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Diagnóstico y Psicoterapia Clínica

Este capítulo describe las dos funciones básicas de un psicólogo clínico: conocer a las personas y ayudarlas a cambiar. Explica que la función de diagnóstico, de conocer a la persona, es necesaria para poder brindar ayuda psicológica de manera efectiva.
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Diagnóstico y Psicoterapia Clínica

Este capítulo describe las dos funciones básicas de un psicólogo clínico: conocer a las personas y ayudarlas a cambiar. Explica que la función de diagnóstico, de conocer a la persona, es necesaria para poder brindar ayuda psicológica de manera efectiva.
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Capítulo 4

Las Funciones del Psicólogo Clínico: El Diagnóstico Psicológico.

A pesar de que el quehacer del profesional de la Psicología Clínica se ha ampliado


de una manera impresionante desde que por primera vez se introdujo el término por
Witmer hace ya mas de un siglo, si hubiera que reducir su caracterización a su mas
mínima expresión, sería lícito afirmar que este quehacer se expresa en dos
funciones básicas:
Conocer a las personas y ayudarlas a
cambiar.

La segunda función que persigue ayudar a las personas a cambiar, es la que mas
atractiva ha resultado habitualmente para los psicólogos clínicos, sobre todo
aquellos mas jóvenes, y es la referida a la intervención psicológica que incluye
aquellas acciones profesionales específicas (prevención, orientación, psicoterapia,
rehabilitación) que conducen a un resultado visible en la vida, la calidad de vida y el
bienestar de las personas que reciben sus servicios, al influir, para bien en la
subjetividad, el comportamiento y la forma de estructurar el mundo de éstas.

No es propósito del presente capítulo remontarnos a los datos históricos, pero es


válido recordar que el auge de esta función se desarrolla con posterioridad a la II
Guerra Mundial, en que la demanda de atención psicoterapéutica para la población
adquirió una dimensión tal que implico a los profesionales de la Psicología Clínica,
hasta ese momento muy limitados a la función diagnostica, esencialmente desde
una concepción psicométrica que privilegiaba la medición y la aplicación de
pruebas o tests. Todavía en la actualidad muchas personas tienden a ver al
psicólogo clínico como un profesional cuya función principal es la psicométrica, la
medición de uno u otro atributo humano (inteligencia, capacidades, personalidad,
carácter, etc.) a través de la aplicación de uno u otro test psicológico.

El párrafo anterior tiene que ver entonces con la otra de las dos funciones
fundamentales que realiza un psicólogo clínico enumeradas al inicio del presente
capítulo: conocer a las personas y que se relaciona con otras acciones
profesionales (evaluación, diagnóstico, investigación) que no implican la intervención
directa sobre la vida de una persona pero, si la respuesta a todo una serie de
preguntas cuyo fin, no sólo es caracterizar al individuo en cuestión, sino predecir
su comportamiento y, en consecuencia, hipotetizar las vías mas eficaces para
optimizar su funcionamiento humano.

De esta manera, la intencionalidad de conocer presupone la respuesta a un grupo


importante de interrogantes existenciales sobre la vida de la persona que busca
servicios tales como:
¿Quién es esta persona?
¿Cómo y por qué llegó a ser quien es?
¿Qué condiciones actuales mantienen su comportamiento?
¿De que potencial dispone?
¿A través de que vías puede ser ayudado?
¡...y otras interrogantes...!
Como puede apreciarse, a pesar de la preferencia que puede tener el profesional de
la Psicología Clínica por las acciones psicoterapéuticas, y a pesar del énfasis que en
algún momento se le presto a las corrientes en Psicología que enfatizan el aquí-
ahora, conocer a un ser humano, su historia y los mecanismos que utiliza para
construir su vida diaria son de gran utilidad por el profesional de la Psicología Clínica
no importa en la esfera en que se desempeñe.

Conocer la historia de la persona a quien se le va a brindar servicios profesionales


no es asunto de simple curiosidad o morboso interés por conocer su vida, es una
necesidad del quehacer profesional para poder conocer el por qué la persona en
cuestión se comporta o vivencia la realidad en la forma que lo hace: la desconfianza
de una persona puede encontrar sus raíces en la multiplicidad de ocasiones en que
ha sido víctima de deslealtades,... o una sola deslealtad de vastas proporciones; la
hostilidad y el resentimiento pueden encontrar sus raíces en el hecho de haber sido
víctima de frecuentes maltratos de hecho y/o de palabras; la pobre autoestima pude
ser resultado tanto de las valoraciones negativas de los demás como de los fracasos
que en su vida ha tenido que afrontar y que generan en él una perspectiva de
desesperanza. Y si importante es la historia, no lo es menos saber cómo interpreta
esta historia la persona desde su actual realidad, desde las situaciones cotidianas
actuales a las que está expuesto.

Declarar lo anterior pone de manifiesto que tomamos partido a favor de la importancia


del conocimiento de las personas, para poder ayudarlas a cambiar dado que los seres
humanos vienen a buscar los servicios del psicólogo clínico, no desde un referencial
común a cualquier problemática en que sería factible homogeneizar uniformemente
los procedimientos de intervención, sino que cada persona acude al profesional con
su propia historia y mecanismos únicos e irrepetibles, que condicionan la forma,
también sui géneris, en que es posible influir psicológicamente, sobre ella.

Si simplificamos con propósitos didácticos y utilizando, ¡pragmáticamente!, términos


genéricos, lo planteado hasta aquí, podríamos afirmar que la primera función conocer
a las personas correspondería a la función diagnostica en tanto la segunda, ayudar
a cambiar a las personas, correspondería a la psicoterapia y si siguiéramos la
misma “lógica” expositiva, la primera constituiría una condición sine qua non para la
segunda; es decir primero hay que diagnosticar y después hacer psicoterapia, con lo
que se sigue, lealmente, la lógica de un modelo médico.

Las acciones profesionales del psicólogo clínico tienen, sin embargo, un carácter
holístico, trabajan sobre la totalidad que es el ser humano y por lo tanto rompen
toda supuesta lógica lineal Diagnóstico-Psicoterapia, no solo por las características
del propio proceso de intervención psicológica, sino inclusive por razones de la propia
complejidad humana, en tanto cada persona viene a buscar una “ayuda” muy
específica. Ciertos tipos de ayuda presuponen un serio conocimiento de la persona
antes de ser implementada cualquier acción psicoterapéutica, otras no requieren de
este conocimiento. Las propias acciones psicoterapéuticas varían en sus niveles de
complejidad: una sugerencia asertiva, encaminada a reforzar la autoestima de una
persona, puede ser lícita aún y cuando la persona no haya hablado una palabra, una
interpretación profunda (desde un modelo psicodinámico) o una compleja asignación
de tareas (desde un modelo cognitivo-conductual, de aprendizaje social) presupone
2
un mayor conocimiento de la vida y los recursos personales de que dispone la
persona en cuestión.

Por otra parte, juega un papel importante la iniciativa y creatividad del propio
psicólogo clínico: Ante la urgente demanda al psicólogo clínico de una persona con un
severo problema existencial y que pide ayuda a gritos, ¡no resulta ético pensar que
primero hay que saber quien es esta persona y después tratar de ayudarlo...! es
prioritario tratar de ayudarlo aunque no se sepa de él o ella todo lo que se desea, ya
después se conocerá lo que se está expresando a través del problema actual.

Con los comentarios anteriores estamos pretendiendo insistir en la totalidad del


proceso de intervención en el campo de la Psicología Clínica, donde la concepción de
trabajo mas que lineal, debe ser sistémica y circular: El propio proceso de
diagnóstico puede ser psicoterapéutico por sí mismo y las acciones psicoterapéuticas
puede conducir a la confirmación, la variación e incluso el replanteamiento del
proceso diagnóstico, y este es un proceso infinito, marcado por la complejidad de la
existencia humana.

No estoy muy seguro, pero creo que fue Einstein quien dijo que el hombre primero
conocerá el espacio sideral, después conocerá las entrañas de la tierra y por último
a sí mismo,... ¡sobran los comentarios!, con todas las contradicciones que le son
inherentes: el hombre nunca llega a conocerse a sí mismo por completo e incluso
este si mismo no es estático, dentro de límites cambia constantemente en la
medida que transcurre su ciclo vital, Soy ajeno a cualquier posición agnóstica que
conduzca a negar la posibilidad no solo del conocimiento, sino del
autoconocimiento humano, puesto que aún creo en mi temprana formación
materialista dialéctica que afirmaba que al conocimiento humano se llegaba a través
de la aproximación sucesiva de infinitas verdades relativas, y que el no conocimiento
de la tan ansiada “verdad absoluta” no justifica la pasividad ni el desaliento ante la
búsqueda del conocimiento. Si esperamos conocer “por completo” a esta persona,
¡que no se conoce a sí misma!, ¡¿cuando les ofrecemos la ayuda psicológica que
tanto necesita?.

Defendemos en síntesis, una visión circular de la relación conocer-cambiar en que lo


esencial, mas que una formal relación lineal sería:

CONOCER
CAMBIAR
(Diagnostico)
(Psicoterapia)

3
Una vez establecidos estos puntos de partida en cuanto a la función diagnóstica y su
utilidad para el quehacer profesional del psicólogo clínico, pasemos a comentar
algunos de sus aspectos relevantes.

La función diagnóstica presupone, antes que todo a través del


estudio de casos, una cierta recopilación de información a través de
diversas fuentes y procedimientos que luego serán combinados y
procesados para obtener una imagen –lo mas completa y explicativa
posible- de la persona en cuestión, con vistas a tomar una decisión
sobre vías de acción o emitir un pronóstico sobre su futuro
desempeño.

A pesar de que formalmente podamos aceptar la formulación anterior, la misma tiene


valor universal, no sólo para otras ramas de la Psicología, sino para otras profesiones
e incluso para la propia vida cotidiana:

Una persona que se enamora de otra, y quiere consolidar una relación con ella
primero recopila información de las características físicas, intelectuales, morales, etc.
de esta, procesa esta información haciéndola compatible –o no- con sus
expectativas personales, formula su propio pronóstico -¡que puede estar sesgado!-
acerca de cómo debe transcurrir esta relación, e implementa las vías para
establecer y consolidar la relación. Si somos leales con lo planteado en páginas
anteriores, la vida puede demostrar lo acertado o equivocado del diagnóstico y
pronóstico formulado, y se modificarán las vías de acción para consolidar la
relación,... o se implementarán vías alternativas para darla por concluida si el
“diagnóstico” inicial era desacertado...

Resulta entonces comprensible que la función diagnóstica, en el contexto específico


de la Psicología Clínica, asuma fines y propósitos específicos:

Uno de los propósitos mas relacionados con el quehacer del psicólogo clínico
insertado en el contexto psiquiátrico y que fue el área fundamental de su trabajo
durante casi todo la primera mitad del siglo XX, y en muchos casos aún en la
actualidad, tiene que ver con el propósito de clasificación, es decir aquella
intencionalidad taxonómica, típica de un modelo psicopatológico de reducir la
información de una persona a categorías o etiquetas globales que en cierto sentido lo
harían equivalente a otras personas en que estuvieran presentes características y
manifestaciones similares. Términos tales como ”neurótico”¨, “agresivo”,
“esquizofrénico” homogeneizan a las personas que sean tributarias de dicho
diagnóstico,.... aunque lamentablemente tienden también a estigmatizarlos por su
connotación de “etiquetas” globales. Es probable que el propósito de clasificación sea
el que mas se acerque a la acepción clásica que se le ha dado a la evaluación de
DIAGNOSTICO por su similitud, en la expresión de este término, con el ámbito de las
Ciencias Médicas: Un neurótico es a la psicopatología lo que un diabético es a la
endocrinología..

Aunque las etiquetas pudieran ser útiles en el plano nosológico, para identificar
4
regularidades en la expresión de determinada problemática, pierden la riqueza de la
psicodinamia individual a la par que estigmatizan a la persona en categorías estáticas
que poco o nada dicen de la complejidad de la subjetividad y el comportamiento de
esta persona y de las manifestaciones únicas e irrepetibles que en él se manifiestan.

