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Lección 26

Este documento describe la teoría de la ley natural según Santo Tomás de Aquino. Explica que la ley natural es la participación de la ley eterna en la criatura racional, y que tiene preceptos primarios, secundarios y terciarios con diferentes niveles de universalidad e inmutabilidad. También resume brevemente la perspectiva franciscana de la ley natural.

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  • realidades singulares,
  • bondad objetiva,
  • participatio,
  • ordenamiento jurídico,
  • nominalismo,
  • realidades abstractas,
  • filosofía,
  • intelectualismo,
  • teología,
  • Tomismo
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Lección 26

Este documento describe la teoría de la ley natural según Santo Tomás de Aquino. Explica que la ley natural es la participación de la ley eterna en la criatura racional, y que tiene preceptos primarios, secundarios y terciarios con diferentes niveles de universalidad e inmutabilidad. También resume brevemente la perspectiva franciscana de la ley natural.

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Dº Natural

Lección XX VI

LECCIÓN XXVI

EL IUSNATURALISMO ESCOLÁSTICO

I) SANTO TOMÁS DE AQUINO

Es el más destacado y conocido pensador medieval, constituyó el primer “sistema” filosófico, y fue el primero en
articular una doctrina completa acerca de la ley natural. Con él llega el apogeo de la Escolástica, filosofía que se
inicia en el Siglo XII y que entra en decadencia en el Siglo XIV, para resurgir en el Siglo XVI, hoy en día se
conoce como neoescolástica. Dentro del pensamiento escolástico las aportaciones de Santo Tomás son tan
importantes que su pensamiento y al de sus propios seguidores se le conoce con el nombre de “Tomismo”.

II) CONCEPTO Y CONTENIDO DE LA LEY NATURAL

1.- Concepto

Santo Tomás conserva la estructura trimembre de la Ley que ya había expuesto San Agustín. Y como éste parte de
la Ley Eterna a la que asigna una función gobernadora del universo, definiéndola como “la razón de la divina
sabiduría en cuanto que dirige todos los actos y movimientos”. La ley eterna afecta a las criaturas, pero opera
sobre los seres según la peculiar naturaleza de cada uno y, cuando del hombre se trata, su naturaleza racional y
libre hace que esa ley se aplique a él en consonancia con esa doble condición. O de otro modo: siendo la ley eterna
un principio ordenador que imprime en las cosas unos fines y tendencias de acuerdo con el orden universal, al
manifestarse en el hombre imprimirá en su naturaleza, de igual manera, unos fines y tendencias, mas con la
diferencia de que éste, por ser racional, los conoce como grabados en su propia estructura ontológica.

Mientras los seres no humanos cumplen la ley eterna de un modo fatal y estrictamente necesario, (por ejemplo la
inexorabilidad de las leyes físicas, biológicas, etc...), el hombre por el contrario, y por su racionalidad, adopta ante
la ley eterna una posición activa que Santo Tomás concreta en el concepto de participatio , al conocer la ley eterna
el hombre puede participar de ella, y esa participación es lo que para él constituye la ley natural, que se definiría
entonces como “la participación de la ley eterna en la criatura racional”. Para Santo Tomás la ley positiva es la
creada por los hombres.

2.- Contenido

La cuestión del contenido de la ley natural se plantea en Santo Tomás desde un doble punto de vista:

- Cuantitativo: dependiendo del mayor o menor número de preceptos que comprende.


- Cualitativo: carácter o cualidades que presentan dichos preceptos.

Desde el punto de vista cuantitativo:

Santo Tomás llega a la determinación de los preceptos de la ley natural a partir de la naturaleza humana, en la que
se descubren unas tendencias básicas a las que lógicamente deben adecuarse los mandatos y prohibiciones de la
ley natural. Para determinar las normas de la ley natural habrá que considerar esas tendencias fundamentales y
deducir de cada una de ellas los preceptos correspondientes. Son las tres siguientes:

a) Tendencia a la conservación del propio ser: tendencia que el hombre comparte con todas las criaturas,
pues “todos los seres apetecen su conservación conforme a su propia naturaleza”. De aquí que pertenecen
a la ley natural todos los preceptos que contribuyen a conservar la vida del hombre y a evitar sus
obstáculos, por ejemplo el precepto que ordena preservar la vida y prohibir el homicidio.

b) Tendencia a la conservación de la especie: Se da en los seres vivos y de esta tendencia se derivan todos
los preceptos relativos a la procreación y a las relaciones familiares.

