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Palabra Experta

El documento habla sobre los mitos, explicando que son narrativas que relatan el origen de elementos importantes para una cultura y que involucran dioses y héroes. También describe que los mitos surgieron para explicar fenómenos naturales y fueron transmitidos oralmente antes de ser escritos. Finalmente, resume algunos aspectos clave de la mitología griega.

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Palabra Experta

El documento habla sobre los mitos, explicando que son narrativas que relatan el origen de elementos importantes para una cultura y que involucran dioses y héroes. También describe que los mitos surgieron para explicar fenómenos naturales y fueron transmitidos oralmente antes de ser escritos. Finalmente, resume algunos aspectos clave de la mitología griega.

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Palabra de expertos

Jennifer Cooper

¿Qué es un mito?
La palabra mito proviene de la lengua griega (mythos). Origi-
nariamente significaba “palabra” o “habla” y, más adelante, también
“relato” o “cuento”.
Un mito es una narración fabulosa que relata el origen de los
elementos más importantes para una cultura. En este tipo de narra-
ción, los protagonistas son dioses o héroes. A diferencia de los rela-
tos puramente fantasiosos, los mitos se originan en las creencias
religiosas de una comunidad y, por eso, nos dicen acerca del modo
en que una cultura considera el mundo natural y social que la rodea.
Todas las civilizaciones han atravesado un momento de su historia
que es anterior al desarrollo del pensamiento racional y científico, y
han buscado respuestas a sus temores, sus desconciertos y sus espe-
ranzas a través de relatos que procuraban explicarlos.
De ese modo han creado historias que, hoy día, nos deslumbran
con su belleza, como el mito griego que explica la sucesión de las es-
taciones a lo largo del año. Según ese relato, Hades, el dios de los
muertos, se había enamorado de la joven Perséfone y la llevó con él a
su palacio en el mundo subterráneo. Pero esta acción planteó un gra-
ve problema: la madre de Perséfone era Deméter, la diosa de la agri-
cultura. Desesperada por la desaparición de su hija, Deméter cayó en
una enorme tristeza, se aisló en una montaña y, en su ausencia, la tie-
rra dejó de dar frutos. Zeus, el rey de los dioses, no pudo soportar esa 17
desolación y envió a su hijo Hermes para que convenciera a Hades de
dejar libre a la muchacha durante una parte del año. Por eso, decían
los griegos, tenemos seis meses en que la tierra está triste y no da fru-
tos, y otros seis en los que, al volver Perséfone con su madre, la tierra
se alegra y florece.

Perséfone y Hades en el trono del mundo subterráneo. Bajorrelieve


de un templo de Italia, siglo v antes de Cristo.

Al principio, los mitos estaban ligados a ritos de tipo religioso.


En el caso del que relatamos en el párrafo anterior, se conoce su vin-
culación con celebraciones muy antiguas, cuya finalidad era asegu-
rar la fecundidad de la tierra y el éxito de las cosechas, que eran
cuestiones primordiales para las comunidades humanas.

¿Cómo surgieron los mitos?


En su origen, los mitos son relatos anónimos. Aunque las histo-
rias que van a leer en este libro llegaron hasta nosotros a través de
obras literarias, es importante recordar que los autores de esas obras
18 los tomaron del tesoro de relatos que se transmitían de padres a hijos
en las culturas a las que pertenecían. Esa transmisión oral, que expli-
ca la existencia de distintas versiones del mismo mito en lugares veci-
nos, se pierde en el pasado: no sabemos quién fue el primero en contar
un mito, porque los mitos pertenecen al alma de un pueblo.
Otra característica de los mitos es que las acciones que narran se
ubican en un tiempo indefinido y en lugares poco precisos. Surgen
porque todos los pueblos, en algún momento de su historia, sintieron
la necesidad de explicar el universo, los orígenes de la Tierra, de su gen-
te, de sus costumbres y tradiciones, y también los fenómenos naturales.
Muchas civilizaciones de distintos lugares del mundo y en diversos
momentos históricos buscaron explicar los mismos hechos, sucesos o
fenómenos por medio de los mitos. Por eso, no debe extrañarnos que
culturas tan diferentes como la griega, la egipcia o la maya, entre mu-
chísimas otras, hayan creado relatos míticos que explican, por ejem-
plo, la sucesión de las estaciones a lo largo del año. Y tampoco debe
sorprendernos que esos relatos no sean iguales: cada cultura, cada
civilización, elaboró sus propios mitos siguiendo sus creencias y su
modo de entender el mundo, y los adecuó a aquello que es creíble para
los integrantes de cada comunidad en particular.