Durante mis años de estudiante, la influencia del propósito clasificatorio era muy
fuerte y, si bien se insistía mucho en esas discusiones acerca de la psicodinamia
individual y sus determinantes contextuales, el plato fuerte de las discusiones de
casos (Stafff como se le llamaba entonces a la asignatura) era poder arribar a una
taxonomía. Recuerdo que en una sesión tuvimos una prolongada discusión en la que
todos estabamos de acuerdo en la psicodinamia y los mecanismos psicológicos del
caso que nos permitiera establecer un curso de acción acerca de la forma de
intervenir psicológicamente sobre esta persona. Sin embargo, se producía una
importante polémica en torno a cual era la categoría psicopatológica a la que le
correspondía “ser asignado” en la clasificación entonces vigente.

Muchos decíamos que se trataba de una personalidad pasivo dependiente, ¨y


también muchos decían que se trataba de una personalidad esquizoide. Al no llegar a
una conclusión la profesora Lic. Nury Teresa Cao, de quien guardo muy gratos
recuerdos por su calidad humana y capacidad para la formación, nos oriento un
profundo e intenso estudio de ambas categorías.

¡Resultaron sorprendentes la similitud y sólo sutiles diferencias que había entre


ambas clasificaciones y nosotros nos empeñábamos en forzar a una persona dentro
de los fríos límites de una categoría!. En aquella ocasión comprendí a cabalidad una
frase de Adolph Meyer que descubrí años después y que se expresa por si sola
cuando dice: “¡Comprendimos este caso, no necesitamos ningún diagnóstico!”

Resulta interesante el hecho de que las propias clasificaciones psiquiátricas vigentes


(DSM.- IV) son conscientes de las limitaciones de las taxonomías (mas aún en las
“enfermedades psiquiátricas” en las cuales el factor humano es tan significativo y
tienen una visión mucho mas amplia y buscan un grupo mayor de indicadores para
arribar al diagnóstico, a la par que flexibilizan la concepción del mismo.

Resulta lógico suponer que en la medida que se consolida la profesión del psicólogo
clínico y se amplían sus conocimientos del ser humano, le resulten cada vez mas
estrechos los límites de la descripción y, en concordancia con el auge del modelo
fenomenológico centrado en la persona, se establezca propósito mas elaborados en
su tarea de evaluación, inicialmente con fines descriptivos pero con posterioridad
con propósitos explicativos.

Las interrogantes que surgen son ¿Quien y como es esta persona?, ¿Qué causas lo
han llevado a ser quien es y que condiciones sostienen que siga siendo así. ¿Qué
potencialidades y limitaciones tiene para trascender su situación actual?... y otra
serie de interrogantes similares que en última instancia van a caracterizar a una
persona única e irrepetible y a sus mecanismos y características psicológicas,
sistemas de relaciones e interpersonales y contextos también irrepetibles. Otras
interrogantes surgen cuando los propósitos son mas explicativos y entonces las
preguntas estarían encabezadas por la expresión “por que”, expresión sumamente
útil a la par que sumamente nociva cuando se usa a modo de constante interrogatorio

5
inquisitivo, y que va a las causas y razones que justifican lo que está sucediendo en la
actualidad mas que a su caracterización.

En ambos casos resulta obvio que la formulación de estos propósitos se apoya en un


aparato categorial propio del modelo concreto del que parta el profesional. Así una
evaluación descriptiva presupone conceptos tales como autoestima, concepción del
mundo, habilidades sociales, rasgos caracterológicos, procesos de afrontamiento,
expresiones temperamentales, y todo otra serie de procesos que describen
dinámicamente a la persona en cuestión.

Tanto la descripción como la explicación, resultan sumamente importante a los fines


de la relación diagnóstico-intervención en tanto ofrece un punto de referencia para
evaluar la efectividad de las acciones de intervención psicológica concretas, y de aquí
que la evaluación clínica tenga también un propósito de predicción, es decir la
valoración anticipada de si un individuo podría o no hacer frente con eficacia a
determinadas demandas de su vida cotidiana, así como la valoración de las vías
mediante las cuales es factible obtener determinado resultado en esa persona
concreta en cuestión, para que sea capaz de hacer frente a dichas demandas.

Es decir la función de evaluación clínica realiza funciones no solo de caracterización


y/o explicación de una situación actual, sino que se anticipa en el tiempo a como ha
de comportarse un determinado fenómeno. A modo de ejemplo muchas personas
tienen rasgos explosivos y agresivos, sin embargo muy pocas de ellos serán capaces
de asesinar a sangre fría incluso bajo situaciones muy estresante; muchas personas
pueden tener manifestaciones depresivas, sin embargo pocas de ellas serian
capaces de un frío suicidio premeditado; muchos pacientes psiquiátricos tienen el
potencial de reinsertarse en su comunidad, pero algunos de ellos necesitan casi de
por vida el ambiente institucionalizado.

Como puede apreciar el lector el propósito predictor de la evaluación clínico-


psicológica es uno de los que mas demanda del profundo trabajo individualizado
para conocer -tan a fondo como se pueda- el potencial humano de las personas en
cuestión, de aquí que se requiera con mucho rigor del compromiso ético y la
responsabilidad del psicólogo clínico.

Una vez que el psicólogo clínico ha recopilado los datos de la persona en cuestión
a través de las mas diversas fuentes (a las cuales no referiremos en detalle mas
adelante en este propio capítulo) necesita procesarlos para descifrar su significado
y arribar a una conclusión que le oriente en la toma de decisión sobre el curso de
la acción a seguir.

Para esta tarea de decisión se auxilia fundamentalmente del Método Clínico, es


decir del uso de las mas diversas fuentes de información, comparando e
integrando sus resultados para llegar a una visión global de la persona en
cuestión:

6
Entrevistas.

Observación. Pruebas
Psicológicas
.

Experimentos.
Análisis de
Documento
ssSs.
MÉTODO
CLÍNICO.

El momento de procesar los datos obtenidos a través de las mas diversas fuentes
resulta decisivo en la toma de decisiones: El psicólogo clínico dispone de una
buena cantidad de información, de muchos datos, muchos de ellos sumamente
ilustrativos, otros que necesitan ser “trabajados” para saber lo que nos quieren
decir. La forma en que se procesen estos datos estará en estrecha relación con el
modelo en que sustente el psicólogo clínico concreto su quehacer profesional: el
psicólogo clínico que se apoya en un modelo psicodinámico transcenderá con
mucho, a través de la interpretación, la información que le brindan los datos
obtenidos; el psicólogo clínico que se apoya en un modelo orientado al aprendizaje
social se limitará a inferencias muy cautelosas y se mantendrá poco alejado de la
“objetividad “ de los datos recopilados.

En cualquier caso el psicólogo clínico necesita procesar la información que obtiene


a través de las diferentes vías pues, al decir de Levy (Citado por Bernstein, pag.
129)

“Los acontecimientos,... no conllevan sus propias interpretaciones. Son inocentes de cualquier


significado a excepción del que nosotros les imponemos”.

Esto implica que para que los datos alcancen significado es imprescindible una
cierta cantidad de inferencia concebida ésta como el salto existente desde los
datos conocidos hasta aquello que se supone que subyace en los datos, es decir
se trata no de describir el dato, sino de trascender el mismo, de lograr la inducción
en la cual el hecho o dato se convierte en una conclusión. La inferencia es algo
que resulta inevitable no solo en el proceso diagnóstico, sino en toda la vida
cotidiana. La diferencia radica en que en la vida cotidiana las inferencias son
automáticas (Citar Beck) espontáneas y definitivamente creíbles, en tanto las
inferencias en el proceso diagnóstico, científicamente concebidas, presuponen un
proceso de validación, que confirme la veracidad de las inferencias realizadas.

De esta manera las inferencias devienen hipótesis de trabajo sobre lo que,


supuestamente, nos están diciendo los datos obtenidos. Por supuesto, el grado de
inferencia puede variar, como señalábamos con anterioridad, en función del
profesional que la realice. Resulta claro que mientras mayor es el grado de
inferencia, es decir mientras mayor es la distancia entre el dato y lo que se supone
que este nos está diciendo, mayor es la posibilidad de error y de arribar a un
7
diagnóstico desacertado.

En su propuesta psicoterapéutica, que definió como Terapia Racional Emotivo


Conductual (TREC...), Albert Ellis hace una interesante reflexión que nos permite
comprender con mayor claridad los diferentes niveles en que puede ser procesada
la información a la que tiene acceso el psicólogo clínico:

Ellis, señala en su propuesta que los eventos activantes (A), concebidos como los
hechos que dan origen a determinadas consecuencias (C) emocionales o
conductuales en la vida de las personas, constituyen los datos iniciales a partir de
los cuales se evalúa determinada problemática o acontecimiento en la vida de una
persona. No obstante, no pueden explicarse los actos de las personas sin tomaR
en consideración el sistema de creencias (B, beliefs) de la persona en cuestión.

De esta manera Ellis ve a los eventos activantes como “datos”, pero como datos
que no nos dicen nada hasta tanto no sean procesados por el individuo en
cuestión, lo cual se explica porque lo comprensión de estos datos es un proceso
complicado en tanto los mismos pueden presentarse a diferentes niveles:
descripción, interpretación o inferencia,.. niveles que inevitablemente se
interpenetran y sólo se separan por razón didácticas.

 En el nivel descriptivo un dato es francamente “inocente”, se recoge todo lo que


“objetivamente” está sucediendo sin añadir ni quitar información a lo que se
observa.

 El nivel interpretativo va mas allá de la información “a mano” y consiste en


formular hipótesis acerca de las razones subyacentes a los datos que se
observan, pero en este caso aún la persona se mantiene “distante” del dato, y si
bien está presente un proceso de evaluación, este tiene una connotación
“racional”, donde el componente afectivo, la emoción no contamina lo que se
está describiendo.

 En el nivel inferencial el observador se ”implica” en lo que está observando y lo


ve desde su propia dimensión personal o, lo que es lo mismo, entra en una
relación personalmente significativa con el dato, de aquí que movilice en el
observador un determinado número de respuestas emocionales de mayor o
menor intensidad.

Como puede apreciarse la distinción entre estos niveles es meramente formal, pero
debe estar muy clara para el clínico, durante su ejercicio profesional.

A modo de ejemplo:

Suponga el lector una consulta de Psicología Clínico en la cual la persona cambia su


tono habitual de voz y dice “yo nunca voy a ser feliz”, ¡luego de lo cual se echa a
llorar. Al nivel descriptivo el psicólogo simplemente reproduciría lo observado, los
datos crudos, “a mano”, de una persona que cambia -objetivamente- su tonalidad de
voz, refiere -textualmente- que no va ser feliz y comienza –evidentemente- a llorar. A
pesar de que este es el modelo de recogida de datos a que con frecuencia convocan
8
los representantes del conductismo mas puro, que intenta ser representante de las
llamadas “Hard Sciences” o “ciencias duras”, en el quehacer profesional del
psicólogo clínico resulta mas presente el nivel interpretativo  de esta forma el clínico,
se diría “su cambio de tono de voz está indicado que ha comenzado a incursionar en
un tema personalmente significativo para su bienestar, su declaración acerca de que
no va a ser feliz denota una postura pesimista y desesperanzadora ante la vida y sus
lágrimas están indicando la tristeza subyacente. Por otra parte es imposible obviar el
hecho de que el psicólogo clínico no es un profesional que funciona como máquina
de precisión cuidadosamente programada, sino que es una persona inmersa en una
relación interpersonal que inevitablemente lo compromete, por lo que muchos de los
datos no son solamente interpretados, sino que lo son a través de su propio prisma
personal, lo que implicaría un nivel inferencial en que el clínico (tal como lo que
ocurre en la clásica contratransferencia psicoanalítica), si se identifica positivamente
con la persona, se diría a si mismo -de manera mas o menos abierta,... pero no
siempre así-: “pobre individuo, a mí me pasaba lo mismo con la voz cuando siendo
joven me enfrentaba a situaciones dolorosas,.... ¡es verdad que la felicidad es una
meta difícil!,... ¡caramba, se me están aguando los ojos a mi también!” ,.... o todo lo
contrario si la identificación resultase negativa y en este caso el autodiálogo de la
persona implicaría una valoración negativa y una censura de la persona desde sus
puntos de vista: “yo sería incapaz de un lagrimeo semejante, en la vida hay que ser
fuerte para enfrentar cualquier adversidad”.

