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Caballero Bonald

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CABALLERO BONALD: COMPROMISO


Y REBELDÍA EN LOS ÚLTIMOS
LIBROS DE POEMAS

CABALLERO BONALD: COMMITMENT


AND REBELLION IN HIS LAST
BOOKS OF POEMS

Antonio Jiménez Millán


Universidad de Málaga

Resumen: El presente trabajo aborda el análisis de los últimos libros de


poemas de José Manuel Caballero Bonald, desde Diario de Argónida (1997)
hasta Desaprendizajes (2015). La obra poética de Caballero Bonald, desde sus
inicios, surge de una indagación en el lenguaje que jamás pierde de vista la
referencia central de la memoria; después de la publicación de Laberinto de
Fortuna (1984), hay un margen de trece años hasta el siguiente libro, Diario
de Argónida, que consolida un espacio mítico muy relevante en la obra del
autor. Los dos siguientes libros, Manual de infractores (2005) y La noche no
tiene paredes (2009), revelan distintas formas de disidencia y rebeldía frente
a las políticas conservadoras, las consecuencias de la crisis económica y las
guerras. El ciclo de senectud finaliza con dos libros, Entreguerras o De la
naturaleza de las cosas (2012), otra versión de sus memorias, y Desaprendizajes
(2015), donde se recupera el poema en prosa como vehículo expresivo.
Palabras clave: Caballero Bonald; lenguaje; mitos; memoria histórica.
Abstract: The present work deals with the analysis of the latest poetry
books by José Manuel Caballero Bonald, from Diario de Argónida (1997)
to Desaprendizajes (2015). Caballero Bonald’s poetic work, from its be-
RESEÑAS

ginnings, arises from an investigation into language that never loses sight
of the central reference of memory; after the publication of Laberinto de
Fortuna (1984) there is a margin of thirteen years until the next book,
Diario de Argónida, which consolidates a very relevant mythical space in
the author’s work. The following two books, Manual de infractores (2005)
PROSEMAS 7

and La noche no tiene paredes (2009) reveal different forms of dissidence and
rebellion against conservative policies, the consequences of the economic
crisis and wars. The senescence cycle ends with two books, Entreguerras

Prosemas. Revista de Estudios Poéticos, 7 (2022), pp. 71-98. ISSN: 2386-9461


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o De la naturaleza de las cosas (2012), another version of his memoirs, and


Desaprendizajes (2015), where the prose poem is recovered as an expres-
sive vehicle.
Key words: Caballero Bonald; language; myths; historical memory.

EL CONFLICTO ENTRE EL
ESCRITOR Y LA REALIDAD

En un ensayo reciente sobre José Manuel Caballero Bonald, Felipe


Benítez Reyes se refiere en términos muy positivos a los libros de
poemas que el autor jerezano escribió en los últimos años de su
vida, desde Diario de Argónida hasta Desaprendizajes; todos ellos «su-
gieren el ímpetu creativo propio de un autor joven: esa posición de
rebeldía ante las convenciones, esa atracción por los abismos de la
conciencia, ese inconformismo de fondo ante la vida por pura ansia
de más vida…» (Benítez Reyes, 2022: 38). Si hay algo que singulariza
la extensa obra de José Manuel Caballero Bonald es la riqueza y la
extrema precisión de su lenguaje en todos los géneros que abordó
en su trayectoria: poesía, novela, ensayo y artículo periodístico. Su
rigurosa y constante indagación le ha llevado a revisar toda su obra
poética en el volumen Somos el tiempo que nos queda, que cuenta con
las ediciones de 2004, 2007 y 2009, ampliadas estas dos últimas con
los libros Manual de infractores y La noche no tiene paredes1.
Convertir la experiencia vivida en experiencia lingüística con una
suficiente carga de ambigüedad iba a ser el eje de la poética de
Caballero Bonald desde sus inicios. Cuando él se ha referido a
unas posibles constantes generacionales, ha dejado bien claro que
la actitud de resistencia frente a la dictadura fue el verdadero factor
de cohesión de un grupo, el de los años cincuenta, cuyas afinida-
des literarias «nunca pasaron de ser episódicas», aunque sí les unía
Antonio Jiménez Millán

cierto estilo de vida: desobedientes e infractores ante la mediocridad

1 El título Somos el tiempo que nos queda procede de un poema situado en el libro
Memorias de poco tiempo, aunque también el último capítulo de Tiempo de guerras
perdidas lleva ese mismo título, y en un poema de Laberinto de Fortuna, «La bo-
tella vacía se parece a mi alma», leemos: «otra vez soy el tiempo que me queda».
Caballero Bonald lleva a cabo una profunda revisión de su poesía, con impor-
PROSEMAS 7

tantes cambios que afectan, sobre todo, a los poemas y, en menor medida, a la
estructuración final de los libros. Hasta llegar al análisis de Entreguerras, las citas
remiten a Somos el tiempo que nos queda en la edición de 2007 (Barcelona, Seix
Barral).

Prosemas. Revista de Estudios Poéticos, 7 (2022), pp. 71-98. ISSN: 2386-9461


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ambiental de la España franquista, todos ellos «trasnochaban con


idéntica afición», nos dice en La costumbre de vivir. Su acercamiento
al realismo crítico a finales de la década de los cincuenta respondía,
según sus propias palabras, a una «esporádica obediencia a las so-
licitaciones del tiempo histórico», que afectó especialmente a dos
libros de poemas: Las horas muertas (1959) y Pliegos de cordel (1963).
En una poética escrita para la antología de José Batlló La nueva
poesía española (1968), Caballero Bonald nos ofrece una de las claves
más importantes de su escritura:

Toda la literatura nace del planteamiento de un conflicto


entre el escritor y la realidad. Mi poesía y mi novela también
han pretendido ser, a este respecto, la formulación de una
personal experiencia conflictiva. Y no puedo escribir si no
me siento en la inminente necesidad de defenderme de algo
con lo que estoy en radical desacuerdo. El acto de escribir
supone para mí un trabajo de aproximación crítica al cono-
cimiento de la realidad y también una forma de resistencia
frente al medio que me condiciona (Caballero Bonald en
Batlló, 1977: 315).

Caballero Bonald: compromiso y rebeldía en los últimos libros de poemas


La poesía se revela, pues, como forma de resistencia o de des-
acuerdo. Estas palabras son especialmente válidas para referirse a
los poemas de Descrédito del héroe (1977). Ahora, el lenguaje de los
mitos —la imagen del laberinto va a dominar el sentido de muchos
poemas de este libro y del siguiente, Laberinto de Fortuna (1984)—
parece conducir esa expresión fragmentaria, asistemática, con la
que Caballero Bonald da salida a su pensamiento. La mayoría de los
poemas de Descrédito del héroe se basan en un rastreo de la memoria
que implica, a su vez, la fundación de un espacio mítico (Payeras
Grau, 1997: 79). Caballero Bonald se ha referido más de una vez al
hecho de que un buen número de poemas del libro son simultáneos
a la redacción de su segunda novela, Ágata ojo de gato (1974): «hay
una misma tendencia al empleo alucinatorio de la expresión y un
mismo empeño por rastrear en lo que podrían llamarse las zonas
prohibidas de la experiencia» (Caballero Bonald, 1983: 29). Novela
y poesía: dos modos de enfocar un problema de lenguaje2, de con-
ducir la memoria hacia una gestión de simulacros.
PROSEMAS 7

2 «Para mí, poesía y prosa son como dos conductos para buscar una misma solu-
ción. A veces pueden coincidir los mecanismos literarios, no sé, como en ciertas

Prosemas. Revista de Estudios Poéticos, 7 (2022), pp. 71-98. ISSN: 2386-9461


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REGRESO A UN TERRITORIO MÍTICO:


DIARIO DE ARGÓNIDA (1997)

Trece años después de Laberinto de Fortuna aparece un nuevo libro


de poemas de Caballero Bonald, Diario de Argónida, publicado en
Barcelona por la editorial Tusquets (1997). El autor ofrece la si-
guiente explicación acerca del topónimo:

Argónida es un topónimo ficticio con el que suelo referirme


literariamente al Coto de Doñana, frente al que ahora vivo
buena parte del año. El hecho de que ese supuesto nombre
de lugar quede asociado al título del presente libro puede
resultar un poco contradictorio, ya que en esta ocasión no
siempre remite a un territorio imaginario sino a una concreta
localización geográfica. Quiero decir que los personajes que
aparecen en estos poemas se movilizan en un escenario pre-
ferentemente real, así que sus vínculos con Argónida deben
entenderse como meras licencias poéticas.

