociedades de gestión
colectiva del mundo. Esto, por decirlo de alguna manera, es el “repertorio” que administra una
sociedad de gestión colectiva.
En nuestro país y en la mayoría de los países del mundo estas sociedades son monopólicas. En
Argentina, tenemos a SADAIC (Sociedad Argentina de Autores y Compositores), a AADI (Asociación
Argentina de Intérpretes) y a CAPIF (la Cámara Argentina de la Industria Fonográfica), todas
monopólicas.
Transmisibilidad de los derechos morales
Como ya dijimos, existen dos grandes tipologías de derechos de autor relacionados con la propiedad
intelectual: los derechos morales y los patrimoniales. Los segundos, los patrimoniales son transmisibles
de lleno, en cambio los morales, no lo son, es decir, somos autores por el mero hecho de serlo y nadie
nos puede impedir serlo y no podemos renunciar a la paternidad ni a lo asociado en estos a la misma.
Por ejemplo lo derechos económicos que nos corresponden por haber escrito una obra, si viene una
productora y quiere comprarnos los derechos para convertir nuestro libro en una historia
cinematográfica podremos cederle los derechos para que lo haga, y lo haremos normalmente mediante
una compensación económica hacia nosotros. También puede que dicho acuerdo incluya que solo tal o
cual productora, editorial o lo que sea podrá editar o producir la obra durante años, así como que se
podrá realizar tal o cual merchandising y a quién le corresponderán los beneficios por las ventas que se
produzcan y demás, pero en realidad, nada de ello está involucrando los derechos morales de la obra.
Los derechos morales son algo más profundo, algo que escapa a lo económico y que tiene más relación
con responder a aspectos, ¿cómo, dónde y cuándo queremos que se venda nuestra obra? ¿Autorizamos
a que nuestra obra pueda ser modificada y adaptada por terceros? Nosotros podremos llegar a los
acuerdos que deseemos, pero debemos tener muy presente que lleguemos al acuerdo que lleguemos,
la respuesta a estas preguntas en última instancia siempre corresponderá a nosotros y siempre el autor
será “padre” de la obra.
Según esta forma de entender la transmisión, los autores no se desprenderían nunca de la titularidad
real de la obra, sino que solamente quedan obligados a permitir al cesionario la explotación de la obra.
En relación a la manera en que estos derechos pueden transmitirse, existen dos formas: los derechos
de autor se pueden transmitir por “mortis causa” o también se pueden transmitir “inter vivos”.
6
Los derechos que se transmiten “mortis causa” son aquellos que se transmiten por la muerte de la
persona a la que pertenecen los derechos de autor, es decir, si somos autores de algo, somos los
poseedores de los derechos sobre la misma y nos morimos, nuestros herederos serán los que pasarán a
ser los que tendrán en su poder esos derechos de autor.
Los derechos de autor que se transmiten “inter vivos” son aquellos derechos de autor que se
transmiten entre personas, es decir, son el claro caso en el que por ejemplo somos autores de una obra
y cedemos los derechos de explotación a tal o cual empresa, etc.