Como puede apreciarse, la inferencia es susceptible de errores (ver cuadro)y esos


“sesgos de la inferencia” pueden deberse a las mas diversas razones que actúan
separada o conjuntamente, como:

 cuando desde una cantidad muy reducida de datos se hacen interpretaciones


de gran magnitud,
 cuando el modelo de la Psicología a partir del cual el profesional de la
Psicología hace la inferencia resulta muy especulativo y poco valido
científicamente, o,
 cuando el propio profesional que realiza la inferencia no tiene la experiencia
suficiente o es muy osado en sus interpretaciones.

En cualquier caso el efecto sería un sesgo que distorsionaría el proceso


diagnóstico y comprometería el futuro curso de las acciones o intervención
psicológica. En resumen, la inferencia resulta un valioso, a la par que un
necesario, instrumento en la función de diagnóstico psicológico, pero la misma
debe ser utilizada con prudencia, responsabilidad y profesionalidad para obtener
de ella todo lo que de valioso ofrece.

FUENTES DEL DIAGNOSTICO.


Para formular un diagnóstico, el psicólogo clínico dispone de una serie de
herramientas (las entrevistas a las personas en cuestión y a otras informantes
confiables, las pruebas psicológicas, la observación y el análisis de los productos
de la actividad, entre otros a las que nos referiremos a continuación). Pero antes
de proceder a su comentario, resulta necesario precisar que si bien estas son las
fuentes, posiblemente el recurso mas importante para que los datos recopilados
por estas fuentes sean confiables y su procesamiento sea válido a través de la
9
inferencia, es la propia competencia del psicólogo clínico, expresado en su
calificación, su experiencia en el ejercicio de la profesión, su experiencia en
el ejercicio de la profesión y su responsabilidad y seriedad ética al momento
de ejercer la función diagnóstica.

El uso de la Entrevista en la Psicología Clínica.

El dominio de la entrevista aquella interacción intensa, cara-a-cara entre dos (o más) personas que
tienen una tarea o propósito en común constituye la herramienta mas poderosa con que cuenta un
psicólogo clínico en su quehacer profesional. Su importancia viene dada por la riqueza de datos que
ofrece, por su flexibilidad para acomodarse al propósito de la interacción y su eficiencia en una
interacción natural rostro a rostro, pero sobre todo porque esta presente en todo el proceso de ayuda
psicológica y no puede ser sustituida ni aún por el mas sofisticado avance tecnológico.

Su dominio por los profesionales de la Psicología presupone el constante estudio


y la autosuperación del profesional, pero ningún manual o tratado sobre la
entrevista puede sustituir a la rigurosa practica de la misma, que es el contexto
natural en que el profesional desarrolla y perfecciona sus habilidades y extrae de
la entrevista la mayor cantidad de datos posibles tanto para conocer a la persona,
como para ayudarla a cambiar y a vivir mas eficientemente: los juegos de roles, las
entrevistas supervisadas y la retroalimentación videograbada de entrevistas
realizadas en vivo, contribuyen enormemente a perfeccionar las habilidades como
entrevistador.

Una entrevista puede ser común en muchos aspectos a una conversación


cotidiana, de aquí que muchas de las habilidades que se aprenden en los
manuales y cursos para una mejor comunicación entre las personas resultan
válidas también para fomentar la habilidad de entrevistar. Sin embargo, la
entrevista no es una simple conversación, sino que es una conversación que tiene
una meta o propósito que tiene que estar bien claro en la intencionalidad del
psicólogo clínico, como hilo conductor de todo el proceso de entrevistar, con
independencia de la flexibilidad con que esta sea manejada..

En sentido general resulta válido afirmar que los propósitos fundamentales que
cumple una entrevista una entrevista son:

a) La búsqueda de información para conocer algo de una persona, como ocurre


por ejemplo con los procesos de selección de personal que al proponerse
seleccionar quienes son los idóneos para un determinado puesto de trabajo,
presupone también conocer quienes son los no idóneos,
b) El ofrecimiento de información como ocurre en los procesos de orientación
vocacional en que se le brinda a la persona información esencial para que tome
una decisión importante para el curso de su vida y
c) Motivar o ayudar al cambio como ocurre en la propia entrevista de
orientación en que el profesional ayuda a la persona a elegir entre varias
opciones que cambiarían en mayor o menor grado el curso de su vida, siempre
en aras de su óptimo funcionamiento y bienestar.

Aunque didácticamente esta clasificación puede ser útil, resultaría parcializada y limitada si
pretendiéramos ubicar, unilateralmente, lo que el psicólogo clínico hace en uno u otro de estos
10
propósitos. Los tres propósitos referidos están presentes en la entrevista clínica durante todo el
proceso aunque su peso puede ser mayor o menor en uno u otro momento del proceso.

Cuando un sujeto es portador de una disfunción sexual y acude a buscar los


servicios de un especialista, este debe conocer la cultura sexual del paciente, sus
experiencias sexuales y el desempeño durante las mismas, las creencias y
prejuicios en torno a la sexualidad.... y debe también conocer su autoestima su
seguridad personal, sus expectativas, etc. De igual manera debe incitar a la
persona a la acción a sentirse motivado por un mejor desenvolvimiento sexual, a
la par que sentirse confiado en que podrá hacerlo mejor. Y por ello tiene que
brindarle no solo información, sino formas de acción 1 que le permitan acceder a
los recursos necesarios para hacer frente con efectividad al problema que hasta
ese momento se presentaba como insoluble... ¿son excluyentes estos tres
propósitos o necesariamente complementarios?, ¿siguen una secuencia lógica o
lo recomendable en su flexible simultaneidad? .

Resulta evidente que el propósito de la entrevista será el que determine, en


última instancia, el mayor peso que el psicólogo clínico ofrezca a una u otra
función de la entrevista, pero siempre desde una óptica flexible y no dogmática,
siempre en dependencia de la situación y/o momento de la entrevista:

Así por ejemplo, no se procede igual en


una entrevista inicial, concertada con
anticipación y en la que la persona ha
madurado durante tiempo su decisión de
acudir a un especialista que a su vez tiene
poca o ninguna información sobre esta
persona, a la cual necesita conocer y para
lo cual dispone de tiempo suficiente, que
una entrevista de intervención en crisis en
que la persona ha llegado a una “situación
existencial límite” y esta abocada a una
situación de daño o riesgo para su vida o
para terceros... ¡irresponsable el
especialista que se dedique en este caso a
tratar de conocer las razones que lo
llevaron a este estado o trate,
filosóficamente, de explicarle que las crisis
ayudan al crecimiento humano....!

De igual manera tienen una connotación distinta las entrevistas para la


identificación de problemas, ya sea con propósitos clasificatorios o descriptivos,
que las entrevistas de orientación y toma de decisiones en que la persona
tributaria de atención está convocada a optar por una decisión que no sólo tiene
ventajas, sino en ocasiones muy serias.

Una vez tomado partido con el hecho de que no es posible fraccionar las funciones
de la entrevista, resulta pertinente señalar que si nos atenemos a los fines del
presente epígrafe, enmarcado en las funciones de diagnóstico y evaluación
1
Es válido aquí recordar que muchas veces las personas confrontan dificultades en sus
vidas, no porque no tengan habilidades, sino porque no saben como usarlas... y en
ocasiones ¡ni siquiera saben que las tienen!.

11
psicológica, resulta evidente que el peso máximo recae sobre la función
relacionada con la búsqueda de información, que es el propósito fundamental
del diagnóstico psicológico. Para la búsqueda de información la entrevista asume
una determinada estructura, que va desde una entrevista de máxima
estructuración regularmente conocida como entrevista cerrada o dirigida con
formato muy parecido al de los cuestionarios cerrados, donde todo esta pautado y
preestablecido, hasta una entrevista abierta, sumamente flexible, con frecuencia
conocida como entrevista no directiva cuyo curso se determina por la propia
naturaleza de la información que va apareciendo sin haber preestablecido ningún
propósito, pasando por un formato semiestructurado, que ofrece una guía flexible
que le permite al entrevistador, seguir un plan preestablecido pero a la par
introducir las posibles variaciones que se deriven del curso de la entrevista.

Podemos afirmar que la forma en que se estructura una entrevista depende, en lo


esencial, de la intencionalidad o propósito de dicha misma pero también depende
de muchos otros factores coyunturales como el contexto de la entrevista, su curso,
la información relevante que vaya apareciendo, así como también de las
características personales del entrevistador y de su adhesión o no a determinada
orientación teórica, todo ello visto en su conjunto:

“... La estructura también depende de la orientación teórica, el


entrenamiento y las preferencias personales del entrevistador.
Existe mucha variabilidad entre los clínicos particulares como
para justificar estereotipos para cada modelo clínico”.
(Bernstein, 176)

Y mas adelante:

“ Sin embargo, estas diferencias son muy generales..... Por


esto no se debería sorprender el hecho de que a menudo hay
una gran semejanza en la manera en que llevan a cabo las
entrevistas varios clínicos experimentados de diferentes
orientaciones teóricas”

La entrevista estructurada es posiblemente la menos utilizada por el psicólogo


clínico, salvo con propósitos investigativos 2 y es, en muchos aspectos, similar a un
cuestionario con las ventajas de este instrumento, fundamentalmente el control
que el entrevistador asume durante toda la entrevista y la búsqueda (Smith) de
respuestas correspondientes a categorías preestablecidas que pueden, incluso,
ser codificadas y numéricamente procesadas. A su vez tiene las desventajas
inherentes a los instrumentos cerrados -e impersonales- que intencionalmente
limitan lo que pueda decir espontáneamente el entrevistado, no importa lo
novedosa o valiosa que pueda ser esta información, y se ajustan a lo
preestablecido por el entrevistador quien previamente definió la información que le
2
Uno de los aspectos que ha resultado polémico en la investigación psicológica, es aquel
referido a la implicación del factor humano en la validez de los datos de cualquier
herramienta psicológica en particular la entrevista. No obstante y sin afán de profundizar
en el tema, pero si de tomar partido, es válido resaltar el hecho de que en cualquier tipo
de entrevistas, el entrevistador no debe obviar que está trabajando con una persona, no
importa cual sea el propósito de su entrevista, ni la forma en que la misma sea
estructurada.
12
interesaba encontrar.

Las entrevistas estructuradas requieren de un orden estricto, guía o “schedule” y


entre otras exigencias presuponen (Smith y cols): el uso de preguntar cortas
específicas, hacer las preguntas utilizando con exactitud el lenguaje de la guía y la
formulación de las preguntas en un orden preestablecido, a la par que idealmente
se debe disponer de un aparato categorial previamente elaborado que permita al
entrevistador ubicar lo que la persona dice o hace, en una de estas categorías.

En una entrevista semiestructurada, posiblemente la mas eficiente y utilizada,


también se construye o se parte de una guía con una serie de preguntas
preestablecidas, pero que en este caso constituyen una “guía flexible” que el
entrevistador puede manejar de acuerdo a la información valiosa, útil o novedosa
que vaya apareciendo, dándole a la persona entrevistada la opción de ser un
participante mas, un “sujeto activo” en el proceso de búsqueda de la información
relevante de su propia vida.

Según Smith (1995) la Entrevista Semiestructurada privilegia el intento de


establecer “rapport” con el entrevistado y de aquí que la entrevista siga los
intereses y preocupaciones de este; de igual manera el orden y el modo de
formular las interrogantes es menos importante y siguen la “expertisidad” y la
intención del entrevistador, permitiéndole a este incursionar en informaciones
interesantes que vayan apareciendo, a pesar de que ello implique cierto
alejamiento de los objetivos y propósito previamente establecidos. Esto, por
supuesto, trae aparejadas las desventajas de que el entrevistador pueda perder
el control de la entrevista, si se deja atrapar por el discurso de la persona
entrevistada y se desentiende de su propósito inicial, así como que la información
puede ser difícil de ubicar dentro de un aparato categorial preexistente. Es por ello
que mientras menos estructurada sea una entrevista se requiere de mayores
habilidades y de implicación y compromiso profesional por parte del psicólogo
clínico, que permitan conservar la profesionalidad del proceso, en oposición a
convertirlo en una conversación habitual. Mas allá del tipo de estructuración de la
entrevista resultan sumamente importantes algunas reglas que hacen mas fluida y
eficiente la comunicación interpersonal cotidiana, pero que en el caso de la
entrevista clínico psicológico resultan esenciales (ver cuadro).