E inmediatamente después incide en su particular tratamiento


de la fórmula del diario:

Uso el término «diario» con una deliberada ambigüedad.


Supongo que si me he decidido a emplearlo es por una pre-
via malicia teórica, en el sentido de no considerar al diario
muy ajeno a la ficción. Ningún escritor es capaz de evocar
lo que ha vivido sin incurrir en alguna desviación engañosa
o consecuentemente equívoca. Incluso se tiende a otorgar-
le al estilo mayor poder real que al testimonio (Caballero
Bonald, 2007: 529).

Escrito entre febrero de 1995 y mayo de 1997, Diario de Argónida


es calificado por Caballero Bonald como un libro «algo más me-
Antonio Jiménez Millán

ditabundo, reflexivo, sobre experiencias íntimas, al margen de la


poesía que yo he escrito anteriormente» (entrevista con L. Barrera
en 1997, citada en García Jambrina, 2004: 52). Esta nueva orienta-
ción de su poesía fue convenientemente resaltada en las más valiosas
aproximaciones críticas; así, Luis García Jambrina escribe que en los
poemas de Diario de Argónida
PROSEMAS 7

zonas de Ágata, ojo de gato y Descrédito del héroe» (Caballero Bonald en Martínez
de Mingo, 1984: 270).

Prosemas. Revista de Estudios Poéticos, 7 (2022), pp. 71-98. ISSN: 2386-9461


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reaparecen, tratadas desde una nueva perspectiva, algunas


de sus principales obsesiones: las trampas de la memoria,
la capacidad fabuladora del recuerdo y la reinvención del
pasado personal e histórico a través de la escritura (García
Jambrina, 2004: 52).

Por su parte, Luis Muñoz observa esa modulación diferente de


una voz ya muy consolidada:

Diario de Argónida no está menos sujeto a las preocupaciones


del lenguaje que sus libros anteriores, pero presenta diferen-
cias evolutivas. En un equilibrio sorprendente escuchamos la
voz propia de Caballero Bonald siendo ya, sin embargo, otra.
Si repasásemos lo que han sido las características centrales
de su poesía, podríamos afirmar que Diario de Argónida nos
ofrece, sobre todo, la sorpresa de la depuración, del desnu-
damiento verbal.

Y poco después, al abordar los temas, nos ofrece una clave in-
dispensable para entender no solo este libro, sino también Manual
de infractores y La noche no tiene paredes; en mi opinión, los tres títulos
forman un conjunto unitario y coherente. Luis Muñoz subraya el

Caballero Bonald: compromiso y rebeldía en los últimos libros de poemas


valor de la paradoja:

la soledad, que salva de estar solo, el riesgo de no escapar de


algún peligro, la evocación de lo vivido como una forma de
invención, las disputas del presente zanjadas en el pasado, el
apego y el desapego por la vida (Muñoz, 2006: 184).

Podemos advertir el cambio de tono en el poema «Memoria


perdida», otro buen ejemplo de la convergencia entre vida, poesía
y memoria:

Hay un fondo borroso de papeles


quemados, como una repentina
combustión de residuos que se han ido
esparciendo por las habitaciones.

Casa sin nadie, ¿estuve alguna vez


aquí, cuando la inercia consistía
PROSEMAS 7

en un vago remedo de la felicidad,


y los incinerados
restos de la memoria se aventaban

Prosemas. Revista de Estudios Poéticos, 7 (2022), pp. 71-98. ISSN: 2386-9461


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por esos intramuros donde ya hasta la música


era una estratagema del silencio?

Se me ha olvidado todo lo que no dejé escrito


(Caballero Bonald, 2007: 471).

Tal y como anota José Carlos Rosales, «solo habrá que escribir
aquello que merezca la pena ser recordado o que haya que recordar
a pesar nuestro» (Rosales, 2006: 185). «Evocar lo vivido equivale a
inventarlo», dice el último verso de «Soliloquio»; vienen a cuento
ahora las palabras de Caballero Bonald acerca de sus memorias, los
difusos límites entre verdad autobiográfica y ficción literaria, un
dilema que aborda de otro modo en «Premeditación»: cualquier
verdad, dice el autor, «consiste en muchas dudas superpuestas», para
concluir con uno de esos versos rotundos, sentenciosos: «también
por omisión se escribe un libro» (Caballero Bonald, 2007: 464).
Y el recuerdo asume también, a veces, la forma del laberinto; va
amontonando desperdicios, nocturnidades, apegos clandestinos: «El
paso de los años suele hacer un ruido / desapacible, bronco, de co-
lisión / de herrumbres, de trasiegos fabriles / y como de asamblea
/ de pedregosos contertulios» («Elogio de la inacción» [Caballero
Bonald, 2007: 506]).
Inacción, desidia o desgana son términos que aparecen con cier-
ta frecuencia en Diario de Argónida y en los dos libros posteriores.
Nos hallamos de nuevo en el territorio de la paradoja, porque los
estímulos negativos de la realidad suelen provocar una reacción
inequívoca en ese mismo personaje que ya comienza a definirse
como un resistente. Así, la dialéctica entre el orden y la trasgresión,
central en todo este ciclo, es la base del poema «Cotejo de fuen-
tes», que cuenta la historia de una vieja prostituta,Teresa Lavinagre,
expulsada por el hipócrita de turno: «Vida dilapidada, / corazón
Antonio Jiménez Millán

decrépito, qué hermosura / saber que nunca hizo absolutamente


nada / para evitar su propio descalabro» (Caballero Bonald, 2007:
487). Y «Pronóstico reservado» dirige una acerba crítica hacia ese
tufo «eclesiástico y castrense» (Caballero Bonald, 2007: 465) que
desprende aún el comportamiento de ciertos sectores sociales…
Insistiremos en ello al tratar de Manual de infractores.
De todas formas, no podemos obviar la referencia central del
PROSEMAS 7

título. El territorio mítico de Argónida sugiere a la vez un regreso


y una alegoría que por momentos alcanza un carácter visionario.

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Esta dimensión que roza lo mágico (véase también «Mestizaje») se


concentra en uno de los mejores poemas del libro, «Nocturno con
barcos»:

Siento pasar los barcos por dentro


de la [Link] de un transitorio
distrito del invierno y van a dar a otra interina
estación de argonautas,
esas rutas
quiméricas que rondan
los fascinantes puertos de la imaginación.