Al dios maya Chac se lo representaba El dios egipcio Horus estaba represen-


como un anciano con una larga nariz. tado con cabeza de halcón. Bajorrelie-
Escultura de terracota de alrededor del ve en una columna del templo de Edfu,
siglo xiii después de Cristo. alrededor del siglo i antes de Cristo.
19
Para nosotros, los mitos hoy por hoy pueden ser tomados como
pura fantasía porque nos presentan hechos y personajes sobrenaturales;
sin embargo, es importante recordar que, para las civilizaciones que
les dieron origen, narraban historias que se consideraban verdaderas:
cada pueblo necesitó comprender su entorno, su naturaleza, para poder
sentirse más seguro, y los mitos colaboraron para que eso sucediera.

Los mitos griegos


La mitología griega comprende el conjunto de mitos pertenecien-
tes a los antiguos griegos —un pueblo cuyos orígenes se remontan a
aproximadamente 1.200 años antes de Cristo y alcanzó su esplendor
en el siglo v antes de nuestra era— y que fueron reelaborados por la
civilización romana cuando invadió Grecia e incorporó gran parte
de su cultura y su religión. Esos mitos cuentan historias de dioses y
de héroes, relatan el origen del mundo y explican, también, fenóme-
nos naturales. Los dioses de la mitología griega tenían figura huma-
na y personificaban las fuerzas del universo; por ejemplo, el rayo, la
furia del mar, el misterio del mundo subterráneo, el amor y la dis-
cordia. Al igual que los hombres, los dioses a veces tenían un estric-
to sentido de la justicia y otras veces eran vengativos o celosos. Los
humanos solían solicitarles el favor de sus poderes y, para obtenerlo,
sacrificaban bueyes o corderos. Sin embargo, esos sacrificios no eran
siempre efectivos, ya que los dioses griegos se comportaban de ma-
nera muy caprichosa.
Al igual que lo sucedido con otras culturas, los mitos griegos
comenzaron siendo de tradición oral —es decir, se contaban de pa-
dres a hijos— y, por lo tanto, nunca se transmitían exactamente de
la misma manera. Cada vez que alguien contaba una de esas mara-
villosas historias podía agregarle algún detalle o quitarle algún otro;
pero siempre los personajes, la historia y el sentido general del mito
mantenían la esencia de su origen.
Con el correr del tiempo y la aparición de la escritura, los mi-
20 tos fueron incorporados a diversas obras literarias. Así llegaron a
nuestros días y de ese modo podemos conocerlos y seguir disfru-
tando de ellos.
Entre las obras más importantes inspiradas en los mitos griegos
se encuentran la Ilíada y la Odisea —dos poemas épicos atribuidos a
Homero—, la Teogonía y Trabajos y días —dos poemas didácticos es-
critos por Hesíodo—, y las tragedias compuestas por Esquilo, Sófocles
y Eurípides. En el mundo romano, la obra fundamental es el extenso
poema llamado Las metamorfosis, de Ovidio. A estos textos literarios
hay que agregar una gran cantidad de obras plásticas: fundamental-
mente esculturas, templos, pinturas realizadas en platos y vasijas de
cerámica, que recrean diversas escenas de los mitos.

No se sabe si Homero existió realmente. Según la tradición de los antiguos griegos,


era un poeta ciego que cantaba las historias inspiradas en los mitos ante un audi-
torio. Bajorrelieve realizado por Antoine-Denis Chaudet en 1806.

Desde el Olimpo
El monte Olimpo es una de las mayores elevaciones de Grecia.
Según la mitología, en la cima de ese monte vivían los principales
dioses, que por ese motivo se conocían con el nombre de dioses
olímpicos. 21
La cima del monte Olimpo sobresale en medio de las nubes.