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Lección XX VI

c) Tendencia a conocer la verdad y a vivir en sociedad: esta inclinación ya no la comparte con el hombre
ningún otro ser vivo, ya que es específica suya de acuerdo con su naturaleza racional y social. De esta
tendencia se desprenden todos aquellos derechos relativos a la perfección intelectual del hombre y a sus
relaciones dentro del ámbito de la comunidad, en lo que se refiere a la conexión entre la autoridad y los
súbditos.

3.- Carácter de los preceptos de la ley natural

Hay que partir de la distinción entre el entendimiento especulativo y el entendimiento práctico, que son dos modos
de operar del único entendimiento. Tanto el entendimiento especulativo como el práctico operan de la misma
manera, se apoyan en un principio supremo, extraen de él unas conclusiones inmediatas y éstas a su vez, nuevas
conclusiones.. En cada nuevo escalón de conclusiones debe atenderse a la veracidad y a la evidencia.

En el proceso deductivo del entendimiento especulativo se parte del principio de contradicción: “Nada puede ser y
no ser al mismo tiempo”, la verdad contenida en el principio de contradicción, que es de carácter axiomático, se va
transmitiendo a las conclusiones sucesivas. La veracidad se mantiene siempre. Por el contrario, la evidencia (la
claridad de las sucesivas deducciones) va disminuyendo en los sucesivos momentos del proceso.

En el proceso deductivo del entendimiento práctico no sólo disminuye la evidencia, sino que también es menor la
veracidad. Si partimos del principio supremo “Haz el bien y evita el mal”, en las primeras conclusiones, o
preceptos primarios, derivadas del principio supremo derivadas del entendimiento práctico, son evidentes y
verdaderas para todos. En los preceptos secundarios, extraídos de los anteriores, puede fallar tanto su evidencia
como su veracidad, y en los preceptos terciarios, su veracidad y su evidencia son mínimos.

El entendimiento práctico, por consiguiente, opera de modo mucho menos rígido, de manera más flexible que el
especulativo, por la simple razón de que su área de acción es la zona de lo contingente, de manera que a su proceso
deductivo le afecta con bastante menor rigor la necesidad lógica que preside.

La ley natural pertenece al orden práctico, y hay que distinguir en ella unos preceptos primarios, que son
conclusiones obtenidas a partir del principio supremo, que son evidentes para todos y verdaderos en todas las
circunstancias; y unos preceptos secundarios, que son extraídos de los anteriores, pero en los que ya puede fallar
tanto su evidencia como su veracidad. Habría unos preceptos que se podrían llamara terciarios, que se obtienen a
partir de los secundarios, estos ya no están al alcance de la mayoría, su veracidad y sobre todo su evidencia son
mínimas, ya que tales conclusiones exigen una mayor complejidad racional, o como dice Santo Tomás, sólo se
obtienen “después de atenta consideración a los sabios” y requieren “una gran ponderación de las diversas
circunstancias, la apreciación de las cuales no está al alcance de cualquiera, sino de los hombres ilustrados”.

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Lección XX VI

III) UNIVERSALIDAD E INMUTABILIDAD DE LA LEY NATURAL

Cuando Santo Tomás define la ley natural como la “participación de la ley eterna en la criatura racional” se refiere
a la naturaleza humana. Ahora bien, la naturaleza humana es una para todos los hombres. Esto es lo mismo que
afirmar que la ley natural es la misma en todo lugar(unidad en el espacio)=UNIVESALIDAD y la misma en todo
tiempo (unidad en el tiempo)=INMUTABILIDAD.

UNIVERSALIDAD

Santo Tomás utiliza una vez más la distinción entre preceptos primarios, secundarios y terciarios a la hora de tratar
esta característica..

Así pues los preceptos primarios tienen una generalidad absoluta, es decir, tienen vigencia sin excepción para
todos los hombres de cualquier lugar porque es muy elevado el grado de evidencia y veracidad. En cambio en los
preceptos secundarios puede fallar la veracidad y la evidencia, por lo que su universalidad es relativa. En los
preceptos terciarios la universalidad disminuirá aún más en los preceptos terciarios.