Invisibles, a veces, surcan


las cóncavas comarcas de la niebla,
pertenecen a un mundo despoblado,
a alguna procelosa tradición
de vidrieras marchitas, se parecen
a la emoción que queda detrás de algunos sueños.
[…]
La cifra de esos barcos es la mía.
Con ellos cada noche se va también mi alma
(Caballero Bonald, 2007: 512).

Caballero Bonald: compromiso y rebeldía en los últimos libros de poemas


INSUMISIÓN: MANUAL DE
INFRACTORES (2005) Y LA NOCHE
NO TIENE PAREDES (2009)

La variedad de tonos y de motivos, destacada por José Carlos Rosales


a propósito de Diario de Argónida3, caracteriza igualmente al siguiente
libro de poemas de Caballero Bonald, Manual de infractores, editado
en octubre de 2005 por Seix Barral. En una entrevista que publi-
có El País Semanal después de la aparición de La costumbre de vivir,
Caballero Bonald ya emplea este término al hablar de los años sesen-
ta: «Todo rezumaba mediocridad, y nosotros frente a esa mediocridad
éramos infractores». La disidencia y la rebeldía siguen estando muy
PROSEMAS 7

3 «Las páginas de Diario de Argónida, cargadas de una aguda sabiduría vital y es-
tética […], son también una muestra ejemplar de los distintos tonos (humor,
ironía, sarcasmo, intimismo…) y motivos (la tierra, el pasado familiar, la historia,
el tiempo…) que el poeta tiene por costumbre abordar» (Rosales, 2006: 187).

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presentes en este libro, motivadas ahora por una situación histórica


sobre la que el autor incidía en un coloquio con Ángel González:

Rechazo la globalización, pero más el concepto de aldea


global; me parece que es una restricción de ciertas liberta-
des y la conducción, por unos caminos imprevistos, hacia el
pensamiento único […]. Puedo tener rabia contenida contra
ciertas cosas que no me gustan, que detesto, pero no lo de-
muestro, no exteriorizo esa rabia. O lo hago con sarcasmo.
Una vez, un académico me tildó, para desprestigiarme, de
rojo y [Link] contesté que lamentaría haber dejado de
serlo (Caballero Bonald y González, 2002: 6).

«Son los ultramontanos que regresan», escribía Caballero Bonald


en un poema ya citado de Diario de Argónida, «Pronóstico reservado».
Varios poemas del siguiente libro establecen la necesaria distancia
con los inagotables celadores del orden y las buenas costumbres.
Véase el poema «Secta»:

Son los mismos


que siguen solazándose
con las soflamas de los patriotas
y empuñan de continuo estandartes y cruces
con que emular a sus mayores,
mientras avanza por las avenidas
un cortejo triunfal de biempensantes.

Líbrate, compañero,
de esas iglesias y esos mentecatos
(Caballero Bonald, 2007: 600).

Muchos pasajes de Manual de infractores celebran la insumisión y


la desobediencia, descreen de «las patrias y los apostolados», se en-
Antonio Jiménez Millán

frentan al «nuevo orden» que justifica invasiones y masacres. La gue-


rra de Irak, en 2003, puede estar en el origen de poemas como este:

Una pregunta,
una querella se propaga
por los atolladeros de la historia.
Hace ya tiempo que se escucha
PROSEMAS 7

en las patrias, los foros, las iglesias,


y no responde nadie.
¿A quién

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le pediremos cuentas?
¿Cuántos
consorcios de falsarios, púlpitos
execrables, compraventas de armas,
eufemismos que solo encubren
crímenes, hemos de cotejar con nuestros muertos
antes de que por fin prevalezca la vida?
(Caballero Bonald, 2007: 636).

Y en una línea similar se orientan «Necios contiguos», «Terror pre-


ventivo» (que trata sobre la rentabilidad del miedo), «Bienaventurados
los insumisos» o «De los peligros epistolares», con su alusión a «la
fauna / de los siempre obedientes, / de los que nunca se equivo-
can, esos abominables / precursores de nada que peroran / en los
arengatorios de la mediocridad» (Caballero Bonald, 2007: 640). De
todas formas, ha escrito con acierto Francisco Díaz de Castro que

el cometido de estos poemas no es el de perfilar soluciones,


sino el de plantear la disidencia desde el desconcierto lúcido
y desde las continuas preguntas sin respuesta que esa misma
lucidez enuncia […]. En un sentido introspectivo que no
abandona su valor didáctico, este Manual lo es también para

Caballero Bonald: compromiso y rebeldía en los últimos libros de poemas


que quien lo escribe se ponga ante su oscuro espejo de pa-
labras (Díaz de Castro, 2006: 189-190).

En Manual de infractores no solo es importante la denuncia, sino


también el recelo ante las grandes palabras y las verdades [Link]
el empleo del término manual en el título supone una buena dosis
de ironía, tratándose de infractores y desobedientes cuyo aprendizaje
de la vida tuvo lugar en un tiempo oscuro, un tiempo de silencio
que justifica plenamente la «Pasión de clandestino»:

No has vivido emoción igual que aquella.


Nada ha sido lo mismo desde entonces
y aún eres el recuerdo de ese hermoso
oficio pasional de clandestino
(Caballero Bonald, 2007: 566).

Vinculados o no a ese aprendizaje y a esas derivas clandestinas,


son varios los poemas que evocan momentos de intensidad, «recla-
PROSEMAS 7

mos del pasado» que convierten noches, lugares y cuerpos en una


celebración del erotismo: «Transgresión», «A contratiempo», «Tierra
caliente», «Llamada perdida», «Compendio»; incluso «Mal viaje»,

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aunque en este caso prevalezca el lado siniestro de las relaciones


eróticas («Lo ingrato de la noche se amalgama / con lo ruin de la
memoria» [Caballero Bonald, 2007: 644]).Véase este fragmento de
«Llamada perdida»:

Mujer de hermoso ornato, te persigo


en la noche, a duras penas te persigo
aunque en vano lo haga,
busco
tu miel, tu terciopelo, tus ingles tan convexas,
la encrucijada de tus pechos,
tu boca basculante,
todo lo que ya es solo
la sombra de tu cuerpo en medio de la sombra
(Caballero Bonald, 2007: 573).

Vagos recuerdos de la felicidad, cuerpos apenas reconocibles


con el transcurso de los años. Precisamente el paso del tiempo es
uno de los ejes centrales del libro, que se inicia con una especie de
recuento («Summa vitae») y continúa, significativamente, con una
«Introspección»:

Se oye el paso decrépito del tiempo


entre las inconstantes dádivas
de la felicidad,
mientras fluyen
los cuerpos juveniles y el olvido
otra vez se delata y lame
con su liviana lengua
un penúltimo rastro de deseo
(Caballero Bonald, 2007: 539).

La indagación se proyecta una y otra vez hacia el pasado, pero


Antonio Jiménez Millán

ese recorrido imaginario acaba por volver al «Punto de partida»:

En el pasado busco
lo que desconozco,
lo que acaso fue mío y no lo supe,
lo que apenas termino de encontrar.
PROSEMAS 7

Busco
al que pude haber sido,
al que no fui, a aquel

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a quien yo más quería,


al que nunca he llamado por su nombre.

Trayecto imaginario:
pugna y decoro de la vanidad
que vuelve siempre al punto de partida
(Caballero Bonald, 2007: 589).