13
 Haga sólo una pregunta cada vez evitando que esta sea demasiado larga o que
sugiera la respuesta.

 Dele al entrevistado la posibilidad de concluir sus respuestas antes de introducir


la siguiente pregunta, recodando que es mucho mas importante escuchar que
hablar

Robson (1997) crítica el hecho de que muchos entrevistadores hablan demasiado


como si disfrutaran escuchándose a sí mismos. Al respecto señala que la entrevista
no es una tribuna para que el entrevistador exprese sus opiniones y experiencias
personales.

 Utilice un lenguaje accesible y comprensible a la persona entrevistada evitando la


“jerga” científica que confunda o amenace.

 Monitoree los efectos de la entrevista en la persona entrevistada y corrija el


contenido o la forma de preguntar si fuera necesario.

 -Por último, disfrute e implíquese en la entrevista, mantenga el contacto humano


con las persona entrevistada...ello estimulara a la persona entrevistada a brindarle
la información que Ud. busca.
La entrevista no termina en el momento en que el entrevistador abandona el
consultorio del psicólogo clínico. Es importante que el entrevistador dedique un
tiempo después que concluya la entrevista al análisis de lo sucedido: ¿en que
media logre lo que me propuse?, ¿Cuáles fueron las informaciones mas relevantes
que se obtuvieron?, ¿Qué confirma y que contradice mis expectativas?, ¿Hacia
donde debo conducir mis esfuerzos en la próxima entrevista?,.... y otras
interrogantes mas que se convertirán en la guía de la siguiente entrevista.

En cualquier caso una recomendación valiosa es que el entrevistador nunca se


“despegue” ni de los libros (tanto clásicos como actuales), ni del debate
profesional, éticamente conducido, con colegas y/o supervisores que le permiten
al profesional no sólo un mejor conocimiento de lo que está ocurriendo con su
“caso”, sino un “abordaje” tan rigurosamente científico como sea posible, de la
compleja labor humana en que esta implicado.

¿Como transcurre una entrevista?

Por lo general, casi todos los procesos en que están implicados las interacciones
entre personas han tratado de reducirse a un “modelo de tres etapas” que incluye
una introducción, un desarrollo y unas conclusiones y que implícitamente asumen
una duración e intensidad similar a una curva estadística de distribución normal,
donde el desarrollo sería la parte mas productiva del proceso. Esta concepción
puede resultar útil desde un punto de vista didáctico, pero en el “mundo real” rara
vez transcurre de esta manera homogénea y por el contrario pasa por multiplicidad
de requerimientos contextuales del proceso en cuestión que pueden varias
sensiblemente tanto la presencia como la duración e intensidad de cada una de las
etapas .

Sólo asumiendo este punto de vista es válido hablar de etapas de la entrevista.

Según Bernstein (1989, pag. 176):

“Por lo común, se piensa que las entrevistas tienen un principio, un desarrollo y un


fin como cualquier evento que se desarrolla a través del tiempo. Sin embargo, esta
14
es una grande y excesiva simplificación, ya que tales etapas “puras” pueden no estar
presente o no ser distinguibles en todas las situaciones”.

Esta expresión de Bernstein resulta sumamente sintetizadora de las etapas de la


entrevista, no solo de una entrevista en particular sino del proceso de realización
de las varias entrevistas que pueden requerir el diagnóstico y la evaluación
psicológica, y que hacen que cada etapa asuma expresiones distintas. Incluso su
separación asume sólo fines didácticos en tanto una puede imbricarse
enormemente con las otras, de aquí que la clasificación a que nos referiremos a
continuación resulte válida tanto para cada entrevista en cuestión, como para todo
el proceso de entrevistar en su conjunto.

1.- La etapa inicial o introductoria presupone el establecimiento de aquello que


ha dado en denominarse “rapport”, es lograr la “sintonía” entre entrevistador y
entrevistado de modo tal que ambos se sientan cómodos el uno con el otro y
entonces la persona esté en disposición de brindar la cantidad y calidad de
información requerida por el entrevistador.

Resulta claro que las primeras entrevistas implican trabajar intensamente en esta
dirección lo que puede no solo alargar la duración de la etapa inicial, sino incluso
cultivar y fortalecer la relación durante otras etapas en aras de vencer el recelo y
malestar que pueda tener la persona al ver atacada su autoestima por el hecho de
acudir a un especialista que, según el prejuicio popular, “¡atiende locos!” o
personas con problemas lo que hace sentirse en una desventajosa posición.
Aceptar a esta persona, implicarse con ella en una cálida –a la par que
profesional- relación humana, permite vencer muchos obstáculos en el proceso de
entrevista.

En el momento inicial de la entrevista, el psicólogo clínico debe prestar atención a


lo que está diciendo la persona que atiende, evitando el lenguaje técnico y/o
abstracto y haciendo tantas preguntas como sea necesario para que queden
plasmados claramente los contenidos de los mensajes que se están
transmitiendo, ofreciendo un contexto que demuestre el respeto y el genuino
interés que siente el terapeuta por aquello que la persona le está expresando, a la
par que evita ridiculizarla o devaluar su discurso.

Si bien es importante (ver epígrafe Observación) prestar atención al contenido y


claridad de los mensajes que se intercambian, el psicólogo clínico debe ser un
especialista en comunicación no verbal pues “de hecho, generalmente el canal
de comunicación no verbal permanece abierto, aún cuando se cierra el canal
verbal” (Bernstein, Pag. 188). Esta afirmación resulta coherente con el punto de
vista de que cuando dos personas están frente a frente es imposible no
comunicarse, e incluso en el contexto del intercambio verbal es imprescindible
estar al tanto de múltiples señales no verbales (la apariencia física, los
movimientos, la postura, el contacto ocular, la expresión facial, la excitación
emocional y las variaciones del habla) que confirman, descalifican o ponen en
duda aquello que se está expresando semánticamente. Resulta entonces evidente
que, en el contexto de la entrevista, el psicólogo está convocado a concebir la
comunicación desde una óptica holística que tome en consideración la
15
congruencia entre las señales verbales y no verbales, para comprender y conocer
al individuo en su totalidad. En función de esto, al psicólogo clínico le corresponde
estar muy al tanto no sólo de las señales que recibe, sino también y en ocasiones
sobre todo, de las que él transmite.

“De una manera semejante, el entrevistador coordina su propia conducta verbal y


no verbal con el propósito de no enviar mensajes ambiguos al cliente. Se le dará
mas peso a la expresión “toma tu tiempo” como una actitud de interés tranquila y
paciente por parte del clínico si lo dice de una manera lenta y con voz algo baja
que si lo dice precipitadamente mientras está moviendo su pie rápidamente. El
contacto ocular amigable, cierta cantidad de movimientos afirmativos con la
cabeza, una sonrisa o carcajada ocasional (cuando son apropiadas) y una postura
atenta, contribuyen a que el cliente se entere que el entrevistador está escuchando
con interés. Sin embargo, si se exagera puede resultar contraproducente”
(Bernstein, pags. 188-9)

Resulta claro que en las entrevistas posteriores, una vez que se ha logrado una
cálida relación humana en que el psicólogo clínico es visto no como un extraño,
sino como otra persona cuya función no es juzgar, censurar o condenar y ni
siquiera asumir una comprensiva posición paternalista (no por ello menos dañina
para la autoestima), sino como alguien capaz de ayudar sin lacerar el amor propio,
esta etapa se abrevia y sólo es necesario un breve preámbulo en cada entrevista
para dedicar un mayor tiempo a otros propósitos, esencialmente el abordaje de la
problemática concreta que condujo al individuo a buscar los servicios del psicólogo
clínico.

En resumen, aunque no hay reglas fijas ni universales para crear el “rapport”, y


cada profesional desarrolla sus propias habilidades en esta dirección, lo esencial
es que el psicólogo clínico sea capaz de crear un ambiente tanto humano como
físico de una validez tal que “anime al cliente a hablar libre y honestamente de
cualquier tópico que sea relevante para la entrevista“ ( Bernstein)

2.- La etapa de “desarrollo” de la entrevista debe constituir el “plato fuerte” de la


misma y el contexto natural en que se cumplen sus propósitos. Es aquí donde
entran en juego las habilidades del psicólogo a las que nos referíamos con
anterioridad para no hacer del proceso un inquisitorio interrogatorio del cual no
sólo sacará información formal, sino que se implicará en un productivo de
comunicación espontánea y de esclarecimiento conjunto de la significación de la
información que va apareciendo

Es no sólo la etapa en que la persona brinda información relevante, sino una productiva etapa en que,
conjuntamente con el profesional, revisa su existencia pasada y se propone caminos de acción a
seguir en el futuro, asumiendo la responsabilidad por sus actos y las consecuencias de los mismos.

Debido a la connotación de intensa interacción cara-a-cara en el contexto de la


entrevista psicológica con independencia de sus propósitos, resulta imprescindible
la eficaz y eficiente comunicación entre psicólogo y persona que busca sus
servicios. Posiblemente la claridad en la transmisión de mensajes resulta el
elemento decisivo para la comunicación eficaz (no sólo en el contexto de la
intervención psicológica, sino en toda la vida cotidiana de las personas) que
16
optimice la comprensión y permita al profesional acceder de manera confiable ala
información que necesita para conocer y comprender a la persona en cuestión.
Para que un mensaje sea claro, el psicólogo tiene que hacer uso de su capacidad
empática y ser capaz de ponerse en el punto de referencia de la otra persona, de
igual forma que debe ser capaz de explicitar sus puntos de vista para evitar
confusiones (“ruidos” en la comunicación) que hagan que la persona no colabore
en el ofrecimiento de información relevante o en su propio proceso de logro del
bienestar.

En sentido general, es válido afirmar que durante el desarrollo de la entrevista, el


psicólogo clínico estará muy al tanto de:

 identificar la información mas relevante acerca de una persona;


 estimular a la persona a que hable tanto de si como desee hacerlo, sin coartarlo o
inducirle respuestas que podrían sesgar o bloquear una información relevante;
 profundizar en el esclarecimiento de temas que contengan información relevante
sin por ello invadir la dignidad del individuo en cuestión;
 ser preciso en la formulación de las preguntas que realice, evitando las
confusiones, interpretaciones erróneas o cualquier otro sesgo que reste validez al
proceso diagnóstico, a la par que reduzca la efectividad de la intervención
psicológica;
 no temer abordar temas que pudieran resultar “delicados” para la persona, si sabe
que estos son de importancia para la misma y;
 ser capaz de hacer todo ésto desde una postura ética y de respeto a la dignidad e
integridad de la persona.

Por último, la forma en que esta sea conducida la entrevista estará en estrecha
dependencia de las características personales del entrevistador, pero en cualquier
caso su efectividad estará en gran parte condicionada por la efectividad de la
etapa anterior, es decir, haber logrado un clima de colaboración en que el
entrevistado se sienta tan cómodo, y en disposición de colaborar, que el mismo
sea un eficiente proveedor de información relevante.

“A menos que el clínico este familiarizado con el ambiente y el marco de referencia


del cliente, tome esto en consideración y pida aclaraciones en caso de que no
comprenda los contenidos verbales del cliente, lo mas probable es que la entrevista
sufra de verdaderas deficiencias”. (Bernstein, Pag. 186)

3.- La etapa de conclusión o de cierre de la entrevista adquiere una


importancia esencial para el psicólogo clínico, en tanto “afloja” las tensiones que
puedan haberse derivado de las discusiones en la etapa de desarrollo, sintetiza los
aspectos mas relevantes discutidos, prepara las condiciones para hacer mas
eficaz la próxima entrevista e incluso sirve para consolidar el rapport establecido y
garantizar que la persona cumpla eficazmente las tareas que se le asignen. En las
últimas entrevistas esto adquiere una connotación especial en tanto es inminente
el fin y la no continuidad de la relación, para lo cual no siempre la persona está
preparada, pues ha establecido una sólida relación humana, con el psicólogo
clínico, a la cual no quiere renunciar, pues ello sería una “pérdida” que, como tal,
17
implica cierto grado de desgarramiento.