INMUTABILIDAD

A la pregunta de sí una ley natural puede cambiar sus preceptos o es siempre la misma, Santo Tomás acude de
nuevo a la distinción entre preceptos primarios y secundarios. Pero antes establece dos formas de mutación:

Mutación por adición: añadiendo a la ley natural algún nuevo precepto. Santo Tomás considera siempre posible
este tipo de mutación, dejando siempre abierta la posibilidad de nuevos preceptos naturales.

Mutación por sustracción: es cuando algo que antes era ley natural deja de serlo. Santo Tomás niega esta mutación
de forma contundente por lo que toca a los preceptos primarios, solamente admitiéndola para los secundarios, pero
sólo en algunos casos y supuestos particulares, ya que en la mayoría persiste inmutable aún en dichos preceptos
secundarios.

IV) LA ESCOLÁSTICA FRANCISCANA

Cuando en 1209, San Francisco de Asís funda su orden, aspira a inculcar a sus discípulos una religiosidad centrada
en la sencillez y en la pobreza, sin pensar en una dimensión intelectual. Sin embargo, por una serie de
circunstancias, los franciscanos acabaron por dedicarse intensamente al estudio y a la enseñanza, regentando
cátedras en Oxford y París. En la Universidad de París también profesaban los dominicos, en un principio hubo
concordancia doctrinal entre ambas órdenes pero antes de terminar el Siglo XIII se manifestó una rivalidad que
llevó a los franciscano a posiciones críticas y en bastantes ocasiones contrarias a las tesis tomistas. Las
discrepancias eran inevitables, ya que unos y otros cimentaron sus respectivas filosóficas sobre puntos de partida
esencialmente diversos. El tomismo se basa fundamentalmente en Aristóteles, el franciscanismo opta por la
tradición platónico-agustiniana. Esta diferente inspiración llevará a ambas escuelas a conclusiones muy distintas
en diversos temas, pero en especial en el problema del intelectualismo y voluntarismo de la ley.

V) INTELECTUALISMO Y VOLUNTARISMO EN LA LEY

El problema del intelectualismo y voluntarismo en la ley no es una cuestión que aparezca por primera vez en el
siglo XIII y XIV, tampoco es una cuestión meramente teórica, sino que trasciende el orden práctico. De la actitud
que se adopte depende toda la legalidad tanto la natural como la positiva, es decir del ordenamiento jurídico en
general.

Intelectualismo y voluntarismo son posturas filosóficas. Se considera el intelectualismo como toda postura
filosófica que considera que el entendimiento ostenta en la actividad humana una supremacía sobre cualquier otra
potencia, especialmente sobre la voluntad. El voluntarismo afirma la supremacía de la voluntad sobre las demás
facultades, especialmente sobre el entendimiento.

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Lección XX VI

Trasladado el problema del intelectualismo y voluntarismo al ámbito de la ley, la cuestión se plantea en los
siguientes términos:

- Si el legislador del derecho al crear la norma dicta sus disposiciones porque previamente reflexiona y
conoce la bondad o maldad respectiva de los actos mandando realizar objetivamente buenos y
prohibiendo los objetivamente malos, estaremos ante el intelectualismo jurídico.

- Esta postura se expresaría así: “lo que se manda, se manda porque es bueno, lo que se prohibe, se veta
porque es malo”.

- Si el legislador dicta sus mandatos o prohibiciones libérrimamente, según su voluntad (pero sin un
concienzudo análisis previo de la bondad o malicia de las conductas), estaremos ante el voluntarismo
jurídico, que puede expresarse así: “un acto es bueno porque está mandado y es malo porque está
prohibido”.

La postura intelectualista responde a una estructura ética previa (el derecho responde a la bondad objetiva previa
de los hechos).

En la postura voluntarista la función del derecho es la de crear un orden jurídico y a la vez instaurar además un
orden ético (es bueno lo que se manda por el hecho de estar mandado).

Los intelectualistas consideran que la tesis voluntarista nos conduce al autoritarismo e incluso al absolutismo y
dictadura: “la ley es la que conviene al príncipe (al legislador)”.

Los voluntaristas consideran que el intelectualismo conduce a la anarquía, dado que pude perderse en
consideraciones éticas sin llegar a concretar un mandato (imperium), puesto que el “imperare” es un acto propio y
exclusivo de la voluntad.

Los riesgos que postulan una y otra tendencia implican aceptar una posición intermedia que fue expuesta
posteriormente en el siglo XVII por Francisco Suárez. Se trata de la posición raciovoluntarista, cuyo precursor
podemos decir que fue San Agustín, al definir la Ley Eterna como “razón o voluntad divina”.