Los dioses olímpicos eran: Zeus, Hefesto, Atenea, Apolo, Her-


mes, Artemisa, Poseidón, Eros, Afrodita, Ares, Dioniso, Hades, Hes-
tia, Deméter y Hera.
Los griegos habían elaborado muchas fantasías acerca de cómo
era el hogar de los dioses. Se lo imaginaban como una mansión gran-
de y espaciosa, donde los dioses formaban una sociedad que estaba
organizada en función de la autoridad mayor, que era la del dios Zeus.
Zeus (Júpiter para los romanos) era el dios del cielo y del rayo: junto a
su esposa Hera (la Juno romana) gobernaba a los dioses del monte
Olimpo como si fuese un gran jefe al que todos acudían. Su hermano
Poseidón (el Neptuno de los romanos) tenía poder sobre los mares y
Hades (el Plutón de los romanos) reinaba sobre el mundo subterráneo.

Zeus, sentado en el trono, recibe el homenaje de los demás dioses.


Dibujo realizado a partir de un bajorrelieve romano del siglo i antes de Cristo.
22
Eros (Cupido) y Afrodita (Venus) eran las divinidades del amor;
Ares (Marte), el dios de la guerra; Atenea (Minerva) era también una
diosa combativa que representaba la sabiduría y protegía las técnicas;
su hermano Apolo simbolizaba la claridad del Sol y sus atributos eran
el arco y la lira; Artemisa (Diana) era la protectora de la vida silvestre
y se la relacionaba con la Luna, y Hermes (Mercurio) era el guardián
del comercio y el mensajero de los dioses. Hefesto (Vulcano) era el
herrero de los dioses, mientras que Dioniso (Baco) era el dios del vino.

Dioses, héroes y mortales


Los dioses olímpicos eran seres inmortales y todopoderosos. Su
bebida era el néctar y su comida, la ambrosía, sustancias exquisitas
relacionadas con la inmortalidad. Tenían forma humana y sus senti-
mientos eran similares a los de los seres humanos. Sentían envidia,
amor, celos, ira, alegría, y reaccionaban como puede reaccionar cual-
quier mortal: se enojaban, planeaban venganzas, ayudaban a sus fa-
voritos, hacían sufrir a aquellos con quienes se enojaban, se peleaban,
se enamoraban, discutían y se reconciliaban. A diferencia de los seres
humanos, los dioses del Olimpo poseían el don de la belleza y la ju-
ventud eterna; podían llegar a sufrir, pero jamás morían. A menudo
se presentaban ante los mortales asumiendo “disfraces” de animales
o haciéndose pasar por seres humanos.
Muchas veces los dioses engendraban hijos con seres humanos.
Los descendientes de esas uniones eran héroes y heroínas (o semidio-
ses), que tenían algunas características exclusivas de los dioses y otras
de los mortales. Poseían dones y poderes especiales; pero, a diferencia
de los dioses, eran mortales. Los héroes estaban en contacto con los
dioses y se vinculaban con ellos para que los ayudaran a vencer, con
sus poderes, los obstáculos y las dificultades que se les presentaban.
Algunos de los muchísimos héroes de la mitología griega son Hera-
cles, Helena y Eneas. Heracles (Hércules, para los romanos), hijo del
dios Zeus y la mortal Alcmena, tenía una enorme fuerza. Helena, hija
de Zeus y Leda, era famosa por su belleza. Eneas, uno de los héroes 23
que combatieron en la guerra de Troya, había nacido de la unión de
la diosa Afrodita con Anquises, un mortal.

Heracles entra en el Olimpo, después de muerto, rodeado por Poseidón


y Atenea. Pintura sobre una vasija del siglo vi antes de Cristo.

En la mitología griega también existen las deidades menores o


secundarias, como las ninfas, las cuales están vinculadas con diversos
elementos de la naturaleza. Además, son frecuentes las criaturas fan-
tásticas: los monstruos, como Medusa, o los seres que son mitad ani-
mal y mitad humano, como las sirenas o los centauros.

Medusa tenía cabellos de serpientes y convertía en piedra a quien la mirara


directamente. Escultura realizada en el siglo xvii por Gian Lorenzo Bernini.
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