Es por ello que el psicólogo clínico calificado debe tener habilidades no sólo para
una correcta conducción de la entrevista –que le permita tanto conocer a la
persona como ayudarla a alcanzar el bienestar que desea-, sino que debe tener
habilidades para la conclusión o cierre de la misma, pues este momento, a pesar
de su aparente brevedad puede resultar decisivo tanto para comprobar y
consolidar lo logrado previamente, como para comprometer al individuo en las
tareas que debe cumplimentar para el logro de su bienestar, a la par que no se
sienta angustiado por la culminación de la relación con el profesional. Esta etapa
puede, inclusive, ser el momento en que, sin preverlo el psicólogo clínico,
aparezcan nuevas y esenciales informaciones que resulten decisivas para el curso
de la intervención psicológica y que no habían sido abordadas previamente, lo que
hace que sea necesario plantearse nuevas estrategias de abordaje.

Como puede apreciarse, la subdivisión por etapas de la entrevista, o de todo el


proceso en su conjunto es sólo un asunto didáctico; en la realidad los propósitos
de cada etapa se imbrican de una manera tal que es imposible su separación
formal.

  

Un comentario de cierre parcial como apología a la entrevista: aunque el psicólogo


clínico esté aplicando una prueba psicológica o analizando un documento histórico
o un producto de la actividad en conjunto con la persona que la elaboró, esta
interacción tiene la misma connotación de una entrevista en la que el profesional
puede cumplir cualquiera de las funciones inicialmente descritas: buscar
información, brindar información y ayudar a cambiar.

EL USO DE LAS PRUEBAS PSICOLOGICAS EN PSICOLOGÍA CLÍNICA.

A pesar de que en algún momento las pruebas psicológicas (genéricamente


conocidas como “tests”) han perdido su popularidad y credibilidad, es indiscutible
que resultan un valioso recurso para la función diagnostica del quehacer
profesional del psicólogo clínico. Incluso, para el sentido común de la población el
psicólogo clínico es un especialista en la aplicación y calificación de pruebas para
“medir” la inteligencia, la personalidad o cualquier otro atributo del individuo:

Resulta frecuente en la psicología clínica infantil que al concluir


la primera consulta y no se recomienden evaluaciones
psicométricas, uno de los padres pregunte con cierto
desencanto “¿y no me le va a hacer ninguna pruebita al niño?”

Una prueba o test psicológico puede ser definido como una muestra de conducta
standardizada, a partir de la cual otras conductas mas importantes pueden ser
inferidas o predecidas. Como puede apreciarse, no se evalúa toda la conducta
implicada en aquello que se quiere conocer, sino sólo una pequeña muestra de la
misma, pero una muestra representativa, significativa, que sirve para
generalizar el conocimiento a todo el comportamiento, y de esta manera
establecer predicciones de cómo puede manifestarse o expresarse una persona
18
bajo determinadas condiciones.

No es propósito detenernos en el análisis de este tópico, pero a modo de


comentario, puede apreciar el lector que al caracterizar una prueba psicológica
prevalecen conceptos de una marcada connotación estadística (representatividad,
significación, generalización, predicción, etc.), implícitos en un modelo
psicométrico, y que presuponen que el profesional que haga uso de los tests o
pruebas psicológicas domine a cabalidad la validez y confiabilidad de los
mismos.

Resalta en la definición referida que se trata de dispositivos standardizados, en


los cuales todo (o casi todo) está controlado y presente de una manera
preestablecida: la forma de aplicación, los criterios de calificación, las reglas que
debe seguir el evaluador, el contexto, etc. de modo tal que todos los resultados
encontrados puedan ser atribuidos a diferencias en la ejecución de los sujetos y,
en consecuencia, al atributo que se pretende medir y no a sesgos introducidos por
la forma en que se recogen los datos. Como puede apreciarse, la standardización
persigue la reducción de sesgos a su mínima expresión.

Añadido a su intencionalidad descriptiva (caracterización), la predicción es uno de


los propósitos fundamentales del uso de las pruebas psicológicas en tanto supone
anticiparse en el futuro a cómo será la ejecución de una determinada persona bajo
determinadas condiciones: ¿tiene esta persona las habilidades necesarias para
afrontar determinado tipo de actividad?, ¿será capaz de resistir los daños y
pérdidas derivados de una situación dolorosa determinada?, ¿tiene
potencialidades no desarrolladas para desempeñarse de manera eficaz y eficiente
en determinado contexto,... es factible la enseñanza de dichas potencialidades,...
cómo?. La respuesta a estas interrogantes puede no sólo tener valor anticipado y
predecir lo que puede suceder en determinado contexto y bajo determinadas
condiciones, sino que puede tener también una connotación profiláctica, en tanto
sirve para indicar las vías óptimas de intervención psicológica encaminadas a
corregir aquello que pudiera conspirar contra el desarrollo eficiente de la persona
y/o su bienestar.

Convencionalmente, aplicada individual o colectivamente, una prueba es un


dispositivo que permite registrar o describir el comportamiento de una persona en
una situación típica o “estándar”. No importa que el dispositivo sea una mancha
de tinta, una frase a completar en un cuestionario, una alternativa entre varias en
un inventario, o un lápiz y un papel para que la persona “produzca” algo; en
todos los casos el clínico obtendrá un resultado del cual extraer una u otra
inferencia que le permite conocer mejor a la persona en cuestión. Trabajar con
estos resultados ofrece la ventaja de poder comparar al individuo en proceso de
evaluación, con otros individuos o con la tendencia de la población en general,
dado que las pruebas tienen “normas” que están diciendo si, y en que medida, la
persona se acerca o se aleja de la media poblacional. Es decir desde un punto de
vista interpersonal, de la comparación con otros individuos, tenemos un dato
valioso,... aunque tal vez no nos diga lo suficiente desde el punto de vista
intrapersonal, es decir, de quien es este individuo en particular.

19
Por esta razón, con frecuencia, el clínico experimentado se centra no sólo en el
resultado de las pruebas sino que resta especial atención al proceso, es decir, a
la forma en que el individuo va acercándose al resultado, los comentarios que
hace, su conducta no verbal, etc. que pueden ofrecer una información mas valiosa
aún, a pesar de que presupone una mayor intuición e inferencia por parte del
clínico y potencialmente la aleja de la tipificación, sobre todo en condiciones en
que el profesional interviene (con juicios, opiniones o sugerencias) en la forma en
que la persona este trabajando.

Por esta razón muchos psicólogos prefieren no intervenir en el proceso de


aplicación de la prueba hasta tener en sus manos el resultado de la misma y es
entonces que interactúan con la persona, indagando retrospectivamente sobre la
forma y las razones que le condujeron a obtener el resultado alcanzado.

En cualquier caso (ya como resultado, como proceso o como análisis de


resultados) la aprueba psicológica brinda datos que complementan y conducen a
nuevas hipótesis acerca de quien es, y por qué, la persona con que el psicólogo
clínico está trabajando

En la actualidad existen miles de pruebas psicológicas que asumen las mas


diversas formas y variantes y que valúan las mas diferentes aristas de la vida
cotidiana de las personas. No obstante, con mucha frecuencia los psicólogos
clínicos, principalmente aquellos que se dedican a la investigación, prefieren
diseñar sus propios instrumentos de acuerdo a los propósitos específicos de su
tarea investigativa a la que no siempre pueden dar respuesta con los instrumentos,
ya existentes por muy consolidados que estén en el abundante material de
evaluación psicológica existente.

Este propósito de construcción de pruebas, que de hecho puede ser lícito, debe no
obstante ser también sumamente riguroso y no vulgarizar o simplificar el uso de
las pruebas psicológicas, que es posiblemente lo que en algún momento ha
conducido a su falta de credibilidad. De esta manera para el profesional serio de la
Psicología Clínica no deben tener cabida expresiones tales como “¿tienen alguna
pruebita por ahí para medir memoria visual?“ o “¡vamos a hacer un “cuestionario
sencillito” ahí para medir las relaciones afectivas de los padres añosos con los
hijos únicos!”, sino que en todos los casos se debe partir de criterios científicos
que demuestren en un caso la pertinencia y validez de un determinado
instrumento psicológico y en el otro la presencia de serios parámetros establecidos
para construir y validar pruebas psicológicas con un propósito establecido.

No es propósito de este texto detenerse en la construcción y validación de pruebas


psicológicas pero si recordar que en cualquier caso se debe partir de sólidos
puntos de vista teóricos y prácticos para la aplicación y la construcción de pruebas
psicológicas:

a) Teóricamente, se debe partir de sólidos constructos teóricos cuya


manifestación se exprese claramente en el diseño de los reactivos de
prueba.

20
b) Empírica o prácticamente, se debe partir de la formas de respuestas sui
generis mas comunes o frecuentes en poblaciones claramente identificadas
de personas con la problemática específica que se desea diagnosticar o
investigar.

De esta manera, si quisiéramos construir un cuestionario para evaluar la baja


autoestima en hijos de padres divorciados, teóricamente se debe partir del
constructo autoestima y las expresiones concretas –identificadas en la literatura
autorizada y/o la práctica profesional- mas frecuentes que denotan sus diferentes
niveles de desarrollo, así como de las razones que hacen pensar que el divorcio
tiene un impacto en la autoestima de los niños; empíricamente se aplicara un
determinado reactivo a una población “diana” (Target), claramente identificada
(sujetos con disfunciones sexuales que tiemen baja autoestima) y se buscaran los
reactivos que distingan claramente a estas personas de otras diferentes en cuanto
al atributo en cuestión (por ej. sujetos con baja autoestima y sujetos hijos de padres
divorciados y con alta.

En cualquier caso, construir una prueba no es asunto de “coser y cantar” (¡a pesar
de que coser y cantar tampoco son tareas fáciles!), sino que presupone un serio
trabajo metodológico de validez de los constructo teóricos con que se trabaja, el
uso de criterio de jueces expertos y el pilotaje que conduzca al replanteamiento del
instrumento,... y este proceso es a veces infinito.

No obstante, lo mas frecuente no es mas que el psicólogo clínico construya sus


instrumentos de evaluación, sino que utilice en su práctica cotidiana los
instrumentos ya existentes que han pasado la prueba del tiempo y han probado su
utilidad en la medición de uno u otro atributo. En sentido general a pesar de la
multiplicidad de pruebas existentes, éstas se pueden agrupar en unas pocas
categorías que varían de una a otra clasificación. Así, de acuerdo a sus propósitos,
asumimos que los tipos mas generales de pruebas son:

a) Funcionamiento intelectual
b) Características de la personalidad.
c) Actitudes, que incluyen tendencias intereses y orientaciones de la persona.
d) Aptitudes que incluyen capacidades y habilidades específicas.

A pesar de que, en lo esencial, las dos primeras son las que cubren la casi
totalidad del instrumental a que apela el psicólogo clínico.

1.- Las pruebas de funcionamiento intelectual, que se relaciona estrechamente


con los orígenes de la Psicología Clínica y posiblemente las mas consolidadas y
populares, evalúan aquel termino que ha dado en llamarse inteligencia y cuyo
principal indicador es el denominado cociente intelectual (CI) que resulta
sumamente polémico3, pues generalmente se relaciona con el rendimiento
académico y obvia la “inteligencia para vivir”. De esta manera muchas personas
3
En torno a la definición del concepto de Inteligencia se han generado numerosas
polémicas. Lamentablemente no tengo la cita exacta pero en cierta ocasión escuche una
anécdota en que David Wechsler, autor de una de las –a mi juicio– mas potentes pruebas
de “inteligencia”, y de sus variantes, al ser interrogado acerca de “¡Qué es la
Inteligencia?”, respondía: “¿¡Inteligencia!?,... ¡es lo que mide mi prueba!”
21
pueden tener un alto C.I., que supone el potencial intelectual para alcanzar
determinado logro desde el punto de vista estrictamente cognitivo, pero son
incapaces de lograrlo por carecer de otros recursos o habilidades o incluso de la
tenacidad para alcanzar propósitos que implican un esfuerzo sostenido. Esto es lo
que ha conducido a hablar de distintas inteligencias en las que la llamada
inteligencia emocional –para la que, por cierto, ya se han construido diferentes
pruebas que pretenden su medición- ha alcanzado grandes niveles de popularidad
y producción bibliográfica en los últimos años, destacándose el best–seller de
David Goleman (1997), “Inteligencia Emocional” que ha movido un enorme interés
en este sentido, destacándose que es la auténtica cualidad que nos distingue
como seres humanos. En este sentido, refiere Goleman:

“... ¿Como puede una persona con un nivel de inteligencia tan


alto llegar a cometer un acto tan estúpido? la respuesta
necesariamente radica en que la inteligencia académica tiene
poco que ver con la vida emocional. Hasta las personas mas
descollantes y con un CI mas elevado pueden ser pésimos
timoneles de sus vidas y llegar a zozobrar en los escollos de
las pasiones desenfrenadas y los impulsos ingobernables (p.
64)”

Por otra parte, este concepto de CI ha recibido críticas cuando se le ha concebido


como un atributo estático, prácticamente inamovible y sólo susceptible de muy
ligeras variaciones, lo que conduce a una visión fatalista del futuro de las
personas, pudiendo estigmatizar a aquellos con bajas puntuaciones al
menospreciar las posibilidades de maduración de las personas.