Solo el recuerdo parece sostener una identidad cada vez más


borrosa («Ya solo duras por lo que recuerdas» [Caballero Bonald,
2007: 575]) y, en algún momento, la densidad de la paradoja se
expresa a través de sentencias rotundas: «Aún es la vida y ya es la
muerte», dice el último verso del poema «Desacuerdos póstumos»,
inmediatamente después de celebrar la belleza de tantos momentos
del pasado (Caballero Bonald, 2007: 559).Y más aún:

Está fuera de mí lo que conozco.


Lo que desconozco es quien soy yo
(«Autocontrol» [Caballero Bonald, 2007: 624]).

Y, sin embargo, el tiempo concede la «consoladora tregua de


la edad» que lleva a centrarse en el presente; el juego conceptual

Caballero Bonald: compromiso y rebeldía en los últimos libros de poemas


con los adverbios (tal vez con la referencia de Antonio Machado al
fondo) marca las distancias: «Ahora es mañana, su duración es mía.
/ El ayer / pertenece, como la historia, a los demás» («Aniversario»
[Caballero Bonald, 2007: 578]). Inseparable de la conciencia del paso
del tiempo es la memoria que, según Francisco Díaz de Castro, «va
salvando entre los recuerdos devastados el tiempo de la infancia, los
espacios luminosos de tantas singladuras y, con especial énfasis, el
escenario mítico de Argónida» (Díaz de Castro, 2006: 191). A este
último se refieren dos poemas de Manual de infractores, «Justicia de la
contemplación» y «Salvedad», con toda su carga de leyenda:

Todos aquellos que han sobrevivido


a tres naufragios, tienen asegurada
la inmortalidad.
Así se afirma al menos
en los nunca escritos códices
de Argónida.
Mi suerte ya está echada:
PROSEMAS 7

un naufragio me queda para atajar la muerte


(Caballero Bonald, 2007: 550).

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Publicado en 2009 por Seix Barral, La noche no tiene paredes es,


según el autor, un título «intencionadamente novelesco». Este libro
sigue, hasta cierto punto, la norma estilística del anterior y, aunque
en el plano formal «se acerque un poco más al irracionalismo», en su
temática «aparecen otra vez la obsesiva meditación sobre los estragos
del tiempo y la ira hacia los desastres cotidianos de este mundo en
el que por el lado de los poderosos predominan el caos, la injusticia,
el engaño y las arbitrariedades, y por el lado de los débiles impera la
sumisión» (Caballero Bonald en Prado, 2008: 7). Como se deduce
de estas palabras de Caballero Bonald a Benjamín Prado, la poesía
sigue siendo para él una forma de enfrentarse a la injusticia, de no
asumir el silencio de la resignación: «la buena literatura está hecha
por gente desobediente», afirma después. A partir del título, el libro
es un elogio de la noche en un doble sentido vital y simbólico, desde
la experiencia del trasnochador hasta la «noche oscura del alma» de
los místicos. El poema «La noche no tiene paredes» sitúa en primer
plano una dimensión vitalista que, con diferentes matices, va a estar
presente en todo el libro, y nos habla de «esa insistencia / soberana
/ en la celebración de estar viviendo» (Caballero Bonald, 2009: 123).
La nostalgia de las barras nocturnas, en las que «irrumpe libérrima la
vida» (Caballero Bonald, 2009: 72) puede recordar aquella alusión a
las «zonas prohibidas de la experiencia» a propósito de Descrédito del
héroe, pero ahora se relaciona especialmente con la memoria y las
distintas imágenes que el tiempo ha ido forjando del personaje que
habla en el poema: son los «polvorientos domicilios» de la memoria,
«allí donde se hospeda todavía / ese imposible personaje / a quien
has detestado desde siempre» («Cuando la noche acaba» [Caballero
Bonald, 2009: 137]).
La noche sugiere la aventura, es el espacio de la libertad total
incluso en un sentido trascendente que nos llevaría hasta los mís-
ticos sufíes, el Llibre d’Amic i Amat de Ramon Llull, San Juan de la
Antonio Jiménez Millán

Cruz y Miguel de Molinos. Todos ellos están presentes en La noche


no tiene paredes. «Me interesa la tensión a la que someten al lengua-
je», ha dicho Caballero Bonald. El poema «Vía de sufí» concreta el
acercamiento a esa tradición espiritualista y además aporta una no-
vedad desde el punto de vista formal que se advierte en otros pasa-
jes del libro: el empleo del versículo amplio de apariencia narrativa
PROSEMAS 7

que sirve para transmitir el discurso de un personaje, al estilo del


monólogo dramático. Se trata, en este caso, de Yalai ad-Din Rumi,
que aspira a gozar de ese «entendimiento que va más allá de toda

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realidad» (Caballero Bonald, 2009: 33); el mismo procedimiento


sustenta «Mística poética», homenaje a la doctrina contemplativa,
quietista, de Miguel de Molinos, cuya Guía espiritual prologó José
Ángel Valente en la imprescindible edición auspiciada por Carlos
Barral (Valente, 1974):

dioses perversos te persiguen, vienen a inocularte


su artera desmemoria, el desaliento,
esa variante ruin de la desgana que acabará cambiando
en tierra estéril lo poco que te queda de tu vieja heredad
(Caballero Bonald, 2009: 55).

Sin embargo, el final de este poema nombra un «perfecto estado


de aniquilación» que no parece deseable. Menos aún cuando persiste
en varios poemas de La noche no tiene paredes la rebeldía expresada en
Manual de infractores y la poesía sigue siendo una forma de interpre-
tar la realidad, de ahondar en ella y de buscar sus enigmas. No son
preguntas retóricas las que se suceden en el poema «Quién»; tienen
todas ellas un fondo inquietante, apuntan hacia las redes siniestras de
la explotación y de la muerte, de la destrucción metódica:

Caballero Bonald: compromiso y rebeldía en los últimos libros de poemas


Quién ha visto la herrumbrosa herramienta del hambre
aprestándose a golpear en las puertas desencajadas de las casas
cuyos moradores ya han sido sistemáticamente diezmados
por los mismos que imploran al altísimo
un poco de piedad para contrarrestar los estragos de la sequía
(Caballero Bonald, 2009: 81).

Ya en el primer poema del libro, «Tiempo de los antídotos», ve-


mos aparecer «cierto amago fugaz de furia y desacato» que se opone
a «la virtud y su inercia depravada» (Caballero Bonald, 2009: 13)
(recordemos la «sordidez de la virtud», en Descrédito del héroe, y las
muchas alusiones al tema en Manual de infractores). En la misma línea
de desavenencia con ciertas actitudes se sitúan «La intranquilidad
del deber cumplido», «Línea de conducta» y «Contra Casandra», que
nos invita a desconfiar de «profetas, videntes, sacerdotes […] / de
aquellos que osan sin ningún temor / predecir el futuro», para con-
cluir con un homenaje a Antonio Machado a través de una cita: «ni
está el mañana —ni el ayer— escrito» (Caballero Bonald, 2009: 60).
PROSEMAS 7

Pero tampoco podemos olvidar «el desaliento, / esa variante


ruin de la desgana» que aparecía en «Mística poética»; otra vez en el

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terreno de las paradojas, parece imponerse por momentos un escep-


ticismo que sugiere cansancio, desgana, abulia, decepción. De todas
formas, todas estas sensaciones convergen en un sano descreimiento.
«Prestigio de la duda» se llama uno de los poemas de la cuarta sec-
ción del libro, y dice así:

Me basta con saber que la certeza


es un perecedero trasunto de la fe,
me basta con saberlo y con la perentoria
convicción de la duda,
para aspirar a ser retribuido
de tantos deficientes barruntos
de verdades.
No me hace falta más
para creer al menos que no miento
(Caballero Bonald, 2009: 109).