VI) DUNS ESCOTO

Juan Duns Escoto es el primero de los dos autores más destacados de la escolástica franciscana. Nació en Escocia
y vivió entre los años 1265 y 1308.

Es el primer franciscano opuesto al tomismo, y donde mejor se hace notar su discrepancia en la postura
voluntarista que adopta frente al intelectualismo de Santo Tomás. Escoto considera peligrosa la postura
intelectualista para alcanzar la perfección cristiana. Él dice que se corre el riesgo de que el hombre, buscando sólo
conocimiento de Dios, descuide el amor. Pero es el amor a Dios y no su contemplación intelectual lo que
justificará y salvará al hombre. Como el amor es un acto de voluntad de ahí su voluntarismo.

Escoto parte de la doctrina denominada “contingentismo físico” que no sólo lo establece respecto al hombre sino
que Dios – dice – al crear las cosas no las creó como son porque fueran racionales (racionalmente buenas), sino
que son buenas (y por tanto racionales) porque Dios quiso crearlas así. Lo que supone que Dios pudo crear las
leyes físicas de la naturaleza distintas de las actuales e incluso contrarias. Por lo tanto lo que hoy consideramos
necesario fue contingente en el momento de la creación.

Del mismo modo que el contingentismo físico se puede hablar del contingentismo moral. Para Escoto todo el
mundo moral que constituye el contenido del derecho natural (el Decálogo incluido) es como es, pero pudo ser de
otro modo si así lo hubiese querido Dios. La voluntad de Dios es, por tanto, la única causa determinante de los
preceptos naturales.

Al igual que en el orden físico, todo ser o naturaleza depende exclusivamente de esa voluntad, en el orden de la
moral todo depende del libérrimo querer divino. Y tanto es así que Dios pudo hacer que el robo o la mentira fueran
acciones buenas con sólo haber ordenado tales conductas, o que fuera malo el amor a los pobres si Él lo hubiera
prohibido. La bondad o la malicia de las cosas no es algo implícito en ellas, sino que es algo adventicio: depende
de que Dios lo haya querido de una u otra manera.

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Duns Escoto limita el contingentismo moral a la llamada Segunda Tabla del Decálogo (es decir, los preceptos que
regulan relaciones del hombre con el prójimo, pero no afectan a la Primera Tabla, o preceptos que regulan la
relación del hombre con Dios). Los tres primeros mandamientos, entiende que nunca pudieron ser distintos, pues
Dios nunca podrá ordenar el odio a si mismo.

En definitiva para Escoto toda ley natural se reduce a una voluntad, pero al establecer la tesis también para la ley
positiva, su posición queda abierta al voluntarismo, no sólo teórico sino también de las leyes humanas. El derecho
natural se deduciría de los tres primeros preceptos de la Primera Tabla.

VII) GUILLERMO DE OCKHAM Y EL TRÁNSITO A LA MODERNIDAD

Duns Escoto había abierto el camino a la crítica al tomismo y había aumentado la separación entre Teología y
Filosofía, pero en el Siglo XIV Guillermo de Ockham (1295-1359), también inglés y franciscano llegó mucho más
allá con sus incisivos escritos y su actitud mucho más radical. Sometió a revisión la doctrina escotista, llegando
hasta las últimas consecuencias a las que quizá Escoto no se atrevió a llegar.

Parte como Escoto de una posición radicalmente voluntarista: Dios puede hacer lo que quiera, pues sería
contradictorio con su esencia suponer que la voluntad divina actúa condicionada previamente por algo. Pero
Ockham no se detiene ante las consecuencias de su doctrina por absurdas que pudieran parecer, por ello afirma
que, si Dios puede hacer todo cuanto quiera, podría haber venido a este mundo en forma de piedra, o de asno.
Como se puede observar el contingentismo físico es en él extremo. Toda naturaleza es contingente, todo ser ha
podido tener una naturaleza distinta de la que posee.

Al igual que en Escoto, del contingentismo físico se sigue el contingentismo moral. Este es en el caso de Ockham
mucho más acusado que en Escoto, puesto que según Ockham afecta también a los preceptos de la primera tabla
del Decálogo. Cuando se habla de robo o adulterio en la actualidad, se quiere decir que tales comportamientos no
debemos realizarlos porque así lo quiere Dios, pero si tales comportamientos estuvieran mandados por Dios
podríamos realizar tales conductas considerándolas como buenas. Más aún, Ockham no ve razón alguna por la que
Dios no hubiera podido, si esa fuera su voluntad, ordenar el odio hacia sí mismo: “Dios puede mandar que la
voluntad del ser creado le odie a Él).