“Para aprovechar al máximo la riqueza potencial de los tests de inteligencia, mas


que establecer simplemente el CI, lo que hace falta es desechar la idea de que toda
persona nace con un CI que permanece constante durante toda su vida y que
representa su “inteligencia”. A fin de hacer un uso diagnóstico de los tests de
inteligencia, es necesario aceptar cierto número de supuestos en cuanto a la
naturaleza de la inteligencia”.

Con independencia de lo anterior, de acuerdo a sus propósitos, al psicólogo clínico


le puede resultar de sumo interés conocer el nivel de funcionamiento intelectual,
ya sea como potencial general o como nivel de funcionamiento general en un
momento específico de la vida, de una persona. Muchas pruebas
neuropsicológicas persiguen este propósito en busca de correlatos con el nivel de
funcionamiento cerebral de la persona.

Entre las pruebas de inteligencia mas frecuentemente utilizadas se utilizan, por


una parte, la escala de Binet-Simon posteriormente modificadas en la escala
Stanford-Binet y mas recientemente la llamada Terman-Merrill, y por otra parte las
escalas de Wechsler en sus distintas variantes (WISC, WAIS, WPSI). Se trata en
ambos casos de dispositivos. Se trata, en ambos casos, de sispositivos de
pruebas con un relativo nivel de complejidad, tanto para su aplicación como para
su calificación, que requiere de un elevado dominio y habilidades por parte del
evaluador, pero que con independencia de las objeciones a que puedan estar
sujetas, ofrecen una buena visión general del funcionamiento intelectual de la
persona en un determinado momento.
22
2.- Las pruebas para evaluar características de personalidad, al igual que las
que abordan el concepto de inteligencia, se proponen el estudio del término
personalidad, no menos polémico, por cierto, en sus aspectos conceptuales.

Este es uno de los conceptos que mas espacio ocupa, no sólo en la literatura
científica sino en las creencias del sentido común que tiene la población acerca de
aquello de que se ocupa la Psicología (es frecuente que cuando una persona
conozca que Ud. es psicólogo le diga “¡hazme una pruebita para saber como soy¡”).
En cierto sentido esto ha sido estimulado por múltiples revistas populares
quepublican infinidad de “¡¿ tests?!” con el propósito declarado de ¡conózcase a si
mismo¡.

En esta misma dirección podrían inscribirse las palabras de Bernstein (Pag. 214) cuando
afirma:

“lo mas común es que el término personalidad se utilice para describir y


explorar las diferencias individuales y las consistencias conductuales en los
seres humanos, y a pesar de que lo emplea casi todo el mundo en una forma
cotidiana, no existe un consenso general de lo que significa exactament”e.

A partir de estas declaraciones, podemos afirmar que las pruebas de personalidad


se proponen el conocimiento general o de algunas de las características
particulares de una persona en cuestión y, a pesar de las debilidades
metodológicas que pueden tener en función de su pobre validez constructiva
(recuérdese la pobre definición conceptual en torno al concepto de personalidad y
el insuficiente consenso para una clara definición entre especialistas), resultan
valiosos instrumentos de evaluación, tanto para explicar las diferencias
individuales entre las personas como para identificar aquello que es común y
constante entre ellos; para ello se han diseñado múltiples instrumentos y
dispositivos que, en sentido general, se agrupan en dos grandes categorías:
pruebas objetivas y pruebas proyectivas.

Las primeras se caracterizan por la presencia de estímulos claros, específicos -


aunque pueden variar en su nivel de concreción y generalización- a los que el
sujeto puede contestar ya sea con respuestas explícitas, con elecciones entre
varias alternativas o con calificaciones y puntuaciones acorde con su grado de
percepción de aquello que se le propone, por lo regular con el propósito de “una
prueba que hiciera un trabajo objetivo y económico” (Hathaway). Por lo general
apelan al autorreporte de la persona, de aquí que sean mas susceptibles de
falseamiento y/o distorsión en tanto al estar relativamente bien definido lo que
se espera de ella, la persona presupone cual es la respuesta “bien vista“ y será
ésta la que ofrezca. Lo anterior tiene que ver con la imagen que nos reporta de si
una persona y que puede estar distorsionada tanto intencionalmente por lo que la
persona supone que le están pidiendo y con cuyas expectativas quiere cumplir,
como inintencionalmente debido a las creencias erróneas concretas que esta
persona tenga de sí misma.

Las pruebas objetivas tienen, no obstante, la ventaja de una interpretación


normativa que permite la uniformidad de su calificación -apoyada incluso por
23
dispositivos computarizados- por los mas diversos especialistas. Dentro de las
pruebas objetivas, los instrumentos mas frecuentes son los cuestionarios y los
inventarios de autorreporte, tras los cuales se halla una determinada clave que
viabiliza la calificación y comprensión de los resultados. Los cuestionarios
presuponen una serie de interrogantes a las cuales la persona debe ofrecer sus
respuestas escritas, cuyos contenidos pueden ser referidos a contenidos concretos
–como puede ser la ansiedad y la depresión-, o a una visión mas amplia de la
personalidad y/o la psicopatología, como pueden ser la Prueba de Cattell de los 16
Factores de Personalidad (16PF) y el Inventario Multifásico de la Personalidad
(MMPI) que es, posiblemente, el cuestionario mas conocido, utilizado y trabajado
por los psicólogos clínicos que desarrollan su quehacer profesional en el contexto
de la salud mental.

Por su parte, dentro de las pruebas proyectivas podemos hacer agrupaciones


entre las que resaltan las pruebas de asociación (como el Rorschach, la conocida
y popular prueba de “manchas de tinta”), las pruebas de construcción (como la
Prueba de Apercepción Temática, TAT), las pruebas de “comletar lo incompleto”
(como la Prueba de Frustración de Rozenzweig y las Pruebas de Completar
Frases de Rotter y Rafferty) y las pruebas de elección o jerarquización como la ya
casi desconocida Prueba de Zsondi).

A diferencia de las pruebas objetivas, los instrumentos proyectivos se caracterizan


por la presentación de estímulos ambiguos y poco estructurados, donde la
respuesta es casi siempre abierta y elaborada. La persona desconoce que es lo
que se pide o se espera de él, de aquí que no conozca o suponga la respuesta
“bien vista”, y en consecuencia la respuesta será mas espontánea.

“Los tests de personalidad no deben ser “estructurados”, no deben permitir que el


sujeto encuentre apoyo en informaciones y consideraciones convencionales ya
establecidas. En la vida cotidiana y, hastaa cierto punto en los tests de inteligencia
y formación de conceptos, la apelación a los hechos y a las convenciones encubre
considerablemente la individualidad de las personas”.

Y mas adelante:

Los tests de personalidad no deben permitir que el sujeto descubra como habrán de
estimarse sus reacciones ante el material de prueba; de este modo se impide que el
sujeto modifique consciente y sistemáticamente la esencia de sus respuestas
(Rapaport).

Ser consecuente con lo anterior tiene la ventaja de que el falseamiento resulta


mucho mas difícil, en tanto la persona no sabe lo que se espera de él, pero a su
vez la calificación es mucho mas compleja dado que presupone un mayor grado a
de interpretación e inferencia personal del psicólogo clínico que aplica la prueba en
cuestión. De esta manera, la distorsión la puede introducir el propio psicólogo
clínico al calificar la prueba haciendo inferencias incorrectas y, en consecuencia,
falsee los resultados cuando, no intencionalmente, trata de hacerlos coherentes ya
sea con su modelo teórico o con su propia percepción de la persona concreta a la
que está aplicando la prueba.

24
Resulta evidente que, a diferencia de las pruebas objetivas, que se acercan mucho
mas a un modelo psicométrico de evaluación psicológica, las pruebas proyectivas
se asocian mas con una cosmovisión psicodinámica, que apela al concepto
psicoanalítico de proyección, como aquel término que explica una vía de expresión
de los “verdaderos” contenidos de la personalidad, donde se pone “afuera” aquello
que es propio, pero no es aceptado o reconocido por la personalidad.

PRUEBAS PRESENTACIÓN DE PROBABILIDAD DE


ESTÍMULOS FALSEAMIENTO
OBJETIVAS Claro, específico Mucha
PROYECTIVAS Ambiguos y poco Poca
Estructurados

Como puede apreciarse en la tabla ambos tipos de pruebas pueden tener sus limitaciones en el paso
del dato “bruto” a su utilización por parte del profesional, dada la enorme cantidad de subjetividad y/o
inferencia que está presente en cualquier proceso mediado por la interacción humana, en un caso por
la subjetividad del evaluado y en el otro por la del evaluador. Bernstein (pag. 216) cita unas palabras
de Kelly que con ingeniosidad ilustran lo expresado con anterioridad:

“.. Cuando al sujeto se le pide que adivine lo que piensa el


entrevistado, lo llamamos una prueba objetiva; cuando el
examinador intenta adivinar lo que piensa el sujeto lo llamamos
un modelo proyectivo”.

Como señalábamos con anterioridad, las pruebas de funcionamiento intelectual y


las de personalidad (tanto en su variante objetiva como proyectiva) son las que
ocupan prácticamente todo el arsenal de “tests” psicológicos que utiliza el psicólogo
clínico. También existen otros tipos de pruebas como las de “actitudes” y las de
“aptitudes”, aunque formalmente las primeras podrían ser incluidas en las pruebas
de personalidad y las segundas en las pruebas de funcionamiento intelectual. No
obstante, describiremos brevemente la especificidad de las mismas, a pesar de ser
de menos uso cotidiano del quehacer profesional del psicólogo clínico.

3.- Las Pruebas de Actitudes, también un concepto de máxima generalidad y de


connotación polémica en el ámbito de la Psicología en general y de la Psicología
Social en particular, buscan la medición de los intereses de las personas
concebidos estos como las actividades y ocupaciones hacia las cuales las personas
se inclinan; los valores, concebidos como las dimensiones básicas de la
personalidad que indican la filosofía de vida de un individuo y que son puntos de
vista relativamente estables, a diferencia de otras formaciones psicológicas que son
mas dinámicas, específicas y de relativa duración; y la orientación personal que
pretende evaluar varios rasgo o características del individuo.

Con frecuencia este tipo de instrumentos es utilizado por los psicólogos clínicos,
mas en la investigación que en la práctica profesional cotidiana. Algunos de los
instrumentos de evaluación utilizados en la medición de actitudes –como la Escala
Likert y el Diferencial Semántico- son sumamente prácticos para un rápido
conocimiento de las personas que atiende el psicólogo clínico.

4.- Las Pruebas de Aptitudes o Capacidades específicas, tienen un alto grado


de similitud con las pruebas mas generales de funcionamiento intelectual, pero a
25
diferencia de estas, su propósito es el conocimiento de habilidades mas particulares
para la ejecución de tareas mas específicas.

“Es decir, las pruebas de capacidades son diseñadas para


medir los resultados de experiencias de aprendizaje,
relativamente específicas,... en un contexto particular”
(Graham & Lily)

Su uso en la Psicología Clínica es menos frecuente y se aplica fundamentalmente


en los procesos de selección a grupos grandes de personas, en que se requieren
aplicaciones colectivas y rápidos procedimientos de calificación que por lo general
apelan a dispositivos computadorizados.