Caballero Bonald reivindica la duda porque «quien está seguro de


todo es lo más parecido que hay a un imbécil». «Qué palabra inhu-
mana la palabra certeza», leemos en otro poema donde se atisba, sin
nombrarla, la única certeza posible, su «confín inmutable» (Caballero
Bonald, 2009: 88). Al poeta le interesa la búsqueda del límite de las
palabras como un método de conocimiento de la propia identidad,
pero esa búsqueda puede adentrarse en el vacío, en la nada: «Me lla-
mo Nadie, como Ulises. / ¿Y quién responde? / Nadie: / una pared
vacía, una página en blanco» (Caballero Bonald, 2009: 15); incluso
la conciencia de las sucesivas pérdidas lleva a dudar del recuerdo,
como se advierte en el poema «No tienes nada que perder», otra
insinuación —paradójica— del laberinto o del abismo:

Atrévete a inventar otras verdades,


no tienes nada que perder,
solo
Antonio Jiménez Millán

el conocimiento, la razón, la vida


(Caballero Bonald, 2009: 126).

La duda afecta por igual al balance de la experiencia vivida («Los


años, ay de mí, me han desmentido») y a sus posibles enseñanzas
(«¡Cuánto he desaprendido desde entonces!»), así como a los falsos
PROSEMAS 7

refugios: no existe la inocencia ni en el presente ni el pasado que


«gravita como un despeñadero» y arrastra un aluvión de imágenes
a veces terribles («Anticristo en Bogotá»), a veces misteriosas («Casa

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del Navazo») o evocadoras de tiempos remotos («Antiguo verano»).


La tensión entre memoria y olvido atraviesa todo el libro, y creo
que no es gratuito recordar estas declaraciones de Caballero Bonald
al periodista Juan Cruz:

La memoria es para mí el factor desencadenante de la escri-


tura. Yo escribo a partir de la memoria. Eso no significa que
esté copiando literalmente lo que pasa en los recuerdos. A
través del proceso creador uno se va inventando, va modifi-
cando la memoria […]. Pero la memoria, en el fondo, es como
una materia prima de la que yo no puedo prescindir cuando
escribo. […] Los mecanismos de la memoria son misteriosos,
no sé cómo funcionan, ni en qué momento me van a servir
o me van a molestar; entonces, seleccionar esos mecanismos,
ponerlos en funcionamiento también, me produce a veces
vértigo (Caballero Bonald en Cruz, 2000: 12).

De la incertidumbre, como vimos, tampoco se salva la memoria,


y esa sensación de vértigo a la que alude Caballero Bonald en la
entrevista es la que puede transmitir el poema «Mala hora»:

Tristeza de la puerta

Caballero Bonald: compromiso y rebeldía en los últimos libros de poemas


condenada y de los arriates del jardín
donde se han ido acumulando
los segmentos nocivos de los días
y del derramamiento de la bruma
con su rastrero fleco de hopalanda.

Tristeza de la luz
de acetileno y de los zócalos
tan blancos de los hospitales y de la lenta
respiración de la basura y de los charcos
al pie de las farolas del amanecer.

[…]

Tristeza
de estar aquí acordándome de algo
que queda ya más lejos que el recuerdo
(Caballero Bonald, 2009: 44).
PROSEMAS 7

Como ya sucedía en Manual de infractores, surgen del recuer-


do instantes de plenitud que han sobrevivido al paso de los años

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(«Vivir mirándote») o que llegan desde la lejanía («Cuerpo desnudo,


ya no te conozco», «Botticelliana», «Fruta prohibida») despertando
«la estrategia voluble del deseo» (Caballero Bonald, 2009: 63). Así
entendemos, igualmente, la presencia de espacios y figuras simbó-
licas recurrentes en la obra de Caballero Bonald: el mar nocturno,
de nuevo «la sagrada demarcación de Argónida» (Caballero Bonald,
2009: 73), el paisaje selvático del río Magdalena, una casa en Bogotá,
esa vida a la que el autor quisiera repatriarse «hasta llegar al centro
ritual de lo perpetuo» (Caballero Bonald, 2009: 144). Como escri-
bió Aurora Luque, Caballero Bonald «pone en pie una consistente
y personalísima topografía de la noche, en el sentido geológico,
matérico, también en el de los topoi literarios» (Luque, 2010: 21).
Y queda, por supuesto, la poesía. Los dos libros prodigan ho-
menajes a poetas admirados por Caballero Bonald. En Manual de
infractores resultan muy explícitos los títulos de dos poemas, «Campos
de Castilla» y «Donde habite el olvido»; de modo menos directo,
«Un carrusel vacío» evoca también a Luis Cernuda («Estar cansado
tiene plumas»):

El cansancio colinda con los números


pares, se parece a un penacho
de pétalos y espumas, de sucias algas glaucas
flotando en las orillas
tornadizas del tedio.
El cansancio es un pozo
de lana y tafetán, un vestido de fiesta
colgado de la percha de la noche,
un pájaro cautivo, un libro vano,
el desenlace hostil de algunos sueños
(Caballero Bonald, 2007: 628).

La noche no tiene paredes abarca un repertorio más amplio, desde


Antonio Jiménez Millán

Ibn Arabí hasta Ángel González, pasando por Góngora, Baudelaire,


Juan Ramón Jiménez o César Vallejo, e incorpora versos de Rubén
Darío, de Antonio Machado y de Federico García Lorca.
PROSEMAS 7

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FINAL: ENTREGUERRAS (2012)


Y DESAPRENDIZAJES (2015)

Desde abril de 2010 hasta octubre de 2011 se centró José Manuel


Caballero Bonald en un nuevo libro de poemas, Entreguerras, pu-
blicado por la editorial Seix Barral en enero de 2012. Son, en total,
2500 versículos que prescinden de la puntuación convencional. El
subtítulo, De la naturaleza de las cosas, remite a De rerum natura: al
modo de Lucrecio, Caballero Bonald aborda «una múltiple aproxi-
mación científica y filosófica al universo», pero se trata, sobre todo,
de una revisión de su trayectoria vital, que naturalmente se somete
«al flujo y reflujo de la memoria» (Caballero Bonald, 2012: 7). Antes
de la publicación del libro, el autor explica algunos de sus rasgos
diferenciales en una entrevista con Jordi Doce (en 2011, citada por
Julio Neira):

Empezó a producirse ese deseo de hacer un libro largo au-


tobiográfico y vi que debía recurrir al versículo, un versículo
libre con música interior, sin puntos ni comas, en el que se
combinaran heptasílabos, endecasílabos, alejandrinos… Esto
nunca lo había hecho, me parecía incluso que era una cosa

Caballero Bonald: compromiso y rebeldía en los últimos libros de poemas


de alarde vanguardista, que no tenía sentido hoy en día, pero
es que me ha salido así (en Neira, 2021: 110-111).

Julio Neira ha señalado el contraste de este libro con las memo-


rias en prosa de Caballero Bonald, reunidas bajo el título La novela
de la memoria:

A diferencia de sus memorias en prosa, donde junto al testi-


monio eran patentes la fabulación y la voluntad de divertir,
ahora encontramos un auténtico examen de conciencia sobre
lo vivido, en el que las cuentas, vitales y estéticas, se ajustan
consigo mismo (Neira, 2021: 111).