Las consecuencias del radicalismo de Ockham se proyectan necesariamente sobre el Derecho Natural: Según
Ockham no existe realmente el derecho natural. El derecho natural no puede derivares a partir de la naturaleza de
las cosas, dado que todas las cosas son contingentes, con lo que bajo ningún concepto podríamos hablar de la
existencia de una ley natural inmutable.

Pero es que en Ockham ni siquiera puede darse aquel mínimo de derecho natural que se salvaba en Escoto (el
referido a los preceptos de la primera tabla del Decálogo), puesto que incluso estos últimos preceptos son de
carácter contingente. Se puede decir, estrictamente hablando, que es prácticamente imposible hablar de derecho
natural en Ockham. En realidad ha sido sustituido por un “voluntarismo (positivismo) teónomo”. En los siglos
posteriores aparecieron posturas similares a ésta.

Ockham representa la ruptura con la filosofía escolástica tradicional, y con un espíritu revolucionario y crítico que
supone el tránsito a la modernidad.

El espíritu que inspira Ockham se manifiesta también por su nominalismo. Hasta Santo Tomás las realidades
singulares se integran en unidades superiores que llamamos “universales” (es decir las especies que se integran en
géneros). Con anterioridad se habían producido algunas posturas nominalistas: Roscelino en el Siglo XII afirmó
que los conceptos son sólo “flactus vocis” (soplos de voz) (berborrea), o simples sonidos sin corresponderse con
realidad alguna. Las únicas realidades son las concretas y singulares. Escoto adoptó una postura de equilibrio entre
el realismo y el nominalismo (postura próxima a Santo Tomás).

Ockham vuelve radicalmente a la antigua tesis de Roscelino: los géneros y las especies no tienen realidad alguna
ni en las cosas ni en la mente divina, sino que son meros conceptos o modos de designación de los caracteres
comunes que apreciamos en seres análogos, son simplemente “nombres” nomina, que damos a las cosas análogas.
Así aquel universo ordenado se atomiza en una pluralidad inatacable de realidades particulares rompiéndose la
visión unitaria y jerarquizada del mundo.

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Pero si no existen los universales en la realidad, el único conocimiento verdadero será el de los seres concretos y
singulares, que son sólo los realmente existentes. Por eso Ockham desconfía de la ciencia especulativa, que se
funda en el presunto conocimiento de realidades abstractas (posición antimetafísica) y de ahí que se incline por las
ciencias empíricas, que se basan en la intuición concreta e inmediata de lo singular.

En cuanto a la separación entre filosofía y teología, Ockham va más allá que Escoto. De Dios no podemos tener un
conocimiento directo, como lo tenemos de las realidades singulares, por lo que hemos de conformarnos con lo que
se contiene en la Revelación y nos enseña la fe, la teología no es ciencia racional ya que las verdades de fe no
pueden conocerse de modo intelectivo.

Voluntarismo, nominalismo, separación de filosofía y teología. Es innegable que Ockham realizó una auténtica
revolución filosófica que no dejará de influir en el futuro inmediato. No sólo acaba con la filosofía medieval, sino
que también se inicia la vía modernorum. En lo que se refiere al terreno jurídico, su voluntarismo anuncia las
posiciones positivistas posteriores, así como ciertas tesis del iusnaturalismo racionalista. El pensamiento
protestante será tributario de las doctrinas de Ockham.

Common questions

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Santo Tomás de Aquino define la Ley Natural como 'la participación de la ley eterna en la criatura racional', destacando que la ley eterna es un principio organizador que imprime fines y tendencias a las cosas en el orden universal. En los seres racionales, como los humanos, esta ley se manifiesta en su naturaleza, siendo conocida y comprendida por ellos a través de la razón. De esta forma, los humanos participan activamente de la ley eterna, en contraste con otros seres que la cumplen de manera necesaria y fatal .