  

El uso de las pruebas psicológicas deviene un valioso instrumento en el contexto de


la función diagnóstica de la Psicología Clínica. A pesar de que su “popularidad” ha
fluctuado en diferentes momentos –desde su omnipotencia en que la calificación
derivada de su aplicación “etiqueteaba” a las personas en categorías inamovibles,
hasta su total devaluación en que se descalificaba su utilidad-, su real valor es
innegable para la práctica profesional del psicólogo clínico. En cualquier caso, valga
señalar que –al igual que las teorías, que no son buenas o malas por si mismas sino
por el uso que de ellas hagan las personas concretas- las pruebas psicológicas
adquieren su valor por la habilidad con que el psicólogo clínico sea capaz de extraer
de ellas la información mas relevante que brindan, siempre desde una óptica ética y
de profesionalismo.

“...habría que hablar de las objeciones contra las pruebas de aptitudes en cuanto, según dicen, son “ineptas” para los
grupos minoritarios. Además se ataca a los tests de personalidad en cuanto que invaden la vida íntima. Habría que
añadir el escepticismo cada vez mayor ante las baterías complejas de puntaje múltiple y la insatisfacción acerca de
los métodos de selección que se utilizan. A mí me parece que nosotros debemos aceptar con calma esas críticas.
Los tests con los que contamos son útiles para la sociedad y para el individuo siempre que se hallen en
manos de personas aptas. Nuestra tarea consiste ahora en añadir quilates al valor de nuestra profesión...”
(Crombach)

LA OBSERVACIÓN COMO RECURSO DEL DIAGNÓSTICO PSICOLÓGICO.

Una mujer joven entra en la consulta. Al hacerlo apenas entreabre la puerta y pide
permiso para entrar con voz apenas inteligible. Su aspecto físico es descuidado y
poco acorde a su edad, a pesar de resultar atractiva. Se sienta en el mismo borde
de la silla y hunde la cabeza en los hombros. Comienza a hablar pidiendo excusas al
terapeuta por el tiempo que le va a consumir y ocupa la mayor parte del tiempo
hablando de sus relaciones con su madre, a la cual califica como “muy buena y
preocupada“ por ella,... pero lo hace en un tono de voz que no resulta coherente
con lo declarado verbalmente.

Por su parte, durante algunos momentos el terapeuta siente cierta incomodidad


corporal que lo hace retorcerse en el asiento y perder ocasionalmente la
concentración en lo que dice la joven.”

La viñeta anteriormente referida, con los matices propios de cada individualidad, es característica de
26
cualquier sesión psicoterapéutica o de orientación: una persona que viene a buscar los servicios de un
profesional le ofrece a este una cantidad de datos importantes de su vida a través de la comunicación
verbal, pero al mismo tiempo le está ofreciendo una cantidad de información mucho mayor a través de
la comunicación no verbal.

La información no verbal se expresa a través de las más diversas vías: la


expresión corporal, el tono de la voz, la claridad en la expresión de las ideas, el
aspecto físico, el contacto visual, la expresión facial, los cambios posturales, en las
diferentes formas expresivas al hablar de uno de otro tema, etc. A través de
cualquiera de estas vías el psicólogo puede evaluar mejor a la persona que busca
sus servicios y tanto conocer no sólo sus características mas relevantes, como que
a partir de aquí estructurará formas mas eficaces y eficientes para la intervención
psicológica.

No obstante, el psicólogo no sólo opera con los datos que le ofrece la persona que
busca sus servicios, sino que a él le resultan sumamente valiosas las
informaciones que se derivan del autoanálisis de sus propias reacciones,
fundamentalmente aquellas provenientes de su mundo interno, su subjetividad y
las emociones que le acompañan, pero también las sensaciones corporales
presentes.

Cuando el psicólogo siente molestia o un estado anímico desagradable por algo


que le dice una persona o por su forma de expresarse, cuando se ve compulsado
a mirar al reloj para ver cuando termina la sesión, cuando siente una inquietud
interior y la compulsión a decirle a la persona como debe actuar,... todas estas
sensaciones son expresión de aquello que la persona en cuestión evoca en el
psicólogo y que deben ser comprendidas por él, para estructurar de manera mas
efectiva sus acciones profesionales.

Desde el punto de vista del modelo psicodinámico, el concepto de


contratransferencia descrito por el psicoanálisis puede ser una clara expresión
de lo anterior.

Como puede apreciarse, todas estos datos resultan sumamente valiosos para el
quehacer profesional del psicólogo clínico, en particular en lo referente a las
funciones de evaluación y diagnóstico, y se derivan de uno de los mas valiosos
instrumentos de que dispone el profesional, que es la observación y, en no menor
medida, la autoobservacion.

Desafortunadamente estas son habilidades que no solo se enseñan poco a nivel


de pregrado sino que incluso se descuida en la enseñanza postgraduada y se les
resta valor en la práctica profesional. Posiblemente ello se debe a que son
habilidades con una marcada presencia del factor humano que pueden
permearse de subjetividad y estar matizadas por la interpretación y por ello
provocan resistencias y desconfianza en una intencionalidad de hacer ciencia
objetiva, tal y como señalábamos al hacer referencia al modelo del Aprendizaje
Social.

En este sentido, y aunque no es propósito del presente libro detenernos en este


análisis, esta situación es expresión de la controversia entre los enfoques
27
positivistas, como pueden ser las corrientes derivadas del modelo de Aprendizaje
Social que pretenden hacer una ciencia “dura” y “objetiva” (hard science) y
minimizan cualquier dato que no sea mensurable o replicable, despreciando los
datos derivados de la subjetividad y devaluando las propuestas de otras corrientes
que como los derivados del modelo fenomenológico, resaltan la subjetividad y el
mundo interno de las personas, considerando a los mismos como ciencia “suave”
o “subjetiva” (soft- science)

Como puede apreciarse, tal commovisión resaltaría todo aquello que pueda
objetivamente registrarse en la labor de observación (cantidad de veces que una
persona cambia de posición en el asiento, contenidos verbales en que se observan
cambios de tonalidad de la voz, presencia del llanto o de risas, etc.), pero ignoraría
o minimizaría las posibles interpretaciones subjetivas acerca de lo que quieren
decir los datos subyacentes a través de las conductas registradas.

Por el contrario, los profesionales que defienden un modelo fenomenológico, que


defienden la significación del mundo interno de cada persona, al resaltar el factor
humano acusan a los defensores de la línea dura de hacer una ciencia “fria” e
impersonal (cold science) que podra tener valor solo desde la sistematización de
la información pero que carece de valor al hablar de personas concretas que solo
son reducibles a cifras, al precio de negar su verdadera esencia humana, que lejos
de caracterizarse por la frialdad se caracteriza por contradicciones que hacen de
su mundo interno algo sumamente “cálido y complejo (hot science)

En cualquier caso, y sin pretender tomar partido, aún al precio de ser acusado de eléctrico, los datos
de la observación y la autoobservación no deben ser descuidados por el clínico quien no debe ignorar
ni las manifestaciones objetivas -evitando deshumanizarlas-, ni las interpretaciones subjetivas –
tratando de darles la mayor validez posible.

Por ello, consideramos que la función diagnóstica no puede prescindir de la capacidad óptima de
observación, de la intuición que permite buscar los datos mas allá de lo “objetivamente evidente” y a
partir de ahí poder aproximarse a la comprensión del mundo interno de la persona en cuestión a quien
el psicólogo clínico brinda sus servicios profesionales, de ahí que sea de suma importancia para él.

LA COMUNICACIÓN NO VERBAL.

28
Aunque por principio la comunicación verbal y la no verbal están inextricablemente unidas 4, muchos
autores insisten en la relevancia de primer orden de los canales no verbales. De esta manera
Mehrabian (1981, citado por Brodsky)5 propone que sólo un 7% de los sentimientos y las emociones
es trasmitido a través de mensajes verbales, en tanto el resto se distribuye a través de mensajes no
verbales como las vocalizaciones (tono, inflexiones, cambios en la voz, etc.) en un 38% y las
expresiones faciales (movimientos de los ojos, la boca, la frente, etc.) en un 55%.

Se resaltan así “mensajes silentes” y se recalca el hecho de que las personas


siempre están comunicándose y que incluso la “no comunicación” es una forma de
comunicación.

Unas palabras al margen antes de referirnos a algunos componentes importantes de la comunicación


no verbal: la significación de la comunicación no verbal puede ser una tentación para devaluar a la
palabra, y su contenido semántico, como el medio que por excelencia ha tenido la Humanidad, casi
desde sus inicios, para la transmisión de experiencias, normas, códigos de valores, etc.

Es válido resaltar que sin la palabra (oral o escrita) difícilmente el hombre hubiera podido llegar a ser
lo que es en los umbrales del Tercer Milenio, de aquí que para el quehacer profesional del psicólogo
clínico no es recomendable prestar atención solo a las señales no verbales, sino que debe estar muy
alerta al discurso de las personas, al contenido de las palabras, a la significación de la palabra (a
eso que llamo Pavlov el “segundo sistema de señales“) en la expresión de las personas, que tan
relevante resulta también para comprender quién es el ser humano con que se está interactuando.

Si las palabras son el contenido del mensaje, las posturas, gestos, expresión y tono de voz son el
contexto en que el mensaje está enmarcado, su “envoltura”, y juntos dan sentido a la comunicación.
Se trata en esencia de que el psicólogo clínico debe ver a la persona integralmente y no separar su
comportamiento no verbal de las manifestaciones verbales, pues ambas se dan en indisoluble unidad,
en que no todo es contradicción sino que mucho puede ser acentuación o complementación.

“La comunicación no verbal no debería estudiarse como una unidad aislada, sino
como una parte esencial del proceso global de comunicación (donde el canal
fundamental lo constituye la palabra). Puede servir para repetir contradecir, sustituir
complementar o acentuar la comunicación verbal “.

Uno de los mas importantes aspectos, ante los cuales debe ser muy observador el psicólogo clínico
en la relación de la comunicación verbal y no verbal, es lo referido a lo que ha dado en llamarse
paralenguaje, concebido éste como el espectro de señales vocales no verbales que se manifiestan
en el contexto del habla y que se refieren, no a su contenido, sino a su forma, es decir a cómo se
dice algo, o en otras palabras, a la “vestidura del lenguaje hablado”. Un mensaje es mucho mas
creíble si hay congruencia entre lo que se dice verbalmente y las señales orales no verbales que le
acompañan; por el contrario, estas señales orales pueden descalificar el contenido verbal del
mensaje si no resultan congruentes con el mismo.

En este sentido, es importante estar atento a dichas señales, entre las cuales se resaltan los cambios
en las tonalidades, el ritmo, la seguridad con que se emiten las palabras, las inflexiones de la voz al
abordar contenidos específicos, los sonidos extraños, etc. También resultan importantes otros
indicadores no verbales como son las pausas, las interjecciones (¡ah!, ¡uh!, ¡eh¡, ¡mh!, etc.), las
llamadas “muletillas” (palabras que se reiteran innecesariamente en el discurso de una persona) e
incluso los llamados “actos fallidos” descritos en el psicoanálisis en el que la persona sustituye
palabras por otras que cambian el sentido de la comunicación. Igual importancia debe prestarse a las
risas, llantos bostezos, etc. que pueden acompañar a la expresión verbal de las palabras.

4
Knapp, Mark L.; “La comunicación no verbal, el cuerpo y el entorno” Ed. Paidós, 2da. Reimpresión,
1988.
5
Brodsky, Stankey L:, “ The Psychology of Adjustment and Well- Being, Ed. Holt, Rinehart and
winston, 1988
29
El Contacto Visual.

Uno de los aspectos mas relevantes e informativos de la comunicación no verbal,


cuyo conocimiento debe ser una habilidad de amplio dominio por los psicólogos
clínicos dado su potencial informativo para la función diagnóstica, es el contacto
visual. El contacto visual es la esencia de la comunicación “cara a cara” el cual
nos puede estar trasmitiendo información no sólo acerca de las disposiciones de
las personas a comunicarse entre sí, sino acerca de la calidad de las
transacciones que se están produciendo. La comunicación cara a cara nos brinda
información acerca de atributos y conductas como la honestidad de la persona con
que nos estamos comunicando, su disposición o antagonismo a establecer una
determinada relación, su expresión emocional tanto positiva como negativa, el
deseo de continuar -o no- una conversación, etc... Todos estos datos puede
obtenerlos el psicólogo clínico a través del conocimiento de la significación del
contacto visual, cuyo valor diagnóstico resulta de sumo valor en la práctica
profesional.