Al reseñar el libro, prácticamente todos los críticos resaltaron su


singularidad. José-Carlos Mainer destacaba la relación de Entreguerras
con otros poemas extensos como Espacio de Juan Ramón Jiménez,
Piedra de sol de Octavio Paz y Dador de José Lezama Lima (Mainer,
2012). Jacobo Cortines, que realizó la presentación del libro en
PROSEMAS 7

Sevilla (febrero de 2012), consideraba Entreguerras como «un viaje


con mucho de alucinatorio a las zonas más oscuras de su persona-
lidad a través de los torbellinos de la memoria en busca de sus más

Prosemas. Revista de Estudios Poéticos, 7 (2022), pp. 71-98. ISSN: 2386-9461


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íntimas iluminaciones» e insistía en la extensa nómina de préstamos


literarios y homenajes:

La experiencia vital, los aspectos autobiográficos, van reves-


tidos de experiencias literarias, acentuándose así la unidad
entre vida y literatura, hasta fusionarse en un yo poético que
supera toda limitación anecdótica (Cortines, 2012).

La presentación de Entreguerras en la Fundación Caballero


Bonald estuvo a cargo de Juan José Téllez. El escritor algecireño
volvió a tratar un aspecto decisivo en los textos memorialísticos de
Caballero Bonald: los límites difusos entre realidad y ficción. Téllez
también insistía en la importancia del lenguaje:

Entreguerras no desliza tan solo sucedidos, acontecimientos


públicos o privados que le marcaron y que se nos antojan a
veces como misteriosos fantasmas que cruzan por las páginas
de este libro. Como la historia de un escritor, en el fondo, se
basa en su lenguaje, lo más evocador de Caballero Bonald,
en este caso, vuelve a ser el rigor de la palabra (Téllez en
Neira, 2021: 113-114).

En cualquier caso, queda muy claro desde el principio que no


existen verdades inmutables ni certezas; solamente la duda permite
avanzar en el conocimiento del mundo y de sí mismo: «cuando ya
nada es cierto sino aquello que incluye / el rango de la duda / la in-
determinación que es el nutriente único / de esa sucinta instalación
de inercias en que consiste la verdad» (Caballero Bonald, 2012: 19).
Entreguerras consta de quince capítulos, y llama la atención el
empleo de este término, más propio de la narrativa. Se trata de un
yo que se busca a sí mismo y es consciente de la dosis de ficción que
lleva consigo la memoria («complejas son y mudadizas las leyes del
Antonio Jiménez Millán

recuerdo / en la memoria coexisten mentiras verdaderas mentirosas


verdades» (Caballero Bonald, 2009: 41). Anotaba Túa Blesa:

Por una parte, este escribirse supone un desdoblamiento


que se hace reiteradamente presente en el poema y por el
cual, se dice, «hablar consigo mismo viene a ser un coloquio
/ entre dos allegados dos personas distintas que apenas si se
PROSEMAS 7

entienden» […]. Un desdoblamiento que es exigencia de la


reflexión y un rasgo de modernidad al erosionar un yo que
ya no puede considerarse monolítico (Blesa, 2012: 14-15).

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Y ya en el primer capítulo, que comienza con el verso «llegué


a Madrid desde el voluble sur», nos sitúa en el ambiente sórdido de
los años de posguerra, habla del miedo, del frío, del hambre y, sobre
todo, de la miseria material y moral impuesta por los vencedores
de una guerra civil:

Y vi también un tremedal de trapos habitables entre


las escombreras
donde las alimañas trataban de medrar con más decoro
que los hombres
y allí estaban los bordes de la herida que los depredadores
infligieron
en los cuerpos los cuerpos los ultrajados maltratados cuerpos
de quienes no aceptaron nunca el vilipendio adicional
de los sumisos
(Caballero Bonald, 2012: 30).

Para Ignacio Garmendia, el lenguaje de Entreguerras es «denso,


riguroso y extraordinariamente elaborado, siempre coherente con
una poética volcada en la exploración permanente de las palabras,
que huye de la frase estereotipada y no teme caer en la oscuridad o

Caballero Bonald: compromiso y rebeldía en los últimos libros de poemas


en el artificio» (Garmendia, 2012: 43). El propio autor reconocía en
una entrevista con Rodríguez Marcos que «no he huido del her-
metismo, llegado el caso»; en esa entrevista se refería una vez más a
su predilección por el barroco:

Para mí, el barroquismo nunca ha sido una complicación


sintáctica o léxica ni una acumulación de bellos términos
para llenar el vacío, sino una aproximación a la realidad a
través de palabras nunca usadas para definir esa realidad. Eso
es el barroco. Algo, por cierto, que conecta con la idea de lo
real maravilloso de Alejo Carpentier, o con el surrealismo
(Caballero Bonald en Rodríguez Marcos, 2012: 4).

No me parece casual esta nueva alusión al barroco, porque


Entreguerras implica un cambio de tono respecto a los tres libros
anteriores (Diario de Argónida, Manual de infractores y La noche no tie-
ne paredes), una vuelta a los códigos lingüísticos que había seguido
Caballero Bonald desde mediados de los años sesenta. Sobre este
hecho inciden Juan Carlos Abril (2018: 400) y Julio Neira (2021:
PROSEMAS 7

111), que también resaltan la gran extensión del libro, inusual en el


panorama de la poesía española contemporánea. En la Nota previa,

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Caballero Bonald explica ciertos detalles referentes a la versificación:


«He procurado que cada uno de los versículos disponga de cierta
“unidad de sentido”, atendiendo así a un mejor acomodo en los
modales receptivos del lector» (Caballero Bonald, 2012: 8). No sabría
decir en qué consisten los «modales receptivos del lector», pero tal
vez Caballero Bonald era consciente de la dificultad de comprensión
que afectaba a Entreguerras, a tono con las experiencias que servían
como punto de partida para el relato: «La experiencia que estaba
descifrando era a veces oscura y el texto también lo es. La poesía es
hermética cuando lo es el mundo que pretende describir, esas pa-
labras que lo identifican» (Caballero Bonald en Rodríguez Marcos,
2012: 4). Pero también hay que tener en cuenta otro aspecto: esa
«nueva configuración de la memoria escrita» (Caballero Bonald,
2012: 42) que persigue este libro no sería posible sin una deforma-
ción previa de la realidad, al modo de Pablo Picasso4:

no sin ser deformada puede la realidad exhibir sus enigmas


dijiste alguna vez persuadido de la conformidad severa
de ese aserto
y lo repites ahora con la misma efusión la misma convicción
que entonces
(Caballero Bonald, 2012: 44).

Dejando al margen las numerosas reflexiones metapoéticas (o


simplemente estéticas: «la belleza es hermética inconsútil esquiva y
sus complejas potestades / jamás serán holladas por los depositarios
de la tradición / jamás podrán valuarla los que ejercen de escribanos
grafómanos / copistas» [Caballero Bonald, 2012: 150]) y la descon-
fianza hacia los procedimientos realistas, Entreguerras mantiene una
crítica sostenida contra los sectores más reaccionarios del país, em-
pezando por el retrato esperpéntico de los próceres del franquismo,
del dictador y sus secuaces («y allí quedaba aquel zafio furibundo
Antonio Jiménez Millán

registrador civil de la victoria / el primus inter pares designado


por el dios principal / de los ejércitos / cuando ya los cansancios
demolían con terquedad / magnánima / los hierros carcelarios /
los trofeos de caza los sillones / frailunos» [Caballero Bonald, 2012:
100]), hasta el resurgimiento de las ideologías conservadoras durante
los gobiernos del Partido Popular. Julio Neira, que hablaba de una
PROSEMAS 7

4 Caballero Bonald hablaba sobre esa tendencia picassiana a la deformación en una


conferencia que impartió en la Fundación - Casa Natal del pintor, en Málaga,
durante el otoño de 1990 (Caballero Bonald, 1990).

