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Relatos míticos de la creación y el diluvio

El documento relata el origen del mundo según la mitología griega, desde Caos hasta la creación de la humanidad por Prometeo y la caja de Pandora, y finaliza con el diluvio de Deucalión y Pirra que repobló la Tierra.

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Relatos míticos de la creación y el diluvio

El documento relata el origen del mundo según la mitología griega, desde Caos hasta la creación de la humanidad por Prometeo y la caja de Pandora, y finaliza con el diluvio de Deucalión y Pirra que repobló la Tierra.

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Literatura universal BIE

Selección de relatos míticos


“A las puertas del Olimpo”
Versión de Beatriz Fernández y Alicia Stacco

Para los griegos las cosas empezaron así... Al principio, todo estaba revuelto: el
agua no corría, las tierras no eran sólidas, en fin, reinaba Caos (que en griego
quiere decir “la boca del abismo”). De Caos nacieron la Noche y la Oscuridad,
que lo destronaron y engendraron a Éter (el aire luminoso de las alturas) y al Día.
De ellos nacieron la Tierra y el Mar. Por aquellos tiempos también existía Eros
(el amor), un poder tan antiguo como Caos, pero que impulsaba a la unión y a la
creación. Con su fuerza, Eros engendró la vida en la Tierra, hasta entonces
desierta, y florecieron las plantas, crecieron los animales, se poblaron las aguas
y el Cielo lo abrazó todo. De la unión entre el Cielo y la Tierra nacieron doce
titanes enormes y fortísimos, tres Cíclopes (que se llamaban así porque tenían
un solo ojo, ubicado en medio de la frente) y tres Gigantes. El Cielo, temeroso
de la fuerza de sus hijos, fue encerrándolos a medida que nacían en el abismo
del Tártaro. Finalmente, la Tierra, como buena madre, decidió liberarlos y el
menor de los Titanes, Cronos (el Tiempo), eliminó a su padre, ocupó su lugar y
comenzó a reinar junto a sus hermanos. Cierta vez, Eros convocó a los hijos de
un Titán, llamados Prometeo y Epimeteo, y les pidió que modelaran un ser capaz
de dominar a todos los animales que poblaban la Tierra. Prometeo tomó arcilla
húmeda y modeló figuras con forma semejante a la de los dioses. Eros les
infundió con su soplo el espíritu de la vida, y así nacieron las personas. Ese
atrevimiento de Prometeo irritó mucho a los dioses, quienes para vengarse
crearon a una mujer hermosísima, a la que llamaron Pandora. A ella le regalaron
un cofre y le ordenaron que jamás intentara abrirlo. Pandora aceptó la condición
y se convirtió en la feliz esposa de Epimeteo. Durante un tiempo vivieron muy
contentos; pero, como bien habían previsto los dioses, Pandora no pudo
contener su curiosidad y abrió el cofre, del que comenzaron a salir toda clase de
males, enfermedades y crímenes, que se esparcieron por el mundo. Solo la
Esperanza quedó en el fondo de la caja. Así fue como la maldad y las pasiones
se fueron adueñando de los hombres. La Tierra se empapó de sangre y la Buena
Fe, la Justicia y el Pudor la abandonaron y volaron hacia el Cielo. Viendo esto,
los dioses consideraron que la raza de los hombres no debía sobrevivir y
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desbordaron las aguas del Cielo y de la Tierra; tierra y mar se confundieron y
solo logró sobrevivir una pareja. Un hombre, Deucalión, y su esposa Pirra,
considerados justos y piadosos. Ambos se mantuvieron a bordo de una débil
barca y, cuando las aguas descendieron, lloraron sobre la tierra desierta rogando
piedad a los dioses. Entonces escucharon una voz poderosa que les decía estas
palabras: “Velad vuestros ojos y tirad hacia atrás los huesos de vuestra abuela”.
Después del desconcierto del principio, se pusieron a meditar y comprendieron
que su abuela era la Tierra, y que los huesos de la Tierra eran las piedras.
Entusiasmados, comenzaron a caminar arrojando, a cada paso, una piedra hacia
atrás. De las piedras que arrojaba Pirra nacían mujeres y de las que tiraba
Deucalión surgían hombres. Así se repobló la Tierra después del tremendo
diluvio.

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