Piense sólamente el lector, desde la óptica del saber popular,


la significación que tiene, dentro de la sabiduría popular, en la
comunicación cotidiana la expresión “¡mírame a los ojos!“ tras
la cual pueden esconderse interrogantes o mensajes que
buscan una sólida confirmación o prueba de veracidad a través
del contacto visual. Así, tras dicha expresión pueden
esconderse mensajes como “¡dime la verdad!”, “¿estás
convencido de que eso es lo que quieres?” “¡créeme,...!” “¿vas
a poder lograrlo?”... y si la persona no es capaz de mantener la
vista fija ante estos reclamos, el interlocutor puede devaluar el
mensaje que el otro pueda estarle transmitiendo verbalmente.

El contacto visual restringido constituye una limitante a los procesos de comunicación, tanto
por la incomodidad que se transmite al interlocutor como por la poca credibilidad que se le
asigna al mensaje que se recibe. No obstante el contacto visual prolongado puede elicitar
fuertes emociones en el interlocutor que quiere establecer la comunicación pero no mas allá
de ciertos límites, así una prolongada y fija mirada puede ser incomoda para el interlocutor
que se sentirá provocado, evaluado o incluso “registrado” con las negativas emociones a
que ello conduce;, la ansiedad, temor, etc. que esto le genera lo puede conducir a
reacciones que enrarecen mas aún el proceso comunicativo y lo alejan de sus propósitos
originales.

En muchas culturas principalmente en las grandes capitales es frecuente que


las personas eviten conscientemente el contacto visual, ya sea a través del
uso de espejuelos oscuros, o de la lectura en lugares donde públicos sería
factible el establecimiento de una comunicación ocasional.

El psicólogo clínico debe ser consciente de la importancia del contacto visual, no sólo por la
enorme información que esta le brinda, sobre las personas que están recibiendo sus
servicios sino por los mensajes que él mismo puede transmitir a dicha personas en la
medida que transcurre el proceso comunicativo. Muchos clínicos aprenden a tener una
”neutral” expresión facial, ¡casi petrificada! que aparentemente compensaría la afirmación
anterior... pero qué “profesionalizaría“ tanto la relación que obviaría el siempre presente
factor humano que debe estar presente en la consulta clínico psicológica

Resulta evidente que el uso de la comunicación a través del canal visual en el


quehacer profesional del psicólogo clínico deviene una importante habilidad
30
(mezcla de ciencia y de arte como casi todo en la Psicología Clínica ) que debe ser
celosamente cultivado por este.

Sin embargo, podría resultar ingenuo pensar que las habilidades a cultivar en el
proceso de observación en tanto función diagnóstica, pasan sólo por el contacto
visual y el paralenguaje anteriormente descrito: la comunicación no verbal incluye
también la gestualidad total de la persona, su expresión corporal.

Los Gestos.

Los gestos constituyen acciones específicas simbólicas que expresan pensamientos o sentimientos y que
sirven como complemento de lo verbalmente declarado. Su relación con el mensaje verbal puede servir tanto
para acentuar, contradecir, sustituir, etc. lo que aquel pretende transmitir: un abrazo efusivo confirma la
expresión verbal “¡cuanto te quiero!“, en tanto la expresión verbal “¡ganamos!” puede ser totalmente
devaluada si va acompañada de una irónica postura de la mano derecha cerrada y con el pulgar indicando
hacia abajo, cual se hacia en el circo romano....

En cualquier caso los gestos implican comportamientos no verbales en los cuales una acción
específica sirve para modelar expresiones verbales particulares y a las que el psicólogo clínico debe
estar muy alerta, en tanto muchos gestos pueden tener los mas diversos significados en función de
personas, culturas y contextos específicos. Resulta importante incluso estar alerta, no sólo a las
manifestaciones verbales y no verbales de personas concretas, sino al de sistemas mas complejos
como ocurren con la familia.

En una sesión de Terapia familiar, acuden los padres y el niño de siete años; el
terapeuta hace al niño la torpe pregunta, tan frecuente en la vida cotidiana de ¿a
quien quiere mas a tu mamá o a tu papá?, el niño ofrece la respuesta (preestablecida
por la cultura) de “a los dos igual mientras esboza una irónica sonrisa.... pero se
sienta en las piernas del padre y rechaza la mano de la madre cuando ésta pretende
acariciarle la cabeza; el padre dice que, como pareja, ellos son muy respetuosos en
sus relaciones interpersonales, la madre se pasa la mano por la cabeza que mueve
de un lado a otro...

Como puede apreciar el lector en la viñeta anterior, los mensajes “dichos“ son francamente
descalificados por la gestualidad motriz de las personas implicadas en el proceso de intercambio de
mensajes verbales.

Dentro de la gestualidad una especial atención merecer las expresiones faciales que traducen una
buena parte de los presupuestos emocionales que se encuentran tras la comunicación con los demás.

Si bien como hemos afirmado el contacto visual juega un importante papel en la relación
interpersonal, los ojos están enmarcados en un contexto mas general que es el rostro humano, que
es posiblemente uno de los mas importantes boletos de entrada para la comunicación, dado todo lo
que puede evocar rápidamente desde un punto de vista emocional Los movimientos de los párpados,
el enarcar las cejas, morderse los labios (¡sobre todo el inferior!), los movimientos de las aletas de la
nariz, las arrugas faciales que se acentúan, etc. son todos gestos que no se producen de manera
aislada o separada, sino que están enmarcados en una unidad mas general que es el rostro
humano.

El rostro es posiblemente el mas rápido “mostrador” o “vidriera”, no sólo del estado emocional de un
individuo en un momento dado, sino de lo que ha sido su experiencia sentimental a lo largo de su ciclo
vital, como si la misma estuviera dibujada en su rostro y que ha dado lugar a la conocida expresión de
la sabiduría popular de que “la cara es el espejo del alma”: si se trata de un buen ser humano decimos
“¡tiene un rostro angelical!”, si es una mala persona decimos “¡tiene la maldad reflejada en el rostro!”

Aunque cada individuo tiene su propia expresividad facial adquirida a lo largo de su existencia única e
31
individual, parece ser que a lo largo de la filogénesis humana se han consolidado expresiones que
hablan mucho del estado emocional y afectivo de la persona, incluso en estudios muy tempranas de
la ontogénesis. Según Brodsky (1988, pag. 317)

“Después de un siglo de debate científico sobre si existen expresiones faciales


universales de la emoción finalmente los investigadores han concluido que, en todas
las culturas, lenguajes y razas existen al menos 6 expresiones universales. Felicidad,
tristeza, sorpresa, miedo, ira y disgusto son expresiones que han sido siempre
reconocidas, incluso por culturas muy atrasadas e incluso son comunicadas por
niños ciegos que nunca han tenido la oportunidad de observar a otros”.

Aunque el psicólogo clínico debe estar muy alerta a las emociones que facialmente
transmite una persona, también debe ser consciente que las personas pueden
aprender no sólo a manipular su discurso verbal sino que también aprenden a
manipular la gestualidad facial en aras de hacerla coherente con el mensaje que
pretenden trasmitir. Según Brodsly una persona puede aprender a enmascarar,
neutralizar, intensificar o desintensificar un determinado estado emocional y esta
manipulación solo puede ser detectada a través de otros mensajes y canales no
verbales.

Cuentan que Freud afirmaba que lo que una persona no dice


con las palabras, lo dice con los dedos de la mano...

El enmascaramiento (Masking), como la palabra lo está diciendo, se refiere a una


expresión facial (tal como máscara) de una emoción no sentida, y sirve para
esconder otras emociones reales pero que pueden no ser aceptadas socialmente.
Así es socialmente inaceptable acudir a un funeral y expresar alegría o
satisfacción por el fallecimiento del difunto (¡aunque estos fueran los sentimientos
reales de la persona en cuestión¡) sino que lo que procede, “socialmente”, es
poner una circunspecta “máscara” de disgusto y pesar por la pérdida, aunque el
esfuerzo conduzca a una caricatura de lo que se pretende explicar. El psicólogo
clínico debe estar muy alerta antes los intentos de “enmascaramiento“ de las
personas que reciben sus servicios, pues estas se empeñarán siempre en ofrecer
una determinada imagen, buena o mala, que intentaran reforzar con una
determinada expresión facial.

Otras variantes de manipulación de la expresión facial pueden ser la


neutralización en que la natural expresión de la emoción se sustituye con un
rostro desapasionado e inexpresivo que no trasmite (salvo señales apenas
perceptibles) ningún tipo de emociones, y que en su expresión extrema puede
asumir una de las formas de lo que ha dado en denominarse “afecto congelado“
(frozen affect) en que la persona tiene casi siempre el mismo rostro, en este caso
inexpresivo, lo cual llega a incomodar a aquellos que están a su alrededor que lo
acusan de ”impenetrable “

La intensificación que puede tener, no sólo una expresión facial sino toda la
expresividad corporal, se produce cuando estas expresiones exceden
ampliamente lo que sería esperado en determinada transacción interpersonal y
que llegan a perder autenticidad por su poca credibilidad,... a pesar de los
esfuerzos del emisor del mensaje. Abrazos exageradamente expresivos, risas
32
desproporcionadas para elogiar a otro son intensificaciones de la expresión de
emociones que pueden generar en el receptor del mensaje el efecto opuesto al
que aspiraba el emisor.

Las expresiones no verbales incluyen todo el cuerpo, aunque particular


importancia asume la expresión a través de la gestualidad de las manos que junto
con el rostro y, dado su perfeccionamiento funcional a lo largo de la filogenia que
las hacen omnipresentes en la vida de las personas, resultan una valiosa
fuerte de información para el psicólogo clínico acerca de aquello que está
vivenciando una determinada persona: un dedo acusador, un puño crispado,
dedos que nerviosamente no paran de enroscar los cabellos, o manos que se
ocultan bajo la mesa o en los bolsillos para no “delatar“ algo indeseado, son todas
manifestaciones a las cuales el psicólogo clínico debe estar muy alerta para
conocer mejor que está pasando por el mundo interno de su “paciente“.

Piense el lector, en la vida cotidiana, cuanto transmiten las manos en el contacto físico de dos
personas que se quieren,... ¡y cuanto dejan de transmitirse una vez que se han dejado de
querer!.

No es propósito de este texto profundizar mas en las habilidades de observación


que debe tener el psicólogo clínico ni en la comunicación verbal 6, pero si tomar
conciencia de que éstas no concluyen con lo referido, sino que incluyen otros
aspectos tan importantes como es la gestualidad corporal en su conjunto, la
apariencia física, que incluye no sólo aspectos somatotípicos (atractivo,
configuración, olores, etc.) sino otros atributos externos como pueden ser el
vestuario, el uso de perfumes y cosméticos etc.

Suponga el lector que a 80 metros de distancia, un grupo de personas ve aunque


sin distinguir detalles una mujer que gesticula enérgicamente al hombre que está
frente a ella, el cual permanece pasivo e inmutable... ¿cuántas inferencias pueden
hacerse?. Veamos algunas de ellas:

 Seguramente, él le hizo una ofensa muy seria que provoco su irritación


 ¡Que mujer mas violenta,... yo no podría vivir con ella!.
 Ese hombre es muy débil, ¡mira como se deja maltratar!
 En la familia de ella debe haber existido un clima de violencia enorme.
 Seguramente él fue muy dependiente de una madre muy posesiva y por eso
no se defiende, ¡es un reprimido¡

De pronto la mujer cesa de gesticular, ambos se echan a reír, se abrazan y salen a


andar, todos las personas que hicieron inferencias comienzan a hacer nuevas
inferencias de lo sucedido, hasta que una de ellas decide preguntar
directamente a los implicados por lo sucedido. La respuesta es sorprendente:
6 ella le estaba contando con todos sus detalles una discusión que presenció entre
Hay excelentes materiales dedicados a estos tópicos en su totalidad. Remitimos al lector
aldos mujeres yendidáctico
interesante el mercado.
libro de Mark L. Knapp titulado “La Comunicación no Verbal. El
Cuerpo y el Entorno”,
33

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