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«épica de la resistencia» a propósito de Entreguerras, recordaba el


dictamen de Caballero Bonald acerca de la Transición española, que
él consideraba como un apaño (Neira, 2021: 202). En su ya citada
reseña del libro, Túa Blesa mencionaba la importante presencia de
la dimensión histórica en Entreguerras:

Lo autobiográfico, claro, incorpora lo histórico, con lo que el


poema es también un testimonio de la España contemporá-
nea, un testimonio que es a la vez un pliego de acusaciones
contra quienes pugnan por «descuartizar la vida», los «falsarios
medrosos mojigatos felones petimetres» de ayer y de hoy, los
«biempensantes» de los que se hablaba en el Manual. Pliego
de cargos contra los enemigos de la libertad y de la vida y
defensa del rebelde, del infractor (Blesa, 2012: 15).

Ya al final del libro, en el capítulo decimocuarto, encontramos


una condena radical del intento de golpe de estado que se produjo
el 23 de febrero de 1981: «y uno de aquellos días cuando yo menos
podía escapar a / ningún sitio / caí en la emboscada de uno de esos
mentados hijos de / mala madre / aquel que habiendo consumido el
vino agribastardo de / los viles / traspasó aviesamente el hemiciclo

Caballero Bonald: compromiso y rebeldía en los últimos libros de poemas


donde el ayer apresta / sus venablos / justo en los derredores del
asedio donde nadie creía ya / viable / aquella resurrecta hostilidad
en nombre de la tribu de los siempre invictos» (Caballero Bonald,
2012: 202).
El último libro de poemas que publicó Caballero Bonald,
Desaprendizajes, fue editado por Seix Barral en marzo de 2015.
El autor tenía entonces 88 años. El título se puede rastrear en de-
terminados versos situados en libros anteriores: «¡Cuánto he des-
aprendido desde entonces!» (en el poema titulado, precisamen-
te, «Desaprendizaje», de La noche no tiene paredes), o «soy el que
decidió de grado desaprender lo consabido» (Entreguerras). Ya en
Desaprendizajes, hay un texto que lleva el mismo título del libro
(«Todavía estás a tiempo de comenzar a reconstruir tu casa, reescribir
tu historia, desaprendiendo al fin lo consabido» [Caballero Bonald,
2015: 79]), y algunas secuencias refuerzan esa idea central: «Difícil es
y acongojante desaprender lo aprendido hasta alcanzar la disyunción
consoladora que retrotrae al seno prenatal de los conocimientos», se
PROSEMAS 7

lee en «Prenatal sabiduría» (Caballero Bonald, 2015: 29).

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El libro consta de noventa y un poemas en prosa, pero, cuando


se presentó en Madrid, Caballero Bonald dijo que se trataba de
«unos poemas dispuestos tipográficamente como si fueran prosa»:
para él, lo fundamental no era la disposición tipográfica sino el rit-
mo interno de los poemas. Inevitablemente surge la relación con
Laberinto de Fortuna (1984), y Felipe Benítez Reyes ha matizado con
acierto ese enlace:

En Desaprendizajes, el último libro suyo, publicado en 2015,


vuelve al poema dispuesto en prosa, lo que lo vincula con
Laberinto de Fortuna, aunque se trataría de un vínculo que
afecta a lo aparente: aquí, frente a la combinación de pro-
cedimientos poéticos y narrativos en que se fundamentaba
Laberinto de Fortuna, se impone un registro cercano a lo en-
sayístico […]. La sujeción de la frase a un patrón métrico
resulta perceptible, aunque con mayor distensión que en las
composiciones de Laberinto de Fortuna, en las que ese patrón
resultaba prácticamente invariable.
Hay en Desaprendizajes una atención a lo reflexivo, pero
también —como no podía ser menos— a lo alucinatorio, al
pensamiento en vuelo libre (Benítez Reyes, 2022: 42).

También apunta Felipe Benítez Reyes una paradoja que atraviesa


todo el libro: la creencia en las posibilidades del lenguaje y, al mismo
tiempo, la desconfianza en ese mismo lenguaje como vehículo para
expresar lo inefable. Es una tensión que ya se atisba en el primer
poema, «Prodigioso abismo», donde el autor se pregunta si logrará
alcanzar alguna vez «lo más complejo: la concordancia entre lo in-
suficiente y lo absoluto» (Caballero Bonald, 2015: 11) y establece
un contraste entre luz y oscuridad que va a aparecer en otros textos,
igual que la dialéctica orden / [Link] ello se integra en una
constante interrogación acerca de la realidad, que Juan Carlos Abril
Antonio Jiménez Millán

sitúa como núcleo central de Desaprendizajes:

La realidad se plantea así como una de las grandes vetas


temáticas del libro, o matriz de la que dimanan el resto de
problemáticas. El poeta aprovecha el resbaladizo concepto de
realidad para adentrarse en la metapoesía, en las reflexiones
autorreferenciales y en los continuos trasvases que se esta-
PROSEMAS 7

blecen a partir del hermetismo, la figuración y la capacidad


sígnica y simbólica de las palabras (Abril, 2018: 415).

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A partir de esa indagación se puede entender mejor, según mi


punto de vista, la insistencia de Caballero Bonald en conceptos como
lo irreal, lo invisible o lo desconocido. Así, en «Toca la mano el mundo»:

Toda emoción tangible se parece a una herida: convierte en


cicatriz su propensión a hurgar en las texturas mistéricas del
fondo. Huelga decir que quienes logran la potestad de tocar
lo invisible serán un día como dioses (Caballero Bonald,
2015: 18).

El constante descrédito de la realidad —en su sentido tal vez más


superficial, más inmediato— es uno de los rasgos característicos de
la obra del escritor jerezano. Otro texto que se titula con una cita
de San Juan de la Cruz, «Y quedeme no sabiendo», asocia la reali-
dad con la decepción y los rituales adustos, para introducirnos en
un territorio no definido:

La indeseada provisión de lo explícito se contradice con lo


gestado en anhelantes cómputos del sueño, pues la desave-
nencia con lo real avala la avidez de penetrar en lo irreal,
tendiendo entre sus vértices la ambigua seducción de lo
entrevisto (Caballero Bonald, 2015: 19).

Caballero Bonald: compromiso y rebeldía en los últimos libros de poemas


Más explícito es todavía el «Elogio de lo irreal»: «Cuando todo
lo que es hermético fermenta y se desborda como una levadura, es
llegada la hora del desprestigio de la razón» (Caballero Bonald, 2015:
33). Un desprestigio que confirma la inutilidad de cualquier dogma
o certeza; igual que sucedía en los libros inmediatamente anteriores,
la duda se presenta como el único método de conocimiento: «Pero
aquí no hay respuestas, solo preguntas imprecisas, volubles, proviso-
rias. Nada es palmario ni veraz, todo es versátil y azaroso» («Sobre la
eficacia de la duda» [Caballero Bonald, 2015: 17]). En otro momento
se nos habla de la insuficiencia del lenguaje común para abordar lo
no visible. Así, en «Retórica y poética»:

Porque, ¿cómo usar palabras ya reconocibles para nombrar


lo que solo concuerda con lo no conocido? […].Verdura de
las eras, las palabras se gastan, se malogran, cambian de sen-
tido conforme se desvían de sus fuentes, alteran su significa-
do según las pertenencias que designan (Caballero Bonald,
PROSEMAS 7

2015: 67).