Santo Tomás mantiene una visión ordenada y jerarquizada del universo, en la que la ley natural y su conocimiento derivan de la participación del hombre en la ley eterna, reflejando una síntesis entre fe y razón. En cambio, Guillermo de Ockham rompe con esta estructura al adoptar el nominalismo y radicalizar el voluntarismo, introduciendo el elemento de contingencia en el orden natural y moral. Ockham desmantela las certezas del tomismo, subrayando un universo plural, particular y contingente, anticipando una filosofía más crítica y empírica que prefigura el pensamiento moderno .

El voluntarismo critica al intelectualismo por el riesgo de llevar a la anarquía, al depender en exceso de consideraciones éticas abstractas sin concretar un mandato, mientras que el intelectualismo acusa al voluntarismo de conducir al autoritarismo y absolutismo, dado que reduce el bien a lo que es ordenado por la autoridad. Para superar esta dicotomía, Francisco Suárez propuso en el siglo XVII una posición intermedia denominada raciovoluntarismo, donde la Ley Eterna se define como "razón o voluntad divina," integrando elementos de ambas posturas .

Duns Escoto adopta una postura voluntarista que desafía el intelectualismo tomista al afirmar que la bondad de las acciones no es inherente a ellas, sino que depende de la voluntad de Dios. Según Escoto, Dios no crea las cosas porque sean racionalmente buenas; son buenas porque Dios decide crearlas así. Esto implica que lo que es considerado moralmente necesario fue alguna vez contingente. Para Escoto, incluso los preceptos naturales, como los del Decálogo, fueron determinados por la voluntad divina y podrían haber sido distintos .

Mientras Duns Escoto limita el contingentismo moral a los preceptos de la Segunda Tabla del Decálogo, argumentando que la voluntad de Dios determinó sus contenidos, Guillermo de Ockham lleva esta idea más allá, aplicándola incluso a los preceptos de la Primera Tabla. Ockham sostiene que incluso los mandamientos referidos a la relación del hombre con Dios son contingentes, pues si Dios hubiese querido, podría haber ordenado lo contrario. Esta perspectiva radicaliza el voluntarismo de Escoto, sugiriendo la plena dependencia de toda ley moral de la voluntad divina .

Santo Tomás de Aquino distingue entre el entendimiento especulativo, que se basa en el principio de contradicción, y el entendimiento práctico, que parte del principio supremo 'Haz el bien y evita el mal'. Mientras que ambos tipos de entendimiento extraen conclusiones a partir de principios supremos, el especulativo mantiene una veracidad constante, aunque su evidencia puede disminuir, mientras que el práctico opera más flexiblemente al confrontar lo contingente, resultando en una menor rigidez lógica y afectando así las conclusiones derivadas de la ley natural .

Para Santo Tomás de Aquino, la ley natural es universal e inmutable porque la naturaleza humana es una y la misma en todos los hombres, en todo lugar y tiempo. Esto significa que los preceptos de la ley natural son igualmente válidos para toda la humanidad (universalidad) y permanecen constantes a lo largo del tiempo (inmutabilidad). Esta estructura unifica su concepto de ley natural como participación de la ley eterna en la criatura racional .

Guillermo de Ockham promovió una visión nominalista radical, sosteniendo que los universales no tienen existencia real sino que son meros conceptos designativos. Esto fragmenta la visión unitaria y jerarquizada del mundo, limitando el conocimiento confiable a los seres concretos y singulares. Ockham desconfía de la ciencia especulativa fundada en realidades abstractas y favorece las ciencias empíricas que se basan en la intuición de lo particular, separando aún más filosofía y teología al insistir que de Dios solo puede conocerse lo que revela la fe .

La concepción de la ley natural de Santo Tomás se centra en el racionalismo en el cual el entendimiento humano participa en la ley eterna, actuando según su naturaleza racional. Esto se relaciona con el intelectualismo escolástico, donde el derecho responde a la bondad objetiva de los hechos, presuponiendo que las leyes naturales son descubiertas por la razón humana debido a su carácter evidente y veraz. El intelectualismo sostiene que las acciones son buenas o malas en función de sus propias cualidades, descubiertas por el intelecto .

Los preceptos primarios de la ley natural son aquellos derivados directamente del principio supremo 'Haz el bien y evita el mal', y son evidentes y verdaderos en todas las circunstancias. Los preceptos secundarios se extraen de los primarios, pero en ellos puede fallar tanto la evidencia como la veracidad. Finalmente, los preceptos terciarios tienen un grado mínimo de veracidad y evidencia, requiriendo una mayor complejidad racional y están al alcance solo de los 'sabios' tras una cuidadosa consideración .

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