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En esa línea se sitúa «Razonado desorden», un homenaje a


Rimbaud en el que reaparecen algunos temas y símbolos recurrentes
en la obra de Caballero Bonald, como las puertas condenadas (otro
poema de Desaprendizajes lleva el título «Puerta condenada») o las
zonas prohibidas de la experiencia. De fondo, el tiempo de los asesinos
y también la famosa «Carta del vidente» (1871), aquella misiva de
Rimbaud a Paul Demény en la que afirmaba que el poeta debía
convertirse en un vidente a través de un largo, inmenso y razonado
desarreglo de todos los sentidos, pues solamente así sería capaz de llegar
a lo [Link] cómo una posible influencia de juventud se
convierte en un asidero, ya en plena madurez:

Allí está la misericordia del veneno que concierne a los vi-


dentes taciturnos, a los hijos del extravío, a los atormentados
vendedores de su alma, pues ¿quién entre todos los incapaces
de saberlo merece el don de la supervivencia? Lo intransi-
table de la historia nos impide volver al peligroso punto de
partida: he aquí la casa de los victimarios, he aquí el tiempo
de los asesinos (Caballero Bonald, 2015: 30).

En «Alquimia del verbo», Rimbaud destacaba el valor de la


alucinación dentro de su proceso creativo. Algunos poemas de
Desaprendizajes exploran esa vía: así, en «Cambian de forma los ob-
jetos», un título que se debe a la rima lxxi de Bécquer, se dice que las
palabras «poseen ya un ingrediente alucinatorio, no responden a sus
significantes, pero ensanchan prodigiosamente las fisuras por donde
amaga el artefacto revelador» (Caballero Bonald, 2015: 44). Un poe-
ma clave dentro de la reflexión metapoética del libro, «Literaturidad»,
se plantea en estos términos la función de la escritura:

¿A qué lectura se refiere entonces esa fundante jurisdicción


de la escritura? No desde luego al campo informativo de los
Antonio Jiménez Millán

signos, no a la suprema urdimbre coloquial ni a la siempre


indigente demanda de la trama, no a nada que no sea la nu-
trición interna del idioma, esa secreta actividad de las pala-
bras que no depende más que de su capacidad penetradora
en el solar de lo desconocido (Caballero Bonald, 2015: 49).

Frente a la capacidad creadora del lenguaje —un factor positivo,


PROSEMAS 7

a pesar de las ya reconocidas limitaciones—, Desaprendizajes sigue


proyectando una visión negativa de la historia, y más aún de los
episodios recientes. En los tres años que median entre la publicación

Prosemas. Revista de Estudios Poéticos, 7 (2022), pp. 71-98. ISSN: 2386-9461


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de este libro y el anterior se produjo en España un recorte cada vez


mayor de los derechos sociales y, simultáneamente, un desmedido
aumento de los casos de corrupción política. Según Julio Neira,
se observa en Desaprendizajes «una mayor presencia de temática
social y política que en libros anteriores», y, sobre todo, «también
se manifiestan las trágicas consecuencias de la crisis económica: la
pobreza extendida en amplias capas de la sociedad, que nos retrotrae
a décadas anteriores supuestamente superadas para siempre» (Neira,
2021: 115-116).
«Su oscuridad, su luz» enlaza con algunos poemas que Caballero
Bonald escribió a comienzos de la década de los sesenta («Color lo-
cal», «Contrahistoria andaluza») a través de la crítica del andalucismo
superficial y folclórico, de unos tópicos que han sido utilizados por
las instancias políticas a lo largo de la historia:

Vengo de una tierra que nunca ha sido capaz de atajar los


escarnios perpetrados por sus propios moradores. Vilezas e
imposturas que se han trasmitido como lacras endémicas hasta
hoy mismo, en una gradual propagación contaminante. Gente
soez que de la religión hace una treta y de la vanagloria un
catecismo; gente que enarbola la egolatría a modo de trofeo

Caballero Bonald: compromiso y rebeldía en los últimos libros de poemas


y gusta de mostrar su condición como sostén de la banalidad
[…]. El majadero es allí un cofrade eminente, y el badulaque
el jefe de la tribu (Caballero Bonald, 2015: 14).

Frente a esa imagen se reivindica otra manera de sentirse andaluz,


mucho más austera e incluso melancólica, que el autor asume a partir
de la herencia de Antonio Machado, de Juan Ramón Jiménez, de
Federico García Lorca o de Luis Cernuda; el título (y el cierre del
texto) recuperan, precisamente, un verso de Cernuda, «Su oscuridad,
su luz, son bellezas iguales», el último del poema «Quisiera estar solo
en el Sur», perteneciente al libro Un río, un amor (1929): «La verda-
dera contrapartida coincide con la índole de los ensimismados, los
introvertidos, los melancólicos, únicos pobladores legítimos de esa
tierra tan de continuo maltratada» (Caballero Bonald, 2015: 14). En
otra dimensión, «Mater Terra» vuelve a ese territorio mítico que ya
era reconocible en los poemas de Descrédito del héroe y en la novela
Ágata ojo de gato: la región de Argónida / Doñana, «la tierra madre
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que aniquila a todo aquel que pretende ultrajarla», para denunciar


a los sucesivos depredadores y advertir que la naturaleza terminará

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imponiéndose a todos los que pretenden violentarla (Caballero


Bonald, 2015: 47).
En Desaprendizajes, la crítica más insistente y ácida se dirige,
nuevamente, contra la «sempiterna reacción» española: «Vuelve a
oírse el tropel irremediable de clérigos, prebostes, patriotas conve-
nientemente adiestrados en la eliminación de discordantes» («Llegan
desde el futuro» [Caballero Bonald, 2015: 39]); los lacayos y los beatos
reaparecen en «Seguridad ciudadana», que alude a la llamada Ley
Mordaza impuesta por el gobierno del PP; la alianza entre clérigos y
militares es denunciada en «Alrededor de la rutina» y en «Ciudad de
sectarios», un lamento por la evolución negativa de Madrid durante
las últimas décadas. La constatación de la miseria y de la margina-
lidad se hace evidente en «Hay un hambre de garfios oxidados» y
«Los mendigos transportan sus pertrechos».
Y vamos a terminar hablando de la intertextualidad. En este últi-
mo libro de Caballero Bonald hay algunos textos dedicados a poetas
de su generación: «Desposesión», a Alfonso Costafreda; «Del centro
de la piedra», a José Ángel Valente; «Instalación en la nocturnidad»,
a Ángel González. Pero el repertorio de homenajes y préstamos li-
terarios es amplísimo; abarca desde Quevedo («Una pluma canora,
un canto alado») y Góngora («Soledades», «El retrato»: este último
se centra en el retrato que le hizo Velázquez), hasta Rimbaud (ya
analizamos «Razonado desorden»), Mallarmé («He leído todos los
libros»), Antonio Machado, Pablo Neruda o Carlos Edmundo de
Ory. A Valle-Inclán se le recuerda a través de uno de sus más célebres
personajes: Max Estrella («Raya de la vida»).Todos estos homenajes
confirman la profunda unidad entre vida y literatura característica
de la obra de José Manuel Caballero Bonald, que salió ganando con
el paso del tiempo: como escribió Luis García Montero a propósito
de Diario de Argónida, es la enseñanza de la lucidez (García Montero,
2006: 203).
Antonio Jiménez Millán
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